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LA ESPERANZA ETERNA DEL CRISTIANO

I. Primero, el espíritu del Cristiano va de inmediato a la presencia de Cristo


a. 2 Corintios 5:8 Sí, estamos plenamente confiados, y preferiríamos estar fuera
de este cuerpo terrenal porque entonces estaríamos en el hogar celestial con el
Señor. NTV
b. Filipenses 1:23 23 Estoy dividido entre dos deseos: quisiera partir y estar con
Cristo, lo cual sería mucho mejor para mí
c. I Tesalonicenses 4:13-14 Y ahora, amados hermanos, queremos que sepan lo
que sucederá con los creyentes que han muerto, [e] para que no se entristezcan
como los que no tienen esperanza. Pues, ya que creemos que Jesús murió y
resucitó, también creemos que cuando Jesús vuelva, Dios traerá junto con él a
los creyentes que hayan muerto.
d. Marcos 5:39 Entró y preguntó: «¿Por qué tanto alboroto y llanto? La niña no
está muerta; solo duerme»
e. Lucas 23:43 Jesús respondió: —Te aseguro que hoy estarás conmigo en el
paraíso.
f. 2 Corintios 12:2-4 Hace catorce años fui[a] llevado hasta el tercer cielo. Si fue
en mi cuerpo o fuera de mi cuerpo no lo sé; solo Dios lo sabe. Es cierto, solo Dios
sabe si estaba yo en mi cuerpo o fuera del cuerpo; pero sí sé que fui llevado al
paraíso y oí[b] cosas tan increíbles que no pueden expresarse con palabras,
cosas que a ningún humano se le permite contar.
g. Romanos 8:34 Entonces, ¿quién nos condenará? Nadie, porque Cristo Jesús
murió por nosotros y resucitó por nosotros, y está sentado en el lugar de honor,
a la derecha de Dios, e intercede por nosotros.
II. El cuerpo del Cristiano entra al sepulcro, esperando el Rapto
a. I Corintios 15:51-54 Pero permítanme revelarles un secreto maravilloso. ¡No
todos moriremos, pero todos seremos transformados! Sucederá en un instante,
en un abrir y cerrar de ojos, cuando se toque la trompeta final. Pues, cuando
suene la trompeta, los que hayan muerto resucitarán para vivir por siempre. Y
nosotros, los que estemos vivos, también seremos transformados. Pues
nuestros cuerpos mortales tienen que ser transformados en cuerpos que nunca
morirán; nuestros cuerpos mortales deben ser transformados en cuerpos
inmortales. Entonces, cuando nuestros cuerpos mortales hayan sido
transformados en cuerpos que nunca morirán, [a] se cumplirá la siguiente
Escritura: «La muerte es devorada en victoria. [b]
b. I Juan 3:2 2 Queridos amigos, ya somos hijos de Dios, pero él todavía no nos ha
mostrado lo que seremos cuando Cristo venga; pero sí sabemos que seremos
como él, porque lo veremos tal como él es.
c. I Tesalonicenses 4:13-17 Y ahora, amados hermanos, queremos que sepan lo
que sucederá con los creyentes que han muerto, [e] para que no se entristezcan
como los que no tienen esperanza. Pues, ya que creemos que Jesús murió y
resucitó, también creemos que cuando Jesús vuelva, Dios traerá junto con él a
los creyentes que hayan muerto. Les decimos lo siguiente de parte del Señor:
nosotros, los que todavía estemos vivos cuando el Señor regrese, no nos
encontraremos con él antes de los que ya hayan muerto. Pues el Señor mismo
descenderá del cielo con un grito de mando, con voz de arcángel y con el
llamado de trompeta de Dios. Primero, los creyentes que hayan muerto[f] se
levantarán de sus tumbas. Luego, junto con ellos, nosotros, los que aún sigamos
vivos sobre la tierra, seremos arrebatados en las nubes para encontrarnos con
el Señor en el aire. Entonces estaremos con el Señor para siempre.
III. El Cristiano, en su cuerpo resucitado, regresará a esta tierra a reinar con Cristo.
a. Judas 14 Enoc, quien vivió en la séptima generación después de Adán, profetizó
acerca de estas personas. Dijo: «¡Escuchen! El Señor viene con incontables
millares de sus santos
b. Zacarías 14:5 Entonces vendrá el Señor mi Dios y todos sus santos con él.[b]
c. Apocalipsis 20:6 Benditos y santos son aquellos que forman parte de la primera
resurrección, porque la segunda muerte no tiene ningún poder sobre ellos, sino
que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él durante mil años.