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ECONOMÍA POLÍTICA Y DOMÉSTICA DEL TAHUANTINSUYO Waldemar Espinoza Soriano

Introducción

Esta es una temática que estudia las actividades humanas que se refieren, tanto a la utilización de
los recursos, como a la organización, mediante la cual los bienes se relacionan con las necesidades
inherentes al hombre. En lo atingente a la época del Tahuantinsuyo (Tawantinsuyu), sin
dubitaciones, se conoce que conformó una sociedad con una ordenación económica digna de este
nombre, donde sus recursos humanos y naturales estaban manejados en forma sostenida y
sustentable en conexión con los medios y los fines. Se sabe que tal estructuración económica era
fundamental para su existencia, por lo que estaba ligada con su funcionamiento social, con el
régimen de gobierno, con su tecnología y con sus instituciones mágico-religiosas expresadas a
través de rituales. Es necesario advertir que se trataba de una economía donde los precios en
moneda acuñada en metales preciosos no existían. Estrictamente, tampoco se puede hablar de
“capital”, “salario”, “renta” y “ahorro” con mucha frecuencia; y de usarlos, hay que hacerlo en un
sentido distinto al de los economistas modernos, por tener implicaciones no aplicables a las
situaciones de la vida antigua en los Andes, ya que se trató de una sociedad precapitalista. Lo que
sí se asume es el conocimiento común tanto de las condiciones técnicas de las ocupaciones
artesanales, como del trasfondo social de la estructura económica, perspectiva que no podemos
alcanzar respecto a la mayoría de las comunidades distribuidas en ayllus o grupos de parentesco.
Se debe tener en cuenta que la estructuración económica

dependía mucho de ellos. Como ninguno de los aspectos de la sociedad marcha desunido uno de
otro, tienen que ser puestos en su contexto para comprender y explicar a dicha civilización. La
economía es una cosa y las actividades tecnológicas son otras. La descripción de las artes y oficios
de estos pueblos, así como de las formas con que elaboraban los objetos, son de interés cuando se
ponen en correlación con los problemas, tales como el de la invención y el de los procesos de
adaptación, o con los rituales y mitos nativos y con su organización social. Sin embargo, desde la
óptica económica, podemos tomar los procedimientos técnicos como “factores ya dados” en la
ordenación de la producción. Infelizmente —por ausencia de fuentes— no es posible descubrir el
cien por ciento de los efectos de las diferentes técnicas existentes en el tiempo del Incario, más el
rendimiento de la producción por unidad y la división y organización del trabajo, sea en cualquiera
de los cuatro suyus o regiones del Imperio. En lo tocante a la alfarería, ejercida por los
especialistas de la costa norte y central, por ejemplo, es difícil saber quién obtenía la arcilla o el
lapso que tardaba la manufactura de una pieza: ¿Para ello se sustraían a otras actividades
personales y familiares o aprovechaban todas las horas del día sin dejar intervalos de descanso?,
¿con qué otros objetos intercambiaban sus piezas?, ¿qué porcentaje de los ingresos de una
persona provenían de su trabajo de alfarero?, etc. El propósito de este capítulo dedicado a la
economía debería versar, en lo fundamental, sobre el examen del volumen y naturaleza de la
producción o, mejor dicho, establecer los verdaderos ingresos de los individuos, de las familias, de
las comunidades y del Estado, y medir la cantidad de recursos necesarios para conseguir tales
utilidades, incluyendo el trabajo, lo que podría dar significado al concepto de “nivel de vida”
andino. Es deplorable la inexistencia de material estadístico completo para este análisis. Claro que
existían “precios” o equivalencias de una cosa por otra, pero las hachuelasmonedas de cobre para
transacciones ilimitadas solo funcionaban en la costa central y norte
I. La estructura de la propiedad y posesión de la tierra
1. Las formas o tipos de propiedad

En lo que atañe a las formas de tenencia, recordemos previamente que propiedad es la suma de
derechos que uno o varios hombres tienen sobre las cosas, lo cual anuncia que los objetos así
poseídos constituyen su propiedad o propiedades. Consecuentemente, es la razón por la que hay
distintos tipos de pertenencia: 1° de bienes inmuebles (tierra, casas, caminos, puentes, pozos,
árboles); 2° de objetos domésticos, como herramientas de trabajo y armas, que difieren según el
sexo y la edad y que, por lo común, son heredados de acuerdo a la consanguinidad; 3° de efectos
almacenados y acorralados (alimentos, ganado) que, en el caso de los pastores aymaras,
chocorvos y chinchaycochas, constituían su más preciada riqueza, cuyo valor incluso estaba
determinado por el color de la pelambre; 4° derechos sobre el uso económico (usufructo de las
heredades ocupadas por los ayllus); 5° derecho de los poderosos sobre personas y servicios
humanos (yanas, mitayos, piñas); y, 6° otras modalidades de dominio, como derechos exclusivos
sobre canciones, danzas, hechizos y artesanías concretas. En este sentido, cabe citar cómo
únicamente los yaros o yarovilcas de la sierra central podían ejecutar el baile del huacón, por
considerarse dueños de él; o el caso de los pastores collas y lupacas respecto a la danza de la
choquela —o chuquilla—, privativa de los cazadores de vicuñas y guanacos. La etnia inca se sentía,
por igual, propietaria de la chicha llamada yamur y de las danzas y canciones denominadas cayo y
chamayguarisca, cantada la primera en el Intirraymi y la segunda únicamente en la festividad del
Huarachicu.1 Mientras que el himno de la huallina (huarina), dedicado al dios Wiracuchan, apenas
lo entonaban el sapainca y el príncipe heredero1. Guaman Poma 1615: 320, 321, 798. 318 |
WALDEMAR ESPINOZA SORIANO correinante.2 Aunque aquí lo que más interesa es la tenencia del
suelo o, en otras palabras, de la tierra. Antes de proseguir, es imprescindible auscultar otras
categorías andinas, asaz importantes, de propiedad y bienes poseídos, por ser acreedoras a una
consideración especial: Bienes inmuebles macroétnicos de índole comunal: Conformados por los
predios, caminos, puentes, canales, pozos, edificios y árboles locales y bien focalizados. Las
mejoras hechas en la tierra, en las plantaciones e incluso en los bosques podían ser estimadas
como propiedad distinta del suelo en que estaban. Hay datos suficientes para sostener la
existencia de edificios poseídos y mantenidos por otras asociaciones distintas de los grupos
domésticos ordinarios y nativos de un espacio. Así, los mitmas colliques de Chiclayo tenían en el
valle de Cajamarca casas, chacras, moyas o pantanos de totora y bancos de arcilla para su
artesanía alfarera, la mayoría de la cual era encaminada al Estado.3 Bienes inmuebles estatales:
Tierras, caminos, puentes, tambos u hospederías, pozos, canales, bosques, plantaciones de coca,
asentamientos urbanos (llactas), almacenes, guarniciones, armas, templos, acllahuasis, talleres;
aparejos de trabajo agrícola, minero, ceramista, textil y de metalistería. Objetos domésticos y
útiles de trabajo: Es decir, el menaje del hogar. Utensilios de cultivo, aperos e instrumentos
especiales. Desde luego que la propiedad de los implementos y avíos de laboreo estaban
conectadas con la distribución de faenas, según el sexo, los grupos de edad, rango, clase, etc.

2. El usufructo de tierras y posesión de la cosecha

Algunos documentos detallan que los repartos de tierras que llevaban a cabo los curacas se
efectuaban anualmente; pero otras fuentes aseguran que lo hacían una sola vez y que los hijos las
“heredaban” para usufructuarlas. Tales informes constituyen una aparente contradicción. Lo que
se conoce es que existían tierras que se asignaban de por vida y otras, cada año o cada cierto
número de años. Las primeras correspondían a aquellas, cuyos productos sembrados no
consumían los nutrientes del suelo, por ser chacras sometidas a un permanente riego y abono. En
cambio, cuando los terrenos se debilitaban, unas veces debido al producto cultivado y otras por no
acostumbrar fertilizarlos, era necesario dejarlos en descanso y reemplazarlos por otros ubicados
en distintos lugares. Esto sucedía, en lo medular, con las papacanchas. Además, se debe tener en
cuenta que los terrenos adjudicados para levantar las casas y corrales eran de por vida; y, por lo
común, “heredados” y ocupados por los descendientes. De ahí que cuando se dice que una
persona solo recibía un tupo (lote) haya que explicarlo, porque en la práctica, en infinidad de
casos, no solamente era un tupo sino varios, debido a que el reparto de tierras se efectuaba
tomando en consideración los largos intervalos de descanso a los que quedaban sometidas las
chacras por su agotamiento, en lo cardinal cuando se trataba de terrenos dedicados al sembrío de
tubérculos. En lo que importa, pues, a papacanchas (hijuelas destinadas a la obtención de papas /
35. Archivo General de Indias, Justicia 651. 36. La Gama 1540: 70-71; AGI, Justicia 458. 346 |
WALDEMAR ESPINOZA SORIANO Solanum tuberesum) fue ineludible asignar de seis a siete tupos
en las estepas o punas, en razón a que jamás se sembraba el mencionado tubérculo año tras año
en un terral, sino después de cinco años de inacción en climas templados, de siete en ecologías
frías y de nueve en las punas más bravas. De ahí la necesidad de redistribuir tierras cuando se
iniciaba el año agrícola y también la obligación de adjudicar varios tupos a un solo individuo,
porque darle apenas uno habría significado dejarlo en la miseria. En el Cusco cada papacancha
(tupo de papas) medía 20 varas por lado, o sea, 400 varas cuadradas.37 En la sierra, a diferencia
de los pastizales que no eran distribuidos por familias, las tierras de cultivo sí lo eran. Cada
miembro del ayllu aceptaba su lote en uno o más puntos; de ahí que cuando el individuo fallecía,
sus chacras retornaban al fondo común para dárselas a otro que las necesitara. Las parcelas se
entregaban a las parejas que acaban de formalizar sus uniones matrimoniales y configuraban
heredades distribuidas en diversos escenarios o nichos ecológicos, de acuerdo a las posesiones
territoriales que gozaba el ayllu. Así, la producción agrícola que apetecía el hogar para su
abastecimiento quedaba asegurada de por vida.

3. Los bienes de los curacas, del sapainca y del Estado

Los curacas también tenían su patrimonio personal, consistente en chacras que les donaba el
Estado, en cuyo caso la concesión se ubicaba en terrenos cercanos o en los de otras etnias. En el
caso de los señores de Picoy y Yaucha (quebrada del medio y alto Rímac), recibieron parcelas de
tal condición en el valle de los huancas (Jauja-Huancayo), Quinua (Ayacucho) y Vilcas38. Cobo
1653, I: 275. 348 | WALDEMAR ESPINOZA SORIANO huamán.39 El regalo no solamente de tierras,
sino también de ganado, coca, ropa, joyas y hombres a los curacas regionales o locales tenía su
objetivo: fomentar y mantener alianzas. Asimismo, con ello, se daba origen a la aparición y
formación de “dominios” señoriales, con la respectiva presencia y multiplicación de yanas:
verdaderos siervos de la gleba. Como es natural, ello acrecentaba la reputación de los linajes
étnicos. Como se nota, los patrimonios territoriales de sapaincas y curacas constituían las primeras
formas de la propiedad privada y familiar de los recursos productivos tipo “hacienda” en los
Andes. Y ello se inició en forma sistemática desde el tiempo de Pachacútec, adquiriendo más
amplitud durante la época de Huayna Cápac. De esta manera, hombres, tierras y rebaños
comenzaron a ser enajenados como parte de la política estatal, para ser entregados en propiedad
privada a jefes de huarangas y atuncuracazgos. Es aconsejable aclarar que todavía no configuraba
el sistema dominante. Frente a la exigua cantidad de tierras privadas, prevalecía la tenencia
colectiva de los ayllus, la estatal del Imperio y la sacerdotal o los bienes del culto. En síntesis, en el
Imperio hubo tierras explotadas como un bien privado o personal del sapainca (y, después de
extinto, por su panaca o descendientes); y otras que eran directamente bienes del Estado, sin que
hubiese oposición entre lo uno y lo otro. No obstante, en la existencia real, el sapainca, como hijo
de dioses y supremo mandatario, disponía de todo, de la tierra y de los que vivían sobre ella. De
ahí que, en el devenir cotidiano, los atunrunas (o pobladores) no distinguieran cuál era la
propiedad personal del sapainca ni cuál la estatal, de manera que daban a todas la categoría de
“tierras del Inca” en los informes suministrados a los cronistas. El atunruna no comprendía aquella
diferencia, planteada en teoría, porque dentro de la comunidad no estaba permitida la propiedad
privada del suelo. Tampoco esta realidad pudo ser captada por los primeros españoles, debido a
sus concepciones diferentes, como ya se indicó.

II. El trabajo

1. La organización de la fuerza de trabajo

El trabajo es un proceso que se desarrolla entre el hombre y la naturaleza. Una interacción en la


que el ser humano produce, regula y controla el inter39. Guamanyanac y Caxayauri 1576-1590.
ECONOMÍA POLÍTICA Y DOMÉSTICA DEL TAHUANTINSUYO | 349 cambio entre sí mismo y su medio
ambiente. Para ello, pone en movimiento simultá neo las fuerzas musculares pertenecientes a su
cuerpo, brazos, piernas, manos y cerebro, con la finalidad de apropiarse de los materiales de la
naturaleza y darles uso para su propia vida. Consecuentemente, el trabajo es la actividad por la
cual el hombre modifica la naturaleza con la meta de utilizarla para sus fines. Así, se adueña de los
recursos naturales, lo que significa que el trabajo del hombre es diferente a la actividad de los
animales porque el ser humano transforma las materias naturales para satisfacer las exigencias de
su existencia. Es la invariabilidad de la necesidad la que pone en funcionamiento los modos de
abastecimiento. Cada especie tiene su mecanismo biológico para ello. Por lo tanto, el hombre
modifica el medio ambiente en función de sus necesidades, que cambian con el curso de la
historia, de conformidad al conocimiento de las propiedades de la materia. Para conseguirlo echa
mano de diversas cosas, por ejemplo, se sirve de instrumentos producidos gracias a los metales,
maderas, piedras y huesos que recoge en su entorno. Elabora esas herramientas con observación
y experiencia, transformándolas en objetos capaces de satisfacer las necesidades humanas. De ahí
que el trabajo de este tipo sea un fenómeno exclusivamente humano, motivo por el cual tiene
características generales que valen en su época y ámbito, sea del pasado o del presente. La
sociedad es la que asigna un papel al trabajo, mientras que las relaciones sociales son las que
designan un destino al producto. Lo que quiere decir que hay productos del trabajo que tienen
valor de uso y otros tienen valor de mercancía. Y por último, hay productos que no pertenecen a
los productores sino a otras personas. En las sociedades complejas, como fue la del
Tahuantinsuyo, el trabajo se dividía según la participación de los campesinos y de los artesanos
especialistas. Esta división era indispensable para el funcionamiento del sistema económico en su
totalidad. Por lo tanto, en el Incario el trabajo se apuntalaba en tres pilares claves: la edad, el sexo
y el rango social. Así, existían labores únicamente para personas jóvenes y otras para adultas, las
mismas que resultaban imposibles de ser ejecutadas por niños y ancianos.
2. Las formas de trabajo

En el Estado Inca funcionaban varias formas de trabajo: 1° el personal o individual; 2° el familiar o


doméstico; 3° el ayni o reciprocidad; 4° la minca o colectivismo; 5° la mita o estatal, en toda índole
de actividades, ya fuese dentro de un señorío o del imperio; 6° el del ejército profesionalizado que,
estrictamente, no constituía un modelo de mita, al igual que el de las acllas; 7° el servil, a cargo de
yanas y yanayacos; 8° el de los piñas o esclavos en los cocales del Inca; 9° el de los artesanos libres
de la costa centro-norte y de Quito; 10° el de los mercaderes del litoral y del extremo norte del
Chinchaysuyo (Chinchaysuyu); 11° el indirecto de los administradores del Estado; 12° el indirecto
de los sacerdotes; y, 13° los servicios especiales 56. Calancha y Torres 1653: 18; Cobo 1653: 190-
194, 231-232. 57. Guaman Poma 1615: 260. ECONOMÍA POLÍTICA Y DOMÉSTICA DEL
TAHUANTINSUYO | 361 (chasquis, danzantes, músicos, bufones, cargueros del Inca y curacas,
probadores de los alimentos y bebidas del soberano), solamente cumplidos por gente
seleccionada. Del listado anterior, salvo los indicados en los numerales 10 y 11 de las mencionadas
formas de trabajo, corresponden a sociedades de escaso desarrollo de sus fuerzas productivas.
Precisamente, tales figuras laborales se venían ejercitando desde los lejanos tiempos de Chavín,
Moche, Nasca, Huari, Tiahuanaco y Chimú. Desde entonces, la tecnología no avanzaba, lo que
justamente determinó la persistencia de la organización de los ayllus o clanes, o sea, de las
comunidades, ya que el ayni, la minca y la mita eran posibles gracias a su funcionamiento.

3. La división del trabajo

La división del trabajo entre los runas del Tahuantinsuyo, por lo general, se basaba en el sexo, la
edad y las habilidades. Dependía también del rango 68. Garcilaso 1609: lib. V, caps. VI y IX. 69.
Garcilaso 1609: lib. V, caps. VI y IX. 380 | WALDEMAR ESPINOZA SORIANO social de los grupos
estratificados. Existían separaciones en forma total y exclusiva en muchas ocupaciones: así,
únicamente los varones roturaban la tierra para que solo las mujeres echasen en los hoyos las
semillas; las féminas eran las únicas llamadas a servir los vasos de chicha para dárselos a los
hombres con el fin de que bebiesen. En las estepas, los hombres ejercían de pastores; y entre los
guayacundos las mujeres se desempeñaban como alfareras.70 La orfebrería, platería y tapicería de
cumpis corría a cargo exclusivo de los varones. Pero, también abundaban las oportunidades en las
que los dos sexos se combinaban en diversas tareas de una misma ocupación. Tal situación se
presentaba en la siembra, cuando el marido abría con la taclla o tira-píe los huecos y de inmediato
la esposa arrojaba allí las semillas; o, cuando los guerreros marchaban a las campañas seguidas
por sus esposas, sin las cuales no habría existido quién les preparara los alimentos. Todo lo
explicaban con mitos y ritos mágico-religiosos. En una sociedad de este tipo, los efectos
económicos resultaban extraordinarios. En las mincas o faenas colectivas se constituían grupos
iguales para laborar todo el tiempo sin parar —salvo en las noches— hasta concluir la obra. En las
mitas se mudaban por turnos. En el ayni o tareas recíprocas influía el parentesco. Las mingas y
mitas corrían bajo la responsabilidad de la integridad de los adultos de los ayllus, sayas y
provincias. Hemos expuesto que también se tomaban en cuenta las habilidades manuales.
Consecuentemente, se aprovechaba tanto a individuos como a determinados conglomerados
sociales, para dedicarlos a quehaceres inherentes a sus inclinaciones o vocaciones. Existían ayllus
(o poblaciones), sobre todo en la costa central y norte, especializados en algún oficio: canteros,
salineros, orfebres, plateros, tapiceros, olleros, carpinteros, sastres, alpargateros, cocineros,
chicheros, albañiles, arquitectos, pescadores, pintores, tintoreros, estampadores, cocineros,
venaderos, huseros, plumajeros, contorsionistas y malabaristas circenses, etc.

4. El material cuantitativo del trabajo

Sabemos que toda la población en aptitudes de laborar prestaba servicios, pero no podemos
hablar de aspectos cuantitativos exactos del trabajo, por haberse extraviado las fuentes
documentales respectivas. De manera que, ECONOMÍA POLÍTICA Y DOMÉSTICA DEL
TAHUANTINSUYO | 387 por ahora, es imposible fijar la cantidad de fuerza necesaria para la
realización de determinadas obras, como acaece con la edificación de Sacsayhuaman, de
Ollantaytambo, de Machupicchu, de Vilcashuamán, de Huanucopampa o de Huaytará. En este
sentido, solamente podríamos hacer intentos para deducir la cantidad de energía humana
disponible y para calcular los trabajadores que de hecho se reunían. Existían grupos e individuos
exceptuados de participar en las tareas productivas, situación que era justificada por ser partícipes
del sector gobernante, es decir, aristócratas cuyos linajes estaban bien establecidos mediante
reglas de parentesco y otros lazos sociales con la persona o familia para quien se trabajaba.
Quienes braceaban lo hacían porque reunían los requisitos prácticos y técnicos necesarios para
ello. También es importante conocer que les retribuían con alimento, bebida y coca. Lo
interesante es que todo aquel que prestaba servicios a los curacas, a los dioses y a los sapaincas,
participaba de las rentas del beneficiario, ya en el mismo momento o en el futuro, gracias a las
redistribuciones asimétricas.

5. La organización del trabajo

Varias eran las formas de producción desarrolladas de manera individual, familiar, comunal y
multitudinaria. Como en cada ayllu había un jefe llamado ayllusca o pachaca-curaca, es decir,
señor de cien familias, quien, sin realizar necesariamente él mismo ninguna labor manual, estaba
encargado de iniciar las faenas y de orientar, directa o indirectamente, el trabajo por
determinados cauces. El estatus social de ese jefe aparecía como el más ínfimo en la pirámide de
agentes del poder y siempre estaba en manos de una persona nativa o foránea, en situación de
conformar una agrupación de mitmas. Por cierto, que gozaba de medios para hacer respetar su
autoridad, con facultad para poner en acción amonestaciones, capturas y algunos castigos de poca
monta. Las autoridades superiores visibles otorgaban a dicho jefe donaciones, o mejor dicho,
redistribuciones de productos agrícolas, ganaderos, artefactos, joyas, coca y hasta alguna esposa
adicional por sus buenos servicios. Por dirigir los trabajos en la comunidad o ayllu, disponía de
tierras en usufructo y trabajadores para ella. En tal sentido, existían buenas bases para el
planeamiento del trabajo de no pocos individuos, con efectos óptimos. Desde luego que, tanto
para producir como para cosechar los productos durante definidas estaciones, tales
acontecimientos regulares permanecían regidos por ceremoniales especiales que, a veces,
resultaban espectaculares por estar dirigidas por sus jefes. Lo curioso es que en los trabajos
modelo minca o comunal, nadie recibía premios o redistribuciones de la comunidad, por cuanto
quienes trabajaban eran los propios miembros de ella que actuaban en empresas concebidas por
sus líderes para el bienestar de la totalidad del clan. Ejemplos de tales trabajos eran el abrir y
mantener en buen estado los puentes y caminos, o bien almacenar provisiones en los trojes del
curaca mayor durante una precisa estación del año.
III. La producción, distribución, intercambio y consumo

1. La producción
La producción compelía a una organización para transformar los recursos en bienes o en
servicios para usarlos y satisfacer las aspiraciones de los campesinos, del sacerdocio, de los
gobernantes y del Estado. Cualquier esfuerzo realizado con el mencionado fin caía dentro de
la categoría de producción, como acontecía con el transporte de materiales de un lugar a
otro, en cuya actividad demostraban conocer procesos y conocimientos, es decir,
aprovechaban la tradición, la tecnología y el conocimiento del medio ambiente (recursos
potenciales, bosques, tierras sin usar, agua utilizable para riegos, métodos para explotarlos).
Como los tipos de economía se clasificaban de acuerdo a su técnica de producción, en el
interior del Imperio tahuantinsuyano, encontramos: 1° pueblos predominantemente
recolectores —de frutas, semillas y raíces— en los contornos periféricos del Antisuyo o Selva
Alta, fronterizos con los sacharrunas (selvícolas); 2° cazadores y pescadores, no solo en las
áreas anteriores, sino en otras mucho más centrales (urus del Altiplano, changos de las playas
meridionales); 3° agricultores y pastores avanzados, que conformaban la mayoría poblacional;
4° artesanos y mercaderes, de preferencia en la costa nor-central y también en el extremo
septentrional del Chinchaysuyo (Quito, Pasto). Desde luego que ni unos ni otros permanecían
excluidos mutuamente. Lo natural era que los pastores altiplánicos frecuentaran la agricultura
de gramíneas y tubérculos de altura; o que los agricultores recolectaran algunas plantas
silvestres, cazaran y pescaran, y pudieran también tener manadas, trabajando por
temporadas en lugares cercanos y distantes.

2. La distribución

En el presente rubro —sobre todo—, hay que considerar a las recompensas que, mediante la
figura de las redistribuciones, recibían los diferentes 83. González Holguín 1608: 588, 640-641. 398
| WALDEMAR ESPINOZA SORIANO actores o agentes del proceso productivo directo e indirecto.
Tales gratificaciones bien podían ser obtenidas mediante el reparto de un producto colectivo (por
ejemplo, de una cosecha de maíz) o por una remuneración proveniente de otros bienes, cuando el
producto resultaba imposible de ser divisible, como en la situación de una balsa o de una casa.
Tales indemnizaciones las recibía el trabajador como una ganancia de su trabajo en las mitas
agrícolas, ganaderas, o artesanales. Desde luego que la porción recibida no representaba el
esfuerzo invertido, brindado y gastado por el productor directo, pues el señor siempre se quedaba
con un excedente a su favor. Lo mismo ocurría con las compensaciones a los especialistas y
técnicos en rituales o con los organizadores de las tareas. Realmente, la retribución constituía un
pago al trabajador; aunque no se puede negar que las redistribuciones descansaban más sobre
bases sociales que económicas; de manera que las redistribuciones resultaban, con frecuencia,
convencionales, tanto en la cantidad como en la calidad de bienes. De ahí que las citadas
redistribuciones se presentaran de acuerdo al tipo de trabajo o de servicio prestado, al tiempo
dedicado o a la categoría de la persona a quien se recompensaba. En varios casos, el servicio de
asistir al trabajo o el estatus del trabajador determinaban la recompensa y no la cantidad de
esfuerzo realizado. Pero de todos modos, en la idea primaba que todo trabajo debía ser
reciprocado. En los laboríos colectivos de las comunidades (mincas), donde los trabajadores se
reunían impulsados por sus lazos de parentesco, no existía el sistema de retribuciones o pagos.
3. Los intercambios y las monedas

Existían formas de conseguir cosas necesarias, pero que no se podían producir por sí mismos.
Entonces, se echaba mano de la figura del trueque, de las equivalencias, de algunos productos a
los que les habían otorgado el valor de monedas, lo que vale decir, monedas mercancías; y, en
determinados lugares de la costa norteña y central, hasta de determinadas hachuelas de cobre
que llenaban algunas de estas funciones, ya que con ellas medían el valor de sus bienes y servicios.
Además, funcionaban contexturas periódicas de intercambio de bienes y de servicios. Justamente,
uno de los papeles del intercambio era facilitar el proceso productivo, por cuanto permitía que los
actores de la producción recibieran sus recompensas en bienes distintos de los que producían.
Otro de los cometidos del intercambio era complementar los recursos de la comunidad. Habría
que distinguir entre el intercambio “interior” y “exterior”. El primero no solamente incluía el
intercambio de regalos y trueques entre los miembros de un ayllu, estrechamente organizados, en
especial, entre grupos de parientes de las comunidades de aldea, sino también el intercambio
mediante monedas mercancías. El segundo tipo se refiere al fenómeno 84. Cieza 1554: 297. 402 |
WALDEMAR ESPINOZA SORIANO general de los mercados, al intercambio con forasteros y a las
expediciones comerciales organizadas. Precisamente, hay información documental sobre la
existencia de algunos mercados, con gran importancia en circuitos fijos de aprovisionamiento, con
periodicidad y ordenamiento definido. Tales mercados espoleaban la producción. En el mercado
de la isla de Plata, en el mar de Manabí, se intercambiaban caracolas traídas de los mares
ecuatoriales por cerámica, telas y metales, acarreados en balsas desde del espacio andino.

4. El consumo

Es el término económico que sirve para analizar el uso final que se daba a los recursos de la
comunidad y del Estado. Ya hemos visto que uno de esos recursos era el trabajo humano y que
sabían dividir el tiempo laborable entre los diferentes tipos de trabajos, en lo primordial, en lo
concerniente a la producción familiar, en equipo productivo, y la producción de bienes que iban a
consumirse de manera directa. Es evidente la imposibilidad de calcular los ingresos reales o
exactos, como es el caso de la totalidad de bienes y servicios que recibían los mitayos y yanaconas
durante un ECONOMÍA POLÍTICA Y DOMÉSTICA DEL TAHUANTINSUYO | 405 período dado; ni
siquiera nos quedan muestras para llegar a una conclusión aproximada. No obstante tal
materialidad, esto nos conduce a indagar en lo tocante al nivel de vida, no solo en términos de las
necesidades de comida y abrigo de las personas, sino también de la realización de sus deseos,
definidos por los valores de la comunidad en que vivían. Sin embargo, según lo que manifiestan las
fuentes de los siglos XVI y XVII, se puede apreciar que dichas aspiraciones podían ser satisfechas
mediante el proceso de producción, intercambio y distribución que practicaban.

IV. Las cuentas y medidas de valor

1. Las equivalencias
Se conocían dos formas principales de trueque: el simple y el avanzando. El primero
configuraba un mero canje con regateo y yapa o adehala (un agregado). El avanzado, por el
contrario, conformaba todo un sistema de equivalencias de productos intercambiables, sin
regateo ni yapa. Los dos eran directos, es decir, objeto contra objeto, de conformidad al
acuerdo entre las partes. En el mecanismo de las equivalencias, sus montos solían ser
cantidades u objetos determinados y fijos, conformando auténticos patrones de medida
común, como ya se dijo, sin regateo ni yapa. Su funcionamiento debió comenzar al
generalizarse los intercambios, de modo que las equivalencias los organizaron. Con tal
finalidad, quedaron establecidos los patrones de medida común, donde el valor de uso fijaba
el valor del intercambio. Lo que significa que la equivalencia consistía en que cada una de las
partes interesadas daba igual valor a los productos intercambiados, de conformidad a su
eficacia. En otras palabras, ninguno de los productos debía perder su valor de uso, hecho
precisamente que facilitaba el intercambio. Las equivalencias, como se percibe, conformaban
escalas de valores. He aquí tres ejemplos acreditados por la fuente etnográfica: 1° Una olla
podía ser adquirida entregando maíz, llenado el recipiente con el enunciado grano, hasta el
ras. El que ofrecía la olla recogía el maíz; y el que proporcionaba el maíz se llevaba la olla. Lo
que demuestra que el volumen del maíz dependía del tamaño de la vasija. 2° La equivalencia
de un cántaro por chicha se alcanzaba colmando de bebida dicho recipiente. De manera que
la persona que cedía el cacharro, ingería la poción, mientras que quien suministraba la chicha
se quedaba con el cántaro. La porción del líquido dependía de la capacidad del botijo. 3° En la
equivalencia de una manta por papas, se cosía a la primera por dos de sus lados formando
una bolsa provisional que era colmada de tubérculos, y esa era la equivalencia.

2. El problema de las monedas andinas


Primeramente, recordemos qué es moneda: un instrumento de cambio que produce un
beneficio; un implemento típico que sirve para comprar mercancías y pagar servicios.
Constituye algo que se utiliza para adquirir mercancías y venderlas. Es, asimismo, un
instrumento que se presta a condición de recibir algo en recompensa (intereses); y también
para darlo sin obtener ninguna remuneración en determinados contextos. No es suficiente
decir que tal o tales objetos servían de moneda en el ámbito andino. Antes, es urgente
precisar los conceptos en que los empleaban. Solamente así se podría establecer el rol que
ocuparon en la economía prehispánica. Previamente hay que recapitular que, en el espacio
andino, estaba muy generalizada la reciprocidad (ayni), el colectivismo (minca), el tributo en
trabajo debidamente retribuido (mita) y la redistribución de bienes en cantidades que
dependían de la jerarquía de cada jefe étnico. En la sierra, también estaba expandido el
conocimiento y uso de los diversos pisos y nichos ecológicos, para la obtención de diferentes
especies y variedades de productos comestibles. Tanto la reciprocidad como el colectivismo,
las prestaciones en trabajo, las redistribuciones y el manejo de los pisos y nichos ecológicos, si
bien no extinguieron el intercambio; por el contrario, sí redujeron considerablemente el
movimiento del comercio y de las monedas. Ya se ha visto que el ayni era una ayuda mutua o
recíproca entre individuos y grupos domésticos dentro del ayllu (familia extensa, clan). Por
cierto que configuraba una ayuda interesada. Nadie regalaba o proporcionaba nada por gusto,
sino con la idea de ser correspondido algún día inmediato o mediato. Se desenvolvía, por lo
tanto, un negocio permanente.
3. Las monedas-mercancías Veamos enseguida las monedas-mercancías. Estaban conformadas
por productos que tenían valor de dinero para pagar y comprar. Hemos averiguado qué
artículos poseían valor de moneda en el Antiguo Perú. O dicho de otro modo, qué cosas eran
generalmente aceptadas para conseguir la conversión de un objeto o de un servicio. Hemos
encontrado que dichos medios dependían de los lugares, es decir, según las etnias que
practicaban la referida modalidad. Así, en unas era la sal; en otras, la lana o el algodón o el
maíz, etc. Sin embargo existían también artículos de aceptación universal o general en la
totalidad de etnias, tales como el mullu, el ají y la coca: tres productos de común acogida.
Hombres y mujeres les otorgaron el carácter de moneda. De manera que, gracias a ellos, el
trueque simple y las equivalencias fueron superados. Mullu, ají y coca conformaban objetos
que a la integridad de los ayllus les era imposible producir. Además, eran considerados
elementos ceremoniales y raros; pero económicamente útiles entre pueblos culturalmente
semejantes. Como recursos de cambio, servían para conseguir otras cosas. Aunque el mullu,
aparte de instrumento mágico-religioso, servía también de ornamento y de medicina
espiritual y sicológica. Es posible que el florecimiento y prosperidad de los artesanos
especialistas de la costa central y norte del Perú hayan sido los que acarrearon la aparición y
desarrollo de las monedas-mercancías. Ellos transformaron al mullu, ají y coca en moneda
natural, logrando que las transacciones se generalizaran y dinamizaran, favoreciendo incluso
el comercio a larga distancia. Por cuanto, ya no era solo un producto el que podían adquirir
con mullu, ají y coca, sino cualquier artículo en poca, mediana y enorme cantidad; porque
estas tres monedas naturales podían ser cambiadas sin dificultades con otros productos.
4. Las hachuelas de cobre
Con todo, el descubrimiento más notable de las últimas décadas es el que relacionado con las
hachuelas-monedas de cobre arsenical. Bien que es imprescindible aclarar previamente que
no hubo moneda-signo, como las que manipulamos hoy. Los documentos del siglo XVI apenas
hablan de trozos de metal que funcionaban en forma aislada y limitada. En lo que incumbe a
la etnias ubicadas en la serranía del Perú actual y en la parte surcosteña, se puede asegurar
que continuaron muy apegadas a sus trueques simples, equivalencias y monedas-mercancías.
No les atraía los pedazos de cobre arsenical. Por el contrario, los habitantes del litoral central
y norteño del espacio peruano eran quienes manipulaban los mencionados fragmentos de
cobre que exhibían la forma de hachitas. Realidad que es comprensible si recordamos que las
etnias de este ámbito actuaban en medio de un progreso artesanal con especialistas a tiempo
completo hasta en 30 oficios, dando lugar a un gran movimiento de adquisiciones y
enajenaciones. En la faja costanera, desde Chincha a Manta (noroeste de Guayaquil) y en la
serranía ecuatoriana, la economía de tratos y contratos era bastante ejercitada. Los pueblos, a
partir del valle de Chincha a la etnia Huancavilca, se desenvolvían en forma diferente a los
ayllus de la sierra peruana y altiplánica. No olvidemos que en aquellas áreas ribereñas al mar y
norte de Quito existían artesanos y mercaderes a tiempo completo, realidad que les obligó a
inventar la moneda tipo hachuelas de cobre. Un objeto pequeño, ágil y funcional que les iba a
servir de mediadora de las transacciones. Los artesanos especialistas y los mercaderes ya no
podían seguir únicamente con trueques, equivalencias y monedas mercancías, pues trababan
el tráfico cada vez que este prosperaba.
Conclusión
En suma, la autosuficiencia de los runas andinos en la era prehispánica estuvo apuntalada en
cuatro factores fundamentales: la racionalidad en el buen manejo de los pisos y nichos
ecológicos, en la reciprocidad o ayni, en el colectivismo o minca y en el tributo en trabajo o
mita correctamente retribuido. El primer sistema les permitió cosechar productos de todos
los climas; el segundo les facilitaba la reproducción de la familia; el tercero, la reproducción
de la comunidad; y el cuarto, la reproducción del Estado.
LA TRANSICIÓN DEL SISTEMA PREHISPÁNICO AL SISTEMA ECONÓMICO COLONIAL
Héctor Omar Noejovich
I. Introducción

El sistema colonial temprano se caracterizó, como bien determinó Spalding (1984), por ser
una plunder economy o “economía del pillaje” que, por otra parte, era un comportamiento
conocido en la historia europea y asiática: capturar los tesoros y hacer esclavos a los vencidos
fue, por largo tiempo, una estrategia usual en el Viejo Mundo. La transición del sistema
prehispánico al sistema colonial pasó por ejes que se refieren tanto a la organización de los
medios de producción, como a la circulación de bienes y servicios. Cuando afirmamos la
inexistencia de una “noción abstracta de propiedad”, nos referimos a una organización con
una asignación transitoria de los medios de producción —tierra y ganado—, que carece de
sentido patrimonial, sirviendo aquellos para la subsistencia y acumulación colectiva. Así, en
Chucuito, los jefes étnicos manifestaron: “Todas las tierras están repartidas entre los indios y
cada uno tiene señalado lo que es suyo [...]”.1 [...] los indios tienen sus tierras y chácaras
señaladas [...] al morir algun indio que no deja hijos [...] parte de las tierras a su mujer y las
demás reparte entre los indios del ayllo donde era el indio [...] y si el dicho difunto no deja
heredero se reparten todas las tierras entre su ayllo [...].2 Ese “señalamiento” excluía toda
posibilidad contractual respecto del bien, toda vez que constituía una “asignación transitoria
del recurso”: se podía utilizar la par1. Diez de San Miguel 1964 [1567]: 25; la cursiva es mía. 2.
Ibídem: 35; la cursiva es mía. 24 | Héctor Omar Noejovich cela mientras se tuviese mujer e
hijos; caso contrario, era repartida al ayllu después del fallecimiento. De la misma manera se
asignaba el producto de las tierras: [...] y que el ynga no tenia tierras suyas en este
repartimiento más de que ellos de las suyas sembraban para coger el maíz que le daban [...]3
[...] y hacían chácaras de maíz y coca y las de ají y papas [...] cuando se lo mandaban a estas
tierras en que hacían dichas chácaras eran suyas de ellos y no del inga [...]4 [...] tributaban por
razón de las personas que eran y no por las tierras porque por ellas no les dieron ni daban
ninguna cosa en reconocimiento de habérselas dado [...]5 De tal forma que el “sistema de
tributación” era “hacer chácaras” y asignar la producción al Inka, sistema que la población
indígena intentó repetir con los españoles, “haciendo las chácaras al encomendero”.6 El
choque con el sistema español destaca por la reacción de los funcionarios que no
comprendían el sistema prehispánico, como se refleja en las Instrucciones del Dr. Cuenca:
Ytem porque los dichos casiques sin tener poder para ello venden por su autoridad las tierras
del repartimiento por suyas siendo de la comunidad.7 Ytem porque las tierras e aguas de los
repartimientos son de la comunidad de los indios y no del cacique ni principales.8 También en
Matienzo: “[...] a cada uno en particular debe darse tantos topos que sepa y entienda que son
suyas y que nadies se las ha de poder quitar ni tomar [...] porque hasta aquí no han poseído
tierras propias antes el cacique se las reparte como él quiere”.
1. La noción de Estado como categoría histórica y su importancia en la historia de América
De forma análoga a la conceptuación histórica de la “economía”, enfrentamos el
problema de la categorización del “Estado”. En efecto, el concepto moderno, formalizado
a comienzos del siglo,15 tampoco puede extenderse al pasado sin efectuar las
correspondientes diferencias. Esto es aplicable tanto a la tipificación de las 12. El signo ƒ
que aparece en el texto era utilizado en castellano antiguo como s o ç, conforme se indica
en la edición consultada (1984). 13. Cf. Romano 1992: 55-58. Diferencia que existe en
época contemporánea (Cf. Fonseca Martel 1972; Mayer 1970). 14. Cf. Pease 1988.
Generalmente se asocia con el “trueque”, pero hay que distinguir entre el “trueque” en
una economía monetaria con un sistema referencial de precios y en otro tipo de
organización donde no existe un “sistema de precios”. 15. Jellinek 1954 [1905]. 26 |
Héctor Omar Noejovich organizaciones políticas prehispánicas como al concepto español
del siglo XVI. Es menester precisar, también, que la categorización de “imperio”, en el
caso de la organización política inca, resulta anacrónica frente a otros “imperios”, como el
romano, el carolingio o el de Carlos V. Si por “imperio” se entiende el ejercicio del
poder,16 sería cuestión de evaluar los poderes del Inca y de la elite incaica. Pero una cosa
es el ejercicio del poder y otra la concepción de Estado,17 desde el punto de vista
jurídico-institucional. Este último es definido por tres elementos: territorio propio,
súbditos propios y poder propio;18 a un “país” al que le faltan algunos de los elementos,
el autor citado lo denomina “fragmento de Estado”.

2. Del sistema prehispánico al sistema colonial: ¿la yuxtaposición de sistemas o el


desplazamiento del uno por el otro?

Tanto en lo económico como en lo político, prefiero utilizar la noción de sistema y darle así un
carácter sistémico a la transición producida por el “encuentro de dos mundos”. Creo
pertinente referirme al sistema colonial como a una “yuxtaposición de sistemas”, una suerte
de mestizaje que se plasma en la transición que constituye el objeto de este discurso. El
universo español se articula con el universo andino y conforma un sistema mestizo en el cual
ninguno prevalece totalmente sobre el otro; ello se produce mediante una articulación de los
jefes étnicos con las autoridades, adaptando el “sistema dual”, tanto político,23 como
económico.24 Como apropiadamente señala Pease: [...] los curacas andinos previos a la
invasión española no pueden ser simplemente entendidos como ‘privilegiados’, cuya
autoridad provenía de una decisión de un poder superior, sino como aportes importantes de
un sistema integrado, con funciones y responsabilidades claramente establecidas dentro de la
reciprocidad y la redistribución [...]. El universo colonial delimitaba en ella las actividades de
los curacas, concibiéndolas como funcionarios coloniales mediadores, considerados ‘desde
arriba’ por la propia administración, entre ella misma y la población andina.25 En
concordancia con Wachtel, no fue una simple yuxtaposición de rasgos, sino una cuestión
global que no condujo a la aculturación de la población indígena.26 Absorbido el shock de la
invasión, el mundo andino mantuvo en su interior sus “patrones colectivos de
acumulación”,27 siguiendo las reglas de “reciprocidad” y “redistribución”, pero
acomodándose, al mismo tiempo, a los sistemas de “circulación mercantil” en cuanto a su
relación con el mundo exterior de los ayllus y comunidades.
3. Las etapas de asentamiento castellano y la formación del virreinato del Perú

La expedición de Pizarro fue concebida como una empresa comercial en el marco de las
capitulaciones propias de la institucionalidad española: en este caso la Capitulación de
Toledo. Sin entrar en mayores detalles de los acontecimientos,30 la “Conquista del Perú”,
como todas las expediciones españolas en América, tenía un doble objetivo: el beneficio
material y la obtención de prestigio. El antecedente fue la Compañía de Levante formada por
Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque, aparentemente sustentada en una
constitución de sociedad realizada en 1524 y que surge de una copia de 1526.31 En tal
empresa, Luque aparecía como financista, pero existe la hipótesis de que el licenciado Diego
de Espinoza fue el verdadero suministrador de fondos, a instancias de Pedrarias de Dávila,
gobernador de Castilla de Oro, como se denominaba a Panamá.32 Hubo dos primeras
expediciones, cuyos detalles escapan al objetivo de este trabajo y cuyo corolario fue la
suscripción de la Capitulación de Toledo el 26 de julio de 1529. Por este documento, la Corona
concedió con carácter exclusivo a Pizarro y Almagro los derechos de exploración y conquista
de 200 leguas castellanas, desde el río Santiago hasta Chincha, aproximadamente, cuyos
beneficios principales resumimos a continuación: 29.

4 La periodización
Para efecto de ubicar al lector en las distintas fases de la “transición” al sistema económico
colonial, establecemos las siguientes etapas en el desarrollo del texto: • De Pizarro a La Gasca
(1532-1549). Etapa donde la noción de Estado es inexistente y se caracteriza por
enfrentamientos, tanto entre conquistadores como entre estos y la Corona. Corresponde al
desarrollo de la sección II. En el mapa N.º 1 se puede apreciar la evolución de su marcha en la
Conquista del Perú; es claro que la disputa por las “riquezas” fue el móvil dominante. Como
ejemplos de este tempestuoso período se encuentran la rebelión de Manco Inca en 1536 y el
establecimiento del núcleo conocido como Los Incas de Vilcabamba; la ejecución de Diego de
Almagro, en 1538; el asesinato de Pizarro, en 1541; y la ejecución del primer virrey del Perú,
Blasco Núñez de Vela, en 1544. 37. Ibídem: 60-61. (...viene) 36 | Héctor Omar Noejovich • De
La Gasca a Toledo (1549-1569). Como veremos en la sección III, el poder intentó consolidarse.
Antonio de Mendoza, quien había estabilizado en México el sistema político y económico para
1536, fue nombrado segundo virrey del Perú en 1551. Entre la salida de Pedro de La Gasca y la
llegada del nuevo virrey, el Gobierno fue cubierto por la Real Audiencia, presidida por
Melchor Bravo de Saravia y Sotomayor. Antonio de Mendoza fue sucedido por Andrés
Hurtado de Mendoza (1556-1556) seguido por la Audiencia presidida por el oidor Hernando
de Saavedra, en 1561. El Conde de Nieva, cuarto virrey del Perú (1561-1564), murió
intempestivamente; por lo que nuevamente la Real Audiencia, presidida esta vez por el oidor
Hernando de Saavedra, se hizo cargo del Gobierno de manera provisoria hasta el
nombramiento del licenciado Lope García de Castro como gobernador, cargo que desempeñó
hasta la llegada de Francisco de Toledo. • El virreinato de Toledo (1569-1581). Finalmente y
como derivado de la Junta Magna de 1568, se pudo consolidar el así llamado Estado colonial,
con el arribo de Francisco de Toledo. Los detalles serán desarrollados en la sección IV.
II. La organización de la vida material durante la primera etapa
Al lado de los repartos iniciales, el objetivo de los conquistadores era asentarse en las
nuevas tierras y adquirir el prestigio que no tenían en su terruño natal dado que eran,
en su gran mayoría, de origen bastardo y plebeyo,38 completándose con hidalgos. La
encomienda fue la institución por excelencia utilizada tanto para el beneficio material
como para el posicionamiento político y social: otorgaba rentas, daba prestigio y
poder.
1. Los antecedentes de la España medieval:
semejanzas y diferencias con la intrusión en América El Medioevo ibérico tuvo
características propias a consecuencia de la invasión musulmana y dio lugar a un
proceso histórico conocido como la Reconquista. A mediados del siglo VIII,
coexistieron dos organizaciones políticas en la Península Ibérica: el reino de
Asturias en el norte y el emirato Omeya en el sur, ambos independientes de
cualquier vasallaje. Fueron los asturianos quienes emprendieron la colonización
del valle del Duero,39 abandonado por los bereberes cuando el emi
2. La encomienda y las mercedes de tierra como instituciones de “financiamiento
de la conquista”
La etapa inicial, conocida como el “período antillano” (1492-1516), repitió el
modelo antiguo de conquista: botín y esclavos. Bajo la filosofía cristiana, el
Derecho de cautiverio pasaba a ser una práctica piadosa para sustituir a un
Derecho de Guerra que permitía matar al vencido, con la excepción de los
cristianos, a quienes solo les cabía la muerte en batalla o el rescate. La política de
la Corona fue adoptar una estrategia acorde con la justificación de sus derechos
sobre las poblaciones autóctonas, toda vez que su “infidelidad” era causada por
su “ignorancia” y, por tanto, no podían utilizarse criterios análogos a los
empleados en la Reconquista. También estaba el debate jurídico sobre la
fundamentación de los derechos de la Corona a la ocupación del territorio
americano y, en conexión, determinar la condición de la naturaleza de unos
habitantes “que no descendían de Adán y Eva”. La solución a esta discusión
acabó recién en 1537 con la bula de Pablo III que reconocía la “condición humana
de los indios”.45 Pero, más allá de las disquisiciones teóricas, existía una
motivación económica: la necesidad 44. Ganshof 1985 [1957]. 45. Zavala 1988:
48. 40 | Héctor Omar Noejovich de mano de obra, inicialmente, para la
extracción de oro aluvional y que, más adelante, devino en la explotación de
minas de plata.
3 La perpetuidad de las encomiendas, la tasación y las guerras civiles en el
virreinato del Perú
Como ya señalamos, desde los inicios de la invasión europea, la necesidad de
mano de obra fue palpable. Esta fue resuelta primero por medio de la esclavitud
y, luego, mediante la encomienda, de tal manera que se inducía al control de la
fuerza de trabajo bajo el eufemismo de “enseñar a trabajar y prosperar a los
indios”. Ya desde la real provisión que los indios de la isla Española sirvan a los
cristianos, del 20 de diciembre de 1503,65 y la real cédula que los vecinos de la
isla Española se sirvan de los indios esclavos como personas sujetas a
servidumbre, del 30 de abril de 1508,66 quedaron sentadas las bases de un
relación laboral coactiva y subordinada, que colocaba a los indios en una posición
inferior de capitis diminutio. En las etapas iniciales, esa relación tuvo una
institucionalización confusa, inicialmente, con el repartimiento, ya sea a título de
esclavos o como una relación servil: se trataba de cubrir una necesidad de mano
de obra, tanto para la extracción de oro y plata, como para la sustentación de los
españoles.67 Desechada la figura de la esclavitud indígena,68 se fue
perfeccionando la encomienda, estableciéndose junto con el reparto de indios, la
obligación de educarlos, especialmente, en la fe cristiana: ese era el in
comendam. Las Ordenanzas para el tratamiento de los indios, también
denominadas Leyes de Burgos y otorgadas en Valladolid el 23 de enero de 1513,
establecían el nexo arriba mencionado entre indios y encomenderos. Respecto
de las obligaciones de estos últimos: Ley Primera 4. La tasación de La Gasca El
nombramiento de Gonzalo Pizarro como procurador general para gestionar la
suspensión de las Leyes Nuevas fue el principio de una escalada hacia el dominio
del poder, la cual culminó al convertirse en gobernador por la Audiencia.95 Las
acciones siguientes condujeron, en 1546, a reunir representantes de los
principales cabildos para elegir representantes de los amotinados ante Carlos V, a
fin de negociar sus puntos de vista: amnistía, nombramiento de Gonzalo Pizarro
como gobernador vitalicio y suspensión temporal de la Audiencia, 1. La noción de
Estado como categoría histórica y su importancia en la historia de América De
forma análoga a la conceptuación histórica de la “economía”, enfrentamos el
problema de la categorización del “Estado”. En efecto, el concepto moderno,
formalizado a comienzos del siglo,15 tampoco puede extenderse al pasado sin
efectuar las correspondientes diferencias. Esto es aplicable tanto a la tipificación
de las 12. El signo ƒ que aparece en el texto era utilizado en castellano antiguo
como s o ç, conforme se indica en la edición consultada (1984). 13. Cf. Romano
1992: 55-58. Diferencia que existe en época contemporánea (Cf. Fonseca Martel
1972; Mayer 1970). 14. Cf. Pease 1988. Generalmente se asocia con el “trueque”,
pero hay que distinguir entre el “trueque” en una economía monetaria con un
sistema referencial de precios y en otro tipo de organización donde no existe un
“sistema de precios”. 15. Jellinek 1954 [1905]. 26 | Héctor Omar Noejovich
organizaciones políticas prehispánicas como al concepto español del siglo XVI. Es
menester precisar, también, que la categorización de “imperio”, en el caso de la
organización política inca, resulta anacrónica frente a otros “imperios”, como el
romano, el carolingio o el de Carlos V. Si por “imperio” se entiende el ejercicio del
poder,16 sería cuestión de evaluar los poderes del Inca y de la elite incaica. Pero
una cosa es el ejercicio del poder y otra la concepción de Estado,17 desde el
punto de vista jurídico-institucional. Este último es definido por tres elementos:
territorio propio, súbditos propios y poder propio;18 a un “país” al que le faltan
algunos de los elementos, el autor citado lo denomina “fragmento de Estado”. La
“discontinuidad territorial”, señalada por Pease (1983), es generalmente
aceptada para el Tawantinsuyu, de tal manera que la “territorialidad”
4 La tasación de La Gasca
El nombramiento de Gonzalo Pizarro como procurador general para gestionar la
suspensión de las Leyes Nuevas fue el principio de una escalada hacia el dominio
del poder, la cual culminó al convertirse en gobernador por la Audiencia.95 Las
acciones siguientes condujeron, en 1546, a reunir representantes de los
principales cabildos para elegir representantes de los amotinados ante Carlos V, a
fin de negociar sus puntos de vista: amnistía, nombramiento de Gonzalo Pizarro
como gobernador vitalicio y suspensión temporal de la Audiencia,
fundamentalmente.96 La situación en el Perú condujo al nombramiento de Pedro
de la Gasca, sacerdote y licenciado en Derecho, como Pacificador del Perú con
amplios poderes, casi absolutos: Hemos acordado os enviar a ellas para que
pongáis en sosiego y quietud aquella tierra, y proveáis e ordenéis en ella lo que
conviene al servicio de Dios Nuestro Señor [...] Como veis vos lleváis Poder
General Nuestro para que hagáis e ordenéis todo lo que conviniere al servicio de
Dios Nuestro Señor y Nuestro [...] según y como Nos lo podríamos hacer por
Nuestra Real Persona [...].97 La Gasca venía con una herramienta política
poderosa: la revocación de Malinas respecto del capítulo XXX de las Leyes
Nuevas. Pero si bien el problema sucesorio era crucial en la rebelión, también lo
era la tasación de tributos que pretendía la Corona. Como ejemplo, las
estimaciones del informe de Gabriel de Rojas al licenciado La Gasca arrojan un
aproximado de 50 pesos de tributo per cápita, para las encomiendas de Diego de
Centeno, Fernando de Bovadilla y Lope de Mendoza, que eran en coca, en tanto
que la de Gonzalo Pizarro era de 32 ½ pesos, pagada en productos diversos. Si
bien estas y otras estimaciones no formaron parte de un proceso regular de
Visita,98 dada la premura de las circunstancias, su comparación con los cálculos
de las tasaciones propiamente dichas permite ubicarnos en “órdenes de
magnitud”. La restauración del orden real se produjo con la derrota de Gonzalo
Pizarro en Jaquijahuana, el 9 de abril de 1548, pero el triunfo tuvo un costo: el
reparto de encomiendas para “retribuir a los leales”, hábilmente tentados por La
Gasca con la 95. Lohmann Villena 1977: 46. 96. Ibídem: 73. 97. CODOIN, I, XXIII:
507-715 (citado en Escobedo 1979: 39). 98. La Visita es un procedimiento de
inspección in situ, realizado por un funcionario encargado. Cuando era con fines
tributarios, terminaba con una “tasa”, como conclusión del proceso (Cf. Céspedes
del Castillo 1946).
III. El Interregno:
1549-1569 Estas dos décadas fueron de cambios, tanto en España como en el
virreinato del Perú. En Europa, la abdicación de Carlos V y la asunción de Felipe II
modificaron totalmente el enfoque político. Para esta parte del mundo, la designación
de Antonio de Mendoza como tercer virrey del Perú correspondió a una actitud La
transición del sistema prehispánico al sistema económico colonial | 53 MAPA N.° 2 54
| Héctor Omar Noejovich de la Corona encaminada a reorganizar el área, tarea que
había comenzado con La Gasca
1 Del ecumenismo de Carlos V a la consolidación del poder de Felipe II: sus efectos
en América
Carlos de Habsburgo, quien llega a España en 1516, había nacido en Gante en
1500 y no hablaba castellano. Heredero de sus abuelos, Maximiliano de Austria,
María de Borgoña y los Reyes Católicos, sus posesiones abarcaban toda Europa
(ver mapa N.º 2), además de sus derechos sobre los territorios americanos
pertenecientes a la Corona de Castilla: fue una unión de coronas y posesiones,
derivada del sistema político medieval. América pasaba por el período “antillano”
y Hernán Cortés recién comenzaba su empresa. En 1519, el joven príncipe fue
coronado emperador de Alemania, dignidad electiva que tradicionalmente recaía
sobre la Casa de Austria. Fue un monarca itinerante, en guerra constante para
consolidar su dominio en Europa, enfrentado con los turcos y con Francisco I de
Francia, aliados políticos a pesar de las diferencias religiosas.111 Precisamente,
este último, el aspecto religioso, fue crucial en la política española durante el siglo
XVI. La consolidación del poder en la Península por parte de los Reyes Católicos
estuvo bajo la égida de la fe católica, tarea que continuaron Carlos V y Felipe II,
aunque en dos direcciones diferentes: el primero, con miras a Europa; el segundo,
hacia América. Ambos contaron con la afirmación de los derechos del Real
Patronato o Patronato regio,112 originados en un conjunto de bulas papales,
genéricamente denominadas “Bulas de Donación”: 111. Cf. Dumont 1999. 112. Cf.
García Gutiérrez 1941: 35-64; Zavala 1992: 346 y ss. La transición del sistema
prehispánico al sistema económico colonial | 55 a) La Inter Caetera, otorgada por
Alejandro VI en 1493, concedía a los Reyes Católicos la evangelización que incluía
el envío de misioneros y establecía el principio del vicariato laico. b) La Eximia
Devotionis, también otorgada por Alejandro VI en 1501, hacía concesión de los
diezmos de las iglesias americanas. c) Finalmente, la Universalis Eclesialis,
otorgada por Julio II en 1508, estableció el derecho de Patronato.113 Este Real
Patronato permitió no solamente justificar la Conquista, sino que también puso a
la Corona española en cabeza de la organización eclesiástica de América, con
efectos no solamente políticos, sino también económicos, como el derecho a
recaudar determinadas gabelas.
2 El desarrollo minero: Potosí y Huancavelica
Aunque la relación metalúrgica entre el azogue y la plata era conocida desde la
Antigüedad, recién hacia fines de 1554 llegaron rumores a la Corona de su posible
utilización en la explotación minera,124 hecho que probablemente motivó la real
cédula del 4 de septiembre de 1555,125 que recomendaba al virrey del Perú que
estudiara esa posibilidad. En 1556, Bartolomé de Medina desarrolló en Nueva
España la técnica de amalgama en frío, conocimiento con el cual Enrique Garcés
arribó al Perú y descubrió la existencia de yacimientos en 1559. Simultáneamente,
Gil Ramírez Dávalos encontraba otro yacimiento de azogue en Quito. Ambos
descubridores tuvieron un monopolio sobre sus hallazgos;126 sin embargo, las
vetas encontradas no eran suficientes para una producción en gran escala y,
recién a partir de 1561, se liberaron las restricciones generadas por los
monopolios antes citados, lo cual fomentó la prospección minera en busca de
mercurio. Así apareció como descubridor de las minas de Huancavelica el
encomendero Amador de Cabrera en 1563.127 No obstante, pasaron diez años
hasta que pudiera desarrollarse la utilización del mercurio huancavelicano para la
explotación a gran escala de la plata potosina. El gráfico siguiente muestra un
crecimiento inicial de la producción de plata para 1563-65, para entrar luego en
un franco descenso al final de la década. 121. Ibídem. 450-451. 122. Kamen 1991:
150. 123.
3 La década de organización: las Instrucciones al Conde de Nieva y el gobierno
de Lope de Castro El problema de las encomiendas no había quedado totalmente
resuelto y durante la década de 1550 se otorgaron encomiendas y algunas
revirtieron a la Corona. En un documento, generalmente conocido como el
Padrón de Avendaño, 131 se encuentra un resumen de los repartimientos,
población indígena, cantidad de tributarios y la tasación conforme fue ordenada
por Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete II.132, 133 CUADRO N.° 11
Situación tributaria en 1561 Rubro Cantidades Personas de todas las edades
1,765,565 Tributarios de 16 a 50 años 0,396,866 Valor de tributos que están
tasados 1,226,676 pesos Pueblos 17 Vecinos encomenderos 427 Repartimientos
477 Tributo promedio por repartimiento 2,571.6 pesos Tributo promedio por
tributario 3.09 pesos Fuente: Hampe 1979: 81. Si se compara con las tasaciones y
estimaciones de la Tasa de La Gasca, habría una disminución en el promedio por
repartimiento, pero también un aumento de estos: de 337 repartimientos134 ó
363,135 se pasó a 477 encomiendas, a la vez que se redujeron las tasaciones,
fruto de la “política de moderación” orientada por la Corona. Si bien el
documento no indica a “qué tipo de peso se refiere”, podemos inferir que se trata
de “pesos ensayados”, en cuyo caso estaríamos en un cifra aproximada de
2,024,028 “pesos de a ocho” que sitúa al tributo indígena en un “orden de
magnitud” comparable con la producción de plata registrada en la Caja 131.
Colección Muñoz, legajos 353, 354 y 355 (citado en Escobedo 1979: 50; Hampe
1979). 132. A lo largo del siglo XVI, hubo dos marqueses de Cañete que fueron
virreyes del Perú: Andrés Hurtado de Mendoza (1556-1560) y García Hurtado de
Mendoza (1590-1596) (Cf. Pease 1992). 133. Para una visión aproximada del
espacio, ver mapa N.° 3. 134. Assadourian 1982: 208. 135. Hampe 1989: 138. 60 |
Héctor Omar Noejovich Real de Potosí. Ya para ese momento, estaban “en cabeza
de Su Magestad” 18 repartimientos, tasados en 80,120 pesos. Resulta interesante
acotar que la población tributaria había pasado de 227,273 en 1549, según el
documento citado por Assadourian, a 396,866 en 1561, que representa un
incremento del 74.6% en 12 años, equivalente a una tasa de crecimiento anual de
población del 4.7%. Siempre tomando las cifras con precaución, podemos aceptar
la hipótesis de una recuperación demográfica luego de terminadas las campañas
de conquista, resistencia y guerras civiles.136 En 1561, tomó posesión el virrey
Diego López de Zúñiga y Velasco, Conde de Nieva, con un despacho real fechado
el 23 de julio de 1559, que contenía la Instrucción al virrey Conde de Nieva sobre
la perpetuidad de las encomiendas.137 De las mismas, se colige la intención de la
Corona de otorgar encomiendas en términos de feudo, como se aprecia en el
texto que reproducimos como ejemplo: 1 [...] primeramente parece que en los
repartimientos perpetuamente sucedan [...]. Otrosí. Con que faltando el hijo
varón mayor de la persona que hubiere el feudo [...]. Item. En caso de que el
feudo se haya de tornar a nuestra corona real [...]. 9. Y porque convendría a la
perpetuidad de dichas provincias de Perú que los repartimientos que se diesen en
feudo, se conserven y acrecienten. 15. Y porque dichos feudos no se incorporen
en una misma persona y haya más que sean entretenidos y gratificados miraréis si
convendrá que no se puedan juntar dos feudos en una persona por casamiento ni
de otra manera, salvo con condición que dichos feudos no excedan de 12,000
pesos de renta por año. 138
4 La consolidación del Real Patronato,148 su influencia en la Junta Magna de
1568 y los despachos para Francisco de Toledo
A semejanza de su padre, Felipe II también estuvo en conflictos con el Papado
sobre la continuación del Concilio de Trento y la profundización de la
Contrarreforma. De otro lado, la utilización de las rentas eclesiásticas que
requerían la conformidad de la Iglesia era importante para la Corona. Entre 1555
y 1559, Paulo IV se encontraba en constantes disputas jurisdiccionales y de
política exterior con el Monarca español.149 Si bien las relaciones mejoraron con
Pío IV, las cuestiones 145. Levillier 1921-1926, III: 44. 146. Encinas 1945-1946
[1596]. 147. Derecho abonado en concepto de los gastos de amonedamiento
(Burzio 1958). 148. Cf. Kamen 1991: 177 y ss. 149. Lynch 1997: 133 y ss. Fuente:
Hampe 1979: 81. 64 | Héctor Omar Noejovich económicas subsistieron hasta
1564;150 sin embargo, en 1560, la Bula Ad Ecclesiæ Regimen permitió la
realización de la tercera etapa del Concilio, en medio de discrepancias, tanto en
lo político como en lo económico.151 El Concilio, clausurado en 1563, entre otras
cosas, había aprobado la realización de concilios provinciales “para regular
costumbres, corregir abusos e imponer la doctrina de Trento” y el tema de
importancia para Felipe II, que era “la residencia de los obispos”, con miras a una
reforma diocesana.152 Los concilios provinciales eran muy importantes para el
Monarca: “Si la labor reformadora de Trento pareció siempre insuficiente a los
españoles, se comprende cómo la reunión de los concilios provinciales les
brindaba la oportunidad para aplicarla con celo. Porque en ello va a toda la
Cristiandad, cuyo bien yo deseo y he de procurar siempre en el primer lugar.”153
La intención de Felipe II estaba dirigida a afianzar el ejercicio del Real Patronato
en Indias, institucionalizando a la jerarquía eclesiástica dentro de la organización
política, conducta que se evidenció con el ascenso de Diego de Espinoza, quien
fue ordenado sacerdote simultáneamente con la realización del Concilio
Provincial de Toledo, en 1565,154 en el cual don Francisco de Toledo, el futuro
virrey del Perú, fue el Delegado Real. Diego de Espinoza había sido oidor de la
Casa de Contratación, miembro y luego presidente del Consejo de Castilla. En ese
año de 1565, además de profesar los votos sacerdotales, fue nombrado
Inquisidor General,155 de tal manera que el Monarca controlaba directamente el
ejercicio del Real Patronato, con una especie de Ministerio eclesiástico. En su
fulgurante carrera, don Diego se convierte en el cardenal Espinoza en 1568 y fue
él quien sugirió a Francisco de Toledo como virrey, el mismo que fue nombrado
directamente por el Monarca, omitiendo el trámite regular a través del Consejo
de Indias. En efecto, si el objetivo de Felipe II era el “regalismo” y la asunción de
“amplios poderes” para reformar el Imperio, sería congruente con la visión
política del Monarca apoyarse en la jerarquía eclesiástica y en la disciplina
institucional sugerida por Ovando.156 Desde la perspectiva de la época, la
concentración del poder 150. Ibídem. 151..
IV. El gobierno de Toledo167
Definitivamente, don Francisco de Toledo, conde de Oropesa, es un personaje
controvertido para la historiografía, con opiniones tan dispares como la de Levillier
(1935-1942) o la de Valcárcel (1940): estadista para el primero, tirano para el
segundo. También se debate cómo pudo construir la Visita General e impartir las
Instrucciones a los visitadores en un tiempo tan corto; desde su llegada a Paita en
1569, el posterior arribo a Lima el 30 de noviembre de 1569 y partida hacia la sierra
central el 23 de octubre de 1570.168 Según la hipótesis de Lohmann, habrían existido
“despachos secretos” de Felipe II;169 sin embargo, la minuciosidad de las
instrucciones y la información a su disposición, que ya se perfilaba en los memoriales
y cartas intercambiadas tanto con Felipe II como con el cardenal Espinoza, en tiempos
de la Junta Magna de 1568,170 indican que, al menos el bosquejo de las misma,
databa de mucho tiempo atrás. Es probable que haya comenzado a elaborarlas a su
partida de España. Toledo tenía clara idea de la situación del virreinato, según surge
de la copiosa información171 puesta a disposición de la Junta Magna y que,
seguramente, fue de conocimiento del virrey. Asimismo, debe tenerse presente la
calidad del equipo de gobierno que contaba con funcionarios experimentados, como
Damián de la Bandera, Polo de Ondegardo, González de Cuenca, Juan de Matienzo,
Sarmiento de Gamboa, el P. Joseph de Acosta, el oidor Sánchez de Paredes, el doctor
Gabriel de Loarte, el P. Cristóbal de Molina y fray Pedro Gutiérrez Flores. El Plan de
Gobierno de Toledo era, indudablemente, el desarrollo del virreinato, tanto
institucional como material. Un reflejo del mismo se encuentra en las Ordenanzas
para las Minas de Plata de Potosí y Porco. Exposición de Motivos del 17 de febrero de
1574:172 167. La presente sección utiliza informaciones provenientes de una
investigación de larga data, llevada a cabo conjuntamente con la profesora Estela
Cristina Salles de la Universidad Nacional de Luján, Argentina, a quien agradezco su
colaboración. La responsabilidad del texto es exclusivamente mía. 168. Del Busto
1964: 11. 169. Cf. Lohmann Villena 1986. 170. Gómez Rivas 1994: 138-142. 171.
1 El problema de la mano de obra
A partir de una cédula del 25 de diciembre de 1551,175 se permitió la asignación
de indios a las minas “atraídos voluntariamente” por los jornales. Por el Acuerdo
de Hacienda del 5 de septiembre de 1570,176 se comisionó a Garci Diez de San
Miguel, encomendero de Huamanga y antiguo visitador de Chucuito, para
“convencer” a los indios de trabajar en las minas. Paralelamente, por resolución
del 12 de septiembre de 1570, se convocó una Junta de Notables, integrada por
las personalidades y cargos que se muestran en el presente cuadro. La misión de
Garci Diez fracasó, porque los caciques de Huamanga se negaron a autorizar a los
indios a concurrir a las minas.177 En consecuencia, por acta del 7 de octubre de
1570, la junta aprobó el trabajo compulsivo de los indios en las minas en los
términos siguientes: 173. La cursiva es mía. 174. Visto este razonamiento en
términos modernos, sería compatible con el desplazamiento de un sector antiguo
—agrario— por uno “moderno” de mayor productividad, tema que hemos
desarrollado ampliamente en otro trabajo (Cf. Salles y Noejovich 2008b). En la
misma línea, véase Assadourian 1982: 109 y ss. Este autor también argumenta la
formación del “mercado colonial” como consecuencia de la explotación en gran
escala de la plata potosina impulsada por Toledo (Assadourian 1979). 175.
Recopilación de Leyes de Indias, L° VI, T° XV, Ley II. 176. Lohmann 1999: 99. 177.
CDIAO, XX: 546. La transición del sistema prehispánico al sistema económico
colonial | 69 [...] el dicho reverendisimo Arçobispo y el señor licenciado Castro y
los señores oydores e alcalde de corte y los demas prelados y religiosos que
presentes estavan fueron de parecer que las minas de que se tuviese noticia y
espirencia que avia en ellas riqueza se devian labrar e qque su eqcelencia podria
sin cargar la conciencia de Su Magestad ni la suya e por las causas que estavan
referidas compeler e apremiar a los naturales a la labor Della no queriendo ello yr
de su voluntad, presupuesto que por esta causa no se les avia de ympedir la
dotrina e que esta se les avia de poner suficiente para su conversión, e hazer
ordenanças para que no fuesen mudados a diferente temple que el suyo e que se
les dexase tiempo señalado para sus sementeras y tasandoles el jornal que fuese
justo en cada parte e pagandosele a los que trabaxasen en su manos e ordenando
las demas cosas que son necesarias para su conservación y buen tratamiento y
buena orden de las minas e que oviese personas de buen zelo e christiandad que
lo exdecutasen.178 Premunido de ese acuerdo, civil y religioso, a los diez días, el
23 de octubre de 1570, Toledo inició una gira en dirección al Cuzco y comenzó un
proceso que 178.
2 El problema del mercurio o azogue
Como vimos en la sección anterior, luego de que la Corona cancelara los
monopolios de Garcés y Ramírez Dávalos en 1561 y a partir del descubrimiento de
Amador de Cabrera, la exploración y beneficio de las minas de Huancavelica
estaba en manos de particulares; sin embargo, la política de la Corona cambió
este temperamento en la Junta Magna de 1568, como lo indica la Instrucción
General sobre Minas para el virrey Toledo181 en su capítulo 19: Las minas de
azogue que se an descubierto o descubrieren adelante en las provincias del Peru
havemos mandado se yncorporen en mi patrimonio y chorona, y que aquellas
[que] no se puedan labrar ni veneficiar sino por nuestra mano y de los nuestros
oficiales de otras personas con quien Nos madaremos tomar asiento. Y que en las
dichas provincias no se puedan beneficiar metales con otro azogue alguno ni de
fuera se traxiere, sino con el nuestro y que por nuestra mano y de los dichos
nuestros oficiales y otras personas se bendiere, según que esta ordenado en estos
reynos y en la Nueva España de que avemos mandado dar nuestra provision
patente. Las instrucciones eran claras y una de las primeras tareas que hubo de
acometer Toledo fue el enfrentamiento con los mineros, teniendo cuidado que tal
conflicto no detuviese la producción. El proceso de transferencia de la propiedad
de las minas duró hasta 1572, cuando Toledo ordenó al oidor Gabriel de Loarte
tomar posesión de las mismas el 16 de octubre de 1572, dos días después de
suscribir un acuerdo con Amador de Cabrera, el mayor propietario, por el cual
este aceptaba la transferencia.182 Esta transacción se produjo luego de una
estrategia seguida por el virrey, por la cual prohibió el comercio de azogue a los
particulares, ya sea hacia Potosí o hacia Nueva España. Con ello, el precio cayó
rápidamente de 100 pesos el quintal a 40.183 Simultáneamente, Toledo solicitó al
virrey de Nueva España el envío de dos especialistas, Pedro Fernández de Velasco
y Jerónimo Piña de Zúñiga, quienes lograron implementar el procedimiento de
amalgamación conocido como beneficio o proceso de patio para la explotación
del Cerro Rico de Potosí.184 En efecto, por una parte, no era lo mismo beneficiar
el mineral en espacios situados entre los 2,500 a 3,000 msnm, como sucedía en
México, que en las alturas de los Andes, comprendidas entre los 3,500 a 4,000
msnm; y, por otra parte, no solamente 181. AGI, Patronato Real, 238, N.° 1, ramo
18 (citado en Assadourian 1989: 39 y ss.). 182. Lohmann 1999: 73 y ss. 183.
Ibídem: 72. 184. Cf. Craig 1985. La transición del sistema prehispánico al sistema
económico colonial | 73 existía el problema de la ley del mineral, sino también la
forma de presentación del mineral, ya sea como óxido o como sulfuros.185

3 La visita, los visitadores y las instrucciones


En mi opinión la Visita General no es un solo documento que se encuentra
“perdido”,186 sino una serie de visitas particulares realizadas por diversos
visitadores y no personalmente por Toledo.187 El procedimiento consistía en que
el visitador cumpliera su función con la tasación de los repartimientos que le
fueron asignados, quedando los originales en poder del funcionario quien
certificaba la tasa y el padrón. Así, por ejemplo, en la Visita de Tiquipaya,188 el
secretario de la Gobernación Alonso Fernández de Córdoba emitió su testimonio
en estos términos: Según lo susodicho consta y pareze por el dicho Padrón y
Vissita original que queda entre mis papeles a que me refiero con el qual se
corrigio e concerto siendo testigo Francisco Fernández Crespo y Bernardino
Meléndez y para que ello conste di la presente en Los Reyes a treinta días del mes
de abril de myl e seiscientos e tres años.189 El cálculo de la tasa se realizaba con
un procedimiento ordenado por el virrey,190 bajo el título de Glosas a la
Instrucción General a los Visitadores para Determinar las Tasas. A continuación, a
través del cuadro N.º 15, el lector podrá apreciar la amplitud geográfica de la
Visita General, tarea que, evidentemente, no pudo ser realizada personalmente
por el virrey. 185. En algunos minerales no ferroso
4 La mita y el repartimiento real de Chucuito
Referirse a Toledo y asociarlo con la mita es casi proverbial en la historiografía
colonial; no es mi objeto entrar en controversia alguna,206 sino simplemente
delinear algunas ideas “poco tradicionales”. En el repartimiento real de Chucuito,
los jefes étnicos tomaron como sistema “enviar indios a Potosí” para pagar el
tributo a la Corona que, a diferencia de los encomenderos, no podía cobrarse “en
especie”.207 En las visitas ordenadas por Toledo a ese repartimiento se aumentó
el número de indios, “para que paguen el tributo con menor vejación”,208 que
iban como mitayos a Potosí, aumentando de 500 a 2,200 indios. El caso de
Chucuito nos proporciona elementos para estimar la incidencia del tributo
indígena, tanto para la etapa pretoledana como para la tasación realizada
5 El resultado de la gestión toledana

El impacto más claro se refleja obviamente en la expansión de la producción minera, que


se aprecia con claridad en el siguiente gráfico N.° 5, con las cifras expresadas en
quintales, tanto para la plata como para el azogue. Toledo finalizó su mandato el 1 de
mayo de 1531 tras doce años de gobierno, convirtiéndose en el más largo del siglo XVI.
88 | Héctor Omar Noejovich Fuente: Razón de Azogue que se ha sacado... (BNM
Mss.2.784, ff. 517-20, cit. Lohmann 1999: 484/5). Elaboración propia. GRÁFICO N.º 4
Azogue registrado en Huancavelica (1571-1581)

V. Hacia el final del siglo: balance y perspectivas Como acertadamente señala Merluzzi
(2003), la gestión de Toledo fue la reafirmación definitiva de la autoridad de la
Corona. Fue sucedido por Martín de Enríquez, marqués de Almansa, quien falleció en
1583, tras lo cual el gobierno pasó nuevamente a la Audiencia, presidida por el oidor
Cristóbal Ramírez de Cartagena. Con los nombramientos de Fernando Torres de
Portugal, conde del Villar don Pardo (1585-1590); García Hurtado de Mendoza,
marqués de Cañete (1590-1596); y Luis de Velasco, marqués de Salinas (1596-1604),
se inauguró una etapa estable en la continuidad del ejercicio. Y la evolución
económica del virreinato del Perú, en las últimas décadas del siglo XVI, parece
confirmar que la estabilidad política trajo bonanza económica, al menos así lo
sugieren los gráficos que analizamos a continuación.

1. El sector minero Obviamente, el sector minero fue el más dinámico. Muestra claramente
las consecuencias del plan de gobierno ejecutado por Toledo: el efecto es elocuente en la
producción potosina, como así también en Huancavelica, especialmente luego de la
“estatización”.

2. La actividad económica Pero no solamente fue una cuestión de aumento de la producción,


sino también de la actividad económica en general,230 como en el caso de Lima y, desde
luego, el mismo Poto