Você está na página 1de 99

-• *

El Programa Andino
ARGENTINA
Obra de
solidaridad
humana

En la región andina de América del Sud existen unos siete millones de indígenas ayma-
rás y quechuas cuyo nivel de vida es de mera subsistencia: seres humanos que han perma-
necido replegados en sí mismos durante siglos, aislados del resto de sus compatriotas y
ajenos a las estructuras sociales y económicas nacionales. Elevar su nivel de vida, inte-
grarles en el seno de sus respectivas colectividades, alentar su esperanza en el futuro,
brindar a sus países el pleno poderío de un acervo humano hasta la fecha intacto : tal es
la razón de ser del Programa Andino.
Esta tarea constituye un reto a los habitantes de los países andinos. Alborea en los
indígenas una clara conciencia de los problemas que apareja su adaptación a la sociedad
moderna ; a la vez, sus compatriotas comienzan a evidenciar que ha llegado la oportunidad
de ayudarles, acelerando así el advenimiento de una era más próspera para todos. Los
Gobiernos están acuciosos por organizar y promover esta transformación en forma orde-
nada y gradual. El Programa significa también un desafío a la capacidad y eficiencia de
las organizaciones internacionales de la familia de las Naciones Unidas cuya ayuda
activa ha sido solicitada por los países interesados.
El Programa Andino emerge de los esfuerzos desplegados durante mucho tiempo por
los gobiernos del Ecuador, Perú y Bolivia con el propósito de integrar a las poblaciones
indígenas en el patrimonio nacional. Hace varios años dichos gobiernos solicitaron la
ayuda de los organizaciones internacionales en un esfuerzo integral y coordinado para
emprender esta tarea monumental.
El Programa surgido de tal empeño cubre amplios sectores de Ecuador, Perú y Bolivia,
y en el futuro, abarcará también Colombia. Se extiende de los altiplanos y sierras andinas,
situados a alturas de más de 3500 metros sobre el nivel del mar, y donde mora la gran
mayoría de la población indígena, a las regiones tropicales y semitropicales de la hoya
amazónica, zonas de menor densidad demográfica, que aguardan aún la llegada del
progreso.
Cinco organizaciones internacionales — las Naciones Unidas, la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Organiza-
ción Mundial de la Salud (OMS),la Organización para la Alimentación y la Agri-
cultura (FAO) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) — cooperan en
estrecho contacto con los gobiernos en la ejecución de esta empresa.

3
La magnitud del problema y su significado en términos de solidaridad humana han
despertado auténticos ecos internacionales a los que alienta un espíritu de servicio a la
humanidad. El Gobierno de Bélgica y las organizaciones de empleadores y trabajadores
del mismo país, de la República Federal de Alemania, Dinamarca, los Estados Unidos,
Noruega y Suecia han donado herramientas, maquinaria y medicamentos para equipar
los talleres de formación profesional y los centros médicos del Programa Andino. La
CABE y UNICEF han contribuido con artículos alimenticios que son distribuidos entre
los indígenas.
El Programa Andino ha capturado la imaginación de la opinión pública en los tres
países. La prensa le consagra sus columnas. Voceros de los gobiernos hacen frecuentes
referencias a sus actividades. Las universidades están conscientes del Programa y de las
funciones que les aguardan; del mismo modo en que los estudiantes comienzan a descubrir
en él un arbitrio apropiado para servir un ideal digno de su inquietud juvenil.
No es éxito insignificante el haber difundido entre los propios indígenas una com-
prensión de los beneficios que pueden derivar del Programa para sí mismos y aún en
mayor escala para sus hijos. Dirigentes y miembros de las comunidades andinas adoptan
de continuo como suyos propios los métodos del Programa en los campos de la educación,
la formación profesional, la salubridad y el bienestar social: y se revelan ansiosos por
lograr estos objetivos. Tampoco es pequeña hazaña el haber despertado esta sed de pro-
greso en comunidades en las cuales un ritmo uniforme de existencia ha perdurado durante
las pasadas centurias.
En cada una de las bases del Programa Andino, expertos, agrónomos, maestros,
instructores técnicos, doctores, antropólogos, asistentes sociales, enfermeras y veterinarios
están cada día enseñando a los indios cómo hablar, leer y escribir en el idioma de su país,
cómo mejorar las cosechas, cómo construir caminos y diques de regadío, cómo edificar
mejores viviendas, cómo prevenir las enfermedades y cómo curar a sus animales.
El Programa Andino construye escuelas y casas modelo; equipa talleres de formación
profesional en los cuales se entrenan artesanos y trabajadores calificados; capacita
nuevos administradores locales, promotores sociales, directores de cooperativa y futuros
maestros; y, en algunos casos, ayuda a organizar el traslado de comunidades enteras
hacia tierras más fértiles.
Este empeño es, sin embargo, insuficiente para cumplir en su integridad una misión
de tan largo alcance. A este respecto debe subrayarse que, hoy por hoy, el Programa
Andino afecta sólo a una minoría de la población indígena y sus resultados son en
esencia experimentales. La expansión del Programa depende de la futura ejecución de
amplios planes gubernamentales en una escala más vasta. En el momento actual las
organizaciones internacionales están preparando la etapa en la cual la responsabilidad
por el Programa Andino y su manejo serán transferidos a las autoridades nacionales.
Por lo tanto, se debe acentuar el énfasis en la creación de la estructura administrativa y
formación del personal que habilitará a los gobiernos de los tres países a continuar por
sí mismos la tarea iniciada con ayuda de las organizaciones internacionales. Esta
expansión del Programa requerirá en el período inmediato recursos materiales adicionales
sustanciales, que yo espero podrán ser obtenidos.
Este folleto se basa en informes y artículos de varios funcionarios y expertos que
participan en el Programa. Espero que esta publicación de difusión popular propor-
cionará a los lectores un conocimiento suficiente del Programa y del gran problema
humano que él entraña.

Director General de la OIT


* 4*> C >^f "*t\?:* <*- '¿"V ' *

""Sí :#"* '¿¿¿**»**

'""'«:•'#•/• • ¥ g » í ! * " s ^

i,****"

Í*S*8»*-,:(
' • ^ i * ^ e¡¡

' ^tmmms,
******!*.
""to**»****»
r
'**,-fSÉ»»!»'*,«»
'**^*'#éfci ^*fe^-*.»
ik *k **"•;**<«. t •iaasjpiijjjjgj
%

f%

' '**:3kífc v-
.^¡áMur «ÍAL.:..^:*^
J &.
ntre los indígenas de América Latina se cuentan unos siete millones
que viven en las altas mesetas y repliegues de la Cordillera de los Andes,
a una altitud que oscila entre los 2500 y los 5000 metros. U n a gran
parte de ellos moran hoy en las tierras del antiguo imperio de los Incas,
de quienes son descendientes.
Estos indígenas, según la región, hablan la lengua « quechua» o la
« aymara »; forman una p a r t e importante de la población del Ecuador, del Perú
y de Bolivia y desbordan hacia el sur de Colombia y el norte de la Argentina.
Labradores o peones miserables en nuestros días, no dejan de ser por ello los herederos
de una gran civilización de la que todavía quedan numerosos vestigios. Los relatos
de los conquistadores, los descubrimientos arqueológicos y los estudios etnográficos
son otros tantos testimonios del elevado nivel de cultura artística y de organización
social que alcanzaron los indígenas de los Andes. Perfeccionados métodos de
producción y de distribución permitieron a los Incas acumular considerables
riquezas; el nombre del Perú ¿ no se
ha hecho proverbial en nuestro
« . . . Herederos de una civilización de la que lenguaje corriente? Toda la región
todavía quedan numerosos vestigios...» andina estaba surcada por una
© E. Schwab
impresionante red de vías de comu-
nicación. Campos escalonados en
terrazas suministraban una alimen-
tación suficiente para u n pueblo
cuyo genio supo crear ciudades de
simetría y belleza hoy todavía
admirables : Cuzco o Machu-Pichu
en Perú, Tihuanaco en Bolivia.

Lo bello y lo útil

Pero la fragilidad de esta civili-


zación no pudo resistir al choque
con los conquistadores españoles,
quienes, al término de una prodigiosa
epopeya, se hicieron dueños del
imperio Inca, hace ya unos cuatro
siglos. La intrepidez y la fe del
conquistador, sus armas de fuego, el
caballo y la rueda dieron al traste
con un Estado que, según expresión
del historiador E. B,atzel, concedía
« más importancia a lo bello que a lo
útil » y que, ignorando el empleo del
hierro, se entregaba al trabajo del oro
y de la plata. La organización econó-
mica y social del Imperio Inca se
dislocó rápidamente, acarreando la
Unos siete millones de ellos viven en
las altas regiones de los Andes. Su cre-
c i m i e n t o demográfico anual alcanza a
1.5 por ciento en algunos distritos, © O I T

* *. %
desaparición de las clases dirigentes y una decadencia total de la masa indígena.
La mayor parte de los indígenas perdieron la propiedad de las tierras de sus ante-
pasados. Se vieron constreñidos a buscar refugio en los lugares más inaccesibles de
la cordillera, a trabajar en las minas o en las explotaciones agrícolas que se adjudi-
caron los conquistadores, quienes se apropiaron no sólo de las tierras sino también
de los hombres que en ellas vivían. Con el correr de los tiempos, y a pesar de los
esfuerzos que algunos gobiernos y entidades realizaron para proteger al indígena
y poner a su alcance las ventajas de la moderna civilización, se perpetuó un estado
de hecho en el que la condición del indígena llegó a ser sinónimo de sujeción, de
estancamiento económico y de degradación social.
Los indígenas que quedaron libres tuvieron que ir a ocupar las tierras menos
fértiles y más alejadas de las vías de comunicación y de los mercados. Se vieron
reducidos a efectuar trabajos agrícolas y de artesanía que les permitían solamente
ganar su sustento, arañando con útiles anacrónicos un suelo agotado e ingrato,
hilando y tejiendo la burda lana de sus magros animales domésticos, viviendo en
chozas de cañas y barro.

Campesinos sin tierras


La suerte del indígena sujeto a las grandes propiedades no fué más envidiable;
era un campesino sin tierra, pegado a la gleba y constituyendo una mano de obra
casi gratuita en explotaciones anticuadas y patriarcales. Se transformó en labrador
y segador por cuenta del propietario con sus propias herramientas añosas, trans-
portaba las cosechas al mercado, construía y conservaba rutas y caserones, prestaba
al propietario servicios domésticos en su casa de campo y su hogar de la ciudad.
A cambio de ello, el indígena tenía el derecho de cultivar une pequeña parcela de
tierra, generalmente expuesta al viento y a los hielos de la alta montaña y, en oca-
siones, a una pequeña retribución en dinero o en especie, con lo que subsistían él y
su familia. El indígena vino así a depender del propietario por sus semillas y su
subsistencia en los años flacos, por las fuentes de agua y el pasto para sus animales,
y para toda ayuda excepcional. De esta forma, según la generosidad más o menos
grande del propietario, el indígena contraía una deuda de mayor o menor importancia
con él; deuda que no podía saldar más que con su trabajo o con el de sus hijos.

8
© OIT

Lamentables condiciones de higiene

Las habitaciones de los indígenas son sórdidas, derruidas e insalubres. He aquí


una familia indígena de tipo medio: el padre, la madre y los cuatro hijos que han
sobrevivido. Se hacinan en una choza de tierra y paja de unos cuantos metros
cuadrados, transidos de frío; duermen en promiscuidad, sobre pieles de animales
tiradas ante el hogar, cuyo calor se reparten con el perro, los conejos, gallinas y otros
animales domésticos. Durante las doce horas que la noche dura en estas latitudes,
el resplandor del hogar o de una mecha impregnada de sebo constituye la única
iluminación.
El agua es rara en la superficie, y no se sabe cómo hacer un pozo que llegue
hasta la capa de agua subterránea. Así, los pozos existentes son de poca profundidad
y están mal protegidos contra toda suerte de contaminación. Además, como hace
frío, y el agua está helada, los indígenas no se quitan la ropa para lavarla más que
cada dos meses, y casi nunca limpian la ropa de cama. En un informe de un experto
de la Oficina Internacional del Trabajo puede leerse: « No se bañan jamás, se lavan
las manos una vez por semana; la cara, los días de fiesta, y los pies, con mucha
menos frecuencia. » Barren la cabana una vez al mes; el pequeño patio, jamás.
P a r a confeccionar los vestidos, y después de u n esquileo deficiente, hilan y tejen
la lana de la llama o del cordero. E s t a necesidad fundamental viene a sumar una
preocupación permanente a las otras obligaciones de toda una vida de trabajo, ya
que desde la edad de cinco años, niñas y niños comienzan a trabajar, y no dejarán
ya de pasar fatigas hasta verse impedidos por la vejez o por las enfermedades.
Hombres y mujeres, cuando se dirigen al campo, a los prados o al mercado, van
hilando por el camino; hilan también cuando guardan el ganado, durante los raros
momentos de ocio. La vestimenta no la renuevan con frecuencia, y la ropa que
llevan e¡stá generalmente raída.
E n muchas de las comunidades indígenas se desconoce por completo la medicina
moderna. El médico o la enfermera no han reemplazado todavía al curandero
y al brujo. Recurren a las hierbas, a las pócimas y a los ritos más o menos
mágicos. La actuación del curandero es particularmente nefasta durante el

9
embarazo o el parto y se le atribuye en
gran parte la responsabilidad de la
espantosa mortalidad infantil. Además,
la ausencia de toda acción preventiva
de inmunización mantiene a la viruela
y tos ferina en u n estado endémico,
causando también la muerte de muchos
niños. La tuberculosis y otras afec-
ciones pulmonares hacen estragos. Los
parásitos son numerosos y nocivos. Las
infecciones intestinales originan menos
estragos que las pulmonares, aun
cuando en ciertos campamentos mine-
ros son de importancia.

Mala nutrición

La nutrición es monótona e insu-


ficiente. El régimen es pobre en pro-
teínas y en grasas. Cuando el indígena
tiene animales domésticos, los cría para
el mercado, donde lleva también la
leche y los huevos, a veces a distancias
increíbles: es el único medio de que
dispone para agenciarse el escaso dinero
que necesita para comprar sal, útiles de
hierro o bisutería barata. Según la
región y la altitud, el indígena se
alimenta con patatas secas, cebada, un
cereal denominado « quinua » o maiz,
algunas veces todo ello sazonado con
pimientos y cebollas. No comen
otras legumbres ni frutas. E l alcoho-
lismo y la masticación de la coca hacen
estragos en muchas regiones.
Los estudios de los especialistas de
regímenes alimenticios llegan a la
misma conclusión: el indígena no
ingiere los suficientes alimentos que
pueden servir para protegerle contra
los rigores del clima y de la enfermedad.
Toma menos de la mitad del calcio que
su salud exige, los dos tercios de la
indispensable ración de hierro y de
vitaminas B. 1, la mitad de lo que
necesita de vitaminas B. 2. E n resu-
men, un régimen inadecuado y mal

La m o r t a l i d a d infantil es una de las más


altas del m u n d o , debido a las malas con-
diciones higiénicas en que vive el indígena.
© OIT
dosificado. La mala alimentación de las madres es la causa de la considerable
proporción de recién nacidos débiles o con deformidades congénitas.

Tierra» hostiles y técnicas arcaicas

Las condiciones de cultivo y de cría de ganados peculiares de esta zona tropical


de elevada altitud son excepcionales. La altitud determina algunos de los rasgos
fundamentales del clima de estas regiones, tales como la temperatura, la luminosidad,
la presión atmosférica, etc. E n general, la agricultura en los Andes prevalece sobre
la cría de ganados hasta una altitud de 3500 metros; por encima de ellos está el
reino de la llama, de la alpaca y del cordero.
La naturaleza aquí es avara en recursos. La fertilidad del suelo se ha empobrecido
por la erosión y por la carencia de fósforo y de nitrógeno. Las lluvias son torrenciales,
breves e irregulares. La media anual de precipitaciones no excede de 600 milímetros.
Las sequías son frecuentes y las variaciones de temperatura, extremas: hasta 30°
en el transcurso de un día. Los vientos son secos, fuertes, persistentes y originan
frecuentes heladas. Los métodos de cultivo de los Incas, los sistemas de irrigación,
el abono de las tierras, la protección de los bosques y de los animales que los pueblan
parecen (¡star menos desarrollados que antaño.
La gran carencia o la ausencia a veces de medios de instrucción no contribuye,
como es lógico, a mejorar los procedimientos de trabajo y de producción de los
indígenas.

H a y en el indígena un inextinguible afán de a p r e n d e r . « Nosotros somos unos ignorantes.


Q u e r e m o s para nuestros hijos una vida m e j o r » , declaró un líder a un e x p e r t o . © OIT
Las habitaciones de los indígenas son sórdidas, derruidas e insalubres. A menudo son
compartidas con los animales domésticos. Carecen de puertas y ventanas. © OIT

Ochenta por ciento de analfabetos

E n las regiones rurales son todavía raras las escuelas, y donde éstas existen se
ven con frecuencia faltas de maestros y de material didáctico. Aproximadamente el
80 por ciento de los indígenas son analfabetos; m u y pocos conocen el español. El
desconocimiento de la lengua oficial de sus países contribuye también a su aisla-
miento. No existe la formación profesional, agrícola o de artesanía.
A pesar de todo, cada vez con más frecuencia se recurre al indígena. Se multiplican
las vías de comunicación, se generaliza el servicio militar, las haciendas patriarcales
de antaño se ven sustituidas por plantaciones modernas, las ciudades crecen, surgen
las industrias nuevas. Pero el indígena, mal alojado, deficientemente nutrido,

12

Los sentimientos religiosos están p r o f u n d a m e n t e arraigados en el a l m a indígenas. Las


misiones religiosas cooperan en algunas regiones con el P r o g r a m a A n d i n o . © E. Schwab
privado de instrucción y de formación profesional está condenado a seguir como
obrero sin calificación en lo más bajo de la escala de salarios.

Freno al progreso

Tal es el resultado de una evolución histórica que gravita pesadamente hoy sobre
la economía de los países que cuentan con una fuerte proporción de población indígena.
Durante siglos, millones de seres humanos han permanecido al margen del circuito
normal de intercambios. Suingreso por habitante es uno de los más bajos del
m u n d o ; y su poder de adquisición, prácticamente nulo. Agricultores, artesanos,
mineros, desde hace mucho tiempo vienen contribuyendo a la creación de riquezas;
pese a estos aportes como su productividad es baja, se han acostumbrado a no
consumir casi nada fuera de una parte del producto directo de su trabajo. Pero hoy
se comprueba que una tal situación frena el progreso general, puesto que perpetúa
el estancamiento e impide la participación del conjunto de la población en el esfuerzo
de fomento económico emprendido por todos los países. Desde luego, e incluso en los
países menos desarrollados, el aislamiento del indígena, casi absoluto antaño, va
cediendo su plaza a una relación acentuada con la civilización; civilización que le
desorienta o le desarraiga. El desequilibrio social se hace así cada vez más aparente
y de consecuencias más trascendentales. Por ello, los países interesados se afanan
en buscar el remedio y muchos de ellos han realizado meritorios esfuerzos en ese
sentido.
Sería un manifiesto error creer que estas masas indígenas están satisfechas con
su aislamiento y miseria o que carecen de voluntad para mejorar su suerte. Los
indígenas de los Andes han conservado el cariño a la tierra que les sustenta y están
acostumbrados al esfuerzo. Poseen una dignidad extraordinaria y una gran voluntad
para sustraer a sus hijos de la miseria que les aplasta. Estas masas constituyen una
reserva potencial inestimable de mano de obra para el desarrollo económico de los
países andinos. Algunos países han creído poder recurrir a una inmigración en masa.
Millones de emigrantes europeos atravesaron los océanos para contribuir a la
extensión de la industria naciente en el Nuevo Mundo; pero esta fuente de mano
de obra no es inagotable y, además, es m u y costosa. Por el contrario, en países como
el Ecuador, Perú y Bolivia, las poblaciones indígenas constituyen una fuente de
mano de obra inapreciable para el progreso económico.

Meritorios esfuerzos de los gobiernos


La exposición anterior dejaría de ser completa si no se mencionasen los esfuerzos
persistentes que vienen realizando los países andinos para mejorar la suerte de los
indígenas. No obstante, y debido a la amplitud de la obra a realizar, los gobiernos
interesados decidieron hacer un llamamiento a las instituciones internacionales
— principalmente a la Organización Internacional del Trabajo —• para ayudarles a
poner en pie todos los medios susceptibles de lograr que los indígenas se integren
en la vida económica y social de sus respectivos países. E n las páginas que a conti-
nuación siguen se hablará de este combinado esfuerzo de las autoridades nacionales
y de los organismos internacionales.

14
a Organización Internacional del Trabajo tiene la responsabilidad de
coordinar el Programa Andino; programa que ha sido concebido y
llevado a la práctica en colaboración con las otras instituciones inter-
nacionales, tales como las Naciones Unidas, la UNESCO, la Organización
Mundial de la Salud y la Organización para la Alimentación y la
Agricultura.
El Programa Andino no es la primera manifestación del interés que la OIT tiene
por las poblaciones aborígenes. E n efecto, las condiciones de vida y de trabajo de
estas poblaciones han preocupado a la Organización desde los primeros años de su
existencia.
Ya en 1926, la Oficina Internacional del Trabajo creó una comisión de expertos
cuya misión fué la de elaborar las normas internacionales para la protección de los
trabajadores aborígenes. Los trabajos de esta comisión sirvieron de base a u n a serie
de convenios que fueron adoptados por la Conferencia Internacional del Trabajo
entre los años 1930 y 1939. Estos convenios se refieren a diversas cuestiones de
interés para los trabajadores aborígenes, como, por ejemplo, el reclutamiento, el
contrato de empleo, las sanciones
penales, etc.
La primera Conferencia de los
Estados de América Miembros de la
OIT se celebró en Santiago, en 1936.
E n el orden del día de esta confe-
rencia las condiciones de vida y de
trabajo de las poblaciones autócto-
nas ocuparon un lugar de impor-
tancia. E n una resolución, que se
revela hoy como el punto de partida
de los esfuerzos que dieron por
resultado el Programa Andino, la
Conferencia encargó a la O I T que
hiciese u n estudio de los problemas
económicos y sociales de estas
poblaciones y que examinase la
posibilidad de llegar a una acción concreta para mejorar la suerte de ellas. Inme-
diatamente después la OIT reunió las informaciones puestas a su disposición por los
países interesados y efectuó una encuesta sobre la situación en el P e r ú ; encuesta
cuyas conclusiones se publicaron en el año 1938.
E n la segunda Conferencia de los Estados de América Miembros de la Organiza-
ción Internacional del Trabajo, que se celebró en La Habana, en 1939, el Director
General pudo precisar la posición de la Organización sobre este particular: « Las
cuestiones que conciernen particularmente a la población indígena, no y a como
indios, sino por ser el sector de la población más atrasado y oprimido, no puede
considerarse que forman parte del problema indio, sino más bien de la totalidad de
los problemas sociales del país, debiendo ser enfocadas desde el punto de vista de las
reformas generales y no desde el de una raza particular. »
E s t a segunda Conferencia adoptó una resolución por la que se pedía que se
hicieran estudios especiales sobre las condiciones de las masas trabajadoras del

16
continente americano, y especialmente de las que los descendientes de los indígenas
constituyen una importante fracción.
E n 1943, el Gobierno de Bolivia pidió a los Estados Unidos que hiciese una
encuesta sobre las condiciones de trabajo en las minas de estaño, metal del que se
tenía necesidad urgente a causa de la guerra. Se solicitó del Director General de la
OIT que designase u n funcionario para que acompañase a esta misión de encuesta;
misión que se vio penosamente sorprendida por el estado de miseria en que se hallaban
mineros y campesinos indígenas. Las mejoras que se pudieron lograr desaparecieron
después de la guerra por el descenso del precio del estaño.

Un paso decisivo

Durante la tercera Conferencia de los Estados de América Miembros de la OIT,


reunida en Ciudad de México en 1946 se logró dar un paso decisivo: la OIT creó
una comisión de expertos en problemas sociales relativos a las poblaciones indígenas
del mundo entero. La OIT decidió, entre otras cosas, que la comisión estudiase
primeramente las condiciones en América Latina.
La cuarta Conferencia, que se reunió en Montevideo, en 1949, adoptó un programa
de acción de gran amplitud. La Resolución de Montevideo refirma el principio que
g ía a la Organización en este aspecto, es decir, que el problema de los trabajadores
llamados « aborígenes » no debe
plantearse como el de u n grupo
étnico determinado, sino como el de
un sector de la población que por ra-
zones históricas no se ha adaptado
por completo a la vida social y eco-
nómica de la comunidad nacional.
La Comisión de expertos sobre el
trabajo de los aborígenes celebró su
primera reunión en La Paz (Bolivia),
en enero de 1951. Representantes de
las Naciones Unidas y de la
UNESCO participaron en sus tra-
bajos en calidad de observadores.
De las quince resoluciones adopta-
das por la Comisión, cinco recomien-
dan que se haga un estudio especial
del problema de los indígenas
andinos.
El Consejo de Administración
autorizó dos meses después al Direc-
tor General de la OIT a que aplique
con urgencia las resoluciones adop-
tadas, y propuso a las Naciones
Unidas y a los organismos especiali-
zados que se enviase una misión a
Ecuador, Perú y Bolivia.

Machu-Pichu y Tihuanacu, mudos


testimonios de pretéritas grandezas,
muestran las posibilidades latentes en
el hombre andino. © OIT
La misión conjunta
La misión estuvo compuesta de representantes de las Naciones Unidas, de la OIT,
de la FAO, de la OMS y de la UNESCO. Estuvo en Bolivia, Perú y Ecuador desde
julio a octubre de 1952. La dirigía el etnólogo neozelandés Profesor Ernest Beagle-
hole, conocido por sus trabajos sobre la integración de los maorís, en su propio país.
El informe de la misión Beaglehole expresa la opinión de que el programa de
integración de las poblaciones indígenas deberá tener un carácter regional, es decir
que deberán asociarse a él diferentes países de la región interesada. Agrega que este
programa exigirá la ejecución de-un cierto número de proyectos locales, adaptados
a las circunstancias particulares de cada país.
Con esta base, la OIT preparó un programa de acción, que fué aprobado en
junio de 1953 por la J u n t a de Asistencia Técnica de las Naciones Unidas y de las
instituciones especializadas. Se concluyeron acuerdos de asistencia técnica entre
cada uno de los tres países, de una parte, y la OIT, en nombre de todas las orga-
nizaciones interesadas, de otra.
E n el curso de este mismo año de 1953, la Oficina publicó « Poblaciones Indígenas »
una verdadera enciclopedia sobre las condiciones sociales de las poblaciones
indígenas en todo el mundo. Numerosos pasajes de esta obra están consagrados a los
indígenas andinos. Los estudios estaban
hechos, las bases del programa estaban
tv»\'-i?v sentadas, la acción podía comenzar. Con
ella, surgieron las verdaderas dificultades:
el emplazamiento de las bases de acción
en regiones privadas frecuentemente de
medios de locomoción y de instalaciones
o servicios los más elementales; la elección
de expertos internacionales con las apti-
tudes particulares que exige el carácter
especial de este tipo de actividad, la
necesidad de poner a su disposición u n
equipo considerable, etc.
Se tomó la decisión de enviar misiones
de encuesta a la región de Santa Cruz, en
el oriente de Bolivia, para estudiar las
posibilidades de colonización de las zonas
tropicales por indígenas procedentes de las altas mesetas. Otros expertos recorrieron
las altas mesetas de Bolivia y Perú con objeto de buscar los lugares más apropiados
para instalar en ellos las bases de acción. Otros se dedicaron a estudiar las condiciones
reinantes en el valle peruano de Tambopata, al norte del lago Titicaca; valle hacia
el cual se habían observado movimientos espontáneos de migraciones indígenas.

Las primeras bases de acción


Durante este tiempo se instaló la primera base de acción en Pillapi, en la orilla
boliviana del lago Titicaca, en una meseta que se extiende a una altitud de
3.800 metros.

18
Una feria ganadera en el altiplano. Sobre los 3.S00 metros de altura es difícil aclimatiiar
a los animales. Tampoco existen buenos pastos y la tierra ha sido gastada por la erosión.
I OIT
En la región andina la naturaleza es yerma y los métodos de trabajo anacrónicos. Sin
embargo, en los valles y en las zonas bajas, grandes extensiones de tierra fértil aguardan
aun la presencia del hombre. El Programa enfoca ambos aspectos del problema. ©OIT

Al mismo tiempo se creó en Quito (Ecuador) u n taller de experimentación para


la artesanía textil.
El Programa pudo extenderse en la segunda mitad de 1954. En la región de
Puno (Perú) se creó una nueva base de acción cuyo objetivo era el de fomentar la
formación profesional y mejorar los sistemas agrícolas en la alta meseta y el de
conseguir que los espontáneos movimientos de migración del altiplano a los valles
se efectuasen en las mejores condiciones. Se tomaron las medidas preliminares para
organizar un centro de colonización en el llano de Santa Cruz, en Bolivia.

Expansión del P r o g r a m a
Hacia esta misma época se planteó el problema de extender el trabajo emprendido
en las comunidades rurales de las cercanías de Pillapi a u n a región de mayor amplitud.

20
Para ello hacía falta aportar una contribución mayor a los esfuerzos del Gobierno
boliviano para formar, entre los jóvenes de estas comunidades, una élite de
dirigentes competentes, como también de especialistas en diversas técnicas agrícolas
y de artesanía.
Después de una visita a los lugares, efectuada de diciembre de 1955 a febrero
de 1956 por los representantes de los diversos organismos internacionales que par-
ticipan en el Programa Andino, se decidió establecer nuevas bases de acción en
Playa Verde y en Otavi, en la alta meseta boliviana. Estas bases comenzaron a
> funcionar a mediados del año 1956.
También había llegado el momento de extender el Programa Andino en el Ecuador.
En efecto, la experiencia llevada a cabo en el taller de artesanía de Quito había
demostrado que era posible mejorar la calidad artística y la confección de los tejidos
¡ indígenas. Igualmente se puso de manifiesto que tanto el número de indígenas de
^ este país como las condiciones en que vivían exigían una acción de mayor amplitud
y profundidad. Como consecuencia de una encuesta efectuada por un funcionario
de la 01T, se decidió también establecer una base de acción en la provincia del
Chimborazo, donde la población indígena es muy numerosa y los problemas de
, integración especialmente agudos. Las autoridades provinciales y municipales
manifestaron el deseo de unirse al esfuerzo emprendido por el Gobierno nacional.
Las recomendaciones de la OIT fueron aprobadas rápidamente por el gobierno,
y el trabajo en Chimborazo pudo comenzar a principios del año 1956.
El Programa Andino ha proseguido en 1957 y en 1958 partiendo de diez bases
de acción en los tres países andinos que cuentan con fuerte población indígena. Estas
bases son:

La sobria compañera del a y m a r a . Sobre los 3.500 m e t r o s , el altiplano andino es el reino


OIT
de la vicuña, de la alpaca y del l l a m a . ©
En Ecuador : la base
del Chimborazo, cuyas ofi-
cinas se hallan instaladas
en Riobamba; el taller ex-
perimental de Quito, que
trabaja en estrecho acuerdo
con la base de Riobamba;
y el Instituto de Forma-
ción Profesional de Guano,
donde se preparan artesa-
nos para la industria tex-
til de la región.
En él Perú, tres bases
de acción: Chucuito, Cami-
cache y Taraco, situadas
a orillas del lago Titicaca,
bases cuyo centro admi-
nistrativo se halla insta-
lado en la ciudad de P u n o .
En Bolivia, cuatro ba-
ses. E n las altas mesetas,
las bases de Pillapi, Playa
Verde y Otavi; y, en la
llanura oriental, la base
de colonización de Cotoca.
La sede del Programa
Andino se halla situada en
la ciudad de Lima.
Es probable que, en el
futuro, Colombia sea incor-
porada al Programa. A
pedido del Gobierno, un
experto estudia las posibi-
lidades de extender las acti-
vidades del Programa en
ciertas zonas de dicho país
que cuentan con núcleos
demográficos indígenas.

« H a c e r de los peones de hoy


los hombres de mañana.»
© E. Schwab
t^**!**&* h^<miW:*é n?.
:%w
•>*,&,.

7 n

^¿11

«>
i
• T i&¿.
El taller de Quito

a primera etapa de la aplica-


ción del Programa Andino en
el Ecuador fué modesta. Se
trataba de crear un taller ex-
perimental destinado a mejo-
rar la artesanía textil indígena.
La habilidad artesanal y artística de
los indígenas ecuatorianos es bien cono-
cida. La OIT, de acuerdo con el gobierno,
obtuvo los servicios de un especialista que
contaba con un conocimiento profundo de
los recursos de artesanía del país a la vez
que con una experiencia artística consi-
derable. El Ministerio del Trabajo y de la
Previsión Social otorgó seis becas a otros
tantos artesanos indígenas originarios de
la región de Otávalo, famosa por sus
actividades textiles. La Casa de la Cultura
Ecuatoriana puso a disposición del taller
dos locales convenientes en Quito, y la
OIT equipó el taller con telares y una
parte de materias primas. Hacia mediados
de 1955 se pudieron apreciar ya los
resultados técnicos y artísticos. Inspirán-
dose en la tradición artística indígena se
renovaron dibujos y coloridos de los
productos de artesanía. Mejoró la manu-
factura de estos productos y se logró
perfeccionar los telares que utilizaban los
artesanos rurales. Las exposiciones que se
organizaron primero en Quito, inmediata-
mente después en Ginebra y posteriormente
en Nueva York demostraron el muy alto
nivel de la producción de este taller de
experimentación.

La OIT, el Ministerio del Trabajo y el


Servicio Cooperativo Norteamericano con-
cluyeron un acuerdo para que los instruc-
tores ecuatorianos de varios centros de
formación de artesanía del país asistan a un
cursillo de formación en el taller de Quito.
El Servicio Cooperativo tomó a su cargo los
gastos que originó la formación de estos
instructores. El Consejo Provincial de
Tungurahua concedió varias becas; asis-
tieron también otros alumnos de la
provincia, del Chimborazo. E n tal
forma, diferentes regiones del país han
podido beneficiarse con estas ense-
ñanzas dadas en Quito. E n la actuali-
dad, antiguos alumnos de este taller
están trabajando en varios centros de
provincia,, como los de Cuenca, Guano
y Otávalo. Tres indígenas de la tribu
de Salasacas han abierto pequeños
talleres en la región donde se encuentra
esta tribu, utilizando para ello telares
que pertenecen a la misión católica de
María Inmaculada.
Desde agosto de 1957 el taller textil
de Quito trabaja sobre bases comerciales
y cubre todos sus gastos. E n la actuali-
dad está siendo organizado en forma co-
operativa, y se buscan mercados para
su producción.
Este taller ha sido objeto de amplia
publicidad en el mundo entero y recibe
gran número de visitas. Los nuevos
diseños introducidos por el instructor
textil han estimulado la producción de
artículos con motivos folklóricos ecua-
torianos y se ha solicitado su ayuda en
la confección de vestidos, alfarería, pla-
tería.

Ante todo, agricultor


Desde un comienzo se sabía que el taller de Quito debía constituir t a n sólo una
etapa preliminar. El indígena ecuatoriano se dedica a la artesanía en forma espo-
rádica ; ante todo, es agricultor, bien sea porque él o la comunidad a que pertenece
posean tierras de cultivo o de pastos o ya porque trabaje como jornalero o aparcero
en tierras de otros. Si se le quiere ayudar a que aumente su capacidad de pro-
ducción, a que mejore sus condiciones de vida materiales y morales, hay que ir a
sus comunidades rurales, ya que es ahí donde conviene actuar en todos los aspectos:
educación y sanidad, alojamiento y formación profesional, agricultura y artesanía.
Por consiguiente el problema consiste en saber de qué manera la asistencia técnica
internacional puede ayudar de manera práctica, que responda a las necesidades
propias del país, a las autoridades ecuatorianas para que éstas aborden la integración
del indígena en gran escala.
A finales de 1955 fué enviado el Ecuador un funcionario de la OIT. El Ministerio
del Trabajo y Previsión Social, responsable del bienestar de unas 500 comunidades
indígenas en las que viven cerca de la mitad de la población indígena de la Sierra, le

25
pidió que efectuase una encuesta en esa
zona. He aquí algunas de las impre-
siones del funcionario de la OIT :

Paisajes de gran belleza


« La Sierra ecuatoriana es de gran
belleza. Desde cualquier punto se divi-
san u n a u otra de las cimas nevadas
de la Cordillera... Crestas transversales
recortan la meseta en una serie de hon-
donadas con caracteríticas diferentes de

T i e n e sólo 19 años y es ya uno de los


artesanos t e x t i l e s más hábiles del Ecua-
d o r . H i z o su aprendizaje en el t a l l e r del
P r o g r a m a , en Q u i t o . El muchacho diseñó
OIT
y t e j i ó el t a p i z del fondo. ©

26
clima, vegetación y fisonomía. La tierra está cultivada casi en su totalidad y las dimi-
nutas parcelas de los indígenas trepan por las laderas de las montañas. Cuando se
recogen las cosechas, el color dorado de los campos de cebada, los rojos y azules de
ponchos y faldas forman un conjunto inolvidable. Las innumerables cabanas que
se alzan entre pastizales y campos dan cobijo a un gentío.»
« Por todas partes se ven los destrozos causados por la erosión. Las cabras y los
corderos están flacos, la lana es mala. Los conejos pululan por las chozas que custo-
dian perros peligrosos y hambrientos. La cebada rala, que da una tierra agotada por
siglos de cultivo, la siegan con una pequeña hoz; siendo bastante difícil poder coger
más de una decena de espigas a la vez. Vemos a las mujeres desgranar las espigas
con una rama de árbol: no tienen ni siquiera un mayal de palos articulados. En la
temporada de la siembra vuelven la tierra con una herramienta de madera, a veces
provista de una punta metálica; y lanzan el grano al azar. La r u t a panamericana
y el ferrocarril atraviesan la meseta en toda su longitud. Pero el indígena vive
allí como en la época de la conquista española. »

Si se nos pudiera enseñar


El funcionario de la OIT pudo relacionarse con los indígenas merced a dos funcio-
narios del Ministerio del Trabajo que le
acompañaron. Los campesinos indígenas
desconfiaron al principio. ¿ Qué pretenden
estos visitantes inesperados? ¿Vienen a
cobrar los impuestos? ¿Buscan petróleo?
¿Quieren m a t a r perros y conejos? ¿Hacer
un censo? La des confianza aminoró pos-
teriormente :
— « Naturalmente que hay cosas que
pueden mejorarse, decían los indígenas. Se
necesitarían escuelas y maestros, puesto
que el que no ha ido a la escuela no puede
avanzar en la vida. Se necesitarían patatas
que no se hielen en la primera noche fría.
¿No podría encontrarse un medio para con-
tener el agua en los campos? En vez de
fecundarla se lleva la poca buena tierra
que queda. Si se nos pudiera también
enseñar a hacer cosas que lográsemos
vender.. necesitamos un poco de dinero para
comprar sal, joyas p a r a l a s mujeres, herra-
mientas. Y algo para los niños, que se
mueren sin saber por qué. »
Después visitaron otras regiones, donde
los indígenas llevan trenza, pescan en los
lagos y d i viden su tiempo entre la agrcultura
y el trabaj o de artesanía. Los más audaces se
van de su aldea para trabaj ar en una fábrica
(Pasa a la pg. 31)

27
Algunas escuelas eran así

Esta e r a una escuela. U n solo salón


oscuro, f r í o y d e t e r i o r a d o , absoluta-
m e n t e anadecuado para albergar a
mas d e ciento cincuenta niños de
U c h a n c h i . A pedido del Cabildo, el
P r o g r a m a A n d i n o alentó a la comu-
nidad a construir un nuevo y más
OIT
espacioso edificio. ©

Esta es o t r a escuela típica, en Pulin-


gui. A l b e r g a todavía unos cincuenta
a l u m n o s . Pero la comunidad decidió
construir un nuevo local y muy
pronto los niños contarán con un
edificio moderno. © Naciones Unidas

En la aldea d e N i t i l u i s a , e n la región
de R i o b a m b a las clases se llevan a
cabo en la iglesia hasta que la c o m u -
nidad construya una escuela. E n t r e
los planes de acción del P r o g r a m a
A n d i n o , la construcción de escuelas
ocupa lugar p r e f e r e n t e .
© Naciones Unidas

28
pero los indígenas se pusieron en trabajo...

A Todos los moradores de la comunidad de La M o y a , organizados por el Cabildo y el


P r o g r a m a A n d i n o , a p o r t a n piedras y arena para la construcción de una escuela. Cada
persona contribuye v o l u n t a r i a m e n t e con cincuenta piedras y un m o n t ó n de arena. © ° 1 T

• Los m i e m b r o s del Cabildo, el Gobernador, los Regidores y Vocales de la C o m u n i d a d de


La M o y a llaman a la gente a t r a b a j a r en los cimientos de la escuela. Los campesinos se
t u r n a n en estas labores. © OIT

T Seis moradores de la comunidad de San Francisco, bajo la dirección de un albañil y de un


m i e m b r o del P r o g r a m a A n d i n o , trabajan por t u r n o dos días cada mes. Esta fué una
resolución del Cabildo respetada por todos. © OIT
• En Pulingui avanzan los trabajos. U n albañil en pleno trabajo m i e n t r a s un grupo de
indiecitos juegan en el patio de la vieja escuela. Pronto contarán con salas plenas de luz y
sol. © Naciones Unidas

29
. . . con estos resultados

!
K

>..
( Viene de la pg. 27)
o en las plantaciones. Marchando por senderos escarpados, a casi 4000 metros de
altitud se encuentran aldeas donde hombres con pantalones de grueso algodón,
descalzos, remueven la tierra seca y dura con una plancha de madera. Más abajo puede
admirarse la destreza de los indígenas de Colta, que atraviesan un ancho estanque
en una balsa hecha con dos troncos de árbol para buscar juncos que les sirven para
alimentar al ganado, hacer esteras y cubrir el bohío...
Existe también el complejo problema de la propiedad de la tierra en toda esta
región, donde las parcelas de los pequeños propietarios o de colonos lindan con las
grandes propiedades, con frecuencia arrendadas, de particulares, de la administración
de la asistencia pública y de la Iglesia.

La base de C h i m b o r a z o
lista misión dio por resultado el establecimiento de una base de acción en la
provincia central de Chimborazo, encaminada a elevar el nivel de vida de las comu-
nidades rurales indígenas mejorando, diversificando y dando valor a la producción
agrícola y de artesanía; implantando la instrucción y la formación profesional de
adultos y jóvenes y mejorando las condiciones sanitarias y las habitaciones.
La región constituye un verdadero microcosmos de la Sierra. Su altitud media se
aproxima de los 3000 metros sobre el nivel del mar. La base de acción se encuentra
en el centro de una región de unos 100 kms. y, desde la capital provincial de Rio-
bamba, extiende su acción actualmente a unas treinta comunidades indígenas. E n
esta región se encuentra la pequeña aldea de Guano, centro importante de productos
de artesanía, de tapices y del cultivo de la cabuya, cuyas fibras se trabajan allí.
Ya en 1956 el gobierno ecuatoriano había destinado para el programa la cantidad
de 325.000 sucres (unos 20.000 dólares). E n 1957, este presupuesto se elevó a 500.000
sucres, sin contar los gastos aprobados por el Consejo Provincial de Chimborazo, la
construcción de los edificios de un centro de formación profesional (345.000 sucres)
y 10.000 sucres donados por la Comisión de Asistencia Pública de Riobamba.

Donaciones internacionales
Gracias a la solidaridad nacional e internacional pudo completarse el equipo de
la base de acción. La asistencia técnica internacional permitió comprar automóviles,

A
Así son las nuevas escuelas. Con el a p o r t e del G o b i e r n o Ecuatoriano y del P r o g r a m a
A n d i n o , los indígenas de « El H o s p i t a l » comunidad cercana a Riobamba acaban de inau-
gurar este nuevo local, construido por ellos mismos. © Naciones Unidas

Y esta es l'a nueva escuela de Uchanchi, t o t a l m e n t e t e r m i n a d a y puesta al servicio de la
comunidad por el P r o g r a m a A n d i n o . En esta f o r m a se están construyendo d i e z escuelas
que llenarán una de las más grandes necesidades comunales de la zona. © °!T
T
Y a no más locales ófricos e insalubres. A h o r a los niños indígenas de numerosas comunidades
ecuatorianas pueden ingresar alegres a sus nuevas clases, de pisos de m a d e r a y amplias
ventanas. A c t u a l m e n t e se lleva a cabo una campaña de alfabetización para adultos, inclusive
en comunidades donde no hay escuelas. © Naciones Unidas

31
,.-• -
entre ellos una ambulancia. La base dispone de un aparato portátil de proyección
cinematográfica. Los donativos otorgados por el gobierno, por las organizaciones
patronales y de trabajadores de Dinamarca y por los trabajadores de Noruega, de
un valor de varios miles de dólares, permitieron la compra del equipo necesario para
el taller de formación de Guano y del material indispensable para los talleres de
formación dispersos por las comunidades rurales. La municipalidad de Riobamba
y una fábrica de cemento de la región prestaron dos prensas de cemento para facilitar
la construcción de las escuelas de la zona.
Se están resolviendo, en parte, los problemas que plantea la penuria de agua,
gracias a un equipo de un valor de 60.000 dólares, facilitado por los programas de
asistencia técnica de las Naciones Unidas y del Servicio Cooperativo Norteamericano.

Cada sábado los campesinos se reúnen en Otavalo para vender sus mercancías o a d q u i r i r
ganado. I:n 19S7 el « Proyecto H e i f e r » proporcionó al P r o g r a m a 14 carneros reproductores
y 10 ovejas, los que fueron prestados a los pequeños criaderos indígenas. © Naciones Unidas

33
© OIT
Empleadores y trabajadores de Dinamarca, así como trabajadores de Noruega han donado
equipo para los talleres del Programa en el Ecuador. Aquí llega el material de carpintería.

Por último, tres municipios de la zona pusieron a disposición de la base de acción


los terrenos necesarios para instalar una granja experimental.

Escuelas
La obra a realizar no h a sido siempre fácil. Por ejemplo, en u n a comunidad
comprobaron los expertos que si bien los indígenas habían reservado u n terreno para
la construcción de la escuela, éstos tenían m u y poca prisa para levantar el edificio.
Conociendo la importancia que los indígenas conceden a la instrucción, se les pre-
guntó por la razón de esta indiferencia y lentitud:
« — Preferimos ser prudentes. Sabemos cómo las cosas m a r c h a n : primero nos
van a enviar un maestro, y después vendrá el cobrador de contribuciones... »
E n otra comunidad, los indígenas se mostraron m u y reservados cuando los
funcionarios encargados de establecer la base de acción les visitaron. Después les
dijeron con toda franqueza:
« — Sabemos que vienen ustedes a buscar petróleo, y que cuando lo h a y a n
encontrado nos echarán de nuestras tierras, lo que será nuestra ruina. »
Con perseverancia y paciencia se llegó a vencer mucha de esta resistencia. A los
dos años de esfuerzos pudieron construirse o repararse unas quince escuelas en la

34
zona que está bajo la influencia de la base de acción. Actualmente asisten a ellas
unos mil niños. E n siete comunidades los indígenas construyeron ellos mismos sus
escuelas, sin recibir ayuda exterior, y siguiendo las indicaciones que les dio un
especialista de la base de acción. Con los subsidios del Consejo Provincial se cons-
truyeron cinco nuevas escuelas. Con la ayuda de un ingeniero de la localidad se
construyó un nuevo tipo de edificio escolar, que resulta económico y racional. P a r a
los maestros de la provincia se organizaron dos jornadas de estudios, logrando así
asociarles a un programa de enseñanza adaptado a las necesidades de las poblaciones
rurales. P a r a muy pronto se espera que una escuela rural central permitirá a los
niños mejor dotados estudiar más tiempo que los cuatro años de estudios actuales y
prepararse para las escuelas de segunda enseñanza.
Siete indígenas jóvenes de la región fueron enviados como becarios a la escuela-
internado para agricultores, organizada con el concurso de la Organización para la
Alimentación y la Agricultura. E n la región de Guano se deja sentir la afluencia de
antiguos alumnos del taller de Quito.

« Q u e r e m o s que nuestros hijos vivan m e j o r »


Tanto en los lugares donde actualmente existen escuelas, como en las comuni-
dades que carecen de ellas existe un manifiesto afán por enseñar a leer y escribir a

Esta máquina viene de lejos. Es un obsequio de los trabajadores de D i n a m a r c a a los


campesinos del Ecuador. El P r o g r a m a ha despertado sentimientos de solidaridad e n t r e
pueblos r e m o t o s y hasta la fecha extraños unos de otros. © OIT

35
los adultos. U n día, el Director
General Adjunto de la OIT pre-
guntó a unos indígenas cómo ha-
bían logrado construir una escuela
con sus propios recursos. Le respon-
dieron así:
« — Nosotros vivimos en la igno-
rancia y queremos que nuestros
hijos vivan mejor. »
E n otra oportunidad, la base de
acción recibió de los vecinos de una
comunidad una petición solicitando
la construcción de una escuela. Dos
expertos fueron allí y prometieron
ayudar a los indígenas a condición
de que ellos transporten los mate-
riales al lugar donde la escuela se
edificaría, en una pequeña parcela
Este puente, construido por los propios indí- de terreno al lado de la iglesia. Al
genas con ayuda del P r o g r a m a A n d i n o , u n i r á volver unas semanas después, los
dos sectores de la comunidad de N i t i l u i s a . funcionarios de la base de acción
© Naciones Unidas se vieron sorprendidos al comprobar
que el sendero que unía la aldea
con la carretera principal había
sido transformado por los indígenas en una carretera aceptable, de cerca de
un kilómetro de longitud. Esto suponía u n trabajo inmenso, pues los indíge-
nas tuvieron que trabajar sobre un terreno rocoso. Además, los funcionarios
encontraron considerables cantidades de arena y de piedra al lado de la iglesia.
La arena la extrajeron de una veta situada a unos 150 metros de profundidad
en la montaña. Los indígenas la habían transportado a hombro, en sacos, marchando
por un sendero estrecho y peligroso. E n otra montaña situada a dos kilómetros de
distancia los indígenas labraron las piedras, que transportaron a hombro también.
Refiere el Director del Programa en el E c u a d o r :

« Cuando llegamos a la iglesia los indígenas nos dieron la bienvenida. Nosotros les
felicitamos por el esfuerzo realizado, pero no nos escucharon. Lo que querían saber
era la fecha en que comenzarían los trabajos. Les preguntamos por qué se habían
afanado tanto en transformar el estrecho sendero en una verdadera ruta. A lo que
respondieron: — Queremos ayudar al personal de la base de acción para que pueda
llegar hasta aquí en «jeep ». »

T r a b a j a r un ovillo de b r a m a n t e i m p o r t a b a un día en la aldea de San G e r a r d o . H o y , gracias


a una simple m á q u i n a proporcionada por el P r o g r a m a , este t r a b a j o se r e a l i z a en una h o r a .
© Naciones Unidas

36
Campaña Sanitaria

Poco a poco los servicios médicos del Programa van ganando la confianza de los indígenas.
El médico va desplazando al curandero y al mago; la higiene, a las prácticas supersticiosas.
© Naciones Unidas

Los indígenas de la Sierra ecuatoriana, como los de las otras regiones andinas, no
tienen la costumbre de consultar con el médico. Prácticamente desconocen gran p a r t e
de las reglas elementales de higiene, desconfían del hospital, del doctor y de la
enfermera. P a r a poder remediar esto, los expertos de la base de acción del Chim-
borazo dedicaron u n empeño especial en el aspecto sanitario. L a asistencia técnica
internacional puso a su disposición una ambulancia automóvil, y las autoridades
nacionales han encargado a un médico la difícil tarea de ganar la confianza de los
campesinos.
Esto no ha sido siempre fácil empresa. El equipo sanitario ha encontrado u n a
terca resistencia pasiva en muchas comunidades. E n otras han tropezado con
amenazas, debido a que los indígenas creían, entre otras cosas, que la destrucción
de parásitos por medio del D D T mataría sus perros y conejos; para protegerlos del

38
Wsfc
***i>*:
! » J

,m.-
&Mgb

Los niños de la aldea de G a t a z o Grande aceptan ya gustosos que se les rocíe con D D T .
A h o r a , ellos mismos se encargan de convencer a sus padres. © Naciones Unidas

DDT, una mujer los metió en un saco para ocultarlos... y murieron asfixiados. E n
otros-lugares el equipo tuvo que retirarse ante la hostilidad de la población.
A pesar de todo, poco a poco se lograron resultados positivos. Los expertos comen-
zaron por desinfectar a los niños de las escuelas, después intentaron penetrar en
aldeas y hogares. Al mismo tiempo se emprendió una campaña contra las ratas.
Cuenta el médico que en una choza vio una mujer anciana que al lado de su
cama tenía un grueso garrote.
— P a r a qué quiere usted este palo? la preguntó.
— Para espantar a las ratas, que no me dejan dormir por la noche.
El equipo continuó actuando, y al día siguiente se pudieron ver los resultados:
las ratas habían desaparecido.

39
— Que Dios se lo pague, dijo la mujer al médico, y que le conserve la vida cien
años. Por la primera vez he podido dormir sin que me molesten las ratas. Antes las
entendía incluso cuando decía mis oraciones; ahora puedo ya. orar y dormir en paz.
Que Dios se lo pague.

El t e j i d o de tapices proporciona nuevos ingresos a los campesinos d e G u a n o . L a técnica


m o d e r n a introducida por el t a l l e r del P r o g r a m a en Q u i t o va extendiéndose g r a d u a l m e n t e .
© Naciones Unidas
Durante esta campaña fueron tratadas con el D D T cerca de 5000 personas y
más de 1000 casas en una quincena de aldeas. E n las casas cuyos propietarios
aceptaron los servicios del equipo sanitario se destruyeron centenares de ratas.

El niño enfermo

AL mismo tiempo, el médico pudo tratar a varios enfermos. Un incidente carac-


terístico, contado por el doctor, es el siguiente:
— En la aldea de La Maya me llevaron un niño de diez y ocho meses que tenía
un absceso en la ingle derecha. No creí verme obligado a realizar ninguna operación,
por lo que, desgraciadamente, no había llevado ningún bisturí. Cuando dije a los
indígenas que sería necesario hacer una pequeña operación quirúrgica se extrañaron
mucho y se mostraron incrédulos: « ¿ Cómo puede saberse que hay pus en el absceso ?
¿Cómo es posible que a un niño t a n pequeño y frágil se le pinche con un cuchillo?
Nó, patrón, no queremos que se le apuñale. Lo que el niño necesita es que se le dé
una medicina que le calme el dolor y que le cambie el color de la piel. Nada más... »
Con toda mi paciencia les expliqué nuevamente lo que era u n absceso, y termina-
ron por Exceptar que se intentase la operación. Pero entonces surgió una nueva
dificultad. Les dije que al día siguiente iría con la ambulancia a la vecina comunidad
de Nitiluisa, donde tendrían que llevarme al niño para operarle. Nueva ola de pro-
testas: «No, patrón, a Nutiluisa de ninguna de las formas. Nosotros iríamos a
Biobamba, o a Luisa, pero jamás a Nitiluisa. »
Otra vez a discutir. El lecho de un arroyo seco separa las dos aldeas. El lecho
de un arroyo suscita una desconfianza que se remonta a sus antepasados, pero nadie
puede explicar sus orígenes. El médico se mantuvo firme:
— Mañana ustedes tienen que llevar el niño a Nitiluisa.
Al día siguiente el médico estaba dispuesto para operar, pero se preguntaba si
los indígenas irían. Y fueron, aun cuando tuvieron que franquear el barranco y
vencer la desconfianza.
— Guardo un recuerdo imborrable de esta operación — continúa diciendo el
médico en su informe — como el de un suceso de nuestra acción sanitaria en un medio
difícil, lleno de prejuicios. La ambulancia estaba llena de parientes y curiosos, y los
que no encontraron sitio en el interior t r a t a b a n de ver desde fuera «lo que el médico
iba a hacer ». E n fin, después de los preparativos corrientes llegó el gran momento.
U n corte de bisturí en el lugar conveniente hizo salir el pus en cantidad. Las gentes
quedaron estupefactas, y se oyó una voz que decía:
•— « El patrón dijo que había pus, y es verdad! Cómo podía saberlo con sola-
mente mirar y tocar? »
Antes de marcharse de la aldea, la madre le llevó al niño para que viera que el
pequeñín estaba completamente curado.
— Y el médico terminó diciendo: « De un tiro hemos matado dos pájaros: hemos
ganado la confianza de estas gentes con nuestro trabajo profesional y hemos roto la
barrera de hostilidae e n t r e las dos aldeas. »

41
Experimentos Agrícolas
Los campesinos indígenas de esta región son propietarios de parcelas de tierra,
pero la cosecha es demasiado exigua para que les de para vivir. Debido a ello, muchos
salen a buscar trabajo, que cobran en especie, con derecho a usar los pastizales,
recibiendo pequeñas cantidades de dinero; y van, generalmente, a las grandes pro-
piedades vecinas. E n buena parte este trabajo es de temporada, y siempre irregular.
Y debido a los procedimientos y a los añosos aperos de labranza, así como a la falta
de calificación de los indígenas, el trabajo resulta siempre penoso y poco remunerador.
De esta forma, la labor de la base de acción es doble. Por un lado, se t r a t a de
mejorar la producción agrícola indígena; por otro, resulta indispensable enseñar a
los indígenas un cierto número de oficios.
Las comunidades indígenas han puesto a disposición de la base de acción pequeños
terrenos. Un agrónomo especialista experimenta en ellos, a título demostrativo, el
cultivo de las variedades más remuneradoras de patatas, legumbres y plantas forra-
jeras. A este efecto, varios municipios h a n adquirido recientemente terrenos de mayor
extensión, donde se espera poder organizar una granja-escuela y un centro de expan-
sión agrícola, con la ayuda de los expertos de la FAO. Al lado de algunas escuelas
existen ya huertas. Se han organizado clubs de campesinos jóvenes, tomando como
modelo los clubs 4 F ; el Servicio Cooperativo Interamericano asumirá la dirección.
La cría de ganados no se deja en el olvido. El «Proyecto Heifer», un organismo
americano, donó a la base de acción 14 carneros y 10 ovejas, que prestan a los campe-
sinos para que puedan mejorar sus rebaños. Al mismo tiempo se procura mejorar la
calidad de la lana para el trabajo de artesanía local. Se t r a t a también de que re-
emplacen los conejillos de indias por conejos, con mejor carne y pieles más con-
venientes.
E n colaboración con los servicios forestales, la base de acción ha creado tres
viveros. Alrededor de los campos indígenas comienzan a verse ya pequeños arbolillos,
que un día pudieran transformar el paisaje
de la región y también su economía. Se están
haciendo trabajos de irrigación emprendidos,
en parte, con la ayuda de la asistencia téc-
nica internacional y, en parte, por medio de
la estimable subvención concedida por los
organismos ecuatorianos competentes. E n t r e
otras cosas, los indígenas han aprendido a
hacer acueductos, con cemento. La dirección
y los técnicos de una fábrica de la región les
han asesorado y puesto a su disposición una
parte de los útiles necesarios y de las mate-
rias primas que precisaban. E n colaboración
con los expertos del Centro de acción, esta
misma fábrica estudia los medios de producir
materiales de construcción durables con las
materias primas que en la localidad existen.
Los indígenas han construido caminos y puentes, y están mejorando una casa con
arreglo a su propia concepción.

42
as principales bases de acción del Programa Andino se encuentran en
el departamento de Puno, región contigua al Lago Titicaca, donde las
concentraciones demográficas de indígenas son densas.
La sede del Programa está en la ciudad de P u n o ; Camicache,
Chucuito y Taraco, son sus tres bases cuyas actividades esenciales son
la formación profesional de los campesinos, la agricultura y ganadería,
la salubridad, las migraciones internas y ciertas investigaciones de orden antropo-
lógico relacionadas con las tareas anteriores.

Formación profesional
Aunque el indígena peruano es también, en esencia, un agricultor, el Programa
Andino ha establecido en Puno un plan de formación profesional que se ejecuta a
través de sus tres bases y de algunos talleres comunales. Su acción se concentra
en la reorganización y capacitación de instructores, así como en la inscripción de
un mayor número de alumnos indígenas.
E n las bases de Chucuito, Camicache y Taraco han sido creados tres talleres
de formación profesional que cuentan en la actualidad con locales adecuados.
E n Chucuito, cinco alumnos del taller de carpintería terminaron su curso de
formación de dos años. Tres de ellos han sido contratados por la base y los otros
dos encontraron empleo en el asiento minero de Toquepala. Otros seis alumnos
que abandonaron el curso antes de completar su formación profesional también
encontraron trabajo en Toquepala. E n 1958, diez alumnos cursan el segundo
año y veinticinco el primero.
E n marzo de 1958, el taller
mecánico de Chucuito, completa-
mente instalado, admitió a dieciseis
jóvenes indígenas en sus clases de
mecánica automotriz. Seis de ellos
fueron asignados más tarde al curso
de mecánica general.
Se organizará un curso de mecá-
nica general en Camicache y hasta
la fecha han sido formados seis con-
ductores de tractor, que prestarán
sus servicios en el Plan del Sur.
E n Taraco, treinta y seis alumnos
están recibiendo formación pro-
fesional en mecánica general y se
forman también catorce conductores
de tractores.

Construcción de los talleres en Chu-


cuito. El edificio fué inaugurado por el
Director General Adjunto de la OIT.
© OIT

44
La educación fundamental
Dos secciones del Programa que han experimentado ciertas dificultades en
organizar sus recursos y personal son la de Educación fundamental y la de Agri-
cultura. La razón es simple de explicar. La sección de Salubridad, por ejemplo, posee
objetivos claros e inmediatos, fácilmente comprensibles por los indígenas; en cambio
las dos primeras secciones operan en una escala mas difusa de objetivos que las
hace menos accesible a los indígenas. (Pasa a la pg. 49)

45
Historia ctó

M a n u e l e r a un rapaz de Chucuito que a p a r e n t a b a contar a lo s u m o once años de edad.


En r e a l i d a d , t e n i a catorce. Descalzo, t r o t a b a detrás de un e x p e r t o del P r o g r a m a A n d i n o ,
r e p i t i e n d o sin cesar :
— Q u i e r o ser c a r p i n t e r o . Q u i e r o ser c a r p i n t e r o .
M a n u e l fué aceptado como el p r i m e r a l u m n o de una escuela todavía inexistente. « Más
que un a l u m n o — recuerda el e x p e r t o — Manuel fué un a m i g o , el i n t é r p r e t e a i m a r a de la
escuela y el consejero en las situaciones delicadas. Era inteligente, sensitivo y bondadoso. »
M a n u e l y el e x p e r t o se pusieron en búsqueda de un local para el t a l l e r de c a r p i n t e r í a .
Luego c o m p r a r o n m a d e r a y a b r i e r o n el t a l l e r , fabricando el m o b i l i a r i o con sus propias
m a n o s : mesas de t r a b a j o , reglas, estantes.
El n ú m e r o de alumnos creció poco a poco. P r o n t o apareció Rafael, un a m i g o de M a n u e l .
Luego otros niños de trece y catorce años. Todos d e m o s t r a r o n aptitudes e x t r a o r d i n a r i a s .
A los cuatro meses de aprendizaje, Manuel y Rafael fabricaron un cofre de joyas de estilo
colonial, de ejecución impecable. N i n g ú n especialista habría sospechado que e r a obra de
principiantes.
Pronto surgió otro problema: varios alumnos venian de comunidades distantes
ocho a quince k i l ó m e t r o s de la escuela y debían hacer este t r a y e c t o , a pié, dos veces por
d í a . D u r a n t e la época de lluvias esos desplazamientos serían imposibles.
Era preciso crear un i n t e r n a d o .
M a n u e l y el e x p e r t o alquilaron o t r a casa más a m p l i a . Con los demás alumnos fabricaron

i*"

X
seis lechos, utilizando la m a d e r a de unas
grandes cajas de embalaje, obsequiadas por
el e x p e r t o mecánico de Puno.Jj
El internado presentaba un aspecto agrada-
ble. En el d o r m i t o r i o las cubiertas multico-
lores lucían siempre limpias. El comedor
contaba con una gran mesa y taburetes. Los
alumnos podían disfrutar de dos comidas
calientes por día, lujo desusado en la región.
Los jóvenes indígenas adquirieron hábitos
de aseo y <;l local de la escuela e r a mantenido
escrupulosamente l i m p i o , por t u r n o s .
Cada día, mayor n ú m e r o de niños solici-
taba admisión a la escuela. Fué preciso fabri-
car nuevas mesas de t r a b a j o . Cuando el
edificio resultó estrecho, la escuela alquiló un
local aún más grande.
A l l í está ahora la escuela de Chucuito.
Cada a l u m n o dispone de una nueva mesa de
t r a b a j o , de: útiles personales flamantes y puede
usar m a t e r i a l colectivo m o d e r n o . El inter-
nado ha sido t a m b i é n a m p l i a d o . Se ha orga-
nizado uníi cooperativa de producción a cargo
de los propios alumnos.
El tallisr de carpintería está equipado con
veinte bancos y un juego completo de máqui-
nas, e n t r e las cuales figuran una sierra circular,
una máquina universal y esmeriles. Cuenta
t a m b i é n con veinte equipos para uso individual
y una serie de equipos especiales para uso
colectivo de los alumnos.

En el taller-escuela de mecánica hay tala-


dros eléctricos, un t o r n o , un esmeril y una
rectificadora de válvulas, así c o m o equipos
necesarios para cursos en cerrajería, solda-
dura eléctrica, soldadura autógena y gasfitería.
La escuela dispone t a m b i é n de dos aulas
equipadas para la enseñanza de dibujo in-
dustrial, matemáticas y tecnología.

Todo este m a t e r i a l fué donado por la


A m e r i c a n Federation of Labour y, en g r a t i t u d ,
la escuela lleva el nombre de «William
G r e e n », lider sindical americano. A h o r a cua-
r e n t a niños indígenas adquieren una profesión
en esta escuela de Chucuito.

Y esa es la recompensa de M a n u e l .

$;.~-

( Viene de la pg. 45)


Después de estudios intensivos, las zonas de Camicache, la orilla derecha del
río de llave, la zona Chucuito-Platería y Huacollusco, cerca de Taraco, fueron
seleccionadas como las más adecuadas para iniciar los cursos para la formación de
promotores sociales y el trabajo en las comunidades.

Los promotores sociales


El segundo curso para la formación de promotores sociales fué dictado en Cami-
cache, en agosto de 1958 (el primero se efectuó en diciembre de 1957). Contó con
la colaboración de las autoridades peruanas y algunas instituciones privadas como
el Banco de Fomento Agropecuario, el Servicio Regional para la Agricultura, el
Servicio Cooperativo Interamericano para la Agricultura (SCIPA) y otras.
Los alumnos fueron seleccionados en comunidades vecinas y recibieron instruc-
ción teórica y practica en agricultura, higiene y salubridad, alfabetización, etc.
Luego, retornaron a sus bases a poner en práctica las enseñanzas recibidas.
« L a creciente actividad que se advierte en algunas comunidades puede ser
atribuida, directamente a los promotores sociales formados en el segundo curso »,
declara un reciente informe.
Las mujeres contribuyeron voluntariamente con piedras para la construcción de las escuelas.
© OIT

E n la Raya, por ejemplo, cada familia contribuyó con un aporte de cien adobes
para la construcción de la escuela y los varones prestaron servicios gratuitos en
esta tarea. E n Potojane, otra comunidad distante, los campesinos construyeron un
camino que une la escuela con la carretera principal. En Camicache, tres campesinos
decidieron edificar sus casas sobre nuevos diseños, proporcionados por el Programa.

Los clubs de mujeres

La asistencia social, y la comadrona organizaron clubs de mujeres, a las que


imparten nociones de economía doméstica y de higiene.
« Visitamos (En llave) una media docena de casas pertenecientes a los miembros
de estos clubs — recuerda el Director General Adjunto de la OIT. Todas han sido
transformadas y mejoradas por medios diversos, a veces m u y modestos. Lo primero
que se observa son el orden y la limpieza, que no lucen otros hogares indígenas.
» Chimeneas sencillas permiten la salida del humo de las cocinas y las ventanas
cuentan con cristales. Los niños duermen en habitaciones independientes de las de
sus padres. E n algunas de estas casas vi pequeños estantes con libros.

50
» Paseando alrededor de estas viviendas reparamos en un pequeño terreno de
juegos, en donde las jovencitas indígenas, con su delantal y sombrero hongo, jugaban
al basquetbol y al volleybol. Un aspecto nuevo y desconocido del Altiplano! »
Cada vez es mayor el número de mujeres indígenas que recurren a los servicios
de la comadrona, quien en un solo mes intervino en tres partos difíciles. Es probable
que, sin sus auxilios, las tres pacientes habrían perecido.
Tanto la asistenta social como la comadrona se han instalado en llave, para
efectuar sus trabajos en forma mas inmediata y directa. Alquilaron una casita de
los indígenas y la amueblaron con enseres sencillos. Su alimentación es análoga a la
de los indígenas y deben atender a la población femenina en cualquier momento
del día o de la noche.

Trabajo en las comunidades

Gradualmente, la acción del Programa Andino va extendiéndose a diversas


comunidades de la región, aparte de las tres bases antes mencionadas.
E n la Raya, Huariquisana, Huancollusco y otras localidades vecinas al lago
Titicaca se ha emprendido la construcción de nuevas escuelas; en otras han sido
cavados pozos artesianos para la producción de agua potable; en Camata se ha

Los talleies de Chucuito. Aquí los pequeños campesinos indígenas aprenden carpintería,
mecánica y herrería. La American Federation ofLabour donó 50.000 dólares para equipos.
© OIT
•ÍV

t¿?s#J?!^l€^b'v *• -$3|fe

El proyecto de pastos p e r m i t i r á talvez rendir mas productivas estas


t i e r r a s áridas. 81 campesinos de Jilacatura han recibido unos 300.000
soles en p r é s t a m o del Banco de F o m e n t o Agropecuario del P e r ú .
© OIT

habilitado u n campo de fútbol y están en plan de edificación


veinte nuevas casas, con ventanas y puertas más amplias que
las habituales en la región.
La base de Chucuito, después de instalar el nuevo equipo donado
por la American Federation of Labour, cedió su antiguo mate-
rial a varias de estas comunidades, con el propósito de estable-
cer en ellas talleres comunales.
E n la actualidad existen tres o cuatro de dichos talleres de
mecánica y carpintería en distinto grado de organización. Como

52
siempre, hay que enfrentar los obstáculos inherentes a todo comienzo así como
algunos factores imprevistos. Así, en una localidad las lluvias destruyeron los
cimientos del local; en otra, la comunidad no dispone de recursos suficientes para
preseguir los trabajos; en una tercera, la profusión de «fiestas» ha impedido un
adelanto continuo.
Existe también el problema de la distancia. Algunas comunidades se hallan
demasiado alejadas de las bases y es difícil acceder a ellas. Por ello, el progreso en
este campo de actividad, si bien incesante, es inevitablemente lento.

El experimento en pastos
Los altiplanos y valles de los Andes, donde viven los indígenas, son aptos para
ser transformados en una región de buenos pastos, en los que la industria ganadera
puede prosperar y producir no sólo lana sino también carne y productos lácteos,
de los que todos los países andinos, y en especial el Perú, tienen necesidad.

N i una gota de agua d u r a n t e largos meses. Las semillas fueron destruidas, el ganado
comenzó a m o r i r . Los indígenas, alarmados, e m p e z a r o n a e m i g r a r a las ciudades. © J Schwab

... -**-- ,-

j :>
. SF* ,'.'*.

53
Tal transformación aumentaría los ingresos de los campesinos, t a n t o de los pro-
pietarios de las tierras que practican actualmente una agricultura de subsistencia,
como de los que viven como « colonos » en las haciendas. Crearía u n nuevo mercado
para la mano de obra indígena, disminuiría el desempleo y el subempleo considerables
que campean en la región. Conduciría a formas más evolucionadas de asociación
entre los propietarios y los colonos. E n fin, contribuiría a la elevación del nivel de
vida del conjunto de la población.
Antes de la conquista española no existían en el continente ganado bovino ni
ovino. Los indígenas domesticaron a las llamas y a las alpacas, mediocres productores
de leche y carne. E n la actualidad, en el Perú, la producción de carne y leche de vaca
y oveja no alcanza a cubrir las crecientes necesidades de la población. El Perú im-
porta anualmente carne y productos lácteos por un total de 11 millones de dólares;
por lo t a n t o la situación es favorable para una expansión doméstica de la producción.
E n las regiones de clima templado o frío del Nuevo Mundo (norte de los Estados
Unidos, sud del Canadá, Argentina, etc) el incremento de la producción de carne y
de leche ha coincidido con la introducción de ciertas hierbas y leguminosas de origen
euro-asiático, que también podrían ser implantadas en los altiplanos andinos.
Fué con ese propósito que el Programa Andino inició, en 1956, un proyecto
experimental de pastos en la región de Puno.

Cuando lleguen las lluvias


Los trabajos preliminares se efectuaban en forma satisfactoria, cuando un factor
imprevisto amenazó echar todo por tierra: la sequía. E n efecto, 1956 y 1957 fueron
años de una excepcional sequía en el altiplano y ella fué particularmente intensa
en la región de Puno, en la cual durante largos meses no cayó una sola gota de lluvia.
La situación era álgida para los indios, muchos de los cuales no contaban con dinero
para comprar alimentos, no podían conseguir trabajo y veían perecer cada día a sus
animales de labranza. Habían podido sembrar sólo una ínfima parte del área normal
e inclusive estas semillas estaban a punto de secarse. La estación de siembras había
concluido prácticamente y se alzaba ante los indios el espectro de u n nuevo año
sin cosechas, con sus depósitos vacíos, sin dinero y sin trabajo.
«Nuestros edificios permanecen sin techar desde noviembre de 1955 y es sólo
ahora que los techos comienzan a ser construidos — escribió u n experto. Los indios
piensan que somos nosotros los culpables de la falta de lluvias, pues creen que nos
interesa que no llueva hasta que nuestros edificios estén concluidos. Nos acusan de
provocar la sequía mediante malas artes condenando así a la población a la hambruna.
»Últimamente esta absurda acusación se ha propagado en toda la región y,
según el jefe de Camicache, existe el peligro de que los indígenas incendien y des-
truyan nuestros edificios. Algunos indios han prevenido a nuestro personal de Cami-
cache que sería prudente que abandonaran el lugar, si no querían ser quemados
vivos cualquier noche.
»No sé si la llegada de las lluvias modificará esta situación, porque coincidirá
más o menos con el techado de nuestros edificios y confirmará así la idea de que
fuimos nosotros quienes provocamos la sequía. Por el momento, nadie asiste a
nuestros cursos y reuniones. Nadie desea trabajar en la carretera y no se nos permite

54
A*

'•.*Ír-

* í,.?«;*

•«•i»™'- -"--'* '".

V"*f»'-
''•- X ~5
|ír*'^- 1
-•t%-f-/*t"*'*\?
- <¿* : * ' •

¿
-á y 4f *
*"•* 4 ,1* • « **V¿:.

-^-tev^*" v
acumular las piedras necesarias para este trabajo. Parece inclusive que aquellos que
desearían colaborarnos abrigan temor de hacerlo.
» Es imposible predecir lo que ocurrirá. »
Por suerte, una semana más tarde, el jefe de la base pudo informar que llovía
en todo el altiplano...
« Por supuesto, la época de siembra ha pasado —• escribió — y muchos de los
sembríos se han perdido, pero es posible que algunos sean salvados. Los indios han
comenzado a plantar; también ha comenzado a crecer el pasto y la terrible escasez
de forraje concluirá pronto. Las lluvias están calmando el espíritu perturbado de
Camicache. Parece que ha desaparecido el peligro para nuestro personal y para los
edificios. El personal, que estuvo a punto de abandonar el lugar, por lo menos durante
las noches, ahora ha decidido continuar en Camicache. »

Los trabajos prosiguieron...

Los campesinos acogen con interés estos ensayos. Después de la sequía de 1956,
pese a que habían casi agotado sus recursos en la compra de alimentos, los campesinos
de la región de llave decidieron adquirir, al contado, mil sacos de abono, por un
valor total de 35.000 soles, suma considerable para su economía. Solicitaron luego
que el Programa roturara sus tierras utilizando tractores, que se inmunizara a su
ganado y que se dieran baños antiparasitarios a sus corderos. Este ejemplo se repitió
en muchas comunidades.
Rico de una experiencia de dos años, el experto del Programa preparó instruc-
ciones para uso de los indígenas, en las que se detallan normas precisas para la

OIT
Contemplando la nueva escuela construida gracias a sus propios esfuerzos. ©
J

Se difunde la utilización de plantas y semillas seleccionadas para m e j o r a r los cultivos.

siembra de pastos, se aconsejan los tipos adecuados de semillas etc. Cinco mezclas
especiales resultaron apropiadas para las diferentes regiones de Puno.
E n la actualidad, estos experimentos con pastos extranjeros se efectúan sobre
222 parcelas de tierra. El Programa continua alentando a los campesinos indígenas
y ganaderos en el uso de las semillas que han probado su eficacia.

Zonas de influencia
El trabajo de la sección Agrícola del Programa ha sido organizado en cuatro
zonas.
En Camicache, Huancollusco, Huariquisana y Chucuito han sido plantados
almacigos de diversas legumbres, que serán distribuidas luego entre los campesinos.
Hasta la fecha existe un centenar de huertos particulares cultivados por éstos.
Algunos indígenas han plantado árboles en sus campos; el Programa proporcionó
los almacigos a precios bajo costo.
La crianza de aves de corral ha sido también implantada.
Los indígenas de algunas comunidades se han agrupado en clubs denominados
« Social-agrícola», cuyo objetivo es el de alentar este género de actividades, inter-
cambiando semillas, cruzando especímenes avícolas etc.
El Programa Andino ha estimulado también el uso del crédito agrícola. H a s t a
la fecha el Banco de Fomento Agropecuario h a otorgado a los indígenas préstamos
por un total de varios miles de soles, destinados sobre todo a mejorar la ganadería
en la zona aledaña al lago Titicaca.
El Programa introduce entre los campesinos la utilización de abonos químicos,
el manejo de insecticidas y de germicidas. Los agrónomos hacen conocer el valor de
plantas y semillas seleccionadas ; cómo regar las tierras de secano y cómo drenar las

57
tierras demasiado húmedas. Los veterinarios efectúan demostraciones sobre los
métodos para mejorar el ganado. El Programa ha importado del extranjero repro-
ductores que pueden contribuir a mejorar el ganado doméstico. H a n sido instalados
baños desinfectantes que eliminan los parásitos.
Se espera que el Programa Cooperativo de Experimentación Agrícola (Punto IV)
colaborará con el Programa en la preservación y expansión de sus aspectos experi-
mentales.
E s también propósito del Programa organizar los « ayllus » indígenas y las parcia-
lidades para la siembra de pastos en las tierras comunales y para el mejoramiento
de los pastos naturales mediante la introducción de especies foráneas.
Como signo alentador debe anotarse que después de la estación de las lluvias, las
parcelas experimentales y de demostración que sobrevivieron a la sequía se hallaban
en excelentes condiciones.

Salubridad
El Programa Andino tiene establecidos servicios médicos en varias comu-
nidades y sus actividades pueden ser clasificadas dentro de tres categorías: el
servicio médico propiamente dicho; dispensarios gratuitos, visitas a domicilio
etc.; el entrenamiento de trabajadores auxiliares seleccionados entre la propia
población campesina; por último, el saneamiento de la región.
Las experiencias de orden médico recogidas en el Ecuador, referidas en el
capítulo I I I de este folleto, se reiteran en gran medida en Perú y Bolivia.
Como en aquel país, en un principio los expertos debieron vencer una des-
confianza innata de los campesinos, obstinadamente apegados a prácticas supers-
ticiosas e ignorantes de elementales conocimientos higiénicos.
«Los indígenas vinieron en gran número a nuestro dispensario médico de
Camicache — informó en la época el director del centro — pero actualmente el
médico espera en vano a los enfermos. Hemos organizado visitas a domicilio, sin
ningún r e s u l t a d o . . . Los in-
dígenas tienen la costumbre
de esperar que sus enferme-
dades desaparezcan por sí mis-
mas o, en algunos casos, me-
diante la intervención de los
curanderos. Por lo demás, ca-
recen de los recursos financie-
ros suficientes para adquirir
medicamentos. »

El médico viene reemplazando


al curandero y los métodos
higiénicos a las supersticiones.
© OIT
Esa situación evolucionó paulatina-
mente. Poco a poco, los servicios médi-
cos del Programa Andino fueron ganan-
do la confianza de los indígenas, quienes
comenzaron a acudir en mayor número.
Un importante donativo de antibióticos
del gobierno de Bélgica permitió cubrir
parcialmente las necesidades farma-
céuticas. E n la actualidad, el equipo
módico trabaja cuatro dias por semana
en diferentes puestos de la región y la
clientela es numerosa. En dos comu-
nidades, el servicio médico es perma-
nente.
La sección de Salubridad cuenta
actualmente con un médico, una en-
fermera y una comadrona profesionales.
Esta sección continúa trabajando en el
Altiplano y es diferente de la sección
denominada « Migraciones internas »,
que se desenvuelve en la región tropical
de Tambopata.
En 1958, el gobierno del Perú
inauguró numerosos centros médicos en
el departamento de Puno, uno de los
cuales está situado en llave. Dichos
centros comprenden pequeños hospi-
tales y servicios médicos externos que
disponen de los medios de transporte
necesarios.
El centro médico de llave destaca
todos los miércoles a uno de sus doc-
tores para atender a los campesinos
enfermos de la base de Camicache,
ayuda que es altamente apreciada por
el Progra.ma Andino.

Trabajadores auxiliares
Los cursos de formación de traba-
jadores auxiliares o, en otros términos,
ayudantes de enfermeros y comadro-
nas, continua despertando el interés de
numeróse s voluntarios en Chucuito y

Sendas pedregosas y escarpadas... © OIT


... siempre cubiertas por la niebla. © OlT
Ccota. Estos alumnos reciben instruc-
ción práctica y teórica diaria en las
bases del Programa.
Su entrenamiento no es intensivo
pero se procura imbuir en los alumnos
conocimiento higiénicos simples y efec-
tivos. Los futuros trabajadores auxi-
liares permanecen la mayor parte del
día en los centros médicos, adquiriendo
experiencia práctica que es luego com-
plementada con clases teóricas.

El camino
a Tambopata
Desde algunos años atrás, la cre-
ciente presión demográfica existente en
la región de Puno induce a numerosos
indígenas a emigrar en unos casos a la
costa sobre el Océano Pacífico, o hacia
el interior del país.
Se viene produciendo así un movi-
miento espontáneo y desarticulado que
amenaza crear múltiples problemas
económicos y sociales.
A fines de 1954, el gobierno del
Perú pidió al Programa Andino que le
sometiera un estudio sobre las posibili-
dades de canalizar y organizar esa
migración indígena a Tambopata, me-
diante la construcción de vías de
comunicación adecuadas y otras medi-
das necesarias.
El Programa destacó de inmediato
a un ingeniero de prestigio, quien efec-
tuó u n detallado estudio de los posibles
trazados de una carretera que uniría

Solo los mulos pueden t r a n s i t a r estas rutas


OIT
ásperas y peligrosas. ©

En las secciones fangosas del bosque hay


que c u b r i r las plataformas con traversas
de m a d e r a . © OIT
la región de Puno con el valle de Tambopata. Este informe fué presentado al
Gobierno del Perú con la oportunidad debida.
Tambopata es una región rica en posibilidades económicas. Un experto del
Programa Andino calculó que este valle podría producir en corto tiempo unos 100
mil quintales de café por a ñ o ; la industrialización de este producto proporcionaría
un considerable ingreso a los habitantes de la región y beneficiaría a la economía
del país en general.

Caminos peligrosos
La construcción de una buena ruta se hace tanto mas premiosa cuanto que las
sendas actuales son peligrosas y primitivas. Atraviezan parajes escarpados de la
Cordillera de los Andes para descender luego abruptamente a la jungla amazónica.
Es evidente que, en tales condiciones, las penurias que deben afrontar los actuales
migrantes son dramáticas.

Misión del Programa


A comienzos de 1957, el gobierno del Perú anunció su propósito de emprender
la construcción de una vía carretera de Puno a Tambopata y a otros valles sub-
tropicales de la región.
Como disposición complementaria, el gobierno encomendó a cuatro expertos del
Programa Andino un estudio de la situación en sus aspectos social y económico,
principalmente.

Los torrentes son vadeados usando medios p r i m i t i v o s . La selva comienza a tupirse. © OIT

61
Los expertos del Programa salieron de Puno en junio de 1957 e hicieron el re-
corrido hasta Tambopata, por el valle de Sandia. La misión estaba integrada por
expertos en salubridad, educación, asistencia social y agricultura.
Después de un estudio detenido de la región, la misión formuló cuatro recomen-
daciones esenciales: activar la construcción del camino; crear en Tambopata un
Centro de Fomento y Orientación de la colonización, encargado de ejecutar un pro-
grama de salubridad, educación, servicios sociales y extensión agrícola; establecer
un centro de salubridad en Puno, equipado con un laboratorio y Rayos X, para la
selección médica de los migrantes; y, finalmente, reservar tierras en el valle de
Tambopata para su concesión a los indígenas desprovistos de recursos.

El centro de San Juan del Oro


Como primera medida de realización práctica de estas recomendaciones, el
Programa creó, a mediados de 1958, un centro en San J u a n del Oro, en la región
tropical próxima a Tambopata. Este centro está integrado por un antropólogo, un
médico y un enfermero.
Los tres miembros de esta nueva sección del Programa, denominada de « Migra-
ción interna », partieron de Puno a mediados de julio, con dirección a Sandia. Aquí
debieron abandonar los vehículos que les conducían y concluir el trayecto Sandia-
San J u a n del Oro utilizando mulos. F u é un recorrido difícil y peligroso pues las
malas sendas bordeaban precipios profundos, en los cuales una caída sería probable-
mente mortal.
La importancia de estos servicios médicos en la región puede ser avaluada por
el hecho de que el médico fué asediado el mismo día de su llegada por numerosos
campesinos enfermos, en busca de curación o alivio. Es preciso recordar que no
existe ningún otro médico en esta zona. E n la actualidad, el médico del centro sólo
puede descansar los lunes en la tarde y su « clientela » aumenta de día en día.
Los pobladores de San J u a n del Oro recibieron jubilosamente al servicio médico
del Programa, y demostraron su interés de ayudar en forma práctica. Un edificio
fué puesto a disposición del Programa y le fueron otorgadas facilidades de todo
orden.

Estudios antropológicos
La sección antropológica del Programa Andino ha sumado su acción a la de las
secciones de Educación fundamental, Salubridad y Agricultura para efectuar un
estudio intensivo de los promotores sociales que fueron entrenados en diciembre
último en Camicache. Se investigó el tipo de trabajo que éstos efectuaban, o que son
capaces de efectuar, así como los métodos de selección y formación mas apropiados
para este propósito.
Los antropólogos han realizado breves estudios de regiones en los cuales se
tropezaba con ciertas dificultades, o en aquellas en las que se proyectaba iniciar
nuevas actividades. Gracias a sus recomendaciones ha sido posible fijar una nómina
de las comunidades mas apropiadas para ser incorporadas al Programa, teniendo en
cuenta los recursos de que ellas disponen, el interés demostrado por los campesinos
y las posibilidades de tiempo y personal. Así fué posible seleccionar unas siete nuevas
comunidades, en el segundo trimestre de 1958.

62
. fj " **Á*

%. .. ~^% *
BRASIL

ARGENTINA V
n Bolivia, el « Programa Andino » actúa en dos sentidos complemen-
tarios. En el altiplano, región situada a unos 3.800 metros sobre el nivel
del mar, intenta elevar las condiciones de vida y trabajo del indígena en
los lugares de arraigo ancestral de éste, mediante la introducción de
modernos métodos agrícolas, alfabetización y formación profesional y
la difusión de prácticas higiénicas y sanitarias. E s t a acción se desarrolla
a través de tres bases de acción: Pillapi, Playa Verde y Ota vi.
Sin embargo, juzgado con un criterio económico, el Altiplano boliviano es una
región superpoblada, cuyos recursos naturales actuales son quizá insuficientes para
proporcionar un adecuado nivel de vida a sus habitantes. Por ello, el « Programa
Andino » coopera con el gobierno de Bolivia en un ensayo de transplante de algunos
núcleos indígenas altiplánicos a las regiones orientales de Santa Cruz, más bajas, más
fértiles y menos pobladas.

64
Efl Altiplano
Pillapi se encuentra próxima a la vía férrea que une La Paz con los puertos de
Moliendo, en el Perú, y de Arica, en Chile. La estación de ferrocarril más próxima es
la de Tihuanacu, villorrio célebre por sus impresionantes ruinas de una civilización
pre-incaica.

El paisaje se caracteriza por una sucesión de colinas de suave declive. De trecho


en trecho algunos eucaliptos dibujan una mancha de color verde oscuro en un telón
de tonos sordos. Un bosquecillo más tupido anuncia, desde lontananza, la antigua
hacienda de « Pillapi », puesta a disposición del Programa por el Gobierno de Bolivia.
La Reforma Agraria, decretada en este país en agosto de 1953, al convertir a los
colonos en pequeños propietarios, hizo más urgente la necesidad de aumentar la
productividad de éstos.
E n un principio, los indígenas acogieron a los expertos con marcada suspicacia.
Por ejemplo, cuando se intentó reparar la casa de hacienda, creyeron que estos
trabajos presagiaban el inminente retorno de los antiguos patronos. Fueron indispen-
sables muchas explicaciones para convencerles de lo contrario. El Programa estaba
destinado a ayudarles, se les dijo.
— •< Si es así, será la primera vez que el hombre blanco viene a darnos y no a
despojarnos de algo », fué la respuesta.

65
Cuando se inauguró la base, los campesinos eludían visitar el dispensario médico
y los talleres, instalados en la casa de hacienda. La única actividad en la que mostraron
interés desde el primer momento fué en la de edificación de escuelas.
Poco a poco esta desconfianza fué disipándose a medida que el Programa comen-
zaba a mostrar resultados concretos. Ahora los campesinos están dispuestos a coo-
perar y el radio de acción de Pillapi, limitado inicialmente a seis comunidades,
abarca en 1958 más de treinta, con un total de unas veinte mil personas.

Quién es el farsante que la llamó «Playa Verde»?


En Playa Verde, la segunda base altiplánica, la situación fué diferente desde el
primer momento. Allí no fué necesario convencer a los campesinos sobre las ventajas
del Programa y ellos mismos solicitaron su implantación.
En enero de 1956, varios representantes de las agencias internacionales que
integran el Programa visitaron la región.
« El paraje está dominado por la silueta del ingenio minero -recuerda el Director
General Adjunto de la OIT. Edificios feos, a los que el abandono ha tornado aún más
lúgubres. Este valle incoloro, inundado de piedras, es siniestro. Algunos campesinos,
salidos Dios sabe de donde, acentúan con su aspecto astroso la impresión deprimente

La región de Pillapi
Lago Titicaca

Ferrocarril
Carretera principal
Carretera secundaria
de este lugar. Quien fué el farsante que la
llamó Playa Verde?»
Unos 150 a 200 campesinos que espe-
raban a la comisión expresaron en forma
casi unánime su anhelo de ver establecida
una base en Playa Verde. Todos mencio-
naron, en primer término, el deseo de
contar con una buena escuela y con buenos
profesores. Este anhelo por la educación
de los niiíos está profundamente arraigado
en las comunidades indígenas de Bolivia,
Ecuador y Perú.
La base de Playa Verde fué inaugu-
rada en octubre de 1956, en una ceremonia
llena de color. Dos dias antes de la fecha
fijada, los. campesinos comenzaron a llegar.
Algunos habían caminado durante cinco
días, desde lejanas comunidades, en com-
pañía de sus mujeres é hijos. E n el día de
la inauguración había unos mil quinientos
campesinos presentes, delegados por al-
deas y cooperativas de todo el departa-
mento de Oruro. La mayoría de las agru-
paciones portaban estandartes, en los que
estaban inscritos no sólo los nombres de
las propias comunidades, sino también el
de Playa Verde, como símbolo de interés y
lealtad al Programa.
Muy pronto la base de Playa Verde
amplió su radio de acción en cerca de
cincuenta comunidades, que comprenden
unas cuarenta mil personas. Algunas de
estas comunidades se hallan a más de 200
kilómetros de la base, en la frontera con
Chile o en los departamentos de Cocha-
bamba y Potosí. Esta labor del Pro-
grama se efectúa mediante promotores y
dirigentes indígenas, surgidos del seno de
las propias comunidades y formados en
Playa Verde.

Los peones de Otavi


La tercera base del Programa en el
altiplano está situada en Otavi, en las
proximidades de la legendaria mina de
Potosí.

« ... Deseamos escuelas, escuelas, escuelas...»


©OIT
En Pillapi los campesinos fueron inicialmente suspicaces y en Playa Verde,
cooperativos. En Otavi fueron simplemente inquisitivos y cordiales.
Refiere así el Director General Adjunto de la OIT su primer contacto con los
campesinos de Otavi:
—• « Contemplo por unos momentos este gentío compacto, las innumerables caras
que nos miran con atención y, de súbito, siento que mis fuerzas desfallecen. Me
apremian para que hable y no puedo. No puedo dirigirme a estos siervos de antaño

Casa típica de P i l l a p i . La p u e r t a es una simple perforación en una de las paredes y para


OIT
c u b r i r l a se usan telas. Las paredes son de b a r r o y cañas; el techo, de « paja brava » . ©
que, bajo el sol ardiente, se destocan
para escucharnos. Miro sus rostros,
que delatan humildad y curiosidad.
Y hasta se me antoja advertir en ellos
un vago temor.
— » De todas las reuniones a las
que asistimos durante este viaje, la
presente me parece la más extraña
y conmovedora... En esta región,
relativamente aislada, la sumisión
del indígena era más absoluta que en
otras que visitamos. Esto explica mi
impresión de que los demás campe-
sinos no pueden ser comparados con
los de Otavi. »
Pero estos campesinos, pese a su
El día que todas ellas puedan ¡r a la escuela..
aislamiento y a un pasado oscuro
y todavía reciente, tampoco eran
insensibles al progreso. Se percataron
pronto de los horizontes que el Programa puede abrir en sus destinos y, como sus
hermanos de Pillapi y Playa Verde, prestaron su cooperación decidida.
Los indígenas de una comunidad vecina a Otavi invitaron espontáneamente al
Director General Adjunto de la OIT para que visitara su escuela.
— «Allí nos esperaba una agradabla sorpresa, relata el Sr. Rens. La comunidad
entera estaba agrupada alrededor de su jefe, con todos los niños alineados en dos
filas, frente a la escuela. El edificio había sido construido por los campesinos, sin
ninguna ayuda exterior. La escuelita, pintada de blanco, lucía atractiva. Pero lo más
interesante eran los niños: estaban inmaculadamente limpios y portaban sus mejores
vestidos. El pequeño grupo trascendía a jabón. Cincuenta pares de los ojos más bellos
del mundo nos examinaban con curiosidad y cuando me aproximé me saludaron con

A y e r y hoy. U n a típica casa indígena y el nuevo t i p o de construcción I m p l a n t a d o por el


P r o g r a m a . Los antiguos aposentos carecían de ventanas. Sus techos eran presa fácil del
fuego. H o y las nuevas viviendas han incorporado la ventana con vidrios y el techo de tejas.
)OIT

?3^s*»il!s*!ɧ
«S^igWSS
La casa incendiada
« Una de mis preocupaciones —
refiere un e x p e r t o del P r o g r a m a A n -
dino — e r a el m e j o r a m i e n t o de las casas
de P i l l a p i . Había intentado diversos
a r b i t r i o s para convencer a los indígenas,
pero ninguno dio el resultado deseable.
« Cerca de Chivo ( c o m u n i d a d pró-
x i m a a Pillapi) una casa modelo per-
manecía sin ser concluida, debido a que
el f u t u r o dueño no m o s t r a b a interés en
h a b i t a r l a . A f o r t u n a d a m e n t e para nues-
tros propósitos se incendió una choza
perteneciente a una pobre f a m i l i a cam- La casa que se incendió en Pillapi. La dueña contem-
pesina de Pillapi. A q u e l l a t a r d e me pla desolada el desastre; dispersos en el suelo, sus
OIT
trasladé a ver el siniestro y estudiar humildes enseres. Era toda su fortuna. ©
las medidas de auxilio que podríamos
prestar.
« El h o m b r e y su f a m i l i a estaban desolados pues habian perdido no sólo su casa sino
t a m b i é n la m a y o r p a r t e de sus enseres.
— N o t e inquietes, dije al campesino. V a m o s a c o n t r u i r para t i , e n t r e todos, una casa
nueva.
» En efecto con la ayuda de los campesinos quedó edificada una nueva m o r a d a con dos
habitaciones, cocina a p a r t e y una l e t r i n a .
» Pocos días más t a r d e , aquel p r i m e r campesino antes renuente a t e r m i n a r su casa
m e expresó su deseo de concluir cuanto antes los trabajos. Dos campesinos más han venido
de otras localidades a pedir ayuda para construir sus nuevas casas. El e j e m p l o se e x t i e n d e ,
quizá si-demasiado r á p i d a m e n t e . »

V\

.•—**
\ >
^yéss»***,.
%S>£
un grito entusiasta. Pocas veces me han emocionado más los niños... E n cuanto a
limpieza podían compararse favorablemente con los escolares de mi propio país.»

Esas escuelitas indígenas...


Desgraciadamente, la situación no era la misma en la mayoría de las otras escuelas
campesinas del Altiplano.
E n Pillapi, por ejemplo, cuando el Programa Andino inició sus actividades, la
escuela era una casucha de 4 x 4 . 5 0 metros cuadrados. Los muros eran de tierra
apisonada y los cubría un rústico techo de « paja brava ». No existían ni ventanas, ni
servicios higiénicos; un estrecho agujero reemplazaba a la puerta.
Los niños, distribuidos en tres cursos que se sucedían durante el dia, debían per-
manecer largas horas sentados en el suelo. Disponían de poco espacio, porque la
casucha servía también como dormitorio, despensa y cocina del maestro. Pegados
contra los muros se veían algunos carteles para la enseñanza de la lectura cuyo texto
complicaido evadía la capacidad de comprensión de los pequeños indígenas. Tampoco
se contaba con tizas, lápices o cuadernos. E n cuanto a los pizarrones «eran unos
tablones apenas cubiertos de una capa de pintura negra, que torturaban los ojos de
los alumnos ».
Así, las demás escuelas de la región. La mayoría de los maestros eran improvisados
y su íüvel general dejaba bastante que desear; pero, ¿quien habría esperado eficiencia
en condiciones materiales tan adversas?

Seminario para los maestros


Al iniciar sus actividades en Pillapi, el Programa organizó un seminario para unos
veinte maestros de la región. Luego, un curso de alfabetización para alumnos adultos.
La asistencia no fué m u y numerosa, pero pudo advertirse la presencia de algunas
mujeres, indicio alentador por lo desusado en la región.
Algún tiempo más tarde estas mismas mujeres se agruparon para preparar el
desayuno y almuerzo de los escolares, utilizando la leche, mantequilla y queso
donados por la organización americana CARE. El combustible fué proporcionado por
las cooperativas establecidas en cada escuela; cada niño también aportaba diaria-
mente un trozo de leña y en algunos casos su ración de pan.
A fines de 1958 la situación ha mejorado visiblemente. Cinco escuelas de la región
cuentan con edificios modernos, con pisos de madera, amplias ventanas con vidrios y
techos de tejas multicolores de cemento. Algunas disponen de dormitorios para los
maestros. Los campesinos contribuyeron con material de construcción y mano de
obra gratuita. El Programa proporcionó el material didáctico y ahora los niños se
sientan en bancos de madera, construidos en los propios talleres de Pillapi. Además,
cada escuela dispone de u n pequeño taller de carpintería. H a s t a la fecha, más de
treinta escuelas y unos 50 profesores han sido incorporados a la jurisdicción de
Pillapi.
H a n sido adjudicadas a las escuelas unas diez hectáreas de tierras labrantías, que
son sembradas por los alumnos, ayudados por sus padres y maestros. El Programa
proporciona las semillas y material necesarios. E n 1957 fueron cosechados unos 75
quintales de patatas con cuyo producto se adquirirá una bomba hidráulica.

71
H a y que enseñar a leer
t a m b i é n a los adultos.
En Playa V e r d e se han
organizado cursos de
f o r m a c i ó n de instruc-
tores quienes, al volver
a sus comunidades, son
los mejores propagan-
distas del Programa.
©OIT

H a sido creada una pequeña biblioteca circu-


lante. La proyección quincenal de películas didác-
ticas e informativas, efectuada en cooperación
con el Servicio Interamericano de Información,
goza de gran popularidad entre los campesinos.
Los comentarios son difundidos en el idioma nativo.

Los talleres comunales


Gracias a un donativo de la American Fede-
ration of Labour h a sido posible equipar los ta-
lleres de mecánica, herrería, carpintería, electricidad
y reparación de motores de automóviles en Pillapi.
12 jóvenes campesinos seleccionados en las
comunidades vecinas siguieron un curso de forma-
ción profesional en estos talleres; a mediados de
1958 se crearon talleres comunales que estarán a
cargo de estos mismos becarios. Así la acción de
la base se extenderá gradualmente en las regiones
vecinas, utilizando a los propios indígenas. Se ha
dotado a estos talleres comunales de material que
Se ha progresado bastante, p e r o siempí
permitirá la fabricación y reparación de material
nibles. T a m b i é n escasea a veces el mat
agrícola elemental: forcas, rastrillos, hoces, tena-
carecen de recursos para procurárselo
zas, compases, implementos de labranza, cepillos,
mazos etc.
Con m u y contadas excepciones, los campesinos han aceptado con beneplácito la
creación de estos talleres comunales y son numerosos los pedidos recibidos para
establecerlos en zonas distantes de la base. En tres comunidades, por ejemplo, exis-
ten a la fecha otros tantos talleres de alfarería, montados por tres campesinos a
quienes el Programa envió como becarios a una escuela de cerámica en Cochabamba.
La instalación de talleres comunales tiene por objeto formar artesanos rurales
polivalentes capaces de construir, reparar y mantener las herramientas y maquinas

72
necesarias para las labores agrícolas, que a menudo se deterioran y pierden por
carencia de este tipo de servicio.

Los promotores locales de Playa Verde


E n Playa Verde se ha puesto énfasis en la formación de líderes y promotores
locales indígenas, como elementos indispensables para un contacto permanente y
fructífero con comunidades alejadas de la base.
E n 1957 se efectuaron ocho cursos con una duración de tres semanas cada uno.
La asistencia sobrepasó las espectativas de los organizadores: 144 jefes, represen-
tando a grupos importantes de 56 comunidades de los departamentos de Oruro,
Potosí y Cochabamba. Ademas, 95 jefes recibieron instrucción especial en un curso
en Chayanta, localidad alejada de la base. Se efec-
tuaron también dos cursos para mujeres, con
asistencia de 38 alumnas.
Estos cursos comprendían 20 horas de escri-
tura y lectura en español, 10 a 12 horas de agri-
cultura, ganadería, salubridad e higiene. 15 horas
estaban consagradas a temas generales como: Boli-
via en el mundo, problemas económicos y sociales
de Bolivia, instrucción cívica, utilidad de las coope-
rativas, deberes de los jefes, medidas para mejorar
la producción etc.
En corto tiempo, los cursos de Playa Verde fue-
ron conocidos en las más apartadas regiones del
departamento de Potosí. Cada día asomaban a la
base 10 a 15 visitantes, algunos de comarcas lejanas,
para observar lo que ocurría o para pedir su admi-
sión como alumnos. « P a r a todos los cursos — in-
formó el director de la base — existen mas candi-
datos que plazas disponibles. »
Muchas mujeres acudían con sus propios hijos,
caminando en algunos casos decenas de leguas. Su
pobreza contrastaba dramáticamente con su afán

hay más alumnos que plazas dispo-


rial didáctico. Los niños indígenas
la ayuda e x t e r i o r es indispensable. r»w£\- '^•ffl^l?'
Algunas de ellas cami-
naron centenares de
k i l ó m e t r o s para asistir
a las clases de econo-
m í a doméstica organi-
zadas en la base de
Playa V e r d e . © OIT
de superación. Cierta vez se organizó un
curso de costura en el que se intentó
enseñar a las indígenas cómo zurcir sus
vestimentas; pudo advertirse que
muchas de ellas solo disponían de aque-
llas que llevaban puestas y el ensayo
tuvo que ser suspendido por esa causa.
Sin embargo, la facultad de asimi-
lación y voluntad de aprender del
campesino andino son extraordinarios.

Cierto ayudante de cocina...

Un dia llegó a Playa Verde un indí-


gena proveniente de Sacaca comunidad
situada al norte de Potosi, a algunos
centenares de kilómetros. Nadie le había
invitado y tampoco estaba preparado
para asistir como alumno regular. Sólo
deseaba enterarse de lo que ocurría en
la base. No se reparó mucho en su pre-
sencia y se le instaló como ayudante de
cocina. Después de algunas semanas
desapareció tan silenciosamente como
había venido y nadie volvió a acor-
darse de él.
Meses más tarde, el director de
Playa Verde visitó Sacaca. Allí le espe-
raba una sorpresa: habían sido construi-
dos ocho kilómetros de nuevas carre-
teras, una nueva escuela y creadas tres
cooperativas. Nueve alumnos recibían
clases diarias en lectura y escritura.
¿Quien era el promotor de este progreso ?
¿ Quien actuaba como maestro ? El anti-
guo ayudante de cocina!

Equipo donado por Suecia


E s interesante, asimismo, advertir
cómo el equipo de maestros y alumnos
de Playa Verde influye en la menta-
lidad de los campesinos. Muchos, que
provienen de remotas aldeas son taci-
turnos y tímidos en sus primeros con-
tactos con la gente de Playa Verde.
Este comportamiento cambia progre-
sivamente. Algunas semanas más tarde
ya no temen hablar, inclusive en un
español balbuceante. Luego, de retorno
a sus comunidades, son los mejores
propagandistas del Programa.
Por lo general, cuando el equipo
de Playa Verde visita una comunidad,
los proiQotores locales formados en
la base han tomado y a las disposi-
ciones necesarias para acelerar la vacu-
nación c.e los campesinos, convencerles
de aceptar las sugestiones para mejorar
sus métodos de labranza etc.
En los últimos meses llegó a Playa
Verde el equipo para formación arte-
sanal donado por las asociaciones de
empleadores y trabajadores de Suecia.
Estas herramientas y maquinas per-
mitirán acelerar la formación de los
promotores locales. Funcionan ya los
talleres de carpintería y mecánica y un
indígena., después de dos meses y medio
de aprendizaje, es ya apto para manu-
facturas puertas, ventanas y bancos.

14 nuevas escuelas
Los cursos en la base son comple-
mentados mediante visitas periódicas
a las comunidades de la zona.
Con la colaboración directa o indi-
recta del Programa, en 1957 fueron
construidas catorce nuevas escuelas y
doce salas comunales; dos pequeñas
fábricas de ladrillos, dos sistemas de
regadío y setentiseis kilómetros de
carreteras. Además, se crearon pequeñas
bibliotecas en once comunidades.
E n 1958, la zona de Playa Verde
cuenta con 37 escuelas, en las que reci-
ben educación 1.650 niños indígenas.
E n Otavi los progresos han sido
relativamente más lentos. Funciona
actualmente una escuela con 60 alumnos
y otras 5 escuelas han sido incorporadas
Estas son las nuevas escuelas que comienzan a aparecer en el altiplano. El ejemplo
tendrá que ser multiplicado para que ejerza realmente un impacto en la vida del indígena.

al radio de acción de la base. A fines de 1957 se iniciaron cursos de castellano,


con asistencia de 39 alumnos, algunos de 9 años de edad y otros de más de 50 años.
H a n sido creados dos pequeños talleres de carpintería y mecánica con asistencia
de doce alumnos designados por las cooperativas de campesinos.
L a zona de influencia de esta tercera base del Programa Andino en el altiplano
se extiende actualmente a seis ex-haciendas y a dos comunidades indígenas, entre
ellas la de Calcha, de la que provienen los grupos demográficos trasladados a Cotoca.

El eterno fantasma: la sequía


Al igual que en el Perú, dos años de sequía tuvieron como secuela cosechas exi-
guas apenas suficientes para cubrir el sustento mínimo de los campesinos. No hubo
semillas y numerosas familias indígenas emigraron a las ciudades.
P a r a aliviar la situación en Pillapi, el Programa Andino adquirió unos 200
quintales de semillas de papas y 25 de cebada, las mismas que fueron distribuidas
en calidad de préstamo. Se destinaron 80 hectáreas para demostraciones agro-
pecuarias utilizando implementos mecanizados, insecticidas, abonos etc. Se pro-
curó inculcar en los campesinos el hábito de construir defensas contra la erosión,
silos etc. que permitirán, en el futuro, aliviar situaciones como la producida
durante los últimos años de sequía.
Campesinos de muchas comunidades alejadas fueron invitados a presenciar
estas demostraciones. E n la región de Copajira, por ejemplo, existe un grupo de
estudiantes de 30 comunidades, bajo la dirección de religiosos. Estos futuros maestros
rurales reciben clases prácticas semanales en Pillapi.

76
Se han efectuado esfuerzos para buscar variedades más productivas de patatas,
quinua, maiz, cebada, trigo y alfalfa, de ciclo vegetativo corto, resistentes a la
sequía, a las plagas y a las enfermedades.
E n algunos casos los resultados han sido satisfactorios. Una cooperativa que en
1956 había recogido 35 quintales de papatas logró cosechar 190 quintales en 1958,
gracias a estas mejoras. En conjunto, la cosecha de mayo de 1957 fué superior a las
de años anteriores.

Aumentos de 400%

E n Playa Verde, diez comunidades pudieron en 1957 ofrecer en venta parte de sus
cosechas y las áreas sembradas en 1958 son tres veces más extensas que en 1957. La
cosecha en siete comunidades próximas a la base fué diez veces superior a la de 1957.
El aumento en toda la región de Playa Verde es 400 a 500% superior a la producción
existente antes de la creación de la base. Por ejemplo, se vendieron lechugas por un
total de más de 11 millones de bolivianos, suma considerable en relación con la
economía del campesino. También en esta base han sido creadas cooperativas para la
crianza de aves de corral y de conejos.

La nueva escuela de Chivo, cerca de Pillapi. Los techos son de tejas m u l t i c o l o r e s , los pisos
de m a d e r a y los ventanales con vidrios. Así llega al progreso a los pequeños campesinos.
©OIT

77
En enero de 1958, las cooperativas de tres comunidades de la región de Pillapi
adquirieron 840 cabezas de ganado ovino y 15 sementales « Corriedale». Además,
para mejorar el ganado porcino se han comprado 8 reproductores « Poland china »,
proporcionados por la base de Cotoca, en Santa Cruz.
Para controlar las enfermedades parasitarias del ganado han sido construidos
baños antisárnicos en Pillapi y se procedió a la inmunización del ganado.
No fué muy fácil convencer a los campesinos sobre la urgencia de estas precau-
ciones, apegados como estaban a prejuicios ancestrales. Sin embargo, en la actualidad,
vistos los resultados (desaparición de la sarna, por ejemplo), su cooperación es amplia.

Crédito agrícola
Los expertos de la base de Playa Verde colaboraron con el Crédito Agricola
Supervisado (Punto IV) para explicar a los indígenas las ventajas y empleo del

Se ha enseñado a los indígenas cómo desinfectar sus animales, cómo c o m b a t i r las plagas.
Los resultados han sido halagadores y la respuesta de los campesinos, i n m e d i a t a . A h o r a
OIT
acuden al P r o g r a m a en busca de consejo y de ayuda para m e j o r a r su ganado. ©
La regí(5n de Playa Verde

crédito. Algunas cooperativas así como ciertos indígenas, a titulo privado, han solici-
tado préstamos para la compra de semillas, insecticidas, animales de labranza etc.
E n Otavi, siempre con la ayuda del Crédito Agrícola Supervisado se ha organi-
zado una cooperativa agrícola.

Para combatir la tuberculosis


Las observaciones médicas efectuadas en Pillapi delatan u n a alta prevalencia de
tuberculosis: 40 casos en una población examinada de 3.000 habitantes. Se advirtió
también un estado endémico de desnutrición.
El Programa Andino inició una campaña a base de los alimentos donados por
CARE, Uís'ICEF. E n 1957 fueron distribuidas más de 60 mil raciones de artículos
proporcionados por C A R E : mantequilla, queso, leche en polvo etc. a los niños
en edad pre-escolar, a los escolares, a las mujeres grávidas y a las madres. Se estableció
el desayuno escolar y se proyecta fundar un lactario.
Existe en Pillapi un dispensario médico con algunas camas y material clínico y
quirúrgico indispensable. E n 1958 fueron vacunadas más de dos mil personas contra
la viruela, la coqueluche, la difteria y tétanos. Además, han sido establecidas postas

79
sanitarias en cuatro comunidades vecinas, a las que los enfermos acuden una vez por
semana. E l campesino comienza a perder su temor al médico y utiliza en forma cre-
ciente los servicios del Programa. A fin de introducir el hábito — hasta ahora desco-
nocido en el altiplano andino — de considerar los gastos en la conservación de la
salud como un capitulo normal de los egresos, el Programa cobra pequeñas sumas a
los campesinos por los medicamentos que les proporciona.
Los servicios de asistencia social cooperan con esta acción médica. Cuatro alumnas
de la Escuela de Servicio Social de La Paz permanecieron durante algunos meses en
Pillapi y su labor fué útil t a n t o para su propia formación profesional como para el
Programa. Sus visitas a los hogares campesinos se tradujeron en algunos pequeños
progresos en el comfort: construcción de chimeneas, apertura de pozos p a r a la pro-
visión de agua potable, mayor aseo en las habitaciones, formación de clubs de niños
para la práctica de los deportes etc.
E n Playa Verde un antiguo depósito ha sido habilitado como clínica y hospital y
cuenta con una sala de espera, un consultorio y un dormitorio con espacio para dos o
tres camas. También se han efectuado campañas de vacunación contre la viruela y
la difteria. Aquí, en Pillapi y en las demás bases fueron utilizados los antibióticos
donados por el Gobierno de Bélgica.
Los servicios médicos comienzan a ser organizados en Otavi, con la ayuda del
Servicio Cooperativo Interamericano de Salubridad Publica (SCISP).
Las actividades del Programa relatadas en las páginas que anteceden tienen por
objeto elevar el nivel de vida de los campesinos altiplánicos en el seno de sus proprias
comunidades, o sea en el lugar de su ancestro. Estas labores poseen esencialmente
un valor de demostración y de formación. De demostración porque permiten señalar
a los indígenas la forma como pueden mejorar sus condiciones de existencia; y de
formación, porque se han multiplicado los cursos destinados a formar instructores
que pueden, a su vez, comunicar sus proprios conocimientos a los demás indígenas.
Los expertos tienen la consigna de extender el radio de acción de las bases hasta las
más alejadas comunidades y las zonas cubiertas son y a apreciables. También se ha
otorgado cuidado especial a que estas demostraciones se efectúen por medios simples,
poco costosos, al alcance de los indígenas.
Pero, es preciso reconocer que, en gene-
ral, las tierras altas no poseen una gran
calidad. El altiplano boliviano es — econó-
micamente considerado — una región
superpoblada que contrasta con la zona
oriental, más baja, más fértil y menos
densamente habitada.
E s t a zona oriental presenta por lo t a n t o
inmensas posibilidades de colonización,
que hasta la fecha no han sido utilizadas.
Apoyado en tales consideraciones, el
Programa Andino efectúa actualmente un
ensayo de colonización de la región orien-
tal con indígenas provenientes del altiplano
andino. Ese es el origen de la base de Cotoca,
cuya historia se relata a continuación.

80
Camino al oriente boliviano. Las últimas estribaciones de los Andes han sido dejadas atrás
y comienza a extenderse la llanura más fértil. Una nueva vida se anuncia para los colo-
nos que han abandonado sus tierras en el altiplano para establecerse en el oriente del país.

Cotoca
El altiplano está vinculado con la región oriental mediante una línea férrea que
desciende^ a la ciudad de Cochabamba, situada en un valle de clima templado. A
su vez, Cochabamba está ligada con Santa Cruz, capital del oriente boliviano, gracias
a una espléndida carretera.
Ciudad semitropical de 50 mil habitantes, Santa Cruz posee una marcada fisono-
mía española: casas de un solo piso, con muros blanqueados; calles con portales y
altas aceras; ventanas ornadas de rejas y flores. De tarde en tarde se recorta por
sus calles polvorientas la silueta de un jinete o de una caravana de bueyes de paso
tardo, tirando unos pesados carretones de madera.
La población cruceña es en su mayoría de raza blanca y delata su ancestro
español: es jovial, facunda, en marcado contraste con el indígena altiplánico, reservado
y silencioso.

¿ Por qué Cotoca ?


A 25 kilómetros de Santa Cruz se halla Cotoca, población situada a unos
300 metros sobre el nivel del mar.
Sus cuatro o cinco calles agrupan unas ciento cincuenta casas. El camino que
la une con Santa Cruz es impracticable en la época lluviosa y los camiones emplean
a veces un día entero para recorrerlo.
Previo un cuidadoso estudio de la región cruceña, se decidió fijar en Cotoca la
primera base del Programa Andino en el oriente boliviano.
¿Por qué Cotoca?
La región de Santa Cruz presenta una alternabilidad continua de bosques o
« monte » con pastizales o «pampas». Es el punto de choque de altas y bajas tem-

81
Como primeros colonos fueron elegidos los campesinos de Calcha, habituados a migrar tem-
poralmente al norte de la Argentina y contratarse como «braceros» en las plantaciones.

peraturas, de la humedad abundante con la sequía, de la selva del norte con la


pampa del sur. En los bosques predominan los buenos suelos y en la pampa los malos, <
aunque esta regla presenta no pocas excepciones.
Para este primer ensayo de colonización fueron desechados los bosques porque
constituyen un medio ambiental básicamente distinto del altiplano y por lo tanto
inadecuado para un tipo de migración proveniente de esta región.
Cotoca es una « pampa » próxima a la región boscosa, característica propicia para
que los colonos se familiaricen con las diversas clases de suelos existentes en la
región.

Nidos de águilas
Las asistentas sociales visitaron en repetidas ocasiones los campamentos mineros
y las pequeñas comunidades indígenas del departamento de Potosí, para hacer una
selección adecuada de migrantes.
— «Yawisla, Chalavi, Huaycaya, La Lava, Cuchi-ingenio, Chachacaya, Sorj-
machi, Yascapi — nidos de águilas colgados al filo de las montañas en cuyos pro-
fundos cañones serpentea un torrente — perdidos en alguna pampa barrida en toda
estación por veintos helados... Las visitas nos conducían a una veintena de loca-
lidades diferentes, donde éramos acogidas siempre por las mismas miradas, primero
grávidas de inquietud, tranquilas y confiadas después délos encuentros iniciales... »
— recuerda una asistenta social.

82
Los campesinos de Calcha
Como primeros grupos de emigración fueron seleccionados campesinos quechuas
de Calcha, comunidad situada a unos 3 mil metros de altura en el altiplano andino;
después fueron agregados algunos obreros mineros de Oruro y Potosí.
No faltaron escépticos que afirmaron que los indígenas aymarás y quechuas no se
adaptarían al nuevo ambiente, extraño a sus costumbres ancestrales.
Se eligió a los calcheños porque estos campesinos poseen hábitos migratorios
desde tiempos remotos. Durante la época « muerta » de las labores agrícolas, confían
a las mujeres el cuidado de sus hogares y se dirigen sea a los valles vecinos a trocar
el producto de sus tierras, a las minas del sur de Bolivia o, en algunos casos, a las
plantaciones de caña de azúcar de la Argentina.
En cuanto a los mineros migrantes, muchos de origen campesino, se cuidó que la
mayoría de ellos contara con cierta experiencia en labores agrícolas.
A fines de julio de 1955 se organizó el primer viaje.
Fueron escogidos colonos de 18 a 30 años de edad, no afectados por enfermedades
transmisibles, en especial la tuberculosis, ni de cardiopatías, afecciones renales,
anemias y otras enfermedades susceptibles de aumentar la fatiga del organismo
humano. Se inmunizó a los colonos contra la viruela, la tos ferina, la fiebre tifoidea,
los tétanos y la fiebre amarilla.
El primer grupo sumaba 25 hombres, 4 mujeres y 3 niños. Le sucedieron otros
grupos el último de los cuales llamado el de «mineros » llegó a Cotoca en febrero
de 1956.

Problemas de adaptación
La adaptación del hombre andino a la zona semitropical y tropical presenta
diversos problemas de orden médico y psicológico.
El organismo humano habituado a alturas superiores a 3 mil metros, al clima
frío y a las grandes diferencias de temperatura entre el día y la noche, debe adaptarse
paulatinamente al clima tropical. La fatiga y la tuberculosis son dos amenazas
durante esta etapa inicial.
En Cotoca las horas de trabajo fueron reglamentadas teniendo en cuenta estas
circunstancias. Las labores comenzaban a las 5 o 6 de la mañana, según la estación,

Cordillera de los Andes

83
La v e s t i m e n t a ha sido aligerada; la coca
y el alcohol, desterrados. N i un solo colono
tuvo que v o l v e r al altiplano por causa de
enfermedad y al cabo de algunos meses, todos
ellos habían a u m e n t a d o de peso, gracias a la
buena a l i m e n t a c i ó n . ©OIT

U n a p a r t e de los colonos fué destinada a la
construcción d e sus propias viviendas. O OIT
T
Se fabricó lechos de dos camas para alojar
OIT
a los colonos venidos del altiplano. ©

y se prolongaban hasta el mediodía. La


tarde era empleada para dictar clases de
alfabetización, el recreo, labores domésti-
cas y culturales.
La ración alimenticia era apropiada
para hombres en trabajo intenso: 3.500
calorías diarias. Poco a poco fueron susti-
tuidos los alimentos típicos de la zona de
origen (patatas, maiz, quinua) con aquellos
propios de la zona de colonización (yuca,
arroz etc).
Se obtuvo el auxilio de CARE para el
suministro de leche, mantequilla y queso.
E n el primer semestre de 1956 fueron
distribuidas más de 26 mil porciones.
P a r a evitar la uncinariasis se impuso
el uso obligatorio del calzado. Fueron

84
cavados tres pozos artesianos utilizando el equipo
donado por las Naciones Unidas y así los colo-
nos dispusieron de agua fresca y filtrada. Se
emplearon repelentes y antibióticos para com-
batir la piodermitis y las infecciones.

Problemas psicológicos
Paralelamente con estas actividades, fué
preciso prestar atención cuidadosa al problema
de adaptación psicológica de los colonos al
nuevo ambiente.
Muchos de los campesinos se habían separado
de sus familias y a veces se dejaban percibir los
efectos de esa ausencia.
« Vivíamos — recuerda la asistenta social —
en medio de las personas de quienes debíamos
ocuparnos. Las reuniones, las visitas a los colo-
nos se prolongaban a veces hasta las nueve o
diez de la noche. Pero era en los sábados en la
tarde o domingos, cuando no había excursiones
o fiestas improvisadas, que afloraba la nostalgia
y aparecían las quejas. Cuantas veces he escu-
chado :
» — Señorita. Quiero volver.
» Había que esforzarse por conocer las razones,
el pretexto o las causas verdaderas...
» A las cinco y media de la mañana hay que
controlar' la partida de los hombres al trabajo.
No falta nadie a la lista ? H a y algún enfermo ?
Debe descender del camión el pequeño Abraham,
de siete a.ños de edad, que insiste en ir el trabajo
con su padre ?
» Dos jóvenes campesinos, aprovechando unos
minutos libres, me confían que tienen necesi-

Los colonos aprenden nuevos oficios. Ya se han


formado tractoristas, albañiles y carpinteros. © O I T

En Santa Cruz hay madera en abundancia. La


maquinaria donada por los empleadores y trabaja-
dores belfas permite utilizarla para construir las
viviendas de los colonos y fabricar algunos muebles.
© OIT
dad urgente de enviar 5.000 pesos bolivianos a su hogar. H a n economizado esa
suma, pero cómo hacerla llegar a destino? »
Y así, día tras día.
E n 1956, por ejemplo, las cosechas en el altiplano fueron desastrosas. Ciertos
colonos preocupados por la suerte de sus familias obtuvieron autorización para
trasladarlas al oriente. Cupo a las
asistentas sociales la tarea de orga-
nizar el viaje desde Potosí hasta
Santa Cruz, labor que requirió no
pocos esfuerzos.

El grupo de «zampoñaris»
La músico probó ser un medio
eficaz para acelerar la adaptación de
los colonos.
E l indígena altiplánico posee una
aptitud musical innata. Imita con
facilidad cualquier sonido y su
justeza de tonos es admirable. Cons-
truye unos instrumentos de viento
llamados « zamponas », fabricados
con cañas huecas de longitud diversa
y entrelazados con cáñamos. Un
grupo de unos doce « zampoñaris »
lleva la melodía; el tambor y el
bombo ajustan el ritmo.
Entre los colonos existían varios
«zampoñaris », lo cual dio la idea
de organizar una orquesta, para ali-
viar los momentos de soledad.
Un día en que el equipo de fút-
bol de la colonia debía jugar con
otro integrado por cotoqueños,
alguien tuvo la idea de amenizar el
espectáculo con la orquesta de«zam-
M a q u i n a r i a donada por los trabajadores de
ponas ». No fué tarea leve el con-
la República Federal de A l e m a n i a . Otros
vencer a los « artistas », aterroriza-
paises europeos t a m b i é n han c o n t r i b u i d o con
dos ante la perspectiva de caer en
diversos donativos de equipo al P r o g r a m a .
ridículo ante los cotoqueños, para
quienes las « zamponas » eran instru-
mentos desconocidos.
Sin embargo, el éxito fué sensacional. Desde entonces la popularidad de los
« zampoñaris » se acrecienta de día en día y son invitados a participar en gran número
de fiestas en la región. « Ahora lo difícil es convencerles de que dejen de tocar »
— comenta un experto.

86
La vivienda

E n u n comienzo, el problema de la instalación de los colonos fué resuelto alqui-


lando algunas casas en la aldea de Cotoca. Una fracción de los campesinos se abocó
de inmediato a construir las viviendas para el futuro campamento, mientras u n
segundo grupo se consagraba a la-
bores agrícolas.
El Programa emprendió la cons-
trucción de dos aldeas: El Cam-
panero y La Enconada.
Hacia mediados de 1958, 29 casas
habían sido concluidas y 50 estaban
en construcción. Son inmuebles espa-
ciosos, ventilados, con servicios higié-
nicos y algunos muebles. Además,
cada casa está rodeada de terreno
adecuado para cultivos de hortali-
zas y crianza de aves de corral.

El Campanero cuenta actual-


mente con una escuela y un hospital
con unas: diez camas. La Enconada
h a emprendido, gracias a un dona-
tivo del gobierno de Bélgica, la edi-
ficación de un centro comunal que
agrupará., aparte de una escuela, una
sala para la cooperativa, un dis-
pensario médico, un salón de fies-
tas y talleres de formación pro-
fesional.
Estos talleres han sido equipados
merced a donativos de organiza-
ciones de empleadores y trabajadores
belgas. Entre el material obsequiado
figura una máquina para fabricar
ladrillos que presta útiles servicios
La escuela de El C a m p a n e r o cuenta este año
para las construcciones del Pro-
con dos clases, una con 14 alumnos y o t r a con
grama en la región. Algunos colo-
16. Se produce un boletín mensual y un perió-
nos han aprendido a manejar trac-
dico m u r a l para los colonos y sus familias.
tores. Otros son ya carpinteros o
albañiles.
Un pequeño periódico editado por el personal del Programa Andino informa
regularmente sobre las actividades de la colonia.
La escuela de El Campanero funciona normalmente y en el primer trimestre de
1958 contaba con unos treinta alumnos.

87
Alfabetización de los colonos

El porcentaje de analfabetos entre los colonos era relativamente elevado. Se


empezó a alfabetizarles mediante una cartilla «Vamos al Oriente » editada por los
maestros del Programa y adaptada a las circunstancias. Pedro, el protagonista, relata
su vida anterior en el altiplano, las penurias que sufría para mantener a su familia;
luego expresa su alegría por el cambio de ambiente y sus anhelos de progreso.
En febrero de 1956 se inició un plan de educación fundamental, con atención
individual a cada campesino. Las actividades recreativas facilitaron la castellaniza-
ción de los colonos. Adoptando como base las palabras de uso corriente en los juegos
y deportes, se impuso su empleo con carácter obligatorio durante las prácticas
deportivas. Así los colonos enriquecieron su vocabulario con unas cien palabras.
« En vísperas de nuestra partida — recuerda el Director General Adjunto de
la OIT •—• fuimos a visitarles a su centro de recreación, fundado gracias a la iniciativa
de la asistenta social de la colonia, cuyas buenas relaciones con los Padres Maryknol J
le permitieron obtener de éstos la sala de un convento.
» Encontramos una cincuentena de campesinos, dispersos en grupos. Unos jugaban
al ajedrez o a la damas. Dos muchachos ensayaban sus aptitudes en el ping-pong.
Otros leían. '
» Al fondo del salón apercibí una escena emocionante. Sobre un banco, seis indígenas
adultos rodeaban a un simpático rapaz de ocho o nueve años, hijo de uno de ellos.
El maestro de la escuela se esforzaba por enseñarles a leer.
» No olvidaré fácilmente ese cuadro, al fondo de la sala rústica, mal alumbrada.
Seis hombres y un niño que, penosa, laboriosamente se empeñaban en descifrar los
misterios de la escritura... »

La buena tierra <

La construcción de viviendas provocó en forma inevitable un ritmo lento en las


tareas agrícolas, debido a que gran número de colonos debían consagrar la mayor
parte de su tiempo a los trabajados de edificación.
Sin embargo, el número de hectáreas cultivadas aumentó de 33 en 1956 a 83 '
en 1958. Se ha sembrado maiz, yuca, arroz y habichuelas. Ha sido instalado un al-
macigo de frutas cítricas: naranjas, toronjas y mandarinas.
También se han efectuado los primeros ensayos en la crianza de ganado. Fueron
adquiridos reproductores del tipo « Poland-china » y el número de cerdos se acrecentó
rápidamente. Se ha iniciado también un experimento en la crianza de ganado ovino.
Aparte de la porción de tierra concedida a cada campesino a título individual, la
colonia cuenta con campos que son explotados colectivamente.
« Por todos lados la tierra está labrada y las plantas comienzan a germinar
— relata el Director General Adjunto de la OIT. Sobre algunos campos, muy extensos
por lo demás, el maiz llega hasta nuestras rodillas... Me asalta una viva alegría al
ver esos campos magníficos, bien trabajados, mientras que alrededor se extienden
las pampas salvajes. »

88

En Cotoca desapareció un mito: el de que el indígena rehuye el baño. Esta escena, exó-
tica en el altiplano, se produce en el oriente cada día. El clima es el factor decisivo. © O I T
A
La f a l t a de viviendas fué uno de los problemas más graves que tuvo que a f r o n t a r el Pro-
g r a m a . Su conclusión significaba que las familias de los colonos podrían reunirse a éstos.


Las nuevas casas se construyen de modo que los colonos puedan disponer de a l o j a m i e n t o
decoroso. La vivienda es solida, a m p l i a y bien v e n t i l a d a . T a m b i é n se provee m o b i l i a r i o .

« A un momento dado mi atención es atraída por la presencia de algunos indígenas.


Pregunto al más viejo:
— Eres calcheño o minero?
— Ni lo uno ni lo otro, me reponde. Venimos de una región próxima a la frontera
con Chile, en el altiplano. Allí nuestras tierras son m u y pobres. La gente de mi
comunidad h a oído hablar de estas regiones fértiles que estarían disponibles para
nosotros. Hemos sido enviados para examinar si es posible establecernos aquí.
» Y abrazando el campo con u n a mirada ávida, me dijo con fuerza:
— Queremos venir aquí. Cien familias están dispuestas a trasladarse de in-
mediato. Somos campesinos y conocemos el valor de la tierra. Le ruego aceptarnos
en la colonia.
— Dejadnos adelantar nuestros trabajos, respondo. Venid cuando estemos
en condiciones de alojaros. »

Los primeros resultados


La base de Cotoca ha permitido ya obtener algunas experiencias de valor.
Desde luego, ha demostrado que los indígenas del altiplano pueden ser trasladados
al oriente sin peligro para su salud. Las ñchas médicas de los colonos, algunos de
los cuales viven en Cotoca desde hace tres años muestran, en conjunto, que ellos
gozan de buena salud.

90

Los niños contribuyen a la manufactura de los bancos para la escuela, a la que t a m b i é n
asisten los hijos de los pobladores originarios de la región.


Se ha t e r m i n a d o el t a l l e r mecánico de La Enconada y se u t i l i z a la m a q u i n a r i a donada por
las organizaciones de empleadores y trabajadores belgas. A fines de 1957 se iniciaron
cursos nocturnos de f o r m a c i ó n profesional, con 29 alumnos.

Además se viene probando que es posible colonizar el Oriente con indígenas


andinos y que el proceso de adaptación de estos es menos penoso de lo que se
temía.
Al cabo de cierto tiempo, los campesinos adoptan las modalidades y costumbres
del nuevo ambiente. Los colonos de Cotoca han desterrado el pesado « poncho » de
lana y se visten con camisas y pantalones de kaki, más adecuados al clima. Las
mujeres comienzan a imitar el atuendo de las airosas « cruceñas ».
Los hábitos alimenticios también se han transformado. E n Cotoca los campesinos
comen más y mejor que en el altiplano. Fenómeno interesante: han abandonado
el hábito de masticar coca y el alcoholismo se ha reducido a una proporción insig-
nificante.
Otra comprobación digna de estudio es la relativa al baño higiénico. Contra lo
que se cree, el indígena altiplánico no es reacio al baño. Son las condiciones climaté-
ricas existentes a más de 3 mil metros de altura — frío intenso y carencia de agua
temperada — las que limitan o impiden las prácticas higiénicas.
E n Cotoca, región calida y con agua abundante, los indígenas no sólo no rehuyeron
el baño diario sino que lo incorporaron de inmediato entre sus hábitos.
Su propio temperamento muestra signos de evolución. Ya no son los seres tímidos
y reservados de antaño. Se ha producido una eclosión en sus espíritus y ya saben
reir y ha.blar sin represiones.

91
E s evidente que el limitado número de colonos (227 personas en marzo de 1958)
confiere al proyecto de Cotoca un valor sobre todo experimental. Pero no es menos
cierto que las enseñanzas adquiridas en este tiempo servirán de base indispensable
p a r a cualquier intento en mayor escala que los gobiernos decidan emprender en el
futuro.

La yuca, las bananas, el arroz han reemplazado a las patatas y a la«quinua». Todos los
colonos ganaron peso al cabo de unos meses de permanencia en Cotoca. Ninguno debió vol-
ver al altiplano por motivo de enfermedad y su estado general de salud es muy satisfactorio.
©OIT

92
El futuro del Programa Andino

^'#ft«ijplK.¡i(i.

"«PiíS*' —

':ÍJSÍ1*V,- ' 7 » « * * v L . í¡S(H'HC£*i- - «t***t


R¿ !TV£SÍÍ¡ os capítulos que anteceden muestran la importancia que el Programa
Andino confiere al incremento de la producción agrícola y a la formación
profesional de los indígenas del Ecuador, Perú y Bolivia. Este empeño
alcanzará tanto más éxito cuanto que él se aplica a personas que reciben
í l " U L ! fi! simultáneamente instrucción primaria adecuada. De ahí los esfuerzos
por multiplicar las escuelas y perfeccionar el bagage pedagógico de los
maestros rurales.
Paralelamente, el Programa Andino procura — como se ha visto — mejorar las
condiciones de vivienda, de alimentación y de salubridad de los campesinos.
Puede afirmarse que el Programa Andino actúa simultáneamente sobre todas las
condiciones de existencia de las poblaciones indígenas, en u n enfoque integral del
problema.

Dos proyectos diferentes

E n t r e los proyectos, dos se diferencian de los demás: Tambopata, en el Perú;


y Cotoca, en Bolivia.
El proyecto de Tambopata está' en sus comienzos. Actualmente se halla en vías
de construcción el camino que vinculará la región aledaña al Lago Titicaca con el
valle de Tambopata. E s t a carretera tendrá como consecuencia natural la intensifi-
cación de las corrientes migratorias del altiplano a la región amazónica, así como
el acrecentamiento del intercambio comercial entre las dos zonas. Como primera
medida tendiente a precautelar la salud del campesino migrante, el Programa
acaba de inaugurar un centro médico en San J u a n del Oro, localidad intermedia
entre Sandia y Tambopata.

« Estoy profundamente convencido de que si se da a los indígenas una oportunidad...


podrán producir individuos de alta cultura, comparables a los mejores elementos de las
naciones más civilizadas .»

¡S>***»-

n&
'••'¿K0 110

»jtk$**~"~ ~r"

. js*m ',fa,*~
•j-w -.íjÉ^r-'

Bolivia labora sólo el 2 % de sus t i e r r a s cultivables; el Ecuador, 8 , 5 % ; y el Perú 11 %. Los


tres gobiernos están convencidos de que con asistencia internacional en m o n t o adecuado
podrán habilitar a los indígenas a p a r t i c i p a r en m a y o r escala en la vida económica nacional.
© E. Schwab

El centro de Cotoca, en Bolivia, constituye un ensayo de colonización que, en


caso de éxito, puede señalar el camino para modificaciones de largo alcance en la
estructura económica y social de las naciones andinas.
Ya se ha referido que cada una de ellas se caracteriza por una sobrepoblación
relativa de los yermos altiplánicos o de la sierra contrastada por una escasa densidad
demográfica en las fértiles planicies o bosques que bordean o integran la hoya ama-
zónica.
Si se logra dar contenido económico a esas tierras utilizando el excedente de las
poblacion.es indígenas del altiplano y la sierra, se habrá conferido a los países andinos
un. armazón económico y social más equilibrado, al asegurar una vida decorosa a
poblaciones que viven al presente en condiciones precarias.
Sin embargo, la utilidad práctica de experiencias como la de Cotoca será exigua, si
ella no puede ser multiplicada. Es posible que las inversiones de capital indispensables
para una amplia política de colonización superen los recursos que los gobiernos puedan

95
L

<¡ei * v í
tflft?

•|ü¿á 1

-¡*á«lfesi>r*
destinar a este objeto. E n tal caso, los gobiernos tendrán que estudiar la conveniencia
de solicitar una ayuda internacional más sustancial.

Apoyo de los indígenas


En el Altiplano el Programa ha encontrado el apoyo y a veces la colaboración
activa y desinteresada de los propios indígenas. Numerosos son los ejemplos citados
en las páginas de este folleto sobre la participación directa del indígena, no como ente
pasivo del Programa, sino como un elemento dinámico y activo. E n los tres países
andinos, centenares de indígenas construyen escuelas, mejoran sus viviendas, en-
sayan semillas, abren caminos, cavan pozos, levantan diques a veces por propia
iniciativa y en otras en respuesta al estímulo.
Es quizá este el éxito esencial del Programa: el de haber conseguido resucitar o
despertar en el indígena el afán de progreso y de propia superación.
« De donde provienen este interés y esta devoción de los indígenas por el Pro-
grama Andino? H e visto tantos testimonios de tales sentimientos que no puedo
menos que formularme esta pregunta — escribe el Director General Adjunto de la
OIT.
» Los indígenas de los Andes son dignos de interés. Pese a ser pobres, m u y pobres,
no son miserables. Siglos de explotación y de dominación no les han privado de su
laboriosidad. Son campesinos pobres que han conservado sin embargo, la afición a
trabajar sus tierras. Con excepción del Japón, yo no encontré en ninguna parte, ni
siquiera en Indonesia, campesinos que trasluzcan tanto, por su actitud, por sus gestos,
por sus psulabras, un amor a la tierra comparable al que demuestran estos campesinos
andinos.
» De esta comunidad con la tierra, ellos extraen esa dignidad que les distingue de
otras razas más oprimidas. E n mis entrevistas con los indígenas andinos jamás
recibí la impresión de enfrentarme a hombres sin esperanza. Los indígenas andinos
han sido dominados, avasallados y explotados durante siglos, pero su sentido de
dignidad humana se ha mantenido incólume.
» Se h a mencionado su desconfianza innata. Es posible que muestren esa descon-
fianza respecto a quienes les han hecho sufrir. En lo que me concierne, sólo encontré
en ellos confianza y amistad.
» El Programa Andino descansa sobre este concepto fundamental: en lo que res-
pecta a sus posibilidades intrínsecas, un hombre vale tanto como otro. Estoy profun-
damente convencido de que si se da a los indígenas del altiplano su oportunidad,
podrán levantarse a no importa qué nivel y producir de su seno individuos de alta
cultura, comparables a los mejores elementos de las naciones más civilizadas. »

Un nuevo espíritu
Este nuevo espíritu que hoy aflora en las masas indígenas, sería insuficiente si no
significara más que una manifestación de repudio al pasado y si no estuviera reves-
tida de un signo positivo. Sin embargo —• y este es un aspecto capital — la con-
ciencia indígena se desdobla en un insaciable anhelo de adquirir nuevos conocimien-
tos, de incorporar a su acervo valores que hasta la fecha han sido patrimonio exclu-
sivo de otras categorías de ciudadanos.

97
« ¡ C ó m o concebir que en el i n t e r i o r de un m i s m o país, en el que el progreso técnico se ha
i m p l a n t a d o , una {;ran p a r t e de la población continúe al margen de ese progreso? »
© E. Schwab
Aspecto i m p o r t a n t e del P r o g r a m a es la f o r m a c i ó n de instructores nacionales, que un día
deberán r e e m p l a z a r a los expertos e x t r a n j e r o s . A c t u a l m e n t e se f o r m a n decenas de aquel los.
© Naciones Unidas

Se viene operando una transformación gradual en el espíritu indígena. Ahora


sabe que no es inevitable que un recién nacido deba morir a los pocos dias; exige
escuelas para sus hijos; el alfabeto no es ya un misterio insondable; ha aprendido
que las cosechas pueden ser mejores si se emplean técnicas adecuadas y que los
salarios son más altos cuando se posee una profesión o un oficio. Sabe que puede
asimilar, como el resto de sus semejantes, los adelantos de la técnica moderna. Desea
alcanzar una situación que hasta ayer era inconcebible. El término «posible » ha
entrado en su vida.
E s t a evolución era no sólo inevitable sino deseable.
E l progreso técnico, la industrialización, el comercio se extienden más y más en
el mundo de hoy. El globo se ha empequeñecido gracias a los medios de transporte
moderno. Pueblos y continentes que hace menos de un siglo apenas guardaban un
contacto tangencial integran actualmente grandes unidades económicas y políticas.
¿ Cómo concebir, por lo tanto, que en el interior de un mismo país, en el que el progreso
técnico se ha implantado, una gran parte de la población continúe al margen de ese
progreso y de la vida nacional?

98
Apoyo al Programa
Por fortuna, signos augúrales muestran que el Programa Andino comienza ya a
cuajar en la conciencia de los gobernantes y de la opinión pública de los países an-
dinos.
Se multiplican las declaraciones de distinguidos hombres de estado del Ecuador,
Perú y Bolivia en apoyo al Programa y no es exagerado afirmar que el problema
indígena se halla en un plano preferente de sus preocupaciones. A este respecto
constituye un hecho significativo la resolución presentada por el Perú y aprobada por
unanimidad en la última Conferencia Internacional del Trabajo, relativa a la urgencia
de obtener « la plena integración de las poblaciones indígenas en la vida económica,
social y cultural » del Ecuador, Peni y Bolivia.
Los círculos universitarios y la juventud parecen también decididos a aportar a
esta obra de integración de los indígenas un concurso indispensable. Ese espíritu ha

El indígena es esencialmente un
agricultor, pero es preciso enseñar
por lo menos a algunos de ellos cier-
tos oficios que les p e r m i t i r á n mejo-
rar su nivel de vida. El P r o g r a m a
f o r m a carpinteros, herreros y me-
cánicos, que después serán útiles
a las propias comunidades.
¿r

«C -
tenido ya ocasión de mostrarse en algunos hechos prácticos: hace unos meses, un
grupo de estudiantes bolivianos visitó la base de Playa Verde durante algunas
semanas y consagró todo ese tiempo a laborar con los propios indígenas en la construc-
ción de viviendas, tareas de alfabetización, labores agrícolas etc.
Otro grupo de profesores e intelectuales ecuatorianos ha ofrecido su colaboración
a los expertos, expresando su deseo de crear centros análogos a los del Programa
Andino. Si la acción de los tres gobiernos y de las cinco organizaciones internacionales
que participan en el Programa logra articularse con carácter permanente con el
entusiasmo de la juventud y la voluntad de los círculos dirigentes, entonces podrá
abrigarse la certeza que serán vencidos todos los obstáculos materiales que aun
yacen en el camino a la integración de los indígenas.

Mayor número de bases


Ahora bien, ¿ cuál es el futuro del Programa Andino ?
El hecho de que el Programa Andino se ha aplicado hasta la fecha en un pequeño
número de comunidades significa que su impacto económico en los tres países andinos
ha sido también de efectos limitados.
Parece por lo tanto llegado el momento en transformar estas experiencias — alen-
tadoras sí, pero aisladas — en proyectos de más vasto alcance.
P a r a ello habría que concebir una ampliación de las actividades del Programa
mediante la creación, en la región andina, de una serie de bases de acción, de exten-
sión e importancia diferentes, pero cuyas zonas de influencia serían contiguas. Estas
bases se extenderían de norte a sur, a lo largo de la sierra y el altiplano y estarían
ubicadas en tal forma que cada una de ellas estaría a una distancia no mayor a un
dia de camino de la siguiente (ver croquis).
De esta suerte, una gran extensión del altiplano caería dentro del radio de opera-
ciones de las bases.
Estas bases no estarían destinadas, por supuesto, a subrogarse los deberes que
competen a los servicios locales o nacionales en los campos de agricultura, salubridad,
educación o bienestar social. Al contrario, tendrían como objeto promover o mejorar
las condiciones en las que aquellas deberán actuar.
Así, en el curso de los años venideros, podrían crearse a través del altiplano y de
la sierra, centenares de escuelas y centros de formación profesional, servicios médicos,
talleres comunales, estaciones experimentales agrícolas, cursos de formación de pro-
motores sociales etc., dirigidos e integrados por personal nacional, de preferencia.
E n efecto, el éxito de esta nueva fase del Programa Andino dependerá en último
análisis de las disponibilidades de personal nacional entrenado para integrar las bases
de acción, así como en la movilización de los dirigentes y promotores indígenas para
ejecutar el Programa en las comunidades.
P a r a ello será imprescindible otorgar especial atención a la formación de ese
personal nacional, a cuyo cargo correrá en el futuro la ejecución y ampliación del
Programa. Andino, cuando la ayuda internacional haya cesado.
Así, la, redención del indígena será resultado de su propia voluntad y esfuerzo.

101
Programa Andino

• Bases actuales

A Bases en estudio
Donativos al Programa
1. Estados Unidos de América
La Federación Americana del Trabajo hizo un donativo en maquinaria y herra-
mientas de mano para equipar dos talleres, uno en Puno (Perú) y otro en Pillapi
(Bolivia), por un valor de 50.000 dólares.
La organización americana CABE (Cooperative for American Remittances Every-
ivhere) ha donado centenas de equipos de herramientas manuales de carpintero y agri-
cultor con destino a los diferentes proyectos del Programa Andino. Este organismo ha
donado igualmente leche y queso, que se ha venido distribuyendo regularmente entre
las poblaciones indígenas de esta zona.

2. Bélgica
El Gobierno belga hizo un donativo de antibióticos por un valor total de tres millones
de francos belgas, para el Programa Andino en Bolivia, Ecuador y Perú.
El Gobierno de Bélgica puso a disposición del Programa la suma de 400.000
francos belgas para la construcción de un centro comunal en Coloca (Bolivia).
.Las organizaciones de empleadores y de trabajadores belgas proporcionaron maqui-
naria y herramientas por un valor de 40.000 dólares para la creación de un taller en
Cotoca (Bolivia), material que ha llegado a su destino y se está instalando.
Entre el Programa y el Gobierno belga se han entablado negociaciones para la
dotación de equipo médico.

3. República Federal de Alemania


Para el proyecto de Puno (Perú), la Federación de Sindicatos Alemanes ha donado
maquinaria y herramientas por un valor de 14.450 dólares.

i. Suecia
Las organizaciones suecas de empleadores y de tra-
bajadores donaron herramientas por un valor de 6000
dólares con destino al proyecto de Playa Verde (Bolivia).

5. Dinamarca
Para el proyecto de Chimborazo (Ecuador), las orga-
nizaciones de trabajadores y empleadores de Dinamarca
hicieron un donativo de maquinaria y herramientas para
trabajar la madera por un valor de 3500 dólares.'

6. Noruega
La, Organización de Trabajadores Noruegos hicieron
un donativo de herramientas por un valor de 1750 dólares
con destina al proyecto de Chimborazo (Ecuador).

103
índice
Página

Prefacio 3

I. En las altas mesetas de los Andes 5

II. j Qué es el Programa Andino ? 15

III. Ecuador 23

IV. Perú 43

V. Bolivia 63

VI. El futuro del Programa Andino 93

Anexo: Donativos al Programa 103

104