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Piaget pretendió establecer un sistema filosófico sobre la base de una teoría biológica del

conocimiento, basándose en un método empírico para poder explicar el problema del


conocimiento desde la filosofía para saber qué es y cómo se produce

Surge la epistemología genético que es una forma de explicar el origen del conocimiento desde la
filosofía y la psicología y la biología

La teoría piagetiana no pretendía abordar por completo describir el pensamiento y la conducta


inteligente en las distintas edades, ni tampoco pretendía ser una teoría acabada o completa

Existe una relación entre las disciplinas: biología, psicología y filosofía, dando así apertura a
explicar el origen del conocimiento basándose en un método empírico para poder explicar la
génesis del conocimiento

Para Piaget todo se construya a partir de un precedente, para poder explicar esto debía remontar
a la genética o a la herencia

La relación sujeto objeto es una construcción, un proceso continuo en donde las estructuras
previas son entes mediadores del conocimiento que se obtiene a partir de la relación con el
mundo

El desarrollo de la inteligencia es una forma de adaptación al medio, la construcción de estructuras


nuevas coherentes desde el plano interno y externo, debe haber un equilibrio entre la asimilación
y acomodación

La adaptación implica los procesos de asimilación y acomodación; la asimilación integrar


elementos externos adentro de las estructuras que ya dispone, La acomodación es un proceso que
una vez ya hayan esquemas preexistentes, este intentara acomodarlos a nuevos esquemas

La teoría del Tolman nos dice que una conducta depende de la diversidad de factores tales como
la genética, la maduración, la cognición, etc.

En su experimento con ratas de laboratorio dijo que estas aprendieron a resolver el laberinto a
través de un mapa mental, y que la recompensa no era algo importante para que aprendan o más
bien dicho el aprendizaje era latente

Para Piaget el proceso de desarrollo del conocimiento es endógeno, donde es el individuo quien
aprende de manera individual, en cambio para Vigotsky este era más bien un proceso donde las
funciones cognitivas surgen del plano social para desarrollarse después individualmente

Para Vigotsky el marxismo era una herramienta de pensamiento propio


Los procesos de crecimiento, maduración y desarrollo orgánico son añadidos por el desarrollo
cultural, convirtiéndose en un todo

Para Vigotsky la cognición parte desde lo biológico y evoluciona con lo cultural

Algunos aspectos de carácter madurativo surgen y se desarrollan de buena forma en un medio


normal, otros depende de que ocurra alguna experiencia significativa para que se fortalezca,
frecuentemente sociales, de esta manera la evolución está ligada a las condiciones que el contexto
brinde y las interacciones sociales

Considera que los hemisferios cerebrales como un sistema de formación de señales a través de
nexos naturales para responder adecuadamente al medio

Lo que caracteriza al ser humano con otras especies es que a esas señalizaciones les dé una
significación

Estos signos se relacionan con el sistema de señales, es un tipo de adaptación más compleja para
responder las necesidades de cooperación y comunicación entre las personas para transformar
productivamente la naturaleza

Trastorno de vinculación reactivo


Los seres humanos nacemos con habilidades mentales inferiores; características de la genética,
pero es la interacción social con personas que conozcan más tales como los profesores o la familia
y proveen información harán que esa habilidades se fortalezcan y desarrollen. Existe la zona de
desarrollo próximo que el donde un individuo que maneja un tema necesita de alguien que
domine mejor el tema, interactúe con él para poder llegar al próximo nivel de conocimiento. Por
otro lado está el andamiaje es como un soporte de puentes cognitivos que brinda un adulto o un
docente a sus alumnos la adquisición de un desarrollo del conocimiento. Pero esa evolución del
conocimiento esta determinada a las condiciones del contexto, y las interacciones sociales

Pensamiento y lenguaje
A este respecto, es necesario hacer una pequeña digresión, porque en este punto, precisamente,
es también donde chocan de forma más clara las posiciones de Piaget y Vygotsky, como
defensores de concepciones del desarrollo con direcciones opuestas respecto a los referentes
individual y social: una progresiva socialización frente a una progresiva individualización,
respectivamente —tal y como resumíamos al principio—.
Como se recordará, para Piaget el lenguaje está subordinado al desarrollo cognitivo: una vez que
descubre la “lógica sin lenguaje” del pensamiento sensomotor, la interacción comunicativa con el
medio social pasará a un segundo plano como factor del desarrollo.
En este marco, entiende que el lenguaje surge y evoluciona sólo como una expresión más de la
función simbólica más general y, por tanto, sin ningún papel en la emergencia de las principales
estructuras de la inteligencia. En la concepción vygotskyana, por el contrario, se atribuye al
lenguaje un valor funcional clave en la regulación de la conducta, tanto en el orden social como en
el personal e individual, de manera que se revela como el elemento capital del desarrollo
intelectual. Para Vygotsky, si bien pensamiento y lenguaje tienen raíces distintas y siguen al
principio cursos de desarrollos paralelos e independientes, llega un momento en que convergen
para dar lugar a las funciones psicológicas propiamente humanas.
Este momento clave estará, justamente, en la internalización del lenguaje con lo que pasa de tener
una función externa meramente social y comunicativa, a convertirse en la principal herramienta
del pensamiento.

El contraste se manifiesta esta con nitidez a partir de la muy distinta explicación que ofrecen
ambos autores en torno al fenómeno del “habla egocéntrica” de los niños. Se trata de un término
que el propio Piaget introdujo para referirse al “monólogo” en que frecuentemente se descubre al
niño entre los tres y los seis-siete años mientras realiza alguna tarea.
Para Piaget, este tipo de verbalizaciones, carentes de función comunicativa —puesto que no existe
interlocutor ni intención social alguna—, constituían un mero acompañamiento de la acción en
una clara expresión del “egocentrismo” que caracteriza el pensamiento del niño “preoperatorio”:
se muestra incapaz de considerar el punto de vista de los demás o de cambiar y coordinar
perspectivas alternativas y de ahí sus dificultades para la interacción comunicativa.
Precisamente, con la edad escolar el pensamiento del niño se va “socializando”, de manera que
esta habla egocéntrica disminuye progresivamente hasta desaparecer con el desarrollo de las
estructuras operatorias y un lenguaje externo funcional y comunicativo.
La interpretación de Vygotsky será completamente distinta. Para el autor ruso, el monólogo
infantil no podía ser un mero reflejo de la estructura psicológica del momento, sino que debía
tener alguna función propia; y siendo así —es decir, si surgía en el desarrollo con algún fi n—,
luego no podía simplemente extinguirse. Y, desde luego, sobre la base de las investigaciones que
lleva a cabo, la función que le atribuirá no es menor: el lenguaje egocéntrico sirve para regular y
planificar la actividad en el contexto de la solución de problemas. Esta idea se apoya
fundamentalmente en dos tipos de datos: por un lado Vygotsky comprueba que cuando por
alguna circunstancia —espontánea o provocada— la tarea del niño se ve dificultada, el habla
egocéntrica aumenta; lo que se considera evidencia de su valor funcional, en el sentido de que,
claramente, parece utilizarse como un recurso para organizar las acciones de manera más eficaz
en orden a superar las dificultades encontradas. De hecho, estudios posteriores han confirmado
directamente que al estimular la verbalización en la resolución de problemas se incrementa
significativamente la probabilidad de éxito (véase García-Madruga, 1976). Pero, por otra parte,
esta función reguladora se ve confirmada por la observación de una pauta evolutiva característica
que puede describirse como una progresiva “anticipación” verbal de la actividad en un sentido
intencional.39 Utilizando las palabras de Rivière (1984):

“... al principio el lenguaje egocéntrico señala el final de un punto cambiante de actividad, luego se
“traslada” a los puntos centrales de ésta; finalmente, se sitúa al comienzo, asumiendo una función
directiva y elevando la actividad del niño al nivel de la conducta intencional en sentido propio” (op. cit. p.
74);

No hay que olvidar, sin embargo, que en la concepción global del desarrollo que asume
Vygotsky, este monólogo infantil proviene del diálogo social, es decir, se ha desarrollado como una
forma “privada” del lenguaje público; y que esa función autor regulatoria —que permite organizar
los recursos deliberadamente en la solución de problemas, estableciendo metas explícitas y
“programando” su consecución—, se ha ido diferenciando progresivamente de la función primaria
que era comunicativa; lo que supone el paso característico de un control inter —personal de la
actividad al control intra— personal. En esta transición, también pueden identificarse distintos
momentos (véase p. ej., Gómez, 1997): al principio —hacia los dos años—, cuando se inicia la
convergencia, aparte de su uso social y comunicativo, las vocalizaciones del niño en el contexto de
la actividad no tienen todavía un papel regulador importante, sino que son sobre todo un “medio
expresivo y de relajar la tensión” (Vygotsky, 1934; cit. por Gómez, 1997). A partir de aquí se irá
produciendo una mayor acercamiento, hasta producirse —hacia los cuatro años— esa síntesis
fundamental en que el lenguaje se convierte en instrumento regulador del pensamiento; el
pensamiento se hace verbal y el lenguaje se “intelectualiza” dando lugar a las formas de
pensamiento y lenguaje que son propia y exclusivamente humanas. Pero se trata todavía de una
fase intermedia en la que este lenguaje autorregulador es externo; de manera que, durante algún
tiempo, conviven manifiestamente el habla egocéntrica y el habla comunicativa que, aunque
sociales ambas en origen, tienen ya funciones diferentes. El paso final se producirá al culminar el
proceso de interiorización —hacia los cinco años—, cuando el niño es capaz de planificar y regular
la acción sin vocalizaciones externas, sin hablar en voz alta.
Así pues, la evolución de la función reguladora del habla egocéntrica se inserta en la transición
general y característica que va de lo social o interpsicológico a lo individual e intrapsicológico.
Consiguientemente, —y en contra de lo que sostuviera Piaget— este lenguaje autorregulador no
puede decirse que sea “egocéntrico”, puesto que “reproduce” las pautas de interacción social
significativa, ni tampoco se pierde o desaparece más tarde, dado que cumple una función
reguladora esencial. Como señala Rivière (1984), tan sólo
“se sumerge” para convertirse en instrumento interno del pensamiento; lo que se produce a
través de una última fase de internalización propiamente dicha, con la que concluye el proceso. En
definitiva, y de acuerdo con el principio de la “doble formación”, Vygotsky interpreta el periodo de
habla egocéntrica, como una fase intermedia entre un primer lenguaje externo, eminentemente
social y comunicativo y un lenguaje privado y personal, producto de la internalización del anterior
y cuya función es autorregulatoria.
Pero en qué consiste o cómo se manifiesta ese proceso de interiorización —que es el punto que
nos interesaba destacar—, por el que el lenguaje egocéntrico se convierte finalmente en lenguaje
del pensamiento. La idea fundamental a este respecto es que este lenguaje interior no es
simplemente un “habla silenciosa” que mantiene las características del habla interpersonal, sino
que sufre transformaciones estructurales importantes, justamente en la línea de cumplir con
mayor eficacia y economía las funciones de planificación y regulación para las que se desarrolla.
Estos cambios estructurales se observan ya en la evolución del propio lenguaje egocéntrico, en el
sentido de que progresivamente se vuelve más idiosincrásico, más independiente y alejado de sus
formas externas; el abandono de la vocalización, del sonido, es sólo una de las manifestaciones de
este proceso y quizá la más periférica, ya que, como explica Vygotsky, estas vocalizaciones se
vuelven tan innecesarias como imposibles ante las crecientes peculiaridades estructurales que
afectan a todos los demás órdenes: lógico, léxico, sintáctico y, especialmente, semántico. No
vamos a entrar en precisiones sobre estas peculiaridades (véase para ello Rivière, 1984, Siguán,
1987, y Wertsch, 1979, 1985a); sólo señalar que todas ellas, en general, parecen manifestarse
como una tendencia a la reducción o abreviación, con lo que cabe describir el lenguaje
interiorizado como esencialmente predicativo y elíptico. Este sería pues, el trabajo de la
internalización: eliminar los aspectos innecesarios del lenguaje interpersonal a fi n de realizar su
labor reguladora de la manera más ágil, funcional y económica.