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La vanguardia y el expresionismo

Los movimientos artísticos a lo largo de la historia, se han caracterizado por


responder a ciertos elementos que atañen, ya sea alguna condición social, a un
evento específico de la historia o al sentimiento que individualmente experimentan
un grupo de artistas de una época. Tenemos, por ejemplo al arte medieval, que en
el que se descubren rasgos que tienen que ver con lo religioso, y que están en
función de una realidad social y política que influye y determina la producción
artística. O podemos pensar en otros movimientos o corrientes artísticas que de
igual manera nos dan cuenta de la manera de pensar y de concebir el mundo en
determinado momento de la Historia.

En un tiempo, pudo ser la fascinación por lo religioso y místico, y la preocupación de


querer expresarlo, el móvil que llevó a hacer ese tipo de arte y a buscar los
elementos formales que sirviera a esa causa. En otro, modificando la manera de
pensar y de desenvolverse de la sociedad, con nuevos avances en distintas áreas
del conocimiento humano, se desarrolló un nuevo tipo de arte: pensemos ahora en
el romanticismo, cargado de una nueva consciencia del hombre como individualidad
y subjetividad, regido por sus propias leyes y dejando a un lado las de Dios, y sin
embargo, retomando lo místico y religioso del medievo con una perspectiva
renovada.

Así pues, cada etapa del hombre, de su historia y cosmovisión, determina de alguna
manera su expresión de arte. Y también, a su vez, cada forma de hacer arte nos
revela la condición del espíritu humano. Y lo que con mayor fuerza hoy podemos
hoy vislumbrar de ese espíritu, son las tendencias rupturistas, la resistencia a ser
reducidas a un canon y la libertad de albergar en sí la ambigüedad y contradicción.
Esto es lo que las actuales manifestaciones artísticas heredaron de las
vanguardias, si bien desde una perspectiva integrante de los movimientos artísticos,
en las vanguardias encontramos los ecos y aportes de las corrientes anteriores.

En la vanguardia se retoman las preocupaciones místicas y exóticas de los


románticos, la crítica social de los realistas, la objetividad de los impresionistas y
naturalistas; es decir, las vanguardias han heredado algo de cada movimiento
anterior, algo que representaba en su momento la visión del mundo de un grupo de
hombres, y que reflejaba un rasgo de su espíritu. Lo que caracteriza al movimiento
de vanguardia es la búsqueda incesante de la libertad, libertad de los oficialismos
del arte, libertad para crear desde lo que cada individuo experimenta, y de cómo,
por el hecho de ser humano, el conocimiento que hace de sí mismo incide en los
demás, porque genera eco en la colectividad.

La vanguardia es una respuesta al fracaso que experimentaron los hombres en las


postrimerías del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, o que al menos
así fueron sentidos: fracasos políticos, económicos e intelectuales. Nos referimos a
la desilusión que causaron la Revolución francesa, que para fines del siglo XIX no
había florecido ni la democracia ni los ideales que se habían planteado al inicio de
ésta; a la crisis económica que sumía parte de Europa en condiciones de mucha
pobreza, y al infructuoso afán de la clase burguesa por instituir al Positivismo como
método universal para el desarrollo no solo de las ciencias, sino de las artes. En
algunas ocasiones, en concordancia con ese sentimiento de crisis y tras retomar
conciencia de ello, la retractación será inevitable, como nos refiere De Micheli 1
acerca de Zolá respecto al Naturalismo, que había fundado con la convicción de
captar objetiva y positivamente la realidad del hombre como un proceso científico,
lento y medido, y que finalmente se retractó de dicha convicción, acatando que en
realidad la vida y el hombre son en muchas ocasiones impredecibles, contingentes
en extremo. Luego las esperanzas que en algún momento la humanidad puso en el
positivismo, la idea del progreso que lejos estaba de ser un progreso espiritual y
humanitario, sino más bien materialista y deshumanizante.

En su ensayo ya citado, De Micheli expone que el arte moderno nace de la ruptura


con el siglo anterior y de la crisis generalizada del hombre, en varios ámbitos: social,
política y económica, así como ética, moral y artística. La crisis del lenguaje, por
ejemplo, que dio lugar a tendencias existencialistas y del absurdo, por el sinsentido
al que llevan la incomunicación del hombre consigo mismo, reparar en la deficiencia
del lenguaje, en la medida en que es insuficiente para comunicar el sentido
individual, subjetivo que cada quien pone en las palabras, como lo expresaba
Pirandello, uno de los iniciadores del teatro del absurdo.

Otro rasgo que caracteriza a los movimientos de vanguardia, es la actitud crítica,


repulsiva hacia los oficialismos y convenciones artísticas marcadas por prejuicios
estéticos, clasismos y falsa moral. La conformación de la sociedad burguesa, sumió
al arte en las celdas del utilitarismo y la producción condicionada, por las pautas del
mercado y de las “Bellas Artes”, de gusto clasicista y tradicional en sus
concepciones estéticas. Y justo contra todas las convenciones, estéticas, morales,
y artísticas, en su amplio sentido que engloba las condiciones de producción y
recepción de la obra, se rebela el arte de vanguardia.

Si bien dicha rebeldía se percibe quizás con mayor frecuencia contra las formas, (en
literatura, por ejemplo, el rompimiento de las convenciones métricas de la poesía, y
la versificación de la narrativa), lo que más profundamente rompe con los
convencionalismos del arte es el sentimiento con el que éste es concebido, es decir,
el descubrimiento de un arte deslindado de reglas y prejuicios que en alguna época
pretendieron regirlo, cortando otras vías expresivas, negando el alzamiento de un
nuevo espíritu . En realidad, espíritu y forma no están disociados, sino que la forma
responde a las inquietudes de aquél. El sentir del espíritu de las vanguardias, a
decir de De Micheli,2 es el de una repulsión activa, repulsión de la artificialidad que
se había gestado en el seno de un arte burgués oficialista, un arte encasillado para

1
Mario De Micheli, Las vanguardias artísticas del siglo XX. 1979.
2
Ibidem p.60-61.
el decoro de una clase social, dejando de lado las verdaderas problemáticas
sociales, y más aún, las inquietudes individuales, como ya decíamos, crisis del
lenguaje y de corte existencialista.

Cuando se toma conciencia de todo este crítico sentir, es momento de volver la


mirada hacia sí mismo y comenzar a expresar todo lo que el hombre había estado
evadiendo, momento de volver a la realidad intrínseca del individuo, sus
preocupaciones sobre la vida desenfadada de todos los sistemas que degradan al
hombre a pura apariencia, trabajo mecánico que automatiza, la irracionalidad estéril,
el método científico que se impone como salvador de la raza humana. El
expresionismo será el movimiento de vanguardia que se plantará en oposición al
positivismo.3

El expresionismo va en busca de una expresión que se desprenda de la


figuratividad, (otra de las rupturas que abanderan las vanguardias) atendiendo
primordialmente a cierta intuición expresiva que plasme las sensaciones, la emoción
de manera “descubierta” en la obra. En otras palabras, como se suele decir de este
movimiento, el expresionismo se enfoca en captar “el alma de la realidad”, le
interesa mas plasmar el interior, y para ahondar en ellas siente la necesidad de
liberase de los detalles en exceso. Micheli trae las palabras de Matisse: “Nosotros
queremos alcanzar un equilibrio interior mediante la simplificación de las ideas y de
las formas figurativas. El pintor plasma mediante la simplificación, mediante la
síntesis de impresiones, que son sometidas a una idea general”.4

Lo que también deja ver en esa idea de simplificación y síntesis, es el carácter


abstracto del expresionismo. La idea básica de este movimiento es retomar una
mirada interior de la realidad, desentrañar lo que a simple vista se ve, buscando un
significado profundo, la esencia, el sentimiento original que alberga el objeto. El
sentimiento que recuperan los expresionistas tiene que ver con el horror
existencialista de los románticos, Conciencia del individuo de ser uno y solo en el
universo, arrojado al vacío, a ese “estar ahí” del que hablaba Heidegger, arrojado al
mundo al momento de nacer, despojado del conocimiento de su origen, y arropando
únicamente la incertidumbre fatal de la finalidad. Por eso la necesidad de voltear a
ver las culturas arcaicas, “primitivas” del Africa y Oceanía, en búsqueda de
establecer de nuevo el vínculo existencial del hombre con el cosmos, la vuelta al
espíritu salvaje, original del que hablaba Rimbaud en su poesía.

El expresionismo alemán, va a destacar tres tendencias fundamentales, que de


alguna manera devienen de lo que antes decíamos, sobre todo por el
distanciamiento de la burguesía, y por ende de la falsa moral e hipocresía, del
naturalismo y del impresionismo, si bien retoma de estos dos últimos la actitud
transformadora del arte. La primera de estas tendencias, nos refiere De Micheli es

3
Ibidem. P. 68
4
Ibidem p.72.
“la sinceridad de las pasiones y la violencia de los impulsos primitivos” 5, en
concordancia con lo que decíamos del primitivismo y del negrismo retomados por
artistas como Matisse y Vlaminck. La segunda tendencia fue la insistencia en
“sustraerse de la dureza de la vulgaridad y de la sociedad civil, refugiándose en el
reino de inalienable del espíritu”6. En esta condición de inalienable, acaso se
pretenda defender la primacía de los valores espirituales sobre los materiales. Y por
último, la tendencia de oposición activa en sentido crítico y polémico, con objetivos
específicos e incluso políticos”. En este punto, vemos de nuevo reminiscencias que
ponen en diálogo a este movimiento con el Romanticismo, por el carácter reflexivo y
crítica a la sociedad y sus sistemas de valores, éticos, artísticos, políticos, contra los
que se rebela. Sin embargo, quizá lo que distingue al expresionismo, es que la
crítica la llevará a un plano concreto de acción, incidiendo en la realidad social.
Ejemplos de es la simpatía por el anarquismo, que artistas como Vlaminck y
Rouault manifestaban. Pero más que la simpatía por el anarquismo, son artistas que
plasman en su obra el aspecto social: temas como la vida obrera, la pobreza,
prostitución.

De aquí que anteriormente se haya señalado la influencia en cierto sentido del


naturalismo. La preocupación por estos temas es innegable en ambos movimientos,
pero a diferencia del naturalismo, el expresionismo no retrata irreflexivamente esta
realidad social, sino que busca plasmar en la obra el significado de los problemas
sociales, una visión reflexiva y crítica. Y para tratar de explicar la manera en que se
plantea este propósito en la obra, basta recordar un elemento formal en la pintura: la
figuratividad. En el naturalismo, sabemos, la figuratividad de la obra es el elemento
esencial, pretende captar la realidad tal cual es, hacer una fotografía de ella. El
expresionismo no se preocupa por representar o hacer una copia de las cosas, sino
de provocar los sentimientos y emociones que nos remiten a esa realidad.
Prescinde por ello , del trazo fino y bien delimitado, y en cambio trabaja con trazos
gruesos, indefinidos, y con colores que no se atienen a ninguna lógica realista, sino
a la intuición del sentimiento que buscan generar.

Así pues, el expresionismo es el movimiento que por excelencia es contraposición


del positivismo y de las corrientes afines a este. Los primeros pasos en esta
dirección de recuperar lo naturalmente humano, lo individual, lo primitivo, incluso lo
romántico en el sentido de volcarse hacia la subjetividad, los dieron inicialmente
artistas como Van Gogh, Munch y Ensor. Y los continuadores, aunque con matices
muy específicos cada uno de ellos, los ya mencionados Vlaminck, Rouault y
Matisse. Por supuesto que escapan muchos nombres en esta lista, pero de estos
rescatamos algunos aspectos fundamentales del expresionismo, que además
también trascienden como características de la vanguardia, que en gran medida
influirá a los movimientos posteriores

5
Ibidem. P.80.
6
Idem.
Bibliografía consultada:

De Micheli, Mario, Las vanguardias artísticas del siglo XX, Alianza Editorial,
traducción de Ángel Sánchez. 1979.