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GROISMAN, Enrique, “ La «Ley Avellaneda» y los estatutos universitarios de 1885: su sistema, sus valores y sus

propósitos”, en La ley Avellaneda y los Estatutos universitarios de la UBA, Universidad Nacional de Buenos Aires, Bs. As.
1995.

1• Características generales

La ley 1 597 (denominada Avellaneda por haber sí do éste quíen.


como senador. elaboró el respectivo proyecto) estuvo en vigor entre
1885 y 1947.

Fue dictada para las universidades de Córdoba y Buenos Aires, que


eran las únicas que en el ámbito nacional existían en ese momento.

Sus sesenta y dos años de vigencia constituyen el período más


extenso de un régimen universitario que se registre en nuestra histo-
ria, s1 bien durante su transcurso se operaron profundos cambios y
hubo vanas 1ntervenc1ones de diferente signo.

Tiene sólo tres artículos dispos1t1vos y uno de forma; establece


las bases sobre las cuales cada universidad debe d1cta1- sus estatutos.
que son sometidos a la aprobación del Poder Ejecutivo; dispone que
la designación y remoción de profesores también corresponde a este
último. lo primero a propuesta en terna de los respectivos conse1os

i 1
supenores y io segundo a pedido de las respectivas facultades: acuerda es sin duda imprec1<0 pc,.-que ron' d .
de la - · · , ''un e 1os
a ias universidades la atr1buc1ón de expedir «exclusivamente» íos
con las par:es que la integran o «componen)) Y
diplomas profesionales: crea los órganos de gobierno. regla su modo
sin de11n1r sus atnbuc1ones como a- el
de elección y define sus atribuciones básicas. de las · ' ~> c~<"
Y el de los ya menc1onadoc: dºca~n- c , t ~-v
- '-- ¡,V~ e-,,,..., Sº ºxpl

Un examen actual de esta y de! pnmer estatuto que se dictó en pane porque los legisladores traba1aron <obre un·a-:~v , .' .1ca
existente cuv~ " : . . • - >J uac1on pre-
en consecuencia lleva a comprobaciones tan interesantes como ,~ Cvnt1nu1dad procuraron .'"Ons
... oi1'd ar.
soprendentes: en el debate parlamentario se defendió la autonom(a Las dificultades S"n m-y"re d
p. + , v d .._, s (uan o se trata de interpretar J ,

un1vers1tana, pero se la describió con un significado diferente del se ,n,end10 por «facultades» En el debate -,, 1 . que
que habría de darle a partir de 1918 el mov1m1ento reformísta: se en el sentido d" f-,. , ., ,, as considei·a a veces
r - « Ch.Ulty)) \en ingles, ccn1unto de los profesorec:\
sostuvo la necesidad de independencia de la cátedra. pero no se
pero ~as1 siempre se la< as1m1'a a 1 h . .. -1
t - n ' 1 o que oy son los conse¡os d1rec-
puso el gobierno universitario en manos de los prcíesores: se pre- - -
1vo, v C011SeJOS académicos.
tendía para éstos la excelencia académica. pero se suprimió del pro-
La
yecto la obl1gatcnedad de les concursos. ut1i1za el término en los dos '"nt1dos '"en• d
Ja regla quinta dis on , , -~ • '- ' ,ra 1ctonos: en
Conceptos tan reiteradamente aludidos como el de «autonomia» p e que «en ia composición1 d" 1 F ·
entrará a ¡ p , , , ..... as acuitad es
. o m~ncs una tercera parte de los profe<
y «libertad de cátedra». y aun términos aparentemente inequívocos como sus auia'>> F't . -Ores que
«facultad». quieren decir en la ley y en el debate parlamentario que la h
- · -'·ª norma -en r"lar1ón , ,
co 1"
n e, t1m1te de au in'"" "
wros que se"u1damen•e ~-tab' , '-~ m1,m-
precedió algo d1st1nto de lo que hoy se entiende por tales. º e t.'.) 1ece para cada
1n:erpretac1ón de esta última rom" 1 r ' exclu¡e la
, v e ... on;unto oe los p1-~íes~re- .
Por estas razones. el anál1s1s y la valoración de que hoy puedan que permite que los e·"tut" 1 ' • v. v " -ya
p • ,., "ª ·vS o 1Jm1ten a cinco (una ter·cera - "
ser obieto esos instrumentos 1uríd1cos no puede i1m1tarse al texto d,I ,ota1¡- y por eso e< b , parL
· - o v,o oue alouncs ,,, •edn
que ios expresa: es necesario situarse en ei debate de la época y El verbo «di· '"en , · º "~ en quedar exlui'dos
, 5 ».por OLra parte. ne se explica '1 se.
veriíicar la interpretación y sobre todo la aplicación que de eilos se q ue el mi,mo -
inciso excluve de ¡ - r ·'
· -
'
uene en cuenta
, a «ra ... u1tad» a ia mayon"a de ellos.
hizo cuando estuvieron en vigor. Esto es lo que me propongo hacer
! a rogJ· q t
en las lineas que siguen. - ' e · uin a, por cons1gu1ente." 1 -
' ,mp ea ((!acuitad» cerne equi-
valente a conse;o d11·ect1vo o académico Dero ,
interr.¡-ptar~ . . ri--- dn- ' , aun así puede
" --. >e ~e: v> maneras d1ferento<· .~ 1d.
_,__ a)' q'..;e: {
JO dwect1vo1 esté int"or-d· p . ,conse-
l. Organos de gobierno . ' 'o e e or un tercie ael total de profP-<>··ec: b'
q ue poi- 10 meno- t . · ->~· -· J
' . , un e1 (10 de !os m1emb:·os de la ,<f- r¡ ' ' '
se10 directivo) d b - . , ª'-e.Jitad» (con-
La ley dice que la Un1vers1dad se «compondrá» de un Rector, de e an ser profesores.
un ConseJO Superior y de las Facultades. Seguidamente agrega que «la Ambas 1nterpretar' n 0 r
. . uv e~ iuemn enunciadas en el debate Parla-
Asamblea Un1vers1tana es formada por los miembros de todas las Fa-
, empleo la misma palabra para ne- rl .
cultades», y el Conse10 Superior por «el Rector. los Decanos de las sas o1st1ntas. Primero ', , . . . :::iignar uos co-
d ad en tnos i::a- 'lt d «a_J, tenemos d1v1d1da nucctr- u
Facultades y los delegados que éstas nombren». De modo indirecto. ~--'a n1·.;e1·s1-
- , LU a es o departamentos», pero enseguida azre;:o'.·
pues. establece que las facultades han de tener Decano, aunque nada
bien, cada n0 d ~ º
u e estos tres deoartampn•oc: d d
dice de sus funciones y atribuciones. Sí lo hace. en cambio, respecto a su vez · ' - " - e estu 1os es
del Rector (regla 2a.)y del Consejo Superior (regla 3a.). también. por· lo que se llama «la

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1885

Facultad», que es el cue1-po directivo que tiene a su cargo iil


zó e.' término en dos sentidos diferentes, quedó en claro que las facul-
de los establecimientos respectivos y la dirección de ios estudios» .
tades sen'an los órganos d1rect1vos y no el total de los profesores.
El diputado Yofre d1¡o: «¡Todos los proíesores actuales formar-án
Gabriel del Mazo lo interpretó de ese modo «En los sucesivos
parte de !as Facultades. 0 solamente la tercera parte de ellos 7 Por-
estatutos reglamentarios de la Avellaneda -opinó- no se ha en-
que dice «una tercera parte de los profesores que d1r1gen sus aulas».
tendido la Regla Sa. en el sentido de que por lo menos la tercera
¡Y las otras dos terceras partes qué hacen? pregunto yo». a lo que el
parte de los profesores que dirigen sus aulas formen el conseJO. sino
diputado Demai-ía contestó: «Siguen en sus cátedras». lo que a su
en el sentido de que por lo menos la tercera parte del conseJO esté
vez motivó la propuesta de que entraran «todos los profesores, no
constituida por tales profesores» 6.
una tercera parte» y «una tercera parte más de graduados»= con lo
que no cabe dudas de que se entendía por facultad lo que hoy se Los Estatutos hablan adoptado ese criterio pero manteniendo
llama consejo d1rect1vo o académico. el doble uso del término «facultad», ya que el articulo 27 aclaró que
«el empleo de Profesor en cualquiera de los ramos científicos no
El diputado Navarro V'ºa
1 t am b :·e·n1 empleó el término en dos
induce la calidad de miembro de la Facultad respectiva» y el articulo
sentidos contrad1ctonos. En e! primer sentido, prepuso que «en vez
28 dispuso <,Cada Facultad funcionará en una casa especia! en la
de una tercera parte de catedrát1Cos, se una quinta parte como
cual estar-án ias auias, gabinetes y
elemento componente de cada Facultad»: en el segundo. dijo «Cada
, r con !o cual indudablemente no se estaba ref:riendo a los cuerpos
F-r· , +-rl....
1
a--v1\.ch 5,,,
,._, com,pon"',,._. de quince m1embms. Esta quinta par·te sena 1or-
du-ect1vos sino a la inst1tuc1ón que ellos habr(an de d1r1g1r.
· de ,el-es o"e
maoa e~11os ' Tres
'~ c~+edra't1rc<
~e ~ - "''
-- un número suficiente para
1m n'e
llevar allí la op1n1ón y ei espr'ntu del cuerpo d ocente .. » ' nna,
r e.' Estas confusiones tienen en realidad una explicación histórica
predominó e! cnteno según el cual las facultades son los consejos cuando se dictó la ley se daba por sentado que las facultades estaban
directivos. porque se desechó una propuesta que decia «se compon- formadas por el conjunto de los profesores, y por eso el texto agre-
drán de tantos miembros como profesores dinJan sus au!as»'. gó aqueiio de que «d1ngen sus aulas», que de otro modo sería 1n-
comprens1ble porque la intención de la ley consistió p1·ec1samente
La razón del rechazo fue que «SI se adoptara la 1nd1cac1ón del
en lo contrario: que el gobremo de la Universidad no quedara en
señor dipui.ad::i por Córdoba. como el número de profesores en estas
manos de les proíescres.
distintas facultades no es igual. vendríamos a colocar a unas en una
- b 1en· una~ v ez más se '•t·l1
condición inferior respecto de las otras»'· ::i1 ~"' - Este propósito -que puede resultar sorp1·endente para quienes
a lo !argo de nuestra historia un1vers1tana sostuvieron la necesidad
del predcm1n1c p:·cfesoral- fue reiterado durante todo el debate par-
lamentario Las escasas obJecicnes se l1m1:aron a reclamar una ma-
«Debate parlamentano sobre la Ley Avellaneda)), Un1vers1dad de Buenos
Ycr representación de los profesores sin sostener en ningún caso
Aires, 1959, pág. 96.
2. «Debate .. ». pág 209
3. «Debate ·'" ;:>ág. 215.
4. «Debate .. >>, pág. 226
5. «Debate. '" pág 228. 6
· «Estudiantes y gcb,emo un,vers:tanc)), El Ateneo, Buenos Aires. ; 94 7,
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El d'.putado Demar-ía manifestó que «aceptaría f!'od1- mento se d1¡0 que serian por sus S1 se consideró
ficación siempre que ella no importara dar en las Facultades que habrian de representarlos fue sólo por suponer que Heva:-ian al
a los profesores», porque de otro modo «pondriamos en peligro el consejo sus inte1·eses y opiniones, pero no er, vwtud de .--randato
acierto y la 1ndependenc1a de ias resoluciones de !as Facultades. puesto alguno Tanto es asi, que una de !as pos1bd1dades que se esgnm1e1-on
que. esos pmfesores. estJndo interesados en ellas algunas veces. las consistió en que la mitad de las «facultades» fuera designada por el
tomarían no s1emp1-e e;-, beneficio de la 1nstrucc1ón general, sino mu- Poder EJeCut1vo y la otra mitad por esos mismos cuerpos. es dern-
chas veces en favor de sus propios intereses.Y nosotros. al dictar esta por cooptación. Navarro Viola se 1nc!1nó por esta última alternativa
debemos hacer- de manera que nunca el interés particular de los para la totalidad de los miembros en aras de la autcnomia'· y para

pmfesores se sobreponga al interés de la ciencia» m1n1mizar el alcance de tal propuesta recordó que, al fin y al cabo.
les que en ese momento los integraban habían sido designados por
El diputado Gallo ins1st1ó en que «no es posible dejar que en las
el Poder E1ecutivo. Lo que se proponía, por cons1gu1ente. e:-a que las
Facultades un;vers1tanas predomine por completo. por las razones que
«facultades» se 1-enovaran designando ellas mismas a sus miembros a
se ha dado, el elemento .escolar, el elemento de íos p:oíesores»'. Y
partir de un statu quo que nada tenía que ver con el concepto actual
Navarro Viola sostuvo que rn siquiera debía asignarse a los profesores
de autonomia y menos aún. por cieno. con la demouac1a 1ntenia.
una tercera parte. porque como podía suponerse que éstos asistieran
con mayor asiduidad que los demás y dado que el total era de quince Los estatutos pudieron haber establecido formas demcuát1cas
y el quorum de ocho, casi siempre bastaría con cinco para tener ma- de elección per·o no io hicieron. Fipron un térrn1no de cuatro años
y esto no era aceptable «SO pena de darse el caso de que los para el mandato de !os decanos pero ninguno para los fi:1embrcs de
mismos catedráticos puedan ser 1ueces en causa propia». Más adelan- las «facultades» que en virtud de el!o resultaban v1ta!1c:os El articuio
te reiteró esos conceptos akmando qLle «el verdadem papel que re- 92 refuerza esta 1nterpretauón al decir que. a fin de integrar las «Ía-
presenta en las Facultades el profesorado es como asesor, es decir, cu!tades» con un tercio de profesores, ellas mismas !lenarian «las va-
para sum1n1strar a las Facultades los conoc1m1entos técnicos que ne- cantes que se produ¡eren hasta en esas condiciones» Es decir
cesitan. y en materia alguna para absorber la independencia de esas que mientras no renunciara o muriera m1en;bro de las «faculta-
Facultades. que existen de suyo)) Por s1 quedara alguna duda, conciu- des» éstas continuarían con ia 1nteg1·ac1ón que tenian al sancionarse
«No hab1~ía estudios superiores sin los profesores. pero, los prníe- la sin importar qué piazo debiera transcun-ir entre tanto.
sores, como todo lo que es humano, tienen necesidad de un control»
No me parece aventurado afirmar que cuando les legisladores
Es notable que después de d1scut1r con tanto detalle ia propor- hablaban de Universidad. en realidad tenían m mente a las facultades.
ción que se asignaría a los profesores en las <(facultades» (léase con- En el s1sterna de la Ley Avellaneda éstas son los órganos básicos
se dedicó muy pocas palabras a la manera en que serían elegi- cooptan a sus miembros, forman !as ternas de candidatos a profeso-
dos tanto ellos como los demás integrantes. Habría profesores en res, aprueban o reforman los programas de estudios presemados
los consejos (por io menos una tercera parte). pero en mo- por los prnfesores. proponen les planes de estudios. e;ercen la «JU-
pol1c1ai y y las cond1c1ones de adm1s1b1l1dad.

7. «Debate ,,, pág 1 12


9 · loe. Cl! .. pág 215,
8. «Debate >>. pág. 217

16 17
La Asamblea Un1vecsitand «es for·mada por los miembros de todas las CJÓn. res1de en la un1vers1dad m1sff,a, pero el organ1srno está fc(rnado
Facultade:»>. y e! Consejü Supenor «se compone de! Rector: de los por dos entidades: el consejü supenor· y !os consejüs dwectr,'OS E:1
Decanos de las Facultades y los delegados que éstas nombren». el gobrerr.o un1ve1·s1tano 1·es1de substancialmente en los conse-
jOS directivos de las facultades y en e! Poder
Las funciones asignadas por la ley a la Asamblea Un1vers1tana se
reducen a elegir al Rector, y las del Consejo Superior son de índole Para la Avellaneda. pues. la Universidad es un
Jurid1ca y adm1n1strat1va «resuelve en última instancia las cuestiones nistratrvo y no académico. Po1- otra parte. consagra ia 1ngere'"'1C12 del
contenCJosas que hay¿n fallado las Facultddes. los derechos univer- Poder Ejecutivo en vanos aspectos esenciales v al mismo tiempo
sitarios con la aprobación del Ministerio de Instrucción Pública. for- otor·ga a quienes ya estaban d1ng1endo las un1vers1dddes un cierto
mula el proyecto de presupuesto para la Univer·sidad y dicta los regla- margen de autonomía reforzado por la atribución de
mentos» para «ei régimen común de ios estudios y d1sc1pl1na general». autorreprnduc1rse mediante lo que fue denominado «sistema de
La única atnbuc1ón que podr'ía considerarse de natu:·aleza académica cooptación»
es la aprobación de las ternas para la designación de profesores. y en
ese caso su intervención se limita a la aprobación o el rechazo. Ni
siquiera se ie asigna un papel en !a tarea de «proyectarn los pianes de J. Qué se entendió por autonomía
estudios. íunc1ón que se pone en manos de ias facultades.
El arttculo 1° de la ley comienza con un lenguaje poco acorde
Los estatutos corrigieron en cierta medida esa s1tuac1ón al asig-
con la proclamada 1ntenc:ón de acordar la autonomía: dispone que
nar al Consejo Supencr algunas atribuciones de tipo académico. como
el Poder Ejecutivo «ordenará» que los ConseJos de !as
la de «reglamentar los exámenes un1vers1tanos y establecer un siste-
Universidades dicten sus estatutos «subord:nindose.•> a las que
ma de clas1íicac1ones uniforme para todas las Facultades». «propo-
establece. Esos estatutos, el articulo 2º. deben ser sc1ret1dos
ner al Poder Ejecutivo la creación de nuevas cátedras y la div1s1ón o
a la aprobación del Poder EJecut1vo»
cesación de las existentes, previo informe de la Facultad respectiva»
y «proponer a la Asamblea la creación de nuevas Facultades o la El díputaco Baltoré. que expresó la cp1n1ón de la corn1s1én res-
división de las existentes». pectiva en el Senado, dr¡o que «el pensa·n1ento dominante del pro-
yecto, es garantir la autonomía y la independencia de la unP1ers1dad,
Esto último es contrad1ctono '! sorprendente: para la creación,
dentro de las facultades que las leyes le acuerdan». y aclaró que la
d1v1s1ón o supresión de cátedras se consideró necesana la aproba-
ntervenc1ón «tal. vez extensa>; asignada al Pode1·
1
en los
ción del Poder E;ecut1vo, mientras que para crear o suprimir faculta-
asuntos universitarios sólo se debía a que «la Univers:dad está obli-
des se creyó suficiente una decisión de la propia universidad. Es in-
gada a v1v1r a expensas del tesoro público»:
congruente -además- con la atr1buc1ón de las facu!tades para d1Ctar
los planes de estudios. que los Estatutos rat1íican aunque morigeran
con el requ1s1to ambiguo de contar con el «acuerdo» del Consejo 1
O. «La auta1·qu:·a de las un1 .ers1dades». La1ouane & Ca .. Buenos ,A,,,·es. i 92ó
Superior 9º. 1nc1so Pág. 3 i. '
1
! <-<H 1stor-1a de la Un1ve1·::..dad de Suenos _Aires>>, EUDE2;.." Svenos .A,1 ·es.
1

Creo que tuvo razór: Rafael 81e:sa cuando (aunque sin ánimo cri- l962. pág. 121
tico) afirmó: «E! gobierno Gnivers1tano, o me;or dicho. su adm1n1stl'a- 12
· «Debate pág 84

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Ei diputado Demar(a. reiterando esas razones al fundar- el infor- Pel"O el mismo autor reconoció que los conceptos de autono-
me de com1s1ón. sostuvo que su propósito era da:- a ias un1vers1da- mía y son construcciones doctrinarias ' de modo que no
des la «1ndependenc1a y autonomía de que han gozado siempre».
me parece que puedan imponerse a las situaciones reales sin incurrir
pero d1JO que ((las universidades argentinas. no tienen los recursos
en dogmatismo S1 se aplican en un sentido absoluto ni s1qu1era las
propios necesanos para caracterizar y garantizar esa 1ndependenc1a.
provincias pueden considerarse autónomas. ya que la atribución de
y tienen que v1v1r. hasta que no los posean. a expensas del Tesoro
dictar sus propias constituciones come consecuencia de su p1·esunta
Público. Esto hace. pues. que sea necesario dar alguna 1nter-venc1ón a
existencia anterior al Estado está l1m1tada por d1ve1-sas cond1c;ones y
los poderes públicos del país».
restricciones y -además- porque el argumento de su preexistencia no
Dos de las restricciones esenciales a la autonomía que estable- podría invocarse pa1·a las que fueron creadas posterio1·mente ni a las
ció la ley poco teni'an que ve~ sin embargo. con esas razones: los que pudieran serlo en el futurc.
estatutos debían ser sometidos a la aprobación del Poder- Ejecufr.-o.
Un Juez de la Corte Suprema ha dicho que «es de uso gene-
y la designación de p1·ofcsores cor-respondía a este último a propues-
ral en el lenguaje corriente la expresión «autonomía universita-
ta en terna de la Univets1dad Téngase en cue'lta además, que -como
ria» para referirse a una decisión eminentemente polit1ca y pro-
expliqué anteriormente- cont1nuarian hasta su renuncia o muerte
los miembros de las «facultades» (consejos directivos e ac::.démicos) pia del Congreso Nacional. en virtud del art. 67 1nc. 16 de la

que habla sido designados anteriormente por el Pode1- '.:Jecu:1vo. Const1tuc1ón Nacional. que 1mpl1ca no sólo la libertad académica
y de cátedra en las altas casas de estudio_ sino la facultad que se
En el debate no se esgnm1ó en favot de este régimen .0ás argu-
les concede de redactar por sí mismas sus estatutos. detenn:nan-
mente que el de la ausencia de recursos propios en las universida-
do el modo en que se gobernarán. designarán su claustro decen-
des. Muchos años después -en i 926- Rafael B1elsa dedicó al régimen
te y personal administrativo y sus autoridades» agregando que
universitario un estudio en el que aírrmó que la d1ferenc1a entre los
«el tema excede en mucho los márgenes de la doctrina elaborada
entes autónomos y ios autárquicos reside «en que los pnmeros son
por algunos autores. en tanto es claro que más allá de la caracte-
antenores ai Es~ado mismo». situación que só.o admitió respecto de
rización con que se haya confeccionado en torno a las expresio-
las provincias y ios mun1c:p1os. Sostuvo que el control del Poder Eje-
nes «autarquía» y «autonomía)), io que quiere decir la expresión
cutivo sob1·e los entes autárquicos era insoslayable porque e! artícu-
«autonom!a un1vers:taria» en el campo de las decisiones políticas
lo 86 inciso J º de la Ccnst1tuc1ón del 53 había puesto a su cargo «la
adm1n1strac1ón ¡,:eneral del país». y afirmó: «Examinando ia situación es lo antes afirmado» '.

legal de nuestras universidades con referencia a la doctrina expuesta. La reciente reforma const1tuc1onal ha quitado sustento a quie-
es necesario convenir según d;¡1mos, en que eilas no son autónomas nes sostenían la 1mpos1b1l1dad Jurídica de otorgar autoncmia a las
sino y tan sólo autárquicas. por lo que tampoco debe pei-derse de un1vers1dades. ya que el actual texto del arüculo 75° 1nc1so l 9 que, al
vista uno de sus caracteres esenciales. cual es el contralor que ejerce
e! gobierno nacional. y especialmente el Poder Ejecutivo. que en nin-
gún c2so es un control Jerárquico sino y solamente una superior
tutela adm1n1str3tJVa establecida y determinada por ia 14. «Debate _,,, pág. 38.
l 5_ Corte Sup1·ema de justicia de ia Nación, autos «Uni-1ersidad de Buenos
Aíres e/Estado Nacional». voto de Carlos S. Fayt. en d1s1denc1a («La l.ey>l,
13. «Debate. >»pág. 43í4. torno 1991 E. pág. i 49)

20 21
'-:c.::

cíal que difícilmente organizarla Jos que saben s: ne: tuv1ei-an


:1ón ae base de !a educación» ie 1r:1pone la necesidad de «que 1ndependenc:a respecto de los que mandam> '. '! cons1de1-ó que -por
los pnnc1p1os de ... autonomía y de 1as unrvers1- haber logrado ese objetivo- a la Avellaneda «debe proclamár·sc:a
dades nac!ona1es» como una de !as leyes pilares de nuestra vida cívica»:

Muchos de los q'.Je se ocuparon del tema en d1fer~entes épocas Esta co1nc1denc1a entre quienes parten de principios diferentes
co1nc1d1eron en definir como autonomía ei establecido por demuestra que la autonomía en si misma puede tener s1gn1ficados
la Aiellaneda. basados en que !as un1vers1da.des eleg1an a sus antagórncos. La idea que prop1c1ó el movimiento refo1·m1stil 1nic1ado
autoridades y en que -pese a las importantes restn:::c1or1es ya señala- en 19 18 está asacada de modo indisoluble con una forma democrá-
das- el Poder no 1ntervenla de ordinario en sus decisiones tica de gobierno interno que contemple la part1c1pac1ón ae profeso-
internas a d;ferenc1a de lo que ocurrió en los s1stemas instaurado res, estudiantes y graduados. establezca concursos objetivos y leales
para la des1gnac1ón de los docentes y esté ligada a un pr-of0ndo com-
promiso social.
Ese es el elemento que tuvieron en cuenta autores como Car-
los Sánchez V1¿monte. FZ1s:eri Frond1z1 y Jorge Re1naido Vanoss1 que. Para los antirreform1stas. la autonomía no se relaciona con la
aun adh1nendo a les postuia.dos del movJm1ento de la Refo1-n1a Un1- democracia sino con el gobierno de los proíesores. Para ellos, «la
ver-s1tana. sostuvieron que la que nos ocupa la un1vers1dad tarea de la enseñanza forma un todo único e ind1v1s1ble con la
era autónorr~a. El primero escnb1ó: «En forma mu;; lacónica, Jas d1s- tarea rrnsma de enseñarn, y «fundamentar la dignidad un,vers1tana y
pos1c1ones de esta ley bastan para asegu:·a!~ la autonomta unr . .-ei~s1ta- la neces:dad de autonomía en la Jerarquía de la m1s1ór de enseñanza
na siempre en frente al Poder segunde se superior que se cumple. y luego supeditar a quienes cumplen esa
fundó en que se 1nst!tu1'a una <<autonomi'a de que ie per- m1s1ón al mando de poderes colegiados mtegrados quizás
y dest:tu11· a sus a0tor,dades» según sus estatutos . Ei mayoritariamente por quienes no la cumplen, vale tanto como sub-
tercero tan1b1én consideró ese rasgo como caracterlstico de una vertir las bases de la relación de enseñanza y colocarla en posición
autonom1·a «casi pJena» .:, invertida»: , Es contrad1ctono, por consiguiente. que este autor haya
elogiado tanto la Ley Avellaneda y hasta haya afirmado que «el ma-
La necesidad de 2utcnom(a fue defendida t2mb1én poi" dlgunos
yor mérito de la ley no es el que su1·ge de la lectura de sus artículos
artirreform:stas Para uno de ellos. «parece no sólo ser indicada sino
sino el que expresan las consideraciones vertidas al sancionarla .. »::
aun. tnuchos. para la Un1vers1dad, po;·que la ta-
cuando -como hemos visto- en el debate parlamentano se expresó
rea de difusión del sabe1~ supenor const1tu¡e una act1v1da.d ta;) espe-
reiteradamente el propósito de evitar el predom1n10 profesora!.

19 · José Man·a López Olaciregu1 «Régimen jund1co de la un1. us1dad argenti-


~ ó,,, <~Ma~ual ,de Derecho CcnstJtucio:;,11>), Editorial Kape!usz Buenos Aires,
i 9o't. pag. 1,,o na: sus bases y su historia~>. en ReviSta jur/d;ca de Buenos Mires. Nº 3, año
1960. 69.
i 7 «La Unr.;ers:dac en un rnundc de tensiones. Misión de las unn.:ers¡aa.des
en América Latina>). Pa.idós. t3uenos AJres, J 97 J, pág 278. '20 Op en. en 'a nota precedente. pág 102.
21 López op. c1t en !a nota 19, pág 7 1
1 8. <<La unrvetsida.d r sus oroblemas)). Ediciones Mcchi, Buenos /:.-.1res. i 97ó
pág. 52 22. Op en ia nota 19. pág. iOI

22 23
ti autor citado 1dentJ1ca ia autonomía con la libertad de cáte-
bram1ento de un de derecho. por e¡errp:o. se nos pinta
.
dra1 ccnceptos que -como ocservo' R1S1en Fron d1Ll-
~ ''-~ ... , ' ,- 0 laC 1·v
<'c-tá~ '"'-
j --

la 1ntervenc1ón de este oue se Jlama Con-


nados pero no se los debe confundir La d1st1nc1ón es sencilla ía
compuesto con una mayoría que no entiende de ia
autonomía se l'ef:ere a las relaciones de la universidad con el mundo matena que va a
exten10 en C u~n1 e'1 0oob·erno- La libertad de cátedra. en
J •

cambio, es un problema interno Puede haber. por- lo tanto, autono- El argumento del «gobierno de los que saben>), corno vemos.

mía sin que haya libertad de cátedra -como ocurrió en Oxford a no resiste a la lógica y no obstante es tip1co de quienes conciben la

pnnc 1p 1os de! siglo XIX- y libertad de cátedra sin auton_omía, ~orno enseñanza como una relación ¡erárqu1ca Alguien cuyo nombre no

sucedió en las universidades prusianas del siglo pasado»- . «La 11ber- recuetdo la expresó de modo más directo: «La Universidad es un

tad de cátedra -explica más adelante- es el derecho del profesor a lugar donde unos señores que enseñan y otros que aprenden>>.

investigar y ensef'iar como lo considere más apropiado y a expresar Más recientemente, se volvió a dec;r lo mismo con otras palabras

sus ideas en íorma oral o escrita. La libertad académica. a su vez. «... la enseñanza no es ni puede ser democr-át1ca ni ant1democrát1ca.
Es sólo y simplemente enseñanza>>:'.
protege al profesor de toda d1scnm1nac1ón basada en razo-
nes de raza. sexo, rel1g1ón o ideas La crítica de estas ideas nos ale1aria del tema central de este estu-

Sólo haciendo caso omiso de estas d1st1nc1ones es posible sos- dio y -por otra parte- creo que al respecto es suf:c:ente re011t1rse a las

!ener que «SI se aí:rma que las Universidades requieren autc:nomia abrumadoras respuestas elaboradas por la pedagog(a moderna.

oorque quie.1es enseñan requ:eren líbe1'tad, se sigue de ello ;ue no


se puede someter a quienes enseñan a poderes que no esten :orma-
4. las universidades y las atribuciones del Congreso
dos por les mismos que enseñan>>:' y asimilar la part1c:pación de los
estudiantes en el gobierno de la universidad a la de los enfer-mos en
En el debate parlamentano de la Ley Avellaneda fue materia de
la dirección de los hospitales o de los pasajeros en las aviones-'
especial d1scus1ón el alcance del articulo 67 inciso 16 de la Constitu-
Ese argumento ya fue reducido al absurdo en el debate parla- ción Nacional. que otorgaba a! Congreso la atribución de c<dictar
me
1 ,~·,'r•"'
1 a ,...., -... la Lev
a'c , Avellaneda, cuando el d:putado Navarm Viola planes de instrucción general y universitaria».
criticó que el Consejo Superior aprobara !as ternas de candidatos a
Al los legisladores se mostraron desconcertados por
profesores pe>rque «se compone de tl'es ind1v1duos de cada una de
la invocación de ese articulo, porque aplicado literalmente podía 1m-
las tres Facultades de qGe consta la Universidad de la Capital: Facul-
- a necesidad de que el Congreso sancionara los estatutos y los
tad de Derecho y Ciencias Sociales. Facultad de Ciencias Médicas y
planes de estudios.
Facultad de Ciencias Exactas. Por manera que, tratándose del nom-

,.,
L~. Üp, cit. en la nota 17. 276. 2?, «Debate .. », pág. 249. Como el análisis del tema excedería el objeto de
24 Op cit en la nota. !7. 298. ma me remito a !o que expresé en «la Universidad como proble-
Ed1ciones Macchí, Buenos Aires. 1968, págs. 36/4 7.
28 · Juan Carlos
25. López op. cit. en la nota i 9. pág. 71.
«A.cerca del sentido y alcance de la autonomía
26 Op. cit. en ia nota 19.. pág 72
en «El Derecho)), tomo 124, año 1987. pág. 870.

24
25
Avellaneda recordó que un voyecto de estatutos habla estado no cnt1carla) que no llenará Congreso político. Enton-
durante dos años a consideración ael Congreso sin que éste encon- ces. 51 tenemos la convicción de que esto no ha de SL.ceder. por qué
trara el tiempo pMa analizarlos. Por eso propuso de¡ar <dos regla- no pasamos poi- encima fa dificultad. sin mwarial No mwándola podr-ia-
mentos con sus pormenores minuciosos» y reducir la «a lo esen- mos dictar IJ ley en la ío 1-ma que fuera necesa1·1a»':.
c1al. a 6 ó 7 artículos». para que el Congreso pudiera consideraría y
Esta salida de! M1n1stro -que era médico. no ¡unsta- era la única
sanc1ona1·1a.
posibilidad práctica que quedaba si se partía de aceptar que cuando
El diputado Demar-la informó que la comisión que analizó el la Const1tuc1ón dice «planes de instrucc1óm> se reíie1·e a los planes
proyecto de ley había considerado inconveniente la 1nclus1ón de los de estudios
estatutos. cuyo tratarr«1ento «habría sido muy difícil a la Cámara».
El debate todavía s;guió enredado en ese tema hasta que se
ex1gdan «una preparación especial en esta materia y un tr«:ibaJO que
sug1nó una vanante tr·anqurl1zadora: el Congreso. en realidad. apro-
la hub,era den1orado muchísimo»:'
baba los planes de estudio a través de la ie¡ de presupuesto. porque
A esa razón. que no parece sufic:ente para JUSt1íicar el entena de ese modo «se neces:ta una cátedra más) La aumenta. Conviene
adoptado. se sumó la de que s1 los estatutos eran sancionados por quitar otra. que no es necesaria por cons1de1·ac1ones del momento)
sería rnás dificil corregirlos o adecuar-los a los y nece- La suprime>> «Asi salvamos el 1nconven1ente const1tuc;onal de! pro-
sidades que pud1e1·an surgw en el íuturo. Pero el diputado Castro se ced1m1ento. -explicó Gallo- de acuerdo con las conveniencias de la
opuso por entender que implicaba una delegación de las atnbuc10- enseñanza: damos a las Facultades lo que les coi-responde, recono-
nes del Congreso para «reglar--,entar la 1nstrucc1ón supenorn ciendo la competencia que tienen en esta clase de asuntos y la ense-
ñanza marchará como ha ma:-chado hasta ahor·a. es decw. bien»
Más exp!ic1to fue el diputado Galio, al afirmar que «ningún poder
constituido puede delegar una facultad const1tuc1onal en nadie». pero Más que una solución esto era un ar1il_ug10. con el 1nconveniente de
prepuso en c.:nb10 una solución de compr-om1so: «guardar srlenc10 a que m1nim1zaba el tema. En realidad, Gallo estuvo muy cerca de enfocar-
este respecto y dejando que las cosas continúen como hasta ahora. en lo correctamente cuando advirtió que «hay que establecer la d1fe1·enc1a
que ias Facultades d1Ctan los pianes generales. apruebar; los progra- entre progr·amas y planes de enseñanza ... Los programas de enseñanza
mas. etc. quedando siempre libre la facultad del Congreso para cuan- solamente puede decwse que es la mane1·a de llevar a la práctica los
do quiera dictar el plan general de 1nstrucc1ón urnvers1tana»' planes que se hubiesen sanc1onad0>>, de lo que dedujo que «no pe/1-
gro de ningún género, ni habn'a. a m1 modo de ver: 1nconst1tuc1onalidad
Algo parecido pero más audaz íue lo que propuso Eduardo Vvilde
tampoco en que se depra a !as d1st1untas Facultades el poder de hacer
«La Cámara sabe que el Congreso Argentino no dictará iamás un plan
esos programas. en la forma que lo escrnen más conveniente. Es la tarea
de estudios. como no lo dictará ningún Congreso de la tierra. Es una
del maestro. y al maestro corresponde '"
tarea que le ha impuesto la Constitución (y yo me creo en el deber de

3 2 «Debate ».
29 «Debate ». pág 145. !96.
30. "Debate . », pag. 149. 33. «Debate. ,,, 206/7.
3 ¡ «Debate 11. pág 192 pág 204.

26 27
. · amente · de un modo uniforme para todo e!
tecnic la enseñanza
y de «programas de estudios». Los en todos sus primaria. secundaria y superior>> º
las facultades (base 4a.). que pueden en cambio
51esto es correcto puede a~rmarse que la preocupación de los
les programas presentados por los orofesores. No dice quién aprueº
legisladores no tenla motivo. que el dictado de los planes de estu-
ba los planes que las facultades proyectan, porque se dio por sobreº
dio y la aprobación de los programas bien pudo haber sido confiada
entendida !a idea del diputado Gallo de que «en vez de darse a las
a las universidades sin transgredir la Const1tuc1ón
Facultades el poder de hacer los planes generales por sí mismas. se
limiten a proyectarlos para proponerlos a qu1én 7 Indudablemente el
poder const1tuc:onal a quien corresponde d1ctarºlos: al Congreso»:' s. Designación y remoción de profesores
Gallo vislumbró el camino para resolver el problema pero no
llegó a lograrle: al entender por pfar;es lo que hoy se llama curncu!a El proyecto de Avellaneda establecía que las cátedras SEl°Ían «pro-
vistas en oposición». criterio que fue Objetado vehementemente por
no pudo dilucidar el papel que corresponde al Congreso. que es el
Eduardo \.Vi!de como M1n1stro de justicia. Culto e lnstrucc;ón Pública.
de diseñar las políticas educativas y organizar la enseñanza y no el de
Este comenzó adm1t1endo que «teóricamente, los sostenedores del
decidir qué asignaturas corresponde dictar en cada carrera n 1 li1ar
concurso para la provisión de las cátedras t:enen mucha razém>'; porº
sus contenidos técnicos.
que se supone que se presentan los más competentes para aspirar al
La coníusión de ese momento es explicable si se tiene en cuen- cargo y las corporaciones que deciden son imparciales. Pero -sostuvo-
ta que las palabras que empleó la Constitución de 185 3 son ambi- «en la práctica nada de eso es cierto». porque en las corpor-ac1ones se
guas y que íuemn sancionadas sin que se debatiera su s1gn1ficado. diluye la responsabilidad y «nadie tiene especialmente la cu!pa». a diíe-
renCia de lo que ocurre cuando el que hace un nombramiento es «un
Muchos años después -en 1948- Horacio C. R1varnla señaló
1nd1v1du0>l que «sabe que va a ser cr:t1cado o aplaudido»'º También
que todavía estaba en discusión qué se quiso decir en el artículo 67
cuest;onó la opos1c1ón como sistema de selección, porque los que se
inciso 16 con la expresión instrucción general, términos cuya prime-
presentan a ella «no son nunca los más competentes; puede decirse
ra utilización rastreó hasta las Leyes de Indias y respecto de los cua-
que nunca (no diré que no hay alguna excepción: tomo esa palabr-a en
les citó interpretaciones d1íerentes por parte de const1tuc1onal1stas
su sentido general): no son nunca los más competentes, repito son
como Estrada, Magnasco y Joaquín V González' 6 . Lo mismo podría
siempre los más audaces. son los que tienen una ventaja aparente
decirse de lo que se entendió por pianes, término respecto del cual
sobre las ·.;enta1as reales que tienen los otros: son los que hablan
es difícil encontrar comentarios en las obras especializadas. Sánchez
me¡or, los que t;enen mayor audacia, !os que tienen más amigos au1°
Viamonte interpretó que ese 1nc1so <<significa que la Const:tuc1ón ha
querido entregar al Congreso la atribución de onentar y organizar

37
; Carlos S. Sáchez V1amonte: «Manual de Qerecho Const1tuc1onai», Ed1to-
ria Kapeiusz, Buenos Awes, 1959, J 5 7,
35. «Debate ».pág. 205. 38
· «Debate "" pág 1 o¡
36. Horacío C R1varola: «El gobíerno de !a ínstruccíón pública». Buenos Ai- 39
res. 1948, pág. l 14. pág j 03.

28 29
zás, los que tienen hasta ahora cierta pi-áct1ca er1 eJ use de ia palabra, Por entonces, habrá sido que Wdde -:nteiectual ilustre. !:-
íos que saben dar buenos exámenes .. ». Por estas razones -sostuvo- a qu:en V González consideró «gran mi-
«no se presentan a los concursos les personas que t1enen una repu- nistro de esos tiempos»-< reclamó ese pape! para el Pode:· E1ecut1-
tación hecha». va7 Quizás porque desconfiaba del cerrado esp1'ntu de cuerpo, del

Citó en su apoyo la experiencia de Francia, Alemania, Bélg ca. monopolio del saber oficial y del ei1t1smo de ese mundo que, con

Austria y los Paises Ba¡os y las de las un1vers1dades de Oxíord ¡ pocas excepciones, habría de perpetuar lo que el Manifiesto L1m1nar-

Cambridge, donde «no se hacen los nombramientos por concurso». de 19 18 llamó «derecho d1v1no del profesorado un:versitano».

y -finalmente- agregó que «la generalidad de los Jueces es Es ilustrativo el diálogo que mantuvo con Avellaneda. Cuando
incompetente» .. l>porque no saben bien ia matena que está en ei éste recordó que «en la Edad Media todo se hacía por concurso))
cor;curso». Y CJemplificó: «Un Jurado de médicos tiene conoc1rn1en- VVilde respondió: «Siento que el señor Senador por Tucumán. tan
tos de la ciencia en gener-ai; pero cada uno de los que componen e! ilustrado. nos presente como modelos dignos de imitarse las univer-
Jurado no tiene conocimiento especial de la materia sobre que va a sidades de la Edad Media, donde no se enseñaba seguramente cien-
Juzgar. y mucho menos tiene competencia para Juzgar a los dec1d1da- cia y donde, si se enseñaba algo. era a ignorar lo que convenía a los
mente competentes. a los especialistas»< intereses de los que dominaban en esas universidades». Avellaneda

Eduardo Wilde consideró que esos 1nconven1entes se e·11ta1·:an respondió «Se enseñaba teología»"'

mediante un sistema -que íue ei f1nalmerite adoptado por la ley- en Los argumentos de Wilde convencieron a la mayoría de ambas
el cuaJ !as facultades propusieran una terna. ésta fuera aprobada por cámar·as y quedó sancionado el sistema que establece la regla sexta
el ConseJO Superior y el Pode,- E¡ecut1vo eíectuara la des,gnac1óri <da Facultad respectiva votará una terna de candidatos que será pasada
«Es posible creer -preguntó- que cuando ha pasado por una tramita- al Conse10 Superior, y s: éste ia aprobase, será elevada al Poder E¡ecu-
c1ón así un non:bramiento, t1vo, quien designará de ella ai profeso:· que deba ocupar la cátedi-a»

Sin duda. la posición de! M1n1stro seria hoy 1ndefend1ble: aunque Este sistema ha sido calificado de «mixto e 1mprec1SQ)> porque
tiene razón en sus críticas a la fal1bil1dad de los 1urados. a la imperso- «algunos funcionarios. como el rector (base 1) y los conse1eros (ta-
nalidad de los órganos colectivos y a los inconvenientes del sistema ses 3 y 5). eran elegidos dentro de la universidad. Esta también con-
de oposición. no explica porqué e! Poder Ejecutivo habi-ía de estar trataba docentes y designaba todos los empleados subalternos. En
en me¡ores cond1C1ones de seleccionar a los candidatos más capaces cambio. los profesores titulares (base 6) eran nombrados por el Po-
ni -suponiendo que pudiera hacerlo- porqué en ese caso tendría que der Ejecutivo, a propuesta en terna del Conse10 Superior·, que a su
ceñwse a optar entre los propuestos por las facultades y el Conse¡o vez recibía propos1c1ones de la respectiva facultad»".
Superior a los que consideraba incompetentes.

42. «la Universidad. Teoria y acción de !a Reforma)), Edítonaí Clandad. Bue-


nos Aires. 1945. pág. 231
43. «Debate."· pág. 131
40. «Debate. »,pág. 111
44. Horac10 J. Sanguinett1 «Régimen admín1strat1vo de ia Un1vers1dad». Edi-
4!, «Debate.», pág ! 12.
ciones Macch1. Buenos Aires. 1963. pág. : 8

30 31
FRAG!V;fNTOS DE UNA MtMOqlA

Adem;J:;, no hab6a de aplicarse r~especto de los en redominó en el período inmediatamente posterior a su deroga-
forma ya que para «llenar las po'n Por eso la Ley Avelianeda fue repuesta en 1955, después de
CI ·
vacantes». de modo que por un tiempo 1ndefin1do habrían de co- una época en la que las universidades estuvieron sometidas a los
ex1strr prníesores cuya obedecía a un diferente dictados del poder político y al sectarismo arbitrario. Se la adoptó
entonces como punto de partida para el proceso de reorgan1zac1ón
La !ey no estableció el sistema de concursos pern tampoco lo
que habría de culminar con el régimen de mayor grado de autono-
proh1b1ó. ya que nada di¡o de los proced1m1entos mediante los cua-
mía que tuvieron las universidades argentinas en toda su historia
les !as facultades habíÍan de formar las ternas. Por consiguiente, si ei
hasta que fuera truncado por el golpe retrógado de 1966.
espiritu predominante en las universidades hubiese sido el de esta-
blecer métodos objetivos de selección pudieron haberlo hecho. No En rigor. la reimplantación de la Ley Avellaneda tuvo un carác-
ter más simbólico que efectivo porque -como señaló Tulio Halperín
fue así, ya que los estatutos se limitaron a reproducir la ley estable-
Donghi- se hizo con la salvedad de que regiría en todos los puntos
ciendo corro atribución del Consejo Superior «aprobar o desapro-
no modificados por un nuevo régimen, y éste adoptaba en casi to-
bar las ternas que remitan ias facultades» (articulo 9º, inciso 12º) y
dos los casos soluciones .diferentes' 6 .
corno de las facuitades «!a formación de ternas para el nombramien-
to de profesores titulares» (artículo 34, inciso S;n embargo esto no fue lo más importante. porque lo que se
proclamó reimplantado, más que un texto, fue un espíritu: el de per-
mítír que la Universidad desarrollara sus actividades con la mayor
6. Balance y valoración actual independencia posible.

Ese objetivo había sido logrado en gran parte por la Ley


Como señalaron todos los que desde diferentes posiciones e!o-
Avellaneda. no por lo que literalmente decían sus prescripciones (con-
g1aron la Avellaneda, sus regias sólo ÍIJan ios l1nearn1entos genera-
tradictorias e imprecisas desde el punto de vista jurídico y vacías de
les. no son minuciosas y dejan a los estatutos un margen de Cierta contenidos académicos y criterios científicos) sino por la dinámica
amplitud. que puso en movimiento en el ámbito universitario.
Existe una co1nc1denc1a genera! en atnbu1r la perdurabilidad de Este indudable mérito no obstó a las duras críticas que se le
esta ley al carácter genénco y flexible de su articulado. Para algunos, formularon desde el campo reformista. Carlos Coss10 le achacó ha-
su const1tu¡·ó la me1or manera de conciliar la independencia académi- ber 1nst1tuído un «régimen oligárqu1co»' 7 , y julio V González la con-
ca con el control sideró «Un retroceso»'ó, calificándola de «improvisada» y «equivo-
cada como pocas» 49 .
Fuera esto exacto o no. Jo cierto es que de1ó en Ja memoria
colectiva un prest1g10 que aunque pudiera no estar entei-amente JUS-

t1f1cado. en con el estrecho que


46 «Historia de la Universidad de Buenos Aires. EUDEBA. Buenos Aires, ! 962.
pág. 197.
47. Citado por Norberto Rodriguez Bustamante en la introducción a «Deba-
te ... ,,, pág. 53.
45. Rafael B'e!sa en «La a:.;tarquía de las uq1vers;dades)), ;_aJouane & Ca.
Buenos Aires. 1926. Juan Carlos Luqui en <<Régimen ;uri'd1co de la u01vers:- 48. Op. cit. en la nota 42., pág. 229.
dad o~c1al». Depalma. Buenos Aires, 1968. pág 7 1. 49. Op. cit. en la nota 42, pág. 231.

33
Este último consideró imperdonable que la se hubiera limi-
tado a sentar «bases adm1nistratívas» cuando debíó ocuparse de la
«organización de la cultura supenorn: que disminuyera la autonomía
de que gozaba la Universidad de Buenos Aíres cuando tenía carácter
provincial, y que un balance de sus resultados después de sus prime-
ros quince años de v1gencía mostrara «la labor científica subordinada DOCUMENTOS
a la preparación profesional)), consecuencia de la «naturalez h1brida
de un órgano que era. a la vez, centro de cultura y repartición del ..
Estado para formar especialistas: estudios prácticos que traducían un
LEY AVELLANEDA
propósito eminentemente utilitario y plétora de profesionales» 5º.

En 1962, desde la perspectiva de los años transcurridos desde EsT A TUTOS DE LA UNIVERSIDAD
aquellos Juicios de Julio V González, Halperín Dongh1 mantuvo par- 'ifAC!ONAL DE BUENOS AIRES -1886-
cialmente la crítica al afirmar que «los resultados de este sistema de
gobierno no podían ser -y no fueron- excesivamente felices» 51 .

A pesar de ello, desde una visión histórica este autor aprecia


que «en la f1ex1bil1dad que su inspirador había querido darle se re-
descubr-la el mérito principal de la ley universitaria>>, y que gracias a
ella la Un1vers1dad vivió una etapa «relativamente serena» en mo-
mentos en que el pa;'s pasaba por convulsiones y luchas 1ntenores 5'

También gracias a esa flexbilidad -y esto no es poco- fue posible


recoger en los estatutos gran parte de las mod1ficac1ones reclamadas
por el movimiento de la Reforma Universitaria. Lo que pasó des-
pués, como suele decirse, ya es otra historia.

SO Op. cit. en la nota 42, pág 236.


S ! Op. cit. en !a nota l l, pág. 96.
52. Oo cit. en ia nota i i, pág 97

34
LEY AVELLANEDA

DOCUMENTO 1

Texto de la Ley Número 1597


sobre estatutos universitarios*

Art. l º- El Poder Ejecutivo ordenará que los consejos superio-


res de las Universidades de Córdoba y Buenos Aires dicten estatutos
en cada una de estas universidades, subordinándose a las siguientes
reglas:

1º La Universidad se compondrá de un rector. elegido por la


Asamblea Universitaria, el cual durará cuatro años, pudiendo ser
reelecto; de un Consejo Superior y de las facultades que actualmente
funcionan o que fuesen creadas por leyes posteriores. La Asamblea
Universitaria es formada por los miembros de todas las facultades.

2º El Rector es el representante de la Universidad. preside las


sesiones de la Asamblea y del Conse10 y ejecuta sus resoluciones.
Corresponde, asimismo, al rector el puesto de honor en todos aque-
llos actos de solemnidad que las facultades celebren.

" Fuente: Debate Parlamentario sobre la Ley Avellaneda, Universidad de Bue-


nos Aíres. Departamento Editorial, Imprenta de la U.B.A. 1959. PP· 75-76.

37
3º El se ccmpcne de! recto;~ de los decanos Art. 2º- Los estatutos d1Ctados por Jos conse¡os superiores. con
de las fac_;ltades y los delegados que éstas nombr'en. Resuelve. en arreglo a las bases anteriores. serán sometidos a la aprobación del
última ;nstanc1a, las cuestiones contenciosas que fallado las Poder Ejecutivo
facultades: ios derechos unrvers1tarios con lct aorobac1ón del Mr-
Art. 3º- La destitución de los proíesores se hará por el Poder
nisteno de lnst:·ucc1ón P1..5bl1ca: formula el proyecto de presupuesto E1ecutivo. a propuesta de las facultades respectivas.
para la Un1vers1dad y dicta los reglamentos que sean con1.en1entes ¡
Art. 4º- Comunlquese ai Poder EJecut1vo.
necesarios para el régimen común de los estudios y d1sc1pl1r:a gene-
ral de los establec1m1entos universitarios. Dada en la Sala de Sesiones del Congreso Argentino. en Bue-
4º Cada Facultad ejercerá la 1unsd1cc1ón pol1c1al y d1sc1pi1nana nos Aires, a los 26 días de julio de 1885.
dentro de sus 1nst1tuc1ones respectivas, preyectará les planes de es-
tudios y dará los cert1íicados de exámenes. en virtud de los cuales la
Universidad expedirá exclusivamente los diplomas de las respectivas
profesiones c1entlticas, apmbará e reformar-á los programas de estu-
d:cs presentados por los profeso1·es. d1s·pondrá de :os for,dos un1ve1·-
s1tanos que le hayan sido designados cara sus gastes. rindiendo una
cuenta anuai al Consep Super:or·, ~Jará las cond1C;cnes de adm1s:bil1dad
para les estud:antes que ingresen en sus aulas.

5º En la de !as facultades erit(ará. poi" lo n1enos.


una tercer·a par·te de los pl'ofesores que dirigen sus aulas. correspcn-
d1endc a la Fac.Jltad respect:va el nombramiento de todos los miem-
bros titulares. Tecas las facultades tendrán un número iguJi de miem-
bros. que no podrá exceder de quince.

6° Las cátedras vacantes se:-án llenadas en ia forma s1gu1ente: la


facultad respernva votará una terna de candidatos que será pasada a!
Ccnse¡o Supenor y. s1 éste la aprobara. será elevada al Poder E1ecu-
t1vo. designará de eila al prcíesor que deba ocupar la cátedra.

7º Los derechos univers1tar:os q:ue se perciban, ccnst1tu1rán el


"fondo universitario". con excepción de la oarte que el Consejo Su-
penor asigne. con la del M1 nisteno. para sus gastes y
para los de las facultades. Anua'.mente. se dará cuenta al Congreso
de la ex1stenc1a e 1nvers1ón de estos fondos.

38 39