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Martin Buenfil Cob

La soberanía de Dios
Arthur W. Pink

Como creyentes no debemos pensar que alguien fuera de Dios tiene el control de las
cosas que suceden en nuestras vidas. Debemos creer en lo que la Biblia dice y caminar por
fe, por lo tanto, creer en la Biblia cuando dice que Dios hace según su voluntad tanto en el
cielo como en la tierra.

La enseñanza moderna tiene un concepto muy diferente de Dios. Presenta un Dios que
quiere salvar a todo el mundo, pero debido a que muchas personas mueren sin ser salvos
seguramente ha de sentirse desilusionado de no cumplir su voluntad.

La Biblia nos enseña que Dios es soberano en la forma en que usa su poder, es soberano
en la forma en que concede su poder, es soberano al otorgar su misericordia y es
soberano al otorgar su gracia.

La soberanía de Dios va más allá de las vidas de los hombres, Dios es soberano incluso de
la naturaleza, animales, plantas e incluso las cosas que no tienen vida, como el clima, el
viento y el mar.

Quizá la parte más trascendental respecto a la soberanía de Dios y la que más enseñanza
nos deja es saber que Dios es soberano incluso en la salvación del hombre. El decide
quienes fueron o serán salvos, mediante la fe, que al fin y al cabo es un don de Dios.

La Biblia nos enseña que la salvación no depende de la voluntad del hombre, sino de la
misericordia de Él, y debido a su soberanía decide a quien otorgarle ese don.

La soberanía de Dios trasciende a la tercera persona de la trinidad, el Espíritu Santo, ya


que el llamamiento eficaz que el Espíritu hace lo hace de acuerdo a la soberanía de El
mismo, nuevamente no en base a lo que la persona quiere o desea, incluso el llamamiento
eficaz ocurre antes de que la persona decida poner su fe en Cristo.

La obra del Espíritu Santo es indispensable en el plan de Dios. Si Dios solamente hubiera
enviado a Cristo a morir por los pecadores, ningún pecador hubiera sido salvo. Es
necesaria e indispensable la labor del Espíritu obrando en el corazón de la persona para
que pueda ver su necesidad de ser salva.

Si hemos leído que todas las cosas están bajo el control de la soberanía de Dios esto
incluye también el curso de la historia. La única manera de que Dios sepa con certeza las

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Martin Buenfil Cob

cosas van a suceder es que en el pasado el haya decidido que sucedan, ya que si Él no
hubiera decidido que sucedan, no tendría plena certeza de que las cosas sucederán así.

Dios también tiene soberanía sobre nuestras decisiones. Cuando una persona toma la
decisión de seguir a Cristo es únicamente por que Dios así lo dispuso. Es verdad que la
Biblia dice que el que quiera puede venir a Cristo, pero las personas no poseen la
capacidad de acercarse a Dios por ellos mismos. Incluso la Biblia enseña que nadie tiene la
capacidad de venir a Cristo por el mismo.

Nuestros corazones son por naturaleza pecaminosos y por naturaleza odiamos a Dios
(antes de ser redimidos). Por lo tanto no son nuestras decisiones lo que nos lleva a Dios,
sino la soberanía de Dios.

Cabe recalcar que aunque el hombre no tiene la capacidad de buscar a Dios, eso no
disminuye la responsabilidad humana por su pecado.

Muchas personas en su afán por mantener la verdad de la responsabilidad humana


terminan negando la soberanía de Dios. Algunos dicen que si Dios ejerciera un control
directo sobre la voluntad humana, el hombre no sería más que un títere. Por lo tanto
afirman que Dios no puede más que advertir y exhortar al hombre, pues si hiciera algo
más estaría acabando con la libertad humana.

En el otro extremo hay personas que dicen que puesto que Dios es soberano es culpable
por los pecados de las personas.

Para comprender mejor estas explicaciones mal interpretadas hay que comprender lo que
significa libertad para Dios. La libertad moral consiste en la liberación de la esclavitud por
el pecado, contrario al planteamiento de los hombres, que creen que libertad significa ser
libres para pecar. Para los hombres la libertad consiste en no estar bajo la autoridad de
nadie, ni bajo el control de nadie y cumpliendo su propia voluntad. Pero para Dios libertad
es liberar de la esclavitud de pecado, y detener de seguir pecando.

Entonces el hecho de que Dios nos mueva a hacer cosas buenas o tomar decisiones
correctas no es privarnos de libertad, sino darnos libertad, libertad del pecado.