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Laura Rangel Fonseca es abogada y feminista.

Ha trabajado en la lucha contra los


tratados de libre comercio y en la defensa de los derechos laborales de las mujeres en
el comercio internacional, así como en programas de justicia de género y prevención
de la trata de personas. Es integrante del Grupo Género y Justicia Económica, de
Justicia Tributaria, que desarrolla la campaña "Menstruación libre de
impuestos".

¿Por qué es importante la economía feminista?

La realidad en el mundo demuestra que la economía afecta de forma diferencial a


hombres y mujeres en relación a la división sexual del trabajo. Sin embargo, las
políticas públicas siguen estando formuladas como si la economía fuera neutra.
En Colombia el DANE ha hecho un enorme trabajo por desagregrar muchas
estadísticas por sexo que evidencian una desigualdad económica; tenemos, además,
una cuenta satélite de la economía del cuidado que demuestra que cuando se
cuantifica el valor de esa economía, supera en muchos renglones a economías que se
consideran motores, pero a la hora de expedir y reglamentar políticas públicas no se
tienen en cuenta esos datos. Tampoco las brechas salariales, las cifras de pobreza o el
impuesto rosa.
Trabajar hacia una economía feminista nos reta a pensar que queremos y necesitamos
una economía que respete nuestros derechos, fortalezca nuestra autonomía, y nos
permita desarrollar nuestros proyectos de vida hacia una realización no sólo personal
sino también colectiva.

Para que hayan cambios reales, ¿la perspectiva de género debe ser transversal a
todas las políticas públicas?

No hay forma de transformar la sociedad si no se rompen paradigmas. Es un camino


arduo y la economía clásica, que es la que se aplica actualmente, genera muchas
desigualdades que afectan a las mujeres: no reconoce nuestro papel en la economía y
deja por fuera a diferentes identidades sexuales.

La situación económica de una mujer tiene que ver con su vida afectiva, sus relaciones
de pareja, las cargas que tiene hacía sus hijos e hijas, padres y familiares. Su acceso a
los recursos económicos es limitada y tiene que ver con cómo puede entablar esas
relaciones a un nivel igualitario y qué tanto puede sustraerse de situaciones de
violencia en su familia y en su comunidad. Y estas situaciones se relacionan con algo
supremamente importante: la participación política. Y sucede que, así esté formulada
como un derecho y existan leyes que la promuevan, nuestra realidad es que la
desigualdad y la brecha de género lleva a muchas mujeres colombianas a preocuparse
por sobrevivir, y cuando tenemos que preocuparnos por sobrevivir la política no es
una de nuestras prioridades.

¿El recorte del gasto público afecta con mayor gravedad a las mujeres?

Por supuesto, el Estado y la sociedad asumen que las mujeres siempre se harán cargo
de los y las hijas, los padres en edad avanzada, el familiar con alguna discapacidad: las
mujeres somos las fuerza que sostiene el capitalismo y con la excusa de que el cuidado
es amor nos dan por sentado. En ese sentido, los primeros programas que tienen
recortes ante un déficit son aquellos relacionados con las mujeres. En lugar de
consolidar una apuesta social hacía una responsabilidad colectiva de la humanidad
siempre se tiene a las mujeres como colchón.

Los impuestos regresivos afectan de manera diferencial a las mujeres, ¿cómo


saldar esa desigualdad tributaria?

Priorizando la realidad del concepto de la progresividad que es lo que no se ha dado


en las últimas reformas tributarias en Colombia. Reformas en las que se apuesta, cada
vez más, a los impuestos regresivos como el IVA. Otro elemento muy importante es
revisar cuáles son los beneficios tributarios que aplica el país; aquí se cuestionan
mucho los beneficios dentro del IVA como la exclusión y la exención a productos de la
canasta básica en función del impacto que tienen en el ingreso. Ese tema siempre se
discute y sabemos que en la Reforma Tributaria del actual gobierno se propone
eliminarlos mientras que las grandes empresas tienen múltiples beneficios que nunca
se cuestionan. Entonces siendo las mujeres la base económica de este país
terminamos siempre asumiendo una carga tributaria mayor y es, obviamente, un
enfoque inequitativo.

Hay que resaltar que las medidas tributarias que profundizan la desigualdad son
medidas que generan violencia económica. La tributación debe reconocer las
diferencias entre hombres y mujeres y ser una herramienta para superar esa
desigualdad, no al contrario, ser un instrumento de la profundización de la
desigualdad y la discriminación.

¿En qué otros sentidos afecta a las mujeres la Reforma Tributaria que propone
el Ministro de Hacienda Alberto Carasquilla?

Nosotras analizamos la reforma tributaria del año pasado y estamos entendiendo esta
reforma como una continuidad de la anterior. Poner IVA a toda la canasta básica
afecta el mínimo vital de la población, y especialmente, a las mujeres que tenemos
una situación de desigualdad evidente y reconocida desde lo público; los tributos que
agravan una situación de desigualdad generan un incumplimiento a las obligaciones
internacionales que tiene el Estado colombiano.
Desde el grupo de Género y Justicia Tributaria logramos la reducción del IVA para
tampones y toallas higiénicas, que tenía el IVA general del 16%, y en la reforma
(2017) quedó con una tarifa preferencial del 5%. La propuesta en la Reforma que
propone el actual gobierno es que se quiten todas las tarifas preferenciales,
exensiones y exclusiones, esto significa que volveríamos a pagar una tarifa plena y ese
impuesto es un impuesto sexista.

¿Si nosotras nos vemos afectadas con estas reformas, como mujeres urbanas,
cuál es el impacto que genera en las mujeres rurales?

Las mujeres rurales están en una situación de desventaja tal en la política tributaria,
que no se ve reflejada en la política social. Por ejemplo, las mujeres rurales que tienen
proyectos productivos usualmente se agrupan para fortalecerse y tener actividades
sostenibles: todos los requisitos que se exigen a estos proyectos productivos en
términos de formalizaciones contables y tributarias son complejos, y el hecho de que
muchas de ellas no tengan suficiente acceso a educación, las relega y las obliga a estar
al margen del Estado, en riesgo de ser sancionadas y sin ser poder acceder a algún
beneficio.

¿El acceso a tierra en las mujeres es más limitado?

En los Acuerdos de Paz se formularon varias medidas afirmativas en políticas de


acceso a tierras para las mujeres campesinas y mujeres víctimas del conflicto armado.
Pero enfrentan muchos obstáculos como mujeres ante la persecución por ser lideresas
sociales, campesinas y de derechos humanos: en sus regiones son altamente
vulnerables ante actores que quieren impedir, precisamente, que ellas tengan acceso a
la tierra, a su territorio y desarrollar su proyecto de vida desde su identidad.

El panorama es oscuro, creo que el gobierno de Iván Duque representa una amenaza
al avance de estas políticas. Primero, porque su partido ha estado en contra de la
perspectiva de género en los Acuerdos y en contra de los mismos Acuerdos, y
segundo, porque difícilmente un gobierno que se está planteando crear un Ministerio
de la Familia tendrá una atención enfocada en el acceso de las mujeres a la tierra.

¿Cuáles son las campañas e investigaciones que tiene proyectadas el Grupo de


Género y Justicia Económica?

El grupo nace en el seno de la Red por una Justicia Tributaria y fue pionero en la
campaña Menstruación Libre de Impuestos. Actualmente estamos al frente de la
acción de inconstitucionalidad que cursa contra el IVA del 5% sobre tampones y
toallas higiénicas.

Uno de los lemas que tenemos previsto asumir es el de visibilizar que las cifras que
producen el Ministerio de Hacienda y la DIAN no están desagregadas por sexo. No es
una política de Estado ni una práctica habitual; primero tenemos que conocer quiénes
son las mujeres que tributan, cómo tributan, su capacidad económica, entre otras,
para poder generar medidas y políticas publicas más aterrizadas a su realidad.
Estamos discutiendo y entendiendo, de manera más profunda, la reforma pensional. El
tema de discusión siempre ha sido la edad de las pensiones y la intención de igualar
las edades, aun cuando hay una sentencia que reconoce como constitucional esa
diferencia como una medida afirmativa que acepta las cargas que tienen las mujeres
para el cuidado de la vida. No obstante hay otros temas que afectan a las mujeres y no
se ponen en tela de juicio: el hecho de que tengamos una expectativa de vida más larga
y que nuestras condiciones de vida en la vejez sean más precarias.. Un primer
elemento es la necesidad de fortalecer el sistema público, y estamos viendo que el
sistema dónde más inequidad hay es en el sistema de ahorro privado. Otro punto, que
sabemos es externo pero estructural, tiene que ver con el mercado laboral. Las
mujeres representamos la mayor cantidad de personas en la informalidad, estamos
más desocupadas y más desempleadas. Así que existe un reto y es resolver cómo las
mujeres debemos tener un tipo de acceso a la economía formal que nos permita
generar cotizaciones y un acceso real a la pensión.

Estamos reflexionando, también, en cómo las cifras de economía del cuidado que ha
generado el DANE tienen una incidencia en el mercado de trabajo femenino y en cómo
participan la mujeres en la definición del salario mínimo, en su monto y en las
condiciones laborales. Queremos establecer vínculos entre la economía del cuidado y
el resto de la economía, porque pareciera que fueran excluyentes y que una es la
mujer que se dedica al trabajo doméstico y otra, la que está en el mercado laboral. Esa
escisión de la vida de la mujer nos pone en desventaja en ambos ámbitos.

Por último, me parece vital hacer un llamado a los partidos políticos, a los
movimientos sociales, a la academia, para que el propósito de lucha contra la
desigualdad sea interiorizado. Cuando hablamos de superar estas brechas, siempre
esta batalla se aplaza porque hay otras cosas que se consideran más importantes;
necesitamos que los movimientos sociales se apropien de un paradigma en el que el
patriarcado no nos dicte todo, en el que la desigualdad económica no esté
naturalizada, en el que efectivamente nuestras luchas no sean marginales como casi
siempre nos toca darlas.