Você está na página 1de 57
Las «locas» de postin aventuras equivocas, sus monstruosas aberraciones y | LS «LDERY QE pus sus fantasticas incongruencias, me sirven a mi, luego, de elemento para confeccionar unas novelas que, des- NOVELA DE MALAS COSTUMBRES ARISTOCRATICAS, graciadamente, se venden como pan bendito. Por i egoismo de novelista he bajado de mi torre de marfil para escuchar las inauditas confesiones de personas |! que estén a veintis¢is kilémetros de Ja vergiienza y el pudor, que han hundido su espirituy su cuerpo en — el fango de terribles indignidades, y que ni siquiera |. oo saben Ilevar sus vicios con una pulcritud que infunda . respeto. Me he complacido en estudiar minuciosamente cuantos casos de putrefaccién espiritual encontré en mi camino, y en muchisimas ocasiones ni aun tuve que molestarme en inspirar confianza para que me describiesen sus miserias morales los esclavos del pecado mortal. Como para nadie es un secreto que vivo en Manuel Silvela, 10, nunca faltan almas cari- tativas que vengan de cuando en cuando a mi casa- palacio con la exclusiva idea de documentarme en Jas amenidades de escabrosidades ajenas. Y si carecieron de valor para narrarme personalmente las... travesu- ras de Fulanita 0 Menganito, recurrieron al anénimo para revelar —puntualizando maravillosamente— los CCubierta original de Las locas» de postin, con iustracién dl propio autor 3e Las «locas» de postin tiltimos escdndalos de las personas que pudieran inte- resarme. Esta novela’ esta confeccionada con datos y noticias que provienen de wna autoridad competente. Lleno de indignacién y sobresalto intimo, me he dejado contar que existe un mundo mundillo de ciudadanos que merecian, a juzgar por sus aficiones y su temperamen- to, ser incluidos en el sexo femenino. Estos seudohombres, que pudiéramos lamar re- presentantes del tercer sexo, pertenecen a familias distinguidas, y la sociedad, indulgente, después de condenarlos, perdona sus extravios. Alentados por esta culpable benevolencia general, atrévense a esta- blecer una especie de masoneria cuyos individuos se yeconocen inmediatamente por signos, gestos, conver- saciones 0 detalles, que se escapan a la perspicacia de las gentes que no profesan sus convicciones, y congre- gan aquelarres fabulosos, cultivan un lenguaje arbitra- rio y personalisimo e influyen muy eficazmente en la vida de las personas honorables, sin que éstas se per- caten. El tercer sexo es quien me ha servido de tema pa- ra Las «locas» de postin, novela que hace el niimero Alvaro Retana uno de este género, y que no tiene otro mérito que el de ser un fiel reflejo de la realidad. Garantizo la autenticidad de cuantos personajes desfilan por las paginas de este libro, y, aun cuando no a todos, conoz- co a bastantes de ellos, que han sido quienes, en momentos de expansidn, de sinceridad o de cinismo, me han revelado cuanto yo desconocia sobre el parti- cular. Mi alma casta y puidica, avida de ideales m{sticos, que suefia con retirarse el dia menos pensado a las delicias de la vida mondstica, no tiene del pecado otra nocién que la que Je han descrito los pecadores. Mi intuicién y mi entusiasmo son quienes me ayudan a fraguar con los materiales que otros me prestan, es- tos libros, que pudieran ser considerados como tem- plos que Satands levanta para conquistar prosélitos, y que, sin embargo, obran el efecto de hacer odioso e intolerable el pecado. Después de leer estas escenas, el lector verdade- yamente sano de cuerpo y de espiritu tiene que ex- perimentar, como yo, el legitimo orgullo y la alegria de su normalidad, y compadecerd sinceramente a las infortunadas victimas de Su Majestad el Vicio, que, Iejos de escaparse de sus garras malditas, prefieren