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Casas portátiles

Las metáforas son muy utilizadas en los diferentes textos bíblicos, debido a la capacidad que
tienen para transmitir una enseñanza o idea que es compleja por medio de un “transporte” un
poco más familiar al receptor para que se pueda transmitir de forma sencilla y de fácil manejo. En
el Nuevo Testamento se nos presentan varias metáforas acerca de lo que es la iglesia, que
buscan ayunarnos a definir su forma y función, pero también proporcionar un entendimiento
teológico profundo. Algunas metáforas que nos presentan los escritores neotestamentarios son la
iglesia como el cuerpo de Cristo, como la luz y la sal, la esposa, como rebaño y muchas otras
más. En esta parte de la carta de Pedro se nos presenta a la iglesia como un conjunto de piedras
vivas cimentadas sobre una única piedra angular, realmente es una metáfora algo extraña, a lo
mejor no es la más brillante, pero nos ayuda a entender una parte medular de la cosmovisión del
fundamento de la iglesia.

Pedro nos informa que el fundamento de la iglesia es Cristo. Como ingeniero civil puedo entender
la metáfora desde un sentido técnico. La cimentación en cualquier construcción es una de las
cosas más importantes en donde se debe gastar dinero, debido a que es, por así decirlo, la parte
que le ayudará a la construcción a mantenerse de pie ante cualquier situación. Se calcula
aproximadamente un 30% del costo total de la obra, empleada en algo que no se va a ver.
Podemos reflexionar sobre este asunto que nos propone Pedro que nos dice que el fundamento
de todo lo que sucede en la vida de la iglesia se debe fundar desde Cristo. Cuando uno construye
una casa, debe saber que el suelo es una parte crucial para el sostenimiento de la obra, si el lugar
desde donde se va a desplantar tiene abundante agua o poca resistencia nos provocará
movimientos diferenciales que van a afectar la construcción, estos movimientos causaran
desestabilización que con el tiempo se volverán cada vez más notables y más peligrosas.
Podemos encontrar un ejemplo de esto en el centro histórico de la Ciudad de México, la Catedral
que se encuentra ahí, necesita que ser constantemente levantada por grandes prensas hidráulicas
para ayudarle a mantenerse de pie. Si haces una visita notarás que para acceder a la catedral hay
unas gradas que se encuentran en la entrada, cada grada es el movimiento que ha tenido a lo
largo de todos estos años. Con lo anterior podemos dimensionar lo importante de tener una buena
cimentación en algo tan trascendental como lo es iglesia.

Mucho de lo que hoy se piensa acerca de la iglesia está fundamentado en una teología que nace
desde las emociones o en los principios que se emplean en el mercado de la oferta y la demanda,
en otras ocasiones en necesidades afectivas o deseos de pertenecer a una comunidad. Cada uno
de estos planteamientos hace que se introduzcan elementos extraños a la hora de concebir la
iglesia y producen muy malas experiencias. La iglesia es por y para Cristo dice Bonhoeffer; si
Cristo es el fundamento de la iglesia nos hará entender que su vida son los criterios para
relacionarnos con otras personas. Ni la iglesia misma puede ser el centro, ni las emociones, ni las
necesidades personales pueden ser el centro de la comunidad de creyentes, solo a través de
Cristo podemos ser parte de la iglesia.

Pedro da un paso más y nos dice que la iglesia no es un lugar para recibir, para llenar las
expectativas, es más bien una casa en donde cada uno son parte de un templo portátil con la
capacidad de armarse y desarmarse en pequeñas unidades que vayan y sean ministros a cada
persona que desee tener un encuentro con Dios. Por eso somos real sacerdocio, se trata de las
personas encargadas de representar al pueblo ante Dios. En latín la palabra pontífice se ocupa
solamente para Cristo y significa constructor de puentes, pero también se ocupa la palabra
sacerdote que es el encargado de dirigir a la congregación al encuentro con Dios por los
diferentes rituales y ceremonias. Lo que está diciendo Pedro es que somos sacerdotes y al mismo
tiempo la iglesia portátil que es llevada a cada rincón, con el fin de que las personas puedan tener
un encuentro vivo, real y redentor con Cristo al ser casas al relacionar con otros, ya que encarnan
los valores de Cristo, quien es el fundamento de la iglesia. Son casas rodantes que llevan
sacerdotes listos y dispuestos para que cada persona pueda encontrarse con Cristo al entrar en
contacto con ellos.