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Ciencia, ética y bioética

CIENCIA, ÉTICA Y BIOÉTICA

Urbano Ferrer Santos


Departamento de Filosofía y Lógica. Universidad de Murcia.
Campus de Espinardo. 30100 Murcia. E-mail: ferrer@um.es

Resumen

Se atiende en primer lugar a las etapas en el desarrollo de la ciencia desde el


punto de vista de su relación con el saber práctico: unidad de los principios supre-
mos del saber en Grecia y en el Medievo, concepción mecanicista autónoma de la
ciencia moderna y crisis de la neutralidad de la ciencia en la época contemporánea,
entre otras razones debido al desajuste entre las consecuencias de la experimentación
incontrolada y los límites en la naturaleza. En segundo lugar, se aducen algunos
criterios éticos básicos para conducir la investigación científica: la diferencia imborra-
ble entre lo que es fin y lo que es medio, la dignidad de la persona y la existencia de
bienes sustantivos inalienables, como el hábitat, la corporeidad humana, la ciudad…
La ciencia encuentra en estas realidades no sólo un límite, sino también un cauce
para orientar su desarrollo. Por último, se hacen valer estos criterios en orden a
dirimir algunos problemas planteados por la reciente Biotecnología, como son la
preservación de la identidad genética del ser humano y de su filiación natural, las
condiciones para que una muerte sea digna y los límites en la eliminación artificial
del dolor.
Palabras clave: Ciencia, límites, fin en sí, vida, dignidad

Abstract

This paper examines three stages in the relation between science and ethics: a) the
unity of both realms in the universal reason; b) the scission after the Nuova Scienza
until the neopositivism; c) the new bridges of systems and telos, following the crisis
of fondations of science. With regard to biomedic applications ethical general finalist
principles are stated, and more determinate approaches are adduced; with these

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approaches we intend to face the particular problems of eugenesia, the dignified


dead and the souffring, which are beyond the cure of patients.
Key words: Science, end, limit, life, dignity

1. Etapas en la relación Ciencia-Ética axiomas euclidianos), como la conside-


ración o dignidad –ética– a que es acree-
En su etapa griega constitucional la dor el hombre en razón de su naturaleza
ciencia y la ética no designaban dos do- específica. Pero con ello no estamos ya
minios separados que hubiera que rela- en el ámbito discursivo de la razón, como
cionar posteriormente, sino que la uni- antes, sino en el de los principios más
dad que atravesaba a ambas provenía de altos del nou–ß o intelecto, por los que
la unidad del Lovgoß y, más fundamen- cualquier ciencia particular se rige –cua-
talmente, de los principios primeros en lesquiera que sean su objeto y su méto-
los que se apoya todo conocimiento hu- do– y que en último término es origen de
mano. El término lovgoß procede del ver- unidad en todas. La unidad de la razón
bo levgein, que significa reunir, congre- científica (ejpistevmh) y la unidad del in-
gar, como se recoge el trigo en gavillas. telecto intuitivo (nou–ß) se acreditan en
El sustantivo lovgoß es la ley de la ra- los hábitos correspondientes del saber, en
zón, que Heráclito aplica tanto a las uni- tanto que uno y otro hábito traen consi-
formidades observables de la Naturaleza go un crecimiento en la facultad intelec-
como a la regulación práctica de nuestro tiva.
obrar y a la actuación natural en el seno La capacidad de referir los enuncia-
de la povliß (en este sentido, se contra- dos verdaderos a sus principios es lo
ponen lovgoß como ley natural debida y propio de la responsabilidad científica,
novmoß o ley convencional, de nevmein, como dirá Husserl, y ello es lo que con-
asignar unos lotes en suerte). O bien ex- trapone el proceder de la ciencia griega
presado de modo inverso: tan contrario a la técnica calculatoria, convertida en
a la razón se consideraba el número irra- paradigma de la ciencia moderna, en la
cional, carente en sí mismo de medida, que falta el compromiso intelectual con
como el comportamiento del ajkrathvß o los resultados. En palabras de Husserl:
débil de voluntad, que es quien no se «De este modo, la ciencia moderna ha
guía por juicios racionales. abandonado el ideal de ciencia auténti-
La misma amplitud teórico-práctica ca que, desde Platón, actuaba vivamen-
que el Lovgoß tenía el término ajxivon, te sobre las ciencias y prácticamente ha
en latín dignitas, tal como lo emplea Ci- abandonado también el radicalismo de
cerón. Los axiómata o dignitates son, en la propia responsabilidad científica. Ese
este sentido, tanto las verdades en sí mis- radicalismo ya no es, pues, el impulso
mas evidentes, aquéllas que no precisan interno que continuamente plantea la
justificación desde otras (por ejemplo, los exigencia de no conceder validez a nin-

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gún saber del que no podamos dar cuen- zón ética se expresa, pues, en forma de
ta por medio de principios originaria- definiciones o en las derivaciones del fin
mente primeros y por lo tanto perfecta- a los medios o del bien en sí a los bienes
mente evidentes, por principios tales que subordinados, pero siempre integrando
no tenga ya sentido preguntar por algo estos procedimientos en la razón prácti-
que los preceda»1. ca, que es la que termina en la actuación.
El saber desde principios –a diferen- Así, la Ética como ciencia es teórica por
cia de la mera opinión o doxa– comporta su modo de proceder, lo cual la empa-
necesidad de-mostrativa: no es simple- renta con las demás ciencias, mientras
mente mostrar que (outí) algo es así, sino que, si se atiende a su finalidad, es prác-
verlo en sus razones universales y nece- tica en un sentido más inmediato que lo
sarias, en su por qué (diovti). Es por lo pueden ser las otras ciencias, ya que en
que el individuo singular escapa al saber las segundas la practicidad está mediada
principial, es inefable como tal individuo. por las aplicaciones subsiguientes, mien-
Y la Historia para Aristóteles no llega a tras que la Ética es práctica por su misma
ser propiamente una ciencia, si se advierte noción.
que los acontecimientos históricos no El segundo motivo de enlace entre
admiten ser universalizados, sino que, en ciencia y ética estaba justamente en la
lo que tienen de históricos, podrían ha- finalidad. En la Naturaleza la causa final
ber sido esencialmente de otro modo. En es la primera de las causas, de la que
cambio, la Ética es universal porque ver- dependen en su ejercicio causal las otras
sa sobre la razón universal de bien que el causas. El índice que manifiesta en el
hombre pone en sus actos. Si bien éstos Universo la finalidad natural es el orden,
son contingentes, no lo es, por ejemplo, como una cierta unidad en la pluralidad.
la virtud como justo medio en tanto de- Y el orden a su vez se hace patente en la
bido al o[rqoß lovgoß, ni tampoco lo son constancia y regularidad en los ciclos, en
los fines que garantizan el obrar recto, la diversidad cualitativa armónica y di-
puesto que para ser tales han de ser con- señadora de un plan de conjunto, en el
formes con la naturaleza humana. La ra- mantenimiento y a la vez multiplicación
de las especies vivientes mediante la re-
producción… Pero, de un modo parale-
1 «Damit hat die moderne Wissenschaft das
seit Plato in den Wissenschaften lebendig wirken- lo, también la ley moral deja impreso el
de Ideal echter Wissenschaft und praktisch den Ra- orden de la razón finalista en la actua-
dikalismus wissenschaftlicher Selbstverantwortung ción humana, que mediante los hábitos
preisgegeben. Also nicht mehr ist jener Radikalis-
mus die innerste Triebkraft, der an sich beständig del recto obrar crea, según Aristóteles,
die Forderung stellt, kein Wissen gelten zu lassen, una segunda naturaleza en el hombre,
für das nicht Rechenschaft gegeben werden kann reconocible por su inclinación propia,
aus ursprünglich ersten und dabei vollkommen ein-
sichtigen Prinzipien, hinter die zurückfragen kei-
sobreañadida a la inclinación primaria a
nen Sinn mehr gibt» (Husserl, E., Formale und trans- su fin que identifica a la naturaleza hu-
zendentale Logik, M. Nijhoff, La Haya, 1974, 8). mana.

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Sin embargo, en la época moderna, causas en el movimiento, queda el juego


con la aparición del ideal metódico de la de valores asignados a las variables in-
Nuova Scienza galileana, se escinde la dependientes en una función matemáti-
unidad anterior entre las ciencias teóri- ca ideal. Como expone Zubiri: En la cien-
cas y prácticas. Partiendo de la base de cia moderna «el rigor científico no signi-
que la Naturaleza está escrita en lengua- fica tanto la posesión de la interna necesi-
je matemático, se fingen unas condicio- dad de las cosas, sino la precisión objetiva;
nes ideales de aparición de los fenóme- con cual no es un azar el que la ciencia
nos dentro de un marco general cuanti- no logre lo que se propone sino sustitu-
tativo y homogéneo, indefinidamente yendo las cosas llamadas empíricas, las
ampliable. Es un lenguaje que interviene cosas tales como aparecen en la vida co-
como una retícula para la observación rriente, por otras cosas que se comportan
del mundo. Pero esta unidad, proporcio- relativamente a las primeras, como el lí-
nada por la matematización del Univer- mite a las fluctuaciones que a él se aproxi-
so, no incorpora los fines vitales de los man. Mientras la epistéme griega trata de
sujetos que hacen ciencia. De este modo, penetrar en las cosas para explicarlas, la cien-
a Descartes sólo le queda una «morale cia moderna trata, en buena parte, de sus-
provisoire», en el doble sentido de provi- tituirlas por otras más precisas»2.
sional o no fundamentada científicamen- El hueco de la finalidad en la Natura-
te y de constituir una provisión de que leza da lugar a que la inesquivable pre-
se dispone para no entorpecer el nuevo gunta ¿para qué la ciencia?, de la que
edificio del saber. Kant diferenciará, por ella misma, por su sectorialidad, no pue-
su parte, como dos hechos incomunica- de hacerse cargo, se responda con la vo-
dos e incomunicables, el saber físico-ma- luntad de dominio sobre la naturaleza,
temático de la ciencia newtoniana y el basada en la predicción de nuevos he-
factum moral, ambos igualmente incon- chos que las leyes matemáticamente for-
cusos en su validez universal. mulables hacen posible: fue así como se
Los marcos de la ciencia moderna son descubrió, por ejemplo, el planeta Nep-
el espacio isotrópico y el tiempo isocró- tuno sin observación antecedente; o bien
nico, ambos desvinculados imaginativa- el modelo del doble helicoide para la es-
mente de los acaeceres naturales. La in- tructura de ADN lo idearon Watson y
teracción entre las causas en los cambios Crick en 1953 antes de su comprobación
bajo la égida de la causa final se ve susti- experimental. El lema de la ciencia posi-
tuida por el desencadenamiento de un tiva llega a ser «savoir, d´où prévoir; pré-
movimiento desde sus condiciones ini- voir, d´où pouvoir», con el que se reem-
ciales antecedentes, a las que se suma plaza la contemplación, como finalidad
desde fuera una fuerza concurrente con en sí misma última, por la conquista de
él. Post hoc, ergo propter hoc: es la nueva
versión menguada de la causalidad fe- 2 Zubiri, X., Naturaleza, Historia y Dios, Ed.
noménica. En vez de la conjunción de las Nacional, Madrid, 1962, 69.

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nuevos espacios a la naturaleza, ponién- Por contraste, en el siglo XX se ha


dolos a la disposición del hombre. Y, de puesto de manifiesto desde diversos án-
un modo análogo, tampoco la técnica se gulos que el optimismo del progreso,
guía por un modelo previo de lo que se como postulado ligado al avance de la
pretende saber hacer, como era la tevknh ciencia, no puede darse sin más por su-
griega, sino que avanza por tanteos y puesto. En este sentido, en el orden teó-
sorteando errores; es lo que se ha llama- rico la ciencia se ha enfrentado al llama-
do la técnica de los técnicos (Ortega y do trilema de Münchhausen como un
Gasset). callejón sin salida: igual que el barón de
La última expresión de la asunción la célebre leyenda no hacía pie en el lago
omnicomprensiva de la ciencia físico- (no tenía fundamento firme), ni podía ti-
matemática como modelo unívoco del rarse de la coleta para salir a flote (no
saber ha sido el neopositivismo lógico. podía decidir por sí mismo), ni podía ir a
Entiende por enunciados con sentido nado a la otra orilla (carecía de una tra-
aquéllos que pueden formularse en tér- yectoria continua), también la ciencia se
minos susceptibles de verificación o con- encuentra con la falta de fundamenta-
trastación experimental; y entiende por ción, patente en las célebres paradojas
enunciados científicamente validados lógicas puestas de relieve desde B. Rus-
aquéllos que, dentro de los enunciados sell, con la falta de coherencia o indecidi-
con sentido, hayan resistido la prueba de bilidad de proposiciones a las que llega
la verificación. Desde este paradigma de en su elaboración, como muestra el teo-
la ciencia el estatuto que se concede a las rema de Gödel, y con la carencia de con-
proposiciones éticas ha sido fluctuante: tinuidad, estipulada por H. Kuhn en su
ya se lo ha puesto en función de reaccio- Estructura de las revoluciones científicas
nes emotivas, no falsables, y por tanto (1962)3. Por ello, la concepción positivis-
fuera de la ciencia (emotivismo en A.J. ta heredada ha hecho crisis.
Ayer, C.L. Stevenson…), ya se ha preten- Bajo otro punto de vista, el procedi-
dido simular el proceder de las ciencias miento mecánico-analítico no es aplica-
de la Naturaleza en el campo de las valo- ble allí donde ha prevalecido el modelo
raciones sociales (inductivismo ético en estructural-sistémico. Frente a la recom-
S. Toulmin), ya se han indagado aquellas posición del todo a partir de las varia-
acciones (prágmata) que son supuestos a ciones y combinaciones en los elementos
priori del lenguaje comunicativo (prag- –como en la máquina–, en el sistema son
matismo trascendental en K.O. Apel)… éstos los que han de acomodarse y ubi-
En todo caso, por lo que hace a nuestro carse en función de los reajustes en el
problema sobre la relación ciencia-ética,
la ciencia no toparía en ninguna de las 3 Sobre la novedad que introdujo la con-
cepción de Kuhn en la filosofía de la ciencia, Eche-
fases de su desarrollo con un saber prác- verría, J., Introducción a la Metodología de la Ciencia,
tico-regulativo que desde fuera interfi- Barcanova, Barcelona, 1989; Filosofía de la Ciencia,
riera en su desarrollo. Akal, Madrid, 1998.

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todo. En este sentido, la Genética ha aban- hecho de reproducir la diferencia siste-


donado el modelo mendeliano de corres- ma/entorno en la medida en que produ-
pondencia biunívoca entre los genes dis- ce comunicación sólo mediante comuni-
cretos y los caracteres fenotípicos para cación» 5.
hacer entrar en su funcionamiento facto- Las categorías teleológicas empiezan
res estructurales como el entorno, la po- por asumir un papel normativo y auto-
sición del gen en el genoma o la informa- rregulador en el funcionamiento del sis-
ción codificada en el ADN. La inviabili- tema: así, en el viviente la traslación del
dad en los sistemas de las explicaciones programa genético en el proceso del cre-
matematizables a partir de las condicio- cimiento o el dar las señales adecuadas a
nes iniciales se compensa con la adop- las otras células para proveerse de las
ción de explicaciones propositivas, que moléculas que necesita. El sistema y la fi-
apuntan a lo que no se ha cumplido to- nalización regulativa tienden el nuevo puen-
davía4. En Biología se parte de unos dis- te con la ética, del an incapaces las variables
positivos funcionales que están a su vez de la Mecánica. Limitémonos a indicar aquí
insertos en una función orgánica más que no sólo las virtudes morales en su
amplia, pues en el viviente el objetivo no interacción integran un sistema en creci-
está separado de la función, como en la miento, sino que la persona como reali-
actividad técnica; así, los bombeos del dad moral en crecimiento es un sistema
corazón aseguran la circulación sanguí- que se realimenta con sus actos, al apro-
nea, que a su vez restablece la nutrición piarse en concreto las posibilidades abstrac-
y reabsorción, las cuales requieren a su tas de acción en que se despliega su ac-
vez la actividad impelente de la bomba tuación. Por su parte, la finalidad, debi-
cardiaca. damente traspuesta al orden de la liber-
La noción mecánica de equilibrio no tad, es una característica del actuar in-
resulta ya aplicable a los sistemas, en la tencional-propositivo, que culmina hiper-
medida en que adquieren su estabilidad teleológicamente en la capacidad donal
en el desequilibrio interno y en el inter- de la persona, incrementable desde sí
cambio con el entorno. La operación re- misma.
cursiva autopoiética del sistema viviente También en el orden de las aplicacio-
es la diferenciación a partir de la primera nes tecnológicas se aprecia la crisis del
célula, y análogamente en los otros siste- neopositivismo, pero de otro modo. Al
mas comunicativos. Como expone N. lado de los formidables hallazgos en el
Luhmann a este propósito: «El sistema espacio astronómico, en los cerebros elec-
es una diferencia que se produce cons- trónicos, la medicina preventiva o la bio-
tantemente a partir de un solo tipo de tecnología, se han evidenciado, en co-
operación. La operación lleva a efecto el
5 Luhmann, N., Introducción a la Teoría de
4 Mayr, E., Así es la Biología, Debate, Ma- Sistemas, Universidad Iberoamericana/Anthropos,
drid, 1998. Barcelona, 1996, 69.

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nexión con el progreso de las ciencias y a invenciones (piénsese, por ejemplo, en el


modo de efectos perversos, imprevistas descubrimiento de la fisión nuclear del
amenazas a la paz entre los pueblos, al átomo, susceptible alternativamente de
medio ambiente e incluso a la supervi- unos usos beneficiosos y de otros desas-
vencia humana sobre el planeta; todo lo trosos para la humanidad). Pero la bio-
cual lleva a replantearse la validez de técnica actual se caracteriza por la inde-
programas tecnológicamente viables y a finición, como ha señalado Hans Jonas.
involucrar a la sociedad en su conjunto Hoy se puede decir que ni el beneficio
como nuevo sujeto, afectado por las de- humano como objetivo, ni la culminación
cisiones privadas con repercusión en el de unos fines naturales ya esbozados, ni
bien público. Y, por supuesto, ha cadu- el mayor sometimiento de la Naturaleza
cado el programa decimonónico de un al hombre se delimitan nítidamente cuan-
orden social técnicamente organizado y do reina la incertidumbre sobre el bene-
presidido por los industriales. Pero es ficio, que suele ir acompañado de efectos
éste sin duda un modo negativo de re- colaterales no deseados, cuando el resul-
clamar unos códigos éticos y jurídicos, tado, en vez de basarse en un diseño na-
que encaucen el rumbo de la investiga- tural, es una creación ab ovo (introduc-
ción y establezcan unos límites en el uso ción de mejoras genéticas, nuevas pro-
público de las innovaciones encontra- piedades…) y cuando el control no es
das. sobre la Naturaleza exterior, sino que lo
ejercen unos hombres sobre otros.
2. El problema de los límites éticos en Es éste el momento de diferenciar en-
la técnica biomédica tre los bienes sustantivos, de los que de-
rivan valores éticos en sí mismos o sus-
Sin embargo, la formulación de códi- tantivos, que nunca pierden su validez, y
gos deontológicos resultaría apresurada los modos variables de su aplicación, a la
si no se cuenta con los bienes sustantivos medida de las circunstancias históricas,
que guían la investigación y la aplica- de las configuraciones culturales y desde
ción tecnológica. luego también en función del desarrollo
En la técnica mecánica moderna se de la ciencia y de la técnica. En lo que
partía de unos objetivos prefijados y se sigue nos fijaremos preferentemente en
ensayaban los medios con que alcanzar- este último aspecto. Puede tratarse de
los; era fácil, por tanto, identificar los fi- valores de emergencia, que se hagan pre-
nes de la técnica y valorarlos por su co- cisos ante unas circunstancias no desea-
nexión con ciertos fines supuestos natu- bles, como la ayuda a una población sub-
ralmente en el hombre (ya fuesen la sa- desarrollada. Bien entendido que detrás
lud, el beneficio, la organización de la de los valores pertinentes ante un esta-
convivencia…). Por otro lado, las conse- dio avanzado de la técnica ha de haber
cuencias eran externas a los fines y te- unos bienes intrínsecos, que sean los que
nían que ver con el uso, posterior a las hagan necesario apelar a los primeros;

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en el ejemplo puesto se trataría del valor contar con el consentimiento de los suje-
sustantivo de la solidaridad. tos afectados para provocar los cambios
En réplica a la concepción mecanicis- externos y para someter a los pacientes a
ta de la Naturaleza imperante en la Mo- nuevas experimentaciones? ¿Y en el caso
dernidad, que iba asociada a una actitud de que sus condiciones fisiológicas o psí-
valorativamente neutral en el cultivador quicas no normales les impidan otorgar
de la ciencia (era la llamada por Max el consentimiento? ¿Acaso sería el inte-
Weber ciencia libre de valoraciones), hoy rés público lo que justificara en último
la magnitud de las consecuencias de cual- extremo los experimentos con seres hu-
quier modificación del entorno, así como manos?
la interacción entre ciencia y técnica, ha- Dos principios éticos que nos guían a
cen contraer al investigador una respon- este propósito son el de no tratar como
sabilidad particular, antes inexistente, en un medio instrumental lo que posee ín-
relación tanto con el objeto como con los dole de fin, atendiendo a la diferencia
fines de su investigación. De este modo, cualitativa irreductible entre fin y medios,
por distintos frentes se han cerrado las así como el principio de observar el or-
fisuras, de ascendiente kantiano, entre el den objetivo entre los diferentes fines. En
ser de la Naturaleza y el deber ser. este sentido, la Naturaleza como unidad
Uno de estos frentes viene del hecho posee índole de fin, en la medida en que
de que se producen las condiciones ex- se encuentra en su conjunto una ordena-
ternas en que se investiga, las cuales sue- ción inteligente, que no es ni meramente
len acarrear la disposición de un elevado azarosa ni sujeta sólo a leyes mecánicas.
coste de medios e incluso a veces la ori- Pero la persona es un fin más alto, ya
ginación del objeto investigado, como en que no se reintegra en la Naturaleza como
el caso de la remodelación de la ingenie- una parte en el todo, sino que es ella
ría genética a partir del ADN. En segun- misma una totalidad, sin cuya coopera-
do lugar, se actúa sobre el hábitat huma- ción ni siquiera la Naturaleza podría
no, modificando condiciones ambienta- cumplir íntegramente sus fines. A su vez,
les y rutinas de vida ampliamente asen- las personas no son las unas meros me-
tadas durante generaciones. Pero, sobre dios para las otras, sino que, como per-
todo, los últimos descubrimientos gené- sonas singulares, sólo son en coexisten-
ticos abren la vía a las manipulaciones cia. La noción kantiana de reino de los
en la dotación cromosómica y a las prác- fines expresa bien el reconocimiento de
ticas eugenésicas, alegando la introduc- fin en sí que cada persona debe a las
ción de mejoras terapéuticas. demás y a sí misma.
A la vista de lo anterior el problema De la dignidad de las personas así
ético se formula en los términos de hasta entendida se sigue que no es lícito con-
dónde es lícito intervenir en la composi- vertirlas en cosas pasivas, a las que no
ción química del medio ambiente, así concierne el fin experimental a que se las
como en la corporeidad humana. ¿Basta somete, ni siquiera cuando se trata de

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promover un presunto bien público. No al llamamiento a la generosidad. A fin de


es lícito acudir a este respecto a la fic- cuentas, la cesión de órganos o la aporta-
ción, otras veces socorrida, del contrato ción del propio cuerpo para la causa de
social para dar cuenta del sacrificio exi- la ciencia no es acertado plantearla en
gido al individuo en aras de la comuni- términos de derechos, sino que ha de
dad, por cuanto el sacrificio nunca nace partir de la aceptación voluntaria de los
de un acuerdo bilateral. Pero esto nos sujetos afectados sobre la base de una
acerca a la clave de la respuesta sobre las información adecuada6.
condiciones éticas de la experimentación El bien sustantivo sobre el que pivota
con seres humanos. la relación médico-paciente-familiares es
Conviene diferenciar entre aquellos la salud del paciente, sin la cual la rela-
bienes personales que son separables de ción tripartita no se sustentaría. De aquí
su sujeto, como las prestaciones o la pro- se sigue que si una de las partes exhibe
piedad externa, de aquellos otros que for- una pretensión privada al margen de esa
man parte de la privacidad más irreem- relación axiológica, las otras partes no
plazable de cada persona. El interés pú- están obligadas a secundarla. Es lo que
blico sólo puede alcanzar directamente a ocurre cuando el paciente se desinteresa
los primeros, en la medida en que son de de su salud, o sus familiares se desen-
suyo transferibles, imponiendo límites a tienden de él, o el médico, en su trato
su posesión privada en nombre del bien con el paciente, se pone al servicio de la
comunitario prioritario. En cambio, la experimentación con la finalidad de cu-
donación de órganos vivientes o la expe- rar a otros pacientes. Por el contrario, el
rimentación con las propias células y te- facultativo sólo entra en el círculo de las
jidos para el progreso de la ciencia sólo obligaciones para con el paciente, y a la
puede brotar libremente del concurso de inversa, cuando éstas vienen mediadas
las personas que se prestan a ello. Es un por el bien irrenunciable para las distin-
caso en que no es la persona la que con- tas partes que es la reposición de la salud
trae deudas con la sociedad, como es lo de quien lo solicita. Los pacientes sólo
más frecuente, sino que aquí el endeuda- deben estar sometidos a los experimen-
miento transcurre según la vía inversa, tos que guarden relación con su enfer-
siendo la sociedad la que queda endeu- medad, y los médicos sólo deben ser so-
dada hacia las personas que generosa- licitados para devolver la salud a alguien
mente han contribuido al avance en la en el clímax de una relación interperso-
investigación. nal.
Por ello mismo y en buena lógica, no
son los sectores sociales más desfavore- 6 Jonas, H. Técnica, medicina y ética, Paidós,
Barcelona, 1997, p. 78 ss.; cfr. los comentarios al
cidos, ni aquéllos a los que, por su bajo respecto en Ferrer, U. «Bases ético-antropológicas
nivel de vida, habría que compensar en de la legislación alemana sobre el embrión», La hu-
términos económicos, los que están en manidad in vitro, J. Ballesteros (coord.), Comares,
Granada, 2002, 87-107.
mejores condiciones para ser receptivos

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Sin embargo, es menester añadir al- Puede formularse sintéticamente la


gunas observaciones. A la vista del desa- cuestión anterior como la indagación de
rrollo actual de la biotécnica se puede los límites ético-naturales, aplicables a
decir que el término ‘salud’ no cubre en aquellos campos del avance científico-téc-
el presente todos los fines y problemas nico en que la naturaleza deja de ser el
subsiguientes que hoy subyacen al arte patrón a secundar conscientemente asu-
médico. Asimismo, el empleo eventual mido. ¿Hasta dónde se puede llegar líci-
de medios extraordinarios hace aparecer, tamente allí donde no está en juego la
como un nuevo actor en el escenario de plasmación de unos fines naturalmente
las responsabilidades, a la sociedad en esbozados? Abordaré el interrogante con
su conjunto, a la que se podrían llegar a ocasión de algunos de los desafíos éticos
imponer cargas excesivas para el trata- particulares del momento actual a la cien-
miento de los pacientes, si se prescindie- cia médica.
ra de ella como sujeto de derechos; por
tanto, estas cargas han de ser sopesadas 3. Algunas claves ético-científicas en
como efectos indirectos antes de tomar Bioética
la decisión adecuada.
Por otro lado, Conferencias mundia- Me limitaré a plantear tres problemas
les como la de la Población y el Desarro- médicos cruciales con incidencia ética
llo de El Cairo en 1994 y la de la Mujer notoria en el momento presente; para ello
de Pekín en 1995 han hecho recomenda- adoptaré el punto de vista de los dere-
ciones a los pueblos en relación con la chos del paciente. Estos problemas son la
natalidad que involucran intervenciones mejora genética, la muerte digna y la ac-
médicas en ese sentido, y más reciente- titud ante el dolor.
mente el Parlamento Europeo ha pro- A) El punto de partida del plantea-
puesto en su Informe a los países de la miento reside en que los derechos del
Unión Europea la uniformización de las hombre son derechos de su persona, en
legislaciones sobre el aborto, en lo cual tanto que provista de una naturaleza, con
están implicados los profesionales de la unas posibilidades definidas. En este sen-
salud. El recurso a la objeción de con- tido, desde sus comienzos en Grecia la
ciencia –contemplado en buen número actuación ética era cuestión de límites,
de legislaciones– a que cada vez más fre- teniendo por máxima intransgredible el
cuentemente acude el médico es, entre mhden a]gan (nihil nimis), opuesto a la
otras cosas, un índice de que las deman- u}briß o arrogancia, que consiste en si-
das sociales y jurídicas no son meras re- tuarse más allá del límite natural. La per-
cetas técnicas, neutrales a una valoración sona humana, como sujeto singular en
moral; ya la propia urgencia con que se acto, sólo se realiza como humana den-
hacen las recomendaciones manifiesta la tro de los contornos potenciales de su
índole ética del problema que los investi- naturaleza específica, que, al asignarle
gadores y facultativos han de afrontar. unos límites o de-finirla, posibilita a la

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Ciencia, ética y bioética

vez su despliegue desde ellos. Y, de modo externos en términos medibles. Pero de


inverso, el propasamiento incierto de este modo se diluye el destinatario ético
todo límite o medida infringe el princi- singular de los presuntos beneficios; lo
pio natural específico del hombre. cual es especialmente manifiesto cuando
Este principio aparece como especial- ni siquiera se puede establecer inequívo-
mente relevante a propósito de las posi- camente la identidad del beneficiario.
bilidades de la eugenesia positiva, y par- Desde la perspectiva de la ética de la
ticularmente de la clonación, que, como comunicación la programación euge-
es sabido, han asomado en el horizonte nésica del genoma de otro ser humano
de la investigación genética. Lo que se –salvando los casos extremos de eugene-
conculca de este modo no es sólo el lími- sia negativa– impide que aquélla fluya a
te ético-natural infranqueable para las partir del reconocimiento recíproco entre
realizaciones humanas, al maniobrar con los agentes que la sustentan, ya que se
la naturaleza como si fuera un mero ma- trata de una decisión manipuladora de
terial celular indefinidamente maleable, las células que es unilateral y que no pue-
sino también la propia identidad perso- de ser incorporada a la biografía de la
nal del sujeto de esa naturaleza, a quien persona manipulada. Así lo ha destaca-
se amputa el coeficiente de novedad do J. Habermas en su última obra: «Las
irreemplazable y de resistencia consi- intervenciones eugenésicas perfecciona-
guiente a toda programación que contie- doras menoscaban la libertad ética en la
nen sus potencialidades. El llamado «de- medida que fijan a la persona afectada a
recho a la ignorancia» se convierte, así, intenciones de terceros que rechaza pero
en una de las expresiones más pregnan- que, al ser irreversibles, le impiden com-
tes del derecho a la intimidad, al que se prenderse espontáneamente como el au-
oponen tanto la clonación como posibili- tor indiviso de la propia vida… Sólo en
dad como el diseño en términos genera- el caso negativo de la evitación de males
les de lo que habría de ser previsible- muy generalmente considerados extre-
mente el futuro de un ser humano deter- mos, existen buenas razones para acep-
minado. tar que el afectado asentiría al objetivo
Los derechos de la persona han de de la eugenesia»7.
partir del reconocimiento de su identi- B) Un segundo problema ético, que
dad, que biológicamente se cifra en la entiendo que también se esclarece desde
adscripción de un patrimonio genético las condiciones de posibilidad de los de-
intransferible y de una filiación concreta. rechos humanos objetivos, es el de la
Todas las intervenciones en el genoma «muerte digna». Con relación a la euta-
guiadas por la lógica de la productivi- nasia se presenta una apariencia de res-
dad, cuando el hombre juega a aprendiz
de brujo, responden a un utilitarismo éti- 7 Habermas, J. El futuro de la naturaleza hu-
co, que busca legitimar la ciencia desde mana. ¿Hacia una eugenesia liberal?, Paidós, Barcelo-
fuera de su cultivo, por unos resultados na, 2002, 87.

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Urbano Ferrer Santos

peto a los derechos más básicos y posibi- y derivadamente a cualquier bien jurídi-
litantes, y en concreto una apariencia de co.
respeto al derecho a la autodetermina- Es cierto que la suspensión de un tra-
ción, que se vería lesionado –parece– si tamiento médico que ocasiona la muerte
se impidiera el acortamiento de la vida puede venir amparada por el legítimo
defendido por un enfermo terminal. No deseo de ahorrarse sufrimientos el enfer-
me estoy refiriendo a la inoculación de mo terminal o por dispensar a la socie-
una inyección letal, lo cual fácilmente se dad y a la familia del elevado coste eco-
revela opuesto a la razón primaria de ser nómico que ciertas terapias suponen. No
de la medicina, sino a la atención médica pocas veces las decisiones son difíciles
incondicional cuando el paciente cons- de calibrar, y en todo caso han de tomar-
ciente así lo reclame, aun cuando ello trai- se a la vista de las circunstancias singula-
ga consigo acelerar su muerte. ¿Es fide- res. Cabe también aducir que aquellas
digna esta apariencia de respeto a la vo- situaciones en que los enfermos están clí-
luntad del afectado por la decisión médi- nica e irreversiblemente muertos8 o aque-
ca que es contraria a la prolongación de llas otras en que los medios que se em-
su vida, arropada además con motivos plean son considerados extraordinarios
de conmiseración humana? ¿Acaso no eximen de la obligación moral de alargar
corresponde a fin de cuentas al paciente –innecesariamente– la vida, aun siendo
la decisión última, tomada autónoma- en términos generales su respeto y pro-
mente y plasmada en un consentimiento moción la primera obligación. Y tampo-
informado? co la abreviación del plazo vital que re-
Pese a las apariencias, no es correcta sulta como efecto indirecto de la inges-
la formulación anterior de un derecho a tión de analgésicos es equiparable a la
morir, que –según se dice– vendría im- acción que intencionalmente se define por
plícito en el ejercicio de la autodetermi- la supresión de la vida.
nación. La razón está en que el derecho a Pero, si se mira bien, en ninguno de
la autodeterminación sólo puede ejercer- estos casos se ejerce un pretendido de-
se válidamente desde el respeto al dere- recho a morir ni a dar muerte –que es
cho a seguir viviendo, por lo que es falaz inexistente–; lo que más bien ocurre es
convertir en un derecho aquel hecho que que la muerte se presenta siempre como
comporta la negación de todo posible un desenlace natural, para cuya evita-
derecho. No hay derecho viable sin un ción no se arbitran en esas situaciones
bien que lo funde y ante el cual se con- extremas procedimientos que están fue-
traigan responsabilidades; pero el hecho
del morir no resulta en sí mismo de una 8 Sobre los problemas técnicos que plantea
decisión humana, ni cabe un bien previ- la determinación de la muerte clínica, el artículo de
H. Thomas, «¿Son los muertos cerebrales seres vi-
sible para el hombre que justifique esa vos sin funciones cerebrales, o se trata de muertos
decisión, por la sencilla razón de que con- que mantienen funciones corporales?», Cuadernos
siste en poner fin a la existencia corpórea de Bioética, XIII (2002), 129-150.

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ra de lo normal, como son los acabados cial adecuada –una vez que los analgési-
de enumerar. La muerte es propiamente cos ya han agotado sus funciones– es la
un hecho biológico y existencial, no el de compartirlo. Compartir el dolor no
contenido de un presunto derecho. Al equivale a ser contagiado por él, pues en
hilo de este problema asoma el interro- tal caso se suprimiría la distancia entre
gante acerca de cuál es la actitud ética dolor propio y ajeno y dejaría de haber,
adecuada ante el sufrimiento del enfer- por consiguiente, una actitud interperso-
mo. nal. Más bien, para que el sano asuma el
C) Una respuesta demasiado simple, dolor del enfermo y deje de ser punzante
sin ser falsa, consiste en decir que el que- en éste, es preciso que no transmigre de
hacer médico se resuelve en eliminar el uno a otro sujeto, sino que quien lo pa-
dolor, al curar las enfermedades. La sim- dece encuentre la descarga en aquél que
plificación está en que no por hacer cesar se lo apropia sin por ello dejar de referir-
las incomodidades y dolores que trae con- lo a su sujeto genuino, ya que, al no ser
sigo la enfermedad se ataja de golpe el objeto, no cabe el dolor en una mera re-
sufrimiento, que es una de las cifras en presentación intelectiva.
que se revela la existencia humana, como Se apunta con lo anterior a la libera-
puso de manifiesto Jaspers. Se estaría una ción del dolor desde dentro del propio
vez más partiendo de una actitud pro- dolor, cuando media la otra existencia.
ductiva ante las deficiencias del hombre, La técnica médico-científica deja paso
si se pretendiera desarraigarlo mediante aquí a la comprensión de la existencia
los fármacos curativos. Pues el dolor no del otro, guiada por el desinterés de quien
es tanto una carencia, como pueda serlo no busca producir un efecto separado de
la sordera u otras limitaciones, cuanto ambas existencias. En realidad, toda cu-
una privación, manifiesta en el desgarro ración física pasa en mayor o menor gra-
íntimo del afectado por él. La incapaci- do por la intercomunicación entre médi-
dad para fijar la atención o el no saber de co y paciente y por el dolor físico y psí-
cierto qué nos ocurre son síntomas in- quico que aqueja al segundo; en ella el
equívocos de la falta de integración sub- primero ejercita su capacitación específi-
jetiva que comporta el dolor. ca con el acompañamiento a quien pade-
En estas condiciones ¿cómo hacerse ce, tal como se revela en el arte de la
cargo de él en orden a aliviarlo? Si no lectura del diagnóstico y en el seguimien-
puede ser objetivado y si tampoco se li- to posterior del proceso curativo. Pues
mita a unas dolencias sobrevenidas, por estamos ante un poder –el de aliviar– tal
ser inherente al existir en situación en que sólo se ejerce inseparablemente de la
tanto que doliente9, la única vía asisten- asistencia al necesitado, en el particular
y esclarecedor sentido que tiene el térmi-
9 Polo, L. «El sentido cristiano del dolor», no «asistencia» en el seno de la praxis
La persona humana y su crecimiento, EUNSA, 1996, médica.
207-264.

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