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Universidad de Santiago de Chile


Facultad de Humanidades
Escuela de Psicología
Técnicas de intervención

Técnicas de intervención en psicología: “Análisis de


transferencia.”

Nombre: Katherine Castillo, Blas Herrera, Idream Menares, Jonathan Sánchez Profesora: Isabel
Puga, Profesor ayudante: Bernardo Hernández, Fecha: 30 de octubre ,2018.
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1.- Biografía del autor

Sigmund Freud nace en el seno de una


familia judía el 6 de mayo de 1856, en
Freiberg, Moravia. Fallece en Londres el 23
de septiembre de 1939. Cursó sus estudios
secundarios en la Sperl Gymnasium, de la
cual egresó a los 17 años (Rizzi, 2014).

Cursó sus estudios de medicina en la


Universidad de Viena, donde se graduó a los
24 años. En 1883, posterior a su
especialización en fisiología, ingreso al
Hospital general de Viena, en donde comenzó su carrera como asistente en la Clínica
psiquiátrica de Theodor Meynert. En esta etapa se desenvolvió en los saberes médicos
dedicándose a la investigación. (Rizzi, 2014)

Se casó con Martha Bernays en 1886, con la cual tuvo 6 hijos.

Freud, buscando descubrir la génesis de las enfermedades que trataba, comienza una larga
investigación que sería el comienzo de su descubrimiento y la base del posterior desarrollo de
una de las teorías más importantes del siglo XX. (apa)

Después de años de investigación, él pública el que sería el primer libro del psicoanálisis: “La
interpretación de los sueños”, un texto basado en un autoanálisis de sus propios sueños, en el
cual no solo demostraba que el sueño tenía sentido más allá de una tradición popular, sino que
también, estaba asociado a un cierto malestar en las personas (Marinelli, Mayer & Amícola.
2011)

Fue a partir de esta publicación que comienza el movimiento bautizado por su creador como
“Psicoanálisis”. El Psicoanálisis es “un saber sobre el inconsciente y un saber surgido desde el
inconsciente, que construye un conocimiento fundado en el quehacer clínico” (Sierra, 2009, p
91). Dentro de su principal aporte dentro de estos postulados se encuentra lo que él denominó
como “inconsciente”.

Dentro de sus principales obras se encuentran: La interpretación de los sueños (1900), Tres
ensayos sobre teoría sexual (1905), Tótem y Tabú (1913), Más allá del principio del placer
(1920), El Yo y el Ello (1923) y El malestar en la cultura (1930).
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2.-Análisis de transferencia

2.1-Técnica

Freud define transferencia como “reediciones o productos facsímiles de los impulsos y fantasías
que han de ser despertados y hechos conscientes durante el desarrollo del análisis y que
entrañan como singularidad característica de su especie la sustitución de una persona anterior
por la persona del médico” (Freud, 1905, en Freud, 2017, p. 998). Es por tanto “una
transferencia de sentimientos hacia la persona del médico (...). Esta transferencia constituye
durante algún tiempo el más firme apoyo para la labor terapéutica” (Freud, 1917, en Freud,
2017, p.2398).

Como Freud señala, esta puede manifestarse como aparente enamoramiento por parte del o la
analizada respecto al analista, aunque puede también tomar la forma de un amor filial, visto en
casos donde la diferencia de edad entre analista y analizada/o es considerable. Además, está
se manifiesta de igual forma en hombres y mujeres (Freud, 1917, en Freud, 2017).

La transferencia, en principio, puede incluso beneficiar el proceso, donde el sentimiento de


afecto del paciente hacia la figura del analista lo lleva a ser participativo y abierto. No obstante,
puede llegar a convertirse en resistencia debido al reemplazo del deseo de cura por el de
mesura y cariño, o aquellos casos en donde el sentimiento amoroso es rechazado por el
analizado, dado el contenido sexual inconsciente de este. Además, los sentimientos en
transferencia pueden también ser sentimientos hostiles, lo que puede también dificultar el
trabajo, pues estos se transforman en el instrumento principal de la resistencia y devienen en la
ausencia de ocurrencias del analizado, cuestión que atenta contra el resultado del tratamiento.
En cualquier caso, no debe pensarse la transferencia como un rasgo creado a partir del proceso
de análisis; se trata más bien de un fenómeno humano que interviene en las relaciones de una
persona con su entorno y determina el éxito del influjo médico. De la misma forma, tan relevante
es la transferencia que, según Freud, en aquellos casos en que esta es predominantemente
negativa o hay ausencia de ella, desaparece a su vez la posibilidad de influir psíquicamente en
el paciente (Freud, 1925, en Freud, 2017).

Si bien estos sentimientos no deben ser correspondidos por el analista, si deben ser parte del
proceso de análisis, manifestando al paciente la naturaleza de dichos sentimientos y llevando a
una rememoración de los sucesos originales, sirviendo de vía de acceso a la vida psíquica del
analizado (Freud, 1917, en Freud, 2017). De esta manera, queda de manifiesto que la
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transferencia es propensa a la interpretación y parte esencial del trabajo analítico.

Respecto a una explicación de este fenómeno, Freud (1912, en Freud, 2017) señala que los
sujetos orientan sus representaciones libidinosas hacia cualquier persona nueva que conoce,
siendo normal que esto ocurra también con la figura del analista. Estas se dividen, como ya se
mencionó, en transferencias positivas (sentimientos cariñosos) y negativas (sentimientos
hostiles). A su vez, la transferencia positiva se divide en aquellas conscientes y sus
prolongaciones inconscientes. Las prolongaciones inconscientes suelen ser de corte sexual, y
por lo tanto son reprimidas.

2.3-Materiales

Como señalan Freud (1912, en Freud, 2017) y Bustos (2016), los materiales de trabajo para la
interpretación de la transferencias son los sentimientos, tanto cariñosos como hostiles, que
manifiesta el paciente hacia el analista en el espacio de análisis. Además de estos, se toman
como material el contenido entregado por el paciente en la asociación libre y la entrevista previa
realizada con el fin de conocer al paciente. Para esto se requiere un espacio físico adecuado
para el desarrollo del encuadre, que acoja y facilite al sujeto la apertura emocional necesaria
para el proceso (Bleger, 1967).

2.4-Instrucciones

Como señala Bustos (2016), la transferencia tiene lugar en el espacio de análisis; no es


provocada. Dicho esto, es importante señalar que no existe una instrucción específica para el
desarrollo de la transferencia como tal, sino que esta se da de manera natural, como parte
intrínseca del proceso analítico, debiendo ser evaluada por el terapeuta sistemáticamente (y sin
necesariamente efectuar una devolución de la evaluación de la transferencia al/a la paciente)..
Por otro lado, dado que el análisis de la transferencia se da en el marco de la asociación libre,
comparte la consigna de esta, a saber, señalar al paciente que debe decir todo aquello que
pase por su cabeza, con total sinceridad y sin omitir ningún elemento por considerarlo
irrelevante o inapropiado (Bustos, 2016).
Junto a esto, como ha sido señalado previamente, la transferencia pone en marcha las formas
de relacionarse propias que el analizado tiene, en una repetición de una forma de vínculo que el
propio Freud describe como un clisé (Freud, 1912, en Freud, 2017). La función del analista está
en hacer presente esta repetición y manifestarle al paciente el clisé, de manera de impulsar la
asociación libre, para la posterior entrega de una interpretación por parte del analista (Bustos,
2016).
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2.5-Ejecución

La transferencia se da en el espacio terapéutico, dependiendo de la constitución de esta el


cómo se manifiesta. Si es una “transferencia positiva”, esta será parte de una alianza del
progreso en psicoterapia, ayudando a generar un ambiente adecuado para que el sujeto
analizado logre ser sostenido y así pueda desplegar aquello que le produce un malestar tanto
como aquello que no. (Zarandona, 2013).

La transferencia puede tener distintas formas y estar sujeta a diferentes emociones acorde a la
relación terapéutica, por lo que su ejecución en sí no es precisa. Esta puede aparecer desde el
inicio de un análisis, como también puede demorar en manifestarse. Todo dependerá del
espacio y de los involucrados, analista y analizado. (Zarandona, 2013).

2.6- Análisis

El análisis de la transferencia se da bajo criterios propios del psicoanálisis. A su vez, este puede
cambiar según diversos factores, como menciona Bustos (2016). La interpretación dependerá
de cada analista y de la particularidad del sujeto analizado, siendo la relación la que dictamina
aquello que puede ser interpretado. La interpretación se moldea según el deseo, por lo que no
es algo estático, sino más bien dinámico.

La interpretación está ligada a lo que se denomina “escucha activa”, tratando de capturar


aquellos elementos que dejan develar aquello que el inconsciente está manifestando. No hay
un tiempo adecuado para manifestarse y hacerla evidente ante el consultante. Los elementos
que constituyen la interpretación de la transferencia son: de escucha, de certeza, intuición,
precisión, duda, coherencia, de sentido, ética etc. Esto quiere decir que no tiene elemento fijos
ni evidentes; más bien están sujetos a un saber que deviene de la propia práctica analítica
(Bustos, 2016)

La transferencia es entonces la garantía del tratamiento y de la interpretación; esos momentos


en los que se captura al sujeto en el análisis, es la captura del inconsciente en el discurso del
sujeto. Por ello apunta la interpretación al deseo y no a la demanda del sujeto, no a lo dicho
sino a lo que se esconde en ese decir (García, 2007; Asbed, 2008; Rojas-Urrego, 2008; Levín,
2009; Passone, 2009 en Bustos 2016, pp 102)
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3.- Reflexión crítica

Sintetizando las fortalezas que hemos descrito hasta ahora sobre el análisis de transferencia,
podemos contar con que es una de las técnicas que permiten analizar en el presente
problemáticas del pasado que fueron reprimidas, inaccesibles desde la consciencia de quien
consulta, desde una matriz principalmente afectiva y vincular. Decir que se puede analizar en el
presente una problemática reprimida es lo mismo que decir que se pueden llegar a analizar y
tratar los factores más angustiantes de la vida de un sujeto; sus sufrimientos más profundos,
tanto así que la única manera de lidiar con ellos fue reprimir aquellos deseos que la sociedad no
permite cumplir. Así, se pueden encontrar maneras para que el/la paciente obtenga aquello que
desea de una manera que ya no implique un malestar, sino un bienestar en su vida.

Sin embargo, consideramos que la correcta aplicación de esta técnica requiere de un vasto
entrenamiento y autoconocimiento por parte del profesional tratante, factores que no están
garantizados por la formación profesional en psicología en, al menos, nuestro contexto local,
Santiago de Chile. Desde una perspectiva ético-teleológica, estos factores son necesarios para
poder interpretar de la manera lo más certera posible el deseo del/de la paciente que se pone
de manifiesto durante el proceso terapéutico y, de no contar con el suficiente entrenamiento
práctico ni contar con un reconocimiento de las propias cualidades individuales, el/la profesional
tratante puede involucrar elementos personales que no dicen relación con el fenómeno de quien
consulta, el cual estaría siendo planteado en las instancias psicoterapéuticas con altos niveles
de angustia y, por lo tanto, de implicación emocional de, al menos, el/la paciente. A
continuación explicaremos por qué.

Estas carencias posiblemente acarreadas por el/la psicólogo/a podrían implicar múltiples
efectos iatrogénicos en el proceso terapéutico y en la persona que acude al análisis en tanto
tratamiento del síntoma o de la problemática traída a consulta se tornaría perceptiblemente
carente e insuficiente (en el caso hipotético señalado), principalmente en términos de la ya
mencionada habilidad clínica de la escucha activa del/de la profesional tratante. En ese mismo
sentido, la habilidad de escucha puede verse mermada por el agotamiento físico y/o psíquico
del/de la profesional tratante, razón por la cual consideramos que esta técnica debería ser
efectuada si (y sólo si) el/la profesional tratante se encuentra en las condiciones de estas
índoles idóneas para poder estar activamente participando en el diálogo explícito e implícito que
se sostiene en sesión. En otras palabras, el/la profesional tratante debe estar descansado/a y
ser capaz de estar atento/a en la sesión para que esta técnica tenga efectos positivos. Sin
embargo, esta es una reflexión grupal y la literatura revisada no indica la necesidad de esta
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condición, por ende planteamos a modo de crítica la aplicación que en algunos ejemplos
históricos se ha efectuado, llegando al punto en el cual el/la profesional se duerme en medio de
la instancia clínica, dejando absolutamente de lado la implicación emocional y, principalmente,
la angustia y el malestar del/de la paciente (Onfray, 2011).

Debido a lo anterior, consideramos importante recomendar que la metodología clínica no se


centre en el uso de esta técnica tanto sin las condiciones psíquicas y físicas necesarias, como
tampoco sin la formación profesional y práctica necesaria, la cual debiese ser supervisada
constantemente por un/a profesional docto en la ejecución práctica de esta misma hasta que
él/ella considere que el/la psicólogo/a clínico/a que participe de este tipo de formación
psicoanalítica considere que está preparado/a para ejecutarla. Tampoco debiese ser utilizada si
quien pretende ejecutar esta técnica no ha participado como paciente de un proceso
psicoterapéutico lo suficientemente efectivo como para saber reconocer las propias limitaciones
interpersonales, afectivas e intelectuales que pudieran incidir en la empatía que necesariamente
debe involucrarse en la aplicación de esta técnica, para así proyectar la menor cantidad posible
de aspectos de la vida efectiva del/de la profesional clínico/a en la problemática del/de la
paciente que requiere del servicio por el cual consulta. Finalmente, también queremos destacar
la necesidad de una supervisión clínica constante y de alto nivel profesional, clínico y ético al
aplicar esta técnica en instancias posteriores para poder evaluar en colectivo los aspectos
desarrollados en este último punto sobre el reconocimiento de las limitaciones personales y de
las posibles proyecciones que puede llegar a hacer el/la psicólogo/a, entre otros posibles
errores que puedan surgir accidentalmente.
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Referencias

Bleger, J. (1967). Psicoanálisis del encuadre psicoanalítico. Revista de psicoanálisis, 24(2),


241-258.

Bustos, V. (2016). Deseo del analista, la transferencia y la interpretación: una perspectiva


analítica. Psicología desde el Caribe, 33(1).

Freud, S. (1905). Análisis fragmentario de una histeria. En Freud, S. (2017). Sigmund Freud.
Obras Completas Volumen I, pp. 933-1002. Madrid: Malpaso Ediciones.

Freud, S. (1917) Lecciones introductorias al psicoanálisis. En Freud, S. (2017). Sigmund


Freud. Obras Completas Volumen II, pp. 2123-2412. Madrid: Malpaso Ediciones.

Freud, S. (1912). La dinámica de la transferencia. En Freud, S. (2017). Sigmund Freud.


Obras Completas Volumen II, pp. 1648-1653. Madrid: Malpaso Ediciones.

Freud, S. (1925). Autobiografía. En Freud, S. (2017). Sigmund Freud. Obras Completas


Volumen III, pp. 2761-2800. Madrid: Malpaso Ediciones.

Marinelli, L., Mayer, A., & Amícola, J. (2011). Soñar con Freud: la interpretación de los
sueños y la historia del movimiento psicoanalítico

Onfray, M. (2011). Freud. El crepúsculo de un ídolo. Buenos Aires. TAURUS.

Rizzi, M. (2014). Biografía médica de Sigmund Freud. Revista Médica del Uruguay, 30(3),
193-207.
Sierra, M. L. (2009). Los sueños de Sigmund Freud. Historia y grafía, (33).
Zarandona, R. M. (2011). ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LA
TRANSFERENCIA.