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Manifiesto de la arquitectura multisensorial

Carlos Rubén Cárdenas


Una nueva casa en la ciudad de Caseros -Buenos Aires- inicia un experimento con la obra
arquitectónica de su propio edificio. Experimento que plantea la posibilidad de crear
nuevas formas no visuales. Formas de lo táctil, de lo auditivo, de lo olfato-gustativo y de lo
vestibular.

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Desde el renacimiento hasta nuestros días la cultura arquitectónica occidental ha privilegiado el
sentido visual en desmedro de los demás sentidos. Se desarrollaron y aún predominan los sistemas
de representación fundamentalmente visuales como planos, revistas, libros, cine, televisión o
internet. Dichos sistemas dificultan proyectar una salida para que el mediatizado arquitecto
contemporáneo deje de privilegiar el sentido visual e incorpore nuevamente los demás sentidos a
sus obras.
Volviendo a la necesaria experiencia corporal y material redescubriremos ‘poemas para los
sentidos’ en la arquitectura de Machu Pichu, la Alhambra de Granada, las casas-jardín japonesas,
las casas-patio de Teotihuacan, o la casa llamadas ‘chorizo’ del río de la Plata. Sólo recibiendo de la
arquitectura percepciones multisensoriales verdaderas, del renacer de la sensación como forma de
conocimiento, del volver a emprender el encanto de proyectar la arquitectura desde lo sensible, se
reconsiderará la arquitectura como un arte.
Esta obra fue comprendida como ejemplo de una arquitectura cuya principal función es la
multisensorialidad, es decir, estimular la relación entre la obra y el receptor con límites y cosas
susceptibles de impresionar nuestros sentidos.
Esta obra no quiere ser más que una expresión de estas intuiciones e intenciones. Incorpora el
cuerpo para que desde los primeros bocetos, el hilo conductor de la integración plástica sean los
sentidos.

El terreno de la casa es pequeño -8,66×22- y cerrado entre tres medianeras altas, pero a base de
trabajar la forma desde el material, de muros inclinados para abrir o cerrar lugares, del diálogo
sensorial entre el interior y el exterior, del techo-jardín escalonado, se ha intentado lograr no solo
causar la sensación de una mayor amplitud sino el objetivo principal: la integración de todos los
sentidos corporales -visual, táctil, olfato-gustativo, auditivo y vestibular- a la experiencia de la obra.

La casa -de una sola planta- es un laberinto fenomenológico de patios, jardines y rincones
múltiples. En su materialidad predominan, materiales naturales seleccionados de acuerdo a la
profundidad de su sustancia y a la apariencia de su superficie. El sentido de la materialidad fue la
búsqueda del diálogo oportuno y justo entre la cantidad y el peso, con la textura, el aroma, el
sonido y el color de cada material. Consecuentemente, el grano de la textura se suaviza, la
temperatura se eleva, el aroma se intensifica, y el sonido se transforma en susurro a medida que
nos acercamos a lugares más íntimos. Se intenta, como un afinador de instrumentos, templar el
murmullo del agua de lluvia que se toma de la cubierta y se vuelca en cada patio. Se busca que la
luz natural vertical -material imprescindible- coloree por reflejo y a través de lucernarios lugares
que además de cualificar múltiples centros, inunden con densidad casi líquida.

Hay un atractor como verdadero centro geométrico. Es el lugar para reunirse la familia y amigos,
para la carne asada, la mesa para conversar, nuestro corazón cultural: la cocina comedor. Cercano
vigila nuestro tótem contemporáneo, el televisor, el mobiliario moderno que desplazó la chimenea
como centro.
La terraza-jardín escalonada es una plataforma de madera de quebracho continua y calada por
patios y lucernarios. Entre desniveles asoma vegetación aromática mientras la intensidad sensorial,
secretista, de tortuoso laberinto topológico aisla lugares y rincones para el gozo, la intimidad y lo
doméstico.

En el experimento de esta casa el total de la construcción fue realizado en el mismo lugar, sin
planos ni maquetas exactas. Arquitecto, escultor y cliente son una misma persona que hace todo
junto, que proyecta, que dibuja, que selecciona y compra los materiales, que construye junto a
decenas de operarios sensibles, que lo amuebla y lo habita. Esperando que el viento, el sol y la
lluvia deje sus marcas. Nada nuevo aunque a veces olvidado, nada muy preciso y maquinizado,
dejando que la mano lo haga un poco desprolijo, pero más verdadero, más humano.

Como toda obra verdadera es fundamental experimentarla. La presencia física es insustituible. Por
eso la heterogénea multiplicidad de espacios y experiencias sensoriales en las que se resuelve la
casa solo se pueden representar parcialmente y es necesaria la experiencia de recorrerla, tocarla,
olerla, escucharla’

Cuando digo que toda esta arquitectura es un experimento, una investigación construida, no quiere
ser más que esto. Un experimento con el fin de rescatar, nuevamente, dentro de la arquitectura
contemporánea globalizada, el arte de proyectar lugares multisensoriales sin caer en un
decorativismo escenográfico o estudios de ‘efectos’.

Y aunque persista el misterio de como lograr la ‘emoción’ plástica en una obra de arte, la misma
quiere ser la expresión de una libre voluntad de creación que -sin negar otros valores- intenta
despertar una concepción que celebre la belleza del mundo desde lo sensible.

Si los seres humanos estamos cautivos de los patrones perceptivos de la cultura en las que estamos
insertos. Si culturas diferentes implican mundos sensoriales diferentes y consecuentemente
arquitecturas diferentes. Busquemos que lo sensible permanezca y lo que no queda de los
sentidos, que forme nuestra cultura.

Arq. Carlos Rubén Cárdenas. 2003

BUSQUEDA DE LOS SENTIDOS A TRAVÉS DE LA


ARQUITECTURA: UN PROCESO DE INVESTIGACIÓN
Ana Sánchez Fúnez

Resumen

Estamos viviendo una época donde la arquitectura como creadora de espacio, se ha olvidado de su
función principal, el ser humano. El hombre percibe el espacio a través de los sentidos y es a
través de la naturaleza cuando el espacio se humaniza. La arquitectura actual está creada solo
para el disfrute de la vista, el ojo se ha antepuesto al resto de sentidos y nos hemos
acostumbrado a permitirlo, sin ser conscientes que el equilibrio sensorial de la materia nos
aportaría una percepción mucho más rica. Este artículo es un recorrido por el proceso de
investigación que me llevo a estudiar la arquitectura multisensorial y cuestionarme la posibilidad
de que un arquitecto fuera ciego. Nos hemos convertido en espectadores ciegos
multisensorialmente del mundo que nos rodea.
ARQUITECTURA MULTISENSORIAL
(II). EL OÍDO Y LA ESCALA.

Confesaré que mi primera interacción con la arquitectura dentro del marco docente fue
un estudio, de propia elección, sobre la relación entre la música y la arquitectura.
Siempre han sido dos cosas que me han fascinado, y pensé que encontrar una relación
entre ellas sería algo interesante de mostrar. ¿Puede escucharse un edificio si no
genera sonido por sí mismo?

Mi primer acercamiento fue puramente geométrico. La arquitectura clásica es ritmo, o


más bien, sucesión de ritmos. La relación entre algunos edificios griegos o
determinadas iglesias medievales, y la música es obvio en la colocación de las
columnas, los ritmos de los sucesivos portones, o la importancia de determinados
sonidos naturales en edificios emblemáticos, como el del agua en la Alhambra. El
sonido era un elemento más de configuración arquitectónica.

(más…)

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tagged arquitectura, Arquitectura Multisensorial, Arquitectura y Ritmo, Cine, ciudad, El
tercer Hombre, Escala, experiencia, La experiencia de la
Arquitectura, ritmo, Sentido, Sonido on 16 noviembre, 2014. Deja un comentario