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ACTON Y LA HISTORIA DE LA LIBERTAD

J. Rufus Fears

Un retrato de Lord Acton lo muestra entre los frutos de toda


una vida dedicada a lainvestigación histórica y ala pasión
bibliográfica: una biblioteca de 70.000 volúmenes. Después de
su muerte, en 1902,suslibros fueion entregados a la
Universidad de Cambridge y han sido preservados intactos.
El estudiante curioso puede contemplar allí, como si estuviera
en una cámara recubierta de espejos, el busto de Acton entre
los mismos libros que aparecen en el retrato. Éste suscita
intensamente la evocación. Los libros lo rodean, se elevan a su
alrededor como una torre. Acton tiene una expresión
indefinible, de infinita tristeza o de cansancio profundo;
muestra una falta de vivacidad y de energía, una inercia tal,
que parece que toda chispa vital hubiera sido extin guida bajo
el peso de la erudición .La contemplación del retrato trae a la
memoria la descripción que Acton hizo del hombre que más
influyó en su vida, su maestro Ignaz van Dollinger, teólogo
católico e historiador eclesiástico: "Todos sentían que su auto
ridad estaba fuera de proporción con su obra,y que sabía
mucho más que lo que podía escribir. Escucharlo era
muchísimo mejor que leer todos sus libros, y por ello su
recuerdo habría de perdurar en los niños a quienes amaba". ·
De la misma manera ,los contemporáneos de Acton sentían
en
su presencia, en :;u conversación, esa enorme erudición que
despertaba la profunda admiración de Gladstone y de otros. En
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el caso de Gladstone, esa admiración surgió al escuchar a
Acton hablar de su artículo sobre la Guerra Civil de
losEstados Unidos, no al leerlo. Ocho años más tarde, en
1869, Gladstone reco mendaría que se le otorgase la
dignidad de par del reino, refi riéndose a él como a uno de
los hombres más eruditos y cultos de Europa . Para sus
contemporáneos, esa erudición parecía abar car toda la
historia .James Bryce narra lo ocurrido en una cena a la que
asistió Acton junto con William Robertson Smith,
estudioso de la Biblia y director de la novena edición de la
Enciclopaedia Britannica, y Mandell Creighton, autor de una
historia del papado durante la Reforma: Acton parecía
sentirse totalmente a sus anchas en ambos temas, no menos
erudito que Creighton al hablar de León X y tan versado
como Robertson Smith en las recientes controversias acerca
de la datación de los libros del Antiguo Testamento cuando
la conversación recayó sobre éstas. Tal como lo señaló un
colega, "Acton estaba seguro de que sabía más que usted
mismo acerca de su especialidad". Según los quelo
conocieron, era lo más cercano a la omnisciencia que jamás
hubieran visto. Se lo consultaba como se consulta un
diccionario; era la corte suprema de apelación intelectual.
No obstante, no había en élvolubilidad alguna. Según John
Morley, era "tan abarcador comp una enciclopedia, pero
profundo y rico, nunca árido[...]. Su pensamiento era sagaz e
inesperado, pene trante, sin la pompa vacía de las palabras,
fecundo, exacto y oportuno en sus conocimientos".
Esta erudición no sólo le servía a la hora de la sobremesa.
Gladstone le dijo una vez que "tenía más confianza en él que
en
ningún otro hombre" .Y en cuanto a Acton, su admiración por
el primer ministro liberal no tenía límites. Había entre ambos
una
estrecha relación, intelectual, política y social. Gladstone
requería el consejo de Acton con respecto a la política, así
como en el ámbito espiritual de los libros y las ideas. Aunque
Acton se había visto defraudado en sus esperanzas de obtener
un puesto en el gabinete, sus contemporáneos pensaban que
había ejercido una
gran influencia sobre Gladstone.
Para algunos hombres de su tiempo, influyó más aun, y en
forma más beneficiosa ,sobre elestudio profesional de la
historia
en Inglaterra . Durante el breve período en que se
desempeñó
como Profesor Real de Historia Moderna en Cambridge, entre
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1895 y 1902, dio comienzo a una nueva era en los estudios
históricos en esa universidad. El historiador George Trevelyan
escribió: "Bajo el liderazgo de Acton podíamos mostrarnos tan
ufanos como quisiéramos, porque él había excitado
laimaginación de toda la Universidad, más aun, la de todo el
país". Sentó las bases de la English Historical Review, de la
Cambridge Modern History, y estudiantes como Trevelyan
hablan de su concepción ideal de la historia como una
disciplina objetiva y científica, de la historiaque debía
escribirse sobrela base de lainvestigación más exhaustiva de
los archivos, de la historia crítica que habría de disipar para
siempre "la vasta tradición de la mendacidad con vencional".
Por todo ello, Acton tuvo enorme gravitación en el mundo
intelectual y politico de la Inglaterra victoriana. Y, podríamos
agregar, también en la vida social de la época. Fue un erudito,
pero no un ermitaño .En realidad, era sumamente sociable;
solía asistir a cenas y excursiones campestres y acompañaba a
sus hijas a las fiestas.Por su n acimiento, así como por
lasvinculaciones de su familia, tenía acceso a los estratos más
altos de la sociedad inglesa y continental. Cuando Acton dijo
a alguien: "[...] Se lo mandé decir a Bismarck por medio de un
amigo", no hacía más que afirmar un hecho. Además, había
producido gran impresión en la anciana reina Victoria, a quien
servía comoLord Camarero Mayor. Se describe a sí mismo
como huésped de honor en Sandringham, y escribe para el
príncipe de Gales una respuesta a un mensaje que le ha sido
enviado por la Cámara de los Lores. Pasaba el otoño en su casa
de campo en Baviera y el invierno en Cannes.Por sus viajes,
así como por su voluminosa correspon dencia, adquirió la
merecida reputación de ser el hombre que conocía a todos
aquellos a quienes valía la pena conocer, en Inglaterra o en
el continente. Acton se movía tan fácilmente entre los
eruditos como entre la élite política y social de Europa, y
estaba tan familiarizado con las últimas tendencias en los
estudios históricos, sobre todo en el continente, que resultó el
director ideal para un trabajo que requería tan ta colaboración
como la Cambridge Modern History.
En síntesis, fue uno de los hombres mejor conocidos de su
tiempo, no obstante lo cual, no era un libro abierto. El hombre
que nos mira fijamente desde el rl.'!trato tiene algo de impene-
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trable. Esto no es una exageración. Sus contemporáneos perci
bían el aura de misterio que lo rodeaba. Uno de ellos escribe:
"Acton es tan peculiar que uno se siente como si tuviera que
rendir examen con él en el otro mundo acerca de todo lo que
uno sabe; tiene algo de brujo". Henry Jackson, compañero suyo
en el Trinity College, lo recuerda tal como lo conoció
durante el período del Profewrado Real: "Me parecía advertir
en él una paradoja que trascendía los lúnites de los asuntos
académicos. Por un lado, lo observaba todo y se formaba una
opinión acerca de todo. Por otro, a menos que lo que
estuviera en cuestión fuesen principios fundamentales -la
Verdad, el Derecho, la Tolerancia, la Libertad-, era cauto y
reservado en la expresión de sus opiniones y siempre prefería
dejar hacer a los otros". Esta impresión perdura, y la larga
familiaridad con los trabajos de Acton en la Biblioteca de la
Universidad de Cambridge no la disipa. Los historiadores, al
referirse a él, emplean términos tales como "raro",
"paradójico", "enigmático", "víctima de sus con tradicciones" ,
"misterioso".
En parte, la rareza y las paradojas son simplemente conse
cuencia de su ambiente y de su educación. Nació en Nápoles
el 10de enero de 1834y murió en Tegernsee, Baviera, el19
dejunio de1902.Estos lugares por sí mismos evidencian
lascircunstancias de ascendencia y crianza cosmopolitas que
hicieron que uno de sus biógrafos lo describiera como "sólo
a medias inglés, tanto en los hechos como por la sangre". Su
abuelo, Sir John Acton, se había encumbrado en la corte de
los Barbones, en Nápoles. Sus servicios como primer
ministro de Fernando IV no carecieron de importancia para
la historia del período napoleónico . El padre de Acton, Sir
Ferdinand Richard, no había de usufructuar este éxito, pero
su matrimonio con la hija y heredera del duque de Dalberg
lo emparentó con la más distinguida de las familias nobles
de Alemania. Su único lújo, Jolm Emerich Edward
Dalberg-Acton, nuestro Acton, creció hablando el francés
con tanta fluidez como el inglés; también hablaba a la
perfección el alemán. A la muerte de su madre, en 1860,
heredó el dominio de Herrnsheim, perteneciente a los
Dalberg, en Renania . Cinco años más tarde se casó con su
prima, heredera de un linaje distinguido , italiano y bávaro.
Acton era cosmopolita, pero el componente extranjero puede
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haberse exagerado un tanto. Edward Gibbon, pariente lejano de
John Emerich Edward, describe a los Acton como "una antigua
y leal familia de barones de Shropshire". Al morir el padre de
Acton en 1837, el niño de tres años lo sucedió como octavo
barón y heredero del dominio de su familia en Aldenham. En
1840 su madre se casó en segundas nupcias con Lord
Leveson, futuro conde de Granville.También éste era
cosmopolita y hablaba con fluidez la lengua francesa, pero no
por esto dejaba de ser un inglés y un Whig. Fue secretario
de relaciones exteriores de Gladstone y sucedió a éste como
jefe del partido liberal. A los dieciséis años, Acton se sen tía
"totalmente imbuido de la política de los Whigs".
No fueron las circunstancias de su nacimiento las que
hicieron que Acton experimentara un sentimiento de
aislamiento tan profundo , sino la religión. Era católico
romano en la Inglaterra protestante. La importancia de este
hecho surge con claridad del magnífico pasaje de Brideshead
Revisited, de Evelyn Waugh, en el que Sebastian explica a
Charles que los católicos no son como las demás personas,
"sobre todo en este país", dice, "donde hay tan pocos". "Tienen
una visión de la vida totalmente diferente", sigue diciendo
Sebastian; "todo lo que consideran importante difiere de lo
que es importante para los otros. Ellos tratan de ocultarlo, y
lo hacen en la medida en que pueden, pero siempre resulta
evidente".
En una carta a Mary Gladstone, hija del primer ministro y
receptora epis talar de algunos desus más profundos
pensamientos sobre la política ,la historia y los hombres, Acton
expresa esto en términos personales . "Rechazado en
Cambridge y enviado a universidades extranjeras, nunca tuve
relación con mis coetáneos, sino que pasé años enteros
buscando a hombres que tuvieran la sabiduría suficiente corno
para resolver los problemas que me confundían, no tanto
respecto de la religión y la política en sí mismas, sino de la
fluctuante línea que lassepara. Siempre estuve en contacto con
hombres que me llevaban una generación; la mayoría de ellos
murieron muy pronto -para mí-, y en todos me impresionó el
mismo principio ético, a saber, que uno debe hacer por sí
mismo su propio aprendizaje y elaborar su propio
pensamiento, sin buscar atajos ni apoyarse en otros hombres .
Y esto me llevó al estudiado desapego, al hosco aislamiento,
al
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miedo a las influencias personales que usted censura con toda
justicia".
El hecho de ser católico fue determinante en la educación
de
Acton. Su padrastro no era católico; era, como Gladstone,
producto de Eton y de la Iglesia de Cristo, de Oxford. Acton
no
siguió sus pasos, renunciando así a la iniciación en los ritos y
costumbres tradicionales de la aristocracia inglesa , que en el
siglo XIX constituían el legado más ta ngible de la educación en
una de las grandes escuelas públic(l!) , o en Oxford y
Cambridge. Lady Acton se encargó de que su hijo recibiera
su educación preparatoria en St. Mary, Oxford, que era la
escuela de los jóvenes aristócratas católicos. Presumiblemente,
Acton fue re chazado por tres colegios superiores en
Cambridge y por dos en Oxford a causa de su religión. De esta
manera, a los dieciséis años fue enviado a Munich, a casa de
Ignaz von Dollinger, un sacer dote que era también profesor y
a quien los parientes de Lady Acton conocían y admiraban,
para quecontinuara allísus estudios bajo su tutela.
A mediados del siglo XIX hubo un período de gran actividad
intelectual en la Universidad de Munich, pero el elemento que
más contribuyó a formar aActon en esos años de su
adolescencia fue la personalidad deDollinger. Entre eljoven y
su padrastro no había afecto ni admiración, y las tensiones entre
ambos hicieron que Lady Acton se distanciara de su hijo. En
consecuencia, nada más natural que el maestro llenara en parte
ese vacío afectivo, desempeñando el papel de padre y mentor.
El programa de estudios consistía en lecturas sobre historia,
literatura , teología e historia de la filosofía, y en la asistencia a
conferencias. Como complemento de esto, visitaban a eruditos,
bibliotecas y librerías de toda Europa. En estos viajes
comenzó a reunir Acton los libros que constituirían su bibliot
eca y dio comienzo su íntima familiaridad con los eruditos y
con la erudición de la Europa del siglo XIX. Según escribió una
vez, Dollinger lo había iniciado en los misterios del arte del
historiador, en la concepción de la historia como una ciencia.
La historia, como lasciencias naturales, es impersonal; y, al
igual que el científico, el historiador apunta a la evaluación
objetiva de todas las fuentes de que dispone; extrae sus
conclusiones y forma sus opiniones a partir de la evidencia, y
tiene el deber sagrado de evitar que en la interpre-
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tación de las fuentes se reflejen sus propias convicciones y
prejuicios.
La creencia de que la fe católica no tiene nada que temer de la
búsqueda científica de la verdad histórica era inherente al con
cepto de la historia sustentado por Dollinger. En esos años
pasados en Munich comenzó para el joven la iniciación en
aquellas ideas sobre religión y política que pondrían a maestro
y alumno en abierto conflicto con la jerarquía católica.
Como estudiante, Acton concebía la adquisición de
conocimientos en los términos más prácticos: su
conocimiento de la erudición alemana le permitiría ser útil a su
país y a su religión. Con esta convicción regresó a Inglaterra
en 1857 para establecerse defi nitivamente allí.Se inició así la
primera etapa de su vida adulta, que más tarde sus biógrafos
denominaron "el período de la lucha", caracterizada por el
servicio parlamentario y una intensa actividad periodística. La
influencia de su padrastro le permitió ser electo para el
Parlamento, como M. P. liberal por el distrito irlandés de
Carlow desde 1859 hasta 1865. En este año de 1865 fue
elegido M. P. por Bridgnorth, la localidad más cercana a
Aldenham; pero después de un recuento fue privado de su
banca, y en 1868derrotado después de una tentativa de ser
reelecto. Así llegó a su fin su carrera en la Cámara de los
Comunes, que no había sido exitosa ni satisfactoria. Pronunció
un solo discurso, consistente en algunas breves observaciones
sobre el tema de la condición y administración de los Estados
Pontificios. También fue irrelevante su papel en la Cámara de
los Lores después de haber sido elevado a la dignidad de par
del reino en 1869.
No obstante, en este mismo período influyó profundamente
sobre el periodismo de su país. Fue, indudablemente, su etapa
más fecunda en términos de producción literaria, cuyos
vehículos principales fueron cuatro periódicos muy bien
hechos, pero que duraron poco tiempo: el Ramble1 el Home
and Foreign Review, el Chronicle y el North British Review.
Acton publicó en ellos un gran número de críticas de libros,
así como algunos de sus ensayos políticos más sagaces y
algunos de sus estudios históricos más consistentes. En el
Rambler y en el Home and Foreign Re view asumió importantes
obligaciones financieras y editoriales. Matthew Arnold pone de
relieve la calidad de ambos, diciendo del segundo que
"posiblemente no haya en este país un órgano
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de crítica donde se despliegue tanta inteligencia, tanto ingenio".
En estos periódicos Acton intentó llegar a dos sectores del
público. A los protestantes ingleses trató de demostrarles que la
erudición católica podía estar en primera línea en los
movimien tos más progresistas de la política y de la ciencia.A
los católicos, que su fe y su Iglesia no tenían nada que temer
de estos moví míen tos: "En la política, como en la ciencia, la
Iglesia no necesita buscar sus propios fines; llegará a ellos si
alienta la persecución del fin de la ciencia, que es la verdad, y
del fin del Estado, que es la libertad".
Acton obtuvo cierto éxito con los protes tantes, pero ninguno
con la jerarquía católica de Inglaterra. Las notorias
convicciones de Dollinger y Acton con respecto al liberalismo
político y a la
ciencia progresista no condecían con la posición de una Iglesia
que estaba lista para promulgar la doctrina de la infalibilidad
papal. El Concilio Vaticano (1869-1870) significó la crisis más
importante en la vida de Acton, quien asumió el rol más directo
en los esfuerzos destinados a impedir la promulgación de un
dogma que, en su opinión, constituía elcomún refugio de
quienes huían de la denominada influencia liberal en el
catolicismo: "la síntesis de su defensa contra [...] la libertad
del hombre [...] la tolerancia[ ...] y la ciencia racionalista".
Fracasó totahnen te, y su desesperación por este fracaso fue
agravada por el sentimiento de que su causa había sido
traicionada por aquellos obispos que inicialmente se habían
opuesto aldogma,apresurándose después a unirse a las filas de
la mayoría triunfante. Dollinger se negó a someterse: "Como
cristiano, como teólogo, como estudioso de la historia, como
ciudadano, no puedo aceptar esta doctrina". Fue excomulgado.
Acton evitó tanto la sumisión declarada como la excomunión .
Su obispo se consideró satisfecho con una carta suya en la
que decía: "A su duda respecto de si soy verdadera mente
católico o si sólo pretendo serlo, respondo que, por creer todo
aquello que la Iglesia Católica cree y por haber tratado de
dedicar mi vida únicamente a aquellos estudios que sirvan a la
religión, soy, a pesar de mis pecados y de mis errores,
auténticamente católico y protesto por sus dudas, ya que no
creo haber dado motivo alguno para ellas[...]. Considero que
no hay una sola palabra en mis cartas públicas oprivadas
quecontradiga cualquiera de las doctrinas del Concilio; pero si
la hubiera, no ha
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sido escrita intencionalmente y deseo enmendarla". Acton ja
más abandonó la Iglesia, pero a partir de entonces no fue ya el
mismo hombre. Sus esperanzas de que con su erudición podría
influir sobre lascorrientes principal es del catolicismo o sobre
las convicciones de los católicos habían quedado atrás. Su
misma disciplina en el ejercicio de la historia, que en el
fervor de su juv entud había creído que le permitiría servir a su
fe, lo llevó a apartarse de la Iglesia como institución y de los
católicos.
Este hecho encierra una ironía y una tragedia. Para Acton, no
fue menos trágico e irónico que aquellos mismos principios
históricos lo llevaran finalmente a apartarse de Dollinger.
Consideraba que había aprendido de su maestro que la historia
no es sólo un laboratorio, sino también un tribun al. En ella
es
esencial el juicio moral, y el historiad or está obligado a dar
su
veredicto después de haber recogido y ponderado la evidencia.
Para Acton "el secreto de la autoridad, dignidad y utilidad de
la
historia es la inflexible integridad del código ético", que el
historiador debe aplicar con ju sticia y rigidez absolutas. No
hay
circunstancias atenuantes;ni el rango, ni los motivos religiosos
o
patrióticos, ni la razón de Estado pued en excusar un crimen.
Isabel cometió un asesinato al ordenar la ej ecución de
María Estuardo, y también lo hizo Guillermo III cuando
mandó per petrar la matanza de Glencoe. Cada uno deestos
hechos debe ser
juzgado moralmente por el historiador en términos no menos
severos que los que se aplican al asesinato cometido por un
ciudadano común.
Fue un duro golpe para Acton el h echo de que Dollinger
considerara este punto de vista excesivamente rígido, que
pensara que existen circunstancias y motivos atenuan tes y que
la gente puede equivocarse por ignorancia , y que tales accio
nes deben ser vistas como errores y no como pecados. Hacia
1879 Acton sin tió que lo separaba de su maestro "un abismo
tan profundo que ni siquiera permite la simpatía". Lo que
para Dollinger no pasó de ser un debate intelectual asumió para
Acton lasproporciones de una crisis moral, un a
Lebensfrage.Sigue tratando este tema en sus conversaciones
con Dollinger y en las cartas que le envía, y también lo hace
en sus propios apuntes privados. Hacia junio de 1882 se ha
convencido ya de que sus cánones sobre eljuicio histórico son
diferentes de los de Dollinger
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y de que, peor aun, ha malinterpretado desde el principio
aque llas enseñanzas en las que fundamentó su vida como
historiador y como católico. Para Acton el juicio histórico es
un asunto que tiene que ver con la religión, que serelaciona
con las condiciones mismas de la gracia. Para que el pecador
pueda entrar en estado de gracia es esencial que se
arrepienta, y un hombre no puede arrepentirse de una acción
que considera justa. La matanza de San Bartolomé fue un
asesinato y quienes la perpetraron fueron asesinos. La
misma culpa le cabe al Papa por haber dado su aprobación a
ese acto, y también al historiador que excuse al Papa por
haberlo hecho.
Puesto que Düllinger no podía ver las cosas de este modo,
Acton consideró que no había ninguna autoridad que pudiera
avalarlo. "Estoy absolutamente solo en mi posición ética esen
cial, y por lo tanto soy inútil", escribió. Aunque esta reacción
ante el descubrimiento de sus diferencias intelectuales con su
maestro puede parecer excesiva pí1ra un hombre de cuarenta y
ocho años, par del reino y confidente del primer ministro, la
evidencia es innegable. Para Acton, ésta fue la tragedia final.
Había seguido las enseñanzas de su maestro hasta sus conclu
siones lógicas, y esto tuvo como consecuencia la separación
de la Iglesia a la que deseaba servir y el distanciamiento con
el maestro cuyo discípulo pretendía ser. Siendo un joven M. P.,
había dicho: "Nadie está de acuerdo conmigo y yo no estoy
de acuerdo con nadie". Esto podría explicar su silencio durante
su breve carrera parlamentaria, de 1859 a 1865, y el alivio con
que volvió a sus estudios y a sus escritos que, pensaba, habrían
de compensarlo por su aversión a la vida pública. Ahora estos
estudios parecían no tener ya sentido. "He renunciado a la vida
pública y a una posición favorable e influyente en mi propio
país para perseguir un objetivo que no puedo alcanzar. Es tan
remota la probabilidad de hacer algún bien con trabajos tan
aislados y que provocan tanta repulsión o de obtener influencia
con [tales] opiniones, que no tengo derecho a sacrificar por
ello mi propia tranquilidad y mi deber de educar í1 mis hijos.
Puedo dedicar mi tiempo a algo mejor que a defender una causa
perdida. Y puesto que mi vida ha sido desperdiciada, es
absolutamente necesario hacer ahora un cambio y emplear
mejor el tiempo que me resta." Su sentimiento de aislamiento
era total, y en él buscaron los
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estudiosos más perceptivos una respuesta a la paradoja central
de Acton :por qué un hombre de tal erudición y del que tanto
cabía esperar escribió tan poco. Esto lo expresa en pocas pala
bras Mandell Creighton, el primer editor de la English
Historical Review: "Lord Acton [...]es el más instruido de todos
los ingleses vivientes, pero jamás escribe nada". Por supuesto,
esto no era cierto en un sentido estricto. En los doce años
transcurridos desde la conclusión de sus estudios con Dollinger,
en 1859, y el Concilio Vaticano, el joven Acton produjo con
regularidad ensayos políticos e históricos, artículos sobre
sucesos de actua lidad, artículos periodísticos y críticas de
libros, que impresionan por su cantidad y por su calidad. En
1877pronunció y publicó sus dos conferencias sobre la historia
de la libertad, y en el mismo año publicó un importante artículo
de carácter histórico acerca de Wolsey y el divorcio de
Enrique VIII. En 1878 publicó un artículo crítico de treinta
páginas dedicado al libro de Erskine May La democracia en
Europa. Poco después delcomentario de Creighton, Acton
comenzó a escribir nuevamente y en el lapso de diez años hizo
importantes contribuciones a la English Historical Review,
consistentes en dos artículos principales y ocho artículos de
crítica, y escribió varios ensayos y críticas para periódicos como
el Nineteenth Century. En el período pasado en Cambridge
corno Profesor Real, desde 1895 hasta 1902, publicó su
conferencia inaugural, El estudio de la historia.
Los escritos de Acton constituyen realmente un corpus. La
bibliografía póstuma de sus obras tiene una extensión de veinte
páginas. Después de su muerte, sus editores, John Neville
Figgís y Reginald Laurence, compilaron sus conferencias
pronunciadas en Cambridge en dos volúmenes, titulados
Lectures on Modern History y Lectures on the French
Revolution. También publica ron dos gruesos volúmenes que
contienen sus ensayos, en los cuales no fueron incluidas las
numerosas críticas ni los artículos sobre temas de actualidad
escritos por Acton en su juventud. Douglas Woodruff compiló
y publicó en 1952 otro volumen de ensayos que no habían
sido publicados previamente. La co rrespondencia de Acton
es aun más voluminosa. Sus cartas a Mary Gladstone
conforman un volumen; Figgis y Laurence editaron otro
volumen integrado por cartas.Su correspondencia con Dollinger
fue publicada en tres volúmenes y la que mantuvo
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con Richard Simpson, su colaborador en Ramblery en la Home
and Foreign Review, abarca otros tres.
Los escritos de Acton constituyen su herencia intelectual. Los
dos volúmenes de ensayos editados por Laurence y Figgis
bastan
para consagrarlo como una personalid ad significativa para la
historia del pensamiento político, digna de figurar en el panteón
del liberalismo clásico junto a Loclce, Jefferson y Mili. Pero
jamás surgió de su pluma el resultado de un esfuerzo sostenido
de investigación y escritura, a saber, un libro. Y esto es lo que
confundió a sus contemporáneos, ya que el siglo XIX es la edad
heroica de los escritos históricos ;tanto los historiadores como
las obras que escriben tienen proporcione s colosales. Las
nuevas técnicas desarrolladas en materia de crítica histórica ,
así como los archivos recién habilitados ,permiten recorrer
vastos tramos de historia plasmados en gruesos volúmenes.
Grote escribió su historia de Grecia en diez volúmenes, y la
misma extensión tiene la historia de los Estados Unidos de
Bancroft. Motley narró en siete volúmenes la historia del
surgimiento de la república holandesa y la de la Holanda
Unida, y E. A. Freeman dedicó seis a la historia de la
conquista normanda. En esta edad heroica Ranlce comenzó a
escribir una historia universal a los 81 años, después de haber
publicado a lo largo de su vida lo bastan te como para agotar a
una docena de mortales comunes. Cuando murió, cinco años
después, había completado nueve volúmenes. Ranke, así como
su erudición, constituyó una de las mayores influencias en la
vida de Acton. Las otras dos fueron las de Wilhelm Roscher y
Dollinger. Todos ellos escribieron libros voluminosos.
Cuando se la compara con semejantes modelos de producti
vidad,lacarreradeActon,eljoveneruditoquecreíaqueelmejor
modo de servir a su Iglesia sería escribir grandes volúmenes,
parece por cierto una promesa incumplida. No le faltaban pla
nes. Varias veces se propuso escribir una historia del Index, un
voluminoso libro sobre la historia del papado en la edad moder
na. También dijo que publicaría una colección de materiales
acerca del cardenal Pole y dela Reforma en Italia y en
Inglaterra, y un estudio titulado Los historiadores del Concilio
de Trento. Proyectaba asimismo una biografía de Dollinger y
una historia de Inglaterra de 1509 a 1702. Aunque no hizo
nada de esto, parecía destinado a escribir otro libro: la Historia
de la libertad.
78
¡
1

1
A través desu correspondencia con Dollinger pueden
rastrearse con cierto detalle los orígenes de la proyectada
Historia de la libertad y la suerte que habría de correr.
En 1865, durante su luna de miel, Acton comenzó a considerar
la idea de escribir un ensayo acerca del paganismo y de la
cristiandad en relación con sus respectivas contribuciones a
la moral: cuáles eran las verdaderas morales conocidas por el
paganismo grecorromano y cuáles las que había aportado
el cristianismo. Esto constituyó el tema de dos conferencias que
pronunció en 1877antelosmiembros de la Bridgnorth
Institution, en elAgricultura!Hall de esa ciudad, invitado por
Horatio Ward, clérigo protestante y maestro de escuela que
había apoyado la candidatura de Acton en 1868cuandoéste
aspiraba alParlamento en representación de Bridgnorth. En
estas dos conferencias Acton trazó la Historia de la libertad
en la antigüedad y la Histo ria de la libertad en la
cristiandad y sus argumentos principales fueron reproducidos
con más fuerza, coherencia y claridad en su crítica al libro de
Sir Ersldne May La democracia en Europa, que Acton publicó
en enero de 1878.
Las conferencias fueron publicadas en Bridgnorth y recibie
ron una acogida que complació a Acton. Roscher deseaba tra
ducirlas al alemán, y en 1878apareció una versión en francés
que
no contó con la aprobación de Acton. En 1877, poco después
de pronunciar la segunda conferencia, manifestó su
intención de publicar ambas en un pequeño volumen, con
aparato erudito, y pensaba que podría hacerlo el año
siguiente. Pero un año después el proyecto se había tornado
más ambicioso y Acton había comegzado a reunir
sistemáticamente material para escribir un libro. Este se
considera todavía como una desviación temporaria de su
proyecto más importante, la Historia de In glaterra de 1509
a 1702. En mayo de 1878planea dar forma a este material
durante el verano para publicarlo con el título de Historia
de la libertad y dedicarse después a trabajar en su His toria de
Inglaterra. En febrero de 1881el proyecto ha alcanzado tal
envergadura que Dollinger teme que su antiguo discípulo esté
escribiendo una historia universal, en lugar de una historia de la
libertad. Acton responde que no intenta hacer tal cosa, pero síse
propone elaborar um; filosofía de la historia, y antes de
empezar a escribir debe llevar a cabo una vasta investigación,
absoluta-
79
mente necesaria: estudiar una inscripción hallada
recientemente, que arroja nueva luz sobre Ciro el Persa;
investigar acerca de Juliano el Apóstata y de numerosos
estudios sobre política y pensamiento político en los
comienzos de la edad moderna. En muchas áreas, dice, no se
ha hecho ni siquiera una investigación básica, y él debe él.brir
nuevos caminos: la historia de la esclavi tud, la historia de
losimpuestos, la historia de la democracia y del socialismo, la
historia de la idea de progreso y otras. Por fin, el maestro
exhorta a su discípulo a quedeje de investigar y comience a
escribir. No hay libro perfecto, le escribe, y siempre existe la
posibilidad de agregar nuevos materiales en las ediciones si
guientes. Dollinger teme que, como Moisés, no vivirá para ver
la tierra prometida de la Historia de la libertad de Acton, y
su consejo se hace más concreto; insta a su antiguo
discípulo a escribir una historia constitucional ,centrada en las
instituciones existentes a través de las cuales se ha realizado la
libertad. Acton había considerado este enfoque y lo había
rechazado, eligiendo en cambio lo que Dollinger llamaba una
historia del dogma, que exploraba cada rama del árbol
genealógico de la idea de libertad, sin omitir ningún desarrollo
histórico y ningún pensador que hubiese sido, de algún modo,
importante para el progreso de la libertad o hubiese
esclarecido el derecho a ella.
Hacia septiembre de 1882 la Historia de la libertad de Acton
había quedado entrelazada con el tema del juicio moral en la
historia, de alcance mucho más amplio, en relación con el cual
su disputa con Dollinger había llegado a una crisis. Acton
admite ante su maestro que la demora en la ejecución dela obra
se debía a algo más que a la mera reunión de material. "Yo
mismo había empezado a dudar", le escribe. Ante el hecho de
que Dollinger rechaza su opinión en cuestiones tan decisivas,
Acton comienza a preguntarse si habrá alguna falla esencial en
su propio enfoque de la historia, en su juicio sobre los
asuntos y los personajes históricos. En otra carta, fechada en
septiembre de 1882, vuelve a expresar su tristeza al descubrir
el misterioso abismo que lo separa de su maestro, después de
haber sido su devoto discípulo durante toda la vida, y al
comprobar que debe seguir su camino en dirección opuesta.
Después de esto, el tema del juicio moral en la historia y la
Historia de la libertad desaparecen de su correspondencia. Al
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principio, Dollinger había pensado que la idea de escribir este
libro era buena, pero también que el proyecto de la Historia de
Inglaterra era aun mejor, y que serí.a "una obra más perdurable
que el bronce". No obstante, la imaginación de los admiradores
de Acton en Inglaterra, Gladstone, su hija y otros, fue excitada
por la Historia de la libertad.
Se trataba de una idea afín a los más elevados intereses de
esta época tan fecunda para los escritos históricos en Europa
y América, y que podría decirse que comenzó con Declinación
y
caída del Imperio Romano, de Gibbon, cuyo primer volumen
apareció en el mismo año que la Declaración de Independencia.
Esta época es perfectamente acorde con la publicación de una
historia de la libertad de pensamiento y de una historia de la
idea de progreso, ambas escritas por J. B. Bury, el editor más
distin guido de Gibbon y sucesor deActon comoProfesor Real.
En ella los historiadores escribían animados por el espíritu dela
sentencia hegeliana: "La historia del mundo es el progreso de la
conciencia de la libertad ". Los colosos de ambos lados del
Atlántico, Bancroft,Motley, Parkman, Grote,Freeman y
Macaulay, habrían estado de acuerdo con Acton en que "la idea
de la libertad es la unidad, la única unidad en la historia del
mundo, y el único principio de una filosofía de la historia".
Estos hombres explo raron, con dominio crítico de las fuentes
y con excelencia de estilo, los acontecimientos más notables
en este progreso de la libertad: la Grecia clásica, el ascenso de
la república holandesa, la supervivencia de la tradición
anglosajona de libertad bajo el dominio delos normandos
,eltriunfo de los principios de libertad de los Whigs y la
difusión y el arraigo de esta tradición inglesa de libertades
civiles en Norteamérica.
Acton se sentía inspirado por la idea de rastrear el
desarrollo del verdadero concepto de libertad, con lo cual
habría puesto el
remate filosófico a un siglo de investigación histórica. Sir
James Erice describe a Acton, imbuido de la idea de una
historia de la libertad: "[Actonl habló apenas durante seis o
siete minutos, pero lo hizo como un hombre inspirado; era
como sicontempla ra, desde la cima de una elevada montaña,
los sinuosos caminos del progreso humano desde las costas
cimerias, sumidas en la nebulosa prehistoria, hasta la luz más
plena, aunque incierta y vacilante, de los tiempos modernos Su
elocuencia era magnífica,
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pero más adrrúrable aun era esa clarividencia penetrante que
percibía, en todos los acontecimientos y en todas las épocas, la
acción de aquellas fuerzas morales que, ora creando, ora destru
yendo pero siempre transmu tanda, habían plasmado y remodelado
lasinstitucionesy habían conferido alespíritu
humanosuproteiforme energía. Era como-si un rayo de sol hubiera
iluminado de repente todo el panorama de la historia.Yo no había
escuchado nunca una disertación como aquélla y jamás volví a
escuchar otra igual".
Pero ese hombre inspirado, que leía incesantemente y
tomaba innumerables notas, estaba resuelto a no escribir. En
sus cartas a Mary Gladstone acostumbraba referirse a su
Historia de la li bertad como a "La Señora del Futuro", y ella
temía que, como el artista del cuento de Henry James, que
quería pintar el retrato perfecto, Acton terrrúnara ante una tela
en blanco. Le parecía terriblemente injusto que negara a sus
compatriotas todos los beneficios que tenían derecho a esperar
de él. Y le escribía: "Me siento desgraciada al imaginar esas
cajitas de cuero negro que están sobre la mesa, atiborradas de
notas, esos libros llenos de marcas y apuntes, y sobre todo ese
inmenso tesoro de conoci rrúentos y de ideas que hay allí,
encerrado en el hombre que se sienta ante esa mesa, que lee y
marca esos libros y toma esas notas; y al pensar que tal vez
toda esa abundancia no saciará nunca nuestra hambre y
nuestra sed".
Acton le responde: "En cuanto a mi tedioso libro, le ruego
que no olvide que nadie está de acuerdo con las cosas que
puedo decir, que no tengo discípulos ni seguidores y que esto
no es precisamente un estímulo para escribir y explayarse;
tenga en cuenta que cuando los hombres envejecen se
desaniman ante cualquier brecha en sus conocimientos, y
que no tengo otro mérito que ese que usted describe con
tanta gracia: marcar eternamente innumerables libroscon
pedacitos depapel y guardar los papeles más grandes en cajas
de cuero negro".
Esta carta de Acton está fechada el9 de febrero de 1884.A su
muerte, dieciocho años después, su Historia de la libertad era
una tela en blanco. Todavía estaban allí los libros, con sus
notas; todavía se alineaban las cajas de cuero negro atestadas
de papeles en la biblioteca de la Universidad de Cambridge. Y
el estudiante se da cuenta, después de revisar decenas de cajas
y millares de notas, de que Acton jamás escribió ni un solo
capítu-
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lo, ni siquiera un párrafo de esa gran Historia de la libertad
que tanto inspiró a otros y que fue, para otros, la obra de su
vida.
Acton decepcionó a muchas personas, y de distintas maneras.
El que sería después cardenal Manning escribe así a
Gladstone
acerca de él: "Ya no quiero hablar más de Lord Acton, cuya
carrera ha defraudado a sus verdaderos amigos, y no sólo a
los
católicos. Pudo haber hecho mucho entre nosotros, y en la vida
pública". También su padrastro sesintió frustrado por su fracaso
en la función pública. Mucho mayor aun fue la desilusión de
aquellos que esperaban ansiosamente el que se dio en llamar "el
libro más grande que se haya escrito jamás", la Historia de la
libertad. Acton sabía que sus amigos lo consideraban un verda
dero enigma, y esto lo tenía perplejo. En una carta a Dollinger
dice: "Para mí es un auténtico misterio que los que mejor II!e
conocen consideren que mi personalidad es enigmática". El
sabía bien por qué había dejado de escribir: quería decir cosas
importantes a una época que no necesitaba ni comprendía sus
ideas.
Se daba cuenta de que su idea de la historia y su concepción
de la libertad eran absolutamente personales. Creía
firmemente que las instituciones y las estructuras
constitucionales, como el gobierno representativo y el
federalismo, eran fundamentales para garantizarla libertad. No
obstante, su Historia de la libertad no podía formar parte de
una historia constitucional. "La historia de las instituciones
carece de unidad", escribe, "pero síexiste una gran unidad en la
historia de las ideas, de la conciencia y la moral y de los medios
de salvaguardarlas. Me animaría a decir que aquí está el secreto
de la filosofía de la historia: sólo desde este punto de vista se
puede descubrir un progreso constante, y por lo tanto, es el
único que justifica para el hombre los caminos de Dios".
La religión y la libertad eran para Lord Acton, el católico
liberal, los dos ideales supremos, y lospone en un pie de
igualdad con la moralidad. y la conciencia. Define la libertad
como la condición que facilita elgobierno de la conciencia. La
libertad es el gobierno de la conciencia, el reino de la
conciencia . Para Acton, el liberalismo se funda esencialmente
en la idea de la
conciencia, en la concepción de que el hombre debe vivir de
acuerdo con su propio entendimiento, debe preferir la voz
de Dios a la voz de la opinión pública. Según su definición,
para
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un verdadero liberal el alma es el fin último, todo lo demás no
es sino un medio. La conciencia es el medio por el cual el alma
se libera de la servidumbre del pecado. Por lo tanto, existe y
actúa para el individuo, y al hacerlo se convierte en el
principio fundamental de la auténtica libertad, que es el
dominio de sí mismo. La conciencia individual sólo está
limitada por la con ciencia de los otros. En la medida en que
respete la conciencia de otros, tenderá a poner límites a la
autoridad y a aumentar la libertad. En palabras de Acton ,la
conciencia es la ley que rige el dominio de sí mismo.
Esta concepción profundamente religiosa se dirigía a una
época eminentemente secular. En la conferencia que Acton
pronunció en 1877sobreLa historia de la libertad en la
antigüedad
se encuentra ya implícita esta definición de libertad como con
ciencia. "Entiend o por libertad la seguridad de que cada hom
bre, al cumplir con lo que considera su deber, estará protegido
contra la influencia de la autoridad y de las mayorías, de la
costumbre y de la opinión. Sólo en su esfera de acción
inmediata tiene el Estado competencia para asignar deberes y
trazar una línea demarcatoria entre el bien y el mal.Más allá
de los límites necesarios para preservar su bienestar , [el
Estado] sólo puede ayudar indirectamente a librar la batalla
dela vida, promoviendo las influencias que deben prevalecer
contra la tentación: la religión ,la educación y la distribución
dela riqueza." Sedesprende de estas notas, y de numerosos
bosquejos, que el libro de Acton sobre la historia de la libertad
habría de ser fundamentalmente una historia de la evolución de
la idea de conciencia; Sócrates,los estoicos y los esenios
descollarían tanto o más que Platón, Aristóteles o la historia
constitucional. También el medioevo y la modernidad serían
tratados como idiosincrásicos. Savonarola, y los movimientos
tales como los levellers y los cuáqueros, reci birían más
atención que John Loclce. Habría una serie decapítulos
dedicados a losmovimientos e instituciones que promovieron
la defensa de la libertad: el surgimiento de las ciudades, el
desa rrollo de un poder judicial independiente, los
movimientos emancipadores. También habría otros en los
que se trataría sobre las fuerzas que habían socavado la
libertad y el dominio de la conciencia, entre ellasla democracia
irrestricta, elnacionalismo, el socialismo y el racismo.
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Acton creía que el despotismo va siempre acompañado por la
corrupción moral y que la decadencia de la moralidad y la
conciencia acarrea la ruina de la libertad. Consideraba que la
democracia mina la conciencia de los hombres tanto como el
absolutismo, porque hace que prefieran la opinión de los otros,
en lugar de la suya propia, acerca de lo que es mejor para ellos;
los desmoraliza al liberarlos del sentido de responsabilidad y de
la obligación de esforzarse. En un ensayo publicado en 1878
Acton se refiere al antagonismo primordial que existe entre la
libertad y la democracia, y a laíntima asociación entre
elsocialismo
·y las manifestaciones más recientes de la democracia . La idea
de libertad había perdido su ascendiente sobre los hombres y
la democracia se mantenía a través delsocialismo, dela promesa
de otorgar valiosos dones a las masas. La teoría del socialismo
sólo leparece menos criminaly absurda que la teoría del
nacionalismo, que no aspira a la libertad ni a la prosperidad,
sino que sacrüica ambas a la imperiosa necesidad de hacer de la
nación el molde y la conciencia del Estado. Su marcha estará
signada por la ruina, moral y material. Las teorías raciales y el
darwinismo contribuyen a esta devastación moral, minando el
concepto de la responsa bilidad individual y sustituyendo las
ideas de conciencia y libre albedrío por las de determinismo y
selección natural.
Acton quería creer que la providencia señalaba el camino
hacia la concepción, el disfrute y el afianzamiento de la
libertad,
pero en los últimos años de su vida vio cómo triunfaban por
doquiera aquellas fuerzas disgregadoras. La derrota del Sur en
la Guerra de Secesión de los Estados Unidos fue un golpe casi
tan terrible como el Concilio Vaticano. El federalismo, que
había constituido el freno más eficaz a los avances de la
democracia y la mejor garantía de los derechos de las
minorías, había sido degradado por su asociación con la
esclavitud y aplastado por el absolutismo democrático. En
cuanto a las teorías del racismo y el darwinismo social, habían
penetrado tan profundamente en la vida intelectual de Europa
como lo habían hecho las del nacio nalismo y el socialismo en
su vida política.
Este pesimismo fue un factor fundamental de la renuencia de
Acton a escribir una obra que pudiera ser publicada, pero si
bien
le impidió escribir acerca de la historia, no fue un obstáculo
para que pensara acerca de ella. En su conferencia
inaugural, en
85
Cambridge, dijo que el estudio de la historia "cumple su
propó sito simplemente al hacernos más sabios, aunque no
escribamos libro alguno, y nos confiere eldon del
pensamiento histórico, que es mejor que la erudición
histórica". En sujuventud había escrito que el hombre
necesita tener un ideal que estimule sus energías mucho más
de lo que puede hacerlo cualquier cosa material, y que éste,
quizás afortunadamente, nunca se realiza . Dio como
ejemplo típico el de los tres sabios que, siguiendo una
estrella, buscaron un rey y encontraron un redentor; también
habló de Cristóbal Colón, que al ir en pos de las Indias halló
un nuevo mundo . Su ideal fue la Historia de la libertad, que
le sirvió de guía durante largos años de investigación y de
pensamiento históri cos, en cuyo transcurso se formó una de
las inteligencias más profundas y originales del siglo xrx en
lo que respecta al pensa miento político. Las pequeñas cajas
de cuero negro guardan, planteados y expresados en forma
admirable, innumerables aforismos sobre el hombre y la
sociedad política .
Estos materiales pasaron, después desu muerte, a la
biblioteca de la Universidad de Cambridge, donde perman
ecieron casi ignorados durante alrededor de treinta años, hasta
que afines de la década del treinta se reconoció su valor, así
como el de su autor. Acton sentía que sus ideas no tendrían eco
en la Inglaterra victoriana; pero sí encontraron mejor acogida en
una generación que había presenciado la ruina moral y
material de Europa, causada por el surgimiento de diversos
despotismos que prego naban los lemas del socialismo, el
nacionalismo, el racismo y la democracia. Un sistema que
ostentaba en el nombre mismo de su partido los ideales del
socialismo y del nacionalismo cometió los crímenes más
horrendos en nombre de teorías raciales extra vagantes. No
fueron menos salvajes ni menos destructivos para la libertad y
para la civilización los crímenes perpetrados en nombre
delaideología socialista por elcomunismo ,que pretendía regir
repúblicas democráticas o populares.
Con el surgimiento del moderno totalitarismo se plantea
inevitablemente el dilema de la conciencia individual y los
límites morales del poder del Estado. Así lo había vaticinado
Acton, que fue considerado un profeta por la generación de la
Segunda Guerra Mundial. Los trabajos de Ulrich Noack en
Alemania, de Herbert Butterfield y George Fasnacht en Ingla-
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terra, y de Gertrude Himmelfarb en nuestro país iniciaron una
nueva era con respecto al estudio de Acton y de su contribución
a la historia y al pensamiento político. El redescubrimiento de
su figura entre las ruinas del liberalismo clásico constituye en
sí mismo un capítulo fascinante en la historia de la idea de
la libertad, un capítulo que, por su sutileza y sus
ramificaciones, merecería haber sido escrito por el mismo
Acton.
El dijo una vez:"El bien que los hombres escriben los sobre
vive". Sigue siendo nuestro contemporáneo a través de sus
escritos, y cuando nos habla, su proximidad es apremiante. Sus
ideas sobre la naturaleza humana y la política, sobre el signifi
cado de la libertad del hombre, de las fuerzas que la nutren y de
las que la amenazan, son hoy más profundamente verdaderas
que cuando las escribió hace más de un siglo. Su mensaje tiene
una importancia fundamental para todos losmiembros pensantes
de una sociedad libre.

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