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Para funcionar de forma adecuada, las membranas celulares deben mantener la mejor fluidez.

Así
como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en el congelador, la fluidez de la
membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura. Muchos organismos, incluidos los
protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas, peces y serpientes) y mamíferos que
hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura corporal. Las cantidades relativas de colas
de ácidos grasos saturados e insaturados en los fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de
ésta. Las células pueden modificar la composición de su membrana para mantener la fluidez a
diferentes temperaturas. A mayores temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos
saturados, mientras que con temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados.
Algunos mamíferos hibernantes de sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo,
los caribúes (que viven en regiones al norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil

EL SISTEMA DE FRACTURAS

Resumen

El objetivo de este trabajo es proponer un screening para disminuir la incertidumbre en la


estimación de la saturación de aceite residual en yacimientos maduros naturalmente fracturados.
Esta herramienta permite la toma de decisiones de manera práctica y rápida basada en la
selección de las técnicas y métodos especiales óptimos para estimar dicha propiedad, teniendo en
cuenta propiedades petrofísicas y mecánicas que definen el comportamiento estático y dinámico
de este tipo de yacimientos.Se realizó una revisión bibliográfica con el fin de analizar las diferentes
técnicas y métodos especiales más utilizados en la industria petrolera a nivel mundial para
estimar la saturación de aceite residual en yacimientos maduros naturalmente fracturados.
Unavez identificadas las técnicas y métodos más utilizados, se propone un screening que
involucra diferentes propiedades petrofísicas y mecánicas que definen el comportamiento de
yacimientos maduros naturalmente fracturados, las cuales influyen significativamente en la
selección de dichas técnicas y métodos especiales.La selección de cada método y técnica con base
en el comportamiento estático y dinámico de diferentes tipos de yacimientos maduros
naturalmente fracturados, es un método práctico que permite tomar rápidas decisiones y
reduce significativamente la incertidumbre asociada a la correctaestimación de un parámetro
tan importante como lo es la saturación de aceite residual en yacimientos maduros, especialmente
si en estos se planean ejecutar proyectos de recuperación mejorada.IntroducciónEl sustento de la
industria petrolera en países como Colombia o México donde no se han realizado grandes
descubrimientos recientes de yacimientos que incrementen sus respectivas reservas de
petróleo, se ha dado principalmente por el desarrollo de yacimientos descubiertos que ya
han alcanzado su pico de producción y actualmente se encuentran en una etapa de depleción. En
la industria petrolera estos yacimientos se conocen como yacimientos maduros, y
representan en algunos casos como Colombia la mayor parte de la producción de aceite
diaria

HACEN LA CLASIFICACIÓN DE LAS FRACTURAS DE ACUERDO CON LA MORFOLOGÍA Y LOS


PROCESOS DE MINERALIZACIÓN SECUNDARIA, ES DECIR, AQUELLOS OCURRIDOS DESPUÉS DE LA
FORMACIÓN DE

FRACTURAS ASOCIADAS CON LA SUPERFICIE: UNA ROCA QUE SE HALLA EN LA CORTEZA


TERRESTRE SE ENCUENTRA SOMETIDA A UNA CARGA LITOSTÁTICA (OVERBURDEN) QUE
EQUILIBRA LOS OTROS ESFUERZOS A LOS QUE ESTÁ SOMETIDA LA ROCA, CUANDO HAY
VARIACIÓN EN LA CARGA LITOSTÁTICA, POR EJEMPLO, AL LLEVAR LA ROCA A SUPERFICIE O TRAS
UNA FUERTE EROSIÓN EN EL TERRENO, EL EQUILIBRIO INICIAL SE VERÁ ALTERADO, CON LO CUAL
LOS ESFUERZOS DE COMPRESIÓN TERMINAN POR FRACTURAR LA ROCA ORIGINANDO LAS
FRACTURAS ASOCIADAS CON LA SUPERFICIE (AGUILERA, 1980).

HACEN LA CLASIFICACIÓN DE LAS FRACTURAS DE ACUERDO CON LA MORFOLOGÍA Y LOS


PROCESOS DE MINERALIZACIÓN SECUNDARIA, ES DECIR, AQUELLOS OCURRIDOS DESPUÉS DE LA
FORMACIÓN DE

FRACTURAS ASOCIADAS CON LA SUPERFICIE: UNA ROCA QUE SE HALLA EN LA CORTEZA


TERRESTRE SE ENCUENTRA SOMETIDA A UNA CARGA LITOSTÁTICA (OVERBURDEN) QUE
EQUILIBRA LOS OTROS ESFUERZOS A LOS QUE ESTÁ SOMETIDA LA ROCA, CUANDO HAY
VARIACIÓN EN LA CARGA LITOSTÁTICA, POR EJEMPLO, AL LLEVAR LA ROCA A SUPERFICIE O TRAS
UNA FUERTE EROSIÓN EN EL TERRENO, EL EQUILIBRIO INICIAL SE VERÁ ALTERADO, CON LO CUAL
LOS ESFUERZOS DE COMPRESIÓN TERMINAN POR FRACTURAR LA ROCA ORIGINANDO LAS
FRACTURAS ASOCIADAS CON LA SUPERFICIE (AGUILERA, 1980).

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PROCESOS DE MINERALIZACIÓN SECUNDARIA, ES DECIR, AQUELLOS OCURRIDOS DESPUÉS DE LA
FORMACIÓN DE

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TERRESTRE SE ENCUENTRA SOMETIDA A UNA CARGA LITOSTÁTICA (OVERBURDEN) QUE
EQUILIBRA LOS OTROS ESFUERZOS A LOS QUE ESTÁ SOMETIDA LA ROCA, CUANDO HAY
VARIACIÓN EN LA CARGA LITOSTÁTICA, POR EJEMPLO, AL LLEVAR LA ROCA A SUPERFICIE O TRAS
UNA FUERTE EROSIÓN EN EL TERRENO, EL EQUILIBRIO INICIAL SE VERÁ ALTERADO, CON LO CUAL
LOS ESFUERZOS DE COMPRESIÓN TERMINAN POR FRACTURAR LA ROCA ORIGINANDO LAS
FRACTURAS ASOCIADAS CON LA SUPERFICIE (AGUILERA, 1980).
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FORMACIÓN DE

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TERRESTRE SE ENCUENTRA SOMETIDA A UNA CARGA LITOSTÁTICA (OVERBURDEN) QUE
EQUILIBRA LOS OTROS ESFUERZOS A LOS QUE ESTÁ SOMETIDA LA ROCA, CUANDO HAY
VARIACIÓN EN LA CARGA LITOSTÁTICA, POR EJEMPLO, AL LLEVAR LA ROCA A SUPERFICIE O TRAS
UNA FUERTE EROSIÓN EN EL TERRENO, EL EQUILIBRIO INICIAL SE VERÁ ALTERADO, CON LO CUAL
LOS ESFUERZOS DE COMPRESIÓN TERMINAN POR FRACTURAR LA ROCA ORIGINANDO LAS
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TERRESTRE SE ENCUENTRA SOMETIDA A UNA CARGA LITOSTÁTICA (OVERBURDEN) QUE
EQUILIBRA LOS OTROS ESFUERZOS A LOS QUE ESTÁ SOMETIDA LA ROCA, CUANDO HAY
VARIACIÓN EN LA CARGA LITOSTÁTICA, POR EJEMPLO, AL LLEVAR LA ROCA A SUPERFICIE O TRAS
UNA FUERTE EROSIÓN EN EL TERRENO, EL EQUILIBRIO INICIAL SE VERÁ ALTERADO, CON LO CUAL
LOS ESFUERZOS DE COMPRESIÓN TERMINAN POR FRACTURAR LA ROCA ORIGINANDO LAS
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LOS ESFUERZOS DE COMPRESIÓN TERMINAN POR FRACTURAR LA ROCA ORIGINANDO LAS
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LOS ESFUERZOS DE COMPRESIÓN TERMINAN POR FRACTURAR LA ROCA ORIGINANDO LAS
FRACTURAS ASOCIADAS CON LA SUPERFICIE (AGUILERA, 1980).

1.2.1.2 CLASIFICACIÓN SEGÚN SU MORFOLOGÍA

deben mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se
solidifica en el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la
temperatura. Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre
fría” (ranas, peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de
temperatura corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados
en los fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales
tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren. deben
mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
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mantener la mejor fluidez. Así como la mantequilla se funde en la sartén y el aceite se solidifica en
el congelador, la fluidez de la membrana celular es sensible a los cambios de la temperatura.
Muchos organismos, incluidos los protistas, bacterias, plantas, animales de “sangre fría” (ranas,
peces y serpientes) y mamíferos que hibernan, sufren grandes fluctuaciones de temperatura
corporal. Las cantidades relativas de colas de ácidos grasos saturados e insaturados en los
fosfolípidos de la membrana afectan la fluidez de ésta. Las células pueden modificar la
composición de su membrana para mantener la fluidez a diferentes temperaturas. A mayores
temperaturas, se insertan fosfolípidos con más ácidos grasos saturados, mientras que con
temperaturas más bajas se agregan ácidos grasos insaturados. Algunos mamíferos hibernantes de
sangre caliente tienen adaptaciones parecidas. Por ejemplo, los caribúes (que viven en regiones al
norte) mantienen una temperatura básica cercana a 38

C, pero la temperatura de sus patas puede bajar casi hasta congelarse (0

C), de modo que conservan el calor corporal al estar sobre la nieve de invierno (FIGURA E5-1). En
las patas del caribú, las membranas de las células cerca de las pezuñas congeladas tienen muchos
ácidos grasos insaturados, mientras que las células cercanas al tronco tibio poseen más ácidos
grasos saturados. De esta manera, las membranas plasmáticas tienen la fluidez necesaria a lo largo
de las patas, pese a las grandes diferencias de temperatura. La presión elevada reduce la fluidez
de las membranas. Los moradores de las profundidades del mar sufren presiones inmensas, así
como temperaturas cercanas a la congelación, una combinación que volvería a la membrana de
células humanas demasiado rígida para funcionar. Como es fácil anticipar, la membrana celular de
los animales abisales

tienen una proporción elevada de ácidos grasos insaturados (más como el aceite vegetal que como
la mantequilla). Estos animales, como están adaptados a la presión elevada y a las bajas
temperaturas, no sobreviven si los sacan a la superficie. Los investigadores postulan la hipótesis de
que a la presión de la superficie, la membrana de sus células se vuelve demasiado fluida y
permeable, con lo que las células no pueden mantener su gradiente normal y mueren.