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INTRODUCCIÓN

Metafísica, rama de la filosofía que estudia la naturaleza, estructura,


componentes y principios fundamentales de la realidad. Esto incluye la
clarificación e investigación de algunas de las nociones fundamentales con
las que entendemos el mundo, incluyendo: ser, nada, Dios, esencia, entidad,
mente, libertad, existencia, objeto, propiedad, relación, cambio, causalidad,
tiempo y espacio, mundo y fin. La palabra metafísica proviene históricamente
de las obras de Aristóteles, Meta: más allá; física: ciencia de la Physis, de lo
natural. ¿Entonces qué es lo natural?, es aquello que percibimos por los
sentidos, lo que se vuelve en primer lugar nuestros conocimientos, lo que es
consiguientemente objeto de la ciencia más propiamente dicha. De ir mas
allá de la física, de llegar de algún modo a lo “en sí”, tras lo “fenoménico”, Ir a
los “noumenico”.
Aristóteles designó la metafísica como «primera filosofía». En la física
se asume la existencia de la materia y en la biología la existencia de la
materia orgánica pero ninguna de las dos ciencias define la materia o la vida;
solo la metafísica suministra estas definiciones básicas.
A lo largo de los siglos, muchos filósofos han sostenido de alguna
manera u otra, que la metafísica es imposible. Esta tesis tiene una versión
fuerte y una versión débil. La versión fuerte es que todas las afirmaciones
metafísicas carecen de sentido o significado. Esto depende por supuesto de
una teoría del significado. Ludwig Wittgenstein y los positivistas lógicos
fueron defensores explícitos de esta posición. Por otra parte, la versión débil
es que si bien las afirmaciones metafísicas poseen significado, es imposible
saber cuáles son verdaderas y cuáles falsas, pues esto va más allá de las
capacidades cognitivas del hombre. Esta posición es la que sostuvieron, por
ejemplo, David Hume e Immanuel Kant. Por otra parte, algunos filósofos han
sostenido que el ser humano tiene una predisposición natural hacia la

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metafísica. Kant la calificó de «necesidad inevitable», y Arthur Schopenhauer
incluso definió al ser humano como «animal metafísico».
La metafísica pregunta por los últimos fundamentos del mundo y de
todo lo existente. Su objetivo es lograr una comprensión teórica del mundo y
de los principios últimos generales más elementales de lo que hay, porque
tiene como fin conocer la verdad más profunda de las cosas, por qué son lo
que son; y, aún más, por qué son.
Tres de las preguntas fundamentales de la metafísica son:
¿Qué es ser?
¿Qué es lo que hay?
¿Por qué hay algo, y no más bien nada?
No sólo se pregunta entonces por lo que hay, sino también por qué
hay algo. Además aspira a encontrar las características más elementales de
todo lo que existe: la cuestión planteada es si hay características tales que
se le puedan atribuir a todo lo que es y si con ello pueden establecerse
ciertas propiedades del ser.
Su objetivo es lograr una comprensión teórica del mundo y de los
principios últimos generales más elementales de lo que hay, porque tiene
como fin conocer la verdad más profunda de las cosas, por qué son lo que
son; y, aún más, por qué son.
Los filósofos modernos, impresionados por los avances de la ciencia
intentan determinar un principio acorde a las ciencias. “Hegel plantea que la
Metafísica es una ciencia”

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Karl Jaspers

(Oldenburg, 1883 - Basilea, 1969) Psiquiatra y filósofo existencialista


alemán. Aplicó su reflexión al drama humano y a sus problemas principales:
la comunicación, el sufrimiento, la culpabilidad, la muerte y fue uno de los
que conformaron el existencialismo y la fenomenología. En el campo de la
psicología se alineó junto a Wilhelm Dilthey, e impulsó la aplicación de la
fenomenología en psiquiatría, en la búsqueda de una explicación más
subjetiva que genética de los fenómenos psicológicos. En su opinión, las
relaciones humanas deben ser concebidas como formas de un "combate
amoroso" que oscila sin cesar entre el amor y el odio, teoría que le aproxima
a Freud

Estudiante de Leyes (1901), tras un largo viaje a Italia (1902) resolvió


graduarse en Medicina. Durante los años de colegio había leído a Spinoza,
de quien aprendió la prudencia intelectual. En 1908 estudió las obras de
Husserl, y empleó su fenomenología para la descripción de las experiencias
psicopáticas; aun cuando quedara desilusionado de éste en cuanto filósofo
(dijo que transformaba la filosofía en ciencia), admiraba mucho su método.
Su rigor intelectual y la superación del "psicologismo que tiende a resolver
todos los problemas mediante un determinismo psíquico".

Desde el principio de su carrera de médico, Karl Jaspers, bajo la


dirección del gran psiquiatra y anatomista del cerebro Franz Nissl, se interesó
por las enfermedades mentales, y en 1913 publicó su Psicopatología
general, que le valió una cátedra de patología en Heidelberg. Aquel mismo
año, el joven médico descubría a Kierkegaard, quien le llevó definitivamente
"a la filosofía como pensamiento consciente y metódico, que descansa
únicamente sobre sí mismo". Es curioso comprobar que este pensador, junto

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con Heidegger, el filósofo existencialista alemán más ilustre, hizo suya, de
Kierkegaard, sobre todo una lección de "probidad" y "seriedad"; para él, sin
embargo, "ni la teología ni la filosofía pueden fundamentarse en
Kierkegaard".
La guerra de 1914 (tras la cual "la filosofía, con toda su gravedad, se
hacía todavía más importante de lo que fuera"), y, singularmente, la muerte
de su maestro, el sociólogo Max Weber, a quien había conocido en 1909,
indujeron a Jaspers a aceptar, en 1921, la cátedra de filosofía. En 1919
había publicado la segunda de sus obras sistemáticas, Psicología de las
concepciones del mundo, que entonces consideró "una obra juvenil muy
presuntuosa"; contenía "una filosofía disimulada y que confundía sus
conclusiones, erróneamente, con las comprobaciones de una psicología
objetiva". Y, así, empezó a establecer una filosofía no ciencia ni teoría del
conocimiento, y que, por el contrario, resultado "del shock ocasionado por la
misma vida", sea una "práctica" para "llegar al ser".
Jaspers concibe la ciencia como un conocimiento de valor general que
se funda en métodos conscientes y comprobables por todos, pero diferencia
las ciencias humanas de las ciencias naturales. La ciencia no es
conceptualidad y abstracciones sino que exige una actitud de claridad
metódica que conlleve a la demostrabilidad y la discusión. Por ejemplo, en
Psicopatología el objeto de estudio es el acontecer psíquico consciente para
conocer qué y cómo experimentan los seres humanos sus vivencias,
procesos, condiciones y significados.
Principios que rigen las concepciones de Jaspers: En el desarrollo de
sus planteamientos existencialistas se mantuvo opuesto tanto a la
relativización del pensamiento como a la cuantificación de la experiencia
humana.
A continuación una síntesis de los principios que rigen el hacer
científico de Jaspers con respecto al hombre:

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 Se opone a la actitud deductiva moralizante
 La razón y la existencia son elementos inseparables.
 La existencia es una síntesis de vida y espíritu, conjunción de lo vivido
y lo asumido, en decisión y libertad.
 Para ser, el hombre ha de estar siempre en camino, sin dogmas,
abierto y dispuesto a aprender.
 Hay que considerar varios puntos de vista, en la complejidad del
hombre no hay verdades finitas.
 La única verdad es la existencia misma del hombre, la verdad no está
en la creencia que se tiene sino en el hecho mismo del creer, que es
lo que corresponde al ser humano.
 Aunque busca comprender al sujeto, también se interesa por la
ciencia nomotética, es decir en la estructura de la experiencia que
pueda generalizarse en experiencias semejantes.
 La herencia existencialista lleva a Jaspers a plantear que el Hombre
está solo, es simplemente su actitud.
 Todos vivimos de símbolos e imágenes de cómo nos hemos
representado la vida.

Método Fenomenológico de Jaspers.

La fenomenología parte del principio de que cada ser humano tiene


una visión particular de lo que sucede y, en su lectura, también le da un
significado distinto a partir de sus propias experiencias. La fenomenología da
importancia a las manifestaciones subjetivas, a la expresión de las vivencias.
Como ya de mencionó, en Jaspers, la fenomenología es además un
procedimiento empírico de descripción de la vivencia humana y de
comunicación como manifestación de la conciencia.

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Partiendo, pues, de una aclaración psicológica de la existencia,
Jaspers consigue una introducción metafísica y lógica en la trascendencia,
respecto de la cual reconoce que la filosofía no puede ofrecer "ningún
conocimiento positivo semejante al de carácter científico", y ello aun cuando
rechace "la garantía de una revelación", incluso la del Dios cristiano al cual
adora. Para él, por lo tanto, la exigencia filosófica falla "en cuanto realización
concreta", pero, no obstante, ofrece, "a quien sabe obedecer, el verdadero
ser propio

Aportes en la metafísica de Karl jasper

En sus pensamientos sobre la metafísica se refleja de una manera


muy clara, y concisa en todo sentido Las situaciones-límite nos enfrentan con
algo insuperable, inalcanzable y desconocido: la trascendencia. Ella es el
verdadero ser o ser absoluto, pero escapa a nuestra aprehensión porque no
se trata de algo objetivo. Solamente podemos aproximarnos a la
trascendencia a través de la lectura de cifras, entendiendo por éstas las
realidades que nos ponen en presencia de la trascendencia.

Para Jaspers lo fundamental en el hombre es la libertad individual.


Según Jaspers, todo individuo enfrenta dos opciones: hundirse en la
resignación o dar un salto a la trascendencia, esta trascender tiene dos
momentos:

 La orientación del mundo: representa el conocimiento científico


que no logra esclarecer porque solo se conocen seres objetivos
que miran eternamente
 El esclarecimiento de la existencia: es un momento en que nos
hace trascender la propia existencia la cual presenta barreras o
situaciones límites tales como el sufrimiento, la culpa, y la
muerte, entre otras

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Martin Heidegger

(Messkirch, Alemania, 1889-Todtnauhaberg, actual Alemania, 1976)


Filósofo alemán. Discípulo de Husserl, su indiscutible preminencia dentro de
la filosofía continental se ha visto marcada siempre por la polémica, sobre
todo la de su adhesión al régimen nacionalsocialista, manifestada en el
discurso que pronunció en la toma de posesión de la cátedra en la
Universidad de Friburgo (1933). La renuncia a la cátedra, muy poco después
de ocuparla, no evitó que en 1945 fuera destituido como docente en
Friburgo, tras la ocupación de Alemania por los aliados.

Sólo en el año 1952 se reincorporó, si bien su actividad académica fue


ya mucho menos constante. Aunque recibió de algunos de sus discípulos,
como Marcuse, la sugerencia insistente de que se retractara públicamente de
su discurso de 1933, el filósofo desestimó el consejo y nunca quiso dar
explicaciones. Si bien para algunos es imposible abordar su obra sin
reservas, la mayoría de filósofos y estudiosos actuales prefieren tomar el
trabajo de Heidegger en su sentido estrictamente filosófico, que no resulta
menos controvertido. Desde la filosofía analítica, su obra ha sido criticada
con dureza, sobre todo por Rudolf Carnap. Pero el pensamiento
heideggeriano también ha suscitado adhesiones entusiastas: así, la filosofía
francesa de las décadas de 1960 y 1970 (Derrida, Lévinas, Ricoeur) admiró
la capacidad de precisión de su lenguaje, así como su aportación al discurso
humanístico.

La obra de Heidegger suele entenderse como separada en dos


períodos distintos. El primero viene marcado por Ser y tiempo, obra que,
pese a quedar incompleta, plantea buena parte de las ideas centrales de
todo su pensamiento. En ella, el autor parte del presupuesto de que la tarea
de la filosofía consiste en determinar plena y completamente el sentido del

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ser, no de los entes, entendiendo por «ser» (aunque la definición de este
concepto ocupa toda la obra del autor, y es en cierto sentido imposible), en
general, aquello que instala y mantiene a los entes concretos en la
existencia.

En la comprensión heideggeriana, el hombre es el ente privilegiado al


que interrogar por el ser, pues sólo a él «le va» su propio ser, es decir,
mantiene una específica relación de reconocimiento con él. La forma
específica de ser que corresponde al hombre es el «Ser-ahí» (Dasein), en
cuanto se halla en cada caso abocado al mundo, lo cual define al «ser-ahí»
como «Ser-en-el-mundo». La distinción de la filosofía moderna, desde
Descartes, entre un sujeto encerrado en sí mismo que se enfrenta a un
mundo totalmente ajeno es inconsistente para Heidegger: el ser del hombre
se define por su relación con el mundo, que es además práctica («ser a-la-
mano») antes que teórica («ser ante-los-ojos»).

Estas categorías le sirven para comprender por dónde pasa la


diferencia entre una vida auténtica, que reconozca el carácter de «caída»
que tiene la existencia, es decir, la imposibilidad de dominar su fundamento
(el ser), y una vida inauténtica o enajenada, que olvide el ser en nombre de
los entes concretos. La dimensión temporal del ser, en cuanto proyecto del
«ser-ahí» y enfrentamiento a la muerte (el ser-ahí es también «ser-para-la-
muerte»), sería el otro gran olvido de la filosofía clásica. El esfuerzo de
Heidegger por pensar el ser como relación de los entes en el tiempo está en
la base del posterior movimiento hermenéutico.

En la segunda etapa de su pensamiento, el filósofo estudia la historia


de la metafísica como proceso de olvido del ser, desde Platón, y como caída
inevitable en el nihilismo (cuando se piensa el ente tan sólo, éste termina por
aparecer vacío). En sus últimas obras, realiza un acercamiento al arte como

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lugar privilegiado donde se hace presente el ser. Para Heidegger, se hace
también necesario rehabilitar los saberes teórico-humanísticos, a fin de
mostrar que lo que constituye a todo hombre en cuanto tal no es su
capacidad material de alterar el entorno, sino la posibilidad que tiene de
hacer el mundo habitable: el hombre debe comprender que no es «el señor
del ente sino el pastor del ser» y que «el lenguaje es la casa del ser». Antes
que la técnica, el lenguaje, y en general la conciencia (la capacidad de
interrogarse del Dasein), son los dos elementos que constituyen al hombre
en cuanto existente o, lo que es lo mismo, en cuanto hombre.

Aportes en la metafísica de Heidegger

La idea de origen y final de la metafísica debe su potencial crítico a la


circunstancia de que Heidegger, no menos que Nietzsche, se mueve dentro
del horizonte de la conciencia moderna. Para él el comienzo de la Edad
Moderna se caracteriza por la cesura «epocal» que se inicia con la filosofía
de la conciencia de Descartes; y la radicalización por Nietzsche de esa
comprensión de Ser marca el tiempo novísimo que determina la constelación
del presente. Éste aparece a su vez como momento de crisis; la actualidad
se ve necesitada a decidir, «si este final significa la clausura de la historia
occidental o el salto a un nuevo comienzo». Se trata de decidir «si a
Occidente le queda todavía aliento para crearse una meta por encima de sí y
de su historia, o si prefiere hundirse, sumirse en la protección y fomento de
los intereses del comercio y de la vida, y conformarse con la apelación a lo
hasta aquí acaecido, como si se tratara de lo absoluto».

La necesidad de un nuevo comienzo atrae la mirada hacia el remolino


del futuro. El retorno a los orígenes, al «origen esencial», sólo es pensable
en el modo de un adentrarse en el «futuro esencial». Ese futuro aparece bajo
la categoría de lo absolutamente nuevo: «La consumación de una época... es

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el esbozo, por primera vez incondicional y de antemano completo, de lo no
esperado y de lo que jamás podía esperarse... de lo nuevo». No obstante, el
mesianismo de Nietzsche, que todavía dejaba espacio para (como se dice en
la mística judía) «forzar la salvación», se torna en Heidegger en la espera
apocalíptica de la aparición catastrófica de lo nuevo. Simultáneamente
Heidegger toma de sus modelos románticos, sobre todo de Hölderlin, la
figura de pensamiento del dios ausente, para poder entender el final de la
metafísica como «consumación» y con ello como infalible señal de un
«nuevo comienzo».

Heidegger trabaja incansablemente la violencia positiva de esta


privación impuesta por el Ser, como el acontecer de un rehusamiento. «La
no comparecencia del Ser es el Ser mismo como tal incomparecencia».
En el total olvido del Ser que caracteriza a la modernidad ni siquiera se
percibe ya lo negativo de este abandono por parte del Ser. De ahí la
importancia central de la anamnesis que la historia del Ser representa,
historia del Ser que ahora se revela como destrucción del auto olvido que es
la metafísica. Todo el esfuerzo de Heidegger se endereza «a hacer
experiencia de la no comparecencia de la patencia del Ser como un
advenimiento del propio Ser y a meditar sobre lo así experimentado».

Para hacer plausible, siquiera sea superficialmente, la necesidad de


reclamar un saber especial, es decir, un acceso privilegiado a la verdad,
Heidegger tiene que llevar a efecto una sorprendente igualación de las muy
distintas evoluciones experimentadas tras Hegel por las ciencias y la filosofía.

También sostiene que el individuo está en peligro de ser sumergido en


el mundo de los objetos, la rutina diaria, y en el convencional y superficial
comportamiento de la multitud. El sentimiento de temor (Angst) lleva al
individuo a una confrontación con la muerte y el último sin sentido de la vida,

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aunque sólo por este enfrentamiento puede adquirirse un auténtico sentido
del ser y de la libertad. La idea del sin sentido de la existencia humana lo
hizo ser considerado como parte de la corriente existencialista

Gabriel Marcel

(París, 1889-1973) Filósofo francés de origen judío, uno de los


mayores representantes de la corriente del existencialismo cristiano que se
desarrolló paralelamente al existencialismo "ateo" de Sartre.

En su pensamiento se hace sentir la doble influencia bergsoniana y de


pensamiento idealista angloamericano, sobre todo por lo que se refiere a la
enseñanza ética y religiosa de Bradley y Royce. Defendió el primado de la
filosofía del conocimiento, y afirmó que la metafísica no debe degradar el
misterio ontológico a problema sino reconocerlo como tal. Su pensamiento es
esencialmente una filosofía de lo indemostrable, una exploración de los
elementos de la realidad que no se pueden aprehender mediante el
conocimiento objetivo.

En el plano metodológico, distingue entre una primera reflexión, que


crea espontáneamente los conceptos y los juicios de valor que se encuentran
en la base de la representación habitual del mundo exterior, y una segunda
reflexión que, analizando la primera, descubre sus contradicciones y
distorsiones. De esta forma, suscita en nosotros un conocimiento más
auténtico de la propia experiencia y de sus implicaciones. Esta "reflexión a la
segunda potencia" conduce a la percepción de la inmediatez que, según el
autor, es al mismo tiempo conocimiento y ser. La diferencia entre "problema"
y "misterio" consiste en que el primero se caracteriza por estar totalmente
delante del sujeto, permitiendo distinguir entre el sujeto y el objeto, mientras
que el misterio, por el contrario, es algo en lo que el yo se encuentra inmerso

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y comprometido, donde es abolido el límite entre el yo y lo otro. Por lo tanto,
el conocimiento implica al propio ser, es interior, y constituye a su vez un
misterio que la metafísica deberá reconocer.

La fenomenología del misterio del ser, que el autor describió en sus


manifestaciones fundamentales (la fidelidad, el amor, la esperanza, la familia)
entra directamente en contraposición con el planteamiento posesivo y
utilitarista propio de la época contemporánea, que se resume con el término
"tener". La lucha contra este "esprit de l'avoir" es esencial para construir la
verdadera posibilidad de la revelación del ser.

Por lo que se refiere a la reflexión sobre la noción de verdad,


reconoció la influencia del pensamiento de Heidegger. La verdad, opuesta a
la objetividad como simple verificación, es la forma que adquiere la llamada
del ser y la respuesta que le da el sujeto. El último período de su
especulación filosófica se caracteriza por su crítica a la categoría de utilidad y
por el acercamiento de la filosofía al plano de la sabiduría.

Aportes en la metafísica de Gabriel Marcel

Gabriel Marcel desarrolla una metafísica de la existencia humana a


partir de una fenomenología. Para mostrar esta hipótesis, parto del
diagnóstico que hace el autor de la situación del hombre contemporáneo.

Marcel afirma que el ser humano ha sido reducido a un mero haz de


funciones no dando espacio para el misterio. A partir de ese diagnóstico,
desarrollo el concepto de exigencia ontológica el cual nos permite, sostengo,
pasar de una fenomenología a una metafísica, desde el momento en que
Marcel plantea que la exigencia ontológica no es solo una necesidad
subjetiva de sentido, sino el correlato del misterio ontológico en si..

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CONCLUSION

La metafísica es una rama de la filosofía que estudia los problemas


centrales del pensamiento filosófico: el ser en cuanto tal, el absoluto, Dios, el
mundo, el alma. En esa línea, intenta describir las propiedades,
fundamentos, condiciones y causas primeras de la realidad, así como su
sentido y finalidad. Su objeto de estudio es lo inmaterial, de allí su pugna
con los positivistas, quienes consideran que sus fundamentos escapan a la
objetividad empírica.

Con el advenimiento de la modernidad surge la preocupación por


fundamentar la metafísica como ciencia rigurosa. La búsqueda de los
criterios de certidumbre del conocimiento representa la problemática central
de la filosofía moderna, en torno a ella giran las principales discusiones entre
los autores más representativos de la época. Se exige para la metafísica un
rigor y una solidez semejantes a las de la física. Se piensa que la matemática
concebida como ciencia universal del orden puede proporcionar el
cumplimiento de esa exigencia. En los siglos XVII y XVIII el cultivo de la
metafísica atiende principalmente al establecimiento de los criterios
normativos del saber y de las posibilidades de su aplicación fuera del mundo
empírico. ¿De qué se puede tener certidumbre y cuáles son sus límites? Esta
nueva orientación del quehacer metafísico, que antes de dirigirse a su objeto
se cuestiona sobre las condiciones de posibilidad de su conocimiento, tiene
como fundamento la nueva posición que el hombre pasa a ocupar en el
mundo moderno. La modernidad es el movimiento de la liberación del
hombre de la autoridad de la Iglesia y de la fe y, como consecuencia de esta
liberación, el surgimiento de una nueva posición en la que la única autoridad

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que se reconoce es la de la razón fundada en sí misma. La figura del ego
cogito cartesiano como fundamento único de certidumbre constituye el
reemplazamiento del Ente Supremo de la metafísica medieval por la Razón
como instancia única de legitimidad y de validez en toda empresa del
conocimiento. Sólo es verdadero aquello que es transparente a la razón,
aquello que la razón puede poner a disposición del representar humano y
mantenerlo dentro de los límites de su certeza, cuyas reglas provienen de la
razón misma. La consolidación de la física-matemática moderna como
modelo de cientificidad pone en circulación la convicción de que el éxito de
toda empresa cognoscitiva depende del proceder metódico y del rigor
sistemático de su realización.

• Con respecto a jasper su filosofía se basa más en las relaciones y


diferenciaciones del ser, y que sus teorías son con respecto a otras más
equilibradas que otros.

• También podemos destacar que los trabajos de Heidegger se basan en las


enseñanzas de la femonologia y en esta plasma que el hombre es el único
ente el mundo que puede darse a interrogar y responder sus inquietudes
sobre las cosas del universo.

• Y por ultimo Marcel se distingue por resaltar la importancia de los misterios


de la filosofía y es por eso que considera que la filosofía tiene que ser trans
objetiva: personal, dramática y drástica en el sentido específico con respecto
a los saberes e interrogantes de la metafísica.

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Bibliografía

UPEL (2005), Universidad Pedagógica Experimental Libertador-Instituto de


Mejoramiento Profesional del Magisterio. Introducción A La
Filosofía.

Marcel, Gabriel. Ser y Tener (1996), Caparrós Editores, Madrid,

RUSSO, G., Gabriel Marcel (1993). Esistenza e partecipazione, Fedone,


Battipaglia (SA), (hasta el 1991);

SERRA, A., (2005) Esistenza e dialogo. Gabriel Marcel e l’Italia, Torino (1984-
2003).

Heidegger, Martín. (2006) Aportes a la filosofía. Acerca del evento, Segunda


edición, trad. Dina V. Picotti C., Biblos, Buenos Aires (Colección El
camino hacia el Otro pensar)

Referencias electrónicas

http://www.artehistoria.com/frames.htm?http://www.artehistoria.com/historia/
personajes/7299.htm

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