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La gran carrera de pequeño Osito

El día de la gran carrera había llegado por fin,


Y pequeño Osito estaba nervioso.
Corría contra sus mejores amigos,
Pero deseaba ganar con todas sus fuerzas.
“preparados, listos… ¡ya!”
Pequeño Osito salió a toda velocidad.
¡Estaba en cabeza! Pero su corta zancada
Le impedía avanzar más rápido.
Gran oso adelantó a pequeño osito y
Cruzó la línea de meta en primer lugar.
Pequeño Osito quería llorar. Se había esforzado
Tanto para lograr la victoria.
Mamá Oso le dio un abrazo a pequeño Osito
¡Magnifica carrera! “estoy orgullosa de ti”.
Pequeño Osito se aniñó un poco. Al fin y
Al cabo ¡no se puede ganar siempre!

(Ediciones SALDAÑA).
A comer pequeño Osito

El alimento preferido de Pequeño Osito era el chocolate.


Y su madre decía que no era bueno comerlo en exceso.
“podría comer chocolate sin parar!” decía el Pequeño Osito.
Para desayunar Pequeño Osito eligió choco-cereales “¡que ricos!”.
Al medio día, Pequeño Osito comió un sándwich de chocolate
Y una galleta de chocolate.
Para merendar, Pequeño Osito tomó un batido de chocolate
Y tarta de chocolate.
A la hora de la cena, Mamá Oso le ofreció pudin
De chocolate con natillas.
Entonces Pequeño Osito se sintió mal.
“Lo dejaré para mañana”, le dijo a Mamá
Mamá Oso le abrazó, y comenzó a pelarle un
Delicioso y saludable plátano.

(Ediciones SALDAÑA)
La pequeña ola

Érase una vez una ola chiquita, que vagaba por los océanos buscando la playa
donde debía descansar. Un día, una tortuga se montó sobre su cresta. La olita le
preguntó dónde iba, y la tortuga le dijo: “Voy a la playa de arenas blancas en la Isla
Perdida. Tú eres la última ola que nació del mar y del viento. Tu destino está en la
playa donde me dirijo, y cuando rompas en la arena, podré dejar mis huevos ahí, y
nacerán otras tortugas como yo”. Y así, la pequeña ola encontró su playa, y del
vapor que dejó su espuma, subió hacia el cielo, mientras las tortugas recién nacidas
corrían hacia el mar para iniciar su vida.

(Fidel Ramón Saavedra Bravo)

Las hadas de la primavera

“¿No lloverá más papá?”—preguntó. “No lo creo hija, es primavera y lloverá cada
vez menos”. La pequeña pegó su mano al ventanal absorta. “Mmmm ¿Sabes cómo
llega la primavera?” —preguntó su papá sorprendiéndola. “No…” “¿Quieres saber?”
“¡¡¡Yaaaaa!!!”, respondió entusiasmada. “La primavera llega con magia…. magia de
hadas…” “¿Hadas?” —preguntó la pequeña. “Sí amor, son pequeñitas niñas como
tú. Con carita transparente y rizos dorados, adornadas con flores… con bellas alitas
multicolores, vestidas primorosamente con hojas de sauco y seda de capullos de
mariposa”. “Al llegar la primavera, ellas despiertan del largo sueño invernal
esparciendo un polvo mágico con el que brotan las flores y las hojitas verdes
anunciando la primavera”. Francisca besó a su papá, y feliz corrió al jardín.

(Autor: Marcelo Esteban Jerez Vidal Coelemu)


Kuyén y el árbol de la amistad

Hace tiempo, la tía del jardín llegó a la sala con una niña que nadie conocía. Su
nombre era Kuyén y venía desde muy lejos. Kuyén era mapuche y a todos los niños
les encantaba conversar con ella, pues conocía muchos cuentos divertidos. Pablo
era el único niño que siempre se reía de ella. Hasta que un día, Kuyén le contó la
historia del árbol de la amistad que tenía en su patio. Como Pablo no le creyó nada,
lo invitó junto a otros compañeros a conocerlo. Los niños fueron a su casa y
empezaron a cantar y hacer rondas alrededor del árbol. Pablo se divirtió mucho
jugando y sin darse cuenta, se hizo el mejor amigo de Kuyén.

(Manuel Adolfo Torres Reddersen)

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