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El oficio del psicólogo educacional – Ovide Menin (comp)

Ovide Menin
El concepto de oficio está condicionado por la historia del trabajo. El oficio es el trabajo habitual que
realiza un obrero, un profesional o un artista en condiciones materiales y espirituales concretas pero
cambiantes. Ligado al rol, no es lo mismo. El rol del psicólogo es el papel que este profesional representa en
una sociedad dada, como miembro de ella. El oficio es, además de representación, acción.
En cuanto al psicólogo como tal, más allá del campo donde se inserte, prefiero concebirlo como un
profesional, en el sentido de quien se distingue por su accionar.
En cuanto a la educación, prefiero definirla como el proceso social destinado a transmitir y transformar
conocimientos; valores y habilidades. Centrada en el aprendizaje y sus problemas, la educación se debatió
entre las formalidades que le impuso el sistema político, social, económico, a cuyo servicio está sometida, y
las informalidades que la atraviesan.
¿En qué consiste el oficio del psicólogo educacional? La prevención es lo fundamental. Es lo único que
puede hacer, en educación, el psicólogo. Lo otro es, más bien, tarea del educador.

Ana Cecilia Augsburger


La pregunta por el oficio permite el análisis en dos planos: por un lado, permite una reflexión teórico-
metodológica y, por otro, resalta el plano de las prácticas.
Coincido con Menin en que el oficio del psicólogo en educación, al igual que otros oficios, es
básicamente trabajo y reflexión. Un trabajo que va trazando una trayectoria alrededor de las experiencias
personales, y que abre el camino a explorar alternativas metodológicas no siempre repetidas. Una reflexión
que se organiza en torno a los interrogantes que plantea el hacer cotidiano y que permite en un proceso de
abstracción conceptual, introducir reflexiones epistemológicas.

Cecilia Bixio
El oficio del psicólogo educacional, su práctica en el marco de la institución escolar, ha de definirse
desde la perspectiva de subjetivar el campo de la educación. Subjetivación que implica cambiar el eje de la
mirada, de la escucha, de las intervenciones. Trabajar en psicología educacional implica problematizar el
campo educativo, abrir espacios en los que los miembros de la institución se cuestionen acerca de sus
prácticas, de sus saberes, de sus seguridades. Es correr el eje: del sujeto de la educación al proceso
educativo.
La psicología aporta importantes elementos para la reflexión acerca de la escuela, su función orientadora,
criterios de prevención y estrategias de abordaje.
Trabajar como psicólogo educacional es comprometerse desde una perspectiva preventiva, lo que nos
sitúa en una posición de compromiso y responsabilidad compartida, en relación a los procesos que allí
acontecen.
En la escuela se transmiten los saberes socialmente significativos de una comunidad, los que
supuestamente habilitarían para el mundo del trabajo o de estudios superiores. Tres cuestiones que inciden
directamente en la labor orientadora de la escuela son:
 En este proceso interviene un sujeto con una peculiar historia, una estructura cognitiva y una particular
manera de significar lo real. La escuela requiere un sujeto con una historia sin conflictos, una estructura
cognitiva acorde a su edad cronológica y criterios de significación de lo real coincidentes con los
construidos por la clase media burguesa. Tenemos así tres problemas: la distancia psicológica, la distancia
lógica y la distancia entre los criterios de normalidad, anormalidad, salud y enfermedad. Para que el proceso
de enseñanza-aprendizaje se constituya en un proceso de orientación se requiere atender a los problemas de
las distancias, las modalidades de conducción del proceso y las condiciones propias de construcción de los
diferentes objetos de conocimiento.
 Interviene un sujeto adulto, que tiene a su cargo la labor de enseñanza. Podemos diferenciar dos tipos
de conducción de los procesos de enseñanza-aprendizaje: 1) la tradición directivista; 2) la no directivista. La
primera tiene rasgos autoritarios; el eje del proceso de aprendizaje está dado por la figura del docente que es
el que conduce el proceso de enseñanza-aprendizaje. La segunda tiene rasgos democráticos; el eje del
proceso de aprendizaje es el alumno.
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 Intervienen objetos de conocimiento, con sus lógicas de construcción propias. Encontramos en la
escuela tres tipos de conocimientos: los lógico-matemáticos, los físicos y los sociales. Todos requieren de un
proceso reflexivo y crítico para ser aprehendidos y comprendidos. Para que el proceso de enseñanza-
aprendizaje cumpla su rol orientador en los procesos de elección del alumno es fundamental que les sean
presentados los conocimientos de manera tal que éstos se constituyan en posibles objetos de elección por
parte de los estudiantes. El orientador encuentra así un espacio desde donde intervenir con el objetivo de
trabajar con los docentes de manera tal que les sea posible a los alumnos cuestionar, transformar o recrear
tanto los objetos de conocimiento como nuevas prácticas.
 Una institución que crea un espacio donde se dan estos procesos de aprendizaje y socialización.
Espacio social, pautado por marcas de legalidad que instituyen las maneras, los tiempos y espacios donde
deben darse estos procesos.
En la escuela transcurre el proceso de socialización secundaria del niño y joven, antes del ingreso en el
mundo del trabajo. En este proceso se actualizan las primeras relaciones establecidas por el niño con su
familia, con su primer grupo de pertenencia.
Se cruzan también en el proceso la cultura del grupo de pertenencia del niño y la cultura escolar, y en este
cruce se suelen producir conflictos, que analizamos en términos de una distancia a la que llamamos
lingüística y cultural. Se producen varios tipos de distancias entre el alumno y el docente. Una de ellas es la
socio-cultural; es la distancia que media entre la cultura escolar y la cultura del grupo de pertenencia del
niño. Las maneras como el niño significa los conocimientos escolares suele ser diferente a la manera como
lo hace la escuela. Esta situación adquiere perfiles alarmantes en las escuelas que reciben niños de sectores
marginales o rurales.
En este proceso se juegan los vínculos, las relaciones, las interacciones, entre un mundo adulto, ya
constituido por pautas, normas y reglas acerca de cómo son las cosas, de cómo se hacen, con un mundo
infantil que está construyendo esas normas, y en estos procesos de construcción las cuestiona, las
reinterpreta, las enfrenta.
Atender a esos procesos que se dan en la escuela, es atender al proceso educativo todo y enmarcar las
acciones e intervenciones en un proceso mayor. Las intervenciones del psicólogo educacional se enmarcan
entonces en un permanente abrir espacios de cuestionamiento acerca de lo que pasa y de lo que no pasa en la
escuela. Se abren las posibilidades para que se generen demandas institucionales, que no pongan el peso de
los problemas en un sujeto individual. El psicólogo educacional, trabajando en relación a los procesos
educativos puede intervenir en el sentido de generar demandas, abrir espacios para la interrogación y la
búsqueda de colaboración en la gestión educativa.
En síntesis, el oficio del psicólogo educacional es:
 Marcar recorridos posibles.
 Pensar con el otro.
 Abrir espacios de interrogación y demanda.

Ana Bloj
Todo psicólogo que trabaje en educación debería considerar tres aspectos que hacen a la esencia de esta
práctica específica:
 La dimensión de la constitución subjetiva que se va produciendo en el acto de aprender (todo acto
social y de conocimiento supone la posibilidad de generar efectos subjetivantes).
 Las posibilidades y/o dificultades de los sujetos y grupos de acceder al conocimiento y a las
significaciones sociales del mismo.
 Las posibilidades institucionales de generar ese conocimiento y la formación del individuo en un
marco de significación social.
 Propondré un cuarto aspecto: la necesariedad de una resignificación de nuestra propia práctica.
Resulta necesario reinterrogar nuestras propias modalidades para el ejercicio de la práctica y sus nuevos
espacios de inclusión. Este último aspecto podría ser considerado a la luz de la coordenada espacial y
temporal. En lo que hace a la primera, cabría analizar nuestra práctica en relación con las nuevas posibles
inclusiones del psicólogo en el espacio institucional que se va redelineando (cabe destacar los nuevos
espacios de educación virtual). En relación con el plano temporal, implica una consideración de la situación
histórica en la que nos toca ejercer esta práctica. Sin estas consideraciones corremos el riesgo de quedar
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respondiendo con argumentos o propuestas anacrónicas, extemporáneas, y el riesgo de perder de vista lo
indispensable, aquello que hace a las condiciones específicas de la práctica; corremos los mismos riesgos
que el docente en el sentido de que la nueva ola de globalización y post-neo-modernidad barra con las
especificidades de nuestra práctica. Es aquí donde la idea de recuperar la disciplina como oficio debe entrar
a tallar. La fatiga de un trabajo muchas veces artesanal es lo que posibilitaría hacer resistencia a una
tecnocracia que tiende permanentemente a borrar esta dimensión tan esencial. Pensar la práctica como oficio
supone recuperar la dimensión de la particularidad de cada práctica.

Zulma Caballero
¿Cómo se logra el aprendizaje del oficio, del arte de laborar en psicología educacional?
No se trata solo de un “saber hacer” práctico sino que éste se apoya en ciertas formas de reflexión sobre
un saber teórico que comprende unos conocimientos sobre la teoría de la educación y sobre los fundamentos
propios de nuestra disciplina. Ambos saberes, el práctico y el teórico son las dos caras de una misma
moneda. Hay una falsa oposición entre ellos, ya que ambos se hallan articulados en nuestro trabajo cuando
realizamos las construcciones teórico-explicativas dialectizadas con lo empírico y lo fenomenológico.
El conjunto de saberes y competencias que autorizan al ejercicio de este oficio requiere una formación.
Además, existe una forma privilegiada de aprendizaje del oficio que es la del diálogo y el intercambio, y la
transmisión (de saberes y experiencias) que se da entre colegas. En una espiral reconstructiva de saberes, de
lo que se trata es de que todos, alumnos y docentes, ampliemos nuestra siempre fragmentaria mirada.
El oficio del psicólogo educacional no es un saber hacer y un saber teorizar inmutable y definitivo; todo
lo contrario, necesitamos imaginar y reinventar nuestras ideas, métodos y técnicas, porque los problemas
que enfrentamos nunca son los mismos e idénticos. Cada ser humano, cada escuela, cada situación, es
siempre singular y propia. El oficio forma parte de un proceso formativo continuo y no es una identidad
dogmática e intemporal. Es siempre un camino y una búsqueda, no un punto de llegada.

Marisol Gutierrez
El diccionario define al oficio como: profesión manual o mecánica. Función propia de una cosa.
Para poder pensar los desempeños posibles de un psicólogo dentro de un equipo de trabajo en una
institución determinada, me parece fundamental tener una posición clara en relación a los conceptos de
salud-enfermedad; educación-prevención.
La salud es un concepto dinámico, producido y produciéndose en el tiempo histórico-social que la
determina. La enfermedad estará en relación a la imposibilidad de un sujeto de resolver determinados
conflictos, situaciones problemáticas y de no bienestar para él y su entorno. Hablamos entonces de la salud-
enfermedad como un proceso, donde la salud aparece como la búsqueda permanente y activa de situaciones
de bienestar en la que el sujeto y su comunidad tienen un rol protagónico en la construcción de estrategias,
en el retrabajo y análisis de las propuestas de profesionales y técnicos.
Si el concepto de salud-enfermedad desde una perspectiva participante integral no tiene una definición
cerrada y estática, nos toca construirlo y reconstruirlo junto con otros en nuestras prácticas. Aprender,
entonces, se entrelaza con la necesidad básica de todo ser humano de encontrar un saber con el que hacer
frente a las vicisitudes que le plantea la existencia.
Por esto, cuando hablo de educación lo digo en el sentido de un proceso humano por el cual el sujeto trata
activamente de comprender el mundo que lo rodea y de resolver interrogantes que este mundo le plantea.
Proceso de construcción interno que se desarrolla a través de la interacción del sujeto con el medio. Dicho
proceso estará en relación a la estructura propia del sujeto, tocando de esta manera al ser íntimo y al ser
social de la persona.
El acto educativo no es solo un traspaso de información o de valores: está en juego la transmisión de un
deseo, desde previo del educador, condición necesaria para que el proceso se ponga en marcha. Educar
implica algo más que una transmisión de conocimientos. El acto educativo pretende conseguir la
socialización de los individuos respetando las diferencias particulares de cada uno. El acto educativo así
entendido implica una estructura sostenida por dos términos: por una lado el educador (con su deseo), y por
el otro el sujeto de la educación que puede aceptar o rechazar la oferta de aprender.

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Beatriz Nicolau
¿Por qué tantas dificultades e imprecisiones para definir el oficio del psicólogo educacional? Una posible
respuesta es que se propone abordar una temática de alto grado de generalidad y de complejidad como es el
aprendizaje, lugar en el que confluyen múltiples sentidos; intervienen aspectos institucionales, libidinales y
mecanismos cognitivos.
El accionar del psicólogo educacional se ubica en el lugar de articulación entre lo estructural (función
cognitiva – inteligencia), lo dinámico (historia vincular – constitución subjetiva – deseo) y lo institucional
(sistema educativo – escuela); tres aspectos que confluyen en la configuración de una determinada
modalidad cognitiva.
El aprendizaje no se circunscribe a la construcción acumulativa de conocimientos. Aprender es mucho
más que apropiarse de conocimientos. Es una forma de abrirse hacia el mundo, es participar de novedades,
progresar, enriquecerse.
En la escuela, entendida como el lugar en el que se juega una nueva oportunidad para potenciar la
capacidad de pensar de cada sujeto, la tarea debe centrarse en promover espacios que posibiliten recuperar la
diversidad de modalidades cognitivas e incorporar el placer como activador del deseo en la construcción de
conocimientos.
La tarea del psicólogo educacional se centra en promover un acceso operativo y por lo tanto placentero al
mundo cultural y simbólico, al proceso de aprendizaje en los diferentes ámbitos del conocimiento. Promover
la construcción de modalidades operativas de aprendizaje. Esto remite a la necesidad de visualizar qué se
pone en juego y qué se solicita de la disponibilidad psíquica de un sujeto para que se apropie de los
conocimientos disponibles.
Dos ejes fundamentales enmarcan la tarea del psicólogo educacional: la prevención y la interdisciplina.
Con respecto a la primera, me interesa marcar el concepto de que un lugar privilegiado de implementación
de estrategias preventivas es el área de la formación y capacitación docente como instancia previa y externa
a la práctica docente cotidiana, puede conducir a la no implementación de un accionar preventivo inmediato
en la escuela, en el aula y lleva implícita una desvalorización del docente. Y esto nos conduce al segundo
eje, el de la interdisciplina. Cuando hablo de interdisciplina no me refiero exclusivamente a un equipo
conformado por distintos profesionales sino a una práctica interdisciplinaria en la que incluyo al docente
como profesional de la educación. Una práctica con y junto al docente, no sobre el docente. La tarea
interdisciplinaria que propongo puede encuadrarse dentro del concepto de capacitación en acción, en la que
el psicólogo educacional trabaja como co-pensor, práctica en la que se jerarquiza y se recupera la
experiencia, el saber y el deseo del docente a través de una tarea compartida que se centra en la reflexión
sobre la práctica del aula, y la necesaria referencia y construcción de un marco teórico en el que encuadrar
esa práctica. Praxis entendida como práctica reflexionada.

Juan Carlos Paradiso


¿Qué debería hacer un psicólogo educacional o un psicopedagogo cuando es consultado por una
institución?:
 Abordaje: en primero lugar debe escuchar en qué consiste el pedido efectuado, no solo en lo explicito
sino también con respecto a ciertas expectativas implícitas del equipo institucional.
 Diagnóstico individual: incluyendo estudio de la procedencia y ambiente, grupal e institucional.
 Posteriormente debería aclarar que se pretende realizar una intervención comprehensiva, sugiriendo
cierto plan de trabajo e intentado lograr consenso para el mismo.

Nora Pascuali
De acuerdo al curriculum vigente para formar psicólogos en Rosario, el concepto de formación de un
psicólogo integral pretende conducir a un conocimiento global y unitario de la realidad a través de la
interdisciplinariedad de las ciencias y la relación de estas con un contexto social, económico y político
determinado.
Lo interdisciplinario surge de la necesidad de integrar diversos saberes particulares, donde la cooperación
entre varias disciplinas o sectores heterogéneos de una misma ciencia llevan hacia una cierta reciprocidad de
intercambios que dan como resultado un enriquecimiento mutuo.

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La psicología educacional se caracteriza por la integración de saberes particulares, como también de
métodos y tecnologías afines. Lo cual ofrece una alternativa metodológica que emana de un campo de
conocimientos articulados a partir de la demanda.
Cada sujeto se posiciona frente a la realidad de acuerdo a su propia subjetividad. Los educadores
pensamos que nuestra tarea pedagógica es un proceso interviniente en esa construcción subjetiva. En ella se
enlazan aspectos propios, íntimos y particulares de cada sujeto que, a partir de su historia personal y de
determinaciones sociales y culturales, irá armando y desarrollando distintas respuestas ante los interrogantes
que la vida le procura.
Propongo la existencia de un factor que une psicología con educación y que podría ser “salud escolar”,
pues la responsabilidad de los educadores y operadores sociales como el psicólogo, es fundamental para
mejorar el proceso de enseñar-aprender y prevenir los problemas de aprendizaje que están muy ligados a los
problemas de la salud.
En el campo educativo encontramos un punto determinante que tiene que ver con el malestar de los
sujetos que operan en él, malestar que se produce en los docentes, alumnos y padres. En el docente, el
malestar es en relación a lo que debe y puede enseñar (sin advertir las redes discursivas que sobredeterminan
su práctica). En los alumnos, es en relación con lo que pueden aprender (sin advertir el entretejido social e
institucional que los atrapa). En los padres, es en relación a lo que creen que sus hijos deben aprender, sus
deseos y expectativas (sin tomar conciencia del imaginario social que pesa sobre sus demandas).
El psicólogo educacional puede generar un ámbito donde la participación reflexiva de todos los actores
permita vehiculizar en los grupos y en la institución educativa en general, un funcionamiento adecuado para
el logro de los proyectos, articulando necesidades y deseos.
La tarea consistiría en explicitar lo implícito. Escuchar los conflictos, enfrentarlos y poder reflexionar
juntos sobre ellos, respetar las diferencias individuales y sus singularidades.
La participación favorece la definición justa de los espacios de contribución y beneficio individual del
esfuerzo humano colectivo y en la educación supone la función de contribuir y distribuir el conocimiento.
Los problemas escolares (inadaptación, escaso rendimiento, trastornos en el aprendizaje, etc.) deben
interpretarse como un desajuste entre el alumno y la institución escolar. Las causas pueden ser
extraescolares (ligadas al mundo social y familia del alumno); escolares (relacionadas con los métodos
pedagógicos, las relaciones personales y funcionamiento de la institución); personales e individuales.
Categorizar a los alumnos influye en su trato, operando esto como una anticipación del resultado
esperado. No debemos etiquetarlos estereotipándolos. Lo importante es comprender qué significa no
aprender para ese sujeto y en qué medida se encuentra implicado en esa problemática.
Dentro de las actividades que puede realizar el psicólogo, para promover un más alto grado de bienestar
general, se pueden considerar las de trabajo institucional y las pertinentes a la dinámica áulica. El trabajo en
la institución implica la posibilidad de que el psicólogo ayude a los actores institucionales a aceptar y
analizar sus dificultades, sus formas de poder y los estilos de relación que mantiene con el mundo externo a
ella. El psicólogo puede ubicarse fuera de la institución y ayudar a un trabajo de concientización, pues
existen fenómenos no conscientes. De lo contrario, puede trabajar en la institución y estructurar su tarea
partiendo de una situación concreta para tratar de potenciar formas de funcionamiento que posibiliten la
adaptación a las necesidades que se generan tanto en el interior de la propia institución como en el mundo
exterior que la contiene.
Generalmente, la escuela llama al psicólogo para que le ayude a sobrellevar a los “niños problema”, pues
estos dificultan la labor de la maestra y generan más conflictos a los ya existentes. Es importante analizar
quién y cómo formula la demanda.
Si el psicólogo focaliza su trabajo desde una óptica preventiva debe considerar que el malestar
institucional o desajuste individual descansan sobre el conjunto de elementos institucionales y del medio en
que se desenvuelven.
Desde el diagnóstico al pronóstico de las dificultades, el psicólogo realizará las actividades en
colaboración con todos los integrantes de la institución, con las personas allegadas a los niños y con otros
profesionales que van a contribuir en la comprensión de los procesos madurativos de los escolares y la
caracterización de la estructura institucional.
Otra forma de buscar soluciones es considerar la posibilidad de un accionar con la comunidad.
La educación, como práctica social, puede contribuir a centrar estrategias en un enfoque preventivo.

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Zulma Peralta
Pensar el oficio del psicólogo en el campo de la educación nos abre a la reflexión acerca de su identidad
profesional, así como a las modalidades de inserción. Oficio, palabra definida como profesión, función o
papel. Nos interroga entonces la pregunta por el ser ¿Qué es ser psicólogo educacional?
El psicólogo educacional es un sujeto que desarrolla una práctica en un determinado espacio social, la
institución escuela, punto de cruce, en tanto puede aparecer como función dominante, la enseñanza, pero
articulada con determinantes económicos, ideológicos, políticos, jurídicos, etc.
La práctica supone la puesta en acto del saber profesional. La formación académica del psicólogo le
brinda un bagaje de conocimientos teóricos y de prácticas en conexión con la realidad educativa. A la hora
de entrar en contacto con la institución, ¿desde qué lugares tenemos que ubicarnos para poder entender lo
que allí acontece?
Una institución es un objeto cultural que expresa cierta cuota de poder social. La institución educativa
concebida como el territorio especifico de lo social tiene como mandato la educación sistemática.
El profesional debe adoptar una posición teórico-epistemológica determinada. Es desde esa posición
desde donde va a intentar desentrañar el significado de una demanda que estará revelando la existencia de un
problema. Un problema es una brecha entre una realidad o un aspecto de la realidad observada y un valor o
deseo de cómo debe ser esa realidad para un determinado observador, sea individual o colectivo. No hay
problemas si no sujetos que se problematizan; o los problemas no existen independientemente de sujetos que
se problematizan. De allí la naturaleza subjetiva del problema.
Una vez identificado el problema en la institución educativa, será necesario empezar a intentar una red
explicativa de determinados fenómenos. Para ello el psicólogo educacional orientará su práctica y su
posición de acuerdo al sustento teórico desde el cual analizará a la institución.
El psicólogo inserto en el ámbito institucional no aparece en el lugar del saber sino que aparece como un
sujeto inacabado, que no va a tener las respuestas para adaptar los miembros de la institución a lo ya
establecido, sino que reformulando la demanda, la cual indica la presencia de un conflicto, estará ya
realizando un trabajo psicológico.
La responsabilidad del malestar descansa sobre la totalidad de la institución. Una actitud preventiva
requiere de la estrecha colaboración de todos los actores institucionales. La modalidad operatoria del
psicólogo en educación es esencialmente preventiva. Las acciones preventivas pueden ser de dos tipos:
grupales, con actividades comunitarias, dirigidas a la mayor cantidad de miembros o niveles de una
institución; individuales, cuando alguien demanda que está pasando algo y quiere resolver el problema.
Los elementos movilizadores, el niño “no atiende”, “no aprende”, no siempre están indicando la
presencia de enfermedad. De este modo, la mirada deberá trasladarse a la institución y a la comunidad en la
que está inserta. El trabajo grupal y comunitario en prevención consiste en intentar el reconocimiento del
problema y su significación en esa comunidad. Convertir el problema en un problema de todos.
El diagnóstico dará elementos para conocer el estado y las características de la institución. Es una
aproximación conjetural, una hipótesis. La claridad diagnóstica posibilitará la elaboración de estrategias y
metas de acción.
Es importante además que el psicólogo realice un abordaje que incluya la interdisciplinariedad como
forma privilegiada de acercamiento al hecho educativo. La interdisciplinariedad se construye a partir de la
mutua interpelación entre las disciplinas intervinientes, para lograr modos de intervención conjunta. El
espacio para llevar a cabo el trabajo interdisciplinario será reconocido y definido institucionalmente.
El psicólogo en educación trabaja en una triple articulación que toma lo institucional, grupal e individual
en su interjuego.

Analía Ravenna
El psicólogo que trabaja en una escuela recibe pedidos de diferentes actores institucionales (docentes,
directivos, padres, alumnos, etc.) relacionados con asesoramientos varios (diagnóstico, cuestiones
terapéuticas, orientación escolar, intervención en relaciones institucionales conflictivas, etc.). Ante esta
demanda se espera una respuesta que satisfaga las expectativas planteadas. Además esta respuesta no debe
interferir la organización escolar, ni cuestionar en demasía la organización familiar.
Se deben pensar estas situaciones como desafíos comunicacionales. La comunicación tiene un aspecto de
contenido y un aspecto relacional; este último define los vínculos que subyacen, define la relación. La

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función del psicólogo escolar sería caracterizar claramente la definición de la relación. Especificar sus
posibilidades, delimitar los ámbitos de intervención, declarar aquello que no sabe. De esta manera, define
cómo, de qué forma va a interactuar y en qué contexto (el contexto son los elementos que sostienen la
interacción).
Otra de sus funciones sería promover pautas comunicacionales funcionales entre los miembros de la
comunidad escolar. Esto significa coherencia entre los mensajes y las conductas, admitir la diferencia de
opiniones, afirmar la independencia individual sabiendo que existen límites, permitir que puedan explicitarse
dificultades y conflictos para poder elaborar alternativas más productivas, etc.
Otra función relacionada sería la de plantear, en las intervenciones a realizar, objetivos específicos, claros
y consensuados, con el fin de lograr un contexto colaborador. Trabajar en un primer momento con el grupo
que solicita asistencia o asesoramiento, pensándolo como susbsistema, redundará en modificaciones en los
otros subsistemas, así como también a través de retroalimentaciones, modificará el sistema ampliado (la
escuela).
El psicólogo escolar va a seguir recibiendo demandas, el desafío planteado es la modalidad de respuesta
reflexiva y coherente que él pueda implementar en correspondencia con una institución educativa que
también se pueda cuestionar su propio funcionamiento.

Ángela Sánchez
Pensar el oficio del psicólogo educacional es una interpelación a cierta identidad profesional.
Creo que viene bien pensar al oficio como una ocupación habitual. Pero esta ocupación, a diferencia de
otros oficios, está marcada, atravesada por una concepción y un referente teórico.
Por el hecho de ser un campo en el que distintas prácticas se tensionan y ponen en juego, no es el campo
de la educación el que puede permitirme delimitar desde una práctica el oficio del psicólogo educacional.
En el contexto moderno de pretender educar a todos y siendo esos todos objetos de la educación los
niños, la piscología educacional se constituye como una de las disciplinas, uno de los saberes que van a dar
cuenta de los niños como objetos de estudio y de cómo se aprende y de cómo hacer posible y mejor el
aprendizaje. Y paralelamente, se hará necesario dar cuenta de las dificultades que surgen en este proceso de
aprender.
Si oficio tiene que ver con un hacer, los psicólogos educacionales hacemos psicología en el campo de la
educación y es en ese hacer que intentamos construir una identidad profesional.
El oficio del psicólogo educacional, aunque interroga una identidad, refiere a una multiplicidad de
prácticas desterritorializadas. Justamente por eso, pensar el oficio del psicólogo como ocupación habitual es
una posición teórica, siempre y cuando a esa ocupación no la puedo comprender como ritualizada o
estereotipada, sino con una mirada crítica de la realidad, y se modifica al conectarse con ella, confirme esta
realidad cambia y se complejiza.