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Sede Caaguazú - Promoción XVIII

Sección “A”

PSICOPATOLOGÍA FORENSE. TRASTORNOS


MENTALES IMPLICADOS EN EL DERECHO
PENAL

INTEGRANTES:
Ana Maribel Cortez
Carmen Diana González
Rocío Fabiola Maldonado
María Elizabeth Gayoso
Cynthia Raquel López
Oscar Rivarola González
Daniel Mieres Avalos
Pablo Delvalle
Jason Raúl Fretes

Prof. Dr. Eduardo Bieber

Año: 2.018
INDICE

INDICE ......................................................................................................................... 2
INTRODUCCIÓN ......................................................................................................... 3
1. Relación de psicopatologías implicadas en ámbito jurídico. Antecedentes............ 4
2. Insuficiencia de las facultades mentales................................................................ 5
2.1. Retraso mental .................................................................................................. 5
2.2. Trastorno mental y personalidad criminal. ......................................................... 6
3. Responsabilidad y punibilidad ............................................................................... 8
4. Imputabilidad. ........................................................................................................ 8
5. Trastorno Mental en el Código Penal Paraguayo. ................................................. 9
6. Trastorno Mental en la Ley Nº 1286 / código procesal penal. ................................ 9
7. La imputabilidad con base psicológica .................................................................10
8. Mérito para aplicar la imputabilidad ......................................................................10
9. Incidencia del problema mental en la Acción y tipicidad .......................................10
10. Problemática Nacional de los trastornos Mentales............................................12
CONCLUSIÓN ............................................................................................................13
BIBLIOGRAFIA SUGERIDA ........................................................................................14

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INTRODUCCIÓN

En el sistema jurídico imperante, nadie puede ser responsabilizado


criminalmente y caer bajo el régimen de "represión", sanción, castigo o pena,
sino bajo ciertas condiciones que nuestro Código Penal regula y que es objeto
de extenso tratamiento doctrinario.

Aquí se debe pasar por alto las múltiples posiciones teóricas sobre este
amplio campo conceptual de la responsabilidad penal para limitar el análisis al
propósito del tema.

La responsabilidad penal implica un presupuesto referido a la facultad


punitiva del Estado sobre los autores de distintos hechos típicos y antijurídicos;
pero aun sin tal condición, que presupone la "imputabilidad", acaecida la
conducta criminal regulada, aquél puede igualmente valerse de otras medidas
como, por ejemplo, las de seguridad. Así como la internación en casas de salud,
centros educativos, centros de orientación de menores, etc., con fundamento en
la peligrosidad del individuo del agente.

Desde una posición dogmático jurídica clásica del derecho penal, que
descansa sobre el supuesto doctrinario del libre albedrío, como regla y
presupuesto de la imputabilidad y culpabilidad, la responsabilidad viene a ser la
consecuencia final de un proceso verificado a través de la imputabilidad y la
declaratoria de culpabilidad, reafirmando que se le atribuye a un ser humano el
resultado realizado como a su causa eficiente y libre, apareciendo la acción como
expresión jurídicamente desaprobada de la personalidad del agente.

En consecuencia, el delito y la pena únicamente pueden ser puestos a


cargo del autor cuando éste es penalmente responsable; aquí se esclarece el
concepto de la imputabilidad comprendida desde el punto de vista de la
responsabilidad penal.

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TRASTORNOS MENTALES IMPLICADOS EN EL DERECHO

1. Relación de psicopatologías implicadas en ámbito jurídico.


Antecedentes

Existen los llamados Enfermos mentales, que pululan en las prisiones de nuestro país;
los enfermos mentales que cometen delitos o crímenes, (o muchas veces sin cometer)
son enviados a las cárceles.

Las cuestiones mentales están relacionadas con la psicopatología forense, sobre lo que
vamos a intentar ilustrar en algunos de sus aspectos.

1. En algún momento remoto del tiempo, los seres humanos empezaron a considerar
que las personas con trastornos mentales que cometen actos ilegales, no deberían ser
castigadas como los demás delincuentes. Dicho de otro modo, serían inimputables.

Los primeros antecedentes sobre la inimputabilidad datan de las leyes de los antiguos
hebreos y del Código Justiniano Romano, en los que se sostenía que los niños y las
personas insanas no eran responsables de sus actos.

Sin embargo, todavía hacia finales de los años 1700, en la mayoría de los países a los
locos se los tenían en las cárceles, generalmente encadenados en el fondo de la
edificación, junto a los demás criminales.

2. A fines del siglo XVIII, un grupo de psiquiatras - en Francia - encabezados por Philippe
Pinel (1745-1826), inició una lucha en favor de los entonces denominados “alienados”
que resultó en lo que se llamó “liberación de los lunáticos de sus cadenas” en 1795.

Esta lucha tuvo su punto culminante el 30 de junio de 1838 cuando fue promulgada la
Ley que reglamentó la asistencia de los mismos.

Esa Ley representaría la consagración de los Derechos Humanos reivindicados para los
enfermos mentales por la Reforma de Pinel, y que fuera llevada adelante por su más
eminente discípulo, Jean Étienne Dominique Esquirol (1772-1840).

Hay que recordar que Pinel formó parte del empuje del movimiento que condujo a la
Revolución Francesa.

3. Esquirol escribió: “de la monomanía puede resultar una acción criminal, y este tipo de
criminal no debe ser castigado, sino tratado en un hospital para enfermos mentales”.

También escribió: “la capacidad de raciocinio del hombre está al servicio de sus
necesidades emocionales” que en esa época era una idea totalmente novedosa.

En 1835, Pierre Riviere, quien degolló a su madre, hermana y hermano, fue condenado
a muerte.

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Esquirol, inició entonces en una dura batalla contra el sistema judicial, y consiguió
conmutar la pena de muerte por el de cadena perpetua.

Este caso dio nacimiento en todo el mundo occidental a la psiquiatría forense. Desde
entonces, la psiquiatría forense fue incorporada en los sistemas judiciales. Se puede
considerar a Esquirol como el padre de la Psiquiatría Forense, además ser uno de los
primeros psiquiatras que participó en el grupo que dio nacimiento a la idea de que los
enfermos mentales que comenten delitos deben ser tratados y no castigados.

En Inglaterra en 1843, Daniel M’Nagthen tratando de matar al Primer Ministro Británico


Robert Peel, asesinó equivocadamente al secretario de éste que se llamaba Edward
Drummond. M’Nagthen, padecía de trastorno mental, y del juicio que se llevó a cabo
resultó la Regla de M’Nagthen (the M’Nagthen Standard) vigente en todos los países de
habla inglesa, y que dio origen al concepto de inimputabilidad de los enfermos mentales
que en el momento de cometer un ilícito estaban bajo los efectos de una enfermedad
mental.

En el caso M’Nagthen se estableció que: El jurado tenía que estar informado que el
acusado debía estar sano a menos que se probara que “en el momento de comisión de
la ofensa él estaba actuando bajo tal defecto de la razón, de una enfermedad mental
como para no conocer la naturaleza y cualidad del acto que cometía, o si la conocía no
sabía que lo que estaba haciendo estaba mal”.

4. Desde entonces el concepto de inimputabilidad de los enfermos mentales está


presente prácticamente universalmente en los códigos penales.

2. Insuficiencia de las facultades mentales

2.1. Retraso mental

Se trata de los supuestos de sub-normalidad intelectual o de capacidad inferior al


promedio, según edad, en los cuales el desarrollo de la mente se detiene o es
incompleto y que se definen en términos de cociente intelectual.

Estos supuestos se clasifican como grados de retraso mental.

Se consideran tres grados:

1) El retraso mental discreto (subnormalidad mental discreta), que aprehende los


casos de:

a) debilidad mental;

b) defecto mental de graduación alta, y;

c) morón, del griego moorós= estúpido;

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2) El retraso mental de otro grado específico, (que abraza:

a) al retraso mental moderado, imbécil;

b) al retraso mental grave, subnormalidad mental grave, y;

c) al retraso mental profundo, idiocia e idiota, con cociente intelectual menor de 20; y

3) al retraso mental de grado no especificado que abraza: a) al retraso mental


moderado, imbécil; b) al retraso mental grave, subnormalidad mental grave, y c) al
retraso mental profundo, idiocia e idiota, con cociente intelectual menor de 20; y

4) Al retraso mental de grado no especificado (deficiente mental).

En la categoría diagnóstica de retraso comprendía los subtipos siguientes:

1) Leve (CI 50-70; moderado (35-49); grave (20-34) y profundo (C I inferior a 20)

Luego se mantuvo los cuatro niveles de gravedad del deterioro intelectual:

Leve 50-70

Moderado 35-40 50-55

Grave 20-25 35-40

Profundo por debajo de 20-25

Esta clasificación se mantiene en la última versión de los estudios de diagnóstico 50-


51.-

Esta categoría de subnormales mentales fue conocida como oligofrenia, según el


término usado por Kraepelin, vocablo que proviene del griego oligos = poco, y phrenos
= inteligencia, es decir, persona con poca inteligencia;

Se designó a esta inferioridad del desarrollo de la inteligencia como frenastenia, y este


vocablo fue preferido por De Sanctus y Ottolenghi.

2.2. Trastorno mental y personalidad criminal.

El concepto actual de enfermedad mental, o más precisamente de trastorno mental, es


totalmente diverso de aquel que receptaron la Criminología y el Derecho penal de fines
del siglo pasado y comienzos del presente. Hoy se escucha llamar al trastorno como
discapacidad psíquica y más recientemente como, capacidades diferentes a las
nuestras.

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La dificultad actual para definir el trastorno mental es consecuencia de que hoy se
consideran tanto las reacciones globales del individuo en su totalidad orgánico –
psicológico como su comportamiento de interacción ello, aun cuando el trastorno mental
no se clasifique con única atención al conflicto hombre-medio.

Se entiende por trastorno mental como una conducta, un síndrome psicológico o un


patrón clínicamente significativo que aparece en el sujeto, asociado de modo típico, a
un síntoma perturbador o deterioro funcional.

No existe una necesaria relación entre el trastorno mental y la asistencia psiquiátrica.


En efecto, aun para individuos normales, o sin detección de trastorno, ha sido codificada
la categoría de factores no atribuibles a trastorno mental y que merecen atención o
tratamiento psiquiátrico.

En esta categoría (y como entidades sin trastorno mental que merecen atención y
tratamiento) han sido clasificados, por Ej.:

1) La simulación del trastorno;

2) La conducta antisocial del adulto (que no se deba ni a trastornos de conducta ni a


trastorno antisocial de la personalidad, ni a trastornos en el control de los impulsos.

Tampoco constituyen trastornos mentales, siguiendo las mismas pautas, las conductas
aisladas antisociales de la infancia y de la adolescencia; pero sí aquellos casos que
conforman un patrón antisocial de conducta.

En otros términos, los graves desajustes en la interacción social se clasifican como


trastornos:

1) Cuando son una constante que persiste en la edad adulta;

2) Cuando no se trata de episodios aislados de la niñez o de la adolescencia. Pero


aun no tratándose de tales supuestos, la llamada conducta antisocial de la infancia,
adolescencia o adultez hace razonable codificarlos como supuestos que requieren
tratamiento.

De los dichos, resulta obvia la distinción entre trastorno y conducta antisocial, es la que
se efectúa según exista o no un patrón de interacción con desajuste. No parece que los
códigos penales, que arrancan de mediados del siglo XVIII hayan dado correcta acogida
a estos conocimientos, aun luego de los posteriores retoques efectuados por la escuela
político criminal; por ejemplo, con la inclusión de medidas de seguridad.

El trastorno de la personalidad o la conducta antisocial e irresponsable, continua y


crónica, empieza en la infancia o en la primera etapa de la adolescencia y continúa en
la edad adulta. Por ello es claro que, si no toda enfermedad mental es de por sí
criminógena, toda personalidad delictual (con su correspondiente estructura impulsivo-
motivacional), psiquiátricamente etiquetable como tal y que requiere tratamiento
especial, por personal altamente calificado en la materia. -

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3. Responsabilidad y punibilidad

Antes de ingresar al concepto de imputabilidad, se debe aclarar que la pena, desde los
orígenes de la civilización, y en todo tiempo, ha sido y es antes que nada un hecho o
manifestación conductual propia de cualquier grupo social (jurídicamente organizado o
no). Es en sí una venganza de la sociedad por la conducta desplegada por el agente.

En las más remotas épocas de la antigüedad no es posible encontrar fundamento o


inquietud alguna acerca del ius puniendo o del título por el cual se carga al condenado
la pena; esto es, su responsabilidad o deber de sufrirla, porque la sociedad así lo indicó
en sus inicios, aunque más adelante pueda ser que la conducta observada ya no sea
calificada de prohibitiva, pues la sociedad evoluciona y puede llegar a tomar otro camino
al respecto, que bien puede llegar a señalar su tratamiento como atención especial en
salud, o bien pueda que traslade el señalamiento delictivo a una conducta sancionada
administrativamente. Con lo cual se llega a descriminalizar el comportamiento
específico.

No hay en la historia, no hay en la práctica del día, no hay en la humanidad entera un


hecho más universal y más constante que el hecho de la ley penal. Si se recorren las
sociedades en cuantas fases y variaciones tienen, subamos a las primeras noticias de
su origen; considerémoslas en todos sus estados sucesivos; y siempre, dondequiera,
bajo todas sus formas, encontraremos la ley penal, el castigo como uno de sus
necesarios elementos.

4. Imputabilidad.

Algunos autores conceptúan la imputabilidad refiriéndose a su carácter presupuestario


de la culpabilidad: la imputabilidad es el presupuesto de la culpabilidad. Pero esta
definición sólo atiende a la condición de existencia de la culpabilidad, sin precisar qué
es la imputabilidad en sí.

Para otros la imputabilidad es entendida como capacidad de culpabilidad; más aquí


éstos se están refiriendo a una cualidad de aquello que conceptúan como imputabilidad,
sin explicar qué cosa es en sí.

También se ha dicho que la imputabilidad es capacidad de imputación. Es la capacidad


de las personas para realizar acciones reprimidas por la ley como delito.

Es la capacidad de distinguir las acciones amenazadas con pena de las que no lo están.
Es el disvalor del acto que realiza, según el criterio del orden jurídico. Es la facultad
psicofísica del autor, para la comprensión del disvalor y de la criminalidad de sus actos
y para la dirección de sus acciones.

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5. Trastorno Mental en el Código Penal Paraguayo.

Así, el Código Penal Paraguayo establece:

Art. 23.- Trastorno Mental

1º) No es reprochable el que, en el momento de la acción u omisión, por causa de


trastorno mental, de desarrollo psíquico incompleto o retardado, o de grave perturbación
de la conciencia, fuera incapaz de conocer la antijuridicidad del hecho o de determinarse
con conforme a ese conocimiento.

2º) Cuando por las razones señaladas en el inciso anterior el autor haya obrado con una
considerable disminución de su capacidad de conocer la antijuridicidad del hecho o de
determinarse conforme a este conocimiento, la pena será atenuada con arreglo del
artículo 67.

6. Trastorno Mental en la Ley Nº 1286 / código procesal penal.

Artículo 78. INCAPACIDAD. El trastorno mental del imputado, que excluya su


capacidad de entender o de querer los actos del procedimiento, o de obrar conforme a
ese conocimiento y voluntad, provocará la suspensión condicional del procedimiento
con relación a él, hasta que desaparezca esa incapacidad; sin perjuicio de la aplicación
del procedimiento especial contenido en el Título V del Libro II, de la Segunda Parte de
este código.

La situación descripta en el párrafo anterior, no impedirá la investigación del hecho, ni


la continuación del procedimiento con respecto a otros imputados.

A los efectos del procedimiento penal, esa incapacidad será declarada por el juez, previo
examen pericial psiquiátrico. Los actos que el incapaz haya realizado como tal carecerán
de valor.

Artículo 79. EXAMEN MENTAL. Cuando de las características del hecho pueda
suponerse la existencia de un trastorno mental, de desarrollo psíquico incompleto o
retardado, o de grave perturbación de la conciencia, el imputado será sometido a un
examen mental.

Artículo 80. INTERNACIÓN PARA OBSERVACIÓN. Cuando para la elaboración del


dictamen pericial sobre la capacidad del imputado sea necesaria su internación, la
medida podrá ser ordenada por el juez, a solicitud de los peritos, sólo cuando exista la
probabilidad de que el imputado haya cometido el hecho y tal medida no sea
desproporcionada respecto de la importancia de la pena o medida de mejoramiento que
se espera.

La internación no podrá sobrepasar el tiempo necesario para la realización de la pericia;


en ningún caso podrá exceder el plazo de seis semanas.

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7. La imputabilidad con base psicológica

El concepto de imputabilidad, que tiene una base psicológica, comprende el


conjunto de facultades psíquicas mínimas que debe poseer un sujeto autor de
un delito para que pueda ser declarado culpable del mismo.

Según la doctrina dominante en la actualidad, la imputabilidad requiere dos


elementos: a) capacidad de comprender el carácter antijurídico del hecho; b)
capacidad de dirigir la actuación conforme a dicho entendimiento.

Como lo afirma Mariño R. (2018); “La inteligencia y la voluntad son pues la base
psicológica de la imputabilidad penal. Cuando se hayan abolido o estén
gravemente perturbadas, la imputabilidad no existe. De lo anterior se deduce que
toda alteración mental que afecte a estas funciones psicológicas es causa de
inimputabilidad”.

Sin embargo, el examen psicológico forense no debe limitarse a evaluar


exclusivamente las capacidades intelectivas y volitivas, sino que debe ampliarse
al resto de las funciones psíquicas, así como deberá tener en cuenta las
características del delito imputado para poder valorar de forma global como se
encontraba la imputabilidad del sujeto en un momento dado y ante unos hechos
determinados. (Rodes Lloret & otros, 2006)

8. Mérito para aplicar la imputabilidad

También es dable destacar que, el Tribunal de mérito, con ese solo informe que
acredita la dolencia de orden mental del encartado, no pudo haber ordenado la
aplicación de las medidas de mejoramiento, pues, ello le estaría vedado por la
garantía que tiene el incoado de que no se le puede aplicar medidas cuando que
la irreprochabilidad por sí sola no significa que no se deba probar la existencia
del hecho ilícito, o que respecto del irreprochable no operen las causas de
justificación, por ejemplo, esta vertiente es recogida por la legislación
comparada, y tenemos fallos que sostienen que la enfermedad mental del
imputado puede incidir en otros estratos de la teoría del delito.

9. Incidencia del problema mental en la Acción y tipicidad

Importante es analizar si el problema mental, incide tanto en la acción (que


supone su voluntariedad y ésta a su vez un mínimo de actividad mental), como
en la tipicidad, tanto objetiva (¿es legítima una orden jurisdiccional de, por
ejemplo, hacer, que se le dé a un bebé; a una persona inconsciente o en coma;
a una persona con un retardo mental severo, etc. y que, inexorablemente,
implicará que la incumpla, por no poder comprender lo que se le pide que

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efectúe?) como en la subjetiva, pues también existe el error de tipo
psíquicamente condicionado que se produce cuando la enfermedad mental del
sujeto le impide ver la realidad, generalmente producto de psicosis (el sujeto
activo cree, a título ejemplificativo, que está cortando un árbol cuando, producto
de la psicosis que padece, lo que él cree que es un árbol es un ser humano a
quien hace pedazos con su hacha, privándole de la vida).

Sobre el tema, Zaffaroni en su obra “Derecho penal, parte general”, señala: “El
agente puede incurrir en errores de tipo por incapacidad psíquica permanente o
transitoria (...) No se trata aquí sólo de supuestos de autismo esquizofrénico y
alteraciones de la senso-percepción (ilusiones y alucinaciones) que impiden
reconocer los elementos objetivos del tipo (quien percibe animales y son
personas) sino también: (a) los oligofrénicos que no pueden comprender ciertos
conceptos abstractos, como la ajenidad de la cosa; (b) los niños pequeños,
respecto de los cuales es difícil pretender que conceptúen como cosa algunos
objetos; (c) las personas que obran bajo los efectos del miedo grave (pánico)
que les perturba la senso-percepción o la actualización de algunos
conocimientos; (d) las personas que por efecto del cansancio y la falta de sueño
sufren alteraciones de la senso-percepción (...) esta forma de ausencia de dolo
no ha sido suficientemente estudiada por la doctrina, que en buena medida ha
quedado influida por la estructura objetiva del tipo, para la cual todos estos
supuestos correspondían a la inimputabilidad”.

Al respecto, la doctrina española ha analizado algunos de estos supuestos: “En


febrero del año 2007, distintos medios de comunicación, y no sólo de España,
se hicieron eco de un juicio que tuvo lugar en la Sección primera de la Audiencia
Provincial de Málaga, contra Antonio N.M. como presunto autor del homicidio
(asesinato) de su mujer y su suegra y de heridas graves o tentativa de homicidio
(asesinato) a sus dos hijos.

Lo sorprendente del caso, que tuvo lugar seis años antes, en enero de 2001, es
que el imputado actuó dormido, en un estado de parasomnia, y creyendo que
sus familiares eran en realidad avestruces que le atacaban, lo que le llevó a
defenderse con un hacha y un martillo, provocando los terribles resultados de
muerte de dos personas y lesiones muy graves a otras dos. Tras los hechos, el
autor intentó suicidarse arrojándose por el balcón. Por la gravedad del caso y la
naturaleza de la circunstancia eximente esgrimida por el imputado, el proceso
fue largo, pero finalmente la Audiencia consideró probada la existencia de un
trastorno del sueño o parasomnia, que dio lugar, en la calificación de la sala, a
un trastorno mental transitorio, e impuso al imputado una medida de seguridad
de internamiento en un centro psiquiátrico”.

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A pesar de todo lo reseñado, ha existido y aún existe una mala práctica en
nuestros tribunales, en la cual, por razones de efectividad más que de
garantismo, solamente comprueban la existencia de la reprochabilidad y creer
que sólo con ella ya existen los fundamentos necesarios para la aplicación de
una medida.

10. Problemática Nacional de los trastornos Mentales

Todo esto genera una alarma en cualquier persona que analice la problemática
del procesamiento penal de personas con problemas de índole psiquiátrico,
máxime cuando el informe “Salud y estimación de la Depresión y otras
enfermedades comunes vinculadas a los desórdenes mentales 2017”, preparado
por la OPS, establece que, en cuanto a niveles de depresión, Paraguay ocupa el
CUARTO LUGAR en toda América.

La tasa de personas con esta enfermedad es de 5,2%, un total de 332.628


personas que sufren de este trastorno. Y que, en cuanto a los índices de
enfermedades mentales derivadas del trastorno de ansiedad,

Paraguay está mucho peor. La lista en América la encabeza Brasil, con un 9,2%
y en SEGUNDO PUESTO ya figura Paraguay, con 7,6%, con 483.755 personas
afectadas por esta dolencia.

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CONCLUSIÓN

La solución inmediata, por lo menos para erradicar en parte el mal de raíz a


corto plazo, seria buscar mayor prevención general de estas clases de tipos penales en
la sociedad, a través de programas de concienciación, por medio de sus carteras
respectivas en constante coordinación con el Poder Legislativo y Poder Judicial, a los
efectos de dar un andamiaje efectivo y adecuado al problema.

Asimismo, aumentar el marco penal de estos tipos penales, teniendo en cuenta


nuevos verbos rectores que subsumen la conducta desplegada.

La regla debería ser en estos casos, donde hay menores como víctimas y
estando fehacientemente comprobada la autoría del acusado, que se le establezca una
condena y de cumplimiento efectivo, aclarando siempre en ciertos casos que exista un
accionar negativo del acusado y habiendo una peligrosidad latente para la sociedad.

El tratamiento posterior e inmediato de estas personas condenadas es


imprescindible a través de un equipo multidisciplinario efectivo y adecuado para estos
casos, de lo contrario el peligro estaría latente para una posible reinserción a la
sociedad.

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BIBLIOGRAFIA SUGERIDA

 Mariño R., E. (2018). El Procesado con transtornos mentales (II). Asunción:


ABC.
 Rodes Lloret, F., & otros. (2006). “Enfermedad mental: aspectos médico-
forenses”. En F. Rodes Lloret, & otros, “Enfermedad mental: aspectos
médico-forenses” (pág. 15). Asunción: Díaz Santos.
 ZAFFARONI, E. (2005). MANUAL DE DERECHO PENAL / PARTE
GENERAL . Buenos Aires-Argentina: Adiar. Editorial.
 Acuerdo y Sentencia Nº 247 del 17 de abril del 2012. Expediente: “Recurso
de Casación interp. por abogado Hugo Miguel Ayala Arce en M.P. c/
Fulgencio Osmar Paiva Samudio s/ Sup. Hecho Punible c/ la vida (Homicidio
doloso).
 Ac. y Sent. Nº 644, dictado a los veintiún días del mes de diciembre del año
dos mil diez. Expediente: Recurso Extraordinario de Casación interpuesto por
el Defensor Público abogado Rodrigo Álvarez Miranda en la causa: Oligorio
Duarte y Richard Romero s/ Homicidio doloso.
 Clasificación estadística internacional de enfermedades y problemas
relacionados con la salud. Organización Panamericana de la Salud - 10ª
revisión. Washington, D.C.: OPS, © 1995 3 v. - (Publicación Científica; 554).
 Colección de Derecho Penal. Código Procesal Penal de la República del
Paraguay. Concordado, con Legislación Complementaria e Índice Alfabético
Temático. Tomo III. Segunda Edición Actualizada, 2001.

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