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¿Y qué sabes tú?

Visión y Percepción
Adaptado por Psicología y Vida C.A.

VISIÓN Y PERCEPCIÓN.

NEUROCIENCIAS.

VÍCTOR RAÚL CASTILLO HERNÁNDEZ.

La mente proporciona el marco, el conocimiento específico y los supuestos específicos para que el
ojo vea. La mente constituye el universo que el ojo ve después.

En otras palabras, la mente está construida dentro de nuestros ojos.

HENRYK SKOLIMOWSKI

Si todo lo que percibo se basa en lo que ya sé de antemano, ¿cómo voy a percibir algo
nuevo? Y si nunca percibo nada nuevo, ¿cómo voy a cambiar?, ¿cómo voy a crecer?

Tras haber recorrido los temas nebulosos y desconocidos de la realidad, es bueno volver a
hablar un poco de la ciencia real: comprobada, verificada, aceptada. Y que, contrariamente a lo
que la mayoría de la gente cree, algunos perciben.

¿¡Quién ve qué!?

Un procesamiento cerebral en cinco niveles agrupados. Eso es lo que acabas de hacer para
“ver” cada una de estas letras. No es que tus ojos se hayan limitado a mandarte a “ti” una imagen
de cada letra. Tu cerebro procesó la información visual que le mandaban los ojos para elaborar
esas letras.

Lo hace de la siguiente forma: primero descompone los impulsos entrantes en formas,


colores y modelos básicos. Después comienza a casarlos con recuerdos almacenados de cosas
similares y los asocia con emociones y significados asignados a acontecimientos; finalmente lo une
todo en una “imagen” integrada y la transmite de manera intermitente al lóbulo frontal, cuarenta
veces por segundo. Es como una película muy rápida e intermitente.

Es decir, el cerebro pinta todo lo que ves. Digamos, por ejemplo, que estás mirando un
bosque. Tu cerebro pinta realmente cada hoja de cada árbol que ves y lo hace asociando
recuerdos,, o redes neuronales, y poniéndolo todo junto de un modo u otro.

Todo esto suena tan estrambótico que nos lleva a preguntarnos: ¿cómo dieron los
neurofisiólogos con ese sistema?

Nadadores de primera fila, buceadores, saltadores de altura, velocistas, levantadores de


peso y otros atletas se han entrenado para visualizar sus proezas con detalle, utilizando todos sus
sentidos para simular la acción total que quieren perfeccionar. Al principio, les parecía un ejercicio
muy por encima de sus posibilidades, especialmente a los atletas competitivos con grandes dosis
de testosterona, que apenas entendían para qué les servía estar sentados, quietos y con los ojos
cerrados; ahora, sin embargo, está absolutamente probado que funciona y es una práctica
habitual.

¿Eso de tu cara es una nariz?


¿Y qué sabes tú?
Visión y Percepción
Adaptado por Psicología y Vida C.A.

Los científicos han aprendido la forma en que el cerebro construye imágenes visuales
estudiando a pacientes que han sufrido un derrame cerebral. Cuando alguien tiene un derrame, le
deja de funcionar una pequeña parte del cerebro. Entonces los científicos ven cómo ha afectado a
la visión.

Un ejemplo es una persona que ha sufrido un derrame que ha destruido una pequeña
parte del proceso visual del cerebro, la parte que (aparentemente) procesa las narices. Así pues,
esa persona puede ver cualquier cosa de un individuo, pero no puede ver la nariz. Si alguien se
pusiese las narizotas rojas de payaso, ante la pregunta de qué tiene de especial ese individuo,
jamás mencionaría la nariz. Todo el resto lo percibe perfectamente y por tanto es evidente que los
ojos le están mandando todas las señales. Sin embargo, en lugar de ver cómo es realmente la
nariz, ve lo que piensa que “debe de ser” una nariz.

La prueba de que el cerebro es realmente el que percibe y no los ojos, se ve también en un


nivel menos espectacular: no hay receptores visuales en el lugar donde el nervio óptico llega hasta
la parte trasera del cerebro, a través del globo ocular. Por tanto podríamos esperar que si
cerramos un ojo veríamos un punto negro en el centro. Pero no es así, porque el que pinta la
imagen es el cerebro y no el ojo.

Más información...

Los científicos han averiguado que si se miden los impulsos eléctricos del cerebro de una
persona mientras está mirando un objeto, y se miden otra vez mientras está imaginando el mismo
objeto, en ambos casos se activan las mismas áreas cerebrales. Cerrar los ojos y visualizar el objeto
produce la misma pauta cerebral que la que se produce cuando se mira realmente.

El cerebro no sólo no distingue entre lo que ve en su entrono y lo que imagina, sino que
tampoco parece distinguir entre una acción llevada a cabo y la misma acción visualizada. El
primero en descubrirlo fue Edmund Jacobson, médico (creador de la Técnica de Relajación
Progresiva para reducir el estrés), en los años treinta. El doctor Jacobson pidió a unos individuos
que visualizaran acciones físicas y descubrió que se producían movimientos musculares muy
sutiles que correspondían a los mismos que harían los músculos si efectivamente llevaran a cabo
esa actividad. Esta información ha sido utilizada con éxito por atletas de todo el mundo.

La verdad sobre la percepción

Nos bombardean con una cantidad enorme de información que entra dentro de nuestro
cuerpo y la procesamos. Entra a través de los órganos sensoriales, en cada paso se elimina
información y lo que llega finalmente a la conciencia es la información que nos es más útil.

Candace Pert, psicóloga

¿Qué hace que no pueda ver lo que quiero ver? ¿Cómo afectan mis emociones a mi
percepción de la realidad? Y ¿cómo la provocan? ¿Cómo puedo percibir algo nuevo mientras me
encuentro atrapada en mi antiguo paradigma? ¿Qué estoy dispuesta a cambiar para percibir la
realidad de manera diferente? ¿Cómo puede cambiar mi realidad un cambio en mi percepción?
¿Será mejor?¿Diferente? ¿O ambas cosas?
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Adaptado por Psicología y Vida C.A.

La percepción es un proceso complejo y polifacético que comienza cuando las neuronas


sensoriales recogen información del entorno y la envían al cerebro, en forma de impulsos
eléctricos. La información que nos proporcionan los sentidos es limitada, como les ocurre a todas
las criaturas vivientes. No podemos ver las luces infrarrojas, ni sentir los campos
electromagnéticos como hacen los pájaros. Sin embargo, la cantidad de información que nos llega
abundantemente por los cinco sentidos es impresionante, del orden de los 400.000 millones de
bits por segundo.

Naturalmente, ni recibimos ni procesamos concientemente tal cantidad de información, ni


mucho menos; los investigadores dicen que sólo llegan a nuestra conciencia unos 2.000 bits. El
cerebro, por tanto, cuando se afana “tratando de crearnos una historia del mundo”, como dice el
doctor Andrew Newberg, “tien que desechar un montón de información sobrante”.

Por ejemplo, mientras lees estas palabras, aunque tus sentidos perciben la temperatura
del cuarto, el contacto de tu cuerpo con la silla, la textura de la ropa en tu piel, el zumbido de la
nevera y el olor a champú, tú no te estás dando cuenta de nada de eso, puesto que estás
concentrado en las palabras del libro. El doctor Newberg continúa diciendo:

El cerebro tiene que eliminar una cantidad enorme de información verdaderamente


superflua para nosotros. Lo hace inhibiendo cosas, impidiendo que ciertas respuestas y cierta
información neuronal nos llegue finalmente a la conciencia; por eso no nos damos cuenta de la
silla en la que estamos sentados. Es decir, el cerebro oculta lo conocido. Y luego está lo de ocultar
lo desconocido...

Si vemos algo que el cerebro no puede identificar exactamente, nos agarramos a algo
similar (“no es una ardilla... pero se parece muchísimo”). Si no hay nada parecido, o se trata de
algo que sabemos que no es real, lo descartamos con un “debo de haber estado imaginando
cosas”.

Así que realmente no percibimos la realidad; vemos la imagen de la realidad que nuestro
cerebro ha construido a partir de la información que le proporcionan los sentidos, junto con
infinitas asociaciones sacadas de la red neuronal del cerebro. “Depende de cuáles hayan sido tus
experiencias –dice Newberg– y de cómo procesas la información; eso es lo que crea realmente tu
mundo visual... El cerebro es el que en última instancia percibe la realidad y crea nuestra
interpretación del mundo”.

Tu cerebro no distingue la diferencia entre lo que tien lugar ahí fuera y lo que tiene lugar
aquí dentro.

Ahí fuera no hay un “ahí fuera” independientemente de lo que ocurre “aquí dentro”.

La doctora Pert, del National Institute of Health (Instituto Nacional de Salud), sugiere que
no se trata sólo de que sea real lo que creemos; además, el cómo nos sentimos en relación con lo
que nuestros sentidos escogen determina cómo vamos a percibir las cosas y si vamos a percibirlas:
“Son nuestras emociones las que deciden a qué vale la pena prestar atención y a qué no. Los
receptores participan como intermediarios en la decisión de qué se va a convertir en un
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pensamiento que llegue a la conciencia y qué se va a quedar como un proyecto de pensamiento


no digerido, sepultado en un nivel más hondo”.

Tal y como dice Joe Dispensa, “las emociones están diseñadas para reforzar químicamente
algo y transformarlo en memoria a largo plazo. Para eso las tenemos”. Las emociones están
conectadas en un nivel bajo del proceso visual, en algún sitio cercano al primer escalón, lo cual es
lógico desde el punto de vista de la evolución. Si estás paseando tranquilamente y salta un tigre
delante de ti, procesarás esa imagen y empezarás a correr antes de darte cuenta de por qué lo
haces.

400.000 millones de bits al segundo. Incluso una vez desechada toda la información que
“no es real” (marcianos) y la que “no es importante” (olor a champú), aún quedan un montón de
bits. Las emociones les proporcionan el peso relativo a la importancia que tienen. Constituyen un
atajo para la percepción. Nos proporcionan también la habilidad única de no ver lo que
simplemente no tenemos ganas de ver.

¿TIENES UN GATITO SOBRE LA NARIZ Y NO LO VES?

Unos investigadores pusieron gatitos recién nacidos en un entorno en el que no había


líneas verticales; cuando, semanas más tarde, los llevaron a un entorno “normal”, los gatitos no
podían ver ningún objeto con dimensiones verticales (por ejemplo una silla con patas) y chocaban
contra ellos.

Nuestros ojos se mueven todo el rato. Se mueven por todo este campo de energía,
entonces ¿por qué enfocan y comienzan a admitir una zona y no admiten otra? Es muy fácil:
vemos lo que queremos creer. Y rechazamos aquello que nos resulta demasiado desconocido o
desagradable.

Candace Pert, psicóloga

Paradigma y percepción

Entonces, si construimos la realidad a partir de nuestro almacén preexistente de memoria,


emociones y asociaciones, ¿cómo vamos a percibir algo nuevo?

La clave está en el conocimiento nuevo. Al expandir nuestro paradigma, nuestro modelo


de lo que es real y de lo que es posible, añadimos nuevas opciones a la lista que llevamos en el
cerebro. Recuerda que esa lista no es la realidad en sí misma, sino solamente una descripción
operativa de la realidad basada en nuestra propia experiencia personal. El conocimiento nuevo
pede hacer que abramos la mente a nuevos tipos y niveles de percepción y experiencia.

Por ejemplo: ¿cuándo fue la última vez que te dejaste pasmado a ti mismo?, ¿cuándo fue
la última vez que hiciste algo tan exageradamente “raro en ti” que te quedaste con la boca abierta
diciendo “no puedo creer que yo haya podido hacerlo”?

En Viaje a Ixtlan, Carlos Castaneda resume una de las lecciones de su maestro Don Juan:
“Acecharse a sí mismo”. En otras palabras: aprender tus propios hábitos como si estuvieses
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estudiando a la presa, con el fin de poder cazarte a ti mismo haciendo lo habitual y poder así hacer
algo totalmente nuevo.

Volvemos a la antigua pregunta: si sólo percibimos lo que conocemos, ¿cómo vamos a


percibir algo nuevo alguna vez? Si tú te creas a ti mismo, ¿cómo puedes crear un nuevo tú?

Una vez que nos damos cuenta de que sólo somos capaces de experimentar la vida dentro
de los límites que conocemos de antemano, es evidente que si queremos tener una vida más
amplia y rica, si queremos tener más oportunidades para crecer y para conseguir éxito y felicidad,
necesitamos impulsarnos a nosotros mismos haciéndonos grandes preguntas, experimentando
nuevas emociones y almacenando más información en nuestras redes neuronales.

Recientemente ha llegado a mis oídos una historia sobre una compañía de seguros que
intentaba analizar un problema en concreto en Saskatchewan.

Parece ser que unos pilotos de vuelo ligero tuvieron un problema en el motor de la
avioneta e intentaron aterrizar, y de hecho lo hicieron, en la autopista más cercana que pudieron
encontrar y que estaba relativamente vacía. Una de las cosas que ocurrieron fue que una vez que
había aterrizado y parado el motor, no tuvieron suficiente inercia para salir de la carretera
(probablemente estaban encantados de estar vivos para pensar otra cosa). Algunos conductores
experimentados chocaron contra la avioneta, y cuando fueron interrogados por la policía, casi
todos dijeron que no vieron el avión. Estaban conduciendo y de repente chocaron. La aseguradora
se dio cuenta de la razón del choque: lo último que podía esperar un conductor en una autopista
era encontrarse con un ultraligero, por lo tanto nunca lo vieron.

Creamos nuestro propio mundo

La premisa primordial, al menos hasta donde la ciencia ha llegado, es que nosotros


creamos el mundo que percibimos. Cuando abro los ojos y miro a mi alrededor, no es “el mundo”
lo que veo, sino el mundo que mi equipo sensorial humano es capaz de ver, el mundo que mi
sistema de creencias me permite ver y el mundo que a mis emociones les importa ver.

Aunque esta idea se nos resista y queramos creer que existe “un mundo real” que todos
podemos percibir y con el que todos podemos estar de acuerdo, el hecho es que, a menudo y
quizá siempre, al gente percibe las mismas cosas de una manera completamente distinta. Por
ejemplo: cuando distintos testigos del mismo crimen cuentan lo que pasó, creen que la suya es la
historia correcta, pero lo que realmente cuentan es su propia percepción de lo que pasó.

Creamos constantemente nuestro mundo de un sinfín de maneras; la manera más obvia


en que lo hacemos, una manera verificable científicamente, es a través de la vista y de la
percepción. Pero la pregunta fundamental es: ¿acaba aquí? ¿Es éste el límite de nuestra influencia
en el mundo que vemos?

La única película que está puesta en nuestro cerebro es la que tenemos la capacidad de
ver.

Ramtha
¿Y qué sabes tú?
Visión y Percepción
Adaptado por Psicología y Vida C.A.

Para que no creas que la ciencia ha terminado de enredar el misterio de la vista, he aquí
una zambullida más profunda en el agujero del “¿sabes qué?”.

Karl Pribram revolucionó la idea que se tenía del cerebro al decir que era esencialmente
holográfico. Afirmó que el procesamiento cerebral se extendía pro todo el cerebro y que, al igual
que un hológrafo, cada parte contenía la totalidad. Luego aplicó ese modelo, bastante extraño de
por sí, a la forma en que percibimos. Dijo que el universo es esencialmente holográfico y que la
única razón por la que sentimos que estamos “en” la realidad, en vez de limitarnos a “percibirla”,
es porque el cerebro está conectado con el mundo del “ahí fuera” (en cuyo caso el tiempo y el
espacio desaparecen). Así pues, nuestra percepción no se procesa únicamente en el cerebro, sino
también al salir del cerebro para interactuar con el “ahí fuera”.

Y por eso, por muy buenas que sean las gafas de ver la realidad virtual, nunca te
convencerán del todo de que tú estás “en” la realidad.

Pero si la realidad es holográfica, ¿es posible percibirla directamente? Nuestros sentidos


son limitados, son como pequeños moldes que cortan pequeñas porciones de la realidad. Los
exploradores de la conciencia, por el contrario, anuncian que es posible experimentar
directamente todo el mundo completo, el universo entero y un grano de arena, todo a la vez.
Desde ese punto de vista, absolutamente todo lo que percibimos con nuestros sentidos es ilusión,
maya. Luego todo es un punto de vista solamente.

Reflexiona un rato sobre esto... Preguntas posibles para tu participación asistida.

• ¿Cómo afecta tu paradigma o tu actitud a lo que ves?

• ¿En qué estado emocional te encuentras más a menudo? ¿Cómo afecta ese estado a tus
percepciones?

• ¿Puedes ver algo que exista fuera de ese estado emocional?

• Si sólo percibes lo que conoces, ¿cómo puedes percibir algo nuevo?

• ¿Qué estás dispuesto a hacer para percibir algo nuevo?

• ¿Por qué no ves las auras?

• ¿De dónde viene esa percepción nueva?

Ludwik Fleck, el epistemólogo y microbiólogo polaco que inspiró a Thomas Jun el concepto de
paradigma, se dio cuenta de que cuando los estudiantes primerizos tienen que observar porciones
microscópicas, al principio son incapaces de hacerlo. No ven lo que hay ahí.

Por otro lado, muchas veces ven lo que no hay. ¿Cómo puede ser? La respuesta es simple: porque
toda percepción y, en particular, las formas sofisticadas de percepción, requieren un
entrenamiento y un estudio rigurosos.

Después de un tiempo, todos los estudiantes empiezan a ver lo que hay ahí para ser visto.