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ACERCA DE "LA METAMORFOSIS" DE KAFKA


Por Diego Denis
«Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su
cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón
de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro,
surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la
colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables
patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus
piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.»
Se trata del comienzo de "La Metamorfosis"(1915), de Franz Kafka, novela en la cual el escritor
checo dio una vuelta de tuerca más a la anquilosada narrativa decimonónica imperante a
comienzos del siglo XX. El lector se encuentra en el mismo comienzo de la novela ante una
súbita aprensión, un inmediato sentimiento de rechazo, casi de autoprotección: es el comienzo de
la alienación a la que conduce la historia de Gregorio Samsa.
Dicha alienación funciona en diversos niveles (extrañamiento del protagonista, del lector, de los
personajes secundarios), y siempre con una muy bien medida sutileza. Es el lector, en un primer
momento, el que no puede asimilar este primer párrafo, el cual está urdido, por otro lado, con
una considerable carga de maligna ironía. Es el lector, el que tras asimilar -o comenzar a
asimilar- este primer párrafo, comienza su silencioso proceso de alienación. Observa los hechos
que el autor dispone, y el autor a su vez parece delegar sus propias responsabilidades narrativas
en la naturalidad de lo verdaderamente acaecido. Kafka cree en la realidad de Gregorio Samsa y
en la realidad de lo que le pasa. Desde un punto de vista simbólico, lo que ocurre en "La
metamorfosis" era algo muy real para Kafka.
Kafka juega con el lector, lo conduce parsimoniosamente a través de la historia. Sabemos que
Gregorio se ha convertido increíblemente en un insecto, no mayor tal vez que una pequeña
carretilla, pero esto es presentado de manera sencilla, sin las ampulosidades descriptivas de la
ciencia-ficción o la fantasía, sino más bien con la frialdad de un entomólogo. La aprensión se ha
instalado ya -a través de un naturalismo dilatado- en el lector en la primera de las tres partes de
las que consta la novela. Es un hecho que Samsa se ha convertido en un horrible insecto gigante,
y esto es aceptado finalmente por todos los inquilinos del edificio. El lector se ve forzado así a
aceptarlo también.
Ahora bien, no es tan horrible el hecho de haberse convertido en un insecto como la conciencia
de ser un hombre atrapado en el cuerpo de una cucaracha. Existe una suerte de solidaridad
psíquica o emocional para con Gregorio Samsa, que se ve reforzada a medida que observamos el
trato que le confieren sus seres más allegados.
Uno de los mayores logros de "La metamorfosis" es el hecho de crear un ser absolutamente
repulsivo, por el cual el lector llega a sentir verdadera y sincera compasión. Esa compasión
hunde sus raíces en un acercamiento igualmente compasivo y humano hacia Samsa por parte de
Kafka; el cual es, al menos en parte, el propio Gregorio Samsa. El verdadero tema, el asunto
subyacente debajo de esta trama, parece ser la crueldad de la sociedad en cuanto a los más
débiles, gente desposeída de un aparato psicosocial lo sufientemente duro, o estable, para resistir
los embates de la sociedad industrial, y la angustia y opresión que conlleva la misma.
El patetismo de la figura de Gregorio Samsa descansa en buena medida en su voluntariosa y vital
actitud ante la pavorosa situación en la que debe moverse y a la que debe habituarse. Sigue
ideando estrategias, buscando refugio, pensando en el mejor paso, en la más consecuente idea;
sigue siendo humano. En contraposición, los tres hombres de negocios que carecen de la más
mínima cordialidad o amabilidad, que se han autoencumbrado en los puestos más relevantes de
la sociedad y que son reconocidos por sus logros materialistas en un mundo materialista.
Resulta evidente, a medida que la novela toma forma, la verdadera materia de la que está hecha.
"La Metamorfosis" es un mal sueño, pero tan real como pueda serlo desde un punto de vista
psicológico. Su creación se emparenta también con lo onírico: Kafka se había imbuido en un
estado de profunda concentración en la historia, y ésta le robaba horas de sueño antes del
amanecer, el trabajo en la casa de seguros, la monótona y aun inaguantable realidad. Se trata por
tanto de una pura inspiración, si es que tal cosa existe.
El ser consecuente, el actuar o al menos pensar racionalmente frente a la adversidad, sea esta
cual sea, es una de las directrices de los personajes de la novela. Existe una lógica intrínseca
expresada por cada uno de ellos: Gregorio, su hermana, su madre y su padre. En un momento de
endémica penuria económica sus mentes toman consideración de todo cuanto les afecta. Esta
"toma de consideración" es una actitud natural, casi instintiva, en busca de la supervivencia
económica y cierto equilibrio familiar. Kafka parece acercarse a nosotros y exponernos el caso:
Gregorio se ha convertido en un insecto, cierto; pero ¿qué es más importante, el hecho de que se
haya convertido en un insecto o las luctuosas consecuencias del cese del único flujo económico
de la familia? La respuesta a esta pregunta nos sorprende a nosotros mismos.
En el fondo, ese naturalismo, esa pesadilla realista que es "La metamorfosis", nos intriga y nos aterra por la
existencia de una ígnota posibilidad, que no vive en la vigilia, sino que yace latente en nuestras más reconditas
pesadillas, y que parece hacerse carne en esta novela para sorprendernos y recordarnos de su existencia en el fondo
de nuestra mente.
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OBRA DE FRANZ KAFKA


La obra de Franz Kafka es una de las más Sin duda sus trabajos están empapados de
importantes, significativas e influyentes de una atmósfera opresiva, oscura, angustiosa,
la literatura moderna, asimismo es una de muchas veces irreal que termina atrapando
las más controvertidas y difíciles de a sus personajes en un mundo autócrata e
interpretar, ya que está sujeta a múltiples injusto, alienador del individuo, un sujeto
disquisiciones dependiendo de la posición e desplazado de una sociedad que no ofrece
ideas del que la intenta desentrañar, ya comprensión sino manejo y laceramiento
porque parte de los pensamientos de un desde una perspectiva irracional que
hombre extraño, descontento con su termina por incrementar así su propia
alrededor y muy marcado por el complejo frustración vital. La soledad, el sentido del
de inferioridad que le suponía la presencia existencia, la inhumanidad, el desamparo, la
de su dictatorial padre cuya máxima moral, el aislamiento, la ansiedad, lo
ambición con la escritura era la erradicación absurdo o el sufrimiento interno y externo
y superación de todos esos traumas que son algunos de los asuntos temáticos que
tanto le martirizaban. confluyen en la obra del escritor checo
traspasados al papel con un estilo desnudo,
fluido y sencillo; una obra salvada en su
gran parte por los esfuerzos de su buen
amigo, el también literato Max Brod.

INFLUENCIADOS POR KAFKA: Thomas Mann, Alfred Doblin, Jorge Luis Borges, Jakob
Wassermann, Christopher Isherwood, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Rex Warner,
Denis Saurat e infinidad de autores célebres y anónimos de nuestro tiempo.
FRANZ KAFKA
(1883-1924)
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Franz Kafka nace en la ciudad checa de Praga capital del reino de
Bohemia el 3 de julio de 1883, en el seno (tenía tres hermanas
menores -Elli, Valli y Otla- y habían muerto otros dos hermanos
mayores en sus primeros años de vida) de una familia de clase
media alta.

Su madre, Julie Lowy, provenía de una familia urbana de


elevada e ilustrada alcurnia practicante de la religión judía;
Hermann Kafka, su padre (una figura tosca y autoritaria que
marcaría fuertemente la personalidad y posterior desarrollo
emocional del literato) era un comerciante rural también de
origen semita que había conseguido amasar una gran fortuna
como tendero en la capital eslava.
En un territorio dominado por las disputas políticas entre los checos y los alemanes de la zona de Bohemia el joven
Kafka se destaca como un muy buen estudiante de rasgos enfermizos que tanto domina la lengua checa como la
alemana (su lengua primordial y con la que escribió sus obras) ambos idiomas oficiales del país.
Después de acabar los estudios de enseñanza media en
colegios alemanes, Franz, ante la insistencia de su padre
comienza en 1901 los estudios de Derecho y Germanística en
la Universidad Alemana de Praga. En la Universidad entablará
amistad con uno de los personajes fundamentales de su vida,
Max Brod, el cual sería el verdadero artífice de la divulgación
de la vida y obra del escritor checo. Además de Brod su círculo
de amistades se completaría con gente como Oskar Pollak,
Oskar Baum y Feliz Weltsch.
En este primer periodo universitario será cuando inicie su andadura literaria
escribiendo "Descripción de una lucha". Gran aficionado a la literatura desde
joven, sus escritores más admirados serán Goethe, Hugo Von Hofmannsthal, Leon
Tolstoi, Friedrich Nietzsche, Charles Dickens, Strindberg, Gustave Flaubert y el
filósofo existencial Soren Kierkegaard.
En 1906 consigue terminar sus estudios de leyes y un año después logra un trabajo en una empresa dedicada a los
seguros de nombre Assicurazioni Generali. No contento con su empleo, Kafka consigue entrar en un organismo
público, el Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia, puesto de trabajo en el cual estará
hasta su muerte. Gracias a esta colocación y a pesar de que este nuevo empleo no colma sus inquietudes Franz
consigue tener mucho más tiempo libre que dedicará a profundizar en sus raíces judías, en sus ideales socialistas y
anarquistas, a la pintura y sobre todo, a la escritura, afición no bien vista por su padre, un hombre práctico carente de
sensibilidad artística.
Kafka, alegre y afable con sus compañeros también
mantenía una personalidad ansiosa, desplazada y huraña
(muy influenciada por la imagen arbitraria de su
progenitor) que exorcizaba en su tiempo libre mediante
su talento y perceptividad literaria y la creación de unas
situaciones sombrías, angustiosas y opresivas. Su
quebradiza salud (contrae tuberculosis) hace que pase
largos períodos de convalecencia que aprovechará para ir
modelando sus nuevos proyectos literarios. También
cuando puede aprovecha para viajar por gran parte de
Europa (en ocasiones por razones de trabajo y otras por
motivos de salubridad) muchas veces en compañía de su
gran amigo Max Brod.
En el año 1913 y en la capital alemana de Berlín conoce a una
joven de nombre Felice Bauer con la que iniciará un romance
con claro destino matrimonial. Su firme propósito de enlace
queda roto al año siguiente, un año que supondría el inicio de
la Primera Guerra Mundial. Poco después seguiría el
compromiso con la muchacha alemana aunque tras muchas
promesas de boda nunca llegarían a casarse. Felice se
casaría en 1918 con otro hombre. Kafka también mantendría
relaciones con una amiga de Felice, Grete Bloch de la que se
dice que tuvo un hijo de Kafka (él nunca supo de su
existencia) que falleció a la temprana edad de siete años
Por esa época había publicado "El fogonero" (primer capítulo de "América") además de varios relatos y su nombre
ya era respetado entre un limitado círculo de escritores (recibió el Premio Fontane por "El fogonero"). Se
emprendería su etapa más prolífica en cuanto a sus escritos, publicaría obras tan significativas como "La
metamorfosis" (1915), "La condena" (1916) o "En la condena penitenciaria" (1919) además de ir escribiendo sus
otros trabajos más conocidos.
La temible tuberculosis volvió a azotar a Kafka en 1917 y éste para iniciar otro
tiempo de reposo se desplazaría a casa de Ottla (su hermana más afín) en Zürau.
En cuanto al aspecto sentimental de su existencia, Franz conoce en 1918 a otra
mujer llamada Julie Wohryzek con la que comparte su vida. Dos años después su
corazón pertenecerá a Milena Jesenska (su traductora del alemán al checo)
abandonando a Julie por Milena con quien comenzará a cartearse y con quien
continuará relaciones hasta 1922.

Su vida amorosa no puede ser completa debido a que la tuberculosis hace mella
cada vez con más énfasis en su salud. Tras un recorrido en busca de una cura
definitiva se establece en Berlín con una nueva acompañante, la judía y socialista
Dora Dymant. La curación no llega y Franz Kafka fallece el 3 de junio de 1924 en
el sanatorio de Kierling (Austria) al lado de Dora y del médico Robert Kloptock.
Tenía 40 años. Sus tres hermanas menores morirían unos años después en el
período nazi en los terribles campos de concentración alemanes.
Su compañero Max Brod sería designado albacea de los bienes de Kafka. El
escritor le rogó cuando estaba en fase terminal que destruyera todas sus obras no
publicadas (entre ellas "Carta al padre", "América", "El proceso" o "El castillo").
Por fortuna, Brod no cumplió los designios de Franz Kafka y los escritos que vieron
la luz revisados por el propio Max Brod junto a los publicados en vida de Kafka
compusieron una obra global de profunda influencia en el desarrollo de la
literatura y el pensamiento moderno
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Existencialismo
Los temas usuales en la obra de Kafka como la angustia vital, la soledad, el absurdo, el aislamiento de la
colectividad, el propio sentido de la vida y el problema por el devenir del individuo ejercerán notable influencia en
posteriores pensadores y escritores de talante existencial como puede ser el francés Jean Paul Sartre.
Estas ideas claves en su obra además de proceder de su consustancial
personalidad y de un ámbito familiar marcado por una relación amor-odio por su
dominante padre también están fuertemente influenciadas por literatos y
filósofos entre los que destaca el danés Soren Kierkegaard (1813-1855), un
pensador caracterizado por su reacción crítica contra la filosofía unitaria anterior
y el historicismo establecido por Hegel.
Kierkegaard va a abordar en profundidad la importancia del ser individual donde lo verdaderamente fundamental es
la existencia de cada uno. Desde una perspectiva religiosa, Kierkegaard se preocupa del sentido de la existencia
humana con estas conocidas palabras: "Lo que yo necesito es ponerme en claro conmigo mismo, saber qué debo
hacer. La cuestión no es que debo conocer sino se trata de querer comprender mi destino, saber y ver lo que la
Divinidad espera y quiere de mi. Tengo que hallar una verdad que sea positiva y verdadera para mi, una idea por la
que vivir o morir". También emprende la teoría de la angustia viéndola como una experiencia positiva, un
conocimiento que hace que el que la sufra pueda franquear y olvidar su propio egocentrismo permitiéndole
adentrarse de manera directa en la problemática inherente a la existencia misma.
Estas ideas se desarrollaron principalmente en épocas de crisis, tanto social como
económica y unos períodos propicios a esa difusión fueron el lapso delicado de
entreguerras en Europa y el período de posguerra tras el segundo conflicto bélico.
Así, pensadores que en muchos casos derivan de los postulados fenomenológicos
de Edmund Husserl como Martin Heidegger, Merleau Ponty o Karl Jaspers hasta
llegar al humanismo existencial de Jean Paul Sartre van modulando desde
diferentes ópticas filosóficas y religiosas (en su mayoría ateas) el pensamiento
esencial del existencialismo: tomar la vida humana como centro de su reflexión
en un ambiente dominado por una sociedad alienadora que partiendo de un
raciocinio único impide el crecimiento en libertad del individuo despersonalizado
y carente de pensamiento propio.

Lo importante es conseguir esa libertad personal, la obra de su propia esencia al


margen de un Dios creador, que el propio ser mediante su reflexión libre
construya autónomamente su existencia y los valores y hechos que en su realidad
convivan.
El visionario y precursor del existencialismo literario Franz Kafka, adelantándose
a los graves y angustiosos problemas provocados por una colectividad moderna
dominada y dirigida por unos pocos, distanciadora del individuo que impiden su
desarrollo en libertad fue continuado por autores como Samuel Beckett, Simone
de Beauvoir, Miguel de Unamuno, Eugene Ionesco, Albert Camus o el mismo Jean
Paul Sartre.
La Metamorfosis
Guillermo Sánchez Trujillo
www.kafka.org

La Metamorfosis es la historia de un viajante de comercio, Gregor Samsa, que una mañana se


despertó convertido en un monstruoso insecto. Y no se trata de un sueño, sino de una
metamorfosis real, simple y llanamente, sin ninguna retórica de por medio. Ante este hecho
increíble Kafka no hace concesiones realistas, y mantiene la nueva condición de su personaje
hasta el final. Esto hace de La Metamorfosis una obra de ficción dura, a la manera de La Odisea
(con la que está muy relacionada, además), o los cuentos de hadas del Medioevo, particularmente
aquellos en los que una malvada hechicera convierte al Príncipe Azul en un animal repugnante.
De otro lado, la obra tiene un alto contenido autobiográfico, y pertenece a una trilogía sobre el
tema del matrimonio en relación con el individuo, la familia y la sociedad, escrita por Kafka. En
La Condena el asunto es el compromiso matrimonial asumido como traición a la vocación
literaria; en La Metamorfosis hay una mirada del matrimonio y las relaciones familiares desde
una perspectiva masoquista e incestuosa; en El Proceso se trata ya de un ajuste de cuentas
relacionado con la incapacidad de cumplir los compromisos adquiridos y que, de acuerdo a una
ley no escrita, debe pagar. En los tres casos la historia termina con la muerte del protagonista.
La Metamorfosis está construida con base en un nivel de ficción que tiene dos planos, Crimen y
Castigo de Dostoievski y La Venus de las Pieles de Leopold von Sacher-Masoch, superpuestos
de tal forma que hacen contacto con un nivel real también compuesto por dos planos, las
relaciones familiares y sus sueños con Felice. Kafka logra, mediante la fusión de estos dos
niveles, una realidad fantástica que le permite expresar sus temores y deseos más profundos en
un lenguaje poético que hace de La Metamorfosis un clásico del erotismo, condición que hasta el
momento no ha sido considerada. (Semejante pléyade reunida en La Metamorfosis -Kafka,
Sacher-Masoch y Dostoievski- hace de esta obra una cumbre del masoquismo.)
PRIMERA PARTE:
La Metamorfosis consta de tres partes: en la primera se describe la transformación de Gregorio y
la reacción de la familia ante el hecho; en la segunda se presenta la nueva cotidianidad de la
familia, cuya frágil estabilidad se rompe con el enfrentamiento entre Gregorio y la hermana; y en
la parte final, que termina con su muerte, asistimos al intento fallido de Gregorio por
reconquistar a la hermana.
El primer plano sobre el que Kafka construye la obra es la novela
de Dostoievski, la cual suministra la base textual que Kafka
varía ligeramente -mediante sustituciones, principalmente- para
adaptarla a las intenciones de su propia historia. En el caso de la primera parte de La
Metamorfosis, Kafka toma tres despertares de Raskolnikov -como animal, como asesino y como
culpable-, con los que monta las primera escenas del relato. El hecho de que Kafka elija estas
escenas de Crimen y castigo nos hace sospechar de entrada de la versión de un Gregorio
angelical, víctima de la familia y de la sociedad, como tradicionalmente se le ha considerado.
La Metamorfosis se inicia con el despertar de Gregorio convertido en insecto. Kafka lo describen
un primer párrafo que hace parte de los comienzos inolvidables de la literatura: "Cuando
Gregorio Samsa despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, se encontró en su cama
convertido en un insecto monstruoso. Estaba echado sobre el quitinoso caparazón de su espalda,
y al levantar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas
durezas, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, visiblemente a punto de escurrirse
hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor
ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia".
Este extraordinario comienzo es una variante del principio del tercer capítulo de la primera parte
de Crimen y Castigo, donde Dostoievski describe el estado de abandono y soledad en que se
encontraba Raskolnikov, al que describe como un animal enconchado:
"A la mañana siguiente se despertó tarde, tras un sueño agitado que no lo había descansado. Se
levantó bilioso, irritado, de mal humor, y consideró su habitación con odio. Era una jaula
minúscula, de no más de seis pies de largo, y tenía un aspecto miserable con su papel amarillento
y lleno de polvo colgando en jirones de las paredes. [...] Raskolnikov se había retirado
deliberadamente lejos de la compañía de los hombres, como una tortuga bajo su caparazón...".
El insecto de La Metamorfosis nace cuando Kafka transforma el "gusano", la "alimaña", la
"cucaracha", el "piojo estético" en que se ha convertido Raskolnikov, en un "insecto real",
utilizando una de sus herramientas más poderosas: la literalidad. Con ella desmonta la metáfora
que sostiene al "insecto moral", dejando sólo el "bicho", sin ningún calificativo, lo que lleva la
metáfora a límites no explorados hasta entonces en el mundo de la literatura. Es así como,
llegando al fondo de las palabras, Kafka hace de su estilo un estilo duro como roca y transparente
como agua pura.
En el origen de la labrada tragedia de Raskolnikov hay una teoría según la cual los hombres se
dividen en "ordinarios" y "extraordinarios", siéndole a éstos permitido trasgredir la ley cuando
ella se interpone en el camino de un glorioso destino. El caso de Napoleón sedujo
particularmente a Raskolnikov, quien quiso poner a prueba su teoría mediante un experimento
moral y, de esta manera, decidir si él era un Napoleón o un "animal tembloroso". Pero
Raskolnikov no era un Napoleón, sino "un piojo estético": "!Un Napoleón no se metería debajo
de la cama de una vieja usurera!"
Kafka saca su personaje de las entrañas de Raskolnikov, pero no lo hace su igual, pues si
Raskolnikov sueña con ser Napoleón, Gregorio, según el retrato que cuelga de una de las paredes
del comedor de la familia Samsa, es Napoleón: "En el lienzo de pared que daba justo frente a
Gregorio, colgaba un retrato de éste, hecho durante su servicio militar, que lo representaba con su
uniforme de teniente, la mano sobre la espada, sonriendo con despreocupación y un aire que
parecía exigir respeto por su indumento y su actitud". En un apunte de su diario del 17 de octubre
de 1911, Kafka menciona esta imagen que le gustaba particularmente: "Cuando pienso en esta
anécdota: Napoleón cuenta en la mesa real de la corte de Erfurt: "Cuando yo era un simple
teniente en el quinto regimiento..." (las altezas reales se miran, turbadas, Napoleón lo advierte y
se corrige), "cuando yo tenía el
honor de ser un simple teniente..." se me hinchan las arterias del cuello con el orgullo que,
ligeramente simpatizante con el protagonista, me emociona artificialmente".
Kafka continúa la primera escena trayendo a cuento la tarde del asesinato, cuando Raskolnikov
se despierta hacia las seis y media, sin haber hecho aún los preparativos del crimen, teniendo que
estar en casa de la vieja a eso de las siete, hora en que la encontraría sola. Raskolnikov piensa
que vive una pesadilla, y aún no se imagina que va a tomar el hacha y le va a partir el cráneo a la
vieja. Gregorio, a su vez, reflexiona sobre lo que le está sucediendo y se dice a sí mismo que
todo no es más que una pesadilla, que debe olvidarse de todas estas fantasías y tomar el tren que
sale a las siete, para lo cual debe apresurarse. Pero no logra decidirse a abandonar la cama,
mientras las agujas del reloj siguen avanzando. Raskolnikov y Gregorio están cortos de tiempo y
la reacción inicial de ambos es igual:
"Gregorio dirigió [...] la vista hacia la ventana... [luego] Volvió los ojos hacia el despertador, que
hacía tictac encima del baúl
-(Raskolnikov) de repente, oyó claramente dar la hora en un reloj. Se estremeció, abrió los ojos,
levantó la cabeza y miró por la ventana, para calcular la hora)". Gregorio: -"!Santo Dios!",
exclamó para sus adentros. Eran las seis y media, y las agujas seguían avanzando
tranquilamente" - (Raskolnikov: "Y quizá habían dado ya las seis... -!Hace rato que dieron las
seis! !Hace rato! !Santo Dios!")
"El muestrario de Gregorio no estaba aun empaquetado" y Raskolnikov se extrañaba de "que aun
no hubiera preparado nada". Finalmente: "Ya las siete -se dijo Gregorio al oír de nuevo el
despertador-. !Las siete ya, y todavía continúa la niebla!". Para Raskolnikov en algún reloj sonó
una campanada: "!No es posible! Las siete y media ya? Seguramente adelanta...".
En el tercer despertar que Kafka recrea, y que inicia la segunda parte de Crimen y Castigo,
Raskolnikov es ya un asesino. Este, tan pronto comete el crimen, regresa a su habitación donde
pasa una noche entre el delirio y la pesadilla. A la mañana siguiente lo despiertan unos fuertes
golpes en la puerta, sin saber qué hacer, es presa del terror, pues piensa que han venido por él a
causa de su crimen. Se trata del portero y la criada que vienen a entregarle una citación de la
comisaría. La criada le pregunta si está enfermo, y si teme que se lo roben que ahora echa el
cerrojo por dentro -"Quién habrá cerrado con aldabilla? -replicó Nastasia, la criada-. !Qué listo! !
Ahora cierra por dentro!...".
En La Metamorfosis los que entran en escena son la familia, que tan pronto se entera de que
Gregorio aún permanece en su habitación, llaman a la puerta y le informan la hora; luego, le
preguntan si está enfermo; y, finalmente, le piden que abra la puerta. Pero Gregorio no piensa
abrir ni mucho menos, y se felicita de su costumbre, adquirida en los viajes de negocios, de
cerrar la puerta de la habitación por dentro, incluso en su propia casa.
El tipo y el orden de las escenas seleccionadas por Kafka para montar el texto de la primera parte
del relato son coherentes con la historia que le sirve de base, y no cabe duda de que Gregorio
como Raskolnikov es culpable. Pero de qué, cuál es su crimen? La respuesta viene en el segundo
párrafo y está enfrente de la cama de Gregorio, a la que éste tan pronto se da cuenta de su
transformación, mira como pudo mirar Sansón a Dalila antes perder la vista:
"Qué ha sucedido? No, no soñaba. Su habitación, aunque excesivamente reducida, aparecía
como de ordinario entre sus cuatro harto reducidas paredes. Presidiendo la mesa, sobre la cual
estaba esparcido un muestrario de telas -Samsa era viajante de comercio-, colgaba una estampa
poco antes recortada de una revista ilustrada y puesta en un lindo marco dorado. Representaba
una señora tocada con un gorro de pieles, envuelta en una lona también de pieles, y que, muy
erguida, esgrimía contra el espectador un amplio manguito, asimismo de piel, dentro del cual se
perdía todo su antebrazo".
Gregorio no es un asesino como Raskolnikov, sino un ultrasentimental, que se pierde por una
muy conocida mujer, "La Venus de las Pieles", cuyo retrato original se encontraba en San
Petersburgo, lugar de residencia de Raskolnikov -el amigo de San Petersburgo-. Gregor Samsa
compartía su objeto de deseo con Sacher-Masoch, su doble, con quien se identificaba hasta el
punto de asumir secretamente su identidad mediante una permutación, ya que Gregor Samsa es
un anagrama de Sacher-Masoch. Además, el protagonista de La Venus de las Pieles, Severino
Kusinski, como esclavo de la Dama de las Pieles toma el nombre de Gregorio por mandato de su
señora, con lo que la identificación resulta múltiple. Como dijo Brod, esos impuros asuntos de
mujeres influyeron mucho, sin imaginar hasta dónde, en la obra de Kafka.
Una técnica que Kafka utiliza en su obra a partir de La Metamorfosis es la de colgar de las
paredes retratos, que representan personajes importantes en la obra, que actúan tras bambalinas,
imprimiendo un rumbo al relato distinto del original que le sirve de soporte textual. El segundo
plano de ficción, La Venus de las Pieles, nos proporciona la identidad de los protagonistas a
través de un retrato y de un nombre. Mucho se discutió si la obra de Kafka presentaba claves ó
no, llevando las de perder los que estaban por la afirmativa, pues nunca las encontraron, dando
lugar la obra de Kafka a un sin fin de interpretaciones.
Gregor Samsa -Sacher-Masoch- es Franz Kafka por lo que la dama del retrato -Wanda Dunaiev-
es Felice Bauer, su flamante novia, quien le inspira la historia. En una carta del primero de
noviembre de 1912 a Felice, Kafka señala la estrecha relación que existe entre ella y su obra, y
alude a la génesis de La Metamorfosis, cuando le confiesa que, desde la tarde aquella en que le
escribía por primera vez, "he tenido una sensación como si en mi pecho hubiera una brecha a
través de la cual una fuerza succionante e incontrolada tirara de mis entrañas hacia afuera y hacia
adentro, hasta que una noche, en la cama, al acordarme de una historia bíblica se me
evidenciaron al mismo tiempo tanto la
necesidad de aquella sensación como la veracidad de dicha historia".
Kafka no le dice a Felipe de qué historia se trata, pero sin duda es la historia que sirvió a Sacher-
Masoch de epigrama a su novela: "Dios le castigó, poniéndole en manos de una mujer" (Libro de
Judit, 16, cap. VII). Kafka debió ver con terrible precisión que "desde Holofernes y Agamenón
hasta aquí, la pasión ciega, la voluptuosidad ha llevado siempre al hombre al seno que le tiende
la mujer..., la miseria, la esclavitud, la muerte". En el diario de Severino-Gregorio leemos: "Me
desayuné bajo la bóveda verde y me puse a leer el libro de Judit, envidiando el furor de
Holofernes el Gentil, la real mujer que le decapitó y hasta su hermosa
muerte."
"Dios le castigó poniéndole en manos de una mujer".
Me choca esa frase.
!Cuán poco galantes los judíos! Su Dios pudo elegir mejor expresión
para el bello sexo.
"Dios le castigó poniéndole en manos de una mujer", me repetía entre tanto. Qué podría hacer yo
para que me castigase?"
La Venus de las Pieles está inspirada en la baronesa Fanny von Pistor, una mujer "de belleza
extraña, diabólica, de cabellos rojizos cuyo esplendor desafiaba toda descripción, con algo
mágico y fascinante como la mirada de una serpiente", que Leopold von Sacher-Masoch, idealiza
en Wanda Dunaiev, la protagonista de la novela. Sacher-Masoch, que soñaba reiteradamente con
una hermosa sultana que lo hacía esclavo en un palacio de Turquía, plasma en esta obra su ideal
femenino: una mujer opulenta, cubierta de pieles y con un látigo en la mano, que le inflige toda
clase de castigos y humillaciones, de acuerdo con un contrato firmado previamente entre
Severino Kusinski y Wanda Duaniev, en el que aquel acepta ser su esclavo, estándole a ella
permitido hacer con su amante lo que a bien tenga. Para Sacher-Masoch este asunto iba en serio,
como lo demuestra el hecho de haber vivido su fantasía en la realidad al formalizar un contrato
con Aurora Rümelin, quien aceptó encantada esclavizar al escritor, con quien se casó, adoptando
el nombre de Wanda, como la protagonista de la novela. Así, Sacher-Masoch se convirtió en el
personaje de ficción que él mismo había imaginado y creado.
Para Kafka las cosas funcionan distinto, pues parte de una fantasía -La Venus de las Pieles-, que
le inspira una relación real -con Felice Bauer- que logra satisfacer mediante una ficción en La
Metamorfosis. La literatura para él es un mecanismo que le proporciona y le satisface sus
fantasías. En el caso de La Metamorfosis le permite vivir el matrimonio en la virtualidad
literaria, que actúa como sustituto del matrimonio real, al cual exorciza. Por eso, el ideal que
inspira la obra y el ideal que lo encarna, que en la La Venus de las Pieles son dos mujeres que
actúan como polos a través de los cuales circula la literatura la ficción-, son en La
Metamorfosis_, una misma mujer -Felice Bauer- que circula a través de dos polos de ficción. Por
lo demás, esta mujer que sirve de "conductora" de la fantasía de Franz Kafka no precisa ser una
hermosa baronesa, pues de hecho Kafka, cuando vió a Felice por primera vez, la confundió con
una criada a la que, en los primeros tiempos, no era capaz de mirar de frente por el brillo infernal
de sus dientes de oro.
Gregorio se ha transformado en un insecto al entregarse a la dama de las pieles, que lo ha hecho
su esclavo, y aún no sabe si su condición es permanente o momentánea. La puerta de su
habitación separa el mundo de la fantasía del de la realidad, estando ésta del lado donde su
familia y el trabajo lo reclaman. Gregorio no se anima a enfrentarse con la realidad hasta cuando
el gerente llega e insinúa que Gregorio quiere robarle al almacén. Este logra entonces abandonar
la cama y se dirige a la puerta, que abre con mucha dificultad.
Al salir Gregorio, el gerente da un grito y retrocede, la madre se desmaya, y el padre rompe a
llorar. Gregorio trata de calmar al gerente y evitar el despido, pero éste huye como alma que
lleva el diablo. Ante ésto, el padre se enfurece y empuja brutalmente a Gregorio a su habitación,
dando patadas y blandiendo un bastón en una mano y un periódico en la otra.
En esta dramática escena con la que termina la primera parte, una de las mejor logradas de la
historia e inspirada en el reencuentro de Raskolnikov con la madre y la hermana en su pequeña
habitación de San Petersburgo, Kafka nos da una idea de cuales eran sus relaciones con la familia
y el trabajo, que por los días en que escribió la historia eran en extremo malas. El padre aparece
como un ser tiránico y brutal, y la madre es presentada como un ser débil y sin carácter. En
cuanto a la hermana, Kafka la aleja de esta escena mandándola a buscar al médico, quizás por
delicadeza con sus hermanas, con quienes dice llevarse bien, a diferencia de su padre con el que
se aborrecen mutua y decididamente,según le escribe a Felice una semana antes de comenzar el
relato.Gregorio no será nunca más un hombre libre, condenándose a sí mismo para siempre a la
animalidad. Esta transformación es voluntaria y de ella nada sabía su familia, que no tenía
noticia de que algo semejante hubiera ocurrido alguna vez en la familia o entre vecinos,
considerando la metamorfosis de Gregorio como una verdadera maldición. Gregorio atormenta a
su familia hasta límites infrahumanos, impidiéndole llevar una vida normal, al hacer suyas las
palabras del amargado ratón de las Memorias del Subsuelo, uno de sus antepasados directos: "Se
que os tengo atormentados, que os hago sufrir, que no dejo que nadie duerma en la casa. Pues
bien, no durmáis, daos cuenta a cada instante de que me
duelen las muelas.