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Del círculo del comprender 1

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Hans- Georg Gadamer
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Este ensayo, como una contribución original, se basa en los resultados de mis reflexiones presentadas en
Verdad y Método; en cuanto tal, representa una versión resumida de los conceptos allí expuestos. El
trabajo apareció el 26. IX. 1959, en homenaje a Heidegger en sus 70 años. Desde entonces ha sido
reiteradamente reproducido y a la larga no debía faltar en la recolección de mis Kleinen Schriften.

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1. [KS IV54. WM275. VM360] La regla hermenéutica, que el todo debe entenderse a partir de lo
individual y lo individual desde el todo, procede de la antigua retórica, y es a través de la
hermenéutica moderna que llega a transferirse del arte de hablar al arte del comprender. La
relación que aquí como allí está presente expresa la relación circular. La anticipación de
sentido, la cual es común a todo, viene de ese modo a la comprensión explícita por el hecho
de que las partes se determinan desde el todo y a su vez determinan también ese todo.
2. Nosotros conocemos esto por el estudio de los idiomas extranjeros. Ahí aprendemos que
debemos «construir» primero una frase antes que busquemos comprender la parte singular
de la frase en su significado lengüájico. Este proceso de construcción está [KS IV54. WM275. VM361]
dirigido ya por una expectativa de sentido [Sinnerwartung] que proviene de la conexión de
lo precedente. Ciertamente debe dejarse corregir ésta expectativa cuando el texto lo reclama.
Esto significa entonces que la expectativa llega a transformarse y que el texto, bajo otra
expectativa de sentido, se fusiona a la unidad de una opinión. Así transcurre el movimiento
del comprender del todo a la parte y de nuevo al todo. La tarea es ampliar, en círculos
concéntricos, la unidad del sentido comprendido. La juntura [Einstimmung] de todos los
detalles en el todo es el criterio correspondiente para la corrección del comprender. La
ausencia de tal congruencia [Einstimmung] significa el fracaso del comprender.
3. Ahora bien, Schleiermacher distingue en este círculo hermenéutico de la parte y el todo
tanto su aspecto objetivo como su aspecto subjetivo. Tal como la palabra singular pertenece
al conjunto de la frase, así el texto singular pertenece al conjunto de la obra de un escritor y
ésta concierne al género literario o al todo de la literatura. Pero, por otra parte, el texto
mismo pertenece, como manifestación de un instante creativo, al todo de la [KS IV55. WM275.
VM361] vida espiritual de su autor. Respectivamente sólo en tal totalidad objetiva y modo

subjetivo se puede consumar el comprender. En conexión con esta teoría habla Dilthey de
«estructura» y de «centramiento en un punto medio» en el que se produce la comprensión
del todo. Con ello, transfiere al mundo histórico lo que siempre es un principio [Grundzatz]
de toda interpretación: un texto debe ser comprendido a partir de sí mismo. [KS IV55. WM276.
VM361]

4. Pero queda por resolver si así el movimiento circular del comprender es adecuadamente
entendido. Lo que Schleiermacher ha desarrollado como interpretación subjetiva puede por
cierto llegar a ponerse tal vez enteramente de lado, pues cuando buscamos comprender un
texto no transponemos a nosotros la condición [Verfassung] anímica del autor, sino sólo

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Tomado de Kleinen Schriften, IV. Variationen. Tübingen, Mohr, 1977, 54-61. Versión: Ángel M. Sopó. El
texto ha sido traducido exclusivamente para fines académicos.
cuando se quiere hablar de transferir a sí [Sicherversetzen] nos trasladamos así a su opinión.

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Pero esto no quiere decir si no que tratamos de hacer valer aquel derecho objetivo que
permite buscar lo que aquél dice a otro. Y todavía si nosotros queremos comprender
aspiramos aún a reforzar sus argumentos. Así ocurre ya en la conversación, y más aún,
cuando en la comprensión de lo escrito, nos movemos en una dimensión de adherencia de
sentido, que es en sí comprensible, y que como tal, no motiva ningún retroceso a la
subjetividad del otro. Es tarea de la hermenéutica aclarar este milagro del comprender, [KS
IV55. WM276. VM362] el cual no es una comunicación misteriosa de almas, sino la participación en

un sentido común.
5. Pero tampoco el aspecto objetivo de este círculo, según lo describe Schleiermacher,
encuentra el núcleo de la cosa. La meta de toda comprensión mutua [Verständigung] y de
todo comprender es el acuerdo [Einverständnis] en la cosa. Así, la hermenéutica tiene
siempre la tarea de aclarar o restaurar el acuerdo alterado o interrumpido. La historia de la
hermenéutica lo puede confirmar, si se piensa, por ejemplo, en Agustín, para quien el
Antiguo Testamento debe llegar a conciliarse con el mensaje cristiano, o en el temprano
protestantismo, al cual se le planteaba el mismo problema, o finalmente, en tiempo de la
Ilustración, donde por cierto, se produce casi una renuncia al acuerdo cuando se erigía que
«el perfecto entendimiento» de un texto sólo se logra por la vía de la interpretación histórica.
Ello es ahora algo cualitativamente nuevo cuando el romanticismo y Schleiermacher fundan
una conciencia histórica de alcance universal al no admitir ya más la figura obligatoria de la
tradición, de la cual ellos vienen y en la cual ellos están, como fundamento firme para todo
esfuerzo hermenéutico. Incluso un inmediato precursor de Schleiermacher, el filólogo
Friedrich Ast, tuvo una comprensión enteramente material de la tarea de la hermenéutica,
cuando exigió que ella debe elaborar el acuerdo entre la Antigüedad y la tradición cristiana.
Esto es ya, ciertamente algo nuevo, frente a la Ilustración. [Hasta aquí: WM277. VM362] Como ahora
el acuerdo ya no obra alrededor de la mediación entre la autoridad de la tradición
[Überlieferung] por un lado y la razón por el otro, [KS IV56] sino en torno a la mediación de
dos elementales tradiciones, las cuales llegaron a ser ambas conscientes de plantear la tarea
de su reconciliación a través de la Ilustración.
6. Pero me parece que una tal teoría de la unidad de la Antigüedad y el cristianismo retienen
un momento de verdad del fenómeno hermenéutico, esto, Schleiermacher y sus seguidores,
lo tuvieron que abandonar sin motivo alguno. Ast, por su energía especulativa tiene que
guardarse de ello aquí dentro de la mera historia pasada y más bien no buscar la verdad de
lo presente. De este trasfondo, la hermenéutica procedente de Schleiermacher sucede a otra
hermenéutica cuando aparece un aplanamiento [Verflachung] en lo metódico. [KS IV56]
7. Esto vale todavía más cuando la hermenéutica se desarrolló a la luz de la situación de la
pregunta avistada por Heidegger. Del análisis existenciario de Heidegger, o sea, de la
estructura del círculo del comprender es preciso recuperar su significado respecto al
contenido. [KS IV56. WM251. VM332] Escribe Heidegger: «Este círculo no debe rebajarse al nivel «de
un circulus vitiosus, ni siquiera tolerado. En él se alberga una positiva posibilidad del
conocimiento más originario, aunque una posibilidad que sólo es empuñada de un modo
genuino cuando la interpretación ha comprendido que su primera, constante y última tarea
es evitar que las ocurrencias y los conceptos populares le impongan en ningún caso el
«tener» [Vorhabe], el «ver» [Vorsicht] y el «concebir» [Vorgriff] «previos», para
desenvolver éstos partiendo de las cosas mismas, de suerte, que quede asegurado el tema

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científico.»2
8. Lo que dice Heidegger aquí no es primariamente una exigencia a la praxis del
comprender, sino que describe la forma de realizar la misma interpretación comprensiva.
La reflexión hermenéutica de Heidegger no tiene así su cúspide en tanto que pone de
manifiesto que se encuentra aquí un círculo, como mostrar, más bien, en ello, que este
círculo tiene un sentido ontológico positivo. Como tal, la descripción llega a parecer evidente
a cada intérprete, que sabe lo que hace.3 Toda interpretación adecuada tiene que, [KS IV56.
WM251. VM333] contra la arbitrariedad de las ocurrencias y la estrechez de los hábitos

imperceptibles del pensar, dirigir la mirada «a las cosas mismas» (las cuales entre los
filólogos son los textos plenos de sentido, ellos, por su parte, tratan a su vez de cosas).
9. De tal modo dejarse determinar por la cosa es para los intérpretes relevantes no la
decisión honrada más extraordinaria, sino realmente «la primera, permanente y última
tarea». Cuando se trata de detener todo el desconcierto, la mirada del intérprete, en
permanente camino, acomete desde ella misma por medio de la mirada en la cosa y a través
de ella. Quien quiere entender un texto realiza siempre un proyectar [Entwerfen]. El
intérprete esboza un proyecto, un sentido del todo, tan pronto se muestra un primer sentido
del texto. Un tal sentido sólo se muestra nuevamente porque se lee el texto ya hacia allí con
expectativas escrupulosas en un sentido determinado. El comprender de lo que ahí está
consiste en la elaboración de un proyecto previo que el intérprete ciertamente tiene que
revisar constantemente desde él lo que se produce en la creciente penetración, en el sentido
que está allí dado. [KS IV57. WM251. VM333]
10. Esta descripción es naturalmente una tosca abreviatura, pues, toda revisión del proyecto
previo estriba en la posibilidad de esbozar un nuevo proyecto de sentido, para cuya
elaboración se pueden traer uno al lado de otro los proyectos competentes hasta fijarse
unívocamente, la unidad del más claro sentido que la interpretación pone con preconceptos
[Vorbegriffen], la que por medio de más adecuados conceptos llega a sustituir precisamente
este nuevo-proyecto permanente, el cual forma el movimiento de sentido del comprender e
interpretar. Tal es el proceso que describe Heidegger. Quien busca comprender está
expuesto al desconcierto de las opiniones previas [Vor-Meinungen] que no se acreditan en
las cosas mismas. Tal es la tarea constante del comprender que cuenta con lo que se llama
«anticipación» [Vorwegnahmen], para elaborar proyectos adecuados a la cosa, los cuales
deben arriesgarse a confirmarse primero «en las cosas». Aquí no hay otra «objetividad»
[«Objetivität»] que la elaboración de la opinión previa acreditada. Ello tiene su buen
sentido, que el intérprete no enderece directamente el sentido de su viva opinión previa en
el acontecer del «texto», sino más bien, que la objetividad dirija a su explícita viva opinión
previa en su legitimación, esto es, examine el origen y validez. [KS IV57. WM252. VM334]
11. Se debe pensar esta exigencia fundamental como la radicalización de un procedimiento
[Verfahren] que, en verdad, siempre empleamos. Ampliamente distante de ello, quien
escucha a alguien o emprende una lectura, ninguna opinión previa puede aportar [KS IV57.
WM253. VM335] sobre el contenido y debe olvidar todas sus opiniones propias; más bien, la

apertura a la opinión del otro o del texto llega a estar siempre ya incluida, pues, la apertura
a ella debe ser puesta en relación con el todo de las opiniones propias o que uno se relaciones

2
Sein und Zeit, S. 153. Cfr. El ser y el tiempo, México: Fondo de Cultura Económica, 1977, 171s.
3
E. Staigers en «Die Kunst der Interpretation» acaso la descripción concordante. S. 11ff.
con aquélla. Hablando de otro modo, las opiniones son ciertamente, una multiplicidad de

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posibilidades cambiantes, pero en el interior de esta diversidad de lo opinable, es decir, de
aquello que un lector puede encontrar dotado de sentido y, como tal, puede esperar. Sin
embargo, no todo es posible y quien pasa de largo [vorbeihören] por lo que otro dice
realmente no podrá al fin llegar a integrar la propia y múltiple expectativa de sentido. Así,
también hay aquí un baremo. La tarea hermenéutica se convierte espontáneamente en un
planteamiento objetivo y está ya siempre determinada por éste. Con eso gana la empresa
hermenéutica un suelo firme bajo sus pies. Quien quiere comprender, no quiere ceder desde
un principio a la casualidad de la propia opinión previa para desoír [vorbeizuhören] la
opinión del texto tan consecuente y obstinadamente como sea posible- hasta que ésta se
vuelva acaso inaudible y dé al traste con una supuesta comprensión. Quien quiere
comprender un texto está, más bien, dispuesto a dejarse decir algo por él. Por tanto, una
conciencia formada hermenéuticamente tiene que ser susceptible desde un principio para la
alteridad del texto. Pero tal susceptibilidad ni supone [KS IV57. WM253. VM336] la «neutralidad»
objetiva ni menos la autoanulación, sino que implica la apropiación matizada de las propias
opiniones previas y [KS IV58. WM253. VM336] los prejuicios. Se trata de percatarse de la parcialidad
interior propia para que el texto mismo se presente en su alteridad y para [KS IV58. WM254. VM336]
que de tal manera obtenga la posibilidad de jugar su verdad objetiva contra la propia opinión
previa.
12. Heidegger ha dado una descripción fenomenológica plenamente correcta cuando, con la
supuesta «lectura» de lo que «hay allí», descubrió la estructura de lo previo [Vorstruktur]
del comprender. De ello, él ofrece también un ejemplo, que de ahí se sigue una tarea. En Ser
y Tiempo ha planteado el enunciado general para concretar la pregunta por el ser
[Seinsfrage] (S. u. Z. 312ff/ST 339ss), la cual torna en problema hermenéutico. Para
explicitar la situación hermenéutica de la pregunta por el ser conforme a un tener previo
[Vorhabe], un ver previo [Vorsicht], y un concebir previo [Vorgriff] ha confrontado
críticamente su encaminada pregunta dirigida a la metafísica en momentos cruciales de la
historia de la misma. Con esto, él ha hecho, en el fondo, que la conciencia histórico-
hermenéutica se reclame en cualquier caso. Un comprender conducido con conciencia
metódica debe llegar a esforzarse por hacer efectiva no simplemente sus anticipaciones, sino
hacerlas conscientes para controlarlas, y mediante eso, lograr la comprensión propia de las
cosas. Esto es lo que Heidegger piensa cuando reclama «asegurar» el tema científico con la
elaboración del tener previo, del ver previo y del concebir previo a partir de las cosas mismas.
13. Con ello el círculo hermenéutico alcanza en el análisis de Heidegger un significado
enteramente nuevo. La estructura circular [KS IV58. WM277. VM363] del comprender se mantuvo
firme en la teoría que hubo hasta entonces en el marco de una relación formal de lo singular
y el todo, o bien, en el marco de su reflejo subjetivo de una anticipación vislumbrada del todo
y su explicación consecutiva en lo singular. Según esta teoría, el movimiento circular del
comprender iba de un lado para el otro en el texto y era superado en la comprensión acabada
del mismo. La teoría del comprender culminaba con un acto adivinatorio, el cual uno se
transpone completamente en el autor y desde el cual se disuelve todo lo extraño y raro del
texto. Heidegger, en cambio, reconoció que la comprensión del texto permanece
determinada por el movimiento anticipatorio de la permanente precomprensión
[Vorverständnis]. [Hasta aquí WM277. VM363] [KS IV58] Lo que Heidegger así describe no es otra cosa
que la tarea de la concreción [Konkretisierung] de la conciencia histórica. La cual está
requiriendo para penetrar en la intencionalidad [Bewuβtheit] histórica que lo que se ha de
examinar esté dentro de las propias opiniones y prejuicios y la correspondiente ejecución
del comprender, de manera que la concepción del otro, como ser histórico, y con ello, la

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aplicación diestra del método histórico no es lo mero calculado exteriormente.
14. Pero en cuanto al contenido del sentido del círculo del todo y la parte, en el cual todo
comprender está basado, me parece, tiene que llegar a completarse mediante una
determinación más amplia, la cual quisiera denominar «la captación previa de la
perfección» [Vorgriff der Vollkommenheit]. [KS IV58. WM277. VM363] Con esto es formulada una
condición previa [Voraussetzung] que guía todo comprender. Ella significa que sólo es
comprensible lo que realmente representa una perfecta unidad de sentido. Así, cuando
leemos un texto, nosotros creamos [KS IV59. WM278. VM363] esta condición previa de la perfección.
Primeramente, cuando esta condición previa se muestra como insuficiente, esto es, cuando
el texto no llega a ser comprensible, nosotros la ponemos en duda, dudamos quizá de la
transmisión [Überlieferung] y buscamos remediarla. Las reglas que seguimos en tales
consideraciones crítico-textuales pueden permanecer aquí aparte, pues, de lo [KS IV59. WM278.
VM364] que se trata también es que la legitimidad de su aplicación no es separable de la

comprensión del contenido del texto.


15. La captación previa de la perfección que conduce todo nuestro comprender, se muestra,
asimismo, como algo que se va determinando progresivamente en cuanto al respectivo
contenido. No se supone sólo una unidad inmanente de sentido, lo que da dirección al lector,
sino que la comprensión del lector llega a ser conducida permanentemente por las
expectativas de sentido trascendentes, las cuales surgen de la relación con la verdad de lo
referido. Así como el destinatario comprende las noticias que ella contiene y ve, por lo
pronto, las cosas con los ojos del autor de la carta, es decir, da por cierto lo que éste escribe
–y quizá no busca para comprender la opinión del autor de la carta como tal, así también
nosotros comprendemos los textos transmitidos sobre la base de las expectativas de sentido
que son creadas a partir de nuestra propia relación con el asunto. Y tal como creemos las
noticias de un corresponsal porque él estaba acerca o lo conoce mejor de otra manera, así
también nosotros estamos abiertos por principio a la posibilidad de que un texto
transmitido, conoce mejor cuando lo quiere admitir la propia opinión previa. Sólo el fracaso
del intento para admitir como verdadero lo dicho conduce al esfuerzo –psicológico o
histórico- para «comprender»4 el texto como la opinión del otro. El prejuicio de la perfección
no sólo incluye esto: que un texto debe expresar su completa opinión, sino también, que esto
que él dice, es la plena verdad. Comprender significa primariamente comprenderse en la
cosa y sólo secundariamente destacar y comprender la opinión del otro como tal. Por
consiguiente, sigue siendo la primera de todas las condiciones hermenéuticas la
comprensión previa que surge al tener que ver con la cosa misma. A partir del tener que ver
se llega a determinar lo que puede ser considerado como efectivo sentido unitario, y con
esto, la aplicación de la captación previa de la perfección. [KS IV59. WM279. VM365] Así se realiza el
sentido de la pertenencia, es decir, el momento de la tradición en el proceder histórico
hermenéutico a través de la comunidad de los prejuicios fundamentales y sustentadores. La
hermenéutica tiene que partir de esto: que quien quiere comprender está vinculado a la cosa,
que con la transmisión viene al habla [Sprache] y que tiene o logra una determinada
conexión con la tradición, desde la cual habla lo transmitido. Por otra parte, la conciencia
hermenéutica sabe que no puede estar unida al asunto en el modo de una incuestionable
conformidad, sin duda alguna autocomprensible, como la que vale para la pervivencia

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Para indicar lo buscado tengo una Ponencia en el Congreso de Venecia de 1958 sobre el juicio estético, que
también éste como lo histórico- posee un carácter secundario y confirma la captación previa de la perfección.
inquebrantable de la tradición. [KS IV60. WM279. VM365] La pervivencia sostiene efectivamente una

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polaridad de familiaridad y extrañeza sobre la que se funda la tarea de la hermenéutica, sólo
que ésta polaridad no ha de comprenderse psicológicamente, con Schleiermacher, como la
tensa dimensión que esconde el misterio de la individualidad, sino en verdad,
hermenéuticamente, es decir, con la atención puesta en lo dicho: el habla [Sprache] con que
la tradición nos habla: el decir [die Sage], que ella nos dice. La posición entre extrañeza y
familiaridad que tiene para nosotros lo transmitido es lo Entre [Zwischen] entre la
objetividad [Gegenständlichkeit] distante históricamente concebida y la pertenencia a una
tradición. En este «Entre» [Zwischen] está el verdadero lugar de la hermenéutica. [Hasta aquí
WM279. VM365] [KS IV60]

16. De esta posición intermedia, en la que la hermenéutica toma su estado que constituye su
centro, lo que permanece en toda hermenéutica que hubo hasta ahora y sigue al margen es:
la distancia temporal y su significado para el comprender. [KS IV60. WM281. VM367] El tiempo no es
primariamente un abismo [Abgrund] que se tiene que llegar a superar porque separe o
mantenga alejado, sino que el tiempo, es en verdad, el fundamento [Grund] principal del
acontecer en el que se enraíza el comprender actual. La distancia temporal no es, por tanto,
algo que tiene que llegar a ser superado. Esto era, más bien, el supuesto ingenuo del
historicismo: había que transponerse en el espíritu de la época, pensar con los conceptos y
representaciones de aquél y no con los propios, y de este modo se alcanzaba la objetividad
histórica.
17. En verdad, se trata de reconocer la distancia en el tiempo como la posibilidad positiva y
productiva del comprender. La distancia temporal es absorbida por medio de la continuidad
del origen [Herkommen] y la tradición, en cuya luz se nos muestra todo lo transmitido. Aquí
no es exagerado hablar de una genuina productividad del acontecer. Cada uno reconoce la
impotencia propia de nuestro juicio ahí donde la distancia temporal no nos ha
proporcionado baremo seguro. Así, el juicio sobre el arte actual, para la conciencia científica,
es de una incertidumbre desesperante. Lo manifiesto son los prejuicios incontrolables con
los cuales nos acercamos a tales creaciones y con los cuales podemos prestar a ellas una
sobreresonancia que no está conforme con su contenido real y su significado verdadero. Sólo
la extinción llega a dejar todas las referencias actuales en su propio contenido visible y hace
factible con eso, una comprensión de aquello que es dicho en ellas, que puede pretender la
obligada universalidad. [Hasta aquí WM281. VM368] [KS IV60] La filtración del sentido verdadero en la
que es colocado un texto o una creación artística, es incluso, por lo demás, un proceso
infinito. La distancia temporal que permite ésta filtración está ella misma en un movimiento
y una expansión permanentes, que es el lado productivo que ella tiene para el comprender.
El deja morir los prejuicios que son de naturaleza más particular, pero deja relucir aquellos
que posibilitan un verdadero comprender.
18. Ninguna otra cosa como ésta distancia temporal puede resolver propiamente la tarea
crítica de la hermenéutica: [KS IV61] separar los prejuicios verdaderos de los falsos. La
conciencia hermenéutica adiestrada incluirá, por tanto, una conciencia histórica. El
comprender [KS IV61. WM283. VM369] tiene que llegar a hacer conscientes los prejuicios que lo guían
para que la tradición en cuanto opinión del otro se destaque y se haga valer. Un prejuicio
como tal, para procurar su suspensión exige evidentemente suspenderlo en su validez, pues
mientras un prejuicio nos determine, no lo conocemos ni lo consideremos como prejuicio.
¿Cómo podría entonces llegar a hacerse visible? [VM369. Falta en KS IV61] En cierto modo, mientras
me acompañe un prejuicio así, no puedo tener éxito mientras éste prejuicio esté constante e
inadvertido en el juego, sino sólo cuando, por decirlo así es envidado. Lo que puede envidar

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así es el encuentro con la tradición. Pues lo que seduce a comprender tiene que haberse ya
él mismo requerido antes en su ser-otro [Anderssein]. Lo primero con lo cual comienza el
comprender, es, el que algo a nosotros hable. Esta es la más alta de todas las condiciones
hermenéuticas. Nosotros vemos ahora, lo que es exigido con ello: una suspensión
fundamental de los propios prejuicios. Pero toda suspensión de opiniones, por tanto y tanto
más la de prejuicios, tiene, visto lógicamente, la estructura de la pregunta.
19. La esencia de la pregunta es el revelar y el mantener abiertas posibilidades. Cuando un
prejuicio llega a ser cuestionable con base a lo que nos dice otro o un texto, esto no significa,
que se llegue a poner simplemente aparte y, que el otro o lo otro se haga valer
inmediatamente en lugar de aquél. Esto es, más bien, la ingenuidad del objetivismo
histórico, un ver tal, para tomar de sí mismo. En verdad, el propio prejuicio llega ser traído
por ese medio al juego al estar en juego él mismo. Sólo mientras él juega ejercitarse con el
otro hasta tal punto que también éstos pueden jugarse. [KS IV61. WM283. VM370]
20. El candor del llamado historismo consiste en este punto que él se sustrae a una reflexión
semejante y olvida, en la confianza por la metódica de su procedimiento, su propia
historicidad. Aquí se debe dejar de lado un pensamiento histórico mal comprendido por uno
que pueda comprender mejor. Un pensamiento realmente histórico tiene que pensar al
mismo tiempo su propia historicidad. Sólo entonces no perseguirá al fantasma de un objeto
histórico, que es el objeto de una investigación progresiva, sino que aprenderá a reconocer
en el objeto lo otro de lo propio y, con ello, lo uno como lo otro. El verdadero objeto histórico
no es ningún objeto sino la unidad de este uno y lo otro, una relación en la que persiste la
realidad efectiva de la historia, así como la realidad efectiva del comprender histórico. Una
hermenéutica objetiva adecuadamente habrá manifestado esta realidad propia de la historia
en el mismo comprender. Yo llamo lo así demandado «historia-efectual»
[Wirkungsgeschichte]. Comprender es un proceso histórico-efectual que es la lengüajidad
correspondiente a todo comprender y lo deja mostrarse en la que el acontecer hermenéutico
abre su camino.