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Seguí, Agustín: \\\"Los sufijos átonos ´-ago, ´-alo, ´-ano y ´-aro:

el problema de su motivación\\\". S. 291-303. Zeitschrift für


Romanische Philologie. 2010. Vol. 126.

Los sufijos átonos ´-ago, ´-alo, ´-ano y ´-aro: el problema


de su motivación
Diese vier Suffixe, welche die Betonung, aber nicht die Bedeutung ändern (avispa > aviés-
para), haben dank ihres syllabischen und akzentuellen Musters breite Akzeptanz gefunden.
Durch die Betonung auf der drittletzten Silbe bewirken sie einen rythmisch-verzierenden
Effekt. Die Wirkung des syllabischen Musters muss jedoch mit untersucht werden, da erst
dieses erlaubt, die Liste der «unbetonten Suffixe» zu ergänzen und eine Vorzugsskala zu
bilden. Noch weiter führt die Berücksichtigung verzichtbarer Ausdrücke, die durch -ico
ebenfalls eine prosodische, aber keine semantische Änderung erfahren (surrealı́stico), so-
wie ähnlicher, aber einmaliger Bildungen mit ludischer Funktion (montáñaras).
Agustı́n Seguı́, Los sufijos átonos «´-ago», «´-alo», «´-ano» y «´-aro»: el problema de su
motivación, ZrP 126 (2010), 291Ð303.

1. La derivación indoeuropea conlleva a menudo un cambio de clase de pala-


bras (duro > dureza) u otro cambio morfológico dentro de la misma clase
(abad > abadesa), y lo normal es que implique un cambio semántico (reloj >
relojero > relojerı́a). A finales del S. XIX, el sueco Åke Helge Rudolf W:son
Munthe (1859Ð1933) y la germano-portuguesa Carolina Michaëlis de Vascon-
celos (Karoline Wilhelma Michaelis, 1851Ð1925) notaron que en asturiano hay
sufijos átonos que, al aplicarse a una palabra, la vuelven proparoxı́tona sin
alterar el significado, como en güévara ‘hueva’, aviéspara ‘avispa’, pómpara
‘pompa, burbuja’, demóngaro ‘demonio’ (interjección) y áscuara ‘ascua’.
Pronto se notó que el fenómeno no se limita al asturiano: lo vemos asimismo
en «la extraña afición del español a formar derivados [esdrújulos] mediante
la añadidura de un incremento inacentuado con vocal a (relámpago, ciénaga,
médano, cáscara, agállara, de lampo, cieno, meda, casca, agalla)» (Lapesa
1988, § 5:3, añadamos trápala < trapa para que conste un ejemplo con ´-ala),
sin que ello implique cambio semántico (cáscara significa lo mismo que
casca) ni de categorı́a morfológica. Esto, claro está, es un atentado al princi-
pio de economı́a. Comenzaré por ampliar la base descriptiva para explicar
este fenómeno.
A las cuatro terminaciones del tı́tulo, Menéndez Pidal les «dio el nombre
de ‹sufijos átonos›, a pesar de no ser sufijos (por no tener un significado
propio), y a pesar de ser igualmente átonas otras terminaciones como las
deverbativas ´-a, ´-e, ´-o, y otras como ´-bulo, ´-culo, ´-ulo, etc.» (Pharies 2002,
100); ´-amo (páramo) no entra en la lista porque podrı́a ser entendido como
simple variante de ´-ano: existen légamo y légano, consideradas variantes por
Menéndez Pidal (1905, 392), aunque con prioridad cronológica de la segunda
(id. 1953, 48). Sin embargo, como el término «sufijo átono» está consagrado
por el uso, lo emplearé en el presente trabajo.

DOI 10.1515/zrph.2010.024

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292 Agustı́n Seguı́

En el caso de ´-aro, los cambios engendradores de vocablos con ese sufijo


son los siguientes:
«1) cambio de vocal (passere(m) > pájaro, cicere(m) > chı́charo, pōcu-
lum > búcaro), 2) cambio de consonante (lampada > lámpara, pōcu-
lum > búcaro), 3) metátesis (*mūrica > múcaro, adáraga > adágara),
4) cambio de acento (zebbâra > cı́mbara, šikálli > jı́cara), 5) epéntesis
vocálica (čákra > chácara, čúkru > chúcaro) y 6) paragoge (náqar >
nácara, hálhal > fárfara, pfı̂fer > pı́fano, swı̂zzer > esquı́zaro, quizás
también picar > pı́caro, papar > páparo)» (Pharies 2002, 101),
más una variante especial: 7) adición del sufijo entero: casca > cáscara, galla
(lat.) > agalla y gállara, ası́ como alicante > alicántara (ib.). Como muestra
el último ejemplo, en 7 hay que eliminar primero el sufijo -e o -a antes de
introducir el nuevo (o intercambiarlos, si se prefiere); de ninguna manera se
trata de separar casc-a para introducir -ar- en la fisura. La derivación con los
otros tres sufijos aplica los mismos tipos de cambio, o al menos algunos de
ellos.
Todo lo antedicho permite esbozar una primera definición que incluye los
rasgos siguientes: 1) Estos sufijos son bisı́labos. 2) Generan derivados que
llevan acentuación esdrújula. 3) Los sufijos son átonos, como se deduce de
los dos rasgos anteriores. 4) Los étimos son llanos, de modo que esta deriva-
ción conlleva el paso del acento paroxı́tono al proparoxı́tono. 5) Los sufijos
son semánticamente vacı́os. 6) La derivación no conlleva cambio de categorı́a
morfológica. 7) La vocal de la sı́laba postónica es -a-. 8) «Las consonantes
[. . .] son indiferentes, según se ve en murciégano y murciégalo > murciélago,
de murciego, o en las alternancias sótano y antiguo sótalo, Huércanos y Huér-
cal(o) Overa» (Lapesa 1988, § 5:3).
Sin embargo, no es claro que todos estos rasgos definitorios sean acepta-
bles; dejando otros para más adelante, discuto a continuación el cuarto, que
curiosamente disfruta de una aceptación universal: Craddock (1975, 219) ha-
bla incluso de «sufijos esdrujulizantes (epı́teto que me luce un poco más
exacto que ‹átono›)», y Menéndez Pidal (1905, primera frase del artı́culo) de-
fine el fenómeno como «adición de un sufijo átono que viene á hacer proparo-
xı́tona la palabra». Pero esto es discutible por dos razones: a) En los vocablos
que ostentan tales sufijos, los étimos de algunos ya son esdrújulos, o ya tienen
el mismo sufijo, o ambas cosas a la vez: βάρβαρος > barbarus > bárbaro. Para
incluir el efecto esdrujulizante en la definición, tendrı́amos que limitarnos a
los casos 4Ð7 de Pharies. b) Por desconocimiento de la etimologı́a, no siem-
pre pueden hacerse distingos entre los étimos ya esdrújulos y los otros: «A
veces sólo se conoce la forma derivada y no la primitiva; ası́ ocurre en ráfaga,
bálago y tantos otros» (Lapesa 1988, § 5:3). Esta es la objeción principal. Por
supuesto, podrı́a responderse diciendo que en los casos de étimo conocido
hay cambio de patrón acentual si nos limitamos a los casos 4Ð7 de Pharies.

2. Menéndez Pidal observó que el fenómeno no es exclusivamente hispano,


sino que «tal adición existe también en otras regiones del territorio romance»

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(1905, 386). En la primera mitad del S. XX, él y otros lingüistas, sobre todo
italianos y alemanes, rastrearon dichos sufijos en el mundo mediterráneo tri-
continental y sostuvieron la existencia de un sustrato preindoeuropeo poco
menos que omnipresente en esa macrorregión. Menéndez Pidal (1953, sobre
el Mediterráneo occidental) fue el principal sustentador de la teorı́a de tal
sustrato en la lingüı́stica hispánica. Ahora bien:
«Con gran fantası́a y métodos que no pecan de excesiva crı́tica, se han
construı́do bases prelatinas y raı́ces preindoeuropeas como m a l a ,
p a l a , s a l a , t a l a . No excluyo que tales raı́ces hayan podido existir en
algunas lenguas prehistóricas de Europa. Pero es muy mal método atri-
buir a estas raı́ces multitud de topónimos de paı́ses heterogéneos sin
haber examinado detenidamente otras posibilidades de explicación más
sencilla y más vecina. De frente al étimo prelatino pala propuesto por
Bertoldi para algunos montes del Pirineo (Pales, Col de la Pale) tengo
que señalar que pala (gasc. palo, pale) es palabra que en ambos lados
del Pirineo vive con la acepción ‘pendiente de una montaña’. Con un
prelatino m a l , m a l a se han relacionado los nombres de montes pire-
naicos Mallo, Mallos de Riglos, Malh, Mail, sin dar la atención necesaria
al hecho que mallo en los dialectos de Aragón y malh en la zona pire-
naica de Gascuña todavı́a hoy son palabras comunes con el sentido de
‘peña’, ‘peñasco’» (Rohlfs 1985, 33).

En el caso concreto de Menéndez Pidal y su postulación del sustrato, se ha


escrito lo siguiente: «La atribución de fenómenos anómalos a sustratos hipo-
téticos es parte del Zeitgeist de la primera mitad del siglo XX, pero desde la
perspectiva de hoy, es fácil ver que en el caso de los ‹sufijos átonos› no es
justificable» (Pharies 2002, 100, aduciendo la misma razón que Rohlfs; hay
una excelente exposición de esta polémica histórica en Craddock 1969).
Quedan, sin embargo, casos que no pueden dilucidarse mediante una re-
ducción de lo desconocido a lo conocido. Es sensata la siguiente tesis que
no postula un sustrato más que para algunas esdrújulas con los sufijos en
cuestión:
«Los esdrújulos latinos que se han conservado no bastan para explicar
un fenómeno tan amplio; en cambio, la toponimia prelatina abunda en
nombres como N a i ă r a y [. . .] Ta m ă g a y B r a c ă r a , con sus variantes
B r a c ă n a y B r a c ă l a , semejantes a los actuales Huércanos, Nuévalos,
Solórzano. El sustantivo páramo es indudablemente prerromano, y pro-
bablemente lo es también légamo o légano. Parece tratarse, por lo tanto,
de un hábito heredado de las lenguas peninsulares anteriores al latı́n»
(Lapesa 1988, § 5:3).

3. Como la «hipótesis mediterránea» no pudo subsistir debido a la imposibili-


dad de progresar en el estudio del sustrato, se produjo un cambio de perspec-
tiva: un desplazamiento hacia el análisis funcional de los cuatro sufijos,
«all of palpably non-Latin provenience. Wheter the ultimate progenitor
of these elements was a Indo-European, or some pre-Indo-European,
language is a question of major concern to experts in substrata, but one
almost irrelevant in the present methodological context. The point at

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issue is that these affixes have remained relentlessly mobile and highly
productive throughout the Middle Ages and, indeed, to this day, so that
the analysis of their recent and current functions must be tidily separa-
ted from the quest for their cradle in nebulous prehistory»
(Malkiel 1966, 355).

En su análisis funcional, Malkiel postula que el éxito de los sufijos átonos


obedeció a una preferencia de tipo auditivo:
«What possible advantage attaches to these peculiar amplifications and
to scores of others? The only persuasive explanation is that, after a
certain turning-point (as yet unidentified), the proparoxytonic stress
pattern became so immensely attractive to speakers of Hispano-Ro-
mance that they have ever since indulged in adding ‹senseless› syllables
to a steadily increasing number of words, as if to squeeze them into
their favourite mould. Since indisputably the achievement of neither
clarity nor economy of message is at issue Ð in fact, one observes the
reverse of the latter proclivity Ð purely esthetic delight in a characteris-
tic syllabic-accentual arrangement can alone have acted as the prime
mover» (ib.).

Notemos que Malkiel salta de lo puramente acentual («the proparoxytonic


stress pattern») a incluir también lo silábico («a characteristic syllabic-accen-
tual arrangement»), como si se tratara de la misma cosa.
Pharies describe el mecanismo de estas derivaciones como aplicación de
una «plantilla» ´-V1CV2 común a los cuatro sufijos, siendo V1 siempre -a-. Esta
entidad fonológica actúa provocando cambios «por una especie de atracción
analógica» (Pharies 2002, 101), es decir, interviniendo en procesos derivativos
para imponer un sufijo que ya en otros casos habı́a tenido éxito entre los
hablantes. Según este autor, «las palabras [de Malkiel] ‹squeeze them into
their favorite mould› captan perfectamente lo que hace una plantilla, expli-
cando [. . .] por qué se prefiere pájaro a **pájar, cı́mbara a **cimbara, lám-
para a **lámpada y alicántara a alicante» (ib.). La plantilla como tal, o bien
actuó ya en los étimos (cambios 1Ð3), o bien resulta de introducir en estos
algunas modificaciones (cambios 4Ð6), o bien se introduce en bloque (cambio
7). Pharies opina que «la motivación [. . .] la identifica Malkiel [. . .] con bas-
tante precisión», pero considera oportuno especificar el valor estético de tales
derivaciones diciendo que se lo obtiene mediante sufijos «cuya única razón
de ser es la de crear adornos rı́tmicos» (ib., 83, cf. también 64 y 101). Afirma
que este último dato permite «explicar el gran enigma que siempre han pre-
sentado ésta [´-ara] y parecidas terminaciones, el ser semánticamente vacı́as»
(ib., 83): no necesitan tener significado propio porque su función no es semán-
tica sino pura y exclusivamente eufónica: crear adornos.

4. Antes de ocuparme más en detalle de la explicación de ambos autores


quisiera señalar, con respecto a Menéndez Pidal, que no se lo deberı́a encasi-
llar tan rigurosamente en un Zeitgeist superado. Dijo él mismo: «Entro con
gran contrariedad en un tema tan oscuro y resbaladizo» (Menéndez Pidal

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1953, 36) como es el de la distribución panmediterránea de los sufijos átonos;


su adhesión al esquema histórico superado necesita entonces ser relativizada,
aunque no pueda ser enteramente negada. Tampoco deberı́a olvidarse que en
él encontramos ya las otras categorı́as, comenzando por la de analogı́a: «El
número de proparoxı́tonos etimológicos fué bastante grande para promover
otros analógicos» (id. 1905, 387, ejemplos en 390 2o, 392 3o, 399 8o y 400; el
recurso a la analogı́a como motor de cambio es, por cierto, común en los
estudios de morfologı́a histórica). Sobre la relación entre el vacı́o semántico y
la motivación estética, se adelantó a decir que «no tienen esos sufijos función
semántica distinta y bien definida, [. . .] viniendo a ser por lo común una mera
prolongación [. . .] de efecto simplemente auditivo» (id. 1953, 55). Fue incluso
más lejos que los autores anglófonos citados, cuando vinculó el efecto audi-
tivo con un rasgo diastrático: al menos «en el dominio del español [. . . la
tendencia al esdrujulismo] es únicamente propia del habla de los semiletra-
dos, que gustan de los disparates méndigo, périto, cólega . . . y que impusieron
médula, fárrago, vértigo, rúbrica, pábilo . . .» (id. 1905, 386). «Podemos decir
que tales sufijos no son más que un adorno morfológico; adorno que tiene
mucho de vulgar, de rústico» (ib., 400). Fundamenta nuestro autor su vincula-
ción entre el lenguaje rústico y la predilección por las esdrújulas señalando
que los sufijos esdrujulizantes aparecen en la denominación de «vegetales y
animales indomésticos» y en «nociones relacionadas con la vida campestre»,
siendo su uso principal el de los topónimos de «lugares y rı́os de poca impor-
tancia» (id. 1953, 54), es decir, alejados del mundo urbano. En las explicacio-
nes de Menéndez Pidal hallamos, entonces, una visión muy amplia del fenó-
meno, sin mencionar su inclusión de algunos aspectos soslayados por otros
lingüistas, como el uso de una vocal postónica distinta de -a- y el de conso-
nantes distintas de las cuatro del tı́tulo, como veremos más adelante. Retenga-
mos sobre todo su adjudicación del fenómeno aquı́ estudiado a la población
rústica. Finalmente, el cambio de perspectiva frente a la escuela pidaliana no
implica un abandono del marco diacrónico. Malkiel menciona expresamente
el «origen palpablemente no latino» de los cuatro sufijos; Lapesa formula una
breve sı́ntesis con ejemplos prerromanos irrebatibles; y uno de los lingüistas
que critica con justicia la hipótesis mediterránea y el método poco crı́tico
empleado para fundarla, avanza un poco, sin embargo, en la delimitación
geográfica del fenómeno de los topónimos esdrújulos con ciertos sufijos:
«Abundan en los territorios de los antiguos etruscos» (Rohlfs 1985, 32 n. 41);
da ejemplos de la Toscana.

5. Volvamos ahora a las explicaciones del fenómeno de sufijos que no son


tales. Su patrón acentual es el mismo de todas las esdrújulas, y por ende no
basta para explicar la preferencia que se dio, en largas épocas de la historia
del castellano, a un esquema silábico determinado o, si se prefiere, a cuatro
aplicaciones distintas de la misma plantilla. En consecuencia, hay que separar

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claramente los dos factores de la preferencia, aunque ambos sean de natura-


leza acústica. Sobre el esquema silábico constatamos lo siguiente:

5.1 Parece haber una jerarquı́a de placer auditivo entre las consonantes que
lo producen; de lo contrario, serı́a difı́cil explicar una transformación como
murciégano > murciégalo > murciélago. Otros «ejemplos de palabras que
toman más de una de las formas [consonánticas] apuntadas» (Menéndez Pidal
1905, 394) sin contemporaneidad: r > n: Brácara (ciudad celta) > Brágana
(en castellano antiguo) (ib.); l > g: murciégalo es anterior a su metátesis
murciélago (ib., 395); n > l: (lat. bubălus >) búfano (forma antigua) > búfalo
(ib., 396). Uniendo estas tres transformaciones obtenemos la serie r > n >
l > g, que quizás refleje un orden creciente de preferencia; esta conclusión
coincide bastante con los datos cuantitativos del mismo autor: «se usa mucho
una explosiva, la g, y de las continuas la r, la n y, menos, la l» (ib., 387). Como
los cambios que conlleva toda historia nos obligan a aceptar modificaciones
también en las preferencias, podrı́amos pensar que hubo al menos dos series,
contemporáneas o no: r > n > l > g, que se desprende de los datos de cambios
registrados entre los derivados de un mismo étimo, y l > r > n > g (o bien
l > n > r > g), reconstruible a partir del material total que ha llegado a nuestras
manos (o a las de Menéndez Pidal hasta 1905). En el Mediterráneo occidental,
el sufijo más importante es ´-ar(a), dice nuestro autor (Menéndez Pidal 1953,
35, 36); pero no necesariamente con prioridad temporal, como explica él
mismo en relación con Gándara / Cándala / Cándana: «La forma oficial y
culta del sufijo es ´-ara, y las formas divulgadas popularmente son ´-ala y
´-ana» (ib., 42). Ello, claro está, puede conllevar cambios en la diacronı́a:
«También se ven las formas con l y n arrinconando a la forma etimoló-
gica con r, en el nombre personal C h r i s t ŏ p h ŏ r u s que asimiló su ter-
minación a nuestros sufijos y se hizo * C h r i s t ŏ p h ă l u s > C h r i s t ŏ u ă -
l u s año 939 (León) > Cristuébalo 824 (Campó) > Cristuébal 1103 (Bur-
gos); y sin diptongación, Cristóvalo 1074 (León), moderno Cristóbal;
por otra parte, en Portugal se hizo C h r i s t o v ă n u s año 1220 > Christo-
vão 1258, que es la forma portuguesa moderna» (ib., 44).

Las series reconstruidas no solo implican diferencias diacrónicas y diastráti-


cas sino también diatópicas; es ası́ como los ejemplos de Italia invierten la
última secuencia citada: «La vitalidad de ´-ar se advierte cuando este sufijo
invade ´-al o ´-an: lı́gur ganófaru, lombardo galófar, siciliano galófaru, vene-
ciano garófolo, it. garófano ‘clavo, capullo oloroso’ < c a ry ó p h yl l u m » (ib.,
45). Existe, entonces, una escala de preferencias, pero variable en el lugar, el
nivel sociocultural y el tiempo.
Por lo demás, serı́a interesante estudiar si, con prescindencia de las vocales
postónicas, el factor desencadenante del placer auditivo es solo la consonante
que sigue a dicha vocal o también la que la antecede, es decir, si basta postular
series como las indicadas o si habrı́a que comparar más bien (en los derivados
de mur-ciego) -gano / -galo / -lago.

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5.2 Sobre la vocal susodicha, hemos visto que Lapesa, al igual que otros auto-
res, sostiene que lo constante de estos sufijos es la -a- postónica. De hecho,
pōculum da búcaro y no **búculo, por más que esta última forma tenga un
sufijo conocido en español; asimismo se produce sótalo (< *subtulu < subtus
‘bajo’) y no **sótolo; óvalo (< it. ovolo) y no **óvolo; zócalo (< it. zoccolo) y
no **zócolo; ébano (< ebenus -i) y no **ébeno. También el que luciérnaga
1495 haya sido precedida por luciérnega 1251 constata el triunfo de la -a-
(otro dato para incluir en la escala de placer auditivo), pero asimismo la
existencia de una variante con otra vocal. Esta última constatación coincide
con la situación de los «topónimos de acentuación esdrújula» de España:
Rohlfs da ejemplos con -ago, -ana, etc., pero también otros con -i- o con -e-:
Arándiga, Lituénigo, Cintruénigo, Liédena, Ódena, Tárbena, Gésera (Rohlfs
1985, 32; hay muchos ejemplos más con -i- o -e- y algunos pocos con -o- en
Menéndez Pidal 1905, 397s.).
5.3 Observemos ahora las consonantes. Las cuatro del tı́tulo son sonoras
(Menéndez Pidal 1905, 387), de modo que no son tan indiferentes como qui-
siera Lapesa. Esas cuatro son solo las que han predominado cuantitativa-
mente, y si bien se menciona un quinto sufijo ´-mo, se lo reduce a variante de
´-no por la presencia de ambos en légamo / légano. Sin embargo, nuestro
autor más citado se decide una vez, en su última publicación sobre el tema,
a elencar cinco «sufijos átonos ´-ar, ´-an, ´-al, ´-ag y aun ´-am» (id. 1953, 54).
Ya antes habı́a mencionado «otros casos en que se ofrecen las labiales m ó b
[. . .] y la dental d» (id. 1905, 396): además de légamo y légano existen en
Asturias bálago y bálamo ‘montón de hierba’, bálagu y bálabu ‘tumor pequeño
que se forma en la piel del ganado caballar y vacuno, y del cual, estrujándole,
sale un gusano’, ası́ como (hueva >) güévara y güévada (ib.). Debemos pre-
guntarnos, entonces, si se justifica limitar el análisis a los cuatro sufijos del
tı́tulo.1 Mi respuesta es negativa. Una escala de preferencias nos permitirı́a
incluir todas las vocales y consonantes detectadas, independientemente de
su mayor o menor frecuencia, y como cualquier otra escala o estadı́stica,
incluso nos obligarı́a a incluirlas.

6. Pasemos ahora al esquema acentual.


6.1 Comienzo con dos constataciones elementales. En primer lugar, de nin-
gún modo hay que pensar que el gusto por la acentuación esdrújula sea imba-
tible:
«Hay en el dominio del español alguna comarca, como los Somontanos
de Huesca y de Barbastro, en que la aversión de la lengua hacia el
proparoxı́tono es absoluta; allı́ se dice tetúlos por ‹tı́tulos›, cantáro, sa-
1
Parece haber una resistencia sı́quica general a clasificar en más de dos, tres o
cuatro grupos, siendo cinco el lı́mite máximo; esta resistencia puede restar valor
cientı́fico a una clasificación. Véanse numerosos ejemplos, lingüı́sticos y no lingüı́sti-
cos, en Seguı́ 1990.

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bána, jicára. Remediando el habla de los charros de Salamanca, escribe


Torres Villarroel xacáras, fabrı́cas, Geronı́mos»
(Menéndez Pidal 1905, 386).
Y no es Hispania el único campo de batalla de las proclividades: en una gene-
ralización algo excesiva afirma un romanista dieciochesco que
«todo sufijo románico [. . .] carga con el acento, e incluso cuando la
lengua emplea un sufijo originariamente átono no tiene reparo alguno
en acentuarlo; hasta el italiano, que no acostumbra trasladar el acento
en las flexiones, hace sin embargo lo mismo que sus lenguas hermanas.
El sufijo ı̆a, por ejemplo, se convierte en ı́a (cortesia), ı̆nus en ı́no
(cristállinus, it. cristallino), ı̆cus en ı́c (cléricus, wal[aco] clerı́c), ı̆olus
en iólo (filiolus, it. figliuolo), aunque hay excepciones: angústia no se
convierte en angustı́a» (Diez 1882, 605s.).
Si la predilección por las esdrújulas no tuviera rival, no existirı́a en estas
lenguas el conocido predominio de la acentuación paroxı́tona.
En segundo lugar: el efecto danzarı́n de los cuatro sufijos átonos lo halla-
mos en todas las palabras esdrújulas, y hasta en el pie dactı́lico de las lenguas
clásicas. El atractivo de que disfruta el patrón proparoxı́tono también puede
constatarse en latı́n, por ejemplo en los proparoxı́tonos formados sobre éti-
mos griegos de casos oblicuos paroxı́tonos: lampăda, -ae (variante de lam-
păs, -ădis o -ădos) ‘hacha, antorcha’ < λαμπάς, -άδος ‘luz, antorcha, lámpara’;
camara / camera, -ae ‘bóveda’ < καμάρα ‘ı́d., cuarto abovedado’; cithara ‘id.’
< κιθάρα; phosphorus, -ı̄ ‘id.’ < φωσφόρος; etc. Incluso chronica se formó
como neutro plural a partir del adjetivo oxı́tono χρονικός.
6.2 Es curioso que todos los autores fundamenten el atractivo de los sufijos
átonos con el de las esdrújulas en general. Lo hace Malkiel al definir el fenó-
meno como un «purely esthetic delight» derivado del «proparoxytonic stress
pattern». Lo hace Pharies al remitirse al supuesto «valor rı́tmico» de los ador-
nos (que no es tal, porque solo hay ritmo cuando hay repetición de un es-
quema: compás, pie o verso). Lo hace Menéndez Pidal cuando vincula directı́-
simamente tales creaciones con el «habla de los semiletrados, que gustan de
los disparates méndigo, périto», etc. También Lapesa habla de «la añadidura
de un incremento» que, al crear una sı́laba nueva, esdrujuliza el total, pero
añade, como condición, que sea «un incremento inacentuado con vocal a». Y
su maestro ya medio siglo antes habı́a dedicado mucho espacio al estudio de
la estructura silábica de los sufijos. Hemos citado, asimismo, la ligera correc-
ción que introduce Malkiel en un mismo párrafo al hablar de «a characteristic
syllabic-accentual arrangement». Podemos concluir que, si bien el patrón pro-
paroxı́tono ha sido un factor fundamental de deleite estético, también el pa-
trón silábico contribuyó a dar empuje a los cuatro sufijos en su carrera triun-
fal. En la definición, el patrón acentual deberı́a figurar como género, y el
silábico como diferencia especı́fica, por ser este el que separa los cuatro (o
más) sufijos del resto de las esdrújulas.
Ahora bien, la insistencia de los lingüistas en vincular el éxito de estos
cuatro sufijos ante todo con el gusto por las esdrújulas hace pensar que el

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Los sufijos átonos ´-ago, ´-alo, ´-ano y ´-aro 299

factor acentual puede haber tenido más importancia que el silábico en dicho
éxito. También aquı́, por tanto, habrı́a que postular una escala en la impor-
tancia de ambos factores acústicos.
6.3 Si el factor acentual es el más importante, no estará mal ampliar el estu-
dio de la motivación de los sufijos al de las esdrújulas en general, aunque sin
entrar, por razones de espacio, más que un poco en el campo de estas. Tome-
mos, por ejemplo, unas cuantas esdrújulas que, por innecesarias, muestran
ser fruto de una pura predilección acentual y, por antojadizas (incluyo tam-
bién algunas menos antojadizas), no suelen figurar en los diccionarios pero
pueblan el internet:
1) Un sustantivo esdrújulo y uno llano de significado idéntico (bús-
queda y busca); a veces los dos son esdrújulos (logı́stica y lógica2);
a veces no son sustantivos sino adjetivos (lésbico y lesbiano, bromı́-
stico y bromista); otras veces son las dos cosas, es decir, ambos
adjetivos y ambos esdrújulos (analógico y análogo).
2) Preferencia por el sustantivo esdrújulo aunque el significado corres-
ponda al llano (temática por tema; problemática por problema; to-
ponı́mico por topónimo).
3) Adjetivos esdrújulos sustantivados para remplazar sin necesidad los
sustantivos correspondientes (la patológica, la fenomenológica, la
metodológica), por analogı́a con sustantivos de origen adjetivo que
no remplazan a ningún otro (la estética, la poética, la clı́nica).
4) Sustantivos esdrújulos que, por la forma, parecen haber tenido ori-
gen adjetivo (casuı́stica, tratadı́stica), y de hecho pueden usarse a
veces también en esta segunda función (estudio casuı́stico).
5) Adjetivos con variantes de distinta acentuación que, por su largo
uso, han terminado por tener, si no siempre distintos significados,
al menos usos algo diferentes (guaranı́tico / guaranı́; incásico /
inca(ico); germánico / germano, hispánico / hispano).
6) Adjetivos como los del grupo precedente pero que no parecen tener
una diferencia semántica entre las dos variantes (capitalı́stico, so-
cialı́stico, surrealı́stico, modernı́stico, racionalı́stico); parecen ser
todos ellos variantes de una forma llana en -ista. Existe el mismo
fenómeno en portugués.

Podrı́an hacerse otras muchas diferenciaciones en estos grupos, de lo cual


prescindo para ir a lo fundamental: sobreabundan en esta lista los cultismos.
Como en su mayorı́a son ampliaciones esdrujulizantes innecesarias, la única
conclusión posible es que se trata de una voluntad de afectar cultura: pedante-
rı́a misturada de ignorancia. Se intenta poner de relieve lo que uno dice o
hace, mediante un lenguaje altisonante tanto en su forma (esdrújula) como
en su contenido (cultismos).3

2
Términos que se disputaron, durante buena parte del S. XX, la función designa-
tiva de la lógica moderna, con independencia de que el primero tenga ahora también
otro significado. El par anterior es un caso muy semejante.
3
Otro camino que lleva a la eufonı́a y que parece tener en común con el esdruju-
lismo la finalidad efectista de motivación pedantesca, es el de la predilección de

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300 Agustı́n Seguı́

6.4 Por cierto que también puede exagerarse el uso para ridiculizar estas
funciones, por ejemplo, burlándose del romanticismo altisonante de la letra
de ciertas canciones populares. Hallamos esta voluntad lúdica en la canción
Cándidos, de Eugenio Llona y José Seves: «Rompió el ávido su cántaro. / Ya
no hay médico en lo póstumo. / Impondrán célebres los cándidos / su vorágine
más poética». Tratándose de música, hallamos por supuesto aquı́ el ritmo que
Pharies querı́a ver en cualquier ocurrencia de sufijos átonos. Lo que no hay
aquı́ es el paso de una acentuación a otra, sino un empleo sobreabundante de
vocablos ya esdrújulos.
Pero el efecto lúdico no se logra solamente con esta acumulación exage-
rada sino también con modificaciones esdrujulizantes auténticas aunque ar-
bitrarias:
«el proparoxı́tono artificial es à veces recurso de la poesı́a popular bur-
lesca, como en aquel sistema andaluz de cantar seguidillas añadiendo
una vocal postónica igual à la tónica y precedida de -b-: ‹Dı́gale usté á
ese móboso / Que está en la esquı́bina / Que si tiene tersiábanas / Que
tome quı́bina›, ó como en esta copla del asturiano lindante con Galicia
donde la sı́laba añadida es siempre -ig-: ‹Axudádeme aquı́ meus óyigos /
Á faguéregue esta comı́diga, / Que esta gárabu- garabuyádiga / Non la
podo ver encendı́diga›» (Menéndez Pidal 1905, 399s.).4

La esdrujulización es aquı́ arbitraria porque ni forma ni quiere formar parte


del sistema de la lengua; esta novedad es precisamente la que provoca el
efecto jocoso e impide la perpetuación. La semejanza con los cuatro sufijos
átonos consiste en el empleo de «sufijos esdrujulizantes» (generalizando los
términos de Craddock citados al final del § 2) y en el hecho de que este
empleo no implica un cambio semántico. Otra semejanza es la existencia de
más de uno de estos sufijos lúdicos, como puede verse en la siguiente canción
infantil de Burgos, citada por Menéndez Pidal (1905, 400 n. 2) y Pharies (2000,
101) en fragmentos distintos que aquı́ compagino:

ciertos hablantes por los vocablos más largos en caso de haber una alternativa más
breve: concretizar / concretar, mediatizar / mediar, minimalizar / minimizar, ma-
ximalizar / maximizar, y términos que podrı́an haber sido más breves si no se
hubiera preferido hacer la derivación sobre el primitivo más largo: luteranismo /
luterismo (la segunda forma aparece en castellano pero muy poco y existe también
en esperanto), desmitificar / desmitizar (la segunda forma es la de menor frecuen-
cia, pero existe una tercera forma, desmitologizar, de frecuencia intermedia, más
larga incluso que la larga antedicha), milenarismo / milenismo (la forma breve apa-
rece poquı́simo en castellano pero es la forma estándar en portugués), etc. Cuando
los dos términos tienen sentido distinto, como comercializar y comerciar, el uso del
primero por el segundo por parte de un arqueólogo sudamericano es sı́ntoma de la
ya comentada mezcla de ostentación e ignorancia. Bien sabido es, por lo demás, que
los intelectuales no son los únicos pedantes: los polı́ticos alemanes suelen preferir
en sus discursos el término Kulturkreis («cı́rculo cultural», concepto ya anticuado
en antropologı́a) al de Kultur.
4
Aclara que «gárabu es el trozo de leña delgado para atizar el fuego» (Menéndez
Pidal 1905, 400 n. 2).

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Los sufijos átonos ´-ago, ´-alo, ´-ano y ´-aro 301

«En las montáñaras / de Catalúñara, / en las murállaras / junto al Fe-


rrol, / hay un convéntoro / de religiósaras / que son facciósaras / y yo
no soy. / Yo tengo un dúroro / y un medio dúroro / y una pesétara / para
gastar. / También un cóchere / con siete múlaras / y un delantérero /
para pasear».

Los ejemplos de Menéndez Pidal fueron publicados a principios del siglo XX


y se remontan, por tanto, cuando menos al XIX, pero hallamos también propa-
roxı́tonos de origen paroxı́tono y motivación burlesca en la Mazúrquica mo-
dérnica de Violeta Parra:
«Me han preguntádico varias persónicas / si peligrósicas para las mási-
cas / son las canciónicas agitadóricas. / ¡Ay qué pregúntica más infantı́-
lica! / Sólo un piñúflico la formulárica / pa’ mis adéntricos y momentá-
rica. / Le he contestádico al preguntónico: / Cuando la guática pide
comı́dica, / pone al cristiánico firme y guerrérico / por sus poróticos y
sus cebóllicas. / No hay regimiéntico que los deténguica / si tienen hám-
brica los populáricos».

6.5 En resumidas cuentas, todas las esdrújulas naturales, y no solo las de


nuestros cuatro sufijos, pueden usarse con voluntad de eufonı́a (motivación
estética). La eufonı́a, por su parte, puede degenerar en altisonancia. La eufo-
nı́a de los cultismos puede degenerar en pedanterı́a. Cualquiera de las exa-
geraciones posibles de la motivación original puede dar lugar, a su vez, al
empleo burlesco (cambio de función pero no de significado), tanto de las
esdrújulas naturales como de las artificiales. En el medio queda el empleo
lúdico pero no burlesco, como el de «las montáñaras de Catalúñara», provo-
cado por el ritmo mismo de la canción. Los usos de nuestros cuatro sufijos no
aceptarı́an las últimas aplicaciones recién ejemplificadas: «they seem utterly
devoid of any admixture of playfulness or infantilism» (Malkiel 1966, 355).
Pero es precisamente el uso lúdico más extremo, a saber, el creador de esdrú-
julas artificiales, el que más se asemeja al de los cuatro sufijos: por un lado
emplea sufijos esdrujulizantes, y por otro lado los cambios morfológicos no
implican cambios semánticos.

7. Es importante separar bien todos estos casos en el momento de evaluar


las explicaciones dadas por los autores antes citados.
7.1 Comencemos con Pharies. Es probable que la canción infantil citada por
Menéndez Pidal le haya impulsado a suponer un efecto rı́tmico en todos los
usos de sufijo átono, con exageración evidente. Al mismo tiempo, Pharies
encuentra una explicación brillante de por qué esos sufijos son semántica-
mente vacı́os. En ambos asuntos se atiene exclusivamente al factor acentual.
Muy útil, sin embargo, es su elenco de los siete tipos de cambio que producen
vocablos con esos sufijos; los cambios 1Ð3 y 7 sı́ se ocupan del factor silábico.
Con respecto al cambio de tipo 5 (epéntesis) me permitiré una breve disgre-
sión: en un trabajo anterior (Seguı́, en prensa) niego que la creación de los
quechuismos epentéticos que Pharies pone como ejemplos se deba al empleo

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302 Agustı́n Seguı́

analógico estetizante del correspondiente sufijo átono, ya que tal creación


puede explicarse perfectamente partiendo de la fonologı́a quechua y no pa-
rece tener nada que ver con la voluntad de eufonı́a. También la distorsión
esdrujulizante de Atahuallpa en Atahuálipa (y otras variantes que hallamos
casi indefectiblemente en los cronistas de la conquista del imperio inca) tiene
su raı́z en la fonologı́a quechua y en su falsa interpretación por parte de los
conquistadores (Seguı́ 2006). Pues bien, el cambio de tipo 6 (paragoge) sı́
parece aplicarse al antropónimo quechua Huáscar o Guáscar, que figura repe-
tidamente como Guáscara en al menos un cronista (Cieza de León 1996, II,
200, 205, 211 y 212; III, 120 y passim). Vimos que «las palabras [de Malkiel]
‹squeeze them into their favorite mould› captan perfectamente lo que hace
una plantilla, explicando [. . .] por qué se prefiere pájaro a **pájar, cı́mbara
a **cimbara, lámpara a **lámpada y alicántara a alicante» (Pharies 2002,
101). La deformación Guáscar > Guáscara no remite a caracterı́sticas fonoló-
gicas del quechua; más bien hace pensar en el doblete (inexistente) **pájar /
pájaro recién mencionado. La preferencia por la plantilla impidió la creación
de **pájar, pero Guáscar ya existı́a en quechua y sólo pudo ser deformado
«para meterlo por la fuerza en el molde favorito». Esta explicación se ve
reforzada por la relativa escasez de sustantivos graves castellanos terminados
en -r precedida de vocal átona: acı́bar, almı́bar, ámbar, nácar, azúcar, fúcar,
aljófar, azófar, nenúfar, guájar, mudéjar, dólar, César, ánsar, húsar, cólco-
tar / colcótar, Bolı́var, alcázar, beréber, impúber, cáncer, prócer, lı́der, pólder,
chófer, escáner, láser, súper, káiser, géiser, piamáter y duramáter, cráter,
catéter, suéter, esfı́nter, póquer, cadáver, revólver, kéfir, mártir, cóndor, confı́-
teor, Vı́ctor, vı́tor, fémur, lémur, imprimátur, etc.; es claro el predominio
de extranjerismos y cultismos. La distorsión esdrujulizante de Atahuallpa >
Atahuálipa es, por tanto, absolutamente distinta de la de Guáscar > Guás-
cara.

7.2 En el caso de Malkiel, su definición del fenómeno sufijacional aquı́ estu-


diado parece basarse en lo puramente acentual pero, como introduce ensegu-
ida una corrección que incluye lo silábico, nos quedamos con la duda de saber
qué es, para él, lo realmente definitorio; de hecho no dice nada concreto
sobre la estructura silábica. Lo interesante de su aportación es el cambio
explı́cito de perspectiva, con un salto de lo etimológico a lo funcional. Pero
en su propuesta de una motivación estética no pasa de una constatación vaga;
Menéndez Pidal fue mucho más allá cuando la describió como propia del
pueblo rústico y semiletrado.

8. Este último punto, a su vez, resulta más claro en el estudio del empleo
estetizante de las esdrújulas en general. Solo esta ampliación del marco de
análisis permite descubrir la curiosa semejanza entre la predilección del rús-
tico por los cuatro (o más) sufijos átonos y la predilección del semiculto por
los cultismos proparoxı́tonos: en ambos casos se trata de la búsqueda de un

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Los sufijos átonos ´-ago, ´-alo, ´-ano y ´-aro 303

valor estético que no necesariamente reconocerán como deseable las capas


más letradas de la sociedad. Es una búsqueda de efectos eufónicos altisonan-
tes. El hecho de que esto quede especialmente claro en la pedanterı́a de los
semiletrados urbanos permite suponer, por analogı́a, que hay algo semejante
entre los rústicos. En consonancia con el rechazo de Menéndez Pidal de los
«disparates» ya citados, pienso, entonces, que es posible entender el «deleite
puramente estético» que experimentan los semiletrados como un (mal) gusto
por lo altisonante, que encuentran ellos no solo en las esdrújulas en general
sino en las dotadas de terminaciones con ciertas combinaciones silábicas, por
ejemplo, las cuatro del tı́tulo.

Bibliografı́a
Cieza de León, Pedro de, Crónica del Perú, edición, prólogo y notas de Francesca
Cantù, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú/Academia Nacional de la
Historia, 31996, vol. 2: Segunda parte [generalmente editada como El señorı́o de
los incas, o bien como Del señorı́o de los incas Yupanquis], vol. 3: Tercera parte.
Craddock, Jerry R., Latin Legacy versus Substratum Residue: The Unstressed «Deri-
vational» Suffixes in the Romance Vernaculars of the Western Mediterranean,
Berkeley/Los Angeles, University of California Press, 1969.
Craddock, Jerry R., Las categorı́as derivacionales de los sufijos átonos: pı́caro, pá-
paro y afines, in: Studia hispanica in honorem R. Lapesa, vol. 3, Madrid, Gredos/
Cátedra-Seminario Menéndez Pidal, 1975, 219Ð231.
Diez, Friedrich, Grammatik der romanischen Sprachen, Bonn, Weber, 51882.
Lapesa, Rafael, Historia de la lengua española, Madrid, Gredos, 91988.
Malkiel, Yakov, Genetic Analysis of Word Formation, in: Thomas A. Sebeok (ed.),
Current Trends in Linguistics, vol. 3: Theoretical Foundations, The Hague/Paris,
Mouton, 1966, 305Ð64.
Menéndez Pidal, Ramón, Sufijos átonos en español, in: Bausteine zur romanischen
Philologie. Festgabe für Adolfo Mussafia zum 15. Februar 1905, Halle/S., Nie-
meyer, 1905, 386Ð400.
Menéndez Pidal, Ramón, Sufijos átonos en el Mediterráneo occidental, Nueva Revista
de Filologı́a Hispánica 7:1Ð2 (1953), 34Ð55.
Pharies, David, Diccionario etimológico de los sufijos españoles y de otros elementos
finales, Madrid, Gredos, 2002.
Rohlfs, Gerhard, Antroponimia e toponomastica nelle lingue neolatine. Aspetti e
problemi, Tübingen, Narr, 1985. [Cito solo del cap. II, Aspectos de toponimia espa-
ñola, publicado originalmente en 1951.]
Seguı́, Agustı́n, Zur Texttypologie von Katharina Reiß, Lebende Sprachen 2 (1990),
49Ð53.
Seguı́, Agustı́n, Atahuallpa y Atabaliba, in: Alba E. Valencia (ed.), XIV Congreso In-
ternacional ALFAL, 17 al 21 de octubre de 2005, Monterrey, México, Actas [CD-
ROM], Santiago de Chile, ALFAL, 2006, 7 págs. en la sección de Dialectologı́a y
Lingüı́stica, URL: file:///E:/cd/indice_dialectologia_sociolinguistica.html.
Seguı́, Agustı́n, El sufijo átono ´-aro y el caso de los quechuismos epentéticos (cha-
cra > chácara, chucru > chúcaro), actas del XXV Congrès International de Lingu-
istique et de Philologie Romanes, 3Ð8 Septembre 2007, en prensa.

Saarbrücken AGUSTÍN SEGUÍ

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