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DIRECTOR:

Jorge Alemán

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ds1r<0Yeió1, co-nun� públia y
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jAVIF.R SAEZ

Teoría Oueer y psicoanálisis

-
EDITORIAL
SINTESIS
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En ella encontrará el catálogo completo y coment2do

Discfto de cubicna: Joscp Fcliu

O Javier �ez

O EDITORIAL SÍNTESJS.S. A.
Vallchcrmoso,34. 28015 Madrid
Tcltíono: 91 593 20 98
hup-J/www.sintcsls.com

ISBN: 84-9756-182-1
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mcclnico, clmronico, magnttico, cleclro0p1ico. p,or fotocopia
o cualquier olro. ,in la autorización previa por escrito
de Editorial Síntesis. S. A.
La redacción de este libro no hubiera sido posible sin
la ayuda desinteresada de varios amigos, que me prov9-
caron con sus discusiones, me animaron en los momen­
tos bajos y me facilit2ron materiales de estudio tamo de
teoría quccr como de p$icoanálisis:

En primer Jugar quiero dar las �cias a Jorge Alem�


por haberme sugcri�o la posibilidad de escribir este libro.
.

Agradecer a Beatriz. Preciado su hospitalidad durante


los días de estudio en París, por dejarme fisgar en su exce­
lente biblioccca quecr, y por sus apomdones crltlas sobre
d psicoanálisis. A la Pepa por dormirse en mis rodillas y
a la Willy por su hermosa mirada desde d rincón.

A Paco Vidarre por facilitarme los textos de Derrida,


por sus sugerencias y críticas, por la corrccd6n minucio­
sa dd tc:xto, y por la alegria y d inimo que me dio en las
noch� del H OT durante los meses en que redacté este
libro.

A Fefa Y-da, por haber abierto mis ojos machisw a la


importancia trascendental dd feminismo y del lesbianis­
mo en la elaboraci6n de la teoría queer y en la crítica al
psicoanálisis.

Y por supuesto a Marcclo Soto, por sus lócidas críticas


aJ texto, por 12 revisión del mismo, y por quererme tanto.
Índice

1 Si te dicen que KV: queers y lacanianos en España 9


"'
2 Historia del movimiento "homosexual-gay-queer 21

3 la homofobia del psicoanálisis 35


4 la mujer no-toda 49
5 El contexto post-cstructuralista:
Foucault, Deleuze-Guattari, Derrida 61

6 El feminismo lesbiano 97

7 Teoría queer 12S

8 Una masculinidad sin hombres 155

9 Oueer y La can J 63

Bibliografía 21 J
1
1 Si te dicen que KV: queers y lacanianos en España
Teorín queer y psicoanálisis
10

Un uñor mcuenmz a r.m amigo y lo saluda,


dándole la mano e inclinando un poco la cabeza.
Así e¡ como cree que lo saluda,
pero e! saludo ya está inventado
y eile b11m señor no hace máJ q11e calzar en el 1aludo.
JULIO COlffÁZAR

"Si ce dicen que ca{." He tomado esta frase del famoso him­
no fuscisca par:.i dar rículo a esta introducción sobre la sicua­
ción acrual de la teoría queer y del psicoanálisis bcaniano
en España. La he modificado por medio de una escucha
queer. Los psicoanalistas insisten en escuchar de orra mane­
ra. pues bien. aquí vemos que hay otras maneras de escu­
ch:ir. escuchas raritas. escuchas queer. Quizá el recio legio­
nario que repice sin cesar esta frase :il c:1.ntar ("Si te dicen
que can está pidiendo un poco más de lubricante, o recor­
dando su "caída" en prácticas pervasas. o buscando un
armario <lc!scspc.:radamcn cc ante un;1 posible acusación de
homoscxualicfa<l ("¡si ce dicen que yo uso KY, diles que eso
es mcntiran.
E..scribir es, entre orras cosas. una fonna de ejercer el poder.
El poder de nombrar. El poder de romper un silencio o un
tabú. El poder <le desvelar quién ha escdco anees, quién ha
lrazado la ley, el poder de crear una escritura nueva. Y siem­
pre se escribe desde un lugar. aunque a veces se intenten
borrar bs huellas. En este libro analizo dos posiciones. dos
prácticas, dos lugares bastante peculiares respecto al saber y
rcsp�cco a la política: la teoría queer2 y el psicoanálisis.
La llamada teoría queer (veremos más adelante el dudo­
so estaruco <ld cérmino 'ceorfa' tanto en lo referido a lo
queetr como al psicoanálisis) no surge como un saber ela­
borado o académico. Aparece a finales de los años ochen-
v
Si te dicen que KY: queers lacanionos en España
11

ra vincubda a un movimiento social comestarario, supo­


ne una forma de aucodenominación que procede princi­
palmente de lesbianas negras y chiicanas del sur de Cali­
fornia. que se rebelan contra una especie de "identidad gay"
que se había instaurado con fuerza c:n Estados Unidos a lo
largo de los años setenta y ochenta: el gay blanco, varón,
de clase media-alca, con un escila de vida vinculado al con­
s:umo y a la moda. Estos sujetos rebeldes -mujeres, lesbia­
nas, pobres, de color, chicanas, con otras prácticas y formas
de vida- se negarán a reconocerse como gays, y decididn
denominarse "queer". Esta condición social y política de lo
queer será un elemento fundamental que marcará su evo­
luci6n teórica y práctica hasta la actualidad.
El dimdor Franco murió eJ 20 de noviembre de 1975.
Dos años después se celebra en Barcelona la primera mani­
festación por la liberación de gays y lesbianas, contra las leyes
represivas del régimen franquista, y se organizan en Espa­
ña3 los primc:=ros colectivos. En la década de los ochenta
comienzan a publicarse algunos esrudios de ccmática gay­
lesbiana, de la mano de amropólogos como Alberto Cardín,
o militantes gays como Armand de Fluvia. En el campo de
la cultura aparecen los cómics corrosivos de Nazario y las
primeras películas de Almódovar, por citar sólo dos ejem­
plos donde aparecen sexualidades marginales.
En España hay que esperar a finales de los años noven­
ta para contar con estudios que se autodenominen pro­
piamente como queer. Durante la década de los novenca
aiparecen al gunas asociaciones radicales 4 de gays y lesbia­
nas que generan discursos y pclctica.s que podríamos deno­
minar queer, en el sentido de que cuestionan la imagen
establecida e integrada de los homosexuales, con un dis­
curso mucho m:ís político y de cambio social, y con unas
reivindicaciones y unas prácticas que desafían al �rado y
Teoría queer y psicoanálisis
12

cuestionan las posibles políticas de integración y normati­


vización de las vidas de los gays, lesbianas y transexuales.
Estos grupos comienzan a introducir traducciones de
aucoras que serán fundamentales como antecedentes de la
teoría quccr: las lesbianas organizadas (LSD, Red de Ama­
zonas) debaten textos de Moniquc Winig, Kace Millct, S.
Firestone o Adrienne Rich (revista Non Grata). Grupos mari­
cas como L, Radical Gai o el Kolectivo de Gais y Lesbianas
de Burgos publican artículos de Michael Warner, Queer
Nacion, Michcl Foucault o Pat Califia (revistas De un P/11-
mlJZ,(J, La KampeadrJra. Planeta Marica, recopiladas en la red
quccr www.harcz.,.com). Y lo que es más importante, los
colectivos mencionados escriben sus propios an(culos5 y rea­
lizan exposiciones, manifiestos, denuncias y acciones en la
caJle que podemos considerar propiamente quccr.
Desde el ámbito académico, en 1995 se celebra en Espa­
ña el primer curso dedicado íntegramente a estudios de la
cultura gay y lesbiana, en la Universidad de: Vigo (véase
Buxán, 1997), donde ya aparecen mencionadas explícita­
mente algunas aucoras6 clave de los estudios queer: Budcr,
de Lauretis, Sedgwick, Rubín. Ese mismo año el sociólogo
Ricardo Llamas traduce y publica la compilación Constru­
yendo sidentidadel. Estudios desde el corazón de una pande­
mia; este libro, junto con su excelente ensayo Teoría torcida
(1998), supondrán un momento fundamental en la intro­
ducción de la teoría quecr en España7 •
En los últimos años han comenzado a traducirse al cas­
tellano algunos clásicos de la teoría queer8. En 1998 se
publica en español uno de los ensayos más influyentes de
la teoría queer, Epistemología del armario, de Eve Kosofsky
Sedgw ick. En el afio 2000 se publica el libro �e Teresa de
Laureris Diferencias. Erapas de un camino a rravés delfemi­
nismo, donde se recogen algunos ensayos dave de la teoría
Si te dicen que KV: queers v lacanianos en España
13

c_ueer. En 200 l se traduce otro clásico quecr, El género en


disputa, de Judith Butler 9 • En 2002 se publica la traduc­
ción del Manifiesto contra-sexual de Beatriz Preciado 10 , una
verdadera bomba que ya ha�ía causado un profundo impac­
to en Francia en su edición original del afio 2000 y que es
recibido con entusiasmo en España como un:, aportación
fundamental a la teoría queer por su originalidad y su poten­
cia subversiva. Sin embargo, la gran mayoría de las auto­
ns queer siguen sin estar traducidas (Rubín, Wamer, Wit­
tig, Duggan, Fuss, Halperin, Halbemam, Califia. Han,
Bourcier, además de muchos otros libros de las propias
Ilutlcr, Sc<lgwick y De Lmrctis).
Francisco Javier Vidarte y Ricardo Llamas publican con­
juncamencc los libros Homogmflns {1999) y Fxtrnvlos (2001),
dos ejemplos de ensayo qucer donde hacen una corrosiva y
lúcida crítica de la cultura gay espafiola (y del psicoanálisis,
como veremos). El siglo XXI se abre con un importante even­
to 9uecr en el ámbito universitario: el curso de verano de la
UNED organiz.ado por Paco Vidarte y Salvador Mas en A
Corufia titulado Género y diferencia. Estrategias para 11na crí­
tica cultural, donde participan fil6sofos, sociólogos y nume­
rosos alumnos implicados en los estudios queer. En 2003
Paco Vidarte funda en la UNED el Seminario de Pensa­
miento Qucer Olissbos, e imparte el curso "Introducción
a la teoría queer". En el año 2000 Eduardo Nabal y quien
suscribe estas líneas publican en internct el libro electró­
nico Mariconadas (www.hartza.com/mariconadas.zip).
En el año 2001 se publica otro libro en el marco de la teo­
ría quccr: (Trans)formaciones de las Sexualidades y el Géne­
ro' 1. editado por Bcngoechea y Morales. En el año 2002
aparece en el escaso panorama edicorial espafíol una inte­
r..sa nce recopilación quccr, el libro Sexunlidndes rmnsgreso­
ms. Unn rmtolog(n de esmdios queer, editado por R:ifocl M.
, .. Teoría quee, y psicoanálisis

M�ri<l.1 12 , con cc:xtos de Bucler, Fuss, Scdgwick y Warner,


cncre otros.
El cuestion:imienco queer de la m:i.sculinid:id v:1 a verse
representado también en el panorama editorial y artístico
español. En 2000 Mana Segarra y Angels úrabí publican
el libro ReescrittmlJ de la mmcu/inidad 1 3, con rexcos sobre el
travcsrismo y la culrura transgenérica. En 2002 se inaugura
en Casrellón la exposición "Héroes caídos. Masculinidad y
re presentación", organizada por José Miguel G. Corrés, una
colección de forografías y esculturas que cuestionan el papel
de la masculinidad hegemónica desde una perspecciva cla­
ramente queer (Del Lagrace Volcano. Gilbert & Georgcs,
Paul M acCanhy, John Coplans, Mark Morrisroc, Perer Land,
Juan Pablo Ba llescer).
Si la entrada de los estudios queer en el ámbito univer­
sicario y editorial español ha sido lenca y difícil, se puede
decir que su entrada en el campo psicoanalírico es casi
inc:xistentc. La tL·orla queer, desde sus inicios, ha rL-aliz:1tlo
una crídca compleja de la teoría psicoanalítica; parre de
esr;1 crícici se bas:i en los trabajos inici.1dos en los años seten­
ta por el movimiento feminista y d movimienro lesbiano,
que cuestionan desde diversas posiciones el hecerocentris­
mo, b homofobia 14 y el machismo existente en la obra de
Freud y Lacan. En cambio, la comunidad psicoanalítica
española ha ignorado hasta hace poco este rico debate que
alimenta.han las pensadoras queer en Estados Unidos y en
otros países (México y Argentina, por cirar dos ejemplos).
Los efeccos teóricos y polícicos de las prácticas queer, las
nuevas formas de representación de la masculinid ad y la
feminidad, los desafíos a las convenciones sobre sexualidad
y género, b crítica del orden hecerocemrado y de la horno-.
fobia, los usos alternativos dd cuerpo y de los placeres,
codas esras aponaciones sociales y sus <lcsarrollos t eóricos
Si te dicen que KY: queers y lacanianos en España
15

no han sido aún recogidos por el psicoanálisis que se hace


en España en el siglo XXI, aunque algo comienza a mover­
se. En �l año 2002 la Escuela Lacani:ma de Psicoanálisis
del Campo Freudiano en Madrid programó una serie de
talleres sobre género, sexuadón y clínica donde por pri­
mera vcr se incorpora la bibliografía básica de b teoría quecr
como fuente de debate y de posible aucocrfcica. Esca Escue­
la también organizó en febrero de ese mismo año una mesa
redonda en la que invitó a Paco Vidarce y a quien escribe
estas líneas para hablar sobre teoría queer y psicoanálisis,
evento del que surgió la idea de escribir csce libro.
El psicoanáJisis lacaniano tampoco ha tenido mucha suerte
en el panorama intelecmal español. AJ igual que el movimiento
gay, la entrada de Lacan en España comienza su andadura a
mediados de los años setenta, de la mano de los psicoanalistas
argentinos Jorge Alemán, Sergio Larriera y Osear Massoca,
que además de difundir la obra de Lacan por medio de semi­
narios y cursos, inician un férril debate con algunos filóso­
fos y sociólogos españoles. Con el tic:mpo irán articulando
su crab:ijo con otros psicoanaliscas españoles, como Carmen
Galiana. Vicente Mira. Anuro Roldán o Francisco Pereña.
Paralebmence van surgiendo asoci:iciones y bibliotecas de
estudios lacanianos en diversas ciudades de España.
Sin embargo, la recepción del psicoanálisis en el ámbico
inceleccual español ha sido muy escasa. A diferencia de la
tradición francesa, argentina o estadounidense, donde el diá­
logo con la obra de Lac:m es continuo en el campo del pen­
samiento, en España sólo unos pocos a utores se han in­
teresado seriamente en conocer el legado de Lacan. En el
campo de la sociología, destaca la figura de Jesús Ibáñez 15,
quien desde los años sesenta había ido desarrollando un
paradigma complejo de investigación social donde se com­
binan la antropología estructural, el marxismo, la lingüís-
Teorla queer y psicoanálisis
t(í

cica, la filosofía crícica (Foucaulc, Deleuzc, Derrida, Serrcs)


y el psicoanálisis lacaniano. En filosofía, Víctor Gómez Pin,
Javier Echcvarría, Gabriel AJbiac y Paco Vidartc son algu­
nas excepciones que se han tomado en serio la aportación
y el cucstionamicnto radical que plantea la obra de Lacan
a la filosofía y a la metafísica. Lacan siempre insistió en la
necesidad de que los analistas conocieran diversas discipli­
nas intelectuales, y él mismo tuvo una relación intensa con
los pensadores de su época. Por d contrario, los intdcctua­
lcs españoles y la propia universidad se han mantenido atrin­
cherados en sus pequeños tcducto� de saber, sin abrirse a
un <lebace serio con el psicoanálisis lacaniano.
Quizá parte de este desencuentro con Lacan en España
se debe a la lentitud con que se está publicando y rradu­
ciendo su obra. Hasta finales de los ochenta las únicas obras
disponibles en castellano eran los &critos y el Seminario XI,
Los cuatro concept1Js fimdttmemales del psicoandlisis. De los
veintiún seminarios que dictó Lacan en su vida, sólo se han
publicado nueve. Ello hace también que sea difícil evaluar
el alcance de su propia obra, y también plantea problemas
sobre su recepción en Estados Unidos.
El presente libro pretende ser una aportación más a los
l�rudios queer y al pskoanálisis desde una perspectiva dife­
rente a las mencionadas hasta ahora; por un lado, se pre­
tende hacer una introducción histórica y epistemológica a
la teoría queer; por otra parce, y dado que dicha teoría se
ha construido desde sus inicios en un debate permanente
con/contra la teoría psicoanalítica, se tratará de trazar los
mapas de este debate, sus posibles conexiones, sus incom­
patibilidades y sus malentendidos. Asimismo, en el libro
se pondrá de relieve la capacidad subversiva del psicoaná­
lisis a través de la obra de Jacqucs Lacan en lo referente a
las formas de la subjetividad y a las identidades sexuales 16 •
Si te dicen que KY: queers y lacaníanos en España
17

Notas

1. KY es el nombre de un lubricante hidrosolublc que se utili1..1


par.1 facilitar las penetraciones anales (y vaginal<.'s). Es mundial­
mente conocido en la cultura gay (la necesidad de añadir esta
nota hcterocentr:ida da que pensar sobre el conccxto en que nos
movemos. Se presupone aquí un lector heterosexual -y un psi­
coanalisra-. ajeno a la realidad cultural del KY).
2. Hemos pr�fcrido mantener el término quccr en inglés, por la difi­
cultad de su traducción unívoca al castdlano, y porque canto en
España como en otros países de habla no inglesa (Francia y Ale­
mania por ejemplo) la teoría queer se conoce con ese nornhrc, sin
su rr.ulucd<'m. Par:t lo� Jifcrcntl"s matices de b p;1bbr:1 ,¡uccr (rari­
to, cxnaño, curioso, m;arica, bollera, o aquello que subvierte l;is
categorías sexuales o de género y el orden heterosexual), véase la
nota de la craduclOra Maria Antonia Olivcr-Rocgcr, en Mérida
Jimé11e1.. R.M. (rJ.) (2002), Sexu11iidadt1 tJ'llmgmorll.!. Un111111to­
wgla de mudios qura, Icaria, Barcelona, p. 27. Ricardo Llam:1s
tr.iducc al castellano 'teoría quccr' por teoría torcid;l, a partir de
b ctimologfa latina (torqutre), pero no cxi�tc un uso habitual
de �e término -'torcido' en vc:z ele qut."Cr- en el ensáyo español
[Llamas, R. (1998), Teorla torcida, Siglo XXl, M'ldrid, p. xi].
3. Del mismo modo que desde un:a perspectiva qucer no se asume
una estabilidad ni una esencia en conceptos como 'gay' u 'hom­
bre', el uso en este libro de las palabras Espaiia y español/a (o si
fuera el ca.so, País Vasco, C.1talufia o Castilla) no supone el rcco-­
noci miento de una unidad patriótica eterna ni la creencia en la
existencia de una identidad nacional real. Sobre cómo quecri-z.ar
la identidad nacional, lingüística o personal. véase mi artículo
"Fronteras y enemigos", Arrhipiéiagn n.o 8, p. 'i.
/4. Véase Llamas, R. y Vila, F. (1997), "Spain: Passion for Lirc.
U11;1 historia del movimiento Je lcshianas y gays en el Estado
español", en Bux:ín, J. (comp.), ConCimcia IÚ rm singular dr;co.
Estudior l.eshiano1 y gay1 m el Eirado español Llenes, Barcelona.
">. Es imponancc scfialar la impermeabilidad de las rc\•isc� cultur.i­
lcs y de pensamiento a las aportílcioncs sobre sexo/género desde
un pumo de visea no heterocentrado. Los textos que citamos ele
Teoría quee, y psicoanálís.is
18

111iliiamL--s �ay:i y lesbianas aparc:ccn si<.:mprc c:n n.:vísras "pa ra gay)


y k-sl>ianas", con lo cual d dcb;ue sobre la homofobia, d disposi­
tivo sexo/género o el hc:tc:rocc:mrismo no rrascic:ndc a la socii:cfad
en general ni al dc;b:are toorico o político, que deberí:m ser los
receptores <le ese análisis para el cambio socill.
6. D:ido que la gnn nuyoría de l:is person;is que han desarroll::ido
la reorfa quc:cr son mujen..-s (y lesbianas), urili-zaremos el género
femenino al rcferirn.os a ellas colcccivameme (las :iutorJ.S).
7. Por r:izorn:s de: espacio, no entramos aquí en la difusión y vig.en­
cia de la 1eorfa quccr ,en los países de América L.uina. Sefialaremos
no obstante que en algunos de estos países ha habido un desarrollo
mucho mayor de lo qu«r que en España, con un número impor­
tan ce de publicaciones y estudios desde los años ochcnt2, y com la
existenci3 de: dqxu-c:unenros univcrsirmos de estudios quecr (Mm­
ro y Argentina, por ejemplo). Véase d cxcdenre libro Fiestas, bañ()j
y exilios, de flavio Rapisardi y Alejandro MO<brdli, Editorial Sud­
amc:riCllla. Buenos Aires. 2001, y la revisca Dtbau Feminiltll, M6ci­
ro, año 7, vol. l3, abrril 1996: ªLa accuación de la idcncidad a m­
vi:s de h performance chiClllo gay", de Antonio Prieto Srambau_gh,
pp. 285-315). Desr;1cln también figuras como d militante qwccr
y gran pni:1:1 argr.:mi1110 Nt-stor Pcrlonghl·r (v,:asc l;1 wch dcdiGtda
"sus ccxros www.litcr.icurJ.org/l\:rlonglicr/Pc:rlongher.hrml, que
incluye d improion:inre :irdculo ..Matan :t un nuric.i") y d escri­
tor chileno f >l'Jro Lcrncbd.
H. Dd,i<lo a ora pobre-ta editorial, muchas citas de este libro han
siJo 10111aJas <lir�cameme de los originales en inglés y dd fr:.10-
et.ts y h:m sido traducidas por el autor. No obsrame, hemos inren­
udo urilizar lo más posible los pocos libros disponibles en cas­
tdbno (v6rn: bibliog�ffa).
9. Véase bibliografía de Judich Burlcr.
to. Pn:cia<lo, U. (2001 ), Ma11ifimo comm-uxual, Opera Prima,
M;1driJ.
11. lk11gocd1c�1. M. y Morales, M. (ce.is.) (2001), (Tram)formncio-
11c-s de /,1s St.".,·11,1/itl"'[,rs y ti Géntro, Servicio de Publicaciones <le
b Universid:iJ de Alcalá de Henares, M:idrid.
12. Rafael M. Máida sc.:fiala �n la incroducción de este libro más
:ictivicbJcs rd:.icionadas con la teoría queer en España: por ejem­
plo, b �xposil'.ión organiuda por Juan Viceme Aliag;1 "Sobre la
Si te dicen que KV: queers y lacanianos en España
19

teoría qucc:r y su pbsmación c:n d activismo y d :me conrem­


por:inco", en Tramgméric@s. Rrpreuntnriones y rxp�rimcias 1obrt
los géneros, la socirtlad y la uxua/idad en el arre español comem­
porán<o, o d texto de Rodrigo Andrés, "La teorfa queer y el acti­
vismo social", en Scg:ma, M. y Carabí, Á. (cds.) (2000), Frmi­
m"smo y critica lira11rit1, Icaria, B�ll"celona.
13. Scgarra, M. y Carabí, Á. (eds.) (2000), Rmcriturm � Úl mmrn­
linidad, Universidad de Barcelona, Barcelona.
14. En todo el libro debe encenderse el término homofobia rambién
como lesbofobia y rransfobia (por economía urilizamos sólo la
palabra homofobia). Agradez.co a Beacriz Preciado esca pumua­
lización sobre l.i necesidad de cxplicicar la lcsbofobia y la crans­
fobia cuando se habb. de homofobia.
15. Ibáñcz, J. (1979), Más allá tÚ la socwlogía, Siglo XXI, Madrid;
( 1985), Dti algoritmo al mjero, Siglo XXI, Madrid; ( 19'94), Por
wur sociologfa d, la vida cotidiana, Siglo XXI, Madrid.
16. Esce libro no precende ser un análisis exhaustivo de todas las
autoras queer ni de toda la obra de Lacm. Por ello el leccor cspc­
cializ.a<lo quizi apreci:id algunas lagunas en las referencias y en
los posibk·s dcs::u-rollos nhico� dl' :imhas posiciones. Si: prL·ti:n­
Jc facilicar al lccwr un acct.-so scncillo al <lcbacc cxisccutc en la
acrualiclad y a l-0s textos fundamental� que csdn cn l:. base de:
la discusión "rooría quccr-psico:milisis".
2 Historia del movimiento Mhomosexual-gay-queer"
Teorla queer y psicoanálisis
22

Estas a11omalía1 cerebrale1 de los homommalcs


entran m ti campo de la psicopatologifl.
M11yftecumtemtnte lts lkvan a comtter
actos paverso1, e indmo criminaltJ.
KRAFIT-EnING, Psychopathia Sexuali1

Para comprender el dcsp)azamienco te6rico que supone la


teoría quecr es fundamental conocer cuál ha sido el de­
sarrollo de las identidades sexuales "proscritas,, a lo largo
del siglo XX. Los movimientos de liberación de gays, les­
bianas y transexuales surgen precisamente como una opo­
sición hacia diferentes dispositivos de escigmatización, cri­
minalización y pamlogización que: surgen a finales dd siglo
XIX. En realidad, podríamos decir que hay una dependen­
cia estructural en d hecho histórico de la producción de
'el homosexual' por estos dispositivos, y la reacción de per­
sonls que se ven señaladas como seres extraños y enfermos.
Dicho de ocro modo, si no hubiera surgido un conjunto
de disposiciones y disaursos legales, médicos, psiquiátricos
inventando la categoría clínica de 'el homosexual' no hubie­
ra h:1bido nccai<lad de organizarse ni de luchar contra una
persecución que se ibai a poner en marcha a partir de ese
propio dispositivo de sexualid:id 1 • Por eso, cuando hoy dfa
se habla de "orgullo ga(, no deben comprenderse esas
palabras como una especie de absurda aucocomplacencia
a partir de una práctica sexual, sino como una reacción
política de lucha y resis cencia contra un dispositivo de per­
secución, <..-scarnio y exterminio que sigue existiendo en la
actualidad.
Esro t!xplica que la aparición de los prime.ros movi­
micncos <le d�fcnsa de los homosexuales aparecen históri­
camente casi al mismo tiempo que se consolida la carego-
Historia del movimiento "homosexuel-gey-queer"
23

rfa idcncificaroria de 'el homosexual' en el discurso médi­


co-psiquiátrico, es decir, a finales del siglo XIX 2 •
Por su parce, el psicoanálisis aparece como disciplina en
esa misma épo,a, y también v� a tener una influencia
imponanre en los debates sobre 'la homosexualidad' y en
el propio dispositivo <le sexualidad. Sí por un lado Frcu<l
va a ser uno de los primeros cienúficos que cuestiona que
la homosexualidad sea una enfermedad y que problcmati­
za también la heterosexualidad, la escuela psicoanalítica
posterior a él va a ser cada vez más conservadora, hasra el
punto de prohibir el acceso de los homosexuales al ejerci­
cio del psicoanálisis (véase capítulo 3).
El movimiento homofílico se origina en Europa a fina­
les del siglo XIX, especialmente en Alemania. En aquel
momento, su principal preocupación era que se reconocie­
ra la homosexualidad como un fenómeno humano natural.
En 1869 los legisladores alemanes (prusianos) estaban con­
siderando aprobar un nuevo código pen.1I para criminafü...1r
los actos sexuales enm: varones. Karoly Maria Benkert, escri­
tor y médico de origen alemán (y a quien se atribuye la acu­
ñación dd término 'homosexualidad, en 1869), escribió una
cana abierta al mi1Jiscro dt: justicia oponiéndose :1 ese: pro­
yecto legislativo. Benlkerc argumentaba que, dado que b
homosexualidad era innara, sólo·podfa estar sujeta a las leyes
de la naturaleza. no a las leyes penales. Además observaba
que la homosexualidad no suponía un daño para cerceras
personas ni vulneralxi sllS derechos. Los argumentos de Ben­
kert no fueron escuchados, y la ley fue aprobada.
En 1897 un neurólogo alemán llamado Magnus Hirsch­
feld fundó el Comiré Científico Humanitario. Su princi­
pal objecivo era convencer a los legisladores de que abo­
lier:m el artículo 175 del Código Penal, aquel al que se
había opuesto Bcnkerr en su carta. Al igual que éste,
Teoría queer y psicoanálisis
24

Hirschfdd insistía en la naturaleza congénita de la homo­


sexualidad, y dedicó su vida e ntera a la forja de las prue­
bas científicas de su argumentación. Para ello ndoptó la
tesis de Karl-Heinrich Ullrichs (1825-1895) que hablaba
del 'uranisca' [ Urning] como "tercer sexo" o "estadio sexual
intermedio", como una mezcla i n nata de los caracteres
sexuales. Hirschfcld concebía el homosexual masculino
como una "especie particular" de afeminado corporal y
psíquico. Él y sus colegas sefialab:m como elementos: tier­
no de piel, sedoso de cabellos, ancho de pelvis, "femeni­
no'' en la escritura, flojo de musculatura, el andar a pasi­
tos, cte.:

Los músculos dd uranisca son más Aojos que los mascu­


linos. En con s ecuencia existe en la mayor parte de los
casos una tendencia natural a los movimientos tranqui­
los (paseos a pie, deporte de excursión, de montaña, ciclis­
mo, natación y baile). Mientras que la musculacura corpo­
ral deja mucho que desear la mus culatu ra lingual denot a
acostumbradamence una fuerte acrividad, por eso conside­
ramos que los uranistas, como las mujeres, son a menu do
sumamente locuaces.
Se aprecian frecuentemente pasos pequeños. bailo­
teanres y pareciendo a menudo afectados. también un
andar ligeramente elástico. El modo de caminar es tan
característico que muy a menudo podía reconocer desde
mi cuarto de rrabajo a un uranista que viniera de la sala
de espera por su andar.
También los movimientos de b razos del uranisca son la
mayor parte del tiempo típicos. cspeci:tlmenre lo son tam­
bién aquellos movimientos de los que se deriva la escri­
tura3 .

Este "retrato" hirschfeldiano no quedó incontestado.


En los tempranos movimientos homosexuales alemanes
Historia del movimiento "homosexual-gay-queer
25

no sólo no era una figura de identificación, sino una figu­


ra de repulsión. En particular Blüher (movimiento de los
"Wandervoge1,,), Adolf Brand (grupo de la "Gemcins­
chaft der Eigenen") y Radszuweit {organización de la
"Freundschaftsbund") polemizaron contra los "marico­
nes" de Hirschfeld.
E.s curioso observar que en 1899 el propio Frcud ya esta­
ba al tanto de los textos de militantes homosexuales como
Magnus Hirschfeld4 ; quizá encontramos aquí el primer
cruce entre los estudios gays y lesbianos y el psicoanáli­
sis, por medio de la cita que hace Frcud de un artículo de
Hirschfdd para defender )a disposición a b biscxualidad
en todos los seres humanos. Otro grupo homófilo creado
cinco afios después por Benedia Friedlander, la Comuni­
dad de los Especiales, criticará la representación de la homo­
sexualidad como una disposición biol6gica, y los intentos
de Hirschfeld por ser aceptado a partir de su imagen paté­
tica de una ,cpobre :ilma de mujer sufriendo encerrada en
un cuerpo de hombre, y la idea del tercer sexo"�.
En 1914 Havelock Ellis y Edward Carpenter fundan la
Sociedad Británica para el Estudio de la Psicología Sexual.
Esta asociación tendrá una marcada vocación homófila,
pero sin llegar a hacer propuestas legislativas. Se basará en
programas educativos, abriendo una biblioteca sobre estu­
dios homosexuales y buscando conexiones con otros gru­
pos estadounidenses.
En 1924 aparece en Estados Unidos la primera organi­
�ción homófila, la Sociedad de Chicago para los Derechos
Humanos. A pesar de ser una organización homosexual,
su discurso es enormemente conservador, asumiendo el
estatuto de la homosexualidad como anormalidad física y
mental, y pidiendo que, dado su carácter enfermizo, esca
conducta no sc:a perseguida legalmente.
Teoría queer y psicoanálisis
26

A comienzos del siglo XX en muchas ciudades europeas


los homosexuales y la.s lesbianas habían conquiscado espa­
cios lúdicos y culturales (Parls, Berlín, Londres). La llegada
del nazismo6 (que ataca b sede de la organización de Hirsch­
fcld, quema sus archivos y persigue a sus miembros) y la
Segunda Guerra Mundial suponen un gran retroceso en los
tímidos avances que habían desarrollado los grupos de defen­
sa de los derechos de los homosexuales en el primer cuarro
del siglo XX. Pero la represión va a continuar después de Ja
guerra. Es poco conocido el dato de que al terminar la Segun­
da Guerra Mundial se libc:r6 en Alemania a judíos, gitanos
y otros colectivos que habían sobrevivido al exterminio nazi,
pero no a los homosexuales. Como la homosexualidad en
Alemania era ya un delito anta de la llegada del nazismo,
se recuperó el código anterior y los homosexuales capcura­
dos por el te rror naz.i fueron mantenidos en las cárceles
durante muchos años más eras la guerra. Además del caso
:1lemán, en Francia y en España se aprucb:m nul!vas lcye,'i
rc::prc:sivas concra las prácticas homosexuales. Un comcxro
can duro impidió d desarrollo de organizaciones homófilas
significativas en Europa hasra los años setenta.
En Estados Unidos aparecen en los afios cincuenr:1 <los
asociaciones de defensa de los homosexuales, la Sociedad
Mattachine (formada por hombres) y las Hijas de Bilitis
(mujeres). Ambas trabajan de forma semiclandescina para
reforzar los lazos de solid aridad y de identidad colectiva
entre las personas homosexuales, pero con un sesgo con­
servador ba.scarm: fuerce, buscando la respetabilidad, fomen­
tando las buenas maneras, y codo lo que pudiera concri­
buir a la acepcación social. Además mostraban un fuerce
rechazo de otros grupos que transgredían las nociones esta­
blecidas de género, como las drag queens o las mujerés bmch
(lesbianas masculinas y de clase obrera).
Historia dc?I m�-.irnicnto ·homosea.ual-;ay-qu�l!c·

Lo mis característico J� estos movimit!ntos, y lo que V.l


a marcar la diferencia con el movimiento de liberación gay
de los setenta, es que asumían una identidad homosexual
con b mayoría de los valores negativos asociados a la mis­
ma por el discurso dominante de la época (enfermedad,
anormalidad, inversión), y buscaban una asimilación social,
reivindicando la ig ualdad respecto a los valores heterose­
xuales. Se diferenciaban del orden establecido sólo por el
género de su objeto sexual, pero no cuestionaban los valo­
res familiares, los roles de género o el propio sistema social
homofóbico en que vivían.
Paraldamente a estos movimemos, el psicoanálisis jugó
un papel bastante represivo respecto a la homosexualidad.
A pesar de que el propio Freud se opuso (aunque no con
suficiente énfasis) a la propuesta de exclusión de los homo­
sexuales de la práctica analítica, y a la posibilidad de tra­
tar de "curarlos,. para convertirlos en heterosexuales, la
herencia institucional analítica marginó cada vc:z m;is a los
homosexuales. y colaboró con el discurso parologiz.ancc
que se había iniciado en d siglo XIX (véase el capítulo 3).
Como se verá más adelante, una de las pocas excepciones
a estl práctica de scg"regación de los homosexuales fue Jac­
ques Lacan.
El 28 de junio de 1969 la p<jlicía de Nueva York comen­
zó a acosar a los clientes de un bar de cravescis y drags lla­
mado "Sronewall lnn". La inesperada y feroz resistencia de
los clientes desembocó en un fin de St!mana de discurbios
callejeros encre los cr:ivescis y gays del barrio y los policfas.
Esre acomccimienco dio lugar a la constitución de una iden­
tidad gay y lesbiana como fuerz:i política, que aún hoy fun­
ciona como fecha mítica para las organizaciones. Para con­
memorar los sucesos de Sroncwall se celebra cada año el
Ola del Orgullo Gay, Lesbiano y Transcxual el 28 de junio.
Teoría queer y psicoanálisis
28

A diferencia de los movimientos anteriores, los nuevos


grupos que se organizan a comienzo de los años setenta
van a cuestionar el orden liberal y las demandas de acep­
tación imegrada, insistiendo más en la diferencia que en
la igualdad. Quizá el hecho de q¡ue fueran los cravescis
quienes iniciaron la resistencia influyó también en adop­
tar una línea más escandalosa y de oposición a1 orden hete­
rosexual. y en reforzar la idea de una .. identidad gay" que
no necesitaba de modelos de respetabilidad ni de la adop­
ción de la estética normalizada heterosexual. Por eJlo los
movimientos de libcracion de los scccnra van a abando­
nar la p.1bbra ·homosexual' por m carga patológica y por
ser una nominación que hace el 'otro' sobre uno mismo,
para pasar a reivindicar el términ,o 'gay' como marca de
un auto-reconocimiento positivo y sep:uado dd discurso
científico. Es una casualidad divertida que la vigencia de
]a palabra 'homosexual, haya durad!o justamente cien años,
de 1869 a 1969.
Pero evidencemente no se puede encender el nacimien­
to de esta nueva identidad gay a parcir de un hecho aislado
como fueron los incidentes de Stonewall. Es preciso tener
en cuenta el crítico momento social y político de Estados
Unidos en los años sesenta. El movimiento concraculcural
de los sesenta (movimiento afroamc:ricano, estudiantes radi­
cales, hippies, movimiento antimilitarista, feminismo, nue­
va izquierda, psicodelia) fue un contexto favorable para la
apariciófi y rnkulación organizada de los nuevos movi­
mientos de gays y lesbianas, con una identidad más políti­
ca y de enfrentamiento social. En Europa habría que espe­
rar a mediados de los afios setenta para la aparición de los
primeros movimientos de liberación gay.
Estos movimientos militantes que comienzan a tomar
cuerpo en Estados Unidos, Europa, Auscralia y América
Historia del movimiento "homosexual-gay-queer"
29

Latina van a afirmar la identidad gay como algo positivo,


y van a denunciar aquellas instituciones que habían margi­
nado y p�tologizado la homosexualidad: medicina, psi­
quiatría, psicoanálisis, derecho, religión. Sus discursos y
estrategias varn a ser más agresivos y desafiantes ante los pode­
res establecidos y ante los discursos de los "expertos" que
hasta ahora habían decidido sobre la suerte que debían correr
las personas con prácticas sexuales diferentes a la norma
hecerosexista�
Las luchas de estos movimientos de liberaci6n pro­
dujeron (y siguen produciendo) importantes cambios en
las legislaciones de.: muchos pafsc� para dcspcnaliz;tr la
homoscxuali.dad y consiguieron que se abrieran espacios
de libertad y de ocio en numerosas ciudades del mundo.
P:tralcl:tmcnc,c se fue produciendo un fenómeno de inrcr..
vcnción del capitalismo sobre los espacios que habían
conquistado gays, lesbianas y transexuales. A finales de
los años setenta y sobre codo en los ochenta comienzan
a proliferar los llamados "barrios gays", lugares donde la
mayoría de la población es gay y donde se practica una
forma de vida cada vez más estandarizada y aburguesa­
da. El mercado capitalista, que hasta entonces había deja­
do de lado a gays y lesbianas como mercado "potencial,
ve en esta nu,eva gen eración un campo de consumo inex­
plorado. Comienzan a publicitarse objetos de consumo
"para gays" y hasra una especie de "estilo de vida gay":
discos, libros, películas, pornografía, moda, viajes... , un:1
enorme oferta de mercancías se ofrece para consumo de
gays y lesbianas, hasta el punto de que no son ya los gays
los que consumen, sino que son éstos los que son con­
sumidos por la dinámica del mercado. Al mismo tiem­
po, muchos de esros colectivos milicanccs se convienen
en meros gmpos de presión para conseguir cuotas de imc-
Te:oría qui:c:r y ¡,:.ii;uaralilis�
30

gracíón social, perdiendo gran parte de su potencial rcvo­


lucionario7 .
Es c:n esre marco social de fuerce identidad gay donde
va a producirse la aparición de nuevos discursos y prácti­
cas a finales de los años ochenta, que vendrán a denomi­
narse movimi�nco quccr o ccorfa quccr. La gran mayoría
de las personas que conformaban esa "cultura gay" eran
varones, blancos, de clase media o alta, con profesiones
liberales o empleos estables, es decir, una especie de nue­
va burguesía gay. Varios colectivos de mujeres lesbianas,
chicanas, negras, latinas, con problemas de paro, de regu­
larización o de inserción social, y personas con sexualida­
des más diversas y complejas que la del simple modelo
"varón g:iy con varón gay", van a expresar a finales de los
ochenca su distanciamiento de ese modelo idílico y con­
servador gay, negándose a reconocerse como "gays" y afir­
mando entonces ser "queer", es decir, alguien raro, dife­
rente, alguien que reivindica la importancia de !a raza y
b. clase social en bs luchas polícic;1s, no sólo b oric:.-n.c:i­
ción sexual. Como nueva forma de auconominación, estas
personas van a apropiarse de una palabra injuriosa, de un
insulco concr;1 los gays como es la palabra 'qu�r·, y van a
uriliz.arb como seí1al de idemidad para devolverla iróni­
camente contra el sisrema de orden hererocenrrado, e
incluso contra el nuevo orden "gal que sólo busca ince·
grarse socialmente y disfrutar de la sociedad c.,picalista 8 •
Gay es una palabra respernosa, tolerable. QL1eer no, queer
es un ínsulco') , un taco, una palabra sucia que, en boca de
quienes se ;1propian de ella, muestra que no se está pidi�n­
Jo la rolcrancia ni el respeto ni la accptad6n por un orden
que c:s excluyente y normativo.
No se debl! olvidar en esta breve crónica la p;1.ndcmia
del sida, que ha cenido consecuencias desastrosas dentio y
Hi:sluiiu iJul 111uvimiu11lo .. hu1110:s1:xual·yay·t¡u11nn"
31

fuera de la comunidad gay. La aparición del sida a princi­


pios de los afios ochenta y su rápida identificación ideoló­
gica con las personas con prácticas homosexuales supuso
un pretexto ideal para el avance de los prejuicios homofó­
bicos 10 , que se tradujo en una escandalosa dejación de res­
ponsabilidades por parce de las aucoridades sanitarias de
todos los gobiernos del mundo. Mientras los políticos lan­
zaban tímidas campañas de información, o hacían el jue­
go a la estrategia genocida de los líderes religiosos (basada
en 1a ignorancia y el silencio o, peor aún, promoviendo el
sexo sin preservativo en países como África), las asociacio­
nes de gays y lesbianas desempeñaron desde el primer
momento un papel import:mtísimo en la prevención de la
enfermedad y en el establecimiento de sistemas de solida­
ridad y apoyo para las personas infectadas con el VIH.
En el marco de esta pandemia surgieron grupos como
ACT UP 11, que basaban su estrategia en campañas muy
claras y explicitas de prevención e información sobre rodas
b.s form:is de transmisión, en mensajes y acciones directos
e impactantes (Silencio = Muerte), y en redes de apoyo que
incluían (e incluyen en la actualidad) a diversos colectivos
sociales: inmigr�tntes: personas sin hogar, mujeres, toxicó­
manos, gays, lesbianas, cransexuales, presos, ere. En el capí­
rulo dedicado a la teoría queer véremos que es precisamente
esce tipo de culcura "transversal", en la que diversas iden­
tidades y posiciones se cruzan y crabajan conjuntamente
desde una estrategia que desafía en ocasiones el orden esra­
bleci<lo, b que puede <lar a cm�nder m�jor la aparición Je
la llamada cultura queer.
Teoría qucer y psicoanálisis
32

Notas

l. Es cierto que ya existía una persecución homófoba por parte de


la Iglesia cac6lica desde la �ad Media, pero el nuevo giro que
supone la categoría médica de 'el homosexual' va a producir nue­
vas formas de resistencia específicas. Para un desarrollo de la
noción foucaultiana del dispositivo de sex1t.1tlid4d, vé.-isc en el capí­
tulo 5 d apartado dedicado a Foucauh.
2. Para un análisis detallado de la aparición del término 'homo­
sexualidad' y los prejuicios y discursos que lo acompañan, véase
el excelente ensayo de Ricardo Llamas, Teoría torcida.
3. Texto tomado del c.,cálógo de la cxpo�ición vinual del lnstitur
flir Stx111rlwmemch11ft (/919·1933) c<lit:t<la en CD Rom y en
lncernec por la Magnus--Hirschfeld-Gescllschaft c.V. Berlín, 2000.
Se puede visitar esta impresionante cxposici6n de textos y foto­
grafías en www.magnus-hirschfcld.de (en esa misma dirección
se puede comprar el CD Rom en cmcll:1110).
4. Frcud cita a Hirschfdd al desarrollar su teoría de la bisaualidad
como disposición gcncrnl de los seres humanos. Frcud, S. ( 1981):
"Tres ensayos para una teoda sexual'", Obrar Compkw, Biblio­
teca Nueva, Madrid, nocas 636 y 637, pp. 1177·1179.
5. Lauritsen, J. yThorstad, D. (1974), The Early Homosexual Rights
Muvemtnt, Times Ch:mge Press, Nueva York, p. 50.
6. Los nazis exponen un busto reducido de Hirschfdd en el Primer
Musco de la Revolución de Alc:m¡¡nia con d siguiente letrero; "El
hermoso Magnus HirschfeJd, el mayor puerco dd siglo XX". En
una fotografla de los archivos podemos ver cómo los nazis llevan
en lo alto de una estaca el busco de Hirsd1fcld durante la mar­
cha de las antorchas, en la quema de libros del 1 O de mayo de
1933. Véase el citado Cd Rom del lrutitut für Scxu;ilwissensch:afc
( l 919· 1933), Magnus· Hirsch fcld·Gc:scllschafc c. V.
7. Por ejemplo, es muy triste constatar que en la aauali<lad los gru­
pos gays más importantes de Estados Unidos se dividen entre
los que hacen camp:1na por los candid�cos dcmócr:nas y los que
la hacen por los republicanos. En Espaiia algunos partidos como
d PSOE o ltquictdik Uni<b Y-' hát\ empa.1do a átcrc.írse dMi­
damcntc :1 la "acera ros;i" con intenciones clector:tlistas. Al PP
Historia del movimiento "'homosexual-gay-queer"
33

ni siquiera se le ha ocurrido mencionar (en público) la palabra


homosexualidad o gay en roda su historia, porque la presión del
Opus Dei en sus filas es tan fuerte que puede m�s que cualquier
''tent:1ció·n rosa...
8. Podernos cncomrar otros ejemplos de este h:m(o hacia la "cul­
tura gay'• estandarizada. en el corrosivo libro editado por Mark
Simpson (1996). Ami-Gay. Cassell, Londres.
9. Aunque no hay una traducción unívoca para queer. en este con­
texto se puede decir que en inglés tiene la misma connocaci6n
de insulto como la que tiene en español la palabra "maricón" o
"tortillera". De hecho, en los años noventa algunos grupos radi­
ctlt:5 españoles oomo L., Radical Gai o Lesbianas Sin Duda (LSD)
uciliz..16:m la palab1-;1 marica o bollera para refcrir�e a sí mismos,
en u11a estrategia parecida a la del término quccr.
10. Para un an&llsis complejo de la crisis del sida. vé:tsc Llamas, R.
(comp.) (1995), Construyendo sidmtidaáa; estudios desde el c-om­
zdn d� 1'nn ¡,andemia, Siglo XXI, Madrid.
11. Véase web sice de Acc up París www.accupp.org.
3 La homofobia del psicoanálisis
Teoría queer y psicoanálisis
36

Los que están de acuerdo conmigo están locos.


Lo:1 que no lo están, su.srenran elpoder.
PHll.lP K. DICK

Para comprender la comp�eja rdaci6n que existe entre la


teoría psicoanalítica y la teoría quecr es conveniente cono­
cer la propia historia del psicoanálisis. Esta relación ha sido
siempre bastante polémica, cuando no de abierto enfren­
tamiento. Aunque en 1973 la American Psychiatric Asso­
ciation decidió elimina� la homosexualidad de su lista de
enfermedades mentales, el legado de esta visión patológi­
ca todavía persiste hoy día. Sin embargo, es curioso cons­
tatar que el propio Freud, fundador del psicoanálisis, no
consideraba d deseo homosexual como una forma de enfer­
medad, o como un problema específico, sino como una
disposición presente en la constitución sexual de codas las
personas. Freud afirmaba en 1915:

La investigación psicoanalícica rechc1z.1 rcrminance­


mcntc la tentativa de separar a los homosexuales del res­
ro de los humanos como un grupo diferentemente cons­
tituido. [ ...] Ha comprobado que todo individuo es capaz
de una elección homosexual de objeto y la ha llevado,
efectivamente, a cabo en su inconscicncc 1 •

Frc:ud va más allá en sus afirmaciones sobre la homose­


xualidad, hasta el punto die caracterizar como perversa a
toda la sexualidad humana:

Los médicos que primero estudi.1ron las perversiones


en casos típicos y bajo condiciones especiales se inclina­
ron, naturalmente, a atribuirles el carácccr de un estigma
patológico o degenerativo, como ya vimos al tratar de la
La homolobia del psicoanálisis
37

ínvcrsi6n. Sin embargo, c5 más fácil demostrar aquí, en


los casos de invcrsi6n, el error de escas opiniones. L.1. expe­
riencia cocidi;rna muestra que la mayoría de esas cxcrali­
miuciones, o por lo menos las menos importantes cncrc
ellas, con5tituycn parte inrcgrante de la vida sexual del
hombre normal y son juzgadas por éste del mismo modo
que! erras de sus intimidades. En circunstancias favora­
bles, también el hombre normal puede susrituir duran1c
largo tiempo el fin sexual normal por una de estas per­
versiones o practicarla simultáneamente. En ningl'm hom­
bre normal falta una agregación de c-arácccr perverso al
fin sexual normal. y esta gcncr:1lidad es suficiente p:ua
hacer notar la impropic<l:1d de empicar d término 'per­
versión' en un sentido peyorativo. Prccisamcmc en los
dominios de la vida sexual se tropieza con especiales difi­
cul tadcs, a veces insolubles, cuando se quiere csrablcccr
un::t fmnrcra definitiva entre las simples v:iri::mrcs dentro
de la ampliwd fisiológica y los sínromas patológicos.'.' .

Precisamente la subversión del <lescubrimienco freu­


diano consiste en separar la pulsión sexu:1I de cualquier
dctc:rmin:ismo narur;il o biológico. A partir de esta <.:onsta­
tación, la sexualidad humana será para Frcud un lugar pro­
blemático, un lugar de desencuentro, donde el sujeto está
dcscencrado de sí mismo por la aparición de ese lugar sin­
gubr que es el inconsciente. Esto implica también una crí­
tica radical del 'ego' como categoría que pueda dar cuenta
de la subjetividad. Es importante señalar que Freud fue
probablemente el primer intelectual de la historia del pen­
samiento que se plantea la heterosexualidad como algo pro­
blemático:

En un scnriJo psicoanalítico, el intcró sexual exclu­


sivo del homhrc por la mujer constituye ramhién un pro­
blema, y no algo natural'.
Una de.: las grandes paradojas de la historia del psico­
análisis es que las insricucioncs psicoanalíticas se han de­
sarrollado en dirección opuesta a1 potencial crícico que cncc­
rr:1ban los planreamienros freudi:rnos. La clínica freudiana
institucional derivó en una práccic..1 y una teorización cada
vez inás mor alizante, hererocencr:1da y normaliudor:t, lo
cual lógic=imence produjo un rechazo y una crícica cad:i ve-L
mayor por parce de los colectivos de gays y lesbianas en todo
el mundo. Esca tradición homofóbica ha marcado gran par­
ce de los estudios queer y de su oposición al psicoan:ílisis,
aunque su relación, como se ver:i en los capítulos finales
del libro, no es siempre de r echazo4 •
L1can rc::ilizó un gran esfuerzo en su obra para restituir
los aspectos más subversivos de b obra de Freud: b resis­
tencia dd inconsciente a cualquier intento de normaliz;l­
ción, la pulsión de muerte como componente clave de la
subjetivi<lad humana, y la crítica a cuéllquier incenco de
univi:rs�1lizar valores morales o nluc;ttivos.
El propio Foucault, en su Hi1torin de la sexualid&I, reco­
noce un lugar singular al psicoanálisis:

Y se compn:mh:rfa mal la posición del psicoan:ílisis,


a fines dd siglo XIX. si no SI! viera la rupcura que opc:ró
resp<:cro al gran sisrcma de b degeneración: volvió al pro­
yecco de una tecnología médica propia del instinro sexual,
pero buscó emanciparl::i de sus correlaciones con b heren­
cia y. por consiguiente, con rodos los racismos y codos los
cu¡;t.:nismos. [ ... ] En la gran f�m1ilia de las tecnologías dd
sexo, ,¡uc se rcmonca tan lejos en la hisroria dd Occidente
crisci�mo, y cncrc bs que en el siglo XJX emprendieron la
m�dic1lización <ld sexo, el psicoanálisis fue hasta la déca­
da de 1940 b que se opuso, rigurosa1nence, a los efectos
polícicos e insricucionales del siscema perversión-heren­
cia-degeneración s.
La homofobia del psicoanálisis
�9

Esta posición singular <leriva de su actitud hacia la per­


versión. Esta noción, desarrollada por el sexólogo Krafft­
Ebing6 a finales del XlX para caracterizar como patológicas
las sexu�1lida des que se apartaban de la función natural
reproductiva y de la relación heterosexual, es tomada por
Freud pero en un sentido muy diferente. Freud ya no con­
cibe )as pulsiones sexuales en términos funcionales repro­
duccivos, sino que descubre que escas pulsiones pueden
dirigirse a cualquier objeto, sin que su dinámica tenga nada
que ver con la necesidad.
Su posición sobre la homosexualidad queda reflejada de
forma clara en la "Carta a una madre americana,,. En ella
afirma:

no hay na&, c:n ella [la homosexualidad] de la que deba­


mos avergonzarnos, no es un vicio, ni un:i degradación y
no se la puede calificar de enfermedad. [ ...] Es una gr.m
Ínjusrici;i pmeguir la h«.>mQ���;ilid;1d tQIH() �¡ fo�ríl im
,rimen, c." un;\ auddad 7 •

Tras la muerte de Frcud en 1939, se va a imponer una


forma de psicoan�ílisis c.1<la vez menos relacionado con los
conceptos origin;dcs de freud. Muchos psicoanalistas nor­
teamericanos se adhirieron a l� tesis de Adler, que recha­
zaban las posiciones de Frcud sobre el inconsciente y la
homosexualidad. De csre modo, el psicoanálisis se convir­
ti6 en los años cincuenra en una especie de práctica médi­
� que recuperaba el comenido psiquiátrico que el propio
Freud habfa rechazado cada va m:ís a lo largo de su obra.
Esr.1 visión conservadora del psicoanálisis va a promover b
idea de una sexualidad normal -la heterosexual-y la posi­
bilidad de "curar" a los homosexuales.
Esta perspectiva se materializó en el apoyo dado por
muchos psicoanalistas a prácticas clínicas que se pueden
Teoría quee, y psicoanálisis
40

calificar de autémic.-i tortura: terapia a:versiva, tr�1tamicntos


con elccrrochoqucs, uso de drogas para producir náuseas y
vómitos; inyecciones de hormonas¡ hipnosis, sugcsti6n ani­
mada por imágenes y sonidos, cascrac:ión e incluso loboto­
mfa. El prestigioso médico de prisiones Ló pez lbor decla­
raba sin rubor en 1973:

Mi último paciente era un desviado. Después de la


intervención quirúrgica en el lóbulo inferior del ccrc·
bro presenta, es cierro, trastornos de la memoria y en la
vista, pero se mucstríl más ligeramente atraído por las
mujcrcs R .

El inicio de esta tradición homofóbica lo encontramos


en el seno de la comunidad analítica de los afios veinte. A
parrir de diciembre de 192 l la cuestión de si se debe o no
ace ptar a los homosexuales como psicoanalistas divide a la
institución analítica. L, Asociación Psicoanalítica Interna­
cional (IPA) dirigía entonces de forma secreta un comité
sobre esta cuestión:

Los vieneses se mostraron mucho más roleranres que


los berlineses, quienes, apoyados por Karl Abraham con·
sidcraban que los homosexuales eran incapaces de ser
psicoanalistas porque el análisis no les curaba ele su inver·
sión, Apoyado por Frtud, Ocro Rank se opone a los bcr·
lineses. Dedara que los homosexu.alcs deben poder ;iccc·
der normalmente a la profesión de analistas según su
compcrcncia, y denuncia la persecución que sufren en
aquel momento por las lcye:s curope;1s. Emsr Joncs rccha·
z:i esta posición y apoya a los berlineses, y declara que
a los ojos dd mundo la homosexualidad "es un crimen
repugnante: si uno de nucsrros miembros lo cometiera,
nos comporrarla un grave descrédito". En csra fecha, la
homoscxualid:td es prohibid:1. en el imperio freudiano,
La homofobia del psicoanálisis
41

por medio de un:t regla no escrir:t, h:1sc:1 el punto de


"'
considerarla dé nuevo como una "rara '.

En esre conrexro homofóbico de la Asociación Psico­


analítica Internacional (IPA). la posici6n di: Lacan remira
bascanrc excep cional. Lacan no rechazó a ningún alumno
en formación como anaHsta por ser homosexual, y no dis­
criminaba a sus pacientes por este motivo. Elisabech Rou­
dincsco comenta esta actitud en los siguientes términos:

En esta época, en Francia, se obc<lccfan las rcgl:is de


la IPA y se prohihfo a los homoscxualcs la form:u.:il,n
didáctica. Como pacientes, se les considcrnba cnfcrmm
que debían ser recduodos para convenirse en heterose­
xuales. En es.1c conccxco, los homosexuales que querían
analiz.1rsc ah.mdonaron los div:rncs de la IPA, .�,lvo en cl
c.1so de que u11:1 "perversión" p:1rticular les conJujcr., :t
odiar su propia homoscxu:ilid:id hasta el punto de que­
rer diminarl;1. Los demás, que a menudo pertenecían a
un medio incdeccual o arc{scico. eligieron divanes menos
represivos. Muchos de ellos se analiz.1ron con Lac.rn, que
nunca intentó transformarles en heterosexualc.c;.
Lacan no· s6lo aceptó en análisis a homo sexuales sin
pretender nunca reeducarles o impedirles que se hicie­
ran psicoanailisras si as{ lo deseaban, sino que. cuando
fundó la Escuela Freudiana de París {Ef P) en 1964,
:icepcó el principio mismo de su inccgr:ición como ana­
listas de la escuda (AE) o analistas micmhros de 1:1 escue­
la (AME)'°.

El espíriru inconformista y crítico de Lacan le llevó a


enfrentarse froncalmcnce con la Asociación PsicoanalCcica
Incernacional (IPA), precisamente la institución que había
fomentado el prejuicio homofóbico a lo largo de la hisco­
ria Jel psicoanálisis. Su enfrentamiento no se produjo a
Teoría quoe, y psicoanálisis
42

causa de esta política segregadora homófoba, sino por la


resistencia de Lacan a plegarse a la norma de la duración
de las sesiones (que debían dur.ir cincuenta minutos según
la IPA). Pan Lacan este imperativo obsesivo no respetaba
las posibles puntuaciones del sujeto en su discurso, que
obviamcmc nunca obedecen a un tiempo prcestablc:ci<lo.
Lacan praccicaba sesiones con:is, <le menos tiempo del esri­
pubdo por la IPA, y de duración variable. Además critica­
ba su ac:idemicismo, su ideología cada vez más conserva­
dora y la traición a la propia ceorfa freudiana. Lacan fue
definitivamente expulsado de la IPA en 1963.
El filósofo Didier Eribon ha public2do recienremenre
dos libros en los que cririca duramente al psicoanálisis como
ejemplo de discurso homofóbico y hcrcrocenrr:ido: Refle­
xiones sobre la cuestión gay ( 1999) y Um moral du minori­
taire (2001 ).
El punro de partida de Eribon es la injuria:

En el principio hay la injuria. Lt qu1.: cualt1uicr gay


puc<lc oír en w1 momento u otro <le su vida, y que es d
signo de su vuln�rabilidad psicol6gica y social. [ ... ] Una
Je las consecuencias Je la injuri�1 � moldL-ar las n:bcio­
ncs con los demás y con d mundo. Y por canto, perfilar
la personalidad, la subjetividad, el ser mismo dcJ indivi­
duo. [... ] El insulro me hace saber que soy una persona
disrinca de bs demás, que no soy normal. [ ... } El insulro
c:s pues un veredicto. ( ... ] l.a 'nominación' produce una
com:t de concic:ncia de uno mismo como 'orro' que los
dcm;is trjnsfonnan en 'objeto' 11•

Eribon v1 a intenrar incluir d discurso de Lacan en esta


dinámica de la injuria contra los homosexuales. Tras dejar
constancia de las esperanzas puestas por algunos homose­
xuales en los inicios de la teoría psicoanalítica y de la obr:i
La homofobia del psicoanálisis
43

freudiana en cuanco a su potencial liberador y antiestig­


marizador, D. Eribon constata la desilusión y amargura
de muchos de dios por el viraje que los textos frcudianos
van adquiriendo en las manos de L1can y en las de sus dis­
cípulos.
Ante dicha desilusión, se pregunta si el psicoanálisis es
recuperable para la causa de la dignificación de los homo­
sexuales, o si, por el contrario, ése es el resultado que cabía
esperar desde sus inicios. En todo caso advierte de entrada
que si se puede producir algún cambio en la perspectiva
homofóbica del psicoanálisis, vendrá por la vía de algún
retorno a Freud que consista en lo contrario de "la gesta
retrógrada iniciada por Lacan y proseguida por la mayoría
de sus discípulos'' 12•
La respuesta a la pregunta implica un recorrido por al gu­
nas ciras de los Tres enrayas y otros textos freudianos de los
que se destaca: el fi11or sanandi, la escigmaci-zación dd homo­
Sl"xual como perverso, b constatacicSn <.h: la resistencia del
homosexual a st:r rraca<lo, d uso del término invtrsión, la
referencia a un desarrollo normal o anormal de la sexuali­
dad, el olvido de la bisexualid:id original a causa de una
t�orí:i <lcl Jcsarrollo orientada por d criterio dt: la normali­
dad de b hecerosexu:ilidad, el trato no igualitario entre las
opciones heterosexual y homósexual. Desraquemos sólo
lo que más tarde se constituirá en cenero de su rechazo a las
explicaciones psicoan11fcicas: mientras los textos freudia­
nos mantienen la necesidad de explicar la psicogénesis de
un caso de homoscxu::ilid:id femenina, no ocurre lo mismo
con los sujetos heterosexuales. Eribon ve a Frcud prisione­
ro de las teorías psiquiátricas de Krafft-Ebing y sus inten­
tos normativos, aunque le reconoce su interés por analizar
y comprender denrro de un marco de: preocupación huma­
nista.
Teoría queer y psicoanalisis
44

Después de Freud se muestra aún más crítico con Lacan,


en cuatro capítulos que se titulan «Homofobia de Lacalll"
1 y 2, y "Para acabar con Lacan" 1 y 2'-\
En "Homofobia de Lacan" 1 Eribon se dirige al Semi­
nario V de Lac.,n para encontrar las rawnes que justifican
dicho dtulo y halla el argumento en una afirmación de
Lacan: en el caso de la homosexualidad masculina es la
madre la que dicta la ley al padre. Según su lectura: "Todo
el pensamiento de Lacan se organiza alrededor de esta
estructura sexista y a su va hcteroscxista" que no hace nada
más que reiterar lugares comunes como que el homosexual
siente miedo por la mujer y por ello rechaza la vagina.
"Lacan, como la casi tocalidad de los psicoanalistas, es inca­
paz de pensar la homosexualidad en ranco que orientación
sexual, como un tipo de dcsco" 14•
11 l
En "Homofobia de Lacan 2 se dirige al Seminario V ll
para hacer notar que: lo que caracteriza el discurso lac.1niano
en este texto es la voluntad de mantener la homosexualidad
como una perversión. Si Lacan recurre a un texto platónico
en que aparece el amor homosexual, es con la intención de
servirse de él como simple medio para hablar del amor serio,
del heterosexual. La excepción de la regla le permite apre­
hender la normalidad. Si Eribon ha oído decir que para Lacan
rodo deseo es perverso, tras recorrer algunos fragmentos del
Seminario I sobre la prcgnancia de Jo imaginario en ]a pe-r­
versión o el aniquilamiento del deseo del otro o del propio
en dicha estructura, afirma que si todos somos iguales, pare­
ce que para Lac.1n íllgunos lo son más que otros.
"Para ctcabar con Lac:an" 1 y 2 se dedican a mostrar cómo
la homofobia de Lacan forma parre de un plan diseñado
desde siempre en su obra y cuyas primeras pistas pueden
ir ya a encontrarse en su obra temprana "Los complejos
familiares.,:
La homofobia del psicoanálisis
45

Se trata de un verdadero programa polírico el que nos


es presentado aquí, en el cual el psicoan�li�is es 11:imado
a jugar un papel determinante en la lucha contra esa nue­
va utopla socia) que tiene como nombre )a cmancipaci6n
de las mujeres y cuyo resultado es la inversión gcncraJi­
uda, es decir, el borramicnto de la "pol:uiz.:ición sexual"
y de los roles que prescribe .
1s

Del análisis lacaniano de las oonsccucncias dd declive de


la figura paterna, Eribon deduce que: lo que Lacan se pro­
pone es restablecer el orden masculino y heterosexual. Que
la función materna sea encendida como la de los cuidados
y la paterna como la que encarna la Ley, aunque los padres
de hoy ya no estén a la altura de lo que dichas funciones
requieren, sólo significa que la función política del psico­
análisis consiste en asegurar la plena realización de la norma
hctcrosexisca. Eribon no se coma la molestia de profundizar
en algo tan importante como que la función simbólica del
Nombre del Padre se disringue del padre de la realidad, ni
revela que el propio Lacan insistió en macizar que es el dis­
curso el que instaura esa separación entre el niño y la madre,
sin la necesidad de un padre de carne y hueso.
Se puede reprochar a Eribon que las citas que seleccio­
na de Freud o Lacan csrán sacadas de contexto e hilvana­
das por un hilo conductor previo que no es otro que el a
priori de la concepción del psiooanálisis como una ideolo­
gía normativisca y conservadora basada en los principios
de la dominación masculina y el orden hctcmscxista. Da
la impresión de que Eribon sólo va a los texto s psicoanalí­
cicos a buscar la confirmación de lo que ya sabe.
L, crítica de Eribon tiene más sene ido cuando se refie­
re a las acrnales declaraciones de algunos psicoanalistas
bcanianos en radio y televisión en el debate sobre d PACS
(la ley de parejas de hecho francesa) y la adopción. En
Teoría queer y psicoanálisis
46

esce caso, sí se constata una vertiente homofóbica clara


t:11 c::scus p.sil:oanali:stas yuc, a pc:sar <le: llamarse lacania­
nos, confunden ellos mismos el proceso por el que un
sujeto ingresa en lo simbólico (operación que no exige
ningún padre) con la necesidad de un padre real en el
seno de una familia.
En el capítulo final de este libro (capítulo 9) se abor­
dará por una parce la persistencia de componentes homo­
fóbicos en cl psicoanálisis actual, y por otra los intentos de
algunos analistas por acercarse a la teoría quecr.

Notas

l. Freud, S. (1981), ..Tres ensayos p:ira una teoría sexual", en Obras


Compktm. p. 1178, noca 637.
2. Op. cit., p. 1187.
J. Op. á1., p. 1178, noc:>. 637.
4. Por ejemplo, Teresa de Laurecis y Judirh 13urlc:r rcconocc::n la
influencia de Freud y Lacan en sus trabajos, aunque critiquen
su inc:ip:icid:i<l para pc:n�r 13 sexl1.'llid;1d lcshi:in:t, o su foloc:cn­
uismo.
5. Foucaulc, M. (1978), HiJtoria dr la srxualidlld. l. La voluntad
dnaber, Siglo XXI, Madrid, pp. 144-145.
6. Von Krafft-Ebing. R. (l 996), l'Jychoparhia Saua/is, Velvec Publi­
cacions, Londres.
7. Citada en Roudinesco, E., "Psych:malysc et homosexu:tlité: réfle­
xions sur le désir pcrvcrs, l'injurie cr la fonction paccmclle", Cli­
niqun MMiu"anlmnn, n.0 65, año 2002, pp. 7-34.
8. Llamas, R. (1998), Teoría torcid.11, Siglo XXI, Madrid, p. 311.
Llamas toma la cita del libro de Llmo de Espinosa, E. (1989),
Delitos sin victima. Ordm J()CÍa/ y ,1mbivalmria moral, Alianza
Universida<i, Madrid. López Ibor hizo esras dedaraciones en el
Congreso de Medicina de s�n Remo, marzo de 1973.
La homofobia del psicoanálisis
47

9. Roudinesco, op. cit., p. 12. Para una exposición der.illada de este


proceso de los psico:malisr:u contra los homoscxualC3, véase d
anículo dt: Francisco Javier Vidarte y Ricardo Llamas "Pesqui­
sas. Las maricas frcnrc a la curiosidad científica: de mujeres bar­
budas a conejillos de indias", en Llamas, R. y Vidarce, F. J. (1999),
HomogrnflllI. Esp:is:i Calpe, Madrid, pp. 151-171.
10. Roudinesco, E., C/iníquts Midiu"anlmnts, op. cit., p p. 17-18.
tjl
11. Eribon, D. (2001), R aiontJ sobrr la cumión gay , Anagrama,
Barcelona, pp. 29-30.
12. Op. rit., p. 221.
13. Eribon, D. (2001), U11t moralt d" mirwrítairt, Fayard, París.
14. Op. cir., p. 241.
1 s. Op. cit., p . 262.
4 la mujer no-toda
Teoría queer y psicoanálisis
50

St ag11jerean puertttJ y ventanas prlra haur la cma,


y la nada de ellas es ú, mdi títil para ella.
Ail pun, en lo que timt ser ertd ti inurls.
Pero en ti no ser está la utilidad.
LAo Ts�

4.1. Algunos conceptos clave: goce, real, objeto a

Para comprender el análisis: que hace Lacan de subjetivi­


dad, es necesario explicar previamente algunas nociones
fundamentales de su pensamiento que serán utilizadas a lo
largo de esre libro, especialmenre en el debate con la teo­
ría. qucer.

Goce

Lacan hace una distinción esencial entre placer y goce; el


goce consiste en una tenrativa permanente de sobrepasar
los límites del placer. Este movimiento, vinculado a la
búsqueda de la cosa perdida ,. que falta siempre, causa sufri­
miento. El goce se fundamenta en la obediencia del suje­
to a una orden, del cipo que sea, lo que le conduce al
abandono de sí mismo, a descruirse en la sumisión al Ocro.
De este modo, para Lacan el goce está ligado a la pulsión
de muerte. y a la posibilicllad de un lugar que escape a
la cascración. Para comprender el goce, Lacan recupera
una de las obras fundamentales de Freud, Mds allá del
principio del placer, obra en la que el vienés introduce la
noción de 'pulsión de muelite' y la arricula con la repeti­
ción. A partir de esta noción de repetición Lacan
·- funda-
mentad campo del goce:
La mujer no-toda
Sl

Lo que precisa la repetición es el goce. cérmino que


le corresponde en propiedad. En la medida que hay bús­
queda de goce en canco repccición. se produce lo que csc:í
en juego en ese paso, ese salto freudiano: lo que nos inte­
resa como repetición y que se inscribe por una dialéccica
dd goce, es propiamente lo que va contra la vida. �¡ Freud\
se ve, de algún modo, obligado por la misma e-shuctura
del discurso, a articular el instinto de muerte, es en rela­
ción con la repetición. [ ... ] Lt repetición no es sólo fun­
ción de los ciclos que lleva en sí la vida, ciclos de la nece­
sidad y la sarisfacci6n, sino de algo distinto, un ciclo que
supone la desaparición de esa vida como tal. Y que es el
retorno a lo inanimado.
Lo inanimado. Punto de fuga, punto ideaJ, punto fue�
ra del plano, pero cuyo sencido capta el análisis escrucm­
ral. Queda perfecramence indicado en lo que constituye
el goce. [. .. ] Todo en texto de Freud gira expresamente en
romo al masoquismo, concebido únicamente en esa
dimensión de búsqueda de aquel goce ruinoso 1 •

Para Lac.an el goce masculino es un goce fálico, está mar­


cado por la amenaza de la castración. Sin embargo, la situa­
ción es diferente en el caso de las mujeres, para ellas esca
amenaza no opera sobre el goce. Por ello las mujeres ten­
drán acceso a un goce diferente. sin límites, separado de
coda referencia biológica o anatómica.

Real

El co ncepco de Real en l.acan se enciende en el marco de


un sistema temario, junco con la dimensión i maginaria y
la dimensión simbólica. Para el sujeto lo Real será lo impo­
sible, algo a lo que no tiene acceso y que no puede simbo­
lizar. Lo Real se.concibe sin la barrera de lo simbólico, que
Teoría queer y psicoanálisis
52

preexiste para todo su jeto en su nacimiento; esta barrera


sustenta la percepción del mundo para el sujeto. Ahora
bien, esta percepción está preservada, pues lo Real, cuan­
do surge verdaderamente, es terrorífico. Es algo que suce­
de a veces, bien porque el sujeto, sumergido por la locura,
alucina lo Real allí donde no está, y cree "ver"; bien por­
que, siempre dentro de la locura, se precipita en una con­
moción total del mundo que le rodea, lo que supone el
paso a la acción (el gesto del asesinato). Lo real es lo impo­
sible de ver, de dccir,.de entender; es una puntuación sin
texto . LaC1n aplica este registro de lo Real a la compren­
sión de la psicosis. En ella el sujeto no entra en lo simbó­
lico, se produce un rechazo estructural (forclusión) de un
significante primordial fuera del universo simbólico. Es
fundamental recordar qu� para Lacan lo Real no es "la rea-!:
lidad" en d sentido en que se utiliza esta palabra habitual-�
mente, sino el lugar del delirio y de la alucinación, el lugar:­
donde no hay sentido posible ni acceso racional.

Objeto a

El objeto a, u objeto "a minúscula, es introducido por Lacan


en 1960 para designar el objeto deseado por el sujeto, un
objeto que se sustrae, que escapa, hasta el punto de que no
es representable, se convierte en un "resto" no simbolizable.
El objeto a representa en el vocabulario de Lacan aquello
que desencadena el deseo. Incluye todos los objetos que tie­
nen alguna rdación con una separación. El objeto a reapa­
rece en el cuerpo, en cualquier parte donde exista una vfa
de paso entre el interior y el exterior. Pero aparece como
una "falta de ser", o como un estallido, a través de cuatro
objecos p:irciales separados del cuerpo: el seno, objeto de la
la mujer no-toda
53

succión, las heces, objeto de la excreción, la voz y la mira­


da. De este modo, la verdad del deseo queda oculta para la'
consciencia del sujeto, porque su objeto es una "falta". En
este sentido, el objeto a está relacionado con el registro de
lo Re� y con el de goce, porque es imposible de simboli­
zar. El objeto del deseo se identifica con un goce puro, con
aquello que está separado de lo simb6lico y del significan­
te. Como veremos en el capítulo 9, el hecho de que el obje­
to 11 sea independiente del género (no es ni masculino ni
femenino) permitirá planrear una lectura no hecerocencra­
da �el psicoanálisis.

4.2. Lo femenino como excepción

L:1cm planteó uno de los axiomas más revolucionarios de


los últimos treinta años, que obliga a repensar los estudios
feministas y de género: la mujer como no toda. Lacan lo
introdujo en el texto El ntolondradicho (Lérourdit2) en 1972,
y servirá para comprender el estatuto singular que tiene el
sexo en los seres que estamos sujetos al lenguaje. El texto
replantea aquel forzamiento freudiano que consiste en apli­
car a la mujer el "rasero fálico" que rige para el hombre.
Pero veamos qué comporta este no toda.
El sexo pone en evidencia diferencias que no son sólo
anatómicas, y si Freud descubre que la diferencia anató­
mica está mediada por el significante y reducida en el .
inconsciente a la problemática dd tener o no tener falo, en
sí mismas, las pulsiones ignoran la diferencia sexual. Lo
que requiere coda una elaboración sobre el deseo sexuado�
en las complejas fórmulas de sexuación que Lacan de­
sarrolla, lejos de una identificación biológica, elabora una
Teoría queer y psicoaná�sis
54

lógica de lo que en los seres es o no nombrado por d falo.


C.ida sujeto se ubica respecto a la sexualidad a través de su
palabra. El sexo no u corresponde con Lo biológico sino cou
una posición discursiva/ti proceso de sex11ación no proviene
de la biología ni de los'�ontenidos cult11mks. sino de ú, l��ica
d,:/ lenguaje.
Joan Copjec, fcmini5ta y lacaniana explica, en un bri­
llante ensayo ., Sex does not budge: American Vobmt11rism ami
rhe lnflexibiliry ofSex3, que para Lacan si bien el hombre esrá
compleramence en d orden simbólico. en la mujer e1 límire
imposible/real no existe, pues la mujer no esrá totalmente
en el orden fálico; por eso no hay universal femenino.

Que rndo gira e11 como al goce fálico, de ello da fo la


experiencia analíria, y precisamente porque la mujL:r s1:
d�fine con una posi::i6n que scñahiré como el no todo en
lo que respecu :il goce f:ilico.
Llegarfa m:is lejos cocbvfa: d goce f.ilico es d ohsdcu­
lo por d cual el hombre no lll!ga, diría yo, a gm..ar dd
<.:m:rpo de la mujer, precisamcncc porque de lo que goza
es del goce del órgano4 •

La mujer es así lo Otro del lcnb'l.lajc, de la univmali�­


ción. Como resultado de esta contingencia, no sólo es inde­
(ermina<la la existencia de la mujer en el orden fálico, sino
que se enfatiza doblemente la importancia de lo panicu­
lar. Porque no hay fórmula universal (necesaria) para la
relación entre los sexos, las sociedades individuales incvi­
rablemcnce intentarán insriruir una ley que cubra esa falca
proclan1J.ndo una definición general de cal relación, bien
sea la de la sujeción de la mujer al hombre en los patriar­
cados tradicionales, la igualdad entre los sexos que consti­
rnyc c:l iJcal de muchas sociedades democráticas, o la su­
bordin.,ci6n del hombre por la mujer en algun:1s formas
55

de ucopfa del marriarca<lo. Con Ltc-Jn, estas propuestas se


hacen precarias; como falla del sistema, la excepción -el
"no-toda" femenino- intentará romper con cualquier con­
ceptualización o regulaci6n fülica.
Lacan se plantea retomar las razones de estructura que
podrían explicar por qué la feminidad no encuencra un
enunciado posible. Es decir, que no h:iya prototipo de lo
femenino sigue siendo un enigma, cualquiera sea la apa­
riencia que lo imaginario le preste.� razones que da el
psicoanálisis es que somos seres hablances y sexuados; la
sexualidad humana no es narural ni puede explic:irse ate­
niéndonos a rawnes anatómicas y biológicas. En este pun­
ro hay convergencia (pero no igualdad) con buen:i p:irre
de los feminismos, y en p�rcicular con los gender studies
y con lo que en senrido amplio se vino 1 llamar feminis­
mo de la diferencia. Por ejemplo, una conocida feminis­
ta lesbiana queer, Diana Fuss, reconoce la importancia
de la obra de L:1can p:1r:1. las corrientes actuales del f�mi­
nismo:

Mi propia postura [ ... ] está más en la línea del r:u.o­


namicnm de Conscancc Pcnlcy, en b cual las semillas de
una cc:orfa del sujeco como algo disperso, múlciplc, se
pueden encontrar ya en la.noci6n lacaniana del sujeco
como lugar de contradicción, y en un continuo escado
de formación. Esta postura sostiene que sin el concepto
de Lacan del 'sujeco partido', dividido concra sí mismo,
estas nucv�s teorías feministas de b idcmidad no serían
posibles�.

Si somos scrC5 habitados por el lenguaje (Freud lo dijo


de forma más tajante: "enfermos de lt=nguaje,,), también es
necesario concebir que el falo es una función, y sólo pode­
mos entenderla como una función simbólica, canco para
Teoría queer y psicoanálisis
56

los hombres como para las mujeres. La ley simbólica del


falo introduce una pérdida de goce, es lo que Lacan llama
1 ''castración". Esto tiene un sentido l6gico que reside en que
: el lenguaje comete un error y reduce la polaridad sexual
·.i hombre•mujer a un tener-o no tener falo.

El orden simbólico, el lmguttje, ofrece al sujeto un ,ínico


significante, el Falo, para dar cumta tÚ dos lugares, lo Jeme­
ni no y lo masculino. Esto supone una imposibilidad Lógictt,
110 se pueden escribir dos lugares con u11 único significrtnte.
El error lógico que: comete la lengua con lo real dd sexo
es nombrar c:sa diferencia a través del significante, que es
el lÍnico que aparece coordinado con d goce, como u11
semblante, como una posibilidad que finalmence nunca
acaba de lograr su objetivo. El goce propio del ser que
habla es el goce f:ílico. Lac:rn propuso :1bord:1r bs dife­
rencias sexuales a parcir de las fónnulas de sexuación, rom·
piendo así con el naturalismo y saliendo de la dicotomía
tener-no tener, mostrando la heterogeneidad radical del
goce masculino y del goce femenino. Lacan establece las
diferencias sexuales en relación al goce, y la premisa uni­
versal es que para codo ser que habla rige la ley del falo.
Del lado masculino tenemos la lógica del todo y la excep­
ción -gracias a que hay una excepción que hace de lími­
te, puede fundarse un todo (aquello de que "la excepción
confirma la regU')-. El universal "para todo ser que habla
rige la ley del falo" se funda porque existe uno que dice
no a la función fálica -existencia que no es real sino lógi­
ca-. Sometido a esta lógica del todo, el que se sitúa en
esta posición crea instituciones y academias. Lacan llama
a esca acción "paracodear", refiriéndose a la lógica tradi­
cional de "para todo X existe tal o cual cualidad o carac·
terlscica". En el discurso de la ciencia, de la psicologfa,
de la moral y de la política se da es� estrategia, cuando
La mujer no·toda
57

uno habla para codos y por todos, cuan do cree que un:1
acción individual es válida para codos, y cuando cree que
codo el goce pasa por el falo y que no hay otro goce que el
fálico.

4.3. El goce femenino

El lado femenino de la lógica de la scxua.ción no es com-


plemcntario -y eso es lo importante- al masculino, no es
llll goce complcnH.:lllario ,l) goce falico, sino suplementa­

rio y concingcnrc.r'Suplcmcnrario porque no es un goce que


pudiéramos añadir al fálico para obtener la unidad, aque­
llo de la "mra mirad", uropía que ya sabc-mos por los ccx-
tos cu 1 cura 1 es que " no marc l"Y
1a • es con tm. gcnre porque
puede presentarse en ocasiones, a veces, o nunca.
Lacan cuestiona la lógica tradicional e inaugura un
tipo de lógica distinta para explicar el goce femenino: es
Ia lógica del notodo, es decir, que no está toda bajo la ley ·
del falo. Es la negación del Univcrs.11 "no existe ninguna
que diga no a la función fálic.1', y por ello no se puede ·
constituir el límite en el que un Universal de lo femeni­
no podría fundarse. Por no existir ese límite es notod11.; es
un goce dual, está en el goce fálico pero tiene además acce­
so a un goce suplementario. No puede por tanto estable­
cerse un Universo\! Ícmcnino. Y este punto transforma
todo c:tmpo de esmdio, disciplina o teoría que se funde
en universales. Por eso Lacan ha dicho qu-c la Mujer-con
mayúsculas, en singular, como tmiversal- no existe; axio­
ma que ha causado gran polémica (a favor y en contra)
en el feminismo, y un profundo rechazo en los csrndios
qucc:r (véanse capímlos 6 y 7).
Teoría queor y psicoanálisis
58

Todo ello no quiere decir que no haya mujeres; con el


amor el problema se complica, en aquello de que amar es
.. dar lo que no se tiene", el objeto a .. El hecho de que no!
haya c:n lo simbólico ningún signifiéanre que pueda escri­
bir el goce propio de lo femenino hace que una mujer no
se idemifique con su sexo, sino con idencifacaciones que
expresan la falca de consistencia del rasgo y desvelan b
imposibilidad de definir un modelo femenino.
En el trasfondo de este problema relacionado con el
lenguaje, el significante, lo simbólico, lo que aparece es
un hecho importante: según Lacan "el compromiso ana­
lítico con el comportamiento humano no significa que el
sentido refleja lo sexual, sino que lo suple". La cica pro­
viene dd Seminario XXI -Los desengañados se engañan o
las nombres del padre (inédito). Dicho de otra forma: no
se trata de que el sexo -que ya hemos seguido en sus para­
dojas- se� prediscursivo, sino que la sex:ualidad humana
está relacionada con la significación de forma p�uad<',ji­
ca: "el sexo es producco del límite interno, la deficiencia·
de la significación" 6• Por eso, precisamente porque no hay
sencido en lo sexual, se produce un inrenro constante de ¡
tapar esa imposibilidad por medio de atribuciones de sen­
tido (ideales, doctrinas, leyes, normas, ortodoxias sexua­
les, discursos).
Lac::m ha sido el primero en dibujar los conrornos de'
una teoría de la diferencia no-imaginaria y no-naturJ.liza­
da, que rompe radicalmente con los parámetros sexuales
amropomórficos. Es decir, rw fórmulas de sexuación 11111r­
can 1111 límite y nos alejan de lt noción más difimditÚr de la
complementariednd tÚ los sexos: masculino o femenino son dos
formas de la incapacidad del sujeto para alcanzar una iden-
tidad plma. El hombre y la mujer no hacm todo, ya que rada
11no es en sí mismo una totalidrrdfallida 7•
La mujer no-toda
59

Los problemas de idemidad son paradójicos, y es impo­


sible reducirlos a las ecuaciones bioló gicas más extendidas:
"sexo/género/placd'. La.can demostró que las estructuras
pueden reconstruirse, pero no es posible librarse de ellas
completamente. El lengU1aje de la sexualidad y d del deseo
sólo se puede perseguir a través de sus caminos p3radóji­
cos. Si La Mujer (con mayúsculas) es imposible de identi­
ficar porque no existe, esto no impide que exista la condi­
ción femenina, y las difclícntcs miserias que la sociedad ha
podido hacerles a las mU1jcrcs. Pero si se asume la tesis de
Lacan, un sujeto puede alinearse en d lado femenino y pue­
de ser anatómicamente hombre o mujer, lo cual debiera
conducir a un proceso de desidencificación y de desfulici­
zación. Esta perspectiva ciene consecuencias trascendenta­
les en el orden ideológico y en el orden político. y como
veremos en d capitulo 9, es uno de los principales puntos
de debate entre la teoría quccr y el psicoanálisis.

Notas

1. Lacan, J. ( 1992), El rr:vrno t!el p�ico1111dli1is; Seminario XVII,


P:iidós, Barcelon:i, pp. 48-49.
2. Lacan, J. (1984), "El acoJondr;idicho", en Escansión. 1, Paidós,
Buenos Aires.
3. Copjec, J., "Scx docs noc budgc: AmeriCJn Voluntlrism :md rhe
Inflcxibility ofScx", SarJOÍr, volumen 2, "La féminiu:", mayo,
édirions <lu Gifrk, Qucbcc, 1995. De Copjcc es muy n.-c:omcn­
d�blc: el libro Re,,d my Daire: ú1cn1111g11im11he f-li,roricim, MIT
Prcss, Cambridge, 1994.
Otras feministas de oriicncación pro-lacini:ma citadas a menu­
do en b teorfa quccr son Julicc Micchdl (Prycho111111lysi11111d Frmi-
11is111), Parvecn A<lams (Tht Emprinm ofÚJt lmagr, Thr Woma11
Teoría queer y psicoanálisis
60

:n Qutstion), Kaja Silverm.in (Male S11bjmivity at the Margins,


TIN Suhj«t ofSmtiotia), Elisabeth Grosz (jacquts LaCJ111. A Femi­
nift lntroduction). y Conscancc Pcnlcy ( n,e Future ofnn llwsion:
Film, Ftmini.rm and Psychoanalysis). El psicoan:1list:i Leo Bersa­
ni se ha acercado a menudo a la teoría queer, aunque desde una
perspectiva bascancc conservadora: Homos, El manantial, Bue­
nos Aires, 2000. Una visión críric.i dd psicoannlisis desde un
punto de vista feminista la encontramos en Jane Flax, Psicoand­
lisis yftminirmo. Pensamientos.fragmmrari01, Citcdra, Madrid,
1995: Aax analiz.1 la obra de Ltcan en las pp. 171- 196.
4_ Lacan, J. (1981), Aún, Seminario XX, Paidós, Buenos Aires,
p. 15. .
5. Fus.s, O. (1999), "Leer como una feminista", en ílurlcr, J., Ebcn,
T., Fuss, D., De Liurct�, T., frmi11ismo1 litmzrir,s, An.:o/Libros,
Madrid, p. 42.
6. Copjcc, J., op. cit, p. 204.
7. Para un desarrollo de esca idea, véase el libro de la psicoanalis­
ta y feminista Rcnata Salecl {1994), The Spoil.s ofFreedom:
Psychoanalysis and Feminism afier r./u Fal/ ofSocialiJm, Rou­
tlcdge, Londres.
5 El contexto post-estructuralista:
Foucault, Deleuze-Guattari y Derrida
Teoría queer y psicoamilisis
62

1:.1 orden no tí mds que una mreza;


el desorden l!J lo ordinario.

MICHEL SERRES

5.1. Lacan y el e-structuralismo

L:i aparición de ta teoría queer se puede expli�r por una


combinaci6n de fucrores sociales, económicos, políticos y
teóricos que se producen en Europa y Esrados Unidos en
los años setenta y ochenta. Uno de esos cambios teóricos
fundamentales fue la aparición de nuevas líneas de pensa­
miento y de crícica social y política, un conjunto de textos
y autores que se suelen agrupar de forma un tamo arbitra­
rfa bajo la categoría "post-estructuralismo".
En realidad, e:scos autores no forman parce de un gru­
po o de una corriente de penumiento como cal, por el con­
trario se: caracterizan por la singularidad de sus propuestas
y su ori ¡;i11alidac.l rcspt:cco a has cra<liciones o escudas ante­
riores de la filosofía o la sociología. Paradójicamente, algu­
nos de es ros a u rores (Foucaulc, Lacan o Barch es) fueron
calificados de 'escructuralisras' en los años sesenta, aunque
ellos mismos renegaban de es3 clasificación. Propia.menee
hablando, los pensadores que asumieron y defendieron el
cscruccura.lismo fueron principalmente Lévi-Strauss 1 en el
campo de la antr-opología, Jean Piaget en el campo de la
psicologfa y Louis Althusser en el terreno del marxismo
(adem�ís del estructuralismo en lingüística, representado
por Saussurc, Jakobson y Benvcniscc, entre orros).
A comienzos del siglo XX Fcrdinand de Saussure revo­
luciona la lingüística al plantear el estudio de la lengua
como un sistema de signos. La noción de sistema es impor­
rante porqL1e implica que ya no se pueden estudiar los sig-
El contexto post-estructuralista: Foucault, Deleuze·Guattari y Derrida
63

nos (significante/significado) aisladamente, sino en su rela­


ción estructural y de oposiciones en todo el sistema. Su
valor depende de este sistema de interdependencias. La lin­
güística va a utilizarse a partir de estas nociones como un
moddo de inteligibilidad dd mundo, aplicada a las cien­
cias humanas. El cstrucmralismo es pues un método, que
traca de encontrar los elementos clave de esas estructuras
vacfas de contenido que organizan un determinado cam­
po de conocimiento y de establecer sus interrelaciones, ya
sea en disciplinas como la antropología, la psicología, la
historia de las religiones o la socio logía.
El estrucruralismo recupera de algún modo la ilusión 1
leibniziana del álgebra combinatoria, de una matriz uní-�
versal capaz de dar cuenca de codas las traducciones del
sabe.r, dado que el lenguaje se conviene en el equivalente 1
general de valor de codos los sistemas significantes. De este 1
modo. bs ciencias humanas adquirirían un estatuto más
'científico', observando reglas estables que explicarían el
Íuncionamic:nco universal de cicrnos componentes huma­
nos o sociales.
Este paradigma, que mvo mucho éxito entre los años
cincuenta y stsenta, cmra en crisis a p:irtir de nuevJ.S corrien­
ces de pensamienco que van a cuestionar la necesidad de
modelos universales o de escructuras rígidas, y la esperan­
za ciencifista que subyace en su proyecto epistemológico.
Lacan fue precisamente uno de los primeros aurores
capa:z de ir más aUá del método estructural. A �r de haber
tomado algunas ideas de b lingüística estructural para inter­
pretar el funcionamiento del inconsciente (la metáfora y
la metonimia como equivalemes de lo que Freud llamaba
condensación y desplazamiento, por ejemplo) Lacan va a
cuestionar la dependencia funcional encre significante y
signiiocado. Para Lacan, cuando hablamos del sujero, el sig-
Teoría quecr y psicoanálisis
64

nifica11te acrúa con independencia del significado. Éste est.i


excluido del pensamiento, ya que depende de una dimen­
sión inconmensurable, que Lacan llama 'lo real'. Lacan
cuestiona la idea de que se pueda hacer de la lengua una
csrruccura, y para marcar su diferencia respecto al escn1c­
turalismo va a decir que d psicoanálisis trabaja con ulalcn­
güa,, (lalangue)2:

A la ficción cicn<tífica de 'una' lengua, el psicoanálisis


opone el ·uno' de lai<'!lgüa. [... J Lo que le interesa al psi­
coanálisis es cómo·esa. estructur:i defectuosa opera sobre
los habbnrcs cstnictudndolos. [ ... ] l..11lc11giil1 siempre y;1
está, anees que el sujew [ ... ]. En un primer examen, la
lengua_ aparece conno constituida por un conjunto de
signos que sirven a la comunicación humana y a la expre­
sión de ideas y pensamientos. Pero anees de poder ser­
virse de ella como ion instrumento, los hablantes han
sido estructurados por lalengüa. De esa emergencia del
hablante como sujeto ha quedado un sedimento incons­
ciente. [... ] El inconsciente puede ser considerado como
el alto precio que pag.t el hombre por hablar. Su cuer­
po queda arrapado por inscripciones por fuera del sen­
tido: el gocc 3 •

Cuando Lacan se refiere a la ley y al orden simbólico


est2 influido por los trabajos de Lévi-Scrauss y de Marcel
Mauss: concibe el inconsciente como un universo de reglas
vaciadas de contenido, comparables (no idénticas) a las
I
!que rigen el lenguaje. Se habla pues de orden en el sentí-
: do de las leyes fonológicas que rigen la organización de
· los elementos diferenciales en oposiciones binarias. Como
veremos en el capírulo .sobre la ceorfa queer, esra concep­
ción del .sujeto y la noción de 'orden simbólico' va a ser
criticad:.l por �,l g.una.s au1oras qucer como si se tratara del
El contexto post-estructuralista: IFoucault Delcuze-Guattari y Derrida
65

orden jurídico o legal al servicio del mantenimiento de


las instituciones, lo cual es un conuascntido4 • Por ejem­
plo, en una i�troducción a los estudios quccr, podemos
leer afirmaciones como ésta: "La escuda de Jacqucs Lacan,
según la cual la sexualidad debe encenderse como una
estructura que giraría en torno a un símbolo primario
(e1 'falo') que representa la au coridad cultural de nuestra
sociedad"5•
La transmisión de L-1can en Estados Unidos se produce
sobre todo a panir de sus primeras obras (de los años cin­
cuenta). Esta rransmjsión va a privilegiar al L1can 'pseudo
t.·,-;crnnuralista', en dccrimcnco <le codo su desarrollo poste­
rior, donde abandona la idea de estructura para ccntrar5c
en d campo dd goce, precisamente e.se campo que queJa
fuera de la escrucrura y que sin embargo es fundamcnr al
para el sujeto.
El ideal de cien tificidad y universalidad inherente al
cstructuralismo6 va a ser cuestionado desde diferentes
frentes en lo que ha venido a llamarse 'post-cstructura­
lismo'. En este capfnalo nos centraremos en cuatro de los
autores que más influencia han tenido en d desarrollo de
la teoría queer: fot,1cault, Deleuzc, Guattari y Derrida,
quienes a su vez mantienen uma compleja relación con el
psicoanálisis.

5.2. Foucault: microfisica de1I poder

Sin duda d pensador más influyente en los orígenes de la


teoría queer es Michel Foucault. El primer volumen de su
Historia de la sexualidad. Út voluntnd de sabe,� publicado
en Francia en 1976. supuso una revolución en la visión dt.:
Teorla quoer y psicoanálisis
66

la historia, en los estudios de género y en el análisis de las


relaciones de poder.
Foucault es un pensador original tanto por la crc.1tividad
de sus métodos de análisis como por los objetos en los que
centra su atención y por el estilo de su escritura. Desde los
inicios de su obra en los años cinatema, Foucaulc decide fijar
su atención no en los grand�s remas de la filosofía o de la
sociologfa, sino mls bien en los márgenes de las disciplinas,
intenta localizar lo que ha quedado "por fuera" del pensa­
miento o del sistema social. Esro hace que se interese por la
enfermedad mental en su Historia de la locura, por la delin­
cuencia y las formas del encierro en Vigilar y castigar, o por
las sexualidades periféricas en la Historia de la sexualidad.
Su visión de la historia es también diferente. En lugar
de fijarse en los nombres propios o en relaciones de opre­
sión basadas en la explotación económica, Foucaulc utili­
za un estudio minucioso de los rextos, las arquitecturas, los
cucrpos1 los discursos, para aislar tramas compleja� que
determinan la conscicución de los saberes de una época, o
las relaciones de poder, o las formas de la é1ica. Una de sus
aporraciones más imporcances es el cuescionamienro de la
visión rr.adicion:il del poder. Tradicionalmente se ha rcprc­
senca<lo al poder como una enridad propia separada de lo
social o de los individuos, simada en una esfera superior
desde donde ejerce una presión o un control sobre indivi­
duos, instituciones o formas sociaJes (monarcas, papas,
Capital, Estado, ejército, etc.).
Foucaulr va a realizar un desplazamiento episremológi­
co radical al ubicar el poder dentro mismo del mtmmado
social t individual, localizándolo en una pluralidad de dis­
cursos, pr.íccicas e instituciones en las qu� estamos inmer­
sos los propios individuos, que a su vez forman parre de
ese poder:
El contexto post-estructuralista: Foucault, Oeleuze-Guanari y Derrida
67

El poder es algo que no existe. Esco es lo que quie­


ro decir: la ide;i de que h�y c:n un sitio determinado, o
em:in:rndo de un punro decerminado, algo que sea un
poder, me parece que reposa sobre un análisis crucado,
y que, en todo e.isa, no da cuenta de un número consi­
derable de fenómenos. El poder, en realidad, son unas
rdaciones, un conjunto más o menos coordinado de
relaciones 7 •

El trabajo genealógico de Foucault se ha cencrado en


eres grandes áreas:

La dimensión del saber: conocer nuestra relación con


la verdad, cómo nos constituimos como sujetos de
conocimento.
L1 dimensión del poder: conocer históricamente
cómo nos constituimos en sujetos que actúan sobre
los dem:is.
La dimcnsÍ<)il de b /Ji,·t1.' cómú nús co1\srimimos el\
agentes morales.

Estos tres campos van a tener unn influencia clave en


la ccoría queer, en la medida en que los propios sistemas
de conocimiento van a ser analizados en sus efectos de pro­
ducción y de poder. Foucault nó se plantea refucar o vali­
dar la verdad de los enunciados de las ciencias humanas o
físi�s, sino ver cuáles son las condiciones de posibilidad
de su emergencia, y qué efectos productivos tienen esos
discursos en el entramado social. Por ejemplo, para él lo
más inccrcs3.nt� c=s ver en qué época, bajo qué condicio­
nes, con qué valores aparece la categoría médica de "el
homosexual", y analizarlo como el producto de una serie
de discursos (medicina, psiquiatría) que le van a consti­
tuir en una 'especie'.
Teoría queer y psicoanálisis
68

De este modo, la presunta "neutralidad científica" que­


da bajo sospecha, y se demuestra que más que acceder a
objetos externos con el objetivo de an:i.Jizarlos, la. propia
ciencia fabrica conceptos, ideas, objetos y sujetos, cuerpos
y almas. En uno de sus libros más impresionantes, Vigilar
y Castigar, Foucaulc aplica esta met odología a la propia
ciencia de la criminología:

t at:i en csce saber nuevo de calific.tr ''cicntífica­


Se r
tñcl'lté'' el .\éto éót'ñó dditó y sobr� tódó al individuo
como dclincucncc. Se da b posibilidad de una crimino­
logfo. (. .. 1 El "Jdincucntc" pcnnitc prcá�mcnrc unir hs
dos líneas y constituir bajo la garantía de la medicina, de
la psicología o la criminología, un individuo en el cual el
infraccor de la ley y el objeto de una tccnica doan se super­
ponen casi. Que el injerto de la prisión sobre el sisrcm;1
pen:11 no hay:1 oc.-isionado 1m:1 rcacci6n violcnu derecha­
zo se debe sin duda a muchas ra1.0ncs. Una de ellas es la
de que al fabricar la delincuencia h;i procurado a la jus­
cicia criminal un campo de objetos unirario, autentifica­
do por un� "ciencias" y que le ha permitido así funcio­
nar sobre un horizonte general de "verdad"".

Pero la obra que va a estar en la base de todos los estu­


dios fundadores de la teoría qucer (desde Judith Burlcr a
De l..auretis, pasando por Sedgwick o Hal perin9) es La volun­
tad de saber, el primer volumen de la Historia de la Jexua­
lidad. En esta obra ya clásica, d subversivo filósofo francés
propone una tesis sorprendente: en contra de lo que sole ­
mos pensar, el sexo no es algo prohibido o reprimido, sino
algo de lo que se incita a hablar, un terreno hecho de dis­
cursos, de escritura, de investigación, de confesión, de ces­
cimonio, de conocimicnco. Foucaulr denomina a esce cmpla­
zam icmo discursivo "dispositivo <le sexualidad".
El contexto post-estructuralista: Foucault, Deleuze-Guattari y Derrida
69

Una compleja red de saberes se ponen en circulación


desde el siglo XVIII hasta la actualidad alrededor del sexo.
promoviendo discursos de muy diverso tipo vinculados
siempre a la soualidad: las �nfermedades de los nervios, el
onanismo, las perversiones, la procreación, el cuerpo. ]os
delitos. Poco a p oco, el sexo va a convenirse en el centro
de nuestras vidas, va a ser la base de multitud de saberes y,
lo que es más importante., el criterio fundamental para esta­
blecer nuestra propia identidad como sujetos.
Este dispositivo de sexualidad tuvo efectos tmccn<lcn­
calcs en la redcfinición <le las prácticas homosexuales. Has­
ta d siglo XJX bsodc,mía era una categoría <lcl antiguo dere­
cho civil y canónico, describía un tipo de actos prohibidos;
el autor era sólo su sujeto jurídico. En cambio, el "homo­
sexual", categoría que aparece en la segunda mirad del XIX,
es algo muy distinto:

ha llegado a ser un personaje: un pasado, una historia y


una infancia, un carácter, una forma de vida; asimismo
una morfología, con una anatomía indiscreta y quizá mis­
teriosa fisiología. Nada de lo que él es in roto escapa a su
sexualidad. Esrá presente en codo su ser: subyace en rodas
sus conductas puesto que consticuye su principio insi­
dioso e indefinidamente activo; inscrita sin pudor en su
rostro y su cuerpo porque consiste en un secreto que siem­
pre se traiciona. Le es consustancial, menos como un peca­
do en materia de costumbres que como una naturalcz.1
s ingular. No hay que olvidar que la categoría psicológi­
ca, psiquüuica, médica. de líl homosexualidad se consti­
tuy,; el dfa en que �e la cu:1cccrb.ó -el famoso :mículo Je
Wescphal robre las "sensaciones sexuales contrarié1s" ( 1870)
puede valer como fecha de n;1cimicnto- no tanto por un
ti po de relaciones sexuales como por cierta cualidad de
la sensibilidad �cxual, determinada manera de invertir c:n
s( mismo lo mascul ino y lo femenino. L.1 homoscxu,tli-
Teoría queer y psicoanálisis
70

dad apareció como una de las figuras de la sexualidad


cuando fue rebajada de la práctica de la sodomfa a un:1
suerte de androginia interior, de hermafroditismo del
alma. El sodomita era un relapso, el homosexual es aho­
ra una especie.
Del mismo modo que constituyen especies codos t::Sos
pequeños perversos que los psiquiao-as del siglo XIX cmo­
mologizan dándoles extraños nombres de bautismo: cxis­
tt=n los exhibicionisras de L:isegue, los fecichims de Binct,
los zoófitos y zooer:m:J.S de Kraffc-Ebing, los aucomono­
sexualiscas de llohleder; cxiscirán los mixocscopófilos, los
ginccomasras, los prcsbiófilos, los invertidos sexo-estéti­
cos y las mujeres disparcunisras. Esos bellos nombres de
herejías remiten a una natur:ileza que se olvid:uú de sí lo
basrancc como para esCJp:tr a la ley, pero se recordaría
lo bastante: como para continuar produciendo cspccic:s
incluso allí donde ya no hay más orden. L1 mecfoic;1 del
poder que persigue a cod:i esa disparidad no prctt:nJc
suprimirb sino d�ndoh: una re31iJ:1d ;111;1l{cic1 1 visihk· y
p�rm:incnt�: la hunde en los cuerpos, la desliza bajo bs
conductas, b conviercc en principio de clasificación y de
incdigibiliclad, la constituye en ra1.ón de ser y orden nacu·
r.11 del Jcsorc.lcn. ¿Exclusión de es;1s mil !icxu;1liJad1.:s alx:·
rr:mtes? No. En cambio, 1!Specificaci6n, solidificación
regional de cada una de ellas 10 •

Este :rnálisis es úcil para comprender hasta qué punto


hs form;is de (:mco)represencación de gays, lesbianas y rran­
sexualcs tienen una hiscoricid:id y unos valores concreros.
b homosexu�1lidad nace dentro de un discurso médico,
psiqui:irrico, como una patología, y lo que es más impor­
tante, como una forma de identidad global que se impo­
ne al sujeto. Esce análisis seci clave para·las teóricas queer
a la hora de cuestionar cualquier forma de identidad esen­
cialisca ya sea para nociones como gay, lesbiana, mujer u
El contexto post-estructuralista: Foucoult, Deleuze-Gunttari y Derrida
71

hombre. A su vez., va a servir como método de análisis para


otr:is categorías, como aquella que nadie cuestiona, la de
heterosexualidad 11•
Foucaulc va a señ:ilar también una difícil paradoja para
los movimientos de liberación gay. Si, como señala en esca
obra, el dispositivo de sexualidad no reprime sino que per­
sigue la producción de significaciones y discursos, los movi­
mientos de liberación sexual han abrazado sin darse cuen­
ta el propio dispositivo de sexualidad, creyendo que ahí
estaba su liberación, respondiendo a esa exigencia de gene­
rar una verdad sobre sus cuerpos y sus prácticas. En este
senrido, el desplazamiento nómada que propone la teoría
queer estará muy influido por esta advertencia de Foucaulc,
y en ello radica en parce la dificulrad de analizar los pro­
pios movimientos queer: ¿para qué analizarlos?, ¿para quién?,
¿qué verdad se espera que produze1n?. ¿quién va a reapro­
piarse de sus discursos y prácticas? La desconfianza que
sicmhra Fouc;ualc en sus brillam�s tl"Xtos pcrdur.1 cn b acma­
lid:id 12.
Foucault mantuvo a lo largo de su vida una compleja
rebción con el psicoanálisis 13 • En sus primeras obras valo­
ró a m�nudo la importanci;1 <lcl descubrimiento freudia­
no, y l:is aportaciones de Lacan. En 1966, en una entre­
vista sobre su libro las palabras y las cosas, afirma:

El punto de rupcur:1 se sitúa cuando Lévi-Srrauss, para


bs sociedades. y L1CJn, en lo que se refiere al inconsciente,
11
nos mostr.1ron que el 11scntido no er-.i probablemente m:ÍS
qul! una i:spccic de efecto de superficie, una rcvcrl>cra­
ción, una cspumn, y qut: en realidad lo qu� nos arravesa­
ba profundJmenre, lo que existfa anees que nosotros, lo
que nos sostcnfa en d tiempo y d espacia erad si.Juma.
[ ... ] L:i importancia de Lacan escriba c:n que ha mostn­
do, medi:rnre el discurso del enfermo y los síntomas de
Teoría queer y psicoanálisis
72

�u neurosis, cómo son las estrucruras, el sisrema mismo


del lenguaje -y no el sujeto- quienes h11blnn ... Con ante­
rioridad a coda cxisccncia humana, a ro<lo pensamiento
humano, existiría ya un saber, un sisccma, que rcdcscu­
brimos... 14

Pero a medida que su trabajo genealógico se desplaza


desde el campo del saber al campo del poder y al análisis
de las formas de producción de la verdad, va a ser cada vez
más crítico con el psicoanálisis, hasta el punto de incluir­
lo en su Historia de la sexu-alidad como uno más de los dis­
cursos del dispositivo de sexualidad, dentro de ese empla­
zamiento que pide una especie de confesiión del sujeto sobre
su vida, su intimidad y la verdad de su sexo.
- No obstante, es significativo que Foucaulc no conocie­
ra el lugar de excepción que ocupa el p:sicoan,Hisis respec­
to al saber y la verdad. Mientras que la sexología y la psi­
quiatría se instalan en un discurso de saber absoluto y de
armonía entre los sexos, la originalidad de Lacan rc.sidc pre­
cisamente en el reconocimiento de que, respecto a la sexua­
lidad. no hay saber. En un diáJogo con d psicoanalista Jac­
ques-Alain Miller sobre el libro Historia de la sexualidad
afirma lo siguiente:

-J.-A. Millcr: Eso es algo muy lacani.ano, lo de opo­


ner la sexualidad y el inconsciente. Y es, por otra pane,
uno de los axiomas de esca lógica: no hay relación sexual.
-Foucault: No sabía que existiera ese axioma 1 'i.

Este desconocimiento es significativo en el sentido de


que la crítica que está haciendo Fouc.1 ulc a los disposici­
vos presupone un sujeco que sabe una verdad, y una escra­
tegia para arrancarle esa verdad. El punto de vista anallti­
co difiere complecamcnrc de esrn visión en la medida en
El contexto post-estructuralista: Foucault, Deleuze-Guattari y Derrida
73

que el sujeto, para el psicoanálisis, no sabe: ninguna ver-


dad, pucsco que no hay �.tbcr �obre d scAu. Pat:.o Yida1Lc,
en su artículo "Lacan con Foucaule', explica esta posici6n ·
del psicoanálisis respecto al saber y la verdad:

Si el Psicoanálisis dcsenm:iscara el discurso sobre la


sexualidad, la ley del goce absoluto perverso como cncu-
bridores de la cas{ración, no está haciendo de ésca a su '._
vez otro mico par.a incitar a una nueva proliferante pro­
ducción discursiv.i de palabrería ocultadora de la verd:id.
[ ... ] El Psico.lnálisis se configura así como una propucs­
c,1 ética singular de promoción de la verdad, frente a l;1
tendencia can hu nun.1 Je refugiarse en un saber igno­
rante y fuhulador. Habirantes del lenguaje, del deseo, no
podemos por menos que estar ::idverridos de su engaño
p:ua no acr en l::a din:ímia alienante de un deseo impo­
sible, <le una volun1;1d de saber lo indecible. ( ... ] Se cons­
tituye de este modo el Psicoanálisis en la experiencia de
un desengaño, de una desilusión radic::il mantenida a toda
cosra por el dispositivo <le la sexualidad. N::ida más lejos
de esta disciplina que ponerse al servicio de los fines de
la sociedad burguesa. de prometer una fdiddad idílica en
la que no cree. La ética psicoanalftica se embarca en el
proyecto de desincrincar la esuecha relación existente
emre deseo, s:iber y poder, elucidando la más fundamental
cv11oiú11 �ubym:c1uc J 61a Je goce, vcHfad y Í111iLuJ como
raíz. existencial de lo humano"'·

Otro concepto fundamental de la obra de Foucault


q va a influir norablcmcnre en los estudios quccr es d
ue
Je bivpoíltica o biopoder, por su relacit>n con el racismo y
los procesos de exclusión .. Fue la emergencia del biopoder ·
lo que pcrmició que el racismo se insertara radicalmente.
en d Estado. Para comprender este hecho, Foucaulc des-:
rac:1 qu� en el siglo XIX "el poder se hizo cargo de la vida,, 17,
Teoría queer y psicoanálisis
74

la antigua soberanía sobre el individuo se transformó en


uua �uLcr.mfa 50Lrc la opc:l.:ic: humaua, �uurc: "la pobla­
ción''. concepto nuevo que será fundamental para labio­
política.
La biopolítica es la administración dt la vida por el pockr.
Parre del siguiente principio: ames el soberano C<!nfa el de­
recho de "hacer morir o de dejar vivir"; ahora el nuevo
derecho consiste en "hacer vivir o dejar morir", por medio
de una nueva tecnología de poder que se aplica sobre el hom­
bre viviente como masa; aparecen entonces la demografía,
el control de nacimientos, la preocupación por el índice de
mortalidad, la higiene pública, la seguridad social..., codo
lo que abarca a los seres humanos como especie es objcro
de un nuevo saber, de una rrguiación, de tm control cientí­
fico destinado a hacer vivir. Fuera de los márgenes de ese�
nuevo poder queda la muerte individual; denuo de ellos,
la morcalidad (lo global). La medicina tiene un papel fun­
damental en el proceso:

La medicina es un poder-saber que actúa a un ricm­


po sobre d cuerpo y sobre la población, sobre el orga­
nismo y los procesos biológicos. En consecuencia la
mt:dicina cendr:i efectos disciplinarios y efectos de n.:gu­
lación 18•

La estrategia de la biopolítica decide lo que debe vivir


y lo que debe morir: d racismo es lo que permite fragmentar
esca masa que domina el biopoder, di,·idirla entre lo nor­
mal de la especie y lo degenerado; así se justifica la muer­
re del orro, en la medida en que.: ªí!'enaza a la raza (no ya
al indívi<luo). Se puede macar lo que �s peligroso para la
población: "La raza, el racismo, son -en .una sociedad de
normalización- la condición de aceptabilidad de marar" 19•
El Estado, en el siglo XX, funciona teniendo como base el
El contexto post-estructuralista: Foucault. Deleuze-Guattari y Derrida
75

biopoder; a p::ircir de este hecho, la función homicida del


Escado queda asegurada por d racismo. Es imporrancc una
m:uiz.ación que inrroduce Foucault sobre el verbo "matar":

Que quede bien claro que cuando hablo de "macar"


no pienso simplemente en el a.scsin:lto directo, sino en
t0<lo lo que puede ser también mucnc indirccr:1: el h1.:cho
de exponer a la muerce o de mulciplicar par:i al gunos el
riesgo de muerce. o más simplemente la muerte polírica.
la c:xpulsi6n 20•

El concepto de biopolfcica es muy útil a la hora de ana­


lizar los procesos de producción de cuerpos y sexualidades.
En lugar de concebir el cuerpo o d sexo como un dato neu­
tro o físico, la teoría queer, si guiendo la metodologfa fou­
oulciana, analizad las máquinas, las arquiteccuras, los dis­
cursos y las esm1tegias que buscan optimizar rendimientos
y energías del cuerpo en diferentes épocas, imponiendo
valores y construyendo emociones y subjetivid:ides. De este
modo, el orgasmo femenino, el ataque histérico, el niño
masrurbador, d perverso, ere., serán analizados como resul­
tados de "tecnologías del sujeto", es decir, procesos biop o­
líricos 21 .

5.3. El Antiedipo de Deleuze y Guattari

El filósofo Gilles Deleuze y el psicoanalista Félix Guarca­


ri 22 c:scribieron en 1972 uno de los libros más influyentes
dd pensamiento contemporáneo: El Amiedipo. Capitalis-
mo y esquiZ()fania.
En esta obra Deleuze y Guattari abordan el ámbito
sociop olícico y el discurso del psicoanálisis desde una pers-
Teorla qucer y psicoanálisis
76

·pectiva críti� y liberadora. Para comenzar su análisis, los


autores distinguen entre máquinas sociales y máquinas de­
scantes. Frcud descubrió la máquina descante, el incons­
ciente. Delcuz.e y Guattari rescatan esa máquiíla deseante
de las limitaciones en que la dejó el psicoanálisis, y la com­
plementan con el análisis de la máquina social. La máqui­
na descante no se da sin la máquina social, y viceversa. La
naturaleza también es máquina descante, se da por tanto
una continuidad Naturaleza-hombre.
. Deleuze y Guattari cuestionan radicalmente el concc:p­
:co de deseo que había sido mantenido casi siempre -con
;excepción de Spinoza y Nicc1.schc2·'- como simple carcn­
�ia de algo. Esta crítica se diri ge también al propio psico­

,análisis de Laca A pesar de dio, y en contra de lo que se
suele pensar, El Antiedipo no es un libro "contra" el psico­
análisis, sino contra la esderotización que se había produ­
cido en el psicoanálisis lacaniano, y contra los peligros de
convertirlo en una especie de secta plagada de conceptos
dogmáticos. De hecho, el propio Guattari, que se habfa
formado con Lacan, sigui6 ejerciendo como p�icoanalista
tras la publicación del libro, y siguió siendo miembro de
J > École Freudienne de París fundada por Lacan.
En El Antiedipo, el deseo es producción, voluntad de
poder; afecto activo diría Spinoza. El deseo como carencia
es un concepto idealista, en realidad de raigambre plató­
nica. Para los autores, el deseo produce realidad.
La producción de deseos es inconsciente, como bien vio
Freud. Pero en lugar de la producci6n de deseos Freud ins­
tauró un teatro burgués, porque instauró en el inconsciente
la mera representación.

El gran descubrimiento del psicoanálisis fue el de la


producción desean te, de l:ts producciones del incons­
cienrc. Sin embargo, con Edipo, este descubrimiento fue
El contexto post·esttucturalista: Foucault, Deleuze-Guattarí y Derrida
77

encubierto rápidamente por un nuevo idealismo: el


inconsciente como fábrica fue sustituido por un [catro
antiguo; las unidades de producción del incon�cicntc füc­
ron sustituidas por la representación; el inconsciente pro­
duccivo fue sustituido por un inconsciente que tan sólo
podía expresarse (el miro, la tragedia, el suciio...)2·\

En cambio, el deseo tiene poder para engendrar su obje­


to. Las necesidades derivan dd deseo, y no al revés. Desear
es producir, y producir realidad. El deseo como potencia
productiva de la vida. Dclcuze y Guarrari critican tres con­
n:pros davc de L.1can: b foha, la ley y el �ignific;mcc 1'i. P.1ra
ellos el deseo no necesita de ninguna mediación simbóli­
ca, ni procede de una carencia estructural ni está somcci- ·
do a la ley. '

Los tres errores sobre d deseo se llaman la carencia,


la ley y el significante. Es un único y mismo error, idea­
lismo que se forma unn piadosa concepción del incons
ci�nte. Y por más que interpretemos estas nociones t'll
cérminos de una combin:noria que conviene a la caren­
cia en un lugar vado, y no en una privación, a la ley en
una regla de juego, y no en un mandato, al significante
en un distribuidor, y no en un sentido, no podemos im¡x:­
dir que ar�trcn tras de sí su conejo teológico, insuficiencia
ele ser, cul pa bilidad, significación. La inrerprccación cscruc­
tural rechaza toda creencia, se dcva por encima de las imá­
genes, no retiene del p:idre y de la madre más que funcio­
nes, define lo prohibido y la tramgraión como opcraclon.-s
de estructura: pero ¿qué agu;1 limpiar.i l>stos co,m:ptos de
su scgu11do plano, de sus mundos traseros -la religiosi­
dad-? El conocimiento científico como incrCTncia es vcr­
dadcramcnti: el último refugio de t, creencia y. como dice
Nict1.schc, siempre lrnho una sola psicología, b del $�lc.:r­
dotc2ú .
Teoria qu eer y psicoanálisis
78

La economía capiralisca. organiza la necesidad, la escas�


la carencia. El objcco depende de un sistema de producción
que es exterior al deseo. El campo social esrá arravesado por
d deseo. La máquina social es también producción de.sean-
.·.. ce. "Sów hay deseo y lo social, y nada má.s" 27 .!Freud se fijó en
I
·.·la reprl'-sión. pero no logró relacionarla con la represión gcnc-
1 lral que- se lleva a cabo siempre en la máquina social. Para

Deleuz.c-Gu:mari fue Reich quien asoció correctamente la


represión general con cáéiá �na de las máquinas deseantes.
Por me-dio de la familia la escrucrura aucoricaria de la socie-
. dad se prolonga hasta sus más íntimos engranajes.__El pro­
'.-blema de la política lo planteó Spinoza: ¿por qué combaten
¡ los seres humanos por mantenerse en la servid��b¡e como_
·
: si fuer.1 su salvación?
1 El campo social se carga de una producción represiva o
!bien de un deseo revolucionario. Este último lo denomin:an
/los autores �l.individuo esquiz.o. Y el tipo de análisis psicoló­
lgico lo lbm;m m¡11izu,mrflisis/:,i:-.1 en la proJucción n:pn:siva
\sea en d esquiro, la m:iquina social es la misma. El esquizo es
'.d productor universal. El sujeco es también producción. Los
/auron:� califican a su psicologfa de m�cerblisra: inrrod11cir
:·d dest:u cu el mccrnismo soci:al, pero r;unbién introducir la
\ producción en el deseo. El esquizo no cree en el y�. 1:-a ceo­
\rfa de Freud depende demasia�o del.yo.
· .· Del(!uzc:-Guattari h::iblan de tres tipos de máquina soci�:
la máquina salvaje, la máquina bárb::ir::i o desp6tica y b
máquina capi�lisra. La máquina salvaje está fundada sobre
la cierra. sobre el cuerpo de la cierra. Es territorial. Sobre el
cuerpo <le la tierra inscribe sus insignias, que son las de la
alianza y b filiación. Lo decisivo son las relaciones de paren­
tesco, lo que no quiere decir que lo económico sea margi­
nal. El parentesco domina las relaciones primitivas pero
por razones económicas.
El contexto post-estructuralista: Foucault, Deleuze-Guattari y Derrida
79

El Estado es la máquina despótica y recubre los viejos


territorios fundados sobre d cuerpo de: la tierra. El estado
organiza un sistema de producción que unifica el anterior
sistema territorial. Decodifica sus antiguos códigos y los
recodifica en el lenguaje del d espo tismo estatal Para Deleu-
1.e el gran coree <le la historia tsd en la �•parición de la
máquina estatal.
La máquina deseante es un sistema de producir deseos; la
mdquina social es un sistema económico-político de produc­
ción. Las máquinas tlcnicas no son independientes ni exte­
riores a la máquina social Cada tlroica fonna parre esencial
de la máquina social La tecnología capitalúta es eunciai 111
siuema de explotación capitalista. Son grandes máquinas las
que son usadas para la exploración de g1-;indes ml.53s de tra­
bajadores. No hay una necesidad intrínseca de cierra tec­
nología. M:is bien b recnología evoluciona con la máqui­
na social de la que forma parre.
En b m:iquina d<..·scanrc ven Dclcuzc y Gu;mari lntc .'
todo flujos. Toman b idea de La.wrence: la sexualidad es flu­
jo. Todo deseo es flujo y coree. Flujo de esperma, de orines,
de leche, ecc. Freud descubrió este flujo de deseo. Ricardo
y Marx Jcscubricron el flujo de llroducción, el Aujo de <line­
ro, el flujo de mcrc::mcía.s; rodo ello como esencia de beco­
nomía capicalisca. Lo que car:iaeriza al sistema es la apro­
piación del producro por parte del capiul.

Esto es lo que muesrra la economía cualitativa: los flu­


jos chorre:1n, p:is:1n a través del cri:íngulo, desunen sus
vérriccs. El tampón edfpico no deja señal en esos flujos,
como tampoco sobre la confitura o sobre d agua. Con­
tr:i las paredes del triángulo, hacia el exterior, ejercen la
irresistible presión de la lava o d invencible chorreo del
agua. [ ... ] ¡codos somos esquizos!, ¡todos somos perver­
sos! Todos somos Libidos demasiado viscosas o demasia-
Teoria queer y psicoanálisis
80

do fluidas... y no por propio gusto. sino porque allí nos


han llevado los flujos dcstcrritorializ.ados28 •

La idea <le flujo también será muy influyente en la teoría


quecr; sed utilizada para describir la movilidad del deseo
y el nomadismo que car;1ctcriza las subcultur:-is sexuales
queer, donde es posible reapropiarse de :mtiguas tecnolo­
gías y discursos para usarlas como formas de resistencia a
los poderes que disciplinan las sexualidades (posibiJidad
de usar máquinas como el vibrador -inicialmente de uso
rcrapéucico- para el plaécr scxunl, usar las hormonas o la
cirugía para moJificar el cuerpo sin un control del podl:r
médico, prácticas transgéncro, dragkings, tatuaje, bran­
ding 29, etc.).
El capitalismo decodifica los viejos códigos fundados
sobre la máquina despótica pero los territorializa a su favor.
El neurótico se queda en los códigos establecidos, queda
instalado en los viejos territorios, en los residuos que han
quedado en el salto de la máquina bárbara a la máquina
dd capit:tl. El perverso explota la palabra y crea territorios
artificiales. El esquizo emprende la línea de fuga de todo
territorio codificado, lo dcsterritorializa todo. Marx había
observado agudamente que el capitalismo no se detiene
ante lo que antes se consideraba sagrado, lo decodifica
todo. El esquizo se mantiene en el límite. Mezcla los códi­
gos. La esquiwfrenia es la pr oducción descame como lími­
te de la producción social.
Dclcuze y Guattari critican el E<lipo porque lo conside­
ran una entidad metafísica. Su prcmcnsión de universalidad
es cuestionado como un intento de encerrar el deseo en un
esquema explicativo limitado y vinculado a la familia.
El c.1pitalismo lo privaciz., codo. La esencia del capira­
lismo se halla en dos fenómenos complementarios: d.eue-
El contexto post-estructuralista: Foucault, Delouze-Guattari y Derrida
81

rritorializ.ación y decodificación. Ambos fueron analizados :,


por Marx. El capital se apropia cada vez más de territorios; j
se apropia del campo, del artesanado, del comercio y final-:
mente de la industria. El capital lo dcsterritorializa todo.¡
Pero al mismo tiempo lo decodifica todo: la religión, la:
mornl, las creencias; to<lo sucumbe al impulso <lcl capital._,
fatc impulso anufador de códigos y apropiador de territo­
rios es universal en el capitalismo. El capitalismo es, por
ello, lo universal de toda sociedad.
Como veremos en el C."lpítulo dedicado a la teoría qucer, '­
la idea del de.'\CO como producción, y no como rcprcsicín
o "c.1rcnci.t", scr;i davc a la hora de generar nuevas lectu­
ras sobre el sujeto y la sexualidad, distanciadas canto del
psicoanálisis como de las políticas idemicarias. Asimismo
la noción de <lescerricorialización va a ser aprovechada por
b rcorfa queer para aplicarla a la sexualidad y al género. La,
crítica de El Amiedipo al humanismo y al cstrucmralismo,
por una parte, y su ataque a las limitaciones del esquema
edípico por otra serán los el�mencos fundamentales del
nuevo contexto intelectual y culcur�I en el que va a surgir
la ceorfa queer años después.

5.4. Derrida: deconstrucción, différance, suplemento


y performativo

Escribir sobre la obra de Jacqucs Derrida es un ejercicio


arriesgado, supone una reflexión sobre el hecho mismo de
la escritura, sobre la imposibilidad de cefiir un único sen­
tido a un texto que es siempre múltiple, es perseguir a un
cab:1110 que va borrando siempre sus propias huellas. El
nomadismo de Derrida, y sus advercencias sobre el semi-
Teoría queer y psicoanálisis
82

do <le la interpretación textual, hacen que sea más fiícil acer­


carse a su pensamiento y a su escritura de forma lateral o
desde los márgenes, dado que su trabajo no obedece -deli­
beradamente- a un programa ordenado y sistemático.
Intentar reducir la obra de Derrida a un esquema o a
una inccrprctaci6n "verdadera" es un esfuerzo concradic­
corio; como ha señalado Paco Vidarre en su tesis doccoral
sobre el filósofo de la deconsrrucción:

No he querido hacer una hiscoria -de la decons­


trucción-. Tan sólo seguir de cerca la singularid:id de l:t
escritura derridiana, el :iconcccimiento que supone su
lecmrn, irrepetible e irreductible a metodología alguna,
a ningún programa preestablecido, a ningún esquema
que pudiera dar cuenca Je su csrratc:gia diseminanrc que
no resulta rcconduciblc a un origen, a un té/os (a un
padre, a un lector crítico :ibsolut:imcnte c:ipaz) que le
dé sentido, a una lectura o a la lecrnra )(J .

Siguiendo la advertencia de Vidarre, no trazaremos aquí


ningún esquema global de la obra31 de Derrida, empresa
por otra parre concradictorb con la propia dinámic:i (en
sentido físico y topológico) de su escritura. Simplcmcncc
nos centraremos en cuatro de los términos derridianos que
más influencia han tenido en la teoría qucer: la decom­
tn,cción, la différance, ti suplemento y lo performativo.

Deconstrucción

El rérmino "deconscrucción" ha sido objeto de numero­


sas inccrprecaciones, abusos y malentendidos. Desde su
aparición en los años sesenta, la deconstrucción cuvo un
enorme impacto en el pensamiento filosófico y en los esru-
El contexto post-estructuralista: Foucault, Deleuze-Guattari y Derrida
83

dios universitarios en Europa y Estados Unidos. La umoda


de la deconstrucci6n,. condujo a un u9J cada vez más lige­
ro del cérmino. que lo confundía con el hecho de hacer
una crítica destructiva de algo. o con la idea de analizar
un sistema para dcsmonrar y disolver sus diferentes par­
tes, o la emparentaba con una especie: de filosofía negati­
va y nihilista donde coda categoría debía ser aniquilada.
Aunque no vayamos a dar aquí una definición positiva de
la deconstrucción. se puede afirmar que la deconsuucción
es un acercamiento que disloca d sistema de oposiciones
conceptuales derivado de la idea metafísica de la verdad.
y que insiste en la imposibilidad de mantener un pensa­
miento de la totalidad. Pero la deconstrucción exige atra­
vesar las propias rradicioncs que está poniendo en cuestión,
interviene en sus textos, en los discursos de la herencia
metafísica para transformarlos, para solicirarlos (en el sen­
tido latino de conmover como un todo. hacer temblar en
su totalidad).

Se traca pues. sin pr�-cipitarsc. to:nándosc: tocio c:l tiem­


po neces:irio, de releer los textos que la conforman. de
reescribir c:imhi�n sobre dios: de escribir respC"cto de dios
sin dejarlos nunca intactos y de escribir en ellos escru­
tando entre las líne:is, en los márgenes. escudrifiando bs
flsur:is. los desliz.amientos: los desplaza.miemos, no con
viseas a arruinar sus códigos sino a producir, de forma
activa y transformadora, la estructura significante dd tex­
to: no su verdad o su sentido. sino su fondo de ilegibili­
dad y, a la vez, ese exceso, ese suplemento de escritura y
de:: lc::ccur:1 que, interrogando la economía del rexco, des­
cubriendo su modo de funcionamienro y de org:iniz.a­
ción. poniendo en marcha sus cfcaos, abre la lectura en
lugar de cerrarla y de protegerla, disloca toda propiedad
y expone d texto a la indecidibilic:bd de su lógic:2 doble,
plur:iP 2 •
Teoría queer y psicoanálisis
84

La deconstrucción es una forma de imervención en los


axiomas hermenéuticos usuales de la identidad total de la
obra. Produce una inestabilidad en la seguridad de los méto­
dos, en la historia de las ideas, en las fuentes de la signifi­
caci6n. La deconstrucción actúa en los sedimentos de la.o;
arquitecturas conceptu:tlcs, rastrea los textos y produce nue­
vas significaciones. Su origen está directamente relaciona­
do con el contexto estructuralista de los años sesenta:

Deconstruir cr:i también un gesto cstruetumlista, en


todo caso un gesto que asumía una cierta necesidad de b
problemática cstruccuralisra. Pero era también un geslO
ancil-structumlista, y su forma <lcpcndc, por una p,mc, de
este equívoco. Se tr::u�b:i de desh:iccr, de dcscomPoncr,
des-sedimentar estructuras (todo cipo de estructuras, lin­
güísricas, "logocéncricas". "fonocénuicas" -pucsco que el
esuuauralismo escaba dominado sobre todo entonces por
modelos lingüísticos, de la lingüística llamada cstruccuml
a la que se llamaba también saussuriana-, socioinstitu­
cionalcs, policica.s, culturales y, sobre codo, y en primer
lugar, filosóficas). Es por eso, sobre codo, por lo que se ha
asociado el motivo de la deconstrucción al 11post-estruc­
tural ismo" (palabra ignorada en Francia, salvo cuando
"regresa de Est;idos Unidos"). Pero dcsh:1cer, descompo­
ner, des-sedimentar estructuras. movimiento mi� hL�róri­
co, en un cierto semido, que d movimi�nto "esrructura­
lisra" que se encontraba así puesto en cuestión, no era una
operación negativa. Más que destruir, era necesario tam­
bién comprender cómo estaba construido un "conjunto",
para lo cual era neccs;irio rcconsmairlo 3J .

Esta relación de la deconstrucción con el estruccuralis­


mo será elaborada en Estados Unidos como una especie de
"método analítico", olvidando su relación con los propios
aconcecimientos históricos y la destitución del sujeto que
El contexto post-estructur�lista: Fouca.u)� Peleuze-Guanari y Derrida
85

implica la propia deconstrucción. De este modo, veremos ·


entre muchos de los autores de estudios de género y de la
teorfa queer un .uso bastante ligero de la deconstrucción,
en el sentido de usarla como un dispositivo metódico para
leer o escribir, al estilo de "vamos a deconstruir la identi­
dad de género".}En realid�d, sería más adecuado interpre­
tar el fenómeno queer como un acontecimiento que ya ha
tenido lugar, donde algo "se" deconstruye como acontecí-.
miento histórico, donde están funcionando estrategias móvi­
les sin un sujeto trascendental o intelectual que determine .
el proceso 34 •
Paco Vid�rtc, filósofo t·spcci:tlist:t en dcconsrrrn.:<.:ión, y
teórico qucer, nos advierte de los posibles abusos de la ohl'a
de Derrida:

Una de esas formas excesivas, dcsc:tradas e insolcnrcs


por lo raro, de prcscigi:tr la homosexualidad a nivd dis­
cursivo es querer emparentarla a t0da costa, teñirla, dar­
le un baño de deconstrucción. Sobre codo, rnando hablar
de deconstrucción y homosexualidad en :ibsoluto con­
sisre en constatar las afinidades existentes entre ambos
términos, o�ración que tal vez obedezca a intereses incon­
fesables o demasiado evidentes. [ ... ] La dcconsrrucción,
si no está de moda, se está poniendo de moda, qué duda
cabe, enrre ciertos sectores dilecanres afcaados de dan­
dismo y grandilocuencia. La deconstrucción vende:, da
imagen: cocina deconstructiva, arquitectura dcconstruc­
tiva, pinturn dcconstmctíva. Y si algo está de moda, ense­
guida arrastrará a un tropel de gays sedientos de �ubirsc
al carro del rclumbr6n: "¡Dcconstruy;írnonos!". Sin saber
lo perjudicial que puede llegar a resulcar dicha consigna,
aunque, a primera vista, suene fascinante. [ ... ] Recurrir a
kt deconstmcción para "apuntalar" la queer theory es, apar­
te Je una irrespon�bilidad, una contradicción en los tér­
minos. Si algo logra la deconstrucción es librarnm. a la
Teoria queer y psicoanálisis
86

hora de decidir, de cualquier apoyo, de cualquier sustc:n­


to firme, de cualquier punco de ancfajc, prccisam<:mc IXlr.t
poder decidir sin sencirnos respaldados. Si algún gay o
alguna lesbiana consideran que están en puerco seguro
porque cicnen tras de s{ el baluuce teórico deconscrucci­
vo, sencillamente no se han <.·merado <le nada. La decons­
trucción podrá rcntabiliz:irsc en muchos asixccos, menos
en términos de seguridad·l�.

Teniendo en cuenu los riesgos que menciona Vidarte,


se puede hacer deconstrucción y teoría queer. Una conse­
cuencia de l:i deconstrucción que será muy útil en el pen­
samiento queer es el cuestionamienro de esquemas de pensa­
mienro binarios (homo/herero, hombre/mujer, naturaleza/
cultur�), y del propio concepto de 'verdad' aplicado a los
sujetos, las idemidades o las sexualidades {véase capítulo 7).

Diffe1w1ct

Otro término derridiano que va a tener una amplia iniluen­


cia en los estudios de género será el de 'différance'. Derri­
da va a modificar una letra de la palabra francesa 'diffé­
rence' (diferencia), cambiando la 'e' por una 'a' para iniciar
un::i. interrog:ici6n sobre el proceso de b. escritur:i. Esce cim­
bio gráfico tiene la particularidad de que no se percibe en
la pronunciación, no se oye, aunque sí se lee y se escribe.
Esra marca muda, la 'a' de differame, sirve a Derrida para
gentrar un concepto nuevo que señalad sentido larino de
diftrre, dejar para más tarde, demorar, retrasar: b tempo­
rización, y también el sentido de diferendo como polémi­
ca, como desemejanz.a . Esce gesto va a servir para indicar
que "la différance designa la causalidad consriruyenre, pro­
ducriva y originaria, el proceso de ruptura y de división
El contexto post-estructuralista: Foucault, Oeleuze-Guattariy Derrida
87

cuyos diferendos o diferencias serán productos o efectos


consrituidos'136•
Con el término differance Derrida quiere sefialar un
intervalo, un espacio, una demora temporal y espacial de
la presencia, pero de una presencia que nunca se ha pro­
ducido de forma plena, de forma originaria. De este modo,
Derrida cuestiona cualquier lógica de la identidad, intro­
duce una fisura que demora indefinidamente al ser y al
sujeco de sí mismos. Es decir, la différance .. como movi­
miento (activo y a la vez pasivo), de producción de dife­
rencias, de efectos de diferencia, no será precisamente sino
la condición de la significación, de una significación siem­
pre dividida y diferida"37•
La influencia de la differance en la teoría quccr resuena
en el título de la revista fundadora de los estudios queer,
Differmm, dirigida por Teresa de Lauretis. Como se verá
más adelante, este término será clave para realizar nuevas
lcctur.Ls de b "diferencia sexual" en el marco de los escu­
<lios de género, y para cuestionar la lógica de la prrsencia
en el es:cudio de la masculinidad y la feminidad.

Suplemento

El suplemento en Derrida se enmarca en el recorrido que


hace de las denominaciones de b presencia en la historia
del pensamiento occidenral. A partir del análisis de Rous­
se-.iu del signo escrito como un suplemento del signo natu­
r-.11, Derrida va a desmantelar la idea de un lenguaje inte­
rior o inicial, como medio natural no contaminado. Lo que
señala la lógica del suplemento es precisamente que no hay
original, que se da una carencia radical originaria dentro
de la metafísica de la presencia.
Teoria queer ,. psicoanálisis
88

El suplemento suple. No se afü\dc más que para rccm­


plazu. Interviene o se insinúa en-lugar-de; si colma, es
como se colma un v�cío. Si representa y d:t una imagen,
es por la falta amcrior de una presencia. Suplente y vica­
rio, d suplemento es un adjunto, una instancia subal­
tcnu que hnce-lm-11ccc1-de. En ramo que mscicuro, no se
afiade simplemente a la posirividad de uni presencia, no
produce ningún relieve, su sirio cscl asignado en la estruc­
tura por la marca de un vado. En algún lugar ;1lgo no
puede llenarse consigo mismo, no puede realizarse más
que dejándose colm�r por signo y procuración 3H .

Este "peligroso suplemento" será clave a la llora de inter­


pretar el exceso que ponen en escena las perfonnances de
género. La hipcrmasculinidad de la estética butch 39 o de
los grupos lcather, o la hipcrfcminidad de algunas prácti­
cas dragqueen o rravestis no muestran otra cosa que la ausen­
cia de: original, es más, son la condición misma de pro·
ducci6n de lo masculino y lo femenino.
L3 crítica de la metafísica de la presencia va a llevar
a Derrida a acuñar el término "falogocemrismo . Por
n

un lado, Derrida había analizado el privilegio del lagos,


del decir, de la voz, en la lógica de la verdad de la tradi­
ción occidental (logocentrismo). Por otra parte, en la tra­
dición psicoanalítica Lacan había instaurado el 'faJo' como
un significante clave en la organización del complejo de
Eclipo. Derrida interpreta esta noción de falo como algo
propio del orden masculino, como una manifestación de
la razón pHriarcal:

Con csce término -'falogoccmrismo'- trato de absor­


ber, de hacer desaparecer el guión mismo que une y vuel­
ve pertinentes el uno p:ira con la otra aquello que he
denominado, por una parte, logocmtriJmo y, por otra,
El contexto post-estructuralista: Foucault, Deleuze-Guattari y Derrida
89

allí donde opera, la estratagema fal()cémrica. Se trata <le


un único y mismo sisrema: erección del logos paterno
(el discurs�, el nombre propio dinástico, rey, ley, voz.. yo,
velo del yo-la-verdad-hablo, etc.) y del falo como 'signi­
fiC1nte privilegiado' (L1can)40.

El feminismo y más tarde los proptos estudios quccr


retomarán esca noción de falogocentrismo como una de las
críticas más radicales a la obra de Lacan, y en general al dis­
curso psicoanalítico.

Pe,fol'matívidad

Pero es la reflexión derridiana sobre la performatividad la


que más influencia va a tener en la teoría quecr. El lingüista
J. L. Austin fue el primero en señalar la distinción entre
accos dd lenguaje constararivos y accos de lenguaje pcrfor­
ma tivos. Los primeros son actos de lenguaje que describen
situaciones o hechos que pueden ser verific:idos en la rea­
lidad, por ejemplo, "Mañana es lunes". En cambio, los actos
performacivos son actos del lenguaje que "producen" los
aconcecimientos a los que se refieren, y que no son ni ver­
daderos ni falsos, sino que o tienen éxito o bien fracasan.
El enunciado "Os declaro marido y mujer" si es dicho por
las personas autorizadas en el contexto ceremonial correc­
to, efectúa en la realidad la relación q ue está nombrando.
Como se ve en este ejemplo, d poder opera a través del dis­
curso, los actos performativos son formas enunciativas <le
autoridad.
Ausrin estaba preocupado por la posibilidad de que el
acro performacivo fracasara, o fuera utilizado de manera
tm)nra, accidental o poco seria. Por ello, incenta escablc­
rcr una distinción entre los enunciados performacivos uver-
Teorla queor y psicoanálisis
90

daderos,, y los accidentales (por ejemplo, lo que se afirma


en una situación tea eral). Derrida va a prestar mud1a aten­
ción a este intento de purificación que realiza Austin sobre
los actos performativos, y a sus referencias a la contamina­
ción, al fracaso, a un acto performacivo que no llegue a �ali­
zar lo q uc había prometido. Derrida va il rescatar prcci!hlmc:mc
b imporr:incia del hecho de ..cirar''. esa enunciación descon­
rextualizada que Auscin incemaba excluir. Para Derrida, es
precis:tmence la cita la condición de posibilidad para el éxiro
de cualquier enuncia.do performacivo:

Un enunciado performarivo ¿podría ser un éx.iro si su


formulación no repitiera un enunciado "codificado" o ite­
rable, en otras palabras, si la fórmula que pronuncia para
abrir una sesión, botar un barco o un matrimonio no fue­
ra identificable· como conforme a un modelo iterable, si
po r canto no fuera idencificable de alguna manera como
"cica"? No es q¡ue la citacionalidad sea aquí del mismo
cipo que en una obra <le teatro, una n.:fcrcnci:a lilos{'>faca
o la reciraci6n de un poema. Es por lo que hay [sic] una
especificid.,d rdlaciva, corno dice Auscin, una "pureza rela­
riv:1" de los performacivos. Pero esr:i pureza. relativa no se
lcvanr:i contra la cir:tcion:iliJad o la irerabi0id:1d, sino
concra otras especies de iteración en d incerior de una irc­
rabilidad general que produce una fractura en Ja pureza pre­
rendidamente riguroS3 de: todo acontecimiento- de discur­
so o de codo speech acr. Es preciso, pues, no canco oponer
b citación o la iteración a la no-iteración de un aconrc­
cimicnto sino construir una tipología diferencial de formJ..S
de iteración, suponiendo que este proyl!cro s.ea so5tcni­
blc, y pueda d:ar lugar :i un progr.ima exha ustivo, cues­
tión que aquí reservo. En esta tipología, la categoría de
imenci6n no desapareced, tendd su lug:ir. pero, desde
cscc lugar, no podrá ya gobernar roda la escena y codo el
sistema de cnunciación41 •
El contexto post-estructuralista: Foucault, Deleuze-Guanari y Derrida
91

Esm referencia a la necesidad de la repeáción de un con­


tcx to ritualizado, este proceso regulado, la citabilidad como
origen de la fuerza performativa, es fundamental para com­
prender que los enunciados descriptivos de género no exis­
ten. Por el contrario, como señala Judith Bmler42 a parcir
de su lectura qc o�rri<la, exprc$Íones como "¡� un niño!,,
o "¡es una niña!,, son precisamente actos performativos ini­
ciá.ticos, invocaciones, citas rituales basadas en convencio­
nes de género. El uso de la palabra q ' ueer' tiene también
sentido en d marco de la performatividad. La palabra 'queer'
(maricón. bollera) corno insulco ha adquirido su valor en
un contexto de repetición vinculado a la patología y a la
anormaJidad. En el capítulo dedicado a la teoría qucer vere­
mosque esta noción dcrridiana de performacividad será
clave para denunciar las instituciones heteronormacivas (el
matrimonio como teatro institucionaliz.ado) y los efectos
de enunciación y de discurso en la producción del sexo y
del género.

Notas

l. Lévi-Strauss, C. (I 984). Amropo/qg/a E,mm11ral. Paidós, Bue­


lflOS Aires.
2. En la craducción al castellano se afü1dc la diéresis en la 'u' prcci­
Slmcntc como m:ire1 de lo inútiil, no cumple ninguna función,
es un:t m.uct dd goce, lo que no sirvt: para nada.
3. Alcmfo, J. y Larricr.i, S. (2001 ), El incomcimu: aistmci,, y dife­
rencia sexual, Síntesis, M:idrid, pp. 14-15.
4. Sobr� un d�arrollo de csrc :ispecro del orden simbólico véase;
mi artículo "Educación y psicoa�lisis", en Reyes R. (dir.) (1999), 1
Terminologla Cimtíf,(o-Sorial. Anexo, Amhropos, B:i.rcelona,
!PP· 144-148.
Teoría queer y psicoanálisis
92

5. Mérida Jiménez, R.M. (cd.) (2002), Sex11alúlada tra111gresoms,


op. cit., p. 9. Dejando aparte esta lectura poco riguros.1 de la
noción de 'fulo' en Lacan, este tcxt'o es una excdentc introduc­
ción a los estudios queer.
6. Para una visión diferente del concxpro de estn1cnm1, basada en la
topología y en l:t tcrmodindmict, y :tpliciblc a L1 noción <le 'goce'
en L1c.,n, véase mi artículo "Un discurso c¡uc d iscurre", en Boú­
tín tÚ p1icoanáiúiJ, Serie Aicoanalítica, n. 0 3, 1987, pp. 97-99.
7. Foucault, M. (1985), Sabery verdad, La Pic¡uera, Madrid, p. 132.
8. Foucault, M. (1978), Vigilar y cnrtigar, Siglo XXI, M:idrid, pp
258-259.
9. Sobre la relación de Foucault y la teoría queer, véase el excclen­
rc ens:1yo de H:ilpcrin, D. ( 1985), S11i111 Fo11c1111lt - TowarrÍJ 11
Gay Hagiogntphy, Oxford Univcrsiry Prcss, Nueva York. Para
conocer la opinión de Foucault sobre las subculturas sexuales,
cspcd:ilmcnre el sadomasoquismo, véase ..Sexo, po<ler y gobier­
no de la identidad", en www.hnm.;i.com/fucknult.htm.
¡ o. Foucault, M. ( 1978), Historia di Út uxu11/idad, vol. t, Siglo XX l,
Madrid, pp. 56-57.
·, 1� Por ejemplo, 13 imponantc obra qucer de Jonathan Ned Kan
(t 996), The invention ofluurosrxuality, Pcnguin Books, Nu�
York. Es significativo que pese a los intentos recientes de algu­
nos psicoanalisr:a.s por acercarse 3 la teor'3 quecr, no aparecen
entre sus publicaciones monogrMicos o artículos sobre ªla hete­
rosexualidad hoy", o u¡� heterosexualidades", "clínica de la hete­
rosexualidad", o "heterosexualidad y perversión" ...
12. Jeffrey Weeks es uno de los filósofos que mejor ha aprovechado
en d campo de la teoría quccr las aportaciones de Micbcl Fou­
C3ult. Véase Wccks, J. (199 l), Agaimr Nnturt. Esuzys on hiJtory.
sexuality and idmrity, Londres. En español, véase (l 992), El
malestar de la uxualidad, M:1drid, Talasa; ( 1998), &xualidad,
Paidós, México, y el artículo "Valores en una er.i de inccni­
dumbrc", en Llamas, R. (comp.) ( 1995). Comtru)'mdo sideuri­
dttd�. Siglo XXI, Madrid.
13. Véase Alemán, J., "Lacan, Fouc.1ult: el debate sobre el 'cons­
truccionismo"', en Omicnr, n.0 220, 25 de octubre de 2002 (dis­
ponible en www.w:1pol.org/ornicar/articlcs/220alc.hrm). Véase
también Vidarrc, F. J. (1996), "L1cm con Fouc;utlt", M11rirt1i11,
El contexto post-estructuralista: Foucault, Deleuze-Guattari y Derrida
93

vol. V n. 0 11, diciembre, Máfag:1, y R.1jchman, J. (200 l ), l.11etm,


Fo11cau/r y la cumión tÚ la éríu,, EPEELE, México.
1�. Fouc.1ult, M. ( 1 �8�). Sabrr y verdad, La l'iqueta, Madrid,
pp. 32-33.
15. Op. cit., p. 147.
16. Vid:irtc, E J., "l.acan con Foucaulc'', op. cir., p. 50.
17. Fouc,ult. M. (1992), GmMlo¡/11 del r11ci1mn. Dela guerra de lm
mws ,ti nJCÍ..Jmo de Estado, L, Piquct;1, Madrid, p. 247.
18. O¡,. rir., p. 261.
t<J. Op. cit., p. 265.
20. Op. cit., p. 266. Est.i afirmación de Foucault adquiere actual­
mente un sentido dr:imático, :mte la cruel política de expulsio­
nes m;t�iv;t.li contra los inmigr:mtcs que prncrican los dirigcntc!i
<le la Unión Europea.
21. Ikatriz Preciado, en su libro Mrrnifimo conrm-scc11fli, b rCdli1..:ido
un brillamc atiálisis sobre la rcbción genealógica que existe entre
la m:mo IH:lSntrbadora y el ori�n del dil<lo. Vi-:tsc capítulo 7.
22. L, ohra conjunta de Ddcu1,e y Gu:mari continuó en una scgu­
na p;me de su obr.1 Capira/ismo y csqui:wfrmia, con el libro Mil
Mr-Jetns (El Antiedipo fue la primera parte). Por rawncs de espa­
cio no entraremos aquí en la compleja y rica obra de oda uno
de estos autores.
23. Niet7.sche es probablcmcme el filósofo que más ha influido en
el pensamiento post-estrucmralista. Tanto Foucaulr como Derri­
da, Dclcuzc y Guattari han rernnocido la importante herencia
del autor de La &mra/ogía de ln moral
24. Dclcuze, G. y Guatrari, F. (1985), El Antiedipo. Capitalúmo y
Nr¡uizofrmia, Paidós, Buenos Aires, p. 31.
25. Se han hecho numerosas críti�,s a esca lectura de L1can: b fal­
ta de la que habla Lacan no es la falta de un objeto anterior que
se habría poseído, sino la propia falta del ser, la ley en L·u:an no
es b ley jurldic:i; cl signific:mtc en L1on no cuhrc todo el c:i.m­
po dd clcsco, siempre hay un r�'itO que �ctpa a b significación,
lo que L'lcan llama el objeto fl. Lacan fue el primero en hacer una
crítica i.ldical a la psicologfa del yo y a las ciencias hu m:mas, dcs­
cencrando al sujeto de sí mismo, como hacen Dclcuzc y Guat­
rari. Curiosamente estos autores valoran m.ís adelante la teoría
lid d<."SCO en L,can: "l.a adminhlc teoría de deseo de bc:111 tic-
Teoria queer y psicoanálisis
94

ne dos polos: uno con relación al objeto 'a pequeña' como máqui­
na dcsonrc, que define: el deseo por una producción real, supe·
rando coda i dea de necesidad y también de: fantasma; otro con
relación al 'gran Otro' como significante. que reintroduce una
cien::i ide::i de carencia", El. Anriedipo, p. 34, nota 23.
26. Ddcuz.c, G. y Gu;mari, F., op. cit., pp. 116-117.
27. Op. cit., p. 36. énfasis original.
28. Op. rir., p. 73.
29. P roccdimimenco para inscribir m�rcas o dibujos en d cuerpo
por medio de quemaduras (bratuling significa marcar una res
con un hierro al rojo).
J.
30. Vidarte, E (2001), Dllrirages. Une rhl:Je en dlcommmion, I..:Har·
macran, París, p. 17. La versión en candlano de csra cira es del
propio Paco Vidarte. Agradezco al autor que me hay:i permitido
acceder al manuscrito origin�1l de este libro en casccllano.
31 . Por razones de espacio. no entraremos aquí en la complcj:i. rd:i.­
ción de Derrida con el p sicoanllisis. Para ello remitimos :.11 h:c­
cor a los siguicnces libros de Derrida: (1986). la tarjeta po1raL
De Frrud a Lacan y más allá, Siglo XX!, México; (1987), PrydJé.
lnvmriom de /'awre, Galilée, París; ( 1997), Mal de archivo, Troc­
t;l, M;l<lrid; ( 1998), Rrsislmritu ,M psiw(l11tílisis, l�1id<>:i, Bm:1ms
Aires; ( 1998), MárgmcJ de la filoso/la, Cátedra, Ma<lri<l; (2001),
con lsJbclle Roudinesco, D,· quoi dnurtin ... Dialogues, F:i.y:mJ­
Galilée. ParCs. Véanse el libro sobre deconstrucción y psicoan:í­
lisis, de P:,co ViJ:mc:, de: prt)Xima ;1p:uició11 en Edicori.tl Sf111c­
J.
sis, y c::imbién los siguientes libros: Akm:ín, (2000), L11a111 m
la razón po1modema, ed. Miguel Gómcz, Málaga; Major. R.
(2001 ), Lacan avec Derrida, flammarion, París. y Pasrcmac, M.
(2001 ), Lacan o Derrida. PsicoanáliJi.! o and/irú tkco,wmctivo,
EPEEL, México.
J.
32 . Perecci, C. y Vid:me, F. (1998), Dnrída, Ediciones del Orto,
Madrid, p. 19.
33 . Derrida. J. ( 1987), Psychl. lnvmtions de lirntre, Galilée, París,
pp. 389-390.
34. Gay:mi Chakravorcy Spivak ha cscrico inceresances rrabajos sobre
l:1 dt:conscrucción aplicada a la historiografía, los cscudios pos­
colonialcs, el poder yd feminismo. Algunos de sus libros son fJJ
Orha WorÚÍJ; The Post-Co/011i11l Criti.-; Ouuide in rhe ftnching
El contexto post·estructuralista: Foucault, Oeleuze-Guattari y Derrida
95

Machine (los tres en Rourledge, Nueva York). P:ira una intro­


ducción a su obra vé:isc: L:indry, D. y Macle:m, G. (I 996), Tht
Spivak Render, Rourlcd_;e, Nueva York.
35. Llamas, R. y Vidarce, F. J. (2001), Extrav/01 1 Esp.isa Calpe,
Madrid; cipfrulo 13: 'Jac ques Derrid:i: 'Or:i. pro nobis'n, pp.
289-291.
J6. D�-rrida, J. ( 1998), MtlrJmeJ de lafi/01ofla, .. La Diíférancc" 1 C.-ice-­
dra, Madrid, p. 44.
37. Perecci y Vidane, op. ri,., p. 29 .
.38. Derrida, J. (1971), De la gramatologla, Siglo XXI. Madrid,
p. 185. Cic::i.do por Be:uriz Preciado en Manifimo conrra-Jtxual
p. 65. La accivisra y filó�fu queer Preciado ha ucilizado el suple­
memo derridi.:ino para iniciar un proceso de deconstrucción del
órgano-origen en su relación con el dildo. Oc este modo, Pre­
ciado puede afirmar qlX ..d dildo precede al pene" (Manifimo
contra-sexual, p. 66). Véase capítulo 7.
39. El rérmino inglés buul• se refiere a la subculcur.1 de bs lesbi:i­ {
nas masculinas, mucha.; de ellas de clase obrera. u subcultura \
g:iy leather está formad::i. por hombres con una estética hiper-
masculina: ropa de: cuero negro, bigorc o barba, mocos, cuerpo
musculoso, actim<ll's '\irilcs", <lurc:-1..1, cte. En contra de lo que
se: sude pensar, �tas <..1.drnr:1s no sicmpl'e persiguc:n un;i consc:­
cución re:11 dd "hombre de verd:1d", sino que muesrran el cir:ic- !
ter vado o paródico de la masculinid::i.d. Sobre la cultura lea- 1
1hi-r y la culmra de los Osos, v6msc mis ardculos .. De hombre
:i hombre::", en b rc:visr� lnfogay. B:trcelona, n.0 l 27, diciembre
2002, y "Por los pdos� en b rc:visra ZERO, n. 0 23, Madrid,
diciembre 2000, pp. 68-75. Véase rambién en incerner
www.hanza.com/fisr.hrm.
40. ''Encrcricn de Luccnc finas avcc Jacques Derrida", en M.VV.
(1973), Ícarts. Quatre tJutis a propot deJacqutt Derrida, Fayard,
Parfs, p. 311.
41. Derrida, J., Mdrgme1 d, lafilo1ufia, p. 368.
42. Véase d artículo de Judith Buclc:r, "Crícic:imcntc subversiva", en
R:ifuel M. Mérida Jiménez (ed.), Sex11alidad11 rramgresorm. Este
artículo fundamental de la rcorfa queer es el capftulo final dd
libro de Burler Cuerpo! que irnporran, riculado "Acerca del rér­
"'
mino 'qucer .
6 El feminismo lesbiano
Teorlo quoer y psicoanálisis
98

las lesbianas no J011 m11jen·s.


MONIQUE WllTIG

_.,,-El feminismo de los años cincuenta y sesenta había de­


\ sarrollado una importante crítica dt los valores patri�trc;1-
lcs y de las estructuras de la dominación masculina implí­
citas en la cultura, la sociedad, la política y los discursos de
la psicología y de la ciencia. Los trabajos de Simone de
Beauvoir y ocras autoras feministas sirvieron como herra­
mientas clave para dc:smancdar el sistema de géneros y su
.-insrrumcncalización machist3 contra las mujeres. Sin embar­
go esra importante tradición de análisis teórico y lucha polí­
tica consolidaba a su vez una nueva catcgorfa ontológica,
�la mujer' o 'las mujeres', sin poner en cuestión los propios
valores y los peligros de una nueva especie de 'esencia' feme­
nina. El análisis Jel género 1 se circunscribía a las formas de
domi11:1CÍ,)ll de l:i mujr�r c11 s11 rcl:1ci,S11 con los linmhrl's
(por esta insistencia en la mujer, tampoco se analizab�l el
esrmHo problemático del propio género masculino). Pero
, \ habfa una :n�sencia clave en ese� :i�álisis: no se abordó b
¡ , ht:tcmscxuahdad como lugar pr111c1pal dd que c111anaban
·.!la mayoría de esos dispositivos de opresión, ni sus conse­
·. \cuencias para nuevas luchas estratégicas.
// Emre 1970 y 1980 aparecen en la escena del feminis­
mo �u[oras lesbianas que van a iniciar una crítica r:idical
del <liscurso hecerocenua<lo y de b noción de 'mujer', y
que: serán clave en la aparición y evolución de b teoría
··,, c¡uee. Moniquc Wiccig, Adrienne Rich y Gayle R1,1�in, dcs-
"de disrincas perspecciv�, van a ser algunas de las principa­
les artífices de esca revolución episrem9lógica en el ;-ináli­
sis del dispositivo sexo/género y en la crítica de b ma[riz
heterosexual.
El feminismo lesbiano
99

6.1. Monique Wltlig

En 1973 Moniquc Wictig publica El cuerpo lesbiano, un


bdlísimo y complejo cexco poécico que tendrá una impor­
cance influencia política y teórica para el feminismo y para
el sistema de sexofgfocro. En esce texco aparecen constan­
temente imágenes amatorias y saualcs entre una mujer en
primera persona (Y/o, m/c, mi{) y orra mujer (u otras muje­
res: tú).

La cierr:i del jardín cruje entre tus dientes, tu saliva la


humedece, tú m/e nlimenras con ella cu lengua en m/i
boca y tus manos sobre mis mejillas m/e mantienen inmó­
vil, y/o m/e transformo en lodo m/is piernas m/i sexo
m/is muslos m/i viene re ergu.ido entre cus piernas se sacia
del olor que llega de la ciprina proveniente de ru medio,
y/o me licuo por dentro y por fuera 2.

El texto se co11:aruyc n pnnii· e.le una ruptura e.le lu :.in­


taxis y del orden narrativo; la descomposición del cuerpo
en obsesivas descripciones de los 6rganos internos y exter­
nos dd cuerpo <le la mujer y de sus fluidos corporales, y b
narración de una sexualidad cxplíciramentc lésbica supo­
nen una presencia hasta entonces inédita en el panorama
literario, y un desafío a la repr�sentación habitual de la
mujer en la literatura y en la cultura.
Pero su obra más influyente para la teoría quecr será
The Straight Mim/ 3 , texro que inicialmente fue escrito para
una conferencia a lesbianas americanas en Nueva York en
J 978, y que sería publicado finalmente en 1980 en la revis­
ta Qumions fémi11istes 4• En cm:: ensayo Wiccig analiza los
límites de un pensamiento que ha construido a lo largo del
tiempo la heterosexualidad como un claro. En otros rcxcos
importantes, como la catlgorie de sexe y On ne nait pas tme
Teorfa queer y psicoanálisis
100

femmt, Witcig muesua que el sexo es una categoría políti­


ca, e intcnca "cscablcccr un vínculo cncrc las mujeres que
l uchan por las mujeres como clase, contra la idea de la­
mujer en tanto que concepto csencialisra"5•
En Tht Straight MindWittig no va a analizar "la hete­
rosexualidad" en el sentido de las prácticas sexuales, sino
el dispositivo heterocentrado, es decir, una pluralidad de
discursos sobre las ciencias llamadas humanas que produ­
cen e instauran heteronorma:s en materia de sexo, de géne­
ro y de filiación. Una n�:>vedad importante de este ensayo
c:s que también se va a cnfrcmar a la corriente del feminis­
mo tradicional (ella lo llama 'heterofeminismo') que habla
promovido la idenrificaci6n con 'la mujer', y con 'lo feme­
nino' (escritura femenina d-e Cixous, cuerpo femenino,
feminismo de la diferencia -Kristeva, Irigaray-) en detri­
mento de otras cuestiones que planteaban las lesbianas
(.invisibilidad de las lesbianas, posible identificación con l-0
masculino, prácticas sadomasoquistas, criterios de raza y
1
clase socja), etc.). Para Wittig "la promoción de La Mujer
como categoría emancipadora que produce identida.d
y como único sujeto de la pofüica sexual tiene efectos coer­
citivos y normativos. Ella no sólo reacciona contra la ins­
tirumentalización de la política de 'la lesbiana' por el femi­
nismo, además aporta nuevos conceptos a un feminismo
excesivamente unitario en sus fundamentos y sus objetivos
[u.], Wittig es post-feminista por su denuncia vigorosa de
los efectos conservadores del feminismo"6•
Para Wittig es fundamcn cal desenmascarar el carácter
político de la categoría de sexo. En lugar de remitir el
'sexo' a nociones naturales, biol6gicas, o basadas en una
diferencia ontológica o económica, un sexo que estaría
'ya ahí' como un dato previo, Wittig afirma que en rea­
lidad el sexo es una categoría producid11 por el propio sis-
El feminismo lesbiano
101

tema de pensamiento dominante, que funda la sociedad


l..UIIIU hclcr,u�cxual. "La iJcología <le: l.1 úifcrc:11Li.t Úc lu�
sexos opera en nuestra cultura como una censura, dado
que oculta la oposición que existe en el plano social entre
los hombres y las mujeres bajo una causalidad natural.
Masculino/ femenino, macho/hembra son las categorías
que se utllizan para disimular el hecho de que las dife­
rencias sociales dependen siempre de un orden econó­
mico, político e ideológico"7•
Como veremos más adelante, esca crítica radical de 'la
diferencia' va. a ser utilizada por la teoría qucer para cues­
tionar el pskoanálisis como uno de lo s principales dis­
cursos del s isccma heterocen erado. A su vez., ese e pu n ro
fuerte de la teoría queer invalida cualquier proyecto de
síntesis o de "hcrmanamicnco'' entre el psicoardli�is y la
teoría quecr; aunque algunos psicoanalistas han empeza­
do a interesarse por ella, no llegan nunca a cucsciona r sus
propios fundamentos teóricos (la falta, la diferenci:t sexual,
la castración, etc.). "El pensamiento dominante se niega
a volverse sobre sí mismo para asumir aquello que le cucs­
tiona"8.
La crítica que hace Wittig a la categoría de sexo se acer­
ca en ocasiones a lo que plantea Michel Foucault en su His­
toriad.e la sexualidad. Ambos cuestionan el dispositivo que
consigue definir el "ser" de una persona a partir de una
categoría parcial, "el sexo". Foucault analiza este mecanis­
mo en relación con la comtrucción de 'los homosexuales'
como cspcci.e {véase capítulo 4); Wiccig denuncia ese tipo
<le reducción aplicada a 'las mujeres': "L-i categoría <le sexo
es una categoría que determina la esclavitud de las muje­
res, y acn'ia (le forma muy precisa por medio de una ope­
r.1eic'ln de reducción, como en el caso de los cscbvm negro�,
wm:rndo u111a parre por el todo, una parre {el color, d sexo)
Teoría queer v psicoanálisis
102

por b cual tiene que pasar rodo un grupo humano como


a través de un filtro. Hay que señalar que en lo rc:fercntc al
estado civil. tanto el color corno la raza deben ser 'dcclarJ­
<los'. Sin embargo1 gracias a la abolición de la esclavitud1
la 'dccbración' dd 'color' se considera ahora una discrimi­
nación. Pero esto no ocur re en el caso <le b 'declaración'
del 'sexo', algo que ni siquiera las mujeres han pensado en
abolir. Yo me digo: ¿a qué esperamos?" 9•
Wittig fue una de las primeras autoras en realizar una
crítica radical de Lacan. En la primer a página de The
Stmight Mind encontrarnos y3 una referencia directa: "La
ciencia del lenguaje !ha invadido las otras ciencias, como la
antropología con Lévi-Scrauss, el psicoanálisis con La.can
y rodas las demás disciplinas que trabajan a parcir del estrnc­
turalismo" 10•
Asimismo acusa al escructuralisrno de crear univer�alcs
ahiscóricos sobre el lenguaje y los sujetos:

los humanos vienen dados como invariantes, con un.l


psique idénrica para c;td:i uno de ellos porque csc-;í pro­
gramada genéricamenre; [ ... ) el lenguaje simbólico que
licne b Vl!IHJj;a de fundonar a parcir de muy pocos cli:­
mc::nros porque los símbolos que la p sique produce
"inconscicncemcnte" son muy pocos; [...] el inconsciente
cienc el buen gusto de estructurarse aucomácicamcmc a
parcir de esos símbolos/metáforas, por ejem plo d nom­
hre-del-padre, el complejo de Edipo, la cascr.tción, el
asesinato o la muerte del padre, el intercambio de las
mujeres, ccc. 11•

\'Viccig hace esca caricatura del uso que hace Lacan del
cscruccuralismo sin ninguna referencia a textos concrccos.
Como veremos en d caplrnlo dcdícado al psicoanalasis,
Lacan está en las antípodas de esa lectura (aparee de ·que
El feminismo lesbiano
103

en esa época Lacan ya había abandonado hacía mucho el


modelo estrucrua.11 para añadir la dimensión del goce y el
registro de lo real).
Esta pensadora radical realiza también una crítica de la
legitimidad que funda el saber psicoanalítico, se interroga
sobre: la pretendida cientificidad del mismo:

¿Quién ha dado a los psicoanalistas su sa bcr? Por


ejemplo Lacan, lo que él llama el 'discurso psicoanalíti­
co' y 'la experiencia :rnalírici', ambos le "enseñan" lo que
él sabe. Y cada uno le enseña lo que el ocro le ha ense­
ñado. [ ... ) Para mí no hay ninguna duda de que Lacan
ha encon r rado en 'el inconscicnrc' las esrruct u ras que
dice haber enconcrado porque él ya l:is había puesto ahí
previamente 12.

Monique Wiccig cuestiona asimismo la necesidad de


esrnblecer una e.specie de conrraro de confesión moderno
cntrt! :m:1liz:111tc y =1n:1lista, un contrato que reprime a cier­
tos colecrivos que deben asumir un:i cura en términos de
humillación y conrrol: lesbianas, hombres homosexuales y
mujeres son empujados por un conrexco hererosexisca a
comunic:1rse LÍn icm1enre en el marco de la sesión :maHti­
ca, sin tener otra posibilidad de expresión:

los discursos que nos oprimen cspccialmcme a nosorras


las lesbianas feministas y a los hombres homosexuales y
que dan por supuesco aquello que funda la sociedad, cual­
quier sociedad, es la hererosexualid:id, escos discursos nos
nit:gan cualquier posibilidad de crear nucscras propias
caccgorías, nos impiden hablar si no es en sus t6rminos y
todo aquello que les pone en cuestión es enseguida des­
preciado como algo "primario". Nuestro rech:izo de la
inccrprccación coral iz.ancc dd psicoanálisis es in rerprcca­
do como un abandono de la dimensión simbólica. Estos
Te orla queer y psicoanálisis
104

d;scursos hablan de nosotros y pretenden decir la verdad


sobre nosotros en un campo a-político'·'.

Encontramos en este párrafo seis puntos que serán fun-


damentales para la crítica queer del psicoan:ilisis:

El psicoanálisis como dispositivo hetcrocentrado.


El psicoanálisis como dispositivo de 'verdad del sujcro'.
La cura del homosexual (enfermo, patología).
La creación de categorías sobre los sujetos que recm­
pfo1,.1n sus propias·formas de aucodenominación.
La auscncin en el psicoanfüsis de la dimensión polí­
tica y social de las identidades sexuales y de su capa­
cidad productiva (sexualidad como psicología, no
como producto político).
El discurso como productor de realidades (el homo­
sexual, el perverso, la histérica, el fctichisra, etc.).

Describe ese conjunto de conceptos y discursos, y su


presunta cientificidad, como una forma de pensamiento
que denomina el Pensamiento Heceronormacivo (The
Straight Mind):

Las categorías de que hablamos funcionan como con­


ceptos primitivos en un conglomerado de todo tip o
de disciplinas, teorías, corrientes, ideas que yo llamaría
el "pensamiento heterosexisca" (en referencia al "pensa­
miento �alvajc" de Lévi-Scrauss). Se traca de c.1rcgorfas
como 'mujer', 'hombre', 'diferencia', y de coda la serie de
conceptos que se encuentran afectados por esca marca,
incluyendo conceptos como 'historia', 'cultura' y 'real'.
Y aunque en los últimos años se admite que no hay nucu­
ralcza, que codo es cultura, queda en el seno de esca cul­
rura un núcleo de narnrale1�l que resiste al cx:1mcn, una
El feminismo lesbiano
105

relación que reviste un carácter ineluctable t;Jnto en la


cultura como en la naturaleza, y es la relación heterose­
xual o rebdón obligatoria entre 'd hombre' y "la mujer'.
AJ establecer como un principio evidente, como un dato
anterior a toda ciencia, lo ineluctable de esta rcl:tción. el
pensamiento hetcroscxis1.1 realiza un:i interprct:1ci(m tota­
lizante a la vez de la hisroria, de la realidad social, de la
cuh ura y de las sociedades, del lenguaje y de codos los
fenómenos subjetivos. Debo señalar el caráccc,- opresivo
que entraña el pensamiento heterosexista en su tenden­
cia a universalizar inrncdiaramence su producción de con­
ceptos, a íorrn:1r lcyc.,¡ generales que valen par;1 todas fa.,¡
.socicJadcs, todas las épocas, to<los los inJividum. De cm:
modo, se habla de EL intercambio de las mujeres, LA
diferencia de los sexos, EL orden simbólico, EL incons­
ciente, EL deseo, EL goce, LA cultur.t, LA hist1>ri:1, c-atc­
gorí:ts que accualmence sólo tienen �entido en b hecero­
st!xualidad o en el pens;tmicnto de la difercnci:t de los
sexos como dogma füosófico y político 14 •

La actualida d del pensamiento de Wiccig en la teoría


queer se pone de manifiesto en su vocación de suprimir las /
categorías de hombre y mujer. JMiemras que la mayoría de
los estudios gays y lesbianos de los años setenta y ochenta
habían asumido estos conceptos (se defendían los derechos
de los 'hombres' y de las 'mujeres' homosexuales), las nue­
vas corrientes queer desconfían incluso de estas categorías
de sexo (el problema ya no es sólo la opresión homófoba,
que es real. sino además la opresión filosófica u ontológi­
ca de esas Gltcgorizacioncs, incluyendo la categoría <le 'hom­
bre' y la de 'mujer'):

Par.1 nosotros no hay .ser-mujer ni ser-hombre. 'Hom­


bre' y 'mujer' son conccpcos de oposición, conceptos polí­
ticos ! ... ] no puede y:t h:tbcr mujeres ni hombre.e; ni como
Teorla queer v psicoanálisis
106

cl:1Scs ni como categorías de pensamiento y de lenguaje,


deben desaparecer política, económica, idcológicamen,,
te. Si nosotras, lesbianas, homosexuales, continuamos 16-
mándonos o conábiéndonos como mujeres, como hom­
bres, contribuimos a rn.mcener la heterosexualidad 15•

Wicrig finalmza su artículo con una afirmación que: ha


pasado a la historia por su potencia subversiva y su desafío
a la lógica hecerocenrrada:

Sería impropio decir que las lesbianas viven, se: aso­


cian. y ha;;cn el amor ,on mujer�, porque la-mujer sólo
tiene semido en los sistemas de pensamiento y en los sis­
ccm:is económicos heterosexuales. Las lesbianas no son
mujcrL-s 16_

Escc rexco no deja de ser paradójico. Por una parre plan-


ce:i b necesid:idl de acabar con b cacegorfa de 'b-mujer' y
con binarismos como hombre/mujer. Pero al mismo Licm­
po utiliza en su texto conc inuamence expresiones como
11bs mujeres deberían...", "nosotras ..."¡ ¿cómo puede arci­
cuhmc c.·síl diforc:nd-1 enm: 'I;,� mujer,.-�· y 'la-mujc.:r'? lndu­
so apdan<lo a t11s <lif�rencias subjetivas e individuales �nen:
una mujer y otra, el texto no deja de utilizar el término
'las mujeres', el cual está dentro de la matriz heterocen­
trada. ¿A qué mujeres se dirige Wiccig en su texto? Esta
misma crítica ha sido hecha a Lacan cuando plantea que
"'No hay L1 mujer puesto que por esencia ella no toda es"17,
tachando d artículo 'La' porque se refiere a que no hay un
univcrs:11 simbólico que dé cuenta de lo que sería La mujer.
Aunque: esca propuesta puede parecer muy subversiva como
dcs;1fío al sim:ma de sexo/género, Lacan- sigue urili1.Jndo
desp ués referencias a las mujcrcs 1K, aunque sean "una por
una". EstJS muj,eres singulares, sin universal, ¿quiénes son?:
El feminismo lesbiano
107

¿las que cienen un sexo bioMgico o cromosómico?; ¿cómo


podemos definirlas como mujeres si no hay LA mujer?;
¿un uansexual operado hombre a mujer sería una más de
estas mujeres?, ¿y un cransexual no operado que se sience
y vive como mujer?, ¿y un/a hermafrodita?, ¿y un hom­
hrc? (pero ... ¿qué es un hombre?). Si "de la mujer nada
puede decirse", ¿por qué insisice Lacan en seguir hablan­
do sobre la mujer? Si 'la mujer' es una categoría indefini­
ble producida por el orden hecerocenrrado, ¿cómo puede
dirigirse Winig a las mujeres? 19 •
Podemos apreciar la continuidad del trabajo de Wirtig
en las corrientes actuales del pensamiento queer¡ en 2001
se celebró en París el congreso Parce qu.e les lesbiennes ne
sorrt ptts deftmmes: 1t11tour de l'oeuvre politique, théorique et
littéraire de Monique Wittig, con la p:micipación de Tere­
sa de Lauretis, Marie-Hélenc Bourcier, Beatriz Preciado,
Catherine Ecarnoc, Louise Torcon y otras teóricas queer20 •
F.l legado de Winig también se aprecia en este fragmento
del manificsco <le Dd L1gracc Volcano, fotógr;1fo transgé­
nero y activista. queer21 :

Mi nombre es Dd L1gr.1cc: Vokano, pero 11:im;-imc


Dr. Del por favor. [ ... ) He sido llamado muchas cosa�,
conocido por muchos nombres, y creo que el lenguaje es
mío para ser manipulado. En una anterior reencarnación
era conocido como Odia Grace, Qucer, fotógrafa lesbia­
na. [ ... ] Llevé los parámetros hasta lo que una lesbiana
podfa ser (o le estaba permitido ser) ha.sea [ ... ] que me
liberé en el "mar de las posibilidades". Soy un terrorÍJsta
del género, una muc;ici-ón intencionada, un/a incersex-0 a
través del diseño. Ya que éstos son conceptos con los que
no en�s fomilbri2..�do, pe:rMite:mt :'ltbr.me: lo que quie­
ro decir: Un terrorista del género es cu�lquiera que co1ns­
cicme e imenciona<lamente subviene, desestabiliza y desa-
Teoría queer y psicoanálisis
108

fía el sistema de género binario. Éste es el concepto de


que sólo dos géneros existen, masculino y femenino. El
hecho es que, aunque esce siscem:1 debería funcion:ir (e.,;o
es discutible), para la mayoría Je la gente no funciona.
Demasiada gente es dañ.tda mental y físiClmcncc, en el
intento de hacerles ponerse un 'l..1pato que no es el suyo.
Soy consciente de que la mayoría de vosotros preferiría
la estabilidad, especialmente cuando se trata de género.
El imperativo binario exige que hagamos una elección
definitiva. Un sexo. Un cuerpo. Masculino o femenino.
[... ) El género es el último basci6n de la civiliz..1ción ral
cual la conoccm¿s. Uno de los pocos cirancs que quedan
al final <ld milenio. ''Soy un io:herg. Un:, homh:1 en el
Boy's Club. Tick rock. Tick rock"22•

6.2. Gayle Rubin

Gayle Rubin es otra precursora fundamental de los cstu­


-dios queer. En 1975 publicó un provocador artículo: "El
tráfico en las mujeres: Notas sobre la economía política deJ
sexo"23• Este texto planceaba una forma diferente de com­
prender la organización social del sexo biológico y de la
fabricación social de lo femenino y de lo masculino -el "sis­
tema sexo/género" corno lo va a denominar Rubín-. En
este artículo ella expone su p unto de visra sobre lo que lla­
ma "la heterosexualidad obligatoria" y "la heterosexualidad
forzosa", insistiendo sobre el proceso de fabricación de la
'.heterosexualidad.
Anees de ella, las fcminist�s liberales y radic.1lcs habían
intentado mostrar la influencia de la configuración social
en el sexo biológico y en el género. Sin embargo, en el
momento de la publicación de "El tr:ífico en las mujeres",
El feminismo lesbiano
109

el sexo, el género y la sexualidad estaban aún consideradas


sólo como hechos biológicos.
Su análisis pone en cuestión eres instituciones que había
abordado Lévi-Strauss para explicar la organización sodal
de la vida sexual. Ésta se basa en el gén�o, la_b�terosexua­
lid:id o�ligatorja y el -�º�mol ejercido sobre la sexualidad
femenina.
Rubín explica los tres fundamentos del sistema social
sexual:

l. El género es una división de los sexos impuesta por


la sociedad, el rcsulta<lo de un proceso culrural por
el cual los seres del sexo masculino y femenino son
transformados en hombres y en mujeres "domesti­
cado{' (esta metáfora subraya el paso de "salvaje" a
"dócil").

Los hombres y las mujeres son diferentes, pero la idea


de que forman dos categorías que se excluyen mutuamen­
te no se desprende de ninguna diferencia "natural". Los dos
sexos no están naturalmente "opuestos". La noción de sexos
opuestos es una construcción social que suprime las simi­
litudes naturales, afirma Rubin; los hombres deben repri­
mir su aspecto femenino y las mujeres su lado masculino.
La división social del trabajo según el sexo es la fuente
de la oposición entre hombres y mujeres. Es la división
sexual del trabajo la que crea los géneros.

El sistc:ma de sexo/género consiste en una serie <le


acuerdos por los que una sociedad transforma la sexuali­
dad biológicn en produclOs de la aclividad humana. [ ... ]
El sexo, tal y como lo conocemos -identidad de género,
deseo y fanusfa ic:xual, conceptos de la inf.mci:t- es en sí
mismo un producto social2-4.
Teoría queer y psicoanálisis
110

2. Su expresión "la heterosexualidad obligatoria,, defi­


ne la producción sistemática y coercitiva de un eros
entre los dos sexos, la heterosexualidad. lnspidn-
1 dose en Lévi-Scrauss, Rubin afirma que el fin social
1 de la división social del trabajo es asegurar la unión
· del hombre y de la mujer haciendo de la pareja la
; unidad más pequeña económicamente viable. La
divisióíl sexual del trabajo crea necesidades que sólo
pueden ser satisfechas por el otro sexo. De este modo
hombres y mujeres están motivados sexualmente
para unir sus fuerz.as en relaciones heterosexuales
estabilizadas por el matrimonio.

La heterosexualidad obligatoria produce la anti-homo­


sexualidad, porque implica "la negación del componente
. homoséxual de la sexualidad humana" y la opresión de los
homosexuales.

3. El comrol de la sexualidad femenina deriva de una


organiiación social en la cual las mujeres son pGsd­
<las, controladas e incercambiadas como regalos por
los hombres 1 lo que tiene lln impacto muy profun­
do en la instauración social de bs relaciones hete­
rosexu2les.

Aunque la referencia al rcifico de mujeres recuerda l los


ricos primitivos 1 Rubin nos recuerda que aun hoy día se
pide al padre h mano de la hija, que éste puede o no "dar",
puede <lccidir su matrimonio. Esto desvela que la hija es
propiedad del padre. El intercambio de mujeres es un con­
ct:pto operacional muy importante porque según Rubín
sitúa el origen de la opresión de las mujeres en el siso:ma
social en vez de en la biología.
El feminismo lesbiano
111

En otro capítulo dedicado a las teorías de Freud y


Lacan, Rubín expone sus ideas sobre la construcción del
deseo heterosexual en las mujeres. Describe cómo las nocio­
nes de sexo y género, formuladas inicialmente como reglas
sociales, se instalan finalmente en lo más profundo de
nuestro ser.
Freud afirma en sus últimos trabajos que el primer\
amor de la nifia se dirige a una mujer, su madre; el vienés
pone en cuestión el prejuicio de una heterosexualidad
femenina primordia;. Como la libido de la niña se orien­
ta inicialmente hacia una mujer, hay que explicar cómo
puede después volverse heterosexual. Según Freud y Lacan
(afirma Rubín) la niña inrcrioriza el esquema cultural en
d cual género y poder trabajan juncos, ella se da cuenta
de que no pertenece al género más estimado por el poder,
de modo que rechaza el amor original por su madre y
comienza a desear a su padre y a otros que posean un
pene 2 -;.
La regla heterose.rnal que domina esce escenario hac�'
que l:i situación sea insoportable para la niña. Ella depen­
de siempre de un hombre para expresar su voluntad y para
reconocer su propio valor. En su exposición sobre la pro­
ducción de los hetetosexuaJes, Rubín muestra hasta qué
punto este proceso :iniquila en las mujeres el sentido de
auronomía.
Rubín propone un estudio histórico sistemático que 1
muestre la interdependencia de la sexualidad, de la econo-
mía y de la política sin subescim:u la importancia de cada !
una <le ellas en la sociedad.)Comprcndcr la historia de la
heterosexualidad exige un análisis de escc tipo. Como se·
verá en capítulos posteriores, esta puesta en cuesrión de la
heterosexualidad ter,drá una gran influencia en los estu­
dios quecr.
Teoría queer y psicoanálisis
112

Rubin fue una de las primeras mujeres capaces de defen­


der la libert ad de las prácticas sexuales y de comprender
sus efectos políticos, incluso cnfcncándose al feminismo
dominante de aquella época. En los años setenta se pro­
duce una serie de tensiones entre el feminismo y cierras
prácticas sexuales minoritarias o no ,onvcndonalcs:

muchas feministas condenaban duramente a las drag­


quum, los travestis, el sexo en público, la promis­
cuidad entre hombres gays, la masculinidad gay, los de
cuero, clfotfucking. el ligue gay, etc. Yo no pod{a resig­
narme a aceptar estos t<�picm scg(an los cuales iodos
estos tipos eran terribles y antifeministas, yo consi<lc­
raba este discurso más bien un resurgimiento de la
homofobia26 .

A partir de escas práccica.s y de algunos textos produci­


dos por grupos políticos gays, Rubín inicia una interesan­
te reflexión sobre las diferentes sexualidades que también
tendrá efectos en las propias políticas de las lesbianas en los
años ochenta y noventa y en las primeras referencias de la
·teoría queer. En lugar de analizar las diferentes prácticas de
las culturas gays de los setenta, (en especial la cultura del
cuero y el sadomasoquismo,) en términos de fetichismo
(Freud), o de ver en dlas huellas de un patriarcado machis­
ta y opresor (feminismo), Rubín hace una lectura de fa
sexualidad entroncada en la historia de las tecnologías, y en
la producción material de los objetos de consumo, la his­
toria de la transformación de las materias primas y la
historia del urbanismo. En el SM (sadomasoquismo) b rela­
ción de los sujetos con estos objetos forman parte de la pro­
ducción moderna del cuerpo y de la relación de éste con
los objetos manufacturados. La novedad de este análisis
es que ..la historia de la sexualidad se dcspla1...'l desde el :imbi-
El feminismo lesbiano
113

to de la historia natural de la reproducción para formar


parre de la historia (artificial) de la producción"27•
Este giro epistemológico de Rubín es muy important�
para comprender la distancia que va a tomar la teorfa queer
respecto al psicoanálisis. Mientras que éste hace una inter­
pretación simbólica de ]a relación del sujeto con los obje­
tos en función de los avatares de la historia inconsciente
del sujeto (con sus identificaciones, rechaws, represiones)
en un entramado vital marcado por la castración (y don­
de el fetichismo es interpretado como una posición subje­
tiva por no poder asumir la no exisccncia del pene en las\
mujeres), Rubin va a concchir escas pr:kticas como p:trec j
de un <lisposicivo de cecnologlas que reconfiguran el cucr- \
po y las relaciones entre los sujetos en un marco histórico·
y cultura) concreto, y va a criticar al psicoanálisis como un·
marco explicativo muy limitado a la hora de abordar la
cuestión del fetichismo:

No veo cómo se puede hablar de fecid1ismo y de sado-'


masoquismo sin pensar en la producción dd caucho, en
las técnicas usadas para guiar y montar a caballo, en el
betún brillante de las bow militares, sin reflexionar sobre
la historia de ]as medias de seda, sobre el carácter frío y
autoritario de los vestidos medievales, sobre el atractivo
de las motos y la libertad fugaz de abandonar la ciudad
por carrcreras enormes. Cómo pensar sobre el fetichis­
mo sin pensar en d impacto de la ciudad, en la creación
de cienos parques y calle:�, en los "barrios chinos', y sus
cntrcccnimiencos "baratos" o ]a seducción de las vitrinas
<le los grandes almacenes que apihm bienes deseables y
llenos de glamour. Para mí el fetichismo suscita toda una
serie de cuestiones relacionadas con cambios en los modos
de producción de objetos, con la historia y la especifici­
dad social del conrrol, de la destre1.a y de las "buenas
maneras", o con la experiencia ambigua de las invasiones
Teorla queer y psicoanálisis
l 14

<ld cuerpo y de: la gradua..:ión minuciosa de la jerarquía.


Si coda esta información social compleja se reduce a la
castración o al complejo de Edipo o a s:iber o no lo que
se supone que uno debe saber, entonces se pierde algo
-. imponame 28 •

Rubines un hito fundame1ral de la ceorfa queer por su


valoriz.aci6n de las pdcticas consideradas "desvi:1d3s" o
"minoritarias,.. En l 984 Rubin va a publicar otro impor­
tante articulo: "Reflexionando sobre el sexo: noras para una
tcorÍl r:idical de la sexualidad... En él Rubín va a desvelar
d sentido político del sexo, denunciando los dispositivos
de normalización sexual y reivindicando las sexualidadés
periféricas o "desviadas". Los discursos médicos y psiqui�í­
rricos por una parre, y cierro puritanismo moralizante
de los movimientos de gays y lesbianas y del feminismo
por otra, han considerado escas prácticas (sadomasoquis­
mo ,flstfucking, la promiscuid1d, el rravescismo, el sexo en
público, los deportes d<! sangre o de agu:1 2'', b g�roncofilia,
ere.) como algo sospechoso, enfermizo. desviado, amena­
zador-'º o marginal. Desde algunos colectivos gays se quie­
re dar una imagen ame la sociedad de "resperabilichd" y
"norm;ilidad"; ello ha hecho que se produzca un discan­
ciamienro respecto a todas estas prácticas, cuando no una
condena explícita. Desde un punto de vista queer, se enrien­
den codas escas sexualidades "periféricas" como formas cul­
turales legícimas que además rienen efectos políticos con­
tra los regímenes de normalización y regulación sexw1l.
Rubin explica en su artículo cómo se distribuye la "respe­
tabilidad de las sexualidades":

Las sociedades occid�n:ales modernas evaJúan los actos


sc:xualcs según un sistema jerárquico de valor sexual. En
la cima de la pirámide cr6rica e�dn solamente los hctl!·
El feminismo lesbiano
l 15

rosexualcs reproductores casados. Justo debajo están los


hecerosexuales monógamos no casados y agrupados en
plrej:.is, seguidos de b m3yor parce de los dem:is hetero­
sexu.1.les. El sexo solirario tlora lmbiguamente. EJ pode­
roso esrigma que pesaba sobre la m:murooáón en el siglo
XIX ;n'm permanece en formas modificadas más débiles,
tales como la idea de que la masturbación es una espe­
cie ele susricuco inferior de los cncucnrros en pareja. Las
parejas estables de lesbianas y gays esrán en el borde de
b respetabilidad, pero los homosexuales y las lesbianas
promiscuos revolotean jusco por encima de los grupos
situados en el fondo mismo de la pirámide:. Las castas
sexuales mis despreciadas incluyen normalmente a los
rramcxuales. tnvestis, fetichistas, sadomasoquiscas, tra­
bajadores del sexo, tales como los prostitutos, las pros­
tiruus y quienes trabajan como modelos en b porno­
grafla, y la m:is baja de codas, aquellos cuyo erotismo
tramgrede las froncer;is generacionales.
Los individuos cuya conducra figura en lo alto de esra
jcrarqufa se ven. rcwmpcn�a<los con el rcconocimicnco
de silud mental, rcspct:ibilidad, legalidad, movilidad físi­
ca y social, apoyo instirucional y beneficios materiales. A
me<lid:t que descendemos en la escala de las conduct:is
scxu:ilcs, los in<livi<luos qu� las prJccican se ven sujetos a
la presunción de enfermedad menea!, a la ausencia de res­
peubilidad, criminalidad, réscriccioncs a su movilidad
física y social, pérdida de apoyo institucional y sanciones
económica� 1 •

La novedad del discurso de Rubín en aquel momento


(mediados de los ochenta) es que no va a reivindicar la res­
pc���lidad de los gays (salvándolos respecto a otros colec­
tivos de sexualidades "inferiorcl'), sino que va a desvelar
los mecanismos por los que se constituye una sexualidad
"normal" y legícima, que excluye otras variantes sexuales
Teoría queer y psicoanálisis
116

como aberrantes o desviadas en diferentes grados. La valen­


tía de Rubin radica en d isolver d sistema de atribución de
valores (sexo bueno versus sexo malo), de manera que cual­
quier tipo de sexualidad rara (queer) va a ser tenida en con­
sideración como pr:íctica posible, tanto en su vertiente lúdi­
ca o placentera como en su vertiente de transformación
social y política. Como explica Rubin en su famosa figura
sobre la jerarquía sexual:

La jerarquía Jéxual· la lucha por dónde traz.ar


In Linea diviJorin

/
La "Línea

Sexo "bueno" Sexo "malo"


Normal, natural, Anormal, antina­
salud2ble, sagr2. tural, dañino, pe-­
do: caminoso, "extra­
vagante":

Heterosexual Parejas heterosexuales no Travestidos


En matrimonio casadas Transexualcs
Monógamo Heterosexuales promis­ Fetichistas
Procreador cuos Sadomasoq uiscas
En casa Masturbación Por dinero
Parejas c:scablcs de gays y In rc:rgenc:racional
lesbianas
L�bianas c:n el bar
Gays promiscuos en sau­
nas o parques

Lo mejor --��----------->- Lo peor


El feminismo lesbiano
117

l...:t Ílgl.l.r:l [...] es un di;:isr:un:i de otro �ro de h jer:ir­


qufa sexual: la necesidad de trazar y mantener una frontera.
imaginaria enm: d soco hueno y d malo. la mayor parre de
los discursos"sobre sexo, ya sean rdigiosos, psiqui;ítricos.
populares o polfricos delimitan a una porción muy pcquc­
Íl:t Je la c."\pacidad sexual humana y la califican de segura •
.s;lludable, nudura, sanra, legal o políticamente correcta. L1
"frontera" separa a éstas del resto de las conductas eróticas,
a las que se considera peligrosas, psicopacológic.as, infantiles,
pollticamcnre condenables u obra del diablo. Las discwio­
ncs por tanto versan sobre "dónde trazar la línea divisoria" y
determinar :t qué otras accividades se les podrfa permirir au­
:1;1r l:t frurucr;t <le la :u:cpt:thilidad-'2.

El discursó de Rubín marca una diferencia radic;-il res­


pecto a las políticas habitu�les de los colectivos gays de los
t'tltimos años. L1 mayoría de los colectivos gays rdvindi­
can el derecho al matrimonio, la respetabilidad y norma­
lidad de sus prácticas, y reclaman su integración en los sis­
temas legales y sociales en condiciones de igualdad con el
coleccivo de sexualidad normal (heterosexual). En a!gunos
casos esa demanda de entrada en el paraíso de la respeta­
bilidad se hace a costa de asumir los valores del sistema
hctcroccntrado: los gays deben mostrar que viven en pare­
ja. con una relación estable y de fidelidad, con mucho amor,
y deben condenar prácticas "aberrantes'' como por ejem­
plo el fetichismo, el sadomasoquismo, el sexo en parques,
o la posible atracción por los adolescentes.
Como veremos en el capítulo dedicado a la teoría <1ueer
(fapít ulo 7), la separación que hace Rubín entre sexo y
género será fundamental, en la medida que permitirá ana­
lizar los sistemas de opresión de la sexualidad a partir de
otros <;riterios además del género: criterios de raza, de da
�l' social, de csrratificaci6n sexual, cte.
Teorf a queer y psicoanálisis
118

6.3. Adrienne Rich

En 1980 la poeta y activis� feminisra Adricnne Rich publi­


ca uno de los textos más influyentes y concrovercidos para
el feminismo y para los estudios de género: "Heterosexua­
lidad obligaroria y existencia lesbiana"33. Desde una pcrs­
pectiv3 diferente a la de Wittig y Rubín, Rich va a analizar
la heterosexualidad como institución política, y sus efectos
en las identidades sexuales y de género. Asimismo se phn­
cea trazar un puente encre el lesbianismo y el feminismo,
eras b separación cada vez mayor que se había dado encre
ambos movimientos a lo largo de los años setene-a.
/ Uno de los principales hallazgos de Rich es desvelar el
heceroccnrrismo que habfa impregnado la teoría feminis­
ta desde sus orígenes, hasta el ¡punco de anular la existen­
cia de las lesbianas, sus experiencias, culturas y luchas. Pero
) además de reivindicar la existencia lesbiana, Rich va a aña-
!dir una preocupaci6n que sed luego clave para cmcndcr
la ap:uición de la cultura y d (liscurso queer: la cm:stión
¡ de la raza y la clase social como elememos que deben incor­
porarse a los estudios sobre el género. Rich bnz.1 una
gr.ivc acusación al mundo aca(lémico de la invcstiglción
feminista, sefiabndo un prejuicio racista y homófobo que
excluía a las lesbianas de color o de ocras etnias (chicanas,
judfas, indias, ere.) del marco de análisis sobre la opresión
de las mujeres.
_Rich analiza los estudios die la mujer que se basan en
sus capacidades reproductoras, su p:ipel en la familia y sus
componcnces psíquicos y afectivos, y encuentra una espe­
cie de naturalizaci6n de la heterosexualidad como opción
sexual y matriz familiar fundamental; �ce proceso supone
una t::xclusión casi coral de las experienci.is afectivas y cul­
turales que han desarrollado las mujeres entre ellas a lo lar-
El feminismo lesbiano
119

go de la hjscoria. Para subsanar esta carencia analítica, plan- /


tea que ºla heterosexualidad, como la maternidad; tiene:
que ser reconocida y estudiada como imti11,ción pollti.cti "34 .;
llich denuncia la promoción dd amor heterosexual dc:s-"
de las instituciones, la cultura, la familia y la sociedad como
una forma de adoctrinamiento que va a llevar a las muje­
res a aceptar su op resión y la violencia que se ejerce con era/
ellas: la necesaria búsqueda del varón, para su destino uni­
versal del matrimonio, conduce a muchas mujeres a posi­
ciones intolerables, como ser ob jeto de intercambio en
bodas apañadas, ser violadas, ser humilladas o marginadas
en el Jugar de trabajo, ser malcracadas o encerradas en el
hogar. Todas estas situaciones de opresión son ejercidas por
hombres, y muchas mujeres, si tuvieran otros modelos cul­
turales o afectivos desde la infancia, no optarían por el
camino estrecho de la heterosexualidad. Por ello Rich va
a valorar esos otros modelos basados en el amor entre las
mujc1·t.�, o la �mM,\<lc1fa, h1 solidarkfad o los laws Je lmis­
tad, modelos que pareen de una distancia radical de esa
matriz heterosexual que invade el campo social. Además
Rich tiene la valen ría de dirigirse al pro pio movimiento
feminista para que sea consciente <le c:sta situación:

Lo que las feministas tienen que plantearse no es la


simple ..desigualdad de género", ni el dominio de la cul­
tura por parce del macho, ni los meros "'tabúes" contra la
homosexualid:id, sino cómo se fuerza a l:is mujeres a la
heceroscxualiúad como medio de g:ir:rncizar el derecho
masculino al acceso físico, (."Conómico y cmocio11;1I a clb.s.
Uno de los muchos mecanismos de fuerza es, por supues­
to, el convertir en invisible la posibilidad lesbiana, un
continente sumergido que aparece a la vista de v� en
cuando, fragmentariamente, para sumergirse de: nuevo.
La invcsci�ación y la teoría feministas 9uc contribuyen a
Teorla queor y psicoanálisis
120

la invisibilidad o a la marginación del lcshi.-:nismo traba­


jan de hecho contra la lib�ción y la adquisición de :mco­
ridad <le las mujeres como grupo-'\

,/ Otra de las novedades de Rich en cscc arrícuJo es incro­


ducir un concepto, el de contimmm l�sbim10, para dist:m­
ciarse de la categoría clínica y )imitadora de 'bbiana', cate­
goría que se define en función de una experiencia genital
sexual entre mujeres. En cambio, para Rich,A.f'?"!Í'l'twn
. le1bianq incluye muchas otras formas de relación entre dos
o más mujeres, como "compartir una vida m:is profunda
y rica, la uni{m solidaria contra la tiranía masmli11.1, d dar
y el recibir apoyo práctico y político{ ... ], ideas de r,·sútm-
'--.._cia al matrimonio y a la conducta 'descuida<la'"X,.
Es importante este desplazamiento que plantea Rich:
abandonar la mirada feminista sobre 'la lesbiana' o la mujer,
y enfoarla hacia un análisis de la heterosexualidad como
origen de numerosas desigualdades y como institución que
presiona y configura a los sujetos. Como veremos mis ade­
lante, en la teoría queer, lo importante ya no es "la homo­
sexualidad en sí misma", sino los disposicivos, tecnologías,
discursos y prácticas que configuran sexualidades y cuer­
pos: la institución de la heterosexualidad como algo obli­
gatorio, la construcción patológica y homófoba del homo­
sexual, los valores asociados a las categoría.s de género, b
polariz.ación binaria homo-heccro, la exclusión de sexuali­
dades periféricas, las culturas sexuales como efectos de rca­
propiación polfcica y simbólica, etc. Este enfoque coincide
con el an�lisis que hace Foucmlc del poder, donde lo impor­
tante no es saber qué es el poder, sino mostrar (Ómo se ejcr­
c:&7. Por eso, la pregunu no es "qué es o qué qui�re e) homo­
sexual" sino quién define y configura una categoría como
homosexual, y con qué intereses, valores y estr.1tegias.
El feminismo lesbiano
121

Notas

1. Est;i visión limi�ada y hcccroccntrada del género persiste hoy en


día. Por ejemplo, el número monográfico que dedicó la rcvi5ta
Ar,hipillago (n. 0 30, 1997) a esca cuesrión se riculaba Probkm11s
de género. A pesar de la resonancia del título co n la ohr.1 cbvc
JcJudith 13utlcr Gmda Troub!c, todc-s los artículos se dedica­
ban a analizar los problemas sociak5 y culturales de las mujeres
heterosexuales, sin una sola referencia al dispositivo sexo/géne­
ro, ni :1 las posiciones de gays, lesbianas o trans, ni a la rica
mdición de la ccoría quccr y del feminismo lesbiano. El único
:mkulo que ahordaha csras perspectivas, de Ricardo Lbmas, fue
rdc.'J',:l<lo :t nrm 11(1111cro po-.1crior e.le b rc...vi�t:t (ArdJipi, 11,,.�n, 11."
31, "El género y la prcscnraci<'m social", pp. 108-11/4). Dispo­
nihlc en intcrncc www.han-1.a.com/gcncro.hrml.
2. Wittig, M. ( 1977). El cuerpo ksbiano, Pre-textos, Valencia,
p.6/4.
3. Aquí hemos tomado las citas de la ruidada versión francesa
rc:tli2:1da por Marie-Hélcnc Bourcier en 2001, que ha sido
rc·,is:tda por b propia Moni c.¡ ue \Victig, La pemü straig/Jr,
fk1lland, París, 2001. En castellano el título se podría tradu­
cir por El pmsamiento hetero11ormatiM (en inglés smtight sig­
nific:t recto, derecho, en orden, y también heterosex1111', en opo­
sición a gay). Existe una traducción en castellano en internct
en www.hartza.com.
4. Q1testio11esféminisw, n. 0 7, 1980.
,. Wirrig, M. (2001 ), La pemie srraight, Balland, París, p. 14.
6. o,. cit., p. 38 (arcículo inuoduccorio cscriro por Marie-Hélcnc
Bourcicr, Witrig La politiq11r!).
7.o,- dt.. p. 42.
R. Op. cit., p. 43.
,,. Ot. cir., p. 49. Sobre lo impertinente de tener que declarar el
sc>o en el registro civil, véase mi artículo "Sexo y sociedad civil",
h:hipillngo. n.º 1 (2.;i ed.), Barcelona. 1991. p. 4.
10. Op. dr., p. 65.
11. o,. cit., p. 66-67.
1�. Op. rit., p. 67.
Teoría queer y psicoanálisis
122

13. Op. cir., pp. 68-69.


M. Op. cit., p. 71
1 s. Op. cfr., p. 73
16. Op. cit., p. 76.
17. Lacan, J. (1981), Aún, Seminario XX, Paidós, Buenos Aires, p.
89. Volviendo al deba.ce sobre el esencialismo, hay que señalar
que en c:sta fr.is< L1can utiliz� b expresión 'por cscná1' (sin expli­
car en qué consiste esa esencia), lo cual concradíce b supuesca
criríca a la mcc;ifisica que realiza Lac:m a lo largo de su obra. En
la p�iginil 88 cnconcramos t=Sra extraña referencia: "El acco de
amor es la perversión polimorfo dd macho". ¿En qué consiste
ese macho? ¿Está pensando Lac:m en los tesriculos o el pene
como garantía de la sexuación?
18. L::tcan hJce una Jdvem�ncia bastante conrradicroriJ en este
scncido:
·•y que no vcng:m a hablarme:! de los caracccrc:s secundarios
de la mujer, porque, hasta nueva orden, son los de la madre los
que predominan en ella. Nada distingue a la mu jer como ser
sexuado, sino jusramenre el sexo", seminario Aún, p. 15. O se:i
que si en un cuerpo predominan los caracceres de 'la madre'
(¿cujb?) poJcmos 11.unar a cs.: cuerpo una mujer (cntoncl"s un
rranscxual hombre a mujer, o una mujer a la que se le ha enr:if­
do el t'irero y la m:miz, ¿no son mujeres?). Es un.1 caurologia decir
que lo que define un ser sexuado es el sexo. Quizá c:sa "nueva
onk·n" <pu: l.a<.-;in pone en suspenso ya ha llcg:ulo y d psirna­
nJli�is :nin no se ha dado Clll:nra.
19. Se pueden poner ejemplos reales para mos,rar la debilidad de
esc:1.s cacegorfas. P:it Califia: h:i.sta hace dos años, una mujer les­
biana pr:iccicanre de sadom:isoquismo con mujeres y hombn:s,
mili canee, escricora, y defensora del sexo en público y de ciercas
formas de pornograffa. Entonces se operó y se convirtió en un
hornhre, Patrick Califia. ¿Patrick sería una de esas mujeres a la.s
que� dirige Wiccig, o ya no? ¿Patrick sería una de esas mujl'res
una-por-una, y nocoda de las que habl:i L:ic:m, o ya no? ¿l'atrick
es una lesbiana, o es un hombre y ya no podrá cmrar en los bares
de lesbianas sepamcisras, como hada anees?
20. lnrc:rvcnciones recogidas en el libro Parce t¡Ut les ierbiennri ne
solll p11s de Jemmes: a111our d( l'omvre politiq ue, thioriqttc ,r /ir-
El feminismo lesbiano
123

tiraiu d� Mo11iq11e Wiuig, edicado por Ma.rie-Hélene Bourcic:r


y Suzecte Robichon, éditions Gaies et Lesoiennes, París, 2002.
21. Dd Ltgr.\a: Yolcano, o Della Grace Yolono es un artista quc:c:r
muy conocido por sus l'rabajos como fotó_grafo de las distintas
representaciones de fa masculinidad, sobre todo dcmro de l:ls
culturas drag king y nansgéncro. En España se ha distribuido
recic:ntcmc:ntc su fascinante libro de focog raffa S11b/imt M111a­
riom, Konkursbuchverb.g, Tubinga, 2000. Para una reseña en
cmdlano del libro, véase d arrkulo de Maircdo Soto "Hay más
sexos'', en ZERO, n. 0 44, Madrid, ocrubre 2002, p. 112.
22. Maldonado Aranibar, J., "Drag Kings", lnfogai, n. 0 125, julio
de 2002. Barcelona, p. 14.
23. Rubin, G. (1975), "TheTraffic in Women", en Rcicer, R. R.
(ed.), Toward 1111 Anthropology ofWomm, Monchly Review Press,
Nueva York.
24. Rubin, op. dr., p. 159.
25. Diana Fuss ha escrito un brillante análisis -qucer sobre la visión
que tiene: Frcud de la homosexualidad fcmc.nina, de sus contra­
dicciones y del modelo gravit:uorio (la 'ciida' en la homosexua­
lidad) y heccrocc:ni rado que subyace! en su teoría de la homosc­
xuali<lac.l como "fa.se previa•· ;1! cJipo y al Jrs.1rrullo psicos'--xual.
Véase Fuss, D. (2002), "Las mujeres caídas de Freud: ldentifi­
"'
c:ición, deseo y 'un ClSO de homoscxualid:w en una mujer , en
Mér,da Jiménez, R.M. (ed.), Sexualida�r tramgmoras. Unn
,111wlogí11 de mudiOJ qm:a, op. cit., pp. 81- 11 O.
26. Rubin, G. y Buclc:r, J. (2001), Marchl a,uexe, F.l> E.L, París. La
versión original en inglés de esta..intercsante entrevista entre
Buder y Rubin ricufada "Sexual Traffic" est:á en el número espe­
cial de la revista Differma1: More gmdr-r tro1'ble: Femini1m
muts Quur Tluory, vol. VI, números 2-3, Elisabcth Weed
y Naomi Shor, ed., lndi:rna Universicy Press, lndi:mápolis,
1995. p. 30.
27. Prcci:ido, n. (2001 ), M,111ifi(JIO (Otllrtl-S('XlUti, Opaa Prima,
Madrid, p. 78. La activisra y filósofa quc:cr lkmiz Preciado va
a utilizar esta concepción de Rubin para .rnalizar el lugar que
ocupa el dildo en esa red de tecnologías de producci6n de las
sexualidades.
28. Rubin G. y Budcr J., op. cit., p. 33.
Teoria queer y psicoanálisis
124

29. Deportes de sangre: pr.ktic:ts sexuales en que los panicip:mrcs


se realizan corres unos a ocros en sus cuerpos, bajo condiciones
de mutuo acuerdo y de seguridad füiCl e- higiénica. Deportes de
agua: es fa f.tmosa 'lluvia dor;ida' y tod;is sus vari:mtes, es decir,
el juego con la orina como práctica scxtLal. Los que se c-scanda-
1 izan al escuchar hablar de escas prácric;i.$ dcbcrfan recordar la
versión c:iser:i que se da en todos los hogares, cuando unol:t mc:t
en la ducha o se muerde los padrasuos hasta hacer.se sangrar, o
los juegos infantiles con la sangre (pinchazos con agujas o alfi­
l-eres, juramentos y p:tctos de s.mgrc con corees en l;i m:mo, ere).
Véase d artículo de Pat C1lifia .. Los misccrios de la sangre", en
www.hanz.a.com/c.1lifia.hcm.
30. P:ira un an�lisis hrillancc y muy :1cm:1l de la pcrccpcii',n <le l:l rnl­
tura gay del cuero (lenrher) como amcna1..a, véase Rubín, G.
(1982), 'Thc lc;ithcr mcnacc", en S.,mois (cd.), Coming to Pcmxr:
Writingr and Graphics on Lesbin11 SIM, Alyson Public.1cions, Bos­
t on, pp. 192-227, y C,lifia, P. (I 994), Public Scx; Thc Culture
efRadiclli Stx, Cleis Press, S:1n F�ncisco.
31. Rubín, G. (1989), ªReflexionando sobre el sexo: notas para una
teoría ra<lical de la sexualidad", en Vanee, C. S., Plaar y peligro,
Talasa, Madrid, pp. 136-137.
32. Op. cit., pp. 140-141.
33. Este arrlculo está publicado en Rich, A. (2001), Snngrt, pan y
poma, Icaria, Barcelona, pp. 41-86.
34. Op. dr., p. 51.
35. Op. dr., pp. 64-65.
36. Op. cit., p. 66.
37. Véase Ddcuzc, G. (1986), Foumuú, Mi.nuir, París, pp. 77-99,
r mi artículo "Por un análisis de la gene;alogfo del racismo", en
Archipillago, n. 0 12, 1993, p. 43.
7 Teoría queer
Teoria queer v psicoanálisis
126

Si tu pluma les m()/etta, clávasela.


GRAf IITI DE L\ RADICAL GAi

7.1. Sobre el término ·teoría'

Como se ha señalado anteriormente, las nuevas corrien­


tes filosóficas post-estrucruralistas (que cuestionan las
idcntidldes csencialistas de la subjetividad y destaca.n los
efectos productivos del discurso), y los desarrollos críti­
cos del feminismo sobre las nociones de género y sexo,
van a ser dos de los antecedentes directos de la teoría
queer.
Ames de hacer una exposición de los puntos ccncrales
de esra teoría, conviene aclarar precisamente el estatuto
de la palabra "ceoría" en este caso. Tradicionalmente, en
el campo de la epistemología y de la filosofía de bs cien­
cias, se: t!nriende el rérmino "teoría" como un corpus de
conocimienros articulado de forma sistemática. para expli­
car un determinado objeto de estudio. En este sentido, se
habla de teoría cuántica, de teoría de sistemas o de teoría
<le la relatividad, por ejemplo. El concepto de teoría se
t:nciende en el marco del discurso científico, que pbntt!a
b. necesidad de un mérodo, de lenguaje formal y de unas
reglas claras de transformación de enunciados que eviten
los malentendidos o que permitan verificar las proposí­
cmncs.
Tt:nicndo en cuenca est;1s precisiones, es evidente que
ucili:z:ir la palabra "teoría" para referirse a los estudios quccr
es bastante inapropiado. La palabra teoría desprende un
brillo especial, provoca una seducción,·traducc una espe­
cie d� esperanza de explicación, de verdad final que apa­
recerá de forma coherente en su seno. Sin embargo, lo que
Teoría queer
127

llamamos teoría queer no es un corpus organizado de enun­


ciados, ni tiene: ninguna pretensión de cientificidad, ni
posee un �uror único, ni aspira a dar cu�nta de un objeto
claramente definido, es decir, no es propiamente hablan­
do "una teoría"1• El saber universitario estadounidense se
apropió rápidamente del término "teoría queer" y lo puso
de moda en los a.ñas noventa, perdiéndose con dio gran
parre de su potencial subversivo, y transformándose en un
saber cada vez más intelectualizado y separado de las cul­
ruras populares en que cuvo su origen. Es muy significa­
tivo que la popia Teresa de Lauretis, a quien se arribuye
haber acuñado b expresión "teoría queer" en 19912, se dis­
ranció rápidamente de esa terminología al comprender
que las instituciones y los saberes establecidos se habían
apropiado de ella y habían des:icrivado parce de su pocen­
cia y creatividad.
De Liuretis explicaba en esros términos (en 1994)
su elección de la p:ilabra 'lesbiana' en el círulo de su
libro The Pmctfre of Love: Lesbüm SexwlÍity ,md Perverse
Desire-.

mi insisrcnci:1 en d :idjcrivo 'lcsbi:ma' puede entender­


se como una forma <le <lisranciamicnro <le la "teorfa
quccr", que, desde que yo 131 planccara como una hipó­
tesis de trabajo par.:i los escudios gays y lesbianos en esca
mism:1 rcvisrl (Differencn, 3.2), se ha convenido rápi­
damenre en una críacura concepcualmente vada de la
industria publiciraria3 •

Una vez hecha e.ira aclaración sobre el estatuto "teóri­


co" de lo queer, y a pesar de la dificulcad de explicar un
campo can heterogéneo y fluido, nos centraremos a comi­
nuación en algunos de los puntos fundamentales de lo que
se ha dado en llamar ''ceo ria queer,,11•
Teoría queer y psicoanálisis
128

7.2. Algunos puntos centrales de la teoría queer

A pesar del peligro de caer en una especie de "recetario


quccr", que simplificaría la complejidad y la flexibilidad
característica de lo queer y su imbricación con las cultu­
ras populares y la lucha política, en este :iparr�do se reali­
za una exposición esquemática de algunos puntos clave de
la teoría quccr, ilustrados con textos originales de sus prin­
cipales autoras.

Crflica de los dispositivos hetcrocmmulos


y del binomio heterolhomo

Como se expuso en el capítulo dedicado al feminismo les­


biano (capítulo 6), autoras como Wittig, Rich o Rubín
habían iniciado ya este desmantelamiento de las nociones
de identidad sexual hombre-mujer, y habían denunciado
los efectos del régimen heteronormacivo.
Eve Kosofsky Sed gwik, en su influyente ensayo de 1990
EpÚÚm�l;gia del armarjo, realiza una apasionanre reflexión
queer sobre los binarismosque han encorsetado el debau Jabre
el género y los estudios gllys y lesbianos en las últimas déca­
das, poniendo el acento no en una posible solución a dichos
debates, sino en los errores de sus planteamientos episte­
mológicos, y en los marcos de pensamiento que preceden
las discusiones sobre esencialismo/consrructivismo, natu­
raleza/cultura, sexo/género, hecero/homo, hombre/mujer:

Lo nuevo de bs postrimcrfas dd siglo p:1s:tdo fue la


delimitación de un esquema mundial por el cual. del mi.li­
mo modo que a las personas se les había asignado forzo­
samente un género masculino o femenino, también se
consiJcrab:t necesario ;,signar un:t scxualid:ul homo o
Teoría queer
)2�
1

heterosexual, una identidad binariz.ada llena de implica­


ciones, por confusas que fueran, induso para los aspectos
ostensiblemente menos sexuales de la existencia personal.
Esca novccfad no dejó ningún espacio de la cultura a sal­
vo de las fuerres incoherencias definicionalcs de la horno/
hclcroscxu:1lidads.

En efecto, en la mayoría de los estudios de género, en


la teoría feminista y en los estudios gays y lesbianos se asu­
men una serie de presupuestos que pueden ser cuestiona­
dos dese.le otras perspectivas. Por ejemplo, se asume la idea
e.le que s6lo hay dos sexos (hombre y mujer), la idea dl· c1uc
son "opuestos" (¿por qué y de qué manera lo que llama­
mos 'hombre' es opuesto a lo que llamamos 'mujer'?), la idea
de que un sexo es idéntico a sí mismo (se define la homo­
sexualidad como una orienración sexrn,I hacia personas dd
mi.mw sexo, pero ¿c6mo dcmoscrar que mi sexo de varón
es igual al sexo de otro varón?). Estas y arras cuesáones son
abordadas por Scdgwik en su libro, trazando un map.1 muy
útil para replante:ir el análisis sobre la sexualidad y el géne­
ro, conmoviendo desde una estrategia claramente quecr los
suclos epistemológicos en que se situaban hasta el momen­
to los esrudios de género.

• El sexo como producto del dispositivo de género

El feminismo cradicionalmc:ntc ha distinguido entre la cttc­


goría de sexo y la de género para explicar los sistemas de opre­
sión de bs mujeres. El género sería, según esta cr:1dición, :ilgo
construido culruralmentc, una serie de roles y fimcioncs que
se atribuyen a cuerpos sexuados. De este modo, el feminis­
mo daba por supuesto el sexo como un daro natural y hina­
rio, sobre el que se d�plicga el dispositivo rnlmral dt· �énc-
Teoría qucer y psicoanálisis
130

ro. Sin embargo, el análisis queer va a cuestionar la aparen­


te naturalidad dcl sexo y, lo que es más importante, va a seña­
lar que el propio sexo es un producto del dispositivo dis­
cursivo del g�nero. Asl lo expresa Judich Butler:

Cuando la condici<Sn consm1ida del género sc tL'Oriza


como algo radicalmente independiente del sexo, el géne­
ro mismo se convierte en un artificio vago, con b. conse­
cuencia de que hombre y ma1adino pueden significar tan­
to un cuerpo de mujer como uno de hombre, y mujer y
femenino tanto uno de hombre como uno de mujer.
Esca división radical dd sujeto con género plamc:a ona
serie de problemas! ... ]. ¿Acaso los hechos supuestamen­
te naturales del sexo se producen discursivamente por
medio de diversos <Lscursos científicos al servicio de otros
intereses políticos y sociales? Si se impugna el carácter
inmutable del sexo, quizá esra construcción llamada "sexo"
t·sré can culcuralmenre consrruida como el género; e.Je
hecho, t;1I Vl7. siempre Íllc gé11ero, con I;, mnscc11t·nda de
,111c la <liscinción entre:: !\C.:XO y género no existe romu tal".

De hecho, en consonancia con este tipo de análisis, des­


de finales de los ochenta se han ido publicando diversos
estudios de investigación feminisra en los campos de la bio­
logía y de la historia de la ciencia para evaluar los intereses
políticos que existen en los procedimientos que establecen
bs bases científicas del sexo7 •

• El género como tecnología. Crítica de la diferencia sex11a/

1 Teresa de Lauretis fue una de las prim�ras teóricas queer


\ que señalaron la necesidad.de repensar el género como tec­
.' nología, llevando más lejos los análisis de Foucaulr, que
Teoría queer
131

ha.bfa ina.ugurado un fértil campo de a.nálisis a partir de sus


1
estudios sobre tecnologías del sexo (véase capítulo S).
De Laurccis critica el pensamiento de la "diferencia
.
sexual . porque ha creldo un nurco de referencia único par.t
cualquier intento de pensar el género. De forma implíci-.
ra, la difcrc:ncia sexual establece un sucio epistcmol6gico:
fijo que impide otros análisis del género que no ni:ccsaria- ;
menee tendrían que esrar ligados a la cuestión del sexo. ·.
Como veremos más adelante. esca apertura epistemológi­
ca de De Laureris esrará en la base del pensamiento queer.
En un imporcanre artículo de 1987 titulado 11 La tecnolo­
gía del género" expone las bases de esra crítica:

El primer l!mice del concepto de "diferencia sexual"


radica. por canto, en d hecho de que sitúa d p�nsarnicnto
crítico feminista dentro del cuadro conceptual de una
oposición universal de sexo (la mujer como dfferencia del
homlirc, ambos univers:ilizados; o bien b mujer como
difcrL11c.:b 10111 co11rt y, por tanto, l:11nhi�n tmivl'rs:ili1.:1-
da), haciendo muy difícil. si no imposible, :uticular las
diferencias de las mujeres de la Mujer, esro es, las difo­
renci:tS enrrc las mujeres y, qui� m3S concrecamenre, las
diferencias intemdJ a las m11jtm.
Un segundo límire del concepro de diferencil sexu:il
es que tiende a reconducir o recuperar d potencial cpis­
temol6gico radic.11 del pensamienro feminisra [ ... J. l:t
posibilidad de concebir el sujeto social y las relaciones
entre subjetividad y sociabilidad de diverso modo; un
sujeto constituido en el género, pero no únicimenre a
través de b diferencia sexual. sino mediante el lengua­
je y las representaciones culturales: un sujeto generado
[tngendered] dentro de la experiencia de las relaciones
de r:11a y clase, además de las de sexo. [ ... ] Se podría
pensar el género como el producto de varias tecnolo­
gías sociales, como el cinc, y de discursos insti�uciona-
Teoría queer y psicoanálisis
132

les, epistemologías y pr:iciricas crícicas, además de prác­


ticas de vida cotidiana 8 •

Aunque este texto es anterior a los primeros esrudios


denominados quccr, vemos en él muchas de las claves de
la teoría queer: el desplazamiento desde el 'sexo' hacia otros
campos de significación como la raza, el lenguaje o la cla­
se social, el género como producto, y la necesidad de hacer
un análisis de todo el entramado social y cultural para com­
prender el alcance de los dispositivos de normalización.

• Resistencia a la normalizaci6n. Importancia de articular


entre sí los discursos de raza, sexo, rnltura, identidad sexual
y posición de clase

Teresa de Laurctis, en el número inaugural de la teoría quccr


publicado en la revista Differences en 1991, señala que dos
de los objetivos de la teorfa q ucer son

articular los términos gracias a los cuales las sexualidades


gais y lesbbn:is pueden ser comprendidas e imaginadas
como forrms de resistencia a la homogeneización cultu­
ral, oponiéndose al discuirso dominante por medio de
otr2s disposiciones del sujeto cultural, [... ] y arcicular los
discursos y las práccicas de las homosexualidades en rela­
ción con d género y la raza, así como con las diferencias
de clase o de cultura étnica, de generación y de situación
gcogr.ífica y sociopolícica.

Desde una posición qucer se trata <le insistir en "las


construcciones discursivas y los silencios construidos sobre
las relaciones entre raza, identidad y subjetividad en las
prácticas de las homosexualidades y las representaciones
del deseo entre personas del mismo sexo'...,_
Teorfa queer
133

Encontramos un antecedente clave de esta necesidad de


articular el gén�rQ con om>$ �jes c;ul(uralc;s CQfllQ 1� � �n
el libro de 1981 publicado por Chcrríe Moraga y Gloria
Anzaldúa, Este puente mi espalda. Voces de mujeres tercer­
mundistas en los Estados Unido¡ 10 , una colección de ensa­
yos de mujeres de color, donde por primera vez. se mues­
tran Jas posiciones políticas de las feministas de color y su
crítica del feminismo blanco dominante (incluyendo su
hcccrosexismo). Este cipo de críc:ica que se dio en el seno
del feminismo tendrá mucha influencia en la crisis del movi­
miento gay.
La resistencia a la normalización es uno de los ejes más
poderosos de la teoría y la práctica queer. Como hemos
señalado en el capítulo 2, una parte importante del movi­
miento gay-lesbiano de los afios ochema terminó convir­
tiéndose en una especie de grupo de p resión li beral que
demandaba la entrada en el orden social hecerocenrrado,
para adquirir con sus privilegios, sus derechos y su nor­
malidad (esta actitud sigue dándose hoy dfa en algunos
colectivos gays canto en Europa como en Estados Unidos).
Esta política de respetabilidad y orden prospera por medio
de la asunción de valores tradicionales (familia, pareja, amor,
procreación, matrimonio, fidelidad, estabilidad, decencia,
propiedad) y por el rechazo público de otras sexualidades
marginales, para ganar el derecho de entrada en el club
exclusivo de la normalidad como homosexuales decentes' 1•
Por el contrario, las políticas quecr pretenden aprovechar}
el potencial subv.ersivo de las sex1Ualidadcs marginales para/
cuestionar el propio orden social y político, reivindicando!
la I ibcnad en d wo de los cuerpos y los géneros y desafiando \
el sistema que separa una sexualidad "norma!" de una des- !
viada. La lesbiana feminista radical Joan Nestle lo expresa
del siguiente modo:
Teoría queer y psicoanálisis
13-4

La pu1C7.a lésbjca, imagen pública que nos rnvudvc en


el manco de las relaciones monogámicas duraderas, los
encuenuos discretos en la intimidad del hogar, y b. necesi­
dad apremiante de recrear la fumilia, no ayuda a nadi�. AJ
permi,ir qu e se nos reprl!Sente como la homoscxuJ.I buen:.1,
rc.:sperablc, perdemos m;ís de lo que ganamos. Perdemos la
complejidad de nucsrras vicbs., y perdemos lo que par.i ml
ha sido una lección de coda la vida:_ no �e traiciona a los
camarad� cuando comienza la cacería de brujas 12 •

· • Producción continua tÚ identidades diferentes.


Nomadismo. Anti-asimilacionismo

Como se ha señalado, la teoría queer realiza una crítica radi­


cal de las identidades sexuales en d sentido de cuestionarlas

icomo esencias inmutables o trascendentales. No obstante,


ello no significa que no se puedan adoptar estrarégicamen­
re identidades diversas, complemenrarias o incluso concr-.1-
\dictorias. /Lo
inreresance desde un punto de vista queer es
que cs:1s identidades son mutables, dependen de momentos
estratégicos, pol'cicos o incluso lúdicos. Y es ese nomadismo
lo que/pone de relieve la futilidad de buscar una estabilidad
definiciva en lo referente al cuerpo, el género o la sexualidad,
y lo que puede disolver los dispositivos de normalización.
Teresa de Lauretis, en su artículo "Sujetos excéntricos",
ya había señalado esa posibilidad dentro del terreno del
feminismo:

Tcoriz.ar el feminismo como comunidad de límitt.-s


lábiles, en los que las idc:mid:idcs y las diferencias se expre­
san y rcnegoci:m a rr:ivés de relacioric.s r:inro imerperso­
n;ile:s como políticas, esrá de acuerdo con la redefinición
Je experiencia (individual) como proceso continuo de
Teoría queer
135

irucrcambio y mecfü1ción encrc presiones externas y rcsis­


t:ncias internas. En este sentido identidad significa una
autocolocación, una elección -siempre detemiinada por
la experiencia- encre las posibles po�iciones accesibles en
d campo social, es decir, que pueden ser asumidas por el
sujeto o involunrariamcntc (ideológicamente) o bajo la
forma de conciencia política 13 •

La producci6n de identidades es precisamente una de


las estrategias para evitar la asimilación, otro de los pumos
clave de la teoría y la práctica queer. Como dicen las acti­
vistas del Zoo queer en el libro dedicado a la recopilación
de sus scminarios 14 :

Queremos rcivindic:ir las idcntid�dcs y no l:i identidad.


U.u identidad que no tiene nada que ver con una valoriza­
ción de la similirud por sí misma y en sí misma/Es el uni-f
vcrsalismo francés quien predica lo idéntico. Las "idcnti-':_
dades" trans, es decir queer, se bas:n en el respeto y la
construcción permanente <le l:i difere:tcia. Nuestros presu-,
puestos son los concr.irios de los de los asimibcioniscas: somos
diferenres y nuesrr.i diferencia nos sirve para resistir a los dis­
rursos, a b.s pr.ictiCtS y a las leyes que quieren que no lo s�t­
mos. A las leyes según las cu.aJes volvcm>S a lo mismo. Somos
diferentes y queremos vivir de f�rma ditercnce y de este modo
inventar nuevas formas cuJcurales y sociales 1 �.

Este procedimiento rraduce el componente subversivo


de la teoría queer. Subversivo en el semido de cuestionar
incesanremenre los fund:imemos de cualquier concepto o
procedimi�nto no rmalizador, incluyendo las identidades
estables. Como dice Buder a propósito de la identidad:

h escracegia mis insidiosa y efectiva, según parece, es una


apropiación y reformulación cabal de las propias �tego-
Teoría queer y psicoanálisis
136

l'ias de identidad. no sólo para impugnar el "sexo". sino


para arricufar Ja convergencia de múltiples discursos sexua­
les en el sirio de la ºidentidad" a fin de lograr que esa cate­
goría, en cualquiera de sus formas, sea permanentemen­
te problemácica 16 •

Se sude definir la teoría queer como un ataque a cual­


quier cipo de identidad sexual. Esra afirmación supone una
simplificación de las políticis quecr en lo referente a la iden­
tidad. Beatriz Preciado lo explica de la siguiente manera:

Los microgrupos quccr pueden ser calificados simul­


táneamente de hipcir-ídcnticarios y de posc-identitarios.
Son hipcr-identitarios desde el momento en que hacen l!ln
uso inrensivo de los recursos políticos de la producción
pcrfurmac.iva de las identidades marginales. La fucn..a polí­
tica de movimientos como Act-Up o Lcsbian Avengcrs
deriva de su voluntad de potenciar lo que: S<: supone que
es un "sujeto malo" (los seropositivos, las bolleras, flas
locas...) para hacer de dio un foco de re.sim:ncia contra la
homogeneizaci6n, la norma hecero, blanca y colonial 17.,,

En el capítulo 8, sobre la masculinidad, se profundiza­


rá más en este campo de la identidad como representación
colectiva o como subcultura.

,.
/ • Loca/iz.ar Íos dispositivos tk normalización de sexo
1 y género que atraviesan .el tejido socialy cultural
{
Michael Warner, en la introducción al importante ensayo
sobre teoría queer Fear ofa Queer Planet, explica la dife­
rencia conceptual y estratégica entre el término queer y el
término gay haciendo referencia a las diferentes posiciones
respecto a. la normalidad:
Teoria queer
137

La p!ícfercncia por 'queer' representa, entre otrns


cosas, un impulso agresivo de gcneraliución: rechaza
una lógk� reductora de la tolerancia o un simple imc­
rés de representación política, para insistir en una pro­
funda resistencia a los regímenes de la normalidad. Para
los inrel-cctuales, interesarse en la teoría quccr es una
forma de perturbar los espacios dcsexualizados de la aca­
demia, salir de la rutina, reinventar los públicos para los
cuales los intelectuales escriben y actúan. Preocupados
anre la perspectiva de una bendecida y comp:irtimenca­
da versión académica de los ªestudios gays y lesbianos",
la gente ,quiere hacer tcorla quccr, no sólo tener teorfas
sobre los maricas y las bolleras. T.1nto para los intclcc­
tu:tles como para los activistas, lo queer supone un
umbral crítico al definirse a sí mismo contra lo normal
más que contra lo heterosexual, y lo normal incluye la
vida normal del mundo académico. El uropismo uni­
vcrsalizador de la teoría quecr no sustituye versiones
basadas en las minorías de la ceorfa gay-lesbiana, ni
podría hacerlo, dado que la sexualidad! normal y la
maquinaria que la refuerza no se aplica a todos por igual,
como nos recuerdan constantemente extendidas formas
de rerror, coerción, violencia y destrucción. La insis­
tencia en lo quecr-un término que inicialmente surgi6
en el contexto del terror- pone de relieve que el origen
de la violencia es el amplio campo de la normalización,
en vez de señalar simplemente la intolera11cia. El brillo
de su estrategia de nominación reside en combinar la
resiscenciia en ese amplio terreno social con resistencias
más específicas en los campos de la fobia y de los arcn­
rados a gays y lcsbian:ts, por una parce, y en el campo
del place.r, por otra 18•

Warner explica en orro pasaje los desafíos que implica


la reflexión y la práccica quecr y su aniculación contra los
dispositivos de normaliz.ación:
Teoría queer y psicoanálisis
138

Las luchas políticas sobre la sexualidad se ramifk-.rn


en un número inimaginable de: dim:cionc:s. En la políti­
Cl cotidiana, las discusiones sobre la sexualidad y sus regu­
laciones escln por lo general vinculadas a un espectro muy
limitado de las instimciones y normas sociales. Cualquitr
persona que se ve a sí misma como quecr sabe de un modo
u otro que su estigmari:c1ción esd relacionada con d géne­
ro, la familia, nociones sobre la libertad individual, d esta­
do, la libertad de expresión, consumo y deseo, naturaleza
y cultllf3; madurez, políticas de la reproducción, fonrasíJ.S
raciales y nacionales, identidad de clase, verdad y con­
fianza, censura, vida íntima y social, terror y violencia,
salud, y arraiga da s normas culcurales sobre los usos del
cuerpo. Ser qucer signitica luchar en torno a estos remas
constantemente. de mane� local y gra dual, pero siempre
asumiendo las consecuencias. Significa ser capaz, d� for­
ma más o menos articulada. de desafiar las concepciones
habituales sobre lo que significan bs diferencias de géne­
ro, o el papel del esrado en ello, o qué significa ..salud", o
<.(U� <lcfinc: la justicia, o �ómo plantear una buena n:lación
con d medio ambiente. [... ] Dado que la lógica del orden
sexual está profundamence arraigada acmalmence en un
amplísimo abanico de inslicucion_cs sociales, y en hs con­
cepciones habituales dd mundo 1 las luchas quc:er no bus­
can una tolerancia o un estatuto igu alitario sino desafiar
aquellas instituciones y concepciones 19 •

• Perfarmatividad del género y del sexo. Crítica de la idea


de original: Suplemento y travestismo.

Uno de los análisis más férciles de la teoría queer es el que


desarrolla Judith Burler alrededor de la .idea de performa­
tividad. En su libro El género en disputa, Buder toma la
noción de Ausrin de actos performativo s y, a partir de la
Teoría queer
139

elaboración que de ella hace Derrida (véase capítulo 5). fa


utiliza para mostrar que ei género en sí mismo es una ficción
mlmra/, un efecto performativo � actos reiterados. sin un ori­
ginal ni una esencia:

El género no debe imerpretarse como una identidad


<.-scablc o un lugJr donde se asiente la ca pacidad de acción
y de donde resuJcen diversos actos, sino, más bien, como
una identidad débilmence comciruida en el tiempo, ins­
tituida en un espacio exterior mediamc una repetición mi­
/iz,ada de actos. El efecto del género se produce mediante
la estiliz.ación del cuerpo y, por lo tanto, debe entender­
se como la m�nera mundana en que los diversos tipos de
gestos, movimientos y estilos corporales constituyen la
ilusión de un yo con género constante. Esca formulación
aparra b concepción de género de un modelo sustancial
de identidad y la coloca en un terreno que requiere una
concepción del género como temporalidad social consti­
tuida. Es significativo que si el género se instituye median­
te .1ccos que son inccrn.uncmc discontinuos. cnconCL"S la
apariencia de smtancia es precisamente eso, una identi­
dad consrruicb, una re-.ilización perform:niv;i � la que el
público social mundano, incluidos los mismos actores,
llc..-ga a creer y a actuar en la modalidad de la crcc:ncia. [ ...J
Las posibilidades de transformación de género se encuen­
tran precisamente en b rdación arbitraria entre cales actos,
en la posibilidad de no poder repecir, una de-formidad o
una repccición paródica que revela que el efecto funras­
mácico de la idcncidad constancc es una construcción polí­
ticamente endeble. [... ] El hecho de que la realidad de
género se cree mediante acruaciones soci:iles concinu:is
significa qrn: los concc:pcos de un sexo esencial y una mas­
culinidad o una feminidad verdadera o constante ram­
bitn se constituyen como parte de la estrategia que ocul­
ta el carácter performacivo del género y l:is posibilidades
pc:rformarivas de que proliferen las configuraciones de
Te orlo queer y p,ico1m6Ji3i3
140

género�fuera de los marcos rcsrrictivos de dominación


masculinista y heterosexualidad obligatoria 20 .

Por ejemplo, Buder :se fija en la drag como ejemplo de


una práctica que represienra las normas heterosexuales en
un contexto gay. Al im icar el género. la drag muestra la
estructura imitativa dd género, y su comingencia. La noción
de pcifonnatividad circul6 rápidamente demro de los estu­
dios de género y de los estudios queer, de modo que se pro­
dujo una confusa apropiación del término reduciéndolo a
la mera pafonnance (acq.1ación, representación), como si
se tratara de un uso teatral del género que uno puede rea­
lizar a su antojo. En su l ibro siguiente, Cturpos qut impor­
tan Buder aclara esta confusión, especialmente la imcr­
prccación de la performacividad como uso teatral al estilo
de las drag, y pone el aocmo en la obligatoriedad de repe­
tir unas normas que son anteriores al sujeto, y que ésce no
puede desechar voluntariamente:

El malentendido sobre la pcrformacividad dd géne­


ro es el siguiente: que el género es una elección, o un rol,
o un;i construcción que uno se enfunda al igual que se
viste cada mañana_ Se asume, por lo tanto, que hay un
"'algu ien.. que precede a ese: género, algu ien que va al guar­
darropa del género y deliberadamente decide de qué gene­
ro va a ser ese día. Ésta es una explicación voluntarista
del género sexual qu e presupone un sujeto intacto pre­
vio a la asunción del género. El significado de la perfor­
marividad del género que yo quería trasmitir es bastan­
te diferente.
El género es peirform:aivo puesto que es el �facto de
un n'gimrn q11r rf>811b b� clif�nci::a� dr. gmrro. En di,ho
régimen los géneros se dividen y se jerarquizan deforma
coercitiva. Las reglas: sociales, tabúes, prohibiciones y ame­
na1..as punitivas actúan a través <le la repetición ritual iza-
Teoría quccr
141

da de las normas. Esr., repetición constituye el escenario


temporal de la construcción y de la desestahili1�1ción del
género. No hay sujc:co que preceda y realice c.s,1 repcci­
ción de las· normas. Dado que ésta crea un efecto de uni­
formidad genüica, un efecto estable de masculinidad o
de fem inídad, también produce y dcsm:11ntcla b noci<>ll
del sujeto, pues did10 sujeto solamente puede entender­
se mcdliantc la matriz de género. De hecho, podemos
construir la repetición como aquello que desmantela la
presunción del dominio volunrarisra que designa al suje­
to en d lenguaje. [... ) L1 performatividad dlcl género sexu.11
no con:sistc en elegir de qué género seremos hoy. Pcrfor­
mativid:1d es rcitcrnr o repetir las nonnas mnlian1c las
cuales nos constituimos: no se trata de un�1 fobricación
rndic.11 ,de un sujeto sexuado genéricamcnre. Es un:i repe­
tición obligatoria de normas anteriores que conscicuycn
al sujeto, normas que no se pueden dcscarcar por volun­
tad propia. Son normas que configuran, anim:rn y deli­
mitan al sujeto de género y que son también los recursos
a parcir de los cuales se forja la resistencia. la subversión
y el desplazamicnto 21 •

Vemos en esta cica algunos elementos fundamcmales de


posteriores desarrollos de la. teoría queer: por una parre, el
cucstionamicnto de las identidades de género, de la m.:1s­
culinidad y la feminidad, y la afirmación de que no hay un
original detrás de esas categorías; por otra, fo posibilidad
de rcapropiarse de ciertas normas y códigos para mostrar
la debilidad o fragilidad de estructuras hcrcroccntradas o
normativas. El travestismo es otra de las posibles prácticas
que dcscstabílizan los sistemas de pensamiento que insti­
tuyen una heterosexualidad forzosa, que se presenta a sí
misma como 'naturar. Como ya se ha señalado, la. teoría
queer no pretende una legitimación norm alizada de 'la
homosexualidad', sino que cuestiona los dispositivos que
Toorla queer y psicoanálisis
142

consolidan dichas identidades, incluyendo la propia 'hete­


rosexualidad'. En otro texto importante de la teoría quc:er,
"Imitación e insubordinación de género", Judith l3uder
explica la relación subversiva del cravescismo respecto a la
heterosexualidad, a partir de la obra de Esther Newton:

Recuerdo con bascanrc claridad l.i primera ve-1.. que Id


en Mother Camp: Fema/e lmpmonators in Ame-rica, de
Esther Newton, que el rr::ivcsdsmo no es una imitación o
copia de un género previo y auténtico; según Newcon, el
cravcscismo representa la misma estructura imiraciva por
la que se asume cualquier glnero. El cravestismo no es la
representación de un género que en realidad pertenece a
otro grupo, es decir, un acco de expropiación o apropia­
ción que asume que d género es la legítima propiedad de
un sexo, que .. lo masculino" pertenece al varón y "lo feme­
nino" a la hembra. [ ... ] El travescismo es el modo trivial
en que los géneros se apropian, se teatralizan, se us.1n y se
fobric:m; ello supone que codo género es una forma de
rcprt'scnración y aproximación. Si t:sco es cierro, par1:cc,
no existiría un género original o primario al que el tra­
vc=scismo imirarfa, sino que d ginrro snia un tipo de imi­
tación que no mema con ning,ín original; de hecho es una
cbsc de imitación que produce el mismo concepto <lcl
original como un efecto y consecuc:ncia de la imitación
misma. En ocras palabras, los efectos naturalistas de los
géneros heterosexualizados se consiguen gracias a una
estrategia imfraciva; lo que imitan es un ideal fanrasnúti­
co de identidad heterosexual, producido por la imic::ición
de su efecto. En este sencido, la "realidad" de la identidad
heterosexual se conscicuye performarivamente a cr:ivés de
una imitación que: se prc.scnca como el origen y el fun<la­
mc:nco de codas las imitaciones. En otras palabras, la hcce­
rost.·xwl idad está siempre inmersa en �l proceso de imi­
tar y aproximar la propia idealización fanrasmárica de sí
misma -y de fracasar en ello. Precisamente porque csr.í
Teoría queer
143

condenada a fracas.ir, y sin embargo se empeña en tener


éxico, el proyecto de identidad heterosexual es impelido
a r�pctirsc indd1nid:imentc a sí mismo22 .

Por orca parte, conviene señalar la desconfianza con la


que la teoría queer analiza el uso mediático, científico oteó­
rico del travesásmo. A menudo la mirada sociológica, psi­
coanalítica o antropológica toma determinadas subculcuras,
como el cravestismo, y hace de ellas una interpretación teó­
rica y abstracta, sin tener en cuenta la opinión de las propias
personas involucradas en dichas prácticas, como una espe­
cie de purificación académica donde se priva a sus protago­
nistas de la palabra y del significado político o personal de
sus prácticas. En este sentido, es ejemplar la tesis doctoral de
la invesrig.idora argenrina Josefina Fernández, "El rravescis­
mo: ¿ruptura de bs identidades scxu=iles, reforzamienro de
los procesos de generización o identid:id paradójica?". quien
realiu un complejo análisis dd cravesrismo teniendo en cuen­
ta d pa�1<ligma qut."<!r, entre otros, pero ba�indose sobre todo
en entrevistas personales a travestis de Argentina:

L:i mirada de las cravescis sobre s( mismas y sobre la


sociedad dd>e ser analií':ida desde un enfoque polfcico con­
creco e hiscóricamence situado. Un enfoq ue que evice coda
tent�ción de asimilación de las prácticas idencicarias con
representaciones que, a espaldas de las propias travestis de
carne y hueso, organice un espectáculo en d que: se mues­
tre, parodiándolo, lo que el mundo pretend e ocultarse a
sí mismo. Es el concreto surgimiento y la difícil conquis­
ta de escenarios soá1lc:s más abiertos. plurales y conflicti­
vos, d que pc=rmice qut: se anicuh: la voz de las u-.ivcscis
en un debate público capaz de desordenar e1 orden di: lo
<lado. Es esca voz, con sus contradicciones y dudas, la que
convoca a acrores sociales, polfricos e institucionales espe­
cíficos a oc debate que muchos de ellos no están dispuestos
Teoría queer y psicoanálisis
144

a <lar. Es este ·debat e público, además., el que pc�mitc ensan­


char el espacio en el que las identidades pueden tornarse
más rcfloivas y aflojar los esquemas que las estructuran y
estructuran su m undo. Es esta posibilidad de reflexión
companida, por tíltimo, In que permite desarrolL1r formas
<le rchtción consigo mismas y con sus cuerpos que dcs­
borJ:tn el orden de los géneros.
En este sentido, no creo que haya nada que distinga
a las cr:tvcstis de otros grupos que reclaman lcgícimamcntc
su dered10 a explorar y vivir libremente fornus de sentir,
de ser y de hacer que nucstr::u;; socied�dcs gcmcriz:id3s y
biocéntrÍClS no aceptan. No creo que las práccic.,s idcn­
titarias de las tr.wcsti.s n:vclcn algo m;ís allá <le la aspir;-i­
ción, companida con muchos otros grupos, a una socie­
dad más plural que p ueda ser vivida y aceptada por todo.s
sus miembros desde lo que pretenden ser y que, por lo
t:uuo, permita explorar posibili<l:1<ll's que muchas ve<.:c.s
desafían d orden de los sexos y los géncros2J .

• Andlisis post-feminista (cuestionamíento de ÍtJ identidad


esencitrlista de la mujer o de Út lesbiana}

Recomando las aportaciones de Rich y de Wittig, Teresa


de ..l?.!!�etis señala la transformación que ha tomado cier­
ro femi�o. hacia un punto de visea queer:

./ La transformación comporta un deslizamiento, un


verdadero y propio desli7.amienco: dejar o renunciar a un
lugar que es seguro, que es 'casa' en codos los sentido�
-socio-geográfico, afectivo, lingüístico, cpimmológico­
por otro lugar, desconocido, en el que se conc un riesgo
no sólo afectivo sino t:unbién conceptual; un lugar des­
de el cual el pensar y el hablar son inciertos, inseguros,
no g:1r:1nciudos (aunque m�ucharse es nccesuio porque
Teoría queer
145

en el otro lugar. de codas formas, no se podía seguir


Yiviendo). Sea del lado efectivo o sea del epistcmológi-)
co, el cam�io es doloroso, es hacer teoría de la propia
piel, ªuna teoría de carne y hueso" (Moraga). Es un con­
tinuo atravesar fronteras (laftonreni es el título del libro _.
de Gloria Anz.,ldúa sobre la 'nueva mcstiz.,'), un volver
a trazar el mapa de los límites entre cuerpos y discursos, / _.·
identidades y comunid�dcs, lo qu(. quizá, explica por {;
qué son principalmente las feminis1as de color y lesbia- · !
nas las que han afrontado el riesgo 24 • 1

De5dc una perspectiva m�s foucaultiana, Judith Butlcr


ha scííala<lo Jos peligros de seguir manteniendo, dentro del
fcmini�mo o de los estudios de género, la categoría de 'las
mujerd como algo estable o como una identidad con una
esencia propia. En su conocido libro El género en disputa,
Butlcr señala:

Si este análisis es correcto, entonces la formación jur{­


dica del lenguaje y de la política que representa a las muj�
res como "el sujeto" del feminismo es. de suyo, un:t
form:tción discursiva y el efecto de una versión determi­
nada de la política de la representación. De cst1 manera,
el sujeto feminista resulta estar discursivamcntc cons­
truido por el mismo sistema político que, se supone, faci­
litará su emancipación. Esro se vuelve políricamcntc pro­
blemático si se puede mostrar que ese sistema produce
sujetos con género que se sitúan sobre un eje diferencial
de dominación o sujetos que, se supone, son masculinos.
En tales casos, :ipelar sin reservas ;1 ese sistema p:1ra b
emancipación de las "mujeres" resulcará clar:imemc con­
tr:l produccnte25 •

En efecto, es difícil desde una perspectiva queer asumir


una especie de identidad de 'la mujer' anterior a los siste-
Teoria queer y psicoanálisis
146

mas de opresión. Este análisis tendrá enormes consecuen­


cias en las propias teorías sobre gays y lesbianas, en Ja medi­
da en que resulta igual de problemático y discutible la exis­
tencia de una identidad "gay". El análisis de Buder es una
apuesta vertiginosa sobre los lím ices de las categorías. En
cfecco, si no podemos definir una identidad de la muj<:r y
del hombre, y si lo femenino y lo masculino tampoco tie­
nen un "originar' o una esencia reconocible, ¿tiene senti­
do seguir utilizando ese cipo de categorías? Como veremos
en los trabajos de Halberst�m y de Del LaGrace Volcano
(capítulo 8) tampoco la masculinidad necesita de la pre­
sencia de los hombres. Las siguientes preguntas de Butlcr
son fundamentales para comprender lo que se enciende
actualmente por post-feminismo:

¿Existe algún demento que sea común entre las 'muje­


res· anterior a su opresión, o bien ]as 'mujeres' se vinculan
únie1mence en vinud de su opresión? ¿Hay una esp<:cifici­
dad en las culturas de las muje� que sea indepernlit:me e.le
su subordinación por parre de las culturas masculinist.ts
hegemónicas? ¿Están siempre conrraindicadas la especi­
ficidad y la integridad de las prácticas culcuralcs o lin­
güísticas de las mujeres? Y, p<>r lo tanto, ¿escán siempre
dentro de los términos de alguna formación cultural m:is
dominante? ¿Hay una región de lo 'cspedficameme feme­
nino',. que: se diferencie de lo masculino como ral y se
rcconoz.ca en su diferencia por una universalidad de las
'mujeres· no marcada y, por lo canto, supuesra?26•

Como ya se ha señalado en el capítulo 6 sobre t:l femi­


ni:smo lesbiano, la identidad entre las mujeres que plantea­
ba el feminismo más tradicional condujo a un cierto esen­
cialismo de 'la mujd que dejaba de lado otras formas de
opresión. Beatriz Suárez Briones, en su artículo "De c6mo
Teoría queer
147

la teoría lesbiana modificó la teoría feminista (y vicever­


Sl) ", señala las importantes aportaciones de la teoría les­
biana a los debates del feminismo actual:

Un seccor imporcance de la ccoría lesbiana contc:m­


por.lnea nos alerta sobre la excesiva .. romanti2lci6n'� de
la idemidad emre mujeres (Gallop; Zimmerman), sobre:
la utilización de un concepto de identidad basado fun­
damentalmcme en lo anatómico, y que ignoríl otras for­
mas de diferencia -la clase social, la raza, la nacionalidad,
la edad, la religión, la ideología...- encrc mujeres. También
el proragonismo c:mc:rgcnce en las práccicas simbólicas y
en las eróticas de los juegos de rolc:s y del sadomasoquis­
mo lesbiano plantea nuevos retos a la utilización de un
concepto de idc:midad restrictivo e ingenuo. Al postular
cualquier definición de la identidad lesbiana -sea cual
sea- lo que se nos puede olvidar es que codo discurso es
histórico y escá al servicio de propósitos polCcicos y teó­
ricos cspcdficos27 •

• El sexo como prótesis. Prácticas contrasexuales i

Como hemos visco, la reorfa queer no es un corpus cohe­


rente y cerrado de enunciados, sino un espacio de resis­
tencia y de creatividad teórica y práctica. Desde sus orí.ge­
nes a finales de la década de los ochenta hasta la actualidad
ha ido produciendo discursos y esm1tegias diversas. Una
de las aportaciones m:ís innovadoras a la teoría queer- de
los tílcimos años la encontramos en el libro de Beatriz Pre­
ciado Manifiesto contra-sexual. En lugar de iniciar su refle­
xión sobre la sexualidad a parcir de nociones como gén �ro
o diferencia sexual, Preciado va a realizar un desplazamiento
episccmológico y va a pfanrear su análisis a partir de
Teoría que o r y psicoanálisis
148

un objeto de plástico que acompaña la vi.da sexual de cier­


tas: bollos y ciertos gays queers, y que hasta ahora se había
considerado como una "simple prórcsi:s inventada para
paliar la incapacidad sexual de las bbianas". Estoy hablan­
do del dildo211 •

El dildo29 va a permitir a Preciado realizar un proceso


de desnaturalización de la scxua1idac( y un desvelamiento
del género y del sexo como prótesis:

El género no� simplemente pcrformativo (es decir,


¡
\ un efecto de la5 práctica..� culturales lingüíscico-discur:si­
/v.is) como habría querido Butlcr. E1 géoero es anee todo
i prostético, es decir, no se da sino en la maccrialidad de
ilos cuerpos. Es puramente construido y al mi�mo tiem­
;po enreramence orgánico. Escapa a las fals.1s dicotomías
/metafísicas entre el cuerpo y el alma, la forma y la mate­
/ria� El género s.�. parece: al dildo. Porque los dos pasan de
la imitación= Su plasticidad carnal desenabiliza la disrin­
\
.ci6n entre lo imitado y el imitador, entre la verdad y la
representación de la verdad, entre la referencia y el refe­
rente, cncre la naturaleza y el artificio, emrc los órganos
sex:ualcs y las prácticas del sexo. El género podría resultar
un� tecnología sofisticada que fabrica cuerpos scxuales-w .

Con este planteamiento radical Preciado lleva aún más


lejos los análisis y cuescipnamienros de la teoría queer. El
sistema s-cxo/género dominante se ve minado por lo que
ella denomina prácticas contra-sexuales: el empleo dedil­
dos, la erotización del ano, los contratos sadomasoquisra_(¡,
�on algunos ejemplos de esa mutación del scx9(Preci.ldo
_:va a dinamitar el pensamiento binario genital (pene/vagi­
l na) cenrclndosc en d poténcial subversivo del ano, un lugar
( que va más allá de los límites de la diferencia sexual (todo
: el mundo tiene ano). un lugar que e.�tá fuer:i del cirmito
Teoría queer
149

convencional de producción de placer, )r un espacio de posi- j


bilidlad de reelaborar el cuerpo. /
Su crfcica de l_os procesos de naturalización llega también
al campo de los 6rganos sexuales, uno de los elementos más
asociados cradjcionalmente a lo biológi.co y natural:

Los órganos sexuales como tales no existen. Los ór�a­


nos sexuales, que reconocemos como naturalmente sexua­
les, son ya el producto de un a cecnologfa sofisticada que
prescribe d contexto en d que los órganos adquieren su
significación (relaciones sexuales) y se utiliz..111 con pro­
piedad, de acuerdo a su "naturalcz:-t'" (rdacionc.c. hcccro­
scxualcs). Los contextos sexuales se establecen por medio
de delimitaciones espaciales y temporales sesgadas. La
arquitectura es política. Es la que oirganiza las prácticas y
las califica: públicas o privadas, institucionales o domés­
ticas, sociales.o íntimas 31 •

u sociedad contra-sexual que nos descubre Prcciadc}- '\


desmantela todos los dispositivos de normalización y de
asignación de roles sexuales y de género, por medio de una
serie de propuestas subversivas: diminar el género del DNI,
nom brcs propios sin marcas de gén�ro ,. abolición del con­
trato matrimonial, universalizar las prácticas abyectas, rese­
xualizar el ano, parodiar los efectos asociados al orgasmo,
acceso libre a las hormonas sexuales, abolición de la fami-
lia nuclear... Las consecuencias de esca sociedad contra­
sexual son importantes para los marcos teóricos y políticos
acrualcs: en vez de seguir hablando en términos de hom­
bre o mujer, términos generados por el sistema hcccrocen­
trado, Preciado propone hablar de sujetos parlantes, pos­
cuerpos, o witti�, en homenaje a Monique Winig.
La lógica del dildo permite mostrar la arbitrariedad d�I
sistema scxo/g&tero, pone en marcha un proceso de decons­
trucción del sexo como ideología, corno dispositivo que
Teorfa queor y psicoanálisis
ISO

introduce subrepciciamence en los sujetos nociones de n:uu­


ralidad y de organicidad donde sólo hay un vacío de: sig-
. nificación. Preciado realiza una apasionante investigación
genealógica sobre los antecedentes tecnológicos y polícicos
del dildo (estudiando archivos médicos, psicológicos, tec­
nológicos e industriales desde el siglo XVII al siglo XX), y
muestra que el dildo, en cor.rra de lo que se suele pensar,
no esd emparentado con el pene (como sustituto, o como
fetiche), sino, por una parre, con la mano masturba.dora
que se empieza a reprimir a partir del siglo XYlll, y p or orra,
con las máquinas vibradoras que se empleaban para pro­
ducir la crisis histérica en las mujeres en el siglo XIX.
Este análisis es importante para mostrar el carácrer paró­
dico de la sexualidad; en la medida en que no hay un "ori­
ginal" de lo masculino ni de lo femenino, resulta imposible
dotar de significación al sexo, como suele intentar eI poder.
Ef trabajo de Preciado funciona como una especie de inter­
ferencia en la máquina de producción de subjetividades,
una piedrita lanzada a los engranajes del dispositivo de
sexo/género que desencaja la maquinaria y produce nuevas
líneas de fu ga y de resistencia. En este sentido, el Manifies­
to contra-srxual es un potente ejemplo de práctica quccr.

Notas
1. Esca misma observación se puede hacer también sobre d psico�,­
n;il isis laani:ino. A pesar de que se habla a menudo de "r�orfa
psico:inalítici'', las críticas al di!Cllrso científico vertid.s por l.aClll
a lo largo de su vida y la propü naturaleza de sus textos, basados
en b noción de "no todo ' y <le :iusencia de saber .s:obrc b sexu:i­
º

lida<l, hacen que resulte impropio hablar de la "ccorfa de Lacan".


Teorla queer
151

2. De laureris, T., "Queer rheorr, Lesbian :md Gay Sexw1lities",


Dijfl'l'tncts: Ajourna/ ofFtminist Cultura/ Studüt 3, 2, pp. iii­
xviii.
3. De uuretis, T., .. Habit ch:mgc:s''. Diffn-mces: Ajoumal ofFemi­
ni.tt Cultural Studin 6, 2-3, 1994, p. 297. Be2rriz Preciado Ju
destacado las ventajas de la noción de 'multitudes quccr' en el
artículo "Multitudes qucc:r. Notas par.i una polítici dc los ':mor­
males"', Multit11án, n.0 12, París, 2003. Traducido en www.hart­
n.com/anormales.htm.
4. Por rarones de espacio no entraremos aquí en otros ámbitos de
lo queer, como por ejemplo la producción cultural, o su articu­
lación con ocros movimiencos sociales como el movimjenco de
okupación, el movimicnco anti-globalización o el movimicnro
:marko-punk (véase en www.queeruption. org). Para conocer la
relación entre insumisión y movimiento queer véase el artículo
de José Decadi, "Levanten nalgas. Hacia una perspectiva marica
de la insumisión a la mili", en Gays e insumisión (dossier), lruña­
Pamplon.i, EGHAM Nafurrosa: a pesar de la militancia insumisa
de muchos activistas quccr en los años noventa, el movimiento de
insumisión se ha interesado poco por el carácter subversivo de las
políticas quccr. Para un complcco análisis dd quccr rock véase d
monográfico que le dedica la revista qucc:r italiana Speed Demon,
n.0 11, invierno de 2000 (se puede solicit:u por e-m:iil a speedde­
mon@gal:mica.it).
En d campo d� b producción cinematográfica podemos seña­
lar el llamado "queer cinema", con precursores como Derekjar­
man { Caravaggio, Ed11ardo II. SebllStiane), Kennc:th Anger (S,or­
pio R4ising) o Bruce Libruce (No skin ofmy aJS y H11stkr \rthiu),
o los más actuales lsa:ic Julicn (dentro del cine queer y racial
-afro-), Tom Kalim (realizador de conos sobre el sid:i p:ira d
grupo Gran Fury y de la película Swoon), Todd Hayncs (Poüon
sobre Genet, Safi. Vtlver Goldime sobre el glam), Gregg Araki
(The living erul, Tora/y f,teked 11p y The Doom Gmm1tio11}, J. P.
Oistdl:mcra (Togerhn-Alone), Christine Vachon (productora inde­
pendiencc de PoiJon, Sronewall, Boys don� ay, l shor Andy Warhol
Hapinm y Hedwig and the angry in(h), Jennie Livingston (Pari1
is buming), Gabriel Baur (Vtnm boyz, sobre la cultura drag king
y las práccicas uansgéncro); en la vcrricnce lésbica: Rose Trochc
Teoría queer y psicoanálisis
152

{y GrncvievcTurner) (Gofoh), Monib Treta (Scduction thuruei


womJJn, Vi,gin Machint, Fmu1k Mübrhauio,; Myft11her iJ comint),
Cheryl Dunyc (The watrnnrlon woman-bhck/lcsbian-), y Maria
Bcatry (12 única directora lesbiana s:idomasoquista en Estados
Unidos: Tht ricgant spanking. A /01 ofrvil.forfon. The bladt glo­
w). En España podemos scfialar algunas películas de Pedro Almó­
dov:ar (úiberimo tÚ Pasiones, Pepi, Lucyy Bom, Habk <on e//11).
También es interesante destacar que la ciencia-ficci6n, como
campo de cxpcrimcnración de mundos posibles, cuenta desde
los aflos sesenta con algunos libros que ¡:odríamos considerar
queer avant la Ítltre, donde se cuestionan radicalmente las asig­
n:iciones de género, y la categoría de hombre y mujer, o se pos­
rulan múlciples sexualidades y pasajes tramgcnéricos. Por ejem­
plo, Sturgcoo, T. (1982), �mu máJ X. A<lia,c, B.1rcdona¡ LcGuin,
U. K. (1980), La mano izquitrd11 de ia OJturidad, Minorauro,
Barcelona; Russ, J. (1987), El hombrt hemhra, Ultramar, Barce­
lona; Hcinlcin, R. ( 1996), Extranjero en tierra extraña, Pla1.a y
Janés, Barcelona; Varley, J. ( 1994), Playa de acero, Ediciones B,
Barcelona. Sobre la ciencia-ficción como género poccncialmen­
te subversivo véase Ibáfiez., J. (1994 ), Por ,ma so<iologla de /,a vida
cotidiana, Siglo XXI, Madrid, pp. 249-292. En ene mismo libro
hay un interesante texto sobre el lenguaje y la diferencia sexual:
"Lenguaje, espacio, segregación sexual", pp. 70-107. Agradezco
a EdU3rdo Nabal las referencias sobre el (jUttr ci,uma y a Mar­
cc:lo Soto l:as de cienci::a-ficción.
s. Sedgw ick, E. K. (1998), Epismnologla de/armario, La Tempes­
tad, Barcelona, p. 12.
6. Butlcr, J. (2001), Elglntro m dirpura, Paidós, México, pp. 39-40.
7. Véase el libro fundamental de Donn3 Haraway, Ciencia, cyborgs
y mujera, Cátedra, Madrid, 199S. Véase rambién de Beatriz Pre­
ciado, Manifiesto contra-sauaL También el artículo de Manud
Almagro, Juan Carlos Hidalgo y Carolina Sínchez Palencia, 'Thc
quccr, rhe prosrccic body and rhe cyborg", en Bengoechca, M. y
Morales, M. (eds.) (2001), (Trans)formacitn� de la.s sexi,alr"tlade1
y el glntro, Servicio de Publicaciones de la 'Jnivcrsidad de Alcalá
de Henares, Madrid, pp. 23-42.
8. De Ltun.:li:1, T. (2000), Diftrc-11d11J, Hma.) y Hu1a), MaJ, iJ,
pp. 34-35.
Teoría queer
153

9. De Lauretis, T. (l 991), "Quccr Theory: Lcsbi3n and Gay Scxua­


liries, An Inrroducrion", en Diffirm�es. Joumal ofFemini.Jm 1111d
Cultuml Srudi�s, I3rown Univcrsiry Prcss, vol. 3. n." 2, Verano
1991. pp. Jll-1\i:
10. Mor�ga, C. y Anz.aldúa, G. (1996), Este puente mi rspaldll. vócr.r
de mujar.s tercermundistas m los .&tados Unidos, lsm Prcss, San
Fr.mcisco. Como la edición en español es difícil de encontrar (y
la u�ucción no es muy frabe, como se ve en el dtulo), damos
aquí la referencia original del libro: (1982), This Bridge Ctlled
My Baclt. Writings ofRadi('(I[ Woman o/Color, Kicchen Table,
Women of Color Press, N ucva York.
11. Por ejemplo, la ILGA, Inrernarional Gay and Leshi:m Associa­
rim1, la red mundiill m;Í.S importe\ntc de cokcrivo� ¡;;1y.,, cxisc ;\
sm miembros la condena explícira de los colectivos que defien­
den las relaciones consensuadas con adolescentes. A su vez, estos
colcccivos cienen prohibida su entrada en la ILGA. Gracias a esta
política, la ILGA consigue un marchilmo de decencia que le per­
mite participar como asociación en foros intcrnacion:tlcs.
12. Ncsrle, J. (1987), A Rmricted C-oumry, Firebrand Prcss, Nueva
York, p. 123.
t 3. De Laurctis, T., Difermci11s, op. cit., p. 136.
14. El Zoo es un colectivo qucer de activistas. Desde 1996 realiz..1n
en Francia diversas actividades de militancia y estudio teórico
quccr: intervenciones en las univcrsidadcs,fanzines,jlyas, semi·
narios, publicaciones, manifestaciones, etc.
15. Q comme Qum: Les slminaim Qdu Zoo (1996--1997), obra diri­
gida por Maric-Hélcne Dour<.:ier, cd. C.1hicrs Gai Kitsch Capm,
Lillc, 1999, p. 94. Este libro es un inccrcsanre ejemplo de prác­
tica qucer.
16. Bucler, J. (2001), El género m disputa, Paidós. México, p. 159.
17. Beatriz Preciado, citada en el artlculo de Cécilc Bnilly, "lkurs,
hcars, punks: C<:5 minoriré-s qt1i dérangcnt", revista 360 n, julio­
:-igosco, 2002, n. 0 24, Suiza. Disponible en intcrncr en
www.360.ch/presse/200224/minorites.html.
IR. Wamcr, M. (cd.) (1993), FMrofa qtt«rplanrr. Qum Politics ,md
S«ittl TIJMry, Univcrsiry of Minncsota Pres.-., Minncnrolis, p. xxvi.
Uno de los artículos de este iníluyenre libro esd traducido al ca.e;-
Teorla queer v psicoanálisis
154

tdlano: Fuss, D. (2002), "Las mujeres caí41s de Freud: ldemifica­


dón, deseo y 'un caso de homosexualidad en una mujer"', en M¿ri­
d:i.Jiménez, R.M. (ed.), Samalidadn tramgrdoras. Una 11mow.�la
ek at"dios quttr, le.aria, Barcelona, pp. 81-11 O.
19. Warner, op. ar., p. xiii.
20. Burlcr,J. (2001), Elglntromdisputa, p. 172.
21. Budcr, J. (2001), "Críticamcnrt: subversiva", en Mérida Jimé­
ncz, R. M. (cd.), op. dr., pp. 64-65.
22. Butler, J., "lnút:ición e insubordinación de género", &vista d�
Occidmu, n. 0 235, diciembre de 2000, Madrid, pp. 97-98. L:i
referencia completa dd libro cicado es Newton, E. ( 1972), Mocher
Camp: Femak lmpmonaron in Amtrita, Univcrsiry of Chicago
Press, Chicago.
23. Fern:indez, J., "EJ rravesrismo: ¿ruptura de las identidades scxu:i­
lcs, reforzamiento de los procesos de generización o identidad
paradójica?", Tesis doaoraJ, inédita. AgradC"ZCO a la autor.a el haber­
me facilitado el manuscrito de esra acdente rcsis.
24. De Lauccás, T. (2000), Di.forr11cias, Horas y Horas, Madrid, p. 138.
25. Butlc:r, J. (2001), El gmero m diipuia, Paidós, México, p. 34.
26. Op. cit., p. 36.
27. Sujrt:'1. Uriont.-s, B. (2001), une: cómo b rcorfa bbilna mudifl­
có la trona feminista (y viceversa)", en Bcngoechca, M. y Mora­
les, M. (cds.), (Trans)farmacion�s dt las sexualidadn y ti gintro,
Servicio de Publicaciones de l:l Universidad d� Alcalá de Hena­
res, Mac.lric.l, pp. 63-64.
2 8. Preciado, B. (2001 ), Maní.fimo contra-sexual, Opera Prima,
Madrid, p. 18.
29. Para los lectores poco familiarizados con la palabra 'dildo', acla­
ramos aquí que 'dildo' es el equivalente a lo que se suele llamar
en castellano polla de plástico, vibrador o consolador, pero como
uno de los argumentos prindp:iles del libro de Preciado es pre­
cís.1mt'nce que el dildo no tiene una relación de copia o suscim­
ro r�pt'ct0 al pene (ni consuela de nada), rcsperomos aquí d uso
que hace l;a aucora y mantenemos la pal:ibra dildo en el cc:xro.
30. Preciado, op. cit., p. 25.
31. Op. cir., p. 27.
8 Una masculinidad sin hombres
Teoría queer y psicoanálisis
156

Dentro de cinco años el pene estard obsoleto


-decl.aró el vended.()r-.
JOHN VARLEY

El análisis de la masculinidad ha sido un objetivo de la teo­


ría quecr desde sus inicios. De hecho, el libro de Evc
Kosofsky Sedgw ick Between Men: Engli.Jh Litemture and
Mak Homosocial Desire 1 -obra que algunos historiadores
consideran la primera publicación quccr- ya había abor­
dado el estudio de lo masculino en un contexto homose­
xual a través de la literatura. En 1998 se publica un libro
que va a queerizar de forma importante el estudio de la
masculinidad. Se trata de la obra de Judith Halberstam
Fernak Ma.rcu/inity 2 • A diferencia de la mayoría de los estu­
dios sobre la masculinidad, que se habían centrado en los
años noventa en las figuras y representaciones de 'el hom­
bre' (normalmente de raza blanca), Halbcrstam va a des­
plazar el centro de su interés hacia una masculinidad que
no necesita de 'los hombres' para ser concebida:

Este estudi o es ajeno a lo blanco de los hombres


[the whiteness of the m:1Jc] y a la m;isculinic:bd del varón
blanco y al proyecto de nombrar su poder; [ ... ] la mas­
culinidad de l os hombres es utiliz.ada en mi proyecto
como algo hermenéutico, es·un comraejemplo respec­
to a tipos de masculinidad que son más reveladores sobre
las relaciones de género y más produccivos p:ua el cam­
bio sociaP.

Una de las principales lecciones que se extraen dd tra­


bajo de Halbersram es que el hecho de haber asumido que
la masculinidad era algo propio de los hombres ha produ­
cido un ocultamiento de: otras versiones alternativas de la
Una masculinidad sin hombres
157

masculinidad, y ha reforz.,do la condena de la masculini­


dad femenina que han hecho históricamente tanto el fcmi­
n íc;mo hrtr:roc;r-,cu�I como d lrsbi:ano.
Con este nuevo punto de visea, la autora muestra que
la masculinidad es algo más complejo y transgresor cuan­
do no está vinculada al cuerpo masculino, especialmente
al cuerpo masculino blanco y heterosexual. De hecho, para
Halberstam la masculinidad no puede ser comprendida sin
tener en cuenta la masculinidad femenina (encendiendo
por femenina la representada por mujeres). Esca masculi­
nidad ha jugado un papel crucial en la emergencia de las
form�tcioncs concemporáncas de lo masculino. Sin embar­
go, la intolerancia hacia la ambigüedad de género ha des­
preciado o malimerprecado a la mujer masculina. Esca cul­
m raes -y ha sido históricamenee- incapaz de reconocer la
indeterminación de género como un modelo de idenrifi­
cación; por el contrario, ha concepcualizado figuras como
b s1nne burch (lesbiana masculina), el marimacho o el andró­
gino en términos de patología o de desviación.
H.tlbcrscam distingue agudamente entre la accpcación \
social que tienen las formas heterosexuales de masculini­
dad femenina (por ejemplo, en el cine: Linda Hamilton en
Tenninator 11, Demi Moore en G./. o Sigourney Weaver
en los diversos Afien) y el desprecio que merecen las otras
tormas que no se corresponden con la sexualidad hccero­
cenrrada. Por ello va a ccnrrar su análisis en estas otras
variances, insistiendo en otro punto fundamental: escas
diversas formas de masculinidad femenina no deben ser
interpretadas bajo el concepto global y reductor de 'la les­
biana', como han hecho diversos movimientos, desde el
tcminismo hasta el propio lesbianismo militante.
Por ejemplo, una confirmación de la pertinencia de la
crítica que hace Halberstam la encontramos en la rcccp-
Teoria queer v psicoanálisis
158

ción que tuvo la película Boys don't cry, que narra un caso
real, la vida de Brandon Teena y su asesinato a manos dt!
sus amigos cuando descubrieron que no era un varón "de
verdad" sino una mujer "disfrazada". Brandon era una mujer
(biológicameme hablando) que vivía como un chico y que
se: identificaba como varón heterosexual. A pesar de que
Brandon siempre afirmó su identidad en este sentido, la
prensa y gran parre de la sociedad interpretaron la identi­
dad de Brandon como "lesbiana". De nuevo, una variedad
de la masculinidad femenina es incorporada a la airegoría
de 'lesbiana'.
El trabajo de Halberstam conecta directamente con la
teoría queer en la medida que denuncia la estrechez de cate­
gorías identitarias como 'gay' y 'lesbiana', incapaces de des­
cribir el amplio espectro de actividades e identificaciones
que escapan al modelo 'heterosexual'.
La aurora explora las diversas formas que puede adop­
tar la subjetividad sexual. y dislinguc una subjc:civi<la<l h�L�l­
da en la biologfa -gcnitalida<l- o en el cuerpo desnudo (b
forma tradicional y dominamc para determinar la �ubjcti­
vidad) y otra basada en la moda, l:is ropas y el cuerpo ves­
tido: existe un:i. unoción moderna de identidad sexual que
no se concibe como algo orgánico que emanara de la car­
ne, sino como un acto complejo de auto-creación en la cual
es el cuerpo vestido -y no el desnudo- d que representa el
deseo de uno mismo" 4• Esta diferencia es fundamental para
entender las nuevas formas de identidad que existen en las
subcuhuras sexuales actuales (la cultura de los dmg kings S ,
por ejemplo) y para interpretar con más matices las formas
del pasado. También es importante porque muestra que las
prácticas y las representaciones sexuales forman parce de
un proceso creativo cultural y de un contexto político (y
no de realidades psicológicas, médicas o psicoanalíticas).
Una masculinidad sin hombres
159

Halberstam rambién incide en la importancia del dis­


curso que d propio sujeto genera acerca de sus propias prác­
ticas, en lugar de presuponer identidades simplemente a
partir de las prácticas (identidades que refuerzan el rígido
binarismo homosexual/heterosexual):

¡¡ sabemos lo que hacen las personas sexualmente y adc­


:nás tenemos en cuenta los diversos enunciados eróticos
que utilizan para describir lo que hacen sexualmente,
podemos hacer una reescritura de las teorías psicoanalí­
ricas del deseo y de las teorías sexuales sobre la sexuali­
dad. Esto además puede cuestionar aquellas nociones
homogcncizadoras sobre d deseo gily y lesbiano que asu­
men que rodas las lesbianas se sienien atraídas por orras
lesbian:is y todos los gays por otros gays6•

Halberstam completa su análisis con un estudio de la


cultura de los drag kings, p ara profundizar en el carácter
pcrformarivo de la m�t�culinidad, y t!n b propia diversidad
de las posiciones de los drag kings. Algunos drag ocultan el
artificio por medio de imágenes muy realistas de la mas­
culinidad, otros en cambio prefieren mostrar este carácter
artificial para devolver al espectador la propia fragilidad de
lo masculino y remarcar los efectos políticos de este cues­
tionamienco. Otras se mueven er\ el terreno de la indccer­
minaci6n, rechazando la polaridad de géneros, lo cual es
también enormemente subversivo, ya que impide una recu­
peración en los viejos términos.
Además de esta apertura a las cuestiones del género, la
aurora incorpora algo fundamencaJ desde un punto de vis-
ta quecr, como es el criterio de raza y de clí15c, apuntando la
posibilidad de aplicar esa misma transgn:si6n de la masculi-
nidad al terreno de la raza o de la clase social (prácticas paró- 1
'

dicas donde se pasa de una raza a otra, o de una. clase a otra). : ,,,
Teoria queery psicoanálisis
160

Estas referencias a las culturas populares actuales y a sus


efectos políticos sobre los sis remas de sexo/ género y sobre
los discursos tradicionales 'gays-lesbianos' suponen tam­
bién una llamada de atención a los propios desarrollos de
la teoría queer, que en ocasiones ha derivado hacia un exce­
sivo inceleccualismo hiperteórico y �bscracto, desligado de
las realidades sociales y culruralcs. La obra de Halberstam
pone sobre la mesa las ropas y los cuerpos, los clubs, las
calles, las performanccs, las exposiciones, los nuevos con­
textos culturales y sus efectos quecr en la vida cotidiana.
Otra autora que ha n1ostrado el carácter difuso de los
límites entre los sexos, las posibles mutaciones <le lo.s cuer­
pos y la imposibilidad de establecer una "verdad'' de lo mas­
culino o lo femenir.o, es el fot6grnfo queer Del LaGracc/
Volcano. Sus fotografías de drag kings. de hcrmafrobollos;
de clítoris hormonados con aspecto de pene, de transc­
xualcs, o de personas que juegan con el género sin aceptar
una definición precisa. son un fascinante ejercicio de pro­
blemarizaci6n de lo real. Jay Prosscr, en el arcículo intro­
ductorio del libro de Volcano. Sublime mutntiom, nos
recuerda la importancia que tiene el sentido de comuni­
dad en estas prácticas corporales:

Las imágenes de Del L1Gracc Volcano documentan


no sólo la tramición real y los pasajes de sujetos cransgc­
néricos sino la creciente fascinación de una comunidad
queer por lo real. Las fotografías p rop orcionan la clave
de una rarea colectiva para especificar cuándo las perfor­
manccs cransgéncro parodian lo real. y cuándo buscan
p asar como algo real o convenirse en lo real. Las foco­
grafla.s de Del LaGrace Volcano son unas de las im:ígenes
contemporáneas más reveladoras y sexuales pero siempre
localiz.1n la desnudez. de sus sujetos en lo real de sus res­
pectivas comunidades. No se trara de im:igcncs surgicbs
Una mascufinidad sin hombres
161

repentinamente de la imaginación de un autor sino que


están relacionadas, es decir, muestran cambios sociales
-mutaciones- en las comunidades cransgéncro quccr
acniales7 •

Notas

1. Kosofsky Sed gwick, E. (198S), Between Mm: English literamm


n11d M11/r Homosoci11/ Desirr, C..olumbi:, Univcr�iry Prt-s�, Nue­
va York.
2. Halbcmam. J. (1998), Fem11k Mascu/i11i1y. Duke Univcrsicy
Prcss, Durham .
.1. H:tlbcrstam, op. cit., p. 3.
4. Halbcrscam, op. cit., p. 106.
5. Halbcrst:tm da en su libro la siguiente definición de drag king:
·un drag king es generalmente una persona de sexo femenino
que se visre de hombrt de forma reconocible y que realiza de
cscc modo una performance de tipo teatral". Op. cit., p. 232.
G. Op. cit., p. 1 J7.
7. Prosscr, J., "The Art of Ph/Amography: Del LaGracc Volc.1no",
p. 7, introducción al libro de Del laGracc Volcano Sublime
mmatiom.
9 Queer y Lacan
Teoría quccr y p3icconóli3i3
164

Pero no me hable del proletariado,


porque ur pobre y maricón es peor.

PEDRO LEMEBEL

9.1. Sexualidad y sentido

/En el seminario Aún Lacan trata de forma directa el cerna


de la sexualidad, y menciona en bastantes ocasiones la
homosexualidad, pero hace una distinción importante:
"cuando se ama, .no es ásumo de sexo" 1• Esta afirmación
conduce a pc:nsar la sexualidad por fue�� de los términos
del género (desde otra perspectiva diferente a la traz.ada por
; G:iyle Rubin en el c2pltulo 6)1G visi6n de L�c�n de b
· sexualidad muestra que el dcs�o no está determinado por
d género dd objeto elegido, sino por el objeto a (véase capí­
tulo 4), que es algo independiente dcl género. Al separar
deseo de género, Lacan está separando el deseo de la hete­
rosexualidad como norma.
Otro punto importante que hay que distinguir en este
debate es la crítica que hace Lacan de la psicología del yo,
cuestionando que podamos dar cuenca de la sexualidad en
función de la imagen que el sujeto se hace de sí mismo en el
nivel consciente. Para Lacan la noción de sexualidad es inse­
parable de la existencia del inconscience. Esta posición que­
da fuera del debate sobre si la sexualidad es algo "natural
o cultural", dado que el inconsciente no puede ser conside­
rado algo biológico, ni tampoco algo meramente social o
. cultural. Precisamente, el inconsciente puede ser entendido
como un indicador <ld fracaso de lo biológico y lo cultural
para determinar la subjcúvidad y d deseo sexual.
Se ha señalado en ocras parces del libro (véase capítu­
lo 7) el cuestionamienco radical que hace la teoría quccr
Ouccr y looan
165

de las nociones de normalidad aplicadas a la sexualidad.


Desde un campo epistemológico diferente, Lacan va a disol­
ver toda posibilidad de fundar una normaljdad en las sexua­
lidades de los sujetos y denuncia las aspiraciones de cien­
tificidad de algunas corrientes del p sicoanálisis:

Ciertamente, lo que aparece en los cuerpos bajo esas


formas enigmácicas que son los cuacceres sexuales --que no
son sino secundarios- conforma al ser sexuado. Sin duda.
Pero el ser es el goce del cuerpo como tal, es decir como
asexuado, ya que lo que se llama el goce sexual esd mar­
cado, domin:1do, por b imposibilid;ul de cs1:1hlcccr como
cal, en ninguna parte en lo cnunciablc, ese t."mico Uno que
nos interesa, el Uno Je la rdaci6n proporción srxrut!.
Lo dcmucsrr:i el di�curso analítico, en :tqudlo de que
a uno de esos seres como sexuado. al hombre rn cuanrn
provisto del órgano al que se le dice F.ílico -dije al que se
le dice-, el sexo corporal, el sexo de la mujer -dije de la
mujer, cuando justamente no hay la mujer, la mujer 110
roda a- el sexo de la mujer no le dice nada, a no ser por
intermedio del goce del cucrpo 2•

En contra de la crítica que se suele hacer al psicoanáli­


sis como disciplina privada separada de lo social y lo polí­
tico, Lacan mantuvo sic:mpre un discurso muy crítico con
el discurso ca pitalista y con el Estado, a partir <le la dife­
rencia entre real e imaginario, y la denuncia de lo que él
denomina el djscurso del Amo; como dice el psicoanalisc;i
Francisco Pcrefia, siguiendo el planrcamicnto de Lacan:

El Estado viene a suplir, a establecer un acuerdo de


los sujetos que hablan, con un todo. El Estado es una
suplencia de lo que no hay, ni instinto ni palabra <lefini­
tiva. En suma, el Estado viene a enc:,rnar el discurso del
Amo, proyecto de unidad de sencido que supb una con-
Teoría queer y psicoanálisis
166

dición metafórica (no hay poética del Estado) por una


homogeneid:id de l:i significación, eso es la muenl! del
sujeco, del sujeto de la enunciación. Su función es esra·
blecc:r ideales con los que el sujeto se idemifica en un
deber ser conforme a los ocros. La eficacia del discurso
del Amo nace del triunfo <ll! b.s identificaciones, de cómo
el sujeto puede circular en rdación a los orros y así colee•
f rivi1�1rse. [ ... ] El discm.so rnci!ll reorienra al .sujero en bs
; identificaciones y en la comunidad del discurso. El p.sÍ·
1l coan:ílisis desorienta al sujeto de sus idencificaciones3.

Para Lacan el orden social produce efectos de sentido e


ideales con los que se identifican los sujetos consciente­
mente: esca realidad es lo que L-ic.m llama imaginario. 'Lo
real' en L-ican no equivale a 'la realidad', sino a ese lug:¡r
inaccesible para el sujeto que se resiste a toda significación
o sentido. Estas identificaciones imaginarias producen iden­
cidades alienantes que separan al sujeto de cualquier posi­
ble saber sobre el inconsciente. En el congreso de Bonnc­
val de 1960 La.can denuncia la función normativiz.adora
que cumple la psicología, y el interés de muchos psico­
analistas en uaicionar la radicalidad de Freud en pos de un
escatuto rcspecable entre las filas de los psicólogos:

L1 psicología es vehículo de ideales: la psique no reprc­


scnra en ella más que el padrinazgo que hace que se la
califique d� académica. El ideal es siervo de la socic:da<l.
Cierto progreso de la nuestra ilusu:i la c osa, cuando b
psicología no sólo abascece las vías sino que se muc::stra
dcfcrcncc a los voros del csrudio de mcrc.ado4 •

Lacan afirma en este ccxro devastador que mientras el


psicoanálisis se centre exclusivamente en el ego o indivi­
duo, quedará arrapado en u n discurso esenciaJisra que pro­
duce normas, en un régimen normativo.
Los modelos imaginarios que procura el orden social \
(ideales, códigos, leyes, modas, objetos de consumo, for­
mas de vida) producen en el sujeto puntos de coherencia,
identificaciones con las que encontrar un lugar en el mun-
do (para taponar precisamente ese lugar vado que habita
en el inconscieme). Lacan incluye las identidades sexuales
en ese imemo de cubrir fa imposibilidad, Como explka ,/
Jorge Alemán:

La identidad es el suplcmenco frágil e inestable, que


se consrruye, en relación a, y como respuesta, al carácter
impersonal de la pulsión.
El amor, los vínculos sociales, las estrucrnras ele­
mentales del parentesco, las identificaciones, los dis­
positivos jurídico-disciplinarios, constituyen diversas
modalidades históricas <le suplemencos, que se hacen
cargo del 'vacío irreductible' encrc un goce pulsional y
otro.
No hay que curam: de ningún estilo de práctica scxua1,
pero s( del caráa�r morrificante con d que la repetición
se apropia del recorrido de la pulsi6n. 'El cuidado de sí'
debe destituir los ideales culturales que con sus órdenes
insensatas asfixian al deseo.
La heterosexualidad, como género o práctica domi­
nante, se ha constituido en la ñorma desde la que se pre­
tende explicar las ocras prácticas sexuales, el núcleo fuer­
re de sentido desde el cual se quiere conjurar la ausencb
de proporción-rebción sexual.
Homosexualidad, heterosexualidad, lesbianismo, ecc.
son idencid;idcs-rcspucslas a la imposibilidad de la rela­
ción-proporción sexual. Consricuycn la f\.-Spucsca 'sinto­
mática' de la existencia al Deber de su deseo. Cualquier
intento de estratificar, jerarquiz..1r, darle prioridad o fun­
damemo a una práaica wbre las orr.is L"S siempre un imen­
co del Amo.
Teoría queer y psicoanálisis
168

No hay forma de gozar armónica, estable, narnral.


El goce se escribe con el estilo del síntoma, pero lo sin­
comárico no remite en este caso a un patrón de nor­
malidad. Se llama síntoma al modo ern que la existen­
cia parlante, sexual y mortal construye su 'identidad'
m:m:.,da por el exilio, la marca que desde siempre acom­
paña d ritmo del encuencro discordante entre los
goccs s.

El carácter subversivo de Lacan deriva de que no plan­


tea producir elementos imaginarios alternativos a la nor­
malidad -o normacividad- sino que apun ra a un campo
que resiste a cualquier intento de adaptación, ese campo es
lo que denomina 'real', es lo irreduccible. Lacan critica radi­
calmente cualquier idea de desarrollo psicosexual normal
y los ideales sobre el amor que se generan en torno al psi­
coanálisis mismo:

Saben que elegí a menudo aquí come:, blanco el carác­


ter aproximativo, vago y mancillado de no sé qué mora­
lismo optimista, por el que esdn marcadas las articula­
ciones originales de esa forma llamada fa gcnit.aliz.1ció11
/del deseo. Es el ideal del amor genital -amor que se supo­
f ne modela por sí sólo una relación de objeto satisfacto­
\ ria- :.mor médico dirfo si quisiera accruuar en sentido
\cómico el cono de esta idcologfa6 •

Sobre la esperanza que anida en la sexología y psicolo­


gía accualcs respecto a una posible armonía entre los sexos,
( L1can afirma:

{ el significante no está hecho para bs relaciones scxu;1lcs.


/ Desde el momento en que el ser humano habla, estamos
perdidos, se ac.1bó esa perfección armónica de la copula­
� ción7 .
Oueer y La can
1 (Í')

L1c:rn advierte que su noción de real no cicne nada que


ver con una especie de mundo de las ideas o esencias, ver­
dJdcr.is e inmu�ables e inaccesibles, en oposición a un mun­
do imaginario que percibimos, en el sentido platónico. Lo
real para La.can no tiene un contenido positivo, es un cam- {
po relacionado con el goce, con la repetición, con d sexo f
y con la pulsión de muerte, un campo inaccesible e irre- !
ductible por el sentido, pero que carece de cscncia8 � Es un
campo dinámico que desmantela todas las identificaciones
y que sólo 5c entiende en rdaci6n con el registro imagina­
rio y simb6lico, nunca por sí mismo.
Micntr:lls que el discun.o quccr denuncia la com.rrucci<ln ·
del sexo en sus facetas imaginarias (imágenes) y discursivas
(simbólicamcme), Lacan sitúa el sexo del lado de lo real, nÜ4i
altí de esos dispositivos de imagen y de enunciación�'.
Por otra parte, Lacan plantea una dura crítica al psico­
an;ilisis institucional y a sus intentos de norrnaJizar y mora­
lizar sobre Ja vida sexual:

P�rccc que a parcir del primer sondeo, del flmh con


<.]UC La experiencia frcudiana iluminó los orígenes para­
dójicos del deseo, el carácter de perversión polimorfa de
sus formas infantiles t una tendencia general lleYÓ a los
psicoanalistas a reducir esos orígenes paradójicos p:ua
mosrrar su convergencia hacia un fin de armonía. Este
movimiento caractcri7..a en su conjunto el progreso de la
reílcx:ión analítica, hasta el punto en que mcn·cc hacer�e
la pregunta de saber si ese progreso teórico no conduda,
., fin de cuentas, a lo que podrfamos lbmar un moralis­
mo m:ís comprensivo que cualquiera de los que ,existie­
ron hasta el presente 111•

A pesar de escas críticas de Lacan a la psicología, él mis­


mo también cae en oc.,sioncs en lectur,1s conservadoras <le
Teoría queer y psicoanálisis
170

determinadas prácticas, que llamará "perversal'. Este pasa­


je sobre lo queer escrito por Kosofsky es útil para iniciar
una crílica de la noción de 'perversión':

Un:1 de las cosas a la que puede referirse lo queer. una


amplia mezcla de posibilidades, huecos, supcrposicionc..-s,
disonancias y resonancias. lapsus y excesos de sentido
donde: los dc:mentos consriruyc:ntcs dd género de cada
persona, de la sexualidad de cada persona no esrán hechos
para (o 110 se les puede hacer) producir una significación
monolítica [ ... ] la sexualidad en este sentido, quizá, sólo
pue<le significar sexualidad queer11•

Encontramos aquí un saleo cualitativo respecto a la


1
noción de perversión en psicoanálisis. Aunque Lacan va a
definir la sexualidad humana como inrrínsecamente per­
versa, no deja de ser un término cargado de importantes
connotaciones parológicas (históricamente, aunque Lacan
no lo consi<lcre una patología), que además en el caso de
la'41n se convierte en una 'estrucu1rl, es decir, algo fijo y
estable. Por el contrario, la definición de Jo sexual como
algo propiamente queer que hace Kosofsky parte de pre­
supuestos complcc:11ncnre distinros: para empezar, quecr
es una forma de autodenominación de quienes reali�1n
d�rerminadas prácticas, no es una denominación hecha por
un cuerpo de expertos sobre el 'otro'; a.demás queer no se
refit:re :i una estructura, es algo móvil, fluido, político y
dependiente de variables culturales (y de subculturas no
estables); queer no hace referencia a una concepción de la
subjetividad en sentido psicoanalítico (no hay una causa­
lidad ni una explicación teórica de las opciones sexuales).
Además, ¿qué significa, como afirma Lacan en el Semi­
nario VIII sobre la transferencia, que la homosexualidad
es un;1 pervt:rsión 12? Desde luego en ningún momento de
Queer y La can
171

su obra afirma que la heterosexualidad sea una perversión.


O dicho de otro modo: ¿qué no sería una perversión? ¿No·
se construye por exdusión, silencio u oposición una nor­
malidad por medio de estos enunciados? ¿Tiene sentido
para el psicoanálisis seguir hablando de 'homosexualidad'
o de 'heterosexualidad'? No parece que el psicoanálisis se
haya cuestionado a sí mismo hasta ese punto; la rcorfa quccr,
en cambio, rechaza seguir utilizando esa terminología, y
denunciad significado de su aparición discursiva y sus efec­
tos polícicos.\En d Seminario IV, las relaciones de objeto,·
Lacan vudve'a incluir la homosexualidad entre las perver­
siones, junco con el fetichismo y el cravescismo, y habla de
ella como si fuera una estruccura estable o específica (cosa
que no hace con la heterosexualidad). Su análisis dd cra­
vescismo no puede ser más aberrante:

Tomemos por ejemplo el rravcscismo. En el cravcsris­


mo d sujeto pone en cela de juicio su falo. Suele olvid:irse
que en el travcscismo no se rrara simplemencc de homose­
xualidad m:ís o menos transformada, que no se trata sim­
plemente de un fccichismo diferenciado. Es pr�ciso que el
sujero sea ponador del fetiche. Fenichel, en su artículo
l'sychoanaysis of1rttveJIÍJm, aparecido en IJP, n.0 2, 1930,
subraya muy bien el hecho de que bajo las ropas femeni­
nas, lo que hay es una mujer.' El sujero se idendfica con
una mujer, pero una mujer con falo, sólo que lo tiene a
tínilo de falo escondido. El fulo siempre ha de participar
de algo que fo vela. Vemos aquí la importancia esencial de
lo que he llamado el velo. Aunque el objem real escé pre­
senr!:, se: ha de poder creer que no esd, y ha de c:iber b
posil>Hidad de crc:c:r que cscl preci�\ñ'lcnte dónde fió tst�.
Del mismo modo, en la homosexualidad masculina,
por limitarnos hoy a esce caso, también se erara para el
sujero de su propio falo, pero, cosa curiosa, el suyo bus­
cado en orro.
Teoría queer y psicoanálisis
172

. Todas las perversiones juegan siempre, de alguna


manera, con ese objeto significante en la medida en que
es, por su natur�leza y en sí mismo. un verdadero signi­
ficante, es decir, algo que en ningún c.1s0 puede tomarse
por su valor facial. Cuando se le pone la mano encima,
cuando alguno lo encuentra y se fija a él dcfinirivamcn­
tc, como ocurre en la perversión de las perversiones, lla­
mada fetichismo -vcrdadcramcncc la. que muestra no sólo
d6ndc está en realidad, sino también quién es-, el obje­
to es exactamente nada. Es un viejo vestido raído, una
antigualla. Esro es lo que vemos en el travescismo -un
1..1pato �astado-. Cu.1ndo aparece, cuando se (lcscuhre
rc:-ilmcntc, � el Íclichc l .l .

Se podría interpretar la visión de Lacan de un modo


no heterocentrado: el sujeto se enfrenta a la diferencia
sexual (que no es una esencia ni una realidad trascen­
dente, sino lugares vados 'masculino-femenino' que
encuentra el sujeto en su entorno), y no puede ubicarse
de ninguna manera con un saber respecto a esa diferen­
cia; esa imposibilidad anida en el inconsciente sin solu­
ción posible, indica que ''n9 hay saber sobre el sexo y
º

·que no hay relación sexual.:'Lo que llamamos hetcrose­


�ualidad u homosexualidaJ son posibles posiciones ima-
; ginarias (entre otras muchas) para enfrentarse a ese vado
·. de sentido en lo real.
Como dice Jesús Ibáñez a parcir de un trabajo del psi­
coanalista Francisco Peref'ía:

En el inconsciente no hay rn;isculino ni femenino: lo


masculino y lo femenino -como términos posicivos- per­
tenecen a lo imaginario social. [ ... ] Lo que nos es propio
es sólo la propia falta: por eso nos identificamos con lo
que no somos, y ese ser negativo es el sujeto. No hay hom­
bres ni mujeres: sólo sujctos 11 •
Oueer y Lacan
173

Esra afirmación es fündamencal para comprender la


distancia que toma Lacan de la psicología del yo, del dis­
curso científico 1 5, y de Jos efectos del discurso en el sen­
tido foucaulciano. Lo ¡¡'ue estd planteando lacttn con ese
desencuentro radical entre lenguaje y sexualidad es algo que
va mris 11/ld del adoctrinamiento cultural, la presión social
o la educación. Esa imposibilidad se mantiene en el pla­
no inconsciente, aunque conscientemente el sujeto adop­
te una o varia.� identidad-es sexuales. Este argumento res­
pondería también a la siguente pregunta: ¿por qué hay
pdcricas no heterosexuales, a pesar de la presión del dis­
positivo <le hctcroscxualid:uJ obligatoria? Los sistemas cul­
turales y familiares intentan siempre educar a los niños
en la heterosexualidad, y sin embargo muchos de ellos
rechazan idenrificarse co n esa posición)El psicoanálisis;(
a parcir de la noción de sujeto del indonsciente, quizá
podría dar cuenta de la existencia de una �ulcjplicidad
de sexualidades no hecerosex�afes� aporcando un para­
digma que no es ni esencialista�biologicista, ni discursi­
vo-performativo.

9.2. La crítica queer del falo lacaniano


. , 'ª • .. l'' r . , ·

Uno de los conceptos del psicoanálisis que más rechazo


ha producido en el feminismo y en la teoría quccr es el
falo. Encontramos esta crítica al falo en una de las auto­
ras que más han influido en la teoría quccr, la antropólo­
ga Gayle Rubin. En su famoso artículo de 1975, "The
Traffic in Women", Rubín denuncia el intento de Lacan
de situar un elemento masculino en la base de la organi­
zación edípica, y por tanrn, en el fundamento de la cons­
ciwcíón subjetiva:
Teoría queer v psicoanálisis
174

En un �t"ntido. t"I complejo rlt> Edipo l".S expn�ión el,•


la circulación del falo en el inrerc:1mbio imrafumiliar, w1:1
inversión de la circulaci6n de las mujeres en el incercim­
bio intcrfamjliar... El fulo pasa por intermedio de L,s mujL-..
res de un hombre a ocro: del padre al hijo, dd herm:mo
de la madre al hijo de la hermana, etc. En d círculo fami­
li:1r Kula, l:11 mujeres van por un lado, el falo por otro.
Está donde nosotras no escamas. En este sentido, el falo
es n1jS que una car::icterísrica que distingue a los sexos: es
la encamación dd estatuto masculino, al que acceden los
hombres y en el que residen ciertos derechos: cnrre dios,
el derecho a una mujer. Es una expresión de la cr:msmi�
sión dd dominio masculino. Las huellas que deja inclu­
yen la idenridad sexual, la división de los sexos 16 •

Finalmenrc, el término de referencia para d acceso a la


subjecividad es de carácter masculino. Cuando Lacan escri­
be que "la interdicción contra el aucocrocismo, centrado
en un dcccrminado órgano, que por esa razón adquiere d
valor de símbolo único (o primero) de la c.irencia (man­
que) tiene el impacto de una experiencia central" 17 es evi­
dence que d órgano al que se está refiriendo es al pene, aun­
que después explique que elfalo ts ti simbo/o t!e la c11rend,1
y el significante del deseo.
Teresa de Lauretis ha criticado igualmente esta preemi­
nencia epistemológica del falo:

A pesar de las repetidas afirmacion�s de Lacan y los


lacanianos de que el falo no es d pene, [ ... ] d deseo y la
significación se definen, en última instancia, como un
proceso inscrito en el cuerpo masculino, puesto que
dependen de la experiencia inicial -y cmtral- del propio
pene, de tener un pene. [ ... ] Contra las consecuencias
efectivas de: la teoría psicoanalícica que él mismo de­
sarrolló, Lacan retrotrajo el análisis a la biología y al mico,
reinstauró la realichd sexual como n:1runle2;1, como ori­
gen y condición de lo simbólico. [ ... ] En b perspectiva
psicoanalícica de la significación, los procesos subjetivos
son esencialmente fálicos; es decir, son procesos mbjeti­
vos m la mtdida en que se instituyen en un orden esra­
blcddo de lengwjc -lo simbólico- por b función de la
castración. De nuevo queda negada la sexualidad feme­
nina, queda asimilada a la masculina, con el falo como
represencance de la auconomía del deseo (dd lenguaje) en
lo que respecta al cuerpo femenino 111•

Una de las crícicas más frecuentes al psicoanálisis desde


una posición queer es "el lugar hegémonico y hecerocen­
trado que pueden tomar la interpretación y el discurso psi­
coanalítico en el campo del deseo y de la sexualidad"19,
y d hecho de que se trate de un régimen disciplinario sobre
el sexo:

Podemos plantearnos si no es una caract�rística dd


discurso psicoanalítico, especialmente d lacaniano, pro­
mover una visión extremadamente esc:hici y fija del poder
y de la lcy20 •

Asimismo se considera al psicoanálisis como una forma


más de psicología21 • Precisamente � la psicología, y su dis­
curso unificador del sujeto, uno de los principales objetos
de crícica de Lacan; como declara en el artículo "Subver­
si6n del sujeto y dialéctica del deseo":

Enconreándose en un segundo tiempo lo que de eti­


queta científica se ha constituido ya bajo el nombre de
psicología.
Que nosouos recusamos. Precisamente porque, como
vamos a demostrar, la función del sujeto tal como la ins­
c:iura la experiencia freudiana descalifica desde su raíz lo
Teoría queer y psicoanálisis
176

que bajo este título, cualquiera que sea la forma en que


se vistan sus premisas > no hace sino perpetuar un cuadro
académico.
Su criterio es la unidad del sujeto que es, sobre presu­
puestos de esta clase de psicología, y debe incluso conside­
rarse como sincomácico el hecho de que su tem.1 se aísle Clda
vez más enf:iticamentc, como si se tratase del retorno de
�erco sujeto dd conocimiento o como si lo psíquico tuvie­
se que hacerse valer como revistiendo d organismo. [ ... ]
No nos referimos por supuesto a esa extraordinaria trans­
ferencia laceran, gracias a la cual regresan a bañarse en el
psico3nálisis las categorías de un.1 psicología que rcvigo­
riza con dio sus bajos empleos de explotación social. Por
la razón que hemos expresado, considerarnos que la suer­
te de la psicología c.stá sellada sin remisión22 •

Sin abandonar d paradigma freudiano, Teresa de Lau­


rccis ha rcformulado el deseo del sujeto lesbiano por fuera
del marco edípico y de la relación con el falo. Éste es el
objetivo de uno de s.us libros clave, The Practice oflove. En
un recienre artículo describe su estrategia de esre modo:

La fanrasfa de pérdida y desposesíón indica la herida


narcisista[ ...]. En mi análisis [...) lo he llamado deseo per­
verso, que sign ifica no heterosexwil, no ed{pico, no repro­
ductivo, es decir, fuera de los términos fantasmáticos del
escenario edípi-co y del esquema reproductivo de la fami-
1 ia: madre, padre e hijo. Los términos de la diferencia
entre amantes, por tanco, no son los términos de la dife­
rencia sexual, hombre y mujer; y el significante del deseo
no es d falo paterno, sino un objeto o signo, arbicr:irio y
contingente, aunque esté codificado culturalmente, que,
a falta de un término mejor, he denominado fetiche. En
los textos que analizo{ ... } los términos de la diferencia y
los significantes del deseo v:irían de un texto a otro, y de
Oueer y La can
177

un sujeto lesbiano a otro, pero siempre se refieren a un


momento fantasmácico: la duplicación del objeto origi­
nariamc_nre perdido (el cuerpo de la madre) por otro obje­
to originariamente perdido (d propjo cuerpo femenino),
y d despl azamiento dd segundo en un fetiche-signo que
significa deseo, es decir, en la signiificación misma del
deseo. ( ... ] Por esca razón mamengo que el dc.�eo dd suje-'-..
to lesbiano no tiene límites: es un proceso repetido dc
desplazamiento, y recarga su deseo en un movimiento
hacia objetos que pueden evoc.·u lo que nunct estuvo allí,
y que por tanto no puede ser reencontrado sino sólo
encontrado, com o si dijéramos, encontrado una vr:z y
otr:t, siempre de nucvo 23.

. A pesar de la distancia que De Laurecis quiere mante­


ner con Lacan, encontramos en esta noción de fetiche una
descripción literal de la concepción lacaniana del deseo. El
proceso infinito de desplazamiento respecto al objeto que
señala De Lauretis no es sólo una característica del sujeto
lesbiano, sino de todo sujeto.

9.3. El psicoanálisis y la politica

Marie-Hé)ene Bourcier ha sefialado la renuncia del psico­


análisis respecto a lo público y a Jo polñtico, en lo que ella
llama crícicamente "el armario psicoanaHtico"; para esca
teórica y milicante queer el psicoanálisis es

un régimen que v.1da toda dimensión social y poHrica,


en d marco de: una cconomfa cerrada que deja al indivi·
duo aislado en una rclaci6n paciente-expertos. Se aprc·
cia aquí la gran diferencia que hay entre el armario psi.·.
coanalítico y una cultura sexual [el sadomasoquismo] que
Teoría queer y psicoanálisis
178

se ha convertido en un espacio de transmisión de apren­


dizaje y no un lugar de repecici6n secreta de las aliena­
ciones?-' . /

La crítica de Bourcicr es acenada cuando analiza lo polí­


tico en su dimensión social, y en la separación tradicional
que hace el psicoanálisis entre el espacio público y priva­
do. No obstante, se puede desarrollar otra vertiente de "lo
políti<;o" que sí es abordada por el psicoanálisis de Lacan,
esto es, la relación del amilitis con los ideales que gmml el
'- po�r, la relación de la moral y la política. Si los pacientes
recurren al psicoanálisis con la esperanza de acceder a la
posibilidad· de una felicidad sin sombras, y si bien el aná­
lisis puede permitir al sujeto ubicarse en una posición cal
que las cosas le vayan bien\hay algo contra lo cual estos
propósitos fracasan: la instancia moral del hombre, esa que
Frcud denominó d superyó, y que es de una economía tal
qu� "cuantos más sacrificios se le hacen tanto más exigente
deviene"2S. Este desgarro del ser moral no está permitido
al analista olvidarlo en su práctica. puesto que dicho olvi­
do puede llevarlo a, verdaderamente, prometer el ideal de
. la felicidad, y as{ conducirse como un político corriente.
Dice Lacan:

[...] l:i dialéctica de la demanda, de b necesidad y del deseo,


¿es acaso sostenible reducir el 6ciro dd análisis a una posi­
ción de confort individual, vinculada a esa función con
roda seguridad fundada y legítima que podemos llamar d
servicio de los bienes? (bienes privados, bienes de la fami­
lia, bienes de la casa, y cambi¿n otros bicn�s que nos soli­
citan, bienes de la profesión, del oficio, de la ciudad).
¿Podemos hoy en día.cerrar tan F.ícilmcnce esa ciu­
dad? Poco impona. Cualquiera sea la regularización que
aportemos a la sicuaci6n de quienes concrccamcntc recu-
Oueer y la can
179

rrcn a nosotros en nuestra sociedad, es harto manifiesto


que su aspiración a la _fdlci�d impliccl siempre un lug.ir
abierto a una promesa, a un milagro, a un espejismo de
genio original o de excursión hacia la libcrcad; caricatu­
ricemos. de posesión de todas las mujeres por un hom­
bre, del hombre ideal por una mujer. Hacerse el garante
de que el sujeto puede de algún modo encontrar su bien
mismo en el análisis es una suerte de estafa26.

Es como preguntar: ¿escá el discurso analfrico al serví- /


cio del discurso político, imperante? Lacan responde que
no: "No hay ninguna razón par a que n os hagamos los
garantes del ensuefio burgués"27/El ensueño burgués, tal
y como lo enciende Lacan, consiste en promover, hasta sus
últimas consecuencias, el ordenamiento universal del ser­
vicio de los bienes, movimiento en el que se arrastra hoy
día a todo el mundo, dando muestras claras de cómo la exi­
gencia de felicidad, al pasar al plano político, tiene conse­
cuencias. Pero

d ordenamiento dd servicio de los bienes en el plano uni­


versal no resuelve sin embargo el problema de la relación
actual de cada hombre en ese corco ciempo cmre su naci­
miento y su muerte, con su propio deseo... 28•

El discurso psicoanalítico es capaz de ofrecer al sujeto /


la posibilidad de resolver el problema de la relación con su
propio deseo, de tal manera que lo enfreme con la realidad! I
de la condición h 1:1mana. Así pues, 1

La ética del análisis no es una especulación que recae '­


sobre la ordenanza, sobre la disposición, de lo que se lla­
ma el servicio de los bienes. Implica, hablando estricta­
mente, la dimensión que se expresa en lo que se llama la
experiencia trágica de la vida2".
Teoría queer y psicoanálisis
180

/ Se puede entonces delimitar a partir de ahora dos cam-


/ pos de acción de la ética -léase también política- m1di­
cional y la ética del psicoanálisis: la una al servicio de los
bienes, la otra al servicio del deseo, núcleo de la exper ien­
da de la acción humana y sobre el cual es posible hacer un
juicio· ético: "¿Ha actuado usted en conformidad con el
'-\ deseo que lo habitat',30• Justamente es a este polo del deseo
que se opone la éüca tradicional, la ética de la polftica
moderna, de la cual se puede decir que forcluye el deseo.
Es verdad que lo explota, lo usa para sus fines, es a él al que
dirige sus promesas ,. pero lo forcluye porque de la estruc­
tura del deseo, nada quiere saber; además, no le conviene,
porque entonces serla su fin. Por eso Lacan concluye dicien­
do -aludiendo a Alejandro llegando a Persépolis al igual
que Hitler llegando a París-:

La moral dd poder, del servicio de (05 bienes, es: En


cuanto a los tÚ.seos, puetÚ11 ustedes esperar smrado5. Que
esperm 31 •

Una parte del mundo se orienta entonces resueltamen­


te en el servicio de los bienes -es a lo que apunta la políti­
ca de hoy, sierva del discurso capitalista- rechazando -t�do
lo que concierne a la relación del sujeto con el deseo. Es
esta oposición entre el deseo y los servicios de los bienes
-es decir, entre el deseo y la demanda-:- lo que le da un Jugar
al psicoanálisis, -a su ética y a su política, en la medida en
que sabe que la posición del sujeto ante los bienes es tal
que su deseo no está en ellos. El polo del deseo es el polo
donde se puede medir la incidencia política del psicoaná­
lisis, en tanto que él está hecho para operar la salida a los
impasscs que produce el discurso capitalista y el discurso
de la política a nivel del deseo y las demandas de felicidad
del sujeto.
Oueer y la can
181

El deseo del sujeto no es algo colcctivizablc. Mientras:


que el discurso político busca hacer funcionar un "para·
t odos'', el discurso dd ·psicoanálisis apunta a la pura dife­
rencia, a lo imposible de universalizar. Esto imposible de
universalizar -lo real en juego en todo discurso- es lo que
para el político resulta insoportable en tamo que lo que quie- . ·
re es gobernar, gobernarlo todo, es decir, él siempre apunta
al "todo gobernable" -lo cual hace de gobernar una de las
profesi ones imposibles, junto con educar y psicoanalizar-.
Es en este sentido que se dice que la poHtiC3 también apun- r
ta a regular los modos de goce de los sujetos, poniéndolos a·
gozar a codos de la misma manera, lo cual es objct.ado por
d malestar social.
El nombre de ese malestar en cada sujeto se denomina
"síntoma". Por tanto, se podría decir que d síntoma es la : l
política del sujeto contra la política colectivizable -dd dis- i :
curso imperante. La política del psicoanálisis tiene �nton- ,1•
ces por vocaci6n cambiar en algo la cconomfa de goce que
se e stablece encce el sujeto, objetor del goce universaliza­
do, y el discurso, administrador de dicho goce. Con una
gran diferencia: el psicoanálisis no busca gobernar el plus
de goce, sino elucidarlo. Según Colecce Soler, el ps icoaná­
lisis apunta a:

separar al sujeto dc:l malestar producido por las deman­


das del disc;urso dominante, hasta producir la condición
absoluu, el "eso y nada más", el objeto que no t�cne equi­
valente, que no es colcctiviiable. porque no vale para nadie
más.' Ocsdie ese momento, cl psicoanalista, en el sentido
de psicoanali7.ado, es aquel que asume con conocimien­
to de causa su imposible de universalizar. No sale cid mun­
do por clJo, pero es ahí por donde se separa de las pres­
cripciones del discurso corriente y por lo que se hace una
caus.1 de cst2 separ;ación.J2•
Teoria queer y psicoanálisis
182

Vemos a partir de estas afirmaciones de Lacan que es


posible pensar en la incidencia política del psicoanálisis de
otro modo, una incidencia pollcica en los discursos y en las
prácticas actuales de administraci6n del saber. Sobre esta
cuestión Lacan afirma:

La experiencia psicoanalítica pone en d centro, en d


banquillo, al saber. Por decirlo de una vez, la idea de. que
de alguna forma o en algún momenco, aunque sea como
una esperanza en el fucuro, el s:iber puede constituir una
totalidad cerrada, es algo que no habla esperado al psi­
coanálisis para que pudiera parecer dudos·o. [...] La idea
de que el saber puede constituir una totalidad es, si pue­
de decirse así, inmanente a lo político en cuanto ral33 •

9.4. Cuerpos que importan

En una de sus obras fundamentales, Cuerpos que importan,


Buder se enfrenta a la pregunta siguiente: ¿son los cuerpos
algo puramente discursivo? Buder inrenta responder a esta
pregunta por medio de su teoría de la performatividad, una
teorización de la materialidad corporal como ul"l proceso de
materialización, es decir, un conjul}tO de normas corpora­
l�s cuyo estatuto normativo depende de una reiteraci6n o
ciraci6n. en la que reside a su vez la posibilidad de alcera­
ci6n o resignificad6n. La materialidad pasa por un proce�
so, es algo que ya se ha materializado por u.n proceso de
re-perición.
Esta posición se enfrenta a la tradicional teoría csen­
, cialisca, según la cual los cuerpos y la sexualidad son algo
fundado en la naturaleza, un dato previo de tipo natural.
¡ La cuestión desde un punto de vista psicoanalícico es que
Oueer y Lacan
183

quizá es posible plantear una teoría de la subjetividad y de


los cuerpos sexuados que no sea ni retórica-discursiva (Bucler
y en general la teoría queer) ni esencialisca.
El psicoanálisis también se interesa sobre los efectos"'-.
del discurso sobre el cuerpo, pero insistiendo en la capa­
cidad del lenguaje en su relación con la p�oducci6n de
afectos y de deseo. JBucler parece crear una teoría de la
sexualidad en la cual el deseo ha desaparecido, o cuando¡
existe el deseo se atribuye al psicoanálisis la imposici6n
de un imperativo de heterosexualidad.jSin embargo, sabe-/
mos que para Lacan el deseo no se produce a parcir de una
instancia positiva, sino precisamente a partir de una impo­
sibilidad escructural del sujeto para encontrar un objeto
que nunca ha estado ahí, objeco que en Lacan no tiene
1
ningún genero espcdfico./Difecilmcncc podemos a.sumir,
como hace Butler reiceradamen ce en Ciurpos que impor- ;
tan, que Lacan esrá pregonando la heterosexualidad como :
modelo parad sujeto.
Bucler asimila la categoría de sexualidad a formaciones \
simbólicas e imaginarias, es decir, sujetos del significante, '.
no sujetos de ·deseo. Para Lacan el sujeto del deseo es pro- i 1
.4uc��-�-por medio de un impact� del lenguaje en la mat�- !
rialidad del cuerpo. pero este sujeto no surge cuando se pro-
duce una identificación (con el padre, con la madre, con ) ·
un significante), sino cuando.fracasa esta idmtificación.
Buder escribe sobre el ego, trata la s�bjccividad y la 1
sexualidad como si fueran dimcnsio.nes de la vida psíq�i- '..'
ca (de hecho. otro de sus libros, Mecanismos psíquicos dt/:
po�r. vuelve a ucilizar esca idemificaci6n emre sujero y p,i-;
quismo) en la tradición de la psicología del yo, como si fue-:
ran funciones de la imagen conscieme de uno mismo, a·
diferencia de Lacan, que las define como funciones deL
inconsciente. Bucler en ningún momento asume esta dife-l
Teoría queer v psicoanálisis
18-4

rencia, habla de la sexualidad y del sujeto en Lacan como


efectos de un orden imaginario, en el terreno de las for­
maciones del yo. Butler insiste en que "el ego es produci­
do por medio de una i-xclusión"34, confunde continuamente
ego_ y �eto. El ego pertenece al registro consciente, que
par�r"Laca� es precisamente el lugar más equívoco, donde
menos se sabe del deseo y de la sexualidad; d deseo en 1.acan
está en relación con el sujeto del inconsciente, en ningún
caso cC?n el yo.
/ Desde un punto de visea lacaniano, cualquier tipo de
rdación binaria es imaginaria en el sentido en que está estruc­
turada por medio de relaciones de idcmificaci6n y oposi­
ción, de uno a uno. Todas las relaciones imaginarias son
l básicamente binarias. De ello se deduce qmfceorizar sobre
f la sexualidad en términos imaginarios -en términos del ego,
! del se/f, o del yo, como hace Buclcr- supone conceprualizar
\ la sexualidad de forma binaria, aunque se pretenda hacerlo
\ de otro modo. Butler sigue manteniendo categorías como
· "fuera y dentro" para hablar del sujeto; dentro equivale al
yo, fuera equivale al inconsciente. La topología lacaniana
rompe ese cipo de binarismo imaginario. Precisamente yu
capacidad subversiva radica en que Lacan no uorir,a .la S()(UIZ­
/idad m términos de gtnero sino m tmninos- de goce. Si uno
j de los esfuerzos principales de la teoría qucer es pensar la
_; sexualidad por fuera de las categorías de género, aquí rene­
\. mas un ejemplo de es: tipo de pensamiento.
¡·) Lacan caracteriza al ego como un efecto de lo imagina-
1,: rio, al sujeco romo un efecco del orden simbólico y la socua­
'.i lidad como un efecto de lo real. Los tres registros (imagi-
nario. simbólico y real) deben encenderse en una relación
de interdependenciat de manera que ninguno se entiende
_/sin los otros dos. La noci6n de objeto a es crucial para acla­
rar el malentendido de Buder entre sujeto y ego.
Oueer y lacan
185

Hay que entender el objeto a como causa del deseo, no


como un objetivo o fin. Ese objeto a adopta diversas for­
mas, todas ellas independientes del género: la mirada, la
voz, el fonema, los la6ios, el borde del ano, la ranura for­
mada por los párpados... En el Seminario XI, de I 964, Lo1
cuatro �onceptQs fimdam�tales del psicoanálisis, bcan de­
sarrolla la noci6n de objeto a, sobre todo vinculado a la
mirada:

EJ objeto a es algo de lo que el sujeto, para consti­


rnirse, se ha separado como. 6rgano. Esto vale como sím­
bolo de la carcnci:1, es decir, del fulo, no en ,anto que tal,
sino en tanto que falca. Es preciso, pues, que eso sea un
objéto, en primer lugar, separable, en segundo lugar, que
tenga alguna relación con la carencia. [...] A nivel oral. es
el nada (sic), en tanto que eso de lo que el sujeto se ha
destetado ya no es nada para él. [ ... ] En el nivel anal es el
lugar de la metáfora -un objeto por otro, dar las heces en
lugar del falo-. ComJlrenderán ahl por qué la pulsión
anal es el dominio de la oblativ1dad, del don y del rega­
lo. Allí donde uno es cogido desprevenido, alll donde uno
no puede, a causa de la carencia, dar lo que hay que dar,
siempre se tiene el recurso de dar otra cosa. Por dio, en Í
su moral, el hombre se inscribe al nivel anal3).

Es.difícil ver en .esta concepción un dispositivo teórico J


heterocentrado. De hecho, la valoración que hace Lacan(
del ano -sin patologizacioncs ni atribuciones a priori a
hombres o mujeres- no está lejana de las prácticas de algu -¡
nas subculturas queer (beso negro, fotfocking, coprofiliaJ
uso de dildos, cte.). La referencia a la mirada y la voz se\
puede relacionar con prácticas actuales como el ligue de
calle, el sexo t�lef6nico o por intcrnet, la pornograffa, el
voyewismo o el sexo virtual.
Teoría quaer y psicoanálisis
186

. Esta importancia que da Lacan al objeto a también nos


· recuerda que muchos placeres sexuales no tienen por qué
· implicar a los órganos genitales. AJ separar el deseo sexual
y d goce dd imperativo de los genitales, Lacan dlcsnaturaJi­
: za y deshc:rerosexualiza el deseo. El objero.z, por su mul­
: tiplicidad y su separación de lo genital, no permite instaurar
. ningún ti po de normalidad sexual. Esca fulca de especificidad
. multiplica las posibilidades del deseo:

el objeto que pierde por naturaleza, d excremento, o tam­


bién los sopones que encuentra para el deseo del Cero:
su mi rada, su voz.
A dar vueltas a esos objetos para en ellos recuperar, en
él restaurar su pérdida original. es a lo que se: dedica esa
actividad que en él llamamos pulsi6n ( Tri�h)�
No hay otra vía en la que se m:inificstc en el sujeto
una incidencia de 12 sexualidad. La pulsión en cuanto que
represcma la sexualidad en el inconsciente no es nunca
sino pulsión parcial. Ésca es la carencia esencial, a saber
la de .-qudlo que podría reprcsc:ntar en el sujeto el modo
en su ser de lo que es alll macho o hembra.
Lo que nuestra experienci2 demuestra de vacilación en
el suj_eco referente a su ser de masculino o de ft:meni110 no
ha de 1\'.Íc.:rirsc rmco a su bisexualidad biológica como a que
no hay nada en su dialéctica que represente la bipolaridad
del sexo. si no es la actividad y la pasividad, es decir una
· polarid;id pukión-acción-dd-octerior. que es enteramente
inadecuada para representarla en su fondo36•

La mirada. la voz y el fonema conectan nuestros cuer­


pos con la sociedad y la culcura. de forma que d objeto a
lacaniano es útil para comprender cómo la sexualidad está
atrávesada por la cultura. es mediatizada y tccnologizada.
La relación entre la publicidad y el deseo es analizada por
Lacan en función del objeto a:
Oueer y Lacen
187

Quizi los rasgos que aparecen en la actu�idad de for­


ma can notoria bajo el aspecto de lo que se 11:una mís o
menos propiamente los mtW m�dia, quizá nucsrra propia
relación con la ciencia que cada vez invade más nuestro
campo, quizá codo esto se achirc con la. referencia a esos
dos objetos, cuyo lugar en la tétrada fundamental ya les
indiqué: la VOl., casi p(anetarizada, hasta estratosferiuda,
por nuestros aparatos, y la mirada, cuyo carácter invasor
no es menos sugescivo, pues, por tantos espectáculos, tan­
tas fantasías. no es ranro nuestra visión solicitada como
suscitada la mirada37•

La insistenda de Buder en la consustancialidad entre el /


cuerpo y el ergo muestra su olvido de uno de los puntos
fundamentales del psicoanálisis, que afirma precisamente
que el deseo surge por la inconmensurabilidad entre ti cutr­
Para
po y el sujeto.1 Lacan se da _una separación radical emre 1 !
el cuerpo y el sujeto, y enrre el sujeto y el objeto, lo cual !
configura el deseo y la imposibilid:id de su s:itisfacción. El :!
sujeto se halla s�parado de sí mismo. j
Otro de los problemas importantes de Cuerpos que 1
importan es la precariedad de las· referencias a Lacan en el
ccxco. A pesar de ser el autor más mendon:ido en el libro;
-Lacan-, las citas de sus textos son escasas, son erróneas,\
o están mediatizadas por otras lecruras de Lacan, por ejem-!
plo por medio del psicoanalista lacaniano Slavoj Zizek.
Estos malentendidos son especialmente graves en el capí-\
culo 7, "Dicucir con lo real", donde Buder intenta criticar
la noción de real de Lacan a través de textos de Zizek, que
a su va escfo mal citados. El análisis de Butler sobre lo real
se basa en una sustancialización de lo real, confundiéndo-
lo con "el referente", es decir, atribuyendo un contenido a
ese registro no discursivo e "imposible para el sujeto"38 que
Laam llama real.
Teoría queer y psicoanálisis
188

Butler argumenta en este sentido refiriéndose al ºuso que


hace Zifck del ·rearlacaniano para exponer la permanente
11
resistencia del referente a· la simbolización 39 • Su confusión
entre lo real y el referente (repetida varias veces en el citado
capítulo 7) recuerda a su confusión entre sujeto y ego, cuan­
do Butler dt.fint l.\ �id6n de L\can de este tnodo:

Siguiendo a Laan, Ziiek sostiene que el 'sujeto, se


produce en d lenguaje a través de un acto de forclu.sión
(Verwerfong) 40•

Conceptualmente, esa.frase no tiene ningún sentido.


Sin citar ningún texto analítico, Bucler confunde la teoría
del sujeto con la explicación que hace Lacan de la psicosis,
como fordusión dd Nombre-del-Padre. Buder viene a decir
que la formación dd sujeto es un proceso psicótico. Ni
Lacan ni Zizek han afirmado nunca tal cosa. Lacan afirma
, que el sujeto, en tanto que sujeto del inconsciente, se pro­
\_ d uce por un proceso de reprcsi6n (Verdriingung). En un
libro posterior, lenguaje, poder e identidad, Butler vuelve
a cometer el mismo error:

La ,ondición para la supervivem;ia del sujeto es pre­


cisamente la forclúsi6n de aqudlo que mis le 1men:1z:i41 •

En Cuerpos que importan. Burler inserta esca in tere­


sante nota:

En este sentido podríamos entender la rcpctici6n pcr­


form:ttiva de las normas como la acción cultural llcv:1da
a cabo por la repetición-compulsión según Frcud. Se tra­
taría de una repetición. que. no imcma dominar el placer,
sino que destruye complctamcnce d proyecto ele la domi­
nación. Fue de esta manera que L1can sostuvo en Cttt1-
'tro conceptos.fimdamtntalts tk/ psicoa11áliJiJ que la repetí-
Oueer y la can
,]89

ci6n marca el fracaso de la subjetivacióo: lo que se repi­


te en el sujeto es precis2mentc aquello que no se ha domi­
nado y_que quizá no se podrá dominar42•

Parece que Butler intuye una rdaci6n entre su noción',


de performativiead como algo que precede al sujeto, y. la
ob ra de Lacan. En realidad, se puede establecer un parale­
lismo, pero no en d campo de la repetición freudiana (que
c:n Lacan está vinculada a la pulsión de muerte y al goce, y
no como una acción cultural), sino por medio de la noción
de orden simbólico. Dd mismo modo que para Budcr exis­
te un dispositivo de �cglas previ� que el sujeto va a asumir
y repetir -pcrformacivid�d-, lo que Lacan llama orden sim­
bólico � el universo del lenguaje y dd sentido, como algo
que preexiste al sujeto; �uando el infom entra en ese orden
simbólico deviene sujeto. La diferencia con Butler es que el
orden simb6lico de que habla Lacm no es un conjunto de
reglas de comportamiento, o normas sociales o una matriz
hctellNGúal- (que ts como lo ihtetprtta Butlet y la mayo­
ría de las autoras queer), sino d lenguaje como taL
Judich Buder matierie una actitud ambivaicnte respecto
a Lacan. Después de haberle criticado abiertamente en sus
dos libros más importantes, El glnrro en disputa y Cuerpos
que importan, en un libro posterior de 1997, Mecanismos psí­
quicos tkipoder, Buder asume la posibilidad de utilizar la
obra de Lacan como un elemento de resistencia a la identi­
dad:

Desde una perspectiva psicoanaHcica, sin embargo,


podríamos preguntamos si la posibilidad de resim:ncia
contra un poder constituyente o subjc:civador puede deri­
varse de lo que está "en" el discurso o es ·del" discurso.
[ ... ] Desde una perspectiva lac:mi:ma, podríamos pre­
guntamos si los efectos de la p5iquc se agotan en lo que
Teoría queer y psicoanálisis
190

puede sc:r significado o si por el concrario, por encima y


en contra. del cuerpo significante, no existe un dominio
de la psique que se resista a la legibilidad.[ ... ] Según el
psicoanálisis, el sujeto no c:s equivalence a la psique de la
cual emerge [...J.
Cito un pasaje que ha rcsuh:ido muy útil p:ira quienes
hemos buscado en d psicoanálisis un principio de resis­
tencia contra las formas preestablecidas de realidad social:

"El inconsciente revela constantemente el 'fracaso' de


la identidad. Puesto que no existe ninguna continuidad
de la vida psíquica, ��poco existe ninguna estabilidad
de la identidad sexual, ninguna posición que las muje­
.res (o los hombres) pui'dan sencillamente alcanzar. Tam­
poco ve el psicoanálisis csrc 'fracaso' como una incapa­
cidad especial o una desviación individual de la norma.
E) 'fraciso' no es un momento que ha de lamentarse den­
tro de un proceso de adaptación, o del desarrollo hacia
la normalidad... el 'fracaso' es algo que se repite y se revi­
ve incesantemente a cada momenco 3 lo largo de 111ues­
rra historia individual. Aparece no sólo en los síntomas,
sino también en los sueños, en los lapms lingua� y en las
formas de placer sexual relegadas a lo.s márgenes de la
norma ... ha.y una resistencia a la identidad en el oencro
mismo de la vida psíquica"º·

/ Esca lectura del fracaso es importame porque connadice


la lectura habitual queer de la falca, de la carencia del suje­
to. Este concepto que está en la base de la obra de Lacan se
interpreta desde la crítica queer como una falta negativa, una
carencia de algún objeto anterior perdido, una deficiencia.
En realidad. la falca de Lican es productiva, no tiene un com­
ponente melancólico ni remite a un objeto que se J:ia po�í-
1 do alguna vez. La potencia de esa falca radica en su indecer­

; minaci6n, y en los efectos múltiples sobre la subjetividad.


Queer y Lacan
191

9.5. Cuerpos sexuados versus queerpos sexuados

Bourcier, siguiendo a Bucler, ha destacad<? la importancia


de distinguir sexo y género, ya que elfo pcrmi,e afirmar
una "discontinuidad radical enue los cuerpos sexuados y
los géneros social y culcuralmenre comstruidos''44• Aquí
aparece una afirmación importante que nos permite seña­
lar el papel que juega el psico�nálisis en el sisrema sexo­
género. La afirmación es que hay cunp.os sexuados. El psi­
coanálisis asume también esca afirmad6n, hay cuerpos
sexuados, y sexuados de formas "diferentes". Es la polé­
mica "diferencia sexuaJ"/Una de las crícicas más impor- \
canees de la teoría queer al psicoanálisis es precisamente \
que éste asume entre sus presupuestos la existencia de la
diferencia sexual. A partir de esto, se le acusa d� ser un
instrumento de la consolidación del binarismo hom­
bre/mujer, y de promover categorías de género binarias y
hereroccncrada.s (hom.bre relación muja). Pero lo que está
diciendo L_acan cada vez más claramenre desde los pri­
meros seminarios de los años cincuenra hasta Aún en 1972
es algo muy distinto, a saber:

Que exista una diferencia no si gn ifica que sepamos


en qui comiste cada uno de ·sus términos; que se hable
de hombres y mujeres no significa que el sujeto (ni
ninglln discurso científico o de otro tipo) sepa qué
es un hombre y qué es una mujer, ni que ambos con­
ceptos se refieran a realidades ontológicas; esto Lacan
· fo llama "la ley de la segregaci6111 urinaria.,: en las
puercas de los baños vemos un- letrero que pone
'hombre' y otro que pone 'mujer'; por oposición
entre ambos, el sujeto decide dónde entrar (ye no
soy un hombre, luego entro en el otro baño); pero
Teoría queer y psicoanálisis
192

la palabra hombre o el dibujito dd rostro con pipa y


bigote no nos dice lo que ES un hombre; es la opo­
sición binaria (estructural) emrc ambos significan-
0tes lo que permite tomar una decisi6n, pero ningu­
no de los significantes proporciona un saber o una
verdad sobre el sexo45 .
Que haya cuerpos sexuados no significa que el cuer­
po sexuado hombre deba ider\tificarse con los valo­
'res o imaginarios masculinos ni que el cuerpo
sexuado mujer deba adoptar valores o imaginarios
femeninos.
El psicoanálisis no se sitúa en la oposición que esta­
blece Bucler entre "los cuerpos sexuados y los géne­
ros social y culturalmente construidos,,, sino en otro
lug:u, el de los efectos que produce en un cuerpo
sexuado el hecho de ser parlante y mortal. Y uno de
esos efectos es, precisamente , que no se sabe qué sig­
nifica un cuerpo sexuado.

Psicoanálisis (Lacan):

Tener un Cuerpo 1 -------11)11- Efectos sobre el sujeto:


sexuado
+ Sujeto dividido: pérdida del ser
Ser parlante: por b entrada en el lenguaje.
+ Existe d inconsciente.
Ser morcal No hay saber sobre el sexo.
No hay relación sexual.
No sabe qué es ser hombre ni
qué es ser mujer.
Cualquier posición, identidad
o práctica sexual es posible
antt csr Yacio de �al-cr,
Oueer y Lacan
193

la diferencia fundamental e in-�ductible entre lo queer y


el psicoanálisis a que ÚJ queer hac� una lectu�a de las prdc­
tica1 sexuales nq normativa1 comofonnas de resistencia sim­
bólica y política, nunca como posiciones subjetiva1 de origen
psicológico_ o psicoanalítico, ni como estructuras ekl deseo. En ,
d cuadro I se exponen de forma grMica las diferentes lec­
turas o posiciones que: adopta la tc-orfa queer, por una par­
te, y el psicoanálisis, por otra, respecto a las práctiCl.S sexua­
les llamadas periféricas, desviadas o no normativas (véas e
cuadro l).
Se habla de escas prácticas como marginales o mino-\
rirarias, pero en realidad rodo el mundo ha probado en
algún momento de.su vida aJ guna o muchas de ellas. Pode­
mos plantear entonc es lo contrario: la sexualidad .. nor­
mal", la que propone el pensamiento religioso o políticos
ultra-reaccionarios como Bush (sexo sólo heterosexual y
sólo cópula pene-vagina y sólo para procrear, y sólo estan-
do casados; o mejor aún, castidad general) es una per­
versión sofisticadfsi ma, ya que reduce las posibilidades
sexuales a un cód1go tan estrecho que ni los códigos más
duros del SM se atreverían a intentar/Visto así, la pro- :
puesta sexual "normal" es la perverstón más grande, y la·:
práctica que nadie realmente vive!) es decir, la más mino-
ritari/La referencia al coito anal o a la felaci6n como,'
prácticas desviadas no es una exageración: en muchos esta­
dos -de Estados Unidos esas prácticas,· realizadas en pri­
vado y entre adultos, están legisladas hoy dfa como deli-
to sancionado con pena de cárcel.
Un aspecto que se debe destac;ir de la visión quecr es
que pone de manifiesto que todas estas ·prácticas están a
disposición de todos, es decir, que no se_ trata de un "ser"
(el fetichista, el sado, el masoca, ",el" perverso, categorías
clínicas o psicológicas, o "estructuras" en la jerga psicoa-
Cuadro 1 ¡

.e
Práctias y posiciones r:::
Lectura queer: "' Lectura psicoanalítica:
..no nonnativ.u
<
• Formas de resistencia simbólica. • Sadomasoquismo, cultura leathrr • Escruccun del deseo (perverso, fcci- �ñ
o
• Carácter político, público. · (juegos de sangre, curting, lluvia chista, homosexual). _,!!:
DI

• Subversión de las idenndades. dorada, caviar, humillaci6n, amo- • Posici6n csuble dd sujeto. iñ.
• Reapropiación y reinvención de esclavo, araduras, agujas, sltingr, • Elección subjetiva. ¡¡¡·

.
códigos. bow, fetichismos, exhibicionismo, • Teoría de las relaciones de objeto.
n
• Nomadismo, fluidez de csca.tegias. voyeurismo, cuero). • "Origen de ese deseo en los avata-
• Dcsaffo a la construcción social de • Camp, pluma. res de la castración.
los géneros y de los cuerpos. • Hipcrmasculinidad, vigorcxia. • Identificaciones anee la situación de
• Relaciones por consenso, pactadas. • Drag quttm. pérdida y no saber sobn: la scxuali-
• Rechazo a la significación !exual o • Drag kings. dad.
a b incerprecación psicológica o pri- • FiJrfuáing. • Imposibilidad de una sign ificación
vada. • Trmscxualida�, Transgénero F2M, sexual general, pero significaciones
• Desconfianza cenera el psicoanáli- M2F. subjetivas inconscifflt� de las prác-
sis ·por su tnyecto�ia homófoba. • Travcstwno. ticas.
• Análisis de aas práaicas en conta- • Lesbianismo (butthlftm, bollera, • Práctica priva.da analista-analizan-
tos de clase, raza, etnia, sociedad, rn.arimacho, dberpunk. vampiresa, te: narración secrera de las prácd-
historia (no sólo como "sexuales"). barbie... ). cas )' de sus si�niíic.idos.

• Gay (marica. don, oso, afwúnado, . l No hay hombres ni mujeres, sólo


top-bottom, politoxi, efebo, IN- sujetos castrados (luego todas esas
ther. .. ). prácticas son posibles. no hay nor-
• BisexuaJjdad. malidad).
• Gt11dtrfocking Godcgéniros). • Psicoanálisis institucional (IPA), no
• Pjcrcing, tatuajes, bra,uiing, modi- lacaniano: acritud homófoba con-
ficación del cuerpo (cirugía, hor- ua gays y lesbianas (p. ej. para la
monación). práctica del psicoanálisis).
• Hermafroditismo.
• Sexo imergenc:racional (mayores-
jóvenes).
• Drogas para sexo (popp�r, viagta,
kecamina, éxwis, GHB).
• Pornografía.
• Prostitución, trabajadores del sno.
• Sexo en público.
• Promiscuidad.
• Uso de objetos (dildo, cinruron
polla, vibradores).
• Sexo anal, oral ...
• Otras.
Teoría queer y psicoanálisis
196

nalítica ,- en todo caso, una especie de .. forma de ser" esta­


ble) que practicaría siempre un mismo tipo de sexualidad,
sino de registros y prácticas que uno puede adoptar en fun­
ción de luchas estratégicas, o de interescs momentáneos,
o de deseos de intervcnci6n sobre los cuerpos y los luga­
res, es decir, en función de contextos históricos y políticos.
Si bien es cieno que Freud fue el primero en reconocer
que la sexualidad humana era perversa polimorfa, decidió
utilizar el uso de términos como 'perversión', lo cual remi­
te siempre a una "normalidad" previa; hubi,era bastado con
decir que era polimorfa; éle rodas modos\ la ceo ría quccr
no �claciona esas prácticas con disposicio�cs psicológicas
o subjetivas -en el sentido de sujeto del inconsciente,
estructura del deseo.
Volviendo a la cuestión de los cuerpos sexuados, es
importante detenerse en la noción de rnerpo y en la de
sexuado.
i Para el psicoanálisis el cuerpo no � un dato natural o
biológico, sino una construcción imaginaria; la perccp­
. ci6n del cuerpo como totalidad es algo que se adquiere
(nunca de forma totalmente exitosa) a parti r de imágenes
que proporcionan quienes rodean al sujeto en sus prime-
,/Í'os afios de vida46 • Y la sexuaci6n tampoco es un dato
natural: la sexualidad de los seres parlantes está mediada
por lo simbólico; está separada de lo real (que es lo impo­
sible para el sujeto, según Lacan), una sexualidad poli­
morfa y acéfala. sin sentido, sin una garantía de comple-
! mcntaricdad ni de armonía. �n lo que insiste precisamente
J el psicoan:Hisis es en ese desencuentro radical- entre un
¡ cuerpo aparentemente se�uado de forma clara (g enitales
/ mas ulinos o femeninos) y la imposibilidad de encontrar

un saber. un lu�r scpiro y armónico respecto a la sexua-
'� \i.,lhi.
Oueer y la can
197

Para algunas autoras vinculadas a la teoría quecr47 el'


cuerpo tampoco es un dato natural o un hecho "mera­
mente:,, biológico, pero lo quccr afirma esto en otro sen-
tido completamente distinto al del psicoanálisis ( véanse
cuadros 2 y 3). Estas auroras analizan el cuerpo como un
producto de diversas tecnologías, entre las que se encuen­
tra d discurso médico-científico y sus intentos por "natu­
ralizar" el cuerpo· (y también el propio psicoanálisis, que /
es considerado un disp�sitivo de asignación de sexuali-/
dades). Preciado ha puesto de manifiesto las causas y los
efectos socio-políticos de fas tecnologfas del sexo en su
aplic.,ción sobre los cuerpos y su scxuación. Desde este
punto de vist:i, la sexuación tampoco es un hecho natu­
ral o físico o biológico, sino el producto de discursos, de
:ictos performativos y de intervenciones biopolíticas (véa­
se capítulo 7).

Cuadro 2

CUERPO

Quccr Psicoanálisis

• Conscrucción social-cultu- • Resultado de un proceso


raJ. imaginado (de imago).
• Producto del cécniais bio- • Estadio del espejo.
políticas. • Originalmente inconexo,
• Producto de tecnologías del incomplcco, órganos dis-
sexo/género. persos.
• Discurso médico, biología, • Fusi�n con el cuerpo de la
ciencia, técnia. madre'.
• Producto cibernético (cy-
borg), conectado a máqui-
i nas.
1
Teorla queer y psicoan61isis
198

Cuadro 3

SEXUADO

Quccr Psicoanálisis

• Consuucción social-culru- • Resultado d e un proceso


r.tl. simbólico. subjetivo (cas-
• Sexo como cec:nología. nación).
• Conjunto de discursos psi- • Disparidad entre sexo bio-
quiárricos. psicoanalíticos, lógico y posición subjetiva
sexológicos. defl deseo.
• Dispositivo de sexualidad • No hay rdación sauaJ.
(Foucaulc): hallar una ver- • No hay armonla encre los
dad sobre el sexo de cada sexos ni saber.
uno. • Experiencia del sujeto que
• Diferencia sexual: pretexto conduce a la imposibilidad:
p:ira crear sistemas de géne- h:iy diferencia pero no se
ro heccroccncrados y bina- sabe en qu� consiste (falo:
rismos de sexo. significante de esa imposi-
bilid:id).

9.6. El tacón de Aquiles: la ..cuestión homosexual"

El desplazamiento epistemológico que ha trazado la teoría


queer desde hace quince años no sólo ha pillado con el pie
cambiado a los estudios académicos sobre el género y a los
discursos dominantes de los colectivos de gays y lesbianas
(gay and ltsbion ttudits, o gmder studits). iTambién el psi-·
coanálisis,- incluyendo el lacaniano. se equivoca al pensar
que debe "modernizarse.. y comenzar a abordar con mayor
amplitud de miras, o con menos homofobia, la· "cuestión
/de la homosexualidad" .l:J �a de�iad� t�rde. Cuando las
, .
auroras·queer han abandonado hace muchos años el tema
Queer y Lae:an
199

de 'la homosexualidad' mostrando que es un cascar6n vado,


y denunciando la impostura de plantearse la "cuestión"
homosexual, aterriza en este terreno baldío el psicoanáli­
sis, recuperando una posición y un lenguaje que desde un
punto de vista quccr no s6lo no cicnc ningún inccr�, sino
que participa del propio dispositivo hecerocencrado que lo
quccr lleva denunciando desde hace más de 15 años.
Por ejemplo, en los últimos años han aparecido en Fran�
\
cia algunas publicaciones lacanianas sobre "el inconscien-
te homosexual", .. los homosexuales hoy", "psicoanálisis y
homosexualidad", ere., donde se encona una especie de mea
cwpá, se rccofióce la homofobia institucional dd psicoa­
nálisis y donde se ..analiza" ·'la homosexualidad' desde pers­
pectivas menos patologizantes, o donde se d�ende que 'la
homosexualidad' no es una enfermedad, ni una desviación.
Esta proliferación de explicaciones y posiciones, además de f
ser tan variada y contradictoria que no resiste un análisis ;
lógico, deja de lado el principal problema, y es que cual-/
quier empresa de "explicación" �e 'la homosexualidad' es ¡
ya un disparare en sí misma y revela una posición episre- /
mológica sospechosa desde un punto de vista queer. \
Desde las fil(i)as lacanianas (que como vemos son muy·
vlriadas e incluso contradiccori:is) encontramos explica­
ciones como las siguientes:

Para Freud la homosexualidad es una orientación


sexual como otra cualquiera, tan problemácica como
la heterosexualidad.
- Para Lacan la homosexualidad no es una orientación
sexual, es una perversión, pero no está dentro de las
perversiones sexuales, sino de la estructura perversa.
Lacan afirma que la perversión está presente en codas
las manifestaciones del amor.
Teoría queer y psicoanálisis
200

La perversión es la estructura universal de la perso­


nalidad.
Las parejas formadas por gays o lesbianas no debm
adopcar niños porque les educarán en una idencifi­
cación narcisista incapaz de asumir la diferencia
sexual.
Las parejas formadas por gays o lesbianas puedm
adoptar niños porque la función del Nombre-dd­
Padre es una posición simbólica que puede adoptar
cualquiera y que no tiene nada qiie ver con un padre
real de carne y hueso.
La homosexualidad femenina tiende a la histeria y
la rivalidad sexual, en cambio en la masculina encon­
tramos uno de los fundamentos del vinculo social.
n
Lacan nunca intentó "curar a sus pacientes homo­
sexuales en. el sentido de transformarles en hetero­
sexuales.
Lacan fue el primero en aceptar pacientes homose­
xuales, y nunca estuvo en contra de que: pudieran
ser psicoanalistas.
Lacan hace del amor homosexual una perversión y
del deseo perverso la quintaesencia dd amor sublime.
Las parejas homosexuales producen niños simbóli­
camente modificados.
Lacan se expresa en ocasiones de forma insulcance
para referirse a los homosexuales, pero no por una
actitud homófoba, sino porque se expresaba de for­
ma insulcante con casi codo el mundo.
La homosexualidad masculina es un:i perversión,
pero la femenina no, porque no existe homosexua­
n
lidad femenina, sólo es "histeria realizada .
La homosexualidad cuestiona la existencia de la dife­
rencia sexual, lo cu:il es intolerable.
Oueer y la can
201

La homoscxuaüdad es algo normal, a diferencia de


prácticas perversas y patológicas como el fetichismo
o el sadomasoquismo 48 ,

Esta última es una de las afirmaciones más inquietantes


desde un punto de vista queerJ La lucha que han iniciado los
psicoanalistas homosexuales ·en el seno de las asociaciones
mundiales de psicoanálisis se basa en el intento de "salvar" a
'la homosexualidad', separarla de las "verdaderas" prácticas
patológicas y perversas (fetichismo, sadismo, travcstismo,
etc.). Y se celebra como un éxito progresista afirmaciones
como la dd psicoanalista (de la IPA, no lacaniano) Ralph
Roughton, cuando reconoce "la existencia innegable de muje­
res y hombres homosexuales sanos y maduros"�9/Después de
cien afias de homofobia institucional, el poder/saber analfti­
co reconoc.e que existen [al gunos] homosexuales sanos y madu­
ros.
La frase "la existencia innegable de mujeres y hombres
homosexuales sanos y madu�" es tan reveladora que mere­
ce que se analicen cada una de sus palabras:

- la existencia: se constata que existen homosexuales


(se vuelve a reforzar 'el homosexual' como especie);
inmgabk: ya no se puede negar como antes dicha
existencia (había una existe.ocia negada y negable);
mujerrsy hombm: hay homosexuales de ambos sexos
(y sigue habiendo hombres y mujeres);
- homosexuaks: se sigue utilizando el liumillamc tér­
mino patológico que inventó la psiquiatría/medici­
na en el siglo XIX;
sanos: una va. más, el concepto de salud opuesto al
de enfermedad (y un psicoanálisis que establece que
existe 'lo sano' y que sabe quién lo emí y quién no);
Teorl1 queer y psicoeni lisis
202

la palabra recuerda la mirada del comprador en el


mercado de esclavos o de ganado;
maduros: otro término propio de la psicología más
rancia, que supone un modelo "dcsarrollisra" del suje­
to teleológico, donde el ser -pslquico- va progre­
sando en una evolución po�iriva de menos a más, y
donde el homos=al sufre una "fijación" que le impi­
de llegar a ese deséino universal que es la hetero­
.scxualidad.

Además la frase se plantea como una excepción, algo así


como: "de entre la mayoría de esos seres degenerados que
son los homosexuales, hemos consratado que existen algu­
nos especímenes que están sanos y que además son madu­
ros".
Esta especie de salvación dd homosexual se enfrenra a
un análisis queer en dos puntos cruciales:

El h,gar tÚ sabtr que ocupa el psicoanálisJ.s cn la socie­


dad y el Estado, lugar desde el que puede dccidir
sobre el estatuto mrntal, social, jurídico y legal de
los 'homoscxuales';¡por ello encontramos en Fran­
cia a muchos psicoanaliscas opinando en la prensa y
la televisión sobre si los homosexuales tienen dere­
cho o no a c:asarsc o a adoprar; en Espatía ese lugar
lo ocupan sobre todo los curas católicos y los psicó­
logos, sin que nadie explique por qué .son ellos los
que pueden decidir, en vez del colectivo interesado.
(véase el cuadro de Gayle Rubin "La jerarquía
sexual", capítulo 6).
- La diferenciación mtrt una uxua/idad-nonna/ (en
cuyo templo sagrado puede entrar por fin el homo­
sexual eras implorar durante años que le dejen cjcr-
llueer y Lacen
203

cer como analisca, que le saquen del cac:ílogo de


enfc:rmedades mema.les y que le dcjcn de insulcar), Y.
un:i u:rn.zli,lul p<'ri·rtrs,z-p,ucJIJgi,.i (d rcstu de: scxua- ·
lid:idcs quc:cr: fcci.:hismo, S:J.dismo, tr.1,·cscismo, et.:.):,

fute es principal error -0el enfoque que adopta el psico­


análisis (incluso el más progresista, pro-gay o pro-queer):;
que no ha comprendido que no hay una "cuestión" homo�;
;rna! S-O y 'fUC la &corla 'fUCcr n,estwnu mdic11lmcr1u Ju,far«la!
mmtos epistmwMgi,w tklpsicoanÁÜsis, tÚ motki que no es posi�
bk una �recuperación' de le quter por partt delpsicoandliJis,\
como "compkmmto" o "mtjora": no están hablando tÚ una mis-:
rna rralidad/Fl "no hay relación sexual" de Lacan no se pue­
de leer eó el mismo registro de la critica a la categoría de·
hombre y mujer que rcaliz.a Preciado; d "La mujer no exis­
te" de Lacan no se lec en d mismo registro dd "la-mujer no
existe" de Witcig. ,Desde un punto de vista quecr no tiene
sentido hablar de 'homosexualidad' o de 'los homosexuales'
como si fueran realidades objetivas o posiciones o esrrucru­
ras escables (como hace d psicoanálisis).
La pregunta que da tirulo al artículo de Ro ughton es ya '\
una injuria en s{ misma: "¿Psicoanalista y homosexual?"
(prcgunra que asume la regla que desde 1921 prohibe a los
homosexuales ser psicoanalistas: ¿están capacitados los homo­
sexuales para ser psicoanalista's?). Pero la prcgunra se puede
hacer al revés, desde un punco de visea quccr: ¿están los psi­
coanalistas capacitados para ser queer? Probablemente no.
Podría hablarse de la inmadurrz de su enfoque heterosexis-
1
ta, de su incapacidad para pensar sin la diferencia sexual, de.
una tÚttnción prrcoz tn el desarrollo de la diversidad sexual, ( 1
de una fijación /ibidina/ infami/ con el falo, de su insiscen-i
cía en hacer una lectura d e las pcrformances de g<!ncro en/
términos de trtructuras o de rralidatk�psíq uicas. Esca des-',
· Teoria queer y psicoanálisis
204

cripción iróni� e insultante del psicoanálisis provocaría la


ira de cualquier psicoanalista. Sin embargo, ese lenguaje
obsoleto de la perversión y la madurez sigue siendo mone­
da común entre el psicoanálisis, incluso entre algu nos que
se reclaman seguidores de Lacan/Como acabamos de ver,
a lo que apttnta la critica queer no es s61o al lenguaje de la
patología (esa crítica ya la·habían hecho los movimientos
de liberación de gays y las lesbianas desde inicios dd siglo
XX hasta la actualidad), sino a/propio lugar desde ti lf1ll habla
elpsicoandlisis, J a sus categorlm btisicas de pensamiento.
Se da además otra contradicción en estos intentos de
salvar de la quema a los-homosexuales. Uno de los argu­
mentos que dan algunos psicoanalistas no homófobos es
que la categoría de perversión hoy día no tiene connota­
ciones patol6gicas}(algo que es difícil de creer, al menos en
su comprensión desde el lenguaje cotidiano y desde su ori­
gen histórico). Sería como decir que, en cierto sistema de
pensamiento peculiar, cuando lfamamos a alguien 'bruja'
ello no tiene connotaciones morales, ni negativas, ni eso­
téricas, ni religiosas, sino que es una bruja de otro tipo, con
otros valores(¿?). Es más, los psicoanalistas insisten en que
·coda la sexualidad es intrínsecamente pervcrsa.lEntonces,
si esto es cierto, se plantea ]a siguiente pregunta: ¿para qué
seguir usando esa categoría tan redundante? .Sería como
hablar de 'sexualidad sexuada' .J Si todas las sexualidades son
complejas, polimorfas, infinitamente variadas, sin referen­
cias, sin garandas, sin esencia, sin fundamento biológico o
natural, si no hay armonía entre ]os sexos ni una ley gene­
ral que defina lo normal... ¿para qué seguir hablando de
perversión, categoría que por definición se refiere a una
norma o ley que se trasgrede e invierce? Es un contrasen­
tido lógico hablar de una inversi6n de la ley y a la vez decir
que no hay tal ley.
Oueer y La can
205

Otra corriente de psicoanalistas lacanianos franceses,


pencnecienccs a la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis,
han iniciado un acercamiento más directo a la teoría qucer:
por ejemplo, Jean Allouch, por medio de la revista
l'Umbévue y de la Editorial EPEL, y Mayettc Viltard, Isa­
belle Mangou y A. M. Ringenbach con la revista Clinic
Zones. Esta escuela ha iniciado la traducción (no siempre
cuidada) y publicación de importantes clásicos de la teo­
ría queer�'.
A pesar del in tcrés que manifiesta dicha escuela por la\.
teoría queer, esta reacción parece tratarse más bien de una
puesta al día ce6rict. La ceorfa qucer lleva muchos años
anali1ando y criticando el psicoanálisis en profundidad. y
publicando numerosos libros y revistas donde se utiliza el
psicoanálisis en los estudios de género, de :me, literatura
y cine; algunos psicoanalistas han tenido conocimiento
últimamence de esta ingente obra Y. han decidido intentar
rellenar esa laguna tan llamativa.Mablando en lenguaje ;
�a
psicoanalítico, podría decirse que teoría queer es el sín- /
toma del psicoanálisis, un silencio que expresa que de 'eso· i
no quiere saber nada. Hablando en lenguaje queer, podría-·.
mos decir· que esta cuestión es el tacón de Aquiles del;
psicoanálisis, el héroe griego intenta travestirse pero no¡
sabe andar con plataformas, y va dando tumbos entre las \
1
ruinas de su propio discurso._,E.l cuestionamiento radical :
que supone la propia teoría quccr hacia el campo cpistc- :
mológico en que está instalado el psicoanálisis marca un
abismo que nadie parece querer franquear5 ;( Este acerca- .'
miento a lo queer parece más bien una nueva estrategia
para adquirir un semblante de "modernidad", dar al psi­
coanálisis lacaniano un barniz "alcc:rnacivo", para mejorar
su imagen actual: un discurso heierocenrrado, replegado
a una práctica privada, colapsado por las luchas intestinas
Teoría quoer v psicoanálisis
206

sobre la herencia incclcctual de Lacan y por la esclcrociu­


ci6n de una jerga cada vez más cerrada e ininteligible.
El psicoanfüsis 'qum' podría d�r una im3gen m.ís iritc:rc­
samc y seductora, pero al fin y al cabo sólo eso,· una imagen,
algo cosmético que queda en la superficie, sin cuestionar
radic.ilmcntc el propio lugar de enunciaci6n del psicoa­
nálisis.

Notas

1. Lacan, J., A,in, Seminario XX, "P· rir., p. 35,


2. Op. rit., pp. 1, 4-15.
3. Pereña, F., ''Discurso y vínculo social: discurso perverso y excep­
. ción psicótica", en Reyes, R. (ed.) (1993), Critica tkl ltngua­
jt ordinario, Ediciones Libertarias, Madrid, pp. 112 y 115.
Par3 otras críticas al capitalismo desde un punco de vista l:i­
caniano véase también Alemán, J. (1993), Cumionts anrifi/o-
_sóflcas m ]11Cques Lacan, Editorial ATUEL, Buc:nos Aires,
pp. 13-55.
4. I...:ican, J., ºPosición del inconsciente", en Esmros, op. cit., p. 811.
5. Alemán, J. (2003 ), ·Noca sobre la tesis de Jacques Lac.m: 'No
hay relación sexual "', en NotllJ Anrifilosófi,as, Grama Edico­
rcs, Buenos Aires, p. 27. Texro. publicado en la revista elec­
tr6nic:a quftr hartu.com: Jmp!//www.huw..com/suistcñ-
cia.hcm.
6. Lac:m, J. (·1988), La ltica dtlpsiroa111iliris: Stminario Vil. Pai­
dós, Buenos Aires, p. 17.
7. L:ican, J. ( 1992), El rrvmo dtlpsicoantflisis: Seminario XVI/, Pai­
dós, Barcelona. p. 34.
e. Para un análisis minucioso del caráccer ancifilosófico y ancimc­
raflsico dd psico:málisis de Lacan véanse los libros de Jorge AJe­
mán Owrionts anrifi.wófioo mjaa¡un l.Ac11n y LA,1111 m la razón
po1mod�r1111.
Ouoer y lacar.
207

'). Esta posición Jd s�xo c:n lo n:-Jl ha si<lo d«!S�rrolbJa por Jo�\11
Copj�c. "Scx :md thc Eur:masia of R�son", � Ri.·,ul my DtJirt:
Ldflltl ,1g,limr dJt Hinoridm, Cambriugr, MIT Pn.·�, 1994,

10. Lacan, J.» La lric,1 d(/ psicoa,uíiisis, op. cit., p. 13.


11. Kosofsky Sedgwick, E. ( 1993), Tm�nria, Dukc Univcrsi(}' Pr�..
Durham, pp. 8 y 20 respectivamente, énfasis en cursiva en di
original.
12. Lacan,J. (1991), Seminario VIII, ú, Tra11sftmuia, Scuil, París,.
p . 43.
13. Lacan, J. (1994), La rtlación dt objtto, op. cit., p. 196.
14. lbáñez, J., Por una sociología tÚ kt vida �otidiana, op. cit., p. 79.
El texto de Francisco Perdía es "En torno a la diferenci:1 de los
.,
sexos , Revista de la kociadón Española dt Nturopsiquiarrla,
n. 0 O, 1981.
15. Sobre la relación enrre psicoanálisis y ciencia, véase mi ardculo
u El sujtro exduido", tn Afthipil!A ", Al hDrJt dtl Jujtl4, n. 23,
0
J
invierno 1995, pp. 55-60.
16. Rubin, G., ªThc: Traffic in Womcn: Notes on thc: 'Policic;il Eco­
nomy' ofSex", op. dt., pp. 191-192.
17. L:ic:m, J. (I 970), .. Pour un e logique du fant:i.smc", Srilktt, n.°'
2/3, Parls, p. 259.
lR. De: Laurc:tis, T. (1992),Alidaya no, Citcdra. Madrid, pp. 41-
42. Para una discusión m�s profunda de Ter� de L:iurcris co111
el falo lacaniano, véase su libro Tht Practiu ofLovt: lesbian
&xuality and Ptrvme Derire, Indiana Univcrsity Prcss, lodian:i­
polis, 1994, en espcrul el c:tpfrulo 6 "Perversc Desire", pp. 254-
297.
19. Bourcier, M. H. (2002), Qu;tr r.tJn�s, BalLmd, París, p. 80. Se
echa en falta en estas crldcas al psicoanálisis lacaniano alguna
referencia a ccxcos concrccos de Lacan, que no es citado ni una
sola vez directamente.
20. Op. dr., p. 87.
21. Op. cir.• p. 89.
22. Lacan, J., en Escritos, op. cir.• pp. n4 y 778.
23. De Lauretis, T. (1999), "Construcciones en el análisis o la lectu­
ra dcspu6 de Frcud", ro Burlcr, J., EbcrtT., Fuss D., De Laurc­
cis, T., Fnninismos littrarios, Arco!Libros, Madrid, pp. 194-195.
24. 13ourcicr, Quttr unn, op. cit., p. 90.
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25. Lacan,.J., LaÍtica d�J /JJÜ-OllndÜJil, op. cit., p. 361.


26. Op. cit., p. 361.
21. Op. cit., p. 362.
2s. Op. cit., p. 362.
29. Op. cit., p. 372.
30. Op. cit.• p. 373.
31. Op. cit., p. 375.
32. Soler, C., "Incidencia política del p5icoanali5ta". A11altcta 4,
Nnvinnhrul, 1993. Gr.ir.:a�, Rnlt>t{n cit- b Rihliorec:1 F.C:FC
33. Lacan , J .• El rtVtrSO tk/ pticoanáwis, op. cit., p. 31.
34. Butlcr, J. (1993), Bodfrs that Matur, Routlcdgc, Nmi;va York,
p. 262, nota 23.
3S. Lacan, J. (1977). Los cuatrÓ conceptos fimd11menrale1 del p1ico11-
1ullisis: Semin11rio XI, Barral E<licorcs, Barcelona, p. 113.
36. Lacan, J. "Posición del inconsciente", en Escrito1, op. ár., p. 828.
37. Op. cit., p . 2n. Cursiva origin:tl.
38. Op. cil., p. 173.
39. Butlcr, J. (2002) , Cuerpos q11e import(ln, P;1idós, B:trcclon:t,
p. 208.
40. Op. cit., p. 270.
41. Buder, J. (2004), únguaje, poder e identidad1 Slntcsis, M:tdrid.
En una nota Burlcr analiu la difc:rc:ncia que hace Lican entre:
Vtrwerfong y Vtrdriingung, pero ella no la aplica coherentc:­
mente en su propia argumentación , Cuerpos q11e importan,
p. 271, noca 3.
42. Butlcr, J. (2001), "'Críticamente subversiva", en MéridaJiméncz,
R- M. (cd.), Se:ma/iáAda transgresoras, ·op. cit., p. 64, nora l O.
43. Budcr, J. (2001), Mecanúmos psíquicos delpoda. Teorlas sobrt la
sujterión, Cátedra, Madrid, p. 11O. La cita que: incorpora Butler
es del libro de la feminista lacaniana Jacqucline Rose (1987),
&xuality in tbe Field ofVi1ion, Verso. Londres, pp. 90-91.
44. Op. cit., p 106.
4S. Jesús lb.íñcz contaba una anécdota bastante cómica: el decano
de una universidad, q ueriendo velar contra la promiscuidad
(hetcro)sexual entre alumnos y alumnas, decidió poner juntos
dos baños sólo pan chicos en un ala de la facultad, y dos baños
para chicas en el otro ala; el resultado fue el contrario del desea­
do: todos, chicos y chicas, entraban indiscintamcnrc en todos
Queer y Lacan
209

los baños, porque no cxisda una diferencia de oposición bina­


ria encre las dos puertas de un ala (las dos tenían la pal.abra hom­
bm) ni en las del otro (las dos con la palabra mujtm). Sobre: d
género y los v:íteres. véase también "Basura y género". de Bea­
triz Preciado. en www.hanza.com/basura.hcm.
46. Para esca lectura del cuerpo, véase Lacan. J., "El estadio del
espejo como form:idor de ha función del yo [je] t::tl y como se
nos revela en la experiencia psicoanalítica", en Em-itos, op. cit.,
rr- R6-94.
47. Haraway, D. (1995). Ciencia. ryhorgr y mujan úz rtinvtndón
de '4 naturaleza, Gítedra. Madrid, Preciado. B., Manifimo co11-
rra-uxzu1J, op. cit.: Kessler. S. J. (1998). ÚThc Medicnl Cons­
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48. Todas estas afirmaciones contradictorias, y muchas más, las
podemos encontrar en la revista CliniqurI Méditrrranlmnes,
n.0 65. afio 2002, pp. 7-34. "Les homosexuolités aujourd'hui:
un déf'i pour la psychanalyse?", Éres, París, en especial en la
entrevista a Élisaberh Roudincsco, "Psychanalysc et homose­
xualité: réflexions sur le désir pcrvcrs, J'injurie et la fonction
paternclle". donde: la autora recorre los diferentes discursos
actuales de los lacanianos sobre este tema, y donde ell:a man­
tiene una postura abiertamente :mtihomofóbic:i, aunque no
se plantea en ningún momento el abandono del término
'homosexualidad'. Hay todavía más opiniones y análisis, algu­
nos claramente homofóbicos y otros más utolcrantcs", en 'Tin­
conscicnc homoscxud". monográfico de la revista la Ca11sr
f,nuliemu, n. 0 37, París. octubre 1997, y en l.i revista út Cli-
11iq1te lacanimne: "Homoscxualít¿s", n. 0 4, mayo 2002. Para
una crítica de estas dos revist2S, véase el artículo de Didicr Eri­
bon, ªCommcnt on s'arrange", Cliniq,us Médi1erranlemm,
n.0 65, año 2002, pp. 203-219.
49. Roughton, R.• "Psychanaliste et homoscxuel?", Rtvuefir111r11ile
de psyd,anaJysr, n.º 4, 1999, t. LXIII, p. 1281.
Teoría queer y psicoanálisis
210

50. Sobre este tem3, véase mi articulo Mln cuestión homófob:i.'". en


la revista Infogai, n. 0 123, m.:irz.o 2002, Barcelona, p. 9."
51. Han, Entrt rorpr rt rhair. Sur la pnformanrt sadomas«histe. BucJc:r
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trir; Buder, MauvaiJ gtnrr; Halpcrin, Sllint Fouta11/t (pero sin el
caphulo sobre las lecturas de la vida privada de Fouc.iulc de '.a
versión original en ingl�). y Ont ans d1,omosaualitl. tl autr.s
essa;s sur /'amour gr«, tod0$ en la Editorial EPEL, colección "Les
grand.s dassiques de l'érorologie modcrne". M:is información en
hnp://www.ccole-lacanienne.nec/, web que adem�s tiene una
interesante biblioteca on-/ine graruira de textos de Lacan.
�2. Una excepción honrosa es Jorge Alemán.
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,Es la teoría queer el tacón de Aquiles del psicoanálisis,
"eso" de lo que no $e quiere 5aber nada? ¿E$ la obra de
Lacan un paradigma heterocen trado, o plantea nueva s
line as de fuga para disolver lt1 ·esperanza de un suj,to
completo y la presunta armonía entre los sexos? ¿cuál�
son los desafíos actuale s de la teoria queer y de su práctica
pQlítica?
El p�ente libre es una aporutclón crítica a los estudios
qt.,eer y al psicoanálisis. Presenta una Introducción histórica
y epistemológica a la teorla queer, y a los trabajos realizados
en España en los últimos años en este campo. Dado que
dicha teoría se ha construido desde sus inicios en un debate
permanente con/contra la teoría psicoanalítica (ButJer,
De Lauretis, Rubin, Wittig), en el libro se �razan los mapas
de este debate, sus posibles conexiones, sus incompa­
tibilidades y sus malentendidos. Asimismo, se pone de
relieve la capacidad subversiva del psicoanálisis a través
de la obra de Jacques La can en lo que se refiere a las for­
mas de la subjetividad y a las identidades sexuales.

Javier Sáez (Burgos, 1965), so ciólogo y traductor, es


especialista en historia de las cien,cias, psicpanálisis y teoría
queer.

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ISBN 84-9756·182·1

-
EDITORIAL
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