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Alimentación y nutrición en la

tercera edad
. Un(a) adulto(a) mayor es aquella persona que tiene 60 años o más de edad y
está envuelta en el proceso de envejecimiento Para denominar estas personas
se suelen utilizar diversos términos tales como anciano, persona mayor,
persona de edad avanzada, tercera edad y en los últimos tiempos el término
“adulto mayor” ha tenido una amplia acogida en los organismos e instituciones
de salud pública.
El envejecimiento es un proceso que ocurre gradualmente involucrando varias
décadas de la vida, incluso se cree que este proceso se inicia desde el mismo
momento de nacer, mientras unas células nacen y se multiplican, otras mueren.
Se podría decir que durante toda la vida el ser humano experimenta el
envejecimiento, sin embargo existen etapas diferentes entre sí. Durante los
primeros 20 años aproximadamente prevalece el crecimiento y desarrollo,
posteriormente entre los 20 y los 60 años se manifiesta el proceso reproductivo
y es a partir de los 60 años cuando comienza a acentuarse la vejez (muerte y
disminución de tejidos y células).

Los(as) adultos (as) mayores, debido al proceso de envejecimiento, presentan


ciertas características que originan cambios en sus requerimientos de energía y
nutrientes (carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas y minerales),
aumentando así los riesgos a sufrir deficiencias nutricionales. Por esto se les
califica como un grupo vulnerable biológicamente, al que se le debe prestar una
atención alimentaria y nutricional especial.

A continuación se presentan ciertas características de la tercera edad que


influyen en el estado nutricional los(as) adultos(as) mayores:

Fisiológicas:
• Con el pasar de los años, debido a múltiples deficiencias de sustancias
bioquímicas, se presenta progresivamente una marcada pérdida de masa
muscular, causada por la poca producción de proteínas en los músculos. Esta
alteración se manifiesta con la disminución de la fuerza muscular, la
incapacidad en los movimientos (caídas) y dificultad en la función respiratoria.
El ejercicio frecuente puede prevenir y contrarrestar estos efectos ya que
contribuye al mantenimiento del músculo y los huesos.

• Un aspecto importante es la menor percepción de la sensación de sed


asociada al proceso de envejecimiento. Esto determina un riesgo alto de
deshidratación especialmente en aquellas circunstancias en las que se
producen pérdidas excesivas de líquido: sudoración, vómitos, diarreas,
quemaduras, empleo de diuréticos, entre otros.

• El tubo gastrointestinal también experimenta modificaciones importantes. Si


empezamos por la boca tal vez la más significativa sea la falta de piezas
dentales y su principal consecuencia es la dificultad para masticar. La
disminución de todas las secreciones, especialmente la saliva dificulta la
deglución. Asimismo, con la edad se ve afectado el sentido del olfato y los
sabores se perciben de manera diferente. También disminuye la superficie del
tubo gastrointestinal encargada de la absorción de nutrientes y se producen
modificaciones en el medio ácido del estómago. A todo ello hay que añadir las
enfermedades digestivas, frecuentes en los ancianos.

Culturales, sociales y psicológicas

• Los hábitos alimentarios del anciano son el resultado de unos patrones


culturales establecidos durante muchos años y por lo tanto muy difíciles de
cambiar.
• Diversas situaciones como hospitalización prolongada, alejamiento de la
familia, enfermedad o muerte del cónyuge, incapacidad física, bajos ingresos
económicos, entre otras, pueden interferir con la alimentación, generando el
rechazo a algunos alimentos, así como la imposibilidad de adquirir, escoger,
preparar y/o consumir alimentos.
• En el adulto mayor es frecuente la aparición de estados depresivos que
suelen disminuir el apetito.
Incorporación de agentes externos:

• Los(as) ancianos(as) consumen con frecuencia varios fármacos, debido a la


elevada prevalencia de enfermedades crónicas que presentan. Los fármacos pueden
interferir en el estado nutricional por varios mecanismos que guardan relación con la
absorción, el metabolismo o la excreción de distintos nutrientes. De igual forma el
alcohol y el tabaco pueden afectar al estado nutricional de estos adultos mayores.

La relación entre nutrición y salud es incuestionable, la malnutrición es uno de los


problemas clínicos más frecuentes en este grupo, por esta razón hay que prestar
especial atención a la alimentación de estas personas para prevenir numerosas
enfermedades e incapacidades frecuentes.

El hecho de que a través de una alimentación adecuada se puede contribuir a mejorar


el nivel de vida del adulto(a) mayor entra en un área de creciente interés para los
agentes y actores involucrados en su atención. Últimamente ha aumentado el número
de estudios basados en este sector de la población, a fin de recopilar herramientas
que permitan mejorar la calidad de vida del mismo, mediante una atención óptima de
salud integral. Muchos países han reportado importantes avances en este campo, lo
que queda demostrado con el incremento en el promedio de esperanza de vida con su
respectivo y progresivo crecimiento poblacional, con una calidad de vida mucho mayor
que hace décadas. Esta situación ha sido atribuida a factores muy diversos, entre ellos
destacan los nuevos descubrimientos de la medicina, estilos de vida más saludables,
la higiene y el ejercicio físico y, también, sin lugar a dudas, unos hábitos alimentarios
saludables.