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BRASIL 2014: LA HEGEMONÍA DEL PT SE TAMBALEA

Author(s): ADRIÁN IBÁÑEZ


Source: Cuadernos de Pensamiento Político, No. 45 (Enero/Marzo 2015), pp. 187-196
Published by: FAES, Fundacion para el Analisis y los Estudios Sociales
Stable URL: https://www.jstor.org/stable/24368052
Accessed: 08-01-2019 21:59 UTC

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ADRIAN IBANEZ

BRASIL 2014: LA HEGEMONIA DEL PT


SE TAMBALEA

nificado un simple punto y seguido en la larga etapa de control de


A primera
la políticavista,
brasileña delpudiera
Partido de losparecer queprimero
Trabajadores (PT), las elecciones de 2014 han sig
bajo la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) y luego de
Dilma Rousseff (2010-2014). No obstante, todo el largo proceso electoral
-cuyo inicio podría fijarse el 13 de agosto, con el accidente aéreo en el que
falleció el candidato presidencial del Partido Socialista de Brasil (PSB)
Eduardo Campos- ha convulsionado el sistema político y ha insertado de
finitivamente nuevos actores en él.

El deseo de cambio, mostrado sobre todo por las nuevas clases medias
urbanas (la llamada clase C), ha ido encontrando distintos referentes
-Eduardo Campos, Marina Silva, Aécio Neves-, pero finalmente alcanzó
el 48% del electorado en segunda vuelta y la candidatura de Neves se
quedó a solo tres puntos del hasta hace poco imbatible PT. Hay que re
cordar que Lula había ganado con 23 y 21 puntos de ventaja en 2002 y
2006, y Dilma con 12 puntos en 2010.

Adrián Ibáñez es politólogo.

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CUADERNOS de pensamiento político

La explicación habría que encontrarla en un cambio radical en las ex


pectativas y en la marcha real del país durante el último año y medio. Hasta
el año 2013, la presidenta Rousseff podía presumir de una alta popularidad
y de una situación económica más o menos favorable tras diez años de
boom en los que 40 millones de brasileños se incorporaron a la clase media,
sin apenas sentir la recesión mundial de 2008. Sin embargo, el primer (
0,2%) y el segundo trimestre (-0,6%) de 2013 iniciaron un proceso de con
tracción económica que, unido a los desequilibrios macroeconómicos, al
elevado gasto público y a la necesidad de unas reformas estructurales si
quiera imaginadas, llevó a los mercados financieros y a los inversores ex
tranjeros a poner en cuestión la consistencia del país.

En clave interna, las nuevas capas florecientes de la población -una


clase media que paga muchos impuestos y recibe servicios de mala cali
dad- empezaron a sentir el estancamiento económico y la generalización
en el alza de precios. La subida de las tarifas del transporte público dio
lugar en junio de 2013, durante la celebración de la Copa Confederaciones
de fútbol, a las mayores protestas ciudadanas conocidas en Brasil, gestadas
a través de las redes sociales en un país en el que la media de edad es de
29 años.

La incapacidad de la presidenta Rousseff para encontrar solución a estos


desequilibrios, su falta de carisma y la poca credibilidad del PT por casos
de corrupción como mensaläo o Petrobras comenzaron a alumbrar la po
sibilidad del fin de la hegemonía petista en las elecciones de octubre de
2014. No obstante, y pese a un caldo de cultivo favorable, pesaba sobre la
oposición la incapacidad mostrada hasta entonces para ofrecer una alter
nativa al paternalismo del PT que resultara atractiva para los brasileños.
Además, el creciente fenómeno anti-PT era extremadamente heterogéneo:
desde las élites urbanas hasta los pueblos indígenas; desde los contrarios al
exceso intervencionista hasta los sectores olvidados en el reparto asisten
cialista. A pesar de todo ello, 2014 se presentaba como un año decisivo
para Brasil.

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Brasil 2014: la hegemonía del PT se tambalea / adrián ibáñez

CUANDO CUALQUIER ESCENARIO PARECE POSIBLE

Para dar salida al descontento creciente de verano de 2013, la presidenta


Rousseff prometió reformas que favorecieran el crecimiento económico y
una reforma política que avanzara en la democratización y mayor limpieza
de las instituciones. Más de un año después, el resultado de tan buenos
propósitos se materializó solo en un aumento del programa "Más Médicos"
y en una propuesta de referéndum para una reforma política sin concretar.

En el otro lado, la oposición comenzó a prepararse para la cita electoral


de octubre. Los tradicionales rivales del PT, los tucanos del Partido de la So
cial Democracia Brasileña (PSDB) confirmaron como candidato al nieto del
expresidente electo Tancredo Neves, Aécio Neves, mientras que el hasta en
tonces oficialista PSB salió del Gobierno y eligió al popular gobernador de
Pernambuco, Eduardo Campos, como candidato a presidente, y a la exmi
nistra de Medio Ambiente con Lula, Marina Silva, como candidata a vice
presidenta. Silva ya se había enfrentado a su expartido en 2010 desde el
Partido Verde, consiguiendo casi el 20% de los votos en primera vuelta.

Tras el inesperado fallecimiento de Campos al estrellarse su avioneta


privada, Marina Silva acaparó el protagonismo en la candidatura presi
dencial del PSB y se inició una burbuja mediática y política que la catapultó
al frente del bloque anti-PT, con las encuestas situándola en segundo lugar
y con opciones de batir a Rousseff en el ballotage. Su historia personal
-nació en el seno de una familia muy pobre del estado amazónico de Acre
y aprendió a leer por sí misma a los 16 años-, su sensibilidad social y sus
promesas de regeneración política parecían el cocktail perfecto para cons
truir un relato ganador y alternativo al hegemónico, con la ventaja de pre
sentarse como la traducción política de los anhelos de la nueva clase media.

Durante el mes de septiembre, las encuestas no dejaron de sonreír a la


ambientalista, que llegó incluso a coquetear con los muy influyentes pas
tores evangélicos (casi una cuarta parte de los brasileños pertenece a estas
comunidades) para explotar su condición de evangélica y no dejar escapar
los votos antipetistas más conservadores. Las élites empresariales asumie
ron que su candidato, Aécio Neves, no pasaría a la segunda vuelta y co

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menzaron a influir en el equipo de Silva para asegurar un compromiso ex


plícito con la estabilidad presupuestaria, las reformas liberalizadoras y un
gobierno pro business. Por su parte, el PT se encontraba con un nuevo rival,
que también procedía de la izquierda y al que no le podía hacer frente
achacándole servir los intereses de la oligarquía.

Finalmente, y tras una dura campaña de desprestigio contra Silva ba


sada en presentar su opción como "un salto al vacío", la primera vuelta de
las presidenciales (5 de octubre) dejó un resultado inesperado: Rousseíf so
brepasó el 40% de apoyos (41,6%) y fue Aécio Neves quien se coló en la
segunda vuelta con un 33,6% de sufragios. La gran esperanza de los que pe
dían un cambio apenas mejoró su resultado de 2010 con un 21,3% y se
quedó descabalgada de la contienda electoral. Este resultado dejó claro
que se mantenía intacta la potencia de la inmensa maquinaria del PT, que
alcanzaba una segunda vuelta basada en la lógica tradicional ricos-pobres
o, lo que es lo mismo, PSDB-PT.

VOTO CAUTIVO Y DUDAS EN LAS NUEVAS CLASES MEDIAS

Sin embargo, la ilusión por el cambio no desapareció con el fracaso de Ma


rina, sino que se trasvasó casi completamente a la candidatura del tucano
Neves, quien sí prometió reformas estructurales y derrotar a la inflación.
Así, fue el PSDB el que, esta vez sí, consiguió tomar la bandera del voto
protesta con un mensaje renovador. El exgobernador de Minas Gérais
logró lo que ni se imaginaron los anteriores candidatos del PSDB, José
Serra y Geraldo Ackmin, quienes no consiguieron disociar la imagen de su
partido de las élites de Sao Paulo. Y ello no fue por otra razón más que por
la existencia de ese caldo de cultivo a favor del cambio que necesitaba de
una u otra traducción política.

Pese a que solo dos incumbents habían perdido desde los años 80, Neves
consiguió generar las expectativas de que podía derrotar al oficialismo en
la segunda vuelta. Recibió el apoyo del PSB y de la propia Marina Silva a
cambio de comprometerse a garantizar la expansión de los derechos so
ciales, fortalecer la agricultura familiar y el fin de la reelección de los car

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gos ejecutivos. Neves defendió, además, despolitizar la política exterior, in


crementar las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea, así como
acabar con la diplomacia de "paciencia estratégica" con Mercosur o "di
plomacia Sur-Sur" llevada a cabo por el PT.

Con su lema Muda Brasil (Cambia Brasil), los tucanos se enfrentaron a


una agresiva y polarizada campaña del oficialismo fortalecido por los áni
mos insuflados por el buen resultado de la primera vuelta y por la hipe
ractividad del popular expresidente Lula da Silva. Sin embargo, el PT -que
nunca había peleado con tan poca ventaja- tuvo que hacer frente a varios
inconvenientes: se sucedieron las acusaciones de corrupción por lavado de
dinero y sobornos en el gigante energético estatal Petrobras, y se preveía
que el año 2014 cerrara con una inflación por encima del 6%.

El resultado de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales (26


de octubre) consolidó el voto del cambio en la candidatura de Aécio Neves,
con más de 51 millones de votos, pero se quedó a tres puntos de la victo
ria (48,3% Neves; 51,6% Rousseff). Un éxito, sin duda. Pero un éxito insu
ficiente. Algunos analistas apuntan dos razones fundamentales que explican
esa incapacidad para superar definitivamente al oficialismo: el desconcierto
de una parte de esas nuevas clases medias, que no terminan de tener claro
que el modelo de crecimiento se ha agotado; y el voto cautivo del PT en
el deprimido nordeste del país y en los barrios pobres de las ciudades del
Sur (grotoes), donde viven fundamentalmente de las políticas asistencialis
tas del Gobierno. Con todo, las de 2014 han sido las elecciones más reñi
das de la historia de Brasil.

En el Congreso, el PT mantiene aún la hegemonía en las dos cámaras,


pese a que en la Cámara baja perdió hasta 15 diputados. La segunda mayor
bancada de la Cámara de Diputados y primera del Senado será la del
PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), del vicepresi
dente electo Michel Temer, principal aliado de Rousseff y uno de los ma
yores dolores de cabeza de la presidenta en las luchas internas del bloque
oficialista por obtener cuotas de poder. Así, el Congreso estará más frag
mentado que nunca y contará con la representación de hasta veintiocho
partidos.

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El 1 de enero de 2015, Dilma Rousseff inicia su segundo mandato en un


momento en el que los organismos internacionales prevén un crecimiento
lento de la economía brasileña, que solo podrá alcanzar su potencial (el 2%)
en 2016. Para 2014, la OCDE pronostica un 0,3% y un 1,5% para 2015. El
FMI proyecta por su parte un 0,3% y un 1,4% respectivamente. Rousseff de
berá enfrentarse a este estancamiento producido, además de por los des
equilibrios del país, por un escaso margen en políticas fiscales y monetarias,
una demanda exterior muy débil y un bajo nivel de inversión.

Asimismo, contará con una doble oposición que apenas existía hasta
ahora: la extema (PSDB y PSB), que sale fortalecida al haber alcanzado casi
el 50% de los votos; y la interna, con un PMDB (el siempre denominado
"partido que da estabilidad al sistema") vendiendo caro su apoyo al Go
bierno, especialmente en la reforma política que, de un modo u otro, Rous
seff necesitará realizar.

DOCE AÑOS DE HEGEMONÍA PETISTA

El Partido de los Trabajadores de Brasil (Partido dos Trabalhadores) tiene su


origen en una confluencia de sectores de la sociedad civil -obreros, funcio
narios, estudiantes, intelectuales y católicos defensores de la teoría de la li
beración- unidos hacia 1980 en torno a su lucha por la democracia y el
socialismo (más o menos democrático según cada uno de sus heterogéneos
grupos fundadores). A través de un tipo de organización política que hoy
podríamos catalogar como "partido de masas" -radicalmente novedoso en
el sistema político brasileño-, demandaban mejoras en las relaciones labo
rales y un reparto más equitativo de la riqueza. El PT -en la Presidencia de
la República desde enero del año 2003- alcanzó el poder al filo del nuevo
siglo mediante un programa de izquierda moderada que arrinconó al PSDB
y aglutinó a los sectores más izquierdistas en tomo a unas reformas que com
binaban ambiciosos programas de lucha contra el hambre con ajustes de
corte liberal -en línea de las que había comenzado el anterior presidente, el
socialdemócrata Femando Henrique Cardoso (1995-2002).

Desde su nacimiento, el PT se posicionó a la izquierda del espectro po


lítico en su indubitada defensa de que solo la lucha contra la pobreza y las

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desigualdades sociales pueden contribuir al desarrollo económico. De


hecho, en su primera década de existencia apuntaba a una sociedad sin cla
ses, sin explotados ni explotadores, era favorable a no pagar la deuda ex
terna y estaba radicalmente en contra de cualquier privatización de
empresas estatales, así como de la apertura de la economía nacional. Desde
la década de 1990, el PT es una de las dos principales fuerzas políticas en
Brasil, junto al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). El dis
curso eminentemente liberal de sus rivales dejaba para el PT todo el es
pectro de la izquierda. Sin embargo, se trataba de un proyecto político
procedente de las capas históricamente más excluidas de la sociedad -cam
pesinos sin tierra, indios, negros, mujeres- y como tal ejercía.

Esta progresiva moderación del discurso político del PT está estrecha


mente relacionada con las posiciones de dominio en el seno del partido
por un grupo de afiliados moderados que, habiendo adquirido experiencia
en puestos representativos y suficientemente bregados en el embate elec
toral, accedieron a los principales cargos de decisión (y al Gobierno tras la
victoria de Lula). También se puede explicar este abandono progresivo de
sus postulados originales de izquierda radical a partir de la interacción y
concurrencia conjunta a las elecciones con partidos de centro. La clave,
no obstante, reside en la habilidad que tuvieron los dirigentes del PT para
conformar una extraña alianza -y rentable desde el punto de vista electo
ral- entre los sectores más desfavorecidos y las clases medias. Esa mode
ración ideológica, junto a una buena coyuntura económica, permitió al PT
de Lula mantener la estabilidad macroeconómica y los ritmos de creci
miento altos de la era Cardoso. A esto se unió una apuesta por políticas
asistencialistas que suponían la cuadratura del círculo para consolidar la
amplia coalición de apoyos de la que se nutría.

Brasil es desde el año 1999 miembro del G-20, y forma junto con Rusia,
la India y China el llamado grupo de los BRIC, las economías más pujan
tes (en PIB y en participación en el comercio internacional) de todo el
mundo. Lo excepcional es que un partido de origen marxista haya puesto
a Brasil en una posición privilegiada en el contexto internacional, con el
Mundial de Fútbol del pasado verano y los Juegos Olímpicos de 2016
como símbolos de su proyección mundial.

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•a el análisis y los estudios sociales
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Sin embargo, el auge económico ha llegado a un punto de inflexión. El


crecimiento del PIB -que alcanzó el 7,5% en 2010- viene desacelerándose
desde hace tres años hasta estancarse en 2014, lo que se une a una muy alta
inflación. Las masivas y en ocasiones conflictivas manifestaciones que se
han venido produciendo desde el comienzo del verano pasado en las prin
cipales ciudades del país, han mostrado por vez primera que el "milagro
económico" brasileño ha llegado a una nueva fase: los años de expansión
habían consolidado una clase media con las mismas exigencias que las de
cualquier país desarrollado. Por vez primera se confronta el modelo de país
ad intra y ad extra que tienen las élites (el PT, como actor principal) ¡con
las capas medias de la población, lo que une a la encrucijada económica
otra más compleja a medio y largo plazo, y que tiene que ver con el rumbo
político, regional y global que debe seguir Brasil.

Dilma Rousseff dedicó su primer mandato más a la política doméstica que


a la internacional. Frente a la pujante Alianza del Pacífico (conformada por
México, Colombia, Perú y Chile, que busca la apertura de mercados y ha fir
mado el Tratado de Libre Comercio con EEUU y la UE), Brasil ha optado
por seguir rivalizando con México y elegir Mercosur y los BRIC, una opción
más proteccionista al margen de la UE, su principal socio comercial.

Además, durante su primer mandato, Rousseff no supo acabar con una


corrupción generalizada que, en un momento de inflación, reducción de sa
larios y pérdida de calidad de los servicios públicos, comenzó a pasar fac
tura a la élite dirigente del PT (también a los gobernadores y alcaldes del
opositor PSDB). El sistema político brasileño -carente de partidos orgá
nicos y muy dependiente de intereses económicos- ha impedido hasta
ahora canalizar las demandas de las nuevas clases medias, lo que explica en
gran medida la progresiva desafección del último año y medio.

UN MANDATO DECISIVO PARA EL PT

Las elecciones de 2014 han configurado un Brasil partido en dos mitades,


si bien es cierto que mucho menos que otros países de la región. Rousseff
tendrá que trabajar en tres grandes frentes. Por un lado, deberá poner en

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marcha una reforma política consensuada, prometida hace año y medio,


que reduzca el número de partidos en el Congreso, las corruptelas locales
y las disfúnciones en el funcionamiento de la Administración. En política
exterior, no tendrá más remedio que restaurar la relación con Estados Uni
dos -especialmente deteriorada tras las revelaciones de Snowden- y en
contrar su encaje en América Latina, decidiéndose entre un Mercosur
estancado y una Alianza del Pacífico en pleno despliegue y basada en el
pragmatismo.

Con respecto a la economía, con un Brasil en recesión técnica, deberá


reducir el peso del Estado y liberalizar la economía con el fin de impulsar
el crecimiento económico, pero sin generar más inflación. Los analistas
creen que no tendrá más remedio que eliminar parcialmente una burocra
cia que encarece los costes, hacer una reforma laboral flexibilizadora, pre
sentar una reforma fiscal y del sistema de pensiones, mejorar los servicios
públicos y concentrarse en cómo atraer inversiones extranjeras para des
arrollar unas infraestructuras muy deficientes.

Pese a llevar más de un año y medio dubitativa, los electores han deci
dido dar a Dilma Rousseff otros cuatro años para comprobar si es capaz de
enderezar el rumbo del país y no dejar escapar la oportunidad de consoli
dar Brasil como una de las potencias globales con más futuro. Pero es evi
dente que el nuevo mandato no será igual a los tres anteriores del PT : a
todas luces parece la última oportunidad que los brasileños dan al oficia
lismo petista para demostrar que su modelo económico y de país es el que
les garantiza la prosperidad presente y futura. Por eso, en una suerte de
examen de cuatro años, Rousseff se juega el crédito interno y externo de
todo un modelo de desarrollo económico que tan exitoso e inagotable pa
recía con Lula Da Silva hace doce años.

Mientras tanto, la heterogénea oposición se ha dado cuenta de que el


PT no es imbatible. Ha tomado nota de sus debilidades y se ha convencido
a sí misma de que hay un motor de cambio en Brasil que puede esperar
cuatro años para materializarse políticamente, al tiempo que puede ser tes
tigo de la decadencia del país. Solo una pericia reformista y liberalizadora
(similar al Plan Real de Cardoso en los 90), inesperada en Dilma Rousseff,

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podría sanear la economía y "resetear" el modelo. Por la mínima, los bra


sileños le han dado al PT una última oportunidad.

PALABRAS CLAVE
Brasil • Elecciones en Iberoamérica • Economía • Clases medias

RESUMEN I ABSTRACT
El articulo repasa la situación económica
This article reviews the economic and y
política de Brasil en 2014, un año en el political situation in Brazil in 2014, a year
que se han sucedido los acontecimientos in which developments have taken place
dentro de un proceso electoral lleno de ¡n within an electoral process fuit of
certldumbres que finalizó con la reelección uncertainties which ended with the ré
de la presidenta Dilma Rousseff en se élection of President Dilma Rousseff in
gunda vuelta el pasado 26 de octubre. El the second round on October 26. The
autor destaca el estrecho margen de victo author emphasises the narrow margin of
ria del PT, a diferencia de comicios anterio the PT's victory, unlike previous élections,
res, y trata de encontrar las causas del and tries to find the causes of the
proceso de deterioro de apoyos al PT des détérioration process of PT support añer
pués de doce años de hegemonía. También twelve years of hegemony. He also refers
se hace referencia al afianzamiento de la to the strengthening of the opposition,
oposición, que obtuvo casi el 50% de los which aimost won 50% of the support, as
apoyos, y se adelantan los principales well as the major challenges that Rousseff
retos que tendrán Rousseff y el PT en el and the PT will have to face in the new
mandato que empieza en enero. term starting in January.

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