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CONCEPTUALIZACIONES GENERALES DE LAS IDEAS POLÍTICAS

 SOBRE EL CONCEPTO DE IDEA EN GENERAL Y DE IDEA POLITICA

Antes de proceder al desarrollo del objeto del presente ensayo, estimamos


conveniente detenernos en el discernimiento de la expresión Idea en general
y de Idea Política, como quiera que tradicionalmente ha sido ésta la
denominación del discurso resultante de la reflexión sobre lo político.

El concepto de idea está estrechamente ligado a la conceptualización de la


filosofía, lo cual designa un estadio superior en el proceso del conocimiento,
para representarse el entorno circundante. La idea surge como un nivel
cognoscitivo a continuación de las imágenes que los hombres construyen
respecto de los fenómenos o procesos que procura aprehender o vincular a su
conciencia.

Las ideas, a diferencia de las imágenes, corresponden a un nivel en el que


reflejamos los objetos en su mayor complejidad, universalidad y abstracción.
Con las imágenes, por el contrario, se obtienen representaciones de carácter
singular del asunto representado. Suceso de ocurrencia en los seres inferiores
al hombre, que necesitan tener, como en el caso de los animales
domesticados, alguna mínima representación del mundo externo para facilitar
su convivencia y diferenciación de los seres con los cuales se relacionan.

Al trascender los hechos, las ideas le proporcionan al hombre un conocimiento


complejo y multilateral de los procesos representados. Ayudan a desentrañar
los hechos en su intimidad y a posibilitar una apropiación de los mismos en su
forma esencial. Las ideas son así, la base del éxito en la actividad científica,
porque se orientan a la transformación de la realidad representada.
La razón de esta disquisición corresponde al interés de dejar claro, que en el
proceso de explicación de los hechos políticos, desde una perspectiva
diferente a la forma cotidiana de percibir tales fenómenos, es notoria la
diferencia existente entre una percepción meramente sensorial de un asunto
político, de aquella explicación que da cuenta de los contenidos esenciales que
trascienden lo superficial o la mera apariencia, para permitir una noción
integral en sus más variadas connotaciones. Siendo esto, de entrada, lo que
sugiere establecer una diferencia entre lo que el común de las personas
percibe como política, de lo que los trabajadores de dicho conocimiento han
construido al respecto. Y como se concluirá: desde el punto de vista de la
imagen de la política, esta puede ser calificada como algo casi satánico,
adversa al bienestar del hombre, y posiblemente, coma una práctica
comúnmente soslayada. Distinta al entendimiento como idea, en los términos
en que aquí se concibe, es decir, como una práctica mediante la cual el hombre
aplica procedimientos organizativos que hacen viable la vida social, en la que
es necesario el ejercicio de una determinada autoridad, para garantizar el
trámite de las relaciones sociales y la igual certeza del respeto por las normas
o instituciones que aseguren un mínimo de orden y la igual realización de los
derechos alcanzados. Esto es, que la política supone una acción de gobernar,
dirigir, organizar, jerarquizar, aplicar justicia, etc. Por una parte, y por otra,
también referida a la práctica personal para asumir el comportamiento o
actitud acorde a determinados propósitos e ideales, o también, para alcanzar
la convivencia conveniente que requiere la vida en comunidad o la ratificación
de determinadas delegaciones de funciones o competencias, en el ejercicio de
cuotas de poder en menor o mayor cuantía

 DEL CONCEPTO DE POLÍTICA

- La opinión generalizada de la política

Cuando se habla de política, el común de las personas asocia el término con


determinadas prácticas de poder o comportamientos vinculados con la
deformación visible de dicha actividad de parte de los distintos actores
conocidos como políticos. Normalmente la confunden con la politiquería, que
es el aprovechamiento del poder o de la posición pública para fines
marcadamente personales con propósitos de enriquecimiento individual, sin
grandeza, proyección histórica y mucho menos con fundamentos ideológicos.

La politiquería no puede ser confundida con la política. Ni mucho menos la


practica de la emulación en lo público, por ser contraria al comportamiento
que demanda el devenir social. Tal proceder es extraño al ideal deseado en la
conducción de los asuntos colectivos, porque se desenvuelve en medio de
maquinaciones, ausencia de ideales y valores, con prevalencia del
individualismo. Así entendida y ejercida, la politiquería es responsable del
desprecio y distanciamiento generalizado de la política. No corresponde a la
visión de los grandes cultores de la misma, ni de quienes gracias a su ejercicio
han contribuido a la construcción de los desarrollos sociales de sus respectivas
naciones o regiones, o de los activistas del poder, sin cuyo concurso hubiesen
sido imposible los grandes logros organizativos en materia estatal, conquista
de derechos o superación de condiciones de dominación, explotación o
abominables injusticias.

-La política como actividad humana

Importa destacar que al hablar de política, inmediatamente salta su asociación


con el tema del poder con implicaciones prácticas de Estado y gobierno. Pero
como de lo que se trata es de avanzar en la obtención de fundamentos
conceptuales que permitan conocer el asunto desde una perspectiva distinta
a la opinión que la confunde con la politiquería, se debe afirmar que la política
corresponde a toda actividad de organización, jerarquización, gobierno y
conducción o dirección de los colectivos sociales.
Pareciera entonces que sólo se configura la política, cuando las actividades
enunciadas se realizan dentro o para adquirir el control del Estado, con lo cual
involucra a varios actores: los ciudadanos que presentan sus nombres a
consideración de los demás como candidatos a dignidades de elección
popular, para recibir el beneplácito del voto; el gobernante en sus funciones;
la acción organizada de los partidos políticos; los grupos de presión, etc. A tal
actividad, Platón, el célebre pensador griego, le daba el rango de ciencia,
porque con su realización se cuidaba de los hombres con o sin leyes.
Apreciación próxima a la elaborada por Aristóteles, quien la entendía como la
ciencia de la organización y conducción de la polis.

Otros autores conciben la política como la capacidad que tienen los hombres
de ejercer influjo, los unos en los otros, para sustraerla de la simple esfera del
Estado y trasladarla a cualquier otro escenario en donde pudieran existir
apetencias de participar como orientador, director u ordenador, con la
implicación de un esfuerzo sistemático conducente a la movilización de otros
hombres, para la obtención de un propósito por parte del interesado en ser
seguido

- La política como una directiva autónoma

La política pública u otras orientaciones organizacionales frente a la diversidad


de situaciones sociales necesarias de superar.

El sociólogo alemán Max Weber, le dio a la política una connotación como


directiva autónoma, para designar al conjunto de planes, sistemas, métodos,
costumbres, conductas o modos particulares y específicos de proceder una
organización, sea pública o privada. Connotación responsable de expresiones
como la política económica, política social, política agraria, política de empleo,
política empresarial, política pública en general etc., para indicar cursos de
acciones u orientaciones a los cuales deben someterse quienes tienen la
responsabilidad de decidir y quienes deben interactuar con tales
organizaciones.

Este enfoque de la política se expresa en lo que es muy recurrente en materia


de decisiones estatales: las políticas públicas, entendidas como los
compromisos que asumen los gobernantes en el interés de dar solución a
problemáticas relevantes que reclaman ser atendidas con urgencia y prioridad
por la acción estatal. Políticas de Estado, fundadas en alinderamientos
ideológicos, que caracterizan o distinguen los ejercicios gubernamentales.
Expresadas por ejemplo, en el énfasis que se concede a la relación entre los
derechos colectivos y los derechos individuales, observados en distintos
momentos históricos, como lo ocurrido en las democracias occidentales con
posterioridad al derrumbe de la cortina de hierro y la finalización de la Guerra
Fría, cuando fue notorio por parte de los gobiernos su actuación a favor de los
derechos individuales, compatible con el querer y orientación económica
después de la revolución industrial, de minimizar la acción del Estado sobre el
mercado y los empresarios, para evitar, como aconsejaba el economista Adam
Smith la interferencia del Estado en la libre competencia entre los
empresarios. Actuación adversa a la elaborada por Karl Marx, en cuanto a su
teoría económica y social defensora de la intervención total del Estado en la
vida económica, mediante lo cual se asegura la producción de riqueza y
distribución de bienes productivos, para garantizar así la plena satisfacción de
los derechos colectivos de los hombres.

Frente a los anteriores planteamientos que algunos tratadistas denominan


primera y segunda vía, como soluciones o grandes orientaciones de Estado
para superar las insuficiencias sociales y lograr mayores niveles de desarrollo,
se aparece en las postrimerías del siglo XX, lo que se ha denominado como
tercera vía, como un intento por conciliar los dos énfasis referidos, contenidos
en las economías mixtas, que combinan lo público con lo privado,
posibilitándole a este último, asumir el desarrollo económico social con la
intervención del Estado, para asegurar a los sectores vulnerables de la
sociedad la satisfacción de sus necesidades fundamentales.
- La política como ejercicio de poder

La política es fundamentalmente una práctica social para obtener poder, ya


sea en lo público o en la vida privada. Es un ejercicio de poder, derivado de lo
que ciertos tratadistas afirman como teoría y práctica de las relaciones de
poder, que como conocimiento científico compromete el doble trabajo de la
conducción de seres humanos y la administración de cosas.

También concebida como el arte de lo posible, al igual que el esfuerzo por


hacer realidad lo deseable. E implica arte, porque supone el manejo de
habilidades y destrezas para controlar y conciliar los intereses diversos y
contrapuestos. Valerse por ejemplo, de la imaginación estética para generar
corrientes de opinión a favor de determinadas aspiraciones; preocuparse por
construir y proyectar un estilo atractivo y atrayente de seguidores; tener
especial cuidado en el manejo de la etiqueta social; preocupación por las
buenas maneras; ser filigranista en el tratamiento de las discrepancias para
evitar tomar partido por decisiones que pudieran restar antes que sumar, etc.
manifestaciones humanas que no escapan de ser cobijadas con la expresión
de la política.

La afirmación de Aristóteles de que el hombre es un animal político, mucho


tiene que ver con esta acepción de la política como ejercicio del poder y como
arte. Sugerencias como las expuestas a consideración dan cuenta de esta
tendencia del ser humano: ¨ no te afanes, en camino largo hay desquite ¨, ¨ te
va tocar tragarte ese sapo ¨, ¨ agachate, ya tendrás tu oportunidad ¨, no te
afanes en tomar partido, espera que se desarrollen más los acontecimientos
¨, “aplícale sindéresis a las cosas; mantén la humildad; etc.
A manera de conclusión en cuanto a lo que es la política:

• La política está referida al arte de gobernar, relacionada con la versión


milenaria de asociar la política con la raíz polis que significaba la ciudad estado
en los tiempos de la antigua Grecia

• También es vinculada la expresión política con una acción acordada,


esto es, como una estrategia para enfrentar una determinada situación
problemática, más conocidas como políticas públicas, con lo cual se
estructuran acciones gubernamentales para solucionar o enfrentar problemas
sociales relevantes, o también, para marcarle pautas de cómo deben actuar
quienes hacen parte de una organización

• La política como arte, en cuanto supone el manejo de habilidades y


destrezas para controlar y conciliar los intereses diversos y contrapuestos y el
manejo de habilidades y destrezas para controlar y conciliar los intereses
diversos y contrapuestos.

 DIMENSIONES DE LA POLÍTICA

- La Dimensión Teórica

La actividad que el hombre despliega respecto del poder, no siempre se


encamina a ejercer un control de los distintos factores que le garanticen una
determinada influencia en el ámbito social o económico. También le interesa
el conocimiento o el SABER de los asuntos relacionados con el dominio y la
capacidad para influenciar en los asuntos públicos o en el Estado, y así asimilar
las relaciones permanentes o relativamente permanentes a que están
sometidos los hechos políticos, para colocarse en condiciones de replicar la
manera de proceder de otros científicos frente a sus respectivos objetos de
estudio; esto es, ejercer la interpretación, el control y la predicción de los
acontecimientos con base en el dominio de las leyes que rigen los procesos
políticos. Tal reto origina actores completamente distintos de quienes
intervienen tradicionalmente como protagonistas de la actividad política.

Los politólogos se convierten en esta dimensión en los principales actores,


como los trabajadores o productores de saber atinente a la realidad política.
Preocupados más por el análisis objetivo y veraz de los hechos políticos, y por
coadyuvar a que la acción de gobernar tenga unos niveles mínimos de rigor,
para que, en lo relacionado con las políticas públicas a manera de ejemplo,
logren los resultados que las inspiraron, y para que en el caso de la democracia,
ésta tienda a su consolidación en materia de equidad y posibilidades de
realización de los derechos fundamentales y de garantía para sus actores.

- Dimensión pragmática

Si la dimensión anterior se refiere al saber propiamente dicho de la política, es


la práctica o el hacer lo que las diferencia. Allí se ubican los hacedores de la
política en su afán de encontrar las credenciales que legitimen su pertenencia
a la organización del Estado. Especialmente a aquellas corporaciones públicas
que requieren de la obtención de una mayoría de votos para asegurar su
pertenencia a ellas; lo que obliga a los interesados a desplegar todas las
acciones para ser receptores del favor popular, como la aplicación de una serie
de cuestiones, técnicas y habilidades que aseguren el triunfo en las distintas
contiendas como los siguientes:
- Dimensión axiológica

Desde los griegos la actividad política pretende el bienestar, lo cual presupone


el ajuste del comportamiento a un deber ser, fundamentado en una ética o
en una pauta de conducta, que oriente a los actores a desplegar acciones que
merezcan reconocimiento espontáneo de parte del colectivo social.

Estudiosos y actores de la política intentan diferenciar entre los principios y los


valores que regulan y gobiernan la conducta. Lo que lleva a entender los
principios como regidos por leyes naturales y a los valores como derivados de
la cultura y las circunstancias, pero ligados en forma tal, que ofician como una
brújula que le señala el norte a los políticos y los reafirma en sus propósitos y
definiciones.

Determinadas corrientes ideológicas resaltan la importancia de valores como


el reparto equitativo de la riqueza, la igualdad de oportunidades, la
responsabilidad y la solidaridad. Para otros idearios políticos, el valor más
importante es la libertad o el orden.

 La Responsabilidad

En la política este valor impulsa a los actores a dar cuenta de sus actuaciones,
sobretodo, tratándose de la democracia, que requiere de quienes han sido
ungidos con el favor popular del rendimiento de cuentas de su gestión, de
conformidad con los procedimientos que establecen las naciones en sus
respectivos marcos constitucionales y legales.

Los ciudadanos son responsables por la clase de persona que hacen de sí


mismo, de manera que se alcanza a ser lo que se es, gracias a las decisiones
que se toman, siendo más obligatorio si se trata del manejo de los asuntos
públicos y de lo que tiene que ver con el poder y el Estado.

La responsabilidad contribuye a fortalecer la credibilidad de los gobernados,


cuando por medio de la práctica constante de dicho valor se acrecienta la
confianza en quienes los representan, seguros de que los asuntos colectivos,
preferencialmente los relacionados con los recursos públicos, se manejan con
pulcritud y decoro, dada la responsabilidad de los servidores públicos, que les
impone el deber de hacerse cargo de sus actuaciones y de su propia conducta.

 La Honestidad

Valor de recurrente utilización en el lenguaje relacionado con lo público, para


designar la necesaria correspondencia entre lo que se predica y las
actuaciones políticas. Supone un sentido de autenticidad y de buena fe,
contrario a lo impostado o ficticio. Este valor concede un distintivo de apertura
frente a los demás; de confianza, sinceridad y disposición de vivir en forma
transparente. Enseña franqueza y capacidad de decir la verdad. Aquiles, en la
Iliada de Homero, afirmaba: “Odio como las puertas de la muerte, al hombre
que dice una cosa pero oculta otra en el corazón”.

 La Lealtad

Es un valor que impulsa a obrar dentro de un marco de interés por el bienestar


del grupo, organización, nación o personas con las que se trabaja, a quien se
sirve o se tiene comprometida cierta actuación. Señala formas de constancia,
tesón en el apego por los ideales o por aquello con lo que se ha decidido
compartir e identificarse de manera decidida. Es su característica principal
sobrevivir a las dificultades y contratiempos, resistir a la tentación, no
acobardarse ante los ataques, y por el contrario, agigantarse en los momentos
de dificultades de quienes esperan respaldo para concederlo.

Un poema anónimo ilustra la lealtad de la manera siguiente:

“Su perjuicio es el tuyo, también su beneficio


En tiempo propicio o desfavorable
Respáldalo a la vista de todos
Sin buscar motivos ulteriores
Hay novecientos noventa y nueve
Que no aguantan la vergüenza ni las burlas
Más, el milésimo hombre irá contigo
Hasta el pie del patíbulo y más allá”

APROXIMACIÓN AXIOLÓGICA EN BENEFICIO DE LA POLÍTICA


“Lo que no quieras para ti, no lo hagas a los demás”

A los hombres nos unen dos clases de relaciones: sentimentales y materiales.


La lealtad y la sinceridad caracterizan las primeras, básicamente humanas. Las
relaciones materiales predominan en los negocios y en la política, en las que
prevalecen los intereses, reguladas por lo que se da y por lo que se recibe. Se
hace un favor para recibir un premio. Nada se hace gratui¬tamente. De toda
acción se intenta derivar algún beneficio. En la política se tiende a obrar a
semejanza del cazador, que cuando esparce el grano a los pájaros, no lo hace
en beneficio de éstos, sino en el suyo propio.
Los hombres estamos obligados a fortalecer las relaciones sobre la base de los
valores, porque son más nobles y duraderas que las que se basan en los
intereses. Porque son más sinceras. Reclaman una metodología para el
correcto proceder. Tratándose de la política, pueden propiciar el acceso y el
control del poder en términos menos deshumanizados de lo que ocurre con
frecuencia.

BAIDABA, filósofo y jefe de los brahmanes en la India, seis siglos antes de la


era cristiana, comprometió sus reflexiones para construir una pauta de
comportamiento que fuera usada por los gobernantes y los políticos. La
plasmó en el texto famoso, denominado “Calila y Dimna” considerado como
el libro del soberano y del político, cuyo conocimiento y aplicación puede
contribuir a tornar más armónicas las relaciones entre los gobernantes y
gobernados, entre los dirigentes y dirigidos, entre los jefes y subalternos, y por
qué no, entre las personas que conforman un grupo de trabajo familiar, social
o de cualquier índole, que requieran de la actuación humana fundada en la
corrección, el talento y el sentido común, para asegurar la calidad y eficacia de
las relaciones.

A BAIDABA lo motivó escribir el libro referido a la existencia en la India de su


época, de un rey llamado DAPSHALIM. Era un tirano dominado por la
sober¬bia y la ambición, cuyo despotismo y crueldad preocupaba
enormemente a los súbditos, entre ellos, a los pensadores de la época, porque
hacía del terror, la barbarie y el crimen sus herramientas favoritas para la
opresión del pueblo. BAIDABA, como cima de las virtudes, invirtió sus
esfuerzos para liberar a su patria de las calamidades del tirano y de las
vergüenzas en que había incurrido. El resultado el texto aquí referido, con el
propósito de la enseñanza de la sabiduría, cuya ausencia imposibilita el
fomento de las cualidades del hombre y la utilización del talento para cimentar
la discreción, la mesura, la lealtad, el perdón; saber criticar, controlar la envidia
y trabajar eficientemente para mejorar las condiciones, con base en la
sensatez y el dominio de las pasiones, y de esa manera permanecer atento a
desarrollar los ideales básicos, relacionados con la vida, la gente y todo lo que
nos pueda hacer grandes y útiles a la humanidad.

Algunos enunciados de la obra, amanera de sinopsis de las máximas humanas


de Calila y Dimna son las que a continuación se presentan porque son
sugerencias útiles en la toma de decisiones y en las múltiples circunstancias de
la vida cotidiana, pero sobre todo las asociadas con la práctica política,
ejercicio no pocas veces rodeado de zancadillas y asaltada por quienes
pretenden el éxito al margen de la nobleza y de los recursos eficaces y dignos
de admiración.

Las máximas de Calila y Dimna pueden ser útiles a quienes trabajan por el logro
de sus propósitos, utilizando la voluntad y la energía, para que el éxito no
llegue lejos del correcto proceder.

Es este un intento de adaptación de las sentencias de BAIDABA a ciertas


realidades, con el conven¬cimiento de que definitivamente los sabios dan la
razón a quienes en¬tienden que muchos problemas tienen su raíz en la
ausencia de talento, que hace mirar a los hombres con desdén, como la
ambición y la falta de mesura, que refuerza la vanidad para hacer menos
equitativa, justa y pacifica la sociedad.

La práctica de las enseñanzas contenidas en el libro de Calila y Dimna, sirven


para evitar el envanecimiento, una de las actitudes más frecuentes en nuestra
cotidianidad política y profesional.

Secreto y discreción

El principio de la buena cultura consiste en guardar el secreto. Cuando el


depositario es discreto y leal, se considera que ha quedado en el sitio que le
corresponde, y en ese caso está obligado a guardarlo con el mayor celo, ya que
si llega a revelarlo dejará de ser secreto, porque al ocuparse de él dos
personas, pasará a tres y acabará divulgándose sin que el depositario pueda
luego controlarlo.

El saber y los hechos

Se dice que el saber no se complementa sino con los hechos que le son lo que
el fruto al árbol. El hombre instruido realiza hechos que le producen
beneficios. Y si no hace uso de su saber, no se le puede considerar culto e
instruido. Y si un hombre se embarca en un camino a sabiendas de sus peligros,
ignorante se le debe considerar.

Del discernimiento y el perdón en el obrar

Entre los hombres a quienes menos puede perdonarse cuando dejan de obrar
bien para obrar incorrectamente, están aquellos que tienen capacidad de
discernir y ver las ventajas que hay en lo uno sobre lo otro.

Crítica y gratitud

Hay cosas que el hombre debe aprender y practicar, entre ellas, la gratitud y
la de no criticar en los demás, defectos que él puede tener.

Búsqueda

Quien anda en busca de una cosa sabrá tener en ella alguna utilidad, y al
lograrla, conformarse y no excederse en pedir más.
Apego a las cosas

Nadie anda detrás de lo imposible y de lo que ningún otro antes había


alcanzado, y por lo cual no debe sufrir.

Quien no se apega demasiado a las cosas no sufre tanto cuando las pierde.

Medios honrados

Los esfuerzos de un hombre están encaminados a conseguir por medios


honrados todo lo que puede serle útil, sin exponerse a lo que podría causarle
angustias y dolores.

Empeños básicos del hombre

En tres cosas el hombre debe poner todo su empeño: en lo que se relacione


con su vida; en sus relaciones con la gente, y en lo que puede ganarle el buen
recuerdo después de la muerte.

Fracaso de un hombre

En tres cosas puede originarse el fracaso de un hombre: en la pereza, en la


pérdida de las oportunidades y en el crédito que da a la palabra de una persona
en cuya fe no tiene seguridad.
Sensatez

El hombre sensato debe saber domar sus pasiones y no creer todo lo que se le
dice sin analizar cuidadosamente lo que no aparezca suficientemente claro.

Suerte y lealtad

El hombre sensato no se atiene a la suerte y al destino, sino a su voluntad y


energías, deseando siempre a los demás lo que quiere para sí. No buscar su
beneficio a costa del mal que puede hacer a otros. Se esfuerza por purificar su
corazón, ya que en un corazón pervertido no germina nunca una buena
intención ni un propósito justo.

Bienestar y cordura

El hombre busca tres cosas que no consigue sino con otras cuatro: una vida en
la abundancia, una posición entre la gente y una provisión para la vida eterna:
Ganar el dinero con honradez, administrar bien lo que consigue, hacerlo
producir, y gastarlo en todo lo que pueda mejorar sus condiciones de vida.

Deber del político

Es obligación del político llevar a cada cual a la posición que corresponde a sus
capacidades, a su talento, a su cultura y a la utilidad que de él se espera.
Ambición
El hombre bajo e incapaz no deja de fingir ser buen consejero y buen servidor
hasta llegar a la posición que no merece, y al alcanzarla pierde el interés en
ella y sitúa los ojos en otra más elevada a la cual aspira llegar valiéndose de
todos los ardides, del engaño y hasta de la traición.

Del saber y la Vanidad

El saber libera de su vanidad al hombre culto y torna más vanidoso al


ignorante, tal como en el caso de la luz del día, que aumenta la visión del
vidente, al paso que causa daños a la visión de los murciélagos.

Envanecimiento
Al hombre de talento no lo envanece una posición o un honor que conquista,
su caso es como el de la montaña que no se conmueve por más fuerte que el
viento la golpee. Al hombre sin talento, en cambio, lo llena de vanidad la
menor posición que alcanza, siendo su caso como el de la hierba que se agita
ante el menor soplo de la brisa.

De cuando callar o revelar un secreto

Los dichos de los sabios suelen tener aspectos varios e interpretaciones muy
diversas y, según las circunstancias, son aplicados de una manera o de otra. No
en todos los casos hay obligación de callar e interpretar erradamente los
consejos y mandatos de los sabios. Es preciso tener en cuenta las
circunstancias que en una u otra forma se presenten. En ciertos casos, es un
valioso servicio el que se presta al revelar un secreto; en otros, es un mal
irreparable que da origen a muchos otros. Lo grave e imperdonable es callar lo
que debe revelarse o revelar lo que debe callarse.

Éxito

El éxito lo da la vida al hombre inteligente y decidido. Rara vez es propio del


perezoso y vacilante, sin aspiraciones y sin confianza en sí mismo.

Hay cinco condiciones que abren ante quien las posee todos los caminos del
éxito:

1. No hacer mal a nadie


2. Ser culto e instruido
3. Evitar las cosas sospechosas
4. Tener un noble carácter
5. Trabajar con inteligencia

Amigos y enemigos

El distintivo del amigo, es el de ser amigo del amigo de su amigo, y enemigo


del enemigo de su amigo, o sea: los amigos son tres: tu amigo, el amigo de tu
amigo, y el enemigo de tu enemigo.

Y tus enemigos son tres: tu enemigo, el amigo de tu enemigo y el enemigo de


tu amigo.
Ostentación

El hombre culto no hace ostentación de un favor que otorga, así sea grande. Y
así haya arriesgado y expuesto la vida para prestar un servicio, no se
arrepiente, sino que considera haber arriesgado lo perecedero por lo perenne
y cambiado lo pequeño por lo grande. Es feliz quien brinda colaboración a
quien la pide o auxilia a un necesitado.

Soberbia

Quien se deja enceguecer por la soberbia ante la superioridad y las ventajas


que su fuerza le da sobre los débiles, y por ello desdeña a los que son más
fuertes que él, su fuerza acaba convirtiéndolo en la razón de su propia
desgracia.

Insensatez

Son dos, los que nunca ven: el ciego y el insensato. Porque así como el ciego
no ve ni el cielo, ni las estrellas, ni la tierra; ni distingue entre lo que está
distante o cercano; ni lo que tiene delante o detrás, así mismo el insensato es
incapaz de razonar y de distinguir un sabio de un ignorante; o entre lo bello y
lo feo; o entre el hombre bueno y el hombre malo.

Impertinencia
Son tres, los que merecen ser severamente castigados: el hombre que
injustamente condena a un inocente; el impertinente que se sienta a una mesa
sin ser invitado; y el amigo que sin cesar pide a sus amigos favores que no están
en capacidad de otorgarle.
Insolencia

Irrespetan: el insolente que habla en exceso y que, sin ser interrogado, dice lo
que sabe y no sabe; y el servidor que trata con insolencia a su superior,
contravienen su voluntad y se traba con él en largas discusiones.

Engaño

Se engaña a sí mismo y engaña a los demás:

1. El hombre sin instrucción que pretende enseñar a otros cosas que él


ignora;

2. Un hombre de valor y de gran talento que fracasa en todas sus


empresas;

3. El hombre vulgar y torpe cuya terquedad no lo deja escuchar los buenos


consejos;

4. Un ignorante que por el camino de la intriga llega hasta el gobernante y


se hace confiar una misión que no puede cumplir;

5. Quien busca el conocimiento y discute y refuta a quienes saben más que


él y desaprovecha así sus enseñanzas;
6. Quien adula al superior y le finge una amistad y una sinceridad que no
tiene en el fondo;

7. Quien pretende ocupar una posición que está muy lejos de


corresponder a sus méritos y condiciones.

Cretino

El peor de los amigos es el que busca beneficios a expensas de los perjuicios


de su amigo, y no tiene con él las mismas consideraciones que tiene consigo
mismo; o que busca favorecerlo en forma reñida con la verdad y la justicia
acorde sólo con el personal interés.

 DISTINTIVOS DE LAS IDEAS POLÍTICAS

Las ideas políticas presentan unas características que favorecen su


diferenciación de otras formas de expresión del pensamiento, entre las que
sobresalen las siguientes:

- El pluralismo

En materia de ideas políticas, es difícil, por no decir que imposible, encontrar


unanimidad en las opiniones de las personas respecto de los asuntos políticos,
especialmente en las sociedades democráticas en las que predomina la
tolerancia como posibilidad de convivencia entre quienes tienen opiniones
disímiles respecto de los hechos pertenecientes, o derivados de las relaciones
de poder. Contrario a lo que ocurre en otros escenarios del conocimiento, por
ejemplo, en las ciencias exactas, en las que no tiene cabida la diversidad de
opiniones atinentes a un mismo asunto, desde el punto estrictamente
científico. No cabría la posibilidad, de que para una misma relación recurrente
de variables en el interior de unos procesos específicos, se hicieran síntesis
conceptuales manifiestamente opuestas, porque se impone en dicho caso la
construcción de una categoría tipo ley, que refleje de manera universal el
fenómeno estudiado.

El pluralismo político tiene que ver con las posiciones asumidas frente al
poder, particularmente en lo relacionado con su distribución en la sociedad,
entre el gobierno y la oposición, entre los distintos grupos étnicos,
comunidades culturales o gremios económicos, como estamentos que
expresan variados puntos de vistas de los asuntos públicos, limitantes, a su
vez, de los poderes al gobierno, pero que refuerzan las libertades.

Consecuencia importante del pluralismo es el enriquecimiento de las opciones


de poder que tienen los asociados, contrario al monopolio de la opinión y a la
dominación de una ideología propia del totalitarismo y del dogmatismo.

Genéricamente, el pluralismo se entiende como la controversia constante


entre puntos de vistas diferentes, que tienen como efecto la existencia de
varios partidos o grupos políticos en la sociedad.

Basta mirar la concepción sobre el tema de la libertad y el orden. Desde la orilla


liberal se considera que la libertad debe prevalecer sobre el orden, pero desde
el lado conservador se privilegia el orden a la libertad.

Probada la inexistencia de verdades absolutas en el acontecer político, y


excluido el unanimismo, las decisiones que deben tomar las corporaciones de
elección popular en las democracias, conformadas justamente por diversas
corrientes de opinión, se hacen con base en las mayorías.
El pluralismo refleja la concurrencia de diversidades ideológicas, aún en las
autocracias, en donde está negada la discrepancia, porque adversamente a la
democracia, predomina la opinión del gobierno como punto de vista válido, y
negando las demás expresiones.

En Colombia, la ley 5ª de l.992, o Ley Orgánica del Congreso, tiene reglado el


tema de las mayorías, clasificadas en la siguiente forma:

• Mayoría Simple, conformada por los votos mayoritarios de los


asistentes de una corporación, o una célula de la misma al momento de votar
una determinada proposición o ponencia.

Dicha ley señala su aplicación en las decisiones para las cuales la no se


establece requisito especial de mayoría.

• Mayoría Absoluta, cuando la decisión a tomar requiere los votos


favorables de la mayoría de los integrantes o miembros de la corporación, o
de quienes conforman la comisión en la cual se discute el asunto específico.

Se requiere como condición para aprobar:

1. Las reformas constitucionales en la segunda vuelta.

2. Las leyes que den facultades extraordinarias al Presidente de la República.

3. Las leyes orgánicas como el Reglamento del Congreso, el Presupuesto


General de la Nación, competencias a las entidades territoriales, requisitos
para la formación de nuevos departamentos, ordenamiento territorial, leyes
estatutarias.

4. Aprobar la moción de censura.

• Mayoría Calificada, es la mayoría conformada por los dos tercios de los


votos de los asistentes al momento de decidir.

Es requerida para la aprobación, entre otros asuntos:

a. Para conceder amnistía o indultos generales por delitos políticos.

b. Para la sentencia definitiva pronunciada en sesión pública por el


Senado, al acometer la instrucción de los procesos en las acusaciones que
formule la Cámara de Representantes contra el Presidente de la República, o
quien haga sus veces, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el
Consejo de Estado y de la Corte Constitucional, los miembros del Consejo
Superior de la Judicatura y el Fiscal General de la Nación, aunque hubieren
cesado en el ejercicio de sus cargos.

• Mayoría Especial, conformada por los votos de las tres cuartas partes de
los integrantes de la corporación.

Es exigida para aprobar o autorizar viajes al exterior de los integrantes del


Congreso de la República con dineros del erario.
 El Parcialismo

La inexistencia en la política de verdades absolutas, como se afirmó en el


acápite anterior, facilita la comprensión del presente distintivo, en cuanto
cada afirmación ideológica o postura política tiene una validez parcial y
restringida respecto de sus defensores o propagadores, lo que conduce a
comprender la existencia de partidos políticos, entendidos como agrupaciones
de individuos identificados en torno a formas de representación social de los
asuntos públicos. Ese hecho conduce a los actores políticos a tomar posición
a favor de una u otra propuesta. Siendo entendible que todo compromiso
político obliga actuar en favor de ideales diferentes.

 El Relativismo

El relativismo procede del vocablo relativo, para decir que la verdad o validez
de algo está en relación o dependencia de otro asunto, por lo que su
contenido remite a decir que nada es absoluto, que toda verdad es relativa y
temporal.

Los juicios del hombre están limitados por diversas circunstancias, causando
en los enunciados políticos un carácter de verdades provisionales. De allí que,
aquello que en un momento dado sea verdadero, posteriormente pueda no
serlo. Lo que es cierto para una persona, puede no serlo para otra, como en la
moral, donde nada es bueno o malo en forma absoluta.

El relativismo caracteriza la política como el arte de la transacción o del


acuerdo. No del mejor, sino del menos malo, tornándola como la capacidad
para adoptar la decisión más aconsejable, dada ciertas circunstancias
concretas, así como el referente para entender la tendencia a decidir, de
conformidad con la coyuntura específica.