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Viktor Frankl. Un ejemplo de resiliencia.

Marcela Valencia Amado


Viktor Frankl fue un individuo resiliente, quien gracias a encontrar sentido a su vida sorteó
exitosamente diversas situaciones adversas y dejó como legado maravilloso una forma de terapia
existencial y humanista: la Logoterapia.
Diversos autores han propuesto definiciones de resiliencia una de ellas es la habilidad de
transformar el desastre en una experiencia de crecimiento y continuar avanzando (Polk,1997). La
resiliencia es la capacidad dinámica para recuperarse y generar una conducta adaptativa y con
resultados favorables a pesar de las graves amenazas para la adaptación o el desarrollo generadas
por una situación adversa (Ortunio y Guevara, 2016).
Polk (1997) describe cuatro constructos que subyacen a la resiliencia: patrón disposicional
(atributos físicos y psicológicos), patrón relacional (características de las relaciones con
familiares y amigos y sociales), patrón situacional (valoración cognitiva de la situación, de las
habilidades y de las limitaciones propias, y actitud ante los problemas) y patrón filosófico
(creencias personales respecto al sentido de vida).
En la vida de Viktor Frankl podemos identificar elementos de estos cuatro constructos que lo
formaron como una persona resiliente.
En cuanto al patrón disposicional, resulta evidente su inteligencia sobresaliente desde la
infancia. En su adolescencia inició su interés por las ciencias naturales y las concepciones
filosóficas. En la época de estudiante de bachillerato, tuvo contacto con distintas escuelas de
psicología e inició comunicación epistolar con Sigmund Freud. A los 19 años publicó su primer
artículo y a los 20 años ya formaba parte activa del grupo de Adler, del cual fue expulsado
posteriormente. Continuó sus investigaciones y en 1926 habló por primera vez de Logoterapia,
siendo aún estudiante de medicina (Velásquez, 2007). Estas características dejan entrever su
sentido de maestría, conocimiento del valor propio, autoestima, confianza en sí mismo, auto
eficacia y autonomía, características propias de una persona resiliente.
En cuanto al patrón relacional llama la atención la cercanía emocional con la familia y con la
esposa. Frankl creció en una muy contenedora familia judía, cuyo padre tenía sólidos principios
y cuya madre se caracterizaba por ser una mujer de alma bondadosa y de corazón piadoso.
(Velásquez, 2007). Poco antes de contraer matrimonio con Tilly Grosser, le fue ofrecida la
oportunidad de obtener una visa para viajar a los Estados Unidos, en una decisión que refleja el
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compromiso que tenía con su familia, decide quedarse en Viena. Pocas semanas después toda la
familia Frankl (excepto su hermana quien había huido a Australia) fue deportada. Aunque de su
esposa se despidió en Auschwitz, su imagen, su presencia y el amor que le profesaba lo
acompañaron en momentos críticos en los años que estuvo en los campos de concentración
(Frankl, 2004). La cercanía emocional es un factor importante en la constitución de resiliencia.
El patrón relacional también contempla aspectos sociales, el tener múltiples intereses y
hobbies, el compromiso con la educación, el trabajo y las actividades sociales. Viktor Frankl
tenía múltiples intereses, era estudioso, médico, psiquiatra, filósofo, alpinista, coleccionista de
lentes y a los 67 años se hizo aviador. Su compromiso con el trabajo queda ejemplificado en su
decisión de permanecer como médico de unos prisioneros que serían transportados a un campo
de reposo, viaje que potencialmente podría llevarlo a la cámara de gas y en los esfuerzos hechos
por ayudar a los prisioneros a encontrar el sentido a la vida.
El patrón situacional se refiere a la aproximación cognitiva que se hace de los estresores y de
la propia condición. Las diversas situaciones límite vividas en el campo de concentración que se
relatan en el libro “El Hombre en Busca de Sentido” hacen ver, en Frankl, una evaluación
realista de la situación y de las propias capacidades y limitaciones, de las posibilidades de acción
y de las expectativas y consecuencias de esa acción, a pesar de lo impredecible de muchos de los
eventos, dados los caprichos del destino y de los kapos. Por ejemplo, mientras estaba encargado
del pabellón de internos con tifus, una de las situaciones más apremiantes era mantener el
pabellón limpio y las cobijas adecuadamente dobladas al momento de la inspección, no se
esperaba más de él y se centraba en lo fundamental.
El patrón filosófico incluye las creencias personales. La visión antropológica del judaísmo
permea ampliamente la visión de Frankl, es necesario tener presente que su padre era judío, fiel a
sus principios y la madre era nieta del rabino más importante de Praga. La importancia que da al
sentido de cada vida individual, recuerda la concepción del judaísmo de que cada ser humano es
como Dios: creador, responsable, comprometido con sus realizaciones. En este sentido cada
hombre solo será imagen y semejanza de Dios en el momento en que realice y concretice su idea,
ya que no se le juzgará por sus ideas, sino por sus acciones. Igualmente se resalta la unicidad y
singularidad de cada individuo que confiere sentido a su existencia.
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Es un ejemplo de resiliencia que la vivencia en el campo de concentración permitió que


Frankl compartiera con sus compañeros de forma vivencial los postulados de la Logoterapia,
como son los valores de creación, experiencia y actitud.
Observamos los valores de creación cuando se menciona que habría cosas que sólo esa persona
podría hacer. Este valor fue uno de los principales que mantuvo a Viktor Frankl con vida,
cuando lucha contra los delirios causados por el tifus, haciendo anotaciones de las ideas del
manuscrito que le fue quitado al entrar al campo de concentración en pequeños pedazos de papel.
Se manifiestan los valores de experiencia en el amor profesado hacia su esposa, que le
permitió subsistir en situaciones particularmente penosas:
“… el amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su sentido más
profundo en el ser espiritual del otro, en su yo íntimo. Que esté o no presente esa persona,
que continúe viva o no, de algún modo pierde su importancia” (Frankl, 2004, p.66).
Los valores de actitud se evidencian en diversas partes de la obra de Viktor Frankl, cuando
manifiesta “…al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades
humanas -la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su
propio camino.” (Frankl, 2004, p-90)
La voluntad de sentido fue centro de la vida de Frankl: “Debemos aprender por nosotros
mismos, y también enseñar a los hombres desesperados que en realidad no importa que no
esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros” (Frankl,2004, p.101)
El aporte de Viktor Frankl es el producto de una vida coherente con sentido, marcada por la
resiliencia y por la elección de hacer lo mejor con lo que hay.

Frankl, V. (2004). El Hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder.


Ortunio, M. y Guevara R., H. (2016). Aproximación teórica al constructo resiliencia.
Comunidad y Salud, 14 (2), 96-105.
Polk L. V. Towards a middle range theory of resilience. Advances in Nursing Science, 1997;
(19):1-13.
Rozo, J. (1998). Viktor Frankl (1905-1997) o el sentido de la existencia. Revista
Latinoamericana de Psicología, 30 (2), 355-361.
Tapia, A. M. (2016). Reflexiones acerca de la visión del hombre en el judaísmo. Cuadernos
Judaicos, 333:326-336.
Velásquez L.F., (1997). Viktor Emil Frankl: el médico y el pensador de una vida con sentido.
Iatreia, 20(3), 314-320.