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Dios

por Diego Edelberg

del blog Judíos & Judaísmo

Fecha de publicación Noviembre 2013


Publicado por: Diego Edelberg www.judiosyjudaismo.com
Versión 1.0 © Copyright 2013 Diego Edelberg
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Escribir este ebook me llevó muchísimo tiempo.


Espero que comprendas y valores mi esfuerzo.
Por favor no compartas este ebook con nadie ni lo
distribuyas en Internet.
¡Gracias!
Acerca del Autor
Mi nombre es Diego Edelberg y nací en Buenos Aires. Soy Licenciado en Artes
Musicales con Orientación en Piano egresado del Conservatorio Nacional de Música.
En el año 2000, mientras me formaba como músico, comencé a trabajar como Jazán
(Cantor Litúrgico) en la Congregación Israelita de la República Argentina. Allí y por diez
años pude respirar la vida comunitaria y conocer rabinos y académicos extraordinarios.
Eventualmente me fui dando cuenta que cuanto más intentaba alejarme de la profesión
de Jazán para dedicarme a mi verdadera pasión (que era la música de cámara), la vida
comunitaria y el judaísmo me atraían más y más. Finalmente mi profesión se tornó mi
vocación y ambos mundos (el académico musical y el litúrgico religioso) terminaron
fusionándose.
Las personas más inteligentes que conocía y las conversaciones más profundas
que tenía sucedían siempre alrededor de la Tora. Esto me incitó a profundizar en mis
estudios judaicos. En el camino de aprendizaje conocí una aproximación hacía a la
tradición judía que no era la más común pero para mí era fascinante. Y como soy un
apasionado me enamoré de esta aproximación que teje seriamente las ideas del
academicismo moderno con la tradición rabínica evitando poner una por encima de la
otra. Esta aproximación es sin dudas la mejor y la más honesta. No solo que no es
tendenciosa (a diferencia de otras lecturas que ajustan los textos a lo pre-establecido)
sino que es la más significativa hoy.
En Agosto de 2010 decidimos con mi esposa mudarnos a Hong Kong para seguir
desarrollado mi vocación profesional. Aquí inicié en Mayo de 2011 el blog
JudiosyJudaismo.com. Quería escribir sobre judaísmo en español con una temática
que faltaba en Internet: la fusión del academicismo moderno con la tradición rabínica.
El blog me ha convertido en una suerte de “casamentero intelectual” presentando a
mis lectores lo que considero son los mejores pensadores y pensamientos de la historia
judía. Como casamentero mi objetivo es que los lectores se enamoren tanto como yo
del torrente milenario de sabiduría judía. Es un placer enorme recibir emails de
agradecimiento por haber logrado que alguien entienda mejor algún pensador. Pero el
sentimiento más pleno es reconocer que el blog no es mío sino nuestro: lo hacemos
entre todos al intercambiar opiniones y aprender unos de los otros. Sacar a la luz el
pensamiento judío y compartirlo con todos aquellos sedientos de este material es una
experiencia muy enriquecedora. Ese espíritu es el que me incita a escribir y dedicarle
tanto esfuerzo. Definitivamente lo que más disfruto es conectarme con mis lectores de
todas partes del mundo y debatir con ellos para que podamos aprender juntos.

AGRADECIMIENTOS Y DEDICATORIA
A Dios, cuya naturaleza, confieso, ni yo ni ningún otro ser humano puede conocer,
le rezo pidiéndole que siga siendo generoso conmigo, me perdone, y continúe
dándome salud y curiosidad en Su nombre, que tanta gratificación me ha dado.
A todos mis maestros, por compartir su parte de Dios conmigo.
A Diana y Fernando, mis padres, quienes junto a Dios me dieron el mejor regalo.
A Federico y Nicolás, mis hermanos, quienes me enseñaron a ver a Dios en el
abrazo fraternal.
A Rabbi Sergio Bergman, maestro que me enseñó la importancia de hacer en la
Tierra un pedazo de Cielo.
A mis amigos, sus carcajadas y abrazos que me recuerdan una y otra vez lo
cercano que está Dios en este mundo.
A mis tíos, tías, primos y sus hijos e hijas, con quienes crecemos jugando en el
cariño familiar de la protección divina.
A Enrique y Aida, gracias por su amor, y en el amor hacer junto a Dios lo que me
hace más feliz en este mundo.
A Magui, Meli, Sofi, Luli, Noa, Nathan, Iara, Maiu, Fede y Joaco, sobrinas y sobrinas
que hacen de la familia extendida en el misterio divino más hermosa y significativa la
vida.
A Rabbi Neill Gillman, maestro a la distancia que en la cercanía de su obra me ha
permitido mejor que nadie explorar mis metáforas de Dios.
A Juan Carlos Gorlero, que me enseñó a vivir en paz y alegría con el Dios de la
incertidumbre.
A mis alumnos que me dan fuerza para seguir cuestionándome todas mis creencias
con el fin de revivir otro instante en el brillo de sus ojos.
A la comunidad judía, que sirvo en nombre de Dios y me sirve otorgándome el
sentido del esfuerzo y la pasión por la vocación.
A la comunidad humana, que me enseña que lo más importante que debemos
recordar es que absolutamente todos los seres humanos estamos hechos a imagen y
semejanza de lo divino.
A todos los seguidores del Blog que han hecho de mi rutina un viaje de
descubrimiento continuo compartiendo juntos el Dios que habita más allá de Internet.
A Laila, la manifestación más real y continua de la presencia divina en este mundo.
Fuente constante de amor, amistad, alegría e inspiración.
Introducción .................................................................................8
Dios ............................................................................................12
Shema Israel: ¿Dios es uno? ...............................................................................13

¿Cómo relacionarnos con Dios? .........................................................................14

El Dios de Maimonides – La Existencia y Esencia de Dios ...............................15

El Judaísmo es Monoteísmo ¿Qué significa realmente? .....................................17

¿Dios es o será? Shema Israel versus Alenu LeShabeaj ......................................19

La Omnipotencia de Dios – El poder absoluto ..................................................20

La imagen pública de Dios – ¿Qué aprendemos del Poder Divino? ..................21

¿Dónde Estás? Cómo acercanos a Dios cuando estamos perdidos ....................23

La Ira de Dios y por qué la gente buena sufre ¿enojo o abandono? ..................25

¿Dios realmente nos protege? .............................................................................27

Dios como Papá y Dios como Mamá .................................................................30

Dios y el lenguaje feminista ................................................................................32

Dios es un Maestro .............................................................................................34

¡Dios a veces se queda dormido! .........................................................................36

El Secreto es Aceptar – Cómo entender el impenetrable libro de Job ...............39

¿Dios es ético? .....................................................................................................41

Dios te ama y es justo contigo…¿pero es omnipotente? .....................................44

El Holocausto Nazi y sus desafíos teológicos ¿Qué debemos responder? ..........46

La Muerte de Dios – Cómo responderle a un Ateo ..........................................49

¿A qué o a quién le estoy rezando? .....................................................................52


Dios y los seres humanos ¿qué ha cambiado realmente? ...................................54
Dios ¿Creó u Ordenó el mundo? ........................................................................56

Dios nos necesita: la importancia del ser humano según la Creación ................59

Dios versus los desastres naturales e históricos ...................................................61

La Creación en la plegaria o rezo judío .............................................................63

El Verdadero relato de la Creación del Mundo .................................................65

La Revelación de Dios según el judaísmo ..........................................................67

El pueblo de Israel ¿es el pueblo elegido? ...........................................................69

El problema de la Revelación de Dios en el judaísmo ........................................72

La Revelación Tradicional de Dios y la Tora según el judaísmo ........................74

La Revelación Moderna de Dios y la Tora según el judaísmo ...........................76

¿Qué reveló Dios según los pensadores Modernos? ...........................................79

Judíos tradicionalistas Vs. Judíos liberales .........................................................81

Socios con Dios en Su Revelación ......................................................................84

Creación, Revelación y Redención: el mito del eterno retorno judío ................86

Dios nos Salvó una vez, ¿volverá a hacerlo? .......................................................89

La Redención Final, desde la Creación hasta el Fin de los Tiempos .................91

La Redención o Salvación Final del Mundo ......................................................94

La Redención o Salvación Nacional Final de Israel ...........................................96

La Redención o Salvación Final de los Seres Humanos ....................................98

¿Por qué Dios no redime de una buena vez? ....................................................101

Socios con Dios en la Redención .....................................................................103

¿Los humanos necesitamos a Dios o Dios nos necesita a nosotros? .................105


Si nos sentimos felices ¿necesitamos la redención? ...........................................108
Misticismo y Mesianismo: los peligros de hacer del Mito una Historia ...........110
Introducción
¡No se entiende!

A pesar que mi esposa Laila lee de vez en cuando mis publicaciones teológicas en
el blog, ella es quien me ha escuchado hablar sobre Dios más que nadie en este
mundo. Estar casada conmigo implica que el tema Dios (y todos sus derivados) se
discuten abiertamente en cualquier tipo de reunión con amigos que quieren no solo
compartir su opinión sobre uno de los tópicos más antiguos de la humanidad sino
conocer qué ideas posee la tradición judía sobre aquello que hemos decido llamar
Dios.
Laila fue la primera que al ver la tapa de este ebook me dijo: “no se entiende”. Mi
reacción ante su respuesta fue decepción. Mi segunda reacción fue entusiasmo. ¿Qué
mejor que un libro dedicado a Dios no sea fácil de comprender? Cuando uno escribe
sobre Dios quiere decirlo todo y al mismo tiempo preservarse de no definir realmente
nada. Dios es indefinible e incognoscible. Dios es Dios. Nosotros somos humanos.
Pero lo incomprensible de la tapa para Laila no eran las preguntas. Para Laila la
idea sobre la presencia o ausencia de Dios es muy simple de interpretar: Dios está
donde lo dejemos entrar. Está en la mirada de la persona amada y en la sonrisa de un
bebé. En la fuerza del océano y en la inconcebible sorpresa de vivir. Dios está presente
todo el tiempo en todos lados. Solo depende de nosotros saberlo. Lo que la perturbó a
Laila fue la imagen de la tapa del ebook. ¿Por qué se ve mi ojo de fondo?
Responder sus preguntas me permitió explicarle lo que necesitaba explicarme a mi
mismo: ¿Puede alguien saber o decir algo verdadero acerca de Dios? ¿Vale la pena
escribir tanto sobre este tema tan subjetivo? ¿A qué o a quién le estoy rezando?

El Dios de la Biblia

En el intento por responder todas estas preguntas muchas personas recurren a la


Biblia. Pero curiosamente la Biblia es uno de los textos más complicados al intentar
extraer alguna respuesta que nos satisfaga sobre Dios. En la Biblia la pregunta sobre
qué es o quién es Dios jamás es respondida en una sola definición puesto que la
presencia divina acontece en todas las cosas: la naturaleza, la historia e incluso en los
diálogos con ciertos personajes. Todos los rabinos y grandes pensadores judíos
coinciden en que Dios se encuentra más allá de cualquier comprensión humana y sin
embargo no hay un sólo pasaje en la Biblia que no hable en forma atrevida sobre cómo
es Dios y qué quiere. Ésta es la paradoja del Dios que leemos en la Biblia. Dios está

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más allá de cualquier sentimiento, experiencia o conjunto de palabras que intentemos
utilizar. Pero, curiosamente, los diferentes autores de los textos que conforman la Biblia
parecerían conocer y saber muchísimo sobre cómo es Dios y qué pretende de la
humanidad.

Esclavo de sus palabras y dueño de su silencio

¿Y qué hacemos los que queremos hablar o escribir sobre Dios? Tenemos dos
opciones.
Primero podemos recurrir al silencio sincerándonos que nada de lo que digamos
puede capturar la esencia de Dios. Ésta estrategia es utilizada por algunos cabalistas.
En términos místicos Dios es referido como Ein Sof (sin final o infinito). Utilizar este
nombre es en realidad una confesión de ignorancia más que una descripción de Dios.
Dios es el Infinito en sí mismo. Y el Infinito se encuentra más allá de nuestras
capacidades. Utilizando esta misma idea el más grande filósofo judío medieval, Moisés
Maimonides (1135-1204), declaró que al hablar de Dios sólo podemos utilizar atributos
negativos -no es personal, ni sabio, ni fuerte, ni bueno, ni malo, etc.- porque cualquier
atributo positivo sería limitarlo.
La segunda opción es que a pesar que reconocemos que es imposible conocer la
esencia de Dios, debemos hablar de Dios por el bien de la humanidad y nuestra vida.
Sabemos que sea lo que sea que digamos vamos a terminar siendo parciales,
imaginativos y fundamentalmente subjetivos. Así y todo deberíamos hablar de Dios
porque refleja la construcción idealista continuamente cambiante del ser humano en
sus imágenes, metáforas y anhelos. Pero recordemos que todo lo que digamos se
convertirá en falso e idólatra si nos convencemos que es literalmente verdadero,
objetivo y preciso. Nadie tiene una sola fotografía de Dios.

Las metáforas de Dios

Todo esto me lleva nuevamente a la tapa de este ebook. ¿Por qué está mi ojo
mirándote, querido lector, al mismo tiempo que miras mi ojo?
Primero y principal creo profundamente que nadie tiene acceso a la esencia de Dios
ni sabe realmente lo que Dios quiere. Segundo y en consecuencia con lo primero, creo
que Dios es una construcción del ojo humano. Esto no quiere decir que Dios no existe
(¿cómo podría un ser humano saber algo así?) ¡Todo lo contrario! Dios es una verdad y
una realidad absoluta en mi vida. Soy un hombre de fe. Ya no tengo ninguna duda al
respecto. A lo que me refiero con la construcción del ojo humano es que cada vez que
hablamos de Dios estamos utilizando metáforas, analogías, símbolos o imágenes. No

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estamos captando ni hablando de Dios en sí mismo sino de cómo se nos presenta a
nosotros utilizando metáforas humanas.
Una metáfora es una forma muy práctica para eludir la verdad y convenir una
realidad más elusiva que captura lo implícito. Utilizamos metáforas todo el tiempo en
nuestras vidas. Sabemos que el león es “el rey de la selva” y que es peligroso “lavar
dinero”. Nadie es tan ingenuo como para suponer que el león lleva realmente una
corona en su cabeza y que una persona está metiendo billetes en una máquina para
lavar la ropa. Pero estas metáforas nos sirven para capturar en forma clara y vívida una
información que es terriblemente compleja. No podemos dejar de ser humanos. Todos
nuestros intentos por concebir a Dios van a estar limitados por nuestro ojo. Nuestras
metáforas de Dios nunca deben ser tomadas como literalmente precisas o reales. Dios
no está arriba ni abajo, adentro o afuera porque Dios no opera en el espacio. Tampoco
opera en el tiempo ya que el pasado y el futuro son ideas humanas. Dios no es
personal o impersonal; no es hombre o mujer; no es un pastor, un guerrero, un rey, un
padre, un señor, un amante, un amigo ni una energía, fuerza o naturaleza. Dios no
escucha porque no tiene oídos, no puede vernos porque no tiene ojos ni puede hablar
porque no tiene boca. Dios nunca se enoja ni tampoco se alegra. Todas estas
expresiones son metáforas e imágenes humanas que son utilizadas al intentar hablar
de una realidad que trasciende la cognición humana. En conclusión pensar o hablar de
Dios es pensar y hablar en metáforas. Debemos hacer un esfuerzo enorme para estar
en paz con estas conclusiones y luego intentar trazar las implicancias que esto tiene
para nuestra vida y nuestra humanidad.

¿Qué ves cuando me ves?

La noción que todas nuestras conversaciones sobre Dios están compuestas por
metáforas creadas por seres humanos puede hacernos creer que los seres humanos
hemos “inventado” a Dios. La respuesta a esta idea es un rotundo ¡no! Los seres
humanos hemos des-cubierto a Dios y luego inventado metáforas para intentar
caracterizar el Dios que experimentamos. Las metáforas mismas nacen desde un acto
profundo que intenta des-cubrir esa experiencia genuina de realidad que nos
transciende y que todos sentimos pero ningún filósofo puede explicarnos.
Intentar responder entonces qué es Dios desde una perspectiva judía es atreverse a
explorar las metáforas que los judíos hemos utilizado para darle un sentido a nuestra
historia, nuestra misión y nuestras vidas.

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¿Cómo leer este ebook?
Este ebook está compuesto por pequeños ensayos teológicos coleccionados a lo
largo de todo un año de estudio siguiendo un libro de referencia: The Way Into
Encountering God in Judaism por el Rabino Dr. Neil Gillman. El año pasado estudié
este texto en profundidad (junto a otras obras de Gillman) y fui escribiendo
publicaciones semanales en el Blog sobre lo que aprendía de este libro y el
pensamiento de Gillman. El resultado final no fue una traducción literal de Gillman sino
mi propio entendimiento de lo expresado en sus obras. Cualquier acierto de este ebook
le pertenece a Gillman. Todos los errores o ideas poco claras me corresponden.
Lo que ofrezco entonces son las mejores publicaciones de un año de estudio sobre
Dios desde una perspectiva judía tanto tradicional como muy moderna siguiendo el
libro de Gillman como referencia. Como fui avanzando progresivamente sobre estos
temas siguiendo un texto mi recomendación es que este ebook sea leído en forma
continua desde el principio hasta el final. De todos modos eso no quita que la mayoría
de los ensayos son auto-suficientes y uno puede tranquilamente leerlos en forma
aislada y meditar sobre sus enseñanzas.
Sin más solo me queda desearles que tengan un buen viaje...¡si Dios quiere!

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Dios

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SHEMA ISRAEL: ¿DIOS ES UNO?

No hay ningún pasaje de la Tora más conocido por los judíos que el Shema. Lo
decimos todos los días en dos oportunidades dentro de nuestras plegarias y según
nuestra tradición debería ser lo último que decimos antes de morir. El Shema realmente
representa la esencia de lo que los judíos creemos y si bien el judaísmo no posee
dogmas lo más cercano a un dogma es lo que articulamos al decir el Shema.
En el contexto de la Tora el Shema es parte de un largo discurso que Moisés le dice
a los hijos de Israel antes de morirse y antes que ellos entren a la Tierra Prometida.
Moisés les dice básicamente lo siguiente: tengan reverencia por Dios, cumplan la
“instrucción” de Dios (Tora se traduce literalmente como “instrucción”) y les va a ir muy
bien. Luego Moisés proclama:
 
Escucha Israel: Adonai nuestro Dios Adonai es uno 
 
Como estamos tan acostumbrados a decir esto todos los días podemos caer en la
desgracia de simplemente decir estas palabras como algo mecánico sin realmente
comprender el significado de lo que estamos diciendo. Es más, creo que el significado
no es tan obvio para muchas personas.
Decir Adonai es uno es la traducción más directa del hebreo original para el número
1 que se dice ejad. Pero traducir ejad como uno cuando nos referimos a Dios es
bastante complejo de entender. ¿Dios es uno y por eso no es dos ni tres? ¿Dios es uno
qué? ¿Un ser maravilloso?¿Un algo amoroso? ¿Un poder todopoderoso?
Lo que el Shema clama en realidad no es que Dios es uno sino que es único. uno y
único son dos cosas distintas. Dios es el único Dios para el pueblo judío. Cuando
decimos  que Adonai es ejad  estamos diciendo que nuestro Dios es exclusivamente
nuestro único Dios. De hecho la mejor traducción del Shema sería algo así:
 
Oye bien Israel: Adonai es nuestro Dios, Adonai únicamente  
 
Esta formulación enfatiza así la relación de Israel con Dios seguido de la esencia
del propio Dios. Para Israel solo Dios es Dios. No solo que no hay otro sino que ni
siquiera hay otra cosa.
Este es el motivo por el cual tenemos que amar a Dios con todo nuestro corazón,
con toda nuestra alma y con todos nuestros medios.

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¿CÓMO RELACIONARNOS CON DIOS?

Una de las cosas más difíciles para la mayoría de nosotros es encontrar el modo
para relacionarnos con Dios. Pero no deberíamos buscar demasiado ya que en el
Shema se nos dice cómo hacer para establecer la relación:
 
Amarás a Adonai tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todos tus
medios
 
Claro…¿y exactamente cómo se hace todo eso?¿Puede el amor ser comandado
así de fácil? ¡Ama a Dios porque es una orden! Lo más complicado es que esta frase
tampoco nos dice si el amor es un sentimiento o debemos articularlo de algún modo a
través de ciertas acciones concretas.
Pero todo esto se complica aún más puesto que el Shema sigue luego dándonos
más ordenes: debemos establecer las enseñanzas de Dios en nuestro corazón,
debemos enseñárselas a nuestros hijos, debemos hablar sobre ellas cuando estemos
sentados en nuestros hogares o cuando estemos de viaje por algún camino, cuando
nos acostamos a dormir y cuando nos levantamos; debemos atarlas como señal en
nuestro brazo y usarlas como tefilin entre nuestros ojos; y por si esto fuera poco
debemos ademas escribirlas sobre los marcos o jambas de nuestros hogares
Para relacionarnos con Dios debemos hacer el esfuerzo de intentar “conocer a
Dios”. No podemos amar lo que desconocemos. Si Dios es una idea, una definición,
algo que esta “afuera y arriba” en lugar de “abajo y adentro” nunca podremos amar de
verdad a una definición. En lugar de pensar o sentir a Dios como un objeto debemos
acercarlo como un sujeto y establecer una relación personal. Debemos hablarle como
si fuera un padre o maestro que nos va a aconsejar o como un amigo que nos va a
consolar.
Debemos hacer el esfuerzo para intentar hablar de Dios aún cuando nuestras
palabras no alcancen para “contener” a Dios. Dios es uno y único. Y Como Dios es
exclusivamente nuestro único Dios debemos ser leales en forma absoluta a Dios. Ésta
es la manera en la que debemos relacionarnos con Dios.

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EL DIOS DE MAIMONIDES – LA EXISTENCIA Y ESENCIA DE
DIOS

¿Alguna vez se imaginaron a qué tipo de Dios reza el prójimo? Todos rezamos al
mismo Dios y sin embargo cada uno de nosotros piensa o siente algo diferente cuando
hablamos de Dios. Por supuesto que esto no es un problema sino riqueza. Pero no
puedo dejar de intrigarme con qué piensa el otro cuando habla de Dios, La Energía, La
Naturaleza o el nombre qué se les ocurra.
No sólo podemos jugar a imaginar el Dios del de al lado sino también el Dios de
nuestros antepasados. ¿Cómo hacemos esto? Leyendo lo que ellos escribieron sobre
Dios.  Y se me ocurrió ayer ¿qué mejor que conectarse con Dios del modo que
Maimonides lo hacía? ¿Es esto posible?
Primero unas breves palabras para refrescar la memoria. Maimonides fue un judío
medieval notablemente influenciado por las filosofía griega que tanto amaba. Heredero
de dos poderosas tradiciones -la judía y la griega- su objetivo fue el de reconciliar
ambas. Para Maimonides la Verdad era una sola y como él sentía que ambas
tradiciones eran verdaderas en lo que proponían, llegó a la conclusión que ambas
debían estar diciendo la misma Verdad pero en diferentes idiomas. Por eso se dedicó a
exponer lo que tenían en común en gran parte de su obra.
Por el simple hecho de filosofar sobre la tradición judía Maimonides comenzó a
imaginarse un Dios cada vez más abstracto, racional y metafísico. Debido al tipo de
pensamiento racional que Maimonides tenía lo más elevado que podemos alcanzar
según él no es lo que sentimos sino lo que sabemos o podemos “conocer”. Así,
pensando lo más complejo que podemos pensar, Maimonides declaró que Dios conoce
su propio Ser, lo entiende tal cual es y no como un conocimiento externo a sí mismo.
En conclusión Dios es Uno que conoce, es conocimiento y es el conocimiento de sí
mismo- todo esto siendo Uno. 
Luego de la tortuosa exposición filosófica sobre Dios como “ el conocimiento en sí
mismo” Maimonides concluyó con su mayor contribución al pensamiento medieval
filosófico: todo esto se encuentra más allá del poder del habla para expresar, más allá
de la capacidad del oído para escuchar y más allá de la mente humana para
comprender con claridad. En otras palabras, según Maimonides podemos pensar y
racionalizar todo lo que queramos que de todos modos nunca vamos a poder
comprender a Dios ni expresar “Su esencia”.
Imagino lo que estarán pensando: ¡¿QUÉ SIGNIFICA TODO ESTO?! ¿Cómo puedo
rezarle a un Dios así? Les recuerdo que estamos tratando de entender a qué idea de lo
que es Dios le rezaba Maimonides.

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Maimonides era tan humano como cualquiera de nosotros. Experimentaba la vida
en forma similar. Tenía momentos alegres y momentos tristes. Certezas e
incertidumbres. Miraba el mismo mundo que vemos nosotros, su naturaleza y su
historia. Y por lo tanto su búsqueda era la misma que la nuestra: ¿cuál es la esencia de
Dios? ¿a qué o a quién le estoy rezando?
Su propuesta fue entonces enfatizar la integridad total de la esencia de Dios.
Nosotros nos entendemos a nosotros mismos, nuestras vidas y nuestro conocimiento
como “cosas” separadas unas de las otras. Las tres representan aspectos de nuestra
personalidad pero no son dependientes para existir. Mi conocimiento está separado de
mi existencia puesto que hubo un “Diego” antes que yo supiera algo del mundo y
seguirá habiendo un “Diego” cuando me haya olvidado gran parte de lo que sé. El
conocimiento entonces no es intrínseco a mi esencia.
Pero esto no ocurre con Dios según Maimonides. Para Dios no existe el
conocimiento como algo separado. Decir que Dios es Uno para Maimonides significa
que Dios es el sujeto, el verbo y el objeto sucediendo al mismo tiempo en forma eterna
y sin cambios. Para decirlo de otra forma, Dios es “conocimiento conociéndose a sí
mismo”. Si lo más elevado para Maimonides era el Conocimiento no hay nada más
cercano a lo absoluto que “el Conocimiento conociéndose”.
En la Tora la idea que Dios es Uno y Único implica una relación entre Israel y Dios o
cómo Dios e Israel están exclusivamente comprometidos. La Tora no nos dice cómo es
Dios. Pero con Maimonides la esencia de este Dios se convierte en una articulación
abstracta y filosófica. El Dios de Moises dejó de ser una conexión visceral y emocional
y con Maimonides se convirtió en una sentencia filosófica que satisface la mente. Este
Dios de Maimonides tiene mucho más de ideas aristotélicas que ideas bíblicas. Tal vez
este haya sido uno de los motivos por el cual las enseñanzas de Maimonides
generaron tanta controversia para sus contemporáneos y aún en mucho de nosotros.
¿Piensan ustedes en Dios de este modo al rezar? ¿Qué imagen de Dios tienen?
¿Les gustó la idea de Maimonides?

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EL JUDAÍSMO ES MONOTEÍSMO ¿QUÉ SIGNIFICA REALMENTE?

Una de las cosas más difíciles de definir es el judaísmo. Solo junten a un grupo de
judíos y pidan una definición de judaísmo y es casi seguro que no lograrán obtener una
única respuesta. Algunos dirán que es una religión, otros dirán que es una “forma de
vida”, tal vez para otros es simplemente un modo de ver el mundo y la historia.
Pero hay algo que todos los judíos estamos de acuerdo: el judaísmo es un
monoteísmo. Nuestros antepasados tomaron esta decisión de ser monoteístas como
algo completamente fundamental de la existencia. A través de sus observaciones y
experiencias concluyeron que absolutamente todo es el producto de un solo Dios.
La realidad es que podían haber elegido otras opciones. Decir que el mundo, la
historia y nuestras experiencias reflejan una perfecta unidad producida por un solo Dios
no es lo que nosotros sentimos en nuestra cotidianidad. Nuestra vida, el mundo y la
historia parecen algunos días perfectamente ordenados y otros días tremendamente
anárquicos. Las estaciones se suceden, el sol sale y luego se oculta y todas estas
cosas acontecen en forma totalmente predecible y ordenada. Sin embargo otros días
nos sorprenden terremotos, tsunamis y epidemias en las que mueren miles de
inocentes.
¿Realmente sentimos el mundo como algo perfectamente ordenado o más bien es
algo aleatorio y muchas veces caótico? La realidad es que elijamos una opción o la otra
finalmente tendremos que compensar nuestra decisión en torno a la otra. Si decimos
que el mundo es perfectamente ordenado gracias a una mano invisible que guía la
historia entonces tendremos que responder por el caos inminente que también
experimentamos. Si decimos que el mundo es realmente caótico tendremos que
intentar responder por el relativo orden que hace que ciertos fenómenos ocurran y que
no dejen de maravillarnos.
Nuestros antepasados eligieron ver un mundo completamente ordenado e hicieron
responsable de ese orden a un único Dios. Pero por supuesto que no eran tan
ingenuos como para decir que no existía el mal o los problemas. Si leemos el pasaje
del libro de Isaías (45:6-7) encontramos lo siguiente:

...para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay
más que yo; yo Dios y ninguno más que yo, Yo formo la luz y creo las tinieblas, Yo hago
la paz y creo el mal. Yo Dios soy el que hago todo esto.

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Este pasaje es tremendamente audaz: ¿Dios hace la Paz y crea el Mal? Según
este profeta hay un sólo Dios y este Dios es el responsable de la luz y la oscuridad; de
todo lo bueno y todo lo malo que ocurre en el mundo. Dicho sea de paso esto no solo
nos llama la atención a nosotros sino incluso a los Rabinos que escribieron las
plegarias. La bendición que continúa al Barjú en la plegaria de la mañana cita
literalmente este pasaje de Isaías pero con una pequeña e importante modificación
creada por los Rabinos mismos. En lugar agradecer a Dios por crear el Mal le
agradecemos por crear Todo. Así todas las mañanas cuando rezamos decimos:

Bendito eres Tú, Dios nuestro, Rey del Universo, Quien forma la luz y crea la
oscuridad, hace la paz y crea todo”.

No es lo mismo agradecerle a Dios por hacer la paz y crear todo que agradecerle
por crear el Mal.
Cada uno de nosotros ve el mundo de formas distintas condicionado por la
educación, los textos y los esquemas de referencia que recibió. Yo vivo en Hong Kong
y para mucha gente de aquí la idea de un solo Dios es un absurdo. ¡Y sin embargo yo
no puedo concebir la idea que alguien pueda seguir creyendo que hay muchos dioses!
¡Me hace sentir que millones de personas están totalmente erradas! Pero pienso así
porque mis ancestros pensaron así y así es como me educaron a mí también. Para mí
tiene mucha mas lógica creer que existe un solo Dios y no dos o tres. Para mí decir que
hay un solo Dios es también decir que creo que con todas las adversidades presentes
el mundo también representa una sola unidad en la que todo esta conectado con todo.
¿Cómo sería mi vida si eligiera mañana creer que hay dos Dioses en lugar de uno?
Significaría para mí que todo está en un constante estado de perpetua indecisión por
parte divina. Y perpetua indecisión significa perpetua inseguridad. ¡Nunca sabría quien
está a cargo del mundo y mi vida hoy!
Por supuesto haber elegido creer en un solo Dios me presenta todos los días con la
dificultad de responder por qué la gente buena sufre. Pero ser judío es ser monoteísta y
ser monoteísta significa aceptar confrontar este problema todos los días.

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¿D IOS ES O SERÁ ? S HEMA I SRAEL VERSUS A LENU
LESHABEAJ

Nuestra tefilá, es decir nuestra plegaria o rezo es realmente intrigante. Primero


proclamamos Shema Israel (Escucha Israel: Adonai es nuestro Dios, Adonai es Uno) y
luego en el Alenu LeShabeaj concluimos al grito de “Adonai será Rey sobre toda la
tierra, en ese día Adonai será Uno y Su Nombre, Uno”.
¿En qué quedamos Dios es Uno o será Uno? La respuesta a está pregunta es muy
simple: ambas cosas. Esto no es una contradicción. Por un lado los judíos afirmamos
que para nosotros hoy, aquí y ahora Dios es Uno y Único. Pero sabemos que esto no
ocurre para el resto de las naciones del mundo y es nuestro anhelo que en un futuro el
mundo entero también reconozca la Unidad. En ese día entonces Dios será realmente
Uno para toda la humanidad.
Esta tensión impresionante entre declarar que algo es y luego decir que será es
fascinante. ¡Especialmente porque no se refiere a cualquier cosa sino a Dios! Pero creo
que lo más hermoso de esta dualidad es que representa la incertidumbre más humana
que los judíos tenemos con Dios. Por un lado somos conscientes de las rupturas que
hacen que nuestra experiencia humana parezca aleatoria y desconectada. Somos
conscientes de esos días en los que nada tiene sentido y vemos sufrir a quienes no lo
merecen. Sin embargo nuestra tradición cree que a pesar de las adversidades y los “sin
sentido de la vida” hay una Unidad que se develará…pronto.
La tradición enseña que en realidad esta tensión no se resolverá en esta historia
sino con la llegada del Mesías, en un tiempo completamente distinto. Ese día Dios será
Uno y su nombre Uno. ¿Y hasta ese entonces qué hacemos?
Debemos convivir con la tensión. Dios es y no es Uno. Al menos no lo creemos así
ya que seguimos recitando el Alenu LeShabeaj. Nuestra experiencia al igual que la de
nuestros antepasados es ambigua. Algunas veces todo parecía tener sentido para ellos
y otras veces no. Vivían afirmando una contradicción. Vivieron miles de años como
judíos con está tensión. ¿Podremos también hacerlo nosotros?

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LA OMNIPOTENCIA DE DIOS – EL PODER ABSOLUTO

Para nosotros los judíos Dios no controla a todos sino a Todo. El término que
utilizamos para describir esta cualidad que hace de Dios algo único es omnipotencia.
¿Qué significa esto?
Decir que Dios es omnipotente es declarar que Dios es completamente libre. Dios
no depende de nada ni de nadie. En la Biblia Dios no nace ni tiene una genealogía. Ni
siquiera tiene contacto con nada. Dios crea a través de imperativos, diciendo: “que se
haga la luz…que se formen las estrellas, etc”. La Biblia no posee una biografía de Dios.
Dios es introducido en la Biblia pero no es presentado. La Biblia da por hecho que Dios
no necesita introducción. Todo esto nos ayuda mucho si queremos desarrollar nuestra
relación con Dios.
La esencia del monoteísmo va más allá de uno, dos o múltiples dioses. La esencia
del monoteísmo es en realidad la esencia de Dios mismo. Si hubieran muchos dioses el
mundo viviría en una constante tensión por la dominación divina. Y si hubieran muchos
dioses cada uno estaría limitado o influenciado por el otro.
La omnipotencia de Dios es la revolución histórica que la Biblia introdujo en la
historia de la humanidad. Esto tuvo un impacto directo en el modo que nosotros vemos
el mundo hasta el día de hoy. La omnipotencia de Dios nos permite vivir en un mundo
que con lo bueno y lo malo es esencialmente una Unidad indivisible. Así podemos vivir
tranquilos sabiendo que el mundo y nuestra vida -aún cuando hoy parece caótica y sin
sentido- está ordenada dentro de una unidad.
Lo único que sabemos de Dios a través de la Biblia es Su compleja relación con los
seres humanos. En la Biblia de hecho los únicos que presentan una seria amenaza a
Dios somos nosotros, los humanos.
Pero tenemos que saber que para la tradición judía Dios existe anterior a toda la
creación y es el único responsable de toda la creación. Antes de la creación solo había
Dios. Si no existiera la creación lo único que existiría es Dios. Y cuando el mundo deje
de existir lo único que seguirá existiendo es Dios.
La próxima vez que cierren los ojos para recitar el Shema Israel mediten en todo
esto. No hay arriba ni abajo ni adentro ni afuera. No hay antes ni ahora ni mañana. Solo
hay omnipotencia. Solo hay Dios.

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LA IMAGEN PÚBLICA DE DIOS – ¿QUÉ APRENDEMOS DEL
PODER DIVINO?

En nuestra publicación anterior hablamos de la omnipotencia y el poder absoluto de


Dios. Dijimos ahí que para los judíos Dios no depende de nada ni de nadie y ni siquiera
está limitado por algo o por alguien. ¿Pero es esto realmente así?
En la Biblia, en el libro de Exodo 32:9, leemos que Dios enojado clama: “Yo he
observado a este pueblo y he aquí que es pueblo de cabeza dura. Ahora déjame para
que se encienda mi ira contra ellos y los consumiré; y Yo haré de ti (Moisés) una nación
grande”.
Como pueden ver he resaltado la palabra déjame. ¿Acaso Dios necesita el permiso
de Moisés para castigar o destruir? No solo esta pregunta es tremendamente compleja
sino es aún más sorprendente la respuesta de Moisés quien logra frenar la ira de Dios.
Moisés le dice “¿Qué van a decir los egipcios: con mala intención los sacó para
matarlos en las montañas y para destruirlos de sobre la faz de la tierra? ¡Vuelve del
furor de tu ira y arrepiéntete de este mal pensamiento contra tu pueblo!” (Exodo 32:12).
La audacia de Moisés es impresionante. Le exige a Dios que se arrepienta de este
mal pensamiento preguntándole ¡¿Qué van a decir las egipcios?! ¿Acaso el poder de
Dios debería estar limitado por la opinión de los opresores más paradigmáticos del
Pueblo de Israel?
El segundo argumento de Moisés seguido de la imagen pública de Dios frente a los
egipcios es luego mucho más profundo: Dios ha hecho un pacto con Abraham y los
patriarcas. Dios no debería romper un pacto que el mismo se comprometió a cumplir. Y
así finalmente Dios no destruye a los israelitas y cambia de opinión gracias a la
intervención de Moisés.
Este episodio bíblico es difícil de entender. De repente la omnipotencia y poder
absoluto de Dios se ha limitado por la imagen pública que tiene entre los humanos y las
promesas que libremente ha realizado.
¿Pero qué podemos aprender nosotros que no somos ni Dios ni Moisés de todo
este episodio sobre el Poder Absoluto de Dios? La realidad es que la “decisión” de Dios
de retener su ira y perdonar no es un símbolo de debilidad sino lo contrario: es el
ejemplo más elevado del control total del poder.
Muchas veces pensamos la idea de Poder como algo agresivo o algo que está
motivado por el “hago lo que quiero”. Pero por el contrario la enseñanza final de este

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episodio es maravillosa: la expresión más elevada de Poder que podemos alcanzar es
cuando lo utilizamos para dominar nuestros propios impulsos. Si los humanos solo
podemos entender o relacionarnos con Dios a través de metáforas que surgen desde
nuestra propia experiencia humana e imperfecta, esta caracterización de Dios es muy
apropiada para nuestros tiempos.
Esto también nos recuerda al Rabino Ben Zoma en Pirkei Avot 4:1. Ahí nos
preguntamos ¿quién es el fuerte? Y podríamos pensar que una persona con mucha
masa muscular es fuerte ya que a simple vista se nota físicamente su gran fuerza física
y resistencia. Los gimnasios y entrenadores personales abundan hoy más que nunca.
En el ámbito político, a menudo la Fuerza y el Poder son los que mandan. Un país
puede incluso imponer sus valores a través del uso de la fuerza abrumadora. Pero aquí
aprendemos lo contrario: se necesita mayor fuerza para conquistar nuestros propios
impulsos. Trabajar con otras personas, escuchar y comprometerse con el prójimo
requiere muchas más fuerza y resistencia que forzar nuestra voluntad sobre ellos con
la fuerza bruta de nuestro Poder.

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¿DÓNDE ESTÁS? CÓMO ACERCANOS A DIOS CUANDO
ESTAMOS PERDIDOS

Una de las cosas más interesantes de la Tora son las preguntas que allí se hacen.
Especialmente si estas preguntas las hace Dios. Y una de las cosas que me llama
poderosamente la atención es que Dios pregunta varias veces en los primeros
capítulos de la Biblia “¿donde estás?”
Dios le pregunta a Adam dónde está y después le pregunta nuevamente a Caín
dónde está su hermano. Además Dios utiliza en ambos casos la segunda persona del
singular, es decir “tú” o “vos”. Y no puedo evitar hacerme dos preguntas muy obvias: (1)
¿Dios no sabe dónde están? y (2) ¿por qué está escrito esto así y no en forma de
narración, por ejemplo Dios le preguntó a Adam dónde estaba?
Lo primero y principal es la fuerza que tiene leer esto así escrito: ¿DÓNDE ESTÁS?
¿Podemos responder realmente esta pregunta? Cada vez que pienso un instante esta
pregunta me doy cuenta que es una pregunta terriblemente existencial. Muchas veces
estoy físicamente en un lado pero mi pensamiento está en cualquier otra parte. Otras
veces estoy “perdido” en mi propia casa. De hecho muchos de mis amigos se ríen
porque les pregunto generalmente no cómo están sino dónde están. Y me responden
¿quién sos? ¿Mi mamá? Pero mi pregunta es tan sincera como la de Dios en la Tora.
¡Me interesa realmente saber en dónde están tanto física como mental y
espiritualmente!
Pero hay algo más profundo al reconocer que esta pregunta no está escrita en
forma de narración en la Biblia. Creo que aprendemos algo muy profundo acerca de
Dios y de nosotros mismos al leer ¿dónde estás? en lugar que estuviera escrito Dios le
preguntó a Adam dónde estaba.
Primero Dios así es personal. Si Dios no fuera personal actuaría en forma mecánica
siguiendo un sistema de leyes en los cuales cambiar de parecer o cuestionarse qué
decisión tomar no sería una opción. Si Dios no fuera personal no entendería cómo nos
sentimos nosotros internamente. Nosotros no somos seres binarios como las
computadoras que solo conocen dos comandos: ACEPTAR O CANCELAR. Nosotros
dudamos. Nosotros cambiamos de parecer. Nosotros nos equivocamos, pedimos
perdón e intentamos hacernos mejores. Somos humanos.
Cuando Dios pregunta dónde estás no se refiere a un lugar físico solamente. Se
refiere a un estado de relación emocional. ¿Dónde está tu relación con Dios? Y como
Dios es personal Dios vive una relación dinámica con nosotros. Una relación que
cambia todo el tiempo porque nosotros mismos vamos cambiando a cada instante.

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¿Por qué está Dios “buscándonos”?¿En qué sentido “estamos perdidos” para Dios?

Si Dios nos pregunta es porque esta preocupado por nosotros. Dios está
buscándonos. Pero encontrarnos con Dios no requiere solo un acto físico. Muchas
veces nos acercamos o distanciamos de otra persona que ni siquiera está físicamente
con nosotros. Creo que la verdadera respuesta al dónde estás de Dios es la conciencia
que podemos estar distantes de otra persona aún cuando se encuentra con nosotros
en la misma habitación. Si esto nos sucede con otros seres humanos. ¿Cómo se
imaginan que nos sucede con Dios?
Esto me recuerda la famosísima frase del Rebe de Kotzker. Cuando una vez le
preguntaron ¿dónde está Dios? el Rebe contestó donde quiera que lo dejemos entrar.

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LA IRA DE DIOS Y POR QUÉ LA GENTE BUENA SUFRE ¿ENOJO
O ABANDONO?

Cada vez que suceden tragedias nos preguntamos dónde está Dios que permite
que algo así ocurra. Muchos de mis alumnos de 12 o 13 años (e incluso muchos
adultos también) cuestionan la existencia de Dios cuando muere gente inocente. Pero
es importante saber que estos cuestionamientos no son algo novedoso en la historia y
menos en la historia judía. Nuestros textos están llenos de problemáticas con respecto
a la existencia de Dios y del Mal. Lo que es novedoso es cómo entendemos estos
problemas a la luz de la Modernidad o el tiempo en el que nos toca vivir. En otras
palabras, las interrogantes sobre la idea del Mal y la idea de un solo Dios que castiga
sin sentido a gente inocente tienen respuestas diferentes para un judío viviendo en el
siglo XXI que para un judío que vivió en el siglo XII. Pero lo mas triste es que muchos
judíos y no judíos utilizan estos argumentos para decir que Dios ya nos ha abandonado
hace rato.
Para mí la pregunta no es en realidad dónde está Dios cuando sucede el Mal sino
cómo entendemos nosotros como humanos lo qué está sucediendo. Parte de este tipo
de pensamiento está enraizado en la idea que nosotros no tenemos acceso a Dios
porque sino seríamos Dios. Si yo puedo saber por qué Dios hace lo que hace entonces
yo sería como Dios. Y eso es obviamente un absurdo. Por eso siempre debemos
desconfiar cuando alguien nos dice “Dios quiere que hagas esto o lo otro”. En realidad
lo que esa frase está diciéndonos es lo que la persona que la está articulando quiere
que nosotros hagamos y pone a Dios como excusa. Esa persona tampoco tiene acceso
a Dios. En otras palabras, nadie puede saber realmente lo que Dios quiere. De hecho y
si queremos ir más lejos podríamos llegar a pensar que si Dios quiere algo es porque le
está faltando ese algo y entonces Dios no está completo ni es perfecto porque está en
falta.
No nos enredemos más. Simplemente quería en esta publicación compartir con
ustedes una manera distinta de entender o relacionarnos con la ira de Dios.
La manera en que debemos entender la ira de Dios es como un enojo pero no como
un abandono. De hecho el abandono es muchísimo peor que el enojo. El enojo incluye
el amor. El mundo está lleno de gente con la que no nos enojamos simplemente porque
no nos importa. Solo nos enojamos con la gente que en el fondo queremos. Enojarse
con Dios por lo malo que sucede es una manera de seguir relacionándonos con Dios.
Abandonar a Dios implica dar por terminada nuestra relación con Dios.

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Entonces como pueden ver el problema muchas veces no es de Dios sino de
nosotros mismos. El problema es qué metáforas utilizamos para entender a Dios
cuando sucede lo que como humanos consideramos malo. Lo positivo de asumir la
responsabilidad total sobre cómo entendemos lo que está sucediendo es que el
problema deja de ser teológico, es decir deja de ser un problema de Dios, y pasa a ser
ahora un problema antropológico, sociológico e incluso político y psicológico. Ya no
importa el por qué de Dios sino el por qué de nosotros, los humanos.
Y ahora el problema se ha simplificado muchísimo porque nosotros somos seres
imperfectos. Somos seres que tenemos momentos de mucha fe y momentos en los que
nuestra fe disminuye. Ambos son reales y verdaderos para nosotros. Ambos momentos
viven en constante tensión.
Nuestra imagen y metáforas de Dios representan en realidad nuestra fragmentada
experiencia de Dios y la vida. Somos humanos y no podemos escapar de esta
condición inherente a nuestra existencia. Hay días en que experimentamos la
presencia de Dios en el mundo y nuestras vidas. Hay días en los que Dios parece
ausente. Hay momentos en los que Dios nos parece bueno. Y hay momentos en los
que Dios nos parece injusto.

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¿DIOS REALMENTE NOS PROTEGE?

Muchas veces nuestras imágenes de Dios o las metáforas que utilizamos para
relacionarnos con Dios parecen contradictorias. Así vimos en nuestra publicación
anterior que según nuestras plegarias Dios es y al mismo tiempo aún no es Uno. Vimos
también en nuestra otra publicación sobre “La imagen pública de Dios” que la
omnipotencia de Dios parecería estar limitada justamente por Su imagen pública y lo
que la gente puede llegar a pensar acerca del accionar de Dios.
En esta oportunidad quisiera preguntarles ¿Dios está siempre protegiéndonos?
Poca gente tiene el coraje de decir en serio “Dios a mi no me protege”. Declarar algo
así es muy difícil. Por el contrario generalmente cuando algo que consideramos malo
nos acontece terminamos declarando que “por algo es” y aún aunque no podemos
entender el porqué, creemos que en el largo plazo tendrá sentido lo que hoy podemos
estar sufriendo.
Hay dos cosas que siempre debemos recordar cuando hablamos de Dios. Primero,
atribuir características tanto positivas como negativas a Dios es simplemente expresar
nuestra percepción humana de Dios, lo cual no significa presentar la esencia de Dios.
Ningún ser humano tiene acceso a la esencia de Dios porque sino sería como Dios. Lo
que hacemos generalmente es utilizar metáforas para expresar cómo Dios se nos
presenta o manifiesta a nosotros mismos en cada momento específico de nuestras
vidas. Segundo, decir que Dios es bueno o malo es en realidad un tema de
perspectiva. Si Dios permite que un lobo se coma un conejito Dios está siendo amoroso
según la perspectiva del lobo pero cruel según la perspectiva del conejito.
En otras palabras, nuestra discusión sobre Dios está siempre impregnada de
subjetivismo. Nunca podremos escapar de nuestra condición humana y por lo tanto
Dios será siempre una imagen o metáfora de nuestra propia experiencia de vida.
Entonces y con este encuadre vuelvo a preguntarme ¿Dios está todo el tiempo
protegiéndome?
Y para responder esta pregunta quisiera explorar una de las metáforas que más me
ha llamado la atención de nuestra tradición. La metáfora de Dios como una Roca. Para
quienes no están familiarizados con la liturgia judía esta metáfora suena medio extraña.
Sin embargo aparece en repetidas ocasiones cuando decimos tzur Israel, literalmente
roca de Israel.
Uno de los lugares más famosos en los que aparece esta metáfora dentro de la
liturgia judía es en el poema conocido como Adon Olam (Señor del Mundo). Nadie sabe

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realmente quién es el autor de esta poesía pero si sabemos, comparando diversos
Sidurim (libros de rezo) a lo largo de la historia, que la primera vez que apareció escrito
Adon Olam fue en el siglo XI. De hecho fue pensado en sus orígenes para ser un texto
recitado antes de irnos a dormir. Con el tiempo se fue moviendo por distintas partes del
rezo y hoy lo decimos al comienzo de todas las mañanas y como conclusión del rezo
matutino de Shabat y las festividades.
Las primeras estrofas del Adon Olam presentan a Dios como Creador del Universo.
La grandilocuencia de Dios es la temática inicial del poema. Pero en la mitad del mismo
hay un giro abrupto que va de lo macro a lo micro y el tono del poema se vuelve muy
personal. Allí leemos la siguiente frase:

Él es mi Dios, mi viviente Redentor,


La Roca para mi dolor en momentos de angustia

Es tan fuerte esta Roca que el poema exclama finalmente una de las frases que
más me gusta repetirme en los momentos difíciles de mi vida: Adonai lí veló irá,
literalmente, Dios está conmigo y no temeré.
Por lo tanto aquí esta Roca está protegiéndome o mejor dicho protegiéndonos. Pero
como dije al comienzo nuestras metáforas muchas veces parecen contradictorias. En
un breve pasaje que antecede la recitación de la Amidah (la plegaria central de la
liturgia judía) esta misma Roca parece no protegernos realmente del todo. Este breve
pasaje fue incorporado en la Edad Media dentro de nuestro rezo y hoy nos ponemos de
pie cuando comenzamos a decirlo:

Roca de Israel, yérguete para defender a Israel,


Libera como juraste a Judá e Israel.
Nuestro redentor, Adonai Tzevaot es Su nombre, Santo de Israel,
Bendito eres Tu que redimió a Israel

Este si que es un pasaje intrincado. Mezcla simultáneamente el presente, pasado y


futuro del pueblo de Israel y la participación de Dios en la historia. La Roca de Israel
debe levantarse ahora respetando su juramento pasado de redimir al pueblo en un
futuro cercano. Dios en este segundo pasaje también es la Roca de Israel. Una Roca
fuerte y estable. Una verdadera piedra gigante. Y sin embargo está Roca aquí no está
ni defendiendo ni liberando a su pueblo ya que según el texto debe hacerlo aún porque
ha jurado que lo hará.

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¿Cómo entendemos esta contradicción en nuestra plegaria? ¿Le estamos rezando
a una metáfora de Dios que como una Roca dura está protegiéndonos en los
momentos de angustia o estamos en realidad rezando para que como Roca se levante
algún día y nos defienda y nos libere ya que lo ha jurado pero no lo ha cumplido? ¿La
Roca es un viviente redentor como dice el Adon Olam o es un deseo que algún día sea
un viviente redentor como exclama el pasaje anterior a la Amidah?
El segundo pasaje de la liturgia nos presenta el contexto histórico desde el que fue
escrito. En este contexto medieval el autor se encuentra en el exilio sufriendo. Quiere
volver a la Tierra Prometida. Quiere volver a ser redimido como fueron sus
antepasados redimidos de Egipto. Pero como podemos ver nuestras metáforas
continúan siendo contradictorias. La promesa no se ha realizado aún y la cualidad de
está Roca es más una esperanza de un futuro incierto que una viva realidad. Para el
autor o los autores de esta plegaria Dios es como una Roca que redimirá a Israel…
algún día. Pero no es así en el aquí y ahora de ellos puesto que sino no clamarían esta
redención.
¿Y cómo nos sentimos nosotros en nuestra cotidianidad? ¿Nos sentimos a salvo
protegidos por Dios? ¿Le agradecemos eso cada día cuando rezamos utilizando
nuestros textos? ¿O en realidad sentimos otra cosa y pedimos otra cosa cuando
usamos los mismos textos? ¿No deberían nuestras plegarias reflejar nuestra sensación
más profunda? ¿Rezamos lo que deseamos? ¿Deseamos lo que rezamos?¿Es Dios
una Roca que nos protege hoy o es una Roca que debería protegernos algún día ya
que no lo está realmente haciendo?
La respuesta no debería sorprendernos: Dios es ambas cosas. Nuestras plegarias
nos proveen de ambas posibilidades. Pero lo más importante es entender que las
plegarias emergieron de la experiencia humana de los autores que las escribieron.
Estos autores eran tan humanos como nosotros y por eso siguen teniendo sentido hoy.
Nosotros tenemos muchos momentos en los que Dios parece estar guiándonos y
protegiéndonos. Momentos en los que Dios es hoy aquí y ahora una Roca firme, dura y
estable que nos protege y defiende de todo mal, angustia y enfermedad. Sin embargo
también tenemos muchos momentos en los que Dios nos parece ausente, distante y
despreocupado por lo que nos está sucediendo.
Nuestra experiencia al igual que la de nuestros antepasados sigue siendo ambigua.
Algunas veces nos sentimos protegidos por esa mano invisible que nos cuida y nos
protege. Otras veces nos sentimos totalmente desprotegidos y frágiles. Nuestros
antepasados vivieron por miles de años afirmando esta contradicción. Nosotros
debemos hacer lo mismo.

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DIOS COMO PAPÁ Y DIOS COMO MAMÁ

En toda nuestras publicaciones sobre Dios hemos insistido que nadie tiene acceso
a la esencia de Dios. Nadie sabe ni puede saber lo que Dios quiere ni cómo es Dios
porque si así fuera esa persona sería cómo Dios y eso es un absurdo. Lo único que
poseemos son imágenes y metáforas humanas que expresan cómo Dios se nos
presenta o manifiesta a nosotros mismos en cada momento específico de nuestras
vidas. Nuestra discusión sobre Dios estará siempre impregnada de subjetivismo ya que
nunca podremos escapar de nuestra condición humana. En consecuencia Dios será
siempre una imagen o metáfora de nuestra propia experiencia de vida en constante
cambio.
En esta publicación quisiera explorar brevemente la metáfora de Dios como Padre.
En español cuando hablamos de nuestros padres damos por hecho que también
estamos incluyendo a nuestra madre. Asumimos que en el plural “padres” se encuentra
implícita la presencia materna. Nadie dice “vamos a casa de mis madres” sino “vamos
a casa de mis padres”. Por lo tanto la naturaleza patriarcal es inevitablemente más
profunda que la matriarcal en nuestra cultura. De alguna manera es real que uno viene
de un solo vientre pero ese vientre puede ser fecundado por múltiples hombres. “Madre
hay una sola” pero padres puede haber muchos y distintos a lo largo de toda la vida de
una sola mujer.
En hebreo la metáfora de Dios como padre es Avinu que literalmente significa
Nuestro Padre. En la modernidad mucha gente se siente ya incómoda con esta
metáfora. No porque Dios no sea como un padre para nosotros sino que también
podríamos considerar a Dios como una madre. Además si Dios es un reflejo metafórico
o simbólico de nuestra propia experiencia de vida, para todos nosotros el amor por
nuestros propios padre y madre es muy diferente y particular. Algunos se llevan mejor
con el padre que con la madre o viceversa. Generalmente ante la famosa pregunta “¿a
quién quieres más: a tú papá o tú mamá?” la respuesta termina siendo “los quiero en
formas distintas y no a uno por encima del otro”.
Yo no soy padre aún. Pero soy hijo y soy maestro. Considero a cada uno de mis
alumnos como si fuera un hijo o hija mía. Por lo tanto puedo captar la sensación que
ser padre es complicado por el simple hecho que como maestro simultáneamente
quiero y me preocupo por cada uno de mis estudiantes a nivel individual pero al mismo
tiempo soy demandante con ellos y les exijo y los “castigo” si están haciendo las cosas

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mal. Creo que tanto un maestro como un padre que se niegan sistemáticamente a
“castigar” (en caso de ser necesario) han fallado como padre o maestro.
Y ésta es la metáfora de Dios como Papá en nuestra tradición. En el poema
medieval Avinu Malkenu que recitamos una y otra vez durante Rosh Hashaná y Kippur
nos dirigimos a Dios como Papá y como Rey en forma simultánea. Avinu quiere decir
literalmente Nuestro Padre y Malkenu es literalmente Nuestro Rey. Esta yuxtaposición
de dos metáforas completamente opuestas nos sugieren un Dios que se relaciona al
mismo tiempo de dos maneras distintas con nosotros: como un papá lleno de
compasión y al mismo tiempo como un rey que nos juzga como si fuéramos tan solo un
súbdito más de su corte.
Algunos de nosotros tenemos la tendencia a estereotipar a nuestro padre como el
estricto y a nuestra madre como la compasiva incondicional. Otros podemos sentir que
esto está invertido e incluso algunos podemos llegar a sentir que tenemos dos
“madres” compasivas o dos “padres” rigurosos y exigentes. La división de trabajo en la
familia es algo complejo de construir y constituir. En nuestra publicación anterior
mencionamos que el castigo o enojo también es una forma de amar.
Pero llamar a Dios madre fue algo impensado para la metáfora bíblica e incluso
posteriormente para nuestros ancestros. Con el paso del tiempo la metáfora de papá
fue adquiriendo un balance femenino dentro de su masculinidad. Así surgió finalmente
la metáfora mística de la Shejiná la presencia divina que es en efecto esencialmente
femenina.

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DIOS Y EL LENGUAJE FEMINISTA

Hemos estado analizando las diferentes metáforas de Dios que los judíos hemos
construido a lo largo de nuestra historia. Como ya bien sabemos, nadie sabe lo que
Dios quiere ni cómo es Dios porque si así fuera esa persona sería cómo Dios y eso es
un absurdo según la tradición judía. Solo contamos con nuestra imaginación y
metáforas humanas que expresan cómo Dios se nos presenta o manifiesta a nosotros
mismos en cada momento específico de nuestras vidas. Cada uno imagina a Dios de
forma diferente y por eso nuestras metáforas de Dios estarán siempre impregnadas del
subjetivismo inherente de nuestra condición humana. Por eso muchas veces en lugar
de tratar de entender a Dios lo mejor sería tratar de entendernos a nosotros mismos y
el por qué de nuestras ideas o metáforas que depositamos en el nombre “Dios”.
En esta oportunidad quisiera analizar con ustedes las metáforas de Dios
relacionadas con el lenguaje femenino. Exploramos esto brevemente en la publicación
anterior cuando hablamos de Dios como Papá y no como Mamá. La metáfora del Dios
Padre está muy presente en el judaísmo y en extensión en el cristianismo también. Por
motivos extraños llamar a Dios Madre fue algo impensado para la metáfora bíblica e
incluso posteriormente para nuestros ancestros. Incluso hay gente que se siente
terriblemente ofendida por la idea de Dios como Mamá y lo más sorprendente es que
hay mujeres que se sienten incómodas con esta idea.
Sin embargo la modernidad y el tiempo en el que vivimos nos confronta
nuevamente con las metáforas y los símbolos pero desde una renovada perspectiva.
Muchas mujeres e incluso hombres se sienten hoy totalmente ofendidos por la imagen
masculina de Dios en los textos tradicionales judíos. De hecho cuando hablamos de
Dios definitivamente hablamos de Él y no de Ella. ¿Por qué?
Ciertos pensadores han intentado evitar asignarle cualquier tipo de género a Dios.
Yo soy uno de ellos aunque me cuesta muchísimo hacerlo simplemente por un tema de
costumbre. Generalmente tengo que tomarme un instante para ver cómo hablo o
escribo sobre Dios sin referirme a un “el” o a una “ella”. De todos modos debo
sincerarme que en lo personal creo que hay un límite para este cambio. Me niego por
ejemplo a cambiar la fórmula de la bendición judía creada por los Rabinos que se dirige
a Dios en la forma masculina de la segunda persona del singular. Los Rabinos crearon
la famosísima fórmula de la bendición que empieza con Baruj atá (literalmente Bendito
tú) en donde atá se refiere a un tú que es hombre y no mujer. Me resultaría

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tremendamente incómodo decir alguna vez Baruj at en donde tú es una mujer. Y me
niego a este cambio no por razones de género o símbolo sino por razones históricas.
De hecho me considero un verdadero feminista y creo que si bien la mujer claramente
no es igual al hombre tiene todo el derecho para estudiar y capacitarse como cualquier
hombre. También soy consciente que no todos están de acuerdo con mi opinión pero
creo que hemos llegado a un punto en la historia en que deberíamos poder hacer
midrash (es decir explicación o interpretación) del propio rezo. Es decir que podríamos
como parte del currículum de estudio, dejar en claro que históricamente nuestros
ancestros han entendido a Dios como hombre y que simplemente fue el producto de su
contexto histórico. Y como nos gusta preservar la tradición milenaria no vamos a
descartar absolutamente todo o modificar aquello con lo que nos sentimos incómodos
sino que vamos a reinterpretar la tradición para que siga siendo relevante.
Todos sabemos que en esencia Dios no es ni hombre ni mujer. Pero los símbolos,
metáforas e imágenes que utilizamos para hablar de Dios deben ser tomados muy en
serio aunque nunca en forma literal. El tema no es simplemente lingüístico. Si bien el
lenguaje que usamos refleja y da forma al modo en que nosotros construimos nuestras
experiencias del mundo la realidad es que cuando nosotros llegamos al mundo el
lenguaje ya está ahí esperándonos. Nosotros no aprendemos un lenguaje sino que el
lenguaje nos aprehende a nosotros. Esto quiere decir que si bien nuestras metáforas
de Dios son creaciones humanas limitadas por nuestro lenguaje, estas metáforas
emergen de contextos culturales y políticos específicos. Y si los contextos cambian las
viejas metáforas eventualmente cambian también.
Si una imagen de Dios se vuelve socialmente o moralmente inadecuada también
terminará volviéndose religiosamente inadecuada. Si las metáforas de Dios tienen
como objetivo facilitar nuestra conexión con Dios muchas metáforas lamentablemente
terminan alejándonos de esa relación y en lugar de aclarar oscurecen. No sé si
pensaron alguna vez lo bizarro que resulta que llamemos a Dios “Rey”. Me refiero al
hecho que yo jamás he vivido bajo una monarquía y la idea de un Rey me resulta
extremadamente ajena. Sería mucho más cercano para mí llamar a Dios Presidente
que Rey o Soberano. Pero nuevamente mi propuesta es hacer midrash o explicación
del rezo y no modificar todas nuestras metáforas históricas.
El mundo ha cambiado en la modernidad y también han cambiado no solo las
metáforas sino cómo entendemos nosotros lo que es una metáfora o un símbolo. Todo
este tema está aún en proceso dentro de los teólogos contemporáneos. Los libros de
rezo de ciertas corrientes judías ya han comenzando a sustituir los géneros de Dios en
las plegarias. El tiempo dirá cómo seguiremos lidiando con estos desafíos metafóricos
que nos presenta el fascinante mundo moderno en el que vivimos.

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DIOS ES UN MAESTRO

El judaísmo tal cual lo conocemos hoy no existiría si no existiera la escritura. La


substancia que constituye la relación en forma de pacto entre Dios, Israel y el resto del
mundo están en un libro. Sin la Biblia el judaísmo no solo que no existiría sino que
realmente no tendría sentido. El texto es el ancla y al mismo tiempo las alas del pueblo
judío. Tomar conciencia del significado de esto implica la necesidad de explorar la
Biblia si uno quiere entender el judaísmo.
En su última visita a Hong Kong, Adin Steinsaltz dijo que es muy fácil darse cuenta
quién es y quién no es judío porque “cualquier persona sentiría vergüenza de decir que
jamás ha abierto la Biblia menos un judío”. Según Steinsaltz el único arrogante que
está orgulloso de decir abiertamente que nunca ha leído la Biblia es el judío. Y sin
embargo yo estoy convencido que hay solamente una cosa que hará que el judaísmo
siga existiendo: Dios…¡y la educación judía!
Para los judíos la Biblia no es simplemente una novela más. En nuestra tradición es
una obligación estudiar este texto. Al estudiar la Biblia los judíos estamos estudiando a
Dios y a nuestra propia vida en relación con Dios. No creo que haya otra cultura y
tradición que exalte tanto el estudio, el estudiante y el maestro como lo hace el
judaísmo. A tal extremo llega esta fascinación por el estudio que la máxima rabínica
que leemos todas las mañanas en nuestras plegarias sentencia que talmud Tora
kenegued kulam literalmente ¡el estudio de la Tora es equivalente a todos los
preceptos!
Uno quizá se preguntaría si no es todo esto una exageración y sin embargo ¿cómo
podríamos comprender cómo practicar los preceptos si no estudiamos de dónde
surgen? El judaísmo es la única religión en la que el estudio del texto es equivalente al
rezo. Cuando rezamos hablamos con Dios y cuando estudiamos Dios habla con
nosotros.
Continuando con nuestros rezos cotidianos, todas las mañanas los judíos decimos
esto al rezar:

Bendito eres Tú… que nos has santificado con tus preceptos y nos has ordenado
sumergirnos en palabras de Tora. Plázcate…endulzar las palabras de Tu Tora en
nuestra boca y en la boca de tu pueblo, la casa de Israel. Que nosotros y nuestra

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descendencia y la descendencia de Tu pueblo, la casa de Israel, todos nosotros,
conozcamos Tu Nombre y estudiemos Tu Tora sin motivo ulterior. Bendito eres Tú Dios
que enseña Tora a su pueblo Israel.

Es apasionante la idea que Dios enseña Tora hoy en contraposición a la idea que
alguna vez enseñó Tora a nuestros sabios. Dios es un maestro no solo en el Sinaí o en
la antigüedad sino hoy, aquí y ahora e incluso en el mundo venidero. La tradición judía
posee la creencia que aquellas cosas que no pudimos terminar de entender en este
mundo serán explicadas por Dios en el “mundo que sigue”.
Las metáforas que hemos explorado de Dios como un padre, un amigo, un amante,
un juez, un rey o un protector son hermosas y profundas. Pero también son bastante
convencionales. La idea, imagen o metáfora de Dios como un maestro es únicamente
judía. Y a mi gusto es una metáfora espectacular.
Para alguien como yo que escribe un blog sobre judaísmo la mera sensación de
estar emulando a Dios al compartir la sabiduría tradicional judía me llena de orgullo y
me motiva seguir adelante.

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¡DIOS A VECES SE QUEDA DORMIDO!

Muchas veces sentimos que la vida es injusta. Nuestros antepasados también


sentían lo mismo. Sin embargo la manera en la que nosotros respondemos a la
injusticia es diferente al modo que nuestros antepasados lo hacían. Cuando ellos veían
gente inocente morir intentaban desesperadamente justificar a Dios con el objetivo final
de integrar sus propias decepciones humanas con la imagen o metáfora de un Dios
que nos ama, nos cuida y nos protege.
A pesar del enojo que sentían frente a la injusticia divina nuestros antepasados se
negaban rotundamente a abandonar su relación con Dios. No permitían que la propia
sensación humana que algo malo o injusto estaba aconteciendo los aleje de la
comunidad, la belleza de nuestra tradición, la enorme riqueza de nuestros textos y la
estructura integral del judaísmo. En pocas palabras la injusticia no significaba la
inexistencia de Dios, la falsedad de la Tora ni la ilegitimidad de Israel como pueblo. Los
que abandonaban el judaísmo (siempre los hubo) simplemente eran olvidados y por
eso no tenemos textos tradicionales judíos que nos cuenten las historias de aquellos
que decidieron “darse el alta” de la tradición. Pero lo que si tenemos son muchísimos
textos sobre aquellos que siendo tan humanos como nosotros se enojaban con Dios y
así todo permanecían fieles a la comunidad, las creencias y las prácticas judías. De
hecho abandonar la comunidad, las creencias y las prácticas judías sólo porque hay
injusticia o ciertas cosas que “no cierran” del todo sería privarse de los argumentos
necesarios para desafiarse y crecer en los propios contra argumentos e incertidumbres.
Y pensando estas ideas muchas veces me pregunto por qué los Rabinos decidieron
que el libro de Job -en el que se plantea por qué la gente buena sufre- forme parte de
la Biblia. O por qué decidieron preservar la narrativa de la trágica muerte de Rabbi
Akiva. Incluso por qué tenemos tantas plegarias enfatizando nuestras culpas. Y estoy
convencido que los Rabinos decidieron preservar estos textos porque eran tan
conscientes como nosotros hoy que la gente a veces siente esa injusticia divina junto a
todas esas experiencias complejas (y no fáciles de responder) que también forman
parte del repertorio humano en su relación con Dios y con otros seres humanos.
En toda la Biblia y la literatura rabínica la forma más común para integrar las
experiencias negativas de nuestra relación con Dios es simplemente declarar que lo
que consideramos malo o injusto es un castigo de Dios por nuestros pecados
humanos. La imagen tradicional de un Dios que a modo de juez premia o castiga

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nuestros actos tuvo históricamente un resultado extraordinario: canceló la sensación de
abandono proveyéndonos de un medio para restaurar la relación a su estado positivo
original. En otras palabras, reforzó la idea de teshuva literalmente retorno a Dios que
inunda la temática de Rosh Hashana y Iom Kippur. Pero no solo ahí vemos esta idea
sino también en el segundo párrafo del Shema que leemos dos veces todos los días y
que es un “copiar & pegar” del libro de Devarim (Deuteronomio) capítulo 11 versículos
13-21. Allí leemos que si cumplimos con los mandamientos gozaremos de lluvia, buena
cosecha, comida y bebida. Pero si nos rebelamos la tierra no producirá sus frutos y
seremos expulsados de esta misma buena tierra que Dios nos ha entregado. En
resumen: según la tradición bíblica y rabínica si cumplimos con los mandamientos nos
va a ir bien, si no lo hacemos nos va a ir mal y si algo que consideramos malo o injusto
nos está sucediendo y no entendemos el por qué, es debido a que indefectiblemente
hemos pecado de algún modo y debemos restaurar nuestro presente y futuro
retornando a Dios y a las prácticas judías.
Nuestros antepasados podían literalmente creer todo esto porque consideraban que
los juicios y decisiones de Dios eran siempre justos y honestos. Teóricamente, para
nuestros ancestros no tendría por qué sucedernos nada malo si somos honestos y
actuamos siempre de buena fe. La idea que Dios es injusto era impensado para
nuestros antepasados. Pero también en su tiempo como en el nuestro muchas veces
se sentían terriblemente incómodos con esta imagen o metáfora de un Dios sentado en
un trono que se dedica todo el tiempo a juzgar a la humanidad y sus actos. Obviamente
que esta idea tiene una connotación mucho más psicológica que teológica: si Dios es
un juez que nos está vigilando tenemos entonces el deber de ser responsables de
nuestros actos. Y justamente si Dios es justo no deberíamos temerle a lo que nos
pueda suceder ya que estamos convencidos que hemos actuado como corresponde y
Dios no permite que niños ni gente inocente muera.
Pero siempre hay un “pero”. Y este “pero” se encuentra entre uno de los textos que
nuestros antepasados decidieron preservar, el Salmo 44. Según este Salmo Israel no
ha pecado ni ha hecho nada malo y sin embargo es castigado:

¡Y todo esto nos ha sobrevenido


sin que nos hayamos olvidado de ti,
sin que hayamos traicionado tu pacto!
Nuestro corazón no se volvió atrás
ni nuestros pasos se desviaron de tu senda,
como para que nos aplastaras en un lugar desierto y nos cubrieras de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios y recurrido a un dios extraño,

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Dios lo habría advertido, porque Él conoce los secretos más profundos.
Salmo 44: 18-22

Como si fuera poco esto de estar siendo castigados por Dios cuando no hemos
hecho nada la frase que sigue constituye para mí el ataque más agresivo hacia Dios en
toda la Biblia. El texto literalmente clama que no solo no hemos pecado y estamos
injustamente siendo castigados sino que justamente por habernos mantenido fieles a
Dios somos asesinados todo el tiempo:

Por tu causa nos dan muerte sin cesar


y nos tratan como a ovejas que van al matadero.
Salmo 44:23

Pero si no nos ha alcanzado con la idea que no somos castigados porque hemos
pecado sino que somos castigados porque hemos sido fieles a Dios, la respuesta final
del Salmo es tan sarcástica que duele: ¡Dios está dormido!

¡Despierta, Dios! ¿Por qué duermes?


¡Levántate, no nos rechaces para siempre!
¿Por qué ocultas tu rostro
y te olvidas de nuestra desgracia y opresión?
Estamos hundidos en el polvo,
nuestro cuerpo está pegado a la tierra.
¡Levántate, ven a socorrernos;
líbranos por tu misericordia!
Salmo 44: 24-27
¡Qué metáfora más irónica! ¡El Dios todopoderoso se quedó dormido! ¿Acaso no
sonó su despertador? La doble ironía de esta metáfora es que en el Salmo 121:4
leemos literalmente que “no duerme ni dormita él guardián de Israel”.
Nos guste o no ya no podemos borrar ni modificar nuestras Sagradas Escrituras.
Solo nos queda leerlas y encontrarles un sentido o una relevancia incluso en nuestros

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días. El sarcasmo amargo de todo este pasaje bíblico, aún cuando duele leerlo, fue
canonizado por nuestros Rabinos como parte de la Biblia. Pero tiene un potencial
inherente: nos regala una posible respuesta a nuestra generación post-Holocausto. Nos
libera para expresar nuestra amargura y sensación de injusticia apoyándonos en
nuestros propios textos. Nos da un lenguaje para no abandonar a Dios ni la comunidad
aún cuando no todo tenga “sentido”.

EL SECRETO ES ACEPTAR – CÓMO ENTENDER EL


IMPENETRABLE LIBRO DE JOB

Todos conocen el libro de Job que forma parte de la Biblia. Saben que se trata
acerca de la intrigante temática sobre “por qué al bueno le va mal”. Sin embargo ¿han
leído ustedes el libro de principio a fin alguna vez? Si uno lee todo el libro no puede
evitar preguntarse ¡¿qué hace este libro dentro de la Biblia?!
Job es un personaje ficticio descripto como un hombre íntegro, recto, temeroso de
Dios y alejado del mal. Sin embargo en el cuento de Job uno de los ángeles de Dios
llamado Satán desafía dicha fidelidad declarando que nunca ha sido realmente puesta
a prueba. Con el consentimiento de Dios Satán recibe entonces la posibilidad de dañar
primero lo material que Job posee y luego lastimar su persona siempre y cuando no lo
mate. A pesar que la apuesta entre Dios y Satán sucede en los cielos o en otro mundo
al cual Job como humano no tiene acceso y desconoce, Job permanece fiel a Dios
hasta el final de la historia. Incluso el querido Job se pregunta en un momento
“¿deberíamos aceptar sólo lo bueno de Dios y no aceptar lo malo?”.
Los que rodean a Job en la historia concluyen, siguiendo la visión tradicional bíblica
y rabínica, lo que muchas veces escuchamos hasta nuestros días: “algo habrás hecho
para que esto te suceda”. Sin embargo Job una y otra vez niega haber hecho algo malo
o haber pecado. Finalmente Job no aguanta más y ante su amarga queja Dios
responde con una tortuosa explicación sobre cómo fue creado el Mundo y cómo Dios
tiene el control absoluto de Todo. El mensaje de alguna manera es que no debemos
intentar comprender a Dios ni debemos intentar capturar Su esencia utilizando nuestra
moral humana porque Dios es Dios y nosotros somos simples humanos.
¿Qué hacemos con una sentencia de este calibre?¿Cerramos el libro y listo? ¿Para
qué seguir indagando? ¿Para qué seguir reflexionando? Si lo que nos sucede nos
sucede y no podemos explicarlo ni justificarlo ¿qué nos queda? ¿Para qué seguir
estudiando?
El libro de Job es un libro imposible. Job nunca se entera por qué sufrió. Nosotros
como lectores tenemos acceso en los primeros capítulos y sabemos que todo ha sido
una apuesta entre Dios y Satán. ¡Pero Job nunca recibe esa explicación! Es más, ¿se
imaginan qué pensaría Job si se enterara que la muerte de toda su familia fue

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simplemente un juego entre Dios y Satán? Además Dios mismo rechaza en el cuento la
teología de los que rodean a Job declarando que lo sufrido por Job no fue producto de
un pecado. ¡Es decir que la Biblia misma posee un cuento como este que rechaza la
explicación normativa de la Tora sobre el sufrimiento humano! ¿Esto significa que
nosotros también podemos rechazar ciertas doctrinas judías cuando ya no nos resultan
aceptables? Y finalmente y más doloroso nos queda la pregunta ¿qué motiva realmente
a Dios? ¿Cómo debemos seguir adelante nosotros sabiendo que vivimos gobernados
por un Dios que hace apuestas sobre nuestra fidelidad con el mismísimo Satán?
Imaginen si viviéramos en un país en el cual el Gobernador o la Gobernadora nos
controla en forma totalitaria siguiendo sus propios caprichos y relacionándose con
nosotros en forma totalmente impredecible sin sentir la necesidad de dar explicaciones
por su comportamiento. Satán en la historia de Job es un sirviente de Dios. Necesita su
permiso para poner a prueba a Job. Dios es el soberano absoluto en esta historia y sin
embargo con temblor en las manos me pregunto ¿qué clase de Dios es este?
Tan solo un versículo del libro de Job entró en nuestra liturgia de rezo: “Dios ha
dado y Dios ha quitado; bendito sea el Nombre de Dios”. Y en forma asombrosa
declaramos esto en un momento muy especial de nuestra liturgia: en el cementerio, en
la ceremonia de entierro judío. Esta sentencia no es una justificación ni una afirmación.
Es una aceptación. En el único momento en el cual realmente nos gustaría cuestionar a
Dios lo que nuestros Rabinos decidieron es que aprendamos a aceptar. Simplemente
nos queda bajar la cabeza en ese instante y aceptar lo que es. Esto es lo que hizo Job.
Debemos aprender a aceptar la voluntad de Dios. Solo aceptando la voluntad de Dios
podemos vivir cada día de forma más y más intensa…gracias a Dios.

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¿DIOS ES ÉTICO?

Voy hacerles una pregunta tremendamente atrevida: ¿Dios es ético?


Probablemente la respuesta a esta pregunta sea depende a qué nos referimos con la
palabra ética. Me imagino que la mera articulación de esta pregunta o tipo de
pensamiento es una herejía para algunos de ustedes. La ética es una de las
definiciones sobre qué es Dios y la verdadera ética es lo que Dios “hace” y no lo que
los humanos consideramos ético y luego depositamos en Dios. En otras palabras la
tradición estipula que por definición Dios es obviamente ético. Si no fuera así la
pregunta sería ¿cómo le doy autoridad a mi propia ética humana? Como pueden ver
esta pregunta resulta impensada o incluso prohibida para ciertos sectores del judaísmo
porque es considerada una pregunta sin sentido. Para una visión particular Dios es
quien determina lo que es justo y correcto en cada situación particular y no los seres
humanos.
De todos modos Dios nos dio un enorme regalo que nadie se atrevería a negar o
minimizar: nuestra conciencia. Pero justamente tener conciencia es lo que nos permite
juzgar a Dios y lidiar con nuestras sensibilidades humanas del modo que Abraham lo
hizo con los posibles inocentes de Sodoma y Gomorra. Y por eso me gustaría
presentarles en esta publicación un escenario de la Tora para que ustedes mismos me
digan si se sienten a gusto con la decisión ética de Dios y por extensión de Moisés
como sirviente directo de Dios.
En el libro de Bamidbar (o en español Números 31:1-18) Dios le ordena a Moisés:
“Venga a los hijos de Israel de los Madianitas”. El motivo de esta venganza está basado
en un evento anterior en el cual se nos cuenta que mujeres Moabitas actuando bajo las
órdenes de los Madianitas habían seducido sexualmente a los israelitas logrando así
llevarlos hacia el mal camino de la inmoralidad sexual y la adoración de sus dioses. El
pueblo de Israel está entonces listo ahora para tomar venganza contra los Madianitas.
Moisés arma un ejercito y este ejercito asesina todos los hombres Madianitas pero
toma cautivas a todas las mujeres y a sus pequeños y los traen de vuelta al
campamento. Cuando Moises los ve exclama enojado:

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¡Dejaron con vida a todas las mujeres! He aquí que ellas, por consejo de Balaam,
fueron el motivo para que los hijos de Israel prevaricaran contra el Eterno… Ahora
pues, maten a todo varón entre los pequeños y a toda mujer que haya conocido
carnalmente hombre; pero a todas las niñas de entre las mujeres que no han conocido
carnalmente varón, guárdenlas vivas para vosotros.
Números 31:15-18

Esto está escrito literalmente en la Tora y no nos queda otra cosa que interpretarlo o
tratar de entenderlo. Pero resulta imposible para mí justificarlo. Esta resolución por
parte de Moisés hiere mis sensibilidades humanas. ¿Acaso el asesinato en masa de
mujeres es de algún modo moralmente justificable? En el contexto de la Tora el texto
mismo nos da la justificación explicándonos que fueron precisamente las mujeres las
que guiaron al pueblo hebreo hacia el pecado. Esta respuesta me dispara una pregunta
obvia: ¿y eso qué tiene que ver? Y si fue así, ¿por qué asesinar a todos los hombres
Madianitas? ¿Por qué matar a todos los pequeños? ¿Es este crimen un castigo que
podemos orgullosamente justificar? Es más, ¿se justifica de alguna manera el
asesinato en masa de personas?
Para ser justos con la Tora como género literario, podríamos argumentar que el
aniquilamiento en masa de mujeres, hombres y niños era totalmente aceptable en el
encuadre bíblico. Incluso la tradición judía misma podía justificar este acto
argumentando que el mal debe ser erradicado a cualquier precio y en tanto la Tora y
por extensión la literatura rabínica tiene un solo objetivo: la supervivencia del pueblo
judío a cualquier precio. Como judío que se toma el trabajo de pensar hoy esta
narrativa me pongo del lado de los judíos mismos que defendieron la tradición con
todos los medios posibles. Pero además de judío soy humano y mirando este texto
como un sujeto de la modernidad no puedo dejar de pensar que en nuestra era post-
Holocausto los Nazis también justificaban sus actos convencidos que el aniquilamiento
en masa tenía una razón de ser. Justamente una de las cosas más difíciles luego de la
Segunda Guerra Mundial fue juzgar a los Nazis quienes decían que ellos habían
actuado según su propia ética y según sus propios valores. ¡Bajo su propia creencia
muchos Nazis no habían hecho nada malo!
Para los hebreos en la Biblia asesinar en masa a aquellos que podían llevarlos
hacia la idolatría estaba totalmente justificado. Para los Nazis en la contemporaneidad
aniquilar millones de judíos también estaba justificado. ¿La diferencia depende del
hecho que podemos justificar un acto utilizando solamente la Biblia como escudo y
razón? El problema realmente es que yo puedo ponerme del lado del judío y estar
convencido que la Tora es Verdad y puede ser utilizada para justificar mi forma de vida.
¿Pero qué pasa con los billones de seres humanos que no comparten esa visión
conmigo? ¿Dios es ético para ellos también? O mejor dicho, ¿Dios es ético con ellos

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también? La Tora y por extensión la Biblia no está en los cielos. Está aquí en la tierra y
depende de nosotros ahora.
Tal vez debo ser de los pocos que en forma ingenua todavía tiene un respeto
enorme por los grandes líderes religiosos de todas las religiones y estoy convencido
que la fe es importante y que el mundo sería mucho peor si no existiera la religión que
históricamente nos ha dado valores sobre ética y moral. Por supuesto que hay que
aprender a separar la religión de ciertos religiosos y de ciertas instituciones religiosas
que muchas veces en nombre no de Dios sino de sus propias inseguridades e
intereses denigran el mensaje de Dios y asesinan al que no ve la religión, la verdad o la
vida como ellos la ven.
El Rabino Heschel, tal vez el más grande teólogo del siglo XX, viene a mi mente
mientras mastico todas estas difíciles preguntas. Heschel dijo “¿Qué es un ídolo?
Cualquier Dios que es mío pero no tuyo, cualquier Dios que esta preocupado por mí
pero no por vos”.

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DIOS TE AMA Y ES JUSTO CONTIGO…¿PERO ES
OMNIPOTENTE?

Escribí hace unas semanas sobre la omnipotencia de Dios desde la perspectiva


tradicional judía. En resumidas palabras nos referimos a la noción que Dios tiene el
control absoluto de Todo lo que sucedió, sucede y sucederá en la historia del Universo.
Dios no depende de nada ni de nadie. No tiene genealogía ni descendencia. La
omnipotencia de Dios es simplemente la idea que lo bueno y lo malo, lo caótico y lo
ordenado es esencialmente Una Unidad Indivisible.
Si bien esta idea está completamente arraigada en la tradición judía y en la vida
religiosa de muchas personas no-judías también, algunos pensadores judíos de la
Modernidad han sugerido que deberíamos repensar la idea que Dios es omnipotente. A
simple vista esta postura parece atrevida o incluso absurda (probablemente algunos ni
siquiera permiten que una idea así se consolide en la mente), cuestionar la
omnipotencia de Dios puede servir como catalizador para responder algunas preguntas
difíciles.
Solo piensen cómo responderían a la pregunta ¿por qué Dios creó el Cáncer o el
SIDA? Ante una pregunta filosa como esta, un Rabino como Mordecai Kaplan
probablemente respondería que Dios no creó el Cáncer o el SIDA sino que Dios está
siempre ayudándonos para hacer del mundo un lugar mejor pero el mundo no puede
convertirse instantáneamente en lo que Dios espera. Por ese motivo Dios creó la
“motivación” para que los doctores traten de descubrir una cura; creó también la
“tecnología” para que los laboratorios mejoren sus investigaciones y creó el “amor” para
que los familiares, amigos y la comunidad acompañen al que está sufriendo. En otras
palabras no deberíamos sentir que Dios no nos quiere y nos manda enfermedades sino
sentir que Dios nos ayuda de formas distintas. Si Dios no está dándote hoy todo lo que
le pedís, eventualmente encontrará otra forma para que puedas disfrutar de la vida.
Este tipo de pensamiento implica la idea que Dios es una Fuerza Positiva que
inyecta “salvación” en las formas de creatividad, amor y motivación. Pero el mundo
incluye también otras Fuerzas que Dios no controla como ser las enfermedades
congénitas y terminales o los terremotos y tsunamis en los que mueren miles de

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inocentes criaturas, entre otras tragedias. Esta idea de dos Fuerzas podría fácilmente
llevarnos al dualismo o a la idea que hay dos dioses peleando por el control del
Universo. Sin embargo Kaplan rechaza esta noción argumentando que Dios es Uno
que combate ese otro poder con el objetivo de eventualmente restaurarlo a su control o
erradicarlo. Pero a Dios le lleva un tiempo poder hacer esto y por eso el mundo no
puede convertirse instantáneamente en lo que Dios espera. Noten qué idea tan judía
es ésta en la que Kaplan limita la omnipotencia de Dios pero se niega por todos los
medios a culpar o negar a Dios. Kaplan cree que a veces sufrimos sin razón de ser y
que de todos modos Dios es por definición justo y amoroso. O dicho al revés Dios nos
ama y es justo a pesar que a veces nos pasan cosas que consideramos malas. Pero
Dios no es omnipotente según Kaplan.
Entonces nos queda una elección: ¿Dios es un Ser Todopoderoso que controla
nuestro destino, determina nuestra suerte en forma misteriosa y demanda que
aceptemos su decreto sin cuestionamientos? ¿O acaso Dios es un Ser limitado que se
enoja y llora por el sufrimiento humano pero es incapaz de eliminarlo?
¿Que respuesta elegirían ustedes?

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EL HOLOCAUSTO NAZI Y SUS DESAFÍOS TEOLÓGICOS ¿QUÉ
DEBEMOS RESPONDER?

En nuestra publicación anterior cuestionamos la omnipotencia de Dios, es decir la


idea que Dios tiene el control absoluto de todo lo que ocurrió-ocurre-y-ocurrirá en la
historia. En dicha publicación los invité a reflexionar sobre las preguntas difíciles como
“por qué Dios creo el Cáncer” o “por qué Dios asesina miles de inocentes en terremotos
y tsunamis” y les conté que una posible respuesta creada por muchos pensadores
judíos modernos es la de atreverse a limitar este supuesto control absoluto que Dios
tiene. Pero limitar el control u omnipotencia de Dios no significa negar a Dios.
Si bien para muchos judíos (¡y no judíos también!) esta idea resulta una herejía,
algo impensado o absolutamente absurdo, no dejo de sorprenderme ante la cantidad
de gente que llega a www.JudiosyJudaismo.com buscando frases como “respuestas
judías al holocausto”, “Dios y el holocausto”, “Auschwitz y la presencia de Dios” o
incluso anteayer alguien busco “como explican los judíos el Holocausto” llegando así
hasta la publicación Respuestas Judías al Holocausto Nazi que publiqué hace más de
un año.
Creo ahora que es una buena oportunidad para tratar de tejer las ideas de
Omnipotencia y Holocausto y ofrecerles una respuesta posible ante lo incomprensible e
inexplicable que fue este evento en la historia judía.
El dilema en el que estamos atrapados con este tema se presenta con las
siguientes afirmaciones:

1. Dios es justo y bueno (es decir que Dios se lleva sólo a los malvados).
2. Dios es Omnipotente (es decir que Dios tiene el control absoluto y eligió que
suceda el Holocausto).
3. Las víctimas del Holocausto no fueron culpables (es decir ninguna de estas
personas merecía morir).

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No podemos aceptar las tres afirmaciones simultáneamente porque no tienen
sentido. De hecho éste es el problema con el cual la gente choca al querer entender o
racionalizar lo sucedido.
Lamentablemente ciertos círculos y movimientos judíos rechazan la tercer
afirmación y se adscriben a la idea que el Holocausto fue un castigo de Dios por los
pecados de la Emancipación, el Iluminismo, el Sionismo, el judaísmo Reformista o en
términos generales el impulso judío por asimilarse en el mundo moderno. Yo mismo he
escuchado a un historiador declarar que “el Holocausto fue un mensaje para que los
judíos volvamos a estudiar la Tora y retornemos a las prácticas judías”. Declarar ideas
como éstas demuestra la inmensa mediocridad y obscenidad que algunos judíos
pueden tener incluso cuando supuestamente han pasado horas estudiando su
tradición. De hecho muchos judíos que hoy tildaríamos de Súper-Ultra-Ortodoxos
fueron tristemente asesinados por los Nazis junto a aquellos otros judíos que ni siquiera
practicaban el judaísmo. Además querer justificar que las víctimas del Holocausto
fueron culpables es tener la arrogancia de decir que uno entiende por qué Dios hace lo
que hace o peor aún creer que gracias a Dios ¡Hitler nos ayudó porque nos hizo
retornar a la Tora! ¿Se dan cuenta lo absurdo que suena todo esto?
Si creemos que realmente las víctimas del Holocausto no fueron culpables entonces
nos quedan las dos otras afirmaciones: Dios es justo y Dios es Omnipotente (las cuales
no tendrían sentido frente al Holocausto y las tragedias en las que muere gente
inocente). La estrategia más simple para seguir es declarar que el Holocausto no fue
una obra de Dios sino de los seres humanos. Si Dios nos creó libres, Dios mismo tiene
que aceptar que los humanos nos tratamos los unos a los otros muchas veces en
forma horrenda. De hecho muchos pensadores hacen este giro y “liberan” a Dios del
problema para convertirlo en un problema netamente humano. Así el problema ya no es
por qué Dios hace lo que hace sino por qué los seres humanos hacemos lo que
hacemos. El problema así deja de ser teológico y se convierte en sociológico,
antropológico, político o incluso psicológico. Los asesinos del Holocausto eran hombres
libres actuando libremente. Según la tradición judía esta justificación “serviría” porque
justamente Dios nos ha dado el libre albedrío.
Pero ¿cómo respondemos frente a las enfermedades congénitas y terminales o los
terremotos y tsunamis en los que mueren miles de inocentes criaturas, entre otras
tragedias?
Una de las más extraordinarias respuestas a este debate ha sido formulada por el
Rabino Ortodoxo Irving Greenberg quien declaró que el lenguaje de la modernidad nos
ha dado la conciencia de aquello que podríamos llamar “momentos”. “Momentos” en los
que nuestras metáforas de lo que Dios es y hace se proyectan y coinciden con nuestra
fe y realidad y “momentos” en los que lo que creemos que Dios es no es y la fe resulta
imposible. Lo más importante es que ambos “momentos” son verdad. Ninguno de los

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dos es verdadero mientras que el otro es falso. Ambos “momentos” viven en constante
tensión del mismo modo que lo hace la fe y el ateísmo.
Lo que es esencialmente moderno en esta respuesta es la conciencia que la falta
de fe o creencia representa tan solo un “momento” o “momentos“ de nuestra vida. Tan
pasajeros como el “momento” mismo. Aceptar esta idea del “momento” hace legítima la
posibilidad de plantear de alguna manera la convivencia de Dios y el Holocausto. Lo
que hemos hecho en definitiva con esta teoría es forjar una nueva metáfora, imagen o
idea de Dios que refleja nuestra fragmentada experiencia. Dios es un “momento” para
nosotros porque nosotros mismos somos “momentos” no eternos que depositan
metáforas en aquello que llamamos “Dios”. Así por “momentos” experimentamos la
presencia absoluta de Dios en la Tierra y por “momentos” también experimentamos Su
ausencia. Por “momentos” percibimos a Dios como bueno y justo y por “momentos” no.

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LA MUERTE DE DIOS – CÓMO RESPONDERLE A UN ATEO

En la publicación anterior discutimos la posible relación entre la Omnipotencia y el


Holocausto. Allí les comenté sobre la necesidad de forjar una nueva metáfora por parte
de los teólogos judíos modernos para que nuestra propia imagen o concepción de Dios
esté relacionada con nuestras experiencias “momentáneas” de vida. La idea de pensar
a Dios como un “momento” de “presencia” o “ausencia” frente a las tragedias quizá
sirva como una nueva metáfora para convivir con la idea que nosotros mismos somos
simplemente un “momento” en la historia del Universo y que nuestra relación, conexión
o supuesto entendimiento de Dios y las cosas sea simplemente “momentáneo”. Es
importante declarar que esto no significa que Dios en esencia es “momentáneo” (de
hecho nadie sabe qué es ni cómo es Dios) sino que indica que tal vez nuestra
percepción humana de Dios es “momentánea”. En esencia nosotros somos
“momentos” y la naturaleza del “momento” es cambiante.
Una respuesta mucho más radical a todo este dilema fue propuesta por Richard
Rubenstein quien introdujo la idea que a partir de Auschwitz Dios murió. Rubenstein así
dio el salto que ningún teólogo judío anterior a él se atrevió a dar: creer que el
Holocausto es la muestra más clara que el sistema judío de Tora y Mitzvot ha muerto
también. En realidad Rubenstein no declaró que Dios literalmente había muerto (¿cómo
podría un ser humano saber eso?) sino que para Rubenstein lo que había muerto son
las metáforas clásicas del judaísmo. Si bien podemos sentir repulsión por esta idea no
deberíamos descartar rápidamente la noción que tal vez las metáforas han cambiado.
Por supuesto que no debería sorprendernos que la declaración de Rubenstein ha
sido rechazada por la mayoría de los judíos. Para muchos judíos estas ideas son
extremadamente radicales y se separan demasiado del pensamiento normativo
tradicional judío. Tal vez son demasiado modernas y complejas para muchas personas
que aún prefieren rezarle a un “Papá Gigante” o a un “Rey de Reyes” o como dice
Rabbi Burton Vistozky, para muchos judíos Dios es “Un Gran Judío que hace Todo
Bien”. Sin embargo en las últimas publicaciones hemos debatido que replantearnos las

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metáforas o aquellas cosas que atribuimos en el nombre “Dios” puede ser de gran
utilidad para relacionarnos con Dios en la actualidad.
Un eco del pensamiento de Rubenstein en la muerte de metáforas divinas lo
encontramos en otros dos grandes pensadores modernos: Nietzsche y Dostoyevsky.
Todos conocen la famosa sentencia del “Dios ha muerto” en el Zarathustra de
Nietzsche y algunos tal vez conocen lo que Dostoyevsky escribió en Los Hermanos
Karamazov, “sin Dios todo es posible”. Si bien muchos ven estas dos frases con el
guiño de la victoria o con la idea que ahora hemos vencido finalmente a las estúpidas
ideas dogmáticas de la religión, hay un abismo entre ambos autores. Nietzsche estaba
claramente aliviado y feliz de poder decir algo así porque sentía ahora una liberación.
Pero Dostoyevsky estaba tremendamente asustado de darse cuenta que sin Dios -o
mejor dicho sin las metáforas que hemos depositado en Dios- estamos en las manos
del propio interés individual. Y no es casualidad que ambos se dieron cuenta que la
liberación de metáforas y la destrucción de Dios trajo los mismos resultados:
Dostoyevsky en Rusia padeció en carne propia cómo sin Dios todo es posible en una
prisión de Siberia y lentamente en la Alemania de Nietzsche lo impensado se hizo
posible. No creo que sea casualidad que ambos declararon la muerte de Dios en los
lugares que dieron nacimiento a lo peor del Comunismo y el Nazismo.
Creo que vale en este punto aclarar que ser ateo no significa ser un asesino ni
congeniar con las doctrinas del Comunismo o el Nazismo. Hay ateos que son morales y
son excelentes personas y hay religiosos que son inmorales y horrendas personas.
Estoy “abriendo el paraguas” para decirles que soy consciente que una idea no implica
necesariamente la otra. Pero la pregunta difícil si matamos a Dios es ¿por qué no
deberíamos actuar según nuestros propios intereses? Es decir, si venimos de la nada y
vamos a la nada, si somos accidentes de la química antigua y somos simplemente
animales sofisticados ¿por qué debería importarnos ser morales o éticos?
Retornando a las metáforas tradicionales, que Dios y su esencia no cambian era un
doctrina central en la filosofía medieval judía. El por qué es obvio: si Dios cambia de un
estado a otro significa que a Dios le faltaba algo en el estado anterior que lo hizo
cambiar. Pero Dios es perfecto por lo que no puede faltarle ni sobrarle nada.
Maimonides fue quien dio cierre a todo este debate declarando que Dios es perfecto,
eterno, incambiable e inmutable. De hecho para Maimonides Dios no solo que no
escucha porque no tiene oídos sino que ni siquiera ama porque no tiene sentimientos.
En otras palabras, en la Biblia Dios tiene manos, dedos o incluso espalda y también en
la Biblia Dios se enoja, perdona y tiene compasión. Pero para Maimonides es un error
gravísimo tomar estas ideas literalmente. Todas estas concepciones de Dios limitan Su
Ser.
Poder manipular o actualizar las metáforas no solo puede abrir nuestro corazón
hacia Dios sino ayudarnos a contestarle al que nos dice que no cree en Dios y las

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consecuencias que eso puede acarrear. El problema en efecto es netamente
metafórico.
Primero, si Dios es una idea, una definición, algo que esta “afuera y arriba” en lugar
de “abajo y adentro” nunca podremos amar de verdad a una definición. Cuando la
gente me dice que no cree en Dios les pregunto “¿en qué tipo de Dios no creen?” y
generalmente y de forma invariable resulta que yo tampoco creo en ése tipo de Dios
que ellos describen. Tampoco “creo” en el amor y sin embargo el amor es real para mí
porque lo experimento en mi esposa, mis padres, hermanos, familia y amigos. No
conozco el amor en forma directa (como tampoco conozco a Dios en forma directa) sin
embargo ambos son verdad y reales para mí. Ambos existen a cada instante de mi vida
porque van y vienen por “momentos”. Pero eso no significa que puedo explicarlos
realmente ni son menos reales que otros sentimientos. Justamente también hay días
que sufro, tengo miedo y ansiedad y aunque tampoco “creo” en esas cosas son tan
reales como el amor (y gracias a Dios también son momentáneas).
Y segundo, sin Dios y sin la religión no existiría el mal porque todo se reduce a lo
natural, la supervivencia y el interés propio. Una persona de fe sufre constantemente
atormentado por la pregunta ¿por qué existe el Mal? ¿por qué la gente buena sufre?
Sin embargo sin Dios y sin la religión ¿por qué deberíamos vivir éticamente? ¿cómo
definiríamos al Mal sin Dios y la religión? ¿Se trata solamente de sobrevivir? ¿Es eso lo
que queremos educar en las generaciones siguiente? ¿Sálvate tú a cualquier precio?
Si los únicos imperativos que mandan son biológicos entonces no hay un imperativo
ético sino que hay un orden que solo beneficia el interés individual y propio. Pero si uno
es sensible a esta tensión entre lo que debería ser y lo que es y uno se siente
incómodo con la injusticia y quiere hacer algo para modificar eso uno cree que hay algo
más grande que uno mismo.

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¿A QUÉ O A QUIÉN LE ESTOY REZANDO?

En nuestra publicación anterior introdujimos un tema central del pensamiento


teológico judío: los seres humanos cambian; pero Dios no. Este es el principio que da
cierre a la discusión medieval filosófica sobre Dios y es Maimonides quien representa la
culminación de este proceso cuando declara en su Mishné Tora que Dios es perfecto,
eterno, no cambia ni muta. Además para Maimonides Dios no escucha porque no tiene
oídos y ni siquiera ama porque no tiene sentimientos. Aunque nos resulta difícil
reconocer esto al momento que uno reza, pide y agradece (puesto que según
Maimonides parecería no haber nadie escuchando o preocupándose por nosotros)
Maimonides mismo definió la plegaria como algo obligatorio.
Para nosotros los modernos este principio simplemente nos alerta de una limitación
que ya somos conscientes: nuestra especulación racional, o mejor dicho nuestras
palabras, tienen un límite al querer hablar acerca de Dios. Los humanos somos
humanos y Dios es Dios. No tenemos acceso a Dios. No podemos conocer su esencia.
No podemos saber cómo opera. No podemos saber qué planes tiene ni por qué elige
que suceda lo que sucede. En el fondo no podemos saber nada con absoluta certeza.
Y como no podemos objetivamente saber nada acerca de Dios ¿cómo podríamos
declarar que Dios cambia de parecer frente a nuestros rezos?
Lo que si cambia son nuestras imágenes y metáforas. Estas pueden cambiar
justamente gracias a que Maimonides declaró que son cosas cambiantes mientras que
la esencia de Dios no lo es. Para nuestros antepasados Dios era un Papá, un Rey, un
Señor o simplemente un Êl. Para Maimonides todos estas designaciones son simples
metáforas, palabras que depositamos en lo innombrable e incognoscible. Por lo tanto si
nuestras metáforas de Dios son simples expresiones subjetivas de nuestra limitada
experiencia humana y si la naturaleza de los seres humanos es de hecho el cambio
constante entonces nuestras imágenes y metáforas sobre Dios pueden ciertamente

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cambiar también. En pocas palabras lo que cambia son las metáforas e incluso a veces
podemos llegar a ver estos cambios.
Comienza Shabat y al reflexionar sobre estos temas me pregunto ¿a qué o a quién
le estoy rezando? Los dos más grandes teólogos modernos vienen en mi ayuda para
lidiar con estas difíciles preguntas:

Rezar es tomar conciencia de lo asombroso, recuperar el sentido de aquello


misterioso que anima a todos los seres, el margen divino en todos los logros. La
plegaria es nuestra humilde respuesta a la inconcebible sorpresa de vivir.
Abraham Joshua Heschel
Como el poder que ordena el mundo y la salvación personal, Dios no es una
personificación sino un Proceso. De todos modos nuestra experiencia de ese Proceso
es enteramente personal…Aquellos que critican la concepción de Dios como un
Proceso argumentan que es reducir la plegaria a una simple forma de “hablarse a uno
mismo”. En un sentido eso es verdad pero debemos entender en qué sentido es
verdad. Todo pensamiento – y la plegaria es una forma de pensamiento- es
esencialmente un diálogo entre nuestro puro ego individual y nuestro ser en
representación de un proceso que va más allá de nosotros mismos…
Mordecai Kaplan

En el fondo cuando hablamos de Dios no hay correcto o incorrecto. Cuando


hablamos con Dios tampoco lo hay. El judaísmo ha vivido desde siempre con
ambigüedad al momento de tener que lidiar con Dios. La mayoría de los judíos se
imaginan un Dios completamente distinto incluso cuando están rezando juntos en la
misma Sinagoga.
¿Dios escucha mis plegarias? Realmente no lo sé. Incluso si me escucha jamás
esperaría que me responda del modo que mi esposa me responde cuando la llamo por
teléfono. Mi conexión con Dios y mis metáforas de Dios son el producto de una
respuesta a mi propia búsqueda personal enmarcada por la tradición judía y mi
afirmación continua como miembro primeramente del pueblo judío y en forma más
amplia de la comunidad humana como un todo. Mi plegaria es una manifestación de mi
certeza absoluta que el pueblo judío al cual pertenezco es importante para la historia y
en consecuencia yo también lo soy porque formo parte de dicha narración sin importar
cómo me imagino a Dios en cada etapa distinta de mi vida. Al igual que Maimonides
tengo muchos problemas para definir a Dios en palabras. Todo lo que digo termina
siendo insuficiente para hacer justicia a mi fe y mis creencias. Pero rezo de todos
modos todos los días y cuando lo hago generalmente (aunque confieso que no
siempre) Dios se hace realidad y evidencia.

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DIOS Y LOS SERES HUMANOS ¿QUÉ HA CAMBIADO
REALMENTE?

Hemos insistido mucho en las últimas publicaciones en un tema central del


pensamiento teológico judío: Dios es Dios y los humanos somos humanos. Esto implica
que absolutamente ningún ser humano puede saber cómo es Dios y menos puede
llegar a decir qué es lo que quiere o porqué sucede lo que sucede. Si fuera así esta
persona tendría acceso directo a la esencia de Dios y eso resultaría un absurdo porque
Dios está más allá de cualquier descripción o interacción humana.
Para recapitular este tema una vez más, hay dos cosas que siempre debemos
recordar cuando hablamos de Dios. Primero, atribuir características tanto positivas
como negativas a Dios es simplemente expresar nuestra percepción humana de Dios,
lo cual no significa presentar la esencia de Dios. Cuando hablamos de Dios lo que
hacemos es utilizar palabras, imágenes o metáforas que intentan expresar lo
inexpresable y minimizar esa brecha inalcanzable con lo trascendente. Así nos
imaginamos a veces a Dios como un “Súper Poder”, un “Padre que nos protege”, un
“Rey que nos juzga” o como un “Judío Gigante” que hace todo bien. Solo podemos
intentar imaginar cómo Dios se nos presenta o manifiesta a nosotros mismos en cada
momento específico y cambiante de nuestras vidas.
Segundo, decir que Dios es bueno o malo es en realidad un tema de perspectiva y
de contexto momentáneo. Si Dios permite que un lobo se coma un conejito Dios está
siendo amoroso según la perspectiva del lobo pero cruel según la perspectiva del
conejito. Por eso debemos ser muy cuidadosos cada vez que decimos “Dios odia a…”
porque generalmente lo que estamos expresando ahí no es lo que Dios realmente odia
sino lo que nosotros odiamos. Nuevamente no sabemos realmente qué odia Dios
porque sino seríamos cómo Dios. Más complejo aún es aceptar lo que Maimonides nos
enseñó: en el fondo Dios no odia ni tampoco ama; no se enoja ni se pone contento.

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Todas estas cosas son sensaciones humanas pero no divinas. Cuando hacemos algo
que consideramos bueno nosotros nos ponemos felices pero Dios no porque ¡Dios no
puede cambiar de estado! Si cambia deja de ser Dios.
Nuestra discusión sobre Dios estará siempre impregnada de subjetivismo. Nunca
podremos escapar de nuestra condición humana y por lo tanto Dios será siempre una
imagen o metáfora de nuestra propia experiencia de vida. Nunca lograremos reducir a
Dios en palabras. Lo único que podemos hacer como seres humanos es aceptar que la
manera en que nos imaginamos a Dios va cambiando a medida que nosotros mismos
vamos cambiando, madurando, teniendo diferentes experiencias de vida y al mismo
tiempo vamos afilando nuestros niveles de abstracción. A veces percibimos a Dios
como la más elevada Justicia y otras veces nos agarramos la cabeza tratando de
comprender porqué muere gente inocente o porqué existen las enfermedades
congénitas.

Finalmente y con mucho esfuerzo intelectual y sensitivo debemos con una mano en
el corazón sincerarnos y declarar que cuando hablamos de Dios no hay realmente
correcto o incorrecto. Cuando hablamos con Dios tampoco lo hay. Todo lo que
podamos decir terminará siendo siempre insuficiente.
Dios no ha cambiado pero nuestras imágenes de Dios si lo han hecho. Estas
imágenes no sólo han cambiado en la modernidad para incorporar a Dios como una
Madre y no solamente un Padre, como una Ella y no siempre un Él, sino que a lo largo
de toda la experiencia judía e incluso durante el ciclo anual judío nuestra imagen de
Dios debe ir cambiando para que nuestra existencia judía tenga sentido durante el año.
Cuando vamos a rezar en el Día del Perdón debemos imaginar que Dios es
simultáneamente un juez severo y un padre compasivo. Si no aceptáramos esta
paradoja sería imposible sentir la restauración y el sentido espiritual que ofrece la
existencia judía. O para decirlo en palabras más simples, no podríamos vivir solamente
con el Dios que según la Tora en el libro Shmot (Éxodo 34:7) no perdona en forma total
sino castiga hasta la tercera y cuarta generación. Las imágenes cambian porque
nosotros necesitamos que cambien. Nosotros necesitamos saber que podemos ser
perdonados.
De todos modos y aunque ya nos parezca muy ingenua, la imagen tradicional de un
Dios que a modo de juez premia o castiga nuestros actos ha tenido y seguirá teniendo
históricamente un resultado extraordinario porque cancela la sensación de abandono
proveyéndonos de un medio para restaurar la relación con Dios a su estado positivo
original. En otras palabras, refuerza la idea de teshuva literalmente retorno a Dios que
inunda la temática de Rosh Hashana y Iom Kippur.
El hecho que nuestros antepasados se sintieron libres para transformar e interpretar
las imágenes clásicas de Dios según las necesidades de cada generación es lo que

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nos permite legitimar que nosotros mismos podemos también hacerlo. Porque
nuevamente, no estamos cambiando la esencia de Dios (nadie puede hacer eso) sino
que estamos evolucionando nuestras propias imágenes humanas de Dios para nutrir
nuestra relación hoy en nuestro propio contexto histórico y cultural. Si nuestros
antepasados declaraban que Dios no debía ser entendido solamente como un juez que
castiga sino que también tiene compasión, nosotros podemos argumentar que Dios ya
no debe ser más descripto solo utilizando el género masculino. Algunos podrán estar
de acuerdo con estas ideas y otros no. Algunos sentirán la necesidad de modificar la
liturgia para que refleje estas sensibilidades y otros no. La tensión y la discusión es
siempre un indicador de vitalidad.

DIOS ¿CREÓ U ORDENÓ EL MUNDO?

Luego de haber dedicado las últimas publicaciones a explorar las imágenes o


metáforas que hemos históricamente acumulado para hablar de Dios -y habiendo
dando por concluido de alguna manera el tema en la publicación anterior- vamos a
cambiar ahora el foco de nuestras preguntas sobre Dios.
Hasta ahora nos hemos enfocado en la forma en la que nuestros antepasados y
nosotros mismos hemos intentado capturar la naturaleza de Dios, es decir qué es Dios.
A partir de ahora intentaremos capturar su accionar, es decir qué hace Dios. Este
cambio sutil entre lo que Dios es y lo que Dios hace es en realidad muy significativo. Si
lo pensamos en el plano de los seres humanos, podríamos acordar que lo que una
persona hace generalmente refleja lo que es. Así, si Dios es justo debería actuar
justamente dándonos a entender algo de su naturaleza. Esta nueva forma de
preguntarnos sobre Dios es más atractiva para muchos pensadores judíos
(especialmente para Maimonides) que en el fondo se niegan a decir algo sobre lo que
Dios es porque como hemos expresado en repetidas ocasiones, nadie sabe realmente
cómo es Dios. Pero de alguna manera podríamos decir que sí “vemos” lo que hace.
Uno de los pilares fundamentales de la tradición judía (y en extensión del
cristianismo y el islam también) es que Dios hizo el mundo. Es más, para un creyente la
idea que Dios creó el mundo es un principio incuestionable de fe. Por el contrario, para
la mayoría del mundo secular esta idea ya ha sido descartada por la ciencia y la razón.
El debate entre los que creen que el mundo tiene un Creador y los que no lo creen
comenzó hace miles de años y es un debate que aún continua.
Maimonides -un judío cuya filosofía representa la culminación del pensamiento
teológico medieval- asumió la congruencia entre la creación y la existencia de Dios. En

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otras palabras para él (y para muchos otros pensadores también) la creación asume la
existencia de Dios puesto que no tendría sentido hablar de un mundo que fue creado
pero que no tiene un creador. Por este motivo la mayoría de los filósofos medievales
invirtieron mucho tiempo y energía para probar esta doctrina en forma racional puesto
que estaban convencidos que si podían probar que el mundo había sido creado eso se
convertía en la prueba también que Dios existe.
Si bien podríamos estar de acuerdo con esta doctrina la siguiente pregunta sería
¿cómo y por qué creó Dios el mundo? A pesar de la creencia convencional que las
respuestas a estas preguntas se encuentran claramente en la primer hoja de cualquier
Biblia que encontremos, nuestra tradición judía preserva más de una sola respuesta a
esta interrogante.
Si leemos las primeras páginas de Bereishit, es decir el Libro del Génesis o la
Creación, parecería que Dios crea al mundo simplemente hablando. Sin embargo
hemos históricamente heredado una traducción equivocada del hebreo original. La Tora
no dice “En el principio Dios creó los cielos y la tierra” sino que literalmente dice
“Cuando Dios comenzó a crear los cielos y la tierra”. De hecho Dios tuvo que lidiar con
ciertas condiciones preexistentes que son explicadas en la oración que sigue la cual
dice literalmente: “la tierra estaba sin forma y vacía, con oscuridad sobre la faz del
abismo y un viento de Dios barriendo el agua”. En ese momento Dios dice “que se
haga la luz y fue la luz”.
Si lo han notado en la narrativa original de la Biblia Dios no crea el mundo “de la
nada”. Cuando Dios comienza a crear tiene que lidiar con una tierra que ya estaba sin
forma y vacía además de poseer oscuridad y abismo. Todas estas cosas estaban allí
antes que el proceso de la Creación comience. Para la mayoría de los modernos, lo
opuesto de la creación es la “nada”, es decir el “vacío”. Pero para nuestros antecesores
lo opuesto del mundo creado era algo muchísimo peor que la “nada”, era una fuerza
malvada que podríamos simplemente llamar “caos”. La tarea de Dios es mucho más
compleja al momento de la creación porque Dios no está creando a su gusto sino que
está arrancando un orden de la anarquía preexistente. Está sacando el cosmos dentro
del caos.
Por supuesto que la palabra “caos” tampoco tiene mucho sentido pero es lo más
cercano que tenemos en nuestro español al hebreo original tohu va-vohu que
comúnmente se traduce como sin forma y vacío, una condición en la cual las fronteras
están borroneadas, las distinciones obscurecidas y la confusión es la esencia. La
llegada de Dios justamente ordena, separa, clarifica e ilumina el desorden preexistente.
Donde había un caos primordial ahora con la intervención de Dios reina el cosmos.
Incluso la narrativa de la creación acompaña este mismo orden ya que cuando leemos
el texto el orden se manifiesta a nivel cósmico en lo que se está narrando y a nivel
literal en la forma que está escrito puesto que cada día comienza y termina

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exactamente con las mismas palabras y la misma estructura lingüística. ¡Todo allí nos
sugiere que la grandeza de Dios finalmente no es crear sino ordenar!
Entonces deberíamos preguntarnos ¿por qué los rabinos y filósofos medievales
abandonaron la lectura de la Creación como un ordenamiento y prefirieron la doctrina
que Dios crea “de la nada”? Y la respuesta se debe a que si algo más coexistió con
Dios antes de la Creación entonces lo que tenemos es un dualismo, es decir un relato
que nos narra que al principio había un Dios y también había materia preexistente
como la tierra, la oscuridad y el vacío. ¡Pero asumir esto implicaría limitar el poder de
Dios! ¿Quién creo la materia preexistente? ¿De dónde vino? ¿Dios primero creo el
caos y luego lo ordeno? ¿O acaso el caos era “otro dios”?
Como pueden imaginar, la idea que había dos dioses era impensada para los
comentadores medievales. Además recordemos que los más grandes pensadores
judíos medievales estaban siendo seriamente desafiados por la filosofía aristotélica que
proponía que la toda materia (incluida la que no tenía forma) había estado desde
siempre y en forma eterna. Necesitábamos construir una interpretación que tuviera
sentido y coherencia racional. La verdad es que la narrativa bíblica de la Creación
nunca estuvo interesada en probar la existencia de Dios porque eso era simplemente
asumido como tal.

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DIOS NOS NECESITA: LA IMPORTANCIA DEL SER HUMANO
SEGÚN LA CREACIÓN

En la publicación anterior iniciamos un ciclo de nuevas preguntas sobre Dios.


Cambiamos la pregunta sobre qué es Dios por la pregunta qué es lo que Dios hace (o
hizo). Nuestra exploración comenzó entonces con aquello que es considerado el pilar
fundamental de la tradición judía: Dios hizo el mundo. Y al analizar el comienzo del
relato de la Creación vimos que cuando decimos que Dios hizo el mundo estamos en
realidad diciendo que lo ordenó. Al menos eso es lo que claramente se desprende del
relato bíblico. Sin embargo los rabinos y filósofos medievales (tanto judíos como
cristianos y musulmanes) decidieron imponer la doctrina que Dios creaba de “la nada”
en lugar de ordenar material preexistente porque aceptar que había materia antes de la
existencia de Dios ponía racional o lógicamente en peligro la idea del Poder Absoluto
de Dios.
En la modernidad el academicismo bíblico plantea una diferencia aún más
interesante y controversial sobre la Creación. Y esta diferencia se nutre en la idea que
el Capitulo 2 y 3 del Génesis preserva un segundo relato, una especie de alternativa al
Capitulo 1. La evidencia de esta conclusión es que tanto en sustancia y estilo hay
claras diferencias en la forma narrativa que a partir del Capitulo 2 deja de ser
estructuralmente entre un día y el otro para dar paso a una forma literaria más cercana
a lo novelesco. Las diferencias son realmente sorprendentes: en el Capitulo 1 la
Creación es cósmica mientras que en la segunda el Ser Humano es el centro del relato;
en el primer relato Dios crea absolutamente todo y al final a un ser hermafrodita

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-“hombre y mujer los creó”- (Génesis 1:27) mientras que en el segundo relato
solamente un hombre es creado primero y luego todo lo demás incluida la primer mujer
que se desprende finalmente “del costado” del hombre.
Los comentadores bíblicos medievales entendieron estos dos relatos como una sola
historia conformada por una primera parte que va de lo macro a lo micro, es decir de la
Creación Cósmica del Universo a la creación minúscula y detalla de los primeros seres
humanos. Así la segunda parte era entendida como una extensión de la primera.
Incluso para aquellos que necesitan preservar la integridad y coherencia del texto como
una totalidad, esta solución parece ser la más razonable. Sin embargo los académicos
modernos argumentan que las contradicciones son demasiado claras como para ser
ignoradas.
Estas contradicciones son anticipadas en las palabras que abren los dos relatos
diferentes. En el primer relato Dios crea “el cielo y la tierra” (Génesis 1:1) y en el
segundo Dios crea “la tierra y el cielo” (Génesis 2:4). Este cambio sutil es en realidad
muy significativo. El primer relato se preocupa por contarnos desde lo más amplio
(cielo, tierra, plantas, sol, estrella, luna, peces, pájaros, animales) hacia lo más
pequeño (los humanos). En el segundo relato Dios está más preocupado con lo que
pasa en la tierra y particularmente con los seres humanos que según el texto
¡anteceden la creación de todo los demás! (Génesis 2:4-7).
¿Qué es realmente lo que preocupa a Dios?¿El mundo como un todo o los seres
humanos? Si las dos narrativas parecen estar preocupadas por temas distintos también
nos permite ver a qué le da más valor Dios en Su Creación. Según el primer relato Dios
está preocupado por el orden cósmico del mundo, la naturaleza y los seres humanos
como una parte más de todo eso. Pero en el segundo relato Dios se preocupa mucho
más por los seres humanos, cómo son creados, cómo se comportan y luego por el
resto de la Creación.
El estatus especial que recibieron los seres humanos en el segundo relato inspiró la
formulación rabínica que los humanos somos socios con Dios en la Creación. Para los
Rabinos el hecho que Dios “puso al hombre en el jardín del Edén para trabajarlo y
cuidarlo” (Génesis 2:15) implica que Dios no creó (u ordenó) el mundo en forma total
sino que precisa de nuestra ayuda y por eso nos creó y nos asignó el primer trabajo
que es mencionado en la Biblia: esforzarnos para cuidar al mundo.
Nuestra experiencia cotidiana refuerza esta hermosa idea. El mundo requiere de
nuestra contribución. Dios no hace el pan; nosotros lo hacemos gracias a lo que Dios
provee. Dios no crea la medicina; nosotros utilizamos plantas y otras substancias que
Dios provee. Más importante es recordar que nuestro esfuerzo para cuidar el mundo no
solo se refiere a acciones medicinales, ecológicas o culinarias ya que Dios tal vez creó
la Justicia pero su aplicación depende absolutamente del intercambio y la
responsabilidad de los seres humanos.

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En forma más simbólica los Rabinos notan que Dios podría crear al hombre
circuncidado pero no lo hace. Es nuestra propia responsabilidad y compromiso judío
completar esta tarea también y así hacernos socios del pacto del Creador.
Dios no creó u ordenó un mundo perfecto. Tampoco lo hizo absolutamente justo.
Dios necesita de nuestra ayuda tanto para crear como para revelar y redimir al mundo.
Toda esta tarea, nos guste o no, nos fue asignada. Rabí Tarfón solía decir: “no estás
obligado a terminar el trabajo pero no estás libre de eximirte de él” (Pirkei Avot 2:21)

DIOS VERSUS LOS DESASTRES NATURALES E HISTÓRICOS

En las dos historias de la Creación que coexisten en la Biblia y que analizamos en


la publicación anterior parecería haber una sola cosa común: la Creación de Dios no
tuvo oposición. Dios habla y las cosas simplemente suceden. Sin embargo, si leemos
con detalle la historia de la Creación, Dios no elimina o hace desaparecer ese caótico
elemento del mundo que en hebreo llamamos tohu va-vohu (lo oscuro, vacío y sin
forma) sino que lo limita. El caos (que parecería ser preexistente) es ordenado y
controlado por Dios pero no erradicado.
Más increíble aún es lo que leemos en el Salmo 74 que parece contener una
expansión de la Creación y que nos muestra que de hecho sí hubo una oposición por
parte del mundo al orden de Dios:

Tú, oh Dios, eres mi rey desde hace siglos,


traes salvación a la tierra.
Dividiste el mar con tu fuerza
y les rompiste la cabeza a los monstruos marinos.
Aplastaste las cabezas del Leviatán
y dejaste que se lo comieran los animales del desierto.
Hiciste que brotaran los manantiales y los arroyos,

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y secaste ríos que jamás se secan.
Tanto el día como la noche te pertenecen;
tú creaste el sol y la luz de las estrellas.
Estableciste los límites de la tierra
e hiciste el verano, así como el invierno.
Salmo 74:12-17.

Es muy llamativo que el Salmo utilice palabras como “dividir”, “romper” y “aplastar”.
Parecería haber un combate entre Dios y las fuerzas primordiales de la naturaleza que
resistieron el Poder de Dios para ordenarse. Tal vez por eso fue necesario “aplastar” y
“romper” algunas cosas para poder limitarlas.
Lo fascinante de este relato de la Creación comparado con los dos que hemos
analizado hasta ahora en la Biblia es lo reconfortante que resulta para nuestra mente
moderna. Si para ordenar el caos preexistente Dios tuvo que “pelear” con el objetivo de
contener la naturaleza entonces se hace evidente porqué cada tanto la naturaleza
misma parece salirse de los límites. Las implicancias teológicas de este Salmo son
realmente sorprendentes. Repentinamente la Biblia misma posee un texto que niega el
poder absoluto de Dios sobre la Creación y funciona como prueba bíblica de la
limitación de Dios con respecto al material Cósmico.
Las fuerzas anárquicas de la naturaleza parecen a veces volverse lo
suficientemente anárquicas que restauran una chispa del tohu va-vohu. Pero lo más
temeroso es que la anarquía no solo resulta en el plano de lo natural sino también en lo
histórico. El control de Dios sobre el devenir histórico parecería a veces salirse del
orden. Y el desafío aquí no son las aguas o los vientos sino aquel enemigo más temible
de Dios: el ser humano que fue creado libre al punto tal de renegarse contra Su
Creador desde el primer momento que fue puesto en el Jardín del Edén y comió el fruto
que tenía prohibido comer.
Nosotros experimentamos estas supuestas limitaciones de Dios en ambos reinos en
forma cotidiana. Vemos terremotos, tornados, tsunamis e inundaciones matando gente
inocente. También vivimos en repetidas ocasiones asesinatos en los que muere gente
inocente. Quizá sea este el motivo por el cual este tercer relato resuena mucho más en
nosotros que los otros dos. Al fin de cuentas, cómo decidimos entender la Creación
determinará probablemente nuestras expectativas sobre cómo opera Dios en la
naturaleza y la historia.

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LA CREACIÓN EN LA PLEGARIA O REZO JUDÍO

Hay dos bendiciones que anteceden a la recitación del Shema Israel en la plegaria
judía: primero agradecemos a Dios por Su Creación y segundo le agradecemos por
habernos dado Su Amor (el cual en la tradición judía es entendido como la Tora).
Hemos estado analizando en las últimas publicaciones aquello que Dios hace o hizo y
en esta publicación volvemos a sorprendernos con lo que nuestra tradición ha
preservado sobre el accionar de Dios al momento de la Creación.
En la publicación “Dios ¿creó u ordenó el mundo?” pudimos entender que lo que se
lee del relato bíblico es que Dios no creó el mundo sino que lo ordenó. La palabra
Creación en el judaísmo no debería ser entendida como “hacer algo de la nada” sino
como “tener la posibilidad de controlar el material cósmico”. Cuando Dios comienza a
crear tiene que lidiar con una tierra que ya estaba sin forma y vacía además de poseer
oscuridad y abismo. Todas estas cosas estaban allí en forma caótica (tohu va-vohu)
antes del comienzo del proceso de la Creación.
Justamente lo que pudimos analizar luego en la publicación siguiente titulada “Dios
versus los desastres naturales e históricos” es que la Creación tuvo una fuerte
oposición por parte de este material preexistente. Según el Salmo 74:12-17, para
ordenar el caos preexistente Dios tuvo que “pelear” y así contener la naturaleza (lo cual
tal vez explique por qué cada tanto la naturaleza misma parece salirse de los límites y
destruir en terremotos, tornados y tsunamis a miles de criaturas inocentes).
Pero lo más fascinante es que la plegaria de la Creación -es decir el texto que los
Rabinos compusieron sobre este tema- se imagina una Creación completamente

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distinta de estas dos que figuran en la Biblia misma. Además los Rabinos llegaron a la
conclusión que en realidad la Creación no sucedió una sola vez sino que literalmente
sucede a cada instante permitiendo así que el mundo siga existiendo gracias la
dependencia continua de la presencia Divina. La Creación no fue. La Creación es. O
mejor dicho, sigue siendo.
La plegaria de la Creación en el rezo cotidiano judío fue absolutamente inspirada en
un pasaje del profeta Isaías 45:7 (en hebreo Ishaiahu) que dice:

Yo formo la luz y creo la oscuridad


Yo hago la paz y creo el mal
Yo Dios hago todas estas cosas

Según este profeta hay un sólo Dios que crea absolutamente todo incluyendo el
mal. Sin embargo cuando los Rabinos decidieron utilizar este texto lo retocaron un
poquito y terminó escrito lo siguiente en el Sidur (libro de rezos):

Bendito eres Tu…que formas la luz y creas la oscuridad, haces la paz y creas todas
las cosas.

Hay dos temas que emergen de este sutil retoque rabínico del pasaje de Isaías que
termina en nuestras plegarias. Primero, Dios parece ahora ser el Creador de la
oscuridad y sin embargo en el Capítulo 1 del Génesis (Bereishit) la oscuridad era parte
del material preexistente que Dios ordenó. Si bien Dios separó la luz de la oscuridad, el
relato es muy claro en demostrar que la oscuridad estaba antes que “fuera la luz”.
Segundo, ¿qué ocurrió con la noción que Dios crea mal? En su lugar nos encontramos
ahora con la idea que Dios crea “todas las cosas” (lo cual incluye el mal). Tal vez el
autor de la plegaria no tenía problemas en declarar que Dios había creado la oscuridad
(aún cuando el relato de la Creación no dice eso) pero claramente se sentía
terriblemente incómodo de agradecerle todas las mañanas a Dios por crear el mal.
Así la plegaria que recitamos sobre la Creación de Dios todas las mañanas rechaza
la historia bíblica de la Creación. La Creación según esta plegaria ya no es “Dios
ordenando la anarquía preexistente” sino Dios creando literalmente la anarquía en el
mundo (además de la oscuridad). Incluso este Dios no está limitado por las fuerzas
naturales de la creación o los desafíos de la historia: ¡este Dios crea todas las cosas!
Finalmente las implicancias teológicas que surgen al declarar en esta plegaria que
Dios crea el mal o el caos (puesto que lo crea todo) son escalofriantes. Cuando
analizamos en publicaciones previas por qué hay enfermedades congénitas o por qué

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la gente buena sufre nos encontramos antes dos posibles respuestas: Dios es el
responsable o tal vez hay cosas que escapan al poder o control de Dios. Claramente
para la visión tradicional judía -incluida la del profeta Isaías- Dios es el responsable de
todo y en consecuencia este “buen Dios” al que le rezamos todos los días es el
responsable del sufrimiento en nuestras vidas y en el mundo. Más complejo resultaría
elegir la segunda opción porque así deberíamos convivir con la noción que en el fondo
¡Dios no es omnipotente!

EL VERDADERO RELATO DE LA CREACIÓN DEL MUNDO

La mayoría de las personas imaginan en formas diferentes la Creación del mundo.


Lo que debemos asumir sin temor es que cada vez que intentemos hablar sobre cómo
empezó el Universo vamos a terminar saliendo del reino espacial y temporal que
habitamos y conocemos para entrar en otro reino totalmente distinto y desconocido: el
de la poesía, el relato imaginario o el mito. Ni la mente humana ni el lenguaje como
herramienta descriptiva pueden reducir en términos literales cómo fue que empezó
todo.
En lo personal me sorprenden los presupuestos que algunos judíos y no-judíos
tienen sobre cómo aconteció la Creación. Así estuvimos analizando en las últimas
publicaciones algunos conceptos que asombran a quienes conocen un solo relato de
este episodio:

1. Dios no crea “de la nada” sino que ordena material preexistente.


2. Cuando hablamos de la Creación bíblica debemos especificar cuál de los dos
relatos que se preservan en la Biblia estamos haciendo referencia.
3. El material preexistente se opuso al ordenamiento de Dios.
4. La Creación filtrada por los primeros Rabinos al crear la bendición cotidiana que
celebra la Creación en la plegaria judía no solo es entendida en forma diferente a la
narrada en la Biblia sino que además esta Creación acontece todos los días y en
forma constante. Para la tradición rabínica Dios no solo creó sino que sigue creando
a cada instante.

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La búsqueda obsesiva con el fin de entender cómo empezó todo y cómo va a
terminar impulsó a los seres humanos a lo largo de la historia dando como resultado
diferentes relatos tanto científicos como religiosos. Si bien algunos científicos pueden
sentirse terriblemente ofendidos que su hacer está siendo comparado aquí con el
religioso, la realidad es que en lo que respecta al origen del Universo la ciencia solo
puede describirnos qué sucedió luego del big bang ya que el big bang en sí o la
descripción sobre qué había antes del big bang pertenece como ya dijimos al reino de
la poesía y el mito.
Más allá de todos los intentos que hagamos para “volver en el tiempo” usando
nuestra imaginación, llegaremos siempre a un callejón sin salida. Detrás de la pared
que encierra ese callejón solo hay una cosa: misterio. Pero si bien más allá de esa
pared nuestras mentes racionales o lógicas no pueden avanzar nuestro lenguaje e
imaginación pueden hacerlo partiendo hacia el reino de lo mítico, lo imaginario y lo
poético. Al leer la Creación bíblica o la descripción detallada del big bang estamos
funcionando en forma imaginativa o metafórica pero no literal ni científica.
Todos los relatos imaginarios, míticos y poéticos sobre la Creación son verdaderos.
Justamente la poesía y el mito son verdaderos porque su relato no es históricamente
certero o real sino imaginario. Entendidos tal cual son (simples relatos imaginarios,
poéticos o metafóricos) no intentan demostrar un hecho real sino ofrecer “sentido”. Y en
ese sentido nadie puede negar que son verdad. Así cada relato religioso o científico
captura una parte de la Creación. De ambos relatos aprendemos que nuestro mundo
mantiene un frágil balance natural e histórico. Aprendemos que nuestro mundo y
nuestra vida parece ser un patrón ordenado que por momentos experimentamos
también en forma tremendamente desordenada. Por encima de todo esto es innegable
que los humanos somos algo especial en este entramado: aparentemente somos las
únicas criaturas que escriben sobre el origen del mundo.
Pero hay una diferencia muy importante en el tipo de preguntas y respuestas que
buscamos a través del relato científico y el relato religioso. Las respuestas bíblicas no
están preocupadas por ofrecernos un listado bien detallado sobre cómo ocurrió todo
sino de proveernos sentido a la inexplicable e inconcebible sorpresa de vivir. La religión
es un intento muy humilde por parte del ser humano para recuperar el asombro por
aquello que resulta misterioso y brindarle a ese misterio una suerte de reconocimiento y
en el mejor de los casos agradecimiento.
Para nuestros antepasados judíos Dios nunca fue la conclusión del argumento sino
el punto de partida. Para ellos y ellas había un Dios en el mundo y ese mundo era Su
Obra Maestra. Nuestros antepasados no intentaban comprender a Dios desde su
propia experiencia humana (lo cual era el objetivo del racionalismo medieval) sino
comprender la propia experiencia humana a través de Dios.
Finalmente podríamos concluir aceptando que el conflicto entre creacionismo y
evolucionismo no discute conclusiones sino suposiciones. Y como ya mencionamos,

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todas las suposiciones son igualmente poéticas, imaginarias y mitológicas. Todas las
suposiciones en tanto son Verdad. Tal vez Dios creó el mundo utilizando átomos,
partículas elementales o recurriendo a la física cuántica. Sin embargo todas estas
cosas también son una construcción de la imaginación humana.

LA REVELACIÓN DE DIOS SEGÚN EL JUDAÍSMO

Según la tradición bíblica la historia no es cíclica sino lineal. Más allá que las
estaciones en el Calendario Judío se repiten año tras año y las festividades judías nos
ofrecen un marco para mejorar y sentir así que “este Pesaj nos liberamos mejor de
nuestros faraones que el Pesaj del año pasado” la realidad es que al fin de cuentas
esperamos una redención final. Si la Creación marca el inicio, la Redención o Salvación
Final (en hebreo gueulá) marca la conclusión. El período entre medio de estos dos
puntos es el que nosotros habitamos y llamamos “historia”.
La idea en esencia es que durante el tiempo entre medio de la Creación y la
Redención hay un proceso histórico a través del cual la humanidad junto a la ayuda de
Dios alcanzará la visión de un mundo ideal. A través de vivir plenamente este punto
intermediario de la historia en el cual existimos, alcanzaremos la salvación tanto
personal como comunitaria y mundial.
Nos resulta imposible pensar que Dios creó el mundo sin ningún objetivo. ¿Para
qué hacerlo? ¿Estaba “aburrido”? Como la única forma que tenemos para
relacionarnos con Dios es a través de nuestras propias experiencias humanas y como
la mayoría de nosotros siente que debe hacer algo con su vida, entonces
indefectiblemente Dios también hizo el mundo para algo. En otras palabras, nosotros
depositamos en Dios la idea que el mundo tiene un sentido puesto que nos resulta
imposible pensar que fuimos creados o traídos al mundo sin ningún objetivo. Si Dios
creó al mundo y tiene la esperanza que este mundo alcance eventualmente su estado
ideal, entonces Dios debería proveer a la humanidad de los elementos necesarios para
que ese estado ideal suceda.
Ese elemento que Dios proveyó para que los seres humanos logren estructurar su
vidas individuales y comunales en el proceso hacia la Redención final es lo que los
judíos llamamos Tora, literalmente “Instrucción”. Por ese motivo los judíos hemos

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entendido la Tora como la expresión del amor más elevado que Dios tiene por Israel ya
que es el mejor regalo que nos fue dado. Las bendiciones de la mañana y la noche que
anteceden a la recitación diaria del Shema Israel vinculan justamente a Dios con la
Tora a través de una manifestación de amor.
Pero una de las controversias más grandes que vincula el amor de Dios por el
pueblo de Israel es la doctrina del “pueblo elegido” que se desprende de esta relación.
La conexión es explícita en la bendición que recitamos todas las mañanas y antes de la
lectura de la Tora:

Bendito eres Tú…que nos ha elegido de entre todos los pueblos y nos ha
concedido Su Tora
Esta bendición es inevitablemente una formulación de exclusividad. Es importante
dejar en claro que Dios no recita esta bendición sino los seres humanos. Al declarar
estas palabras nosotros somos los que estamos definiendo esta relación con Dios.
Pero es más importante aclarar que la idea que esta Tora es un regalo también
representa la idea que es simultáneamente una responsabilidad y una carga enorme
para el pueblo judío. La tensión entre la Tora como un regalo y la Tora como una carga
es un tema recurrente en la literatura de la tradición judía.
Un Dios que crea y redime tiene que ser un Dios que se revela. Y la revelación de
Dios es sin dudas el elemento crucial de todo el complejo sistema simbólico y
metafórico a través del cual los judíos entienden y se relacionan con Dios y Su
preocupación por el mundo.

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EL PUEBLO DE ISRAEL ¿ES EL PUEBLO ELEGIDO?

Bendito eres Tú…que nos ha elegido de entre todos los pueblos y nos ha concedido
Su Tora

Esta es la bendición que los judíos recitamos todas las mañanas y antes de la
lectura de la Tora. Sea como sea que decidamos interpretar la frase que Dios nos ha
elegido de “entre todos los pueblos” es innegable que en la contemporaneidad la idea
de la “selección” hiere las sensibilidades de algunos judíos y de no-judíos también.
Elegir implica seleccionar y seleccionar sugiere preferir algo por encima de otra
cosa. Este lenguaje puede rápidamente caer en la noción que lo elegido o preferido es
superior a lo no elegido. Sin embargo, si lo pensamos seriamente, ser elegido no
implica ser superior. Si alguien me ofrece entre comer carne o pescado es muy
probable que elija la carne. Esa decisión implica que prefiero la carne antes que el
pescado, pero no implica que la carne sea de algún modo superior al pescado o que no
me gusta el pescado. En alguna otra ocasión podría preferir el pescado y todo esto
tampoco significa que a quien no le gusta la carne ni el pescado es inferior a mi. Haber
elegido a mi esposa sugiere que yo tengo una preferencia por esa mujer pero no
implica que el resto de las mujeres son inherentemente inferiores a la elegida por mi.
La noción que Dios ha “elegido” a Israel ha sido entendida como que Dios prefiere a
Israel por encima de otros pueblos. Para algunas personas esto significa que Israel es
“mejor” que otros pueblos y que justamente estos otros pueblos son menos importantes
para Dios que el pueblo judío. No hay ninguna duda que en su mayoría tanto los judíos
como los no-judíos han entendido esta doctrina de este modo a lo largo de la historia.

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Primero y principal, es importante dejar en claro que Dios no recita esta bendición
sino los seres humanos. Al declarar estas palabras nosotros somos los que estamos
definiendo esta relación con Dios. En otras palabras, nosotros mismos hemos elegido
entender nuestra historia a través de la narración que posee la Tora. La Tora contiene el
relato pero al fin de cuentas somos nosotros los que decidimos voluntariamente
hacernos partícipes de dicho relato y sentirlo como propio. Podríamos optar por no
hacerlo. Al aceptarlo como constituyente de nuestra existencia construimos una forma
de entender a nuestro pueblo junto al relato universal. En simples palabras, Israel ha
decidido creer este relato sobre la Redención de la historia pero no Dios. Dios no
puede obligarnos a creer su versión de la historia. Solo los humanos podemos hacerlo.
Las religiones que han optado por utilizar los textos bíblicos han heredado también
esta narración sobre la Redención de Dios y la tarea que debe ser realizada ahora por
otro nuevo “pueblo elegido”. Así los primeros cristianos entendieron la continuación de
la revelación de Dios a través de Jesus de Nazaret y esta nueva revelación presentaba
un “Nuevo Testimonio (o Testamento)” que venía sustituir el pacto con el “viejo Israel”.
Siglos más tarde el islam declararía que la revelación de Dios a su profeta Mahoma
constituía la revelación final y venía justamente a “corregir” la forma en la que los
humanos habían capturado o entendido las revelaciones anteriores. Lamentablemente
e irónicamente, en todos estos casos la nueva comunidad elegida despertó una ola de
violencia y persecución hacia los “pueblos elegidos” anteriormente. Definitivamente
parecería ser que el ser humano no pudo ni puede concebir que haya elecciones
múltiples por parte de Dios. El problema como siempre termina siendo de los seres
humanos y no de Dios. Si Dios quisiera un solo relato probablemente estaría
capacitado para eliminar los otros. Y al igual que dijimos con el pueblo judío, los otros
pueblos también son los que han decidido aceptar el relato como tal, hacerlo propio y
entender que debían eliminar a los “elegidos” anteriormente. Podrían haber optado por
no sentir el relato como propio. Pero lo hicieron y en consecuencia y nuevamente como
ya dijimos, Dios no puede obligarnos a creer su versión de la historia. Solo los
humanos podemos hacerlo.
Hay una cosa más que debemos entender sobre la idea de “elegir”. La bendición
que los judíos recitamos antes de leer la selección de profetas que sigue a la lectura de
Tora en Shabat y otras festividades declara lo siguiente:

Bendito eres Tú…que elige la Tora; a Moisés, Su Siervo; a Israel, Su nación; y a los
profetas de la verdad y la rectitud

Podríamos llegar a entender por que Dios elige a Moisés (de entre otros posibles
profetas) o a Israel (de entre otras posibles naciones) pero ¿en qué sentido Dios “elige”

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la Tora? ¿Acaso Dios consultó toda una serie de Sagradas Escrituras y “eligió” la Tora?
Obviamente que no.
Entonces debemos entender que “elegir” no significa necesariamente “seleccionar”
sino “distinguir” como sinónimo de “separar”. Algo que está “separado” o “distinguido”
es algo que es “especial” para nosotros. Nuevamente nosotros somos los que
decidimos al fin de cuentas “separar” y “separarnos” para así constituirnos como
“especiales” o “distinguidos”. Podríamos no hacerlo. Podríamos decidir no
“separarnos”. Pero al separar ciertos textos de otros los hacemos especiales. Y al
separar ciertos objetos de otros sucede lo mismo. Al fin de cuentas al separarnos en
nuestras prácticas o maneras de entender los relatos y la vida elegimos “separarnos”
de quienes realizan otras prácticas diferentes y tienen otras creencias y se guían según
otros relatos. Lo más importante de todo esto es entender que decidir separarse de
otras creencias, prácticas o narrativas no implica que las que hemos elegido son
mejores, sino diferentes.
Declarar que Dios eligió Israel significa que Dios ama Israel pero Dios también ama
otras naciones y pueblos del mismo modo que un padre ama de formas diferentes a
todos sus hijos e hijas.

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EL PROBLEMA DE LA REVELACIÓN DE DIOS EN EL JUDAÍSMO

La mayoría de las religiones que conocemos poseen un elemento en común: la


revelación de Dios. Esto quiere decir que en algún momento Dios -sin importar el modo
que entendemos lo que esta palabra significa- se presentó en nuestro mundo y “dijo” o
“hizo” algo que modificó la historia. El judaísmo al igual que las demás religiones no
está excepto de este elemento común. Dios se reveló también para la tradición judía.
Pero la pregunta que desvela a los judíos no es si Dios se reveló o no en la tierra sino
qué reveló y cómo lo hizo. Responder estas preguntas no sólo tiene como objetivo
recuperar con precisión qué fue lo que realmente sucedió hace miles de años sino en
esencia preguntarnos sobre la naturaleza del mismo Dios.
Las respuestas que la tradición judía ha ofrecido nos sugiere diversas imágenes o
metáforas para intentar responder esta difícil pregunta. Además el intento por
responder estas preguntas tiene como objetivo “ganar la competencia” sobre la Verdad
religiosa. ¿Dios se reveló solamente una vez al pueblo de Israel en Sinaí? ¿O acaso
volvió a revelarse en la voz de Jesús y posteriormente de Mahoma? ¿Por qué
aceptamos una sola de estas revelaciones y no las otras? Intentar responder estas
preguntas con claridad también desvela a muchos judíos. ¿La respuesta es
simplemente “porque sí”? Si aceptamos que Dios pudo revelarse en la tierra una vez,
¿por qué motivo asumimos que no podría volver a hacerlo?
Los judíos tenemos una clara respuesta a esta pregunta: en nuestra tradición Dios
se reveló una única vez y en esa única vez entregó la Tora. Punto. Si alguien se atreve
a dudar de esto lo que hacemos es, al igual que hacen los niños, taparnos las orejas y
gritar para no escuchar más este tipo de preguntas que como enseña nuestra tradición
“no son para el bien” sino para intentar desarmar y destruir nuestra fe. Si bien

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consideramos que estas preguntas no ayudan sino que oscurecen y confunden
deberíamos en algún momento hacerlas para justamente poder responderlas y crecer
en los contra argumentos. Es muy simple leer siempre material que nos dice lo mismo
una y otra vez. El verdadero desafío es tener la capacidad de mostrar cuál es la
pregunta o duda e intentar responderla. Pero nuestra tradición nos ha enseñado que
Dios no volvió a revelarse y que la Tora que tenemos es la única Verdad revelada. Todo
lo demás es mentira o falso. No hubo más revelaciones ni tampoco nuevos textos que
representan la voz de Dios. Esa es la tradición judía. Tómala o déjala.
Como pueden imaginar no todos los seres humanos están de acuerdo con este
enunciado. Más interesante resulta la idea que para algunos judíos esto tampoco
responde del todo qué se revelo, cuánto se reveló o incluso cómo sucedió. La pregunta
es ¿cuál fue el “contenido” preciso que Dios reveló a nuestros antepasados? Si bien lo
que se reveló fue la Tora (literalmente “Instrucción) es importante remarcar que la
palabra Tora es entendida de formas diferentes en nuestra tradición. Tora puede
referirse a:
1. Los primeros 5 Libros de la Biblia, es decir los rollos que son leídos en las
Sinagogas y que también llamamos jumash o pentateuco (dos palabras que se
refieren a “los 5”)
2. El TaNaJ o lo que los Cristianos llaman “Antiguo Testamento” y los académicos
Biblia Hebrea. Es decir los Libros que van del Génesis hasta Crónicas II.
3. Tora también puede referirse al TaNaJ más todo el material escrito por los
primeros Rabinos y sus interpretaciones que emergen en el Talmud (es decir lo
desarrollado en la tradición judía desde el siglo I al siglo VII de la Era Común)
4. E incluso y más complejo de entender, ¡Tora también puede hacer referencia a la
continua interpretación de todo este material hasta este exacto momento!

Sea como sea que elijamos entender esta palabra y su significado, esta claro que la
Tora es el complejo conjunto de doctrinas, historias, cuentos, narrativas,
interpretaciones, plegarias y códigos legales de la tradición judía. La Tora es la
Constitución distintiva del pueblo judío. Y ahora que sabemos todo esto ¿qué
hacemos? ¿Aceptamos su contenido ciegamente en forma eterna? ¿Cuán libres
estamos de interpretar y relacionarnos con todos estos textos? Las respuestas a estas
últimas preguntas son en esencia uno de los factores determinantes que caracterizan la
estructura comunitaria judía hoy en día desde lo que llamamos “Ultra-Ortodoxia” hacia
el “Reformismo” y todo lo que se encuentra entre medio de estas posturas.

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LA REVELACIÓN TRADICIONAL DE DIOS Y LA TORA SEGÚN EL
JUDAÍSMO

La revelación tradicional judía de Dios en la tierra es la que podemos leer en el


Segundo Libro de la Biblia -el Libro del Exodo- entre los capítulos 19 al 24. En la lectura
semanal del Calendario Hebreo la misma lectura la encontramos entre las parashot Itró
y Mishpatim. El capitulo 20 del Libro del Exodo comienza con los famosos “diez
mandamientos” seguidos por muchas leyes más que se despliegan hasta el capitulo 23
presentándonos así el primer código de leyes bíblicas que Dios entrega al pueblo
hebreo para constituirse como una unidad bajo una misma Ley. La coronación de todo
este episodio acontece en el capitulo 24 a través del ritual que da conclusión al evento
de la revelación en el monte Sinaí.
Si bien el capitulo 20 abre con la declaración que Dios “habló todas estas palabras”,
lo más interesante es que en el capitulo 19 que precede a lo que Dios “habló” se nos
narra sobre cuales fueron las condiciones para esta revelación divina: tenemos ahí una
fecha puntual en la historia del mundo (el tercer mes después del Exodo de Egipto),
una localización geográfica determinada en el planeta tierra (el monte Sinaí) y por
encima de todo esto nos enteramos sobre cuales fueron las condiciones atmosféricas
que acompañaron dicho suceso.
Pero a pesar de los detalles la narrativa está envuelta de misterio. Según el texto
Dios desciende en una montaña particular al mismo tiempo que Moisés asciende a la
misma (y después baja para hablar con la gente). La descripción es acompañada de
relámpagos, truenos, una nube densa, humo, fuego y sonidos de shofar (el instrumento
musical de viento por excelencia del pueblo judío). Por supuesto que frente a la imagen
que describimos los hebreos al pie de la montaña no solo están aterrorizados sino que

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básicamente ¡no pueden ver nada por culpa de la nube, los truenos, el humo y el fuego!
Sea lo que sea que está sucediendo arriba de la montaña todo parece estar esta
tapado o mejor dicho, se encuentra más allá de cualquier descripción literal. Así todo el
capitulo puede ser leído como si fuera un poema, un cuento fantástico o una evocación
de un evento misterioso. Pero claramente no es un relato histórico descripto del mismo
modo que leemos sobre la elección de un Nuevo Papa Argentino en todos los medios
de comunicación.
Algunos judíos utilizan este pasaje como una prueba de la autoridad de la Tora
como un todo. Estos judíos declaran que la revelación de Dios debe ser comprendida
leyendo este texto y entendiéndolo en forma literal, es decir, tal cual es descripto. Así el
“contenido” de información en palabras que contiene el texto bíblico es entendido
explícita y literalmente como la exacta articulación de sonidos y fonemas que Dios le
dijo a Moisés y luego al pueblo de Israel en un determinado día y en un solo lugar
particular del mundo. Lo que el texto nos está narrando entonces es historia, es el
evento fundacional y constituyente del pueblo de Israel como tal. Como resultado de
todo esto lo que está escrito en la Tora tiene un valor eterno para todos los judíos
incluidos los que hoy viven en cualquier otro tiempo cronológico y espacial. En
definitiva para algunos judíos esto es literalmente lo que Dios dijo. Si repentinamente
surge algún tipo de “conflicto” entre lo que está escrito en el texto y los inevitables
cambios culturales a través de los siglos, los cambios culturales deben rendirse ante la
autoridad última que es lo que está escrito en la Biblia.
Si aceptamos esta manera de ver lo sucedido entonces llegamos a otras
conclusiones. La Tora es la única revelación de Dios en la historia del Universo. Otros
posibles pretendientes de haber recibido otro mensaje son falsos. Así la Tora o por
extensión el judaísmo es la única Verdad religiosa. La Tora además es entendida como
un solo documento que es absolutamente consistente y coherente. Todas las palabras
y letras que allí figuran fueron literalmente determinadas por Dios. Dios creó así al
judaísmo. Y por último ningún ser humano o comunidad puede dar de baja o anular el
texto de la Tora. Frente a toda esta descripción solo nos quedan dos opciones:
aceptamos el texto como autoridad absoluta y constituyente de nuestras vidas o
rechazamos todo el paquete (lo cual es de hecho rechazar a Dios).
Debo confesarles que mi descripción hasta aquí es una caracterización bastante
simplificada de cómo los judíos han tradicionalmente entendido, estudiado y
cuestionado estas suposiciones. El Talmud mismo está repleto de instancias en las que
Moisés comanda algo que no aparece en forma literal o explícita en la Tora misma.
Pero de todos modos y en términos generales esta descripción representa
honestamente la posición de ciertas ramas del judaísmo, particularmente el judaísmo
Ortodoxo. Para los judíos Ortodoxos todo esto se ha convertido en una suerte de
dogma o sello distintivo de la autenticidad religiosa judía o de hecho de su verdad en
contra de otras interpretaciones modernas.

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Todo el debate sobre la autenticidad de la Tora no se trata simplemente de mostrar
una verdad histórica innegable y ocurrida hace miles de años atrás sino del impacto
que este texto tiene en nuestras vidas hasta el día de hoy. Moisés dice antes de morir
que el pacto que figura en este texto y los mandamientos que allí están escritos han
sido realizados no solo con aquellos que están de pie hoy ahí sino con los que aún no
nacieron. Por lo tanto lo que el texto dice también nos habla a nosotros y lo seguirá
haciendo para las generaciones que siguen. Este tema no es un tema que preocupó
solo a Moisés y su generación sino que también nos ocupa a nosotros hoy.

LA REVELACIÓN MODERNA DE DIOS Y LA TORA SEGÚN EL


JUDAÍSMO

En la publicación anterior analizamos la Revelación tradicional de Dios y la Tora


según el judaísmo. Ahí les comenté que la mayoría de los judíos que generalmente
agrupamos bajo la categoría “Ortodoxos” creen literalmente en ese relato de la
Revelación que figura en la Biblia entre los capítulos 19 al 24 del Libro de Exodo
(parashot Itró y Mishpatim). De todos modos es importante aclarar que la mayoría no
significa la totalidad y por eso no todos los “Ortodoxos” creen en forma literal esta
narrativa sobre el acontecimiento de la Revelación. Tampoco todos los judíos que no
son Ortodoxos entienden la revelación del modo que explicaré en esta publicación. En
otras palabras, las categorías o designaciones “Ortodoxo”, “Reformista”, “Conservador”,
Jasídico, etc. son nombres modernos (la mayoría de ellos no tiene más de 250 años) y
no necesariamente aluden a definiciones absolutas sobre cómo entienden de maneras
distintas la Revelación de Dios, entre tantas otras cosas.
Lo que quiero presentarles en esta publicación es la Revelación Moderna judía de
Dios y la Tora en contraposición de la Revelación Tradicional o Medieval. Es muy
importante remarcar que sentirse identificado con la comprensión Tradicional o
Medieval no quiere decir que por eso hay que anular la interpretación Moderna y al
mismo tiempo sentirse más a gusto con la interpretación Moderna no necesariamente
significa que la Tradicional es falsa o errada. Al fin de cuentas el texto bíblico es uno
pero las lecturas e interpretaciones de dichas palabras pueden ser entendidas de
múltiples formas distintas dependiendo del lector, su propia historia personal, de
acuerdo a cómo fue educado, cuál es su esquema de referencia, sus propios prejuicios
y expectativas. Incluso los primeros Rabinos fueron conscientes de las multifacéticas

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lecturas de la Tora y por eso nunca fueron fundamentalistas. Muy por el contrario, las
diferentes lecturas han sido siempre celebradas, discutidas e incluso preservadas aún
cuando no eran del todo aceptadas. Hay que tener en cuenta que los sabios mismos
nos dicen que hay muchas interpretaciones válidas de la Tora y el midrash dice que hay
70 “caras” (facetas) de la Tora (Bamidbar Raba 13:15). Por lo tanto hay muchas
maneras válidas de entender cada parte de la Tora de acuerdo a cada generación y sus
sabios.
La mayoría de los pensadores judíos modernos han desafiado la versión tradicional
de la revelación que algunos otros leen en forma literal. Podríamos comenzar
argumentando que Dios no puede literalmente “hablar”. Los seres humanos hablamos.
La idea que Dios tal vez “habló” solo puede ser entendida en forma metafórica. Y si
consideramos que la palabra “hablar” aquí hace alusión a un antropomorfismo
necesario para que el ser humano capte el mensaje de la Tora (que según la tradición
está escrita en el lenguaje de los seres humanos) entonces Dios no “habló” literalmente
con Moisés sino que las “palabras” que contiene la Tora se originaron en la mente de
Moisés mismo tal vez por “inspiración divina”. Si lo pensamos un instante el relato de la
Revelación de Dios en el monte Sinaí es uno de los más antropomórficos de toda la
Biblia: además de “hablar” Dios “desciende” a una locación geográfica determinada en
un día específico. Así, repentinamente Dios está operando dentro del espacio y el
tiempo. ¿Es toda esta caracterización o descripción de Dios literal o metafórica? Si
llegamos a decir que es literal entonces acabamos de limitar y disminuir a Dios ya que
el espacio y el tiempo son absolutas construcciones humanas de nuestra propia
experiencia en la forma que nosotros estructuramos al mundo. ¡Pero Dios está más allá
del espacio y el tiempo!
Sin dudas lo que más hiere a los judíos modernos de la interpretación literal de la
Revelación no es tanto estos factores filosóficos sino la idea que sólo Dios está activo
en la Revelación. El pueblo al pie del monte Sinaí lo único que dice es “haremos y
escucharemos”. Si removemos cualquier participación humana en la Tora por miedo a
diluir la autoridad de Dios dentro de dicho documento entonces acabamos de limitar en
forma absoluta el derecho de las generaciones siguientes a repensar la viabilidad de lo
revelado frente a los nuevos impulsos religiosos, sociales y políticos de la modernidad.
En otras palabras, si algo nos “hace ruido” o nos incomoda moralmente (como el
estatus de la mujer en la práctica ritual o litúrgica judía de la modernidad, el tema de la
esclavitud tan recurrente en la Biblia o el mandamiento de exterminar a los supuestos
amalekitas en la contemporaneidad o en cada generación) debemos de todos modos
guiarnos por la literalidad del texto y no por nuestras interpretaciones y sensibilidades
humanas. Esta postura de “lo que esta escrito es lo que es y no se discute más”
disminuye el factor humano frente a la interpretación del texto y es aquello que más
claramente distancia a los judíos que leen en forma literal de los que anteponen su
propia interpretación humana. Definitivamente la posición de muchos pensadores
judíos modernos es que la Comunidad misma de judíos debería acordar de qué modo

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entendemos los pasajes difíciles de la Tora. Así nos convertimos en socios con Dios de
Su Revelación.
Pero si aceptamos la participación humana en el momento de la revelación las
preguntas se vuelven más complejas y más interesantes. Por ejemplo, ¿cuánto de
participación humana hay entonces en el texto y cuánto de Dios? Si nosotros mismos
podemos llegar a entender de 70 formas distintas una oración de la Tora ¿cómo
podemos estar seguros que aquellos que escucharon la Revelación de Dios
entendieron exactamente lo mismo? Como pueden ver las preguntas de los teólogos
modernos no son acerca de Dios sino acerca de cómo los humanos (que eran tan
humanos como nosotros hoy) entendieron el mensaje o voluntad de Dios. La gente
puede no estar de acuerdo en cómo entender lo que Dios quiere (hemos insistido
muchísimo en la idea que absolutamente nadie sabe realmente lo que Dios quiere) y de
hecho estos desacuerdos cambian a lo largo de la historia. Para la mayoría de los
judíos liberales de la modernidad la autoridad de la Tora ya no es absoluta o eterna
sino relativa al contexto histórico y a las lecturas propias de cada generación. Este
cambio no es menor sino fundamental. Generalmente se asume que la religión y la
Biblia debería representar una fuente de valores absolutos en un mundo inundado de
confusiones. Pero ahora la Tora misma parecería ser otra ambigüedad del mundo
moderno.
Se que voy a continuar escribiendo sobre estos temas. Pero no quiero abrumarlos
con más información. Solo quiero dejarlos con la reflexión de Heschel en su libro “Dios
en la búsqueda del hombre”:

“Como un reporte de la revelación, la Biblia en sí es un midrash”

La palabra midrash significa interpretación. Lo que esto significa para Heschel es


que la interpretación del evento sucedido en el monte Sinaí se encuentra más allá de
cualquier explicación literal. Para Heschel Dios reveló la Tora. Pero lo que el pueblo de
Israel tiene es la interpretación que nuestros antepasados hicieron de dicho evento. La
palabra “interpretación” del modo que Heschel la entiende implica que el relato de la
revelación no es históricamente certero, no es una crónica ni es literal sino que es
justamente metafórico. En otras palabras, es una interpretación humana de lo que ese
evento significó. En esencia es un midrash. La Tora se originó en Dios pero lo que ha
llegado hasta nosotros hoy ha sido filtrado por la comprensión y el lenguaje humano. Lo
que tenemos al fin de cuentas según Heschel y según muchos otros pensadores
modernos es el intento humano de capturar un evento que fue mucho más que lo que
las palabras pueden reducir.

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¿QUÉ REVELÓ DIOS SEGÚN LOS PENSADORES MODERNOS?

En la publicación anterior iniciamos la primera incursión para intentar comprender


cómo entienden algunos judíos (particularmente los Reformistas y Conservadores) la
Revelación de Dios y la Tora en la modernidad. Vale la pena volver a mencionar que
estas comprensiones no son absolutas y en tanto no todos los judíos estamos
completamente de acuerdo en cómo entendemos la Revelación ni cuánto o qué fue lo
que se reveló. Es importante también mencionar que es un error declarar que sólo en la
modernidad se comenzó a interpretar de formas distintas la Revelación de Dios.
Simplemente basta recordar que para el Rabino medieval Ramban, Moisés recibió toda
la historia de la Creación, los Patriarcas y Matriarcas, la historia de Iosef y sus
hermanos y la historia del Éxodo de Egipto pero Dios no permitió que Moisés supiera lo
que sucedería de allí en adelante. Según el Ramban la historia de Moises desde que
bajó del Monte Sinaí y se encontró con el becerro de oro hasta el final de su vida fue
sucediendo en forma gradual y fue escribiéndose gradualmente a medida que vivía su
día a día. Su historia personal fue concluida junto con el final de la Tora.
Es decir que las preguntas que nos estamos haciendo con respecto a cómo fue la
Revelación y qué fue lo que se reveló no son preguntas novedosas. Los Rabinos
medievales también “se agarraban la cabeza” con ciertos pasajes complejos de la
Biblia. Por ejemplo si leemos la parashá Lej Lejá (Génesis 12:6) allí se menciona que
durante el viaje de Abram “los cananeos estaban entonces en la tierra”. Esta simple
frase escrita literalmente así parecería indicar que al momento puntual en que estaba
siendo puesta por escrito los cananeos ya no existían o no estaban en la tierra (¡lo cual
no sucedió hasta la muerte de Moisés!). En otras palabras, este pasaje escrito
literalmente así presenta un gran obstáculo para quienes argumentan que Moisés
recibió o escribió los primeros 5 libros de la Biblia en forma completa ya que los
cananeos estaban firmemente controlando la Tierra Prometida cuando Moisés murió.

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Curiosamente quien nota este detalle no es un Rabino moderno sino el Rabino
medieval Ibn Ezra al escribir en su comentario que tal vez los cananeos habían tomado
la tierra de otros ocupantes anteriores y (literalmente escribe a continuación) “sino es
así, este verso esconde un gran secreto”. Y el gran secreto obviamente es que Ibn Ezra
tal vez creía que otro que Moisés había escrito este pasaje.
Así les mencioné en la publicación anterior que la mayoría de los judíos Reformistas
y Conservadores no entienden la Revelación de Dios y la Tora (es decir aquello que
fue revelado) en forma literal según describe la Tora entre los capítulos 19 al 24 del
Éxodo sino en forma metafórica. También vuelvo a repetir que no podemos hacer
ninguna generalización con respecto a estos temas y en consecuencia no podemos
declarar que todos los Ortodoxos entienden o leen en forma literal la Revelación que
figura en la Biblia. Algunos de ellos también comprenden todo este episodio como una
descripción no literal sino imaginativa, poética o metafórica.
Vimos que una posible respuesta ante todo este evento es la que ofrece Heschel en
su libro “Dios en la búsqueda del hombre” cuando declara: como un reporte de la
revelación, la Biblia en sí es un midrash. Para Heschel Dios reveló la Tora pero lo que
el pueblo de Israel tiene es la interpretación que nuestros antepasados hicieron de
dicho evento. La palabra “interpretación” del modo que Heschel la entiende implica que
el relato de la revelación no es históricamente certero; no es una crónica ni es literal
sino que es justamente metafórico. Es un midrash, una interpretación humana de lo
que ese evento significó filtrado por la comprensión y el lenguaje humano. Hacemos
referencia a un intento por parte de los humanos de capturar un evento que fue mucho
más que lo que las palabras pueden reducir.
Hay otra propuesta parecida a la de Heschel que encanta a muchos de los
pensadores judíos modernos. Y esta propuesta es la de Franz Rosenzweig. Para
Rosenzweig al momento de la Revelación Dios no revela un “contenido” sino una
“presencia”. La revelación entonces no fue un objeto material o una substancia sino
solamente una Revelación. Así el contenido principal de la revelación es la revelación
en sí.
Tal vez podríamos preguntarnos ¿en qué sentido Heschel y Rosenzweig entienden
la Revelación en forma diferente? Y la diferencia entre ambos radica en la noción que
para Heschel Dios reveló una substancia, un objeto que llamamos Tora. Pero ese
objeto que nosotros tenemos es tan solo el reflejo humano de la substancia original. Sin
embargo para Rosenzweig la substancia de la revelación no fue la Tora sino la
presencia de Dios en el espacio y el tiempo. Lo que Dios reveló para Rosenzweig fue
Su Existencia en relación íntima con el pueblo de Israel. En consecuencia para
Rosenzweig la Tora como texto, como “contenido”, no fue literal o explícitamente
revelado sino que dicho contenido que nosotros poseemos representa el intento de
capturar o reducir en palabras la experiencia comunitaria por parte de aquellos que sí
experimentaron literalmente o realmente la Presencia y Revelación de Dios. En

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palabras más simples para Rosenzweig lo que tenemos escrito es la respuesta humana
al fenómeno de la Revelación de Dios pero no el contenido literal de lo revelado.
Tal vez podríamos decir (utilizando una metáfora de nuestro tiempo) que para
muchos judíos Reformistas, Conservadores o para aquellos que no leen el texto en
forma literal, en el Sinaí Dios le dio a Moisés un “disco rígido o disco duro” vacío y le
permitió a Moisés cargarle el contenido que consideraba apropiado. Dios proveyó del
hardware y Moisés actualizó el software. La Revelación fue la entrega del “disco de
Dios”. Lo humano fue lo que Moisés le cargó dentro. Esta metáfora es muy apropiada
para nuestro tiempo y para comprender la contribución substancial humana de la Tora
revelada por Dios.

JUDÍOS TRADICIONALISTAS VS. JUDÍOS LIBERALES

El Rabino está estudiando en su casa cuando golpean a la puerta. Entra Saúl


tremendamente enfadado y le dice “¡no aguanto más a mi esposa! Todo el día se queja
de todo, todo el tiempo me está pidiendo que haga esto o lo otro, es insoportable!”. El
Rabino lo mira y le dice “querido Saúl, tienes razón”. Saúl se marcha y media hora más
tarde golpean nuevamente la puerta de la casa del Rabino. Esta vez es la esposa de
Saúl quien entra gritando “¡no aguanto más a mi esposo! Deja siempre todo tirado, no
me escucha cuando le hablo y lo único que quiere es ver deporte por televisión, es
insoportable!” El Rabino mira a la esposa de Saúl y le dice “tienes razón”. La mujer de
Saúl se marcha y en eso la mujer del Rabino que había escuchado ambas
conversaciones desde la cocina le dice a su esposo “¡qué has hecho! ¡Los dos se
quejaban del otro y a los dos les diste la razón! ¿Cómo van a arreglarse entre ellos si
creen que ambos están en lo cierto de acuerdo a lo que tú les has dicho a cada uno por
separado?”. El Rabino reflexiona un instante y mirando fijo a los ojos de su mujer le
dice: “¿sabes qué? ¡tú también tienes razón!”.
Este chiste encierra una de las preguntas más complejas de la existencia humana:
¿qué hacemos cuando dos argumentos contradictorios parecen ser correctos? ¿Qué
hacemos cuando dos personas “tienen razón” en lo que dicen?
En las últimas dos publicaciones comparamos la tensión entre la opinión
tradicionalista y la liberal en lo que respecta a la Revelación de Dios y la Tora. De
alguna manera la diferencia central entre ambas radica en la forma en la que nosotros
entendemos la naturaleza del ser humano por un lado y la naturaleza de Dios por otro
lado. En otras palabras, la diferencia entre ser un tradicionalista y ser un liberal es la
diferencia entre dos modelos distintos de comportamiento humano: en el primero la
humanidad debe rendirse ante una autoridad Suprema (Dios) que está más allá de
cualquier discusión puesto que sus preceptos o mandamientos son impuestos desde

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una fuente revelada o supernatural que es “ajena” a nuestra participación y nuestro
entendimiento. En el segundo modelo la autoridad es el individuo y su manera de
entender el contenido de palabras que hay en dicha revelación. Para el segundo
modelo la Revelación tal vez aconteció en forma milagrosa, pero una vez que se
materializó en este mundo está sujeta ahora a las leyes de la física y de las múltiples
interpretaciones humanas a través de cada generación.
En el modelo tradicional asociado generalmente con el pensamiento teológico del
judaísmo Ortodoxo la respuesta es simple: Dios habló, lo dicho está literalmente escrito
en la Tora y nosotros debemos obedecer. En el modelo liberal la respuesta quizás es
más compleja: sea lo que sea que Dios “habló” y sea como que sea que cada uno de
nosotros entiende ese proceso, la autoridad última para determinar nuestra conducta
recae en la decisión de la comunidad o el conjunto que llamamos “Judíos”.
Curiosamente esa comunidad o conjunto no se refiere a un grupo que ya no existe sino
a nosotros hoy, puesto que como enseña la tradición “nosotros también estuvimos
parados en el Sinaí al momento de la Revelación”.
Estas dos posturas reflejan dos teologías contradictorias. En el modelo tradicional
Dios es todopoderoso, trascendente y absoluto. En el modelo liberal Dios es más
vulnerable, dependiente y generoso. Además en el modelo liberal Dios limita su poder
absoluto y le otorga a los seres humanos la capacidad de darle forma al propio
contenido del mensaje de la Tora. Pero lo más importante de estos dos modelos es que
si bien podríamos pensar que estas dos polaridades se originaron en la modernidad la
realidad es que emergen desde los primeros textos rabínicos.
En el Talmud (Baba Metzia 59b) leemos sobre unos rabinos discutiendo sobre un
tema concerniente a una Ley Judía. La mayoría piensa una cosa y solo el Rabino
Eliezer ben Hirkanus está en desacuerdo. En lugar de aceptar la opinión de la mayoría
el Rabino Eliezer continua sosteniendo su contra argumento y comienza a invocar una
serie de milagros que demuestran que él tiene la razón en este asunto. Así leemos que
milagrosamente un árbol comienza a moverse, un rió repentinamente fluye en dirección
contraria y que incluso las paredes del lugar en donde se está llevando acabo la
discusión comienzan derrumbarse. Cansado que así y todo su opinión no sea aceptada
finalmente le pide a La Voz del cielo que intervenga. En eso se escucha La Voz del
cielo que retumba por todos lados clamando “¿por qué discuten con el Rabino Eliezer
sabiendo que tiene razón?”. Pero enojados el resto de los Rabinos deciden no prestarle
atención a esa Voz celestial puesto que “la Tora ya ha sido dada en el Sinaí y no
prestamos atención a ninguna otra voz del cielo porque Tú (Dios) has escrito hace
mucho en la Tora del Monte Sinaí ‘inclínate según la mayoría‘ [Exodo 23:2]”
Esta historia preservada en el Talmud es un poderoso argumento para demostrar la
autonomía interpretativa de los seres humanos y la legitimación del pensamiento
humano. Sea lo que sea que Dios “realmente” quiere es irrelevante frente a lo que los
Rabinos de cada generación interpretan. Dios ahora está sujeto a las cortes humanas y

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su determinación terrenal. Lo más fascinante de esta historia es que luego leemos que
otro Rabino se encuentra con Eliahu (aquel que nunca muere, esperamos en cada
Pesaj y se le aparece una y otra vez a los Rabinos del Talmud) y le pregunta: ¿qué dijo
Dios en ese momento en que dijimos que no prestamos atención a la voz del cielo? Y
Eliahu le contesta: “se rió y respondió ‘mis hijos me han vencido. ¡Mis hijos me han
vencido!’”. Esta historia constituye la afirmación concreta que los humanos somos
quienes determinamos el sentido de la palabra de Dios y su voluntad. Incluso nos dice
algo sorprendente sobre la naturaleza de Dios: este es un Dios que rinde Su Poder
ante la opinión humana y no solo que acepta su veredicto sino que incluso se ríe al
tomar conciencia que ¡su propia creación lo ha vencido!
Pero en el mismo Talmud (Shabat 88a) leemos una interpretación sobre el momento
de la Revelación “al pie de la montaña” en la que se nos enseña que Dios levantó la
montaña sobre el pueblo y les dijo: si aceptan la Tora es de ustedes; sino aquí mismo
serán enterrados por esta montaña. Como pueden apreciar en este segundo relato no
hay mucha autonomía por parte de los seres humanos. Aparentemente el pueblo de
Israel no estaba tan predispuesto a recibir la Tora y Dios tuvo que forzar a la gente a
hacerlo o sino ¡los mataba! Este segundo texto preservando también en el Talmud y por
ende en la tradición judía nos sugiere una imagen completamente opuesta a la otra. El
Dios de este relato obliga a Su pueblo a aceptar Su voluntad. Los humanos aquí son
pasivos. Dios demanda sumisión total o la muerte.
Ambos textos pertenecen a la literatura rabínica. Ambos textos se preservan en el
mismo libro. Ambos textos son parte de nuestra tradición aún cuando reflejan un
desacuerdo absoluto y total por parte de los Rabinos en relación a la naturaleza de
Dios, el estatus de los seres humanos y su autoridad interpretativa frente a la Tora. Ya
les dije que no todos los judíos entienden del mismo modo todas estas cosas.
Si siguen confundidos y no saben qué opción elegir no se preocupen: ¡ustedes
también tienen razón!

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SOCIOS CON DIOS EN SU REVELACIÓN

Cuando analizamos nuestra relación con la Creación de Dios en publicaciones


previas, vimos que el estatus especial que recibieron los seres humanos en el segundo
relato bíblico inspiró la formulación rabínica que los humanos somos socios con Dios
en la Creación. Para los Rabinos el hecho que Dios “puso al hombre en el jardín del
Edén para trabajarlo y cuidarlo” (Génesis 2:15) implica que Dios no creó (u ordenó) el
mundo en forma total y perfecta sino que el mundo precisa de nuestra ayuda y por eso
fuimos creados y asignados el primer trabajo que es mencionado en la Biblia:
esforzarnos para cuidar al mundo y hacerlo un lugar mejor.
Así, luego de haber explorando las diferentes formas en la que los Rabinos y los
judíos han entendido la Revelación de Dios y la Tora en las últimas publicaciones,
podemos arribar a otra conclusión fascinante: también somos socios con Dios en Su
Revelación.
Los primeros Rabinos eran totalmente conscientes del hecho que su propia
expansión de la Ley Judía iba mucho más allá de aquello que estaba explícitamente
escrito en la Tora que leemos semanalmente en las Sinagogas. Por tomar un solo
ejemplo entre los miles disponibles, toda la elaboración del sistema concerniente a las
leyes alimenticias en lo que respecta a no mezclar carne con leche se apoya tan solo
en una sola oración bíblica repetida tres veces en la Tora: “no cocinarás un cabrito en la
leche de su madre”. Incluso Dios mismo le dice a sus ángeles en un famosísimo relato
que se preserva en el Talmud Ierushalmi (Rosh Hashana 1:3) que la determinación
anual del día que se festejará Rosh Hashana cada año depende del decreto de las
cortes humanas. Es decir que si los humanos decidimos cambiar la fecha de Rosh
Hashana o posponerla un día ¡Dios se ajusta a nosotros y nuestras decisiones!
Por supuesto que el calendario y las fechas de las festividades judías ya han sido
matemáticamente calculadas por los antiguos rabinos y por eso podemos saber con

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precisión desde hoy hasta la llegada del Mesías en qué día caerá cada festividad. Pero
lo importante del relato del Talmud es la enseñanza que nos deja sobre la audacia de la
interpretación rabínica.
El desafió sobre el concepto de tradición y Revelación se presenta en la manera en
la que los judíos hemos entendido la noción de ser socios con Dios en Su Revelación:
por un lado los primeros rabinos creían en la aceptación incondicional de la Revelación
de Dios y la Tora y por eso en la literatura rabínica dicha Revelación no puede ser
negada o revocada por ninguna autoridad individual. Por otro lado cuando uno
comienza a explorar seriamente la literatura rabínica uno descubre una enorme libertad
interpretativa y una maestría extraordinaria sobre el texto revelado. Al fin de cuentas,
como dice el relato del Talmud, Dios debe rendirse a los procesos y las reglas de las
academias rabínicas humanas. Nosotros terminamos siendo la autoridad máxima y los
que tienen la última palabra para decidir qué significado tiene el mensaje del texto
sujeto a los múltiples y variados contextos.
Los pensadores tradicionalistas que son serios y honestos en su aproximación
aceptan en su mayoría que los rabinos expandieron y expanden las leyes judías mucho
más allá de lo que figura literalmente escrito en los primeros cinco libros de la Biblia. De
hecho negarlo sería inútil o incluso mediocre. Pero para no limitar el Poder de Dios y la
Revelación recurren a una interpretación muy divertida y al mismo tiempo profunda:
Dios mismo es el que está guiando estas deliberaciones de las autoridades rabínicas y
cualquier cosa que parecería ser una innovación en realidad no lo es ya que fue
revelada también a Moisés quien no solo la transmitió oralmente a sus sucesores y a
los rabinos del Talmud (dicho sea de paso estos Rabinos del Talmud vivieron miles de
años más tarde y en otra geografía) sino e incluso en forma más increíble ¡a los rabinos
contemporáneos! De todos modos estos pensadores sostienen que esta comprensión
sobre la Revelación no afecta en absoluto la Revelación bíblica de Dios en el Sinaí en
donde Dios reveló en forma completa la Tora que nosotros poseemos.
Por otro lado los teólogos y pensadores liberales (generalmente agrupados en la
categoría “Judíos Conservadores” o “Reformistas”) insisten en una substancial
contribución humana en la Tora desde la revelación misma del Sinaí. Para la mayoría
de estos judíos el factor humano y la multifacética forma de entender un mensaje o vivir
una experiencia fue determinante desde el primer momento. Todos nosotros podemos
experimentar un mismo suceso y sin embargo comprenderlo de infinitas formas
distintas de acuerdo a nuestra historia personal que es única y diferente de todas las
demás. Dios sin dudas se reveló pero la pregunta no es esa sino ¿qué entendieron de
dicho suceso cada uno de los que estuvieron presentes? ¿Es posible que la Revelación
haya sido experimentada de formas diferentes de acuerdo a nuestras experiencias
condicionas por la forma en que fuimos educados, nuestro bagaje histórico, nuestros
esquemas de referencia, nuestros prejuicios y expectativas?

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La tensión entre estas dos posturas puede ser resuelta de diferentes maneras.
¿Debemos seguir la palabra literal de Dios o la palabra interpretativa de los rabinos? La
respuesta a esta pregunta es muy simple: si. El rango de soluciones posibles enriquece
nuestra propia lucha para seguir debatiendo la Revelación de Dios.

CREACIÓN, REVELACIÓN Y REDENCIÓN: EL MITO DEL ETERNO


RETORNO JUDÍO

Habiendo dedicado las últimas publicaciones a explorar la Creación y la Revelación


de Dios -y encontrándonos ya nuevamente “liberados” luego de un nuevo Pesaj-
debemos ahora explorar la Redención o Salvación de Dios.
Esta tríada de Creación, Revelación y Redención representa la manifestación cíclica
que los judíos hemos construido y entendido en nuestra relación con Dios, la historia y
la existencia misma. Incluso la estructura de nuestra liturgia gira en torno a esta
temática puesto que el Shema Israel que leemos dos veces todos días y articula la
declaración de fe más importante del pueblo judío (que en esencia el judaísmo es un
monoteísmo) es antecedido justamente por una bendición que celebra a Dios como el
Creador, luego como el Revelador de la Tora y finalmente como el Redentor o Salvador.
Así Dios debe ser alabado diariamente por estos tres momentos en los que según
nuestra propia percepción Dios se relaciona con nosotros en tres modos diferentes que
hacen una completa unidad. Los tres momentos de Creación, Revelación y Redención
representan una suerte de “mito eterno” que debemos revivir constantemente en
nuestra cotidianidad puesto que según nuestras plegarias todos los días Dios vuelve a
Crear el mundo, Revelar su Tora y Redimirnos. Anualmente y a través del ciclo del
calendario en Rosh Hashana (Creación), Pesaj (Redención) y Shavuot (Revelación) la
misma sensación eterna vuelve a experimentarse en forma grupal.
Es muy importante aclarar mi utilización de las palabras “mito eterno”. Las tres
plegarias que celebran la Creación, Revelación y Redención de Dios forman parte del
ritual que nos permite experimentar la realidad de la imagen mítica de Dios. Un mito no
es una mentira. Tampoco es una explicación imperfecta, primitiva o errada. Un mito es
una relación simbólica con la verdad. Todos los mitos son verdaderos porque su relato
no es históricamente certero o real sino imaginario. Entendidos tal cual son (relatos

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imaginarios, poéticos o metafóricos) no intentan demostrar un hecho sino ofrecer
“sentido”. Y en ese sentido nadie puede negar que son verdad. Por eso cuando
recitamos y revivimos estos tres momentos de Creación, Revelación y Redención una y
otra vez en nuestras plegarias y vidas no importa cuán históricamente precisos
estamos siendo sino que lo que realmente importa es lo que estamos sintiendo cuando
estamos diciéndolos o haciéndolos. Esta es la verdadera justificación del por qué
seguimos necesitando el ritual en nuestras vidas. La recreación mítica que llevamos a
cabo en forma práctica (eso que llamamos ritual) sigue teniendo tanto sentido hoy
como ayer.
Solo piensen que en la noche del Seder de Pesaj el hijo malvado de los cuatro que
leemos en la Hagada (literalmente “relato”) es aquel que se separa de la narración y de
alguna manera deja de “comerse” la historia junto a las hierbas amargas que recrean la
sensación mitológica que repetimos todos los años esperando una nueva salvación
como fue la salvación de la esclavitud en Egipto. El “malvado” es el que ve la historia
judía “desde afuera” como si estuviera disecándola en un laboratorio. Curiosamente los
Rabinos al escribir la Hagadá de Pesaj ya eran conscientes que ellos mismos -al igual
que nosotros hoy- tampoco podían sentir en carne propia lo que es ser realmente y
literalmente un esclavo de un faraón egipcio. Así los Rabinos se dieron cuenta que
todos somos potenciales “hijos malvados” ya que todos podemos ver esta historia
como la que le aconteció a los “antiguos hebreos en la Biblia” en lugar de verla como
“la historia de mi familia”. Pero la genialidad rabínica fue la recreación mitológica del
Primer Pesaj bíblico a través de la realización de ciertas acciones que con el paso del
tiempo generaron nuevas costumbres basadas en la propia interpretación rabínica de lo
que el evento de la Redención o Salvación había significado para los “verdaderos”
hebreos que habían sido liberados. El Seder de Pesaj es el mejor ejemplo de lo que
podríamos llamar “creación instantánea de tradición”. El Seder de Pesaj es en realidad
una larga clase rabínica sobre el sentido de la Redención o Salvación según la
tradición judía. Es incluso una clase para aprender cómo hacer una relectura de la
Biblia misma. Por eso para no ser “malvados” se nos enseña que en Pesaj cada uno de
nosotros debemos sentir que estamos siendo literalmente liberados.
Por supuesto que cuando nos dicen que debemos sentir que estamos siendo
literalmente liberados es tan ridículo como que nos dijeran que sintamos ahora que
literalmente estamos siendo esclavizados. Mientras estemos sentados comiendo
plácidamente, tomando 4 copas de vino y reclinándonos del modo que los romanos lo
hacían cuando se acostaban a comer, pueden decirnos que debemos sentirnos de
cualquier forma puesto que todos sabemos que esa sensación en el fondo jamás será
literal sino imaginaria o metafórica. Pero nuevamente, cuando nos decimos que
“debemos sentir que estamos siendo liberados” estamos desactivando nuestras mentes
racionales o lógicas y activando nuestro lenguaje e imaginación partiendo hacia el reino
de lo mítico, lo imaginario y lo poético. Al compartir el Seder de Pesaj o revivir todos los
días la Creación, la Revelación y la Redención de Dios o incluso al leer la Biblia misma

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estamos funcionando en forma imaginativa o metafórica pero no literal ni científica.
Estamos reviviendo un “mito” que por ser tal no es mentira sino una narración que nos
ofrece sentido, identidad y pertenencia. Estamos relacionándonos con un relato
tradicional que tiene una referencia parcial o secundaria de algo que tiene importancia
colectiva para nosotros.
Así podemos finalmente comenzar a estudiar el último elemento de la tríada: la
Redención. La palabra “Redención” o “redimir” alude a “salvar” o “rescatar”. Según
nuestra tradición Dios no solo ha salvado a nuestro pueblo de la esclavitud egipcia una
vez sino que volverá a hacerlo al final del período que nosotros llamamos historia y que
se encuentra entre medio de la Creación y esta Redención final que tanto anhelamos.
Los judíos rezamos todos los días y pedimos a Dios que nos salve y nos libere como
hizo con nuestros antepasados en Egipto. Pero, ¿de qué debería exactamente Dios
salvarnos o liberarnos hoy? Les dejo esta interrogante antes de darles algunas
respuestas posibles en la próxima publicación.

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DIOS NOS SALVÓ UNA VEZ, ¿VOLVERÁ A HACERLO?

En la publicación anterior les comenté que todos los días le rezamos a Dios
pidiendo que nos Salve y nos Redima. Pero ¿de qué debería exactamente Dios
salvarnos?
La primer respuesta que encontramos en la tradición judía a esta pregunta no es en
realidad una respuesta sino una historia: Dios nos salvó de la esclavitud en Egipto. La
idea que Dios nos liberó de la esclavitud representa el evento fundacional que nos
constituye como pueblo. Si lo pensamos un momento, cuando éramos esclavos en
Egipto no éramos aún judíos sino el pueblo hebreo o mejor dicho los benei Israel
(literalmente “los hijos de Israel”). Nuestra salvación en ese primer momento de la
historia no fue realmente religiosa sino nacional puesto que Dios estaba salvando una
nación. Pero justamente como era Dios quien estaba salvando una nación a través de
una serie de milagros la tradición entendió que había una dimensión religiosa detrás de
esta Salvación y por eso una distinción entre nación judía o religión judía del modo que
la estoy presentando nunca existió como tal. Dios es el Dios de la humanidad y no solo
del pueblo judío. Dios por lo tanto es Redentor o Salvador del mundo y la humanidad.
Tan importante fue este evento de la Salvación de la esclavitud que el mismo
funcionó como prólogo para el siguiente paso en el camino hacia la constitución
nacional y religiosa judía: la entrega de la Tora. Este último evento es el motivo por el
cual no fuimos liberados para hacer lo que queremos sino para ser “esclavos” ahora de
Dios y la Tora. Por supuesto que la idea de ser “esclavos de Dios” suena medio extraña
y sin embargo los judíos hemos entendido nuestra relación con Dios y la Tora
simultáneamente como una responsabilidad que nos da placer y al mismo tiempo como
una carga enorme. La tensión entre la Tora como un regalo y la Tora como una carga
es un tema recurrente en la literatura de la tradición judía.

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La Redención o Salvación de Egipto se convirtió entonces en el modelo que leemos
y “revivimos” cada año en Pesaj. Incluso la justificación del pacto eterno entre Dios y el
pueblo judío se basa en esta Salvación puesto que en la parasha Itró (Éxodo 20) donde
recibimos los “Diez Mandamientos”, Dios comienza su pacto declarando “Yo soy el que
los sacó de la tierra de Egipto, la casa de la esclavitud”. Si bien la Tora no posee un
“por eso”, todo lo que sigue emana de esa identificación o declaración. Es decir que
“por eso” que Dios hizo nosotros debemos hacer todo lo que se nos indica. Así
aprendemos que la Salvación de la esclavitud en Egipto y la entrega de la Tora en el
Sinaí no deben ser entendidos como dos momentos diferentes sino como uno solo en
el cual el pueblo judío como tal junto al conjunto de prácticas que este pueblo hace
(aquello que llamamos judaísmo) fueron creados del modo que nosotros los
conocemos hoy.
Paradójicamente la primera idea o respuesta sobre la Salvación judía comienza
entonces con un recuerdo. Según la Tora debemos recordar nuestra salida y salvación
de Egipto todos los días y por eso dicha temática aparece por todos lados dentro de
nuestra liturgia. Si no sabemos de dónde venimos se hace difícil proyectar hacia dónde
vamos. Se hace menester además recordar que es nuestra obligación ser “buenas
personas” y tratar al extranjero como un conocido puesto que nosotros mismos fuimos
extranjeros en tierras extrañas según nuestra historia. Esto último también tiene un tinte
de “mito eterno” del modo que describí en la publicación anterior puesto que los judíos
en más de una ocasión nos hemos vuelto a sentir extraños en “tierras extrañas” mucho
más allá que en Egipto o el período bíblico.
La bendición que sigue a la recitación diaria del Shema Israel (el cual posee en el
tercer párrafo el recuerdo justamente de la liberación de Egipto) bendice a Dios como el
Redentor o Salvador. Las bendiciones de la Creación y la Revelación anteceden a la
recitación del Shema Israel y a la plegaria final de la Redención. Pero curiosamente
esta Redención que rezamos no sucede aquí y ahora sino en el pasado, con un evento
que sucedió hace miles de años y que recordamos todos los días cuando declaramos
“Bendito eres Tú, que redimió a Israel”.
Pero esta declaración que recuerda que una vez Dios salvo tiene la funcionalidad
de recordarnos todos los días que justamente si Dios Redimió en el pasado tal vez eso
demuestre el potencial de una nueva redención en el futuro. De todos modos no les he
dicho de qué debe Dios Salvarnos…los dejo con la intriga hasta la próxima publicación.

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LA REDENCIÓN FINAL, DESDE LA CREACIÓN HASTA EL FIN DE
LOS TIEMPOS

El propósito de la celebración de Pesaj no es solamente hacer una interpretación


sobre los “faraones” que uno tiene en la vida y de los que debe “liberarse” sino
literalmente narrar la historia del Éxodo de Egipto usando la hagada. En la noche del
Seder de Pesaj y ante las preguntas de los niños o las caras de “¿qué están haciendo
estos locos?” de nuestros invitados la respuesta debe ser una sola: hago esto por lo
que Dios hizo por mí cuando yo fui liberado de Egipto. Como dijimos en las
publicaciones previas, esta es la idea o postura central que uno debe asumir para que
el Seder genere su efecto. Esta es mi historia y no la de “ese pueblo”. Si por un
momento en el Seder miramos la historia “desde afuera” los alimentos pierden su
simbología y en esencia todo se convierte en un ritual absurdo y largo.
La temática central del Seder además constituye el paradigma de la Redención o
Salvación judía. Empezamos con malas noticias (esclavitud, idolatría de los ancestros
de Abraham, etc.) y terminamos con la buena notica que en forma unánime clama
¡fuimos redimidos de Egipto! O como dice el famoso chiste: intentaron matarnos, no
pudieron…¡a comer!
Pero la realidad es que todo el mensaje del Seder encierra el anhelo por excelencia
de la tradición judía. Y ese anhelo es la Redención o Salvación Final. La Redención de
Israel en la Biblia no fue simplemente un evento del pasado sino del presente. No es
una historia sino una noticia. Debemos sentir que estamos siendo liberados ahora
mismo. No solo nuestros antepasados fueron salvados sino que ¡en cada generación
somos salvados nuevamente! Este es un argumento extremadamente poderoso al
declarar que el Éxodo no solamente sucedió sino que esta sucediendo en este instante.
Esto es lo que definí en las publicaciones previas como “mito eterno”. El sentido del
mito -a diferencia de la historia- es que el mismo realmente se repite y se revive en

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forma continúa hasta la eternidad. Los grandes eventos en la vida de una comunidad
religiosa (sea esta judía, cristiana o cualquier otra) resuenan en forma perpetua y
constante. Permanecen eternamente en el presente. Si esto no ocurre entran en el
plano de la “historia” en lugar del “mito” y ya no cumplen la misma funcionalidad.
Simplemente los leemos y decimos “qué interesante”. Pero el mito no es interesante
sino “emocionante”.
Así en la tradición judía la idea o sentimiento de redención es simultáneamente
pasada y presente. Curiosamente la bendición de la Redención que rezamos todos los
días no sucede aquí y ahora sino en el pasado, con un evento que sucedió hace miles
de años y recordamos cuando declaramos “Bendito eres Tú, que redimió a Israel”. Pero
si Dios Redimió en el pasado nuestra tradición afirma que eso demuestra el potencial
de una nueva redención en el futuro. Por lo tanto la Redención no solo es pasada, es
decir no solo es histórica sino presente, mitológica y por ende futura y eterna.
Como somos conscientes que el tiempo que nosotros llamamos “historia” y que se
encuentra entre la Creación y la Redención Final es imperfecto -puesto que seguimos
viviendo la injusticia y la opresión en el mundo- el mito de la Redención se proyecta
hacia el futuro con la esperanza que el paso final en la evolución de la doctrina judía
sobre la Redención sea justamente un acto final y determinante que destruya toda
forma de opresión e injusticia en forma eterna.
Este poder de la Redención final de Dios en un futuro cercano es una pieza central
del pensamiento teológico judío. Sin esa fe en la Redención final gran parte del
pensamiento judío carece de esperanza. Y ese poder de Redención final compromete
toda una categoría de especulaciones sobre qué es lo que ocurrirá al final del tiempo
histórico que los humanos habitamos. Me refiero a la culminación de la historia tal cual
nosotros la conocemos. Pero justamente como toda esta categoría es especulativa su
pensamiento es increíblemente complejo e imaginativo. El por qué de esto último es
obvio: estamos discutiendo o especulando sobre eventos que ningún ojo humano ha
visto alguna vez. No estamos debatiendo conclusiones sino suposiciones. Y el
problema es que honestamente todas las suposiciones son verdad porque no son
hechos. Nadie sabe realmente qué ocurrirá, cuándo ocurrirá ni cómo ocurrirá con
absoluta certeza. Además debemos entender que esta doctrina de la Redención final
fue literalmente desplegándose en forma progresiva dentro de la tradición judía
llegando a su conclusión final en el período talmúdico (alrededor del 500 después de
Cristo o la Era Común).
Con respecto a las especulaciones, en la forma que nosotros las conocemos hoy,
los eventos del fin de la historia según la tradición judía sucederán en tres planos:

1. En el plano Universal los eventos afectarán literalmente a todo el Universo.

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2. En el plano Nacional los eventos afectarán literalmente y particularmente al
pueblo judío.
3. Y en el plano Individual los eventos afectarán a cada uno de nosotros en forma
individual.

Por supuesto que en cada uno de estos planos Dios es el iniciador de los eventos.
Pero el rol que jugamos nosotros los humanos no es menor. Todas las teorías sobre el
fin de los tiempos (y la judía no difiere tampoco en esto) surgen de un problema o
impulso central: la idea que las cosas del modo que están hoy presentes se encuentran
seriamente falladas o son imperfectas. Justamente las especulaciones sobre la
Redención describen cómo al final de los tiempos Dios va a transformar lo fallado en
algo perfecto. Estas especulaciones hablan de un Dios que salva, rescata y corrige
finalmente a todo el Universo de este estado imperfecto que nosotros conocemos y
llamamos historia.
En las próximas publicaciones intentaremos analizar cada una de ellas por
separado y dedicarnos finalmente a ver qué rol jugamos nosotros los humanos en todo
este drama.

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LA REDENCIÓN O SALVACIÓN FINAL DEL MUNDO

Como mencioné al final de la publicación anterior, todas las teorías sobre el fin de
los tiempos (y la judía no difiere tampoco en esto) surgen de un problema o impulso
central: la idea que las cosas del modo que están hoy presentes se encuentran
seriamente falladas o son imperfectas. Justamente las especulaciones sobre la
Redención Final describen cómo al final de los tiempos Dios va a transformar lo fallado
en algo perfecto. Estas especulaciones hablan de un Dios que salva, rescata y corrige
finalmente a todo el Universo de este estado imperfecto que nosotros conocemos y
llamamos historia.
En la forma que nosotros los conocemos hoy, los eventos del fin de la historia según
la tradición judía sucederán en tres planos

1. En el plano Universal los eventos afectarán literalmente a todo el Universo.


2. En el plano Nacional los eventos afectarán literalmente y particularmente al
pueblo judío.
3. Y en el plano Individual los eventos afectarán a cada uno de nosotros en forma
individual.

En esta publicación quería comenzar explorando la primer Redención Final, aquella


que afectará a todo el Universo.
El plano más Universal que los humanos realmente podemos apreciar
(particularmente en esta era más que en ninguna otra) se refiere al “mundo” en su
totalidad o mejor dicho aquello que nosotros llamamos “Planeta Tierra”. Gracias a la
revolución tecnológica en el plano de las comunicaciones hoy podemos saber casi al

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instante lo que está sucediendo en cualquier parte del mundo. Por supuesto que estoy
exagerando un poco pero creo que la idea de la globalización y el impacto de Internet
junto con las señales emitidas por los satélites han cambiando nuestro mundo en
formas inimaginables para nuestros antepasados.
Y como podemos saber lo que está ocurriendo simultáneamente en todos lados
podemos ser más conscientes hoy que el mundo se encuentra seriamente fallado o es
imperfecto: todos los días leemos sobre posibles guerras nucleares, injusticias,
opresión y el odio que gobierna gran parte de las relaciones humanas por todo el
planeta. Para la tradición judía en la Redención Final Dios va a literalmente erradicar
todas estas cosas y crear un Nuevo Mundo en el cual lo único que conoceremos es
paz, justicia y compasión en todas las relaciones humanas. Para lograr eso la idolatría
(aquel “enemigo” principal del judaísmo) será abolida para siempre y los seres
humanos dejaran de tener ídolos que están sujetos a las leyes físicas del tiempo y el
espacio (es decir otros seres humanos que idolatramos y seguimos ciegamente) para
tomar conciencia de esa verdad indivisible que los judíos hemos adorado desde
tiempos inmemorables y llamamos Dios. En otras palabras, el mundo entero finalmente
reconocerá al Dios de Israel como el único Dios y finalmente tendrá sentido el Aleinu
Leshabeaj que recitamos al finalizar cada plegaria, “en ese día Dios será Uno y su
Nombre Uno”.
Esta primera idea de Redención Final a nivel planetario es tal vez la más antigua y
simultáneamente la más común. Si lo pensamos un instante, al remover a Dios y al
judaísmo de este relato, nos encontramos con el impulso más humano y universal que
conocemos. La idea de trabajar para erradicar todas estas cosas es lo que motiva a
cualquier buen gobierno, ONGS, instituciones de acción social y al ser humano en
particular. Todos nosotros percibimos en nuestras áreas individuales y nuestros
trabajos que todavía hay mucho por mejorar en el mundo, en nuestros países y en
nuestros hogares. Y si no tuviéramos esa sensación de imperfección o inconformidad
realmente la vida en algún punto carecería de sentido. Curiosamente nos esforzamos
para “perfeccionar el mundo” y sin embargo nuestra vida no tendría sentido si el mundo
fuera literalmente perfecto. En esencia “lo perfecto” no nos requiere.
Todas estas fallas que inundan nuestras estructuras sociales demandan de nuestra
redención y nuestro esfuerzo. Y esta tarea sigue siendo tan cotidiana hoy como lo fue
hace miles de años. Solo lean el fragmento del profeta Isaías que comparto a
continuación escrito 500 años antes del nacimiento de Jesús:

En los días venideros el Monte que alberga la Casa de Dios estará firme por encima
de las montañas…Y todos los pueblos irán allí y dirán: “Ven, vayamos arriba, al Monte
de Dios, a la Casa del Dios de Jacob; para que Él pueda instruirnos en sus formas y
para que nosotros podamos caminar Sus senderos”. Porque la Instrucción vendrá
desde Sión, la palabra del Dios de Jerusalem. Así Él juzgará de entre todas las

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naciones y será el árbitro para muchos pueblos. Y volverán sus espadas en rejas de
arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán
más para la guerra.
(Isaías 2:2-4)

Lo más extraordinario de este tema es que ¡ningún otro pensador de la antigüedad


soñó con una era en la que la guerra no existiría más! Esta es la visión que continúa
ejerciendo el poder de la Redención Final Universal hasta nuestros días.

LA REDENCIÓN O SALVACIÓN NACIONAL FINAL DE ISRAEL

En la publicación anterior exploramos el concepto de Redención Final Universal


según la tradición judía. Con eso nos referimos a cómo será la Salvación Final del
mundo según el pensamiento teológico judío. En esta oportunidad le toca el turno a la
Redención Final Nacional, es decir qué ocurrirá en el plano de la Salvación Final para
el pueblo de Israel según la tradición judía. Noten que no es una casualidad que estas
redenciones se muevan desde lo macro a lo micro, en otras palabras, la redención
ocurrirá tanto a nivel mundial, como nacional (del pueblo judío) y finalmente -en la
próxima publicación- será a nivel individual.
La dimensión nacional de la Redención Final judía es una clara extensión de la
temática que se desprende de la redención “original”, aquella que ocurrió hace miles de
años cuando Dios liberó a los hijos de Israel de la esclavitud en Egipto. Esta narrativa
bíblica sirve como modelo para la recreación de la experiencia redentora. Apoyándose
en este relato la tradición judía construyó la idea que Dios volverá una vez más a
rescatar a Israel, liberarlo de la opresión de otras naciones y finalmente llevarlo
nuevamente a su tierra prometida salvándolo así del yugo del exilio eterno. Jerusalem y
Templo volverán a ser reconstruidos y volveremos al viejo sistema de sacrificios
animales en un altar llevado a cabo únicamente por los Cohanim o Sacerdotes. Dicho
sea de paso, si alguno de ustedes escucha que estamos próximos a esta situación y
decide que quiere hacerse Rabino le recomiendo que no lo haga: ¡no habrá mucha
demanda de ese puesto de trabajo si es que el Templo vuelve finalmente a funcionar!
Ni quiero pensar qué vamos a hacer con toda la literatura rabínica…
La realidad es que la Redención Final Universal que analizamos en la publicación
anterior es mucho más “simple” que la Redención Final Nacional que estamos
analizando ahora. La evolución histórica que tuvo esta Redención Nacional es
increíblemente compleja. Cuando el primer Templo de Israel fue destruido en el año
586 AEC (Antes de la Era Común o Antes de Cristo) comenzó el primer exilio. Pero

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Israel retornó luego a la tierra prometida donde reconstruyó el segundo Templo que
eventualmente sería también destruido junto a Jerusalem por el ejercito romano siglos
más tarde. Finalmente el Emperador Adriano sería quien tomaría el control total de la
tierra cambiándole el nombre por Palestina (título que eligió basándose en uno de los
enemigos clásicos de los antiguos hebreos en la Biblia: los filisteos). Curiosamente
cuando Adriano hizo esto ya hacía cientos de años que los filisteos originales habían
desaparecido. Adriano fue exitoso en eliminar toda autoridad soberana judía en la tierra
de Israel desde el año 135 EC (Era Común o Después de Cristo) hasta 1948. ¡Solo
piensen cuán maravilloso es que nosotros vivimos en una generación en la que hay
nuevamente autonomía judía en la tierra de Israel luego de 1800 años!

Tan significativo fue el regreso de la autonomía independiente en la tierra de Israel


que algunos judíos han visto este episodio como el comienzo del proceso de la
Redención Final. La nueva plegaria que recitamos en las Sinagogas por el Estado
Moderno de Israel pide que Dios bendiga “el primer florecimiento de nuestra
redención”. Pero lo hermoso del judaísmo es que su estructura de pensamiento no es
fundamentalista ni totalitaria. Por eso hoy hay muchos judíos tanto “seculares” como
“religiosos” que no creen que este regreso sea el inicio de un proceso hacia la
Redención Final. Los judíos “seculares” no lo creen simplemente porque no creen en
ninguna Redención Nacional para el pueblo judío en términos generales. Para ellos
Israel es simplemente un país más de la modernidad. Por el contrario para algunos
judíos “religiosos” – agrupados generalmente bajo la categoría de Ortodoxos, Ultra-
Ortodoxos y también movimientos jasídicos como Jabad – la Redención Nacional va
venir por parte de Dios y no de los seres humanos. Por este motivo sus Sidurim (libros
de rezo) generalmente no incluyen esta plegaria. Un ejemplo concreto de esto lo
experimenté hace dos días cuando parado al lado del Rabino local de Jabad en Hong
Kong noté que al finalizar el acto de Iom Hashoa no cantó Hatikva, el himno nacional
del Estado Moderno de Israel.

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LA REDENCIÓN O SALVACIÓN FINAL DE LOS SERES HUMANOS

Llegamos finalmente a la última Salvación o Redención Final de Dios, la salvación


Individual. Si lo recuerdan toda nuestra exploración sobre la temática de la Redención
según la tradición judía comenzó con una simple pregunta: los judíos rezamos todos
los días pidiéndole a Dios que nos salve y nos redima, pero ¿de qué debería
exactamente Dios salvarnos o redimirnos?
Todas las teorías sobre el fin de los tiempos (y la judía no difiere tampoco en esto)
surgen de un problema o impulso central: la idea que las cosas del modo que están hoy
presentes se encuentran seriamente falladas o son imperfectas. Justamente las
especulaciones sobre la Redención Final describen cómo al final de los tiempos Dios
va a transformar lo fallado en algo perfecto. Estas especulaciones hablan de un Dios
que salva, rescata y corrige finalmente a todo el Universo de este estado imperfecto
que nosotros conocemos y llamamos historia. Al intentar responder de qué debería
Dios rescatarnos al final de la historia fuimos viendo cómo la tradición judía entendió
esta Redención en tres planos:

1. En plano mundial o universal Dios va a erradicar finalmente y en forma absoluta


el “enemigo” clásico del judaísmo que se llama idolatría. Con el fin de la idolatría los
seres humanos dejaran de tener ídolos que están sujetos a las leyes físicas del
tiempo y el espacio (es decir otros seres humanos que idolatramos y seguimos
ciegamente o incluso nuestro propio ego que nos hace creer a veces que nosotros
mismos somos unos “ídolos”) para así tomar conciencia de esa verdad indivisible
que los judíos hemos adorado desde tiempos inmemorables y llamamos Dios.
2. En el plano Nacional Dios volverá una vez más a rescatar a Israel, liberarlo de la
opresión de otras naciones y finalmente llevarlo nuevamente a su tierra prometida
salvándolo así del yugo del exilio eterno. Jerusalem y Templo volverán a ser

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reconstruidos y volveremos al viejo sistema de sacrificios animales en un altar
llevado a cabo únicamente por los Cohanim o Sacerdotes. Por supuesto que como
mencionamos en la publicación anterior esta teología no es compartida en forma
unánime por todos los judíos.

¿Y en el plano individual qué ocurrirá? en la Salvación Individual Final Dios va a


rescatar a los seres humanos de aquella falla que inunda y traumatiza la experiencia
humana: la muerte. Según la tradición judía los cuerpos van a resurgir de sus tumbas y
reunirse con sus almas. La Muerte misma morirá en manos de Dios quien alcanzará así
su poder último y total.

Este aspecto de la resurrección de los muertos fue el último en entrar


históricamente dentro de nuestra teología. Si uno lee la Tora la muerte allí es entendida
como el fin. Solo a partir de la incorporación en el TaNaJ (la Biblia Hebrea) del Libro de
Daniel -uno de los últimos libros en ser incorporados- leemos en el capitulo 12 versículo
2 sobre la resurrección de los muertos. Sin embargo este último agregado tuvo una
influencia notable en la creación de las plegarias por parte de los rabinos siglos más
tarde. En la segunda bendición de la Amidah (la plegaria central del servicio religioso
judío) Dios es alabado como mejaie meitim, es decir quien da “vida a los muertos”.
En la modernidad muchos judíos sienten que esta doctrina es repugnante (en
realidad esto mismo había sentido Saadia Gaón miles de años antes mencionado en su
libro sobre “Las Creencias y las Opiniones”). Por este motivo los Sidurim (libros de
rezo) del judaísmo Reformista han reemplazado estas palabras por una frase más
neutral que dice mejaie hakol, es decir quien da “vida a todas las cosas”. Cuando
pregunté una vez con qué autoridad el movimiento Reformista modificaba las
milenarias plegarias la respuesta que obtuve fue la siguiente: nuestras plegarias deben
reflejar nuestros deseos y anhelos más profundos, ¿cómo podríamos rezar y pedir a
Dios que haga algo por nosotros que en el fondo y honestamente no queremos? ¿O
acaso queremos literalmente volver a matar animales en el Templo y deshacernos de
los Rabinos y toda la magistral interpretación y literatura rabínica en pos de un regreso
al sacrificio animal y a una casta judía que de alguna manera está por encima de todos
los demás judíos?
Pero aún más audaz a esta respuesta es la idea que Dios va a matar a la Muerte.
Puesto así parecería que la Muerte opera fuera del control de Dios. Y sin embargo la
muerte de la Muerte emerge desde la Hagada de Pesaj cuando en la última frase del
Jad Gadia el Santo Bendito Sea asesina al Ángel de la Muerte. Finalmente en la
Redención Final ni siquiera la Muerte podrá desafiar el poder de Dios. Tampoco puedo
olvidarme de mencionar que todo este drama final será guiado por una singular entidad
(que para algunos es un rey y para otros una especie de semidiós) que ha sido

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nombrado según la historia como el Mesías. En realidad el término original hebreo es
Mashiaj que significa “ungido” ya que en la antigüedad los soberanos eran coronados
ungiéndolos con aceite. Dios es quien va a enviar cuando quiera al Mashiaj. Hasta ese
entonces simplemente esperamos su llegada atrapados en este tiempo fallado o
imperfecto que llamamos historia y que se encuentra entre la Creación y la Redención
Final.
Todas las especulaciones sobre el fin de los tiempos son míticas, complejas,
imaginativas y metafóricas. Pero no por eso son falsas. Todas ellas nos llevan a un
reino que se encuentra mucho más allá de nuestra experiencia humana y mucho más
allá de lo que alguna vez podremos ver con nuestros propios ojos. Como ocurre con
cualquier narración mitológica, el objetivo no es ser históricamente precisos o
literalmente certeros. El objetivo de estas narraciones o especulaciones es el de
ayudarnos a influenciar nuestras vidas con un “sentido” que nunca podríamos alcanzar
utilizando la razón. Solo al tomar conciencia de esto podemos entender que la
Redención Final judía es profundamente religiosa y no científica. Su narrativa ofrece
respuestas a la compleja naturaleza de la existencia humana que incluye el temor de
nuestra finitud y la inevitable necesidad de sobrevivir en el mundo fallado que
habitamos y conocemos. Todas las teorías sobre el Final de la historia son visiones o
especulaciones que nadie realmente conoce. Todas las teorías generalmente intentan
instaurar un orden total que responda a todos los temores e incertidumbres que
constituyen nuestra imperfecta existencia. Estas especulaciones buscan en esencia
ofrecer “sentido” ante aquello que todos nosotros no podemos tolerar: que en el fondo
tal vez…nada tenga “sentido”.

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¿POR QUÉ DIOS NO REDIME DE UNA BUENA VEZ?

Después de haber explorado en las publicaciones anteriores la Redención


Universal, Nacional e Individual según la tradición judía, notamos un elemento común a
todas estas redenciones: el poder de Dios para redimirnos o salvarnos es totalmente
ambiguo. Nadie niega que Dios posee el poder para redimirnos (de hecho nadie podría
realmente saber o probar eso en forma absoluta) pero si la Redención solo ocurrirá al
final del tiempo que nosotros habitamos y llamamos “historia” entonces en el aquí y
ahora ese poder redentor de Dios no se ha manifestado.
Nos encontramos con esta misma paradoja cuando analizamos el Aleinu Leshabeaj.
Este poema que recitamos al concluir los servicios religiosos clama al final que llegará
finalmente el día en que “Dios será Uno y Sú Nombre Uno”. Como seguimos diciendo
esto todos los días lo obvio es que ese evento aún no ha acontecido. Por ende Dios es
un Redentor en potencia pero no aún en forma práctica o visible. Un hecho curioso
además es que esta cita final del Aleinu Leshabeaj está literalmente copiada del Libro
del profeta Zacarías 14:9 (en hebreo Zejariá) y desde el propio contexto histórico en
que este texto fue escrito por primera vez los muertos aún no han resurgido de sus
tumbas ni “solo” Dios es adorado por todas las naciones del mundo. En otras palabras
nada de estas cosas ha sucedido desde el día que el profeta escribió esto alrededor del
siglo VI antes de Cristo o de la Era Común hasta nuestros días.
La realidad es que no es la primera vez que nos confrontamos con esta
ambigüedad sobre el poder de Dios en nuestras publicaciones. En la teoría el poder de
Dios es absoluto; en la práctica se encuentra aún reprimido. Al final de los tiempos el
poder total de Dios va a hacerse manifiesto; hoy, aquí y ahora, en el tiempo histórico
permanece dormido. Dios es (o puede ser que sea) el redentor final, pero el despliegue
total de esa redención yace en el futuro (otras publicaciones sobre este tema: ¿Dios
realmente nos protege?, Dios te ama y es justo contigo…¿pero es omnipotente?, La
Muerte de Dios – Cómo responderle a un Ateo).

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En nuestras plegarias esta misma ambigüedad acontece entre una página y la otra
del Sidur (libro de rezos). Luego de recitar el Shema Israel declaramos en la bendición
sobre la Redención “Bendito eres Tú que redimió a Israel”. En esta plegaria estamos
haciendo un recuento histórico reconociendo a Dios como el redentor pasado que
redimió a Israel de la Esclavitud en Egipto. Pero al dar vuelta la pagina del Sidur
comenzamos con la Amidah (la plegaria central del servicio religioso judío) y ahí Dios
deja de ser historia para ser noticia: ¡en la Amida Dios redime en tiempo presente! De
pronto deja de ser gaal y se hace goel, es decir que deja de ser el que redimió y se
convierte en el que redime. Incluso la Amidah se refiere a Dios como el que “da vida a
los difuntos”. Noten que el texto no dice que Dios dará vida sino que da vida hoy, aquí y
ahora utilizando el verbo en tiempo presente aún cuando claramente esa resurrección
no acontece ni ha acontecido. ¿Por qué no están estos verbos en tiempo futuro sino
presente? Nuevamente porque lo que se trata de explicar al que reza leyendo estos
textos es que Dios tiene el poder para hacer todas estas cosas aún cuando no las ha
hecho. Por eso la utilización del tiempo presente es necesario ya que genera el efecto
de la esperanza que si ha sucedido una vez sucederá pronto nuevamente.
Por último se impone una pregunta obvia: ¿por qué Dios no redime de una buena
vez?¿Por qué Dios no hace resurgir a los muertos o manda al Mashiaj o Mesías? Y la
respuesta no debería sorprenderlos demasiado si han leído mis otras publicaciones
sobre Dios como Revelador y Dios como Creador. En ambas dimensiones les comenté
que los humanos somos “socios con Dios” tanto en Su Creación como en Su
Revelación. La idea increíblemente radical del judaísmo es que pese a las
contradicciones que esto supone, la tradición judía cree que Dios no “trabaja” en
soledad. Dios depende de los seres humanos para manifestar su poder absoluto.
Exploraremos en profundidad esta temática en la próxima publicación cuando
analicemos el pensamiento del genio místico que fue Isaac Luria. Pero en conclusión lo
que debemos entender es que Dios y la humanidad somos socios tanto en el proceso
Creador como Revelador y finalmente Redentor.

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SOCIOS CON DIOS EN LA REDENCIÓN

Al final de la publicación anterior les comenté sobre una idea increíblemente radical
del judaísmo. Esa idea es que pese a las contradicciones que esto supone, para la
tradición judía Dios no “trabaja” en soledad sino que Dios depende de los seres
humanos para manifestar su poder absoluto. Por supuesto que la pregunta que se
impone es ¿acaso Dios no es perfecto? y la respuesta es sí, Dios es perfecto y no
requiere de nada ni de nadie. Pero como hemos visto ya en repetidas oportunidades,
los judíos convivimos con una imagen o metáfora de Dios que es extremadamente
ambigua. En la teoría el poder de Dios es absoluto; en la práctica se encuentra aún
reprimido. Al final de los tiempos el poder total de Dios va a hacerse manifiesto con la
redención Universal, Nacional e Individual; pero hoy, aquí y ahora, en el tiempo
histórico permanece dormido. Dios es (o puede ser que sea) el redentor final, pero el
despliegue total de esa redención yace en el futuro.
La representación más clara de esta teoría que insiste en que Dios nos necesita fue
articulada por el cabalista judío más importante que jamás haya existido: Isaac Luria.
Luria enseñó Cabalá a toda una generación de judíos que se encontraban
terriblemente decepcionados ya que habían sido expulsados nuevamente de otra parte
del mundo, en este caso de España, luego de haber vivido allí por varias generaciones.
Estos judíos volvían a experimentar el sabor amargo del exilio y la sensación que el
mundo y el tiempo que ellos habitaban se encontraba realmente fallado. Recuerden
que también les comenté que todas las teorías sobre el fin de los tiempos (y la judía no
difiere tampoco en esto) surgen de un problema o impulso central: la idea que las
cosas del modo que están hoy presentes se encuentran seriamente falladas o son
imperfectas.
Luria logró inyectar esperanza en toda su generación presentando por primera vez
en la historia una nueva y revolucionaria narrativa mitológica sobre el sentido de la
historia, Dios y el pueblo judío. Su narrativa tejía las nociones básicas del judaísmo

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rabínico con las tradiciones del misticismo o la Cabalá que habían visto la luz en forma
masiva unos 300 años antes. Es imposible resumir en una publicación todo el sistema
cabalístico de Luria, pero la esencia de su pensamiento parte de la noción central que
desde el comienzo mismo de la Creación, la Creación misma de Dios salió mal o
fallada.
Según Luria Dios creó el mundo emanando de Su propia esencia, utilizando (por
decirlo de otro modo) a Dios mismo como materia. El plan era que esta emanación
divina iba a estar contenida en “vasijas” que Dios mismo había creado para que
contengan Su esencia permitiendo que el mundo y Su Creación emergieran así en
forma estructurada y ordenada. Pero algo salió mal en este proceso…las “vasijas” no
fueron lo suficientemente sólidas como para contener la emanación de Dios y se
quebraron generando un evento catastrófico. De ese modo todas las chispas del
impulso creativo de Dios se esparcieron a lo largo de todo el cosmos.
El resultado final de este mito sobre la creación es totalmente opuesto al de la
Biblia. En la Biblia Dios crea un mundo completamente ordenado en 7 días y todo es
literalmente bueno. Pero en el mito de Luria el mundo nace fallado, emerge desde el
inicio de la historia en forma imperfecta o rota y ¡el culpable de todo esto es el mismo
Dios!
Si ya nos resulta asombrosa la idea de culpar a Dios por haber creado un mundo
fallado (que en consecuencia lo hace también responsable de la existencia del mal)
Luria no se detuvo ahí sino que dio un paso más en su teoría. Como la Creación surgió
de la emanación que constituye la esencia del mismo Dios, con todas sus fallas, esta
emanación es por lo tanto una parte de Dios. Por este motivo si existen fallas en este
mundo son las fallas de la mismísima esencia de Dios. En palabras más simples: ¡el
mundo esta fallado porque Dios también lo está!
Pero el mito no podía terminar así porque el objetivo era volver a inyectar esperanza
y sentido. Luria lo logró en forma extraordinaria. Primero argumentó que había dos
facetas que hacían a la Unidad de Dios. Por un lado estaba la esencia de Dios en su
estado más íntegro, trascendente e inalcanzable para los seres humanos. Esta esencia
era eternamente incomprensible y oculta. Cuando decimos que Dios es Dios y nosotros
somos humanos estamos utilizando esta faceta de Dios. Esta faceta está escondida y
nunca podremos alcanzarla porque si así lo hiciéramos seríamos como Dios y eso es
un absurdo. Esta faceta Luria la denominó Ein Sof (literalmente Sin Fin o lo Infinito).
Por otro lado Dios tenía una segunda faceta relacionada con lo que se manifiesta en
forma visible de la Creación. Esta segunda faceta Luria la denominó Shejiná
(literalmente Presencia). Estas dos facetas eran el producto de la catástrofe primordial
de la “Creación fallada” según el mito de Luria. En el momento que las cosas salieron
mal la Unidad de Dios se dislocó haciendo que esa Unidad se rompa en dos partes: Ein
Sof por un lado y la Shejiná por otro lado. Así la Shejiná misma se había exiliado
porque si Israel estaba en el exilio también lo estaba Dios.

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Finalmente Luria agregaría el mito de la Redención. El mundo necesita ser reparado
de su Creación fallada original y en forma increíble Dios necesita lo mismo. La
responsabilidad de corregir a Dios y al mundo recae ni más ni menos que sobre el
pueblo de Israel. Y el medio necesario para realizar dicha tarea es realizar mitzvot o
mandamientos. Cada mitzva que un judío realiza en este mundo (siempre que ésta sea
acompañada con la intención apropiada) acerca la redención y repara el Universo, la
Nación y al Individuo. Como el mundo y Dios forman un sistema cósmico completo, a
medida que reparamos el mundo también reparamos la Unidad de Dios que se ha roto
en la dislocación original de la Creación. Nuestra tarea de acuerdo a la Cabalá es
liberar y restaurar a la divinidad viviendo ética y espiritualmente. Solo así elevamos las
chispas rotas produciendo un tikkun, una “reparación” del cosmos.

¿LOS HUMANOS NECESITAMOS A DIOS O DIOS NOS NECESITA


A NOSOTROS?

Hay una palabra en hebreo que escuchamos a menudo en las comunidades judías
y que se ha convertido en una especie de misión utópica: la palabra tikún. Sin embargo
son pocos los que saben quién fue el que reinstaló este ideal en forma exponencial y
novedosa dentro de nuestra tradición. Su nombre fue Isaac Luria y con él realmente
nos referimos a una figura extraordinaria. Luria nos dejó un relato sobre la Creación y
Redención Final de la historia que es diferente al que narra la Biblia. En la Biblia Dios
crea un mundo completamente ordenado en 7 días y todo es literalmente bueno. Pero
en el mito de Luria el mundo nace fallado, emerge desde el inicio de la historia en
forma imperfecta o rota y ¡el culpable de todo esto es el mismo Dios! Para Luria si
existen fallas en este mundo son las fallas de la mismísima esencia de Dios. Es decir
que en realidad el mundo esta fallado porque Dios también lo está.
En consecuencia para Luria el mundo necesita ser reparado de su “Creación fallada
original” y en forma increíble Dios también necesita ser reparado porque también está
fallado o incompleto. La responsabilidad de corregir a Dios y al mundo recae ni más ni
menos que sobre el pueblo de Israel. Y el medio necesario para realizar dicha tarea es
realizar mitzvot o mandamientos. Cada mitzva que un judío realiza en este mundo
(siempre que ésta sea acompañada con la intención apropiada) acerca la redención y
repara el Universo, la Nación y al Individuo. Como el mundo y Dios forman un sistema
cósmico completo, a medida que reparamos el mundo también reparamos la Unidad de
Dios que se ha roto en la dislocación original de la Creación. Nuestra tarea de acuerdo
a la Cabalá es liberar y restaurar a la divinidad viviendo ética y espiritualmente. Solo así
elevamos las chispas rotas produciendo un tikkún, una “reparación” del cosmos.
Justamente tikún es la palabra hebrea que Luria utiliza para describir la “reparación”
o “corrección” del mundo dentro de su sistema cabalístico. Estoy seguro que la mayoría
de ustedes han escuchado a su Rabino decir alguna vez las palabras tikkún olám que

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significan literalmente “reparación del mundo”. Hoy se usa esta expresión para
caracterizar las actividades sociales y políticas que los grupos judíos realizan con el
propósito de hacer del mundo un lugar mejor. Pero la palabra tikkún en realidad es muy
antigua y aparece incluso en la primer obra de la literatura rabínica, la Mishná (por
ejemplo en Guittín 4:3). Lo maravilloso de Luria es que el utiliza este mismo término y
lo lleva mucho más allá de las referencias que aparecen en la antigua literatura
rabínica. Ahora y gracias al pensamiento genial de Luria reparar al mundo significa
también reparar a Dios.
Supongo que la idea de reparar al mundo no es tan difícil de comprender. Somos
conscientes que en un punto el mundo está fracturado y Dios nos necesita para que lo
arreglemos y lo hagamos cada día un lugar mejor. Debemos trabajar en arreglar
nuestras propias quebraduras, nuestro tejido social y nuestro planeta, de la mejor
manera que podamos. Pero según Luria lo fascinante es que al arreglar el mundo –
social, económica y políticamente – vamos curando a Dios, cuyas chispas se
encuentran dispersas por todas partes.
¿Qué significa todo esto de reparar y curar a Dios? ¿Acaso Dios no es perfecto?
¿En qué sentido Dios está fallado o incompleto según el pensamiento de Luria? ¿Cómo
puede ser que seamos nosotros quienes reparamos la Unidad de Dios que se ha roto
en la dislocación original de la Creación? ¿Qué es lo que se ha dislocado? En otras
palabras, ¿cómo concebimos una idea judía que Dios nos necesita a nosotros cuando
siempre se nos enseñó que somos nosotros los que necesitamos de Dios y no al
revés?
Para responder estas complejas preguntas debemos entender dos cosas: (a) qué
significa que la esencia de Dios está dislocada y (b) qué podemos hacer nosotros para
restaurar esa dislocación.
Según Luria la esencia de Dios se dislocó cuando la Creación falló. Luria argumentó
en su teoría que hay dos facetas que hacen a la Unidad de Dios. Por un lado está la
esencia de Dios en su estado más íntegro, trascendente e inalcanzable para los seres
humanos. Esta esencia es eternamente incomprensible y oculta. Cuando decimos que
Dios es Dios y nosotros somos humanos estamos utilizando esta faceta de Dios. Esta
faceta está escondida y nunca podremos alcanzarla porque si así lo hiciéramos
seríamos como Dios y eso es un absurdo. Esta faceta Luria la denominó Ein Sof
(literalmente Sin Fin o lo Infinito). Por otro lado Dios tiene una segunda faceta
relacionada con lo que se manifiesta en forma visible de la Creación. Esta segunda
faceta Luria la denominó Shejiná (literalmente Presencia). Estas dos facetas son el
producto de la catástrofe primordial de la “Creación fallada” según el mito de Luria. En
el momento que las cosas salieron mal la Unidad de Dios se dislocó haciendo que esa
Unidad se rompa en dos partes: Ein Sof por un lado y la Shejiná por otro lado.
Los judíos creemos literalmente que nuestro deber es unificar y restaurar esta
dislocación llevándola nuevamente hacia la Unidad. Para hacer esto precisamos de

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nuestra kavaná, es decir nuestra “intención interior”. Así los místicos que siguieron a
Luria escribieron toda una serie de kavanót (plural de kavaná, es decir “intenciones”)
que deben ser recitadas antes de realizar ciertos mandamientos o mitzvot para
asegurarnos que entendemos justamente con qué intención estamos realizando estos
mandamientos. Y esa intención es literalmente reparar la separación de la Unidad de
Dios.
No todos los Sidurim (libros de rezos judíos) poseen estas kavanót. Pero si nos
fijamos por ejemplo en la página 5 del Sidur Artscroll nos encontramos que la primera
oración dice “En aras de la unificación del Santo Bendito es Él, y de Su Presencia, con
temor y amor para unificar el Nombre yud hei con vav hei en perfecta unidad, en
nombre de todo Israel”. Esta declaración es increíblemente atrevida y audaz. Primero el
nombre de Dios conocido como “Santo Bendito es Él” es uno de los nombres más
tradicionales de Dios en la literatura rabínica donde lo conocemos en hebreo como
Kadosh Baruj Hu (o en arameo Kudsha Brij Hu). En el pensamiento cabalístico este
nombre es sinónimo de Ein Sof, el Dios como Infinito, trascendente y oculto. Por otro
lado “Su Presencia” es la Shejiná, la faceta manifiesta de Dios. Lo que esto implica es
que si recitamos esta “intención” lo que estamos a punto de realizar va a reparar o
unificar esta dislocación de Dios.
Las cuatro letras yud hei vav hei forman el famoso nombre de Dios que nadie sabe
como se pronuncia realmente y simplemente decimos Adonai que literalmente significa
Mi Señor. La separación de la Unidad de Dios se ve reflejada entonces en la
separación de las dos primeras letras (yud hei) y las dos últimas letras (vav hei) que
forman completas el Sagrado Nombre de Dios. Al realizar el mandamiento con esta
intención estamos ayudando a Dios haciendo que pueda reunirse simbólicamente con
Sus dos facetas.
La conclusión final de todo esto nos deja con un sentido pleno para nuestra
existencia, nuestra misión en este mundo, nuestras prácticas judías y el rol que
jugamos los humanos en la Redención Final de la historia. Los judíos no solo somos
socios con Dios en la redención del mundo sino que -más increíble aún- somos socios
con Dios en la redención de Dios mismo. Dios nos necesita. Dios también necesita ser
redimido porque está fallado o incompleto al igual que nosotros. El judaísmo posee así
en forma asombrosa la declaración más literal de la dependencia de Dios en los seres
humanos.

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SI NOS SENTIMOS FELICES ¿NECESITAMOS LA REDENCIÓN?

En las últimas publicaciones escribí bastante sobre la Redención Final, aquella


esperanza del pueblo judío que de alguna manera da sentido a muchas de nuestras
plegarias, historia y existencia. Si no tuviéramos ese deseo de ser redimidos o
salvados, ¿gran parte de nuestro rezo junto al Seder de Pesaj y la meta de nuestro
destino final resultarían teológicamente vanos? Para hacer un breve resumen
podríamos decir que la temática de la redención o salvación final según la tradición
judía comienza con una simple pregunta: los judíos rezamos todos los días pidiéndole a
Dios que nos salve y nos redima, pero ¿de qué debería exactamente Dios salvarnos o
redimirnos?
En la búsqueda por contestar esta difícil pregunta partimos de la base que la teoría
judía sobre el fin de los tiempos surge de un problema o impulso central: la idea que las
cosas del modo que están hoy presentes se encuentran seriamente falladas o son
imperfectas. Curiosamente vivir plenamente el judaísmo implica convivir con la idea
que -nos guste o no- la tradición asume que “estamos fallados o incompletos”. En
palabras más simples, podríamos declarar que irónicamente el judaísmo necesita de la
idea de la imperfección para dar sentido a su constitución.
Si pensamos por un instante (y solo en la teoría) que nuestra vida es plena y no
necesitamos de nada más porque nos sentimos satisfechos con todo lo que tenemos y
somos ¿de qué debemos pedir ser salvados si en realidad estamos bien? ¿Es la
redención judía una realidad que sentimos o una historia que hemos intelectualizado e
integrado? ¿Por qué los judíos sentimos que nos falta el Mashiaj, la resurrección de los
muertos, retornar a la tierra de Israel y al antiguo sacrificio de animales en el Templo
llevado a cabo sólo por los Cohanim o Sacerdotes mientras que billones de otros seres
humanos no sienten esta falta? ¿Qué nos constituye realmente: nuestra propia
sensación o la que heredamos de nuestros textos? ¿Puede ser que a medida que
estudiamos nuestros textos los mismos van configurando nuestras expectativas? Si
cada nuevo niño/a judío/a que llega al mundo lo educamos utilizando todas estas ideas

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que van moldeando su identidad y pertenencia ¿es posible que nosotros mismos
seamos los responsables de construirle la idea que su vida estará siempre en falta o
incompleta?
Creo que justamente ahí está el “juego teológico” o existencial del judaísmo como
religión. La mayoría de nosotros sentimos que la vida no es perfecta sino que está llena
de aquellas palabras que nos asustan y llamamos “problemas”, “dudas”, “quejas”,
“incertidumbres”, “desolación”, “aburrimiento”, “desesperanza” y “depresiones”. Todas
estas palabras son parte integral de nuestro vocabulario y las utilizamos para definir
esos sentimientos que -de todos modos- nunca podemos reducir en palabras. Quizás
apoyándose en estas palabras el judaísmo ofrece la salida que otorga sentido y
consolación: la redención o salvación de Dios. Justamente las especulaciones sobre la
Redención Final describen cómo al final de los tiempos Dios va a transformar lo fallado
en algo perfecto. Las especulaciones hablan de un Dios que salva, rescata y corrige
finalmente a todo el Universo de este estado imperfecto que nosotros conocemos y
llamamos “historia”.

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MISTICISMO Y MESIANISMO: LOS PELIGROS DE HACER DEL
MITO UNA HISTORIA

Hoy quería compartir con ustedes una de las combinaciones más peligrosas que se
pueden hacer del concepto de tikkún y eso es cuando se lo utiliza para tejer las ideas
judías de Misticismo y Mesianismo.
Son pocos los que saben quién fue realmente el que reinstaló este ideal del tikkún
en forma exponencial y novedosa dentro de nuestra tradición. Su nombre, como ya lo
he mencionado varias veces, es Isaac Luria (1534-1572) y con él nos estamos
refiriendo a un gran Rabino cabalista que vivió durante mediados del siglo XVI y
transformó no solo a su generación sino a todas las siguientes. Sus enseñanzas
sobrevivieron gracias a Jaím Vital -su discípulo principal- puesto que Luria no escribió
nada sino que descargó su sabiduría en sus discípulos. Luria hechizó a sus seguidores
explicando el dramático mito cabalístico de la Creación, Ruptura, Reparación y
Redención del alma individual, nacional y cósmica que ya hemos explorando en otras
publicaciones de este blog.
El sistema cabalístico de Luria fue originalmente comprendido por muy pocos
seguidores. Pero el concepto de la corrección cósmica a través de un proceso llamado
tikkún se convirtió en un ideal tremendamente popular que logró capturar la experiencia
del exilio individual judío junto a la falta del centro colectivo judío luego de la expulsión
de España en 1492. Las ideas de Luria despertaron la vocación del pueblo a “unificar
las chispas divinas” para limpiar, corregir, enmendar y unificar el mundo entero. La
Cabalá de Luria representó así un movimiento místico judío que logró integrar la visión
de la restauración nacional junto a la regeneración cósmica del pueblo judío.
Lo cierto es que la Cabalá de Luria sigue siendo tan compleja hoy como lo fue en su
propio tiempo. No se preocupen si no han entendido bien de que se trata, solo
recuerden que su idea de reparación fue atravesando diferentes etapas llegando a ser
entendida hoy como la idea que si cada uno se dedica a corregir y mejorar su propia
vida (utilizando el judaísmo y sus mandamientos como herramientas o guías) vamos a

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ir agregando ese granito de arena que hará de todo el desierto del mundo y la
existencia un verdadero paraíso.
Más allá de la belleza de este sistema místico y su sabiduría, lamentablemente la
interpretación que se haría de la Cabalá de Luría luego de su muerte haría estragos en
la historia judía por varios siglos y me atrevo a decir que aún lo percibimos en algunos
grupos judíos de la contemporaneidad. El testimonio claro del efecto nocivo que puede
tener un mito místico como el de Luria cuando cae en las manos equivocadas es el
hecho que nos llevó a uno de los momentos más traumáticos de la historia judía: el
movimiento mesiánico centrado en la figura de Shabetai Tzvi.
Shabetai Tzvi (1626-1676) fue un judío originario de Turquía que proclamó ser el
Mesías y convenció a un importante número de judíos que la tan ansiada Redención o
Salvación Final había finalmente arribado. Mientras viajaba por el mundo intentando
sumar adeptos a su causa Shabetai es capturado y amenazado de muerte para que se
convierta al Islam. Sorpresivamente (o tal vez no tanto) Shabetai decide convertirse al
Islam y sus seguidores mas devotos ven esto como un ejemplo y se convierten también
ellos al Islam. Todavía tenemos remanente de familias que vienen de estos judíos que
se convirtieron al Islam y son conocidos como los Dönmeh. Tal vez creeríamos que
esta historia de Shabetai Tzvi no tendría por qué transcender demasiado en la historia
judía y sin embargo el tema del mesianismo y en especial el de Shabetai Tzvi deja una
marca imborrable.
Lo importante de entender un poco lo que explicamos sobre la Cabalá de Luria nos
permite comprender cómo justificaron teológicamente los seguidores de Shabetai el
comportamiento extraño de su Mesías . En efecto, el cocktail que mezcló la Cabala de
Luria con los ideales mesiánicos de este período puso a los judíos -y en extensión a
gran parte del mundo- en una terrible borrachera mesiánica. Los seguidores de
Shabetai argumentaron que el “pecado” de su Mesías judío de convertirse al Islam no
había sido tal sino un acto sagrado. Para ellos Shabetai había descendido hacia el
reino del “mal” para generar un tikkún, es decir una reparación al estilo Luria, y liberar
así las últimas chispas divinas que estaban en Ishmael y el Islam y lograr así restaurar
al pueblo judío y la humanidad en su totalidad. En conclusión lo que Shabetai había
hecho era sacrificarse en nombre del pecado de todos los hombres y así traer la tan
esperada redención que iba a ser comprendida por toda la humanidad al momento que
el Mesías final de todos los tiempos se revele trayendo la redención al mundo entero.
Dicho sea de paso, si todo esto les suena medio parecido al cristianismo y a las
respuestas teológicas que los discípulos de Jesús tuvieron que construir para
responder a la paradoja de la crucifixión de su Mesías no están tan errados.
Justamente varios de los seguidores principales de Shabetai eran judíos conversos
(¡nos referimos a judíos que habían nacido y vivido como cristianos!) que se sintieron
totalmente atraídos por este tipo de Mesías-a-la-Jesús que vivía ahora y al igual que
ellos con el secreto de una doble identidad religiosa (judío y musulmán). Para entender

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un poco más el impacto de esto en el judaísmo actual les recomiendo mi publicación:
Judíos conversos, marranos y mesiánicos en el siglo XVII.
Lo que debemos aprender y recordar de todo este episodio al analizar la Redención
judía es que debemos ser cuidadosos de no convencernos que venga otra persona
como Shabetai y le creamos que él es el Mesías y que debemos hacer lo que nos dice
“porque sí”. La realidad es que el hecho que Shabetai terminó siendo uno más de los
tantos falsos Mesías que la historia ha coleccionado es irrelevante. Lo importante es
aprender que el problema central de todos los mitos sobre la redención es el riesgo que
puedan terminar siendo falsos bajo la experiencia histórica. Los mitos sobre la
redención del mundo son efectivos siempre y cuando mantengan su funcionalidad
mitológica. Mientras continúen siendo visiones, esperanzas, anhelos o deseos de algo
que está por llegar está bien preservarlos y utilizarlos. Pero cuando se hacen
demasiado concretos o inmediatos inevitablemente llevan a la desilusión. Ciertos
grupos jasídicos han pagado un precio muy alto debido a todos estos temas y a la
incapacidad de separar entre historia y mito dentro de su interpretación.
La redención está siempre esperando a la vuelta de la esquina. El propósito de
todas las visiones que redimen no es detallarnos literalmente qué va ocurrir y a qué
hora sino hacer del hoy algo esperanzador. Los mitos de la redención deben siempre
permanecer dentro de su funcionalidad mitológica. Cuando comenzamos a forzarlos
para hacerlos una realidad generalmente nos conducen a un solo y peligroso camino:
el delirio místico y fundamentalista.

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¡Muchas Gracias!
Espero que hayas disfrutado leyendo este ebook tanto como yo disfrute
escribiéndolo. No tengo palabras suficientes para agradecerte tu continuo
apoyo al blog y todo lo que hago. Te confieso que agradezco constantemente a
cada persona que se toma el tiempo de leer o escuchar lo que digo. Y si tienes
un segundo más me encantaría saber lo que piensas de este ebook. Por favor,
déjame un comentario en mi Página de Facebook o si prefieres hacerlo en
privado a mi correo electrónico. Leo todos los mensajes que me llegan así que
no dudes en escribirme. Por último y si aún no lo has hecho, puedes seguirme
en Twitter (@diegoedel) y participar en las conversaciones que están
sucediendo ya mismo en mi Página de Facebook.

Diego Edelberg

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