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Vivienda para el socialismo.

Memoria Conceptual de una Gestión, 2009.


Farruco Sesto
http://cuadernosparalacomuna.blogspot.com/2009/08/vivienda-para-el-socialismo-memoria.html

Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado.


Fidel

¿Dónde está el socialismo? El socialismo no va a llegar del cielo.


El socialismo o lo hacemos nosotros o no existirá.
Hugo Chávez

El Presidente Chávez ha insistido en que la única forma de acabar con la pobreza es darle poder a
los pobres. Y nos ha dicho que el primer poder es el conocimiento.
Pues bien, nosotros hemos desarrollado un conocimiento sobre el tema de la vivienda que
consideramos justo e importante que el pueblo conozca. Honrando la recomendación del
Presidente, decidimos redactar este documento y hacerlo público para que sus ideas sean de
manejo común.
Está destinado a quienes tienen responsabilidad en las políticas de vivienda en los distintos
niveles de gobierno, a quienes se interesan en este tema tan importante, pero también y sobre
todo a las familias y comunidades que sufren el problema, a fin de contribuir humildemente a
formar en ellas una conciencia clara de su magnitud y el conocimiento de las posibles grandes
soluciones.
Aunque tiene un cierto carácter crítico y auto crítico, no es nuestra intención referirnos a nadie
en particular. Le pedimos disculpas de antemano a cualquiera que pueda sentirse aludido con los
conceptos que aquí se expresan. No creemos que en este caso haya que mirar hacia atrás, sino
siempre hacia delante, contribuyendo a acercar el futuro a nosotros. Ese futuro que soñamos y
que nos merecemos como pueblo.

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Durante nueve meses, el equipo que estuvo al frente del Ministerio del Poder Popular para la
Vivienda, entre junio de 2008 y febrero de 2009, intentó generar un cambio radical del modelo
de actuación del Estado en materia de vivienda.
Se consideró que ese cambio es imprescindible para avanzar hacia los objetivos revolucionarios
de transformación de la sociedad. Pues únicamente trabajando gobierno y pueblo perfectamente
articulados, y eso es parte esencial de la propuesta, podremos dar respuesta a nuestros grandes
problemas, uno de los cuales es el de la vivienda.
Pero el viejo modelo de actuación está vivo. No sólo no termina de morir sino que demuestra que
tiene todavía mucha fuerza. Habría que preguntarse por qué y dónde está esa fuerza que tanta
vitalidad presenta. Y quiénes son los que sostienen ese modelo.
Este documento quiere dar testimonio, de una manera muy resumida, de las ideas que se venían
ordenando y que se estaban convirtiendo en acciones.
Confiamos plenamente en que el nuevo Ministerio del Poder Popular para Obras Públicas y
Vivienda recoja estas ideas, las debata, haga suyas aquellas que considere correctas y las
perfeccione.

RESUMEN ANTICIPADO:
Principales ideas contenidas en este documento:
1. Hay dos modelos en pugna en la actividad pública de vivienda. Uno rentista, capitalista, no
planificado y populista. Otro productivo, socialista, planificado y popular. Hasta ahora prevalece
el primero.
2. La actuación en materia de vivienda en un país en transformación socialista, debe impregnarse
de socialismo y consustanciarse con su espíritu y objetivos en todas las etapas del proceso, desde
las decisiones iniciales y los conceptos rectores, hasta la producción, distribución y uso de la
vivienda por parte de las familias y comunidades. No puede ser de otra manera.
3. El gobierno revolucionario tiene que trazarse el objetivo de saldar la deuda social,
construyendo o haciendo que se construyan tantas viviendas como se necesiten. Pues si estamos
en revolución, tenemos que dar respuesta al derecho a la vivienda de todas las familias que
habitan nuestro país. Todas. No unas si y otras no. Este tiene que ser el punto de partida, de
cualquier estrategia. En caso contrario no sería un gobierno revolucionario.
4. En un gobierno revolucionario no es posible hablar de política de vivienda sin una
planificación de Estado. Hasta ahora, esa planificación no existe.
5. De acuerdo a las estadísticas, hay que plantearse la construcción de unos tres millones de
nuevas viviendas en los próximos años. Hay que prepararse para que ello sea posible.
6. Los conceptos de vivienda y ciudad están estrechamente entrelazados. Así, la planificación en
vivienda va unida a la planificación urbanística. Y en nuestros desarrollos, debemos plantearnos

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avanzar hacia la conformación de la ciudad socialista. Eso influye decididamente en los
conceptos de diseño arquitectónico y urbano.
7. De acuerdo al principio de búsqueda de un mayor equilibrio territorial, la acción planificada
en materia de vivienda debe atender a la vez y proporcionadamente las necesidades
habitacionales de todos los lugares del país en sus distintos centros poblados. Hasta ahora se han
privilegiado unos lugares sobre otros.
8. La calidad arquitectónica y urbana de los conjuntos de vivienda debe garantizarse desde el
Estado. Una calidad proveniente de una reflexión sobre los elementos geográficos, culturales,
productivos, formales y funcionales que influyen sobre el diseño.
9. El Estado debe analizar y decidir sobre las tipologías de vivienda, promoviendo aquellas más
adecuadas y de mayores resultados de acuerdo a los objetivos estratégicos de las políticas de
vivienda.
10. Con los costos actuales de la vivienda, producto del modelo imperante donde el Estado es
únicamente financista y el sector privado el encargado del proceso ejecutor, no hay solución al
problema. Ante esa realidad, se presenta una disyuntiva: o se reducen las metas, o se reducen los
costos. Reducir las metas sería indigno de una revolución social. Reducir los costos es el único
camino. Ese es el punto de apoyo sobre el cual deben pivotar todas las políticas de vivienda.
11. El Estado debe ejercer con fuerza su rectoría en todas las partes del proceso de producción de
viviendas, para garantizar que las políticas y estrategias revolucionarias tengan éxito.
12. El tema de la tierra es fundamental. Hay suelo por urbanizar y hay una gran cantidad de suelo
ya urbanizado. Pero lo importante es actuar para quitarle a la tierra urbana el carácter de
mercancía y, sobre todo, de mercancía especulativa. Al respecto, debe legislarse con urgencia.
13. Debido al gran costo del movimiento de tierras, totalmente injustificado y dejado en manos
del sector privado, el Estado debería asumir el control y la ejecución directa del movimiento de
tierras y el urbanismo a través de empresas públicas y de propiedad social, para garantizar un
costo razonable y una mayor eficacia.
14. Sostenemos que si el Estado planifica como debe y asume los controles necesarios sobre el
cemento, el acero, la piedra y la arena, tendremos en cada zona del país los insumos necesarios
para construir las viviendas planificadas a un costo racional y aceptable. Ello debe hacerse con
decisión y fortaleza. Es algo de relativamente fácil solución.
15. Es indispensable impulsar una política nacional de industrialización para la fabricación
masiva de todos los componentes y materiales elaborados para la vivienda. Empresas públicas
estatales, empresas de propiedad social, empresas mixtas y empresas privadas, deben estar todas
ellas mancomunadas en una gran estrategia unificada para darle respuesta a la necesidad de
construcción de tres millones de viviendas en los próximos años.
16. Es fundamental el control de los aspectos logísticos. Todo lo referido a la gran escala del
almacenamiento, transporte y distribución de insumos y materiales para vivienda debería ser

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manejado a través de una gran red constituida por asociación de los cuatro niveles de gobierno:
nacional, estadal y municipal y comunal. Todo ello en una única gran estructura organizada,
compuesta de partes diversas y con diversos grados de autonomía.
17. En el propio proceso de construcción, es indispensable apoyarse en sistemas constructivos de
mayor grado de industrialización, reduciendo al máximo el componente artesanal, para propulsar
cuatro factores: mayor calidad, mayor cantidad en relación al tiempo, mayor ahorro de recursos y
mayor dignificación del trabajo humano.
18. El gobierno nacional debe establecer un plan confiable de asignación de viviendas. Allí
tendrían un papel esencial las comunidades organizadas para el socialismo, desterrando los
sistemas de gestoría, intermediación y clientelismo político tan afectados por los vicios y el
tráfico de influencias.
19. El uso de los conjuntos de vivienda, es decir, el concepto de vida en comunidad que en ellos
se desarrolle, debe plantearse en función de la construcción del socialismo, el florecimiento de la
conciencia ciudadana, el camino hacia la construcción de las comunas y el autogobierno
comunal.
20. En resumen: la idea del socialismo no puede ser un lema, o un barniz que se aplica
posteriormente a los conjuntos urbanos, sino que, en relación a la vivienda, debe acompañar todo
el proceso, desde la génesis, la planificación y el diseño, pasando por todos los aspectos
productivos, hasta la distribución y el uso.

1.
Los dos modelos
Vale la pena referirnos, aunque sea sucintamente, a los dos modelos de actuación en vivienda: el
que ha regido hasta la actualidad y el que pugnamos por construir. Rentista y capitalista uno,
productivo y socialista el otro.
Caracterizamos el modelo prevaleciente como rentista, capitalista, no planificado y populista
Rentista, en cuanto a que prescinde de los temas y preocupaciones de la producción.
Simplemente se limita a construir vivienda en base a la renta nacional. El Estado funciona como
un dispensador de recursos financieros.

Capitalista, en cuanto a que reconoce en el sector empresarial el motor y el músculo esencial del
proceso de construcción de viviendas. El Estado paga. El sector privado proyecta, ejecuta,
inspecciona y controla los costos y las reglas del juego. La relación entre ambos es un caldo de
cultivo de la corrupción.
No planificado, porque responde a decisiones de carácter puntual, se mueve con presiones y
“lobbies” y se apoya, en el mejor de los casos, en el voluntarismo.
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Populista, porque en las relaciones con el pueblo, sigue los esquemas de la Cuarta República,
donde el carácter clientelar domina la escena.
Caracterizamos el modelo necesario como productivo, socialista, planificado y popular.
• Productivo, contra rentista.
• Socialista, contra capitalista.
• Planificado contra no planificado.
• Popular contra populista. En definitiva, un modelo revolucionario.

2.
Vivienda para el Socialismo
Una sociedad en transformación hacia el socialismo, con un gobierno que lidera el proceso y un
partido que debe dar la pauta en el debate de las ideas, debe teñir de socialismo cada una de sus
actuaciones.
La actuación en materia de vivienda tiene, por consiguiente, que impregnarse de socialismo y
consustanciarse con su espíritu y objetivos en todas las etapas del proceso, desde las decisiones
iniciales y los conceptos rectores, hasta la producción, distribución y uso de la vivienda por parte
de las familias y comunidades.
Por ese motivo, durante esos nueve meses, impulsamos la frase Vivienda Para el Socialismo
como el lema del Ministerio.
Consideramos que esa era la guía y la medida en nuestros ámbitos de actuación.
Así, los conceptos arquitectónicos y urbanos que se manejasen tendrían que responder a la visión
del mundo que guía el proceso bolivariano: esencialmente los de una humanidad igualitaria, libre
de toda forma de opresión, y en sabia relación con la naturaleza. Y eso tiene unas implicaciones
determinadas en el ámbito formal y espacial. Viejos modelos urbanísticos de la sociedad
individualista y clasista deberían ser desechados.
Los procesos de planificación, producción y distribución tendrían que ponerse al servicio de la
construcción del socialismo. No se puede aceptar que otros intereses rijan esos procesos. Habría
que irle quitando oxígeno a esos intereses.
El uso de los conjuntos de vivienda tendría que responder, dentro del marco cultural y geográfico
de cada lugar y población, a la creación de la sociedad socialista. No puede ser de otra manera.
Se trata de crear un nuevo tipo de relaciones humanas.
El socialismo no puede ser un añadido, un componente superficial. Tendría que estar en la
entraña misma del proceso de generación de viviendas, como el alma que le da vida.
Estas no son criterios abstractos. Por el contrario, como veremos más adelante, su puesta en
práctica tiene consecuencias directas y fácilmente verificables.

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Todo aquello que no responda a estos postulados esenciales, debería ir quedándose al margen,
hasta desaparecer en algún momento no muy lejano.

3.
Vivienda para todos
Si estamos en revolución, tenemos que dar respuesta al derecho humano y constitucional a la
vivienda de todas las familias que habitan nuestro país.
Todas, sin excepción, sin dejar ninguna afuera.
Este tiene que ser el punto de partida, de cualquier estrategia. Así como hay que atender el
derecho a la educación de todos los niños y jóvenes, o el derecho a la salud de todos los
ciudadanos, de la misma manera los planes del gobierno deben partir de la idea primordial de
que se debe actuar para todos los que no tienen una vivienda digna. No para unos pocos. No para
unos si y otros no. Sino para todos.
Eso quiere decir que el gobierno revolucionario tiene que trazarse el objetivo de terminar con el
problema de la vivienda, construyendo o haciendo que se construyen tantas como se necesiten.
En caso contrario no sería un gobierno revolucionario.
No es suficiente construir un determinado número de viviendas, como una meta trazada
independientemente de la situación nacional. No es suficiente construir hermosos conjuntos
habitacionales que sirvan como referencia. Si cada acción no forma parte de una gran estrategia
integral destinada a solucionar el problema en un plazo dado, de poco vale.
Sacarle el cuerpo al problema cuantitativo es una desviación. Seguramente una desviación
interesada, cuando no pequeño burguesa.
Si no nos planteamos terminar con el déficit de vivienda en nuestro país, no estamos en
revolución. Las esperanzas de las familias venezolanas están puestas en una decisión de Estado
que contemple ese objetivo.
¿En cuántos años? ¿Diez años, por ejemplo, para que se logre en el Bicentenario de la
Independencia? Eso es lo que nosotros planteamos. ¿No es posible acaso? ¿Se necesitarán
quince, veinte años? En todo caso, el pueblo venezolano debe ponerle un límite de tiempo a su
esperanza. Es lo justo y lo revolucionario.
Y eso, significa que hay que planificar.

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4.
Vivienda y Planificación
Si ello es así, en esta etapa de refundación de la República, de rescate y revalorización de la idea
de nación y de puesta en marcha del Plan Nacional Simón Bolívar, no cabe duda de que le
corresponde al Estado la planificación de la gran actuación en materia de vivienda.
Pero planificar es planificar y no otra cosa. No es, ciertamente, actuar por impulsos, por
presiones, por reacciones, o por decisiones puntuales, tal como se ha venido haciendo.
Planificar significa decidir de antemano, entre otras cosas, qué, cuánto, cuándo y cómo.
En materia de vivienda implica, en primer lugar, decidir la localización de las actuaciones. Pues
la vivienda lleva consigo la necesidad de la tierra donde se asienta y, por supuesto, de vialidad,
agua, gas, electricidad y otros servicios. Lleva consigo la necesidad de instalaciones para la
salud, la educación, la producción, el intercambio, la recreación, la cultura. Lleva consigo la idea
de comunidad y, por consiguiente, la necesidad de espacios para vida pública y la política.
Eso quiere decir que la planificación tiene la obligación de poner de acuerdo a todos los actores
institucionales y sociales que tienen responsabilidad sobre ello.
Así el tema de la vivienda debe asumirse como una política de Estado. Según eso, ¿quién pone
de acuerdo a todos esos actores? ¿Quién es el gran rector de esa política?
En el caso de las nuevas ciudades, para nosotros se hizo evidente que la responsabilidad le
corresponde al Ministerio del Poder Popular para la Planificación. Ese ministerio debe fijar las
directrices en el tiempo y en el espacio.
En el caso de las viviendas en ciudades existentes, ¿Quién dice cuántas viviendas y dónde?
¿Quién establece los equilibrios? ¿Es también el Ministerio de Planificación? ¿Es un organismo
interministerial? ¿Cómo hacer para que quien tome esas decisiones, tenga el sentido de los
tiempos? A estas preguntas todavía hoy se le está construyendo una respuesta.
Se necesita visualizar la dimensión del problema en toda su magnitud, para planificar sobre su
totalidad. De ese modo, así como se planifica dónde van las viviendas, también hay que
establecer las cantidades anuales, de acuerdo al gran objetivo de terminar con el déficit de
vivienda. Una curva de actuación en ascenso exponencial debe ser definida de una vez, hasta
llegar a una “velocidad de crucero”, es decir a un número constante de construcción de viviendas
por año. Por supuesto, esto debe cuadrarse con la disposición de los recursos necesarios.
En tercer lugar, la Política de Estado para la vivienda debe establecer las estrategias de
programación, producción y distribución, capaces de garantizar que las metas se cumplan. Esto
significa meterse en los temas de la tierra y la legislación urbana, de los insumos básicos, de los
materiales de construcción y su industrialización, de los aspectos logísticos y de distribución, de
los sistemas y procesos constructivos y de la fuerza de trabajo.

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Y todo ello, por supuesto, construyendo el socialismo.
Sin esos elementos de la Planificación, como mínimo, no se podrá hablar de Política de
Vivienda.

5.
Los Números hablan
Según las cifras que maneja el Instituto Nacional de Estadística, INE, para el primer trimestre de
2008 el déficit de vivienda en el país era de 1.997.500 unidades aproximadamente. Para el primer
trimestre de 2009, supera los dos millones.
El índice de crecimiento de la población ha llegado a 1,67% anual. Esto significa, en relación a
una población de unos 28 millones de habitantes, un crecimiento de 467.600 habitantes. Esta es,
por supuesto, una cifra referencial. Según esto, ¿Cuántas familias se forman cada año y pasan a
necesitar vivienda? Para efectos de este documento, lo estimamos en 100.000, pero queda en pie
la necesidad de hacer un cálculo más preciso.
Esto significaría que para solucionar el déficit de vivienda en diez años, se necesitaría construir
tres millones de nuevas viviendas. En este cálculo no entran las viviendas que deben ser
reparadas o mejoradas, ni los problemas urbanos o de hábitat que deben ir siendo solucionados.
Se refiere únicamente al número de viviendas nuevas. No quiere decir que las otras necesidades
no existan.
Un dato muy interesante que nos aporta el INE es el de la composición de las familias que
aspiran a una vivienda nueva. El promedio nacional no llega a tres miembros por familia. El
Estado que tiene el promedio más alto es Sucre, con 3,28 miembros por familia y el de más bajo
promedio es Cojedes, con 2, 68.
Comparando estas cifras del INE con las del SIVIH, Registro Integral de vivienda y hábitat,
donde ya se han inscrito varios cientos de miles de familias que demandan vivienda, nos
encontramos con que el 72% de esas familias tienen de 1 a 3 miembros, el 17% 4 miembros y
solamente el 11% cinco o más miembros.
El fenómeno que ocurre en Venezuela es la acumulación de dos, tres y hasta cuatro hogares o
familias en una sola vivienda, sea casa, apartamento o rancho. La demanda se centra en la
expectativa de estas familias para desagregarse y alcanzar cada una su techo propio.
Estos números reales nos hablan no sólo de la magnitud del problema en relación a la necesidad
de nuevas viviendas, sino de las cantidades que habría que construir para acabar con el déficit en
un determinado plazo y también de los tipos de vivienda que hay que construir.

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Nosotros llegamos a la conclusión de que hay que alcanzar el ritmo de producción de 300.000
unidades anuales para saldar la deuda en diez años, y que el 90% de las viviendas no tienen
porque tener más de dos habitaciones y un baño.
Para ello, dependiendo en todo caso de los recursos afectados por el precio del petróleo,
establecimos los planes necesarios para construir algo más de 100.000 viviendas en 2009, lograr
duplicar esa cantidad en 2010 y alcanzar ya el ritmo de 300.000 a partir de 2011 para mantenerlo
hasta saldar definitivamente el déficit.

6.
Vivienda y Ciudad
Uno de los principios que sostenemos con más fuerza, sabiendo que ya hoy día nadie lo
contradice en los ámbitos donde se reflexiona y debate sobre estos temas, es el de que los
conceptos de vivienda y de ciudad van ligados. A todos los efectos podemos decir que son
interdependientes.
Cuando las soluciones de vivienda no contribuyen a hacer ciudad, lejos de resolver un problema,
lo agravan. Cuestionamos así, fuertemente, los urbanismos de viviendas aisladas, cada una con
sus retiros frontales y laterales, que se conforman en tiras continuas, según el modelo frecuente
en los suburbios gringos. No hacen ciudad, en tanto que no contribuyen a formar el entramado
social ni, por supuesto, el entramado físico.
Cuestionamos también los conjuntos de edificios rodeados de playas de estacionamiento, donde
no hay sentido de la estructura espacial al servicio de la comunidad.
Y, por supuesto, cuestionamos las soluciones apartadas del ámbito de las ciudades, salvo que
ellas mismas constituyan una nueva ciudad con todas sus condiciones: es decir, donde,
independientemente de su tamaño, haya espacios para la política, para el ocio, para la producción
y el intercambio, para la educación y la salud, para la cultura.
Dejamos claro que el concepto de ciudad que manejamos es el que estaba presente en la
propuesta de la Reforma Constitucional. En esa propuesta el concepto de ciudad tiene que ver
con la cualidad de tal y no con su tamaño.
La ciudad es el espacio de la ciudadanía. Y si todos somos ciudadanos, según la Constitución,
todos debemos habitar un lugar que denominamos ciudad.
Ante un proyecto de vivienda, debemos preguntarnos: ¿Cómo se relaciona con la estructura
urbana existente? ¿Cómo la enriquece? Si esa estructura no existe, ¿Contribuye a darle forma?
¿Cómo favorece el desarrollo de las condiciones que hacen del asentamiento una ciudad, es
decir, la política, el ocio, la producción y el intercambio, la educación, la salud y la cultura?
Y en la Venezuela que construye el socialismo, debemos preguntarnos: ese conjunto proyectado
¿contribuye a la conformación de la ciudad socialista?

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Hasta ahora la ciudad que conocemos, aquí y en todas partes y en todas las épocas, es la ciudad
zonificada por clases sociales o por castas. Es la ciudad de las sociedades clasistas que
heredamos del pasado.
La ciudad socialista que imaginamos es la ciudad igualitaria, donde no haya forma de identificar
sectores en la población que la habita, salvo aquellos establecidos por afinidades culturales que
no impliquen ningún grado de explotación o discriminación.
Así, nuestros desarrollos de vivienda, deben plantearse avanzar hacia la conformación de la
ciudad socialista. No puede ser de otra manera. Eso influye decididamente en los conceptos de
diseño arquitectónico y urbano.

7.
Vivienda y Territorio
Entre los cinco equilibrios estratégicos planteados por el Gobierno Bolivariano, uno de ellos es el
Equilibrio Territorial.
Se trata de que la población revierta la tendencia a acumularse en ciertas áreas del país y tienda a
establecerse en el territorio de forma más equilibrada, a fin de que se desarrolle la producción en
todas las regiones geográficas, de acuerdo a su potencial, se repartan mejor los recursos y
servicios y sean valoradas las culturas de las distintas formas de vida y asentamiento. Con ello
desaparecerían las zonas deprimidas y se reducirían las migraciones internas descontroladas.
Una contribución a esta estrategia desde las Políticas de Vivienda, consiste en atender a la vez y
equilibradamente las necesidades habitacionales de todos los lugares del país en sus centros
poblados. Se considera que, en lugar de reaccionar y darle prioridad a la presión de la demanda
de mayor ruido político o mediático, la acción planificada debe atender a la demanda real en todo
el país, desde las zonas rurales, los caseríos, las comunidades indígenas, hasta los barrios de las
grandes ciudades.
Al efecto, en la programación que habíamos hecho para 2009, se había asignado un número
determinado de viviendas a ser construidas a todos los estados y todos los municipios, para
establecer una estrategia de atención a 4.560 centros poblados. En ese programa ningún
municipio tenía menos de 100 viviendas a ser construidas en 2009. Con ello se ponía fin a la
tradicional práctica de atender únicamente a las capitales de los estados y de algunos municipios
con capacidad de presión política.
El documento que recoge este plan de asignación de cuotas lo denominamos Mapa de Actuación.
Esta democratización en la asignación de cuotas de viviendas, no solo es más justa sino que,
como hemos dicho, creemos que contribuye eficazmente a la estrategia del equilibrio territorial.

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8.
Vivienda y Calidad
Vivir en comunidad es el hecho cultural por excelencia, el de mayor importancia, trascendencia y
capacidad de adjetivación del ser humano. Todas las actividades que consideramos culturales se
dan allí, en la vida social.
Y como parte de esa cultura está la política, el arte de convivir.
Las geografías influyen, el clima, los paisajes, los recursos de la naturaleza en cada lugar, los
modos de vida desarrollados a veces a lo largo de siglos cuando no de milenios, las
cosmovisiones, los ritos, las costumbres en su desenvolvimiento dinámico, los sistemas de
producción y de intercambio, el lenguaje, las formas expresivas y artísticas, todo ello forma parte
del universo de una comunidad. También la relación con las otras culturas y, de un modo
especial, con la cultura nacional y, más allá, con las grandes corrientes unificadas de la cultura
planetaria, particularmente en el mundo contemporáneo.
Todo ello está allí, presente en la vida en comunidad y, por consiguiente, ha de ser previsto a la
hora de planificar y construir.
Los conjuntos de vivienda deben, no solo permitir, sino facilitar esa vida en comunidad,
culturalmente rica y políticamente activa. La disposición de las edificaciones y la conformación
de los espacios semipúblicos y públicos, así como de las diversas instituciones necesarias, deben
tener la calidad requerida.
¿Quién establece esa calidad? De ninguna manera debe quedar en manos del proyectista y menos
si éste es una pieza más de los intereses empresariales, por muy bien intencionados que puedan
ser, si es que lo son. Los parámetros y las condiciones de calidad deben venir de un organismo
planificador estadal que establezca una relación dialéctica y respetuosa con las comunidades e
incorpore su participación.
El mismo razonamiento se aplica a la vivienda en particular. Hoy día, con los avances científicos
y tecnológicos, el progreso en las artes del diseño y la comprensión de la naturaleza de las
actividades humanas, no hay razón alguna para no construir viviendas de excelente calidad, en
términos de adaptación al clima, de comportamiento resistente, de calidad material y espacial, de
funcionalidad y, por supuesto de lenguaje formal, es decir, viviendas de la mejor arquitectura
posible.
Esa calidad tiene que estar establecida y garantizada por el organismo estadal responsable de su
planificación y diseño, obviamente dependiente del Ministerio encargado de la Vivienda.
En tal sentido, se estaba avanzando en la constitución de un gran Taller de Diseño de Vivienda,
compuesto por arquitectos, urbanistas, ingenieros, geógrafos y profesionales de otras disciplinas,
el cual aunque en ciertos casos pudiera trabajar en consonancia con oficinas privadas de
arquitectura e ingeniería, habría de ejercer siempre y en todo caso una rectoría indiscutible y el
dominio de todo el proceso. Este taller comenzó a crear un gran catálogo tipológico de

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edificaciones de vivienda y servicios, de gran diversidad y riqueza, al servicio del pueblo y de las
instituciones públicas.

9.
Los tipos de Vivienda
Aunque en este tema, no se debe poner límites a ningún tipo de propuestas, nuestros análisis nos
llevaron a la conclusión de que para efectos de la lógica de construcción, y teniendo en cuenta la
realidad de nuestros asentamientos humanos, era conveniente comenzar trabajando con dos
grandes grupos de tipos de vivienda: la vivienda unifamiliar aislada y la vivienda multifamiliar
diseñada especialmente para ir formando tejido urbano.
Creemos que, en base a esos grupos, hay que ir elaborando un catálogo ilimitado, que aunque sea
propiedad del Estado, sea al mismo tiempo de libre acceso público.
La vivienda individual, racionalizada, adaptable a las geografías y culturas, de mucha calidad
formal, espacial, funcional y constructiva, correspondería a la lógica de actuación en áreas
campesinas, a las acciones muy puntuales en barrios, a intervenciones también individualizadas
en centros históricos y, en general, a todos los casos donde el Estado no sienta la responsabilidad
de hacer o transformar la estructura urbana. Es, desde luego, una vivienda cuya construcción
facilita en grado sumo la incorporación protagónica y autogestionaria de las familias o
comunidades involucradas. (Solamente en este género de vivienda pudiera tener sentido la idea
de una construcción progresiva. Pero nosotros pensamos que, de todas maneras, y a luz integral
del conjunto de los planteamientos, hacer énfasis en la idea de una vivienda progresiva es un
esfuerzo inútil y desencaminado).
En la vivienda multifamilar, con otra lógica de actuación más urbana, pensamos que se le debe
dar fuerza a la idea de manzanas con edificaciones de borde y grandes patios internos bien
definidos como facilitadores de la vida en comunidad. Propugnamos una densidad media y baja
altura, de tal modo que, en principio, se haga más fácil la construcción y disminuya la necesidad
de ascensores. Específicamente en nuestros proyectos se le fue dando prioridad a los bloques
continuos de viviendas de dos pisos con accesos individualizados, y a las edificaciones de cuatro
y cinco pisos. Con esos modelos, se logra una densidad neta de entre cien y doscientas familias
por hectárea, con grandes espacios abiertos para el uso colectivo. En todos los conjuntos están
presentes también los distintos espacios para los usos comunes, con especial énfasis en el uso
político-cultural y el uso productivo.
Adaptándonos a la realidad de nuestra composición familiar, se trabajó en base al programa de
casas y apartamentos de dos habitaciones y un baño para el 90% de los casos y de tres
habitaciones para el 10% restante. Ello permite manejarse con una gran racionalidad en el
establecimiento de metas anuales, al plantearse exigencias vinculadas a la realidad de sus
necesidades y no a su idealización.

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10.
El costo de la Vivienda
Dada la magnitud numérica y las consideraciones que hemos hecho sobre distintos aspectos del
problema de la vivienda, se nos hace evidente que no hay forma de solucionar el problema si se
mantiene el nivel actual de costos de la construcción.
¿Cuál sería la masa monetaria que se necesitaría para construir los millones de viviendas que
hacen falta? A los costos actuales, se precisaría una cantidad de dinero enorme, de la cual no
dispone la sociedad venezolana.
Ante esa realidad, se presenta una disyuntiva: o se reducen las metas, o se reducen los costos.
Reducir las metas sería indigno de una revolución social.
Reducir los costos es el único camino. De hecho, consideramos que es el punto de apoyo sobre el
cual deben pivotar todas las políticas de vivienda.
La línea estratégica principal puede plantearse de la siguiente manera: reducir los costos sin
reducir la calidad. A partir de allí, se desenvuelven los distintos lineamientos.
Hasta ahora el Estado no ha reflexionado lo suficientemente sobre eso ni ha tomado las medidas
adecuadas.
De hecho, muchos de los conjuntos construidos por el Estado apoyándose en la capacidad
gerencial y técnica de la empresa privada, por no decir la mayoría de los que ha construido, no
aguantan un análisis en base a la premisa anterior. Por cada vivienda edificada de ese modo, que
le da respuesta a una familia, se hubiera podido dar respuesta al menos a dos familias más. Ello
indica que ese camino no ha sido correcto. No es digno de una revolución.
Lo único que queda como alternativa es cambiar el paradigma en la producción de viviendas
para bajar los costos y aumentar la eficiencia y la calidad.
Al respecto, nos manejamos con la idea de reforzar en el propio Estado y en la comunidad
organizada, la capacidad ejecutora para salir de la trampa en que se ha caído. Es importante
identificar aquellos aspectos del proceso en los cuáles el Estado debe asumir la dirección
absoluta.
El modelo actual, donde el Estado actúa como financista y otros son los que controlan el proceso,
debe desaparecer de las políticas públicas de vivienda.

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11.
Las partes del proceso de producción de viviendas
El Estado debe ejercer con fuerza su rectoría en todas las partes del proceso de producción de
viviendas, para garantizar que las políticas y estrategias revolucionarias tengan éxito.

A efectos prácticos que faciliten la toma de decisiones, nosotros identificamos esas partes del
proceso de construcción de viviendas.
Ellas son la adquisición de tierra, su urbanización, los insumos y componentes básicos, los otros
materiales y componentes de la construcción, el almacenamiento, transporte y distribución (los
aspectos logísticos), los sistemas y procedimientos constructivos, la asignación de las viviendas y
el uso de las mismas.
Si el gobierno revolucionario quiere cumplir con su pueblo y derrotar el déficit,
insoslayablemente debe analizar cada una de esas partes y trazar los lineamientos estratégicos
convenientes para que todas ellas confluyan en el gran objetivo de saldar la gran deuda social en
vivienda.
A continuación iremos detallando cada una de esas partes del proceso.

12.
El tema de la tierra y la localización de las nuevas viviendas
A la reflexión sobre el tema de la tierra le podemos entrar por tres frentes.
Uno, lo referido a la comprobación de su existencia y disponibilidad.
Dos, la garantía de su accesibilidad desde el punto de vista de los costos.
Tres, la adecuación legislativa que permita el aprovechamiento de la tierra de acuerdo a nuestras
políticas de vivienda
Sobre la existencia de la tierra, hay estudios que demuestran que, en este momento, hay
suficiente tierra urbanizada en Venezuela para darle soporte a los tres millones de viviendas que
se necesitan.
La mayoría de nuestras ciudades tienen una enorme cantidad de tierra con servicios que está
desaprovechada desde el punto de vista de su intensidad de uso. Bastaría con redensificar esas
zonas degradadas o de bajo aprovechamiento para solucionar gran parte del problema de la tierra
para vivienda. Con ello se reducirían costos, se evitarían los desplazamientos de la población
hacia zonas periféricas desasistidas y, al mismo tiempo, con estas operaciones de renovación
urbana, aumentaría notablemente la calidad de nuestras ciudades.

14
Esto no quiere decir que no habría que pensar en ciudades nuevas de distintos tamaños. Pero ello
se haría, más que por la búsqueda de tierra, por el motivo ya anotado de lograr mayor equilibrio
en el poblamiento territorial o bien, por razones estratégicas de tipo económico o militar.
El problema se presenta entonces no en cuanto a la existencia de la tierra urbana, sino en cuanto
a su accesibilidad desde el punto de vista de su costo.
Aquí nos encontramos con el hecho de que la tierra urbana en Venezuela ha sido convertida, no
sólo en una mercancía, sino en una mercancía de fuerte carácter especulativo. Con el agravante
de que, generalmente la plusvalía que sirve para justificar el aumento del precio no la puso el
propietario de la tierra, sino el Estado. El Estado ha hecho las calles, las aceras, ha puesto los
servicios de infraestructura, educativos, de salud, culturales, ha colocado las instituciones que le
dan vida a la ciudad, ha organizado la vida política de la ciudad, le ha dado gobierno, en fin, los
elementos que son los que le otorgan a la tierra el valor añadido. Y unos cuantos propietarios, a
quienes se podría denominar latifundistas urbanos en los casos más notables, engordan los
terrenos y se lucran con ello.
Al respecto, en un país que construye el socialismo, es indispensable legislar para quitarle a la
tierra el carácter de mercancía y sobre todo el de mercancía especulativa. En relación a ello,
nosotros avanzamos con una resolución ministerial que no reconoce como precio a pagar por el
Estado sino el que aparece en el último documento de compraventa del propietario, actualizado a
través de unas tablas. Con eso se le restringía el carácter de mercancía. Igualmente estábamos
trabajando en la propuesta de una ley de expropiación de tierra urbana para vivienda. (La actual
Ley de Expropiaciones consagra el valor especulativo de mercado, por lo cual no es útil a los
efectos de la accesibilidad a la tierra para vivienda)
Un último punto a considerar es el de la Ley de Ordenación Urbanística vigente que tiene más de
veinticinco años de promulgada y responde a modelos de desarrollo capitalista, tomados
particularmente de las nuevas ciudades gringas, totalmente inconvenientes para nosotros. Así, los
Planes de Ordenamiento Urbanístico y los Planes de Desarrollo Urbano Local, derivados de esa
Ley, lo que han hecho es contribuir al desarrollismo especulativo y, por consiguiente, a la
degradación de la calidad de nuestras ciudades. Y lo mismo ha ocurrido con la mayoría de las
Ordenanzas de Zonificación, de competencia municipal. Todo ese conjunto de Leyes y
Ordenanzas han congelado la tierra urbana, han desarticulado nuestras ciudades entregando su
desarrollo a la iniciativa privada sin control, han favorecido la corrupción, sobre todo en el nivel
municipal, y han estorbado la accesibilidad al suelo urbano a efectos de una política pública de
vivienda de carácter masivo.
Consideramos que hay que legislar de inmediato sobre el tema para disponer a la brevedad de un
cuerpo de leyes y normas favorables a la construcción del socialismo en materia urbana.
Con ello el problema de la tierra comenzaría a dejar de serlo y más bien se convertiría en un
elemento de carácter positivo.

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13.
La preparación de la Tierra (la urbanización)
Aunque del todo injustificado, este capítulo del proceso es uno de los que en Venezuela influye
de la manera más feroz en el costo final de la vivienda.
En este punto el carácter especulativo de algunos sectores empresariales privados alcanza cotas
inimaginables. Desgraciadamente el Estado les ha dejado a los empresarios la ejecución de todo
lo que tiene que ver con estudios de suelo, movimientos de tierra y dotación de servicios de
infraestructura y vialidad, es decir con el proceso íntegro de urbanización.
Decimos que, sin ninguna duda, los costos del movimiento de tierra en Venezuela son
absolutamente irracionales. En el caso de muchos de los conjuntos que hace el Estado, ese costo,
a todas luces abusivo, incide extraordinariamente en proceso.
Se ha dado el caso de desarrollos de vivienda, cuya ejecución es encargada por el Estado a las
empresas privadas, donde el costo de los movimientos de tierra ha consumido el 60% del
presupuesto estipulado.
Esta situación de todos conocida nos ha llevado a proponer que tanto el movimiento de tierras
como el urbanismo en el caso de macroparcelas o urbanizaciones, lo ejecute directamente el
Estado, a través de empresas públicas y de propiedad social en cualquiera de los niveles de
gobierno, y con tablas de costos establecidas por el Ministerio responsable. Ello es posible a muy
corto plazo, para lo cual debemos capacitarnos debidamente y dotarnos de la tecnología
adecuada. He ahí una política correcta.
Esto es imprescindible. De esa manera el costo del movimiento de tierras y urbanismo,
absolutamente controlado, dejaría de ser, como hoy lo es, un factor tan perturbador de la
estructura de costos.
Por otra parte, habíamos comenzado a avanzar en la creación de una institución pública,
organizada en red, con presencia en todos los estados, especializada en estudios de suelo para
vivienda y dotada de los equipos necesarios para el trabajo de campo, así como de los
instrumentos de laboratorio, con capacidad organizativa para atender de forma efectiva miles de
estudios al año. Es importante anotar que esta empresa no solo haría los estudios de suelo
necesarios para los cálculos estructurales de las edificaciones, sino que los haría en forma
integral, es decir, los complementaría con análisis urbanísticos, paisajísticos, de dotación de
servicios y, por supuesto, geológicos, geomorfológicos y geofísicos, que le sirvieran de base a
los planificadores y proyectistas.

16
14.
Los insumos y materiales básicos
Los insumos y materiales básicos de los cuáles están hechas prácticamente todas las viviendas
son de gran abundancia en Venezuela. En términos generales son ellos: cemento, acero,
aluminio, madera, piedra, arena, arcilla, cal, y los productos procedentes del gas y el petróleo.
A efectos de este análisis de los insumos nos vamos a concentrar en el cemento, el acero, la
piedra y la arena como insumos. Y como materiales básicos a los bloques y ladrillos de concreto
y de arcilla o de algún tipo de tierra.
Hoy día el cemento, el acero, la piedra y la arena, a pesar de ser regulados, están sometidos a una
seria especulación y a manejos mafiosos en la distribución, de manera tal que el costo de la
vivienda se ve gravemente influido por ello.
Usemos al cemento como ejemplo. Un saco está regulado en 8,35 Bs. Sin embargo se consigue
por encima de veinte, a veces hasta en veinticinco bolívares. Sale de la planta empacado al precio
regulado, llega al doble a la distribuidora y luego se le añade el precio de la comercialización.
La paradoja es que habiendo sido nacionalizado el cemento, sin embargo los graves vicios de la
especulación con los costos y la manipulación de la escasez forzada continúan indemnes. La
verdad absurda es que las obras de infraestructura que construye el Estado, y desde luego la
mayoría de los conjuntos de vivienda, se hace pagando el precio especulativo.
El Estado también recuperó la Siderúrgica del Orinoco Alfredo Maneiro, Sidor. Las cabillas y
planchas están reguladas. Los tubos y otros materiales de acero, no lo están. A partir de allí
también se va produciendo un sistema de costos fuera de control.
Acuerdos con las Cementeras y con Sidor estaban siendo efectuados de tal modo que el Estado
construyera las viviendas con esos insumos al costo real.
En cuanto a la piedra y la arena, su explotación se hace por concesión del Estado que delegó esa
potestad en las gobernaciones, con los permisos correspondientes del Ministerio del Poder
Popular para el Ambiente. En esos rubros igualmente se da el fenómeno de la especulación y la
manipulación del suministro.
Hemos dicho que esto es inaceptable.
Hemos dicho también que si el Estado planifica como debe y asume los controles necesarios
sobre el cemento, el acero, la piedra y la arena, tendremos en cada zona del país los insumos
necesarios para hacer las viviendas planificadas a un costo racional y admisible. Ello debe
hacerse con decisión y fortaleza. Es algo de relativamente fácil solución.
En cuanto a los bloques de concreto, arcilla o adobe, hay gran posibilidad de bajar su precio a la
mitad y al mismo tiempo estimular las economías locales, impulsando bloqueras familiares,
comunitarias o de propiedad social. Centenares de bloqueras y alfarerías por todas partes, para
los tres millones de viviendas que se necesitan.

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En todo caso nuestros cálculos, considerando el volumen de insumos que se consume por una
vivienda promedio incluyendo la parte de urbanismo, nos dicen que, si se respeta el control y la
regulación de costos, difícilmente hoy día una vivienda emplearía en estos insumos y materiales
básicos más de diez mil bolívares.
Tenemos así controlada la tierra, su urbanización y los insumos y materiales básicos. Pasemos al
resto de materiales y componentes.

15.
Los otros materiales y componentes
Tuberías, cables, piezas sanitarias, láminas, tabiques, vidrios, cerraduras, láminas de techo,
productos de impermeabilización, puertas, ventanas, tejas, perfiles metálicos, cerámicas,
baldosas, recubrimientos, lámparas, herrajes, cerraduras, pintura, cajetines, rodapiés, etc. Ellos
son, entre otros, el resto de materiales que se necesitan para completar la construcción de la
vivienda.
En términos generales las materias primas para su elaboración existen en Venezuela. Muchos se
fabrican aquí en distintas calidades. Otros se importan.
Una política de industrialización impulsada fuertemente por el Estado para la fabricación masiva
de todos estos componentes, es indispensable para garantizar su existencia a costos razonables.
Empresas públicas, empresas de propiedad social, empresas mixtas y empresas privadas, todas
ellas mancomunadas en una gran estrategia unificada para darle respuesta a la necesidad de
construcción de tres millones de viviendas en los próximos años, además de las otras
edificaciones necesarias para la vida en comunidad.
Por otra parte, se calcula que en unos treinta años Venezuela podrá duplicar su población, para
estabilizarse entonces en una cifra de cincuenta y tantos millones de habitantes. Eso quiere decir
que, por un larguísimo tiempo, el mercado interno está absolutamente garantizado.
Pionera en esta idea ha sido Pequivén con su empresa Petrocasa, cuyo mérito a nuestro juicio,
más que en la elaboración de un tipo de vivienda, está en la iniciativa de industrialización de
partes para la construcción en base productos petroquímicos. En muy pocos años ha recorrido un
largo y estimulante camino. Ejemplo que deberían seguir las industrias del acero, el aluminio y la
madera por citar algunas que deberían dotarse de serias y consecuentes políticas de
industrialización aguas abajo.
En nuestros planes estábamos diseñando dos tipos de organización para la producción masiva,
cada una con sus ventajas. La primera la de las fábricas con una cierta magnitud, tipo Petrocasa,
donde la ventaja estaría en la economía de escala. Por ejemplo, en alguna de las plantas de
Petrocasa se podrían fabricar, para los planes del Estado, millones de puertas y ventanas
estandarizadas. La otra opción considerada es la de la multiplicación de pequeños y medianos

18
talleres por todo el país, impulsando las economías locales. Creemos que en la complementación
de ambas estrategias estaría la clave para alcanzar las cotas de producción necesaria.
Todo ello tiene que ver con programas de estandarización, normalización, coordinación modular
y tipificación de modelos, impulsados por el Estado para el diseño de sus viviendas. (El
desarrollo un poco más elaborado de las ideas en relación a este tema sería algo que sobrepasa
las intenciones de este documento de carácter resumido. Pero queda anotado).
En todo caso, vale la pena dejar asentado que, a costos actuales, incluso sin ninguno de estos
planes puestos en marcha, el costo de estos materiales y componentes complementarios por
vivienda no debería pasar de veinte mil bolívares. Estamos en capacidad de demostrarlo.
Ya vamos sumando el costo de la tierra que debería tender a cero o, en todo caso, a muy poco
por vivienda. El costo de la urbanización del suelo que, asumido por el Estado, debería ser
también pequeño. El costo de los insumos y materiales básicos, así como el de los otros
componentes que, a precios actuales regulados y, sin una intervención estatal fuerte, no debería
hoy día pasar de treinta mil bolívares en total. ¿Qué nos queda? La logística y los sistemas
constructivos incluyendo la mano de obra. ¿Cuánto representa eso? ¿Cuál debería ser, entonces,
el costo de una vivienda, cuando el Estado se propone dirigir el proceso de construcción de
centenares de miles y apoyándose en las economías de escala?

16.
El componente logístico
No vale la pena dedicarle demasiadas líneas a reflexionar sobre esto. Si la vivienda es según la
ley un tema prioritario de utilidad social e interés público, además de un derecho constitucional
e, incluso, un derecho humano fundamental, el Estado debería organizar el tema del transporte,
almacenamiento y distribución de materiales, como si de una guerra se tratase. Y efectivamente
es una suerte de guerra del Estado y la sociedad en su conjunto contra la deuda social que
significa la carencia de vivienda digna.
El pueblo ha hecho lo que ha podido, como ha podido. Pero el Estado ha fallado notablemente.
Resulta algo extraño, y esto lo decimos con el mayor respeto, que no se haya podido desarrollar
un sistema público en estos campos capaz de ordenar el sector. Tal vez el exceso de
voluntarismo y buenas intenciones para lo inmediato en cada caso, impidió desarrollar una visión
de Estado. Pero la clarificación de esta visión hoy es absolutamente necesaria.
Lo cierto es que en el país con el combustible más barato del mundo, el transporte de carga en
Venezuela es más caro que en la mayoría de los países altamente desarrollados de Europa.
¿Cómo es esto posible?

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Grupos empresariales controlan el transporte e imponen sus costos y su política que, el caso de la
vivienda, se ve sumamente afectada por ello. Seguimos preguntando: ¿Cómo es esto posible en
un país que se supone transita el camino hacia el socialismo?
Por eso decimos que, para el caso de la vivienda pública, el Gobierno Nacional, seguramente a
través del Ministerio encargado de la vivienda, haciendo un trabajo de equipo con Gobiernos
estadales y locales, debería manejar todo lo referido a la gran escala del almacenamiento,
transporte y distribución de insumos y materiales.
Una gran red de alcance nacional tendría que constituirse al más corto plazo. Grandes depósitos
estratégicamente ubicados por regiones, depósitos medianos y pequeños en todos los municipios
y ciudades. Una gran flota de transporte, desde gandolas hasta pequeños camiones, algunos de
ellos de doble tracción, gabarras y lanchas. Todo ello en una única gran estructura organizada,
compuesta de partes diversas y con diversos grados de autonomía Las comunidades organizadas
podrían formar parte de esta gran estructura. Sería algo a ser considerado.
La inversión en estos rubros debería tener prioridad absoluta si se quiere tener una política
exitosa en materia de vivienda.
Una vez más sostenemos que la cultura rentista, según la cual el Estado paga lo que le imponen,
debería dar paso a una cultura productiva donde el Estado y el Pueblo organizado le van trazando
un camino a la construcción del socialismo. Y uno de los soportes de ese camino es el manejo de
los aspectos logísticos.

17.
Los procesos constructivos
La etapa de la construcción de las viviendas es el queso de la tostada, el momento clave, cuando
concluye todo el proceso de producción que ha llegado hasta aquí a través de distintos capítulos.
Es la síntesis y el objetivo final.
Quién haya construido una vivienda en los tiempos modernos, sabe que no es fácil. En el
surgimiento de la materialidad del objeto, hay un gran esfuerzo realizado por múltiples actores.
La gran pregunta que debe hacerse la revolución si quiere cumplir con el pueblo y lograr sus
metas es: ¿cómo construir cientos de miles de viviendas al año y unos cuantos millones a lo largo
de los próximos años? Menos, es nada. Menos que eso es renunciar a los sueños y a los deberes
de una revolución socialista.
Sostenemos que la única manera es que, sin renunciar a ninguno de los procedimientos
constructivos tradicionales y existentes, puesto que todos contribuyen cada uno a su manera, hay
que meterse con gran fuerza en un gran plan de industrialización de la construcción.
Todo lo que tratamos en los puntos anteriores, la tierra, la urbanización, los insumos y materiales
y la logística, si no conduce allá, de nada vale.

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Es esencial trazarse como Estado un gran plan de producción de vivienda en base al más alto
nivel de industrialización, no sólo de las partes y componentes, sino de los procedimientos
constructivos, mediante la prefabricación pesada, la prefabricación mediana y la prefabricación
liviana, coexistiendo, como hemos dicho, en algunos lugares, con la construcción convencional
cuando ella sea conveniente por distintas razones
Es necesario reducir al máximo el nivel artesanal, para propulsar cuatro factores: mayor calidad,
mayor cantidad en relación al tiempo, mayor ahorro de recursos y, esto es muy importante,
mayor dignificación del trabajo humano que en materia de construcción, es particularmente duro
cuando se realiza con los métodos tradicionales.
En definitiva, consiste en la búsqueda de una mayor productividad en beneficio de los
trabajadores y en beneficio de las familias que demandan vivienda.
Pero esto no puede responder a decisiones puntuales que se toman ocasionalmente. Esto debe ser
producto de una estrategia nacional, estudiando en cada caso, en cada región del país, cuáles
sistemas constructivos deben tener prioridad. Hay que decir dónde, cuántas y cuales plantas de
prefabricación de distinto tipo, en concreto, en acero, en madera, en sistemas mixtos, en fábrica o
en sitio, de un tamaño o de otro, deben ser instaladas. Hay que establecer las plantas de
fabricación de moldes de los distintos sistemas tipo túnel u otros similares. Hay que dotarse de
las maquinarias y los laboratorios necesarios. Y hay que crear empresas públicas o de propiedad
social especializadas.
Y, por supuesto, hay que calificar a los trabajadores al más alto nivel. Y ya que hablamos de
fuerza de trabajo, es indispensable darle el poder a los trabajadores de la construcción, lo cual, a
nuestro juicio, pasa por desmantelar las mafias sindicales de la construcción, nacidas bajo la
cultura adeca, que tanto daño han hecho y siguen haciendo a nuestro pueblo.
Sin una política de este tipo, que ponga en consonancia todos los factores del proceso y todos los
actores, es imposible que la revolución cumpla sus metas.
Creemos que todo este proceso conduce a la transferencia del poder de la capacidad constructiva
a las comunidades organizadas. Nos referimos a una capacidad constructiva desarrollada a
plenitud y no estimulada en la precariedad. Es un camino a recorrer

18.
La asignación de las viviendas
Al no cumplirse nunca las metas de construcción de viviendas, ni llegando a acercarse siquiera al
crecimiento vegetativo de la población, la disposición de las unidades a ser distribuidas es
mínima en relación a la gran necesidad sentida y expresada.
Una de las demostraciones más claras del incumplimiento de los objetivos, es la gran
desconfianza que el pueblo tiene acerca de la asignación de las viviendas.

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Las familias se registran una y otra vez en distintos organismos, introducen planillas, entregan
papelitos a las autoridades, esperando sin mucha expectativa a que una especie de lotería del
destino las favorezca. Lotería que llega en muy pocos casos y que nunca es producto del destino,
sino de alguna fuerza interventora que respondió, no a un sistema de equilibrio y justicia, sino a
algún tipo de circunstancia totalmente aleatoria.
Las familias conocen esta realidad y, las que pueden, actúan en consecuencia. A veces
organizándose en grupos de presión, lo cual generalmente les cuesta dinero que va a parar a
algunos gestores, bien comunales o bien funcionarios de organismos públicos que trafican con la
necesidad. A veces, planteando su problema en solitario una y otra vez ante las oficinas de
atención de las instituciones, de los distintos niveles de gobierno. Y casi siempre sin resultado,
porque las ofertas son escasas.
Sin embargo, por el grado de desorden y falta de sistematización, hay personas o familias que
han recibido varias veces el beneficio y han luego negociado con él.
Alrededor de este asunto se ha creado una verdadera economía irregular. Familias muy pobres
reciben su vivienda y luego la venden por veinte, treinta o cuarenta millones a otras que se
aprovechan de la situación. A veces esos compradores oportunistas, lo hacen varias veces y
llegan a constituirse como propietarios de un sistema de viviendas en alquiler. Todo ello al
margen de la ley, porque una de las características de la actuación del Estado en los últimos años
es que la asignación no se concreta en un acuerdo legal ni en un compromiso financiero, sino que
es solamente una especie de permiso de ocupación que se presta a todo tipo de manipulaciones:
ventas ilegales, alquileres, comodatos, etc. Como decimos, toda una economía que roza el delito
y desordena la creación de un sistema de justa distribución.
El Ministerio encargado de la Vivienda, lleva un registro denominado SIVIH, sistema integral de
vivienda y hábitat, hoy día obligatorio, que pretende integrar en un solo inventario las solicitudes
y las entregas.
También por vía de resolución ministerial se ha creado un sistema de distribución para los
conjuntos de vivienda que pretende ser más ordenado y equitativo: de cada conjunto, 25% van
para las familias de los consejos comunales adyacentes, 25% para la demanda del propio
municipio, 15% para la demanda nacional o de los otros municipios del Estado, 5% para las
trabajadoras o trabajadores que participaron en la construcción del conjunto, 10% para convenios
interinstitucionales, 10% para alquiler y vivienda temporal administrado por la comunidad, 10%
para familias damnificadas o en riesgo inminente.
En todo caso, el problema va a seguir estando presente hasta tanto no se cumplan tres
condiciones: Primero, que se construyen suficiente cantidad de viviendas en todo el territorio.
Segundo, que se perfeccione el sistema nacional de registro y asignación para hacerlo científica y
humanamente confiable, sin que se crucen otros intereses manipuladores. Tercero, que las
comunidades organizadas para el socialismo, asuman el tema directamente en sus manos, sin
gestores ni intermediarios sino a través de las asambleas de los gobiernos comunales.

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19.
El uso de los conjuntos: la vida en comunidad
Hay poco que decir sobre esto, sino que el gobierno revolucionario en sus distintos niveles, el
PSUV y las comunidades organizadas, deben tomarse este tema mucho más en serio de lo que se
lo han planteado hasta ahora. Esto tiene que ver, desde luego, con la construcción del socialismo
en la vida cotidiana. Con el florecimiento de la conciencia ciudadana. Con las conformación de
comunas. Con la base del poder popular. Con el autogobierno.
El socialismo es una construcción colectiva. Y se produce en una relación dialéctica entre un
pueblo en revolución y su gobierno revolucionario. Es el gobierno quien debe trazar las grandes
líneas estratégicas. El gobierno actuando como vanguardia.
Alfredo Maneiro nos recordaba una frase de Mao Tse Tung. Decía Mao: el papel de la
vanguardia es devolverle al pueblo con precisión lo que del pueblo recibe con confusión.
En este caso es el gobierno, del cual dependen las grandes decisiones estratégicas, quien debe
trazarlas en el caso de la vivienda oyendo al pueblo y de tal manera que sus obras no contradigan
y, en todo caso, favorezcan la vida socialista.

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Conclusión:
Hay temas que dejamos al margen de este documento. Por ejemplo, el del financiamiento. Esto
lo hicimos a propósito para no distraer la atención con puntos que consideramos que no son
fundamentales y que, en el pasado, consumieron muchas de las energías dedicadas a resolver el
problema. Sostenemos que la dificultad está en lograr la materialidad de las viviendas y eso, en
lo esencial, responde a líneas de planificación, organización y producción. No de finanzas. Al fin
y al cabo, como hemos dicho, una casa es piedra, arena, cemento, acero y algunos otros
materiales, más mano de obra. Cuestiones todas ellas, por supuesto, relacionadas con la
economía, pero no tanto con el mundo crediticio. Esto es, desde luego, una posición discutible
pero es nuestra posición.
También dejamos de tocar el tema de las OCV y su modelo fracasado, porque justamente él
responde a una visión que le da énfasis al tema del financiamiento.
Queda pendiente el tema de los barrios y los urbanismos populares. Es un tema que merece una
reflexión muy a fondo.
En este caso, nos hemos concentrado en el de las nuevas viviendas, por considerar que es el tema
clave.

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Hay que anotar, por último, que de acuerdo a eso en este documento exponemos las grandes
líneas estratégicas a ser seguidas por las instituciones del Estado encargadas de la construcción
de vivienda. Y que, por lo tanto el tema de la participación comunal está enunciado, pero no
desarrollado. Estamos absolutamente conscientes de que las estrategias expuestas no son viables
sino con base a una relación sumamente estrecha entre gobierno y pueblo, vale decir, en este
caso, entre las instituciones y las comunidades organizadas. Al respecto no hay fórmulas, y es
preferible que no las haya, porque la diversidad geográfica, demográfica y cultural es muy
acentuada en nuestro país. Solo nos sirve el conocimiento de que es indispensable construir cada
día esa relación en todos los aspectos de la producción de vivienda, desde la planificación hasta
la distribución y uso. Si una de las dos partes de la relación no funciona o se coloca en relación
de debilidad con respecto a la otra, el problema de la vivienda, a nuestro juicio, nunca será
resuelto, ni en lo cuantitativo ni en lo cualitativo. Gobierno revolucionario. Comunidad
organizada. He ahí la doble palanca para despejar el camino.
En resumen, lo que a lo largo de este documento hemos querido exponer, con la intención de
argumentar y convencer, es que la deuda social de la vivienda, si la asume el Estado
revolucionario, para enfrentarla con políticas y estrategias bien definidas, claras, fuertes,
conocidas por todos, y sostenidas en el tiempo, abandonando la visión rentista y sustituyéndola
por otra productiva, enfocada a la construcción del socialismo, no sólo tiene solución a la vista,
sino que además puede ser un elemento de desarrollo social, político y económico como ningún
otro, tal vez salvando el tema de la producción de alimentos.
Decimos nuevamente que la idea del socialismo no puede ser un lema, o un barniz que se aplica
posteriormente a los conjuntos urbanos, sino que, en relación a la vivienda, debe acompañar todo
el proceso, desde la génesis, la planificación y el diseño, pasando por todos los aspectos
productivos, hasta la distribución y el uso.
Terminamos agradeciendo al equipo que nos acompañó durante ocho meses intensos en el
intento de darle un cambio al modelo público de construcción de viviendas. Tal como se lo
comentamos al Presidente Chávez, tenemos la confianza de que ese esfuerzo no fue en vano.

Farruco Sesto
Caracas, 20 de Abril de 2009

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