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Concepto de subdesarrollo

El concepto de subdesarrollo, y sobre todo el de país subdesarrollado,


es un muy moderno. Aparece durante la descolonización, en los años 50.
Existe la tendencia a enfocar el problema del subdesarrollo como un dato
estadístico y comparativo, entre los países ricos y los pobres, por su renta
per cápita o su producto interior bruto. Sin embargo, no es lo mismo una
sociedad no desarrollada que una sociedad subdesarrollada. Aquella es
una sociedad no capitalista, sin los avances tecnológicos propios de la
sociedad occidental, pero perfectamente estructurada y que responde a las
necesidades de sus individuos y del medio. La sociedad subdesarrollada
tiene otros problemas, derivados de ser una sociedad capitalista con un bajo de
nivel tecnológico y una renta mal repartida. Pero, además, es una comunidad
que no responde a las necesidades de sus individuos, que sufren altos
índices de paro, subempleo, delincuencia y marginalidad, y que tampoco
responde a las necesidades del medio, ni está en sintonía con él.

El concepto de subdesarrollo se divulga durante los años 60 gracias a


los medios de comunicación de masas, que lanzan como problema el
hambre en el Tercer Mundo, las guerras, las dictaduras, etc. Durante los años
60 el subdesarrollo se entiende como una consecuencia del bajo
consumo. Por un lado está subdesarrollado, o es pobre, el que no puede
consumir; y por otro, la doctrina keynesiana vincula el desarrollo y el
crecimiento económico al consumo. Los niveles de consumo de los países
capitalistas desarrollados son un estadio de civilización al que todo el
mundo está abocado.

La crisis económica de 1973 puso en duda que el desarrollo económico


por el consumo fuese ilimitado, ya que los niveles de consumo tenían un
límite. Se hizo patente que las posibilidades de supervivencia del sistema
económico dependía de la buena distribución de la renta.

Las desigualdades aparecen cuando existe gran diferencia entre el


número de consumidores y la capacidad del aparato productivo. Esto
se traduce, a escala local, en las diferentes formas de posesión y uso de los
recursos, y de los medios de producción.

Los países subdesarrollados dependen industrial y económicamente


de los desarrollados. Son estos los únicos capaces de acumular capital a
costa de los recursos ajenos. La inversión en un país subdesarrollado tiene
como objeto obtener unos beneficios, y por lo tanto detraer capital de la
zona. Los canales de comercialización de los productos están en manos de
los países desarrollados. Es aquí donde mayores capitales se acumulan, ya
que tienen la función de poner en el mercado los artículos.
Características de los países
subdesarrollados
Estas características son, frecuentemente, explicaciones, y excusas, de
porqué un país está subdesarrollado.

En primer lugar, sus habitantes apenas disponen de lo necesario. El


concepto de lo necesario se amplía en la sociedad capitalista de consumo
de masas. Es la vieja teoría que vincula el desarrollo y el consumo con el
crecimiento económico. Es un concepto relativo que se amplía con el desarrollo
económico.

Otra característica es la subproducción de tipo capitalista. Los recursos


no están aprovechados. Según esto, sólo es posible producir en fábricas al
modo capitalista, consumiendo los recursos de manera predadora. Pero el
concepto de recurso es algo que cambia con la tecnología, y las
posibilidades que tiene una sociedad para utilizarlo.

Otra de las características de los países subdesarrollados es su alto


crecimiento demográfico, debido a causas endógenas. Existe la creencia de
que las altas tasas de incremento de la población impide el desarrollo
económico. Esto, que puede ser cierto a escala familiar o en el corto plazo, no
lo es a escala nacional, ya que una masa de población grande garantiza una
mano de obra abundante y barata, que, además, es consumidora. Si la
población es mayoritariamente dependiente, o está en el paro, se debe a los
bajos niveles de inversión, y no a los altos índices de población.

Otra de las características de los países subdesarrollados es la


dependencia económica del mundo desarrollado, en un nuevo tipo de
colonialismo, neocolonialismo, según el cual la inversión industrial y los
canales de comercialización del producto están en manos de los países
ricos, frecuentemente las antiguas metrópolis. La reducida inversión implica
unos bajos índices de industrialización, que además depende del exterior, y
que, en última instancia, se lleva los beneficios del capital y las horas
trabajadas.

Tras la crisis de 1973 los países del Tercer Mundo se industrializan


gracias a la política de descentralización productiva de las grandes
multinacionales; que buscan en los países y los trabajadores del Tercer
Mundo condiciones más ventajosas: para las empresas, de contratación de la
fuerza de trabajo, impuestos, etc. Esto implica la total desarticulación de la
economía tradicional, ya que las nuevas industrias atraen a parte de la
población activa y la convierte en proletariado industrial, ajeno y desvinculado
de la economía tradicional del país.
Otra de las características del Tercer Mundo es el intercambio desigual
de las mercancías. Ellos producen materias primas y compran productos
elaborados de alto valor añadido. Esta situación está cambiando con la
nueva industrialización de los países del Tercer Mundo, aunque no son ellos
quienes se llevan los beneficios.

Según esto, existen unas características tópicas de lo que es un país


subdesarrollado: insuficiencia alimentaria, déficit social, analfabetismo,
recursos desatendidos o derrochados, elevado porcentaje de agricultores,
escasez de clase media consumista, incompetencia industrial, hipertrofia del
sector terciario, bajo PIB, desempleo, subempleo y trabajo infantil,
subordinación económica, desigualdades sociales internas acusadas,
crecimiento demográfico, persistencia de la miseria, etc. Todas estas
características son valoradas comparativamente con los países
desarrollados. Pero esta concepción de lo que es un país subdesarrollado ha
quedado desfasada en los últimos treinta años, ya que se han desarrollado
unos procesos de industrialización, alfabetización, caída del crecimiento
demográfico de la población, y de descenso de la producción y la productividad
agrícola, que hacen temblar estos criterios.

En realidad, estas características de los países subdesarrollados son los


efectos que una economía subdesarrollada produce en una población, no
las causas. Son fruto de la desigualdad intrínseca que introduce el
sistema capitalista, que tiende a acumular capital en unos países
detrayéndolos de otros.

Si analizamos atentamente las sociedades de los países capitalistas


podemos encontrar grupos de población que tienen las mismas
características que las de los países subdesarrollados, es el llamado
cuarto mundo, la única diferencia es que en los países del Tercer Mundo
esta población adquiere el carácter de endémica, ya que están alejados del
centro capitalista y, que tienen unos canales de distribución de la riqueza malos
y escasos.

El crecimiento de las necesidades


Tras la crisis de 1929 aumentan las rentas familiares, ya que la forma
de salir de la crisis se hace aumentando el gasto, tanto público como
privado. El aumento del gasto hace crecer el mercado y el consumo de
bienes, los cuales se diversifican cada vez más y son más numerosos. Los
productos deben aparecer y desaparecer rápidamente del mercado, y ser
perecederos. El consumo es el factor fundamental de crecimiento.
También se desarrollan espectacularmente las actividades de servicios.
Es la forma que tiene el sistema capitalista de repartir las rentas, y que la
mayoría la población no se dedique a la producción de artículos.

El transporte individual, la información, la comunicación y el ocio consumista


son las señas de identidad de esta etapa.

El gran impulsor de este tipo de economía de consumo de masas es la


clase media, con rentas que les permiten adquirir bienes, pero no acumular
capital.

El Estado tiende a cubrir muchas necesidades que poco a poco se van


haciendo básicas, como la educación o la salud. Es lo que se conoce como
Estado del bienestar.

Esto implica un cambio en el concepto de pobreza, que ya no se mide


por las rentas sino por la capacidad de consumo. Los pobres se recluyen en
guetos, en un proceso de segregación espacial y marginación. No obstante, en
los países desarrollados todo el mundo puede comer y tener las
necesidades básicas cubiertas, cosa que no ocurre en el Tercer Mundo,
donde el hambre es un mal endémico y las políticas económicas aplicadas
impiden la ayuda y la distribución de la riqueza.

Sin embargo, en la sociedad actual de los países ricos no basta tener las
necesidades básicas cubiertas; la sanidad, la educación y la cultura son
necesidades que nadie, en los países desarrollados, puede renunciar y a las
que tienen derecho.

La vida urbana crea nuevas necesidades: de vivienda, equipamiento,


transporte, vestido, etc. creadas, en su mayor parte, por la publicidad. Muchas
de estas necesidades suponen un aumento del consumo de energía.

El crecimiento de la población agrava coyunturalmente los problemas, ya


que amplía el número de gente que debe cubrir esas exigencias.

En el Tercer Mundo no existen los mecanismos necesarios para que la


población acceda a los niveles de consumo que se les ofrece.

La publicidad es el gran creador de necesidades, las cuales aumentan en


la medida que esta es capaz de lanzar nuevos artículos al mercado.

El crecimiento demográfico
Con la revolución industrial, y el crecimiento de la productividad, aumenta,
también, la población, en el proceso de transición demográfica. Las tasas
más altas se alcanzan cuando desciende la mortalidad y se mantiene natalidad,
alcanzando el máximo poco antes de que comience a descender la natalidad.

A diferencia de lo que pasa en los países desarrollados, que la transición


demográfica dura entre 120 y 90 años y su crecimiento anual máximo nunca
supera el 2%, en los subdesarrollados la transición demográfica se supone
que debe ser mucho más corta y los crecimientos anuales máximos superan en
2%. Esto implica un exceso de población en el momento crítico del
desarrollo económico; y que además no tiene alternativas, como las tuvo
Europa con la emigración a los países nuevos y las colonias.

Los países desarrollados resolvieron este problema introduciendo


prácticas de control de natalidad, más eficaces cuanto mayor era el nivel
cultural y el desarrollo económico, además de recurrir a la emigración. No
obstante, siempre estuvo presente el desempleo y el subempleo, ya que el
sector productivo siempre oferta menos empleos de los que se demandan.

Para más detalles sobre demografía véase en la sección de Geografía el


apartado de Geografía de la población.

La agricultura en el Tercer Mundo


Desde los tiempos del sistema colonial data la dedicación de ciertas
zonas del mundo a la agricultura y a la extracción materiales y materias
primas, gracias a un sistema de especialización productiva que buscaba
ventajas comparativas. Este sistema implicaba una red de
interdependencias entre la metrópoli y la colonia.

Desde el comienzo de la revolución industrial, la técnica y la ciencia han


proporcionado a la agricultura métodos y técnicas de cultivo que
aumentaban la productividad de la tierra, pero será a partir de 1944
cuando este proceso adquiera dimensiones de revolución. Este progreso era
necesario para asegurar el aporte alimenticio a todo el mundo, pero ha
incurrido en muchos errores.

En realidad, la esencia de la revolución verde son: las variedades de


altos rendimientos, las semillas VAR, con todos los insumos necesarios para
incrementar la producción desde los niveles tradicionales al doble o más.
Nuevas semillas más resistentes y nuevos insumos que permitieron ampliar el
ámbito ecológico de las especies cultivadas. En general, son semillas de ciclo
corto y poco sensibles al fotoperiodismo.
Las semillas tradicionales son fruto de la selección secular empírica, en la
que se han ido eligiendo las variedades que daban más rendimiento. Pero las
VAR son semillas modificadas genéticamente para dar un rendimiento mayor
en cualquier sistema ecológico. Sin embargo, para que den ese máximo
rendimiento necesitan unos determinados insumos: abonos especiales
(químicos), agua y pesticidas. Además, es necesario eliminar las malas hierbas
que compiten por la tierra, combatir las plagas, viejas y nuevas, y asegurar el
regadío. Frecuentemente, si falta alguno de los insumos la cosecha cae por
debajo del rendimiento habitual. Los fertilizantes son tan necesarios como las
semillas. Esto implica que la producción agrícola necesita de grandes
capitales.

En los países subdesarrollados este es un problema añadido, ya que


su dependencia de los países ricos en cuestiones agrícolas es total.
Además, las semillas VAR son las que se consumen en los países ricos,
con lo que la producción agrícola debe ir destinada a la exportación.

Sin embargo, es indiscutible que la revolución verde ha aumentado el


volumen de la cosecha por hectárea, y permite una doble cosecha, sobre
todo en los países ricos. Al mismo tiempo ha generado una importante
industria en torno a la creación de semillas e insumos, y su distribución. Por
otro lado la mecanización del campo reduce el empleo de la fuerza de
trabajo.

Cada vez es más importante la investigación en ingeniería genética de las


especies alimenticias, pero también en los recursos más productivos
autóctonos, la agricultura biológica, que pretende utilizar el menor número de
insumos posible, aprovechando la capacidad de la naturaleza para producir.

También en el ganado ha entrado la revolución verde con la


administración de hormonas y la selección genética.

El uso masivo de insumos químicos puede producir problemas de


contaminación, tanto del medio como de los mismos alimentos, con lo que
pueden aparecer problemas de salud.

La introducción de la nueva economía colonial capitalista suponía la


destrucción de la economía tradicional de subsistencia y de los modos de
producción de las civilizaciones indígenas. El modelo agrícola que se
establece es la economía de plantación especulativa, que funciona como
una empresa de producción, con trabajadores asalariados y utilizando todas
las ventajas de la tecnología y la ciencia. Se crea un proletariado rural
indígena desvinculado de las tradiciones de su civilización: aculturado. Este
tipo de economía es muy inestable, ya que el régimen de monocultivo y, la
dedicación de la producción al mercado internacional, hace depender su
prosperidad de los precios internacionales de los bienes.
La producción de las plantaciones está dedicada al comercio
internacional y no al consumo interno y, además, sus productos son los
que corresponden a la dieta de los países desarrollados, que no coincide
con las costumbres alimenticias tradicionales de los países productores.

No obstante, la revolución verde permitió a los países desarrollados,


tras la descolonización, producir todo el alimento que era necesario para las
demandas alimenticias de su población. Esto supuso una caída de los
precios internacionales, y una descapitalización en los países con
economía de plantación. La descapitalización de las plantaciones significó la
imposibilidad de introducir mejoras e insumos que permitieran aumentar la
productividad. En estos países se da una dualidad en el régimen de
tenencias de tierras; por un lado está la gran propiedad y el latifundio,
dedicado al monocultivo de plantación y desvinculado de la agricultura
tradicional (aunque cada vez más está en manos autóctonas, sin embargo, no
son ellos los que ponen los productos en el mercado); y por otro lado está la
pequeña propiedad, en la agricultura tradicional de subsistencia, donde
predomina el minifundio y las tierras comunales, de las que frecuentemente se
ven privadas, por las plantaciones.

Las técnicas de producción de la agricultura de plantación implican un


esquilmo progresivo de los recursos, ya que se cultiva una tierra hasta que
se agota, luego se abandona y se rotura tierra nueva. La tierra abandonada
está a merced de la erosión y, frecuentemente, surgen crisis ecológicas
locales que impiden la regeneración del bosque o la utilización de la tierra para
otros cultivos.

Las plantaciones son las grandes beneficiarias de las inversiones en


el Tercer Mundo y de los planes de desarrollo. Las infraestructuras de
regadío, los abonos a precios bajos, las subvenciones para la modernización
de las explotaciones, etc., sólo pueden ser aprovechadas con ventaja por las
plantaciones que disponen de capital suficiente para introducir mejoras, y
no se pueden beneficiar de ellas los que viven de la agricultura tradicional, que
son los desfavorecidos del Tercer Mundo.

En estos países la reforma agraria es una cuestión permanente. Pero


la reforma que se plantea no afecta al régimen de tenencia de tierras, sino que
es una reforma técnica y tecnológica de tipo liberal, con lo que se consigue
introducir la propiedad privada donde existe, o donde predomina, la propiedad
comunal. Este estado de cosas beneficia, sobre todo, a los países ricos, ya que
se crean latifundios, y se arriendan las tierras en las peores condiciones para
los más débiles.

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La ciudad y el sector terciario
Cuando un país se industrializa sus ciudades crecen
espectacularmente, y con ellas el sector terciario y de servicios, que es
indispensable para poder vivir en una ciudad.

El éxodo rural aparece con la industrialización para concentrar en un


punto mano de obra y trabajo, por un lado, población y mercado por otro.
La desvinculación entre la tierra y la población crea un proletariado
industrial que sólo tiene para sobrevivir su fuerza de trabajo. Sin embargo, una
vez terminado el éxodo rural la ciudad se sigue desarrollando por crecimiento
vegetativo endógeno, debido a la transición demográfica.

No todo el proletariado tiene la oportunidad de trabajar, puesto que la oferta


de puestos de trabajo siempre es menor que la demanda, creándose así
desempleo, subempleo y economía sumergida. Aparecen, también, los
servicios personales en el nivel más bajo.

Pero no sólo emigran a las ciudades trabajadores del campo, sino,


también, los terratenientes, que no tienen que vivir en el campo para
mantener sus tierras en producción. Además, emigran los pequeños
propietarios que malviven con sus tierras. Con este proceso se
descapitaliza el campo en favor de la industria y los servicios. Los capitales
liberados son absorbidos por los servicios financieros y la búsqueda de
operaciones especulativas.

En la ciudad los símbolos de la modernidad son los rascacielos del


centro comercial y las viviendas en altura para las clases medias, así como
las chavolas marginales en las orillas de las ciudades, para los pobres recién
llegados, muy visibles en los países subdesarrollados.

El funcionamiento de una ciudad es imposible sin el sector servicios:


los mercados, los transportes, la cultura, la enseñanza, la salud y las finanzas,
que en buena medida son responsables del crecimiento de la ciudad.

El rápido desarrollo de una ciudad implica una rápida construcción de


edificios en altura, con los que se especula por el precio del suelo. Esta
especulación satisface las necesidades de la oligarquía, que gestiona las
ayudas y los recursos que ofrecen las multinacionales y los aparatos estatales.

Para mantener este estado de cosas, la burguesía acude al Estado, a


través del ejército, en caso de peligro, formando dictaduras militares de corte
fascista.
El crecimiento de los servicios en el Tercer Mundo, al revés que en los
países ricos, se ha desarrollado antes que la industria. Además, está
compuesto, mayoritariamente, por servicios personales.

La industrialización del Tercer


Mundo
La industrialización del Tercer Mundo es un hecho reciente, que se debe
a la política de desconcentración productiva de las multinacionales, y
que buscan en los países pobres mejores condiciones de contratación de la
mano de obra, incluso llegan a emplear fuerza de trabajo infantil en
condiciones de semiesclavitud; y otras ventajas fiscales.

La producción de estas industrias no va dirigida al aumento del consumo


interno, sino a la exportación, con lo cual los beneficios de la fabricación
también se exportan. El GATT es la institución internacional que vela por la
libertad de comercio, con lo que permite a las grandes multinacionales esta
búsqueda de fuerza de trabajo barata y esas mejoras fiscales en los países del
Tercer Mundo. El 1 de enero de 1995 fue sustituido por la OMC (Organización
Mundial del Comercio).

Las condiciones en las que trabaja un obrero del Tercer Mundo son
mucho peores que las de cualquier trabajador en el mundo desarrollado. Peor
seguridad e higiene en el trabajo, poco respeto al medio natural, menos
controles de calidad, etc., son las constantes en este tipo de producción. La
llegada de las grandes multinacionales hace desaparecer la industria
autóctona en escasa medida, ya que esta no era capaz de introducirse en los
circuitos internacionales y continúa dedicándose al mercado nacional. Además,
fabrica productos de consumo interno, mientras que las multinacionales
obtienen mercancías que nada tienen que ver con la industria autóctona. Sin
embargo, algunas empresas comienzan a fabricar componentes para las
multinacionales y terminan dependiendo de ellas, en exclusiva. Son
empresas subsidiarias autóctonas.

Estos procesos han tenido lugar en todos los países del Tercer Mundo, pero
ha sido más espectacular en los países asiáticos, por el empuje de la
economía japonesa, en México y en Brasil, por su buena posición en las
rutas del comercio internacional.

Los beneficios de esta industrialización terminan en manos


extranjeras o en la oligarquía autóctona, lo que explica porqué los países
siguen subdesarrollados, a pesar de sus altos índices del crecimiento. Faltan
los canales de distribución de la riqueza, lo que implica que existan
grandes diferencias sociales.

La crisis de 1973 fue el detonante de esta industrialización del Tercer


Mundo, ya que en los países desarrollados la energía era muy cara y el
proletariado había conseguido unas condiciones de alquiler de la fuerza de
trabajo más favorables. Además, la tecnología permitía aumentar la
productividad empleando poca mano de obra, aunque muy especializada. Al
Tercer Mundo se fueron aquellos procesos productivos que necesitaban
mucha mano de obra.

Situación actual
La situación de los países del Tercer Mundo no es estática, ni está
bloqueada, sino que goza de un gran dinamismo, pero los cambios no suelen
estar dirigidos, y por lo general son negativos, ya que no hay mecanismos
de protección ante los abusos del capital.

En todo el mundo crecen las necesidades que se consideran básicas,


gracias a la publicidad, sin embargo no aumenta en la misma proporción la
renta ni los recursos disponibles para hacerlas frente y satisfacer tales
necesidades.

El paro es un mal endémico y estructural, que detrae rentas de los que


ganan algo y alimenta el subempleo o la delincuencia.

Las ayudas financieras al Tercer Mundo no sirven de mucho, porque no


hay canales adecuados de distribución de los capitales invertidos. De la obra
pública se beneficia el que dispone de capital para aprovecharla con
ventaja, es un recurso utópico que permite al Banco Mundial y al Fondo
Monetario Internacional controlar la política económica de los países del
Tercer Mundo a través de la deuda exterior, imponiendo políticas liberales
que aseguran el cobro del préstamo, pero que no garantizan el desarrollo
económico del país. Otra cosa es la ayuda solidaria, dirigida a comunidades
muy concretas, aunque no es un factor de desarrollo integral de un país.

Los países del Tercer Mundo dependen de la tecnología y de los


capitales de los países desarrollados, principalmente de las inversiones de
las multinacionales que pueden tomar la decisión de marcharse y dejar el país
en la ruina y sin recursos.

Lo más característico de los países del Tercer Mundo son los diferentes
grados de desarrollo dentro de una misma región, que se manifiestan
geográfica y socialmente entre zonas ricas y pobres, y clases ricas y pobres.
El desarrollo económico de algunos países del Tercer Mundo a supuesto
un incremento galopante de la inflación, y como consecuencia un aumento
de la pobreza de las clases más humildes.

Las rondas de los países más poderosos para tratar sobre la globalización
han supuesto la liberalización del comercio internacional de productos
agrícolas, ya estaba liberalizada la industria, lo que significa que la posibilidad
de vender estos productos en el mercado internacional está en manos de
las compañías de transporte. Por otro lado, los países desarrollados
tiene excedentes de todo, y pueden colocar sus productos en el mercado
de los países subdesarrollados a precios más bajos que el coste de los
autóctonos, e incluso a menor precio que la producción de subsistencia, con lo
que saldría más caro producir que comprar.

El desarrollo sostenible
El sistema capitalista es, por excelencia, depredador de materias primas
y contaminante. Cree en el crecimiento ilimitado, habrá crecimiento
siempre que exista consumo, indefinidamente.

Pero los recursos no son ilimitados, por lo que, por grande que sea la
demanda, puede llegar un momento en que la oferta no sea posible, debido a
la escasez de recursos que transformar. Esto hace necesarias nuevas
tecnologías que consuman menos y utilicen otros elementos de la
naturaleza como recurso.

Se hace imprescindible adecuar los ritmos de explotación y de


recuperación de los recursos, para evitar que se agoten. Los ritmos de
recuperación son más rápidos y eficaces cuanto mejor se conserven las
condiciones ecológicas que los producen.

Esto supone que el desarrollo económico capitalista, para un


determinado nivel tecnológico, tiene un límite, que es aquel que le impone
la disponibilidad del factor tierra y las condiciones ecológicas que lo sustentan.

No es lo mismo desarrollo sostenido que desarrollo sostenible. El


desarrollo sostenido es aquel que aumenta de forma constante
independientemente de cuales sean las causas que lo impulsan. El desarrollo
sostenible, por el contrario, no tiene nada que ver con la política de
explotación masiva de los recursos que permitan el desarrollo de otros
sectores. Sin duda es necesaria la explotación de recursos de una manera
equilibrada, estudiando los umbrales máximo y mínimo de los diferentes
biosistemas y especies que queremos aprovechar, procurando una
explotación que garantice la recuperación de la especie utilizada, así
como la de todas sus asociadas. Esta es la única forma para que el
desarrollo económico sea sostenible, sin necesidad del abandono de la
explotación de las tierras y las especies. No es posible un desarrollo
sostenido sin un desarrollo sostenible. La actividad antrópica está tan
unida al medio que, probablemente, el abandono de su explotación significaría
una crisis ecológica de dimensiones no deseables.

La riqueza que puede suponer un recurso no viene sólo de su posibilidad


de utilización inmediata, sino de su posibilidad de usarlo a largo plazo de
forma sostenible, y garantizando su permanencia. Además, el concepto de
recurso varía con la tecnología, por lo que un elemento de la naturaleza
que hoy no se emplea, y por lo tanto no es un recurso, puede llegar a serlo en
el futuro. Esquilmar el entorno para aprovechar un recurso implica eliminar
la posibilidad de utilizar otro elemento que hoy no se tiene en cuenta.

Por ello se debe investigar cuál es la población mínima, o la cantidad


del recurso mínimo, que asegura su regeneración. Además, hay que
determinar qué importancia tiene esa especie, o recurso, en el equilibrio
del ecosistema, y qué función cumple. Tan importante como asegurarse la
renovación del recurso es cerciorarse de la persistencia del ecosistema que
le sostiene, ya que sin él el recurso desaparece.

El desarrollo económico viene, pues, de la posibilidad de utilizar un


recurso asegurando su regeneración y su equilibrio ecológico y, la
creación de una tecnología que haga menos agresiva su transformación,
haciendo perder menos peso en el proceso de transformación, y utilizando
menos energía, o la energía liberada en el propio proceso de transformación.
Cuanto mayor sea la eficacia del proceso de transformación y menor el
consumo de energía mayores serán los beneficios.

Existen numerosas industrias que en el proceso de fabricación generan


calor, que podría aprovecharse para producir la electricidad necesaria, es la
cogeneración, en la cual una planta puede producir la energía que consume,
e incluso más.

Hoy en día la economía está interrelacionada, lo que significa que el


agotamiento de los recursos implica la ruina de muchos sectores. Una
crisis en una región afecta a la economía de todo el mundo, y en todos los
sectores, en un tiempo muy breve.

Es un peligro la explotación masiva de los ecosistemas naturales, como


ocurre en la Amazonia, con métodos de explotación agresiva que destruyen el
ecosistema y no permiten la regeneración de los recursos.

La solución de los problemas de desarrollo de los países del Tercer


Mundo pasa por el desarrollo local, es decir, la creación de circuitos de
producción y consumo en mercados de ámbito local, que permitan la
creación de capitales autóctonos, bien distribuidos entre todas las clases
sociales. Esto implica que la economía debe producir primero para el
consumo interno, y no para exportar los recursos que se pueden vender en el
mercado internacional de manera especulativa. Este es el modelo de
crecimiento que llevó a Japón a ser la segunda potencia del mundo capitalista,
basada en el impulso del crecimiento de la demanda interna, y sólo una vez
satisfecha esta se dedica parte de la producción a la exportación.

http://pastranec.net/ccss/economia/tercermundo.htm