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RONALDO MUÑOZ

LA FUNCIÓN DE LOS POBRES EN LA IGLESIA


La función de los pobres en la Iglesia, Concilium 13, n.º 124 (1977) 17-26 (este artículo
ha aparecido también en el n ° 7 de la col. Reflexión, publicada por las Ediciones
Vicaría de la Solidaridad de Santiago de Chile y que lleva el título: El Evangelio, los
pobres y la Iglesia).

Lo primero que se impone al escribir sobre un tema como éste es dejar claro desde
dónde se escribe. Porque en un mundo como el nuestro el lugar donde uno está situado
influye en la óptica con que se abordan los problemas de conjunto.

Planteamiento del problema

El logos o discurso racional debe aspirar a una validez universal. Pero cuando se trata
del Dios-con-nosotros, si este logos no traduce una experiencia viva se hace
especulación vacía e inútil. Y la experiencia del Dios de los pobres es diferente según
desde donde se la viva, si desde dentro o desde fuera del mundo de los pobres; así como
la experiencia del Señor de la Iglesia varía si se vive desde una curia nordeuropea o
una comunidad de base popular latinoamericana.

En mi caso escribo desde una barriada obrera de Santiago de Chile y esto significa que
lo hago desde un país de la América Latina subdesarrollada. Situados en este "Tercer
Mundo" de pueblos pobres debemos precisar en seguida de qué tipo de Iglesia se trata.
Porque si la pregunta: ¿qué función cumplen o pueden cumplir los pobres en la Iglesia?
es inseparable de esta otra: ¿respecto de quiénes o de qué sectores de la Iglesia cumplen
o pueden cumplir los pobres esa función?, las respuestas serán distintas según en qué
tipo de Iglesia se encuentren los pobres.

En una Iglesia de tipo colonial los pobres serán la clientela de un clero


socioculturalmente extranjero. Serán beneficiarios pasivos de los servicios religiosos de
un personal de Iglesia ajeno al pueblo. Apenas cabe imaginar allí una influencia activa
de estos pobres sobre el mismo clero o los pueblos colonizadores.

Si se trata de una Iglesia de tipo autóctono los mismos pobres constituirán allí el sujeto
activo de la Iglesia. En este caso, los pobres no solo recibirán de la Iglesia sino que
serán Iglesia; una Iglesia que se re-crea en la situación de este pueblo pobre y con los
valores de su cultura. Allí los pobres, constituidos en Iglesia de base pueden cumplir
una, función de primera, importancia respecto a los no-pobres de la misma Iglesia local
y del mundo: función de denuncia profética del materialismo, de las injusticias y
segregaciones, y función de anuncio evangélico, de vivencia de la fraternidad cristiana y
de compromiso en una historia de liberación.

Debemos analizar más cómo los pobres en la Iglesia han llegado a encontrarse en
situación de cumplir este papel.
RONALDO MUÑOZ

Contribución de la Iglesia del "Tercer Mundo"

En la Iglesia del "Tercer Mundo" la renovación del posconcilio se ha caracterizado por


el avance desde una Iglesia colonial hacia una Iglesia autóctona. En América Latina esto
se ha realizado mediante una abertura de la Iglesia desde los sectores pudientes hacia las
mayorías pobres. Personas y grupos significativos de la Iglesia pertenecientes a
minorías pudientes se acercan a los pobres de manera nueva, muchos se insertan en
sectores laborales, urbanos o rurales para compartir este mundo popular y anunciar el
mensaje liberador del evangelio. Y como respuesta, entre los mismos trabajadores se
van creando núcleos comunitarios que por un lado forman una organización popular y
por otro se van vinculando más orgánicamente a las parroquias.

En tales comunidades se redescubre la fraternidad cristiana, se lee el evangelio de forma


renovada, se madura la conciencia, de pueblo históricamente oprimido y la vocación a
la libertad, se asume la misión de ser fermento del reino de Dios desde el corazón del
pueblo.

Llegamos así a la coexistencia de dos modelos de Iglesia que se caracterizan por el tipo
de relación de la misma con los pobres y la función de éstos en ella. No son dos Iglesias
sino dos sectores de la misma Iglesia con dos enfoques eclesiológicos diferentes.

Por una parte la Iglesia "gran institución", con centro sociológico y cultural en los
sectores y países ricos; que valora la disciplina, busca cohesión funcional; organiza la
ayuda a los pobres, tiene poder para negociar con las autoridades y ejercer cierta presión
sobre ellas, enseña con autoridad su doctrina, puede usar los medios de comunicación
social.

Por otra parte la Iglesia "red de comunicaciones", con centro sociológico y cultural en el
mundo de los pobres que valora más la fraternidad, busca mayor corresponsabilidad,
promueve la solidaridad, denuncia proféticamente la injusticia para concienciar a los
pobres de su dignidad y alimentar la esperanza de un mundo diferente; que busca, dar
testimonio del evangelio en y desde los pobres sólo con el contacto directo de personas
y grupos.

Tenemos, pues, dos esquemas diferentes de la relación Iglesia-mundo. En ambos casos


hay relaciones de asimilación sociocultural y de compromiso e interacción
sociopolíticos. Aquí el "mundo" se caracteriza por el contraste entre el nivel de vida de
las minorías privilegiadas y el del pueblo, por un sistema económico al servicio del
lucro y del bienestar de minorías, por una superposición de culturas y un sistema
político que excluye a las mayorías de la posibilidad de expresión y participación.
Caracterizado así el mundo, no es extraño que la encarnación de la Iglesia en este
"mundo" dé por resultado una realidad eclesial diferente y conflictiva. Así en cada uno
de los dos niveles de la Iglesia la relación Iglesia- mundo es diversa.

En la Iglesia como gran institución, ésta aparece relacionada con el "mundo" partiendo
de su cúspide: sectores pudientes y Estado. Las relaciones de la Iglesia con el pueblo
reproducen algo de la centralización y el paternalismo que caracterizan en América
Latina la relación entre cúspide y base dentro de cada nación: es una Iglesia que enseña,
prescribe, entrega bienes y servicios "para" los pobres.
RONALDO MUÑOZ

En cambio la Iglesia como red de comunidades aparece relacionada con el mundo


partiendo del pueblo de los pobres. A partir de una presencia solidaria entre ellos su
palabra es denuncia profética de la injusticia y anuncio evangélico de la fraternidad y su
acción se orienta a compartir y a construir juntos un mundo según el Padre. Las
relaciones Iglesia-sectores pudientes y Estados se ubican aquí en la marginalidad, y su
actitud frente a ellos se sitúa en la crítica social, lucha liberadora y búsqueda de una
nueva sociedad.

Se explica que la reacción de los sectores pudientes y del Estado frente a la Iglesia como
red de comunidades en el pueblo reproduzca la tolerancia distante así como la represión
ante toda organización popular que implique conciencia de la opresión y acción
reivindicativa.

Influjo mutuo entre gran institución y comunidades de base

Si hablamos de dos modelos de una sola Iglesia, es esencial que hablemos también de la
articulación e interacción entre estos dos niveles. Y tenemos que hacerlo en una
perspectiva histórica que destaque la renovación posconciliar Latinoamericana. El
surgimiento y maduración de una "red de comunidades" no ha podido hacerse sin
modificar la actitud de la Iglesia como "gran institución". Esto es importante para
nuestro tema porque condiciona el que la función activa de los pobres en la Iglesia se
ejerza más allá de los sectores populares de nuestros países y se proyecte en la Iglesia
universal.

Después de la Asamblea de Medellín la evolución de las Iglesias locales ha sido


desigual, si no divergente.

En muchos casos, Medellín ha traído al nivel de la gran institución un cambio profundo


de actitud y una reorientación de la pastoral que se han concretado en un apoyo al
crecimiento y pastoral liberadora de la red de comunidades del pueblo, al tiempo que se
han alimentado de la experiencia y testimonio de las mismas. Esto ha hecho que se
debilite el compromiso y la interacció n de la Iglesia con las clases pudientes y el Estado,
llegando a conflictos. En cambio la presencia de la Iglesia entre los pobres se consolida
porque las comunidades son alimentadas para un crecimiento equilibrado y pueden
presentarse ante el pueblo como presencia y compromiso de la gran Iglesia.

En otros casos el compromiso con el Vaticano II y con Medellín de la Iglesia "centro"


es más superficial. El éxodo al mundo de los pobres y las nuevas comunidades son
aprobadas sólo "en principio", sin seguir su búsqueda, sin entender la relectura del
evangelio ni asumir los compromisos que le siguen. La marginalidad de estas
comunidades respecto de la gran institución deriva en conflicto. Con lo que las
comunidades quedan privadas del arraigo eclesial y del respaldo de su búsqueda y por
otra parte la "gran institución" queda privada del aliento profético que debería ayudarle
a abrirse al mundo de los pobres y tener una praxis más evangélica
RONALDO MUÑOZ

Tres factores condicionan el influjo de los pobres sobre la Iglesia

Con esta experiencia histórica Latinoamericana podemos decir que para que los pobres
cumplan en la Iglesia una renovación evangélica deben confluir tres factores: los valores
de los pobres, comunidades cristianas como fermento y la gran institución eclesial al
servicio de las comunidades.

Valores del pueblo de los pobres

En América Latina las mayorías populares sufren injusticias y la quiebra de la


fraternidad impuestas por estructuras sociales y por la opresión.

Y estos mismos pueblos tienen una conciencia vaga pero profunda de ser amados de
Dios y llamados a una comunión con El en que lo que cuenta es el amor de los
hermanos y la igual dignidad de los hijos. Esta conciencia fraternal y de libertad se sitúa
en la tradición bíblica de la alianza del Dios Salvador con su pueblo oprimido, alianza
que llega hasta la cruz. Reconocemos esta conciencia en prácticas colectivas del pueblo
-tanto en fiestas religiosas, como en luchas laborales y solidarias- aunque algunas
parezcan alejadas de la ortodoxia cristiana. Es una vivencia ambigua y una praxis
imperfecta que en la situación de opresión bloquea el dinamismo histórico de la fe
cristiana para la liberación y la construcción de una sociedad justa y fraternal.

Las comunidades cristianas como signo y fermento en el pueblo

El dinamismo pascual de la fe sólo es eficaz por la aparición de comunidades que vivan


esa fe consciente y responsablemente En situación de cautividad, dispersión e
inconsciencia, la comunidad cristiana se presenta como crítica profética y nueva
fraternidad radicada en la paternidad universal del Dios de Jesucristo. Pero estas
comunidades no pueden venir impuestas y programadas desde fuera, deben surgir y
configurarse en el mismo pueblo de los pobres porque sólo por su pertenencia y
compromiso con este pueblo puede descubrir esa nueva fraternidad y profetismo como
relectura históricamente situada del evangelio e interpretación evangélica de la situación
de opresión, de los valores y de la vocación del pueblo.

La gran institución eclesial al servicio de las comunidades en el pueblo

Por otro lado las comunidades cristianas sólo pueden surgir con la convocación y apoyo
de pastores enviados desde los centros o naciones donde la Iglesia tiene conciencia más
institucionalizada de la tradición. Sólo por mediación de esta "gran institución", la
experiencia y la misión profético-sacramental de las comunidades populares pueden
superar la dispersión y marginalidad de los pobres para evangelizar también a los
pudientes y transformar las estructuras socioeconómicas y políticas que imperan en las
naciones, los continentes y en el mundo entero. Pero la Iglesia "gran institución" sólo
puede apoyar, vincular, proyectar a las comunidades populares en la medida. en que se
comprometa con la misión de éstas y se deje cuestionar y renovar por su experiencia
evangélica.
RONALDO MUÑOZ

Para terminar quisiera subrayar dos aspectos sustanciales del mensaje que los pobres -
cumpliendo las condiciones explicadas- aportan a la Iglesia y a su testimonio en el
mundo: fraternidad y esperanza.

En la marginalidad, masificación e individualismo impuestos por las estructuras


socioeconómicas y culturales a los pobres, estos siguen compartiendo sus bienes, penas
y alegrías; al tiempo encuentran formas inéditas de agrupación y comunidad donde cada
persona recupera su rostro y palabra, y los cristianos redescubren la fraternidad.

En condiciones de injusticia, opresión y cautividad impuestas por sistemas políticos y


policiales los pobres creen en la posibilidad de un mundo de justicia y libertad, muchos
luchan para prepararlo y los cristianos redescubren el compromiso histórico con el Dios
que ha hecho alianza con su pueblo oprimido y le ofrece un horizonte de justicia y de
liberación integral.

Extractó: M.ª DOLORES DE LA TORRE