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Conférence générale

30e session
Document d’information
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Paris 1999 General Conference
30th Session
Information document

Conferencia General
30a reunión
Documento de información

30 C/INF.23
28 de octubre de 1999
Original: Español

Discurso pronunciado
por el
Excmo. Sr. Hugo Chávez Frías
Presidente de la República de Venezuela

ante la 30ª reunión


de la Conferencia General de la UNESCO

París, 26 de octubre de 1999


30 C/INF.23

Señor Presidente de la Conferencia General de la UNESCO,


Señor Presidente del Consejo Ejecutivo,
Señor Director General de la Organización,
Embajadores,
Ministros,
Representantes del mundo entero,
Marisabel,
Compatriotas venezolanos,
Amigos del mundo:

Quien está aquí este mediodía de París, honrado por ustedes al darme esta tribuna de
luchas y de búsquedas donde se habla y se lucha por la educación, por la cultura, por la ciencia
y especialmente por la paz; quien está aquí honrado este mediodía, una medianoche, una
medianoche terrible, hace ya casi una década, vistió su uniforme de combate, calzó su boina
roja y agarró un frío fusil y le dio un beso a la mujer, le dio la bendición a los hijos y salió a la
oscuridad tremenda, terrible, junto con otros muchos jóvenes venezolanos. Era un lunes, era el
3 de febrero de 1992, en Caracas, cuna del Libertador y me piden ustedes que hable de la paz.
Parecería una contradicción, pero yo estoy completamente seguro de que en esta audiencia, los
que aquí representan a las naciones del mundo que buscan la justicia saben que allí no hay una
contradicción como tampoco la hubo cuando Jesús tomó un látigo e irrumpió en un templo y
sacó a latigazos a unos mercaderes que habían hollado el templo sagrado de su Padre, nuestro
Padre.

Como tampoco hubo contradicción cuando Bolívar, cuya obra y visión han sido
recogidas de manera magistral por este eminente profesor venezolano y del mundo, Kaldone
Nweiheid, en su libro: “Bolívar y el Tercer Mundo”, aquel hombre, como muchos otros,
dirigió una guerra terrible de más de una década en Sudamérica para luchar contra el imperio
de entonces, que tenía más de 300 años dominando aquellas nuestras tierras. Llegando incluso
a decretar, en un año terrible de aquella guerra, de aquella revolución, el año 1813, la guerra a
muerte. Parecerían contradicciones, pero realmente no las hay.

Yo vengo de un país, ya lo decía nuestro buen amigo Federico Mayor Zaragoza, un país
lleno de riquezas, bendecido por la naturaleza, pero como estuve tratando de explicarle, entre
otros, al Emperador Akyito, cuando me preguntó, hace una semana, en Tokio: “¿Por qué hay
tanta pobreza en Venezuela?”, yo le dije: “Majestad, qué difícil es responder a esa pregunta,
porque no es como si hiciéramos una operación matemática y colocáramos algunas cifras en
un pizarrón, por ejemplo 200 + 500 + 600 = – 3.000. Es difícil explicar un resultado así con
una suma positiva. Petróleo, oro, hierro, bauxita, un mar inmenso, inmensos ríos, tierra fértil:
Resultado en Venezuela, ahora mismo: 80% de pobreza, 20% de desempleo, 50% de los niños
fuera de la escuela y de los jóvenes marginados por todas partes y es un país que tiene casi un
siglo explotando petróleo y exportándolo, además de las riquezas que ya mencioné.

Desde allá venimos y venimos de ese Tercer Mundo nuestro. Yo acabo de verlo en este
camino de aprendizaje por el que andamos transitando. Con este encuentro de hoy terminamos
una gira, mañana volaremos a Venezuela después de 20 días. Estuvimos recorriendo el Asia,
Shanghai, Pekín, Hong Kong, Seúl, Malasia, Kuala Lumpur y otras ciudades más de ese gran
continente asiático, de paso por Bombay, donde se quedó nuestro avión porque una rueda no
quiso salir y se quedó allá. Y hemos visto en Africa, en el Caribe, en toda la América Latina,
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desde México hasta Buenos Aires pasando por La Habana, San Salvador, Guatemala,
Quetzaltenango, Caracas, Maracaibo, Río de Janeiro, Lima, La Paz, hemos visto niños
abandonados por las calles, hemos visto millones de personas viviendo en casas de lata y de
cartón, sin salud, sin educación, sin los derechos humanos fundamentales y hemos visto,
pongo el ejemplo de mi país en primer lugar, que mientras existen millones de seres humanos
en esa situación terrible, hay también cúpulas enriquecidas al amparo del poder.

Hablando de democracia, mi país es un mal ejemplo de lo que no debe ser una


democracia. Hablando de democracia y de derechos humanos, se han enriquecido unas
cúpulas inmorales mientras un pueblo se parte en pedazos. Sabemos todos los que aquí
estamos, estoy completamente seguro, se respira en el ambiente, se ve en los rostros y en los
ojos de ustedes, y lo dice la Biblia en alguna de sus partes, y lo dice la sabiduría de la historia,
ese libro sagrado que es la historia, que mientras no haya justicia no habrá paz en el mundo.

Comenzando nuestro gobierno en Venezuela hace poco menos de nueve meses, nos
topamos con uno de los problemas que hay en nuestros mundos: los pobres invadiendo
territorios en manos del Estado o en manos privadas, invadiendo terrenos y, generalmente, lo
que se estila en esos casos es el empleo de la fuerza pública contra los invasores.

Los sectores poderosos, cada vez que ocurre eso, claman por las fuerzas armadas y la
policía para defender su derecho a la propiedad y para echar a palos, o como sea, o a bala a los
invasores, a los irracionales, a miles de mujeres que andan con sus hijos a cuestas buscando
dónde dormir y buscando qué comer. Recuerdo haber hecho un llamado al pueblo venezolano
para mirar eso, no sólo con la vista, sino con el corazón. Porque de allí es que surgen los
grandes conflictos violentos, de esa violencia estructural incrustada en modelos políticos
desde hace siglos. Esa violencia estructural muchas veces no suena como suena una
ametralladora, es silenciosa, pero matan muchas veces más que una ametralladora el hambre,
las enfermedades, la desigualdad. De allí nacen, de esos modelos políticos, de esos modelos
económicos, entre ellos el que está de moda en el mundo ahora, el neoliberalismo salvaje,
bien lo llama así el Papa, Su Santidad Juan Pablo II. Y hay que llamarlo salvaje porque eso es,
es Charles Darwin aplicándonos a algunos su teoría: sálvese quien pueda, sálvese el más
fuerte. Pero el más fuerte siempre sobrevive sobre las cenizas de los más débiles. Es allí
entonces, en esa violencia estructural, muchas veces legalizada y amparada en la fuerza y en la
arbitrariedad, donde hay que mirar, mucho más allá del fusil que un hombre pueda agarrar una
medianoche desesperado buscando camino, buscando salida a un drama terrible de un pueblo.

Al terminar este siglo de guerras mundiales, de bombas atómicas, de imperios bipolares,


de exclusión, me parece extraordinariamente importante que la UNESCO haya declarado y
esté ya trabajando con un plan de acción para el año 2000, ese año mítico, proclamado año de
la cultura de la paz.

Simón Bolívar, nuestro máximo guía, ese líder venezolano y latinoamericano y del
mundo, uno de los hombres del milenio, sin duda, decía en 1819: “yo soy apenas una débil
paja arrastrado por el huracán revolucionario”. Así somos los hombres individuales,
chiquititos antes los procesos, como decía Montesquieu, “una gota en la ola”. En Venezuela,
afortunadamente, se desató una ola; en Venezuela se está haciendo evidente en estos últimos
años aquella expresión cartesiana, creo que era de Albert Camus en “El hombre rebelde”: “yo
me rebelo, luego nosotros somos”. En Venezuela se presentó el “nosotros somos” y hay un
pueblo ya que se puso de pie, millones de hombres y mujeres se pusieron de pie en Venezuela
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con la bandera bolivariana en alto y han venido como una ola construyendo un camino,
abriéndolo, sembrándolo. En nombre de ese pueblo, de Bolívar, que tiene barro de
libertadores, que tiene sangre de luchadores, semilla, semilla de búsqueda, hay que saber
atreverse, saltar al vacío. Incluso, dice el oráculo de los guerreros, yo lo aprendí hace muchos
años, si se te presenta el vacío, rétalo, encomiéndate al Altísimo, a la Sabiduría y reta al vacío.

Pues sí, el pueblo venezolano aprendió a atreverse y se está atreviendo a retarse a sí


mismo. Yo vengo a dar un saludo a todos en nombre del pueblo venezolano. Soy apenas un
portador de millones de voces y de corazones que palpitan y que se están atreviendo y creo
que ese atreverse en Venezuela está contribuyendo de alguna pequeña manera a la búsqueda
común de esa paz que anhelamos todos. Pero la paz verdadera, no la paz de los cementerios,
ni la paz de la mordaza, ni la paz de los esclavos encadenados, ni la paz de los miserables de
Victor Hugo. La paz verdadera, la vida, la educación, la cultura, la felicidad de todos. Decía
Bolívar también: “que haya felicidad entre nosotros”.

Creo que estamos bastante lejos de ello, pero, como dijo aquel rey a las puertas de París:
“París bien vale una misa”. El ser humano bien vale mil misas y mil luchas y mil caminos. Así
que, cuando está terminando un milenio y un siglo, creo que es obligatorio para nosotros en
todo el mundo emprender de nuevo, pero con mayor vigor, reconociendo nuestros errores
como hacemos los católicos y los cristianos cuando rezamos el Mea Culpa. Tenemos, quizás
que hablar más fuerte y tenemos atrevernos más sin miedo. Que nos presione quien quiera, no
hay miedo posible cuando se trata de la vida de millones, no puede haber miedo cuando detrás
de nosotros están nuestros hijos, nuestros nietos y los que no han nacido amenazados por la
muerte y por la violencia estructural y por la injusticia. “Tenemos que echar el miedo a la
espalda”, otra vez cito a Bolívar, cuando dijo un día “echemos el miedo a la espalda, vacilar
es perdernos”. Y cuando hablo de Bolívar hablo de millones de hombres y de mujeres que a lo
largo de los siglos han echado el miedo a la espalda en su propio momento. Hace poco
perdimos a uno, perdimos a un gran líder del Tercer Mundo, no me dio tiempo estrecharle la
mano algún día, me refiero a Julius Nierere. Por Nierere y por Bolívar y por los que han
luchado, por la justicia, vamos a retomarnos a nosotros mismos. Pero es que tenemos que unir
nuestras voces para que retumben y se oigan en todas partes, porque hay muchos sordos en el
mundo. Aunque son capaces de oír biológicamente, son sordos y hay mucho ciego en el
mundo que es capaz de ver pero es ciego, y hay muchos que tienen corazón que les palpita
pero son insensibles, tienen piel pero dura como la roca. Vamos a penetrar la roca.

Creo que se impone ahora más que nunca la unión de todos, y en eso andamos,
aprendiendo y buscando caminos de unidad. ¡A cuántas cumbres he ido yo en menos de un
año! Una cumbre del Grupo de los 15, en Jamaica, comenzando este año; luego en República
Dominicana una cumbre de los Estados del Caribe y en Tobago la Cumbre de CARICOM; y
en Cartagena de Indias la Cumbre del Grupo Andino y en México la Cumbre del Grupo de
Río; en Río de Janeiro la Cumbre de América Latina y el Caribe con Europa, y estoy ya
preparándome para la Cumbre de La Habana, de Iberoamérica, en dos semanas. Cumbres y
cumbres y más cumbres. Dije en Santo Domingo una frase: a veces, nosotros, los Jefes de
Estado y Presidentes andamos de cumbre en cumbre, pero no podemos olvidar que nuestros
pueblos andan de abismo en abismo.

Venezuela está dispuesta a aportar lo que pueda en esa búsqueda de la paz, de la cultura
de la paz. El primero de sus recursos, es el ser humano, como bien decía el Presidente del
Consejo Ejecutivo. Estamos impulsando un proceso interno en Venezuela, pero que tiene, por
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supuesto, impacto hacia afuera, inevitable en este mundo de hoy. En Venezuela estamos
impulsando una revolución pacífica, pues no hay armas de por medio, y democrática ya de
que está saliendo desde abajo, como decía, también, el Presidente del Consejo Ejecutivo. Está
saliendo desde las bases del pueblo, no desde las elites, en un proceso de reconstitución de la
República y del Estado, un proceso constituyente. En menos de ocho meses Venezuela rompió
una barrera terrible, el pueblo venezolano se fue por la vía de un referéndum, bordeando un
flanco del esquema constitucional, y eligió una magna asamblea constituyente,
supraconstitucional, de poderes extraordinarios, contra la opinión de las cúpulas que habían
estado retardando cambios desde hace más de dos décadas. Y en menos de tres meses
instalada la Asamblea, ya tenemos una nueva Constitución en Venezuela que será sometida a
referéndum dentro de pocas semanas.

Me recordaba mi esposa, Marisabel, quien es miembro de la Asamblea, fue elegida y es


la Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos y Derechos Sociales de la Asamblea, que
se han aprobado artículos de avanzada para garantizar los derechos humanos fundamentales,
los derechos de los niños, los derechos de las minorías, los derechos de la mujer, los derechos
de los indígenas. Yo quiero decirles que en Venezuela, por primer vez en nuestra historia, los
indígenas salieron de las montañas y vinieron a las ciudades a hacer asambleas y ellos
mismos, sin ley electoral de por medio (¿ qué ley electoral les vamos a imponer nosotros a los
indígenas guarao o los yaruros a los cuibas?, con sus propios criterios y su propia
idiosincrasia, eligieron tres representantes a la Asamblea constituyente. Y están allí,
representándolos directamente, no por intermediarios. Así que está naciendo una República
nueva, está naciendo un sistema político nuevo, un Estado nuevo y lo hemos llamado Estado
de justicia más que Estado de derecho porque el derecho muchas veces es frío, dogmático.
Más allá del derecho está su objetivo, que es la justicia.

En Venezuela también estamos retándonos a nosotros mismos en lo económico y


estamos construyendo un nuevo modelo económico y creo que hay que luchar mucho en el
mundo para salirnos de la corriente neoliberal que nos lleva directo al infierno. La
globalización, sí, muy bien, la modernidad, la ciencia, la tecnología, la competitividad,
perfecto, bienvenidos todos estos términos, pero eso no tiene por qué llevarnos al infierno.
Tenemos que inventar, así decía otro sabio venezolano, Don Simón Rodríguez, el Sócrates de
Caracas lo llamó Bolívar, uno de sus alumnos favoritos. El decía que no podemos seguir
copiando modelos en la América Meridional, o inventamos o erramos. Estamos obligados a
inventar nuestros propios modelos, un modelo económico, aprendiendo a atrevernos,
atreviéndonos al reto. A veces con un poquito de audacia, creo que hace falta siempre, pues
estamos diseñando y construyendo sobre la marcha humanista un modelo económico
autogestionario, endógeno, competitivo o humanista, porque le concede su lugar al ser
humano y tiene que ser así. Los modelos económicos tienen que funcionar para el ser humano,
no para la macroeconomía. La integración entre nosotros tiene que ser profundamente
humana, no podemos dejársela a los técnicos o sólo a los econometristas, tiene que ser plena.

En Venezuela estamos también luchando a brazo partido para devolverle al pueblo sus
derechos fundamentales: la educación, la cultura, la ciencia, la tecnología, el derecho a la
vida, a la participación, los derechos políticos. Estamos, por supuesto, enfrentándonos, a una
montaña de problemas. Para darles un pequeño ejemplo nada más y no extenderme más, con
nosotros hay un grupo de Ministros del Gobierno venezolano, entre ellos el Ministro de
Educación, el Dr. Navarro. Estamos impulsando una revolución educativa y uno de los
objetivos que hemos logrado en el corto plazo es el incremento del número de niños que están
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yendo a las escuelas. En apenas unos meses hemos incrementado el número en 25%.
Seiscientos mil niños que estaban fuera de la escuela hace seis meses, ahora están en ella.
Pero para ello hemos que tenido que ponernos muy firmes para frenar esa corriente neoliberal
de la privatización de todo. Si por los neoliberales fuera, hasta el aire que respiramos habría
que privatizarlo.

¡La educación no puede ser privatizada, por Dios! ¡La salud no puede ser privatizada!
Eso será en el infierno, pero aquí, no. El diablo seguro cobra, debe cobrar, una llamarada de
candela, a lo mejor, para que alguien estudie en el infierno o para que alguien sea atendido en
los infiernos. Pero aquí, en la Tierra, no, eso no puede ser. En Venezuela, desde hace años se
estuvo privatizando la educación y hasta en las escuelas públicas se estaba cobrando
matrícula. Y además el niño tenía que venir, bien uniformado y esos zapatos buenos, si no, no
entraba Y además tenía que venir bien alimentado porque allí no había comida para él. Mire,
señora, le decían a la madre, aquí está la lista de los libros. Si no trae todos los libros y
forrados, bien bonito, el niño no entra. Nosotros, incluso bajo advertencia de destitución a los
funcionarios educativos en todo el país, dimos una instrucción a todo el país de que la gente se
negara a pagar las escuelas. Es una instrucción que yo le di al pueblo: nadie debe pagar en la
escuela. Naturalmente, esto planteó problemas Unos profesores, terminaron escondidos en el
techo de la escuela porque los padres andaban buscándolos para reclamarle que le devolvieran
su dinero. Una directora de escuela se desmayó cuando llegó una comisión presidencial a
preguntarle por qué estaba cobrando. Ella había dicho que el Presidente mandaba en el Palacio
pero que ella mandaba en su escuela. Yo envié una comisión a que fuera a hablar con ella y la
señora se desmayó cuando llegó la comisión.

El resultado de esta iniciativa es que 600.000 niños están ahora en la escuela, en una
escuela bolivariana, integral, con desayuno, almuerzo y cena, turno completo, atención
médica, actividades de cultura y de deportes, por la tarde que es parte de la salud así como la
cultura es parte de la educación. Hemos reestructurado el Ministerio de Educación, pues la
cultura estaba, aparte, marginada. Por cierto, que tenemos con nosotros a José Antonio Abreu,
ese eminente hombre de la cultura de Venezuela y del mundo, a quien saludo, y a Carmen
Ramia, también, una gran luchadora venezolana de la cultura, y a Jesús Soto y Carlos Cruz
Diez, dos eminentes hombres de la cultura venezolana, representantes del espíritu de
creatividad.

Así pues, las fuerzas armadas están proponiendo todo un proyecto social. Yo soy
militar; quise ser pintor cuando era muy niño, después quise ser beisbolista de grandes ligas.
Por cierto, permítanme ustedes romper el protocolo, pero es que mi buen amigo el Presidente
de Cuba está preparando un equipo de beisbol y ha dicho que nos va a dar un “knock out” en
La Habana. Aprovechando la Cumbre de La Habana, Venezuela y Cuba jugarán un partido y
Fidel Castro me ha mandado decir que la caballerosidad cubana termina en la puerta del
estadio. Esa es una amenaza. Bueno, nos veremos en Cuba, dentro de pocos días.

Los derechos sociales, el deporte, la cultura, todo esto forma parte de los derechos
esenciales del ser humano. Les he dicho que quise ser pintor, quise ser poeta, quise ser
escritor, quise ser pelotero de grandes ligas, terminé siendo soldado y después soldado
rebelde. Ahora, como soy soldado y conozco bien ese medio militar de Venezuela, mis
hermanos de las fuerzas armadas de Venezuela están adelantando un programa social como
nunca antes había ocurrido en mi país. Más de cien mil hombres, con las armas guardadas en
los cuarteles, han salido con los hospitales quirúrgicos, esos hospitales que se hacen para la
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guerra, y no habrá guerra en Venezuela con ningún país vecino, ni con nadie. Guerra de
plomo, como se dice, no; porque hay otras guerras: el hambre, esa sí es la guerra verdadera, la
miseria y las enfermedades, esas son las guerras de la paz, hay que ganar esas guerras de todos
los días. Un proyecto al que le hemos puesto el nombre de Bolívar, Bolívar 2000, los
militares, junto a miles de voluntarios y las autoridades, se están impulsando acciones de
rescate a los marginales, a los que no tienen ni para comer ni hoy al mediodía ni en la noche.
No podemos esperar recuperar la macroeconomía con políticas de choque para que entonces
los liberales nos digan que hay que recuperar primero la macroeconomía y que lurgo, poco a
poco viene el goteo, van cayendo gotitas y entonces la gente se va alimentando por gotas. No;
lo único que los neoliberales no calculan es que cuando las gotas caigan, lo harán sobre el
cementerio más grande de la historia.

¿Cuál es el papel de las fuerzas armadas en este proceso de búsqueda de la paz? Me


parece que éste es un buen tema de discusión en el mundo entero. Los militares para las
guerras, para pelear unos contra otros, no. Vamos a aprovechar esas estructuras, esos cuerpos
disciplinados, tecnificados, para luchar contra las guerras como el hambre. En mi país estamos
empezando una experiencia y como dijo Mao Tse Tung hace años, el pueblo es al ejército
como el agua al pez. En Venezuela los militares andan como peces en el agua, estrechándose
las manos con el pueblo, trabajando o construyendo escuelas, reparando carreteras, haciendo
intervenciones quirúrgicas en los barrios más pobres, trasladando en aviones militares
pasajeros y enfermos cobrándoles sólo el precio mínimo del combustible. Los marinos de
guerra ya no son de guerra, son marinos de paz y andan junto a los pescadores haciendo
cooperativas y ayudando a arreglar sus barcas para ir a la mar a buscar la pesca y para navegar
los ríos, construyendo escuelas, atendiendo a los niños. Me decía mi esposa, quien llegó ayer
de Caracas, que ya está lista una ciudad vacacional para los niños que estaba abandonada. En
efecto, los militares, junto al Gobierno y los vecinos de un sitio venezolano en la costa del
Caribe, han reconstruido esa ciudad para recibir unos 1.500 niños. Qué enfermedad más
terrible la de los niños abandonados, los niños de la calle. Nosotros hemos dicho que los niños
no pueden ser de la calle, deben ser de la patria, de la escuela, del juego, del deporte, de la
vida, de la felicidad, y ese es un gran compromiso con esos niños abandonados que hay por
todas partes.

En resumen, se trata de un proyecto social para colocar al ser humano en primer lugar,
como tiene que ser. Venezuela con esto, busca no sólo contribuir consigo misma, sino como
siempre lo ha hecho la patria de Bolívar, contribuir con los hermanos de América Latina, del
Caribe, del Asia, del Africa, de todas partes, especialmente del mundo del Sur, del Tercer
Mundo, a buscar un camino mucho mejor para nuestros pueblos. En ese camino se nos va la
vida y bien vale invertir la vida en ese camino, como tantos la han invertido.

Señor Presidente de la Conferencia General de la UNESCO, Señor Presidente del


Consejo Ejecutivo, Señor Director General: Yo les agradezco infinitamente que me hayan
oído, que hayan tenido la paciencia y además la gentileza de invitarme, junto con mi esposa,
Marisabel, junto con miembros de mi Gobierno y representantes de la sociedad venezolana,
para conversar aquí un rato, para exponer algunas reflexiones, pero sobre todo para decir que
Venezuela ha retomado el rumbo hacia la reivindicación del ser humano, es decir, hacia la
búsqueda tan anhelada de la paz verdadera, de la paz social, de la paz económica, de la paz
política, de la democracia auténtica, de la igualdad, de la libertad, de la fraternidad, ese viejo
eslogan que nació aquí en esta misma ciudad hace ya 200 años pero que sigue clamando y que
sigue iluminando la búsqueda de los caminos. Como decía, y con esto termino, lleno de
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emoción, de afecto y de compromiso con todos ustedes y de agradecimiento, un poeta


dominicano, anciano ya, pero de pie siempre, allá en Santo Domingo, esa querida ciudad en el
corazón del Caribe. Pedro Mires escribió muchos poemas, y uno de ellos, lo aprendí cuando
era muy joven y fui a jugar béisbol a la República Dominicana Conseguí un libro viejo de
poemas y copié unos poemas. Uno de ello se llama Mi Patria; es muy largo pero yo me
aprendí una frase que he repetido años y años y que sigo repitiendo. Yo me permito decirle al
mundo y pedirle permiso a Don Pedro para extrapolar: si alguien quiere saber cuál es nuestra
patria, la de la humanidad, no pregunte, pues no existe, vamos a luchar por ella. Muchas
gracias.