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¿Por qué la filosofía debe volver al colegio?

Se suele escuchar con alguna frecuencia que ‘al colegio se va a aprender’. Pues bien, debiéramos
ser cuidadosos con algunas ideas que se infieren de esta que, aunque algo de cierto lleva, puede
también fomentar ese tipo de educación castrante y deformadora que Paulo Freire denominó
educación bancaria. Este famoso pedagogo brasileño llamaba así a la educación que pretende
‘depositar’ conocimientos en la mente de los alumnos. Yo creo que es necesario complementar
la sentencia: al colegio se va a aprender, pero también se va a reflexionar. Desear más
conocimientos, pero no acompañarlo con la reflexión es insano y, más temprano que tarde, sus
consecuencias son nefastas para individuos y para la sociedad. Una educación que proporciona
conocimientos sin reflexión crea una discontinuidad entre la historia de la ciencia y la escuela, y
hace de esta última un espacio artificioso y deformante. La historia de la ciencia jamás ha sido
ajena a la filosofía. La ciencia es la formación del conocimiento, la filosofía, su reflexión, aquella
que la ayuda a definir qué se entiende por verdad, por conocimiento o por ciencia misma. En su
génesis, la ciencia era indistinguible de la filosofía; y con el surgimiento de la ciencia moderna,
con sus mediciones, datos empíricos y argumentos matemáticos, ésta no dejó de estar al lado
de aquélla. La nueva práctica de ciencia que surgió con Galileo era también producto de una
reflexión que pretendía haber alcanzado una respuesta a las preguntas por la verdad y el
conocimiento; y es que dichas preguntas no siempre han recibido las mismas respuestas. No
reconocer los trasfondos históricos de la verdad y el conocimiento es justamente una ingenuidad
que se forma cuando se ‘depositan conocimientos’ y se excluye a la reflexión. Así pues,
acompañar la reflexión a la adquisición de conocimientos nos puede liberar de esa ingenuidad.
Mas, esa no es la única razón para impulsar dicha compañía, habría que reconocer también que
la ciencia requiere de la filosofía para alumbrar el sentido que está asumiendo. No hay un solo
sendero y el sentido que asumamos forjará la sociedad que seremos. Ese sentido puede
sorprendernos como ladrón que llega en la noche o podemos asumirlo con mayor
responsabilidad, previendo y reflexionando la sociedad que queremos ser. Finalmente, el solo
hecho de querer el progreso de la ciencia supone también reconocer que esta no se logra sin la
necesaria reflexión. Los simples datos aislados no hacen ciencia, sino que esta se logra cuando
todos estos armonizan en una teoría que supone ya concepciones de lo que es el hombre, la
sociedad y la vida. Así pues, pensar una escuela sin la filosofía es enajenarse del devenir de la
ciencia y el resultado solo es una educación artificial y una ilusión deformante de lo que es la
ciencia.

Richard Antonio Orozco C.


Filósofo