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tos en que aumenta la productividad del trabajo, pero en

Tiempo libre* persistentes condiciones de no libertad, es decir, bajo rela-


ciones de producción en que los hombres nacen insertos y que
hoy como antes les dictan las reglas de su existencia? Ya al
presente el tiempo libre se ha acrecentado sobremanera; y
gracias a los descubrimientos en los campos de la energía atá-
mica y la automatización, no aprovechados todavía en BU inte-
gridad desde el punto de vista económico, podría incrementar-
se enormemente. Si se quisiera responder a la pregunta sin
El problema del tiempo libre: de qué sirve a los hombres, declamaciones ideo16gicas, surge ineludible la sospecha de que
qué chances ofrece su desarrollo, no ha de plantearse con uni- el tiempo libre tiende a lo contrario de su propio concepto, a
versalidad abstracta. La expresión, de origen reciente, por lo transformarse en parodia de sí mismo. En él se prolonga una
demás -antes se decía ocio, y este designaba el privilegio ele esclavitud, que, para la mayoría de los hombres esclavizados,
una vida desahogada, y, por lo tanto, algo cualitativamente es tan inconsciente como la propia esclavitud que ellos pa-
distinto y mucho más grato, aun desde el punto de vista decen.
del contenido-, apunta a una diferencia específica que 10 dis- Para esclarecer el problema, voy a referirme a una experiencia
tingue del tiempo no libre, del que llena el trabajo y, podría- mía de poca importancia. En entrevistas y encuestas nunca fal-
mos añadir por cierto, del condicionado exteriormente. El ta la pregunta: ¿Cuál es su hobby? Cuando las revistas ilus-
tiempo libre es inseparable de su opuesto. Esta oposición, 1a tradas informan acerca de alguno de esos figurones de la in-
relación en que ella se presenta, le imprime a su vez carac- dustria de la cultura -ocupación favorita de esa industria-,
terísticas esenciales. Además, de modo fundamental, el tiempo pocas veces dejan escapar un detalle más o menos doméstico
libre dependerá de la situación general de la sociedad. Pero, sobre los hobbies de tales personajes. Yo tiemblo cuando me
ahora como antes, esta tiene proscriptos a los hombres. Ni en hacen esta pregunta. ¡No tengo ningún hobby! No es que yo
su trabajo ni en su conciencia disponen de sí mismos con sea un animal de trabajo y no sepa hacer otra cosa que esfor-
entera libertad. Aun esas sociologías concilian tes que utilizan zarme por cumplir con mis obligaciones, sino que tomo tan
el concepto de roles como clave lo reconocen en cuanto que, en serio, sin excepción, todas las tareas a que me entrego
como lo sugiere ese concepto de roles tomado del teatro, la fuera de mi profesión oficial, que la idea de que se trate de
existencia que la sociedad impone a los hombres no se iden- hobbies, es decir, de ocupaciones en las que me he enfrascado
tifica con lo que los hombres son o podrían ser en sí mismos. absurdamente s6lo para matar el tiempo, me habría chocado
Cierto que nunca es lícito trazar una división tan taj.mte entre si mi experiencia respecto de toda suerte de manifestaciones
los hombres en sí y sus llamados roles sociales. Estos penetran de barbarie -las que han llegado a consustanciarse con noso-
profundamente en las cualidades de los hombres, en su cons- tros- no me hu.biese escarmentado. Componer y escuchar
titución íntima. En una época de integración sodal sin pre- música, leer concentradamente, son momentos integrales de
cedentes resulta difícil establecer en general qué cambios de- mi existencia; la palabra hobby sonaría ridícula. A la inversa.
terminan en los hombres las funciones que desempeñan. Este mi trabajo -la producción filosófica y sociológica y la docen-
hecho gravita pesadamente sobre el problema del tiempo libre. cia en la Universidad- me ha resultado hasta ahora tan pla-
Significa, en efecto, que, aun cuando se atenúe la proscripción centero, que yo no podría concebirlo respecto del tiempo libre
y los hombres se persuadan, al menos subjetivamente, de que según esa antítesis que la clasificación habitual requiere de los
actúan por propia voluntad, siempre aquello de que anhelan hombres. Desde luego, soy consciente de que hablo como pri-
liberarse en las horas ajenas al trabajo modela de hecho esa vilegiado, con la cuota de contingencia y de culpa que esconde
misma voluntad. La pregunta pertinente respecto del fenóme- ese término: como persona que tuvo la rara posibilidad de
no del tiempo libre sería hoy: ¿Qué ocurre con él en momen- escoger y organizar su trabajo, en lo esencial, según sus pro-
pias intenciones. A ello se debe en buena parte que mi activi-
* Conferencia propalada por la Radio de Alemania el 25 de mayo de dad ajena al tiempo de trabajo no se halle, por ese solo hecho,
1969; inédita.

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en estricta oposición con este. Si un buen día el tiempo libre
configurase una situación en que el privilegio de antaño re- existencia. Toda mezcla, toda falta de distinción nítida, inequí-
dundase realmente en provecho de todos -y algo de esto voca, se vuelve sospechosa para el espíritu dominante. La di-
ha logrado la sociedad burguesa en comparación con la feu- visión rígida de la vida en dos mitades preconiza aquella co-
dal-, yo me lo representaría según el modelo de lo que en sificación que, entretanto, se ha adueñado casi por completo
mí mismo observo, aunque, con el cambio de las circunstan- del tiempo Ubre.
cias, cambiaría a su vez este modelo. La ideología del hobby lo ilustra. La espontaneidad de la pre-
Si es válida la idea de Marx de que en la sociedad burguesa gunta: ¿Qué hobby tienes? implica que debes tener alguno
la fuerza de trabajo se transforma en mercancía y, por tanto, y proclamarlo; y hasta puedes hacer una selecCión entre tus
el trabajo se convierte en cosa, la expresión hobby entraña la hobbies, siempre que coincidan, eso sí, con la oferta del ne-
siguiente paradoja: esa actividad que se entiende a sí misma gocio del tiempo libre. Libertad organizada es libertad obliga-
como lo contrario de toda cosificación, como reserva de vida toria: ¡Ay de ti, si no tienes un hobby, si no tienes una ocu-
inmediata en un sistema global absolutamente mediato, tam- pación para el tiempo libre! Entonces eres pretencioso, anti-
bién se cosifica, a la par que el fijo límite entre trabajo y tiem- cuado, bicho iraro, y te conviertes en el hazmerreír de la so-
po libre. En este se continúan las formas de la vida social or- ciedad, la ,cual te impone 10 que ha de ser tu tiempo libre. Tal
ganizada según el régimen de la ganancia. coacción de ningún modo es solamente exterior. Brota de; las
Tan profundamente olvidada está ya la ironía de la expresión necesidades subjetivas de los hombres en un sistema funcio-
«ocupación del tiempo libre» (Freizeitgeschaft), que se toma nal. El camping -los grupos del viejo movimiento juvenil
en serio el showbusiness. Un hecho de todos conocido, pero también gustaban de acampar- fue la protesta contra el has-
no por eso menos verdadero, es que fenómenos específicos del tío y el convencionalismo burgueses. La cuestión era salir, en
tiempo libre como el turismo y el camping se ponen en mar- el doble sentido. Pasar la noche a cielo abierto significaba huir
cha y organizan con fines de lucro. Al mismo tiempo se marca de la casa, de la familia. Después de la muerte del movimiento
a fuego en la conciencia e inconsciencia de los hombres la nor- jU'.enil, esta necesidad es aprovechada e institucionalizada por
ma de que tiempo libre y trabajo son dos cosas distintas. Co- la .industria del camping. Esta no habría podido obligar a los
mo según la moral del trabajo vigente, el tiempo libre tiene hombres a que le compraran carpas, casas rodantes y toda
por función restaurar la fuerza de trabajo, precisamente por- suerte de utensilios auxiliares si algo en dIos no lo hubiese
que se lo convierte en mero apéndice del trabajo es separado demandado así; pero la propia necesidad humana de libertad
de este con minuciosidad puritana. Tropezamos aquí con un es funcionalizada, ampliada y reproducida por el negocio. Una
esquema de conducta típico del carácter burgués. Por una par- vC'z; más, la industria impone a los hombres lo que desean. De
te, durante el trabajo hay que concentrarse, no distraerse, no aH que la integración del tiempo libre se haga con tan pocas
travesear; sobre esa base se estableció el trabajo asalariado y dificultades; los hombres no advierten hasta qué punto, donde
sus reglas se han interiorizado .. Por otra parte, el tiempo libre, s(: sienten libérrimos, en realidad son escllvos, porque la re-
probablemente para que después el rendimiento sea mejor, no gia de tal esclavitud opera al margen de dos.
ha de recordar en nada al trabajo. Tal es la razón de la imbe- Si el concepto de tiempo libre es separado del trabajo, al me-
cilidad de muchas ocupaciones del tiempo libre. Cuélanse de nos de un modo tan estricto como lo impone una vieja ideo-
contrabando formas de comportamiento propias del trabajo, el logía, hoy tal vez ya superada, aquel se vuelve algo negativo
cual no suelta a los hombres. Los viejos boletines escolares --Hegel habría dicho: abstracto--. Prototípica es la actitud
calificaban la atención. A ello respondía la escrupulosidad, tal de quienes se doran al sol con la exclusiva finalidad de tostar-
vez subjetivamente bien intencionada, con que los mayores se la piel, y aunque el estado de somnolencia a pleno sol no
prohibían a los niños esforzarse demasiado durante el tiempo puede resultar muy placentero, sino que posiblemente desde
libre: no debían excederse en la lectura ni tener la luz encen- el punto de vista físico es desagradable, 10 cierto es que espi-
dida hasta altas horas de la noche. En secreto husmeaban los ritualmente vuelve inactivos a los hombres. El carácter fetichis-
padres tras esas actitudes una rebeldía mental o una insisten- ta de la mercanda se apodera, a través del bronceado del cu-
cia en el placer incompatibles con la división racional de la tis -que por lo demás puede quedar muy bien- de los hom-
bres mismos: los transforma en fetiches. En verdad, la idea
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de que una joven, gracias a su tez morena, sea eróticamente en el tiempo libre es racional en sí misma como un en sí pleno
más atractiva, no pasa de ser una racionalización. El tostado de sentido. Esta no necesita ser ni chata ni estúpida; se la
de la piel se convierte en meta por sí misma, más importante puede disfrutar beatíficamente como dispensa de los autocon-
que el flirt que tal vez en un principio estaba destinado a pro- troles. Si los hombres pudiesen disponer de sí mismos y sus
vocar. Si un empleado regresa de las vacaciones sin haber ob- vidas, si no estuvieran uncidos a la rutina, no deberían abu-
tenido el color obligado puede estar bien seguro de que no ha rrirse. Hastío es el reflejo de la grisura objetiva. Con él sucede
de faltar un colega que le haga la pregunta mordaz: «¿Pero lo mismo que con la apatía política, cuya base más sólida es
es que no ha estado usted de vacacionesh. El fetichismo que el sentimiento -de ningún modo injustificado- de las masas,
prospera en el tiempo libre está sujeto a controles sociales su- de que con el margen de participación en fa política que la
plementarios. Que la industria de los cosméticos, con su avasa- sociedad les asegura -yen todos los sistemas que hoy exis-
lladora e insoslayable propaganda, contribuya a crearlos es ten sobre la Tierra acontece lo propio- es poco lo que puede
comprensible de suyo; pero también 10 es que los complacien- cambiar en su existencia. La conexión entre la politica y sus
tes seres humanos procuren eliminarlos. intereses particulares es para ellas tan impenetrable que se al~­
En el estado de aletargamiento culmina un momento decisivo jan de la actividad política. En estrecha relación con el hastío
del tiempo libre bajo las condiciones actuales: el hastío. In- se halla el sentimiento, justificado o neurótico, de impotencia:
/iadable.es también la sorna maliciosa dirigida en contra de las hastío es desesperación objetiva; pero, a la par, también ex-
maravillas que los hombres se prometen de los viajes de vaca- presión de deformaciones que la constitución global de la so-
ciones o de cualquier situación excepcional propia del tiempo ciedad inflige a los hombres. La más importante, por cier.to,
libre, cuando, en realidad tampoco ahí logran escapar de la es la difamación de la fantasía y su atrofia consiguiente. Se
rutina, de lo idéntico, que no se disipa, como l'ennui de Bao- sospecha de ella o bien como curiosidad sexual y deseo de co-
delaire, con la distancia. Las burlas a la víctima son el acom- sas prohibidas, o bien como espíritu de una ciencia que no es
pañamiento normal de los mecanismos que generan esta. Scho- ya espíritu. Quien quiera adaptarse debe renunciar cada vez
penhauer formuló muy temprano una teoría sobre el hastío. más a la fantasía. La mayoría de los hombres no puede siqui~
De acuerdo con su pesimismo metafísico enseñaba que, o bien ra cultivarla, atrofiada como está por alguna experiencia de la
los hombres sufren por el apetito insatisfecho de su ciega vo- primera infancia. La incapacidad para la fantasía, inculcada y
luntad, o bien se hastían tan pronto como esta es aquietada. recomendada por la sociedad, los deja desamparados en el
La teoría describe muy bien lo que acontece con el tiempo tiempo libre. La desvergonzada pregunta: ¿Qué puede hacer el
libre de los hombres bajo condiciones que Kant habría llama- pueblo con el mucho tiempo libre de que hoy dispone? (ca-
do de heteronomía y que en alemán moderno se suele denomi- mo si se tratase de una limosna y no de un derecho humano),
nar heterocondicionamiento :( Fremdbestimmtbeit); también el tie funda en el mismo principio. El que de hecho los hombres
arrogante dicho de Schopenhauer de que los hombres son pro-' puedan hacer tan poco con sus horas libres se explica porque
duetos fabriles de la naturaleza acierta, en su cinismo, en algo: les es retaceado de antemano cuanto pudiese hacerles grato el
aquello que determina en los hombres la totalidad del ser mer- estado de libertad. Tanto les fue negado y denigrado este que
cancía. El colérico cinismo de Schopenhauer siempre los honra ya no son capaces de disfrutarlo. Sus diversiones, por cuya
más que las solemnes afirmaciones de que poseen un núcleo superficialidad el conservadorismo cultural los critica o los in-
inamisible. No conviene hipostasiar, empero, la teoría de juria, les están impuestas por la necesidad de reparar las faer-
Schopenhauer, ni considerarla sin más como válida o, si cahe, zas que el ordenamiento de la sociedad, tan elogiado por ese
como propiedad originaria de la especie «hombre~. El hastío mismo conservadorismo cultural, les exige consumir en el tra-
es una función de la vida bajo la coacción del trabajo y bajo bajo. Tal es la razón última de que los hombres sigan encade-
la rigurosa división de este. No debería existir. Siempre que nados al trabajo y al sistema que los adiestra para él, en mo-
la conducta en el tiempo libre es verdaderamente autónoma, mentos en que, en gran medida, este ya no necesitaría de ese
determinada desde sí mismos por hombres libres, es difícil trabajo.
que se instale el hastío, así como allí donde ellos persiguen su En las condiciones imperantes sería desacertado e insensato
anhelo de felicidad sin renunciamientos, o donde su actividad esperar o exigir de los hombres que realicen algo productivo

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en su tiempo libre, puesto que precisamente se ha extermi- el cambio de las relaciones fosilizadas. Pseudo actividad es es-
nado en ellos la productividad, la capacidad creativa. Entonces, pontaneidad mal dirigida. Pero mal dirigida no por azar, sino
10 que producen en el tiempo libre apenas si es mejor que el porque los hombres presienten sordamente cuán difícil de
ominoso hobby: imitaciones de poesías o pinturas que, bajo cambiar es 10 que Jos agobia. Prefieren enfrascarse en ocupa-
una división del trabajo difícilmente revocable, otros pueden ciones aparentes, ilusorias, en satisfacciones sucedáneas, insti-
l:lacer mejor que quienes se dedican a esas tareas en sus ratos tucionalizadas, antes que tomar conciencia de 10 cerrada que
ubres. 10 que crean tiene algo de superfluo. Esta superfluidad está hoy aquella posibilidad. Las pseudoactividades son ficcio-
1'~ comunica a la calidad inferior de la obra, inferior calidad nes y¡arodias de esa productividad que, por una parte, la so-
que, a su vez, empaña la alt:gría de producir aquella. cieda reclama sin cesar, y, por la otra, traba, y que en los
También la actividad superflua y carente de sentido, desarro- individuos de ningún modo ve con tan buenos ojos. El tiempo
llada en el tiempo libre, es integrada por la sociedad. Una vez libre productivo sólo sería posible entre personas que han
más entra en juego una necesidad social. Ciertas formas de llegado a la mayoridad desde el punto de vista espiritual, y
servicio, en especial el doméstico, se extinguen; la demanda no entre quienes, bajo la heteronomía, terminaron por ser
no guarda proporción con la oferta. En Estados Unidos solo ellos mismos heterónomos.
personas muy adineradas pueden contratar mucamas. Europa El tiempo libre, sin embargo, no solo se contrapone al trabajo.
sigue rápidamente el mismo camino. Esto obliga a muchos En un sistema donde la ocupación constante constituye por
hombres a cumplir actividades subalternas que antes se dele- sí el ideal, el tiempo libre es también una proyección directa
gaban. Con esta neFesidad se vincula el consejo práctico Do del trabajo. Aún nos falta una sociología que estudie a fondo
it yourself (hágalo usted mismo); con ello se liga también el el deporte, y, sobre todo, al espectador. Con todo, parece con-
fastidio que experimentan los hombres por una mecanización vincente, entre otras, la hipótesis según la cual, mediante el
que los libra de una carga sin que ellos -y no es el caso de esfuerzo que requiere el deporte, mediante la funcionalización
discutir este hecho' sino solamente su interpretación habitual- del cuerpo en team, que precisamente se cumple en las formas
obtengan una ventaja en cuanto al tiempo ganado. De ahí que, de deporte más populares, los hombres se adiestran. sin saber-
de nuevo en interés de industrias especiales, sean alentados a lo para los modos de comportamiento que, más o menos su-
hacer por sí mismos 10 que otros podrían hacer para ellos me- blimados, se esperan de ellos en el proceso de trabajo. La vie-
jor y más fácilmente, y que en el fondo, por eso mismo, ellos ja argumentación de que el deporte se practica para permane-
tendrían que desdeñar. Por 10 demás, de acuerdo con un es- cer fit es falsa, ya por el hecho de conceder que la fitness es
trato muy antiguo de la conciencia burguesa, corresponde aho- objetivo independiente; la fitness para el trabajo sí que cons-
rrar el dinero que, en una sociedad fundada en la división del tituye una de las finalidades secretas del deporte. Más de una
trabajo, se gasta en servicios domésticos; ello se sostiene a vez sucederá que al principio alguien se entrega por sí mismo
partir de un interés particular obcecado y ciego, ignorando al deporte, y entonces paladea como triunfo de su propia li-
que, por el contrario, el conjunto de la actividad sólo se man- bertad lo que hace por presión social y tiene que ser presenta-
tiene por el intercambio de habilidades cspecializ~das. Guiller- do en forma placentera.
mo Tell, horrible modelo de personalidad tosca, declara que Agregaré unas palabras acerca de la relación entre tiempo libre
hacha en casa ahorra carpintero; a partir de las máximas de e industria de ]a cultura. Sobre esta, como medio de dominio
Schiller podría compilarse, pues, una ontología total de la e integración, se ha escrito tanto desde que Horkheimer y yo
conciencia burguesa. introdujéramos el concepto hace más de veinte años, que me
El Do it yourself, un tipo de comportamiento recomendado limitaré a destacar un problema específico que no pudimos
en nuestros días para el tiempo libre, se inscribe, no obstante, contemplar entonces. El crítico de la ideología que se ocupe
en un contexto más amplio. Hace ya más de treinta años, yo de ]a industria de la cultura se inclinará a pensar, puesto que
10 califiqué de pseudoactividad. Desde entonces la pseudoac- los standards de esta son los mismos --congelados- de los
tividad se ha extendido pavorosamente, incluso entre quienes viejos pasatiempos y del arte menor, que ella domina y con-
se envanecen de protestar contra la sociedad. En general será trola de hecho y totalmente la conciencia e inconsciencia de
Hcito suponer en ella una necesidad contenida que pugna por aquellos a quienes se dirige y de cuyo gusto, desde la era li-

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beral, procede. De todos modos, podemos suponer con funda- mas las preguntas bajo control tendientes a conocer las reac-
mento que la producción regula el consumo tanto en el proce- ciones inmediatas, con otras dirigidas a averiguar qué signifi-
so de la vida material cuanto en el de la vida espiritual, sobre cación política atribuían los interrogados al tan sonado episo-
todo allí donde se ha acercado tanto a lo material como en la dio. Comprobamos entonces que muchos -la proporción no
industria de la cultura. La conclusión debería ser, por tanto, interesa ahora- inesperadamente observaban una conducta
que la industria de la cultura y los consumidores se adecuan realista y evaluaban con sentido crítico la trascendencia polí-
entre sí. Pero como entretanto la industria de la cultura se hizo tica y social de un acontecimiento cuya singularidad bien pu-
total -fenómeno de lo invariable, de lo que promete distraer blicitada los había tenido en suspenso ante la pantalla del tele-
temporariamente a los hombres-, cabe dudar de si esta ecua- visor. En consecuencia, si mi conclusión no peca de apresura-
ción de industria de la cultura y conciencia de los consumi- da, la gente consume y acepta de hecho lo que la industria de
dores es válida. Hace algunos años realizamos en el Instituto la cultura le propone para el tiempo libre, pero con una suerte
de Investigaciones Sociales de Francfort un estudio dedicado de reserva, en forma parecida a como aun los más ingenuos
a este problema. Lamentablemente, la evaluación del material no consideran reales los episodios ofrecidos por el teatro y el
debió ceder el paso a cuestiones de urgencia. Con todo, un cinematógrafo. Acaso todavía más: no cree para nada en ello.
examen somero del mencionado material permite conocer algo Es evidente que aún no se ha cu.mplido plenamente la integra-
que tal vez sea pertinente para el llamado problema del tiempo ción de conciencia y tiempo libre. Los intereses reales del in-
libre. El estudio se refería a la boda de la princesa Beatriz de dividuo conservan todavía el suficiente poder para resistir,
Holanda con el joven diplomático alemán Claus van Amsberg. dentro de ciertos límites, a su total cautiverio. Este hecho coin-
Debíamos determinar cómo reaccionaba la población alemana cidiría con el pronóstico social según el cual una sociedad cu-
ante aquel acontecimiento que, difundido por todos los medios yas contradicciones fundamentales permaneciesen inalteradas
de comunicación de masas y descripto con lujo de detalles en tampoco podría integrarse totalmente en la conciencia. Esta
las revistas ilustradas, era consumido durante el tiempo libre. no funciona sin dificultades, y menos en el tiempo libre, el
Teniendo en cuenta el modo de presentación y la cantidad de que sin lugar a dudas atrapa a los hombres, pero según su pro-
artículos que se escribieron sobre el acontecimiento, atribu- pio concepto no puede absorberlos completamente sin que la
yéndole extraordinaria trascendencia, esperábamos nosotros conciencia se vuelva superflua. Renuncio a precisar las conse-
que también los espectadores y lectores lo considerarían im- cuencias de esto; pero opino que se vislumbra ahí una chance
portante. Creíamos, en especial, que operaría la ideología de de mayoridad que en definitiva podría contribuir a que el
la personalización, típica de nuestros días: se compensa la fun- tiempo libre se transforme rápidamente en libertad.
cionalización de la realidad sobrestimando desmedidamente
las personas individuales y las relaciones privadas en desme-
dro de lo que, desde el punto de vista social, es efectivamente
determinante. Con toda prudencia afirmaría yo que tales ex-
pectativas resultaron demasiado simples. De modo directo, el
estudio ofrece un caso ejemplar de cómo la reflexión teórico-
crítica puede aprender de la investigación social empírica y
rectificarse sobre la base de ella. Se insinúan síntomas de una
conciencia desdoblada. Por una parte, el acontecimiento fue
degustado como un «aquí y ahora», como algo que en otras
circunstancias la vida niega a los hombres; debía ser «único»,
según el cliché de moda en el lenguaje del alemán de hoy.
Hasta aquí, la reacción de los espectadores calzó en el con-
sabido esquema que transforma en bien de consumo, por me-
dio de la información, inclusive las noticias de actualidad y, si
cabe, las políticas. Pero en nuestro cuestionario complementa-

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