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Actualización criterios diagnósticos.

Recientemente se han actualizado los criterios diagnósticos y categorías de los T.G.D. que
han quedado englobados dentro de los T.E.A. (Trastornos del Espectro Autista, DSM-V).
Recomendamos la visita a nuestra página acerca de los TEA para actualizar datos, si bien
en esta página se ofrece información acerca de algunas estrategias de intervención.

1- Introducción

En los T.G.D. ahora llamados T.E.A. (DMS-V), no hay una única terapia que funcione bien
para todos los niños. La mayoría de profesionales y familias utilizan un conjunto de
métodos que incluyen la modificación de conducta, educación estructurada, diferentes tipos
de terapia, medicación, etc... En conjunto todas estas técnicas van encaminadas a minimizar
el impacto de los comportamientos negativos que interfieren en el aprendizaje del niño, al
tiempo que procuran estimular las conductas más normalizadas.

En general podemos afirmar que, el tratamiento o la intervención en los T.G.D. debe


hacerse en función de los síntomas y características de cada persona y no en función del
diagnóstico en sí mismo. Hemos explicado en la evaluación de los T.G.D la diversidad de
manifestaciones y la singularidad de cada caso, planteando la necesidad del enfoque de
caso único.

En este tipo de trastornos creemos imprescindible la implicación activa del terapeuta en el


proceso evaluativo, de intervención y seguimiento. Para ello, hay que desplegar todas las
capacidades necesarias para poder entrar en un mundo que es aún muy desconocido. Si
logramos entender el peculiar funcionamiento del niño lograremos intervenir con mayor
éxito. Muchos de estos niños, a falta del canal comunicativo eficaz, suelen expresar sus
demandas de forma desadaptada (lloros, rabietas, desobediencia, conductas agresivas,
etc...). Es, sencillamente, como han aprendido a funcionar a falta de otros recursos. Piense
en la conducta como un mensaje que tiene que ser descodificado. La frustración que genera
el no poder comunicar necesidades o estados de ánimo (miedo, ansiedad, confusión...) está
muy presente en muchos de estos niños que, desde fuera, se ven simplemente como niños
"maleducados", "enfermos" o "problemáticos".
A medida que aprendemos a anticipar ciertos estados o situaciones del niño, las conductas
pueden mejorar. No negaremos que, con frecuencia, estas conductas pueden ser el resultado
de una mezcla entre una demanda que hay que interpretar pero también el fruto de unos
malos hábitos aprendidos. Algunos padres suelen desarrollar conductas demasiado
permisivas y tolerantes asumiendo el rol de "niño enfermo" consintiéndole demasiadas
cosas o no distinguiendo bien lo que es consecuencia directa de su enfermedad o de su
capricho.

Una vez establecidos estas pautas de conductas desadaptadas (agresividad, desobediencia,


conductas imprevisibles, etc.), será más difícil erradicarlas a medida que el niño o niña se
hace mayor.

Con demasiada frecuencia, la familia sufre excesivamente y como parte de esta situación
desagradable se crean y mantienen nuevos sistemas de relación familiar. La familia busca
su propio equilibrio y en esta necesidad surgen autolimitaciones en su vida cotidiana.
Algunas familias, ante las conductas disruptivas, agresivas o desadaptadas pueden
renunciar a ciertas salidas o visitas a lugares o personas conocidas con tal de evitarse males
mayores. Las relaciones con los hijos pueden derivar a una relación coercitiva en la que el
niño ejerce de verdadero tirano contra sus padres si no se han sabido poner los límites a
tiempo. La presencia de una diagnosis clínica, de un trastorno psicológico, por muy severo
que sea, no debe ponernos trabas a la hora de intervenir a nivel psicológico, si con ello
logramos minimizar o normalizar tales conductas.

El mensaje positivo que cabe lanzar es que cada niño dentro de los T.G.D. tiene su propio y
peculiar potencial de aprendizaje. Es el deber de los diferentes profesionales el encontrarlo
para llevarlo al máximo de su nivel de funcionamiento en todos los ámbitos.

2- Objetivos de la intervención
En la evaluación de los T.G.D. se han delimitado las áreas de interés en las que debemos
recoger datos para trazar el correspondiente plan de intervención psico-educativo. Ahora
hay que delimitar cómo vamos a intervenir:
3- Sistemas alternativos de comunicación
Sin duda, la comunicación es uno de los objetivos más importantes a trabajar con los niños
con T.G.D. Éstos procesan mucho mejor la información visual, espacial y concreta,
teniendo más dificultades para manejar la información no visible, temporal y abstracta,
estas tres últimas características son las propias del lenguaje convencional, área en la que
tienen su principal escollo. En base a estas necesidades se han creado los S.A.C. (Sistemas
Alternativos o aumentativos de Comunicación). Los S.A.C. pueden definirse como
instrumentos de intervención logopédica o educativa destinados a personas con alteraciones
diversas de la comunicación y/o el lenguaje y cuyo objetivo sería la enseñanza mediante
procedimientos específicos alternativos y ajustados a las necesidades y posibilidades de
cada niño.

Se insiste en que es el sistema el que debe adaptarse a cada niño y no al revés. Es probable
que se necesite probar o experimentar diferentes procedimientos antes de encontrar el que
nos funcione con un niño particular.

Hay dos tipos de S.A.C:


1- Los Sistemas de Signos.
2- Los Sistemas Representativos (PECS y el SPC)

Los sistemas de signos, suelen ser adquiridos con cierta facilidad por muchos de los niños.
La expresión oral con la que acompañaremos la producción de signos al comunicarnos con
el niño, pueden proporcionarle una información adicional que, en muchos casos, asimila y
memoriza, identificando perfectamente las demandas verbales aún no siendo capaz de
producirlas.

Actualmente, gracias a los avances tecnológicos, disponemos de muchas herramientas para


utilizar estos sistemas alternativos.
Para ver con detalle las diferentes posibilidades que nos ofrecen los sistemas alternativos y
bajarse material recomendamos el Portal de ARASAAC (Portal Aragonés de la
Comunicación Aumentativa y Alternativa).

Los sistemas de signos se van incorporando progresivamente mediante técnicas de


modelado y aproximaciones sucesivas. Cada niño tendrá su propio ritmo para aprender.

En los casos de mayor afectación es posible que el que el lenguaje de signos tampoco acabe
de funcionar. Es entonces cuando los sistemas meramente visuales se convierten en los
elementos de elección.

•Los símbolos utilizados son obra de Sergio Palao para CATEDU (http://catedu.es/arasaac/)
que los publica bajo licencia Creative Commons

Los diferentes pictogramas pueden agruparse en conjuntos de elementos de una misma


categoría, por ejemplo, comida, aseo, elementos de vestir, etc. Hay pictogramas
denominados combinados que ofrecen junto al dibujo el nombre escrito del objeto o acción.
Estos pictogramas, con el entrenamiento adecuado, pueden utilizarse en dos sentidos muy
concretos:
1- Que el niño pueda efectuarnos una demanda señalando el objeto adecuado (por ejemplo
ir al baño o pedir agua).
2- Anticiparle al niño una situación concreta (por ejemplo que es hora de comer, que tiene
que ir a la escuela, etc.).

Muchos niños tienen la capacidad para asociar un pictograma con un objeto o acción
determinado, sin embargo, puede que se produzca una cierta indiferencia hacia el sistema,
en especial, en aquellos niños que son relativamente autónomos y que en espacios
conocidos son capaces de satisfacer sus necesidades primarias (comida, etc.) por sí solos.
En las situaciones desconocidas o espacios nuevos es dónde realmente se puede poner a
prueba si el niño ha interiorizado el significado de los pictogramas.

Finalmente señalar que hay casos en los que el sistema pictográfico con dibujos, cuando es
demasiado abstracto, puede no funcionar para algunos niños. Es el momento para probar
con imágenes reales. Puede empezarse con imágenes de objetos muy conocidos para el niño
(alimentos preferidos, objetos de su vida diaria referidos al aseo, cocina, clase, casa, etc.)
para pasar luego a las imágenes de lugares o situaciones concretas y habituales.

Los fines a conseguir serán los mismo que hemos descrito con los pictogramas, es decir,
dotarle de una vía comunicativa para que él pueda efectuar demandas pero también que le
podamos anticipar una situación o requerirle algo.

El Sistema PECS
Este sistema funciona muy bien y parece que los niños aprenden con cierta rapidez. El
sistema consiste en consolidar un intercambio. Éste se ejecuta a partir de coger un símbolo
(objeto real, foto, etc.) de un panel y entregarlo al adulto en señal de demanda. Así si un
niño aprende a que tras la presentación del objeto se deriva una consecuencia. Estos objetos
están adheridos al panel con velcro para facilitar su manejo. Forma parte fundamental del
proceso averiguar el nivel de discriminación del niño. Es decir, averiguar si entiende los
símbolos o debemos funcionar con imágenes u objetos reales. Potenciando este tipo de
asociación e incrementando progresivamente el número de objetos podemos ir
construyendo un vínculo comunicativo más eficaz.

Para establecer estos sistemas hace falta constancia y la complicidad de los padres que
garanticen su práctica también en casa, sólo así los resultados serán óptimos. Nuestro
objetivo es dotar al niño de herramientas que pueda utilizar para comunicarse en cualquier
situación.

Adjuntamos trabajo editado por la Asociación APNABA para profundizar en el


conocimiento del sistema:

PECS - SISTEMA DE COMUNICACIÓN POR INTERCAMBIO DE IMÁGENES [48


KB]
Recomendamos también la visita a la web: Comunicación aumentativa. En ella se ofrece
una gran diversidad de imagenes y pictogramas de diferentes tipos para trabajar.

4- El Método ABA

ABA son las siglas de "Applied Behavioral Analysis" (Análisis Conductual Aplicado). Este
método fue introducido por el psiquiatra Ivar Lovaas en la Universidad de UCLA. Se trata
de un tipo de análisis de comportamiento aplicado, y por tanto, utiliza los métodos de la
modificación de conducta adaptada para su uso en los T.G.D y Autismo, principalmente en
niños de edad pre-escolar. La intervención se dirige a la mejora de las habilidades
comunicativas pero también hacia aquellas conductas que deben corregirse o minimizarse.
El moldeamiento paso a paso, el refuerzo, la retirada de atención, etc. constituyen los
elementos claves. En su forma original, la terapia es intensiva comprendiendo de 30 a 40
horas semanales.

El método divide las diferentes tareas, aún complejas como el lenguaje comunicativo, en
una serie de pasos jerárquicos; cada uno de los cuales prepara el camino para el próximo.
De forma coordinada y conjunta, terapeutas y padres trabajan para crear un medio ambiente
estructurado, con actividades planificadas y una forma coherente de aprendizaje. El niño es
reforzado (premiado) por la superación de cada pequeño paso. Gradualmente los niños van
interiorizando lo aprendido siendo capaces de integrar toda la información aprendida.

Lovaas (2000) afirma que el ABA emplea métodos que se basan en principios científicos
del comportamiento: los niños autistas no aprenden de forma natural en los ambientes
típicos, como lo hacen los demás niños. Se hace entonces necesario la construcción de un
entorno a medida del niño para que seamos capaces de enseñarle comportamientos
socialmente útiles al tiempo que reducimos los problemáticos.

Algunos estudios afirman que se han producido mejoras muy notables en más del 50% de
los casos tratados con el método, si bien, como ocurre casi siempre, necesitamos más
estudios y un mayor control sobre las diferentes variables para establecer su eficacia.
Muchos padres con niños diagnosticados de T.G.D. o Autismo, sufren un verdadero
peregrinaje en busca de la solución mágica para su hijo. Desde dietas milagrosas, las
megavitaminas y un sinfín de remedios de dudosa eficacia, nos hacen perder de vista la
realidad del día a día y la necesidad de intervenir directamente -aunque sea sobre los
síntomas- para mejorar su funcionamiento.

La modificación de conducta no va a "curar" al niño pero sí que podemos aumentar su


autonomía y de paso aliviar el sufrimiento de la familia que lo padece. En este sentido el
método ABA abre una puerta importante.

Adjuntamos libro de Ivar Loaavas "The Me Book" [2.414 KB] en formato pdf para quien
quiera conocer con más detalle las propuestas del autor al respecto.

A continuación se expone una de las variables más importantes en el abordaje psicológico


del problema como son las habilidades del terapeuta que con estos niños recobran mayor
importancia.

5- Habilidades del terapeuta: "Romper la barrera"

Se han comentado ya las dificultades en el establecimiento de canales comunicativos


(verbales o no) con muchos niños con T.G.D. en especial los autistas. El terapeuta deberá,
antes de cualquier intervención, establecer un vínculo de proximidad con el niño. No es
fácil ser aceptado a la primera, pero cuando el vínculo se establece, éste puede ser muy
provechoso. En ocasiones, éstos vínculos se consolidan y los niños pueden mostrar cierto
"apego" a sus cuidadores. No es excepcional que te abracen o te regalen una sonrisa tras
una actividad que les ha resultado agradable.

En los primeros contactos, la persona extraña en el entorno del niño puede causarle cierto
desasosiego. El terapeuta debe limitarse a observar en el entorno natural del niño, qué hace
y cómo, qué le gusta, qué habilidades tiene....En la primera aproximación puede utilizarse
algún elemento de interés para el niño (una actividad que le guste, la música, un juego
determinado). Hay que ser paciente. No forzar la situación. Ir poco a poco. El niño debe
familiarizarse primero con nuestra presencia, luego intentaremos dar un paso más y
consolidar algún canal de interacción. En el establecimiento de éste canal habrá pasos
adelante y atrás, esto forma parte del proceso. No podemos llegar, sentarnos al lado de él y
pedirle que trabaje cuando nosotros queramos. Siempre son ellos los que tienen la llave
para abrirnos su puerta y darnos permiso para interactuar con ellos. Son selectivos con las
personas.
Evidentemente, las primera actividades serán restringidas, peculiares y estereotipadas, pero
pueden servirnos para romper, en un primer momento, la barrera. Hay niños que disfrutan
de juegos motrices con una pelota u objeto determinado. Mejor que establezcamos una
rutina previsible. Posteriormente y ya establecido un vinculo mínimo se deberá proceder al
planteamiento de la intervención.

6- Resumen puntos clave en la intervención


 Insistir en que cada caso es único. Lo que funcione bien a un niño, no tiene por qué
funcionar en otro. Los programas serán personalizados.
 Estos niños tienen problemas para generalizar de una situación a otra, por ejemplo,
algo aprendido en la escuela no se pondrá en práctica en casa o viceversa.
 Hay que ser constantes en la aplicación del tratamiento de los diferentes problemas.
Tiene que darse una complicidad y coordinación total entre la familia y los demás
profesionales que intervienen, tanto en la escuela, en casa, como en otros entornos.
 Estos niños funcionan mejor en un ambiente previsible y estructurado. Los cambios
deben ser anticipados y, en todo caso, introducidos, a ser posible, de forma gradual.
 Las técnicas de modificación de conducta han demostrado ser altamente eficaces en
la eliminación o creación de conductas. Comportamientos agresivos, impulsivos o
desafiantes pueden ser corregidos. No obstante deberemos ajustar las técnicas a las
peculiaridades de cada niño. El método ABA ha demostrado una alta eficacia en
este sentido con sesiones y asesoramiento intensivos.
 A nivel de comunicación y relación social pueden beneficiarse mucho de programas
estructurados como los descritos con los SCP o PECS.
 Incorporar sistemas visuales de apoyo con diferentes grados de abstracción.
Encontrar el punto de funcionamiento del niño con ellos. Si el niño no acaba de
comprender la simbología abstracta hay que probar con imágenes de fotos reales.
 Respete sus tiempos. Algunos niños se muestran especialmente "desconectados" de
su entorno inmediato en ciertos momentos o situaciones. Cuando ello ocurre se hace
especialmente difícil poder interactuar con ellos. Debemos buscar un equilibrio
entre respetarle unos tiempos de desconexión con otros en los que debe trabajar.
 Establecer metas a corto, medio y largo plazo. Ir paso a paso, debemos ser capaces
de conseguir pequeños logros siendo conscientes de la grandeza de estos pequeños
pasos. Concretar los objetivos. Por ejemplo, a nivel conductual, podemos intervenir
para tratar de establecer el control de esfínteres, si no está establecido, antes de
centrarnos en conseguir grandes cambios.
 Insistir en la necesidad de la intervención multidisciplinar (psicólogo, neurólogo,
pediatra, logopeda, fisioterapeuta, maestros especializados, etc.), su correcta
coordinación y la complicidad de la familia con todos ellos en un clima favorable.
El colegio de Educación Especial o, en el mejor de los casos, la Escuela Ordinaria
serán también elementos vitales en la intervención psicoeducativa.