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HISTORIA

UNIVERSA
L
1.El origen del hombre (12.000 millones de
años)

El suceso más antiguo que puede datarse en el universo que conocemos se


remonta a unos 12.000 millones de años. En este primer instante, toda la
energía (y todo el espacio) del universo se encontraba concentrada en un
punto, que fue el origen de una gran explosión (big bang). Durante los
primeros segundos, la temperatura era de más de un billón de grados y toda la
energía se hallaba en forma de radiación. Durante los primeros 10 segundos se
formaron las partículas elementales y al cabo de 15 minutos se
formaron núcleos de hidrógeno y helio, en proporción de cuatro a uno. Unos
10.000 años después la temperatura había descendido a unos 100.000 grados y
se formaron los primeros átomos de hidrógeno. Al cabo de unos 400.000
años el hidrógeno empezó a condensarse en nubes (las futuras estrellas), las
cuales a su vez se agrupaban en cúmulos mayores (las futuras galaxias).

Hace 11.000 millones de años la temperatura del universo era de unos 3.000
grados, y se formaron las primeras estrellas: la gravedad hizo que los núcleos
de muchas nubes de hidrógeno alcanzasen temperaturas elevadas, del orden de
15 millones de grados, lo que permitió la fusión del hidrógeno en helio,
proceso que origina la emisión luminosa de las estrellas. Cuando las estrellas
agotan el hidrógeno del núcleo son capaces de seguir generando energía
fundiendo a su vez el helio en materiales más pesados. De este modo, en los
núcleos de las primeras estrellas se formaron todos los elementos
químicosque actualmente hay en la Tierra. En las estrellas más grandes, este
proceso genera cada vez más energía, hasta que llega un momento en que la
gravedad no es capaz de contenerla y la estrella explota lanzando al espacio
gran parte de su materia. Esto sucede a una edad diferente según la masa de
cada estrella. Las explosiones de estrellas llenaron el espacio de nuevas nubes
de gas (esta vez relativamente rico en toda la gama de elementos químicos), a
partir del cual se formaron nuevas estrellas, las llamadas estrellas de segunda
generación, entre las cuales se encuentra el Sol.

El Sol empezó a brillar hace unos 5.000 millones de años. En esta época el
universo se había enfriado ya a unos 100 grados bajo cero. Existen muchas
teorías sobre cómo se formaron los planetas del sistema solar, pero fuera
como fuera, la edad de la Tierra se estima en unos 4.600 millones de años. Al
principio era una masa incandescente cuya superficie tardó relativamente poco
en enfriarse. Parte de la atmósfera se licuó y se crearon así los mares y
océanos. La composición química de la atmósfera y de los océanos era muy
diferente de la actual: No existía la capa de ozono que actualmente nos
protege de los rayos ultravioleta, la atmósfera soportaba una intensa actividad
eléctrica. Estas condiciones fomentaron la formación en las aguas de
compuestos químicos cada vez más complejos y variados: compuestos
orgánicos que culminarían con la aparición de formas de vida.

La vida en la tierra surgió hace unos 3.500 millones de años. Se inició así un
proceso evolutivo de animales y plantas del que tenemos pocos datos, pues las
primeras formas de vida eran microscópicas y luego animales y plantas
blandos (algas, gusanos) que no dejan restos fósiles. Este primer periodo de la
vida se conoce como precámbrico, y se extiende hasta el momento en que
podemos seguir más fielmente la evolución biológica a través de los fósiles. A
partir de aquí, los biólogos dividen el tiempo en eras:

La era primaria o paleozoica comienza hace 570 millones de años. Se


distinguen a su vez varios periodos:

En el periodo cámbrico abundan los trilobites, moluscos y crustáceos. En el


periodo ordovícico (que se inicia hace 505 millones de años) siguen
abundando los trilobites, se extienden los equinodermos y braquiópodos y
aparecen los primeros peces. El periodo silúrico se inicia hace 440 millones
de años. Aparecen peces acorazados gigantes, las primeras plantas
terrestres y de pantanos, grandes escorpiones marinos. El periodo
devónico empezó hace 410 millones de años. Aparacen los peces modernos y
los anfibios, evolucionan las plantas terrestres. En el
periodo carbonífero (iniciado hace 360 millones de años) se extienden los
anfibios, aparecen los primeros reptiles, la tierra se llena
de musgos y helechos, cuyos restos formarán las cuencas de carbón. En el
periodo pérmico (que empezó hace 285 millones de años) se extienden los
reptiles, mientras los anfibios pierden importancia, se extinguen los trilobites
y aparecen las primeras coníferas.

La era secundaria o mesozoica empezó hace 245 millones de años. Su primer


periodo es el triásico, en el que aparecen los primeros dinosaurios y grandes
reptiles marinos. También aparecen los primeros mamíferos. Abundan
los amonites, aparecen nuevas especies de plantas, se forman grandes bosques
de coníferas. Durante el periodo jurásico (iniciado hace 210 millones de
años) los dinosaurios dominan la Tierra. Aparecen reptiles voladores y
las primeras aves, junto con nuevas especies de pequeños mamíferos.
Durante el periodo cretácico aparecen las primeras plantas con flores. Al final
del periodo se extinguen los dinosaurios y muchos otros reptiles, al igual que
los amonites.

La era terciaria o cenozoica se inicia hace 65 millones de años. Comienza con


el paleoceno, en el que proliferan los mamíferos. En el eoceno (hace 60
millones de años) aparecen nuevas especies de animales (caballos y elefantes
primitivos) así como de plantas. El oligoceno se inicia hace 35 millones de
años. Proliferan las plantas con flores, aparecen muchos de los mamíferos
actuales, entre ellos los primeros primates. Hace 25 millones de años, en
el mioceno, se multiplican los primates, especialmente abundantes en África.

Los primates vivían cómodamente en los árboles, alimentados de frutos,


prácticamente sin predadores. Sin embargo, hace unos 14 millones de años las
cosas empezaron a cambiar. Muchos primates se vieron obligados a
abandonar su hábitat arbóreo. Tal vez su vida fácil condujo a la
superpoblación y algunos grupos fueron expulsados de los bosques, hacia las
sabanas, un ambiente hostil para unos animales incapaces de digerir hierba y
pobremente dotados para la caza. De esta época datan los restos más antiguos
conocidos de una especie de primate llamada Ramapithecus, que pobló
buena parte de Europa, África y Asia (el primer ejemplar se encontró en la
India). En su esqueleto se advierten vestigios de posición erguida. Podemos
suponer que estos primates desplazados compensaron su debilidad formando
manadas, al estilo de los mamíferos cazadores. La postura erguida favorecía
que cada miembro de la manada pudiera mantener contacto visual con los
restantes, de modo que podían avisarse más eficientemente si detectaban
algún peligro. Así pues, la selección natural favoreció a los individuos mejor
dotados para la "incómoda" postura erguida.

El Ramapithecus se extinguió hace 8 millones de años, pero no era el único


primate expulsado del paraíso. Hubo más especies en sus mismas
circunstancias que sobrevivieron más o menos tiempo. En general, estos
monos cazadores reciben el nombre de homínidos. Desde hace unos 6
millones de años fueron apareciendo en el este de África varias especies de
homínidos agrupadas por los biólogos bajo el género Australopithecus. En
realidad son los primeros a los que se puede aplicar sin discusión el
calificativo de homínido: paulatinamente, las distintas especies
de Australopithecus fueron adquiriendo la postura erguida como postura
habitual y su capacidad craneana -aun siendo pequeña en comparación con la
del hombre actual- fue aumentando. Lo que estaba sucediendo era que los
homínidos compensaban sus pocas dotes de supervivencia con un incremento
de sus habilidades: la postura erguida hizo que ya no necesitaran sus manos
para caminar, y pronto aprendieron a usarlas para matar presas pequeñas con
piedras, potenciaron su agilidad, su capacidad de comunicación y su
capacidad de observación, y todo ello se corresponde fisiológicamente con un
incremento de la complejidad neuronal de su corteza cerebral.

El plioceno se inicia hace unos 5 millones de años, con un enfriamiento del


clima que provoca la extinción de muchos grandes mamíferos. Sin embargo,
los Australopithecus proliferaron y se vieron obligados a extenderse, pues no
había muchas presas a su alcance y una pequeña porción de territorio no podía
alimentar a muchos individuos. Poco a poco fueron ocupando todo el este de
África, desde Etiopía hasta el extremo sur. La naturaleza proporcionó
entonces una ayuda más a los homínidos: la maduración retardada. En un
momento dado, aparecieron homínidos con un defecto genético: nacían
prematuramente y su crecimiento era demasiado lento. A primera vista, esto
era un grave inconveniente: con el tiempo, las crías llegaron a nacer sin pelo,
sin dientes, con la caja craneal todavía sin soldar, sin capacidad de andar, y
tardaban un tiempo desmesurado en valerse por sí mismas. Sin embargo, estos
inconvenientes eran compensados con creces por una única ventaja: una
infancia más larga implicaba mayor tiempo para aprender. En efecto, las crías
de los primates actuales muestran un alto grado de curiosidad durante su
relativamente breve periodo juvenil, pero después ésta desaparece casi por
completo. Los homínidos conservaron su interés por observar y aprender
durante toda su vida, y esto los hizo notablemente más inteligentes. Ésta es la
razón por la que la selección natural estimuló la maduración retardada, que se
fue agudizando a lo largo de las sucesivas especies de homínidos. Hace
unos 2.5 millones de años apareció entre los Australopithecus una nueva
especie que ya no puede englobarse en este género. Se trataba del Homo
habilis, al que, como vemos, los biólogos le han asignado el nuevo género
llamado Homo.

El Homo habilis superaba a los Australopithecus en capacidad craneana y en


inteligencia. Como muestra de ello, nos encontramos con que el Homo
habilis fue el primer homínido que aprendió a tallar piedras para hacerlas
cortantes o punzantes. Dispuso así de armas de caza significativamente más
eficientes. Con la aparición del género Homo y su habilidad para fabricar
útiles de piedra se inicia la llamada Edad de Piedra, cuyo primer periodo se
conoce como paleolítico y cuya primera etapa, a su vez, es el paleolítico
inferior. El Homo habilis se extendió rápidamente por los territorios habitados
por los Australopithecus. Poco después de su aparición se produjo un drástico
cambio climático: las temperaturas descendieron notablemente en todo el
planeta. Desde el precámbrico, la Tierra había pasado por varios periodos de
frío conocidos como glaciaciones, algunas de las cuales habían extinguido a
algunas especies, pero ésta era la primera glaciación que arrostraban los
homínidos.

Evidentemente, las condiciones de vida empeoraron. La caza fue más escasa y


los inviernos eran periodos de hambre. Pese a ello, los homínidos se adaptaron
a las circunstancias. Más aún, en plena glaciación, hace 2 millones de
años, surgió una nueva especie del género Homo: el Homo erectus. Con él da
comienzo la era cuaternaria, cuyo primer periodo se conoce
como pleistoceno. La glaciación duró cerca de un millón de años, es decir,
hasta hace 1.5 millones de años, pero la era cuaternaria reservaba cuatro
glaciaciones más, separadas por breves periodos interglaciares.

La primera glaciación de la era cuaternaria se inició hace algo más de 1


millón de años y fue más intensa que la anterior. La competencia entre las
distintas especies de homínidos terminó con la extinción de
los Australopithecus poco después del inicio de la glaciación y la del Homo
habilis hace 800.000 años. El Homo erectus sobrevivió, entre otras cosas
porque aprendió a valerse del fuego. Por aquel entonces no sabía producirlo ni
controlarlo, sino que se lo encontraba cuando un rayo incendiaba un árbol. Tal
vez aprendió a conservarlo como algo valioso. La glaciación terminó hace
unos 700.000 años y no debió de pasar mucho tiempo hasta que el Homo
erectus aprendió a controlar el fuego. Esto le supuso una mayor protección
frente al frío y los animales carnívoros, así como la posibilidad de alimentarse
de la carne de muchos animales que difícilmente podía digerir en estado
crudo.

La segunda glaciación de la era cuaternaria se extendió desde hace 600.000


años hasta hace algo más de 300.000 años. Durante esta época el Homo
erectus aprendió a organizarse para cazar grandes mamíferos. Su modo de
vida era ya muy similar al de otros mamíferos cazadores, pues su inteligencia
había compensado ya con creces su inferioridad física.

Así pues, la adversidad climática ya no era un obstáculo serio para el Homo


erectus, que empezó a proliferar, pero, al igual que les ocurrió a
los Australopithecus, se encontró con que cada pequeño grupo requería una
gran cantidad de territorio para cubrir sus necesidades, por lo que se extendió
paulatinamente por toda la Tierra. No obstante, el número total de habitantes
nunca debió de superar el medio millón. Tras un breve periodo
interglaciar sobrevino la tercera glaciación, desde hace algo más de 200.000
años hasta hace algo más de 100.000 años. A su término el Homo erectus ya
ocupaba medio planeta: poblaba toda África, buena parte de Asia y casi toda
Europa (excepto el norte). También había aprendido a fabricar cabañas que le
protegieran de la intemperie en ausencia de cuevas naturales, que hasta
entonces habían sido su único refugio.

Durante la tercera glaciación surgieron las primeras formas de dos nuevas


especies: el Homo sapiens y el Homo neanderthalensis. En Alemania se
encontró un fósil preneandertalense de al menos 200.000 años y en Israel se
ha encontrado un fósil de hace unos 100.000 años antecesor del Homo
sapiens, en compañía de restos neandertalenses y de los últimos vestigios
de Homo erectus, que se extinguió hace unos 90.000 años. Con la aparición de
estas especies se inicia el paleolítico medio.

La capacidad craneal de las nuevas especies triplicaba a la del Homo


habilis. En un primer momento, las diferencias entre los Homo
neanderthalensis y los Homo sapiens eran pequeñas, al igual que las
diferencias culturales respecto al Homo erectus. No obstante, al principio de
la cuarta glaciación, hace unos 80.000 años, encontramos ya una cultura
neandertal claramente definida. Entre sus nuevas costumbres se encontraba la
de enterrar a los difuntos, y entre sus nuevas habilidades la fabricación
de flechas. Respecto a las inhumaciones, no es razonable suponer en ellos una
capacidad de pensamiento abstracto o religioso, pero sí podemos entrever
cierto grado de autoconciencia. La selección natural fomentó la existencia de
relaciones afectivas de los padres hacia los hijos en mayor grado que las
usuales en otros animales, pues unas crías absolutamente inválidas no podían
sobrevivir sin una buena dosis de paciencia en sus progenitores.
Probablemente, sus crías fueron las primeras en reír como recurso para
agradar y mantener la atención de sus padres. Estas relaciones afectivas
debieron de mantenerse entre adultos, de modo que llegaron a sentir el dolor
de la muerte e hicieron lo posible para evitar que sus cadáveres fueran
alimento de las fieras.

El Homo sapiens y el Homo neanderthalensis se extendieron por Europa, Asia


y África. Cazaban todo tipo de animales y se adaptaron con eficiencia a cada
medio ambiente. Hace unos 40.000 años el Homo sapiens se convirtió en el
primer poblador humano de Australia. Hace unos 35.000 años empezó a
manifestar su superioridad cultural frente al hombre de Neandertal, dando
inicio así al paleolítico superior.Una buena prueba de esta superioridad es que
la población mundial pasó en un tiempo muy breve de poco más de un
millón de habitantes a casi cinco millones. A esta época corresponden los
restos más antiguos conocidos de arte prefigurativo (incisiones y marcas
decorativas en hueso y en piedra). Las primeras muestras conocidas de arte
figurativo (cabezas y cuartos delanteros de animales pintados en piedra) datan
de hace unos 30.000 años. Este avance hay que asociarlo a una significativa
evolución intelectual. Es imposible poner fechas a esto, pero el hombre
adquirió la capacidad de pensamiento abstracto, es decir, la capacidad de
pensar en algo sin necesidad de ningún estímulo externo que le impulsara a
ello. Así mismo desarrolló el lenguaje articulado: los homínidos llevaban
mucho tiempo comunicándose entre sí con gran eficiencia, pero siempre
mediante signos cuyo significado lo fijaba el contexto (un grito en un
momento dado podía ser la señal de iniciar un ataque conjunto a una presa, o
el indicio de algún peligro cuya naturaleza había que percibir directamente,
etc.). El lenguaje articulado suponía la posibilidad de aludir a algo de forma
unívoca independientemente del contexto. Tal vez las figuras esquemáticas
fueron al principio un método de ponerse de acuerdo en el significado de las
palabras, de convenir qué caza iban a buscar, tal vez se quedó como
costumbre hacer dibujos de las presas que esperaban cazar, tal vez llegaron a
imaginar que dibujar los animales era una forma mágica de atraerlos. Es
difícil saber cómo concebían el mundo estos primeros hombres.

A medida que el Homo sapiens fue cobrando conciencia de su existencia en el


mundo debió de percibir su debilidad e impotencia frente a la naturaleza:
había animales feroces a los que era mejor no enfrentarse salvo extrema
necesidad, otros, en cambio, podían ser dominados con habilidad. Por otra
parte, nada había que hacer contra las fuerzas del cielo, los rayos y los
truenos. Sin duda el Sol y la Luna debieron de intrigarle. Probablemente llegó
a la conclusión de que en el cielo habitaban seres muy poderosos y de humor
voluble, a los que era mejor tener contentos, pues ejercían gran influencia
sobre la tierra. En manos de estos seres estaba que hubiera o no buena caza,
que las mujeres tuvieran o no hijos... La imaginación del Homo sapiens ante
lo desconocido pudo ir por mil caminos diferentes, creando creencias de toda
índole, acompañadas de ritos y costumbres. Es difícil saber qué finalidad
concreta tendrían los objetos que hoy calificamos de "manifestaciones
artísticas". Se conocen estatuillas femeninasfabricadas desde hace
unos 27.000 años. A partir de aquí se van produciendo imágenes pictóricas,
bajorrelieves y esculturas cada vez más perfeccionadas.

Hace unos 25.000 años se extinguió el hombre de Neandertal, con lo que


el Homo sapiens pasó a ser la única especie humana sobre la Tierra y ya
podemos referirnos a él simplemente como "el hombre".Aparte de mínimas
diferenciaciones raciales, no se ha producido ninguna evolución fisiológica
importante desde entonces. La extraordinaria evolución del hombre ha sido
puramente cultural. Hace al menos 23.000 años el hombre pobló América por
primera vez. Accedió a ella desde Siberia, cruzando un estrecho de Bering
seco (el nivel del mar era inferior al actual a causa de la glaciación) o helado.
Así, el hombre no tardó mucho en poblar la práctica totalidad de la Tierra.
2.El origen de la civilización (20.000 años)

Hace unos 20.000 años, durante la cuarta y última glaciación de la era


cuaternaria, el hombre vagaba por la Tierra en busca de caza y recolectando
frutos allí donde los hallaba. Cuando un grupo humano llegaba a una zona rica
en caza o en vegetación comestible, establecían campamentos temporales
hasta agotar los recursos, pero algunos se encontraron con parajes
especialmente fértiles, hasta el punto de que se regeneraban antes de ser
agotados, de modo que poco a poco fueron surgiendo campamentos estables o
poblados dedicados a la caza y la recolección. Así fue cómo el hombre se
hizo sedentario.

Tal vez los ejemplos más antiguos


de este tipo de poblados (aunque
no muy numerosos al principio)
son una serie de asentamientos
escalonados en el tiempo en el
noreste de África, en el actual
Egipto, los primeros de los cuales
datan de hace 19.000 años. Al
parecer, sus habitantes recogían
anualmente cosechas
de cebada y trigo silvestres. Por
aquel entonces todo el norte de
África era una selva rica en fauna y
vegetación, pero pronto terminaría
el periodo glaciar y comenzaría un
proceso de desertificación que
originaría el desierto del Sahara.
No obstante, la zona noreste
continuó siendo fértil mucho tiempo gracias al río Nilo. Se trata del río más
largo del mundo, que nace en el lago Victoria, en el ecuador africano, y
transporta sus aguas hacia el norte hasta el Mediterráneo. De todos modos,
esto sólo se descubrió mucho más tarde. En la antigüedad, ningún hombre
"civilizado" sabía de dónde surgía el Nilo, pues una serie de cataratas
impedían seguir su curso río arriba a través de la selva.

Otra zona donde hay indicios tempranos de recolección de cereales es la costa


más oriental del Mediterráneo, lo que hoy es Palestina. Se han encontrado
restos de hace 15.000 años que demuestran que en esta región el hombre había
aprendido a moler el grano. Palestina formaba parte de una zona de
condiciones especialmente favorables, conocida como la media luna
fértil. Se trata de una región que, como indica su nombre, tiene forma
aproximada de media luna. Su parte este es lo que podríamos
llamar Canaán. La costa de Canaán recibe el nombre de Palestina al sur
y Fenicia al norte, si bien estos nombres están relacionados con pueblos que
habitarían la región posteriormente. La media luna fértil avanza hacia el este
por el llamado corredor sirio y luego desciende hacia el sur siguiendo el
curso de dos ríos que fluyen paralelamente: el Éufrates y el Tigris, que
finalmente se unen poco antes de desembocar en el Golfo Pérsico. En la
antigüedad el mar cubría una extensión mayor de terreno, de modo que el
Éufrates y el Tigris tenían desembocaduras separadas. La tierra comprendida
entre los dos ríos (y, por extensión, sus alrededores) se conoce
como Mesopotamia. Mesopotamia limita al este con los montes Zagros. Se
conocen restos de cazadores-recolectores que poblaron estos montes hace
casi 13.000 años.

La vida en poblados estables supuso un cambio cultural importante. Se abre


así una última fase del periodo paleolítico conocida como mesolítico. Los
casos que acabamos de comentar son sus primeras manifestaciones, si bien la
cultura mesolítica sólo empezó a ser representativa desde hace unos 12.000
años, es decir, desde el X milenio, momento en el que se considera que
empieza el último periodo de la era cuaternaria: el holoceno. De esta época se
conservan poblados palestinos con cabañas circulares semisubterráneas de
madera, adobe y piedra.

En el IX milenio terminó la cuarta glaciación. La cultura mesolítica se


extendió desde Palestina hasta Siria siguiendo la media luna fértil. Mientras el
noreste de África permaneció en estado mesolítico durante varios milenios, en
el Oriente Próximo se produjeron cambios relativamente rápidos. Los
hombres sedentarios tuvieron ocasión de estudiar más a fondo el
comportamiento de las plantas y los animales. Lentamente, descubrieron que
era posible retener y alimentar a algunos animales en lugar de matarlos, de
modo que se podía disponer de su carne cuando fuera más necesaria. Hay
indicios de que por esta época, en un asentamiento que más tarde sería la
ciudad de Jericó, ya se había domesticado el carnero. Poco a poco, los
hombres de la parte occidental de la media luna fértil se hicieron pastores y
agricultores.

Los que optaron por reunir animales y apacentarlos se encontraron con que
tenían que viajar de un sitio a otro en busca de pastos, lo que les llevó a
abandonar los poblados y convertirse en pueblos nómadas.Por el contrario,
los agricultores debían permanecer junto a sus tierras, las cuales requerían
toda clase de trabajos y cuidados. Formaron poblados más firmes y
numerosos, pues, por una parte, la tierra trabajada proporcionaba alimento
para más personas y, por otra, necesitaban defenderse de las fieras y de otros
pueblos nómadas que no tenían escrúpulos de llegar y llevarse sin esfuerzo el
fruto del trabajo ajeno.

Con la aparición de la agricultura y la ganadería entramos en la segunda etapa


de la Edad de Piedra: el neolítico. Las primeras manifestaciones neolíticas
propiamente dichas aparecen en Palestina a partir del año 8600. Por aquel
entonces, la Tierra debía de contar con alrededor de ocho millones de
habitantes. Los nuevos descubrimientos fueron divulgándose lentamente,
junto con otras innovaciones. En el año 8000 se descubrió la cerámica en el
Sahara y en Siria independientemente. Las vasijas de barro fueron prácticos
sustitutos de los pesados recipientes de piedra. No obstante, el labrado de la
piedra también se perfeccionó. De hecho, la denominación
paleolítico/neolítico marca el tránsito de la piedra tallada a la piedra
pulimentada, si bien, como ya
queda dicho, no es ésta la
diferencia más significativa entre
ambas culturas, sino la aparición de
la agricultura y la ganadería.

Hacia el 7500 se empezó a cultivar


el trigo en Jericó, y se
domesticaron el cerdo y la
cabra. Por esta época la agricultura
y la ganadería llegaron a la Alta
Mesopotamia (esto es, a su parte
norte, la más alejada del mar).
Palestina continuaba a la cabeza de
la civilización: Hacia el año 7000, las viejas cabañas circulares habían sido
sustituidas por casas de planta rectangular, subdivididas en habitaciones y con
las paredes y el suelo cubiertos de arcilla. Sus pobladores enterraban a los
difuntos bajo sus casas, pero antes les separaban el cráneo, lo cubrían de
arcilla y lo adornaban con pinturas. Esto indica un complejo ceremonial
religioso.

En general, las culturas agrícolas desarrollaron una religión más compleja y


sofisticada que los pueblos nómadas. Los nómadas llevaban una vida
relativamente cómoda. Se sentían capaces de dominar su entorno. Eran gente
ruda y fuerte. A menudo efectuaban provechosas incursiones en aldeas de
agricultores indefensos. Para sus pocas necesidades, desconocían lo que era la
escasez o falta de recursos. Las únicas cosas que no podían controlar eran las
tormentas, las enfermedades y tal vez los enfrentamientos con otros pueblos
nómadas. Por ello sus religiones se limitaban a algún "dios de las tormentas" o
"del trueno" o "del rayo", a quien implorar clemencia en las tempestades, o
quizá a un "dios de la guerra" a quien encomendarse y pedir protección antes
de un enfrentamiento. Por el contrario, los agricultores estaban rodeados de
eventos que escapaban a su control. Su nivel de vida dependía de que lloviera
en el momento oportuno, de que no hubiera tormentas devastadoras, de que
las cosechas fueran buenas, de que los ríos trajesen agua suficiente pero no
excesiva, etc. Conocían las diferentes estaciones del año y las vinculaban con
los cambios de posición del Sol y las estrellas en la bóveda celeste. Así, el
agricultor aprendió a rezar ante la adversidad. La superstición se extendió
rápidamente entre los pueblos agrícolas, y surgieron toda clase de ritos para
mantener propicios a los dioses de la lluvia y de los ríos, y al Sol, etc. En
torno a estas creencias no tardan en surgir sacerdotes especializados en velar
por que los dioses estuvieran satisfechos con el pueblo. Los sacerdotes tienen
fama de sabios y a menudo son objeto de innumerables preguntas de todo tipo,
para las que siempre tienen alguna respuesta basada en historias sobre tal o
cual dios. Así, cada pueblo fue creando su mitología, más o menos rica según
la imaginación de sus gentes, y en consonancia con el grado de sofisticación
de cada sociedad.

Durante el VII milenio la densidad de población en la media luna fértil


aumentó notablemente. Se domesticó al buey. En Siria se exploraron muchas
innovaciones, como la fabricación de recipientes de cal, aunque estas técnicas
no tuvieron continuidad. La agricultura se extendió por la península de
Anatolia (Turquía). Hacia el año 6500 encontramos una agrupación de
pueblos de cerca de 6.000 habitantes, con casas y santuarios de ladrillo crudo
y frescos de divinidades femeninas y toros. A finales del milenio aprendieron
a fundir el cobre para fabricar adornos, puntas de lanza y objetos diversos,
pero el metal era escaso y el descubrimiento no tuvo muchas repercusiones.
Por esta época empieza a aparecer también la agricultura en algunas zonas del
actual México.

Al comienzo del VI milenio las técnicas agrícolas se habían perfeccionado


notablemente en la zona occidental de la media luna fértil. Se inventó
la hoz, la azada, etc. La cerámica se extendió desde Siria por ambos
"cuernos" de la media luna. El Éufrates y el Tigris suministraban excesiva
agua en primavera y poca el resto del año, por lo que en su entorno se
formaron grandes aldeas de obreros que construyeron presas y canales para
almacenar y distribuir el agua. Se ocupó la baja Mesopotamia, que había
quedado despoblada desde la glaciación.

Los agricultores
podían cosechar más
de lo que necesitaban
consumir, lo que
propició que algunos
hombres optaran por
especializarse en
producir otro tipo de
bienes que canjear a
los agricultores por
sus sobrantes. Así, tras
la cerámica surgió la
cestería y luego la
elaboración de tejidos. Se formó una importante aldea en donde después
estaría la ciudad de Ur. Allí surgió una comunidad de comerciantes que
llegaron a recorrer por mar las costas de Arabia. Su emplazamiento está
actualmente lejos del mar, pero entonces la costa llegaba hasta sus
inmediaciones. Hay constancia de que durante un cierto periodo la aldea fue
completamente inundada por el mar. Es posible que este suceso fuera el
origen de una leyenda que pervivió durante milenios en la zona sobre
un "diluvio universal", que supuestamente había inundado la totalidad de la
Tierra. El mapa muestra otras aldeas fundadas en esta época que con el tiempo
se convertirían en ciudades importantes. Al norte de la media luna fértil, cerca
del nacimiento del Tigris, se fundó Nínive, que miles de años después sería la
capital de un poderoso imperio.

Mientras tanto, la vida en Anatolia debió de ser especialmente difícil. El único


avance cultural durante el sexto milenio fue la construcción de fortalezas,
signo de que sus habitantes sufrían frecuentes incursiones de pueblos nómadas
vecinos. En Egipto las condiciones eran más propicias que las de
Mesopotamia o Canaán, por lo que la región permaneció ajena a los avances
de estas regiones y continuó en su tradición mesolítica de caza y recolección
durante todo el milenio. Por el contrario, la cultura neolítica se extendió desde
el oriente próximo hacia Europa. Hacia el año 6000 aparecen las primeras
comunidades agrícolas en el sureste de Europa y a lo largo del milenio se
extendieron a lo largo de la costa mediterránea. Así mismo apareció la
agricultura alrededor del valle del Indo (en el actual Pakistán).

A lo largo del V milenio la cultura neolítica se expandió y consolidó por


Europa, Asia y África. La prosperidad fue tal, que en este periodo la población
mundial pasó de unos 10 millones de habitantes hasta casi 50 millones. En
Europa y África central surge la cultura megalítica, caracterizada por la
construcción de grandes monumentos de piedra: a veces simples piedras
levantadas a modo de columnas, a veces alineadas según ciertos patrones,
otros en forma de enormes losas horizontales apoyadas sobre otras dos
verticales, etc. Naturalmente, estas construcciones debían de estar asociadas a
nuevos rituales y creencias más o menos sofisticadas, típicos de la cultura
neolítica. En Grecia se desarrolló la navegación por el Egeo, que llegó hasta la
isla de Creta. En Asia la agricultura continuó extendiéndose lentamente por el
valle del Indo.

En América el progreso fue ligeramente más lento: en algunas zonas de


México y Perú hubo pueblos de cazadores-recolectores que empezaron a
llevar una vida sedentaria. Domesticaron animales e inventaron la cerámica.
Los cultivos eran muy variados, pero la agricultura les proporcionaba sólo una
pequeña parte de sus recursos. También aprendieron a tejer fibras vegetales.

En China se formaron asentamientos mesolíticos a lo largo del río


Amarillo (Huang He), donde finalmente se aprendió a cultivar el arroz. En el
Baikal se originó un complejo de culturas nómadas que se extendieron y
diversificaron por Siberia y Asia central. Su influencia llegó hasta China. Al
oeste de los montes Urales surgió una cultura de pastores nómadas, entre el
mar Caspio y el mar Negro. Sus integrantes hablaban una lengua común,
conocida como Indoeuropeo. La península arábiga y el norte de África fue
poblada por otro grupo humano que también hablaba una misma lengua,
conocida como Afroasiático o Camitosemítico. No obstante, el desierto del
Sinaí supuso una separación permanente entre Arabia y África, por lo que las
variantes dialectales del Afroasiático de Arabia formaron pronto un grupo de
lenguas bien diferenciadas de las africanas, conocidas como
lenguas semíticas. Las tribus de Arabia se hicieron ganaderas, mientras que
las del norte de África continuaron viviendo durante mucho más tiempo de la
caza y la recolección, pues el territorio era mucho más fértil.

Los mayores avances se produjeron en la Baja Mesopotamia, esto es, la parte


más cercana a la desembocadura del Éufrates y el Tigris. El sistema de canales
que habían ideado en la parte alta de la región llegó hasta el sur, lo que
permitió aprovechar plenamente las posibilidades que ofrecían los ríos, dando
origen a una agricultura de irrigación que convirtió la zona en la más fértil y
próspera de la época. Además de la agricultura, florecieron el comercio y la
alfarería. Los mercaderes inventaron un antecedente de la escritura: el
sello. Los recipientes de barro se marcaban con sellos planos que imprimían
un relieve distintivo de su propietario o de su contenido. A finales del milenio
algunas ciudades llegaron a contar con 10.000 habitantes.

Hasta entonces, las aldeas pequeñas tenían una estructura tribal, formadas por
unas pocas familias que obedecían a algún patriarca, pero las grandes ciudades
requerían una organización que no descansara en vínculos familiares. Así, las
ciudades mesopotámicas se fueron convirtiendo en ciudades-estado. Cada
ciudad dominaba y cultivaba las tierras de su entorno y era gobernada por un
rey. La administración corría a cargo de los sacerdotes. Éstos ejercían de
tesoreros y recaudadores de impuestos y, en la medida en que su autoridad
residía en su papel de intermediarios con los dioses, la religión se fue
sofisticando más y más. El templo era el centro de cada ciudad. Además de la
clase sacerdotal, surgió una aristocracia y una burguesía que originó una
demanda de adornos, tejidos y obras de arte. El modo de vida de la Baja
Mesopotamia fue imitado rápidamente por el resto de la media luna fértil, que
mantuvo una cultura similar.

En la península del Sinaí se descubrió la fundición del cobre, y el sistema se


extendió rápidamente tanto hacia Mesopotamia como hacia Egipto. En torno
al 4500 el sur de Canaán fue invadido por un pueblo que conocía la fundición
del cobre. Por la misma época aparecen los primeros poblados neolíticos en
Egipto, junto al lago Moeris, algo al oeste del curso del Nilo. Las
inmediaciones del Nilo hubieran requerido un sistema de canales similar al de
Mesopotamia para ser aprovechadas adecuadamente, por lo que las zonas
cercanas (pero prudencialmente alejadas de las súbitas crecidas del río) eran
más adecuadas para una población que acababa de descubrir la agricultura y la
ganadería.

La metalurgia del cobre prosperó en Irán, que importaba el mineral de la India


y lo exportaba manufacturado a Mesopotamia, junto con oro, plata y piedras
preciosas. El cobre fue especialmente útil en Mesopotamia. El oro y la plata
son blandos, y sólo servían para confeccionar adornos. El cobre, en cambio, es
más duro y servía para fabricar armas más efectivas que las de piedra, armas
con que repeler las incursiones de los nómadas, que se hacían más frecuentes
cuanto más prosperaba el valle. Por una parte estaban los rudos pastores que
habitaban en los montes Zagros, al este, y por otra los habitantes del desierto
arábigo al suroeste. Las ciudades-estado se fortificaron, como ya habían hecho
tiempo atrás las de Anatolia. Egipto, en cambio, estaba rodeado por el mar, el
desierto y las cataratas del Nilo, así que vivió mucho más tranquilamente que
Mesopotamia durante mucho tiempo.

Hacia el año 4000 la Baja Mesopotamia no pudo resistir por más tiempo la
presión de los pastores, que invadieron la región desde los montes Zagros y se
asentaron en ella, sumiéndola en una profunda crisis.
3.Los sumerios (4000)

Con la invasión del 4000, la Baja Mesopotamia pasó por varios siglos de
desorden y decadencia, pero los invasores terminaron por asimilar la cultura
de la región que habían conquistado y se esforzaron por alcanzar el nivel de
vida anterior. Surgió así una nueva civilización, conocida como Sumer. Los
sumerios dominaron la Baja Mesopotamia durante todo el cuarto milenio y se
vieron obligados a defenderla de las incursiones de los pueblos vecinos, que la
hostigaban como ellos la habían hostigado durante el milenio anterior.

Naturalmente, los sumerios trajeron consigo sus propios dioses, que pronto se
combinaron con los de los pueblos conquistados. El panteón resultante tenía
tres dioses destacados: Anu era el dios del cielo, y tenía su santuario más
importante en la ciudad de Uruk, Enlil era el dios de la tierra y su santuario
principal estaba en Nippur, mientras que Ea era el dios de los ríos y era
especialmente adorado en Eridu.Probablemente los dos últimos eran dioses
previos a la invasión, pues la tierra y los ríos son preocupaciones típicas de los
agricultores, mientras que Anu sería el dios principal que trajeron los
sumerios, un dios de pastores. Por supuesto, cada ciudad adoraba también a
otros dioses menores.

Como cabía imaginar, el dios más importante resultó ser Anu. Esto queda
reflejado en el mito de la creación: al principio de los tiempos, el mundo era
un caos dominado por Tiamat, diosa del mar (el mar era signo de caos y
destrucción para un pueblo que no tenía ningún conocimiento de navegación).
Fue Anu quien la derrotó y con su cuerpo creó el Universo. Esta victoria era la
que le otorgaba la preeminencia sobre los otros dioses.

La forma habitual que tienen los pastores de contentar a sus dioses celestes es
quemar animales sacrificados, haciéndoles llegar así el agradable humo
perfumado. Tal vez los sumerios sintieron que al mudarse de las montañas al
valle se habían alejado de sus dioses, por lo que solían escoger lugares
elevados para hacer sus sacrificios y erigir sus templos. No obstante, las
principales capitales sumerias estaban en lugares bajos, de modo que se
originó la costumbre de crear grandes plataformas elevadas sobre las cuales
realizar los sacrificios, para que éstos pudieran ser mejor contemplados por los
dioses. Con el tiempo se fueron construyendo plataformas menores sobre otras
mayores y así en el último cuarto del milenio los sumerios llegaron a construir
imponentes pirámides escalonadas llamadas Zigurats. Hoy en día no se
conserva ninguno íntegro debido a que estaban hechos de ladrillos de barro.
La religión sumeria fue sofisticándose en concordancia con su nueva cultura
agrícola, pero nunca perdió su orientación hacia el cielo. Los sacerdotes
sumerios se convirtieron en los primeros astrónomos. Desde los Zigurats
observaban las estrellas y las llegaron a conocer bien. Descubrieron cómo el
Sol se desplaza durante el año por la banda del zodíaco. Fueron ellos quienes
dividieron esta banda en doce partes y crearon mitos alrededor de cada signo
zodiacal.

El número doce no es casual: los sumerios (y tal vez también sus antecesores)
contaban señalando con el pulgar las doce falanges de los otros cuatro dedos
de la mano, y marcaban los múltiplos de doce con los cinco dedos de la otra,
de modo que el mayor número que podían contar con los dedos era 60. Por
ello dividieron el zodíaco en 12 signos, y el año en 12 meses y el día en dos
grupos de 12 horas, y cada hora en 60 minutos.

Mientras tanto Egipto iba organizándose. La cultura neolítica propició el


típico desarrollo de la religión y el surgimiento de una poderosa clase
sacerdotal. Los primeros dioses los debieron de modelar los cazadores, que los
vinculaban a ciertos animales, de tal suerte que adorando al dios adecuado se
podía esperar una buena caza del animal deseado. Así, había dioses con
cabeza de halcón, de chacal, de hipopótamo, etc. Con la agricultura
aparecieron nuevos dioses, el más importante de los cuales fue Ra, el dios del
sol, al que vinculaban con el cambio estacional, las crecidas del Nilo, etc. Los
egipcios contaban que fue el dios Osiris quien les enseñó las artes agrícolas.
Osiris era, pues, un dios de la vegetación. Se le representaba con forma
humana. Fue asesinado y descuartizado por su hermano Set, pero su
esposa Isis recogió los pedazos y lo devolvió a la vida. No obstante, uno de
los fragmentos se perdió, y Osiris no quiso permanecer así entre los hombres,
sino que descendió al mundo subterráneo, donde reinaba desde entonces sobre
las almas de los muertos. Isis y Osiris habían tenido un
hijo, Horus, representado con cabeza de halcón (lo que hace pensar en un
mito del tiempo de los cazadores que pervivió en las leyendas de los
agricultores). Horus vengó la muerte de su padre matando a Set.

Posiblemente, los egipcios fueron el primer pueblo que desarrolló una teoría
sofisticada sobre la vida después de la muerte. La supervivencia a la muerte
no era automática, sino que dependía de ciertos ritos que controlaban los
sacerdotes. Es probable que estas creencias fueran expresamente desarrolladas
por los sacerdotes para conseguir la sumisión del pueblo a su autoridad. Y en
verdad que no pudieron tener más éxito. La supervivencia a la muerte debió
de ser durante cientos de años casi una obsesión para los egipcios de todas las
clases sociales, que nunca en su historia abandonaron una incondicional
sumisión a la autoridad religiosa.

Hacia el año 3500 empiezan a aparecer casas semisubterráneas en México.

Los sumerios descubrieron cómo extraer cobre de ciertas rocas, con lo que el
uso de este metal se generalizó y permitió a los sumerios construir armas
mejores con que defenderse de los pueblos nómadas. También inventaron
el carro con ruedas, tirado por un asno. En Uruk se inventó el sello
cilíndrico, un pequeño rodillo de piedra con un relieve que se marcaba
repetitivamente en la arcilla al hacerlo rodar sobre ella. Los mercaderes
usaban estos sellos a modo de marca de sus productos. Con el tiempo
adquirieron la costumbre de marcar los recipientes de barro con señales que
representaran la naturaleza o cantidad de su contenido. Pronto descubrieron
que no necesitaban hacer las marcas sobre los propios recipientes, sino que
marcando tablillas de arcilla podían guardarse registros de existencias, etc. Al
principio cada mercader usaría sus propios convenios, pero hacia el 3400 ya
estaba extendido un mismo código común.

Por aquel entonces los reinos egipcios del delta del Nilo (el Bajo Egipto) se
unificaron bajo la monarquía de Buto, cuyos reyes ostentaban la corona
roja, mientras que el resto del territorio (el Alto Egipto) estaba gobernado por
los reyes de Hieracómpolis, que ostentaban la corona blanca. No parece que
estas unificaciones se produjeran violentamente, sino más bien por medios
políticos. Egipto nunca había sufrido amenazas externas, por lo que carecía de
ejércitos.

La actividad comercial de Canaán fue en aumento. Hacia el año 3300 se fundó


la ciudad de Biblos, que pronto empezaría a comerciar por mar con Egipto y
las islas del Mediterráneo. Probablemente fue a través de comerciantes
cananeos cómo Egipto fue conociendo los avances culturales que se estaban
produciendo en la media luna fértil.

Hacia el 3200 el rey Nármer de


Hieracómpolis unificó el Alto y
el Bajo Egipto en un único reino
y ciñó las dos coronas. Él y sus
descendientes (la I dinastía de
reyes de Egipto) consolidaron el
poder real y la unidad del país
difundiendo la idea de que el rey
era un dios dueño de todo el
valle del Nilo. Nármer
estableció la capital del reino
en Tinis, de donde al parecer era
originario, si bien construyó la
ciudad de Menfis en la frontera
entre el Alto y el Bajo Egipto,
tal vez con la intención de
convertirla en capital si el Bajo
Egipto recelaba de ser gobernado desde el Alto Egipto, cosa que no llegó a
suceder.
Bajo la primera dinastía los egipcios construyeron canales con que regar las
zonas del valle más alejadas del Nilo. Surgieron trabajadores especializados,
se idearon barcas con que transportar materiales por el río, se fomentó la
agricultura y la ganadería, etc. Indudablemente todo esto es una clara huella
de la influencia cananea-mesopotámica.

Los sacerdotes sumerios aprovecharon el código de signos que habían


elaborado los mercaderes y lo extendieron para reflejar ideas abstractas. Hacia
el 3100 los sumerios disponían de una auténtica escritura. Escribían sobre
tablas de arcilla mediante un punzón que producía marcas en forma de cuña.
Cada palabra se representaba con un signo que, si bien en un principio podía
haber sido un esquema de su significado, la práctica lo había reducido a una
agrupación de cuñas puramente convencional. Este tipo de escritura se conoce
como escritura cuneiforme. La escritura era entonces una técnica muy
compleja, pues los sumerios tenían un signo para cada palabra, lo que suponía
un inventario enorme de signos que sólo los sacerdotes dominaban. Esto
proporcionó mucho poder a la clase sacerdotal.

Así, el sumerio es la lengua más antigua de la que tenemos constancia escrita.


Es una lengua completamente diferente a todas las que se conocen hoy en día:
sus palabras son monosilábicas y las oraciones se forman aglutinando
palabras, de modo que muchas de ellas actúan como prefijos y sufijos de
otras.

Mientras tanto, el resto de la media luna fértil se alimentaba de la cultura


sumeria. Al este de la Baja Mesopotamia, al sur de los montes Zagros, en el
actual Irán, se formó un pueblo conocido como Elam, que prosperó con el
control del comercio entre Irán y Mesopotamia. Los elamitas adoptaron la
cultura sumeria, pero conservaron su propia lengua, que subsistió hasta el
siglo XI d.C.
El resto del mundo continuaba su lenta evolución neolítica. Hacia
el 4000 había surgido una nueva comunidad agrícola en China en el
bajo Yang-Tse Kiang, probablemente por influencia de la civilización del río
Amarillo. En el valle del Indo la civilización se perfeccionó sensiblemente a
lo largo del milenio: se construyeron ciudades de ladrillo, empezó a usarse el
cobre y se inició el comercio con Mesopotamia. En Europa el neolítico estaba
ya muy extendido. No hay muchos datos, pero parece ser que la Europa
neolítica "típica" estaba formada por sociedades agrícolas sedentarias, poco
belicosas, matriarcales, que tendían a formar pueblos y ciudades relativamente
numerosos. Por el contrario, los pueblos indoeuropeos, que habitaban el oeste
asiático, formaban sociedades eminentemente pastoriles, de carácter patriarcal
y espíritu guerrero. Habitaban en pequeños poblados con casas
semisubterráneas.
4.La Edad del Bronce (3000)

Hacia el año 3000 una nueva oleada de nómadas invadió la media luna fértil,
tal y como había sucedido mil años antes con los sumerios. Esta vez no
provenían de las montañas del este, sino que eran pueblos semitas de Arabia.
Probablemente, las condiciones de vida debieron de volverse más arduas, o
debió de haber un exceso de población, o algún conflicto tribal. Fuera como
fuera, varias de estas tribus se lanzaron hacia el norte con un ímpetu inusitado,
fenómeno que se iba a repetir varias veces en la historia.

Los sumerios consiguieron mantener a los semitas alejados de sus ciudades


principales, a lo largo del Éufrates inferior, pero perdieron muchas ciudades
en la Alta Mesopotamia, como Mari, que había sido fundada recientemente.
Otros grupos de semitas se asentaron en la costa norte de Canaán y a lo largo
de Siria. Al igual que había sucedido con la ocupación sumeria, los territorios
conquistados entraron en un periodo de decadencia del que tardarían siglos en
recuperarse. La zona que se recuperó más rápidamente fue la costa norte de
Canaán, cuyos nuevos habitantes se dedicaron pronto al comercio por mar, y
son los que hoy conocemos como Fenicios. Es probable que la crisis moviera
a algunos cananeos a abandonar su patria. Quizá algunos marcharon a la isla
de Creta, lo que explicaría que por estas fechas empezó a usar el cobre y a
construir buenos barcos con los que inició unas relaciones comerciales con
Egipto y Canaán.
Por su parte, los sumerios seguían progresando. El tercer milenio se inició con
un descubrimiento crucial: la posibilidad de mezclar el cobre con el estaño
para fabricar bronce. El cobre es un metal bastante blando, y el estaño mucho
más, pero la mezcla de ambos en una proporción adecuada produce una
aleación mucho más fuerte que los dos ingredientes. Esto permitió fabricar
armas mucho más efectivas que las anteriores. Con ello, los sumerios tuvieron
la posibilidad de imponerse definitivamente sobre los pueblos bárbaros que les
amenazaban, pero las ciudades-estado prefirieron emplear las nuevas armas
para enfrentarse las unas a las otras y formaron ejércitos cada vez mejor
organizados. Los comerciantes elaboraron un complejo sistema de pesos y
medidas. Incluso se estableció una especie de servicio postal.

Egipto siguió recibiendo y asimilando los conocimientos sumerios. Poco


después del 3000 había adaptado su sistema de escritura. En lugar de escribir
sobre tablillas de arcilla los egipcios usaron un soporte más sofisticado: de
unas cañas que crecían en abundancia a orillas del Nilo extraían unas fibras
que entretejían en varias capas, las empapaban en agua, las prensaban y con
ello obtenían unas láminas llamadas papiros, en las que era muy fácil escribir
con tinta. La escritura sobre papiro era mucho más cómoda que sobre arcilla,
por lo que los signos egipcios no se volvieron esquemáticos, como los
sumerios. Al contrario, representaban figuras muy claras, como águilas, ojos,
etc. Eso sí, seguían el principio sumerio de que a cada palabra le correspondía
un signo, con toda la complejidad y elitismo que ello conlleva. La escritura
egipcia se conoce como escritura jeroglífica. Indudablemente la escritura
resultó indispensable para la organización del estado egipcio.

Los reyes egipcios desarrollaron una ostentación y un lujo inusitados hasta


entonces. En parte era necesario: cuanto más lujosa era la monarquía más
convencido quedaba el pueblo de su naturaleza divina y más fervorosa era su
devoción. Esto se plasmó en su preocupación por la vida de ultratumba: Tras
la muerte, el alma realizaba un viaje hasta la gran Sala del Juicio. Si llegaba
sana y salva (lo cual podía lograrse con los rezos y ritos adecuados), su vida
era juzgada y si resultaba absuelta de todo mal ganaba la gloria eterna junto a
Osiris. Al parecer, para lograr la vida eterna era necesaria la conservación del
cadáver, por lo que los egipcios desarrollaron una sofisticada técnica de
momificación para conservar los cadáveres incorruptos durante un largo
periodo de tiempo. Los ataúdes, o sarcófagos, se depositaban en unas
construcciones oblongas de ladrillo llamadas mastabas. Se incluían estatuas
del difunto y las paredes se decoraban con escenas de su vida (quizá para
abogar por sus virtudes). La idea de la vida después de la muerte se entendía
en un sentido muy literal, pues también se depositaban alimentos y bebidas,
así como las riquezas del difunto. Los entierros reales debieron de ser
ceremonias fastuosas. Muchas tumbas de reyes de las dos primeras dinastías
se encuentran en Menfis, pese a que la capital oficial era Tinis. Esto puede
significar que algunos monarcas gobernaron en la práctica desde Menfis, o tal
vez que era más conveniente celebrar el espectáculo en un lugar al que podían
acudir fácilmente los habitantes del Alto y el Bajo Egipto. Pronto los
cortesanos influyentes consideraron que también ellos debían "disfrutar" de
esta clase de rituales, y exigieron ser momificados. Debió de establecerse una
cierta competencia en quién tenía la tumba más fastuosa y con más tesoros.
Esto hizo surgir la figura del ladrón de tumbas, que conseguía fácilmente
grandes tesoros de oro y plata expoliando tumbas, pese a que con ello
horrorizaba a sus devotos paisanos. Se promulgaron leyes contra ellos, se les
amenazó con la venganza divina, se trató de esconder bien las tumbas y de
sellar sus entradas, pero pocas de ellas han llegado intactas a nuestros días.

El desierto aumentaba paulatinamente su extensión. El lago Moeris, centro de


riqueza de una importante región de Egipto, amenazaba con secarse. Los
egipcios construyeron un sistema de canales que lo conectaba con el Nilo, una
imponente obra de ingeniería gracias a la cual la zona conservó su prosperidad
de antaño. Los problemas de reparto de tierras hicieron prosperar la geometría
(cuando el Nilo se desbordaba, las divisiones se borraban y había que
restablecerlas), el comerció fomentó la aritmética, el afán por predecir los
desbordamientos anuales del Nilo llevó al estudio de la astronomía. Hacia el
año 2800 los egipcios adoptaron un calendario de 365 días, que mejoraba al
sumerio, que constaba tan sólo de 12 meses de 30 días (360 en total).

Por aquel entonces, la ciudad sumeria más poderosa era Kish, que había sido
fundada a finales del cuarto milenio. Su preeminencia no debió de durar más
que unas décadas y pronto fue reemplazada por Uruk, pero su efímera
grandeza dejó una gran huella, pues los reyes sumerios posteriores se
llamaban a sí mismos "reyes de Kish", pese a que no reinaban en esa ciudad.
De entre los reyes de Uruk, el más famoso fue Gilgamesh, quinto rey de la I
dinastía de Uruk, que reinó hacia el año 2700. Mientras tanto, la ciudad de
Kish fue absorbida por los semitas. La cercana Nippur, en cambio, siguió
siendo sumeria, pues, aunque había perdido su importancia política, continuó
siendo un centro religioso que aunaba a los sumerios en el culto al dios Enlil.

Hacia el 2680 se produjo un segundo cambio dinástico en Egipto (del primer


cambio que dio origen a la II dinastia sabemos poco más que el hecho de que
se produjo). El primer rey de la III dinastía fue Zoser, quien estableció
definitivamente la capital en Menfis, confirmando una tendencia ya marcada
por las dinastías anteriores. Con Zoser termina un primer periodo de la
historia egipcia conocido como periodo arcaico y comienza el
llamado Imperio Antiguo. La nueva dinastía llevó el lujo de la casa real hasta
extremos nunca vistos. Tal vez los nuevos reyes temían que el pueblo recelara
del cambio de dinastía, por lo que se vieron en la necesidad de confirmar su
naturaleza divina mediante una ostentación inusitada. Entre los consejeros de
Zoser se encontraba Imhotep, al que podemos considerar como el primer
científico conocido en la historia. Con el tiempo se crearon muchas leyendas
en torno a él. Se dijo que era un médico casi milagroso, se dijo que fue capaz
de predecir un gran periodo de sequía, lo que permitió almacenar reservas de
trigo que salvaron al pueblo del hambre. Al margen de lo que estas leyendas
puedan tener de verdad, Imhotep fue el primer arquitecto del que tenemos
constancia. Construyó la tumba de Zoser, que era de piedra y no de ladrillo.
En un principio tenía 63 metros de lado y 8 de altura, pero a Zoser no le debió
de parecer suficientemente grandiosa, por lo que Imhotep la amplió hasta que
la base midió 121 x 109 metros, luego construyó otra menor sobre la primera,
y luego otra, hasta llegar a seis pisos con una altura total de unos 60 metros. El
monumento tenía otras estructuras auxiliares a su alrededor, y el conjunto
estaba rodeado por un muro de unos 550 por 275 metros. Aunque bastante
deteriorada, la mastaba de Zoser subsiste en nuestros días. Se terminó sobre
el 2650, por lo que tiene casi 5.000 años.

Las ciudades sumerias disminuyeron en número, pero las restantes


aumentaron de tamaño. Por estas fechas, la ciudad de Ur alcanzó la
supremacía en Sumer, a expensas de Uruk. Los reyes y reinas de Ur fueron
enterrados en tumbas monumentales, acompañados de tesoros y siervos. Los
sumerios fundaron la ciudad de Assur en la Alta Mesopotamia, junto al
Tigris, que prosperó rápidamente.

Mientras tanto Egipto empezó a explotar zonas vecinas: extraía cobre del
Sinaí e importaba toda suerte de productos de Nubia, la región situada al sur:
trigo, ganado, marfil, ébano, plumas de avestruz, pieles de leopardo y de
pantera, etc.

Hacia el 2614 se instauró en Egipto la IV dinastía. Su primer rey


fue Snefru que, movido de la aparente necesidad de ostentación que
acompañaba a cada cambio de dinastía, decidió construir una mastaba que
superase a la de Zoser. La suya tenía ocho pisos, pero Snefru mandó rellenar
los escalones de cada piso para que las caras presentaran una figura triangular
uniforme. Después cubrió toda la estructura con piedra caliza blanca y
brillante. El resultado fue una impresionante pirámide sin comparación con
ningún monumento anterior. Después empezó a construir otra pirámide sin
pisos, en la que la sección disminuía paulatinamente a un ritmo constante. Sin
embargo, a partir de cierta altura se aumentó significativamente la inclinación.
Parece ser que tuvo que variar el ángulo porque los cimientos no resistían y
aparecieron grietas. Además parece que hubo un accidente laboral en el que se
perdieron muchas vidas, y la construcción fue abandonada. Luego hizo otro
ensayo que sí que concluyó, también variando la inclinación para disminuir el
peso y aumentar la estabilidad. Aparecieron grietas que no aseguraban que
fuera a durar muchos años, de modo que la pirámide fue usada como sepulcro
falso, en un intento de engañar a los posibles saqueadores de tumbas. En un
tercer intento consiguió ya una pirámide estable, siempre con la punta más
inclinada.
Por otra parte, Snefru organizó un ejército que afianzara la dominación de
Egipto sobre las regiones vecinas, especialmente Nubia y el Sinaí. Creó la
figura del visir o primer ministro, a cuyo cargo dejó el ejército y un cuerpo de
policía. Se rodeó también de una corte de altos funcionarios. Por esta época
los sacerdotes de Ra empezaron a ganar influencia. Ra era el dios principal de
la ciudad de Heliópolis, un poco al norte de Menfis, en el Bajo Egipto. En
cambio, el dios principal de Menfis era Ptah, que para los egipcios era el
creador del mundo. Sin embargo, los sacerdotes de Ra consiguieron
convertirlo en el dios principal del panteón egipcio. Snefru fue declarado hijo
de Ra, título que ostentarían también sus sucesores, ratificando así su
naturaleza divina, pero, a su vez, vinculando precisamente a Ra con la
divinidad del Rey.

Snefru envió barcos a Fenicia. Su contacto principal fue Biblos, de donde


importaba entre otras cosas resinas y metales. Otro producto de la zona muy
cotizado fue la madera. Los cedros del Líbano gozaron de un gran prestigio
en el mundo antiguo. Los egipcios no eran grandes marineros. Sus barcos, que
hasta entonces sólo habían recorrido las tranquilas aguas del Nilo, bordeaban
cautelosamente la costa mediterránea hasta Fenicia y volvían por el mismo
camino. Snefru también envió expediciones por el mar Rojo, que llegaron a
Arabia y Somalia, de donde traían incienso, resinas y lapislázuli. La isla de
Chipre se convirtió en un importante suministrador de cobre. Por estas fechas
la isla de Creta entró en la Edad del Bronce. Surgió una nueva civilización
conocida como cultura minoica (en una primera etapa conocida como
periodo minoico antiguo) que también mantuvo estrechas relaciones
comerciales con Egipto.
El sucesor de Snefru fue Jufu, más conocido por la versión griega de su
nombre: Keops. Jufu construyó la mayor de todas las pirámides. Fue
emplazada cerca de la ciudad de Giza. La obra se terminó hacia el 2580. La
base era cuadrada, de unos 227 metros de lado y su altura era de 147 metros.
Estaba formada por más de dos millones de bloques de piedra, la mayoría de
los cuales pesaban más de dos toneladas. Estos bloques de granito se extraían
de las canteras del sur, junto a la primera catarata del Nilo, y se transportaron
en barcos por el río. Los egipcios afirmaban que se construyó en 20 años y
que en ella trabajaron 100.000 hombres.

Jufu fue sucedido por su hijo mayor Jafre (o Kefrén) y luego por su hijo
menor Menkure (o Micerino). Ambos construyeron pirámides monumentales
junto a la de su padre, aunque un poco menores. La de Jafre se terminó hacia
el 2530, y la de su hermano hacia el 2510. Las tres pirámides formaban un
mismo complejo arquitectónico: cada una de ellas estaba rodeada de mastabas
menores, destinadas a otros miembros de la familia real o de la corte, había
templos, estatuas y otros monumentos. Tal vez el más famoso sea
la Esfinge, una gigantesca figura con cuerpo de león y cabeza humana que los
griegos pensaron que era de mujer, pero al parecer es una imagen de Jafre.
5.Los acadios (2500)

La segunda mitad del tercer milenio fue una época de grandes cambios. Los
pueblos indoeuropeos del oeste de Asia se desplazaron hacia el sur. Una tribu
de grecohablantes ocupó el noreste de los Balcanes. Por aquel entonces los
indoeuropeos ya conocían la agricultura, si bien se decantaban más por la
ganadería. Sus armas eran de piedra, pues no conocían la metalurgia. En el sur
de Grecia, la población nativa (no indoeuropea) hacía tiempo que comerciaba
con el bronce, que obtenía principalmente de Chipre. Los pueblos semitas que
habían invadido Mesopotamia cinco siglos antes empezaron a salir de su
"edad oscura". La ciudad de Mari desarrolló una cultura mixta que conservaba
su lengua semítica, pero, por ejemplo, adoraba a los dioses sumerios.

En Perú aparecen las primeras casas semisubterráneas, mayoritariamente en


zonas costeras o junto a cauces de ríos, pues sus habitantes eran
principalmente pescadores.

En Egipto se instauraba la V dinastía, que reinó desde el 2500 hasta


el 2430, cuando se instauró (obviamente) la VI dinastía. Al parecer, el
monarca que sucedió a Menkure fue un sacerdote de Ra, lo que culminaba el
ascenso político de este cuerpo sacerdotal. La construcción de pirámides entró
en decadencia. Probablemente los egipcios decidieron invertir sus esfuerzos
en cosas más útiles, como el refuerzo de sus ejércitos.

Mientras tanto, alrededor del 2425, los elamitas se unieron por primera vez
bajo la dinastía de Awan. Siglos después pervivió una tradición según la cual
esta ciudad había dominado Mesopotamia antes de la llegada de los sumerios.
Puede ser cierto y puede ser que la leyenda se creara a partir de este periodo
de esplendor. Por esta época, los elamitas ya habían adaptado la escritura
sumeria a su propia lengua.

Hacia el 2400 en Sumer destacó Eannatum, rey de la ciudad de Lagash, que


al parecer derrotó a los ejércitos unidos de Uruk y de Ur. Como
conmemoración de sus victorias, Eannatum erigió una serie de columnas de
piedra o estelas con inscripciones e imágenes. La más famosa es la Estela de
los buitres, en la que se ve una formación de soldados con cascos y lanzas
avanzando sobre los cadáveres de los enemigos devorados por perros y
buitres. Según las inscripciones, el ejército vencido era el de la ciudad
de Umma, que provocó la guerra al quitar ciertas piedras que marcaban las
fronteras. Naturalmente, no conocemos la versión de los vencidos. Lagash
conservó su preeminencia durante algo más de un siglo. Llegó a dominar un
territorio de unos 4.500 kilómetros cuadrados. Su último rey
fue Urukagina, que ascendió al trono alrededor del año 2350. Por estas fechas
los semitas crearon otro reino poderoso alrededor de la ciudad de Ebla, en
Siria, cerca de Fenicia, que llegó a dominar muchas ciudades del norte de la
media luna fértil, de Anatolia y de la Alta Mesopotamia. Otro tanto sucedió
con la ciudad de Mari, que dominó muchas ciudades de su entorno, entre ellas
Assur.

Volviendo a Lagash, parece ser que Urukagina fue un rey ilustrado, que trató
de impulsar reformas sociales para reducir el excesivo poder de los sacerdotes
en beneficio del pueblo. Sin embargo, los sacerdotes podían llegar a tener más
poder que el rey sobre un pueblo temeroso de los dioses. Lagash se debilitó
por sus convulsiones internas y Umma encontró la ocasión de vengar su
pasada derrota. A la sazón su rey era Lugalzagesi, que se apoderó de Ur, se
proclamó rey de Uruk y, desde allí, en el año 2330 atacó Lagash y la saqueó.
Pronto adquirió el control de todo Sumer.

Naturalmente, si conocemos todos estos detalles es porque a partir del año


2800 los sumerios empezaron a usar sistemáticamente la escritura con fines
históricos y literarios (los egipcios harían otro tanto a partir del 2100). A los
sumerios de siglos posteriores les debió de sorprender la ausencia de registros
anteriores al 2800. Posiblemente no se les pasó por la imaginación que la
causa fuera que antes se desconocía la escritura o, por lo menos, que ésta tenía
un uso aún muy restringido, así que conjeturaron que ésa debía de ser la fecha
del Diluvio Universal, una leyenda sobre una inmensa inundación que
posiblemente era mucho más antigua. Los sumerios ubicaron todas sus
leyendas en la época "antediluviana".

Según dichas leyendas, el mundo fue creado en siete días. El número siete se
debe a que los astrónomos sumerios habían identificado siete cuerpos celestes,
aparte de las estrellas: el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y
Saturno. Estos astros eran divinidades que influían sobre los hombres. El
destino de una persona dependía fuertemente del astro dominante el día y la
hora de su nacimiento. Cada día se nombraba según el astro que dominaba en
su primera hora, y así surgió la división del tiempo en semanas de siete días.

Las listas de reyes sumerios fueron completadas con diez reyes


antediluvianos, a los que atribuían reinados de decenas de miles de años. El
último y más famoso de estos reyes fue Gilgamesh, rey de Uruk. Su leyenda
se basa indudablemente en el Gilgamesh histórico que reinó hacia el 2700,
pero el Gilgamesh legendario fue situado antes del Diluvio, como era
preceptivo. Según la leyenda fue un héroe valiente que realizó hazañas
increíbles. Tras la muerte de un amigo se puso a buscar el secreto de la vida
eterna. Así pasó una larga serie de peripecias. Entre ellas sobrevivió al
diluvio, causado por unos dioses enojados. Otro de los supervivientes
fue Utnapishtim quien, favorecido por los dioses, construyó un barco en el
que se salvó juntamente con su familia. Los dioses, sin hombres que les
ofrecieran sacrificios, sintieron hambre, pero Utnapishtim, cuando el Diluvio
hubo pasado, sacrificó animales en acción de gracias. Dice el poema:

Los dioses olieron su aroma,


Los dioses olieron el dulce aroma,
Como moscas, se agruparon sobre el sacrificio...
En agradecimiento, los dioses otorgaron a Utnapishtim el don de la
inmortalidad. Se encontró con Gilgamesh y le indicó que debía buscar cierta
planta mágica. La encontró, pero, cuando se disponía a comérsela, una
serpiente se la robó (lo que explicaba la creencia antigua de que las serpientes
rejuvenecen al cambiar de piel).

Otra ciudad semita que había alcanzado cierto esplendor era Kish. Mientras
Lugalzagesi reinaba en Uruk y ejercía su influencia sobre todo Sumer, el
primer ministro del rey de Kish se las arregló para usurpar el trono, tras lo
cual adoptó el nombre de Sargón, que significa "Rey legítimo". Su
legitimidad no debía de estar tan clara, pues el nuevo rey prefirió trasladar la
corte a una nueva capital fundada por él mismo y que no estuviese asociada a
la monarquía anterior. Esta capital fue Agadé, o Acad, y desde entonces el rey
fue conocido como Sargón de Acad. Alrededor del 2300 Sargón se enfrentó a
Lugalzagesi y lo derrotó. Según sus inscripciones conmemorativas, esta
victoria le dio el dominio de todo Sumer, pero parece ser que en realidad
necesitó varias campañas más para lograr esta meta. En cualquier caso,
Sargón acabó dominando una extensa región de Mesopotamia que incluía a
todo Sumer y que fue conocida como el Imperio Acadio. Más aún, sometió al
reino de Elam, dejándolo bajo el gobierno del rey de Susa,una de sus ciudades
menos destacadas, que a partir de este momento empezó a ganar influencia.
Sargón siguió combatiendo y sojuzgando ciudades del norte y del este,
mientras la capital de Acad iba engrandeciéndose. Por ejemplo, la ciudad de
Assur se había liberado recientemente del dominio de Mari, e instauró una
monarquía propia, pero sus reyes se convirtieron en tributarios de Sargón. La
propia Mari no tardaría en someterse también al yugo acadio. Por el contrario,
Ebla estuvo a punto de derrotar a Sargón, quien, no obstante, logró rehacerse.
Ebla conservó su independencia y se convirtió en un importante centro
cultural que absorbió la cultura acadia (que a su vez había incorporado la
cultura sumeria). En sus restos se han encontrado numerosas tablillas
cuneiformes escritas en eblaíta con textos jurídicos, religiosos, diplomáticos,
administrativos y económicos. Incluso se han encontrado diccionarios
sumerio-eblaítas. Según los escritos acadios, Sargón llegó en sus campañas
hasta la costa de Canaán.

El Imperio Acadio fue el primer imperio histórico en el sentido de un pueblo


que dominó militarmente a otros pueblos extranjeros. En este sentido, el
Imperio Antiguo egipcio no era un imperio, sino una cultura homogénea que
poblaba un territorio extenso. El gobierno de Sargón fue opresivo para los
pueblos que sojuzgó. Los gobernantes sumerios del sur fueron sustituidos por
guerreros brutales, lo que causó muchas revueltas que Sargón tuvo que
sofocar. Por otra parte, Sargón instituyó el acadio como lengua oficial del
imperio y debió de tomar medidas para fomentarlo pues, a pesar del prestigio
que tenía el sumerio, terminó desplazándolo.
Indudablemente, la entrada de los acadios conquistadores en las ciudades de
Sumer debió de generar una gran confusión, agravada por el hecho de que los
recién llegados hablaban una lengua que casi nadie entendía. Tal vez las
gentes más humildes, cuya visión del mundo se reducía a su entorno más
inmediato, ni siquiera entendían por qué "de repente" habían aparecido
hombres que hablaban una lengua tan extraña que ahora se veían
coaccionados a aprender. Era natural pensar en un castigo de los dioses. Con
el tiempo, cuando Sumer y Acad se borraron de la memoria de las gentes,
pervivió la leyenda de que hubo un tiempo en que todos los hombres hablaban
la misma lengua (o sea, el sumerio), pero que un día los dioses los castigaron
y sembraron la confusión haciendo que hablaran dos lenguas distintas. Por
otra parte, los zigurats eran ya monumentos del pasado y lo que la gente sabía
de ellos es que habían sido construidos para acercarse al cielo. Esto era cierto:
muchos pueblos con divinidades celestes eligen lugares elevados para estar
más cerca de sus dioses al hacer sus sacrificios, y los zigurats fueron la
peculiar forma que tuvieron los sumerios de plasmar esta idea. Sin embargo la
gente encajó muy bien ambas historias: los antiguos construían torres cada vez
más altas con la pretensión de alcanzar el cielo, pero los dioses se enojaron
por este intento de "invasión" y lo evitaron sembrando la confusión: les
hicieron hablar cientos de lenguas distintas, con lo que ya no podían trabajar
conjuntamente y el proyecto fracasó. Los hombres se dispersaron según sus
lenguas, y esta era la causa de que en el mundo hubiera tantos pueblos con
tantas lenguas diferentes. Por una cuestión de coherencia esta leyenda tuvo
que ubicarse después del Diluvio (los hablantes de lenguas extrañas no habían
perecido), lo cual, por otra parte también encajaba en la historia: tal vez los
antiguos querían llegar al cielo para salvarse en caso de que los dioses
provocaran otro diluvio universal.

Hacia el 2300 se inicia un periodo de esplendor en el valle del Indo. La


llamada civilización del Indo fue extendiéndose hasta ocupar un territorio
mayor que el actual Pakistán. Se construyeron grandes ciudades de ladrillo
con casas rectangulares y calles de 8 metros de ancho, disponían de
instalaciones sanitarias, almacenes, piscinas y un sistema de canales muy
estudiado. Sus habitantes cultivaban el trigo y la cebada, y se han encontrado
los restos más antiguos del cultivo del algodón. Disponían de una escritura
reducida de 270 signos diferentes (cuyo significado se desconoce), que
únicamente se han encontrado en sellos, por lo que debían de ser
identificaciones de mercancías. Sorprende la ausencia de templos en las
ciudades, si bien se han encontrado objetos de culto, tal vez antecedentes de la
futura religión de la India. Tampoco había palacios, lo que suscita muchos
interrogantes sobre el tipo de estructura social de esta cultura. Las capitales
más importantes eran Harappa y Mohenjo-Daro. Se ignora si eran capitales
de estados distintos o si formaban parte de un mismo imperio. Hay constancia
de un intenso comercio marítimo con Sumer.
Por esta época reinaba en Egipto el tercer rey de la VI dinastía, Pepi I, nativo
de Menfis. Los nómadas del desierto de Libia empezaron a hostigar el país,
pero fueron rechazados cinco veces por los ejércitos egipcios, dirigidos por un
general llamado Uni. Este general consolidó también el dominio de Egipto
sobre la península del Sinaí, rica en metales, e incluso supervisó expediciones
a Nubia, al sur de la primera catarata del Nilo. El Imperio Antiguo alcanzó así
su apogeo. Probablemente, Pepi I decidió que las relaciones comerciales que
Egipto mantenía con Fenicia desde hacía mucho tiempo no eran satisfactorias:
los cananeos pagaban poco por las exportaciones egipcias y cobraban mucho
por sus productos. (Cuando dos personas negocian y una tiene a sus órdenes
un ejército poderoso, es natural que llegue a esta conclusión.) Los fenicios
fueron exhortados a pagar periódicamente un tributo al rey, pero algunas
ciudades decidieron negarse. Como consecuencia, Uni dirigió una expedición
contra Fenicia: una columna marchó por tierra y otra, transportada por mar,
desembarcó hacia el sur de Biblos. El ejército derribó murallas, incendió
ciudades, destruyó cosechas, se apoderó de toda clase de objetos valiosos y,
sin duda, consiguió que las ciudades castigadas se comprometieran a pagar el
tributo.

Hacia el año 2280 muere Sargón de Acad. Inmediatamente, Sumer y los


pueblos de los montes Zagros vieron en la muerte del rey una oportunidad
para liberarse de la tiranía acadia y se rebelaron. Sin embargo, Sargón fue
rápidamente sucedido por su hijo mayor Rimush, quien, con ayuda de su
hermano Manishtusu, sofocó las revueltas.
En 2272 el hijo de Pepi I subió al trono de Egipto con el nombre de Pepi
II. Era sin duda un niño, pues su reinado duró noventa años, y es, al parecer,
el más largo de la historia.

En 2252 Naram-Sin, nieto de Sargón, ocupa el trono de Acad. Tras sofocar


varias revueltas internas, Naram-Sin continuó la tradición imperial de su
abuelo, reemprendiendo expediciones a tierras lejanas. En el 2200 destruyó el
floreciente reino de Ebla. Para consolidar su autoridad se hizo proclamar dios,
organizó un cuerpo de nobles-funcionarios que supervisaban o sustituían a los
reyes locales e instaló colonias de acadios en las ciudades sospechosas de
rebeldía. La cultura floreció en la corte de Acad. Los escribas acadios
desarrollaron y superaron las tradiciones sumerias. Aunque el lenguaje de la
cultura siguió siendo el Sumerio, los comerciantes y la administración
hablaban acadio.

Mientras tanto, como es habitual, en los cielos se reproducían los


acontecimientos de la tierra: Los dioses acadios se mezclaron con los
sumerios. Es fácil distinguirlos porque tienen nombre semíticos. Además son
todos dioses celestes, como corresponde a las culturas de pastores.
Así, Sin, dios de la luna, se convirtió en el dios principal de Ur (Naram-Sin
significa "amado por Sin"); Ishtar, identificada con el planeta Venus, diosa
del amor y la belleza, se convirtió en la diosa principal de Uruk, desplazando
el culto a Anu. Esto era aceptable, pues pronto se descubrió que Ishtar era hija
de Anu. También estaba Shamash, dios del Sol, que no consiguió tanta
notoriedad como sus compañeros.
6.El fin del tercer milenio (2225)

En el último cuarto del tercer milenio la


civilización se encontró con cambios aún
más drásticos que en el periodo
precedente. En China aparece el primer
reino del que tenemos constancia
histórica. Los historiadores chinos
situaban en los inicios de su historia unos
reyes legendarios, a cada uno de los
cuales se le atribuía un avance
cultural: Fuxi inventó la
adivinación, Shennong la
agricultura, Huangdi la
técnica, Yao y Shun el arte de gobernar y Yu es presentado como un
ingeniero que acabó con una gran inundación. Una de las leyendas en torno a
Yu dice que, cuando éste reguló las aguas, apareció una tortuga divina que
llevaba números escritos en su caparazón. Yu los examinó y los ordenó según
el esquema de la derecha. Los chinos llamaban a este diagrama el Loh
Shu (escrito del río Loh), porque, al parecer, la primera referencia por escrito
(posterior a la época que nos ocupa) fue encontrada junto al río Loh. El Loh
Shu es lo que los matemáticos modernos llaman un cuadrado mágico, y su
"magia" consiste en que se trata de una ordenación de los números del 1 al 9
en la que las tres filas, las tres columnas y las dos diagonales del cuadrado
suman la misma cantidad, a saber, 15. Otra leyenda atribuye a Fuxi la
invención del Loh Shu, lo que lo remonta principios del milenio.

Siempre según la leyenda, Yu fundó la dinastía de los Xia, que reinó durante
cerca de 500 años. No se conocen detalles concretos sobre este reino. Según
las leyendas su capital estuvo en Anyi. Los chinos eran, por aquel entonces,
un pueblo de cazadores, pescadores y cultivadores de cereales. Edificaban con
tierra batida, practicaban la adivinación con caparazones de tortuga y
celebraban fiestas con danzas y cantos rituales. Tenían un sentido muy fuerte
de la cohesión familiar y un gran respeto hacia los ancianos y los antepasados.

Mientras tanto, en 2218 moría Naram-Sin, el rey de Acad, a quien sucedió su


hijo Sharkali-Sharri. Por esta época el imperio estaba muy debilitado.
Tantos siglos de represión habían mermado la capacidad bélica de los
territorios sometidos, y toda la fuerza estaba centralizada en torno a los
ejércitos de la capital. En ausencia de influencias exteriores, esta situación
sería la óptima para Acad, pero Mesopotamia nunca dejó de estar amenazada
por los pueblos nómadas, tanto por Arabia como por los montes Zagros, y
ahora la población no sólo no estaba capacitada para defenderse de sus
incursiones, sino que cualquier ataque al imperio era bien recibido y alentado
por sus súbditos. Por otra parte, el control de un territorio extenso había
obligado a los reyes a transferir parte de su autoridad a una nobleza que no
tardaría en generar diversos aspirantes al trono. Para derrocar a un rey hace
falta un ejército propio o, al menos, un estado de confusión que anime al
ejército a cambiar de jefe. Por ello parte de la nobleza vio también con buenos
ojos las incursiones bárbaras.

Así, hacia el 2200 una tribu de bárbaros invadió Mesopotamia desde los
montes Zagros. Se llamaban a sí mismos los guti. Los intentos de Sharkali-
Sharri de detener los saqueos fueron vanos, y en 2193 fue asesinado, al tiempo
que la ciudad de Acad fue arrasada. La destrucción fue tan minuciosa que
Acad es la única ciudad importante de la época cuyo emplazamiento se
desconoce. Es razonable pensar que los sumerios y los elamitas se unieron a
los guti y descargaron sobre Acad todo el odio y las ansias de venganza que
habían acumulado desde muchos años atrás. El resultado fue que no quedó
piedra sobre piedra.

Ahora bien, los habitantes de Mesopotamia no tardarían en descubrir que los


guti no eran mejores que los acadios. Los guti tenían el poder, pero carecían
de la cultura necesaria para emplearlo con la eficiencia de los acadios. Los
sistemas de canales de los ríos se deterioraron y sobrevino una época de
hambre.

En 2182 murió Pepi II, el último


rey de la VI dinastía egipcia. La
evolución del país había sido
similar a la del Imperio Acadio.
Desde el reinado de Pepi I la
nobleza adquirió cada vez más
poder. Esto debió de acentuarse
en los años en que el rey Pepi II
era un niño y, por consiguiente,
no ejercía directamente el
mando. Mientras el rey vivió,
todo estaba aparentemente bien,
pues la lealtad al rey del ejército
y el pueblo debía de ser poco
menos que inquebrantable. Tal
vez la nobleza consiguió que el
rey muriera sin descendencia, de
modo que muchos ocultaran aspiraciones de ocupar el cargo tras su muerte. El
caso es que nadie lo consiguió y el Imperio Antiguo se desmembró en muchos
reinos pequeños en lucha continua. Como en Mesopotamia, ésta fue una época
de miseria. En un papiro que ha sobrevivido, su autor, Ipuwer (tal vez con
cierta exageración poética), describe así la situación:

...la risa ha perecido y no se ha vuelto a dar. La aflicción ronda por el país


mezclada con lamentos... El país se ha entregado al hastío... el trigo ha
perecido por todas partes... el granero está vacío y quien lo custodiaba yace
cuan largo es sobre el suelo...
Durante este periodo fueron saqueadas todas las tumbas de la época de las
pirámides. Muchos de los reyes que figuran en los anales egipcios tras Pepi II
fueron gobernantes locales que reinaron simultáneamente. Así, los reyes de
las dinastías VII y VIII reinaron en Menfis o en Heliópolis, en el Bajo Egipto,
mientras que los de las dinastías IX y X eran de Heracleópolis, junto al lago
Moeris.

Tanto en Egipto como en Mesopotamia, los primeros signos de recuperación


de la crisis los encontramos en las ciudades alejadas de lo que habían sido los
grandes centros de poder. Así, en Egipto empezó a prosperar la ciudad
de Tebas, al Sur, de cuya historia anterior se sabe muy poco. Probablemente
era una aldea fundada durante la V dinastía que vivió de las rutas comerciales
que llegaban hasta Nubia, más allá de la primera catarata del Nilo. Los
gobernantes de las ciudades del norte se olvidaron del "lejano sur" en sus
disputas, así que Tebas prosperó. Su dios principal era Amón, un dios de la
fertilidad completamente desconocido en tiempos del Imperio Antiguo.

En Mesopotamia, mientras tanto, los guti se habían asentado hacia el norte,


donde había estado la capital de Acad. Esto permitió a algunas ciudades de
Sumer comprar su libertad comprometiéndose a pagar un tributo. Uruk
progresó bajo su IV dinastía, Ur bajo su II dinastía, pero el gobernante más
notable del periodo fue Gudea de Lagash, hacia el 2141, bajo el cual la ciudad
prosperó en paz, libre de los afanes conquistadores de los tiempos del rey
Eannatum. Gudea embelleció los templos ya existentes y construyó otros
quince nuevos. Los escultores de Lagash aprendieron a trabajar la diorita, una
piedra muy dura que se traía del exterior. El primer resto sumerio que se
descubrió (a finales del siglo XIX d.C.) fue el palacio de Gudea. Tras su
muerte, el pueblo mostró su agradecimiento incluyendo al rey entre sus
dioses.

Mientras tanto, los guti fueron absorbiendo la cultura acadia, al igual que los
acadios habían absorbido la cultura de los sumerios y éstos la de los habitantes
primitivos de la región.

Volviendo a Egipto, en 2132 se inicia una dinastía de reyes tebanos, registrada


como la XI dinastía egipcia, que combatió a los reyes de Heracleópolis, de
modo que en 2124 Tebas dominaba todo el Alto Egipto.
Paralelamente, en 2123 el rey Utu-Hegal, de la V dinastía de Uruk logró
expulsar a los guti de Mesopotamia, en coalición con la ciudad de Ur. Uno de
los oficiales de Utu-Hegal se erige en rey de Ur (iniciando así su III dinastía)
bajo el nombre de Ur-Nammu. Bajo su reinado, toda Mesopotamia quedó
unida en un imperio tan grande como el acadio, pero de carácter más
comercial que militar. Aunque no es probable que fuera el primero, lo cierto
es que el código de leyes más antiguo que conocemos procede de este periodo.
Es sorprendente el carácter progresista de estas leyes. Los antiguos tendían a
castigar los delitos mediante la muerte o la mutilación, mientras que en el
código de Ur-Nammu se establecen compensaciones monetarias. Tal vez esta
idea fuera natural en un pueblo de comerciantes. Bajo la III dinastía de Ur se
construyó el mayor Zigurat edificado hasta entonces. Su base medía 90 por 60
metros, y sus muros inferiores (hechos de ladrillo) tenían un espesor de dos
metros y medio. Se conservan dos plantas, pero parece ser que tenía una
tercera, con una altura total de 40 metros. El sumerio volvió a ser la lengua
oficial de Mesopotamia y este periodo se considera la Edad de Oro de su
literatura.

Hacia el 2052 el quinto rey de la XI dinastía tebana de Egipto, conocido


como Mentuhotep II, conquistó el Bajo Egipto, con lo que todo el país volvió
a estar unificado bajo un solo rey, esta vez tebano. Surgía así el Imperio
Medio egipcio. Habían pasado 130 años desde el desmembramiento del
Imperio Antiguo. Aquí surgió un conflicto religioso, pues el dios principal de
Tebas era Amón, mientras que en el Bajo Egipto los sacerdotes de Ra seguían
dirigiendo la religión y, con ella, gran parte de la política. Afortunadamente,
Amón no tenía un cuerpo sacerdotal tan desarrollado, y los sacerdotes de Ra
descubrieron rápidamente que en realidad Amón y Ra eran el mismo dios, que
a partir de entonces fue llamado Amón-Ra. La idea funcionó y los sacerdotes
de Ra mantuvieron su status en los nuevos tiempos. Tebas, la nueva capital
del imperio, fue creciendo y enriqueciéndose con templos y monumentos.

Entre tanto, los días de gloria de la III dinastía de Ur fueron acabando. En


efecto, Mesopotamia mantuvo bastantes guerras con las regiones vecinas,
especialmente con el reino de Elam. Sin embargo, en un momento dado las
ciudades sumerias retomaron la antigua costumbre de luchar entre sí. El
último rey de la dinastía fue Ibbi-Suen, que reinó desde 2028 sin más
dominio que su propia ciudad. En 2004 un ejército elamita aprovechó la
anarquía y un periodo de hambre que azotó a la propia Ur para entrar en la
ciudad y hacer prisionero a Ibbi-Suen.
7.Los amorreos (2000)

El periodo de anarquía en que se vio envuelta Mesopotamia al final del tercer


milenio facilitó una nueva invasión del territorio por una nueva oleada de
pueblos semitas. Éstos se llamaban a sí mismos Amurru, pero actualmente son
más conocidos como Amorritas o Amorreos. La invasión no fue tan
traumática como las anteriores, en parte porque esta vez el caos de la región
no lo habían ocasionado ellos, en parte porque su lengua era muy similar al
acadio, por lo que fueron asimilados fácilmente y no se les tuvo por odiosos
extranjeros, como había sucedido con los guti. Tal vez no sería exagerado
afirmar que los amorreos, pese a su falta de cultura, impusieron el orden
necesario para que la cultura mesopotámica siguiera floreciendo. No obstante,
fueron necesarios unos dos siglos para que la vida volviera a ser la de antes.
Los amorreos se asentaron en lo que había sido Acad y también en Canaán. La
ciudad más importante tras la caída de Ur fue Isin. El reino de Elam también
ejercía su influencia sobre las ciudades mesopotámicas más cercanas. Más al
norte destacaban las viejas ciudades de Mari y Assur, así como la ciudad
de Eshnunna. No fueron ocupadas por los amorreos, pero parece que
dependieron seriamente de ellos.

Los amorreos no introdujeron muchas novedades. Se limitaron a asimilar la


cultura preexistente. Ni siquiera introdujeron nuevos dioses, pues la similitud
de su lengua con el acadio favoreció que sus dioses se identificaran con
algunos de los ya existentes. Tenían un dios nacional, Amurru, que pervivió
como un dios secundario.

También hubo movimientos en el norte. Los indoeuropeos domesticaron


el caballo. Hasta entonces los únicos animales de carga eran los bueyes y los
asnos. El caballo, aun domesticado, no servía para estos fines, pues los arneses
primitivos les oprimían la tráquea y los asfixiaban. Durante un par de siglos
tal vez fue usado únicamente como alimento. Ya hacía tiempo que un pueblo
indoeuropeo se había asentado en el norte de Grecia, y ahora otro se asentó al
sureste de Anatolia. Se les conoce como Hititas. Como es habitual, tanto los
hititas como los griegos tardaron varios siglos en asimilar la cultura de la zona
y durante este periodo dieron poco que hablar.

Al mismo tiempo, la civilización empezaba a cuajar en dos zonas de América:


En México aparecen los primeros núcleos urbanos con viviendas
rectangulares de techos de paja. En las ciudades se desarrolló una economía
autosuficiente basada en la agricultura, caza, pesca y recolección. El metal era
desconocido. En Perú los avances fueron más espectaculares, allí las ciudades
contaban con edificios públicos para ceremonias y en Las Haldas destaca un
templo piramidal compuesto por siete terrazas superpuestas. No conocemos
muchos detalles sobre la sociedad que llevó a cabo estas construcciones, pero
en cualquier caso podemos deducir que había excedentes económicos y una
organización social estratificada que regulaba la actividad comunal.

La isla de Creta se convirtió en una nueva potencia. Ya llevaba mucho tiempo


comerciando por mar con Egipto y Canaán principalmente, pero ahora la isla
se unió bajo un gobierno poderoso, cuya capital fue la ciudad
de Cnosos. Ahora los barcos comerciales cretenses estaban protegidos por una
flota militar. La prosperidad y la influencia de la isla fue aumentando
gradualmente en los siglos siguientes. La Grecia continental fue ocupada por
un pueblo indoeuropeo que implantó una cultura homogénea en la región,
típica de las primeras fases de la Edad del Bronce. No obstante esta cultura no
llegó al Peloponeso ni a las zonas costeras, que continuaron habitadas por una
población nativa bajo la influencia de Creta.

Egipto estaba en los mejores días del Imperio Medio. Los reyes Mentuhotep
IV y Mentuhotep V tuvieron un capaz primer ministro
llamado Amenemhat, de origen tebano. De algún modo se rebeló y
en 1991 se convirtió en rey con el nombre de Amenemhat I, inaugurando así
la XII dinastía. Trasladó la capital del imperio a Lisht, cerca de Menfis, pues
debió de juzgar que Tebas estaba demasiado al sur para controlar eficazmente
el Bajo Egipto. La construcción de pirámides continuó, si bien éstas nunca
volvieron a alcanzar las proporciones de las del Imperio Antiguo. Amenemhat
reforzó el dominio egipcio sobre el Sinaí, restableció el comercio con el sur y
mantuvo controlada a la nobleza. Así mismo ordeno la limpieza y restauración
del canal que unía el Nilo con el lago Moeris, lo que aumentó
considerablemente la fertilidad de la región.

La XII dinastía fue considerada en épocas posteriores como la Edad de Oro de


la literatura egipcia. A esta época corresponden los ejemplos más antiguos que
conocemos de literatura de ficción no relacionada con la mitología, como el
cuento del náufrago que se encuentra con una serpiente monstruosa, o el
cuento de Sinuhé, que cuenta la vida de un exiliado egipcio entre las tribus
nómadas de Siria. También las ciencias progresaron. Se conoce un papiro que
explica cómo operar con fracciones, así como el cálculo de ciertas áreas y
volúmenes. Hay recopilaciones de refranes y proverbios. Se cree que uno de
ellos fue escrito por el propio Amenemhat I para su hijo. Parece que la vida de
palacio no era del todo fácil, pues entre otros consejos leemos:

Ten cuidado con tus subordinados... ten cuidado con tu hermano, no conozcas
al amigo y no intimes con nadie...
En 1971 Amenemhat I fue sucedido por su hijo Sesostris I, quien conquistó la
región de Nubia, situada al sur de la primera catarata del Nilo. Los nativos
eran un pueblo primitivo que no tenía nada que hacer frente al ejército
egipcio. Quince siglos después, cuando Egipto había perdido su poderío, los
sacerdotes contaban historias legendarias sobre las extraordinarias hazañas de
los reyes del pasado, que habían conquistado todo el mundo conocido, y el
mayor de todos los conquistadores era Sesostris I.

Mientras tanto, en Mesopotamia, la ciudad de Larsa se liberó de la


dominación de Elam, en 1924 derrotó a Isin y tuvo su propio siglo de
grandeza. Podemos decir que hacia 1900 los sumerios habían desaparecido de
la historia. No fueron exterminados ni expulsados. Simplemente perdieron su
identidad nacional. Ya nadie hablaba sumerio, si bien la lengua se conservo
como "lengua culta" en los rituales religiosos (algo similar a lo que le
sucedería al latín mucho después). Durante 2.000 años los sumerios habían
inventado el transporte con ruedas, la astronomía, la matemática, la empresa
comercial, la construcción con ladrillo a gran escala y la escritura, y a partir de
este momento fueron paulatinamente olvidados, hasta tal punto que no se
volvió a saber de su existencia hasta los descubrimientos arqueológicos del
siglo XIX d.C.

A esta época corresponden los sucesos narrados en la parte final del libro del
génesis, en la Biblia. El génesis fue escrito por sacerdotes judíos más de mil
años después. Su primera parte es una versión de los mitos sumerios sobre el
Diluvio y las épocas anteriores, drástica y sistemáticamente adaptados para
dejar como único protagonista al dios judío, que en la época que tratamos
ahora no existía todavía. Por ejemplo, se conserva una tablilla sumeria de esta
época que hace referencia a un conflicto entre un dios pastor y un dios
agricultor, en los que no es difícil reconocer a los que la Biblia presenta
como Caín y Abel. Los diez reyes legendarios de antes del Diluvio son
sustituidos por diez patriarcas de Adán a Noé. Luego viene la adaptación de la
leyenda sobre los hombres que querían construir una torre que llegara al cielo.
Ahora es el dios judío el que lo impide haciendo que cada cual hablara una
lengua distinta. La Biblia sitúa la historia en la ciudad
de Babel o Babilonia. Al parecer los judíos encontraron una falsa etimología
que relaciona el nombre con la palabra "confusión", cuando en realidad Babel
es una derivación de Bab-Ilum (puerta de Dios), nombre de una pequeña
ciudad mesopotámica que tomaron los amorreos y que pronto iba a destacar
en la región. Tras una larga lista de descendientes de Noé, el génesis prosigue
con la historia del patriarca Abram. Las fuentes de esta última parte ya no son
mesopotámicas, sino cananeas. No se conoce ninguna otra versión más que la
de la propia Biblia. En principio, toda la historia de Abram podría ser una
invención muy posterior, pero hay indicios de que existe un sustrato que se
remonta realmente a los finales del siglo XX o principios del XIX. Por una
parte, se describe una situación política que cuadra con la realidad histórica:

Aconteció por aquel tiempo que Amrafel, rey de Senaar; Arioc, rey de Elasar;
Codorlahomor, rey de Elam y Tadal, rey de Naciones, hicieron la guerra
contra Bara, rey de Sodoma, y contra Bersa, rey de Gomorra, y contra
Senaab, rey de Adama y contra el rey de Bala, la misma que después se llamó
Segor. Todos estos vinieron a juntarse en el valle de las Selvas, que ahora es
el mar salado. Y el motivo fue que, habiendo estado doce años sujetos a
Codorlahomor, al decimotercero sacudieron el yugo. (Gen. XIV, 1-4)
Senaar es el nombre que la Biblia da a Mesopotamia, mientras que Elasar
debe de ser Larsa y, obviamente, el mar salado es el mar Muerto. Las ciudades
de Sodoma, Gomorra, etc. eran cananeas. Debían de estar cerca del mar
Muerto, pues la Biblia sigue explicando que allí tuvo lugar el enfrentamiento
como consecuencia del cual fueron derrotadas y saqueadas. En el texto hay
una aparente contradicción, pues parece que Elam es la potencia más poderosa
(era la que tenía sometidas a las ciudades cananeas), mientras que a Amrafel
se le presenta como rey de Mesopotamia. Probablemente Amrafel era rey de
Babel, y se le atribuye el gobierno de toda Mesopotamia anacrónicamente,
pues poco después la ciudad dominaría en verdad toda la región.

Otro indicio del valor histórico de la última parte del Génesis es que la historia
de Abram parece haber sido modificada varias veces, en particular para
encajarla con el siguiente libro de la Biblia, el Éxodo. Así, los protagonistas
cambian de nombre de forma repentina y a veces muy forzada. El propio
Abram (padre excelso) pasa a llamarse Abraham (padre de una multitud
excelsa), su mujer Sarai (señora mía) pasa a llamarse Sara (señora) y sus
nietos Esaú (velloso) y Jacob (que echa la zancadilla) pasan a llamarse Edom
e Israel. Estas modificaciones sugieren que existía una primera versión que
fue necesario conciliar con la que más convenía a los judíos.
El núcleo de la historia de Abram es el siguiente: Abram parte de Ur con su
padre, su mujer y su sobrino y se asienta en Canaán (donde muere el padre).
Durante un periodo de hambre viajan a Egipto, donde son bien recibidos por
el rey, pero Abram le hace creer que Sarai es su hermana, el rey la toma como
esposa y Dios castiga a Egipto con terribles plagas. Cuando el rey se entera de
que Sarai es la mujer de Abram, le invita a marcharse de sus tierras con ella y
toda su familia. Vuelven a Canaán. Abram se asienta en la ciudad de Hebrón,
a mitad de camino entre la costa y el mar Muerto, mientras que su sobrino Lot
se asienta en Sodoma, que debía de estar junto al Jordán, al norte del mar
Muerto. Entonces tuvo lugar el enfrentamiento descrito más arriba, en el cual
Lot fue hecho prisionero por Codorlahomor. Abram se entera, recluta un
ejército, persigue y derrota a Codorlahomor, librando así a Lot y restituyendo
a Sodoma sus prisioneros y riquezas incautadas. Luego Abram pasa a la
ciudad de Gerara, donde nuevamente hace creer a su rey que Sarai es su
hermana y se repite el mismo incidente que en Egipto, pero esta vez se aclaran
las cosas y el rey de Gerara permite a Abram que ocupe la parte de su
territorio que más le plazca. Pero la parte más importante de la leyenda es que,
en varios momentos, Dios promete a Abram que entregará a sus descendientes
toda la tierra de Canaán. A partir de aquí, los distintos apaños posteriores de la
leyenda parecen intentos de unos y otros por considerarse descendientes
directos de Abram y, por consiguiente, legítimos propietarios por voluntad
divina de la tierra de Canaán.

El primogénito de Abram es Ismael y la Biblia afirma que sus descendientes


poblaron la costa arábiga del mar Rojo. (Más de dos mil años después,
Mahoma se consideraría descendiente de Ismael.) Pero resultó que no era hijo
de Sarai, la mujer legítima, sino de una esclava, luego el verdadero
primogénito era Isaac. A su vez, éste tuvo dos hijos gemelos, Esaú nació
primero y Jacob nació después cogiéndolo por el tobillo (como intentando
nacer antes, de ahí su nombre). Teóricamente, la posesión de Canaán
correspondía a Esaú, pero éste la vendió a su hermano por un plato de lentejas
y, mediante un engaño, Jacob logró que Isaac ratificara el trato en su lecho de
muerte.

Un posible análisis de esta fábula sería el siguiente: El hecho de que Abram


pudiera reclutar un ejército indica que en realidad debía de ser un rey de
alguna ciudad o bien un caudillo de una de las tribus amorreas que llegaron de
Arabia. La procedencia de Ur no es verosímil. Tras todo el folletín de la
descendencia de Abram, los judíos terminaban siendo (obviamente) sus
legítimos herederos. Son muchos los pueblos que remontan su origen a un
personaje concreto, y siempre tratan de atribuirle un origen ilustre. Cuando se
escribió el Génesis, la ciudad de Ur conservaba la leyenda de su antigua fama,
y es natural que los judíos la eligieran como patria de su antepasado. Lo más
razonable es que Abram fuera un caudillo amorreo que no consiguió un buen
territorio en la invasión, por lo que llevó a sus hombres hacia Egipto con la
esperanza de encontrar mejores oportunidades. Allí se encontró con un
poderoso Imperio Medio que debió de rechazarlo sin apenas esfuerzo.
Naturalmente los hombres de Abram debieron de silenciar rápidamente esta
parte de la historia, por lo que se convirtió en un punto oscuro que los judíos
rellenaron con fragmentos posteriores: por una parte, las plagas de Egipto
están tomadas del siguiente libro bíblico, el Éxodo, y el incidente entre Sarai y
el rey tiene toda la traza de ser una duplicación del incidente análogo con el
rey de Gerara. Es probable que los hombres de Abram se sintieran
descontentos con un caudillo que los llevaba de un sitio a otro
infructuosamente. Tal vez Abram los aplacó con alguna historia sobre un dios
portentoso enfadado con los cananeos y los (restantes) amorreos y que estaba
dispuesto a usarlos a ellos como brazo de su venganza, de modo que con su
ayuda conquistarían todo Canaán. No podemos saber nada sobre el dios de
Abram, pues la Biblia atribuyó toda intervención divina al dios de los judíos,
eliminando cualquier resto de otra religión. En cualquier caso, parece que los
hombres de Abram cobraron ánimo y, de vuelta en Canaán, tuvieron alguna
victoria destacada (probablemente no tan importante como derrotar al rey de
Elam). Finalmente pudieron asentarse en Gerara (la historia de que el rey les
ofreciera voluntariamente su territorio es increíble). Fuera así o de otro modo,
es plausible que los amorreos de alguna ciudad de Canaán se formaron la
leyenda de que un dios les había otorgado el territorio que ocupaban a través
de un pacto con su primer caudillo, Abram. Tal vez fueron muchos los toscos
invasores amorreos que se sentían acomplejados frente a la cultura de los
pueblos conquistados, por lo que acogieron gratamente la historia y se
apresuraron a encontrar líneas genealógicas que los remontaran al patriarca y
legitimaran así (con la voluntad divina) su posición dominante. La genealogía
de Abram que recoge la Biblia es posterior, pues termina con pueblos que
todavía no habían entrado en escena.

Otro hecho notable que narra el Génesis es la destrucción de Sodoma y


Gomorra. Es posible que la caída de un meteorito o, más probablemente, un
terremoto acabara con estas ciudades. Naturalmente una catástrofe de esta
envergadura debió de suscitar muchas historias cuya conclusión natural era el
castigo divino. De todos modos no debía de haber muchos detalles (o los que
había debían de discordar mucho de la religión judía) porque para describir la
vida pecaminosa de Sodoma y Gomorra los autores bíblicos tuvieron que
adaptar una historia posterior contenida en el libro de los Jueces sobre unos
hombres que trataron de sodomizar a un levita (capítulo XIX) y en su lugar
éste les ofreció a su mujer para que la violaran. (Irónicamente, los pecados
que los judíos atribuían a los sodomitas están basados en historias sobre los
propios israelitas.)

Por esta época, las ciudades más importantes del sur de Canaán eran Siquem,
Betel, Salem, Hebrón y Beersheba. Salem no debía ser la más destacada por
estas fechas, pero tal vez era la mejor emplazada, sobre una colina con fuentes
de agua, lo que la hacía fácil de defender y la capacitaba para resistir asedios.
Más adelante cobraría importancia bajo el nombre modificado
de Jerusalén. En general, lo amorreos pasaron los siglos XX y XIX entre
tensiones y disputas. Durante el siglo XIX la ciudad de Kish tuvo una época
de predominio, pero no tardó en cedérselo a Babel. En 1850 los amorreos
tomaron la ciudad de Assur, que por aquel entonces era una próspera ciudad
comercial.

En 1842 murió el rey de Egipto Sesostris III, poco después de haber sometido
a su dominio a todo Canaán. Le sucedió su hijo Amenemhat III, que extendió
la hegemonía egipcia a algunas ciudades interiores de Siria. La ciudad de
Biblos se benefició de su larga tradición de buenas relaciones con Egipto, y
gozó de una especial protección. Hacia el sur, Egipto dominó el curso del Nilo
hasta la tercera catarata. Por esta época debió de implantarse en Canaán la
circuncisión, un rito egipcio tal vez relacionado con la fecundidad que los
cananeos terminarían interpretando como símbolo del pacto entre Abram y su
dios. Aunque no sabemos nada a ciencia cierta sobre este dios, el hecho de
que los cananeos se circuncidaran en su nombre es indicio de que ser
identificados como descendientes de Abram era de suma importancia para
ellos.

Amenenmhat III construyó dos pirámides junto al lago Moeris, además de


numerosas estatuas colosales con su imagen y un complejo grupo de palacios,
todo ello rodeado de un mismo muro. Al parecer la construcción contaba con
tres mil quinientas habitaciones, la mitad de las cuales eran subterráneas y se
usaban como cámaras funerarias. Al parecer el rey trató de burlar a los
ladrones de tumbas escondiendo las momias y los tesoros en un complicado
sistema de pasadizos en lugar de bajo una mole de piedra. Los egipcios
denominaron a esta construcción con una palabra que significa "el templo a la
entrada del lago", pero los griegos de tiempos posteriores la deformaron a
Labyrinthos, esto es, Laberinto. El Laberinto egipcio debió de ser una obra
imponente, hecha de mármol blanco, con una cuidada ornamentación, si bien
no cumplió su cometido, pues todas las tumbas que contuvo fueron saqueadas
con el tiempo. También la ciudad de Tebas fue embellecida con nuevos
templos, estatuas y otros edificios notables.

En 1822 ocupó el trono de Larsa el rey Rim-Sin, que tuvo que luchar
frecuentemente con Isin para mantener la supremacía de su ciudad sobre la
región. En 1814 un amorreo consiguió hacerse con el poder de Assur,
fundando una dinastía que iba a gobernar durante mil años. Se
llamaba Shamshi-Adad I. Sometió a Mari, que por entonces era la otra gran
potencia comercial del entorno, y dominó así el norte de Mesopotamia,
formando un pequeño imperio que más adelante crecería y sería conocido
como el Imperio Asirio.
8.Babilonia. (1800)

A principios del siglo XVIII el norte de Mesopotamia empezó a sufrir los


ataques de los hurritas, un pueblo que contaba con una nueva arma de guerra:
el caballo. Este animal era completamente desconocido en el mundo
civilizado, pero hacía ya tiempo que los indoeuropeos lo usaban como
alimento. Ahora los hurritas (aunque no eran indoeuropeos) habían resuelto
los problemas técnicos que impedían usarlo como animal de tiro. Diseñaron
nuevos arneses, así como nuevos carros de dos ruedas, más ligeros y
maniobrables, consistentes en apenas una plataforma para el auriga. Incluso
las ruedas fueron perfeccionadas, pues las nuevas eran anulares con radios en
lugar de macizas. Con los carros, las incursiones nómadas multiplicaron su
eficiencia. Podían desplazarse mucho más rápidamente que un ejército de
infantería, que a lo sumo contaba con pesados carros tirados por asnos para
transportar la carga pesada. Podían elegir los lugares más desprotegidos,
atacar y huir con el botín antes de que llegaran las defensas. No obstante, en
un primer momento estos pueblos carecían de la organización y la amplitud de
miras necesarias para ser algo más que una lacra dolorosa. Por el momento, el
rey asirio Shamshi-Adad I seguía fortaleciendo su imperio y sirvió de pantalla
contra los ataques hurritas, pero la llegada de una invasión seria era sólo
cuestión de tiempo.

En 1794 Rim-Sin, el rey de Larsa, venció definitivamente a Isin y unió bajo su


dominio el sur de Mesopotamia. Dos años después, en 1792 subía al trono de
Babilonia el sexto rey de su I dinastía (instaurada con la invasión amorrea). Se
llamaba Hammurabi. Su situación era delicada, pues su pequeña ciudad
estaba entre dos grandes potencias: Asiria al norte y Larsa al sur. Sin
embargo, Hammurabi era joven y los reyes Shamshi-Adad I y Rim-Sin eran
ya mayores. Hammurabi se sometió a Shamshi-Adad I y, bajo su protección,
arrebató a Larsa las ciudades de Ur e Isin.

En 1790 murió el rey de Egipto Amenemhat III. No se conocen bien las


causas, pero el Imperio Medio se desmoronó y el país se sumió en la
confusión. Los egipcios registran dos dinastías que debieron de reinar
simultáneamente: la XIII dinastía gobernó el Alto Egipto desde Tebas y la XIV
dinastía gobernó el Bajo Egipto desde Xois, en el centro del delta del Nilo.

En 1782 murió Shamshi-Adad I, y bajo su sucesor el poder asirio declinó.


Hammurabi aprovechó para concentrar sus fuerzas contra Larsa. En 1762, tras
un año de guerra, aplastó a Rim-Sin y se hizo con el control de lo que había
sido Sumer. Después se dirigió hacia el norte. En 1758 saqueó Mari,
en 1755 se apoderó de Eshnunna y, tras unos años de resistencia,
hacia 1754 Assur se hizo tributaria de Babilonia. Su rey conservó el trono, con
lo que la dinastía fundada por Shamshi-Adad I no se vio interrumpida.

En 1750 la cultura cretense inició un periodo de apogeo. Se construyeron


grandes palacios, construcciones complejas con salas de uso religioso, de
ceremonias y de banquetes. Había almacenes con reservas de vino, aceite,
grano, lana, metales, etc. Alrededor de los palacios estaban los talleres de los
artesanos metalúrgicos, de los grabadores y los alfareros. Se conservan
magníficas piezas de cerámica y orfebrería. La influencia de Creta sobre las
islas del Egeo y el sur de Grecia debió de reforzarse en esta época.
Probablemente, fue este periodo el que dio origen a la leyenda griega sobre un
poderoso rey cretense llamado Minos, al cual los atenienses debían pagar
anualmente un tributo humano para alimentar al Minotauro, un monstruo, hijo
de Minos, con cabeza de toro. Ciertamente en Creta se celebraban rituales con
toros.

Mientras tanto un grupo de pueblos indoeuropeos que se llamaban a sí


mismos Arios (nobles) comenzó a descender sobre la India. Parece ser que la
invasión se produjo lentamente a lo largo de varios siglos, pero es posible que
hubiera una primera oleada especialmente violenta, ya que la civilización del
Indo, que ya contaba con más de medio milenio de historia, se extinguió
repentinamente. Se ha constatado que uno de sus centros principales, la ciudad
de Mohenjo-Daro, fue víctima de una cruenta matanza. La lengua de los arios
era el sánscrito. Eran pastores de rebaños bovinos. Habían domesticado el
caballo y conocían el uso del arado. Tenían muchos dioses, pero el principal
era Idra, que les ordenaba la guerra santa para dar muerte a los dasa (los
aborígenes de la India), que tuvieron que desplazarse hacia el sur. Las
ciudades fueron destruidas y
sustituidas por pequeños
poblados de pastores.

Aún más al este, en China,


tras el largo periodo de la
dinastía Xia, se instauró la
primera dinastía de la que se
tiene un auténtico
conocimiento histórico: la
dinastía de los Chang. Su
capital estaba en la ciudad
de Erlitou y dominaba una
buena parte del valle del río
Amarillo. La organización
política era rudimentaria y no
estuvo exenta de tensiones y
luchas con los vecinos. Durante el reinado de los Chang se fijaron los rasgos
específicos de la antigua China: la escritura, el transporte mediante carros, la
fundición del bronce, y una organización política estructurada en torno al rey
y la capital.

Volviendo a Babilonia, Hammurabi murió en 1750, siendo rey de un territorio


tan extenso como el que había gobernado el acadio Naram-Sin seis siglos
atrás. El ascenso de Babilonia tuvo muchas consecuencias en todos los
ámbitos. Desde su fundación, el dios principal de Babilonia había
sido Marduk,totalmente desconocido fuera de su entorno inmediato. Cuando
los amorreos tomaron la ciudad, adoptaron también a su dios y lo pusieron a la
cabeza de su panteón. El segundo dios en importancia fue Nabu, que era el
dios principal de una ciudad situada un poco más al sur,
llamada Borsippa. Las victorias de Hammurabi se reflejaron en un ascenso
análogo de Marduk en el cielo mesopotámico. Al final de su reinado la
epopeya de la creación ya no era la misma que habían imaginado los
sumerios. Ahora el dios Anu ya no lograba vencer a la oscura Tiamat, sino
que retrocedía mientras Marduk (que, por cierto, resultó ser hijo de Ea) se
enfrentaba sin temor a la diosa del caos y la mataba. Así, Mesopotamia se
enteró de que en realidad fue Marduk el heroico dios que creó el Universo y,
por consiguiente, su legítimo gobernante. Nabu acabó siendo hijo de Marduk,
con la notoriedad que ello conllevaba. No obstante, esto no era así en Assur,
cuyos habitantes se aferraron al culto del dios Assur, que daba nombre a la
ciudad.

Al igual que ya habían hecho muchos reyes anteriores, Hammurabi puso por
escrito las leyes de su reino. El llamado código de Hammurabi es el sistema
de leyes más antiguo que conocemos en su integridad. Fue inscrito en una
estela de diorita de casi tres metros de altura. En lo alto hay una imagen de
Hammurabi arrodillado ante Shamash, el dios del Sol, que al parecer fue quien
le dictó el código. En una fina escritura cuneiforme, la estela contiene las casi
trescientas leyes de que constaba el código, indudablemente basadas en las
legislaciones precedentes. La estela estaba situada en el templo de Shamash de
la ciudad de Sippar, al norte de Babilonia. Podía ser consultada por cualquiera
(que supiera leer), lo que garantizaba en cierto modo la objetividad de la
justicia.

La ley dividía a los hombres en tres categorías: nobles, campesinos y esclavos.


Las diferencias de clase están cuidadosamente estipuladas: era mayor la pena
por dañar a un noble que a un campesino, y ésta era a su vez mayor que la
pena por dañar a un esclavo. Por otra parte, un noble debía sufrir un castigo
mayor que un campesino por el mismo delito. Los esclavos eran marcados en
la frente, y estaba prohibido ocultar la marca. Había métodos por los que los
esclavos podían comprar su libertad, así como leyes que los protegían de un
trato abusivo. El código de Hammurabi tiene un pronunciado carácter
comercial: considera los contratos como compromisos sagrados, da leyes
sobre la posesión, venta y transferencia de bienes, regula el comercio, los
beneficios y los alquileres, prohíbe el engaño en el peso, los artículos de mala
calidad y los fraudes en general. También regula el matrimonio, el divorcio y
la adopción. El marido podía divorciarse a voluntad, pero debía restituir la
dote a la esposa. Las mujeres y los niños gozaban de protección legal. Se
legislaba incluso sobre los delitos pasionales. Los hombres eran responsables
de los diques y canales. Si por negligencia se producía una inundación, el
culpable debía pagar fuertes multas. En cuanto a las penas, la más frecuente
era la mutilación: Si un hombre golpeaba a su padre, se le cortaba la mano, si
un carpintero construía una casa, ésta se derrumbaba y moría el inquilino, el
carpintero debía morir, pero había atenuantes por accidente. Se regulaba la
profesión médica, su ética y sus honorarios. Un cirujano inexperto podía
perder la mano.

A la vista de este código, podemos afirmar que la moral de los babilonios (y,
probablemente la de los mesopotámicos en general) era muy similar a la moral
moderna, con las diferencias obvias (esclavitud, rigor en las penas, etc.)
Durante mucho tiempo ha existido una falsa imagen de perversión en las
culturas paganas motivadas por las difamaciones de la Biblia. En realidad, la
única diferencia notoria entre la moral babilónica y la judía parece ser el
exacerbado puritanismo de ésta en materia sexual.

Hammurabi estableció una compleja y eficiente red administrativa que él


mismo supervisaba. Bajo su reinado el acadio se convirtió en una lengua
literaria, si bien el sumerio continuó siendo una lengua culta. En 1749, tras la
muerte de Hammurabi, ocupó el trono su hijo Samsuiluna, que conservó
bastante bien su herencia. El acoso de los hurritas era por entonces mucho más
intenso. En 1720 Samsuiluna consiguió rechazar una oleada hurrita que arrasó
Canaán, bien provista de carros, arcos y flechas. La horda no se detuvo, sino
que siguió hacia el sur, engrosada con cananeos, y llegó hasta Egipto. Por
aquel entonces, Egipto estaba desmembrado y débil, por lo que no pudo
oponer ninguna resistencia. Los egipcios llamaron hicsos a los invasores (que,
al parecer, significa "extranjeros") y contaron a sus reyes en las dinastías XV y
XVI. No sabemos gran cosa de los hicsos, pues los egipcios los odiaron
profundamente y no escribieron nada sobre ellos, salvo algunos pasajes
difamatorios. Los hicsos formaron un imperio que comprendía el Bajo Egipto
y Canaán. Su capital estuvo en Tanis, sobre la rama más oriental del Nilo en
el delta. Al parecer, el delito de los hicsos a ojos de los egipcios (aparte del
hecho de que eran extranjeros y su invasión había herido el orgullo nacional)
fue que no adoptaron los dioses y el culto nativo. Egipto era un pueblo
firmemente arraigado a su tradición y no podía concebir otra forma de vida
decente que no fuera la suya. Acusaron a sus conquistadores de ateos y crueles
y nunca dejaron de mostrarse hostiles con ellos. El imperio hicso tenía su
capital en Egipto, pero su fuerza estaba en Canaán, donde fueron bien
aceptados. Los hicsos no extendieron su dominio sobre el Alto Egipto, pero lo
dejaron sumido en un estado de caos del que tardaría en recuperarse.

Mientras tanto, los hititas, que tiempo atrás habían ocupado Anatolia,
empezaban a dar muestras de organización. El primer rey del que tenemos
noticia se llama Anitta, rey de Kussara, que emprendió un proceso de
conquista y unificación del territorio. Hacia 1700 dominaba la mitad de la
península. Los hititas adoptaron la escritura cuneiforme y la adaptaron a su
lengua indoeuropea. Mientras tanto, los nómadas de los montes Zagros,
llamados ahora casitas, aprendieron la técnica del carro y el caballo e
iniciaron un proceso de incursiones sobre el Imperio Babilónico.

Por estas fechas un terremoto sembró la destrucción en la isla de Creta, que


perdió temporalmente su hegemonía en el Mediterráneo. Es posible que los
griegos aprovecharan la situación para infligir una derrota a los cretenses. Tal
vez esto diera pie a la leyenda sobre Teseo, el príncipe ateniense que mató al
Minotauro y liberó a su ciudad del tributo que debía pagar al rey Minos de
Creta.

Hacia 1645 la ciudad de Tebas estaba recuperada de los estragos de los hicsos.
El dios principal de la ciudad era Amón, y sus sacerdotes lograron restablecer
el orden y eligieron entre ellos un rey, el primero de la XVII dinastía, que
coexistió con la XVI dinastía hicsa. Los reyes tebanos se consideraban los
reyes legítimos de todo Egipto, si bien en la práctica sólo dominaban la ciudad
y sus alrededores.

Hacia 1640 el rey Hattusil I de Kussara logró dominar a los hititas del oeste
de Anatolia y a los hurritas del norte de Siria, formando así un reino poderoso
con capital en Hattusa. Con el tiempo, la capital se convertiría en un
importante centro cultural. En 1610 Hattusil I fue sucedido por su
nieto Mursil I, que reafirmó su poder en la región y puso su mirada en
Babilonia. De este modo, Babilonia se vio enfrentada simultáneamente a los
hititas al noroeste, a los hurritas al norte y a los casitas al este. El fin estaba
cerca.
9. El Nuevo Imperio Egipcio (1600)

Durante el siglo XVI, la isla de Creta se recuperó de su declive. Se volvieron a


construir palacios más grandiosos que los de los tiempos anteriores. Los
nuevos palacios tenían un gran patio central con gradas monumentales para
espectadores, donde se celebraban competiciones de lucha (algo similar al
boxeo, aunque también se golpeaba con los pies) y juegos rituales con toros:
unos atletas saltaban sobre los animales y, tras una voltereta, caían de pie. El
toro tenía una gran importancia religiosa en esta cultura. La parte de la
leyenda griega sobre el Laberinto, que el rey Minos había hecho construir para
encerrar al Minotauro, parece remontarse a esta época. Las casas particulares
tenían hasta cinco plantas con escaleras interiores. Se conservan pinturas de
escenas cotidianas, en las que los hombres juegan a un cierto juego de tablero
mientras el ama de casa teje lana, hay escenas de caza, otras de hombres
acompañados de perros y gatos, etc. Los cretenses tenían un dios principal
poderoso e iracundo, pero también había una diosa Madre a la que se podía
rogar que aplacara a su hijo. El rey era descendiente de este dios y, de hecho,
era éste quien le decía en cada momento lo que convenía hacer, de modo que
oponerse a una orden real era oponerse a la voluntad divina. Todo esto es lo
que se desprende de las numerosas pinturas de la época. De los testimonios
escritos no se puede concluir nada, pues no se conoce la lengua cretense. La
escritura del periodo anterior (la que terminó en 1700) era pictográfica, pero
ahora se usaba una nueva en forma de líneas onduladas irregulares
(escritura Lineal A).

La cultura cretense se extendió por las islas Cícladas y por


el Peloponeso, cuyas ciudades principales a la sazón eran Micenas,
Tirinto y Argos. Otras ciudades que más adelante adquirirían importancia
eran Esparta y Corinto y, ya fuera del Peloponeso, Atenas y Tebas.
En 1595 el rey hitita Mursil I tomó Babilonia. No obstante, no pudo controlar
la ciudad, pues los casitas aprovecharon la ocasión, descendieron
definitivamente de los montes Zagros e impusieron su dominio sobre lo que
había sido el Imperio Babilónico. Una vez más, la región pasó por un largo
periodo de decadencia mientras los bárbaros invasores fueron asimilando
lentamente la cultura mesopotámica y la versión babilónica de la religión
sumeria. En 1590 Mursil I fue asesinado por su cuñado y sucesor, Hantil I.

Por otra parte, las ciudades civilizadas habían aprendido de los hicsos el uso
bélico del caballo, con lo que éste dejó de ser una ventaja para los pueblos
nómadas. Los reyes tebanos del Alto Egipto tenían caballos y los usaron para
combatir a los invasores. El último rey de la XVII dinastía fue Kamosis, que
redujo el dominio hicso a las vecindades de su capital. En 1570 fue sucedido
por su hermano Ahmés(que, por algún extraño motivo, los egipcios
catalogaron como primer rey de una XVIII dinastía). Ahmés libró una batalla
decisiva en el Delta, en la que derrotó a Apofis III, el último rey hicso. El
ejército hicso huyó a Palestina, pero Ahmés lo siguió y lo volvió a derrotar.
Indudablemente, los hicsos ya no eran entonces los toscos guerreros de
antaño, sino que habían asimilado los lujos egipcios y se habían debilitado. A
partir de aquí desaparecen de la historia: la mayoría de ellos permanecieron en
el territorio entre los fenicios, cananeos, amorreos, etc., pero ya sin ninguna
identidad que los uniera.

Con sus victorias, Ahmés logró imponer su autoridad sobre un Nuevo


Imperio Egipcio. Parece que las tensiones entre el rey y la nobleza quedaron
atrás. Ahora Egipto tenía carros y caballos, así como un nuevo orgullo
nacional. El rey ya no sólo era sacerdote y dios, sino también un gran general.
Su autoridad era indiscutible. Una muestra de la nueva reverencia que se le
reservaba es que los egipcios ya no se referían a él como "el rey", sino con el
circunloquio más pomposo de "la gran casa" o "el palacio", voz que ha
derivado en la expresión Faraón. Aunque anacrónicamente se llama faraones
a todos los reyes egipcios, lo cierto es que este título surgió con el Imperio
Nuevo.

En 1560, el rey hitita Hantil I fue asesinado junto a su hijo y sus nietos por su
yerno y sucesor Zidanta I, que años atrás había sido su cómplice en la
conjura contra Mursil I. Las leyes hititas no establecían claramente la fórmula
de sucesión del rey, por lo que las conjuraciones eran cada vez más
frecuentes. A los pocos años de subir al trono, Zidanta I fue asesinado por su
hijo Ammuna. Los desórdenes dinásticos, unidos a una grave sequía
sumieron al reino en una profunda crisis.

En 1545 el faraón Ahmés fue sucedido por


su hijo Amenofis I, quien retomó Nubia, el
Sinaí y todo Canaán hasta Fenicia, como en
los tiempos del Imperio Medio. Al oeste,
los pastores libios protagonizaban
frecuentes incursiones en territorio egipcio
desde tiempos de los hicsos. El nuevo
faraón puso fin a esta situación ocupando
una buena franja del desierto libio.

En 1525, tras la muerte de Amenofis I


ocupó el trono Tutmosis I, quien extendió
el control egipcio sobre el Nilo hasta la
cuarta catarata, mucho más allá que en
cualquier época anterior. En Canaán llegó
hasta la ciudad de Karkemish, en plena
siria, a orillas del Éufrates. Los soldados
egipcios quedaron fascinados por la
abundante lluvia: "un Nilo que cae del
cielo". El propio Éufrates fue también causa de sorpresa, pues los Egipcios
usaban la misma expresión para referirse al Norte que para decir "río arriba".
Así, el Éufrates era un río que, "fluyendo hacia el norte, fluye hacia el sur".

La ciudad de Tebas gozaba ahora de más prestigio que nunca. Tutmosis I


construyó grandes templos, y cada uno de los reyes posteriores trató de
superar a los precedentes. La construcción de pirámides se abandonó
definitivamente (todas habían sido saqueadas por los ladrones de tumbas). En
su lugar, Tutmosis I optó por ocultar su mausoleo tras una compleja red de
túneles excavados en la roca de una colina cercana a Tebas. Durante los
últimos años de su reinado gobernó junto a su hijo y sucesor, Tutmosis II.

Mientras tanto, hacia 1500, los hurritas, que llevaban hostigando a


Mesopotamia desde hacía tres siglos, finalmente se organizaron en un estado
conocido comoMitanni, que ocupó una buena parte de lo que había sido el
ahora decadente Imperio Asirio. Asur conservó su independencia, pero fue
tributaria del nuevo reino. Mitanni arrebató también a los hititas gran parte de
sus dominios, mientras éstos seguían bajo monarquías débiles que se
disputaban el poder. El rey Telibinu trató de establecer una ley de sucesión
clara, pero no pudo evitar que el reino hitita sucumbiera ante los hurritas de
Mitanni.

En la actual Guatemala se estaban formando las primeras comunidades


agrícolas.

En 1490 murió el faraón Tutmosis II. Siguiendo una costumbre egipcia, éste
se había casado con su hermana Hatshepsut (probablemente, los orgullosos
reyes egipcios consideraban que ninguna mujer era digna de ellos salvo que
fuera de su propia familia). Fue ella quien realmente gobernó el Imperio desde
la muerte de Tutmosis I. Por su parte, Tutmosis II había tenido un hijo con
una concubina, Tutmosis III, a quien teóricamente le correspondía el trono,
pero era menor de edad y su tía y madrastra quedó como regente. Hatshepsut
es la primera mujer gobernante conocida en la historia. En los monumentos
que construyó se representa a sí misma con vestimentas masculinas, sin
pechos y con una barba postiza. Bajo su mandato dejó de lado la expansión
militar y, en su lugar, fomentó el comercio, las minas y la industria. En
aquella época estaba de moda la construcción de obeliscos gigantes: finas
columnas de piedra de tal altura que todavía no está claro cómo conseguían
erigirlas sin que se rompieran. Originalmente fueron erigidos en honor al dios
Ra, en tiempos del Imperio Antiguo, pero entonces no eran especialmente
altos: unos tres metros y medio. En el Imperio Medio se construyeron
obeliscos de más de 20 metros de altura, Tutmosis I construyó uno de 24
metros y Hatshepsut llegó a los 30 metros.

Hatshepsut murió en 1469, cuando Tutmosis III tenía unos veinticinco años.
Indudablemente, debió de vivir oprimido por su madrastra, pues tras su
muerte ordenó eliminar su nombre de todos los monumentos en los que
aparecía, sustituyéndolo por el suyo o por el de su padre o su abuelo. Incluso
dejó su tumba incompleta, que es la mayor venganza que podía tomarse, de
acuerdo con la mentalidad egipcia.

El periodo pacifista de Hatshepsut había acrecentado a las ciudades cananeas.


El nuevo faraón había sido un títere de su madrastra, así que los cananeos
debieron de pensar que sería un monarca débil y que era el momento idóneo
para librarse del yugo egipcio. El reino de Mitanni fomentó la rebelión, que
fue encabezada por la ciudad de Cadesh, tal vez el último resto del Imperio
Hicso.

Sin embargo, el nuevo monarca resultó ser un buen general. En 1468 se


enfrentó con un ejército cananeo en Megiddo, un enclave estratégico para la
defensa de Cadesh. Tutmosis III aprovechó que el grueso del ejército se
encontraba en otra parte (pues tomó una ruta diferente a la que sus enemigos
habían conjeturado) y consiguió así una primera victoria. Dejó parte de su
ejército sitiando la ciudad y siguió avanzando. A los siete meses Megiddo
cayó en poder egipcio. Año tras año, Tutmosis III reanudaba sus campañas en
Canaán, hasta que en 1462 llegó a la misma Cadesh y la destruyó. Luego
cruzó el Éufrates y se internó en Mitanni, pues Cadesh no habría resistido
tanto tiempo sin su ayuda. No obstante no se atrevió a ocupar
permanentemente una región tan alejada. Durante un siglo, el dominio de
Egipto sobre Canaán no tuvo discusión.

Mientras tanto, el dominio de Creta sobre el Mediterráneo fue decayendo en


favor de la civilización micénica. Hacia 1450 se aprecian signos de
destrucción en muchas ciudades cretenses, e incluso periodos de ocupación
griega.

En 1438 murió Tutmosis III y fue sucedido por su hijo Amenofis II, que
continuó la política de expansión de su padre y reprimió dos levantamientos
en Asia.

Hacia 1430 el reino hitita encontró finalmente un gobierno estable bajo el


rey Tudhaliyas I, que logró algunas victorias sobre Mitanni.

Amenofis II reinó hasta 1412, cuando fue sucedido por su hijo Tutmosis
IV. Éste promovió una política de paz con Mitanni, y llegó incluso a tomar
por esposa a una de sus princesas (algo completamente inusitado hasta
entonces). Con Tutmosis IV empezó a cobrar importancia un dios que hasta
entonces sólo había desempeñado un papel secundario en el panteón egipcio,
el dios Atón. Es probable que en ello influyera la reina. La religión hitita era
mucho más simple que la egipcia, por lo que tal vez a la reina le resultó más
fácil identificar sus creencias con el culto a un dios modesto como Atón frente
al sofisticado culto a Amón-Ra. En cualquier caso, lo cierto es que Tutmosis
IV le rindió un ostensible homenaje.

Hacia 1400 murió el rey hitita Tudhaliyas I, que fue sucedido por su
yerno Arnuanda I.
10.El Egipto faraónico (1400)

Con el siglo XIV se inicia la llamada Edad Micénica griega. Las ciudades del
Peloponeso, con Micenas a la cabeza, arrebataron gradualmente a Creta su
dominio sobre el mar Egeo. Al parecer, los griegos micénicos eran el
resultado de la fusión entre un pueblo indoeuropeo que llevaba ya siglos
ocupando el norte de Grecia con un pueblo nativo no indoeuropeo, conocido
como Pelásgico, que ocupaba las costas y las islas. No tenemos muchos
detalles de este periodo, pero de algún modo los indoeuropeos grecohablantes
absorbieron la cultura de los pelásgicos (que a su vez éstos habían tomado de
los cretenses) y se convirtieron en una clase dominante. Prueba de ello es que
en 1400 cayó definitivamente en manos de los griegos micénicos la ciudad de
Cnosos, y a partir de entonces la escritura lineal A (no descifrada) fue
sustituida por una escritura de aspecto similar, la lineal B, que ha resultado ser
una forma de griego arcaico. Los documentos descifrados contienen recetas e
instrucciones para el trabajo. No hay literatura, ni ciencia, ni historia, por lo
que podemos pensar que los micénicos eran una mezcla sencilla de
comerciantes, navegantes y guerreros. Tal vez los griegos indoeuropeos
fueron los que promovieron la rebelión contra el dominio cretense y ello les
diera a su vez el predominio sobre los pelásgicos. La lengua pelásgica debió
de conservarse en un segundo plano frente a la griega durante varios siglos.
Por su parte, los griegos situados más hacia el interior no recibieron con igual
intensidad la antigua cultura cretense, sino que permanecieron en un estadio
más primitivo frente a los griegos micénicos. Es probable que esta
diferenciación cultural se corresponda con la diferenciación de dos de los
dialectos más importantes del griego clásico: los griegos micénicos debían de
hablar el dialecto jónico, mientras los griegos del interior debían de hablar
el eólico. La cultura micénica se extendió hasta el sur y el centro de Italia.

Mientras tanto Canaán florecía bajo el protectorado egipcio. Los fenicios


revolucionaron la escritura. Todos los sistemas de escritura conocidos hasta
entonces se basaban en asignar un signo a cada palabra. Esto hacía que la
escritura fuera un arte muy complejo, pues había que recordar cientos de
signos distintos. Ocasionalmente, algunos signos se usaban con valor fonético
para modificar el significado de otro signo, pero los fenicios fueron los
primeros que desarrollaron la idea y crearon un sistema de escritura
alfabética, es decir, un sistema en el que cada signo representa un sonido, de
tal modo que con un reducido inventario de signos (alfabeto) se puede
representar cualquier palabra. Para ello eligieron palabras que empezaran por
cada uno de los signos de su lengua y convinieron en usar sus signos para
representar únicamente a dicho sonido inicial. Por ejemplo, la palabra "buey"
era aleph, cuyo primer sonido era una oclusión glótica que no existe en
castellano, y su signo pasó a ser la primera letra del alfabeto cananeo. Las
siguentes fueron beth, gimel y daleth, que significan "casa", "camello" y
"puerta", respectivamente, pero que para los fenicios pasaron a representar los
sonidos b, g y d, respectivamente. El alfabeto fenicio no tenía signos para las
vocales. Ello se debe a que en las lenguas semíticas cada raíz léxica está
asociada a un grupo específico de consonantes, de modo que las vocales sólo
tienen una función de apoyo, en todo caso con un valor gramatical que puede
deducirse del contexto, es decir, en la lengua cananea no había grupos de
palabras como "peso" y "piso", que comparten las mismas consonantes con
significados completamente distintos, por lo que, si se escribían las
consonantes, cualquier hablante podía reconstruir las vocales. La escritura ha
sido inventada independientemente por varias culturas a lo largo de la historia,
pero todos los sistemas de escritura alfabética conocidos provienen del
fenicio.

Por otra parte, el comercio fenicio se enriqueció con productos novedosos.


Mejoraron las técnicas egipcias de fabricación del vidrio, pero sobre todo
descubrieron la púrpura, un tinte rojo extraído de unos moluscos con el que
se elaboraban tejidos de color brillante que no desteñían al ser lavados. Los
fenicios guardaron celosamente el secreto de la elaboración de este tinte, con
lo que monopolizaron su comercio durante siglos. La púrpura fue muy
codiciada, y se vendía a precios elevados. Entre las ciudades que más se
beneficiaron de estas innovaciones estaban Tiro y Sidón.

En 1387 ocupó el trono de Egipto Amenofis III, hijo de Tutmosis IV y de la


princesa de Mitanni con la que se casó. Bajo su reinado Egipto disfrutó de un
largo periodo de paz. El nuevo faraón se casó también con una princesa de
Mitanni, llamada Tiy, de la que estaba profundamente enamorado, como se
deduce de diversas inscripciones. Construyó para ella un monumental lago de
recreo de más de un kilómetro de largo en la orilla occidental del Nilo.
Durante su reinado el dios Atón siguió ganando protagonismo. Es posible que
Amenofis III, influido por sus padres y su esposa, llegara a considerarlo como
a su dios principal, si bien oficialmente mantuvo los ritos tradicionales. Sin
embargo, parece ser que su hijo no recibió una educación religiosa
"tradicional", sino que nunca llegó a identificarse con las antiguas creencias
egipcias.

La alianza entre Egipto y Mitanni había perjudicado gravemente al reino


hitita. En 1385 el rey Arnuanda I murió enfrentándose a invasiones y
rebeliones internas, y fue sucedido por su hijo Tudhaliyas II,quien, reuniendo
los restos del ejército real, logró recuperar el control del estado.

Mientras tanto, Babilonia seguía sumida en el periodo de decadencia que


produjo la invasión de los casitas. Mitanni cayó en una crisis interna debido a
disputas en la sucesión al trono, al igual que había ocurrido en el reino hitita
en los años anteriores, mientras que éste se recuperó con las campañas
militares del príncipe Shubbiluliuma, hijo de Tudhaliyas II, que fue
proclamado rey en 1371, después de que una conspiración derrocara a su
hermano Tudhaliyas III.

En 1370 murió Amenofis III. En su honor se construyó un magnífico templo,


cuya entrada estaba flanqueada por dos enormes estatuas suyas. Una de ellas
tenía la propiedad de emitir una nota al amanecer. Sin duda los sacerdotes
habían preparado algún dispositivo mecánico que dio lugar a muchas
leyendas. El trono fue ocupado por el que en un principio se llamó Amenofis
IV, pero que en 1366, cuatro años después, cambió por el de Akenatón. Su
antiguo nombre significaba "Amón está complacido", mientras que el nuevo
era "Agradable a Atón". Con ello el nuevo faraón declaraba su apostasía
respecto del dios principal de los egipcios, Amón-Ra, y su intento de
sustituirlo por el dios Atón. El nuevo faraón tenía ideas revolucionarias en
materia religiosa. Al principio representaba a Atón con cuerpo humano y
cabeza de halcón, pero pronto abandonó esta imagen y la sustituyó por una
representación del Sol, como un disco del que partían rayos que terminaban en
manos. Al igual que Ra, el dios Atón era para Akenatón el dios del sol, pero el
faraón negaba todos los mitos que los egipcios habían reunido en torno a
Amón-Ra. Para Akenatón, su dios era el mismo Sol, no un dios antropomorfo
que dominaba el Sol, sino el mismo Sol, un ente celeste que proporcionaba la
luz, el calor y la vida a la Tierra y velaba por todas las criaturas. Más aún,
Akenatón no se conformó con elevar el rango de Atón entre los dioses
egipcios, sino que lo convirtió en sumo hacedor y afirmó que era el único dios
verdadero. Se trata del primer caso de monoteísmo en la historia (la tradición
judía remonta su monoteísmo al principio de los tiempos, pero es muy
improbable que Abraham tuviera a su dios por único).

Akenatón trató de abolir la religión egipcia, objetivo que, naturalmente, era


imposible incluso para el monarca más poderoso del mundo. Se encontró con
la incomprensión del pueblo y con la oposición implacable de los poderosos
sacerdotes. Decidió construir una nueva capital dedicada íntegramente al culto
a Atón. La llamó Aketatón (el horizonte de Atón) y fue emplazada a mitad de
camino entre Menfis y Tebas. Allí construyó templos y palacios para sí mismo
y para la nobleza que le era leal. El templo de Atón era un edificio singular,
pues carecía de techo, para que el Sol pudiera lucir siempre en su interior.
Akenatón terminó aislándose en su nueva capital desatendiendo los asuntos
exteriores. Se dedicó casi exclusivamente a perseguir al antiguo clero, a
rectificar inscripciones eliminando las referencias a los dioses y a difundir sus
creencias en el entorno reducido de su familia y la corte.

La mujer de Akenatón se llamaba Nefertiti, y es muy conocida porque se


conserva un hermoso busto de piedra con su imagen. Probablemente era una
princesa asiática, como su madre. La familia real (el matrimonio y sus seis
hijas) ocupaba un lugar central en el nuevo culto que ideó el faraón. Sus
himnos hablan de amor universal y revelan un pensamiento místico y
humanista. Akenatón propició también un arte natural y verista. Hasta
entonces, los egipcios representaban siempre las cabezas de perfil, el tronco
de frente y las piernas de nuevo de perfil, de modo que las poses resultaban
artificiales y las expresiones faciales eran siempre similares. En cambio,
Akenatón y Nefertiti se retrataron en poses informales, en escenas cotidianas,
jugando con sus hijas, en momentos de afecto, etc. El propio Akenatón es
representado como un hombre feo, barrigudo y de muslos gruesos, un
realismo inusitado en Egipto.

Durante el reinado de Amenofis III había ascendido al poder un general


semita llamado Yanhamu, que llegó a ser gobernador de los territorios
egipcios en Palestina. No fue el único cananeo que gozó de una posición de
prestigio en Egipto. Es probable que alguno de ellos (o varios) diera origen al
mito bíblico sobre José, un cananeo que ascendió de la esclavitud a virrey de
Egipto. Bajo el reinado de Akenatón Yanhamu estuvo en Egipto, y es
plausible que ocupara el alto cargo de "director de los graneros", lo que
acabaría vinculándolo con una antigua leyenda egipcia, originariamente
atribuida a Imhotep, según la cual José interpretó los sueños del faraón y
previno siete años de hambre, y así ordenó a tiempo almacenar las provisiones
necesarias para alimentar al pueblo en los años de escasez.

Mientras tanto, el rey hitita Shubbiluliuma había recuperado las provincias


que su reino había perdido años atrás y en 1365 asoló Mitanni. Formó así un
imperio (conocido como Nuevo Reino Hitita) al que los reyes del suroeste de
Anatolia y el norte de Siria estaban sometidos por tratados desiguales. Al
tiempo que Mitanni decaía, en Asiria surgió un rey poderoso, Ashur-
Uballit, que logró la total
independencia de su reino respecto
de Mitanni.

Se suponía que Mitanni era aliado


de Egipto, pero Akenatón no
respondió a las peticiones de
ayuda, ni tampoco a las de los
virreyes y generales de Egipto en
Siria, que le informaban de que las
posiciones egipcias se veían
seriamente amenazadas y
solicitaban que enviara a Yanhamu
con un ejército. En efecto, unas
nuevas tribus nómadas semíticas
habían surgido de Arabia, al igual
que sucediera con los amorreos
tiempo atrás, y amenazaban las
posesiones egipcias en Canaán. Eran los hebreos. Pese a la negligencia de
Akenatón, los ejércitos egipcios pudieron impedir que los hebreos se
instalaran permanentemente al oeste del Jordán. Sin embargo, los recién
llegados formaron tres reinos al este: Amón, Moab y Edom. Los hebreos
adoptaron la lengua cananea (estrechamente emparentada con la suya), así
como el alfabeto, con algunas adaptaciones. Paulatinamente fueron asimilando
diversos aspectos de la cultura cananea.

En 1362 murió Akenatón, con seis hijas, pero sin ningún hijo que pudiera
sucederle. El trono fue ocupado por uno de sus yernos, Smenkere, que
teóricamente profesaba el culto a Atón, pero no hizo nada para impedir que
todas las innovaciones religiosas promovidas por Akenatón quedaran en el
olvido. Los conversos a la nueva religión la abandonaron rápidamente, los
sacerdotes recuperaron todo su poder. En 1352 ocupó el trono un segundo
yerno de Akenaton, que en principio se llamaba Tutankatón, pero que cambió
su nombre por el de Tutankamón, confirmando así el retorno a la religión
tradicional. Tebas pasó a ser de nuevo la capital del imperio. La ciudad de
Aketatón fue abandonada y se convirtió en una especie de "ciudad fantasma".
Como faraón, Tutankamón no tuvo gran importancia: tenía unos doce años
cuando inició su reinado y murió sobre los veinte. No obstante ha pasado a la
historia por ser el único faraón cuya tumba no fue saqueada por los ladrones.
Ello se debió a que en la construcción de una tumba para un faraón posterior
la entrada de la tumba de Tutankamón fue cubierta por unas piedras de forma
accidental, y así pasó desapercibida.

A la muerte de Tutankamón, en 1338, el trono egipcio no tenía heredero.


Finalmente se hizo con el poder un devoto de la religión de Akenatón,
llamado Ay,que al parecer no era de sangre real, pero se casó con la viuda de
Tutankamón para legitimar su título. Ay intentó reconstruir la obra de
Akenatón, pero se trataba de un intento desesperado. Los sacerdotes buscaron
el apoyo de un general competente, Horemheb, al que lograron convertir en
faraón en 1333casándolo con una princesa. Horemheb erradicó
definitivamente el culto a Atón y reorganizó el país. Envió expediciones para
restablecer el control egipcio sobre Nubia, pero prefirió no enfrentarse a los
hititas en Siria.

En 1330 murió el rey asirio Ashur Uballit, que fue sucedido por su hijo Enlil-
ninari.

Babilonia empezaba a dar muestras de recuperación tras la invasión de los


casitas. Éstos habían reconstruido el templo de Marduk y ahora patrocinaron
la reconstrucción de Ur.
En 1322 murió el rey hitita Shubbiluliuma victima de una epidemia, que al
año siguiente mató también a su hijo y sucesor Arnuanda II. El trono pasó
entonces al segundo hijo de Shubbiluliuma, Mursil II.El nuevo rey supo
mantener el poder del Nuevo Reino conteniendo eficazmente las revueltas
relativamente frecuentes de los reinos sometidos. Ocupó las posiciones
egipcias en Siria y sometió completamente a Mitanni.

En 1319 murió el rey asirio Enlil-ninari, que fue sucedido por su hijo Arik-
den-ili, que a su vez fue sucedido en 1308 por su hijo Adad-ninari I.

En 1306 murió el faraón Horemheb y es reemplazado por uno de sus


generales, Ramsés I, con el que comienza la XIX dinastía. En realidad sus dos
antecesores no pertenecían a la familia de la XVIII dinastía salvo por
matrimonios de conveniencia, pero los egipcios los incluyeron en ella. Ramsés
I era ya mayor, por lo que reinó poco más de un año. En 1304 fue sucedido
por su hijo Seti I. El nuevo faraón restableció todo el poderío del Nuevo
Imperio egipcio. Recuperó las posiciones de Siria, si bien no pudo aplastar a
los hititas, con los que tuvo que firmar una paz de compromiso.
11.La Edad del Hierro (1300)

A principios del siglo XIII los hombres aprendieron a fundir el hierro y


combinarlo con carbón para producir acero. El hierro mineral es blando e
inútil, pero el acero es un metal duro que permitía fabricar armas mucho más
poderosas que las de bronce, por lo que tenía un valor estratégico incalculable.
El descubrimiento tuvo lugar al sur del Cáucaso, en una zona controlada a la
sazón por el poderoso reino hitita. Las técnicas de fundición del hierro eran
mucho más complicadas que las del bronce, pues requieren temperaturas
mucho más elevadas. Además no se conocían muchos yacimientos. Los hititas
mantuvieron la nueva técnica en secreto, a la espera de poder utilizarla a gran
escala. Así, durante algún tiempo las regiones civilizadas ignoraron su
existencia. Sin embargo, para las tribus nómadas indoeuropeas unas pocas
armas de hierro podían ser decisivas en pequeñas luchas con tribus vecinas,
así que las nuevas técnicas se difundieron hacia el norte entre los pueblos
indoeuropeos. Se iniciaba así la Edad del Hierro.

El hierro llegó hasta Grecia. Hay constancia de que las tribus eolias que
habitaban la Grecia interior, menos civilizadas que las tribus jónicas de la
Grecia micénica, importaban del norte hierro fundido en pequeñas cantidades,
si bien no lo fabricaban. Los historiadores griegos se refieren a estas tribus
con el nombre de Aqueos. No hay muchos datos sobre quiénes eran los
aqueos. Tal vez fueran simplemente los griegos eolios o tal vez éstos
absorbieron, pacíficamente o no, a nuevas tribus del norte que les trajeron el
conocimiento del hierro junto con nuevos rasgos culturales. Por ejemplo, una
costumbre diferenciada de los aqueos que permite seguirles el rastro frente a
los micénicos es que en lugar de enterrar a sus muertos los incineraban. La
incineración parece haber surgido con las nuevas técnicas de fundición que
requería el hierro. Los aqueos debieron de ser un pueblo más rudo que los
micénicos, pero éstos debieron de ver en ellos un refuerzo conveniente para
sus campañas militares.

Combinando la arqueología con la tradición griega posterior, la Grecia


micénica ofrece esta imagen: había una oligarquía dominante (probablemente
indoeuropea, frente a un pueblo de origen pelásgico). Los nobles son
carnívoros y prefieren los lechones, mientras que el pueblo es vegetariano y se
alimenta principalmente de trigo tostado y pescado. Los nobles beben vino y
usan la miel como edulcorante, mientras que el pueblo bebe agua. La
propiedad de la tierra está vinculada a la familia, en cuyo seno rige una
especie de régimen comunista. No hay una división del trabajo en oficios, sino
que cada familia se fabrica lo que necesita. Hasta el rey siega, cose y clava
tachuelas. No labraban metales, sino que importaban el bronce del norte y, en
escasas cantidades, el hierro. Usaban carros tirados por mulos, aunque eran
caros y pocos podían permitírselos. Había esclavos, pero poco numerosos y,
por lo general, bien tratados. Principalmente eran mujeres que se ocupaban de
las labores domésticas. Usaban el oro como dinero (a peso, sin acuñar
monedas), pero sólo para transacciones importantes, lo habitual era pagar con
pollos, medidas de trigo, cerdos, etc. La riqueza de una familia no se medía
por su dinero sino por sus posesiones. Daban gran importancia a la
elegancia y la belleza física. Sus trajes eran de lino, a modo de saco con un
agujero para la cabeza, si bien trataban de adornarlos con bordados y otros
detalles. Un buen vestido era considerado como algo muy valioso. Las casas
de los pobres eran de adobe y paja, las de los ricos de piedra y ladrillo.
Constaban de una estancia única con un agujero en el techo a modo de
chimenea. No tenían templos, sino que las estatuas de los dioses quedaban al
aire libre.

Por esta época debió de empezar a cobrar importancia la ciudad


de Troya. Estaba situada en la costa de Anatolia, en un lugar estratégico para
controlar el paso por el Helesponto, un estrecho que comunica el
Mediterráneo con un pequeño mar, la Propóntide, que a través del estrecho
del Bósforo comunica a su vez con el Mar Negro. El Mar Negro, ofrecía
grandes posibilidades para el comercio, alejado del disputado Mediterráneo y
con una extensa costa llena de pueblos no muy civilizados a los que se podía
ofrecer artículos de lujo a cambio de minerales y otras materias primas.
Algunos comerciantes llegaron incluso a China por esta vía, de donde
importaban artículos exóticos, como el Jade. Así pues, Troya estaba en
condiciones de aprovecharse directa e indirectamente de este comercio, sin
más que exigir un tributo a todo el que quisiera cruzar el Helesponto.

No se sabe a ciencia cierta quiénes eran los troyanos. La ciudad estuvo


habitada desde mucho tiempo atrás, pero ahora había caído bajo el control de
una nobleza grecohablante. Tal vez fueran griegos micénicos que la habían
ocupado a modo de colonia, pero es más plausible que los "nuevos" troyanos
fueran un grupo de cretenses que, ante la decadencia de su nación, decidieron
trasladarse a un lugar más propicio para "volver a empezar". Su buen
conocimiento del Mediterráneo les habría llevado a Troya, donde habrían
sometido a la población asiática y se habrían convertido en un molesto rival
para los griegos micénicos.

Mientras tanto, las grandes potencias cambiaban de reyes. Hacia 1300 el rey
Ashur-Uballit ya había muerto, pero su hijo continuó reforzando a Asiria y
llegó a saquear el agonizante reino de Mitanni. En 1295muere el rey Mursil II
y es sucedido por Muwatalli, bajo cuyo gobierno el reino hitita siguió siendo
la potencia dominante en Siria y, por consiguiente, la mayor preocupación
para Egipto. En 1290 murió el faraón Seti I, y fue sustituido por su joven
hijo Ramsés II, que reinó durante sesenta y siete años, marca sólo superada
en la historia de Egipto por el antiguo rey Pepi II. Ramsés II resulto ser el
ególatra más poderoso del mundo. Cubrió Egipto de monumentos en su honor,
con inscripciones que relataban jactanciosamente sus victorias y su grandeza.
Incluso puso su nombre en monumentos más antiguos para atribuirse méritos
ajenos. Amplió el ya enorme templo de Tebas, de modo que se convirtió en el
templo más grande y fastuoso construido jamás en la historia. La mayor sala
del templo, la sala hipóstila,medía unos 5.000 metros cuadrados y su techo se
sustentaba mediante 134 columnas de 21 metros de altura.

En 1286 se enfrentó al rey hitita Muwatalli cerca de la ciudad de Kadesh. La


única información que tenemos sobre ella es la versión oficial del faraón,
según la cual el ejército egipcio fue pillado por sorpresa y se tuvo que retirar
precipitadamente, pero Ramsés decidió vencer o morir, se lanzó él solo contra
todo el ejército enemigo y lo mantuvo a raya hasta que sus hombres se
reorganizaron y recibieron refuerzos. Finalmente los hititas fueron
estrepitosamente aniquilados. No hay motivos para creer nada de todo esto.
Pasara lo que pasara en la batalla, la realidad es que el poder hitita no
disminuyó lo más mínimo, sino que la guerra se mantuvo durante tres años,
hasta que ambos reyes firmaron una paz de compromiso en 1283.

Se inició entonces el periodo de mayor esplendor de la cultura hitita. En los


archivos de Hattusa, su capital, se han encontrado miles de tablillas escritas en
hitita y algunas en acadio con anales, tratados, leyes, actas de distribución de
tierras y textos religiosos, algunos en lenguas muertas (en la época). Egipto,
pese al acuerdo de paz, inició una serie de intrigas, estimulando a Asiria
contra el reino hurrita. El rey Adad-Ninari I ocupó el reino de Mitanni, vasallo
de los hititas, tras lo cual se otorgó a sí mismo el título de Gran Rey, y envió
una carta al rey Muwatali tratando de rebajar la tensión ocasionada por la
invasión. En ella trataba a Muwatalli de hermano, algo frecuente en la época
entre los reyes de potencias del mismo rango, pero la respuesta de Muwatalli
fue bastante brusca: ¿Acaso somos hijos del mismo padre o de la misma
madre? Pese a todo, no estalló la guerra entre ambos reinos, ya que Muwatalli
estaba más preocupado por Egipto que por Asiria. Adad-Ninari I murió
en 1275, y fue sucedido por su hijo Salmanasar I. Luego murió Muwatalli,
en 1272, y fue sucedido por su hijo Mursil III.

En 1270 Salmanasar I arrebató definitivamente a los hititas lo que había sido


el reino de Mitanni, fecha en la que podemos considerar que éste desaparece
definitivamente de la historia, pasando a formar parte del que se conoce
como Primer Imperio Asirio. Asiria recuperó todo el territorio que había
poseído en tiempos de Shamshi-Adad I, el fundador de la dinastía que había
gobernado ininterrumpidamente en Assur tanto en los buenos como en los
malos tiempos. Salmanasar usó las riquezas y los esclavos obtenidos con sus
conquistas para embellecer Assur, la capital, y Nínive, la segunda ciudad más
emblemática del reino. Sin embargo, consideró que su nuevo imperio requería
una nueva capital, y así fundó a mitad de camino entre ambas la ciudad
de Calach.

Mursil III murió en 1265, y fue sucedido por su tío Hattusil III.

Hacia 1250 Canaán empezó a recibir el embate de nuevas tribus nómadas


emparentadas con los hebreos que cien años antes habían ocupado el este de
Canaán. Sin embargo, este parentesco no influyó en los hebreos, que
rechazaron a los recién llegados. Las primeras en hacer su aparición debieron
de ser las tribus de Rubén, Isacar y Zabulón, formaron la coalición
de Lía (el nombre de una diosa de los pastores cananeos, vinculada con la
Luna), a la que luego se sumaron como tributarios Gad y Aser. La primera de
estas dos tribus deriva su nombre de un dios de la buena fortuna, cuyo culto se
extendía desde Fenicia hasta Arabia. Aser proviene de Ashir, que era una
diosa cananea también de culto muy difundido. La ciudad de Hesbón, situada
en el límite septentrional de Moab, aprovechó que el ejército moabita estaba
concentrado al este contra los recién llegados y se rebeló con éxito,
deshaciéndose de las pocas tropas moabitas de la zona. Las tribus de Lía
reaccionaron rápidamente y aprovecharon el caos creado por Hesbón.
Atacaron la ciudad y la arrollaron, con lo que se abrieron paso hasta el Jordán.
Ocuparon un territorio entre Amón y Moab que más adelante se quedaría en
exclusiva la tribu de Rubén.

En 1245 murió Salmanasar I, y fue sucedido por su hijo Tukulti-Ninurta


I, bajo el cual el imperio asirio llegó a su máxima extensión. Condujo
campañas a los montes Zagros y llegó hasta el Cáucaso, donde un grupo de
hurritas se acababa de asentar formando el reino de Urartu. Luego derrotó a
los casitas en el sur y los sometió a tributo, y más tarde ocupó Elam. De este
modo, Asiria dominaba ahora toda Mesopotamia. Además, Asiria conoció así
las nuevas técnicas hititas para tratar el hierro, si bien todavía no se disponía
de él en cantidades necesarias para que fuera relevante. En 1237 el rey hitita
Hattusil III fue sucedido por su hijo Tudhaliyas IV. Durante su reinado la
cultura hitita recibió muchas influencias hurritas y mesopotámicas
(probablemente el reino hitita recibió muchos refugiados de lo que había sido
Mitanni y de otras regiones ocupadas por Asiria). El nuevo rey supo sofocar
las revueltas que periódicamente se producían en distintos puntos de los
dominios hititas, e incluso extendió sus fronteras hacia el oeste, alcanzando el
Egeo.

Mientras tanto, el Imperio Egipcio disfrutaba de un periodo de paz y


prosperidad. La corte era ostentosa y magnificente como nunca lo había sido,
Ramsés II tenía muchas esposas que le dieron una multitud de hijos, pero a
medida que se iba haciendo mayor fue dejando de lado los asuntos del
gobierno, y como consecuencia la nobleza fue ganando poder. La mejora del
nivel de vida hizo difícil encontrar hombres con vocación militar, por lo que el
ejército se nutría cada vez más de mercenarios extranjeros, de los que no se
podía esperar el arrojo de los soldados movidos por un fervor patriótico, e
incluso podían volverse peligrosos en épocas difíciles. Así, aunque
aparentemente todo estaba en orden, lo cierto es que las bases del poder
egipcio estaban siendo minadas poco a poco.

Durante los últimos años del reinado de Ramsés II la presión sobre los reinos
hebreos de Edom, Amón y Moab seguía aumentando. Llegó una nueva tribu
dirigida por un caudillo poderoso: Josué. Esta tribu debió de ser
especialmente belicosa y parecía tener muy claro el objetivo de cruzar el
Jordán e invadir Canaán. Tal vez por ello acogió gustosa en su seno a los
hombres más fieros que encontró en la zona: por una parte a una tribu de
honderos ambidiestros de gran puntería y por otra a un pueblo de pastores
oriundo del norte de Palestina llamado Bene-jamina, cuyo caudillo tenía el
título de Dawidum, (posible origen del nombre David). Éstos formaron la
tribu de Benjamín, y formaron con los hombres de Josué una coalición
identificada con el nombre de Raquel, una diosa de características similares a
las de Lía (tal vez las diferencias de culto Lía/Raquel se usaron como signos
distintivos de los dos grandes grupos tribales que acechaban Canaán). La
coalición de Raquel se engrosó pronto con las tribus de Dan y Neftalí.

Josué debió de pactar una alianza con las tribus de Lía para facilitar su plan de
invasión. La confederación se llamó Israel, que significa algo así como "Dios
lucha con nosotros". Hacia 1226, Josué cruzó el Jordán con sus hombres y
ocupó una rica franja de tierra a la que llamaron Efraím (región fértil),
mientras que Benjamín ocupó la zona inmediatamente más al sur.
Probablemente, la tribu original de Josué estaba formada por dos clanes
poderosos, uno de los cuales ocupó Efraím y el otro fue extendiéndose hacia
el norte hasta tener su territorio propio, al que dio el nombre de Manasés. Así,
las tribus de Raquel pasaron a ser tres: Efraím, Manasés y Benjamín. De la
federación de Raquel original surgió también una tribu diminuta: la tribu
de Leví, que en realidad era una clase sacerdotal que no ocupó más que unas
pocas ciudades dispersas. Posteriormente la tribu de Leví fue considerada
como una tribu de Lía, en lugar de una tribu de Raquel.

En 1223 murió Ramsés II y fue sucedido por Meneptah, su decimotercer hijo,


que ya tenía entonces sesenta años. Meneptah condujo el ejército egipcio a
Canaán para rechazar a los israelitas invasores. Como testimonio de la
campaña dejó una inscripción según la cual "Israel está arrasado y no tiene
semillas". Evidentemente esto era una exageración propia de los "partes
oficiales", pues los israelitas seguían allí. Sin duda el faraón no pudo terminar
con los israelitas porque se vio obligado a volver a Egipto a marchas forzadas,
ya que su reino se encontró con un peligro proveniente de un lugar
insospechado: el mar. Hasta entonces el tránsito marítimo por el Mediterráneo
había tenido un carácter esencialmente comercial. Es verdad que Creta había
desarrollado una armada con la que había impuesto su hegemonía en el Egeo,
pero debieron de encontrarse con una resistencia mínima. Los mismos
egipcios usaban barcos para transportar sus tropas a Canaán, pero siempre
bordeando la costa. Nadie hasta entonces había enviado tropas en barcos para
librar una batalla importante lejos de sus costas. La idea de llevar tropas al
otro lado del mar debía de ser considerada una locura para los egipcios.

Sin embargo, los griegos micénicos empezaron a aventurarse por el mar con
fines militares. Sin duda les llegaron productos exóticos provenientes de
tierras lejanas a través del mar Negro, pero esta vía comercial estaba
enteramente bajo el control de Troya. Oriente debió de adquirir fama de ser
una tierra rica y paradisiaca. En efecto, los griegos tenían una leyenda al
respecto, según la cual mucho tiempo atrás un grupo de cincuenta héroes
mitológicos capitaneados por Jasón emprendieron una arriesgada aventura
hacia oriente en busca del vellocino de oro, la piel de un carnero divino cuya
lana era de oro, símbolo de la prosperidad de las tierras lejanas. Embarcaron
en la nave Argos, por lo que eran conocidos como los Argonautas, entre los
cuales estaba el mismo Teseo, el que venció al Minotauro y liberó a Atenas
del dominio cretense, y con él Hércules, y su padre Peleas, y Orfeo, y muchos
otros. Respecto a Troya, resultó ser un pequeño obstáculo en el camino, pues,
cuando trató de impedir el paso a la expedición, Hércules desembarcó, saqueó
la ciudad y mató al rey Laomedonte junto con todos sus hijos
excepto Príamo, que era el rey a la sazón. Nada de esto tiene visos de
realidad. Más bien debemos suponer que estas historias fueron inventadas por
los griegos micénicos para animar al pueblo, o tal vez a los aqueos, pueblo tan
poco interesado por el mar como Egipto, a lanzarse sobre Troya y acabar con
su hegemonía. Las leyendas griegas al respecto hablan de una coalición de
Argivos y Aqueos en una expedición contra Troya. En principio "argivo" hace
referencia a la ciudad de Argos, que era una de las ciudades micénicas más
importantes, pero es probable que el término se usara para referirse
indistintamente a todos los griegos micénicos. Naturalmente, el casus
belli según los griegos no fue tan prosaico como el de borrar del mapa una
ciudad molesta. Según la tradición, la guerra se debió a que Paris, el hijo de
Príamo, se llevó (no está muy claro si por la fuerza o de mutuo acuerdo)
a Helena, la mujer de Menelao, rey de Esparta, quien solicitó la ayuda de su
hermano Agamenón, rey de Micenas, para recuperarla. A su vez, éstos
reclamaron la ayuda de otros reyes, como Ulises de Ítaca o el
aqueo Aquiles. Al margen de los detalles poéticos, las tradiciones griegas
parecen describir dos facciones en pie de igualdad: los argivos, capitaneados
por Agamenón y los aqueos, capitaneados por Aquiles. La ciudad de Troya
fue destruida y los griegos convirtieron el acontecimiento en una de sus gestas
más memorables.

Las leyendas griegas continúan explicando que, al volver a su patria, los


héroes se encontraron con una situación turbulenta. Las fábulas se inclinan
hacia sucesos más románticos en torno a adulterios, envenenamientos y
disputas por el poder, pero la realidad histórica subyacente era de otra
naturaleza. Los pueblos indoeuropeos se habían ido extendiendo por la Europa
oriental, eran belicosos y en estos momentos debían de pasar por un periodo
de escasez o superpoblación, por lo que se expandían en todas direcciones y
desplazaban a su vez a otros pueblos. La Grecia micénica empezó a sufrir el
acoso de otro pueblo indoeuropeo, emparentado con los griegos pero mucho
menos civilizado: los Dorios. Los dorios tenían armas de hierro, lo que les
concedía una superioridad contra la que los griegos micénicos no tenían nada
que hacer. Como fruto de estas convulsiones el Mediterráneo se llenó de
hordas de piratas que sobrevivían atacando y saqueando las ciudades costeras.
Estaban formados por mezclas heterogéneas de dorios, griegos micénicos y
habitantes de poblaciones variadas que no encontraron mejor salida que
lanzarse al mar. Un grupo numeroso de estos piratas desembarcó en las costas
de Libia y se unió a los nativos en un ataque contra Egipto.

Los sorprendidos egipcios, que nunca habían sufrido un ataque por mar,
llamaron "Pueblos del Mar" a los invasores, y así se les conoce en la
historia. Meneptah consiguió expulsarlos a duras penas, pero el poder egipcio
se vio seriamente dañado. De Egipto, los pueblos del mar pasaron a Chipre,
desde donde amenazaron las costas de Canaán y de Anatolia.

En 1211 un nuevo faraón, Seti II, se hizo con el trono de Egipto, destronando
para ello a Meneptah y casándose con su viuda. Se inicia así una rápida
sucesión de faraones débiles que reinan durante breves periodos de tiempo
(Seti II reinó cinco años).

En 1209 murió el rey hitita Tudhaliyas IV, que fue sucedido por su
hijo Arnuanda III. La presión de los pueblos del mar se hacía cada vez más
insoportable para todos los pueblos del Mediterráneo, a la vez que los pueblos
indoeuropeos presionaban a la ya descoyuntada Grecia micénica por un lado y
a los hititas y otros pueblos de la Europa oriental por otro. Mesopotamia
seguía bajo el Imperio Asirio, pero tras la muerte de Tukulti-Ninurta
en 1208 se sumió también en la crisis que afectaba a sus vecinos. Canaán
sufría mientras tanto los embates de los israelitas. En 1207 murió Arnuanda
III y le sustituye el que iba a ser el último rey hitita: Shubbiluliuma II.
12.Un siglo de crisis (1200)

Durante el siglo XII aparece en México la cultura Olmeca. Los olmecas


construyeron centros ceremoniales y desarrollaron el arte sacro: altares
monolíticos, estelas con bajorrelieves, esculturas. Idearon una escritura
jeroglífica y tenían un calendario. Las aldeas aumentaron de tamaño y se
construyeron casas sobre plataformas de tierra. Adoraban a deidades jaguares,
relacionadas con la lluvia. El control social estaba en manos qude chamanes y
hechiceros.

Las estepas euroasiáticas, desde el Danubio hasta Siberia, fueron ocupadas por
los Escitas, un pueblo indoeuropeo cuya lengua estaba emparentada con la de
los arios. Eran ganaderos itinerantes, y sometieron a la población campesina.

Mientras tanto, la mayor parte del mundo civilizado sufría conmociones en


mayor o menor medida. Egipto había rechazado a los pueblos del mar, pero
tras la muerte de Meneptah cayó casi en la anarquía. Los pueblos del mar
pasaron a Chipre, y desde allí atacaron Fenicia. En 1200 arrasaron las
ciudades de Tiro y Sidón. En 1191 muere el rey Shubbiluliuma II y, con él, el
imperio hitita desaparece de la historia, desmembrado por los pueblos del mar
y las sublevaciones internas. No obstante, la cultura hitita no se perdió, sino
que se conservó en una serie de minúsculos reinos neohititas que
sobrevivieron dominados por una u otra potencia según los tiempos. Al
noroeste de Anatolia empezaron a destacar los Frigios. En la Ilíada son
mencionados como aliados de Troya, luego ya estaban allí antes de la llegada
de los pueblos del mar, pero su auge llegó tras ellos. Tal vez se aprovecharon
de los desórdenes o tal vez los invasores ocuparon Frigia y se convirtieron así
en "nuevos frigios".

Asiria inició un largo periodo de luchas frustrantes en las que trataba de


dominar sin éxito a los territorios circundantes, pero no pudo controlar a
Babilonia y, sobre todo, al poderoso reino de Urartu. En realidad Asiria
ganaba la mayoría de las batallas, pero sus enemigos se recuperaban más
fácilmente mientras estaba ocupada en otros lugares. De todos modos, la
situación fue sin duda caótica e incierta para toda la zona.

Por su parte, Egipto logró reponerse temporalmente. En 1186, un gobernante


tebano llamado Setnajt, que afirma ser descendiente de Ramsés II, logra
unificar todo Egipto y se convierte en el primer faraón de la XX
dinastía. En 1184 le sucede su hijo con el nombre de Ramsés III. Mientras
tanto la Grecia Micénica iba de mal en peor. Equipados con armas de hierro,
los dorios fueron abriéndose paso lentamente sin que los orgullosos aqueos
pudieran hacer nada por evitarlo.

Desde Chipre, los pueblos del mar atacaron Canaán y avanzaron de nuevo
hacia Egipto. En 1177 Ramsés III logró rechazarlos en la que se considera la
primera batalla naval de la historia, pero ésta sería su última campaña. Egipto
perdió sus posesiones imperiales. A partir de entonces sus fronteras se
redujeron al valle del Nilo. El Nuevo Imperio había terminado. Palestina fue
ocupada por los pueblos del mar. Éstos se llamaban a sí mismos Peleset,
aunque actualmente se les conoce como Filisteos. El nombre de "Palestina"
deriva de Peleset. Los filisteos eran principalmente griegos, una oleada que
precedió a la de los dorios y que fue empujada al mar por éstos, pero al llegar
a Palestina se encontraron con una cultura superior a la suya y no dudaron en
asimilarla. En poco tiempo habían abandonado su propia lengua y adoptado la
de los cananeos (una forma arcaica de hebreo). Esencialmente, los filisteos
ocuparon cinco ciudades gobernadas cada una por su propio rey, pero que
mantenían una débil coalición. Tres de ellas estaban junto a la costa: Asdod,
Ascalón y Gaza, mientras que otras dos estaban en el interior: Ecrón y Gat.

Sin la intervención egipcia, los israelitas pudieron penetrar más fácilmente en


Canaán. Poco a poco fueron enfrentándose a las ciudades locales,
esclavizando a las más débiles y pasando a cuchillo a las más beligerantes. En
cambio, no pudieron imponerse a los filisteos que, pese a ser pocos, tenían
armas de hierro. Más aún, los filisteos consiguieron someter a tributo a la tribu
israelita de Dan y a otras dos tribus invasoras que sólo más tarde fueron
incluidas en la federación de Israel: las tribus de Judá y Simeón. La primera
parece estar muy relacionada con los edomitas, mientras que la segunda fue
una tribu menor que no tardó en ser absorbida por Judá.

Babilonia había quedado libre de la dominación asiria, pero sus gobernantes


casitas no fueron capaces de aprovechar la situación y quedó en la anarquía.
Quien sí supo reaccionar fue el antiguo Elam, que envió expediciones para
saquear Babilonia. En 1174 los elamitas se llevaron dos grandes reliquias: la
estela con el código de Hammurabi y la estela de Naram-Sin.

En 1158 murió Ramsés III, que fue sucedido por una larga serie de reyes
llamados todos Ramsés, conocidos como ramésidas. Se abría así un periodo
en el que el poder del faraón fue decayendo en favor del poder sacerdotal.
Todas las tumbas de Tebas (excepto la de Tutankamón) fueron saqueadas.

Mientras tanto los dorios ocupaban posiciones cada vez más al sur de Grecia y
con sus movimientos desplazaban a las tribus eolias. Hacia 1150 una de ellas,
la formada por los tesalios ocupó la región en la que se establecerían
definitivamente, y que tomó el nombre de Tesalia.
Por esta época la ciudad fenicia de Sidón se
había recuperado del ataque de los pueblos del
mar y había logrado hacerse con armas de
hierro. Las tribus israelitas estaban
distribuidas más o menos como indica el
mapa. La de Leví era la menor de todas y no
ocupó más que unas pocas ciudades dispersas.
La tribu de Dan estaba junto a los territorios
filisteos, pero un grupo de danitas que no
estaba dispuesto a soportar la dominación
filistea decidió emigrar hacia el norte, tomó la
ciudad de Lais, la saqueó y se estableció en
ella, rebautizándola con el nombre de Dan.
Judá y Simeón estaban sometidas a los filisteos, mientras Gad y Rubén, al otro
lado del Jordán, litigaban con los reinos hebreos de Amón y Moab. Aser, por
su parte, quedó bajo la dominación de Sidón. Las tribus del norte (aparte de
Aser) tenían menos problemas, y parece que la de Efraím disfrutaba de un
cierto liderazgo entre ellas.

Los cananeos del norte aprovecharon el resurgimiento de Sidón para planear


una gran ofensiva contra los israelitas. La liga cananea fue encabezada
por Jabín, rey de la ciudad de Hazor. La tribu más cercana sobre la que se
cernía la amenaza era Neftalí, que a la sazón tenía como caudillo
a Barac. Éste debió de comprender que sus hombres no podrían resistir por sí
solos a un ejército bien dotado, así que se apresuró a pactar con Efraím. Según
la Biblia, por aquel entonces Efraím estaba dirigido por una mujer
llamada Débora, la cual (bajo la condición de capitanear el ejército) aportó no
sólo sus propios hombres sino también los de las tribus de Manasés y
Benjamín (las otras dos tribus de Raquel, al parecer bajo el dominio de
Efraím). Puesto que también les afectaba de cerca la amenaza cananea, las
tribus de Zabulón e Isacar se unieron a la coalición, con lo que en total fueron
seis las tribus a las que se enfrentó Jabín. Los israelitas aplastaron a sus
oponentes junto al monte Tabor, destruyeron Hazor y, a partir de entonces los
cananeos ya no supusieron ningún peligro serio para Israel.

Hacia 1120 otra tribu eolia, los beocios, se vio obligada a asentarse al sur de
Tesalia ante el avance dorio. La región se conoció desde entonces con el
nombre de Beocia.

Hacia 1124 un babilonio nativo consiguió hacerse con el poder y puso fin a la
dominación casita. Se llamaba Nabucodonosor I. También derrotó
completamente a los elamitas. Por un momento parecía que Babilonia iba a
dominar de nuevo Mesopotamia, pero no fue así. Por aquel entonces, Asiria
también estaba recuperándose. En 1115 llegó al trono Teglatfalasar I, el cual
dispuso de un ejército con armas de hierro con el que derrotó a
Nabucodonosor I en 1103 y reconstruyó lo que había sido el imperio de
Tukulti-Ninurta. Por el oeste llegó hasta Fenicia, donde hizo tributarias a
Biblos y a Sidón. La frontera más conflictiva era Arabia. Durante los años de
anarquía precedentes, las tribus árabes habían hostigado como de costumbre a
Mesopotamia. Ahora Teglatfalasar I intentaba detenerlas. Esta vez se trataba
de los Arameos, contra los que Asiria inició una serie de campañas. En
general, las campañas contra los nómadas nunca son definitivas, pues los
guerreros nómadas se retiran fácilmente y aparecen por otras zonas
indefensas, o sencillamente desaparecen hasta que pasa el peligro.

También los israelitas sufrían ahora los ataques de los nómadas de Arabia.
Los llamados Madianitas azotaban principalmente a la tribu de Manasés. El
caudillo de esta tribu era entonces Gedeón. La Biblia describe una trama con
la que Gedeón cuestionó la supremacía de Efraím. Al parecer, Gedeón formó
una coalición con las tribus del norte que habían luchado contra los cananeos
en el monte Tabor, pero sin dar a Efraím ningún trato preferente. Al contrario,
le informó tarde y parcialmente de sus planes, de modo que cuando atacó por
sorpresa a los madianitas los guerreros de Efraím no estaban presentes, sino
que Gedeón los condujo a los vados del Jordán, por donde esperaba que
huyeran los madianitas. Así, Efraím destruyó a los madianitas en fuga, pero
todo el mérito recayó sobre Gedeón. Sin embargo, Efraím no acepto la
situación e Israel estuvo al borde de la guerra civil. Gedeón tuvo que
reconocer la supremacía de Efraím.

Las tribus de Israel tuvieron que enfrentarse cada vez con más frecuencia a
luchas internas por el poder. Hasta entonces, cada tribu estaba dirigida por un
caudillo o juez elegido por aclamación popular. Esto funcionaba bien cuando
los israelitas eran sencillas tribus nómadas, pero ahora el poder significaba
riqueza, con lo que cada vez fue más codiciado. Así, con la fama que había
adquirido Gedeón era natural esperar que fuera sucedido por uno de sus hijos,
así que uno de ellos, Abimelec, decidió matar a sus numerosos hermanos para
ser el único pretendiente legítimo a la judicatura. Sucesos como estos
movieron a algunos israelitas a proponer una monarquía hereditaria que
evitara los conflictos en la sucesión. El problema era que elegir un rey podía
ocasionar conflictos mucho más violentos que la sucesión de cualquier juez.
Entre tanto, las aspiraciones al liderazgo continuaban. En la tribu de Gad
surgió un caudillo capaz, llamado Jefté, que consiguió una victoria completa
contra el reino de Amón. Por lo visto, Efraím consideró que Jefté no le había
consultado debidamente sus planes, por lo que le exigió cuentas igual que lo
había hecho con Gedeón. Sin embargo, Jefté no se amilanó, sino que dejó que
Efraím enviara un ejército a pedirle cuentas, lo derrotó, e incluso pudo cortarle
la retirada por los vados del Jordán hasta aniquilarlo completamente. Esto
sucedió hacia el 1100 y así terminó la supremacía de Efraím.
13. Los israelitas (1100)

Durante el siglo
XI China
experimentó
cambios
importantes en
su estructura
política y social.
Tras un reinado
de unos 500
años, la dinastía
de los Chang fue
derrocada, y se instauró la dinastía Cheu. Su primer rey fue Wu, y provenía
de los confines occidentales del país. Estableció la capital en Hao, en el valle
del Wei. Distribuyó el territorio entre los miembros de su familia y los aliados.
Se originó así un sistema feudal en el que unos grandes señores ejercían a la
vez la autoridad política y religiosa, regulando el culto tradicional a los
antepasados. Estos señores gozaban de gran independencia, y la sumisión al
rey era meramente formal. Sólo los parientes más próximos (que ocuparon los
estados de Qi, Lu y Jin) estuvieron realmente sometidos al monarca. En los
siglos siguientes se llamó Wu a una clase de sacerdotes hechiceros que
gozaron del respeto (o a veces del temor) de los chinos de todas las clases
sociales. En esta época la diversidad cultural china se había subsumido en una
identidad nacional por la que los chinos se distinguían a sí mismos de los
bárbaros no civilizados del entorno. El mundo se concebía como un
cuadrilátero, a cada uno de cuyos lados correspondía un color y una divinidad.
Por encima de los dioses de los puntos cardinales, del Sol, de la Luna, de la
Tierra, de las montañas, nubes, ríos y demás fenómenos naturales,
estaba Shangdi, la divinidad suprema omnipotente, que residía en un palacio
junto con cinco ministros. No obstante, Shangdi no contaba con santuarios, ni
se le ofrecían sacrificios. Los antepasados del rey estaban en contacto con
Shangdi. Los vivos podían ponerse en contacto con sus antepasados mediante
un oráculo basado en la observación de huesecillos.

El rey Wu fue sucedido por su hijo Ch'eng, cuyo reinado legitimó


definitivamente el cambio dinástico. Se conservan muchos documentos sobre
ceremonias y actos de investidura encaminados sin duda a que la antigua
nobleza aceptara a los nuevos amos.

En México aparecen las primeras manifestaciones arquitectónicas olmecas:


los poblados se concentran alrededor de los centros ceremoniales, se
construyen casas sobre plataformas de piedra, templos, basamentos
escalonados y montículos funerarios. Aparece una mitología más estructurada.
Los principales dioses eran Huehueteotl, dios del fuego y Tlaloc, dios de la
lluvia. Se han encontrado cabezas colosales de más de dos metros de altura,
lápidas, sarcófagos y muchas obras de gran maestría técnica.

Hacia 1100 los dorios ocuparon el Peloponeso, con lo que completaron la


conquista de Grecia y terminó definitivamente la Edad Micénica. Grecia cayó
en la paz de los cementerios. Durante los desórdenes de los años precedentes,
los campesinos tendieron a atrincherarse en ciudades amuralladas, que ahora
se convirtieron en unidades autosuficientes bajo el dominio dorio, conocidas
como Polis. La palabra Polis significa "ciudad" en griego, pero la polis no era
una ciudad en el sentido usual. Era una ciudad-estado sin ninguna relación con
las polis vecinas, con una economía de subsistencia y, en esta época, en los
umbrales de la miseria. Mientras los griegos micénicos se habían mezclado
con los pelásgicos, los dorios adoptaron una actitud clasista, o incluso racista,
frente a los micénicos, reducidos a la esclavitud. Esparta se convirtió en una
de las principales polis dorias, mientras que Micenas, Tirinto y otras ciudades
importantes del periodo anterior fueron incendiadas y reducidas a tristes
aldeas. Hubo, no obstante, unas pocas regiones que se libraron del dominio
dorio. Una de ellas fue el Ática, con Atenas a la cabeza, y otra era Arcadia,
situada en los montes más altos del Peloponeso. En estas zonas surgió una
identidad jonia que reivindicaba su legítima ocupación de Grecia, frente a los
dorios invasores. Así, mientras los dorios tenían a los jonios como iguales a
sus esclavos, los jonios tenían a los dorios como salvajes. Una parte de la
población jonia emigró a las islas del Egeo. La primera en recibirlos
fue Eubea, la isla mayor del Egeo y más próxima al continente. Allí se fundó
la ciudad de Calcis, cuyo nombre deriva de la palabra griega para "bronce".
Probablemente fue un centro de trabajo del bronce. Al este de Calcis estaba la
ciudad de Eretria, que también alcanzó cierta importancia.

Mientras tanto, Egipto seguía bajo el reinado oficial de los ramésidas y bajo el
dominio real de los sacerdotes. En 1093 fue asesinado el rey asirio
Teglatfalasar I y sus sucesores no supieron mantener el imperio. Las
invasiones arameas se hicieron más efectivas y toda Mesopotamia permaneció
en la anarquía durante más de un siglo, a lo largo del cual se libraron
continuos y estériles combates entre Asiria, Babilonia y Urartu.
En 1075 murió Ramsés XI y fue sucedido por el sacerdote de Amón, pese a no
guardar ningún parentesco con el antiguo rey. Por otro lado, en la región del
delta se proclamó rey simultáneamente otro sacerdote que inauguró la XXI
dinastía. Egipto volvía a estar dividido.

En Canaán, los fenicios y los filisteos ocupaban la costa con cierta


prosperidad, mientras los israelitas iban afianzando sus conquistas. Aunque
originalmente eran un conglomerado de tribus muy distintas en todos los
aspectos, la necesidad de hacer causa común frente a los cananeos fue
unificándolos y paulatinamente fueron creando una mítica historia común
basada en tradiciones diversas.

El relato afirma que los israelitas eran originariamente esclavos en Egipto, a


los que un patriarca llamado Moisés liberó con la ayuda de un dios poderoso.
Éste hizo un pacto con los israelitas: a cambio de ser adorado les concedería
una tierra prometida, habitada hasta entonces por pecadores a los que debían
destruir en su nombre y con su ayuda. La forma en que debían adorar a este
dios quedaba completamente estipulada en la alianza a través de un código
escrito de diez mandamientos. Los israelitas (incluido el propio Moisés)
incumplieron en muchas ocasiones estas leyes, así que fueron castigados a
vagar por el desierto del Sinaí durante cuarenta años, de modo que sólo sus
hijos verían la tierra prometida. Moisés fue sucedido por Josué, que conquistó
fácilmente Canaán con la ayuda divina.

Se ha puesto en cuestión que algo de esto tenga una base histórica, pero
indudablemente la ley mosaica existe y, aunque probablemente tiene muchos
añadidos posteriores, su núcleo es un complejo sistema de leyes diseñado para
regular la vida de un pueblo de ganaderos nómadas. Además de los diez
mandamientos primitivos, había todo un sistema de leyes transmitidas
oralmente que regulaban por completo la vida itinerante de los israelitas en
sus aspectos penales, sociales (regulación de la propiedad, incluida la
esclavitud), religiosos y hasta cuestiones de higiene y alimentación. La base
del sistema de justicia era el ojo por ojo y diente por diente: los delitos de
sangre se pagaban con la muerte y los daños a la propiedad con multas. No es
razonable suponer que dichas leyes fueron creadas después, cuando los
israelitas ya no eran un pueblo nómada (al contrario, muchas de ellas
quedaron desfasadas) y, a la vez, la ley mosaica era demasiado refinada para
haber sido ideada por unos toscos pastores. Por otra parte, la leyenda de
Moisés y sus antecedentes están adornados con varias fábulas de indudable
origen egipcio.

Una conjetura razonable es que Moisés dirigió la retirada de un grupo


(relativamente pequeño) de cananeos cuando los hicsos fueron expulsados de
Egipto y los condujo hacia el Sinaí. Tal vez planeó reclutar un ejército entre la
población nómada de la península con el que reconquistar Egipto o al menos
una parte de Canaán. Tal vez alertó a los nativos de que un Egipto resurgido
amenazaba con dominar de nuevo sus tierras y los llevó consigo hacia el sur
(librándolos, en cierto sentido, de la esclavitud egipcia). Tal vez así se
convirtió en caudillo de una tribu (la que después se desdoblaría en las tribus
de Efraím y Manasés). En cualquier caso, podemos aceptar que alguien
llamado Moisés guió por el desierto a un pueblo de pastores nómadas y que,
según la Biblia, les dio unas leyes. El relato bíblico encaja aquí muy bien:
como todos los legisladores de la época, Moisés no podía esperar que sus
leyes fueran respetadas si no tenían un origen divino, así que debió de escoger
el dios más temido por sus hombres, un dios de las tormentas al que los
pastores suplicaran clemencia en los peores temporales, se retiró a un monte y
volvió con unas tablas de piedra en las que estaban esculpidos los diez
mandamientos básicos de su ley.

Moisés fue más meticuloso que Abraham al describir a su dios.


Probablemente no lo inventó, sino que lo tomó de entre los numerosos dioses
que a la sazón debían de tener sus hombres. Probablemente, este dios se
llamaba Eloím. Se conocen dos textos de la época en la que los israelitas ya
estaban asentados en Canaán, uno correspondiente a la tribu de Efraím y otro
a la de Judá, los cuales relatan tradiciones similares, pero el dios de Efraím se
llama Eloím,mientras que el dios de Judá se llama Yahveh. La tribu de Judá
fue una de las últimas que se unió a la confederación de Israel, y es probable
que identificara un dios propio con el dios de Efraím (igual que los egipcios
identificaron en su día los dioses Ra y Amón). La versión final de la Biblia fue
escrita por los judíos, por lo que el nombre definitivo del dios de Moisés fue
Yahveh. De hecho, los israelitas desarrollaron más adelante la idea de que
pronunciar el nombre de dios era un sacrilegio. Es posible que ello fuera un
medio con el que los sacerdotes trataron de evitar polémicas sobre si el dios
común de los israelitas era Eloím, Yahveh, u otro. Esto casi hace que los
judíos olvidaran el nombre de su dios. En efecto, el hebreo sólo escribe las
consonantes, si bien más tarde se ideó un sistema de signos ortográficos para
indicar las vocales. En las ediciones de la Biblia, sobre las consonantes
YHVH los judíos anotaban las vocales de Adonay, el Señor, que es lo que
leían en la práctica para no pronunciar el inefable nombre de Dios. La
combinación de las consonantes de Yahveh con las vocales de Adonay
produce una palabra extraña al oído hebreo que evoluciona de forma natural a
Jehovah. Aún hoy hay creyentes que llaman así a su dios, sin darse cuenta de
que este nombre es simplemente un híbrido absurdo de vocales y consonantes
de dos palabras distintas.

Volviendo a Moisés, sus leyes muestran claramente su esfuerzo por asegurar


el temor de dios en su pueblo, así como un intento de excluir la competencia
de otros cultos. Basta leer los dos primeros mandamientos:

1) Yo soy el Señor, dios tuyo, que te he sacado de la tierra de Egipto, de la


casa de la esclavitud. No tendrás otros dioses delante de mí.

2) No harás para ti imagen de escultura ni figura alguna de las cosas que hay
arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas, debajo
de la tierra. No las adorarás ni rendirás culto. Yo soy el Señor, dios tuyo, el
fuerte, el celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos hasta la
tercera y cuarta generación, de aquellos que me aborrecen; y que uso de
misericordia hasta millares de generaciones con los que me aman y guardan
mis mandamientos. (Ex XX, 2-6)

Es de notar que Moisés no tenía las pretensiones de Akenatón, y en ningún


momento insinuó que su dios fuera el único verdadero. Sólo decía que su dios
no toleraba que quienes le adoraban rindieran culto también a otros ídolos.
Moisés instituyó una clase sacerdotal que cuidaba de las cuestiones del culto y
le sustituían como juez en los casos menores. Según la Biblia, el sacerdocio
estaba encomendado a la tribu de Leví, a la cual pertenecía el propio Moisés.
Tal vez los levitas fueran los cananeos que escaparon de Egipto con Moisés
cuando los hicsos fueron expulsados.

Las Tablas de la Ley fueron guardadas en un arca sagrada, el Arca de la


Alianza, pues Dios prometió a los israelitas una "tierra de la que mana leche y
miel", como a menudo es descrita en la Biblia, si seguían sus leyes. Éstas son
las palabras de la Alianza:

Respondió el Señor: Yo estableceré Alianza con este pueblo en presencia de


todos; haré prodigios nunca vistos sobre la tierra, ni en nación alguna: para
que vea ese pueblo que tú conduces la obra terrible que Yo, el Señor, he de
hacer. Tú observa todas las cosas que Yo te encomiendo en este día y Yo
mismo arrojaré de delante de ti al amorreo, y al cananeo, y al heteo, al
ferezeo también, y al heveo, y al jebuseo. Guárdate de contraer jamás amistad
con los habitantes de aquella tierra, lo que ocasionaría tu ruina. Antes bien
destruye sus altares, rompe sus estatuas y arrasa los bosquetes [consagrados
a sus ídolos]. No adores a ningún dios extranjero. El Señor tiene por nombre
Celoso. Dios quiere ser amado Él solo. No hagas liga con los habitantes de
aquellos países, no sea que después de haberse corrompido con sus dioses y
adorado sus estatuas, alguno te convide a comer de las cosas sacrificadas. No
desposarás a tus hijos con sus hijas, no suceda que, después de haber
idolatrado ellas, induzcan también a tus hijos a corromperse con la
idolatría. (Ex XXXIV, 10-16).
Evidentemente este texto contiene anacronismos, pero tal vez refleja una
prevención original de Moisés, que no estaba dispuesto a que sus hombres
cometieran el mismo error que los hicsos y así, para evitar que convivieran
con los pueblos invadidos con riesgo de que éstos terminaran alzándose contra
ellos, inventó e inculcó en sus hombres la intolerancia religiosa. En efecto,
cada vez que los israelitas tienen ocasión de conquistar una ciudad, el
mandato divino es siempre pasar a cuchillo a todos sus habitantes, incluso a
las mujeres y a los niños. Los israelitas aplicaron esta política siempre que la
ocasión lo permitió.

Si en efecto Moisés salió de Egipto cuando la expulsión de los hicsos,


entonces su peregrinaje no fue de cuarenta años, sino de unos trescientos. Tal
vez el plan original de Moisés fue reconquistar Egipto o, al menos Canaán, lo
antes posible, pero en un momento dado debió de darse cuenta de que el
Nuevo Imperio Egipcio era intocable, por lo que debió de comunicar a su
pueblo que, a causa de sus muchos pecados, Dios había decidido que ninguno
de ellos vería la tierra prometida, sino que se la daría a sus hijos, después de
que ellos murieran en el desierto. Los israelitas usaban la palabra "hijo" en un
sentido muy laxo, que igual podía significar "nieto", o "bisnieto", o lo que
fuera. De este modo, los israelitas (o una parte de los que después serían
llamados israelitas) debieron de permanecer en la península del Sinaí, o tal
vez en Arabia, mientras Egipto fue invencible, conservando siempre la ilusión
de la tierra prometida, y salieron de nuevo a escena tan pronto como
detectaron signos de debilidad.

Hay una parte del relato bíblico que no encaja con esta interpretación, lo que
indica una procedencia distinta. Según esta parte, los israelitas descendían de
José (en realidad de José y sus once hermanos, pero este añadido es sin duda
muy posterior), que era un cananeo que, de esclavo, había pasado a virrey de
Egipto. La leyenda de José parece provenir de los tiempos de Amenofis III y
Akenatón (cuando Moisés ya llevaría muerto mucho tiempo). La familia de
José proliferó, pero "Entre tanto, se alzó en Egipto un nuevo rey, que nada
sabía de José" (Ex. I, 8) y los israelitas fueron reducidos a la esclavitud.
Después, el dios de Moisés lanza sobre Egipto una serie de plagas hasta que el
rey decide liberar a los israelitas, luego se arrepiente de su decisión y sale a
perseguirlos, pero el dios de Moisés abre un pasillo en las aguas del mar Rojo
y lo vuelve a cerrar cuando los israelitas ya habían pasado al otro lado,
mientras el rey egipcio moría ahogado. ¿De qué faraón escaparon los
israelitas? La Biblia dice también que los esclavos israelitas "... edificaron al
faraón las fuertes ciudades almacenes de Fitom y Ramsés" (Ex. I, 11), Así
que el faraón debía de ser Ramsés II o, a lo sumo, su hijo Meneptah. Ahora
bien, por supuesto, ninguno de ellos murió en el mar Rojo.

Es muy probable que alguna de las tribus israelitas escapara de la parte


oriental del delta del Nilo en tiempos de Meneptah (los que edificaron las
ciudades de Fitom y Ramsés). Las siete plagas pueden ser un recuerdo de las
calamidades que sufrió Egipto con la invasión de los pueblos del mar y,
ciertamente, éstas pudieron darles la oportunidad de escapar. El nombre de la
tribu de Isacar parece provenir de Sokar,que era un dios egipcio. Las historias
de los recién llegados acabarían fundiéndose anacrónicamente con las
leyendas sobre Moisés, aportando más colorido a la salida de Egipto. El
intervalo tradicional de cuarenta años puede ser un compromiso entre los tres
siglos de una fuente y los pocos años de otra.

Al llegar a Canaán, los israelitas entraron en contacto con la leyenda de


Abraham. Probablemente fue a través de los hebreos. Al parecer, los Idumeos
se consideraban descendientes de Esaú, el primogénito de Isaac, hijo a su vez
de Abraham, y, por consiguiente, legítimos herederos de la tierra que le había
sido concedida a éste por su dios. Por su parte, los moabitas y amonitas se
consideraban descendientes de Lot, sobrino de Abraham. Esto obligó a
modificar las leyendas no sin cierto descaro. Por ejemplo, la relación de Esaú
con Edom es explicada así en el Génesis:

Había un día guisado Jacob cierta menestra cuando Esaú, que volvía fatigado
del campo, se llegó a él y le dijo: Dame esa menestra roja que has cocido,
pues estoy sumamente cansado. Por cuya causa se le dio después el
sobrenombre de Edom [que, por una falsa etimología, se interpreta como
"rojo"]. (Gn XXV, 29-30).
Esta teoría legitimaba las posesiones hebreas, pues el dios de Abraham había
otorgado Canaán a sus descendientes. En Gen. XIV, 13, Abraham es
llamado Abram el hebreo. Ahora bien, Josué llegaba también con un dios que
le había prometido una tierra que, sin duda, tenía que ser Canaán. No debió de
ser difícil identificar el dios de Moisés con el dios de Abraham. Para
consolidar la recién creada confederación israelita, Josué debió de convencer a
sus socios de que todos ellos descendían de Abraham a través de su nieto
Jacob. Con el tiempo se limarían los detalles: al igual que Esaú había tenido
doce hijos (que se correspondían con otras tantas tribus idumeas), también
Jacob tuvo doce descendientes, uno de ellos era José, que a su vez tuvo dos
hijos: Efraím y Manasés, y once hermanos, en correspondencia con las once
tribus restantes. Sin embargo la leyenda necesitaba algunas modificaciones
que, de nuevo, la Biblia recoge sin complejos. Por ejemplo, intercalado en la
historia de Jacob, sin que guarde relación alguna con lo anterior y lo posterior,
encontramos este sorprendente pasaje:
Quedóse solo y he aquí que se le apareció un personaje que comenzó a luchar
con él hasta la mañana. Viendo este varón que no podía sobrepujar a Jacob,
le tocó el tendón del muslo, que al instante se secó. Y le dijo: déjame ir, que
ya raya el alba. Jacob respondió: No te dejaré ir si no me das la bendición.
¿Cómo te llamas?, le preguntó. Él respondió: Jacob. No ha de ser ya tu
nombre Jacob, sino Israel [que, por una etimología no del todo correcta,
significa "hombre que lucha con Dios"], porque si con el mismo Dios te has
mostrado grande, ¿cuánto más prevalecerás contra los hombres? Preguntóle
Jacob: ¿cuál es tu nombre? Respondió: ¿por qué quieres saber mi nombre? Y
allí mismo le dio su bendición. (Gn XXXII, 24-29)
En lo que sigue, Jacob sigue llamándose Jacob. Sólo en el libro del Éxodo
pasa a ser llamado Israel. De este modo, los israelitas pasaron a considerarse
hijos de Jacob. Según estas cuentas, las tribus de Israel pasaron a ser doce:
Efraím y Manases eran dos medias tribus, que componían la tribu de José. La
diosa Raquel pasó a ser la madre de José y Benjamín, mientras que Lía se
convirtió en la madre de Rubén, Isacar y Zabulón. Gad y Aser pasaron a ser
hijos de una esclava de Lía, mientras que la madre de Dan y Neftalí fue una
esclava de Raquel. El supuesto antecesor de la tribu sacerdotal de Leví, así
como los de los últimos miembros de la coalición, Judá y Simeón, debieron de
incorporarse tardíamente entre los hijos de Lía. La tierra concedida por el dios
de Abraham a sus descendientes se convirtió en una mera promesa que no se
realizó hasta que sus auténticos herederos, esto es, los israelitas, ocuparon
Canaán. De nuevo, algunos puntos débiles del argumento se fueron retocando
más adelante. Por ejemplo, Jacob no era realmente el heredero de Abraham
(por línea directa), sino que lo era Esaú, pero Esaú decidió cederle
amablemente los derechos a cambio de la famosa menestra roja (que, más
concretamente, era un plato de lentejas). Además, Jacob se las arregló con la
ayuda de su madre para que Isaac lo declarara su heredero en su lecho de
muerte, confundiéndolo con Esaú. En fin, añadiendo a esto una serie de
profecías que garantizaban que era voluntad divina que Jacob heredara los
derechos de Abraham, los israelitas se encontraron con que su invasión era, se
mirara como se mirara, la voluntad de Dios.

La Biblia da indicios de que Josué debió de aprovechar la historia de Abraham


para infundir ánimo a sus hombres. Al parecer, Dios ordenó a Josué que los
circuncidara a todos. Probablemente fue Josué quien "descubrió" que el dios
de Abraham (o el de Moisés) había ratificado su alianza con el rito de la
circuncisión (rito de origen egipcio que practicaban los cananeos, pero no los
israelitas). Josué debió de explicar a sus hombres que durante los años de
peregrinaje por el desierto habían abandonado la circuncisión, y sin duda ése
era el motivo por el que Dios no les ayudaba a conquistar la tierra prometida,
pero la orden que Dios le daba ahora hacía presagiar que, una vez
circuncidados, los reconocería como su pueblo elegido y los conduciría
triunfantes a la victoria. Filosofías aparte, es razonable pensar que unos
hombres toscos amedrentados por la opulencia de las tierras civilizadas (algo
revueltas, pero civilizadas al fin) redoblarían su ánimo tras un ritual tan
molesto como el que se les proponía (un hombre dispuesto a eso merecía sin
duda los favores del "dios de los ejércitos", como se le empezaba a llamar).

Según el libro de Josué, el efecto de la circuncisión fue inmediato: los


israelitas ganaron todas las batallas. Dios separó las aguas del Jordán para
facilitar el paso de su pueblo. Para tomar Jericó, sólo tuvieron que hacer sonar
unas trompetas (siguiendo la indicación divina) y las murallas cayeron, luego
fueron tomando una ciudad tras otra matando a cada rey junto con todos sus
habitantes, el Sol detuvo su curso para que Josué pudiera terminar una batalla,
etc. En cambio, en el libro de los Jueces la invasión se describe como un
proceso mucho más penoso, lleno de avances y retrocesos, un proceso que se
llevó a cabo a lo largo de unos cien años.

La religión israelita era muy diversa. Todas las tribus debieron de adoptar
como dios principal al dios de Efraím, identificado con el de Abraham,
llamado Eloím o Yahveh. Le erigieron un santuario en Silo,en territorio de
Efraím, donde se guardaba el Arca de la Alianza, que contenía las tablas con
los diez mandamientos y era el centro de numerosas peregrinaciones y
rituales. Los levitas consiguieron que las pocas ciudades que quedaron a su
cargo se convirtieran en una especie de santuarios respetados por todos, donde
podían refugiarse los perseguidos en busca de justicia. Tal vez ellos
conservaron más o menos íntegras las tradiciones del culto a Yahveh, en
particular su recelo y desprecio hacia otros dioses, pero lo cierto es que esta
pretendida exclusividad fue siempre minoritaria entre los israelitas: cada tribu
había traído sus propias creencias a las que no estaba dispuesta a renunciar.
Los israelitas adoraban a una multitud de dioses de origen cananeo o incluso
egipcio: Baal, Astarté, Anat, etc. Estaba muy difundida la creencia de que los
muertos viajaban a un lugar llamado Seol, sobre el que, al parecer, Dios no
tenía jurisdicción, donde permanecían para siempre, si bien se les podía
invocar con ayuda de unas estatuillas sagradas llamadas Terafim con las que
se les podía consultar y predecir el futuro. Otra manifestación religiosa
israelita la constituían los profetas. Aunque el concepto de profeta evolucionó
considerablemente a lo largo de la historia, en esta época eran una especie de
místicos que entraban en trance y supuestamente tenían visiones adivinatorias.
Los profetas en éxtasis debían de intimidar bastante a las gentes sencillas, así
que gozaban de cierta autoridad.

Los principales enemigos de los israelitas eran, sin duda, los filisteos. La
Biblia contiene muchas leyendas sobre las luchas entre israelitas y filisteos, la
más famosa de las cuales es la de Sansón y Dalila.Hacia el 1050 los filisteos
infligieron una grave derrota a los efraimitas cerca de Silo. Efraím trató de
reponerse recurriendo a sus aliados, pero la disciplina filistea superó con
creces a la desorganización israelita y los filisteos vencieron de nuevo. Una
derrota completa de Efraím podía suponer la creación de un imperio filisteo y
el desastre para todos los israelitas. Efraím trató de dar un golpe de efecto:
transportó el Arca de la Alianza desde Silo hasta las inmediaciones de los
ejércitos filisteos. Esto infundió ánimos a sus hombres, pues pensaban que
ahora su dios estaba con ellos (la idea de que Dios está en todas partes no se le
había ocurrido todavía a nadie, la cuestión entonces para los israelitas era más
bien si Yahveh sería capaz de derrotar a los dioses filisteos). Sin embargo, los
filisteos confiaron en sus propios dioses, atacaron inmediatamente y las armas
de hierro prevalecieron una vez más sobre las armas de bronce y el dios
israelita juntos. Silo fue destruida para siempre y el Arca de la Alianza fue
capturada. Los filisteos dominaron los territorios de Efraím y Benjamín,
poniendo en jaque al resto del territorio israelita.

Sin embargo, parece ser que resistió una especie de guerrilla en las montañas
encabezada por un líder religioso llamado Samuel, que pronto ganó una gran
reputación entre todos los israelitas. Más tarde, cuando Samuel ya era mayor,
destacó un joven benjaminita llamado Saúl. Hacía tiempo que los israelitas se
planteaban la conveniencia de elegir un rey, pero ahora Samuel retomó la
cuestión con más insistencia y propuso elegir a Saúl. Si Israel quería
sobrevivir necesitaba unirse bajo un mando único. La idea no acababa de
convencer a los profetas y, aunque la mayoría de los israelitas debía de verla
con buenos ojos, el problema era que ninguna tribu parecía dispuesta a aceptar
un rey de otra tribu por el mero hecho de que conviniera aceptar uno.

Sin embargo, Saúl logró la reputación necesaria gracias a unos incidentes


ocurridos en Gad, al este del Jordán. Los amonitas habían cercado la ciudad
de Jabes-Galaad y sólo aceptaban la rendición si sus habitantes consentían que
se les sacara el ojo derecho (o al menos, así lo contaron luego los israelitas).
Por ello, los sitiados decidieron resistir y pidieron ayuda a las tribus del otro
lado del Jordán. Saúl aceptó la petición, reunió todos los hombres que pudo,
eludió a los filisteos, llegó a la ciudad antes de lo previsto, sorprendió a los
amonitas y liberó la ciudad. Fue la primera hazaña de la que los israelitas
podían enorgullecerse desde los tiempos de Jefté. El éxito de Saúl hizo
triunfar a la corriente partidaria de elegirlo rey y Samuel, haciendo valer su
propia reputación, se apresuró a investirlo con un ritual religioso apropiado.
Esto sucedió hacia el 1020. El nuevo rey estableció su capital en Guibá, en el
territorio de Benjamín, a unos cinco kilómetros al norte de Jerusalén.

Por esta época llegó al trono de Tiro el rey Abibaal. La ciudad tenía ya varios
siglos de historia, pero hasta este momento había estado supeditada a Sidón, la
principal ciudad fenicia. Sin embargo, ahora la situación iba a cambiar. La
ciudad entera fue trasladada a una isla rocosa, donde era prácticamente
inexpugnable y podía ser bien defendida con la ayuda de una flota. Los
fenicios contaban con una larga tradición naval que se había venido abajo con
la llegada de los pueblos del mar. Bajo Abibaal, la ciudad de Tiro fue
recuperando esa tradición y ello le dio la supremacía frente a la antigua Sidón.

Volviendo a los israelitas, los filisteos se propusieron abortar la creación del


reino de Saúl, pero no les resultó fácil. Jonatán, el hijo de Saúl, derrotó a una
pequeña guarnición filistea cercana a Guibá, mientras su padre se atrincheraba
en Michmash, un poco más al norte. Los filisteos avanzaron contra
Michmash, pero fueron sorprendidos por una rápida incursión de Jonatán. Los
filisteos calcularon mal el número de tropas que les atacaba y decidieron
retirarse. Ante esta situación, Judá, sometida desde un principio a los filisteos,
decidió rebelarse y se declaró fiel a Saúl. Un ejército unido judeo-israelita
derrotó a los filisteos en Shocoh, al sur de Jerusalén, y toda Judá quedó
anexionada a Israel. Saúl llevó sus tropas a Judá y derrotó a los amalecitas, un
pueblo nómada que vivía al sur y que causaba los típicos estragos periódicos.
Así el rey mostró su poder a Judá al tiempo que se ganaba su gratitud.

Sin embargo, Saúl no fue tan buen diplomático como general. Por una parte
recelaba de su hijo Jonatán, que había conseguido gran popularidad ante el
ejército y temía que pudiera derrocarle. Llegó a ordenar la ejecución de
Jonatán por cierta violación de un ritual, pero el ejército se opuso y tuvo que
revocar la orden. La situación se volvió más tensa. Por otro lado, Saúl disputó
a Samuel la autoridad religiosa, lo que le valió la enemistad del propio
Samuel. Tras otros roces menores, la situación más tensa se produjo a raíz de
la campaña contra los amalecitas. Al parecer, Samuel había indicado a Saúl
cuál era la voluntad de Yahveh:

Ve, pues, ahora y destroza a Amalec, y arrasa cuanto tiene: no le perdones ni


codicies nada de sus bienes, sino mátalo todo, hombres, mujeres, muchachos
y niños de pecho, bueyes y ovejas, camellos y asnos. (Samuel XV, 3)
Sin embargo, Saúl sólo mató a los amalecitas, pero perdonó la vida a su rey
Agag, (tal vez para usarlo como rehén) y distribuyó el botín entre sus soldados
como recompensa (en lugar de sacrificarlo a Dios). El caso es que Samuel
humilló públicamente a Saúl, tras lo cual consideró prudente retirarse a un
segundo plano, pero Saúl sabía que en lo sucesivo contaba con la oposición de
Samuel y, con él, la de los profetas. Saúl se volvió receloso hasta la paranoia.
Entre las víctimas de sus sospechas estaba, además de su hijo, un joven judío
que se había trasladado a Guibá tras la anexión. Se llamaba David, y
pertenecía a una importante familia de Belén, al sur de Jerusalén. David era
un político inteligente (más que Saúl) y también un buen general. Al principio
gozó del favor de Saúl, que le concedió la mano de su hija Mical, pero era
íntimo amigo de Jonatán, lo que suscitó los recelos del rey. Como David no
era hijo suyo, lo tenía más fácil para urdir su muerte, pero Jonatán le previno y
David abandonó sigilosamente Guibá y llegó a Judá, donde tuvo que mantener
una guerra de guerrillas contra Saúl. David contaba con el apoyo de Samuel y
los profetas, tal vez por el mero hecho de que se oponía a Saúl.

El rey persiguió implacablemente a David. Llegó a matar a un grupo de


sacerdotes al enterarse de que uno de ellos había ayudado a David cuando
huyó de Guibá. Con el tiempo, logró que a David le costara más obtener
ayuda, hasta el punto que en un momento dado decidió pasarse al bando de los
filisteos. Éstos vieron ahora su oportunidad. Israel estaba convulsionado por
revueltas internas entre los partidarios de Saúl, los de Jonatán, los profetas, y
ahora uno de los oponentes de Saúl se aliaba con ellos. Sin duda, un vigoroso
ataque filisteo en estas condiciones iba a tener éxito.

Hacia 1000 un ejército filisteo se enfrentó nuevamente a Israel. Jonatán optó


por ayudar a su padre ante la gravedad de los hechos, pero el ejército israelita
fue arrollado por el pesado armamento filisteo. Jonatán murió en la batalla y
Saúl, cuando lo vio todo perdido, se suicidó. Los filisteos obtuvieron de nuevo
la hegemonía sobre Israel, como si Saúl nunca hubiera existido.
14. El rey David (1000)

A principios del primer milenio (si no antes) los pueblos indoeuropeos


llegaron hasta Italia. Llevaron consigo el hierro y las nuevas costumbres
asociadas a la metalurgia, como la incineración de los muertos. No
introdujeron ningún tipo de organización política, sino que con el tiempo irían
cristalizando distintas culturas a lo largo de toda la península. Francia empieza
a ser ocupada por los Celtas, que introducen nuevas técnicas agrícolas.

En el este, los arios estaban plenamente instalados en la India. Por esta época
se consolidó una rígida división social en cuatro clases. Estaban
los brahmanes (sacerdotes), los chatria (guerreros), los vaisya(ganaderos y
comerciantes) y los sudra (los antiguos aborígenes de la India, ahora
reducidos a la esclavitud). En un largo proceso que arranca incluso antes de la
invasión, los arios fueron desarrollando una religión antecedente del
actual hinduismo. Los brahmanes eran los únicos que podían conocer los ritos
y los textos sagrados, conocidos como veda, o revelación, redactados en
sánscrito pero no por escrito, sino que se transmitían oralmente. El dios
principal era Visnú, también llamado Siva, quien se ocupaba del mundo a
través de sus numerosas esposas, entre ellas la benevolente Parvati, la
guerrera Durga y la destructora Kali. El hinduismo se refiere a su doctrina
como sanatana-dharma, que significa algo así como "ley cósmica universal
sin origen", pues, al contrario que otras religiones, el hinduismo no tiene
ningún fundador renombrado. Uno de sus aspectos más destacados es la idea
de los ciclos y la reencarnación. Por ejemplo, cuando un hombre muere, se
reencarna en una de las cuatro clases según la medida en que hubiera
respetado el orden cósmico en sus vidas anteriores. Así, bien mirado, las
desigualdades por el nacimiento eran una expresión de la justicia universal.

Las acciones de un individuo que determinan su próxima reencarnación son


su karma, pero el hombre cuenta con distintas vías para salir del ciclo de
reencarnaciones (samsara) y llegar finalmente a la liberación (moksa). Puesto
que todo pensamiento influye en el karma, una de las vías era el control del
pensamiento mediante la meditación (la vía de la meditación). La principal
técnica de meditación era el yoga. Por otra parte, estaba la vía de las
obras, consistente en observar cuidadosamente los rituales tradicionales con la
esperanza de acumular así un
karma favorable y meritorio.

En Guatemala proliferan las


comunidades agrícolas formadas
por pueblos con una lengua común
y que se extienden por la península
de Yucatán. Es el preludio de la cultura Maya.

En Perú aparece la cultura Chavín, ya plenamente agrícola, que aunó a un


amplio territorio cuyos habitantes adoraban a un dios felino. Su orfebrería en
oro es la más antigua de América. En Chavín de Huantar se halla una plaza
bordeada de plataformas presidida por una gran pirámide truncada, cuyo
interior es un conjunto de galerías, cámaras y escaleras. Dispersas por todo el
territorio, se encuentran estelas con representaciones de seres humanos con
atributos felinos y aspecto feroz.

La ciudad fenicia de Tiro seguía afirmándose como potencia marítima.


Comerciaba con Egipto y con Grecia, y empezaba a explorar el Mediterráneo
occidental.

Los griegos jonios, tras haber ocupado paulatinamente las islas del Egeo,
empezaron a poblar la costa oriental. Fueron ellos quienes la bautizaron
como "Anatolia", que en griego significa "sol naciente". Así mismo adaptaron
las palabras semitas "assu" y "ereb" (este y oeste), convirtiéndolas
en Asia y Europa.Más precisamente, parece ser que fueron los cretenses
quienes adaptaron así las palabras semitas, y los jonios las tomaron de los
cretenses. La costa oriental del Egeo, juntamente con las islas, recibió el
nombre de Jonia. Se fundaron doce ciudades en la costa, la más importante de
las cuales era Mileto. Así los griegos entraron en contacto con los frigios, que
por aquel entonces dominaban casi toda la mitad occidental de Anatolia, pero
no se opusieron a la colonización griega. Al contrario, se sintieron atraídos por
su cultura y mantuvieron siempre relaciones amistosas. Su capital más
importante era Gordion.Los griegos decían que ha había
fundado Gordias, que había sido un campesino al que Zeus designó para ser
rey de Frigia mediante un oráculo.

La Grecia continental empezaba a conseguir cierta estabilidad tras los estragos


de la invasión doria. Hesíodo describe la Grecia de tres siglos más tarde y
habla de cabañas de adobe con una única estancia para hombres y animales.
Se pasa frío en invierno y calor en verano. Se come grano, cebollas, queso,
leche y miel, pero no muy a menudo. Hay paludismo, y para huir de él hay
que ir a colinas pedregosas, donde en su lugar hay hambre. No se podía
comprar o vender con oro o cualquier otra cosa que sirviera de moneda. Para
comprar un carro varias familias tenían que juntar sus reservas de grano.
Periódicamente, los amos dorios venían de la ciudad a requisar parte de la
cosecha, o incluso parte de los hombres, como soldados. Los nobles dorios
llevaban una vida sobria, pero más llevadera. Algunos hombres encontraron
una nueva forma de ganarse la vida: entreteniendo a sus amos con historias
antiguas y no tan antiguas. Naturalmente, no eran historias sobre campesinos
y sus cabañas de adobe. Trataban sobre héroes, reyes y dioses. Así, en Grecia
fue surgiendo una de las mitologías más ricas de la historia, modelada en gran
parte a conveniencia de los nuevos amos.

Por ejemplo, el triunfo de los dorios frente a los griegos micénicos tuvo su
lógica contrapartida celestial: el dios principal de la religión micénica era
Cronos, pero fue abatido por el dios principal de los
dorios: Zeus, exactamente igual como Cronos había desplazado en su día a la
diosa Gea. Naturalmente, el relevo de poder no podía deberse a una
usurpación ilegítima. La leyenda explicaba que cuando Cronos derrocó a su
padre Urano, éste le vaticinó que lo mismo le sucedería a él. Para evitar la
profecía, Cronos devoraba a sus hijos tan pronto nacían, pero su esposa Rea
reemplazó uno de ellos por una piedra, que el padre se tragó sin apreciar la
diferencia. El hijo que se salvó fue Zeus, quien, tras una serie de vicisitudes,
destronó a su cruel padre y le obligo a regurgitar a sus hermanos (que seguían
vivos, porque eran inmortales). Entre ellos estaban Hera (la que sería su
última esposa), Poseidón y Hades. Los tres hermanos se repartieron el
universo: Zeus quedó como rey de los cielos, Poseidón como dios de los
mares y Hades como dios del mundo subterráneo de los muertos. De ellos
surgiría la nueva generación de dioses griegos que gradualmente eclipsaría a
las dos anteriores (la pelásgica y la micénica).

Igual que los sumerios situaron sus héroes míticos antes del diluvio, ahora los
griegos situaban a los suyos en la era micénica, la Edad de Oro que había
precedido a la presente Edad del Hierro, como ellos la describían. En la
historia mítica de los griegos, Europa se convirtió en la primera pobladora de
Creta, madre del rey Minos. Había una leyenda que debió de gustar
especialmente a los dorios (si no es que fue íntegramente diseñada para ellos).
Hacía referencia a Hércules, hijo del propio Zeus y de la
reina Alcmene, esposa del rey tebano Anfitrión. Se contaban muchas historias
sobre él, que lo convertían en el héroe griego por excelencia, pero la que ahora
nos ocupa hace referencia a sus (numerosísimos) hijos, que resultaron ser una
horda de poderosos bandidos, los heráclidas. Uno de ellos retó uno por uno a
los soldados que el rey de Micenas había enviado para expulsarlos de Grecia.
Las condiciones eran que si él les vencía a todos, los heráclidas gobernarían
Micenas, mientras que si perdía se iría del país con todos sus hermanos, que se
comprometían a no volver al menos hasta cincuenta años más tarde (esto es,
en las personas de sus hijos y nietos). El caso es que perdió, por lo que los
heráclidas se fueron, pero a la tercera generación, cumplido el pacto,
volvieron y se adueñaron de Grecia. Evidentemente, los nietos de los
heráclidas eran los dorios que, por consiguiente, al invadir Grecia no hicieron
sino volver a la tierra de sus antepasados. Es la versión griega de la tierra
prometida de los israelitas.

En cuanto a los israelitas, tras la muerte de Saúl se encontraban


completamente a merced de los filisteos. No obstante, Abner, el que había
sido el principal general de Saúl, se retiró con parte del ejército llevándose
consigo a Isbóset, el único hijo de Saúl que quedó con vida, y se retiró al este
del Jordán, lejos de la influencia filistea. Los reinos hebreos, siempre hostiles
hacia los israelitas, aprovecharon las circunstancias. Así, el reino de Moab
absorbió totalmente a la tribu de Rubén. Mientras tanto, David aprovechó la
situación y convenció a los ancianos de Judá de que lo proclamasen rey de
Judá, y estableció su capital en Hebrón, una ciudad fortificada a unos 30
kilómetros de la capital filistea de Gad. Al contrario que Saúl, el rey David era
un astuto diplomático, y supo convencer a los filisteos de que bajo su gobierno
los israelitas serían un fiel títere del que jamás tendrían que preocuparse.

David tuvo suerte: Isbóset discutió con Abner a causa de una mujer, y éste se
enfadó hasta el punto de iniciar negociaciones con David para ayudarle a
derrocar al que había sido su protegido. David exigió a Abner que le entregara
a Mical, la hija de Saúl que había sido su esposa antes de verse obligado a huir
de Guibá. Sin duda David comprendía la importancia de poder presentarse
como yerno de Saúl a la hora de reclamar el trono de Israel. Abner le entregó
a Mical y pactó con David. Posiblemente le cedió una parte del ejército
israelita. Luego Joab, el general de David que hacía de intermediario, mató a
Abner a traición, teóricamente por una venganza personal (pues Abner había
matado a su hermano, o al menos eso dijo Joab), pero es más probable que
siguiera órdenes de David, para impedir que Abner pudiera volverse atrás y
revelara el pacto a Isbóset. David lamentó públicamente la muerte de Abner,
pero Joab siguió en su cargo.

Cada vez estaba más claro que la casa de Saúl decaía, mientras David se hacía
más fuerte. Tal vez ello movió a dos oficiales de Isbóset a cortar la cabeza de
su rey y llevársela a David. No sería descabellado suponer que David fue el
inductor de esta nueva traición, pero oficialmente se mostró más consternado
aún que con la muerte de Abner. Según la Biblia, mandó matar a los dos
asesinos, se les cortó las manos y los pies y fueron colgados públicamente
junto al estanque de Hebrón. Ahora Israel estaba sin rey. En una situación tan
crítica, bajo la doble amenaza hebrea y filistea, la necesidad de un rey fuerte
era indiscutible, y el único candidato era David, el poderoso rey de Judá,
yerno de Saúl. Una embajada israelita fue recibida en Hebrón, donde suplicó a
David que aceptara reinar en Israel y éste aceptó. Era el año 991.

La Biblia llama Israel al reino de David, pero en realidad nunca fue un reino
unido. Constaba por una parte del Israel propiamente dicho, que ocupaba los
dos tercios septentrionales del territorio, y del reino de Judá, en la parte sur.
Los israelitas nunca acabaron de considerar a Judá como parte de su pueblo.
La Biblia se esfuerza por ocultar este hecho porque fue escrita por judíos, pero
el verse obligados a recurrir a un rey judío debió de ser humillante para los
israelitas. David era consciente sin duda de estos problemas y empleó toda su
diplomacia en paliarlos. Su primera medida fue cambiar la capital (los
israelitas no hubieran tolerado mucho tiempo ser gobernados desde el centro
de Judá). La ciudad ideal era Jerusalén. Estaba situada en la frontera entre
ambos territorios, era una ciudad amurallada fácil de defender. Ésta era a la
vez su mayor virtud y su mayor inconveniente: Jerusalén era tan fácil de
defender que israelitas, judíos y filisteos nunca habían podido conquistarla.
Seguía en poder de una tribu cananea, los Jebuseos.

De algún modo, en 990 David se las arregló para tomar Jerusalén. La Biblia
no explica cómo lo hizo, así que es probable que empleara alguna treta no
muy honrosa. Tampoco es fácil explicar por qué los filisteos toleraron
impasibles el ascenso de David. De algún modo, David debió de convencerles
de que trabajaba para ellos, pero tras la toma de Jerusalén los filisteos le
exigieron que abandonara la ciudad como muestra de lealtad. David se negó y
así entró en guerra. Sin embargo, los israelitas estaban ahora crecidos por su
notable victoria en Jerusalén y David disponía de buenos generales. El
resultado fue una victoria completa sobre los filisteos, que desde este
momento abandonaron para siempre toda idea imperialista. Se retiraron a sus
ciudades tradicionales y pagaron tributo a David.

Una vez establecida la nueva capital en Jerusalén, los esfuerzos de David por
unificar su reino bimembre se encaminaron hacia la religión. Desde que los
filisteos destruyeron el santuario de Siló, los israelitas no tenían ningún centro
religioso común. Cada aldea adoraba a sus dioses locales en pequeños altares,
situados especialmente en las colinas (sin duda un vestigio de la antigua
cultura nómada de los israelitas: los pastores suelen venerar a sus dioses
celestes en lugares elevados). De entre la fértil mitología israelita, la parte que
más posibilidades unificadoras brindaba era la referente a Moisés y su alianza
con Dios. En torno a ella se conservaba el Arca de la Alianza, que los filisteos
habían capturado y conservado en la ciudad de Quiryat-Yearim, al norte de
Judá (los filisteos temían a los dioses extranjeros tanto como a los propios, así
que no se atrevieron a destruir el Arca, y tampoco a introducirla en su
territorio). David llevó el Arca a Jerusalén y la situó en un santuario próximo
a su palacio. Aunque él mismo ejerció buena parte de las funciones
sacerdotales, nombró sumo sacerdote a Abiatar, el único superviviente del
grupo de sacerdotes que Saúl hizo ejecutar por considerarlos partidarios de
David. Posiblemente fue en este periodo cuando empezaron a tomar forma las
leyendas bíblicas que presentan a las doce tribus de Israel viajando unidas por
el desierto a las órdenes de Moisés ayudados por su dios.

Unida política y religiosamente la nación, David se vio con fuerzas para


iniciar una expansión imperialista. En el fondo esto puede verse como una
medida más para aunar a su pueblo con un sentimiento de superioridad
patriótica. Uno a uno, conquistó los reinos hebreos de Amón, Moab y Edom.
Luego avanzó aún más al norte. No intentó atacar a los fenicios (hubiera sido
un suicidio sin la ayuda de una flota). En su lugar, firmó con ellos tratados
comerciales. Sin embargo, sometió a tributo a las poblaciones del Éufrates
superior. De este modo los israelitas se vieron dueños de un imperio de
dimensiones respetables. Los límites que Dios fija a la tierra prometida
cuando le habla a Abraham según la Biblia son precisamente los de este
imperio.
15.El rey Salomón (975)

Una de las cuestiones que más problemas ocasionaron al rey David fue la
sucesión. Por una parte estaba la casa de Saúl. Ahora que los tiempos eran
buenos, era fácil que surgieran corrientes nacionalistas israelitas (anti-judías)
que reclamaran un rey israelita. Bajo uno u otro pretexto, David se las arregló
para ejecutar a todos los descendientes de Saúl que pudieran reclamar un
derecho de sucesión. Sólo quedaba un hijo lisiado, incapacitado para reinar,
por lo que David lo acogió en su casa, como muestra de buena voluntad hacia
la casa de Saúl. Más problemas le ocasionaron sus propios hijos. Era
costumbre entre los monarcas orientales disponer de un harén tan numeroso
como fuera posible. Esto daba una imagen de magnificencia tanto a los
súbditos como a los extranjeros. Una forma de sellar una alianza con otro
pueblo era incorporar al harén una de sus princesas. Era todo un honor. El
problema era que las distintas mujeres rivalizaban entre sí, y todas trataban de
que sus hijos gozaran de mayores privilegios frente a los de las demás.
Particularmente delicada era la cuestión de cuál de ellos heredaría el trono.
Era frecuente que cuando el rey moría, uno de los hijos matara a sus
hermanos, dirimiendo así toda disputa por la sucesión. Sin embargo, una
jugada inteligente podía ser matar a la vez al rey y a los hermanos, mientras
éstos estaban desprevenidos esperando la muerte de su padre.

La monarquía de Israel era joven, pero cayó en todos estos tópicos. El hijo
favorito de David era Absalón, quien fue gradualmente ganando partidarios
hasta que en 970 reunió un ejército en contra de su padre y marchó contra
Jerusalén. David fue cogido por sorpresa, pero seguía siendo un buen
estratega. En lugar de resistir un asedio en la capital (hubiera sido humillante)
logró escabullirse, huyó al otro lado del Jordán, organizó a todas las tropas
leales de que pudo disponer y volvió a Jerusalén, donde no tuvo dificultad en
aplastar a su inexperto hijo. David ordenó capturarlo vivo, pero Joab, el jefe
del ejército, consideró más prudente matarlo.

La crisis alentó a los israelitas descontentos con un rey judío. Un benjaminita


llamado Seba encabezó un alzamiento que David sofocó con relativa
facilidad. Aunque el rey demostró por segunda vez tener las riendas bien
sujetas, lo cierto es que estas rebeliones mostraban que su gobierno no estaba
tan bien afirmado como él había pretendido.

Mientras tanto murió Abibaal, el rey de Tiro. En 969 fue sucedido


por Hiram, que siguió impulsando la expansión de los fenicios por el
Mediterráneo. Parece ser que fue por esta época cuando los fenicios
aprendieron a orientarse en mar abierto mediante las estrellas, lo que facilitó
las grandes expediciones a tierras lejanas.
Volviendo a Israel y el rey David, en 961 estaba ya próximo a la muerte y las
tensiones de la sucesión eran mayores que nunca. Al parecer, David había
designado como heredero a Adonías, su hijo mayor tras la muerte de Absalón.
Adonías contaba con el apoyo de Joab y con el de Abimelec, el sacerdote. Sin
embargo, la esposa favorita de David era Betsabé, la cual gozaba de cierta
influencia, la necesaria para intrigar en favor de su hijo Salomón. Se ganó el
apoyo del general Banaías, que sin duda vio la posibilidad de sustituir a Joab,
y el del sacerdote Sadoc, que vio la posibilidad de sustituir a Abimelec. Al
parecer, Adonías se vio prácticamente coronado rey y antes de la muerte de su
padre ya lo celebró con un banquete. La reina jugó bien sus cartas. Ella,
Banaías y Sadoc afirmaron que David les había expresado en su lecho de
muerte su voluntad de que su sucesor fuera Salomón. Acusaron a Adonías de
usurpador y lograron volver al pueblo contra él. Joab y Abimelec no pudieron
hacer nada. El primero fue asesinado y el sacerdote tuvo que retirarse de la
vida pública. Banaías consiguió la jefatura del ejército y Sadoc el sumo
sacerdocio.

Hacia 960, la ciudad de Tiro fundó su primera colonia de ultramar:


fue Útica, situada en la costa africana justo al sudoeste de la isla de Sicilia.
Sin duda, las largas expediciones fenicias necesitaban de ciudades intermedias
donde hacer escalas. El Mediterráneo estaba libre de competencia, pues
Grecia y Creta prácticamente no existían y Egipto casi tampoco.

Volviendo a Salomón, el nuevo rey hizo lo que frecuentemente ha hecho un


usurpador con medios al llegar al trono: desplegar tal magnificencia que nadie
se atreva a cuestionar su realeza. La Biblia describe el harén de Salomón,
formado por unas mil mujeres, entre esposas y concubinas. Salomón ordenó
construir un soberbio templo a Yahveh en Jerusalén, donde residiría el Arca
de la Alianza. La construcción quedó al cuidado de los arquitectos y artesanos
de Tiro.

El rey Hiram puso dos flotas a disposición de Salomón, una en el


Mediterráneo y otra en el mar Rojo. La primera llegó hasta España y pasó
incluso el estrecho de Gibraltar, con lo que, por primera vez, un barco navegó
por el océano Atlántico. En la desembocadura del Guadalquivir fundaron la
ciudad de Tartesos, y a poca distancia la ciudad de Gades, la actual Cádiz. La
segunda flota tenía su base en Elat, en el extremo norte del mar Rojo, y en sus
expediciones llegaba hasta el sur de Arabia.

En 954 se terminó el templo, tras lo cual Salomón inició la construcción de un


palacio real, mucho más grandioso que el templo, así como otros templos para
otros dioses distintos de Yahveh, en especial para los dioses principales de los
reinos sometidos de Moab y Amón.
La Biblia describe con orgullo que Salomón tenía en su harén una princesa
egipcia. Esto es cierto, pero el Egipto de la época no era el de antaño. La
esposa egipcia de Salomón era hija de Psusennes II, que gobernaba
únicamente sobre el delta del Nilo, en un reino menor que el de Salomón. Su
ejército estaba compuesto mayoritariamente por mercenarios libios. Su
comandante se llamaba Sheshonk.Indudablemente Sheshonk acabó por tener
en sus manos el poder real, hasta el punto que Psusennes II debió de verse
obligado a casar una de sus hijas con el hijo de Sheshonk, signo de que éste
albergaba aspiraciones al trono. Probablemente fue esta situación la que llevó
a Psusennes II a solicitar la ayuda de Salomón, de modo que probablemente
fue el faraón el que tuvo por un honor que una hija suya formara parte del
harén de Salomón, y no al revés.

Con la riqueza que obtuvo con el comercio, Salomón aumentó su ejército,


compró caballos en Asia Menor y construyó carros. Paulatinamente, los gastos
de la corte empezaron a superar los ingresos. Salomón tuvo que reformar el
cobro de impuestos. Para ello dividió el imperio en doce distritos que no
tenían nada que ver con las antiguas fronteras tribales, y puso a cargo de cada
uno de ellos a un gobernador. La mayor eficiencia en el cobro de impuestos
causó un lógico descontento del pueblo, que también se veía obligado a
colaborar en las grandes construcciones. Además, Salomón dejó a Judá libre
del pago de impuestos, mientras que los israelitas se veían equiparados a los
pueblos conquistados, como Amón, Moab y Edom. Esto causó aún mayor
resentimiento. Algunas autoridades religiosas israelitas empezaron a
cuestionar la legitimidad del templo de Jerusalén, recordando que el auténtico
santuario de Yahveh debía estar en la antigua Siló.

Por otra parte, la situación exterior, hasta entonces tan favorable a Israel,
empezó a cambiar. En 940 murió Psusennes II, con lo que terminó la dinastía
XXI. El primer rey de la dinastía XXII fue, naturalmente,Sheshonk I, quien
estableció su capital en Bubastis y poco después logró hacerse con el control
de Tebas, con lo que Egipto volvió a estar unido. Mientras tanto, las tribus
arameas que llevaban más de un siglo infiltrándose y hostigando a Asiria
empezaron a organizarse. Los arameos no parecen haber aportado ninguna
cultura nueva, sino que absorbieron la de los pueblos que encontraron, en
especial la de algunos reinos neohititas. Al norte de Israel se formaron
principados arameos. Un hombre llamado Rezón fue erigido rey y estableció
su capital en Damasco, muy cerca de la frontera israelita. El nuevo reino es
conocido como Siria, si bien éste es el nombre que le dieron los griegos
mucho después.

La situación explotó en 938, cuando un efraimita llamado Jeroboam estaba a


cargo de los grupos de trabajo forzado encargados de las construcciones.
Influido por Ajab, un líder religioso que defendía la restauración de Siló,
inició una rebelión que Salomón pudo sofocar, pero Jeroboam recibió mucho
apoyo popular y logró huir a Egipto, donde Sheshonk I lo acogió
amistosamente. No era el primer prófugo israelita al que Sheshonk acogía. Ya
tenía alojado a Hadad, un edomita que también había intentado rebelarse sin
éxito contra Salomón. Probablemente Sheshonk I vio en Israel una amenaza
desde que su antecesor entabló alianza con Salomón, y ahora estaba
proyectando lentamente un ataque.

La ocasión se presentaría con la muerte de Salomón, que tuvo lugar


en 931. Fue sucedido por su hijo Roboam. Éste no tuvo dificultades en la
realización del ritual necesario para ser proclamado rey de Judá, pero para ser
aceptado como rey de Israel debía pasar otros rituales en Siquem, el antiguo
centro político de Efraím. Los israelitas trataron de obtener concesiones y
exigieron una disminución de los impuestos. Roboam respondió con una
altanera negativa, e Israel se rebeló. Probablemente Sheshonk estimuló la
rebelión, e inmediatamente envió a Jeroboam, que fue proclamado rey de
Israel y estableció su capital en Siquem, si bien pronto la trasladó
a Tirsa, algo más al norte. Esto no supuso únicamente una partición del reino,
sino un completo desmembramiento. Siria se apropió del norte de Israel,
Amón recuperó su independencia, mientras que Israel retuvo a duras penas a
Moab. Judá retuvo a Edom. En 926 Sheshonk I invadió Judá, saqueó Jerusalén
y se llevó buena parte de los tesoros que Salomón había acumulado. Sin duda
Judá se convirtió en tributaria de Egipto durante algún tiempo.

Mientras tanto, Jeroboam se encontró con ciertos problemas políticos que


debía resolver. Durante los reinados de David y Salomón se hizo un
considerable esfuerzo por aunar a todos los israelitas y judíos en torno a un
culto común, con centro en Jerusalén. Sin embargo, dicho culto era ahora una
amenaza para la monarquía israelita. Si Israel seguía rindiendo culto al dios de
Jerusalén, sus ejércitos podrían negarse a atacar a Judá en caso de necesidad
por cuestiones religiosas. Jeroboam podría haber reconstruido Siló, pero tal
vez consideraba peligroso de todos modos compartir un dios con Judá. En su
lugar, fomentó dos centros religiosos, uno al sur, en Betel, a sólo 16
kilómetros de Jerusalén, y otro al norte, en Dan. En ambos colocó la figura de
un toro joven, cuyo culto estaba muy arraigado en Efraím, y organizó una
clase sacerdotal que cuidara de los rituales. Esto originó una perpetua
enemistad entre la realeza y la aún poderosa clase sacerdotal dedicada al culto
de Yahveh o, mejor dicho, de Eloím, que era el nombre que los israelitas
daban al dios bíblico.

De esta época datan los documentos más antiguos que se conocen sobre la
religión judeo-israelita. En ellos podemos apreciar los esfuerzos realizados
durante los reinados de David y Salomón por dotar a judíos e israelitas de una
tradición común. Supuestamente, las doce tribus de Israel llegaron juntas a
Canaán conducidas primero por Moisés y luego por Josué. En realidad Josué
debió de ser uno de los jueces o caudillos que tenía cada tribu, pero los
mandatos simultáneos de estos caudillos son presentados como sucesivos, de
modo que aparentemente las doce tribus estuvieron siempre bajo un mando
común incluso antes de la monarquía. El dios de Moisés, identificado con el
de Abraham, desempeña un papel central en el destino de Israel: cada vez que
los israelitas sufren un revés, ello se interpreta como la represalia divina por
una ofensa atribuida al pueblo o a sus dirigentes (normalmente la adoración de
otros dioses); cada vez que las cosas van bien, ello es signo del favor de Dios
hacia algún varón virtuoso. (Entre los casos más forzados está el de una
epidemia de peste que hubo durante el reinado de David. Según la Biblia, la
causa fue que David ofendió a Dios ordenando hacer un censo de Israel.)

Además de los textos históricos y pseudohistóricos (con la historia de


Abraham, Isaac, Jacob-Israel, sus doce hijos, etc.) también encontramos mitos
cananeos de origen sumerio adaptados a la visión del mundo judeo-israelita.
Hay una vaga historia de la creación del hombre, así como una versión del
diluvio universal seguida de extensas genealogías de los patriarcas, que se
corresponden con nombres de pueblos y tribus. Por ejemplo, Noé, el
superviviente del diluvio según la versión israelita del mito, tuvo tres
hijos: Sem, Cam y Jafet. Del último descendían los pueblos más lejanos, entre
ellos los egipcios, de Sem descendían los propios israelitas y pueblos afines,
como los hebreos, mientras que Cam era el antecesor de los cananeos y otros
pueblos sojuzgados (Canaán era uno de los hijos de Cam). En una primera
versión, Cam (o Canaán) castró a su padre mientras éste dormía borracho. La
versión final de la Biblia suavizó el crimen de Cam reduciéndolo a "ver
desnudo a su padre y no cubrirlo". En cualquier caso, Noé maldijo a Cam (y a
sus descendientes), condenándolo a ser "esclavo de los esclavos de sus
hermanos", lo que justificaba que los israelitas mataran o esclavizaran a los
cananeos. Los egipcios habían importado tiempo atrás esclavos negros
procedentes del África central. Los israelitas explicaron el color negro de su
piel como signo de que eran descendientes del maldito Cam, y así
introdujeron en la historia una idea que, aunque no consta explícitamente en la
Biblia, sería retomada en muchas ocasiones de la tradición judía por su
extremada conveniencia: que los negros están hechos para ser esclavos.

Mientras tanto, en 919 murió el rey de Egipto Sheshonk I y fue sucedido


por Osorkon I, que heredó un Egipto relativamente próspero, si bien el nuevo
rey no supo o no pudo hacer más que mantenerlo a duras penas.

El rey Roboam de Judá murió en 913 y fue sucedido por su


hijo Abiyyam, que murió a los dos años y fue sucedido a su vez por su
hijo Asa, en 911. Los judíos recordaban el reinado de David como su época
más gloriosa, y nunca cuestionaron el derecho al trono de sus descendientes.
No ocurría lo mismo en Israel, cuya mayor debilidad fue en todo momento la
falta de una tradición tanto política como religiosa. Por esta época los arameos
estaban sólidamente instalados en Siria. El reino de Damasco, bajo el
rey Benhadad I, se había extendido en los últimos años hasta convertirse en
una nación tan grande como Israel. Sin embargo, también la vecina Asiria
estaba resurgiendo. El mismo año que Asa subió al trono de Judá, el
rey Adad-Narari II ocupaba el trono de Asiria y empezó a reorganizarla.
Pronto empezó a mostrar su poder sobre los principados arameos.

Jeroboam murió en 910 y fue sucedido por su hijo Nadab, pero no logró
mantenerse en el trono más de un año. Un general llamado Basa dio un golpe
de estado en 909 y ocupó el trono. Para consolidar su cuestionable derecho al
trono estimuló la guerra contra Judá. El rey Asa envió presentes al rey sirio
rogándole que atacara a Israel. Benhadad I accedió complacido ante esta
posibilidad de expansión, y así se formó una alianza gracias a la cual la débil
Judá pudo resistir a Israel.
16.Los asirios (900)

Hacia
el 900 surgió en
Italia la primera
civilización
equiparable a las
orientales. Se
trataba de un
pueblo que se
llamaba a sí
mismo Rasena.
Los griegos los
llamaron Tirrenos,
mientras que
nosotros los
conocemos por el
nombre que les
dieron los
romanos:
los etruscos. No conocemos muy bien la cultura etrusca, pues su lengua no ha
sido descifrada. Está descartado que los etruscos fueran indoeuropeos. Los
romanos decían que vinieron de Asia menor, y es posible que estuvieran en lo
cierto, pues con las conmociones de los siglos precedentes es plausible que
algún grupo de hombres se decidiera a recorrer un largo trecho en busca de
paz, e Italia era probablemente la tierra más cercana que podía proporcionarla.
Llegaron por tierra desde el norte, y parece ser que fueron pocos. Formaron
una oligarquía que poco a poco fue organizando y dominando más ciudades,
potenciando, asimilando y desarrollando las culturas locales. Su cultura era
matriarcal (al igual que muchas culturas mediterráneas y orientales primitivas,
y en oposición al marcado carácter patriarcal de los pueblos indoeuropeos). Su
religión se centraba en los ritos funerarios y el culto a los muertos. También
estaba muy arraigada su creencia en diversas técnicas de predicción del futuro,
especialmente a través del examen de las entrañas de las aves, o de su vuelo.
El arte etrusco presenta rasgos muy originales, tal vez de influencia oriental.
En las estatuas destaca la forzada curvatura de la boca, la llamada "sonrisa
etrusca",que les confiere una expresión extraña, casi cómica.

Los etruscos se extendieron por la costa noroeste de Italia, desde el


río Arno hasta el río Tíber. Su frontera este la marcaban los
montes Apeninos. El resto de Italia estaba poblado por diversas culturas
indoeuropeas. Al sur de Etruria había un territorio conocido como el Lacio, en
el que se distribuían unas treinta ciudades-estado independientes con una
cultura afín y una lengua común (el latín). Tras la llegada de los etruscos se
aliaron en una Liga Latina, encabezada por la ciudad de Alba Longa.

Mientras tanto, una nueva tribu aria descendió sobre Mesopotamia. Eran
los medos. Venían del norte y se asentaron en el noroeste del moderno Irán, al
suroeste del mar Caspio. Dicha zona pasó a llamarse Media. Los medos
trajeron una innovación: los caballos domesticados hasta entonces eran
pequeños, capaces de tirar de un carro, solos o en parejas, pero no de soportar
directamente el peso de un jinete. Los medos domesticaron una raza de
caballos grandes, similares a los actuales, y aprendieron a montarlos,
convirtiéndose en los más hábiles jinetes de la antigüedad.

En 897 el rey de China adjudicó unas tierras a un jefe bárbaro criador de


caballos llamado Feizi, a cambio de que le suministrara monturas. Así se
formó el estado de Qin. De él deriva la palabra "China".

En 889 murió el rey asirio Adad-Narari II y fue sucedido por su hijo Tukulti-
Ninurta II, quien por vez primera dispuso de un ejército íntegramente
equipado con armas de hierro. Esto lo convirtió en el ejército más poderoso
del planeta. Además, los asirios revolucionaron la técnica del asedio. Hasta
entonces, la estrategia de una ciudad sitiada era resistir a la espera de que los
sitiadores desesperaran o fueran víctimas de las enfermedades que
inevitablemente surgían ante la total falta de higiene de los campamentos
militares. Con los asirios, el asedio dejó de ser un simple intento de matar de
hambre a los sitiados. Idearon máquinas para derribar murallas, las dotaron de
ruedas para acercarlas y las blindaron para proteger a los hombres que las
movían. Mediante pesados arietes abrían una brecha por la que el ejército
sitiador penetraba en la fortificación y se encontraba con toda la población a
su merced, atrapada por sus propias murallas. Los asirios se ganaron una fama
de crueldad nunca oída hasta entonces. Poco a poco, Asiria fue creciendo y
reconstruyendo su antiguo imperio.

Mientras tanto, Canaán permanecía ajena a estos hechos. En 887 una


conspiración derrocó al último rey del linaje de Hiram de Tiro. El cabecilla
fue el sumo sacerdote Etbaal, que ocupó el trono. Al mismo tiempo el rey
sirio Benhadad I atacó a Israel, llegando hasta el mar de Galilea y
anexionándose sus costas orientales. La ciudad de Dan fue destruida, al
parecer para siempre, pues ya no se la vuelve a mencionar en la Biblia. El rey
Basa de Israel tuvo que hacer las paces con Judá para poder ocuparse de Siria.
Así fracasó su intento de consolidar su dinastía con una conquista militar,
como había hecho David años atrás. Cuando murió, en 886, estalló una guerra
civil y su hijo Ela fue depuesto y ejecutado. Antes de terminar el año se hizo
con el trono un hábil general llamado Omri, que logró rechazar a los sirios y
reforzar el dominio sobre Moab. Omri comprendió bien cuáles eran los puntos
débiles del reino de Israel. Uno era la falta de una capital bien emplazada,
capaz de resistir asedios con dignidad. Judá tenía a Jerusalén, pero Tirsa era
completamente inadecuada. Jeroboam la había elegido principalmente para
abandonar Siquem, para evitar suspicacias sobre una hegemonía efraimita que
hubiera podido ser mal vista por una parte considerable de los israelitas. Un
poco al oeste de Tirsa había una colina muy bien situada a mitad de camino
entre el Jordán y el Mediterráneo. Pertenecía a la familia de Shemer, pero el
rey la compró y la fortificó. Con el tiempo se convertiría en la ciudad más
grande de Israel. La llamó Shomron, nombre derivado de su antiguo dueño,
pero los griegos la llamaron más tarde Samaria. Omri la convirtió en capital
de Israel, y lo continuó siendo hasta la desaparición del reino.

Pero Omri sabía que una capital fuerte no lo era todo. La monarquía israelita
no gozaba de todo el respaldo popular que sería deseable. Más aún, el pueblo
no tenía un sentimiento de unidad nacional similar al que existía en Judá. En
gran parte, la ventaja de Judá residía en una religión fuerte, el culto a Yahveh,
que al mismo tiempo que identificaba a todo el pueblo en una causa común,
legitimaba a la casa de David como gobernante por designio divino. El culto a
Yahveh era minoritario en Israel, y tampoco parecía buena idea fomentarlo,
pues ello podría dejar a Israel indefenso frente a Judá. También estaba el
riesgo de que una buena parte del pueblo no lo aceptara por desprecio a los
judíos. Omri se alió con el rey tirio Etbaal. Ambos eran usurpadores, así que
debió de ser fácil para ambos apoyarse mutuamente para consolidar sus
tronos. Etbaal había sido sumo sacerdote, y su estrategia fue la de difundir el
culto a sus dioses, principalmente la diosa Astarté. Omri consideró que dicho
culto podría ser también adecuado para su pueblo, y decidió apoyarlo. Para
sellar su acuerdo, Ajab, el hijo de Omri, se casó con Jezabel, la hija de
Etbaal.

En 883 murió Osorkon I, el rey de Egipto. Si éste había logrado mantener a


duras penas la autoridad que le había legado su padre, tras su muerte la
desorganización fue en aumento y el ejército se hacía cada vez más
incontrolable. El mismo año murió Tukulti-Ninurta II, tras un breve reinado
de cinco años. Fue sucedido por su hijo Asurnasirpal II, quien destruyó los
principados arameos (excepto Siria), restableció la prosperidad de Asiria y
reconstruyó la antigua ciudad de Calach, convirtiéndola nuevamente en la
capital del reino. Allí construyó un gran palacio de unos 24.000 metros
cuadrados de superficie, decorado con bajorrelieves de gran realismo, muchos
de los cuales representan al rey en escenas de caza. Asurnasirpal II es
recordado como el más cruel de los reyes asirios. Impuso una política de terror
que hizo desistir a los pueblos sometidos del más mínimo intento de rebelión,
pero que dejó una huella imborrable de odio a Asiria en todo Oriente Próximo.
En sus crónicas se menciona por primera vez a los Caldeos, otro grupo de
tribus semíticas procedentes de Arabia y que hostigaban las fronteras de
Mesopotamia.
En 879 murió Omri, y fue sucedido pacíficamente por su hijo Ajab, quien
continuó la política de su padre de difundir el culto a Astarté por Israel.

En 878 el rey Li ocupó el trono chino. Bajo su reinado se produjeron


disturbios, probablemente debidos a causas naturales. Por esta época China
contaba con una clase de comerciantes y artesanos, pero que no trabajaban
independientemente, sino que estaban al servicio de los nobles. Los
agricultores complementaban su economía con el cultivo del gusano de seda.

En 873 murió Asa de Judá, y fue sucedido por su hijo Josafat. La alianza
político-religiosa entre Israel y Tiro dio buenos resultados económicos. Israel
consiguió la riqueza necesaria para fortificar el norte frente a Siria así como
para embellecer Samaria. Israel logró un cierto predominio frente a Judá, de
modo que Ajab y Josafat llegaron a un acuerdo en virtud del cual Judá
aceptaba que Israel dirigiera una política exterior conjunta, mientras que
Josafat mantenía plena autoridad en asuntos internos. La única oposición vino
de la minoría israelita que defendía el culto a Yahveh. Astarté era una diosa de
la fertilidad y, según la estrecha moral sexual de los israelitas más
conservadores, era la viva imagen del pecado. La oposición halló un enérgico
caudillo en el profeta Elías. La parte de la Biblia que describe esta época
(escrita siglos después) presenta a Omri y Ajab como reyes perversos,
mientras que Elías resulta ser casi divino: las aguas de los ríos se separaban a
su paso, provocó una sequía de tres años, hizo que una orza y una alcuza de
una viuda contuvieran permanentemente harina y aceite durante esos tres
años, sin acabarse nunca, resucitó a un muerto, etc. También se decía que no
murió, sino que ascendió al cielo en cuerpo y alma.

En 859 murió Asurnasirpal II y fue sucedido por su hijo Salmanasar


III, quien decidió extender los dominios del ya extenso imperio que le había
legado su padre. Su primer movimiento fue la anexión completa de los
principados arameos que Asurnasirpal II había hecho tributarios. El único
estado arameo que se había librado del dominio asirio era Siria, ahora bajo el
reinado de Benhadad II. Mientras Salmanasar III se ocupaba de sus vecinos
Benhadad continuaba la guerra contra Israel iniciada por su padre. En 856 el
ejército sirio penetró en Israel y asedio Samaria. Tal y como Omri había
previsto, Samaria resultó inexpugnable. El ejército sirio se debilitó y los
israelitas tuvieron ocasión de salir y expulsarlo. En 855 Israel reconquistó
parte del territorio del norte que Siria le había arrebatado años atrás. Sin
embargo en este punto Benhadad II empezó a ser consciente de la terrible
amenaza que se cernía sobre su reino y tuvo que cambiar bruscamente su
política. Hizo ver a Israel que el ejército más peligroso del mundo se cernía
sobre ellos y así, selló una alianza con Ajab. Ambos reyes encabezaron una
coalición de estados cananeos que se enfrentó a los asirios en Karkar, un
lugar no identificado, pero que estaba sin duda al norte de Siria,
probablemente cerca de la costa mediterránea. La batalla tuvo lugar en 854. Al
parecer, de un modo inexplicable, el ejército cananeo obtuvo una victoria lo
suficientemente notable como para que Asiria se retirara durante algún
tiempo. No conocemos los detalles, pues las crónicas asirias hablan de una
victoria asiria, pero que no fue seguida de ninguna anexión o tributo, lo que
hace pensar más bien en que dichas crónicas son una versión oficial poco
creíble. Por su parte la Biblia no menciona la batalla, lo cual también es
lógico, pues los autores bíblicos nunca habrían reconocido un mérito al impío
rey Ajab. Es probable que Salmanasar III se viera obligado a retirarse por
presiones en otra parte de su imperio. El reino de Urartu, por ejemplo, no
había dejado de rebelarse contra Asiria desde los tiempos de Teglatfalasar I.
Asiria ganaba todas las batallas, pero en cuanto sus ejércitos se dispersaban en
otras direcciones, Urartu se recuperaba y volvía a ofrecer resistencia.

Fuera como fuera, Israel y Siria tuvieron ocasión de volver a luchar entre sí.
En 850 Ajab intentó una vez más recuperar la parte norte de los antiguos
dominios de Israel perdidos durante el reinado de Basa. Durante la batalla, una
flecha hirió gravemente a Ajab. Se interrumpió la lucha y Siria se anexionó
algunos territorios más. El rey murió y fue sucedido por su
hijo Ocozías. Inmediatamente Moab aprovechó para luchar por su
independencia. El cabecilla moabita era Mesa, que ya había dirigido antes un
conato de rebelión que Ajab supo sofocar, y ahora quiso probar suerte contra
el nuevo rey.

Mientras tanto Salmanasar III dirigía sus ejércitos hacia Babilonia, para
protegerla de las incursiones caldeas. Con los caldeos sucedía lo mismo que
con los urartianos, que no había dificultad en dispersarlos, pero se reponían en
cuanto los ejércitos asirios se retiraban. Salmanasar III nunca obtuvo una
victoria definitiva. Ocozías murió en 849, tras un único año de reinado (según
la Biblia, Dios le castigó por su impiedad). Fue sucedido por su
hermano Joram, quien se apresuró a conducir una expedición en coalición
con Josafat de Judá para reprimir la rebelión moabita. No conocemos los
detalles, pero la expedición fracasó y Moab conservó una precaria
independencia. Mesa conmemoró su victoria con una inscripción, la estela de
Mesa, que resulta ser el texto extenso más antiguo que se conserva en lengua
hebrea. Su estilo es similar al de la Biblia, sólo que Kemósh, el dios moabita
sustituye a Yahveh. Josafat murió ese mismo año, y fue sucedido por su
hijo Joram, que estaba casado con Atalía, hermana del rey Joram de Israel.
La reina madre Jezabel tuvo gran influencia en este periodo: su hijo gobernaba
Israel y su yerno Judá. Esto permitió que la religión tiria penetrara en Judá.
Joram de Judá se resistió, pero murió en 842 y fue sucedido por su
hijo Ocozías, que estaba totalmente dominado por su madre Atalía, por lo que
Jezabel tuvo un hijo como rey de Israel y un nieto como rey de Judá, ambos
partidarios del culto tirio.
El culto a Yahveh vivió en esta época sus momentos más difíciles. Elías había
muerto, pero su lugar fue ocupado por Eliseo, también de gran personalidad.
La Biblia le atribuye milagros aún mayores que a Elías: curó leprosos,
resucitó muertos, dio de comer a una multitud con sólo veinte panes, hizo
concebir hijos a mujeres estériles, predijo los planes de los sirios en varias
ocasiones, etc. Para defender su religión, Eliseo optó por la conspiración. El
ejército israelita se enfrentó al sirio en Ramot de Galaad, precisamente donde
Ajab había sido herido de muerte y nuevamente el rey, esta vez Joram, recibió
una herida y se retiró a la ciudad de Jezrael, al norte de Samaria. Allí recibió
la visita de su sobrino Ocozías, y mientras tanto el ejército judeo-israelita
quedó al mando del general Jehú. Eliseo vio la posibilidad de llegar a un
acuerdo con Jehú y así lo hizo, o bien el general era yahvista o bien estaba
dispuesto a serlo para obtener el poder. El caso es que se hizo proclamar rey
por el ejército con el apoyo de Eliseo, marchó contra Jezrael, atacó por
sorpresa y logró matar a todos los miembros masculinos de la casa real de
Israel, incluido Ocozías de Judá. Luego mató a Jezabel. Mientras tanto, el rey
sirio Benhadad II fue víctima de un golpe de estado, que dio el trono
a Hazael, un funcionario de la corte. Parece ser que Eliseo tuvo algo que ver
en ello.

Salmanasar III vio en la confusión que envolvía a Siria, Israel y Judá un buen
momento para ajustar cuentas pendientes. Volvió a Siria, la asoló y puso sitio
a Damasco. La capital resistió desesperadamente y tuvo la suerte de que
Salmanasar III se viera urgido a dirigirse a otra parte de su imperio. Así que se
limitó a pactar un tributo con Hazael y se retiró. Levantó un obelisco para
conmemorar su victoria, en el que se enumeran los reyes derrotados y el
tributo asignado a cada uno. Entre los tributarios figuran además Jehú de
Israel y varios reyes fenicios.

Por otra parte, cuando la reina Atalía se enteró en Jerusalén de lo sucedido en


Jezrael comprendió que corría un grave peligro y decidió tomar la iniciativa.
Rápidamente ordenó asesinar a todos los miembros masculinos de la casa de
David, incluidos sus propios nietos, y se dispuso a reinar en solitario. Tal vez
pensó en encontrar un marido adecuado, pero nunca llegó a hacerlo. Su
reinado fue precario. En Jerusalén estaba Joyada, el sumo sacerdote, que
gozaba de un gran prestigio y la reina nunca se atrevió a atentar contra él.
Éste, por su parte, esperó prudentemente hasta encontrar el momento propicio
para derrocar a Atalía. Mientras tanto, Edom aprovechó las circunstancias
para rebelarse y consiguió su independencia, por vez primera desde que fue
sometido por David. También las ciudades-estado filisteas se desvincularon
completamente de Judá, y llegaron incluso a hacer incursiones por su
territorio.

Finalmente, en 836 Joyada se decidió a actuar. Reunió en secreto a los jefes


militares de Judá y les presentó a un niño de siete años. Afirmó que
era Joás, hijo de Ocozías, que seis años antes, cuando Atalía había ordenado
el exterminio de la casa real, su esposa (hermana de Ocozías) lo había salvado
y lo había ocultado en el templo, donde había sido cuidado en el más estricto
secreto desde entonces. La historia es poco creíble, pero los generales la
aceptaron encantados, proclamaron rey a Joás, capturaron a Atalía y la
asesinaron. El pueblo aceptó de buen grado la restauración en el trono de la
casa de David. La influencia fenicia llegó a su fin tanto en Israel como en
Judá. Sin embargo, ambos reinos quedaron muy debilitados.

En 827 ocupó el trono chino el rey Hsüan, que tuvo que hacer frente a las
incursiones de un pueblo bárbaro del Oeste: los Hsien-Yün. Por otra parte,
extendió el reino hacia el sur, hasta el río Yang-Tse.

Por estas fechas Salmanasar III dirigía una expedición contra los medos. Los
asirios aprendieron de ellos el dominio de los caballos grandes, los
incorporaron a su ya temible maquinaria bélica, pero también les dieron usos
civiles. Con ellos agilizaron el sistema de correos y mensajeros que estaba en
activo desde tiempos de los sumerios, lo que les permitió administrar más
eficientemente el imperio. Así mismo los emplearon para los transportes y el
abastecimiento de las grandes ciudades, pues Babilonia y Calach contaban
entonces con unos treinta mil habitantes cada una.

En 824 el hijo mayor de Salmanasar III se rebeló contra su padre, tratando así
de asegurarse la sucesión, como era frecuente cuando un monarca oriental era
ya viejo. El rey murió antes de poder enfrentarse al rebelde, pero su hijo
menor combatió en nombre de su padre y sofocó la rebelión tras varios años
de guerra civil. Reinó como Shamshi-Adad V, pero no estuvo a la altura de
su padre, y el poder Asirio declinó.

En 822 los bárbaros Hsien-yün saquearon Hao, la capital China, pero


finalmente pudieron ser rechazados. En 821, el cuarto sucesor de
Feizi, Zhuang, señor de Qin, recibió del rey el título de duque.

La decadencia de Asiria permitió una cierta recuperación de Fenicia y Siria.


Los fenicios reafirmaron su dominio exclusivo sobre el Mediterráneo.
En 814 fundaron una nueva colonia en África, cerca de Útica, en la actual
Túnez, y la llamaron Karthadasht (ciudad nueva), en oposición a Útica, que
debía de ser la ciudad vieja. Hoy la conocemos con la versión romana del
nombre: Cartago. Este mismo año moría el rey israelita Jehú, que fue
sucedido por su hijo Joacaz. El nuevo rey tuvo que pagar tributo a Siria. El
rey Hazael había ido arrebatando paulatinamente a Israel y a Judá gran parte
de su territorio, tanto al este del Jordán como en la costa Mediterránea, donde
se hizo con el dominio de las ciudades-estado filisteas. Tras la muerte de Jehú
habría podido apoderarse de la misma Samaria, y Joacaz no tuvo alternativa.
Las cosas no iban mejor en Judá. El rey niño Joás había gobernado bajo la
tutela de los sacerdotes, pero cuando Joyada murió y fue sucedido en el
sacerdocio por su hijo, el rey afirmó su independencia e intrigó para hacer
lapidar al nuevo sacerdote. El rey sirio Hazael llegó en sus incursiones a la
misma Jerusalén y, para librarse de su amenaza, Joás tuvo que pagarle un
fuerte tributo que salió del tesoro del templo, con lo que terminó de ganarse la
enemistad del clero.

En 810 murió el rey asirio Shamshi-Adad V, dejando a su viuda Sammu-


Rammat y a un niño pequeño. La imagen de una mujer que gobernó el imperio
más poderoso y temible del mundo dio lugar a muchas leyendas, difundidas
principalmente por los griegos. Precisamente conocemos mejor a la reina por
la versión griega de su nombre: Semíramis. Los griegos la hicieron esposa
de Nino, el primer rey Asirio, según su versión de la historia, que fundó las
ciudades de Nínive y Babilonia. Nada de esto es cierto. Semíramis reinó sola
durante un breve periodo de tiempo, aprovechando el temor que todavía
inspiraba Asiria en los pueblos circundantes. En 806 murió Hazael de Siria, y
fue sucedido por su hijo Benhadad III. Poco después un ejército asirio tomó
Damasco, le impuso un fuerte tributo y dejó al país totalmente debilitado,
poniendo fin así a los diez años de esplendor en que Siria dominó
prácticamente todo Canaán. Semíramis murió en 802 tras ocho años de
reinado (y no cuarenta y dos, como dice la leyenda). Fue sucedida por su hijo
y Asiria siguió decayendo lentamente, atestiguando así los buenos resultados
de la política de terror que sus monarcas poderosos habían practicado, que
salvó el país incluso cuando probablemente hubiera sido una presa fácil para
sus muchos enemigos.
17.La fundación de Roma (800)

En el siglo VIII unos grupos olmecas procedentes de la zona de Veracruz se


instalaron en nuevos poblados, el más importante de los cuales fue Monte
Albán. Éstos fueron el origen de la cultura Zapoteca.Realizaron
construcciones en piedra, desarrollaron la numeración, la escritura jeroglífica
y el calendario. En Monte Albán los zapotecas construyeron una enorme plaza
limitada al norte y al sur por plataformas elevadas, mientras que en los otros
dos lados había templos y otras construcciones. En el centro se alza una hilera
de templetes. La plataforma norte se abría al exterior mediante una amplia
escalinata y un pórtico de doce columnas de dos metros de diámetro. En la
plataforma sur se alzaba una gran pirámide. En el lado oeste se alzaba
el Templo de los Danzantes, que era la parte más antigua de la ciudad.

Los celtas poblaban ya el norte de España, con lo que la cultura indoeuropea


estaba extendida a lo largo de toda Europa. Allí se mezclaron con la población
indígena, los Íberos. Los celtas usaban flechas, hondas, espadas cortas de
hierro y una especie de alabarda. Rendían culto a Lug (el Sol), Taranis, (el
rayo) y a muchos otros dioses, hasta cerca de 400. Sus sacerdotes,
los druidas, tenían fama de buenos médicos. Eran buenos agricultores y
amigos de las novedades. Cuidaban la forma física y practicaban el deporte.
No tenían estructuras políticas a gran escala. Cada clan estaba gobernado por
un jefe y la jefatura la heredaba el primogénito. Los otros hijos tenían que
emigrar para asentarse en nuevos territorios. Tal vez por ello fueron el pueblo
indoeuropeo que más se extendió por Europa.

Los historiadores antiguos dicen que los íberos eran de mediana estatura,
morenos y enjutos. Muy caballeros, leales y de carácter indomable, muy
buenos guerreros. También dicen que eran indolentes y perezosos, y odiaban
todo lo extranjero. Las tribus íberas se agrupaban en diminutos estados
monárquicos o republicanos. Habitaban poblados construidos en lugares altos
y muy fortificados. Pero la cultura más importante en la península ibérica
seguía siendo Tartesos, al sur, bajo la influencia fenicia.

Mientras, en Italia coexistían dos coaliciones rivales de ciudades-estado:


Etruria al noroeste y el Lacio inmediatamente al sur. El resto de la península
itálica estaba poblado por tribus primitivas.

Grecia progresaba muy lentamente. No hacía mucho que Homero había


compuesto sus dos famosos poemas: la Ilíada y la Odisea, rememorando para
los señores dorios las glorias de la era micénica. La vida seguía siendo dura.
La vida en las polis (o ciudades-estado) condicionó fuertemente la evolución
de la sociedad griega. La figura del rey perdió relevancia (en una ciudad
pequeña y pobre, el rey no podía tener grandes atribuciones, ni hacer grandes
ostentaciones). En muchas polis llegó incluso a desaparecer, y el gobierno
quedaba en manos de asambleas de nobles (la aristocracia o gobierno de los
mejores). Cada ciudad tenía su propio ejército. Estos ejércitos eran,
naturalmente, pequeños, formados por soldados de infantería pesadamente
armados, los hoplitas. La calidad de vida de una ciudad, dentro de la pobreza
generalizada en que vivían todas, dependía en gran medida de la calidad de su
ejército, así que los griegos eran ejercitados en el combate desde niños. Las
polis más fuertes sometían a sus vecinas.

Así, por
ejemplo,
Esparta
controla
ba
toda Lac
onia, for
mada
por las
ciudades
del valle
del Euro
tas. Su
forma de
gobierno
era
atípica,
pues
tenía
simultáneamente dos reyes, probablemente fruto de que dos tribus dorias se la
repartieron siglos atrás (los espartanos decían que sus reyes descendían de los
dos hijos gemelos de su primer rey). No obstante, el poder de los reyes se
limitaba a dirigir el ejército. Los asuntos internos estaban regulados por una
asamblea de treinta ancianos (la gerusía) en la que los reyes contaban como
dos votos más. Además había cinco éforos o magistrados encargados de hacer
cumplir las decisiones de la asamblea. Tenían incluso autoridad para multar o
castigar a los reyes si violaban la ley. Los espartanos propiamente dichos no
superaban apenas el cinco por ciento de la población. Las únicas actividades
que consideraban honorables eran el gobierno y la guerra. El resto de las
actividades estaban en manos de los ilotas (esclavos) y los periecos, hombres
libres pero sin ningún poder político. La mayor rival de Esparta era Argos,
que controlaba la Argólida. Su organización era similar a la espartana (sin la
duplicidad de reyes), pero algo menos rígida. Así podríamos recorrer ciudades
y más ciudades, cada cual con sus características propias, cada cual con su
propia identidad nacional que se negaba a identificarse con cualquier otra,
pese a la afinidad cultural que, sin duda, había entre todas ellas.
Una ciudad que destacó por otras razones fue Delfos. Estaba situada en la
región llamada Fócida, al pie del monte Parnaso. En tiempos micénicos se
llamaba Pito,y en ella había un santuario dedicado a la antigua diosa Gea,
atendido por una sacerdotisa de la que se creía que podía hablar con los
dioses. Tras la invasión doria, Pito cambió su nombre por Delfos y se
consagró al dios Apolo (Gea no significaba nada para los dorios). Con este
cambio de imagen consiguió que perdurara su tradición de interlocutora de los
dioses. El oráculo de Delfos fue ganando en reputación, y todas las ciudades
enviaban periódicamente embajadores a consultarlo. Los embajadores
llevaban ofrendas, con lo que Delfos se enriqueció.

Entre tanto Egipto seguía sumido en el caos, con un ejército incontrolable


sobre el que el faraón no tenía ninguna autoridad. Si el oriente próximo no
hubiera estado tan convulsionado por esta época, sin duda Egipto habría sido
una presa fácil para el saqueo.

Asiria había quebrado el poder de Siria para poco después decaer ella misma.
Israel y Judá aprovecharon la situación. En 798 el rey Joacaz de Israel fue
sucedido por su hijo Joás, cuyo ejército no tuvo dificultad en derrotar al rey
sirio Benhadad III en tres batallas sucesivas, con lo que Israel recuperó los
territorios que había poseído en tiempos de Ajab. En Judá, el descontento de
los sacerdotes y del ejército con el rey Joás culminó con un golpe de estado
en 797, tras el cual se proclamó rey a su hijo Amasías, quien pronto
restableció el dominio de Judá sobre Edom. Joás y Amasías, viendo que la
fortuna les sonreía, no tardaron en medir sus fuerzas. Esto sucedio en 786, en
la batalla de Betsamés, cerca de Jerusalén. Israel logró una victoria decisiva.
Amasías fue tomado prisionero y Jerusalén fue ocupada. Parte de sus
fortificaciones fueron destruidas y el templo fue saqueado. Amasías continuó
siendo rey de Judá, pero su reino se convirtió en tributario de Israel. Joás de
Israel murió en 783 y fue sucedido por su hijo Jeroboam II, que sometió
completamente a Siria e hizo de Samaria la ciudad más influyente de la mitad
occidental de la media luna fértil.

En 782 murió el rey Hsüan, y el trono chino fue ocupado por su hijo Yü.
Ahora un pueblo bárbaro procedente de las estepas del norte, los Ch'uan-
jung, amenazan las fronteras.

En 778 subió al trono de Urartu el rey Argistis I, quien aprovechando el


declive asirio logró unir bajo su dominio el norte de Mesopotamia. Por su
parte, Babilonia cayó en poder de los caldeos.

En el año 776 se celebraron los primeros Juegos Olímpicos en Grecia. Se


celebraban cada cuatro años en la ciudad de Olimpia, al oeste del Peloponeso
en honor del dios Zeus. Los griegos llegaron al compromiso de suspender toda
guerra durante el periodo de los juegos, para que todo el que quisiera (de sexo
masculino, eso sí) pudiera acudir a presenciarlos. Olimpia se convirtió en una
ciudad sagrada, al igual que Delfos, ciudades a las que nadie se atrevía a
atacar, pues con ello se ganaría la represalia conjunta de toda Grecia. Los
representantes de las distintas ciudades podían reunirse allí a parlamentar
aunque sus ciudades estuviesen en guerra, sin temor a un ataque a traición.
Los ganadores de los juegos no recibían ninguna recompensa, aparte de una
rama de olivo y, por supuesto, la fama.

En 771 los Ch'uan-jung, aliados con miembros descontentos de la familia real,


ocupan el valle del Wei, con lo que se perdió la mayor parte de las tierras
reales. El rey Yü murió en los desórdenes y su hijo P'ing se hizo cargo del
gobierno y se vio obligado a trasladar la capital hacia el este, a Luoyang. El
rey P'ing contó con la ayuda del estado de Qin, pero cuando éste recuperó la
tierra que habían invadido los bárbaros, no la devolvió al rey, sino que la
incorporó a sus dominios, lo que le convirtió de repente en una nueva potencia
en China. A partir de este momento los nuevos monarcas (Cheu orientales)
dejaron de tener poder real, pero conservaron una autoridad formal que se
mantuvo durante mucho tiempo.

Volviendo a Canaán, el derrotado rey Amasías de Judá fue víctima de un


golpe de estado como lo fuera su padre. Fue asesinado en 769 y sucedido por
su hijo Ozías. Bajo su reinado Judá siguió supeditada a Israel, pero el rey no
hizo nada por modificar la situación. Al contrario, se centró en recuperar
económicamente el país y tuvo éxito. Reconstruyó las fortificaciones de
Jerusalén, tomó algunas ciudades-estado filisteas y reconstruyó el puerto
de Elat, a orillas del mar Rojo, que había tenido cierta importancia en tiempos
de Salomón. Con ello revitalizó notablemente el comercio en Judá.

En 761 Egipto se fragmentó una vez más. En Tebas se instauró la XXIII


dinastía, mientras en el Bajo Egipto continuaba reinando (formalmente) la
XXII. En realidad había un tercer centro de poder. Desde el desmoronamiento
del Imperio Nuevo, Egipto había perdido el control de Nubia, que pasó a ser
gobernada por nativos, con capital en Napata. Sin embargo, Nubia había
asimilado completamente la cultura egipcia. Cuando Sheshonk ocupó Tebas,
algunos sacerdotes de Amón se refugiaron en Napata, donde fueron bien
recibidos y formaron una especie de gobierno en el exilio, que en estos
momentos era tan fuerte o más que las dos partes en que se había dividido
Egipto.

En 760, un pastor de Judá llamado Amós se atrevió a penetrar en el santuario


israelita de Betel y habló en nombre de Dios con unos planteamientos
novedosos:

... Porque tengo sabidas vuestras muchas maldades y vuestros escandalosos


delitos; enemigos sois de la justicia, codiciosos de recibir dones, opresores de
los pobres en los tribunales. [...] Buscad el bien y no el mal, a fin de que
tengáis vida; y así estará con vosotros el Señor Dios de los ejércitos, como
decís que está. [...] Yo aborrezco y desecho vuestras festividades, no me es
agradable el olor de los sacrificios en vuestras reuniones, y cuando vosotros
me presentéis vuestros holocaustos y vuestros dones, no los aceptaré, ni
volveré mi vista hacia las gordas víctimas que me ofrecéis en voto. (Amós, V
12-22)
En suma, Dios acusaba a los israelitas de respetar los rituales al tiempo que
llevaban una vida corrupta, y por ello les amenazaba con mil desgracias si no
se arrepentían. El sacerdote de Betel conminó a Amós a que volviera a Judá y
así lo hizo, pero fue la primera voz entre otras muchas que se alzaron a partir
de entonces anteponiendo la rectitud de costumbres a la práctica de los
rituales.

El año 753 es, según la tradición, el año en que se fundó una ciudad
llamada Roma. La tradición es pura leyenda: habla de un rey de Alba que
usurpó el trono a su hermano, mató a los hijos de éste y obligó a su hija a
hacerse virgen vestal (algo parecido a lo que hoy en día es una monja). No
obstante, la virgen concibió dos hijos gemelos del dios
Marte, Rómulo y Remo, que fueron abandonados, criados primero por una
loba y luego por unos pastores y, cuando fueron adultos, restauraron a su
abuelo en el trono y se dispusieron a fundar una nueva ciudad. Discutieron
sobre el lugar idóneo para ello, Rómulo eligió el monte Palatino, y marcó con
un arado los límites de la ciudad. Remo cruzó el surco para indicar que no
reconocía la autoridad de su hermano sobre el territorio, y entonces éste lo
mató. Así Rómulo fundo Roma y se convirtió en su primer rey. Los colonos
eran latinos, pero entre ellos había escasas mujeres, así que se las arreglaron
para secuestrar mujeres sabinas, lo que ocasionó una guerra. A causa de una
traición, los sabinos lograron entrar en Roma, pero las sabinas, que se habían
aficionado a sus esposos, intercedieron por ellos, y así la Roma primitiva
resultó ser una mezcla de latinos y sabinos.

¿Qué sucedió en realidad? Por supuesto es imposible decir nada a ciencia


cierta. La Roma primitiva estaba emplazada sobre el monte Palatino, junto al
Tíber, pero con el tiempo se extendió hasta otras seis colinas vecinas, siete en
total. Se sabe que el Palatino estaba ocupado por cabañas de pastores desde al
menos el siglo X y que en la fecha tradicional de la fundación las demás
colinas tenían también habitantes. Probablemente, Alba decidió fundar una
colonia fortificada en el Palatino para contener a los etruscos (Roma estaba
situada justo en la frontera con Etruria). Por algún motivo, Roma escapó al
control de Alba, probablemente con la ayuda de los sabinos y, por qué no, de
los propios etruscos. La actividad de los primeros romanos fue rural. Los
ciudadanos estaban divididos en tres tribus: tricios, ramnos y lucerios, que
tal vez se correspondan con tres colectivos, uno de latinos, otro de sabinos y
otro de etruscos, que se unieron para formar Roma. Cada tribu se dividía en
diez curias, a su vez formadas por varias familias. Poco se puede decir de
Roma en esta época. De hecho, sería absurdo ocuparse de una ciudad tan
insignificante si no fuera por que siglos más tarde iba a dominar el mundo.
18. El apogeo de Asiria (750)

En la segunda mitad del siglo VIII el mundo civilizado experimentó muchos


cambios. En 750 el rey nubio Kashta avanzó hacia el norte y conquistó
Tebas, tras lo cual los sacerdotes nubios descendientes de los sacerdotes de
Amón exiliados tiempo atrás recuperaron el poder de sus antepasados.

Mientras tanto, Hesíodo escribe "Los trabajos y los días". Era un campesino
beocio, y en su obra enseña la administración de una granja. Su descripción de
la Grecia de su tiempo, desde el punto de vista de un hombre humilde, es
desoladora, pero por estas fechas Grecia empezaba a salir de su edad oscura.
Una de las zonas más prósperas a la sazón era la isla de Eubea. Llegó a tener
tal exceso de población que buena parte de ella tuvo que emigrar. La ciudad
de Calcis llegó a fundar en cien años hasta treinta colonias al norte del mar
Egeo, en la que pasó a llamarse península Calcídica.

En el Peloponeso, la ciudad de Argos llegó a la cumbre de su poder bajo el


rey Fidón. Su influencia sobrepasó la Argólida y llegó hasta el oeste, e
incluso hasta algunas islas próximas.

Israel vivía un periodo de esplendor bajo Jeroboam II, mientras que Judá
progresaba bajo Ozías. Sin embargo, en Judá había un conflicto interno, y era
la rivalidad entre el rey y el sumo sacerdote. Desde los tiempos de David y
Salomón, el sumo sacerdote había estado supeditado al rey, pero el reinado y
el derrocamiento de Atalía había dado alas al clero. Joás y Amasías no
consiguieron imponerse y fueron asesinados, y ahora Ozías luchaba también
por reafirmar su autoridad. Hasta trató de presidir los sacrificios en el templo,
pero de algún modo fracasó. La versión de la Biblia (tal vez no muy fiable) es
que Ozías enfermó de lepra (por castigo divino, naturalmente), y un leproso
no podía entrar en el templo. Desde 749 su hijo Jotan actuó como regente.

En 748 murió Jeroboam II y su hijo Zacarías le sucedió en el trono de Israel,


pero sólo reinó medio año, tras lo cual hubo un golpe de estado al que
siguieron unas semanas de conmoción. Finalmente fue hecho rey un general
llamado Menajem. Era año olímpico en Grecia. Los juegos anteriores los
había organizado Élide, ciudad cercana a Olimpia, pero en esta ocasión Argos
consiguió arrebatarle la organización. Élide pidió ayuda a Esparta y así se
inició una enconada rivalidad entre Esparta y Argos. No se sabe muy bien lo
que sucedió, pero Esparta debió de imponerse, pues a partir de entonces Élide
organizó casi ininterrumpidamente los juegos, y los registros de 748 fueron
borrados. Desde entonces, Argos se unió a todos los enemigos de Esparta y
jamás participó en ninguna actividad en la que la conductora fuera Esparta.
Desde la muerte de Salmanasar III, Asiria había sido gobernada por monarcas
débiles, pero en 745 un general dio un golpe de estado, con lo que puso fin a
una dinastía que había gobernado el país durante mil años, desde que la
fundara Shamshi-Adad I. El nuevo rey adoptó el nombre de un gran
conquistador asirio y pasó a ser Teglatfalasar III. Bajo su mandato, Asiria
resurgió. Empezó por reorganizar el Imperio. Ajustó la maquinaria
administrativa e hizo a todos los funcionarios responsables ante él. Creó un
ejército profesional asalariado, que podía actuar constantemente, sin necesidad
de reclutar campesinos durante periodos limitados de tiempo. Esto requería
dinero, para lo cual tuvo que saquear a los pueblos tributarios. Luego pasó a
ocuparse de pueblos circundantes. Los medos nómadas llevaban años
campando a sus anchas. Fueron perseguidos y sometidos a tributo. A
continuación se dirigió al oeste.

Las naciones cananeas se coaligaron contra Asiria. La coalición estaba


encabezada por Ozías de Judá, pero el intento fue un fracaso y en 738 el
ejército cananeo fue derrotado por Teglatfalasar III. Israel, Judá, Siria, Tiro y
las demás ciudades fenicias fueron sometidas a tributo. Ese mismo año murió
Menajem de Israel, que fue sucedido por su hijo Pecajya.

Según la tradición griega, 738 fue también el año en que ocupó el trono de
Frigia el rey Midas. Buena prueba de la prosperidad de Frigia en esta época es
la conocida leyenda griega según la cual Midas convertía en oro todo cuanto
tocaba.

Volviendo a Israel, el rey Pecajya hizo cuanto pudo para contentar a Asiria,
pero el pago del tributo exigía recaudar muchos impuestos y el pueblo estaba
descontento. Además en Judá había desde siempre un sentimiento de odio
hacia los extranjeros, lo que unido a una subestimación del poder asirio
culminó con un golpe de estado en 736, que le dio el trono a un general
llamado Pecaj, que se apresuró a organizar una nueva coalición contra Asiria.
No tardó en conseguir el apoyo del rey Rezin de Siria, hijo de Benhadad III,
pero tuvieron dificultades en convencer a Jotan (el hijo de Ozías, regente de
Judá). En 735apareció en la vida pública de Judá el profeta Isaías, profeta en
la línea reformista inaugurada por Oseas años antes. Sin embargo, a diferencia
de Oseas, Isaías era de familia aristocrática, por lo que tenía fácil
comunicación con el rey y los sacerdotes, y estaba en contra de una rebelión
contra Asiria. Para complicar más las cosas, en 734 murió Ozías y poco
después murió también Jotan, con lo que el trono pasó a su hijo Ajaz. El
nuevo rey estuvo de acuerdo con Isaías y optó por la neutralidad de Judá en un
hipotético enfrentamiento contra Asiria por parte de Israel y Siria.

Este mismo año los corintios fundaron la ciudad de Siracusa, al oeste de


Sicilia. Se abría así un proceso de expansión de Grecia por el Mediterráneo.
La política de los griegos fue fundar colonias en zonas costeras adecuadas
para el comercio. Sus ciudades se especializaban en elaborar productos de
artesanía con materias importadas que después intercambiaban con tribus del
interior, más primitivas, que les suministraban alimentos.

Mientras tanto, las fuerzas conjuntas de Siria e Israel invadieron Judá, en


represalia por su negativa a integrarse en la coalición antiasiria. No tuvieron
dificultades en tomar todo el país. Los edomitas y los filisteos aprovecharon
para independizarse y Ajaz vio reducido su reino a los alrededores de
Jerusalén. El rey pidió ayuda a Asiria y Teglatfalasar III no tardó en
responder. Sus ejércitos llegaron a Siria en 732y la aplastaron sin dificultad.
Con ello Siria desapareció para siempre de la historia como nación
independiente. Esta aniquilación se debió a que Teglatfalasar III empleó una
política mucho más astuta de la de sus predecesores. Mientras éstos trataron
de contener a los pueblos sometidos mediante el terror, Teglatfalasar III
decidió realizar deportaciones en masa. Diseminaba la aristocracia de un
pueblo entre otras regiones lejanas, mientras que otros extranjeros eran
llevados a ocupar el vacío dejado. Así logró borrar muchos sentimientos
nacionales, a la vez que creaba fricciones internas entre los antiguos
habitantes de una zona y los recién llegados, fricciones que consumían unas
energías que de otro modo podrían haberse empleado contra Asiria. El caso
fue que los sirios se diseminaron por el imperio Asirio, y con ellos se llevaron
su lengua, el arameo. Se trataba de una lengua mucho más simple que el
acadio, la lengua de Asiria, por lo que fue rápidamente adoptada por los
mercaderes y se convirtió en una especie de idioma internacional del Asia
occidental. Con el tiempo desplazaría también al hebreo.

Israel sobrevivió a las represalias asirias, pero el reino de Pecaj se redujo a los
alrededores de Samaria. El descontento dio pie a un golpe de estado por el que
fue proclamado rey el general Oseas, que logró la aprobación de Asiria
comprometiéndose a pagar el correspondiente tributo.

En 730 el rey nubio Pianji, sucesor de Kashta, conquistó el delta del Nilo, con
lo que se convirtió en rey de un Egipto unido de nuevo. Se le considera el
primer rey de la XXV dinastía. En realidad pequeñas zonas del Bajo Egipto
quedaron bajo el control de reyes nativos, englobados en una XXIV dinastía.

En esta misma fecha surgió un conflicto en Grecia. Al oeste de Esparta, en el


Peloponeso, se extendía la región de Mesenia. Los dorios que se habían
establecido en Mesenia se mezclaron con la población nativa, al contrario de
lo que sucedió en Esparta, por lo que los espartanos despreciaban a sus
vecinos. No conocemos los detalles, pero en 730 se inició la Primera Guerra
Mesenia, con una invasión repentina por parte de Esparta. Tras algunos años
de lucha, los mesenios, conducidos por su rey Aristodemo, se vieron
obligados a parapetarse en el monte Itome, un pico de unos 800 m de altura,
donde resistieron algunos años más.
Mientras tanto Teglatfalasar III dirigía su atención hacia Babilonia, que ahora
estaba gobernada por un rey caldeo. Cuando éste murió marchó sobre la
ciudad y se proclamó él mismo rey con el nombre de Pulu (tal vez su
verdadero nombre). Esta unión fue corroborada en los cielos como era
habitual, de modo que el dios asirio Asur obtuvo la supremacía sobre el dios
babilónico Marduk.

Teglatfalasar III murió en 727 y fue sucedido por su hijo Salmanasar


V. Egipto había observado con inquietud el progreso de Asiria. Temía que en
cualquier momento los asirios pudieran llegar a sus fronteras, así que se
dedicó a apoyar todo intento de rebelión contra el Imperio. La muerte del rey
era el mejor momento posible para una rebelión, así que el rey egipcio indujo
a Oseas de Israel a rebelarse. Éste aceptó la propuesta y se negó a pagar el
tributo pactado. En 725 Salmanasar V puso sitio a Samaria.
19.La caída de Israel (725)

El rey asirio Salmanasar V se encontró con serios problemas para tomar


Samaria. El asedio se prolongó infructuosamente durante tres años. No
sabemos bien lo que sucedió, pero tal vez un ejército acostumbrado a victorias
fáciles se exasperó ante las dificultades. El caso es que Salmanasar V fue
depuesto y sustituido por un nuevo rey (quizá uno de sus generales), que
adoptó el nombre de Sargón II(que, como ya sabemos, significa "rey
legítimo"). Samaria fue tomada finalmente en 722. Sargón II se atribuyó la
conquista, mientras que la Biblia la atribuye a Salmanasar V. Babilonia
aprovechó el cambio de monarca para rebelarse. Un noble caldeo se apoderó
de la ciudad y se proclamó rey con el nombre de Marodac-Baladán. Su
reinado duró mientras Sargón II estuvo ocupado en otros puntos de su
imperio.

El rey Oseas no sobrevivió a la caída de Samaria, y con él desapareció para


siempre el reino de Israel. Sargón II siguió la política de deportaciones
iniciada por Teglatfalasar III, de modo que 27.000 personas tuvieron que
abandonar Israel, entre aristócratas, terratenientes y funcionarios. Fueron
trasladados a más de 700 km de distancia, al extremo oriental de la media luna
fértil, donde perdieron su identidad al mezclarse con la población nativa. Para
ocupar las regiones despobladas se llevó allí deportados de otras regiones, que
al mezclarse con la población nativa se convirtieron en los que en
generaciones posteriores fueron llamados samaritanos. Los samaritanos
adoptaron el culto a Yahveh, así como las tradiciones principales de los
israelitas.

El poder de Sargón II llegó hasta la isla de Chipre, donde se han encontrado


estelas erigidas por él. Mientras tanto, el Mediterráneo estaba cada vez más
transitado. Los fenicios potenciaron sus expediciones comerciales ante la
necesidad de reunir a tiempo el tributo que periódicamente les exigía Asiria.
Los griegos les iban a la zaga. En 721 fundaron la ciudad de Síbaris en el
empeine de la "bota" italiana. Por aquel entonces ya había una colonia Griega
en la península itálica. Era Cumas, que según la tradición había sido fundada
sobre el año 1000. Probablemente fue una colonia temprana de Calcis, pero de
ningún modo podía ser tan antigua. Fue el asentamiento más al norte que
ocuparon los griegos.

Mientras tanto a Sargón II le surgieron problemas en su propia capital, Calach.


Al parecer, la dinastía a la que él mismo había derrotado contaba con mucho
apoyo en la ciudad. Eligió un lugar al norte de Nínive y puso a trabajar
implacablemente a una legión de prisioneros de guerra en un proyecto
monumental. Se trataba de una nueva capital, que iba a llamarse Dur-
Shakurrin (fuerte de Sargón) cuya planta era un cuadrado perfecto de más de
kilómetro y medio de lado. Sus ángulos estaban orientados exactamente según
los puntos cardinales. Las obras
comenzaron en 717.

Por esta época China estaba


sufriendo transformaciones
importantes. Los señores
feudales se otorgaban ya el
título de reyes, y el monarca
Cheu era ahora un emperador
meramente nominal que ejercía
una débil influencia en los
estados más cercanos a la
capital, los Reinos del
Centro. Algunos señoríos
periféricos se aliaron ocasionalmente con pueblos bárbaros y aumentaron su
poder hasta eclipsar el de la monarquía Cheu. Destacaron cinco reinos,
conocidos como los cinco supremos: Qin, Jin, Qi, Chu y Song. En los siglos
siguientes serían los auténticos protagonistas de la política china. Pese a ello,
los Reinos del Centro se negaban a admitir la situación. Para ellos el rey Cheu
era considerado el Hijo del Cielo y su dominio era "Todo bajo el Cielo".China
era una isla rodeada por bárbaros y por "los cuatro mares". El estado más
poderoso era Qi, pues tenía el ejército más fuerte y contaba con riquezas
naturales. El estado monopolizó la extracción del hierro y de la sal.

Según las leyendas romanas, Rómulo reinó hasta 716, tras lo cual desapareció
(al parecer porque los dioses lo llevaron consigo, convertido en el
dios Quirino) y fue sucedido por el sabino Numa Pompilio, el segundo rey
de Roma (tal vez en realidad fue el primero). La tradición dice que Numa
instituyó la religión romana, si bien ésta era esencialmente la de los etruscos y
los sabinos. Por ejemplo, Quirino era el dios sabino de la guerra, equivalente
al dios latino Marte. Posteriormente los romanos identificaron sus dioses con
los dioses griegos, con lo que trasvasaron directamente a su mitología todas
las leyendas griegas. Así, Zeus se identificó con el principal dios
romano, Júpiter, sus hermanos Poseidón y Efesto se identificaron
con Neptuno y Plutón. El dios de la guerra Ares se identificó con Marte, la
diosa de la belleza Afrodita con Venus, etc. Durante un tiempo, los mitos
sobre los dioses griegos fueron más conocidos a través de sus equivalentes
romanos. No obstante, algunos dioses romanos no hallaron un equivalente
entre los griegos. Aparte de que cada familia tenía sus propios dioses menores
como protectores, estaba, por ejemplo, Jano, dios de las puertas y, por
extensión, de las entradas y salidas, de los cambios. Había un templo en Roma
dedicado a Jano cuyas puertas se cerraban únicamente en tiempos de paz.
Dichas puertas estuvieron cerradas durante el reinado de Numa, pero una
muestra de la trayectoria posterior de Roma es que en los siete siglos
siguientes las puertas del templo de Jano sólo estuvieron cerradas cuatro
veces, y ello por cortos periodos de tiempo.

La máxima autoridad religiosa en Roma era el Pontifex Maximus. Es


interesante que Pontífice significa literalmente "constructor de puentes". Tal
vez aquí encontramos un vestigio de una antigua cultura palafítica, esto es, de
viviendas construidas sobre el agua a modo de protección, en la que el
cuidado y la vigilancia de los puentes era una cuestión vital encomendada a
los sacerdotes.

También se atribuye a Numa Pompilio una modificación del calendario. El


calendario primitivo de los latinos contaba con diez meses lunares, de los
cuales sólo los cuatro primeros tenían nombre propio: Martius (dedicado a
Marte), Aprilis (el mes en que se abren las flores), Maius (dedicado a la diosa
Maya), Iunius (dedicado a la diosa Juno, la esposa de Júpiter, identificada
con Era). Los siguientes se enumeraban: Quintilis, Sextilis, September,
October, November y December. Al parecer, fue Numa quien añadió dos
meses más: Ianuarius (dedicado a Jano) y Februarius (el mes de unas fiestas
llamadas Februa). El número de días de cada mes sufrió algunas variaciones a
lo largo de la historia, pero el año tenía 354 días (que hacen un total de 12
ciclos lunares completos). Para ajustar el año a los ciclos estacionales faltaban
11 días, que se añadían normalmente en bloques de 22 días cada dos años,
pero la decisión correspondía al Pontifex Maximus y había cierta flexibilidad.

En 715 unos colonos procedentes de Calcis fundaron Zancle en Sicilia. Ese


mismo año murió el rey Ajaz de Judá, que fue sucedido por su
hijo Ezequías. Su política fue compleja, pues pagaba tributo a Asiria, pero no
dejaba de oponer resistencia a dicha dominación. La principal arma de
Ezequías fue la religión. Siguiendo la forma de pensar común de la época, los
asirios daban por sentado que su dios Assur era más poderoso que Yahveh,
pues sólo así se explicaba que los judíos estuvieran postrados ante Asiria. Por
consiguiente, esperaban que los judíos adorasen a Assur con el debido respeto.
En cambio, Ezequías fomentó el culto a Yahveh, trató de eliminar otros
cultos, centralizando así en el templo todo el sentimiento religioso de su
pueblo. Los sacerdotes difundieron y modelaron las antiguas historias sobre el
cautiverio en Egipto y la forma en que Yahveh liberó a su pueblo, fomentando
así la esperanza de una nueva liberación. Los primeros libros de la Biblia
empezaron a tomar su forma actual en esta época. Por otra parte, Ezequías
fortificó y aprovisionó varias ciudades, construyó una canalización de agua
para abastecer a Jerusalén y consiguió financiación de Egipto. Sólo faltaba
encontrar la ocasión adecuada para sublevarse.

Por esta época, la región comprendida entre el mar Negro y el mar Caspio
estaba ocupada por los cimerios, que al parecer eran una tribu escita. Otras
tribus escitas iniciaron un proceso de expansión, y los cimerios huyeron hacia
el sur, a través del Cáucaso. Siguieron las rutas que habían seguido
anteriormente los hititas, los hurritas y los arios, pero tuvieron menos suerte,
pues se encontraron con el poderoso Imperio Asirio. En realidad primero se
encontraron con el maltrecho reino de Urartu, y apenas empezaron a acosarlo
por el norte cuando Sargón II se lanzó sobre él por el sur. En su campaña,
siguiendo la tradicional política asiria de terror, Sargón II destruyó el sistema
de irrigación de Urartu, lo que supuso un duro golpe para la tierra, pues
reconstruirlo suponía una tarea de años. Por otra parte, el rey admiró el
sistema de acequias subterráneas y llevó la idea a Asiria, de donde se difundió
por el mundo antiguo en general. En 714 Urartu capituló definitivamente ante
Asiria, aunque sus reyes conservaron su poder (siempre como tributarios de
Asiria). Juntas, Urartu y Asiria se enfrentaron a los cimerios y los expulsaron
de la Media Luna Fértil. A continuación Sargón II pudo por fin ocuparse de
Babilonia. El rey caldeo Marodac-Baladán fue depuesto y enviado al exilio
en 711.

En 710 se fundó Crotona, unos 80 Km. al sur de Síbaris. Síbaris y Crotona


mantuvieron desde siempre una enconada rivalidad. Este mismo año Esparta
logró la capitulación de Mesenia en la guerra que libraban contra dicha región
desde hacía 20 años. Encolerizados por tanta resistencia, los espartanos
convirtieron en ilotas a los mesenios. También en esta fecha, el rey egipcio
Pianji fue sucedido por su hermano Shabaka, que trasladó la capital de la
lejana Napata hasta Tebas.

Por esta época Etruria se estaba convirtiendo en una de las grandes potencias
del Mediterráneo, junto a los griegos y los fenicios. Etruria era (y sigue
siendo) una de las regiones más fértiles de Italia, así que no es extraño que los
etruscos se dieran pronto al comercio. Hubo grandes contactos e intercambios
culturales. Así, los etruscos adaptaron a su lengua el alfabeto griego (alfabeto
que éstos habían adaptado a su vez del fenicio). Las primeras inscripciones
etruscas conocidas datan de estas fechas. Así mismo recibieron influencias
religiosas. Las ideas etruscas sobre el Averno que les aguardaba tras la muerte
eran muy similares a las griegas. Paulatinamente fueron imitando el arte
griego. En arquitectura llegaron a aventajar a los griegos, pues los etruscos
sabían construir arcos que reducían el número de columnas necesarias para
sostener una construcción.

Se han encontrado restos etruscos en Campania, la región de Italia situada al


sur del Lacio, donde se encontraba la colonia griega de Cumas. De aquí se
infiere que los etruscos navegaban por las costas de Italia. De hecho, también
fundaron colonias en la isla de Cerdeña. Los griegos distinguían claramente
entre pueblos bárbaros y civilizados. No cabe duda de que a los etruscos los
tenían entre los segundos. Un hecho notable es la imagen que los griegos, y
más tarde los romanos, tenían de las mujeres etruscas. Por ejemplo, Teopompo
de Quíos (en el siglo IV a.C.) escribe:

Entre los tirrenos es costumbre arraigada que las mujeres sean propiedad
común. Éstas prestan mucha atención al cuidado de su cuerpo y hacen
ejercicio desnudas, a menudo con hombres y en ocasiones entre ellas. No
comen con sus maridos, sino con quien se encuentren por azar en ese
momento, y beben a la salud de quien quieren, pues son grandes bebedoras y
muy bellas. Los tirrenos crían a todos los niños que vienen al mundo sin saber
de qué padre procede cada uno.
Al parecer, nada de esto tiene fundamento. El origen de esta imagen parece
deberse al desconcierto que en griegos y romanos producía la posición social
y la independencia de que gozaban las mujeres etruscas, similar a la de las
mujeres de los países civilizados de hoy en día. Las mujeres griegas nunca
salían de casa por placer, y cuando tenían que salir lo hacían bien cubiertas
para no llamar la atención de los hombres y carecían de instrucción y de
iniciativas. En Atenas la costumbre era que comieran aparte, sin participar en
las conversaciones de los hombres. Plutarco cuenta que en Mileto hubo en una
ocasión una racha de suicidios femeninos, signo de la frustrante vida que
llevaban las mujeres. Por cierto, que las autoridades resolvieron el problema
decretando que las víctimas serían exhibidas desnudas en público. Por el
contrario, las mujeres etruscas participaban en todos los aspectos de la vida
social. Una diferencia frente a las mujeres romanas era que tenían nombre
propio. En efecto, un ciudadano romano como Numa Pompilio tenía dos
nombres: Numa era su nombre propio, mientras que Pompilio era el nombre
de su familia. Las mujeres, en cambio, tenían sólo el nombre familiar. Si
Numa hubiera tenido una hija, se habría llamado irremisiblemente Pompilia, y
si hubiera tenido otra más le habrían improvisado una forma de llamarla lo
más simple posible. En cambio, Clelia, Ati, Larthia, son ejemplos de nombres
propios de mujer etrusca, algo prácticamente desconocido en Roma. Por
último, las inscripciones funerarias muestran que cada difunto conocía
perfectamente su árbol genealógico.

Al terminar la Primera Guerra Mesenia, Esparta se lanzó al mar como sus


vecinos. En 707 fundó Tarento, que llegó a convertirse en la ciudad griega
más importante de Italia. Por esas fechas terminaba la construcción de la que
había de ser la nueva capital de Asiria. El "fuerte de Sargón" era una ciudad
magnífica, con un zigurat de siete pisos, muchos templos y un palacio para
Sargón II con una extensión de 100.000 metros cuadrados. Además había una
biblioteca en la que el rey reunió las tablillas cuneiformes que contenían la
antigua literatura mesopotámica.

En realidad Sargón II no llegó a habitarla, pues los cimerios rechazados en el


norte de Asiria se desviaron hacia el oeste e invadieron Asia Menor, donde los
frigios, ahora también tributarios de Asiria, no eran capaces de contenerlos. El
rey tuvo que acudir a marchas forzadas y en 705 murió en una batalla contra
los nómadas.

Sargón II fue sucedido por su hijo Senaquerib. La sucesión trajo consigo los
habituales disturbios, por lo que los frigios tuvieron que arreglárselas por sí
mismos contra los cimerios. Edom había acogido al rey caldeo Marodac-
Baladán y ahora le estimuló a recuperar su trono. Senaquerib tuvo que
descender a poner orden en Babilonia.

Por alguna razón, Senaquerib no quiso ocupar la ciudad construida por su


padre, que nunca fue habitada. En su lugar, eligió Nínive como capital. Nínive
siempre había sido una ciudad importante del Imperio Asirio, pero nunca
había sido la capital. Senaquerib la reconstruyó desde sus cimientos, la dotó
de un gran acueducto que garantizaba el suministro de agua y se edificó un
gran palacio de 80 habitaciones.

Mientras tanto, el rey Ezequías de Judá había aprovechado también la


sucesión asiria para llevar a la práctica sus proyectos de rebelión. En alianza
con Fenicia, los filisteos y Egipto, se negó a pagar el tributo.
En 701 Senaquerib pudo dejar Babilonia y enviar un ejército a Canaán. Las
ciudades fenicias fueron asoladas, y el rey de Tiro tuvo que huir a las colonias
fenicias de Chipre. Tras varios años en que el único apoyo de Egipto a Canaán
había sido monetario, el rey Shabaka consideró que ya se hacía necesario
intervenir militarmente, así que envió a su sobrino Taharka contra
Senaquerib. El encuentro se libró en territorio filisteo y los asirios vencieron
sin dificultad. Luego Senaquerib se dirigió a Judá y tomó todas sus ciudades
excepto Jerusalén, a la que puso sitio. Los egipcios atacaron de nuevo y
fueron nuevamente rechazados, pero el ejército asirio se debilitó. Además,
Senaquerib debió de recibir noticias de una rebelión en Babilonia, y Babilonia
era sin duda mucho más importante de Jerusalén, por lo que no podía
permitirse un largo asedio. Así pues, llegó a un acuerdo con Ezequías, que se
comprometió a seguir pagando el tributo y el rey asirio se marchó.
20.La Grecia clásica (700)

Los historiadores toman la instauración de los Juegos Olímpicos como fecha


de inicio del "Periodo Helénico" en el que Grecia alcanzó su máximo
esplendor. Pero el resurgir de Grecia fue, naturalmente, un proceso gradual, y
es a partir del siglo VII cuando la recuperación se hizo realmente palpable.
Entre la heterogeneidad de las polis griegas, había dos que llaman
especialmente la atención. Por una parte la belicosa Esparta, que había
demostrado su tesón y su fuerza en la larga guerra de veinte años contra
Mesenia. En un extremo contraste con ella estaba Atenas.

Atenas fue pionera en un proceso que poco a poco iría afectando a la mayoría
de las polis: la decadencia de la monarquía. En una ciudad pequeña y austera,
un rey no era muy diferente de otros nobles ni podía acumular mucha
autoridad. Esto facilitó la experimentación de formas de gobierno alternativas.
Atenas carecía de rey desde hacía mucho tiempo. Según la última tradición, su
último rey fue Clodro,que en tiempos de las invasiones dorias luchó por
mantener libre a Atenas. Un oráculo predijo que vencería aquel ejército cuyo
rey muriese primero, por lo que Clodro decidió dar su vida para que Atenas
siguiera siendo jónica. Los atenienses decidieron que un rey tan bueno no
podía tener sucesor, pues ninguno estaría a su altura. A partir de entonces
Atenas fue gobernada por un Arconte, (que en griego significa algo así como
"presidente"). Al principio el cargo era vitalicio y pasaba de padre a hijo a
partir de los descendientes de Clodro (o sea, el arconte era un rey), pero luego
se estipuló una duración de diez años para el arcontado, así como que éste no
tenía por qué pasar necesariamente de padres a hijos, pero sí conservarse
dentro de la nobleza. Evidentemente la historia del origen del arcontado es
falsa, pero lo cierto es que de un modo u otro Atenas había pasado a un
sistema de gobierno diferente de la monarquía usual.

Mientras Esparta imponía su autoridad sobre el Peloponeso por la fuerza de


sus hoplitas, Atenas logró la supremacía sobre el Ática por procedimientos
exclusivamente políticos. Lentamente fue absorbiendo a las poblaciones
vecinas, en el sentido de que todos los habitantes del Ática eran considerados
atenienses aunque no hubieran nacido ni habitaran en la ciudad. Este proceso
de unificación del Ática terminó en 700, cuando se incorporó Eleusis, ciudad
situada al noroeste del Ática.

En Eleusis se practicaban unos ritos que en muchos aspectos fueron más


importantes que la religión oficial griega, la de los dioses del Olimpo, que
había sido modelada en gran parte a gusto de los grandes señores, pero
aportaba poco al hombre común. Los Misterios Eleusinos eran probablemente
un resto de la religión arcaica de Grecia. Los iniciados tenían prohibido
revelar nada sobre ellos bajo pena de muerte. Estaban relacionados con ciertos
dioses agrícolas, con el grano que muere en otoño pero deja una semilla que le
hace renacer en primavera. Al principio debieron de ser ritos para garantizar
buenas cosechas, pero más tarde se aplicaron sus principios de muerte y
resurrección a los hombres, de modo que quien participaba en los ritos moriría
y resurgiría otra vez en otro mundo. La religión olímpica, en cambio, sólo
ofrecía a los muertos un Averno desolador.

Al norte de Grecia había cinco regiones diferenciadas: Al noroeste


estaba Iliria, que permanecería lejos del contacto con la civilización durante
siglos, salvo la presencia de algunas colonias griegas en su costa. Al sur de
Iliria estaba Épiro, habitada desde los tiempos de Homero por diversos
pueblos grecohablantes en los que sólo se encuentran pequeños vestigios de la
cultura griega, como el culto a Zeus. En esta época los preponderantes eran
los Tesprotas. Al este de Iliria y Épiro estaba Macedonia, ocupada en un
principio por pueblos tracios, pero unas tribus que descendieron del monte
Pindo los expulsaron hacia el este y se organizaron en una monarquía cuyo
primer rey fue Perdicas I. Éste construyó la ciudad de Egas y la convirtió en
la capital de Macedonia. Al sur de Macedonia estaba Tesalia, una región fértil
y llana que había gozado de cierta notoriedad en la época micénica. Es la
única zona de Grecia lo suficientemente llana como para que los caballos
tengan utilidad en las batallas. Por ello fue cuna de buenos jinetes. Los mitos
griegos sitúan a los legendarios centauros en Tesalia, probablemente un
recuerdo de los primeros encuentros de los griegos del sur con los jinetes
tesalios. Según la tradición, un rey llamado Alevas organizó el territorio en
cuatro tetrarquías confederadas, dirigidas conjuntamente en tiempos de guerra
por un único líder llamado tagos. Por último, al este de Macedonia, sobre la
costa norte del Egeo, estaba Tracia, región que ya había empezado a alojar
numerosas colonias griegas, especialmente en la península calcídica.

Mientras tanto, Judá acababa de librarse por poco de la destrucción total.


Senaquerib dejó entera a Jerusalén, si bien Jerusalén fue lo único que quedó
entero en Judá. En 697 el rey Ezequías, cansado y deshonrado, delegó el
gobierno en su hijo Manasés. Mientras tanto Senaquerib se preparaba para un
ataque definitivo contra Babilonia. Comprendió que el reino de Elam era
responsable en gran parte de las rebeliones periódicas de Babilonia, pues
había adoptado como forma de defensa el ayudar a todos los rebeldes
babilónicos para que mantuvieran ocupados los ejércitos asirios. Así que
decidió atacar primero a Elam, pero no a través de Babilonia, lo que haría
llegar a sus ejércitos debilitados, sino mediante un ataque inesperado por mar.
Construyó secretamente una flota, para lo que recurrió a los fenicios y tal vez
a los griegos. Es posible que este fuera el primer contacto de los griegos con
Asiria y el origen de las leyendas sobre Nino y Semíramis. La flota descendió
por el Éufrates, pasando junto a Babilonia sin detenerse y desembarcando en
Elam. Sin embargo, los elamitas respondieron al inesperado ataque de forma
igualmente inesperada: dejaron en el país una mínima defensa mientras el
grueso de su ejército huyó a Babilonia, para unirse allí con los rebeldes y
amenazando con incomunicar al ejército asirio.

Esta jugada debió de provocar la cólera de Senaquerib. Hasta entonces, Asiria


había sido relativamente respetuosa con Babilonia. Sin duda, la ciudad tenía
una tradición cultural que impresionaba a los asirios. Aunque Asiria superaba
sin duda alguna a Babilonia en cuanto a poderío militar, tanto asirios como
babilonios reconocían la superioridad cultural de Babilonia, pero ahora
Senaquerib ya no estaba dispuesto a reconocer nada. En 689 se abrió paso
hasta Babilonia, arrasó sus canales, derribó los diques, llenó las acequias del
barro de las casas que hizo abatir desviando el Éufrates, destruyó incluso los
templos y se llevó a Asiria la estatua del mismo Marduk.

En 687 murió Ezequías y su hijo Manasés ocupó el trono. Su política fue la de


una total sumisión a Asiria. Pagó puntualmente el tributo, fomentó el culto a
los dioses asirios y se opuso al culto a Yahveh, cuyos partidarios continuaban
propugnando la rebelión contra el yugo asirio. Naturalmente, esto le hizo
blanco de toda suerte de descalificaciones en la Biblia. Pese a ello, el reinado
de Manasés fue un periodo de paz para Judá.

El mismo año en que murió Ezequías surgió un nuevo reino en Asia Menor.
Se trataba del reino de Lidia. Los lidios eran una tribu que había estado bajo
el dominio frigio y que lucharon junto a ellos contra los cimerios. Ahora
habían encontrado un general capaz llamado Giges, que fundó el nuevo reino
y continuó la lucha contra los nómadas invasores.

En 685 el duque Huan se convirtió en el señor del estado chino de Qi. Por
esta época nuevos pueblos bárbaros amenazaban a China: las tribus
de Man e I al sur y las de Jung y Ti al norte. Se trataba de pueblos
seminómadas que compartían los rasgos fundamentales de la cultura china,
por lo que "bárbaros" ha de ser entendido simplemente como "extranjeros".

Mientras tanto, colonizadores griegos llegaron hasta el estrecho del Bósforo y


fundaron una ciudad en la costa asiática a la que llamaron Calcedonia, por las
minas de cobre que había en sus cercanías. Ese mismo año, la opresión que
Esparta infligía a Mesenia se hizo tan insufrible que los mesenios se alzaron
de nuevo en armas, dirigidos por Aristómenes, dando así comienzo a
la Segunda Guerra Mesenia.Poco después Atenas modificaba ligeramente su
sistema de gobierno. En 683 el arconte dejó de ser el gobernante absoluto. La
ciudad pasó a estar gobernada por nueve hombres elegidos anualmente entre
los nobles. Uno de ellos era el arconte, que daba nombre al año, pero también
estaba el polemarca, que gobernaba el ejército, otro ejercía de sumo sacerdote,
y así las tareas de gobierno se distribuían entre los nueve. Además surgió
el Areópago, un consejo de nobles que actuaba como tribunal supremo.
En 681 Huan, el señor de Qi, negoció una alianza con Song, Lu, y otros
estados chinos periféricos, a la que paulatinamente se fueron incorporando
nuevos miembros, preocupados por las incursiones bárbaras.

Entre tanto, el rey asirio Senaquerib fue asesinado en una conjuración


organizada por sus dos hijos mayores. No conocemos los detalles, pero algo
debió de salir mal, pues ambos se vieron obligados a huir a Urartu, donde
reclutaron un ejército. Otro hijo del rey asesinado reclamó el trono y
consiguió el respaldo de la nobleza. Se llamaba Asarhaddón, y no tuvo
dificultad en derrotar a sus hermanos. Su política fue radicalmente diferente a
la de sus antecesores. Inició la reconstrucción de Babilonia, una tarea que le
llevó años. Llegó a un acuerdo de paz con Elam, el cual se comprometió a no
fomentar más rebeliones en Babilonia. Con Judá no tuvo problemas, pues
Manasés no dejó de pagar el tributo convenido. En 679 tuvo que dirigir una
campaña contra los cimerios, que ante la presión de los escitas volvieron a
penetrar en Urartu. Asarhaddón los derrotó, pero a la vez trató de llegar a un
acuerdo con ellos, el cual fue sellado, según era habitual, incorporando a su
harén una de sus princesas.

El rey asirio tomó medidas para que su propia sucesión no pusiera en peligro
el poder asirio, como había ocurrido con las sucesiones precedentes. Tenía dos
hijos adultos y no estaba dispuesto a pasar por traiciones o intentos de
asesinato que pudieran terminar en una guerra civil. Eligió a su hijo menor
como sucesor y obligó a toda la nobleza a jurarle fidelidad como futuro rey. A
su hijo mayor lo nombró virrey de Babilonia.

Finalmente a Egipto le tocó el turno de enfrentarse a Asiria. El rey actual era


Taharka, el que había dirigido el ejército egipcio contra Senaquerib mientras
sitiaba Jerusalén. Asiria era consciente de las mil intrigas que Egipto había
urdido en los últimos años, y ahora estaba dispuesta a pedirle cuentas.
En 675 Asarhaddón envió una expedición a Egipto que, contra todo
pronóstico, Taharka supo rechazar.

En 673 dice la tradición que murió el segundo rey de Roma, el sabino Numa
Pompilio. Su sucesor fue Tulo Hostilio. Hasta entonces Roma ocupaba tres
colinas: los montes Palatino, Capitolino y Quirinal. El nuevo rey la extendió
al monte Celio edificando allí su palacio. El poder del rey no era absoluto,
sino que era aconsejado por el Senado, una asamblea de cien ancianos,
representantes de los diversos clanes que componían la ciudad.

En 671 Asarhaddón pudo enviar de nuevo a Egipto un ejército mayor y mejor


equipado que el anterior. Tomó Menfis y el Delta, mientras Taharka se vio
obligado a retroceder hacia el sur. En 669 Babilonia estaba completamente
reconstruida y recuperó su esplendor.
Mientras tanto Esparta seguía enzarzada en la Segunda Guerra Mesenia, que
ya duraba 17 años. Argos debió de pensar que era un buen momento para
atacar a Esparta y efectivamente ganó una batalla, pero no pudo sacar mucho
partido, pues al año siguiente, en 668, Esparta pudo derrotar finalmente a los
mesenios. Su caudillo Aristómenes y un grupo de aliados tuvo que abandonar
su patria, mientras Mesenia quedaba postrada una vez más ante Esparta.
Fueron acogidos en la ciudad de Zancle, en Sicilia, donde un poco después se
hicieron con el poder y le cambiaron el nombre por el de Messana, en honor a
su tierra de origen.

El mismo año en que terminaba la Segunda Guerra Mesenia murió el rey


asirio Asarhaddón, mientras marchaba a Egipto en una tercera campaña. Tal y
como había sido dispuesto, fue sucedido por su hijo
menor, Asurbanipal. Bajo su reinado Nínive llegó a su apogeo. Su población
alcanzó los 100.000 habitantes y sus caravanas comerciales llegaban hasta la
India. Asurbanipal había recibido una esmerada educación, y se interesó por la
cultura babilónica. Construyó una inmensa biblioteca en su palacio en la que
catalogaba cuidadosamente ejemplares de cuantas tablillas cuneiformes
interesantes llegaban a sus manos. Gran parte de los conocimientos que
tenemos de Mesopotamia se deben a esta biblioteca.

En 667 la alianza de estados chinos que había promovido Huan se convirtió en


una confederación de todos los estados periféricos liderada por el propio
Huan. Los estados de la confederación dejaron de considerarse bárbaros, y se
incluyeron entre los reinos del centro, que reconocían formalmente la
autoridad Cheu. La capital se trasladó a la ciudad de Yong, más hacia el este.
La supremacía de Huan se debió en gran parte a la eficiencia de su primer
ministro Kuan Tsong, que realizó notables reformas económicas y fiscales.
Entre otras cosas, introdujo en China el uso de monedas. A pesar de la
confederación, las incursiones bárbaras seguían produciéndose. Algunos
estados más alejados se aliaron con los bárbaros y aumentaron su poder. Entre
ellos estaban Wu y Yue.

Entre tanto Roma se vio enfrentada a la que hasta entonces era considerada la
mayor potencia del Lacio: la ciudad de Alba Longa. Los detalles están
envueltos en la leyenda. Según los historiadores romanos Roma y Alba
convinieron en sustituir una eventual batalla por un duelo de tres hombres
contra tres hombres, con el compromiso de acatar los resultados. Los romanos
eligieron a tres hermanos de la familia de los Horacios, mientras que los
albanos escogieron a tres hermanos de la familia de los Curiacios. Dos de los
Horacios murieron, pero el tercero echó a correr y fue perseguido por los
otros. Entonces se detuvo y luchó con ellos uno a uno, a medida que llegaban
a él, y los mató a los tres. Alba aceptó el resultado, pero poco después
aprovechó una ocasión para rebelarse, con lo que en 665 fue tomada y
destruida por Roma. En resumen, que Roma acabó de un modo u otro con la
hegemonía albana y se inventó una leyenda para demostrar que su conducta
fue justa.

En 661 Asurbanipal dirigió una nueva campaña contra Egipto. Esta vez llegó
hasta Tebas y la saqueó, con lo que puso fin a la dinastía de reyes nubios.
Éstos continuaron reinando en Nubia mil años más, pero su civilización
declinó pronto. Asurbanipal nombró virrey de Egipto a Necao, un príncipe del
Bajo Egipto que había sido prisionero de guerra durante algunos años, con lo
que conocía bien a Asiria y sabía lo peligroso que era rebelarse contra ella.

En 660 una expedición griega fundó una ciudad en la parte europea del
Bósforo, enfrente de Calcedonia. Se llamó Bizancio. Según la tradición, el
nombre procede de Bizas, que era el jefe de la expedición, pero los griegos
eran muy dados a inventar personas que daban nombre a pueblos o ciudades.
Calcedonia y Bizancio se hallaban en la situación de privilegio en que antes
había estado Troya, pues podían regular a su antojo el comercio con el mar
Negro (o el Ponto Euxino, como lo llamaban los griegos), que cada vez era
más floreciente. A partir de esta fecha, las costas del mar Negro fueron
poblándose con más y más colonias griegas.

Ahora nos encontramos con un precedente de un fenómeno que iba a ser


común en las ciudades griegas de los años posteriores. Cuando una ciudad
pequeña, como lo eran todas las polis griegas, alcanza un cierto nivel de
prosperidad, el pueblo podía ejercer mucha presión sobre un gobernante
ineficaz, y algunos hombres carismáticos podían canalizar la insatisfacción del
pueblo para hacerse con el poder, lo cual ahora (antes no) suponía un ascenso
social significativo. Así empezaron a surgir los tiranos, palabra que designaba
simplemente a alguien que asumía el poder sin ninguna clase de respaldo
dinástico, nobiliario o religioso, sin las connotaciones negativas que hoy tiene
esta palabra para nosotros. Así, en 655, Cipselo se hizo con el poder en
Corinto.

Por estas fechas murió Necao, el gobernador de Egipto nombrado por los
asirios, y su hijo Psamético ocupó su lugar. Compró mercenarios lidios y con
su ayuda plantó cara a las guarniciones asirias destacadas en Egipto. Al
mismo tiempo, Asurbanipal recibió la petición de auxilio de los principados
de Asia Menor, que sufrían de nuevo los ataques de los cimerios. Decidió
atender antes este asunto, con lo que combatió una vez más al lado del rey
lidio Giges contra los nómadas. Entre ambos consiguieron abatir a los
cimerios, pero Giges murió en la lucha, en el año 652. Este mismo año
Psamético había expulsado definitivamente a los asirios de Egipto y fue
convertido en Psamético I, el primer rey de la XXVI dinastía. Estableció la
capital en Sais, al oeste del Delta. Por ello su dinastía es también conocida
como saítica. Asurbanipal no pudo ocuparse de él porque al mismo tiempo le
surgió un problema mucho mayor. Elam había vuelto a su antigua política de
intrigas y había convencido al hermano del rey, que gobernaba Babilonia, a
que se rebelara, con lo que Asiria se vio envuelta en una guerra civil.
21.La caída de Asiria (650)

En la segunda mitad del siglo VII el mundo civilizado vio muchos cambios.
En la India empiezan a reaparecer las ciudades, extinguidas desde la invasión
aria. Egipto parecía haber vuelto al pasado. Bajo el gobierno de Psamético
experimentó una renovación económica y un renacimiento artístico. Los
tiempos de los constructores de las pirámides fueron ensalzados, se estudiaron
los rituales religiosos que se describían en las tumbas antiguas, se recordaron
los clásicos literarios del Imperio Medio y se repararon los daños causados en
Tebas por los asirios. Sin embargo, Egipto no contaba ya con buenos
soldados, y éstos eran ahora más necesarios que nunca. Psamético contrató
hoplitas griegos mercenarios y los instaló en guarniciones al este del Delta,
para prevenir un posible ataque asirio. Las continuas luchas entre las diversas
polis griegas habían hecho de los hoplitas unos guerreros muy eficientes, tal
vez los mejores soldados de la época. Por eso muchos de ellos encontraron
como forma de ganarse la vida el ofrecer sus servicios a otras ciudades o
naciones.

También Esparta cambió radicalmente tras su experiencia en las dos largas


guerras contra Mesenia. La ciudad entera se convirtió en un cuartel. Los niños
eran examinados al nacer para ver si eran lo suficientemente robustos. Si no lo
eran se les abandonaba para que murieran. A los siete años se les separaba de
sus madres y se les criaba en una especie de academia militar, donde
aprendían a soportar el frío y el hambre, el cansancio y el dolor. Tenían que
saber luchar, cumplir órdenes ciegamente y morir antes que retirarse.

Los espartanos adultos comían en una mesa común, a la que cada uno llevaba
su parte, y todos contribuían con lo que producían sus tierras con el trabajo de
sus ilotas. La comida era austera (los griegos de otras ciudades decían que
vomitiva). El arte, la música y la literatura fueron erradicados de Esparta.
Hasta la oratoria fue mal vista desde entonces. Aún hoy usamos la
palabra lacónico para referirnos a la parquedad de palabras que fue
característica en Laconia a partir de entonces, en contraposición con el gusto
por la dialéctica de que los demás griegos siempre hicieron gala. Esparta
abandonó todo interés por el comercio o la colonización y se concentró en ser
la ciudad más poderosa del Peloponeso y, con el tiempo, de toda Grecia. En
siglos posteriores, los espartanos decían que las leyes que configuraban su
modo de vida, la constitución espartana, habían sido implantadas
por Licurgo en el año 850 a.C., pero esto es falso: hasta el 650 Esparta
contaba con músicos y poetas. Fueron las guerras mesenias las que hicieron
triunfar al militarismo en la ciudad. Probablemente Licurgo jamás existió.

En el reino de Lidia surgió una innovación. El gobierno empezó a emitir


pepitas de oro con un sello que garantizaba su valor, de modo que podían ser
usadas cómodamente en las transacciones comerciales. Eran las
primeras monedas. Los comerciantes griegos adoptaron la idea. Al parecer, la
primera ciudad que usó este sistema de cambio fue Egina, una pequeña isla
situada en el golfo formado entre el Ática y la Argólida. El uso del dinero la
enriqueció, y otras ciudades-estado se apresuraron a imitarla.

Etruria vivía su época de mayor esplendor. Por esta época, las ciudades
etruscas empezaron a rodearse de sólidas murallas, construidas con rocas
cuidadosamente unidas sin cemento. No se sabe si para protegerse de
enemigos exteriores o para protegerse unas de otras. Los griegos los tenían
por guerreros valerosos. Su influencia se extendía bastante más allá de sus
fronteras por tierra y por mar. Por esta época se refuerza su presencia en la
Campania, al sur del Lacio, que se veía así rodeado por los etruscos, al norte y
al sur.

Asiria, en cambio, vivía un momento delicado. El ejército de Asurbanipal tuvo


que enfrentarse al de su hermano en Babilonia. En 648 éste se vio acorralado
y se suicidó. El rey asirio comprendió que Elam estaba detrás de todos los
problemas que ocasionaba Babilonia, así que emprendió una campaña contra
dicho reino.

En 643 murió Huan de Qi, lo que permitió a otros estados chinos competir por
la hegemonía. El estado de Chu se extendió hacia el norte.

En 642 murió el rey Manasés de Judá, y fue sucedido por su hijo Amón, que
continuó la política de su padre de total sumisión a Asiria.

En 641 murió Tulo Hostilio, el tercer rey de Roma, y el Senado Romano


eligió como rey al nieto de Numa Pompilio, cuyo gobierno siempre fue
gratamente recordado por los romanos. El cuarto rey se llamaba Anco
Marcio. Según la tradición, Anco Marcio llevó a Roma nuevos colonos que
contribuyeran al crecimiento que estaba experimentando la ciudad. Los alojó
en el monte Aventino, que pasó a ser la quinta colina de Roma. Sin embargo,
los recién llegados no llegaron con igualdad de derechos. No se les permitió
enviar representantes al Senado ni ocupar cargos públicos. Los senadores eran
llamados también patricios, porque eran como padres que dirigían la gran
familia que era la ciudad. Por extensión, la palabra se aplicó también a las
familias de los senadores, en oposición a los recién llegados, que fueron
llamados plebeyos. Los patricios se agrupaban en grandes familias,
llamadas gentes, que veneraban a un antepasado común. Junto a ellas vivían
los clientes, pobres o antiguos esclavos que buscaban la protección del pater
familias, o jefe de la familia.

En 640, tras sólo dos años de reinado, fue asesinado el rey Amón de Judá, y
fue sucedido por Josías, su hijo de ocho años. No sabemos exactamente cómo
ocurrió, pero es razonable conjeturar una intriga de los sacerdotes yahvistas,
pues los últimos reyes habían adoptado el culto asirio y un rey de ocho años
sería fácil de manipular. De esta forma había muchas posibilidades de
restaurar el culto a Yahveh, como en efecto ocurrió.

Ese mismo año la ciudad de Megara siguió el ejemplo de su vecina Corinto y


eligió como tirano a Teágenes, quien hizo construir un magnífico acueducto
que suministrara agua dulce a la ciudad. Los tiranos necesitaban ganarse el
respaldo del pueblo con todo tipo de reformas y mejoras, por lo que en general
las tiranías eran preferibles a las oligarquías de nobles, que no se sentían
obligadas a justificar de ningún modo su autoridad.

El debilitamiento de Asiria favoreció la prosperidad de Fenicia. Aunque los


griegos se estaban apoderando del Mediterráneo oriental, los fenicios se
aventuraron hacia el oeste. Crearon bases en la que ahora es Argelia, ocuparon
las islas Baleares y extendieron su ocupación de la costa española. Más aún,
sus barcos se adentraron en el océano Atlántico y bordearon la costa hasta
llegar a las que llamaron "islas del estaño", que al parecer eran las
islas Scilly, situadas frente a la costa de Cornualles, al suroeste de Inglaterra.
De allí y tal vez de la misma Cornualles llevaban estaño a Tartesos, donde lo
usaban para fabricar bronce.

Por esta época el rey de Egipto Psamético tuvo una idea atrevida. Instó a los
griegos de Mileto a fundar una colonia en el Delta del Nilo. Los griegos
aceptaron encantados y construyeron Naucratis, que en griego
significa "soberana del mar". La idea de Psamético era usar a los griegos para
distribuir por el Mediterráneo los excedentes egipcios, y funcionó bien. Ésta
fue la principal toma de contacto de Grecia con Egipto desde hacía muchos
años. La mayoría de las palabras con que nos referimos a muchos aspectos de
la cultura egipcia son de origen griego y datan de esta época (pirámide,
jeroglífico, esfinge, obelisco, etc.), así como muchos nombres de ciudades y
de reyes egipcios. Por ejemplo, los egipcios llamaban No a la ciudad que, por
algún motivo, los griegos decidieron llamar Tebas, que era también el nombre
de una polis al oeste del Ática.

En 639 Asurbanipal logró la victoria definitiva frente a Elam. Tomó su


capital, Susa, y la destruyó. Todo el país quedó devastado y el reino que había
existido desde tiempos de los sumerios desapareció finalmente de la historia.
Por esta época el rey debía de rondar los sesenta años y probablemente estaba
cansado. Ya no emprendió más campañas militares y los pueblos sojuzgados
por Asiria empezaron a notar que sus cadenas se debilitaban.

En 637 el duque Hsiang del estado de Sung se enfrentó con el estado de Chu,
pero éste aniquiló su ejército y sometió a Sung. Hsiang murió en la batalla.
En 632 un ateniense llamado Cilón, casado con la hija del dictador Teágenes
de Megara, trató de convertirse en tirano de Atenas. Un día festivo, mientras
los atenienses estaban distraídos con celebraciones, se apoderó de la Acrópolis
(la colina fortificada de la ciudad) con la ayuda de algunos nobles y de
soldados megarenses. La oligarquía ateniense no era muy popular y la
Acrópolis era prácticamente inexpugnable, por lo que un mínimo apoyo del
pueblo habría dado la victoria a Cilón, pero no obtuvo ninguno a causa de los
soldados megarenses. Ningún ateniense estaba dispuesto a deshacerse de la
oligarquía al precio de someterse a unos extranjeros. No intentaron tomar la
Acrópolis, sino que esperaron a que los asaltantes se rindieran por hambre.
Cilón logró escapar, pero los demás tuvieron que rendirse a cambio de la
promesa de que se respetaran sus vidas. El arconte de Atenas de ese año
era Megacles, miembro de una de las familias más poderosas de la ciudad, los
Alcmeónidas. Megacles pensó que era más prudente deshacerse de los
traidores y los mandó matar, pese a la promesa que les había hecho de
conservar sus vidas. Esto llenó de preocupación a los atenienses: Megacles
había roto una promesa efectuada solemnemente ante los dioses. El arconte y
otros miembros de su familia fueron juzgados por sacrilegio y expulsados de
la ciudad. Por su parte, Teágenes declaró la guerra a Atenas.

Ese mismo año, el rey Josías de Judá, a sus dieciséis años de edad, ya era un
perfecto yahvista, y suprimió el culto asirio. En China, Wen, señor de Jin,
logró una victoria decisiva que detuvo el avance de Chu con la ayuda de Qi y
Qin. De este modo Wen se hizo con la hegemonía de la confederación china,
hegemonía que fue ratificada por el propio rey Cheu.

En 630, los griegos fundaron la ciudad de Cirene sobre la costa libia, fuera de
las fronteras egipcias. Esta colonia sería el núcleo de una próspera población
griega en la zona. Además descubrieron la existencia de Tartesos y entablaron
relaciones comerciales. A raíz de ello fundaron la colonia de Mainake, cerca
de la actual Málaga. Los fenicios perdieron así el monopolio del comercio con
Tartesos.

En 628 el estado chino de Qin inició una expansión hacia el este que le
enfrentó a los estados de Jin y Chu.

En 627 murió el virrey que Asurbanipal había impuesto en Babilonia cuando


derrotó a su hermano, y varios pretendientes a la sucesión se disputaron el
poder por un breve tiempo. Finalmente venció un caldeo
llamado Nabopolasar. Por esta época, los escitas habían estado luchando
contra los medos, pero ante el declive de Asiria decidieron aliarse contra ésta.
El mando fue asumido por un jefe medo llamado Ciaxares.

En 625 Cipselo se las arregló para que su hijo Periandro heredara la tiranía
de Corinto. Bajo su gobierno Corinto se convirtió en la ciudad más culta de la
Grecia continental, así como la más próspera. Acogió en su corte al famoso
poeta Arión (del que se contaba que fue arrojado al mar por unos piratas, pero
que con su canto logró atraer a unos delfines que lo llevaron a la costa). Por
esta época los griegos empezaron a construir templos de piedra y no de
madera. Corinto desarrolló el llamado orden dórico, basado en líneas de
columnas adornadas con acanaladuras que sostenían los techos.

Cuando Asurbanipal murió en 622, Asiria se encontró rodeada de enemigos


preparados para abatirse sobre ella. Ciaxares se erigió en rey de Media,
dominando un territorio aproximadamente igual al del Irán actual.
Nabopolasar también declaró la independencia de Babilonia. Naturalmente,
esto supuso la guerra con Asiria. Por su parte, el ejército de Judá avanzó
rápidamente hacia el norte y se adueñó del territorio que antaño ocupaba
Israel. El rey Josías ordenó la renovación del templo, que estaba muy
deteriorado desde los tiempos del último rey yahvista. En un hueco de la
construcción, el sumo sacerdote Helcías afirmó haber encontrado una primera
versión del Libro de la Ley, un libro presuntamente escrito por Moisés del
que hasta entonces no se tenía noticia. No conservamos este libro, pero parece
que era una primera versión del Deuteronomio, el quinto libro de la Biblia.
En él se recordaba la historia de Moisés, se detallaba minuciosamente la ley
mosaica, así como todo el ritual del culto, se establecía el Templo como único
lugar admisible para dicho culto y se exhortaba al pueblo a obedecer a los
profetas que hablaban en nombre de Dios. En resumen, el Libro de la Ley fue
la forma en que los sacerdotes dijeron a Josías qué era exactamente lo que
tenía que hacer. Josías creyó que el libro era auténtico y fue eliminando del
país todo culto no yahvista. Todos los santuarios locales, yahvistas o no,
fueron clausurados, de modo que el Templo de Jerusalén quedó como único
santuario.

Mientras tanto, Atenas se defendía precariamente de Megara. Las dificultades


en la guerra aumentaron la insatisfacción del pueblo frente a la oligarquía
gobernante. Se elevaron voces que afirmaban que los nobles eran injustos en
su administración de las leyes tradicionales. Esto era difícil de sostener sin un
código escrito, y así el pueblo exigió la redacción de un sistema de leyes.

Dicho código fue elaborado en 621 por Dracón, un noble partidario de la


oligarquía. Su sistema de leyes simplemente reflejó la práctica al uso con
todas sus injusticias y arbitrariedades. Solamente hubo un cambio, y fue la
extremada dureza de las penas. Por ejemplo, robar una col conllevaba la pena
de muerte. Cuando se le preguntó por qué, se dice que Dracón
respondió "Porque no puedo concebir un castigo más severo". Un acreedor
podía esclavizar a sus deudores si no podía pagar las deudas. Este artículo
llevó a la esclavitud a muchos agricultores atenienses.
Ese mismo año murió el rey Perdicas I de Macedonia y fue sucedido por su
hijo Argeo I. Sus descendientes fueron conocidos como argéadas, e iban a
gobernar Macedonia durante dos siglos. La organización del reino recuerda a
la Grecia arcaica: nada parecido a las ciudades-estado del sur. El "rey de los
macedonios" era el jefe de los guerreros y gobernaba asistido de un consejo de
"compañeros". Los campesinos estaban sometidos al poder del rey. Su lengua
era un dialecto griego.

En 617 el trono de Lidia fue ocupado por Aliates, el nieto del rey Giges,
quien extendió las fronteras lidias a lo largo de Asia Menor al tiempo que
continuaba la lucha contra los cimerios.

En 616 Nabopolasar pactó una alianza con Ciaxares. El sucesor de


Asurbanipal no estaba a la altura de su padre y Nabopolasar avanzaba
lentamente hacia Nínive, pero quería asegurarse de que su suerte no cambiaría
por un revés imprevisto. El acuerdo fue sellado con el matrimonio entre la hija
de Ciaxares y el hijo de Nabopolasar. Ciaxares no tardó en tomar Assur, la
antigua capital.

Este mismo año murió Anco Marcio, y Lucio Tarquinio Prisco fue elegido
quinto rey de Roma. Aquí Tarquinio es el nombre familiar, que indica el
origen etrusco de este rey, pues Tarquinia era una importante ciudad etrusca.
El tercer nombre, "Prisco", es un apelativo diferenciador añadido que algunos
romanos recibían a lo largo de su vida o a veces incluso heredaban (algo
similar a un mote o un alias, pero más institucionalizado). En este caso
significa "el primero" o "el mayor", probablemente para distinguirlo de un
hijo tocayo. Es difícil saber si los romanos eligieron libremente un rey etrusco
(tal y como afirmaban sus historiadores) o si les fue impuesto desde Etruria
(cosa bastante probable). Lo cierto es que Roma prosperó bajo su mandato,
pues se benefició de la avanzada cultura etrusca. Él construyó el Circo
Máximo, un recinto ovalado en el que se celebraban carreras de carros.
Introdujo también juegos atléticos, usuales entre los etruscos, construyó un
gran templo a Júpiter en el monte Capitolino. El templo
fue llamado Capitolio, y fue al mismo tiempo una fortaleza donde pudieron
refugiarse los romanos en los peores momentos de su historia. También
construyó la Cloaca Máxima, que desecó las zonas pantanosas del valle entre
el Capitolino y el Palatino. Allí estaba el foro, un mercado, pero ahora se
convirtió en un lugar público donde la gente se reunía para comerciar y
realizar todo tipo de actos públicos.

Todas estas construcciones se realizaron bajo la dirección de ingenieros y


artistas etruscos, que habían aprendido gran parte de su oficio de los griegos,
aunque también habían realizado muchas aportaciones propias, tales como el
uso del arco, que permitía reducir el número de columnas necesarias para
sostener un edificio. Roma no tardaría en tener sus propios ingenieros y
arquitectos, que con el tiempo realizaron magníficas obras de las que los
romanos siempre se mostraron muy orgullosos.

Tarquinio obtuvo victorias militares frente a otras ciudades latinas (que tal vez
veían a Roma como una ciudad etrusca más) e introdujo la costumbre etrusca
del Triunfo. Cuando un general lograba una gran victoria entraba en la ciudad
precedido por funcionarios del gobierno y seguido de su ejército y de los
prisioneros y el botín conquistado, y avanzaba hasta el Capitolio entre los
aplausos del pueblo. En el Capitolio se celebraban unos oficios religiosos y la
ceremonia terminaba con una gran fiesta. Hay que advertir que Roma no tenía
entonces un ejército profesional, sino que sus soldados eran los propios
agricultores, que dejaban sus tierras mientras era necesario para defender la
ciudad o ajustar cuentas con alguna ciudad vecina.

En 615 murió el rey Argeo I de Macedonia, y fue sucedido por su hijo Filipo
I. Durante este periodo de su historia, Macedonia permaneció ajena al
progreso que estaban experimentando las ciudades griegas del sur. De hecho,
a pesar de su lengua, los griegos tenían por bárbaros a los macedonios.

En 614 el estado chino de Chu aumentó su influencia bajo el gobierno


de Chuang.

Volviendo a la acorralada Asiria, en su desesperación se vio obligada a pedir


ayuda a Egipto. Psamético aceptó ayudarla, no por simpatía, ciertamente, sino
porque a Egipto le interesaba una Asiria débil, pero no una Asiria acabada que
fácilmente fuera reemplazada por otra potencia amenazadora, como Babilonia
o Media. Pero la ayuda egipcia fue escasa y tardía. En 612 Nabopolasar y
Ciaxares sitiaron conjuntamente Nínive y la tomaron, para regocijo de todo el
Oriente Próximo. Nínive fue literalmente arrasada y jamás se consintió que
fuera reconstruida. De no haber sido porque su historia aparece en la Biblia,
su nombre habría quedado completamente olvidado en los siglos posteriores.
De todos modos, algunos fragmentos del ejército asirio sobrevivieron al
desastre y se retiraron a la ciudad de Harrán, al norte de la Media Luna Fértil,
donde resistieron un tiempo bajo la conducción de un general llamado Ashur-
Ubalit.

En 610 ascendió al poder en Mileto uno de los tiranos más


famosos, Trasíbulo, bajo cuyo mandato Mileto fue probablemente la ciudad
más próspera del mundo griego. Ese mismo año murió Psamético, cuyo
reinado fue el más largo desde los tiempos de Ramsés II. Fue sucedido por su
hijo, Necao I, quien decidió socorrer a los asirios refugiados en Harrán con la
esperanza de que mantuvieran entretenidos a medos y caldeos y que éstos no
tuvieran ocasión de fijarse en Egipto. En el camino hacia Harrán estaba Judá
y, aunque Necao I hubiera preferido no perder el tiempo con los judíos, el
caso era que Josías no estaba dispuesto a dejar pasar a los egipcios por su
territorio. En 609 el ejército egipcio se enfrentó al judío en Megiddo, justo
donde seis siglos antes el gran Tutmosis III había derrotado a los cananeos.
Josías murió y fue sustituido por su hijo menor Joacaz, pero éste sólo reinó un
mes, pues Necao I consideró que no era suficientemente fiel a los intereses
egipcios, así que lo llevó preso a Egipto y puso en el trono al hijo mayor de
Josías, llamado Joaquim. El nuevo rey juró lealtad a Egipto y se comprometió
a pagar un tributo.

El ejército de Necao I siguió avanzando hacia el norte, pero llegó demasiado


tarde. Nabopolasar había tomado Harrán y Ashur-Ubalit tuvo que huir hasta
encontrarse con el ejército egipcio, con ayuda del cual trató de recuperar
Harrán, pero fue inútil. A partir de 605 no hay noticias de Ashur-Ubalit y con
él desapareció definitivamente el último resto de Asiria. En ese momento
Nabopolasar se sintió enfermo y regresó a Babilonia, pero dejó a su
hijo Nabucodonosor (el que se había casado con la hija de Ciaxares) con la
misión de deshacerse de los egipcios. Tras un enfrentamiento en Karkemish,
Necao I tuvo que retirarse precipitadamente a Egipto. Nabucodonosor podía
haberle seguido, pero le llegó la noticia de la muerte de su padre y tuvo que ir
a Babilonia para asegurarse la sucesión. En efecto, allí se convirtió en
Nabucodonosor II, rey de los caldeos.

Nabucodonosor II y Ciaxares se repartieron amistosamente los territorios


conquistados. Mientras el primero se enfrentaba a Egipto, el rey medo
destruyó el reino de Urartu, que a partir de aquí desaparece de la historia,
convertido en una parte de Media. Ciaxares se quedó con la Media
propiamente dicha (el actual Irán), lo que había sido Urartu y la parte oriental
de Asia Menor (la parte occidental estaba en manos del rey lidio Aliates). Por
su parte Nabucodonosor II se quedó con toda la Media Luna Fértil, un
territorio más pequeño pero mucho más rico, que ahora conformaba
el Imperio Caldeo o el Nuevo Imperio Babilónico.

Por esta época surgió en Judá un profeta llamado Jeremías. En sus


predicaciones advertía de que Babilonia era en realidad Asiria con otro
nombre y otro rey, pero que seguía siendo la misma amenaza de antaño. Al
parecer, los judíos infravaloraban el poder de Babilonia, pues la historia les
había llevado a creer que el Templo hacía invencible a Jerusalén. Al igual que
los demás profetas, Jeremías denunciaba las inmoralidades del pueblo que, no
obstante, se creía protegido por Dios. Afirmaba que si los judíos no se
arrepentían inmediatamente, Dios les castigaría a través de los caldeos. Al rey
Joaquim le aconsejaba abandonar su política de sumisión a Egipto y sustituirla
por unas buenas relaciones con Babilonia, pero Joaquim no le escuchó.

En 601 Nabucodonosor II condujo sus ejércitos contra Egipto, pero Necao I


pudo rechazarlo en la frontera. Esto bastó para confirmar al rey Joaquim la
conveniencia de aliarse con Egipto y se negó a pagar tributo a
Nabucodonosor.
22. El Imperio Caldeo (600)

A principios del siglo VI, la ciudad de Babilonia debía de ser la mayor del
mundo. Los arqueólogos han encontrado la puerta de Ishtar, una de las
entradas a la ciudad, decorada con ladrillos azules esmaltados con relieves, en
rojo y blanco, de toros y dragones. En una eminencia del terreno se levantaba
el palacio real, con una superficie de 52.000 metros cuadrados. La estancia
mayor era la sala del trono, que tenía 70 metros de largo y casi lo mismo de
ancho. Sus muros también estaban decorados con leones en ladrillos
esmaltados. Al parecer el rey mandó cubrir de tierra ciertas construcciones,
tras lo que se plantaron arbustos y flores. Eran los famosos Jardines
Colgantes de Babilonia. Al parecer los construyó para agradar a su esposa
meda, pero la tradición griega los atribuyó más tarde a la legendaria reina
Semíramis. También embelleció y amplió los templos, de los que había más
de cien. Marduk recuperó su categoría de dios principal.

En Babilonia se reunían comerciantes de todas las naciones. En sus escuelas


se enseñaba la ciencia acumulada desde los tiempos de los sumerios, tres mil
años atrás. Muchos griegos acudieron a estudiarla, y así fue como la cultura
griega asimiló la ciencia babilónica. Fueron los griegos los que llevaron a
occidente el sistema sexagesimal babilónico, en virtud del cual la
circunferencia tiene 360 grados, una hora tiene 60 minutos, etc. Pero la
ciencia por excelencia en Babilonia era la astronomía, y así la palabra
"caldeo" pasó a ser sinónimo de "astrónomo" y, más adelante, de "adivino".
Los astrónomos caldeos elaboraron un calendario lunar, formado por meses
lunares de 28 días. Para mantener la coherencia con el año solar establecieron
ciclos en los que algunos años tenían 12 meses y otros 13. Los griegos
adoptaron este calendario.

Mientras tanto Egipto disfrutaba todavía de una prosperidad amenazada por


Babilonia. Según Heródoto, Necao I quiso descubrir si podía pasarse del mar
Mediterráneo al mar Rojo bordeando África, para lo cual organizó una
expedición integrada por marinos fenicios para que lo comprobaran. Heródoto
cuenta que la expedición logró su propósito en un viaje de tres años. Él no da
crédito a la historia, pero la razón por la que no la cree es, de hecho, un buen
motivo para aceptar que es cierta. Al parecer, los marineros afirmaron a su
regreso algo que para Heródoto era sin duda una burda mentira: durante una
buena parte del viaje, el sol del mediodía estuvo al norte, en lugar de al sur
(como ciertamente sucede en el hemisferio sur).

Entre los griegos que estudiaron en Babilonia se encontraba Tales de


Mileto. Bajo la tiranía de Trasíbulo, Mileto había alcanzado un alto nivel de
vida basado fundamentalmente en el comercio y la industria textil. La ciudad
había fundado unas ochenta colonias, incluyendo la ciudad de Naucratis en
Egipto, y muchas otras en la costa del mar Negro, por aquel entonces
salpicada toda ella de colonias griegas. Esta prosperidad la convirtió también
en un gran centro artístico y cultural. Tales había nacido sobre 625, hijo de un
mercader acomodado. Tenía fama de meditabundo y despistado. Decían que
de joven se había caído en un pozo mientras caminaba distraído,
convirtiéndose en objeto de burla de sus conciudadanos. Estudió en Babilonia
y en Egipto, donde aprendió geometría y calculó la altura de las pirámides,
que nadie conocía a ciencia cierta. Para ello se basó, naturalmente, en el
llamado teorema de Tales, midiendo la sombra y comparándola con la de un
palo. Se cuenta que a su regreso a Mileto logró predecir una buena cosecha de
aceitunas, por lo que el invierno anterior se las arregló para comprar a bajo
precio todas las almazaras de la ciudad. Cuando su predicción se confirmó
obtuvo grandes beneficios al monopolizar la producción de aceite. Tales fue
un gran observador. Fue el primero en estudiar cómo el ámbar atrae pequeños
objetos tras ser frotado, así como una piedra negra que obtuvo en la ciudad
cercana de Magnesia, que tenía la propiedad de atraer el hierro. Se trata de los
primeros estudios sobre electricidad (ámbar en griego se dice elektron) y
magnetismo. Afirmó que el Universo se rige por leyes inmutables que nada
tienen que ver con dioses o demonios, sino que pueden ser conocidos
mediante la razón. Su línea de pensamiento fue el primer precedente del
razonamiento y el método científico moderno.

Hacía ya varias décadas que los


griegos habían entablado
relaciones comerciales con los
escitas que habitaban en la costa
norte del mar Negro. Es posible
que la península de Crimea deba
su nombre a los cimerios, que
entonces la ocupaban junto con
otras tribus escitas. Los griegos la
llamaban Quersoneso
Táurico, pues en ella habitaban
también los Tauros, que tal vez estuvieran allí antes de la llegada de los
escitas. Los primeros griegos en establecerse en esa zona habían sido los
milesios, en Panticapea, en la orilla del Bósforo Cimerio, el estrecho que
comunica con el lago Meotis (el actual mar de Azov), y por esta época
fundaron Teodosia, que fue un centro exportador de trigo durante los siglos
siguientes. Poco después, unos exiliados de la Heraclea Póntica(colonia
fundada recientemente por los mesenios) crearon una nueva colonia a la que
llamaron simplemente Quersoneso.

Durante la primera mitad del siglo, una nueva religión surgió en el actual Irán,
al sur del mar de Aral, más allá de las fronteras del Imperio Medo. Un
sacerdote llamado Zaratustra, también conocido por la versión griega de su
nombre, Zoroastro, afirmó que se le había aparecido Ahura-Mazda, el Señor
de la Sabiduría, quien le había encomendado la misión de predicar la verdad.
Si bien había muchos dioses, Ahura-Mazda era el más grande de todos, y el
único digno de adoración. No sólo representaba la verdad, sino también el
bien. Si en el mundo existe el mal ello es debido a que existe otro dios tan
poderoso como Ahura-Mazda, pero que personifica al mal y a la mentira. Su
nombre es Ahrimán, en perpetua lucha con Ahura-Mazda. Este conflicto
entre ambos dioses divide a todo el Universo. Los hombres buenos son
servidores de Ahura-Mazda, mientras que los malos están poseídos por
Ahrimán. Zaratustra tuvo muchos seguidores y propagó su religión, conocida
como Mazdeísmo o Zoroastrismo, por todo el territorio medo, reformando el
culto preexistente. Los sacerdotes medos, que paulatinamente fueron
adoptando el Mazdeísmo, eran llamados magos. Con el tiempo esta palabra se
extendió para referirse a cualquier poseedor de poderes sobrenaturales,
equiparándose a "caldeo".

En 600 la ciudad de Sición, situada al noroeste de Corinto, fue gobernada por


el tirano Clístenes. Mientras tanto, el rey lidio Aliates había acabado
definitivamente con los cimerios. La actitud de Lidia hacia las ciudades
griegas de Asia Menor no era tan amistosa como la de los frigios, pero sus
luchas contra los cimerios favorecieron a los griegos. Tales advirtió de la
amenaza que suponía Aliates y propuso una alianza de todas las ciudades
jonias, pero no fue escuchado y, una a una, todas las colonias griegas de Asia
Menor fueron cayendo bajo el dominio Lidio, a excepción de Mileto. Ahora el
reino de Lidia se extendía sobre toda la mitad occidental de Anatolia. El
río Halis marcaba al este la frontera con el Imperio Medo. La capital lidia fue
instalada en Sardes, a unos 80 kilómetros del mar Egeo. Era la primera vez
que unas ciudades griegas quedaban bajo dominio "bárbaro". No obstante el
yugo lidio fue ligero. Con el tributo que le rendían las ciudades griegas, Lidia
se enriqueció notablemente.

Mientras tanto, colonos griegos procedentes de la ciudad jonia


de Focea fundaron la ciudad de Marsella. El comercio griego se había ido
extendiendo por la actual Francia a través del Ródano, con lo que la cultura
celta empezó a mostrar influencias griegas, al igual que etruscas. Estas
relaciones no siempre fueron amistosas. Por esta época empezaron a
producirse incursiones celtas por el norte de Italia, causando estragos en
muchas ciudades etruscas. Los griegos de Cumas fundaron otra ciudad un
poco más al sur, también en la costa occidental. La llamaron "ciudad nueva",
o sea, Neápolis o Nápoles. Así los griegos reafirmaron su posición en la
Campania, por lo demás controlada enteramente por los etruscos.

Esparta estaba relativamente en paz. En el Peloponeso dominaba a Mesenia, y


su mayor enemiga, Argos, no se atrevía a provocarla. Sólo quedaba la región
conocida como Arcadia, cuyas ciudades principales eran Tegea y Mantinea,
que luchaban entre sí con frecuencia, y alguna vez tuvieron también conflictos
aislados con Esparta, pero ésta no quiso involucrarse seriamente en una guerra
que pudiera prolongarse como las guerras mesenias.

En 598 Nabucodonosor II, ante la negativa de Judá de rendirle tributo, asedió


Jerusalén. En el curso del asedio murió el rey Joaquim y fue sustituido por su
hijo adolescente Joaquín. A los tres meses de su reinado Jerusalén cayó.
Nabucodonosor II se llevó exiliados a Babilonia a Joaquín y a mil hombres de
la clase dirigente. No obstante respetó la ciudad y consintió que Sedecías, tío
de Joaquín y tercer hijo de Josías, ocupara el trono.

En 597 Chuang, señor del principado de Chu, derrotó al principado de Jin y se


puso a la cabeza de la confederación china. Poco después el estado de Wu
invadió a Chu con la ayuda de Jin.

En 595 murió el faraón Necao I, y fue sucedido por su hijo Psamético


II, quien dirigió una campaña militar contra Nubia, como prevención contra
un posible intento de recuperar el dominio de Egipto que había tenido poco
antes. No obstante Psamético II no trató de mantener un dominio permanente
sobre Nubia, pues Egipto no era entonces lo suficientemente fuerte para
lograrlo. Se limitó a reforzar la isla de Elefantina, junto a la primera catarata
del Nilo, que se convirtió así en el límite meridional de Egipto.

Mientras tanto las tensiones políticas en Atenas iban en aumento. La guerra


contra Megara duraba ya casi cuarenta años. Los nobles contemplaban con
inquietud cómo el tirano Periandro estaba destruyendo a las casas nobiliarias
de Corinto, así que pensaron que convenía hacer algunas concesiones.
En 594 se nombró arconte a Solón, con el encargo de revisar las leyes. Se
trataba de un noble, perteneciente a la antigua familia real, que se había
enriquecido con el comercio, pero contaba con una fama de inteligencia y
honradez con la que se había ganado la confianza del pueblo. Dicha confianza
resultó estar bien justificada, pues probablemente las reformas de Solón
fueron mucho más lejos de lo que la nobleza hubiera deseado.

Abolió todas las deudas, para que el pueblo pudiera empezar de nuevo. Acabó
con la práctica de esclavizar a la gente por deudas y liberó a los que ya habían
sido esclavizados. Los atenienses esclavizados que habían sido llevados fuera
de Atenas fueron liberados a costa del tesoro público. Instituyó tribunales
integrados por gente del pueblo a los que los ciudadanos podían apelar en
lugar de al Areópago. Pero la mayor revolución de Solón fue la de dividir a la
población según el censo. Los ciudadanos se dividían en cuatro clases
atendiendo exclusivamente a los impuestos que pagaban (no a sus títulos
nobiliarios). Instituyó una asamblea, constituida por ciudadanos de las cuatro
clases, con la potestad de elegir a los arcontes y a los miembros del Areópago,
si bien los arcontes sólo podían elegirse entre las dos primeras clases, y los
miembros del Areópago entre los de la primera exclusivamente. Así apareció
la primera democracia de la historia, es decir, la primera ciudad organizada
(no una tribu rudimentaria) en la que el pueblo elegía y controlaba
sistemáticamente a sus gobernantes.

Solón debió de tener unas inmensas dotes diplomáticas para llevar adelante su
proyecto. Para conservarlo, consideró como delito permanecer neutral ante
una revuelta. A diferencia de otros legisladores, jamás pretendió que sus leyes
hubieran sido dictadas por los dioses. Aceptó cuantas críticas se le hicieron.
Cuando le preguntaron si consideraba a sus leyes las mejores en sentido
absoluto, respondió que no, que sólo eran las mejores en sentido ateniense.
En 590, la ciudad de Crisa, cercana a Delfos, trató de apoderarse del oráculo,
lo que originó la Primera Guerra Sacra, en la que las ciudades vecinas se
unieron para defender a Delfos.

Ese mismo año, el principado chino de Lu inauguró el primer sistema de


reclutamiento, que no tardó en ser imitado por los principados más poderosos.
Hasta entonces la guerra había sido patrimonio de los nobles, mientras que
ahora la infantería formada por campesinos quitó importancia a los carros de
guerra. Esto destruyó los planteamientos heroicos de la nobleza y el prestigio
ritual cedió terreno frente al poder real. La organización social sufrió muchos
trastornos.

En 589 un tirano se hizo con el gobierno de Mitilene, la principal ciudad de la


isla de Lesbos. Se trataba de Pítaco, quien tiempo atrás había participado en
una rebelión contra un mal gobernante, pero se negó a asumir el poder, hasta
que le convencieron de que la única forma de garantizar que la ciudad tuviera
un buen gobierno era que él mismo aceptase la tiranía. Bajo su mandato la isla
floreció. Es la época de Safo, la primera poetisa conocida en la historia, cuya
obra no se conserva, pero los griegos la equiparaban a Homero. Los atenienses
habían establecido un puesto en Sigeo, cerca de donde había estado Troya, en
la parte asiática del Helesponto. El territorio era lesbio, y Pítaco envió una
expedición que expulsó a los atenienses de la zona.

El mismo año murió Psamético II y su hijo Haibria ocupó el trono de Egipto.


El nuevo rey continuó la antigua política egipcia de fomentar disturbios en el
Oriente Próximo como medida de seguridad. Haibria consiguió convencer a
Judá, Moab, Amón y Tiro para que se resistieran contra Nabucodonosor II,
prometiendo ayuda militar si fuera preciso. Judá y Tiro dejaron de pagar
tributo a Babilonia, lo que atrajo inmediatamente a Nabucodonosor II con su
ejército. Sin embargo, los presuntos aliados, incluido Egipto, dejaron en la
estacada a los rebeldes. El rey caldeo fue drástico. Saqueó Jerusalén y
destruyó el templo hasta los cimientos. El rey Sedecías fue capturado mientras
huía. Una cantidad ingente de judíos fue deportado a Babilonia y el gobierno
de la región quedó a cargo de Godolías, perteneciente a la nobleza Judía, pero
que no pertenecía a la familia real ni tuvo el título de rey, sino el de
gobernador de una provincia caldea. El reino de Judá había desaparecido. Tres
meses después Godolías fue asesinado. Los judíos comprendieron que
Nabucodonosor II vería eso como un intento de rebelión, por lo que muchos
de ellos emigraron a Egipto (llevándose a Jeremías contra su voluntad).

A continuación Nabucodonosor II se volvió contra Tiro, entonces gobernada


por el rey Etbaal III. En 587 asedió la ciudad, pero ésta resultaba más fácil de
defender que Jerusalén, pues los caldeos no disponían de una flota con la que
impedir que barcos fenicios abastecieran la ciudad. Este enfrentamiento
permitió al faraón Haibria reforzar su territorio. Creó una flota integrada por
marinos griegos y ocupó la isla de Chipre.

En 586 murió Periandro, el tirano de Corinto. Fue sustituido por un sobrino


que fue derrocado a los pocos meses, tras lo cual la nobleza recuperó el
dominio de la ciudad.

Poco después se produjo un enfrentamiento que hacía ya tiempo que se estaba


haciendo esperar: el reino lidio y el Imperio Medo trataron de extender sus
dominios uno a costa del otro con el fin de dominar toda el Asia Menor. Se
enfrentaron el 28 de mayo de 585. Es el primer hecho histórico del que
conocemos la fecha exacta, y ello se debe a que ese día hubo un eclipse de sol.
Los ejércitos quedaron tan aterrorizados que los reyes Aliates y Ciaxares
firmaron inmediatamente la paz, cada cual volvió a su patria y la frontera
natural marcada por el río Halis nunca más volvió a ser cuestionada. Por
cierto, Tales de Mileto se hizo famoso entre sus conciudadanos porque predijo
el eclipse (aunque casi lo acusan de brujería). Poco después, en 584 murió
Ciaxares y el Imperio Medo quedó en manos de su hijo Astiages.No se sabe
nada de él, lo que significa que no libró ninguna batalla, sino que gobernó
pacíficamente su imperio.

En 582 terminó la Primera Guerra Sacra. El ejército del tirano Clístenes logró
derrotar a Crisa, la ciudad que se había apoderado de Delfos. La ciudad fue
arrasada y se promulgó una maldición contra quien osara reconstruirla. Para
conmemorar la victoria, Clístenes instituyó los Juegos Píticos, que se
celebraban en Delfos cada cuatro años, en medio de cada Olimpiada. Mientras
el ganador de los Juegos Olímpicos recibía una guirnalda de hojas de olivo, el
premio en los Juegos Píticos era una guirnalda de hojas de laurel, pues el
laurel, al igual que el oráculo de Delfos, estaba consagrado a Apolo. Desde
entonces el laurel es símbolo de la gloria.

En 579 Pítaco renunció a la tiranía en Mitilene a los setenta años de edad. Fue
recordado por los griegos como un gobernante ejemplar.
En 578 el rey de Roma Lucio Tarquinio Prisco fue asesinado por hombres
pagados por los hijos del rey anterior, Anco Marcio (descontentos por no
haber heredado el trono). Sin embargo, un yerno de Lucio Tarquinio
reaccionó rápidamente y tomó el poder. El sexto rey de Roma fue Servio
Tulio. También era etrusco, y tal vez la historia del asesinato de Tarquinio
esconde un intento de rebelión de Roma contra la dominación etrusca. Sin
embargo, lo cierto es que el nuevo rey no favoreció en absoluto a los intereses
etruscos. Al contrario, formó una nueva Liga Latina por la que Roma se puso
a la cabeza de las demás ciudades del Lacio. La ciudad se extendió sobre dos
colinas más, el Esquilino y el Viminal, y las siete colinas fueron rodeadas por
una muralla (la muralla Serviana) que marcó los límites urbanos durante los
quinientos años siguientes.

Entre tanto las ciudades de la India iban prosperando. En el valle del Ganges
surgieron varias repúblicas aristocráticas gobernadas por oligarcas. Una de las
más importantes fue Sakya, cuya capital estaba en Kapilavattu. Contaba con
un parlamento de 500 miembros, dirigido por un presidente elegido
periódicamente. Otras de estas repúblicas se unieron en una confederación
liderada por los Vrji, de la que formaban parte también
los Videha, los Jñatrka, los Licchavi, y otros. La ciudad de Vaisali, capital
de los Licchavi, debió de ser una de las ciudades más ricas de la época.
También se formó el reino de Magadha, con capital en Girivraja. La ciudad
estaba estratégicamente situada en un valle, protegida por murallas de piedra
de 40 kilómetros.
23. El judaísmo (575)

La política de deportaciones iniciada por Asiria y continuada por Babilonia


había logrado destruir muchas identidades nacionales, y todo parecía indicar
que lo mismo sucedería con el nacionalismo judío. Sin embargo no fue así. La
cultura judía sobrevivió en Egipto y en la propia Babilonia. Nabucodonosor II
era un monarca ilustrado. Se limitó a hacer lo que consideró necesario para
que los judíos dejaran de ser una amenaza, pero, una vez instalados en
Babilonia, los trató con total indulgencia. No prohibió ni desalentó en
absoluto el culto a Yahveh. Pese a todo, el exilio debió de ser traumático para
los judíos, pues su creencia de que el Templo de Jerusalén era inviolable se
había desmoronado. Más aún, la última tendencia del yahvismo había sido la
de inculcar que el Templo era el único lugar donde se podía rendir culto a
Yahveh. Los judíos creían que Yahveh sólo tenía poder sobre su territorio, y
que al ser arrancados de él se les había alejado completamente de su dios.
Estas creencias hubieron de ser modificadas rápidamente. No tardaron en
descubrir que, en realidad, Yahveh estaba en todas partes, y que se le podía
rezar y adorar en cualquier lugar del mundo. Disponían de textos escritos con
parte de sus tradiciones, y formaron congregaciones (en griego sinagogas)
para estudiarlos y continuar el culto.

En las sinagogas, la tradición judía sufrió fuertes transformaciones. Muchos


judíos aceptaron con interés los mitos babilónicos, por lo que los sacerdotes
tuvieron que terminar por admitirlos también, debidamente modificados para
que fueran compatibles con el culto a Yahveh. Los judíos conocían desde
mucho antes versiones vagas de los mitos mesopotámicos sobre la creación, el
diluvio, etc., pero ahora descubrieron de primera mano las versiones
originales, que incorporaron a sus creencias de forma mucho más precisa y
fiel, salvo por la criba que eliminó casi toda referencia a dioses extraños. Por
ejemplo, la diosa Tiamat (el caos que Marduk destruyó) se convirtió
en tehom (lo profundo) en la versión hebrea del Génesis, es decir, en la
profundidad sobre la que estaba el espíritu de Dios. (Recordemos también la
"curiosa" semejanza entre la versión bíblica del diluvio y la del poema
de Gilgamesh.) La antigua leyenda sobre la Torre de Babel debió de
impactarles mucho, sobre todo porque pudieron presenciar la construcción de
un magnífico zigurat dedicado a Marduk que había quedado inconcluso
tiempo atrás a causa de las guerras con Asiria, pero que Nabucodonosor II
ordenó terminar. Probablemente, la impresionante visión de un ejército de
sacerdotes subiendo y bajando por la inmensa estructura debió de terminar
deformándose hasta convertirse en un extraño pasaje del Génesis, donde Jacob
ve unos ángeles subiendo y bajando del cielo por una gran escalera. Los mitos
propiamente judíos también se vieron afectados. Probablemente, la patria
original de Abraham había sido Harrán, pero ahora se convirtió en la que el
Génesis llama anacrónicamente "Ur de los caldeos", cuando los caldeos no
aparecieron hasta muchos siglos después de Abraham. Indudablemente, la
cultura caldea impresionó tanto a los judíos que dieron por hecho que su
patriarca tenía que ser de origen caldeo.

También en el exilio los judíos adoptaron la costumbre mesopotámica de


descansar el sábado. Los caldeos dividían el tiempo en periodos de siete días
en correspondencia con los siete cuerpos celestes que conocían (aparte de las
estrellas): El Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.
También los asociaban con dioses, idea que los griegos transmitieron a
Occidente. Por ejemplo, el planeta Venus estaba asociado a Ishtar, diosa de la
belleza y del amor. También éste era el origen y significado de unos
candelabros sagrados de siete brazos que usaban los caldeos y que los judíos
incorporaron a sus objetos de culto. Paulatinamente, los judíos fueron
olvidando su lengua, el hebreo, que fue sustituida por el arameo, la lengua que
los sirios expandieron por Asiria cuando fueron desterrados.

Pero el cambio más significativo que experimentó la religión judía en el exilio


no fue la incorporación de nuevos mitos y tradiciones. Los judíos asumieron
que el exilio era un castigo divino a causa de sus muchos pecados, pero al
mismo tiempo se convencieron de que si cambiaban de actitud y se aferraban
a sus creencias, Dios les perdonaría, les devolvería a su tierra y les enviaría un
descendiente de David para que ocupara de nuevo el trono. Ahora bien, sobre
este punto debieron ser cautos. Nabucodonosor II no puso objeciones a que
mantuvieran su religión, pero nunca hubiera tolerado que esperaran un rey que
le arrebatara parte de su territorio. Por ello esta parte crucial de sus creencias
tuvo que ser expresada de forma más oscura o ambigua. El ritual para ocupar
el trono de Judá exigía que el sacerdote ungiera con un aceite sagrado al
nuevo rey, como signo de la aprobación divina. Así, en lugar de decir que
esperaban a un rey, decían que esperaban a un "ungido", lo que podía pasar
también como un jefe religioso políticamente inocuo. Nos son más conocidas
las versiones hebrea y griega de "ungido", que
son mesías y cristo, respectivamente. Vaticinaron que el profeta Elías (que no
había muerto, sino que había ascendido al cielo en cuerpo y alma) volvería
para ungir al mesías, el cual reconstruiría el reino de Judá. Muchos pasajes de
los textos prebíblicos de que disponían los judíos fueron sacados de contexto
para reinterpretarlos como profecías mesiánicas.

Se formó así lo que podemos considerar realmente como una nueva religión,
el judaísmo, muy diferente de la religión judeo-israelita precedente. A
menudo se considera como padre del judaísmo a Ezequiel,un sacerdote que
fue llevado a Babilonia junto con el rey Joaquín en la primera deportación.
Ezequiel creía en la restauración del reino y describió con detalle una
reconstrucción del Templo, junto con los rituales posteriores a la restauración.
Mientras tanto, en Canaán se estaban produciendo algunos cambios. Un
pueblo árabe, los Nabateos, ocuparon Edom y establecieron su capital
en Petra. Desde allí controlaron varias rutas comerciales, especialmente la del
mar Rojo. A su vez, los edomitas expulsados por los nabateos avanzaron hacia
el norte e invadieron el sur de Judá, que no pudo ofrecer ninguna resistencia, y
allí se establecieron en la región que más adelante los griegos
llamarán Idumea. Otro punto neurálgico de la ruta comercial del mar Rojo era
la región que los antiguos llamaron la Arabia Feliz, donde actualmente está el
Yemen. Allí había varios reinos muy antiguos que habían alcanzado gran
prosperidad y riqueza gracias al comercio. El más famoso era el reino
de Saba, cuyo origen parece remontarse al tercer milenio a. C.

Por otra parte, la política china era cada vez más turbulenta. Las luchas por la
hegemonía ya no sólo se daban entre los distintos estados, sino que
internamente se producían enfrentamientos entre los nobles, y esto fue
debilitándolos a todos.

En 574 hacía ya trece años que Nabucodonosor II mantenía infructuosamente


el sitio de Tiro. Finalmente, la ciudad decidió negociar la paz. El rey caldeo
estaba también deseando terminar su campaña, así que los términos de la
rendición fueron suaves. Tiro no iba a ser ocupada ni saqueada, conservaría su
autonomía, el rey Etbaal III renunciaría al trono, pero sería sucedido por su
hijo Baal I, quien juraría fidelidad a los caldeos. Aunque Tiro había, pues,
quedado indemne, lo cierto es que el asedio la debilitó tanto que perdió el
control de sus colonias. A partir de este momento fue Cartago quien reguló la
política exterior fenicia, si bien siguió existiendo un vínculo emocional hacia
la metrópolis. El Mediterráneo occidental se fue repartiendo gradualmente
entre cartagineses, etruscos y griegos.

En 572, Solón, que había conservado su cargo de arconte en Atenas durante


22 años, renunció a él. Le propusieron conservarlo de por vida, pero tenía ya
sesenta y cinco años y no quiso aceptar. "Ya es hora", dijo, "de que me ponga
a estudiar algo". Tras conseguir la promesa de sus conciudadanos de que
conservarían su sistema de leyes durante al menos diez años, partió hacia
oriente.

Pero la guerra contra Megara continuaba. Se había atenuado con la muerte de


Teágenes, pero continuaba. Ahora el punto más conflictivo era la isla
de Salamina, situada cerca de la costa, frente a la frontera entre el Ática y
Megara. Los atenienses citaban unos versos de la Ilíada (que los Megarenses
consideraban espurios) para argüír que Salamina pertenecía al Ática. Los
intentos atenienses de ocuparla habían fracasado, hasta el punto de que la
daban ya por perdida, pero en 570 era polemarca (arconte encargado de la
guerra) un primo de Solón llamado Pisístrato, quien se las arregló para tomar
la isla. Megara se rindió y así termino la guerra. Por aquel entonces la ciudad
se había dividido en tres partidos: el de la llanura, encabezado
por Milcíades, reunía a la antigua aristocracia que esperaba recuperar su
antiguo poder; el de la costa reunía a los mercaderes y armadores y, en
general, a la burguesía, que aceptaba el sistema democrático de Solón y estaba
dirigido por uno de los Alcmeónidas. Solón les había permitido regresar, pero
los nobles no los admitieron entre ellos, por lo que se hicieron demócratas.
Finalmente, el partido de la montaña estaba integrado por el proletariado
urbano y campesino, deseoso de más reformas, al frente del cual se puso el
propio Pisístrato, quien sin duda albergaba ambiciones de poder y comprendió
que la mejor manera de conseguirlo era ganarse la confianza de los menos
favorecidos.

Mientras tanto, el faraón Haibria se encontró con un problema en el oeste. La


colonia griega de Cirene se había extendido a costa de las tribus libias vecinas,
y éstas pidieron ayuda a Egipto. Haibria no podía permitirse tener a unos
bárbaros descontentos al oeste si Nabucodonosor II le atacaba por el este, así
que decidió enviar un ejército contra Cirene. Ahora bien, el grueso del ejército
egipcio estaba formado por mercenarios griegos, y no era prudente enviar
griegos a luchar contra griegos, pues podían cambiar de bando. Así que envió
un ejército formado por nativos. Dicho ejército consideró que el faraón
favorecía a los griegos frente a los egipcios, pues les asignaba los puestos de
mando y, en cambio, les enviaba a ellos a enfrentarse a un ejército griego,
contra el que tenían pocas posibilidades de victoria. Así pues, los soldados
nativos se rebelaron y Haibria tuvo que enviar a Ahmés, un oficial nativo que
gozaba de gran popularidad entre las tropas, para que dialogara con los
amotinados. Sin embargo, Ahmés era demasiado popular entre las tropas, que
le propusieron convertirse en su nuevo faraón. Ahmés aceptó y dirigió a sus
hombres contra Haibria, derrotó al ejército griego que éste envió contra él,
ejecutó al antiguo rey y ocupó el trono como Ahmés II. Pronto se casó con
una hija de Psamético II (hermana o hermanastra de Haibria), con lo que
oficialmente se le consideró integrante de la XXVI dinastía.

Tras zanjar el conflicto con Tiro, cabría esperar que Nabucodonosor II se


ocupara de Egipto, pero estaba ya cansado y decidió no emprender una nueva
campaña. Pese a ello, el nuevo faraón continuó preparando el país para un
posible choque con el Imperio Caldeo. Incrementó los efectivos griegos en su
ejército, permitió que la colonia de Naucratis se convirtiera en una gran
ciudad, y firmó numerosas alianzas con los griegos.

En 562 murió Nabucodonosor II y fue sucedido por su hijo Amel-


Marduk. La Biblia lo menciona porque, al parecer, liberó de la prisión al
derrocado rey Joaquín.

En 561 Pisístrato se presentó ante los atenienses mostrando una herida.


Afirmó que se la habían causado los "enemigos del pueblo", que querían
asesinarlo, y solicitó permiso para contratar una guardia personal, de 50
hombres, algo prohibido por las leyes de Solón. Los atenienses, vacilantes,
llamarón a Solón, quien, al parecer, les dijo:

Escuchadme bien, atenienses: yo soy más sabio que muchos de vosotros, y


más valeroso que muchos otros. Soy más sabio que los que no ven la malicia
de este hombre y sus fines ocultos; y más valeroso que los que, aun viéndola,
fingen no verla por evitarse problemas y vivir en paz.
Pero Pisístrato tenía a su favor al partido de la montaña y Solón tenía en su
contra al de la llanura, por lo que no le hicieron caso. Dicen que al darse
cuenta añadió:
Siempre sois iguales: cada uno de vosotros, individualmente, obra con la
astucia de una zorra, pero colectivamente sois una bandada de gansos.
La petición de Pisístrato fue aceptada, pero en vez de 50 hombres contrató
400, tomó la Acrópolis y se convirtió en tirano de Atenas. Su posición era
débil, por lo que se apresuró a ganarse la confianza de sus ciudadanos. Hizo
editar las obras de Homero en la forma en que actualmente las conocemos,
instituyó unas fiestas en honor del dios Dionisio, en las que se cantaban unas
"canciones de machos cabríos" en alabanza al dios. En griego se
llamaban tragedias. Al principio eran cantos a coro alegres y bulliciosos, pero
más tarde los poetas empezaron a escribir versos serios para la fiesta. En un
momento dado, un poeta llamado Tespis tuvo la ocurrencia de hacer callar al
coro de tanto en tanto y dejar que un actor solista relatara e interpretara una
historia tomada de los viejos mitos. Fue el primer paso de una compleja
evolución que experimentaría el género en los siglos siguientes.

Pisístrato construyó templos en la acrópolis e inició el proceso de


embellecimiento de Atenas que terminaría convirtiéndola en la gran capital
que llegó a ser. Instituyó los Juegos Panhelénicos, que reunían en Atenas no
sólo a los atletas, sino a los políticos más importantes de Grecia. En cuanto a
la política exterior consiguió que Atenas dispusiera de colonias en lugares
estratégicos. Se preocupó especialmente de proteger las rutas comerciales con
el mar negro. Reconquistó el puesto de Sigeo en el lado asiático del
Helesponto, que Pítaco le había arrebatado a Atenas tiempo antes.

En 560 murió Solón, y también fue asesinado el rey caldeo Amel-Marduk en


una intriga palaciega. El trono pasó a su cuñado Neriglisar. También murió el
rey lidio Aliates, y fue sucedido por su hijo Creso.Al contrario que su padre,
Creso admiraba la cultura griega, consultaba los oráculos griegos,
especialmente el de Delfos, al que enviaba regalos mucho más valiosos que
los que podía enviar cualquier ciudad griega. Por ello Creso adquirió la fama
de ser extraordinariamente rico.

En Esparta fue elegido éforo Quilón, quien reprobó la tolerancia que Esparta
estaba teniendo con las ciudades de Arcadia y reclamó una política fuerte. Los
espartanos no tuvieron dificultad en derrotar a los arcadios, que se apresuraron
a someterse. A la ciudad de Tegea se le permitió conservar su independencia,
y desde entonces fue la ciudad más leal a Esparta de todo el Peloponeso, que
ahora estaba dominado por Esparta casi en su totalidad (salvo la Argólida).

Mientras tanto, un nuevo gobernante apareció en la región de Anshan. Esta


región se encontraba al norte de lo que había sido Elam, y estaba poblada por
medos que fueron incorporados al Imperio por Ciaxares, si bien conservaron
gobernadores locales. El nuevo príncipe se llamaba Ciro II, y hacía remontar
su rango a un antepasado llamado Aquemenes, que había gobernado siglo y
medio antes, por lo que su dinastía es conocida como aqueménida. Anshan
formaba parte de una región más amplia llamada Fars por los nativos, pero
que nosotros conocemos por la versión griega de su
nombre: Persia. En 559Ciro II declaró a Anshan independiente de Media.
Astiages envió un ejército que fue fácilmente derrotado por Ciro. En el lugar
de la victoria mandó construir la ciudad de Pasargadas (fortaleza de Persia),
que se convirtió en su nueva capital.

En 556 el tirano ateniense Pisístrato organizó una expedición para ayudar a los
nativos del Quersoneso Tracio (la actual península de Gallípoli, en el lado
europeo del Helesponto). Como jefe de la expedición eligió a Milcíades, el
cabecilla del partido de la llanura, su principal rival político. (Tal vez fue una
forma de librarse de él.) La expedición fue un éxito y Milcíades acabó siendo
tirano de toda la península. Ahora Atenas controlaba los dos lados del
Helesponto.

Ese mismo año murió el rey caldeo Neriglisar. Su hijo fue rápidamente
destronado y diversos partidos se disputaron el trono. Al parecer nadie en el
partido vencedor quiso asumir el riesgo de convertirse en rey, por lo que
asignaron el trono a un personaje que juzgaron fácil de manipular. El nuevo
rey fue Nabónido, quien no demostró ningún interés por la política. En su
lugar, se dedicó a estudiar reliquias antiguas. Desenterró y restauró antiguas
tablillas cuneiformes, desatendió Babilonia y, en cambio, se interesó por
ciudades más antiguas, como Ur y Larsa. Para colmo, Nabónido no había
nacido en Babilonia, sino que era natural de Harrán (actualmente bajo
dominio medo), hijo de una sacerdotisa de Sin, dios de la Luna, por lo que
también desatendió a Marduk y, en cambio, se interesó por Sin y las ciudades
que lo veneraban. Es evidente que todo esto causó un gran descontento en la
corte. En todo lo tocante a la política delegó en su hijo Baltasar. Un rey títere
era lo menos conveniente para Babilonia cuando Ciro II estaba expandiendo
sus dominios. Nabónido creyó que Media y Persia se enzarzarían en una larga
guerra civil y así dejarían tranquilo a su Imperio. Incluso estimuló a Ciro II a
atacar a Astiages, y aprovechó los problemas de éste para arrebatarle Harrán
en 553. Sin embargo, el conflicto entre Media y Persia no fue largo. Ciro II
usó más de la diplomacia que de la fuerza y consiguió en poco tiempo tener de
su parte a casi todo el Imperio Medo. Finalmente, en 550 marchó sobre la
capital meda, Ecbatana, la tomó y la convirtió en la capital de su nuevo
imperio, conocido como Imperio Persa.

Por estas fechas la ciudad jonia de Focea inició la colonización de Córcega y


Cerdeña, con lo que pronto entraría en conflicto con los intereses etruscos.
24. El Imperio Persa (550)

En 548 murió Tales de Mileto. Se había ganado el calificativo de "sabio".


Cuando le preguntaron cuál era la empresa más difícil para un hombre
dijo "conocerse a sí mismo". A la pregunta de qué es la justicia respondió
que "es no hacer a los demás lo que no queremos que sea hecho con
nosotros". Dejó un discípulo, Anaximandro, que fue el primero en trazar un
mapa del mundo conocido, y también realizó descubrimientos notables en
matemáticas y astronomía, el cual tuvo como discípulo a Anaxímenes. Fueron
los principales representantes de la escuela de Mileto.

Entre tanto, el rápido ascenso del rey persa Ciro II no pareció preocupar
mucho a sus vecinos. El rey lidio Creso pensó que tantas agitaciones en el este
podían marcar un momento propicio para extender sus dominios, así que
decidió rebasar con un ejército el río Halis, que desde hacía tiempo constituía
la frontera natural entre Lidia y el Imperio Medo. Se dice que antes de
acometer tal empresa consultó al oráculo de Delfos sobre su conveniencia, y
la respuesta fue: "Si Creso cruza el Halis, destruirá un gran imperio". Creso
no preguntó qué imperio sería destruido, sino que inició el ataque en 547 y no
tardó en lograr la completa destrucción de su propio imperio. En efecto, las
tropas de Ciro II rechazaron fácilmente a los invasores. Cuentan que los
caballos lidios se sintieron desconcertados por el olor de los camellos persas,
lo que produjo una confusión en la batalla que Ciro II supo aprovechar muy
bien. Los lidios fueron perseguidos más allá del Halis, y en 546 Ciro II se
había adueñado de Sardes, la capital lidia.

Mientras sucedía todo esto, el rey caldeo Nabónido permanecía ocupado en


una expedición arqueológica en las regiones desérticas del sudoeste. Cuando
resultó evidente que el siguiente paso de Ciro II sería anexionarse el Imperio
Caldeo, Nabónido entabló una alianza con Egipto, que no le reportó ningún
beneficio real y, al contrario, le sirvió de excusa al rey persa para atacar a
Caldea.

Las ciudades griegas de la costa de Asia Menor, esto es, las ciudades jónicas
que hasta entonces habían estado bajo el dominio lidio, temieron que, en
cuanto Ciro II terminara con los caldeos, terminaría de consolidar su victoria
sobre Creso y las anexionaría a su imperio. Bías de Priene sugirió que todos
los griegos de la zona embarcaran hacia el oeste, pero nadie le hizo caso. Por
aquella época el poder griego en el Mediterráneo occidental iba en aumento.
Acababan de establecer colonias en Córcega y Cerdeña, además de las que ya
tenían en Sicilia. Esto preocupó tanto a los etruscos como a los cartagineses,
que temían que los griegos pudieran llegar a monopolizar el comercio
marítimo en la zona. No tardó en declararse la guerra. En 540 la flota etrusco-
cartaginesa derrotó a la griega frente a la colonia griega de Alalia, en
Córcega, que (según los vencedores) se había convertido en una base de
piratas. El resultado fue que los etruscos se quedaron con toda Córcega,
mientras que los cartagineses tomaron Cerdeña. Los griegos mantuvieron a
duras penas algunas colonias en Sicilia, en constante conflicto con las colonias
cartaginesas de la isla. Con la batalla de Alalia terminó prácticamente el
periodo de colonización griega.

Mientras tanto el rey Bimbisara ocupó el trono de Magadha, que bajo su


reinado se convirtió en el imperio más importante de la India. Se anexionó el
reino de Anga, en el este, cuya capital, Campa, tenía un puerto en el que se
reunían los barcos que navegaban por el Ganges y los que recorrían el sur de
la India. El nuevo rey se esforzó por reorganizar el país. Despidió a los
funcionarios incapaces, realizó viajes de inspección, controló la construcción
de carreteras y otras obras públicas. Construyó la ciudad de Rajagrha y la
convirtió en la nueva capital del reino.

En 539 Ciro II llegó a las puertas de Babilonia. Nabónido confió la defensa de


la ciudad a su hijo Baltasar, pero no hubo ninguna defensa. Nuevamente, Ciro
II usó más de la diplomacia que de la fuerza. Consciente del descontento que
el rey caldeo se había ganado entre la nobleza y el clero, consiguió fácilmente
una rebelión interna y la rendición de la ciudad.

Entre los partidarios más incondicionales que Ciro II se encontró en Babilonia


estaban los judíos exiliados. En los últimos años había surgido entre ellos un
nuevo ideólogo. Su nombre nos es desconocido, pues sus escritos fueron
posteriormente atribuidos al profeta Isaías, que había vivido dos siglos antes
(sin duda para darles mayor autoridad). En efecto, los primeros capítulos del
libro bíblico de Isaías se refieren a la época de Senaquerib, mientras que a
partir del capítulo XL mencionan a Ciro. Por ello este autor anónimo es
conocido como "el segundo Isaías". Desde el punto de vista religioso, el
pensamiento del segundo Isaías supuso una revolución sin más precedente en
la historia que el del faraón Akenatón. Hasta entonces, Yahveh era el único
Dios al que podían adorar los judíos, pues Yahveh se enojaba si adoraban a
otros dioses. El segundo Isaías afirmó que Yahveh no era sólo el dios de los
judíos, sino que era el único dios verdadero. Todo lo demás eran ídolos, trozos
de piedra, de metal o de madera sin ningún poder a los que resultaba estúpido
adorar (además de herético, naturalmente). Sin duda, esta postura surgió como
una defensa frente a la gran influencia que debía de ejercer sobre los judíos la
religión babilónica: la mejor manera de rebatir la evidencia de que Marduk era
mucho más poderoso que Yahveh era negar la existencia de Marduk. Si el
Templo había sido destruido y los judíos habían sido sometidos a los caldeos,
ello no se debía a que Marduk ayudaba más eficientemente a los caldeos que
Yahveh a los judíos, sino únicamente a que Yahveh había usado a los caldeos
como instrumento para castigar los pecados de los judíos, pero ahora que se
habían arrepentido Yahveh les devolvería su reino a través del mesías. Para el
segundo Isaías, este ungido o mesías no era sino Ciro II. El que el propio Ciro
no estuviera al corriente de este hecho carecía de importancia:

Esto dice el Señor a mi ungido Ciro, a quien he tomado de la mano para


sujetar a su persona las naciones y hacer volver las espadas a los reyes, y
para abrir delante de él las puertas, sin que ninguna pueda resistirle. Yo iré
delante de ti, y humillaré a los grandes de la Tierra, despedazaré las puertas
de bronce y romperé las barras de hierro. Yo te daré a ti los tesoros
escondidos, y las riquezas recónditas, para que sepas que yo soy el Señor, el
Dios de Israel, que te llamo por tu nombre. Por amor de mi siervo Jacob, y de
Israel mi escogido, te llamé por tu nombre, te puse el sobrenombre de Mesías,
y tú no me conociste. Yo el Señor, y no hay otro más que yo, no hay dios fuera
de mí, yo te ceñí la espada, y tú no me has conocido, a fin de que sepan de
oriente a poniente que no hay más dios que yo: Yo el Señor, y no hay otro. (Is.
XLV, 1-6)
En 538 el Imperio Caldeo era ya una parte del Imperio Persa. Ciro debió de
sorprenderse mucho de la devoción que le profesaron los judíos, pero debió de
disimular y aprovecharla, pues al contrario que los asirios, el rey persa adoptó
desde el primer momento la política de tratar bien a los pueblos que
conquistaba, con tacto y diplomacia, tratando de que se sintieran cómodos
dentro de lo posible. Así, Ciro autorizó el regreso de los judíos a su tierra
(aunque no se habló nunca de fundar un reino independiente, por descontado).
Si para los judíos pasó como enviado de Yahveh, en Babilonia asumió las
funciones sacerdotales propias de un rey caldeo, y se presentó como un
humilde servidor de Marduk. Así se ganó el respeto de los sacerdotes, que
mantuvieron a Babilonia leal al Imperio Persa.

Sin embargo, fuera de Caldea estaba ganando terreno la doctrina mazdeísta


fundada por Zaratustra a principios de siglo. Sus discípulos la desarrollaron
notablemente, de modo que es difícil determinar qué parte de ella proviene del
propio Zaratustra. El atractivo principal del mazdeísmo consistía en que
explicaba la presencia del mal en el mundo y prometía una recompensa final
para los hombres de bien. En efecto, la historia del mundo se dividía en cuatro
periodos de tres mil años. El primero correspondía a la creación de los dos
espíritus principales: Ahura-Mazda y Ahrimán, y al conflicto entre ambos. El
segundo correspondía a la creación del mundo material, y concluía con la
aparición del primer hombre, Gayomart. Durante el tercer periodo dioses y
hombres luchan unos a favor del bien y otros del mal. Ahura-Mazda tiene bajo
su mando a seis divinidades, los Amesha Spentas, que a su vez dirigían a otras
muchas (antiguas divinidades indoiranias que se reincorporaron al
mazdeísmo, tras un primer intento de erradicarlas). Similarmente, Ahrimán
dirigía a un ejército de brujas y demonios. Tras la muerte, las almas de los
hombres que han luchado por el bien van al "mejor de los mundos", mientras
que los malos acaban en "la morada del dolor". Aquellos cuyas buenas y
malas acciones se equilibran van a un lugar llamado Hamesta-Kan. Todos
ellos esperan el cuarto periodo, cuando Ahura-Mazda destruirá a Ahrimán, los
muertos resucitarán, llegará el Salvador, Sawsyant, que los juzgará y destruirá
el infierno y a todos los condenados. El mundo será purificado y los justos
vivirán en un Universo donde sólo existirá el Bien.

En cuanto a la lengua, los persas eran un pueblo indoeuropeo, por lo que el


acadio les resultaba una lengua extraña y difícil. Ciro II mostró en todo
momento una gran admiración (tal vez real) por la cultura caldea, pero
fomentó el uso del arameo frente al acadio, pues si bien ambas lenguas eran
semíticas, al menos el arameo tenía una base alfabética y resultaba más
sencillo. Bajo la dominación persa el uso del acadio se redujo exclusivamente
al ámbito religioso.

Si bien Ciro había autorizado a los judíos a volver del exilio, lo cierto es que
sólo una minoría estuvo dispuesta a hacerlo. La mayor parte de la población
judía estaba bien instalada en Babilonia y su vida era próspera. No obstante,
hubo varios grupos de judíos que decidieron partir. El primero fue dirigido
por Sebasar, al que cierta tradición consideró hijo del derrocado rey Joaquín,
si bien esto no es sostenible. Ciro II había autorizado también la
reconstrucción del Templo, y al parecer Sebasar presidió el inicio de las obras.
No obstante pronto desaparece de la historia (probablemente murió). Fue
sucedido por Zorobabel, al parecer sobrino de Sebasar y presuntamente nieto
de Joaquín. Junto a él estaba Josué, hijo del sumo sacerdote que oficiaba en
Jerusalén cuando el Templo fue destruido. Así, los judíos se formaron la
imagen más ficticia que real de que se había restituido el status anterior al
exilio: Zorobabel representaba a la casa de David (aunque sin ningún poder
efectivo) y Josué a la familia sacerdotal que se remontaba hasta Sadoc, el
sacerdote del rey Salomón.

En realidad, el retorno del exilio no fue tan idílico como los judíos habían
supuesto. En la antigua Judá habían quedado muchos hombres humildes que
seguían practicando la religión judía en su forma primitiva, completamente
ajena a los muchos cambios que ésta había sufrido en Babilonia. Los recién
llegados no reconocieron como judíos a los nativos y los
llamaron samaritanos, identificándolos con los nuevos pobladores que trajo en
su día Sargón II a Israel cuando deportó a los israelitas. Los samaritanos
ofrecieron su ayuda para reconstruir el Templo, pero no fue aceptada, con lo
que se generaron tensiones y recelos. Terminaron concluyendo que los judíos
habían corrompido la religión incorporando elementos caldeos (lo cual era
cierto), así que judíos y samaritanos se tacharon mutuamente de herejes. Tal
vez sea éste un buen momento para abandonar el nombre de Judá y referirnos
a la región en su nueva situación política como Judea, que es el nombre que
algo después le darían los griegos y más tarde los romanos.
Además estaban Amón, Moab, los antiguos edomitas, ahora idumeos, y los
filisteos, que en la reconstrucción del Templo vieron un resurgir del
imperialismo judío. Naturalmente, toda la región estaba bajo el dominio persa,
por lo que no podían hacer uso de la fuerza, pero sí empezaron a urdirse
intrigas para indisponer a los judíos frente a la autoridad persa. No fue difícil
conseguirlo. Por aquel entonces los judíos tenían dos profetas
destacados: Ageo y Zacarías. Ambos consideraban a Zorobabel como el
Mesías (al parecer, Ciro II no dio la talla, después de todo), así que no debió
de ser difícil convencer a los persas de que los judíos pretendían convertir en
rey a Zorobabel. No conocemos los detalles, pero lo cierto es que Zorobabel
desaparece de la historia y la autorización para construir el Templo fue
revocada (tal vez no por el propio Ciro II, sino por alguno de sus funcionarios
locales). Probablemente Zorobabel fue ejecutado como rebelde, pero los
autores bíblicos no consideraron oportuno mencionarlo.

En 535 la oligarquía dominante en la isla de Samos fue depuesta por un tirano


llamado Polícrates. Hizo construir un centenar de barcos piratas con los que
se adueñó del Egeo. Por otra parte, como era habitual entre los tiranos,
fomentó la cultura y las obras públicas. En especial mandó construir un gran
acueducto. Entabló una alianza con el faraón Ahmés II, una de las muchas que
éste estableció con diversas ciudades griegas para fomentar el comercio y la
defensa de Egipto. Mientras tanto, griegos focenses fundan una nueva colonia
en la costa suroeste de Italia: Elea.

En 534 fue asesinado Servio Tulio, el sexto rey de Roma. Al parecer, la


conjuración fue organizada por Lucio Tarquino, hijo del antiguo rey
Tarquinio Prisco, y esposo de una hija de Servio Tulio. El conspirador se
proclamó rey inmediatamente, y pronto fue conocido como Tarquino el
Soberbio. Los romanos contaban que el séptimo rey gobernó con un
despotismo y una crueldad desconocidos hasta entonces. Decían que nombró
una guardia personal que le garantizó la impunidad necesaria para gobernar
sin más ley que su voluntad.

El trasfondo de estas historias es sin duda que el reinado de Tarquino el


Soberbio fue un periodo en que Roma quedó bajo la dominación etrusca, cosa
que los historiadores romanos nunca hubieran estado dispuestos a admitir
abiertamente. En efecto, aunque parece ser que Servio Tulio era de origen
etrusco, lo cierto es que su política no favoreció en nada los intereses etruscos.
Al contrario, había organizado la Liga Latina, con la que el Lacio estaba en
condiciones de mantener su independencia frente a los etruscos. Sin embargo,
tras la batalla de Alalia, Etruria se había convertido en la mayor potencia de la
zona, y debía de estar en condiciones de influir en Roma y lograr que el poder
acabara en manos de un rey leal a sus intereses. Éste fue Tarquino el Soberbio.
Por ejemplo, los historiadores relataban que el nuevo rey hizo ejecutar a
varios senadores, en lo cual podemos ver una "depuración" del Senado, por la
que se deshizo de los principales oponentes a la dominación etrusca.

Mientras tanto Ciro II continuaba expandiendo su Imperio. Sus generales


tomaron una a una las colonias griegas de Asia Menor que habían estado
anteriormente bajo el dominio lidio. Nuevamente Mileto logró conservar su
independencia, al menos formalmente, como ya había hecho antes con
Lidia. En las crónicas del Imperio Persa aparecen por vez primera pueblos
"nuevos" como los armenios o los partos. Eran pueblos indoeuropeos que
llegaron tras los medos y fueron ocupando distintos territorios. Los partos, por
ejemplo, eran un pueblo ario cuyo nombre es de hecho una variante de
"persa". Otro grupo de arios conservaron su nombre primitivo y la región que
ocuparon recibió el nombre de Aria, que se conserva aún en el actual
"Irán". El propio Ciro II dirigió varias campañas hacia el este,
anexionándose Margiana, Bactriana y la lejana Sogdiana. Así el Imperio
Persa alcanzó una extensión mayor que la que había tenido el Imperio Asirio.
Ciro II murió en una de sus campañas, en 530. Su fama de gobernante justo e
ilustrado le valió el sobrenombre de Ciro el Grande.

Durante la ausencia de Ciro II, su hijo mayor estaba en Babilonia como


regente. Al conocerse la muerte de su padre le sucedió en el trono sin ningún
incidente, con el nombre de Cambises II. Pronto se dirigió al este a completar
los proyectos que su padre había dejado inacabados.
25. Sabios y filósofos (530)

En los últimos años del siglo VI surgieron pensadores notables en los puntos
más distantes del mundo civilizado. Desde los principios del siglo, en la India
habían surgido corrientes divergentes respecto de la religión brahmánicat
oficial. Éstas se interesaron por los aspectos más filosóficos del brahmanismo:
la relación entre el cuerpo y el alma, la reencarnación, etc., relegando a
segundo plano los rituales, a los que a menudo dieron una interpretación
alegórica. Una de estas corrientes fue desarrollada por un grupo de místicos
que se retiraron a los bosques y compilaron una serie de abstrusos tratados
conocidos como los Upanisads (que significa algo así como "sentarse junto al
maestro"). La filosofía de los Upanisads es monista, en el sentido de que
considera a la materia una ilusión y concibe el Universo como una unidad
espiritual, en contraste con la filosofía dualista conocida
como Samkhya, atribuida a Kapila (que tal vez vivió en el siglo precedente),
según la cual existen dos realidades eternas: una es la materia, o mundo de las
apariencias, y la otra la componen un número infinito de almas individuales.
Cada alma es prisionera de su cuerpo, al que se cree ligada, y sólo consigue la
salvación cuando comprende su naturaleza distinta, y asimila que es sólo un
espectador, no un actor, en el mundo, y se libera de los deseos, procedentes
del cuerpo.

Esta corriente Samkhya fue el punto de partida de lo que ya no puede


clasificarse como corriente, sino más bien como herejía respecto al
brahmanismo. Su creador fue Vardhamana, hijo del jefe de un clan, nacido
cerca de Vaisali. Consideró que la única forma en que el alma podía llegar a
comprender su naturaleza independiente del cuerpo, dotada de sabiduría,
poder y bondad ilimitados, y lograr así su liberación, era mediante una vida
rigurosamente ascética. Así lo aplicó a su propia persona y, tras doce años de
severa ascesis, a la edad de cuarenta y dos años, alcanzó el conocimiento
espiritual pleno y se convirtió en Mahavira (el venerable). Durante los treinta
años siguientes recorrió la región enseñando su sistema, que recibió el nombre
de jainismo (dominio de las pasiones). Sus seguidores se organizaban en
comunidades sin un reglamento concreto, que más tarde se dividieron en dos
facciones rivales: los vestidos de blanco y los vestidos de aire, llamados así
porque los primeros iban vestidos y los segundos desnudos. Les estaba
prohibido quitar la vida a todo ser animado, así como la mentira, el hurto, la
sensualidad y todo tipo de atadura terrena. También había laicos que, sin
abandonar el mundo, hacían los mismos votos, pero sustituyendo el celibato
por una vida casta, y la renuncia absoluta por la reducción de sus pertenencias
al mínimo imprescindible. El jainismo no reconoce ningún dios, sino que la fe
se interpreta como el recto conocimiento de la relación entre materia y
pensamiento. Los jainistas no pudieron dedicarse a ninguna actividad como la
agricultura, la pesca, etc., que conlleva la muerte de seres vivos (las plantas
también cuentan) así que se dedicaron a actividades comerciales, y hoy en día
forman una minoría próspera, integrada por banqueros, abogados y
terratenientes.

En 530 empezó a enseñar en China Kongfuzi (el maestro Kong), al que


conocemos como Confucio. Sus enseñanzas versaban sobre todo sobre ética
social. Instruyó a un grupo de discípulos que terminaron ocupando posiciones
destacadas en el gobierno, lo que les dio la oportunidad de poner en práctica
las ideas de su maestro. Para Confucio y sus discípulos, el sabio difunde un
orden que se va extendiendo del individuo al universo entero. El hombre debe
respetar este principio de orden tomando ejemplo de los sabios y los grandes
hombres del pasado. Las virtudes confucianas son el ren, compasión o
simpatía que induce a socorrer a los semejantes, y el yi, la equidad que lleva al
respeto de los bienes ajenos y de la posición social. La sabiduría se consigue
con el estudio, la reflexión y el esfuerzo, y su meta es llegar al ideal de
hombre superior, sereno, virtuoso, sabio y recto, que ha asimilado el principio
del orden universal y puede hacer lo que le place sin transgredirlo.

Confucio atribuye una naturaleza divina al principio de orden universal, pero


por lo demás adopta una postura agnóstica, y no acepta los mitos y rituales
religiosos. En contra de lo que podría pensarse, este agnosticismo racionalista
fue bien recibido por el pueblo. Mientras los judíos podían atribuir sus
vicisitudes a un castigo divino por sus pecados, los chinos cumplían
escrupulosamente con los ritos religiosos, y ello no impedía que de tanto en
tanto se produjeran inundaciones o periodos de sequía, sin que los dioses
parecieran responder a los debidos sacrificios. Así se empezó a dudar de que
realmente los dioses se ocuparan del mundo y que tuviera algún sentido tratar
de relacionarse con ellos. A esto hay que añadir que la religión oficial estaba
en manos de los hechiceros Wu, al servicio del Rey, y por aquel entonces
estaban muy desprestigiados. Se contaban historias de un rey que ordenó a un
Wu que disparara flechas contra muñecos representando a los nobles que no
acudían cuando eran convocados a palacio, o de otro que se sirvió de un Wu
para encontrar posibles conspiradores, con lo que la población estaba tan
atemorizada que apenas se comunicaban por señas. Evidentemente esto son
exageraciones, pero muestran que la religión Wu incomodaba al pueblo.

En realidad el confucianismo fue sólo una de las muchas líneas de


pensamiento que surgieron en China como reacción contra la religión
tradicional. Otra no menos importante fue la iniciada por Lao-Tse, del que se
tiene poca información, pero parece ser que fue historiador y astrólogo en la
corte real. Escribió un libro llamado Tao-Te-King, en el que sentó las bases
del Taoísmo, una religión mística que puede practicarse en solitario. El
taoísmo predica la meditación, la quietud y la inactividad. Su filosofía es "no
hacer nada para alcanzarlo todo", hay que dejar que la naturaleza siga su
curso. El Cielo y la Tierra permanecen porque son la materialización de una
realidad inmutable que crea sin esfuerzo ni objeto. La mayor virtud del sabio
es la contemplación, impregnarse del Tao hasta el punto de identificarse con
él como realidad última impersonal y amoldar la propia existencia a su acción
incesante y silenciosa. Se dice que Confucio había rechazado a Lao-Tse
calificándolo de soñador incomprensible.

Por esta época un jonio llamado Jenófanes dejó su ciudad natal, Colofón, y
decidió emigrar a Sicilia, lejos de los persas. Más tarde pasó a Elea, donde
fundó una escuela de pensamiento conocida como la Escuela Eleática, cuyas
figuras más importantes surgirían en el siglo siguiente. A Jenófanes se le
recuerda principalmente por su idea de que la existencia de conchas marinas
en regiones montañosas es un indicio de que en otros tiempos ciertas regiones
estuvieron sumergidas bajo el mar.

Otro jonio ilustre fue Pitágoras de Samos, que, al igual que otros griegos,
aprovechó la unidad del gran Imperio Persa para viajar por sus confines.
Pitágoras estudió en Babilonia, e incluso llegó a visitar la India. Cuando
volvió a su patria, Samos, la encontró gobernada por el tirano Polícrates,
mientras que él formaba parte de la aristocracia a la que éste había derrocado.
Consideró que la vida en Samos se le hacía insoportable y en 529 se fue a
Crotona, la colonia del sur de Italia, donde había oído que florecía la cultura.

Allí fundó una institución muy peculiar. Podían ingresar tanto hombres como
mujeres, pero tenían que hacer voto de castidad y comprometerse a no tomar
nunca vino, huevos ni habas (nunca se sabrá por qué). Debían vestir sencilla y
decentemente, la risa estaba prohibida, y al final de cada curso los alumnos
debían hacer una autocrítica en público, confesando toda infracción de las
reglas que hubieran cometido. Los alumnos se dividían en externos e internos.
Los últimos eran los que vivían en la propia institución. Sólo éstos podían ver
al maestro, y ello tras cuatro años de iniciación. Hasta entonces les mandaba
las lecciones por escrito, firmadas con authos epha (lo ha dicho él), indicando
que no había lugar a discusión.

Si Tales fue el primer científico, podríamos decir que Pitágoras fue el primer
universitario. Timón de Atenas, que le admiraba intelectualmente, decía que
era solemne hasta la pedantería, que había conseguido importancia a copia de
dársela él mismo. Se llamaba a sí mismo filósofo (amigo del saber), término
que con el tiempo se aplicaría a todos los pensadores griegos. En sus
descubrimientos había poco de original. La mayor parte de ellos eran cosas
que había aprendido en Egipto y Babilonia. Sus enseñanzas versaban sobre los
números, la geometría, la música y la astronomía, siempre desprovistas de
cualquier posible (a la vez que despreciable) aplicación práctica. Parece ser
que Pitágoras fue el primero que afirmó que la Tierra es una esfera que gira
sobre sí misma. A estos hechos realmente prometedores, unía supersticiones
tontas (tal vez tomadas del hinduismo), como que, tras la muerte, el alma
abandona el cuerpo y, tras una estancia en el Hades (el infierno griego),
vuelve a encarnarse en un recién nacido. Él mismo recordaba haber sido en
otra vida una famosa cortesana, y luego un destacado héroe de la guerra de
Troya.

Otra figura destacada en la época fue Heráclito. Había nacido en Éfeso, una
de las ciudades griegas de Asia Menor. Fue más soberbio que Pitágoras y, en
añadidura, un misántropo. Despreciaba prácticamente todo lo que le rodeaba,
incluso llegó a escribir:

La gran cultura sirve de poco. Si bastase para formar genios, lo serían hasta
Hesíodo y Pitágoras. La sabiduría no consiste en aprender muchas cosas,
sino en descubrir aquella sola que las regula todas en todas las ocasiones.
Con esta forma de pensar, Heráclito decidió abandonarlo todo e irse a vivir a
una montaña. Pasó toda su vida meditando. Reunió sus conclusiones en un
libro llamado Sobre la Naturaleza, poco menos que incomprensible, pues al
parecer no quería que los hombres mediocres le entendieran, y con ello se
ganó el apelativo de Heráclito el oscuro. La base de su filosofía consistía en
que la realidad es un continuo cambio: todo fluye, nada permanece. Toda la
realidad es el cambio incesante de un único principio: el fuego. De él surgen
los gases, que luego se condensan en líquidos y de sus residuos al evaporarse
surgen los sólidos. El universo es fuego en distintos estados. No hay dioses.
¿Cómo iba a existir un dios eterno e inmutable, si ya ha quedado claro que
todo es cambiante? A lo único a lo que en cierto sentido podríamos llamar
"dios" es al fuego, pero teniendo bien claro que el fuego no es bueno ni malo,
ni distingue entre el bien y el mal. Llamamos "bien" a lo que nos conviene
llamar "bien", pero nuestro juicio no está avalado por el de ningún dios
antropomorfo. La existencia de algo conlleva necesariamente la posibilidad de
cambiar a su contrario. No puede haber día sin noche, riqueza sin pobreza,
vida sin muerte. El cambio de algo en su contrario es una necesidad
inevitable. El sabio debe comprender la necesidad de que existan los opuestos,
y resignarse ante el dolor, la pobreza o la enfermedad como complementos
necesarios del placer, la riqueza o la salud.

Por esta época había ganado fama Epidauro, una ciudad de la Argólida a la
que acudían todos los enfermos de Grecia. Allí estaba el templo
de Asclepios, dios especializado en curaciones milagrosas. Se han encontrado
muchas lápidas con inscripciones como ésta:

Oh Asclepios, oh deseado, oh invocado dios, ¿cómo podría conducirme


dentro de tu templo si tú mismo no me conduces a él, oh invocado dios que
sobrepasas en esplendor el esplendor de la Tierra y de la primavera? Y ésta
es la plegaria de Diofanto: Sálvame, oh dios socorredor, sálvame de esta
gota, que sólo tú lo puedes, oh dios misericordioso, sólo tú en la tierra y en el
cielo. Oh dios piadoso, oh dios de todos los milagros, gracias a ti he sanado,
oh dios santo, oh bendito dios, gracias a ti, gracias a ti Diofanto no caminará
más como un cangrejo, sino que tendrá buenos pies, como tú has querido.
El templo estaba rodeado por unos pórticos de setenta y cuatro metros de
longitud, donde acudían los peregrinos y, tras darse un baño obligatorio,
podían entrar en el templo. No sabemos qué clase de curas se dispensaban allí.
Probablemente los sacerdotes de Asclepios eran unos embaucadores, pero
también es posible que conocieran unos rudimentos de medicina basados en
hierbas y aguas termales. De todos modos el ingrediente principal de las
curaciones era sin duda la sugestión de las ceremonias espectaculares.

En 527 murió el tirano ateniense Pisístrato. En un par de ocasiones había sido


obligado a abandonar el poder (y la ciudad), pero logró recuperarlo poco
después. Finalmente se ganó el respeto de sus conciudadanos, pues en ningún
momento tomó represalias o trató de instaurar un régimen policial. Al
contrario, organizó elecciones libres para los arcontes, se sometió al control
del Senado y la Asamblea, e incluso cuando alguien le acusó de asesinato, su
respuesta fue una querella ante un tribunal. Ganó la causa porque el acusador
no se presentó. Su autoridad se basaba en una personalidad arrolladora. Se
hacía lo que él quería, pero sólo después de haber convencido a los demás de
que era también lo que ellos deseaban hacer. Entre sus reformas más
destacadas estaba una reforma agraria por la que destruyó los latifundios en
favor de los pequeños propietarios. Había establecido que a su muerte sería
sustituido por sus dos hijos, Hipías e Hiparco, y así fue. Éstos continuaron la
política de su padre y Atenas continuó progresando económica y
culturalmente.

En 525 murió el faraón Ahmés II y fue sucedido por su hijo Psamético


III, quien ese mismo año tuvo que enfrentarse al desastre para el que su padre
había ido preparando a Egipto: El rey persa Cambises II había terminado de
ordenar la parte oriental de su imperio y ahora se dirigía hacia Egipto. Hubo
un encuentro en Pelusio, al este del delta, pero las tropas persas arrollaron a
las egipcias sin dificultad. Seguidamente Cambises II tomó Menfis, aceptó la
rendición sin resistencia de los libios, marchó hacia el sur, saqueó Tebas y
penetró en Nubia, puso bajo su control la parte norte del país y retornó a
Menfis para aprovisionarse.

Los egipcios describieron a Cambises II en su historia como un gobernador


cruel, pero, como en otras ocasiones, "cruel" puede significar simplemente
"extranjero". Contaban que Cambises II fue derrotado en Nubia (lo cual no es
probable), y que al volver a Menfis se encontró a los egipcios en una
celebración. Se imaginó que estaban celebrando su derrota y montó en cólera.
Los egipcios le explicaron que la fiesta se debía a que habían encontrado un
toro que satisfacía unos exigentes requisitos que demostraban que era el dios
Apis, lo cual prometía buenas cosechas. Cambises II, aún enfadado,
desenvainó su espada e hirió al toro, lo que para los egipcios era un
abominable sacrilegio.

En 524 la ciudad griega de Cumas, en Italia, derrotó a una coalición etrusco-


itálica. Las tropas griegas estaban capitaneadas por Aristodemo, que poco
después se convertiría en tirano de Cumas. Esta derrota no pareció afectar
sensiblemente al poder etrusco en Italia, ni siquiera en la Campania, la región
de Cumas, pero lo cierto es que esta fecha puede considerarse como el inicio
de la decadencia etrusca, que se iría acentuando en las décadas siguientes.

En 523 empezó a predicar en la India Siddhartha Gautama, conocido


como Buda (el iluminado). Había nacido en el bosque de Lumbini, en las
laderas del Himalaya. Su padre era el jefe de una aldea y su madre había
muerto a los pocos días de su nacimiento. Por aquel entonces en la India había
sociedades muy diversas. Algunas se encontraban todavía en el neolítico, otras
estaban bajo la dominación Aria, y entre ellas algunas estaban empezando a
desarrollarse económica y culturalmente. Gautama tuvo una infancia fácil y
protegida, se casó y tuvo un hijo, pero a la edad de 29 años se sintió
conmovido por todo el sufrimiento que veía a su alrededor, con lo que decidió
abandonar a su familia y entregarse al ascetismo. Finalmente, meditando al
pie de un árbol, obtuvo la iluminación y se convirtió en Buda, momento en
que empezó a difundir sus enseñanzas. Contaba con la amistad y la protección
del rey Bimbisara de Magadha.

Buda aceptó algunas ideas del hinduismo, como la reencarnación de las almas,
si bien la concebía en un sentido más débil: el alma es un agregado de cinco
elementos:

1. El cuerpo y los sentidos,


2. los sentimientos y sensaciones,
3. la percepción sensorial,
4. las voliciones y facultades mentales,
5. la razón o conciencia.

Estos elementos están en continuo cambio y su unión se disuelve con la


muerte. Lo que se transmite en las reencarnaciones no es el alma, sino el
karma que ésta ha acumulado, un flujo de energía que se reviste de un cuerpo
tras otro hasta que alcanza el fin último, llamado nirvana. Como el jainismo,
el budismo es una religión sin dios. Según Buda hay cuatro verdades
excelentes:

1. La existencia humana es sufrimiento,


2. El sufrimiento está causado por el deseo,
3. El sufrimiento puede ser superado por la victoria sobre el deseo,
4. Esta victoria puede lograrse siguiendo el camino de las ocho
etapas: visión justa; resolución justa; palabra justa, verdadera y
buena; comportamiento correcto; trabajo correcto; esfuerzo correcto;
memoria o atención correcta y contemplación. A su vez, la
contemplación requiere cuatro etapas: aislamiento, que se convierte en
alegría, meditación, que proporciona la paz interior, concentración,que
provoca el bienestar del cuerpo, y contemplación, que es recompensada
con la indiferencia ante la felicidad o la desgracia.

El budismo era concebido como un "camino intermedio" para lograr la


liberación del alma, intermedio entre las dos vías (fáciles y superficiales) que
reconocía el brahmanismo y el ascetismo riguroso de los jainistas. Aceptó los
votos jainistas modificados para ser compatibles con una vida normal. Así, la
muerte de seres vivos era permitida con fines alimenticios, la castidad fue
sustituida por la fidelidad en el matrimonio, etc., pero las bebidas
embriagadoras, el juego, el trato con personas indeseables, etc. estaba
rigurosamente prohibido.

En 522 murió Polícrates, el tirano de Samos. Parece ser que fue sorprendido
en una emboscada por un enemigo y fue cruelmente asesinado. Ese mismo
año, un sacerdote medo llamado Gaumata afirmó ser Smerdis, hermano del
rey persa Cambises II, y fue proclamado rey por algunos nobles medos
mientras Cambises II estaba en Egipto. Sin embargo, el sacerdote no podía ser
quien dijo ser, pues el propio Cambises II había mandado asesinar a su
hermano antes de su partida, en previsión de una posible traición como la que,
aun así, tuvo lugar. Cambises II se enteró de lo sucedido mientras volvía de
Egipto. Hizo saber que el verdadero Smerdis estaba muerto, pero no pudo
hacer más, porque pronto fue asesinado. Junto a él estaba un pariente lejano,
también, pues, de la familia aqueménida, quien inmediatamente se puso al
frente de las fuerzas leales a Cambises II, marchó sobre Media, mató al falso
Smerdis, se hizo proclamar rey y, tras unos meses de incertidumbre,
en 521, logró el control absoluto del imperio. Su nombre era Darío I.

Es muy probable que bajo estos hechos haya motivaciones nacionalistas e


incluso religiosas. Por ejemplo, Ciro y Cambises II aceptaron la religión
babilónica, mientras que el falso Smerdis y Darío I eran mazdeístas. Tal vez
Cambises II descubrió o sospechó que un grupo de nobles medos descontentos
con el dominio persa estaban urdiendo una rebelión, y que su hermano podría
estar pensando en aprovechar las circunstancias para proclamarse rey. Tal vez
Darío I aprovechó las circunstancias para proclamarse rey matando a
Cambises II. Tal vez era mazdeísta o tal vez juzgó que los mazdeístas eran
entonces la facción más poderosa, con lo que la mejor forma de verse
respaldado era aparecer como mazdeísta pro medo a la vez que como
aqueménida con derecho al trono. Sea como fuere, Darío I acabó contando
con el apoyo de Media y con los recelos de Babilonia, justo al revés de lo que
le había ocurrido a Cambises II.

En 520 Cleómenes I ocupó uno de los dos tronos de Esparta. Poco después
marchó sobre la Argólida e infligió a Argos una decisiva derrota, tras la cual
Esparta dominó definitivamente todo el Peloponeso. Estrictamente poseía un
tercio del territorio, otro tercio era Arcadia, que desde hacía tiempo era su
aliada incondicional, y el otro tercio era la Argólida, que ya nunca más se
atrevió a cuestionar la autoridad espartana. En el Peloponeso no se movía un
soldado sin permiso de Esparta, y la ciudad fue considerada como el líder del
mundo griego, pese a que culturalmente era con diferencia la ciudad más
pobre.
26. El final del siglo VI (520)

Si a lo largo del siglo VI hemos encontrado notables novedades culturales y


religiosas, en sus últimos años se produjeron los acontecimientos políticos
más interesantes. El Imperio Persa estaba gobernado por el que sería uno de
sus gobernantes más eficientes, el rey Darío I. Sin embargo, sus primeros años
de reinado fueron difíciles. Cuando aparentemente tenía las riendas del poder
en su mano estalló una peligrosa rebelión en Babilonia. Un hombre de
impresionante apariencia y fácil elocuencia dijo ser hijo de Nabónido y se
proclamó rey con el nombre de Nabucodonosor III. Levantó defensas a lo
largo del Tigris y se dispuso a impedir que Darío I las atravesara cuando
llegara de Media. Darío I no quiso un enfrentamiento directo, sino que hizo
que sus hombres cruzaran el río en grupos reducidos y en puntos muy alejados
unos de otros, y luego ordenó que se reunieran en la retaguardia enemiga, con
lo que pillaron por sorpresa a los hombres de Nabucodonosor III, los derrotó y
marchó sobre Babilonia en 519.

Darío I no destacó tanto por sus hazañas militares como por la eficiencia con
la que organizó el imperio. Lo dividió en veinte provincias independientes
llamadas satrapías, al frente de cada una de las cuales puso a un virrey
o sátrapa (protector del reino). No obstante extendió ligeramente la frontera
del imperio hacia el este. En 518 creó las satrapías de Gandhara y el Sind, en
el valle del Indo. Hizo construir buenos caminos y creó un sistema de
mensajeros a caballo de valor incalculable a la hora de mantener unidos sus
territorios. Reorganizó las finanzas, estimuló el comercio, acuñó moneda y
estandarizó los pesos y medidas.

Aunque Darío I era mazdeísta, su actitud para con las demás religiones fue
extremadamente tolerante, concedió a los babilonios el derecho a adorar a sus
dioses, y lo mismo hizo en Egipto, quienes lo consideraron como un buen rey
pese a ser extranjero. Los reyes persas fueron incluidos en la XXVII
dinastía de reyes egipcios. Los judíos aprovecharon la situación para solicitar
de Darío I el permiso para reconstruir el templo, que les había sido denegado
bajo el reinado de Ciro II. Darío I no puso inconveniente, y en 516 el
llamado segundo templo estuvo acabado.

Darío I había establecido la capital de su imperio en Susa, la antigua capital de


Elam, pero ordenó construir una nueva ciudad a unos 40 Km al sur de
Pasargadas, destinada a ser la nueva capital, si bien nunca llegó a ser ocupada
como tal. En la práctica nunca pasó de ser una residencia real. Se la conoce
como Persépolis. Una obra de Darío I que iba a resultar valiosísima para los
historiadores fue una gigantesca efigie suya que mandó esculpir en un lugar
elevado, casi inaccesible, donde inscribió la historia sobre el falso Smerdis tal
y como la conocemos. La inscripción estaba en persa antiguo, en elamita, en
acadio y en arameo. Gracias a ella en 1833 pudo descifrarse el acadio y, más
tarde, a su vez, a partir de él se descifró el sumerio.

Mientras tanto, Hiparco, que junto con su hermano Hipías gobernaba Atenas
como tirano, se enamoró de un joven llamado Harmodio, del cual estaba
enamorado también Aristogitón, quien optó por asesinar a Hiparco. Para
disimular sus motivos personales trató de dar tintes políticos al asunto
matando de hecho a los dos tiranos con el apoyo de algunos nobles. Pero los
planes no salieron como estaban previstos, sino Hipías quedó con vida y
mandó ejecutar a los conspiradores. Sin embargo, el suceso le amargó y
decepcionó tanto que en su desencanto cambió drásticamente su forma de
gobierno e inició un reinado del terror. Naturalmente, entre los atenienses
cundió el descontento y Aristogitón se convirtió en un mártir.

En 514 Ho-hü se convirtió en señor del estado de Wu, bajo cuyo mandato
empezó a destacar frente a los desgastados Reinos del Centro.

Mientras tanto, una vez organizado el imperio, Darío I se interesó por la


expansión territorial. Puso los ojos en Europa y en 512 avanzó sobre Tracia.
Avanzó por la costa del mar Negro hasta la desembocadura del Danubio. En
esta campaña cayeron en poder persa nuevas colonias griegas, entre ellas el
Quersoneso tracio, conquistado por Milcíades para Atenas tiempo atrás, así
como algunas de las islas del norte del Egeo. El rey Amintas II de Macedonia
reconoció el dominio persa, pero su reino no fue invadido y conservó el trono.
El Imperio Persa había alcanzado su máxima extensión.

Volviendo a Atenas, el descontento del pueblo con el tirano Hipías fue


canalizado por el alcmeónica Clístenes, nieto de Megacles, quien construyó
un hermoso templo a las autoridades de Delfos a expensas de su familia. Esto
indujo al oráculo a aconsejar a los espartanos que ayudasen a los atenienses a
conseguir su libertad. Los espartanos accedieron de buen grado. Desde que se
habían hecho dueños del Peloponeso se las habían arreglado para eliminar
todas las tiranías de la región, y ahora tenían la oportunidad de continuar su
obra más al norte. En 510, el rey espartano Cleómenes I marchó sobre el
Ática, derrotó a Hipías y lo condenó al exilio. Esparta pensaba haber
restaurado la oligarquía en Atenas, pero dicha "oligarquía" tenía a la cabeza a
Clístenes y, desde los tiempos de la maldición, los alcmeónidas eran
demócratas, así que Clístenes usó su autoridad para reorganizar Atenas bajo
un régimen
democrático al
estilo de Solón.

Ese mismo año


se libró una
batalla decisiva
en el sur de
Italia, por la que
Crotona destruyó
definitivamente a
su rival Síbaris.
Los sibaritas
habían adquirido
fama por su
afición a los
lujos más
refinados. Se
decía que un
sibarita se hizo un colchón relleno de pétalos de rosa, pero que dijo que era
incómodo porque uno de los pétalos estaba arrugado. Respecto a la batalla, los
historiadores griegos contaban que los sibaritas habían enseñado a bailar a los
caballos para los desfiles, y que los crotonenses aprovecharon el hecho y
llevaron músicos al frente, de modo que los caballos se pusieron a bailar al oír
la música y desorganizaron el ejército sibarita. Síbaris fue arrasada de tal
modo que durante mucho tiempo los historiadores dudaron de su
emplazamiento exacto.

Por esta época se difundió en China la fundición del hierro.

En 509 Roma logró librarse de la dominación etrusca. El rey Tarquino el


Soberbió usó su poder en Roma para doblegar a las demás ciudades latinas.
En aquel momento Roma estaba en guerra con los Volscos, que habitaban el
sureste del Lacio. Mientras el rey estaba en el frente, en la ciudad triunfó una
revuelta encabezada por un primo suyo, Tarquino Colatino, y por un patricio
llamado Lucio Junio Bruto (Lucio Junio el estúpido). Al parecer, el rey había
ejecutado al padre de Bruto y a su hermano mayor, y él mismo habría sido
ejecutado también si no hubiera fingido exitosamente ser un débil mental, de
donde le vino el apelativo que después llevó con orgullo, como recuerdo de su
inteligente estratagema. Bruto fue recordado como un héroe y por ello el
apelativo de Bruto fue honrosamente aplicado a muchos romanos en los siglos
posteriores a pesar de su significado literal. Respecto a Colatino, los
historiadores romanos contaban que su esposa fue violada por el hijo del rey,
incidente que hizo saltar la chispa de la rebelión.

El gobierno de Roma quedó en manos del Senado, pero era necesario dotar a
alguien de la autoridad necesaria para tomar decisiones con rapidez, por lo
que se creó el cargo de Pretor (el que va delante), elegido anualmente por el
Senado con funciones de presidente de gobierno. Sin embargo, la monarquía
dejó tan mal recuerdo en la historia de Roma que, en los siglos posteriores, lo
peor que podía ocurrirle a un político era ser acusado de pretender convertirse
en rey. El recelo por que un solo hombre pudiera acumular demasiado poder
hizo que pronto se eligieran dos pretores simultáneamente, de modo que
ninguna de sus decisiones era válida si no estaba avalada por ambos. Con ello
se pretendía que cada pretor cuidara de que el otro no abusara de su autoridad.
Poco después los pretores pasaron a llamarse Cónsules (los que se sientan
juntos), palabra de la que deriva el verbo "consultar", pues los cónsules
necesitaban consultarse uno a otro para poder llevar a cabo cualquier acción.
Este sistema de gobierno Senado-cónsules era muy similar al de Cartago. La
política pasó a ser considerada responsabilidad de todos (de todos los
patricios, se entiende), por lo que el estado (y por extensión la nueva forma de
gobierno) pasó a denominarse República (los asuntos públicos, o del pueblo).
También se creó otro cargo doble: cada año se elegían dos Cuestores que
supervisaban los juicios penales en la ciudad.

Pero el rey exiliado no se resignó a su suerte, sino que pidió ayuda a Lars
Porsena, rey de la ciudad etrusca de Clusium, al norte del Lacio. En 508 se
presentó ante Roma con un ejército en un ataque por sorpresa. La leyenda
cuenta que los romanos lograron atrincherarse en la ciudad gracias a
que Publio Horacio Cocles (el tuerto) retrasó el avance del ejército etrusco
manteniéndolo a un lado del puente de madera sobre el Tíber mientras los
romanos lo destruían, primero con la ayuda de otros dos hombres, luego solo.
Cuando el puente fue destruido se arrojó al Tíber y nadó hasta llegar a la otra
orilla y ponerse a salvo.

Porsena se dispuso a asediar Roma. Según la leyenda, un joven patricio


llamado Cayo Mucio se ofreció voluntario para infiltrarse entre los enemigos
y asesinar a Porsena, sin embargo fue capturado y Porsena le amenazó con
quemarle con una antorcha si no le revelaba las condiciones en que se
encontraba la ciudad y sus posibilidades de resistir el asedio. Sin embargo, la
respuesta de Mucio fue poner él mismo la mano en el fuego y esperar
impertérrito a que fuera consumida. Impresionado, Porsena consideró que era
inútil enfrentarse a un pueblo capaz de "poner la mano en el fuego" por su
ciudad (de aquí viene la expresión) y optó por liberar al que desde entonces
sería conocido como Cayo Mucio Escévola (el zurdo) y retirarse sin restaurar
la monarquía.

Las leyendas de Horacio y Mucio fueron inventadas por los romanos para
ocultar un desenlace menos glorioso: Roma debió de rendirse ante Porsena y
aceptar la dominación etrusca a condición de que la monarquía no fuera
restaurada. Al rey etrusco le debió de parecer un trato razonable y se marchó.

En 507 Roma firmó un tratado comercial con Cartago.

Mientras tanto los nobles atenienses lograron el apoyo de Esparta para


expulsar a Clístenes y poner fin a su proceso reformista. El argumento oficial
fue que los alcmeónidas eran malditos y debían ser expulsados. El rey
espartano Cleómenes I volvió a Atenas, los alcmeónidas fueron expulsados y
el gobierno quedó en manos de una oligarquía encabezada por Iságoras. Sin
embargo, Cleómenes I pecó de exceso de confianza. El ejército que llevó era
demasiado reducido, el pueblo se rebeló y sitió a los espartanos en la
Acrópolis. Cleómenes I accedió a volverse a Esparta, Clístenes regresó y
logró llevar a cabo las reformas políticas.

Dividió al Ática en un complicado sistema de grupos sin apenas relación con


la división anterior en función de la riqueza. Su finalidad era que estos grupos
fueran operativos a la vez que carecieran de todo significado, de modo que los
ciudadanos se sintieran simplemente atenienses. Duplicó el número de
ciudadanos con derecho a voto. Instituyó la Asamblea de los
Quinientos, dividida en diez secciones que rotaban sus funciones a lo largo del
año. Acrecentó y reglamentó las atribuciones de la Asamblea de los
Ciudadanos (Ecclesia), en la que inscribió por primera vez a una gran masa
de metecos y libertos(artesanos y esclavos liberados, hasta entonces sin
derecho a voto). Repartió el control del ejército entre diez estrategas. El
Areópago, formado por los nobles, seguía administrando la justicia. Para
proteger el sistema estableció que una vez al año los ciudadanos con derecho a
voto se reunieran en la plaza del mercado provistos de una pieza de cerámica
donde podían escribir el nombre de cualquier ciudadano que consideraran
peligroso para la democracia. Las piezas se recogían en urnas y si el número
total de votos superaba los seis mil, el más votado debía abandonar el Ática
durante diez años. Este procedimiento se llamó ostracismo, pues los griegos
llamaban ostraka (conchas) a los trozos de cerámica usados en la votación.
(Eran fragmentos de vasijas rotas, más baratos y abundantes que el papiro, y
que se usaban habitualmente para escribir notas y mensajes cortos.)

La región colindante con el Ática era Beocia, y entre sus mayores ciudades
estaba Tebas, que aspiraba a tener la hegemonía en la región. La pequeña
ciudad de Platea se negaba a aceptar la dominación tebana, y Atenas decidió
ayudarla. Por su parte, Tebas se alió con Esparta. El rey Cleómenes I estaba
deseoso de resarcirse del triste papel que había representado el año anterior, y
en 506 atacó a Atenas desde el sur mientras Tebas lo hacía desde el este. Por
su parte, la ciudad de Calcis, rival comercial de Atenas, se unió a los tebanos
en el ataque.

Atenas parecía condenada a la destrucción, pero en el último momento


Corinto decidió no participar en la expedición espartana. La principal rival
comercial de Corinto era Egina, que por estas fechas era pionera en el uso
sistemático de la moneda en las relaciones comerciales, y sucedía que Atenas
y Egina eran rivales, por lo que Corinto pensó que destruir Atenas sería
hacerle el juego a Egina. Esparta no estaba dispuesta a que se cuestionara su
autoridad en el Peloponeso, por lo que prefirió dejarse convencer por Corinto
y dejó plantada a Tebas. Los atenienses derrotaron a los tebanos y
confirmaron la independencia de Platea. A raíz de esta derrota, Tebas
mantendría una actitud hostil hacia Atenas durante todo el siglo siguiente.
Seguidamente Atenas atacó a Calcis y obtuvo una victoria aún mayor. Obligó
a Calcis a cederle la soberanía de la parte sur de la isla de Eubea, al norte del
Ática. Sus habitantes pasaron a ser considerados ciudadanos atenienses con
todos los derechos que ello conllevaba. La ciudad de Eretria, enemiga de
Calcis, situada también en Eubea, se convirtió automáticamente en aliada de
Atenas.

El estado chino de Wu derrotó al de Chu, pero inmediatamente después fue


invadido por Yue desde el norte. Wu se defendió y pudo seguir al mismo
tiempo la guerra contra Chu.
27. La revuelta jónica (500)

A la entrada del siglo V, el mundo civilizado gozaba en general de cierta


tranquilidad y prosperidad. La moneda hizo su aparición en la India. El rey
Darío I gobernaba suave y eficientemente el vasto Imperio Persa, desde Libia
hasta el Indo. Al norte estaban los escitas. Los restos arqueológicos escitas
muestran un estilo artístico bastante homogéneo, desde el norte del Mar Negro
hasta Siberia. En las cercanías de Mongolia se han encontrado tumbas escitas
muy bien conservadas por el hielo. Contenían los cuerpos de altos personajes
acompañados de sus caballos. El hielo ha conservado objetos perecederos,
como vestidos de tela, cuero, piel y fieltro, y útiles domésticos de madera. Las
tumbas son de gran riqueza, con telas bordadas, decoradas con perlas y
láminas de oro. Sin embargo, hacía ya casi cien años que un nuevo pueblo
indoeuropeo avanzaba hacia Europa desde Asia. Eran los Sármatas, tal vez
una rama lejana de los escitas, pues sus lenguas y sus costumbres tenían
ciertas semejanzas.

En el sur de Arabia, los reyes sabeos conquistaron una región de África, en la


actual Etiopía, donde fundaron la ciudad de Aksum. Poco a poco se fue
formando una aristocrácia árabe que se impuso sobre la población negra
nativa.

En México aparece una nueva cultura alrededor de Teotihuacán. Se trata de


pequeños pueblos de agricultores que veneraban a Tlaloc, divinidad del agua y
de la lluvia.

Grecia continuaba su ascenso imparable. La ciudad de Egina alcanzó su


apogeo, fruto de su idea de introducir la moneda en el comercio griego un
siglo atrás, que ahora estaba ya plenamente consolidada. La única excepción
era Esparta, que había prohibido el uso de monedas y la importación de
artículos de lujo. La oligarquía espartana tenía sus razones para esto. En otras
ciudades, el comercio estaba dando poder a los grandes mercaderes, que
rivalizaban con la antigua nobleza y a menudo contribuían a derrocarla
favoreciendo tiranías. La cultura griega seguía progresando. Hecateo de
Mileto viajó por el Imperio Persa y escribió libros de geografía e historia en
los que descartó cualquier explicación mitológica. De hecho, mostró
escepticismo y burla hacia las presuntas intervenciones divinas en los asuntos
humanos.

En Elea destacaba Parménides, un pitagórico discípulo de Jenófanes que


desarrolló una teoría filosófica opuesta a la de Heráclito. Frente a la opinión
de éste según la cual la realidad es un continuo cambio, Parménides sostenía
que lo auténticamente real es inmutable. Sus argumentos según los cuales todo
cambio es ilusorio mantuvieron ocupados a muchos pensadores griegos en los
años posteriores.

Los etruscos se veían obligados a retirarse del norte de Italia ante las
incursiones de los galos, esto es, los pueblos celtas que ocupaban las actuales
Francia, Alemania y Polonia y que poco a poco fueron asentándose también al
sur de los Alpes, a lo largo del valle del Po, en la región que los romanos
llamarían más tarde la Galia Cisalpina, (la Galia de este lado de los Alpes).
Por esta época, otros pueblos celtas penetraron en la isla que actualmente es
Gran Bretaña. El oeste fue ocupado por un grupo conocido
como Gäels, mientras que el este lo ocuparon los celtas britónicos. Parece ser
que ambos pueblos llegaron simultáneamente, pero tenían distinta procedencia
y siguieron rutas distintas.

En España desapareció la monarquía de Tartesos. El reino se diluyó en


pequeñas ciudades independientes que fueron perdiendo importancia
rápidamente y terminaron siendo absorbidas por los cartagineses. Al parecer,
el comerció del bronce en que se basaba su economía fue decayendo conforme
se extendió la metalurgia del hierro, mucho más abundante.

Sin embargo, la tranquilidad no tardaría en acabarse. El detonante fue una


revuelta organizada por las ciudades jonias (las ciudades griegas de la costa
del Asia Menor) contra el dominio persa. Los jonios habían tolerado el
gobierno lidio porque habían terminado helenizando a sus dominadores, pero
las autoridades persas les gobernaban desde muy lejos y les imponían unas
costumbres muy alejadas de las suyas propias. Sólo necesitaban un líder y lo
encontraron en Aristágoras, cuñado del tirano de Mileto, que al parecer se
había enemistado con los persas y no tenía nada que perder con la revuelta,
mientras que si todo iba bien podía acabar como tirano de toda Jonia.
En 499 Aristágoras declaró a Mileto independiente y las otras ciudades jonias,
siguiendo su ejemplo, expulsaron a los gobernadores persas.

Inmediatamente Aristágoras viajó a Esparta a pedir ayuda para derrotar a los


persas, pero cuando el rey Cleómenes I se enteró de que había un viaje por
tierra de tres meses hasta la capital persa, ordenó a Aristágoras que se
marchara. Esparta no combatiría contra un enemigo tan lejano. Aristágoras
marchó a Atenas y allí tuvo más suerte. Los atenienses estaban acrecentados
por su reciente victoria sobre Tebas, además sabían que Hipías, el hijo de
Pisístrato que había sido exiliado años atrás, se encontraba en la corte de uno
de los sátrapas persas. Cabía la posibilidad de que aspirara a recuperar el
poder en Atenas con la ayuda persa. Aristágoras volvió a Mileto anunciando
que Atenas enviaría barcos y hombres. Sólo Hecateo pareció juzgar insensato
el proyecto. Él conocía bien el poder de los persas, poder que los griegos
infravaloraban indudablemente. De todos modos, recomendó que si la revuelta
se llevaba a cabo era crucial disponer de una buena flota en el Egeo que
mantuviera conectadas a las distintas ciudades, pues si los persas lograban
incomunicarlas no tendrían ninguna dificultad en derrotarlas una a una. Nadie
le hizo caso.

En Atenas, Clístenes también se mostró en contra de apoyar a los jonios. Los


atenienses optaron por desterrarlo. Él y su familia fueron considerados
partidarios de los persas durante el medio siglo siguiente, así que los
Alcmeónidas no tuvieron ninguna influencia sobre la ciudad en este periodo.

En 498 murió el rey Amintas II de Macedonia y fue sucedido por su


hijo Alejandro I. Ese mismo año tuvo su primer éxito el más famoso de los
poetas griegos: Píndaro. Había nacido en Tebas, hijo de un aristócrata, pero
se educó en Atenas.

Entre tanto Atenas cumplió su promesa y envió veinte barcos a la Jonia, junto
con otros cinco de su aliada Eretria. En vistas de la situación, otras ciudades
griegas de Tracia y Chipre decidieron rebelarse también contra los persas. En
Tracia gobernaba como tirano Milcíades, sobrino del otro Milcíades ateniense
que había conquistado el Quersoneso años atrás. El joven Milcíades había
aceptado el dominio Persa y ahora vio la ocasión de librarse de él. Anaxágoras
condujo a los milesios en un ataque sorpresa a Sardes, la antigua capital lidia.
Se apoderó de la ciudad, la incendió y volvió a Jonia. Cuando volvió a Mileto
se encontró con el ejército persa que le estaba esperando y fue derrotado. Los
atenienses decidieron marcharse.

Pero el daño estaba hecho. El rey Darío I estaba furioso. Tenía ya más de
sesenta años, pero no estaba dispuesto a dejar las cosas como estaban. Reunió
barcos fenicios y se hizo con el dominio del mar Egeo, aislando a las ciudades
jonias tal y como había predicho Hecateo. Aristágoras huyó a Tracia, donde
murió poco después. Chipre fue tomada y después la flota se dirigió contra
Mileto.

En 496 subió al trono de Yue el rey Kou Chien, que terminaría logrando una
victoria definitiva frente a Wu. Entre tanto, el rey derrocado Tarquino el
Soberbio hizo un último intento de apoderarse de Roma. De algún modo,
logró enemistar a Roma con las ciudades del Lacio, y así, un ejército latino
capitaneado por el viejo rey y sus hijos se enfrentó a los romanos. Esta vez la
victoria de Roma fue absoluta, la familia real fue exterminada con excepción
del propio Tarquino, que se exilió en Cumas, donde murió más tarde. Los
historiadores explicaban que en la batalla los romanos habían sido ayudados
por Cástor y Pólux, hermanos de Helena de Troya, que desde entonces
recibieron honores especiales.

Roma quedó muy debilitada con estas guerras. La peor parte se la llevaron,
naturalmente, las clases bajas, los plebeyos. Muchos se arruinaron y tuvieron
que venderse a sí mismos como esclavos, lo que mejoró la posición de la
oligarquía dominante, los patricios, pero a costa de grandes tensiones sociales.
En 495 fue nombrado cónsul Apio Claudio, que era sabino de nacimiento,
pero que de joven había acudido en apoyo de Roma con un ejército, por lo que
finalmente fue admitido entre los patricios. Gobernó con mano dura y logró
que en 494 los plebeyos terminaran optando por abandonar la ciudad y
establecerse en una colina cercana. Los patricios no podían permitirse
prescindir de su mano de obra, así que tuvieron que negociar.

Se llegó a un acuerdo por el que los plebeyos tendrían funcionarios propios,


elegidos por votación como representantes de la plebe. Eran los tribunos
(nombre que antes designaba al jefe de una tribu). Su misión era defender los
intereses de la plebe e impedir que se aprobasen leyes en su perjuicio. Los
tribunos tenían derecho de veto en el Senado, de modo que ninguna ley podía
aprobarse sin su consentimiento. Dada la hostilidad con que sin duda iban a
ser acogidos entre los arrogantes patricios, se acordó que los tribunos fueran
inviolables, y que cualquier falta de respeto hacia ellos fuera penada con una
multa. Se nombraron ayudantes de los tribunos, llamados ediles, cuya misión
era recaudar las multas, pero que en parte ejercían también una labor policial.
Con el tiempo su labor administrativa se extendió, y los ediles llegaron a estar
al cuidado de los templos, las cloacas, el suministro de aguas, la distribución
de alimentos y los juegos públicos. También regulaban el comercio.

El ascenso del poder de la plebe debió de generar un nuevo género de


conflictos sociales en la antigua Roma. Los detalles están ocultos tras
leyendas que carecen de fundamento histórico, pero que atestiguan un pulso
entre patricios y plebeyos que terminó con la consolidación de los privilegios
recientemente conseguidos por éstos últimos. La más famosa es la de Cayo
Marcio Coriolano. Según contaban los romanos, hubo un periodo de escasez
de alimentos que obligó a importar trigo de Sicilia. Coriolano propuso privar
del trigo a los plebeyos si no renunciaban al tribunado. Los tribunos vetaron la
propuesta y Coriolano fue expulsado. Éste marchó a la ciudad volsca de
Corioli en el Lacio (recientemente conquistada por él mismo, de ahí su tercer
nombre) y propuso a los volscos, conducirles hasta Roma y saquearla. Según
la leyenda, Roma sólo pudo librarse del desastre por la intercesión de la madre
de Coriolano, que le convenció para volverse atrás, a raíz de lo cual los
volscos le mataron.

También en 494 Darío I acabó con la revuelta jónica. Mileto fue incendiada y
ya nunca recuperó su ventajosa situación anterior, si bien las otras ciudades
fueron tratadas con indulgencia. Luego el rey envió a su yerno Mardonio a
reconquistar Tracia. Mientras tanto la ciudad de Argos decidió rebelarse
contra Esparta, pero Cleómenes I sofocó la revuelta sin dificultad.

Por esta época, en China, la vida de Confucio sufrió un cambio drástico.


Parece ser que llegó a ocupar un cargo político importante, pero viendo que le
era imposible emprender las reformas que pretendía, abandonó y se dedicó a
viajar de un lugar a otro ofreciendo su consejo a cuantos señores se lo pedían,
enseñando historia y filosofía.

Atenas se preparaba contra un eventual ataque persa. En 493 fue elegido


arconte Temístocles, quien comprendió que la única esperanza de Atenas era
disponer de una flota poderosa, que por el momento no poseía. De todos
modos, Temístocles reforzó una posición en la costa cercana a la ciudad con la
intención de convertirla en el futuro en la base de una flota.

En 492 Mardonio había pacificado Tracia, forzando a Milcíades a volver a


Atenas. Mardonio podía haberle seguido, pero una tormenta dañó en parte a su
flota, así que decidió volver a Persia. Pero Darío I no quiso olvidar que Atenas
había ayudado a los jonios en su revuelta. Parece ser que aquí intervino
Hipías, que ahora estaba en la corte del mismo Darío I. Al parecer, el rey
persa no había oído hablar de los atenienses hasta que Hipías le explicó lo
peligrosos que eran y lo conveniente que era enviar tropas para dominar la
zona. Entre tanto había surgido una disputa entre Cleómenes I y el otro rey
espartano, Demarato, que fue desterrado y huyó a la corte de Darío I.
Mientras éste preparaba una expedición contra Grecia, envió mensajeros a
todas sus ciudades exigiéndoles que aceptaran la soberanía persa. La mayoría
de las islas del Egeo aceptaron inmediatamente. La ciudad de Egina sentía tal
rivalidad contra Atenas que decidió someterse a los persas aun antes de que
llegaran los mensajeros. Naturalmente, Esparta no aceptó el dominio Persa. Se
dice que cuando llegó el mensajero reclamando "la tierra y el agua", los
espartanos lo tiraron a un pozo y le dijeron "ahí tienes ambas". Poco después
el rey Cleómenes I fue víctima de los recelos de la oligarquía espartana, que
temían porque estaba acumulando cada vez más poder, así que también fue
exiliado.

En 490 la expedición persa estuvo lista para partir. No era muy grande, pero sí
suficiente para someter a unas pequeñas ciudades belicosas, a juicio de Darío.
Atravesó el Egeo ocupando sobre la marcha las islas que no habían aceptado
la rendición. Luego, una parte del ejército desembarcó en Eubea, donde
Eretria fue incendiada, mientras la otra parte desembarcó en el Ática, con el
propio Hipías al frente, que la dirigió a una pequeña llanura, cerca de la aldea
de Maratón. Mientras tanto Atenas envió un mensajero
llamado Fidípides para que pidiera ayuda a Esparta. Las tradiciones de
Esparta mandaban que no se emprendiera ninguna acción hasta que fuera luna
llena, y cuando Fidípides llegó todavía faltaban nueve días.

Atenas tuvo que enfrentarse sola a los persas, con un total de 9.000 hombres,
más otros 1.000 enviados por Platea. A la cabeza del ejército estaba
Milcíades, que había logrado acallar las voces que optaban por la rendición.
Milcíades conocía a los persas y estaba convencido de que el hoplita griego
estaba mejor preparado que el soldado persa, tanto en armamento como en
preparación. No sólo insistió en resistir a los persas, sino que afirmó que era
esencial atacar primero. Así lo hizo y, de algún modo, logró coger
desprevenidos a los persas, que sufrieron grandes bajas y no pudieron hacer
más que retirarse malamente hasta sus naves. Podrían haberse recuperado y
atacado a Atenas, pero su moral estaba destrozada y les llegaron noticias de
que los espartanos estaban en camino, así que volvieron a Persia.

La tradición cuenta que los griegos enviaron un mensajero a Atenas, el mismo


Fidípides que había sido enviado a Esparta poco antes. Recorrió a toda
velocidad los 42 kilómetros que separan Atenas de Maratón, balbuceó la
noticia de la victoria y murió con los pulmones reventados. Los espartanos
llegaron al campo de batalla poco después de que ésta terminara, elogiaron a
los atenienses y se volvieron a Esparta.

Este mismo año, Ajatasatru se hizo con el trono del reino indio de Magadha
tras matar a su padre Bimbisara. Ello lo enfrentó con su tío Prasenajit, rey
de Koraba. Según la tradición Ajatasatru fue hecho prisionero con su ejército,
pero Prasenajit decidió dejarlo en libertad y sellar con él una alianza. Así
Ajatasatru se casó con la hija de Prasenajit. Un tiempo
después, Virudhaka, el hijo de Prasenajit derrocó a su padre, que se vio
obligado a huir a Rajagrha, donde murió al llegar.

Volviendo a Grecia y Persia, los resultados de la última campaña enfurecieron


más aún a Darío I, que inmediatamente empezó a preparar una nueva
expedición. Para colmo de los males, cuando Egipto se enteró de lo sucedido
en Maratón decidió rebelarse. Mientras tanto, Milcíades logró que los
atenienses pusieran a su mando una flota de 60 naves, con la que fue a la isla
de Paros en 489 y reclamó a sus habitantes una fuerte cantidad con el pretexto
de que habían aportado un barco a la flota persa. Milcíades pretendió quedarse
con este dinero, pero el gobierno ateniense lo reclamó. La disputa no llegó
más lejos porque Milcíades murió entretanto. También murió ese mismo año
el rey espartano Cleómenes I. Fue llamado del exilio, pero enloqueció y tuvo
que ser aprisionado. Sin embargo, logró hacerse con una espada y se suicidó.
Su trono fue ocupado por Leónidas, medio hermano de Cleómenes I. Entre
tanto Atenas declaró la guerra a Egina, como represalia por su pronta
rendición ante los persas.

En 487 se decidió en Atenas el primer destierro por ostracismo del que se


tiene notica. Se trataba de un político llamado Hiparco.

Darío I no tuvo ocasión de ocuparse de los griegos y los egipcios, pues murió
en 486. Fue sucedido por su hijo Jerjes I, que tuvo que elegir a qué frente
acudir primero. Optó por Egipto, que sin duda era más importante para el
Imperio Persa que unas ciudades belicosas. Las convicciones mazdeístas de
Jerjes I eran mucho más firmes que las de su padre, y la revuelta egipcia debió
de acrecentar sus recelos frente a las otras religiones. Así, el dominio sobre
Babilonia se hizo más severo y los babilonios terminaron por rebelarse
también.

En 485 Gelón se convirtió en tirano de Siracusa. Dedicó todos sus esfuerzos a


incrementar la prosperidad de la ciudad y, ciertamente, consiguió que Siracusa
se convirtiera en la ciudad más rica y poderosa del occidente griego, status
que conservó durante casi tres siglos.

En 484 Jerjes I había sometido a Egipto y sus ejércitos se encaminaron a


Babilonia. Allí se encargó de destruir la religión babilónica. Lo hizo
sistemáticamente, hasta el punto de que ordenó desmantelar la gran estatua de
oro de Marduk, cuyo culto desapareció para siempre, y con él la grandeza de
Babilonia. La ciudad entró en un proceso de decadencia del que ya nunca se
recuperó.

Ese mismo año consiguió su primer éxito en el teatro de Atenas el


dramaturgo Esquilo. Se le considera el padre de la tragedia griega. Hasta su
aparición la tragedia consistía en cantos corales que alternaban con un solista.
Esquilo introdujo un segundo solista, con lo que se hizo posible el diálogo.
También perfeccionó las técnicas teatrales, la maquinaria escénica, los
decorados y las vestimentas de los actores.

En 483 murió Buda. Sus discípulos organizaron un concilio


en Rajagriba, donde se puso por escrito la doctrina del maestro y se reguló la
forma de vida de los monjes budistas de acuerdo con la tradición que él había
instaurado. Los monjes viajaban por toda la India ayudando al pueblo y
predicando la religión, pero en los meses del monzón se retiraban a unos
refugios que pronto se convertirían en monasterios. Poco después el rey
Ajatasatru de Magadha invadió la confederación de los Vrji, al tiempo que
Virudhaka de Kosala atacó a la república de los Sakya y la destruyó casi
completamente.
Mientras tanto los atenienses estaban sumidos en una controversia sobre la
forma más apropiada de hacer frente a los persas, en caso de que -como era de
esperar- volvieran. Naturalmente, se consultó al oráculo de Delfos, cuyo
consejo fue que los atenienses "se protegieran con murallas de madera". Uno
de los ciudadanos más ilustres de Atenas era Arístides. Había sido
colaborador de Clístenes, luchó en Maratón y tenía fama de absoluta
honestidad e integridad. Contaban que una noche en el teatro un actor
declamaba unos versos de Esquilo que decían: "Él no pretende parecer justo,
sino serlo", y todas las miradas se volvieron hacia Arístides.

Arístides interpretó literalmente el consejo del oráculo: debían construir


murallas de madera alrededor de la Acrópolis y prepararse a resistir. Sin
embargo Temístocles encontró una interpretación mucho más sensata: el
consejo de Apolo era construir barcos de madera que protegieran la ciudad.
Por aquella época se empezaban a construir trirremes, barcos con tres filas de
remos, mucho más veloces y con mucha más capacidad de maniobra que los
barcos viejos. Temístocles repetía una y otra vez que Atenas tenía que
construir una flota de trirremes. Una evidencia a favor de esta postura la
proporcionó la guerra contra Egina, que sí disponía de una buena flota y ello
le permitió resistir impune incluso a una coalición de Atenas y Esparta.

Naturalmente, construir trirremes era caro, pero Atenas tuvo mucha suerte. Al
sureste del Ática se descubrieron unas minas de plata, con lo que de repente
los atenienses fueron ricos. La primera idea fue repartir democráticamente la
plata entre todos los ciudadanos, pero Temístocles se opuso: de nada servía
que cada ciudadano tuviera un poco más de dinero, pero con toda esa riqueza
se podían construir 200 trirremes. Arístides lo consideró un despilfarro y la
disputa entre los partidarios de Arístides y los de Temístocles se acentuó.
Finalmente, en 482 se convocó una votación de ostracismo y estaba claro que
uno de los dos iba a ser desterrado.

Se cuenta una anécdota, según la cual un ateniense que no sabía escribir pidió
a Arístides (sin reconocerlo) que escribiera su voto por él. -¿Qué nombre
quieres que ponga? -preguntó Arístides, -El de Arístides -respondió el votante,
-¿Por qué?, ¿qué daño te ha hecho Arístides?, -Ninguno, pero ya estoy harto
de oír a todo el mundo llamarlo Arístides el Justo. Arístides escribió su propio
nombre y se marchó.

El caso es que Arístides perdió la votación y, si bien podemos decir que no se


merecía el destierro, lo cierto es que eso salvó a Atenas, pues inmediatamente
Temístocles ordenó la construcción de la flota de trirremes, justo a tiempo,
pues Jerjes I ya estaba ultimando los preparativos de una campaña contra
Grecia.
En 481 las ciudades griegas celebraron un congreso en Corinto presidido por
Esparta, si bien Atenas estaba alcanzándola en prestigio, después de la victoria
en Maratón. Se consiguió formar así una coalición única en la historia de
Grecia. No obstante, Argos se negó a incorporarse por su enemistad con
Esparta y Tebas hizo lo propio por su enemistad con Atenas. El congreso
aprobó solicitar ayuda de las ciudades griegas más alejadas: Corcira, Creta y
Sicilia. Corcira tenía una buena flota, pero decidió permanecer neutral al ver a
los persas demasiado lejos. Creta era débil y sus ciudades mantenían sus
propias disputas al estilo de las de la Grecia continental, con lo que realmente
no podía ofrecer ninguna ayuda. Por último, en Sicilia sólo respondió la
ciudad de Siracusa, aunque no parece que la respuesta fuera muy seria, pues el
tirano Gelón se ofreció a colaborar siempre que se le pusiera al mando del
ejército conjunto, cosa que nunca habría sido aceptada por Esparta, por lo que
su oferta fue rechazada. También es verdad que Gelón tenía sus propios
problemas. Por aquel entonces los cartagineses habían encontrado un general
capaz, Amílcar, que se proponía expulsar definitivamente a los griegos de
Sicilia.

En 480 Jerjes I se lanzó sobre Grecia con un ejército muy superior al que su
padre llevara en su momento.
28.Las guerras médicas (480)

En 480 murieron Pitágoras y Heráclito. Unos años antes, Pitágoras había sido
expulsado de Crotona. En efecto, su escuela no sólo tenía intereses científicos,
sino también políticos. Los crotonenses se dieron cuenta con espanto de que
los hombres más influyentes de la ciudad eran pitagóricos, serios y
autoritarios, aburridos y eficientes. Un movimiento antioligárquico obligó a
huir a muchos miembros de la academia, entre ellos el maestro, pero el
pitagorismo político continuó influyendo en la ciudad durante algún tiempo.
Las malas lenguas dicen que Pitágoras, en su huida, fue a dar en un campo de
habas y, dado el odio que les tenía, se negó a esconderse en él y fue asesinado
por sus perseguidores, pero lo cierto es que Pitágoras sobrevivió y se trasladó
a la ciudad de Metaponte, donde permaneció hasta su muerte.

La muerte de Heráclito fue más pintoresca. Su dieta de eremita no debía de ser


muy saludable, pues acabó enfermando de hidropesía. Si el sabio hubiera sido
fiel a su doctrina, debería haber aceptado su enfermedad como parte del
devenir, como mal necesario para que pudiera concebirse la salud, pero no fue
así, sino que abandonó su retiro y fue desesperado de ciudad en ciudad y de
médico en médico hasta que le llegó la muerte.

Por esta época llegó a Atenas un joven de unos veinte años


llamado Anaxágoras. Había nacido en la ciudad jonia de Clazómenas y había
estudiado con Anaxímenes. Debía de tener cierta fama, pues un almirante
ateniense llamado Jántipo lo había llamado para educar a su
hijo Pericles. Allí abrió una escuela de filosofía de la que salieron muchas de
las grandes figuras que iba a producir la ciudad en los años siguientes.
Anaxágoras creía que los cuerpos celestes no eran diferentes a los de la Tierra.
Afirmaba que estaban compuestos de las mismas sustancias y obedecían a las
mismas leyes. Las estrellas eran rocas en llamas. El Sol era una roca caliente
al rojo blanco, por lo menos del tamaño de Peloponeso. Fue el primero en
explicar los eclipses solares y lunares. Practicó la disección de animales,
descubrió que los peces respiran por las branquias. También estaba
convencido de que los otros planetas estaban habitados por seres similares a
los hombres, al igual que la Tierra.
Pero el
acontecimiento más notable del año fue sin duda el enfrentamiento entre
griegos y persas, que los primeros contaron como la Segunda Guerra
Médica. (Los griegos identificaban a los persas con los medos. La Primera
Guerra Médica fue la que se resolvió con la victoria de Maratón.) Jerjes I
dirigió su flota hasta Tracia, donde desembarcó y se internó en Macedonia y el
rey Alejandro I tuvo que confirmar el sometimiento del país al dominio persa
que había aceptado su padre ante Darío I, aunque parece ser que las simpatías
del rey macedonio estaban con los griegos. Desde allí, Jerjes I avanzó hacia el
sur. Los tesalios solicitaron ayuda de las otras ciudades que habían participado
en el congreso de Corinto el año anterior. Éstas enviaron una expedición, pero
el rey Alejandro I les aconsejó que se retiraran, pues el ejército persa era
demasiado poderoso. Los griegos siguieron el consejo y Tesalia fue ocupada
por Jerjes.

Para que el pequeño ejército griego pudiera enfrentarse con éxito a los persas
era necesario hacerlo en un lugar estrecho, donde el contacto real involucrara
necesariamente a pocos hombres. Un lugar adecuado era el desfiladero de las
Termópilas, unos 160 kilómetros al noroeste de Atenas. Allí acudieron 7.000
hombres bajo el mando del rey espartano Leónidas. Con los persas estaba
Demarato, el rey espartano exiliado por Cleómenes I, quien advirtió a Jerjes I
de que los espartanos combatirían duramente.

Así fue, los espartanos resistieron tenazmente al ejército persa, pero éste
encontró finalmente un estrecho camino por las montañas que conducía hasta
la retaguardia griega. Jerjes I envió un destacamento y los griegos se dieron
cuenta de que iban a ser rodeados. Leónidas ordenó la retirada, pero él mismo
y sus 300 mejores hombres decidieron quedarse (la retirada hubiera sido
deshonrosa). Con ellos se quedaron unos 1.000 beocios, parte de los cuales se
rindieron al siguiente combate, mientras que el resto resistió con Leónidas
luchando mientras pudieron hacerlo, y al final murieron todos. Plistarco, el
hijo de Leónidas, era menor de edad, así que Pausanias, primo del rey
fallecido, actuó como regente.

La batalla de las Termópilas fue recordada durante siglos como ejemplo del
heroísmo griego e infundió gran valor a sus soldados, pero lo cierto es que
Jerjes I seguía avanzando. Llegó a la misma Atenas, la ocupó y la quemó,
pero lo que el rey persa se encontró fue una ciudad vacía. Todos los atenienses
se habían refugiado en las islas vecinas y los barcos griegos esperaban entre
Salamina y el Ática. Aunque la flota era mayoritariamente ateniense, estaba
bajo el mando de un general espartano, Euribíades, pues en aquellos
momentos los griegos sólo se sentían seguros bajo mando espartano, pero los
espartanos no se sentían cómodos en el mar, y a Euribíades sólo le interesaba
defender Esparta. Su intención era dirigirse hacia el sur para proteger el
Peloponeso. Temístocles se opuso con tanta insistencia que en un momento
dado Euribíades perdió los estribos y levantó su bastón con ademán de
golpearle. Temístocles gritó ¡Pega, pero escucha! El general escuchó los
argumentos del ateniense y sus amenazas de embarcar a todos los suyos y
marcharse a Italia. Los espartanos no podrían resistir mucho tiempo ellos
solos sin una flota. Euribíades aceptó quedarse y hacer frente a los persas,
pero Temístocles temió que en cualquier momento cambiara de parecer, así
que preparó una estratagema.

Envió un mensaje a Jerjes I proclamándose amigo de los persas y


recomendándole que se apoderara de la flota griega antes de que pudiera
escapar. El rey persa confió en el consejo. Al fin y al cabo, Grecia estaba llena
de traidores, había sido un griego quien le reveló el camino alternativo en las
Termópilas, igualmente Temístocles podía estar dispuesto a salvarse a cambio
de traicionar a los suyos. Durante la noche, los barcos persas bloquearon la
salida al mar de la flota griega. Esa misma noche llegó hasta la flota Arístides,
procedente de Egina, donde había vivido desde su destierro. Al parecer
Temístocles había requerido su presencia. Arístides comunicó a los generales
el bloqueo persa y, en efecto, al amanecer vieron que no podían escaparse sin
luchar. La situación era parecida a la de las Termópilas, pero en el mar. En la
estrecha manga de agua no cabía más que una pequeña parte de las naves
persas, y los trirremes griegos eran mucho más ágiles. Fingían embestir a los
persas, pero en el último momento giraban y, rozando el barco enemigo, le
arrancaban los remos, con lo que lo dejaban indefensos. En la batalla de
Salamina la flota persa fue completamente destruida.

Temístocles hizo llegar otro mensaje al rey persa, según el cual estaba
convenciendo a los griegos de que no persiguieran a los pocos restos de la
flota persa, pero que si no huía rápidamente tal vez no pudiera contenerlos.
Jerjes I le hizo caso y marchó a Sardes con un tercio del ejército. El resto
quedó bajo las órdenes de su cuñado Mardonio. Griegos y persas acordaron
una tregua durante el invierno, pues ambos necesitaban recuperar fuerzas. Los
atenienses volvieron a ocupar su ciudad.

Los griegos de Sicilia tuvieron que enfrentarse a los cartagineses. Las


ciudades de Himera y Agrigento estaban en guerra. Agrigento consiguió la
victoria y expulsó a los oligarcas de Himera, que no dudaron en pedir ayuda a
los cartagineses. Cartago aceptó de buen grado. Los griegos del este estaban
enfrentados a los persas, por lo que no podían ayudar a los sicilianos. Amílcar
transportó un ejército a las bases cartaginesas del oeste de la isla, y de allí
partió hacia Himera. Agrigento pidió ayuda a Siracusa, que envió un ejército.
En vísperas de la batalla, Amílcar decidió hacer un sacrificio a los dioses
griegos, para persuadirlos de que retirasen el apoyo a su pueblo. Envió a
buscar a sus aliados griegos para que le indicaran el ritual adecuado, pero
fueron interceptados por los siracusanos, que enviaron un grupo de sus
propios soldados haciéndose pasar por los que esperaba Amílcar. Se les
permitió entrar en el templo y allí mataron al general cartaginés. Pese a su
muerte, la batalla se celebró igualmente, pero sin su general los cartagineses
sufrieron una derrota espectacular, con lo que su amenaza desapareció durante
casi un siglo.

No obstante Cartago siguió prosperando. Una expedición cartaginesa al


mando de un almirante llamado Hannón cruzó el estrecho de Gibraltar y llegó
hasta las Canarias. Parece ser que continuó bordeando la costa de África hacia
el sur y luego hacia el este, esperando llegar al mar Rojo, pero cuando llegó a
Camerún y vio que la costa continuaba de nuevo hacia el sur, decidió volver a
Cartago. Otra flota cartaginesa conducida por Himilcón exploró la costa
atlántica de España.

En 479 murió Confucio. Pocos años antes había regresado a Lu, su país,
donde estuvo enseñando hasta su muerte. Se le atribuye el Chunqiu (Anales de
las primaveras y los otoños), la primera crónica china fechada de que se
dispone, que abarca el periodo comprendido entre 722 y 481, de un laconismo
extremo.

Mardonio envió a Atenas al rey Alejandro I de Macedonia garantizándoles la


independencia si permanecían neutrales en la guerra. Los atenienses se
negaron y trataron de convencer a Esparta de que se dispusiera al combate.
Esparta siempre fue lenta de reflejos. Cuando estuvo dispuesta Mardonio ya
había hecho una incursión por el Ática e incendiado Atenas. El rey Pausanias
se encaminó al norte con un ejército de 20.000 hombres del Peloponeso, de
los cuales 5.000 eran espartanos. Se les unieron contingentes de otras
ciudades, entre ellos 8.000 atenienses dirigidos por Arístides. En total los
griegos disponían de casi 100.000 hombres. Los persas contaban con más de
150.000. Las tropas se encontraron en Platea. Fue una batalla difícil, pero tras
muchas adversidades su armamento pesado les dio la supremacía. En un
momento dado, Mardonio realizó una carga al frente de 1.000 hombres, pero
murió alcanzado por una lanza. Los persas se desmoralizaron y trataron de
huir. Los que lo consiguieron se marcharon a Asia.

Los griegos avanzaron sobre Tebas, que en ningún momento había dudado en
alinearse con los persas. La ciudad fue incendiada, sus oligarcas fueron
expulsados y se instituyó una democracia. La isla de Samos envió una
petición de auxilio. Estaba siendo amenazada por los pocos barcos con los que
Jerjes I había regresado de Grecia después de Salamina. La flota griega, bajo
el rey espartano Leotíquidas,navegó hacia el este, pero los persas no estaban
dispuestos a librar otra batalla naval. Desembarcaron en Micala y esperaron a
los griegos. Éstos también desembarcaron y atacaron el campamento persa.
Tan pronto como se vio que la batalla era favorable a los griegos, se rebelaron
las tropas jónicas obligadas por los persas a combatir a su lado, lo cual decidió
la contienda. Los persas huyeron y así, tras la batalla de Micala, las ciudades
jónicas recuperaron su independencia.

En 478 la flota avanzó bajo conducción ateniense para despejar el Helesponto


y el Bósforo, con lo que terminó la Segunda Guerra Médica. Ese mismo año
murió el tirano Gelón de Siracusa. Fue sucedido por su hermano Hierón
I, que había luchado valerosamente en Himera. Bajo su gobierno la ciudad
siguió prosperando y ganando poder. Recibió en su corte a los artistas más
afamados, como Píndaro y Esquilo. Fue en las dos décadas siguientes cuando
Píndaro compuso el grueso de su obra. Su poesía era brillante en estilo y muy
espiritual y emotiva en cuanto a su contenido. Los temas eran principalmente
religiosos.

Las ciudades jonias consideraron que necesitaban la flota ateniense para


protegerse de la amenaza persa, así que decidieron formar una alianza con
Atenas destinada a presentar un frente único contra Persia. Se estableció que
cada ciudad debía contribuir con barcos para una flota común o con dinero
para un tesoro central. El número de barcos o la suma de dinero fue
establecida por Arístides según el tamaño y la prosperidad de las ciudades, y
lo hizo tan bien que ninguna ciudad se quejó de que se le exigiera demasiado
o de que a sus vecinas se les exigiera demasiado poco. El tesoro de la alianza
fue depositado en la pequeña isla de Delos, por lo que el grupo de ciudades
que conformaban la alianza fue conocido como la Confederación de Delos.

El punto débil de la Confederación de Delos era la propia Atenas. La flota


podía proteger las islas y las ciudades jónicas, pero era fácil atacar a Atenas
por tierra. Temístocles decidió construir una muralla alrededor de la ciudad.
Naturalmente, Esparta se opuso. La misma Esparta no tenía murallas, e
incluso pidió que todas las ciudades derribaran las suyas. Pero los espartanos
eran tan lentos de reflejos como rápidos eran los atenienses. Mientras
Temístocles los tuvo entretenidos discutiendo, las murallas empezaron a
construirse, y cuando por fin los espartanos se decidieron a actuar, el muro era
lo suficientemente alto como para disuadirlos del intento. Además se
reforzaron las fortificaciones que ya Temístocles había dispuesto en la costa
antes de Maratón, convertidas ahora en el Pireo, el puerto de Atenas.

Tras la guerra contra los persas, Esparta y Atenas eran las ciudades con mayor
prestigio y poder en toda Grecia. Esparta receló de la expansión de Atenas,
pero no pudo hacer gran cosa en un principio debido a varias crisis internas.
En 477 el regente Pausanias marchó a la conquista de Bizancio. Allí tuvo
ocasión de comparar la austera vida espartana con la lujosa vida oriental, y
parece ser que juzgó más interesante la segunda. Los espartanos recibieron
con desagrado las noticias de que Pausanias se había entregado al lujo y a las
riquezas. Le ordenaron volver a Esparta y una vez de regreso le acusaron de
negociar no se sabe qué con Jerjes I. Fue juzgado por traición y absuelto por
falta de pruebas. Sin embargo no se le permitió conducir más ejércitos
espartanos. Pausanias no se resigno y organizó expediciones privadas al
Helesponto, pero la flota ateniense, bajo el mando de Cimón, el hijo de
Milcíades, le arrebató Bizancio.

En 476 el rey Leotíquidas fue hallado culpable de aceptar sobornos y fue


desterrado. Fue sucedido por su joven nieto Arquidamo II. Estos sucesos
fueron minando el prestigio espartano. Si los héroes de Platea y Micala eran
unos traidores corruptos, difícilmente se podía pensar que hubiera espartanos
dignos de confianza. Atenas, en cambio, cada día parecía más admirable.

En 474 Hierón I envió una flota en auxilio de la ciudad de Cumas, amenazada


por los etruscos. Se libró una batalla que terminó en una victoria completa
para los griegos. Los etruscos nunca se recuperaron de esta derrota. Tuvieron
que abandonar la Campania y contentarse con evitar que los galos
descendieran más allá del valle del Po. Etruria también perdió su influencia
sobre el Lacio. Por ejemplo, hasta esta fecha era frecuente encontrar nombres
etruscos en las listas de cónsules romanos, pero a partir de la derrota de
Cumas ya no aparece ninguno. A largo plazo, esto debió de favorecer a Roma,
pero a corto plazo la decadencia etrusca supuso también un periodo de
recesión para Roma.

La decadencia de Esparta fue inmediatamente aprovechada por Argos, ya


recuperada de sus pasadas derrotas. Se apoderó de Micenas y Tirinto (que
entonces ya no eran sino pequeñas aldeas). No obstante, pronto se le unieron
otras ciudades del Peloponeso, incluso Tegea, que hasta entonces había sido
firmemente proespartana. En 473 Arquidamo II derrotó a Argos y sus aliados
en Tegea. Argos se retiró de la guerra, pero sus aliados continuaron, con
Tegea a la cabeza.
Cimón iba ganando a Temístocles en popularidad. Había destinado gran parte
de su riqueza a construir parques y edificios públicos, era un brillante general
y carecía del arrogante orgullo de Temístocles, justificado sin duda, pero
desagradable a los ojos de los atenienses. Además Temístocles no era
exactamente un modelo de honradez. Parece ser que aprovechó su poder para
enriquecerse y aceptó sobornos. En 472 fue desterrado por una votación de
ostracismo. Se fue a Egina y desde allí continuó confabulando contra Esparta.
Por su parte, Cimón llevó adelante una política proespartana. Su opinión era
que la alianza entre Esparta y Atenas que se había producido durante la guerra
debía prolongarse para hacer frente a los persas. Cimón obligó a las islas del
norte del Egeo a incorporarse en la Confederación de Delos.

Los éforos llamaron a Pausanias de nuevo a Esparta. Disgustado con esta


orden, Pausanias tramó el peor complot que podía tramarse en Esparta:
organizó una revuelta de ilotas. La conspiración fue descubierta en el último
momento. Pausanias se refugió en un templo, donde no se le podía ejecutar.
Los espartanos aguardaron a que le venciera el hambre, lo sacaron cuando
estuvo lo suficientemente debilitado y, una vez fuera del templo, lo
ejecutaron. Esto sucedió en 471.
29.La Atenas de Pericles (470)

Durante el agitado siglo V, la cultura griega seguía dando frutos. En Elea,


Parménides tuvo un discípulo distinguido: Zenón, que transformó las
sofisticadas paradojas de su maestro sobre la ilusión de todo cambio en
argumentos elementales capaces de desconcertar a los incautos y a los no tan
incautos. La más famosa de sus paradojas es la que demuestra que el corredor
Aquiles nunca podrá alcanzar a una tortuga que le lleve una mínima ventaja:
para ello debería alcanzar el punto de partida de ésta, pero, para entonces, el
animal ya habrá recorrido una pequeña distancia adicional que Aquiles
debería recorrer también, pero para cuando lo consiga la tortuga ya estará un
poco más adelante y Aquiles deberá recorrer también este nuevo tramo, pero
entonces, etc. Zenón de Elea es considerado el "padre de la dialéctica", es
decir, del arte de razonar para alcanzar la verdad y no sólo para ganar una
discusión.

En Agrigento vivía el gran Empédocles, político, legislador, poeta, médico,


profeta, purificador y, si hemos de creer en su fama, incluso taumaturgo (o
sea, hacedor de milagros). Más aún, parece ser que también afirmaba que un
día sería llevado al cielo y convertido en un dios. Había estudiado en la
escuela de Pitágoras, donde le encantó la teoría de la transmigración de las
almas, y no tardó en descubrir que en otra vida él había sido un pez, pero
habló de todo esto fuera de la escuela, cosa que estaba terminantemente
prohibida, así que lo echaron. Dejando de lado estos detalles de su
personalidad, lo cierto es que desarrolló una teoría interesante en la que se
oponía al desprecio que Parménides mostraba hacia los sentidos y la opinión
común. Empédocles afirmaba que la base del conocimiento está en el análisis
cuidadoso de los datos que proporcionan los sentidos. Elaboró una teoría de la
naturaleza según la cual todas las sustancias son una combinación en
proporciones variadas de cuatro elementos básicos: la tierra, el agua, el aire y
el fuego. Entre ellos se dan relaciones de amor y odio que provocan los
cambios.

Grecia dio también grandes pintores, pero prefería la escultura. Uno de los
maestros de la época era Geladas, pero fue notablemente superado por sus
discípulos, entre los que se encontraba Mirón. Las obras de Mirón tenían
fama de un extraordinario realismo. Sus motivos preferidos eran atletas y
animales, en los que con una técnica innovadora conseguía plasmar
perfectamente el movimiento. Entre sus obras destacan el Discóbolo y su
famosa Ternera, a la que cuentan que un admirador le gritó ¡muge!

Sin embargo, el mayor escultor griego fue sin duda Fidias, que empezó a
trabajar por esta época. Su padre era pintor, pero Fidias dejó pronto la pintura
y se dispuso a ejercitarse en la escultura. Recorrió las principales escuelas de
la época y trató de aprender de todos los maestros que encontró. Llegó a
dominar tanto la fundición del bronce como el labrado del mármol. Se hizo un
maestro en una compleja técnica conocida como escultura criselefantina, que
consistía en realzar estatuas de mármol con incrustaciones de oro y marfil,
usando madera como engarce.

Las dificultades de los etruscos con los galos iban en aumento. Las ciudades
del Lacio, que habían permanecido relativamente en paz mientras los etruscos
las dominaban, empezaron a gozar de la libertad de pelearse entre ellas. Los
volscos del sureste del Lacio estaban ganando poder y no tardaron en
enfrentarse abiertamente a las otras ciudades, entre ellas Roma. Volviendo a
Grecia, cuando los persas se retiraron de Tracia, un pueblo nativo,
los Odrisios, lograron organizar un imperio que llegó hasta el Danubio. Su
rey se llamaba Siltaces.

En 469 Esparta logró vencer definitivamente a Tegea y con ello volvió a ser la
dueña indiscutible del Peloponeso. En Atenas Cimón era el líder indiscutible.
Su popularidad iba en descenso, pero contaba con el apoyo de la nobleza. Por
ejemplo, la isla de Naxos consideró que los persas ya no suponían ningún
peligro y optó por abandonar la Confederación de Delos para usar sus naves
según sus propios intereses, pero descubrió que no tenía derecho a ello. Cimón
atacó Naxos, la tomó, destruyó sus fortificaciones y confiscó su flota. Como
ya no tenía flota con la que contribuir a la Confederación, a partir de entonces
su contribución fue monetaria.

Estas actitudes autoritarias e imperialistas contrariaban cada vez más a los


demócratas, a cuya cabeza estaba Efialtes. Éste acusó a Cimón de haber sido
sobornado por Alejandro I de Macedonia, pero Cimón fue absuelto
triunfalmente con el apoyo de la oligarquía del Areópago. Estaba claro que no
había nada que hacer contra Cimón mientras no sufriera un revés.

En 468 murió Arístides el Justo. Aunque había administrado el enorme tesoro


de la Confederación, su capital personal no fue suficiente para pagar su
entierro. Todos los años se celebraba en Atenas una competición teatral
durante las fiestas en honor a Dioniso. El ganador más habitual era Esquilo,
pero este año arrebató el premio un joven competidor llamado Sófocles. Había
sido alumno de Anaxágoras. Su aportación principal fue la de incluir un tercer
actor en sus tragedias. Mientras Esquilo estaba más interesado en el
argumento fatalista y moralizante de sus tragedias, a Sófocles le interesaba
más la caracterización de los personajes, que presentaba altamente
idealizados. Al año siguiente volvió a ganar Esquilo, pero en los sucesivos
Sófocles se mostró imbatible.
En 467 Pericles, que se había convertido en uno de los miembros más ilustres
del partido demócrata, fue nombrado arconte. Su madre era sobrina de
Clístenes, por lo que pertenecía a la familia de los Alcmeónidas. Además de
con Anaxágoras, parece ser que también estudió con Zenón.

En 466 murió el tirano Hierón I de Siracusa, y con él terminó la tiranía en la


ciudad.

En 464 murió Jerjes I, víctima de una confabulación palaciega. El rey había


pasado los últimos años de su reinado recluido en su palacio, empeñado en
proyectos inútiles, como ampliar los palacios de Persépolis. Fue sucedido por
su hijo Artajerjes I, que necesitó cierto tiempo para consolidar su trono. Esto
desencadenó una rebelión en Egipto. Más concretamente, surgió de Libia. Un
jefe tribal libio, llamado Inaros, llevó a sus hombres al delta, donde se le unió
de buen grado una multitud de egipcios. El virrey persa, hermano de Jerjes I,
fue depuesto.

Ese mismo año un terremoto destruyó Esparta. Los ilotas decidieron


aprovechar la ocasión y llevar a cabo la rebelión que años atrás les propusiera
Pausanias. Pero los espartanos reaccionaron y los ilotas tuvieron que retirarse
y fortificarse en el monte Itome, donde antaño se refugiaron los mesenios. Se
inició así lo que vino en llamarse la Tercera Guerra Mesenia. Efialtes propuso
ayudar a los ilotas, a lo que Cimón se opuso radicalmente. Recordó a los
atenienses los muertos espartanos en las Termópilas y sus hazañas en Platea.
Cimón afirmaba que Esparta y Atenas eran como dos bueyes que conducían a
Grecia: si uno era destruido, toda Grecia sería mermada.

En 462 Atenas envió un ejército a ayudar a los espartanos, pero éstos se


sintieron heridos en su amor propio. No pudieron soportar que los atenienses
acudieran a ayudarles contra sus propios esclavos, así que les ordenaron
volverse sobre sus pasos. Efialtes se encargó de presentar esto ante Atenas
como una terrible humillación, de la que el único responsable era Cimón.
En 461 se hizo una votación de ostracismo y Cimón fue desterrado. Efialtes
dirigió graves acusaciones de corrupción contra miembros del Areópago
cuidadosamente fundamentadas. Como consecuencia, varios de sus miembros
fueron ejecutados o exiliados. Los intentos de comprar a Efialtes fracasaron,
por lo que en 460 fue asesinado. Sin embargo los demócratas no perdieron el
poder, sino que Efialtes fue reemplazado por Pericles, que llevó a Atenas a su
apogeo.

Pericles extendió internamente la democracia: decretó que los funcionarios


públicos cobraran un salario, de modo que también los más pobres podían
servir a la ciudad. Aunque Atenas y El Pireo estaban fortificados, la distancia
que los separaba era de unos ocho kilómetros, de modo que en caso de asedio
Atenas se quedaba igualmente incomunicada del mar. Por ello decidió
construir un pasillo amurallado desde la ciudad al puerto, "los largos muros".

Por esta época empezó a destacar Policleto, otro discípulo de Geladas.


Además de un gran escultor fue un gran teórico de la escultura. Se propuso
aplicar a su arte reglas deducidas de las observaciones naturales y elaboradas e
idealizadas mediante la geometría. Estas reglas rigieron gran parte de la
estatuaria griega. Fidias estudió con Policleto y las incorporó a su técnica.

En Grecia iba surgiendo una "clase" diferente de sabios. Eran conocidos


como sofistas. Hombres que enseñaban las cualidades más importantes para la
vida pública. Entre estas cualidades figuraba, sin duda, la oratoria. Muchos
sofistas afirmaban abiertamente que (por una suma adecuada) podían enseñar
a defender cualquier causa o argumento y llevar a cualquier tribunal, o jurado,
o simplemente a la opinión pública, en la dirección deseada. Justo lo contrario
de lo que pretendía Zenón con su dialéctica.

El más famoso de los sofistas fue Protágoras, había nacido en Abdera,


aunque pasó varias temporadas en Atenas, Sicilia y el sur de Italia. Parece que
fue él quien acuñó el término "sofista". Rechazaba la existencia de una verdad
objetiva. Por el contrario, para Protágoras, el hombre es la medida de todas
las cosas. Enseñó a preparar discursos bien estructurados, sin buscar el apoyo
de la verdad. Sin embargo, parece ser que él mismo no se entregó a estas
técnicas (o lo hizo sumamente bien), pues los que le habían conocido
reconocieron que sus argumentaciones eran honestas. Fue el primero en
analizar la lengua griega y su gramática.

Artajerjes I envió un ejército a Egipto a sofocar la revuelta iniciada tras la


muerte de Jerjes I. Egipto pidió ayuda a Atenas y Pericles envió una flota que
tomó Menfis, pero los persas resistieron y se inició una larga guerra.

En 459 terminó la guerra que Esparta mantenía con los ilotas rebeldes. No se
puede hablar de una victoria aplastante. Los esclavos se rindieron a cambio de
que se garantizara su libertad. Los espartanos les permitieron marcharse y
naves atenienses los transportaron a Naupacta, una estación naval fundada
recientemente por Atenas al norte del golfo de Corinto.

En 458 los largos muros entre Atenas y el puerto de El Piero estaban


terminados. Atenas aplastó a Egina, tomó parte en una querella entre Corinto
y Megara. Corinto fue derrotada y Megara quedó bajo protección ateniense.
Además se firmó una alianza con Argos, signo claro de desafío hacia Esparta.
Ese año Esquilo logró ganar a Sófocles con la Orestíada, pero los años
siguientes Sófocles vovió a imponerse. Tal vez por esto Esquilo decidió
emigrar a Siracusa, donde ya había sido huésped de Hierón I, que le había
tributado grandes honores.
Un nuevo grupo de judíos decidió trasladarse de Babilonia a Judea. Entre ellos
se encontraba un escriba (esto es, un estudioso de la Ley)
llamado Esdras. Probablemente, la realidad con que se encontró difería
bastante de lo que esperaba encontrarse. Los judíos se estaban mezclando con
la población autóctona y los rituales religiosos estaban perdiéndose. Esdras
reunió al pueblo y leyó los libros de la Ley (los primeros cinco libros de la
Biblia actual). Los leyó en hebreo, que para entonces era prácticamente una
lengua muerta, pues los judíos hablaban arameo, pero debió de explicarlos con
tal énfasis y personalidad que despertó gran entusiasmo y una parte
suficientemente grande de la población aceptó su doctrina. Reconocieron el
grave pecado que habían cometido al casarse con mujeres extranjeras y
acordaron repudiarlas.

Así empezó la separación de los judíos con respecto a los gentiles (los no
judíos). Ante la imposibilidad de cualquier clase de autonomía política, los
judíos se aferraron a las costumbres tradicionales consignadas en los textos
sagrados como única forma de preservar su identidad. La circuncisión, la
prohibición de trabajar en sábado o de tomar ciertos alimentos impuros, etc. se
aplicaron con el máximo rigor y los judíos rehuyeron el trato con cualquiera
que no observara estas y otras muchas costumbres diferenciadoras. La idea
(relativamente nueva) de que su dios era el único dios verdadero les dotó de
una nueva arma ideológica: el sarcasmo. Ahora los judíos se burlaban de las
creencias de sus vecinos. Apareció una nueva leyenda sobre Abraham, sin
fundamento bíblico, según la cual su padre, Téraj, estaba al mando de los
ejércitos del rey Nemrod, en Babilonia y adoraba doce ídolos de madera y
piedra (todo esto antes de que abandonara Ur con su hijo, que es donde
comienza la narración bíblica):

Abraham llegó a Babilonia y, al ver los ídolos, ordenó a su


madre que matase y cocinase un cordero. Después colocó la
comida delante de los ídolos y esperó a ver si alguno comía.
Como no fue así, se burló de ellos y le dijo a su madre: "¿Es
posible que el plato sea demasiado pequeño, o que el cordero
esté insípido? Por favor, mata otros tres corderos y aderézalos
con más delicadeza." Ofrecido de nuevo el manjar a los ídolos,
éstos tampoco se movieron. El espíritu de Dios descendió sobre
Abraham, quien tomó un hacha y destruyó todos los ídolos
menos el mayor. Puso el hacha en una de sus manos y se
marchó.
Cuando llegó Téraj, mandó llamar a su hijo y le pidió
explicaciones. Abraham dijo: "Ofrecí comida a tus ídolos, sin
duda deben de haberse peleado por ella. Según parece, el mayor
ha despedazado a los otros." Téraj exclamó: "¡No me engañes!,
se trata de imágenes de madera y piedra, hechas por la mano
del hombre." Abraham preguntó: "Si es así, ¿cómo pueden
responder a tus plegarias?". Luego proclamó al "Dios vivo",
tomó el hacha y destruyó el último ídolo.

Pese a todo, el judaísmo no se vio libre de influencias externas. Una parte de


los judíos que terminó siendo mayoritaria aceptó algunas de las ideas
novedosas del mazdeísmo, que ahora era la religión dominante en todo el
Imperio Persa. Naturalmente el gran Ahura-Mazda se identificó con Yahveh,
pero el mazdeísmo tenía una figura de la que carecía el judaísmo: la
representación del mal, Ahrimán. Los judíos le dieron el nombre de Satán, si
bien no estuvieron dispuestos a concederle el mismo poder que a Yahveh. Las
deidades al servicio de Ahura-Mazda se convirtieron en toda una jerarquía
de ángeles, o mensajeros de Dios, mientras que las divinidades supeditadas a
Ahrimán, se convirtieron en demonios capitaneados por Satán. Se formaron
historias que presentaban a Satán como un "ángel caído" que se había
rebelado contra Yahveh. La idea del Salvador que llegaría al final del mundo
para juzgar a vivos y muertos se asimiló a la del Mesías. El infierno
tradicional judío, muy similar al de los griegos, donde iban a parar todos los
muertos (con contadas excepciones) se transformó en el limbo, donde los
muertos esperaban el juicio final. La mayor parte de estas ideas no llegó a
incorporarse a la Biblia y parece ser que la clase sacerdotal más conservadora
nunca las aceptó.

Roma se hallaba en serias dificultades ante los ecuos, una tribu que habitaba
las regiones montañosas del este del Lacio y que se habían aliado con los
volscos y habían logrado acorralar a uno de los cónsules con su ejército. La
ley romana admitía que el consulado fuera suspendido temporalmente en
casos de extrema necesidad, de modo que se confería poder absoluto a un solo
hombre durante un periodo de seis meses. Este gobernante era
llamado dictador (el que dice lo que hay que hacer). El Senado decidió
nombrar dictador a Lucio Quincio Cincinato (Cincinato significa "de pelo
rizado"). La leyenda lo presenta como un modelo de virtud: un patricio
conservador al estilo de Coriolano que había decidido retirarse de la política
porque un hijo suyo había sido exiliado por ofender a los tribunos. Siempre
según la leyenda, cuando Cincinato recibió la noticia estaba arando su campo.
Dejó el arado, marchó al Foro, reunió un ejército, se dirigió hacia los ecuos,
los derrotó, rescató al cónsul y a su ejército, volvió a Roma y renunció a la
dictadura, todo ello en un día. Esto no es muy creíble, pero el conflicto entre
Roma y los ecuos y los volscos sí que es real. Es probable que la leyenda de
Coriolano date también de estos tiempos, aunque después se situó
anacrónicamente en la época en que se creó el cargo de tribuno. Los romanos
tuvieron siempre a Cincinato como ejemplo de uso del poder sin abuso.

En 457 Esparta estaba recuperada del serio desgaste que le había supuesto la
rebelión de los ilotas. Inmediatamente se volvió contra Atenas y sus "largos
muros", que nunca había aprobado. Atenas estaba concentrando sus fuerzas en
la lucha contra los persas en Egipto y no quería enzarzarse en una lucha en
Grecia. Por ello mandó llamar a Cimón del destierro para que firmara una
tregua con Esparta.

En 456 murió Esquilo, en Siracusa. Los atenienses quisieron conocer la última


tragedia que había compuesto en Sicilia y le dieron, después de muerto, el
primer premio del certamen anual.

En 455 Artajerjes I logró dominar la rebelión en Egipto. El cabecilla, Inaros,


fue ejecutado. La victoria persa pasó por la destrucción casi completa de las
tropas enviadas por Atenas. Fue un duro golpe, que sembró cierta
desconfianza entre los griegos, incluidos los propios atenienses. Como signo
de autoafirmación, el tesoro de Delos fue trasladado a la propia Atenas, dando
a entender que era ella quien dominaba sobre todas las demás ciudades de la
Confederación. Las tropas persas se trasladaron de Egipto a Chipre, que
también se había rebelado. Atenas mandó de nuevo una flota, esta vez bajo el
mando de Cimón. Los persas fueron derrotados, pero Cimón murió en la
batalla y los atenienses firmaron la paz.

Ese año murió el rey Plistarco, el hijo de Leónidas, que asumió el trono tras la
muerte del regente Pausanias. Fue sucedido por Plistoanacte, hijo de
Pausanias.

En Atenas hacía su debut un nuevo poeta trágico, que obtuvo un honroso


tercer premio con Las Pelíadas. Se trataba de Eurípides, aunque hijo de
familia humilde, recibió una esmerada educación. Entre sus maestros
figuraron Anaxágoras y Protágoras. Sus obras no fueron bien acogidas por los
críticos, por lo que sólo iba a ganar el primer premio cuatro veces. Ello se
debía a que eran menos solemnes que las de Esquilo o Sófocles. Sus
personajes no estaban idealizados, sino que tenían defectos humanos y
hablaban un lenguaje cotidiano. Eurípides se interesa menos por la acción y
más por las situaciones y las reacciones de los personajes. A menudo las
situaciones sin salida se resuelven al final de la obra de modo inesperado por
una intervención divina.

En 454 murió el rey Alejandro I de Macedonia. Fue sucedido por Perdicas


II, quien tuvo que enfrentarse a los odrisios. Por esta época Tesalia empezó a
declinar. Hasta entonces había sido una de las primeras potencias griegas,
gracias a su poderosa caballería, pero las rivalidades entre las grandes
familias, la intervención de los medos, las luchas sociales y la aparición de
nuevas ciudades debilitaron la Confederación.

En 453 se produjo el desmembramiento del estado chino de Jin en los reinos


de Chao, Han y Wei. Este acontecimiento marca el inicio del periodo de la
historia de China conocido como "de los reinos combatientes", en el que se
produjeron continuas guerras, alianzas, invasiones y anexiones.

30.La Edad de Oro (450)

La evolución de Roma durante la primera mitad del siglo V debió de estar


marcada por las tensiones sociales entre patricios y plebeyos. No conocemos
detalles de esta lucha salvo a través de leyendas como la de Coriolano o la de
Cincinato, pero en ellas se pone de manifiesto la resistencia de los patricios a
conceder poder a los plebeyos, así como el avance imparable de éstos. Una de
las armas que tiene una oligarquía contra el pueblo es su potestad de dictar
leyes según su conveniencia, y por ello una parte de las presiones populares se
encaminan a que las leyes se pongan por escrito para que se pueda analizar si
son justas o no y, sobre todo, para que no puedan ser cambiadas de un día para
otro según convenga. En 450 los plebeyos lograron el compromiso por parte
de los patricios de elaborar un código escrito. Eso sí, dicho código sería
elaborado por los propios patricios. Concretamente, el Senado encargó la tarea
a diez patricios a los que otorgó también todo el poder mientras llevaban a
cabo su trabajo. Fueron llamados decenviros (que significa "diez hombres"), a
la cabeza de los cuales estaba Apio Claudio Craso (el gordo), hijo o nieto del
Apio Claudio que había provocado la secesión de los plebeyos medio siglo
antes.

Las leyes se grabaron en doce tablas de bronce, por lo que se conocen como
las Doce Tablas, que se convirtieron en el fundamento del futuro Derecho
Romano. Sin embargo, parece que todo el proceso fue en realidad un intento
de los patricios de recuperar definitivamente el poder, pues, una vez
confeccionadas las leyes, los decenviros no renunciaron a sus cargos. Al
contrario, cada uno de ellos se rodeó de una guardia de corps formada por
doce lictores. Los decenviros ostentaban el símbolo del poder en Roma, que
era un haz de varas atadas con un hacha en el medio. Había sido el símbolo de
la monarquía y después del consulado. Representaba el poder de azotar con
las varas y de matar con el hacha. Estos símbolos eran
llamados fasces (haces).
Ese mismo año moría Cimón en Atenas. Pericles era el gobernante
indiscutible de la ciudad, reelegido democráticamente una y otra vez sin que
la nobleza pudiera hacer nada para evitarlo. El gobierno de Pericles coincidió
con el apogeo cultural de Atenas, por lo que este periodo es conocido como
la Edad de Oro Ateniense, e incluso como la Era de Pericles. Por esta época
destacaba Leucipo de Mileto, quien afirmaba que la materia está formada por
diminutas partículas que no pueden dividirse en partes más simples. Su teoría
fue desarrollada por su discípulo Demócrito, que había nacido en la ciudad
tracia de Abdera y llamó átomos a estas partículas. También afirmaba que la
Vía Láctea era una acumulación de estrellas. Fue un gran viajero. Su padre era
un rico mercader, y al morir le dejó una sustanciosa suma de dinero, que él
empleó en visitar Egipto, Nubia, Persia y la India. "La patria de todo hombre
razonable es el mundo", decía, y "Es más importante conquistar una verdad
que un trono". Parece ser que compuso tratados de Medicina, Astronomía,
Matemáticas, Música, Psicoterapia, Física, Anatomía, etc.

En 449 murió Temístocles. Después de su ostracismo se había retirado a


Egina, pero por algún motivo Atenas lo declaró traidor y tuvo que huir de
Grecia. Llegó a territorio persa y allí fue tratado con gran deferencia. Los
persas recordaron que Temístocles había tratado de ayudarles en Salamina
tendiendo una emboscada a los griegos, pues al menos eso era lo que él les
había hecho creer entonces. A los historiadores siempre les ha quedado la
duda de si la actuación de Temístocles durante la guerra fue siempre leal a
Atenas o si, por el contrario, arregló las cosas deliberadamente de modo que él
resultara beneficiado ganara quien ganara.

Los focenses se apoderaban de Delfos, y Esparta envió una expedición para


derrotarlos. Era la Segunda Guerra Sacra. Los focenses fueron derrotados,
pero cuando se marcharon los espartanos Atenas se puso de parte de Fócida y
le ayudó a recuperarse.

Los decenviros romanos fueron obligados a dejar el poder. La versión de la


historia transmitida por los romanos es, como de costumbre, muy humana.
Cuenta que Apio Claudio quiso hacerse con una joven llamada Virginia, hija
de un plebeyo. Ante la oposición del padre presentó unos falsos testigos según
los cuales en realidad Virginia era hija de uno de sus esclavos, lo que
automáticamente la convertía en su esclava. El padre, viendo que no podía
hacer nada, tomó la decisión de apuñalar a Virginia en el juicio, como única
forma de salvar su honor. Esto hizo saltar a los plebeyos, que amenazaron con
marcharse de la ciudad otra vez, con lo que finalmente los decenviros tuvieron
que ceder.

Fuera así o de otro modo, lo cierto es que el poder de los tribunos aumentó. Se
les permitió sentarse en el Senado. Se les otorgó el derecho de interpretar los
presagios, cosa más importante de lo que podría parecer, pues si los presagios
eran malos las sesiones del Senado podían ser interrumpidas, al menos
temporalmente.

En 447 Pericles ordenó la construcción de un grandioso templo dedicado a la


diosa Atenea en la Acrópolis. El arquitecto fue Ictino y el escultor Fidias. Al
contrario que sus maestros, Mirón o Policleto, Fidias pronto demostró su
preferencia por las obras gigantescas. Había esculpido una estatua colosal de
Atenea para el templo de Platea y un monumento en honor de Milcíades en
Delfos. Unos pocos años antes Pericles ya le había encargado algunas estatuas
monumentales en bronce para la Acrópolis, pero éste iba a ser el proyecto
artístico más grandioso y emblemático que emprendería Atenas.

Las ciudades griegas que se habían sometido a Atenas cuando la amenaza


persa no aconsejaba disensiones, empezaban a reclamar su tradicional
independencia. Beocia se levantó contra la dominación ateniense, con Tebas a
la cabeza. Atenas envió un ejército, pero fue derrotado. Tebas se hizo con el
control de Beocia e instauró oligarquías en las ciudades donde Atenas había
instaurado democracias. Los focenses estaban separados de Atenas por
Beocia, por lo que consideraron más conveniente abandonar la alianza con
Atenas que se había establecido tras la Segunda Guerra Sacra.

Al año siguiente, en 446, fueron Eubea y Megara las que se rebelaron. Atenas
no tuvo dificultad en someter a Eubea porque era una isla, y la fuerza de
Atenas estaba sin duda en el mar. Sin embargo, Megara estaba en tierra firme,
recibió ayuda del Peloponeso y Atenas la perdió para siempre. Viéndose en
desventaja, Atenas decidió firmar la llamada Paz de los Treinta Años con
Esparta, comprometiéndose a no ejercer su influencia sobre la Grecia
continental. Como compensación Pericles trató de extender el dominio de
Atenas en ultramar. Envió colonos a diversas islas del Egeo y del Quersoneso
tracio. Barcos atenienses penetraron en el mar Negro (el mismo Pericles fue
en una de esas expediciones), y estableció relaciones con diversas ciudades
costeras griegas.

En 445 Roma dio una muestra más de progreso social: por primera vez se
permitía el matrimonio entre patricios y plebeyos.

En 444 el rey espartano Plistoanacte fue desterrado y sucedido por su


hijo Pausanias.

En 443 Atenas fundó la ciudad de Turios en Italia, donde había estado


Síbaris. Hacía más de un siglo que los griegos no fundaban nuevas ciudades.
Así Pericles continuaba fortaleciendo la confederación ateniense frente a los
golpes que había sufrido los últimos años.
En 440 llegó a Jerusalén un judío llamado Nehemías. Era copero de Artajerjes
I, y usó su influencia para obtener del rey el permiso necesario para fortificar
Jerusalén como defensa frente a los enemigos circundantes. Derruyó las viejas
murallas y empezó la construcción de otras nuevas, con la obvia oposición de
los pueblos vecinos, recelosos de un nuevo imperialismo judío, pero con el
apoyo del rey.

La isla de Samos y la ciudad de Mileto se enzarzaron en una disputa sobre el


dominio de la ciudad de Priene. Solicitaron el veredicto de Atenas, y ésta se
puso de parte de Mileto. Para prevenir problemas expulsó a los oligarcas de
Samos e instauró una democracia. Samos se rebeló y repuso a los oligarcas, y
Atenas necesitó un año para restaurar el orden. La campaña estuvo dirigida
por Sófocles. Surgieron muchas más querellas entre ciudades, y Atenas era
requerida casi siempre como juez, y normalmente Atenas se ponía de parte de
unos y Esparta de los otros. La política griega se volvía cada vez más tensa.
También es el año de la muerte de Parménides.

En 438 los griegos crearon el reino del Bósforo Cimerio, con capital en
Panticapea, que se extendía por parte de la península de Crimea (el
Quersoneso Táurico) y a orillas del Bósforo Cimerio. Este mismo año murió
el poeta Píndaro, colmado de honores.

En 437 las murallas de Jerusalén estaban terminadas. El área que protegían era
pequeña, pero elevó considerablemente la moral de los judíos. Carecían de
autonomía política, pero ahora tenían una capital en condiciones donde -hasta
cierto punto- eran los amos.

En 436 Atenas fundó una segunda ciudad, Anfípolis, en la costa norte del
Egeo. En 435 la isla de Corcira sufría una enconada guerra civil entre
aristócratas y demócratas. Los oligarcas llamaron en su ayuda a la ciudad de
Corinto, también gobernada por una oligarquía. Corinto envió una flota, pero
los demócratas la destruyeron rápidamente.

La aristocracia ateniense, incapaz de debilitar directamente a Pericles, optó


por atacar a sus amigos. Una víctima fácil fue Anaxágoras. Tenía una teoría
cosmológica elaborada sobre la base de que no era necesario invocar a nada
sobrenatural para explicar lo natural. Según él, el cosmos se había generado
como consecuencia de un gran remolino que había separado los cuatro
elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego, que se recombinaron formando
los seres naturales. El hombre salió favorecido gracias a que al andar sobre sus
dos piernas tenía las manos libres y ello le permitió un desarrollo cultural del
que carecieron los demás animales.

Estas ideas no tardaron en escandalizar a una parte de la sociedad ateniense,


que no veía con buenos ojos que Zeus quedara al margen de todo. Cuando
Anaxágoras se dispuso a escribir un libro con su teoría, al que llamó Sobre la
naturaleza, se dio cuenta del peligro e introdujo un concepto al que
llamó Nous (pensamiento, mente) como origen del remolino inicial. Lo citaba
tan a menudo que algunos atenienses le llamaban cariñosamente nous. Un día,
en 434, Anaxágoras puso en evidencia al clero a raíz de una disputa sobre un
presunto carnero sobrenatural que tenía un solo cuerno. Poco después,
Anaxágoras fue acusado de impiedad y un tribunal se puso a escrutar su libro.
La conclusión final fue que el nous era una estratagema para disimular su
ateísmo. Fue condenado a muerte, pero Pericles se las arregló para preparar su
fuga. Se refugió en la ciudad de Lampsaco, en el Helesponto,

En 433 Corinto había preparado una nueva expedición contra Corcira para
apoyar a los oligarcas. Los demócratas pidieron ayuda a Atenas, que envió
otra flota. Cuando ésta llegó, las naves de Corinto estaban imponiéndose
lentamente sobre los corcirenses, pero los atenienses descompensaron las
fuerzas y Corinto tuvo que retirarse por segunda vez. En venganza, Corinto se
las arregló para que la ciudad de Potidea, en la península calcídica, se
rebelara contra Atenas, pero Pericles logró controlar rápidamente la situación.
Corinto, fuera de sí, solicitó la ayuda de Esparta. Sin embargo, el rey
Arquidamo II se opuso. Era amigo de Pericles y se las arregló para mantener
la paz, apelando a la Tregua de los Treinta Años firmada entre las dos
ciudades.

Mientras tanto, en Atenas le tocó el turno a Fidias. En 432 estuvo acabado el


templo de Atenea, que recibió el nombre de Partenón. El escultor fue acusado
de haber robado parte del oro y el marfil que se le suministró para la obra.
Tras un proceso fue encarcelado, pero el hecho causó tal escándalo que la
ciudad de Olimpia se prestó a pagar la cantidad presuntamente robada y
encargó a Fidias que esculpiera una estatua de Zeus para el templo de la
ciudad. Tal vez el maestro agradeciera más a Olimpia este encargo que su
libertad, pues por fin encontró la posibilidad de esculpir la estatua de sus
sueños: tenía más de veinte metros, y eso que Zeus aparecía sentado. Estaba
hecha de mármol con marfil y oro. De ella no queda más que un trozo del
pedestal, pero todos los que la vieron la tuvieron por una obra maestra.

El éxito de los ataques contra Anaxágoras y Fidias llevó a la aristocracia


ateniense a intentar un golpe más alto. Tiempo atrás había llegado a Atenas
una mujer llamada Aspasia. Allí fundó una especie de escuela de filosofía
según unos, de prostíbulo según otros, a la que concurrían las figuras más
destacadas de la ciudad. Aspasia defendía la emancipación de la mujer. En la
edad de oro ateniense, las mujeres de buena familia permanecían confinadas
en sus casas desde niñas, sin recibir más educación que la concerniente a las
tareas domésticas, se casaban con quien su padre decidía y cuando él lo
decidía y luego quedaban obligadas a la más absoluta fidelidad hacia su
marido, pues no estaba muy mal visto que un marido matara a su esposa para
limpiar su honor. Es cierto que, en respuesta a esta situación, Aspasia defendía
una vida más promiscua y licenciosa, y no fue la única, sino que poco a poco
en Atenas surgió una clase de mujeres "liberadas" llamadas hetairas, que
resultaron ser las únicas mujeres cultas de la época. Vivían del dinero que les
ofrecían los personajes interesados en su compañía y en sus favores, pero no
hay que confundirlas con las prostitutas comunes, o pornai, que se
concentraban sobre todo en los barrios portuarios de El Pireo.

El caso es que Pericles se enamoró de Aspasia, repudió a su mujer y la


primera dama de Atenas pasó a ser una hetaira. Ésta aprovechó su influencia
para organizar clases de filosofía para mujeres, pero las que asistían eran muy
mal vistas. Finalmente, Aspasia fue acusada de impiedad por los
conservadores. La acusaron de haber convertido la casa de Pericles en un
burdel donde se corrompía a las mujeres de la buena sociedad. Estas
acusaciones no pudieron ser probadas ante el tribunal, donde el propio
Pericles se encargó de defenderla.

En 431 Fidias decidió volver a Atenas, y fue un error, pues inmediatamente


volvió a ser acusado, esta vez de impiedad al haber esculpido su propio rostro
y el de Pericles en el escudo de la diosa Atenea en el Partenón. Fue
encarcelado y murió a la espera del juicio.

Pericles decidió imponer un embargo a la ciudad de Megara, que se había


aliado con Corinto en rebelión contra Atenas: Ningún mercader megarense
podía comerciar en un puerto controlado por Atenas, medida que
prácticamente asfixiaba el comercio y la prosperidad de la ciudad. Megara era
una de las ciudades bajo protección espartana, y así los espartanos empezaron
a entender lo grave que podía resultarles la hegemonía de Atenas en el mar, a
la que hasta entonces no habían dado importancia. Los éforos espartanos
decidieron que Atenas había roto la Tregua de los Treinta Años, e hicieron
prevalecer su punto de vista sobre el del rey Arquidamo II. Éste se vio
obligado a conducir un ejército contra Atenas. Se inició así la Guerra del
Peloponeso.

Pericles no intentó enfrentarse a los ejércitos espartanos. En su lugar ordenó a


toda la población que se refugiara tras los "largos muros" que unían Atenas
con El Pireo y se dispusieran a resistir. Mientras la flota Ateniense pudiera
traer suministros, no había nada que temer. Los espartanos arrasaron el Ática,
pero no consiguieron doblegar a Atenas. Llegado el invierno se retiraron, y
sabían que el año siguiente se encontrarían con la misma situación.

En 430 se publicó el libro de historia griega más antiguo que se conserva


íntegro. Su autor es Heródoto, nacido en la ciudad de Halicarnaso, al sur de
Jonia. Tendría ya más de cincuenta años cuando se decidió a escribir. Había
viajado por Persia y Egipto interesándose por todo. El tema principal de su
libro era la guerra con Persia. Los atenienses le concedieron un premio en
metálico por su obra.

Ese año volvieron los espartanos, pero Atenas se encontró con un enemigo
inesperado: Una virulenta peste se extendió rápidamente por la ciudad. Los
atenienses no sabían cómo combatirla y murió el veinte por ciento de la
población. Pericles fue destituido por votación y juzgado por malversación de
fondos públicos, pero no encontrando quien le sustituyera en el mando, se le
volvió a elegir.

31.La guerra del Peloponeso (430)

A finales del siglo V, la mitad del mundo civilizado, desde Egipto hasta el
Ganges, estaba bajo el dominio persa. El rey Artajerjes I había renunciado a
imponerse sobre los griegos e incluso se había resignado a soportar su
continuo aguijoneo en las fronteras. Hacia el este, la India continuaba un lento
proceso de organización política. Una tribu aria llegó a la isla de Ceilán, cuyo
nombre procede del nombre de esta tribu: los Sinhala, (de simha, león). Los
invasores expulsaron a los nativos e introdujeron el cultivo del arroz y un
excelente sistema de riego. Desde entonces se les conoce
como cingaleses. Más al este aún, las relaciones entre los distintos
principados chinos se volvían cada vez más tensas.

En el otro extremo, los cartagineses buscaban rutas comerciales por el océano


Atlántico, ya que los griegos les habían expulsado del Mediterráneo. Etruria
decaía. Los galos la acosaban por el norte y Roma la acosaba por el sur. En
especial Roma mantenía casi continuos combates con la ciudad etrusca
de Veyes, situada veinte kilómetros al norte. El vacío de poder dejado por los
etruscos en Italia fue llenado en parte por los samnitas, pueblos itálicos que
poblaban el este del Lacio y que empezaron a expandirse y a ganar poder.

El arte griego estaba abandonando la simplicidad de las formas clásicas y se


decantaba por estilos cada vez más recargados. Uno de los primeros pasos en
esta dirección lo dio el arquitecto Calímaco, que ideó la columna
corintia, más ornamentada que la tradicional columna dórica. Por esta época
murió Demócrito. Al parecer siguió unas normas de higiene que él mismo
recomendaba, lo que le permitió vivir más de noventa años. Algunos dicen
que más de cien.
En 430 surgió un reino poderoso en Épiro. Tras el declive de los tespotas, la
región había sido dominada por los caonios, y ahora eran los molosos los que
se organizaron bajo una poderosa dinastía con capital en Fenice.

Pero los acontecimientos más dramáticos de la época tenían lugar más al sur,
donde acababa de estallar una guerra mundial en miniatura. Atenas, apoyada
por las islas de la confederación, se enfrentaba a Esparta, apoyada por Beocia
y todo el Peloponeso excepto Árgos (que se mantuvo neutral). Al mismo
tiempo, Atenas tuvo que enfrentarse con una epidemia de peste. Fue llamado a
la ciudad un joven médico, de hecho el primero que practicó la medicina
como ciencia, sin mezclarla con la religión. Se llamaba Hipócrates y había
nacido en la isla de Cos, frente a la costa de Asia Menor, cerca de la ciudad de
Halicarnaso. Su padre era curandero, y vivía de los muchos enfermos que
acudían a la isla para bañarse en sus aguas termales. Hipócrates los examinaba
y elaboró una casuística sobre la que basó sus diagnósticos. Sus escritos
fueron organizados en un Corpus Hippocraticum, pero parece ser que la
mayor parte del texto fue escrito por sus discípulos tras su muerte. No parece
que Hipócrates hiciera muchas aportaciones científicas, pero lo importante es
que recuperó la dignidad de la medicina, bastante desprestigiada a la sazón,
pues hasta entonces estaba en manos de charlatanes y sacerdotes. Hipócrates
se comprometió a sí mismo y a sus discípulos con un juramento que no sólo
obligaba a ejercer la medicina como ciencia, sin engaños, sino también a
guardar unas normas de higiene y decoro que inspiraran confianza a los
pacientes. Organizó un gremio de médicos que se reunían periódicamente para
intercambiar experiencias y descubrimientos. No sabemos qué resultados
obtuvo en Atenas, pero es posible que ayudara a combatir la peste
recomendando normas de higiene. En 429 la peste acabó con el mismo
Pericles.

A la muerte de Pericles, la figura más destacada del partido democrático


era Cleón, que abogaba por continuar la guerra, mientras que a la cabeza de
los conservadores estaba Nicias, partidario de firmar la paz con Esparta. En un
primer momento triunfó Cleón, bajo cuyo gobierno Atenas siguió luchando
con energía, pero sin la prudencia de Pericles. Por estas fechas destacaba en
Atenas un autor cómico: Aristófanes. Era de familia aristocrática y en sus
comedias se burlaba descaradamente de Cleón y los demócratas, hasta
extremos que hoy en día serían inadmisibles por su mal gusto.

Por esta época había adquirido fama en Atenas un hombre singular. Se


llamaba Sócrates. Había estudiado con Anaxágoras (o tal vez con un
discípulo de éste, Arquelao de Mileto) y había combatido por Atenas en
Potidea. Parece ser que la guerra del Peloponeso le llevó a la conclusión de
que el enemigo del hombre no es la naturaleza, sino el hombre, por lo que era
más importante estudiar al hombre que al mundo. En otras palabras, de los
intereses científicos que podía haberle inculcado Anaxágoras, pasó a
interesarse por la ética. En lugar de desarrollar y predicar una teoría como
todos los filósofos anteriores y posteriores, Sócrates paseaba por la ciudad
preguntando a la gente cosas como qué es el bien, o la justicia, o la virtud, etc.
Ante la respuesta fácil de "eso lo sabe todo el mundo", Sócrates alegaba
ignorancia. Su frase más característica llegó a ser el famoso "sólo sé que no sé
nada". Así, Sócrates forzaba a sus conciudadanos a explicarle lo
aparentemente obvio y, con ello, les hacía caer en contradicciones y les
obligaba a reconocer que sus preguntas no eran tan simples como a primera
vista pudieran parecer. Aunque ya otros pensadores habían denunciado la
confianza en "el sentido común" o "la opinión general" en cuestiones
científicas, Sócrates fue el primero en cuestionarlos en lo tocante a la ética, y
el primero en señalar lo dañino que es para la sociedad el que se acepten
irreflexivamente ciertas opiniones comunes sobre lo que es bueno o justo.
Debía de tener una gran personalidad, pues no tardó en encontrar numerosos
discípulos entre los jóvenes atenienses.

En 428 los samnitas se apoderaron de Capua, la mayor ciudad no griega de la


Campania, con lo que pasaron a dominar la región.

En 427 murió el rey espartano Arquidamo II y fue sucedido por su hijo Agis
II. Mientras tanto Esparta logró tomar la ciudad de Platea, tras un asedio de
dos años. Atenas, por su parte, realizaba fructíferas incursiones navales. Es
también el año de la muerte de Anaxágoras. Por otra parte, el rey desterrado
Plistoanacte fue admitido de nuevo, y su hijo Pausanias fue cesado.

En 425 el almirante ateniense Demóstenes tomó y fortificó el promontorio


de Pilos, sobre la costa occidental de Mesenia. Esparta envió un contingente
que tomó posiciones en la isla de Esfacteria, situada frente al puerto de Pilos,
y puso sitio a los atenienses, pero la flota ateniense, que se había retirado,
volvió y puso sitio a los sitiadores. Allí había un número demasiado grande de
espartanos para que Esparta pudiera permitirse el lujo de perderlos (la
supremacía frente a las clases dominadas podía verse en peligro). Por ello
Esparta pidió la paz. Si hubiera estado Pericles, sin duda Atenas habría sacado
el máximo provecho a la situación, pero Cleón decidió imponer condiciones
exageradas: la devolución de las regiones perdidas veinte años antes. La
guerra continuó y los espartanos resistieron en Esfacteria. Cleón pronunció
enérgicos discursos en los que afirmaba que los generales atenienses en Pilos
eran unos cobardes y que si él estuviese allí sabría cómo actuar. Entonces
Nicias tuvo una idea astuta: pidió rápidamente una votación y se acordó que
Cleón fuera enviado a Pilos. Contra todo pronóstico, Cleón tuvo una suerte
increíble: hubo un incendio en los bosques de Esfacteria, donde estaban
refugiados los espartanos. El humo los obligó a salir y fueron capturados
definitivamente por los atenienses. Cleón los llevó como rehenes a Atenas y
así la ciudad estuvo varios años a salvo de las incursiones espartanas.
En 424 murió el historiador Heródoto. Aristófanes estrenaba su comedia Las
Nubes, donde se burlaba de Sócrates. Probablemente, tras la caricatura se
muestra la imagen que del sabio tenían los atenienses incapaces de
comprender las sutilezas del método socrático: era un harapiento que paseaba
descalzo por las calles de la ciudad importunando a los hombres de bien con
preguntas estúpidas y seguido por una comitiva de jóvenes que corrían el
riesgo de convertirse en una nueva generación de Sócrates que atormentaría la
ciudad en pocos años. Tal vez, más en el fondo estuviera el rencor y la
humillación de quienes comprendían que un harapiento descalzo les
aventajaba intelectualmente.

También murió ese año el rey persa Artajerjes I. Dos de sus hijos fueron
asesinados poco después, pero el tercero logró hacerse con el trono, con el
nombre de Darío II. Persia veía con satisfacción la guerra del Peloponeso y
confiaba en que tras ella Grecia quedaría suficientemente debilitada como
para que dejara de ser una amenaza. Por ello el nuevo rey hizo cuanto pudo
para avivar la contienda, financiando a las ciudades griegas sin intervenir
directamente. Puesto que había sido Atenas la que tras las guerras médicas
continuó arrebatando ciudades a Persia, el apoyo persa fue siempre a favor de
Esparta.

Nicias tomó la ciudad espartana de Citera. Luego los atenienses


capturaron Nisea, el puerto de Megara. La propia Megara estuvo a punto de
caer si no hubiera sido porque ese mismo año Esparta encomendó la dirección
de la guerra al que resultó ser un brillante general: Brásidas. En el primer año
de la guerra había rechazado una incursión en Mesenia, y luego había
combatido en Esfacteria, pero una herida lo apartó de la contienda. Ahora, con
el ejército espartano bajo su mando, alejó a los atenienses de Megara y se
lanzó hacia el norte, a través de Tesalia y Macedonia, hasta la península
calcídica, que era una fortaleza ateniense.

Los atenienses intentaban invadir Beocia, pero fueron derrotados por los
tebanos en Delio, sobre la costa que está frente a Eubea. Allí combatió
valerosamente Sócrates, donde salvó la vida a uno de sus
discípulos, Alcibíades. Entonces llegaron a Atenas las noticias de lo que
Brásidas estaba haciendo en el norte. A pesar de ser espartano, Brásidas
resultó tener grandes dotes diplomáticas. Había convencido al rey Pérdicas II
de Macedonia -hasta entonces aliado de Atenas- para que se cambiara de
bando, y lo mismo sucedió con la mayor parte de las ciudades por las que
pasó. Finalmente avanzó hasta Anfípolis. La defensa de la ciudad estaba a
cargo de Tucídides, pero cuando llegó Brásidas no estaba allí. Llegó tan
pronto como pudo, pero fue demasiado tarde. Anfípolis se había rendido ante
las buenas condiciones que ofreció Brásidas.
En 423 los atenienses exiliaron a Tucídides, quien aprovechó su exilio para
escribir un libro sobre la Guerra del Peloponeso (fue él quien le dio este
nombre). La inició donde la había acabado Heródoto, pero la diferencia entre
ambos es abismal. La historia de Heródoto está llena de mitos y fantasías,
mientras que la de Tucídides es un ejemplo de racionalidad a la vez que de
imparcialidad. En su obra se nota la influencia de los sofistas, con quienes se
había educado y de quienes había absorbido su escepticismo. No emite
juicios, destaca lo bueno y lo malo de todos los sucesos, no se advierten
simpatías ni antipatías. Su única debilidad fue poner en boca de sus personajes
discursos grandilocuentes inventados por él.

Este mismo año un grupo de atenienses que habitaban en la península


calcídica decidieron dejar sus ciudades y se trasladaron a la ciudad
de Olinto, con el consentimiento de Perdicas II. La ciudad no tardó en
dominar a sus vecinas y se puso al frente de una Liga Calcídica que logró la
independencia de Atenas.

Atenas trató de negociar la paz con Esparta, pero ahora fue Brásidas el que se
negó a ello. En 422 Cleón marchó hacia el norte con un ejército, pero murió
en una batalla en Anfípolis. Ahora bien, en la batalla también murió Brásidas.
Una vez desaparecidos los principales defensores de la guerra en ambos
bandos, se abría la posibilidad de llegar a un acuerdo de paz. Esparta quería
recuperar a sus rehenes, y Atenas estaba prácticamente arruinada. Había
tenido que apropiarse de los tesoros de los templos y duplicar el tributo a las
ciudades de la confederación ateniense. En 421 el rey Plistoanacte firmó
la Paz de Nicias,llamada así porque Nicias fue el principal negociador
ateniense. Esparta recuperó sus rehenes y la situación quedó más o menos
como al inicio de la guerra, salvo que Anfípolis se convirtió en una ciudad
independiente. Esto disgustó a Atenas, que se negó a devolver a Esparta Pilos
y la isla de Citera.

Los plebeyos romanos accedieron a la cuestura. Por aquella época los


cuestores no sólo ejercían de jueces, sino que también se encargaban de las
finanzas del estado y de la recaudación de impuestos.

Por esta época se terminó en Éfeso la construcción del templo de


Artemisa, una construcción monumental que había sido iniciada en tiempos de
Creso y que impresionó a quienes lo vieron durante casi un siglo.

Corinto y Tebas no se consideraron obligadas por la Paz de Nicias. Querían la


destrucción de Atenas. Al mismo tiempo, Alcibíades se mostró partidario de
continuar la guerra. Su madre era prima de Pericles, por lo que pertenecía a la
familia de los Alcmeónidas. Era rico, guapo, inteligente, encantador, y sin
escrúpulos. Deseaba realizar grandes hazañas, y para ello necesitaba la guerra.
Organizó una alianza contra Esparta entre Argos, Élide y la ciudad arcadia
de Mantinea. Prometió ayuda ateniense, pero Nicias se opuso a ello y
Alcibíades acudió con un ejército escaso.

En 418 el rey Agis II no tuvo dificultades en vencer a la coalición y así


Esparta recuperó plenamente el control del Peloponeso, pero ahora estaba
nuevamente en guerra contra Atenas.

Desde la muerte de Cleón, los demócratas estaban dirigidos


por Hipérbolo, quien mostró su furia hacia Nicias, pues, en su opinión, por su
culpa Atenas no había podido intervenir adecuadamente en la coalición contra
Esparta. En 417 pidió un voto de ostracismo, confiando en que los seguidores
de Alcibíades (demócratas moderados) se unirían a los suyos (demócratas
radicales) y se impondrían sobre los conservadores que apoyaban a Nicias. Sin
embargo, los partidarios de Nicias y los de Alcibíades se pusieron de acuerdo
y el desterrado fue el propio Hipérbolo, con lo que el sistema del ostracismo
quedó en ridículo y no volvió a ser empleado.
32.El fin de la guerra (416)

En los últimos años del siglo V las ciudades griegas de Sicilia seguían
luchando entre sí. En 416 la mayor rivalidad se daba entre Selino, en la costa
norte, y Segesta, en la costa sur. Segesta era la más débil, y pidió ayuda a
Atenas. Alcibíades consideró que Sicilia podía ser una útil fuente de
suministros durante la guerra contra Esparta, así que propuso enviar barcos a
Sicilia. Esto suponía enfrentarse con Siracusa, que era la mayor potencia de la
isla y odiaba toda intervención externa. Además había sido una colonia de
Corinto, por lo que estaba a favor del bando espartano. Nicias se opuso a la
intervención, pero Alcibíades logro convencer a los atenienses de que el
dominio de la próspera y rica Sicilia reportaría grandes beneficios para la
ciudad. La expedición partió en 415, dirigida por Alcibíades y Nicias y otros
hombres, entre los que estaba Sófocles.

Una noche, poco antes de partir, unas estatuas del dios Hermes fueron
mutiladas. Esto causó cierta conmoción entre los atenienses, que lo vieron
como un mal augurio. Los partidarios de Nicias responsabilizaron a
Alcibíades, el cual defendió su inocencia (de la que es difícil dudar, hubiera
sido absurdo por su parte). Finalmente la expedición se hizo a la mar, pero
poco después un mensajero ordenó a Alcibíades que volviera a Atenas para
ser juzgado por el asunto de las estatuas. Alcibíades comprendió que, en su
ausencia, sus enemigos se habían hecho con el poder, y que volver a Atenas
sería un suicidio. Marchó, pero no a Atenas, sino a Esparta. Allí convenció a
los espartanos de la importancia de impedir que Atenas se hiciera con el
dominio de Sicilia. Nicias estaba obteniendo algunas victorias, pero no tenía
grandes dotes militares y Siracusa siempre lograba recuperarse.
En 414 Esparta envió un ejército al mando de un general
llamado Gilipo. Nicias estaba construyendo una muralla alrededor de
Siracusa, pero cuando llegaron los espartanos aún no estaba terminada, lo que
les permitió entrar y unirse a los sitiados. Siracusa había estado a punto de
rendirse, pero con la llegada de los refuerzos se recuperó e hizo retroceder a
los atenienses. Nicias pidió refuerzos, y en 413 llegó una nueva expedición
ateniense al mando de Demóstenes, (el general que había tomado Pilos).
Efectuó un ataque, pero fue rechazado. Demóstenes era mejor general que
Nicias, y comprendió que lo mejor era retirarse. Sin embargo, Nicias estaba al
mando y se tomó un tiempo para pensárselo (sabía que la responsabilidad de
la derrota era suya y no quería volver a Atenas en esas condiciones). El 24 de
agosto de 413 hubo un eclipse de luna. Nicias era supersticioso y prohibió
toda acción hasta que fueran realizados ciertos rituales. Cuando terminaron, la
flota de Siracusa había cortado la salida al mar de los atenienses. Tras dos
batallas navales, los atenienses se vieron obligados a abandonar sus barcos. En
tierra no tardaron en ser capturados. Muchos murieron, entre ellos Nicias y
Demóstenes, y los prisioneros fueron cruelmente torturados y no tardaron en
morir también.

Mientras tanto, Alcibíades hizo ver a los espartanos que en lugar de enviar
ejércitos contra Atenas en verano y retirarse en invierno, era más sensato
tomar y fortificar un puesto en el Ática donde permanecer todo el año, de
modo que los atenienses se vieran obligados a permanecer todo el año
asediados tras los largos muros sin ocasión de recuperarse. Los torpes
espartanos comprendieron que la idea era buena y enviaron una expedición al
mando del rey Agis II. Atenas quedó acorralada. Tenía, por supuesto, la salida
por el mar, pero lo más grave era que no podía acceder a sus minas de plata.
Afortunadamente, la ciudad disponía de una reserva de dinero para un caso de
necesidad y parecía claro que éste era el momento de emplearlo. Se construyó
una nueva flota que reemplazara a la perdida en Sicilia y con la que trató se
sofocar las revueltas que Esparta estaba promoviendo en las islas del Egeo.

Ese mismo año murió Perdicas II, el rey de Macedonia. Fue sucedido por su
hijo Arquelao. Mientras su padre había negociado con Atenas y Esparta para
mantener la independencia del reino, el nuevo rey se dedicó a fortalecerlo y
estructurarlo. Hizo construir fortalezas y carreteras, reorganizó el ejército y
fortaleció con su ayuda el poder real. Estableció la capital en Pela, y en su
palacio acogió a numerosos músicos y poetas, entre ellos a Eurípides.

Esparta comprendió que nunca derrotaría a Atenas mientras ésta dominara el


mar. Decidió construir una flota, pero para ello necesitaba dinero, y no le
costó encontrar quién se lo diera. En 412 llegó a un acuerdo
con Farnabazo y Tisafernes, los sátrapas de las dos satrapías en que estaba
dividida el Asia Menor persa. Ese mismo año Alcibíades tuvo que huir
apresuradamente de Esparta y se refugió en la corte de Tisafernes. Al parecer,
el rey Agis II había descubierto que su esposa había acogido al extranjero con
más hospitalidad de la que permitía su honra, así que mandó un mensajero tras
Alcibíades con orden de asesinarlo.

En 411 los conservadores atenienses aprovecharon la situación crítica en que


se veía la ciudad para instaurar una oligarquía. Se la llamó "de los
cuatrocientos", porque estaba formada aproximadamente por este número de
hombres. Eran proespartanos y se esperaba que llegaran a un acuerdo con
Esparta que pusiera fin a la guerra, pero uno de los generales
atenienses, Tresíbulo, decidió rebelarse e instauró un régimen democrático
sobre la flota, que entonces estaba en Samos. Puesto que los cuatrocientos no
tenían el control sobre la flota, Esparta no negoció con ellos. Al cabo de unos
meses la oligarquía fue reemplazada por otra más moderada, formada por
unos 5.000 hombres. Quien negoció con Tresíbulo fue Alcibíades. No debía
de sentirse muy seguro en Persia (aliada espartana) teniendo al rey Agis II en
su contra, así que propuso a Tresíbulo dirigir la flota ateniense. Tresíbulo
sabía de las grandes dotes de estratega que tenía Alcibíades, y no estaba en
situación de tener en cuenta la doble traición que había cometido (y que estaba
a punto de convertirse en triple), así que aceptó. Bajo su mando, los barcos
atenienses derrotaron a los espartanos cada vez que se encontraron.
En 410 infligió una seria derrota a la flota espartana en Cízico, en la costa sur
de la Propóntide. Cuando la noticia llegó a Atenas se produjo una rebelión que
instauró de nuevo la democracia.

En 409 la ciudad siciliana de Segesta seguía


en guerra contra Selino y, tras su frustrada petición de auxilio a Atenas,
también se hallaba enfrentada a Siracusa. Ahora decidía llamar en su ayuda a
Cartago. Una de las figuras más destacadas en Cartago era Aníbal, el nieto de
Amílcar, que incitó al Senado a que aprobara una intervención. Desembarcó
en la isla de Motya, que era un puerto fortificado cartaginés, una de las
escasas posesiones que Cartago había conservado en la isla. Desde allí avanzó
hasta Selino y la tomó por sorpresa. Tras unos días de combate cuerpo a
cuerpo por las calles, la ciudad fue destruida y los supervivientes
esclavizados. Desde allí Aníbal marchó con sus hombres contra Himera,
donde su abuelo había sido asesinado. La flota de Siracusa estaba en Grecia,
apoyando a Esparta, pero recibió orden de volver a socorrer a Himera. Cuando
estuvo cerca, Aníbal fingió abandonar el sitio de Himera para dirigirse a
Siracusa. La flota cambió de rumbo para proteger a su ciudad, pero Aníbal
volvió a Himera y la tomó antes de que pudiera llegar la ayuda de Siracusa.
Los historiadores griegos afirman que Aníbal hizo sacrificar a 3.000
prisioneros en el lugar donde había muerto Amílcar. Luego volvió a Cartago.

En 408 murió el rey espartano Plistoanacte, y su hijo Pausanias, que había


ocupado el trono durante el destierro de su padre, volvió a ocuparlo. Mientras
tanto Alcibíades había logrado el dominio completo de la ruta del mar Negro,
la base del aprovisionamiento de Atenas. En 407 su fama en la ciudad era tan
grande que juzgó que ya podía regresar a ella sin que nadie le recordara su
traición. Así fue, los atenienses le recibieron con todos los honores. La ciudad
se permitió incluso el lujo de rechazar una oferta de paz por parte de los
espartanos.

Ese año Esparta logró recomponer su flota, destrozada en Cízico. Al mando de


las nuevas embarcaciones puso a un general llamado Lisandro. Éste formó
una alianza con Ciro el hijo del rey persa Darío II, conocido como Ciro el
Joven, para distinguirlo del fundador del imperio. La capacidad militar de
Lisandro combinada con el dinero de Ciro resultaron letales para Atenas.
Lisandro evitó enfrentarse directamente con Alcibíades, y esperó una
oportunidad. Alcibíades tuvo que abandonar temporalmente la flota para
conseguir financiación. Ordenó a sus subordinados que no emprendieran
ninguna acción en su ausencia, pero éstos desobedecieron la orden y atacaron
a Lisandro frente a las costas jónicas, donde la flota ateniense fue derrotada.
Cuando Alcibíades volvió ya no había nada que hacer. Los atenienses
recordaron su pasado y le acusaron de haber pactado la derrota con Lisandro.
Una vez más, Alcibíades huyo, ahora al Quersoneso tracio, donde tenía unas
propiedades.

En 407 Aníbal fue enviado de nuevo a Sicilia junto a su primo Himilcón, pues
Cartago vio que se le abría la oportunidad de dominar de nuevo la isla.
En 406 puso sitio a la ciudad griega más al oeste, que era Agrigento, pero
murió en el intento de tomarla. Ese año Roma inició a su vez el asedio de la
ciudad etrusca de Veyes, que se prolongaría durante diez años. Mientras tanto
Cartago seguía con el sitio a Agrigento, que se convirtió en una cuestión de
suministros: la flota siracusana abastecía a Agrigento y la cartaginesa a los
sitiadores. Al cabo de nueve meses Cartago triunfó y la ciudad fue tomada.

Ese mismo año Eurípides moría en Macedonia y Sófocles en Atenas. Se


cuenta que pocos años antes el hijo de Sófocles trató de que los tribunales
declararan incompetente a su padre para administrar su fortuna. El dramaturgo
leyó en su defensa algunos pasajes de Edipo en Colona, la obra en la que
estaba trabajando en ese momento, y no tuvo dificultad en ganar el juicio.

Entre tanto Atenas había construido una nueva flota. Para ello tuvo que fundir
todas las estatuas de oro y plata de la acrópolis. La flota espartana fue
derrotada gracias a que los éforos, recelosos de los éxitos de Lisandro, le
habían quitado el mando. La batalla se llevó a cabo en medio de una tormenta,
y eso hizo que los atenienses perdieran muchos hombres. Esto supuso una
gran frustración. Los almirantes fueron juzgados. En el tribunal estaba
Sócrates, que votó por la absolución, pero la mayoría decidió decapitarlos.
Poco después los partidarios de la ejecución fueron ejecutados, pero el caso es
que Atenas se quedó sin buenos almirantes. La flota quedó al mando
de Conon.

Ciro el Joven exigió a los espartanos que Lisandro fuera restituido en su cargo
de almirante, y éstos le hicieron caso. Las flotas de Lisandro y Conon
estuvieron maniobrando hasta que se encontraron en 405cerca
de Egospótamos, en el Querconeso tracio. Por allí vivía Alcibíades, que
conocía bien la región y no había perdido sus dotes de estratega. La flota
ateniense había atracado en un lugar peligroso, desde donde podía ser atacada
fácilmente. Alcibíades cabalgó hasta la costa para advertir a los atenienses que
su posición era peligrosa, pero se le respondió que la flota no necesitaba
consejos de traidores. Pocos días después, Lisandro atacó, y casi toda la flota
ateniense fue capturada sin lucha. Conon logró huir hasta Chipre con unos
pocos barcos, pero Atenas se había quedado sin flota, sin dinero, sin buenos
generales y casi sin jóvenes que mandar al combate. Lisandro envió un sicario
para matar a Alcibíades y éste huyó de nuevo a Persia, pero los persas lo
asesinaron.

Los cartagineses tomaron las ciudades de Gela y Camarina, en Siracusa,


situadas al este de Agrigento. El avance cartaginés provocó conmociones
internas en Siracusa. El descontento fue canalizado por un hombre con
grandes dotes de oratoria, que logró convencer a los generales para que
pasaran al retiro y se hizo con todo el poder. Se llamaba Dionisio. El nuevo
tirano se apresuró a firmar un tratado de paz con Cartago, por el que Siracusa
le reconocía el dominio sobre el tercio occidental de la isla. Cartago aceptó
satisfecha y Dionisio aprovechó la paz para fortalecer su ciudad. Fortificó una
isla del puerto, formó un fuerte séquito a su alrededor, sofocó toda oposición
en la ciudad y se apoderó de las ciudades vecinas. Contrató mercenarios,
organizó un ejército y aumentó su flota, tanto en número como en calidad.
Con esto Siracusa se convirtió en la ciudad más poderosa del mundo griego.

En 404 Lisandro dominaba el Egeo y, cuando apareció frente a Atenas, la


ciudad no tuvo más opción que rendirse. Tebas sugirió que Atenas fuese
arrasada por completo, pero Esparta recordó lo que Atenas había hecho por
Grecia y le permitió sobrevivir. Los "largos muros" fueron derribados y se
instauró una oligarquía en la ciudad. Fue conocida como la Tiranía de los
Treinta. El más famoso de los treinta tiranos fue Critias. Expulsó de Atenas a
algunos demócratas e hizo ejecutar a otros. Incluso hizo matar a los
aristócratas cuya conducta le pareció demasiado blanda. Entre otras mil
prohibiciones, prohibió enseñar a Sócrates (pese a que había sido su maestro),
orden que el filósofo se negó a cumplir y por ello fue encarcelado.

Entre los atenienses exiliados estaba Trasíbulo, que reunió a otros exiliados y
logró tomar la fortaleza de File, a unos 18 kilómetros al norte de Atenas. Los
oligarcas trataron de reconquistar la ciudad en dos ocasiones, en la segunda de
las cuales murió Critias. Trasíbulo logró hacerse con El Pireo. Los oligarcas
pidieron ayuda a Esparta. Hasta ese momento, Lisandro era el hombre más
poderoso de toda Grecia, y se había dedicado a instaurar oligarquías, pero se
había vuelto arrogante y los éforos recelaban de él más que nunca. El rey
Pausanias, de acuerdo con los éforos, retiró toda autoridad a Lisandro justo
cuando éste se disponía a responder a la llamada de los oligarcas atenienses y,
para humillarlo, permitió que la democracia fuera reinstaurada en Atenas.

Ese año regresó a Atenas de su largo exilio el historiador Tucídides. También


fue el año en que murió el rey persa Darío II, sucedido por su hijo Artajerjes
II. Como había ocurrido tras la muerte de cada rey persa, Egipto volvió a
rebelarse, esta vez con éxito, y el trono fue ocupado por una dinastía nativa, la
XXVIII. Artajerjes II no pudo ocuparse de Egipto debido a que su hermano
Ciro el Joven consideró que había llegado el momento de pedir a Esparta que
le devolviera los muchos favores que él le había hecho durante la guerra del
Peloponeso. Pidió un ejército de espartanos que le ayudaran a usurpar el trono.
Esparta no quiso involucrarse abiertamente, pero el fin de la guerra había
dejado a muchos soldados dispuestos a ofrecer sus servicios como
mercenarios. Un exiliado espartano llamado Clearco reunió casi 13.000
soldados griegos bajo su mando y en 401 se puso a disposición de Ciro.

El ejército atravesó el Asia Menor y llegó al Éufrates superior. Luego avanzó


aguas abajo a lo largo de 560 kilómetros. Artajerjes II reunió apresuradamente
un ejército, que contaba incluso con algunos mercenarios griegos, y se dispuso
a hacer frente a su hermano. Los ejércitos se encontraron en Cunaxa, una
aldea junto al Éufrates, a unos 159 kilómetros al noroeste de Babilonia.

Los griegos extendieron su línea con el flanco derecho tocando el río. Frente a
ellos estaba el ejército imperial, al mando del propio Artajerjes II. Ciro
comprendió enseguida la situación: Lo único importante era matar a Artajerjes
II. Si moría, Ciro se convertía en rey legítimo, y todos los soldados persas se
pondrían a sus órdenes. Por ello sugirió a Clearco que concentrara el ataque
sobre el centro del ejército imperial, que por la desigualdad de número se
encontraba frente al flanco izquierdo del ejército griego. Pero Clearco no era
más que un tosco espartano y no estaba dispuesto a aceptar innovaciones. La
tradición decía que el puesto de honor era el lado derecho, y allí iba a ponerse
él mismo y sus mejores hombres, y allí iba a concentrar el ataque.
Así lo hizo, pero, naturalmente, no se encontró ante sí con los mejores
hombres del ejército enemigo, sino con su flanco izquierdo al que los griegos
iban menguando sin dificultad, mientras Artajerjes II concentraba su ataque
sobre el centro y el flanco izquierdo griego no menos eficazmente. Ciro,
irritado por la ineptitud de Clearco reunió cuantos jinetes pudo y dirigió un
ataque directo hacia donde estaba su hermano, pero éste se hallaba muy bien
protegido, con lo que los jinetes fueron repelidos y Ciro murió. Así terminó la
batalla. Clearco se encontró solo a 1.700 kilómetros de su patria sin saber qué
hacer.

Artajerjes II, que prefería evitar un combate, envió una embajada proponiendo
escoltar a los griegos hasta el mar. Clearco no se fiaba, así que el rey persa le
dijo que con mucho gusto le recibiría a él y a sus oficiales para darle todo tipo
de detalles sobre rutas posibles y ayuda para volver a Grecia. Clearco aceptó y
en cuanto los generales griegos entraron en la tienda del monarca fueron
asesinados. Los persas esperaban que el ejército griego, sin oficiales, se
rendiría y sería dominado fácilmente, pero no fue así. Eligieron como jefe a
un soldado raso, un ateniense llamado Jenofonte, que los condujo unidos
hacia el norte, sin que los persas se atrevieran a atacarles. En un momento
dado pasaron junto a un enorme montículo y tuvieron que preguntar qué era
aquello. Era imposible reconocer a Nínive, la antigua capital del Imperio
Asirio. Hasta ese punto había sido arrasada. Luego abandonaron el río y
penetraron en la región que había sido Urartu, donde los persas esperaban que
fueran destrozados por las feroces tribus locales. Sin embargo, los
desorientados griegos supieron hacer frente a todas las contingencias y
en 400 llegaron a la ciudad griega de Trapezonte, en las costas del mar
Negro.
33.La recuperación de Atenas (400)

Durante el siglo IV, los celtas Gaëls llegaron a la actual Irlanda. Redujeron y
asimilaron a la población autóctona y se dividieron en un centenar de
pequeños reinos. Pronto los jefes más importantes obligaron a los demás a
reconocer su autoridad, y a su vez eligieron un "rey supremo", si bien esta
jerarquía política era muy débil.

En 400 murió Tucídides. Por aquel entonces su Historia de la guerra del


Peloponeso iba por el año 411, y ahí la dejó. Ahora Grecia estaba
recuperándose de aquella guerra. El rey Arquelao de Macedonia debió de
pensar que Grecia debía de estar agotada, así que pasó de la política
diplomática que había mantenido en el periodo anterior a invadir Tracia.
Ocupó la ciudad de Larisa, pero Esparta demostró tener el control de Grecia y
en 399 el rey fue asesinado. Macedonia pasó por un periodo de confusión.

Atenas continuaba su proceso de "depuración" para fortalecer la democracia,


amenazada por la influencia espartana. Los demócratas tomaron una decisión
particularmente desdichada: la de acusar a Sócrates. No parece plausible que
la acusación fuera fundada. Al contrario, Sócrates había mostrado
desobediencia contra los Treinta y había denunciado el mal gobierno de
Critias. De hecho, los cargos fueron de orden moral, signo inequívoco de que
eran inmorales. Se le acusó de impiedad y de "corromper a la juventud".
Tal vez fuera decisivo que entre los discípulos del sabio habían estado
Alcibíades y el propio Critias, pero parece razonable suponer que en el fondo
se encontraba la animadversión que Sócrates causaba en una parte influyente
de la ciudadanía con sus preguntas impertinentes, su ironía y su facilidad para
dejar al prójimo sin respuestas. También es probable que no hubiera tenido
dificultad en salir absuelto si no hubiera optado por defenderse a sí mismo y
de una forma tan torpe como lo hizo.

En principio no tuvo dificultad en refutar los cargos. Respecto a la impiedad,


pudo probar fácilmente que nunca había incumplido las obligaciones de culto
hacia los dioses. Indudablemente Sócrates no creía en ellos, pero eso a nadie
le importaba. Respecto a la acusación de corromper a los jóvenes, desafió a
cualquiera que pudiera negar que siempre había tratado de inculcar la piedad,
la templanza y la prudencia a sus discípulos, pero a continuación se lanzó a la
más orgullosa apología de sí mismo, proclamándose elegido por los dioses
para revelar la verdad.

La legislación ateniense exigía que tanto la acusación como la defensa


solicitaran una decisión concreta del tribunal, de modo que los jueces sólo
podían elegir entre conceder a una de las partes lo que pedía. Sócrates no sólo
pidió la absolución, sino ser proclamado bienhechor público y alojado en
el Pritaneo, una especie de templo en que la ciudad agasajaba a sus héroes.
Puesto que esta opción era descabellada, el tribunal aceptó la petición de la
acusación, que era la pena de muerte. No obstante, la votación fue reñida (780
votos frente a 720).

Los discípulos de Sócrates lograron hacer entrar en razón al maestro y


solicitaron que el tribunal volviera a reunirse. La defensa pasó a solicitar
como pena el pago de una multa (que sus discípulos se comprometían a reunir,
pues Sócrates no tenía dinero). Sin embargo era demasiado tarde. Cuando se
volvió a contar los votos el número de partidarios de la pena de muerte había
aumentado en 80.

El más prestigioso discípulo de Sócrates era un joven de treinta años


llamado Aristocles, aunque es más conocido por el sobrenombre
de Platón. Sócrates no dejó ningún escrito, así que lo que conocemos de su
doctrina se debe al testimonio de quienes le conocieron, y Platón es la fuente
más importante. Él nos ha narrado la ejecución: murió ingiriendo cicuta. Ante
el desconsuelo de sus seguidores, sus palabras fueron:

¿Por qué os desesperáis?, ¿no sabíais que desde el día que nací
la Naturaleza me ha condenado a morir? Mejor es hacerlo a
tiempo, con el cuerpo sano, para evitar la decadencia.
Ciertamente, Sócrates tenía ya 70 años. No es descabellado pensar que se
buscó la condena porque sintió que le quedaba ya poca vida y así tenía la
oportunidad de inmortalizar su obra. Fuera como fuera, así sucedió. La ciudad
no tardó en reaccionar. Uno de los que habían promovido la acusación contra
Sócrates fue lapidado, y los otros se vieron obligados a abandonar Atenas. Por
su parte, Platón decidió marcharse también y se exilió en Megara, poco
después marchó a Cirene y luego a Egipto, donde estudió matemáticas y
teología.

Otro discípulo famoso de Sócrates fue Antístenes, quien desarrolló las ideas
de su maestro sobre la necesidad de renunciar a toda dependencia como único
medio posible para alcanzar la felicidad. Esto incluía renunciar a las
posesiones para no verse esclavizado por el temor a perderlas, pero también
alertaba contra la dependencia de la opinión ajena.

Una filosofía radicalmente distinta fue la que desarrolló Aristipo. Había


nacido en Cirene, pero vivió en Atenas y fue también discípulo de Sócrates.
Enseñó que el único bien es el placer, y que el mejor sentido que un hombre
podía dar a su vida era el de buscarlo. Evidentemente, para defender
coherentemente tal postura era necesario tener ciertas dotes. Parece ser que
Aristipo tenía una gran personalidad y un aspecto refinado que inspiraba
simpatía entre los hombres y atraía a las mujeres. Gastaba con prodigalidad el
dinero ajeno, por lo que tenía muchos amigos.

Ese mismo año murió el rey Agis II de Esparta. Dejó dos hijos. El mayor se
llamaba también Agis, pero sobre él rondaba la sospecha de que su verdadero
padre era Alcibíades. El hijo menor era Agesilao, quien se presentó como
legítimo heredero del trono. En esa época Lisandro, apartado de la política por
la fuerza años atrás, vio la oportunidad de recuperar su antiguo poder.
Agesilao era bajo, cojo y de apariencia débil. Pensó que sería un rey fácil de
gobernar y le apoyó hasta convertirlo en Agesilao II. Sin embargo, se
equivocó en sus cálculos. El nuevo rey tenía muy claro lo que quería hacer y
Lisandro no pudo sacar ningún partido.

En 398 Dionisio de Siracusa tenía ya organizada su ciudad para imponerse


sobre el resto de Sicilia. Disponía de un ejército de 80.000 soldados de
infantería y 3.000 de caballería. Avanzó hacia el oeste y redujo a los
cartagineses hasta un pequeño reducto en la isla de Motya. Los cartagineses
confiaban en que podrían resistir un asedio, bien suministrados por su flota.
Sin embargo Dionisio presentó al mundo un nuevo ingenio bélico:
la catapulta. Con su ayuda logró ahuyentar los barcos cartagineses mientras
construía un malecón por el que acercarlas a sus fortificaciones. Finalmente la
ciudad se rindió y fue arrasada. Sus habitantes fueron vendidos como
esclavos. A Cartago sólo le quedaba un fragmento de costa en el norte,
alrededor de Panormo, (la actual Palermo). Parecía imposible que pudiera
resistir, pero había llegado el invierno y Dionisio se retiró a Siracusa hasta el
año siguiente. Cartago reaccionó. Himilcón condujo una expedición que
desembarcó en Panormo, se desplegó por la parte occidental de la isla y fundó
una ciudad fortificada llamada Lilibeo en la costa, unos siete kilómetros al sur
de la devastada Motya.

En 396, tras diez años de asedio, Roma logró tomar la ciudad etrusca de
Veyes. La ciudad fue destruida y su territorio anexionado a Roma. Por
primera vez Roma gobernaba directamente un territorio más allá de los límites
de la ciudad. Según la tradición, el asedio a Veyes fue dirigido por Marco
Furio Camilo. En contra de lo que podría pensarse, esto no supuso una
enemistad entre Roma y Etruria, sino que algunas ciudades-estado etruscas,
como Cerverteri y Clusium, aprobaron la actitud romana. Esto significa que
Roma supo aprovechar en su beneficio las disensiones internas entre los
etruscos.

El rey Agesilao II de Esparta decidió acometer una gran empresa. El sátrapa


Tisafernes había vuelto a Asia Menor y atacó a las ciudades griegas como
represalia por haber ayudado a Ciro el Joven. Por su parte, el general
ateniense Conon, derrotado en Egospótamos, había conseguido aliarse con los
persas, quienes le proporcionaron una flota de 300 barcos con los que se lanzó
a perseguir espartanos. Sin embargo, la aventura de Jenofonte y sus hombres
había revelado la fragilidad del aparentemente poderoso Imperio Persa. Un
ejército griego desorientado había podido moverse libre e impunemente por su
territorio. Jenofonte decidió poner su odisea por escrito. La llamó
la "Expedición de los Diez Mil" y, si bien su relato no tiene la objetividad de
Tucídides, lo cierto es que es uno de los documentos más importantes que
conservamos sobre la época. El caso es que Agesilao II había perdido todo el
temor que Persia había suscitado sobre los griegos de las generaciones
anteriores, así que decidió dirigir una expedición contra Persia.

Al parecer, el rey veía su proyecto como una emulación de la expedición


legendaria encabezada por Agamenón contra la ciudad de Troya. Como
Agamenón, antes de partir decidió realizar un sacrificio en la ciudad beocia
de Aulis, pero Tebas no estaba dispuesta a consentirlo. Había sido aliada de
Esparta en la guerra del Peloponeso y, al final, no había conseguido su
objetivo, que era destruir a Atenas, debido a la oposición de Esparta. Agesilao
II fue expulsado. Pese a ello partió, llevando consigo a muchos de los "diez
mil", entre ellos el propio Jenofonte. En 395 derrotó a Tisafernes, el cual fue
ajusticiado por los persas poco después a causa de esta derrota. Ese año Platón
volvió a Atenas, pero pronto decidió marcharse de nuevo a estudiar la
filosofía pitagórica en Tarento.
El general cartaginés Himilcón había logrado avanzar hasta asediar la propia
Siracusa. Dionisio no aceptó un combate directo y se dispuso a resistir un
asedio. Al parecer, el tirano era un experto en asedios y ataques por sorpresa,
pero nunca confió en un combate frente a frente.

El rey persa Artajerjes II decidió emplear contra los griegos la misma política
que su padre, no muy honrosa, pero efectiva: financiar a los enemigos de
Esparta. Ya lo estaba haciendo con Conon y ahora se ocupó de alzar a Tebas y
a Corinto en contra de su antigua aliada. Pausanias dirigió una expedición
contra Tebas. Atacó por el sur mientras Lisandro atacaba por el norte. Sin
embargo, Lisandro murió en una escaramuza y Pausanias tuvo que retirarse.
Temiendo un juicio, abdicó y se exilió a Tegea. Fue sustituido por su
hijo Agesípolis I.

Atenas se alió con Tebas, y pronto se unieron Argos y Corinto.


En 394 Esparta ordenó a Agesilao II que volviera, pues sería mucho más útil
en Esparta que en Asia. Éste aceptó con renuencia. Por el camino le llegaron
malas noticias: Conon había destruido la flota espartana frente a Cnido, una de
las ciudades dóricas en la costa del Asia Menor. Así terminó el breve periodo
en que Esparta tuvo una flota. Cuando llegó a Beocia, tuvo que combatir
contra las tropas de la coalición antiespartana. Logró vencer, pero por un
pequeño margen, así que se apresuró a descender hasta Esparta. El sátrapa
Farnabazo reconquistó las guarniciones espartanas en Asia Menor, Conon
volvió a Atenas y en 393 los "largos muros" fueron reconstruidos.
En 392 Corinto y Argos se unieron para formar una única ciudad-estado. La
situación de Esparta era cada vez más delicada.

Dionisio de Siracusa logró lanzar un ataque sorpresa por tierra y por mar
sobre los cartagineses que asediaban su ciudad, muy debilitados a causa de
una epidemia de peste. Las tropas de Himilcón terminaron cercadas alrededor
de Lilibeo, mientras que Siracusa dominaba el resto de Sicilia.

En 390 Roma pasó por el periodo más crítico de su historia. Hasta entonces,
los etruscos le habían servido de pantalla contra las incursiones galas, pero,
ahora que Etruria era una sombra de su pasado, una tribu gala llegó hasta la
ciudad, la conquistó y la sometió a tributo. Su jefe se llamaba Brenno. Los
romanos de siglos posteriores tejieron numerosas leyendas para suavizar esta
página de su historia. La versión oficial dice que los galos sitiaron a los
romanos en el Capitolio, pero, incapaces de lograr una victoria definitiva,
decidieron retirarse si Roma les pagaba un tributo en oro. Los galos
empezaron a pesar el oro que iban reuniendo los romanos, cuando un general
romano observó que un objeto cuyo peso conocía era tasado por menos valor.
Las pesas galas eran falsas. El general protestó, y entonces Brenno exclamó la
famosa frase: Vae uictis! (¡Ay de los vencidos!), y arrojó su espada al plato de
la balanza en el que estaban las pesas, para desproporcionarla más aún.
Entonces, los romanos, indignados, se rebelaron contra los galos dirigidos por
Camilo, quien los alentó con la no menos famosa y no menos ficticia frase
de "Roma compra su libertad con hierro, no con oro". Los galos tuvieron que
abandonar la ciudad con las manos vacías.

Aunque sin duda los galos se fueron victoriosos, con su tributo y con la
amenaza de una próxima visita, sí parece cierto que Marco Furio Camilo
representó un papel destacado en esta crisis. La leyenda en torno a él es más
amplia. Cuenta que tiempo atrás había sido acusado de irregularidades en el
reparto del botín obtenido tras la toma de Veyes y que, ofendido, había partido
a un exilio voluntario un año antes (si bien volvió en cuanto tuvo noticias de
que Roma estaba en apuros). Tras la retirada de los galos, los romanos se
plantearon la posibilidad de abandonar Roma y establecerse en Veyes, a lo
cual Camilo se opuso enérgicamente, por lo que fue llamado "el nuevo
Rómulo" o segundo fundador de Roma.

Parece ser que la invasión gala destruyó la mayor parte de los documentos
romanos, de forma que la historia anterior sólo nos es conocida a través de las
obras de los historiadores posteriores, muy poco rigurosas. Sin embargo, el
conocimiento que tenemos de la historia romana posterior a 390 es mucho
más fiable y documentado.

En Corinto vivía un general ateniense llamado Ifícrates, que había formado


un pequeño grupo de soldados de características muy diferentes a las del
hoplita tradicional. Se llamaban peltastas, por el escudo ligero que llevaban,
llamado pelta. Todo el armamento de los peltastas era ligero. En un combate
frente a frente, no podrían hacer nada frente a los hoplitas, pero Ifícrates los
había entrenado para aprovechar su agilidad, para atacar y huir rápidamente y
volver a atacar. El primer enfrentamiento entre peltastas y hoplitas se produjo
cuando unos 600 espartanos pasaron cerca de Corinto. Fue todo un éxito. Los
desconcertados espartanos fueron totalmente derrotados. Grecia comprendió
que, si los espartanos no podían ser derrotados por la fuerza bruta, sí podían
serlo mediante una estrategia superior.
34.La caída de Esparta (390)

En 389 el rey Amintas III se hizo con el trono de Macedonia. Entabló una
alianza con Esparta, que le protegió contra Olinto.

Por esta época Siracusa se había afirmado como la mayor potencia de


occidente, gracias al gobierno autoritario del tirano Dionisio, que tras
asegurarse el dominio de Sicilia había enviado ejércitos al sur de Italia y en
el 387 dominaba casi totalmente la región. Estableció colonias y puestos
comerciales en la costa del Adriático, una de las cuales estaba muy al norte,
cerca de la moderna Venecia. También impuso su dominio sobre Épiro, al otro
lado del mar.

Es conocida la leyenda de Damocles, un cortesano que envidiaba abiertamente


la fortuna de Dionisio, y un día éste le ofreció ser tirano durante una noche.
Damocles aceptó y esa noche se sentó en el sitio de honor durante un
banquete, sin embargo pronto descubrió que Dionisio había mandado colgar
de un hilo una espada sobre su cabeza. El tirano le explicó que su vida estaba
siempre pendiente de amenazas, de modo que si Damocles quería disfrutar las
ventajas de su posición durante toda la noche, también debía sufrir sus
inconvenientes.

En efecto, parece ser que Dionisio tomaba muchas medidas de seguridad. Se


dice que había construido una cámara acampanada sobre la prisión que
conectaba con su habitación, de modo que podía oír las conversaciones de los
presos. Dejando las leyendas, uno de los muchos griegos que acudieron a la
lujosa corte de Dionisio fue, cómo no, Aristipo, que se las arregló para
disfrutar de la vida según su costumbre, para lo cual tuvo que soportar
constantemente el desprecio que le demostraba el tirano. Cuentan que una vez
Dionisio le escupió en la cara, y que más tarde Aristipo dijo a sus amigos: "Un
pescador ha de mojarse más para capturar un pez más pequeño que un rey".

Dionisio tenía un hijo del mismo nombre, así como una hermana, que se había
casado con un joven siracusano llamado Dión. El tirano lo puso al mando de
su flota y estando en Tarento conoció a Platón, por el que sintió gran
admiración y al que decidió invitar a Siracusa, para que se encargara de la
educación de su sobrino Dionisio. Platón aceptó, pero su encuentro con el
tirano no fue muy afortunado. El tirano pensó que podía tratar a Platón como
hacía con Aristipo, y en un momento dado le dijo "hablas como un
estúpido", pero Platón le respondió: "y tú como un prepotente", tras lo cual
Dionisio prendió al filósofo y lo vendió como esclavo.

Afortunadamente, Platón tenía muchos admiradores, y no tardó en ser


rescatado por un tal Aníceres de Cirene, que pagó las tres mil dracmas
requeridas y luego se negó a aceptarlas de los amigos de Platón. Platón volvió
a Atenas, donde fundó una escuela filosófica. Al parecer, el propietario
anterior del terreno donde fue instalada se llamaba Academo, por lo que la
escuela fue conocida como "la Academia", y alcanzó tal fama que este
nombre se aplicaría después para nombrar cualquier centro de enseñanza. En
efecto, la Academia fue una especie de universidad elitista. Sus alumnos
vestían lujosas capas y se distinguían por su esmerada forma de hablar y de
comportarse. No pagaban matrícula, pero, como provenían de las familias más
ricas de Atenas, era frecuente que la Academia recibiera sustanciosos
donativos. Allí aprendían matemáticas, astronomía, música, derecho y ética,
entre otras cosas. El sistema de enseñanza incluía clases, diálogos,
conferencias y debates públicos. Las mujeres también eran admitidas. Platón
demostró ser un feminista convencido.

Con Platón la filosofía griega alcanzó una de sus mayores cotas. Expuso sus
teorías en forma de diálogos, pues consideraba que el diálogo era la forma
natural de plasmar el razonamiento humano (sin duda una herencia de
Sócrates). La creación platónica más genuina es su teoría de las ideas. Platón
defendía que la existencia de un objeto material presupone la existencia de su
idea, esto es, no podrían existir mesas si no existiera previamente la idea de
mesa, no como un contenido mental de los hombres, sino como algo objetivo
e inmutable. Los objetos reales son reflejos imperfectos de las ideas y el
conocimiento que obtenemos de su observación es impreciso e incompleto,
como el de quien observa las sombras en lugar de los objetos que las
producen. Sólo la razón proporciona el verdadero conocimiento. Para explicar
cómo es esto posible, Platón concluye que las almas viven en el mundo de las
ideas hasta que son unidas a los cuerpos, momento en que olvidan todo lo que
han aprendido, pero van recordándolo paulatinamente. Para Platón, la más
excelente de todas las ideas es la idea del Bien, en un sentido amplio que
contiene el aspecto moral, pero que no acaba ahí. Conocer la idea de Bien es
también comprender lo que es un argumento bien construido, comprender lo
que es una obra de arte bien hecha y, en suma, comprender plenamente todas
las demás ideas. Las ideas platónicas son eternas y no podrían ser de otro
modo sino como son, así que es absurdo pretender que sean obra de un dios
más o menos caprichoso. Sin embargo, Platón admite la necesidad de que el
caótico mundo sensible sea obra de un creador, pero aún aquí introduce una
novedad, y es que no presenta a dicho creador como un dios omnipotente,
sabio y justo, sino más bien un dios menor. Platón lo llama el demiurgo (el
artesano), un dios cuyas capacidades limitadas únicamente le han permitido
crear un mundo imperfecto, en el que las ideas se ven pálidamente reflejadas
y, a menudo, desvirtuadas.

Al margen de todo el folklore con que Platón adornó sus teorías, lo cierto es
que fue el primero que planteó de un modo suficientemente argumentado y
racional el principio según el cual las ideas son algo objetivo más allá de los
contenidos mentales de cada individuo particular, principio sobre el que los
filósofos han debatido durante siglos hasta la actualidad y constituye la base
de las distintas corrientes idealistas de la filosofía occidental.

Volviendo a 387, Esparta, preocupada por la derrota que Ifícrates le había


infligido tres años antes, había estado negociando la paz con Persia y
finalmente se firmó la Paz de Antálcidas, llamada así por el principal
negociador espartano. Esparta tuvo que devolver a Persia todas las ciudades
griegas de Asia Menor, mientras que Persia reconocía la libertad de las demás
ciudades griegas. De todos modos, Persia tampoco quería problemas, y las
ciudades de Asia Menor fueron gobernadas muy suavemente, hasta el punto
de que conservaron sus propios gobernantes.

Una vez libre de Persia, Esparta trató de reafirmar su posición en la Grecia


continental. Arguyó que la libertad de las ciudades griegas que había pactado
con Persia suponía que todas las ciudades griegas debían ser libres, o sea,
independientes unas de otras, por lo que instó a Corinto y Argos a que
disolvieran su reciente unión y la ciudad de Mantinea se vio así mismo
obligada a disolverse en cinco aldeas. (Naturalmente Esparta no pensó en
liberar a las ciudades que tenía bajo su yugo). De este modo Esparta consiguió
debilitar en parte a sus enemigos.

En 386 murió Aristófanes. Antes que él murió su género. Al parecer, el


público debió de hastiarse de sus comedias satíricas llenas de calumnias e
infamias. El caso es que sus últimas obras eran comedias frívolas sobre
maridos que engañan a sus mujeres, mujeres que engañan a sus maridos,
siervos que engañan a sus señores, etc.

Roma iba recuperándose de la invasión gala. Eran tiempos difíciles donde los
más perjudicados eran, por supuesto, los pobres. Muchos plebeyos fueron
esclavizados por deudas. Un patricio llamado Marco Manlio
Capitolino (porque al parecer había salvado el Capitolio de un ataque galo)
vio cómo un soldado que había servido valientemente bajo sus órdenes corría
esta suerte, así que decidió pagar la deuda del soldado. Luego empezó a
vender sus propiedades y anunció que mientras él tuviera dinero ningún
hombre sería esclavizado. Naturalmente, los demás patricios desaprobaron
esta conducta, afirmaron que Manlio estaba tratando de ganar popularidad
para proclamarse rey (y el pueblo romano no podía concebir traición más
horrenda), tras lo cual fue juzgado y ejecutado en 384.

En 383 Dionisio de Siracusa trató de tomar Segesta, uno de los pocos reductos
cartagineses en la isla. Con ello estalló una nueva guerra contra Cartago.

Esparta seguía afirmando su posición frente a las demás ciudades griegas. El


rey Agesilao II estaba especialmente interesado en Tebas, a causa de la
humillación por la que le había hecho pasar antes de su campaña contra
Persia. Tebas era la cabeza de la confederación beocia y le exigió que la
disolviera. Tebas se negó, pero algunos aristócratas tebanos, partidarios de
Esparta, tomaron la Cadmea (la ciudadela fortificada tebana) y se la
entregaron a Esparta, que la tomó en 382. Con las tropas espartanas en la
Cadmea, Tebas se convertía en territorio espartano. En 380 murió el rey
Agesípolis de Esparta (ese mismo año murió también su padre Pausanias) y
fue sucedido por su hermano Cleómbroto I.

Por esta época empezó a hacerse oír en Atenas uno de sus más famosos
oradores: Isócrates. En realidad no tenía mucha voz y no se le daba bien
pronunciar discursos, pero escribió mucho, y fue el maestro de toda una
generación de oradores. Isócrates insistía en que los griegos debían dejar de
luchar entre ellos, que debían unirse en una liga panhelénica. Incluso propuso
una guerra contra Persia si ello servía para unir a los griegos. Sin embargo,
estaba luchando contra la esencia del carácter de sus paisanos y no tuvo
ningún éxito.
Por su parte, Persia, tras haber hecho las paces con los griegos, se preparaba
para recuperar Egipto. En 379 subió al trono de Egipto el primer rey de
la XXX dinastía. Era Nectanebo I, quien contrató los servicios como
mercenario de Cabrias, un general ateniense con numerosas victorias en
su "hoja de servicios". Cabrias reorganizó el ejército egipcio y lo instruyó en
las técnicas de combate más modernas. Convirtió el Delta en un campamento
poderosamente defendido. Artajerjes II no se atrevió a atacar, sino que en su
lugar presionó a Atenas para que llamara a Cabrias. El general obedeció, pero
había hecho un buen trabajo. Artajerjes II atacó pero los egipcios supieron
defenderse y los persas tuvieron que retirarse.

Entre tanto los cartagineses lograron infligir una dura derrota a Dionisio de
Siracusa cerca de Panormo, el cual se vio obligado a pedir la paz, pagar una
fuerte indemnización y permitir que los cartagineses extendieran su dominio
de la isla unos 50 kilómetros hacia el este.

En 378 volvió a Tebas un hombre llamado Pelópidas, que había permanecido


exiliado en Atenas desde que Esparta ocupó su ciudad, pero que ahora
regresaba para encabezar una conspiración. Cierto día que los ocupantes
espartanos celebraban una fiesta, Pelópidas y un pequeño grupo de hombres se
unieron al banquete disfrazados de mujeres. Se dice que en el último momento
un traidor tebano envió un mensaje al general espartano para advertirle de la
conjuración, pero éste despachó al mensajero diciendo "los asuntos, para
mañana". Los infiltrados sacaron sus cuchillos e hicieron una matanza. Entre
la confusión reinante, los tebanos se apoderaron de la Cadmea. Los
comandantes espartanos fueron devueltos a Esparta, donde fueron ejecutados
por rendirse.

En 377 llegó al poder el sátrapa Mausolo, gobernador de Caria, en el interior


de Asia Menor. Antes de las invasiones dorias los carios dominaban también
las costas, pero se replegaron al interior cuando llegaron los griegos, fueron
dominados por los lidios y, cuando Ciro II conquistó Caria, sus príncipes
conservaron el poder en calidad de sátrapas con gran independencia. Mausolo
expandió sus dominios a costa de las ciudades griegas. Trasladó su capital a la
ciudad costera de Halicarnaso y empezó a construir una flota. Ese mismo año
murió Hipócrates.

Tebas se alió con Atenas contra Esparta. Atenas estaba rehaciendo la antigua
confederación con las islas, sólo que ahora de forma más diplomática, sin
intentar imponerse como en tiempos de Pericles. Esparta no podía consentir
esta alianza y se inició una nueva guerra. En ella
destacó Epaminondas, amante de Pelópidas, que encabezó un grupo especial
de soldados comprometidos a luchar hasta la muerte. Era la Hueste
Sagrada, con la que pudo mantener a raya a los espartanos. Mientras tanto
Atenas lograba victorias navales. Esparta trató de organizar una flota, pero
en 376 fue interceptada en Naxos por la flota ateniense y quedó prácticamente
destruida. Siracusa envió barcos en ayuda de Esparta, con lo que las fuerzas
quedaron equilibradas de nuevo.

Un nuevo líder unificó Tesalia mediante maniobras políticas y el uso de tropas


mercenarias. Se llamaba Jasón, y había nacido en la ciudad de Feres, en el
centro de Tesalia. En 371 fue elegido general en jefe de los clanes tesalios.
Puesto que Esparta se oponía a toda confederación en Grecia, Jasón se alió
con Tebas. En este momento la guerra entre Esparta y la coalición Tebas-
Atenas había llegado a un punto muerto y ambos bandos eran partidarios de
firmar la paz. Sin embargo, el rey Agesilao II se dejó llevar por su odio hacia
Tebas, y exigió que cada ciudad de Beocia debía firmar la paz por separado,
de modo que no aceptaría que Tebas firmara por todas. Con ello logró que
Atenas firmara la paz con Esparta, mientras que ésta seguía en guerra con
Tebas. El rey Cleómbroto I dirigió el ejército espartano contra ella.

La costumbre griega en el combate era desplegar los soldados en un máximo


de ocho filas, de modo que todos podían combatir simultáneamente. En estas
condiciones, Tebas no habría tenido nada que hacer contra Esparta, pues los
espartanos eran los mejores soldados. Sin embargo, Epaminondas empleó otra
estrategia. Dividió su ejército en tres partes. Dispuso el centro y la derecha
según la disposición habitual, pero la parte izquierda (que se enfrentaría a los
mejores soldados espartanos, según la costumbre de éstos) la ordenó en una
columna de cincuenta filas de profundidad. Esta estructura recibió el nombre
de falange tebana, de una palabra griega que significa "leño", pues el plan de
Epaminondas era que actuase como un ariete que penetrara en las filas
espartanas sumiéndolas en la confusión.

Los ejércitos se encontraron en la aldea de Leuctra, a 15 kilómetros de Tebas.


Los espartanos vieron la extraña formación tebana y reforzaron sus líneas
hasta formar en doce filas, pero no fue suficiente. Todo sucedió según los
planes de Epaminondas, las líneas espartanas se quebraron y murieron mil de
sus hombres, incluido Cleómbroto I. Fue el fin del dominio espartano.
35.El ascenso de Macedonia (370)

En 370 fue asesinado Jasón de Feres. Parece ser que Jasón planeaba convertir
a Tesalia en la mayor potencia griega, pero con su muerte Tesalia perdió la
oportunidad. El gobierno pasó a manos de su sobrino Alejandro, pero éste era
un hombre cruel que perdió el apoyo de las demás tribus tesalias. También
murió el rey Amintas III de Macedonia, que fue sucedido por su
hijo Alejandro II. Macedonia trató de imponerse sobre la decadente Tesalia,
y así durante un tiempo los dos Alejandros estuvieron en guerra.

Entre tanto Tebas seguía triturando a Esparta. Epaminondas liberó a Mesenia.


En 369 los mesenios fundaron la ciudad de Mesene alrededor de la fortaleza
del monte Ítome, donde tiempo atrás resistieron los ilotas. Esparta se vio
reducida únicamente a Laconia. En este momento Alejandro II de Macedonia
pidió ayuda a Tebas contra los tesalios. Tebas envió un ejército al norte al
mando de Pelópidas, quien firmó un tratado con el rey macedonio. Esto dio un
respiro a Esparta. Además, Atenas se inquietó con el ascenso de Tebas y se
puso de parte de Esparta. También Siracusa envió tropas y con esta ayuda el
rey Agesilao II pudo defender Laconia de dos intentos de invasión por parte
de Tebas.

En 368 Dionisio de Siracusa se vio en condiciones de resarcirse de la derrota


que once años atrás había sufrido frente a Cartago. Marchó de nuevo hacia el
oeste y sitió la nueva plaza fuerte cartaginesa: Lilibeo. Sin embargo no pudo
tomarla y, en su lugar, tuvo que contemplar desde la costa una batalla naval en
la que su flota fue destruida. Mientras tanto, el rey Alejandro II de Macedonia
fue asesinado por Ptolomeo de Aloros, un cortesano que se proclamó tutor
del hermano de su víctima, ahora convertido en el nuevo rey Perdicas III, y
asumió la regencia. Esto deshizo el acuerdo entre Macedonia y Tebas, por lo
que en 367 Pelópidas volvió a su ciudad. Sin embargo, como medida de
precaución para evitar que Tebas pudiera verse amenazada por Macedonia, se
llevó como rehenes a algunos nobles, entre ellos Filipo, el tercer hijo de
Amintas III.

Ese mismo año murió Dionisio de Siracusa. Tras la última derrota ante
Cartago su imperio estaba desmoronándose. No obstante, parece ser que tuvo
una alegría. Dionisio era aficionado a la poesía y a menudo enviaba sus
trabajos a los muchos certámenes que se celebraban en Grecia. Había llegado
a ganar ocasionalmente un tercer y hasta un segundo premio, pero nunca el
primero, hasta este año, en que logró el primer premio con su poema
dramático "El rescate de Héctor". Se cuenta que tras conocer la noticia
organizó un gran banquete que le hizo enfermar y le condujo a la muerte.

Dionisio fue sucedido por su hijo, llamado Dionisio el Joven. Tenía entonces
veinticuatro años y no mucha experiencia, pero se dejó aconsejar por su tío
Dion y por el historiador Filisto. Dion había pasado varios años en la
Academia de Platón, y convenció a su sobrino para que llamara de nuevo al
filósofo a la corte de Siracusa. Platón accedió. Tal vez tuviera la esperanza de
que el nuevo tirano podría poner en práctica sus teorías políticas, que
esencialmente consistían en una férrea dictadura de los sabios. Dionisio se
sintió impresionado por el maestro, y empezó a estudiar matemáticas. Filisto
esperó a que el joven se cansara de los teoremas y luego empezó a sugerirle
que su tío trataba de distraerle con Platón para hacerse con el gobierno de la
ciudad. Finalmente Dionisio exilió a Dion y Platón optó por volver a su
Academia en Atenas, adonde acudió también Dion.

En Roma los plebeyos lograron finalmente la igualdad de derechos frente a los


patricios. Parece ser que en el proceso fue decisiva la influencia de Camilo,
que logró que se aprobaran las leyes Licinio-Sextianas (llamadas así por los
dos cónsules de ese año). Estas leyes establecían que los plebeyos podían
acceder al consulado, y un tiempo después se estableció la costumbre de que
al menos uno de los dos cónsules fuera de familia plebeya. Además, se
imponían límites a la cantidad de tierra que podía pertenecer a un solo
hombre, de modo que los patricios dejaron de presionar a los agricultores
plebeyos para quedarse con sus tierras. Desde entonces las leyes y los decretos
fueron promulgados con las siglas SPQR (Senatus PopulusQue Romanus, el
Senado y el Pueblo Romano), como signo de que el Senado y el Pueblo
actuaban conjuntamente. A partir de este momento Roma inició una
vertiginosa recuperación que la convertiría en poco tiempo en una de las
potencias de Italia. Camilo murió en 365.

Ese mismo año el joven rey Perdicas III de Macedonia pudo hacer que
asesinaran a su tutor, el que tres años antes asesinara a su hermano. Acto
seguido restableció los tratados con Tebas y así Pelópidas dirigió una
expedición contra Tesalia, pero fue capturado y mantenido prisionero durante
varios meses, hasta que otra expedición dirigida por Epaminondas pudo
liberarlo. En 364 Filipo, el hermano de Perdicas III regresó a Macedonia,
Pelópidas partió de nuevo hacia Tesalia y se enfrentó a Alejandro
en Cinoscéfalos, al norte de Feres. Los tebanos ganaron, pero Pelópidas murió
en la batalla. Alejandro perdió toda influencia más allá de la propia Feres.
Desde entonces se dedicó a la piratería.

En 362 Epaminondas atacó a Esparta por cuarta vez. El viejo rey Agesilao II
se mostró dispuesto a defender la ciudad hasta la muerte, pero Epaminondas
debió de pensar que una derrota definitiva de Esparta podría unir a las demás
potencias griegas contra Tebas, así que se las arregló para evitar el combate
directo y en su lugar llevó el combate a la ciudad de Mantinea, donde se
enfrentó a las tropas aliadas de Esparta y Atenas. Los griegos seguían sin
saber cómo hacer frente a la falange, y Epaminondas logró nuevamente una
victoria total, excepto por el hecho de que una jabalina le alcanzó y le mató.
Con la muerte de Epaminondas y Pelópidas se inició la decadencia de Tebas.

En 361 el estado chino de Qin pasó a manos del duque Xiao. Nombró
consejero a Shang Yang, que había ocupado un cargo menor como
funcionario en el reino vecino de Wei. Shang Yang impulsó un sistema de
recompensas y multas que llevó a la mayor parte de la población a adoptar
oficios productivos. Fue la primera de una serie de medidas que reforzarían
espectacularmente la posición de Qin frente a los demás estados.

En 360 murió Nectanebo I, rey de un Egipto floreciente, y fue sucedido por su


hijo Teos. El Imperio Persa seguía siendo una amenaza, y el nuevo rey
decidió poner su ejército en manos de un general griego. Eligió nada menos
que a Agesilao II de Esparta. El viejo rey no tenía nada que hacer ya en su
extenuada ciudad y se vio obligado a ofrecer sus servicios como mercenario a
cambio de una paga. Sin embargo, Teos se sintió decepcionado cuando vio a
aquel anciano cojo y marchito, así que no le dio el mando supremo de su
ejército, sino que le confió únicamente las tropas griegas. Mandó llamar al
ateniense Cabrias y lo puso al mando de su flota.

Teos consideró que estaba en condiciones de atacar a Persia, y así sus tropas
penetraron en Siria. No obstante surgieron disputas entre atenienses,
espartanos y egipcios, por lo que el proyecto abortó. Por otra parte, un
pariente de Teos reclamó el trono y trató de que Agesilao matara al rey. Éste
se negó, pero Teos se vio obligado a huir a Persia, y el pretendiente al trono lo
ocupó con el nombre de Nectanebo II.Agesilao decidió volver a Esparta, pero
murió en el viaje. Fue sucedido por su hijo Arquidamo III.

En 359 Filipo, el hermano del rey Perdicas III de Macedonia, se casó


con Olimpia, sobrina del rey de Épiro (tras la muerte de Dionisio de Siracusa
los molosos habían recuperado el gobierno del país). Ese mismo año murió
Perdicas III en una de las muchas escaramuzas que se veía obligado a
mantener para proteger su reino de los bárbaros del norte. El trono fue
ocupado por su hijo Amintas IV, pero era menor de edad. Macedonia tenía
enemigos en todas direcciones, así que no podía permitirse un gobierno débil.
Filipo fue nombrado regente, con tan sólo veintiún años. Fue una sabia
decisión. En su estancia en Tebas había aprendido mucho de Epaminondas.
Atacó en todas direcciones: primero contra los peonios (al norte), luego contra
los ilirios (al oeste). En 358 había puesto fin a las incursiones fronterizas. Las
relaciones con Épiro eran buenas, gracias a su matrimonio. De hecho fue
Filipo quien puso en el trono de Épiro a su cuñado, Alejandro I. Entonces se
fijó en el este, en la Calcídica, donde Olinto dirigía una confederación que
competía con Atenas. Filipo supo intervenir en las continuas disputas entre
Olinto y Atenas ayudando a una o a otra parte pero siempre en beneficio
propio. Su mayor logro fue apoderarse de Anfípolis. Cuando Olinto y Atenas
empezaron a darse cuenta de que estaban jugando con ellas, Filipo usó de la
diplomacia y las mantuvo en calma. Luego amplió y reforzó una ciudad
situada a unos cien kilómetros de Anfípolis y la rebautizó como Filipos. Cerca
había valiosas minas de oro cuyos rendimientos supo aprovechar.

Entre tanto murió el anciano rey persa Artajerjes II, y fue sucedido por su
hijo Artajerjes III. El cambio de rey provocó las convulsiones
acostumbradas. Uno de los que más ávidamente había estado esperando la
muerte del rey era Mausolo, el sátrapa de Caria, que en los últimos años había
estado preparándose para algo grande y ahora le llegaba el momento de poner
en práctica sus planes. Su primer paso fue intrigar en las islas mayores del
Egeo hasta persuadirlas para que se rebelaran contra Atenas. En 357 Atenas
envió una flota, pero fue derrotada y sus generales fueron destituidos. Ese
mismo año murió Alejandro de Feres.
En 356 Filipo de Macedonia tuvo un hijo, al que llamó Alejandro. Tal vez
esto le llevó a la conclusión de que su posición como regente no era la más
adecuada. Por ello hizo deponer a Amintas IV y se convirtió en Filipo II de
Macedonia. Por aquel entonces el ejército de Macedonia era sin duda el mejor
preparado de toda Grecia. La caballería había sido siempre parte importante
del ejército macedónico. Además, Filipo adoptó las ideas de Ifícrates y
entrenó a numerosos peltastas y honderos. Además perfeccionó la falange
tebana. En lugar de concebirla como un mero ariete humano, la hizo menos
densa y con más capacidad de maniobra. Los hombres de la retaguardia
hacían reposar sus largas lanzas sobre los hombros de los soldados siguientes,
pero en cualquier momento las podían desplegar en cualquier dirección. Así
surgió la falange macedónica, que durante mucho tiempo iba a ser la más
perfecta arma de guerra del mundo civilizado.

Ese mismo año, el grandioso templo de Artemisa en Éfeso fue consumido por
el fuego. Resultó ser un incendio provocado. Cuando se capturó al culpable y
se le preguntó por qué lo había hecho, respondió que para que su nombre
perdurara en la historia (tal vez no sea cierto, hoy en día no faltan
desequilibrados que se atribuyen falsamente asesinatos y otros delitos
impactantes para conseguir celebridad). El individuo fue ejecutado y se
acordó que su nombre fuese borrado de todos los testimonios y jamás fuera
pronunciado para frustrar su propósito, pero lo cierto es que se conoce el
presunto tarado: se llamaba Eróstrato.

En 355 el general ateniense Cares desembarcó en Asia y no tuvo dificultad en


imponerse sobre las tropas persas de Mausolo, pero Atenas no quería
conflictos en Asia. Ya no tenía aspiraciones coloniales y aprovechó su ventaja
para firmar una paz generosa con el sátrapa. Admitió la independencia de las
islas del Egeo y las abandonó a su suerte. Así se disolvió para siempre la
confederación ateniense. Este año murió Jenofonte.

Dion, el tío de Dionisio el Joven, logró regresar a Siracusa, echó a su sobrino


y se hizo con el poder. Gobernó tan despóticamente como sus predecesores,
pero no pudo impedir que Siracusa continuara su declive.

Por otra parte, Fócida se apoderó una vez más de Delfos, en un nuevo intento
de dominar la ciudad sagrada que tiempo atrás fuera suya. Empezó así
la Tercera Guerra Sacra. Tebas marchó contra Fócida, y en 354 logró una
victoria, aunque no definitiva. Fócida liberó Delos y decidió expandirse a
costa de Tesalia.

Entre tanto, las ciudades del Lacio fueron obligadas a incorporarse a una
nueva Liga Latina de la que Roma era el líder incuestionable. Al mismo
tiempo, la parte meridional de Etruria reconocía la soberanía romana, con lo
que Roma dominaba un territorio de unos 7.500 kilómetros cuadrados en el
centro de Italia.

Los Tesalios, amenazados por Fócida, decidieron pedir ayuda a Filipo II de


Macedonia. Por aquel entonces el rey había logrado apoderarse de la última
posesión ateniense en el norte. Los focenses le hicieron frente, pero
finalmente, en 353 Filipo II venció y se apoderó de toda Tesalia. Los griegos
vieron entonces que Macedonia se estaba convirtiendo en una seria amenaza,
así que Esparta, Atenas y otras ciudades se aliaron con Fócida. No obstante
Esparta se desvió del interés común y trató de apoderarse de Megalópolis,
antigua posesión suya, así que Atenas retrocedió para impedirlo y el frente
contra Filipo II se rompió.

Ese mismo año Mausolo se anexionó la isla de Rodas, pero murió poco
después, con lo que Caria perdió todo protagonismo. No obstante, Mausolo es
más recordado por su muerte que por su vida. Su viuda, Artemisa, decidió
erigirle un magnífico monumento funerario en Halicarnaso. Estaba adornado
con gigantescas estatuas del matrimonio, con frisos esculpidos a su alrededor.
Fue llamado el Mausoleo, y su fama fue tal que hoy en día se sigue llamando
mausoleo a todo monumento funerario.

También fue asesinado Dion, el tirano de Siracusa. Tras un periodo de


confusión, Dionisio el Joven logró recuperar el poder que su tío le había
arrebatado. Siracusa fue gobernada con más crueldad e ineficiencia que nunca.

En 352 Filipo II se dirigió a Tracia y dominó las rutas por las que Atenas se
aprovisionaba desde sus colonias en el mar Negro. Esto causó la alarma en
Atenas. Una de las voces más elocuentes que denunciaron la amenaza
macedonia fue la de Demóstenes. Tendría entonces unos treinta y dos años.
Su infancia debió de ser difícil, pues su padre murió poco después de su
nacimiento y un pariente huyó con la fortuna familiar. Se cuentan muchas
anécdotas sobre su juventud, como que se afeitaba sólo la mitad de la cara
para obligarse a permanecer alejado de la gente, estudiando. También se
cuenta que superó un problema de pronunciación hablando frente al mar con
piedras en la boca. El caso es que terminó convirtiéndose en uno de los
oradores griegos más famosos.

Demóstenes pronunció su Primera Filípica, tratando de convencer a los


atenienses de que le declararan la guerra a Filipo II, pero no tuvo éxito. Parte
del pueblo no creía ya que la ciudad pudiera embarcarse con éxito en tales
aventuras, e incluso otra parte no veía a Filipo II como una amenaza, sino
como un griego poderoso capaz de unificar definitivamente a Grecia. Entre los
partidarios de Filipo II estaban Isócrates y Esquines, también famoso por su
oratoria.
En 351 Artajerjes III estuvo dispuesto para invadir Egipto, pero fue rechazado
gracias en gran parte a los mercenarios griegos. El rey persa tuvo que
retirarse, pues Siria se rebeló y cada vez había más piratas griegos causando
disturbios en el imperio.

36.Filipo II de Macedonia (350)

En la segunda mitad del siglo IV los estados chinos seguían enzarzados en


combates entre ellos mismos y contra los bárbaros. La amenaza bárbara hizo
surgir, especialmente en los reinos fronterizos, un gran sentimiento patriótico.
Se construyeron grandes murallas de adobe para marcar fronteras entre los
distintos reinos y, sobre todo, frente a las estepas del norte.

El estado de Qin seguía progresando con el duque Xiao y su consejero Shang


Yang, el cual en 350 dividió el territorio en 31 comandancias, presididas por
un director nombrado por el gobierno central. A través de este sistema
centralista se potenció una agricultura eficiente y un ejército fuerte. Por el
contrario, la artesanía y el comercio fueron descuidados. Los señores feudales
perdieron todo su poder. Se suprimió el vasallaje y se modificó el código
penal, de tal modo que toda la población tenía los mismos derechos. Las
relaciones de vasallaje fueron sustituidas por un sistema de responsabilidad
colectiva que resultó ser muy eficiente. Su principal rival era el estado de Chu,
al este, que había absorbido a varios reinos pequeños.

En el este, los sármatas estaban ocupando la región que iba a ser conocida
como Sarmacia. Comprendía las estepas situadas al norte del Mar Negro
hasta el Báltico. Los escitas conservaron los territorios meridionales, pero
paulatinamente fueron siendo desplazados o absorbidos por los sármatas.

Atenas decaía. Paulatinamente se había extendido un sentimiento de


desencanto que había culminado con la disolución de la confederación
ateniense cinco años atrás. Durante las numerosas guerras y desastres por las
que había pasado, sólo una cosa se mantuvo intacta: el valor de la dracma. La
moneda ateniense conservó siempre el mismo valor equivalente en plata. Esto
convirtió a los banqueros de Atenas en los más poderosos de Grecia. La
población se había trasladado a las ciudades y los campos eran cultivados por
esclavos que el gobierno alquilaba a unos pocos terratenientes. También
fueron usados en las minas de plata. Las desigualdades sociales aumentaron.
Platón decía que había dos Atenas: la de los ricos y la de los pobres, una en
guerra contra la otra. Isócrates añadía:

Los ricos se han vuelto tan antisociales que preferirían tirar al


mar todos sus bienes antes que ceder una parte a los pobres, los
cuales, por su parte, tienen más odio a la riqueza ajena que
compasión por sus propias estrecheces.

Se dice que había un club aristocrático cuyos miembros se comprometían por


juramento a obrar contra la comunidad. Los banqueros fomentaron el
comercio, el cual hizo crecer a una burguesía sedienta de oro. Ante esta
situación surgieron algunas reacciones individuales. Una de las más famosas
fue la de Diógenes. Había nacido en Sinope, una ciudad de Asia Menor. Su
padre había sido banquero, pero fue desterrado por falsificar moneda.
Diógenes se hizo discípulo de Antístenes y llevó más allá sus ideas. Según él,
la virtud es el bien soberano. La ciencia, los honores y las riquezas son falsos
bienes que hay que desterrar. El sabio debe liberarse de los deseos y reducir al
mínimo sus necesidades. Platón lo llamaba "Sócrates delirante", porque
caminaba descalzo, dormía en los pórticos de los templos y tenía por única
habitación un tonel. Cuentan que un día vio a un niño beber agua con las
manos en una fuente. Diógenes dijo: "Este muchacho me ha enseñado que
todavía tengo cosas superfluas", y acto seguido tiró su escudilla. Profesaba un
gran desprecio por la humanidad. En una ocasión apareció en pleno día por las
calles de Atenas llevando una linterna encendida y diciendo: "Busco un
hombre". Los atenienses se burlaban de él, pero al mismo tiempo le
respetaban y le temían. No cabe duda de que Diógenes disfrutaba
escandalizando a sus conciudadanos. Sostenía que el hombre era un animal y
que debía vivir como tal, en armonía con la naturaleza. Hacía sus necesidades
en las calles. Una vez alguien le recriminó por masturbarse en la calle y el
respondió "Ojalá pudiera calmar el hambre frotándome el estómago". Tal vez
por esto, Antístenes, Diógenes y sus seguidores fueron llamados Cínicos, que
en griego significa algo así como "perrunos". Otra teoría es que Antístenes
vivía en una calle llamada "Perro blanco", y él se llamaba a sí mismo "el
verdadero perro".

Por esta época vivió Teodoro de Cirene, llamado el Ateo, porque en su


libro Sobre los dioses negaba la existencia de cualquier divinidad.

Filipo II de Macedonia había puesto su mirada en Olinto, cuyo territorio


constituía la única parte de la Calcídica que todavía no estaba bajo el poder
macedonio. Olinto pidió ayuda a Atenas y Demóstenes pronunció tres
discursos en favor de que su petición fuera atendida, pero Atenas se limitó a
enviar a Cares al frente de unos pocos mercenarios. Filipo II venció sin
dificultad y en 348 se apoderó de Olinto. Atenas envió diez embajadores para
pedir la paz. Entre ellos estaban Demóstenes y Esquines. El rey dilató las
negociaciones con diversas excusas hasta que tuvo asegurado su dominio
sobre toda Tracia. Finalmente firmó un tratado con Atenas en el que le cedía
el Quersoneso tracio. En esta fecha Roma y Cartago renovaron un antiguo
acuerdo comercial firmado en los primeros años de la república.

En 347 murió Platón. Había pasado sus últimos años absorbido por su
Academia. Cuentan que un alumno le invitó a ser su padrino de boda, él
aceptó y participó en el banquete, luego se retiró a descansar y a la mañana
siguiente lo encontraron sin vida. Toda Atenas lo acompañó al cementerio.

Uno de los alumnos que más lloró la muerte del maestro fue Aristóteles, que
le erigió un monumento. Por aquel entonces estaba cerca de los cuarenta años.
Había nacido en Estagira, una ciudad de Macedonia, y su
padre, Nicómaco, había sido en Pella el médico personal de Amintas III, el
padre de Filipo II. Nicómaco le inició en el estudio de la medicina y la
anatomía, y luego lo envió a Atenas, a la edad de 17 años, donde pasó unos
veinte años con Platón. Parece ser que destacó como el más inteligente y el
más diligente de sus alumnos. Trató de convertirse en el sucesor de Platón al
frente de la Academia, pero al final la sucesión recayó en Espeusipo, sobrino
del maestro. Indignado, emigró a la ciudad de Atarmea, en Asia Menor,
donde gobernaba su amigo Hermias, que había pasado un tiempo en la
Academia años atrás. Allí se casó con Pitia, la hija de Hermias y escribió el
diálogo Sobre la Filosofía, en el que expone ideas que le distancian de las
posiciones de Platón. Al mismo tiempo se dedicó a compendiar la obra de los
principales filósofos griegos.

Otros famosos discípulos de Platón fueron Eudoxo y Heráclides. Eudoxo


había nacido en Cnido unos sesenta años atrás. Realizó muchas
contribuciones a la geometría y a la astronomía. Fue el primer griego que
demostró que el año no tiene exactamente 365 días, sino 6 horas más. Se dio
cuenta de que las observaciones de los planetas contradecían la teoría
platónica de que éstos giran alrededor de la Tierra en órbitas circulares. Platón
creía que las estrellas y los planetas estaban fijados a unas esferas en constante
rotación. Eudoxo refinó la teoría suponiendo un total de 26 esferas, cada una
de las cuales gira uniformemente sobre un eje fijado a la esfera siguiente, de
modo que los movimientos combinados de todas ellas se ajustaban a las
observaciones. No obstante, el ajuste de Eudoxo no era perfecto y, un poco
más tarde, un discípulo suyo, Calipo de Cízico, tuvo que aumentar el número
de esferas hasta un total de 34.

Por otra parte, Heráclides, nacido en Heraclea Póntica (en la costa de Asia
Menor en el mar Negro), que tendría unos 43 años por aquel entonces, había
señalado que no era necesario suponer que la Tierra permanece inmóvil en el
centro del universo mientras todos los astros giran a su alrededor, sino que el
mismo efecto se produciría si fuera la Tierra la que girara sobre sí misma. Es
el primer hombre conocido que conjeturó la rotación de la Tierra. Heráclides
también observó que los movimientos de Mercurio y Venus podían explicarse
mejor si se suponía que en lugar de girar alrededor de la Tierra lo hacían
alrededor del Sol.

En 346 Filipo II puso fin a la Tercera Guerra Sacra aliándose con Tebas y
expulsando de Delos a los focenses. Ese año presidió los juegos Píticos,
establecidos dos siglos antes con motivo de la Primera Guerra Sacra.
Demóstenes siguió intentando que Atenas declarara la guerra a Macedonia,
pero los partidarios de Filipo II se iban imponiendo en la ciudad.
En 344 pronunció su Segunda Filípica.

Entre tanto Sicilia estaba sumida en el caos. Cada ciudad tenía su propio
tirano y todas combatían entre sí. A menudo unas ciudades pedían ayuda a
Cartago en contra de otras. Finalmente Cartago puso sitio a Siracusa, la cual
pidió a Corinto en 343 que le enviara un general capaz de unificar a los
griegos contra los tiranos y contra los cartagineses. Era mucho pedir, pero
casualmente existía el hombre idóneo. Se llamaba Timoleón, y era a la vez un
gran luchador y un gran idealista. Sus convicciones democráticas eran tan
hondas que cuando su hermano se erigió en tirano de Corinto, unos veinte
años atrás, él mismo aprobó su ejecución. Su familia, indignada, lo envió al
exilio. Ahora tenía ya casi sesenta años, pero aceptó la invitación de Siracusa
y embarcó a mil hombres en diez naves, con las que navegó hacia Reggio,una
ciudad griega del sur de Italia. Allí se encontró con una flota cartaginesa que
le exigió que volviera a Grecia. Timoleón pidió discutir la cuestión en el
concejo ciudadano de Reggio. Allí retrasó la discusión mientras sus barcos se
hicieron a la mar en secreto. Él mismo se escabulló en el último momento y,
cuando los cartagineses se dieron cuenta del engaño, ya era demasiado tarde.
Trataron de perseguirle, pero Timoleón llegó a Siracusa. Allí aceptó la
rendición de Dionisio, que se retiró a Corinto.

Timoleón logró convertirse en el centro del patriotismo griego en Sicilia, hasta


el punto de que los cartagineses decidieron levantar el sitio a Siracusa por el
temor de que los griegos que tenían de su parte cambiaran de bando.
Paulatinamente se fue haciendo con el dominio de toda la isla, y en cada
ciudad afirmó en el poder a la facción anticartaginesa.

Aristóteles vio frustrado su intento de fundar una academia en Atarnea, pues


tuvo que huir cuando el sátrapa Mentor tomó prisionero a Hermias, lo hizo
ejecutar y se apoderó de la ciudad. Aristóteles se dirigió a Lesbos, donde pasó
un tiempo en las propiedades de otro antiguo compañero de la academia,
llamado Tírtamo, aunque es más conocido con el nombre que le dio
Aristóteles, Teofrasto (el divino hablador). Allí murió Pitia, tras dar a luz a
una hija. Poco después Filipo II lo llamó a Pella para que se encargara de la
educación de su hijo Alejandro, que a la sazón tenía trece años de edad. Junto
a Aristóteles, mandó llamar a Lisímaco para que le enseñara literatura y al
príncipe moloso Leónidas para que le adiestrara como soldado.

Poco antes había estallado una especie de guerra civil en Italia entre los
samnitas del Samnio propiamente dicho y los que habían ocupado la
Campania tras la retirada de los etruscos. Los samnitas de la Campania
pidieron ayuda a Roma, que se había convertido en una de las grandes
potencias de la región. Roma firmó una alianza con la ciudad de Capua y
declaró la guerra a los samnitas. Se iniciaba así la Primera Guerra
Samnita. Tras dos años de combates, en 341 ambas partes acordaron la paz sin
una victoria definitiva. Probablemente Roma optó por la paz al darse cuenta
de que las ciudades del Lacio no estaban participando en la guerra como se
esperaba, y temió que terminaran rebelándose contra la supremacía romana.

Ese mismo año Filipo II fundó la ciudad de Filipópolis a unos 160 kilómetros
al norte del Egeo. Ningún ejército civilizado había llegado tan al norte desde
los tiempos en que Darío I conquistara Tracia. Ese mismo año Demóstenes
consiguió finalmente que las ciudades griegas de la Propóntide se levantaran
contra Filipo II. Entre ellas estaba Bizancio, y gracias a su Tercera
Filípica Demóstenes logró que recibiera el apoyo de Atenas, lo cual puso de
nuevo en guerra a Atenas y a Macedonia. Por primera vez Filipo II sufrió un
revés. Tras un largo asedio, se vio obligado a abandonar Bizancio. Esto
aumentó el prestigio de Demóstenes.

Por esta época se celebró el segundo concilio budista, en la ciudad de Vaisali.


En él se condenó la relajación de la regla de los monjes de Vajji, y se acordó
que cada monje pudiera almacenar un cuerno de sal, beber leche cuajada
después de la comida y comer durante la tarde.

En 340 Artajerjes III marchó de nuevo contra Egipto. Se produjo un


enfrentamiento cerca de la ciudad de Pelusio, en el Delta. En realidad fue en
gran medida una batalla de griegos contra griegos, pues buena parte de ambos
ejércitos estaba formada por mercenarios. El bando persa venció y el rey
Nectanebo II tuvo que huir a Nubia. Fue el último rey nativo que tuvo Egipto.

Ese mismo año las ciudades del Lacio se rebelaron contra Roma. Se inició así
la Guerra Latina. Se confirmó la habilidad de Roma para hacer las paces a
tiempo con el Samnio. Sus ejércitos ya habían regresado del sur y estaban
listos para enfrentarse a los latinos. En dos batallas campales derrotaron al
grueso de las fuerzas rebeldes. Se cuenta que en una de ellas, el cónsul Publio
Decio Mus (el ratón) se hizo matar deliberadamente para que sus hombres
contaran con el favor de los dioses. Es probable que los romanos combatieran
más animosamente sabiendo que Marte estaba con ellos, así como que los
enemigos se sintieran desalentados. Tras las batallas, Roma se dedicó a ajustar
cuentas con las ciudades del Lacio una por una.

En 339 Cartago se vio en condiciones de hacer frente a Timoleón en Sicilia.


Envió una gran fuerza a la isla, y Timoleón tuvo que hacerle frente con un
número de hombres mucho menor. Marchó rápidamente hacia el oeste y pudo
llegar al borde del valle del río Crimiso, a unos 65 kilómetros al este de
Lilibeo. Se desató una espesa niebla, de modo que los cartagineses no vieron a
los griegos sobre ellos mientras empezaron a cruzar el río. Cuando la niebla se
disipó, sólo una parte de su ejército había cruzado. La caballería y las tropas
de elite estaban en el lado griego, pero el grueso del ejército no. Timoleón
atacó inmediatamente y destruyó a la parte más valiosa, pero inferior en
número del ejército enemigo. Cuando el resto del ejército logró atravesar el
río se desencadenó una tormenta, y el viento soplaba de forma que la lluvia
daba en la cara a los cartagineses. Éstos se vieron obligados a retroceder hacia
el río desbordado y, cuando sus filas se rompieron, muchos murieron
ahogados. Timoleón obtuvo una victoria completa. Tras comprobar que Sicilia
estaba libre de peligro, renunció a todo su poder y se retiró de la vida pública.
Murió al año siguiente.

Mientras tanto sucedió que Anfisa, una ciudad focense, estaba cultivando
unos campos que habían sido declarados malditos tras la Primera Guerra
Sacra. Los sacerdotes de Delfos denunciaron el hecho y se inició una Cuarta
Guerra Sacra. Filipo II fue llamado una vez más y su ejército acampó en las
costas del golfo de Corinto. Demóstenes logró entonces su mayor victoria
diplomática. Logró que Tebas se aliara con Atenas en contra de Filipo II. El
enfrentamiento se produjo junto a la ciudad beocia de Queronea, en 338. Las
tropas atenienses se dispersaron y huyeron deshonrosamente. Entre ellas
estaba el propio Demóstenes. Cuando le reprocharon su huida, se cuenta que
respondió con una frase que se ha hecho célebre: "Quien combate y huye, vive
para combatir otra vez." La actuación tebana fue más honorable. La Hueste
Sagrada no había sido derrotada desde que la formara Epaminondas, pero para
todo hay una primera vez. La falange macedónica pudo con ella, aunque los
tebanos murieron todos de cara al enemigo.

Ese año murió también el rey espartano Arquidamo III. Al igual que su padre,
terminó sus días como mercenario, esta vez al servicio de los tarentinos, que
habían solicitado su ayuda contra las tribus nativas italianas. Fue sucedido por
su hijo Agis III.

Filipo II ocupó Tebas y la trató con dureza. En cambio, a Atenas la dejó


intacta. Tal vez decidió que era lo más conveniente, pues, ciertamente, con
ello logró que los atenienses promacedónicos se impusieran en la ciudad. A
continuación fueron las ciudades del Peloponeso las que aceptaron la
dominación macedonia. Todas menos Esparta, que, pese a que carecía de todo
poder real, se aferró a su orgullo y declaró que no se sometería. Filipo II envió
un mensaje que decía: "Si entro en Laconia, arrasaré Esparta."
Se cuenta que el rey Agis III respondió: "Sí". Es el laconismo más famoso de
la historia.

Por algún motivo, Filipo II decidió dejar en paz a Esparta. Tal vez le admiró
su respuesta, o simplemente pensó que destruir una Esparta inerme podría
generarle animadversiones en Grecia. Por primera vez, toda la Grecia
continental (salvo Esparta, nominalmente) estaba gobernada por un solo
hombre.

Por aquel entonces Roma ya había pacificado por completo el Lacio a base de
severos castigos. Desde entonces Roma ya no aparentó ser la cabeza de una
coalición. El Lacio pasó a ser considerado territorio romano y sus ciudades
perdieron toda forma de autogobierno. Fueron gobernadas por las leyes de
Roma y cualquier litigio que surgiera tenía que ser resuelto en Roma. Por otra
parte, cualquier latino podía obtener la ciudadanía romana y todos los
derechos que ella comportaba si se trasladaba a Roma.

Entre tanto murió asesinado Artajerjes III y fue sucedido por su


hijo Arses, pero, a diferencia de sus predecesores, no supo hacer frente a los
desórdenes que seguían indefectiblemente a la muerte del rey, y el Imperio
cayó en la anarquía. Este mismo año murió Isócrates, y también el duque Xiao
de Qin, en China.

En 337 Filipo II convocó una asamblea de ciudades griegas, que se reunió en


Corinto. Se votó la guerra contra Persia y Filipo II fue elegido comandante en
jefe del ejército griego. Se envió a Persia una avanzadilla de tropas
macedónicas para preparar el ataque.

37.Alejandro Magno (337)

Filipo II de Macedonia se había preocupado de proporcionar a su hijo


Alejandro la mejor educación, y parece ser que éste la aprovechó plenamente.
El rey debió de estar muy complacido de la labor de Aristóteles, pues lo
nombró gobernador de Estagira, su ciudad natal, y parece ser que hizo bien su
trabajo, pues desde entonces su aniversario fue declarado día festivo.
Alejandro le escribió una vez a Aristóteles: "Mi sueño, más que acrecentar mi
poderío, es perfeccionar mi cultura." Pero el joven no sólo contentaba a su
profesor de filosofía. Su profesor de literatura, Lisímaco, pudo comprobar que
Alejandro se había aprendido de memoria la Ilíada, y Leónidas logró hacer de
él un excelente jinete, esgrimista y cazador. Su personalidad era compleja.
Había algo de vanidad: En cierta ocasión le invitaron a participar en las
olimpiadas, pero su respuesta fue "lo haría si los demás participantes fueran
reyes". Era excesivamente sensible: se decía que a menudo lloraba al oír una
canción emotiva. Dicen que era capaz de escribir largas cartas a un amigo
ausente a causa de una nadería. Le gustaban los retos y los riesgos hasta la
insensatez. Se cuenta que domó él mismo al que se convertiría en su caballo
simplemente porque le dijeron que todos los que lo habían intentado habían
fracasado. Lo llamó Bucéfalo, porque tenía en la cabeza una marca que
parecía un buey. Otra vez se encontró con un león y luchó contra él sin más
arma que un puñal. Era abstemio, y afirmaba que una buena caminata le daba
apetito para el desayuno, y que un desayuno ligero le daba apetito para la
comida. Además era guapo, atlético y lleno de entusiasmo. Desde los dieciséis
años Alejandro estuvo al frente de Macedonia, mientras su padre asediaba
Bizancio, y supo mantener a raya a los bárbaros limítrofes. A los dieciocho
años participó en la batalla de Queronea, y fue él quien condujo la carga
definitiva. Los soldados le admiraban y le adoraban. Su padre también estaba
orgulloso: Dicen que cuando domó a Bucéfalo su padre gritó: "Hijo mío,
Macedonia es demasiado pequeña para ti".

Pero la casa real sufrió algunas conmociones. Filipo II era mujeriego, y su


mujer Olimpia tenía un carácter demasiado fuerte para aceptarlo
discretamente. En cambio, se dedicó a participar en rituales dionisiacos (o sea,
orgías). En una ocasión, el rey la encontró dormida junto a una serpiente, y
Olimpia le explicó que era una encarnación de Zeus, y que éste era el
verdadero padre de Alejandro. Filipo II no dijo nada al respecto, pues no está
claro si tenía más miedo a los dioses o a su esposa, y desde entonces empezó a
circular el rumor de que Alejandro era un hijo ilegítimo. Esto enfrió las
relaciones entre Alejandro y su padre.

En 337, justo cuando sus planes de guiar a Grecia a la conquista de Persia


estaban empezando a ponerse en marcha, Filipo II decidió divorciarse de
Olimpia y casarse con Cleopatra, la hija de uno de sus generales, Atalo, la
cual estaba encinta de un hijo del rey (que luego resultó ser una hija). Se dice
que en un banquete, Atalo propuso un brindis por el hijo legítimo del rey, y
subrayó lo de "legítimo". Alejandro le arrojó un cáliz diciendo: "¿pues yo qué
soy?, ¿un bastardo?" Filipo II se lanzó espada en mano contra Alejandro,
pero estaba borracho, tropezó y cayó. "Mirad", dijo Alejandro, "no se tiene en
pie y quiere alcanzar el corazón de Asia".

Tal vez Filipo II vio que Olimpia le podía traer problemas si contaba con el
apoyo de su familia, la casa real de Épiro, así que trató de ganársela para sí. El
rey tenía una hija, hermana de Alejandro, y le ofreció su mano a su cuñado
(tío de ella), Alejandro de Épiro, el cual aceptó. La boda se celebró en 336, y
en la ceremonia Filipo II fue asesinado. No cabe duda de que Olimpia debió
de planearlo, tal vez con la complicidad de Alejandro. Además el testamento
del rey no se encontró, por lo que Alejandro, con apenas veinte años, fue
aclamado por el ejército como nuevo rey de Macedonia. Era Alejandro III,
pero sus hazañas posteriores harían que fuera conocido como Alejandro
Magno.

El rey persa Arses fue asesinado, y el trono cayó en manos de un pariente


lejano, Darío III, bajo el cual terminó el periodo de anarquía que se había
desatado con la muerte de Artajerjes III. Sin embargo, el carácter del nuevo
rey distaba mucho de poseer la energía de sus predecesores, y que tan
necesaria le hubiera sido a Persia en los años siguientes.

Alejandro hizo ejecutar a todo aquel que pudiera disputarle el trono. Entre
ellos estaban Cleopatra, la segunda mujer de Filipo II, su hermanastro recién
nacido, e incluso su primo, el que había reinado como Amintas IV hasta que
su padre lo depuso. Entre tanto las ciudades griegas disolvieron la
confederación que Filipo II había organizado en Corinto. Demóstenes
organizó fiestas en Atenas e incluso propuso conceder un premio al asesino de
Filipo II. Pero Alejandro pronto estuvo dispuesto a marchar sobre Grecia,
aunque los griegos se apresuraron a enviar representantes a Corinto para
aclamarle como general y reconstituir la confederación antes de que llegara.

Hay una anécdota famosa sobre la llegada de Alejandro a Corinto. Cuentan


que se encontró con Diógenes, que por entonces tendría más de setenta años, y
estaba tomando el sol fuera de su tonel. Alejandro le preguntó si deseaba
algún favor de él. Diógenes contempló al hombre más poderoso de Grecia y le
contestó: "Sí, que no me tapes el sol". Alejandro se apartó y dijo: "Si no fuera
Alejandro, quisiera ser Diógenes".

En 335 Alejandro tuvo que partir precipitadamente hacia el norte, pues supo
que Iliria estaba planeando invadir Macedonia. Los ilirios fueron arrasados en
un tiempo mínimo. Mientras tanto, en Grecia corrió el rumor de que Alejandro
había muerto, así que Tebas se rebeló contra la guarnición macedónica, a la
que terminó degollando, mientras Demóstenes reorganizaba su partido con oro
persa. Pero Alejandro volvió, su ejército se enfrentó al tebano, que no tardó en
huir. Los macedonios persiguieron a los tebanos, y dicen que entraron en la
ciudad al mismo tiempo. Alejandro mandó destruir todas las casas de Tebas
una por una, excepto los templos y el que fuera hogar de Píndaro. Con Atenas,
en cambio, fue indulgente y no tomó represalias. Parece ser que Alejandro
sentía una cierta inferioridad frente a la cultura ateniense. Cuentan que una
vez, cuando dos amigos atenienses le visitaron en Pella, les dijo "Vosotros que
venís de allá, ¿no tenéis la sensación de hallaros entre salvajes?" El caso es
que Alejandro llegó a Corinto, donde la confederación se rehízo una vez más.
Los griegos estaban deseando que partiera hacia Asia, a ver si moría allí, por
lo que no le regatearon los veinte mil hombres que pidió como refuerzo de sus
propios diez mil infantes y cinco mil jinetes.

Por estas fechas muchos príncipes chinos empiezan a otorgarse el título de


rey, mostrando con ello que dejaban de acatar la autoridad del rey Cheu.

En 334 Alejandro marchó hacia Asia. Dejó en Grecia un tercio de sus


hombres, al mando de su general Antípatro, pues ya había tenido ocasión de
comprobar la clase de lealtad que podía esperar de los griegos.

Aristóteles había vuelto a Atenas. Allí cumplió finalmente su proyecto de


crear una escuela al estilo de la Academia de Platón. La situó junto a un
templo dedicado a Apolo Liceo (Apolo el matador de lobos), por lo que
terminó siendo conocida como El Liceo, y resultó ser una dura competencia
para la Academia. Aristóteles escribió cerca de 400 libros, de los que se
conservan unos 50. Si Platón fue el primer gran filósofo, Aristóteles fue el
primer gran científico. No escribía diálogos, sino tratados y ensayos. No
dejaba que su imaginación acariciara ideas interesantes, sino que analizaba
racionalmente los hechos y llegaba a las conclusiones más sensatas.
Desarticuló la teoría de las ideas de su maestro, y en su lugar su metafísica se
convirtió en un marco para el estudio racional del mundo. En particular
desestimó las teorías paradójicas sobre la imposibilidad del movimiento y los
cambios, o de la irrealidad del mundo sensible, defendidas por Parménides y
Zenón. Puede objetarse que sus teorías físicas y astronómicas eran menos
acertadas desde un punto de vista moderno que las de algunos de sus
contemporáneos (por ejemplo, descartó el atomismo de Demócrito, o las
teorías heliocéntricas de Heráclides), pero también hay que señalar que en la
época no había elementos de juicio para tener a tales teorías más que como
meras fantasías o especulaciones vanas.

Aristóteles creó una física muy distinta a la moderna, pero sin duda la más
sensata para su época: la materia es continua, los cuerpos tienden al ocupar su
lugar natural: la tierra más abajo, a continuación el agua, por encima el aire y,
más arriba el fuego. Por eso las piedras caen y el humo sube, etc. A los cuatro
elementos clásicos, añadió un quinto, el Éter, del que ya había hablado Platón,
que constituía los cuerpos celestes. Aristóteles creía que un cuerpo dejado a su
suerte termina parándose, por lo que postuló la existencia de un "motor
inmóvil", esto es, algo capaz de proporcionar movimiento al universo (a los
astros, al viento, etc.) pero que excepcionalmente no necesitaba de nada que lo
moviera a él. Donde mejor pudo demostrar sus grandes dotes como científico
fue en biología. Estudió y clasificó cuidadosamente las distintas especies que
encontró. Fue el primero en observar la forma en que parían los delfines, lo
que le llevó a afirmar que no eran peces. Aristóteles no se interesó por las
matemáticas, pero a cambio fue el primero en sistematizar la lógica. Antes de
desarrollar una teoría, Aristóteles se preocupaba de precisar el significado de
los términos que empleaba, distinguiendo entre definiciones, premisas, ...,
recogía y analizaba los trabajos precedentes, etc. Tal vez fue el primer
"profesor" en el sentido académico moderno. Naturalmente, también escribió
sobre ética, política, etc. En política se mostró partidario de
una Timocracia, mezcla moderada de aristocracia y democracia, pero seguía
pensando en términos de ciudades-estado, estructura que en su tiempo ya se
estaba viniendo abajo.

Por las mañanas daba clases a sus alumnos, pero no lo hacía desde la cátedra,
sino paseando, razón por la cual sus alumnos fueron llamados peripatéticos, o
paseantes. Por las tardes abría las puertas a los profanos, dando charlas sobre
temas más elementales.

Volviendo a Alejandro, el principal rival con el que tendría que enfrentarse no


era persa, sino griego. Se llamaba Memnón, de Rodas, y estaba al cargo de
los mercenarios griegos contratados por Persia. Memnón había luchado con
cierto éxito contra Filipo II y conocía el ejército macedónico. Sugirió dejar
que Alejandro avanzara para después cortarle las comunicaciones por mar, al
tiempo que se estimulaban revueltas en Grecia. Sin duda, sabía bien lo que
decía, pero los sátrapas locales no estaban dispuestos a dejar que Alejandro
pasara por sus provincias. Pensaban que sería uno más de los griegos que
habían pasado por allí: que deambularía un poco y se iría. Lo importante era
que lo hiciera por las provincias vecinas y no la propia, para lo cual había que
hacerle frente.

Los ejércitos se encontraron junto al río Gránico, cerca de donde se había


alzado Troya. La caballería de Alejandro desorganizó a los persas, y la falange
pudo con los mercenarios griegos. Luego no tardó en apoderarse de la costa
asiática del Egeo. Esto permitió a Memnón poner en práctica sus planes, y
lentamente se dedicó a reconquistar las islas con el fin de controlar el Egeo y
aislar a Alejandro. Tal vez lo habría conseguido, pero murió en 333 mientras
sitiaba Lesbos.

Alejandro avanzó hacia el interior y llegó a Gordion, la antigua capital de


Frigia. Allí le contaron la leyenda según la cual, el rey Gordias, fundador de la
ciudad, había dedicado a Zeus su carreta cuando éste lo eligió como rey, y
había hecho en ella un nudo intrincado con la profecía de que quien fuera
capaz de desatarlo dominaría Asia. Es difícil saber en qué momento se creó
esta leyenda, pero Alejandro se interesó por ella y, sacando su espada, cortó
el "nudo gordiano". Esta técnica no estaba en las reglas, pero fue muy
significativa.
El rey Darío III reunió un gran ejército de casi un millón de hombres, muchos
más que los que seguían a Alejandro, pero el número importaba poco. El
encuentro se produjo en Isos, donde los mercenarios griegos del lado persa
lograron controlar momentáneamente la falange, pero cuando los hombres de
Alejandro se acercaron a las posiciones del rey persa, éste huyo
descaradamente, y con ello los persas se desmoronaron. Darío III envió
embajadores ofreciendo a Alejandro toda Asia Menor y una gran suma de
dinero si aceptaba la paz. Dicen que Parmenio, un general de Alejandro,
dijo: "Si yo fuera Alejandro, aceptaría", a lo que Alejandro replicó: "Y yo
también, si fuera Parmenio". En cambio, Alejandro exigió nada menos que la
entrega incondicional de todo el Imperio Persa, así que la guerra continuó.
Darío III se retiró a Mesopotamia, pero Alejandro no le siguió. Quería
asegurar toda la costa mediterránea para que el plan de Memnón no pudiera
llevarse a la práctica. Para ello tenía que conquistar Fenicia y Canaán.

Las ciudades fenicias no opusieron resistencia. No hacía mucho que se habían


rebelado contra Persia y habían sufrido las represalias de Artajerjes III, así que
vieron a Alejandro como un libertador. La única excepción fue Tiro, cuyo
rey Azemilkos, temeroso precisamente de una nueva represalia persa, intentó
que Alejandro pasara de largo. Le envió una embajada aceptando su
soberanía, pero a cambio de que Tiro tuviera autonomía en sus asuntos
internos. En particular, cuando Alejandro pidió introducir un contingente en la
ciudad, el rey tirio se negó. Alejandro no podía aceptar. Precisamente, lo que
más le interesaba era disponer de la flota de Tiro y de su puerto. Así que inició
el asedio.

La empresa era difícil, porque Alejandro no disponía de una flota, y Tiro


podía ser abastecida por mar sin dificultades. La situación se agravaría si Tiro
recibiera finalmente la ayuda de Cartago. Siglos atrás, el rey Nabucodonosor
II necesitó trece años para tomar la ciudad, y aun así tuvo que llegar a un
acuerdo razonable. Sin embargo, Alejandro no necesitó más de nueve meses
para lograr la rendición total de Tiro. Para ello hizo construir un malecón de
800 metros que uniera la ciudad a tierra firme. El primer intento fue frustrado
por incursiones tirias, pero entonces Alejandro se dispuso a construir uno
nuevo más ancho y más fácil de defender. Por otra parte, los barcos de las
ciudades fenicias sometidas a Alejandro se pusieron de parte de éste y
obstaculizaron el abastecimiento de Tiro. Los tirios no se amilanaron. Sacaron
por mar cuantas mujeres y niños pudieron y los llevaron a Cartago. Los barcos
leales fueron reunidos junto a las costas y la ciudad se dispuso a resistir a
ultranza. Se terminó el malecón, las máquinas de asedio se acercaron y
destruyeron la muralla, y en 332 la ciudad fue definitivamente tomada. 8.000
tirios fueron acuchillados y 30.000 vendidos como esclavos. Azemilkos fue el
último rey que tuvo la ciudad. Con el tiempo, el mar acumuló arena alrededor
del malecón construido por Alejandro, con lo que Tiro dejó de ser una isla. La
roca se halla hoy en la punta de una península de kilómetro y medio de ancho.
Con la flota fenicia a su disposición, Alejandro pudo seguir hacia el sur, por
Palestina. Tampoco allí encontró resistencia digna de mención, salvo en Gaza,
la antigua ciudadela filistea. Los judíos de tiempos posteriores afirmaban que
Alejandro quiso castigar a Jerusalén porque había rechazado una petición de
ayuda para el asedio de Tiro, pero a las puertas de la ciudad se encontró con el
sumo sacerdote y su séquito. Al verlo, Alejandro bajó de su caballo y se
inclinó, pues, según le explicó a un general, había visto una figura similar en
un sueño. Luego entró en Jerusalén pacíficamente y dejó que los judíos se
gobernaran según sus propias leyes.

Todo esto es falso sin lugar a dudas. Jerusalén era entonces una ciudad
insignificante a la que Alejandro nunca habría pedido ayuda, y lo más
probable es que pasara junto a ella sin saber que existía. Gaza era diferente.
Tenía importancia táctica y Alejandro no estaba dispuesto a dejarla en su
retaguardia. Estaba rodeada por terreno arenoso por el que no podía
transportar las máquinas de asedio, así que ordenó construir una rampa hasta
las murallas sobre las arenas, similarmente a como había hecho con Tiro sobre
el mar. Rompió las murallas con las máquinas mientras sus zapadores
excavaban túneles, penetró en la ciudad y realizó una matanza peor que la de
Tiro. Alejandro estaba cada vez más impaciente y toda resistencia que le
hiciera perder tiempo le irritaba cada vez más.

De Gaza llegó a Egipto casi sin luchar. Parece ser que los egipcios habían
contactado con Alejandro en Isos pidiéndole que liberara su país del dominio
Persa. Fuera como fuere, el caso es que fue recibido como un libertador.
Alejandro tuvo el cuidado de fomentar esta imagen favorable que tenía entre
los egipcios y logró que éstos lo coronaran como faraón, para lo cual siguió
pacientemente todos los rituales oportunos. Fue a un templo de Amón muy
venerado en Libia, donde se declaró hijo de Amón (al que identificó con Zeus,
con lo que siguió la corriente a su madre). Algunos ven en esto una actitud
megalómana, pero también hay que objetar que los egipcios nunca hubieran
aceptado de buen grado ser gobernados por un extranjero que no fuera hijo de
Amón.

Tarento pidió ayuda a Alejandro de Épiro contra las tribus italianas del norte.
El rey aceptó de buen grado. Estaba al tanto de las hazañas de su sobrino en
oriente y tal vez soñara con imitarle en occidente. Inmediatamente se trasladó
con un ejército y empezó a lograr victorias sobre los italianos.

En 331 Alejandro estaba dispuesto para adentrarse en Persia. Dejó el país en


manos de autoridades nativas, excepto en lo tocante a los impuestos y la
economía, que dejó en manos de un griego de Naucratis
llamado Cleomenes. Su idea era dar una imagen de que Egipto estaba
gobernado por nativos pero, al mismo tiempo, dejar el dinero en manos
griegas. Así Cleomenes fue el verdadero gobernante del país, si bien
oficialmente no tenía ningún título. Antes de partir, Alejandro se fijó en una
pequeña ciudad en la desembocadura del Nilo. Ordenó construir allí un nuevo
barrio al oeste. La ciudad así extendida pasó a llamarse Alejandría, aunque el
propio Alejandro nunca llegó a verla. Fue proyectada por el
arquitecto Dinócrates de Rodas, y Cleomenes se encargó de que la voluntad
del rey se llevara a término.

Darío III estaba esperando a Alejandro. Eligió una región llana situada junto a
la ciudad de Gaugamela, cerca de donde se había alzado Nínive. Hizo
eliminar la menor irregularidad del terreno, con la esperanza de que su
caballería pudiera imponerse al comparativamente pequeño ejército griego. Al
parecer su plan era expulsar a la caballería griega con la suya y usar su
numerosa infantería para desgastar lentamente a la falange. En realidad no era
una buena estrategia, pues las llanuras favorecían a la falange. Por otra parte,
el ejército persa contaba con carros equipados con cuchillas en sus ruedas.
Alejandro llegó a donde Darío III le esperaba. Las líneas persas desbordaban a
las griegas por ambos flancos, pero Alejandro se contentaba con no dejarse
rodear. Conocía a Darío III y su plan era muy simple: aguardar la ocasión para
atacarle a él personalmente y provocar su huida como había sucedido en Isos.
El combate estaba desplazando al ejército griego hacia los bordes de la
llanura. Temiendo que sus carros no serían efectivos fuera del llano, Darío III
los lanzó prematuramente, pues el ejército de Alejandro todavía estaba
perfectamente organizado, y no tuvo dificultad en matar a los aurigas con
flechas mientras se acercaban a la carrera. A los pocos que llegaron se les dejó
pasar y los griegos ganaron confianza mientras seguían avanzando.
Finalmente Darío III se puso a tiro y Alejandro ordenó a la falange que
avanzara directamente hacia él. El final fue el previsto: Darío III huyó y con él
se llevó la moral de sus hombres.

Tras la batalla, Alejandro llegó a Babilonia, donde fue recibido sin resistencia.
Por aquella época, Babilonia seguía sin rehacerse de la destrucción a que la
condenó Jerjes. El templo de Marduk seguía en ruinas. Alejandro adoptó la
misma política que en Egipto: se declaró defensor de las costumbres nativas
frente a los zoroastrianos, ordenó la reconstrucción del templo de Marduk y
aceptó participar en cuantos rituales consideraron convenientes los babilonios.

El rey Agis III de Esparta se rebeló contra Antípatro. Desde la partida de


Alejandro, Agis III había estado recibiendo dinero persa, con el que logró
levantar a casi todo el Peloponeso contra Macedonia. Únicamente
Megalópolis no quiso unirse a Esparta. Agis III la asedió, pero Antípatro llegó
desde el norte con un gran ejército. Los espartanos fueron derrotados y Agis
III murió en la batalla. Antípatro tomó rehenes espartanos y obligó a la ciudad
a pagar una gran suma, pero respetó su independencia.
Al mismo tiempo Alejandro se dispuso a dejar Babilonia para continuar la
conquista del Imperio Persa. Dejó la ciudad bajo el gobierno de Harpalo, que
pensó que el rey nunca regresaría de su expedición, así que en lugar de llevar
a cabo los proyectos que le había encargado Alejandro, decidió aprovechar el
poder en su propio beneficio. El caso es que Alejandro partió hacia Susa, y
luego fue a Persépolis, donde incendió los palacios persas en represalia por el
incendio de Atenas que ordenara Jerjes. Luego avanzó hacia el norte, hasta
Pasargadas, donde visitó la tumba de Ciro. Después supo que Darío III estaba
en Ecbatana y mandó a buscarle, pero el rey persa huyó hacia el este.
Finalmente, en 330, uno de sus sátrapas, Besso, que gobernaba sobre
Bactriana, decidió asesinarlo y entregar su cuerpo a Alejandro. A continuación
se hizo proclamar rey, con el nombre de Artajerjes IV.

38.El fin de Alejandro (330)

Ya hacía algún tiempo que Alejandro se había ganado el sobrenombre de "el


grande". Paulatinamente había abandonado los modos de un rey macedonio
(un noble entre los nobles, al estilo homérico), para adoptar las costumbres de
los monarcas persas. Gustaba de las adulaciones y las reverencias, y hasta
parecía que empezaba a creerse que era hijo de Zeus. Estas actitudes
empezaron a crear reticencias entre sus hombres o, al menos, así se lo pareció
a él. A finales de 330, cuando se encontraba en el actual Afganistán, acusó de
conspiración a Filotas, uno de sus generales, lo llevó a juicio y lo hizo
ejecutar. Filotas era hijo de Parmenio, que estaba a cargo de las tropas de
Media, unos 1.500 kilómetros al oeste. Alejandro comprendió que no podía
confiar en Parmenio una vez que éste se enterara de la muerte de su hijo, así
que envió mensajeros con el encargo de asesinarlo, y así lo hicieron.

Grecia seguía firmemente gobernada por Antípatro. Esparta había sido


doblegada y Atenas había permanecido al margen, si bien Demóstenes había
estimulado la revuelta espartana. La ciudad le otorgó una corona de oro en
reconocimiento de sus servicios, pero Esquines se levantó para hablar en
contra del homenaje pronunciando un magistral discurso. Demóstenes le
replicó con el que sería el más famoso de sus discursos: "Sobre la corona". La
victoria de Demóstenes fue tan completa que Esquines se vio obligado a
abandonar Atenas. Se retiró a Rodas, donde pasó el resto de su vida dirigiendo
una escuela de oratoria. Se cuenta que años después un estudiante que había
leído el discurso de Esquines contra la corona se maravilló de que su maestro
hubiera perdido. "Ah", respondió Esquines, "no te maravillarías si hubieras
leído la réplica de Demóstenes".

Por esta época, un viajero griego llamado Piteas viajó por la costa atlántica, y
de sus informes se desprende que debió de llegar hasta las Islas Británicas y a
Islandia. También exploró el norte de Europa, hasta el mar Báltico. En el
Atlántico observó las mareas, y conjeturó que eran causadas por la luna.

Durante los dos años siguientes, Alejandro siguió combatiendo contra los
sátrapas y las tribus salvajes. Nunca fue derrotado. Persiguió a Besso (o
Artajerjes IV), obligándole a abandonar Bactriana. En 329fue traicionado por
sus propios hombres, que lo entregaron a Alejandro. Éste mandó que le
cortaran la nariz y las orejas. Luego lo mandó a Ecbatana, donde fue
ejecutado. En 328 llegó a Maracanda (la actual Samarcanda), en las fronteras
orientales del Imperio Persa. Allí dio un gran banquete. Según la costumbre,
varios hombres se levantaron para brindar adulando a Alejandro, diciendo que
era mucho más grande que su padre. Alejandro parecía más complacido
cuando más se menospreciaba a Filipo II. Sin embargo, un viejo veterano
llamado Clito no aguantó más y se levantó para defender a Filipo II. Dijo que
él había puesto los cimientos de la grandeza macedónica y que Alejandro
había obtenido sus victorias con el ejército de Filipo. Alejandro, borracho,
cogió una lanza y mató a Clito.
El Imperio de Alejandro Magno

Alejandro de Épiro seguía en Italia ayudando a las ciudades griegas del sur
contra las tribus italianas del norte. Había sellado una alianza con Roma, lo
que debió de preocupar a los samnitas, que podían verse atacados
simultáneamente por los romanos al este y los griegos al sur. De momento
sólo estaban en guerra con los griegos, pero Roma fundó una colonia en
Fregellae, justo en la frontera con el Samnio.

Alejandro Magno quería considerarse rey de griegos y persas por igual.


En 327 se casó con una princesa persa, Roxana, y empezó a entrenar a 30.000
persas a la manera macedónica, para que sirvieran en el ejército. Ese mismo
año un rey indio le pidió ayuda contra un rey rival. Las crónicas griegas le
llaman Taxiles, si bien no está claro que fuera su nombre, sino más bien un
nombre derivado del de su reino, Taxilia, situado al norte de la India, cerca de
la frontera con Persia. Su rival era Poros, cuyo reino se extendía al este de
Taxilia. Alejandro aceptó inmediatamente y cruzó el Indo, más allá de las
fronteras persas. El ejército de Poros contaba con un arma nueva para
Alejandro: elefantes. En 326 tuvo lugar una batalla junto al río Hidaspes,
afluente del Indo. Alejandro maniobró hábilmente su ejército de tal forma que
desconcertó a Poros y no le dio ocasión de aprovechar sus elefantes. En la
batalla murió Bucéfalo, el caballo de Alejandro. Tras su victoria, se dice que
preguntó al orgulloso Poros cómo esperaba ser tratado. "Como un rey",
respondió él, y así fue. Alejandro le dejó gobernar su reino en calidad de
sátrapa, y Poros le fue leal mientras vivió.
Ese
mismo año los tarentinos, que habían llamado a Alejandro de Épiro en su
ayuda, decidieron que éste se estaba volviendo demasiado poderoso, y que les
traía mejor cuenta enfrentarse ellos solos a los italianos. Le retiraron su apoyo
y fue derrotado en Pandosia, al sur de Italia. Su sucesor tuvo dificultades para
hacerse con el trono epirota, así que no se ocupó de Italia. En cuanto
Alejandro desapareció, los samnitas se volvieron hacia Roma. Por su parte,
Roma estaba deseando la confrontación, y un incidente en Campania sirvió de
excusa para iniciar la Segunda Guerra Samnita. Al sur del Samnio había dos
regiones: Lucania y Apulia. Las tribus italianas que las habitaban habían
luchado junto a los samnitas contra Alejandro, pero los samnitas eran para
ellas más peligrosos que la lejana Roma, así que se pusieron de parte de
Roma. Para los griegos del sur, Lucania y Apulia eran sus inmediatos
enemigos, así que se pusieron de parte del Samnio. De este modo, los dos
tercios de Italia estuvieron en guerra. Etruria no intervino. Hacía tiempo que
había concertado una paz con Roma y la mantuvo escrupulosamente.

Alejandro Magno planeaba atravesar la India y llegar así al fin del mundo,
según las creencias de la época, pero sus soldados estaban cansados. Llevaban
seis años luchando lejos de su patria y lo único que querían era volver.
Alejandro estuvo enfurruñado tres días, pero al final consintió en volver.
Construyó una flota que navegó por el Indo, mientras el ejército le seguía por
la orilla. Tenía que someter a tribus hostiles a medida que avanzaba. Se cuenta
que en una ocasión, mientras asediaba una ciudad, perdió la paciencia y saltó
la muralla junto a tres hombres nada más. Sus hombres lograron entrar poco
después y rescatarlo, pero fue seriamente herido. La flota fue enviada de
vuelta por el Indo al mando de un general llamado Nearco. Llegó hasta
Babilonia por el golfo Pérsico. Fue la primera flota occidental que navegó por
el océano Índico.
En 325 el nuevo duque de Qin, se otorgó el título de rey, como ya habían
hecho otros príncipes chinos. Qin siguió haciéndose más poderoso al tiempo
que su administración se hacía más eficiente.

Mientras tanto Alejandro atravesaba con su ejército el desierto de Gedrosia,


donde sus hombres sufrieron el hambre y la sed. Se especula sobre la
posibilidad de que Alejandro hubiera decidido castigarlos por haberle
obligado a volver. En Babilonia se hallaba Harpalo, que no estaba en
condiciones de rendir cuentas a Alejandro sobre su gestión, así que, al tener
noticias de su regreso, huyó y en 324 se presentó en Atenas llevando consigo
un gran tesoro. Allí pidió ser admitido y protegido frente a Macedonia. Por
primera vez Demóstenes hizo prevalecer la prudencia frente a su odio a
Macedonia. Sostuvo que Atenas no debía permitirle la entrada. Sin embargo
Harpalo hizo ver que con el dinero que traía se podría hacer que Grecia y Asia
se rebelaran contra Alejandro. Con la oposición de Demóstenes, los atenienses
acogieron a Harpalo.

Antípatro exigió a Atenas que entregara al traidor. Demóstenes se opuso por


considerarlo indigno. De todos modos, Harpalo fue arrestado y su dinero
guardado en el Partenón con el fin de devolvérselo a Alejandro cuando
volviera (sí volvía, claro). Ahora bien, entre el momento en que Harpalo
entregó el dinero y el momento en que éste fue contado y depositado en el
Partenón, la suma se había reducido a la mitad. Tal vez Harpalo hubiera
mentido respecto a la cantidad que poseía, pero ¿no creería más bien
Alejandro que los atenienses le habían robado la mitad que faltaba? Para
colmo, Harpalo logró huir a Creta, donde fue asesinado poco después. Atenas
abrió una investigación para encontrar responsables que pudieran aplacar a
Alejandro. En la lista se incluyó a Demóstenes, que probablemente era
inocente, pero sin duda era un buen chivo expiatorio. Se le condenó a pagar
una cantidad que Demóstenes no poseía, así que fue encarcelado. Sin embargo
logró huir.

Alejandro había llegado a Babilonia y había tomado medidas contra los


gobernantes que, siguiendo a Harpalo, habían desobedecido sus órdenes.
Luego continuó con su plan de unificar a griegos y persas. Ordenó a 10.000 de
sus soldados que se casaran con mujeres asiáticas. Además ordenó a las
ciudades griegas que le reconocieran como dios, al igual que hacían los
persas. Incluso Atenas aceptó la divinidad de Alejandro, pues con la crisis de
Harpalo no estaba para llevarle la contraria. Incluso Esparta cedió. Sus éforos
dijeron con desprecio: "Si Alejandro desea ser un dios, que lo sea".

Ese año murió Hefestión, amigo y amante de Alejandro, lo que afectó


gravemente al rey macedonio. Hizo matar al médico que no pudo salvarle, se
negó a comer durante cuatro días, ordenó unas fastuosas honras fúnebres y
mandó consultar al oráculo de Ammón si podía venerar al difundo como a un
dios. Naturalmente la respuesta fue afirmativa.

Los planes de Alejandro se volvieron cada vez más grandiosos. Parece ser que
empezó a preparar una flota para tomar Cartago. Sin embargo, en 323 enfermó
y a los pocos días murió. Se sospecha que fue envenenado.

Como cuando murió Filipo II, toda Grecia se rebeló contra Macedonia en
cuanto se tuvo noticia de la muerte de Alejandro. Se formó un ejército griego
que derrotó a Antípatro en Beocia. El general tuvo que retirarse a Lamia, al
norte de las Termópilas, donde fue sitiado por los aliados griegos. Aristóteles,
que era macedonio y no muy popular entre ciertos sectores atenienses, huyó
discretamente a Eubea. Demóstenes entró triunfalmente en Atenas. La ciudad
pagó su multa.

La sucesión de Alejandro no estaba nada clara. De la familia real quedaban su


madre Olimpia, su mujer Roxana, un hijo, Alejandro, que nació unos meses
después de su muerte, una hermanastra, Tesalónica,y un hermanastro
deficiente mental, Filipo. Ninguno de ellos estaba en condiciones de reclamar
el trono. Se dice que, poco antes de morir, le preguntaron a Alejandro quién
debía ser su sucesor, y que la respuesta fue: "El más fuerte". El poder efectivo
estaba en manos de una treintena de generales dispersos por el imperio y que
pronto iniciarían una maraña de confusas guerras con el fin de apoderarse de
las conquistas de Alejandro. Fueron conocidos como diádocos (sucesores).
Uno de los más hábiles fue Ptolomeo, del que se rumoreaba que era hijo
ilegítimo de Filipo II y, por consiguiente, hermanastro de Alejandro Magno.
(Tal vez el propio Ptolomeo difundió este rumor para legitimar sus
pretensiones al trono.) Inmediatamente después de la muerte de Alejandro se
dirigió a Egipto, donde ejecutó a Cleomenes y se apropió del gobierno. Más
aún, tuvo la astucia de apoderarse del cuerpo de Alejandro y enterrarlo en
Menfis.

Por su parte, Lisímaco se apoderó de Tracia y Cratero acudió a Grecia para


ayudar a Antípatro, asediado en Lamia. En 322 los griegos fueron derrotados
en Cranón por los macedonios, al tiempo que una flota macedonia vencía a la
flota ateniense junto a la isla de Amorgos, al sudeste de Naxos. Toda Grecia
cayó en manos de Antípatro. Atenas convino en entregar a Demóstenes, pero
éste huyó a una pequeña isla, donde se refugió en un templo para evitar a los
enviados de Antípatro. Trataron de hacerle salir, pero decidió envenenarse.
También ese año murió Aristóteles, al parecer por una úlcera de estómago. El
Liceo quedó bajo la dirección de Teofrasto, cuya investigación se centró
principalmente en la botánica, y llegó a describir laboriosamente más de 500
especies de plantas. Por esta época, Dicearco, un geógrafo que había
estudiado también en el Liceo usó la información traída por los ejércitos de
Alejandro para elaborar los mejores mapas del mundo antiguo. Fue el primero
en usar líneas de latitud.

La primera guerra entre los diádocos la inició Perdicas, que había ejercido de
primer ministro en la época de la muerte de Alejandro y dominaba a su
hermanastro. Trató de que éste fuera reconocido como Filipo III y, al tiempo,
ejercer como regente. Ante la negativa general, atacó a Ptolomeo sin éxito,
luego se alió con Eumenes, a quien Cratero, que acababa de regresar de
Grecia, le disputaba Asia Menor.

Unos años antes, un nativo (no griego) se había erigido en rey de la antigua
satrapía de Capadocia, con el nombre de Ariarates I. Sin embargo, Perdicas
lo mató en 321 y se apoderó de la región, poco después Cratero murió en una
batalla y luego Perdicas fue asesinado por un grupo de oficiales conducidos
por Seleuco, que logró el control sobre Babilonia. Capadocia conservó a sus
reyes, pero, al igual que Asia Menor, quedó en manos de Eumenes.

En Italia, la Segunda Guerra Samnita duraba ya cinco años, con una leve
ventaja para Roma. Un ejército romano de Campania recibió un falso informe
difundido por los samnitas, según el cual una ciudad de Apulia, aliada de
Roma, estaba siendo atacada. Los romanos decidieron acudir en su ayuda,
para lo cual tenían que atravesar el Samnio. El camino les llevaba por un
estrecho valle situado junto a la ciudad samnita de Caudio, por lo que era
conocido como las Horcas Caudinas. Cuando los romanos llegaron al final
del desfiladero lo encontraron bloqueado por árboles y rocas. Dieron media
vuelta y se encontraron con un ejército samnita. Estaban atrapados
(deshonrosamente, además). Los samnitas optaron por no pelear. Dejaron que
los romanos acabaran con sus víveres y esperaron a que murieran de hambre.
Evidentemente, los romanos se vieron obligados a rendirse. Los samnitas
exigieron el fin de la guerra con algunas condiciones adicionales en su favor.
Los generales romanos no podían firmar la paz. Sólo el Senado tenía esa
atribución, y los samnitas lo sabían. Así pues, decidieron quedarse con 600
rehenes, tomados de entre los mejores oficiales romanos, y dejaron marchar al
resto del ejército para que negociara la paz.

Cuando el ejército llegó a Roma, el Senado se reunió para tomar una decisión.
Uno de los generales propuso que él y su compañero fueran entregados a los
samnitas por haberlos engañado con un falso acuerdo y que los rehenes fueran
abandonados. Casi todos los senadores tenían parientes entre los rehenes,
pero la propuesta fue aceptada. Los samnitas mataron a los rehenes, pero
perdieron la oportunidad de obtener una victoria definitiva. La guerra
continuó.

En 320 se produjo un cambio dinástico en el reino indio de Magadha. La


nueva dinastía fue inaugurada por Chandragupta, de la familia de
los Maurya, que asesinó al último miembro de la casa real con la ayuda de un
grupo de proscritos. Estableció su capital en Pataliputra, e inició un proceso
de expansión que convertiría a su reino en el primer imperio indio
históricamente conocido.
39.La Grecia helenística (320)

A finales del siglo IV el estado chino


de Qin inició un proceso de expansión hacia el sur y el noroeste por el que
aumentó considerablemente su territorio. Los demás estados tuvieron que
hacer grandes esfuerzos diplomáticos, bien para aliarse en su contra, bien para
mantener relaciones amistosas con Qin. Por esta época vivió Mengzi, un
filósofo confuciano del que se conserva el libro que lleva su nombre y en el
que desarrolla rigurosamente las teorías de Confucio. También se redactó en
esta época el Zhuangzi, una de las obras fundamentales del taoísmo
filosófico. No se sabe nada de su autor, pero su estilo es mordaz y polemista,
características poco habituales en la filosofía china.

En Europa hacía ya algún tiempo que un grupo de pueblos marineros de


origen indoeuropeo había iniciado un proceso de expansión desde la península
de Jutlandia o sus alrededores. Por esta época se habían extendido por
Escandinavia y el norte de las modernas Alemania y Polonia, desde el Weser
al Vístula. Este último territorio había estado poblado por celtas, que fueron
desplazados hacia la actual Francia. Los celtas llamaron Germanos a estos
nuevos pueblos. Al abandonar el mar, los germanos se convirtieron en
guerreros-agricultores. Estaban gobernados por una oligarquía de nobles,
sometidos a un rey cuya autoridad era de origen divino. Adoraban
esencialmente a la naturaleza, campo de batalla para Odín, o Wotan, dios de
las tempestades y de las victorias, Tyr,dios de las asambleas,
y Thor, o Donar, dios del rayo. Practicaban su culto en lugares elevados, o al
pie de árboles majestuosos, en fuentes, etc. A diferencia de los celtas, no
existía una clase sacerdotal semejante a los druidas, sino que eran los nobles o
los jefes de las familias los que hacían las veces de sacerdotes. En cambio, sí
que tenían cantores análogos a los bardos que en las fiestas sagradas relataban
historias sobre los dioses, historias que fueron componiendo una extensa
mitología germana. Por ejemplo, los germanos creían que los guerreros, al
morir, eran conducidos hasta Odín por unas hermosas amazonas,
las Valquirias, y en el paraíso gozaban para siempre de la vida feliz de los
banquetes y los grandes combates.

En México la cultura olmeca desaparece rápidamente. Se desarrollaron


entonces varias culturas regionales, pero habrán de pasar varios siglos antes de
encontrar nuevos progresos significativos en la zona.

En el occidente civilizado, el final del siglo estuvo marcado por las disputas
por el poder entre los diádocos, los antiguos generales de Alejandro Magno.
En 320, Ptolomeo, que dominaba Egipto, envió un ejército a Canaán. Atacó
Jerusalén en sábado, y los judíos se negaron a combatir en su día sagrado, con
lo que no tuvo dificultades en tomar la ciudad. Antípatro dominaba Grecia y
Macedonia, pero murió en319 y, por alguna extraña razón, designó como
regente a Polispercón, otro diádoco, en lugar de a su hijo Casandro. Éste no
aceptó la situación y buscó apoyos en Grecia para derrocar a Polispercón. Los
hijos de los diádocos que, como Casandro, también participaron en las
disputas por los restos del Imperio, fueron llamados Epígonos (nacidos
después). Casandro trató de legitimar sus aspiraciones controlando a Filipo III,
el hermanastro deficiente mental de Alejandro, pero Olimpia lo hizo asesinar.

En Siracusa había aparecido un nuevo personaje: se llamaba Agatocles, y era


de origen humilde, pero tenía un gran encanto, lo que le permitió casarse con
una viuda rica y con ello se convirtió en uno de los hombres más influyentes
de la ciudad. Fue expulsado a causa de sus actividades políticas, pero reclutó
un ejército privado y se dedicó a combatir como mercenario en distintas partes
del mundo. Finalmente, en 317 volvió a Siracusa, la tomó e hizo ejecutar a
muchos oligarcas y partidarios de la tiranía. Tras ello, él mismo gobernó como
un tirano, pero se ganó el apoyo de las clases humildes.

Mientras tanto Casandro tomaba Atenas con la ayuda de las ciudades griegas
más importantes, y en 316 marchó contra Olimpia en Macedonia y la hizo
ejecutar. Luego encarceló a Roxana, la mujer de Alejandro, junto a su hijo
pequeño. Así se hizo con el dominio de Macedonia y Grecia que le había
negado su padre. Ese mismo año, otro diádoco, Antígono, derrotó a Eumenes
en una batalla y lo hizo ejecutar, con lo que se apoderó de Asia Menor. Luego
marchó sobre Babilonia y expulsó a Seleuco. Antígono y su hijo Demetrio no
tardaron en dominar la parte asiática del imperio de Alejandro, y todo parecía
indicar que no tendrían dificultades en hacerse con el resto. Pero,
precisamente por ello, Ptolomeo y Casandro se aliaron con Seleuco contra
ellos.
En 313 Casandro venció al rey de Épiro, un primo de Olimpia que había
sucedido a Alejandro de Épiro tras su muerte en Italia. Su hijo fue proclamado
rey, el cual aceptó el dominio de Macedonia.

En 312 Demetrio atacó a Ptolomeo en Gaza. Llevó allí un formidable ejército


formado por 11.000 soldados de infantería, 2.300 de caballería y 43 elefantes.
Desde que Alejandro se los encontró en la India, los elefantes pasaron a ser un
arma de guerra griega, parecían un poderoso elemento para desorganizar las
tropas enemigas, pero poco a poco se vio claramente que era fácil rechazarlos:
los elefantes reconocían rápidamente el peligro y rápidamente daban media
vuelta y terminaban volviéndose contra quienes los llevaban. Así sucedió en
Gaza: Ptolomeo colocó estacas de hierro a intervalos regulares en el campo de
batalla. Cuando los elefantes se las encontraron se detuvieron y Ptolomeo
aprovechó el desconcierto que dominó a sus adversarios, con lo que Demetrio
se vio obligado a retirarse apresuradamente. Tras esta retirada, Ptolomeo
arrasó todas las fortificaciones de Judea y Siria, para evitar que Antígono o
Demetrio pudieran usarlas contra él. Además, ayudó a Seleuco a reconquistar
Babilonia, de modo que Antígono se viera obligado a luchar en dos frentes.
Por su parte Demetrio decidió combatir a Ptolomeo en el mar. Ptolomeo
poseía una flota poderosa, y Demetrio se apresuró a reunir la suya propia.

Roma seguía en guerra contra los samnitas. Tras el revés sufrido en las Horcas
Caudinas, la guerra se encomendó a Lucio Papirio Cursor (el corredor), que
fue cinco veces cónsul y dos veces dictador. Era un hombre que imponía una
férrea disciplina y no era querido por las tropas, pero obtenía victorias. En este
periodo, el ejército romano fue perfeccionándose paulatinamente. En los
tiempos anteriores a la invasión gala, la técnica de combate consistía
simplemente en reunir una cantidad adecuada de hombres, entre 3.000 y
6.000, y lanzarse al ataque armados con largas espadas. Este grupo de
hombres era llamado legión, que en latín significa eso mismo: grupo,
conjunto. Por otra parte, los soldados no eran profesionales, sino campesinos
que dejaban momentáneamente sus tierras cuando se necesitaba combatir en
las cercanías. Sin embargo, el largo asedio de Veyes obligó a muchos
soldados a permanecer lejos de sus tierras durante un periodo de tiempo
indefinido, lo que llevó a instituir una paga, de forma que algunos ciudadanos
pasaron a dedicarse exclusivamente a la milicia. Esto les daba más tiempo
para ser entrenados con técnicas más sofisticadas que el mero atacar cuando se
les daba la señal.

Durante las guerras contra el Samnio, la legión se especializó. Se dividió en


un grupo de unos 3.000 hombres pesadamente armados, unos 1.000
ligeramente armados para maniobras más rápidas y unos 300 jinetes para
maniobras aún más rápidas. Se formaron grupos de 10 hombres,
llamados decurias, bajo la responsabilidad de un decurión, y 10 decurias
formaban una centuria, bajo las órdenes de un centurión.En la batalla, la
legión se ordenaba en tres líneas, todas las cuales llevaban espadas pesadas y
cortas, las dos primeras llevaban también jabalinas y dardos, mientras que la
tercera llevaba las espadas largas. Las dos primeras líneas se dividían
en manípulos (algo así como puñados) que se colocaban dejando espacios
entre ellos, de modo que las dos primeras líneas formaban una especie de
tablero de ajedrez. Esto permitía una serie de maniobras adaptadas a cada
situación concreta: la primera línea podía atacar, lanzar sus jabalinas y
retirarse cuando estuviera agotada, mientras que la segunda línea podía
adelantarse entonces por los huecos de la primera sin que los que retrocedían
entorpecieran a los que avanzaban. La caballería podía reforzar rápidamente
los puntos más débiles, etc.

Por otra parte, en 312 fue elegido censor el patricio Apio Claudio. Fue
conocido como Apio Claudio el Censor hasta que se quedó ciego, y entonces
se le llamó Apio Claudio el Ciego. Ese mismo año ordenó la construcción de
un camino que uniría Roma con Capua, en la Campania, a una distancia de
unos 212 kilómetros. Fue conocido como la Vía Apia. Fue el primero de los
muchos caminos que construirían los romanos. Su objetivo era, naturalmente,
permitir a los ejércitos desplazarse con rapidez a donde fueran requeridos.
Otra innovación debida a Apio Claudio fue que extendió la ciudadanía romana
a los individuos que no tenían tierras, lo que indica que en Roma estaba
surgiendo una clase media de mercaderes y artesanos. También estudió
gramática, escribió poesía y fue el primer romano que puso por escrito sus
discursos. Apio Claudio es considerado el padre de la prosa latina y con él se
pone de manifiesto que la cultura romana estaba sufriendo también profundos
cambios.

Ese mismo año, las ciudades etruscas, que hasta entonces habían respetado y
renovado antiguos acuerdos de paz con Roma, decidieron que los problemas
de Roma en el sur les permitirían mejorar su situación en el norte, así que le
declararon la guerra. Roma no se amilanó. Dejó a Papirio Cursor en el sur y
envió tropas al norte al mando de Quinto Fabio Máximo Ruliano (el cuarto
nombre indica que fue adoptado de la familia Rulia). Anteriormente, Fabio
había derrotado a un ejército samnita contraviniendo unas órdenes del dictador
Papirio Cursor. Éste se mostró indignado, pues para él una victoria no
excusaba la desobediencia. Tal vez estaba dispuesto a ejecutar a Fabio, pero se
encontró con la oposición tajante de los soldados y tuvo que ceder para evitar
una rebelión.

En 311 los enemigos de Agatocles decidieron pedir ayuda a Cartago, que


envió gustosa una fuerza expedicionaria al mando de un nuevo Amílcar, que
fue aproximándose lentamente a Siracusa, victoria tras victoria.

En 310 Casandro se decidió a ejecutar a la mujer y al hijo de Alejandro


Magno, a los que tenía encarcelados. De este modo, el único descendiente de
la casa real era Tesalónica, la hermanastra de Alejandro, con la cual se casó.
Además reconstruyó una ciudad en la Calcídica y le puso el nombre
de Tesalónica (la actual Salónica) en honor a su esposa.

Amílcar había llegado a sitiar la misma Siracusa. La situación de Agatocles


era comprometida, pues se había excedido en las matanzas de oligarcas y
ahora no encontraba apoyo en ninguna parte. La desesperación le llevó a un
plan audaz. Dejó en la ciudad una pequeña fuerza y embarcó con el resto de
sus hombres. Aprovechó que una parte de la flota cartaginesa rompió un
instante el cerco para abordar unos barcos que traían provisiones, y entonces
Agatocles zarpó a toda velocidad hacia el agujero. Cuando los cartagineses se
dieron cuenta y cambiaron de rumbo, ya había escapado (más aún, las
provisiones pudieron entonces llegar a Siracusa). Desembarcó cerca de
Cartago y, como sus tropas eran demasiado escasas para llevar parte consigo y
dejar parte custodiando la flota, tuvo otro golpe de audacia: hizo quemar sus
naves, de modo que la única posibilidad que tenían sus hombres de volver
sanos y salvos era vencer. Luego acampó en las afueras de Cartago.

Los cartagineses supusieron que el ejército de Amílcar había sido aniquilado,


pues de otro modo Agatocles no habría podido llegar hasta allí. Enviaron
mensajeros para enterarse de lo ocurrido y ordenar el regreso de los posibles
supervivientes. Mientras tanto atacaron a Agatocles con un improvisado
ejército que fue fácilmente desarticulado, pero entre tanto la ciudad se pudo
preparar para un asedio. Amílcar recibió la orden de regresar, pero no quiso
hacerlo antes de tomar Siracusa, esto le hizo precipitarse, fue derrotado y
murió. Las tropas cartaginesas regresaron finalmente a su ciudad, pero
Agatocles había tenido tiempo de construirse nuevos barcos y regresar a
Siracusa, que le recibió como un héroe.

Este mismo año abrió una escuela en Atenas Zenón de Citio. Había estudiado
con filósofos cínicos, pero elaboró una filosofía mucho más refinada. Enseñó
que el hombre debía estar por encima de las emociones, debe evitar la alegría
y el dolor, y de este modo hacerse dueño de la fortuna, tanto si es buena como
si es mala. Su objetivo ha de ser la virtud y el cumplimiento del deber. El
mayor poder, afirmaba, es el poder sobre uno mismo. Su escuela tenía un
pórtico adornado con pinturas, por lo que los griegos la llamaban la Stoa
Poikile (el pórtico pintado). Por ello, Zenón y sus seguidores son conocidos
como estoicos, y su filosofía como estoicismo.

En 309 Seleuco se anexionó Bactriana, la región más oriental del antiguo


Imperio Persa y trató de extender su dominio más al este, lo que le enfrentó al
rey indio Chandragupta. Lisímaco fundó la ciudad de Lisimaquia en Tracia y
la convirtió en su capital. Ese año Ptolomeo I nombró gobernador de Cirene
a Magas, que se acababa de casar con una hija del rey.
En 308 Fabio logró la rendición de Etruria tras una serie de exitosas
campañas, mientras la guerra contra los samnitas continuaba en el sur.
En 307 los cartagineses se vieron obligados a firmar un tratado de paz con el
que reconocieron el dominio de Agatocles sobre la mayor parte de Sicilia.
Entre tanto la flota de Demetrio tomaba Atenas y en 306 derrotó a la flota de
Ptolomeo frente a Chipre. Definitivamente, Demetrio se había adueñado del
mar. Tras esta victoria, Antígono decidió que no podía esperar más. Tenía ya
setenta y cinco años y las posibilidades de verse con todo el imperio de
Alejandro bajo su dominio eran cada vez menores. Por ello decidió nombrarse
rey de Asia Menor, y los otros diádocos se apresuraron a seguir su ejemplo.
Con esto se reconocía finalmente el desmembramiento del imperio.

Ptolomeo pasó a ser Ptolomeo I, el primer rey de la XXXI dinastía, conocida


también como dinastía Ptolemaica, porque todos sus sucesores se llamarían
también Ptolomeo. Estableció su capital en Alejandría, que se convirtió en un
reducto de la cultura griega en Egipto. En efecto, los Ptolomeos respetaron
totalmente las costumbres egipcias y reverenciaron a sus dioses, al menos
formalmente, y permitieron que todo el país fuera gobernado según las
tradiciones por gobernantes nativos. En cambio, Alejandría fue a todos los
efectos una ciudad griega que los egipcios no consideraban parte de su país. El
resultado fue una simbiosis perfecta, de tal modo que los egipcios nunca se
rebelaron contra el dominio de los Ptolomeos, al contrario de lo que había
sucedido con los hicsos, los asirios o los persas. Ptolomeo I fue el primer
monarca egipcio que acuñó moneda, lo que dio un gran impulso a la economía
del país.

Por su parte, Seleuco se convirtió en Seleuco I, el primer monarca


del Imperio Seléucida, que no solo comprendía Mesopotamia, sino también
todos los territorios orientales del imperio de Alejandro. Seleuco I trató de
potenciar la decadente cultura mesopotámica, en detrimento de la cultura
irania, e incluso trató de protegerla de la influencia griega. Desalentó el
zoroastrismo y potenció el culto babilónico y la lengua aramea. Parece que
decidió dar continuidad al proyecto de Alejandro de unir a griegos y asiáticos
en una cultura común. Fue el único diádoco que conservó a la mujer asiática
que le había impuesto Alejandro. Su intención fue que Babilonia conservara
su propia cultura al tiempo que Seleucia, una nueva ciudad que había
mandado construir a 55 kilómetros de Babilonia, fuera como la Alejandría de
Egipto. Sin embargo, la cultura griega arrasó a la antigua cultura de los
sumerios. El griego y su alfabeto desplazaron a las tablillas y la escritura
cuneiforme y paulatinamente Babilonia dejó de tener la más mínima
relevancia.

Lisímaco se proclamó igualmente rey de Tracia. También Agatocles, en


Sicilia, siguió el ejemplo de los diádocos y se proclamó rey. El siguiente paso
de Demetrio tras su victoria en Chipre fue asediar la isla de Rodas, que era
aliada de Ptolomeo I.

En 306 llegó a Atenas un hombre nacido en Samos, si bien sus padres eran
atenienses. Se llamaba Epicuro, y enseñó una versión moderada de la
filosofía del placer de Aristipo. Epicuro afirmaba, en efecto, que el placer era
el bien principal, pero añadía que éste sólo podía obtenerse a partir de una
vida moderada y virtuosa.

En 305 Seleuco I fue definitivamente derrotado por Chandragupta en la India


y firmó un tratado de paz, tras el cual la India empezó a recibir la cultura
occidental a través de sus relaciones con el imperio Seléucida.

Mientras tanto Papirio Cursor lograba expulsar definitivamente a los samnitas


de Campania e invadía el mismo Samnio. Los samnitas se vieron amenazados
y no tardaron en pedir la paz. Ésta se firmó en 304,de modo que se reconoció
la soberanía romana sobre Campania, pero el Samnio conservó su
independencia. Ese año Demetrio decidió levantar el sitio de Rodas. Había
empleado máquinas aparatosas, pero los rodios lograron resistir. El sitio de
Demetrio se hizo tan famoso que desde entonces fue conocido como Demetrio
Poliorcetes (el sitiador). Los rodios, por su parte, decidieron emplear las
máquinas abandonadas por los sitiadores para construir una gran estatua en
conmemoración de su victoria. Se trataba de un proyecto muy ambicioso que
tardaría más de una década en completarse.

Tras abandonar Rodas, Demetrio volvió a Atenas, que estaba siendo asediada
por Casandro. Demetrio liberó a Atenas y se hizo con el control de la mayor
parte de Grecia. En 302 fue elegido general en jefe de las ciudades griegas,
como lo fueron Filipo II y Alejandro Magno. Pero Casandro envió tropas a
Asia Menor para enfrentarse con Antígono. Demetrio tuvo que volver a Asia
para ayudar a su padre, lo que permitió que Casandro retomara Grecia.
Finalmente, en 301 todos los demás diádocos se unieron contra Antígono y
Demetrio en una batalla que se libró en Ipso, en el centro de Asia Menor. En
la batalla participaron unos 300 elefantes entre ambos bandos. Antígono fue
finalmente derrotado. Se cuenta que murió gritando "Demetrio me
salvará", pero Demetrio tuvo que huir. Lisímaco extendió su reino
anexionando a Tracia los territorios de Antígono en Asia Menor. Seleuco I
reprochó a Ptolomeo I que apenas se había implicado en la batalla de Ipso, y
tomó esto como excusa para reclamar Siria. Por otra parte, un persa
descendiente de una familia de sátrapas aprovechó la confusión tras la batalla
de Ipso para erigirse en rey de una región de Asia Menor, la correspondiente a
la costa nororiental, conocida como El Ponto (el mar, en griego). El nuevo rey
adoptó el nombre de Mitrídates I.
Por esta época abdicó el rey Chandragupta y se hizo discípulo del santo
jainista Bhadrabahu. Fue sucedido por Bindusara, al que los griegos
llamaron Amitrajates (Asesino de enemigos).

40.El ascenso de Roma (300)

A principios del siglo III los griegos dominaban la mayor parte del mundo
civilizado. Las ciudades de la propia Grecia se habían reducido a una sombra
de lo que fueron, pero los restos del imperio conquistado por Alejandro
Magno estaban gobernados por griegos, lo que hacía que a cualquier griego de
cualquier condición social le fuera muy fácil encontrar un trabajo, montar un
negocio, viajar, estudiar o establecerse en cualquier parte. Los historiadores
distinguen entre el Periodo Helénico, en el que la preponderancia política la
tenían las ciudades de la Grecia continental y el Periodo Helenístico, que
tradicionalmente se acepta que empezó tras la muerte de Alejandro. El mundo
helenístico estaba dividido en cuatro partes: la primera comprendía Grecia,
Épiro y Macedonia, gobernadas por Casandro, la segunda incluía Egipto y
Canaán, gobernados por Ptolomeo I, la tercera, bajo el gobierno de Lisímaco,
contenía a Tracia y Asia Menor, excepto el reino del Ponto, al norte, que se
acababa de independizar, y la cuarta era el Impero Seléucida, bajo el poder de
Seleuco I, que comprendía Siria y toda la parte asiática del imperio de
Alejandro. Aparte estaba Demetrio, que se había quedado sin territorio, pero
todavía conservaba su flota. Por otra parte, también Sicilia era griega casi en
su totalidad (gobernada por Agatocles) y por último había colonias griegas en
el sur de Italia.

Seleuco I celebró la reciente anexión de Siria a su Imperio construyendo


en 300 una ciudad en la región, a unos 15 kilómetros del mar. La
llamó Antioquía, en honor a su padre, que se llamaba Antíoco, y la convirtió
en la capital de su imperio.

Pero la ciudad más importante del siglo iba a ser, sin duda, Alejandría.
Ptolomeo I mandó construir una gran biblioteca. Contrató a un erudito
ateniense para que supervisase la organización. Sus primeros ejemplares
fueron nada menos que los que habían constituido la biblioteca de Aristóteles,
pero pronto fueron incorporándose nuevos volúmenes. Junto a la biblioteca
había un templo dedicado a las musas, era el Museo, donde los sabios podían
vivir y trabajar tranquilamente, con un sueldo del estado. Se dice que en su
apogeo el Museo llegó a acoger a 14.000 estudiantes.
Por otra parte, Ptolomeo I estimuló la emigración de judíos a Alejandría.
Parece ser que estaba interesado por su cultura y su religión. Al menos, la
conocía lo suficiente como para haber atacado Jerusalén en sábado. Además
de un enriquecimiento cultural, tal vez el rey pensó que una presencia judía en
la capital le daría un ambiente cosmopolita que atenuaría las fricciones entre
griegos y egipcios. Hasta cierto punto fue así, pues en la capital convivieron
en relativa paz las tres culturas, pero lo cierto es que cada parte despreciaba a
las otras dos: para los egipcios, los demás eran extranjeros y no querían saber
nada de ellos; para los judíos, ellos eran los únicos que conocían al verdadero
dios y abominaban las costumbres heréticas de griegos y egipcios; los griegos,
por su parte, se consideraban los amos del mundo y tenían a su cultura por
infinitamente superior.

Roma había estado afianzando su posición en Italia. Se anexionó un territorio


etrusco al norte del Samnio, con lo que llegó por primera vez al Adriático.
Fundó ciudades en los Apeninos que le serían de gran ayuda en una hipotética
guerra contra los samnitas. La expansión romana inquietaba tanto a los
samnitas, como a los etruscos y a los galos del norte de la península, lo que les
llevó a aliarse contra su enemigo común. Así, cuando en 298 unas tribus
lucanas enviaron una embajada a Roma para quejarse de que los samnitas les
estaban hostigando, Roma no dudó en iniciar la Tercera Guerra Samnita, e
invadió el Samnio, pero los samnitas no opusieron resistencia, sino que su
ejército se abrió paso hacia el norte, para unirse a los etruscos y los galos.

Ese mismo año murió Casandro y sólo dejó dos hijos pequeños, el mayor de
los cuales se convirtió en Filipo IV. En 295 Demetrio puso sitio a Atenas y
nuevamente la tomó. Desde allí conquistó Grecia y luego entró en Macedonia,
donde hizo asesinar a Filipo IV. A continuación descendió sobre el
Peloponeso y se dirigió a Esparta. Una vez más, los espartanos se negaron a
rendirse y Demetrio tuvo que dejar la ciudad a causa de problemas surgidos en
otras partes. El caso es que, milagrosamente, una Esparta inerme se había
salvado sucesivamente de la ocupación por Epaminondas, Filipo II, Alejandro,
Antípatro, y ahora Demetrio. Ese mismo año murió el rey de Épiro, y el trono
pasó a su hermano Pirro. Era uno de los mejores generales de la época. De
hecho, la guerra era su mayor, tal vez única, afición. A los diecisiete años
había participado en la batalla de Ipso, del lado de Demetrio, y desde entonces
había estado combatiendo aquí y allá.

Roma envió al norte a Fabio Máximo, el que años atrás había derrotado a los
etruscos, sólo que esta vez tenía que enfrentarse a etruscos, galos y samnitas
juntos. Se libró una batalla cerca de Sentinum, a unos 180 kilómetros al norte
de Roma. Los galos y los samnitas resistieron, pero los etruscos se dispersaron
en cuanto Roma envió un destacamento a saquear Etruria. El segundo cónsul,
junto a Fabio, era Publio Decio Mus, hijo del cónsul que se había inmolado
en la guerra latina. El hijo decidió hacer lo mismo que su padre y, tras los
rituales apropiados, se lanzó él solo contra los enemigos para morir y ganar el
favor de los dioses. Nuevamente, los dioses se sintieron complacidos, pues los
galos fueron barridos y los restos del ejército samnita se retiraron con enormes
bajas. Así los romanos se libraron del temor que les inspiraban los galos desde
que Brenno entrara en Roma. Por esta época la vía Apia fue empedrada con
grandes bloques de piedra. En lo sucesivo, los caminos romanos serían
empedrados de esta forma y durarían más de mil años. En 294 Etruria hizo
una paz separada con Roma y sólo el Samnio siguió combatiendo.

Por estas fechas Tarento volvió a solicitar ayuda externa para enfrentarse a sus
vecinos italianos del norte. La última vez había apelado a Alejandro de Épiro,
ésta llamó a Agatocles. Roma estaba demasiado ocupada contra los samnitas
para prestar atención al asunto, pero al final quedó en nada, pues, al igual que
le había sucedido a Alejandro de Épiro, Agatocles se encontró con que los
tarentinos no deseaban que se perturbara excesivamente su cómoda vida, así
que, viendo que no podía hacer nada serio en Italia, decidió volverse a
Siracusa.

Los samnitas se rindieron finalmente en 290, pero Roma no se vio en


condiciones de exigir demasiado. La paz fue casi una alianza entre partes
iguales. La única condición favorable a Roma fue que el Samnio renunciaba a
combatir independientemente. Sus soldados sólo podrían luchar bajo la
dirección romana. No obstante, el Samnio conservaba su independencia.
En 289 murió Agatocles y Sicilia cayó en un periodo de anarquía y desorden.
Esto se debió a que Agatocles había llevado a la isla un grupo de mercenarios
italianos llamados Mamertinos (hijos de Marte) que formaban una especie de
guardia de corps. Muerto su jefe, decidieron cobrar su salario saqueando una
ciudad tras otra.

En 288 Lisímaco invadió Macedonia, hizo prisionero a Demetrio y se alió con


Ptolomeo I, casándose con su hija Arsinoe. En 287 muró Teofrasto, y la
dirección del Liceo pasó a Estratón, de Lampsaco, quien realizó interesantes
experimentos de física y tuvo ideas acertadas sobre el vacío, la caída de los
cuerpos y las palancas. En 286 Pirro, el rey de Épiro, decidió invadir
Macedonia, con lo que el reino cayó en un estado de confusión. Pirro fue
expulsado a los siete meses, pero la confusión continuó.

En 285 Ptolomeo I tenía ya ochenta y dos años, y decidió abdicar. El rey tenía
varios hijos de varias mujeres. El primogénito era hijo de su primera
esposa, Eurídice, y se llamaba también Ptolomeo. Era conocido
como Ptolomeo Ceraunos (el rayo) para distinguirlo de su hermanastro,
llamado también Ptolomeo, hijo de su segunda esposa, Berenice. Ésta había
convencido a su marido de que su hijo estaba más capacitado para gobernar
Egipto, así que unos años antes había exiliado a Ceraunos y desde entonces
había compartido las tareas de gobierno con el segundo Ptolomeo, que ahora
se hizo cargo del trono definitivamente como Ptolomeo II. Éste se casó con
una hija de Lisímaco, que se llamaba Arsinoe, como su madrastra.

En 284 Arsinoe convenció a su marido, Lisímaco, de que su


hijo Agatocles pretendía asesinarle para usurpar el trono, por lo que Lisímaco
lo hizo matar. Esto provocó una sublevación en Asia Menor. Además, la
mujer de Agatocles, Lisandra, huyó a la corte de Seleuco I, y lo persuadió
para que se enfrentara a Lisímaco. Ptolomeo I murió en 283, el mismo año
que Demetrio moría en su cautiverio. Mientras tanto, Ptolomeo Ceraunos
acabó en la corte de Seleuco I, que probablemente vio en él una posibilidad de
hacerse con Egipto.

En 282 una ciudad griega del sur de Italia, Thurii, pidió ayuda a Roma contra
las tribus italianas de Lucania. Roma se ofreció inmediatamente y envió un
destacamento a Thurii. No era la primera ciudad griega que acudía a Roma, ya
Nápoles había firmado un tratado con ella tiempo atrás, pero Tarento se
escandalizó de ver a unos bárbaros en territorio griego, así que cuando sus
barcos se encontraron con unas pequeñas naves romanas que iban hacia
Thurii, las hundieron y mataron a su almirante. Acrecentados por su éxito,
enviaron un ejército a Thurii y expulsaron a los romanos.

Por aquel entonces, Roma estaba ocupada en el norte, consolidando los


territorios de Etruria y la Galia Cisalpina, así que no quería problemas en el
sur, y mandó una embajada a Tarento para concertar una tregua y pedir la
devolución de Thurii. Los tarentinos se burlaron de la forma en que los
romanos hablaban el griego y, cuando uno de los delegados abandonaba la
reunión, alguien de entre la multitud se meó deliberadamente en su toga entre
las risas de los presentes. El embajador anunció montado en cólera que la
mancha sería lavada con sangre. Volvió a Roma y mostró la toga al senado.
En 281 Roma declaró la guerra a Tarento. Los tarentinos no tardaron en
comprender que se habían metido en un buen lío y que necesitaban ayuda.
Roma dominaba completamente el Lacio, la Campania y Etruria, tenía
sometido al Samnio, atemorizados a los galos y mantenía alianzas con los
pueblos de Lucania y Apulia y algunas ciudades griegas. En suma, era la
mayor potencia de Italia con diferencia.

Finalmente, los tarentinos encontraron la persona que estaban buscando: era


Pirro, el rey de Épiro. Tras su aventura macedónica, llevaba varios años
sumido en una paz que le hastiaba, así que aceptó encantado la petición de
auxilio de los tarentinos y empezó a preparar una expedición.

Ese mismo año Seleuco I venció finalmente a Lisímaco junto a la ciudad


de Corupedion, en el interior de Asia Menor. Lisímaco murió en la batalla,
con lo que Seleuco I fue el último diádoco que quedó con vida. Con la ayuda
de Ptolomeo Cerauno conquistó Macedonia. Arsinoe, la viuda de Lisímaco, se
casó con su hermanastro Ptolomeo Cerauno. Seleuco I quiso viajar a
Macedonia para tomar posesión del nuevo territorio, pero allí Ptolomeo
Cerauno lo apuñaló, lo que le permitió apropiarse de Macedonia. El Imperio
Seléucida lo heredó el hijo de Seleuco I, Antíoco I.

El cambio de rey fue aprovechado por Filetero, un gobernador local de Asia


Menor, para independizar su territorio y erigirse en monarca del reino de
Pérgamo, llamado así por la fortaleza del mismo nombre que pasó a ser su
capital, situada a unos 30 kilómetros de la costa mediterránea, hacia el norte,
frente a la isla de Lesbos. Filetero había estado al servicio de Antígono,
Lisímaco y Seleuco, pero se había apropiado de un tesoro que le había
confiado Lisímaco con el que consolidó su poder en la región. En realidad
Filetero nunca ostentó el título de rey, sino que fue después de su muerte
cuando fue considerado como tal. El caso es que el territorio dejó de formar
parte del Imperio Seléucida.
41.Pirro (280)

Bajo Ptolomeo II, Egipto siguió floreciendo. El nuevo rey se preocupó aún
más que su padre por la economía egipcia. El sistema de canales se hizo
mucho más eficaz. Puso de nuevo en funcionamiento el canal que unía el Nilo
con el mar Rojo, exploró el Alto Nilo, fundó ciudades en ambas orillas del
mar Rojo para proteger el comercio, modificó la política sobre el lago Moeris:
en lugar de mantener alto el nivel del agua, lo drenó parcialmente y dispuso
una amplia red de canales para regar el suelo que había quedado al
descubierto. La población de la zona aumentó, al igual que las ciudades. Para
proteger el comercio por el Mediterráneo mandó construir una alta torre en el
puerto de Alejandría, en la isla de Faros: tenía una base cuadrada de unos 25
metros de lado y su altura debía de ser de más de 150 metros (algunos dicen
que 250). Estaba coronada por una estatua del dios Poseidón, y en su cúspide
se mantenía encendida una gran hoguera que por la noche se veía desde lejos
y orientaba a los barcos. Otra obra monumental en la ciudad fue un mausoleo
para Alejandro Magno, cuyos restos fueron trasladados desde Menfis.

También continuó la política de mecenazgo de su padre. Persuadió a un


sacerdote llamado Manetón para que escribiera una historia de Egipto en
griego. Por desgracia la obra no se conserva, pero las referencias a ella por
parte de otros autores son una de las mejores fuentes que tenemos de la
historia del país.

La biblioteca de Alejandría siguió creciendo. Entre los numerosos científicos


que acogió estaba Euclides, del que no sabemos gran cosa, salvo que vivió en
el siglo III, pero escribió un tratado en el que exponía la aritmética y la
geometría griegas de forma sistemática y siguiendo un método axiomático que
ha sido considerado perfecto durante miles de años, y hasta hace poco seguía
usándose como libro de texto fundamental.

Otra figura ilustre de la época fue Aristarco de Samos, que midió la distancia
relativa de la Tierra a la Luna y al Sol. Su teoría era correcta, pero, como no
disponía de instrumentos de medida adecuados, concluyó que el Sol está
veinte veces más lejos que la Luna (cuando en realidad está 400 veces más
lejos). De aquí llegó a la conclusión de que el Sol tiene un diámetro siete
veces mayor que el de la Tierra (en realidad es 100 veces mayor). Lo
importante es que a partir de estos datos Aristarco consideró poco creíble que
el Sol gire alrededor de la Tierra, y pensó que era más razonable suponer que
la Tierra y los demás planetas giran alrededor del Sol. Desgraciadamente, las
ideas de Aristarco no fueron compartidas por sus contemporáneos y fueron
olvidadas.

En 280 Rodas terminó la construcción de la estatua con la que se propuso


conmemorar su resistencia al sitio de Demetrio años atrás. Se trataba de una
imagen del dios del Sol, que al parecer era el que les había salvado. Pasó a ser
conocida como el coloso de Rodas, pues medía unos 35 metros de alto y
estaba situada en el puerto, de modo que podía verse desde lejos.

Pero el acontecimiento más


interesante que estaba a punto de tener lugar era el enfrentamiento entre los
dos ejércitos más sofisticados del mundo: la legión romana y la falange
macedónica. Ese mismo año Pirro desembarcó en Italia con 25.000 soldados y
20 elefantes en auxilio de Tarento. Al contrario que Alejandro de Épiro y
Agatocles, Pirro supo manejar a los tarentinos. Cerró los teatros y otras
sociedades de ocio y empezó a entrenar a los ciudadanos. Envió a Épiro a los
que más protestaron y eso acalló a los restantes. Ese mismo año se dispuso a
enfrentarse a los romanos. Preparó el terreno para la falange cerca de la ciudad
de Heraclea, a mitad de camino entre Tarento y Thurii.

Los romanos atacaron, pero cuando Pirro lanzó contra ellos a los elefantes
tuvieron que retirarse. Los romanos habían quedado desconcertados, por no
decir aterrorizados, frente a unos animales que nunca habían visto. Los
llamaron "bueyes lucanos". Sin embargo, Pirro paseó por el campo de batalla
y observó que todos los muertos tenían las heridas delante. Todos habían
muerto peleando. No se retiraron hasta que no recibieron la orden de hacerlo
y, aún así, supieron hacerlo en buen orden, sin dejarse llevar por el pánico.

Los samnitas recibieron con júbilo las noticias de la derrota romana, e


inmediatamente se unieron a Pirro. Sin embargo, Pirro no veía las cosas tan
claras. Envió a Roma a un orador griego, Cineas, para concertar una paz
razonable. Cineas habló ante el Senado, y su discurso estuvo a punto de
convencer a los senadores, pero entonces apareció Apio Claudio Caecus, el
viejo censor ciego, tan débil que tuvieron que llevarlo hasta el senado, pero
habló muy claramente: nada de paz mientras un solo soldado extranjero
permaneciera en Italia. Claudio infundía un gran respeto, y el senado aceptó
inmediatamente su posición. Cineas tuvo que marcharse y Pirro tuvo que
combatir. Marchó hacia la Campania, tomando ciudad tras ciudad, y llegó a
40 kilómetros de Roma, pero no pudo conmover la lealtad de las ciudades
latinas, así que tuvo que volver a Tarento para pasar el invierno.

Durante el invierno, Roma envió una embajada para negociar la liberación de


unos prisioneros romanos. A la cabeza estaba Cayo Fabricio, que había sido
cónsul dos años antes. Pirro recibió a Fabricio con grandes honores y trató de
convencerlo para que abogara por la paz ante el Senado. Le ofreció sumas de
dinero cada vez mayores, pero Fabricio las rechazó todas. Se cuenta incluso
que hizo llevar un elefante a su espalda y le hicieron bramar, pero a Fabricio
no se le movió un músculo. Impresionado, Pirro decidió liberar a los rehenes
sin rescate alguno (esto lo cuentan los romanos, así que puede que no sea
cierto).

También cuentan que el verano siguiente el médico de Pirro acudió


secretamente al campamento romano y propuso envenenar a Pirro a cambio de
un dinero, pero Fabricio lo hizo apresar y se lo entregó a Pirro.

En 279 Pirro se enfrentó nuevamente a los romanos. Eligió un terreno llano


junto a la ciudad de Ausculum, a unos 160 kilómetros al norte de Tarento.
Uno de los cónsules era entonces Publio Decio Mus,hijo y nieto de los que se
inmolaron para derrotar a los latinos y a los galos, respectivamente. También
éste decidió hacer lo mismo, pero esta vez los dioses ya debían de estar
cansados del número, porque los romanos no supieron vencer a la falange, y
cuando Pirro lanzó a sus elefantes tuvieron que retirarse una vez más.

Sin embargo, el ejército de Pirro sufrió muchas bajas, especialmente entre los
hombres que había traído consigo. Esto era grave, pues no podía confiar
plenamente en los tarentinos, ni mucho menos en los italianos. Su ejército
estaba tan mermado que cuando los romanos se retiraron optó por no
perseguirlos. Cuando alguien le felicitó por la victoria dijo: "Otra victoria
como ésta y volveré a Épiro sin un solo hombre". Desde entonces se usa la
expresión "victoria pírrica", para referirse a una victoria a un coste que no
compensa.

Pirro no podía esperar refuerzos de su país, pues mientras tanto una horda de
galos había descendido sobre Macedonia y Épiro. Ptolomeo Ceraunos murió
tratando de defender Macedonia y durante unos pocos años el país no tuvo
gobernante. Cada ciudad se las arreglaba como podía para defenderse de los
pillajes galos. De hecho, Pirro hubiera hecho bien en volver a Épiro a
defender su país, pero no quiso dejar a medias lo que había empezado.

Tras la muerte de Ptolomeo Ceraunos, su viuda y hermanastra, Arsinoe,


volvió a Egipto, donde se convirtió en la segunda esposa de su hermano
Ptolomeo II. Desde entonces fue conocida como Arsinoe Filadelfo (la que
ama a su hermano). Tras su muerte, también Ptolomeo II fue conocido
como Ptolomeo II Filadelfo. Casarse con una hermana era tradición entre los
reyes de Egipto, y parece ser que Ptolomeo II quiso continuar esta tradición
como un rasgo más de integración entre las culturas griega y egipcia. Ahora
Ptolomeo II estaba casado con dos mujeres llamadas Arsinoe. Se produjo una
rivalidad entre ambas y la primera (la hija de Lisímaco) terminó tomando
parte de un complot, por lo que fue desterrada. Por su parte, la otra Arsinoe
dio nombre a varias ciudades y tras su muerte fue divinizada como Afrodita
Zefiritis.

Siracusa pidió ayuda a Pirro. Por una parte estaba la antigua amenaza de
Cartago, pero además por Sicilia seguían vagando los mamertinos, los
soldados que Agatocles había llevado de Italia y que ahora se dedicaban al
pillaje. Pirro debió de ver aquí una buena excusa para cambiar de aires durante
un tiempo y partió hacia Sicilia. Allí libró una guerra de dos frentes: acorraló
a los cartagineses en Lilibeo, en el extremo occidental de la isla y a los
mamertinos en Messana, en el extremo septentrional.

En 278, los galos que habían invadido Macedonia avanzaron hacia el sur, a la
misma Grecia. Atenas estuvo al frente de la defensa griega una vez más. Esta
vez a su lado no estaba Esparta, sino Etolia, la región situada al suroeste de la
península, que había tenido escasa importancia durante todo el periodo
helénico, pero que ahora empezaba a tenerla. Atenienses y Etolios esperaron a
los galos en las Termópilas. Sucedió casi como la otra vez: los griegos
resistieron firmemente, hasta que unos traidores enseñaron a los extranjeros el
paso por las montañas. Pero ahora los griegos estaban al corriente de esta
posibilidad y sus tropas pudieron ser evacuadas por mar. Los galos siguieron
hacia el sur y se acercaron a Delfos, donde a lo largo de los siglos se habían
acumulado innumerables tesoros que ningún griego habría osado tocar. De
algún modo, los galos fueron derrotados. No se sabe muy bien lo que sucedió,
pues los griegos atribuyeron la victoria a la intervención divina. Es posible
que al ver Delos amenazado todos se hubieran dispuesto a combatir a
cualquier precio. El caso es que los galos abandonaron Grecia, y pasaron a
Tracia.

La región que comprende la costa noroeste de Asia Menor, al oeste del reino
del Ponto y al norte del reino de Pérgamo, se conocía como Bitinia. Esta
región era prácticamente independiente en los últimos años del Imperio Persa,
y Alejandro nunca envió un ejército allí. Bajo Seleuco I, su
gobernador, Zipetes, conservó dicha autonomía, aunque formalmente Bitinia
formaba parte del Imperio Seléucida. Hacía un año que Zipetes había muerto
y había sido sucedido por su hijo Nicomedes, que ahora decidió convertirse
en Nicomedes I, rey de Bitinia. Su situación no era muy fuerte, no sólo por la
obvia oposición de Antíoco I, sino porque el trono tenía otros pretendientes.
En busca de ayuda, invitó a una tribu gala de las que estaban por Tracia a
pasar a Asia Menor. Pero los galos, después de cumplir su cometido,
resultaron incontrolables: se dedicaron al pillaje como habían hecho en Grecia
y se convirtieron en una pesadilla.

En 277 murió el más célebre poeta de la China antigua. Se llamaba Qu


Yuan, y fue ministro del estado de Chu, pero fue destituido por una calumnia
y terminó arrojándose a un río. Su obra se conserva como una gran parte de la
antología Elegías del país de Chu, en la que destaca el poema Lisao (dolor de
la lejanía).

Mientras tanto Roma selló una alianza con Cartago contra Pirro. Mientras
Pirro estaba en Sicilia, los romanos habían hecho grandes progresos en Italia,
así que en 276 los tarentinos le pidieron que volviera. Así lo hizo y avanzó
hacia el noroeste. Mientras tanto, Macedonia lograba unirse bajo un nuevo
rey. Era Antígono Gonatas (el patizambo), un hijo de Demetrio Poliorcetes
que había quedado en Macedonia tras su cautiverio. Había pasado un tiempo
estudiando en Atenas con Zenón, el estoico, pero luego volvió a su país para
hacer frente a los galos. Finalmente logró hacerse con el trono.

Ese mismo año estalló una guerra entre Antíoco I y Ptolomeo II, es la Primera
Guerra Siria, en la que se discutía la frontera entre Siria (que formaba parte
del imperio Seléucida) y Judea (que era egipcia). En esta época, las guerras
entre los reinos helenísticos eran más bien tácticas. Los dos bandos valoraban
demasiado sus ejércitos como para ponerlos a luchar. Se trataba de un juego
de toma de posiciones más que otra cosa, y había poca sangre.

En 275 se produjo un nuevo encuentro entre la legión y la falange, pero esta


vez los romanos ya contaban con ideas para resolver el problema. Atacaron en
un lugar montañoso, sin permitir que Pirro eligiera un llano como las veces
anteriores. Además, antes de atacar lanzaron flechas con cera ardiendo en las
puntas contra los elefantes, que retrocedieron ante el fuego y rompieron las
líneas de Pirro. La falange no pudo constituirse adecuadamente y el ejército de
Pirro fue totalmente derrotado. Decidió regresar a Épiro y dejó que los griegos
del sur de Italia se las arreglaran como pudieran contra Roma. Mientras tanto,
Magas de Cirene se casó con Apama, hija de Antíoco I, entabló una alianza
con éste y obligó a Ptolomeo II a reconocer la independencia de Cirene.

En 274 Pirro invadió Macedonia y expulsó a Antígono, pero éste no tardo


mucho en recuperar el poder. Macedonia no tenía la fuerza de antaño, pero
Antígono se las arregló para conservar su independencia e incluso ejercer
cierto dominio sobre Grecia. También logró ciertas victorias frente a Egipto
que le valieron el dominio del Egeo.

En 272 terminó la Primera Guerra Siria. El resultado fue que Ptolomeo II


extendió su dominio sobre Fenicia y algunas partes más de Asia Menor.

Los romanos tomaron Tarento y se aseguraron de destruir toda su capacidad


bélica, pero respetaron su independencia. Ahora todas las ciudades griegas del
sur de Italia reconocían la autoridad de Roma, excepto Reggio, que ofreció
resistencia durante algún tiempo. Por su parte, Pirro recibió una petición de
ayuda por parte de Cleónimo, un príncipe espartano que trataba de acceder al
trono. Inmediatamente invadió el Peloponeso y atacó a Esparta. No tuvo
dificultad en abatir a su ejército, pero una vez más Esparta se salvó porque
Pirro tuvo que ir a Argos a atender otros asuntos. Allí murió, al parecer porque
una mujer le arrojó una teja desde lo alto mientras él pasaba por la calle. Fue
sucedido por su hijo, que reinó como Alejandro II.

En 270 los romanos tomaron Reggio, con lo que dominaban todo el sur de
Italia. Tal vez Ptolomeo II fue el primer griego, después de Pirro, que
comprendió que Roma era una potencia respetable. Por eso, y pese a la
lejanía, decidió firmar un tratado de amistad con Roma.

Cuando Pirro dejó Sicilia, los siracusanos se ocuparon de mantener a Cartago


en los límites que Pirro le había impuesto, pero mientras tanto los mamertinos
se recuperaron. Por aquel entonces, el mejor general que había en la isla era
un siracusano llamado Hierón, que había combatido a las órdenes de Pirro y
ahora se enfrentaba nuevamente a los mamertinos. Los derrotó y los confinó
de nuevo en Messana. Los siracusanos lo hicieron rey, con lo que pasó a
ser Hierón II de Siracusa. Mientras tanto, los galos de Asia Menor formaron
su propio estado, que se llamó Galacia y ocupaba la parte central de Asia
Menor, al sur de Bitinia.
42.La primera Guerra Púnica (270)

De todo el mundo helenístico, Egipto seguía siendo la región más próspera.


En 270 vio la luz un nuevo proyecto cultural de Ptolomeo II. El monarca
había heredado el interés de su padre por la cultura judía, y financió una
traducción de la Biblia al griego. Los textos bíblicos estaban escritos en
hebreo, si bien la lengua de los judíos era desde hacía tiempo el arameo.
Ambas lenguas eran semíticas, por lo que a los judíos no les resultaba difícil
manejar el hebreo como lengua muerta de uso religioso. Por eso nunca se
plantearon traducir la Biblia al arameo. Incluso la idea habría podido verse
como sacrílega, pues, obviamente, el hebreo era la lengua que hablaba Dios.
Sin embargo, a un judío de habla griega el hebreo le resultaba extraño, y así,
en Alejandría estaba surgiendo una generación de judíos incapaces de leer la
Biblia. La traducción encargada por Ptolomeo II recibió el nombre de Biblia
de los Setenta, porque según la tradición fueron setenta sabios, entre judíos y
griegos, los que la tradujeron. La tradición dice también que los setenta sabios
tradujeron independientemente la totalidad del texto, y que al final
comprobaron que las versiones eran idénticas. Evidentemente esto se dijo para
que los judíos lo interpretaran como un milagro con el que el mismo Dios
sancionaba la traducción.

Más adelante, la Biblia de los Setenta sería la única versión de los textos
sagrados judíos de que dispondrían los cristianos, así que la traducción tuvo
mucha influencia. Sucedió que, pese al milagroso acuerdo entre los sabios, la
traducción no era muy buena. Hubo un error de traducción que influyó
particularmente en el pensamiento judeocristiano posterior. En el libro de
Isaías, hay un pasaje en que éste advierte al rey Ajaz que Israel y Siria iban a
ser destruidas por Asiria. El pasaje empieza diciendo: "Una joven grávida
dará a luz un hijo y lo llamará Emmanuel". Posteriormente, este pasaje (pese
a que no tenía nada que ver) fue reinterpretado como un anuncio de la llegada
del Mesías. El caso es que los setenta tradujeron la palabra hebrea "almah"
(joven) por "parthenos", que es la forma en que los griegos se referían
habitualmente a una joven, pero que literalmente significa "virgen". Puede
pensarse que la traducción era a todas luces inapropiada, hablando de una
embarazada, pero la idea de vírgenes embarazadas era familiar en la
antigüedad. Muchos personajes insignes se consideraban descendientes de
dioses a través de mujeres que no habían "conocido varón". El mismo
Alejandro tenía fama de ser hijo de Zeus, Rómulo y Remo eran hijos de la
virgen Rea Silvia y del dios Marte, y hay muchos casos más. De este modo, la
traducción de los setenta introdujo un nuevo elemento en la profecía
mesiánica: el Mesías tenía que nacer de una virgen y, por consiguiente, sería
literalmente hijo de Dios. Esto es más importante de lo que pueda parecer,
pues los judíos habían reconocido el Mesías en varios personajes históricos,
para luego caer en la cuenta de que se habían equivocado. Cuantos más
detalles se conocieran a priori sobre el Mesías, más fácil resultaría descartar
falsos pretendientes. Ahora el listón se había puesto muy alto.

En 269 murió el rey indio Bindusara y subió al trono Asoka el Grande, el


tercer rey de la dinastía Maurya, que gobernaba sobre casi toda la India. En
efecto, el relativamente pequeño reino de Magadha se había extendido
notablemente desde que el abuelo de Asoka ocupara el trono. Se conservan
numerosas inscripciones en columnas y rocas donde explica los principios de
su autoridad, basada en la no violencia y en la adhesión a la Ley. Por esta
época la India experimentó un notable enriquecimiento artístico,
principalmente en la escultura y la arquitectura. En el periodo precedente al
reinado de Asoka se deja ver la influencia persa, pero a continuación aparece
un estilo propio. En China, Qin sufrió una derrota frente a una coalición de los
estados Zhao y Wei.

En 267 Ptolomeo II decidió poner a su hijo y heredero, llamado


también Ptolomeo, al frente del gobierno de Canaán.

Roma estaba acabando de poner en orden la península italiana. Una vez


dominado el sur de Italia, se volvió hacia los samnitas, que habían apoyado a
Pirro. No necesitó más de una campaña (a veces llamada la Cuarta Guerra
Samnita) para destruir todo lo que quedaba de la independencia samnita.
Luego se volvió contra Etruria y en 265 fue tomada la última ciudad etrusca
independiente. Ahora únicamente los galos del norte y (nominalmente)
algunas ciudades griegas del sur escapaban al gobierno directo de Roma. Cada
ciudad italiana estaba sujeta a Roma por un tratado cuyas condiciones eran
más o menos duras en función de la resistencia que la ciudad había ofrecido a
la conquista.

Desde la creación de la República, la política romana había experimentado


muchos cambios. Las tres tribus originales se habían convertido en treinta y
cinco. Además de la división en curias, se había establecido una nueva
división en centurias. El pueblo se reunía en tres tipos de asambleas
llamadas comicios: los comicios tributos, los comicios curiados y los comicios
centuriados, donde cada unidad (tribu, curia o centuria), contaba como un
voto independientemente del número de miembros de que constara. Esto hizo
que los comicios curiados se ocuparan sólo de asuntos menores, mientras que
eran los comicios centuriados los encargados de elegir los magistrados más
importantes, de votar las leyes y de dictar sentencias en apelación contra las
penas de muerte dictadas por los magistrados contra los ciudadanos. La razón
era que los ciudadanos ricos tenían más votos en los comicios centuriados a
pesar de su inferioridad numérica. Estos ciudadanos ricos, de origen tanto
patricio como plebeyo, constituían una nueva clase social, la nobilitas, que,
gracias a este ingenioso sistema electoral, se reservaba las magistraturas y
privaba de todo poder político a los más pobres. Los comicios tributos habían
ganado importancia cuando los plebiscitos, que al principio sólo eran válidos
para la plebe, pasaron a ser considerados leyes con efecto sobre todos los
ciudadanos. Además elegían a los tribunos de la plebe (cuya autoridad se
extendía también a todos los ciudadanos) y a los magistrados menores. La
nobilitas también dominaba los comicios tributos, pues se las arregló para dar
más valor a los votos de las cuatro tribus urbanas frente a las treinta y una
rurales. De todos modos, el poder real lo ejercía el Senado, cuyos
consejos (senatus consultus) tenían fuerza de ley y eran respetados por todos
los magistrados. Tenía a su cargo el tesoro público y la religión. Mientras
aparentemente era el pueblo quien gobernaba Roma a través de los
magistrados, era el Senado el que ejercía el poder real. Roma era una
oligarquía.

Los mamertinos seguían dando guerra en Sicilia tanto a griegos como a


cartagineses, así que, de forma excepcional, los eternos enemigos decidieron
unirse para aniquilarlos definitivamente.

En 264 Nicomedes I de Bitinia estrenó capital: la llamó Nicomedia. Había


sido una antigua colonia de Megara destruida por Lisímaco y que él se
encargó de reconstruir.

Los griegos y cartagineses unidos arrinconaron en Messana a los mamertinos


una vez más, pero ahora estaban dispuestos a llegar hasta el final. Los
mamertinos estaban en un serio aprieto, pero pensaron que, como eran
italianos, podían pedir ayuda a Italia, es decir, a Roma. Así lo hicieron y
Roma aceptó inmediatamente la defensa de su causa. Envió a Sicilia un
ejército comandado por Apio Claudio Cáudex, (el zoquete), un hijo de
Claudio Caecus. A pesar de su sobrenombre, Claudio no tuvo dificultad en
batir al ejército de Hierón II en 263. El rey comprendió perfectamente la
situación y se apresuró a firmar una paz separada con Roma. Sólo Cartago
continuó la guerra, que se convirtió así en la Primera Guerra Púnica, pues los
romanos llamaban Poeni (fenicios) a los cartagineses.

Ese año murió Filetero, el gobernador de Pérgamo, y fue sucedido por su


sobrino e hijo adoptivo, que más adelante fue recordado como el
rey Eumenes I de Pérgamo, si bien, al igual que su tío, nunca llevó el título
real. Antíoco I trató de recuperar el dominio de Pérgamo, pero Eumenes I le
derrotó en 262, por lo que a menudo se considera que fue Eumenes I quien
logró la independencia del país frente al Imperio Seléucida (bajo Filetero fue
independiente porque Antíoco no tuvo tiempo de ocuparse de él).

Ese mismo año Roma obtuvo una gran victoria frente a Cartago
en Agrigento, al sur de Sicilia. Sin embargo, tras duros combates, Lilibeo
parecía inexpugnable. El problema era que Cartago tenía la mejor flota del
Mediterráneo y Roma no tenía más que unos pocos barcos pequeños. Los
romanos ni siquiera sabían construir barcos del tamaño y las prestaciones de
los cartagineses. Todas las victorias las habían obtenido en tierra, y
enfrentarse a Cartago en el mar era una locura. Los barcos romanos
eran trirremes, esto es, tenían tres hileras de remos en cada lado, mientras que
Cartago contaba con quinquerremes (barcos mucho mayores, con cinco hileras
de remos). Roma tuvo la suerte de que un quinquerreme cartaginés naufragó y
fue arrojado a la costa meridional de Italia. Los romanos lo estudiaron y, con
ayuda de los griegos, lograron construir un quinquerreme.

En 261 murió Antíoco I, y fue sucedido por su hijo Antíoco II. Al año
siguiente, en 260, inició la Segunda Guerra Siria contra Egipto. Por aquel
entonces Roma contaba ya con una flota de quinquerremes y estaba dispuesta
a enfrentarse a Cartago en el mar. Es verdad que, además de los barcos,
Cartago tenía siglos de experiencia naval, cosa que no es tan fácil de obtener
como una flota. Pero los romanos lo tenían previsto más o menos. Unas pocas
naves romanas fueron fácilmente capturadas por barcos cartagineses, pero
poco después salió del puerto el grueso de la flota, al mando de Cayo Duilio
Nepote (el sobrino, para distinguirlo de un tío tocayo). Los barcos romanos
maniobraron para situarse paralelamente a los cartagineses. En principio esta
no era una posición favorable, lo ideal (y lo difícil) era ponerse en posición de
embestir lateralmente a una nave enemiga, así que los cartagineses no se
preocuparon en exceso, pero Duilio había diseñado unos palos con garfios en
la punta articulados para caer sobre los barcos enemigos y sujetarlos así para
permitir un abordaje. Así sucedió, los soldados romanos saltaron sobre las
naves enemigas y libraron una batalla terrestre sobre las cubiertas de los
barcos. Los cartagineses, atónitos, no tuvieron nada que hacer. Catorce barcos
fueron hundidos y treinta y uno tomados. Pero Cartago contaba con muchos
más barcos y Lilibeo continuaba intacta.

En 259 el hijo de Ptolomeo II, gobernador de Canaán, se rebeló contra su


padre, pero fue asesinado por sus propios soldados. Mientras tanto Qin logró
una victoria definitiva frente a Zhao. Los 200.000 soldados que se rindieron
fueron pasados por las armas. En 256 el monarca Cheu reconoció al rey de
Qin como rey de toda China.

Los romanos decidieron imitar a Agatocles y atacar a la propia (y aún


indefensa) Cartago. La flota partió al mando del cónsul Marco Atilio
Régulo (el príncipe) bordeando Sicilia. Frente a la costa de Ecnomo, se
encontró con una flota cartaginesa y allí se libró una batalla naval aún mayor
que la precedente, de la que Roma salió nuevamente vencedora. Desde allí se
encaminó a Cartago, donde Régulo desembarcó a sus hombres y no tuvo más
que presentarse ante las murallas de Cartago para que los aterrorizados
cartagineses le pidieran la paz. Sin embargo, Régulo planteó condiciones tan
duras que Cartago optó por luchar. Casualmente estaba en Cartago un
espartano llamado Jántipo. La grandeza militar de Esparta había desaparecido
hace ya tiempo, pero los espartanos seguían pensando como siempre. Jántipo
habló elocuentemente a los cartagineses y afirmó que no habían sido
derrotados por los romanos, sino por la incompetencia de sus generales. Los
cartagineses le dieron el mando, Jántipo logró reunir y entrenar un ejército que
contaba con 4.000 jinetes y 100 elefantes. En 255 condujo estas tropas contra
los romanos que asediaban la ciudad, algo debilitados en número porque parte
de las tropas habían sido trasladadas a Sicilia. El caso es que Régulo fue
tomado prisionero y su ejército fue derrotado.

Ese mismo año terminó la Segunda Guerra Siria, y con ella Antíoco II
recuperó parte del territorio que su padre había perdido ante Ptolomeo II.

Cuando llegaron a Roma las noticias del desastre de Régulo, el Senado envió
la flota a África. La flota derrotó a los barcos cartagineses que trataron de
impedirle el paso, pero la astucia con la que habían suplido su falta de
experiencia naval para derrotar a los cartagineses no les valió ante un enemigo
mayor: los marineros experimentados sabían reconocer los signos de tormenta
y se apresuraban para resguardarse en el puerto más cercano. Los romanos
carecían de la experiencia necesaria, así que una tormenta les sorprendió en
alta mar, la flota fue destruida y miles de soldados murieron ahogados. Los
cartagineses, al enterarse de esto, enviaron refuerzos, y hasta elefantes, a
Sicilia. Pero Roma construyó una nueva flota en tres meses. Zarpó hacia
Sicilia y ayudó a tomar Panormo, pero nuevamente fue sorprendida por una
tormenta que la aniquiló, como a la flota precedente.
La Grecia continental dio síntomas de recuperación de su larga decadencia.
Desde hacía décadas que estaba sometida al yugo de Antígono Gonatas de
Macedonia. No era un yugo muy opresivo, pues Macedonia tampoco tenía la
fuerza de antaño, pero, por ejemplo, unos años antes había ocupado Atenas y
le había obligado a derruir los Largos Muros. Hacía tiempo que las ciudades-
estado se habían aliado en dos "ligas", la Liga Etolia, que reunía a varias
ciudades al norte del golfo de Corinto, y la Liga Aquea, que reunía a otras
tantas del Peloponeso. Eran dos asociaciones locales de escasa relevancia,
pero en 251 un hombre llamado Arato se puso al frente de la liga Aquea y se
dispuso a hacer de ella un instrumento eficaz.

La Primera Guerra Púnica continuaba en Sicilia sin que ningún bando


mostrara una clara ventaja. Cartago consideró oportuno negociar una paz de
compromiso. Envió una embajada a Roma en la que tomó parte Régulo, quien
prometió volver a Cartago si la embajada fracasaba. En la audiencia ante el
Senado, para espanto de los cartagineses, Régulo dijo que no merecía la pena
salvar a prisioneros como él, que se habían rendido en lugar de morir en la
batalla, y que la guerra debía continuar hasta el fin. Régulo cumplió su palabra
y volvió a Cartago, donde (según los romanos) fue torturado hasta la muerte.
La guerra continuó.

En 250 murió Magas, y con su muerte terminó la independencia de Cirene,


que pasó a formar parte de Egipto nuevamente.
43.Amílcar Barca (250)

En 250, el reino de Qin continuaba el proceso de expansión iniciado años atrás


que le había llevado a apoderarse de media China y a derrocar a la monarquía
Cheu. Por estas fechas se anexionó el pequeño territorio dominado por los
Cheu, con lo que la dinastía fue definitivamente destruida. El rey nombró
canciller a un magnate comercial llamado Lu Buwei. Poco después murió el
monarca y Lu asumió la regencia del sucesor Cheng, menor de edad.

En la India tuvo lugar el Tercer Concilio Budista, en Pataliputra, por iniciativa


del rey Asoka. Parece ser que Asoka se convirtió al budismo. En cualquier
caso, durante su reinado el budismo se expandió más allá de las fronteras de la
India. Según la tradición, Asoka envió misioneros a Bactriana (en el Imperio
Seléucida), a Birmania y Ceilán. A pesar de esto, los Maurya potenciaron
igualmente las otras dos religiones indias: el jainismo y el hinduismo. Los
fundamentos del hinduismo están recogidos en los Vedas, antiquísimos textos
transmitidos oralmente, considerados como una revelación. A ellos se
añadieron los textos correspondientes a la tradición, interpretación humana de
la doctrina revelada. Estos textos fueron adquiriendo su forma definitiva en un
largo periodo que se inicia con el reinado de los Maurya.

El brahmanismo había generado nuevas variantes. Su versión más popular


reconocía una tercera vía para la liberación del alma: la devoción
incondicional hacia alguna de las antiguas divinidades brahmánicas. Los
dioses que contaron con mayor número de adoradores fueron Visnú y Siva. El
budismo, por su parte, empezó a escindirse en dos sectas principales. Una era
conocida como el Gran Vehículo,porque consideraba que el budismo podía
llevar a la salvación a toda la humanidad, y consideraba a Buda como una
divinidad encarnada. Frente a ella estaba el Pequeño Vehículo, más fiel a las
enseñanzas originales de Buda, que reconocía a su doctrina como incompleta
y según la cual la salvación requería una vida monástica.

Ceilán era a la sazón un reino con capital en Anuradhapura, y ese mismo


año se había convertido en rey Tissa, el introductor del budismo. Algo
después de que los cingaleses llegaran a la isla les siguieron los Tamiles, y
actualmente ambos rivalizaban por la hegemonía.

El Imperio Seléucida se desmembraba sin que su rey Antíoco II pudiera hacer


nada para evitarlo: Diódoto, el gobernador de Bactriana, declaró su
independencia y lo mismo sucedió en Partia, donde un caudillo de una tribu
nómada, llamado Arsaces, afirmó también su independencia. Dijo ser
descendiente de Artajerjes II, lo cual era falso sin duda, pero le dio
popularidad entre sus súbditos. De este modo se desgajaron del Imperio dos
extensas regiones, que se sumaban a las que ya se habían segregado los años
anteriores. Por el contrario, las relaciones de Antíoco II con Egipto habían
mejorado, hasta el punto de que repudió a su esposa Laódice para casarse
con Berenice, hermana de Ptolomeo III. Ese año murió Nicomedes I de
Bitinia y fue sucedido por Ziaelas. El trono del Ponto fue ocupado
por Mitrídates II,que tuvo que hacer frente a los gálatas (los galos que se
habían asentado en Asia Menor).

Por esta época destacaba en Alejandría el matemático Apolonio, de Perga,


una ciudad costera de Asia Menor. Destacan sus estudios sobre las secciones
cónicas. También estaba Ctesibio, que usó agua y chorros de aire para mover
máquinas. Construyó un reloj de agua en el que un chorro iba levantando un
flotador cuya altura marcaba la hora. Pero la figura más notable de la época
era a la sazón el director de la biblioteca: Eratóstenes, de Cirene, quien
calculó nada menos que el radio de la Tierra. En efecto, le llegó la noticia de
que en Siena, una ciudad cercana, más al sur, el día del solsticio de verano (el
21 de junio) el Sol se hallaba a mediodía justo en el zenit (las columnas no
producían sombra alguna). Esto se debía a que la ciudad estaba justo sobre el
trópico de Cáncer. Por otra parte, observó que ese día en Alejandría no ocurría
lo mismo, sino que los palos producían una pequeña sombra. Entendió que
esto sólo podía deberse a la curvatura de la Tierra, de modo que mandó medir
la distancia entre las dos ciudades y, junto con la medida de un palo y la de su
sombra, calculó que la Tierra es una esfera de 40.000 kilómetros de
circunferencia, una cifra casi exacta.

Había otro genio griego, amigo de Eratóstenes, pero no vivía en Alejandría,


sino en su ciudad natal, Siracusa. Era pariente del rey Hierón II. Se
llamaba Arquímedes, realizó importantes descubrimientos matemáticos,
sobre el cálculo de áreas y volúmenes, obtuvo una aproximación del número
pi con 10 decimales exactos, pero sus avances en física tuvieron mucha más
fama. Descubrió la sencilla fórmula matemática que regula la palanca y
comprendió que no había ningún límite teórico a su posibilidad de multiplicar
las fuerzas, lo que le llevó a exclamar: "Dadme un punto de apoyo y moveré el
mundo". Se cuenta que Hierón II le retó a mover algo grande. Arquímedes
eligió un barco situado en el muelle y lo llenó de carga y pasajeros. Construyó
un complicado sistema de poleas y con él sacó el barco del agua sin ayuda de
nadie.

Más famosa es la historia de la corona. Se cuenta que Hierón II encargó a


Arquímedes que descubriera si una corona de oro que había encargado a un
joyero era auténtica o si el joyero había empleado otros metales para
abaratarla. Para ello Arquímedes necesitaba conocer el peso y el volumen. Lo
primero era fácil, lo segundo no (el rey no estaba dispuesto a fundir su
corona). Un día Arquímedes observó cómo el agua se desbordaba de su
bañera al introducirse él, y comprendió que el agua desplazada debía tener el
mismo volumen que la parte sumergida de su cuerpo, así que podía determinar
el volumen de la corona metiéndola en un recipiente con agua hasta el borde y
recogiendo el agua desbordada. Se cuenta que salió del baño
gritando ¡Eureka! (lo encontré) y, en su euforia por contarle su idea al rey, se
olvidó de vestirse.

Mientras tanto, Roma y Cartago seguían en guerra. En 249 Roma dispuso de


una nueva flota y la envió contra Lilibeo bajo el mando de Publio Claudio
Pulcro (el hermoso), hijo menor de Claudio el Ciego y hermano de Apio
Claudio Caudex. En lugar de mantener el asedio a Lilibeo, Claudio decidió
atacar a la flota cartaginesa, que estaba en Drepanum, algo más al norte.
Como era habitual en la época, en las naves iban sacerdotes encargados de
dictaminar si los augurios eran buenos, para lo cual se basaban en el
comportamiento de unos pollos. Los pollos no querían comer, lo cual era muy
mala señal, pero Claudio demostró su opinión acerca de tales sandeces
arrojando los pollos al mar. "Si no quieren comer, que beban", dijo. Pero si él
no era supersticioso, sus hombres sí que lo era, así que su sacrilegio debió de
causar no poca inquietud. El caso es que los cartagineses vieron venir a la
flota romana, cuando Claudio confiaba en un ataque por sorpresa. Su flota fue
destruida y a él se le impuso una pesada multa por traición. Poco después se
suicidó.

Finalmente, los cartagineses encontraron a un excelente general. Se


llamaba Amílcar Barca y, con tan sólo 22 años, fue puesto al mando de los
ejércitos sicilianos en 248. Trató de llevar la guerra a Italia, y durante dos años
dirigió ataques contra las costas de la península. En 246 tomó Panormo
(Palermo) por sorpresa y continuó haciendo incursiones por Sicilia. Lilibeo
resistía mejor que nunca.

Ese mismo año murió el rey parto Arsaces I, y fue sucedido por su
hermano Tirídates, que estableció su capital en Dara y luego
en Hecatómpilos. Bajo su reinado Partia extendió sus fronteras. También
murió Ptolomeo II, y fue sucedido por su hijo Ptolomeo III. Poco después
murió Antíoco II. Su primera esposa, Laódice, se las arregló para envenenar a
su exmarido, asesinar después a Berenice junto al hijo de ésta, y poner en el
trono a su propio hijo, que pasó a ser Seleuco II. Inmediatamente Ptolomeo
III inició la Tercera Guerra Siria para vengar a su hermana, y llegó a
conquistar Mesopotamia. Se cuenta que la esposa de Ptolomeo III, una
princesa cirenaica llamada también Berenice, decidió cortarse el pelo y
depositarlo en un templo de Afrodita como ofrenda para que los dioses
protegieran a su marido. Un día, la cabellera desapareció y, para consolar a la
reina (o tal vez para evitar que rodaran cabezas cuando volviera Ptolomeo III),
un astrónomo griego le explicó que la cabellera no había sido robada
sacrílegamente, sino que los dioses habían aceptado la ofrenda y la habían
depositado en el cielo y, en efecto, le señaló una constelación "nueva" que
desde entonces es conocida como la Cabellera de Berenice (Coma Berenices,
en la nomenclatura latina posterior).

En 245 subió al trono de Esparta un rey revolucionario. Se llamaba Agis


IV. Trató de imponer un nuevo orden y sugirió que la tierra fuera redistribuida
entre 4.500 ciudadanos, entre los cuales incluía a los periecos (pero no a los
ilotas). Sin embargo, una buena parte de Esparta no aceptaba estas ideas, y
logró el apoyo del otro rey, Leónidas II.

En 242 Arato había logrado unir a casi todo el Peloponeso en la Liga Aquea.
Faltaba Esparta, con la que no se podía contar, y Corinto. Con unos pocos
soldados, realizó una hábil incursión con la que logró tomar el Acrocorinto (la
fortaleza de la ciudad), expulsó a la guarnición macedónica y logró la
adhesión de los corintios a la Liga. Este año murió Alejandro II de Épiro.
Estaba casado con su hermana Olimpia, que continuó como regente del reino.
Por esta época, un ilirio llamado Agrón, que era jefe de un grupo de bandidos,
se proclamó rey de Iliria, independizando así su territorio de Macedonia.

Mientras tanto Roma había construido una nueva flota, con la que derrotó a la
flota cartaginesa y privó de suministros a Amílcar, que no tardó en
comprender que no estaba en condiciones de seguir luchando. En 241 Amílcar
firmó la paz, con lo que puso fin a la Primera Guerra Púnica. Cartago se vio
obligada por primera vez a abandonar completamente Sicilia, que pasó a
manos de Roma, salvo Siracusa, que siguió gobernada por Hierón II, aliado de
Roma. Además Cartago tuvo que pagar una pesada indemnización.
Roma se encontró así en una situación nueva. Hasta entonces, los territorios
conquistados estaban habitados mayoritariamente por pueblos italianos (con
unos pocos griegos) con una cultura y una lengua afines. Roma no tuvo
excesiva dificultad en vender la idea de una "confederación italiana", aunque
ella era la única con poder decisorio en última instancia. En cambio, en Sicilia
había una mezcla de griegos, cartagineses y tribus nativas, que poco tenían
que ver con la cultura italiana. Por ello un nuevo sistema de gobierno fue
inaugurado. El territorio fue considerado como un botín de guerra,
encomendado a un nuevo funcionario encargado de las "tareas de gestión de la
victoria" (en latín, provincia). Con el tiempo, la palabra "provincia" fue
aplicada al territorio mismo. El funcionario fue llamado pretor, (algo así como
presidente, el nombre que antiguamente se había dado a los cónsules).

Ptolomeo III regresó de Babilonia. Comprendió que no estaba en condiciones


de afirmar sus conquistas, así que decidió abandonar Mesopotamia y conservó
únicamente las posiciones de Siria y Canaán que juzgó le podían ser útiles. A
su paso por Jerusalén hizo una ofrenda en el templo siguiendo los ritos judíos.
Los Ptolomeos siempre tuvieron muy clara la importancia de contentar a todos
sus súbditos en cuestiones religiosas. El rey se llevó a Egipto algunas estatuas
y objetos religiosos que Cambises había tomado siglos antes, por lo que los
agradecidos egipcios le concedieron el sobrenombre de Ptolomeo
Evergetes (el benefactor). Ptolomeo III usó su potencial bélico también en
Nubia, donde hacía siglos que no se conocía el dominio egipcio. Durante su
reinado, la biblioteca de Alejandría llegó a albergar 400.000 volúmenes. El
rey ordenó que todos los viajeros que llegaran a la ciudad prestasen sus libros
para ser copiados.

Seleuco II tenía un hermano, Antíoco, que aprovechó los disturbios causados


por Ptolomeo III para apoderarse de Asia Menor. Muchas ciudades griegas de
la zona lograron igualmente la independencia. Los dos hermanos se
encontraron en Ancira. Antíoco se había aliado con Mitrídades II, el rey del
Ponto y entre ambos derrotaron a Seleuco II. Luego Mitrídates II se casó con
la hermana de Antíoco, que le dio como dote Capadocia, de modo que
Mitrídates II vio multiplicada la superficie de su reino. Entre tanto murió
Eumenes I de Pérgamo, y fue sucedido por Atalo I. Al mismo tiempo, el rey
espartano Leónidas II logró llevar a juicio a Agis IV, que terminó siendo
ejecutado. También murió este año el rey de Macedonia Antígono I Gonatas.
Fue sucedido por su hijo Demetrio II, que se casó con Olimpia, la hermana y
viuda de Alejandro II de Épiro, de modo que Épiro fue anexionado a
Macedonia. El nuevo rey tuvo que enfrentarse a la Liga Etolia y se alió con el
rey Agrón de Iliria.

La derrota de Cartago frente a Roma le había ocasionado serios problemas con


sus soldados mercenarios, a los que no podía pagar. Una parte de ellos estaba
en África, y en 240 ocuparon las ciudades de Útica e Hipona, devastaron los
campos y llegaron a asediar la misma Cartago. Amílcar reunió a todos los
hombres leales que pudo hallar y se dispuso a hacerles frente. El norte de
África, desde el actual Marruecos hasta Libia, estaba poblado por tribus
nómadas llamadas bereberes. Había muy poca cohesión y abundantes
disputas entre ellas, pero se unían rápidamente ante cualquier amenaza
exterior. Las tribus bereberes que poblaban el oeste de Cartago eran
los númidas, que formaban dos tribus, los masilios y los masesilios. Eran
excelentes jinetes, y Amílcar logró que muchos de ellos entraran en sus filas.
Al mismo tiempo, otro grupo de mercenarios se rebeló en Cerdeña. Éstos
observaron con preocupación cómo Amílcar iba reduciendo poco a poco a los
rebeldes de África, y comprendieron que en cuanto la situación allí estuviera
dominada, Amílcar pasaría a Cerdeña. Por ello en 239 solicitaron la
protección de Roma. Una vez más, Roma aceptó la petición de ayuda y envió
tropas a Cerdeña. Cartago protestó con todo derecho, pues esto era una
violación del tratado de paz, pero Roma declaró la guerra a Cartago y exigió
como condición para anularla que Cartago cediera no sólo Cerdeña, sino
también Córcega. Los cartagineses, indignados, no tuvieron más remedio que
aceptar este abuso, y Roma se apropio de las islas, si bien tuvo que iniciar una
larga campaña de luchas contra las tribus locales.

En 238 cumplió 21 años el rey Cheng de Qin, que relevó de la regencia al


canciller Lu, que permanece como consejero, pero en 237 es sucedido por Li
Si, que iba a diseñar la política china de las próximas décadas.

Ese mismo año Amílcar logró derrotar definitivamente a los mercenarios que
amenazaban Cartago. A partir de entonces pudo planear la reconstrucción de
su país. Roma había expulsado a Cartago de Sicilia y después le había
arrebatado Córcega y Cerdeña. Con esto, Cartago había perdido toda
influencia sobre el Mediterráneo y el comercio, la base de su prosperidad, se
veía amenazado de muerte. Esto produjo un enfrentamiento entre los
gobernantes de Cartago y Amílcar. La oligarquía que gobernaba Cartago vivía
del comercio, por lo que era partidaria de evitar en el futuro cualquier
confrontación con Roma y tratar de recuperarse cuanto antes de los estragos
de la guerra. En cambio, Amílcar odiaba a Roma con todo su ser, pues si bien
había vencido a Cartago honorablemente, luego la había extorsionado
rompiendo todos los acuerdos en su beneficio. Ambas partes llegaron a un
acuerdo. Amílcar persuadió al senado cartaginés para que le pusiera al frente
de una expedición a España. Allí Cartago tenía unas pocas colonias, pero
Amílcar planeaba extender la influencia cartaginesa sobre toda la costa y
también en el interior. Su idea era reclutar y entrenar allí un ejército con el que
poder atacar a Roma, aunque se guardó muy bien de revelar estos planes. El
senado cartaginés aceptó con gusto la idea de que Amílcar se alejara de
Cartago. Tal vez muriera en España antes de que pudiera volver. Amílcar
partió acompañado por su yerno Asdrúbal y su hijo Aníbal, de nueve años de
edad. El plan inicial de Amílcar había sido dejar a su hijo en Cartago, pero
éste le imploró que le llevara con él, a lo cual Amílcar accedió a condición de
que el niño jurara enemistad eterna hacia Roma. Estableció su base
en Gades (la actual Cádiz), desde donde ocupó fácilmente varios poblados del
valle del Guadalquivir, pero luego se encontró con la firme oposición de
los turdetanos, descendientes de los tartesios, según la tradición. Su
caudillo Istolacio formó un gran ejército de celtas e íberos, pero Amílcar
venció y mandó ejecutar a Istolacio. Esto no dio fin a la resistencia turdetana.
Otro caudillo, llamado indortes, consiguió el apoyo de los vetones y
los lusitanos y, comprendiendo que no podían detener a los cartagineses en
los terrenos llanos, ofrecieron resistencia desde las montañas, probablemente
en Sierra Morena.

En 235 Atalo I de Pérgamo se enfrentaba definitivamente a los galos, que


todavía continuaban sus pillajes por Asia Menor. Desde esta fecha, los galos
permanecieron en Galacia, donde no tardaron en civilizarse. Atalo I hizo
esculpir una estatua en Atenas en conmemoración de su victoria. Se
llamaba El galo moribundo, aunque a veces se la conoce por el título erróneo
de El gladiador muerto. Es una de las muestras más famosas del arte de la
época que se conserva en la actualidad.

Los gálatas establecieron un sistema de gobierno muy diferente de la


monarquía, más acorde con las tradiciones galas. El territorio estaba dividido
en tres regiones, correspondientes a tres tribus galas que habían entrado en
Asia Menor. Cada una de ellas estaba gobernada por cuatro tetrarcas.

Ese año murió el rey Diódoto I de Bactriana, y fue sucedido por su


hijo Diódoto II que, aliado con el rey parto Tirídates, frustró el intento de
Seleuco II de recuperar lo que había sido la parte oriental del Imperio.
También murió el rey de Esparta Leónidas II y fue sucedido por su
hijo Cleomenes III. Éste se había casado con la viuda de Agis IV, y decidió
continuar su proyecto, pero comprendió que primero necesitaba afirmar su
autoridad. Reunió cuantos hombres pudo y se enfrentó a la Liga Aquea en una
serie de batallas de las que salió siempre victorioso.

En 232 los romanos eligieron tribuno de la plebe a Cayo Flaminio, que logró
imponer una distribución de tierras en favor de los más pobres, pese a la
oposición de los senadores y, en particular, de su propio padre. Estimuló la
creación de juegos para los plebeyos y trató de disuadir a los senadores de
todo interés por el comercio (donde podían ejercer muchas formas de
competencia desleal sobre los menos poderosos). Entre tanto Amílcar había
sitiado a Indortes, que fue capturado y asesinado cuando trató de romper el
cerco. Ahora Amílcar dominaba el sur de España y logró engrosar su ejército
con indígenas.
En 231 Roma había sometido finalmente a los nativos de Córcega y Cerdeña,
y convirtió a ambas islas en su segunda provincia, después de Sicilia. Por
primera vez desde el reinado de Numa Pompilio, las puertas del templo de
Jano estuvieron cerradas, en señal de que Roma no mantenía guerra alguna.
Sin embargo contemplaba con recelo los éxitos de Amílcar en España, que,
tras haber afianzado el sur, se estaba ocupando de la costa oriental. Puesto que
no tenía motivos para actuar, se limitó a enviar una embajada con la intención
de intimidar a Amílcar, cosa que no logró. Amílcar fundó la ciudad de Akra
Leuké, cerca de la actual Alicante, y la convirtió en la base de sus
operaciones.

Ese mismo año, el rey Agrón de Iliria, que ya había conquistado varias
ciudades de Épiro, realizó una incursión por el Peloponeso. Al año siguiente,
en 230, ayudó a Demetrio II de Macedonia a levantar el sitio que los etolios
habían impuesto a la ciudad macedónica de Medione, pero murió
inmediatamente después de esta victoria.

44.La Liga Aquea (230)

En 230, Atalo I de Pérgamo asumió el título real. Fue un gran protector de la


cultura helenística. Amplió la biblioteca de Pérgamo y adornó la ciudad con
muchos monumentos, entre los que destaca el gigantesco altar de Zeus, cuyo
friso, de 200 metros de longitud, representa el combate de los dioses contra
los titanes, símbolo de la lucha del helenismo contra los bárbaros gálatas.
Mientras tanto, el reino de Iliria estaba gobernado por Teuta, la viuda del
recientemente fallecido rey Agrón. La escarpada costa iliria se había
convertido en un nido de piratas que operaban por todo el Adriático con la
connivencia de la casa real, para desesperación de los comerciantes griegos.
Además Teuta mantuvo la alianza que su marido había establecido con
Demetrio II de Macedonia, lo que le permitió atacar Épiro, donde mató a unos
mercaderes itálicos establecidos en la capital, Fenice. Tras este incidente, los
griegos consideraron que era el momento idóneo de pedir a Roma que les
ayudara a erradicar la piratería iliria. Roma envió dos embajadores a Iliria,
pero Teuta hizo asesinar a uno de ellos.

En 229 murió Demetrio II de Macedonia. Su hijo tenía doce años, así que el
trono fue ocupado por su tutor Antígono II. Mientras tanto, Demetrio de
Faros, uno de los generales de Teuta, conquistó la isla de Corcira. Sin
embargo, la prosperidad de Iliria no podía durar mucho. Ese mismo año
llegaron a sus costas 200 barcos romanos dispuestos a pedir cuentas a la reina.
Tras una fácil victoria, Teuta tuvo que comprometerse a no salir del Adriático
más allá de Lisos. Demetrio de Faros negoció independientemente con los
romanos, les cedió Corcira y, a cambio, Roma lo impuso como gobernador de
una parte de Iliria. Además Roma estableció su protectorado sobre varios
puntos de la costa (Partinia, Atintania, Epidamno, Apolonia, Orico y Corcira).
Los griegos se mostraron agradecidos ante los romanos. Hasta les permitieron
participar en algunas fiestas religiosas, signo de que consideraban a los
romanos un pueblo civilizado al par de los griegos. También murió el rey
Zialeas de Bitinia, y fue sucedido por su hijo Prusias I.

En 228 murió Amílcar Barca. Había sitiado la ciudad de Helice (tal vez la
actual Elche), pero un caudillo oretano llamado Orissón acudió a liberarla,
Amílcar tuvo que huir y murió ahogado en un río a los 42 años de edad. El
gobierno de las tropas cartaginesas en España pasó a manos de Asdrúbal,
quien reorganizó el ejército con mercenarios indígenas y contingentes
africanos. Mediante una política conciliadora consolidó los territorios
ocupados por su suegro Amílcar. Mientras tanto, Atenas lograba expulsar a la
guarnición macedónica que la ocupaba y se incorporó a la Liga Aquea, que
llegó entonces a la cumbre de su poder. Sin embargo, no pudo impedir que el
rey Cleomenes III de Esparta obtuviera una victoria tras otra. Sin embargo, el
rey estaba más interesado en ganar prestigio que en aprovechar sus victorias.
En 226 consideró que su autoridad en Esparta no tendría ya discusión, así que
volvió a la ciudad, hizo ejecutar a los éforos y puso en práctica las reformas
económicas que había planeado Agis IV.

Seleuco II estaba teniendo cierto éxito frente a los partos, pero tuvo que
abandonar ante un ataque de su hermano Antíoco en Asia Menor. Antíoco fue
derrotado y muerto, y a continuación Seleuco se dispuso a atacar a Atalo I de
Pérgamo, pero murió durante los preparativos. Fue sucedido por su
hijo Seleuco III, quien se dispuso a continuar los planes de su padre frente a
Pérgamo.

Asdrúbal seguía avanzando hacia el norte, y esto inquietó a dos colonias


griegas de la costa mediterránea: Sagunto y Massalia (la actual Marsella).
Ambas habían firmado una alianza con Roma, así que apelaron a ella y Roma
envió una embajada a Asdrúbal, por la que éste se vio obligado a aceptar que
la expansión cartaginesa no superaría el río Íbero (el Ebro) y que se respetaría
la independencia de Sagunto (pese a que quedaba más al sur del Ebro).
Asdrúbal consideró que el acuerdo le dejaba suficiente margen de maniobra.
En 225 fundó una nueva ciudad al sur de Alicante, a la que llamó Nueva
Cartago. Los romanos tradujeron el nombre a Cartago Nova, la actual
Cartagena.
Mientras tanto unas tribus galas cruzaron los Alpes, y en alianza con sus
parientes de la Galia Cisalpina se lanzaron sobre Etruria, y llegaron hasta la
ciudad de Clusium. Roma envió al norte a Cayo Flaminio, que no era muy
buen general, y en un primer encuentro fue derrotado. Tuvo que recibir
muchos refuerzos para conseguir finalmente una victoria.

En 224 un terremoto destruyó el coloso de Rodas. Posteriormente los griegos


exageraron su tamaño. Dijeron que se había apoyado sobre los dos extremos
del puerto, de modo que los barcos pasaban entre sus piernas, pero lo cierto es
que no había sido tan grande. Ese año el rey espartano Cleomenes III
consideró que Esparta estaba en condiciones de reclamar de nuevo el dominio
del Peloponeso. Partió nuevamente y derrotó a los ejércitos de la Liga Aquea,
capturando y saqueando Megalópolis. También capturó Argos, mientras
Corinto y otras ciudades se rindieron y entablaron una alianza con Esparta.
Esto era el fin de la Liga Aquea, pero Arato prefirió entregarla a Macedonia
antes que a Esparta. Apeló a Antígono II, quien le impuso unas condiciones
que prácticamente equivalían a una rendición: Arato renunciaba al liderazgo
de la Liga Aquea en favor de Antígono II, Corinto debía ser entregada a
Macedonia y, además, la Liga Aquea debía apoyar en todo momento las
acciones de Macedonia.

En 223 Seleuco III estaba combatiendo contra Atalo I de Pérgamo, pero fue
asesinado por uno de sus oficiales, y el Imperio Seléucida pasó a manos de su
hermano Antíoco III.

En 222 Antígono II, al frente de su propio ejército macedónico más el de la


Liga Aquea y en alianza con el ilirio Demetrio de Faros, descendió hacia el
sur y encontró al ejército espartano en Selasia, a unos ocho kilómetros al norte
de Esparta. Aunque los espartanos lucharon como en los viejos tiempos, su
enemigo era muy superior, y fueron derrotados. Además, esta vez Esparta no
contó con la milagrosa suerte que le había salvado en ocasiones similares.
Antígono II ocupó la ciudad, restauró a los éforos y obligo a Esparta a
incorporarse a la Liga Aquea. Cleomenes III tuvo que refugiarse en Egipto.

Cayo Flaminio dirigió una nueva campaña por la que la Galia Cisalpina quedó
finalmente sometida a Roma. Ahora toda la península italiana hasta los Alpes
estaba bajo el dominio romano.

En 221 Antígono II murió en una batalla contra los ilirios, y el trono de


Macedonia pasó a Filipo V, el hijo de Demetrio II. También murió Ptolomeo
III, que fue sucedido por su hijo Ptolomeo IV. En España, Asdrúbal murió a
manos de un esclavo del rey celta Tago, que quiso vengar a su señor,
ejecutado por orden de Asdrúbal. A su muerte el dominio cartaginés llegaba
hasta las actuales Salamanca y Zamora. El mando de los ejércitos cartagineses
pasó a Aníbal, el hijo de Amílcar, que a la sazón contaba con 26 años de edad.
Pero el suceso más notable ocurrido ese año tuvo lugar en la lejana China,
donde el reino de Qin conquistó el de Qi, con lo que toda la China civilizada
quedó unida bajo el rey Cheng. En este momento, el monarca decidió cambiar
su nombre por el de Qin Shi Huang Di, que podría traducirse por "Primer
divino emperador de China". El emperador afirmaba que la dinastía que él
inauguraba iba a gobernar China durante 10.000 generaciones. Modificó la
religión para establecer que el emperador no sólo estaba por encima de todos
los chinos, sino también por encima de todos los dioses chinos. Por si los
dioses no le ayudaban lo suficiente, tomó las medidas necesarias para
desarticular completamente el sistema feudal anterior. Los campesinos
dejaron de ser arrendatarios, para convertirse en propietarios que pagaban un
impuesto fijo. Las antiguas divisiones territoriales fueron abolidas, y se
establecieron otras nuevas. El imperio quedó dividido
en comandancias o prefecturas subdivididas a su vez en distritos. Al frente de
cada comandancia había un gobernador civil, un gobernador militar y
un inspector, todos ellos funcionarios cuyos cargos no eran hereditarios, sino
que podían ser nombrados y cesados en cualquier momento por la cancillería
imperial. La capital del Imperio se estableció en Xiang Yang (en la parte
oriental del antiguo estado de Qin). La imponente maquinaria burocrática de
Qin se aplicó a toda China. Esto no sólo incluía el estricto código legislativo,
sino también todo el sistema de pesos y medidas y las monedas. Una de las
iniciativas más importantes para la unificación fue la simplificación y la
normalización de la escritura, que presentaba variantes en las distintas
regiones. El emperador se hizo construir un suntuoso palacio que reflejaba las
ideas de la época sobre cómo era la morada de los dioses. Además se dedicó a
recorrer todo su dominio, en parte para ganarse el respeto de sus súbditos, en
parte para relacionarse con los dioses locales del Imperio. Según decía, en las
regiones costeras le resultaba más fácil comunicarse con sus colegas divinos.

En 220 Cayo Flaminio fue elegido censor, e inició la construcción de la que se


llamaría via Flaminia, un camino que uniría Roma con el norte para que los
soldados pudieran acudir rápidamente en caso de necesidad. Cuando fue
terminada, la via Flaminia cruzaba oblicuamente Italia a través de los
Apeninos y llegaba a las costas del Adriático, en la frontera con la Galia
Cisalpina.

Ese año murió el rey Mitrídates II del Ponto y fue sucedido por su
hijo Mitrídates III. Por esta época Capadocia se independizó del Ponto bajo
su rey Ariarates IV. También murió Diódoto II de Bactriana,
pero Eutidemo, el sátrapa de Sogdiana (antigua satrapía persa que ahora
formaba parte de Bactriana) desposeyó a su descendencia y usurpó el trono.
Bajo su reinado Bactriana extendió sus fronteras hacia la India.

En Egipto sucedió un triste incidente. Mientras Ptolomeo III había recibido


bien al rey espartano Cleomenes III, su hijo debió de verlo como un estorbo y
lo tuvo virtualmente arrestado en Alejandría. Aprovechando que Ptolomeo IV
estaba ausente de la ciudad, Cleomenes se escapó, y luego trató de sublevar a
los griegos de Alejandría contra el rey, pero aunque hablaba de libertad, del
antiguo prestigio de Grecia y de cosas similares, la gente no vio en él más que
a un viejo loco. Al año siguiente se suicidó.

45.Aníbal (220)

Aníbal Barca se había criado en España desde los nueve años. Su padre había
sido un magnífico estratega y le había enseñado cuanto sabía, a la vez que le
había inculcado un odio visceral a los romanos. Cuando se puso al frente de
las tropas cartaginesas en España, los soldados lo aclamaron, pues había
crecido entre ellos, todos le querían y conocían sus cualidades. Asdrúbal le
había preparado un magnífico ejército. Contaba con una firme infantería íbera,
con jinetes númidas, con honderos de las islas Baleares, capaces de arrojar
piedras o bolas de plomo con más precisión que los arqueros, y también
contaba con algunos elefantes norteafricanos. No eran los grandes elefantes
centroafricanos, sino otros más pequeños, poco mayores que un caballo. En
estas condiciones, Aníbal se propuso realizar el sueño de su padre: derrotar a
Roma. El mayor inconveniente al que tenía que enfrentarse era Cartago. Los
gobernantes de Cartago no querían ni pensar en un enfrentamiento con Roma.
Eran comerciantes y lo que querían era comerciar. Pero Aníbal supo cómo
tratar a Cartago.

En 219 asedió Sagunto y exigió su rendición. Los saguntinos apelaron a


Roma, que envió mensajeros a Aníbal inmediatamente para recordarle que
estaba violando el tratado firmado por Asdrúbal. Aníbal trató a los romanos de
forma deliberadamente insultante, y les invitó a llevar sus quejas a Cartago,
con la esperanza de que los romanos airados declararan inmediatamente la
guerra, pero para su disgusto aceptaron su sugerencia y se dirigieron a
Cartago. Aníbal envió sus propios mensajeros a Cartago, que se adelantaron a
los romanos, y trataron de lograr el máximo apoyo posible a la guerra, a la vez
que entorpecieron al máximo las conversaciones entre Roma y Cartago.

Éstas no fueron muy ágiles, porque al mismo tiempo Roma había iniciado una
segunda campaña contra la piratería iliria, bajo la dirección del cónsul Lucio
Emilio Paulo (el pequeño). En su primera campaña, Roma había dejado parte
de Iliria bajo el gobierno de Demetrio de Faros, pero éste consintió que los
piratas siguieran dominando el Adriático. Aprovechando la llegada de los
romanos la reina Teuta atacó a Demetrio, pero finalmente Paulo arrasó Faros
y Demetrio se vio obligado a huir a Macedonia. La campaña de Paulo puso fin
definitivamente a la piratería iliria.

Una disputa entre la Liga Aquea y la Liga Etolia indujo a Filipo V de


Macedonia a enfrentarse a los etolios. El rey demostró ser un excelente
general y la campaña le valió para imponer una monarquía absoluta sobre
Macedonia.

En 218, tras ocho meses de asedio, Sagunto cayó, y se produjeron los


habituales saqueos, que Aníbal no trató de frenar para encolerizar a los
romanos. Confiscó el tesoro de la ciudad y lo envió a Cartago. El caso fue que
cuando Roma planteó el ultimátum: guerra o paz, los cartagineses,
enardecidos por la victoria de Aníbal y satisfechos con el oro, respondieron a
los romanos que eligieran ellos. La elección fue la guerra, y así comenzó
la Segunda Guerra Púnica.

Aníbal salió de Cartagena con 90.000 soldados de infantería, 12.000 de


caballería y algunos elefantes. Dejó a su hermano Asdrúbal en España al
mando de otros 15.000 hombres. Avanzó hacia el norte. Sus hombres
terminaron dándose cuenta del objetivo: se dirigían a Italia. Aníbal permitió
desertar a los más temerosos, para que su miedo no se contagiara al resto.
Mientras tanto, Roma, desconocedora de los planes de Aníbal, envió tropas a
España, bajo el mando de Publio Cornelio Escipión. Cuando desembarcó, se
enteró de que Aníbal estaba cerca del Ródano, así que volvió a embarcar para
dirigirse al norte. Cuando llegó a la desembocadura del Ródano supo que
Aníbal había avanzado a lo largo del río para alejarse de él, y que se dirigía a
toda prisa hacia los Alpes. Escipión no trató de seguirlo, pues cruzar los Alpes
era una locura. En su lugar, envió a su hermano Cneo a España mientras él
volvía a Italia, dispuesto a esperar a Aníbal al otro lado de los Alpes, si es que
llegaba.

Aníbal tardó quince días en cruzar los Alpes. Tuvo que librar dos batallas
contra los galos y ganó ambas, aunque con muchas pérdidas. Se acercaba el
invierno y sus hombres tuvieron que soportar el frío y la nieve. Cuando llegó
al norte de Italia, sus tropas se habían reducido a unos 26.000 hombres.
Carecía de bases, líneas de comunicación o de reservas. Su empresa parecía
un suicidio. Escipión le estaba esperando junto al río Tesino. Allí se produjo
un enfrentamiento entre las caballerías en el que los romanos resultaron
derrotados. El mismo Escipión fue herido y al parecer habría muerto si su hijo
no le hubiera salvado la vida. Escipión logró retirar su ejército al otro lado del
Po y se replegó al este del río Trebia. Allí esperó la llegada del otro
cónsul, Tiberio Sempronio Longo (el largo), que traía su propio ejército.
Aníbal no estaba dispuesto a mantener otra pequeña escaramuza con los
romanos. Quería un combate en serio, así que esperó al oeste del Trebia y no
trató de impedir que los dos ejércitos se unieran. Escipión comprendió que
Aníbal era peligroso, y fue partidario de retirarse, pero Sempronio no estaba
dispuesto a aceptar tal deshonra. Aníbal envió un destacamento de caballería
al otro lado del río, los romanos atacaron y, tras una breve resistencia, los
cartagineses huyeron. Los romanos los siguieron de cerca y su infantería se
lanzó tras ellos a través del río. Era invierno y el agua estaba helada. Los
romanos llegaron a la otra orilla ateridos de frío, mientras allí les esperaba un
ejército seco y en plenas condiciones. Las legiones romanas lucharon con su
profesionalidad y lograron abrirse paso entre las líneas de Aníbal, pero no
pudo resistir la carga de la caballería y los elefantes. Además Aníbal había
ocultado dos mil hombres al mando de su hermano menor, Magón, que
atacaron a los romanos por la retaguardia en el momento oportuno. Parte del
ejército romano pudo salvarse, pero a costa de grandes pérdidas. Roma
conservó dos guarniciones en la Galia Cisalpina, pero tuvo que abandonar el
resto, ya que los galos, recientemente sometidos, se unieron con júbilo a los
cartagineses, con lo que Aníbal compensó con creces las pérdidas que había
sufrido al cruzar los Alpes.
Tras la batalla, Aníbal acampó para pasar el invierno, y los romanos lo
dejaron tranquilo mientras reconstruían sus legiones. Cneo Cornelio Escipión
fue enviado a Emporion (Ampurias) para atacar la base de abastecimientos de
Aníbal y evitar así que pudiera recibir refuerzos. Descendió por la costa y se
encontró con los cartagineses en Cissa (Tarragona). Allí, el
general Hannón se había aliado con Indíbil,caudillo de los ilergetes, que
poblaban la actual Lérida, pero fue derrotado por Escipión.

Antíoco III había sofocado algunas rebeliones propias del cambio de rey, y
luego declaró la guerra a Ptolomeo IV. Así se inició la Cuarta Guerra
Siria. Al principio tuvo una cierta ventaja, pero en 217 se enfrentó al grueso
del ejército egipcio encabezado por el propio Ptolomeo IV. El combate tuvo
lugar en Rafia, junto a la frontera egipcia. Los elefantes asiáticos de Antíoco
III se enfrentaron a los africanos de Ptolomeo IV. Los africanos eran más
grandes, pero menos dóciles. Hasta entonces, los ejércitos ptolemaicos habían
estado formados únicamente por griegos, pero, ante la amenaza seléucida,
Ptolomeo IV había formado una falange de 20.000 egipcios nativos. También
contaba con un buen número de mercenarios gálatas y tracios. Con estos
efectivos, Ptolomeo IV ganó la batalla.

La derrota le reportó numerosos problemas a Antíoco III, que tuvo que


enfrentarse durante unos años a una revuelta en Asia Menor. Por su parte,
Ptolomeo IV debió de pensar que Egipto quedaba libre de todo peligro y
descuidó las labores de gobierno en manos de sus ministros. Entre sus
aficiones estaba la de construir barcos gigantescos, sin ningún valor práctico a
causa de su nula capacidad de maniobra. El mayor que llegó a tener medía
unos 130 metros de largo y tenía cuatro mil remos.

Publio Cornelio Escipión fue enviado a España para ayudar a su hermano, y


también Aníbal mandó a España a su hermano Magón para ayudar a Asdrúbal.
Mientras tanto él condujo a su ejército por los Apeninos hasta las cercanías
del lago Trasimeno, en Etruria. El camino no fue fácil, se perdieron todos los
elefantes menos uno. Invirtieron cuatro días en cruzar una marisma, lo que
desencadenó una epidemia de peste. Aníbal perdió la vista en un ojo a causa
de la infección. Roma envió contra él un ejército mayor que el anterior, al
mando de Cayo Flaminio.

Junto al lago Trasimeno, Aníbal observó un estrecho sendero que corría por el
margen de una colina. Colocó a todos sus hombres tras la colina y esperó. El
ejército romano llegó a la mañana siguiente a lo largo del camino. Aníbal
lanzó sus tropas colina abajo, pilló completamente desprevenidos a los
romanos, desparramados en una larga, débil y delgada línea, y el resultado fue
una matanza.

Sin embargo, pese a la victoria, Aníbal sufrió un fuerte revés. Su esperanza


era levantar a toda Italia en contra de Roma. Ciertamente, los galos del norte
se le habían unido en cuanto hubo derrotado a Escipión, pero los etruscos no
hicieron lo mismo tras la segunda victoria. Permanecieron fieles a Roma,
aunque Aníbal decidió liberar a todos los prisioneros italianos. Aníbal debió
de pensar que necesitaba otra victoria más.

Filipo V se interesó mucho por lo que estaba sucediendo en Italia y se


apresuró a firmar la paz con los etolios. Quería tener las manos libres para
intervenir en el momento oportuno.

Roma estaba aterrorizada, así que el Senado nombró un dictador: Quinto


Fabio Máximo (el mayor). Fabio adoptó la política que menos favorecía a
Aníbal. Él necesitaba una victoria y Fabio no estaba dispuesto a ofrecérsela.
Evitó en todo momento el enfrentamiento directo. Sus hombres seguían de
cerca a los cartagineses y atacaban a cualquier destacamento, pero se retiraban
si Aníbal se acercaba con el grueso del ejército. Fabio recibió el sobrenombre
de Cunctator (el que dilata) y su estrategia fue desgastando lentamente al
ejército invasor. Sin embargo, con el paso del tiempo la actitud de Fabio fue
puesta en entredicho en Roma. Los romanos fueron olvidando la capacidad de
Aníbal y fue surgiendo la opinión de que Fabio era un cobarde, y que había
que hacer frente a Aníbal de una vez por todas. Así, en 216,cuando terminó la
segunda dictadura de Fabio, fueron elegidos cónsules Cayo Terencio
Varrón y Lucio Emilio Paulo. El primero había sido uno de los más agresivos
críticos contra Fabio, y el Senado les encomendó que se enfrentaran a Aníbal.
Lo encontraron en Cannas, en la costa de Apulia, al sur de Italia. Aníbal tenía
unos 50.000 hombres, mientras que el ejército romano contaba con 86.000.
Pero Aníbal no rehuyó el combate. Al contrario, dispuso a sus hombres en
forma de semicírculo, con la parte convexa de cara a los romanos. Cuando
éstos atacaron, el centro fue retrocediendo poco a poco, y los romanos
avanzaron con la esperanza de partir las líneas enemigas. Pero en su avance no
observaron que los extremos del frente cartaginés permanecían firmes,
mientras que si el centro retrocedía era porque así lo tenía ordenado. El
semicírculo se convirtió en una recta, y luego se volvió cóncavo con los
romanos dentro. Cuando los romanos comprendieron lo que pasaba trataron
de impedirlo con la caballería, pero fue rechazada por la caballería cartaginesa
que a continuación cerró definitivamente el círculo en el que el ejército
romano fue sistemáticamente aniquilado. Paulo murió en la batalla y Varrón
sobrevivió, pero prefirió suicidarse antes que volver a Roma y dar
explicaciones.

La victoria de Cannas dio algunos frutos, aunque tal vez menos de los que
Aníbal hubiera esperado. La ciudad de Capua, en la Campania, decidió apoyar
a Aníbal, y a ella le siguieron algunas más, pero pocas. Por otra parte, Filipo
V de Macedonia firmó una alianza con Aníbal.

Hasta ahora, Aníbal le había costado a Roma unas cien mil vidas, pero los
romanos no quisieron mencionar siquiera la palabra rendición. Se prohibió
toda señal de luto por los muertos en Cannas y se volvió a la política de
desgaste propugnada por Fabio. Lo esencial era evitar que a Aníbal le llegaran
refuerzos. Escipión se mantuvo en España con su hermano luchando con
Asdrúbal. No tuvo mucho éxito, pero mantuvo a Asdrúbal ocupado. La flota
romana fue conducida al Adriático para impedir que Filipo V de Macedonia
enviara refuerzos. El cónsul Marco Claudio Marcelo (Marquito), que había
destacado junto a Flaminio en la conquista de la Galia Cisalpina, obtuvo un
pequeño éxito al evitar que Aníbal capturara la ciudad de Nola, cerca de
Nápoles, lo cual no era gran cosa, pero sirvió para levantar los ánimos de los
romanos.

En 215 murió el rey Hierón de Siracusa, que fue hasta su muerte un fiel aliado
de Roma, pero su hijo Hierónimo decidió ponerse de parte de Cartago. No era
descabellado: si Aníbal vencía, Roma tendría que ceder Sicilia a Cartago, y
los cartagineses habrían sido implacables con una Siracusa prorromana.
Puesto que Marcelo había sido pretor en Sicilia, fue enviado a la isla, derrotó a
un ejército cartaginés y puso sitio a Siracusa. Respecto a Macedonia, Roma
estableció una alianza con la Liga Etolia y con Esparta y envió un reducido
número de tropas, con lo que empezó la Primera Guerra Macedónica.
Mientras tanto Aníbal llevó su ejército a Capua, donde pasó una temporada
recobrando fuerzas. Los romanos rodearon la ciudad. En España, Asdrúbal
trató de avanzar hacia el norte para reunirse con su hermano, pero los
Escipiones le derrotaron en Hibera (cerca de Tortosa) y le obligaron a
retroceder.

Entonces los romanos establecieron una alianza con Sífax, rey de los
masesilos, los númidas occidentales, quien arrebató el trono a Gea, rey de los
masilios y atacó Cartago. En 214 Asdrúbal tuvo que dejar España para ayudar
en la lucha contra los númidas, y en su ausencia los Escipiones pudieron
ocupar el sur de la península con la ayuda de soldados íberos mercenarios.

Ese mismo año murió Demetrio de Faros en una batalla, y en 213 murió
Arato, el que había dirigido la Liga Aquea hasta que tuvo que ceder ante
Macedonia. Filipo V consiguió reforzar ligeramente su dominio sobre Grecia.

Mientras tanto el emperador Qin Shi


Huang Di (o, mejor dicho, su ministro Li Si) seguía imponiendo la autoridad
imperial en China. Evidentemente, el nuevo régimen tenía muchos
detractores, y este año se tomó una decisión drástica: se ordenó la quema de
los libros subversivos y se condenó a la pena de muerte a todo aquel que los
conservara. La orden se extendía a los textos clásicos del confucianismo, a las
notas de las escuelas filosóficas y a todas las obras históricas excepto
la Crónica de Qin. No eran subversivos los libros de medicina, agricultura,
etc. Incluso se aceptaban los libros sobre adivinación. En cambio, se prohibió
expresamente "criticar el presente evocando la antigüedad". Esto hacía
alusión a los confucianos, que ponían como modelo de sus teorías políticas a
los míticos reinos antiguos.

Por otra parte, las fronteras del Imperio continuaron expandiéndose hacia el
sur. En el norte aumentó la presión de los bárbaros. Ahora dominaban
los Hsiung-nu,aunque ya llevaban más de un siglo hostigando a China.
Habitualmente se les conoce como los hunos, aunque es difícil saber si
estaban emparentados con el pueblo del mismo nombre que apareció en
Europa siglos más tarde. Las murallas defensivas que habían construido los
reinos del norte fueron unidas en una monumental Gran Muralla de 6.000
kilómetros de longitud. Por el contrario, las murallas interiores que marcaban
límites entre distintos reinos, así como las fortificaciones, fueron destruidas.
El emperador potenció grandes obras públicas: además de la Gran Muralla,
construyó un sistema radial de carreteras que unía la capital con los territorios
fronterizos, así como canales de riego y muchos palacios.

Volviendo a Italia, en 212, tras un largo asedio de dos años, Siracusa cayó. La
tradición dice que durante el asedio la pesadilla de los romanos fue
Arquímedes, que construyó toda suerte de artefactos, desde catapultas hasta
espejos cóncavos que concentraban los rayos del sol sobre los barcos romanos
y los quemaban. Dicen que cuando los soldados veían aparecer algo extraño
sobre las murallas, echaban a correr por si acaso. Naturalmente, es de suponer
que los historiadores griegos posteriores exageraron la lucha entre un cerebro
griego frente al ejército romano. El caso es que, al parecer, una parte de la
muralla quedó sin vigilancia durante una fiesta y los romanos lograron entrar.
Marcelo dio órdenes de que Arquímedes fuera llevado a su presencia sin daño
alguno. Se cuenta que un soldado lo encontró trazando figuras en la arena,
ajeno a la invasión. Le ordenó que le acompañara, pero el anciano
replicó: "No destroces mis círculos", y el soldado lo mató. Marcelo se
contrarió al saberlo y ordenó que se celebrara un honroso funeral en su
memoria, a la vez que se aseguró de que su familia estuviera protegida. Luego
se dedicó a limpiar Sicilia de cartagineses.

Los cartagineses lograron dominar al númida Sífax con la ayuda


de Masinisa, el hijo del rey Gea. El senado cartaginés envió de vuelta a
España a Asdrúbal, a su hermano Magón y a otro general llamado Asdrúbal
Giscón. Con ellos fue también Masinisa, al mando de un contingente de
jinetes númidas. Entre todos y con la ayuda de los ilergetes de Indíbil lograron
derrotar a los Escipiones en Ilorci (Lorca), donde murió Cneo, mientras que
Publio tuvo que huir hasta el Ebro y murió poco después combatiendo contra
Asdrúbal Giscón cerca de Cástulo. Las tropas romanas en España quedaron al
mando del hijo de Publio, llamado también Publio Cornelio
Escipión. (Algunos sobrenombres, como Varrón o Escipión, pasaban de
padres a hijos). Asdrúbal Giscón regresó a Cartago, donde logró sellar una
alianza con el númida Sífax, al cual le dio en matrimonio su
hija Sofonisbe, pese a que estaba prometida a Masinisa, y ésta le hizo olvidar
su antigua alianza con Roma.

Antíoco III trató de reconstruir el disgregado imperio de Alejandro o, al


menos, la parte de él que formaba el primitivo Imperio Seléucida antes de su
fragmentación. En los casos que pudo, trató de hacerlo amistosamente. Así,
casó a tres de sus hijas con otros tantos monarcas: una con Mitrídates III del
Ponto, otra con Ariarates IV de Capadocia y otra con Demetrio, el hijo de
Eutidemo de Bactriana. Formalmente, estos reinos reconocieron la soberanía
de Antíoco III, si bien gozaban de gran autonomía.
Aníbal había marchado de Capua hacia el sur, buscando unos aliados que no
encontraba. La ciudad de Tarento se puso de su lado y, con ayuda de los
propios tarentinos, expulsó a la guarnición romana de la ciudad. Mientras
tanto los romanos asediaron Capua, con la que estaban particularmente
enojados, por su pronta rendición. Aníbal dejó Tarento y acudió en ayuda de
Capua, pero los romanos desaparecieron. Cuando volvió a Tarento, los
romanos volvieron a Capua. La situación era frustrante para Aníbal. En 211 se
dirigió a la misma Roma. En realidad no disponía de los elementos necesarios
para asediar la ciudad y no estaba en condiciones de recibir suministros. Los
romanos no se inmutaron. Ni siquiera llamaron a sus tropas de Capua, que
terminaron tomando la ciudad. Simplemente se dispusieron a soportar un
asedio que no podía durar. Aníbal lo sabía. Se cuenta que llegó a sus oídos
que el propietario del terreno sobre el que había acampado lo había puesto en
venta, y que había sido adquirido en todo su valor. También se dice que
Aníbal se acercó a la muralla y arrojó una lanza dentro de la ciudad.

En 210 los romanos tomaron Agrigento, en Sicilia, y con ello los cartagineses
quedaron fuera de la isla.

46.El triunfo de Roma (210)

En 210 murió el emperador de China, Qin Shi Huang Di, en el transcurso de


uno de sus viajes. Según su voluntad, fue enterrado bajo un enorme túmulo de
48 metros de altura, y en su tumba fueron emparedados algunas de sus
mujeres y los obreros que habían transportado los tesoros. En 197 se encontró
una fosa anexa al túmulo que contenía un ejército de estatuas de terracota
compuesto por 6.400 soldados de infantería, dispuestos a lo largo de 11
corredores de 200 metros de largo por 3 de ancho. Tienen un tamaño
ligeramente superior al natural, y estan seguidos de caballos y carros de
combate. El ejército estaba formado según una táctica militar común en la
época. En otra fosa se encontró otro ejército, esta vez de bronce, con figuras
de talla ligeramente menor.

Los últimos años de su reinado fueron especialmente cruentos. Unos 460


letrados fueron enterrados vivos. Hubo deportaciones masivas hacia los
territorios de la gran muralla. El hijo mayor del emperador se enemistó con su
padre y se vio obligado a suicidarse. Por ello el trono fue ocupado por el
segundo hijo, que gobernó más despóticamente, si cabe, que su padre.

En Roma destacaba el primer autor teatral de importancia: Tito Maccio


Plauto. Escribió comedias basadas en los argumentos de las comedias
griegas. Desde que Roma había conquistado las ciudades griegas del sur de
Italia, la cultura griega fue difundiéndose cada vez más entre los romanos de
buena familia, que contrataban maestros griegos para sus hijos, aprendían sus
mitos y los adaptaban a su propia religión. Por esta época surgió la idea de que
Alba, la ciudad latina de donde eran originarios Rómulo y Remo, había sido
fundada por Eneas, tras escapar de la destrucción de Troya.

Continuaba la guerra entre Roma y Macedonia. La liga aquea, que contaba


con el apoyo de Filipo V de Macedonia, se puso bajo el mando
de Filopemén de Megalópolis. Había luchado en Selasia y luego había
marchado a Creta en busca de aventuras. Ahora había regresado a Grecia y
reformó el ejército aqueo, con el que se enfrentó a Esparta, la cual recibió, por
su parte, el apoyo de Roma.

Egipto decaía bajo el torpe gobierno de Ptolomeo IV. Años atrás, el rey
cometió el error de formar un ejército nativo, y desde entonces los griegos
tuvieron que sofocar una rebelión tras otra.

Ese año murió el rey parto Tirídates, lo cual fue inmediatamente aprovechado
por Antíoco III, que en 209 logró pactar con los partos la anexión de su
territorio al Imperio Seléucida. Éstos conservaron, no obstante, una gran
autonomía. De este modo, el Imperio volvía a tener casi su extensión original.

Volviendo a China, eran muchos los sectores descontentos con el régimen


imperial. Por una parte, el pueblo llano se sentía oprimido por el duro código
penal, los antiguos nobles y señores feudales estaban resentidos por haber
perdido sus privilegios, y los intelectuales estaban perseguidos y censurados.
Aún no había pasado un año del cambio de emperador cuando estalló un
levantamiento popular en lo que había sido el estado de Chu. Estaba
encabezado por Chen She, y fue la primera de las muchas rebeliones a las que
el nuevo monarca tuvo que hacer frente.

Entre tanto Escipión ocupaba Cartago Nova. Tomó la decisión de liberar a los
rehenes que habían capturado los cartagineses, con lo que se ganó las
simpatías de los nativos. Incluso Indíbil se puso del lado de Roma. Luego
Escupión derrotó a Asdrúbal en Baecula (Bailén).

Pese a sus victorias fuera de Italia, Roma no se atrevía a atacar a Aníbal, cuyo
ejército se iba desgastando lentamente. Pidió ayuda a Cartago, pero Cartago
nunca se la dio. Los gobernantes cartagineses recelaban de que un Aníbal
victorioso y carismático pudiera adueñarse de Cartago tras la guerra, así que
trataban de ganar la guerra fuera de Italia. Aníbal apeló a Asdrúbal, quien
en 208 decidió repetir la hazaña de su hermano y, evitando a los romanos, se
dirigió a Italia a través de los Alpes.

Al sur de China se formó el reino de Nam-Viet, fundado por Trie Da, que
implantó un régimen señorial muy jerarquizado. El pueblo vietnamita había
surgido por la fusión de diversas culturas: muongs,thais y chinos.

En China, las rebeliones se extendían por todo el territorio. El emperador no


sabía en quién podía confiar. El propio ministro Li Si, artífice de la
unificación, fue acusado de traición y murió en el patíbulo. Uno de los
principales insurrectos fue Xiang Yu, un guerrero perteneciente a la antigua
clase noble. Tomó como lugarteniente a Liu Bang, quien, por el contrario,
procedía de familia humilde. Había sido campesino y luego ocupó un puesto
de funcionario menor, una especie de "jefe de policía rural". En 207 tomó la
capital, Xiang Yang. El emperador abdicó y su hijo, el tercer emperador de la
dinastía, no fue más que un títere a las órdenes de Liu Bang.

Ese mismo año Filopemén derrotaba al tirano de Esparta Macánidas, que fue
sucedido por Nabis. Éste completó las reformas iniciadas por Agis IV y
Cleomenes III. Hasta llegó a poner fin a la esclavitud en Esparta. Por esta
época la práctica totalidad de Egipto estaba fuera de control. Ptolomeo IV
pidió ayuda a los sacerdotes egipcios, que gozaban de gran autoridad sobre el
pueblo. Éstos le concedieron el rango de faraón y lograron mantenerle en el
poder, pero despojaron la monarquía en su provecho.

Asdrúbal había llegado al norte de Italia, y su objetivo era reunirse con


Aníbal, que estaba en el sur. Dos ejércitos romanos los vigilaban, pero no se
atrevían a atacar. El ejército que vigilaba a Aníbal estaba bajo el mando
de Cayo Claudio Nerón, que había luchado a las órdenes de Marcelo.
Asdrúbal envió mensajeros a su hermano comunicándole un plan de ruta y un
punto de reunión, pero estos mensajeros fueron interceptados por Nerón, que
decidió abandonar a Aníbal y partir apresuradamente hacia el norte. Los dos
ejércitos romanos se unieron y atacaron a Asdrúbal por sorpresa a orillas del
rio Metauro.Asdrúbal trató de retirarse cruzando el río, pero perdió mucho
tiempo buscando un vado y, cuando lo encontró, ya era demasiado tarde, los
romanos cayeron sobre él y tuvo que luchar. Los romanos obtuvieron una
victoria completa. Asdrúbal murió en la batalla, su cadáver fue encontrado, le
cortaron la cabeza, la llevaron al sur y la arrojaron al campamento de su
hermano. Aníbal debió de comprender que la guerra estaba perdida, pero aún
no había sido derrotado. Se retiró con su ejército a Bruttium, en la punta de la
bota italiana, donde los romanos le acorralaron, pero sin atreverse aún a luchar
contra él.

En 206 Xiang Yu se arrepintió de haber dejado la capital china en manos de


Liu Bang, volvió, la saqueó y se inició una lucha por el poder entre ambos
líderes. El tercer emperador murió sin descendencia, con lo que la dinastía de
Qin Shi Huang Di duró apenas tres generaciones, en lugar de las 10.000 que
estaban previstas.

Cartago envió refuerzos a España y se reunió un gran ejército para aplastar a


Escipión. El encuentro se produjo en Ilipa, unos 100 kilómetros al norte de la
actual Sevilla. Durante varios días, los ejércitos estuvieron frente a frente sin
combatir. Cada día, a primera hora de la mañana, las tropas eran llevadas a
c