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Di S efío de ctibkru
Sergio Ramírez
Teoría del

Conocimiento

Sergio Rábade Romeo

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de! Código Penal. podrín ser castigados con penas
de multa y privación de flbei-tad quienes
reproduzcan o plagien, en todo o en parte, una
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cualquier tipo de soporte sin la preceptiva
autorización.

Serio RLnde ftoneo. 1995 -.


O Es~les Akal. -1 A. 1995
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Dtpów kk P& 34.611-1995
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Índice general

. Nota preliminar ................................7


1. Prenotandos a una teoría del conocimiento ..............9
1.1. Hacia el planteamiento del problema del conocimiento, 9.1.2. Perspectivas
actuales del problema del conocimiento. H. 1.3. ¿Tiene sentido una teorfa
--. general del conocimiento?, 13.
II El punto de partida de la teoría del conocimiento la actitud critica.. -7
¡LI. PIantraniiento, 17.11.2. Funciones d dcrfdca, 19,11.3. Algunos
:I perfiles de la actitud crítica. 21.11.4. ReflexiÓn final,.27;
Hl. Caracteres y noción de conocimiento. . .. ... ............ 3i
111.1. El conocimiento como actividad humana,.31 111.2. Caracteres del
conocimiento. 33. 111.3. La relación sujeto-objeto como característica
fundamental del conocimiento.. 37. 111.4. Noción provisional de
conocimiento.-39.
IV. Experiencia y conocimiento . ........ .... .........
... 43
• IV.I. Marco general. 43 IV.2. Importancia de la experiencia como
dimensión humana y como sustrato del conocer. 44. IV.3. Hacia la noción
de experiencia. Caracteres de la experiencia. 16. IV.4. Principales
mediaciones en los procesos experiencies.50. J.5.çperIencia y
conocimiento senso-perceptual.. 53. IV.6. .. ¿Una.defln!cián de la
experiencia?. 55
V. El planteamiento trascendental del conocimiento: los elementos a priori 57
V.1. Insuficiencia del planteamiento experiencia! del conocimiento, 57.
V.2. lntroducción.al a priori en Kant, 58. V.3. Noción y función de los
elementos o priori. 60. V.4. Nivelesde a priori en Kant, 62. V.5. La
apercepción trascendental. 68. V.6. Conclusión, 68.
Vi. Planteamiento trascendental desde la conciencia y el sujeto. . 71
VLI. El planteamiento trascendental. 71. V1.2. ¿Sinonimia entre conciencia
y wjew?. 74. VI-3. Hada La noción de aujeto, 76. VL4. Del sujeto sutniI
al sujeto trsccndcnta1. 77. VI.5. El sujeto trsendentaf. 79. VL6. El sujeto
No t a p re11m i n a r
trascendental en Kant, 79. VI-7. El sujeto trascendental en Husserl. 80. '

VII. Sujeto y cuerpo ............................ 85


vI1.1. Introducción. 85. VI1.2. Acticud de la fitosofLa respecto del cuerpo. 87.
. VI1.3. La redención del cuerpo. 89. VII.4. De qué cuerpo tratamos. 91.
VII-5. Funciones gnoseoló%ícas del cuerpo. El cuerpo en función subjetu2l. 93- • •

VIII. Consideración del conocimiento desde fa dimensión social


del hombre ................................ 97 .
VillA. Introduccfán, 97. VI1I.2. 1mportncía para el conocimiento de fa
dimens i ón social del hombre, 99. V111.3. Vehfcufos de interconexión entre
hombre y sociedad, 103. VII1.4. El condicionamiento social del
conocimiento. 104. V1Il.5. Carácter apriárico de los condicionamientos
sociales. 108.

IX. Lenguaje y conocimiento ...................... fil


IX.!. La Importancia de la perspectiva lingüística. III. IX.2. Importantes
funciones cognoscitivas del lenguaje. ¡12.. IX.3. Un modelo en la relación de Este libro, corno salta a la vista por sus dimensiones, es un libro de
conocimiento y lenguaje: Wiugenstein, 115. IX.4. El punto de vista lógico- carácter general sobre La Teoría del conocimiento. Cada uno de los
semántico en el Troczows. 116. IX.5. E] punto de vista sernntico-pragm5tico
temas que se exponen en ¡os diversos capítulos merecería, prácticamente
desde las Investigaciones filosóficos. 118. JX.6. Desarrollo posterior a
Wittgcnsteln. 120. en todos los casos, una monografía más voluminosa que este libro. No
.......................... P retende ser más que una inLroducciún al estudio del conocimiento.
X. Objetividad y verdad 1 23
X.1' Importancia del tema. 123. X.2. El objeto de conocimiento. 124.
Este carácter introductorio obliga a acercarse a los problemasfunda-
funda-
X.3. Aponte sobre el desarrollo de La teoría del objeto en la modernidad. 128. mentales en ha teorización del conocimiento, pero, al mismo tiempo, no
X.4. Reflexión condusiva sobre el objeto. 130. X.5. La verdad: planteamiento exige, e incluso impide, la exposición exhaustiva de cualquiera de Cales
general, 131. X.6. Panormíca general de planteamientos y concepciones de
la verdad, 132. X.7. Consideración gnoseológica de la verdad, 134.
problemas. selección de esos problemas, corno necesariamente tiene
que ser, está hecha desde la perspectiva de quien escribe el libro. Caben
XI. Verdad, certeza y criterios .................... ... f
otras perspectivas, pero, desde cualquiera de ellas, sería difícil excluir nin
X1.1. Introducción, 137. XL2. La certeza. Diversos ámbitos, 138. XL3. El
criterio. Planteamiento general. 141. Xi.4. Algunas referencias históricas. 142. guno de los problemas a los que vamos a dedicar nuestra atención, sí
XL5.1a evidencia y sus insuficienciaS. 146. X].6. Pluralidad de criterios de la cabría incluir otros distintos o, acaso, convertir en Problemas fundanien-
certeza o verdad, 148.
• tales algunos que aquí casi se quedan en simples referencias.
XII. Conocimiento y racionalidad ..................... 15 El libro es .-porque nos parece que tiene que ser- temático e histórj-
XI!.!. Introducción, 151. X11.2. Aproximación al concepto de razón, 152.
lS co al mismo tiempo. Comulgamos con la opinión de quienes estiman que
XII 3. RacIonalidad y racionalización, ¡55. 5(114. Racionalización y categorlas.
158. XIL5. For-rnas de racionalización. 160.
el recursb a la historia es imprescindible en el estudio y análisis de los
163
grandes ternas de la filosofía. Y el conocimiento es uno de esos grandes
XIII. Los límites del conocimiento...................
XIII.]. Planteamiento del problema. 163. X1112. Configuración histórica de temas.
la noción de límite, 165. X111.3. Consideración teórica del limite. 170 Sin embargo, la historia es, fundamentalmente. 14fl expediente de
XIV. El conocimiento y lo irracional ................... ¡75 . ayuda en la explicación de los temas. Y esta apelación a la historia adquie-
XIV.!. Presencia y acvxalidad del tema de lo irracional, 175. XIV.2. Múltiples re, en nuestro caso, especial relevancia en el diálogo con los grandes auto-
perspectivas en el planteamiento de los irracionalismos. 177. XIV.3. Algunos _________ res de la modernidad y del pensamiento contemporáneo, a los que, con
datos históricos sobre lo irracional. 183. XIV.4. Aproximación a la noción de ________
irracional, 190.
. todo derecho, corresponde ci título y el mérito de haber sido los auténticos
Prenotandos á
creadores de la teoría del .conocimienco. De ahí que no deba extrañar el
diálogo con autores corno Descartes, Locke, Hume, Kant, Husserl, filo-
sofías linguisticas... No es que contemos sólo con ellos, pero ellos tienen
asegurada la presencia en este libro.
I tina teoría del
conocimiento
-

Tratamos, no obstante, de que ci diálogo con esos filósofos no exceda


las exigencias de sus aportaciones a la configuración y aclaración del tema
concreto que se está estudiando. Así tiene que ser, si, según es nuestro
deseo, el libro debe ser accesible a los estudiantes universitarios. 1U
Dada la ubicación de la disciplina de Teoría del conocimiento en los
actuales planes de estudio de las universidades españolas, los alumnos
deben ir simultaneando el estudio de esta disciplina con el de la filosofía
moderna; y, por lo que se refiere a la filosofía contemporánea, es posible
que, en el momento de asomarse a la teoría del conocimiento, sea bastan-
te exiguo el conocimiento que se tenga de filosofía contemporánea.
Por eso, en muchos casos, hemos renunciado a posibles análisis de pro- 1. r: HACIA EL1'tÁNTEAMIENTO DEL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO
fundidad en aras de la claridad requerida para facilitar la comprensión
Que ci problema del conocimiento sea un problema que ha conquistado
mínima, pero suficiente, de los problemas que constituyen los diversos
un pucstoccntral y que ha ido ganando ámbitos de proyección en la filo-
Sofía moderna y actual, es evidente, como evidente es que el desarrollo
mismo de la filosofía, desde Descartes hasta hoy, ha multiplicado las facetas
y aristado los contornos del problema del conocimiento. Pero, aunque sea
la filosofía moderna la que ha conferido novedad e importancia al probie-
- ma, ello no significa que haya estado ausente en etapas anteriores del pen-
sar filosófico. En efecto, resulta normal que en una cultura como la nues-
tra, en la que se definió al hombre como el "animal que posee lógos", el
problema del conocimiento hubo de nacer con la cultura y con la prcocu-
• pación por ci hombre que esa cultura ostenta. Lo que sucedió es que, con
¡a modernidad, se convirtió en núcleo y raíz del pensar, presentando múl-
tiples encarnaciones en los diversos sistemas críticos que se fueron suce-
diendo.
• Para el era, en términos generales, un pro-
blema subsidiario. La razón está en que, básicamente, se trataba de un pen-
sar ontológico y, como tal., anclado en el ser, quedando, en tal caso, tanto el
problema del conocimiento del, ser como la actividad del ser que conoce,
como algo apendicular y consecuenciat. Dicho en palabras que se hacen
eco de Aristóteles: se pregunta originalmente qué es el ser y no qué es df
conocer, tu tampoco, salvo contadas excepciones —sofistas, Sócrates, pon
ejemplo—, qué valor tiene nuestro conocer y nuestro hablar del ser. A esto
se suma, por otra parte, que, al ser el pensar antiguo y medieval un pensar

8 9
~7

1
1 desde ci vector de la semejanza, al propio conocer se lo interpretaba, desde naturaleza, para centrarse en un "saber de sí mismo", anucicando cada vez
' esta perspectiva, como asimilación, en la que la actividad cognoscitiva y ci más ese saber en torno a la conciencia–sujeto, a la razón cognosccnte Si
sujeto cognosccntc se plegaban al ser en trna reproducción asimilativa "íor le pedirnos prestada una idca a Kant, diremos que no se intcrcsá por los
mal", en CI sentido aristot6lico del término: conocer es conocer formas, hechos de la razón, sino por fa razón misma..
"'informarse". ;:-
Kant es ci autor donde estas perspectivas adquieren perfiles de rigor
Con fa modernidad el enfoque del problema tic! conocimiento va a nunca alcanzados hasta entonces, llevando a culminaci6n4apotencjacj6n
cambiar radicalmente, al convenirse en el punto originario y originante de del sujeto con sus estructuras aprióricas, como veremos en capítulos poste-
todo ci filosofar. El conocimiento es ci elemento fundamental en fas rea- riores.
ciones dci hombre con lo "otro". Ef método analítico de fa modernidad, en
U us diversas formas, va a someter el conocimiento al bisturí de considera-
ciones críticas rigurosas: a) o bien desde un examen de Ja razón pensante y • • .:..-... .
2. PERSPECTIVAS ACTUALES DEL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO
ide sus contenidos/ideas (racionalismo); b) o bien desde la experiencia ¿CalU es la situación actual? Pues bien, frente a la tradición de esos dos
como generante de los contenidos de conocimiento y como conformadora siglós de pensamiento gnoscológico moderno, el problema del conoci-
dc las leyes que los agrupan o combinan (empirismo); c)o bien desde la ii__• miento se ha cnriquccidó y también se ha complicado. Exponemos suma,
síntesis constituyente que trata de "dosificar" lo dado por la experiencia y '
riamente la situación.
1 lo puesto por el sujero que conoce (Kant). . - El enriquecimiento advenido a la consideración actual del problema de¡
Por otra parte, no conviene olvidar que este nuevo crifoque sólo se hace .- conocimiento se ha originado tanto desde el campo estricto de la filosofía,
cabalmente comprensible si no se deja de lado la ciencia que se desarrolla como desde otros campos afines o limítrofes con la filosofía. Desde el
en sincronía con el nuevo estilo de pensar. Una ciencia a la que fa filosofía campocstricto de fa filosofía, la mayor aportación teórica ha llegado desdel
vuelve los ojos en un cierto mimetismo que tiene su mejor campo de ejer- J. f fenomenología. En efecto, ci método fenomenológico ha contribtiido(
ciclo en el plano mcrodológico. Así, el saber matemático —no las diversas tanto a una mejor descripción de los procesos del conocer, como, incluso, a í
disciplinas matemáticas cultivadas por Viera, Cavalieri y Fcrrnat— será el una nueva comprensión de¡ papel del sujeto o de fa conciencia. Todo está
troquel sobre el que se configure el análisis racional de la filosofía conti- en la línea trazada por Kant, pero se aquilatan posturas. Al margen de esto,
nental que va de Descartes a Leibniz, al igual que la físico¡--matemática de la fenomenología hizo definitivamente de la invetcj1aljdad uno de los
Boyle y de Newton será la paura del método empírico con el que tanto ¡os - ...... elementos del que no cabe prescindir en cualquier intento de comprensión
clásicos del empirismo como la mayoría de los ilustrados irán a la búsqueda del conocimiento. Una intencionalidad entendida como arco abarcante de
de las leyes de los fenómenos, búsqueda que dejará insatisfecho a Kant Y los tres elementos amental de¡
le exigirá el revolucionario esfuerzo de una fundamentación trascendental --.'....
de las lcycs del conócimiento científico. . s ip he ioy, a mismo tiempo. constituido "en sentido" en elpe
Asimismo, es imprescindible no olvidar que, en el enfoque moderno del samiento desde el Yo, como foco de irradiación de sentido. Tampoco cabJ
problema del conocimiento, el interés se centra más en el conocimiento en ignorar que, a pesar del rigor crítico con que Husserl realizó tales plantea-
5 cuanto actividad y contenidos de un «yo" o de una conciencia que en las m ientos, ello, sin embargo, no l llevó a un trascendentalism o alejado de
Icosas sabidas o con.cidas. Y elfo es así, al menos en buena medida, porque fa realidad, ya que, aparte de su imperativo de que hay que volver a las
progresivamente, por imposicióñ epocal, se va admitiendo que el "conocer cosas mismas, se debe subrayar la importancia que confirió al mundo de la
cosás" se debe encomendar a las ciencias que se van particularizando, mien- -. . vida' (LbenstueIt).
tras que la filosofía, sobre todo en su planteamiento originario, debe rezcr- - ---- Otra aportación importante para la comprensión actual del problema
varse como inenajenable e! "conocer del conocer". Por eso —insistimos---- del conocimiento viene del ámbito de las filosofías lingüísticas, tanto de
la función modélica de la ciencia se cumple y absuelve en el terreno del las de carácter formalista, como de las que centraban sus análisis en el ten-
mét odo, ro no cr la corifiguraciónyde imiraci ode los conteni osada - guaje ordinario. Aunque habremos de ocuparnos de esto en su momento,
filosofía. El filósofo, si no renuncia, sí recorta sus aspiraciones a Ser de se pueden adelantar algunas observaciones. La punta de lanza fue elforma-

lO Sili::..
-
____
tensión: por úna parte, el acrecentamiento de la importancia que se con-1

lisrno que ha irrumpido con fuerza encl pensamiento conremporneQ. No
hay novedad en la presencia de los formalismos. La novedad está en ci rigor
de tales formalismos y en la amplitud de su aplicación, unido todo ello a
asid cede a la experiencia, en alejamiento de intelectualismos o formas de racio-
nalídad que tendían a volver las espaldas a la experiencia sensoperceptual
como fuente originaria de los datos cognoscitivos. La atención hoy dedica-
una cierra actitud de exclusivismo inquisitorial protagonizada, en su día,
por el neopositivismo lógico. Si el rigor es siempre bueno, no lo es, en cam- da a la percepción certifica esta orientación. Pero, por otra parte, tos rigo-
rismos de ciertas formas de análisis tienden a situar el estudio del hecho del
bio, el empobrecimiento del conocimiento, cuando ci conocimiento váli-
conocimiento en puntos o momentos distantes de ese fQco original del
do se reduce únicamente al fecho procústco de las proposiciones analíticos
conocer, es decir, de la experiencia, con peligro de empobrecimiento de los
o de las proposiciones empíricas susceptibles de verificación. Por eso, el for-
malismo extremo se agotó en su propia esterilidad, dejando paso a la plu- contenidos de nuestros actos y contenidos cognoscitivos.
ralidad de juegos de lenguaje y al análisis del lenguaje ordinario. Todo ello A esta doble tensión se suman otros factores que no pueden menos de
ha llevado a subrayar, en algunos casos muy innovdoramentc, las estrechas complicar el acercamiento al hcchó del conocimiento. Un ejemplo claro
relaciones entre conocimiento y lenguaje, destacando la dimensi6ñ verbal es la enemiga que se ha declarado al sujeto con todas las teorías de la
de nuestro conocer, sin que, por supuesto, se haga preciso reducir el cono- deconstrucción, que, básicamente, es d.cSr.CiójLdel sujeto y, por
cimiento asus expresiones. Este encuentro entre filosofías del lenguaje y tanto, del sujeto cognoscentc. Con elfo la relación sujeto—objeto, conside-
teorías del conocimiento se hizo especialmente interesante y fecundo desde rada frecuentemente como la primera etapa en la explicación del conoci-
ei campo .de la semántica y de la pragmática. miento, deja de ser un presupuesto claro para devenir en problema. De ahí
que las múltiples maneras con las que ci trascendentalismo había sentado
Entre las aportaciones que pueden parecer periféricas a las disciplinas
sus cuarteles en la teoría del conocimiento deban ser sometidas a revisión,
filosóficas nucleares, no cabe dejar de lado la Sociología de¡ conocizn len..
ya que la mayor parte de las perspectivas del trascendentalismo se referían
to.Estc enfoque del conocimiento, que apareció con enorme pujanza, tanto
a las estructuras y dinamismo del sujeto. Así, por ejemplo, se hace precisos
a uno como al otro lado del Atlántico, aunque se haga preciso reconocer
mm ha nerdidn fuerza
-,-----z--------.-- eni los últimos 1i1n sin .mk,rry,.,
incorporar a. la subjctualidad cognoscitiva la corporalidad, el contexto
funda impronta en los planteamientos gnoseológicos. En primer lugar, por social y. la dimensión lingüística.
jj•. Tampoco debe olvidarse que la explicación.dcl conocimiento no pre-
el reconocimiento del fuerte impacto que ejercen en nuestro conocimí cri -
tende hoy ser una búsqueda de certezas, ni siquiera, al menos in recto, de la
to condicionantes sociales, tanto en cuanto a los contenidos como en
verdad: Se admiten-diversas formas de verdad, según las perspectiva en que
cuanto a la valoración de los mismos; y, en segundo lugar, por el carácter
el estudioso se sitúe. Por eso¡ más que de verdad del conocimiento, se habla
trascendental que se ha concedido a algunos .de estos condicionamienos
de óbjetividad, entendida como la capacidad que tienen mis actos de cono -
sociales, scán se echa de ver, por ejemplo, en determinados representan-
tesde la Escuela de Frankfurt. Hoy no cabe hablar del conocimiento huma- cimiento de revelarme algo dea malddY, por supuesto, esa realidad que
se me revela no es, en principio, de carácter esencial 1 ya que el conoci-
no sin tener en cuenta el contexto social en ki. que el sujeto individual se
miento, tanto por los datos de experiencia donde se origina, como por las
desenvuelve.
mediaciones a ¡as que tales datos deben someterse, está en los antípodas de
Por otra parte, también desde una cierta periferia, ha incidido sobre el
las revelaciones esencialistas, propias de gnoseologías instaladas en el rea-
modo de plantear el conocimiento lacoloísgitiv 4 No podía ser
menos, aunque la novedad deba calificarse sólo de relativa, ya que, sin caer lismo natural o ingenuo.
en psicologismos de ningún tipo, no cabe duda de que no es posible una
adecuada comprensión del hecho del conocimiento, si no se tiene en cuen- 1.3. ¿TiENE SENTIDO UNA TEORÍA GENERAL DEL CONOCIMIENTO?
ta la perspectiva psicológica en los procesos mediadores que van desde la
recepción de un estímulo perceptual hasta los conceptos, ideas, juicios, Pudiera parecer una pregunta superflua, ya que una respuesta negativa
etc., del más destilado ejercicio de la inteligencia orazón. 1. haría inútil el propósito de escribir este libro. ¿Es clara, entonces, La res-
En consonancia con lo que estamos diciendo, cabe afirmar que la inter- puesta afirmativa Evidentemente, sí lo es en nuestro caso, pero esto no nos
pretación actual del hecho del conocimiento está sometida a una doble dispensa de algunas explicaciones o justificaciones.
* ty cx'Mr fr tuj yícrescs dc' cinc (' _00—
~
7 .
12 13

Pirramos dc.una afirmación que no conviene perder de vistar la divi- te no. Cada e pis t e mología se refiere a un terreno acotado de¡ cono cimicn
sión de la filosofía en las diversas disciplinas filosófica s , tal corno acontece to y, en su tratamiento, da por sabido !o que es conocer, clases de conocí. )

en la universidades espaiiolas, tiene mucho de convencional, por más que miento, procesos cognoscitivos, objetividad, etc. En rigor, cada epstemoIo- 1
no se pueda negar su carácter práctico y sus consecuencias didácícas. Pero, UrI gfa está haciendo aplicación a ese ámbito del saber de un cúmulo de
de hecho y de derecho, muchas zonas de las (tonteras entre tales discipli. i- presupuestos, de cuya explicación o justificación el epistemólogo se cons
nas son frecuentemente borrosas. Y esto acontece, no sé si de forma espc. dcra dispensado. Por consiguiente, hace (alta alguien —el teórico del cono-
cial, con ,lateoría del conocimiento. En efecto, es borrosa su frontera con . cinicnto— que se encargue de estudiar, aclarar y justificar todo eso que el 1 .-
determinados problemas de la lógica y, sobre todo, de la meta–lógica. . . episremólogo tiene que dar por supuesto. .
Comparte, asimismo, algunas zonas con la psicología en el estudio de diver- En consecuencia, no sólo tiene sentido, sino que es necesaria la gnose-
sos temas, particularmente en la necesaria referencia que la teoría del ologfa: una disciplina filosófica que, dentro de la división convencional de
conocimiento tiene que hacer a los procesos de. conciencia. A su vez, la
la fil osofía, se cncarg1c de pe n qu
regunrars
filosofía del lenguaje trata, sobre todo desde la semántica y la pragmática, .-, . .. ...
nacimiento sin poner en cuestión ci hecho mismo del conocer, ya que
problemas que son comunes con la teoría del conocimiento. La propia éste es un hecho primitivo, del ue cualquier i tento e justificacion supo,
metafísica, entendida en sentido generoso, se adentra por territorios de los ¿_c—ya la aceptación die! hecho m .Ismo. k Partir C co 0 p ramos que
que se ocupa también la teoría del conocimiento. E incluso, según dejamos flJ el que enfrentarse a muchos proble-
apuntado, la sociología, corno sociología del conocimiento, se ocupa del . mas: formasy sentidos del conocimiento, valor de los diversos conocí -i
conocimieto desde una perspectiva social. De ahí que nuestra disciplina, mientas, subjetualidad y objetividad, relación del conocimiento con la real
reconocidas sus estrechas relaciones con todas estas asignaturas, deba con- : lidad, etc.
figurar los perfiles que, sin separarla, la distingan de las demás. Podríamos proponer esto mismo de una manera bastante distinta: la teo
-ai Pero hay. algo más: el problema de la epistemología o epistemologías y su I • ría del conocimiento, como La mayoría de las disciplinas filosóficas, tiene
Irciación cori (a teoría del conodmiento. La denominación "teoría del cono- como objeto de estudio al hombre en su naturaleza y en sus aspectos cfln,
cimiento" es hoy, por ejemplo, una denominación prácticamente inexisten- micos. La teoría del conocimiento se encarga de uno de esos aspectos diní-
te en el mundo anglosajón. Ha sido sustituida por la "epistemología". Y el micos: el conocimiento como puerta de comunicación del hombre (mente,
problema puede no ser de puro nombre, sino que, en él. podernos estar ante .
conciencia, inteligencia, razón...) con lo "otro". El hombre se siente y se
inte J
ci propósito de eliminar una teorí a general del conocimiento en favor no vive como ser abierto a lo "otro"; entrando en relación con lo "otro". No 1
tanto-de una epistemología general, ya que en este caso sí podríamos estar sería. pertinente decir tic ci conocimiento es la única puerta decomui '.
ante una simple cuestión de nombre, sino que estaremos ante la disolución -. cacion, ni siqule
de la teoría general del conocimiento en las múliples epistemologías de los Pero sí p o emos ecir que es una puerta p ivilegiada- Y el Privilegio con,
diversos saberes. Frente a esto en el ambiente continental hay una clara di s- que pese asiste errores
en y dcfctos, es la vía de comunicación el'
tinción entre la
j 1 eJ conocer, y la epistemología, tic si tiene un cierto cará r. er Si recogemos la caracterización del hombre por el Iógos que nos legaron
i
1 iMT1J
, los griegos, en teoría delt conocimien o vamos a estudiar la dimensión "lógi-
y, T naepisemo1aricuIar, s íeiirú en exclusiva aiin . . ca" dci hombre, sin despreciar otras que, sin embargo, no son objeto de
1 1 Cientí ico o ciencia concreta: así, puede haber una
este estudio M ás aún hay que aceptar que no hay una pura actividad "lógi-%
_____sociales,de la física,
las ciencias formales, de la—s~2¿cias ¡-Lodo. Pero, fl
ca"o racional, sino que el hombre ac
de la biología, etc. La pregunta que se impone es: ¿hacen inútil las epistc mente po emosesg osar esa dlimenány considerarla, según nos
analí
mologías la teoría general del conocimiento A nuestro juicio, radicaimen- . - como la principal y la rectora en muchas activ
parece qu
-•::- l e aa tic por eso mismo, llamarnos
. cognoscitivas. No Uay preten-
sión alguna de reducir el hombre a razón, pero a la gnoseología le corres,
'Cír. BUNGE, M.. Episcmoloy/a. Ariel, Barcelona. 1980, pp. 13-27.
ponde destacar esa dimensión.

14 -.
15
-.-..-..-... .-. ... . .

ft
nos
Si toda fa filosofía puede ser vista como una "digestión" racional de la
TT El punto de partida
realidad, enfrentándose intcrrogacivamnte con ella y tratando de descifrar
ci sentido o sentidos de eso que llamamos el mundo —material, espiritual, 11 de la teoría del
humano...—. hay, sin duda, aspectos importantes de ese enfrentamiento con conocimiento:
la realidad que son competencia indclegable de la teoría de] conocimicn-
to. Podemos comprobarlo en preguntas tan radicales como éstas: la actitud crítica
la realidad? ¿c6 sé que sé a1odc clla cómo voy a dcczr algo 'de ella si
no sé si sé al go!
Ia bien, todas esas preguntas y muchas más que cabría añadir las
hace un "yo" desde su mente, conciencia o razón. Por lo tanto, el acerca-
miento cognoscitivo a la realidad presupone o, al menos, debe ir concomi-
tante con preguntas similares sobre ese "yo", en una vuelta reflexiva hacia
la interioridad para autoconocerme y medir mis fuerzas en el conocimiento
de lo "otro". Es decir, el sujeto que conoce, por muchas que sean las dctcr-
minacioncs o condicionamientos a que esté sometido, es ci yo. En él acon-
tece ese hecho primario, original e indiscutible que es el conocer. Es una II.!. PLANTEAMIENTO
actividad del yo y si in el autoconocirniento de éste, nos embarcaríamos por
rutas inseguras hacia la explicación del conocimiento. Toda teoría del conocimiento, incluso aunque quisiera reducirse, con un
planteamiento alicorto, a. una mera descripción del conocimiento y de sus
diversas formas, tiene que ser una teoría crítica, tanto en el sentido etimo-
lógico griego de discernimiento y enjuiciamiento, como en el sentido del
1
semantema habitual de "crítica" como análisis valorativo, tanto positiva
como negativamente, del conocer.. Pues bien, si la teoría del conocimien-
to ha de ser crítica, la actitud con la que la debemos iniiar tiene que ser
una actitud crítica; Desde ella hay que arrancar, y con ella de la mano hay
que seguir a lo largo y ancho de todos los caminos que conduzcan nuestros
pasos hacia el análisis y estudio del conocer en sus diversas formas, niveles,
ekmentos y estructuras.
Destaquemos que-es una actitud, es decir. una toma de posición, uncicr-
ro tomar distancia de espectador frente al conocimiento. Esta actitud exige
fueio reflexivo, porque se trata de enfrentarse con el conocorniento
desde ci conocimiento mismo. No se trata, sin duda, de discutir ci hecho
del conocimiento,' ya que tal discusión sería suicida. Es aceptar el hecho,
pero sin prejuzgar, de entrada, su naturaleza, sus diversas posibilidades, su
valor. De ahí,pues¡ que la actitud crítica se configure como actitud refle-
xiva;por a cüal;'dentroe conocimiento,planteamosun mcta–conocí-
xnii,s deciiionoccr del conocer. Io es su propósito poner en cues-
En efecto, al margen dé ¡a
actitud crítica, seguimos otorgando nuestra confianza al conocimiento,
dando por descontado que el mundo, que las cosas, son tal como nos apa-
..f

16 17
. . . 1

recen. Esta confianza espontánea en ci conocimientoCon la que operamos 11.2. FUNCIONES DE LA ACflTUE CRÍTICA
en la -vida cuotidiana es 1 actitud natuiat. I
Ahora bien, incluso cnai;;titunatu;;1, la confianza que otorgamos al ¿Que esperarnos de la adopción de la actitud crítica ante el COflOCimkn.
_. . .
conocimiento tiene sus quiebras. Hasta ci hombre menos crítico descubre to? Aunque la respuesta más clara la vamos a encontrar en ci epígrafe
día a día muchos errores ca sus conocimientos, descubre que certezas que ,
siguiente cuando nos refiramos a los grandes teorizadores o practicantes de
le parecían indiscutibles se han convertido en erróneas o que ha habido . actitud crítica en la modernidad, parece, sin embargo, conveniente resu-
que relegarlas a la inseguridad de la duda. Y estq acontece tanto respecto inir nucicarmente las (unciones que podemos y debemos esperar de una seria
de la certeza o seguridad en el conocimiento coO respecto de la objctivi- ,• . actitud crítica. Las resumimos en tres: purificar, delimitar, fundamentar.
dad a porque, con frecuencia, descubrimos en nuestro conocer una enorme :• La tarea de purificación nos parece la función primaria y el presupuesto
disparidad entre los contenidos de nuestros conocimientos y las cosas que de las otras dos. Y es una purificación en una dirección doble: primero,
suponemos "representadas" en esos contenidos. Es decir, sin necesidad de . referida a mis propios conocimientos; segundo, referida a aquellos conoci
situarnos en posiciónes críticas, hay que aceptar fallos en el conocimiento. - •'. . ) ¿fliCatos que no se originan co mí mismo, sino que se me tratan de ¡tupo-
Luego, incluso en fa actitud natural, no cabe una confianza absoluta en ner desde el contexto cultural, desde tradiciones o autoridades filosóficas,
nuestro conocimiento. . .. etc. En efecto, debo, en primer lugar, llevar a cabo una "fumigación" de mis
Ante esta situación, se hace, si no necesaria, al menos posible y oportu- . propios conocimientos, no en el sentido de suprimirlos, ya que esto sería
na una pregunta aurnricamente crítica: ¿nflSUjetOs_ñ error todos una tarea ficticia e incluso imposible, sino en el sentido de negarles mi
nuestros si ¿Cómo sé cuáles . san verdaderos y cuáles no 10 confianza mientras no hayan pasado por ci cañamazo del análisis crítico.
:• -
Parece, sin embargo que hay conocimientos en Téngase en cuenta que la persona que se enfrenta críticamente con el
realidad, dentro de 1 conocimiento es una persona adulta; por consiguiente, está cargada de
ç;•,k
ciertos límites, no pare :e normal admitir dudas: basta referirse a -la exis-
tencia de múltiples conocimlcntos científicos comprobados. por ejem lo. 1.. conocimientos, de los cuales unos serán válidos, y otros, no.
Pues bien, para iniciar el análisis crítico del Conocimiento, lo correcto,
por parte del estudioso, es poner en cuarentena todos sus conocimientos,
ct jonocimientosiablesycooCimientøs
parece que que no son en espera de encontrar unos principios, fundamentos, reglas o criterios
susceptibles-de esa fiabilidad. Acepto unos y rechazo otros. Pero, de entra- Ii desde los cuales poder decidir cuáles deben seguir contando con su con-
da, puedo no saber cuáles son las razones para aceptar unos, ni cuáles me 1 f ianza, y cuáles, no.
llevan a rechazar los otros. Por otra parte, hay que tener en cuenta que bastantes de esos COflOCi..
Este estado de ignorancia o de duda debe conducirnos a una necesaria •t;--. rnientos se han consolidado de tal manera que adquieren fa fuerza dctcr-
actitud cautelar frente al conocimiento en general, antes de entrar a anal¡- minante de los prejuicios. Sucumbir a esta determinació n sería viciar todo
zar ningún ámbito de conocimiento concreto. Tal actitud cautelar es ya el trabajo crítico.
actitud crítica. P e ro-el teórico del conocimiento necesita profundizar en No obstante, hay que aceptar que la kurificación de los CoflocjmjCfltoS
ella. Esta profundización no debe circunscribirse al análisis de los errores o propios, muy especialmente delos que adquieren fuerza de prejuicios, es un
dudas con que nos encontramos frecuentemente, sino que necesita llegar, ideal que, con frecuencia, se queda muy lejos de la realidad, porque es per-
en la medida de lo posible, a la raíz última de la posibilidad dci error y de la fectatucure posible que nos liberemos de aquellos prejuicios de los que
duda. Para ello es necesario hacerse problema de qué es el conocimiento, somos capaces de tomar conciencia, pero es muy difícil conseguir que afio-
cómo se gesta, qué valor tiene, cuál es su capacidad reveladora de lo "otro", -• ten a la conciencia todos nuestros prejuicios. Y no sería extraño que los
o sea, de la realidad. Es decir, no dar ¡por sabido o por válido nada en nues- prejuicios que no afloren sean los que más nos determinan. Nada de esto,
tro conocimiento, mientras no analicemos por qué coñsidcramos sabido lo sin embargo, debe detraemos del esfuerzo de autopurificación crítica del
sabido y válido lo válido. _
-.. •2 bagaje de conocimientos con que el pasado ha cargado nuestras alforjas.
Pero no basta con esta tarea de purificación, sino que hay que liberarse
IJIIP* - también de Conocimientos o principios que se nos imponen desde fuera,

18 . 19
miento propio de Otros seres poco o casi nada es lo que sabemos. Pues bien,
• muy especialmente desde ci contexto cultural en que vivimos y desde tra- el conocimiento de un ser limitado, como es el hombre, debe ser limitado.
diciones, sobre todo filosóficas, con la« ;s» que estamos familiarizados en mayor Pero esta afirmación general dice tanto que no dice nada. Onoseofó,
o menor medida. Asimismo, la Sociología del conocimiento ha sacado a luz gicamenrc hay que hacerse problema de los límites concretos del conoccr
el impacto condicionante o determinante de la sociedad sobre nuestro humano, y, admitida la existencia de tales límites, se impone la tarea de
conocer. Se impone al teórico del conocimiento tratar de saber hasta dónde señalarlos. Es significativo que en la modernidad, época en la que se cons-
llega esa determinación o condicionamiento, a fin de salvaguardar ci tituye y desarrolla la teoría del conocimiento, el problema de los límites del
mayor nivel posible de independencia. Y otro tanta debe dccirscdél pro- conocer se convierte en un tema medular, tanto desde la perspectiva de la
¡ pósito de liberarse de concepciones filosóficas o de tradiciones que pueden certeza como desde la perspectiva de la objetividad. En conexión con este
condicionar nuestro acercamiento crítico al conocimiento. Si coincido con tema está ci problema de lo irracional o incognoscible como lo que está
algún filósofo, con alguna tradición, debe ser porque el análisis crítico del --- -. más allá de todo límite.
conocimiento me conduce a esa coincidencia. Esta liberación de contami- Ahora bien, recogidas las tres funciones de la actitud crítica, hay qué
naciones externas ha tenido, en los albores de la modernidad, un espléndi- advertir que esa actitud crítica no se lleva a cabo sometiendo a análisis por-
do expositor, que ha sido F. Bacon con la teoría de los idola y con la redar- menorizado cada uno dé nuestros conocimientos. Tal planteamiento con-
gufio philosophiarum (rechazo de filosofías). . :. vertiría la actitud crítica en imposible por irrealizable. Descartes, en la 1 de
Ahora bien, si la actitud crítica sólo condujera a esta especie de purifi- - sus Meditaciones Metafísicas, afirma que la atención analítica debe dirigirse
cación bautismal de conocimientos y prejuicios propios y ajenos, no con- a los principios en que se funda todo conocimiento, ya que, si se cuartean
seguiríamos demasiado: sencillamente nos quedaríamos en disposición de esos fundamentos, quedará cuarteado todo el edificio del conocer, hacién-
echar a andar, pero no sabríamos hacia dónde ni para qué. Esto nos lo acla- dose precisa una reconstrucción racional del mismo, según él lo va a hacer.
ran las otras dos funciones. En esta misma línea, teniendo en su punto de mira a Kant, Heidegger plano.
Consideremos la función de fundamentación: si queremos saber lo que tea la actitud crítica de la siguiente manera: - -
vale ci conocimiento, e incluso cada uno de nüestros conocimientos, hay Crítica es ci auroconocimicnto de la razón puesta sobre y ante sí misma. De
que esforzarse por llegar al fundamento o fundamentos desde los cuales esa este modo crítica es la realización de la racionalidad más interna a fa razón'.
validación se hace posible; No seríamos sinceros si no dejáramos dicho que En efecto, una actitud crítica que pretenda enfrentarse con la objctivi-
las diversas teorizaciones del conocimiento no han tenido la fortuna de lle- dad yvalor dc con ci o. tiene—que ser una crítica. la inteligencia
gar a un acuerdo sobre la determinación del fundamento o fundamentos. humana y de la razón misma. • Y como la razón, entendida como el conjun-
Lo cual nó debe ser un motivo prematuro de escepticismo, sino indicio de to de las capacidades cognoscitivas humanas, no debe someterse a ningún
la riqueza de perspectivas desde las cuales puede plantearse el conocimien- tribunal ajeno, tiene que ser ella la que; constituyéndose en tribunal, se -
to humano, pudicndo las divejsas perspectivas provocar distintos enfoques somera a sí misma a juicio, descubriendo y analizando sus ptideres y seña-
en la búsqueda del fundamento, que, en el fondo, suelen ser más comple- lando sus límites. En Kant se lkvóa extremo de perfección este modelo de
mentarios que contrarios, según habremos de ver en los capítulos corres- actitud, según tendremos ocasión de ver en su -momento. -
pondientes. Con esto queremos también decir que importa más la actitud .
que las soluciones concretas.
11.3. ALGUNOS PERFILES HISTÓRICOS DE LA ACTITUD CRÍTICA
En tercer lugar, corresponde a la actitud crítica la atención a los límites
del conocimiento. El tema será objeto de un análisis más pormenorizado en - Acabamos de decir, de pasada, que la teoría del conocimiento tiene que
el c. XIII. Pero no cabe una actitud crítica sin tenerlo presente desde el pri- esperara fa moderiiidad para su auténtiéa constitución y desarrollo. Y, como
mer momento. En efecto, no hacemos teoría del conocimiento sin más, -
sino que hacemos la teoría del conocimiento humano, ya que del conoci-
'HEiDEGGER. M.,La pre gunta por La cosa. Trad. de E.. García Belsunce y Z. Szankay.
Sur. Buenos Aires. 1964; P. 120.
'Ch. BACON, E. Wots. Org., lib. 1, aphor. 38-92.

21

.- .--.. . _
es obvio, el distinto modo de plantear el conocimiento conlievala adop-
ción de actitudes críticas que pueden ser distintas. Por ello pensamos que
las (unciones que hemos recogido sumariamente en ci epígrafe anterior
pueden quedar iluminadas con algunas referencias a los autores que son
hitos insoslayables en la historia de la teoría del conocimiento. Con crite-
rio de austeridad selectiva, la referencias se van a limitar a Descartes, .
a_
.
inctodokigica, "inventándose" motivos de duda en su intento de universa-
.. lizaria. No se olvide que convertir la duda en real no resultaba aceptable
para un autor leído y escarmentado en los escépticos franceses.
En cuanto a la función de fundamentación, ésta aparece en la. II de las
Meditaciones cuando, tras recordar que, igual que Arquímedes sólo pedía un
punto firme para mover ci mundo, también él no necesita más que un fun-
damento firme e inconmovible para alzar sobre él el edificio de todas las
Locke, Hume, Kant y, más cerca de nosotros, Husserl. Son los que consi- certezas del conocimiento. Ese punto es la certeza del yo, del análisis de
deramos más significativos. cuya riqueza noerrtática irá sacando paso a paso todos los elementos que
Para entender la actitud crítica de Descartes, es preciso hacer mención . - constituyen ese edificio.
a las dos maneras básicas de plantear la teoría de¡ Conocimiento en la ¿Entra la función de delimitación en la actitud crítica cartesiana sí y
modernidad. O se hace una teoría del conocimiento centrada sobre ci tema no. Sí, en ci sentido de que, en la línea de la ontoteología tradicional,
de la certeza, o se la hace atendiendo al tema de la objetividad En el pri- acepta la (initud del yo—sujeto, y esa finitud ontológica implica una COnse-
mer caso, el interés gira en torno a conseguir la certeza o seguridad de mis cucncial finitud en el conocer. Pero éste no es un auténtico planteamiento
.. conocimientos, quedando en segundo nivel el tema de la objetividad, es del Uinire del conocer. A lo más, cabría ver ci límite en su criterio de la
" decir, ci valor que tienen mis conocimientos como reveladores de la reali- claridad y distinción, en el sentido de que lo no ajustado a este criterio
P' t dad de lo conocido. Enfrente esta el planteamiento contrario: hacer de la queda fuera del conocimiento cierto, que es el genuino conocimiento para
t objetividad o valor de mi conocimiento ci problema medular, dejando en • Descartes. Pero, evidentemente, éste no es ci único conocimiento.
." segundo plano la certeza. Si de este segundo planteamiento ci modelo es Locke es un autor relevante en la configuración de la actitud crítica.
Kant, Descartes lo es del primero Supera a Descartes en tomar conciencia de la necesidad y del papel que,
A Descartes, pues, le interesa por encima de todo la certeza o seguridad dentro de la filosofía, le corresponde a la teoría del conocimiento. DI ahí
subjetiva en los conocimientos que poseo y su actitud crítica está al servi- que su Ensayo sobre el encendimiento humano haya podido ser considerado
cio de este interés. Si ponemos la atención en las Meditaciones, veremos como ci primer libro sistemático de gnoseología. En la "Epístola al Lector",
que, entre la 1 y la II, aparecen con toda-claridad las funciones de purifica- que hace de prólogo de la obra, queda clara la primacía que concede a la
ción y fundamentación, quedando en equívoca penumbra la de delimita- teoría del conocimiento, primacía que, por otra parte, no afecta al primer
ción-.-Para ci Filósofo deTurena hayque comenzar por -poner en cuarente- puesto jerárquico que, dentro de la filosofía, corrcpondc a la moral:
na todos los conocimientos con que, desde la infancia, me he ido cargando, Después de haber permanecido perplejos durante un rato, sin lograr acer-
tarea que se realiza, no mediante un análisis detallado de cada uno, sino osa la solución de aquellas dudas que nos tenían confundidos, se me ocu-
atacando los cimientos en que se apoyan. La realización de esto se lleva a rrió que habíamos tomadó un camino erróneo; y que- antes de empeñamos
'
en investigaciones de esta naturaleza, se hacía preciso examinar nuestras pro-
cabo en la duda, a lo largo de la cual se van atacando esosfundamentos en. pias actitudes y averiguar ué___.etoscstbanalalçance de nuestra inteti..
proceso conducente a la duda universal', que, sin embargo, no llega a ser encza cuates no ¿o esta an to ue o que prop use a los que mecompa a-
tal, debido a la certeza indubitable del yo. Con la duda se logra un derriba- inmediato su acuerdo; e inmediatamente se
miento y desescombro tic mis conocimientos habidos hasta ese momento, convino que ésta debería ser nuestra primera invcstigaci6n.
ya que, por no estar críticamente fundados, son conocimientos de los que Sentada esta primacía genética en ci desarrollo del saber, Locke se hace
no puedo fiarme. cargo de las funciones que hemos atribuido a la actitud crítica. La labor de
A este proceso cartesiano de purificación crítica por la duda se hace ine- purificación se manifiesta especialmente en el rechazo del innatismo: la
vitable la objeción que, con tanta frecuencia, se le ha echado en cara: éste mayoría de los filósofos de su momento afirmaban que los conocimientos
no es un proceso real, porque Descartes no practica una duda real, sino fundamentales eran unos conocimientos primitivos y originales, que eran
innatos. Siendo para él el innatismo una hipótesis gratuita, sus sistemas
están edificados sobre arena, no mereciendo, en consecuencia, crédito algu-
'DESCARTES. R., Mcd. Metaf., J. AT. VII. p. 17 y sgts.
1 23
22
,

no. Frente a ellos, hay sabios —Boyk, Sydcnharn. Huygens, Nwton- En la "Introducción" al Treatise ofhunan riacure, el primer párrafo for-
- -
que, como auténticos arquitectos, construyen sólidos edificios de ciencia. muJa un rechazo generalizado de los sistemas en boga, porque fallan en los
En ese línea, en la misma "Epístola", Locke se atribuye ci honroso papel de principios, carecen de corrección en los procesos y están faltos de cohe-
trabajar como obrero en limpiar y desbrozar ci campo los escombros que rencia y evidencia. Y, por lo que respecta a los conocimientos sobre los que
estorban la marcha del saber"'. rr-Iil1I versa la teorización del conocimiento, es manifiesto que han de someterse
Desbrozado el terreno y rechazado el innatismo corno origen y funda- -.. . todos a la piedra de toque de la experiencia. Y la experiencia se convierte
mento del saber, se -impone b uscar otro nuevo. Así se lo plantea en ci lib. 1, también, desde esa misma "Introducción" en el límite del conocer, pue sto
c. 1, § 2, y en c. III, § 25. Y su formulación básica la encontramos en lib. que intentar ir más allá "debe ser rechazado como presuntuoso y quiméri-
II, c. 1, § 2: la experiencia, entendida en la doble dimensión de observa- co". La experiencia, pues, entendida como observación, que no experi-
ción de los objetos sensibles externos y observación de las operaciones mentación, de la naturaleza humana, es la base y fundamento de todo nues-
internas de la mente, es dccir, la sensación y la reflexión. tro conocer.
Si importantes son los perfiles de la actitud crítica de Locke en la puri- Ahora bien, si hay que elegir un autor en el que la actitud crítica haya
ficación y en la fundamentación del conocimiento, no menos relevante es 4, sido llevada a su cenit de rigor, tanto en el planteamiento como en el desa.
la explicitacián del problema del límite, aspecto que aquí sólo apuntamos, ti-ollo, ese autor es kant. Cabría decir que en esto consiste, en buena medi-
dejando su exposición para el e. XIII. Es el primer filósofo que convierte el da, la tarea de la Crítica ck la Razón pura. Dejemos de lado la atenencia que
tema del límite gnoscológico en cuestión fundamental, siendo con ello un hasta ahora hemos seguido en cuanto a purificación, fundamentació n
y
claro antecedente de Kant. En el § 2 del c. 1 del Lib. 1, deja sentado con delimitación, y atengámonos a la exposición del Filósofo de Kónigsbcrg. Ya
toda claridad que su propósito es investigar el origen, certidumbre y exten- en la EinIeiwng nos encontramos con textos tan expresivos como éste:
sión del conocimiento humano. Y, das paÑgrafos después, insistirá en des- - Tampoco puede pretender esta ciencia una extensión dcsalentadoc-a mcntc
larga, ya que no se ocupa de los objetos de la razón, cuya variedad es infinita,
cubrir hasta dónde llegan los poderes de la inteligencia humana, al cono- sino de la. razón misma, de problemas que surgen enterament e
cimiento de qué cosas se ajustan nuestras facultades y dónde éstas nos desde dentro
de sí misma y que se presentan, no por la naturaleza de cosas distintas de ella.
traicionan, aceptando que hay cosas que nos sobrepasan y que, por tanto, sino pgr la suya propia. Una vez que la razón ha obtenido un pleno conoci-
miento previo de su propia capacidad rcspecio d los objetos que se le puc-
hemos de permanecer en ignorancia de ellas. _________ den o(reccr en la experiencia, tiene que resultarle fácil determinar comple-
En este repaso de autores no podemos.dejar de lado a Hume,.aupqe en tamente ycon plena seguridad la *amplítúd 7 y los límites de su uso cuando
- él los perfiles de la actitud crítica estén lejos de la claridad de un Locke o de intenta sobrepasar las fronteras de la experiencia'.
un Kant. ¿Razón? A nuestro modo ver, es fundamental la siguiente: Hume Es decir, no estamos ante una crítica de objetos o de ideas, sino de la
no pretendió hacer una teoría del conocimiento con pretensiones de vali- razón misma, de los problemas que surgen del análisis de su propia natura-
dación científica, sino llevar a cabo la explicación de tos conocimientos nor- leza. Y en este planteamiento crítico de la razón tenemos dos focos pri-
males de que nos valemos en la vida y en nuestras relaciones como miem- mordiales: la capacidad de la razón y los límites de us uso.
bros de la sociedad. Sus aspiraciones, al menos en apariencia, no van más Este riiicko de la actitud crítica había aparecido ya con claridad en la
allá, Porque, si vamos más allá, el escepticismo está al acecho. Feriomenista Vorrede de la primera edición. Si no nos contentamos con un saber apa-
- radial, escéptico moderado, declara propósitos modestos: estudiar, con- rente, es preciso urgirle a la razón para que, por una parte, empenda la
trar y organizar unas leyes ope rativas de los fenómenos deconcaencia. En -. tarea del autoconocirnicnto, y, por otra,
una palabra,. y con expresión suya, realizar una mental gcography.
Sin embar-
para que instituya un tribunal que garantice sus pretensiones legítimas
y
go, encontramos algunos elementos fundamentales. Veamos. que sea capaz de terminar con todas las arrogancias in(uñdadas, no con afir-
maciones de autoridad, sino con las leyes eternas e invariables que la razón
posee. Semejante tribunal no es otro que la misma cr(ica de la ratón pura.
No
Trad. de E. O'Garinan. Fondo de
'LOCKE. J., Ensayo sobre e l encendimiento humano.
C. E.. M&ico, 1956, p. 10. 'KrV.B23.
'Enquirj concerning human undcrsumding. sec. 1.

24 - 25
p .
entiendo por cal crítica la de libros y sistemas, sino la de la facultad de la Por fin, como cierre-de este repaso selectivo de algunos modelos de acti-
razón en general'. tud crítica, no cabe silenciar a Husserl. Su fenomenología trascendental ha
La razón tiene, pues, que someterse a autocrítica, desdoblándose en juez sido, a nuestro modo tic ver, la última gran construcción espcculativa de
una teoría del conocimiento. Sin embargo, como para dar mediana cuenta
y reo, ya que no debe admitir el juicio de nadie externo a ella. Crítica de
la razón misma, no meramente de los hechos de la razón, tal como le repro- de su actitud crítica habría que traer a colación buena parte de sus temas
chaba a Hume. Por eso Hume no pudo superar e1 estadio escéptico, que, de extremado tecnicismo —esencias eid&icas, epojé, reducciones, etc.,
ciertamente, ya es un avance sobre el dogmático. Mas hay que alcanzar el etc.—, empresa impropia de este momento, apuntamos sólo algunas refle-
estadio crítico, ya que nos dice que hay que alcanzar un tercer paso «madu- xiones. Fiel a su propósito de hacer de la filosóffa una ciencia rigurosa, el
ro y viril", que consiste en someter a examen la razón misma "atendiendo rigor preside su actitud crítica. En conformidad con ello, el análisis y vali-
a toda su capacidad y aptitud para los conocimientos"*. dación del conocimiento se ha de llevar a cabo cmi un laborioso esfuerzo
Si retomamos ahora las (unciones de purificar, fundamentar y delimitar, para superar la actitud natural n la que me encuentro con el mundo y vivo
Kant afirma que la meta que pretende con su obra fundamental es limpiar y en ese inundo. En esta actitud natural no hay lugar parad conocimient o y
la ciencia rigurosa. De ahí que se haga precisa la liberación de todo lo que
allanar (reinigcn, ebnen) , desbrozar el campo'.
La búsqueda de fundamentación es labor de toda la obra, que no es otra conilevaesa actitud natural: -
cosa que una fundamcntación.trascendcntal del conocimiento Eliminar todos los hábitos mentales existentes hasta aquí, reconocer y que-
brantar los límites del espíritu con que cierran ci horizonte de nuestro pen-
En cuanto a la delimitación, la gnoseología kantiana, como teoría revo- sar, y adueñarse con plena libertad del pensamiento de los genuinos proble-
lucionaria y profunda de la objetividad, es, por lo mismo y de modo bási- mas filosóficos, problemas que hay que plantear plenamente de nuevo...
co, una gnoseología de los límites de la objetividad. Pocos perfiles resultan además de codo esto es necesaria una nueva forma de actitud completamente
distinta de las actitudes de la experiencia y el pensamiento naturales ".
más claros en la actitud crítica de Kant que este intento de una clara deter-
minación k los límites en los que es posible a la razón humana obtener A partir de esta desnudez de punto de partida, se inicia el camino haja
resultados "objetivos". Aunque sobre este tema hemos de volver, adelante- la conciencia pura, hacia ci Yo trascendental, foco original y fundamento
mos algunos aspectos. Por ejemplo, cuando nos dice que la crítica de la de toda objetivación. Lo que en realidad interesa subrayar es la exigencia
razón "es una crítica en virtud de la cual se prueba, no simplemente que esa de echar a andar totalmente libre de presupuestos, ya sean los que proce-
den de mis vivencias y conocimientos del mundo natural, incluso aparen..
razón tiene límites, sino cuáles son esos limite?"..
Y esta exigencia tic rigor en la limitacióh del campo al alcance del cono- temente científicos, ya sean Lós presupuestos provinicns de otris fjlosofí-
cimiento es una actitud presente a lo largo de toda la obra, y aparece de as: De tales filosofías Husserl combate muy especialmente aquellas que,
forma destacada en aquellos momentos en que la razón se enfrenta con como ci empirismo, considera que están viciadas de psicologismo.
temas que ¡e hacen ver su impotencia, por ejemplo, cuando expone las
antinomias '. El campo de la razón, en comparación ¿le Kant, no es una lla- 11.4. REFLEXIÓN FINAL
nura de límites borrosos, sino una esfera de medidas absolutamente deter-
minadas La actitud crítica es un talante filosófico que la modernidad hizo suyo,
configurándolo, aristaíndolo e incluso rcmodclándok según los diversos
.I .
autores. Se inicia con cierra pobreza en Descartes, a pesar de la aparatosi..
Trad. de P. Rivas en INMANUEL KANT. Crítica de la Razón pura. dad metodológica de. la duda, y culmina con plenitud de rigor en Kant.
'ICrV, A X1-XII.
Alfaguara. Madrid, 1978. Pero ya desde Descartes presenta algunos rasgos cuya presencia va a ser per-
'A761.13789. Trad. cit. manence. Importa destacar como fundamental el imperativo de retracción
Cfr. A XXI.
"Cfr. A X1-12, 13 25-26.
A761,J3?89.
"Ch. A 476, 13504. "Ideas 1. Trad. de J. Caos. E de C. Económica, México. 1913, Introducción, p. 9.
"Cfr. A 762, 13 790. i.
i .

26 in 7
-
a la conciencia. El pensar moderno no es un pensar en y desde ci ser, sino ..
1
, • desde la conciencia o el yo. Esta
tracción a la conciencia implica uñ
1 progresivo alejamiento de lo en—sí, para ir confinándose en ci para—mi, es . .
IiiJ
. -
En consecuencia, hay que abrirse a otra manera de entender el
inicnto: ya no se le exige que represente a lo conocido, sino simplemente)
que nos d6 noticia de elfo. Sc están dando los pasos para llegar a üna con-
decir, en el fen6meno 1 proceso que, si bien desde algún punto de vista se iI
CCPCWfl simbólica del conocimiento, debiendo tenerse en cuenta que el
puede decir que llegó a consumación en Hume, le deberá, sin embargo, a • .
ItiD • símbolo no tiene por qué ser imagen de lo simbolizado. En esta línea está
Kant su formulación más sistemática y rigurosa. Kant, cuando en el § 10 de fa Disscrtagio dcl 70 dice que de los objetos inte-
Esta retracción a la conciencia trae consigo una potenciación del reino .
1; lectuafcs no tenemos intuiciót, sino un conocimiento simbólico.
. . del conocer/pensar, con paralelo olvido del reino del ser/realidad extra-
Por fin, una pregunta para terminar: ¿cabe una actitud crítica absoluta..
mental. Ello implica que la actitud crítica se plantea desde y para la con-
mente radical, cabe arrancar de un punto cero! Co no actitud, como p ro,
ciencia—yo—sujeto que conoce, afectando sólo en un segundo momento a
O toma de posición, sí, ya que, efectivamente, ci teórico del
lo conocido desde esa conciencia—yo—sujeto. No obstante, hasta Hume, conocj..
R.w7 . '
miento se propone arrancar de un punto absolutamente cero, tanto por
quedaba un cordón umbilical de conexión del conocer/pensar con el
. declarar inválidos los conocimientos poseídos, como por expresa renuncia
ser/realidad. Ese cordón era la causalidad ontológica, elemento residual,
pero importante, herencia de la metafísica tradicional de corte aristotél j
JfJ. . a cualquier principio o presupuesto que pudiera condiciona r su análisis del
conocer. Pero, por otraparte, esto no pasa de un propósito hecho con la
co. Sin embargo, esa conexión se va a ir perdiendo: la causa se identifica
- F mejor intención. Corno ya dejamos dicho, siempre nos quedará, en mayor o
con la ratio (razón) en algunos racionalistas, o se la remite en cxi usiva a menor medida, algún presupuestó, digamos mejor pr eju ic io , del que no 1,
Dios (Malebranchc, Espinosa en cierta medida), o desparecc en ci seno de
la mónada (Leibniz), hasta que Hume dice que de esa causálidad no sabe-
I1JLI tomamos conciencia. Y precisamente porque no tomamos concienci a de él,
puede ejercer sobre nuestros planteamientos una influencia incontrolad a .
¡nos nada. La consecuencia es un progresivo enclaustramiento en la inina- ________
Esto quiere decir que la actitud crítica no debe ser sólo una actitud inicial,
ncncia de-la conciencia. Desde esta perspectiva, la actitud crítica a lo que
' sino una actitud de vigilia y de cautela que ha tic estar siempre alertando
atiende esa la corrección y justificación de los dinamismos subjetivos del al estudioso del conocimiento.
conocer corno actividad del yo. Por esa inmanencia, el conocimiento del
Ç mundo se irá tornando problemático hasta quedarse en una creencia '(belief)
para Hume. La cosa—en—sí de Kant, con inevitables diferencias, caminará
por derroteros no muy alejados: ' çij•
11ay .también en la gnoseología moderna un principio implícito opera-
tivo: sólopuedo valorar un conocimiento cuando conozco la génesis de ele4
conocimiento. Esta consideración genética se incorpora a las preocupacio-
nes de'la actitud crítica, ya se trate de génesis de la certeza, yá de génesis
de la objetividad. . . •:: -. . -
Otro tema que acompaña históricamente el progresivo desarrollo de' la
actitud crítica en la modernidad es el abandono de ¡a concepción del cono- . - •- {

cimiento como representación en el sentido fuerte de la palabra, es decir, íj


corno sg!j rese claen mí por vía de irnagende aquello que conozco o
supongo conocido. Herencia de la teoría aristotélica de la asimilación, que
llega hasta Locke, teniendo una expresión muy clara en Descartes cuando .

califica a* la*s ideas cómo imágenes de las cosas en la III de sus Meditaciones.
Hume, al confesar que ignora a qué causas se deben ¡as impresiones origi-
1
narias, que son las de sensación, se desconecta del mundo de lo real,
haciendo imposible calificar mis conocimientos como imágenes de algo con 1
lo cual desconozco la relación que tengo. .

28
29
..• .
1 -
Caracteres
III
111 )' flOClOfl de
conocimiento

Dando por descontado que ci conocimiento es un hecho de cuya afir-


mación hay que partir, se impone, para acercarnos a su comprensión, pre-
- guaramos en qué consiste y. con qué características se presenta. Se trata de
un primer paso ineludible para cualquier teorización seria del conocer. y Jo
que cabe hacer en este primer momento es una descripción analítica, que
recoja aquellos caracteres que el conocimiento ofrece, al margen de teorías
íiIoóficas o sistemas concretos, aunque, como es obvio, no sea el momen-
. to de profundizar en elementos básicos que se nos ofrecen ya en esta des
crij,ción preliminar, ya que esos elementos deberán ser tema de estudio por-
menorizado en capítulos posteriores, por ejemplo, sujeto, objeto, etc. Con
-,. citó ¿le paso, daremos entrada a algunas nociones de conocimiento a ¡as
qué sóló debernos con darles un carácter de provisionalidad, pues habrán
de somccerse posrriormente a1 corttrastc y confrontación con las principa-
les teorías gnoseológicas de las que no cabe estar en ignorancia.
- Aunque nuestro designio sea realizar una descripción aséptica tenemos
• que reconoce que es difícil, por no decir imposible, realizar tal propósito
en puridad llevamos cuatro siglos de filosofia en los que el problema del
• conocimiento es tcrrni inedular—en muchos casos ci original y ¿riginante
de los demás— lo cual a fuer de sinceros convierte el propósito de asepsia
en un simple ideal al que se aspira.
Aparte del intento de aproximación descriptiva al conocimiento que nos
conduzca al establecimiento de la noción o nociones del mismo, este capí-
es la ocasión de presentar todo un elenco de términos con los que
debemos familiarizarnos en teoría del conocimiento al paso que aparecen
• en escorzo algunos conceptosque ' habrán de encontrar en capítulos siguien-

1
uj
ces su lugar de explicación y profundización. En una palabra, buscamos una ( estímulo, en virtud tanto de dotes y actitudes personales como del jnevjt
.
primera (amiliariación con e1 hecho jcon los problemas del conocimiento. Wc condicionamiento social y cultural, que incide en la recepción del estí-
mulo. Piinsesc, por ejemplo, en el distinto modo de considerar u eclipse
ijrU• •
. . en la cultura de hoy, en la de hace quince siglos, o en la cultura de una
III.,. EL CONOCIMIENTO COMO ACTIVIDAD HUMANA tribu primitiva.

Si buscamos el lugar donde situar el hecho del conocimiento y desde ci -- • !"


.
. Nos encontramos, pues, abocados al análisis de una dimensión deldjna-
• ' mismo dci hombre, que es la dimensión cognoscitiva. Sin dejar de ser ani-
cual se nos ofrezcan perspectivas adecuadas para su comprensión, ese lugar mal y, por ello, de estar sometido a los estímulos biológicos e instintivos, el
es, sin duda alguna, el dinamismo o actividad del hombre. El conocimien- frffJ . hombre, de modo muy especial en la funciones cognoscitivas que solemos
to es una dimensión de esa actividad. Y digamos ya, desde ahora, que, den- adjetivar como superiores, sobrepasa ese nivel biológico e instintivo en la
tro del complejo y plural dinamismo del hombre, el conocimiento en sí captación de lo "otro", de lo distinto de l en cuanto sujeto, interiorizan
mismo no es una actividad puramente cognoscitiva. Dicho de otra manc- dolo en la red de significaciones que constituyen el bagaje de conocimicn
rai no hay actividad que sea solamente cognoscitiva, s¡no que hay actos del tos de cada individuo.
hombre donde la dimensión cognoscitiva es fa fundamental, hasta tal En una palabra, teorizar sobre el conocimiento y sólo sobre el Cofloci-
punto que, a veces, parece que el dinamismo deihombre en tales actos se . miento que el hombre posee o ejerce, tiene algo o bastante de arbitrio
reduce a conocimiento. Pero, si tenemos en cuenta que el conocimiento es, .. merodológico, desde el momento en que cualquier método de análisis del
entre otros aspectos, una manifestación de la vida del hombre, hay que
reconocer en todos los actos vitales un complejo de factores, entre los cua-
::.T- . .
conocimiento del que nos valgamos introduce un hi,.uus de ruptura en el
dinamismo complejo y unitario del hombre. Sin embargo, nos parece que
les cabe aislar analíticamente el aspecto cognoscitivo, pero no anular total. esto no supone ninguna desventaja de la teoría del conocimiento respecto
mente:lo, s demás aspectos. de otros saberes particulares sobre el hombre.
Es decir, ci conocimiento es una acción humana, pero no una acción del
hombre en general, sino de cada hombre. Y la acción cognoscitiva, dentro
del dinamismo humano, se encuadra en lo que podríamos llamar el "enfren- 111.2. CARACTERES DEL CONOCIMIENTO
tamiento" con el mundo, con lo "otro". Recordemos que el ser del hombre
es ün sez que scéstá haciendo siempre, porque, como hombre, es un ser Pia describir el conocimiento ; teorizar sobre él, lo primero que nece-
inacabado. Y en este ir liacindose.tiene un papel insustituible el encuen- _J. sitamos es tomar distancia respecto de lo que cabría llamar la "situación
tro, ci "comcrcio" con lo "otro", con el mundo. Y en ese encuentro y vivencial" del conocimiento, situación en la que, originariamente, vivimos
ucomcr 61 ci conocimiento es la dimensión fundamental e incluso fun- jjj todos en nuestras etapas primeras de desarrollo, Y que no está lejana de
dante de otras dimensiones. aquella en que viven muchas personas a las que, en su conducta vital e
Córi ello estamos destacando otro aspecto del ser humano, muy subra- incluso profesional, no les hace falta para nada plantearse lo que es y vale
yado por el existencialismo: ci hombre como ser abierto. Y muchas de las su conocimiento, sino que les basta con que. su conocimiento "funcione'
puertas por las que se abre son cognoscitivas: sentidos, imaginación, inte- Obviamente, en esta situación vital y vivencia¡ el conocimiento no se hace
ligencia, razón. Esa condición de apertura convierte al hombre en un ser objeto de conocimiento, que es lo que tiene que suceder para analizarlo y
sometido al bombardeo de múcipies y plurales estímulos. Es tal la sobrea- _______ describirlo. Esta conversión deiicho de cimiento objeto de cOflO ,
bundancia de estímulos, que deben necesariamente pasar por diversos tami- cimiento se lleva a cabo mediante la actitud reflexiva por la que la acti vi-
ces;'de selección. Pues bien, ninguna otra actividad del hombre tiene la dad cognoscitiva se desdobla en cognoscenre y conocida. Repitamos l o
capacidad selectiva de que dispone el conocimiento, porque, al tratarse de dicho anteriormente: e! carácter de hecho primitivo del conocimient o
un proceso consciente, podemos, al menos en cierta medida, hacemos due- ef!! implica que sólo se lo pucd a_¿o'n0ce ren este csdoa ntj iCXiVQ.in
iSos y rectores de ella. Y no sólo por poder y tener quescleccionar estímu- con ningún otro medio distinto del
los, sirio también por poder o tener que modalizar fa forma de asumir el conocimiento mismo.

32 . . 33
El filósofo o aprendiz de filósoío.que se apresta a someter a inúlisis el
LL que se ha de producir entre el objeto/cosa y el cognoscente o sujeto (sus
conocimiento se encuentra cargado con un cúmulo de conocimientos de la
más diversa índole, tal como inevitablemente tiene que suceder en toda
1 actos . Si el conocer supone una cierta unión mediante la relación cog.
noscitiva entre el sujeto y el objeto a través de la conciencia, esa media-
ción de la conciencia procesualiza inevitablemente, al menos en cierto
persona adulta normal. Pues bien, en este momento inicial de reflexión y
de análisis, debemos dejar de lado la diversidad de conocimientos que cons- grado, el conocimiento. Y adelantemos que si, como tendremos ocasión de
tituyen nuestro bagaje cognoscitivo: sólo nos interesa. aquello en que los ver, ci objeto en cuanto conocido es constituido, entonces el carácter pro-
distintos conocimicrios coinciden, es decir, en que son conocimiento, ya cesual resulta definitorio de todo acto de conocimiento.
Cuanto estamos diciendo sobre la presencia del objeto/cosa al cognos-
que lo que buscamos son los caracteres de todo conocimiento. Digamos, de
entrada, que esos caracteres son muchos y están imbricados los unos con ccntc nos lleva a destacar otro carácter sobre el modo de presentársenos ese
los otros, lo que implica que no sea fácil, ni acaso posible, describir unos objeto y sobre el acercamiento, si cabe hablar así, de Ja conciencia o suje
sin tener en cucará los otros y que, asimismo, sea siempre discutible orde- to al objeto/cosa: la intencionalidad. Si fa fenomenología husserliaria des-
nar jerárquicamente tales caracteres, aunque, por nuestra parte, no disi- tocó sobremanera este rasgo, ello no significa que lo haya descubierto o
mulamos la preferencia por la relación sujeto—objeto como característica "inventado", sino que, al margen de imperativos sistemáticos, se esforzó en
\ fundamental, preferencia que trataremos de justificar. subrayar el carácter de la conciencia como "conciencia de", significando Ea
Empecemos sciialando que, en el acercamiento al conocer, se nos ofre- intencionalidad tanto esa dirección de fa concienciahacia el objeto, como
ce como condición insoslayable, para que se pueda hablar de conocimien- también ci modo de presencia del &Ç erila conciencia inple..
to, la presencia en el conocimiento del objeta/cosa', de lo "otro" como mente, corno objeto conocido. Sobre la intencionalidad será prec iso vo l-
distinto del conocimiento. Sin esa cierta presencia, no cabe hablar de ver en su momento.
conocimiento. Esa presencia puede traducirse en imagen, representación En lo que estamos diciendo, tanto sobre la procesualidad como sobre la
o símbolo. La opción sobre la forma de estar presente el objeto en el cono- intencionalidad, nos hemos encontrado con la conciencia. Encucntrojn.
cimiento requiere ulteriores análisis. Ahora bien, ya en este momento ini- vitable sencillamente porque el conocer se nos presenta como un (eflórne,
cial, se hace preciso dejar sentado que la presencia del objeto/cosa ha de no consciente, es decir,— un hcçp dei que me doy cuenta, hasta tal
que en ese "darse cuenta" viene a consistir el conoci-
ser presencia ante y para alguien, que no puede ser otro que el sujeto que
mktñEi la, según oca amos de un
conoce
Esta presencia de algo a alguien implica, en todo conocer, una alteridad. objeto, en cuya revelación a la conciencia consiste el Conocimiento de ese
Es decii,rcsulta obvio que no hay conocimiento sin relación entre dos ele- objeto, aunque sean muy distintas fas formas de entender la toma de Con-
mentos: alguien que conoce y algo que es conocido o se pretende conocer. ciencia del objeto y la revelación del objeto a la conciencia. Dicho de otra
Otroiasjo dci conocimiento es. su carácter procesual. Esa presencia del manera, en todo conocimiento hay conciencia de algo y hay un alguien que
objeto/cosa en el conocimiento no se absuelve en un momento instantá- posee y pone en ejercicio esa conciencia.
neo e indivisible, sino que se desarrolla procesualmente1 cosa que nosuce- Resumiendo, desde esta perspectiva, todo lo que estamos diciendo, cabe
de sólo en los conocimientos inferenciales o discursivos. Si algunos defen- cntcnd crsi no como fórmula deflnitoria sí como íórmulación descriptiva
del conocimiento la de aprehensión consciente de un objeto. Parece corno si
sores de la intuición intelectúal la caracterizan como instantánea, hoy
tanto la psicología como la gnoseología están de acuerdo en rechazar esta el sujeto saliese a la conquista del objeto/cosa, mientras que el objeto se
instantaneidad. La jrocesualidad viene exigida por la necesaria adatación adentra en la conciencia, de alguna manera, para instalarse en ella ya en
• calidad de objeto conocido: Es decir, conocer supone una cierta inmanen-
tización del objeto (en cuanto conocido) en la conciencia. Y supone tam-
Con ¡a expresión objeto/cosa designamos todo lo que adviene a presencia en cI conoci- bién como una inclinación del sujeto hacia el objeto/cosa, inclinación que
miento, sin que ese objeto/cosa tenga que estar físicamente presente en el acto de conocimiento. podemos hacer coincidir con lo que hemos denominado intencionalid ad.
En este sentido can objeto/cosa es un árbol como un animal, un triángulo o el teorema de Pero aún cabe, valiéndonos de la terminología popularizada por Husserl,
Pirágoms. Este objeto/cosa no debe identiflearse con ci objeto conocido o la objetividad dci cono-
distinguir en esa aprehensión consciente los aspectos noéticos y los aspee-
cimiento.

34 35
J

. .

unas estructuras que, forzosamente, imponen su sello a la presencia, aprc


tos noemáticos. Lo noitico es la actividad y el modo de tornar conciencia • hcnsón o captación del objeto. Las discusiones serán inevitables tanto a la
según las distintas formas de conocimiento: es ci acto cognoscitivo. Por el . hora de concretar el cuánto y el cómo de la constricción del objeto, como
1
contrario, ¡o flocmtico es ci contenido de¡ acto de conciencia, contenido
a la hora de determinar las estructuras dd sujeto y las leyes que, desde ellas,
que —repetimos---- no es ya ci objeto/cosa, sino que es el objeto en cuanto a la objetividad del conocimiento.
conocido o la presencia objetiva en el acto cognoscentc realizado por el Otro rasgo que puede no prescntársenos en una primera descripción del
sujeto. conocimiento es ci Las
Esta actividad de la conciencia a la que nos venimos refiriendo debe 'cr. expresiones de nuestro lenguaje habitual sobre el conocimiento tienden a
cliTiada como actividad trascendente. Ya dejamos dicho que ci conocí- :
fragmentario en niveles: sensación, percepción, intuició n, concepto, etc.
miento es una de las puertas del hombre como ser abierto a lo "otro". En el . Paralelamente, distinguimos y separamos diversas "(acultads" que se corres-
conocimiento salimos de alguna manera, según hemos apuntado ya, hacia ponderfan con esa fragmentación e incluso podrían ser responsables de ella
eso "otro" en una captación que nos lo traiga a una cierta presencia en la ' de una cierta atomización del conocer humano: sentidos, imaginación,
conciencia, con lo cual no estamos más que subrayando de nuevo ci canc- entendimiento, razón. Que, para estudiar el conocimiento, necesitemos
ter de la conciencia como conciencia-de, en cuanto necesitada de esa aper- romperlo analíticamente, no significa que tal ruptura se dé en los actos o
tui-a a lo "otro", determinando el sentido de la preposición de. En esta aper- .
procesos de conocimiento. No debemos transferir nuestro modo de conocer
turahacia la captación del objeto/cosa, de jo Uotrot, hay que reconocer que ..
1 conocimiento al modo real de producirse el conocimiento mismo. Ni
hay una iniciativa del sujeto, aunque tal iniciativa, como puesta en mar- .
tenemos esas "facultades" como compartimentos estancos que actúen clau-
r'9
i cha y ejeL1ción del proceso cognoscitivo, se lleve a cabo condicionada por
1 ci estímulo o estímulos de lo conocido. Queremos decir que la iniciativa
surados en sí mismos, ni tampoco hay actos puramente sen soriales en nues-
j.- tro efectivo conocer, como tampoco hay actos puramente intelectuales o
del sujeto está sometida, en mayor o menor medida, a la constricción del racionales: en una percepción están presentes, más o menos iinplícitojelc.
)objeto. Lano aceptación de esta constricción podría abrir todo iipo de mentas conceptuales y ¡udicativos, igual que el conocimient o intehkjual
1 escapadas hicia lecturas idealistas de los procesos de conocimiento. ...
. está "contaminado" de elementos scnso-perceptuales. Ya Aristóteles, el pri-
A nuestro modo de ver, todos los caracteres del conocimiento que deja-
mer gr4n teorizador de la distinción de facultades, dejó dicho que no hay
mos seiialados son caracteres que se imoncn desde ci más somero arálisis pensamiento sin concomitancia de ¡a fantasía o irnaginaciónz. Y así tiene
del conocer. Estimamos,- sin embargo, que, sin abandonar esteanálisis des- que ser, ya que el que conoce es ¿hombre, no unaseñsjbjljdad o una irite-
criptivo, cabe ahondar algo m;Wcn clprocesodc conocimiento, buscando '
ligencia descarnada, deshumanizadas. Esto, sin embargo, no debe impedir
y subrayando un carácter que, si no se presenta al observador con la facili-
dad de los anteriores, está, de algún modo, presente en ellos y reviste una
uilI que caractericemos a unos actos como sensoperceptual es y a otros cómo
- intelectuales en atención a la preminencia de unos u Otros elementos en
innegable importancia para las diveras tematizaciones del conocer que se . cada acto concreto de conocimiento.
nos irán presentando en los capítulos posteriores. 1
Se trata de que el conocimiento, sus actos, sus diversas formas, no son
rn
procesos arbitrarios, ni procesos azarosos, en ¡os que cada estadio o moen- 111.3. LA RELACIÓN SUJETO-OBJETO COMO CARACTERÍSTICA
ro del proceso acaece fortuitamente. Por el contrario, el conocimiento es FUNDAMENTAL DEL CONOCIMIENTO
una actividad legalizada, atenida a unas leyes que deben cumplirse para que
el coiócimierto sea verdadero conocimiento. Y esta, legalización procede En cuanto llevamos dicho sobre los caracteres del conocimiento ha esta-
de un doble fuente: la impuesta por la constricción del objeto/cosa y la do subyaciendo casi siempre esta relación, hasta tal punto que no sería exa -
mp esta pór el sujeto. La constricción del objeto/cosa impone -sea cau -
salmente o sea de otra manera que no es ci momento de discutir— a tos
procesos subjetivos del conocer unas determinaciones, ya que no es lo De anima, 111,7, lila, 16-17.
A este reapecro pude Verse con interés la doctrina de X. ZUI3IRI, fntcygmia Sentknte:
mismo conocer un sonido, un color, un árbol, un teorema, etc. Y, a su vez, inidigenda y realidad. Alianza, Madrid, 1980, pgs. 12-14. etc. -
el sujeto no es un mero espejo receptor pasivo, sino un agente activo con

37
36 . ,
gcrado decir que todo otro carácter de¡ conocimiento adquiere su verdade- ciones cognoscitivas semejantes a las suyas y que la legalidad del conocer
ra significación desde esta relación básia. Con ella se tropieza desde ci más a que nos hemos referido es compartida por esos otros Sujetos. Es decir, ya
somero análisis del conocimiento, y con ella habrá que seguir bregando en desde ahora, queda abierta tina puerta a poder hablar de una citrta irtter-
las reflexiones y posteriores teorizaciones del conocer. Esta es la razón de subjetividad, aunque esa intcrsubjetividad se revele sólo como coinciden-
que nos detengamos especialmente en ella. No cabe en este momento más cia en las funciones subjetuales.
que una simple aclaración inicial, ya que una explicación con aspiraciones En cuanto al objeto, se impone, desde este momento descriptivo, insis-
de rigor y pro(undidad debe, por fuerza, suponer tanto una teoría cJel sujeto tir en la distinción entre ci objeto/cosa y el objeto conocido en cuanto pre-
y de la subjetualidad como una teoría del objeto y de la objetividad, cues- sente en el acto -de conocimiento. Al objeto/cosa le corresponde, en el
tiones ambas que han sufrido muchos avatares y que siguen y, sin duda, mento inicial, del proceso de conocimiento, darse, presentarse al sujeto
seguirán en discusión. y, de alguna manera, estimular Ja actividad de éste. Desde él debe "llegar"
La relación sujeto-objeto en su aspecto más espontáneo se nos presenta algo al sujeto que inicie o, al menos, contribuya a iniciar ci proceso o acti-
como la correlación entre dos realidades distintas, en grado mayor o menor, vidad cognoscitiva. No hay por qué rechazar que a ese "algo" se lo llame
e incluso opuestas, ya que cada una de ellas ocupa uno de los extremos de estímulo causal, con tal de que seamos generosos en lo que entendemos por
la misma. Se nos presentan, asimismo, como dos realidades cuya realidad, causa y. con tal de que la relación causal entre objctolcosa y sujeto sea una
si se nos permite hablar así, no surge con y en esa relación, ni desaparece causalidad circular, ya que el objeto conocido presente en ci acto cognos-
tras el acto de conocimiento en ci que la relación tiene lugar. Es decir, en citivo habrá de ser ci resultado de la interacción causal entre el objeto/cosa -
la apariencia espontánea de la relación cognoscitiva, el sujeto es un ser y el sujeto, siendo incluso mayor la aportación causal del Sujeto que la del
humano que realiza ¡a (unción de conocer y el objeto es un objeto/cosa (en objeto en la constitución del objeto conocido, que, por supuesto, no es el
ci sentido explicado) que, por así decirlo, está "sometido" a la relación cog- 1.. objeto/cosa,, ya que éste, en su "fisicidad", no está presente como conteni-
noscitiva. do nocrnático del acto de conocer. - - -
Hay, sin embargo, entre ambos, desde la consideración más superficial, Subrayemos: el importante tema del objetó de Conocimiento, o de fa
una notable diferencia. En efecto, mientras el objeto/cosa no se inmuta en objetividad, no es, sin duda, ci tema dei objeto/cosa, sino del objeto cono-
la interación cognoscitiva, el sujeto, por el contrario, sí se inmuta, al cido. Bien se lo llame objeto sin mas, bien objeto conocido, bien objetivi-
menos en ci sentido de llevar a cabo la actividad cognoscitiva que en él dad, habrá que aceptar que tal objeto u objetividad se forma en la inma-
radica y él ejerce.- Conviene dejar sentada esta diferencia, porque desde ella nencia del sujeto en conformidad con el dinamismo con-las estructuras
empezamos a ver el papel preferente del sujeto en el conocer.
.Xp cognoscentes que la (unción subjctual pone en obra. En definitiva, subjc-

~,
En el caso concreto del sujeto, es obvio que su ser no se reduce a ni se tualidad y objetividad se nos habrán de ofrecer como dos dimensiones del
agota en ser sujeto. Pero es obvio también que asume y le corresponde una M.
conocimiento inextricablemente indisociables.
función subjctuat que ha de desarrollar siempre, aunqc sea de manera dis-
tinta en los diversos actos de conocimiento. Por consiguiente, cuando haya 1 •.
que aclarar en qué consiste el ser sujeto y sus funciones subjetuales, lo que 111.4; NOCIÓN PROVISIONAL DE CONOCIMIEÑTO
habrá que aclarar es esta dimensión subjctual, que muy bien puede tener
poco que ver con la naturaleza ontoiógia o con las características ontoló- El 'análisis descriptivo del conocimiento que acabamos de hacer-no nos
gicas del hombre que actúa como sujeto en los actos de conocimiento. faculta para que, responsablemente, propongamos una noción de conoci-
Baste de momento subrayar que el proceso de conocimiento tiene lugar miento con fundamento suficiente. De sucumbir a esta tentación, sólo darí-
en ci suicto, que es ci sujeto el que, en la intencionalidad, se proyecta hacia amos una nociÓn de gabinete con claros tintes-dogmáticos. Sin embargo, si
el objeto, que la toma de conciencia —el "darse cuenta"— la realiza ci aceptamos que ¡os caracteres expuestos perfilan suficientemente el conoci-
sujeto, que la actividad trascendente en la aprehensión del objeto es suya, miento, entonces sí cabe desde ellos desechar determinadas nociones del
etcétera. Tampoco está de más señalar que todo sujeto, por poco observa- conocimiento porque no asumen algunos de los rasgos que el análisis des-
dor que sea, cae en la cuenta de que hay otros sujetos que conocen con íun. -. criptivo pone de manifiesto.

T
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.1 ' - J-i.-c_.i.
38
-
i- -
39
noción, sin precisiones, es absolutamente insuficiente: sólo significaría
Desde estos rasgos deben excluirse-dos tipos extremos de nociohcs: las
como re—presentación una segunda presencia del objeto/cosa en el sujeto,
de los realismos extremos e ingenuos, porque dejan de lado o minimizan ci
entendiendo casi siempre esa segunda presencia por vía de imagen de lo
papel del sujeto, así como las de los idealismos extremos que ignoran. la
representado. La imagen se entiende como causada por el objeto/cosa, con
función constrictiva que ci objeto/cosa tiene en ci proceso de conocimien-
lo cual esta noción sería deudora de una lectura de los procesos tic conoci-
to. La noción de conocimiento, según ci realismo ingenuo, cabría expo-
miento desde la causalidad ontológica. El papel del sujeto tampoco es muy
nerla sumariamente de la siguiente manera: el conocimiento es la "repro-
airoso, quedando, según la expresión dé Locke, reducido a una de
ducción" del objeto por la asimilación -a él del sujeto. Explicar esta
espejo que tiene que reflejar lo que el objeto/cosa le presenta4.
concepción exigiría justificar y exponer los muchos presupuestos metafísi-
Pero podemos, dejando de lado la noción simplista de representació n ,
cos e incluso psicológicos de la filosofía aristotélica sobre los que tal con-
hacer mención de diversas nociones de conocimiento. No es momento de
cepción descansa. En efecto, hay que admitir una teoría de las faculta-
des/potencias que han de ser actualizadas (inf)rmadas) por el acto/forma decidirse por ninguna, pero el hecho de mencionarlas puede significar un
que el objeto produce causalmente en el sujeto, o, mejor, en sus potencias, efectivo acercamiento a lo que debemos entender por conocimiento,
cuya función se reduce a recibir y dejarse "informar" por los actos/formas. abriéndonos con ciio a una mejor comprensión de lo que en capítulos pos.
Con ello, de acuerdo con el aristotelismo, ci alma, al conocer, se va haden- tenores habremos de exponer sobre los diversos factores o elementos del
do todas las cosas que va conociendo porque recibe las formas de ellas y se conocimiento Enumeremos, pues, estas nociones.
.asimila a ellas. Si no se admiten esas facultades/potencias, así como la cau- a. El conocimiento es un acto/proceso de objetivación. En su aparente
salidad ontológica como base del proceso de conocimiento, esta concep- simplicidad, esta noción nos hace distinguir entre objeto/cosa y objeto
ción del conocer carece de base sustentadora. conocido, ya que el objeto que acaba siendo conocido es el resultado del
En el polo opuesto estarían lasexplicacioncs propias de idealismos abso- proceso de objetivación. Es decir, la estricta objetividad del conocimiento,
lutos, de acuerdo con los cuales rodó el proceso del conocer se hade car- reconociendo ci papel que desempeña ci objeto/cosa, es algo que seda en
gar en el haber del sujeto, ya que, en rigor, no hay más objeto que el que la inmanencia dél sujeto.
deviene constituido por la actividad espontóncay casi creadora del sujeto. b. El conocimiento es un proceso de constitución objetiva. Noción simi-
En el caso del realismo ingenuo ci sujeto queda devaluado, mientras .que lar a la anterior, de la que se distingue por la presencia de la palabra "cons-
en el idealismo cxtremo no se reconoce la función estimulante y constricti- titución". Con ella se subraya más el papel del sujeto a cuya actividad se
va que cárrcspónde al'óbjeto/cósa. En unc y ótró casó ño se atiéñde ponde- debe la constitución del objeto. Por eso constitución no es creación, ya que
radamente la diversidad de fúnciones que corresponden tanto al sujeto necesita de los elementos con que se constituye, y en la aportación de esos
como al objeto: que en todo conócimicrito hay una actividad intencional y elementos hay que contar con el objeto/cosa. Digamos también que la
una; aprehensión del objeto, pero qué, al inismo tiémpo, para que tal activi- constitución objetiva no es constitución ontológica, es decir, no se consti-
dadaprehensiva tenga lugar, hace falta la presencia impositiva de los datos tuye un ser, sino una significación objetiva.
del objeto/cosa, datos que el sujeto convcrtir, de acuerdo con su dinamismo e. Conocimiento es La asunción consciente del objeto. Es una definición
y structuras, en la objetividad del acto cognoscitivo (objeto conocido). muy imprecisa. Equivale a decir que conocer es tener noticia de un objeto,
Ahora. bien, entre ambos extremos caben diversas nociones de conoci- Lo cual, ciertamente, es decir muy poco.
miento que, para tener carta de aceptación, han de asumir, como mínimo» d. El conocimiento es la representación simbólica del objeto. No con-
los siguientes factores en conformidad con el analisis descriptivo que fundamos esta noción con la simple noción de representación. En efecto,
hemos expuestó: actividad del sujeto, orientación intencional del - decimos que la representación es simbólica, y el símbolo no tiene que ser
dinamis-mo dljió,p esencia impositiva del objeto a la conciencia y, por fin, una imagen. El símbolo es la traducción de los datos del objeto/cosa que el
aceptación de que la actividad de interacción entre sujeto y objeto es una sujeto, con su dinamismo, lleva a cabo. Con ello bastaría para tener cono ,
actividad cualificada y sometida a legalidad.
De acuerdo con todo ello, debemos también poner en cuarentena, por
ambigua e imprecisa, la noción del conocimiento como representación. Esta 'LOCKE, J., Ensayo SO&Te el rnsendimierno lumano, lib. II. c. 1. § 25.

40 41
cimiento del objeto/cosa, porque estar ía . presente en la conciencia !tacdian-
te símbolo o símbolos que darían noticia de ¿1.
e. El conocimiento es la donación de sentido que el sujeto confiere a ¡os
datos que se k presentan desde ci objeto/cosa. Lo dacio desde ci objeto lo
IV Experiencia y
conocimiento-
convierte ci sujeto, mediante su actividad, en una unidad significativa o de
cntido, ya que ci objeto es para el sujeto lo que significa o el sentido que el
sujeto le confiere. Esta noción ha recibido su mejor expresión por partd d'c
la fenomenología.

W. 1. MARCO GENERAL

Los tres capítulos precedentes pueden considerarse como una introduc-


ción a la teoría del conocimiento. Comenzarnos por acercarnos al he c ho
del conocimiento, con ci fin de alumbrar la posibilidad de someter esa.
hecho a estudio dentro de una disciplina filosófica. Tras esto, hemos trata-
do, con la exposición de la actitud crítica, de configurar el tipo de refle-
xión con ci que debernos acercarnos a tal estudio. Y, en tercer lugar, hemos
sometido a análisis descriptivo los aptos o procesos de conocimiento, tra-
tando de fijar irnos perfiles que orienten nuestro camino a partir de ahora.
Desde estos perfiles incluso hemos adelantado unas nociones con carácter
de absoluta provisionafidad. Si algo interesa especialmente . destacar en este
momento de todo lo expuesto, es la interacción catre sujeto y objeto en los
proccsps de conocimiento, una interacción, que deja abiertas rutas muy
diversas para discutir qué le corresponde al sujeto y qué al objeto, pero '
dando por descontado que hay que contar con los das.
Ha llegado, pues, el momento de iniciar análisis y. estudios pormenoriza-
dos de las principales formas y factores del conocimiento. Pero en este i nicio
se impone una advertencia importante: todos los factores y elementos del
conocimiento se coimplican hasta tal punto que no cabe estudiar ninguno,
al mcpos de los importantes, sin tener en cuenta los otros. Por ejemplo, al
hablar de la experiencia, que es el tema de este capítulo, aparecerán el suje-
to, el objeto, ¡a conciencia, la intencionalidad, etc., como deberá aparecer
también el carácter no azaroso de los procesos de conocimiento, ya que
habremos de ver legalidades cualificanres de los actos de experienci a.

42 43

1
Acaso contribuiremos mejor a cenrrar.cf tema de la experiencia si ?dc!an- Esta importancia de la experiencia se ha convertido en tópico para la
filosofía actual y, muy especialmente, para ha gnoseología. Hasta tal punto
tamos que su estudio lo consideramos como pta. ç?icJwexpçj&ncial-tJ4IQnP-
es así que, con frecuencia, constituimos a la experiencia en árbitro deciso-
cj, en ci sentido de que cabe un estudio crítico del conocimiento tomando
como punto de enfoque la experiencia. Al lado de este planteamiento, rio de problemas. Pero es un árbitro que, como el dios Jano, tiene varias
habremos de ver también el planteamiento desde la perspectiva trascendental, caras. Por eso ci uso tópico puede degenerar en abuso. En efecto, no basta
;icudir a la experiencia para dar por zanjada la solución de un problema, si
tal como aparecerá al estudiar los elementos a priori o la teoría del sujeto.
antes no apa.f izamos qué significa experiencia y quj encías implica el
Siendo estas dos perspectivas fundamentales, con ellas solas no quedaría com- [nI recio uso y la apelación a la misma. Sólo tras esta determinación cabe aco- '1-
picta la panoplia de planteamientos de la teoría del conocimiento en la filo-
sofía actual. En efecto, tanto fas filosofías lingüísticas como la sociología del la experiencia. Por otra parte, el recurso a la experiencia
conocimiento han traído nuevos enfoques a la teoría del conocimiento, y con no puede ser un cscaj para negarse a la reflexiÓn y a la tarea racional iza-
ambos se habrá de contar. Sólo cuando nos hayamos asomado a todas estas dora que se eleva sobre la experiencia, sino que debe ser como un constan-
perspectivas contaremos con horizonte suficiente para tratar, en buena medi- te recordatorio de que la gnoseología debe mantener un oído pegado a la
da como conclusión de ellas, ci tema de la objetividad en ci conocimiento. tierra fecunda de la experiencia, si no quiere perderse en vericuetos espe,
Todo esto será ci núcleo central de nuestro estudio, aunque será preci- culativos alejados de la realidad, muy especialmente de la realidad del
so completarlo con otros temas, como el de verdad, certeza y criterio, con hombre como ser corporal mundanizado.
el tema de la racionalidad y, finalmente, como cierre, con los tcmasdc los Con este capítulo no pretendemos defender un empirismo chato, ya que
límites del conocimiento y de lo irracional. una de nuestras conclusiones debe ser que ninguna experiencia es expe-
El motivo que nos induce a hacernos cargo, en primcr lugar, del tema de riencia pura, sino que, como dejamos dico en el capítulo anterior, el
la experiencia radica tanto Cfl:13 importancia y riqueza del tema cuanto en carácter unitario e integrador de todo acto de conocimiento implica los
&niveles y factores del conocer. Es dccir, en eso que llamamos expe-
2
su carácter privilegiado conoprimcr campo de estudio de la interacción
entre el sujeto y los datos del ojeto/cosa. riencia hay integrados elementos no empíricos, o sea intelectuales o racio-
nales. Esto, sin embargo, no impide reconocer la deuda que todo conoci-
miento tiene, mediata o inmediatamente, con la experiencia. La base y
IV.2. IMPORTANCIA DÉ LA EXPERIENCIA COMO DIMENSIÓN HUMANA substrato de todo nuestro conocer está en la experiencia. En ella tenemos
Y COMO SUSTRATO DEL CONOCER la fuente original de los contenidos de nuestro conocimiento, a los que, en
niveles superiores del conocer, enriqueceremos sonictiéndol os a ulteriores
Sobre la importancia de la experiencia se ha escrito mucho en diversos elaboraciones. Esta fidelidad a la experiencia será la mejor vacuna contra
momentos del pensar filosófico. Hacemos nuestras, a este respecto, las afirma- tentaciones de exagerados idealismos. - - -
- cionesde un estudioso contemporáneo: "La filosofía parte de la experiencia Si, además, recordamos que el que conoce es cada hombre concreto
natural y vuelve a ella. El saber y ci pensar aclaran la experiencia natural. Esta mediante la función subjetuai, esto nos obliga a referirnos ala experienci a
es confusa porque tiene el anhelo el impulso derooc1axpe- i como-dimensión básica en el desarrollo del hombre, muy concretamente Zt
riencia. Este mismo anhelo impulsa al hombre a llevar a claridad y distinción en el desarrollo de su actividad_cggnoiçiv como _Ser,corpóreo ingo
eso oscuro que experimenta por su actitud natural... Si el saber y el pensar, si la en el mundo, del cual forma parte ';al que se enfrenta por el conocimiento.
filosofía; no aclaran 1s experiencia natural confusa y no hacen inteligibles. los Subrayó Ortega y Gasset que el hombre es un serinfieri y "una entidad
ámbitos por medio de la diferenciación; si, por tanto, la filosofía no transmite infinitamente plástica de la que puede hacer lo que seTa". Es un ser —
al ijEidimiento común^níorma enriquecidaiççda, lo experimentado, inacabado y en estado de apertura. Como inacabado y abierto, es receptor
entonces ella no es la ocupación más natural..., sino un juego arbitrario" .

- 1
Historia como sistema, en Obras Cosnpktas de Ortega y Gasset. Rey, de Occidente, vol. VI,
'SZILASl, W.. Fanwsta y conocñnicruo. Trad. de E. Albhu. Arnormuu. Buenos Aires. 1977,
5.' cdic., Madrid, 196!. p. 34.
p. 38.

44 45
do estímulos, y no simplemente de estfinulos i nstintivamente restringidos, (les. Sin embargo, tampoco en este ámbito acotado se torna fácil acuñar
como es ci caso del animal, sino de üna sobreabundancia de estímulos, una acertada noción de experiencia. Basta tener en cuenta que, en el todo
sobreabundancia que debe doininary sobre la que tiene que ejercer una de una situación experiencia1, es necesario conjugar, por una parte el acto
selección. En ese comercio y actuación ante Ja sobreabundancia de cstí- experíenciante del sujeto y, por otra, lo exPerienciado. Pedimos excusas por
" mulos ci hombre va configurando y "ajbando"u modo de ser suactivi- el uso de los términos "cxpericnciante" y "experienciado", pero, a nuestro
dad, corirçtamcntc su actividad.cognoscitiva. juicio, se hacen necesarios para evitar el reduccionismo científico al que
Y hay que tener en cuenta que los estímulos que recibe no proceden sólo han sido llevados "cxperímcntante" y "experimentado"). La noción habrá
..* -,] de recoger la especificidad y comj2l5jidad qic £icncn en esta forma de cono. •
M mundo natural, sino también de la sociedad y de la cultura en la que £ (1
cimiento sujeto y objeto como elementos de la relación cognoscitiva.
está inserto, con 10 cual ese nivel experiencia¡ de recepción de estímulos
se amplía y se hace más complejo. La_ g2si6_n"_ordenadora y jerarquiza- En la respuesta a la pregunta ¿qué es la experiencia!, vamos a prescindir
dora de todos esos estímulos es lo que constituye labasejjca!da del recurso erudito a un muestreo histórico de nociones que nos llevarían
dckaut6ntica ce Una experiencia que, siendo inevita- do Aristóteles a nuestros días, encontrándonos con ci desengaño de oscu-
blemente individual y personal, es una experiencia enriquecida y compar- ridades imprevisibles incluso en los llamados empiristas clásicos. Parece
tida con los otros miembros de la comunidad histórica y cultural a la que más rentable empezar por determinar los caracteres de la experiencia para,
1» desde ellos, intentar proponer una noción.
pertenecemos, porque, por fuerte que sca nuestra iniciativa personal, ¡in de -
estar ac con las pautas culturales de nuestra sociedad. Dicho de otra Se puede empezar, con ideas de Parain–Vial, afirmando que toda expe-
manera: necesitamos contar con esas pautas para aprender a tener auténti- riencia supone siempre la adquisición de un cierto conocimient o en virtud
cas experiencias humanas. de la presencia inmediata ante nuestro espíritu de un dato o de una reali-
Ahora bien, la última articulación de la experiencia es obra de cada dad qe no se idcntifiça con ci espíritu mismos. Veamos: en toda expe-
individuo en función del entramado y ncrvatura de los çnocimicnLos que, riencia hay un encuentro entre nuestro espíritu o mente y algo "otro". Y. de • :1..
apartir.. dc esa experiencia, va adquiriendo. Toda experiencia es una cxpe- ello surge que en toda experiencia haya una cierta adquisici 1eçcj
riencia,íaen cuanto asumo unos datos a los que yo do inter- Con el término "recepción" estamos señalando como inevitable un cierto
pr et a c ión , por muchos que sean los condicionamientos a que estoy some- grado de sumisión del yoo sujeto a los elementos o datos que recibe.
tido. Sólo las experiencias científicas, a las que llamaríamos con más Pero, para hablar de experiencia, no basta cualquier tipo de recepción,
propiedad experimentos, se pueden subsraccr casi de[ todo a este coeficien- sino que tal recepción tiene que poder calificarse de inmediata, es decir, ha
te de iñilividualidad. .) de haber inmediatez o inmediación. Cabría añadir, corno consecuencia do los
.-.------.-.-.------.----.--

- anteriores, un tercer carácter: la concreción. C2s1 parece innecesario, pero


Ci debe quedar fuera-de duda que toda experiencia ha de ser de algo particular
IV.3. I-LÇit LA NOCIÓN DE EXPERIENCIA. CARACTERES y cqncreto.
DE LA EXPERIENCIA
Se hace preciso someter a análisis estos caracteres, pero ello no es posi-
ble sin algunas óbservaciones previas.. En primer lugar, hay que tener en
Es obvio que la experiencia humana no tiene como único ámbito el
cuenta que estos tres caracteres —recepción, inmediatez, concreción— no
campo del conocimiento: hay experiencias rnorics, estéticas, místicas, etc.
son rñuttiamente indepcndients, ya que el modo de entender cada uno de
En nuestro caso, como es obvio, nos limitamos al marco del conocimiento.
Sin desconocer la importancia de la experiencia en otros ámbitos, no pare- fl ellos condiciona la comprensión de l os demás. Esto se aplica de modo espe-
cial a los dos caracteres fundamentales, es decir, la recepción y la inmedia-
ce haber duda de que su terreno preferente es el del conocimiento.
tez. Hay que tenerlos presentes de conjunto, porque si, por ejemplo, no hay
El tema de la experiencia deviene verdadero problema cuando se lo
una inmediatez pura en la experiencia, sino que toda experiencia, como
plantea en relación directa con el conocer, sobre todo atendiendo a la pers-
pectiva de considerar a la experiencia como origen y, en este scntido, como
fundamento del conocimiento, o incluso como una modalidad de conoci-
'Cír. PARAJN.-VIAL. J.. La naxiue dufaü ¿ans 6 sdencts hImt2ino. PUF, Prfs, 1966, p. 2.
miento investida deun.ojaractcrcs que la diferencian de otras modalida-

46 47

1
habremos de ver, implica una cierra mediación, entonces fa recepción tam-
M" - ni la recepción es de total sumisión, ni tampoco de mera estimulación Se
admite la cstimuf ación o "afección", con un cierto grad o*derecpción pero
poco puede ser pura, sino que tambíéñ Estar sometida a una cierta media-
'sin estricta sumisión al estímulo afcctantc, cuya naturaleza desconocemos
ción, aunque se trate sólo de una mediación selectiva.
se recibe un contenido "bruto" cuya configuración objetiva ha de
En segundo lugar, de acuerdo con lo ya expuesto, la experiencia no es
recorrer un complicado camino de estructuración y síntesis.
nunca cxjericncia pura, sino que en ella se integran elementos de otras
La explicación de lo que recibirnos en la experiencia ha de hacerse con-
modalidades de conocimiento.
juntamente con la del c aráct er de la inmediatez. Parece obvio que en toda
En tercer fugar, y en concordancia con lo que acabamos de decir, la
experiencia el suieto ausla realiza o"sufre" ha Ider tener una cierta mme-
' experiencia no puedeepjrsç Queremos decir
diatcz "conractual" con ci objeto y Circunstancias que provocan tal expe-
que la experiencia, en su enfoque gnoscológico, está en indisoluble cone-
eto1 etc. Hay riencia. Pero, desde una perspectiva gnoseológica, esta inmediatez, según
xión con otras nociones, por ejemplo, a_çoj flçLyq
vamos a ver, se convierte en muy problemática o incluso en imposible. Por
que destacar en especial la correlación entre fa noción y funciones de la
ci contrario, hay que aceptar que ¡a inmediatez propia de la experiencia se
1 experiencia con la noción y funci o nes de la conciencia. Esta correlación es
convierte en una mediación mínima o.simplcmente inferior a la que es p ro -
1-ina especie de ley que se cumple en los más diversos sistemas filosóficos.
pia de otros modalidades deconocimiento. Para aclararlo, comencemos por
Veamos: siempre que en la gnoseología de un determinado sistema se con-
distinguir entre conocimiento directo y conocimiento inmediato. En el
cibe a fa conciencia como vacía y como preferente o exclusivamente pasi-
conocimiento directo se copra ci objeto o los datos sjjntejjj çjón de «
va, se da, en paralelo, una potenciación de la experiencia. Recuérdese ci
ningún otro conocimiento que actúe de intermedio entre la intención cog-
caso de Locke: para una conciencia explicada como "papel en blanco" se
noscitiva del sujeto y ci conocimiento formal del objeto o de los datos, tal
necesita una experiencia absolutamente enfatizada. Y, al revés, cuando la
7' como sucede, por ejemplo, en un proceso inferencia¡ o discursivo o en una
conciencia ei concebida como "cargada" o activa, la experiencia queda
'p' compleja operación de abstracción. En cambio, ' en ci con qclmlicntq_l
inne -
devaluada, porque su función de aportación de contenidos es prácticamen-
diato se elimina no sólo la interposición de otros conocimientos; sino tam-
te innecesaria. Piénsese cric el innatismo de fa conciencia cartesiana y la
consiguiente minusvaloración de la experiencia; A veces no se trata tanto de otro tipo que, sin ser conocimientos, son
factores intervinicntes en ci conocimiento. Pero esto, a nuestro juicio, es
de-una conciencia "cargada" cuanto de una conciencia dotada deestructu-
un ideal irrealizable.. -.
ras contoj ad2ras desde su actividad. En estos casos fa expericncTTde
Centrándose en ci caso concreto de la !xperiencia, hay que empezar
.._cstar también subordinada a ala. No otro es el caso de Kant. -
por establecer una clara distinción entre el dato y. la eperienca del dato
Vayamos ya al análisis de los caracrcres de la experiencia, comenzando
por la recepción. Obviamente no basta con decir que hay recepción, sino un dcozcop]jode
Pero la presencia de los datos no basta para hablar de una experienci a con-
que hay que decir de qué recepción seiI e intentar determinar qué es lo
creta, por cuanto diversos sujetos frente a datos idénticos pueden tener
que se recibe. Se pueden señalar tres modelos típicos, admitiendo, por
experiencias distintas, como sucede, por ejemplo, con los datos de un
supuesto, que caben otras formas inrermediasEn los_empirismos estric-
eclipse para un astrónomo o para la persona desprovista de conocimientos
tamente tales la recepción coñsiste en que la conciencia vaciete
totalmente a Los estímulos de fa daticidad externa, suministrándosenos en
esa recepción los contenidos de conocimiento, lo que Locke llamaba los
u- ._—científicos.
Hay que empezar por señalar que no está muy claro qué debemos enten-
der por lo dado o por el dato o datos. ¿Qué se debe exigir aalgo para que
"materiales de conocimiento". La conciencia reduce su función a acusar
pueda ser considerado como dato? En primer lugar, debe anet-do
recibo de ellos, reflejándolos como en unespejo 1 según expresión del
elpeso, porque se-supone que el proceso arranca de él. Segundo, debe
mismo LockeB En los iñoatismos la recepción se reduce a una estimula ,
¿ corrpóndcrk una primaricdad no sólo temporal, sino también gnoseofó-
cjánqUi..pOflC..i1 rnarc la actualización de los contenidos innatos. Los
gica, en el orden che los factores que se integran en el proceso. Tercero,
contenidos propios que la experiencia pueda aportar son de valor inferior,
'. debe ser irreductible alpcnsamiento o dinamismo del sujeto, es decir, debe
como fas ideas oscuras y confusas de Descartes, tan alejados del vaíIe las
ser independiente de dicho pensamiento o dinamismo. Esta irreductibifi..
ideas claras y disrintas( En los trasccndentalimo, por ejemplo en Kant,

49
48

Ii
los datos en la percepción necesitan de los c lernentoy "suplencias"
nuestros auténticos conocimientos originarios, que son las percepciones.
que aporta el sujeto. B. Ruscll pone un ejemplo ilustrativo: "Cuandoouinos
Sólo por virtud de este análisisi sabemos que en nuestras percepciones hay
hablar a una persona, nuestras sensaciones efectivas pierden tina gran parte
son las sensaciones. Es decir, la scn-
sación, desde el punto dé vista no&ico y experiencial, se reduce a una u.: de lo que dice, supliendo nosotros su hueco mediante una inÍerenj cons-
tante; en un idioma extranjero, caso en el que este proceso es más difícil,
impresión aporuidora de un dato cluc ha de ser intccrado en un..ohicto-.dc
nos encontrarnos aparentemente como si nos hubiésemos vuelto sordos,
conocimiento, superior.a ¡a sensación y no reductible a ella.
exigiendo, por ejemplo, estar mucho más cerca del escciauio en un teatro
Por ci contrarío, ¡a percepción es un tema básico de la gnoseología
da lo que sería preciso en nuestro propio país" lo. , ,
actual, ya sea porque algunos ven en ella la mejor expresión de[ sentido
En conclusión, la percepción es un conocimiento scnibje debido a que
unitario del conocer humano, dado su carácter integrador de múltiples ele-
los datos sensibles son necesarios y funcionancomo cc de objetivación.
mentos —sensoriales, imaginativos e intelectuales-1 ya sea, en el tema
Asimismo, sin lugar 'n dudas, ci conocimiento perceptual es un conoci-
concreto que nos ocupa, como ejemplo del conocimiento más inmediato,
intelectuales. Proponemos
. I , miento de experiencia, ya que cuenta con los caracteres requeridos por la
prcscindiendo.sk problcmricas ip p.p
experiencia. Sin embargo, también ha quedado claro lo que se ha expuesto
como punto de partida la definición explicativa de Merlcau—Ponty:
sobre la pretendida inmediatez de la experiencia, es decir, que no se da
f'Percibír.no es experimentar una multitud de impresiones que llevarían t. inmediatez abse!ut.a, porque los datos sensibles han de
consigo recuerdos capacs de completarlas; es ver brotar, de una constela-
por la intración en el todo pei.cpu4 Y en ese todo corresponde un papel
ción de datos, un sentido inmanente, sin el cual es imposible relu-
fundamental a elementos presentes anteriormente en la conciencia, así
riloTerdos". Es decir, al percibir, entramos en conocimiento de
como a las estructura con que ci sujeto conforma cuanto recibe.
algo concreto que se nos ofrece y que captamos investido de un sentido o
significación. Esta sumaria noción nos deja ver que la percepción cuenta
con los caracteres que hemos visto como propios de la experiencia. IV.6. ¿UNA DEFINICIÓN DE LA EXPERIENCIA
Importa dejar sentado que ¡a percepción no sólo incluye, como es obvio,
elementos sensoriales, sino qué; además, uno de esos elementos se consti- Es indudable que del término "experiencia" se ha abusado y se sigue
tuye en eje de cada percepción, como se echa de ver por el modo de expre- -í abusando en ¡a actualidad: prescindiendo del recurso a la historia de fa filo-
sarlas (veo un- lápiz, huelo una naranja, oigo un timbre, etc.). Percibimos sofía que, como hemos dicho, bien podría incrementar las confusiones y
todos concretos jestructurados en una unidad de sigficació. Lo cual ambgijedades ele uso, resulta oportuno cerrar este capítulo con un intento
debe evitar la reducción de la percepción a la captación de elementos sen- de definición, fa cual debe atender con coherencia a lo expuesto hasta
soriales: siempre hay un plus puesto por el sujeto, como son los recuerdos, aquí. Nuestra propuesta de definición, que no aspira a más que ser descrip-
tiva o explicativa, es la siguiente: Experiencia cognoscitiva es el
imágenes e incluso elementos Conceptuales. Ello quiere decir que una per-
cepción totalmente empírica, si se nos permite la expresión, en el sentido
Ii1 con la mayor inmeiaz,d&algo.conIeLLLdado.
i'e rlos sus elementos sean dadosMc er nunc, no es la percepción
Reconocemos que esta definición no nos deja muy satisfechos. La razón
humana. de la insatisfacción radica en una cierta falta de precisión. En efecto, el
Toda percepción dei normal es la percepción de-un sujeto o inciso "con la mayor inmediatez" adolece de imprecisión. Pero, tras todo lo
conciencia que está preparada y -1-A en el tiempo y que, por expuesto, no vemos forma de precisarlo más, salvo que se proponga una»
sup'!s"stc, ha mJdWd9 en conformidaa t. las estructuras que le son pro- noción de gabinete, que puede ser muy clara, pero poco ajustada a la mane-
ra de producirse los conocimientos que calificamos como experiencia. Si,
pias. Por í'.nro. al percibir esos datos, nucsL ncicncia opera necesaria-
mente con toda. '-ar2a propia, con lo cual sube..;, de nuevo la media- por una parte, hemos visto que no cabe hablar de inmediatez sin más; por
ción a que están somcts los datos de toda cxperiet !rnana. Es decir,

`° IUJSSELL, B., Our ¡cnotvtedgc of exrenid world as fidd far scicuijk mcrhod in P1ássop!y.
George Alkn and Unwin, Londres. 1961. pp. 75-76. -
'O.c.. P. 30.

55
54

Í
otra, hemos scialado también que la mediación que interviene en tal cono-
ti1l
-V El planteamiento
cimiento es mucho menor de la que sc da en otros conocimientos, como en
ci conceptual o en el discursivo, ya que en éstos, según veremos en capítu-
• trascendental del
los posteriores, hay que dar cabida a procesos de constitución más com- conocimiento: los
pkjos en los que interviene en mayor grado ci dinamismo dci sujeto y las
estructuras que éste pone en juego en los procesos de objetivación.
elementos a priori
Podríamos explicarlo de esta suerte: en la experiencia la intencionali-
dad cognoscitiva está dirigida al dato, es decir, no al yo, no a los procesos
dci yo, sino a los datos. Y no a cualesquiera datos, sino alos datos—aJs4 tal
como se me presentan y tal como los recibo en sumisión a ellos. En la expe-
riencia me siento cerca de los datos, me siento en inmediatez sumisa a
ellos, por más que la reflexión crítica descubra que esa impresión de mmc-
diatez es engañosa.
Sin embargo, la dcfiniciónpro.puesta no permite trazar una cla ra r2 ya
divisoria entre la experiencia y aIgunos.otrosconmip.quc.pUed.eü. '1.1. INSUFICIENCIA DEL PLANTEAMIENTO EXPERIENCIAL
citar.dudas £obrc.si. son-o-no .cstrictamenle expçicnciaks._Evidcnterncnrc, DEL CONOCIMIENTO
se podrían intentar ulteriores precisiones, pero los límites y metodología de
este libro no lo hacen aconsejable En el capítulo anterior nos hemos ocupado de la experiencia como base
original de] conocimiento, considcrándolasobrc codo como la fuente que
• -,
-- - - •. -

(-e nos aporta los contenidos básicas del mismo. Es evidente que nuestro cono
cer no se reduce a ella. Más aún, en muchos conocimientos, siendo la expe-
riencia una necesidad inmediata o remota, no es, sin embargo, lo m ás
t
•-..
J_.
L
4_ /•1t -_----'--- '- - importante. Tal es ci caso de una gran parte de los conocimientos que cali-
c ficamos como intelectuales, marcando con este calificativo una distancia
.
• L L - - L Mayor o mermar respecto de la cxperiencia.Ya vimos en los análisis que <:y -
hic*'i mos de la experiencia que en ésta
0 L -- -
-
_ nos, sobrevenidos a ! ,
mmar,ojctivar y dar sentido a Tos
- ,•._ 1 -,__, 1
datos. Básicamente,aparccíán las funciones ejercidas por el dinamismo de¡ ,
- --. - --- -' - -- Ç'— -
sujeto. Este dinamismo responde a unas estructuras y se rige por unas leyes
propias de¡ sujeto, las cuales, a su vez, son, al menos en parte, según vamos
a ver, independientes deL contenido del conocimiento, aunque tengan que
ejercerse nccesariamcn1e sobre ese contenido, que deberá forzosamente
? --'-'-' , -.-'---' '-'---'-
'-,
L-- -
someterse a ellas para merecer con rigor ser calificado de objetivo.
Con esto pretendemos apuntar que, en este capítulo, entramos ya de
alguna manera en el estudio dcisujcto, si bien únicamente lo vamos a hacer
- . - L1 -3 '• L_. . -'" - desde un aspecto del mismo: sus estructuras aprióricas. Sólo vamos a sentar
-- •,-: ,i--- un presupuesto básico, tanto para un estudio global del sujeto —tema di
''
- capítulo siguiente— como para una correcta explicación de la objetividad.
"Para un estudio más amplio sobre la experiencia, puede verse nuestro libro
Expcsienda. cuer- Es decir, nos asomamos al papel mccli dar quctieneque asumir el sujeto en
po y conodmicnto. Conscío Superior de Investigaciones CienLiflcas, Madrid. 1985, especialmen- el compl jo proceso econQcimnientoqucva dçsdc elolc-Q:sLa—quc se
te pp. 29-126.

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56

Í
.LVJ rada, en grado mayor oincnor. dçja actividad dc esa conciencia, entonces
ptenç pocer hasta la "representación objetiva del mismo con que se
el Objetivismo anterior pierde su vigencia. No es que deje de pensarsjjie
cjjjaclroceso. 11 —
o F)j— os-,tinflu ye en los pro-ce- e conocimiento, sino que se piensa
ct—oTc—
En otro aspecto importante se hace preciso también remontar la dimen- que ci efecto de ese influjo no tiene por qué obligarnos a "asimilariios" al
sión de la experiencia: en efecto, frente a tos conocimientos singulares y objeto/cosa. La gnoseología se va a contentar con afirmar que el conoci-
concretos, propios de la experiencia, ca el ámbito total del conocer nos miento guarda correspondencia asemejan= con la cosa conocida, sin que
encontramos con otros conocimientos dotados del carácter de universal i- se explique muy bien en qué consiste tal semejanza o correspondencia.
dad o, si queremos decirlo más modestamente, de generalidad. Más aún, Este planteamiento va a 1lcar, sin grandes modificaciones, hasta Hume,
frente al conringcntismo variable de la cxperiencia, la tradición filosófica, el cual lo socava por tos motivos siguientes: primero, no hay fundamento
por ejemplo Kant, descubre conocimientos investidos del carácter de nece- sólido para afirmar la semejanza de mi conocimiento con iascjjiocj..
sidad. Pues bien, ni la universalidad ni la necesidad son atribuibles a la de las cosas soiios
experiencia. Han sido objeto de diversas justificaciones, de las que gnc-
lógicamente ninguna es más clara e ilustradora que la propuesta y defendi-
Lnflm procesos de conocimiento, dado que nuestras impresiones ori !Qn
sensación) nacen de causas desconocidas, es posible que lo que suceda en
da pór Kant con las estructuras supraempíricas del sujeto, o los elementos a míitdcconocim,
1 cnto no en rnuevonsedj
¡niorí. Con cito empieza la genuina historia del planteamiento trascendental tcrrenode la alsd,id ajena a Ja conciencri
del conocimiento. nos atase rj!ad de qconcicnçiacognosCcnte, ya que ese sujeto no
Este planteamiento lo vamos a estudiar centrándonos en Kant, tanto en tiene mayor consistencia que la acribuibkaun " haz depercepgqnes"
este capítulo como en el Siguiente. La razón es obvia: Kant es ci modelo de IvaIraosi(ivetitc las críticas de Hume a los planteamien-
este planteamiento, él lo llevó a cabo y todas las modalidades de plantea- tos anteriores, con lo cual o queda condenado al escepticismo moderado
miento trascendental están, en grado mayor o menor, en dependencia de de 1-turne, o se ve obligado a reconstruir desde sus cimientos la teoría del
él. Por eso, desde Kant, es fácil entender cualquier otro trascendentalismo. conocimiento.
Hay todavía otra razón hisrórico–contcxtual que conduce al apriorismo
de Kant: ci encuentro con la ciencia de Newton y la fascinación que sin-
V2. INTRODUCCIÓN AL A PRIORI EN KANT
tió por ella. Pero, aunque Newton había realizado, según Kant, una cien-
cia físico–matemática perfecta, sin embargo, a pesar de sus famosas reglas
El a priori cognoscitivo en Kant tiene su lugar básico de exposición en
en los Principia y de ms "cuestiones" que cierran la Oprica, no había justifl-
la Crítica de lis Razón pura, tanto para explicar su concepción y justificación cado suficientemente lo que hoy llamaríamos los "f u ndame ntos
de Ja teoría del conócimiento, como para explicar ci papel de las diversas
iJcos" de tal saber. Y la js u' de esa fundamentación es uno de los
facultades que intervienen en los distintos procesos cognoscitivos. Estos
vectores de—`la Crítica de la Razón pura.
procesas ; desde el puiito de vista de la objetividad, se absuelven en la Y hay todavía algo más: Kant sigue pensando —y aquí piensa contra
Estética y en fa Analítica, si bien su cierre "científico" ha de esperar a las
Hume— que la ciencia ha de estar constituida por juiciog universales y
ideas de la Dialéctica. necesarios. La filosofía de Humcdemostró, si es que hacía falta demostrarlo
Ahora bien, no cabe iniciar esta sumaria exposición del a priori en Kan
que la experie n cia no puede ser la fuente de esa universalidad ecesjdsd y
sin referirse brevemente a las razones que llevaron al filósofo de Kanigsberg
a desarrollar tal teoría. Hay que tener en cuenta que, antes de la moderni- antcrior,yque se trataba de un sujeto empírico concreto, sobre cuyos
dad, e incluso al inicio de la misma, la explicación del conocimiento era hombros no nuccien descansar la universalidad y la necesidad. De ahí que se
ÑndamcrLta ¡mente oivista, en el sentido de qucxajL bj.etQlcasa el imponga acuñar una nueva noción del sujeto: un sujeto trascendental, dota-
que causalmente se imponta al . sujeto ci cual se dejaba con formar, "as¡ mi do de estructuras aprióricas responsables de las funciones objetivantes.
lándose" a ¿l,según el viejo concepto–metáfora de Aristóteles, de ¡nultise-
cular vigencia. Pero, cuando en la modernidad, arci r Descartes, el
objeto de conocimiento ya no sea el objctofcosa exterior a la concien c i a, 'HUME. D.. A Treadse of human ne, lib. 1. parre W. 6.
axdn\
sino que s a e o conocido como interior a la conciencia ycomo resul-
bkro
59
58

Í
si jie.ntos. Li síntesis çe st os elementos con las aportaçioncs de la expe.
f'4 JkIo Yi ci método kantiano para descubrir, justificar ycodificar tales cscruc-
ii rienda da lugar a los conocimflieqoLQbjQtiYQ5. Kant califica a estos ele-
' curas a priori es ci método trascendchtal, cuya comprensión es ie
nseparabl
--- — ------
de lo que Kant entiende por trascendental : 'inentos como puras, sefialando con este calificativo su indcpcn.lcncia e
C Llamo trascendental a codo conocimiento que se ocupa no tanto de obje- inmunidad de la experiencia.
tos, cuanto de nuestro modo de conocimiento de objetos en general, en cuan- Kant ordena y estructura los conocimientos según las facultades
to que tal modo debe ser posible a priori'. sibil idad, imaginaciÓn, crijgpdjnienro, razón— definiendo los elementos a
Ouicie esesto decir que lo trascendental en Kant se refiere básicamente al de cada Conc retam en te, los de la sensibilidad, imagina-
conocimiento a priori. Pero tal conocimiento, si ha de tener validez .)bje- ción y entendimiento, que so'n Tos que aquí nos interesan, se coordinan
e versar necesariamente sobre lo que recibimos de la experiencia. todos en fa suprema unidad de la apercepción trascendental del Yo pienso o
Por tanto, cabría decir sumariamente que ci método trascendental consiste ir del sujeto trascendental.
en buscar y fijar, mediante un análisis re posíbi- Las funciones de¡ a priori, según el modelo kantiano, se pueden resumir
lid ad -----__-- válido. Su ca mpo en cuatro fundamentales:
1. Los elementos a priori son condición de posibilidad del conocimiento.
(icfl ) primordial serán los juicios sintéticos a priori como los únicos auténtica-
mepcicntí(ki.mos por supuesto su conocimiento'. Es decir, sin tales elementos del sujeto en su cfcctÍ ope ra tividaj,}j
conocimiento objetivo.
2. Les corresponde conferir a esos conocimientos de objetividad Cientí-
V. 3. NOCIÓN Y FUNCIÓN DE LOS ELEMENTOS A PRIORI
fica la universalidad y necesidad, quino es la universalidad puramej7or.
Dejando de lado los significados que el a priori tuvo antes de Kant, sobra mal de los juicios anal icos,ni la universalidad impropia de los juicios
todo en la tradición escolástica, en el filósofo alemán la aplicación objeti- empíricos resultantes de la experíenda.
va del a priori ha de contar necesariamente con la experiencia, pero sin 3 En una gnoseología de la objetividad como es la kantiana, los ele-
reducirse a ella, ya que, "aunque nuestro conocimiento comience con la méntos o estructuras a priori son constitutivos de obietividad,de ajo
epçrienc!, no pso tod con e l-~— rinci pio,—dff-á-O-rícncia jp a ra dójico, de que, segú n elrrasccndcnta.
Desde esta perspectiva, lo a priori es lo que antecede a la experiencia y lismo, sólo se objetiva subjetivando.
A r°" si!g4ependicnte de ella; p1nteccdcncia tca experiencia
- II
4. Dado que tales elementos pertenecen a ¡a naturaleza de nuestras
no - es temporal, ya que antes de la experiencia no ha lugar ningún conoci- facultades cognoscitivas sólo resultará cognoscible lo que se ajuste a tales
miento objetivo. Cabría decir que se trata de una antecedencia o prioridad elementos o estructuras, con lo cual lo a priori constituye, desde el suj e to , el
de naturalezque, sin duda, es lo que se trata de subrayar con la indepcn- límite del conocer objetivo.
dia. Lo importante es la necesidad de esos elementos que no se deben a Estas importantes funciones exigen que los elementos a priori estén r', r
la experiencia. dotados de determinadas características. Resaltamos dos fundamentales. La
Para comprender mejor el a priori en Kant conviene distinguirlo de otros primera y principal es la espontaneid.asl: una actividadipropia de ¡a -que la
a priori. En efecto, hay dos grandes_clases dea priorfi el material u objetivo, experiencia puede ser ocasión o condición, pero no causa. Se trata, además,
1• e.s de deb ido a l objeto y el subjetivo, debido alsujeto. De éste se ocupa Kant. e una actividad que opera según sus propias leyes. La segunda consiste en
Pero, aun limitándose a él, cabe hablar de un a priori subjetivo de conteni- que esta actividad es formal: quiere decir que el contenido que llega desde
a b]ivo ,a experiencia va recib iend o ¡a "forma" de obji4 por la aplicación mfe
estructura¡, constituido por los elementos apriorm. Tal forma tiene como efecto fundamental conferir a
-
noscitiva que posbmlitandicionan t o dos algunos deiustros cono la pluralidadaortada por la experiencia la unidad sintética y, con ello, el
s en tido objetivo. Dicho sumariamenc: los ekmcntQs a priori formalizar,
sintetizando. Antes de su intervención, estamos frente a la simple materia
'KrV,A 11-12.1325. bruta y a la pluralidad de datos allegados por la experiencia. Se impone
'C(r.KrV.B 14-18. darle forma a esa materia bruta y sintetizar esa pluralidad en unidades obje-
'KrV, 13 1.
-
?- 61
60
tivas. Dentro de la gnoseología de Kant, no se puede formalizar sin Sinteti- Dé acuerdo con la tradición secular, Kant distingue en la sensibilidad
zar, ni cabe sintetizar sin formalizar. Un texto como testimonio:
A la scnsación la podemos llamar la materia de¡ conocimiento sensible. En
1 entre sentido externo (vista, oído, tacto...) ysentido interno, entendido
¿ste como una especie de conciencia de nuestros estados. A esta duplicidad
consecuencia, una intuición pura contiene sólo la forma bajo la cual algo es
intuido, mientras que un concepto puro contiene solamente la forma del pen- de sentidos corresponden formas o intuiciones puras distintas: el espacio al
samiento de un objeto en cuanto cal. A priori sólo son posibles intuiciones o sentido externo y e tiempo a scntj p interno. Veámoslo sobre textos:
conceptos puros, mientras que los empíricos sólo lo son a postcríori.
Corno indica el texto, son divesos los modos de sintetizar y formalizar,
-i Para que ciertas sensaciones sean referidas a algo exterior a mí (...) e igual-
mente para que yo pueda representármelas como anteriores y contiguas las
unas a las otras, es decir, no simplemente como distintas, sino como situda
pera las funciones aprióricas son indispensables para ci Conocimiento obje- en difcrcnts lugares; para todo esto hay que suponer de anoarcprc-
tivo, funciones realizadas por el sujeto en remisión a la suprema unidad cionSpaClO
aperccptiva del Yo pienso: la coexistencia o la sucesión no acaecería en fa percepción, si la rcprc-
La unidad sintética de la multiplicidad de intuiciones en cuanto dada a
scnt i ticrnj 0 no estuviese a priori en a asc.Só o iT Se a presupone I\C"\1P7

priori, es por ello el fundamento de Ja identidad de la apercepción misma, la es posible representarse que algo sea en uno y al mismo tiempo (a la vez) o
cual precede a priori a cualquier pensamiento mío determinado. La síntesis que sea en diferentes tiempos (uno después de otro)'.
Nunca se puede tener la representación de que no hay espacio, aunque
no existe en los objetos, ni puede tampoco ser derivada de ellos mediante la pueda perfectamente pensarse que en él no se encuentra objeto alguno... El
percepción y ser por ellorecil,ida luego de inmediato en el entendimiento, espacio es considerado, por lo canto, como la condición de posibilidad de ¡6
sino que (la síntesis) es solamente una operación del entendimiento, ci cual cn6incno y no como una clerminacióri Que dpenda de ellos, yes una
no es .más que la facultad de sintetizar a priori y de reducir a la apercepción a
li1iae las re res entaciones dadasErié es elprincipioiu remo en el rCpresenincíón a priori que necesariamente sirve de base a Tos fenómenos
ámbito total del conocimiento utnano_. externos ,'
cu.to a lo referente a los fenómenos en general, no se puede quitar
Este dinamismo sintctizante y unificante radica en la espontaneidad del ci tiempo... El tiempo. pues, es dado a Priori. Ta SJí[° " c1 eposible toda
sujeto, o, con expresión del propio Kant, en el acto de arnoaccividad del la realidad de los cnómenos. il1i?uedcn desaparecer , pero el tiem-
po mismo como a con ición unjiinr.saLdesu_vaLitkzLnopne&,suri.
sujeto 7, aunque la espontaneidad y autoactividad se ejercen de modo dis-
0
tinto según las diversas facultades. Esa actividad, sin embargo, no se ejer-
Está claro que tales representaciones no son empíricas, sino que tienen
ce de manera creadora, sino constreñida a la coartación de la materia plu-
ral dada, más fuerte en la sensibilidad, para ir abriéndose luego a un mayor que ser a priori, debiendo subyacer a las representaciones empíricas- Aparte
de su pertenencia a la sensioumoau, no pucumi ser LUiiLtpLOS, SiflO intui-
juego de la espontaneidad.
ciones, en virtud de la unidad .e individualidad que les son propias. Así,
aunque se hable de muchos espacios, hay que entenderlos como pprtes de
VA. NIVELES DE A PRIOR! EN KANT —
un único espacio; y si 5C habla de diferentes tiempos, hay que entenderlos 4
como partesde un único tiempo.
V.43LSensibijidad e intuiciones puras - De acuerdo con lo que estamos diciendo, esta s formas o intuiciones a
Debemos advertir, de entrada, qué tantó en la explicación de las formas priori tienen un carácter formal. En efecto, ci espacio "no es otra cosa que
de la sensibilidad como en la de los otros elementos a priári, los límites de -iá f'or-ika de todos' os fe 6menos del sentido externo del mismo modo
este libro nos obligan a una brevedad que hará déjar en el tintero aspectos que "ci tiempo es la condición formal a priori de todos los fenómenos en
tan importantes como la exposición metafísica y la exposición trascenden- ¡en
— eral on, pue , formas que tuentan con todos los caracteres del a
tal. Nos limitamos a hacer ver la función de los _elementos apriori en ci
planteamiento trascendental del conocimiento.
'A 24.038.
'A 30,'B 46.
'A 50-51, B74-75. "A 24,13 38-39.
'B 134-135. "A 31, B 46.
'0130. "A 26.1342.
"A 34.1350.

62 63

É
la dimensión intelectual. Dicho de otra manera: si la síntesis owttiy
Son elementos que ci sujeto pone en ci conocimiento-sensible, ~-
nitiva la van a realizar las caregor(asdeicntcndimicnto, se necesita de algo
inmunes a la experiencia, aunque su función sólo la puedan ejercer sobre con lo que a citas les llega
el contenido aporrado por la afección sensible. Sin ellas, ci material bruto desde jasci1zdad.-_
recibido de las impresiones se quedaría, literalmente, "informe". Con ellas Dada la heterogeneidad entre ambos extremos, hay que buscar un ter- ,
se da el primer paso en ci proceso de unificación y síntesis que conducirá a ccr elemento que propicie ¡a homogeneidad. Y ese tercer elemento es ¡a
la constitución del objeto. En consecuencia, ci fenómeno, en este estadio imaginación, razón por la que asume un importante papel en los procesos
de ¡a sensibilidad, tiene una clara naturaleza cstructural:j un a materia de o jetivación. Y como éste es un proceso de síntesis, sólo podemos ver el
recibida en la inpisi nsrmsariaLyJiy una formalización a cargp de las rcfiriéndonosa los tres momentos de síntesis. Son
• intuiciones puras de espacio y tiempo. los siguientes:
1*.•
No cabe cerrar este apartado sin destacar ci papel de preferencia que le 1. Síntesis de aprehensión en la intuición. Este momento remite a la its,
corresponde al tiempo. En efecto, mientras la forma de espacio no afecta seiliid y, preferentemente, a la forma de tiempo: si todas nuestras
. más que a los fenómenos externos, la dci tiempo se aplica tanto a los fenó- representaciones han de "pasar" por el tiempo, en el tiempo han de ser
menos del sentido externo como a los del interno, ya que todos son en ci relacionadas, ordenadas y unidas. Se ordenan en la sucesión temporal en la
tiempo y están sometidos a las relaciones de tiempo. Y también hay que que unificamos lo múltiple de fas afecciones. Las formas de la sensibilidad
dejar apuntado que ci tiempo va a constituir el auténtico anillocntre la posibilitan esa síntesis.
sensibilidad y el entendimiento a través del esquematismo de la imagina- 2. Síntesis de rcproducción en la imaginación. Con la síntesis de apre-
ción trascendental. hensión no vamos más allá de unidades intuitivas aisladas. Y hay que avan-
zar hacia la constitución del objeto con una segunda síntesis a cargo de la
V.4.2. La imaginación y sus esquemas trascendentales corno mediación imaginación, que si; por una parre, puede "reproducir" las impresiones, por
entre la sensibilidad y el entendimiento otra, con sus esquemas trascendenta l es elabora una síntesis-de lo á!?l c
Debemos también ser muy breves en ci complejo tema de la imagina- llega desde la sensibilidad, que, si cabe decirlo tan simplemente le ofrece
ción en Kant. Reduciremos nuestra explicación al mínimo necesario para y a al cntendimicnto un "material" susceptible de Lajis me di ante los
enccndcr.su importante función mediadora, lo cual obliga a rcferirse•a fa coeésc.
imaginación con la vista puesta, al mismo tiempo, en la sensibilidad y en 3.Síntesis de reconocimiento en el conccnto. A este momento objeti-
elenrendirnienco. vamente definitivo conducen los dos.anteriores. Aquí se logra ¡a constitu-
Acabamos dejas formas a priori de la sensibilidad, al informar ción del objeto con ¡a unid a d objetiva que confi erc -

la materia bruta de las impresiones, configuraban una primera síntesis, que, categorías,a sabiendas de que, a través de tales categorías, se exp resa y ejer-
stiario, es tá ntesisdeuniadobjetiva,iii es fa que
e 1a sTi cei _d de la conciencia qjiqjiiig, en última instancia a ¡a aner-
va a corres onder a los ccpción trascendental del Yo pienso.
P e rar resulta que entre las formas a priori de la sensibili a y as categor as ltos, r iesgo desimplificar la imaginación es una facultad capa-
dci entendimiento hay un hiato o abismo tal, que se hace preciso contar citada para representar un objeto en su ausencia y, en esta función, parti-
con una etapa mediadora en el proceso y con alguna función a priori que cipa de la condición sensible, ya que representa lo que llega desde ¡a sen-
sirva de - puente entre la sensibilidad y el entendimiento. Esta situación se sibilidad; pero participa también de la condición intelectual, ya que la
refuerza todavía más, si tenemos en cuenta que las categorías o conceptos C4fRJ espontaneidad opera asimismo en la imaginación productora, en diferencia
puros del entendimiento sólo representan o constituyen a— s—
coñ-dicioñes de de la imaginación reproductora. Desde esta doble dimensión puede la ima-
un objeto en general y no las de un objeto determinado, siendo así que, al ginación "producir" los esquemas trascendentales como determinacione s
conocer, hay que conocer un objeto determinado. Por tanto, para que las del tiempo, elemento mediador entre la sensibilidad y el entendimiento.
categorías puedan llevar a cabo su uso empírico (en referencia a la expe- No deben confundirse los esquemas con ¡as imágenes, ya que éstas se
riencia), que es el único válido, se hace preciso acudir a unas determina- reducen ameras representaciones empíricas, por ejemplo, la imagen de éste
ciones mediadoras que participen tanto de la dimensión sensible como de

65
64

Í
LE
­I

picta de las mismas, están vinculados al estudio del juicio desde una doble
, ¿

árbol. Pero, si lo que buscamos es el(undamcrito dci concepto de árbol en perspectiva: la de la lógica formal, en la que se atiende a la forma de los jui-
r.
general, por ejemplo, corno susrania, sobrepasamos ya lo empírico y cios, al margen de los contenidos; y la de la lógica trascendental, la cual,
entramos en lo trascendental, porque estamos ante la "representación de bajo la forma de las categorías, estudia la unidad sintética de los onteni-
un procedimiento universal de la imaginación para suministrar a un con dos. Desde el punto de vista de la lógica formal (que es la de Aristóteles),
cepto su propia imagen" y a esto es a lo que se llama "esquema de este con- cI juicio es la acción del entendimiento que lleva los conceptos a unidad.
cc5rd" '. Los esquemas, pues, como determinaciones del tiempo, se estruc- Desde esta perspectiva, los juicios se clasifican en cuatro capítulos: canti-
turan en las cuatro clases que corresponden a las clases de categorías que dad, cualidad, relación y modalidad.
Pero (a perspectiva novedosa es la de la lógica trascendental, en la cual
luego veremos.
se trata de llevar a unidad sintética lo múltiple llegado de la sensibilidad,
V.4.3. Las categorías del entendimiento ya preparado en las dos síntesis anteriores. Al igual que, en la perspectiva
Un texto de Kant no¡ indica dónde estamos y a dónde vamos: desde «la lógica formal, divide en tres clases de Juicios cada uno de los capí -
tulos, resultando, por tanto, doce clases de juicios, de la misma manera,
Lo primero que se nos debe dar a priori, en orden a la efectividad del cono-
cimiento de todos los objetos, es la diversidad de la intuición pura; la síntesis desde la perspectiva trascendental, habrá de haber doce categorías agru-
de esta diversidad mediante la imaginación es lo segundo, que, sin embargo, padas en cuatro capítulos o grupos, que se refieren también a cantidad,
no nos confiere todavía conocimiento alguno. Los conceptos que otorgan cualidad, relación y modalidad, con tres categorías en cada uno de los
unidad a esta síntesis pura y que no consisten más que en la representación
de esta unidad sintética necesaria, constituyen lo tercero en orden al cono. capítulos, es decir, con doce categorías, de cuya enumeración y estudio
cimiento de un objeto cualquiera y tienen su fundamento en el entendi podemos dispensarnos, por m:s que Kant se esfuerce en justificar ese
miento". número y se sienta orgulloso de su tarea. Ciertamente que, desde su punto
En eso tercero estamos, es decir, en el estudio de las categorías o con- de vista, la explicación y justifica* ción de las categorías es relevante para
:-
ceptos puros del entendimiento como el conjunto de elementos aprióricos dejar claro que no se trata de conceptos empíricos, pues desde éstos no sería
más importantes en -el proceso de constitución sintética del objeto. Ya no r=1 justificable el carácter universal y necesario de los juicios objetivos y cien-
se trata simplemente de aprehender representaciones, ni de reproducirlas y tíficos, sino que se trata tic conceptos inmunes a la experiencia, aunque
sintetizarlas en esquemas, sino que se trata de llevar ci resultado de los sólo tengan validez operando sobre lo que ella ofrece, y que son universales
momentos sintéticos anteriores a la verdadera constitución del objeto y necesarios.
mediante la reducción a la unidad de la conciencia, que se lleva a cabo en Si alguien se pregunta cómo unos conceptos pertenecientes a la stbje.
la síntesis judicativa, ya que las categorías son las formas del juicio objetivo. tividad o subjetualidad pueden ser garantes de la universalidad y necesidad,
Las condiciones que deben cumplir las categorías son las siguientes: hay que recordar que esta pregunta también se la hizo ci propio Kant 17. Y
la respuesta nos remite a la famosa revolución coperrlicana: los obj etos uni-
1. Que tales categorías o conceptos sean puros o no empíricos.
2. Que no pertenezcan a la intuición y a la sensibilidad, sino al pensar
MIMM - versales y científicos sólo pueden justificarse desde la subjetividad, porque
y al entendimiento. sólo desde las condiciones subjetivas universales y necesarias se hace psi-
3. Que sean conceptos elementales y, por tanto, distintos de los que sean bk explicar la constitución de tales objetós. Por eso, la Constitución del
deducidos de o compuestos por ellos. objeto es "una acción del entendimiento que vamos a designar con el nom-
4. Que su tabla sea completa y que llenen el campo total del entendi- bre general de síntesis" ".
miento puro" Hemos llegado, pues, al final del proceso de constitución objetiva, ya
Sin poder seguir a Kant en sus prolijas explicaciones, resumimos: tanto que la síntesis definitiva corresponde al entendimiento y a sus categorías:
ci estudio de las categorías como ci propósito de establecer una tabla com-

Cfr. A89-90,13 122.


"A ¡40,13179-80.
13130.
"A 78-79.13 104.
"Cfr. A64, 1389.
67
66

Í
El entendimiento puro es, por consiguiente, en las categorías, la.lcy de la
JiÍurtu Mas esto nos llevaría a toda la red de problemas de la Dialéctica Tras-
unidad sintética de todos los fcnóriÇcnos y, en virtud de esto, hace posible de
un toado primario y originario la experiencia según su forma"
Pero ¿se ha cerrado totalmente el proceso explicativo y justificativo de
la síntesis? Hay que responder que no, porque el propio entendimiento
ja cendental, excediendo nuestro propósito.
Digamos, por fin, volviendo al comienzo de este capítulo, que, conocido
el planteamiento y desarrollo de los elementos a priori en Kant, no será difí-
cil para cualquier estudioso comprender otros planteamientos del mismo
también está afectado de pluralidad, como se echa de ver por la pluralidad tema en autores que vienen después de Kant, pero, a nuestro juicio, siem-
de categorías que te son propias. Ello obliga a buscar la fuente radical y ori- pre en dependencia de y en referencia a Kant, incluso en casos tan desta-
ginaria dn la unidad más allá del entendimiento y de sus categorías. Esa cados como el a priori en la ínomcnoIog(a'dc Husserl o el a priori del cuer-
fuente es la apercepción trascendental, ya aludida anteriormente. po en Mcrleau—Ponty. Tanto por lo que hemos Visto en este capítulo, como
por lo que veremos en el siguiente, debe quedar de manifiesto que el de
V.5. LA APERCEPCIÓN TRASCENDENTAL Kant es el modelo de cualquier planteamiento trascendental del conoci-
miento.
En efecto, en el principio y origen de toda síntesis, sea cual sea su
momento o nivel, ha de estar en la apercepción trascendental, que es lo
mismo que decir la unidad absolutamente supraeinpíriça de la conciencia,
como conciencia de un Yo—sujeto pertrechado de perfecta unidad e identi-
dad. Unicamente desde esta unidad originaria y originante cabe explicar
que el dinamismo del sujeto sea un dinamismo esencialmente unificante y
sintetizador. Así lo subrayó Kant:
síntesis o enlace de lo múltiple en tales conceptos se relaciona simple-
mente a la unidad de la apercepción, siendo, por canto, ella el fundamento
de la posibilidad del conocimiento a priori en cuanto éste se apoya en el
encendimiento 2
Y en el mismo pasaje subraya también que la espontaneidad, que nece-
sariamente ha de intervenir en toda síntesis, debe provenir de la fuente de
toda espontaneidad, que es la apercepción trascendental como conciencia
trascetidentaI y unitaria de la identidad del Yo.

V.6. CONCLUSIÓN

Concluimos así nuestro estudio del a priori en Kant. ¿Y las ideas de la


razón! ¿No tienen nada que ver con el conocimiento? Sí y no. No tienen
intervención en el proceso de constitución objetiva, que se absuelve en el
entendimiento, pero sí tienen que ver con la cientificidad del conocimiento,
Ya que ésta implica ¡a integración de los diversos conocimientos en la uni-
dad del sistema total, y el sistema se vertebra en y con las ideas de la razón.

"A 128.
B 150.

68 69
ø1
vi - Planteamiénto
trascendental
desde la conciéncia
y el sujeto

VLI. EL PLANTEAMIENTO TRASCENDENTAL

El » planteamiento trasccndénral, aparte de lo ya dicho en el capítulo


anterior, supone, entre otras características, una potenciación del sujeto y
de sus funciones en los procesos de conocer. Tomemos Corno punto de par- -
tida algunas expresiones habituales de conocimientos con que nos encon-
tramos en la vida cuotidiana: "oigo un timbre", "veo un bolígrafo". ¿Oigo
verdaderamente un timbre o veo un bolígrafo? Si queremós decir que tcnc
mas una percepción auditiva directa e inmediata de un timbre o un simi-
lar percepción visual de un bolígrafo, debemos responder que no.
Pongámosnos en la situación hipotética de una persona que no sabeJo que
es un timbre o un bolígrafo, porque nunca tuvo ocasión de oír al uno o de .
ver al otro; en este caso, tal persona no sería capaz de decir que oye un rin,-
bre o que ve un bolígrafo, porque lo que inmediatamente percibe son, en
un caso, vibraciones sonoras, y, en otro, unos datos visuales de figura y
color. En cambio, cualquiera de nosotros, en una situación normal, dice sir,
duda alguna que oye el- timbre o que ve el bolígrafo. ¿Qué sucede? Sucede
que, para percibir una vibración como el sonido de un timbre, o para per-
cibir determinados datos de figura y colar como un bolígrafo, hace falta
contar con una conciencia o sujeto preparados para objetivar ¡as vibracio-
nes cnio de ur,timbre, y la figura y el color corno propias de un bolígrafo.
Esta situación la hemos apuntado ya en el capítulo sobre el plantea-
miento experiencial del conocimiento. Pero ha llegado el momento de
ponerla de relieve en su aspecto fundamental, que es el papel del sujeto o
de una conciencia madura preparada para convertir unos datos en un obje-
to, o sea que ningún conocimiento es pura y simple captación de datos,

71
--. --
Í
entre lo dado al sujeto y lo puesto por éste, equilibrio que, sin embargo, se
sino que esos claros han de som eterse a tina compleja elaboración pór parte inclina claramente a Favor de la superior importancia del sujeto.
.
del sujeto que percibe o conoce. Por eso, si ci trascendentalismo se distancia, superándolo, del criticismo
Obviamente, si esto sucede en conocimientos calificables como vulga-
de Descartes, tiene que alejarse todavía en mayor grado del realismo natu-
res, podemos suponer que la "dialéctica" entre lo dado (datos) y lo puesto
ral e ingenuo anterior a Descartes. Así, co ci capítulo anterior vimos que
por el sujeto va a adquirir un énfasis mucho mayor co conocimientos de
los datos que aporta la afección empírica han de someterse a una compleja
nivel superior, muy especialmente en conocimientos adJctivablcs como
elaboración —las diversas etapas de síntesis— hasta alcanzar el estaluo
científicos, tal como vimos que sucedía çn.Kant al establecer unas estruc-
¿le objetividad. En esta perspectiva se hace preciso destacar una distinción
turas a priori radicadas en ci sujeto, que fueran garantes de la validez obje- que, sobre todo cn Kant y desde Kant, va a desempeñar un papel de enorme
tiva (universal y necesaria) de los conocimientos científicos, que, en su
relcvaji. sçlistinción.entreioen–sí y_!9pra_jLE n los realismos que
caso, son los juicios sintéticos a priori.
anteceden a Descartes y, por supuesto, a Kant, se suponía que el conoci-
i- Por todo esto, ei capítulo anterior sólo ha sido una razia en los dominios
miento tenía acceso al en–sí. Descartes, admitiendo que se podía llegar al
del sujeto, porque se trató simplemente de un acercamiento parcial, ya que
en–sí, puso, sin embargo, el objeto inmediato de conocimiento en las ideas,
se refería únicamente a determinadas estructuras del sujeto, según el plan-
como el modo de rcvclarse para–mí todas las cosas, incluso Dios. En Kant
teamientó modélico del tema que nos dejó ci auténtico creador del pjante-
lo en–sí queda totalmente vedado al conocimiento humano, Ihimcscie
am ¡en to trascendental.
,sa_en–sí. Sólo conozco ci para–mí. o sea el fenómeno o aparecer
La importancia que la filosofía trascendental ha tenido para la teoría del
(kioienon Erschcinung) que es algo que elabora el sujeto, contando
conocimiento es absolutamente excepcional. Si se ha podido decir —y con
ci con lo que de la cosa–en–sí le llega a través de la afección sen-
razón— que en teoría del conocimiento hay. un antes y un después de
sTxj,cric-tcia, ya que sólo cabe conocimiento de las cosas--objetos de
Descartes, y ello debido primordialmente a la primacía que, con él, adquie-
kuc tengo afección sensible.o experiencia. Los dominios inmunes a la
re el yo o sujeto en los procesos de conocimiento, esto, con mucha mayor
afección sensible pueden ser pensados, pero no conocidos, según la ya tópi-
razón, se debe decir de Kant y de su planteamiento trascendental, ya que el
ca y conocida distinción kantiana entre conocer y pensar'.
yo o sujeto cartesiano está a años luz del sujeto trascendental kantiano,
En una palabra, con el planteamiento trascendental se-trata de buscar
según vamos a ver.
un nuevo fundamento de la objetividad cognoscitiva. En su presentación j
El planteamiento trascendental, resumido en pocas palabras, es la bús-
chusica el trascendentalismo refluía totalmente hacia el sujeto y su dina-
queda de las condiciones de posibilidad del conocimiento objetivo,nii-
mismo apriórico. Así lo vamos a ver en Kant y Husserl.
ciones de posibilidad que han de encontrarse en la subjetividad o sub¡ c-
Pero si, según estamos diciendo, de lo que se trata fundamentalment e es
tualidad, y que se ejercen a través de los elementos o estructuras a prici-ide
de buscar las condiciones de posibilidad del conocimiento objetivo, tam-
las que tiené que estar dotado ci sujeto. Es un planteamiento que se sitúa
poco debe reducirse el planteamiento al sujeto y a sus estructuras, sino que
coJos antípodas de un cmpirismoradical. como ci de Hume, autora! que.
hay que abrirse a otros planream(entos en los que esas condiciones de posi-
Kant tiene muy presente para alinearse con él en bastantes de sus críticas,
bilidad tengan otros focos de origen. Lo importante es que los datos que
pero del que se distancia radicalmente en la búsqueda de soluciones al pro-
aporte la experiencia se objetiven desde esas condiciones posibjljtadoras.
blcma de la objetividad científica que, según el alemán, es inútil recabarte
Situados en esta perspectiva, se puede hablar también tic un trascendenta-
a la, experiencia. lismo social, en el sentido de que hay que admitir unos condicionamientos
Conviene subrayar desde este momento que, de los dos problemas con
o determinaciones sociales de algunos, si no de todos los conocimientos,
que, histórica y temáticamente, se ha debatido la teoría del conocimiento
cabiendo afirmar algo similar de las estructuras lingüísticas como posibili. -
—la certeza yla objetividad— Kant, al contrario que Descartes, concede
tadoras y determinantes de nuestros conocimientos. Yse trata sólo de dos
muy poca importancia al problema de la certeza, que, al Fm y al cabo, solo
tiene que ver con la seguridad subjetiva en la posesión del conocimiento,
y se centra primordialmente en el problema de la objetividad, entendida
CÍr. jCrV, a xxvi, a 146.
como el valor del conocimiento, valor que se ha de lograr en un equilibrio D
51--
'- 73
72
4 e2L.i&1 aje,
ejemplos que no pretenden agotar los cunpos de t rasccndcntalidad. A algtl-
poner en juego las estructuras constitutivas que ic son propias. Recuérdese
nos de estos campos nos fiemos de referir en capítulos posteriores.
-. el ejemplo modélico de las estructuras a priori.
Ahora bien, sea cual sea el campo de un planteamiento trascendental,
Con esto estamos recogiendo y profundizando ca uno de los cúracteres
se tratará siempre de profundizar en la relación bilateral del conocimiento
del conocimiento que expusimos en ci capítulo 111, es decir, la bilaterali-
entre sujeto y objeto, enfatizando el papel del sujeto, aunque en casos como
dad: el polo conciencial o subjetual y el polo objetivo. En esta relación de
los que-acabarnos de citar aparezcan condiciones trascendentales del cono-
bilateralidad la conciencia se tensiona hacia el objeto. Y a esta tensión
cer (desde la sociedad, desde el lenguaje) que, en su origen, no pertenecen
hacia cf objeto la denominamos, sobre todo desde Husserl, intencio nalidad .
al sujeto, pero que, no obstante, sólo son operativas a través del sujeto que,
El filósofo alemán la convirtió en una de las definiciones de la conciencia:
consciente o inconscientemente, las internaliza.
!3ewusstseirt ¡st !ncntionalitjit, la conciencia es intencionalidad. Nos parece
que Max Schelcr, en seguimiento de Husserl, lo expresó muy bien:
VIL ¿SINONIMIA ENTRE CONCIENCIA Y SUJETO? Toda intención en general, y por consiguiente también la percepción, la
representación, el recuerdo... señalan más allá del acto y del contenido del
acto, tienden a algo ajeno al acto, aun en ci caso en que lo pensado mismo sea
En la terminología de teoría del conocimiento no es infrecuente hacer a su vez un pensamiento. lntiilo significa Justamente un movimient o apun-
uso sinonímico de conciencia y sujeto, como polo que se enfrenta a lo tando a algo que uno mismo no "tiene" o que se "tiene" sólo parcial e irnper.
"otro", al objeto/cosa. Es difícil oponerse a esta sinonimia, siempre que se (ectamcntc .
entienda debidamente la conciencia, ya que caben diversos enfoques o con- Dicho en términos generales, cabe definir iairitencionaijdad como la
ceptualizacioncs de la misma. Nos vamos a detener un momento en ella y, esencial referencia de todo acto de concicñcia a un objeto. Se puede subra-
especialmente en la intencionalidad como característica del dinamismo yar esto mismo afirmando que ci objeto sirve de fin al que tiende el dina-
conciencia¡. mismo intencional de la conciencia.
Dcsded punto de vista gnoscológico tenemos que superar la considera- Por eso la intencionalidad es el elemento que ocupa el centro mismo tic
ción de la conciencia en su nivel puramente psíquico, en ci que los fenó- las relaciones entre la conciencia y lo real, en cuanto es el modo esencial
menos de conciencia son simples elementos de nuestra vida consciente y que ella tiene de referirse "objetivamente" a lo real. Veámoslo en palabras
personal. Gnoseok5gicamente esos fenómenás se convierten en revelado- de I-Iusserl:
res, en ese medio diáfano de la conciencia, en ci cual las cosas devienen Llevada a cabo una vivencia intencional actualmente,.;., en ella se "diri-
objetos de conocimiento. Desde esta perspectiva —y aquí radica sin duda ge" el sujeto al objeto intencional. Al cogito mismo es inherente, como inma-
su fundamental sinonimia con el sujeto— se puede considerar fa concien- ncnce a él, un "mirar a" el objeto, que, por otra parte, brota del yo, el cual no
puede, pues, faltar nunca.
cia como fundamento del dinamismo objetivante. Obviamente, para lograr
este nivel; hay que someter a purificación el carácter naturalista y espon- Si se repara, en este texto tenemos señalada, la radicación de la con-
táneo de la conciencia psíquica. Posiblemente nadie tematizó mejor esta ciencia y de su intencionalidad en ci sujeto o yo, que en Husserl es el suje-
"purificación" que Husserl con su teoría de la reducdón, sin que sea nece- to trascendental, según habremos de ver. La intencionalidad es referencia,
sario, tal como sucedía en el padre de la fenomenología, que la reducción relación activa, dinámica, que se ejerce a través de las estructuras de la
tenga que conducir con necesidad absoluta a la trascendentalización de ¡a conciencia o sujeto. Pero no es una actividad pura, sin coartación, sino
conciencia. De lo que se trata fundamentalmente es de poner entre parén- que, si no se quiere caer en el idealismo, ha de contar con una "materia"
tesis —prescindir— el carácter personal y fáctico dé la conciencia, de no sobre la que se ejerce y por la que está coartada. Es, pues, una actividad por
considerar sus actos como jula clase más de fenómenos mundanos, integra- la que nos trascendemos, nos "excedemos" hacia lo "otro". Sin eso "otro",
das en y explicabfes por dcpendenciaso conexiones causaks. Aplicada la la intencionalidad sería un dinamismo vacío.
purificación o reducción, los actos de conciencia deben ser considerados
como experiencias objetivas, o sea, como actos ce tos ypor lozeseconsti -
tjosobctos tic conocimiento. Esa conciencia constituyente, aparte de 'Realismo e idealismo. Trad. de A Schrocdcr. Nova, Buenos Aires, 1962, p. 16.
contar, más o menos directamente, con los datos de la experiencia, ha de 'Ideas rdaritvzs a una fcnomcnolog(a pura ia una fdowítfraomcad,spjca. Trad. de J. G3M Fndo
de E. México. 2." cdic., 1962, p. 83.

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75

i
reflexión descubre inmediatamente radicado ci acto de conocimiento for-
V13. HACIA LA NOCIÓN DE SUJETO. mal. Repitamos: es el polo opuesto al objeto, se rensiona intencionaJme:,
re hacia él y es el tópos o lugar de 1a objetivación. Todo esto se lleva a cabo
Tras ci breve excursus a la conciencia y a la intencionalidad corno un a través del medio diáfano de la conciencia, con la que, tal como vimos,
carácter esencial de la misma, retornamos al sujeto como tema nuclear de puede identificarse. Según se vaya abandonando el objetivismo realista, el
este capítulo. sujeto va a ir perdiendo su carácter de pasividad frente al objeto/cosa, para
Históricamente no hay duda de que, de los dos polos de la relación cog- ir asumiendo el papel de protagonista activa en ci conocer: ci sujeto sólo
nosc!itfva —sujeto y objeto— ha merecido más siglos de atención ci objeto

/
conoce en cuanto actúa, co cuanto desarrolla su actividad Consciente e
que ci sujeto. Digamos, uña vez más, que el realismo natural que domina intencional. Sin esta actividad del sujeto, no hay conocimiento. Si se
hasta Descartes era un objetivismo gnoscológico, en el doble sentido de admite lo que estamos diciendo, hablar de un sujeto pasivo es absoluamen.
que, por una parte, era el objeto ci que imponía su ley en una lectura cau- te inadmisible. -
sal de los procesos de conocimiento, y, por otra, era el sujeto el que tenía Lo característico de esta actividad subjetiva o, mejor, subjcival, consis-
que ajustarse, "asimilarse", a esa imposición causal del objeto. Sin embar-
fi go, la modernidad postcarresiana que alcanza su madurez en Kant va a
te en que el sujeto, sin salir de sí, se "aliena", sin embargo, de alguna mane
ro: integra al objeto conocido en su inmanencia, pero sólo lo puede inte-
invertir las romas. Poco a poco el sujeto va asumiendo el protagonismo en grar cognoscitivamente oponiéndoloa sí jjsma ob-jetiván4ol o (ob-iicere).
la explicación de los procesos cognoscitivos, constituyéndose en árbitro de No se trata, obviamente, de una intcriorización física, sino de una pura
la objetividad, de tal suerte que, frente al objetivismo precartesiano, se ini- interiorización intencional. Y en todo este proceso, sin recaer en ningún
cia el camino de un subjetivismo, o, si queremos evitar el semanrema ambi- objetivismo, hay que conrar, no obstante, en grado mayor o menor según
D guo de este término, de un subjetualismo. Hasta tal punto va a ser así, sobÑ éscuelas y filósofos, con una cierta influencia de los datos o del objeto/cosa,
todo con y desde Kant, qu e sería legítimo decir que sólo se objetiva subjc- ya que, sin esa cierta influencia, sería imposible explicar tanto el por qué,
1]vando, según se apuntó ya.en el capítulo.anterior. se inicia un proceso de conocimiento, como el que cada proceso coglosci-
- Ahora bien, el sujeta, aunque fuese con un papel de segunda clase, estu- rivo conduzca al conocimiento de un objeto determinado y no al de otro.
vo presente siempre que, de alguna forma, se teorizó sobre el. conocimiento.
No podía ser de otra manera, ya que, en definitiva, todo acto de conoci-
mientó es ci acto de un sujeto que conoce. V14. DEL SUJETO SUSTANCIAL AL SUJETO TRASCENDENTAL
Sin embargo, la noción de conocimiento adoleció de Contornos muy
? ) difusos, tonto en la filosofía griega como en la medieval. La etimología y el La nnción neutra de sujeto que propusimos en el epígrafe anterior nos
mantema original de "sujeto" nos remite a la palabra griega hypoke (me- va a permitir, matizándola, asomarnos a diversas concepciones del sujeto.
non, palabra que, por estar compuesta de hypó.y keísritai, significa lo que está ) Dejamos dicho que en la filosofía- griega el sujeto era un hypoke(menon
debajo o sometido a otra cosa. - - un sub-strato, pero un substrato sustancial, una sustancia entendida c6mo
La etimología directa de la palabra nos lleva al latín sub-iectum, con la una realidad, permanente en grado mayor o menor, que subyace, recibe y
soporta las modificaciones que le acaecen. Sucede, sin embargo, que, en esa

- -
misma significación que el hypakdmcnon griego. 11e1 a esta etimología, el
sujeto significaba el elemento de la relación cognoscitivaa que subyacía y concepción, el hypoke(menon-sustancia no es el sujeto inmediato de los
estaba dispuesto a recibir al otro elemento de la relación cognoscitiva, que actas cognoscitivos, ya que, entra estos y la sustancia, ha unosprincipi os -
se le imponía en un proceso causal que va del objeto/cosa al sujeto. Sin inmediatos, que son los accidentes-facultades-potencias, es decir, los
embargo, en la filosofía moderna postcarresiana esta visión pasiva del suje- encargados de recibir y actuar de modo inmediato: sentidos, entendimien-
to va a ir desapareciendo, aunque se pueden encontrar autores que la pro- to... A la vista de esto, parece que acecha ci peligro de disolución del suje-
fesan básicamente, como, por ejemplo, J. Locke. to en un mosaico de pequeños sujetos. Tal disolución, sin embargo, no se
Podemos partir de una definición de sujeto que, al tiempo que nos acer- consumo, porque esos "pequeños sujetos" se reconducen a la unidad de la
ca a su comprensión, no predetermine una concepción concreta: el sujeto D) sustancio, a la que, en cuanto principio remoto de operaciones, la escolás-
es ci elemento de la relación cognoscitiva en el que la autoconciencia o

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76
:

V1.5. EL SUJETO TRASCENDENTAL


tica dio ci nombre de supf ositlrn, 'st1pUCStO", Ci) nuestro caso csci horn
Hay que emprender la Larca de elaborar una nueva teoría del sujeto
brc-sustancia-sujeto, que es, en último término, el que conoce, según for-
desde una perspectiva distinta de ¡as anteriores: la trascendental, en el sen-
muló con claridad Sto. Tomás al afirmar que "hablando con propiedad, no
ya explicado desde ci capítulo precedente, es decir, proponiéndose la•
ccinoccn el sentido o el entendimiento, sino que es ci hombre ci que cono-).
búsqueda y configuración de un sujeto que ofrezca las condiciones de pos¡-
mediante ellos"'. 11í' hilidad del conocimichto y que sea capaz, con sus estructuras a priori, de
. Se trata de un sujeto al que, con terminología husscrliana, cabe califi- hqccrsc responsable de la validez objetiva del mismo, haciendo ¡nneccsa-
car como 11natura1 No se plantea su justificación crítica. La confianza rías las "escapadas" a un Dios garante, tal como acontecía con ci sujeto car:
ingenua o natural que se tenía en el conoc imiento djcnsaba de taj j ti-
? _________ tesiano. Hay que desrnundanizar y 'desnaturalizar" el sujetopara instalar-
ficaci3n. Más quede un sujeto gnoseológico, se trata de un sujeto antropo-
lo en esa nueva lógica que Kant llamó lógica trascendental, en la que el
lógico u ontológico' que, entre otras funciones, tenía la de conocer. A este 1
sujeto es fundamento de objetividad.
sujeto sería improcedente recabarle las condiciones de posibilidad del . .
Suele aceptarse que ni nguno de los filósofos trascendcnta1jsta. ha dejado
conocimiento y, menos aún, la validación objetiva de ese conocimiento.
una noción precisa del sujeto trascendental. Así sucede con Kant y con
Así llegamos a la modernidad, es decir, con un sujcto-sustancia-hom-
c)
.-..
I-iusscrl, que son los autores a quienes vamos a referirnos. Por ello como
bre cómo totalidad unitaria. Pues bien, la filosofía cartesiana inicia cicuar- 1
g' de lo que resta de este capítulo, nos atrevemos a repetir la noción que
teamiento de esta concepción. En efecto, el Cogito cartesiano sigue todavía Iw
'
IR hemos propuesto en otro lugar: el sujeto trascendental es un *principio Iógi-
radicado en la sustancia, pero la sustancia-sujeto ya no es el compuesto co-estructural puro, autoconstituido en polo originario y originantede toda
humano total y unitario, sino que es sólo un sujeto—sustancia pensante, la constitución objetiva'. No estamos, pues, frente a un sujeto mundano, psí
rcs• cogitans, ya que ci cucrpo deja de pertenecer a la subjetualidad cognos- quico u ántico, sino trascendental, dotado de ultimidad originaria absoluta. •
citiva. Cabe ver esto como una "purificación" del. sujeto sustancial, pero, _-: •
, que, al mismo tiempo, es la fuente y principio originante de toda objeti- .
más que una purificación, es una mutilación del tradicional sujeto sustan- vidad calificable de científica. Por eso él no es objetivablc, ya qie esto
JJ
cia!, porque ci sujeto ya no es todo ci hombre, sino sólo su espíritu, dejan- 1 supondría la negación de su ultirnidad y originariedacj. Es un sujeto formal
do de lado la corporalidad. Es decir, con este cuartcainicnto del sujeto tra-
dicional, se inicia ci proceso de desustanciaiizacic5n del sujeto.
tifrj (sin contenidos propios) y formalizante de toda objetividad, en ci sentido
de que ésta está en heteronomía de él. Es fundante, autojustificándos e en
Esa vía tendente a desus rancia¡ izar al sujeto, en la que constituye Ufl sus (unciones. Husserl lo denominó como un Yo—centro de irradiacjón.
J) hito importante la crisis de la sustancia en Locke, culmina en Hume. En él En él radican ' de él irradian todos los elementos y estructuras que posj.. •j
se declara ilegítima e infundada la idea de sustancia, ¡o cual equivale a bilitan los procesos de constitución objetiva. No accedemos a él por un
negarla. Por consiguiente, no ha lugar ya para entender al hombre-sujeto conocimiento estrictamente tal, sino, como dirá Husserl, por un proceso de
como sustancia, puesto que ese hombre-sujeto queda reducido a "un mano- O reducción que nos lleve a la última fuente de objetividad Cabe decir que
jo o colección de diferentes percepciones, que se suceden unas a OttaS Con ¶
9
lo conocernos por sus obras, no por sí mismo. -
inconcebible -rapidez y están en flujo y movimiento p4ecuo". Se ha cer-
tificado —nos atrevemos a decir que definitivmente— la muerte del-sujeto
'11.6. EL SUJETO TRASCENDENTAL EN KANT
sustancial, que, como era el único mantenido hasta entonces, equivale a
decir que nos hemos quedado sin sujeto de conocimiento. Dejando de lado el rastreamiento ¿e inñegables precedentes de es
Se impone, pues, histórica y temáticamente, una nueva etapa: la recons- nuevo sujeto`, es de justicia conferir a Kant el título de "inventor" del suje-
trucción, acaso diríamos mejor la constitución, de un nuevo tipo de sujeto
cognoscitivo. Esta va a ser la tarea de Kant con ci sujeto trascendental.
'fr. RÁBADE ROMEO. S.. Eurucwra ¿CI COflT J1umflro. 3. 9 CdjC., O. del Toro, Madrid.
1985, '. 193.
'Cfr. Ideen II. Huu&inna, W. p. 8.
'RAI3ADE ROMEO. S.. o.r. pp. 196-199.
'De Vcnwie. q. 2, a. 6. ad 3.
'A Treaiire of hmian NatuTe. lib. 1. parle IV. sec. 6. -

79
78.

i
to trascendental. Aunque, según vimos, limita el ámbito del conocimien- pcsar• de los valiosos esfuerzos debidos a Descartes y a Kant, entre otros. Y
to objetivo a la experiencia, no obstaiitc los fundamentos de esa objetivi- no vale refugiarse en la lógica formal, precisamente por eso, porque es un
dad han de buscarse f uera de la experiencia. Contando con lo aclvenidb .. saber puramente forma!, y Husserl pretende construir una Cicnca de obje-
desde la afección sensible como materia, la forma la dan inmediatamente tividades.
los elementos o estructuras a priori; pero estas estructuras necesitan, a su Pues bien, de modo similar a Kant en este punto, esa filosofía de supre-
vez, de un fundamento, y ese fundamento es ci ¡ch denke (Yo pienso), (ór- mas quilates científicas 5610 SC alcanzará si se dispone de un fundamento
rnula con la que Kant denomina al sujeto trascendental, en frecuente sino- absolutamente válido en sí mismo que pueda ser también el fundamejtc
nimia con Tiewusstsein überhaupt. 'último desde el que se constituya y valide toda objetividad. Ese fundamen-
Pero Kant es muy parco en sus referencias explícitas al sujeto trascen- to será el Yo o sujeto trascendental.
dental y a la explicación de sus funciones. Desde juego, todo el desarrollo Deudor reconocido del trascendentalismo de Kant, cree, sin embargo,
de la Crítica de la Razón pura deja fuera de dudas fa necesidad de este prin- que él no recorrió todo el camino de la filosofía trascendental, por contar
cipio supremo, ya que, sin él, todas las funciones aprióricas quedarían des- dogmáticamente, por ejemplo, con la cosa-en-sí o por sacralizar la físi-
inembradas y desarticuladas. En - un conocido pasaje afirma que el Yo pienso co-matemática de Newton. Todo esto debe someterse a la epojé, a la pues-
debe acompañar todas nuestras representaciones'. Podemos parafrasearlo ta entre paréntesis, hasta dilucidar si sus evidencias científicas cuentan con
diciendo que el sujeto trascendental es una especie de acompañante acti- indudable validez en su remisión al principio fundante absoluto. Si Kant se
vo y responsable de las representaciones que lleva a cabo el yo empírico y limitó a justificar el cómo de la ciencia, l-iusserl se hará problema del /
singular, a través del cual opera ci trascendental. hecho mismo o del qué de esa ciencia.
Dicho de otra manera: ci sujeto trascendental es la última condición No está de más recordar las deudas que Husserl reconoce con Descartes,
posibilitante del conocimiento objetivo ; que Kant entiende como conoci- como lo da a entender incluso ci título de una de sus obras fundamentales,
miento científico universal y necesario. Se cuenta con la experiencia, pero las Meditaciones cartesianas. De él recoge ci cogito, entendiéndolo como pre:
el principio univcrsalizador y ncceskante ha de estar fuera de la experien- cedente del Yo pienso (lch denke). Pero no pasa de ser un preccderi'te, ya
cia. Es, por tanto, el principio a priori último que está por encima de las que el cogito cartesiano es el cogito de un espíritu o alma humana, es decir,
diversas estructuras a priori para conferirles la unidad definitiva. Es, asi- de un sujeto empírico. No es un Yo trascendental, fundamento último de
mismo, la fuente originaria de la espontaneidad ejercida en los diversos objetividad. También cabe decir que la duda cartesiana es antecedente tic
niveles. Por eso puede calificarlo también como unidad trascendental de la la epojé o puesta entre paréntesis de verdádes sin suficiente-validación. - Pues
coñcieñcia '°. La espontaneidad, sin embargo, no es absoluta, ya que también biéhrtiendó de Décartes ydc Kant, Htxsserl intenta llevar a cabo u na
él ha de contar con la coartación de la materia empírica, ni contrario de la radicalización de la filosofía.
espontaneidad absoluta que sería propia del íntuicus originarius de Dios. Los modos de llevar a cabo esta radicalización son la epojé y la reduc-
ción. La epojé o puesta entre paréntesis es una neutalización de.todo lo que
aceptamos como válido en la actitud espontáñea o natural. No se suprime
Vl:7. EL SUJETO TRASCENDENTAL EN HUSSERL ni se niega, simplemente se lo deja en suspenso: así sucede con el mundo,
con las ciencias, con la conciencia psicológica y mi yo empírico. Son cono-
Husserl intentó hacer de la filosofía una ciencia estricta y rigurosa, des- cimientos que no encuentran en su nivel principio de justificación. Por eso
provista de hipótesis, de prejuicios y de presupuestos. Entendía que había hay que remontarse a un nivel superior: el trascendental.
de tratarse de una ciencia nueva, ya que, a juicio de él, ninguna de las cien- En la reducción ya no se trata de neutralizar contenidos, sino de un pro-
cias positivas cuenta con esos caracteres de rigor, ni tampoco la filosofía, a ceso de purificación y unificación que nos va a abocar al Yo puro y tras-
cendental. En este proceso de reducción hay dos etapás: la redución eidé-
tica y la reducción trascendental, que podemos resumir así: la reducción
eidética se aplica a los hechos o datos. En virtud de ella, "deshiletizarnos"
'KV, 13131-132.
'Cfr. KrV, B 139-110. esos datos o hechos, para dejarlos reducidos a su esencia o contenido eidé.

80 81

1
La función propísirna que se le ha de atribuir, y en la que se compendi an
rico, sin sus circunstancias materiales, temporales, espaciales y existencia- todas las demás, es fa función objctivanç. Pero esta función no consiste en
les. Pero no basta con esta reducción, porque, aunque liemos obtenido unas una creación metafísica del ser, sino en una consttuci6n de) r cog
esencias, no las hemos justificado. Hay que realizar la reducción trasccn- tido inteligible o, con expresión suya reiterativa, en una donación de sen-
¡ dental, que consiste en revocar todas esas esencias al fundamcnto unitario,
desde el cual y sólo desde el cual es posible justificarlas: ci Yo. Con él esta-
rn a cierto modo se podría hablar de una "creación trascendental" rIel
ido corno conjunto de sentidos o significaciones.
mos en presencia de una subjetualidad pura:. el Yo trascendental. Resumiendo: el mundo de Husserl se plantea en dos niveles distintos:
Ld óiiico a lo que no puede afectar la reducción es precisamente a esa sub- 1) El nivel del ser natural. Lo admitimos en una actitud prccrítica corno
jetualidad pura, al Ego, al Yo. Por eso Husserl gusta de llamar a su filosofía un ser ónticamente autónomo. Es ci muirido de la experiencia natural y
c trascendental una Egokgía, ya que la única pieza de validez absoluta es el Yo espontáneas pero ajeno a un conocimiento objetivamente válido. 2) El
'puro, desde ci cual y por orden al cual se explica y justifica todo lo demás. -=••••: nivel del ser objetivo. Es ci nivel en el que el ser-objeto (los sentidos o
Aunque Husserl es más generoso que Kant en afirmaciones y textos sobre significaciones) deviene heterónomo del Yo y de sus funciones objetivan-
el sujeto trascendental, tampoco debemos hacemos.demasiadas ilusiones, ya tes, según dejamos expuesto.
que no cabe aprehenderlo en sí mismo u objetivarlo, porque, en ese caso, ya
no sería el fundamento último. De ahí la abundancia de cxprcsiones meta- *MUJ.
fóricas no exentas de peligros de malinterprctación. Una de las metáforas
más frecuentes está tomada de los rayos de luz. Así se nos dice que es como
un polo de irradiación de todas las intenciones y actos objerivantes
—Ausstrahlungspunkt, Einsrahlungszencrum—. De él han de salir, como de un
foco de luz, tódos los rayos (actos) intencionales çonstitutivos de objetividad".
A- ( C-i' •'
_
Precisamente porqueno se puede confundir este Yo puro con la corrien-
.
te psíquica y variable de las vivencias, ni con el yo empírico modificado por
ellas, este Yo-sujeto puro permanece absolutamente idéntico a través de
k (
1_ -

todas las vivencias, estando presente y actuando en cada una de ellas: "per-
¡ inanece sin dividirse y numéricamente idéntico, mientras vive y actúa
&4t
; ¿
e11

1 espontáneamente en la pluralidad de los actos" '. Quiere decir que se da


una identidad numérica absoluta en perfecta compatibilidad con una plu.
ralidad de modos de referencia objetiva. Insistimos en que no se puede ir
más allá de él, ya que esto sería un sinsentido (ein Unsinn), porque sería
preguntarse por el fundamento del último fundamento
Cuando calificamos al Yo trascendental como absoluto, no debemos
entender este "absoluto" en el sentido óntico, sino más bien, el'a línea de
- .ç .
Kant, corno desvinculado de toda condición ene! plano noético, como un
absoluto que consiste esencialmente en referibilidad, en intencionalidad
pura '. Con palabras suyas, "un yo puro y nada más" '.

Cfr. Phnomeno ische.PsydIabfJe. Husserltcna. IX, p. 315.


U
ideen II. Husserliana IV, pp. 97-98.
"Cfr. Die k'aisis... I'iu.sserliinia VI, p. 192.
" c&. Ideen II. edie. citada, pp. 97-98.
"Ideas relativas... Eclic. citada, § 57, p. 133.

83
82

i
VII Sujeto y cuerpo

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C...#A.• 4S' 1 —" .
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VII. 1. INTRODUCCIÓN

Este capítulo continúa, complementa y, al mismo tiempo, matiza e


incluso corrige la concepción dci sujeto expuesta en el capítulo preceden-
•.LinllI• te. No se trata de discutir-la importancia del sujeto trascendental, ni tam-
poco la necesidad en que se vio Kant de configurar una nueva teoría del -.
sujeto, una vez que el sujetognoscológico había sufrido una auténtica díso-
lución con Hume en cIflujo de ¡as percepciones, sin que, para Kant, tuvie-
ra ya sentido cualquier intento de resucitar un sujeto sustancial al estilo -
aristotélico, ni siquiera al estilo del yo pensante de Descartes.
Continuamos, con la cemtica del capítulo anterior, porque seguimos
ocupándónós del siijetd. Perdal büs funsüjero hño'iÇdÑidtjales
1ilI ¡nos alejándonos del sujeto trascendental clásico. En cierta medida, este
capítulo
. entronca con el que hemos dedicado al estudio de la experiencia,
espccialente
Í con lo qúe entónécs decíamos sobre la taediación del cuerpo -
para que los datos má. o menos dispersos adquieran una significación obje-
tiva Ya - entonces dejábamos apuntado el papel de relevancia quen el
dinamismo experiencia! adquiere la percepción, modalidad de conoci-
miento donde el protagonismo le corresponde al cuerpo.
Para corrfprender mejor la atribución de funciones subjetualcs al cuer-
po, tal como vamos a haccr, conviene destacar otros puntos de diferencia
con el trascendentalismo en su forma clásica, concretamente con el tras-
cendentalismo de Kant. En concreto, Kant hizo nuclearmente una teoría
del conocimiento científico ejemplificado en Newton y, como último fun-
damento de la misma, se vio obligado, tal como hemos repetido varias
veces, a crear un nuevo sujeto; ese sujeto estaba situado en un nivel lógi--

85

i
siderarse como una adquisición definitiva en filosofía y, de modo muy espe-
cial, en teoría del conocimiento. La trascendental ¡dad, como búsqueda y
co-trascendental desde ci cual fundamentaba, a través de los elrnentos a
dtcrininación de las condiciones de posibilidad dci conocimiento, sigue
priorí, los conocimientos universales y necesarios. Ahora bien, en la segun-
siendo tarea central de la gnoseología. Y esta búsqueda se ha abierto a nue-
da mitad del siglo XIX y en las etapas filosóficas que nos son más cercanas
vos campos ausentes, por ejemplo, de la filosofía trascendental kantiana:
y llegan al momento actual, lo universal, tanto por motivos cpistemológi-
determinantes sociales, lingüísticos, de trabajo, etc. Y, concretamente,
cos corno metafísicos, ha entrado en crisis, sin que se aspire más que a
según vamos a ver en este capítulo, condiciones de posibilidad de conoci-
conocimientos simplemente generales, incluso en el campo cjctífico. Más
mientos vinculadas a la c9rporalidad.
aún, en el ámbito de los saberes filosóficos, la preocupación de Kant por los
Por eso, vamos a hablar del sujeto individual corporal, ya que no cabe
conocimientos científicos ha cedido ci paso a la preocupación por el acce-
hablar de individualidad humana sin la corporalidad.
so a otras realidades que, en general, tic acuerdo con las nuevas orientacio-
nes filosóficas, centran su interés cii ci hombre y en sus complejas relacio-
nes con "lo otro" y con los otros: mundo, sociedad, etc. sflI V11.2. ACTITUD DE LA FILOSOFÍA RESPECTO DEL CUERPO
¿Qué supone esto! Frente a la enorme potenciación de la subjctualiclad
en ci sujeto trascendental, asistimos a una innegable udcspotcntación del Desde el punto de vista de la teoría del conocimiento, el dualismo
sujeto. En efecto, aquel sujeto trascendental, como sujeto teórico, espon- antropológco, concretamente en el planteamiento cartesiano, ha pesado
táneo, legislador casi absoluto dentro de un racionalismo de "absolutczas", como tm lastre, ya que, al romper la unidad del hombre, puede atentar a Iii
hoy nos resulta un sujeto en desmesura, tanto para una epistemología axio- unidad del sujeto humano y, dada la preminencia que se concedió al
mático-formalista, enfeudada en la convencional ¡dad, como para las teo- elemento espiritual o alma, inclinó a hacer de este elemento único el
rías dci conocimiento que ven en éste un trasunto de la complejidad del sujeto, como es, tic hecho, ci caso de Descartes.
hombre y de sus múltiples relaciones. Podemos, en un sumario resumen, distinguir dos formas de dualismo: el
Ná se trata, sin embargo, salvo en los defensores de la "deconstrucción" espontáneo y ci filosófico. Espontáneamente, el dualismo del hombie
del sujeto, de renunciar a la necesidad del sujeto y de sus múltiples funcio- - I entendido como alma-cuerpo, conciencia-cuerpo, mente-_cuerpo..., es algo
nes, sino de la búsqueda de una nueva forma de subjetuatidad abierta a los profundamente entrañado en la cultura y que ha cristalizado en l lengua-
intereses de las nuevas corrientes filosóficas, antropológicas, sociales, etc. je con que habitualmente hablamos de nosotros mismos. El lenguaje calo-
Tal como pretendemos hacer ver en este capítulo, se hace preciso mcc- qii ial es confirmación habitual de esto mismo: "tengo mal cuerpo", "la cara
grar:la corporaloidad. en ci sujeto, ya que un sujeto sin cuerpo es un sujeto es ci espejo del alma", etc. "La distinción entre alma y cuerpo, entendidos
que se "dcsrcaliza" y se desconecta del mundo en el que vive y al que per- como los aspectos mental y material del hombre, no se encuentra sól o
tenéce En efecto, una filosofía descorporalizada carece de calificación para entre los filósofos. Constituye —tácitamente en la mayoría de los casos—
propiciar ci acceso al mundo, ya que es ci cuerpo el que nos anda e inmer- la base subyacente a una compartannentalización práctica, a actitudes popu-
ge en el mundo de modo inmediato. No vale ya ni la conciencia pensante: lares, y a muchas variedades del lenguaje hablado de las que los hombres se
de Descartes que, en su insularidad, sólo se enfrentaba al mundo corno pura han servido en el pasado y se siguen sirviendo todavía frecuentement e
extensión inerte, convirtiendo a esa conciencia en un sujeto desrnundani- incluso ahora". Nos resulta absolutamente espontáneo distinguir e inclu-
zado. Para conocer el mundo, hay que insertar al sujeto en el mundo. so separar en nosotros mismos un ámbito exterior y otro interior. Del cuer-
En consecuencia, hay que remodelar la concepción del sujeto, pero es po —ámbito exterior— sabemos y decimos que es visible, tangible, que
absolutamente necesario seguir contando con el sujeto, porque en él han tiene, por ejemplo, una estatura y peso determinados. Por ci contrario, en
de radicarseo través de él han de vehicularse las condiciones deposibili- el ámbito interior, el alma ni se ve, ni se toca, ni pesa. Incluso decimos de
dad de los conocimientos.
Conviene, por fin, dejar claro en estas reflexiones introductorias, que
esta "despotenciación" del sujeto a que nos hemos referido, no significa una 'PEURSEN. C.A. van, Body, Soul. Spirir: A Survcy oí che lJody—,\Áind j'ro,lm. Trad. de
H. Ñ. Hoskins. Oxford Univ. Press, Londres, 1966, p. 18.
renuncia a la trascendental ¡dad, sino la simple renuncia a una cierta ele-
fantfasis de¡ sujeto trascendental. Pero la filosofía trascendental debe con .:
87

86
, 1

alguien que parece actuar por motivos que nada tienen que ver con eso que cendental, cuyo "kgicismO trascendental" parece estar en tos antípodas de
o
llamamos alma, que es un "desalmad". la corporalidad. Nada tiene s pues de extraño afirmar que ci cuerpo ha
Sin despreciar este dualismo espontáneo, que, a través de¡ lenguaje y del resultado, con no muchas excepciones, un huésped molesto para muchas
ambiente cultural, ejerce una innegable influencia, a la (ilósoíía ¡e intere- teorizacioneS filosc5Íicas, muy especialmente en el terreno gnoseológico.
sa más el dualismo como teoría íiIos6fica Dos son los dualismos filosóficos
fundamentales, el de Platón y el de Descartes, en medio de los cuales está
la trad4ci6n cultural cristiana,
iana, qu si, por una parte, tiene una clara deuda
con PlaçSn, por otra, ejerce un indiscutible peso sobre Descartes. • .
__ ¿
w—:i .
V113. LA REDENCIÓN DEL CUERPO

Si, como vamos a ver, la recuperación del acceso al mundo externo,


Plaón.íuc ci primero en plantear, de un modo apor&íco y resolutivo al .
conocimiento había entrado en naufragio desde la incapsu!ación en
mismo tiempo, las complejas relaciones entre el alma y el cuerpo también
respecto del conocimiento. El estatuto de privilegio que concedió al cono-
cimiento intuitivo del alma —y, no lo olvidemos, de un alma accidental-
-a 1 Descartes, necesita una revaloración del cuerpo y de sus funcjo-
cognoscitivas, es obvio pensar que la filosofía posterior al idealismo dio
cauce a lo que cabría llamar una "redención" del Cuerpo.
mente unida al cuerpo— dejó a tal cuerpo, de entrada, en situación de des-
. En efecto, sólo tras los múltiples movimientos e incluso "revoluciones"
calificación para ese alto nivel de conocimiento. Interviene, sin duda, en
que acontecen con posterioridad al idealismo absoluto de Hegel, se inicia
otros niveles de conocimiento, pero se trata de niveles muy alejados del [jf cÍÍin del calvario por e1 queha pasado el cuerpo en reconquista de su valor
nivel episrémico en sentido platónico
funciones en diversos campos del pensamiento filosófico, concretamente
Por su parte, e1 cristianismo, con su concepción de un alma espiritual, se
: ci de la gnoscologfa. En ello concurran marxismos, positivi5mos, filoso-
encontró con no pocas dificultades a la hora de explicar su unión con ci
tías vitalistas e historicistas, en las que, si bien puede no ser el cuerpo lo
cuerpo. Bajo la influencia de Platón, pero en necesidad de reformarlo, se
principal, tampoco se le da la espalda. Como no es nuestro objeto seguir
vio obligado a recurrir al hilcmorfísmo aristotélico, recibiendo de 61 todo
todos estos meandros filosóficos, aludamos simplemente a los hitos que con-
. un aparato conceptual y terminológico. sidcramos más relevantes: Schopenhauer. Nietzsche y la fenomenología.
Ahora bien, el modelo de dualismo para la modernidad es el de
Descartes. Con un dualismo antropológico y sustancial, escinde, por una
parte, al hombre en dos elementos y, por otra —lo que es más importante
..

. .
.
Tériicndo en cuenta que, para Schopenhauer, el mundo (la realidad) scí
jcrarquiza en dos niveles, el de la Voluntad o cosa—en—sí y el de la reprc1.
scntación (lo fcnonunico), ci cuerpo pertenece al mundo fcnonnico.
para nuestro propósito— potencia ci espíritu, la conciencia, el pensamien-
Pero, desde ésta perspectiva Icuerpo es ¡o que hace visible la voluntad,
co, en claro detrimento del cuerpo. Como es sabido la subjetualidad cog- .. ..convirtiéndosc cada acción del cuerpo en fenómeno revelador de un acto
nosccnte corresponde al alma pensante, a la cual se atribuyen las ideas cIa
de voluntad, en expresión de la voluntad. Más aún, en objetivación de la.
¡-as y distintas, mientras que ci cuerpo queda relegado a mediador ele ideas l voluntad', llegando a decirnos que el cuerpo no es otra cosa que voluntad
oscuras y confusas, e incluso es entendido como elemento disrorsionador
objetivada para la vida. Haciendó precisión de laVoluntad, en el plan¿
de los procesos cognoscitivos. .
fenoménico estamos ante una filosofía rigurosamente fenomenista, que
-
El peso del cartcsianismo sobre la historia posterior es manifiesto, hasta
explica exclusivamente desde el cuerpo y ppr el cuerpo las actividades cog-
el punto de que sea lícito preguntarte si nos hemos liberado totalmente ¿le
noscitivas otrora atribuidas, al menos prcferentcmente, al alma: e* 1 hombre
él. Racionalismo, empirismo, kantismo, idealismo, por muchas que sean sus :.
no es más que cuerpo en que se objetiva y corporaliza la Voluntad.
críticas a Descartes, siguen siendo deudores del francés, debiendo esperar-
. En la línea de Schopenhauer avanza Nietzsche. Entre los muchos aspcc-
se, según veremos, a la filosofía posthegeliana para sacudirse la losa del dua-
tos revolucionarios de su filosofía, consuma una gigantesca revolución a
lisíno cartesiano.
favor del cuerpo, dccantándosc en pro de todo lo que es e implica el cuer-
En una palabra, la corporalidad en el mundo antiguo era un lastre pesa-
do que entorpecía las aspiraciones de la razón a lograr un conocimiento
universal y necesario. En la modernidad, a su vez, ci cuerpo quedó soslaya- 1 Cfr. Die WcIt alt WiUc und Varsccll.int. especialmente el 54 del lib. 1V y el c. 25 de tas

í
Ahora bien, frente a Schopenhauer y Nietzsche, Husserl va a hablar del
po vivencia! (Lcib): impulsos, pasions, tendencias..., en una palabra, vida,
con la riqueza que, para él, implica la multicomplejidad del cuerpo, al que cuerpo en lenguajq gnoscológico fundamentalmente. El cuerpo se hace pre-
convirtió en problema central, aunque ¡ como era de esperar, no lo temati- snte en Husserl en Ja puesta en marcha del dinamismo trascendental,
zó conccptualrnentc. Hay un rechazo frontal de las filosofías del espíritu constituyente, ya que !al dinamismo debe arrancar de la (acticidad y "espe-
sor" de la corriente natural y espontánea de las vivencias, que son vivencias
que le preceden en fa tradición moderna:
El "puro cspfritu" es-una escupidcz: si dejamos de lado el sistema nervioso de una conciencia encarnada e incorporada. En el último Husserl, Con la
k. :dos, "envoltura mortal", entonces nos equivocamos en el cálc u lo vuelta a y la insistencia en ci mundo de la vida, el papel del ci'rpo adqui-
—y nada mas' rirá mayor relevancia. Aunque haya que superarla, hay que torttar con la
Desde que conozco mejor e1 cuerpo —dijo Zaratustra a uno de sus discípu- actitud natura!, y ésta se ejerce básicamente en la percepción sensible, (orzo-
los— ci espíritu no es ya para mí ms que un modo de expresarse; y todo lo saménte mediada y llevada a cabo desde la corporal idad 3. Lo resalta con
"imperecedero" —es sólo un símbolo'.
claridad en diversos pasajes. Por ejemplo:
En fa perspectiva del planteamiento positivo de Nietzsche, hay que tjI El percibir, considerado meramente como forma de la conciencia y pres-
empezar por anclar el conocimiento en la vida. Recogemos uno de los cindiendo del cuerpo y de los órganos corporales, se presenta como algo
- muchos textos en esta línea: .1I carente de toda esencia, como ci vacío mirar de un "yo" vacío al objeto
Servir de apoyo a fa vida —meternos (llevarnos a) en la vida— es ci pro- mismo que se toca misteriosamente con éste 5 .

pósito que subyace originariamente como fundamento a todo conocimiento, Insistirá en este planteamiento, dejando claro que el cuerpo es el medio
ci elemento no-lógico que, en calidad de padre de todo conocimecirniento,
determina también los límites del misma'. y el órgano de toda percepción', destacando, páginas antes, en la misma
Obra la función del cuerpo para la organización y construcción del mundo
Y en este conocimiento entendido como parte de la vida, el protagonis- espacial, tema que, como es sabido, se repetirá en Meditaciones Cartesianas.
mo ha de corresponder al cuerpo. Confirmémoslo y cerremos esta referen- Con estas referencias no hemos pretendido más que asomarnos a los
cia a Nictzschc con un texto un poco largo de Así habló Zaracustra: pensadores que han tenido especial relieve en la redención cJe! cuerpo. La
A los despreciadores del cuerpo quiero decirles mi palabra. No deben línea abierta por ellos culminará en el existencialismo francés: Marce!,
aprender ni enseñar otras doctrinas, sino tan sólo decir adiós a su propio
cuerpo —y así enmudecer. "Cuerpo soy y alma"— así hablaba ci niño. ¿Y por Sartre, Merkau-Ponty, siendo éste último el que va a ser objeto de nuestra
qué no hablar como los niños? atención por el extaordinario papel conferido al cuerpo en los procesos de
Pero el despierto, el sapiente, dice: cuerpo soy yo íntegramente, y ninguna conocimiento.
otra Cosa; y alma ess!ouna palabra para designar algo en el cuerpo.
• El cuerpo es una gran razón... Instrumento de tu cuerpo es también tu
¿ pequeña razón, hermano mío, a la que llamas "espíritu", un pequeño instru- V11.4. DE QUÉ CUERPO TRATAMOS
mento y un pequeño juguete de tu gran razón.
i Dices "Yo" y estás orgulloso de esa palabra. Pero esa cosa más grande aún,
en la que tú no quieres creer, tu cuerpo y su. gran razón Llevamos varias páginas hablando del cuerpo, y ha llegado el momento
esa no dice yo, pero hace yo'. tic explicar de qué cuerpo hablamos, porque la significación del trmino
Por fin, Husserl, contra lo que aparentemente pudiera pensarse, también "cuerpo" dista mucho de ser unívoca. Y tenemos que determinar cuál es la
va a sumarse a los redentores del cuerpo, abriendo una corriente de segui- noción de cuerpo pertinente para el propósito de este capítulo. A lo largo
dores en esta línea, entre los que deben destacarse Sartre y Merlcau-Ponty. de la historia nos encontramos con nociones de cuerpo muy divergenées.
Basta recordar, por ejemplo, el cuerpo-cárcel de Platón, el cuerpo "psíqui-
co" de Aristóteles, para quien el alma es "algo" del cuerpo, el cuer-
DcrAntichrisr, 14, en FTÍCdCTkh Niewck Samiliche Werke. Kritischc Studicn ausgabe in 15 po-extensión de Descartes, el cuerpo-voluntad-fuerza de Nietzsche, o ya,
B5nden, herausgcgcben von Giorgio Colli und Marino Montinari. Walter de Gruyter, Berlin,
New York. 1980, voL VI.* p. 181.
'ALo spradi Zaraihmun-a, 11, Von den Dichcem, edic. cit., vol. IV, p. 163. Trad de A. Sánchez Cfr. hleas l.Trad. dei. Caos. E de C Económica. 2' edic., México. 1962, § 39, pp. 88..89.
Pascual. Aj(haUó Zarazustra. Alianza Editorial, 10.' cdi., Madrid, 1981, p. 188. 'Ibid.
'Mach. Fragm. Edic. citada, vol. VII, p. 183. 'Cír. Ideen II. Hussrrliana, IV, p. 65.
'C.c., 1, Von den Vcr5ducm des Leibcs. pp. 38-39. Trad. cit., pp. 60-61

9'
90
mismo es un esquema generador de significaciones desde ci gesto más e je
casi Cfl nuestros días, el cuerpo vivencia! y concienciado d e Sartre o ' mental hasta el lenguaje pregnante de significaciones, lenguaje posibilita, -
Mcrlcau-Ponty. No nos vamos a pcfdcr analizando testas u otras concep- J4' ¿lo por ci cuerpo y radicado en él- El cuerpo es el instrumento (abrí:
cioncs. Nos interesa más, asumiendo la realidad y riqueza del cuerpo huma-
no, distinguiren nuestra consideración de él diversos niveles de coporali-
mçJ• carnos Uji mundo de significaciones en nuestro entorno. Tener cuerpo es
tener siempre una posibilidad de significaciones en estado naciente: "Esta
dad o diversos enfoques en nuestro enfrentamiento con el cuerpo. revelación de un sentido inmanente o naciente en ci cuerpo viviente se
Hablando desde una perspectiva ampliamente antropol6gica, se impo- . todo el mundo sensible" Ir.
nc distinguir, primero, el cuerpo como organis.rn9 físico o fisiológico: esque- ' #J De ahí que nos diga que el cuerpo es el responsable de que h ya , objetos
¡

teto, sistema nervioso, arterial, venoso, etc. Estamos ante un objeto fí s ico en el mundo", ya que tales objetos "no son más que variaciones de un
de características peculiares, pero, en definitiva, similares a las de otros ¿jdprcscncia primordial, de un dominio perceptivo, variaciones
seres vivos muy complejos. Este cuerpo cabe someterlo a estudios científi- sobre las cuales tiene poder mi cp" ".
cos de diversa índole, a cuantificaciones. etc. En una palabra, cabe objeti- Podemos, pues, siguiendo en la línea que nos marca Merleau-Ponty,
vario. Pero por cuerpo humano entendemos también eso indefinible que • resumir la doble faceta de nuestro cuerpo de la siguiente manera:
vivenciamos, sentimos, experimentamos en una inmediación casi total. Al R.,i. 1. El cuerpo como objeto físico-íisiológieo es una de tantas "cosas" en
cuerpo así entendido no lo podemos objetivar, porque, al objetivarlo, deja- . el mundo, aunque nos sea la "cosa" más cercana. Es un objeto externo y
ría *de ser el cuerpo vivenciado, sentido, experimentado. ..11J ajeno, y no sólo ci cuerpo del otro, sino el nuestro propio. Cuando estudio
Mcrlcau-Pony, al que, a partir de este momento vamos a seguir muy de . mi cuerpo desde una óptica científica, no lo estudio como mío, sino sim-
cerca, distinguía, con una perspectiva antropo!ógico-gnoseológica, una plemenre como cuerpo-cosa. Así puedo yerme en una pantalla de rayos X,
doble dimensión del cuerpo, muy pertinente para nuestro propósito: cucr- o estudiar los ácidos de mi estómago. No lo estudio en cuanto mío, sino en
po objetivo y cuerpo fenomnico. Veámoslo en un texto: cuanto cuerpo, porque lo estoy estudiando "desde fuera".
Ciertamente entre los "lados" de nuestro cuerpo, el cuerpo como sensible 2. Pero supongamos que, al estar- estudiando mi cuerpo, me empieza a
y cI cuerpo como sentíente —lo que en otras ocasiones hemos llamado cucr- doler el estómago. Ese dolór ¡nc dice de mi cuerpo algo que tiene muy poco
po objetivo y cuerpo íenorntnico—, se puede responder que hay, más que un
que ver con un estudio objetivo. No me revela mi constitución íísico-bjo-
dcspeguc, un abismo de sión"
lógica, pero me certifica que hay un cuerpo in(o, un cuerpo que soy, un
Ahora bien, frente al cuerpo como edificio químico o como conjunto de
cuerpo que yo vivo, un cuerpo que no es una "cosa" con la que pueda contar
tejidos, se impone "volver al fenómeno primordial del cuerpo-para-noso-
. o no contar, sino un cuerpo sin el cual yo no soy-yo. Este es el cuerpo feno-
t d íuerpo .de la cxpericncia h nana ódelcu'erpó perdbido" Es te
ménico o vivcncial. No es un cuerpo tenido, sino un cuerpo sido.
es ci ucrpo fenoménico, el cuerpo que, al mismo tiempo que se me da en
la experiencia, la posibilita. Es el cuerpo como realidad vivida, es el cuerpo
habitado por la conciencia: cuerpo concienciado o conciencia corpoi-aliza- VlI.5. FUNCIONES GNOSEOLÓGJCAS DL CUERPO.
da. Es un cuerpo-no-objeta, sino el origen de toda significación objetiva, EL CUERPO EN FUNCIÓN SUBJETUAL
vehículo de significaciones y posibilidad de los objetos. Reparemos cómo
en esta cónfiguración dci cuerpo Ícnoménico estamos- asistiendo a una Hemos asistido, aunque haya sido de modo sumario, a una redención
forma de sujeto corporalizado investido de características trascendentales del cuerpo en las filosofías posrideafistas. Si la marginación del cuerpo en
de posibilitación y fundamento de procesos de objetivación. Por eso lo cali- la teoría del conocimiento inaugurada por Descartes llevaba casi de modo
ficará como "nudo de significaciones", porque, efectivamente, nuestro cucr- :.I . inevitable a la pérdida o devaluación cognoscitiva del mundo externo,
po fcnomnénico vive inmerso en un mundo de significaciones que, $i, por
una parte" sé icdan en cscio,poiótra, sók se kpueden dar porque él .

"O.c., p.I08.
Lt k et 1'intsibk. Galtimard, Pa, 1964, p. 180.
"PMncm. k laperccpiion. Gailimard. París, 1945, p. 403.

II1
92

i
sencia en coincidencia con la presencia de mi cuerpo que, por ello mismo,
con fa recuperación del cuerpo y de sus funciones gnoscológicas se recu-
se constituye en prcscnciante de dicha realidad"".
pera fa conexión cognoscitiva con clmundo. Se nos podrá decir que, en La "yoidad subjctual" sólo puede conocer realmente el mundo porque es
mayar o menor medida, todas las filosofías contaban con los sentidos para
unada co rp oral. Sin ello sólo cabría un mundo de lejanía reInsenfa-
acceder al mundo externo. Pero esos sentidos, ubicados ciertamente en ci
cional, que ni siquiera sería imaginativa, sino simplemente conceptual.
cuerpo, estaban al servicio del alma o conciencia. La devaluación dci
•"- cuerpo traía consigo la devaluación del conocimiento sensorial. Adem á s,
Con ideas de Mcrlcau-Ponty, mi c uerpo prccontíene la !óg idc las sij. /
íicacioncs del mundo para mí, precisamente porque soy cuerpo. ¡
los sentidos eran una especie de conjunto desmembrado de "TaEultadcs" Como ejem pl os, merecen destacarse las (unciones de nuestro cuerpo en
sin iriterconexión.. Las nuevas filosofías de la corporalidad aportaron dos la configuración de la cspacialidad. y en la vivencia de la temporalidad. Mi
nociones que ponen remedio a esta desmembración: el esquema cozpozat y
4
la sí ,
Por virtiiídcl esquema corporal unitario t odas las funciones de nuestro
cuerpo es mi aquí absoluto en ci espacio, configur á ndose alrededor ¿e él,
como centro, ci arriba, el abajo, la derecha, la izquierda, etc. El movi-
miento dci cuerpo remodelo la organización espacial. A su ve; en la viven-
cuerpo se han de integrar en esa imagen relativamente estable que todos cia de la temporalidad, no vivimos igual una homa de dolo r ntic una hora de
tenemos de nuestro cuerpo, adq u ir i end un efectivo sel l o de unidad. La alegría.
sinergia, a su vez, coordina, o bien las diversas funciones de un sentido que rioso cómo transferimos al inundó de s i gnificaciones un lenguaje
no es exclusivamente de un órgano: dos ojos, dos oídos, la difusión del sen- tomado de nuestra corporalidad: realizamos algo en un abrir y ce rrar de
tido dci tacto...a lo que llamamos sinergia intmasensaria!; o bien las funcio- ojos, contemplamos los dientes de una sierra, paseamos sobre una lengua
nes diversas de dos o ms sentidos, por ejemplo, si vemos nieve, sentimos de tierra o contemplamos un brazo de mar.
frío, si una comida huele mal, afecta a nuestro gusto... a lo que llamamos Todo esto nos pone de manT?iesto las (unciones cognoscitivas que deben
sinergia intersensorial. Esquema y sinergia dan s e ntido j. u n ida~j. _nucs. ser atribuidas al cuerpo, funciones respecto de las cuales el cuerpó actúa
_percpjories sensoriales, remitiéndolas todas, en definitiva, a la uni- como sujeto, y funciones que, en muchos casos, realiza con auténtico carác- 1
dad del cuerpo propio. Ese cuerpo propio no lo tenemos simplemente, sino ter trascendental, ya que al cuerpo se deben las condicionés de posibilidad ¡
¡
que somos el cuerpo. Y, si somos cuerpo, parece obvio que el sujeto cog- de esos conocimientos. Si buscamos la subjctualldad de una gran parte de'
noscente humano real no puede entenderse sin ci cuerpo. Por supuesto, los conocimientos propios del hombre que vive en el mundo siendo mundo
somos también conciencia; por ello, con la terminología de Merlcau-Ponty, y "fabricando" el mundo de significaciones, tal subjctualidad no puede pre s -
rcsuItafuncionaimcntc apropiado hablar de un cuerpp concienciado o de una cindir- del 'cuerpo, como no podrá prescindir del hombre como ser social o
conciencia corporalizada. como ser dorado de lenguaje, según habremos de ver. Insistamos, para ter-
Todo esto adquiere especial relievé para explicar fa interconexión minar, que no se trama del cuerpo fisiológico u objetivo, sino del cuerpo
yo-mundo. Nuestro cuerpo se convierte en el centro, el órgano que se vivencial o fenoméniCO ya que es este cuerpo el que nos integra en un
puede interpretar incluso como el "creador"_nu estr o ndo-cn torno, mundo de significaciones y es la fuente originaria de muc5isde ellas.
entendido el mundo comoconjunro de significaciones, por virtud de las tcónclusión es que, sin aba ndona r el planteamiento trascendental,
cuales las cosas o acontcccres se convierten en objetos al revestirse de un hay que enriquecerlo. Conçretarncnte, "humanizar" el sujeto cognoscente
-_ significado, lo cual vale tambin, al menos en buena medida, para el
mundo cultural: la ciudad que atravesamos está llena de "señales", la vida
con la integración en ci mismo del cuerpo que, como hombres, somos.

social exige desodorantes y perfumes, o la degustación de manjares se con-


vierte en ejercicio de convivencia. Un texto del profesor Montero Mofiner
resulta pertinente a este propósito: la realidad "sólo se hace presente de
,
modo auténtico en mi cuerpo, fundiendo su presencia con la presencia de -•

4; ¡ "&' _t4I__•Jj2•.'-, ¿P'(-


-.

éste. Las realidades que no se presentan coincidiendo su presencia con la


de[ cuerpo propio son, m á s bien, representadas... Pero cualquier realidad "La presencia humana. O. del Toro. Madrid. 1981. p. 142. ,
.

que se presente por sí misma, "en persona", sólo lo hace realizando su pre -

95
Consideración del
VIII conocimiento
desde la dimensión
social del hombre

VIII. 1. INTRODUCCIÓN

La teoría del conocimiento, sin menospreciar importantes elementos


aportados por la filosofía antigua y medieval, se constituyó y desarrolló
sobre lbs planteamientos y análisis que de sus problemas más importantes
llevaron a cabo los grandes movimientos y filósofos que han sidó sus autén-
ticos creadores: Descartes, losempiristas, Kant, la fenomenología, etc. En
todos ellos la teoría del conocimiento era ci resultado del estud, de la
capacidad, casi exclusivamente, de la razón teórica o del entendimiento,
en conexión no siempre armónica con, el dinamismo .cognocente
senso–perceptuaL En dcflmitiva, se atenían al horno theoricus. No cabe
negar que las aportaciones de estos g=4ççtadorcs.de la-teoría del cono-
cimiento-fueron de enorme importancia, hasta ci punto de que a ellos se
debe la armazón y estructura básica de este campo de la filosofía. Pi&sese
en temas de tanta relevancia como la configuración de una conciencia en
su carácter gnoscológico, la azarosa constitución de una teoría de la subje-.
tualidad desde el trascendentalismo, la intersubjetividad, etc.
Con esa contextura ha llegado la teoría del conocimiento casi hasta
nuestros días. Ahora bien, planteamientos filosóficos posteriores al idealis-
mo y más cercanos a nosotros nos han llevado a reconocer que esa teoría
del conocimiento que habíamos heredado, teniendo que reconocerle inne-
gables méritos, ofrecía flancos de carencias. A partir de plurales movi-
mientos de la filosofía del XIX —vitalismo, historicismo, marxismos diver-
sos,' etc.— se 'ha visto, por pártc de la filosofía, la necesidad de prestar una
mayor atención a aspectos menos teóricos en la consideración del hombre.
Asimismo, ci enorme desarrollo, en sincronía con esas corrientes filosófi-

97
n—.
quedaba, en mayor o menor grado, fuera de consideración todo un amplio
mundo de conocimientos que escapaban de la rígida retícula de los cáno-
cas, de disciplinas como fa sociología,. condujo a una revisión dela teoría
- ncs de certeza o de las reglas caregorizadoras de la objetividad. Dicho cru-
M conocimiento, porque, en la revisión de la concepción del hombre que
damente: la mayor parte de los conocimientos con que el hombre opera en
tuvo lugar a la par, se puso de relieve cf exceso ca que se había incurrido al
enfatizar en demasía la dimensión "teórica" del hombre. No estamos ante e
-
su conducta existencial quedaban fuera de teorizaciones que no rctcnd( -
art explicar y justificar más que los conocirsiicntos que cabía adjetivar como
un ser que se reduzca a inteligencia o razón teórica. Más aún, esa inteli-
"científicos". Acaso sea honesto, aunque sea con limitaciones, destacar a
gencia o razón teórica no es lo fundamental en muchas actividades del
Hume como excepción, ya que el conocimiento que 61 básicamente teoriza
hombre, e incluso hay que reconocer que, en buena parte de esas activida-
es ci conocimiento de la vida y del comportamiento humano, tanto en la
des, no es la inteligencia o razón teórica lo más importante. Y, en la misma
conducta cuotidiana como en fa sociedad.
línea, como resultado de lo anterior, se impone someter a revisión ci con-
Recogiendo una idea expuesta más arriba, frente al horno thcoricus se
cepto de ínidkctus furus de Descartes o ci de razón pura de Kant: nucstr6
hizo caso omiso del horno praxicus, del hombre en su existir práctico cuoti-
entendimiento y nuestra razón distan mucho de ser puros e incontamina-
diano. No se hacían cargo, al menos en la proporción que merece, de que
dos por otras dimensiones del hombre, tal como sus acuiiadorcs y teoriza, el hombre que realmente conoce es el hombre individual con todo lo que
dores pretendían.
su individualidad implica.
En conclusión, la filosofía se ha esforzado en recuperar la complejidad
Como vimos en el capítulo anterior, se olvidaron del cuerpo, cuerpo
del ser humano, recuperación que no pudo menos de incidir en el plantea-
que ci hombre no sólo tiene, sino que cs. Y ya vimos que, sin el cuerpo,
miento y desarrollo de la teoría del conocimiento. Concretamente, por lo
nuestro conocimiento del mundo exterior se hace inviable. Y no se tuvo en
que a nosotros nos, interesa en este capítulo, se ha visto la necesidad mdc.
cuenta tampoco que el hombre sólo es tal y se constituye como tal como
cf inabk de vera ese ser complejo, que es el hombre, como inserto en el
miembro de una sociedad, según queremos poner de relieve en este capítu-
mundo y, ¡o que puede ser más importante, como miembro de una sociedad.
lo. Como se olvidaron también de que ci hombre conoce y expresa sus
Pero hay todavía otra perspectiva que nos importa traer a colación para
conocimientos con ci lenguaje, según veremos en el capítulo próximo.
comprender la remodelación de que ha sido y tiene que seguir siendo obje-
to la teoría del conocimiento. En los filósofos y movimientos creadores de
la teoría del conocimiento se apuntaba siempre, como meta, a conquistar
-i Dicho de otra manera: debemos tener claro que la subjetualidacf que sirva'
de fundamento a la plural diversidad de conocimientos humanos no puede
reducirse a una conciencia pensante o trascendental, y que, sin negar una
un fundamento último y, por tanto, único, de los conocimientos conside-
intcrsubjctividad trascendental, podemos buscar otros ámbitos y fundamen-
rados como válidos, ya sea desde la certeza o seguridad subjetiva en fa
tos de intersubjctividad posibilitadorcs de conocimientos, como es el caso
'posesión dé los conocimientos, ya desde la objetividad de esos conoci-
mientos. Cori la relativa excepción del empirismo, se consideró que tal fun- de la sociedad o de ¡a comunicación lingüística. Es decir, se hace preciso,
para dar cabida a la explicación y comprensión del conocer humano en toda
damento'tcnía que ser un sujeto capaz de responsabilizarse del conoci-
miento. No otra cosa se pretendió con el yo peñsante de Descartes, y su riqueza, abrirse a nuevas formas de subjctualidad e intersubjetjvjdad.
todavía con más claridad, eso se creyó logrado con ése gran gran "inven-
to" que fue el sujeto'trasceñdcntal en esa larga trayectoria del mismo, que VIII. 2. IMPORTANCIA PARA EL CONOCIMIENTO DE LA DIMENSIÓN
SOCIAL DEL HOMBRE
Ahora bien, en esa búsqueda afanosa del sujeto, el. hombre, según decí-
'amos antes, fue perdiendo su rica complejidad para quedar casi reducido a
Hoy, nos resulta familiar leer expresiones como éstas: "El influjo que ¡a
una conciencia cognoscitiva y pensante o a vehículo a través del cual opera
sociedad ejerce sobre el individuo comienza el día mismo de su nacimiento"
un-sujeto o conciencia trascendental. Pero aún hay más: en esas teoriza-
ciones del conocimiento, una vez más con la relativa excepción del empi-
rismo, se prestaba no sólo una atención preferente, sino incluso exclusiva,

1
bien a los conocimientos de irrefutable certeza, bien a los de una objetivi- 'HORKHEIMER, M.. Sobre et concepto de &oTnhlre y otros ensayos. Trad de H.A. Murena y
dad a toda prueba, tal como sucede con Descartes en un caso y con Kant D. J. Vogelmann. Sur, Buenos Aires, 1970. p. 13.

en ci ocio. En esas concepciones rigurosas, pero restrictivas, del conocer

99
98
incluye conocimiento, creencias, arte, moral, ley, costumbres y cualesquie-
En la constitución y determinación de la persona descmpcüan un papel
ra otras capacidades y hábitos adquiridos por ci hombre como miembro de
insustituible "la posición social de lospadrcs, la estructura interna y externa
una sociedad". Toda esa riqueza de contenido que implica la palabra "cul-
de la familia, y de un modo inmediato la estructura de la época" . Y el mismo
tura" constituye la deuda fundamental que el hombre contrae con la socie-
autor afiadirá poco después: "Sus determinaciones esenciales, su carácter c
dad, pero paradójicamente es una deuda enriquecedora, por cuanto, en la
inclinaciones, su profesión y concepción del mundo se originan en la socie-
intcrósmosis con la sociedad, el hombre va adquiriendo y acreciendo con
dad y ca su destino dentro de ella"'. Sin acudir a definiciones técnicas, aquí
ella su capital personal.
entendemos por sociedad, en sentido amplio, todo grupo de individuos orga-
Podemos, sin embargo, destacar algunos aspectos de especial relevancia
nizados en orden al trabajo, a la subsistencia, a la dfchsa, a la perpetuación
que la sociedad aporta al sujeto humano. La cultura suele, entre otras
e incluso al ocio. Simplemente tratamos de dejar sentado que el hombre,
- características, ser calificada como un universo simbólico constituido por
para ser hombre, es y tiene que ser un ser social, miembro de una sociedad.
múltiples códigos, catre los que sobresale como código fundamental el len-
Estamos s implemente expresando un hecho: vivimos y pensamos co
guaje. Hay toda una red de significados ordenadores y legitimadores del
sociedad. Necesitamos ci tú, el nosotros. Dicho con palabras de l3ergcr y
mundo natural y humano. Cada individuo—miembro de la sociedad se inte-
Luckmann: la sociedad es un producto humano. La sociedad es una realidad
gra en ese universo simbólico que le suministra no sólo unas pautas de con.
objetiva, el hambre es un producto sociaP. Este hecho implica que ci hombre,;
ducca, sino también unos cauces de conocimiento mediante las redes sig-
en el proceso de ajustarse' a y de i ntegrarse en la sociedad, puede sufrir
nificativas que vertebran ci universo simbólico de la sociedad, que no
modificaciones de su realidad subjetiva, modificaciones que forzosamente
tienen simplemente valor indicativo, sino que también tienen una función
hán dé incidir en su modo de conocer. Dicho de otra manera: nuestra sub.
norrnantc y nómica. "Esta función n6mica del universo simbólico con res-
jctividad—subjerualidad no es inmune a los procesos sociales, porque, como
pecto a la experiencia individual puede describirse muy sencillame n te
hombres, entramos en una estructura histórico—social que está ya confor-
diciendo que'pone cada cosa en su lugar".. Los mismos autores, páginas
mada,' .a cuyos imperativos no podemos sustraernos Más adelante, insisten sobre la misma idea y la amplían al mundo específi,
Nacemos, crecemos y nos desarrollamos en una determinada comuni-
camentc humano de la historia: "El universo simbólico también ordena la -
dad. Con una expresión de que gustan Berger y Luckmann, aparece aquí historia y ubica todos los acontecimientos colectivos dentro de una unidad.
una nueva dimensión del hombre: al horno theoricus y al horno praxicus hay
coherente que incluye el pasado, el presente y el futuro".
que añadir el horno socius. Como val hombre social, nuestro comporta,
Asimismo, como desarrollo de lo que acabamos de decir, la cultura de la
micñto cognoscitivo es, al menos tambitn, un comportamiento socialmcn-
-sociedad ofrece ycn cierta medida, impone a sus -miembros un elenco de
tiufrido Eicn de modó.,Iric iiscicnie, bien de inbdó cob.cienc Es
categorías para acceder a las diversas realidades, ordenarlas y estructurar-
decir, el hombre, en su comportamiento cognoscitivo, está en fuerte deuda
las. Con ello los diversos miembros de una sociedad adoptan un
con la sociedad. Y esa deuda.es importantísima en la adquisición y confi-
Wekanschaung o cosmovisión común. Caben modificaciones subjetivas de
guración de sus conocimientos.
esa cosmovisión, pero ello sólo será posiblepartiendo de su inicial acepta- 1
¿Cuáles sdñ los principales capítulos de la deuda que el hombre contrae
ción para someterla a revisión según la capacidad e intereses particulares
con la sociedad de la que es miembro Podemos empezar con una respuesta
de cada individuo.
que, de alguna manera, - incluye en embrión todas las otras: el hombre reci-
Es decir, cada sociedad, al integrar a sus miembros en su Universo sim-
be de la sociedad en que se integra una cultura. Nos acogemos a la recono-
bólico, les ofrece, entre otras cosas, un patrimonio de conocimiento que les
cida definición que de cultura nos dejó Tylor: "Un todo complejo que
es necesario y está a disposición de cada uno. Consciente o inconsciente..

p. 14.
'L.c.,
L.c.,p.15. 'Prñnitit'ecuhurc. J. Murray, Londres, 1871, p. 1.
BERGER, P. LUCKMANN. 11., La coiuzrucdón social de fa realidad. Trad. de S. Zulera. 'BERGER, P. Y LUCKMANN, Th.. c.c., p. 128.
Amormnu, Buenos Aires, rcimprcs. de 1984, p. 84. 'O.c.. P. 133.
'ar., P. 224.

101

ii
su valor o jctjvo?" Y continúa el Prof. Arce: "Si resulta que la sociología
quiere explicar sólo el origen del conocer, su vertiente cpistemolcígic a
mcnte, cada uno se va apropiando de ese patrimonio, quedando en mani-•
queda viciada de un 'sociologismo' tal que, por descuidar el tema tic la
fiesta dependencia de él la adquisición, jerarquización y ordenación de los
objetividad y el valor del conocer, no merece ser considerada como autén-
conocimientos, situación de la que sólo cabe liberarse con ci desarrollo de
tica y cstricta Teoría del conocimiento con valor filosófico" -
una actitud crítica y reflexiva. Este imperativo de dependencia inicial se
hace persistente en las acciones de conducta cuotidiana. Por el contrario,
puede hacer crisis bastante pronto en ci hombre adulto en campos menos VIII 3. VEHÍCULOS DE INTERCONEXIÓN ENTRE HOMBRE Y SOCIEDAD
atenidos a la vida cuotidiana, por ejemplo, en política, religión, etc. Y, por
supuesto, hay ámbitos donde la dependencia de imposiciones culturales se - Aunque el contenido deesc epígrafe está implícito cd lo expuesto ante-
rompe antes, como es el caso de los saberes científicos y técnicos, muy ríorancntc, parece conveniente destacar cuáles son los vínculos fundamen-
especialmente porque los que acceden a esos ámbitos suelen disponer de un tales mediante los cuales se establece y desarrolla la interconexión entre la
bagaje de conocimientos que los habilitan para un análisis crítico del patri- sociedad y los miembros que la constituyen. Elfo contribuirá a una mejor
monio cultural que fa sociedad les ofrece. comprensión de los cauces de determinación o condicionamiento de la
En una palabra, empezamos a pensar y a conocer en los moldes que nos sociedad sobre el conocer. -
impone, al menos inicialmente, la sociedad, ya que, como dice Forgas, las No parece caber duda alguna de que el vínculo fundamental es el len- -
sociedades producen sus propias interpretaciones y representaciones de guaje. Estamos ante el código fundamental de los que constituyen lo que
eventos, sus propias teorías y explicaciones, las cuales son los elementos hemos llamado anteriormente el "universo simbólico" de la cultura. Es más,
con que se construye el edificio de la actividad cognoscenre individual". sin el código linguístico, los otros códigos que componen ese universo sm-
El examen y discusión del amplio complejo de remas que nos han sali- bc5lico —mitología, arte, religión, valores, ccc.— serían impracticables. - -
do al paso en este epígrafe ha dado lugar al surgimiento de la Sociología del Como dice muy bicn Linton: "Gracias a1 lenguaje, los hombres pueden
conocimiento, disciplina tan interesante como, acaso, ambigua, ya que su transmitirsc unos a otros ideas claras de situaciones que no están presentes
estatuto epistemológico la hace fluctuar entre el campo básicamente empí- y de la conducta apropiada para tales circunstancias, lo que hace posible
rico de la Sociología y el campo teórico de la filosofía bajo la rúbrica de la un incremento enorme en el contenido de la herencia social humana. El
Teoría del conocimiento. El Prof. Arce subraya esta situación de ambigüe- individuo en crecimiento puede aprovecharse de toda la experiencia de la
dad, cerrando su exposición con un texto de la Sociologíe de la connaisancc generación anterior, y estar preparado de antemano para toda clase de
dé J. Maquer que, al igual que él, hacemos nuestro. En efecto, en cuanto' situaciones... Merced al lenguaje, la transmisión de la conducta aprendida
"sociología", "lleva en sí una tendencia constante a constituirse como saber - cesa de estar sujeta al azar. El conocimiento que posee cada generación
científico y positivo, pero, por otra parte, no puede abandonar sus preteri- puede ser transmitido en su totalidad a la siguiente"". Mediante el lengua.
siories.y preocupaciones de carácter filosófico, de elevar la cuestión del je, ¡a sociedad se expresa, se comunica y transmite todo el bagaje de la cul-
conocimiento hasta su vertiente crítica y epistemológica. En cuanto socio- Lfr. tura que, con ese mismo lenguaje de modo fundamental, crea.
Con el lenguaje creamos ci "mundo" humano. Penorninando las caras, -_
lógico, este saber pretende buscar y analizar las correlaciones concretas
existentes entre los diversos fenómenos sociales y sus correspondientes pro- las convertimos en objetos; con el lenguaje objetivamos las idcas, y con él,
-
ducciones mentales, ayudándose del método empírico y sociológico apro- al organizar el caos de impresiones a que nos vemos sometidos, Organiza.
piado. Sin embargo, cuando atiende al mismo conocer del hombre en toda mas y acumulamos Zas experiencias: "El lenguaje objetiva las experiencias
su dimensión problemática, entonces, al final, se ropa siempre con una compartidas y las hace accesibles a todos las que pertenecen a ii misma
cuestión crítica. ¿Los factores sociales afectan, determinan y condicionan
sólo al origen de los conocimientos, o, por el contrario, afectan tana
`° ARCE CARRASCOSO, J. L, Hombre. nL-ru075o&zlaL Pomociones y public2ciones
Universitarias. Barcelona. 1988, pp. 226-227.
"UNTON, R., Estudio rld hombre. Trad. de E. Rubín de la Borbolla. 3.' edie, Fondo de Cr_-,
México. 1956. 9U reimpres., 1972. pp. 94-95.
• "Epiloguc: Everyday Understanding and Social Cognkion". en Social CognWon. de diversos
autores, editado por J. R Sorgas. Academic Press Inc., Londres, 1981. p. 260. y-

(03
102

1
fundamentales: ¿está el conocimiento humano condicionado por Ia,socie.
comunidad lingüística, con lo que se convierte en base e instrumento cId
dad! ¿Está no sólo condicionado, sino también determinado! Sal" ta a la
r
acopio colectivo de conocimiento. Además, ci lenguaje aporta los medios
- vista que no es lo mismo admitir un condicionamiento que ura'dctermi-
de objetivizar nuevas experiencias, permitiendo que se incorporen al aco-
unción estricta. Si todo lo que hemos expuesto hasta ahora tine visos de
pio de conocimiento ya existente, y es el medio más importante para trans-
verdad, ci condicionamiento social dci conocimiento parec,/'videntc. Pero
mitir las sedimentaciones objetivadas y objetivizadas en la tradición de la
In respuesta no es tan clara, e incluso puede ser ncgatipa, referida a la
colectividad de que se trate" '. En una palabra, con el lenguaje somos
determinación. Veámoslo. ¡
introducidos a y quedamos instalados en los procesos dinámicos de cono-
Empezamos con unas afirmaciones de uno de los grandes creadores de la
cimiento de una determinada sociedad.
Sociología del conocimiento, K. Mannheim: u1ndudable,cnte que sólo el
Un segundo vehículo, puesto de relieve por Habermas en Conocimiento
individuo es capaz de pensar... Sería, sin embargo, falso deducir de esto que
e interés, es el trabajo. En efecto, al constituirse en proceso de mediación
todas las ideas y sentimientos que mueven al individuo tienen su origen
entre e1 hambre, la sociedad y el mundo, es una fuente de objetivación. La
sólo en él, y que únicamente pueden ser explicados de un modo adecuado
sociedad, de múltiples maneras, asigna a cada miembro un lugar en ci tra-
sobre la base de su propia experiencia vital". Efectivamente, sólo piensa
bajo, con lo que lo integra en una importante parcela de los procesos de
objetivación, concretamente de todos aquellos objetos que devienen signi-
."Ft1I el sujeto individual, pero "el sujeto individual sólo puede surgir en un con-
ficativos como resultado del trabajo. texto social... Toda experiencia y toda actividad perccptual tiene su cauce
En tercer lugar, el hombre se vincula con la sociedad perteneciendo a i.. propio dentro del campo social. Este es el que da la especial perspectiva
las instituciones de todo tipo que la sociedad constituye, desarrolla, trans- con la que se lleva a cabo cada objetivación" ". Según hemos visto, la
forma, etc. Las instituciones legitiman los conocimientos y la cultura de sociedad ofrece a sus individuos un universo de cultura, de significaciones,
cada sociedad, convirtiéndose, por ello, en codificadoras de comporta- de conocimientos, y ci individuo, al integrarse en ella, debe, en mayor o
mientas sociales y cognoscitivos de innegable influencia en los individuos menor medida, asumirlos e intcrnalizarlos, con lo que, inevitablemente, se
o iniembrosde esa sociedad. Cada institución —religiosa, política, econó- ve sometido a condicionamientos o determinaciones. - : 1
mica, ctc.--ejercerá la influencia en ci ámbito que le es propio. Esto significa que, frente a trascendentalismos que, si se las absolutiza,
Como consecuencia de todo ello, ci hombre, cada hombre, asumirá un 9rU',
son d eshuman izan tes, estarnos subrayando el carácter finito y existencial
"rol" o papcl.4cntro de su comunidad o sociedad, y esta situación conduci- de nuestra subjetividad cognoscitiva, la cual, al menos en parte, comparti-
rá inevitablemente a que, dentro del acervo de conocimientos de esa comu- ;I. mos con los demás miembros de la comunidad. Ello implica indefectible.
nidad,se vea constreñidoa.scrznás fiel a unos ámbitos de conocimientos tc que, si no todós, sí algunos de nuestros conocimientos encuentran
quca otros: el sacerdote, el político, el ingeniero, el artesano, etc. su fundamento y su posibilidad de objetividad en ci dinamismo socio–exis-
En definitiva, fa sociedad, de la que como hombres necesitamos, nos tendal del hombre. Esto significa que se hace necesario admitir condjcio-.
intcgra y,. alJnregrarnos, condiciona todas nuestras pautas de conducta, de namientos sociales en nuestro conocimiento, los cuales, a 5U Vez, están.
las que los modas de conocer no sólo no son una excepción, sino que son condicionados por el tipo de sociedad de que se trate: su cultura, su desa
la manifestación más importante de que todos los miembros de una nisma rrollo, sus avances técnicos, sus creencias y valores, etc. ¿Cuáles son los
socicdád participan en una cosmovisióri común, de la que, incluso a pesar puntos básicos de incidencia de estos condicionamientos en nuestro cono-
de ellos, participan también aquellos a los que se califica como marginados. cer! He aquí algunos.
En primer lugar, hay que contar con un condicionamiento de carácter
V1114. EL CONDICIONAMIENTO SOCIAL DEL CONOCIMIENTO general referente a la actitud cognoscitiva: no es la misma la actitud res-
pectfonociuniento en general en una sociedad ilustrada y desarrollada
Estamos en el momcnto central de nuestro tema. Todo. lo expuesto hasta
aquí no son más que premisas que nos permitan responder a estas preguntas
"MANNHEIM, K., Ideoloejay urop(a. Trad. de F- Tcnán. Aguilar, Madrid, 1953, p. 4.
"ARCE CARRASCOSO, J. L. o. e.. p. 228.
" BERGER. P.; LUCKMANN. T1.. o. e., pp. 91-92.

105
104

U-..
sociedad hay y habrá siempre miembros incapacitados Para reaccionar fren-
que en una sociedad primitiva, ya que 4 en ésta la actitud de conoCimicn- los condiciónainicntos sociaks 1JaI convierte los condicionamicri-
to es básicamente de reproducción rcpetiriva, en una sociedad ilustrada la tos en-Betcrffiinacioncs. Pero no hablamos de esas situaciones porque no
.. . actitud será abierta e incitadora a tomar iniciativas individuales dentro del constituyen la vinculación normal de los individuos con nuestras socieda-
inevitable contexto ambientas, al que no es fácil substraersc, salvo en el des actuales. Más aún, es evidente que todos los miembros de la sociedad,
caso de los genios, e incluso en éstos con matizaciones. en etapa de desarrollo y educaci6n, están determinados por (a sociedad,
En segundo lugar, estamos condicionados por la sociedad ca la génesis igual que pueden estaría personas adultas normales en muchos conocí-
de nuestros conocimientos, tanto en la intcrpretacián de los datos senso-
riales con los que constituimos nuestras percepciones, ya que básicamente
f ..
mientas, sobre todo referentes a la vida cuotidiana, respecto de los cuales
han sentido nunca fa necesidad de ponerlos cn crisis.sis.
es la sociedad la que nos en seña a ver árboles, a oír timbres, como en los Pcto ¿ problema de la determinación se ha planteado y debe plantearse
conocimientos más alejados de los datos perccptualcs, puesto que en esos carácter general: ¿está todo ci conocimiento humano dererjjo
conocimientos que solemos calificar como "superiores" necesitamos de la . socialmente? Si se entiende la determinación como absoluta ¡ es decir, como
educación de la sociedad para acceder a ellos. necesaria constricción a pensar y conocer lo que la sociedad piensa y
.
En tercer lugar, estamos sometidos al condicionamiento social en Los j1 y a pensarlo y conocerlo según rígidas pautas impuestas ¡or la sacie-
efectivos procesos de objetivación de muchos, si no de todos, nuestros dad, la respuesta debe ser negativa. Lo que Linton dice, pensando acaso más
conocimientos. Una vez originados, la sociedad nos enseña los criterios de • las sociedades primitivas, vale, a nuestro juicio, para todas las socieda-
validación, posibles actitudes críticas ¡ la estructuración y jerarquización de d: "Las personas quecomponen una sociedad continuarán _siendojn4jvi
ellos, etc., etc. Es decir, los miembros de una sociedad no se lanzan a cono- -; --- T-:--- --
duos, entidades precisas física y psicokg carneare, compf eta que sea su
cer como si fueran un Colón en trance de descubrimientos, sino que se han adaptación. Podrán tener un gran numero de asociaciones y reacciones emo-
de iniciar en ci seguimiento de unas pautas cognoscitivas, tic las que sólo, p••
. •
.
- tivas en común..., pero seguirán conservando la capacidad de pensamiento
tras laborioso trabajo y esfuerzo crítico, cabrá liberarse haciendo uso de un
innegable reducto de libertad.
poiicho
Creemos que éstos son ¡os principales ángulos de incidencia de los con- ambiente. En condiciones GYorables puéde hástá . cambiarlo
ymodelarlo"'.
dicionamicntossociafes del conocimiento, aunque cabe apuntar otros que, is1trcmos hoy rechazados, nadie defiende una determina-
a nuestro juicio, son de menor incidencia. Por ejemplo, fa selección de ci6a absoluta. Ello significaría, nada nis y nada menos, que negar nuestra
ámbitos preferentes de conocimiento, selección que depende claramente ós iscentes
lcde s
del carácter i nivel de desarrollo de cada sociedad.
receptores. Tenemos nuestra individualidad subjetiva, estamos dotados de
Una 7 vez que dejamos sentada fa realidad de los condicionamientos . ;.
una conc .icncia, que es tanto pasiva como activa: Esa conciencia subjetiva
diversos de la sóciedad sobre nuestro conocimiento, tenemos que volver a ________ no está en totalsimctrfa, ni se identifica pasivamente con-las determina..
la pregunta que hemos dejado sin responder: ¿hay determinación social de . .
»- exteriores; También aquftienésu campo de ejeréicio fa libertad, por
nuestro conocer por parte de ¡a sociedad? Las posibls respuestas a esta pre- muy reducido que sea el campo que se le conceda.. Esa conciencia subjetiva
gurira han sido analizadas y discutidas por ¡os tratadistas de la Sado1oa dr.l
libre puede reaccionar, rechazar pautas, modificarlas e incluso abrir otras
conocimiento. Como no vamos a seguir esas prolijas discusiones, expondre-
nuevas. Pensamos y conocemos socialmente, pero lo hacemos desde esa
mos nuestra posición con brevedad. .
- subjetividad individual consciente, que esta, sin dud5jTjjtcconj
Y comencemos por decir que no cabe una respuesta única y unívoca.
Indudablemente, hay que admitir situaciones, tanto por parte de algunas 1
. --- -•
iiapero no rígidameñtkterminada; Por eso podem os selecciónar
unos conocimientos y no otros; podemos asimilarlos a nuestro modo o
sociedades como de algunos miembros de cualquier sociedad, en las que ¡a _______
recrearlos con nuestra mayor o menor iniciativa personal.
determinación social del conocimiento tiene categoría de hecho. Por ejem-
pio, es manifiesta la determinación en sociedades primitivas en las que,
acaso por imperativo de subsistencia y defensa, ci individuo es una pieza en c. p. 106.
UNTON. El...
férreo ajuste a fa comunidad en su obrar y en su pensar. Pero en cualquier

107
106
.
V1L5. CARÁCTER APRIÓRICO DE LOS CONDICIONAMIENTOS tara, por virtud de Ja cual, pensando yo como individuo, pienso en una
SOCIALES cierta comunidad intersubjcriva constituida por los miembros de la socie-
dld y dc1a cultura a la que pertenezco.
Decíamos al comienzo del capítulo que, con este tema, seguimos de En muchos de nuestros conocimientos la comunidad actúa como un
alguna manera ocupándonos dci sujeto del conocimiento. Al igual que lo medio desde el cual accedemos a las objetividades del mundo y de la socie-
hicimos al analizar las (unciones gnoscológicas del cuerpo, estamos some- dad, y accedemos así porque ese medio social, al tiempo que condiciona,
tiendo a reconsideración la línea de configuración de la subjetualidad desde también posibilita tal acceso. Condicionamiento y posibilitación son ver-
la conciencia pensante o desde la conciencia trascendental. Tal concep- daderos a priori para todos esos conocimientosque ilopocmos llevar a C
ción del sujeto era sumamente apropiada para determinar las condiciones cabo desde el contexto social en que vivimos.
de posibilidad del conocer científico con caracteres de universalidad y
necesidad. Pero las fronteras del conocimiento humano rebasan con mucho
ese campo. En su vida ordinaria, en su vida social, son mayoría los conoci-
mientos del hombre que se evaden de ese lecho procústeo. De él nos eva-
díamos con el cuerpo y de él nos evadimos desde la consideración social del
conocimiento.
Ahora bien, ver un cierto reduccionismo en la atenencia exclusiva al
sujeto trascendental no es negarnos a las importantes funciones de Ja tras-
cendentalidad, entendida como búsqueda de condkiones pósibilitadoras de • -.
nuestros conocimientos o, al menos, de algunos de ellos, condiciones que
funcionan con innegable carácter apriórico. Así lo pusimos de relieve, por lo
que se rc(icl-c al cuerpo, respecto de nuestro conocimiento del mundo—entor-
no. Y otro tanto creemos que se debe sostener respecto de los condiciona.
mienros sociales. Por eso, más que contra Kant, estamos, simplemente, * -
encontrando nuevos a pTiari en la línea abierta felizmente por Kant. Como
¡dice Stark, "el priori
a social es tan real y-tan básico para la función de los --- -

procesos de conocimiento, como ci kantiano lo es para ci conocimiento de


los procesos físicos y lógicos"
En efecto, la sociedad en que nos integramos funciona para cada uno de
nosotros como un ámbito a priori desde ci que se nos dan condiciones que
posibilitan muchos de nuestros conocimientos,.desde el que se configuran ---.4-

.4- - ..-
otros, se orientan y se desarrollan. Es decir, nuestro conocimiento no está
determinado o condicionado sólo desde el puro ámbito lógico—trascenden- - :

tal, sino también desde condicionamientos sociales, nacidos de la realiza- -' -

ción de nuestra existencia en un contexto social. Sin recurrir a una deter-


minación absoluta, las "imposiciones" sociales son, pues, posibilitadoras y
- - conformadoras de .
ñZliVidt ¡17 sir perder ese carácter, seabrunaintersubjetividad comuni-

TTT1TTT:TIT'T' T.:T 109


Lenguaje y
JX conocimiento
i11

-. _

• . ... .

IX. LA IMPORTANCIA DE LA PERSPECTIVA UNGOISTICA

• ...• •. . ...
En capítulos antecedentes hemos propuesto, básicamente, tres enfoques,
paradigmas o perspectivas distintas en ci planteamiento del conocer.- plan-
teamiento experiencia¡, planteamiento trascendental, planteamiento desde
el contexto social. La-perspectiva experiencial atiende fundamentalmente
al momento de origen de los contenidos de conocimiento. En las sigulen-
tes, hemos asistido sobre todo al polo subjcrual del conocer, tanto en sus
estructuras y dinamismo trascendental, como en la integración de ¡a cor-
poralidad en la subjetualidad, así como en los condicionamientos sociales
a los que ci sujeto no puede iubstraersc.
Si*áót rcdUjtramoS alas tresplanteamientos anteriores; - seríinos reós
de una imperdonable omisión, ya que dejaríamos fuera el lenguaje, cuya
incidencia en el planteamiento y comprensión del problema del conoci-
•.•
miento no cabe ignorar. No se trata de excluir ninguna de las anteriores,

sino de recoger una cuarta perspectiva, sin cuya exposición quedarían man-
cas las anteriores, ya que el lenguaje, como vamos a ver, organiza nuestra
experiencia, el lenguaje funciona corno un a priori en muchos de nuestros
conocimientos y es ci lenguaje nuestro vínculo fundamental con la socie-
dad en que nos , integramos, según dejamos apuntado en el capítulo prece-
dene. . .
Y no cesto sólo, sino que La consideración Lingüística dci conócimjcnro
es la.quc, sin- duda,-.cuenta .coi ..mayornimero. de estudiosos en la actua+i-
dad. Según el viejo tópico de las tres grandes etapas por las que ha pasado
la historia de la filosofía, hoy, dejadas anís la filosofía del ser (Antigüedad y
Medioevo) y la filosofía del representar (Modernidad), estamos en la filoso-

• .-• .. _

fía del decir, o sea, en la filosofía del lenguaje. Y es que ci lenguaje se ha en ci sentido de que, desde la experiencia, ci lenguaje va dirigiend o esa
hecho tema medular de plurales y variados campos de nuestra cultura: un- adquisición, ya que, datos de Ja expe-
giiística, psicolingüística, etnolingüística, hermenéutica, gramatología riencia no pasatían de ser un montón amorf que no daría noticia de nada,
(Dcrrida) ... ; y, por supuesto, la filosofía o filosofías del lenguaje, porque
acaso se hace preciso ci plural para abarcar tematizaciones del lenguaje tan
distintas como la tradición alemana de Hcrder, Humboldt, Cassirer, o la
corriente formalista, o las variadas orientaciones de la filosofías del lengua-
sino tail- ié-n, y *en muchos casos principalmente, porque debe* mos a las
palabras que oírnos, usamos y entendemos, ci acopio de nuevos Conoci-
mientos. Esto tiene su campo propio en la adquisición de los Conocimientos
propios de la cultura a la que pertenecemos y que adquirimos mediante la
3,
je ordinario. Y ello, sin mencionar la importancia del lenguaje en corrien- inserción en la comunidad, inserción que, cogndscitivamcnte, se realiza
tes aparcntemcnteajéflas, como la fenomenología o ci estructuralismo. básicamente a través del lenguaje.
)\ çFOC'iC En nuestro caso sólo trazamos de acotar una parcela reducida dentro de Peroci lenguaje, al paso que nos suministra conocimientos, es uno de
la filosofía o filosofías del lenguaje; la relación entre ci conocimiento ye1 (los medios para la constitución objetiva de los mismos, aliado de
lenguaje. Al fin y al cabo, tratamos de recoger una de las manifestaciones )

csolJualeomo los a priori. Aparte de que el lenguaje funciona tam-


básicas del hombre como animal simbólico, sienlo el lcngtuajc su aparato bién como un a priori, incluso cabe preguntarse si es posible que se cumpla
simbólico fundamental, aparato con el que conocemos ycon ci que expre- ninguna función a priori sin el lenguaje. Las palabras, como vehículos o
samos y comunicamos nuestros conocimientos. Podemos Cih la unidades de significación,
Y-i--Strauss: "Quien dice hom ~re di ce 1eyei7
cimientos, sobre todo cuando las palabras s estructuran en proposiciones.
dcnc dice sociedad". -.
1npoco debe minusvalorarse la función de conservación, dado que el
Aunque parezca hoy superfluo advertirlo, no entramos en la vieja polé- lenguaje, tanto el de cada comunidad parlante, como ci de cada individuo,
m ica sobre la relación entre pensamiento y lenguaje. Nos parece una poi¿. es el archivo"o tesorería donde se van almicenando los conocimientos
mica superada, ya que en la actualidad es doctrina comuninente aceptada poseídos, "almacenamiento" que no es neutro respecto de los conocimien -
que no hay pensamiento ni conocimiento al_margen del Lenguaje:.pcnsa- tos q ue va mos a dq uiriendo, sino que se constituye en pautas de cotÇoci.
li\os y cono cemos ver almente, sin que esto quiera decir que ns mientos futuros.
formular oralmente o llol ~_cscrito lo q ue estarnos pensando o c¿inociendo.
La función de comunicación es nuestro verdadero anclaje - en la socie.
-

~ ve rem os ha merecido atención preferente


IX.2. IMPORTANTES FUNCIONES COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE por. parte de muchos filósofos del lenguaje. En la comunicación damos y
recibimos conocimientos. Se trata de'una función característicament e
Déjando para después la referencia a algunos planteamientos determi- social, tanto en ci sentido de que ci lenguaje lo aprendemos de la sociedad,
nados de las relaciones entre lenguaje y conocimiento, parece oportuno como en el sentido del enriquecimiento cognoscitivo que redunda de esa
destacar, de entrada, las importantes funciones que cumple el lenguaje en comunicación.
C[ conocimiento, pues en el reconocimiento de estas funciones coiñciden, Dada la necesidad que tenemos de conocer verbalmente, es obvio que
con los inevitables matices diferenciales, las diversas corrientes de filoso- ci lenguaje debe suponer, asimismo, un límite dci coñocimiento. Así lo for-
fías del lenguaje. Podríamos resumir en las siguientes las funciones funda- ¿,t'5 muftí explícitamente Witrgenstein en e! Tracuitus: "Los límites de mi lenguaje
mentales: adquisición, constitución, conservación, comunicación, ¡imita- c1 significan los límites de ini mundo" (5.6). « Que
c1joiiación. En efecto, y dando por descontado que no hay manifiesta en que los límites del lenguaje (del knguaje que sólo yo entien-
conocimiento sin lenguaje, según dejamos dicho, el lenguaje es, en primer significan los lí m i tes de mi mundo" (5.62). Ningún - cognoscente
do) sionifican
lugar, una fuente generosa en la adquisición de conocimientos, y no sólo puede ir más allá del límite que le impone ci lenguaje en el que piensa y del
que se vale.
- Importante en extremo es la (unción categorizadora del lenguaje. El
hecho simple de denominar a esto como mesa, a aquello como reloj, a lo
'LÉV1 STRkUSS, C. Tristes rmpiquci. ¡ion, París, 1955,
- p. 450.
otro como puerta, es ya una catcgorización. por elemental que sea. De esto

_
113

Í
no se han ocupado sólo los filósofos del lenguaje, sino también, por jein- . a prioris. Los que hablan tina lengua no saben o no caen en (a cuenta de que
pb, los sociólogos del conocirn icnro.i3crger/Ludcmiinn se expresan así: "El n sornetidós a sus exigencias, porque LS disposiciones gramaticales de
están
________ ..
lenguaje cambien tipifica experiencias, permitiéndome incluirlas en cate- L1 lengua son ci a priori de lo que se puede enunciar con ella" 1.
gorfas amplias en cuyos términos adquieren significado para m( y para mis
semejantes. A la vczquc.Jas tipifica, también las vuelve anónimas,porque :_.i Podemos cerrar estas considcracioncsgcncralcs con la bella Trase de
Licbrucks de que las lenguas son los mares donde navegan las naves de
por principio la experiencia tipificada puede ser repetida por cualquiera que nuestros pensamientos y ci aire sin ci cual no puedi oIar1 al igual que no
entre dentro de la categoría en cuestión''. La (unción categorizadora, como , E'1 puede hacerlo ci pájaro'.
función de racionalización sobre el conocimicnt adquirido, se lleva a cabo
básicamente mediante el lenguaje. . .
-al-
La conclusión de este resumen de funciones es que debemos considerar . DC3. UN MODELO EN LA RELACIÓN DE CONOCIMIENTO
al lenguaje como una energía creadora en fa cual y deide la cual llevamos a
Liu-:R Y LENGUAJE: WITTGENSTE1N
cabo nuestra actividad cognoscitiva y pensante. Sin ci lenguaje, no sólo
dejaríamos de adquirir conocimientos, sino que, en la hipótesis de que La profiferacián de planteamientos de la relación entre conocimiento y
cupiera adquirirlos, los conocimientos no podrían ser organizados. Asísuce- ilIJ lenguaje y la disparidad, a veces de difícil conciliación, entre muchos de
de desde el nivel sensoperceptuaf en el que, si bien los datos se le ofrecen e ellós, no permite, como es obvio, la exposición ni siquiera de los más rele-
imponen a cada sujeto en su partiçularidad, al formularlos en palabras y vantes, ni permite tampoco una exposición general de todos ellos, ya que
proposiciones, se van desnudando de esa particularidad. . . esto sólo sería posible con evidente maltrato de muchos de ellos. Por eso se •
En efecto, desde el momento en el que yo expreso algo como una cxpc- impone elegir una posición concreta, a sabiendas de que se trata de una
riencia mía y singular, puede ser entendido por el interlocutor, quc,como decisión siempre discutible. 1-lemas optado por In-posición de Wittgenstcin, •
es obvio, no tiene mi experiencia. Corno dice. acertadamente J. Vzqucz. ji . ya que tanto el primero como ci segundo Wicrgenstein han ejercido una '
"mientras que al nivel de la esfera perceptiva ci sentido no es indepen- clara influencia en la mayoría de los filósofos del lenguaje.
diente de los elementos sensibles constituyentes y por ello me es dado 1_hl Ahora bien, antes de entrar en la exposición de Wittgcnstcin, debemos
como siendo el sentido de un determinado objeto, al nivel de la esfera lin- consignar dos prenotandos: uno se refiere al tránsito de una gnoseología
güística el sentido ha perdidosu singularidad. La palabra, o más exacta- centrada en la conciencia a una gnoseología centrada en el lenguaje; el
mente las estructuras fÍngü(sri, cumplen la extraordinaria íuñción de otro es una breve referencia a las diversas partes de la semiótica para saber
elevar el-sentido del plano de lo concreto al plano de lo universal" . Es . en cada momento los caminos por donde nos movemos.
decir, cl lenguaje no sólo objetiva y organiza las experiencias scnsoperccp- En cuanto a ¡o primero, es evidente que la gnoseología moderna desde
tuales, sino que, al liberarlas de la particularidad de un sujeto concreto, las Descartes a Husserl, pasando por los crnpiristas y por Kant, es una teoriza-
pone er)rvía de intersubjerividad. Desde ese nivel exponencial hasta el ción del conocimiento elaborada, básicamente, desde la conciencia, sus
nivel más abstracto de significaciones conceptuales, es la fuerza creadora contenidos y sus estructuras. El último gran representante de esta dirección
del lenguaje la que va articulando tanto el misado de significaciones de ' es, sin duda. Husserl, y la gran novedad por él aportada es la intencionalj
cada sujeto concrctocomo el mundo inrersubjetivo de una comunidad par- ( dad. Se trata, según vimos en su momento, de un carácter o función de la
¡ante. Por olió, con una idea de Habermas, se puede aíirmarque el lengua- conciencia que debe operar como un puente de enlace entre la Conciencia y
je es el stielo de la intersubjctividad. el mundo, o entre los actos de conciencia y los objetos del mundo. Desde
Tanto para cada sujeto particular como para la comunidad parlante de las Investigaciones lógicas deja sentado que la conciencia establece intencio-
una determinada lengua, esa lengua opera como un a priori o conjunto de -. -. nes significativas que apuntan a los objetos. Estas intenciones o intencio-

'BERCER, Ry LUCKMANN. Laconsmicción soda! de laTedidad, P 57 'FOUCAULT. M.. Les mou et ks chores. Gsllimard, París, 1966. pp. 310-311.
'VAZQUEZ,J.,Lengu, vadad y mo.Mkfcnonot6wnaá!isissen2ánLko. Amhropos. 'ar. LIEBRUCKS. B.. Sprache toad &wuntein. Alzademische VcagagcseIJsd,af, Frank(urt
Barcclona. 1986. p. 96. 1965, p. 272.
'-"i
114 115
--.-.--------

_. .
denota un objeto, estamos aceptando un lenguaje ideal que, con rigor lógi.
nulidades se cumplen en la intuición, siendo su primer nivel de cumpli-
cp-formal, expresa la-relación entre signo y objeto. Esto acontece así en el
miento la intuición sensible. La verdad sería la adecuación intencional
ámbito de las relaciones lógico-matemáticas, pero nos puede dejar ayunos
entre los actos de conciencia y la realidad, tal como se cumple 1 por ejemplo,
ca la intuición sensible. El problema se presenta cuando se trata de objetos J,J1J1I en cuanto a las funciones de conocer y, sobre todo, de comunicar nue stro
conocimiento, funciones que esperamos del lenguaje. Con este plantea-
no-sensibles, de los que no cabe intuición directa, corno sucede, por ejem-
miento salvaríamos cI conocimiento científico sometible al rigor formal de
plo, con las matemáticas. Para estos casos propone como solución la "intui-
la lógica, pero dejaríamos al margen de esas funciones dci conocimiento los
ción categorial' sobre e1 modelo de la intuición sensible: si ésta tiene como
demás ámbitos 4c.ia realidad. Es decir, el denotacionismo, si se apura a su
objeto lo sensible particular, aquélla tiene como objeto lo universal. Ahora máximo rigor formal, cierra las puertas a un mundo intersubjetivo, dejando
bien, tal solución corre el peligro real de dejarnos encerrados en la con-
a cada sujeto aislado, salvo en el ámbito de lo puramente formal.
ciencia' en una cierta forma de idealismo platonizantc de esencias (eídos)
Pues bien, tic aquí arranca básicamente el Tract.aws, ya que desde esta
que sólo son intuidas al ser constituidas en la conciencia en el laborioso pro- perspectiva hay que entender la afirmación ya citada de que "los límites de
ceso de actitud crítico-fenomenológica de epoj y reducciones. mi lenguaje significan los límites de mi mundo" (5.6). Parte Wirtgenstcin
¿Cómo salgo de esa intuición eidética al mundo de las cosasl insistimos:
hay un peligro real, que es quedarse encerrado en la inmanencia de la con-
t!rrJ de la estrecha relación entre lenguaje y realidad, comenzando por sentar
un conjunto de proposioncs calificables de ontológicas sobre la realidad:
ciencia. Pues bien, para la filosofía del lenguaje la salida de esa inmanen- - "El mundo es todo lo que es el caso" (1); "el mundo es la totalidad de los
cia consiste en expresar las intenciones o significados con los símbolos lin- hechos, no de las cosas" (1.1); "el mundo se descompone en hechos"
güísticos- . Las intenciones se explican y cumplen en las expresiones - "lo que es el caso, el hecho, es el darse efectivo de estados de cosas" (2).
lingüísticas y en sus significados. La relación de significación entre las Este mundo que aquí se nos presenta en su carácter ontológico es el
intenciones de la conciencia y los objetos ha de cristalizar en una relación ¿ objeto dc toda representación o figuración, que sólo puede ser expresado y
lingüística, en la que unas veces prime el punto de vista lógico-semántico, " comunicado en una descripción unívoca lingüística. Es la totalidad de-los
1 $IT1R
y otras, ci punto - de vista pragmático de la pluralidad de usos del lenguaje. - hechos que puede descomponerse en cada uno de ellos, de la misma mane-
En cuanto a las diversas partes de la semiótica, recordemos la división raque ¿1 lenguaje se descompone en proposiciones para su análisis.
en sintaxis, semántica y pragmática. La sintaxis estudia las relaciones de 1L(1I Conviene tener muy en cuenta la distinción que aparece desde los tex-
los signos entre sí, es decir, C5 la «carca propia de la lógica formal. La tos que hemos citado entre hechos/estados de cosas (Tatsahen) y cosas
semántica estudia las relaciones entre los signos y los objetos denotados (Sachan, Dingen).-Tal distinción es imprescindible-para lacomprcnsión del
por ellos. Por fin, la pragmática, a la que a veces se entiende como una TTaczatus. En efecto, el mundo no es simplemente una Colección de cosas,
ampliación y profundización de la semántica, estudia las relaciones de los sino la totalidad de estados de cosas, que, ciertamente, está compuesta de
signos con sus intérpretes y usuarios, debiendo tener en cuenta el contex- objetos/cosas, al igual que el lenguaje no es una mera colecció n de palabras,
to histórico-social. sino un conjunto de proposiciones dotadas de sentido. Con la palabra
"cosa" designa un objeto carente de sentido, es decir, aislado, Vi para que
adquiera sentido, debe convertirse en un "hecho", lo cual acontece en el
IX.4. EL PUNTO DE VISTA LÓGICO-SEMÁNTICO EN EL TRACTATUS
darse efectivo de estados de cosas, en la existencia, siendo el estado de.
cosas una conexión (Verbindung) de objetos o cosas. No podemos, pues,
Entramos ya en la breve exposición que vamos a hacer de Wittgenstein, representar cosa u objeto alguno fuera de la posibilidad de su conexión con
distinguiendo entre el primer Wittgcnstein, que es el del Tracatus, y el - otros objetos o cosas, es decir, integrados en un estado de cosas.
segundo, respecto del cual nos atendremos a las Investigaciones filosóficas. -' Situándonos ahora en el lenguaje, las-proposiciones (Sdte) se Corres-
Conviene empezar recordando que, según la -teoría denotacionista del sig- - ponden con o representan a los estados de cosas (Sachverhaltcn), mientras
nificado, las palabras designan objetos, y que para todo objeto hay un signo que los nombres se corresponden con las cosas, según la teoría denotacio-
lingüístico- Esto puede conllevar una idealización extrema de las relacio- nista del significado. Por consiguiente, la misma conexión lógica es la que
nes entre lenguaje y objetos. En efecto, si afirmamos que cada palabra

117
116
............----.--- .---...-.. .... ...... .

Í
co-sodal, al campo (IC fa comunicaciÓn y de las relaciones inrcrpersoriik s.
. . Dicho técnicamente hay que pasar de la consideración lógico-semántica
rige en la relación entre proposiCiOflOS Y estados de cosas y la que rige entre
ll a la consideración scmúntico-pragmátca, subrayando la -dimensión prag-
palabras y objetos/cosas. Este es el fundamento de la relación figurativa,
1nj2. El conocimiento no- es una actividad clausurada en el solipsismo
representativa y descriptiva, entre ci lenguaje yci mundo por £1 repetida-
del sujeto cognoscente, sino que debe abrirse a La comunicación con otros
mente formulada, por ejemplo en 4.031 1 . .
sujetos, siendo éste ci ámbito preferente de la pragmática lingustica.
La afirmación de esta correspondencia básica entre ci lenguaje y el ________
Enesta obra se ve, en ejercicio, el tránsito de una gnoseología de la con-
mundo es un pre-jupuesto a lo largo de la obra que, a pesar de carecer de
ciencia a un gnoseología lingüística. Según dejamos apuntado, el lenguaje
justificación, es fundamento de sus argumentaciones. Por ejemplo: "Las j es e l en que se unen la intención signiíicatira y el cumfimicnto de
proposiciones lógicas describen la armazón del mundo o, mejor aún, la -
dicha intención. Quiere esto decir que ci sentido de una oración no se pone
, representan. No "tratan" de nada. Presuponen que los nombres tienen sig- .
de manifiesto estableciendo su relación con los actos de conciencia, con
niíicado y que las proposiciones elementales tienen sentido: y ésta es su
1 conexión con el mundo" (6.124). Existe, pues, una rigurosa convergencia j intencionalidades o donaciones de sentido (Husserl), sino que, para com-
prenderlo, hay que ver ci papel de esa oración en un sistema de lenguaje.
cntrc las estructuras de la lógica (signos y proposiciones) y las estructuras .
Wittgcnstcin afirma que los tipos de proposiciones son innumerables, al
dci mundo (cosas y hechos/estados de cosas). Esta convergencia es enten- .
igual que afirma que ci habla plural de un lenguaje forma parte de una acti-
didacomo una conexión (Verbindung) absoluta enrrcet lenguaje y la reali. .: '
vidad o de una forma de vida. Se sitúa, pues, en la perspectiva pragmática:
, dad. Cuando no se da esta conexión, el lenguaje se queda en un pseudo-
"Este CS el fondo de su tesis merodológica acerca de los juegos de lengua-
lenguaje, cuyas proposiciones se refieren a una nada inexpresable (el • . .
1 je: una sentencia es parte de un contexto pragmático, y sólo desde él
ejemplo serían muchas proposiciones de La metafísica). Con esto se está .
puede ser adecuadamente analizada e interpretada. Así puede decir
distinguiendo entre proposiciones con sentido y proposiciones sin sentido. . . 1
1
Rr111 Wittgenstein que los lógicos (léase: los filósofos del lenguaje), incluido cf
En conformidad con lo que acabamos de exponer y como consecuencia
autor del Tractaius L.ogico-.philosophicus, no han entendido el lenguaje, es •
de-ello, Wittcnstcin elabora su conocida teoría de la representación como decir: no han entendido esa multiplicidad de sentencias y esta perspeciva
una teoría de la figuración o pictórico-figurativa. "Nosotros nos hacemos 1
pragmútica .
figuras de los hechos" (2.1); "la figura representa el estado de cosas en un La cuestión no es ya la esencia del lenguaje, sino que hay que hablar de
espacio lógico, ci efectivo darse y no darse de estados de cosas" (2.11); "la -- múltiples sistemas lingüísticos, de plurales modos de hablar acerca de la
figura es un. modelo de la realidad" (2.12). Como se echa de ver, al consi- jI.• . rcaliclad,cs decir, de la pluralidad de juegos de !engttajc. Con ello nos situa
derar él lenguaje como una figura de los hechos, estamos asimilando el len. ¡nos en los lenguajes naturales, de los que han de extraerse tanto las reglas
(guaje a una pintura o fotografía de la realidad, afirmando una correspon- de la gramática como las reglas de esos múltiples juegos de lenguaje.
• dencia isomórfica de proposiciones con estados de cosas, y de palabras con La expresión "juegos de lenguaje" nos indica que Wittgcnstein se inspi-
• objetos, asimismo, una estricta correspondencia entre el orden
ró en el modelo de algunos juegos y de sus reglas. En efecto, las reglas del
lógico-figurativo del lenguaje y el orden lógico-ontológico del mundo.. Y juego son las que determinan cuáles son los signos permitidos y cuáles las
la condición de posibilidad de toda representación se fundamenta en la - operaciones que con esos signos se pueden llevar a cabo. A ellas hay que
1 presencia de una forma lógica que comparten el pensamientoflenguajc y ¡a - remitirse cuando ignoramos el significado de un signo o desconocemos
1 realidad. Dicho de otra manera, la forma lógica es lóque, como idéntico, - cómo se realiza una operación determinada.
subyace a la forrna de la figuración y a la forma de la realidad. - Aquí radica el fundamento de la teoría del significado como uso de
Wittgenstcin, en conformidad con la cual ci significado de una palabra o
proposición depende de su papel en un segmento determinado del lengua.
IX.5. EL PUNTO DE VISTA SEMÁNTICO-PRAGMÁTICO
DESDE LAS INVESTIGACIONES FILOSÓFICAS
'I3LASCO.J. LI.. Lenguaje. fltoso[ía conocirnknw. Ariel. Barcelona. 1973. pp. 74-75.
En las Investigaciones filosóficas Wittgenstein rompe con el Tracwcus y
con su logicismo extremo: hay que abrir ci lenguaje a la realidad históri.
119

- 118
- ..ducción de la instancia en la realización del acto de habla". Al realizar un
acto de habla, nos comprometemos en una forma de conducta regida por
je, o sea en un juego de lenguaje. I..o característico de tina regla se mani-
reglas. Los actos de habla tienen la (unción de establecer relaciones recí -
fiesta no en una descripción detallacEz de la misma, sino en la competencia
- procas entre tos hablantes, posibilitando así y fundamentando la intersub.
con que es usada, ya que dominar un juego es estar impuesto en su técnica, ckj k,'cc, jetividad. Y si atendemos el doble elemento de un acto de habla —momen-
lo cual implica la espontaneidad con la que un sujeto puede aplicarla y,
to ilocucionario y contenido proposicional— descubrimos ca el acto de
consecuentemente, la capacidad para crear nuevas jugadas. Esto es lo que
habla la distinción entre uso cognitivo y uso comunicativo, distinción tema-
se quiere decir cuando nos referimos a la competencia que un sujeto posee
tizada por Habermas en relación con la noción de "pretensiones de validez"
en el uso del lenguaje, que significa tanto la corrección del hablante como,
a la que aspiran todos los actos de habla
por ajustarse a las mismas reglas, la capacidad de entenderlo por parte del - - Siguiendo con Habermas en este campo, en ci que él completa la teoría
interlocutor o interlocutores.
.,a ir J de los juegos de lenguaje de Wittgenstcin, se hace preciso tener en cuenta
Es decir, del mismo modo que se hace preciso un consenso sobre las
que todas las acciones humanas tienen una pretensión de validez, cuyo
reglas entre los jugadores, así también en el juego de lenguaje se hace nece-
patrón de medida es la verdad. Desde esta perspectiva, la teoría de los actos
sana la interacción, es decir, la posibilidad de comunicación de unos hom-
de habla —en claro alejamiento del dcnocacionismo del Wittgcnstein del
¡ bres con otros. -
Así, ni ejecutar actos de habla¡ como "mandatos", "preguntas", uadver-
pp Tractatus— constituye una nueva teoría de la verdad, concretamente la
pragm;tica de la verdad", según la cual los actos de habla apuntan a las
tencias", etc., estamos participando en una práctica humana común. Y lo Ii11I siguientes pretensiones de validez: en primer lugar, la inteligibilidad, es
que une a los hablantes de una determinada comunidad es el consenso
• decir, que el hablante aspira a que su discurso sea inteligible y comunica-
sobre las reglas que se ha convertido ya en un hábito. Con ello el lenguaje
- blc. La consecuencia de esta pretensión es que tanto el hablante como el -
excede las palabras y oraciones para convertirse en una forma de vida.
oyente dominen la misma lengua. De no ser así, se impondría un esfuerzo
El lenguaje coincide con el juego ca la obligatoriedad de las reglas que p hermenéutico de clarificación semántica.
cónducen a la valides intersubjctiva para el grupo de comunicantes:. «¡Es lo.
En segundo lugar, la verdad se presenta como exigencia de todo discurs -
qt,e llamamos 'seguir una regla' algo que pudiera hacer sólo una vez en la
construido a partir de constataciones, afirmaciones, explicaciones, etc. Este
vidal... No puede haber sólo una única vez en que un hombre siga una
J1J es el uso cognicivo, por virtud del cual se establece una comunicación desti-
regla... Seguir una regla, hacer un informe, dar una orden, jugar una parti-
nada a decir algo acerca de la realidad objetivada. En tercer lugar, la verdad
da de ajedrez, son costumbres (usos, instituciones). Entender una oración S'fl - DIarSC
como veracidad, en el sentido de que todas las manifestaciones sent i
significa entender un lenguaje. Entender u • lçnguaje.significa dominar una
mientos, deseos, etc.— implican pretenión de veracidad. Esto no sucede -
técnica" .
así, si se descubre que lo que el hablante expresó nota corresponde con sus
intenciones. En cuarto lugar, la rectitud, entendiendo por el¡¿) que todas las`
lX..6. DESARROLLO POSTERIOR A WITTGENSTEIN manifestaciones de carácter normativo —mandatos, promesas, etc.— impli- 1
can la pretensión de rectitud. Obviamente, si las normas vigentes que sub-
yacen a tales mcnifestaciones no se pueden justificar, efltoncS la pretensión
La teoría de los juegos de! lenguaje ha recibido un ulterior desarrollo en
es ilegítima. .. -
la teorúz de los actos de habla, debida especialmente a Austin y a Searie. En
Para Habermas el uso comunicativo del lenguaje supone el uso cogniti-
conformidad con ella, la unidad de comunicación linguística no es, como C•
yo, ya que, sin él, careceríamos de contenidos que comunicar, aunque, a su
frecuentemente se supone, el símbolo, la palabra o la oración, sino "la pro-

'Este aspecto ha sido recogido y destacado por]. Habennns en Temía de 1 acción conuasicati- 'SEARLE.). R., jQues un acto de habla! Trad. de M. ValdiisVillanuem Revista "Teorema",
va: complementos y estudios previos. Trad de M.Jimnez Redondo. Cátedra, Madrid, 1989. CI?. Valencia, 1977, p. 14.
especialmente pp. 6748. "Cír. HABERMAS. 0.. a.c., pp. 75-76.
Int.sdgadanex filosójicos. Trad. de A García Suárez U. MouIincs Crítica. Barcelona, 1958,
§199.
121

120
vez, el uso cognitivo debe contar con ci uso comunicativo en aquellas ora-
Objetividad
dones, como las ascrtóricas, en que los actos de habla son constatativos. y verdad
Terminamos el capítulo a sabiendas de que sólo hemos hecho una razía
en el complejo mundo de las filosofías del lenguaje desde* la perspectiva
concreta de las relaciones entre lenguaje y conocimiento. Tras el plantea- -
miento general, nos hemos centrado en Wittgcnstcin, ya que su Tractazus
nos ponía frente a un teoría logicisra y denotacionista, inientras que las
Investigaciones filosóficas nos permitían asomarnos al amplio campo de la
pragmática. Si del propio Wittgenstcin cabía decir mucho más, la hm ita- .ni....j -
ción obligada del tema se hace mucho más manifiesta por haber dejado
fuera de consideración otros importantes planteamientos. En defensa de lo .
expuesto está el papel de fuente y modelo que Witrgenstein tiene en la
mayoría tic los ámbitos de filosofía del lenguaj&'.

X. 1. IMPORTANCIA DEL TEMA

Si tiene algún sentido dedicarse a teorizar ¡obre el con6comiento, ello


tiene que deberse a que, de entrada, damos por supuesto que, entre la mul-
tiplicidad y diversidad de nuestros conocimientos, hay algunos que consi-
dcranos, e incluso tenemos que considerar, como válidos. Y el calificativo
de válidos lo entendemos en sentido fuerte. Es decir, no se trata de conqci-
mientos que veamos como válidos simplemente, según sucede con una cre-
cacia vital á una.opinión, cuya validez puede quedar reducida a una mcm
- . lo que me parece que... Pretendemos
validez personal: ló que yo creo que ... 1

e intentamos mostrar que hay conocimientos que son válidos no sólo para
mí, sino también para losdcmás. cori ci adjetivo. "váhidos" estamos alu-
•_
diendo a dos características del conocimiento que itiaxtIcbkmea-
te uni as: la objetividad y la verdad. La objetividad se refiere fundamen-
tealvalor'presentaçivo"Tdesvelador que los. actos de
a
conocimiento tienen r specto de lo que estimamos conocido. ?Ta verdad,
a la relación
que nuestro
miento guar a con lo conocido.
No cabe desconocer, ni mucho menos negar, que la verdad es una aspi-
• Iii ración de toda persona y que, de modo muy especial, ha constituido y cons-
tituye una nieta de la filosofía a lo largo de su historia. Dentro de la filoso-
fía, seha atribuido a la teoría dci conO imito, tanto fa aclaración del
concepto de verdad, como la fijación de las estrategias y criterios que nos
permitan discernir entre conocimientos verdaderos y conocimientos no ver-
"En la elaboración de este capítulo debo agradecer la incscimablc colaboración de¡ Prof. daderos. A su vez ja objetividad se ha constituido en elr3rol)hfe.gIajiud /
Lópcz Molina, especialmente en lo que se refiere a Witrgcnscein y Habcrrnas.

123

- .....
...

1•
b5pera a la modernidad. ' Pero esa modernidad, desde Descartes, lo consti-
tuyc, aunque con titubeos, en un prol,lcma central que preside el desarrollo
en que se pudc hablar dci
.cic las diversas teorizaciones del conocimiento. Rcpárese en que, si en capí,
surgimiento de esta disciplina filosófica en jnleiid. En efecto, si bus-
tufos anteriores hemos insistido en la importancia y centralidad del tema
carnos un pro ema alrededor del cual se hayan anucleado todas las cues-
de la subjctualidad cognoscitiva, latematización de la subjctualidad se
tiones que tradicionalmente se han venido planteando sobre la teoría de¡ nI ordenaba a la explicación y justificad~ objetividad, ya que, dicho
conocimiento, ése, sin duda, es ci del objeto y de la objetividad. Sujeto,
para ójicamcnte,en la rnodcrnidad_,jht._rp4o cpx ant, y desde Kant, se
intencionalidad, verdad, etc., son perspectivas desde las que puede pIante-
arsc. Más aún, realismo, idealismo, criticismo, trascendentalismo, etc., son
objetiva subjeíivando. Decimos, sin embargo, que el desarrollo del tema de 1
con titubeos, ya que, pár ¿ejemplo en Descartes, el
denominaciones de sistemas que están ramadas de la posición gnoscológjca
que los diveitsds autores o sistemas adoptan en la interpretación de la obje- tema de la objetividad no es todavía el centro de la gnoseología, porque su
tividad del conocimiento. meta apunta a conseguir, más bien, una gnoseología de certezas absolutas,
Insistiendo en fa interconexión entre objetividad y verdad, es manifies- siendo la objetividad un paso que conduce a dichas Certezas, tal como se ve
to que el tema de la verdad ha tenido más siglos de presencia en la histo- en la lii de sus Meditaciones Metafísicas.
ria de la filosofía que el de la objetividad: es ya un tema nuclear en la' filo- Pero, en conjunto, la modernidad se orienta a la búsqueda de un sujeto
ri espontáneo, en
'l)
sofía griega y sigue siéndolo en la medieval, aunque, a fuer de sinceros,
haya que afirmar que, durante esos siglos, la filosofía se ocupó preferente- ElEamcie,Ia filosofía que se remitfFstagirira concebía al sujeto en
mente de la verdad óntica u ontológica, como verdad del ser o de loreal, 1. potencia, desplegado en múltiples facultades-potencias, que necesitaban
supeditándose la verdad del conocimiento a la verdad del ser. ser activadas —actualizadas--- causalmente por los objetos-cosas, respecto
Por el contrario, laobjctiviçlad, corno problema específico del conocer, de los cuales se comportaban pasivamente, para asimilarse a ellos. El sujeto
tiene que esperar, según hemos apuntado, a la modernidad, para seguir de la modernidad,, por el contrario, se va - a ir configurando como activo y
siend 5, hoy, tema medular de la tcóría del conocimiento. Sin cmbar espontáneo, que, por lo tanto, debe intervenir en la constitución del obje-
gliay que inoccr también que la verdad ha vuelto a ser centro de to conocido. Ese sujeto, especialmente desde ci descubrimiento y carcte-
acnci6n en la época cbntemporánca Y ello desde dos perspectivas: la rizacion del a priori, interviene y, por lo mismo, en cierta medida interfiere
vueftaIa_consideración de una ¡peculiar verdad del ser, sobre todo con la en esa constitución del objeto.
Así, pues, hasta la modernidad no hay distinción clara entre objeto_cosa
metafísica de}leidegger, y el estudio de la verdad desde el formalismo lógi- 9i
,

cojiico como coherencia lógica.interproposicional. Pero, como y objeto conocido, cabiendo incluso decir que se identifica el objeto de
------- T. . conocimiento con el objeto-cosa; Pero 'Iagnoseokgía'dc Li modernidad
veremos, en el pensamiento conternporaneo corre os cF pci ro de que,.
e1rdad Óntica de La metafísica y IsiJad..sintácr.icadeJrm- obliga a enfrentarse con nuevas preguntas a ei ste respecto: ¿queslo sloue
lismos, nos olvidemos de la_co idcación-fundamenraLdeia.v.crdad que conocemos? ¿qué diferencia hay entre el objeto-cosa y el ob'eto en o
es la
Ioseológica conocí —612 ¿qué debe el objeto en tanto que conocido al sujeto que lo cono-
— For conviene dejar señalado en esta aproximación que el problema
1iin, ce? ¿es laobjetiv ¡dad 'algo que se ha de atribuir al objeto-cosa, o es, má s
de la objetividad y de la verdad está indisolubtericnte conexionado con' - el 'bien, el resultado de la actividad _espontánea con que L, J_la coniyc
tema de los criterios de verdad y de certeza, del que nos ocuparémos en el al conocerla?. Soñ preguntas inevitables ante la cuestión del objeto y de la
capítulo siguiente. En efecto, pata saber que el conocimiento es objetivo y ojd'Obviamente, la legitimidad y necesidad de hacerse éstas pre-
verdadero, es preciso contar con unos criterios que me puedan certificar de guntas se opone frontalmente a ¡a clásica interpretación del conocimiento'
esa objetividad y verdad. como asimilación tIc un pasivo sujeto cognoscente al objeto-cosa trascén-
denta, que eran entendidos como dos realidades totalmente autónomas,
• _ entre.las cuales se establece esa relación, inocuapara el objeto-cosa, que i
X.2. EL OBJETO DE CONOCIMIENTO
llamamos conocimiento. Es decir, el•,objeto, entendido como objeto-cosa,

Como acabamos de decir en el epígrafe anterior, ci problema del objeto


.11!.. no tenía dependencia alguna del sujeto.

u objetividad del conocimiento es secularmente tardío en la filosofía.


125

124

í
En la modernidad ci objeto de conocimiento está en dependencia del
quidqukl rccipirur ad modum recipieflhiTeciPitur, es decir, lo que recibirnos en
c1 conocer debe conformarse a nuestro modo de ser y (le actuar.
•) sujetque hasta Kant no se haya puesto en total claridad cf grado y el
modo de dependencia. Si el objeto no es ya la cosa–en--sí, sino algo deve- Ahora bien, conocemos lo que es, algo que es. Y hay que subrayar este
punto, para no incurrir en algunas exageraciones a favor de a prioiis subje-
nído y constituido por ci dinamismo del sujeto, entendido éste con una
tivos. Por muy importantes qué éstos sean, hay que respetar lo que nos llega
amplitud mayor que en Kant, según hemos tratado de de poner de relieve
del objeto–cosa. Sólo así nuestro conocimiento podrá ser conocimie n t o
len los capítulos anteriores, no cabe separar cI objeto conocido del sujeto
verdadera, cosI osiI1FnueStro conocimiento no fuera realmentejg.
¡ que lo conoce, ya que, sin el dinamismo constituyente del sujeto —bien se •• la realidad es, sin que esto tenga qjgni-
como sujeto trascendental, ien se lo entienda en su indivi-
fica.r aspiración alg una a conocer problemáticas esencias.
da corpóreasoc¡al y hablant simplemente no hay objeto en cuan
Admitiendo como absolutamente válida la expresión de S. Strasscr: not-
ro conocido.
Retomando ideas de capítulos anteriores, debe quedar fuera de duda que Jung is objective for us widiout us,. hay que completarla con *lo que él añade
no se trata de crear ci objeto de conocimiento, sino simplemente de cons- inmediatamente después: nodiing it objeciive t hrough us, en el sentido de que
/ somos absolutamente incapaces e constituir en la pura soledad de nuestro
/ tiwirlo.. Y se lo constituye a partir de diversos elementos, igual que, para
¡ inamismo la verdadera y auténtica objetividad'. Ni un casis- -
construir una casa, necesitamos contar con ladrillos, piedras, cemento, etc.
mo objetivo propio de realismos ingenuos, ni un subjetimo extremo que
Esos elementos proceden de dos íuentcs: lo dado y Iojç. En el conoci-
miento hay que contar con lo que se nos da desde la realidad o desde las degenere en od— ' caTi—
smo. Cie rtamente la obietivo sólo se desvela y constitu-
o subjctual, pero la dinámica de1pjto
cosas, entendidas con generosa amplitud. Nos estamos refiriendo, básica-
sólo puede actuar ante el enfrentamiento con los datos–estímulos que reci-
mente, a los datos, de los que nos hemos ocupado desde el capítulo dedica-
doa la experiencia. Lo dado, salvo en posturas idealistas, se me impone y
es ci contenido fundamental del conocimiento. No cabe inventar los datos UI JJI do. Pero esto no debe llevarnos a identificar el objeto con nosotros, sino
que, más bien, para poder llamarlo ob–jeto, necesitamos de algún modo
ni prescindir de ellos, si aspiramos a calificar como objetivo el conoci-
cn(rcntarlo con nosotros.
miento.
no es mi yo.
L.S afección o recepción de lo dado pone en marcha el proceso de cono-
Para ayudar a poner orden en los usos complejos de los términos "obje-
cimiento, pero luego tales datos han de ser objetivados y dotados de signi-
1 ficación por el dinamismo del sujeto. Aunque esto es así en todo conoci-
miento, la presencia e influencia, de los datos es más clara en los
to" y "objetividbd", acaso no esté de más sistematizar, como resumen final,
algunos usos fundamentales. Empecemos por distinguir, en la línea de lo
que vamos exponiendo, res t objeto: I) Nivdpt4neo:
conocimientos vinculados inmediata o directamente a la experiencia, pero
es ei que etimológicamente viene de ob–iecrum, es decir, lo que está ante rut
es posible que el .rastreo de los datos sea, con frecuencia, menos claro en
ose me enfrenta. Coincide con lo que venimos denominando objeto–cosa.
los conocimientos más alejados de la experiencia, concretamente en los
'2) Nivel
conocimientos que, acaso sin mucho rigor, podemos llamar abstractos. :
El objeto, por lo tanto es el resultado sintético de lo dado al sujeto y de
t l a con junci6n dinámica de los datos de la cosa y de la actividad del sujeto
iderar, por los colores, los sonidos-[
etc. Se sigue tratando de objetos–cosas, pero sometidos al tamiz científico.
3) Nivel crítico–gnoseo(ágico: estamos con lo que venimos llamando objeto '?
que conoce. Esto debe prevenimos para no reducir la objetividad a lera
-
conocido, es decir, el objeto que resulta del proceso constitutivo de síntesis
espontaneidad activa del sujeto. Insistimos: hay que contar con lo recibí-
entreiueel sujeto recibe de la realidad y lo que aporta su d ina mismo.
do del objeto–cosa. Respecto de tradicio-
nal d?especro del conocimiento de Dios: conocemos que es y, en cier-
1 ta medida, lo que es, pero no conocemos cómo es, ya que nuestra naturaleza
'ar. STRASSER, S.. Piten ''°1°ty aid dic hwnwi scienres. Duquesne Univ. Press, Lovaina,
nos obliga a conocer lo que es el objeto–cosa conociéndolo desde y como
1963. P. 85.
somos nosotros. Ya los medievales, a pesar de su realismo, afirmaban que

127
126

___:__.__.•__•.__--•" .•
1

Mas cabe todavía otra perspectiva de usos diversos del término "objc- '
decir, en Descartes ci objeto de conocimiento inmcdiatamenteper
ero es
co". Así, podemos situarnos en tres
ísicof6gico: se trata simpkmentedc aceptar que los Procesosdeconoci-
L,JU ¡ mbito noemático. Estas ideas realizan una verdadcra (unción de media-
miento son también procesos del dinamismo ps ico lógico que «ctfci" 1
ción entre ci sujeto que conoce y las cosas que se pretenden conocer. El
ya
ol s.Sin descuidar este aspecto, tampoco contenido inmediato de conocimiento son las ideas. Al conocimiento
breas huellas de Kant, hay que recordar que los procesos psicológi- cosas sólo se podrá llcgaicn t especie ¿c inferencia laboriosa, rcsp1
y
cos son iguales en un conocimiento verdadero y en un conocimiento falso. . dada por Ja veracidad divina.
El segundo punto de vistasería el f enome nol6gico: puede referirse obien a
¡

Este rctrbttaimicnto de la objetividad inmediata al ámbito del sujeto


los datos nicos de las cosaS, a los que tenemos acceso, y entonces
.- -- que conoce, convirtiendo las ideas en verdadero objeto de conocimiento,
ieJ c1 '\t2
estamos -. .. perdura también en ci empirismo. Veamos el claro ejemplo de Locke:
conocimiento sólo nosdcsvela fenómenos o aprecerCS de las cosas, y _

Puesto que la mente, en todos sus pensamientos y tazonamicnto s , no tiene
c z*;?d
entonces sería otra denominación del objeto conocido. El tercer _punto' de $ ningún otro objeto inmediato que no sean sus propias ideas, las cuales sólo
vista ese ¡ crítico: ci adjetivo crítico nos in ¿ca que estamos en e! punto . . cita contempla o puede contemplar, es evident e que nuestro conocimiento
dEistaloeoezi cjijintococido, que es toque tratamos de explicar. no es sino lacrçj gooe óny acuerdo,o díidoorcpug..
nancia entre cualesquiera de nuestras idcas
Los empiristas posteriores ño sólo siguieron fieles a este planteamient o
X.3. APUNTE SOBRE EL DESARROLLO DE LA TEORÍA DEL OBJETO . .
que acabaron LBczkcky4,.oa_
EN LA MODERNIDAD las iinponcseidcdHume).
Pero la tematización dci objeto que culmina la oca iniciada por
Como complemento de lo que acabamos de exponer. sobre la concep-
ción del objeto de-conocirnicnto, parece interesante referirnos, con breve. .
•7:: Descartes e imprime ci rumbo a cuanto va a venir dcsp es la que lleva a
cabo Kant. Para ci carece ya de sentido identificar ci objeto de conoj.
:dai, a la evolución de este importante tema gnoseológico en la moderni-
dad, ya que —insistimos en esto— es en esta época de la historia de ¡a
u1. .. .
. miento con ci objeto—cosa. Pero no le satisfacía ni la concepción raciona.
lista ni la empirista, que hacíño de las ideas ci objeto de conocimiento, ya
filosofía donde ci tema aparece y se configura- ..
. que, para él, si no se cuenta con Dios, habría que acabar, con Hume, mani-
Según hemos visto, el objeto de conocimiento, si no se específica más, fescando que nacen de causas desconocidas.. Kant se muestra de acuerdo
corre ci peligro de convertirse en una expresión equívoca. Vimos que, en con racionalistas y empiristas en tirar del objeto hacia el ámbito del sujé.
lá filósoffá ante* liór a Descartes, el objeto era trascendente aÍEimicn- 1 (0 cognoscerite. Pero ese objeto de conocimiento necesita de una legali
za -
ro . .
ción rigurosa, tal como dejamos expuesto en capítulos precedentes sobre el
.j a priori y ci sujeto. .
cicnStC planteamiento experimenta . un. giro importante en
en cuenta lo dicho sobre Kant en los capítulos V:y Vi, pode-
Descartes. asamos de una gnos.eologí de j,tos cosasa..una.gno-
mos limitarnos a un texto muy ckro:
n de ideas. Y las ideas son el contenido primario y, hasta cierto
Sólo son posibles dos casos en los que la representación sintética y sus objc-
punto, lo único verdaderamente conocido, al menos de modo inmediato. tos pueden coincidir, relacionarse mutuameñtc dc modo necesario y, por así
Veamos sus propias expresiones: decirlo, marchar a un encuentro mutu o. O es el objeó el que hace posible la
Con el nombre de idea entiendo la forma de cualqpmi.cntomcd.ian. - - representación, o es ésta la que únicamente hace posible e! objeto. Si aconte ,
te u'rt j. celo primero, entonces esta relación es puramente empírica, y la rCp[denta.
t k ajiÇcy en todas partes... empleo término de ppdo ción no es nunca posible a priori. Y esto es lo que acaece en los fenómenos res-
aquello que es Pc bkloi iatamente por la mcnce'. ji1F pccto de lo que ce ellos pertenece a la sensación. Si tiene lugar lo segundo,

'Resp. II. AT, Vil. pp. 160-161. - __ 'Ensayo sobre densendnt


imieo humano. Trad. de E. OGormnan. Fondo de C E.. México, 1956.
'Resp. 111.0. e.. p. 81. . Lib. IV, c. 1. §Z.p. 523.

128 - . 129
liemos visto, 5U5 condiciones de posibilidad hay que buscarlas, con (rc-
- cuenda, bien en ci 5UJCCO individual corporalizado, bien en la existencia
dado que la representación en sí misma no produce ci objeto en cuanto a su 1
socializada de¡ sujeto, bien en ci dinamismo lingufstico. Es decir, no se
ex is tencia (puesto que aquí no se tr23 de su causalidad mediante voluntad), ci objeto de conocimiento sólo desde un Yo con ma yúsc ula, sino
no obstante la representación es CflfOflCCS determinante a priori respecto de¡
objeto, ya que sólo mediante elli es posible conocer algo corno un objeto. jj ta mb i én - desde un yo con min a, un yo existencia CtCa, ¡l a,
pues. dos condicioiies bao las cuales es conocer algo como un______
objeto: mpírico.
memosk o no_sijcro empírico.' - -
primero, a intuici6n. 7la _ cual nos es dado el objet9 n u"-6Lo corno
6nJh conccpg,poriP'° unJtoqgcs-
q' pondc a esta . . . X.5. [A VERDAD: PLANTEAMIENTO GENERAL
1 Extraigamos ahora las consecuencias: primero, que el objeto de conocí- --
1 miento es el resultado de una síntesis; segundo, que los elementos que se Según dejamos indicado, la verdad ha sido problema de constante per-
1. unen-en esta síntesis son, por una parte, las afecciones que nos llegan del
objeto-cosa (cosa-'en-sí) y. por otra, la representación; tercero, que la rcc-
• UJ[U ma nencia en ha historia de la filosofía desde los griegos hasta nosotros. Y
esto, como es obvio, incide de modo especial en las cuestiones que tcflcn
UIt1I que ver con ha teoría del conocimiento. Pero en la filosofía anterior a ¡a
. toría a ¡niori del objeto de conocimiento le corresponde a la representación,
por cuantO&ta determina a pi'iorialobjero de cÓnocirnicnto.,.clu- modernidad ci tema de la verdad no guardaba la estrecha relación que
isión es clara: el objeto de conoc imiento es el resultado sint6 Í ocoitalga
.1.
. hemos señalado con ci de la objetividad, por la simple razón de que la obje-
tividad como problema es específico de la modernidad, desde c momento
1 . .
que se reconocen las funciones que corresponden al sujeto en la corisritu-
Terminamos este apunte con una referencia a Husserl. Aunque está ----- cíón de la objetividad. Desde esta perspectiva, objetividad y verdad son dos
básicamente en la línea de Kant, sin embargo, lo recibido desde fuera del . caras del mismo problema.
sujeto no es materia bruta como en el filósofo de Kónigsberg, sino que, j . En teoría del conocimiento discutir ci problema de la verdad se'convj cr.
debido a las reducciones deshiletizantes, se me acaba presentando en los ; te en ineludible'. I n cluso debe decirse que es un problema central. Ya deja-
inos dicho que de muchos o de algunos de nuestros conocimientos decimos,
datos
por virtud de mi intuición de ella, diferenciándolos de otros, que son verdaderso o falsos. Más aún, B. Russell,
que es, por paradójica que resulte la cxpresi una int uic ión constitutiva. acaso con cierta exageración, llega a afirmar que ci análisis de la verdad

-
Pe— oiií-citucuión en Husserl no es, como en c'..2flt, imponer formas a la
ro lá-c— I VI,
debe anteponerse a! análisis del conocimiento: "?o llego aa conclusión de
dam entaLy..daque UcOflOcirnicntoN debe-ser
materia bruta recibida en las
.
afecciones sensoriales, sino que consiste, fun- j
7-......----.- en terninos de vcrdadnLaceseersa!L.C omo es sabido, este 5

eki1váal sujeto.
1.• ¡
texto puedede recibir Interpretaciones menos claras, si "Conocimiento" se i
entiende en el sentido frecuentemente técnico del know ie dgeingl& 1
La complejidad y amplitud del tea m de la verdad, salta a la vista conn s
)C4. REFLEXIÓN CONCLUSIVA SOBRE EL OBJETO reparar n el uso constante que hacemós del califictivode "verdadero":
-. - ( verdadero hombre, verdadero amigo, verdadero oro, opiniói-i verdadra,
Tras lo expuesto sobre la concepción del objeto en cuanto conocido, razonamiento verdadero, etc. La perspectiva gn oseoógica deja fuera d
quda claro que su teorizacin de perfiks más determinados corresponde al ¡
nuestra consideración. el estudio de lo que la fiiósoíía anterior a la rnoder-
trascendentalismo. Ahora bien, según hemos explicado en Los tres capítulos _.. nidad llamaba verdad dci ser, por tratarse de una verdad de las cosas y no
anteriores, se hace necesaria alguna corrección: sinos exciusivizamos en el
planteamiento trascendental, por ejemplo, en el de Kant, se nos quedarían
J
¡
sin base de justificación muchos de nuestros conocimientos, ya que, según
'
Cfr. KRAF1 V.. Erkcnnrnisldirc. Springcr-Verf3p, Vicnz, 1960. p. 166.
...
'RUSSELL, B., Intestigadón sobre ci significado :i la vcniad. Tr2d. dej. Rovira Armengol.
L J Losada. Buenos Aires. 1946. p. 24.

ICrV.B124-125.A92-93.
'3'
I-TI. - •-- . . -
130

....... .. .M__ -

i. í
tro de este pensamiento nos vamos a reducir a las posiciones que conside-
ramos más significativas. Será n tres: marx is mo...pr?g!ntism_yjjlosoffas
ir del conocirnincto de ellas. Nos ocupamos de la verdad de¡ cohocimienro, lingüísticas. Las resumimos esquemáticamente, ya qtmc una exposición en
qceún vcrámos, tal vcrinpliquiempre una referencia a la
cosa conocid a , sea material o ideal. pro nd7 í'ad exigiría varios libros.
Sin embargo, esto que estamos diciendo no cuenta con la aceptación de Ir•i1I Para el marxismo, como materialismo dialéctico, ¡a vedad es una "pro-
todos los autores. En efecto, para algunos el problema de la verdad no es piedad de los juicios que rcflcjan de modo fiel la realidad objetivamente
IITJ
tal problema, y ci uso del adjetivo 'verdadcro", aplicado a juicios o propo- etec" '°. Estamos cts la conocida teoría que e ti
sicions, no añade nada a los mismos. Veamos algún ejemplo. como reflejo de la realidad. La verdad exige que el reflejo sea fiel a ¡a reali-
Ayer, desde Úna posición lógico—positivista, se expresa así: 'Cuando nos dad. Como dice el mismo autor, "pensar corI'ectamente significa pensar
deéencmoj a considerar lo que esta famosa pregunta (Qué es la verdad?") algo tal como realmente es"". Evidcntcnmentc, se trata de una concepción
significa realmente, encontramos que no es una pregunta que dé origen realista, a la que subyace una compleja metafísica.
ningún auténtico problema; y, por consiguiente, que no puede exigirse que Al otro lado del Atlántico nos encontramos con el pragmatism o ame-
trate de ella a ninguna teoría»". Algo similar se puede encontrar en Popper, ricano. Cabe resumir su concepción de la verdad entendiéndola como la
para quien, en la lógica de la ciencia que él bosqueja, es perfectamente fac- propiedad _deaquellos conocimientos que resultan útiles, tanto en sí mis-
tible "evitar el empleo de ¡os conceptos verdadero y falso... Ciertamente no mos como en los conocimientos que de ellos se derivan. Esa utilidad prác-
quiere esto decir que nos esté prohibido el uso de verdadero y falso, ni que cica de los conocimientos quc consideramos como verdaderos es garantía
su empleo origine dificultades especiales: ci mismo hecho de que podamos - de que tales conocimientos guardan acuerdo con la realidad sobre la que
eludirlos indica que no puede dar lugar a ningún nuevo problema funda. . se proyectan. -
mental". Pero, indudablemente, en la filosofía contemporánea son las filosofías
No obstante, esta posición desde actitudes enfeudadas al formalismo y adjctivabks como lingüísticas, desde el neopositivismo lógico hasta las más
al.positivismo no es la que defienden la mayoría de los autores que vcrda- diversas formas de análisis, las que se han ocupado más de la verdad, aun-
deramente se ocupan del problema del conocfhiicnto, para quienes resulta que, en bastantes casos, sus elucubraciones queden, en buena mcd ida(uera
ineludible saber qué sentido y valor tiene la calificación de "verdadero" en de la dimensión estrictamente gnoseológica. La abundancia de plantea
aquellos conocim ¡en tos que consideramos como tales. . mnienros y las discusiones sobre los mismos nos disuaden de todo intento de
exposición con afán de de completa. Simplemente recogemos dos de las
concepciones y clasificaciones que consideramos más relevantes.
X.6 PANORÁMICA GENERAL DE. PLANTEAMIENTOS Según la primera, se distinguen dos clases de verdades: verdades analí-
"( CONCEPCIONES DE LA VERDAD ticas y verdades sintéticas o cm fricas. Si se repara, cstarnen el último
epis io e una venerable tradición en la clasificación de conocimientos o
bando por supuesto que vamos a hacer caso omiso de extrapolaciones verdades: verdades de razón y verdades de hecho en Leibníz, relaciones de
de la verdad a la estética 1 donde se aplican al arte los calificativos de ver- ideas y custioncs de hecho en Hume, juicios analíticos y juicios sintéticos
dadero y de falso; o a la literatura, calificando como verdaderos los perso- . en Kant. Lasverdades analíticas se absuelven en el análisis de ¡os términos
najes de una novela, etc., tenemos que centramos en la perspectiva gnosc- ., de la proposición, sicndosucriteriod dión corrección lógica. Más
ológica. Pero, si entendemos tal perspectiva con cierta generosidad, nos interesantes son las verdades empíricas o sintéticas:
encontramos con planteamientos múltiples y diversos. Para no perdernos, se trata de proposiciones que se refieren a hechos o datos de la realidad. La
nos atenemos, básicamente, al pensamiento contemporónco. E incluso den-

SCHAF1 A., La teoría de la t adcnelmaci-ialismo y en ci i&alinn& Trad. de R. Sciancu.


4 AYM. A.)., Lngucje, verdad y Zó5ica. Trad. de M. SwÇres. Eiiic. Martínez Roc2, Barcelona, L'ucaro, Buenos Aires, 1964, p. 32.
1971.p. 101. u0 c p40
POPPER. K. it. La lógica de &a investigación cientqic¿L Trad. de V. Sónchei Zabala. Tvcno,
I.IadrhI, 1962. p. 256. -

'33
•-
132

- :---
..- ......... .
. .---- .

....
verdad de tales proposiciones dbt corroborarsc con la experiencia apli- ..... . niegue para poder hablar de verdad. Por cierto que, en contra de esta pos
cando el polémico criterio de verificabihdad, de¡ que nos ocuparemos en el Ck5fl está claramente Heidegger, aunque dio no resulte extraño, ya que a
capítulo siguiente. . . ¡o que le interesa no es la verdad gnosco6gica, sino la verdad óntica '.
Ora clasificación distingue entre verdad sinttica y verdad semántica. ¿Qué es la verdad! ¿Que queremos decir cuando afirmamos que un cono-
La . ---
. cimiento es vcrdadercil En conformidad con lo que llevamos expuesto, es
trElEtemad proposiciones del que forma Y tI verdad consiste • r. •._ evidente que estas preguntas han recibido respuestas notablemente dis,in-
guarda con ci sista .. tas. Por nuestra parte nos vamos a centrar en dos: verdad como adecuación
(3,xi`o`mátiEoí pertenece. Obviamente, no.es la que interesa básica- -1! . Y verdad como correspondencia, la primey decidirnos - por
iia gnoseología, ya que su comprensión yjusrificación correspon- Iascgida. '
m ente
den a la lógica formal, a sisteiias formales e incluso a epistemologías axio- tW 'Comencemos por la definición de la verdad como adecuación entre ci
. cnngyJas&osas.Ninguna otra definición de verdad ha corttan
rrníticas, donde, tras los postulados o p ro posiciones básicas, se procede a •t
jj
inferencias en conformidad con las exigencias lógicas. Más pertinente a • más siglos tic aceptación. El núcleb de esta noción se remonta a la filoso-
nuestró propósito es la verdad semántica. En ella el predicado • jj fía griega, concretamente a AjtelyasiLcoiicjpcióndeLconocjmjen..
-- --- - - - de verdad se
- rcficr t:. significado _dela pp ción. Aunque n-o se trata ya de la mcta to como asimilación (homóiosis). Este modo de entender los procesos de
.. corrección ycohercncia intcrproposicional, sin embargo la verdad semán- • jjji-j conocimiento presuponía, según hemos apuntado reiteradamente, que el
tica se hde plantear también en el contexto de lenguajes formalizados, en hombre conoce mediante unas facultades–potencias que, en calidj
cf cualsdctcrminan las reglas de significado, debiendo quédar claro que, • jjjj tales, eran paciddpiiva que debía actualizarse reczbicndo causalmen-
tC,dC modo Intencion1w.
contarido con la corrección lógica, la atención ha deccntrarsc en el signi- .. ,. .
ficado,e decir, en elcontenido tic la proposición- Respecto de éste, cabría, j o asimilación entre la forma nocidn
al niaren del contexto formal, preguntarse por la relación de ese significa- tal como es cnsfy lia de esa alTndpj tenciija
do cori1a realidad, aunque acaso esto sea rebasar el auténtico carácter de jí "a lii la lo cngri scitivo
la verdad semántica. Entendido así el conocimiento, su verdad no puede menos de consistir
• .:.___
• en la adecuación asimilativa entre la potencia cognoscenteyci objeto_cosa
• -t: conocido. La tradición aristotélica se impondrá en la Edad Media, tanto en
• X.7. CONSIDERACIÓN GNOSEOLÓGICA DE LA VERDAD el mundio árabe–judío como en el mundo cristiano. La verdad se hace pro-
bléinai medular, aunque, dado que se trata más de una filosofía del ser que
ot: eÇ-&c Pcrmítasenos repetir que se trata de determinar qué significa y ÇU del conocer, se atendía más a la verdad ontológica. Pero se preocuparon
valor tiene ci adjetivo "verdadero" aplicado a nuestros conocimientos. también de la verdad de! conocimiento, acuñando la fórmula definitiva de
esta definición-de la verdad: fa verdad es la- adecuación del enteni!iiit o
como verdaderos o falsos. Aunque haya habido discusiones a este rcspec- Ljcosa. Esta fórmula, popularizada nr Sto. Tomás entre otros, se atribu-
to, debe quedar claro que sóiopcdcmos hacer objeto de verdad agq1ps ________
ye —no se sabe bien n qué fundamento— a Isaac ben Israeli. Concordaba
con jmientoL n JQLqJxe_afiriamos o negamos algo Es decir, el tópos o con la metafísica y con la antropología filosófica de Aristóteles y contó con
lugar de la verdad está en los juicios y las proposiciOflSqUe_lo5_eXPfC ¡ aceptación general.
san, ya que sólo en tales ¿Podemos hoy seguir entendiendo así la verdad! Tomando el té rmino
supuesto que las- proposiciones pueden ser implícitas, es decir, basta que la decuacion ensusignjficaczon estricta, es evidente que no, porque pre-
expresión deba entenderse como afirmación o negación, sin necesidad de - supone toda una metafísica de base así como una conc¿pción pasiva del
explicitar todos los elementos o miembros e la misma. Por tanto, una sim- IEL.Iil
pie idea, un concepto, una imagen, una simple aprehensión, no son verda ________ • -

deras o falsas en sentido estricto porque ni afirman ni niegan, sino que smi- 'Cír. hEIDEGGER, M.. En ser y el tiempo. Trad. dcj. Caos. Fondo de C. E.. México, 2.' cd.,
pkmcnte "representan". Necesitan integrarse en un juicio que las afirme o 1962, pp. 244-247. -
-- j

-. 134 (35
. -•
: 1

.
sujc(O COfl SUS potencias. I-Iay adeznís L un claro realismo naturaqucda por
,

dcsconraclo que mi conocimiento se ajusta fielmente a la realidad de los


objetos–cosas. >,
XI Verdad,
certeza
criterios
.

rdT1dnidad,
al intervenir en la constitución del objeto en tanto 111I
que cotwcido no permite hablar de verdad como adecuación, a no ser que
se en c ie nda la adecuación en sentido muy laxo.
Ahora bien, calificamos nuestros conocimientos como verdaderos, por
ejemplo, cuando afirmo "ayer llovió, estoy persudkkv de que lo que lo R- • •

afirmado por mí está de acuerdo con foque en realidad sucedió ayer. ¿Qué
clase de acuerdo? Descartamos la adecuación en sentido riguroso, porque,
aparte de lo que acabamos de decir, no se qué adecuación podría darse, por ......
ejemplo, con un teorema matemático, o respecto de conceptos que pode-
rnos calificar de abstractos de modo general: justicia, bondad, rectitud...
Pues bien, hoy se acepta comunmcnte que la palabra que mejor expresa CI XI . l. INTRODUCCIÓN
acuerdo —en grado mayor o menor— del conocimiento con las cosas -
sean materiales o ideales— que considerarnos conocidas es la de correspn - Llegados a este punto de nuestro trabajo, parece útil volver la mirada
- dencia. Así, pjes, definirnosJiv.crdadcomPiÇI4T!ttTo atrás para saber qué camino hemos recorrido y qué etapas nos faltan toda-
conocimiento ~ las casas conocú&s. vía por recorrer. En los capítulos primeros hemos partido de un hecho: el
Dado que la verdad es predicado que ha de atribuirse a los juicios y pro. hecho de que conocemos, tratando luego de señalar los ca racteres básicos
posiciones, cabría decir que la afirmación ¡udicativa de ese hecho fundamental. Sentado el hecho y sacadas a luz sus caracterís ,
pondencia, P rime ro, con ci objeto en cuanto conocido, y, en segundo lugar, ticas, nos dedicamos, del capítulo 1V al IX, a indagar cómo conocc sA
de la continuación, y en ci capítulo inmediatam ente -ante rior, -.nos. he -p rc
coiiocLindenciac0n cl obj e to–cosa, habida cuenta de la acti- guntado qué conocernos, analizando la objetividad y verdad del conoci-
d sujeto, así como de los diversos a priorz que conforman la COflSti
viiiadel
vid miento. Hasta aquí hemos llegado. Pero quedan aún importantes etapas.
tución del objeto, nunca será de asimiiacióm adecuativa. Ni hace falta que - En este capítulo cubriremos una de ellas. Se trata de preguntarnos con
se trate de una representación como imagen. Puede haber y hay correspon- qué seguridad conocemos, en una consideración subjetiva del Conocjrnjcn.
dencia incluso entre nuestro conocimiento entendido como mera repte- to a la que es difícil substraerse, salvo que nos acojamos a la indiferenci a
- sencación simbólica del objeto–cosa, ya que no simbolizaremos del mismo - - escéptica. Y restarán todavía otras etapas, alguna tan importante como
modo un árbol que una ecuación matemática. determinar los límites de nuestro conocer, más allá de los cuales nos vemos
- * . abocados a lo irracional. También deberemos analizar la racionalidad de
-
todo ci edificio de nuestro conocimiento.
- Así, pues, el tema de este capítulo se refiere a la seguridad en fa pose-
1ern
- sión subjetiva del conocimiento, cuyo núcleo central es la Certeza y la bús-
queda de criterios de la misma. El hombre busca y necesita seguridades en
su vida y en su conducta. Y las busca también en el conocimiento, que, al
fin y al cabo, es una dimensión fundamental de su conducta. Las personas
que no se han hecho críticamente problema de su conocimiento cuentan
de hecho con esa seguridad y operan en conformidad con ella. Pero para
quienes ci conocimiento, aparte descr un hecho, implica, según venirnos

137
136
----- - --:
viendo, mulritudde problemas, se haçe inevitable, al menos cbmo aspira- trata de juicios o de enunciados respecto de los cuales no ve motivo para
ción, la bósqucda de seguridad en el mayor número posible de sus conoci- . afirmarlos o negarlos, ni siquiera para inclinarse a uno más que a otro.
mientos. Y es que no es posible dudar de todo, ya que "quien quisiera dudar En la opinión, en cambio, ci sujeto, ante las alternativas que se le pre-
d todo, ni siquiera llegaría a dudar. El mismo juego de la duda
presupone .tiI scnran, se inclina por una de ellas, incluso a(irmndola, pero sin scgui-
la certeza Esto significa que no nos basta afirmar que nuestros conoci- . dad. Algunas veces se ha dicho que con la opinión estamos frente a una
niientOS SOfl objetivos y verdaderos. Queremos estar seguros de esa objeti- ..... . afirmación que va acompañada del temor a equivocarse.
) vidad y verdad: queremos tener certeza de esos conocimientos. Con esa De Ja creencia podríamos decir que es una opinión, pero con das carac-
1seguridad y . cert eza los conocimientos, en sí mismos, no ganan nada en
objetividad y verdad. Es ci sujeto cognosccnte el que gana la seguridad res- .
teres peculiares: primero, se trata de que la afirmcjn, aun reteniendo el
temor de errar, está, sin embargo, seriamente motivada, aunque sin la scgu-
.
1
pecto de tales conocimientos, lo cual bien puede mirarse como una satis- ridaddc ¡a certeza; segundo, la creencia es siempre duradera, condición que
(acción o plcniíicación subjetiva en la posesión del conocimiento no se requiere en el caso dela mayoría de las opiniones.
Pero esa seguridad subjetiva o certeza debe apoyarse en algo. Si cabe la . . Duda, opinión, creencia: (alta de seguridad subjetivae n lo que afirma.
redundancia, la certeza debe certificarse. Ese apoyo o ese certificado de cer- mas o negamos. Frente a estos estados de labilidad subjetiva, la certeza s
i:__--
: tcza es ci criterio o los criterios. Certeza y criterios son temas inseparables - i estado subjetivo de firme asentimiento a un juicio o enunciado. Por lo canto,
A la vista de lo que estamos diciendo, sinduda queda de manifiesto que - i sujeto"- al afirmar o negar, margina todo temor a errata a equivocarse, l o
la certeza y sus posibles criterios no son realmente un problema medular de • cual conlleva la firmeza en el asentimiento. Esta firmeza de asentimiento,
la teoría del conocimiento desde el análisis del conocimiento mismo; pero — j .i margen tic temores o vacilacioncs,producc en el sujeto el atado de satis.
sí son un problema para ci hombre que conoce, porque su aspiración a la facción y plenitud en la posesión del conocimiento.
seguridadse extiende también a sus conocimientos. Más aún, los que estu- Podríamos también definir la certeza como ta seguridad subjetiva en afir.
dian críticamente el conocimiento y, muy especialmente. los epistemólo- macioncs verdaderas o que se consideran como tales. Esta definición, con sus
gos dél Conocimiento científico se hacen problema de la certeza de los J _,.Uff1 palabras finales "o que se consideran como tales", deja abierta la puer t a, por
criterios, dada ¡a importancia que en la investigación científica tiene poder paradójico que parezca, a certezas falsas. Son hechos de los que cada uno
ir consolidando en certeza los diversos conocimientos que se adquieren o : .. tiene demasiadas experiencias: conocimientos de los que estábamos c iertos
descubren. De ahí la relevancia que ci tema ha adquirido en la epistcmo- y que, posteriormente, descubrimos como falsos. Decimos que esto es pora.
logías.cicntífiCaS en la actualidad, según veremos. 1111. dójico, ya que el ámbito de la certeza se quiere configurar como el ámbito
de la seguridad, y tal seguridad resulta, a veces, fallida. Esto no debe si gn i-
ficar que no haya certezas, sino que acaso hay bastantes menos de las que
Xl.2. LA CERTEZA. DIVERSOS ÁMBITOS pensamos.
. Ahora bien, insistiendo en que el ámbito de la Certeza es el ámbiró de
Acabamos de decir que la certeza no añade objetivamente nada al cono-
cimiento, sino que simplemente pone seguridad subjetiva en la posesión del la seguridad subjetiva, tal seguridad sería absoluta al menos en certezas que
merezcan adjetivarse como absolutas. Pero ¿son posibles en el conoci.
conocimiento. Dicho de otra m*anera: le certeza es el estado subjetivo de
miento humano certezas absolutas! ¿Puede ci conocimiento humano co-
segiridad en que se se encuentra el sujeto cognoscente respecto de algunos
' - nocer algo de modo absoluto? Indudablemente, ha habido autores que no
de us conocimientos. Este estado subjetivo de seguridad se contrapone a
.J1í!! . . han dudado en dar respuesta afirmativa a estas preguntas, por ejemplo,
los estados de duda, opiñión y creencia.
________ Descartes. Hoy, sin embargo, desde un mejor conocimiento de los límites
Un dnóimiciito dudoso es aquel en el que el sujeto se e ncuentra en
del conocer humano, tema al que nos referiremos en capítulos siguientes,
equilibrio o, mejor, en total indecisión frente a cIas o más alternativas. Se
hay que ser muy reticentes a este respecto. De hecho, Prácticame n te rola
In gnoseología actual reduce la posibilidad de certezas absolutas, en el sen-
'W!TTGENSTEIN, L. Sobre la certeza. Trad. del. LI. Prades y V. Rega. Gcdiu, Barcelona, tido de certezas de una vez y para siempre, al estrecho ámbito de las cien-
1988. P. 181115). . cias formales y de la simple coherencia lágka En el COi1c5inujnfo
sobre la

138 .. . . 139

.-.-.... .. ... .
X.

rcalidad cs muy dÍíícil defender las ct5 :tcza; absolutas, ya que u admisión - i que no hace mella el análisis crítico del Conocimiento: o res-
podría poner incluso en cuestión ci progreso dci conocimiento humano. plJ ptndcn a necesidades vitales, o son imposiciones de la inmediatez de las
Esto no debe ser motivo de preocupación, ya que la seguridad humana no . . inmanentes de la conciencia en su dinamismo espontáneo. La
necesita ser absoluta. certeza, como problema que tiene que ver con la teoría de] conocimiento
indudablemente, la vida y la conducta humana están necesitadas de .. . la certeza que pretendemos alcanzar sobre verdades objetivas. Este es el
seguridades. Por eso ci hombre necesita seguridad en aquellos conocimien- _________ autentico ámbito del planteamiento gnoscológico de fa certeza. Y es para
tos que tienen que ver con la vida.Nccsita certezas vitales. Estas, en la . este ámbito para el que procede indagar si hay o no hay criterios que Lun-
mayoría de los casos, no se originan en teoría alguna, sino que, afortuna- damenten la firmeza con que asentimos a los juicios o enunciados en que
damente, nos vienen "impuestas" por la naturaleza. Tomándole prestada la formulamos esas verdades.
expresión a Descartes, paia estas certezas vitales ira doctus suma natura, así
me lo ensefió la naturaleza '. El propio Hume, a pesar de su cscepticisnto,
XL3. EL CRITERIO. PLANTEAMIENTO GENERAL
reconocía estas certezas naturales. He aquí un ejemplo curioso: la certeza
de la existencia de los cuerpos. Así la expone: "La naturaleza no ha dejado -
Deseamos y aspiramos a tener seguridad subjetiva tambitn en el mayor
esto a su elección (de los filósofos), y lo ha considerado sin duda unasun- número posible de aquellos conocimientos a los que consideramos como
to de importancia demasiado grande para ser confiado a nuestros inciertos p objetivos y verdaderos. Esta claro que en muchos casos los afirmamos con
razonamientos y especulaciones. Podemos preguntar perfectamente: ¿quf toda seguridad. Pero ¿contamos con fundamento para la seguridad subjeti-
causas nos inducen a creer en la existencia de los cuerpos? Pero *es inútil pre- va con que los afirmamos? Dicho de otra manera: ¿podemos convertir en
guntar: ¿existen o no los cuerpos? Este es un punto que debemos aceptar cierto ¡o verdadero? El intento de responder afirmativame n te a estas pre-
como garantizado en todos nuestros guntas es lo que ha obligado a recurrir a la búsqueda de criterio ó de crí te.
Se trata de -vcrdadei sin cuya operatividad se paralizaría la vida. Acaso ríos de certeza. En efecto, para saber si estamos críticamente ciertos, para
mejor que llamarlas certezas, las podemos llamar convicciones e incluso cre- saber con seguridad que una verdad es verdad, necesitamos contar con un
encías, recordando un poco la significación que Ortega atribuye a este tér- . criterio.
mino. Abarcan prácticamente todos los actos de la conducta humana, ¿Qué condiciones debe reunir un criterio para cumplir las funciones que
echándose de ver su incidencia incluso en las acciones que rutinariamente de'éI se esperan La primera y fundamental es, obviamente, que proporcio- .1
llevamos acabo día a día. Así lo recoge Wittgcnstcin: "Por qué no me ase- .. nc seguridad. Segundo, que tenga carácter universal. Esta universalidad ha
guro, al.intentar levantarme de la silla, de que todavía tengo dos pies. de extenderse a todo conocimiento para quienes defiendan que no hay o
Simplemente, no lo hago-así. Así actúo".
j'
. no debe haber más que un criterio único de certeza. En cambio, la univer-
Pero hay todavía otros ámbitos donde nos encontrarnos con certezas que salidad se limitará a un ámbito de conocimientos para todos aquellos' que
no necesitan ser teóricamente validadas. Así sucede con muchas certezas admitan una pluralidad de criterios, que serán distintos en acorde con la
pertenecientes al ámbito de la conciencia personal: estamos Ciertos de distinción de esferas de conocimientos. En tercer lugar, el criterio ha de ser
nuestros pensamientos, no en el sentido de que sean o no sean verdaderos, último, o bien para todo conocimiento en ci caso de criterio único, o bien
sitio en ci sentido de la certeza de su presencia en nosotros. Del mismo. para una esfera determinada de conocimientos, en el caso de pluralidad de
modo tenemos certeza de determinados estados emocionales, etc., etc. . . - criterios. Es manifiesto que,de no ser así, entraríamos en un proceso in infl-
Tanto en las certezas vitales como en las referentes a la presencia de - nitum en la búsqueda de criterios superiores al criterio aplicado. En cuarto
nuestros pensamientos o estados de ánimo, nos encontramos frente a cer- lugar,, el criterio debe ser intersubjctivo, ya que las Certezas no han de ser
certezas sólo para el cognoscentc que las afirma, sino para todos los Sujetos,
en el 'caso de criterio único, o para la comunidad de especialistas en una
'Med. Mcwf.. AT, VII, p. 76. Í.íi'S esfera particular de conocimientos, en el caso de la pluralidad de criterios.
A grcazisc cf hunuzn nazure. 1,1V, sec. 2. - Aunque pueda parecer superfluo, volviendo los ojos a la historia, hay
'WITTGENSTEIN, o.c.. p. 22 (148). - -. que decir que es ilegítimo buscar criterios de verdad o de certeza en domi-

140 141
••'
Según indica el título de este epígrafe, vamos a apuntar sólo algunas
alas ajenos al dinamismo humano, o sea extraños al conocimiento. De este rcfercncias.histáricas. Nos parecen importantes para una mejor compren.
tipo ha habido* más de un caso. Basta n?cordar, como ejemplo ilustre, la ilu- 'sión del problema del criterio. Y las referencias deben empezar por la filo-
minación agustiniana. sofía helenística. Frente a la corriente escéptica, tanto ci epicurefspo como
Defender la unicidad de criterio ha sido una postura filosófica defendida LI el estoicismo sintieron la necesidad del criterio, ya que, para hacer al hom-
en algunós momentos de la historia o ca algunos autores de sciuialada bre "sabio", había que fundamentar las doctrinas morales y presentarlas
importancia. Así sucedió en algunas escuelas de la' filosofía helenística, ése como racionales sobre una previa explicación racional de la realidad. A
es el caso de Descartes, como lo es, más cerca de nosotros, el de Husserl. A ellas se debe un uso frecuente del término criterio, aunque se trata de un
este respecto no está de más recordar, por iluminador, el planeamiento del uso compartido con canon, regla. Sin entrar en pormenores de epicúreos y
problema tal como lo propuso Kant. Tras declarar como ejercicio de logo , estoicos, ya que su embrionaria gnoseología nos resulta muy lejana, sí es
maquia la pretensión implicada en la pregunta `qué es la verdad!", ya que oportuno decir que, dado que su gnoseología es de corte scnsorialista, el cri-
sería tratar de alcanzar lo inalcanzable —la verdad en sí—, declara que lo terio se mueve y se fija en el ámbito de las sensaciones y de la fantasía o
que se intenta saber es "cuál es el criterio universal y segurode verdad para imaginación, aunque su modo amplio de entender sensaciones e imagina-
cualquier conocimiento"'. Pero, como los objetos son distintos en los ción implique, como es natural, elementos intelectuales.
diversos conocimientos, no parece que de ahí se pueda obtener tal criterio, Descartes constituye, en la modernidad, un ejemplo de la importancia
pues verdaderamente criterio universal de verdad sería aquel que fuese que el criterio puede tener para un filósofo. No debe olvidarse que su filo-
válido para todos los conocimientos sin distinción de sus objetos"'. Es sofía se presenta como una filosofía de certezas absolutas. Por eso ha de bus-
decir, admitido que lós objetos o contenidos (materia) de los conocimien-
tos son distintos, pretender obtener de ellos un criterio de universal vali-
1L1 car un criterio sólido con el que pueda justificar tales certezas. Y encuen-
tra tal criterio —la claridad y distinción— analizando cómo se l e presenta e
des resultaría 'contradictorio, según afirma poco después.. Y la razón es clara: impone la verdad fundamental y el principio de su filosofía:
la diversidad de contenidos implica la diversidad de-criterios. O sea que, Despuésdc esto, consideré de modo general qué es lo que se requiere en
pra Kant, al margen del criterio de pura corrección de 'la lógica formal, a una proposición para que sea verdadera y cierta; porque, ya que acababa ¿jr
Ii que deben ajustarse todos los conocimientos, no cabe defender la unid- encontrar una que yo sabía'quc tenía tales caracteres, pensé qüe debía saber
• -'----- también en qué consiste esta certeza. Y habiendo notado que no hay absolu-
ciad de criterio.
r.amcnte nada en ci pienso, luego existo qüe mc certifique que yo digo la ver-
dad, sino ci que veo con toda claridad que, para pensar, es necesario cxisrir,
juzgué que podía -tomar por regla general que las'cásns que concebimos con
Xl.4:ALGIJNAS REFERENCIAS HISTÓRICAS. toda claridad y distinción, todassn verdaderas'-'

• .No está de más comenzar señalando una curiosa y hasta paradójica En sus Meditaciones Metafísicas nos encontramos con formulaciánes
similares. He aquí un lejemplo:
nl'
. • •
coincidencia: los momentos históricos en los que el problema del criterio
se plantea con rcleyancia corresponden a momentos de crisis de la filoso- Estoy seguro de que soy'Una cosa que piensa;.pero ¿es que no'sé también l.
que se requiere para convertir una cosa en cierta! Evidentemente, en este pri; C r..1 ,
fía,.muy. espeçialmente, en lo que, se refiere al conocimiento. Suelen ser, mer conocimiento no . jiay nada que me asegure de la verdad más que la per-
además, momentos en los que se .delata la presencia del escepticismo. Son C(Y) 1 Q$
cepción clara y distinta de lo que afirmo, la cual no sería verdaderamente
ejemplos destacados la filosofía helenística con la escuela de ¡os escépticos, suficiente para asegurarme de que es verdad lo que digo, si pudiera suceder Ccv tí
ni -
el de Descartes en la cultura francesa donde los seguidores de Montaigne alguna vez que resultase falsa una cosa que yo concibiera con tal claridad y dr'
distinción; por consiguiente me parece que puedo ya establecer como regla
eran muchos, e incluso nuestra filosofía actual, en la que tanto el irracio-
nalismo como el escepticismo son actitudes bien vistas. En tales circuns-
tancias parece que apremia la búsqueda de criterios que den seguridad. MM
-
una cxplicacic3n de estos criterios, cfr. nuestro libro Estructura del conocer humano.
0- M Toro. 3.' cdic., Madrid. 1985, pp. 228-230.
'KrV,B82,A58. Disc. de la MéJL. W. AT, VI, p.33.
'O.c.. A 58, B 83.

142
rI 143
!

. El criterio vuelve a tener otro momento relevante Cfl la filosofía con ,


tcmnpoa. Lo convierte en problema importante el ncopositivismo.
general que todas las cosas que concebimos con tal claridad y distinción son
vcrdadcras'. : •COflVICflC como observación preliminar para la filosofía contemporánea,
: iidvcnir que se suele hablar con más frecuencia del criterio de verdad que
Para saber lo que significa para Descartes su criterio, s impone saber
del criterio de certeza. Si tenemos en Cuenta lo que hemos dicho sobre la
quó significa para él la claridad y distinción. Así nos lo explica; "Clara .i1I •
certeza como Posesión subjetiva firme de la verdad, no hay dificultad en
llamo a aquella (percepción) que está presente y manifiesta al cspírite aten-
hablar del criterio de verdad en vez del criterio de certeza. Sencillamente,
o:• igual que decimos que vemos claras aquellas cosas que afectan con sufi-
trata de atender más a la objetividad de la verdad que a la seguridad sub-
cientc fuerza y potencia al ojo que las ve como presentes. Y llamo distinia .
jetiva con que la afirmamos en la certeza.
a aquella que, siendo clara, de tal modo está separada y diferenciada de -.
En ci neopositivismo se hizo común distinguir dos tipos de verdad o,
todas las otras, que no contiene en sí nada más que lo que es claro" '°.
mejor, de proposiciones: proposiciones tautol6gicas (analíticas), cuyo signi-
Reparemos: la claridad se refíére al contenido de la. pc.rccpci6n que afirmo wllJ
.- . ficado (verdad) se descubre por el mero análisis de los términos ' de la
enla proposición y a su presencialidad impositiva; en cambio, la distinción
se refiere a las percepciones que constituyen el contexto, de las cuales debe _-:•• estructura intraproposicional; y proposiciones empíricas (sintéticas), cuyo
distinguirse perfectamente pan no enturbiar la claridad. . • .
significadoovcrdad no se puede justificar por ci mero análisis de los térmi-
Frecuentemente se asimila el criterio cartesiano al criterio de evidencia. . ' de la estructura intraproposicional. El significado de estas proposicio-
Habremos de referirnos luego a esto. Recordemos, dentro del sistema de : I ha de justificarse valiéndose del criterio de vaifico.bilidad. Prescindiendo
Descartes, que el tema del criterio, como es sabido, entra en conflicto con U$' de sus múltiples (ormulaciones, cabe expresarlo diciendo que una proposi-
otros textos que remiten ci fundamento de las certezas al previo conoci- . CiÓfl sólo adquiere significado o verdad cuando ese significado o verdad son

miento de Dios. Es el famoso "círculo" del que le acusaron sus contempo- empíricamente constatabks. Este criterio, sobre todo cuando se l o quería
níneos, y del que sedcfcndió en las Rcsponsiones U y IV. La complejidad del .
aplicar en sentido riguroso como necesidad de verificar acudiendo a la expe ,
tema nos vera entrar en él u• riencia inmcdiata..cnrró pronto en crisis para ser o desvirtuado o simple.
En lá filosofía moderna posterior a Descartes el tema del criterio va a __ mente abandonado, cabiendo decir que hoy es una mera pieza histórica.
perder cl.papel central que tenía en ci filósofo francés. Ello no quiere decir Entre los que se opusieron frontalmente al criterio de verificabilidad tiene
que no se puedan rastrear algunos episodios interesantes. Ya nos hemos un puesto de honor K. Popper. He aquí su posición: "Por tanto, será lógica-
referido a Kant. Y no queremos pasar por alto a Hume, que, si, -por una . mente inadmisible la inferencia de teorías a partir de enunciados singulares
parte, está en los antípodas de Descartes, por otra, tiene un cierto carácter que estén "verificados por experiencia" (cualquiera que sea lo que esto qule- -..
•0

precursor respecto del "criterio de coherencia" presente en pensadores ra decir). Así, pues, las teorías no son nunca verificables empíricamente"
actuales. En efecto, Hume, para poder asentir con certeza a la creencia en ________ . "Ahora bien; yp mantengo que las teorías científicas no son nunca entera-
mis percepciones respecto del mundo externo, exige que tales percepcio- . . . mente justificables o vcriíicabks, pero que son, no obstante, conuaçables".
nes, aparte de mantener una consancia, guarden coherencia tanto con las Pero, por su parte, Popper propuso otro criterio para validar los cónoci-
percepciones concomitantes como con las percepciones antecedentes res- rnicntos científicos o, mejor, para dcrerrñiñarqué conocimientos son cien-
pecto del mismo objeto o evento. Aducimosun texto como ejemplo: tíficbs y cuáles no lo son. É5 ci criterio de falsahilidad, o de falibilidad, es
Cuando vuelvo a mi habitación desp'iés de una hora de ausencia, encuéntro decir la posibilidad de que una.' naproposición científica o una teárfa pueda
que el ftiego no está en la misma situación en que lo he dejado: pero, en este ser invalidada por nuevas observaciones, xper iencias o experimentos: éU
caso estoy acostumbrado a ver una alteración semejante en un tiempo semejan- mismo nos dice que ci propósito del criterio de falsabilidad no fue resólver
te, esté presente o ausente, cerca o lejos. Esta coherencia, pues, en sus.cambios,
del mismo modo que la constancia, es una característica de los objetos externos". el problema del sentido o significado, sino el "problema de trazar una línea

'Mcd. Mes., 111. AT. VII. p..35.


1
POPPER. K. La lógica de la investigación científica. Trad. de V. Sánchez Zabala. Tccnns,
Principia. 1,45. AT, Vil¡-¡. p. 22. . Madrid, 1962. pp. 39y43.
nuestro libro Desames y la gnoseología moderna. O. del Toro. Madrid. 1971, pp. 80-90.
"Treatije,I, IV. scc.2.
.
'45

144
_

í
. 1
1
- se ÑnponC al sujeto cognosccntc, garantizando con dio la Icgkiinidad de la
1_ --

divisoria entre los enunciados de las ciencias empíricas y todos ¡os demás: certeza sobre esa verdad. Se tiende a entender la evidencia como imposi.
"EJ criterio de falsabilidad c.s una solt:ié6n al problema de la demarcación, dciii proveniente de la claridad de presentación del objeto, posición lógi-
porque dice que, para ser contados como científicos, los enuniados o sis- . Cl Cfl las gnoseologías realistas u objctivstas, sobre todo s¡ son intucjonjs-

temas de enunciados deben ser capaces de chocar con observa . cioncs post- ' 1T1 tas; o también como evidencia del contenido de una proposición o
bies o concebibles" '. Es un criterio, tanto de demarcación de los Conoci- enunciado. Lagneau 1 con manifiesta reminiscencia de Descartes, define la
mientos científicos, como de su posible validación. Más que de Qi! evidencia como el carácter (el signo o el criterio) de una verdad clara y dis-
verificación, se trata de que una proposición o teoría científica sea (alsable tintamcfltC concebida que se impone al espíritu ". Sca con esta definición
o refutable por la cxpedencia. . . 0 COfl otra similar, la evidencia implica, porpartc d1 objeto-cosa, una

Por último, no quisiera cerrar esta mirada somera a la historia del crite- . clara inteligibilidad; y, por parte del sujeto, una total seguridad en el asen-
rio sin una referencia a Apel, quien dedicó muchas paginas a este tema, I!I!! timiento. Pero ya aquí surge de inmediato una pregunta: ¿el objeto que se
aunque haya sido fundamentalmente bajo Ja rúbrica de fundamentación de impone en la evidencia es ci objeto-cosa o es ci objeto conocido, consti-
la verdad. Só!o nos vamos a referir auno de sus escritos más recientes, ya . tuido con la intervención del dinamismo del sujeto? Desde ci realismo se
traducido al castellano: Fatibilismo, teoría consensual de la verdad y funda_ dirá que es ci objeto-cosa, pero, de Kant para acá, tal postura es insosteni-
jjj. ble. Entonces, si es la evidencia del objeto conocido, no sólo debe impo-
Tnentflción última. Se trata de un denso escrito en diálogo crítico con Pcircc, .
n&senos cf objeto conocido, sino la legitimidad de la intervención del
Popper, Habermas y Husserl, entre otros. Concretamente nos interesa reco- _IJ
ger su discusión del criterio del coasenso, arrancando de Peirce. Una ver- . dinamismo del sujeto en su constitución, con lo que la evidencia se con-
vierte en problemática. De este dilema se libraría la teoría de la evidencia
dad se consideraría validada cuando la comunidad científica llegue a un U1Il
J
consenso sobre la teoría o verdad. Le parece insuficiente, aunque puede ser en l-lusscrl, ya que, en ¿1, la evidencia del objeto es la evidencia del objeto
relevante como indicio de la verdad: De una o de otra manera —nos dice— - ________ resultante de la epojé y de las reducciones: ci etilos que las reducciones des-
hay que volver a la teoría de la correspondencia en la búsqueda de funda velan en los datos- Por ello carece de sentido distinguir objeto-cosa y objc-
mentación de la verdad o significado de las proposiciones. En esto atribuye to conocido. -
papel fundamental- a la evidencia como desveladora de esa corresponden Por lo que acabamos de decir y por otras razones a las que nos referire;
cia. Pero esa evidencia ha de intcrsubjetivarsc, para que deje de ser una ' _______ ¡nos, la evidencia como criterio no disfruta hoy de tan buena prensa y, por
evidencia privada, en la interpretación lingüística, que él explica y justifi- supuesto, resulta difícil atenerse a ella como centeno único y universal:
ca desde su pragmática trascendental del lenguaje. De tal suerte que ten Ello no impide la legitimidad de su aplicación en determinados ámbitos:
dríarnos que arrancar, como primer paso, de la evidencia referida a la próosicidñb áñalíticas, iorrcccióñ lógica, principios absolutamente pri.
correspondencia luego hay que interpretar lingüísticamente la evidencia a mcros 1 corno el de no contradicción, identidad y tercio excluso, e incluso; -
fin de intersubjetivaria, para, finalmente, lograr el consenso de la comunii con precaucioncs 1 .en. las afirmaciones de experiencia perceptual. Fuera de
dad científica . estos ámbitos, donde las certezas por evidencia son fácilmente interjubjcr
tivables al critenii de evidencia se le encuentran innegables deficiencias.
Por mucho que el sujeto cognoscente caracterice como objetiva la eviden-
Xl.5. LA EVIDENCIA Y SUS INSUFICIENCIAS cia por la que asiente con firmeza a un enunciado, tal evidencia se queda
en la evidencia privada que corresponde al sujeto. Habrá que intcrsubjctj-
Entre los criterios de certeza/verdad pocos han contado con más defen- - varia, bien mediante ante la interpretación lingüística de esa evidencia, o bien
sores que la evidencia. Se la consideraba como una presencialidad clara que la- posibilidad de ponerla en confrontación con ¡os datos, con ¡o que,
obviamente, la evidencia deja de ser ci criterio único y último. Se trata, en

"PtDPPER, K. L. Cosjecwres and Eefutadons: use Gsuwzh of scientiricKnow1edj e. Basic Boob


l'ublishers, N. York. 1962. p. 39- L Cír. LAGNEAU. j..Cekbrca kÇOUdfragyTICflEL PUF. 2.' cdic., París. 1964. p. ¡61.
"APEL. K. O., Teoría de la ventad y ¿oca del discscrso. Trad. de M. Smilg. Paidós Ibérica,
Barcelona. 1971. La primera parte es el articulo mencionado. Cfr. especialmenre pp. 69-90.
147

146
. -
Queremo4 cercioramos de cosas que no afectan directamente a nuestra
definitiva. de la misma crítica que seba hecho al criterio cartesiano de per- conducta vital o a nuestra intimidad. Y además, al rnnos en algunos casos,
ccpción clara y distinta: el que percibb soy yo, y no sé si los demás coinci- spiramos a que nuestras certezas sean absolutas. Pero, a nuestro juicio.esta
den en el mismo modo de percepción. Es decir, la pretendida evidencia . es una aspiración que rebasa casi siempre las posibilidades del conocirnien-
objetiva se queda en subjetiva. . . to humano. Nos basta tener seguridades o certezas conformes con nuestra
Si la verdad ha de ser entendida como correspondencia que, desde ci • naturaleza, que no es absoluta. Y ello no sólo en ci campo de k vida, sino
objeto en cuanto conocido nos remite intencionalmente a ¡a cosa que con- -' el de los sabcrcs. La historia tiene su almacén lleno de certezas que se
sideramos conocida, es difícil que haya una evidencia en'fa que se me dé el consideraron absolutas en un momento para pasar al canflogo de errores o
objeto en cuanto conocido y la correspondencia con el objeto—cosa. Pero
RT!J de simples conjeturas en momentos siguientes. Por otra parte, la consecu
incluso si reducimos la evidencia al objeto en cuanto conocido, ¿me reve- ci6n de certezas absolutas parece que debe ir pareja con la admisión de un
pj
la la evidencia lo que en ese objeto corresponde a lo dado y lo que corres- : criterio único, universal y último, y, por nuestra parte, somos tic la opinión
póndc a lo puesto por el dinamismo de¡ sujeto? de que no hay un criterio único de certeza o de verdad.
Y no parece necesario insistir en que hay ámbitos donde se hace muy
J. . Con ello estaríamos en la última conclusión: en el amplio ámbito de los
difícil, por no decir imposible, hablar de una evidencia objetiva, por ejem- conocimientos humanos, éstos se subdividen en 'campos o clases de cono-
jj
pb, en los conocimientos históricos. cimientos muy distintos. Según las diversos campos o clases de conoci-
m lentos, puede y hasta debe diversificarse la certeza que de ellos podamos
jpI .I... conseguir: sin duda no es la misma la posible certeza de un enunciado per-
X16. PLURAUDAD DE CRITERIOS DE LA CERTEZA O VERDAD ccptual, que la certeza de una argumentación física, que fa certeza de I

inferencia lógica o que lacerteza sobre un enunciado de contenido abs-
Al llegar al final de este capítulo, debemos recoger algunas conclusio- tracto. La consecuencia de ello es que a distintas certezas deben corres-
nes que se derivan de los variados y complejos aspectos del tema a los que •
ponder distintos criterios, o, lo que es lo mismo, que debemos admitir una
sumariamente nos hemos referido. Acaso ¡a primera deba ser que el crite-
¡
rio y las discusiones que suscita no son una pieza de musco filosófico, sino p11. pluralidad d criterios. Y serán los especialistas en cada campo los uc
deben llegar a acuerdo sobre cuál es ci criterio fiable en cada ca so , e mcl u-
que en nuestro momento sigue siendo tema polémico, aunque sea desde so sera- no solo posible, sino conveniente, hacer entrar en función más de
perspectivas bastante alejadas de los planteamientos de que fue objeto en un criterio. Esta necesidad de recurso a diversos criterios no tiene lugar sólo
ci pasado. En efecto, no se hace distinción entre criterio de verdad 'i crite- en los ámbitos del saber teórico, sino también en el campo de la filosofía
.2 rio de certeza, é incluso, más bien, se habla de criterio de verdad. Segundo, práctica '.
aunque en ci horizonte de los planteamientos actuales se apunte, salvo en
elcaso de las verdades analíticas o de las verdades logradas en procesos de
¡ inferencia lógica, a que debe haber una cierta conformidad con la realidad;
/sin embargo, tal como hemos señalado, las discusiones sobre la verdad son
Ç llevadas hacia ci campo del conocimiento científico, para determinar si
esos conocimientos pretendidamente científicos son "verificables" o "(al- ..
.

¡ sables", y ello no sólo en función de fa realidad a la que apuntan, sino tam-


blén en función de la teoría de la que forman parte.
También conviene subrayar la importancia que, en las distintas perspec-
tivas, tienen las expresiones lingüísticas de ¡a verdad, reduciéndose muchas
veces ci estudio de la verdad/certeza al análisis de dichas expresiones ,& cace respecto pueden verse: APEL, K. O.; CORTINA, A.; MICHELIN!, D.; ZAN,J. de.
Una tercera conclusión es que necesitamos certezas. Así es, sin duda, en EUCO comunicativa y cicmocrada Crítica. Barcelona, 1991; CORTINA. A., Ético aplicada y dama-
el plano de la conducta vital y en el fuero de nuestra intimidad, según deja- erada radical.Tecnos, Madrid, 1993; HAI3ERMAS, J.. Con&ncia moral y aesict Coflninicaiiva.
mos dicho. Pero necesitamos también certezas teóricas, sin que tenga que I'cnínsu!a, Barcelona, 1985.
tratarse siempre de cer tezas/verdades de ciencias formales o positivas.

.-p..• (49
II
X Conocimiento
y racionalidad

(JY7Çt'
Cc(.5lh4t

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rr. XII. l. INTRODUCCIÓN
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{e( Hasta aquí hemos tratado de hacer un análisis del conocimiento, tanto
desde los diversos planteamientos —cxpericncial, trascendental, social, lin-
güístico— como, asimismo, desde las perspectivas de la subjctualidad, la
y 4cdcs t C0dM;eAkS d objctividadj'verdad o desde posibles criterios de certeza/verdad. El punto ele
CG1uvz ele
partida ha sido siempre contar con cf conocimiento corno un hecho sus-
LL ceptibk de ser examinado desde enfoques muy distintos, tratando ele acer-
carnos a los factores que intervienen en los actos y procesos del conocer.
¿Hemos cerrado con todo esto losproblcmas que plantea un estudio teóri-
co del conocimiento! Indudablemente, no. Porque, aparte de que quepan.
otros plantcámienros y perspcctiv.as.del conocer, hasta ahora, si cabe decir-
lo así, hemos roto la unidad del conocimiento humano al someterlo al bis-
turí analítico desde los diversos enfoques en que nos hemos situado
Hay que tener en cuenta quc,además de contar con el hechodel cono. :-
cimiento, también tiene quc.admirirse corno un hecho ta unidad del edifi-
cio del conocimiento en cada persona, al igual que hay una unidad de
conocimiento dentro de cada ciencia o saber, como existe una cierta uni-
dad de conocimiento en cada cultura o etapa cultural. En el hombre adul-
to, en la comunidad de especialistas de un determinado saber, en una socie-
dad. con una. cultura .concreta, ;los. conocimientos no. son• elementos
dispersos sin unidad entre sí. Ni los individuos, ni las comunidades cjentf-
ficas.o culturales poseen los cono.cimientos.sueltos, como si- fueran -piezas.
revueltas de un mosaico, sino que necesitan constituir con esas piezas un
mosaico unitario en el que cada elemento ocupe el sitio que le corresponde.

aMi..
'5'

id
Tanto en ¡os individuos como en las distintas comunidades ci conocimicn-
.w han sido precisamente los encargados de adquirir y constituir 105 diversos
Conocimientos. Tras ellos, la razón es la encargada de llevar a cabi-, una
to se presenta como un todo organizdo, en grado mayor o menor. tarca de organización y sistematización.
Poi• ello no nos hasta con saber que t enemos conocimientos y con sabcr Horkhcimcr ha destacado tres (unciones que, sin ser la únicas, son íun-
dcntro de inevitables límites, en qué consisten y cómo se constituyen tales Iil damentalcs: clasificación, conclusión y deducción 1 . Salta a la vista que
conocimientos. Necesitamos t am bién saber cómo la pluralidad y dispersión , presuponen la posesión de los conocimientos sobre los cuales se llevan a
de nnestros conocimientos llega a con figurarse como ese todo que, en dcfi- : cabo las referidas funciones. Pero hay otras funciones muy reÍevantes:

nitiva 1 constituye o debe constituir. Necesitamos saber por qué en unos • Taks serían, por ejemplo, las de uni(icaíóh totalizadora qu e reduzca a un
casos esos todos son mis armónicas que en otros. Es decir, estamos pasando ' todo fa pluralidad de conocimientos, y, por supuesto, la función de funda-
de una visión parcial y fragmentaria de nuestro de nuestro conocimiento a mcntación. A la razón corresponde ordenar de tal modo nuestros conocj.
una visión global. Con ello estamos rebasando consideraciones del conoci- mientas que unos aparezcan como fundados y otros como (undantes. Y,
miento desde la experiencia y desde el entendimiento para entrar en los . entre estas funciones, habremos de destacar también la función de cate-
dominios de la razón, por ser esta "facultad" o dinamismo a quien corres-
ji gorizacic5n. De esto nos ocuparemos luego, al hablar de los procesos de
pondc la construcción o cierre de¡ edificio cognoscitivo. _________ racionalización.
- . .
Un segundo modo de concebir la razón es considerarla corno el nivel
superior de conocimiento. Está en la misma línea del modo anterior, con la
X112. APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE RAZÓN k4UlI diferencia de que, en vez de atender a las funciones de la razón, se atiende
:
lugar superior en que se cncucnLra la razón respecto de los otros niveles
La historia de¡ concepto de razón es una historia de polisemias, de cam- O "facultades" de conocimiento que se encuentran por debajo de ella.
bios de noción y de frecuentes ambigüedades. No vamos a entrar en esa his- '
Entiéndase bien: nivel superior de conocimiento no quiere decir que se le .
toria '. Vamós a intentar aproximarnos a la noción de razón que estimamos atribuya a la razón la capacidad de adquirir nuevos conocimiento s
i
pertinente para nuestro propósito Simplemente se trata de que a ella le corresponde el tratamiento último -en
debemos comenzar dejando de lado la concepción de la razón como
jPi
el proceso de perfeccionamiento de los conocimientos habidos. Con la
facultad, ya que esta noción, propia de la tradición aristotélica, nos llevaría razón acaban las posibilidades dci conocer humano. Sencillamente con ella
a una prolija discusión sob'rc las no claras relaciones de lugos, ¿liánoia pasamos del mero saber al saber que se sabe y por qué se sabe.
en la filosofía griega, o a la considcracióñ de la razón (ratio) como parte El tercer modo consiste en considerar la razón como el Conjunto de todos
interadadenrro dé¡ entendimiento (íiudlcius) en la EscolsticaDe esa los dinamismo superiores de conocimiento. Dejada de lado la concepción de
noción acaso conviene recoger la (unción de perfeccionamiento i corona- ITS tI111 la razón como facultad, fl05 acogemos a la expresión de "dinamismos" de
cián de la actividad cognoscitiva qura airibuida a la razón. Recordemos conocimiento, desde la sensibilidad hasta el nivel más alto. Ahí está la
que la teoría ic las facultades/potencias requiere, para su admisión gcnui- raón integrada; segón hemos apuntado y subrayaremos luego, por las miii:
na, ser fundamentada en la ontología 'y en la psicología metafísica de tiples, funciones en fas que se encaman
+ rnan los diversos dinamismos a los que,
Aristóteles. en conjunto, llamamos razón. Nos parece que este tercer modo engloba los
Desde nuestro momento aétual, recogçmos tres modos distintos de
dos anteriores. Por ello la vamos a entender básicamente segin este tercer
entender la razón, que, por otra parte, son complementarios. Con ello pode- modo de considerarla.
mos contar con una noción de razón suficientemente clara y operativa.
Por fin, dentro de la laxitud con que, sobre todo fuera del rigor propio
El- primer modo es entender la razón como función cognoscítva. Se trata de la filosofía, se hace uso y abuso de términos . y conceptos, cabe recoger
de una: función cognoscitiva dé segunda potencia, ya que debe actuar tras
la previa adquisición o posesión de conocimientos. Los estadios anteriores

HORKHEIMER. M.. Crítica dc la raz6n izumnn--md Trad.dc H. A. Murena y D.J. Vogdm.


Sur, Buenos Aires. 1969.p. 15.
De algunos aspectos de esa historia nos hemos ocupado en nuestro libro La razón y lo in-a- :
ciond. Editorial Complutense. Madrid, 1994.
Ir
153


152
. ..- ..
Todo nuestro conocimiento arranca de los sentidos, pasa de ahí al enten-
1 1W
que, en el campo abierto de la cultura, razón significa confrccucncia el diznienco y acaba en la razón, sobre la cual nada se CflcUitii Cfl.flosotros más
conjunto de estrategias, métodos y p?occdimicntos de conocimiento en ci elevado para claborra la materia de la intuición y lkvarla a la suprema uní-
- - - dad del pensamiento'.
ámbito de la ciencia, la técnica, etc. Son estrategias y métodos destinados
a la resolución de problemas tanto teóricos como prácticos. La imprecisión A esta razón le corresponde la función de ordenar los conocimientos
de este modo de entender la razón nos aconseja no tenerla en cuenta.
Lj -.J que le llegan desde el entendimiento, integrándolos én la unidad del siste-
Todas estas concepciones de la razón nos remiten a la modernidad, ya ma. Para el aktnán un conocimiento no adquiere su perfección definitiva
que en la tradición anterior se imponía su concepción como facultad. Sin
• hasta que no sea integrado en la unidad del sistema. Por eso caracteriza a
embargo, a fuer de sinceros, hay que decir que esa modernidad, con la la razón corno arquitectónica, es decir, como encargada de llevar los. diver.
• -- sos conocimientos a la estructura del sistema -
excepción de Kant, no se esmeró mucho en dibujar los perfiles de la noción
de razón. Era algo con lo que se contaba sin sentirse constreñidos a confi- - Para cerrar este epígrafe no está de más recoger algunos caracteres de la
gurar su concepto. Hasta tal punto es así que, a menudo, hay que rastrear razón que nos han ido saliendo' al paso. Así acabamos de ver que la razón,
lo que los filósofos encienden por razón analizando las funciones que le en cuanto metódica, es canónica, es decir, normarsre, necesitando operar
confieren. Desde Descartes, en ci que se hace difícil distinguir entre razón con las normas que ella descubre ca sí misma y a las que debe someterse.
y entendimiento, hasta Kant, desfilan modos diversos de entender la razón: La anarquía en ci proceder está en los antípodas de lo que debe entenderse
como grado o nivel de conocimiento (sobre él está la intuición) en por razón. Hemos visto también cómo a la razón, situada en el nivel súpre.
Espinosa, como conjunto de dos "facultades" —sagacidad y encadena- mo del dinamismo cognoscitivo, le corresponde llevar a tina organización j
miento deductivo de verdades— en Lcibniz, por no referirnos a la csperablc unitaria la pluralidad de conocimientos que le advienen de los niveles míe-
y comprensible indefinición o ambigüedad de la razón en el empirismo. riores, constituyendo con ellos ci sistema de los conocimientos de una p er -
Podemos, sin embargo, recoger dos dimensiones de la razón con presen- sona, de una comunidad, de una cultura. Por eso, como destacó Kan t, la
cia ubicua en la modernidad. La primera es, en buena medida como reac- razón es arquitectónica. Por fin, vimos asimismo cómo con la razón se logra
çjcn'contra la concepción anterior, la progresiva concepción de la razón -. el cierre perfectivo del conocimiento que, sin ella, sería como una casa sin
cornó autónoma: frente a la experiencia (obviamente esto no es de aplica- techo.
ción al empirismo) en un proceso que va del inzellectus purus de Descartes
hasta la razón pura de Kant, significando con el adjetivo "puro" La inrnuni XI1.3. RACIONALIDAD Y RACIONALIZACIÓN
d.d respecto de la sensibilidad. La segunda dimensión es el carácter metó-
dico de la razón. En la modernidad no cabe una razón que no sea metódica. Racionalidad y racionalización son términos y conceptos vecinos. En
Descartes configura este modo de entender la razón, sin que se pierda ya
este perfil: la razón debe estar regulada y embridada por el método, que ha
'JI cierta medida cabe considerarlos como dos caras del mismo problema. No
se puede, sin embargo, confundirlos. Podríamos empezar distinguiéndolos,
de plántearse y desarrollarse desde la razón misma. Si Descartes lo deja así viendo en la racionalidad una consideración estática de la rón, mientras
sentado en ci Discurso del Método, Kant considerará su. Crítica de ¡a Razón que la racionalización se refiere al dinamismo, ala actividad de la razón,
Pura,' entre otros aspectos, corno un tratado del método. que o bien debe preceder al logro de un determinado nivel de racionalidad,
La rigurosa acribia de Kant en la concepción y teoría de la razón obliga o bien, arrancando de un determinado nivel de racionalidad,. busca supe-
a una referencia específica, aunque sea con suma brevedad. En él la razón rarlo, ampliarlo, reforzarlo. La racionalidad, como nivel al que se ha llega-
puede y debe entenderse en dos sentidos: primero, la razón como el con- do mediante logros de la razón, es algo ea lo que se está: una cultura ha
junto de todas las capacidadaes cognoscitivas del hombre. Esta concepción al2anzado el nivel de racionalidad que la caracteriza, una ciencia conquis-
es tañ borrosa o más que la de otros autores que le anteceden en la moder-
nidad. El segundo sentido —la razón en ci sentido técnico de Kant— nos
lleva al nivel supremo del conocer o, mejor dicho, del pensar, como dina- ICrV. A 298-299, 13355.
mismo posterior y superior al conocer, según fa conocida distinción que él ICrV, 13 502. A 471; A 832. 13860. etc.
establece. Un texto muy claro:

155
154

í
. . si6n ¡a racionalización es "pensar" los Conocimientos, siendo este "pensar"
..w,J-.
ra sus niveles de racionalidad, los individúas, en función de sus conocj llevarlos a orden y estructura. La racionalización los conexiona, vincula y
rnicfl(os y de ¡a posesión rcflcxivade los mismos, adquieren su nivel de sistcrnatiza según las propias normas de la razón. Dicho de otra manera: la
racionalidad. . . racionalización debe dar razón de cada conocimiento y encontrarle el sitio
Es obvio que no debe entenderse este "estar en la racionalidad" como IJ que le corresponde.
1 status definitivo, sirio que, más bien, un estadio de racionalidad puede y Las mt5tiples (unciones de racionalización, como consecuencia de lo que
debe servir de catapulta para llegar a niveles superiores. Si la racionalidad estamos diciendo, las podríamos resumir en las siguientes: en primer lugar,
es tanto ci conjunto de conocimientos cuanto el modo de poseerlos, al debe ordenar y estructurar los conocimientos que nos llegan o pueden llc. •
igual que el cómo, desde esos conocimientos, veo y concibo la realidad en P. gar en desorden, tanto según la fuente cognoscitiva de que provienen,
virtud de la luz que mis conocimientos proyectan sobre ella, evidentemen- como según el campo al que cada uno pertenece. Todos estamos constan-
te la racionalidad, una determinada racionalidad, no debe considerarse IwI11 . cemente recibiendo conocimientos, sin que senos den con ningún orden

1 nunca como definitiva, sino como una etapa que siempre es posible y dese- determinado, salvo aquellos conocimientos adquiridos metódicamente,
pero, si hay aplicación de método, en ese caso la racionalización va. pareja
1 able superar. Aunque acaso la condición para pasar de un nivel a otro sea
tener claro el nivel en el que estamos como pertenecientes a o integrados . con la adquisición. Este orden y estructura conlleva una jerarquización de 1
en una determinada cultura o en tanto que conocedores de los avances 1 los conocimientos, tanto respecto de ¡os contenidos que apartan cuanto dei.,,
1
científicos obtenidoscn la ciencia que constituye ci campo de trabajo de su cualificación objetiva. Los cánones de jcrarqttización pueden y deben ser
un especialista muy distintos, según se trate de una jerarquización debida a intereses per-
Ahora bien, el dinamismo que lleva a una cultura, a una ciencia, a un . sonaks o a la gradación establecida dentro, por ejemplo, de una estructu.
individuo, a alcanzar un nivel concreto de racionalidad, y el dinamismo ración científica. in la estructuración y jerarqilización los conocimientos
( . . se han de ir vertebrando para que acaben constituyendo una unidad. E.ta
que los puede llevar desde ese nivel a otro superior ¡ es la racionalización. La •
¡

racionalización es, según vamos a ver, el trabajo paciente de la razón para unidad debe, con todas las limitaciones que se quieran, acabar configuran- ..
que nuestros conocimientos y la visión que, a través de ellos, tenemos de j do un cierto sistema de conocimientos personales, culturales o de un saber
la realidad, no se queden en un caos, sino que, en sujeción a las normas . particular. Ya dijimos que cada conocimiento debe encontrar el lugar que
emanantes de la razón misma, se estructuren en un todo armónico, es decir, k corresponde. .
Ø
racional.Por eso, tras la adquisición de los diversos conocimientos, los pro- •• Por eso, una función básica que debe destacarse es la de fundamentación.
cosos de racionalización, bien se realicen conscientemente, bien incons- iit• Nos recuerda Heidegger que a la naturaleza de la razón le corresponde raiic
cicnrcmente, son una necesidad tanto para los individuos como para las u
ne reddere, dà r rdn, o, querernos decirlo de otra manera; rendir cuen.
colectividades. Con los conocimientos que hemos logrado hay que cons- Iii tas S. Ese dar razón tiene que llevarse a cabo dentro y entre ci conjunto de
ttuir en cada cultura el edificio más o menos armónico del saber que se . conocimientos que se racionalizan. Ello significa que ha de haber conoci-j
hercda y recrea, al igual que han de estructurarsc los conocimientos de una 1flI: mientas fundados y conocimientos fundantes. Afirmar con carácter general
determinada ciencia, de la misma manera que cada uno de nosotros nece- .•. cuáles deben ser los unos y cuáles los otros, es imposible, ya que ello depon.
sitamos organizar la pluralidad de nuestros conocimientos. de de muchos (actores: el concepto de razón con que se opere —no se fuji-
damerita del m• ismo modo desde la razón trascen d e nta desde la razón dia-
Peso ¿en qué consiste la racionalización y cuáles son sus,isnckuics!
Debemos empezar insistiendo con claridad en que racionalizar* no es cono- ! léctica o desde la razón vital, por poner algunos ejemplos—, la naturaleza
E
ces o, al menos, no- es conocer en el sentido de que la racionalizadón apor- 1nocirnintosencuestión —no es el mismo procedimiento válido
deos
te nuevos contenidos de conocimiento. La adquisición de contenidos per- pasi l matemátÍcai, parála fÍska o para la ética—y, por supuesto, el rigor
tencce a estadios anteriores. Sin embargo, la racionalización sí supone un
progreso del conocimiento en un doble sentido: por una parte, con ella se •. .
alcanza ci techo perfectivo del conocimiento y, por otra, la racionalización 'HEIDEGGER. M.. 6cr Scuz t'orn Grund. Vcrlag O. Ncske, 5.' edic., Píullingcn. 1978,
descubre nuevas relaciones entre los distintos conocimientos que ella PP I8-69.
somete a sus diversas funciones dinámicas. Si Kant nos presta una exprc-
157
156

... ."
smiirónica cuí) los ptucCSOS Uc COflOCiZIIIdnU), porque, por necesaria e
o exigencia con que se quiera ¡levar a cabo la fundamentación.- Algunos importante que sea, con ello no se logra la reducción clasificadora a un
filósofos o filosofías han considerado- la posibilidad de contar con princi- 'número más limitado dc.catcgorías que nos permita dominar tanto la plu-
pios últimos de fundamentación que serían válidos para todos los conoci- 1I' ralidad de nuestros conocimientos como la pluralidad de datos y
mientos. Tal scría ci caso de los primeros principios en la tradición aristoté- objetos/cosas de la realidad. Por eso se ha impuesto por tradición hablar de
lica o en Leibniz; o en Descartes la remisión al cogito, aplicando ci criterio tablas o árboles categoriaks, significando así la pretensión de lograr con clIc,
un elenco reducido de carcgorfas, que sean como los grandes géneros de lo
universal de claridad y distinción.
real, del conocer o del decir.
Hoy, sin embargo, somos más modestos en los procesos de fundamenta-
Porque fa clasificación simplificadora mediante las categorías se ha
ción. Cada ámbito de conocimientos tiene sus modos o criterios de funda-
planteado efectivamente, bien desde la realidad misma, bien desde nuestro
mentación. Igual que la racionalidad separcela en ámbitos, lo mismo suce-
conocimiento de la realidad, bien desde nuestro modo de decir la realidad,
de con la racionalización de fundamentos: puede ser la comprobación
empírica, la coherencia axiomática, etc., bastante de acuerdo con el plan-
o sea, desdejaperspectiva ontológica, la gnoseol6ica y la lingúística: esa
"domesticación" de la realidad que la razón quiere llevar a cabo se puede
cs
teamicnro que, en su momento, hicimos sobre la pluralidad de criterios de
hacer partiendo de la aceptación de que las cosas tienen en sí mismas un
verdad/certeza, ya que, al fin y al cabo, un criterio es una base de funda-
orden y una estructura que ¡a razón se limita a descubrir. Pero cabe partir
mentación/seguridad de nuestros conocimientos.
de que ese orden y estructura tiene que ponerlo ci sujeto cognoscente fren-
Por fin; una función racionalizadora de notable alcance es la función
te a la pluralidad y caos de datos que nos llega del mundo. Por fin, es posi-
de categorización. Nos parece, por tanto, que merece un tratamiento espe-
ble atribuir al lenguaje la tarea d__rdcnary estructurar. Se trata de tres
cífico.
modalidades de categorización que responden acres planteamientos filosó-
ficos distintos: la categorización ontológica, propia-de Los realismos, remi-
X11.4. RACIONALIZACIÓN Y CATEGORÍAS re a Aristóteles y a su tabla categofoo modelo; la perspectiva gnoseo-
lógica se va imponiendo en las filosofías gnoseológicasde la modernidad,
Si la racionalización es, en definitiva, un esfuerzo por dominar la 'reali- teniendo en Kant su paradigma indiscutible; la lingiística ha rcabdo su
dad mediante el instrumento fundamental de que el 'hombre dispone, que lugar en la filosofía contemporánea, con modalizaciones muy distintas,
es su. conocimiento, ese pretendido dominio exige toda una tarea de dasi- segúñ las diferentes corrientes de filosofías lingüísticas. La distinciónde las
fiçación de nuestros conocimientos de modo inmediato y, mediatamente, tres perspectivas no tiene por qué suponer que scan excluye n* res , pudiendo
de la realidad que se nos hace accesible a través de ellos. Y no basta la tarea muy ser complementarias, sobre todo lagnoseológica y la lingüística.
de clasificaci6n 1 sino que se hace preciso' también una labor de sjifica- Debe tenerse en cuenta que, al hablar' de categorías, nos referimos de
reduciendo la indominable pluralidad a un menor número de con- ordinario a una tabla general de categorías. Pero cada' campo del sabe* r ,debe
ceptos o nociones que, a su vez, reduzcan , la diversidad plural de datos de también elaborar, en el proceso de racionalización de su campo, la tabla
lo real a un número de capítulos que nos resulte manejable. Esta labor de propia de catcgóríae ese casa o:la física, la ¿cica, l sociología, etc. Ej.
clasificación y simplificación es la función categorizadora. En qué consiste la función racionalizadora de las categorías? Fienre a
Efectivamente, en la "digestión racional" de la realidad que el hombre la pluralidad acumulativa de datos y conocimintos, las categorías configu-
necesita llevar a cabo para no perderse, lacategorización ha sido siempre ran y determinan, ordenan y clasifican, unifican, simplifican y subsumen
un procedimiento fundamental. De hecho, según vamos conociendo obje- lo particular en lo general. Se echa de ver que la actividad caregorizadora
tivamente, vamos de. paso categorizando: a estos datos los objetivo como implica buena parte de ¡as funciones racionalizado ras en que se despliega
mesa, a estos otros como árbol, sucediendo así siempre que, con los datos a la, razón. Mediante la actividad categorial se configuran y determinan los
mano, seamos capaces de llegar a constituir un objeto determinado. Esta datos para su encuadre en una u otra categoría. Con el mismo fin se debe
objetivación sincrónica con los actos y procesos de conocer se consolido ordermaryclasificarla plural variedad de datos. En virtud de la determina-
con el Lenguaje, denominando a esto mesa, a aquello árbol, etc. Sin embar- ción y del orden, se lleva a cabo una reducción de la pluralidad y diversi.
go, cuando hablamos de categorizar, no nos referimos a esta categorización
'59
¡58

i
. so de la filosofía, muy concretamente para ci estudioso de la teoría del
. .
:i'•.•_ conocimiento, puede resultar ilustrador asomarse a algunas formas de racio-
dad a la simplificación necesaria con la que se llegue a unificar toda la plu- ...
náliación que se han dado en la historia y pueden tener un cierto carácter
ralidad en una tabla o lista de categ o rías que, por su exiguo número, nos .
modélico.
permitan, si SC ptic Iar así, un manejo cómodo, bien de la realidad
" vamos a empezar por das formas de frecuente presencia en dfverso s
misma, bien de nuestro conocimiento de ella, bien de las.cxprcsioncs un- IrlU .
momentos de la historia del pensamiento. Las podemos denominar, con
güísticas en que se expresan. La conclusión final es que subsumimos o lenguaje llano, racionalización desde abajo yracionalizaci6n desde arriba.
incluimos lo particular en lo general, logrando un principio de economía . la racionalización desde abajo se parte deJa experiencia, de la observa-
que es también necesario en ci campo de la racionalidad humana que, por • .--
ción. Los conocimient os han de ser remitidos a esta su fuente original, la
sus limi t aciones, estarfa, si no imposibilitada para "dominar" la realidad, sí, experiencia, para comprobarse o contrastarse con ella. Este tipo de racio-
al menos, abÑmada por el bombardeo de la multiplicidad caótica de los - III nalización tiene su privilegiado campode ejercicio en. las ciencias de la
datos u objetos/cosas. .
naturaleza, a las que que calificamos habitualmente como ciencias exeri-
Al cerrar con la categorización las (unciones de racionalización, se jj mentales. Y. como es sabido, es también la forma de racionalización de las
imponen unas acotaciones generales. Vista desde la teoría del conocimicn- •: •
gnoscofog(as de profesión empirista, como, por ejemplo, en •Lockc, para
to, la racionalización es una mediación a la que sometemos tanto nuestros ¡jj quien incluso los primeros principios han de ser obtenidos y corroborado s
conocimientos particulares como los objetos a los que, a trav és de ellos, u•- -' por la experiencia
'. . •

accedemos. No se trata de conocimientos inmediatos, ya que estos rti- •- La racionalización desde aniia, a su vez, trata de apoyarse en unos prin-
tuyen el material sobre el que trabaja la razón. En segundo lugar, ninguna conceptos "icialcs",cuyo valor, por parte de sus defensores, nó se
racionalización debe considerars e co mo —cQLrtada y definitiva, dado que ci discute. Los conocimientos diversos se justifican demostrando su ajuste a
imperativo de racional¡ ación impulsa'siempre a revisión y progreso. Sólo •
estos principios o conceptos. La viera tradición del indiscutible valor de los •

si una filosofía consideraquc ha llegado a un fundamento último definid. .


llamados primeros principios se acogió generosamente a esta forma de
vol hipótesis no fácil de justificar, cabría hablar de una racionalización con racionalización, siguiendo e1 modelo de Aristóteles, para el que los prin. ••

carácter definitivo. Hoy la gnoseología es modesta en este terreno. En ter- ros principios eran amauzs.çJJgjçtacJcs" supremas. En línea parecida, los
cer lugar, como hemos apuntado, la racionalización se hace desde l.n!n saberes que proceden de acuerdo con ci método axiomático racionalizan
~ misma, desde los cánones o reglas que ella posee ysc da, cánones y reglas . también demostrando la coherencia de las diversas proposiciones con los
q ue han de aplicarse en sujeción a método. Finalmente, y aunque parezca axiomas o postulados en que 5C fundamenta el sistema axiomático.
superfluo, hay que advertir que los planteamientos racionalizadores se han Ambas formas de racionalización se han usado en la jusrifjcacjj de los
de hacer desde ci nivel cultural en ci que cada f ilosofía se encuentre, desde conocimientos filosóficos, aunque, en honor a la verdad, debe decirse que :
el contcxtsocial al que la filosofía no puede substraerse del todo, si bien la filosofía se ha inclinado más por la racionalización desde arriba, como
puede enfrentarse con la cultura ' coi el contexto social desde la reflexión confirma la tendencia hacia sistemas racionalistas e idealista s , y como .

crítica. Obviamente, en todas las funciones de racionalización juega un muestra, sobre todo cn siglos pasados, la férrea construcción.d e Sistemas, a
papel primordial ci uso depurado del lenguaje. cuyos principios se sometía, a veces con vi o lencia, la variedad de con ocí -
mientos procedentes de la experiencia.
X1l.5. FORMAS DE RACIONALIZACIÓN Con Kant se abre la forma de racionalización trascendental. Sin que sea
preciso racionalizar, como Kant, desde una razón que "piensa" los conocí-
Habida cuenta de lo expuesto en este capítulo, salta a la vista que las mientas, aun cuando ella no haya intervenido inrecto en la constitución
formas de racionalización pueden ser y son, de hecho, muy distintas en
conformidad con el concepto de razón, con las exigencias de la racionab-
descontado, con la naturaleza de 'LOCKE.)., Ensayo sobre d cntcndimicnw humano. Trad. de E. O'Oorman. Fondo de C. E,
d ad de
México, 1956. Lib.!, . II.
los conocimientos o saberes que se tratan de racionalizar. Imposible reco-
ger esta variedad de racionalizaciones. Pero estimamos que para el estudio-
______ 161

160
. ... .. -.....
v•T •l 1 Los límites del
de los mismos, la racionalización trascendental ha de llevarse a cabo desde . . j%jjj conocimiento
los dinamismos trascendentales, es d'cdr, posibilitadorcs del conocimiento
6Jivodc1 sujeto, de su cucrpo..dc los condiconamkntos sociales, del .
comportamiento lingüístico. Como es obvio s ello supone un adecuado
conocimiento de cuáles son estos dinamismos trascendentales y de cuál es •
- su funcionamiento, según hemos tratado de hacer ver en capítulos prece-
dentes.
Otra forma de racionalizaci6n es la causa l: se considera que un conoci-
miento queda justificado cuando se han averiguado las causas que lo pro-
ducen. Planteada de esta forma general, cabría avecindarla con la raciona-
lización trascendental, en cuanto ¡os dinamismos trascendentales pueden .
mirarse como las causas intcryiniaíLtes en la constitución de un conoci- .
miento objetivo. Sin embargo, la racionalizición causal, en sentido estric-
to, :je refiere m á s a los objtoa conocidos que al conocimiento de los
mismos. Es decir, la racionalización causal es más propia de realismos gno- :
1 0v a t
XIII. l. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

seológicos que consideran que ci conocimiento accede al objeto en sí. La teoría del conocimiento se centra, como es obvio, en el estudio y
Aristóteles, por ejemplo, racionaliza desde los primeros principios y desde análisis que, aceptado ci hecho del conocimiento, se realiza sobre el cono-
sus famosas cuatro causas. Ahora bien, la racionalización causal ha llcva- cimiento mismo, sobre los elementos que intervienen en los procesos de
do, en la búsqueda de la última causa, a una racionalización trascendente, conocer, sobre su objetividad y. valor, cc..Es decir, se estudia básicamente
porcuanto esa última causa era Dios, ser superior y trascendente al mundo. - en qué consiste ci conocimiento y en cómo conocernos. Todo esto esnece-
Tal es el caso del Motor inmóvil del propio Aristoteles Y así sucede en la sirio y fundamental Pero con frecuencia en el análisis critico del cono,
metafísica creacionista propia de la tradición cristiana, que pone en el Dios . -: -'.. ccr nos olvidamos de una pregunta fundamental: ¿hasta dónde llega el
creador ci último recurso de racionalización. conocirnenro humano? ¿cuales son sus límites! Sin embargo, nos parece
Basten, a mero título de ejemplos, las formas reseñadas, ya que preten- que ésta es una pregunta inevitable. No basta dar por admitido que el cono-
1
des una enumeración con pretensiones de completa rebasaría nuestro pro cimiento humano es limitado debido a que cada uno tiene conciencia en
pósito, ilqiíe&deiía dárroilar sí mismo de esta limiçación y proyecta hacia los demás lo que en sí mismo
citadas. . . . cxperimenta. Esta experiencia no basta, ya que mi conocimiento personal
puede estar limitado por diversos factores no extrapolables a los deriás, y
cabe suponer que succdaTlo mismo con cada uno de los otros sujetosog-
noscentcs. Lapregunta debe hacerse para el conocimiento humano sin
1 .... mas ¿hay un limite para el conocimiento humano! ¿hay un limite absoluto
¡ . Además dé ese posible límite absoluto, ¿merecen mencionarse límites par-
~
- tZt.0_— cialési que deban tenerse en cuenta en la teoría del conocimiento?
A preguntas de esta naturaleza tratamps de responder n este capítulo.
Busamos lina posible frontera abioluta del coricimenro humano sin
.. dcj& de lado fronteras parciales, cuya referencia resulte ilustradora para
-
---- entender nuestro conocimiento.

1 . La cofi
nguración de este tema es lenta y tardía en la historia de la teoría
del conocimiento. Así veremos que en la filosofía griega y medieval, si cabe

163
162
' Salta a la vista que ci planteamiento del problema del límite y, sobre
hablar dci límite, tal límite no estaba del lado dci conocimiento mismo, todo, la posible admisión de un posible límite último del conocimiento
sino dci lado de las realidades conocidas que, por sí mismas, carecían de las humano, está indisolublemente unido con ci tema de lo irracional: si hay
condiciones de cognoscibilidad. Para poder hablar del límite desde ci cono- un límite absoluto del conocimiento, cabe pensar, que no conocer, un más
cimiento mismo, hay que esperar a la modernidad, cuando, al someterse ci allá de ese límite. Con ello estaríamos. en tos dominios de lo irracional.
conocimiento a un autoanálisis riguroso, se empieza a entrever que la capa- Esto significa que límites e irracionalidad son, en definitiva, dos caras de
cidad cognoscitiva puede tener, en sí misma, unos topes ¡rrebasablcs. La
un mismo problema.
actitud frente al conocimiento deja de ser vn actitud confiada para, desde
Descartes, convertirse en una actitud cautelar, cuya mejor expresión es la
aceptación de que hay que contar con un método que embride las "facul- XIIL2; CONFIGURACIÓN HISTÓRICA DE LA NOCIÓN DE LIMITE
tades" con que el hombre conoce. Pues, aunque, de acuerdo con la tradi-
ción, se siga manteniendo que la razón, entendida como conjunto de los .iíi1• Ya dejamos dicho que la noción de límite en su planteamiento gnoseoló-
dinamismos de conocimiento, es ci lugar donde se lleva a cabo la revela- gíco es obra de la modernidad. No nos parece, sin embargo, que está de más
ción de la realidad, ya no se trata de una revelación confiada, sino que empezar por una referencia a la filosofía antigua y medieval en este tema, ya
requiere precaución y crítica. que, por contraste, se nos hará más claro ci planteamiento moderno.
Esa actitud crítica tiene corno primer objetivo la propia razón o capaci- La filosofía- griega y su adaptación al pensamiento cristiano en el
dad del hombre para medir sus fuerzas y regular metódicamente su modo de Medioevo pertenecen a lo que, tópícamente, llamamos realismo natural.
funcionar. Estamos en la conccpci6n del conocimiento corno «asimilación" formal y
Y en ese autoanálisis crítico resulta inevitable hacerse cuestión de los representativa de la. realidad conocida. Se da, asimismo, con las precaucio-
límites del conocer. Para ello se hace preciso grtar la autonomía de la nes inevitables ante ci hecho del error, una confianza en la fidelidad del—
razón, sobre todo la autonomía que liberase a la razón de su teologizacicSn conocimiento a lo conocido, ya que, según la interpretación sobre pautas
medieval, por.ia que se consideraba a la razón humana comó participación de causalidad, al ser el conocimiento producido por los-objetos &nno cau-
dc la razón divina. Porque, obviamente, si la razón humana estaba respal- sas, tal conocimiento como efecto debe asimilarse a aquello que lo causa.
dada pory apoyada en la razón creante, hablar de límites, sobre todo de Hay, además, en la filosofía griega un principio implícito que es impres-
límite absoluto, sería ponerle, en cierta medida, límites a la razón divina. cindible tener. en cuenta para entender el límite. Según ese principio, ser
Por eso ci problema del límite adquiere su pleno sentido en una razón secu- e inteligibilidad son coextensivos, es decir, el conocimiento puede abarcar
lanzada, tal como Hume dice que debe ser el discurso filosófico en su ensa- ci ámbito barrido por el ser, sin poder ir más allá. Por consiguiente, el [(ini-
yo Ofche Immoruility of souL Ya Descartes, al escoger como expresión par te del ser es el límite del conocimiento. Y en la filosofía griega el ser no -
denominar a la razón humana la de lumen naturde (luz natural) ha inicia agota la realidad en todas sus dimensiones. Centrándonos en Arist6eIes
dc.sia consideración de la razón humana como algo propio de nuestra como ejemplo modélico, el ser exige determinación y esa determinación la
naturlcza: no hay novedad en llamarla "luz", ya que el-recurso a la metá- confiere la forma de acuerdo con el hileniiorfismo. Por lo tanto, la carencia
fora de la luz para explicar algunas t&mas de conocimiento en&onca con dé forma supone un péras, un límite al ser, que, automáticamente, se con-
autores tan destacados como Platón, Aristóteles o S. Agustín, pero síla hay vierte en límite del conocer. Como todo conocimiento es conocimiento de
en el calificativo de "natural" que, frente a la teologización medieval, sin formas, si no hay forma, no hay-conocimiento estrictamente tal.
negar su creatunidad, acentúa su puro funcionamiento natural. Baste este ejemplo para destacar el hecho de que el conocimiento no
Por eso, según se va avanzando en esta problemática a lo largo de la his. necesita un límite propio, sino que su Límite es el límite del ser. Así, con-
tória, la pregunta sobre el límite no será si toda realidad es permeable al cretamente, la materia prima, al no estar informada, queda fuera del ser y del
conocimiento humano (pues, sea cual sea la respuesta a esta pregunta, se conocimiento. En la Edad Media, al margen de las correcciones que impo-
puede decir que carece de importancia), sino que la pregunta previa, desde ne la metafísica creacionista, el tema sigue igual en sus líneas fundamenta-
una modernidad que se ccntra y se enclaustra en ci yo y en la razón, es ésta. les, lo cual acarrea enormes dificultades en el conocimiento del individuo,
¿hasta dónde llega la capacidad del conocimiento humano?

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164

El
mis ideas con ias cosas enF ellas rcprescntauas. s-.íay un claro rcconocjmien.
i. wpi
por ser la materia el principio de individuación, según la interpretación que tode límite en la finitud del hombre, límite que es más ontológico que
se impuso de la teoría arjstottlica del itidividuo. 'gnoscoiógico.
En la modernidad, por el contrario, el límite se .va a entender como Para contar con un planteamiento claro y bastante coherente, hemos de
límite gnoscológico. No obstante, ni ci tema se plantea con claridad desde esperar a Locke. Efectivanmente, desde el inicio del c. 1 del libro 1 del
ci principio, ni están del todo ausentes factores ontológicos en el señala- 1 Ensayo, nos encontramos con textos como éste:
micnto del límite. Siendo, pues, este mi propósito de investigar los orígenes, la certidumbre y
Para la comprensión del problema, se imponen unas reflexiones de • ci alcance del entendimiento humano, junto con los fundamentos y grados
• de las creencias, opiniones y asentimientos, no me meteré aquí en las consi-
entrada. En primer lugar; tal como hemos visto en capítuks pasados, el deraciones físicas de 4a mente, ni me ocuparé en examinar en qué consiste su
polo del conocer ya noes básicamente el objctojcosa, tal corno súcedía en esencia...'.
la filosofía anterior, sino ci sujeto, la conciencia, las "facultades" cognosci- Si por esa investigación acerca de la naturaleza del entendimiento logro
tivas. En segundo lugar, desde Descartes, entramos, según dejamos dicho descubrir sus potencias; hasta dónde alcanzan ; respecto a qué cosas están en
algún grado de propprción, y dónde nos traicionan, presumo. que será útil
reiteradamente, en una racionalidad cautelar, escarmentada ezfel escepti- para que prevalcanca en Ja ocupada mente de loshombres la conveniencia de
cismo de Montaigne, Charron, etc. Esa actitud cautelar no.sólo lleva a • ser más cauta en meterse en cosas que stbrepasah su comprensión, de date.
admitir fallos en nuestro conocimiento, sobre todo si no se realiza en ate- ncr.se cuando ha llegado al extremo límite de su atadura, y asentarse en repo.
nencia a método, sino que, por principio, se admite que nuestro conoci- soda ignorancia de aquellas cosas que, examinadas, se revelan como catando
• más aii del alcance d ç nuestra capacidad. Quizá, énconccs, no seamos tan
miento racional es un conocimiento sometido a límites. osados, presumiendo de un conocimiento universal, comas para suscitar cues-
De modo especial, por la tentación de fenomenismo que recorre toda la tiones y para sumirnos y sumir a otros en perplejidades acerca de cosas para
modernidad, la gnoseología irá, aunque sea por pasos, renunciando a cono- Las cuales nuestro entendimiento no está adecuado, y de las cuales no pode.
cer esencias, sin que ello signifique negarlas. Esto, entre otras cosas, signi- móstcncr en nuestras mentes ninguna percepción clara o distinta, o de las
• qw (como acaece con demasiada frecuencia) carecemos completament e de
fica qúe se va produciendo —y ello ya desde Descartes— un progicsivo noción. Si logramos averiguar hasta qué punto puede llegar la mirada del
desajuste entre el conocimiento y la realidad: La filosofía moderna se insta- encendimiento; hasta qué punto tiene facultades para aJcati.zr Ja ccrtza, y
la en el-pensamiento, en la conciencia, en la razón, centrándose en el estu- en qué casos sólo puede juzgar y adivinar, quizá aprendamos !éoníormarnos
dio de su "naturaleza" funciones y reglas metódicas que ella misma se di. con lo que nos ca asequible en nuestro presente estado'.
Ese es d terreno de seguridad. El puente de pasq ala realidad es difícil, por- Está clara la pregunta sobre el límite, lo cual no impide que aparezcan
que no sabemos si la realidad se ajusta al pensamiento, a la razón. De ahí en su formulación aspectos que pueden desvirtuar esa misma claridad: ri-
el frecuente recurso a Dios como garante del acuerdo de mi conocimiento mero, se.mczcla la pregunta sobre los límites del conocimiento con la cues-
con las cosas. Según la razón vaya ganando aütonomía respecto dc Dios en tión de los límites de la certeza, siendo evidente que son d problemas
camino a la secularización, ese posible desajuste irá creciendo EL conoci- muy distintos: una cosa es saber hasta dónde llega mi conocimiento, y otra
mientohumano, el conoceer racional, se queda a solas consigo mismo. En saber hista dónde alcanza la certeza sobre esos coriocimicntos,. Una cosa es
esa situación se hará inevitable la pregunta que subyace a este capítulo: ¡ conocer y otra estar cierto de lo que conozco. Segundo, en el último texto,
¿qué cónocemos? ¿hasta ¿lónde conocemos? al menos en cierta medida, se trata de encontrar el límite desde las cosas
Decíamos, pues, que el tema del límite avanza con lentitud y no sobra- que han* tic ser conocidas, con lo que no buscaríamos ci límite desde el
do de claridad. Así en Descartes la pregunta sobre el límite hasta dónde se conocer mismo, sino desde los objetos/cosas, lo cual Sería volver a plantea.
extiende la capacidad de la razón humana está planteada con claridad en mientas anteriores a la modernidad.
la Reg. VIIP. Pero la pregunta no tiene, a nuestro modo de ver, una res-
puesta clara en sus obras, situación que era de esperar debido a su teotogis-
mo gnoseológico, que recurre a Dios como garante de la conformidad de 'LOCKE,J.. Ensayo sobre el enundhnknw humano, lib. Le. c . .§ 2. Trad. de E. OGorman.
Fondo de CE, México, 1956, P. 17.
'L.c., §4. Edic. cíe., pp. 18-19.
Rru1ae ad dircctionctn in5cnii. ¡'Cf. X. pp. 392 ss.

167
166

-
Si, prescindiendo de cstasmatzacLoncs, buscamos dónde o en quil pone
. Locke ci límite del conocimiento, su respuesta sí es clara: en las ¡dc2s sim- Entendido así, ci problema está presente en toda la obra crítica del
Pies que recibimos por vía de sensación o de reflexión: filósofo, muy especialmente en la Crítica de la Razón pura y en los
* Porque. Siempre que pretendemos avanzar más allá de esas ideas simples . . Prolegómenos. Según dijimos poco antes, recibe del cmpirismoy de la
que recibimos de la sensación y de la reflexión, y sumergirnos dentro de la . Ilustración la atribución de límite a la experiencia, aunque la va a cnten-
...-' naturaleza de las cosas, de inmediato caemos en las tinieblas y en la oscuri- der reduciendo sus funciones a la aportación de la materia bruta sensorial,
dad, en perplejid ;d y en dííicukadcs y sólo descubrimos nuest r a propia aportación absolutamente necesaria para que los conocimientos no se dilu-
ceguera e ignorancia . . . . ..
. -- Si se repara en lo que nos dice Locke, teniendo en cuenta el papel que
yan en la vaciedad. .
Tomando ci concepto de límite en su scntidó e.stticto como Grenze
. confiere a fa experiencia, concretamente en el e. 1 del lib. 1!, se puede .-,íír- (umite) para distinguirlo de Schrank-e (barrera. valla), porque Grene/Ifmite
mar que, para él, el límite del conocimiento es la experiencia, posición per- . . . e s algo inamovible, mientras que Schranke/barrera sílo &, pone el límite,
. fcctamcnte coherente con el empirismo que profesa. Esta mismaubicaci6n que podríamos llamar inferior, del conocimiento en la experiencia sensi-
.. del límite en la experiencia es defendida, corno era de esperar, por Hume.. ble, 'ista corno la pluralidad afecciones sensibles que me llegan de la
- Desde la Introducción del Trcaiise nos dice ya que ninguna ciencia "puede cosa—en--sí- Si rió contamos con estas afecciones sensibles, no es posible el
.-. ir másallá tic la experiencia, o establecer cualesquiera principios que no se • conocimiento. Así aparecc,con las ambigüedades deina obra de transi-
. funden en esta autoridad". Todo intento de ir más allá de la experiencia es jjj- • cióii. en la Di.sscrtiifio del 70 para estar presente generosamente en la
. . condenarse a perderse en especulaciones sin fundamento'. • en los Prokgómaws. 'Se trata de un tema tan manido en Kant que
Es interesante recalcar que, por influencia del empirismo y especial- hace falta detenerse en él.
. mente de Newton, la Ilustración. sigue poniendo e! límite del conocimien Sólo advertir que experiencia tiene también el sentido de conocimiento
. to en ¡a experiencia. Voltain, en .el Filósofo Ignorante, nos dice: "Hay que _ fenoménico constituido precisamente por la síntesis entre esa experiencia
..'- haber renunciado al .scntiçlo común para no estar de acuerdo en que nada . sensible y el dinamismo trascendental. Obviamente, ésta no es la experien-
: sabemos en el mundo, si no es por experiencia"'. Como vamos a ver, esta • : . cia—límite, sino que debe contar con ci límite de la experiencia gcn&ica- •
línea de limitación del conocimiento humano va a ser asumida por Kant. .. mente originaria, que es la experiencia sensible.
Ea este tema, COmO en la mayoría de las referentes a fa teoría del cono- •. Otro límite en Kant es el noúmeno. Igual que larnamos a fa experiencia
cimiento, fa modernidad abierta por Descartes culmina en Kant. Nadie . límite inferior, podemos llamar al noúmeno límitni superior. Está fuera del
cemo él convirtió en central ci problema de los límites del conocimiento alcance del cortocimienco,es decir, es un límite negativo, ya que negativo
Ahora bien, fo hizo desde dentro de las coordenadas de su sistema de filo- es el uso que quiere que se haga de este concepto, puesto que, entendido
sofía trascendental. como en Kant el genuino conocimiento sobre e 1 que 4
ti sentido positivo, sería el objeto de una irituicicirilr'.tclectual, de la que el
él teoriza es el conocijniento objetivo, resultado de la síntesis entre fo dado hombre carece'. Así pues, la gnoseología de la objetividad de Kant es una
en las afecciones sensibles y lo puesto por el dinamismo trascendental del _-: rigurosa gnos eología de límites. Sólo entre tales límites estamos, según su
sujeto con sus elementos aprióricos y la apercepción trascendental del Yo alegoría, en la isla de seguridad del conoccrobjctivo'. Indudablemente, si

1
(

pienso, la determinación dé tos límites se hará en función de ese modo de no se acepta el planteamiento trascendental de Kant, tales límites son dis-
entender el conocimiento óbjetivo. Es decir, estamos ante los límites den- - cutibIes. Lo que, desde el alemán, no es discutible es la necesidad de adni-
tro de los cuale e puede fkvar a cabo la objetivación en ci sentido de nr límites al conocimiento humano, así como la necesidad crítica de plan
Kant
1
tearse el problema e intentar encontrarle solución. .
En la filosofía contemporánea ci tema de tos límites ha decaído en
importancia. El motivo nos parece obvio: si la filosofía contemporánea,
'O.c., lib. II. C. XX1II, f 32. Edic. dr., p. 295.
HUME, D.. Trnsdse, lib. 1, parte 1, sec. 4. Se encuentran textos similares en muchos otros
pasajes. . . Prokg., 57. §
'Opúsculos smñicos y filosóficos. Trad. deC R. Dampierre. Alfaguara, Madrid, 1978. p. II!. 'k'rV. B 307. A 252. etc.
JCrV. A 235.236,13294-295.

168
169
__
• : ......
. . . . . .

- culturales: cada sociedad, cada cultura o etapa cultural, está instalad a en


un determinado nivel de conocimiento, desde ci cual, como plataforma,
comó veremos en cl capítulo sguientc es una filosofía abierta a - los m á s •
puede aspirar al progreso de conocimiento que esa plataforma posibilita. Lo
diversos irracionalismos, esa accptació'n de los irracional ¡sinos es, autom- ,!I
demás le está vedado. Pero se trata simplemente de una limitación situa.
ricamente, una aceptación de los límites del conocer. Si cabría decir que,
para algunas corrientes filosóficas, el tema del criterio, entendido más I,JTU .
cional, que poco o nada tiene que ver con un posible límite absoluto.
Con las limitaciones de] conocimiento tropezamos también ante el
como criterio de verdad y de objetividad científica, que como criterio de
hecho frecuente de los errores en que descubrirnos haber incurrido. Son
certeza, se convierte en la fijación de un límite de conocimiento. Pero la
pluralidad de criterios que vimos en su momento lleva a decir que, con los .
experiencias que nos alertan sobre las deficiencias de nuestra capacidad o
diversos criterios, se fijan límites distintos para distintos ámbitos de cono-. .• •>
sobre el mal uso que de ella hacemos. Una situación parecida es la duda,
sobre todo en aquellos casos en que, por m ás esfuerzos que hagamos, no
Cimiento, aunque en esos casos no se trata de íijaÍun límite del conocí-
&! • r • SØfflOS capaces de fu n damentar racionalmentc ni siquiera una opinión mzo-
miento sin más. . .

nablc.
En cl pensamiento contempor á neo para encontrar un planteamiento
. .

explícito del problema del límite, hay que acudira'un filósofo hóy bastante 1• En todos estos casos no estamos ante límites teóricos, sino ante límites
olvidado, a U. Hartmann, auwr que comparte influencias de Kant con
JJ o, m á s bien, limitaciones situacionales o incluso circunstanciales, que, si
influencias de la tradición aristotélica. Para él los límitcs.del conocimiento .
bien pueden- de hecho ser irrebasablcs para los individuos o para comuni-
"tienen sus raíces no en la esencia del ser, sino cñ la esencia del conoci- dades o sociedades concretas, no constituyen en modo alguno un límite
miento... El sujetó no puede ensanchar a su antojo la objetiíicación. La . .
:• teórico a! coiiocimicnto humano como tal. Teóricamente esas situaciones
resistencia está en la estructura de nuestro conocimiento mismo y de sus O circunstancias son superables, corno se echa de yeral comparar tinos mdi.
viduos con otros o unas sociedades con otras. Es decir, no son estas limita-
leyes" '°. El planteamiento parece afín al de Kant, pero aparecerá una dife-
rencia fundamental: ci límite no es fijo como ci Grcnze de Kant, sino que es ciones situacionates el tema que discutimos.
movible: "El límite de la objeción no está fijo. Es desplazabk; y resulta des- El tema se. tiene que plantear de una manera. m á s radical: ¿esposible
ado en ci progreso dci conocimiento. Cada nuevo conocimiento lo saber hasta dónde llega el conocimiento humano? ¿Existe un límite
empuja hacia adelante"'. Nos parece un planteamiento inaceptable, ya que,
: • • luto de l conocer humano? La respuesta es no es sencilla. Que hay un Iíñie
entonces, se trata simplemente de un límite aquí y ahora. Mas ¿qué pasa con del conocimiento humano, parece algo indudable y claro. Lo que yato
eriímite absoluto! Cierto es que no cierra esa posibilidad, dado que admite tiene nada de claro es saber cuál es ese límite o el hasta dónde puede lié.
pueda haber algo transintcligibk, pero lo deja sin determinar. .
gar l conocimiento humano. El hombre ha progresado y sigue progrcsaiio
Ve en las conquistas del conocimiento. ¿podría seguir haciéndolo indeíinjd.
.. '. mente o existe un límite a ese progreso? Y, silo hay, ¿dónde esrácl línj1:
.....
XIII.3. CONSIDERACIÓN TEÓRICA DEL LIMITE
O
2
Tiene bastantc.poca relevancia hacer distinción entre ¡f in ¡te cuancj
tivo y límite cualitativo, ya que se trata simplemente de una distjncj
-~ 4Sin que se quede en juego de palabras, es conveniente distinguir entre entre la cantidad de lo que conocemos y la perfección con que lo conoce-
limitaciones y límite del conocimiento. Todos somos conscientes de las múl- mos. El límite debe abarcar al cuánto conocemos y al cómo lo conocemos.
tiples limitaciones a las que está sometido nuestro conocimiento. Por muy Tampoco vamos al corazón del tema si buscamos el límite de la certeza o
inteligentes e instruidos que nos consideremos, siempre serán muchas iiás el lím i te de la racionalización. Tenemos muchos conocimientos de los que
las casas que desconocemos que las que conocemos. Dicho de otra manera, no estarnos ciertos, como tenemos también conocimientos a los que no
es mucho más lo que ignorarnos que ¡o que conocernos. La ignorancia es somos cpaes de a p ortarles fundmentos o pruebas de una justificación
una limitación que afecta tanto a tos individuos como a las comunidades racion a l suficiente. .

________ • El pi oblema se refiere aun límite teórico estricto del conocer humano.
Pe su exisencia —insistimos— no parece caber duda: al fi y al cabo, el
HARANN, N., Metafísica del conocimiento. Trad. de J. Rovi Armengol. Losada, 0 hombre es un ser limitado y finito en su ser yen sus capacidades. Por con-
B. Aires, 1957, p. 295.
,'
Oid g'i. 1. Fundamcnzos.Trad. dei. Caos. Fondo de C.E.. .kxico, 1954, p. 396.
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171
170 0 _
........... . .......-..-.-...-...•.
.. _ .
- e de moni . ilemc cacn"'"' 9 ce i» "'-'no-
nín preestablecida— ci desajuste entre las leyes del conocer y las le! ser o
siguiente también es limitado en sus capacidades cognoscitivas. Pero esta -realidad es una de las líneas de fuerza del pensamiento moderno. La razón
respuesta es más cómoda que explícita respect de¡ conocimiento como tal. se ocupa básicamente de sí misma, de sus leyes, de sus procesos...
DuJa la estructura rclacional de¡ conocimiento entre sujeto y objeto, ¿Concuerdan con la realidad? La modernidad se ha conformado, de modo
parece que ci límite ha de buscarse o desde el sujeto, o desde ci objeto, o general, con defender la conformidad.del dinamismo cognoscente con el
desde la interrclación sujeto–objeto. Buscarlo desde el objctofcosa nos lleva modo de prcsentársemc las cosas —fenomenismo—, renunciando, como
a la discusión de la cognoscibilidad de las cosas tal como son en sí. Este hemos dicho, a penetrar ea la naturaleza misma. Sólo conocemos fenóme-
sería un planteamiento más metafísico que gnoseológico, un•planteamicn- nos: ¿cuáles? ¿todos? ¿de modo suficiente? Preguntas abiertas, sin cuya res-
tomás propio de la Antigüedad y del Medioevo que de la Edad Moderna y puesta hay que decir que existe un límite del conocimiennro, pero que no
etapas posteriores. En la modernidad no hay que esperar a Kant para poner contamos con elementos, razones o conocimientos Suficientes para decir
en crisis la cognoscibilidad de las cosas tal como son en sí. Se fue impo- cuál es o dónde hay que ponerlo.
niendo progresivamente ci fenomcrüsinó; es decir, la reducción de¡ cono-
cimiento de las cosas a su modo de dársernc a mí, a su modo de aparecer y
presentarse. Ello supone renunciar al conocimiento de la naturaleza o csen- ¡jpiiil
cia de las cosas, quedándonos en sus fenómenos o "apareccrcs". No se niega
que las cosas tengan-su esencia o naturñlcza, lo que se niega es la ¡done¡,
dad del conocimiento humano para acceder a ella. Esto quiere decir que
J P'
carece de sentido hablar de un límite radicado en la incognoscibilidad de
la realidad en s( misma, sino que ci límite-ha de buscarse de parte del suje-
to, que no cuenta con capacidad para penetraren la realidad en sí misma, ( ÍI
realidad que muy bien* puede ser cognósciblc para una inteligencia superior
o simplemente distinta de la humana. J I.
Quedan, por tanto, el sujeto cón su equipamiento de "facultades" o la ¡ .....

interrelación sujeto–objeto real como raíces del límite del conocimiento.


Como* se ha tratado de poner de relieve en capítulos anteriores, en la
modernidad posterior a Descartes se han llevado a cabo avances gigantes-
cas en el análisis del sujeto y de las estructuras aprióricas que configuran la 1
subjctualidad. Los avances en el conocimiento del sujeto e han completa- j
do con la integración de la corporalidad en !as funciones subjctuaks, reco- •
gicndo asimismo los condicionarnienos sociales y el componente lingüfsti-
co de la subjetualidad cognoscitiva.
Sabemos, pues, mucho sobre ci sujeto, sobre sus estructuras, condicio- -
namientos, etc. Ahora bien, a pesar de todo cito, si hemos de ser sinceros,
no nos parece que sepamos lo suficiente paia señalar el límite absoluto del
conocimiento desde el sujeto. En primcr lugar, porque no se puede consi-
derar cerrado el conocimiento del sujeto; y, en segundo lugar, porque, por
mucho que conozcamos al sujeto, el Límite del conocer ha de éstar en la 1
confrontación de la subjetualidad, de sus estructuras y condicionamientos,
J
con las cosas que se pretende conocer o que creemos conocer.
Pues bien, tampoco desde esta última perspectiva se puede ser optimis-
taa ¡a hora de señalar un límite. Perdida la armonía entre conocimiento y. .
173

172

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1

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El coriOctmlénto
lo irracional

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4 . .

XIV. 1. PRESENCIA Y ACTUALIDAD DEL TEMA DE LO iRRACIONAL.


(1 )o •' .
,.
2 -. C - - Dice Camus que "siempre ha habido hombrs que han defendido los
derechos de lo irracional y tincas mas abajoi, aíirm-i "Pero quizá nunca
- • haya sido más vivo que en nuestro tiempo el ataqi e contra la razón" 1 . Son
dos afirmaciones que hay subscribir: lo irracional ha contado con dcícnso-
- res a lo largo y ancho de la historia de la cultura y de la filosofía, pero es. en
• -: '- ..• nuestros días cuando esos defensores crecen en ntínicro y calidad..
En efecto, estamos en un momento en que lo irracional e.stá ganando
,. _r;'. adeptos y defe nsores, Si, en etapas anteriores, lo irracional se aceptaba a
,
regañadientes, hoy da la impresión de que nos situamos en una posición
-
.J contraria Parece que la filosofia occidental que nació csforzndose por dxs
tancrse racionalmente del mito y que se programc3 como una filosofía del
logos de la razón ha entrado en desconfianza de esa razón y ha abierto sus
brazos acogedores a lo irracional Lo irracional se nos presenta com eo¡ atrac
•'. L' - . . . ..
. tivo; No lo vemos como desorden como ignorancia, sino, si e qué se
puede decir así, como otro modo de saber, al-margen de la canónica racio-
4 nal que; precisamente por n¿> atenerse a las reglas de la razón, puede abrir
1 . . ________• - puertas nuevas hacia terrenos vedados a esa razón.
• No hacen falta especiales dotes de observador para damos cuenta de que
nosencontramos ante un nuevo estilo de cultura. En efecto, estamos asis-
.
. - • .r- tkndoaun. proceso de desracionalizacióti de nuestra cultura, que no es
.

'CAMUS, A.. El m ito de S(ifo. El hombre rebelde. Trad. de Echvarri. Losada, 3.' cdic.,
• Buenos Aires, 1959, p. 27.

175

í
. 1

. .. dc. . . ..zón 1 Ínido izand ;tant e cm hués


ped cxtraiío.
incompatible con la defensa de dominios de alquitarada racionalicad, como A la vista de cuanto estamos diciendo, se podría esper;Irque el tema de
-
sucede con las ciencias formales, los iab ercs científico—técnicos, ctc. Frente lo irracional hubiera merecido la atención pormenorizada de los estudiosos
a la razón, par fa que ¡os griegos dc(inicron al hombre, se han reivindicado
de la filosofía y especialmente de los teóricos del conocimiento. No se trata
y se siguen reivindicando en ese hombre las* dimensiones refractarias a csa de* que nadie nos explique el conocimiento de lo irracional, ya que, por,
razón: los instintos, lo vital, lo pulsionaL.. Por otra parte, estamos más inte- irracional; no es accesible al conocimiento. Se trata de un acercamiento a
resados en la acción que en ci pensamiento, en la actividad que en la espe- su noción, que ha de ser, por supuesto, una noción negativa o, a lo más,
culación racional. Las urgencias de la acción no dejan lugar a la reflexión analógica con el conocimiento estrictamente tal. Sin embargo, lo iri-acio-
de la razón que, a lo más, viene tras la actuación con intentos justificato- nal,lncluso en obras donde lo irracional aparece en ci título, sólo tiene un
nos. Indudablemente las urgentes actividades a que nos obliga una vida .• tratamiento marginal, que se queda casi siempre en referencia, huyendo de
-
agitada no pueden esperar y supeditarse a previas decisiones razonadas, ya todo intento directo de acercamiento al núcleo del problema. Nuestro pro-
que eso sería casi paralizar la vida. Pero aceptar esta realidad no tiene por pósito apunta a ayudar a subsanar esta deficiencia, tanto desde una visión
qué significar olvidar una superior rectoría de la razón, tentación de olvi- sumaria de lo irracional en la historia del pensamiento, como desde el difí-
do a la que, sin embargo, estamos abocados. cil intento de proponer esa noción negativa o analógica.
Parece que los caminos de la razón, aunque tengan la seguridad de las Dejemos claro que no nos vamos a ocupar de un hipotético irracional
autopistas, están siendo sustituidos por senderos de irracionalidad que nos absoluto para cualquier posible inteligencia o razón. Nosotros sólo sabemos
atraen hacia lo imprevisible, a la aventura de lo desconocido. No se puede iuurI1 I de la inteligencia o razón humana, c incluso de ésta sabemos bastante poco.
olvidar en la creación de este clima de aceptación de lo irracional, tanto Y, si queremos referir el irracional absoluto al hombre, tal noción de irra-
en la filosofía como en la cultura en general, la influencia de filósofos o cional absoluto no quiere decir más que, dada la finitud y limitación de las
escritores irracionalistas, cuyas ideas han encontrado ci favor de filósofos, . 1
"facultades" del hombre, puede haber algo que escapa de modo radical al
literatos, artistas, etc. Basta recordar nombres como Schopenhauer, conocer humano, por amplios que sean los progresos de este conocer Nos
Nietzsche, Kafka, Camus y, en España, Unamuno. ocuparemos, pues, de lo irracional para la inteligencia o razón humana, en
Ahora bien, a pesar de esta presencia y actualidad de lo irracional en la función de lo que sobre ella conocemos, podemos conocer o pensar. Con
cultura y filosofía contemporánea, nos sale al paso esta pregunta; ¿una tcó- esto estamos aceptando que lo irracional en el actual estado de cosas res-
ría del conocimiento debe ocuparse de lo irracional! Podría, de entrada, pecto del conocimiento humano, tal como hoy lo entendemos, pudiera no
parecer que no, porque, si la teoría del conocimiento, corno su nombre indi- ser irracional en estadios futuros. La posible modificación del plantea-
ca, se ocupa del conocimiento y lo irracional es ¡o que está más allá del miento y estatuto de lo irracional no se diferencia de lo que sucede con
conocimiento, su estudio cae fuera de la teorización del conocer. Sin enibarr otros problemas de la gnoseología, donde hay que dejar siempre abierta la
go, al igual que en el capítulo anterior veíamos la necesidad de hacernos puerta hacia posibles nuevos horizontes.
cargo de¡ límite, también nos parece necesario preguntarnos qué hay más -
allá del límite. Pero existen todavía otros motivos: la teoría del conoci-
X1V2. MÚLTIPLES PERSPECTIVAS EN EL PLANTEAMIENTO
miento no tiene por qué teorizar sólo sobre las formas de conocer cuyos pro,
DE LOS IRRACIONAUSMOS
cesas podemos explicar y, dentro de ciertos límites, justificar racionalmente.
Precisamente porque esas formas deconocer están sujetas a límite, no debe-
'• Antes de asomarnos a algunos hitos históricos sobre la diversas formas
mos cerrarnos a la posibilidad de . que haya formas de alguna manera no con que lo irracional se ha presentado en distintas filosofías o autores, con-
racionales de acceso a dominios de la realidad que le están vedados al cono- ..:..
viene ofrecer una pañorámica de los múltiples planteamientos del irracio-
cimiento estricto. Esto significa que hay que contar con lo irracional. nalismo, para tener, desde ci prncpio, una visión de la complejidad y
Y así ha sucedido a lo largo de la historia de nuestra filosofía occidental variedad del problema. Mas esta visión de perspectivas tiene que hacerse,
durante los veintitantos siglos que lleva de desarrollo: aceptado. frecuen- a su vez, dentro de ese mínimo marco histórico que en toda la filosofía, y,
temente más con disgusto que con satisfacción, lo irracional camina en
sincronía con ese desarrollo. Las aspiraciones, que a veces parecen dcspó-
177

176

1
1 1 1 1 . J - 1 • ,
Este modo de entender la subordinación de todos los dinamismo s del
muy especialmente en teoría del conocimiento, obliga a tener en cuenta el . hombre a la razón es llevado al extremo en los filósofos calificados como
antes y el después de la modernidad. Eñ efecto, también respecto del irra- _ racionalistas. Ejemplo ilustre es el de Espinosa, quien, en el Prefacio a la
cionalismo hay que tener presente que la filosofía antigua y medieval era 111 parte de su Etica, se propone tratar los afectos (término en 61 de amplia
una filosofía del ser, subordinando a él la explicación del conocimiento, JT$ semántica) del mismo modo que la razón trata las líneas, planos o cuerpos
mientras que en la modernidad con todos los titubeos previsibles, se geométricos. No deja de resultar curioso que, desde el otro lado del Canal
invierten las tornas. de la Mancha, años más tarde, Hume, en postura radicalmente opuesta,
Como consecuencia de ello, tal como vimos en ci capítulo anterior llegue a decir que "la razón es .y debe ser únicamente la esclava de las
_________
sobre ci límite, el planteamiento de lo irracional, en ¡a filosofía antigua y PMOflS sin que jamás aspire a ningún otro oficio que a servirlas y obe-
medieval, se hace desde la realidad: hay realidades que, por deficiencia o 1 decenas" 2 ¿Qué sucede, pues? Quc ni de hecho ni teóricamente, nunca
.
.-.__.
por exceso, resultan incognoscibles. irracionales, bien por carecer de la se entendió al hombre como pura razón, aunque se admitiese su rectoría
forma o determinación que la haga cognoscible, bien por exceder toda • . . sobre los otros dinamismos. Pero, sobre todo desde mediados del XIX, se
forma o determinación cognoscible (materia prima de Aristóteles, Bien de empezaron a valorar esos otros dinamismos de] hombre —afectividad,
Platón, Uno de Plotino). . : pasiones, instintos, pulsiones, etc.— Esa valoración llegó en muchos casos
Una perspectiva de planteamiento de lo irracional que, con diversos mati- . .. . a antcporierlos a la razón misma. Sobre todo en el mundo de la praxis,
ces, aparece en distintos momentos de la historia es la que se origina de la . L_ actuamos. nos movemos y decidimos no por razones de la razón, sino por
relación de lo irracional con el concepto de razón. No podemos olvidar que, 1 motivos nó racionales, o sea vitales, instintivos, pulsionales. Y son estos
terminológicamente al menos, lo irracional es lo OUS(O a la razón. Y en este
caso. por paradójico que parezca, la razón puede ser una fuente de irraciona- p motivos los que, de manera más o menos oculta, sirven de acicate a la
razón misma, dejando su actividad contaminada de irracionalidad.
¡¡dad. El concepto de íazón dista mucho de ser unívoco. No estamos ante un • Nombres tan ilqstrcs como los de Nietzsche o de Freud han tenido mucho
concepto estable y permanente a lo largo tic la historia. Por el contrario, la • . que ver en esta perspectiva.
razóp es un concepto histórico que cambia según cambian las culturas o épo- Dentro de la consideración en el hombre de dimensiones o dinnismos
cas dt las ziiismas, según cambian los sistemas filosóficos o incluso los diver- cxtraflos a la razón y en disputa de preferencia frente a ella, nos encontra
sos filósofos dentro de una misma corriente filósófica Obviamente, el histo- . mos con la vo!untad. La filosofía occidental, en el cauce de la tmdjón que
ricismo de la razón conlleva' cambios, en los cánones de racionalidad arranca de Grecia, formuló con carácter de-principio c1 viejo aforismo del
impuestos por lbs cambios en 'la concepción de la razón. Talas cambios impli- nihil volitum quin praccognieum, que nada es querido, si no es previamente
can que'lo quepara una determinada concepción de la razón s racional se ________ coridcidó Con ello se sentaba que el conocimiento, la inteligencia o razón
convierta en irracional en otra concepción distinta de la razón. Estos cam- dl anteceder y dirigir los actos de la voluntad. Pero esto ha djado de
biosdc concepción de la razón y, en paralelo, dejo irracional van a rnutipli- sr así, sobre todo .a partir de la filosofía idealista. Es sabido, en c(eEo, que
carsen las filósofías postériores a Kant: razón dialéctica, razón histórica, .' buena partedel idealismo, por influencia del Kan de la segunda Cica, se
razón vital, razón formal... Cada razón viene con su bagaje de normas, ex¡- - inclinó más por la razón práctica que por la te6rica, concediéndole a la
genciái metodológicas, categorías que le son propias, etc. Lo que no se ajus- voluntad un puesto de preferencia, llegando incluso en aIgiri caso a hacer
te a esté conjunto de imperativos es, para esa razón, irracional. d la. Voluntad l substrato últim d la calidad (Schopenhauer). La
Si, ¿al como acabamos de decir, las diversas concepciones de la razón pue. volúntad en el hombre deja de aceptar la rectoría de la razón, asumiendo
den ser, una fuente de irracionalismo, sin embargo, desde el hombre, son más ella la iniciativa y dirección del conocimiento; La racionalidad pierde su
destacables otras fuentes de irracionalidad. Nuestracultura y nuestra filosofía íúndam al fundan te." pata asr ser simptémente una 'activi-
occidental han destacado en el hombre, no sabemos si en exceso, la dimen- dad ci'at vada, que sólo pucde'pretender justificar racionalmente lo que, en
- ________
-:-
Sión de racionalidad, consecuencia inevitable de la aceptación generalizada
de la definición por la que los griegos hicieron del hombre animal racional. La
razón es entendida como la característica esencial del hombre y como dina- E).. Treozüeof human natuTe, lib. II, parte 111. sec. 3.
mismo que debe dominar y dirigir todos los demás dinamismos del hombre.

179
178

i
de elementos irracionalcsse ha alzado y lo rodea hasta su fin
su origen, es proceder irracional de una voluntad no gobcrnadu por el :.t . Inmediatamente declarará que (o propiamente absurdo no es el mundo,
:conocimiento racional. sino que el absurdo surge en la confrontación entre el mundo y el "deseo
La reférencia que acabamos de hacer a la tesis de Schopenhauer de la .. . desenfrenado" que tiene el hombre de conocerlo: hay un divorcio irrccon-
Voluntad como substrato último de la realidad nos lleva a otra fuente de Jp1u ciliablc entre el mundo y nuestro deseo de instalarnos racionalmente en él.
irracional ismos. Nos referimos a filosofías de la segunda mitad del XIX y ';•'i---i Así nos lodice: .
primeros años del XX, en las que el cr o la sustancia, a los que, con todas Tengo razón al decir que la scns2ci6n de la absurdidad no nace del sim
las inflcxioncs que se quieran, se había considerado como çi soporte de ::.. •. • pie examen de un hecho o de una impresión, sino que surge de la compara.
toda la realidad, son despojados de ese carácter. Como estas filosofías están ---.---iI.•_ :. cién entre un estado de hecho y cierta realidad, entré una acción y el mundo
que la supera. Lo absurdo es esencialmente un divorcio. No está ni en el uno

básicamente centradas en ci hombre, al abandonar las oncologías del ser y - - ni en el otro de los elementos comparados. Nace de su confrontación '.
de la sustancia, ponen el substrato fundamental de la realidad humana en Lo absurdo es ci divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que
la vida, en la historia, en la existencia, para algunos injustificada, de cada decepciona'.
ser humano concreto, individual. Corno consecuencia del fracaso de esta confrontación, hay que llegar a
Ante estas nuevas situaciones, se han producido dos posiciones anta- la conclusión de que "el mundo está lleno de irracionalidades" y que "el
gónicas: algunos filósofos, considerando que tales realidades fundamenta- mundo mismo, cuya significación única no comprendo, no es sino una
les no podían ser sometidas a los cánons del conocimiento racional, inmensa irracional idad" 1 De ahí que Sísifo sea ci personaje simbólico de
.

desistían de supeditarlas a ellos, refugiándose en ci irracionalismo a la hora nuestro esfuerzo de conocimiento como inútil e inalcanzable.
de dar cuenta de la realidad humana. Nicrzschc, por ejemplo, se encuentra Una curiosa perspectiva de irracionalidad en fechas Cercanas a las nues-
avecindado en estos pagos, como se podría decir también, con matizacio- tras es la de los formalismos extremos lógico—lingüísticos. Y es una forma.
nes, de nuestro Unamuno. Pero hay otra posición antagónica, contraria a paradójica, ya que es resultado de un aparente racionalismo muy depurado
la aceptación de este tipo de irracionalismo. Es la de aquellos filósófos que Estos formalismos extremos apuran actitudes, estrategias y técnicas de
piensan que 'a nuevas concepciones de la realidad, concretamente de la alquitaramiento racional, reduciendo ci conocimiento que se considesa de
realidad humana, deben corresponder nuevas concepciones de la razón indiscutible valor a las proposiciones logradas, bien dentro de un puro
que se ajusten al conocimiento tic tales realidades. Así se llega, por ejem- juego axiomático, bien dentro de fas reglas de un lenguaje rigurosament e
pló, a la razón histórica y a la razón vital, cuyos calificativos indican a las (orinal. Sólo esas proposiciones tienen auténtico sentido. Lo no expjesablc
claras los dominios donde han de ejercitar su función racionalízadora por en talesproposicioncs lo sin—sentido, q .ucda fucra de Z a racionalidad o, al
supuesto muy distinta de la función propia de otras concepciones anterio- menos, de esa racionalidad estricta. .

res de la razón. Nos quedan, por fin, dos perspectivas de importancia más restringida
Una de las perspectivas más extremas del irracionaliimo es la de los que las expuestas hasta ahora, pero que no queremos dejar de lado. La pri-
defensores del absurdo, no tanto como carácter de la realidad en sí misma, -'- mera tiene que ver con determinados tcologismos gnoseológicos y con esca-
cuanto tic la relación de la realidad con el conocimiento del hombre. Se patas hacia la fe religiosa e incluso hacia la mística. Hay teologmosqc -
suele considerar como modelos de esta perspectiva a Kafka y Camus. fundamentan todo ci conocimiento humano en la apriorista admisión de
CiiSámosnos a éste, concretamente al Mito tic S(sifo. Desde la página pri- ,. un Dios investido' de tales prerrogativas, que la razón humana is tiene
•« ' aceptar necesariamente sin poder justificarlas. El conocimiento humano
merase considera el absurdo como "punto de partida", para afirmar a con,
tinuaci6nue "la creé ncia en el. absurdo de la existencia" debe servir de arranca dcun acto inicial calificable como irracional o, según otros prefie-
guía en una conducta consecuente del hombre'. Así ha de ser, si, según ¿1,
"tddo verdadero conocimiento es imposible". El hombre se encuentra enca-
'O'c p.26
denado en un universo que es incapaz de descifrar, y donde "una multitud . O.c..p.32.
'O.c.. P. 46..
•• 'O.c.. p. 3O.

'Mizo de Sísifo. EJic_ cit., p. 15.

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: •
perspectiva tCOlogiLa %..tJrnO C. i......ifliZ, nos &J105 Çut prees-
ren, supra—racional. Este ser(; por ejemplo, al caso de Ockham, para el que rablezca. La disarmonfa abre las puertas a que algunas realidades o aspec-
la base de toda su filosofía es ci "crea ca Dios omnipotente" En posición tos de las mismas estén en disconformidad con las leyes de mi conocer, con
relativamente similar se encuentran filósofos como Kirkcgaard, que, ante lo que quedan fuera del mismo. La tercera es el proceso progresivo de auto.
Ja desesperanza tic que la razón humana sea capaz de explicar al hombre y nomfa secularizndora de la razón. Una razón secularizada prescinde de Dios.
su existencia, se refugian en la fe religiosa, para desvelar desde ella, con- Y Dcs en muchos filósofos modernos fue una importante pieza en la racio-
cretamente desde los dogmas bíblicos y cristianos, el misterio de la exis- nalización de la realidad: Descartes, Leibniz, el propio Locke... La razón, al
tencia humana que, a juicio de ellos, se ve iluminada desde el pecado ori- tener que habérselas ella sola con la realidad, se hizo mucho más sensible
ginal, la encarnación o ci diálogo con el Tú trascendente. a sus debilidades y deficiencias.
La segunda de estas perspectivas menores sería la irracionalidad debida
a la contextura de determinados sistemas férreos que corren el peligro de
X1V.3. ALGUNOS DATOS HISTÓRICOS SOBRE LO IRRACIONAL
considerar irracional todo lo que no encaje en las estructuras del sistema.
La aversión que la filosofía actual manifiesta hacia la rigidez de muchos sis-
Tras la exposición hecha en ci epígrafe anterior sobre las perspectivas y
temas, en buena medida por esta razón, no es algo nuevo. El siglo XVIII,
planteamientos diversos del irracionalismo, esta revisión histórica la vamos
con notables excepciones, como la de Kant, profesó un fuerte antisistema-
• a reducir a sus hitos más relevantes. Estimamos, sin embargo, pertinente
tisrno. Hay condenas tan fuertes corno ésta:
referirnos a ella, porque, por una parte, ayudará a un acercamiento a lo irra-
Los sistemas son verdaderas desgracias para el progreso de las ciencias: un
autor sistemático no ve la ñacuralcza, no ve más que su propia obra'. cional y, por otra, será un complemento para mejor comprender algunos
reinas de teoría del conocimiento.
Ataque similar encontramos en Hume, quien manifiesta su rechazo de
. Aunque el tratamiento de lo irracional que intentarnos hacer sea bási.
los filósofos constructores de sistemas. Ello se debe a que
limitan en cxccsosus principios y no tienen en cuenta la enorme variedad camenre la consideración de lo irracional gnoseológico o desde el conoci-
de la que en tan alto grado ha dado muestras la naturaleza en todas sus opc- miento, debemos, sin crnbargo, comenzar por una referencia al irracional
, raciones. Cuando un filósofo ha echado mano de un principio favorito, ci . ontológico apuntado en la primera de las perspectivas del epígrafe anterior.
cual posiblemente da cuenta de muchos efectos naturales, extiende ese Es el planteamiento propio de la filosofía antigua y medieval. Y prescindi-
mismo principio sobre la creación entera y reduce a ¿1 todo fenómeno, aun-
que ello sea mediante el razonamiento más violento y absurdo'. mos del mito como laetapa de irracionalidad o pre—racionalidad anrece-
• dente a la instauración del higos, habida cuenta de su tratamiento tópico
Es decir, la irracionalidad originada en sistemas excesivamente cerrados
en cualquier historia del pensamicriro griego. Baste decir que la Cultura
consiste o bien en que, desde ellos, quedan Cuera de la racionalidad fcnó-.
griega, como todas las grandes culturas, se estrena históricamente, como
menos o aspectos de la realidad; . o bien en que esos fenómenos o aspectos
dice Müiler—Freienfels, en un festín de irracional idades '°. Nos referimos a
son sometidos iarrasistcmúticamcnte a una racionalidad dé violencia : que,
lo irracional dentro ya de Ja filosofía .del lógo.s
por ello, deja de ser racionalidad. -. E sabido que toda la filosofía griega se centró en un constante esfuerzo
Podemos cerrar esta enumeración de perspectivas con algunas reflexio-
por buscar y encontrar las derérminaciones (péras, tdtos) que arranquen a
nes especialmente pertinentes para la filosofía moderna. La primera debe
la physis o naturaleza de la indeterminación (ápeiron) para convertirla en
1, recoger Ja incidencia que tiene en la modernidad la aceptación de los lími- cognoscible. Esas determinaciones son las formas e ideas como elemento
tes del conocer humano: lo que esté más allá del límite hay que remitirlo a
esencial de las cosas que las hace ser y ser lo que son. Por eso, dondequiera
"L. la irracionalidad. La segunda es volver a insistir en ¡a pérdida de la armonía
que esté ausente la forma o idea, está ausente el conocimiento. El caso más
- entre conocimiento y realidad en ci pensamiento moderno, salvo que, con

MAUPER11JIS. Lcurcs, en Ocuvrcs. Reed. reprngr5fica de la de la de 1768 (Lyon). George ' Cfr. MÜLLER—FREIENFELS. R., Irratonalinnus. Iimnsse cincr Erkenninislchrc. Felix
Olrns, Hildcshcim. 1965. vol. 11, p. 257. Mcincr. Lespzig, 1992. p. 288.
TU sccpuc, al comienzo del mismo.

______ 183 •
182
•;,uii- o Íos conoce: por un ztidio u , «...,nal. .. .. prit..... __so, rL...,...á qu.
.
conocer un objeto sería reducirlo a elementos incognoscible s , lo cual es
claro de irracionalidad por carenciadc forma (etdos, morphé) que la haga
ser es el de la materia prima en Aristóteles- Tal carencia la deja en la inde- I .. -
sobremanera paradójico. En el segundo, quedaría la razón coniouna estre.
cha zona intermedia entre el conocimiento irracional del comp uesto y el
terminación, la hace in—definible (aóriston) e incognoscible (dgnoston). Es '
no menos irracional de sus elementos. Ante éstos se detendría el análisis o
decir, la materia es realidad, pero no es ser y, como sólo es cognoscible el
ratio y sólo cabría la inwicir$i11 En la razón misma encontramos, pues, un
ser, la materia es incognoscible. Algo semejante cabe decir del Bien en
abismo de irracionaIídad". Prescindiendo de que Ortega no parece tener
Platón y, con mayor rigor, del Uno en Plotino, del que se nos dice que care-
presente en esta crítica ci criterio de claridad y distinción e incluso el posi-
ce de forma, incluso de forma inteligible
ble recurso a Dios por parte de Descartes, no hay duda de que incluso en el
La Edad Media, concretamente la corriente aristotélica, arrastra esta
patriarca del racionalismo cabe rastrear irracionalismos, irracionalis mos
incognoscibilidad de la materia. Y, como defiende que el principio o ele-
propiciados, además, según hemos reiterado, por el desajuste entre el cono-
mento que constituye al individuó formalmente en cuanto tal es la mate-
ccr y la rcalidadi la razón se incapsula cn sí misma y convierte en difícil ci
ria, nos encontramos ante la imposibilidad del conocimiento directo del
puente que nos permita ir de la inmanencia de la razón a las cosas que pre-
individuo, ya que, como dice Sto. Tomás, "el individuo no repugna a la
tendemos conocer.
inteligibilidad en cuanto es singular, sino en cuanto es material ya que
En e1 complejo y variado mirndo de filósofos que constituyen la corriente
nada esentendido si no es inmaterialmente" ". Con esta excepción, no
racionalista nos encontramos, sin embargo, con un auto* r en el que podemos -'
siempre clara, la Edad Media, desde la metafísica creacionista y desde la • hablar de una admisión explícita de lo irracional. Hay textos muy claros:
concepción de la razón humana como una participación de la razón divi-
El último paso de la razón es reconocer que hay una infinidad de coa squ t la
na, no es terreno abonado para irracionalidades en sentido estricto. • sobrepasan. Débil debe de ser cuando su conocimiento no alcanza çstas cosas «.
Entrando ea la modernidad, resultaría extrafio encontrar profesiones r.•' ' Todo lo que es incomprensible no deja de ser
explícitas de irracionalismo en la escuela racionalista, y ello por dos razones Aun teniendó en cuenta la compleja vida de Pascal y su acogimiento a la
fundamentales. En primer lugar, por la idolatríaík la razón, la cual, como fe religiosa, salta a ¡a vista la aceptación del límite de la razón, posición que
nos dice Descartes en su Reg. Vil!, no sólo es lo primero que se conoce, ÍI se aclara cuando se tiene en cuenta ci conocimiento de los primeros princi-
sino que es el fundamento y origen de todo otro conocimiento. En segundo pios por el "corazón", por el sentimiento, y que la razón debe fundamentar.
lugar, porque en todo ci rácionalismo está presente el teolagismo gnosco- sobre este previo nivel sus inferencias y conclusiones ", llegando incluso a
• .:
lógico, es decir, el recurso a Dios en la solución de ¡os problemas de cona-
cimiento. Con ello las posibles deficiencias de la razón humana se ven jjj l• decir que "`todo nuestro razonamiento debe ceder al sentimiento"
Siiaios ahora al e iriíino,sc impone pararse en Locke. A él se
puenteadas por el recurso a Dios. debe, según vimos en el capítulo anterior, ci primer planteamient o rIa.
Sin embargó, Ortega ha llegado, en referencia concreta a Descartes, a
• .jJ.. - tivamcnte claro de los límites del conocimiento, límites constituidos por
acusarlo de:apoyar toda su racionalidad cii un sucio de liracionalidad. • las ideas simples de sensación y reflexión que se nos danen laexperie n.
Aceptando que la razón racionalista es una razón analítica, entonces "si cia Por eso «carecemos de todo conocimiento que vaya más allá, y mucho
conocer racionalmente es descender o penetrar del compuesto hasta sus más cerca de la constitución interna y de la verdádera naturaleza dc la
elementos o principios, consistirá en una operación meramente formal de cosas, porque andamos ayunos de facultades que puedan alcanzare
análisis, de anatomía. AI'hallane la mente ante los últimos elementos, no • •.•
puede seguir su faena resolutiva o' analítica, no puede descomponer más.
De donde resulta que, ante los elementos, la mente deja de ser racional. .Y
"ókíGÁ( ÓAST. J., Ni vítaksmo ni racindismo, en Obras COTtpICIaX. Rev. de
una de dos: o, al no poder seguir siendo racional ante ellos, no los conoce, Occidente, vol. Hl. P. 274.
"Pcnsie.r, 1851278. En Ocuvrez Cornp!.zcs, cdic. deL Laíuma Seuif, París, 1963.p. 524.
"O.c.. 2301430, P. 530.
"O.c., 1101282. pp. 512-513.

"C(r. Eun. VI, 9, 3. Para una explicación mayor de ¡o irracional en la filosofía griega, cfr. 17 0c 5301274. p. 578.

nuestro libro La razón y fo irracionaL Edic. dr., pp. 52-57.


11 Sum.Tlnal.,I,q.86.1.1.ad3. .
185

184
todo lo qiic no se ilJuL'dra a czu., ,,IiiitC.. . ,jdcrnOa a,ajatar irri.i.zur,ai a lo
meta" ". Poco después continuará: "Siempre que pretendemos avanzar in—objctivol Indudablemente, no y ello no sólo porque admite COflOCj_
más allá de esas ideas simples que recibimos de la sensación y de la refle- - inientos y juicios de experiencia que no tienen el marchamo de los conoci-
xión, y sumergirnos dentro de la naturaleza de las cosas, de inmediato mientos objetivos, sino sobre todo porque hay que contar con la razón y con
caemos en las tinieblas y en la oscuridad, en la perplejidad y en dificul- su (unción pensante. Y, claro, si i—rracional remite a la razón pura enten-
tades, y s6lo descubrimos nucstra propia ceguera e ignorancia". derlo como lo que se le opone o cstá fuera de ella, parece que, de poder
Tenemos limitado el conocimiento, aceptamos cosas no sólo desconoci- hablar estrictamente de lo irracional en Kant, habrá que ir a buscarlo en el
das, sino incognoscibles, irracionales, porque "andamos ayunos de faculta- ámbito de aquello que cae fuera die los dominios dci pensamiento. de la
-

des que puedan alcanzar esa mcta". Es decir, la irracionalidad no se debe a razón. Efectivamente, la razón es la dueña y señora del reino de lo inteligi-
la incognoscibilidad de la realidad, sino a carencia de capacidad por parte ble y de lo pensable. En consecuencia, lo irracinal sería lo no—pensable, lo
del sujeto cognoscentre, que es ci planteamiento propio de la modernidad. in—inteligible. Pero ¿señaló Kant los límites del pensamiento, al igual que
Aparece además en su obra un ejemplo claro de irracionalidad, que es el de señaló los d el conocimiento objetivo? Parece que no. Sólo analizando las
la sustancia. Y la razón está en que no tenemos más idea de clin que la de condiciones que debe cumplir la (unción pensante podremos, en principio,
la necesidad de suponer un soporte de las cualidades o accidentes. Por eso hablar de lo irracional como desvaríos de la razón cuando piensa sin ate-
"no tenemos ninguna idea de lo que sea, y sólo tenemos una idea confusa nerse a esas condiciones. Debe pensar sobre la pluralidad de COflOCilflcntQ5
y oscura de lo que hace". O, como nos dice en otro pasaje: "Y, en verdad, objetivos que le llegan desde ci entendimiento, ajustarse a los principios de.
por lo que toca a las esencias reales de las substancias, únicamente supo- la 'razón, ocuparse de los intereses del hombre, pensar lo integrable.en la
nemos su ser, sin saber con precisión lo que sean" . construcción sistemática que la razón lleva a cabo... De no hacerlo así, esta-'
En Hume no es fácil plantear el tema de la irracionalidad, por cuanto su ¿nos en ci engaño, la arbitrariedad, ci pensar fantástico. ¿Podernos, sin con-
reducción de la razón a "un maravilloso e ininteligible instinto" y a la situa- uircon testimonios dé Kant a tal respecto, llamar a esto irracional? Por
ción de "esclava de las pasiones" 11 , hace difícil tal planteamiento, salvo que nuestra parte, no nos atrevemos a dar una respuesta definitiva.
queramos lkvarlo a la sustitución del auténtico conocimiento del mundo por Una etapa que no podérrios pasar por alto en este sumarjó histórico es ci
la belief (creencia), o a una posible irracionalidad respecto de la imaginación, romanticismo. El romanticismo es una rebelión contra el desporismó de la
que constituye para Hume la facultad superior de conocimiento. De ahí que razón, que, con contadas excepciones, profesaron los ilustrados. Como dice
afirmaciones que parecen de clara profesión de irracionalismo, hayan de muy bien Cassircr, aquel irracionalismo tantas veces predicado por los
entenderse desde una teoría del conocimiento donde ni la inteligencia ni la románticos.., no era, en el fondo, más que un tópico y un"grito' de guerra
razón son las instancias cognoscitivas últimas ni fundamentales. lanzado contra el orgullo racionalista de los hombres de lá Ilustración" '.
La aparición.de Kant en la historia del irracionalismo ofrece notables Eite tópico tiene mucho de verdad: hay que romper el corsé de lo que ellos
dificultades a la hora de aclarar si en el filósofo de Koenigsberg se puede consideraban exceso de racionalidad, aceptando 'que hay muchos Casos en
hablar dé lo irracional y en qué sentido. El por qué de estas dificultades es que la razón debe quedar relegada. Renuncian a lo que considerabán 'como
obvio para cualquier conocedor de nuestro filósofo: en Kant hay que distin- saturación de racionalidad. Los huccosque hay que conquistar en Ja lucha
gúir entre conocer objetivamente y pensar. La primera función correspon- contra ci racionalismo 'ilustradé deben llenarlos el sentimiento, 'la imagina.
de al entendimiento ( Versr.and), mientras. que la segunda tiene que ser atri- ción, la preferencia por la noche frente a la luz del Siglo de las Luces, la
buida a la razón (Vcrnunfr). En el capítulo anterior señalamos que él fijó poesía y el arte como modos privilegiados de acceder a determinadas reali-
estrictos límites al conocimiento objetivo, convirtiéndose en in—objetivo dades, el recurso a los'símbolos mitológicos, etc. Frente a la razón trascen-
dental de Kant o a la razón impersonal de los ilustrados, se reivindica la sub.

"Ensayo sobre ci cntcnÍmienw humano, lib. fi, c. 23, § 32. Trad. de E. O'Gorrnan. Fondo de
CE, México, 1956, p. 295. U
CASSJRER. E.. El problema del conocimiento, IV. Trad. de W. Roces. Fondo de C. E.,
"O.c., lib. H. e. 13, * 9. p. 155.
México, 1948, P. 280.
"O.c., lib. III, e. 6, § 6. p. 434.
"Treau, 1.11! parte. sec. 16; II. III paree. se. 3.
11 ('87

186

í
sccuuuu su, más ......, ..s lo P . e inc snadc - :misa as las
premisas y, por esto mismo, aquello desde donde ha de partir fa íilosoffa:4
1:
jetividad individual, la conciencia de cada persona en su irrepetible indivi- - Esta Voluntad, núcleo de la realidad, se contrapone a la representació
dualidad. Estamos, pues, frente a uni auténtica quiebra de la racionalidad: n
es decir, al conocimiento, cuyo mundo es un mundo de (cn6rncrios, más allá
más que un conocimiento dominador de.la razón, se busca un acercamiento de los cuales no alcanza ci conocimiento objetivo, incapaz de Penetra r en e
casi contactual con la realidad, sea esto o no sea estricto conocimiento. interior de las cosas mismas". Es decir, la Voluntad, como sustrato último
En ci pensamiento romántico cScritorcs y poetas tienen un indiscutible de la realidad, se manifiesta en los fenómenos de los que podemos tener
proragonísmo. Vamos a aducir un texto revelador de Novalis: representaciones, pero la Voluntad en sí misma queda fuera del estrict o
El mundo se hace sueño; el sueño, mundo conocimiento. Dicho de otra manera, la. Voluntad, y con ella ci elemento
y aquello que creíamos cumplido
solamente lo vemos acercarse de lejos. último y fundante de la realidad, se evade a la razón y al conocimiento.
Empieza el reino libre de la fantasía; Nictzschc se ha convertido para muchos en paladín y modelo del irracio-
a su gusto y placer entrelaza los hilos; nalismo. Sin embargo, debe tomarse esto con cautcla: es clara su postura con,
velar aquí unas cosas; desplegar allí otras,
tra una razón absolutista y despótica, como él veía la razón de Hegel e incluso
y, al (in, difuminarlas entre mágica niebla".
la razón de filósofos anteriores. Pero esto no tiene por qué significar un irra.
En el romanticismo no se da, a nuestro juicio, un planteamiento explí-
cionalismo total, tal como algunos quieren. Lo que hay es un total rechazo de
cito ni de los límites de! conocimiento ni de lo irracional. Estamos frente
razones y conocimientos abstractos, ya que son inútiles para conocer los aspec-
a otra visión: en su rebelión contra el despotismo de la razón ilustrada se
tos fugitivos de la realidad, que son constitutivos ele la existencia concreto
trataba más bien de dejar al descubierto, por una parte, la insuficiencias
humana y de esa realidad básica que es la vida, con todas sus pasiones, imp ul-
de la razón, y, por otra, la necesidad de abrirse a dimensiones de la reali-
sos, instintos. Por eso podemos encontrar textos tan destructores como éste:
dad —poesía, arte, mito, sueños, vida individu al...— a las que, aunque la
No hay "espíritu", ni razón; ni pcnsainicnco, ni arma, ni voluntad, ni vcr.
razón, tal como había sido entendida hasta entonces, no podía acceder,
dad: todo son ficciones que resultan inútiles".
esto, sin embargo, no eliminaba en el hombre otros dinamismos capaces
Exalta la voluntad de poder como voluntad de vivir, "de una vida en
de ponerse en contacto con ellas. Esta defensa de elementos y dinamismos
al margen dé la razón, tanto en algunas realidades como en el hombre ascenso" . Una vida de la que nos dice que. "es la condición de[ conoci-
miento"". El conocimiento - es una necesidad vital, como lo es el comer, y
individual, es lo que hace del romanticismo un inevitable punto de refe-
rencia para los autores y corrientes irracionalistas que van a venir después: debe estar al servicio de la voluntad de poder. Por eso podrá clamar; "No a
pidnscsc en-autores como Schopenhauer. Nictzschc,o.Kirkcgaard. la razón! a no ser al servicio de un impulso", o «el intelecto es el instru-
Desde el romanticismo entramos en una avalancha de irracionalismos. mento d&nuestros Impulsos y nada más, no* es libre"".
Vamos, simplemente, a espigar algunos ejemplos modélicos, aparte de Indudablemente, en comparación con los modos más o menos tradicio-
Camus, dcIquc ya nos ocupamos en páginas anteriores.. Estos van a ser nales de entender ci conocimiento, estamos casi en los antípodas. Habiendo
Schopenhauer, Nietzscbe y, por parte española, Unamuno. ji mucios acordes con el romanticismo, se ha dado un paso adelante: no sólo
Schopenhauer está inmerso en ci romanticismo. Con él la Voluntad se se señalan deficiencias de la razón, sino que, simplemente, se la rechaza
convierte en ci substrato último de la realidad, en el substrato ontológico.
Por eso estamos más ante una metafísica de la Voluntad que ante una con-
25 Dic Welt isis Wiileund Vontellung, en Zürcher A*ugalc ¡o zhen lldndm.
sideración gnoseoiógica. La voluntad, en antecedencia de Nieczsche, es Edic. dirigida por
Añgelika Hübscher. Diogenes, Zürjch, 1977. 1.11). 11, Suplementos, e. 28. Vol. Ilfi, p. 421
entendida como voluntad de vivir: ...... °1fr. O.c., lib. 11. Suplementos, e. 18. Vol. 1111, p. 228.
En todas estas consideraciones se hace claro para nosotros, por lo tanto, "Nac1gdaUcne Fra,naue. enO. Colliy M. Montínari, Fridrich Nietzjche. S5mr& Wde.
que la voluntad de vivir no ca una consecuencia de¡ conocimiento de la vida, De Oruyrer. Berlín, 1967-1977. VOL XIII. pp. 301._302.
no ca de ninguna manera una conciusio ex ¡iraemisis, ni en absoluto, nada "O.c., p.516.
"Edic. c it.. vol. IX, p. 504.
Vol. IX, pp. 221. 229.

"NOYAUS, Himnos de la noche. Eniiqueck Ofccn1b9cn. Edic. y trad. de E. Barjau. Editora


Nacional, Madrid. 181. p. 251.
189.

188
quier límite de¡ 'conoc,cnlento. L u p.sibiI un ........ que
Con Unamuno cerramos este escueto repaso a algunos hitos históricos. tiene que llevarnos a admitir su existencia, es decir, que sabemos que es, pero ¡
El pensamiento atormentado y apasionado del Rector de Salamanca no es rio sabemosqu4 es. Por ello hay que valerse de procedimientos analógicos y
propicio a una reducción a argumentaciones y conceptos. Frente a conccp- negativos a partir de la razón y del conocimiento. De alguna manera podre-.
ros o argumentos, aparecen claras sus proclamas Contra la razón: ¡nos así pensar, que no conocer, eso indefinible que sobrepasa ci límite.
No me basca que sea verdad, si lo es. Y luego-no puedo, no, no puedo con lo Dos advertencias convenientes se imponen: primero, no confuñdjr lo
puro...; ca como meterme debajo de una campana pncucnática y hacerme el irracional con lo desconocido, ya que lo desconocido puede, en principio,
vacío... Y no sirve razónarme, ¡no,no,no! No me resigno a la razón '°. llegar a ser conocido, no siendo, por lo canto, irracional. Segundo: i-rracj,,
El ambiente de la razón es un aire enrarecido, cuya pureza lo hace irrespi- nd, en su sentido etimológico, es lo opuesto o contrario a la razón. En este
rable. La razón es para 61 "en definitiva, un producto social y U0 es en el fondo 1 sentido sólo sería irracional ¡o incognoscible por la razón, pero no lo incog-
otra cosa que lo que llamamos' fantasía o imaginación. De la fantasía brota la noscible por cualquiera otra "facultad" o dinamismo de! hombre. Por eso
razón"". Conocernos lo que nos viene de la sociedad por el instinto de perpe. debemos olvidarnos de la etimología y aceptar "irracional", para entenderlo
tuación, igual que conocemos lo que nos requiere el instinto de conservación. como lo absolutamente vedado a cualquier forma de conocimiento humano.
de! coiocimiento y de la razón, así como las
1
Por eso "pueden existir y acaso existan aspectos de la realidad desconocidos,
hoy al menos, y acaso inconociblcs, porque en nada nos son necesarios pira de los límites del conocimiento, han sido y pueden ser muy distintas, cada
conservar nuestra propia existencia'"'. Por lo tanto, esa razón, hija de la fanta- teorización dci conocimiento puede también desembocar en una concep-
sía, debe ponerse al servicio de la necesidad de vivir, sin tratar de imponersea ción propia de lo irracional. De ahí que intentemos proponer, casi a mero
los impulsos de la vida. Por eso, como dice poco antes, no'tiene mucho senti- título prograinático, un elenco de nociones que puedan ser de aplicación a
do definir al hombre por la razón, igual podría definírsdo por el sentimiento. planteamientos y sistemas distintos.
De ahí que, en oposición al Hegel que había estudiado, pueda expresarse así: Debernos empezar por dpiar fuera .de lo irracional formas de conocer o
Hegel hizo célebre su aforismo de que todo lo racional es real y todo lo real deficiencias de conocimiento que, en sentido estricto, no merecen ci cali-
racional; pero somos muchos los que no convencidos por Hegel, seguimos ficativo de irracionales. Tal sería el caso de ¡o extra-racional o para-ricio-
" creyendo que lo real, lo realmente real, es irracional: que la raz6n construye nal, lo incoherente, lo subconsciente, lo trágico, etc., etc. Por conodidaJ
sobre irracionalidades ".
calificamos de irracionales estas situaciones, pero se trata más bien de
Esa racionalidad extrema se opondría a la vida, "porque vivir es una .conocimicntos de difícil !ogr9_o de difícil explicación, sin llegar a la opo-
cosa y conocer otra y. ..... acásci hay entre ellas uná tal oposición que poda- sición a todo conocimient o es lo que debe caracterizar lo irraciocL'
mos decir quç todo lo vital es antirracional no ya sólo irracional, y todo lo Hay, sin embargo, otros casos que se avecinan más a lo irracional estric-
racicinal, anti-vital" 11 Podríamos acumular más textos sobre esta irracio-
.
to. Así sucede con lo absurdo. No obstante, debe tenerse en cuenta que
nalidad de lo vital, de igual manera que la inmortalidad, esa necesidad trá- muchas veces lo absurdo, más que por una ausencia total de conocimiento,
gic'con la que vivía, es declarada también irracional. se caracteriza por la carencia de sentido: podemos saber acerca de ello, pero
no logramos una comprensión razonable. Algo semejante cabe de decir de
X1V.4. APROXIMACIÓN A LA NOCIÓN DE IRRACIONAL lo in-just.iíiçablc. Evidentemente, no hay negación de conocimiento, sino
negación de una justificación racional. Algo distinto es el caso de
Usamos el término "aproximación", porque, corno es obvio, de ¡o irra- trans-objetivo o inobjetivo: si recordamos lo dicho sobre Kant, sólo cabría
cional no podemos obtener una auténtica noción por estar más allá de cual- .: convertir estos términos en sinónimos de irradonal, si la objetividad inclu-
ye toda forma de conocer y de pensar, teoría de no fácil aceptación.
En el ámbito de lo que estimamos como propiamente irracional, aparte
'Obws compkuzs de Unanumo:A(ródisio Aguado, Madrid, 1958. Vol. XV!, pp. 29-30. En de este término, nos encontramos con otros cuatro que se usan frecuente-
este ¡ou está De] cnchniento 1rígico de fa vIa do la que serán las referencias siguientes.
"Del scnumknto.... c. 2, p. 155. mente en sinonimia con él. Son: ininteligible, impensable, contradictorio e
L. c., pp. 151-152. incognoscible. Veamos hasta qué punto son sinónimos.
"O.c.,c. 1. p. 13!.
4O.c.,c.2,p.I61.
•.. _ 191
190

.---..----.-.-.".-.----..-.-....-.-.
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Ininzciígible nos parece poco apropiado, ya que, de suyo, significa sólo lo
no accesible al conocimiento inrelectilal,Jo cual no impide que, con gene- '
rosidad semántica, se lo use como equivalente de irracional, sobre todo en
lenguaje coloquial. . -.
Impensable adolece de imprecisiones. En efecto, si, por una parte, parece
tener una significación radical entendiendo lo impensable como algo
mucho más refractario al conocimiento que lo que simplemente no puede
• conocerse; por otra, aparte de que no debe olvidarse la distinción de Kant
entre conocer y pensar, en español la palabra pensares polisémica, por no
decir ambigua, lo cual, a nuestro modo de ver, inavalida una sinonimia
rigurosa con irracional. Llamamos impensables a casos o situaciones que
sn de difícil explicación o, simplemente, sorprendentes.
Lo conti-adicwrio: si se admite el principio de no—contradicción como ley
• ineludible del pensar y del conocer, hay que reconocci que lo contradicro..
rio es estrictamente irracional. Lo difícil, con frccucncia, será determinar
que estamos frente a lo rigurosamente contradictorio. Además, no resulta
proce d ente reducir lo irracional a lo contradictorio. -

Por fin, tenemos -Lo incognoscible. Entendido el término debidamente, es


decir, como loT que cae fuera del conocimiento humano, desde todas las dimen-
siones de éste, no habría duda de la posibilidad de usarlo como denominación
• de lo irracional. Sólo aparece aquí de nuevo la salvedad que surge de la distin-
ción entre pensar y conocen si se admite un pensar que vaya más allá del cono-
cer, entonces lo incognoscible no abarcaría todo el ámbito de la irracionalidad.
• De ahí que, como conclusión final, prefiramos el término irracional, a
sabiendas de que nos olvidamos, tal como acontece en su uso habitual, de
la etimología, dado que ésta sólo lo opone a la razón. Hay que entenderlo
• como opuesto a toda forma de conocimiento e incluso de pensamiento: es
tanto lo incognoscible como lo impensable.
Y, según hemos reiterado, en la modernidad y a partir de ella, lo irracional
h de entenderse desde el sujeto cognoscente y desde sus diversas funciones
o dinamismos cognoscitivos, ya que es desde ese sujeto y desde esas funcio-
nes o dinamismos desde donde se establecen también los límites del CoflOCj-
- miento- Y, si hablando del límite, apuntábamos la dificultad de señalar un
límite absoluto, debido a que los límites con los que hoy contamos pueden
• ser desplazabies por el progreso cognoscitivo, otro tanto hay que decir de lo
. ii-racional. Frente al límite absoluto, habrá un irracional absoluto. Frente a
los límites hoy reconocidos, es irracional lo que está más allá de esos límit es .

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