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FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIA POLÍTICA

ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

TRABAJO ACADEMICO

“EL FRAUDE EN EL ACTO JURIDICO”

PRESENTADO POR:

Estupiñan, Matamoros, Jazmin Cristina

Gutierrez Melendez, Nilser

Palacios Tavara, Giovanny Joel

Salas Camacho, Raul

Sucasaca Ticona, Rocio Maribel

ASIGNATURA:

ACTO JURIDICO

DOCENTE RESPONSABLE:

Delgado Sáenz, Emma Milagros

CICLO:

III – Noche

LIMA, PERÚ

2018

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DEDICATORIA
Dedicamos este trabajo académico a nuestros
queridos profesores, que nos impulsan a
seguir un sendero del triunfo para realizar
nuestros objetivos y concluir nuestras metas
trazadas.

2
AGRADECIMIENTO
De antemano agradecemos a nuestros padres por
siempre estar a nuestro lado en todo momento y
brindarnos su apoyo incondicional para la
solución de problemas. Queremos agradecer
también a nuestra casa de estudios por abrir sus
puertas y darnos toda su educación.

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ABSTRACT

We must understand that the different creditors, whether they are unsecured or
common, have the fate of their credits tied to the fate of the debtor's assets. Therefore,
when it performs acts that produce a reduction of that common guarantee, and at the
same time tend to produce a fraud, the law comes under the protection of the creditor;
but we must clarify that while they are normal acts of administration or disposition the
Law cannot do anything. Sometimes the debtor is already in insolvency or is in that
state and alienates any of the assets he possesses in order to remove them from the
sphere of protection of his creditors; the product that is obtained is easier to remove
from the embargo. Then the creditor has the action that the law grants or recognizes to
defend itself, and that is called ACCION REVOCATORIA or PAULIANA (which is so
named in honor of the praetor Paulus) that allows the creditors to execute the property
that was transferred.

RESUMEN

Debemos entender que los diferentes acreedores, llámese quirografarios o comunes,


tienen ligada la suerte de sus créditos a la suerte que siga el patrimonio del
deudor. Por lo tanto cuando este realiza actos que produzcan una disminución de esa
garantía común, y a la vez tienda a producir un fraude, la ley acude en amparo del
acreedor; pero debemos aclarar que mientras sean actos normales
de administración o disposición la Ley no puede hacer nada. A veces el deudor esta
ya por caer en insolvencia o bien se encuentra en ese estado y enajena alguno de los
bienes que posee para así sacarlos de la esfera de tutela de sus acreedores; el
producido que obtiene es más fácil de sustraerlo del embargo. Entonces el acreedor
tiene la acción que la ley le otorga o reconoce para defenderse, y que se llama ACCION
REVOCATORIA o PAULIANA (que se llama así en honor al pretor Paulus) la que les
permite a los acreedores ejecutar el bien que se transfirió.

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INDICE

DEDICATORIA

AGRADECIMIENTO

ABSTRACT

RESUMEN

PARTE I EL FRSUDE EN EL ACTO JURIDICO

1. CONCEPTOS PREVIOS………………………………………………………….…7
2. NOCION DE FRAUDE……………………………………………………………….8

PARTE II ORDENAMIENTO JURIDICO

1. ORIGEN Y NATURALEZA JURIDICA…………………………………..……….10


2. ORDENAMIENTO JURIDICO………………………………………………….….11
3. LOS REQUISITOS DE LA ACCIÓN PAULIANA O REVOCATORIA………..12
4. ONEROSIDAD DE LAS GARANTIAS………………………………………..….18
5. PROTECCION AL SUB ADQURIENTE DE BUENA FE…………………..…..19
6. IMPROCEDENCIA DE LA ACCIÓN REVOCATORIA……………………..…..20
7. ACCION OBLICUA…………………………………………………………………22
8. INEFICACIA DE ACTO JURÍDICO GRATUITO U ONEROSO…………….…24

PARTE III DERECHO COMPARADO

DERECHO COMPARADO PERUANO…………………………………..…………..27

PARTE IV JURISPRUDENCIA

JURISPRUDENCIAS ………………………………………………………………………………30

CONCLUSIONES…………………………………………………………………………………104

BIBLIOGRAFIA……………………………………………………………………………

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1. INTRODUCCION

En el presente trabajo de investigación tenemos como tema central “el fraude del acto jurídico”.
El fraude del acto jurídico según los diferentes autores se puede definir como la disminución
dolosa del patrimonio del deudor en perjuicio de sus acreedores, también se dice que el fraude
no solamente se realiza para perjudicar derechos de acreedores, sino también para burlar la ley
en perjuicio del fraude, en pocas palabras es como nos dicen masías Sánchez “el acto que lleva
consigo la intención o finalidad de alubiar la ley o dañar el derecho ajeno”.

El fraude, no es más que una figura jurídica con diferentes matices, con la que resulta saludable
ejercitar una mejor comprensión de los efectos de ineficacia de los actos jurídicos.

En nuestra legislación, y respecto del derecho del acreedor, es tratada como elemento ineludible
para provocar la acción conservatoria o pauliana sobre el patrimonio del deudor, y aun
únicamente se encuentra circunscrita al epígrafe, mas no en la norma, como marco conceptual,
ello ha sido difundido doctrinariamente.

En ese sentido, atendiendo al tema elegido del fraude, hemos tratado de acoplar al trabajo,
concepciones entorno a dicha figura jurídica, tratando de complementar con las nociones que se
tiene tanto del fraude a la ley como al acreedor, el mecanismo procesal conservatorio de la
acción pauliana, etc.; recogiendo en cuanto ha sido posible, ejecutorias nacionales respecto de
los elementos del tema analizados.

La finalidad de este trabajo se orienta a dar a conocer los factores sauzales que llegan a dar
origen a este acto jurídico.

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PARTE I

FRAUDE DEL ACTO JURIDICO

3. CONCEPTOS PREVIOS

El vocablo fraude viene de la locución latina fraus, fraudis, que significan falsedad,
engaño, malicia, abuso de confianza que produce un daño, por lo que es indicativo de mala fe,
de conducta ilícita. Este significado aplicado a las relaciones jurídicas de naturaleza obligacional
o creditoria, resulta indesligable de los actos de disposición que realiza el deudor con los que se
reduce a la insolvencia o, por lo menos, opone dificultad para que su acreedor o acreedores
puedan hacer efectivo su derecho a ser pagados.

Con el fraude en el acto jurídico, el deudor para eludir sus obligaciones busca quedarse
en una insolvencia aparente, una "miseria provocada" por él mismo al transferir sus bienes a
terceras personas, ventas o donaciones que son verdaderas, no son simuladas, son transferencias
reales de los bienes, para después ocultar o esconder el dinero percibido por el precio de las
transferencias, que es más fácil de ocultar; ante éstas transferencias fraudulentas el acreedor
mediante la acción revocatoria o pauliana buscará recuperar dichos bienes, y reintegrándolos al
patrimonio del deudor, poder hacerse pago de su deuda.

Fraude: En Derecho supone un ataque oblicuo a la ley, pues quien lo comete se ampara en una
norma lícita de hecho, pero lo hace con la finalidad de eludir la aplicación de otra, causando así
un engaño camuflado bajo la apariencia de legalidad.

 Fraude de Acreedores: Es el fraude civil más frecuente en la práctica y que presenta un


mayor interés. Un deudor alega ser insolvente, esto es, carecer de bienes con los que hacer
efectivo el pago de una deuda, pero tal insolvencia ha venido provocada por un
empobrecimiento consciente y voluntario de su patrimonio: por ejemplo, ha ido regalando o
transfiriendo sus fincas a nombre de otra persona con el objeto de que cuando llegara la fecha
del vencimiento de la deuda no dispusiera de bienes con los que pagar al acreedor. El acreedor
dispone de una acción para declarar fraudulentas tales donaciones, al objeto de que retornen al
patrimonio del deudor los bienes que no deberían haber salido de él.

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 Garantía: En Derecho civil y comercial, es un mecanismo jurídico para proteger o asegurar el
compromiso de que una determinada obligación será cumplida en tiempo y forma. Por encima
de cualquier otra garantía, el Derecho conoce la llamada garantía patrimonial universal: todo
acreedor, sea el que sea el origen de la deuda, sabe que el obligado al pago responde del
cumplimiento de su obligación con todos sus bienes presentes y hasta con los que pueda llegar
a tener si mejora de fortuna (bienes futuros del deudor).
 Deuda: Obligación que se puede hacer cumplir mediante una acción legal para el pago de
dinero. En la ley moderna, el término deuda no tiene un significado fijo y puede considerarse
en esencia como lo que una persona le debe legalmente a otra.
 Acreedor: El que tiene acción o derecho a pedir alguna cosa, especialmente el pago de una
deuda, o exigir el cumplimiento de una obligación.
 Deudor: Aquel que está obligado a dar, hacer o no hacer algo.
 Acto Jurídico: Es el acto humano voluntario, lícito, con manifestación de voluntad destinada a
crear. Regula o extinguir relaciones jurídicas

2. NOCION DE FRAUDE.

La palabra fraude no tiene un significado unánime, puesto que unas veces indica astucia
y artificio, otras el engaño, y en una acepción más amplia una conducta desleal; en fin toda
acción contraria a la verdad y a la rectitud que perjudica a la persona contra quien se comete tal
acto.

Los tratadistas peruanos como Lotmann han cuestionado esta denominación en razón
que no existe fraude de los actos jurídicos, sino fraude a través o mediante los actos jurídicos.
Es por eso que Vidal Ramírez lo denomina acto jurídico fraudulento.

La palabra fraude viene de las locuciones latinas fraus, fraudes que significa falsedad,
engaño malicia que produce un daño, por lo que es indicativo de mala fe, de conducta ilícita. El
fraude puede ser a la ley o a los acreedores. El primero consiste en eludir una norma del
ordenamiento jurídico, y puede no originar daño a nadie. Con el fraude a la ley se trata de obtener
un resultado prohibido por la ley, apoyándose en otra norma que no prohíbe ese resultado. En

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otras palabras, es la utilización indebida de una norma para evadir otra, lo que significa una
desviación del derecho objetivo.

En cambio, el fraude mediante el acto jurídico, o acto jurídico fraudulento, se da cuando


una persona enajena sus bienes a fin de protegerlos de la acción de los acreedores. En esta caso
la enajenación es real no es ficticia como sucede cuando está de por medio la simulación. Lo
que busca el deudor es un estado de insolvencia para no pagar su deuda.

El fraude se realiza mediante un acto jurídico real y verdadero cuyos efectos son queridos
por el fraudator. Consiste en la enajenación de bienes a título oneroso o gratuito, que realiza
quien es deudor para evitar que su acreedor pueda ejecutarlo haciéndose pago con dichos bienes,
o en la renuncia de derechos, o en la constitución de garantías a favor de un acreedor en
detrimento de otro u otros o constituyéndolas por deudas ajenas teniendo deudas propias. Frente
a tales actos, en el Derecho Pretoriano se dio creación a la acción denominada pauliana, como
remedio a utilizarse por el acreedor.

PARTE II

ORDENAMIENTO JURIDICO

1. ORIGEN Y NATURALEZA JURÍDICA.

En principio se desarrolló esta institución en la antigua roma, como resultado de la


evolución de la responsabilidad del deudor frente a su acreedor, pues aparece cuando la
responsabilidad deja de ser personal para tornarse en patrimonial, es decir, desde que se
sustituye la ejecución en la persona del deudor por la ejecución en sus bienes. De este modo la
responsabilidad personal por deudas se atenuó y dio lugar a la aparición, en la etapa del Derecho
Pretoriano, de la denominada Acción Pauliana. Luego de mucho tiempo pasó a Europa, donde
es recogido por el Derecho medieval español; para luego ser adoptado por todo el derecho
europeo.

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2. LA ACCIÓN PAULIANA.

Cuando se produce el fraude al acreedor, por parte del deudor, mediante las disposiciones
de su patrimonio en perjuicio del primero, es posible que este plantee la acción revocatoria o
pauliana, o de ineficacia del acto jurídico de disposición.

Como sostiene Carmen Jerez, tradicionalmente se ha visto en la impugnación de los


actos de disposición del insolvente un remedio jurídico acertado para la tutela del derecho de
crédito. Es así como se consigue declarar la ineficacia de los actos del deudor que fueron
mermando o disminuyendo la garantía patrimonial hasta provocar la imposibilidad del cobro.
Esta función de impugnación de actos jurídicos lesivos es la que cumple la acción pauliana.

Si bien el fraude todo lo vicia, fraus omnia viciatur, como se consideraba en el Derecho
Romano, el acto jurídico fraudulento es un acto jurídico valido y como tal eficaz, tanto respecto
de las partes como de los terceros.

La primera cuestión que plantea el examen del remedio pauliano es si la acción pueda
ejercitarse por cualquier acreedor o si es necesario que el acreedor tenga un crédito con
requisitos determinados.

Hay acreedores quirografarios o comunes, que son aquellos cuyo crédito consta en un
documento privado, se vale, recibo, pagare o instrumento privado; y acreedores privilegiados,
quienes además de poseer el documento o título en el que consta la obligación, tienen constituida
una garantía real por el propio deudor o por un tercero en protección del crédito.

No hay duda que los acreedores quirografarios o comunes pueden hacer uso de la acción
revocatoria. Para ellos, los bienes del deudor constituyen su única expectativa de cobro y es fácil
apreciar que el desmedro del valor redunda en su perjuicio.

La duda podría presentarse con respecto a los acreedores privilegiados, pero estos no
tendrían por qué perjudicar los actos de disposición de su deudor, si tales acreedores están

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protegidos por una garantía real de naturaleza persecutoria, que subsiste a su favor, aunque el
bien cambie de titular.

Debemos entender que la acción pauliana puede ser ejercitada tanto por el acreedor
común como por el privilegiado, la posibilidad de acción de esta último no excluye la de
ejecución de las garantías otorgadas por el deudor.

Se da una excepción para las enajenaciones del deudor a título oneroso, contenida en el
Art. 195 del CC, el acreedor cuyo crédito nace posteriormente al acto de disposición oneroso
para el que solicita ineficacia puede utilizar la acción revocatoria, cuando el acto de disposición
es fraudulento, es decir cuando haya sido consumado por el deudor y un tercero con la intención
de perjudicarlo. Ello ocurrirá siempre que exista una preordinación dolosa en el acto de
disposición, o sea, que el deudor incurra en una insolvencia premeditada. En este caso, la fecha
del crédito se convierte en irrelevante.

El acto para reputarse fraudulento y legitimar el ejercicio de la acción debe ser


susceptible de causar daño en el acreedor; y el daño ocurre cuando el acto convierte al deudor
en insolvente. Habrá perjuicio cuando los bienes conocidos de un deudor no alcancen a cubrir
el importe de sus deudas, incluidos sus accesorios (gastos, intereses y demás prestaciones que
debe acudir).

Es preciso además abarcar en esta materia aquellos actos que significan rehusar un
provecho ganado, como la renuncia a una herencia o la renuncia a oponer la prescripción ganada.
Se estima que son derechos adquiridos por el deudor que renunciarlos o no ejercitarlos significa
un disminución de aquello que le legítimamente le corresponde.

3. LOS REQUISITOS DE LA ACCIÓN PAULIANA O REVOCATORIA.

"Artículo 195.- El acreedor, aunque el crédito esté sujeto a condición o a plazo, puede pedir
que se declaren ineficaces respecto de él los actos gratuitos del deudor por los que renuncie a
derechos o con los que disminuya su patrimonio conocido y perjudiquen el cobro del crédito.

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Se presume la existencia de perjuicio cuando del acto del deudor resulta la imposibilidad de
pagar íntegramente la prestación debida, o se dificulta la posibilidad de cobro.

Tratándose de acto a título oneroso deben concurrir, además, los siguientes requisitos:

1.- Si el crédito es anterior al acto de disminución patrimonial, que el tercero haya tenido
conocimiento del perjuicio a los derechos del acreedor o que, según las circunstancias, haya
estado en razonable situación de conocer o de no ignorarlos y el perjuicio eventual de los
mismos.

2.- Si el acto cuya ineficacia se solicita fuera anterior al surgimiento del crédito, que el deudor
y el tercero lo hubiesen celebrado con el propósito de perjudicar la satisfacción del crédito del
futuro acreedor. Se presume dicha intención en el deudor cuando ha dispuesto de bienes de cuya
existencia había informado por escrito al futuro acreedor. Se presume la intención del tercero
cuando conocía o estaba en aptitud de conocer el futuro crédito y que el deudor carece de otros
bienes registrados.

Incumbe al acreedor la prueba sobre la existencia del crédito y, en su caso, la


concurrencia de los requisitos indicados en los incisos 1 y 2 de este artículo. Corresponde al
deudor y al tercero la carga de la prueba sobre la inexistencia del perjuicio, o sobre la existencia
de bienes libres suficientes para garantizar la satisfacción del crédito."

a. CONCORDANCIAS.

 Constitución; Art. 2 inciso 24, a).


 Código Civil; Art. II, 173; 210; 221 inciso 4); 2001 inciso 4).
 Código Procesal Civil; Art. 196.
 Código Penal; Art. 197.

b. DOCTRINA.

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TEOFILO IDROGO señala "Por medio del fraude, el deudor realiza actos jurídicos
reales y legales disponiendo u ocultando sus bienes a título oneroso o gratuito para burlar a la
ley o perjudicar los derechos de sus acreedores". Se trata de una acción voluntaria y con mala
fe del deudor para reducir su patrimonio en perjuicio de sus acreedores o del Estado,
transgrediéndose norma imperativas, transfiere sus bienes porque el dinero es más de ocultar
que lo bienes muebles o inmuebles, que están amenazados por futuras medidas cautelares por
parte de los acreedores.

c. COMENTARIO.

Los requisitos de la acción pauliana están en las características de cada uno de los sujetos
que intervienen, en el acto de fraude del acreedor, estas personas son:

1. Un acreedor que puede ser quirografario o privilegiado.


2. Un deudor, cuya deuda puede estar sujeta a condición o a plazo.
3. Un tercero adquiriente, cuyo derecho puede emanar de acto de fecha anterior o posterior
al crédito que el acreedor defiende.

Los requisitos para el ejercicio de la acción pauliana.

La doctrina tradicionalmente ha exigido y sigue exigiendo dos requisitos para el ejercicio


de la acción pauliana: el perjuicio al acreedor y el designio fraudulento.

a) El perjuicio al creedor.

El perjuicio al acreedor, esto es el eventus damni, es su requisito objetivo. Un acto de


disposición se considera perjudicial a los acreedores según indica Josseran, cuando determina
su insolvencia, y que mientras el deudor sea solvente, y lo es mientras en tanto que sus bienes
embargables sea suficientes para responder frente los acreedores, estos no están legitimados
para actuar interfiriendo en los actos de disposición que realiza, salvo que con tales actos se

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produzca una disminución patrimonial que afecte su solvencia y se presenta el eventus damni
que legitima a los acreedores a ejercitar la acción pauliana.

En nuestro sistema se encuentra establecido en el Art. 195 del CC, este dispositivo
establece el requisito del eventus damni, como los actos del deudor, por los que renuncia a
derechos o con los que disminuye su patrimonio conocido y perjudique el cobro del crédito.

El Código Civil, ha abandonado, pues, el criterio de la insolvencia para la configuración


del fraus creditorum y como requisito de la acción puliana, optando solo por el requisito del
perjuicio del acreedor, ya que en la mayoría de veces el remedio pauliano tiene su razón de ser
en la insolvencia del deudor, en cuanto ella significa que el acreedor no puede obtener el pago
íntegro de su crédito.

Pero puede haber perjuicio contra el acreedor, realizado con fraude, sin que represente
insolvencia en términos absolutos, siendo justo en este caso someter el acto perjudicial al
remedio pauliano, por cuanto aquél, de todos modos, viene a afectar desfavorablemente al
acreedor.

El criterio adoptado es, entonces de una mayor amplitud y abarca en todo caso a la
insolvencia, pues reducirse a este estado es una manera de perjudicar al acreedor.

Lo que debe quedar en evidencia es la existencia de una imprescindible relación de


causalidad entre el acto de disposición practicado por el deudor y el perjuicio sufrido por el
acreedor, por lo que la acción pauliana procede si es que en el momento de ejercitarse la acción
el deudor no ha repuesto su patrimonio.

Para que exista el perjuicio al acreedor es obvio que debe de existir un crédito, que es el
derecho que la ley tutela mediante el remedio pauliano.

Tradicionalmente se consideraba que el crédito debía ser preexistente al acto fraudulento


por que el perjuicio al acreedor sólo podía producirse cuando este tenía un crédito ya existente
a la fecha en que el fraudator realizaba el acto de disposición.

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La doctrina justificaba este requisito en razón de que siendo el fundamento de la acción
pauliana el derecho a ejecutar al deudor en los bienes que conforma su patrimonio y sobre los
cuales recaía la prenda general a favor de los acreedores, los bienes dispuestos con anterioridad
a la constitución del crédito no integraban la prenda general y, en consecuencia tal disposición
no podía causar perjuicio a los acreedores.

Este criterio doctrinario se hizo norma en nuestro Código Civil de 1936, en su Art. 1102,
es decir la existencia del crédito para que proceda la acción revocatoria, pues ere su elemento
probatorio.

León Barandiarán, citando a Colin y Capitant, advirtió que el acto de enajenación aunque
fuera anterior al crédito, podía ser impugnado si había sido realizado precisamente en atención
al crédito futuro, y a fin de privar por adelantado al futuro acreedor de las garantías con que
hubiera podido contar, por lo que en este caso no podía decirse que el acreedor no sufría con el
acto de disposición y que el motivo de que hacia excluir a los acreedores posteriores no se
justificaba y, por lo tanto, no debía subsistir esta exclusión.

El Código Civil ha seguido las ideas del maestro a si resulta del art.195 del Código Civil.
Cuando en su inc.1se refiere a los créditos anteriores a los actos fraudatorios y, en el inc.2 a
actos fraudatorios anteriores al nacimiento del crédito. Además la norma está tomada del art.
2901 del Código Civil Italiano.

Con el contenido del Art.195 del Código Civil, ha quedado definitivamente desligado
del requisito de la preexistencia del crédito. De este modo, aun cuando el acreedor al concertar
su crédito, debía conocer la conformación del patrimonio del deudor, no puede dejar de
considerarse la factibilidad de que actos anteriores hayan sido verificados precisamente con el
fin de defraudarlo. Por esta razón es que el Código Civil ha eliminado el requisito de la
preexistencia del crédito y posibilita el ejercicio de la acción pauliana por actos fraudatorios
anteriores, simultáneos o posteriores a los de la concertación del crédito.

En conclusión, lo que requiere el acreedor para accionar con el remedio pauliano es


alegar el perjuicio que irrogue el acto del deudor que califica de fraudulento.

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b) El designio fraudulento.

El designio fraudulento es un estado subjetivo que conduce al deudor a celebrar actos


fraudatorios con la finalidad de perjudicar a sus acreedores y el Código Civil lo ha previsto
como requisito de la acción pauliana para atacar los actos de disposición onerosa. Consiste en
la intención del deudor de causar perjuicio a su acreedor o acreedores y en el conocimiento del
adquiriente de los bienes del perjuicio que causa el acto de disposición o en el actuar del
adquiriente de consuno con el fraudator para el perjuicio a su acreedor.

El Art. 195 del Código Civil, que tiene como fuente el Art. 2901 del Código Civil
italiano, ha quedado estructurado en dos partes: la primera dedicada a los actos fraudulentos
gratuitos y, la segunda a los actos fraudulentos onerosos, los cuales requieren necesariamente
par su declaración de ineficacia del requisito del designio fraudulento, sea como consius
fraudis o como consilium fraudis.

Prescribe el texto vigente de la segunda parte del Art.195, en sus dos incisos se ocupan
de situaciones diferentes.

El inc. 1 está referido al acto fraudatorio celebrado con posterioridad al nacimiento del
crédito y precisa que para la acción pauliana el tercero, es decir el adquiriente a título oneroso,
debe de haber actuado conscius fraudis, esto es con conocimiento del perjuicio al acreedor por
el deudor o haber estado en razonable situación de conocerlo o de no ignorarlo. La justificación
de la declaración de ineficacia radica, en este caso en el conscius fraudis, sancionándose la mala
fe del adquiriente que conocía o ignoraba el perjuicio que se causa al creedor.

El inc. 2 está referido al acto fraudatorio anterior al surgimiento del crédito y precisa que
para el ejercicio de la acción de la acción pauliana se requiere que el fraudador y el tercero, es
decir el adquiriente de los bienes a título oneroso, hayan celebrado el acto perjudicial en
consilium fraudis, esto es, con el propósito de perjudicar el crédito del futuro acreedor. La
justificación de la declaración de ineficacia radica en el consilium fraudis, sancionándose la
mala fe del adquiriente por haberse prestado al propósito del fraudador de engañar al futuro
acreedor con la existencia de bienes que ya estaban fuera su ámbito patrimonial.

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4. ONEROSIDAD DE LAS GARANTIAS.

“Articulo 196.- Para los efectos del artículo 195, se considera que las garantías, aún por
deudas ajenas, son actos a título oneroso si ellas son anteriores o simultáneas con el crédito
garantizado”.

a. CONCORDANCIAS.

 Código Civil; Artículo, 195.

b. DOCTRINA.

"La simultaneidad equivale a coincidencia temporal en el nacimiento del crédito y la


garantía que lo respalda. No parece imprescindible que el otorgamiento de la garantía deba ser
estar en el mismo documento en el que conste el crédito que garantice.

Si la garantía real se otorga después y para respaldar un crédito preexistente, se presume gratuita
y por tanto siempre procede la ineficacia.

c. COMENTARIO DE GUILLERMO LOHMANN LUCA DE TENA

Pese a que el artículo no distingue, la conclusión razonable es que se trata de garantías


reales. Por tanto, quedan fuera del supuesto legal las garantías personales y así debe ser porque
la ley no ha prohibido asumir nuevas deudas, menos aún las potenciales como son las que
derivan del aval o de la fianza.

Lo de las garantías reales ya es obvio: constituyen actos de disposición, pues si los bienes
garantizados son ejecutados por el otro acreedor en cuyo favor fueron garantizados, quedarán
excluidos del patrimonio general del deudor o quedarán con un valor restringido. En todo caso,
el deudor que garantiza debe pensar en su primer acreedor antes que en otras personas.

Las garantías son onerosas "si son anteriores o simultáneas al crédito garantizado". Se
entiende, por cierto, que se refiere al momento de constitución u otorgamiento.

d. EJEMPLO.

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El tercero puede haber adquirido de buena fe, desconociendo la intención o el ánimo
fraudulento del deudor o, por el contrario, puede haber participado en el fraude, en la burla de
los acreedores. En este último caso es evidente que la posición del adquiriente no es digna de
protección y que, por tanto, la rescisión del contrato le afectará de plano, quedando obligado a
devolver lo adquirido o, en último término, a indemnizar a los acreedores. Por el contrario, en
el supuesto de que el tercero haya adquirido de buena fe y a título oneroso, no hay razón alguna
que le aboque a hacer de mejor grado al acreedor que al adquiriente de buena fe y por tanto, la
transmisión habida no puede ser revocada o rescindida.

Por consiguiente, en tal caso, la eficacia de la acción revocatoria quedará limitada a la


puramente indemnizatoria y la obligación de indemnizar pesará única y exclusivamente sobre
el deudor fraudulento.

5. PROTECCION AL SUB ADQURIENTE DE BUENA FE.

“Artículo 197º.- La declaración de ineficacia del acto no perjudica los derechos


adquiridos a titulo oneroso por los terceros subadquirientes de buena fe”.

a. CONCORDANCIA.

 Código Civil. art.2014

b. DOCTRINA.

No son derechos adquiridos a estos fines aquellos que no otorgan titularidad directa sobre
un bien. No es suficiente, en suma, haber adquirido un derecho a tener un derecho real. Por el
contrario, se requiere un efectivo traslado patrimonial, esto es, que se haya consumado la
adquisición del bien en la forma y con los requisitos que, dependiendo de la naturaleza de cada
bien y especie negocial, resulten necesarios.

c. COMENTARIO DE GUILLERMO LOHMANN LUCA DE TENA.

Aunque la primera transferencia fraudulenta pueda considerarse inoperante (como si río


se hubiera producido) ante el acreedor accionante, el artículo 197 dispone que a la segunda

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onerosa y de buena fe no le alcanza la declaración de ineficacia. Corolario de ello es que el bien
en poder del subadquirente no se reputa reintegrado al patrimonio del deudor y el acreedor no
podrá cobrarse con ese bien.

Lo de los derechos adquiridos significa que se requiere del tercero una titularidad firme,
y no una expectativa de adquisición por sólida y documentada que fuera. La precisión del
concepto de derecho adquirido en sede pauliana, ha de investigarse de modo derivado y una vez
calificado si efectivamente ha habido o no un acto de disposición.

Es polémico si puede el acreedor instar una pretensión pauliana contra un subadquirente


que hubiera procedido de mala fe y en complicidad con el deudor, aunque hubiera adquirido sus
derechos de un primer adquirente de buena fe. En mi opinión, la buena fe del tercer adquirente
y el carácter oneroso de su adquisición no benefician al subadquirente si hubiera tenido
conocimiento del perjuicio al acreedor.

d. EJEMPLO.

El subadquirente es aquél que adquirió el bien de quien a su vez, lo adquirió el fraudator.


El subadquirente del bien objeto del acto impugnado, se hallará cubierto de la acción pauliana,
si acredita que lo es de buena fe y a título oneroso, cualquiera que haya sido el título de su
antecesor.

6. IMPROCEDENCIA DE LA ACCIÓN REVOCATORIA.

“Articulo 198.- No procede la declaración de ineficacia cuando se trata del cumpli-


miento de una deuda vencida, si ésta consta en documento de fecha cierta”.

a. CONCORDANCIA.

 Código Civil. art.140, 144, 193, 194


 Código Procesal Civil. art. 245

b. DOCTRINA.

El artículo, con toda razón, puntualiza que la deuda vencida y pagada debe ser de fecha

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cierta. Esto es lógico, a fin de evitar que se simule una obligación anterior y se conceda
preferencia a un falso acreedor ante un acreedor auténtico, pero cuyo crédito no era todavía
exigible. El artículo 245 del Código Procesal Civil señala los casos en los que un documento
es considerado con fecha cierta.

Las obligaciones naturales, también llamadas morales o imperfectas, no son exigibles


jurídicamente. El pago o cumplimiento de este tipo de obligaciones es impugnable y se admite
el uso de la acción pauliana. No están protegidas por el artículo 198.

c. COMENTARIO.

La justificación de este artículo salta a la vista. La naturaleza de la acción pauliana no


puede contener en sí misma el germen que permita negar a un acreedor la satisfacción de su
crédito ya vencido, prefiriéndolo a otro vencido con posterioridad o, si venció antes, menos
diligente en el cobro. Además, el acreedor condicional o cuyo crédito todavía no ha vencido
puede tener todavía la esperanza de que el deudor reconstruya su patrimonio antes de que su
crédito fuera exigible, y si el deudor deviniera antes insolvente, puede el acreedor ejecutarlo
de inmediato al amparo del artículo 181, porque el deudor ha perdido el beneficio del plazo.

La acción pauliana no está hecha para impedir que el deudor cumpla sus obligaciones
ya vencidas. Puede preferirse a un acreedor respecto de otro; el uno es beneficiado y el otro no,
pero aunque a éste se le causa un perjuicio no es un perjuicio ilícito. Con el cumplimiento de
estas deudas ya vencidas, el deudor no hace sino ejercer un deber y a la vez un derecho legítimo,
que le faculta el pago, incluso por consignación, si el acreedor se negara al cobro.

La norma no cubre el caso de que el deudor pague por un tercero sin estar jurídicamente obligado
a hacerlo, porque no es su deuda. Por lo tanto, cualquiera que sea la modalidad de pago, si
consiste en un acto de disposición es impugnable. El cumplimiento al que el artículo alude puede
ser de variada especie. Es válidacualquier modalidad de pago legalmente prevista, siempre que
su valor no exceda el monto del crédito ya vencido.

d. JURISPRUDENCIA.

“El artículo 198 del Código Civil en comento, precisa que no procede la declaración de
ineficacia (del acto jurídico) cuando se trata del cumplimiento de una deuda vencida, si esta

20
consta en documento de fecha cierta (…) No obstante la literalidad de la norma citada (…) a
efecto de comprender la real intención del legislador al regula este supuesto de improcedencia
de la acción revocatoria, su texto habrá de ser interpretado dentro del marco de los requisitos de
procedencia que establezca el artículo 195 del código analizado, así corresponde precisar que
para efecto de la aplicación del artículo 198 (del CC); concurrirán de manera copulativa los
siguientes requisitos: i)la deuda contraída por el deudor no deberá originarse dentro del periodo
de sospecha de intención de daño, esto es, con posterioridad al nacimiento de la obligación a
favor del acreedor, ello en atención al requisito general de preexistencia del crédito previsto en
el artículo 195 del citado cuerpo de leyes (CC), ii)deberá tratarse de una deuda vencida con
anterioridad o posterioridad al crédito; y iii)la deuda constara en documento de fecha cierta,
anterior a la obligación exigible del acreedor…”

Cas. N°2276-2004 / LAMBAYEQUE SALA DE DERECHO CONSTITUCIONAL

Y SOCIAL PERMANENTE. El Peruano, 03/10/2006, pp. 17214-17215

7. ACCION OBLICUA.

“Artículo 199. El acreedor puede ejercitar frente a los terceros adquirentes las acciones
que le correspondan sobre los bienes objeto del acto ineficaz.

El tercero adquirente que tenga frente al deudor derechos de crédito pendientes de la


declaración de ineficacia, no puede concurrir sobre el producto de los bienes que han sido objeto
del acto ineficaz, sino después que el acreedor haya sido satisfecho”.

a. CONCORDANCIAS.

 Constitución, art. 2 incisos 24.a).


 Código Civil, art. 1219; 2001inciso 4).

21
b. COMENTARIO DE GUILLERMO LOHMANN LUCA DE TENA.

Tal como he señalado, no es efecto de la declaración de ineficacia hacer retornar los


bienes enajenados al patrimonio del deudor, sino declarar como si todavía pertenecieran a éste
únicamente a los efectos de que no se deteriore la responsabilidad patrimonial que constituye la
garantía que respalda el crédito del accionante. En este orden de ideas, la declaración de
ineficacia otorga al acreedor un título de cobro sobre el bien enajenado, aunque no
específicamente por el bien en sí, sino en cuanto que idealmente todavía integra, por efecto de
la declaración judicial de ineficacia y solamente ante el acreedor preocupado, el patrimonio de
su deudor.

La sentencia, desde luego, no tiene efectos reales retro traslativos del bien desde el
patrimonio del tercer adquirente al del deudor enajenante. Pueden quedar de hecho y de derecho
en poder del primero, pero a efectos de su relación con el acreedor se entiende que continúan en
poder del deudor. No existe, pues, ningún efecto devolutivo del bien; por el contrario, llegado
el momento puede ejecutarse el crédito con el bien ya de propiedad del adquirente, sus frutos,
mejoras y accesorios como si todavía fueran del deudor. Aún más, la acción pauliana no tiene
efectos rescisorios devolutivos cuando el adquirente cubre el perjuicio causado o garantiza el
crédito con bienes diferentes de la gratuita o fraudulentamente incorporados a su acervo
patrimonial.

Lo cual equivale a decir que la ineficacia de que se ha hablado, en sede de actos


fraudulentos no es verdaderamente tal en el sentido que comúnmente se le atribuye. Es decir,
supuesta en sede pauliana la ineficacia traslativa de un bien mueble, no sería necesario que éste,
físicamente, volviera por tradición a poder del deudor que la enajenó. Simplemente, como
consecuencia de la declaración de ineficacia, el acreedor puede ejecutarlo en manos del
adquirente, porque a efectos de la satisfacción del crédito (ejecución o conservación de la
garantía) se reputa que respecto del acreedor accionante no ha habido enajenación. Al hilo del
principio, el primer párrafo del artículo 199 autoriza al acreedor para hacerse cobro de su crédito
con el bien que fue materia del acto declarado ineficaz.

Esta ejecución procede en acción distinta de la pauliana, pero precisamente la pauliana


es necesario antecedente, porque sin ella el acreedor no tendría derecho a ingresar en la esfera

22
jurídica del tercero adquirente o sub adquirente, porque está dicho que inicialmente el acreedor
quirografario no tiene garantía real específica. La garantía del acreedor no es sobre bienes, sino
a bienes.

Esta garantía sobre un bien determinado se la otorga la declaración de ineficacia. De esta


manera, y por imperio de este artículo 199, los bienes no necesariamente deben regresar a
nombre o a la posesión del deudor. La acción de embargo y la ejecutiva pueden hacerse contra
el actual titular del bien, porque salvo ante un determinado acreedor su adquisición es
jurídicamente válida erga omnes.

Ante el acreedor, el tercero adquirente asume una especial posición jurídica en la que se
ha visto envuelto por su conducta ilícita o por su buena fe al recibir el bien de modo gratuito,
sin compensación. Por esta singular posición jurídica, y porque el acreedor no tiene derecho real
sobre el bien, siempre puede el tercero hacer frente a las obligaciones del deudor, lo que asume
importancia cuando el valor del bien es superior al crédito. Hay que considerarlo así, porque la
ineficacia solo opera como reparadora de la garantía, que no tiene por qué ser menor que el
crédito. Así, pues, reparado el acreedor con el pago del tercero, cesa la singular ineficacia del
acto.

El segundo párrafo de este numeral 199 no requiere mayor explicación. El acreedor tiene
preferencia sobre el adquirente que a su vez tenga un crédito contra el deudor Esta solución ha
sido objeto de variada discusión en la doctrina antes de su reconocimiento en los ordenamientos
positivos respecto del tercero cómplice. Se argumentaba que siendo este tercero conocedor del
perjuicio que al acreedor se causa con el acto dispositivo, debe asumir las consecuencias
perjudiciales que puede sufrir por su conducta ilícita, de su complicidad.

Más no debe ser éste el único punto de vista, aunque sea válido. Su fuerza dialéctica se
desvanece cuando se piensa que de negársele al tercero adquirente el ejercicio de sus derechos
frente al deudor, éste se vería beneficiado en detrimento del tercero, y se trataría por ende de un
enriquecimiento injusto.

23
8. INEFICACIA DE ACTO JURÍDICO GRATUITO U ONEROSO.

“Artículo 200. La ineficacia de los actos gratuitos se tramita como proceso sumarísimo;
la de los actos onerosos como proceso de conocimiento. Son especialmente procedentes las
medidas cautelares destinadas a evitar que el perjuicio resulte irreparable.

Quedan a salvo las disposiciones pertinentes en materia de quiebra."

a. CONCORDANCIAS.

 Código Procesal Civil, art. 475; 546; 573; 608.

b. Fraude en sentido general.

La moderna doctrina considera que el fraude, en general consiste en hacer que opere una
norma jurídica con el fin o propósito de eludir, evitar la aplicación de otra.

Se dice, pues, que un acto jurídico es fraudulento cuando, si bien sus otorgantes obran
legitimados formalmente en una norma legal, en realidad elude otra u otras, que les impedirían
obtener el resultado o fin practico que se proponen.

Desde este punto de vista el fraude se obtiene por lo que se ha dado en llamar
circunventio legis: la utilización de una norma de cobertura para obtener, a la postre, el fin
prohibido por otra norma: la “ley defraudada”. La teoría del fraude aparece entonces como
medio de mantener el control en la aplicación de las normas jurídicas considerando el orden
jurídico en su totalidad. Se alude, así al fraude a la lay.

c. Elementos del fraude.

Así entendido, el fraude se compone básicamente en tres elementos que deben aparecer
reunidos; una norma jurídica u obligatoria; la intención de eludir su aplicación y, finalmente, la
utilización de un medio legalmente eficaz para lograrlo.

24
A) Norma jurídica imperativa u obligatoria. Es claro, de inicio que solo sabe hablar de
fraude a la ley cuando se está en presencia de normas imperativas o de orden público y
no cuanto se trata de normas de aplicación supletoria o que son de carácter permisivo.
Con respecto a estas, la autonomía de la voluntad negociar puede perfectamente
eludirlas, e incluso, obtener mediante llamados negocios indirectos, fines que, por
aplicación estricta de las normas negóciales, no podrían las partes conseguir.

Así, en ejemplo del mandato otorgado por el deudor a su acreedor para que cobre un
crédito que él tiene, a su vez contra un tercero y que permite, por esa vía, la cancelación de la
obligación por compensación.

El fraude a la ley es tal, cuando la imperativa de la norma aludida hiere o vulnera el


orden público, cause o no perjuicio a terceros.

Es que el motivo que determina a las partes en un negocio jurídico a actuar en fraude a
la ley no es otro que el designio de evitar los alcances de una norma cuya preceptiva no puede
ser dejada de lado.

B) INTENCION O PROPISITO DE ELUDIR LA NORMA IMPERATIVA. tal es el


elemento subjetivo que caracteriza el fraude a la ley .interviene aquí una modalidad del
dolo consiste en crear , de algún modo , las condiciones de aplicación de normas jurídicas
diversas para obtener el resultado contrario a derecho. He aquí el fin fraudulento: el
propósito deliberado de eludir el mandato legal imperativo o prohibitivo que, por ende,
se califica ilícito.
La utilización de un medio legalmente eficaz.

C) Para consumar su fin fraudulento, los otorgantes recurren a las normas legales que les
permiten formalmente neutralizar – según feliz expresión de ghestin y gobeau- los
efectos de la regla obligatoria contra la cual va dirigida a su maniobra. Y a diferencia del
negocio contra la ley (contra legem), en este caso el otorgante o los otorgantes no
contravienen o violan directamente la norma imperativa, sino que crean las condiciones

25
que les permiten obtener, por otra vía, el resultado intentando u otro resultado
equivalente.

PARTE III
DERECHO COMPARADO

Muchos códigos y ordenamientos modernos han incluido en sus textos normas dirigidas
a reprimir el fraude de la ley en sus posibles aplicaciones en el campo del Derecho Internacional
Privado, como ocurre en el reciente Código portugués (artículo 21 º). En otros, la represión se
ha dirigido hacia los llamados negocios jurídicos celebrados en fraude de la ley, como acontece
en el artículo 1344º del Código Civil italiano, según el cual se reputa lícita la causa de un
contrato, cuando el contrato constituye un medio de eludir el cumplimiento de una norma
imperativa.

En otros casos la consagración se ha producido por vía doctrina y jurisprudencia. Ocurre


así en el Derecho alemán, donde la doctrina y la jurisprudencia han incluido en el parágrafo
134 del B.G.B. la condena de los negocios en fraude de ley.

La doctrina de la represión del fraude de la ley goza de clarísimos y constantes


precedentes doctrinales en toda la tradición jurídica europea y su consagración se ha producido
en todos los ordenamientos jurídicos europeos hace muchísimos años. Algunos autores han
señalado que existe una versión antigua y una versión moderna del fraude.

Se ha llamado "versión antigua" del fraude a aquellas formas de fraude posibles en los
estadios históricos en que domina el legalismo, técnica interpretativa del ius strictum o
interpretación literal de la ley. En tales estadios históricos, sin duda primitivos, sólo son actos
contrarios a la ley aquéllos que vulneran la letra expresa de un precepto. En cambio, cuando el
acto, o la serie de actos, se mantiene fiel a la letra, pero violenta el espíritu (mens legis), el acto
es un acto de fraude de la ley. Más que hablar de una "versión antigua" habría que hablar de una

26
versión antiquísima o primitiva del fraude. Sin embargo, cuando la interpretación deja de ser
una interpretación legalista y literal, para tratar de buscar la voluntas legis o la voluntas
legislatoris, es claro que aquellos actos que, aunque aparezcan ajustados a la letra, violentan el
espíritu de la ley, son también actos contrarios a la ley.

Se produce entonces un ensanchamiento del área de los actos contra legem, que a su vez
restringe el área de los actos in fraudem legis. Es en este momento histórico que, probablemente
hay que situar en el período postclásico del Derecho romano y en el humanismo europeo de los
siglos XII a XIV, cuando aparece la llamada "versión moderna" del fraude, aunque de lo dicho
se desprende que su "modernidad" es sólo relativa, por cuanto que goza de una antigüedad de
varios siglos.

Esta forma moderna del fraude consiste en lo que se ha llamado una circunventio legis,
o lo que es lo mismo, lo que los alemanes llaman una Gesctzumgehung. Los autores del fraude
realizan una circunventio legis o, si se prefiere, una "circunvolución" de la ley, esto es, utilizan
un medio indirecto para eludir la aplicación de la norma, tratando de ampararse en otra ley que
sólo de manera aparente protege el acto realizado.

El mecanismo de la circunventio legis presupone la existencia de dos normas: la llamada


ley de cobertura y la ley defraudada, de tal manera que para eludir la segunda se busca por un
medio indirecto la protección de la primera. Este es el verdadero mecanismo del fraude de la
ley, en su versión actual, que goza, corno hemos visto, de amplísimos y seculares precedentes y
cuya represión en la actualidad se encuentra consagrada doctrinal y jurisprudencialrnente e
incluso en algunos casos legislativarnente, en todos los ordenamientos europeos.

Ordenamientos europeos. Creo que es bajo esta óptica en la que hay que analizar el
apartado 4º del nuevo artículo 6º de nuestro Código Civil. Según este apartado, "los actos
realizados al amparo del texto de una norma, que persigan un resultado prohibido por el
ordenamiento jurídico, o contrario a él, se considerarán ejecutados en fraude de la ley y no
impedirán la debida aplicación de la norma que se hubiera tratado de eludir". El texto en cuestión
describe, en líneas generales, la figura que nos ocupa, pero en esta descripción no se ha
conseguido una precisión perfecta.

a) En primer lugar, se habla de "actos realizados al amparo del texto de una norma". Con
ello se plantean, a nuestro juicio, dos órdenes de problemas. En primer lugar, parece que

27
el amparo lo proporciona un "texto", es decir, la inteligencia o el sentido literal del
precepto, que sería de esta manera contrario a su espíritu o a su sentido finalista. Corno
hemos puesto de relieve anteriormente, en los casos en que el amparo normativo sea
solamente textual, no creernos que haya verdadera ley de cobertura, si tal cobertura fuera
contraria al espíritu de la propia norma.
Quizá por ello hubiera sido preferible suprimir la referencia al "texto" y hablar
sin más de actos realizados al amparo de una ley. Por otra parte, es menester, para que
se produzca el verdadero fraude de la ley que el amparo del texto de una norma o al
amparo del texto de una norma no signifique una suficiente protección. Y este matiz
diferencial e importante no ha quedado suficientemente dibujado en el nuevo artículo 6º.
Si el acto se realiza con amparo en una norma que le otorga protección suficiente, el
supuesto, corno dicen De Castro y Castán, será un supuesto de concurrencia o choque
de leyes que habrá de debatir con la respectiva jerarquía que entre sí tengan tales leyes
según los principios generales
b) En segundo lugar, parece conveniente destacar que, en el nuevo artículo 6º, el fraude se
coloca, por lo menos a primera vista, en una línea subjetiva, pues se dice que los actos
han de perseguir un resultado prohibido. Toda la evolución moderna del fraude consiste,
sin embargo, a nuestro juicio, en un intento de despegarse de la original línea subjetiva,
sin tener que entrar a discernir cuáles fueron las intenciones o las motivaciones que
impulsaron a los sujetos.
c) En tercer lugar, el fraude, corno contravención y corno violación, en el nuevo artículo
6º, se considera corno un enfrentamiento con la totalidad del ordenamiento jurídico,
puesto que se habla de un "resultado prohibido por el ordenamiento jurídico o contrario
a él". Creernos que esa configuración es extraña a la genuina teoría del fraude de la ley.
En el fraude de la ley, corno el propio nombre del fenómeno indica, lo que se defrauda
no es el ordenamiento en bloque, sino una ley concreta. Ley que, además, ha de ser
considerada en la finalidad práctica por ella buscada.

28
PARTE IV
JURISPRUDENCIA

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA REPUBLICA

SALA CIVIL PERMANENTE

SENTENCIA CAS. Nº 2101-2010

JUNIN

Lima, diecinueve de mayo del dos mil once.-

LA SALA CIVIL PERMANENTE DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE

LA REPÚBLICA; vista la causa número dos mil ciento uno - dos mil diez, y en audiencia
pública de la fecha, producida la votación de acuerdo a ley, se emite la siguiente sentencia:

1.- MATERIA DEL RECURSO:

Se trata del recurso de casación, interpuesto por la recurrente Grupo San Blas

S.A contra la sentencia de vista, obrante a fojas doscientos cuarenta y dos, de fecha treinta
de marzo de dos mil diez, emitida por la Primera Sala Mixta Descentralizada de la Merced
– Chanchamayo que, Revoca la sentencia apelada contenida en la resolución número
veintidós, de fecha veintidós de setiembre de dos mil nueve, de fojas ciento noventa y dos
que declara Fundada la demanda; reformándola la declara Infundada; en los seguidos por
Grupo San Blas S.A contra Eliades Castañeda Ñaupari y Otros, sobre Acción Revocatoria.

29
2.- FUNDAMENTOS POR LOS CUALES SE HA DECLARADO
PROCEDENTE EL RECURSO:
Esta Sala mediante resolución de fecha veintinueve de setiembre del dos mil diez, ha
estimado procedente el recurso de casación por las causales de: a) Infracción normativa
sustantiva de los artículos 2013 y 195 del Código Civil, respecto de la cual la
impugnante sostiene que ambas normas no han sido concordadas por la Sala de Mérito,
ya que de haberse efectuado se hubiera establecido que lo expresado por la demandada
Dora Trinidad de Castañeda en el Contrato de Reconocimiento de deuda era cierto; y que
la escritura pública de compra venta suscrita por ésta y su cónyuge era simulada, púes
conforme a lo expresado en la Partida registral N° 1000423 suscrita tres años después de
la compra venta simulada, los vendedores aún seguían siendo propietarios del inmueble
inscrito, circunstancias que hacen considerar como cierto que el inmueble era y es de
propiedad de los demandados; y b) Infracción Normativa Procesal del artículos 197
del Código Procesal Civil alegando que la Sala de Mérito ni ha valorado en forma
conjunta y razonada los medios probatorios aportados al proceso, habiendo valorado
únicamente la Escritura Pública de Compra Venta materia de controversia y el Contrato
de Reconocimiento de Deuda, dejando de valorar otras pruebas, las que de haber sido
merituadas habrían llevado a establecer la simulación existente en el contrato materia de
litis.

3.- CONSIDERANDO:

PRIMERO.- Que, cuando se invocan en forma simultánea agravios consistentes en la


infracción normativa procesal e infracción normativa sustantiva que inciden directamente
sobre la decisión de la resolución impugnada, resulta innecesario emitir pronunciamiento
respecto del segundo agravio denunciado, atendiendo a que, de ampararse el primero
deberá declararse la nulidad de la resolución impugnada y ordenarse que se expida un
nuevo fallo.------------------------------------------------------------------------------------------
SEGUNDO.- Que, el debido proceso es un derecho complejo, pues, está conformado por
un conjunto de derechos esenciales que impiden que la libertad y los derechos de los
individuos sucumban ante la ausencia o insuficiencia de un proceso o procedimiento, o se

30
vean afectados por cualquier sujeto de derecho -incluyendo el Estado- que pretenda hacer
uso abusivo de éstos. Como señala la doctrina procesal y constitucional, "por su naturaleza
misma, se trata de un derecho muy complejamente estructurado, que a la vez está
conformado por un numeroso grupo de pequeños derechos que constituyen sus
componentes o elementos integradores, y que se refieren a las estructuras, características
del tribunal o instancias de decisión, al procedimiento que debe seguirse y a sus principios
orientadores, y a las

31
garantías con que debe contar la defensa (Faúndez Ledesma, Héctor. "El Derecho a un
Juicio Justo". En: Las garantías del debido proceso (Materiales de Enseñanza). Lima:
Instituto de Estudios Internacionales de la Pontificia Universidad Católica del Perú y
Embajada Real de los Países Bajos, p, 17). Dicho de otro modo, el derecho al debido
proceso constituye un conjunto de garantías de las cuales goza el justiciable, que incluyen,
la tutela procesal efectiva, la observancia de los principios o reglas básicas y de la
competencia predeterminada por Ley, así como la pluralidad de instancias, la motivación
y la logicidad y razonabilidad de las resoluciones, el respeto a los derechos procesales de
las partes (derecho de acción, de contradicción) entre otros.----- TERCERO.- Que, bajo
ese contexto dogmático, la causal de la infracción normativa procesal denunciada se
configura entre otros supuestos en los casos en los que en el desarrollo del proceso, no se
han respetado los derechos procesales de las partes, se han obviado o alterado actos de
procedimiento o si la tutela jurisdiccional no ha sido efectiva y/o el órgano jurisdiccional
deja de motivar sus decisiones o lo hace en forma incoherente, en clara trasgresión de la
normatividad vigente y de los estadios superlativos del procedimiento.----------------------
-----------------------------------------------------------
CUARTO.- Que, sobre el caso que nos atañe corresponde efectuar previamente un
resumen de la controversia de su propósito. En ese sentido se aprecia que mediante la
demanda de Acción Pauliana o Revocatoria pretenden se declara ineficaz el acto jurídico
contenido en la Escritura Pública de Compra Venta del Predio Urbano del dieciocho de
diciembre de dos mil, sosteniendo que la co-demandada vendedora Dora Trinidad de
Castañeda y sus hijos: Nancy Noemí y Antony Eliades Castañeda Trinidad, así como
Roger Arturo Calixto Tagliablue, adeudan a su representada la suma de once mil dólares
americanos, obligación que se encuentra representada en una letra de cambio s/n con
vencimiento al veinte de agosto del dos mil cuatro y en el contrato de reconocimiento de
deuda del veintitrés de junio de dos mil cuatro a través del

32
cual se comprometieron a: i) Pagar la obligación a más tardar el diecisiete de agosto del
dos mil cuatro con la venta de parte del inmueble (noventa y dos punto cuarenta metros
cuadrados), y en caso de no poder hacerlo se le concedía un plazo de sesenta días más y
el acreedor tendría la opción de compra (cláusula 2ª y 3ª del referido contrato); ii) Sanear
la propiedad en treinta días, en mérito al embargo que pesaba a favor de la Caja Municipal
de Ahorro y Crédito de Huancayo por quinientos veinte dólares americanos (cláusula 4ª);
iii) Asimismo, precisaron en el contrato citado, que la transferencia efectuada a los hoy
demandados compradores Juan Laurente La Torre y Rumalda Pomazongo Fernández era
simulada, el cual en el plazo concedido tendría que ser resuelto (cláusula 4ª); y, iv)
Finalmente, a realizar la subdivisión del inmueble y Declaratoria de Fábrica, ante el
Municipio de Pichanaki; asimismo, señalan que ante el incumplimiento de las
prestaciones se vieron obligados a promover una medida cautelar fuera de proceso
expediente dos mil cuatro – seiscientos veintiuno que fue amparada, trabándose embargo
en forma de inscripción sobre el porcentaje de acciones y derechos que le correspondía a
la cónyuge, en su condición de propietaria del inmueble; interponiéndose, a su vez,
demanda de obligación de dar suma de dinero expediente dos mil cuatro – setecientos
dieciocho, proceso en que se declaró Fundada la demanda, y ordenó llevar adelante la
ejecución por la suma de once mil dólares americanos, más intereses, costas y costos,
sentencia que fue declarada consentida, requiriéndose el pago ordenado, bajo
apercibimiento de ejecución forzada; sin embargo, dicho proceso fue suspendido con
motivo de la Tercería de propiedad iniciada por la demandada compradora Rumalda
Pomazongo Fernández, expediente doscientos veinte – dos mil cinco, proceso que ha sido
resuelto por la Sala Civil confirmando la decisión del juez que declara fundada la demanda
y ordena el levantamiento de la medida cautelar. Por tanto, considera se dan los supuestos
que prevé el

33
artículo 195 del Código Civil, esto es, el eventus damni como el consilium fraudes.--------
---------------------------------------------------------------------------------------
QUINTO.- Que, el Juez de primera instancia expide la sentencia obrante a fojas ciento
noventa y dos declarando Fundada la pretensión demandada; estableciendo que: a) El acto
en controversia, mediante el cual los demandados vendedores transfieren en venta real y
perpetua a los demandados compradores el predio en litis de una extensión de doscientos
ochenta y cinco metros cuadrados, ha sido celebrado en forma simulada con la finalidad
de evitar la ejecución y posible afectación del predio a cargo de la Caja Municipal de
Ahorro y Crédito de Huancayo, conforme aparece expresamente declarada por la deudora
Dora Trinidad de Castañeda, en el documento denominado “Contrato de reconocimiento
de deuda” del veintitrés de junio de dos mil cuatro; b) Aunado ésta el hecho de que hasta
la fecha el inmueble aparece inscrito a favor de Dora Trinidad según la partida registral,
así como el hecho de que hasta la fecha ocupa ésta última el predio, conforme ha declarado
en la audiencia de pruebas, por lo que dicho acto es ineficaz; c) Por último refiere que si
bien el acto en cuestión es anterior al surgimiento del crédito, sin embargo, el acto se
efectuó precisamente con el propósito de perjudicar la satisfacción del crédito del futuro
acreedor, presumiéndose dicha intención en el deudor cuando ha dispuesto de bienes de
cuya existencia había informado por escrito al futuro acreedor, lo cual en el caso de autos
está acreditado con el mencionado documento de reconocimiento de deuda, en el cual se
compromete a resolver el contrato de compra venta suscrito a favor de los demandados
compradores, presumiéndose que los terceros conocían o estaban en aptitud de conocer el
futuro crédito a cargo de su vendedor y que el deudor carece de otros bienes registrados.-
----------------------------------------------- SEXTO.- Que, sin embargo, la Sala de Vista
expide la sentencia revocando la apelada y declara infundada la demanda, al considerar
básicamente que: a) Los fundamentos de la demanda no describen actos de fraude al
acreedor en estricto sentido, en todo, caso se trata de un supuesto de incumplimiento de
acuerdo que tuvieron las partes que intervinieron en el Contrato de
Reconocimiento
de Deuda del veintitrés de junio de dos mil cuatro; b) La demandante, conocía plenamente
que el inmueble de la vendedora en el momento que se suscribió el contrato citado, no era
de esta persona, sino había sido vendido, esto es, el acreedor al momento de otorgar el

34
crédito tenía conocimiento exacto de que sus deudores no eran dueños del inmueble por
existir de por medio una Escritura Pública de Compra Venta; c) La traslación de dominio
del predio en lítis, vía compra venta, se realizó tres años antes del compromiso de crédito
contraído por los deudores, por lo que al momento en que se dio el crédito, los deudores
no eran propietarios del inmueble, situación de conocimiento de la demandante e incluso
dicha situación fue parte de una cláusula en el documento denominado reconocimiento de
deuda; d) La exigencia legal prevista por el artículo 195 del Código Civil que el tercero
haya conocido del perjuicio a los derechos del acreedor, sin embargo, el acto jurídico
cuestionado es tres años antes de haber otorgado préstamo la entidad a la deudora, por lo
que no existen razones fundadas para presumir que el tercero (comprador) haya tenido
conocimiento del perjuicio económico al acreedor, concluyendo que no existe en autos
prueba alguna que acredite tal circunstancia; e) Lo pretendido implicaría vulnerar el
principio de seguridad jurídica del que está protegido todo acto o negocio jurídico, y sólo
por sentencia judicial puede declararse y quitarse el efecto de
un acto presuntamente afectado por simulación previo proceso.-------------
------------------ SETIMO.- Que, al respecto se puede precisar que en materia probatoria
el derecho a la utilización de los medios de prueba, se encuentra íntimamente conectado
con el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, que entre sus vertientes engloba el
derecho a obtener una resolución razonable, motivada y fundada en derecho, además de
congruente con las pretensiones deducidas por las partes en el interior del proceso;
como también con el derecho de

35
defensa del que es realmente inseparable. Así, el contenido esencial de éste derecho se
respeta siempre que, una vez admitidas las pruebas declaradas pertinentes, sean valoradas
por los órganos judiciales conforme a las reglas de la lógica y de la sana crítica, según lo
alegado y probado.----------------------------- OCTAVO.- Que, precisamente, regulando
éste derecho fundamental, el legislador ha optado por imponer al Juez, en los términos
que señala el artículo 197 del Código Procesal Civil, la obligación de valorar en forma
conjunta y razonada todos los medios de prueba, dado que, las pruebas en el proceso, sea
cual fuera su naturaleza, están mezcladas formando una secuencia integral; por lo que, es
responsabilidad del Juzgador reconstruir, en base a los medios probatorios, los hechos que
den origen al conflicto, por lo tanto, ninguna prueba deberá ser tomada en forma aislada,
tampoco en forma exclusiva, sino en su conjunto, toda vez, que sólo teniendo una visión
integral de los medios probatorios se puede sacar conclusiones en busca de la verdad que
es el fin del proceso.------------------------------------------------------------------------
NOVENO.- Que, no obstante, la Sala Superior al expedir la recurrida, ha infringido el
marco jurídico aquí delimitado, al no haber analizado documentos que se condicen con lo
manifestado en la recurrida respecto a que no existe un acto simulado, por tanto al ser
obligación de todo magistrado plasmar suficientemente la motivación de sus resoluciones,
a fin de despejar cualquier vestigio de arbitrariedad o irrazonabilidad; debe analizarse
debidamente dichos elementos de prueba, puesto que ha criterio del actor son decisivos
para su defensa.---------------------------------------------------------------------------------------
-------
DÉCIMO.- Que, en efecto, es de advertir que la sala no ha analizado la Partida Registral
N° 11000423, Resolución de alcaldía N° 274-2004-MDP de fecha tres de setiembre del
dos mil cuatro, Carta de fecha diecisiete de diciembre del dos mil cuatro, constatación
policial de fecha cuatro de mayo del dos mil cinco presentados por la parte demandante
en el acto postulatorio, así como la declaración de parte vertida por la demandada
vendedora durante el desarrollo

36
de la audiencia de pruebas, que a criterio del actor son decisivos para su defensa y respecto
del cuáles no se ha emitido pronunciamiento alguno, por lo que corresponde sean
debidamente analizados por el Ad quem, máxime si se toma en cuenta que la arbitraria
valoración de la prueba por parte del Ad quem, ha originado un fallo con una motivación
aparente, en tanto, se ha determinado de que el acto jurídico contenido en la Escritura
Pública de Compra Venta del dieciocho de diciembre del dos mil efectuada por los
demandados resulta válido, cuanto la naturaleza del presente proceso, no tiene por
finalidad determinar la validez del acto cuestionado, sino su ineficacia respecto de los
acreedores; y justamente la existencia dicho acto fraudulento es lo que corresponde ser
determinado en autos mediante la valoración conjunta de los elementos probatorios
descritos precedentemente en base al supuesto normativo contenido en el inciso 2 del
artículos 195 del Código Civil.--------------- UNDÉCIMO.- Que, lo expuesto, constituye
razón más que suficiente para que la Corte de Casación no pueda estar impedida de revisar
la actividad procesal en materia de la prueba cuando se ignoran hechos relevantes de la
controversia, como ha sucedido en el presente caso, en el que se ha ingresado a un estadio
de ilegitimidad por inobservancia del material fáctico y probatorio de la litis, que conecta
uno de los parámetros insoslayables en materia casatoria, es decir, el poder advertir en
una prospección teleológica de la litis si habido o no una adecuada y respetuosa
observancia de la norma adjetiva de relación de la controversia.-------------------------------
---------------------------------------
DUODÉCIMO.- Que, por las razones expuestas la sentencia recurrida ha incurrido en la
causal correspondiente a la infracción normativa procesal.--------

DECISIÓN:

Por los fundamentos precedentes y en aplicación de lo establecido por el artículo 396 del
Código Procesal Civil; declararon:

37
a) FUNDADO el recurso de casación interpuesto por Grupo San Blas S.A de fojas
doscientos cincuenta y cuatro; en consecuencia, NULA la sentencia de vista, obrante a
fojas doscientos cuarenta y dos, de fecha treinta de marzo del dos mil diez, emitida por la
Primera Sala Mixta Descentralizada de la Merced – Chanchamayo de la Corte Superior
de Justicia de Junín.
b) ORDENARON el reenvío de los autos a dicho órgano superior a fin de que expida
nueva resolución con arreglo a ley, valorando los medios probatorios antes citados.
c) DISPUSIERON la publicación de la presente resolución en el diario oficial "El
Peruano", bajo responsabilidad y los devolvieron; en los seguidos por Grupo San Blas
S.A con Dora Trinidad de Castañeda, Eliades Castañeda Ñapuri, Juan Laurente La Torre
y Rumalda Pomazongo Fernández, sobre Acción Pauliana o Revocatoria; intervino como
Ponente el Juez Supremo señor Walde Jáuregui.-

SS.

ALMENARA BRYSON
DE VALDIVIA CANO
WALDE JÁUREGUI
VINATEA MEDINA
CASTAÑEDA SERRANO

38
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA REPÚBLICA
SALA CIVIL TRANSITORIA

CASACIÓN 1688-2016
LIMA
INEFICACIA DE ACTO JURÍDICO

SUMILLA: El Juez deberá realizar un análisis en


conjunto de los medios probatorios a fin de favorecer
el esclarecimiento de la verdad material, que si bien
pueden estar revestidos de actos lícitos cada uno de
ellos, en su totalidad pueden configurar un ánimo
fraudulento.

Lima, diecisiete de marzo

de dos mil diecisiete.-

LA SALA CIVIL TRANSITORIA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA


REPÚBLICA: Vista la causa número mil seiscientos ochenta y ocho – dos mil dieciséis, en
Audiencia Pública llevada a cabo en la fecha; y producida la votación con arreglo a Ley, emite
la siguiente sentencia: ------------------------------

I. ASUNTO: --------------------------------------------------------------------------------------

En el presente proceso de Ineficacia de Acto Jurídico la empresa demandante Compañía


Americana de Conservas Sociedad Anónima Cerrada ha interpuesto recurso de casación

39
mediante escrito obrante a fojas mil dos, contra la sentencia de vista de fojas novecientos
ochenta y cinco, de fecha veintinueve de enero de dos mil dieciséis, emitida por la Cuarta Sala
Civil de la Corte Superior de Justicia de Lima, que confirma la sentencia apelada de fojas
ochocientos setenta y tres, de fecha seis de noviembre de dos mil catorce, que declaró infundada
la demanda en cuanto se refiere a la pretensión de ineficacia del Contrato de Opción de Compra
contenida en la Escritura Pública de fecha veintiuno de diciembre de dos mil siete y de la
compraventa contenida en la Escritura Pública de fecha seis de marzo de dos mil ocho;
revocaron la sentencia en cuanto declara fundada en parte la demanda de Ineficacia de acto
Jurídico planteada por la Compañía demandante y, en consecuencia, declara la Ineficacia del
Acto Jurídico constituido por el Contrato de Dación en Pago contenido en la Escritura Pública
de fecha cinco de febrero de dos mil nueve, respecto de los bienes inmuebles inscritos en las
Fichas números 11007006 y 11006040 de los Registros de la Propiedad Inmueble de Pisco; y
reformándola declararon infundada en dicho extremo demandado; con costas y costos del
proceso. ----------------------------------------------------------------------------------------------

II. ANTECEDENTES: --------------------------------------------------------------------------

1. DEMANDA: -----------------------------------------------------------------------------------

El trece de agosto de dos mil nueve, mediante escrito obrante a fojas trescientos uno, subsanado
a fojas trescientos sesenta y nueve, la Compañía Americana de Conservas Sociedad Anónima
Cerrada, interpuso demanda de Ineficacia de Acto Jurídico contra Conservas y Derivados San
Andrés Sociedad Anónima Cerrada y Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada,
pretendiendo que se declare la ineficacia del: a) Contrato de Dación de Pago, de fecha cinco de
febrero de dos mil nueve; b) Contrato de Opción de Compra con Arras Confirmatorias de fecha
veintiuno de diciembre de dos mil siete; y c) Contrato de Compraventa de fecha seis de marzo
de dos mil ocho, argumentando que sus socios accionistas son Pelazza S.L. y Consorcio
Conservero Español Sociedad Anónima, quienes mantuvieron relaciones comerciales con el
codemandado Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada, como
consecuencia de dichas relaciones se formó una acreencia de un millón trescientos cincuenta y
seis mil quinientos setenta y nueve dólares americanos con ochenta y un centavos

40
(US$1´356,579.81), razón por la cual se suscribió un Contrato de Reconocimiento de Deuda y
Dación de Pago; en dicho contrato se cedió la posesión contractual de tales empresas a favor de
la demandante, así como acreedores de la obligación de ciento dieciocho mil dólares americanos
(US$118,000.00) reconocidas por Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima
Cerrada. Durante la ejecución del referido contrato la deudora no cumplió con sus obligaciones,
pidiéndole un poco de tiempo; sin embargo, pretendía ganar tiempo para transferir su único bien
susceptible de pago a la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada. De modo que, con
fecha veintiuno de diciembre de dos mil siete, suscribió un Contrato de Opción de Compra a
favor de la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada. -----------------------------------------
-----------------

Cuando la demandante (Compañía Americana de Conservas Sociedad Anónima Cerrada) tomó


conocimiento de dichas tratativas enviaron una Carta Notarial al codemandado a fin de
solicitarle que no materialice la operación de compraventa que habría prometido vender ya que
tenía una acreencia, no obstante ello, los demandados suscribieron el contrato definitivo el seis
de marzo de dos mil ocho. --------------------------------------------------------------------------

Al remitirle carta a Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada manifestándole que había
materializado una compraventa a pesar que su acreencia se encontraba garantizada con una
medida cautelar; éste les respondió manifestando que su Contrato de Opción de Compra era
anterior a la medida cautelar y como tal tenía derecho preferente. -----------------------------------

En abril de dos mil nueve, en un solo acto, la empresa Conservas y Derivados San Andrés
Sociedad Anónima Cerrada inscribió a su nombre dos propiedades, efectuó una hipoteca legal
y transfirió a favor de la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada; ambas empresas,
deudor y el tercero, han señalado el mismo domicilio fiscal en la Superintendencia Nacional de
Aduanas y de Administración Tributaria – SUNAT. --------------------------------------------------

Su crédito es anterior a la disminución patrimonial; los actos jurídicos fraudulentos que


generaron la disminución patrimonial, se realizaron con posterioridad a su crédito. La
Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada siempre supo que la empresa Conservas y
Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada les adeudaba a los demandantes, a pesar de

41
ello con fecha veintiuno de diciembre de dos mil siete, suscribieron el Contrato de Opción de
Compra con la empresa deudora. ------------------------------------------------------------

2. CONTESTACIONES DE DEMANDA: ------------------------------------------------

El veinticuatro de agosto de dos mil diez, la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada,
contestó la demanda, argumentando que: ------------------------

Cuando el demandante inscribió la medida cautelar sobre el inmueble, esto es el diecisiete de


abril de dos mil ocho, ya su empresa había inscrito el contrato de opción el diecisiete de enero
de dos mil ocho, por lo que su adquisición fue preferente a la medida cautelar. -------------------
-------------------------------------------

Por otro lado, mediante Escritura Pública de fecha seis de marzo de dos mil ocho, la empresa
Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada, reconoció adeudarle la suma
doscientos ochenta y un mil ochocientos setenta y siete dólares americanos con cincuenta y ocho
centavos (US$281,877.58) más quince mil quinientos tres dólares americanos con veintisiete
centavos (US$15,503.27) de intereses, dicha deuda fue materia de Cesión de Derechos de fecha
veintinueve de febrero de dos mil ocho. ------------

El hecho que la empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada y su
empresa compartieran el mismo domicilio fiscal ante la Superintendencia Nacional de Aduanas
y de Administración Tributaria – SUNAT, se debe a que luego de haber adquirido el inmueble
inscrito en la Partida número 02005640 el mismo fue alquilado a la empresa Conservas y
Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada. ------------------------------------

Es negligencia de la empresa demandante que se ha causado perjuicios por el hecho de no haber


actuado diligentemente en resguardo de obtener las garantías necesarias para el cobro de su
acreencia. ------------------------------------

Cabe anotar que mediante resolución de fojas cuatrocientos setenta y cinco, se declara la
rebeldía de la empresa codemandada Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima
Cerrada. ---------------------------------------------------------

42
3. RESOLUCIÓN FINAL DE PRIMERA INSTANCIA: --------------------------------

El seis de noviembre de dos mil catorce, mediante Resolución número treinta y tres, obrante a
fojas ochocientos setenta y tres, el Trigésimo Primer Juzgado Especializado en lo Civil de la
Corte Superior de Justicia de Lima, declaró fundada en parte la demanda; en consecuencia se
declara la ineficacia solo del Contrato de Dación en Pago contenida en la Escritura Pública de
fecha cinco de febrero de dos mil nueve, respecto de los bienes inmuebles registrados en el
Registro de Propiedad Inmueble de Pisco en las Fichas números 11007006 y 11006040; e
infundada la demanda respecto a la petición de ineficacia del Contrato de Opción de Compra
contenida en la Escritura Pública de fecha veintiuno de diciembre de dos mil siete y de la
compraventa contenida en la Escritura Pública de fecha seis de marzo de dos mil ocho,
señalando que: -------

- Corresponde verificar en primer lugar la existencia de acreencias u obligación a favor de la


parte demandante. Dicho ello, se aprecia que la empresa Conservas y Derivados San
Andrés Sociedad Anónima Cerrada, reconoce a favor de las empresas Pelazza S.L. y
Consorcio Conservero Español Sociedad Anónima una obligación ascendente a un millón
trescientos noventa y seis mil ciento ochenta y cuatro dólares americanos con veintiocho
centavos (US$1´396,184.28), monto que es cedido a favor de la ahora demandante,
mediante cesión de deuda, pactándose formas de pago, por lo que los créditos impagos por
lo menos se retrotraen a enero del año dos mil siete. ----------------------------------------------
--------------------------
- Corresponde ahora analizar si los hechos cuestionados constituyen actos de disposición
patrimonial. De la Escritura Pública de fecha veintiuno de diciembre de dos mil siete,
denominado Contrato de Opción de Compra con Arras Confirmatorias, celebrado por la
empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada a favor de la
Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada; que fue materializada en compraventa
mediante Escritura Pública de fecha seis de marzo de dos mil ocho. Asimismo, celebran un
Contrato de Dación en Pago, donde la empresa Conservas y Derivados San Andrés
Sociedad Anónima Cerrada reconoce adeudar a favor de la Corporación Leribe Sociedad
Anónima Cerrada la suma de trescientos treinta y cuatro mil cuatrocientos sesenta y ocho

43
dólares americanos con ochenta y seis centavos (US$334,468.86) y para amortizar la deuda
antes mencionada se transfiere a favor de este último los dos inmuebles, que aparecen
inscritos en las Partidas números 11007006 y 11006040 del Registro de Propiedad
Inmueble de Pisco. De lo anteriormente expuesto, queda evidenciado que la codemandada
empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada ha realizado actos
de disposición de su patrimonio, no obstante mantener una obligación impaga a favor de la
parte demandante. --------------------------------
- Respecto al conocimiento o la razonabilidad de conocer del perjuicio al crédito de la parte
demandante, objetivamente, conforme se advierte del Asiento D0004 de la Partida Registral
número 02005640, al veintiséis de febrero de dos mil ocho, la demandante publicitaba a
través de la mencionada Partida Registral un embargo hasta por la suma de doscientos
cincuenta mil dólares americanos (US$250,000.00) a su favor. Por otro lado, conforme se
advierte del Asiento D0003 de la mencionada Partida Registral, el veintisiete de diciembre
de dos mil siete, se había registrado el Contrato de Opción de Compra. De lo expuesto
precedentemente, aparece evidente que el Contrato de Opción fue registrado con
anterioridad al embargo otorgado a favor de la demandante. ------------------------------------
---
- El ordenamiento jurídico ha decidido otorgar protección erga omnes al Contrato de Opción,
si este alcanza publicidad registral, de acuerdo al artículo 2023 del Código Civil. la
inscripción de este contrato en el Registro le otorga una especie de trascendencia real, capaz
de enervar los actos jurídicos con inscripciones intermedias que pudieran haber entre la
inscripción de la opción y la compraventa definitiva. -------------------------------
- Por lo que según las reglas de la experiencia un comprador diligente solo tendría que haber
averiguado los antecedentes, la existencia y calidad de los bienes a adquirir, mas no el
antecedente crediticio del vendedor; en suma, no se ha acreditado que la empresa
codemandada Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada haya tenido conocimiento o
estado en posibilidad de conocer del perjuicio de los derechos al acreedor demandante; por
lo que este extremo de la demanda deviene en infundada.
- En cuanto a los actos de disposición contenidos, en la Escritura Pública de fecha cinco de
febrero de dos mil nueve, referida a la Dación en Pago de los inmuebles, fue realizado con
posterioridad a la medida cautelar de embargo de fecha veintiséis de febrero de dos mil

44
ocho, ejecutada a favor de la parte demandante y también con posterioridad a la Carta
Notarial de fecha trece de junio de dos mil ocho, dirigida a la empresa codemandada
Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada, donde se le pone en conocimiento de la
acreencia a favor de la demandante. En tal sentido queda acreditada que estos actos de
disposición a favor de la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada fue efectuado
cuando esta ya tenía conocimiento de la acreencia de la demandante. -------------------------
----------

4. RESOLUCIÓN DE SEGUNDA INSTANCIA: -----------------------------------------

El veintinueve de enero de dos mil dieciséis, la Cuarta Sala Civil de la Corte Superior de Justicia
de Lima, emitió la resolución de vista de fojas novecientos ochenta y cinco, que confirmó la
sentencia apelada que resuelve declarando infundada la demanda en cuanto se refiere a la
pretensión de ineficacia del Contrato de Opción de Compra contenida en la Escritura Pública de
fecha veintiuno de diciembre de dos mil siete y de la Compraventa contenida en la Escritura
Pública de fecha seis de marzo de dos mil ocho; revocó en cuanto declara fundada en parte la
demanda de Ineficacia de Acto Jurídico planteada por la Compañía demandante; y en
consecuencia, declara la ineficacia del acto jurídico constituido por el Contrato de Dación en
Pago; y reformándola declara infundada en dichos extremos; con costas y costos del proceso;
bajo los siguientes argumentos: --------------------------------------------------------------------------

- El tercero adquirente, Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada, tiene la calidad de


acreedor de su codemanda. Dicha acreencia nace como consecuencia de la cesión de
créditos celebrado entre las Empresas Yurrita e Hijos Sociedad Anónima en condición de
cedente, Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada como cesionaria y Conservas y
Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada como la cedida (deudora), generado
como consecuencia de anticipos a cuenta de anchoas fileteadas. --------------------------------
------------------------------------------------------
- En el presente caso, tanto la empresa demandante, Compañía Americana de Conservas
Sociedad Anónima Cerrada, así como la codemandada, Corporación Leribe Sociedad
Anónima Cerrada, tienen la condición de acreedores de la demandada Conservas y

45
Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada, hechos que no han sido cuestionados ni
corresponden ser desvirtuados dentro del trámite del proceso, pues no son materia de la
pretensión ni controversia de esta demanda. ----------------------------------------
- Está acreditado que el crédito de la empresa demandante es anterior a los actos de
disminución patrimonial que ha realizado el deudor y del crédito del tercero adquirente; sin
embargo, para amparar la demanda corresponde determinar si los actos de disposición
fueron celebrados o no con fraude, es decir, que el tercero adquirente celebró dichos
contratos con el deudor para perjudicar el cobro de la acreencia del demandante. -----
- Como segunda exigencia se requiere que el acto jurídico cuya ineficacia se pretende haya
dificultado el cobro de dicha acreencia, es decir, que el acto jurídico realizado por su
deudora haya tenido el único propósito de perjudicarla o hacer más difícil de recuperar su
acreencia. En el caso, no está acreditado que los negocios jurídicos cuestionados se hayan
configurado de mala fe, o haber estado en razonable situación de conocerlo o de no
ignorarlo, carga de la prueba que corresponde a la empresa demandante. ---------------------
-------------------------------------------------
- El contrato de fecha cinco de febrero de dos mil nueve, se genera como consecuencia de la
acreencia que tenía la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada y la empresa
Conserveras y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada, no está acreditado que
dicho contrato se haya celebrado con el fin de perjudicarlo en el cobro de su acreencia. Del
Contrato de Opción de Compraventa con Arras Confirmatorias celebrada en fecha veintiuno
de diciembre de dos mil siete, se encuentra referido a una futura compraventa respecto de
los predios. En cuanto al Contrato de Compraventa de fecha seis de marzo de dos mil ocho,
debe tenerse en cuenta que este acto jurídico solo viene a ser la conclusión del Contrato de
Opción de Compraventa referido precedentemente, y no se trata propiamente dicho de otro
negocio jurídico. ------------------------------------------
- No se ha aportado pruebas suficientes dentro de la etapa postulatoria, ni dentro del trámite
del proceso que acrediten la existencia de una conducta fraudulenta entre los celebrantes
del negocio jurídico destinada únicamente a perjudicarlo en el cobro de su acreencia. ------
-------------------------------------
- La acreencia de la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada, se encuentra acreditada
con la Escritura Pública de Deuda y Compromiso de Pago que corre de fojas treinta y cuatro,

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por lo tanto se concluye que en dicho negocio jurídico no existe indicios suficientes respecto
de la existencia de fraude o mala fe del tercero adquirente. -----------------------------

III. RECURSO DE CASACION: --------------------------------------------------------------

El diecinueve de abril de dos mil dieciséis, la demandante Compañía Americana de Conservas


Sociedad Anónima Cerrada, mediante escrito de fojas mil dos, interpuso recurso de casación
contra la sentencia de vista, siendo declarado procedente por este Supremo Tribunal mediante
la resolución de fecha dieciséis de junio de dos mil dieciséis, por las siguientes infracciones: --
--

- Infracción normativa procesal del artículo VII del Título Preliminar del Código Procesal
Civil; contiene el Principio de Congruencia Procesal, se indica que según dicho principio el
Juez debe pronunciarse únicamente sobre lo que las partes solicitan en la demanda,
contestación y/o reconvención, sin ir más allá del petitorio (sentencia ultra petita), sin dejar
de resolver algún punto controvertido (sentencia infra petita) ni fundamentar sus fallos
sobre hechos no expuestos por las partes (sentencia extra petita), siendo que en el caso de
autos, la sentencia de vista constituye una resolución “infra petita” o “citra petita” pues ha
omitido pronunciarse respecto a los agravios denunciados en los puntos 3.1, 3.2, 3.4, 3.5,
3.6 y 3.7 del acápite III de su recurso de apelación, transgrediéndose así el derecho a un
debido proceso. ------------------------------------------------------------

- Infracción normativa procesal del artículo 197 del Código Procesal Civil; afirma que la
sentencia impugnada ha sido dictada vulnerando seriamente el derecho a la valoración de
los medios de prueba, dado que no ha valorado en forma conjunta todos los medios
probatorios ofrecidos por su parte, los mismos que demostraban no solo el fraude cometido
por la empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada, sino también
el tercero adquirente y codemandada Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada tenían
pleno conocimiento del perjuicio a sus derechos como acreedores de la empresa Conservas
y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada, o cuando menos, se encontraba en
razonable situación de conocer el perjuicio; así indica la recurrente que no se valoró: a) La
Partida Registral número 02005640 del Registro Público de Pisco donde obra inscrita la
medida cautelar obtenida en el proceso ejecutivo signado con el Expediente número 1036-

47
2008, al cual se apersonó la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada, señalando que
la propiedad del inmueble inscrito en la referida partida registral, le pertenece, y que si bien
la acreencia de la recurrente es coetánea a la suya, esta última era preferente por tener un
Contrato de Opción, y en tal sentido, sí conocía de la existencia de la acreencia a su favor,
y por ende, el perjuicio que les ocasionaría si celebraba los actos jurídicos materia del
presente proceso; b) Carta Notarial emitida a la Corporación Leribe Sociedad Anónima
Cerrada con fecha trece de junio de dos mil ocho, mediante la cual la recurrente le manifestó
que se había materializado una compraventa a pesar de la existencia de una medida cautelar;
y carta notarial de fecha treinta de junio de dos mil ocho emitida por la Corporación Leribe
Sociedad Anónima Cerrada a su parte, en la cual sostuvieron, entre otros puntos, que sabían
del embargo antes de materializar su compraventa; c) Escritura Pública de fecha seis de
marzo de dos mil ocho, mediante la cual la empresa Conservas y Derivados San Andrés
Sociedad Anónima Cerrada transfiere el inmueble a favor de la Corporación Leribe
Sociedad Anónima Cerrada y Escritura Pública de fecha seis de marzo de dos mil ocho, de
reconocimiento de deuda de la empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad
Anónima Cerrada a favor de la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada, de las
cuales se aprecia que el mismo día que la empresa Conservas y Derivados San Andrés
Sociedad Anónima Cerrada recibe de la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada un
supuesto pago de trescientos cincuenta mil dólares americanos (US$350,000.00) a su vez
reconoce que le adeuda la misma cantidad, advirtiéndose que ambas demandadas estaban
vinculadas y celebraron los actos jurídicos para perjudicar el cobro de su acreencia; d)
Impresiones de Consulta del Registro Único de Contribuyente (RUC) de la empresa
Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada y de la Corporación Leribe
Sociedad Anónima Cerrada de las que se aprecia que ambas empresas codemandadas
(deudor y tercero adquiriente) señalaron el mismo domicilio fiscal en la Superintendencia
Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria – SUNAT con lo cual se evidencia la
vinculación comercial entre ambas; y, e) Expediente número 633-2008 sobre prueba
anticipada seguida ante el Tercer Juzgado Comercial de Lima, al interior del cual se
reconocen las deudas que la empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima
Cerrada les debe, siendo en dicho proceso la Audiencia Única se llevó a cabo el siete de
marzo de dos mil ocho, mientras que la Escritura Pública de compraventa celebrada por la

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empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada y la Corporación
Leribe Sociedad Anónima Cerrada, data del seis de marzo de dos mil ocho, es decir, se cerró
un día antes de la Audiencia de Reconocimiento en el proceso de prueba anticipada. --------
----------------------
- Infracción normativa material del artículo 195 del Código Civil; sostiene que de dicha
norma se desprenden varios elementos que requieren ser correctamente delimitados a
efectos de una adecuada interpretación; así citando al autor Guillermo Lohmann Luca de
Tena se señala que: “ (…) En propiedad no hay fraude de los actos jurídicos, como es
denominado el Título del Código al que pertenece el artículo comentado, sino más bien
fraude a los acreedores por medio de actos jurídicos (…)” y que “(…) En sentido estricto
el fraude de acreedores es un comportamiento impropio o imperfecto DEL DEUDOR.
Comportamiento traducido en un acto jurídico ESTRUCTURAL Y FORMALMENTE
PERFECTO, de contenido patrimonial, mediante el cual el deudor a sabiendas o no
midiendo las posibles consecuencias de su conducta, crea las condiciones para frustrar la
posibilidad de que su acreedor pueda satisfacer su crédito mediante la ejecución de bienes
conocidos, que quedarían total o parcialmente fuera del alcance del acreedor (…)”; en tal
sentido la recurrente sostiene que es pertinente resaltar el requisito que el artículo 195 del
Código Civil exige en los casos de actos de disminución patrimonial a título oneroso y
cuando el crédito es anterior, consiste en que el tercero haya tenido conocimiento del
perjuicio a los derechos del acreedor o que, según las circunstancias, haya estado en
razonable situación de conocer o de no ignorarlos y el perjuicio eventual de los mismos; es
decir, el fraude propiamente dicho y el conocimiento del perjuicio de los derechos del
acreedor por el tercero adquiriente son dos requisitos que si bien deben concurrir no deben
confundirse pues ello nos conduce a una interpretación errónea de la norma en cuestión,
como ocurrió en el Décimo Cuarto Considerando de la Sentencia de vista, en donde se
confunde el fraude propiamente dicho y el conocimiento del perjuicio de los derechos del
acreedor por el tercero adquiriente, lo cual conlleva a una conclusión errada máxime si se
tiene en cuenta que existen medios probatorios que demuestran que la codemandada
Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada tenía pleno conocimiento del perjuicio;
asimismo, en el Décimo Quinto Considerando de la sentencia de vista también se infringe
el citado artículo 195 del Código Civil, puesto el reconocimiento de deuda del cual se

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originaría la Dación en Pago celebrada entre las codemandadas Corporación Leribe
Sociedad Anónima Cerrada y la empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad
Anónima Cerrada, con fecha cinco de febrero de dos mil nueve, no posee mayor sustento
tal como lo declaró la sentencia de primera instancia y no se ha desvirtuado en la sentencia
de vista, pues en efecto, si nos referimos a ese reconocimiento de deuda, uno de los
documentos que coadyuvó a la celebración de los actos jurídicos para que finalmente se
configure el fraude, tampoco es formalmente perfecto, toda vez que dicho documento no
demuestra la deuda en sí, sino más bien constituye una simple declaración de “supuesta”
deuda pues del tenor de la referida escritura pública se aprecia que no se indica el negocio
o negocios jurídicos que dan origen a la supuesta deuda, por el contrario, en forma arbitraria
se establece una obligación a favor de la Corporación Leribe Sociedad Anónima Cerrada y
ni siquiera se establecen las condiciones de pago, menos la fecha de vencimiento, existiendo
ejecutoria suprema expedida en la Casación número 3623-2003-Lima que señala: “(…)
para que se declare la improcedencia de la acción revocatoria debe acreditarse que se
trate del cumplimiento de una deuda vencida, y que esta conste en documento de fecha
cierta. Al no precisarse en el testimonio de la escritura pública el origen de la obligación
y menos la fecha de vencimiento de la supuesta obligación no puede declararse dicha
improcedencia (…)”; que, por otro lado, como hemos visto el fraude cometido por el deudor
se traduce en un acto jurídico estructural y formalmente perfecto, de contenido patrimonial,
y en tal sentido, al concluirse en la sentencia de vista que no se ha demostrado del fraude ni
el perjuicio a su parte pues: “el negocio jurídico celebrado es cierto y real” constituye una
infracción a la norma contenida en el artículo 195 del Código Civil, el cual no exige que se
trate de actos jurídicos que adolecen del algún vicio estructural pues éste es un presupuesto
de la nulidad del acto jurídico y no de la ineficacia del acto jurídico regulada
específicamente en el artículo citado: que, el hecho de que se trate de un “negocio jurídico
cierto y real”, en palabras de la Sala Superior, no desvirtúa en lo absoluto que en el presente
caso los actos jurídicos de disminución patrimonial no hayan sido otorgados con la
intención de perjudicar el cobro de la acreencia, como en efecto sucedió; y, que, respecto
al Contrato de Opción de Compra Venta es pertinente señalar que el hecho de que se trate
de un contrato preparatorio el cual desde una perspectiva estructural no adolece de vicio de

50
nulidad, ello no es óbice para que sea declarado ineficaz vía acción revocatoria o pauliana.
----

IV. FUNDAMENTOS DE ESTA SALA SUPREMA: -------------------------------------

PRIMERO.- Que, el recurso de casación tiene por finalidad la adecuada aplicación del derecho
objetivo al caso concreto y la uniformidad de la jurisprudencia nacional por la Corte Suprema
de Justicia, conforme lo señala el artículo 384 del Código Procesal Civil. --------------------------
----------------------------
SEGUNDO.- Que, habiéndose declarado procedente el recurso por la causal de infracción
normativa material y procesal, en primer término debe dilucidarse la causal relativa a la
infracción normativa procesal, de conformidad con el inciso 4 del artículo 388 del Código
Procesal Civil –modificado por la Ley número 29364-, el cual establece que si el recurso de
casación contuviera ambos pedidos, anulatorio o revocatorio, deberá entenderse el anulatorio
como principal y el revocatorio como subordinado, ello en atención a su efecto nulificante. ----
---------------------------------------------------------------------------------------

TERCERO.- Que, la infracción procesal se configura cuando en el desarrollo del proceso, no


se han respetado los derechos procesales de las partes, se han obviado o alterado actos de
procedimiento, la tutela jurisdiccional no ha sido efectiva, el órgano jurisdiccional deja de
motivar sus decisiones o lo hace en forma incoherente, en clara transgresión de la normatividad
vigente y de los principios procesales. --------------------------------------------------------------------
--------
CUARTO.- Que, como se ha señalado en la Sección III referida al Recurso de Casación, la
empresa recurrente ha denunciado infracción normativa in procedendo, señalando en los
agravios expuestos que la Sala Superior ha vulnerado el Principio de Congruencia Procesal al
no haberse pronunciado por todos los agravios denunciados en su recurso de apelación,
transgrediéndose el Debido Proceso; asimismo, que no ha realizado una valoración de los
medios probatorios que ha aportado, los que demuestran que en efecto la Corporación Leribe
Sociedad Anónima Cerrada tenía pleno conocimiento que la empresa Conservas y Derivados

51
San Andrés Sociedad Anónima Cerrada, era deudor del recurrente. -------------------------------
---------------------------------------
QUINTO.- Que, el Derecho al Debido Proceso tiene tres elementos: a) El derecho de acceso a
alguna de las modalidades de justicia institucionalizada previstas en el ordenamiento jurídico;
b) El proceso mismo se ajusta a una serie de exigencias que favorezcan en la mayor medida
posible a la consecución de una decisión justa; y, c) La superación plena y oportuna del conflicto
con una decisión justa, a través de la ejecución también plena y oportuna1. La importancia de
este derecho para la protección de los derechos fundamentales ha dado lugar a que sea
considerado como un principio general del derecho, garantía constitucional y como un derecho
fundamental.2 ------------
SEXTO.- Que, uno de los aspectos de este derecho dentro del proceso es el referido a la prueba,
el cual refiere: “ello en la medida en que los justiciables están facultados para presentar todos
los medios probatorios pertinentes, a fin de que puedan crear en el órgano jurisdiccional la
convicción necesaria que sus argumentos planteados son correctos”3. -----------------------------
-----------------
SÉTIMO.- Que, siendo ello así, debe tenerse presente que el artículo 197 del Código Procesal
Civil, prescribe que: “Todos los medios probatorios son valorados por el Juez en forma
conjunta, utilizando su apreciación razonada. Sin embargo, en la resolución solo serán
expresadas las valoraciones esenciales y determinantes que sustenten su decisión”. En ese
sentido, debe entenderse que el Juez se encuentra en la obligación de atender y analizar todos
los medios probatorios que intenten acreditar un hecho alegado por alguna de las partes ya sea
en la demanda, en la contestación o en el escrito donde se ofrezcan nuevos medios probatorios,
siempre que éstos cumplan los requisitos para su admisión y que a su vez sean determinantes
para la solución del conflicto; constituyendo la omisión a este precepto una infracción a la norma
que establece la finalidad de los medios probatorios contenida en el artículo 188 del Código
Procesal Civil. ------------------------------------------------------

1 Cfr. Castillo Córdova, Luis. “Debido proceso y tutela jurisdiccional”. En: “La Constitución Comentada”.
Tomo III. Lima: Gaceta, 2013, p, 61-62.
2 Bustamante Alarcón, Reynaldo. “Derechos Fundamentales y Proceso Justo”. Lima: Ara Editores, 2001,

p.218.
3 STC EXP. N.° 01557-2012-PHC/TC, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 18 de octubre de

2012. 52
OCTAVO.- Que, bajo esa línea de argumentación, el Juez durante el desarrollo del proceso
puede realizar diligencias necesarias para la obtención de la verdad material, en el caso concreto,
con la finalidad de poder establecer si existió o no disminución patrimonial de la empresa
Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada, que ponga en riesgo el cobro
de la acreencia a favor de la Compañía Americana de Conservas Sociedad Anónima Cerrada.
Siendo ello así, la demandante ofreció a lo largo del proceso medios probatorios destinados a
dilucidar el conflicto de autos, como son la Partida Registral donde obra inscrito el embargo
sobre el inmueble materia del Contrato de Opción de Compra, las comunicaciones que emitió
Compañía Americana de Conservas Sociedad Anónima Cerrada dirigidas tanto a la empresa
Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada como a la Corporación Leribe
Sociedad Anónima Cerrada, a fin de salvaguardar su acreencia, el reconocimiento de deuda de
la empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada, la constancia que
la empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima Cerrada y la Corporación
Leribe Sociedad Anónima Cerrada tienen el mismo domicilio fiscal, el expediente de prueba
anticipada, que si bien han sido merituados por las instancias de mérito, no ha tenido en cuenta
que la finalidad de las pruebas ofrecidas es la de acreditar los hechos que invoca, ya que a partir
de ello, el Juzgador resolverá el conflicto, haciendo uso además de las leyes de la lógica, la
razón y las máximas de la experiencia. Para ello, los medios probatorios pueden ser clasificados
en dos: a) Medios probatorios: aquellos que representan materialmente la ocurrencia de un
hecho; b) Sucedáneos de medios probatorios: aquellos que aportan hechos pero de manera
indirecta, aquí encontramos a los indicios y presunciones legales. -------------------------------
NOVENO.- Que, el juez en su afán de llegar a la verdad real frente a la verdad formal, tiene la
facultad, conforme a lo dispuesto en el artículo III del Título Preliminar del Código Procesal
Civil, de recurrir a los principios generales del derecho a fin de lograr la paz social en justicia.
Por tanto, si bien es cierto, los artículos 1351 y 1402 del Código Civil, consagran el carácter
patrimonial de los contratos que permiten viable el trafico jurídico, al señalar que: “El contrato
es el acuerdo de dos o más partes para crear, regular, modificar o extinguir una relación
jurídica patrimonial”, y que: “El objeto del contrato consiste en crear, regular, modificar o
extinguir obligaciones”. También es cierto que, tal y como lo señala el artículo II de Título
Preliminar del Código Civil: “La ley no ampara el ejercicio ni la omisión abusivos de un
derecho (…)”; al respecto, Juan Espinoza Espinoza, ha señalado que: “El abuso del derecho, en

53
tanto principio general, es un instrumento del cual se vale el operador jurídico para lograr una
correcta y justa administración de justicia. Es aquí donde juega un rol decisivo la labor creativa
y prudente del juez que, debe estar atento a reconocer nuevos intereses existenciales y
patrimoniales, enfrentando audazmente modelos legislativos que los pretenden inmovilizar”4.
En concordancia, con lo mencionado se tiene que, cuando el Juez advierta alguna situación
irregular, no debe darle prevalencia por más que se trate de una situación que tenga un manto
de licitud, ya que con ello le daría mayor solemnidad a lo defectuoso, o a la situación anómala.
-----------------------------------------------------------------------------
DÉCIMO.- Que, esta Suprema Corte, considera necesario, expresar unos fundamentos sobre la
materia traída a autos, esto es, sobre el fraude del acto jurídico, contenida en el artículo 195
inciso 1 del Código Civil, el cual preceptúa:
“El acreedor, aunque el crédito esté sujeto a condición o a plazo, puede pedir que se
declaren ineficaces respecto de él los actos gratuitos del deudor por los que renuncie a
derechos o con los que disminuya su patrimonio conocido y perjudiquen el cobro del
crédito. Se presume la existencia de perjuicio cuando del acto del deudor resulta la
imposibilidad de pagar íntegramente la prestación debida, o se dificulta la posibilidad de
cobro.
Tratándose de acto a título oneroso deben concurrir, además, los siguientes requisitos:
1. Si el crédito es anterior al acto de disminución patrimonial, que el tercero haya tenido
conocimiento del perjuicio a los derechos del acreedor o que, según las circunstancias,
haya estado en razonable situación de conocer o de no ignorarlos y el perjuicio eventual
de los mismos.” (Lo resaltado es nuestro).
Que, al respecto se debe precisar que la presente acción trata de: “La facultad que la ley otorga
al acreedor para pedir la declaración de inoponibilidad o ineficacia respecto de él, de ciertos
actos dolosos o negligentes mediante los cuales el deudor dispone de su patrimonio o lo grava,
y que causen perjuicio a sus derechos, hasta el límite de ellos. El acto que se reputa fraudulento
no nace inválido ni ineficaz: la ley dice que puede declararse ineficaz y es efecto de una
pretensión judicial. La ineficacia sobreviene cuando se la declara y retroactivamente a la fecha
del perjuicio, hasta la cuantía del mismo, no cuando se celebra el acto. No basta pues, que el

4
Espinoza Espinoza, Juan. En: Código Civil Comentado. Tomo I. Lima: Gaceta Jurídica. pág. 30.

54
acto del deudor ocasione un perjuicio, sino que además se requiere la subsistencia del mismo,
de donde se infiere que la ineficacia no deriva del acto propiamente dicho, sino de un
conjunto de circunstancias adicionales al mismo. La ineficacia no proviene propiamente del
acto, sino de las consecuencias que ocasiona y sobre todo de una línea de conducta que se
refleja hasta la fecha de la sentencia en la ausencia de un patrimonio conocido, y luego la falta
de cobertura del perjuicio por el deudor, el adquirente o un tercero garante”.5 (Lo resaltado es
nuestro). ----------------------------------------------------------------------------
DÉCIMO PRIMERO.- Que, el preámbulo es que el acto jurídico puede ser formalmente
perfecto, pero por las circunstancias de éste es que puede configurarse el presupuesto ilegal, por
ello, esta Suprema Sala considera que el Juez de primera instancia deberá realizar un análisis en
conjunto de los medios probatorios circundantes a los actos en cuestión, que si bien pueden ser
lícitos cada uno de ellos, en su totalidad pueden configurar un ánimo fraudulento, para ese fin,
en vía judicial; deberá favorecer el esclarecimiento de las circunstancias. --------------------------
-------------------------------------------------------

V. DECISIÓN: ------------------------------------------------------------------------------------

Por tales consideraciones, esta Sala Suprema, en aplicación de lo dispuesto en el inciso 3 del
artículo 396 del Código Procesal Civil, modificado por la Ley 29364, declara: --------------------
------------------------------------------------------
1. FUNDADO el recurso de casación interpuesto por la Compañía Americana de Conservas
Sociedad Anónima Cerrada a fojas; por consiguiente, CASARON la resolución
impugnada; en consecuencia, NULA la sentencia de vista de fojas novecientos ochenta y
cinco, de fecha veintinueve de enero de dos mil dieciséis, emitida por la Cuarta Sala Civil
de la Corte Superior de Justicia de Lima; e INSUBSISTENTE la apelada de fecha de fojas
ochocientos setenta y tres, de fecha seis de noviembre de dos mil catorce. --------------------
---------------------------------------------------------------------
2. ORDENARON que el juez de la causa emita nuevo fallo teniendo en cuenta las
consideraciones descritas. --------------------------------------------------

5Lohmann Luca De Tena, Guillermo. Requisitos de la Acción Pauliana o revocatoria. En: “Código Civil
Comentado por los 100 mejores especialistas. Tomo I. Lima: Gaceta Jurídica. 2003, pág.620.

55
3. DISPUSIERON la publicación de la presente resolución en el diario Oficial “El Peruano”,
bajo responsabilidad; en los seguidos por la Compañía Americana de Conservas Sociedad
Anónima Cerrada contra la empresa Conservas y Derivados San Andrés Sociedad Anónima
Cerrada y otra, sobre Ineficacia de Acto Jurídico; y los devolvieron. Ponente Señor
Mendoza Ramírez, Juez Supremo.-
S.S.
MENDOZA RAMÍREZ
ROMERO DÍAZ
CABELLO MATAMALA
MIRANDA MOLINA
DE LA BARRA BARRERA

56
CASO III

JURISPRUDENCIA COMPARADA

PAIS MEXICO

AMPARO DIRECTO EN REVISIÓN 6721/2016

QUEJOSO Y RECURRENTE: ARTURO


MANJARREZ RODRÍGUEZ

PONENTE: MINISTRA NORMA LUCÍA PIÑA HERNÁNDEZ

SECRETARIA DE ESTUDIO Y CUENTA: LAURA PATRICIA ROMÁN SILVA

Ciudad de México. Acuerdo de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de


la Nación, correspondiente a la sesión del día seis de septiembre de dos mil diecisiete.

VISTOS los autos para dictar sentencia en el amparo directo en revisión 6721/2016.

RESULTANDO:

57
1. PRIMERO. Juicio de amparo directo. Por escrito presentado el veinticinco de enero de
dos mil dieciséis,6 ante la Oficialía de Partes Común del Tribunal Superior de Justicia del
Estado de Nuevo León, Arturo Manjarrez Rodríguez, por propio derecho, solicitó el amparo
y protección de la Justicia Federal en contra de la sentencia de diecisiete de diciembre de
dos mil quince, dictada por la Primera Sala Colegiada Civil de dicho tribunal, en el toca
**********, en la que se resolvió el recurso de apelación interpuesto por Valentín (o
Vicente) Pérez Cepeda, en contra de la sentencia de primera instancia emitida en el juicio
ordinario civil **********, del índice del Juzgado Quinto de lo Civil del Primer Distrito
Judicial en el Estado de Nuevo León.

2. La parte quejosa señaló como Derechos Fundamentales vulnerados, los contenidos en los
artículos 1, 14, 16 y 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; expuso
los conceptos de violación que estimó pertinentes y señaló, como tercero interesado, a
Valentín (o Vicente) Pérez Cepeda, su contraparte en el juicio de origen.

3. Mediante acuerdo de diecisiete de febrero de dos mil dieciséis,7 el Presidente del Segundo
Tribunal Colegiado en Materia Civil del Cuarto Circuito admitió a trámite la demanda de
amparo, la cual se registró con el número de expediente **********; se ordenó dar vista al
Agente del Ministerio Público de la Federación adscrito, para los efectos de su intervención;
y se ordenó notificar ese proveído al tercero interesado y al propio quejoso, para los efectos
precisados en el artículo 181 de la Ley de Amparo.

4. En sesión de uno de septiembre de dos mil dieciséis,8 el Tribunal Colegiado emitió sentencia,
en la que determinó negar el amparo al quejoso Arturo Manjarrez Rodríguez.

5. SEGUNDO. Recurso de revisión. Inconforme con la sentencia de amparo, el quejoso


interpuso recurso de revisión mediante escrito presentado el siete de octubre de dos mil

6
Juicio de Amparo Directo **********, fojas 5 a 36.
7
Ibídem, fojas 70 a 71.
8
Ibídem, fojas 105 a 155.
58
dieciséis.9 Por acuerdo de once de octubre de dos mil dieciséis,10 el Presidente del Tribunal
Colegiado tuvo por interpuesto el recurso y ordenó remitir los autos del juicio de amparo a
esta Suprema Corte de Justicia de la Nación.

6. TERCERO. Trámite en este Alto Tribunal. Por proveído de veintidós de noviembre de


dos mil dieciséis,11 el Presidente de esta Suprema Corte de Justicia de la Nación recibió los
autos del juicio de amparo directo, así como el escrito del recurso de revisión; ordenó formar
y registrar el expediente respectivo bajo el número 6721/2016; admitió a trámite el amparo
directo en revisión; lo turnó para la elaboración del proyecto correspondiente a la Ponencia
de la Ministra Norma Lucía Piña Hernández y ordenó la radicación del expediente en la
Primera Sala de este Alto Tribunal, en virtud de que la materia del asunto corresponde a su
especialidad.

7. CUARTO. Radicación del recurso en esta Primera Sala. En cumplimiento al proveído


de admisión, la Presidenta de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
por acuerdo de dos de enero de dos mil diecisiete,12 ordenó el avocamiento del asunto y
dispuso el envío de los autos a su ponencia.

C O N S I D E R A N D O:

8. PRIMERO. Competencia. Esta Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación


es competente para conocer del presente recurso de revisión, con fundamento en lo dispuesto
en los artículos 107, fracción IX, de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos; 81, fracción II y 96 de la vigente Ley de Amparo, 21, fracción XI, de la Ley
Orgánica del Poder Judicial de la Federación, y puntos Primero y Tercero del Acuerdo
General 5/2013 del Pleno de este Máximo Tribunal, publicado en el Diario Oficial de la
Federación el veintiuno de mayo de dos mil trece. Lo anterior, dado que el recurso fue

9
Ibídem, fojas 165 a 219.
10
Ibídem, foja 220.
11
Amparo Directo en Revisión 6721/2016, fojas 61 a 63.
12
Ibídem, foja 75.
59
interpuesto en contra de una sentencia de amparo directo en materia civil, dictada por un
tribunal colegiado de circuito, la cual corresponde a la especialidad de esta Sala.

9. SEGUNDO. Oportunidad. La sentencia de amparo se notificó por lista al quejoso, el


viernes veintitrés de septiembre de dos mil dieciséis,13 dicha notificación surtió efectos el
día hábil siguiente, es decir, el lunes veintiséis de ese mes y año, en términos del artículo 31,
fracción II, de la Ley de Amparo, por lo que el plazo de diez días que establece el artículo
86 de la ley de la materia, para la interposición del recurso de revisión, transcurrió del martes
veintisiete de septiembre al diez de octubre de dos mil dieciséis, sin contar los días uno, dos,
ocho y nueve de octubre, por haber sido inhábiles en términos de lo dispuesto en los artículos
19 de la Ley de Amparo y 163 de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación.

10. En tales condiciones, dado que el recurso de revisión se presentó el siete de octubre de dos mil
dieciséis, es inconcuso que su presentación fue oportuna.

11. TERCERO. Legitimación. El promovente del recurso de revisión es Arturo Manjarrez


Rodríguez, quejoso en el juicio de amparo directo, por lo que está legitimado para hacer valer
el presente medio de impugnación.

12. CUARTO. Antecedentes. Los necesarios para conocer el asunto, se precisan enseguida.

I. Juicio ordinario civil **********

13. Arturo Manjarrez Rodríguez presentó demanda en la vía ordinaria civil contra Valentín (o
Vicente) Pérez Cepeda, Yenny Selene Pérez Guajardo, Olivia Guajardo Guajardo, el Notario
Público número 57 con ejercicio en el Primer Distrito Registral del Estado de Nuevo León, y el
Segundo y Tercero Registradores Públicos de la Propiedad y del Comercio en dicho Estado de
la República, en la que reclamó la nulidad de un contrato de donación gratuita, con reserva de

13
Juicio de amparo directo **********, foja 158.

60
usufructo vitalicio, celebrado entre los dos demandados señalados en primer término, respecto
de varios inmuebles.

14. Sustanciado el trámite procesal de dicho juicio, el Juez del Conocimiento dictó sentencia el
treinta y uno de agosto de dos mil quince, en la que determinó que la parte actora acreditó su
acción y el demandado, Valentín (o Vicente) Pérez Cepeda, no acreditó sus excepciones y
defensas; precisó que la demandada, Yenny Selene Pérez Guajardo, no se apersonó al juicio, y
los demás demandados carecieron de legitimación pasiva en la causa. En consecuencia, declaró
la nulidad del contrato referido y condenó a las prestaciones reclamadas.

II. Recurso de apelación **********

15. El primero de los demandados interpuso recurso de apelación contra la sentencia de primer
grado, del cual conoció la Primera Sala Colegiada Civil del Tribunal Superior de Justicia del
Estado de Nuevo León bajo el toca **********; dicho Tribunal de Alzada emitió sentencia el
diecisiete de diciembre de dos mil quince, en la que acogió uno de los agravios del recurrente y
declaró que en el caso operó la caducidad de la instancia, en términos del artículo 3º del
Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León.

III. Juicio de amparo directo **********

16. Inconforme con la resolución de apelación, el actor promovió juicio de amparo directo, del cual
conoció el Segundo Tribunal Colegiado en Materia Civil del Cuarto Circuito bajo el expediente
**********; Órgano Jurisdiccional que, mediante sentencia de uno de septiembre de dos mil
dieciséis, negó el amparo al quejoso.

17. Los conceptos de violación que la parte quejosa hizo valer, en dicho juicio constitucional,
fueron los siguientes:

61
18. Concepto de violación primero. En éste, el quejoso reclamó la inconstitucionalidad del artículo
3º del Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León, en la porción normativa en
que establece:

“(…) En los juicios contenciosos la instancia caducará cualquiera que sea el estado
en que se encuentre, cuando de no mediar un impedimento procesal que suspenda
la caducidad, las partes se abstengan de promover el curso del juicio, en única o en
primera instancia durante un lapso de ciento veinte días; en la segunda instancia
de sesenta días, y en los incidentes y recursos de revocación treinta días. Los
términos comprenderán tanto días hábiles como inhábiles y empezarán a contar a
partir del día siguiente al de la última resolución o actuación judicial (…)”.

19. El solicitante del amparo controvirtió esta parte del precepto como inconstitucional, en tanto se
consideran, dentro del plazo de ciento veinte días, para que opere la caducidad en primera
instancia, tanto los días hábiles como los inhábiles, es decir, porque el plazo legal se prevé en
días naturales.

20. El argumento que hizo valer es que, en los días inhábiles, no se pueden ejercer derechos
procesales ante los tribunales, por lo que se vulneran los derechos de acceso pleno a la justicia,
de legalidad y de certeza jurídica, previstos en los artículos 1º, 14, 16 y 17 de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos.

21. Señaló que no era posible hacer pleno uso de ese plazo de ciento veinte días que le confiere la
ley, para actuar en el proceso, sin que opere la caducidad. Si, por ejemplo, el último día de ese
lapso, fuere un día inhábil como un sábado o domingo; si en esos días los tribunales no laboran,
o si él quisiera realizar algún acto para impulsar el proceso dentro de esos ciento veinte días que
le otorga la norma, en un sábado o domingo.

22. Ese artículo, adujo, no es congruente y está en contradicción con el diverso 31 del mismo código
procesal, que establece que las actuaciones judiciales se practicarán en días y horas hábiles, por

62
lo que no se entiende porqué en la caducidad se comprenden días inhábiles, si en éstos no se
puede actuar para interrumpirla; refirió que, en el caso, los días hábiles transcurridos, en el lapso
que fue considerado por el Tribunal de Apelación para tener por actualizada la caducidad de la
instancia, sólo fueron noventa y dos días y no ciento veinte días.

23. En ese concepto de violación, también realizó manifestaciones para evidenciar que la norma
impugnada estaba vigente y que fue aplicada en su perjuicio en la sentencia reclamada.

24. Concepto de violación segundo. En este apartado, el quejoso argumentó, en esencia, que su
contrario, basándose en hechos distintos, ya había solicitado, en una ocasión anterior, dentro de
la misma secuela procesal, que se decretara la caducidad de la instancia, y que tal petición había
sido desestimada por el Juez y ello había sido confirmado en apelación por el Tribunal de Alzada
en el toca **********; sin que su contraparte hubiere promovido amparo o algún otro recurso
contra esa determinación. Por tanto, adujo que la decisión judicial de que no operó la caducidad
de la instancia, ya se encontraba firme en el juicio.

25. Concepto de violación tercero. El solicitante del amparo señaló que la Autoridad Responsable
estableció que operó la caducidad de la instancia en el lapso que va del diecisiete de enero de
dos mil doce al tres de junio de dos mil doce; sin embargo, dijo, la Sala no atendió a que dentro
de este lapso existieron actuaciones que sí interrumpieron la caducidad, porque eran aptas para
impulsar el procedimiento.

26. A ese respecto, explicó que, en el proveído de diecisiete de enero de dos mil doce, que se tomó
como punto de partida para contabilizar el plazo de caducidad, el Juez proveyó a la calificación
de las pruebas y ordenó notificar ese auto personalmente a las partes; diligencia de notificación
que, conforme al artículo 25 del mismo Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo
León, se debió practicar de oficio por el personal del Juzgado, sin necesidad de que hubiere
instancia de parte. No obstante, señaló, mediante escrito presentado el quince de mayo de dos
mil doce, su abogado autorizado acudió al Juzgado, a darse por notificado personalmente de ese
auto, solicitó expresamente al Juez que se practicará la notificación personal pendiente a los

63
demandados respecto de ese mismo auto, de diecisiete de enero anterior, e incluso solicitó que
se volviera a emplazar correctamente a una de las enjuiciadas, porque su nombre no se había
puesto de manera correcta en las constancias de emplazamiento respectivas; por lo que, afirma,
esta actuación de su parte interrumpió la caducidad.

27. Sin embargo, argumentó que, incorrectamente el Juez del Conocimiento, no proveyó
favorablemente a su petición de quince de mayo de dos mil doce, bajo la errónea consideración
de que su autorizado no tenía facultades amplias para promover y que no tenía su cédula
profesional registrada ante el Tribunal Superior de Justicia del Estado de Nuevo León; siendo
que, adujo, además de que sí estaban acreditadas las facultades de su autorizado desde la
contestación de demanda y de que sí tiene registrada su cédula profesional como lo exigió el
Juez, dicho abogado es el mismo que había venido actuando en el juicio, en su representación,
desde la contestación de demanda, incluso, fue el mismo que presentó el escrito de pruebas, que
fue acordado en el auto de diecisiete de enero de dos mil doce, que se tomó en cuenta como
punto de partida del plazo de caducidad, por lo que ya tenía reconocidas sus facultades de
representación, sin que su contrario las hubiere objetado.

28. Refirió también que, si bien era verdad que contra ese proveído del Juez, que negó reconocer
facultades a su autorizado, interpuso recurso de revocación y que, en este recurso también se
decretó la caducidad; ello no impedía que la Sala Responsable, en el recurso de apelación,
examinara esas actuaciones, derivadas de su promoción de quince de mayo de dos mil doce,
para establecer si eran o no impulsoras del procedimiento y, por tanto, interruptoras de la
caducidad.

29. Pero contrario a ello, señaló, incorrectamente la Sala, en lugar de analizar si estaban acreditadas
las facultades de su abogado para promover ese ocurso de quince de mayo de dos mil doce y de
ponderar si las citadas actuaciones impulsaron el procedimiento, determinó que éstas eran nulas
y no tenían efectos en el procedimiento, al encontrarse firme la determinación del Juez de negar
facultades de representación al abogado que las presentó, y por tanto, no las tomó en cuenta
para establecer si con ellas se interrumpió o no la caducidad; criterio que impugnó como ilegal,

64
pues adujo que, con ellas, se acreditaba claramente su intención de proseguir la secuela del
juicio, porque no fueron promociones frívolas o improcedentes, que sí son el tipo de actuaciones
que se deben de considerar para efectos de tener por interrumpida la caducidad, pues con ellas
se instó al Juez para que ordenara la práctica de la notificación personal pendiente a los
demandados y para que regularizara el procedimiento corrigiendo el emplazamiento de una de
los demandados, lo que era acorde con la etapa procesal.

30. Señaló que, incluso si se pensara que su abogado no tenía facultades amplias para promover
como lo hizo, aun y cuando ya había presentado diversas promociones con antelación, que
habían sido proveídas por el Juez; de cualquier modo, sí estaba por lo menos autorizado para oír
y recibir notificaciones, de modo que, por el hecho de que hubiere acudido para darse por
notificado del auto de diecisiete de enero de dos mil doce, tal notificación sí era una actuación
interruptora de la caducidad.

31. En este tercer concepto de violación, el quejoso insistió en que se vulneró el principio de cosa
juzgada, porque su contrario, basado en actuaciones que se sucedieron con posterioridad a las
que ahora se tomaron en cuenta, ya había postulado la caducidad en el juicio y ello había sido
desestimado por el Juez y por la Sala en un anterior recurso de apelación; de manera que no era
dable que se volviera a plantear la caducidad, argumentando que operó en un período anterior,
pues en todo caso, ello se debió hacer valer en la primera ocasión en que reclamó esa declaración
de caducidad y si su contrario no lo hizo, le precluyó ese derecho, por lo que ya había cosa
juzgada con dos resoluciones conformes a ese respecto. Citó como apoyo la tesis de tribunal
colegiado, de rubro: “CADUCIDAD PROCESAL. PRECLUYE LA FACULTAD DEL
JUZGADOR PARA DECRETARLA EN LOS CASOS EN QUE PREVIAMENTE
RESOLVIÓ EN FIRME SU INEXISTENCIA”.

32. Sostuvo que inclusive, en la resolución de apelación que desestimó ese argumento previo de
caducidad de su contrario, la Sala tomó en cuenta, como una actuación impulsora del
procedimiento, una promoción que le había sido desechada por el Juez, señalando que no fue
frívola o improcedente; por lo que ahora, en vulneración de la cosa juzgada, adoptó un criterio

65
distinto, al no analizar si su promoción de quince de mayo de dos mil doce era o no impulsora
del procedimiento, al margen de que el Juez hubiere negado facultades a su apoderado.

33. Concepto de violación cuarto. En éste, el quejoso señaló que, con independencia de sus
argumentos anteriores, la ilegalidad de la resolución reclamada se demostraba, porque la Sala
vulneró los Derechos Fundamentales protegidos en los artículos 14, 16 y 17 constitucionales,
ya que, sin observar las reglas esenciales del procedimiento y las garantías de fundamentación
y motivación, consideró que, las peticiones formuladas por esa parte actora, tendientes a que se
hiciera la anotación de la demanda, en el Registro Público de la Propiedad y del Comercio, no
eran actuaciones que impulsaran el procedimiento y, por lo tanto, que no interrumpieron la
caducidad. Al efecto, sostiene que esas peticiones no fueron frívolas e improcedentes, ni
encaminadas a retardar el proceso, sino atinentes a la materia de la litis y dirigidas a proteger la
propiedad, por lo que sí eran aptas para impulsar el proceso e interrumpir la caducidad.

34. En la sentencia de amparo, el Tribunal Colegiado determinó lo siguiente:

1) Declaró infundado el planteamiento de inconstitucionalidad del artículo 3º del Código


de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León. Luego de hacer algunas referencias, sobre
la figura jurídica de la caducidad y sus fines, el Órgano de Amparo estableció que, el hecho de
que esa norma incluyera en el plazo tanto días hábiles como inhábiles, es decir, que
comprendiera días naturales, no la tornaba inconstitucional, pues, al margen de la circunstancia
de que, durante los días inhábiles no se pudiera actuar ante los tribunales, ello no impedía que
las partes desarrollaran los actos para dar impulso al proceso en los días hábiles comprendidos
en ese lapso.

En relación con la consideración anterior, el Tribunal Colegiado dijo compartir la tesis de esta
Primera Sala, de rubro: “CADUCIDAD DE LA INSTANCIA EN MATERIA CIVIL. EL
ARTÍCULO 138 DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS CIVILES PARA EL ESTADO DE
BAJA CALIFORNIA QUE PREVÉ LAS CONDICIONES EN QUE DEBE OPERAR, NO
VULNERA LOS ARTÍCULOS 1º, 14, 16, 17 y 133, DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE

66
LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS”, así como la tesis de tribunal colegiado de título:
“CADUCIDAD DE LA INSTANCIA. EL ARTÍCUO 3º, SEGUNDO PÁRRAFO, DEL
CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS CIVILES DEL ESTADO DE NUEVO LEÓN, QUE
ESTABLECE EL CÓMPUTO DEL PLAZO EN DÍAS NATURALES PARA QUE OPERE
DICHA FIGURA PROCESAL, NO VIOLA EL PRINCIPIO DE EXPEDITEZ PREVISTO EN
EL ARTÍCULO 17 DE LA CONSTITUCIÓN FEDERAL”.

Por otra parte, el Órgano de Amparo señaló que, en cuanto a la distinción que hizo el legislador
entre lo dispuesto en los artículos 3º y 31 del Código de Procedimientos Civiles del Estado de
Nuevo León, no obstante que el quejoso no había expresado los motivos por los cuales
consideraba que una norma debía prevalecer sobre otra, no le asistía razón al tildar de
inconstitucional el primero, bajo la premisa de que existía contradicción con el segundo, pues
la intención del legislador, en ambas normas, fue distinta, pues regulan conductas diferentes; el
primero se refería, dijo, a la actitud omisiva o de inactividad de las partes en el juicio y, el
segundo, a la conducta positiva o de actividad de las mismas.

2) Respecto de la legalidad de la sentencia reclamada, en cuanto a la decisión de la Sala


Responsable de que operó la caducidad de la instancia, el Tribunal Colegiado determinó:

a. Es infundado el argumento del quejoso, en cuanto a que no podía operar la caducidad,


por estar pendiente una notificación personal que el Juzgador estaba obligado a realizar
oficiosamente, conforme al artículo 25 del mismo Código; puesto que, la carga de impulsar el
procedimiento y provocar la actuación del órgano jurisdiccional cuando ésta no se da, es de las
partes, conforme al principio dispositivo que rige al juicio de origen. Como sustento de este
aserto, invocó la tesis de esta Primera Sala, de epígrafe: “CADUCIDAD DE LA INSTANCIA
EN MATERIA MERCANTIL. OPERA EN LA PRIMERA INSTANCIA, AUN CUANDO SE
ENCUENTRE PENDIENTE LA EJECUCIÓN DE UNA DILIGENCIA JUDICIAL QUE
IMPLIQUE LA NOTIFICACIÓN PERSONAL DE ALGUNA DE LAS PARTES, SIEMPRE
QUE DURANTE UN AÑO EXISTA INACTIVIDAD PROCESAL DE ÉSTAS, NO
DERIVADA DE FUERZA MAYOR (LEGISLACIÓN DEL ESTADO DE CHIHUAHUA)”.

67
b. Es infundado el argumento del quejoso de que se vulneró el principio de cosa juzgada,
en tanto que existía una previa resolución, que estableció, que dicha figura, no se actualizó en
el juicio. Esto, porque la caducidad es una institución de orden público y ningún acto procesal
puede reactivarla una vez que opera, conforme a la tesis de la otrora Tercera Sala de este Alto
Tribunal, de rubro: “CADUCIDAD DE LA INSTANCIA (LEGISLACIÓN DEL ESTADO DE
NUEVO LEÓN)”. Además que, en la ocasión previa en que se analizó la figura en el juicio de
origen, se refirió a un período y decisión distintos, y por las particularidades del recurso de
apelación, en esa anterior instancia sólo se examinó ese concreto período, diverso al que ahora
se postuló como aquél en que operó la caducidad, por lo que el Juez y el Tribunal de Apelación
no tenían impedimento para analizarla, derivado de la institución de la cosa juzgada, ahora con
motivo del recurso ordinario de apelación que se hizo valer contra la sentencia definitiva, pues
el Tribunal de Alzada lo podía hacer aun de oficio; señaló que la tesis aislada que citaba el
quejoso para dar sustento a su argumento, no vinculaba a ese Tribunal de Amparo.

c. No asiste razón al quejoso en cuanto argumentó que, su promoción de quince de mayo


de dos mil doce, debió analizarse y considerarse como impulsora del procedimiento e
interruptora de la caducidad. Esto, porque fue correcto que la Sala considerara, que el auto de
dieciocho de mayo, en el que el Juez desestimó la intervención del abogado que presentó esa
promoción, por no estar facultado para ello, era un proveído que se encontraba firme en el
proceso, al haber caducado el recurso de revocación que se hizo valer contra él y, por tanto, que
esa actuación quedó nula y no podía tener efectos en el juicio para estimar que pudo interrumpir
la caducidad.

Sobre el mismo punto, el Tribunal Colegiado desestimó los argumentos del quejoso en los
que adujo que se debió analizar que su abogado autorizado sí ejercía su representación en el
juicio y que hubo participaciones anteriores en que se reconoció su personalidad y que fueron
proveídas por el Juez; ello, porque, con independencia de lo anterior, en el período que se tomó
como base para decretar que había operado la caducidad, no se puede presumir que ese abogado
actúo válidamente en representación de sus intereses, porque allí se estableció que no tenía tales
facultades.

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d. Es infundado el concepto de violación cuarto, en cuanto se sostuvo que las actuaciones
relativas a la petición, de que la demanda del juicio se hubiere registrado preventivamente en el
Registro Público de la Propiedad y del Comercio, sí impulsan el procedimiento, porque no son
frívolas e improcedentes, sino que tienen relación estrecha con el pleito. Ello, porque al margen
de que la Sala Responsable no calificó esas promociones como frívolas e improcedentes, sino
que se pronunció en el sentido de que esas peticiones buscaban proteger el derecho
controvertido, y encontraban su límite en ese único propósito, por lo que no se dirigían a
conseguir la conclusión del juicio, ya que no tendía a su continuación; tal consideración de la
Sala, dijo el Tribunal Colegiado, era correcta, porque la petición de inscripción de demanda en
el Registro Público de la Propiedad no era una promoción que impulsara el procedimiento.
Invocó como apoyo la jurisprudencia 93/2007 de esta Primera Sala, de rubro: “CADUCIDAD
DE LA INSTANCIA EN EL JUICIO EJECUTIVO MERCANTIL. LAS PROMOCIONES
RELACIONADAS CON EL PERFECCIONAMIENTO DEL EMBARGO, NO SON APTAS
PARA INTERRUMPIR EL PLAZO PARA QUE OPERE”.

En vista de que fueron desestimados los distintos conceptos de violación, el Tribunal Colegiado
negó al quejoso la protección constitucional solicitada.

IV. Amparo directo en revisión 6721/2016

35. En desacuerdo con la sentencia de amparo, Arturo Manjarrez Rodríguez interpuso el presente
recurso de revisión.

36. El quejoso formula dos agravios; el primero, está dirigido a controvertir lo resuelto por el
Tribunal Colegiado al examinar la imputación de inconstitucionalidad del artículo 3º del Código
de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León y lo resuelto en materia de legalidad, al
desestimar los conceptos de violación dirigidos a cuestionar la sentencia de apelación, en cuanto
se determinó que, en el juicio de origen, operó la caducidad de la instancia; el segundo, se
encamina a controvertir la decisión del Tribunal Colegiado en cuanto desestimó el argumento
de cosa juzgada en lo que ve a la caducidad.

69
37. En el primero de sus agravios, el quejoso inicia su exposición con la afirmación de que el
Tribunal Colegiado no atendió, de manera completa, congruente y exhaustiva, sus
argumentos sobre la inconstitucionalidad del artículo 3º del Código de Procedimientos
Civiles del Estado de Nuevo León, pues las consideraciones expuestas por el Órgano de
Amparo, no son suficientes para desestimar la cuestión de constitucionalidad sometida a su
potestad jurisdiccional.

38. El recurrente cita el razonamiento hecho por el Tribunal Colegiado para desestimar su
planteamiento de inconstitucionalidad del precepto referido, así como los rubros de las tesis en
que dicho órgano de amparo se apoyó (una de esta Primera Sala y otra de un tribunal colegiado).
Luego, afirma que él combatió la inconstitucionalidad de dicho artículo en sus conceptos de
violación, bajo los diversos argumentos que desarrolla en el resto de su exposición, que no
fueron atendidos por el Órgano de Amparo.

39. Examinado íntegramente este primer agravio se colige que, los planteamientos torales que el
quejoso postula, en forma reiterada, a lo largo de su disenso, son los que enseguida se sintetizan,
aunque no se explican precisamente en el estricto orden en que aparecen en su agravio, a saber:

a) De conformidad con el artículo 25 del Código de Procedimientos Civiles para el


Estado de Nuevo León, el Juez tenía la obligación oficiosa de notificar
personalmente, a ambas partes, el acuerdo de diecisiete de enero de dos mil doce,
sin necesidad y sin que fuere exigible que aquéllas lo instaran para realizarla. Dado
que en ese proveído se había acordado la admisión y desahogo de pruebas, su
notificación implicaba el otorgamiento de un término común a las partes, acorde con
los numerales 57 y 230 del mismo código, por tanto, se tenía que realizar dicha
notificación personal para que: i) ese proveído pudiera surtir sus efectos legales; ii)
empezara a correr el plazo, en su caso, para impugnar dicho proveído, o ejercer el
derecho de objeción (se entiende, de las pruebas); iii) empezara a correr el plazo para
el desahogo de las pruebas; iv) conocer con certeza el inicio y fin de dicho plazo
probatorio; v) tener certeza y seguridad sobre el inicio del plazo de la caducidad; por
tanto, al no considerar estas circunstancias y decretar la caducidad, se desatendió la

70
jurisprudencia de aplicación obligatoria, por analogía, de rubro: “APELACIÓN.
CADUCIDAD DE LA INSTANCIA. LA FALTA DE NOTIFICACIÓN A LAS
PARTES DE LA LLEGADA DE AUTOS, DEJA INEXISTENTE LA
(LEGISLACIÓN DEL ESTADO DE NUEVO LEÓN)”.

b) De conformidad con los artículos 53 y 55 del código procesal referido, los jueces no
pueden, bajo ningún pretexto, aplazar, dilatar ni negar la resolución de las cuestiones
litigiosas; y deben evitar toda tramitación que obstaculice la sustanciación de los
juicios. Por otra parte, conforme con el artículo 49 de la misma legislación, los jueces
pueden, en todo tiempo, ordenar la regularización del procedimiento para subsanar
omisiones en la sustanciación del juicio y deben procurar conservar la igualdad y no
lesionar los derechos de las partes; de manera que, conforme a esas obligaciones
procesales, el juez no puede negarse a la impartición de justicia y está clara su
obligación de realizar oficiosamente la aludida notificación personal, del auto de
diecisiete de enero de dos mil doce a las partes, para que pudiere continuar el proceso.

c) La sanción de caducidad sólo puede operar cuando la inactividad sea atribuible a las
partes, pero no por la falta de realización de actos procesales a cargo de la autoridad
judicial; de manera que, mientras el Juez no efectuara esa notificación personal, del
referido auto de diecisiete de enero de dos mil doce, no existía para las partes ninguna
carga procesal de impulso del procedimiento; terminar con la inactividad procesal
estaba a cargo de la Autoridad, a quien correspondía llevar a cabo esa actuación; al
no entenderlo así, el Tribunal Colegiado vulneró el artículo 1º constitucional, porque
no interpretó el artículo 3º del Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo
León, conforme al principio pro persona.

d) Aduce que, respecto de esa premisa, relativa a que no puede operar la caducidad si la
inactividad obedece a la falta de realización de un acto procesal a cargo del Juez y no
imputable a las partes, cobraba aplicación obligatoria, por analogía, la jurisprudencia
de la Segunda Sala de esta Suprema Corte de Justicia de la Nación, de rubro:

71
“CADUCIDAD EN EL JUICIO AGRARIO. NO SE CONFIGURA POR
INACTIVIDAD PROCESAL ATRIBUIBLE AL TRIBUNAL”. Señala que, lo
sostenido por la Segunda Sala para establecer esa jurisprudencia, es aplicable en la
especie; hace referencia a consideraciones contenidas en la ejecutoria respectiva y
las compara con lo acontecido en el caso, confronta también disposiciones de la Ley
Agraria con disposiciones del Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo
León, para sostener, en esencia, que el impulso procesal del juicio no sólo atañe a las
partes, sino también al Juez y, por tanto, no se debe sancionar al gobernado por actos
imputables a la Autoridad, siendo que, en el caso, el juicio quedó inactivo porque
estaba pendiente una notificación personal que le tocaba hacer al Juez, de modo que
el impulso del proceso correspondía al Juzgador.

e) Ante la omisión de realizar la notificación personal referida, el Juez del


Conocimiento: 1) vulneró las formalidades esenciales del procedimiento; 2) hizo una
interpretación contraria a la letra de la ley; 3) no fundó y motivó su resolución; 4) no
hay una verdadera impartición de justicia completa e imparcial, en los plazos y
términos que fijan las leyes, porque la ley obliga al juez a notificar de oficio, y si no
lo hizo, respecto del auto de diecisiete de enero de dos mil doce, no se le puede
sancionar a él con la caducidad, pues esa omisión no es una carga procesal del
gobernado, por lo que no se cumple con la tutela judicial efectiva.

f) La Autoridad Responsable debió realizar el análisis de la caducidad, interpretando y


aplicando el artículo 3º del código procesal estatal, no como una norma autónoma o
aislada, sino de manera sistemática y teleológica con los artículos 25, 31 y 49 del
mismo código procesal, en observancia de las garantías previstas en los artículos 1,
14, 16 y 17 constitucionales; estudio que tampoco realizó en forma congruente el
Tribunal Colegiado.

g) El quejoso señala que fue un extremo acreditado en el juicio, que siempre existió su
interés en la continuación del mismo; tan es así que, mediante su escrito de quince

72
de mayo de dos mil doce, mostró su interés en notificarse del auto de diecisiete de
enero de dos mil doce y de seguir el juicio pese a la omisión del Juez de realizar
oficiosamente esa notificación. Cita diversas tesis de esta Suprema Corte y de
tribunales colegiados, que considera dan sustento a su postura, de que no le era
imputable la inactividad en el proceso, porque no existía ninguna carga procesal
imputable a él, a saber: “CADUCIDAD. EL ARTÍCULO 850, FRACCIÓN III, DEL
CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS CIVILES DE CHIHUAHUA, QUE LA
PREVIENE, ES INCONSTITUCIONAL”; “CADUCIDAD DE LA INSTANCIA.
SÓLO OPERA MIENTRAS EXISTE UNA CARGA PROCESAL PARA LAS
PARTES (INTERPRETACIÓN PRO PERSONA Y CONFORME DEL
ARTÍCULO 131 DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS CIVILES PARA EL
ESTADO DE QUINTANA ROO)”; y “CADUCIDAD DE LA INSTANCIA. SÓLO
OPERA MIENTRAS EXISTE UNA CARGA PORCESAL PARA LAS PARTES”.

h) Expone también argumentos para reiterar que, las cuestiones planteadas en su escrito
de quince de mayo de dos mil doce (las refiere), sí eran aptas, oportunas y conformes
con la etapa procesal, para considerar que dicha promoción impulsó el
procedimiento, pues es evidente que no existió ni desinterés ni abandono del mismo.
También sostiene que, las razones por las cuales tanto el Tribunal de Alzada como el
Tribunal Colegiado, no tomaron en cuenta esa promoción, son incorrectas, reiterando
lo argumentado en su demanda de amparo en el sentido de que el autorizado que
presentó esa promoción sí tenía facultades para promover en su representación.

i) Sostiene que el artículo 3º del Código de Procedimientos Civiles del Estado de


Nuevo León es inconstitucional:

1) Porque no establece, de manera clara y terminante, que brinde certeza y


seguridad jurídica al gobernado, que la falta de realización de notificaciones
de oficio, a cargo de la autoridad, constituyen un impedimento procesal para
que pueda operar la caducidad; de modo que, si no se llevan a cabo, no se
pueda sancionar al gobernado con la declaración de caducidad, por actos

73
imputables a la Autoridad. Así, sostiene que se debe considerar
inconstitucional que un artículo sancione al gobernado si el Juez no cumplió
con su obligación oficiosa de notificar resoluciones y, en ese sentido, la norma
es inconstitucional, porque no prevé el cumplimiento de resoluciones por
parte de la autoridad, antes de sancionar al gobernado por los actos omisivos
de aquélla.

2) Porque no establece un parámetro claro y determinante para que el


gobernado conozca a partir de cuándo, realmente, inicia el cómputo de la
caducidad, porque ello no se colma con sólo señalar “al día siguiente al de la
última resolución o actuación judicial”, ya que la notificación también es una
actuación judicial, y si es de oficio su realización, depende de la actividad del
Juez; de modo que, no hay certeza en cuanto al inicio y cómputo del plazo de
caducidad. Legalmente, dice, si se atiende a los artículos 25 y 31 del mismo
Código Adjetivo, el inicio de dicho plazo de caducidad tendría que ser a
partir de que se realizara la notificación de la última resolución; la
inconstitucionalidad del artículo 3º se genera, aduce, por no establecer la
notificación de oficio como punto de partida para contabilizar el plazo de
caducidad, pues las notificaciones son a cargo de la autoridad y de ellas
depende que las partes puedan actuar para dar impulso al procedimiento.

3) Porque sanciona al gobernado con la caducidad por no actuar en 120 días


naturales, cuando la Autoridad sólo puede actuar en días hábiles; y porque
está en contradicción con los diversos 25 y 31 del mismo ordenamiento, ya
que, conforme a estos últimos, las notificaciones personales se tendrían que
realizar en días hábiles; y, si la caducidad se contabiliza en días naturales,
conforme al primero, resulta que los días que tiene la autoridad judicial para
actuar, activando el proceso, “son menos” (sólo los hábiles) de los que
comprende el plazo de caducidad; de lo que se infiere, dice, que el gobernado
es sancionado, con la caducidad, por no actuar en un plazo “menor” a los

74
días naturales que allí se prevén, por lo que no se brinda certeza y seguridad
jurídica al considerar, en el plazo, días inhábiles en los que la Autoridad no
puede actuar.

4) Por otra parte, sostiene que el Tribunal Colegiado, al pronunciarse sobre la


constitucionalidad del artículo 3º controvertido, sólo dijo que compartía las tesis
que invocó, pero no hizo ningún razonamiento expreso, fundado y motivado,
conforme al caso concreto, sobre las consideraciones de esas tesis que dijo
compartir, de modo que su estudio no fue completo y exhaustivo, lo que además
le impide controvertir, dice, esa sentencia de amparo en este recurso, por no
haberse dado respuesta completa a sus motivos de queja.
5) Vinculado con lo anterior, el recurrente expone argumentos para controvertir la
aplicación que hizo el Tribunal Colegiado de la tesis de esta Primera Sala, de
rubro: “CADUCIDAD DE LA INSTANCIA EN MATERIA CIVIL. EL
ARTÍCULO 138 DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS CIVILES PARA EL
ESTADO DE BAJA CALIFORNIA QUE PREVÉ LAS CONDICIONES EN
QUE DEBE OPERAR, NO VULNERA LOS ARTÍCULOS 1º, 14, 16, 17 y 133,
DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS
MEXICANOS”. Al respecto, aduce: i) que el plazo analizado en ese asunto, por
esta Sala, es distinto, pues no es lo mismo seis meses a que se refería la norma de
Baja California allí revisada, que 120 días a que se refiere el artículo 3º aquí
cuestionado, pues el primero es un plazo más amplio y con parámetros claros, lo
que no sucede con la norma aquí impugnada; ii) que el artículo 138 del Código
de Procedimientos Civiles de Baja California establece reglas claras, así como los
supuestos a los que se somete la caducidad, y el artículo 3º del Código de
Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León no se sujeta a los mismos
supuestos que el de Baja California; iii) que en el criterio de esta Primera Sala se
analizaron las reformas de la ley impugnada, y en el caso, el Tribunal Colegiado
no hizo un estudio completo de todas las cuestiones expuestas; y iv) que el artículo
138 del Código de Procedimientos Civiles de Baja California sí establece que la
caducidad empezará a correr a partir de la notificación de la última resolución

75
dictada en el proceso, lo que no se establece en el artículo 3 del Código Procesal
de Nuevo León, por lo que no se puede aplicar el mismo criterio. En este punto,
el quejoso compara también la forma en que se regula la caducidad en el Código
de Comercio, pues, en éste, se señala como inicio del cómputo el día siguiente al
en que surta efectos la notificación de la última resolución dictada en el juicio.

6) En ese mismo aspecto, aduce que la tesis de tribunal colegiado que citó el Órgano
de Amparo y que dijo compartir, de rubro: “CADUCIDAD DE LA INSTANCIA.
EL ARTÍCUO 3º. SEGUNDO PÁRRAFO, DEL CÓDIGO DE
PROCEDIMIENTOS CIVILES DEL ESTADO DE NUEVO LEÓN, QUE
ESTABLECE EL CÓMPUTO DEL PLAZO EN DÍAS NATURALES PARA
QUE OPERE DICHA FIGURA PROCESAL, NO VIOLA EL PRINCIPIO DE
EXPEDITEZ PREVISTO EN EL ARTÍCULO 17 DE LA CONSTITUCIÓN
FEDERAL”, no es aplicable al caso, primero, porque él no controvirtió la
constitucionalidad del artículo por violación al principio de expeditez, que es el
tema a que se refiere esa tesis; pero además, porque se emitió con anterioridad a
que, en el artículo 25 del Código Procesal se estableciera la obligación del juez
de realizar oficiosamente todas las notificaciones personales, con excepción del
emplazamiento; y porque no se puede computar el plazo de caducidad previsto en
el artículo 3 de manera aislada, sino que se debe atender a los numerales 25, 31,
49, 53 y 55 del mismo código, de los que, en su opinión, deriva que, si está
pendiente una actuación procesal que el Juez debe realizar de oficio, mientras ésta
no se cumpla, no puede operar la caducidad.

Por último, en este primer agravio el recurrente solicita que, con independencia
que la forma y apartado en que estas cuestiones se plantearon en su demanda de
amparo; se examine el tema de la caducidad, ejerciendo control de
convencionalidad por parte de esta Suprema Corte, para que se respeten sus
Derechos Humanos y, particularmente, el de acceso a la justicia.

76
40. Segundo agravio. En éste, el quejoso solicita que se examine la sentencia de amparo en cuanto
se desestimaron sus argumentos sobre la existencia de cosa juzgada respecto del tema de la
caducidad; reitera las cuestiones que fueron resueltas en el juicio natural respecto de la primera
solicitud que formuló su contrario, para que fuere declarada la caducidad y la decisión que
emitió el Tribunal de Alzada en el toca de apelación, en que se examinó la legalidad del proveído
que negó la petición de su contraparte; reitera también las razones aducidas en su demanda de
amparo, para sostener que sí existía cosa juzgada sobre el tema.

41. En este agravio, el quejoso también insiste en que, su promoción de quince de mayo de dos mil
doce, sí era apta para interrumpir la caducidad y en las razones de ello.

42. QUINTO. Análisis de la procedencia del recurso. Examinado el asunto que nos ocupa, esta
Primera Sala arriba al convencimiento de que el recurso de revisión es procedente.

43. De conformidad con los artículos 107, fracción IX, de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos y 81, fracción II, de la Ley de Amparo, el recurso de revisión en amparo
directo es procedente, cuando en la sentencia de amparo se hubiere decidido sobre la
constitucionalidad o inconstitucionalidad de una norma general, cuando se hubiere hecho la
interpretación directa de un precepto constitucional o de los Derechos Humanos establecidos en
los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano es parte, o bien, si en dichas
sentencias se omitió el estudio de tales cuestiones, a pesar de haber sido planteadas en la
demanda de amparo directo; siempre y cuando el estudio en el recurso de revisión, de tales
cuestiones constitucionales, analizadas u omitidas por el Tribunal Colegiado, entrañen la
fijación de un criterio de importancia y trascendencia, según lo disponga la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, en cumplimiento de los acuerdos generales del Pleno.

44. A partir de esas premisas constitucionales y legales, para que el recurso de revisión en amparo
directo sea procedente, es necesario que se cumplan, necesaria y conjuntamente, los requisitos
siguientes:

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a) Que el Tribunal Colegiado haya resuelto sobre la constitucionalidad o
inconstitucionalidad de una norma general, o haya hecho la interpretación directa
de un precepto de la Constitución Federal o de los Derechos Humanos
establecidos en los Tratados Internacionales de los que el Estado Mexicano sea
parte, o bien, que hubiere omitido el estudio de las cuestiones antes mencionadas,
cuando se hubieren planteado en la demanda de amparo.

b) Que el problema de constitucionalidad señalado en el inciso anterior, entrañe la


fijación de un criterio de importancia y trascendencia, según lo disponga la
Suprema Corte de Justicia de la Nación, mediante acuerdos generales del Pleno.

45. Respecto de este segundo requisito, el Acuerdo General 9/2015 emitido por el Pleno de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación, que establece las bases generales para la procedencia y
tramitación de los recursos de revisión en amparo directo, en su punto Segundo, dispone que se
entenderá que la resolución de un amparo directo en revisión permitirá fijar un criterio de
importancia y trascendencia, cuando habiéndose surtido el requisito del inciso a) anterior, se
advierta que aquélla dará lugar a un pronunciamiento novedoso o de relevancia para el orden
jurídico nacional.

46. Adicionalmente, el Acuerdo General referido dispone, que también se considerará que la
resolución de un amparo directo en revisión permitirá fijar un criterio de importancia y
trascendencia, cuando lo decidido en la sentencia recurrida pueda implicar el desconocimiento
de un criterio sostenido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación relacionado con alguna
cuestión propiamente constitucional, por haberse resuelto en contra de dicho criterio o se
hubiere omitido su aplicación.

47. En el caso, el quejoso reclamó, en su demanda de amparo, la inconstitucionalidad del artículo


3º del Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León; el concepto de violación
que formuló al respecto, se declaró infundado por el Tribunal Colegiado, estableciéndose la
regularidad constitucional de esa norma y, en sus agravios de este recurso de revisión, el

78
inconforme controvierte esa determinación, por tanto, es claro que se actualiza el primer
requisito de procedencia del recurso de revisión, relativo a la subsistencia de una cuestión
propiamente constitucional.

48. Por otra parte, el segundo requisito de procedencia del recurso, concerniente a la importancia y
trascendencia, también se actualiza, porque si bien es cierto que, como se verá, sobre el concreto
tema que se impone analizar en esta instancia de revisión, existen dos precedentes orientadores
de esta Primera Sala, incluso, uno de ellos exactamente referido al artículo 3º del Código de
Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León, lo cierto es, que sobre la constitucionalidad
de ese precepto, no existe jurisprudencia, por lo que, la resolución que aquí se dicte, podrá
constituir un precedente más que pudiere ser útil para ese fin, erigiéndose por ello el presente
recurso, como de relevancia para el orden jurídico nacional.

49. SEXTO. Estudio de fondo. Los agravios que expone el recurrente resultan inoperantes e
infundados.

50. En primer término, se estima conveniente señalar que resultan inoperantes en este recurso, los
argumentos que fueron precisados en los incisos “a”, “b”, “c”, “d”, “e”, “f”, “g” y “h”, del
resumen del agravio primero, hecho con antelación; ello, porque con esos motivos de disenso
se pretende controvertir la sentencia de amparo, en lo concerniente a puntos de la litis del juicio
constitucional que fueron planteados en la demanda de amparo y examinados por el Tribunal
Colegiado en su sentencia, en relación con la legalidad de la sentencia de apelación reclamada.

51. Como se ha precisado, en esos motivos de agravio, el quejoso postula dos cuestiones esenciales:
que en el caso existió un impedimento procesal para que operara la caducidad dentro del plazo
considerado en la sentencia reclamada y que existió promoción apta para interrumpir dicho
plazo impulsando el procedimiento; esto, bajo las siguientes premisas:

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1) Que el lapso en que se consideró, por el Tribunal Responsable, que operó la
caducidad de la instancia, se contabilizó a partir del proveído de diecisiete de enero
de dos mil doce y hasta el tres de junio de dos mil doce; sin embargo, ese proveído
no fue notificado personalmente a las partes dentro del referido plazo, siendo que
constituía una obligación oficiosa del Juez, en la que no era exigible que mediara
instancia de las partes; por tanto, mientras existiera una actuación pendiente, a cargo
de la autoridad judicial (la referida notificación personal), la inactividad procesal no
era atribuible a las partes, sino al juzgador, de él dependía que cesara esa
inactividad y no existía carga procesal imputable a las partes para impulsar el
procedimiento, por lo que no podía operar la caducidad, ya que ese acuerdo no
notificado no surtía efectos legales y no podían empezar a correr ninguna clase de
términos procesales a partir de él; y que, para determinar lo anterior, era aplicable la
jurisprudencia de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de
rubro: “CADUCIDAD EN EL JUICIO AGRARIO. NO SE CONFIGURA POR
INACTIVIDAD PROCESAL ATRIBUIBLE AL TRIBUNAL”; por tanto, que en
ese sentido, el artículo 3º del Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo
León se debió interpretar y aplicar no de manera aislada, sino en forma armónica con
los preceptos 25, 31, 49, 53 y 55 del mismo código.

2) Que quedó demostrado en el juicio, que nunca existió desinterés o abandono del
proceso por parte de él, sustento fundamental de la caducidad de la instancia, ya que,
mediante su promoción de quince de mayo de dos mil doce, se instó al Órgano
Jurisdiccional, para que practicara a las partes la notificación personal de ese
proveído de diecisiete de enero de dos mil doce; además que, esa promoción, atento
a la naturaleza de las cuestiones allí planteadas, sí era apta para impulsar en modo
efectivo el procedimiento; no siendo correctas las razones por las cuales dicho escrito
no se tomó en cuenta en el proceso, para efectos de la caducidad.

52. Las anteriores cuestiones que sostiene el recurrente, encaminadas a demostrar que no podía
operar la caducidad por no ser imputable a las partes la inactividad procesal y porque existió
promoción apta para interrumpir el lapso de caducidad, corresponden, en lo esencial, a los

80
argumentos que dicho quejoso planteó al Tribunal Colegiado en el tercero de sus conceptos de
violación, de su demanda de amparo, para controvertir la legalidad de la sentencia de apelación;
planteamientos que fueron desestimados por el Tribunal Colegiado sosteniéndose la legalidad
de la resolución reclamada bajo las consideraciones de que, pese a la falta de notificación del
proveído de diecisiete de enero de dos mil doce, sí correspondía a las partes (en lo que interesa,
al actor) el impulso del procedimiento y que fue correcto que la promoción de quince de mayo
de dos mil doce, presentada por el autorizado del quejoso, no se tomara en cuenta como
interruptora del plazo de caducidad, pues quedó firme, en el proceso, el proveído dictado por el
Juez, que no reconoció facultades a dicho autorizado para promover en el juicio.

53. Así pues, en tanto que esos motivos de disenso no constituyeron argumentos en que se hubiere
hecho descansar la imputación de inconstitucionalidad del artículo 3º del Código de
Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León, sino planteamientos encaminados a
cuestionar la actualización de la caducidad de la instancia, en el caso, su examen de fondo escapa
a la materia del presente recurso de revisión, tornándolos inoperantes.

54. En el mismo orden de ideas, también son inoperantes los argumentos que el recurrente vierte
en su segundo agravio, en cuanto pretende controvertir la decisión del Tribunal Colegiado de
desestimar sus planteamientos sobre la existencia de cosa juzgada, en relación con la figura de
la caducidad de la instancia, en el juicio natural.

55. Ello, porque tales cuestiones, planteadas por el quejoso en los conceptos de violación segundo
y tercero de su demanda de amparo, también se esgrimieron para desvirtuar la legalidad de la
sentencia de apelación, pero no sirvieron de sustento a su reclamo de inconstitucionalidad de
la norma que regula esa figura jurídica en el ordenamiento procesal civil de Nuevo León; de ahí
que no es dable a esta Suprema Corte abordar un estudio de la sentencia de amparo en ese
aspecto en el presente recurso, porque no atañe al tema propiamente constitucional que fue
materia de análisis por parte del Tribunal Colegiado, al pronunciarse sobre la regularidad
constitucional del artículo 3º del Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León,
sino a un tema que dicho tribunal analizó exclusivamente en materia de legalidad.

81
56. Por otra parte, de igual modo se impone declarar inoperantes los planteamientos sintetizados
en los puntos 1 y 2 del inciso “i” del resumen del primer agravio del recurso de revisión; esto,
porque aunque el quejoso los plasma en su escrito de agravios como vicios de
inconstitucionalidad que atribuye al artículo 3º cuestionado, lo cierto es que constituyen
argumentos novedosos, en relación con la impugnación de dicha norma, que no pueden ser
atendidos en esta instancia de revisión.

57. En efecto, en el primero de esos agravios, básicamente, se aduce que ese precepto es
inconstitucional porque no establece, de manera clara y terminante, que brinde certeza y
seguridad jurídica al gobernado, que la falta de realización de notificaciones de oficio a cargo
de la autoridad constituye un impedimento procesal para que pueda operar la caducidad; de
modo que, si no se llevan a cabo las notificaciones, no se pueda sancionar al gobernado con la
declaración de caducidad, por actos imputables a la Autoridad; que se debe considerar
inconstitucional que un artículo sancione al gobernado, si el Juez no cumplió con su obligación
oficiosa de notificar resoluciones; y que, en ese sentido, la norma es inconstitucional porque no
prevé el cumplimiento de resoluciones por parte de la autoridad, antes de sancionar al
gobernado por los actos omisivos de aquélla.

58. En el segundo de esos planteamientos, se sostiene que la inconstitucionalidad del artículo


controvertido deriva de que no establece un parámetro claro y determinante para que el
gobernado conozca a partir de cuándo, realmente, inicia el cómputo de la caducidad, porque
ello no se colma con sólo señalar “al día siguiente al de la última resolución o actuación
judicial”, porque las notificaciones también son actuaciones judiciales, de modo que no hay
certeza de cuándo inicia y cuándo termina el cómputo del plazo; por tanto, afirma, la norma es
contraria a la Constitución, por no establecer, como punto de partida del lapso de caducidad,
la notificación de oficio de las resoluciones judiciales, ya que, es a partir de la notificación,
que las partes pueden actuar dando impulso al procedimiento.

82
59. Esta argumentación del inconforme, como se observa, desarrolla con mayor amplitud y está
directamente vinculada con sus planteamientos dirigidos a cuestionar la legalidad de la sentencia
reclamada, bajo el alegato de que la inactividad procesal, que prevaleció en el juicio en el
período considerado para la caducidad, era atribuible a la Autoridad Judicial, por la falta de
notificación personal del proveído de diecisiete de enero de dos mil doce y no a las partes,
porque mientras el Juez no cumpliera con realizar esa actuación oficiosa, no existía, para éstas,
la carga procesal de impulsar el procedimiento.

60. Sin embargo, los anteriores no fueron argumentos que se hubieren propuesto al Tribunal
Colegiado como razones de inconstitucionalidad del artículo 3º impugnado, ya que, como
puede constatarse de la síntesis del concepto de violación primero de la demanda de amparo,
hecha en el apartado anterior de esta resolución, el ahora recurrente tildó de inconstitucional
dicha norma, haciendo valer únicamente el argumento de que era contrario a los derechos de
acceso a la justicia, legalidad y seguridad jurídica previstos en los artículos 1º 14, 16 y 17 de
la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que el precepto estableciera el
plazo de caducidad, considerando tanto días hábiles como inhábiles, pues en estos últimos,
no podían tener lugar actuaciones judiciales, de conformidad con el diverso artículo 31 del
mismo código y, por tanto, no se podía hacer pleno uso del plazo allí previsto para interrumpir
la caducidad, por no poderse actuar en todos los días comprendidos en él, sino únicamente en
los hábiles.

61. Y fue sobre ese concreto planteamiento de inconstitucionalidad, que el Tribunal Colegiado ciñó
su estudio al respecto.

62. En consecuencia, dado que los agravios ahora propuestos en este recurso de revisión, para
sostener la inconstitucionalidad de la norma referida, postulan cuestiones que no se sometieron
al examen del Tribunal Colegiado en lo que concierne a la litis en el juicio de amparo sobre el
tema propiamente constitucional de regularidad de la norma, devienen argumentos novedosos
y, por tanto, inoperantes, pues el Órgano de Amparo no estuvo en aptitud de analizar el precepto
bajo tales imputaciones y pronunciarse al respecto.

83
63. Sin que sea obstáculo, para arribar a la determinación anterior, que el quejoso solicite en su
agravio que, con independencia del apartado de su demanda en que formuló esos argumentos,
se tengan en cuenta por esta Primera Sala, para examinar la constitucionalidad de la norma
conforme al principio pro persona y se ejerza, respecto de ella, un control oficioso de
constitucionalidad y convencionalidad.

64. En ese sentido, es necesario precisar, que no es dable acceder a la petición del quejoso, pues la
impugnación de inconstitucionalidad de la norma, hecha mediante su demanda de amparo,
conlleva el ejercicio por parte del Tribunal Colegiado y de esta Primera Sala, de un control
concentrado de constitucionalidad y convencionalidad que se impone realizar a la luz de las
imputaciones concretas que planteó en los conceptos de violación de su demanda de amparo,
para sostener la irregularidad del precepto controvertido y, en su caso, a la luz de los argumentos
de agravio que, respecto de esas imputaciones, pudieren trascender a esta instancia revisora.

65. Pero no es viable que, en este recurso, se prescinda de la litis constitucional para abordar un
estudio oficioso de la constitucionalidad o convencionalidad del dispositivo legal, o para
apartarse de las cuestiones que fueron sometidas a la decisión del Tribunal de Amparo, dado
que ese proceder no es propio del control concentrado que corresponde realizar a los órganos de
amparo, cuando, en el juicio constitucional, priva el principio de estricto derecho; en el
entendido que, en el caso, no se está ante un simple tema del acomodo que se hubiere dado a los
argumentos de disenso en la demanda de amparo pues, como se ha evidenciado, las cuestiones
que se hacen valer en el agravio a que se está haciendo referencia, no fueron planteadas como
vicios de inconstitucionalidad del precepto en ninguno de los conceptos de violación, sino que,
a lo sumo, ahora se desarrollan con mayor amplitud y en diversa perspectiva, argumentos
relacionados con aspectos que sólo se hicieron valer ante el Tribunal de Amparo, como vicios
de legalidad de la sentencia reclamada, en torno a la actualización de la caducidad de la
instancia.

84
66. Establecido lo anterior, toca ahora atender a los argumentos con los que el recurrente pretende
desvirtuar la sentencia de amparo, en cuanto el Tribunal Colegiado declaró infundados los
motivos de disenso que expuso, para evidenciar la inconstitucionalidad que atribuyó al artículo
3º del Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León (inciso “i”, puntos 3, 4, 5 y
6 del resumen del agravio primero).

67. Conviene recordar que, en la sentencia de amparo, el Tribunal Colegiado sostuvo la conclusión
de que: no asistía razón al quejoso en cuanto postulaba la inconstitucionalidad de dicha norma,
por comprender, en el plazo de caducidad, tanto días hábiles como inhábiles; puesto que, al
margen de que en los días inhábiles no pudieran tener lugar actuaciones judiciales, ello no era
un impedimento para que las partes actuaran e impulsaran el procedimiento en los días hábiles;
apoyando esa consideración en la tesis aislada de esta Primera Sala, de rubro: “CADUCIDAD
DE LA INSTANCIA EN MATERIA CIVIL. EL ARTÍCULO 138 DEL CÓDIGO DE
PROCEDIMIENTOS CIVILES PARA EL ESTADO DE BAJA CALIFORNIA QUE PREVÉ
LAS CONDICIONES EN QUE DEBE OPERAR, NO VULNERA LOS ARTÍCULOS 1º, 14,
16, 17 y 133 DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS
MEXICANOS” y la tesis aislada de tribunal colegiado, de rubro: “CADUCIDAD DE LA
INSTANCIA. EL ARTÍCULO 3º SEGUNDO PÁRRAFO, DEL CÓDIGO DE
PROCEDIMIENTOS CIVILES DEL ESTADO DE NUEVO LEÓN, QUE ESTABLECE EL
CÓMPUTO DEL PLAZO EN DÍAS NATURALES, PARA QUE OPERE DICHA FIGURA
PROCESAL, NO VIOLA EL PRINCIPIO DE EXPEDITEZ PREVISTO EN EL ARTÍCULO
17 DE LA CONSTITUCIÓN FEDERAL”.

68. Ahora bien, en los puntos de agravio que aquí se examinan, como se precisó, el quejoso sostiene,
en esencia, que adversamente a lo que resolvió el Tribunal Colegiado, el artículo 3º del
ordenamiento procesal civil del Estado de Nuevo León, sí es inconstitucional al establecer el
plazo de caducidad en días naturales; y al respecto, reitera que si la autoridad sólo puede actuar
en días hábiles, entonces, en realidad se sanciona al gobernado por no actuar en un plazo menor
a los ciento veinte días allí previstos; asimismo, dice, si la autoridad sólo puede actuar en días
hábiles, entonces, también ésta tiene menos de ciento veinte días para actuar y cumplir con sus
obligaciones procesales (alude a la realización de notificaciones, por ser la actuación que imputa

85
como no efectuada por el Juez, en el caso); por lo que afirma que, ese precepto 3º, está en
contradicción con los artículos 25 y 31 del mismo Código Procesal, pues, conforme a estos
últimos, las notificaciones personales se tendrían que realizar sólo en días hábiles, siendo éstos
“menos” que los ciento veinte días que la norma señala como plazo para que opere la caducidad.

69. Sostiene que el Tribunal Colegiado se apoyó en dos tesis que dijo compartir, una de otro tribunal
colegiado y otra de esta Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y expone
argumentos para sostener que, dichos criterios, no eran aplicables al caso; asimismo, se duele
de que el Tribunal Colegiado no expuso razones para fundar y motivar la aplicación de esos
criterios, por lo que su estudio, dice, no fue completo y exhaustivo, lo que le impide controvertir
adecuadamente la sentencia de amparo.

70. Los argumentos de agravio antes referidos son infundados.

71. Para justificar el anterior aserto, esta Primera Sala retoma el criterio adoptado al resolver el
amparo directo en revisión 6789/2015 de su índice, fallado en sesión de veintitrés de noviembre
de dos mil dieciséis,14 en el que se examinó la constitucionalidad del artículo 3º del Código de
Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León, precisamente en la porción normativa en que
dispone que, el plazo para que opere la caducidad, será de ciento veinte días naturales y se
desestimó, esencialmente, el mismo argumento hecho valer por el ahora recurrente, en el sentido
de que, las actuaciones judiciales, sólo pueden tener lugar en días hábiles y no en los inhábiles,
considerándose que, tal circunstancia, no torna inconstitucional esa parte del precepto, en
relación con el derecho de acceso a la justicia.

72. En primer término, es preciso establecer que, el artículo 3º del Código de Procedimientos Civiles
del Estado de Nuevo León, en la parte que se controvierte, dispone:

14
Resolución aprobada por unanimidad de cinco votos de los señores Ministros: Arturo
Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Jorge Mario Pardo Rebolledo, Alfredo
Gutiérrez Ortiz Mena (Ponente) y Presidenta Norma Lucía Piña Hernández.
86
“Artículo 3o.- (…)

En los Juicios Contenciosos la instancia caducará cualquiera que sea el estado en


que se encuentre, cuando de no mediar un impedimento procesal que suspenda la
caducidad, las partes se abstengan de promover el curso del juicio, en única o en la
primera instancia durante un lapso de ciento veinte días; en la segunda instancia de
sesenta días, y en los incidentes y recursos de revocación treinta días. Los términos
comprenderán tanto días hábiles como inhábiles y empezarán a contar a partir del
día siguiente al de la última resolución o actuación judicial.

(…)”.

73. En esa porción normativa, en lo que interesa destacar, el legislador del Estado de Nuevo León
dispuso que, en los juicios del orden civil, la primera instancia caducará cualquiera que sea el
estado en que se encuentre el proceso, siempre que no medie una causa legal que suspenda la
caducidad, cuando las partes se abstengan de promover el curso del juicio durante un lapso de
ciento veinte días. Asimismo, se señala que el plazo de caducidad comprenderá tanto días
hábiles como inhábiles y que se empezará a computar a partir del día siguiente al de la última
resolución o actuación judicial.

74. Ahora bien, en la resolución del amparo directo en revisión 6789/2015 a que se ha hecho alusión,
esta Primera Sala precisó, que la caducidad se refiere a la perención del procedimiento judicial
con motivo del abandono del proceso por las partes, lo que explica que esta figura jurídica
responde a un principio de economía procesal y de certeza jurídica para impulsar la terminación
de los juicios, a fin de que éstos no persistan injustificadamente en el tiempo, sujetando a los
ciudadanos y al órgano jurisdiccional a un procedimiento judicial inactivo y ocioso.

75. Se señaló que, en relación con la figura de caducidad de los juicios, esta Primera Sala –al
resolver el diverso amparo en revisión 635/2011, en sesión del siete de diciembre de dos mil
once, por unanimidad de votos de los señores Ministros– determinó que la caducidad constituye
una institución procesal de interés público, acogida por nuestro Derecho con el propósito de

87
dar estabilidad y firmeza a los negocios, disipar incertidumbres del pasado y poner fin a la
indecisión de los derechos”.

76. Asimismo, se reconoció que, el establecimiento de la caducidad, como consecuencia del


incumplimiento de la carga del impulso procesal, encuentra sustento en los principios de
seguridad jurídica y del derecho fundamental a la administración de justicia pronta y expedita,
contenidos, respectivamente, en los artículos 16 y 17 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, ya que los actos que integran el procedimiento judicial, tanto a cargo de las
partes como del órgano jurisdiccional, deben sujetarse a plazos o términos y no pueden
prolongarse indefinidamente, lo cual se advierte del propio artículo 17 constitucional.

77. Al respecto, se dijo que ello se observa reflejado en la tesis 1a. LXI/2014 (10a.), 15 de rubro y
texto:

“CADUCIDAD DE LA INSTANCIA EN MATERIA CIVIL. EL ARTÍCULO


137 BIS DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS CIVILES PARA EL
DISTRITO FEDERAL, VIGENTE EN 2008, QUE PREVEÍA QUE EL
CÓMPUTO DEL PLAZO PARA QUE OPERE AQUELLA FIGURA INICIA
DESPUÉS DE EMPLAZAR A LA DEMANDADA, VULNERA LOS
PRINCIPIOS DE SEGURIDAD JURÍDICA Y DE ACCESO A LA JUSTICIA
PRONTA Y EXPEDITA. La caducidad es una institución procesal de interés
público, acogida por nuestro derecho con el propósito de dar estabilidad y
firmeza a los negocios, disipar incertidumbres del pasado y poner fin a la
indecisión de los derechos. En ese sentido, dicha figura es una forma
extraordinaria de terminación del proceso por la inactividad procesal de una o
ambas partes, que deriva en una sanción por el abandono de la instancia, para
evitar que un juicio esté pendiente indefinidamente, y cuya consecuencia

15
Época: Décima Época, Registro: 2005617, Instancia: Primera Sala, Tipo de Tesis: Aislada,
Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, Libro 3, Febrero de 2014, Tomo I,
Materia(s): Constitucional, Tesis: Página: 633.
88
principal es la extinción de la instancia, no de la acción. Así, el establecimiento
de la caducidad, como consecuencia del incumplimiento de la carga del impulso
procesal, encuentra sustento en los principios de seguridad jurídica y de la
administración de justicia pronta y expedita contenidos, respectivamente, en los
artículos 16 y 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,
ya que los actos que integran el procedimiento judicial, tanto a cargo de las
partes como del órgano jurisdiccional, deben sujetarse a plazos o términos, y no
pueden prolongarse indefinidamente, lo cual se advierte del propio artículo 17
constitucional. Consecuentemente, el artículo 137 Bis del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, vigente en 2008, que preveía
que el cómputo del plazo para que opere la caducidad de la instancia inicia
después de emplazar a la demandada, vulnera los citados principios, pues no se
justifica que el actor, en un juicio civil, tenga un plazo ilimitado para cumplir
con las cargas procesales que le corresponden, anteriores al acto de
emplazamiento de la demandada. Máxime, que la caducidad de la instancia
procede en aquellos juicios en los que se ventilan derechos particulares y, por
consiguiente, disponibles, de forma que su resolución afecta, por lo general,
exclusivamente a los intereses particulares de las partes en contienda”.

78. Así, se estableció que, en suma, la figura de la caducidad de la instancia descansa en la intención
de evitar que los juicios se prolonguen innecesariamente, garantizando la impartición pronta y
expedita de justicia, bajo la premisa de que cada una de las etapas del procedimiento debe
sujetarse a los plazos específicos previstos por la ley, lo que permite sostener que la figura de
caducidad es uno de los medios previstos por la legislación para el logro efectivo del derecho a
la tutela judicial, que reconoce el artículo 17 de la Constitución Federal, y los instrumentos
internacionales en materia de Derechos Humanos.

79. También, se precisó que, respecto del contenido del derecho a la tutela jurisdiccional, de donde
deriva el derecho de acceso a la justicia, en la jurisprudencia 42/2007, cuyo rubro es
“GARANTÍA A LA TUTELA JURISDICCIONAL PREVISTA EN EL ARTÍCULO 17 DE
LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS. SUS

89
ALCANCES”,16 esta Primera Sala sostuvo, que el acceso a la tutela jurisdiccional se erige como
el “Derecho público subjetivo que toda persona tiene, dentro de los plazos y términos que fijen
las leyes, para acceder de manera expedita a tribunales independientes e imparciales, a
plantear una pretensión o a defenderse de ella, con el fin de que, a través de un proceso en el
que se respeten ciertas formalidades, se decida sobre la pretensión o la defensa y, en su caso,
se ejecute esa decisión”.

80. Así, se afirmó que, de este importante criterio, se desprende que el acceso a la tutela
jurisdiccional comprende tres principales etapas, a las que corresponden tres derechos que lo
integran: i. una etapa previa al juicio, a la que corresponde el derecho de acceso a la jurisdicción,
el cual se origina del derecho de acción como una especie del derecho de petición que se dirige
a las autoridades jurisdiccionales y que motiva un pronunciamiento por parte de éstas; ii. una
etapa judicial –desde el inicio del procedimiento y hasta la última actuación dentro del mismo–
el cual debe ser breve y expedito, a la que corresponden las garantías del debido proceso; y, iii.
una etapa posterior al juicio, que se identifica con la eficacia de las resoluciones emitidas con
motivo de aquél.

81. Y que el derecho que tiene todo ciudadano de ejercer libremente el acceso a la jurisdicción,
como contenido del derecho a la tutela judicial, no es ilimitado, pues incluso el propio texto
constitucional, en el numeral 17, establece que la impartición de justicia deberá realizarse
conforme a lo que establezca la legislación, en atención a que será el legislador quien determine
la forma de administración de la impartición de justicia, a fin de lograr la efectividad del
Derecho, pues, de otro modo, sin el establecimiento de requisitos, ello no sería posible; en el
entendido de que,, los requisitos y las formalidades establecidos, en sede legislativa, para
acceder a la jurisdicción, deben ser proporcionales al fin u objetivo perseguido, esto es, no deben
lesionar la esencia de ese derecho.

16
Tesis jurisprudencial 1a./J. 42/2007, registro 172759, publicada en el Semanario Judicial de
la Federación y su Gaceta, Novena Época, tomo XXV, abril de 2007, página 124.

90
82. De ahí que, para el establecimiento de requisitos para el acceso a la jurisdicción, le está
prohibido al legislador no sólo la arbitrariedad e irracionabilidad, sino también el
establecimiento de normas que, por su rigorismo, formalismo excesivo o cualquier otra razón,
revelen una desproporción entre los fines que aquellas formalidades y requisitos previstos en la
ley preservan para la correcta y funcional administración de justicia y para la efectiva protección
de los derechos de las personas, frente a los intereses que sacrifican.17

83. De manera que, se precisó, es conclusivo que, el derecho a la tutela jurisdiccional no es ilimitado
y exige la sujeción a los plazos y términos judiciales que disponga el legislador; pero éstos no
deben ser irracionales o desproporcionados.

84. Sobre esa base, en el precedente de amparo directo en revisión a que se alude, se consideró que,
el segundo párrafo del artículo 3º del Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo
León, en cuanto establece que en el plazo de ciento veinte días allí previstos para que opere la
caducidad, se incluyan los días hábiles e inhábiles, no constituye un obstáculo arbitrario o
irracional del legislador, que haga nugatorio el derecho de acceso a la justicia de las partes en
el juicio.

17Tesis: 1a. CCXCIV/2014 (10a.) de rubro y texto: TUTELA JUDICIAL EFECTIVA. EL LEGISLADOR
NO DEBE ESTABLECER NORMAS QUE, POR SU RIGORISMO O FORMALISMO EXCESIVO,
REVELEN UNA DESPROPORCIÓN ENTRE LOS FINES DE LAS FORMALIDADES Y LOS
REQUISITOS PREVISTOS EN LA LEY PARA PRESERVAR LA CORRECTA Y FUNCIONAL
ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA. Si bien es cierto que los Estados Parte de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos gozan de un margen de apreciación para articular la tutela judicial efectiva,
consagrada como derecho humano en los artículos 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos y 8, numeral 1 y 25, numeral 1, de la Convención Americana sobre Derechos Humanos,
también lo es que los requisitos y las formalidades establecidos en sede legislativa deben ser
proporcionales al fin u objetivo perseguido, esto es, no deben lesionar la sustancia de ese derecho. Así,
en el acceso a la jurisdicción se prohíbe al legislador no sólo la arbitrariedad e irrazonabilidad, sino
91
también el establecimiento de normas que, por su rigorismo, formalismo excesivo o cualquier otra razón,
revelen una desproporción entre los fines que aquellas formalidades y requisitos previstos en la ley
preservan para la correcta y funcional administración de justicia y para la efectiva protección de los
derechos de las personas, frente a los intereses que sacrifican. [Época: Décima Época, Registro:
2007062, Instancia: Primera Sala, Tipo de Tesis: Aislada, Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la
Federación, Libro 9, Agosto de 2014, Tomo I, Página: 535, Materia(s): Constitucional].
85. Primero, porque el recurrente tuvo a su disposición el acceso a la jurisdicción ordinaria civil, y
sin obstáculo alguno, tuvo la posibilidad de continuar con el procedimiento judicial, por lo que
el solo hecho de que el artículo impugnado establezca un plazo de ciento veinte días para que
opere la caducidad de la instancia, no es una trasgresión al derecho de acceso a la justicia, por
el contrario, esta Primera Sala encuentra que el legislador pretende un fin constitucionalmente
válido, como lo es otorgar certeza jurídica en la impartición de justicia y procurar un proceso
ágil, lo que revela que la norma impugnada es racional.

86. Ello, porque el plazo de caducidad establecido en esa norma es claro y no violenta el derecho
de acceso a la justicia previsto en el artículo 17 constitucional, ni en tratados internacionales de
los que México es parte, pues en ninguno de ellos se reconoce el derecho a no sujetarse a los
plazos y términos previstos en las leyes aplicables, tal y como lo ha sostenido esta Primera Sala
en las tesis 1a. LXXIV/2013 y jurisprudencia 1a./J. 14/2012 (9a.), de rubros y textos siguientes:

“DERECHO DE ACCESO A LA JUSTICIA. SUS ETAPAS. De los artículos 14,


17 y 20, apartados B y C, de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos y 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, deriva el
derecho de acceso efectivo a la justicia, el cual comprende, en adición a
determinados factores socioeconómicos y políticos, el derecho a una tutela
jurisdiccional efectiva y los mecanismos de tutela no jurisdiccional que también
deben ser efectivos y estar fundamentados constitucional y legalmente. Ahora bien,
como se señaló en la jurisprudencia 1a./J. 42/2007, de rubro: "GARANTÍA A LA
TUTELA JURISDICCIONAL PREVISTA EN EL ARTÍCULO 17 DE LA
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS. SUS
ALCANCES.", esta Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
definió el acceso a la tutela jurisdiccional como el derecho público subjetivo que
toda persona tiene, dentro de los plazos y términos que fijen las leyes, para acceder
de manera expedita a tribunales independientes e imparciales, a plantear una
pretensión o a defenderse de ella, con el fin de que, a través de un proceso en el que
se respeten ciertas formalidades, se decida sobre la pretensión o la defensa y, en su

92
caso, se ejecute esa decisión; de ahí que este derecho comprenda tres etapas, a las
que corresponden tres derechos: (i) una previa al juicio, a la que le corresponde el
derecho de acceso a la jurisdicción, que parte del derecho de acción como una
especie del de petición dirigido a las autoridades jurisdiccionales y que motiva un
pronunciamiento por su parte; (ii) una judicial, que va desde el inicio del
procedimiento hasta la última actuación y a la que corresponden las garantías del
debido proceso; y, (iii) una posterior al juicio, identificada con la eficacia de las
resoluciones emitidas. Los derechos antes mencionados alcanzan no solamente a
los procedimientos ventilados ante jueces y tribunales del Poder Judicial, sino
también a todos aquellos seguidos ante autoridades que, al pronunciarse sobre la
determinación de derechos y obligaciones, realicen funciones materialmente
jurisdiccionales”.18

“ACCESO A LA JUSTICIA. LA FACULTAD DE IMPONER PLAZOS Y


TÉRMINOS RAZONABLES PARA EL EJERCICIO DE LOS DERECHOS DE
ACCIÓN Y DEFENSA ANTE LOS TRIBUNALES CORRESPONDE
EXCLUSIVAMENTE AL LEGISLADOR. La reserva de ley establecida en el
artículo 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, por la que
se previene que la impartición de justicia debe darse en los ‘plazos y términos que
fijen las leyes’, responde a la exigencia razonable de ejercer la acción en lapsos
determinados, de manera que, de no ser respetados, podría entenderse caducada,
prescrita o precluida la facultad de excitar la actuación de los tribunales, lo cual
constituye un legítimo presupuesto procesal que no lesiona el derecho a la tutela
judicial efectiva. En este sentido, la indicada prevención otorga exclusivamente al
legislador la facultad para establecer plazos y términos razonables para ejercer los
derechos de acción y defensa ante los tribunales”.19

18
Décima Época, Registro 2003018, Primera Sala, Semanario Judicial de la Federación y su
Gaceta, Libro XVIII, Marzo de 2013, Tomo 1, Materia Constitucional, Página 882.
19
Jurisprudencia 1a./J. 14/2012 (9a.), Novena Época, Registro 160015, Primera Sala,
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Libro XI, Agosto de 2012, Tomo 1, Materia
Constitucional, Página 62.
93
87. Segundo, porque esta Primera Sala, en relación con la figura de la caducidad de la instancia, ha
sostenido que, en atención a los principios de justicia pronta y expedita, así como de seguridad
jurídica, el legislador puede establecer los requisitos para configurar la caducidad y, con ello, la
terminación del juicio, para evitar que los procesos se alarguen indefinidamente. Por tanto, lo
que ocasiona que el juicio culmine antes de que el Juez emita una decisión de fondo, cuando se
decreta la caducidad de la instancia, es el incumplimiento de las partes a su carga procesal de
impulso del proceso, esto es, el incumplimiento a su obligación correlativa de sujetarse a los
plazos y términos fijados por la propia ley. Criterio que se desprende de la tesis aislada 1a.
LXXIII/2014 (10a.), de rubro y texto siguientes:

“CADUCIDAD DE LA INSTANCIA EN MATERIA CIVIL. EL ARTÍCULO 137


BIS DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS CIVILES PARA EL DISTRITO
FEDERAL, VIGENTE EN 2008, NO VULNERA LOS DERECHOS
FUNDAMENTALES DE AUDIENCIA Y DEBIDO PROCESO. La caducidad
que regula el artículo 137 Bis del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito
Federal, vigente en 2008, es parte de un procedimiento en el que se respetan las
formalidades esenciales del procedimiento, toda vez que se permite a las partes
iniciar un juicio, mediante la presentación de una demanda, ser emplazadas y tener
la oportunidad de contestar la demanda, ofrecer y desahogar las pruebas que
estimen convenientes, presentar alegatos y obtener una resolución que resuelva de
fondo el problema, con base en leyes emitidas con anterioridad al hecho y por
tribunales imparciales y competentes. Así, la ley sujeta cada una de las etapas del
procedimiento a plazos específicos, en atención a los principios de justicia pronta
y expedita y de seguridad jurídica, para evitar que los procesos se alarguen
indefinidamente. Por tanto, lo que ocasiona que el juicio culmine antes de que el
juez emita una decisión de fondo cuando se decreta la caducidad de la instancia, es
el incumplimiento de las partes a su carga procesal, esto es, el incumplimiento a su
obligación correlativa de sujetarse a los plazos y términos fijados por la propia ley.
Ahora bien, ni la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ni la
Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa
Rica), establecen que los Estados deben conceder a las partes un plazo ilimitado

94
para cumplir con sus cargas procesales dentro del procedimiento. En ese sentido,
este Alto Tribunal y la Corte Interamericana de Derechos Humanos han sostenido
que los derechos fundamentales y, en particular, las garantías judiciales y de acceso
a la justicia, pueden limitarse o restringirse, siempre que la medida restrictiva
cumpla con los requisitos siguientes: a) persiga una finalidad que la Constitución
Mexicana o la Convención Americana permita o proteja; b) sea necesaria en una
sociedad democrática para la consecución de esa finalidad; y c) sea proporcional,
esto es, que se ajuste estrechamente al logro del objetivo legítimo, de forma que no
se alcance a costa de una afectación innecesaria o desmedida a otros bienes y
derechos protegidos por la convención o la Constitución Mexicana; además, la
Corte Interamericana agrega que la limitación debe estar consignada en una ley
formal y material. De ahí que el artículo 137 Bis del Código de Procedimientos
Civiles para el Distrito Federal no vulnere los derechos fundamentales de audiencia
y debido proceso reconocidos por los artículos 14, 16 y 17 constitucionales, así
como 8 y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, porque está
contenida en una ley formal y material, que es el Código de Procedimientos Civiles
para el Distrito Federal, expedido por un órgano legislativo competente para
legislar en materia civil; persigue una finalidad constitucionalmente válida, en el
sentido de que no haya litigios pendientes por tiempo indefinido, y porque es
necesaria para dar eficacia a la finalidad perseguida, en cuanto a que impone una
sanción a las partes en caso de no sujetarse a los plazos y términos que fijan las
leyes. Asimismo, es proporcional, siempre que se sujete a lo siguiente: a) sólo puede
tener lugar por la omisión de las partes de cumplir con sus cargas procesales, mas
no puede imponerse por la sola inactividad del tribunal; b) sólo extingue la
instancia, lo que se traduce en que no se priva a las partes de su derecho a iniciar
un nuevo juicio en el que hagan valer sus derechos; c) sólo tiene lugar en juicios
regidos por el principio dispositivo, en los que se ventilan intereses particulares y,
por ende, derechos disponibles; y, d) debe estar sujeta a plazos razonables, de

95
forma que la caducidad sólo opere si es evidente que ha habido desinterés de las
partes, o que han abandonado el juicio.”20

88. Ahora bien, respecto del punto concreto de disenso que se sostiene como vicio de
inconstitucionalidad del precepto aquí controvertido, concerniente a la previsión del legislador
de que el plazo de ciento veinte días para que opere la caducidad, comprenda tanto días
hábiles como inhábiles, es decir, que se compute en días naturales; esta Primera Sala ha
considerado que ello no es violatorio del derecho de acceso a la jurisdicción, pues tal previsión
normativa no constituye una medida irracional o desproporcionada.

89. Por el contrario, se aprecia que el legislador local fue atinado en considerar que, el plazo de
caducidad debía contabilizarse por días naturales y no solamente días hábiles, pues dicho
razonamiento encuentra sustento en un fin necesario y constitucionalmente válido, al pretender
cumplir con la exigencia del artículo 17 constitucional, relativa a que la impartición de justicia
debe ser pronta y expedita, ya que, si la legislación adjetiva no contemplara para plazos largos,
como el que aquí se examina, contabilizar tanto días hábiles como inhábiles, se dilataría
innecesariamente la duración de los procedimientos judiciales. Por lo que, la exclusión de días
inhábiles, o dicho de otra forma, la sujeción de plazos sólo a días hábiles, se justifica sólo cuando
se trata de plazos cortos o breves que la legislación prevea para la realización de actos
procesales; de manera que la norma no es irracional.

90. Por otra parte, la norma tampoco resulta desproporcional, porque debe tenerse en cuenta que el
precepto, en tanto contempla un plazo amplio (ciento veinte días), atiende a un dato objetivo, la
viabilidad de que, dentro de ese plazo, las partes puedan desplegar la actividad procesal
necesaria para hacer avanzar efectivamente el proceso; aun cuando dentro de ese lapso, existan
algunos días en los que no puedan tener lugar actuaciones judiciales, es decir, días inhábiles en
los que, ni el órgano jurisdiccional ni las partes, pueden realizar actos procesales, pues ello,

20Tesis Aislada 1a. LXXIII/2014 (10a.), Décima Época, Registro 2005616, Primera Sala, Gaceta del
Semanario Judicial de la Federación, Libro 3, Febrero de 2014, Tomo I, Materia Constitucional, Página
632.

96
en modo alguno debe entenderse en detrimento del acceso a la jurisdicción o atentatorio del
derecho a la legalidad o a la seguridad jurídica.

91. Así se considera, primero, porque el precepto es claro en establecer que el término se computará
considerando tanto días hábiles como inhábiles, de manera que las partes litigantes conocen,
con plena certeza, esa circunstancia y cuáles son los días en los que tendrán que ejercer sus
derechos y cumplir sus cargas procesales para evitar la consecuencia de caducidad prevista en
la norma; y segundo, porque aun cuando dentro del lapso existan días inhábiles, siempre es
mayor la suma de días hábiles en los que puede actuar ante el órgano jurisdiccional para procurar
impulsar el procedimiento, de manera que, en rigor, no hay afectación a sus derechos en el
proceso.

92. En el entendido que, la intención de la norma, no es otorgar a las partes ciento veinte días de
acceso efectivo al órgano jurisdiccional, sino ciento veinte días en general para instrumentar su
actividad procesal, es decir, para que al margen de la actividad del órgano judicial puedan
preparar su actos procesales, siendo una carga para ellas, cuidar, que el ejercicio de sus derechos,
se realice en los días hábiles.

93. En ese sentido, no conducen a estimar inconstitucional la norma en estudio, las afirmaciones del
recurrente, en cuanto a que, considerar días inhábiles, en el plazo de caducidad, entraña que,
tanto el órgano jurisdiccional como las partes, tienen un plazo menor para actuar y cumplir con
sus respectivas obligaciones y cargas procesales, porque éstas sólo se pueden producir en días
hábiles; pues como se explicó, ello no va en demérito de su derechos de acceso a la justicia,
legalidad o seguridad jurídica dada la amplitud del plazo previsto, la claridad del texto de la
norma y de su finalidad, además que, a lo largo de este estudio, se ha precisado que la figura de
la caducidad, dada su naturaleza de medio extraordinario para la terminación del proceso,
generalmente se prevé con un plazo amplio pero razonable para no postergar el juicio
innecesariamente, y difiere de otros plazos cortos otorgados para otros actos procesales, que,
por esa característica –su brevedad-, se justifica se contabilicen solo en días hábiles para lograr
la oportunidad en el cumplimiento de las cargas procesales que impongan.

97
94. Además, la caducidad está estrechamente relacionada con el principio dispositivo al que se
sujetan las partes para la continuación del juicio, por lo que éstas deben cumplir con las cargas
procesales establecidas en la ley, en caso de continuar interesadas en su consecución. De ahí
que, el plazo de ciento veinte días naturales, resulta por demás suficiente y vasto para que las
partes de un juicio puedan demostrar al órgano jurisdiccional su interés por la continuación del
procedimiento, sin ser óbice que la actuación procesal a realizar deba tener lugar en un día hábil,
en el caso, en términos del artículo 31 del Código de Procedimientos Civiles para el Estado de
Nuevo León.21

95. En relación con lo expuesto hasta aquí, debe señalarse que no asiste razón al quejoso en cuanto
postula que fue incorrecto que el Tribunal Colegiado se apoyara en la tesis 1a. LVI/2016
(10a.),22 de esta Primera Sala, porque no era aplicable al caso (puntos 4 y 5 del inciso “i” del
agravio primero); dicho criterio establece:

“CADUCIDAD DE LA INSTANCIA EN MATERIA CIVIL. EL ARTÍCULO 138


DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS CIVILES PARA EL ESTADO DE
BAJA CALIFORNIA QUE PREVÉ LAS CONDICIONES EN QUE DEBE
OPERAR, NO VULNERA LOS ARTÍCULOS 1o., 14, 16, 17 Y 133 DE LA
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS. El
artículo 138 del Código de Procedimientos Civiles para el Estado de Baja
California, que prevé que la caducidad de la instancia operará, cualquiera que sea

21
Artículo 31.- Las actuaciones judiciales se practicarán en días y horas hábiles.
Son días hábiles todos los del año, menos el sábado, domingo y aquéllos que las leyes declaren festivos o
vacacionales o cuando de hecho se suspendan las labores por orden del Tribunal Superior de Justicia.
Se entienden por horas hábiles las que medien desde las siete a las diecinueve. Principiada una diligencia en horas
hábiles, deberá concluirse y será válida, aún cuando se actúe en horas inhábiles, sin necesidad de determinación
especial del juez.
El Juez podrá habilitar los días y las horas inhábiles para actuar o practicar diligencias, cuando hubiere causa
urgente que las amerite, expresando cual sea ésta y las diligencias que hayan de practicarse.
22
Tesis: 1a. LVI/2016 (10a.) Época: Décima Época Registro: 2011225 Instancia: Primera Sala Tipo de Tesis:
98
Aislada Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la Federación Libro 28, Marzo de 2016, Tomo I Materia(s):
Constitucional, Civil Página: 973.
el estado del procedimiento, desde la presentación de la demanda hasta antes de
que se cite a las partes para oír resolución, si transcurridos seis meses naturales
contados a partir de la notificación de la última determinación judicial, no hubiere
promoción, de cualquiera de las partes, que tienda a llevar adelante el
procedimiento, no vulnera los artículos 1o., 14, 16, 17 y 133 de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, conclusión a la que se arriba a partir
del hecho de que aquel precepto contiene una norma especial que debe privilegiarse
sobre otras normas generales del propio ordenamiento. En efecto, el indicado
artículo 138 debe interpretarse literalmente, ya que la palabra "naturales" alude a
los meses conforme a los cuales debe efectuarse el cómputo correspondiente,
entendiéndose a los meses del año regulados sin interrupción, esto es, con inclusión
de los días hábiles e inhábiles. Para ello, debe tenerse en cuenta que la figura de la
caducidad difiere de otros plazos en los que sí rige lo dispuesto por el artículo 131
del propio código, donde necesariamente debe acudirse al tribunal correspondiente
a imponerse del contenido del asunto o realizar alguna actuación, lo cual sólo
acontece durante los días hábiles. Así, de la interpretación sistemática de los
artículos 64, 131, 136 y 138 del Código de Procedimientos Civiles para el Estado
de Baja California, se concluye que fue intención del legislador dar un tratamiento
especial a la caducidad de la instancia respecto de los términos judiciales en
general, y que si bien en éstos sí opera la regla de que no se contarán los días en
que no puedan tener lugar actuaciones judiciales, ello no es aplicable a la
caducidad de la instancia, existiendo una regla expresa en ese sentido; incluso, de
una interpretación histórica, es evidente que en la reforma al artículo 138 aludido,
publicada en el Periódico Oficial del Estado el 20 de julio de 1979, el legislador
local tuvo la firme intención de que la caducidad ya no se estimara en días hábiles
como previamente se hacía, sino en días naturales. Además, se trata de una norma
especial, que en atención al principio de especialidad (lex specialis derogat legi
generali), se impone ante cualquier norma general que pudiera contradecir su
contenido, máxime que, en el caso, la norma especial surgió y fue modificada con
posterioridad a la norma general aplicable a otros supuestos. Por otro lado, debe
reconocerse que el citado artículo 138 contiene una diferencia entre los plazos

99
cortos y los largos, de forma que en los primeros se justifica el que no deban
considerarse los días inhábiles dado que, en efecto, al no poder tener lugar las
actuaciones judiciales, sería perjudicial para las partes imponer, por ejemplo, un
plazo de tres o cinco días para una gestión determinada, y que dentro del plazo se
consideraran los días inhábiles, lo que desde luego afectaría la oportunidad de
defensa de las partes. Sin embargo, en el caso, el establecimiento de un plazo largo
en días naturales, particularmente el de seis meses previsto para que opere la
caducidad de la instancia, no afecta la defensa de las partes, pues existen suficientes
días hábiles en los que es posible consultar los autos del expediente y promover, de
requerirse, lo necesario”.

96. Pese a las diferencias normativas que el quejoso destaca existen entre el artículo 138 del Código
de Procedimientos Civiles del Estado de Baja California y el artículo 3º del Código de
Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León; lo cierto es que en el punto toral, en que se
hizo consistir la imputación de inconstitucionalidad del segundo, el anterior criterio de esta
Primera Sala sí es orientador al respecto y, válidamente, fue invocado por el Tribunal Colegiado,
como apoyo de su determinación.

97. Así se advierte, porque no obstante que el artículo 138 referido regula el plazo de caducidad en
meses (seis meses) y el artículo 3º en cuestión regula el plazo en días (ciento veinte días); lo
relevante es, que ambas normas precisan que esos plazos comprenderán días naturales, pues el
primer dispositivo emplea literalmente ese término “naturales” y el segundo precepto,
claramente establece que se contabilizarán tanto días hábiles como inhábiles; de modo que sus
previsiones son semejantes.

98. Pero sobre todo, el argumento esencial examinado en el amparo directo en revisión 2227/2015,23
del que derivó la tesis asilada referida, se hizo consistir, al igual que en la especie, en que el
hecho de que el plazo se compute en días naturales, esto es, considerándose tanto los días hábiles

23
Fallado en sesión de veintitrés de septiembre de dos mil quince, por por unanimidad de cinco votos de los señores
Ministros: Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Jorge Mario Pardo Rebolledo (Ponente), Olga
Sánchez Cordero de García Villegas y Presidente Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena. El Señor Ministro José Ramón
Cossío Díaz se reservó su derecho para formular voto concurrente.
100
como los inhábiles en que no pueden tener lugar actuaciones judiciales, reduce los días efectivos
en que se puede actuar en el proceso y, por ello, se afecta el derecho de acceso a la justicia;
argumento que también, en ese precedente, quedó desestimado por esta Primera Sala, en
términos similares a los que aquí se sostienen para declarar infundados los agravios del quejoso;
por lo que, ese criterio anterior, sí podía ser atendido por el Órgano de Amparo para sustentar
su sentencia.

99. Sin que sea dable atender a las demás cuestiones que hace notar el quejoso respecto de la
regulación de la caducidad en esos dos preceptos que compara, porque se refieren a aspectos
que no forman parte de la única razón aducida en la especie, para tildar de inconstitucionalidad
el artículo 3º del Código de Procedimientos Civiles del Estado de Nuevo León, de modo que no
inciden en el sentido de la presente determinación.

100. En vista del estudio hecho con antelación, también resulta innecesario examinar los argumentos
de agravio que expone el recurrente para evidenciar, que la diversa tesis aislada de tribunal
colegiado que también citó como apoyo el Órgano de Amparo para sustentar la
constitucionalidad de la norma cuestionada (punto 6, del inciso “i” de la síntesis del agravio
primero); esto, porque determinar si era o no aplicable dicho criterio en la especie, en nada
variaría el sentido de la conclusión alcanzada.

101. Así pues, ante lo infundado e inoperante de los agravios materia del recurso de revisión, procede
declarar infundado el presente recurso.

Por lo antes expuesto y fundado, esta Primera Sala,

RESUELVE:

PRIMERO. En la materia de la revisión, se confirma la sentencia recurrida.

101
SEGUNDO. La Justicia de la Unión no ampara ni protege a Arturo Manjarrez Rodríguez,
contra el acto que reclamó de la Primera Sala Colegiada Civil del Tribunal Superior de Justicia
del Estado de Nuevo León, que hizo consistir en la sentencia de diecisiete de diciembre de dos
mil quince, dictada en la toca de apelación civil ********** de su índice.

Notifíquese; con testimonio de esta ejecutoria, devuélvanse los autos relativos al lugar de su
origen y en su oportunidad, archívese la toca como asunto concluido.

Así lo resolvió la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por unanimidad
de cinco votos de los señores Ministros Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío
Díaz, Jorge Mario Pardo Rebolledo, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena y Norma Lucía Piña
Hernández (Presidenta y Ponente).

Firman la Ministra Presidenta de la Sala y Ponente con la Secretaria de Acuerdos, que autoriza
y da fe.

PRESIDENTA DE LA PRIMERA SALA Y PONENTE

MINISTRA NORMA LUCÍA PIÑA HERNÁNDEZ

SECRETARIA DE ACUERDOS DE LA PRIMERA SALA

LIC. MARÍA DE LOS ÁNGELES GUTIÉRREZ GATICA

En términos de lo previsto en los artículos 3º, fracción II, 13, 14 y 18, de la Ley Federal de
Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, en esta versión pública se
suprime la información considerada legalmente como reservada o confidencial que encuadra en
esos supuestos normativo

102
9. CONCLUSIONES.

Independientemente de las cifras que se extraen del mundo de las estadísticas en lo referente al
fraude, este delito tiene la fuerza suficiente para alcanzar las mismas raíces de la solvencia de
personas y empresas, y algunos han llegado a decir que podría socavar los cimientos del orden
económico en general si se le deja seguir avanzando sin oponerle adecuados mecanismos
preventivos.

En nuestros días, la criminalidad económica que tiene mayor trascendencia es aquella que se
apoya en medios fraudulentos. Estos se han ido adaptando paulatinamente a las nuevas formas
de delinquir que han surgido con los medios técnicos (de forma particular en los informáticos).

Para colmo la sociedad cultiva con mayor intensidad disfunciones específicas que afectan de
lleno a un número no despreciable de personas dotadas de gran capacidad para adaptarse a los
avances y dinámica sociales.

Entre esas disfunciones sociales se ve el constante reclamo del éxito material con olvido de los
valores para la convivencia y el respeto comunitario. Se la llama cultura de la ‘ADQUISICION’
porque los modelos humanos más deseados son los que se fundan en el éxito material, en
los negocios o en lo económico.

103
10. BIBLIOGRAFIA.

 CAPILLA RONCERO "Introducción al Derecho Patrimonial Privado", Valencia-


España 2001, Editorial Tirant lo Blanch.

 LACRUZ BERDEJO "Nociones de Derecho Civil Patrimonial e Introducción al


Derecho", última Edición, Editorial Dykinson.

 LASARTE ÁLVAREZ "Curso de Derecho Civil Patrimonial e Introducción al


Derecho", última Edición, Editorial Tecnos.

 SALVAT, Raymundo M., "Del ejercicio de los acreedores de los derechos de los y
acciones de su deudor"

 SANCHEZ DE BUSTAMANTE, Miguel "Acción oblicua"

 TORRES VASQUEZ, Aníbal "Acto Jurídico", Lima – Perú, Segunda Edición 2001,
Editorial Moreno S.A.

 BARANDIARAN, José León "Acto Jurídico", Lima – Perú, Segunda Edición 1997,
Editorial Gaceta Jurídica S.R.L.

 GONZALO MEZA, Mauricio "El Negocio Jurídico", Lima – Perú, Primera Edición
2003, Editorial Alegre E.I.R.L.

 VIDAL RAMIREZ, Fernando "El Acto Jurídico", Lima – Perú, Cuarta Edición 1999,
Editorial Gaceta Jurídica S.R.L.

 LOHMANN LUCA DE TENA, Juan Guillermo "El Negocio Jurídico" Primera Edición
1986, Librería Studium Editores.

104
 RECUPERADO:http://www2.scjn.gob.mx/ConsultaTematica/PaginasPub/DetallePub.
aspx?AsuntoID=207397.

 RECUPERADO:https://jurisprudencia.pj.gob.pe/jurisprudenciaweb/faces/page/jurispru
dencia-comparada.xhtml

105