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Un viaje sin retorno

Doly Rosi López


592571

Corporación Universitaria Minuto de Dios


Periodismo interpretativo
23/10/2018
Lisímaco Peralta

En 1978 el cultivo de la marihuana, los hombres con poderes e influencia y


las armas reinaban en el departamento de La Guajira, era el pan de cada día
de todas las personas allí. La marihuana era lo que les permitía tener dinero,
fincas, ganado, una vida digna, y en muchas ocasiones, con lujos, etc., ya
que era el único trabajo que dejaba buenos recursos. La siguiente historia de
Lisímaco Peralta muestra cómo, a fin de cuentas, todas las cosas
mencionadas anteriormente, lleva a un final desastroso. Peralta vivía en
Santa Marta, Magdalena, pero él había nacido en el corregimiento de Las
Flores, La Guajira y su familia aún vivía ahí. Fue un hombre que gracias al
cultivo y a la transportación de la marihuana podía darse “la gran vida” y tener
muchas cosas; se dedicaba día y noche a su trabajo con tal de seguir
produciendo más capital. Era reconocido y tenía una gran influencia, además
conocía cantantes y personas importantes como Diomedes Días, quien grabó
una canción que el amigo de Lisímaco, Hernando Marín había escrito para
él: “Lluvia de verano”, la cual salió a flote en el álbum “La Locura” y obtuvo un
gran éxito.

Ese mismo año, cuenta el señor Arnulfo Diomedes Mendoza (amigo de


Lísimaco) que la cosecha de marihuana de Lisímaco Peralta había tenido
grandes preocupaciones porque el gobierno de Estados Unidos, el Ejército,
la Marina y la Fuerza Área estaban ejerciendo presión contra el cultivo, y que
además el gobierno de Alfonso López Michelsen estaba por acabarse y no
sabrían cómo sería el nuevo gobierno que se vendría y qué consecuencias
iba a traer para ellos. “Lisímaco era un hombre trabajador, buena gente y se
preocupaba mucho por su cultivo, era por eso que vivía viajando mucho”.

Peralta todas las semanas viajaba para un lugar diferente de La Guajira, iba
a visitar a su familia, a ver sus cultivos y a hablar con los miembros del
negocio. El 29 julio Lisímaco y sus socios ya estaban planeando la mercancía
para ser despachada desde Santa Marta hasta La Guajira. El camión donde
iba a ser enviada, justo, tuvo una falla en el motor en ese instante, lo cual
tardaría varios días en ser arreglada. Peralta, entonces, pensó en viajar junto
a uno de sus socios a la finca, a donde tendría que llegar la mercancía, a
poner al tanto a los vigilantes para que estos no se impacientaran. El 5 de
agosto decidió, al fin, trasladarse hacia la península de La Guajira. Al llegar
les comentó todo a los vigilantes los que había ocurrido con el motor del
camión y les dejó comida para una semana más; cuando iba de regreso hacia
Santa Marta vio la entrada de Las Flores y optó por pedirle a su chofer que
entrara al pueblo para saludar a su familia y amigos. Al llegar, vio a su
compadre y amigo Adalcímenes Brito, quien lo recibió con las siguientes
palabras:
- “Compadre, llegó como caído del cielo, hoy se presentan Diomedes Díaz
y Juancho Rois, el 2 cumplí años, y hoy 5 cumple mi compadre Idefonso
Pimienta, así que nos pusimos de acuerdo para hacer una sola fiesta”.

Lisímaco responde sorprendido

- : “¡Cómo va a ser!”, pero compadre, voy de paso, vine a Pénjamo (una


finca cerca de Las Flores) a resolver unos problemas y ya iré de regreso
a Santa Marta; además, no traje ni ropa”.

Contesta Adalsímenes:

- “La ropa no es problema, yo le presto”. Y Lisímaco, no muy convencido,


acepto la propuesta de su compadre.

Los cumplimentados invitaron a todos sus familiares y amigos del pueblo. La


fiesta estaría un poco oscura porque en Las Flores aún no contaban con la
energía eléctrica en esos tiempos. Al llegar la hora de la celebración,
aproximadamente ya las 8:00 de la noche, las personas empezaron a llegar
a Salsipuedes, el lugar donde se estaba realizando el evento y donde,
además, realizaban la mayoría de los cumpleaños y fiestas importantes.
Peralta antes de irse a la fiesta le dijo a Sidis Mendoza, su cuñada, que lo
fuera a buscar, por ahí, a la 1:00 AM, ella aceptó sin ningún problema.
Cuando éste llegó al lugar se dio cuenta que ya estaban empezando a llegar
los invitados, entre ellos muchos conocidos, amigos y enemigos como los
hermanos Guerra; él saludó a todos y como era un hombre amigable y poco
conflictivo con las personas que él conocía, a la mayoría les caía muy bien.

Los hermanos Guerra le tenían un gran resentimiento a Peralta por razones


desconocidas, y en esa fiesta poco a poco lo demostraban con miradas,
choques de hombros e incluso palabras. Al momento de llegar Diomedes
Díaz, uno de los cumplimentados, Idefonso Pimienta presentó a Lisímaco al
cantautor, ellos se ofrecieron un abrazo y hablaron sobre la canción que Díaz
había grabado del amigo de Lisímaco. Al acabar su conversación el cantante
fue directamente a la tarima, donde ya estaba todo listo con la planta eléctrica
que lograron conseguir para ese día, lo cual hizo que la fiesta tuviera un buen
ambiente.

Todas las personas estaban impacientes por oír al cantante, y cuando por fin
entró al escenario la primera canción que interpretó fue “Lluvia de verano”, en
pocas palabras, la canción de Lisímaco. Él al escucharla empezó a cantarla
a todo pulmón con mucho orgullo y simpatía; los hermanos Guerra, por otro
lado, se morían de envidia por la alegría que éste presentaba en esos
momentos, uno de ellos se acercó a Lisímaco en varias ocasiones y le refirió
estas palabras: “hoy te voy a matar”. Pero Lisímaco no le dio importancia y
siguió disfrutando de su canción. Al terminar la tanda a la 1:10 de la
madrugada, la cuñada de Lisímaco Peralta, Sidis Mendoza, lo fue a buscar y
tranquilamente le dijo:

- “Lisímaco, me dijiste que te viniera a buscar a esta hora porque venían


temprano por ti, vámonos”.

Lisímaco contestó:

- “No te preocupes, anda tú, que en 15 minutos yo estaré allá”,

Sidis, preocupada, no lo quería dejar, pero confió en él y se marchó. Los


hermanos Guerra seguían inquietos y nuevamente uno de ellos se le acercó
a Lisímaco a amenazarlos, y este ya con la paciencia colmada le contestó:

- “Bueno, ¿y tú te crees más hombre que todo el mundo?”

Inmediatamente Lisímaco metió su mano en el bolsillo para sacar una pistola


y dispararle a este hombre, pero este con más velocidad sacó su pistola y le
disparó primero, Lisímaco trató de disparar al instante con la de él, pero se
le atascó. Al segundo, recibió 7 balazos más en la espalda por uno de los
acompañantes de los hermanos Guerra, y Lisímaco cayó muerto con el arma
en la mano.

Sidis Mendoza acababa de llegar a su casa cuando escuchó los disparos,


pensando lo peor se llevó las manos al pecho y gritó:

- “¡Mamá, mataron a Lisímaco!”, mientras se escuchaban más disparo.

Por otro lado, los hermanos Guerra intentaron fugarse, pero los
acompañantes de Lisímaco no se quedaron quietos y también les
proporcionaron 44 tiros en total. Mientras tanto, el cantante Diomedes Díaz y
Juancho Rois escaparon de toda esa revolución a toda prisa, volándose
paredes y corriendo lo más rápido, llegaron a la casa más cercana y se
refugiaron debajo de una cama. Los invitados también corrieron y se alejaron
de ese lugar lo más rápido posible. Las personas no sabían quiénes habían
muerto, ya que Salsipuedes quedó sin ninguna persona y así no podían saber
quiénes eran los fallecidos. El ejército llegó aproximadamente a las 3:00 de
la mañana y así fue como se pudieron conocer los muertos. Los miembros de
la patrulla empezaron a sacar a los músicos y cuando ya iban saliendo del
pueblo, el cantante Diomedes, asustado, hizo una promesa: “nunca más
volveré a cantar en Las Flores” y mientras estuvo vivo, la cumplió.

“El nombre Salsipuedes por su parte, pudo darse su significado verdadero


aquel día: si no corres y sales de ahí, te mueres”

Arnulfo Diomedes Mendoza


Bibliografía

https://www.facebook.com/notes/diomedes-d%C3%ADaz/exclusivo-
lis%C3%ADmaco-peralta-una-canci%C3%B3n-y-44-
balazos/10150136095298650/

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