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Sensibilidad comprometida

Hechos 10: 38 Me refiero a Jesús de Nazaret: cómo lo ungió Dios con el Espíritu
Santo y con poder, y cómo anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que
estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

1)

La naturaleza de nuestro trabajo está entre/con los empobrecidos y los más vulnerables. Esto
conlleva un proceso de ser sensible. La compasión se da cuando nuestras entrañas se conmueven
en el encuentro con los más vulnerables, las víctimas, los empobrecidos. Cuando vemos sus
rostros, como el rostro del Cristo que sufre entre nosotros. La sensibilidad nace cuando
reconocemos que el sufrimiento de las víctimas es también nuestro sufrimiento. La sensibilidad no
es un sentimiento que surge a espaldas del otro, el empobrecido. Dicha sensibilidad se da por el
encuentro, en la realidad histórica, concreta de esos rostros humanos que son mis hermanos, mi
familia; creados a imagen y semejanza de Dios. Soy sensible cuando soy consciente que su voz es
silenciada, que no son reconocidos como otros iguales, sino como otras personas inferiores,
cuando hay causas históricas y estructurales que explican su situación. Solo hay verdadera
sensibilidad en el cara a cara con las personas.

De esa sensibilidad se desprende el trabajo con lo empobrecidos. Esta unidad asintótica entre
sensibilidad y praxis es lo que he dado en llamar sensibilidad comprometida. Alguien puede ser
sensible a realidades, porque de alguna manera toca las fibras de su ser la realidad de sus
congéneres, pero sino se compromete a un trabajo entre ellos, la sensibilidad es ineficaz y solo
genera sentimientos pero no acción solidaria. Compasión y acción son dos vertientes de la
racionalidad humanitaria de nuestro trabajo. Veámoslo en el contexto de la actividad de Jesús.

2)

Qué Jesús tenía compasión de la gente está claro en los evangelios. El veía a las multitudes como
ovejas que no tenían pastor, es decir ponía atención a la realidad de abandono y exclusión que las
personas habían sido sometidas. Quienes debían ser pastores solo les habían trasquilado mediante
una opresión sistemática. Jesús veía a la gente con hambre y sed, sin tierras; sin poder alguno para
cargar por sí mismos la carga pesada de la realidad.

Esta realidad llevó a Jesús a comprometerse con la transformación de la realidad de las personas.
¿Cómo lo hizo?

-Optó por los más vulnerables: cojos, paralíticos, “prostitutas”, publicanos, jornaleros. Su trabajo
lo realizó entre ellos “Dar buenas nuevas a los pobres y liberar a los oprimidos por el diablo”

-Esta opción lo hizo desde la rutina de vida de los empobrecidos: en el camino, a la orilla del lago
de Galilea, en las casas. Es lo que Gianini llama rutina; es decir la ruta desde el domicilio, pasando
por la calle, hasta llegar al trabajo. En todos esos tramos se estructura la cotidianidad en una
unidad espacio-temporal. Entonces Jesús tomó acción ahí donde los empobrecidos estaban, ahí en
su cotidianidad. Jesús evitó hacer la misión en las grandes urbes donde estaban los ricos,

3)

Nuestra identidad cristina debe llevarnos a una sensibilidad comprometida. Esta característica no
obedece a un horario de trabajo, sino a una mística de trabajo. Creo que a las personas que han de
entrar a trabajar a la organización se les debería preguntar sobre su praxis entre los empobrecidos
y no solamente por su filiación a una iglesia o parroquia. Porque resulta que se necesitan las
mejores habilidades técnicas, pero la sensibilidad solo viene de encuentros con realidades. El
compromiso debe ser previo al trabajo, porque no van a venir a decir que lo van a adquirir
trabajando en la organización, debe haber signos previos, al menos de manera potencial. Nuestro
trabajo requiere a los mejores profesionales, pero también a los mejores cristianos, no esos de
domingo; sino aquellos que se identifican con Cristo y su praxis entre los empobrecidos. Que Dios
nos ayude a volvernos sensibles y comprometernos con un trabajo serio entre los vulnerables,
entre los niños que es la única manera de coherencia ética en nuestro trabajo y de cara al Jefe a
quién nos debemos: uno que también fue pobre, para que los pobres fueran enriquecidos.