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Relacionarse eficazmente con los cuidadores

Con respecto a la relación entre paciente, familiares y cuidadores, se debe tener en


consideración unos cuantos aspectos significativos que pueden mejorar o empeorar la
condición del paciente, de la familia y del cuidado paliativo en sí mismo.

El primero se refiere a la cantidad de personas con quienes el paciente se relaciona


directamente, es decir, sus familiares, enfermeras, médicos, psicólogos, técnicos,
terapeutas, entre otros. Esta condición debe analizarse y mantenerse bajo control, pues
existe la posibilidad de que el paciente sienta que esta relacionándose con un excesivo
número de personas, deben intervenir solo las necesarias.

El segundo aspecto trata acerca de la función que tiene el terapeuta en cuanto a facilitar
la comunicación y la interacción con el personal y la familia del enfermo, además de
identificar cualquier tipo de anormalidad en estas relaciones, es decir, procurando
observar si alguna de ellas está causando malestar en el paciente, y si ese malestar está
siendo causado por el paciente mismo, como si el paciente estuviera proyectando algún
contenido propio en algún miembro del personal por ejemplo.

Y el ultimo se refiere a la importancia de reconocer si el personal, cuidadores directos o


indirectos, tienen alguna dificultad para relacionarse con el enfermo o con sus
familiares, pues suele ocurrir que, tal cual pasa con el enfermo, algún miembro de los
cuidadores proyecta un contenido propio en el paciente, dificultando su cuidado.

Prepararse para la muerte y la despedida

Cuando hablamos de prepararse para la muerte y la despedida hay que considerar


especialmente dos escenarios: el primero se refiere a “poner en orden los propios
asuntos”, y el segundo a “morir apropiadamente”; esto es importante porque de esta
manera podemos facilitar una intervención prudente y apropiada.

Tanto el primer como el segundo escenario varia significativamente en sus


implicaciones de paciente a paciente, pues vale decir que, “poner las cosas en orden”,
puede significar una cosa para unos y otra para otros; algunos se preocupan por
cuestiones financieras, por herencias, por cerrar ciclos con antiguos conocidos, por
reconciliarse con quienes se ha distanciado e incluso preparar su propio funeral; es
importante que el terapeuta se implique de manera que pueda ayudar en la toma de
decisiones y responder a las dudas que puedan surgir en los familiares con respecto al
comportamiento del paciente.

Por otro lado pensar en “morir apropiadamente”, puede tener un significado totalmente
diferente para un paciente y otro, es decir, que para uno esto signifique aceptar la
inminente muerte de manera tranquila y pasiva, y para otro puede significar que debe
luchar hasta el último día que le sea posible con tenacidad y esperanza; el terapeuta
debe procurar interpretar estas actitudes y facilitar la comunicación con la familia para
reducir su angustia, si esta llegara a surgir.
Preservar el auto-concepto

El enfermo paliativo suele por lo general, sufrir de cambios físicos causados o


acompañados por la enfermedad, que pueden alterar su auto-imagen y por tanto s auto-
concepto, es decir, que el paciente paliativo por lo general suele dejar de verse en sus
tradicionales roles de padre o madre, de hermano o hermana, de hijo, o de trabajador y
cambia esta imagen por la de “persona que está muriendo”, entrando con ello en un
círculo de malestar que oscila entre: el sentirse mal porque está enfermo y enfermar más
a causa de su malestar.

El terapeuta debe intervenir de manera que pueda hacerle recordar al paciente los otros
roles de su vida, que son igual de importantes a la hora de auto valorarse; además debe
identificar en los familiares y cuidadores la posibilidad de que estos tengan un estigma
hacia el paciente a causa de sus incapacidades y deterioros físicos, para poder resolver
esos malestar y facilitar una buena relación con el paciente.

Preservar las relaciones con la familia y los amigos

Los deterioros tanto físicos como cognitivos del paciente, pueden dificultar las
relaciones con la familia y con el personal de cuidados, razón por la cual el terapeuta
debe procurar ayudar a resolver algunos conflictos que se presentan conforme avanza el
paciente hacia su deceso. A esto, existen tres maneras para que el terapeuta pueda
ayudar a los enfermos a preservar sus relaciones con familiares y amigos.

La primera consiste en revisar los efectos de la enfermedad sobre las relaciones, es


decir, el terapeuta debe analizar si las implicaciones que trae consigo la enfermedad ha
producido algún malestar en las relaciones del paciente con su familia, por ejemplo, su
familia se ha alejado del paciente intentando con ello enfrentarse a la realidad de la
muerte próxima del paciente, esto puede generar aislamiento en el paciente y empeorar
su condición.

En segundo lugar, el terapeuta debe revisar la interacción familiar e identificar posibles


conductas negativas, por ejemplo, la familia puede interpretar la resignación o
aceptación del paciente por la muerte como un síntoma de que el paciente se ha rendido
y que por tanto el paciente morirá inmediatamente; por esta razón el terapeuta debe
intervenir para aclarar dudas en los familiares procurando explicar y educar acerca de
las necesidades y actitudes del paciente.

Y finalmente, la tercera consiste en que el terapeuta puede ayudar a los familiar, amigos
e individuos a interactuar entre sí con mayor efectividad, es decir, a veces hace falta que
el terapeuta diga que se están malinterpretando señales y que facilite la comunicación y
la comprensión entre el paciente y sus familiares. Además el terapeuta puede intervenir
con el personal sanitario para crear un ambiente más cómodo para los pacientes que
requieren cuidados paliativos.