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UNIVERSIDAD VERACRUZANA

FACULTAD DE SOCIOLOGÍA

Sociología en México y Sociólogos de México:


Ciencia, epistemología, historia y comunidad científica
contemporánea

TRABAJO RECEPCIONAL EN LA MODALIDAD DE TESIS

PARA OBTENER EL GRADO DE:

Licenciado en Sociología

PRESENTA:

Edgar Daniel López Cano

DIRECTOR
Mtro. Arturo Hinojosa Loya

Xalapa, Veracruz. Septiembre de 2016


A mi mamá: Lidia Leydy Cano Ríos
A mis hermanas: Silvia y Leydy
A mi hermano: Jonathan
A mis sobrinas: Arely, Maritzel, Elizabeth e Itzayana
Al amor de mi vida: Ana María, mi Anny.

Con todo mi amor


“Familia prime est”

Abuelo y Betty, donde quiera que estén.

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“Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es
en su tierra, entre sus parientes y en su propia
familia”.
[Marco, 6:4]

El afán por descubrir alimenta la creatividad en todos


los campos, no sólo en la ciencia. Si llegáramos a la
meta, el espíritu humano se marchitaría y moriría.

Stephen Hawking, El universo en una cáscara de


nuez, 2001.

Me la imagino así: un grupo de estudiantes de todas


las edades sumadas en una sola, la edad de la plena
aptitud intelectual, formando una personalidad real a
fuerza de solidaridad y de conciencia de su misión, y
que, recurriendo a toda fuente de cultura, brote de
donde brotare, con tal que la linfa sea pura y diáfana,
se propusiera adquirir los medios de nacionalizar la
ciencia, de mexicanizar el saber.
Justo Sierra, Inauguración de la Universidad
Nacional, 1910.

La única manera de ser provechosamente nacional


consiste en ser generosamente universal, pues nunca
la parte se entendió sin el todo. Claro es que el
conocimiento, la educación, tienen que comenzar por
la parte: por eso ‘universal’ nunca se confunde con
‘descastado’.
Alfonso Reyes, A vuelta de correo, 1932.

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Índice

Pág.

Agradecimientos ................................................................................................................... 6
Introducción .......................................................................................................................... 8
Capítulo Uno
Sociología, modernidad y disciplinariedad ...................................................................... 16
Sociología de ¿Qué es la sociología? ............................................................................... 17
Sociología y modernidad .................................................................................................. 33
Disciplinariedad y especialización ................................................................................... 44
Capítulo Dos
Sociología del paradigma: perspectivas clásicas y contemporáneas .............................. 66
Ciencias sociales, libro y juventud. .................................................................................. 67
El modelo y debate del concepto de paradigma ............................................................... 70
La necesidad de una propuesta ........................................................................................ 78
Capítulo Tres
Comunidad científica: elementos para su análisis ........................................................... 86
Cultura científica: comunicación, competencia, interacción e internacionalización ...... 88
Cultura oral y cultura conceptual .................................................................................. 103
Comunidad científica mexicana: experiencias CONACYT -SNI-PROMEP .... 109
Capítulo Cuatro
¿Sociología en México o Sociología de México? Una propuesta alternativa ............... 121
Derrota y jinetes del apocalipsis .................................................................................... 124
Institucionalización y profesionalización ....................................................................... 126
Laberinto de sociología .................................................................................................. 140
“Sociólogos mexicanos perdidos en México” ................................................................ 147
Reflexiones finales ............................................................................................................ 182
Bibliografía ........................................................................................................................ 193
Hemerografía .................................................................................................................... 216
Material audiovisual ......................................................................................................... 216

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Entrevistas realizadas durante el transcurso de los años 2012-2013 ........................... 217
Apéndice Uno: Entrevistas .............................................................................................. 218
Nota introductoria I ......................................................................................................... 219
Cada generación de sociólogos está inmediatamente en el reto de visualizar el legado
de la generación inmediata. Entrevista con Alfredo Andrade Carreño ........................... 222
Nota introductoria II ........................................................................................................ 233
Hay que entender qué es hoy la sociología. Entrevista con Fernando Castañeda Sabido
............................................................................................................................................ 237
Nota Introductoria III ...................................................................................................... 254
A veintitrés años de Historia de la epistemología, la metodología y las técnicas de
investigación en la sociología mexicana. Entrevista con Enrique de la Garza Toledo .... 257
Nota introductoria IV ....................................................................................................... 267
Hay realidades que son propias. Entrevista con Lidia Girola Molina ........................... 271
Nota introductoria V ........................................................................................................ 281
A veintitrés años de Los caminos de la sociología en el laberinto de la Revista Mexicana
de Sociología. Entrevista con Sara Sefchovich Wasongarz ............................................... 285
Apéndice Dos: Memoria................................................................................................... 295
La sociología y su quehacer en el siglo XXI ................................................................... 296
Apéndice tres: Análisis de contenido .............................................................................. 312
Modernidad y América Latina: De la anomia a las subjetividades colectivas ........... 313
Introducción ...................................................................................................................... 313
Los aportes de Lidia Girola ............................................................................................ 314
Los aportes de José Mauricio Domingues ...................................................................... 321
Conclusión ......................................................................................................................... 336

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Agradecimientos

Agradecimiento es sinónimo de gratitud, reconocimiento, complacencia, satisfacción y


devolución. Sentimiento que quisiera expresar, principalmente, a mi mamá, a mis hermanas
a mi hermano y a mis sobrinas, para ellas y para él, todo mi amor. Amor que también vivo
con Ana María, prácticamente, coautora de este trabajo.

A mis tíos Deysi María Cano Ríos y Daniel Silveira Alpuche por estar al pendiente de mi
formación académica y personal. A mi tío Jorge Luis Cano Ríos por su apoyo, aunque crea
que no estuvo presente. Mención especial se las otorgo a mis padrinos: Antonio López
Muñoz y Ana Patricia Medrano Cabrera. A Adolfo Bautista Jiménez y Guadalupe Jiménez
García, muchas gracias.

Las palabras no me alcanzan para mostrar mi respeto y afecto a mis mentores y grandes
personas que fueron parte de mi formación profesional y humana, mis maestros: Víctor M.
Andrade Guevara, Mirna A. Benítez Juárez, Aldo Colorado Carvajal, Yolanda F. González
Molohua, César Guevara González, Luis Magaña Cuéllar y Jorge M. Tirado Almendra.

A Erasmo Hernández García y Érika López Barrera, muchísimas gracias por su gran
calidad humana y profesional que superó, por mucho, los cargos académicos que ostentan,
reducidos a un segundo o tercer plano.

A mi director de tesis: Arturo Hinojosa Loya, por todas la facilidades otorgadas y ser, como
bien lo dicta el oficio, un guía en la elaboración de este trabajo y consejero de vida
profesional.

A mis lectores: Jesús E. López Argüelles y Mayabel Ranero Castro, deseo expresar mi
gratitud, porque además de ser grandes seres humanos y compartirme sus conocimientos, se
tomaron el tiempo para la lectura de esta investigación.

Decía Carlos Fuentes, en una feria del libro, retomando a Lord Byron, que el amor es el
amor sin alas y que, contrario a lo que decía el último, puede tener alas: a Ana Luisa
Hernádez Sánchez (Annie), a José de Jesús Mora Hernández (Chucho) y Alán Utrera
O’Hara (Perry) por todos esos grande momentos con ustedes, mis hermanos, mis hommies,
sea celebrando con “gansitos” o mostrando la cola frente a un muro.

Muchas gracias, también, por su amistad y gratos momentos, a Layda Jacqueline Estrada
Bautista, Brizeida Hernández Martínez, Gabriel Fernández Álvarez, Luis A. Morales
Castillo y Severo E. Panes Cabrera. Para ustedes esa “rosa blanca” de la que hablaba José
Martí.

A Marco A. Leyva Piña y Alejandra Velasco Rangel les agradezco ser parte de sus vidas,
sobre todo, en las disertaciones, como camaradas de la ciencia. A Miguel C. Aguilar

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Bustamante y Denih M. Monsiváis Martínez por estar ahí en ese monstruo, “políticas” que
creo, tiene más de “sociales”.

No menos importantes, deseo agradecerles a mis entrevistados y maestros indirectos, pues,


con sus palabras, enriquecieron mi trabajo: al Dr. Fernando Castañeda Sabido, al Dr.
Enrique de la Garza Toledo y a la Dra. Lidia Girola Molina. Al Dr. Alfredo Andrade
Carreño y a la Dra. Sara Sefchovich Wasongarz deseo manifestar mi gratitud en particular
porque fueron parte directa de mi formación.

Quisiera que para Sofía C. Reding Blase esta investigación represente una disculpa, dado
que sin sus comentarios iniciales, tal vez, este trabajo no tuviera la forma que tiene o,
sencillamente, no hubiera concluido: con el corazón en la mano, muchas gracias.

A mis grandes compañeros de la Red Nacional de Estudiantes de Sociología (RNES) y la


Universidad de Quintana Roo (UQRoo). A quienes no he mencionado les pido una disculpa
que, en un futuro, espero subsanar.

Los aspectos más positivos o rescatables de este trabajo son de ustedes, los errores que se
puedan generar son de mi autoría.

Xalapa de Enríquez, Veracruz


Chetumal, Quintana Roo
Los Reyes-La Paz, Edo. de México
Verano 2012-Invierno 2015

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Introducción

El presente trabajo es ante todo una reflexión. Fruto de una pregunta particular e incluso un
poco ingenua y que desembocó en terrenos más amplios: ¿Existe una sociología mexicana?
Pronto me encontré con cierta ausencia, desconocimiento e, incluso, repetición a nivel
interno y una bastedad a nivel externo, sobre todo en lo que se refiere a material
bibliográfico. De igual forma, los obstáculos académicos, temporales y personales. que más
por fortuna que por desgracia, empezaron a aparecer por la cantidad de temáticas que tenían
ciertos puntos de encuentro y que, como veremos en cada capítulo que se desarrollará,
daban cabida a otras disquisiciones todavía más extensas. Quisimos, en ese sentido, dar
cuenta de esas extensiones, al menos, en un plano descriptivo, pero sin perder el
fundamento analítico.

La problemática inicial fue poder “situar” el objeto de estudio, y por ende, la discusión
acerca de la “ciudadanía científica” de la sociología se hizo presente. Dado que,
materialmente, ésta se encuentra en los libros: la teoría. Como veremos desde el capítulo
uno y hasta el último, si usáramos la rigurosidad de los elementos que rigen y dan cabida a
la ciencia en nuestro trabajo, desde un principio, era imposible de realizar. Como el
material seguía “acumulándose”, llegó un momento de “ruptura” que nos ofrecía la historia
y el conjunto de humanidades que, omitiendo el plano administrativo, nos dieron vuelo para
volver a “conquistar” nuestro objeto de estudio.

Trabajar, pues, con entidades abstractas sin, aparentemente, algún valor empírico se volvió
dificultoso… una vez más. “Nacionalizar”, “regionalizar”, “naturalizar” “mexicanizar” una
disciplina o un conjunto de saberes, nos decían propios y extraños, era una forma de
“vulgarizar” el conocimiento sociológico. Nunca, ni en las ideas primeras de esta
investigación, fue la intención llegar a tal puerto. De nueva cuenta, lectura tras lectura y
relecturas se volvieron una práctica y, finalmente, una técnica a priori de vincular saberes
aparentemente inconexos. Se suele pensar que en la investigación, la lectura sólo es un
principio de “discriminación”, cuando, de hecho, podemos decir, es una herramienta
poderosa durante todo el proceso investigativo.

La principal razón de esta aseveración se encuentra en el hecho de que hoy es


prácticamente imposible conocer “todo” lo que se ha escrito acerca de una determinada
temática. Habíamos resuelto el problema técnico pero el metodológico seguía latente. En
últimas instancias, éste puede ser resuelto consultando nuestra bibliografía o el material
audiovisual que usamos como referencia. Por lo tanto, una perspectiva cualitativa es
presente en todo el escrito, a pesar de los pocos gráficos o cuadros que construimos para
ejemplificar algunos capítulos.

El retorno técnico se hacía presente de nueva cuenta: ¿Cómo acceder a ese universo de
generación de conocimientos referidos a lo social? Antes que “grandes” obras dieran las

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respuestas, fueron aquellos “ensayos” o “artículos” una fuente de inspiración para generar
la principal herramienta: la entrevista (Bourdieu, 2007c; Morin, 1995: 207-215; Vela Peón,
2001). Como dijimos anteriormente, si este trabajo me ayudó a hacer una lectura y relectura
de lo aprendido y lo aprehendido durante mi formación escolar, la entrevista me ayudaría a
reescribir material que mis informantes claves me habían otorgado.

Lo que “intencionalmente” también quisimos hacer fue poner a discutir entre sí de manera
“virtual” a nuestros entrevistados. De esta forma, un ejercicio de realimentación sociológica
fue un premio involuntario en la realización de esta investigación: uno se alimenta de las
ideas de otros para posteriormente generar las propias.

Sin embargo, muchas veces este diálogo no era del todo posible puesto que, como se verá,
en algunos capítulos participaban todos los entrevistados, en otros sólo había referencia a
dos o tres y de vez en cuando sólo uno. Esto, a razón de las temáticas que ocupan cada
capítulo, dado que no siempre fueron trabajadas por el conjunto de nuestros informantes
claves. La existencia de “huecos” y “nudos” se presentaron después del vaciado de la
información, por lo que, a manera de monografía, fueron llenados y deshebrados; de hecho,
ningún entrevistado participa en esta discusión, sobre todo presente en el sub-apartado de
“Modernidad y sociología”.

Mis informantes tienen nombre y trayectoria: Alfredo Andrade Carreño, Fernando


Castañeda Sabido, Enrique de la Garza Toledo, Lidia Girola Molina y Sara Sefchovich.
Todas las entrevistas pueden ser consultadas al final del trabajo acompañado, al principio,
por una nota metodológica. Para ocupar un término cómodo, a modo de requisito
convencional académico, nuestros entrevistados representan una “muestra” del amplio
universo de sociólogos residentes en México. Aludir a sus nombres es un principio de
identificación. Aludir a su trayectoria es parte del acervo sociológico en el que se
encuentran generaciones precedentes y posteriores.

Lo que sí es fue hecho adrede fue “ponerlos frente a sí mismos”. Como se observará más
adelante, la autorreflexión no sólo implica un ejercicio de alta introspección, sino de altos
contenidos sociales. Contenidos sociales donde intrínsecamente la realidad era
“aprehendida” mediante el uso de teorías, metodologías y técnicas de investigación. Por lo
anterior, la sociología presenta a la “realidad social” mediante representaciones antes que
por reflejos (en ocasiones muy borrosos) de la misma.

Los tres principios (siempre horizontales que jerárquicos y con mucha movilidad) de teoría-
metodología-técnica, fueron siempre un cinturón protector ante los ataques voluntarios e
involuntarios, de nuestros interlocutores (no de nuestros entrevistados). En la realización
intermedia nos habíamos percatado que la teoría tenía un componente referencial muy
fuerte; es decir, propiamente, la teoría sociológica es también empírica. Así, ni teoría, ni
metodología, ni técnicas son recipientes que a diestra y siniestra pueden ser llenados,

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vaciados o manipulados fácilmente: vieja ilusión, como también nos dimos cuenta, del
método hipotético-deductivo. Es decir, lo que en la realidad social puede aparecer como
casual, teóricamente puede ser explicado causalmente.

Por lo anterior, el uso de la propuesta de “descripción articulada” de Hugo Zemelman, fue


la más oportuna para realizar nuestra investigación; como se muestra en cada capítulo, de
hecho, la “conceptualización articulada” fue nuestra vía. Es decir, es un método alternativo
al hipotético-deductivo, mediante la aplicación de los supuestos de movimiento,
articulación y direccionalidad.

El primero se refiere a reconocer los procesos de largo plazo o en el corto plazo (estructura-
coyuntura), como del cuestionamiento conceptual permanente; el segundo consiste en no
ver los fenómenos aisladamente, sino establecer las relaciones necesarias para su
“descubrimiento”; y el tercero implica que el tiempo, siempre presente, parte de una
definición de espacio. Este último presupuesto, como veremos en el capítulo uno, permite
la movilidad del sujeto (De la Garza, 1989b: 91-97; Zemelman, 1997: 23-31). Sin embargo,
esto implica que se generen hipótesis “pendientes”, más cuando consideramos una relación
general-particular dentro de la sociología; de igual forma, no involucra su anulación para
posteriores trabajos.

La manera de articular estos tres presupuestos será mediante el principio de “discernir” que
el propio Zemelman nos ofrece para poder acceder a dimensiones que pudiera dejar fuera la
llamada “reflexión teórica”. Esto quiere decir que buscaremos las relaciones entre
diferentes formas del conocimiento social y donde la teoría (así como la metodología y las
técnicas), indiscutiblemente, es resultado de la propia vida social (Zemelman, 1984).

En consecuencia, mi investigación es una aportación desde el campo de la sociología como


disciplina científica y para la teoría sociológica como entidad empírica, tomando como
contexto América Latina y, sobre todo, México. En este sentido, los principales objetivos
de esta investigación es: ofrecer un panorama de la discusión sociológica en términos
científicos, tomando como base, la producción local y, sin perder de vista la producción
internacional; proponer, en términos conceptuales, algunas alternativas a los debates
“añejos” respecto a temáticas propias de la epistemología de las ciencias sociales, el
trabajo de investigación de los sociólogos y la dinámica comunitaria de sus integrantes, lo
anterior en términos contemporáneos.

La dinámica contemporánea de la sociología, en un sentido alternativo y para un uso


práctico en esta investigación, es un proceso que vincula el reconocimiento de otras formas
de pensamiento, desarrollada en otros contextos y la carencia de autoconciencia a un nivel
interno. No descarta en absoluto la producción hecha en otros lugares, pero tampoco
desdeña la producción propia en un intento de autoconocimiento. No se restringe a marcos
institucionales, regionales o personales y busca, en un sentido general, ser parte del mapa
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internacional de la ciencia con la intención única de contribuir a un conocimiento general,
desde una trinchera contradictoria. Por tales motivos, aunque la idea esté implícita,
utilizaremos términos tales como sociología “en México”, “de nuestro país”, “en nuestro
país” y otras denominaciones que se utilizarán a lo largo del trabajo. Pero ¿De qué forma?
Este tratamiento será abordado en el último capítulo.

Hemos tratado de la mejor manera posible que nuestros capítulos tengan cierta autonomía
pero sin desvinculación alguna en su interior. La lectura puede ir del primer al último
capítulo, no obstante, proponemos una lectura de “ensayos espejos” para que el lector se
permita “jugar” con los contenidos ofrecidos para su revisión y su crítica en la comprensión
de las propuestas generadas. Es decir, tomar aleatoriamente un capítulo y compararlo con
otro. Por lo anterior, este trabajo se divide en cuatro capítulos con tres anexos
complementarios pero independientes.

El primer capítulo lo dividimos en tres grandes secciones, puesto que en él se


problematizan algunas ideas generales acerca de la sociología: 1) Su perfil científico; 2) El
papel de la modernidad; y, 3) Las discusiones en torno a la especialización y la
disciplinariedad. Temáticas que, por sus dimensiones, hacen de este capítulo el más amplio
y generan un molde para continuar con otros rubros. Con la entrada del nuevo milenio su
discusión apareció como “novedad”, sin embargo, mostramos cómo han estado presentes
durante todo el desarrollo de la sociología y una vez arribada a nuestro país.

Sobre la primera ubicamos varios elementos para su análisis. En primer lugar, y


principalmente, destacamos la idea de autorreflexividad como un mecanismo central para la
recreación de distintas problemáticas que conciernen a la sociología. Entre ellas, mostramos
sus atributos que como ciencia debe tener y como disciplina debe fomentar; al igual que
colocamos la utilidad analítica de las relaciones sociales y la necesidad de tener presente el
conflicto.

Posteriormente, usamos la figura del sociólogo (que siempre contempla el trabajo realizado
por sus integrantes, sean del sexo masculino o femenino, pero que por economía de espacio
nos limitaremos a utilizar como sustantivo neutro) para realizar estos quehaceres (auto-
determinados o determinados), pero como sujeto en su relación con la potencialidad y la
historia. Así, consideramos a la sociología como una práctica social y un producto social.

Con base en los argumentos presentados por los entrevistados, señalamos: el valor de la
sociología en su acepción teórica y empírica para la búsqueda y constatación de
instrumentos conceptuales; manifestamos los embates que, desde sus primeros pasos, ha
tenido la sociología, la delimitación de su objeto de estudio y con otras formas de
conocimiento, no cercanos a la ciencia; apuntamos la llegada a nuestro país como disciplina
que quiso (y quiere) dar cuenta de los acontecimientos sociohistóricos con base en la
cientificidad; e ilustramos algunas irrupciones que se llevaron a cabo una vez instalada en

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el trabajo de algunos autores y publicaciones. Todo lo anterior para ofrecer una alternativa
conceptual para la sociología (y útil) para nuestro trabajo.

En el segundo apartado, destinado al estudio de la modernidad, delimitamos las


implicaciones conflictivas de su conceptualización y confirmamos la utilidad de ubicar las
principales rupturas y discontinuidades antes que sus objetivos y conocimientos
acumulados para su propio examen, que dan razón del uso de tipicaciones binarias-duales
dentro de la sociología y la teoría sociológica. Haciendo un recorrido de algunas
perspectivas que han estudiado a la modernidad (como el funcionalismo y la antropología)
recalcamos el papel de la razón, la innovación, la ciencia y la tecnología, como principales
factores para la persistencia de ella, al igual que sus implicaciones metodológicas y técnicas
y para la creación de categorías sociales.

Finalmente, haremos una conexión de estas discusiones con la aparición (sobre todo a
principios del siglo XXI) como las “modernidades múltiples” o la “radicalización de los
saberes”, en tanto medios, sino para acabar, al menos, abarcar y ofrecer alternativas para el
estudio de este fenómeno; el cual, como comprobaremos, no se funda en algo pero sí tienen
muchas formas de expresión social.

En el tercer y último apartado de este capítulo, nos acercaremos a algunas propuestas,


siguiendo la lógica de los apartados anteriores, que giran alrededor de temáticas,
aparentemente novedosas: la especialización y la disciplinariedad (antes que sus
denominaciones inter, trans o multi), sea para una delimitación administrativa, una
correlación con los problemas que enfrenta el mundo en su dimensión sociopolítica, una
distinción entre formación e investigación y/o una profesionalización de los saberes dentro
de los recintos universitarios, tal como lo argumentaran nuestros entrevistados.

Sus disertaciones las comparamos con otras perspectivas que contemplan la


(re)construcción de conceptos, el enlace de las tecnociencias y las “ciencias de la
complejidad”, la utilización de creencias, reglas y acuerdos para la investigación científica,
entre otros. También abordaremos, la relación directa con otras disciplinas para la
constitución de “nuevas” sociologías (sociología de la globalización, sociología de los
individuos, sociología global). Esto para demostrar cómo estos planteamientos no tienen
nada de original, al subrayar su esencia autorreflexiva y el énfasis en la innovación que en
ellos se hace.

En el capítulo dos, no tan amplio como el primero, ocuparemos una noción que también
retoma algunas de las discusiones del capítulo uno y que se han incrustado dentro del
quehacer y la jerga sociológica: el paradigma. Esto lo hicimos, sin exceptuar lo que se ha
escrito al respecto (desde la publicación de La estructura de las revoluciones científicas de
Thomas S. Kuhn), al ser una propuesta que contempla el trabajo de los investigadores,

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estudiantes y libros de texto en su dimensión histórica; y en la que siempre haremos énfasis
inmediato.

Posteriormente, evaluaremos algunas de las principales críticas que se han hecho respecto
de esta noción y las consecuencias teóricas que de ellas se han originado, en especial, en los
planos ideológicos, epistemológicos, normativos y fácticos. Como propuesta, ofreceremos
un concepto, con la mejor iniciativa sociológica, para mostrar cómo se ha implantado, sobre
todo en los debates latinoamericanos, en las discusiones sobre el perfil teórico de la propia
sociología y cómo algunas propuestas recientes (como el rational choise, el
neocontractualismo, el posmodernismo, el pensamiento complejo, entre otros) se han
querido asemejar a este patrón, para ofrecer explicaciones a los sucesos contemporáneos
por los que atraviesa el mundo social y en la ostentación de algún referente de autoridad.

El tercer capítulo, relacionado directamente con los dos anteriores (sobre todo con el
segundo), contempla la actividad y la práctica —individual y colectiva— de sujetos
profesionales: las comunidades científicas. Este concepto lo retomamos bajo la distinción
entre cultura de la investigación y cultura científica, pero avocándonos, en mayor medida,
al último; al ser el más abarcador con la estructura interna y externa que se encuentra en el
estudio de las comunidades científicas y por un proceso de “banalización” de los objetos de
estudio de las ciencias sociales, puesto que, los presupuestos científicos se han convertido
en tecnocráticos.

Para ello, propondremos cuatro elementos teóricos para la articulación de la actividad y la


práctica de las comunidades científicas: 1) Competencia, 2) Comunicación, 3) Interacción e
4) Internacionalización. El primero, como símil a colaboración para la generación de
conocimiento codificado y tácito. El segundo, como una triple relación entre ciencia y
sociedad, entre practicantes científicos y entre el mundo físico y social, para la generación
de innovaciones de corte teóricas, metodológicas y técnicas. El tercero, en concordancia
con la teoría de la acción comunicativa, retoma la expansión de la práctica profesional, la
creación de redes para su conjugación y el implemento de criterios de otras comunidades.
El cuarto, incorpora las lógicas de financiación nacionales, la legitimación del orden
occidental por medio de la difusión del lenguaje de las ciencias sociales en inglés, sobre
todo en la producción, y la dependencia teórica que ocurre por un déficit del primero con
respecto a otras regiones.

Estos elementos los destacamos para mostrar cómo, a partir de los planteamientos de Lidia
Girola, una comunidad científica pueden tener dos características: una real y una virtual, de
acuerdo al grado de cohesión de las actividades que realizan sus integrantes, sobre todo en
los procesos de formación e investigación, lo que fomenta como seguidamente se verá, que
se fomente una cultura oral o una cultura conceptual.

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Para verificar lo anterior, tomamos como referencia observacional a la comunidad científica
mexicana representada por medio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
(CONACYT) al igual que otros con programas que se han generado para la financiación de
la investigación y actividad científica, referida a las ciencias sociales. Con estadísticas
oficiales, mostramos el problema de delimitación científica (¿Cuál disciplina debe ser o no
considerada para las ciencias sociales?), la relación que guarda con otras disciplinas
científicas cuantitativamente, y la distribución de sociólogos por entidad federativa para
comprobar la existencia de una “metropolización de la sociología mexicana” y “zonas
silenciadas de la sociología”.

Estos datos los enriquecemos con las apreciaciones que algunos de nuestros entrevistados
hicieron para criticar a estos programas, en tanto una dependencia administrativa y el costo
en la calidad de la investigación; las repercusiones que se tienen al enfrentarse a las
burocracias universitarias y algunas alternativas para salvaguardar los efectos que se han
desprendido de su funcionamiento. Bajo este panorama, proponemos la creación de una
contra-comunidad científica, como un ente que siga el trabajo comunitario e individual de
sus investigadores, pero, también, como una instancia que salvaguarde su ejecución.

En el último capítulo (el cuarto), hacemos un balance de los principales acontecimientos


sociales que han repercutido en la sociología, pero tomando como contexto México y
América Latina; siguiendo a Zemelman, presa de ciertos ideologismos-derrotismos a los
que están adheridos los científicos sociales, al igual que “victimas” de los jinetes del
apocalipsis.

Con estos antecedentes, recuperamos las nociones de institucionalización y


profesionalización para explicar el desarrollo de la sociología en México, puesto que, como
se verá al compararlo con los argumentos de nuestros entrevistados y sus trabajos anteriores
en dicha materia, ambos procesos son abarcados de distintas formas para analizar el mismo
período y acontecimientos históricos de la sociología en nuestro país. Bajo la misma tónica,
mostraremos, como primera inquietud que dio paso a la conformación de esta
investigación, cómo el preguntar sobre la existencia de una sociología mexicana es un
cuestionamiento problemático y no acabado.

Antes de pasar a las “conclusiones”, retomaremos algunas publicaciones que autores de


otras nacionalidades han realizado para investigar las temáticas, los conceptos, las formas
de hacer y presentar investigaciones entre dos comunidades distintas y los fenómenos que
repercuten en el desarrollo de la sociología en México.

Sería irresponsable no señalar que algunos de los resultados preliminares se presentaron


con antelación en eventos académicos como ponencias, y que se nutrieron posteriormente
de las observaciones que nos hacían las personas que estuvieron en su exposición que, en
algunas ocasiones, realizamos conjuntamente Ana María Bautista Jiménez y yo.

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El segundo capítulo se presentó en el 6° Congreso Internacional de Sociología:
Construcción de ciudadanías: nuevas realidades y miradas interpretativas, llevado a cabo
en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), en Ensenada, Baja California, el
día 24 de Septiembre de 2014, intitulado “Elementos sociológicos para el análisis del
‘paradigma’”.

El tercer capítulo se presentó en el II Congreso Nacional de Sociología: El pensamiento


sociológico ante las transformaciones sociales, llevado a cabo en la Universidad Autónoma
del Estado de México (UAEMéx), en Toluca, Estado de México, el día 12 de Marzo de
2015, intitulado “De la comunicación a la internacionalización: elementos de la dinámica
de las comunidades científicas y su impacto en los procesos de profesionalización en la
sociología”.

El cuarto capítulo se presentó en el Tercer Congreso Latinoamericano de Ciencias Sociales:


Reestructuración y vigencia del modelo neoliberal en América Latina, llevado a cabo en la
Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), en Zacatecas, Zacatecas, el día 4 de junio de
2015, intitulado “Preguntar sobre la pertinencia de una sociología mexicana en el
neoliberalismo: avatares de la producción y la reflexión teórica en México y América
Latina”.

Con el propósito también de seguir fomentando las reflexiones de orden teórico y


epistemológico, más en estudiantes de pregrado, realizamos este trabajo como resistencia a
las formas tradicionales de abarcar el conocimiento sociológico. Puesto que, nunca fue la
intención realizar una investigación pretensiosa sino una investigación con el firme
convencimiento de que la sociología, no se determina por el número de grados o
reconocimientos sino por una voluntad de contribuir al conocimiento científico y social.

15
Capítulo Uno

Sociología, modernidad y disciplinariedad

Sé muy bien que llevando una vida un poco más higiénica


y racional podría llegar en buen estado al siglo venidero.
Donde una poesía nueva está aguardando a los que
logren salvarse de este desastroso siglo XIX. Pero me
siento condenado a repetirme y a repetir a los demás.
Juan José Arreola, “Monólogo del insumiso”,
Confabulario
¿Podemos referirnos a la sociología como la ciencia o disciplina de la modernidad? No es
nada nuevo afirmar y lanzar una negativa al mismo tiempo: sí y no. He encontrado
numerosamente la tendencia (desde distintas posiciones teóricas, que abarcan desde el
pensamiento clásico hasta el contemporáneo) de hablar de la modernidad como el elemento
base para la conformación e institucionalización de la sociología.

Desde sus orígenes, la sociología se ha desarrollado en relación con otros saberes de la


“realidad”: el político, el económico, el cultural, del arte, de la religión, etcétera. Por lo
cual, no es ninguna novedad las llamadas “especialidades, campos de conocimiento o ejes
temáticos”. Como señala José Luis Reyna: «No hay, por tanto, una frontera precisa que
enmarque a la disciplina. Por el contrario, las fronteras son tan tenues que es muy frecuente
incursionar en campos que, aparentemente, corresponden a otras áreas de conocimiento»
(Reyna, 1979: 41).

De igual forma, la teoría y la teoría sociológica, se han visto inmersas en dos dilemas-
paradojas: ser parte de esta división que anteriormente mostramos o ser desplazada, y —en
el peor caso— rechazada, sea por su alto nivel de abstracción o su “supuesta” inutilidad
práctica, entre los círculos o comunidades académicas. Este fenómeno no sólo es propio de
la sociología, sino también de las nombradas ciencias sociales.1

Lo anterior es reflejado en menor medida por los estudiantes de licenciatura (pre-grado),


puesto que, generalmente, es competencia de sociólogos “destacados” o de amplia
trayectoria que, en ocasiones, con soberbia dentro de sus discursos o exposiciones,
prefieren denotar sus logros y “aportaciones” para —como frecuentemente se suelen
expresan— “abrir línea”. Por tales motivos, la discusión que tendremos a continuación, a
manera de apertura, nos ayudará a dar un concepto operativo de qué entendemos por
sociología bajo la pregunta fundamental (no banal) hecha de sociólogos a sociólogos, de

1
A lo largo de mi trabajo usaré ambos planos de conocimiento, ciencias sociales y sociología, sin
embargo, mi punto de partida siempre será en la segunda. Asimismo, comparto que la mejor designación para
referirse a ellas es la de “ciencias histórico-sociales «[…]con el convencimiento de que con la referencia a la
historia se hace justicia a una dimensión común a todos los fenómenos humanos» (Moralejo, 2010: 135). No
obstante, por mero convencionalismo, me referiré a ciencias sociales.
16
integrantes de otras disciplinas al sociólogo, de familiares al sociólogo, del sociólogo a sí
mismo: ¿Qué es la sociología?

Posteriormente nos detendremos en uno de los términos más ocupados y problemáticos


dentro de la literatura sociológica, con el fin de mostrar sus marcajes en distintos ámbitos
de la teoría sociológica y cómo ha repercutido en el quehacer de algunos investigadores: la
modernidad. En general, en lo que corresponde a la creación de dualidades/binarismos a
partir de rupturas y discontinuidades, la utilidad de las anteriores para generar (nuevas)
categorías sociales y resaltar sus repercusiones en el análisis de problemáticas específicas
como la anomia y el individualismo, como en los giros modernizadores y las subjetividades
colectivas.

Finalmente, conjuntando las dos discusiones anteriores, nos detendremos en aquella


“aparentemente” novedosa que tiene que ver con la correspondencia y diálogo de las
disciplinas sociales, como con las naturales y las humanidades, desembocando en la
utilización de denominaciones como la “inter, multi o transdisciplinariedad” y con el
fenómeno de la especialización. Sobra decir que la tomaremos con respecto a la sociología;
es decir; en lo que respecta a la conformación de conceptos, las creencias en su interior para
la investigación, la superación de disputas internas y externas entre ciencias y su
acercamiento a perspectivas contemporáneas, los dilemas que genera tomar estos debates,
entre otros más, con el objetivo de generar un debate más amplio, que ofrecer una solución
final a estas disquisiones.

Sociología de ¿Qué es la sociología?

De acuerdo con Alfredo Andrade Carreño2 y Fernando Castañeda Sabido (2004: 13, 43-45;
1994:14) cuando afirman que la sociología es autorreflexiva. Autorreflexiva en sí misma,
con sus ramas de conocimiento y con su “objeto de estudio”. Parto de la idea sobre la
inexistencia de una “definición pura” de la disciplina, siendo esto cotejado desde los
“padres fundadores” hasta el pensamiento contemporáneo.3

La idea de autorreflexividad (anteponiendo, claro, una de reflexividad) es la premisa


fundamental de este trabajo, puesto que es intrínseca al desarrollo, como veremos en breve,
de la sociología como disciplina científica y la formación de la teoría sociológica. Es decir,
una autorreflexividad no sólo como un proceso cognitivo de valoración de conocimientos,

2
Ante la pregunta ¿Qué es la sociología? Andrade respondió: “La sociología es un discurso reflexivo
de la sociedad moderna; de las sociedades modernas, de la sociedad contemporánea. Un discurso reflexivo en
el marco cultural de la ciencia sobre la sociedad, sobre los problemas del mundo social, sobre el devenir, y
sobre las preocupaciones acerca de la capacidad de incidir frente a los problemas de la sociedad. Se trata de
una ciencia; una ciencia que se desarrolla como un ejercicio reflexivo de la sociedad en el marco de la cultura
de la ciencia”. (Andrade Carreño, entrevista, 2012)
3
«La “ciencia pura” no existe, así como tampoco la “sociedad pura”: ambas deben concebirse como
“redes de actores” en cuales los humanos se conectan con otros humanos y con las cosas» (Lautor, 1993: cap.
1 en Girola, 1996: 160).
17
sino como muchos autores contemporáneos han referido (Beck, Giddens, Luhmann entre
otros) auto-reflejo de la sociedad que nos acedia y consecuencia de los procesos socio-
históricos de larga datación tanto de naturaleza benigna como maligna.

En cierto sentido esta capacidad analítica, indiscutiblemente heredada de las corrientes


filosóficas de la más diversa índole, en el sentido que nos interesa, ha hecho que la
sociología deje cada vez la especulación de orden más abstracta y se adentre con más
profundidad en presupuestos empíricos: se vuelve un recurso metodológico indispensable.
La flexibilidad de este recurso abarcará, como veremos a lo largo de este capítulo y otros,
dimensiones de la más diversa índole: la ciencia, la modernidad, los embates en torno a la
disciplinariedad de las disciplinas, los paradigmas teóricos, las comunidades científicas,
etcétera. La autorreflexividad, ante todo es llevada, a cabo de manera individual y su
objetivación se da en el proceso de investigación donde la colaboración se incorpora.

En este orden, para seguir contribuyendo al debate: la sociología es ciencia y disciplina. Es


ciencia dado que recurre a los parámetros y criterios de racionalidad, objetividad,
sistematicidad, generalidad y falibilidad, requisitos sine qua non para el progreso científico;
siendo su objeto de estudio conquistado, construido y comprobado a partir de la “vigilancia
epistemológica” de la que nos habla Pierre Bourdieu (2008a) retomando a Gaston
Bachelard.

No obstante, el origen de estos criterios científicos (baluartes de las comunidades


científicas), tienen sus raíces en otras formas de adquisición de conocimientos no
científicas como por ejemplo, la religión: «El monoteísmo tiene más que ver con el
autoritarismo que con el libre examen y, sin embargo, inyectó a la futura cultura occidental
uno de los ingredientes principales de la ciencia moderna: la sistematización» (Cereijido,
2009: 42. Cursivas y negritas en original). La premisa de dicha afirmación se sustenta en la
siguiente: «la ciencia moderna es un producto de la religión» (Ibídem: 77, 97; cursivas y
negritas en original).

Vinculando las nociones científicas y no científicas, Marcelino Cereijido presenta a los


científicos como seres “agnósticos” para describir las caracterizaciones del conocimiento
científico arriba señaladas y a continuación descritas:

«1. Universalidad. El conocimiento científico no se encuentra restringido a unos cuantos


individuos escogidos, sino que es válido para todo el mundo, en todos lugares y en cualquier
momento; es en cierto modo democrático [Cursivas agregadas].

2. Intersubjetividad. Los [científicos] no reconocen dominios separados por lo conocido y lo


desconocido. Para ellos lo desconocido no es, en forma alguna, algo sagrado sino ignorancia
científica pura, que será tratada el día en que el “espacio agnóstico” [científico] se extienda lo
suficiente como para llegar a tocarlo, estudiarlo, comprenderlo y abarcarlo. He etiquetado
esto como ignorancia científica debido a que la gente conoce muchas cosas cuyo mecanismo

18
la ciencia aún desconoce, por ejemplo, cómo componer una sinfonía o concebir una idea
nueva del amor [Cursivas y negritas en original, corchetes agregados].

3. Sistemática (concordancia). […] Para que sea válido el conocimiento científico resulta
absolutamente necesario que exista un acuerdo positivo con todos los demás conocimientos
(o “verdades”) de su campo gnoseológico […]. Por su cualidad de ser sistemáticos, los
conocimientos científicos pueden ser acoplados en sentido constructivo y ser considerados
como “verdades” en tanto puedan ser insertados en un mismo sistema coherente. Esta
condición es tan poderosa que una vez que una “verdad” es introducida a un sistema
científico no puede ni siquiera ser contradicha por “evidencia” directa» (Ibíd.: 2009: 92;
cursivas y negritas en original).

Universalidad-Objetividad (Intersubjetividad)-Sistematicidad son los fundamentos


esenciales de la ciencia y al cual aspira cualquier conocimiento que pretenda o busque ser
científico. Lo anterior puede ser constatado en cualquier manual de metodología de la
investigación o en los libros sobre historia de la ciencia que, por lo regular, desde sus
primeros capítulos hablan sobre los criterios que rigen al conocimiento científico o las
teorías científicas, bajo la pregunta nodal de ¿Qué es la ciencia? (v. gr. Chalmers, 1990;
Díaz, 2010; Pardo, 2010; Rubio y Varas, 2004: 21-29; Hernández Sampieri, Hernández-
Collado y Baptista Lucio, 2006: 79-90). Abundaremos un poco más en el capítulo dos,
cuando hablemos de los manuales y los tratados que usan las distintas disciplinas para
destacar dicha característica.

Sin embargo, hay que dejar en claro que aunque pueda ser viable el modelo democrático de
la ciencia, éste conlleva asegunes dado que puede ser presa de la corrupción, el fraude y la
privatización. Puesto que, como veremos en el capítulo tres, a pesar de que cualquier tipo
de conocimiento llegue a ser puesto a prueba demostrando su invalidez (modificando la
sistematicidad-concordancia de la ciencia), éste será descartable por un criterio social
asentado en las comunidades científicas. Creemos que el modelo revolucionario puede
contrarrestar estos hechos así como destacar su esencia pública y crítica. El conocimiento
científico en su formación y aplicación es crítico per se; clave en el desarrollo y formación
del espíritu sociológico que debe ser congruente y disciplinado al compartir un esencial
científico (en tanto presupuesto epistemológico) con, valga la redundancia, la ciencia.

De acuerdo con Lidia Girola, la sociología es disciplina por las siguientes razones:

«[…] genera un cúmulo de relaciones diversas, tanto internas como externas. Con esto me
refiero —continúa— a que cualquier actividad, la científica en este caso, tiene ciertos
requerimientos en su funcionamiento, que se refieren a sus procedimientos de validación,
obtención de credibilidad, métodos de observación y experimentación, obtención del
“material” con el que se va a trabajar, rigor, protocolos de debate interno, etcétera» (Girola,
1996: 140; Cfr. Girola, 2005: 67).

19
La sociología, en sus propios fundamentos (ahora de corte metodológico), como lo ha
hecho la “sociología clásica” y las propuestas más recientes, debe de compartir las
caracterizaciones anteriormente expuestas, pero en este transcurso tiene que
problematizarlas de acuerdo al momento socio-histórico por el que atraviese el mundo. Es
decir, no es lo mismo la noción de ciencia y sociología en el siglo XIX que ciento cincuenta
años después. Bajo la misma caracterización, tampoco se puede omitir y dejar de discutir
sobre el conocimiento del cual se “desprendió” para darse legitimidad frente a otros. No es
acientífico retomar a las humanidades o las posturas teológicas, siempre y cuando no se
confunda crítica con descrédito. En esto radicaría la impertinencia crítica de la sociología
para una sociología crítica pertinente, la cual: «[…] no implica una postura negativa o
desdeñosa hacia la institución o proceso examinados, sino un esfuerzo por adentrarse más
allá de sus manifestaciones reales» (Portes, 2004: 450).

Por lo tanto, he aquí la disyuntiva que envuelven a la sociología, ¿Cuál es su objeto de


estudio? De esta pregunta uno puede partir (tomando como referencia su formación
educativa o el interés neófito por la disciplina) del estudio de los hechos sociales hasta los
sistemas sociales, pasando por las estructuras sociales y la acción social. Sobre esto existe
inmensidad de libros y artículos que se han escrito al respecto (Vid. Como introductorios:
Luque, 2010; Roitman, 2002) e incluso han sido algunas de las formas cómodas para
responder a esta interrogante. Por ejemplo, tomando los aportes de Castañeda (2004: 12;
1995: 287; 1994: 15), para sus análisis retoma constantemente un enunciado del libro La
crisis de la sociología occidental de Alvin Gouldner: «decir que la sociología estudia las
relaciones sociales es como decir que los jueces condenan criminales o los policías agarran
delincuentes».4

A manera de advertencia, tenemos que ser muy cuidadosos cuando pretendemos fijar
nuestro objeto o ubicar nuestro “universo” de estudio, sea dentro de una disciplina o en un
trabajo de investigación. Decir: “la sociología estudia las relaciones sociales” es un
referente analítico que abarca más allá (como trivialmente se suele expresar) del “estudio
de la sociedad”. Tal como afirma Alain Touraine: «[…] la sociología nace verdaderamente
cuando descarta la idea de sociedad y se consagra enteramente al estudio de las relaciones
sociales» (1986: 97; Cfr. Bajoit, 2004: 7; Touraine y Khosrokhavar, 2002: 230-231).5

4
Bajo la misma tónica irónica, dentro del cuestionamiento de la sociología mexicana, dice Girola y
Olvera (1994a: 176; 1994b: 92): «[…] desde una visión elemental considerar que sociología es lo que hacen
los sociólogos, así como pintura es lo que hacen los pintores».
5
Para complementar tal afirmación, Touraine (1986: 93, 97) sostiene con antelación que «[…] las
relaciones sociales parecen devenir en el objeto principal del análisis de las sociedades, ellas son recubiertas
por una nueva forma de apelación por un principio metasocial de explicación de la vida social» Puesto que
«[…] la sociedad no es más un principio de unidad; es el resultado de conflictos sociales y grandes
orientaciones culturales (lo arriesgado). No es más una esencia sino un acontecimiento». De hecho, Marx
consideraba, como se puede apreciar en la onceava Tesis sobre Feuerbach, que la verdadera riqueza de los
seres humanos radicaba en sus relaciones sociales; incluso Weber sostenía que la “relación social” era un
20
Pareciera un pleonasmo; una tautología, pero no es así. Junto con las demás ciencias y
humanidades, la sociología comparte la preocupación de buscar, generar y mantener el
bienestar, la concordia y la estabilidad de los seres humanos, así como la generación de una
conciencia crítica; dado que los planteamientos para resolver un problema no son los
mismos que —por ejemplo— hacen las políticas públicas o la economía de mercado. Por lo
cual, no comparto tampoco el reduccionismo de presentar las grandes categorías
sociológicas en meras metáforas (Cfr. Jiménez García, 2006). Empero, en esta búsqueda,
nunca se debe de perder de vista el conflicto: «El conflicto se ignora cuando se postula que
la ciencia propia es la verdadera ciencia y se cree que todos los conceptos, técnicas y
resultados de las escuelas opuestas carecen de validez científica; esta ignorancia del
conflicto es una forma de agresividad, una manifestación del conflicto, consciente o
inconsciente» (González Casanova, 1977: 11).

La cita anterior se inscribe en un clima sociopolítico de bipolaridad procedente del


capitalismo estadunidense y el socialismo soviético del siglo XX de posguerra. Sin
embargo, la búsqueda de alternativas sigue siendo una constante en el desarrollo de las
ciencias, sea en situaciones de paz o que implican confrontaciones directas. La ciencia se
vuelve así un espacio de poder y los científicos los entes para alcanzarlos:

«[En] la ciencia se ha venido forjando una epistemología ad hoc para cada uno de sus
campos, una suerte de requisito de admisión y aparato de autocorrección, con el cual, si un
nuevo dato o nueva posición teórica discrepa con un saber que hasta ahora venía siendo
aceptado, dispara un nuevo análisis, una nueva investigación que tiende a aclarar el conflicto.
Pero sólo una pequeñísima parte de lo que sabe la humanidad ha pasado por los rigurosos
filtros con que la ciencia admite un nuevo conocimiento» (Cereijido, Óp. Cit.: 25; corchete
agregado).

Por lo tanto, es un error afirmar que el estudio científico de la sociedad y lo social es


exclusivo y propio de la sociología. El Consejo Internacional de Ciencias Sociales (ISSC,
por sus siglas en inglés) es consciente de ello, ante la expectativa que se tiene tanto a nivel
público como político de las ciencias sociales, y lo evidencia en el Informe sobre las
Ciencias Sociales en Mundo 2010 desde sus primeras páginas:

«Cada disciplina ha sido acusada de delitos mayores. Los economistas son a menudo
señalados por haberse engolosinado con modelos sofisticados y abstractos y perder de vista la
realidad social. Demasiado confiados en el valor del mercado, no levantaron advertencias en
contra de las malas prácticas financieras y no previeron, y mucho menos previnieron, las
mayores crisis económicas y financieras de la presente era globalizada. Los politólogos, a su
vez, son a veces acusados de no anticipar los cambios profundos en la opinión pública, de no
predecir adecuadamente los resultados electorales, o de tener opiniones comprometidas con
la industria de las encuestas. Los sociólogos son culpados por su dificultad para identificar las

momento segundo y superior a la “acción social” dado que su condición permanente o contingente tenían la
misma “probabilidad” de manifestarse (Marx, s/f: 24-26; 1974: 39 y ss; Weber, 2005: 21-23).
21
tendencias sociales importantes, o por la lentitud con la que lo hacen. En forma más general,
las ciencias sociales han atravesado, por décadas, una crisis de reconocimiento y por amplios
debates epistemológicos. Mientras los tomadores de decisiones y la sociedad en general
requerirían de una mayor aportación de las ciencias sociales para resolver problemas locales
y globales, algunos científicos sociales prefieren el análisis distanciado y la observación
crítica, y evitar involucrarse en la acción. Algunos son acusados de sobreespecializarse, de
desarrollar modelos teóricos y de dirigirse sólo al medio académico. A otros se les acusa de
ser locales y no producir suficiente teoría con lo cual pierden relevancia global. Por muchos
años estas tensiones han alimentado los debates entre científicos sociales, pero recientemente
se han agudizado como consecuencia de los cambios en el contexto general en el que las
ciencias sociales se desarrollan» (Caillods y Jeanpierre, 2011: 1).

Hay que aclarar que las anfibologías sobre el objeto de estudio no son sólo de la sociología,
sino de la ciencia en general. Partiendo de lo anterior podemos responder grosso modo a la
pregunta (heredera de la sociología del conocimiento) sobre ¿Cómo se constituye
socialmente el objeto de la sociología? Sin embargo, la siguiente pregunta a responder sería
¿Dónde queda el sociólogo en esta constitución?

El papel que juega el sociólogo no es sólo de científico-investigador, de igual forma es


objeto y sujeto. Objeto por las razones anteriormente señaladas. Sujeto —en el sentido que
le otorga Hugo Zemelman (2004)— como potenciador en la construcción de la historia. Lo
que se exige de este sujeto es que construya (y se construya) un conocimiento basado en la
totalidad, es decir, la articulación de distintas dimensiones de la realidad (política,
económica, social o psicológica). De igual forma, se señala la necesidad de construir
discursos con presencia de sujetos (Zemelman, 1994a: 24). Para ello, es indispensable el
hecho de tomar postura: “pararse ante las circunstancias”, “reconocer al mundo”, no
embelesarse con libros sin conocer desde donde se leen (y escriben, agregamos), en otras
palabras “no confundir pensamiento y conocimiento con mera erudición” (Zemelman,
2004: 96). Por consiguiente: «En realidad, el sujeto será realmente activo, sólo si es capaz
de distinguir lo viable de lo puramente deseable; es decir, si su acción se inscribe en una
concepción del futuro como horizonte de acciones posible» (Zemelman y Martínez, 1997:
17).6

En este sentido, potencialidad no debe ser confundida con totalidad. La potencia es


intrínseca al sujeto tanto por sus características objetivas como subjetivas; la necesidad de
tiempo se vuelve indispensable en este aspecto. Por lo tanto, la potencialidad se ubica en la
intersección con el “espacio” que, en el lenguaje zemelmaniano, es la coyuntura;
consistente en la vinculación de lo sincrónico con lo diacrónico: la activación de la
subjetividad (2009: 65 y ss.). Es decir: «[…]significa más bien que la gente se sepa leer a sí
misma, desde sus propias posibilidades y límites; porque las posibilidades son funcionales a

6
El concepto de sujeto de Zemelman es uno de los más problemáticos que encontramos alrededor de
toda su obra.
22
los límites y los límites lo son a las posibilidades; no son dicotomías antagónicas sino
complementarias» (2004: 102).

Como apuntamos desde los primeros pies de página, sólo y cuando la perspectiva histórica
esté presente dentro de las ciencias sociales, sólo y así, estas ciencias estarán vislumbrando
un presente de cara al futuro. La relación entre cientificidad y las propias visiones del
mundo, de ser carentes sólo llevarían a “descripciones contingentes” o “invención de
realidades” (1994a: 21; s/f: 2). Por ello, Zemelman alegó siempre por una realidad “dable”
antes que “dada”:

«[E]ntender que la realidad histórica es una construcción de sujetos múltiples y complejos,


diferentes entre sí, pero que coexisten, que son concomitantes; si la realidad se construye,
estamos en presencia de la necesidad de activar a ese sujeto en todos sus espacios, de activar
al sujeto no solamente en los grandes espacios sino también en los pequeños espacios, de
entender que los grandes procesos históricos, que de pronto se nos presentan como
ineluctables, son construcciones, y que esas construcciones tienen lugar en ciertos momentos;
y esos momentos son fundamentales» (Zemelman, 2004: 103).

Con esto, el sociólogo como sujeto no es un “agente” externo y ajeno que busca sólo
construir, conquistar y comprobar de manera abstracta un objeto de estudio partiendo de lo
“real”, sino de igual forma es parte y guarda distancia de él y de su construcción: un
espacio intersubjetivo de adquisición y creación de conocimiento social. Asimismo, hay
que destacar que muchas de las categorías de la sociología, se encuentran y se utilizan en el
inmediato cotidiano y que, dependiendo de la cultura de los mismos sociólogos; como de
los miembros que la conforman, pueden tener un significado polisémico. De esta forma:

«El sociólogo es ante todo un hombre de su tiempo. Desde luego, que sus posibilidades de
darle explicación a la coyuntura serán variables; éstas dependerán de una multiplicidad de
factores que incluyen condiciones institucionales propicias —la libertad de investigación en
primer lugar—, la capacitación científica que posea y el acervo de conocimientos sobre el
país de que disponga» (Arguedas y Loyo, 1979: 37).

Por estas precisiones, siempre cuando hagamos referencia al objeto y sujeto de la


sociología, dentro de este trabajo, se debe de entender y comprender como una relación
complementaria, más que una visión incompatible, sea de fuerzas o como una unidad de
análisis caótica, de forma gráfica proponemos ubicar a un objeto-sociólogo y un sujeto-
sociólogo como parte de una realidad sociohistórica no estática y llena de contradicciones
continuas, incluso cuando tomamos como referencias los aportes de otros autores.

Al vincular el perfil científico-disciplinario de la sociología y del sociólogo, la sociología es


práctica social (Andrade, 1998a) y producto social (Castañeda, 2004). Es práctica social
porque: «[…] es realizada por las comunidades de sociólogos, es decir colectivos de sujetos
cuya identidad profesional —la cual ha sido resultado de una formación universitaria—
está constituida por un sistema de conocimientos referidos a la sociedad» (Andrade, Óp.
23
Cit.: 1. Cursivas agregadas). Es producto social, porque —parafraseando— «es el resultado
de los mismos desarrollos sociales y culturales que la propia “sociología” pretende
explicar» (Castañeda, Óp. Cit.: 5-6, 193).7

Con ello, y basándonos en la posición de la sociología como ciencia y disciplina


autorreflexiva, la delimitación de su objeto de estudio, su papel como práctica y producto
social y el enfoque del sociólogo como sujeto-objeto, es pertinente tomar la consideración
sobre la sociología como ciencia empírico-teórica, que —en entrevista— nos dice Lidia
Girola quien, en su intervención, no omitirá el plano internacional y la realidad nacional,
además, las últimas palabras de su intervención coincidirán con esa “ciencia que incomoda”
de la que hablaba Pierre Bourdieu (1990a):

“La sociología es una ciencia empírica y teórica a la vez. […] Empírica porque, obviamente,
su objetivo es analizar, estudiar conflictos, procesos, relaciones en la sociedad y para eso
tiene una serie de métodos y técnicas que ya están bastante desarrolladas, que utilizan y que
han dado muchos frutos, a nivel internacional, pero en México también muy
consistentemente en los últimos veinte años. Y digo que también es una ciencia teórica
porque analiza y propone. Analiza instrumentos conceptuales y propone instrumentos
conceptuales para el estudio de lo social.

Creo que todas las disciplinas sociales lo hacen, pero en este caso, en México, creo que
tenemos un especial interés por este análisis de los instrumentos conceptuales. Instrumentos
conceptuales que varían a lo largo del tiempo, que tienen una historia propia, que se aplican a
contextos específicos. Entonces, es una disciplina muy compleja porque además tiene
pretensiones de “genializar”, de sacar regularidades e inferencias que se puedan aplicar a
distintos procesos y a procesos que obviamente uno compara, pero de esa comparación salen,
justamente, ideas más generales. Creo que todavía sigue existiendo una diferencia muy
grande con la antropología o la etnografía. Para nosotros la etnografía, o sea, la descripción
de los procesos es crucial, pero tratamos de ir un poco más allá.

Entonces: comparar, generalizar, sacar inferencias que puedan [y] nos permitan entender
procesos en condiciones similares en ciertos aspectos y diferentes en otros contextos. Creo
que la sociología es una ciencia muy ambiciosa y que precisamente por esta gran ambición
que tiene, es difícil. Es difícil porque no nos basta con describir algo, por ejemplo, describir
la violencia intrafamiliar: hacer un recuento de los casos, de los problemas, de quiénes son
los afectados, quiénes son los que son violentos, cuántos casos se dan en la Ciudad de
México, cuántos en Guadalajara, eso no nos basta porque tratamos de rastrear el por qué y
ese rastrear el porqué de la violencia intrafamiliar y las consecuencias que la violencia
intrafamiliar puede tener en otros ámbitos: en el Estado, la democracia, la religión, las
expectativas de vida, en muchas cosas. Eso una descripción etnográfica no llega a plantearla.
Y, además, digo que es una disciplina muy compleja porque nada le es ajeno, o sea, ni los

7
Castañeda se refiere a la conformación de la teoría, sin embargo, como señalamos, tiene la misma
función en la sociología.
24
procesos políticos, ni los económicos, ni los religiosos, ni los culturales. Entonces, nos
metemos con todo” (Girola Molina, en entrevista, 2013).

Una visión que incorpora la génesis de la sociología, el desligue que tiene con la filosofía
en su búsqueda de emancipación disciplinaria, su ideal de cientificidad, sus distintas formas
de delimitar su objeto de estudio, la incorporación del tema del sujeto; sumado a su noción
de “tradición de conocimiento”, la idea de autorreflexividad y producto social señalada
arriba, así como la distinción entre ciencia y sentido común (Cfr. Hernández Prado, 2003),
es la que nos presenta Fernando Castañeda cuando habla de la sociología como discurso
académico:

“Bueno, yo hablo, normalmente, creo que hay una historia de la sociología que nos plantea
ciertos parámetros, ciertas líneas, establece cierta trayectoria de discusión que la gente fue
resolviendo de diferentes maneras y tratando. ¿Y cuáles son éstas? Bueno, primero hay una
ruptura con la filosofía, con la filosofía política, con la filosofía del derecho, con la filosofía
de la historia, esa ruptura se expresa como —digamos— un movimiento de los problemas de
orden filosófico —particularmente de la filosofía política, teorías del orden social, ideas
normativas del pacto, en el contrato, ese tipo de cosas— ha una idea científica. De alguna
manera, la sociología pretende abandonar, lo que considera una especulación filosófica. El
caso típico es [Auguste] Comte: la ley de los tres estadios, las ciencias abstractas, la etapa
metafísica, ¿Qué está diciendo Comte?: “Toda esta bola de filósofos son especuladores.
Viven en la especulación”. Como quieran que lo definan, como quieran que lo entiendan, no
quiero entrar aquí en detalles de la forma que la crítica.

Pero entonces van a encontrar un desplazamiento hacia la filosofía. Lo ven en Comte de una
manera muy básica, lo ven en [Karl] Marx de una manera muy radical en su crítica a la
filosofía del espíritu de [Friedrich] Hegel; a su reflexión sobre la historia, a su pretensión de
una ciencia, de posición materialista-científica, etcétera. Lo ven en [Émile] Durkheim en su
crítica a [Immanuel] Kant y a las categorías kantianas, no como a priori, sino como
construcciones sociales. Lo ven en [Talcott] Parsons en su pretensión de ser liberal pero
desde la sociología, no desde la filosofía política. Lo pueden ver en [Niklas] Luhmann.”

[…]

“Hay un elemento en común que es el intento de describir los fenómenos sociales de otra
manera, de dar cuenta de ellos de otra manera. Esto no quiere decir que la ruptura jamás se
haya completado. Desde mi punto de vista ese un rasgo de la sociología, vive en una tensión
entre los problemas de validez y los problemas de... Es decir, ¿Qué es lo que produce este
desplazamiento de la sociología como ciencia? Por lo menos radicaliza algo que ya estaba en
Hegel ¿Qué radicaliza? La idea de que la sociología es al mismo de tiempo un objeto de sí
misma, porque la cultura, la ciencia es objeto de la sociología. El construirse como una
ciencia de los productos humanos, de la cultura humana, etcétera. Entonces se vuelve un
problema de explicación a sí misma pero ahora desde el punto de vista fáctico.

25
“Un tercer elemento es, por todo eso, la forma en que entiende al sujeto y a la acción social o
la sociedad dependiendo de la teoría. Los que entienden la sociología como Durkheim que
privilegian la idea de la sociedad como un hecho, como una realidad emergente, bueno, ahí es
muy claro su ruptura con la filosofía, con los sujetos. Como si la sociedad fuera un conjunto
de sujetos con sus cualidades racionales, lo que yo llamo el sujeto y sus cualidades racionales
como a prioris, que este era el supuesto de la filosofía política. Cómo construir un pacto,
cómo crear los supuestos de racionalidad del sujeto, la idea de cómo moralmente es válido, el
problema de la validez moral del orden, todas estas cosas. En el caso de la sociología, el
sujeto ya es un sujeto construido socialmente y también sus categorías.

[…]

“Hay una tradición de conocimiento que define campos y problemáticas, que sí la distinguen
de la ciencia política, de la economía, de la filosofía política, de la filosofía de la historia,
etcétera. Quizá es más difícil deslindar a la sociología de ciertas tradiciones de la historia y
ciertas tradiciones de la antropología. En las que de alguna manera se mezcla, pero incluso
allí veo que un historiador diría: “hay cosas que no es lo mismo”. Y creo que, incluso, un
antropólogo diría que no es lo mismo. Aunque la antropología, como diría [Alvin] Gouldner,
[y] la sociología, prácticamente, hacemos, desde posiciones teóricas diferentes, las mismas
cosas”.

[…]

“La sociología es un discurso académico, es un discurso académico que se construye


socialmente y en eso yo comparto la tesis de Durkheim, de Max Weber y de Luhmann, por
eso le llamo sociología académica, porque la sociología se construye como un espacio
diferenciado, un espacio diferenciado, donde no es que exista un discurso del método afuera
o una construcción del método externa de carácter normativa, pero si existe una forma
peculiar de construcción de la identidad de quién es sociólogo y de la construcción de la
identidad del discurso sociológico.

[…]

“La verdad de las cosas es que no se trata de discutir si es neutro o no neutro: se trata de
discutir qué es lo que lo caracteriza como discurso. Y por eso digo que es un discurso que se
desdobla en dos dimensiones —digamos— en general los discursos no se plantean así
mismos como conjeturales, sino que normalmente son afirmativos […]”.

[…]

“Yo sí creo que la ciencia y el sentido común son distintos y son distintos porque, el sentido
común es un tipo de pensamiento, de forma de actuar y de forma de operar que tiene que ser
integral, en eso estoy de acuerdo con Giddens y su concepto de “acción social”, esto que
decíamos antes que la acción social es compleja y que no puede ser descompuesta. El actor;

26
el ego es un actor que no... de aquí lo de Bourdieu, lo de Giddens fue muy… Y Schütz en ese
sentido. A mí me parece que la fenomenología, efectivamente, tiene un problema de
subjetivismo que no puede resolver: Giddens lo ha dicho bien. Pero sí planteó una cosa bien,
que es la acción social, al criticar Schütz a Weber, planteó una cosa que es cierta, la acción
social es muy compleja y no puede ser trabajada como unidades cortas o unidades cerradas
abstractas. Como pequeñas unidades. Yo estoy de acuerdo con eso.

Entonces, cuando yo digo que el sentido común es distinto, el sentido común opera de otra
manera, en cambio, la ciencia opera de otra manera, es un discurso abstracto, siempre es un
discurso abstracto y esto es una de las características de las ciencias sociales: es un discurso
abstracto, que evidentemente focaliza ciertas cosas y las trata de reconstruir teóricamente y
por lo tanto, también es parcial. Uno no puede seguir aspirando a un conocimiento total que
resuelva de una manera definitiva los problemas. Es una crítica a toda esta idea que sigue
existiendo, que es una utopía del conocimiento total, integral, etcétera. Yo no creo que eso
sea posible.

Creo también que a veces, que en la interdisciplina y sobre todo en la transdisciplina haya ese
tipo de falsas ilusiones. Yo creo que al final de cuentas el conocimiento, el conocimiento
siempre es parcial y abstracto. Entonces, hay que distinguir a la sociología de otros discursos.
No por razones valorativas, ni ideológicas, sino porque tiene formas y formas de reproducirse
y construirse diferente” (Castañeda Sabido, en entrevista, 2012).

Volveremos en la tercera parte de este capítulo sobre el tema de lo interdisciplinario. Como


observamos desde el principio y como se ha dado en otras regiones del mundo, la
sociología nace asociada con el conocimiento sobre y de la modernidad (idea que
profundizaremos en el siguiente apartado) y que, por lo tanto, tiene sus especificidades,
dotadas sobre todo al incorporar la perspectiva histórica de acuerdo al momento donde se
desarrolle. Alfredo Andrade Carreño nos ofrece esta perspectiva, que con anterioridad ya
había utilizado (Andrade, 1998a: 77-123), que involucra —nuevamente— el ideal científico
y la noción de reflexividad sobre la sociología que venimos sosteniendo, y nos ayuda,
incorporando los argumentos de los demás entrevistados, para poder articular un concepto
que involucre los consensos y disensos sobre la disciplina sociológica. Teniendo como
referencia nuestro país, dice:

“En el caso mexicano tiene como antecedente haber sido una ciencia que tiene que
comprometerse con la inquietud de contribuir a los procesos de modernización de nuestro
país, de nuestra sociedad. La sociología en general arranca en el mundo moderno como eso,
por eso yo lo llamo un discurso reflexivo respecto de la sociedad, porque el mundo moderno
se ve en el compromiso de incidir en el devenir histórico de un proceso de modernización. La
ciencia y la sociología arrancan como parte de este esfuerzo, por contribuir a la
modernización, y en México cuando la sociología se institucionaliza forma parte de esta
preocupación, de impulsar un desarrollo, un desarrollo económico, social y cultural donde se
espera que la sociología haga una contribución.

27
Tiene que ver sobre todo con los acontecimientos históricos que rigen el siglo XX, y sobre
todo en el caso mexicano pudo verse. El impulso de la sociología en nuestro país tiene un
antecedente importante con Gabino Barreda y forma parte de ese proceso de modernización,
pero pensando en el proceso de institucionalización, ya como una carrera científica, como
una carrera profesional, me refiero a la segunda mitad del siglo XX”.

[…]

“[L]a sociología en nuestro país, para comprender su desarrollo, su devenir histórico, es muy
importante siempre contextualizarla en los cambios que le imprime a la sociedad mexicana la
revolución, esa guerra civil y a consecuencia de ello, cambia las discusiones políticas,
sociales, económicas [y] culturales en gran parte del siglo XX, [que] va a ser definitivo en el
devenir de la sociología en nuestro país. Al final del siglo XIX, la sociología es trasladada a
nuestro país como parte de ese impulso modernizador, pero después de la revolución
mexicana hay un proceso de reestructuración de nuestra sociedad; de reconstrucción del país
y en esa reestructuración hay cambios en la universidad, nuestra Universidad Nacional, de
haber sido una universidad elitista, pasa a ser una universidad comprometida con el impulso
del desarrollo económico-industrial de la sociedad mexicana y con esa universidad ya
madurada, con ese proyecto universitario consolidado, es que se impulsa la sociología en
nuestro país, como parte de un proceso a nivel mundial del desarrollo de las ciencias sociales,
como ciencias que deben contribuir a revertir el proceso de rezago de las sociedades”
(Andrade Carreño, en entrevista, 2012).

En el capítulo cuatro seguiremos desarrollando, con más detenimiento, la cuestión de la


institucionalización de la sociología en nuestro país, incorporando el de profesionalización.
Sumado a lo anterior y retomando los legados, sobre todo filosóficos, de los que nos han
hablado nuestros entrevistados, la sociología no puede seguir sosteniendo un ideal de
“pureza” disciplinaria puesto que, desde sus fundamentos científicos e incluso “mitos
fundacionales”, ha arraigado en su interior debates con otras formas de conocimiento
científicas y humanísticas.

En el caso mexicano, esta herencia se encuentra en las obras que describen la cuestión
social: en Bernandino de Sahagún en tiempos de la conquista; durante la independencia en
Lorenzo de Zavala, José María Luis Mora, Lucas Alamán, Mariano Otero y otros. Con el
tránsito del siglo XIX al XX este papel corre a cargo de Wistano Luis Orozco, Andrés
Molina Enríquez y Luis Cabrera (Sefchovich, 1989: 8, 21-23. Cfr. González Casanova,
1989: 14-22). Sin embargo, a pesar de este legado humanista, históricamente, en nuestro
país: «[…] la sociología nació marcada precisamente por el positivismo, doctrina oficial y
única del porfiriato» (Sefchovich, Óp. Cit.).

Este positivismo se reformula con la publicación de la Revista Mexicana de Sociología en


1939, al vincular “la investigación teórica y la utilidad práctica”, pero pretendiendo
encontrar las leyes de los fenómenos sociales (Ibídem: 16). No obstante, otras posiciones
28
señalan que lo que existió fue una preponderancia de las corrientes hermenéuticas
importadas a México por los exiliados españoles, de la talla de José Medina Echavarría,
José Gaos o Luis Recasens Siches; la cual se engarzó con la “la tradición vitalista
mexicana” (De la Garza, 1989a: 116). Por lo tanto, en los primeros números de la Revista
también hubo: «[…] una obsesión por definir qué era la sociología y su estatuto de
cientificidad; delimitar su campo de estudio y fundamentos, sus conceptos, sus métodos,
técnicas y sus relaciones con otras ciencias» (Sefchovich, Óp. Cit.: 17). De igual forma,
como hoy día, se discutió sobre el concepto de sociedad o sobre el futuro de las ciencias
sociales (Ibídem: 18-20).

En el mismo momento histórico, las posiciones hermenéuticas (más filosóficas que


sociológicas) presentes en la Revista en sus primeros once años, son eclipsadas por este
positivismo exacerbado y la influencia empirista norteamericana: «No fue la de las
corrientes en ciencias sociales y nunca quedó clara la conexión entre concepción de la
relación sujeto-objeto, teoría en la ciencia social, métodos y técnicas» (De la Garza, Óp.
Cit.: 117). No es gratuita la afirmación de De la Garza al respecto: «La debilidad de la
hermenéutica en México quedó plasmada en su impotencia metodológica y técnica»
(Ibídem: 118).

Por esta razón se entiende la preocupación —como naciente y pionera publicación


académica en América Latina— de incorporar, aunque sólo sea por medio de traducciones,
las posiciones teóricas de la sociología clásica como las de Durkheim, Weber, Parsons o
Merton (Sefchovich, Óp. Cit.: 11-16). Sobre estos puntos, llevándolos a terrenos actuales,
Sara Sefchovich y Enrique de la Garza nos comentan al respecto. La primera, partiendo de
la discusión sobre lo científico y lo no científico para las ciencias sociales y compartiendo
su experiencia académica, dice:

“Esto es una idea a la que me opongo completamente, esa calificación de qué es lo científico
y qué es lo no científico. Se acostumbra llamar científico a lo que, sí, yo llamaría positivista,
que quiere decir, una descripción de los hechos y después de eso hacer clasificaciones en
numeraciones, porcentajes, etcétera. Yo no creo en ese tipo de ciencia para la ciencia social
[y] para las ciencias humanas. [C]reo que hacer las descripciones, que hacer las
cuantificaciones, que hacer las ciencias sociales —digamos— sobre trabajo de campo son un
primer paso, no un objetivo para las ciencias sociales y humanas.

En el momento que siguiendo corrientes sociológicas, sobre todo norteamericanas, me parece


a mí que convirtieron a las ciencias sociales a esta idea de la “cientificidad” y nosotros se las
copiamos, y nos salimos del espectro que había dominado a la sociología y a las ciencias
humanas y sociales en México, que era el espectro francés. Que es una manera en la cual todo
este tipo de descripciones y datos los usas como la base de una interpretación diferente. Yo
creo que en ese momento se echó a perder y se fragmentó nuestra idea de sociología.

29
¿Por qué me voy con el modelo francés? Porque es un modelo que se usó en México […]
todo el siglo XIX desde los novelistas hasta digamos un poco más del siglo XX, hasta los
70’s – 80’s en México y, me parece, que era un modelo que servía para interpretar y para
entender a la sociedad. A lo mejor, no con ese tipo de “rigor” de los científicos positivistas y
de los científicos que quieren que las ciencias sociales sean como las ciencias “duras” pero sí
para entender mucho mejor a este país y sí, sobretodo, para tratar de aventar; de aventurar una
interpretación de por dónde puede caminar [por ejemplo] los movimientos sociales, los
grupos sociales: el país mismo.

[…]

“Hay una falta evidente de [la] manera de hacer las ciencias sociales, que tiene una pretensión
de lo que es científico; que no te permite estar al día en la compresión de los fenómenos
sociales, ¡Aunque te equivoques! Porque la razón para hacer este tipo de “cientificidad” (lo
pongo mil veces entre comillas) es que todo sea inequívoco, entonces esto no es posible en la
sociedad, creo que ni en la ciencia “dura”, pero digamos que me conformo con mi área. No es
posible y prefieren no hacerlo hasta tener toda la seguridad, todos los “pelos de la burra en la
mano”, no se trata de eso en ciencias sociales.

Se trata de trabajar, de teorizar, de ir viendo el pasado, de ir viendo las cosas y atreverse


hacer propuestas, atreverse a interpretar aunque te equivoques, aunque eso no sea “científico”
pero que sirva a la sociedad. Les sirva a los que tienen que entender ahora, sean periodistas,
sea el gobierno, sean los jóvenes, sean los propios participantes de los movimientos sociales
y nosotros hemos destruido todas esas herramientas so pretexto de la cientificidad que no es
sino una manera de llamarle al miedo en las ciencias sociales, porque se puede ser muy serio,
muy científico, buscar la teoría en la que te apoyas, explicar las cosas, describir las cosas
como positivista, pero atreverse a ir más allá” (Sefchovich, en entrevista, 2013).

Sumado a la fuerte crítica sobre el estatuto científico de las ciencias sociales por parte de
Sefchovich (Cfr. s/f), Enrique de la Garza contempla la disputa entre positivistas y
hermeneutas respecto al quehacer científico de las disciplinas sociales, la cual no ha cesado.
Tomando como referencia las posturas teóricas que impregnaron a la sociología en las
primeras décadas del siglo XX (sobre todo en la Revista Mexicana de Sociología),
paradójicamente existe un ascenso de la hermenéutica sobre el positivismo8 en la

8
Acerca del término “positivismo”, bajo la misma línea argumentativa de De la Garza, Castañeda en
entrevista nos comenta: “La palabra positivista como dice Giddens es su texto, El positivismo y sus críticos,
es un término muy ambiguo porque sirvió para muchas cosas. Popper puede ser positivista en el sentido que
cree en la unidad del método, eso cree, digamos, en que cree que la realidad juega un papel que demarca lo
científico de lo no científico. Quizá si queremos llamar positivismo a todo el proyecto de la filosofía de la
ciencia, la idea de que hay un ideal normativo que distingue a la ciencia de la no ciencia, eso ya no queda tan
claro que sea sólo positivista, no lo aceptaría mucha gente en la filosofía de la ciencia.
Pero digamos, la idea de la separación ciencia, hecho-valor, la idea de la unidad del método, la idea de
que la realidad tiene un papel en el criterio de decisión finalmente entre verdad y falsedad, entre cierto-falso,
son ideas que quizá se parecen al del positivismo y por eso lo pusieron en el terreno del positivismo y para
muchos filósofos, para la hermenéutica, para la filosofía de la existencia y todos esto, eran positivistas. Max
30
problemática de la ciencia, desde la mitad de la década de 1980 hasta nuestros días
(complementando de alguna forma la discusión epistémica-metodológica que nos ofreció
Castañeda sobre las perspectivas teóricas que ha tenido la sociología). Contrario a lo que
predominó en la primera mitad del siglo pasado, De la Garza sostiene:

“[U]na es que yo digo que en la discusión epistemológica se volvieron más importantes las
hermenéuticas que el positivismo —ya de entonces para acá— y las discusiones
hermenéuticas no era parte muy conocida de los de ciencias sociales, por ejemplo —pues casi
nadie— los filósofos sí, pero los de ciencias sociales que estudiaran a [Edmund] Husserl o
[Martin] Heidegger, pues no, más bien estudiaban a los teóricos del positivismo lógico, y
entonces ahí hay una tradición más fragmentaria que no es muy fácil de encontrar, algo así,
como un manual de hermenéutica, sino que hay muchas posiciones; muchos autores.
Entonces hacer la síntesis de eso es complicado y más cuando la corriente hermenéutica que
más impacto tuvo —de los años 80’s para acá— es la corriente que viene de Heidegger y que
se continúa con [Hans-George] Gadamer.

Entonces, hay dos proposiciones muy fuertes [que] alejan a los científicos sociales; es decir,
se critica al positivismo (la investigación no es por ese camino), pero se añade que la
hermenéutica no es un método, sino que es una manera de ser en el mundo, es decir, de
manera “natural” somos hermeneutas interpretativos todo el tiempo, pero que esto no está
sujeto al método. Y, efectivamente, el positivismo tiene muchas limitaciones, pero no quiere
dejar de hacer ciencia y entonces se dice: “¿Con qué me quedo? Yo esperaba que me dijeras
que me quedara con un método alternativo —digamos— ‘hermenéutico’, pero me dices que
no hay método hermenéutico”. Y el positivismo tampoco es rechazado por múltiples fallas,
entonces qué me estas proponiendo: pues que ya no haga ciencia o que la ciencia es igual que
la brujería o que la religión en el fondo.

Entonces —digamos— el error de los hermeneutas fue no haberse presentado —no estoy
diciendo de todos pero la corriente más pesada; filosófica— no como una alternativa
metodológica, sino como que no hay alternativa y de que además el positivismo tampoco era
alternativa. Entonces, eso conecta también con un tipo de hermenéutica en donde para uno no
se puede ir más allá de la subjetividad, para otro no se puede ir más allá del discurso, en
donde también se pone en duda una realidad más allá de la que está en el propio sujeto o en el
discurso del sujeto. Es decir, en un rayar con el agnosticismo desde el punto de vista
ontológico, no sólo metodológico, sino también desde el punto de vista ontológico.

Los que fueron consecuentes por ese lado, en qué se convirtieron: pues en filósofos. Es decir,
ya no les importó que si hay que hacer encuestas o que la encuesta no es la adecuada o
entrevista a profundidad. ¡No! Todo eso no importa porque en realidad no son más que
discursos que tienen el mismo status que… la religión como discurso. Entonces, yo puedo
hablar de estos discursos, pero no atribuirle ningún contenido de verdad, la verdad nada más

Weber era un positivista para la filosofía de la existencia, eso lo dice [Hans George] Gadamer. Entonces
depende desde donde lo veamos. Pero bueno, eso no importa, esos son adjetivos, que se pusieron en los
debates, en las guerras intelectuales” (Castañeda, en entrevista, 2012).
31
es un discurso, entonces es la cancelación de la ciencia. Entonces, como la mayor parte no
dijo “Voy a cerrar el negocio de la ciencia” unos si lo hicieron”.

[…]

“[E]ntonces dijeron: “pues entonces nos quedamos como la fábula del ‘rey desnudo’ pero sin
posibilidad de nuevo traje”, entonces nos alejamos de esas discusiones que no llevan a nada y
pues sigo haciendo, pues a veces como siempre —que quiere decir— “hipotético-deductivo”,
otras veces, pues como me lo plantea la “teoría fundamentada” o como lo plantea el
interaccionismo, que no llega a esos extremos, entonces, sin mucha profundidad de qué es lo
que estoy haciendo, ¿Por qué? Porque la profundización llevó a la cancelación de la ciencia”
(De la Garza, en entrevista, 2013).

Como muestran los argumentos de De la Garza y conjuntándolos con el de los demás


entrevistados, la discusión teórica puede ser fructífera pero de igual forma puede tener
consecuencias atroces sobre el estatus científico de las ciencias sociales, generalmente, en
las relacionadas con su anulación. Con esto queremos demostrar cómo la sociología, al
mismo tiempo que rechaza, hace suyas las disputas, tanto epistemológicas como
metodológicas, que se están dando dentro de otras disciplinas científicas, en otros contextos
distanciados y diferenciados.

Revisando los argumentos de los entrevistados, aun cuando sus posicionamientos pueden
ser disímbolos, la idea de “genializar” empírica y teóricamente es latente en la mayoría, la
discusión sobre el estatuto científico y humanístico de la sociología, así como de las
ciencias sociales, está presente. De igual forma, las referencias y discusiones
epistemológicas y metodológicas se encuentra en la mayoría de ellos, así como la necesidad
de un referente situacional. No es de sorprenderse, entonces, el retorno —sobre todo de
autores europeos en sus diferentes corrientes teóricas (Dubet, 2011; 2012, Lahire, 2006a,
2006b; Wieviorka, 2011; Bauman, 2014) — de los análisis de la sociología como disciplina
social y con respecto a su utilidad práctica, así como sobre los elementos para realizar una
investigación sociológica (Becker, 2011a, 2011b).

Con los argumentos presentados por nuestros entrevistados, se tiene que asumir la
responsabilidad social que se ha transmitido por medio de la propia disciplina, aún en sus
consecuencias no deseadas. Los sociólogos se han obsesionado por “exorcizar” los
“demonios” que aturden la vida social; la vida cotidiana. Olvidando que las “cruces” que
cargan en nombre de la razón científica están rodeadas de “ángeles” que aminoran y
guían sus pasos con la “bandera” de la humanidad. Ahora, si bien se pueden contabilizar
los conceptos que se han hecho o se han usado a lo largo de la historia de la sociología,
como concepto preliminar y para fines de esta investigación (a manera de “tipo ideal
weberiano”), la sociología es la disciplina científico-humanista que analiza las relaciones
humanas, en contextos sociales determinados histórica y culturalmente por los miembros
32
que la conforman; que, desde una perspectiva académica “pretende” darse legitimidad
frente a otros tipos de saber.9

Para entender, interpretar y explicar a la sociología, hoy día se debe considerar ir más allá
de la sociología. No en el sentido metafísico o “posmoderno”, sino como práctica y
producto socio-humano. De igual manera este concepto considera que la formación del
sociólogo debe tener una carga durkheimiano-weberiana, pero su espíritu debe ser marxista.
Por tal motivo, ninguna ciencia social está en posición de establecer monopolios de
acuerdo a objetos de estudios. Como ejemplos, podemos tomar al individuo, al sujeto, al
actor como objeto, así como a la sociedad, la estructura, el sistema y —como se dijo desde
el principio y veremos a continuación— a la modernidad.

Sociología y modernidad
Siempre son de utilidad los cursos de “teoría sociológica”, sean los primeros o los más
avanzados (en ocasiones olvidados), dado que, por un lado, nos abren la puerta de entrada
para reflexionar y ubicar los orígenes y desarrollos de nuestra disciplina; por el otro, el de
la cultura moderna: la modernidad. Incluso, si habláramos de la tradición como elemento
clave, caeríamos en la ilusión de un estado previo al desarrollo de la teoría sociológica.

Si la modernidad (según la Real Academia de la Legua Española) es la “calidad de lo


moderno”, lo que significa de lo actual o la época “reciente”, ¿Se puede señalar que es una
ventaja para la sociología, para reiterar su carácter autorreflexivo y constante? En cierta
medida, sí. Sin embargo, la modernidad también es terreno de lo científico, lo político, lo
económico, lo militar, interconectados entre sí y con otros ámbitos de la realidad. Por lo
pronto, nos detendremos en el primer terreno.

La advertencia de Carlota Solé (1998) sobre la polémica y las resignificaciones de la


modernidad, consideramos, es una de las más pertinentes desde la perspectiva sociológica.
La autora hace un exhaustivo examen desde las posiciones más ideológicas de los términos
de moderno-modernidad-modernización, así como sobre sus reduccionismos en procesos
relativistas, endógenos y etnocéntricos (Smith, 2004: VIII-IX).10 Asimismo, realiza un
amplio recorrido desde los clásicos de la teoría sociológica, la concepción funcionalista, la
visión antropológica, entre otros tópicos, para darnos una definición propia y discutir
concepciones como la “posmodernidad” y la “sociedad del riesgo”, entre otras
denominaciones. La reflexión final a la que nos lleva su lectura es ver lo “moderno” en el

9
De igual forma (dependiendo de la postura que asuma el sociólogo) puede tomarse la dimensión
Política, Económica, Cultural, Ambiental, Religiosa, etcétera.
10
De las lecturas que hemos hecho, Carlota Solé y Margarita Olvera Serrano tienen muchos puntos en
común, no obstante, mientras que para la primera estos procesos son referencias de partida, para la segunda
(al menos los procesos etnocentristas y relativistas) serán materia de reflexión sociológica para una
redefinición conceptual de la modernización a posteriori (Olvera Serrano, 2003:.45-48). Solé busca ofrecer
un concepto nuevo; Olvera, una resemantización.
33
momento, lo aparentemente uniforme; la “modernidad” dentro del contexto en que se sitúa
(nacional, internacional, regional) y, la “modernización” como un proceso inacabado; es
decir, como un cambio social de largo alcance.

Tal como dice ella (Solé, 2004: 9), en vista de que lo moderno y la modernización fueron
considerados como temáticas de investigación por sociólogos norteamericanos y británicos
en los años sesenta del Siglo XX:

«Cualquier tentativa de conseguir una definición sociológica de modernización (y de


moderno) se ha visto dificultada por interpretaciones múltiples, confusas y vagas. Las causas
son muchas y variadas. En primer lugar, el término «moderno» tiene una clara connotación
moral en el sentido de que para la mayoría de los hombres se identifica en principio con una
cosa buena, deseable y a ser lograda, sin embargo, para otros esta palabra puede significar
algo malo, a evitar, como es el caso de la amenaza nuclear. En ambos casos «moderno»
implica una cosa nueva, puesta al día, diferente de cualquier estado y condiciones previas. En
su uso histórico, moderno se opone también a tradicional, y en este sentido se referiría (como
progreso) a algo cualitativamente superior, en términos de eficacia, a una situación anterior»
(Ibídem: 10).

Tomando como referencia la discusión anterior que tuvimos sobre el perfil científico-
disciplinario de la sociología, es inevitable no destacar que el ideal de la “ciencia moderna”
se asocia con su pretensión de “progreso” y por lo tanto de “modernización” (tal como lo
consideraba la filosofía positivista y el positivismo sociológico de Comte o Durkheim
respecto al proceso de industrialización). El propio Thomas Kuhn, con el que tendremos un
diálogo posteriormente, cree en este elemento para, como veremos en el capítulo siguiente,
la transición de paradigmas por medio de una revolución científica en el establecimiento de
la ciencia normal (Kuhn, 2012: 281-300). En este sentido, coincidiendo con el lenguaje
kuhnieano, el progreso científico no avanza por acumulación y un objetivo orientado, sino
por discontinuidades y rupturas.

En el caso de la modernidad, estas discontinuidades y rupturas se pueden apreciar en los


términos, ambiguos o asociativos (pero no ambos a la vez), que tienen una dicotomía que
“pretende” destacar un estado anterior a ésta: estancamiento, permanencia, invariabilidad,
inmutabilidad, ruralización, oriente, socialismo, esclavismo, retroceso, etcétera; teniendo
como principal aquel vinculado con la tradición. Esto rompe con aquellas voces que abogan
por una modernidad (que sería acumulativa y orientada objetivamente) heredera de la
filosofía de la ilustración, producto de la revolución francesa e industrial; nuevamente,
fundamentada en la ciencia, generadora de “nuevos” sentimientos y motivaciones;
calculadora (Simmel) y racional (Weber), aunque ello no implique el progreso. Así, pues,
los adjetivos-denominaciones estrechamente vinculados con la modernidad, siempre
tendrán una connotación de “superioridad”: transición, transformación, innovación,
novedad, alteración, cambio, urbanización, occidentalización, capitalismo (Marx),
democracia (Tocqueville), evolución (Spencer y Durkheim), industrialización, civilización,
34
desarrollo, etcétera. (Solé, Óp. Cit.: Cap. 1 y 2; Ver también, Zabludovsky, 2010: Cap. 1).
Como en el caso de la ciencia, el origen de la principal ruptura y dicotomía de la
modernidad es de orden teológico, entre lo sacro y lo profano (Beriain, 2003: 157-158)11.

Lo anterior se puede considerar como la “primera idea” de la modernidad de la sociología


como práctica disciplinaria (Olvera Serrano, 2003: 28 y 35-39). Como bien apunta la
autora, uno de los principales obstáculos del funcionalismo fue concebir la tradición y la
modernidad como categorías universales (Solé, Óp. Cit.: 69), aunque no podamos escapar
de una lógica de tipificaciones binarias en la sociología cuando se puede constatar que es su
herencia genética. De esta forma: «[…]la modernidad ordenó y clasificó al mundo social en
binomios que simbolizan una convivencia conjugada de la oposición de las dualidades»
(Roitman M., 2003: 206).

Lo mismo nos hace remontar hasta la vieja disputa entre los “Antiguos” y “Modernos”
surgida en el siglo XVIII, de igual manera, en esta época es donde se acuña la noción de
“hombre moderno”. En este sentido: “Este «culto del hombre» tenía «como primer dogma
la autonomía de la razón y como primer reto, la libertad de pensamiento»” (Girola, 2005:
168). En el siglo XIX, como parte del tránsito a una nueva época, se pasa de “implicaciones
éticas” a criterios más “objetivos”, se abandona el razonamiento deductivo y se opta por
“métodos de observación, experimentación e inducción” (Solé, Óp. Cit.: 27; Cfr. Cereijido,
Óp. Cit.: 117-118). Esto se puede observar, sobre todo, en los llamados “avances
científicos”, aunque su “estructura”, en sí, sea la misma:

«La naturaleza y métodos del conocimiento científico no han cambiado excesivamente, a


pesar de su rápido y masivo aumento. Lo que sí ha variado en tiempos recientes es la
proporción de descubrimientos científicos y el acelerado avance de sus aplicaciones a una
creciente variedad de campos. En conexión con este nuevo factor está la cuestión de la
disponibilidad de conocimientos. En principio, todo el mundo puede beneficiarse del
progreso científico. Los científicos ya no se encuentran socialmente aislados, sino que

11
Esta distinción la ocupa Josetxo Beirain (2003: 156-162) para ubicar dos momentos de la
modernidad. La primera fundamentada en el nacimiento de la iglesia cristiana, la cual está basada en la
construcción de teodiceas como la idea de la salvación divina o la satanización del mundo, así como sus
principales características disciplinarias: profesionalización de lo sagrado, intelectualización (dogmatismo)
de lo divino y jerarquización eclesiástica, ésta la denomina Primera época axial. La Segunda época axial se
puede considerar como la primera gran crítica a los fundamentos de la iglesia secular, iniciada por Martin
Lutero y Juan Calvino en el siglo XVI, conocida como la Reforma, la cual, posteriormente, implica también
grandes revoluciones (como la francesa, la inglesa y la norteamericana) así como la expansión (iniciada
desde el siglo pasado) de occidente a regiones africanas y latinoamericanas; es decir, es una época llena de
convulsiones y movimientos sociales que, como sugiere Beirain, seguimos viviendo, sobre todo renovada por
las guerras mundiales del siglo XX. El principal elemento que se incorpora es el de reflexividad laica. Como
se puede notar los modelos dualistas siguen presentes en ambos casos.
35
trabajan en estrecha relación con las necesidades y demandas de las sociedades donde viven»
(Solé, Óp. Cit.: 28).12

Otro de los avances en materia de modernidad que dio el funcionalismo, fue destacar su
naturaleza endógena y exógena; es decir, “relaciones generales ajustadas empíricamente” al
interior o exterior (Bendix, 1966-1967: 310 en Ibídem: 69) y también, tratar de establecer
las primeras variables para determinar el grado de “modernización” en una sociedad. Sobre
el primer aspecto presentamos el siguiente cuadro:

Modelos endógenos y exógenos de la modernidad


Endógeno Exógeno
Tipo de sociedad: sistema cerrado Tipo de sociedad: sistema abierto
(autosuficiente).
El proceso de modernización es por igual a Continuum desde la tradición hasta la
todas las partes de las estructuras sociales, modernidad.
políticas, culturales etcétera.
Transformación interna de la sociedad. Transformación por factores externos de la
sociedad.
Modernidad como estado-final. La modernización no siempre termina en la
modernidad, por el elemento de incertidumbre.
Autoexclusión de la modernidad y la tradición Existencia de actores modernizadores
como categorías universales.
Fuente: Elaboración propia a partir de Carlota Solé, 2004: pp. 70 y 73.

Como dijimos anteriormente, esta distinción se basa en la no-generalización de los


conceptos de modernidad y tradición (coincidente con el aspecto endógeno). Es decir, son
excluyentes en sí y para sí; pero ni uno toma al otro, con ello los funcionalistas (aunque no
únicamente ellos) nunca pudieron hablar de ese estado final en la modernidad, sino de la
modernización como proceso. No obstante su necesidad de “medir” dicho fenómeno fue
siempre latente, con ello, ¿Se puede considerar, entonces, que sólo la tecnología sea el
centro de la modernidad?, ¿Un posible,o el, indicador de dicho fenómeno? (Smith, Óp. Cit.:
XVI y passim). Definitivamente no.

Solé (Óp. Cit. 77 y ss) nos dirá que, a partir de los “teóricos de la comunicación” y los
“teóricos de la diferenciación” (otras vertientes del funcionalismo con elementos
estructuralistas), procesos como la urbanización, la alfabetización, la participación en los
medios de comunicación y la participación política, entre otros; de los que sobresale, la
movilización social13, serán los que detecten los primeros para cuantificar la modernización.

12
Como veremos en el capítulo cuatro, esto sólo alentará en las comunidades científicas, la
comunicación entre la ciencia y la sociedad, entre los propios científicos y entre el mundo físico y social.
13
De nueva cuenta, el factor de “ruptura” se hace presente en este ámbito puesto que este quiebre
vincula: “antiguos compromisos vinculantes y formas de vida tradicionales” con “nuevas situaciones que
exijan nuevas formas de conducta y establecimiento de nuevos compromisos” (Solé, Óp. Cit.: 82). De forma
transversal se encuentra el aspecto colectivo e individual, social y cognitivo, sincrónico y diacrónico. Sin
embargo, como lo mostrarán los movimientos de liberación nacional, feminista o ecologista, no se dará por
36
Los teóricos de la diferenciación, por su parte, partirán de la antiquísima analogía de
considerar a la sociedad como un organismo adaptativo al medio ambiente, de tal forma
hablarán de diferenciación estructural e indicador estructural. De manera gráfica se puede
observar en la creación de los centros políticos (“élites”) y las periferias (“grupos más
amplios”).

No obstante, dependiendo del grado de cohesión, se pueden generar “unidades integradas”,


por ejemplo, clases dominantes en los centros y, como también dan cuenta los teóricos de la
comunicación, movimientos sociales en las periferias. Subrayamos el papel de los
movimientos sociales, porque lo que es la innovación para la ciencia y la tecnología en el
siglo XVIII, lo es para ellos en el siglo XX, por lo tanto, como en la ciencia, el conflicto se
hace presente y, al no haber un sustantivo más adecuado, genera “intereses”. Como también
lo hará la teoría de sistemas contemporánea, al replantear la problemática de la observación
(Hernández Arteaga, 2003: 89-96; Ver también, Galindo, 2006: XL-XLIV), la
diferenciación crea mecanismos de integración, observar es distinguir. El principal aporte
de las perspectivas funcionalistas será de orden metodológico.

Las perspectivas antropológicas (Solé, Óp. Cit.: Cap. 4), por su lado, tendrán su principal
aportación al incorporar el aspecto cultural, incluso el aspecto simbólico, pero no como un
sistema de creencias y valores como propugnaba el funcionalismo, sino ver a las sociedades
primitivas como puntos de partida de la modernización, no como estadios anteriores e
inferiores a ésta. Como lo hizo Durkheim con los aborígenes australianos en Las formas
elementales de la vida religiosa o Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y
el Estado, se trata de tomar sociedades ―aparentemente― primitivas para explicar
fenómenos, prácticas e instituciones de las sociedades ―aparentemente― modernas; a
partir de la descripción, destacando las principales características de la(s) misma(s).

Empero, una formula inversa resulta bastante complicada, dado que no existiría un único
inicio si tomamos en cuenta a la modernidad como punto de partida. En términos
metodológicos, la observación no sólo será hacia la naturaleza, sino la relación del hombre
con ella (Cfr. Olvera Serrano, 2003: 29), por ende, no sólo habrá un criterio de distinción,
sino también interpretación. Ahora, fenómenos “contemporáneos” como la aculturación, la
urbanización, la explotación y la migración, estarán presentes en ambas sociedades. Lo
cual, a nuestro modo de ver, nos permite hablar de un fenómeno más complejo y abarcador:
entender la modernización en la tradición y la tradición en la modernidad.

Procesos como la urbanización de las sociedades primitivas o la industrialización de


sociedades agrícolas, que de nueva cuenta hacen que la tecnología tenga un papel nodal, se
hacen más comprensibles. El advenimiento de “nuevas categorías sociales” como
campesino, “jóvenes indígenas con cierto nivel de educación”, artesanía, se vuelven

medio de “estructuras” (principal resabio del funcionalismo) sino a través de coyunturas. No generados por
“agentes” sino por “sujetos”.
37
categorías integradoras, pero que, hasta ahora, no dejan de ser vinculadas a la tradición
como estado descendente14. Néstor García Canclini, ha ahondado en este aspecto, quien
hace un llamado a que el tema de la modernidad se incorporé al trabajo de los antropólogos
latinoamericanos al concluir el segundo milenio e iniciar el tercero:

«[…] el papel principal ―menciona― de los antropólogos en este fin de siglo


latinoamericano sea el de críticos de la modernidad. Su rechazo al evolucionismo y al
etnocentrismo los induce a ver en las políticas homogeneizadoras de industrialización y
reconversión industrial, de integración nacional y subordinación a patrones transnacionales
de desarrollo, imposiciones occidentales a las culturas étnicas y locales, de las clases
hegemónicas sobre las subalternas y, en los más radicales, simple etnocidio. Como la
contradictoria y dependiente modernización latinoamericana ha engendrado vastos dramas
―migraciones masivas, desempleo, gigantismo urbano y polución―, no faltan datos ni
argumentos para la identificación cándida de la modernidad con el progreso y de las
tradiciones con el atraso. Hay entonces, un lugar evidente para que los antropólogos se
desempeñen como defensores de las culturas indígenas, promotores de sus saberes y sus
técnicas, no sólo en la academia sino en organismos gubernamentales y privados» (García
Canclini, 1995: 21; Véase del mismo autor, 2009: Cap. II; 2013: 39-41) 15

14
No sólo la aparición de nuevas categorías sociales destaca el interés por los análisis de la
modernidad, sino por la discusión de categorías vinculadas con ella en su gestación. Verbigracia, en un
conjunto de trabajos coordinados por Mónica Guitián Galán y Gina Zabludovsky Kuper (2003), algunos
investigadores han dado cuenta de ello: Héctor Vera (2003) destaca el papel del “intelectual” en este sentido;
puesto que, como hemos visto, la ciencia y la tecnología detentarán un papel central en la modernidad y el
intelectual será el encargado de ostentar sus logros y, agregamos, fracasos. Se puede decir, también,
compartiendo el ideal de “hombre moderno”, será el sujeto “creador” con base en el trabajo cognitivo y el
valor de la razón, antes que un “don” otorgado celestialmente. De igual forma mantendrá cierto “monopolio”
del conocimiento dada su posición (sobre todo dentro de las clases altas) en el poder y la academia.
Finalmente su labor crítica abarcará dimensiones sociales, universitarias e incluso cotidianas. Josetxo Beirain
(2003), de igual forma que lo hizo la perspectiva antropológica, se referirá al “imaginario” al vincularlo con
el mundo simbólico y el aspecto, como el intelectual, creativo. Imprimirá el tiempo como origen y límite (de
ahí el carácter socio-histórico y maleable) del imaginario (tal como propone Cornelius Castoriadis). Como
vimos anteriormente, fenómenos “contemporáneos” como la migración, modificarán el proceso de
modernización; por lo cual, como señala Deborah Roitman (2003), el “extranjero” será un agente de
diferenciación cultural, representará la alteridad y su existencia dependerá de “no pertenecer a ninguna
parte”. De esta forma será presa de hechos poco agradables: estigma, expulsión, exclusión, integración y/o
asimilación, lo cual definirá su esencia objetiva. La “burocracia” y las “normas” también serán parte de esta
resignificación no sólo por dotar valores racionales, objetivos y legítimos a la dinámica social, sino también
por que propician fenómenos nuevos como la “desburocratización” del mundo o la pérdida de legitimidad de
las instituciones (Girola, 2003; Ver también 2007; Zabludovsky Kuper, 2003; Ver también 2007). De esta
forma, estas “nuevas categorías sociales” vinculan los aspectos formales y las preconcepciones de la
modernidad y los aspectos más volitivos, e incluso íntimos, propios del nuevo período histórico en su aspecto
cognitivo y social, al menos, en los últimos cuarenta años.
15
Esta tarea antropológica, y que confrontamos, coincide con el concepto de modernización que hace
Carlota Solé (Óp. Cit.: 198. Cursivas en original), analizando y discutiendo parte de las principales
concepciones de la teoría sociológica clásica, el funcionalismo (que ya hemos destacado, junto con la
concepción antropológica) y el marxismo, para una tarea sociológica. Su definición antes que pertenecer a un
corpus teórico más amplio, se ubica en aquello que, como veremos en el capítulo tres, denominamos “cultura
conceptual”: «Así pues, la «modernización» podría definirse como la (rápida y masiva) aplicación de ciencia
y tecnología basada en la fuerza motriz de las máquinas a esferas (total o parcialmente) de la vida social
38
Habría que preguntar ¿Será acaso el papel del sociólogo, en este siglo prematuro, el de
criticar a la tradición como un elemento de “retroceso”? No, como tampoco lo es destacar
las supuestas bondades y defender los efectos de la modernización. La tarea pendiente es
poder concatenar conocimientos generados de la discusión antropológica con la sociológica
a fin de construir agendas, programas, grupos o simples intercambios en los límites y
avances sobre la problemática de la modernidad. Esta es una de las principales razones por
la cual, la sociología podría considerarse como no-moderna.

Hemos mostrado, en este último sentido, que a pesar de todos los esfuerzos teóricos, la
modernidad sigue siendo una entidad abstracta explicada con entidades poco empíricas. Si
la sociología no nació, sino se creó, pudiera ser que el mismo efecto se aplica para la
modernización, sea como proceso, estado final o, como lo observamos nosotros, contexto
social. Puesto que, contrario a lo que dice Solé respecto a que habría que destacar los
“elementos nóveles”, más que el contexto histórico de la especificidad de la modernidad,
ciertamente, dichos elementos nunca pueden ir descontextualizados históricamente.

De nueva cuenta, la ciencia y la tecnología aparecen como aspectos novedosos de la


modernidad, dotados de, como ya hemos dicho anteriormente, universalidad-objetividad-
sistematicidad, sin embargo, hasta hace poco, se ha reconocido la falta del componente
humano (Solé, Óp. Cit.: 188-191; Véase también, Rosales Ortega, 2003). Esto ya no resulta
ser una paradoja, sino una ironía, que la vuelve, tanto objetiva como subjetivamente, un
objeto de estudio central y periférico.

Huelga decir, sobre todo por los acontecimientos históricos provocados del Siglo XX, la
gran paradoja del “progreso científico”: al mismo tiempo que buscaba una mayor
perfectibilidad y armonía entre el ser humano y la naturaleza; el conocimiento científico
también podía ser utilizado para fines destructivos y bélicos. Una característica, esta vez
moral y ética, se reincorpora en esta tónica basada en lo bueno y lo malo, dado que sería
propio de la modernidad contemporánea. El ejemplo tradicional, como apuntan los teóricos
del riesgo, es el lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki en 1945 o la
tragedia nuclear en Chernobyl en 1986. Por ello, ponemos en tela de juicio la certeza de un

(económica, administrativa, educacional, defensiva, etc.), implementada o puesta en práctica por la


intelligentsia indígena de una sociedad. Los elementos nuevos de esta definición son a) el acento puesto
sobre el carácter indígena del proceso de modernización […] b) el papel de un grupo social previamente
desconocido, la intelligentsia, y c) el papel «revolucionario» de la educación como un medio para llevar a
término las innovaciones científicas y tecnológicas cruciales para la modernización de una sociedad, así
como la formación de las actitudes y mentalidad de los hombres «modernos»». Se puede apreciar que
incorpora discontinuidades y nuevas categorías sociales. Sin embargo, a pesar de propugnar por una
perspectiva “universal”, cae en el mismo error que los funcionalistas; puesto que la dificultad empírica sólo
se arrecia.
39
mayor acceso a la ciencia y la tecnología en las últimas siete décadas, por medio de la
llamada “eficacia” (racional y secular) o sus equivalentes (Ibíd.: 28-29).16

Por ejemplo, la modernidad en el caso de la sociedad y cultura mexicana es un lastre que


carga de antaño, al menos en los últimos cien años, consecuencia probable de la pax
porfiriana. México es pionero en revoluciones institucionalizadas, videocracias y
teletiranías, dirigentes faltos de la cientificidad política y mínima sensibilidad humana.
Entre otras coyunturas nones gratas que tiende a eclipsar los logros sociopolíticos y
culturales de los sujetos históricos mexicanos, más cuando esto se divulga por los medios
masivos de comunicación.17

Bajo los criterios de soberanía, territorialidad, legitimidad y racionalidad, de igual forma, la


idea de que la modernidad se presenta implícitamente dentro del proyecto del Estado-
nación, sobre todo en aquellas sociedades autodenominadas “democráticas” (Smith, Óp.
Cit.: XVIII-XIX). Como defensores del progreso, estando a favor o en contra, es de
vergüenza la herencia más ortodoxa del pensamiento positivista de Auguste Comte a la
sociología: «El positivismo favorece ‘la consolidación del poder en manos de quien lo
tiene, quienquiera que sea’ y […] ‘asegura a la clase gobernante contra las invasiones
anarquistas’» (Comte, A (1941) “Hegel and the Rise of Social Theory” Nueva York en
Palerm, 1982: 130).18

En 1867, el Dr. Gabino Barreda (quien había tomado los Cursos de filosofía positiva con
Comte) pronuncia su conocida Oración cívica en Guanajuato, siguiendo la misma lógica
que enunciábamos en el párrafo anterior, en sus palabras: «[L]a de sacar , conforme al
consejo de Comte, las grandes lecciones sociales que deben ofrecer a todos esas dolorosas
colisiones que la anarquía, que reina actualmente en los espíritus y en las ideas, provoca por
todas partes, y que no puede cesar hasta que una doctrina verdaderamente universal reúna
todas las inteligencias en una síntesis común».

16
Sumase a esto, sobre todo en el debate “modernólogos” vs “posmodernólogos”, las nociones de
contingencia y ambivalencia, junto al riesgo. El riesgo se puede considerar como las “consecuencia no-
intencionales de la ciencia o decisiones racionales no acertadas”, lo contingente se puede referir de igual
forma con la incertidumbre ante los costes que en su avance deja la modernización; sobre todo en lo que se
refiere a la fragmentación y el consumo de las sociedades. En lo que respecta a la ambivalencia, que se
relaciona con la ausencia de certezas (generadas por las instituciones) y que conlleva a una situación de
riesgo, se puede vislumbrar como el acabose de la conciencia moderna. Por lo tanto, con estas nociones, el
progreso y la modernidad como estados finales son insostenibles (Sabido Ramos, 2003: 174-179; 196-197.
Para un análisis complementario, Guitián Galán, 2003).
17
Como lo pueden mostrar mucha bibliografía especializada en la historia de México, recomendamos
también los materiales audiovisuales que se han realizado al respecto. Como, por ejemplo, lo ha hecho la casa
fílmica “Canal 6 de Julio” así como algunas productoras independientes.
18
Tampoco es de sorprenderse que desde el prefacio de la primera edición de Las reglas del método
sociológico de Émile Durkheim, afirme que el método sociológico sea “conservador”: «[…] nuestro método
no tiene nada de revolucionario. En cierto sentido es conservador, ya que considera a los hechos sociales
como cosas cuya naturaleza, por muy flexible y maleable que sea, no es pausible de ser modificada a
voluntad» (Durkheim, 2000: 8; Véase también, Solé, Óp. Cit.: 65-66).
40
Esta síntesis será la filosofía positivista mexicana teniendo como máxima “Libertad, Orden
y Progreso”: «[…] la libertad como MEDIO; el orden como BASE y el progreso como
FIN; triple lema simbolizado en el triple colorido de nuestro hermoso pabellón nacional
[…]»; es decir, la bandera de México. (Barreda, 1973: 73, 109. Mayúsculas en original).
Recuérdese que los positivistas mexicanos, como Barreda, eran también conocidos como
los “científicos”: custodios del avance de la modernidad (Vid. María y Campos, 1991: 121-
138; Ratt, 1975: 11-67; para el caso específico de Barreda, Fuentes Mares, 1973: VII-
XXXVIII).

Tanto el ejemplo de Comte, como el de Barreda, demuestran ampliamente la


instrumentalidad política de la naciente ciencia social (o mejor dicho, los orígenes de la
pre-sociología, ante la inexistencia de un método propio, pero con fundamentos filosóficos,
tanto en México como en Europa) al servicio del Estado, por lo tanto, no es de sorprenderse
que se haga referencia a que el trabajo de la sociología como de las demás ciencias sociales
sea justificar las políticas y prácticas del Estado sin su merecido reconocimiento, por lo
contrario, sean regímenes de derecha o izquierda. Difícilmente el Estado reconoce y
legitima la labor de las ciencias sociales. La Ciencia Social es la madre bastarda del
Estado Moderno.

Castañeda lo expone de la siguiente manera:

«El conocimiento sociológico no puede ser nomológico al estilo de las ciencias naturales por
la relación práctica que guarda con su objeto, es decir, por la forma en que la sociología
transforma su objeto y a su vez el objeto transforma a la sociología. El Estado moderno es un
ejemplo. Se trata de una institución plenamente moderna construida casi en su totalidad por
las ciencias sociales (el derecho, la ciencia política, la economía, la sociología, etcétera).
Desde la división de poderes y las organizaciones partidistas, hasta las formas y procesos de
legitimación pasando por las políticas públicas, la organización de las finanzas y el gasto
público, las normas jurídicas y la ética política (ética de responsabilidades), etcétera, el
Estado moderno ha sido modelado y formado por las ciencias sociales» (Castañeda, 2004:
258).

Un ente cautivo de las ciencias sociales siempre será el Estado, al incorporar los saberes
producidos por los procesos de modernización e incorporar las nuevas categorías sociales
sea para sostener su preponderancia ante cualquier institución, medio o individuo social o
conocer a los antagonistas que, de forma crítica, estarán siempre al pendiente de su
dinámica, movimientos y administración. En este sentido, Castañeda no incorpora la
recíproca necesidad estatal de las ciencias sociales como “instrumentos de dominación
social”: los preceptos “positivos” de la modernidad se vuelven a hacer presentes para
contrarrestar aquellos “negativos” en términos de estabilidad política y económica, así su
función “crítica” resulta más un estorbo que un acierto (Olvera Serrano, 2003: 39-42;
Tirado Almendra, 2010: 9-21; Wallerstein, 1998: 9-26).

41
Por tales motivos es interesante destacar que, desde que inició el siglo XXI hasta fechas
recientes, el tema de la modernidad, como parte de una temática pendiente desde los años
noventa del siglo pasado (Girola y Zabludovsky, 1991: 48-49; Salles y Zabludovsky, 2001:
44-46), vuelve a la palestra para algunos científicos sociales que residen en México y
latinoamericanos, apoyados en las relecturas de la teoría sociológica clásica y
contemporánea concluyendo con acertadas interpretaciones y reflexiones, aunque, con
excepciones, no ahonden o sólo sea uno o dos capítulos para el caso mexicano y/o
latinoamericano. Afirmamos: la sociología nunca debe de perder de vista los contextos en
los que se enmarca, por lo tanto, la sociología es moderna y de la modernidad.

Con esto, ya se puede ofrecer las principales deducciones en cuanto al tema de la


modernidad:

1) La modernidad es reflexiva y autorreflexiva en cuanto la presencia de rupturas y


discontinuidades sean sociedades occidentales o no.
2) La modernidad en cuanto práctica y producto social, puede tener dos naturalezas: a)
sea en cuanto modelos duales o b) sea en cuanto modelos evolutivos, de hecho,
como hemos mostrado son “los” modelos para su análisis.
3) En términos de teoría sociológica, siguiendo el punto anterior, la modernidad puede
ser el centro de análisis ulteriores, lo que define su identidad con respecto a la
disciplina o como marco en el desarrollo de los saberes sociológicos.
4) La modernidad es fuente y consecuencia de los principales ámbitos,
manifestaciones e instituciones de la vida social: el Estado, el Mercado, la Ciencia,
la Religión, los Movimientos Sociales, por mencionar los más importantes, sin que
uno se deslinde del otro.
5) Por lo anterior, es posible contextualizarla, sino en términos cuantitativos (dada su
naturaleza no-general), al menos en términos históricos, sobre todo en las regiones
que fueron parte de la conquista europea.
6) Finalmente, un término ambivalente, polisémico y abstracto, aún en su dimensión
social, destaca su pertinencia como unidad de análisis y problemático en su
acepción empírica; es decir, puede tomar categorías sociales “viejas” y promover
“nuevas” categorías sociales.

La pregunta ¿Qué es la modernidad, la modernización o lo moderno? y con ello sus


variaciones, sigue siendo una cantera de la cual se pueden sacar cosas nuevas. No hablamos
del fin de sus principales presupuestos (como lo proponen los autores posmodernos): razón,
innovación, ciencia y tecnología pero sí, al menos, de su modificación. La modernidad no
se funda en algo, incluso en nada, sino que tiene representaciones de la más diversa índole
social.

Por lo anterior, la popularización de la tesis de las “modernidades múltiples” (Eisenstadt,


2000; Beriain, 2003: 153 y ss) es entendible por estas causas. Incluso, una salida a estas
42
disquisiciones ha sido la propuesta de la “radicalización de los saberes” (Hernández
Arteaga, 2003: 85-89), reanudando así disputas entre las ciencias y las humanidades y, por
lo tanto, del lugar de las ciencias sociales, lo referente a pertinencias conceptuales y
metodológicas, así como la delimitación a ocupar para la construcción de un objeto de
estudio, entre otros. De esta forma, la conjugación de saberes y el diálogo entre sujetos
profesionales se hace viable, sin omitir, claro, las tensiones y conflictos generados en su
interior y expresados al exterior.

Por lo anterior, alegamos, más allá de lo retórico, es aquello que se critica de la sociología
donde radica su belleza y fuente de inspiración, pero al mismo tiempo de crisis y
desconsuelo. No pretendo discriminar a ninguna disciplina; defiendo la idea que desde mis
primeros cursos de teoría sociológica me han inculcado: “La base de la teoría sociológica
son los sistemas filosóficos”. Se encuentra, en lo que respecta a la crítica de la modernidad,
a hombros de gigantes19, a Hegel detrás de Marx; a Comte en Durkheim y la influencia de
Kant y Nietzsche en Weber y sucesivamente con la Escuela de Frankfurt, la
Fenomenología, el interaccionismo simbólico y las especialidades. Se sabe que muchas
ciencias sociales comparten la misma visión sobre la influencia filosófica en sus orígenes.

Pero eso llamado “interdisciplinareidad” no es sólo un collage de teorías sociales con otras,
la utilización de perspectivas humanísticas para sostener una hipótesis o el uso de
herramientas y métodos de otras disciplinas científicas, etcétera. En el caso de la sociología
en México:

«[…] se ha impuesto una ciencia social bastante heterogénea y polimorfa, que se caracteriza
por una diversidad teórica y disciplinaria (mas no interdisciplinaria y mucho menos
transdisciplinaria), reproduciendo la heterogeneidad formativa de los nuevos científicos
sociales mexicanos y que, en su mayoría, reproducen y aplican los modelos y tradiciones de
las universidades y países donde estudiaron y que con frecuencia ignoran y desconocen la
producción hecha en México con anterioridad» (Castañeda, 2008: 152; Cfr. Castañeda, 2004:
6-9).

Nuevamente, detrás de Gabino Barreda está Auguste Comte, a Émile Durkheim en los
trabajos de Lucio Mendieta y Núñez, la dirección de Fernand Braudel en Pablo González
Casanova, así como la adaptación del plan de estudios de la Ecole des Sciences Politiques
de la Universidad de Lovaina para la fundación de la Escuela Nacional de Ciencias
Políticas y Sociales (ENCPyS) en 1951. No estamos tan lejos de nuestros “hermanos”
europeos, sin embargo, la probabilidad de que nos citen o entablemos programas de
investigación (en el sentido que le otorga Imre Lakatos) es muy estratificada o baja. En ese

19
Como menciona Matei Dogan y Robert Pahre (1993: 35-36), en ocasiones dichos gigantes también
se apoyaron sobre “hombros de enanos” por el hecho de “haber servido de blanco de los ataques lanzados por
grandes espíritus”. Si bien los autores ponen el caso de Marx, hoy día los “jóvenes investigadores” (sobre
todo canalizados en la etapa de formación de grado y posgrado), sirven para realizar dicha tarea, más cuando
hay agencias de financiación gubernamentales o privadas que dotan de incentivos.
43
sentido, y como último punto de discusión de este capítulo, la pregunta que se desata es
¿Qué hay, en términos disciplinarios, dentro de la sociología?

Disciplinariedad y especialización

Al igual que en la problemática de la modernidad, en el tema de la especialización de los


conocimientos y el trabajo disciplinario de las ciencias, hay dos puntos desiguales y a la vez
contradictorios: uno que afirma que la especialización y los distintos prefijos de la
disciplinariedad (inter-trans-multi) son posibles, deseables y con consistencia teórico-
epistemológica y empírica loable; el otro, afirma su imposibilidad de realización y la
obstaculización de investigaciones con base en un foco de análisis. De tal forma, estos
trabajos hablan de un diálogo ad extra con el conjunto de disciplinas científicas mediante el
uso de teorías, metodología y técnicas de investigación para, posteriormente, construir un
objeto de estudio a través de la utilización ad intra de estos recursos científicos. Lo anterior
nos lleva a preguntar ¿Bajo este panorama, dónde queda la sociología?

Autores tan distintos como Durkheim (2007: 374-375), Gramsci (1986: 310 § 39), Elias
(1982: 59-60), Morin (1995: 14-15) o Sefchovich y De la Garza, en el caso de nuestros
entrevistados, han condenado enfáticamente los riesgos de especializar a la ciencia y, en
consecuencia, a la sociología, al perder de vista la totalidad de la realidad social y enfocarse
en fragmentos de la misma, modificando su sustento objetivo y limitando su acceso a gente
no-especializada, fomentado, de alguna forma, cierta ignorancia o ruina.

Hoy es un hecho que tanto programas de licenciatura como de posgrado tengan una
estructura por especialidades, incluso en algunas maestrías y doctorados en ciencias
sociales, la sociología aparece como una especialidad. Por su parte, las voces que defienden
a la especialización, tanto de la sociología como de las ciencias sociales, se remiten más
bien a una pertinencia administrativa presentándola como una pertinencia científica.
Alfredo Andrade Carreño, en entrevista, nos menciona la manera en que la academia
estadunidense ha contribuido a ello y lo ejemplifica también con el desarrollo de la
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM:

“Las sociologías por especialidades siempre han tenido ¿Cómo diría? Un significado
ambiguo, porque en su origen fue un recurso para administrar ya la proliferación de metas de
trabajo de la sociología. En su momento fueron áreas administrativas de cómo canalizar la
organización de congresos regionales, de organizar temáticamente la participación en
congresos regionales y particularmente la idea de sociologías especializadas arrancó en la
academia norteamericana, que siempre fue como el espacio donde se masificó la sociología.

Toda vez que, para finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, la sociedad
norteamericana era una sociedad que ya contaba con una red muy amplia de universidades,
conforme se expandía la frontera urbana en Estados Unidos y a finales del Siglo XIX, pero
sobre todo [en] la primera parte del siglo XX, se fundaron las universidades en las capitales
44
de los Estados Unidos y esto produjo que pronto hubiera una red muy amplia de
universidades para el mercado de sociología, porque esa ampliación de la frontera urbana de
una sociedad que recibió una alta migración demandó un conocimiento, tanto de la población
migrante como de la problemática que acompañaba el crecimiento urbano; el crecimiento de
la industria, y por eso la sociedad norteamericana como una sociedad de un importante
proceso de modernización permitió la proliferación de la sociología.

En la academia norteamericana, de pronto para realizar los congresos, se crean mesas de


trabajo o sociologías temáticas: sociología urbana, sociología de la salud, sociología de la
educación, sociología de la conducta, etcétera, fueron las mesas de trabajo para organizar los
congresos y la academia norteamericana muy pronto se vio en ventaja. Ese recurso de
organización de ponencias de congresos muy pronto se vio como un recurso que podía
orientar la formación de especialistas, se veía como las líneas de trabajo de la disciplina, por
lo tanto, esta idea de formar profesionales y es ahí cuando aparecen las líneas de sociologías
vocacionales; especializadas u orientaciones vocacionales de la sociología.

En una reforma al plan de estudios de esta Facultad [de Ciencias Políticas y Sociales] se
adoptó esa visión, esa incorporación de orientaciones vocacionales con la pretensión de
responder a una problemática local, de acuerdo a cada una: sociología urbana, sociología
rural, sociología de la salud, sociología de la educación, sociología del trabajo, y esas
sociologías especializadas como el diseño original de estudio, administración de mesas de
trabajo de congresos, entonces era muy dispar el desarrollo. Había áreas de trabajo donde
había un profuso legado, por [lo] tanto, marcos teóricos, experiencia que le daban riqueza y
que se podían hablar propiamente de campos científicos consolidados.

Pienso que el más importante de ellos pudo haber sido la sociología urbana. En segundo
orden por contrapeso, se podía decir que una sociología agraria o sociología del campo, pero
sus desarrollos eran diferentes porque correspondían a marcos conceptuales distintos.
Después una muy importante fue sociología política, en parte el dualismo capitalismo-
socialismo, en parte la contraposición liberalismo-socialismo, permitía el diseño de qué
convenía como impulso de proyectos de sociedad. Y en sociedades como la nuestra, donde
siempre existió un déficit de democracia, la problemática acompañaba un régimen
monolítico; la problemática acompañaba un régimen monolítico que cada vez atendía menos
necesidades sociales y daba una respuesta represora, volcó a la sociedad, y sobre todo a los
intelectuales y a los científicos sociales a escudriñar la problemática de la democracia.

En nuestro país, quizá, el gran campo de conocimiento que más se desarrolló fue la
sociología política y, sin embargo, no existía un campo; una especialización propiamente
como sociología política. Sociología médica era un campo que en su momento por estar
conformado por una problemática extrapolada al ámbito de la salud, no contaba
necesariamente con especialistas sociólogos en ese ámbito, eran médicos que improvisaban
un conocimiento sociológico.

45
Entonces, lo que quiero mencionar es que era dispares; que eran dispares los campos de
conocimiento. En nuestra facultad, hubo una sociología del trabajo que en su momento por
ese dualismo de modelos de sociedad contó con un importante marco intelectual y qué otras
disciplinas ¿Qué otras disciplinas hubo por allí? Sociología de la educación, era algo así
como, también, ciencias de la comunicación, un campo donde convergían ambos ámbitos
disciplinarios distintos, donde había problemáticas institucionales claras, pero donde no
necesariamente había un marco intelectual disciplinar muy bien definido, entonces, el
desarrollo de los 60's fue muy desigual —muchas veces se le criticó por eso— pero yo creo
que en cierta forma permitió ensayar líneas de experimentación de formación profesional y
yo creo que después de una década de esa primera experiencia, entonces sí se pudo aquilatar
qué eran los acervos intelectuales que podían nutrir marcos conceptuales de un campo
disciplinar dentro de la sociología. Creo que hubo en algunos acervos una muy importante
consolidación, otros se desvanecieron” (Andrade Carreño, en entrevista, 2012).

Como mencionan varios autores respecto de los congresos de sociología mexicanos, dicha
dinámica fue presente también en los congresos iniciados por Lucio Mendieta y Núñez, en
su calidad de director del Instituto de Investigaciones Sociales, en 1950 y concluidos en
1965, año en el que deja la dirección del mismo.20Asimismo, es parte del proceso de
profesionalización de los sociólogos en formación (en el cual nos detendremos en el
capítulo cuatro), sobre todo en lo que respecta al uso de técnicas estadísticas (provenientes
de las propuestas de Paul Lazarsfeld) y grupos focales, incluso también se ve reflejado en el
segundo plan de estudios —al que hizo alusión Andrade Carreño en su intervención— de
la, todavía, Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales en 1959, iniciativa del
entonces director Pablo González Casanova y que se extiende hasta los años de 1990

20
Los dos primeros congresos (el primero efectuado en la Ciudad de México y el segundo en
Guadalajara) fueron nombrados con la rúbrica de “sociología general” sin embargo, como menciona
Sara Sefchovich (1989: 25-26), las áreas de interés fueron variadas: «Los temas del Primer Congreso
Nacional de Sociología y el modo de agruparlos y organizarlos dan indicio de las áreas de interés de la
época: 1) la enseñanza y la investigación de las ciencias sociales; 2) la familia; 3) las clases sociales;
4) la opinión pública y la democracia; 5) sociología criminal; 6) sociología y antropología; 7) la
educación; 8) sociología de la cultura; 9) la sociología y las ciencias auxiliares; 10) métodos de
investigación social; 11) temas libres sobre la sociedad en general o sobre algún aspecto de la
sociedad en México. Un año después, en el Segundo Congreso se incluyen nuevos temas: sociología
del arte, conceptos sociológicos, folklore, sociología política y de administración, movilidad social,
ocupación y trabajo, conceptos sociológicos, metodología, sociología del conocimiento, psicología
social, sociología de la economía, filosofía social, etnografía social, lenguaje, sociología e historia,
problemas de la población, de religión y de instituciones, además de los tradicionales de la familia, el
crimen y la delincuencia, el derecho, la etnografía, la educación y la universidad». Los siguientes
congresos serán de corte “particular”: «1952, sociología criminal; 1953, sociología de la educación;
1954, sociología económica; 1955, sociología rural; 1956, sociología urbana; 1957, sociología del
derecho; 1958, sociología de la revolución; 1959, sociología de la planificación; 1960, sociología de la
política; 1961, sociología del trabajo y de ocio; 1962, sociología del desarrollo; 1963, sociología de la
seguridad social; 1964, sociología de la Reforma Agraria; 1965, sociología del conflicto y la
cooperación» (Ledda y Arguedas, 1979: 12-13, nota 5). Podemos observar las relaciones interior-
exterior entre la disciplina y con otras disciplinas; es decir, a pesar de la suspensión de los congresos
de sociología, la especialización llegó para quedarse y modificarse. Un trabajo que abunda al respecto
es el de Margarita Olvera Serrano (2004: 183-211).
46
(Andrade Carreño, 1998: 56-60; Castañeda, 2004: 165-169; Girola, 1996: 140; Ledda y
Arguedas, 1979: 18, 30-31; Murguía Lores, 1993: 8-9; Reyna, 1979: 51-52). Por lo
anterior, se comprende el hecho de que los asistentes y participantes a los congresos sea
gente de diversa índole que abarcan desde: «[…] abogados, médicos, profesores
normalistas, sacerdotes y académicos, hasta funcionarios gubernamentales y secretarias»
(Girola y Olvera, 1995: 90-91). No obstante, todavía permanece la incógnita sobre su
suspensión puesto que para esas fechas ya existían sociólogos formados profesionalmente.

Bajo este panorama se abandona una sociología ensayista y se incursiona en una sociología
empírica (científica, también han señalado algunos trabajos). Por lo tanto, no es aislada la
crítica que el propio González Casanova realiza posteriormente, para poner en “sitio” el
lugar del trabajo de investigación del sociólogo tanto por el proceso de especialización
como de la injerencia de otras disciplinas a su propia labor:
«El sociólogo profesional ―empirista― trata de distinguir su oficio de cualquier otro y
rechaza con gran energía el que el sociólogo sea un escritor, o un filósofo, o un historiador, o
un ideólogo. Se quiere un especialista y técnico au dessus de la política y la ideología, de la
intuición y la moralización, del partido y la lucha. Su difusión de inhibiciones es enorme al
rechazar ―con ironía y aplomo académicos― cualquier intención de escribir bien, de
relacionar el estudio de la sociedad con la filosofía, o con la historia, o con las ideologías.
Curiosamente este tipo de sociólogo cae en mal estilo, en un español anglicizante, en una
teoría de influjo parsoniano que él sustituye a la filosofía, en una noción del cambio social
que anula la percepción histórica, y que en posición ideológica que no afecta al status quo
interno e internacional» (1989: 23-24).

A lo anterior se le suma las disputas intelectuales entre funcionalistas y marxistas, lo cual,


como decía Max Weber, asienta más la vocación del sociólogo como político y científico,
al que se suma, como vimos anteriormente, el de luchador social.21 Una vez más, se puede
constatar cómo su trabajo enmarca en la coyuntura en términos de temporalidad. Sea en el
terreno más inmediato o en la dimensión teórica de la época. De igual forma, tanto tratados
como manuales han incorporado esta lógica y, como veremos posteriormente, modifican la
dinámica de las comunidades científicas de cualquier disciplina. Sara Sefchovich nos ofrece
su crítica a estos modelos, siendo consecuente con la disputa científica que mencionamos
en el primer apartado de este capítulo, así como en los medios de adquisición de
información y la forma de hacer más persuasivas nuestras investigaciones:

21
Bajo estas líneas, como menciona Danilo Martuccelli, se puede decir que éstas son algunas de las
razones por la cual la sociología es una de las disciplinas peor construidas epistemológicamente y que
ofrece la mayor libertad epistemológica. El sociólogo, siguiendo al mismo autor, es una mezcla de
“malos científicos”, “historiadores incultos”, “políticos frustrados” y “escritores malogrados”, lo que
él llama “dimensiones-frustraciones”. Por lo anterior, existe cierta comodidad dentro de la sociología
para desarrollarse profesionalmente a pesar de las limitantes laborales (Intervención de Danilo
Martuccelli, Martuccelli y la sociología. Disponible de manera audiovisual:
https://www.youtube.com/watch?v=tYS7ahXmcW8; Ver también: Suárez, 2009: 37-64).
47
“Para mí sería muy interesante, que no se siguiera por el camino por el que se va. De
compartimentos cerrados en los que no hay interdisciplinariedad y cuando existe esa inter o
multidisciplinariedad, porque quiere decir cosas distintas pero le llaman igual, no es en el
sentido que yo la concibo. Yo concibo algo “multi” como la posibilidad de usar todo aquello
que sirva para entender, para interpretar. Fuentes me da igual cuáles sean, no recurro a las
fuentes validadas como científicas, a mí me igual si es una revista de “chismes” que un
periódico del siglo XIX.

No me interesa, nada más, utilizar teoría que se llame como tal, por eso utilizo autores como
Malcolm Gladwell que nadie consideraría un teórico de la sociología y que, sin embargo, a
mí me parece que nos permite entender mucho más lo que pasa en el mundo, que muchos así
llamados teóricos y con libros muy teóricos. Otros que se consideran teóricos, a mí no me
interesan. El caso de [Zygmunt] Bauman, por ejemplo, que me parecen que son nombres
nuevos para mismos fenómenos y que da igual si se llaman “líquidos, sólidos o gaseosos”.

A mí lo que me interesan no es estar en la moda; [sino] es entender los problemas. El ejemplo


más concreto es lo que está pasando en México hoy día, y todos nuestros dilectos institutos
de investigaciones sociológicas, económicas, filosóficas, las que tú quieras, no pueden darnos
una explicación de lo que está pasando porque por el tipo de metodología que se proponen
utilizar y por su idea de lo que es ciencia, no pueden reaccionar de manera rápida a
explicarnos lo que está pasando en nuestro país o en otros como en Siria.

Y entonces todos los que queremos entender no tenemos otro remedio que recurrir al
periódico y el periódico tiene una manera de ver las cosas que no es de las ciencias sociales,
que le sirve como base, pero que no le sirve para entender y ampliar su interpretación. El
hecho de que no dispongamos de esta posibilidad de entender los fenómenos más que si
hacemos estudios que “requieren 50 años, cinco años el que menos, cuatrocientas
investigaciones empíricas y 500 porcentajes” por eso no entendemos lo que está pasado, y
para cuando lo entendemos ya pasó. Entonces todo el mundo nos vamos con la finta: “¡Qué
bonita es la primavera árabe! ¡Cómo sabemos!” Si hubiéramos entendido la historia de
Egipto, si hubiéramos tenido quien no tuviera que estudiar las cosas sólo en el periódico,
tendríamos cómo funciona la historia de ese país y como esta llamada “primavera árabe”
estaba condenada a que pasara lo que está pasando ahora. Pero como no tenemos esos
estudios porque no sabemos hacer de esa manera historia, sociología, economía etcétera, nos
perdemos. (Sefchovich, en entrevista, 2012).
Lo que Sefchovich también da cuenta es la tensión, como saber moderno, entre los
acontecimientos políticos y la sociología, como también entre la política y la academia, ya
anotados en el apartado anterior. Pero, también, pone en la palestra la problemática sobre
cómo abarcar una coyuntura mediante un uso “multidisciplinario”; es decir, tomar todo
aquello que nos sea útil, a pesar de no cuidar las fuentes, siempre y cuando se objetiven
mediante el uso de herramientas de investigación, de hecho la historia aparece como una
disciplina que puede concatenar los saberes generados, para ―como constantemente
menciona ella― “entender” la realidad social de cualquier contexto. Tal como ella misma
48
dice: «darle estatuto como fuentes válidas y validadas a una diversidad de materiales que
van más allá de los que tradicionalmente se usan en la investigación histórica y que
permitan mirar desde formas distintas y desde ángulos diversos a las situaciones, a los
“hechos” y a los actores» (s/f: 10).

De la misma manera que vimos al finalizar el apartado anterior, Castañeda crítica también
estas posiciones puesto que, según él, desde los clásicos de la sociología hasta las
perspectivas más contemporáneas, lo “inter, multi o transdisciplinario” siempre ha presente
en nuestra disciplina. En el primer apartado da cuenta ello, cuando nos refirió a la
emancipación de muchos sociólogos de corrientes filosóficas. Como también lo ha dicho en
otros lugares (Castañeda, 2004: 120-127), lo anterior obedece a la profesionalización de la
actividad científica como en Inglaterra, Francia y Alemania e incorporado a la academia
estadunidense y también a la mexicana, como nos dirá a continuación ―en entrevista―,
esto se da sobre todo en la incorporación del modelo departamental alemán (institus) a
nuestras latitudes:

“[L]a sociología ha abrevado con todo tipo de saberes desde toda su historia. La sociología, si
a eso le queremos llamar “interdisciplinaria”, ha sido siempre conocimiento de muchas cosas.
Nuevamente, desde lo más elemental, casi pre-sociológico, no casi; pre-sociológico como
Comte hasta ya los sociólogos fuertes como Durkheim, como Weber, incluido Marx, yo ahí
creo que hay mucho de sociología en Marx, aunque a veces algunos por una historia de la
sociología y la de Marx, se separan, se manejaron como divididos, sobre todo en la época
dura de la sociología ortodoxa, académica-ortodoxa.

Yo creo que la sociología es un conocimiento que abreva en muchos y esto es lo que yo


reconozco como “interdisciplinario” en el conocimiento. Es decir, la interdisciplina es un tipo
de conocimiento que desde determinadas perspectivas abreva en todos los demás, ahora,
¿Qué es lo que yo polemizo? Polemizo con ciertas ideas, que han sido siempre ideas
normativas, bueno no normativas; ideales de conocimiento […].

[E]s la idea de que la tradición interdisciplinaria acompañó a la división de las disciplinas,


digamos, hay una cosa que es muy importante: el desarrollo de los saberes universitarios
modernos es un desarrollo que sobre todo tiene un momento clave, podemos irnos hasta
donde ustedes quieran, hasta los griegos si quieren, pero hay un momento clave, lo que hoy
conocemos (como) los saberes modernos, que es la historia del siglo XIX, de la
transformación de la universidades. Las universidades entre el siglo XVIII y el siglo XX, se
transformaron, sobre todo al atravesar el siglo XIX, de estructuras tradicionales de cuatro
facultades; la historia es más compleja, de hecho, antes eran, podríamos decir tres facultades,
la filosofía se separó muy tempranamente de la historia de la universidad, pero de todas
maneras, no inmediatamente, fue después de Averroes, donde surge la idea de que teología y
filosofía pueden ser dos saberes independientes”.

[…]

49
“[D]erecho, teología, medicina o ciencias, y, filosofía como propedéutico, como trivium, que
es como aparece a través del término, que es como aparece la separación de la filosofía, como
un producto, sobre todo de la influencia de Averroes, entre otros Pero digamos, eso está
mucho antes, en ese proceso sobre todo, en el siglo XIX, esto se transforma radicalmente, y
mucho de esto tiene que ver con Alemania, con los institus alemanes, y sobre todo, digamos,
en el segundo tercio del siglo XIX empiezan a surgir campos de saber separados Lo dice
Joseph Ben David que es uno de los que estudio (un sociólogo de la ciencia que estudio
mucho esto) y otro, [Awraham] Zloczower, escribieron cosas juntos, y también escribieron
por separado. Los que han también estudiado esto, hablan de campos disciplinarios como la
anatomía y la fisiología, y campos en la matemática, incluso diferentes campos que se fueron
separando y que fueron generando lo que hoy llamamos “departamentos”.

La división departamental fue la copia americana del institu, esto también lo analiza Joseph
Ben David. Bueno, esa separación es la que produce, esta cuestión de varias disciplinas y
produce una sensación que para los sociólogos, pero no sólo para los sociólogos; para los
filósofos, de la necesidad de la interdisciplina al mismo tiempo, de abrevar, de encontrar un
espacio de encuentro de esa diversificación y surge entonces, incluso en el proyecto del
positivismo lógico desde 1917, la convergencia de las ciencias, la idea de que debe haber
algún cierto espacio interdisciplinario, que es el lenguaje empírico; lenguaje fisicalista. De
hecho los positivistas lógicos… (aunque en realidad los textos nunca fueron una
enciclopedia) pero la famosa enciclopedia de la ciencia unificada, que en realidad salieron
algunos pequeños tomos y algunos artículos, y hay como unos veintitantos artículos escritos
sobre la enciclopedia, fue el gran proyecto del positivismo lógico, que de alguna manera, se
llevó a Chicago y que ese proyecto ahí se quedó, nunca creció. Creo que todavía se hicieron
algunos fascículos en los años 60's, no me acuerdo, pero digamos hay ahí una historia, quizá
estoy falseando la historia, pero por ahí va”.

[…]

“Edgar Morin, propone un modelo evolutivo. El modelo evolutivo de Morin y el Piaget y de


algunos, era que el conocimiento iba de la multidisplina a la interdisciplina y de la
interdisciplina a la transdisciplina. La verdad de las cosas es que esto, bueno… también
Durkheim desarrolló su teoría de las formas, a eso se refiere Gouldner con que hay un
proyecto interdisciplinario en el Anuario sociológico, un proyecto interdisciplinario que de
alguna manera lo recogió Marcel Mauss, y que quedó allí, digamos, como parte de la teoría
de las formas sociales, digamos, una teoría que nos permitiera hablar de ciertas formas que
permitían moverse en el terreno de la ciencia política y todas las ciencias, por lo menos
sociales.

Bueno, a eso es lo que veo yo con mucho escepticismo, este proyecto. Eso no quiere decir
que la sociología no tenga mucho conocimiento tomado de otras partes y que bueno, que siga
siendo así, todos lo toman, y si a eso le llamamos interdisciplina, yo no tengo ningún
problema. Pero por eso el problema, y lo digo en varios trabajos, la sociología ha abrevado en
muchos otros saberes, pero lo que si yo creo es que la sociología tiene una matriz que la

50
diferencia y la distingue como una matriz disciplinar y no es lo mismo, que, por ejemplo,
algunos de los problemas de la economía” (Castañeda Sabido, en entrevista, 2012).

En la brevedad de sus argumentos, dado que ninguno de nuestros entrevistados anteriores lo


vinculó, Lidia Girola propone, con base en su experiencia como docente e investigadora,
abarcar el tema de la interdisciplina en una investigación o dentro de un posgrado y el tema
de disciplinariedad a nivel formativo, particularmente, desde la licenciatura. Con el fin de
dotar de conocimientos lo bastante fuertes para una apertura con otras áreas de
conocimiento que, en lo absoluto, están separadas las unas de las otras:

“Yo sigo sosteniendo, a pesar de que muchos de mis colegas no estén de acuerdo, en que la
inter y transdisciplinariedad se da en el proceso de investigación, no en el proceso de
formación de los sociólogos o debería darse. Sobre todo porque ahorita tengo alumnos que
vienen de la UACM (Universidad Autónoma de la Ciudad de México) donde las carreras son
interdisciplinarias de inicio. Son licenciados en ciencias sociales y no en sociología,
antropología o economía. Entonces, yo sigo sin estar de acuerdo con eso, yo creo que la
investigación se tiene que hacer en equipo.

La investigación necesitamos hacerla en equipo, pero bueno, en equipo formado por quienes
dependerá de lo queramos estudiar. Si vamos a estar con antropólogos, si vamos con
economistas, si vamos con historiadores, todo depende de nuestro objeto específico. Pero en
general la investigación sí sale muy bien en equipo. Pero la formación en licenciatura por
ejemplo, yo creo que si debe ser disciplinar, o sea formarnos como sociólogos o como
economistas o como politólogos y ya después, en la maestría, en el doctorado y en el proceso
de investigación abrir, abrir el panorama.

Lo que pasa es que a estas alturas, cada disciplina tiene una tradición muy fuerte: sus autores,
sus temas, sus métodos, sus técnicas y si tu quieres ser “todólogo” yo creo que está difícil.
Pero es una opinión muy personal, con el que muchísimos de mis colegas [no están de
acuerdo], pero yo creo que eso es lo que permite conservar la identidad disciplinaria, un
enfoque, una mirada específica que tenemos nosotros y que no tiene un economista. La del
economista, del antropólogo son diferentes miradas y se ocupan de otras cosas” (Girola
Molina, en entrevista, 2013).
Francamente, como hemos notado con los argumentos de nuestros entrevistados, no existe
un consenso sobre qué es la especialización y los distintos tipos de disciplinariedad. Lo
cierto es que no es algo novedoso y no guarda sorpresa alguna. De hecho, son muchas las
voces que abogan, desde distintas perspectivas tanto teóricas como empíricas, y que han
dado una salida para solucionar dichas disputas, que tanto reviven las confrontaciones entre
disciplinas como al interior de la disciplina sociológica.

Hay unos que hablan (Gil Anton, 2004) de que en las confrontaciones entre ciencias
sociales y ciencias naturales no hay razón por la cual deslegitimar a las primeras, incluso se
encuentran a un paso de la segundas en su calidad de ciencias histórico-sociales; puesto que
51
van “más allá” de la simple determinación de “conexiones y leyes funcionales” de las
ciencias naturales, incluso los modelos de ciencia varían de acuerdo a las temporalidades de
los científicos y los habitantes en turno. La preocupación de ambas —y por la cual las
dualidades deben ser rechazadas— está en la creación y conformación de conceptos los
suficientemente abstractos y lo necesariamente empíricos.

De hecho, ambas disputas, en gran medida, se libran en el terreno ideológico. Puesto que
todas las ciencias se basan en “valores y objetivos”; por lo cual, una forma de diálogo entre
ambas estaría en el acercamiento con las ciencias de complejidad y las tecnociencias, las
cuales contribuirían, junto con la teoría crítica y el “pensamiento alternativo” (aquel que
proviene de la intelligentsia indígena). Más cuando la crisis del neoliberalismo —como
vimos en el apartado anterior—es más evidente y que, sin duda, ha modificado la labor de
la ciencia, lo cual acrecienta la vinculación entre perspectivas sociales y naturales. Lo
anterior no sólo estaría reflejado en el terreno académico, sino también es una forma de
mejorar las dinámicas y las relaciones sociales (González Casanova, 2004).

No obstante, aunque las diferencias sean mínimas, las creencias en cuanto al quehacer entre
los integrantes de ambas ciencias, particularmente en lo que respecta a las reglas y acuerdos
para la investigación científica, estarán presentes, sobre todo, en los preceptos de
observación y razonamiento, la actitud crítica, la aptitud metodológica y la comunicación
de los resultados obtenidos. De hecho, son más rechazados por los científicos sociales que
por los naturales, lo que remonta de nuevo la aparición de conflictos por las dos partes,
todavía, cuando la investigación empírica se privilegia por igual (Lama G., Castillo y Lama
Z., 2013).

Los dilemas, sobre todo en las ciencias sociales, se hacen presentes; en mayor medida en la
rigidez burocrática de los programas académicos, sean de grado o de posgrado (Bartra,
2013). Dichos programas prefieren el modelo de la especialización y dificultan la
innovación en la investigación científica, sumado a la amplitud teórica y metodológica
propia de las ciencias sociales y, en particular, de la sociología, puesto que en tiempos
pasados —como con el marxismo y el funcionalismo— dotaban de “seguridad teórica” y
“estabilidad académica” en sus integrantes.

Hoy, ante la variedad de posturas (como veremos en el capítulo siguiente) hace que pueda
existir, en un sentido un poco despectivo, “los experimentos, las mezclas y el hibridismo” y
se pierda un investigador o estudiante en el espacio científico. Incluso volver a los clásicos
se vuelve una suerte de excentricismo desubicado y que el investigador (amateur o
profesional) sea considerado como no-moderno. Así, «[l]a especialización es una virtud y
también una amenaza. Los profesores que no ejercen una hiperespecialización en sus
métodos y en sus objetos de estudio, muchas veces son despreciados como diletantes que
cultivan campos de conocimiento sin ser especialistas profesionales, sólo para deleitarse,
como indica la palabra italiana original» (Ibídem: 11).
52
Sin embargo, quedarse como docente evitando de alguna manera dicha especialización —
como lo es mandar a dictaminar un artículo o un protocolo de investigación— genera
miedo y crea “verdugos” ficticios. Por el contrario, gente acostumbrada a esta
“hiperespecialización” encuentra una forma de liberación. De tal forma, el cuidado de la
redacción y el uso de un vocabulario para la expresión de ideas y, como hemos dicho, la
creación de conceptos, se vuelve una tarea implícita para el investigador, sea social o
natural.

En este último sentido una disputa, que en muchas ocasiones se pasa por desapercibida, es
aquella vinculada con las humanidades, como dimos cuenta en el primer apartado respecto
de los legados filosóficos de la sociología, todavía cuando se relacionan con cuestiones
estéticas o, como vimos en el apartado sobre modernidad, implican nuevas formas de
organización política (como en lo que respecta al populismo o a la república) y nuevas
subjetividades encontradas en los movimientos sociales sean de corte étnico, racial, sexual
o ecologista, los cuales, como también vimos, pueden ser una especie de guardagujas para
la vinculación con las ciencias de la complejidad y el pensamiento alternativo. De esta
manera, se busca realizar una lucha “verdadera” por la democracia.

El “Manifiesto por las ciencias sociales” elaborado por Craig Calhoun y Michel Wieviorka
(2013), contribuye también a estas disquisiciones, con el fin de unificar, sino a las ciencias
sociales y naturales, al menos, a los científicos sociales del planeta. Esto con base en un
compromiso con la verdad acerca de la vida social en su calidad como científicos y
humanistas; puesto que el saber producidos por ellos debe ser “preciso y riguroso” y
“comprender” la diversidad de la misma.

De hecho, sean científicos sociales progresistas o conservadores, ambas partes están a favor
del cambio. Como mencionan, la precisión de las ciencias sociales no se haya en la
exactitud cuantitativa, sino en el campo de la acción ya sea dentro de un movimiento social,
la política, el poder público, la empresa, el mundo de los negocios o las ONG´s. Por lo
anterior, la comunicación —la comunicación de los resultados obtenidos como una de las
principales “reglas y acuerdos” como vimos hace poco— recalca el carácter “público” de
las ciencias sociales, aunque no siempre sea así. De tal forma, las desigualdades a nivel
global, regional o local siempre estarán presentes por la dinámica específica de sus
integrantes.

Llama la atención que entre los principales retos a superar sea acabar con el monopolio de
occidente con el fin de otorgar de autonomía a los objetos de investigación, campos,
métodos y orientaciones teóricas. En palabras de los autores, no caer en el “tributarismo a
occidente” como, por ejemplo, dieron cuenta los estudios subalternos (subaltern studies, a
los cuales se puede agregar los estudios culturales, de género, comunicacionales,
latinoamericanos, etcétera). Calhoun y Wieviorka retoman su noción de compromiso para
destacar, sobre la base de lo dicho, la necesidad de perspectivas generales integrativas, la
53
relación con otros contextos y la vinculación con otros actores (ya mencionados
copiosamente).

En su calidad de sociólogos, ambos autores están conscientes del riesgo de hablar de


ciencias sociales en general, cuando su campo de conocimiento se restringe a aquella. No
obstante, no desdeñan el papel de nuestra disciplina, por lo que destacan sus desventajas
con respecto a otras disciplinas, como lo es —de nueva cuenta— la disputa ciencias
sociales vs ciencias naturales o ciencias sociales vs humanidades. Incluso ellos también
condenan la idea de fundir en un melting pot al conjunto de saberes —sean estas de índole
natural, social o humanista— ante la posible pérdida de especificidad de cada disciplina.
Con ello, antes que un espacio de libertad y, agregamos, de especialización: se fuerza el
trabajo en conjunto, dado que las instituciones universitarias prefieren y están construidas
sobre cimientos disciplinarios. De hecho, a nivel profesional, provocaría la pertenencia a
ningún lugar y el rechazo de ambas partes.

Los autores lo ejemplifican con lo que fue la hegemonía del funcionalismo en Estados
Unidos, los aportes de la Escuela de Frankfurt que no tuvieron límites disciplinarios y la
“French theory” representada por las distintas variaciones —antropológicas, sociológicas o
marxistas— del estructuralismo; donde el declive de las tres, fue durante los años 60’-70’s,
marcó el inicio de la fragmentación de las disciplinas y una “fase de inmenso
involucramiento en la vida de la ciudad”. En este último sentido, como menciona Ulrich
Beck o Saskia Sassen, las ciencias sociales se cosmopolitizan.

Como dimos cuenta en el apartado anterior, las ciencias sociales tienen la obligación de
transformar sus métodos de análisis ante fenómenos como la globalización y el
individualismo, con el fin de generar un nuevo espacio intelectual, el cual conlleva a
recuperar la dimensión histórica y a su vez analizar fenómenos “difíciles”: «El terrorismo
“global” o localizado, las guerrillas, los enfrentamientos llamados “asimétricos”, las
masacres éticas trazan un paisaje de la violencia que puede ser infra-estatal y supra-estatal,
infrapolítico y metapolítico». Fenómenos que, variando de intensidad, están presentes en
sociedades occidentales y no occidentales. De esta forma: «Hoy en día, un reto crucial es
introducir los cambios del mundo en las ciencias sociales en general, y sobre todo en la
sociología, la cual también ha sido llamada a pensar “global”» (Ibídem: 36).

En el caso de individualismo, éste conlleva, como vimos en el apartado anterior, a pensar la


subjetividad desde distintos planos y, como daremos cuenta en el capítulo dos, avalar o
recuperar posiciones teóricas que se enfoquen al interés propio —como en el caso del
rational choise— o participar en movimientos que privilegien las decisiones personales —
como en el movimiento feminista o por la liberación del cuerpo—.Así, los niveles de
articulación pueden ser tan variados y divergentes y con cierta legitimidad teórica y
metodológica impactado, por consiguiente, las lógicas globales-individuales-subjetivas o
aquellas referidas a Sociedad/Estado/Nación y su relación con las primeras, etcétera.
54
Sin embargo, no hay que pensar que la fragmentación disminuirá o desaparecerá, más
cuando los conocimientos no llegan a ser tan generales como uno espera o como lo exige
paso-a-paso la rigurosidad de la ciencia. Esto a razón de la cantidad innumerable de
cuestiones que abordan las ciencias sociales que fomentan, en cierto nivel, un relativismo.
Bajo este panorama, los autores del “Manifiesto…” invitan a quien se asuma como
investigador en ciencias sociales a no esquivar las disputas científicas, a no desdeñar la
reflexividad que aportan; con mayor énfasis cuando se toma “la historia para el análisis de
los hechos humanos y sociales”, y no omitir los comentarios y reacciones que sobre su
propio objeto de estudio se hacen: los seres humanos.

Coincidimos totalmente en las tres ideas anteriores, puesto que es claro que comparten
mucho de nuestro ideal de sociólogo-sujeto. Es este sentido, la profesionalización de los
investigadores estaría vinculada con su dimensión práctica, el respeto a los criterios de la
actividad científica y su vinculación con la opinión pública y los actores. Primordialmente,
se debe garantizar la unidad (identidad, más bien) disciplinaria, el reconocimiento de
teorías, métodos, enfoques y objetos, así como dar cabida y fuentes de innovación y
originalidad. En cierta manera, este sentido comparte algo de nuestra noción de sociólogo-
objeto.

Aun así, estas dos dimensiones no determinarán la pertinencia y validez de una


investigación, todavía cuando se fetichizan teorías, metodologías y/o técnicas de
investigación, como tampoco podrán determinar si su pertinencia social es baja. De nueva
cuenta aparece el papel de la temible “evaluación”, así como el de la financiación por
organismos públicos o privados; los cuales contribuyen a que, como también vimos en el
apartado anterior, las ciencias sociales se instrumentalicen y puedan perder su esencia
crítica, sumado al impacto del modelo neoliberal como ideología y práctica.

Algunas de las alternativas que ofrecen los autores para dar solución a algunas de las
problemáticas ya señaladas son:

1. “Aportar un entendimiento que sea de utilidad a los actores en la vida colectiva”; es


decir, a los movimientos sociales en tanto se nutren de la cultura, las identidades y
la memoria (Domingues las llamará subjetividades colectivas, que abarcan desde los
movimientos de los años 60’-70’s hasta los más contemporáneos, ver anexo tres).
2. “Aportar su comprensión a las instituciones, organizaciones, empresas privadas y
públicas […] para colaborar en su mejor conocimiento” sobre todo en lo que
respecta a la solución de problemas y conflictos. No obstante, la presencia de
investigadores disidentes siempre estará ahí, puesto que para ellos representaría una
forma de “que quienes dominan aseguren la reproducción de su dominación”.
3. Salir de la vida universitaria y vincularse, por ejemplo, con medios masivos de
comunicación. Empero, como en el punto anterior, la degradación profesional tanto

55
en las instituciones y en las empresas, como también de la propia universidad,
vuelve a aparecer.
4. Siendo consecuentes con la idea anterior, fomentar los intercambios científicos para
intervenir en la vida pública; dicho otra forma, establecer una relación real entre el
investigador y el público, superando, de alguna forma, la vieja distinción entre el
“profesional” y el “intelectual”.
5. Superar la tipificación política de las ciencias sociales con la izquierda (aunque sus
integrantes se identifiquen con esta postura o con la derecha) y más bien contribuir
al progreso y a la emancipación social o académica, para elevar la capacidad de
análisis, sea para “la acción dominados y los excluidos, antes que servir a la
modernización general de nuestras sociedades”. Una vez más se hace patente la
pertinencia política y científica de los investigadores sociales.
6. Retraer a las ciencias sociales de las ofensivas agresivas políticas y económicas,
como lo hicieron las políticas neoliberales al imponerse, más que fomentar cierta
empatía con los gobiernos de izquierda.
7. Debatir con colaboradores que tomaron las dimensiones vinculadas con la psique,
como el psicoanálisis, y destacar la importancia de estudiar la irracionalidad o las
emociones.
8. Finalmente, vincular el esfuerzo de las ciencias de la naturaleza —como la
neurología, la genética o la biología— con el fin de colaborar en lo relativo —como
ya se dijo hace poco— al medio ambiente y a las nuevas tecnologías.

Con estas propuestas por parte de Calhoung y Wieviorka, se busca generar modelos
explicativos más de retaguardia que de vanguardia. En los cuales involucren los debates en
torno a las demandas de reconocimiento, justicia, multiculturalismo y derechos humanos.
Bajo esta lógica, todas la ciencias y, agregamos, humanidades deben de reconocer la
existencia de una gran diversidad de profesionales, volver a tejer los lazos entre
investigador y ciudadanos y generar nuevas forma de trabajo con otros profesionales.

Entre los límites y tabúes que mencionan, sobre los primeros, destacan aquellos respecto a
la reducción de libertad de investigación, fomentada ante todo por las demandas sociales o
su implementación para el servicio de políticas públicas o enfocarse en empresas privadas.
Otro tiene que ver con la desnaturalización reflexiva y crítica, para convertirse únicamente
en conocimiento especializado. Un tercero salta a la luz en cuanto al funcionamiento de su
medio y la internalización de normas y reglas, las cuales, como vimos en el apartado
anterior, pueden generar situaciones de anomia entre los integrantes de una disciplina
científica. Como dio cuenta también Girola, un principal límite, se haya en la ruptura entre
docente e investigador, sobre todo en lo que respecta a “los cánones metodológicos o los
límites teóricos dentro de los cuales puede producirse los conocimientos”.

De entre los principales tabúes que se pueden generar, están aquellos vinculados con la
política y la intelectualidad en general; enfáticamente, con las temáticas asociadas con la
56
violencia, la subjetividad o la movilización social, las cuales generan problemas de
asimilación o acerca de lo políticamente correcto y, curiosamente, lo ridículo.

Tanto los aportes de nuestros entrevistados como los argumentos que hemos presentado a
partir de otros autores, generalmente, no buscan, tal cual es, superar los problemas de
especialización y disciplinariedad, pero, con toda certeza, dotarnos de elementos lo
suficientemente teóricos y lo necesariamente prácticos para su estudio. Ambas perspectivas,
de cierta manera, resultan ser más bien “deseos nunca realizados” que posibilidades reales
de acción y trabajo.

En el caso específico de la sociología, para terminar con estas “disputas-confrontaciones”,


algunos autores (Castillo, 1997) han planteado volver a los “clásicos”, puesto que
permitirían (sin olvidar que el conflicto nunca desaparecerá e incluso —como nos dijo
Castañeda— siempre habrá mayor predisposición hacia los conocimientos producidos fuera
de la región de origen), el redescubrimiento de temáticas no vista en lecturas anteriores, (lo
cual es materia prima para la historia de la sociología y la sociología del conocimiento) y
una forma de inspiración y estímulos intelectuales y creativos nuevos. El regresar a ellos
implica una “interdisciplinariedad real” al fomentar la (auto)reflexión, el descubrimiento de
que lo nuevo nunca es bueno y que nuestros problemas de investigación (por muy
personales o planetarios que sean) tienen una explicación sociológica.

Además, muestran el camino recorrido por una disciplina científica, sea cual sea, y evita
que alguna de ellas se apropie de una dimensión de la realidad; como dijimos desde el
primer apartado: ni lo cultural se restringe a la antropología, lo educativo a la pedagogía, lo
político a la ciencia política o lo social a la sociología, etcétera. De tal forma, enriquecen a
las teorías, las metodologías y las técnicas de investigación, permitiendo, por lo tanto, el
cuidado de los criterios de la ciencia, como también evita que la emocionalidad se filtre en
la investigación; es decir, la objetiva.

Un hecho implícito es que permite conocer la obra, sea completa o parcialmente, de uno o
varios autores “fundadores”, sobre todo en la vinculación con la creación de categorías. Por
lo anterior, regresar a los clásicos se vuelve invariablemente pertinente y prudente, al
fomentar su esencia práctica a nivel teórico, lo cual permite confrontar enfoques con
problemáticas y, finalmente, buscar lo molesto o desconocido que una disciplina deja para
que la otra lo descubra.

Otro planteamiento (Bokser Liwerant, 2007), aunque dirigido hacia la ciencia política, y
que vuelve a recuperar la necesidad de un renovado “compromiso de autorreflexión”, se
basa tanto en las tendencias, acontecimientos y coyunturas como en las interrogativas y
respuestas otorgadas por las comunidades científicas a partir de los métodos y categorías
para su comprensión. Por lo anterior, el conocimiento ha transitado hacia la especialización
que se nutre de la convergencia disciplinaria.

57
Esta visión prefiere utilizar la noción de “frontera” en dos sentidos, en tanto término
plástico que explica las modificaciones sociales y por la doble tendencia en el desarrollo de
las ciencias sociales: I) Una depuración teórica y analítica y una mayor especificidad en los
instrumentos, técnicas y análisis de investigación; al igual que en un perfil científico más
definido; y, II) Una creciente interacción disciplinaria y la renovación conceptual de sus
acervos.

Como hemos comentado párrafos atrás, estos dos últimos puntos (respecto al desarrollo de
las ciencias sociales), son compartidos por algunos autores y entrevistados nuestros ante el
hecho de que: «[…] el conocimiento social transita con reconocido éxito en los ámbitos
disciplinarios, son los encuentros en las fronteras del conocimiento los que hoy por hoy
alientan los logros y aciertos de nuestras disciplinas y permiten su desarrollo» (Ibídem: 52).

Categorías tan elementales y básicas del lenguaje científico —sea éste social o natural—
han tenido que ser revisitadas y reconstruidas, tales como espacio y tiempo; los cuales
implican nuevas modalidades de convivencia que no necesariamente repercuten o
modifican en la configuración de las relaciones sociales sino las enriquecen. Por ende, el
horizonte de la interacción social se organiza y estructura a nivel global, haciendo que los
niveles locales se vuelvan más difusos, porosos y permeables, pero eso no significa que
desaparezcan.

Procesos de este tipo, de los cuales también dimos cuenta (como la globalización, entre
otros), son vistos como no homogéneos, multifacéticos y multidimensionales; los cuales se
destacan por su naturaleza contradictoria, aleatoria e irreflexiva: violencia, guerra, racismo
entre otros ya mencionados. Quienes al mismo tiempo contribuyen a abrir más el campo de
visión de las ciencias sociales y discernir de sus núcleos. Por lo tanto, permite hablar de
nuevos objetos de estudios móviles y fenómenos emergentes.

Todas estas ideas demuestran una expansión del lenguaje, más cuando se utilizan los
prefijos inter, multi o trans-disciplinariedad, para dar cuenta de ellos mismos e impactando
de manera frontal tanto en la dimensión histórica y cognitiva de una disciplina como en
todo el conjunto de las ciencias. Retomando la discusión sobre la modernidad, esto también
implica el triunfo y caída de las principales dualidades-antinomias del pensamiento
sociológico. Por lo tanto, “la especialización temporal se explica por el contexto y su
época” y, recientemente —a razón de las causas administrativas ya apuntadas—, va
acompañada de un proceso de fragmentación, el cual enfatiza de nueva cuenta su carácter
histórico.

En resumen: las fronteras aparecen como espacios de diferenciación, los cuales permiten
analizar el surgimiento de entidades sociales por los actores y —agregamos— sujetos
sociales; los cuales han jugado un papel central en las “configuración histórica de los
campos profesionales”. En un segundo término, también representan espacios

58
fundacionales de distinción y, como construcción material, se hacen explícitas por su
“perdurabilidad y estructuración de su diferenciación constitutiva”.

Con esto: «[…] la construcción de fronteras/identidades es un proceso creativo que


activamente esculpe campos mentales más que identificar pasivamente los naturales ya
existente» (Ibíd.: 56). Varias, entonces, son las fronteras que se deben derrumbar, como las
cognitivas e institucionales, ya mencionadas con antelación, y fomentar una identidad
(disciplinaria) más flexible, ordenada y creativa. Una tarea nodal en la que se convierte, es
hacer investigación desde las fronteras y, posteriormente, una expansión de los centros a las
periferias disciplinarias. En este sentido, la relación entre sociología y ciencia política,
puede ser un parteaguas para una “sociología de la globalización”.

Lo hasta aquí dicho habla de una renovación de la sociología, al menos, en los últimos
treinta años (Bajoit, 2008). Reflejados en los instrumentos de análisis y la práctica
disciplinaria, teniendo como base los cambios en el mundo social que se pueden remontar
hasta los años 70’s del siglo pasado, y reflejados en tensiones a nivel teórico y
metodológico. Algunos serán suficientemente repetidos tomando en consideración los
contenidos ya desarrollados:

1) La crítica a la modernidad a partir de la recuperación de la subjetividad y —de


nueva cuenta— la reflexividad;
2) El tiempo de incertidumbre y vacío cultural por el que se atraviesa;
3) La pérdida de la noción de “sociedad” como determinante de las conductas
sociales;
4) La noción de que la realidad social es una construcción y el retorno del “actor”;
5) La incorporación del “individuo” ante fenómenos tales como el egocentrismo, el
narcisismo y/o el hiper-individualismo (vistos en el apartado anterior);
6) El hecho de que el individuo para ser sujeto debe estar dentro de un tejido de
comunicación, información, interacción y transacciones continuas; y,
7) La presencia de una crisis del individuo, marcada por la incertidumbre y la
fatiga del ser así mismo pero que de igual forma es plural, lleno de experiencias
y procesos de individualización.

Bajo estos principios se vuelve necesaria la relación entre psicología y sociología. El


individuo aparece de esta forma en la vida concreta como actor en sus relaciones con el
otro, y como sujeto en relación con otros; sin embargo, una relación inversa no modifica en
nada su estructura lógica y lo articula con otras dimensiones de la vida social.

El giro principal, por lo tanto, sería en explicar lo social a partir de lo individual y no al


revés o lo social por lo social. En este sentido, los procesos subjetivos tienen una
preeminencia a partir de las representaciones que el actor se ha creado y que son
invariablemente de carácter cultural. Por consiguiente, el individuo aparece a partir de un

59
acuerdo de fondo, puesto que hoy demuestra una mayor capacidad reflexiva (e irreflexiva,
agregamos). Las estructuras preexistentes aparecen determinadas de igual manera.

Así:

«[L]os individuos deberían apelar más a su libre albedrío, elegir, decidir por sí mismos,
contar con imaginación, con su iniciativa y con su creatividad. Por lo tanto, lógicamente,
tendrían que ser más actores en sus relaciones con los otros, más sujetos en sus relaciones
con ellos mismos y, por lo mismo, conducirse más como individuos singulares, y no ya como
individuos uniformizados por sus posiciones sociales» (Ibíd.: 14-15; cursivas en original).

La primera interpretación para validar este enfoque es aquella que tiene que ver con la
“pérdida de credibilidad del modelo cultural industrial”; es decir, la inexistencia de una
tendencia cultural legítima y creíble de la vida social y que, en consecuencia, se haya
propagado una heterogeneidad de la misma, puesto que la conducta no es consecuente de
las instituciones y lo social se ha vuelto consistente, espeso, maleable y elástico. Con ello,
las estructuras se deflactan y las “lógicas de acción” se vuelvan redes y flujos complejos.
Las posturas que afirmaban que existen (o existían) sociedades unificadas y homogéneas
pierden validez y son susceptibles a crítica.

La segunda interpretación contempla el “ascenso de un nuevo modelo cultural”, el cual está


basado en la crítica a los viejos modelos (aquellos que, como vimos anteriormente, tenían
como bandera el progreso, la razón, la igualdad, la nación, etcétera) y el fomento de nuevos
sentidos, principios y significaciones. Esta crítica se acentúa por la influencia del campo de
las tecnologías (las tecnociencias como se ha referido anteriormente), en cuanto “el
proyecto prometeico de la naturaleza y la técnica” mediante exigencias ecológicas y éticas;
económicamente hablando, la sustitución de la concepción productivista y proteccionista
por la apertura de flujos de intercambios mundiales (“cadenas globales de producción” de
las que nos hablará Portes en el capítulo cuatro o “cadenas globales de mercaderías” a las
que hará referencia Domingues, ver anexo tres). Desde la política, se revelarán los
cuestionamientos hacia la democracia representativa y centralizada por la necesidad de
moralizar la vida política y dotar de responsabilidad a los ciudadanos, aunque, como hemos
anotado, esta última categoría social se ha modificado.

Existen otras dimensiones, de orden normativo, que también deben ser atendidas. Tales
como la crítica a las ideas de igualdad por equidad, con base en los méritos, la autonomía y
el civismo. Una segunda pone al descubierto al “deber ser” en cuanto derecho del individuo
a realizarse personal, vivencial, pasional y placenteramente, al igual que evitar el riesgo.
Por último, aquella que reemplaza un orden de alianzas y conflictos entre las naciones por
otro fundado en los organismos privados; sin embargo, como hemos dicho, este escenario
es el mejor para que las políticas neoliberales tengan cabida.

60
Desde el punto de vista metodológico este enfoque ha tenido sus frutos. Sobre todo en lo
que respecta a una relaboración y claridad conceptual, como en la observación de
individuos en campos bien delimitados: la familia, la ciudad, el trabajo, la religión, la
política, la escuela y también en la administración de “experiencias lógicas de acción”
autónomas y relativas. Bajo el mismo esquema existen cinco “espacios-tensiones”, donde
son más próximos y utilizan dichas perspectivas: 1) En el sometimiento de la vida común a
un “sistema estandarizado de pruebas”; 2) En la “tensión” principal entre “bienes”
igualmente deseables, pero difíciles de conseguir; 3) En las desigualdades de los individuos
frente a pruebas, lo cual hace que ocupen “posiciones estructurales” diferentes; 4)
Siguiendo la idea anterior, en la indisposición de “estados sociales” iguales, sean
cuantitativos o cualitativos; y, 5) En la defensa y no confrontación del individuo como
construcción. Un punto flaco —desde sus propios adeptos— de esta propuesta es que, ya
sea como posiciones estructurales o estados sociales, siempre son resultado de ¡relaciones
sociales! Así como no explica cómo un individuo llega a ser individuo o a individualizarse.

Desde el punto de vista teórico, implica recuperar el modelo identitario (el de la


modernidad subjetivista), como evitar que la cultura dominante se imponga y más bien
buscar una autorrealización del individuo como persona particular. De tal manera, hay que
retomar los legados que los modelos culturales (tanto industrial como identitario) han
penetrado en el campo del individuo y, de esta manera, dotar de significado las prácticas
sociales y los sentidos culturales, en el entendido de que no son modelos aislados, sino
simultáneos, en los cuales existe incertidumbre y donde el individuo (actor-sujeto) se
considera una “referencia cultural central”.

Por lo anterior, bajo esta propuesta, se vuelve ineludible la ruptura institucional entre
sociología y psicología. La vinculación entre ambas disciplinas (no en un sentido inter,
trans o multidisciplinario) se da por cuatro “razones de acción”: a) Las razones
reconocidas, aquellas que se explicitan dentro del discurso; b) Las razones oportunas,
aquellas que se derivan de la ideología; c) Las razones interiorizadas, las cuales, siguiendo
a Pierre Bourdieu, son aquellas que siguen al habitus; y, d) Las razones censuradas,
aquellas que operan en el inconsciente. Ante el hecho de que para dar cuenta de estas
razones se necesita de instrumentos más eficaces e interpretaciones cercanas a la psique, los
métodos tradicionales de la sociología resultan un poco obsoletos. La articulación, pues, de
la teoría de la ideología, la teoría del habitus y la teoría del subconsciente hacen que se
pueda realizar un verdadero “socio-análisis” y dejarnos de discusiones que no llevan a nada
(como cuál es la real ciencia) o ya están superadas. Por lo anterior, las relaciones sociales,
las tensiones estructurales, las razones ocultas, las razones conocidas, uno mismo y/o las
lógicas de acción, se vuelven objetos de estudios para una “sociología de los individuos”.

Una última perspectiva que vuelve a la relación entre ciencias sociales y sociología como la
dotación de especificidad de la segunda con las primeras, destaca la falta de la dimensión
histórica entre ellas (Giménez, 2003). Ésta, ante una pluralización cada vez más presente
61
desde el inicio del Siglo XXI y, en la misma tónica, un proceso de especialización entre las
ciencias sociales para generar “disciplinas autonomizantes”.

Bajo este panorama ad hoc con la época actual, con cierta pretensión intelectual, la
sociología aparece como una disciplina “nodriza”, puesto que explica la “porosidad de las
fronteras” (de las sociología con las ciencias sociales y viceversa) y también el “aire
familiar” de la sociología respecto de las otras disciplinas, en tanto perteneciente a las
“misma especie teórica”.

Lo anterior es la razón nodal para recuperar a la historia y la epistemología, con el fin de


superar el “chauvinismo disciplinario; es decir, aquella incapacidad (antes de los
investigadores que de una disciplina social completa) de vincular aspectos distintos de la
realidad y de los diferentes tipos de conocimiento referidos a lo social; como de generar
una “transdisciplinariedad fecunda” —lo que sea que eso signifique al no haber una
conceptualización precisa del término— entre investigadores y docentes para formar una
identidad disciplinaria.

Autores como Immanuel Wallerstein o Göran Therborn, a los que se puede agregar otros
como Fernand Braudel (1970: Cap. 4) o el propio Hugo Zemelman y recientemente para
hablar de sus Sociologías conectadas (2010) lo hace Gurminer K. Bhambra, han seguido,
con distintas dosis teóricas, dicho camino. Todas estas perspectivas hablan de una doble
tarea para una verdadera relación social entre ciencias sociales y humanidades,
específicamente entre historia y sociología: sociologizar a la historia e historizar a la
sociología. Todos con el fin —quizá con la excepción de Zemelman—, desde distintas
posiciones teóricas, de llegar realmente a formar una “sociología global”, noción que
incluso critican duramente.

De nueva cuenta, con poca sorpresa, el retorno a los análisis de la globalización regresa, en
tanto su proliferación conceptual o como imaginario moderno sumado a la ausencia de
consensos verdaderos en ambos casos. Como también hemos dado cuenta, puede ser un
término que destaque un valor “innovador” o un “cliché” de nuestra era; puesto que suele
ser asociado con términos y fenómenos como la internacionalización, la liberalización, la
universalización, la occidentalización-modernización, la desterritorialización, entre otros,
remarcados en el apartado anterior. Estos pueden tener cierta cabida y mayor movilidad,
dependiendo de la dimensión que se tome: política, económica, científica; de la cual ya
hablamos en el primer y en el segundo apartado de este capítulo.

El llamado a ver la sociedad como una red, antes que individuos sociales aislados y
enajenados con la prontitud de conseguir sus intereses, como vimos en la propuesta
anterior, o de recuperar a los individuos, se ha vuelto uno de los virajes teóricos más
pertinentes en la historia de la ciencias sociales y la teoría social hoy día. No obstante, ver

62
al individuo más en su calidad de código que como sujeto socio-histórico, pudiera ser una
de las críticas que podemos hacerle a esta perspectiva.

El espacio que juega recuperar a la historia con el fin de dar el valor epistémico a la
sociología, si bien no es una novedad, radica —tesis con la cual estamos de acuerdo— en
que no puede “disociarse un determinado contexto espacio-temporal”. De esta forma, los
fenómenos (poco o muy) empíricos (como fue el caso de la modernidad), “nunca pueden
desprenderse del todo con un determinado contexto”, sean estos micro-contextos o amplios
períodos históricos. Así, las generalizaciones que se pueden desprender de la creación de un
objeto de estudio por ambas disciplinas, son acotadas y relativas en su calidad de contextos
comparables.

En este sentido, el contexto desempeña un papel doble con respecto a los fenómenos
históricos:

«1) un papel explicativo, ya que toda acción o interacción social se explica no sólo por
factores subjetivos (como la intención, las motivaciones o las disposiciones de los actores
sociales), sino también por su situación contextual que funciona como disparador o fuerza
inhibidora de ellos […]; 2) y un papel hermenéutico, ya que permite el acceso a las claves de
interpretación o del desciframiento correcto de los hechos considerados» (Giménez, 2004:
394; cursivas en original)

Las limitantes de esta perspectiva se asocian con las disputas relacionadas con el estatuto
científico que puede ser mermado con la unificación de estas dos disciplinas, la
imposibilidad de generar leyes transhistóricas y, más bien, proveer de “generalidades
contextualizadas”, la imposibilidad de generar teoría social a partir del método hipotético-
deductivo, la incapacidad de realizar verificación empírica y unificación experimental, el
uso de la argumentación natural (creemos que es más preciso la noción de sentido común),
como modo de razonamiento ante la imposibilidad de no poder ocupar un lenguaje total o
lógica argumentativa basada en proposiciones; por lo anterior, se hace poco viable el uso de
“variables internas y externas” y, finalmente, la imposibilidad de recurrir a metodologías
que competen a otras disciplinas, como la econometría o la teoría de juegos.

Desde nuestro punto de vista, no vemos imposibilidades metodológicas o técnicas y sí


observamos muchísimas vetas de investigación para la sociología y la historia. También
nos percatamos de una noción de autorreflexividad entre dos disciplinas, lo que
apresuradamente podemos llamar una interreflexividad, como también se ha dado con la
psicología o la ciencia política o con los clásicos, las neurociencias, las tecnociencias o las
ciencias de la complejidad, etcétera.

De esta forma todas las propuestas presentadas son entre sí inconmensurables y dependerá
del sociólogo, analizar su pertinencia con el fin de lograr una investigación. Nosotros nos
quedamos, aunque con cierta distancia crítica, con aquella que vincula a la historia, por
63
todos los argumentos presentados desde el primer renglón de este trabajo, puesto que todas
—con cierta modestia unas que otras— no pretenden ser enfoques omnipresentes o meta-
abarcadores.

En síntesis: tanto en los embates en torno a la inter-trans-multi-disciplinariedad y a la


especialización (a los cuales se puede sumar otros sufijos) existen, como otrora, argumentos
de sobra para su fundamentación teórica y su realización empírica. No encontramos
recetarios para su supuesta superación epistemológica o una unificación metodológica. Lo
que sí constatamos es la presencia de alternativas para una discusión que —esperamos— se
prolongue todavía unos decenios más y pueda incorporar a protagonistas y público de la
más diversa índole y, finalmente, generar consensos que incorporen las disidencias. Por
tales motivos preferimos hablar, atendiendo a nuestro concepto de sociología, de relaciones
disciplinarias en contextos sociales, antes que usar laxamente alguna denominación que,
por lo generar, llegase a ser más útil dentro de un cuadro administrativo. Investigar sobre
estos temas resulta, incluso, ser un foco de especialización, tanto para la sociología como
para las ciencias sociales, naturales y humanidades.

Parece ser, sin embargo, que la noción de transdisciplinariedad es una de las más cómodas
para realizar este tipo de discusiones, en cambio la noción de interdisciplinariedad parece
ser más engañosa (Dogan y Pahre, 1993: 137-141) mientras la multidisciplinariedad (a la
cual se puede agregar otros prefijos) ni siquiera parece ser una opción para su incorporación
dentro de la discusión, se relaciona más bien, como veremos en el siguiente capítulo, a la
denominación de “multiparadigma” o su utilización en el “pensamiento complejo”.

La razón de la preferencia hacia la transdisciplinariedad se encuentra en su utilidad para la


investigación científica, siempre y cuando ésta sea en equipo, desarrolle estructuras
peculiares para la solución de problemas, contribuya al acervo del conocimiento, se
comuniquen los resultados dentro del mismo proceso y sea lo bastante dinámica (Gibbons,
et. al., 1997: 16-17). Sin embargo, como mucha de la producción sociológica mexicana da
cuenta, el nivel de colaboración en ciencias sociales y sociología tiende a ser más
individual. Sea la denominación empleada, ningún modelo, como los ya presentados, quiere
dejar de hacer ciencia con los criterios para su validación.

Algo de lo que nos percatamos constantemente fue la preeminencia de dos elementos que
discutimos en los dos apartados anteriores: 1) la autorreflexividad y 2) la innovación. El
primero, como se vio, cercano a la discusión de la ciencia; el segundo, vinculado a la
temática de la modernidad. Suficiente evidencia hemos aportado sobre su pertinencia
teórica y su influencia en la sociología; sería una sandez volver a remembrarlos, puesto que
en los siguientes capítulos aparecerán una y otra vez, aunque con resignificaciones
distintas. En el capítulo tres, veremos cómo se han incrustado en las comunidades
científicas.

64
Para finalizar este capítulo hay que señalar lo siguiente: la sociología nunca ha tratado con
términos sencillos (incluso ella misma en tanto categoría), tarea que esperamos siga
adelante por mucho más tiempo. Adoptar con cierto conformismo los términos “tal cual
son” es una postura mediocre; no sólo para el trabajo del sociólogo sino para todo
investigador, puesto que su carga socio-histórica (tanto de las categorías como del
investigador) es materia prima para la sociología. Tomar términos, inevitablemente,
difíciles es un reto para la sociología y, por lo tanto, para el sociólogo.

En el capítulo siguiente seguiremos la misma lógica, complementando los planteamientos


presentados en este capítulo; dada la naturaleza altamente abstracta y teórica del siguiente
concepto: el paradigma. Polémico, al menos, desde la segunda mitad del siglo pasado pues
su inserción en la tarea de las ciencias naturales y las ciencias sociales, marcó fricciones
tanto al interior como al exterior de y entre ellas.

65
Capítulo Dos

Sociología del paradigma: perspectivas clásicas y contemporáneas

La ciencia, hasta hace poco, se había limitado a contrarrestar,


para el oído y la vista, ausencias espaciales y temporales.
Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel

En muchos de los programas académicos de metodología o epistemología de las ciencias


sociales, aparece el apartado de “Teorías de la ciencia” y en consecuencia resaltan los tres
“gigantes”: Karl Popper (1902-1994), Thomas Kuhn (1922-1996) e Imre Lakatos (1922-
1974). El primero con su propuesta de falsacionismo, el segundo con su propuesta de
paradigmas y revoluciones científicas y el tercero con sus programas de investigación.22 Se
puede decir que de alguna forma son los “clásicos” de la epistemología.

Bajo el consejo personal que nos otorga Francisco Osorio sobre que: «[…] la epistemología
latinoamericana puede explicarse mejor a través de la propuesta de Thomas Kuhn y todos
los refinamientos posteriores que han realizado los filósofos [y científicos sociales,
agregamos] a ese modelo, esto es, que nuestras ciencias sociales no son acumulativas, sino
que dan saltos y entre sí son inconmensurables» (2007: 9; corchetes agregados).
Concordamos que existe una diversidad epistemológica y al mismo tiempo, una pluralidad
teórica dentro de las ciencias sociales, lo cual es nuestro punto de partida para tomar
nuevamente a Kuhn, pero sin caer en una ingenuidad crítica.

Es decir, las voces que propugnan su inutilidad dentro del desarrollo de las ciencias sociales
y, por extensión, de la sociología generalmente, como veremos más adelante, basan su
mirada en planteamientos como los de Popper o la verificación cuantitativa que debe de
tener un paradigma para considerarse como tal (Vid. Guillaumin, 2012; Merton, 1980: 87-
91). Sin embargo, esto no restringe en absoluto su valor axiológico y heurístico, más
cuando recurre a la historia de la ciencia para la creación de su cuerpo teórico. entre otras
disciplinas que anotaremos más adelante. Sumado a que es una noción que se ha adoptado,
a veces con mucha facilidad, otras con cierta dificultad, dentro la academia y entre
comunidades científicas.

Con esto, a continuación, no nos detendremos en toda la propuesta epistemológica de


Thomas Kuhn, sino en una de sus principales nociones que se ha enraizado en la discusión
sociológica y que resulta problemática en el tratamiento teórico de nuestra disciplina: el
paradigma. Es decir, destacamos los principales aportes que relacionalmente ha hecho al
campo de estudio (tanto en estudiantes como en investigadores) y posteriormente
ofrecemos una alternativa más cercana a nuestro contexto, con el fin de dar un panorama
todavía más amplio para su discusión, sobre todo en lo que refiere a las aportaciones
22
En algunos casos se incluye a Paul Feyerabend (1924-1994) con el “anarquismo metodológico” y
posteriores desarrollos en filosofía y sociología de la ciencia.
66
contemporáneas teóricas que pretenden asimilarse a este modelo, como el rational choise,
el neocontractualismo, el posmodernismo, la teoría fundamentada o la teoría de sistemas.

Ciencias sociales, libro y juventud.

Hemos tomado a Kuhn, como dijimos en el capítulo uno para abarcar la problemática de la
modernidad, en primer lugar porque existe más familiaridad con sus trabajos y en segundo
lugar porque consideramos la deuda (todavía no saldada) que tiene con las ciencias sociales
y las humanidades, al usar la filosofía y la historia de la ciencia, procedentes de Francia y
Alemania con Alexander Koyré, Émile Meyerson, León Brunschvicg, Hélene Metzger,
Arthur Oncken Lovejoy y Anneliese Maier. Psicólogos como Jean Piaget y de la Gestalt:
Wolfgang Köhler y Kurt Koffka, así como del polaco Ludwik Fleck al ofrecerle la
perspectiva sociológica (Solís, 2012: 18-24).

A pesar de que Kuhn (2012: 281) afirme que las ciencias sociales se encuentran en un
cierto paralelismo con el período preparadigmático; es decir, de escuelas rivales en
competencias y con falta de referencias comunes entre los científicos, su proyecto es de un
orden disciplinario amplio al conjugar distintas ciencias (naturales y sociales) para un
mismo objetivo. De igual forma llama la atención que su texto de La estructura de las
revoluciones científicas (publicada por primera vez en 1962) haya pasado de, lo que en
lenguaje de Robert K. Merton (Óp. Cit.: 56-87) representaría una teoría de alcance medio,
pues Kuhn a lo largo de su trabajo se refiere a él como un ensayo, a un texto clásico.
Ciertamente, el texto de Kuhn representa más un libro del campo de las ciencias sociales
que de las ciencias naturales.

Al preguntarse Kuhn porqué los estudiantes de ciencias no leen las obras clásicas de sus
fundadores como las de Newton, Faraday, Einstein o Schroedinger y dichas obras están
resumidas en algunos libros de texto, “puestos al día” de manera «breve, precisa y
sistemática». La respuesta es sencilla y contundente: porque pedagógicamente «no se puede
dejar de constatar que en general ha[n] resultado tremendamente efectivo[s]» (Kuhn, Óp.
Cit.: 289).

Los resultados son inmediatos: «[…] los estudiantes de ciencia aceptan las teorías por
autoridad del profesor y del texto […]» y no por la pruebas que se realizan con base en la
teoría (Ibíd.: 170). El profesor olvida valor empírico de la teoría, inicia la monotonía de la
clase y el desencantamiento por la misma. Empero, puede suceder todo lo contrario por la
comunicación, la interacción y la empatía generacional profesor-estudiante.

Para el caso de las ciencias sociales, Kuhn afirma lo siguiente:

«En historia, filosofía y ciencias sociales, los libros de texto poseen mayor importancia. Pero
incluso en estos campos los cursos elementales se complementan con la utilización de
antologías de fuentes originales, algunas de las cuales son los “clásicos” de los campos y

67
otras, los informes de investigación contemporáneos que los profesionales escriben para otros
profesionales. Como resultado de ello, al estudiante de estas disciplinas se les está llamando
constantemente la atención sobre la inmensa variedad de problemas que han tratado de
resolver a lo largo del tiempo los miembros de su futuro grupo. Y, lo que es aún más
importante, tiene continuamente ante sí algunas soluciones rivales e inconmensurables a
dichos problemas, soluciones que en última instancia tendrá que evaluar por sí mismo» (Ibíd.:
288).

Kuhn tiene toda la razón, por ejemplo, en los cursos de teoría sociológica (tanto de grado
como de posgrado) se leen las clásicas introducciones de Raymon Aron (1980), Anthony
Giddens y Jonathan Turner (1990), Salvador Giner (2004), Robert Nisbet (1996), George
Ritzer (1993, 2005), Nicholas Timasheff (1961), etcétera y al mismo tiempo se lee
directamente a Karl Marx, Émile Durkheim, Max Weber, Talcott Parsons, Erving Goffman,
Pierre Bourdieu, Jünger Habermas, etcétera. Sin embargo, en ocasiones los resultados
tienden a ser los mismos que en el caso de los estudiantes de ciencia. En México, los
manuales humanistas de Antonio Caso (1964), Francisco Gómez Jara (1991), J. J. Nodarse
(1988) o Luis Recasens Siches (1960) se convirtieron en obsoletos y anacrónicos, los cuales
reflejaron un “espíritu de la época”, pero que no tienen legado o memoria. Prácticamente
desaparecieron para el análisis sociológico y su estudio se presta más a la historiografía.

Recuperando la propuesta kuhnieniana, Enrique de la Garza (1989a: 121) nos dice acerca
del manual: «[…] son los reproductores de paradigmas para los espíritus mediocres, en
ellos la racionalidad que se encuentra detrás tiende a aparecer como natural, como la única
y sin enigmas importantes. El manual es la síntesis de la razón instrumental que acepta
como dada la racionalidad, es lo opuesto a la conciencia crítica y a la problematización».23

Lo anterior puede ser la desventaja del manual, sin embargo, de igual forma, tanto
manuales como tratados pueden ser incentivos culturales para las personas “comunes”
(sociedad civil) y gente no-profesionalizada (como los estudiantes, en un primer momento)
en un campo disciplinario (llámese antropología, ciencia política, economía, filosofía,

23
Vale la pena señalar (por una cuestión también pedagógica y crítica), dada las desventajas que
muchas veces provoca el manual, al alejar la lectura y comprensión directa de obras fundamentales en las
ciencias sociales; la distinción que el mismo autor hace respecto al manual (handbook) y el tratado: El
tratado: “[…] es un estado del arte, en el que se puntualizan corrientes al interior; problemas y debates no
necesariamente saldados, da la idea de que nuestra ciencia de la Sociología siempre se encuentra inacabada y
lejana a los consensos en la comunidad científica de las ciencias naturales. El Handbook pretende más bien
informar sistemáticamente del conocimiento aceptado que muchas veces resulta parcial y con consensos
problemáticos. Pensamos que para nuestra disciplina, y para la formación de nuevas generaciones de
sociólogos y profesionistas similares es preferible un Tratado que un Manual, porque el Tratado problematiza
lo que en el manual se presentan como certezas, el Tratado fomenta el espíritu crítico y con esto el
descubrimiento sobre la justificación, presenta a la ciencia como inacabada y en debate por encima de las
certezas siempre problemáticas en el conocimiento” (Garza, 2006a: 6). Concordamos con dicha perspectiva,
puesto que (haciendo una analogía literaria) el manual gana por “puntos”, mientras que el tratado por
“knockout” (Cortazar, 1971: 406).
68
física, matemáticas, química, sociología, etcétera) más que fines inmutables del o de los
mimos creadores, proporcionados para el acervo material del conocimiento.

Por lo anterior, causa ruido el optimismo de Kuhn por la juventud o “un recién llegado”; es
decir: «[…] personas que, al estar escasamente comprometidas por la práctica anterior con
las reglas tradicionales de la ciencia normal,24 son particularmente proclives a darse cuenta
de que tales reglas ya no definen un juego que se pueda practicar, y entonces crean otro
conjunto que las pueda sustituir» (Kuhn, 2012: 184-185; cursivas agregadas). El énfasis es
más al “recién llegado” que a la juventud. Kuhn nunca define que entiende por juventud,
cuando, evidentemente, es un concepto vacío de contenido.25

Ahora bien, el perfil deseado (sobre todo con la implementación de estímulos económicos),
en la búsqueda de este “recién llegado” por parte del “mentor”, para ocupar el lugar que
algún día ha de dejar, ―en sentido bourdieano de la palabra― es el de un “heredero”
(Bourdieu, 2007; 2008b). Lo que cuenta es que tenga los capitales (sociales, culturales,
económicos) para poder realizar “tal empresa” en nombre de los cánones que rigen la
ciencia, reproduciendo la práctica anterior de su “mentor” con cierto nivel de innovación.

Ciertamente, los orígenes de las disertaciones de Kuhn se pueden ubicar en las primeras
lecturas de Aristóteles, en el verano de 1947, cuando contaba con 25 años de edad, con el
fin de colaborar en sus cursos de “ciencias para no científicos” bajo la dirección de Bryant
Conant, rector de Harvard. Sólo un año antes Kuhn había conseguido el Master. Su
intención —tal como él la describe— «Esperaba responder a la pregunta de cuánta
mecánica había sabido Aristóteles y cuánta había dejado para que la descubrieran gente
como Galileo y Newton» (Kuhn, 1989: 61; Solis, Óp. Cit.:10-11). Después de darse cuenta
que Aristóteles era: «un ignorante en mecánica, sino además un físico terriblemente malo»
a manera de “revelación”, se dio cuenta que representaba: «una tradición poderosa, y en
general fructífera» (Kuhn, 1989: 62-63); es decir, un paradigma.

24
La ciencia normal en Kuhn (2012: 88-89) representa aquella investigación sistemática basada en
resultados anteriores de logros científicos que ofrecen resultados predecibles, los cuales, como dimos cuenta,
se encuentran en libros para generar problemas nuevos.
25
«La juventud es un concepto vacío de contenido fuera de su contexto histórico y sociocultural. La
condición de ser joven ha sufrido variaciones fundamentales en el tiempo. Existe una amplia variedad de
acotaciones y rasgos temporales a partir de las cuales se destaca la condición juvenil en diferentes países,
dependiendo de su avance económico» (Valenzuela, 2009: 19). Asimismo, se puede cotejar el clásico artículo
de Pierre Bourdieu (1990b) La “juventud” no es más que una palabra”, en Sociología y Cultura, Grijalbo-
CONACULTA, México. De igual forma se puede consultar la réplica colectiva de Mario Margulis (editor)
(2000) La juventud es más que una palabra, Editorial Biblios: Buenos Aires. Otros autores mexicanos que
han contribuido a la discusión sobre la “juventud” con sus trabajos son: Rossana Reguillo Cruz, Maritza
Urteaga, Alfredo Nateras, por mencionar sólo tres de los llamados “juvenólogos”.
69
El modelo y debate del concepto de paradigma

Kuhn define al paradigma como un “modelo o patrón aceptado”:

«[…] el paradigma ―continúa― funciona permitiendo la repetición de ejemplos cada uno de


los cuales podría servir en principio para sustituirlo. Por otro lado, en la ciencia un paradigma
rara vez es un objeto que se pueda replicar. Por el contrario es un objeto que debe articularse
y especificarse ulteriormente en condiciones nuevas o más rigurosas, al modo de una decisión
judicial aceptada que sienta precedente. […] Los paradigmas alcanzan su posición porque
tienen más éxito que sus competidores a la hora de resolver unos cuantos problemas que el
grupo de científicos practicantes considera urgentes [lo que más adelante Kuhn denomina,
inconmesurabilidad]. […] El éxito de un paradigma en sus momentos iniciales consiste en
gran medida en una promesa de éxitos detectable en ejemplos seleccionados y aún
incompletos» (2012: 88-89).

Como mencionamos al principio del capítulo, de igual forma, en los cursos (de metodología
o epistemología) es donde se enseñan los criterios del conocimiento que hemos expuesto
desde el principio de este trabajo, al unísono: racional, general, universal, sistemático,
metódico, lógico, experimental y objetivo. La enseñanza del pensamiento kuhnieano nos
dice que no es así, puesto que la actividad científica es colectiva y se desarrolla en el marco
de una comunidad de científicos (que abordaremos en el capítulo siguiente), que comparten
un mismo paradigma. Es decir, son personas de carne y hueso con títulos y reconocimientos
académicos bajo el brazo, quienes determinan qué es científico y qué no, bajo el código
binario verdad/falsedad (Kuhn, 2012: 169).

Indudablemente el concepto de paradigma de Kuhn —hasta nuestra actualidad—sigue


siendo polémico entre las disciplinas científicas en general, así como entre las
humanidades. Tampoco se trata de definir qué entendemos por paradigma, sin una revisión
a profundidad del mismo y hacer lo que queramos para librarnos fácilmente de la discusión
que lleva implícita. Fernando Castañeda, en entrevista, nos comenta sobre el uso no muy
formal que se le otorga a esta noción:

“Habría que decir varias cosas, una: Por una serie de fenómenos sobre todo entre los años
40's y 60's, que tuvo que ver con el tema, de lo que algunos llamaron “la crítica de las
ideologías” —que es un término fácil, para no entrar en complicaciones— en realidad surgió
la idea de que había muchas sociologías. Yo no comparto esa tesis. Me parece además que
conceptualmente es equivocada, porque producto de esta discusión de la crítica de las
ideologías surgió una serie de discusiones paralelas, incluso en el terreno de la filosofía de la
ciencia, no solamente en la sociología y en las ciencias sociales, y a veces se mezclaron estos
debates, quizá porque había mucha parentela en toda esta historia, había mucha afinidad,
había historias paralelas, pero por lo que haya sido [y] entonces surgió —por ejemplo—
ideas como que eran “multiparadigmáticas” las ciencias sociales en debate con Kuhn […].

70
Pero, la noción de “paradigma”, en realidad, alude en el caso de Kuhn —de ahí el debate con
Kuhn […] de que las ciencias son o no “multiparadigmáticas” — alude a su propia crítica de
lo que ustedes quieran llamar: “filosofía de la ciencia”, “teoría normativa de la ciencia” o
“positivismo”, a la “unidad del método” ese tipo de cosas. Lo que estaba diciendo Kuhn, es
que no hay realmente un criterio normativo de método o epistemológico, que defina qué es
una ciencia. Esa es la crítica que le está haciendo a Popper. Por lo tanto, lo que define a un
campo de conocimiento es lo que él (Kuhn) llama una “matriz disciplinar”. Que una matriz
disciplinar es —precisamente— un paradigma.

Lo que define a la física como una ciencia, como un campo de conocimiento, es esa matriz
disciplinar; no otra cosa, esto, dicho de otra manera, querría decir que sí la sociología es
“multiparadigmática”, pues entonces, no estaríamos hablando de sociología. Estaríamos
hablando, pues no sé, por ejemplo, cada quien que ha hecho sus clasificaciones de paradigma,
hubo una época en la que se hablaba de un paradigma weberiano, y otro funcionalista, y otro
no sé qué. Entonces, no podríamos hablar de sociología, tendríamos que hablar de
weberianismo, de funcionalismo, de estructuralismo.

Después hay otros que hablaron de otro tipo de campo, y dicen: interpretativo, etcétera. Y lo
mismo, tendríamos que hablar de “interpretativismo” porque la noción de paradigma es lo
único que nos permitiría describir. A menos que fuéramos en el fondo, más radicales que los
positivistas y creyéramos que de verdad hay una realidad que llamamos sociológica.
Entonces no habría problema. Habría diferentes interpretaciones en una realidad que, por
alguna extraña razón, hay muchas interpretaciones, pero la realidad es unívoca: la realidad
sociológica. Sino, en base a qué podemos sostener que hay muchos paradigmas dentro de un
mismo campo disciplinar.

Bueno, este es —por ejemplo— uno de los grandes contrasentidos del uso a veces muy laxo y
muy poco serio de las discusiones epistemológicas y discusiones [en general] porque en el
fondo es una confusión de planos y es una confusión de conceptos, y a veces la gente que lo
ha usado, ni siquiera, —yo diría— ha seguido seriamente el debate desde donde salió esta
discusión, es un contrasentido. Kuhn lo que está diciendo, si no hay método, si no hay un
principio normativo que defina qué es ciencia y si tal ciencia es tal cosa, pues entonces lo que
hay es una matriz disciplinar, que es un paradigma” (Castañeda Sabido, en entrevista, 2012).

A propósito, Castañeda (2008: 165-166; 2004: 36-37, 61-63; Cfr. Beltrán, 1989: 31-37),
constantemente en sus trabajos o conferencias logra embonar la “famosa” polémica entre
Kuhn y Popper (aunque no sólo Popper contribuye a ella) celebrada en el Congreso
Internacional de Filosofía de Londres en 1965 y documentada en el clásico trabajo de Imre
Lakatos y Alan Musgrave (1975), La crítica y el desarrollo del conocimiento (Criticism
and the growth of knowledge). En este texto, también, se encuentran los veintidós sentidos
que Margaret Masterman (“La naturaleza del Paradigma”, Óp. Cit.:159-201), concluye, se
usa el término de paradigma en La estructura de las revoluciones científicas.

La polémica entre Kuhn y Popper —señala Castañeda—: «[…] demuestra que tanto las
ciencias naturales como las sociales tienen problemas de comprensión, tienen problemas
71
hermenéuticos. […] La crítica de Kuhn iba al corazón de la teoría de Popper porque
demostraba que el falsacionismo era insostenible sin la inducción. […] Quienes han hecho
críticas importantes a la teoría de Kuhn tienden a defender a Popper; señalando que la
noción de paradigma es confusa» (Castañeda, 2004: 36-37, 62-63).26

Lo que Kuhn le decía de igual forma a Popper, es que no sólo es la lógica la que contribuye
al desarrollo de la ciencia, sino también la historia: «[…] alguien que se presentaba a sí
mismo como «historiador», y defendía y mostraba la relevancia y necesidad de la historia
de la ciencia y disciplinas a fines para la filosofía de la ciencia» (Beltrán, Óp. Cit.:9-10;
Cfr. Solís, Óp. Cit.: 18-24).

Estos debates, según Enrique de la Garza, en entrevista, se han fragmentado por la distancia
que han tomado los filósofos de las cuestiones sociales:

“[E]s decir, en un terreno se mueven los filósofos que sí pueden estar muy en el debate
internacional, o sea, hay muchos filósofos hermeneutas aquí que rechazan al positivismo, hay
otros que son positivistas, pero no en la mayoría, en el nivel de los filósofos y que sí pueden
estar bien enterados del debate internacional y traer a autores nuevos: a [Richard] Rorty, a
[Paul] Ricoeur y muchos otros, pero muchos también contemporáneos. Pero se mueven en un
nivel que no es leído por los de ciencias sociales y tampoco tienen mucha consecuencia en la
discusión, porque cesó mucho la comunicación. Ahora, en ciencias sociales si ha cesado
muchísimo el debate en este nivel, muchísimo” (De la Garza, en entrevista, 2013).

En el célebre “Epílogo: 1969” de La estructura de las revoluciones científicas, Kuhn da


respuestas a estas críticas. En el caso del paradigma argumenta lo siguiente:

«[…] el término “paradigma” se usa con dos sentidos diferentes. Por un lado, hace alusión a
toda la constelación de creencias valores, técnicas y demás, compartidos por los miembros de
una comunidad dada. Por otro, denota un tipo de elemento de dicha constelación, las
soluciones concretas a rompecabezas27 que, usadas como modelos o ejemplos, pueden
sustituir a las reglas explícitas como base para la solución de los restantes rompecabezas de la
ciencia normal. […] Filosóficamente al menos, este segundo sentido de paradigma [el
primero se usa en sentido sociológico] es el más profundo de ambos y las afirmaciones que
he hecho en su nombre son las principales fuentes de las controversias y los malentendidos
que ha desencadenado el libro, especialmente por la acusación de que hago de la ciencia una
empresa subjetiva e irracional» (Kuhn, 2012:302-303; cursivas y corchetes agregados).

26
Una polémica de las proporciones que alcanzó la de Kuhn y Popper, así como la de Popper-Adorno
o Popper- Habermas (Cfr. Popper, Karl (1984) Contra las grandes palabras; y, Adorno, Theodor W. y
Horkheiner, Max (1973) La disputa del positivismo en la sociología alemana) no ha existido en
Latinoamérica. Lo más cercano es la disputa de Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano en torno a la
autonomía universitaria y la lucha ideológica entre el idealismo de Caso y el materialismo de Lombardo
(Castañeda, 2004: 127-145). Sin embargo, su impacto fue más histórico que epistemológico o metodológico.
27
Un “rompecabezas” (puzzle) a lo largo de toda la obra de Kuhn se presenta como un “problema de
investigación” sobre todo en los períodos de anomía generados por la ruptura en un paradigma.
72
Aclarado el concepto de paradigma por Kuhn, él mismo señala (como hemos venido
argumentando) que la comunidad de científicos comparte un paradigma. Sin embargo, los
científicos lo refutaran diciendo que lo que comparten son: «teorías o un conjunto de
teorías». De igual manera, el concepto de teoría también resulta polémico y, sobre todo,
fructífero. Complementando la definición de George Homans,28 Lidia Girola y Gina
Zabludovsky, otorgan un concepto de teoría más cercano a nuestra disciplina y a este
apartado:

«[…] teoría es toda formulación de alto nivel de generalidad compuesta de categorías y


conceptos que permiten abordar el estudio de la realidad (la realidad social en nuestro caso),
tanto globalmente como en sus diferentes aspectos, y que brinda por tanto un esquema o
marco de referencia paradigmático, en la medida en que define tanto el objeto, como el
método, como los criterios de objetividad y validez del conocimiento logrado a través de
ella» (1991: 12 Cfr. Girola, 2005: 16).29

Si las tendencias del conocimiento han mejorado, el diálogo en diferentes disciplinas


científicas ha aumentado y el reconocimiento institucional ha sido otorgado. ¿Por qué sigue
causando molestia que se diga que la teoría o la ciencia es una actividad humana? O el
argumento no corresponde con el hecho o el hecho no corresponde al argumento. Como
mencionamos en su momento, la ciencia, al igual que la sociología, es producto y práctica
social que se comparte, es decir —como nos dijo Castañeda hace poco—, tienen una matriz
disciplinar: «[…] “disciplinar” porque alude a la posesión común por parte de los que
practican una disciplina concreta, y “matriz” porque se compone de elementos ordenados
de varios tipos, cada uno de los cuales precisa una especificación ulterior» (Kuhn, 2012:
313).

Alfredo Andrade Carreño (1998a: 4) lista los elementos que constituyen una matriz
disciplinar a partir de los planteamientos de Kuhn y que sólo refuerzan el concepto de
paradigma del mismo:

«[…] a) generalizaciones simbólicas; b) modelos (heurísticos y ontológicos), los cuales


proporcionan las analogías y metáforas preferidas o permisibles; c) valores (predicciones que
deben ser exactas en un campo dado) que proporcionan los elementos de enjuiciamiento de

28
«[…] el único uso legítimo del término teoría es el que designa un sistema deductivo lógico con
premisas explicitas expresadas axiomáticamente y de premisas adecuadas menores y que son un conjunto de
deducciones de las mismas que corresponden a afirmaciones de hecho empíricamente contrastables»
(Homans, 1916 en Girola y Zabludovsky, 1991:12).
29
Gabriel Abend, en un artículo publicado en 2008, ofrece siete significados distintos a la teoría: el
primero, estaría basado en “proposiciones generales”; es decir, una relación lógica conectada con una o más
variables; el segundo, sería una explicación de un fenómeno particular; el tercero, a partir de la
interpretación, pretendería “dar sentido” o “leer” cierto espacio de la realidad; el cuarto, se referiría al estudio
de los escritos de los autores; el quinto, buscaría ser una “perspectiva total” desde la cual uno observa al
mundo; el sexto, reflexionaría normativa o políticamente; y, el séptimo, se basaría en el estudio de
problemáticas determinadas que la sociología ha encontrado (Cfr. Abend, 2008). El concepto de Girola y
Zabludovsky se acercaría a significado uno; mientras el modelo de paradigma de Kuhn al significado cinco.
73
todas las teorías; y d) ejemplares-soluciones concretos que los estudiantes encuentran al
inicio de la educación» (Kuhn, 1975: 280-287 en Andrade Óp. Cit. Cfr. Kuhn, 2012: 312-
320).

Sumado a ello, invalidar un concepto o una teoría, (falsear en el sentido popperiano) es un


trabajo constante y bastante arduo, siempre y cuando se haga de manera analítica y no estén
—preferentemente— de por medio, los prejuicios ideológicos y políticos, pues su abolición
descansa en la decisión de una comunidad científica y la sociología no se escapa de ella.
Como en el capítulo uno, la crítica científica se basa en las aptitudes y actitudes
metodológicas del investigador, sin que por eso se restrinja una postura. Tal como lo
expresa Castañeda:

“Yo creo que la sociología sí tiene muchos debates teóricos en su interior, hay muchas
interpretaciones teóricas, pero no son tan ajenas las unas de las otras como se dice. Y sí creo
que comparten una serie de problemas. Otro problema que a veces surge en el debate es la
idea del “objeto de estudio”, por eso también la tesis de “matriz disciplinar” de Kuhn, tiene
algunos elementos útiles […]. [N]inguna ciencia tiene un objeto muy claro.

Alguna vez un físico-teórico, Roger Penrose, decía que si la física fuera congruente con su
objeto de estudio tendría que explicar muchas cosas que no explica. En realidad ¿Qué forma
parte del mundo físico? ¿Qué forma parte del mundo de la materia? ¿Qué forma parte del
mundo de la energía? ¿Qué forma parte...? Las ideas, las ciencias sociales son o no parte del
mundo de la materia, […] del mundo material, del mundo de la energía, en fin. […] Hay un
problema allí a veces. Pero eso lo único que está haciendo es jugando con la falacia de creer
que alguien puede de manera a priori construir un objeto de estudio y después decir: “¡Ah! Y
por eso vamos a hacer esta teoría.” Esto como una cosa de manuales. Pero también tiene una
historia, es la historia de surgimiento; del desarrollo de las ciencias modernas en el siglo XIX,
y en el que surge la sociología como un campo de conocimiento” (Castañeda Sabido, en
entrevista, 2012).

Tampoco tenemos que caer en la ingenuidad de que el modelo de paradigma (matriz


disciplinar) de Kuhn alivianará las tensiones dentro de la sociología, así como de las
ciencias sociales. De igual forma, Kuhn jamás habló de “multiparadigma” lo que José A.
Noguera (2010: 31-53) denomina “el mito”.30 La popularización del “mito” dice el autor
corresponde a uno de los “veintiún sentidos” (sic. dado que Kuhn señala veintidós y
nosotros tras la lectura del texto de Masterman contamos el mismo número) que
“felizmente” Margaret Masterman atribuyó a Kuhn de: «confundir un estado pre-
paradigmático con uno multiparadigmático» (Ibídem: 32). Noguera parte de dos “ideas-
fuerza” para sustentar su noción de “mito”: «1) La complejidad social hace inevitable el
pluralismo paradigmático en sociología. 2) Por lo tanto, o además, es bueno que esa

30
Definición que remite a “El mito del marco” de Karl Popper, que puede encajar en las críticas que
se le hacen a Kuhn y que señala Castañeda (vid supra). Además de que el texto de Noguera es, por demás,
falsacionista.
74
pluralidad de paradigmas se perpetúe como situación habitual en la disciplina.» (Ibíd.: 33;
cursivas en original).

Sin embargo, no es Masterman quien populariza el término “multiparadigmático” en la


sociología. Como lo señala Kuhn al respecto del libro de texto (Vid. Supra.) para la
solución de problemas —sociales, culturales e históricos en nuestro caso—, los manuales
de Teoría sociológica (clásica, contemporánea y moderna) de George Ritzer han
contribuido a la popularización de este mito (sus libros se usan de forma casi sacerdotal) así
como su propuesta de “metateorización”. El propio Ritzer usa el concepto de paradigma —
a partir de las ideas de Kuhn— en tres sentidos: «1) Para diferenciar una comunidad
científica de otra; 2) Para distinguir etapas dife[re]ntes históricas en el desarrollo de una
ciencia, y; 3) Para distinguir entre grupos cognoscitivos dentro de una misma ciencia»
(Ritzer, 1993: 436; cursivas en original).

Con base en lo anterior Ritzer ofrece un concepto de paradigma “fiel al significado de la


obra original de Kuhn”:

«Un paradigma ―nos dice― es una imagen básica del objeto de una ciencia. Sirve para
definir lo que debe estudiarse, las preguntas que es necesario responder (sic.), cómo deben
responderse y qué reglas es preciso seguir para interpretar las respuestas obtenidas. El
paradigma es la unidad más general de consenso dentro de una ciencia y sirve para
diferenciar una comunidad científica (o subcomunidad) [cursivas añadidas] y los métodos e
instrumentos disponibles» (Ritzer, 1975: 7 en Ídem; cursivas y corchete en original).

Si uno revisa los conceptos de Kuhn sobre paradigma y matriz disciplinar que hemos
transcrito en este capítulo y los compara con el de Ritzer, se dará cuenta que éste último, no
aporta nada nuevo al concepto ya citado, sino lo utiliza para justificar más adelante sus
“paradigmas sociológicos”: de los hechos sociales, de la definición social y de la conducta
social. (Cfr. Ibíd.: 438-440). No abordaremos al respecto pues no es la finalidad de este
apartado. Lo único que rescatamos de Ritzer es su afirmación respecto a que “Las teorías
son sólo parte de los grandes paradigmas” (Ibíd.: 436, cursivas en original).

Retomando la crítica que hace Noguera con respecto al “mito”, éste puede tener dos
versiones: una positiva o fáctica y una normativa. Leyendo entre líneas y si se compara con
los “dos sentidos de paradigma” que aclara Kuhn en el “Epílogo: 1969” (como hemos
dicho, para Kuhn el primer sentido sería “sociológico” y el segundo “filosófico”), tienen
ciertos puntos de encuentro con la versión fáctica de Noguera:

«Bajo la versión fáctica, el mito podría a su vez tomar dos formas, una de ellas sin interés:
podría decir, en primer lugar que es posible en una disciplina científica la existencia de
diversos paradigmas. Considero que ésta es una tesis trivialmente verdadera [¿?]: dada la
vaguedad del concepto de paradigma, bastaría que un solo científico excéntrico elaborase un
nuevo lenguaje conceptual para referirse a los fenómenos estudiados por su disciplina para
hacer aparecer un «paradigma» diferente. Sin embargo, y en segundo lugar, existe una
75
posible versión fáctica no trivial del mito: en este caso, lo que sostendría es que es inevitable
la existencia de diversos paradigmas en una disciplina, puesto que ello es algo inherente a la
naturaleza de la misma y/o de su objeto de estudio. Esta tesis no es trivial, aunque es una
forma de esencialismo ontológico y epistémico […]» (Noguera, Óp. Cit.: 35; cursivas en
original).

El punto fuerte de Noguera, consiste en la versión normativa, puesto que demuestra la clave
de la ambigüedad —en el terreno de la sociología— del paradigma, que tienden a
confundirse con otros conceptos (tradición, teoría, escuelas de pensamiento, multi-inter-
transdisciplinariedad, etcétera) dando lugar a eufemismos que denotan lo mismo, y que se
usan constantemente en la jerga de los científicos sociales.31 Así: «La versión normativa
del mito tampoco es trivial, pero es, creo, igualmente cuestionable: según ella el pluralismo
paradigmático en sociología es en sí mismo deseable, y debe ser cultivado y preservado
como algo valioso, tal y como se prosigue reverendamente las tradiciones religiosas y
culturales» (Ibíd.: 35, cursivas en original).

Noguera continúa con los extremos que origina “el mito”, al ser los paradigmas
“presupuestos metateóricos”, generando adeptos (seguidores) de una “tradición sagrada” y
que el supuesto “pluralismo” (o antidogmatismo) se quede sólo en retórica y se traduzca en
un pseudo-pluralismo: «[…] consiste este último en la «coexistencia pacífica» entre
diversas teorías o enfoques autorreferentes, inasequibles a la evidencia empírica y a la
crítica desde otras posiciones teóricas y cultivadas por comunidades cerradas de adeptos,
cual si de sectas religiosas o clubs de fans se tratase» (Ibíd.:39; cursivas en original).

La mejor referencia observacional se puede dar en los encuentros, coloquios, conferencias y


demás actividades académicas y extra-académicas donde es común encontrarse con
“colegas” (compañeros, pares) que con el falso pretexto de “quedar bien” leen
desmesuradamente los trabajos de sus otros “colegas” para poder articular sus
investigaciones o trabajos, desprendiéndose, incluso, de sus propios temas de interés,
generando “cadenas de favores” más que debates en su interior.32 O cuando sin leer la obra
de su colega, emiten juicios desde sus trayectorias, incluso desde la especulación y —en el
peor de los casos— la visceralidad.

31
«Dependiendo de los textos y autores, «paradigma» se usa como sustituto y/o equivalente de cosas
tales como escuelas teóricas, teorías, ideologías, principios metodológicos, tesis ontológicas, principios y
valores epistémicos, o cualquier combinación o subconjunto de las anteriores» (Ibíd.: 36).
32
Durante el coloquio internacional Desafíos contemporáneos de la sociología y los estudios de
género, a propósito de los 40 años de la fundación del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de
México, en la mesa de “Teoría social” teniendo como panelistas a Ricardo Pozas Horcacitas, Fernando
Castañeda, Héctor Vera y Viviane Brachet; María de los Ángeles Pozas, quien fungía como moderadora,
recordaba una anécdota con Castañeda quien fue a dar un curso de “sociología de la sociología” en la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Nuevo León, María de los Ángeles teniendo “una
inquietud” sobre “porqué se escribe, se publica y nadie nos lee, ni entre nosotros”, Castañeda le respondió
“No, pero como nos divertimos”. Disponible de manera audiovisual:
http://www.youtube.com/watch?v=XzAJnBuQUCM
76
En el caso de los estudiantes, sea de licenciatura (pre-grado) o posgrado, es lamentable que
se “dejen llevar por el nombre”, sin antes una lectura a profundidad, críticas en su entorno y
emisión de juicios desde su postura (así, sea inicial o “ingenua”), dejándolo en “sagrada
palabra”. Sin embargo, a pesar de que “todos” lo saben, “nadie” dice o hace algo. Esto, en
cuidados paliativos, se conoce como “conspiración del silencio”.

Alfredo Andrade Carreño en entrevista nos ofrece algunas razones por las cuales este
fenómeno se ha hecho recurrente en las disciplinas sociales:

“[E]ncontramos que de pronto tiene un fuerte peso lo que llamamos “figuras internacionales”
y la propia estandarización de los mercados académicos provoca que tenga que citarse más
esto, que la exploración en los autores locales. Por eso parece destacarse menos trayectorias
excepcionales. Yo creo que tiene mucho que ver con esta homogeneización de los marcos
académicos y donde en las etapas iniciales los autores abren vetas de exploración o
contribuciones donde se destaca mucho su originalidad y las generaciones inmediatas pueden
diseñar; pueden enlazar “trayectoria-de-académico-original” con “obra” y “novedad-de-
campos-de-exploración”.

Las siguientes generaciones van a encontrar esos marcos más homogéneos, por eso parece
destacarse menos. Pero yo me atrevería a pensar que, si hacemos un seguimiento sistemático-
sociológico de la recepción y revisión de trabajos, podíamos encontrar efectivamente que hay
trayectorias destacadas, no que se destaquen como en la etapa original (inicial), por su
originalidad y por la novedad, sino también por la consistencia de las contribuciones. Yo creo
que este trabajo sistemático de citas, la revisión de citas puede ser un buen recurso que
permita mostrar cómo las contribuciones —que por cierto son abundantes— se homogenizan
en un medio y su aprovechamiento tienda a ser más técnico-instrumental de cara a la
investigación y la situación de autoridad tiene menos peso.

La situación de autoridad es aquella de marcos teóricos que vamos a llamarles “consagrados”


y los siguientes son usos instrumentales de manejo de información. Las investigaciones de
académicos activos tienen, más o menos, el siguiente acercamiento a la obra de las
trayectorias de destacados intelectuales de la siguiente manera: un tipo de exploración y por
[lo] tanto de citas tiene que ver con la identificación de planteamientos teóricos que son
empleados como marcos interpretativos-referenciales de los objetos de estudios pocos de
atención.

Otro acceso de estos referentes que son citados, tiene que ver con planteamientos teóricos,
que, o se van a aplicar a nuevos contextos o que están en discusión de frente a contextos
diferenciados. Inmediatamente viene un proceso de recontextualización, de resignificación o
de reelaboración conceptual de cara a los objetos de estudio en particular. Entonces, la
referencia a autores destacados tiene que ver, o bien, la identificación de un marco teórico
que va a servir como marco de interpretación de construcción de planos discursivos de
análisis, dentro de un campo de conocimiento, o bien, la referencia a planteamientos teóricos
que van a ser aprovechados de cara a nuevos objetos de estudio o nuevos planos analíticos
que interesa confrontar.

Esto es algo que contribuye a eso que yo decía, la homogeneización de los marcos teóricos,
por eso pareciera —claramente—que ahora se destacan menos los intelectuales de una
disciplina, más que se destaquen menos; como se estandariza y se homogeniza más el campo
77
de conocimiento, entonces a un mayor uso instrumental de la teoría, en estos planos que
menciono, hacia nuevos casos de investigación, hacia la aplicación, hacia nuevos casos de
investigación. Este mayor uso instrumental de marcos de interpretación es el que posibilita
que parezca que hay menos figuras destacadas. Desde una sociología de la ciencia, si se
pueden hacer análisis de trayectorias específicas de cómo hacer contribuciones al
esclarecimiento de temas de investigación” (Andrade Carreño, en entrevista, 2012).

Es de todos conocido que ningún investigador mexicano quiere perder sus puntos en el
Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y/o ningún estudiante quiere perder sus becas de
posgrado o de investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT),
como veremos más adelante, la comunidad científica en México está sobre-burocratizada.
Los científicos sociales en México, no parten de un paradigma compartido, sino de
incentivos económicos que dota una instancia estatal o universitaria.

La necesidad de una propuesta

Haciendo una síntesis de todo lo que hemos argumentado, con toda la osadía sociológica,
un paradigma es un registro de los cambios históricos y teóricos de una determinada
disciplina científica, que pretende cohesionar las actividades de los integrantes de una
comunidad de profesionistas en torno a un tema específico de conocimiento u objeto de
estudio, valiéndose de la capacidad y originalidad de los aspirantes a contribuir dentro de
él, previa aprobación de un sinodal (o la misma comunidad) expresado en su forma
material y humana, mediante el reconocimiento y/o rechazo de otras formas de
pensamiento alternativas a la propuesta.

A partir las ideas presentadas, la reformulación del paradigma, para los fines analíticos de
este trabajo, tiene tres sentidos: 1) Guarda una relación inseparable con el debate clásico y
actual de posturas teóricas, dentro del libro antiguo y la reflexión (junto con el trabajo
empírico) vigente; 2) Contempla los diálogos (internos y externos) dentro de la misma
comunidad y la aplicación de sus resultados en el mismo lugar, perfeccionándolos una vez
llevados a la opinión de especialistas y posteriormente a la opinión pública; y, 3) Rescata el
trabajo que con anterioridad se ha hecho y analiza las debilidades y fortalezas que ha dado
provisionalmente (resultados contingentes). Todos se dan en un contexto intergeneracional.

Lo anterior no es una postura arbitraria, puesto que es muy interesante muchas reflexiones
que desde hace cuarenta años se han venido desarrollando en torno a lo que se ha
denominado como “crisis de los paradigmas” en relación con el quehacer de la sociología.
Para los dependentistas (Marini, 2007: 169-172; Faletto, 2009: 359-368, 369-382) pueden
representar una “crisis del pensamiento latinoamericano” de los años setenta (Desarrollistas
vs Dependentista, Dependentistas vs Dependentistas), amén del tema del desarrollo. La
visión de algunos sociólogos mexicanos es bastante amplia pero tienen un punto en común;
de representarlo como una crisis de las “grandes teorías sociales”, entre otras visiones
conceptuales (Andrade, 1995: 142-145; Cadena, 1994: 237-252; Castañeda, 1994: 14, 45;

78
De la Garza, 1989a: 103-106; Giménez, 1994: 107-110; Girola, 1996: 156; Girola y Olvera,
1994a: 182, 1994b: 96-97; Girola y Zabludovsky, 1991: 28-29; Farfán, 1995: 216; Nieto,
1994: 157-159; Oliver, 1994: 326-331; Sefchovich, 1989: 71-76; Sosa, 1994: 91-92;
Valencia, 1994: 321; Yocelevsky, 1994: 293; Zabludovsky, 1995: 234-238, 1994: 33-35,
38-39).

Llama la atención que los propiamente “sociólogos” (los que discuten sobre la pertinencia
teórica de la sociología) tengan mayor facilidad expositiva al referirse a “tradición”,
mientras los adscritos a una corriente más “latinoamericanista” (es decir, los que recuperan
los planteamiento de la teoría del desarrollo y la teoría de la dependencia) hablen
constantemente de “paradigmas”, y, por lo tanto, de referirse a la “crisis”. Esta “crisis”,
sólo se puede traducir como una re-alfabetización de corpus teóricos a niveles explicativos
y descriptivos inconmensurables. Sin embargo, lo que existe no es un consenso o un
acuerdo “interpar” sino adhesiones (Castañeda, 2004: 228).

En el primer sentido, sus características las presenta puntualmente Alfredo Andrade


Carreño (1995: 143-144; cursivas en original):

«Desde el punto de vista del desarrollo de la teoría y de las formas de construcción de


conocimiento, los diagnósticos del estado actual de desarrollo de la sociología han destacado
como rasgos distintivos uno o varios de los que a continuación menciono, según los énfasis
que orientan los respectivos análisis:

a) pérdida de vigencia, o al menos de predominio, de tradiciones intelectuales,


corrientes de pensamiento o paradigmas que en las etapas precedentes ejercieron una
influencia considerable o bien, gozaron de amplio prestigio;
b) debilitamiento de las posiciones teóricas e ideológicas sólidamente sustentadas y
atemperamiento de posiciones intransigentes;
c) impulso de esfuerzos dirigidos a la renovación o al replanteamiento de los enfoques
tradicionales;
d) emergencia de nuevos enfoques y resurgimiento de planteamientos abandonados o
escasamente conocidos;
e) generalización del pragmatismo en la orientación de las investigaciones empíricas:
f) conformación de estilos plurales o flexibles de la práctica científica».

Asimismo, es de destacar las constantes coyunturas por las que atravesaba el mundo y,
efectivamente, una: «escasa autocrítica o reflexión teórica» (Andrade, 1998a: 71), de
esquemas vinculados con el marxismo (como lo demuestra la teoría de la dependencia), el
estructural funcionalismo, y, en menor medida, el positivismo para la sociología y las
ciencias sociales. Es decir, mientras en la academia norteamericana y europea los virajes se
tornaban más de orden teórico y epistemológico, como lo demuestra Castañeda con la
polémica Kuhn-Popper o De la Garza con los positivistas contra los hermeneutas, descritas
en el capítulo uno, la crisis de los paradigmas en Latinoamérica se acentuaba por las
condiciones sociopolíticas y económicas de la región.
79
La interrelación de lo anterior puede fácilmente incorporar el trabajo de distintas
disciplinas, en nuestro caso de la sociología, y desdibujar un objetivo común por la
sobredimensión de planos, por lo cual es común atribuir otras concepciones vinculadas con
la crisis: de la conciencia histórica, del Estado, de las clases, de la democracia, de la
dependencia, de la epistemología, de las ciencias sociales, de la sociología, etcétera y
formar, lo que De la Garza (1989a: 104) denomina, una falta de “flujos y reflujos” de
metodología; es decir, de conciencia metodológica (pluralidad epistemológica o negación
epistemológica, relajamiento o fortalecimiento de los vínculos entre epistemología y
metodología, dispersión paradigmática y refinamiento técnico), llevando incluso a la
confusión y la desfragmentación.

Sin embargo, esta falta de conciencia metodológica no se ha superado (de los años ochenta
a la fecha), como lo refiere, en entrevista, De la Garza:

“Está ahora más acentuada que antes, porque en el período que estaba terminando —
digamos— 85’ o bueno, estaba terminando un período: el de los 60’s-70’s. Había una
preocupación fuerte por el análisis epistemológico vinculado con ciertas metodologías y
formaba parte importante de la formación de los estudiantes de ciencias sociales. Es decir,
epistemología formaba parte de los programas de estudio, yo diría que desde licenciatura,
pero sobre todo en posgrado y el discutir que Kuhn, que Popper y todo eso, era pan común
entre los estudiantes de ciencias sociales, en especial de sociología” (De la Garza, en
entrevista, 2012).

En el segundo sentido, para salvaguardar esta multiplicidad de visiones sobre la crisis de


los paradigmas, planteamientos originales como los de Pablo González Casanova (2002: 4-
5) nos ofrecen algunas pautas, puesto que propone que este nivel de abstracción sea
aconceptual y no teórico:

«En todo caso, si los nuevos descubrimientos y técnicas deben ser atendidos, su presencia no
acaba con todos los conocimientos “antiguos”. Nuevos y antiguos conceptos merecen nuestra
atención y deben ser cernidos, des-cubiertos en sus interfaces, articulados al conocimiento
por objetivos.

En realidad, todo proceso de formación científica retiene y redefine los conceptos anteriores,
los reestructura y acota. Si en los nuevos conceptos o realidades busca las formaciones que
ayuden a comprenderlos, con los nuevos conceptos también reestructura y redefine a sus
predecesores y busca controlar el rasgo de validez y alcance.

Acometer tales tareas, con mayor consecuencia y precisión, es tanto más importante cuando
vivimos la tan traída y llevada crisis de paradigmas».

A pesar de que la discusión a nivel conceptual nos brinde algunas alternativas, existen
propuestas “teóricas” que quieren asimilarse al modelo de paradigma de Kuhn y que
contribuyen a nuestra definición. No es de sorprenderse que propuestas como las teorías de
80
la elección racional (rational choise), el neocontractualismo (o teoría de la justicia) y el
posmodernismo33, estén impactando en la sociología fuertemente como propuestas teóricas
alternativas ante las nuevas problemáticas que día a día se están generando en el terreno de
la ciencia social y la vida cotidiana. Fernando Castañeda ya ha dado evidencia de ello y sus
argumentos están “pasando de noche” entre la propia comunidad (Cfr. Castañeda, 2004:
237-276; 1995: 297-301), lo cual consideramos atroz. En entrevista sostiene:

“En los últimos treinta años, a mí me parece que algo característico fue el surgimiento de
cierta ciencia social que era, en cierta medida, parte de las grandes guerras intelectuales de la
sociología, su demarcación, como el neocontractualismo, por eso lo de la nueva filosofía
política y por eso su lucha contra la filosofía; contra la teoría del contrato, contra la idea del
sujeto, contra el modelo de los sujetos abstractos, etcétera. Con la idea de una justicia de
manera abstracta, todo lo que fue de [John] Rawls, incluso a algunas de las especulaciones
habermasianas (cuando él participó en esas discusiones), todo el neocontractualismo desde
los años 70's hasta finales de siglo (XX) hasta principio de los 2000, ya nadie está haciendo
este tipo de discusiones. Bueno, esto derivó en [Amartya] Sen; en las teorías de la justicia y
en otro “Sen” terreno. Eso también me parece importante, porque por eso digo que la
sociología tiene una tensión constante con la filosofía, porque el tema normativo es uno de
los problemas serios de la sociología. Por eso Sen se mete en el tema de orden normativo.

Y, la filosofía política, la nueva macroeconomía política, por primera vez la teoría económica
se vuelve teoría de la sociedad después de 200 años, quizá la última gran teoría de la sociedad
es la de Adam Smith, como teoría utilitarista, después hubo grandes economistas que se
metieron en todos los ámbitos: John Stuart Mill, pero no construye un sistema como tal, pero
sí hay ciertas ideas, hay un liberalismo que forma toda la visión de John Stuart Mill, pero no
al extremo de lo que fueron las teorías de las elecciones racionales a partir de los años 80's,
que pretenden ser teoría política, teoría social, teoría económica y que tiene básicamente una
marca, una base económica; es básicamente teoría económica.

[…]

Entonces esto es lo que se convierte en uno de los temas más importantes a partir de la
década de los 80's, hay un desplazamiento, la sociología es desplazada por la teoría
económica, por el contractualismo y por una discusión de carácter filosófico que ha seguido
impregnando a las ciencias sociales, que es lo que se llamó posmodernismo, y que hoy ya
nadie sabe exactamente qué es el posmodernismo. Y hoy todo el mundo habla de sociedad
posmoderna, pero ya cuando habla de la sociedad posmoderna, no están hablando [o] quieren
hablar de una sociedad como que ya no se mueve bajo ciertos valores, bajo ciertos principios,
pero bueno, eso se puede leer desde los años 60's y no hablaban de posmodernismo.

33
“Hoy en día, como ustedes saben, está muy de moda el posmodernismo, que consiste en eso: en
enhebrar palabras formando oraciones que no tienen menor sentido. Y el motivo es muy sencillo, y el motivo
es que eso es muy fácil”. Conferencia de Mario Bunge ¿Para qué sirve la epistemología?, en el leguaje de
Bunge, el posmodernismo representaría una pseudociencia. Disponible de manera audiovisual:
http://www.youtube.com/watch?v=lJ4Pi8H01gM
81
El posmodernismo tuvo que ver con una crítica; con la crítica de la filosofía de la ciencia y
con el fin —digamos— de una idea normativa de la filosofía de la ciencia, eso es lo que tenía
ver, porque eso es lo que hacen los posmodernos: “no tenemos, no podemos hablar de
conocimiento científico, tenemos que hablar de narrativas” y todo se vuelve narrativa,
después ¿Cómo podemos hacer una teoría crítica?, pues no como la pensaban los alemanes,
sino a través de la deconstrucción y es Habermas donde les pega, pues es ahí otra narrativa y
ahí también es otra posición”.

[…]

“Para concluir, por eso yo planteaba todo este tipo de cosas, como una forma de decir: lo que
está pasando es una posición de desplazamiento de la sociología en los últimos treinta años,
por supuesto este desplazamiento no significa la anulación de la sociología pero sí su pérdida
de peso, de posición, una concepción diferente de la política pública, una relación diferente
frente a las ciencias sociales y el mundo político y social, una relación diferente en Estado y
sociedad, y todo una serie de cosas, y lo estaba planteando simplemente al terreno de los
cambios en las ciencias sociales. La sociología también cambió en ese momento y se movió
mucho en esa misma línea de la modernidad. Bueno, había dicho o de la posmodernidad,
pero en fin.

Estos eran los tres discursos [la teoría de las elecciones racionales, la filosofía política basada
en el neocontractualismo y el posmodernismo] que dominaron y que le quitaron fuerza a la
sociología, uno, y el tema de la interdisciplina, estos cuatro, lo que hicieron que la sociología
se desdibujara, perdiera mucho de su tradición, en sí, sus problemas. Esto es lo que de alguna
manera, por eso, hago estas caracterizaciones y hago estos planteamientos, o sea, había algo
que llamamos sociología, yo creo que sigue habiendo, Giddens no acaba traicionando a la
sociología, pero sí hablando sobre la modernidad, acaba siendo una especie de “hombre
emancipado de Kant” pero en clave sociológica. Entonces, al final muchos sociólogos
compran esta idea del sujeto cuyas agendas políticas y sus problemas políticos son la
construcción de su propia biografía, y de ahí definimos una sociedad moderna donde ya no
podemos hablar de movimientos sociales sino de otro tipo de cosas, y otro tipo de angustias
existenciales, personales, etcétera” (Castañeda Sabido, en entrevista, 2012).
Pero no únicamente —como él los llama— estos discursos vienen a influir en los cambios
teórico-conceptuales de la sociología. Desde la década de los 70’s del siglo pasado (XX) el
pensamiento complejo de Edgar Morin, se ha ido enraizando en las discusiones sobre las
reformas epistemológicas, teóricas y metodológicas de las disciplinas científicas en torno a
la multidisciplinariedad y la multirreferencia como alternativas en estos tres ámbitos que
hemos mencionado (y del cual ya hablamos en el capítulo anterior), dando paso a las
“ciencias de la complejidad”. La premisa de Morin sobre el estudio de lo complejo (que no
es sinónimo de completo, sino de inacabado) es la incapacidad de definir y explicar un
fenómeno: «[…] es un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados:
presenta la paradoja de lo uno y lo múltiple» (Morin, 1990: 32). Su éxito de hecho es
bastante relativo:
82
«El reencuentro de orientaciones básicas, la recuperación de sentido y certidumbres, pasarían
entonces por la denotada búsqueda, descubrimiento o inversión de lo que se ha dado en
llamar los “nuevos paradigmas”.

Muchas propuestas se nos ofrecen para cumplir el objetivo. Desde las teorías
sociolingüísticas en todas sus variantes, pasando por las reflexiones sistémicas y sobre la
complejidad, hasta culminar con las posturas que nos llaman a volver por la senda de los
clásicos y repensar las ciencias sociales, especialmente la sociología, como teorías de la
modernización» (Fuente Lora, 1994: 135-136).

Asimismo, la reaparición de la Grounden theory (Teoría fundamentada), se presenta como


una alternativa teórica ante la apertura de nuevas tendencias de conocimiento desligadas del
método hipotético-deductivo y la fragmentación dentro de nuestras disciplinas científicas,
sin embargo no ha existido una discusión a profundidad en Latinoamérica y su análisis ha
sido parcial.34 Enrique de la Garza en entrevista sostiene, al respecto, que incluso su
incorporación se da más bien por una cuestión de novedad:

“[C]uando llega la “teoría fundamentada”, que era una teoría de antes, o sea, la teoría
fundamentada fue creada en los años 60’s pero no tuvo impacto y más bien tiene impacto
cuando se debilita el hipotético-deductivo, pero no por la teoría fundamentada, sino por otras
razones: por Kuhn, por Popper, por otro tipo de autores, entonces cuando se debilita, primero
en los países desarrollados una parte piensa “¿Y entonces qué?” pero las respuesta no las da
Gadamer, ni nadie. Pero bueno, ahí están los de la teoría fundamentada “a lo mejor por ahí
viene”. Entonces comienza a difundirse, llega acá, pero también no llega a través de un
debate de los que la aplican, sino —en buena medida— como una “moda”; es decir, los que
la aplican aquí no es porque leyeron a Gadamer, leyeron a Carnap ¡No! No leyeron a nadie de
ellos, sino porque ahora hay algo que está pegando en California o no sé dónde y que parece
el último grito de la moda y vamos a aplicarlo.

Y entonces —otra vez— llegamos, aunque hay cambios, se dan sin una autentica reflexión de
los fundamentos, pero entre los filósofos sí se da esa reflexión, pero se da de manera
sumamente especulativa; es decir, sin ningún interés en construcción de conocimiento y
también por eso la gente se ha alejado de ellos ¿Por qué? Porque ni siquiera, en el plano más
abstracto, se vuelven como puntos de partida para hacer otra construcción de conocimiento.
¡No, no, no! El concepto de “distanciación” de este autor… pues sí, pero eso a dónde nos
lleva desde el punto de vista de la ciencia social, “pues no me importa”. Es decir,
simplemente es una discusión acá entre los especialistas filósofos y no me importa hacia
ustedes”.

34
Para análisis más detallados sugiero consultar: Enrique de la Garza (2012b), “Grounded Theory.
Cantidad, calidad y compresión de significados”, pp. 397-419; Emilie Raymond (2007), “La Teorización
Anclada (Grounded Theory) como Método de Investigación en Ciencias Sociales: en encrucijada de dos
paradigmas”, pp. 69-85; y, Anselm Strauss y Juliet Corbin (2002) Bases de investigación cualitativa.
Técnicas y procedimientos para desarrollar la teoría fundamentada, como introducción.
83
[…]

“Entonces, sí hay gente que te conoce bien de los últimos filósofos, franceses o alemanes, sí
hay y que los discuten en el nivel muy abstracto, pero no tienen el mayor interés en
trascender hacia los científicos sociales, entonces los científicos sociales, a veces por inercia
[lo hacen]; es decir, siempre hemos hecho cantidades, pues vamos a seguirlas haciendo, a
veces por moda; es decir, ahora está de moda la teoría fundamentada, “entonces vamos a
hacerlo así”, ahora se pone de re-moda el interaccionismo simbólico “pues vamos a hacerlo
así” pero sin dar la discusión de cuáles son las limitaciones del interaccionismo ¿Cuál sería la
diferencia entre [Jürgen] Habermas y el interaccionismo? No, no hay una en ese nivel, sino
que se siguen reproduciendo formas que llegan —sobre todo— desde otro países; es decir,
realmente, excepto [Hugo] Zemelman35, no hay algo así, en ese nivel, un pensamiento
original latinoamericano. Tampoco en filosofía, esto que […] decía, que discuten lo último
no quiere decir que propongan, sino discuten; es decir, algunos son bastantes eruditos en
conocer la obra de Gadamer o la contraposición con éste otro, a veces si hay bastante
erudición, pero no hay creación propia” (De la Garza, en entrevista, 2013).
Finalmente existe un redescubrimiento —como nos lo señala de nueva cuenta Enrique de la
Garza en entrevista— de la hermenéutica, el interaccionismo simbólico, la fenomenología
de Alfred Schutz, la etnometodología, las teorías interpretativas del discurso y las
posiciones teóricas que vinculan la estructura, la acción y la subjetivación (Garza, 2006b:
19-38), todo esto ante el quiebre del marxismo, el positivismo y la “desaparición” del
estructural-funcionalismo.

Este tipo de discusiones siempre deambularán entre una filosofía de la sociología y una
sociología del conocimiento, con el fin de seguir el camino trazado por la epistemología de
las ciencias sociales. Pero no es ni una, ni la otra, quien lo hace per se para los constantes

35
El impacto de los aportes de Hugo Zemelman (“Uso crítico de la teoría”) como los de Fernando
Cortés (Investigación en estadística social), en su momento, fueron descritos por De la Garza con cierto
optimismo para la renovación de la epistemología, la metodología y las técnicas de investigación (1989: 131-
132). En entrevista nos habla, sobre todo de la obra de Zemelman, que su recepción fue relativamente
asimilada: “Parcialmente, o sea, no con la rapidez y extensión que nos hubiera gustado. Ahora, sí hay
presencia, pero no con esa rapidez o extensión, en parte porque mucho investigador social, no le gusta mucho
discutir de esas profundidades, no le gusta. Le suena como demasiado vago, especulativo, entonces lo que
quiere es una receta, o sea, “dime qué paso sigue, no me digas que si el dato es construido ¡No! Dime con
qué técnica hago los datos”. Entonces, esa especie de pragmatismo ha sido un obstáculo epistemológico
fuerte ¿Para qué? Para traer a los investigadores sociales pues a discutir profundidades y alternativas, ahora,
no es absoluta de que todo sea así; es decir, hay ciertos espacios donde se ha difundido, se ha hecho
investigación también, bajo esta perspectiva, se ha tratado de difundir por medios diversos y artículos, y
libros y demás. Digamos, se ha hecho algo. En algunos medios es conocido, pero no, está muy lejos de
hegemonías y esas cosas.
Ahora en el artículo del Tratado [de metodología de las ciencias sociales: perspectivas actuales, “La
metodología marxista y el configuracionismo latinoamericano”] hay una crítica. Porque ahí se trata de hacer
un recuento de lo que planteó Marx, hasta dónde se quedó y hasta qué punto fue continuado por Zemelman y
qué le faltó, y entonces ahí se especifica algunas ausencias muy importantes de Zemelman. A Zemelman qué
se le agrega: se le agrega una visión de estructura-subjetividad-acción que no está [y] lo de la configuración”
(De la Garza, en entrevista, 2013; Cfr. De la Garza, 2012a).
84
avances de ambos tipos de conocimientos, como ya se ha hecho referencia, se vincula al
trabajo, tanto individual como colectivo, que realizan los investigadores dentro de una
determinada comunidad científica y, por lo cual, recuperando nuevamente la propuesta de
Kuhn, descaremos sus principales elementos que nos ayudan también a identificar las
rupturas que llegan a tener. Esto lo haremos en el siguiente capítulo.

85
Capítulo Tres

Comunidad científica: elementos para su análisis

De generación en generación las generaciones


se degeneran con mayor degeneración.
Gustavo Sainz, Obsesivos días circulares

La discusión anterior demuestra que el paradigma como concepto está lleno de referencias
y debates epistemológicos y metodológicos; la cual ha tenido un impacto en las discusiones
en torno a perfil teórico de la sociología. Su utilidad dependerá de la decisión que tome el
investigador sobre el objeto o tema a estudiar, anteponiendo las precauciones necesarias
durante el transcurso de su investigación y el recurso (intelectual y económico) con el que
cuente o que le otorgue una instancia académica o científica, siempre y cuando requiera que
sus resultados sean dados a conocer.

Tuvimos que separar la noción de paradigma de Kuhn, del siguiente, por una necesidad
metodológica, puesto que ha generado su propia autonomía como referente analítico: la
comunidad científica. Como apuntan varios epistemólogos de la ciencia o del
conocimiento, la autoridad de la ciencia recae en las comunidades científicas y en las
negociaciones sociales (Cfr. Solís, Óp. Cit.: 30). En este aspecto, es muy importante
destacar la relación ciencia-sociedad, dado que, como veremos más adelante, es una forma
de comunicación de las comunidades científicas (Cfr. Gibbons, et al: 1997: 36-37)

Kuhn nos dice nuevamente, que una comunidad científica:

«[C]onsta de profesionales de una especialidad científica. En una medida sin parangón en la


mayoría de los demás campos, estas personas han pasado por procesos semejantes de
educación e iniciación profesional, merced a lo cual han absorbido la misma bibliografía
técnica, extrayendo de ella muchas lecciones en común. Normalmente las líneas que separan
las bibliografías al uso marcan los límites de los temas científicos, y de ordinario cada
comunidad posee un tema de estudio propio. En las ciencias hay escuelas, es decir,
comunidades, que abordan el mismo tema desde perspectivas incompatibles.

[…] [L]os miembros de una comunidad científica se ven a sí mismos y son vistos por los
demás como las únicas personas responsables de la prosecución de un conjunto de metas
compartidas, incluyendo entre ellas la formación de sus sucesores. Entre dichos grupos la
comunicación es relativamente plena y los juicios profesionales, relativamente unánimes.
Dado que, por otro lado, la atención de las distintas comunidades científicas se centra en
asuntos diferentes, la comunicación profesional a través de la línea de separación entre los
grupos es en ocasiones ardua y lleva con frecuencia a malentendidos que, de continuar,
pueden provocar desacuerdos importantes, anteriormente insospechados» (Kuhn, 2012: 305-
306).

86
Como hemos señalado, el paradigma es aceptado y adaptado por una comunidad científica,
puesto que su estudio (en el sentido teórico y práctico que nos interesa aquí) prepara al
estudiante (“candidato”) para la inserción dentro de una, a partir de una formación
disciplinaria (educativa) recibida por medio de sus mentores (profesores, compañeros de
aula, “pares”) trasmitida y difundida en libros de textos, artículos u otra forma de
divulgación —connotada— científica, generando comunicación y competencia (Ibíd.: 67,
71-85). El significado de comunidad científica no se puede entender sólo en términos
normativos, sino que guarda relación con otros espacios científicos y no científicos, lo que
destaca su dimensión humana.

En un artículo de 1980, Rosalba Casas Guerrero enfatizaba la carga ideológica y teórica


que llevaba el significado de comunidad científica, sin duda, otorgadas por el estructural-
funcionalismo, con sus posteriores desarrollos en la sociología de la ciencia y en la
propuesta de Kuhn, incorporando, tardíamente, el problema del conflicto. La disputa por su
conceptualización se puede remontar hasta la década de 1930 entre humanistas y científicos
(Casas, 1980: 1220-1221) hasta nuestras fechas. Los principales presupuestos ideológicos
que presentaba la autora eran la autonomía y la libertad de la ciencia.

Desafortunadamente el panorama para México, así como para América Latina, no era muy
afortunado: «[…] puesto que la idea de comunidad implica un funcionamiento autónomo
del sistema científico, en principio no aceptamos su adecuación a las características de la
sociedad mexicana, en la cual la actividad científica está fuertemente influida por factores
económicos y políticos» (Ibíd.: 1228-1229). Sumado a ello, hoy día, los grandes criterios
científicos que hemos enunciado copiosamente se han tergiversado como presupuestos
ideológicos por la banalización que se le ha otorgado por políticos, periodistas, el cine y la
televisión de entretenimiento36 y los mismos científicos, en otros. Así, mientras más

36
Recordemos las figuras emblemáticas como Indiana Jones para los arqueólogos y antropólogos; Dr.
House y Meredith Grey a los médicos; las series Law and Orden, CSI, Dexter para criminalistas y abogados;
los personajes de The Big Bang Theory, particularmente Sheldon Cooper (con su rechazo y mofa hacia las
ciencias sociales) y Beakman para los físicos y químicos. La socióloga “Charly” de la serie mexicana Soy tu
fan, lamentablemente, no genera la misma empatía que los mencionados. Los filósofos han asentado esta
tendencia e inteligentemente la han hecho tema de estudio, v. g.: Irwin William y Henry Jacoby (2009), La
filosofía de House: Todos mienten, Selector, México o Dean A. Kowalski (Coord.) (2013), La filosofía de
The big bang theory, Paidos, México. La clásica serie de Los Simpson ha contribuido de igual forma a ello,
véase por ejemplo: Rafael J. Salin-Pascual (2007), “En esta casa obedecemos las leyes de la termodinámica”,
Ciencia y desarrollo, Noviembre, CONACYT, México o William Irwin, Mark T. Conard y Acon J. Skoble
(eds.) (2009), Los Simpson y la filosofía, Blackie Books, Barcelona. En definitiva, no hay objetos de estudio
menores en ciencias y humanidades. Aunque la sociología no se queda atrás, los cursos sobre Lady Gaga o
Miley Cyrus en las Universidades de Carolina del Sur y Skidmore, respectivamente, son prueba de ello, so
pena de un feliz ridículo (Excélsior (2011) “Gaga es un ejemplo para la sociología”, Excélsior (Especiales),
Sección “Función”, Ciudad de México, 1 de Septiembre de 2011, en
http://www.excelsior.com.mx/2011/09/01/funcion/765300; Carolina García (2014) “Curso de sociología
sobre Miley Cyrus”, El País, Sección “Gente”, Washington, 1 de Abril de 2014, en
http://elpais.com/elpais/2014/03/31/gente/1396286634_436752.html).
87
científica se vuelve la sociología, más banales se vuelven sus objetos de estudio (Denitch,
1998: 17-18).

Es decir: «[…] se adopta como ideología la tecnocracia al afirmar que los problemas son
tratados exclusivamente con criterios “científicos, neutrales y objetivos”» (Faletto, 1989:
196). Sin embargo, no dudamos en absoluto de la cientificidad de, valga la redundancia, la
ciencia.37 Por lo anterior, lo que sí podemos corroborar es un cambio de intereses
científicos a intereses tecnocrático, sustituyendo así la relación ciencia-sociedad, por la de
ciencia-mercado. Por tales motivos, ante el incremento de la división de trabajo intelectual
e integrantes dentro de una comunidad científica, una perspectiva que nos ayudaría a
abordar dichos fenómenos, a nuestra consideración objetiva, sería la cultural, hasta
desembocar en la comunidad científica mexicana.

Cultura científica: comunicación, competencia, interacción e internacionalización

El hecho de tomar la perspectiva cultural no es arbitrario. Toda comunidad científica


conlleva una cultura científica (González y González, 2005: 40). Lo anterior se justifica
ante el doble sentido que se le atribuye a la propia ciencia: dado que la ciencia es necesaria
y útil, al mismo tiempo es despreciada y temida por una sociedad (Vid. Solís, 2012: 24-30).
Por lo anterior, resulta contraproducente rebajar la “cultura científica” a simple “cultura de
la investigación” (Cereijido, 2009: 94). ¿Cuántas veces los propios académicos han
preguntado y contestado sobre las líneas de investigación que trabajan dentro de sus
recintos académicos, incluso, conociendo el trabajo que con anterioridad se había realizado,
como si fueran seres aislados?

Incorporando este aspecto:

«[L]a variable cultura es relevante en el estudio de las prácticas científicas porque su


influencia se estima decisiva en los procesos de investigación, en los resultados aportados por
las distintas disciplinas y en la definición de los modelos de producción científica. Es decir,
las culturas científicas explican el comportamiento diferente de las áreas de la ciencia
(sociales, humanas, naturales, básicas, aplicadas o técnicas) y el que sus investigadores
actúen de forma distinta en relación con su pertenencia a un grupo profesional determinado»
(González y González, Óp. Cit.; cursivas en original).

Sin embargo, las características internas de una comunidad científica generalmente tienen
una estructura vertical (jerárquica), productivista y exclusiva, mientras que sus
características externas más bien son amorfas, cíclicas y espontáneas; a pesar de la
subordinación por parte de las primeras a las segundas. Estas características son esenciales
37
Por tal motivo coincidimos con Marcelino Cereijido, en cuanto que «la humanidad no puede
sobrevivir un día sin los productos de la ciencia y la tecnología» (2009: 152; cursiva y negrita en original).
No puedo —y sería muy apresurado— afirmar, a pesar de que ha sido objeto de estudio, que la misma
caracterización se pueda aplicar a las ciencias sociales, dado que esta supuesta “discordia superada” entre
disciplinas científicas sigue latente.
88
para el integrante “consagrado” y consecuentemente para el “aspirante”, en su búsqueda
por inserción dentro de una comunidad científica.

Bajo los mismos lineamientos, los rasgos culturales de una comunidad científica estarían
demarcados por dos aspectos: primero, por una delimitación conceptual (como veremos
más adelante, una “cultura conceptual”) que cada comunidad hace de su ejercicio
disciplinario; segundo, por el establecimiento de principios fundamentales de su objeto de
estudio (Ibídem: 44). Aceptarlos sin una evaluación crítica, equivaldría a más problemas
que avances en el desarrollo científico-disciplinario de una comunidad: no aclararía los
orígenes en torno a las decisiones iniciales sobre el objeto a estudiar (como también lo
referente a la consideración de sus “padres fundadores”) así como los valores (normas,
reglas y/o métodos) que pudieran “filtrarse” durante la fundación e —agregamos—
institucionalización. Otra problemática, radicaría en el hecho de ignorar los procesos de
cambio (como de un paradigma a otro, en la vinculación de múltiples paradigmas o dentro
de la misma comunidad científica): «que reorientan los objetivos, métodos y
procedimientos» (Ídem.).

La actividad ante este tipo de cambios (como lo ha referido Kuhn), genera —un término
que ha mal utilizado el constructivismo cognitivo— competencia. Competencia no en el
sentido de “sobrevivencia del más apto” o “costo-beneficio”. Hay que generar competencia
para estimular y generar colaboración (que en sí lleva conflicto como motor del progreso
científico) (Cfr. Zabludovsky, 1994: 35-36; 1995: 227). Dicha competencia se da a partir
del uso y aplicación del conocimiento a fortiori adquirido.

Por lo anterior, a pesar de ser un modelo académico-empresarial, los argumentos que nos
presenta Michael Gibbons, Camille Limoges, Helga Nowotny, Simon Schwartzman, Peter
Scott y Martin Trow, y su aplicación en el actual momento socio-histórico, nos ayudan a
comprender, como mencionan, “la nueva producción de conocimiento”. El interés radica en
la distinción (bastante original) que hacen entre “conocimiento codificado” y
“conocimiento tácito”:

«El conocimiento codificado no necesita ser exclusivamente teórico, pero sí requiere ser lo
bastante sistemático como para que se lo pueda escribir y almacenar, ya sea en una base de
datos computarizada, en una biblioteca universitaria o en un informe de investigación. Como
tal se halla disponible para cualquiera que sepa dónde buscar. En contraste con ello, el
conocimiento tácito no está disponible como un texto y podemos considerar conveniente que
reside en las cabezas de aquellos que trabajan sobre un proceso de transformación concreto, o
que se halla personificado en un contexto organizativo concreto» (Gibbons, et al, 1997: 39).38

38
Como menciona Cereijido (2009: 16): «el producto principal de la ciencia no es “algo vendible al
mercado”, sino una persona que sabe y puede. Esto constituye otra de las razones por las que en el mundo
actual, donde entre 85 y 95 por ciento de la humanidad ignora, no puede, pero cree saber y se comporta
89
Claramente se puede denotar un cierto grado de acceso a dicho conocimiento (dado que
remite a la clásica disputa teóricos vs prácticos), lo cual chocaría con posiciones más
comprometidas con la intervención social o las activistas. Las comunidades de científicos
deben de tener la habilidad de buscar la forma de compaginar ambos conocimientos. Puesto
que, el conocimiento codificado es móvil (migratorio), de una rapidez que atraviesa las
fronteras organizativas, mientras que el tácito está limitado a una “red dada” o un “conjunto
de relaciones sociales” (incrustado) (Ídem.).

La manera de lograr dicha conjunción de conocimientos, siguiendo los planteamientos de


este grupo de autores, es por medio de la comunicación o, usando su propio leguaje, la
“densidad de comunicación”. La cual, es el cruce entre la producción de conocimiento
global y local, entre ciencia y tecnología; mayormente heterogénea, que homogénea. Esta
comunicación se produce en un contexto de globalización (modernización) cada vez más
amplio, pero inequitativo, generalmente, en zonas de periferia o del “tercer mundo”.

Pese a ello, en teoría, y dado los canales que se han generado, su “naturaleza” es universal
por el avance que han tenido las tecnologías de la información y la comunicación (TICs).
Las formas de comunicación, así como el aumento de comunicación que proponen los
autores; que consideramos adecuadas para la comunicación intra y extracientífica, entre
sociólogos y científicos sociales, son: a) Entre ciencia y sociedad; b) Entre practicantes
científicos; y c) Entre el mundo físico y social (Ibíd.: 51-53).

Sobre la relación entre ciencia y sociedad, la perspectiva que abordan, valga la redundancia,
es la social, producto de la presión de responsabilidades entre la justificación del gasto
público para la ciencia y la preocupación social por realizar los objetivos de la
investigación científica. Esto, derivado del aumento de la responsabilidad social y
financiera de las comunidades científicas cada vez más presente en las agendas públicas
alrededor del mundo. Dicha presión, nace de la demanda a la ciencia (más propiamente a
las comunidades científicas) por parte de una ciudadanía cada vez más educada,
especializada e informada de los debates públicos de las sociedades y gobiernos tecno-
políticos (formada después de la Segunda Guerra Mundial).

Por lo tanto, la presión se vuelve más visible a partir de los riesgos ―como vimos en el
capítulo uno, respecto a la “modernidad científica” y la visión benéfica-perjudicial de la
ciencia― nucleares, tecnológicos y ambientales, rompiendo con la comunicación unilateral
del experto científico al lego analfabeto. Este último, a su vez, está necesitado de educación
basada en una responsabilidad apoyada políticamente por la ciencia y la tecnología. De
igual forma hay un tránsito del laboratorio a la sociedad: «No todo lo que la investigación
puede aprender y hacer debería ser aprendido o hecho, y no siempre es beneficioso para la
sociedad» (Ibíd.: 54).

enajenadamente…». Una vez más es latente los dos sentidos de la ciencia en tanto benéfica como
perjudicial.
90
En teoría sociológica, como vimos en el capítulo anterior, esto puede explicar el fracaso
cada vez más inminente del estructural-funcionalismo o el caos cada vez más desastroso
por parte de la teoría económica monetarista en las políticas estructurales. Por tal motivo,
siguiendo sus planteamientos, vemos peligrosa la propuesta de incorporar una cultura
empresarial en la universidad y una cultura académica dentro de la empresa, bajo el ideal de
“crear una cultura y un lenguaje común”, generando “comunidades híbridas” (Ibíd.: 55-
56).39 Como vimos en el capítulo uno, la corrupción, el fraude y la privatización, pueden
ser un caldo de cultivo ante estos hechos. La experiencia de los golpes de Estado en Chile
(1973) o Argentina (1976) son prueba histórica de ello con la implementación del modelo
neoliberal. En entrevista De la Garza nos comenta al respecto:

“La argentina implicó que la carrera de sociología se cierra, ¡no andarse por las ramas! Y en
Chile, se le limitó, pero se convirtió a las universidades públicas en “escuelotas”.
“Escuelotas” quiere decir lugares donde se dan clases y el que quiera hacer investigación que
sea como consultor de empresas o de secretarías de Estado, pero el gobierno no está
fomentando tirar el dinero con investigación de ustedes y eso un poquito se cambió ahorita,
digamos pasaron varios años, pero no totalmente, es decir, todavía no logran remontar los
dilemas que se les volvió “escuelotas” y “escuelotas” que cobran fuerte que las públicas, y
los argentinos apenas lo están remontando.

Lo que pasa es que ellos inventaron otra forma a través de las ONG´s, es decir, en la
universidad no se puede investigar, ni hay recurso del gobierno, entonces vamos a formar el
“Instituto de Estudios del Desarrollo” (ONG) y no nos va a dar el gobierno, y le pedimos a la
OEA, a lo que es ahora la Comunidad Europea, a España, es decir, se volvieron muy hábiles
en jalar dineros y ahí es donde se hizo la investigación durante las dictaduras. Entonces se
volvieron muy hábiles los del cono sur en jalar dinero, pero no por el apoyo de sus gobiernos
y la castración, digamos, “suavecita” pues fue la de estos países —que ahora ya se extendió
por casi toda América Latina— es decir, becas SNI, becas de la propia universidad, tener que
reportar la producción, todo eso ya está metido en casi todo América Latina, por influencia de
la OCDE” (De la Garza, en entrevista, 2013).

Como también vimos en el capítulo uno, las ONG´s también han servido para la difusión
del modelo neoliberal, en este caso, para las universidades. Paradójicamente, en nuestro
país, a sazón del clima político de la época y el legado heredado, sobre todo por las
movilizaciones estudiantiles de 1968, alrededor de todo el mundo, se vivía una “democracia
unipartidista”; mientras en el cono sur y parte de Latinoamérica eran asediados por las
dictaduras militares, lo cual fue un gran momento intelectual en México, resultado de la

39
«La hibridación refleja la necesidad de las diferentes comunidades para hablar más de una lengua
con objeto de comunicarse en las fronteras mismas y en los espacios existentes entre los sistemas y
subsistemas. La voluntad y disponibilidad de gran número de personas para convertirse en miembros de tales
comunidades híbridas también se debe, sin embargo, al desbordamiento de las actitudes científicas
procedentes de las universidades y laboratorios hacia el conjunto de la sociedad (algo que hemos definido
como una mayor predisposición a plantear cuestiones y a buscar respuestas a través de la razón, y a la
evidencia y aceptación del cambio en general)». (Gibbons, et al, 1997: 56).
91
emigración de intelectuales formados en el pensamiento crítico. En entrevista Andrade
señala:

“Los 60's fue muy fructífero en el tránsito de intelectuales latinoamericanos en nuestro país;
fue muy amplio. La recreación de planteamientos teóricos también es muy amplio. Pero [en]
la década de los 70's tiene un fuerte peso ese radicalismo de la Guerra Fría y ese fuerte peso
de dictaduras en América Latina, y lo que en su momento se ha recreado como “guerra
sucia”. Ese afán persecutorio, aparentemente de ponerle un “límite” al socialismo, pero en
realidad fue un afán persecutorio de movilizaciones sociales, de organizaciones populares, de
luchas sociales y de expresión en marcos de “izquierda” de las reivindicaciones de grupos
sociales, eso llevó una amplia represión.

En nuestro país se siguió viviendo una democracia, una democracia con muchos
condicionantes. Una sociedad donde se vivió esta represión del 68' y luego del 71', pero en
América Latina se establecieron dictaduras en la mayoría de los países y eso produjo un
fuerte flujo de intelectuales. Muchos de ellos de izquierda —no necesariamente sólo
izquierda— pero muchos de ellos de izquierda y sobre todo, en caso de la sociología, que
benefició sobre todo a esta Universidad [Nacional Autónoma de México] y después de esta
universidad, a las comunidades intelectuales de las ciencias sociales en nuestro país, toda vez
que hubo un fuerte intercambio de experiencias de académicos, muchos de ellos diría
progresistas; de izquierda y sobre todo el reconocimiento de lo que estaba pasando en
nuestros países” (Andrade Carreño, en entrevista, 2012).

Lamentablemente, estos fenómenos muestran cómo a partir de coyunturas políticas, algunas


comunidades científicas adelgazan o, en el peor de los casos, desaparecen; mientras otras se
nutren o incrementan. La modificación de las formas de realizar investigación, también
modificó la forma en que se relacionaban los científicos. La relación entre los practicantes
científicos se basa en el flujo de personal e ideas científicas dentro de lugares de
producción de conocimiento (laboratorios, institutos, aulas).

Sumado al sentido social, dotado por la comunicación entre ciencia y sociedad, se agrega
el intersubjetivo dado que: «la densidad de comunicación se halla “incrustada en la
organización social del trabajo”». Dos son los factores nodales de esta forma de
comunicación: I) La movilidad y II) La forma de establecimiento de prioridades y la
selección de problemas a abordar. Como se puede notar, el primero tiene un orden más
interpersonal; mientras el segundo, uno epistemológico-normativo. Del primero, los autores
sostienen que la movilidad genera mayor creatividad y al ser estimulada sólo se pueden
esperar “casos potenciales de este tipo”.

No obstante, sus límites se hallan en el equilibrio de la estimulación de percepciones


nuevas y el proceso para elaborarlas. Por ejemplo, con el aumento de las TICs y gadgets,
así como de otros canales de comunicación, la comunicación formal e informal ha
aumentado la “densidad de comunicación”. Del segundo, existe un grado de
92
discriminación, dado que establece la prioridad en torno a los problemas de investigación
que merecen ser estudiados por la masa crítica, bajo la distinción —como vimos en el
capítulo uno— que se hace entre las “ciencias duras” y las “ciencias blandas”, lo “urbano”
y lo “rural”, respectivamente. En este sentido la comunicación en el primer caso es más
amplia y abierta (global), mientras que en el segundo; limitada y cerrada (local). De esta
forma, los “procesos de acumulación” de la ciencia son distintos:

«[L]a comunicación entre los científicos es esencialmente internacional, en concordancia con


el universalismo de la ciencia, y orientada local o nacionalmente, en concordancia con la
todavía dominante orientación nacional de la financiación de la I [Investigación] + D
[Desarrollo]. Las estructuras de las carreras profesionales de los científicos, todavía se ven
configuradas en buena medida, a pesar de la movilidad internacional, por el sistema nacional
de ciencia; de ahí la perpetuación de algún grado de estilos nacionales diferentes, o de
tradiciones nacionales de producción de conocimiento» (Gibbons, et al, 1997: 59).

Como veremos más adelante, basándonos en los argumentos presentados a propósito de la


internacionalización de las comunidades científicas por parte de Andrade Carreño y
Enrique de la Garza, así como acerca del rebasamiento de la “cultura oral” que nos propone
Lidia Girola, se pueden generar cerraduras por este tipo de comunicación. Todavía más
cuando hablamos de la conformación de comunidades sociológicas con una historia cada
vez más estrecha y “parroquial”, como en nuestro país.

Por último, respecto a la comunicación entre el mundo físico y social, la dimensión que
manejan es la metodológica, puesto que “metafóricamente” es la forma de describir el
enfoque de los científicos respecto a su “objeto de estudio”. Como anotamos desde el
capítulo uno, no se puede omitir la figura del sujeto. Por lo anterior, como lo ha
demostrado, el trabajo generado por las distintas disciplinas científicas, busca entablar un
diálogo con la naturaleza mediante el uso de experimentos, instrumentos y/o tecnologías.

De esta forma, la naturaleza no está dentro de los laboratorios, sino que debe ser
introducida dentro de él, siendo técnicamente “manipulada”. Al igual que los físicos o los
biólogos, los científicos sociales, desde sus distintas perspectivas académicas y teóricas,
tratan de hacer hablar a la sociedad (mediante relaciones sociales como es nuestro caso) o
al menos lograr interpretaciones no acabadas y perfectibles respecto a sus objetos de
estudios. De esta forma: «La comunicación con la naturaleza o con la sociedad nunca es un
fin en sí mismo. Permanece vinculada con los intereses y las prácticas sociales de aquellos
que se comunican» (Ibídem: 61-62). Sencillamente, la comunicación con la naturaleza y la
sociedad jamás se acaba, sino se modifica, se renueva.

Por lo anterior, la renovación no depende únicamente de la metodología y las técnicas de


investigación a su interior, sino de igual forma en el vocabulario científico. Un primer rasgo
para entender la cultura científica dentro de las comunidades, es comprender la
comunicación (como hemos visto), que en ella se da. Por lo anterior, la forma de
93
comunicación entre el mundo físico y social, coincide con la propuesta de paradigma de
Kuhn (2012: 147), en cuanto a que el desarrollo de la ciencia depende de la “construcción
de un equipo (conceptual) complicado”, una “constitución de vocabulario y habilidades
esotéricas” (en el sentido de dar predicciones más precisas) y el refinamiento de conceptos
ya existentes. Esto sustituye una visión del sentido común, a una visión científica de la
naturaleza o la sociedad.

De tal forma, no únicamente la dirección es hacia la naturaleza sino de igual forma hacia la
ciencia que la creó (Ibíd.: 202). Finalmente, como señala Kuhn respecto al cambio de un
paradigma a otro, por medio de una revolución científica, existe un “cambio de visión” de
lo que se había mirado con anticipación en la naturaleza, así como una reeducación del
científico, la cual depende de la experiencia visual y conceptual previa del sujeto. El mundo
no cambia, lo que cambia es el mundo del científico: «Lo que antes de una revolución eran
patos en el mundo del científico, son conejos después de ella» (Ibíd.: 212-218).

Nuevamente, los ejemplos que nos pueden ofrecer la teoría sociológica pueden ser útiles al
respecto, en cuanto a los cambios de visión que han tenido los principales autores de
nuestra disciplina. Lo que en momento socio-histórico Marx vio en las relaciones sociales
de explotación entre burgueses y proletariados, Durkheim lo puede concebir como un
hecho social en el tránsito de la solidaridad mecánica a la solidaridad orgánica. Max Weber,
en el mismo sentido, vería acciones sociales entre dominantes y dominados. El primero
puede ver enajenación, el segundo anomia y el tercero un “caparazón de acero”. Talcott
Parsons, quizá, vería roles y funciones dentro de estructuras sociales, mientras que
Goffman, Schutz o Garfikel verían interacciones simbólicas o sociales. Lo que para Pierre
Bourdieu podrían significar habitus y campos, en Norbert Elias podrían significar
psicogénesis y sociogénesis. Por lo cual, el siempre reto para los científicos sociales, en
general, y para los sociólogos, en particular, es poder emparentar los conceptos que rige su
disciplina y conjuntar las visiones del mundo de sus principales exponentes.

Teniendo como referencia las formas de comunicación dentro de una cultura científica, y
regresando a la problemática de la competencia, esta última se compone de las siguientes
características:

1) Una base de conocimientos característicos y específicos;


2) que capacitan para un desempeño competencia nacional e internacional.
3) Pertenece a un conjunto de comunidades a las cuales puede recurrir.
4) Existe facilidad de comunicación.
5) No está exento del secreto y privatización del conocimiento.

El resultado científico se observa en el reconocimiento académico, en la tecnología en la


eficiencia técnica, y en la industria en los beneficios financieros (Gibbons, et al, Óp. Cit.:

94
40-41). Como se puede observar, dicha posición tiene ciertos puntos de encuentro con la
definición de comunidad científica, anteriormente expuesta por Kuhn.

No obstante, el exceso de competencia puede en un momento llegar a ser contraproducente.


Al no lograrse los retos de la investigación científica, puede caerse en un capricho
académico con la justificación de llevar y conseguir los “objetivos generales-particulares”
iniciales e incluso desvirtuar el objetivo primario. En última instancia, puede deteriorar la
cooperación y fomentar la estafa: «El rigor perfecciona los modelos y los procedimientos y
minimiza los errores, mas el miedo excesivo a la ambigüedad acaba castrando la
originalidad» (Cereijdo, 2009: 67).

Una vez más, la ideología tecnocrática puede estar presente disfrazada de “objetivos
científicos”, por lo cual, resulta lamentable que lo que rija al “régimen” de la ciencia sea la
imitación. Por otro lado, como vimos en el capítulo uno, la “innovación” se presenta como
una alternativa ante este hecho: «mantener un equilibrio entre colaboración y competencia
se ha convertido en un desafío fundamental» (Gibbons et al, Óp. Cit.: 84-86).

Dicha innovación, es el centro del trabajo de Matei Dogan y Robert Pahre en “el ciclo vital
de las disciplinas sociales” (Giménez, 1995a: 195-196; 1995b: 411-412; 2003: 363-366), la
cual consiste en un fenómeno masivo:

«[L]a aportación de algo nuevo al conocimiento científico. Dicha aportación, grande o


pequeña, debe de examinarse en su contexto científico. La innovación está distribuida
desigualmente no sólo entre los científicos, sino también entre los dominios de la ciencia.
Además, está repartida de modo dispar al interior de estos últimos. La innovación tiene una
historia en cada dominio y la acumulación de innovaciones produce un “patrimonio” de
conocimiento.

Los subdominios poseen, a la vez, fronteras y centros, y la innovación adopta formas


diferentes según se sitúe en los bordes o en el centro. En este último, las innovaciones suelen
tener un alcance más limitado, cercadas por una multitud de investigadores que comparten las
mismas hipótesis y utilizan las mismas anteojeras. En cambio, las zonas fronterizas de los
subdominios presentan el potencial más grande de innovación. No sólo están menos
densamente pobladas, lo que brinda un espacio más amplio para su desarrollo, sino que
además las combinaciones acertadas de materiales provenientes de dos subdominios [o más]
permiten en general que la creatividad tenga un mayor alcance. De hecho, la acumulación de
progreso tiene lugar en las intersecciones de los dominios» (Dogan y Pahre, 1993: 19;
corchete agregado).

Como se puede notar, las ideas de comunicación entre ciencia-sociedad, practicantes


científicos y mundo físico y social, pueden complementar la noción de innovación
presentada anteriormente. Esto, ante la cantidad de puntos de acuerdo en los terrenos del
dominio de la ciencia (comunicación ciencia-sociedad), puesto que con el factor de
creatividad de acuerdo a investigaciones precedentes (“patrimonio” de conocimiento), se
95
reaviva las relaciones y comunicación entre los propios investigadores, de tal manera que
aquellas hipótesis y “anteojeras” con las que cargaba un integrante se pueden modificar
ante la comunicación entablada, sea con la naturaleza o el mundo social.

Como vimos en el apartado tres del capítulo uno, la especialización será un factor crucial
para la innovación en un dominio o en una “rama”. Ahora bien, se puede escribir y discutir
mucho, teniendo como referencia una disciplina científica o una determinada temática de
trabajo, pero puede no existir innovación, sino sólo erudición (Ibíd.: 23-25).

Dichas innovaciones pueden ser de tres tipos: metodológicas, teóricas y conceptuales. Las
primeras están abocadas sobre todo en el refinamiento de metodologías cuantitativas y
cualitativas, con base en formulas procedentes de las ramas como las matemáticas y/o la
estadística. Las segundas proceden de las tradiciones de conocimiento o paradigmas que
comparte una disciplina y que se lega a otra, para la conformación de un sistema teórico.
Por ejemplo, de la antropología o la lingüística al estructuralismo, o de la filosofía y la
economía al marxismo, o del rational choise, el neocontractualismo y el posmodernismo a
la sociología, etcétera. Empero, ante esta apertura, como apuntamos en nuestro concepto de
sociología, nunca se debe de perder la esencia autónoma de cada disciplina. Por último, la
innovación conceptual se relaciona con la teórica, en conceptos como: desarrollo, élites,
democracia, Estado, capitalismo, trabajo, cultura, sociedad y otros de larga data dentro del
patrimonio conceptual de las ciencias sociales (Ibíd.: 29-39). Como veremos más adelante
con respecto a la “cultural conceptual”, los cambios conceptuales no se dan por
descubrimiento sino por resignificación. De nueva cuenta aparece la problemática de la
disciplinariedad:

«La mayor parte de las principales innovaciones en ciencias sociales atraviesan las diferentes
disciplinas. Una definición restrictiva de la innovación permite elegir un número limitado de
casos y establecer conclusiones sobre la proporción de innovaciones que se localizan en
planos elevados de intersección de varias disciplinas. Podemos afinar nuestra tesis: existen
varios niveles de innovaciones, que van desde la explicación estadística de residuos hasta la
síntesis de una masa importante de trabajos. Cuanto más nos desplacemos hacia el extremo
superior de esta escala de la innovación, mayores posibilidades tendremos de hallar trabajos
que se realicen en las orillas de una disciplina, en la intersección de ésta con otras
disciplinas» (Ibíd.: 30).

Así como la innovación puede ser fuente de competencia, no se puede dejar de constatar, de
igual forma, aquella competencia ligada a los estímulos económicos, más que intelectuales
—de los cuales más tarde nos hablaran nuestros entrevistados—. En un sentido abstracto y
material, la competencia es recíproca, estimulante y crítica, pero al mismo tiempo puede
significar todo lo contrario. Raquel Sosa Elízaga nos da fe de ello:

«Es lamentable que la competencia inter e intracientífica no constituya en nuestras


instituciones académicas un estímulo para la ampliación del conocimiento, sino que sea una

96
tragedia para quienes sobrevivimos a formularios, informes, solicitudes, y un salario cada vez
menor por trabajo realizado. Empezamos a perder la noción del valor de la información como
instrumento de conocimiento, de la escritura como forma de divulgación e intercambio de
ideas, de la relación necesaria entre nosotros y nuestro campo de conocimiento. El
productivismo y la asepsia se han adueñado de nuestra actividad, y en ella se califica nuestra
capacidad por la relación hora-número de páginas producidas-número de palabras dichas-
número de asientos ocupados-número de tecnicismo empleados» (Sosa Elízaga, 1994: 92).

Si un investigador o estudiante “x”, por ejemplo, decide ingresar a un evento o


publicación“z” tomará su trabajo de investigación en proceso o podrá hurgar entre sus
trabajos anteriores, uno que se adapte a dicho evento o sobre el trabajo realizado. En el
momento, darle el “enfoque” del evento o publicación. Existe una preparación anticipada o
una preparación emergente. Se debe de respetar la “plantilla” para la elaboración del
trabajo, el modelo de citaje indicado, las normas de exposición y la decisión inapelable del
comité dictaminador, incluso, cuando existen “memorias”: ceder derechos… y pagar. Esto
realmente es la “empresa de la ciencia sociológica”. Las discordias, los malentendidos y,
sobre todo, las buenas amistades, los méritos académicos y el trabajo en conjunto, vienen
después. De lo anterior se desprende (aunque Castañeda lo aplica con la tensión entre
universidad pública y aparato estatal) la sustitución y/o confusión de los méritos
académicos con los méritos burocráticos, de igual forma esto puede pasar con los méritos
políticos (Castañeda, 1994: 27).40 ¿A cuántos pasos se encuentra el sociólogo del
burócrata o el político?

Con ello, se incorpora un tercer elemento fundamental para la cultura científica: la


interacción. Las comunidades científicas al generar competencia y comunicación necesitan
de interacción. Basando sus argumentos en la Teoría de la Acción Comunicativa, Girola y
Zabludovsky (1991: 16, cursivas agregadas) nos señalan:

«[L]a interacción que se da en ese marco [el de la acción] implicaría que los partícipes se
relacionen entre sí con base al apego a ciertas reglas y valores (acción regulada por normas);
con ciertos propósitos en general referidos a problemas científico-cognoscitivos (acción
estratégicas). La interacción implica ámbitos o escenarios, instrumentos, equipamientos,
lenguaje propio, etc. (acción dramatúrgica), a través de los cuales los miembros intentan
imponer una determinada forma de ver el campo tanto a la sociedad en su conjunto como a
los demás miembros de la comunidad científica, y que implica tanto mecanismos de
comunicación y entendimiento para lograr el consenso (acción comunicativa), como
conflictos y luchas intra y trans-comunitarios (acción política, relaciones de poder)».

40
En este sentido, el papel de la universidad juega un papel muy importante como “abogado del
diablo”: «[…] el poder administrativo universitario, que controla los programas de formación y las
condiciones de la docencia, puede imponer una ortodoxia y establecer en consecuencia una situación de
monopolio generalmente detentado por uno o más caciques intelectuales. Nada más alejado de la dinámica
propiamente científica que tales situaciones. Un campo científico es un universo autónomo donde deben
competir libremente los científicos y los investigadores de todas las tendencias, desechando todas las armas
no científicas y, ante todo, las de la autoridad universitaria» (Giménez, 1994: 115).
97
Sin duda, el alcance de esta interacción se va expandiendo con el aumento de la práctica
(social) profesional de nuestras disciplinas: primero en un plano educativo, entre nuestros
compañeros de aula, maestros y administrativos quienes nos dotan de esas normas y reglas.
Dichos resultados se ven reflejados, en primera instancia, en la realización de trabajos
escolares, la asistencia a eventos académicos y posteriormente, en la participación en ellos
para dar a conocer su formación disciplinaria. Una vez solidificadas dichas interacciones se
pasa al trabajo colectivo (en red), donde (generalmente) existe un cambio de comunidad
más especializada. En el caso de los estudiantes de licenciatura se ve reflejado al momento
de realizar sus tesis e incorporarse (en algunas ocasiones) a un proyecto de investigación
financiada. El trabajo incrementa cuando, siguiendo la formación académica, se obtiene un
posgrado donde desde el principio se solicita un proyecto de investigación.

Por lo tanto, es indispensable: 1) “el desarrollo de redes de intercambio de conocimientos


especializados”, 2) procedimientos para generar discusiones aproximadamente formales; y,
3) la conformación de recintos institucionalizados (Ibídem). Es decir, las comunidades
científicas se amplían a otras comunidades científicas con sus propias dinámicas de
competencia, comunicación e interacción. Sin embargo, el destino posterior a este tipo de
formación puede caer en la grandeza o la mediocridad. No se trata de formar individuos o
comunidades aisladamente, sino reforzar a una generación y fomentar el diálogo y la
comunicación entre integrantes de la misma comunidad, así como ajenos a otras. Una
comunidad científica ve y analiza a otras comunidades científicas.

Al respecto, en entrevista, Alfredo Andrade Carreño sostiene:

“[…] los referentes convencionales de las prácticas académicas tienen a homogenizarse a


nivel mundial. Nuestras comunidades; los integrantes de nuestras comunidades y en estas
comunidades, tienen una interacción permanente con integrantes de otras comunidades. Yo
diría que durante los últimos 25 años se rebasó los marcos de interacción locales-regionales
dentro de la nación y emergieron marcos de interacción regionales-internacionales.

Nuestros intelectuales; nuestros intelectuales de una disciplina, nuestros sociólogos, los


científicos de cualquier campo de conocimiento tienen una fuerte interacción con científicos
de comunidades en todo el mundo. Evidentemente eso es lo que pasa con los centros
metropolitanos más importantes, y tenemos vinculaciones hacia América Latina, hacia ciertas
universidades norteamericanas, hacia ciertas comunidades europeas. Tenemos una importante
interacción a través de los medios de comunicación con distintas comunidades y eso es lo que
contribuye a la generalización de estándares convencionales; de convenciones académicas
más generales.

La producción científica se ha reforzado. La producción científica en general de cualquier


campo de conocimiento, ha reforzado ciertos estándares de evaluación [de] nuestras
disciplinas. Una disciplina como la nuestra —la sociología— tiene que participar de esos
estándares para poder acceder a los marcos institucionales de producción de recursos y esto
contribuye de nuevo a la estandarización. Le da un ritmo más acelerado a esta movilización,
98
esto que llamamos estandarización. Producciones como la nuestra, la producción de las
comunidades académicas mexicanas se ve fuertemente relacionada con estas convenciones
internacionales, no depende ya de marcos nacionales exclusivamente.

Depende más bien de la participación de estos circuitos, yo diría que los científicos sociales
nos estratificamos según grados de participación en distintos entornos académicos virtuales y
comunitarios de distintas naturaleza. Entonces, vamos a encontrar campos muy
especializados, campos multidisciplinarios, donde se participa según la afinidad con las líneas
de investigación relevantes o vigentes, y estos son los que arrastran —por decirlo así— las
convenciones académicas que se van generalizando. Yo creo que es más difícil reconocer,
ahora, criterios de vigencia local que nuestra participación en estas convenciones más bien de
corte internacional” (Andrade Carreño, en entrevista, 2012).

Como último factor de la cultura científica aparece la “internacionalización” en el


entendido moderno de globalización, visto en el capítulo uno. Con la internacionalización
de la producción científica y la adopción de criterios de evaluación más “sofisticados” en
las comunidades científicas, las desigualdades de acceso dentro de ellas siguen latentes (al
menos en el caso mexicano), lo cual en ocasiones tiene consecuencias a nivel intelectual y
emocional, generando frustración académica que en absoluto tiene que ser puesta como una
forma de derrota u obstáculo, sino como una fuente de inspiración para futuros trabajos de
investigación científica (Kuhn: 2012: 118). En ocasiones se reduce a un problema de
presupuesto.41 Nuevamente Gibbons, et al (1997: 170) nos ofrecen argumentos al respecto:

«Aunque la ciencia es internacional, sus mecanismos de financiación siguen siendo


nacionales. A pesar de que se está dando un marcado crecimiento en la cooperación científica
internacional, debido sobre todo a que ningún país puede permitirse el financiar grandes
proyectos científicos por sí solo, y a pesar de que los científicos se cuentan entre los
trabajadores más móviles y de mentalidad más internacional, sus carreras profesionales
todavía se ven abrumadoramente configuradas dentro del contexto de los países
individuales».

En esta fuerte internacionalización, el avance de la ciencia sigue su camino. Sin embargo,


sigue latente la hegemonía de los Estados Unidos —al menos de esta forma lo demuestra el
Informe sobre las ciencias sociales en el Mundo 2010 o la Comisión Gulbenkian para la
reestructuración de las ciencias sociales en 1996 (Wallerstein, et al, 2007: 108)— en la
colaboración con los demás países, así como en la elaboración de artículos científicos. Para
los países “subdesarrollados”, como los Latinoamericanos, la situación sigue siendo de
dependencia de contenido bibliográfico reflejado en las citas. En consecuencia: «La
internacionalización tiene por tanto a reforzar la centralidad de Occidente sobre el resto del
mundo» (UNESCO, 2011: 147). Sumando a ello, con la hegemonía lingüística del inglés
(Ammon, 2011: 159-160) como la lingua franca de las ciencias sociales y de la sociología,

41
Para el caso del acceso al posgrado en México véase Javier Rafael García García (2009) y en
Latinoamérica a Pablo Gentili y Fernanda Saforjada (2010).
99
hace urgente que en nuestros programas de estudios de licenciatura dicho idioma se
acredite, al menos en un 80%, así como el fomento de literatura sociológica en otras
lenguas.42

Dicha situación se puede observar de igual forma, en el tratamiento teórico, dado que uno
pensaría que dicha internacionalización fomentaría la creatividad y propuestas innovadoras,
al ofrecer una apertura global y lingüística, sumado al uso del internet. Como vimos en el
capítulo anterior, uno pensaría que al mismo tiempo que se recepciona la teoría
fundamentada en Inglaterra, el pensamiento complejo en Francia o la teoría de sistemas en
Alemania en poco tiempo se esté divulgando desde Argentina a México; de Argelia a
Johannesburgo. Pero desafortunadamente, no sucede de esa forma. La misma
internacionalización, el idioma y el uso del internet son sus propias barreras.

Al respecto, Enrique de la Garza nos comenta:

“[…] lo internacional siempre ha impactado mucho los países como México. No quiere decir
que en México se sigan todos los virajes internacionales, sino que es selectivo ¿Por qué?
Porque los canales internacionales por los cuales llegan las nuevas teorías o las nuevas
posiciones epistemológicas no son igualmente fluidos.

Los canales principales no son las publicaciones, porque ahorita con Internet se puede tener
acceso a casi todo. No; son sobre todo los discípulos: ese es el canal principal. Los que han
estudiado en Francia con tales pensadores y que los traen y que los difunden en conferencias
o los citan en libros o los traducen. O los traen como conferencistas. Ese es el canal principal
a pesar del desarrollo informático ¿Por qué? Porque el desarrollo informático es tan
abundante que nadie en el mundo puede revisar todo, es imposible. Pues cuándo te vas a leer
todos los artículos de ciencias sociales que están en la red: es imposible, y alguien te tiene
que guiar, decirte: “lo importante es tal autor o el grupo de estos autores” y a su vez eso
implica negar o ponerle obstáculos a otros, porque los discípulos se afilian a tal corriente y a
su vez consideran como enemiga o combatible otra y esa no la difunden, sino al contrario la
atacan y dan a entender que ni siquiera vale la pena leerla.

42
Por ejemplo en la Facultad de sociología de la Universidad Veracruzana, sólo es necesario durante
la carrera acreditar dos cursos de inglés básico (como parte del Área de Formación Básica; es decir, una
materia que deben acreditar todas las carreras en cualquier momento de duración de ésta). En la Universidad
Autónoma Metropolitana-Iztapalapa se acredita el nivel intermedio con 6 cursos que equivalen sólo a
comprensión de lectura (Básico 1, 2 y 3 e Intermedio 1, 2, 3). En la carrera de sociología de la Universidad
Autónoma de Ciudad Juárez el inglés no forma parte de su programa de estudio. En el caso de la licenciatura
en sociología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, para la titulación se solicita la
posesión del inglés o el francés o la comprensión del inglés y/o francés o cualquier otro idioma. La
comprensión se refiere sólo a la lectura, la posesión es un examen completo. El acceso al idioma requiere, en
muchas ocasiones, una inversión extra (a veces excesivamente cara) o de ser gratuitos los lugares son
limitados. En este caso, la restricción se da a un nivel administrativo por los centros de enseñanza de idiomas
extranjeros. Una utopía académica en el terreno de la teoría sociológica sería conocer la obra de Robert K.
Merton, Charles Wrigth Mills, Anthony Giddens, Immanuel Wallerstein u otros, colectivamente en el
lenguaje original a nivel licenciatura. A nivel posgrado las lecturas en otro idioma son constantes.
100
Entonces se pueden hacer mapas […]. Claro, nadie lo ha hecho en el sentido riguroso. Qué es
lo que llega y qué es lo que no llega a México. También esto depende de la disciplina; es
decir, lo que llega a filosofía, no es exactamente lo mismo que llega a sociología o lo que
llega a ciencia política” (De la Garza, en entrevista, 2013).

Como se puede observar, metodológicamente hablando, las variables competencia y


comunicación pueden tener un perfil cualitativo a razón de indicadores personificados en
los sujetos de una determinada disciplina científica y su interrelación con otras
comunidades académicas. Por su parte, la interacción y la internacionalización vendrían
representado variables cuantitativas, puesto que siempre se han presentado mediante
indicadores de producción y distribución de conocimiento. De forma iconográfica se
presentan en mapas, tablas y cuadros con base en formulaciones estadísticas y socio-
demográficas.

Por lo anterior, los elementos que presentamos pueden, dependiendo de la dinámica de sus
integrantes, una esencia virtual o real; bajo la misma lógica que Girola nos propone, con
bastante originalidad, a partir de sus conceptos de comunidad real y comunidad virtual:

«Una comunidad científica es real cuando sus miembros se reconocen entre sí, cuando existe
intercambio de ideas, debate y socialización de las experiencias en forma continua. La
existencia de una comunidad científica real depende en gran medida de que haya un número
mínimo (pero crítico, aunque variable) de personas dedicadas al desarrollo de actividades
disciplinarias, y que a la vez generen un volumen sustantivo de resultados de investigación.

En el caso ideal, esto implica cierta comunidad de perspectivas, o por lo menos el respeto a la
existencia de enfoques diferenciados en el entendido de que, aunque no se compartan,
quienes los sustentan son interlocutores válidos (y no enemigos despreciables). En la
práctica, la existencia de una colectividad no implica de suyo “comunalidad”, y por lo tanto
puede hablarse de comunidad científica más allá de la forma particular en que se planteen y
diriman las disputas.

En cambio, una comunidad científica es virtual cuando a pesar de que puedan compartirse
ciertos presupuestos epistemológicos y teóricos para analizar la realidad, no existe
reconocimiento mutuo entre sus miembros, y los contactos o no existen, o son esporádicos y
no buscados» (Girola, 1996: 141-142; cursivas en original, Cfr. Andrade, 1998a: IX-X;
Girola y Olvera, 1994a: 176-177; Girola y Olvera, 1994b: 93).

Es decir; puede existir comunicación, competencia, interacción e internacionalización


(CC+II) en la primera y carecer de lo anterior en la segunda. En el primer caso es latente
una cultura científica, mientras en la segunda una cultura de la investigación. Todo depende
de la materialización de los elementos anteriores. Dicha posición, la sostenía la autora
durante los años ochenta y parte de los noventa, argumentando que la comunidad
sociológica mexicana (sobre todo en el terreno teórico) era heterogénea, fragmentada y
estratificada; es decir, virtual (Girola, 1996: 159). A poco más de veinte años de dicha

101
postura, nos comenta al respecto que las comunidades se han solidificado, pero, en algunos
campos de conocimiento (como la sociología urbana):

“Yo creo que ahora hay comunidades muy firmes, muy sólidas en la sociología mexicana, en
algunas ramas. En algunas ramas son comunidades muy sólidas, con mucho trabajo, con
mucha publicación, mucho reconocimiento, incluso en el plano internacional. Pongo el caso
de la sociología urbana mexicana, que creo que es de lo más desarrollado que hay. La
sociología urbana ha tenido un peso grande. La sociología urbana se ha desarrollado
muchísimo en México y tiene, no sólo investigación empírica muy fuerte, sino investigación
teórica, o sea, desde los trabajos empíricos se desprenden conceptos, explicaciones que
pueden ser incluso explicadas en otro contexto y forman equipos internacionales. Hay
equipos con ingleses, equipos con “gringos”, equipos con franceses y con italianos en la
sociología urbana”.

[…]

Incorporando la dimensión de la internacionalización y el uso de las tecnologías de la


información:

“Lo que pasa es que por un lado hay gente que ha trabajado mucho y que ha publicado
mucho, también ha viajado, o sea, extranjeros que vienen aquí, pero los mexicanos viajan
mucho al extranjero [como] invitados, sobre todo los de urbana, digo que creo tienen un
desarrollo más amplio y más innovador. Pero ahora haces algo y lo mandas, se lo mandas a
todos los colegas, mandas el archivo, entonces eso ha facilitado muchísimo la comunicación”
(Girola Molina, en entrevista, 2013).

Una de las vetas de investigación, titánica en sí misma, sería en el seguimiento del


desarrollo de las comunidades solidificadas en nuestro país y su vinculación con otras
comunidades de otras latitudes, el ejemplo de Girola, bajo nuestra propia experiencia, se
puede remitir a la educación, la juventud, la cultura, el trabajo, entre otros.43 El contraste de
esta solidificación; sin embargo, puede llevar al estancamiento y repetición de discursos
con modificaciones en los datos, pero con el mismo contenido teórico. Es decir: «Tanto el
acopio como la interpretación de datos son quehaceres importantes: una colección de datos
que carezca de interpretación y que no se fundamente en una teoría, tiene poco valor.

43
Es inevitable, por ejemplo, no reconocer el trabajo realizado por el Seminario de Educación Superior
de la UNAM, coordinado por Humberto Muñoz García, así como el posgrado en sociología de la UAM
Azcapotzalco en su línea de investigación de Educación Superior. La producción en cuanto a la temática de
la juventud, ha quedado constatado por el Consejo Iberoamericano de Investigación en Juventud, coordinado
por un grupo bastante plural que abarca desde el Colegio de la Frontera Norte hasta la Universidad de
Barcelona. El Seminario Permanente de Cultura y Representaciones Sociales de la UNAM, también
representa una de las comunidades más solidificadas en cuanto a su objeto de análisis, desde —como lo
manifiesta su objetivo— una perspectiva multidisciplinaria. Gilberto Giménez se ha vuelto un referente
obligado en esta línea. Enrique de la Garza Toledo (con su propuesta teórica y metodológica desde la UAM-
Iztapalapa) y Francisco Zapata Schaffeld (haciendo lo propio desde el Colegio de México) se han vuelto
referentes constantes en los estudios laborales (Véase al respecto: http://www.ses.unam.mx/ ;
http://www.ses.unam.mx/ciij/ ; http://www.culturayrs.org.mx/ ; http://docencia.izt.uam.mx/egt/ ).
102
Debido a que la mayoría de los recolectores de datos están conscientes de dicho peligro,
suelen interpretar o explicar la información presentada» (Dogan y Pahre, 1993: 23).

Una vez más, la difusión social del trabajo científico es interpersonal. La difusión en
principio es oral, pero esta difusión debe de traspasar la exposición y el diálogo y contribuir
a la investigación fundamentada, así como destacar sus alcances y perspectivas. Dicha
palabra hablada debe pasar a palabra escrita en pos del avance del conocimiento (mediante
el seguimiento de la CC+II), si el avance logra traspasar la dimensión académica por medio
de la divulgación, se puede considerar como un éxito paradigmático. De no existir lo
anterior y sólo quedarse en la pura exposición y diálogo, se conformaría una “cultura oral”.

Cultura oral y cultura conceptual

¿Cuántas veces los científicos sociales han tenido amplias tertulias académicas fuera o
dentro de los espacios universitarios, en un ambiente agradable que puede llegar a ser
tenso? ¿Dónde quedan aquellos conocimientos transmitidos por nuestros maestros o con las
personas con las que interactuamos sin que haya de por medio un bolígrafo para anotar o
una grabadora? ¿Qué pasa con aquello que nunca fue escrito y que fue de una gran
profundidad para discusiones posteriores? Recuérdese, por ejemplo, que los Diálogos de
Platón realmente fueron hechos bajo las enseñanzas de su maestro Sócrates, o que las
cartas de Marx o los cursos de Foucault han complementado sus propuestas teóricas. Pero
en caso de no existir algún intermediario o medio para objetivar dichas enseñanzas,
sencillamente se queda en la memoria y, en no pocas ocasiones, en el olvido. Esto es, lo
que Lidia Girola y Gina Zabludovsky han denominado (y que han tenido presente las
generaciones que han formado), “cultura oral”. Para el caso mexicano, exponen lo
siguiente:

«Con esto queremos decir que en muchos casos, el debate, las propuestas e ideas que surgen
en los cursos, principalmente de posgrado, no son plasmados por escrito; la producción
escrita no refleja totalmente el estado de la discusión en México. Esto constituye un obstáculo
fuertísimo para la conformación de una comunidad académica, al tiempo que resta
posibilidades para que el debate se socialice al resto de los investigadores, sin mencionar que,
como “las palabras se las lleva el viento”, muchas veces un discurso sugerente e incluso
brillante, se pierde irremediablemente» (Girola y Zabludovsky, 1991: 35; Cfr. Girola y
Olvera, 1995: 66-67; Zabludovsky, 1994: 39-49).

Como nos dijo hace poco la propia Girola y retomando sus argumentos, puede existir una
cultura conceptual (de la cual hablaremos en breve) en la comunidad real; mientras que en
la comunidad virtual, una cultura oral. Dichos argumentos se formaron durante la década de
los ochenta y noventa del siglo pasado, como parte, precisamente de la experiencia de estas
autoras, pero que se extiende a otros académicos consagrados y en formación.

103
La cultura oral, a nuestra interpretación, es la no materialización de la comunicación, la
competencia, la interacción o la internacionalización dentro de las comunidades científicas.
Con el paso del siglo XX al XXI, ¿Se ha rebasado dicha cultura oral, en parte, por lo que
hemos dicho hasta el momento agregando los fenómenos que hemos señalado? Como nos
dice nuevamente en entrevista, Lidia Girola, sólo en algunos aspectos:

“[…] ampliamente por esta cuestión de que hemos tenido que publicar. Hemos tenido que
publicar si queríamos sobrevivir y entonces la masa crítica de investigaciones ha aumentado
notoriamente. Entonces, es muy raro el profesor que sólo da clases y no escribe, y no publica
nada. Digo, sí hay, en mi propio departamento sí los hay, gente que sólo da clase, pero es la
gente de menor nivel. La gente que tiene más nivel, más reconocimiento y demás,
obviamente es así porque publica, porque da a conocer su trabajo.

Entonces, yo creo que esa cultura oral se ha rebasado ampliamente en los últimos veinte años.
Que hay una masa crítica muy importante de trabajo en varias ramas, no en todas, un
desarrollo muy importante que incluso es reconocido a nivel internacional. Aunque,
internacionalmente, como la lengua franca o el inglés, y no toda la gente publica en inglés, ni
le interesa, ni puede, ni quiere, entonces el reconocimiento de otras comunidades, sobre todo
de las angloparlantes hacia nosotros es muy reducido. Siempre que viajan [a México] creen
que están descubriendo el “hilo negro” y no “pelan” a los investigadores mexicanos.

Pero eso pasa no sólo en la sociología, pasa en otras disciplinas. Lo que pasa es que en las
ciencias duras por lo general, se ven obligados a publicar en revistas extranjeras. Pero como
nosotros estudiamos la realidad mexicana y no un problema “x” o sea, no el problema de la
diabetes en los niños, sino estudiamos cosas relativas a México —por lo general— pues en el
extranjero interesa relativamente y hay estereotipos y prejuicios en el extranjero con respecto
a la investigación que se hace en México. Pero yo creo que sí, que se ha rebasado la cultura
oral, que incluso hemos recuperado tradiciones diversas y de muy diverso tipo, de muy
diverso corte. Tradiciones extranjeras que se han hecho y se han desarrollado en el extranjero.

Pero también se han recuperado otras visiones latinoamericanas y con mucha dificultad
estamos construyendo la sociología mexicana, o sea, no sólo la sociología en México, sino la
sociología mexicana. Y digo con dificultad porque incluso en los jóvenes les cuesta
reconocer el propio trabajo de los sociólogos mexicanos. Les cuesta mucho reconocer ese
trabajo y entonces siempre hay que referirse a [Jünger] Habermas o a [Niklas] Luhmann; el
que esté de moda y de alguna manera la gente se siente obligada a un criterio de autoridad
que viene de fuera. Entonces antes era [Karl] Marx o [Max] Weber y ahora puede ser [Bruno]
Latour, [Anthony] Giddens, [Niklas] Luhman o [Pierre] Bourdieu y cuesta mucho pensar que
nosotros hacemos sociología y que nuestra investigación empírica estamos haciendo también
teoría. Eso la gente no lo reconoce” (Girola Molina, en entrevista, 2013).

No obstante, el rebasamiento de la cultura oral mediante la producción y la publicación de


trabajos de corte teórico-empírico, todavía sigue mermado por un criterio de autoridad de
autores anglosajones o, incluso, por las asociaciones o consejos, incluso de organismos
gubernamentales y no gubernamentales dedicadas a las ciencias sociales. Como nos dirá a
104
continuación Enrique de la Garza, aunque recurramos a propuestas teóricas de otros países,
el análisis teórico se limita a comentarios o exégesis de un autor y donde las etapas de
originalidad han sido pocas, como en el estructuralismo cepalino o la teoría de la
dependencia:

“[L]a producción teórica sobre todo está reducida al comentario de otros teóricos, donde se
dice “¿Qué planteó [Michel] Foucault acerca del problema del poder?” Entonces se revisa a
Foucault y se hace un ensayo pero —digamos— es la idea de exégesis, exégesis de autor. Es
decir, revisión de autor; sistematización. Casi siempre los trabajos que se dicen teóricos acá,
en esta región, son de este corte: revisión de autores relevantes sobre algún tema en
particular, que no es necesariamente tampoco muy original. El problema es si en nuestra
región hay construcción de teoría, de teoría original. Yo digo que en términos generales no la
hay, que la hubo en la época de la dependencia.

Ahí sí hubo originalidad, no había una simple repetición o qué dijo tal otro teórico europeo.
Sino que había planteamientos, algunos eran un poco más ensayísticos que otros, pero de
cualquier manera había una idea de originalidad y algunos conceptos lograron quedarse, por
ejemplo, aunque era de la CEPAL. La CEPAL creó el concepto de “Modelos de sustitución
de importaciones”, ese no lo usaban los europeos, ni los americanos, sino más bien lo
retomaron y después lo aplicaron a sus demás países. Por ejemplo, hubo asiáticos que dijeron
“pues acá también hay un modelo parecido” después de la Segunda Guerra Mundial,
entonces aplicaron el concepto para otros contextos, retomando a los latinoamericanos.

En esa época, los latinoamericanos, los de [Raúl] Prebisch, pero también los dependentistas sí
eran leídos en el mundo desarrollado porque aunque ellos también tenían sus teorías
equivalentes, por ejemplo Samir Amin o Immanuel [Wallerstein] no eran exactamente igual
que las de acá, ni estos de acá eran una repetición de aquellos. Yo diría que iba bien el
pensamiento latinoamericano y tal vez lo que lo castró fue el modelo neoliberal”.

[…]

“[E]n general somos importadores netos de teoría. Entonces, si alguien de aquí trata de
estudiar movimientos sociales ¿Qué hace? Digo, alguien que quiera ser serio, pues dice “voy
a ver qué teorías hay” y te dice “mira, hay dos corrientes principales: la movilización de
recursos y el paradigma de la identidad y entonces quiénes son sus autores, me los voy a leer,
y voy a sistematizar que plantean y a partir de ahí formo un marco teórico y hago
investigación empírica”. Pero en general no se trata de creación de teoría, sino de asimilación
de teorías hechas básicamente en países desarrollados” (De la Garza, en entrevista, 2013).

Por lo anterior, la preocupación de pasar de algo sólo mencionado en la palabra hablada a


un producto tangible de investigación científica (libros, revistas o eventos académicos) es
una preocupación constante en aquellos sujetos que buscan ser parte del mundo académico
(las comunidades científicas) o sencillamente aquellos que buscan explicar o entender la
propia realidad que habitan, por lo cual recurren a una acervo de conocimientos

105
especializados, basados generalmente, en conceptos bastante elaborados. Al respecto nos
dice Sara Sefchovich:

“Yo creo que el mundo te va dando esa conceptualización día a día. Hace un año, a lo mejor
yo no hubiera pensado la misma manera que podríamos hacer ahorita, a lo mejor ya no va a
servir dentro de un año. Esa es la grandeza de las ciencias sociales, excepto cuando uno las
quiere encasillar y convertir cada vez a una de estas cosas, en un concepto que no va a
cambiar. Por eso me opongo a ideas como, bueno conceptos —no es que me oponga, sino me
dan flojera y no los uso— como “posmodernismo” y esas cosas. Los problemas actuales
están ahí y ellos son los que te dicen. En algún momento, ver la sociología desde la
perspectiva de América Latina o el poscolonialismo fue fundamental porque estaba
empezando a entenderse una problemática de esa manera.

Hoy son otros los problemas, porque definitivamente, qué está pasando con los movimientos
sociales, qué está pasando con la globalización, definitivamente, pero no en un sentido de
teórico nada más, sino cómo está afectando y no está cambiando. Qué está pasando con la
violencia, cómo entender la violencia, cómo entender fenómenos nuevos, cómo es esto del
narcotráfico que más allá de calificarlo de bien y mal, y el “deber ser”; deberíamos hacer esto
y deberíamos hacer lo otro. Nosotros en nuestro trabajo es entenderlo y entender por qué hay
sociedades en las que se da. Y que me vengan a decir que el narcotráfico nos es ajeno en
México y que estamos los buenos y allí están ellos los malos, es una falsedad. Eso sólo puede
salir de una sociedad que lo alimenta y que se identifica con ella. Todos estamos en esto y
recibimos los beneficios tanto, como los que ni cuenta nos damos y seguimos nuestra vida.

Entender los fenómenos sociales de cada momento desde esa perspectiva. Un sociólogo
egipcio tiene muy claro lo que tiene que entender; un sociólogo sirio también. Nosotros los
que estudiamos México porque sociólogos mexicanos o sociólogos sirios que no estudia su
país, pues tienen otros problemas ahí. Pero yo estudio mi país y a mí me parece que esos —
probablemente algunos otros que no hemos definido con mucha claridad— son los problemas
que hay que entender ahora” (Sefchovich, en entrevista, 2013).

Como vimos en el capítulo uno, así como han sido bastante trabajadas ciertas temáticas
dentro de la sociología, de igual forma han existido conceptos de gran calado, los cuales
incluso se han enraizado en las discusiones públicas y privadas de los cuadros políticos.
Una vez más nos dice Lidia Girola:

“[H]ay una revisión muy fuerte de conceptos y que ya sabemos, si tú hablabas de clases
sociales en los 70’s y hablas ahora, son cosas distintas. Qué se entiende por clase media, qué
se entiende por clase trabajadora; la importancia de las clases para el análisis sociológico,
todo eso ha cambiado radicalmente, para poner un ejemplo. El tema de la modernidad, qué
era moderno en los 40’s, 50’s y 60’s, no tiene nada que ver con lo que se entiende por
modernidad ahorita. Lo de los conceptos es algo muy flexible, muy dinámico, que van
cambiando. Podemos usar la misma palabra pero estamos haciendo cosas diferentes.

106
Y sí hay temáticas muy nuevas y siguen las antiguas. El tema de la política, por ejemplo,
sigue; a los mexicanos les importa mucho. A los sociólogos mexicanos les importa mucho el
tema del Estado, las elecciones, la democracia y hay una cantidad de publicaciones sobre eso.
Apabullante. No buenas todas; sí hay mucho, pero algo bueno a de haber. El tema es que ha
aumentado la masa crítica, notoriamente, en casi todas las ramas. No en todas las ramas con
la misma calidad” (Girola Molina, en entrevista, 2013).
Ya hemos dicho desde el primer capítulo cómo los conceptos tienen referentes históricos
que los contextualizan y por lo tanto son mutables. Como lo muestran los argumentos de
nuestros entrevistados, la superación de la cultura oral es más que un hecho, pero lo que
destacan es la presencia de una preocupación conceptual, lo que nosotros denominamos
“cultura conceptual”.

Lo anterior lo enlazamos como parte de la propuesta de “cambio conceptual” trabajada por


una serie de autores los cuales dicen: «[I]ntroducir en el análisis de conceptos, la
importancia de sus cambios semánticos y de los estudios comparados en diversas
disciplinas, estudia las familias de conceptos e introduce algunos métodos para su rastreo a
lo largo del tiempo, y permite explicar cómo y por qué algunas categorías migran entre
disciplinas» (Moya López, 2007). Por lo anterior: «[…] como un objeto de investigación,
pasa, necesariamente, por el reconocimiento de la historicidad del mismo, así como de la
delimitación de las diversas coordenadas espacio-temporales en las que una categoría es
construida, recibida y aplicada por una comunidad de conocimientos» (Olvera Serrano,
2007: 43; cursivas en original). Como se puede observar dicha historicidad es temporal,
recupera presupuestos de la “metateorización” y reconstruye la identidad disciplinaria. Por
lo anterior, su materia prima es todo material escrito, por lo cual, necesariamente se vincula
con la historiografía. Presentamos el siguiente cuadro para la distinción entre la cultura oral
y la cultura conceptual.

Diferencia entre cultura oral y cultura conceptual.

Cultura oral Definida por Girola, Olvera y Zabludovsky como el intercambio de


ideas de gran calado no plasmado de forma material para su futura
discusión. Barrera para la creación de comunidades académicas y
de vetas de investigación en su interior.
Su nivel de abstracción se da en la docencia o círculos de discusión
presencial sobre significados teóricos ya creados, teniendo como
herramienta pedagógica las lecturas guiadas o la exegesis de algún
o algunos supuestos teóricos.
Cultura conceptual Basado en los trabajos de Olvera y Moya se vincula con el análisis
de categorías y conceptos procedentes de una disciplina científica
con el fin de mostrar sus legados históricos. Fomenta la creación de
comunidades académicas y sus horizontes de investigación pueden

107
abarcar amplias temporalidades.
Su nivel de abstracción se da a partir de la recuperación material de
escritos, teniendo como principal herramienta didáctica, y también
de investigación, la historiografía.

El análisis de la sociología, la modernidad, la disciplinariedad, el paradigma y ahora, la


comunidad científica como conceptos, aquí presentados, contemplan la dimensión de la
cultura conceptual. Con ello, consideramos que estos dos tipos de “cultura” dentro de las
comunidades científicas, tanto en su origen como en su desarrollo y proyectos futuros (que
nunca se separan de las dimensiones de la CC+II), conforman un forma mentis dentro ellas.

Una hipótesis pendiente a comprobar, tomando la producción de sociólogos en México,


sería determinar el nivel de “cultura conceptual” o, como hipótesis nula, determinar si
todavía predomina la “cultura oral”. En consecuencia, aunque tenemos resultados previos,
mostrar también los grados (a nivel cuantitativo) de virtualidad y realidad dentro de la
comunidad sociológica. Así como medir la correlación entre los presupuestos de
competencia, comunicación, interacción e internacionalización, como elementos para el
análisis de las comunidades científicas.

Al respecto, con los elementos que hemos discutido, la conformación de una comunidad
científica (académica-disciplinaria) abarca desde la dimensión epistemológica hasta la
dimensión conceptual, pasando por la material y la social. Este es un esbozo que, a
consideración crítica, creemos necesario para una discusión que podría prolongarse a una
escala mayor, sin embargo nuestros conocimientos siguen siendo limitados, pero nuestra
inquietud entusiasta. En ese sentido sólo nos hemos referido al terreno analítico. Nuestros
entrevistados, con una trayectoria consolidada, ofrecen argumentos de primera mano sobre
sus prácticas dentro de la máxima comunidad científica en México: el Consejo Nacional de
Ciencia y Tecnología (CONACYT) y otros programas de estímulo económico.

108
Comunidad científica mexicana: experiencias CONACYT-SNI-PROMEP44

La razón de tomar al CONACYT, el SNI y el PROMEP se basa en la respuesta que nos


ofrece Enrique de la Garza, ante la pregunta sobre la existencia de la comunidad científica
en México y a la cual nos responde:

“Sí existe. Existe sobre todo impulsada institucionalmente; es decir, hay un antes y un ahora
de cuando CONACYT realmente se lanzó, de cuando se fundó el SNI, de cuando surgieron
mil programas de apoyo extra como PROMEP. Es decir, hay institucionalmente a través de
fondos o bien, “vas a querer un extra y prestigio por ser del SNI” o bien si quieres ser otro
tipo, si eres de cuerpo académico. Ser un paraguas a veces muy grande que te da recursos, te
da reconocimientos, te da publicaciones o formas de publicar que no existían.

En los 70’s no existía casi nada de eso en México y entonces a partir de ahí, muchas gente se
enrola en ese tipo de peticiones y compromisos de publicación, de producción y todo eso que
conforman un cuerpo que sigue creciendo y se reproduce, que no existía antes; es decir, ahora
existen más investigadores sociales que antes y en sociología en particular, se publica más.
Hay más revistas, también las revistas se juzgan; hay más posgrados, los posgrados se juzgan.
Es decir, hay una imposición del supuesto rigor institucional en la investigación, pero eso ha
tenido sus costos.

O sea, el costo es: se valora más la investigación empírica en ciencia social que la reflexión
teórica, de tal manera que “no tengo porque detenerme largo tiempo en estudiar los
fundamentos porque eso no da productos medibles” sino “voy a hacer una investigación,
bueno, pues hagamos una encuesta y no nos preguntemos pues si el dato cuantitativo, qué si
es o qué sí es construido y si estoy estandarizando cosas que debería cualificar”. Eso es muy
tardado, no da productos tangibles, entonces yo tengo que hacer investigación rápida, para
tener resultados rápidos y recursos y prestigio rápido.

Digamos, el sistema institucional muy amplio que se construyó, aumentó la productividad,


pero no necesariamente aumentó la calidad y la profundidad, y una parte de la profundidad
está relacionada con este “no interés” del que hace investigación concreta empírica en

44
Para las metas y alcances del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) mediante el Sistema
Nacional de Investigadores (SNI), así como del Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP)
remito a los trabajos de: Salvador Vega y León (Coord.) (2012), Sistema Nacional de Investigadores: Retos y
perspectivas de la ciencia en México, UAM-Xochimilco, México; Sylvie Didou Aupetit y Etienne Gérard
(2010), El Sistema Nacional de Investigadores, veinticinco años después. La comunidad científica, entre
distinción e internacionalización, ANUIES, México; Academia Mexicana de la Ciencia (2005), Una reflexión
sobre el Sistema Nacional de Investigadores: A veinte años de su creación, Foro Consultivo Científico y
Tecnológico, México; Rosalía S. Lastra B. y Bárbara Kepowicz Malinoska, (2006), “PROMEP-SNI: Hito
respecto al bien ser personal y el bien estar colectivo”, Reencuentro, núm. 45, Mayo, UAM-Xochimilco,
México; y, Wietse de Vries y Germán Álvarez Mendiola (1998), “El PROMEP: ¿posible, razonable y
deseable?”, Sociológica, año 13, núm. 36, UAM-Azcapotzalco, México. Por razones de economía de espacio
no analizaremos ampliamente la naturaleza de estos programas científicos, sólo destacaremos el impacto que
ha tenido en nuestra disciplina.

109
discutir los fundamentos, sino simplemente hacerlo de una manera legítima ¿Por qué? Pues
por quien juzga” (De la Garza, en entrevista, 2013).

Es decir, tanto la fundación del SNI y los demás programas de financiamiento (público)
marcaron una ruptura “ficticia” entre lo teórico y lo empírico, prefiriendo los ideales de
especialización apuntados en el primer capítulo. La lógica, más cantidad- menos calidad, se
traduce como la mayor producción en el menor tiempo a un determinado costo. Costo
otorgado por este tipo de organismos que se alimentan de los impuestos de los
contribuyentes. Así: «[e]n la actualidad, la riqueza e influencia dependen del flujo de
dinero, de cerebros y de ideas para generar inventos, investigación, software, diseños,
diversiones, innovaciones legales y técnicas financieras» (Cereijido, 2009: 144). Lo que se
gana en cantidad se pierde en calidad. Una cantidad reducida cualitativamente y una calidad
reducida cuantitativamente.

En el desarrollo de las ciencias sociales, este fenómeno se hace cada vez más evidente en la
labor investigativa:

«[E]s indudable que la riqueza de las naciones depende de sus capacidades de innovación, de
la vitalidad de sus culturas y de la fuerza de sus sistemas de conocimiento y sus marcos
institucionales. Hoy por hoy, en la “sociedad del conocimiento”, los recursos intelectuales
representan insumos críticos para la producción de riqueza en la medida en que se convierten
en tecnología, organización, inteligencia, productividad y consumo racional. En el marco de
sociedades caracterizadas por la competitividad a escala global y enfrentadas a constantes
tensiones e incertidumbres derivadas de los nuevos desafíos, el conocimiento científico está
llamado a proporcionar recursos conceptuales y humanos para la explicación y comprensión
de la realidad y para la orientación de la acción individual y colectiva» (Bokser, 2003: 9).

Ya dimos cuenta de los recursos conceptuales y humanos hace poco, por lo que esta acción
individual o colectiva (virtual o real) es realizada por seres humanos que han pasado por un
riguroso filtro de excelencia e incluso puede ser desproporcional del sistema político y
económico de un país. Es decir, en un sentido más académico y común, es realizado por
investigadores, para salvaguardar el avance de la ciencia, sea en sus manifestaciones
naturales o sociales.

Según el Sistema Integrado de Información sobre Investigación Científica y Tecnológica


(SIICYT) en 2012 se contabilizaba (sin distinción disciplinaria) un total de 18, 555
investigadores y en 2013: 19, 747 dentro del padrón del Sistema Nacional de
Investigadores45 (SNI), de los cuales 3,604 (2012) y 3,712 (2013) eran candidatos; 10, 059

45
Según el Artículo 33 del Reglamento del Sistema Nacional de Investigadores “Para ser
miembro del SNI se requiere que el investigador realice habitual y sistemáticamente actividades de
investigación científica o tecnológica, presente los productos del trabajo debidamente documentados,
se desempeñe en México, cualquiera que sea su nacionalidad, o sea mexicano que realice actividades
de investigación científica o tecnológica de tiempo completo en el extranjero, en dependencias,
110
(2012) y 10, 758 (2013) Nivel 1; 3,311 (2012) y 3,576 (2013) Nivel 2; y, 1,581 (2012) y
1701 (2013) nivel 3. Asimismo, los Criterios Internos de Evaluación del SNI ubica el
trabajo de las ciencias sociales en el área V contemplando las siguientes disciplinas:
“Administración, Ciencia Política y Administración Pública, Comunicación, Contabilidad,
Demografía, Derecho y Jurisprudencia, Economía, Geografía Humana, Sociología y
Prospectiva en sus vertientes básica y aplicada, generando nuevos conocimientos e
incluyendo la creación de tecnología”, el cual según datos del SIICYT se calculaba en
2012, 2,747 investigadores y en 2013, 2,997.

Sin embargo, al hacer la sumatoria, basándonos en los lineamientos así como los datos que
nos ofrecen las estadísticas oficiales, el total diferiría en -16 investigadores; es decir, 2,731
en 2012 y -97; es decir 2,900 en 2013. Con ello, quedan excluidas otras disciplinas (al no
existir una referencia directa a ellas) como la administración, la contabilidad (que
suponemos se inscribe en la generalización de “ciencias económicas”) o la comunicación
(que pudiera corresponder a “ciencias políticas”). Lo que evidencia es la ambigüedad del

entidades, instituciones de educación superior o centros de investigación de los organismos


internacionales de los sectores público, privado o social.
Ingresarán al SNI aquellos investigadores que atiendan la convocatoria correspondiente, sean
evaluados por una Comisión Dictaminadora y sean aprobados por el Consejo de Aprobación.
No podrán participar aquellas personas que en forma consecutiva hayan solicitado su ingreso al SNI
los dos últimos años y no lo hayan obtenido.”
Siguiendo con el Artículo 56 “Para recibir la distinción de Investigador Nacional, el solicitante,
además de cumplir con lo establecido en el Artículo 33 del presente Reglamento, según el nivel al que
aspire, deberá demostrar el cumplimiento de los requisitos siguientes:
I. Para el nivel I:
a. Poseer grado de doctor;
b. Haber realizado trabajos de investigación científica o tecnológica original y de calidad, lo
que demostrará mediante la presentación de sus productos de investigación o desarrollo tecnológico;
c. Haber participado en la dirección de tesis de licenciatura o posgrado, impartición de cursos,
así como en otras actividades docentes o formativas;
d. Haber participado en actividades de divulgación de la ciencia o la tecnología, y
e. Para los casos de permanencia o promoción, haber desarrollado alguna de las actividades a
que se refiere el Artículo 42 de este Reglamento.
II. Para el nivel II, además de cumplir con los requisitos del nivel I:
a. Haber realizado, en forma individual o en grupo, investigación original, científica o
tecnológica reconocida, apreciable, consistente, donde se demuestre haber consolidado una línea de
investigación, y
b. Haber dirigido tesis de posgrado y formado recursos humanos de alto nivel.
III. Para el nivel III, además de cumplir con los requisitos del nivel II:
a. Haber realizado investigación que represente una contribución científica o tecnológica
trascendente para la generación o aplicación de conocimientos;
b. Haber realizado actividades sobresalientes de liderazgo en la comunidad científica o
tecnológica nacional, y
c. Contar con reconocimiento nacional e internacional, por su actividad científica o
tecnológica, y haber realizado una destacada labor en la formación de recursos humanos de alto nivel
para el país.
En casos excepcionales, las comisiones dictaminadoras podrán eximir el requisito del
doctorado cuando los solicitantes cuenten con una trayectoria notable, la cual se entenderá como el
reconocimiento público de su desempeño científico y tecnológico”.
111
propio CONACYT en sus lineamientos “objetivos” para determinar el campo de una
disciplina científica, remitiéndonos, de nueva cuenta, a la discusión sobre la especialización
y la disciplinariedad. La distribución de investigadores en ciencias sociales quedaría de la
siguiente forma:

Distribución de investigadores respecto a las ciencias sociales 2012 y 2013

Disciplina N° de Investigadores N° de Investigadores Promedio Porcentaje


Científica 2012 2013
Ciencias 785 888 836.5 30%
Económicas
Ciencias Jurídicas 389 436 412.5 15%
Ciencias Políticas 450 407 428.5 15%
Demografía 76 78 77 3%
Geografía 165 182 173.5 6%
Prospectiva 51 53 52 2%
Sociología 815 856 835.5 30%
Total 2731 2900 2815.5 100%

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Sistema Integrado de Información sobre
Investigación Científica y Tecnológica (SIICYT) (http://geo.virtual.vps-
host.net:8080/SIICYT/bienvenido.do).

Con estos datos, tomando los promedios respecto a estos dos años, los investigadores en
ciencias sociales corresponden un 15% del total de las demás disciplinas científicas; la
sociología representaría, bajo la misma línea, un 4%. Si comparamos estos datos con los de
hace treinta años (1984, año en el que se funda el SNI) se percatará de un aumento raquítico
de investigadores en sociología, puesto que para esa época existían 761 adscritos a centros
de investigación (Benítez Zenteno, 1988: 16). Es decir, apenas un incremento de 9.8% (75
investigadores netos) de 1984 a 2012-2013 con respecto a la propia disciplina,
prácticamente (en términos conservadores) un aumento de 25 investigadores cada diez
años.46

Una interrogante para próximas investigaciones radicaría en averiguar cuál es el estatus de


la sociología con relación a otros países del mundo (uno o dos); donde, “se supone”, existe

46
Somos conscientes de la limitante de comparar los datos únicamente con nuestra propia disciplina,
perdiendo el panorama del total de investigadores para 1984 (el cual se calculaba en 1,396), incluso entramos
en una problemática conceptual sobre cuál disciplina era considerada como ciencia social, puesto que para
dicha época también se incluía (en la generalización humanidades y sociales) a la antropología, la educación
(pedagogía), la historia, la lingüística, la filología o la psicología social y que llegaba a ser de 6, 075
investigadores, de los cuales el 70% (4, 209) se concentraba en el Distrito Federal y el 30% (1, 866) en los
demás estados (Benítez Zenteno, 1988: 11-21). Situación que, como veremos en un momento, no se ha
modificado en la distribución de investigadores en sociología actualmente. Parece incluso muy sorprendente
que de 2012 a 2013 los investigadores hayan crecido poco más de 1/3 en dicha época por lo que la
proporción de crecimiento puede variar o ser falseada o puede representar una época sui generis.
112
mayor reconocimiento social, sobre todo en países desarrollados o de “primer mundo” y,
desde la perspectiva regional, la evolución de dicho estatus en relación con otras disciplinas
científicas. Regresando a México, por las implicaciones que esto demerita, la distribución
de investigadores en sociología por entidad federativa es la siguiente:

Distribución de investigadores en sociología por entidad federativa 2012 y 2013

N° de N° de Promedio de
Entidad Investigadores Porcentaje Investigadores Porcentaje investigadores Porcentaje
(2012) (2013) 2012-2013
Aguascalientes 5 0.6% 4 0.5% 4.5 1%
Baja California 42 5.2% 43 5.0% 42.5 5%
Baja California Sur 1 0.1% 1 0.1% 1 0%
Campeche 1 0.1% 1 0.1% 1 0%
Chiapas 17 2.1% 24 2.8% 20.5 2%
Chihuahua 11 1.3% 14 1.6% 12.5 1%
Coahuila 7 0.9% 8 0.9% 7.5 1%
Colima 10 1.2% 11 1.3% 10.5 1%
Distrito Federal 321 39.4% 321 37.5% 321 38%
Durango 0 0.0% 0 0.0% 0 0%
Guanajuato 15 1.8% 15 1.8% 15 2%
Guerrero 3 0.4% 4 0.5% 3.5 0%
Hidalgo 4 0.5% 5 0.6% 4.5 1%
Jalisco 86 10.6% 77 9.0% 81.5 10%
Estado de México 67 8.2% 75 8.8% 71 8%
Michoacán 13 1.6% 11 1.3% 12 1%
Morelos 26 3.2% 27 3.2% 26.5 3%
Nayarit 5 0.6% 5 0.6% 5 1%
Nuevo León 37 4.5% 36 4.2% 36.5 4%
Oaxaca 7 0.9% 8 0.9% 7.5 1%
Puebla 33 4.0% 40 4.7% 36.5 4%
Querétaro 7 0.9% 8 0.9% 7.5 1%
Quintana Roo 5 0.6% 6 0.7% 5.5 1%
San Luis Potosí 5 0.6% 6 0.7% 5.5 1%
Sinaloa 11 1.3% 14 1.6% 12.5 1%
Sonora 13 1.6% 13 1.5% 13 2%
Tabasco 3 0.4% 4 0.5% 3.5 0%
Tamaulipas 5 0.6% 9 1.1% 7 1%
Tlaxcala 3 0.4% 5 0.6% 4 0%
Veracruz 22 2.7% 24 2.8% 23 3%
Yucatán 11 1.3% 12 1.4% 11.5 1%
Zacatecas 14 1.7% 13 1.5% 13.5 2%

113
No disponible* 5 0.6% 12 1.4% 8.5 1%
Total general 815 100.0% 856 100.0% 835.5 100%
*En este caso se puede interpretar como investigadores radicados en otros países o un error
administrativo.
Fuente: Elaboración propia a partir de datos Sistema Integrado de Información sobre Investigación
Científica y Tecnológica (SIICYT) (http://geo.virtual.vps-host.net:8080/SIICYT/bienvenido.do)

Basados en los datos de promedio, no es de sorprenderse, tampoco, que en el centro del


país —como en el inicio del SNI— se concentre a la mayoría de los investigadores de corte
sociológico (Distrito Federal, Estado de México, Puebla y Jalisco, incluyendo el caso
excepcional de Baja California, que representan juntos el 65%) así como que en muchas
ocasiones los investigadores representen menos del 5% ó 0% en otros estados. De igual
forma sorprende muy poco que exista investigación sociológica en estados donde no
vislumbra la sociología como carrera universitaria como, por ejemplo, en la península de
Yucatán (Campeche, Quintana Roo y Yucatán).

Estados donde existen menos de diez investigadores o ninguno representan para nuestra
investigación las “zonas silenciadas de la sociología” (Aguascalientes, Baja California Sur,
Campeche, Coahuila, Colima, Durango, Guerrero, Hidalgo, Nayarit, Oaxaca, Querétaro,
Quintana Roo, San Luis Potosí, Tabasco, Tamaulipas, no se diga del caso de Durango
donde es 0); es decir, comunidades que deambulan entre la virtualidad y la realidad, con
una cultura oral más que conceptual. Asentando, lo que Edel Cadena llama (aunque lo
aplica a la matrícula universitaria, pero el mismo fenómeno se puede usar en la distribución
de investigadores por entidad federativa), “el proceso de metropolización de la sociología
mexicana” (Cadena, 1994: 242); es decir, comunidades suficientemente reales y con una
cultura conceptual bastante amplia.

«¿Qué significa ese dato para el público que bosteza oyéndonos?» (Martínez, 2012)
Significa:

1) Que los datos presentados no sólo se relacionan a indicadores estandarizados, que


llegan en momentos a ser ambiguos, en y detrás de ellos hay sujetos sociales que
vinculan su trabajo docente con el de investigación y por lo tanto su vida personal,
cuando no cometen la falta de quedarse con indagaciones de sus alumnos o
becarios, firmándolas como propias.47

47
Ante el señalamiento de este fenómeno y la responsabilidad ética que conlleva, Sara Sefchovich nos
comenta al respecto: “Gente sin ética hubo siempre en todos los sistemas, antes: hace treinta-cuarenta años —
me consta— y no los voy a mencionar porque tengo bastantes problemas en mi universidad. Pero hay gente
que se robaba siempre el trabajo de sus alumnos, de gente que hacía plagios y no existía el internet, y no había
forma de comprobárselo, eso siempre ha existido. Es muy difícil luchar contra casos individuales de personas
que no tienen ética o que tienen una desesperación tan grande que agarran de dónde puedan". Esto es una
forma de “analfabetismo científico”: «Incluso cuando los científicos, tomados como una comunidad, rechazan
a un colega que miente como parte de su lucha por alcanzar poder, prestigio o ingresos personales, o bien que
hace trampa debido a que es incapaz de entregar lo que ha prometido en su solicitud de financiamiento y, en
114
2) Que corresponden a una lógica de centralización del conocimiento especializado y
una desigualdad respecto a otras áreas disciplinarias e incluso otras regiones del país
donde se concentra el trabajo intelectual y material.

Como señala Cristina Puga (2009: 112-118; 2012), hasta la década de 1970, los recursos
económicos y los centros de investigación en ciencias sociales estuvieron “centralizados”
en la Ciudad de México, ante la falta, e incluso inexistencia, de dichos centros y recursos en
otros lugares del país. Sería ilógico no retomar este hecho para explicar la razón de la
concentración actual de eventos, publicaciones y reconocimiento de instituciones ancladas
en el centro del país, si siempre ha sido así.

En este sentido, la autora sostiene (como parte, de igual forma, de su puesto administrativo
que ostentó en el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales) que el desarrollo de las ciencias
sociales alrededor de todo el territorio mexicano ha aumentado y que dinero para la
investigación social existe. No compartimos el optimismo depositado en CONACYT, dado
que se da de forma condescendiente. Lo cual ha generado una dependencia por parte de los
investigadores, sea por medio de los programas como el SNI o el PROMEP, así como un
efecto de sobre-burocratización y hartazgo institucional.

Enrique de la Garza, en entrevista, nos habla de dicha dependencia y la “normalización”


que se ha generado a partir del productivismo generado por este tipo de programas en
tiempo y entrega de resultados (que no es lo mismo que divulgación de los resultados
obtenidos):

“¡Total!, hay una dependencia total de ese tipo de trabajos. Pero a su vez te ha impuesto
muchas limitaciones, porque los programas imponen tiempos. “El proyecto se tiene que
terminar en tal fecha, hay que reportar en tanto tiempo al SNI, cuál ha sido la producción”.
Entonces, digamos que son programas muy productivistas. “Cuántos artículos, cuántos libros,
cuantas ponencias”, en donde difícilmente se juzga la calidad, empezando porque las
comisiones e infinidad de comisiones no tienen tanto tiempo de revisar tantas cosas, y
entonces, siempre se hace alguna mención a que también hay que tomar en cuenta la calidad,
pero realmente termina siendo cuantitativo.

Cuantitativo quiere decir: “En el año cuántos artículos hiciste, cuántos libros, cuánto,
cuánto…” Entonces, el investigador procura hacer productos rápidos, porque los productos
de muy largo plazo pues no rinden ni la cantidad de estímulo, dinero; ni en el tiempo que lo
necesita que es un tiempo corto, no de larga duración. Eso contrasta mucho con la formación
antigua centro-europea; es decir, esas grandes obras de un Husserl, Weber, etcétera —que no
son la de los gringos, los gringos muy pronto se acercaron a esto que estaba yo diciendo—

consecuencia, su trabajo, su cargo y su futuro están en peligro, la comunidad no lo censura tanto por razones
morales, sino porque la ciencia es un saber sistemático y apoyarse en las mentiras que introdujo algún colega
causa una pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero demasiado grande» (Cereijido, 2009: 114). Dentro de las
ciencias sociales esto en realidad es parcial (Vid. Rojas Soriano, 1997).

115
sino aquellas donde también los estudiantes de doctorado se eternizaban, algunos malamente
porque se dispersaban mucho, pero otros tratando de hacer un productos muy muy maduro.
Entonces, esas obras ya prácticamente no existen en nuestro medio.

De tal manera que lo que es más fácil de producir es el estudio empírico corto, una encuesta
pequeña, con un problema que no tiene que ser muy novedoso, en donde se le da un
tratamiento estadístico, pues con cierto rigor y ya con eso, pasa como científico. La pregunta
de fondo ¿Qué tanto se está contribuyendo al conocimiento? No se responde, simplemente se
está haciendo “Ciencia normal”, la que Kuhn llamaba ciencia normal, que es volver a probar
la hipótesis que ya se comprobó quién sabe cuántas veces o la minucia; el detalle que no
estaba en la investigación anterior” (De la Garza, en entrevista, 2013).

El SNI, por lo tanto, está lejos de fomentar una ciencia revolucionaria y sujetos sociales con
capacidad de incidencia en la realidad social. Lidia Girola, en su intervención, nos
comentará la especificidad que dichos programas tienen, al igual que el resultado obtenido
de la injerencia con las burocracias universitarias que, más que agilizar los procesos de
ingreso, permanencia y funcionamiento de dichos programas, aletargan su desarrollo
“plenamente”:

“Yo creo que lo de PROMEP no tiene ninguna incidencia en el aumento de la producción y


de la investigación: ninguno. SEP, pues habría que preguntarles a los que están en los centros
SEP-CONACYT. Yo no veo nada de eso. Pero lo de CONACYT yo creo que sí ha ampliado
y ha favorecido la discusión porque si tú tienes un proyecto, te vez en la necesidad de hacer
trabajo de investigación serio, te vez en la necesidad de publicar, te vez en la necesidad de
incluir alumnos becarios en tu proyecto, entonces eso hace que los equipos sean [fuertes] y
que tu hagas una vida. El apoyo de CONACYT ha sido crucial, me gustaría que fuera mayor.
Y yo digo que si no hubiera sido por el SNI, la mitad de mis investigaciones nunca se
hubieran publicado, yo ni siquiera las hubiera escrito y las hubiera guardado en un cajón,
como hacía antes.

Yo creo que lo del SNI, ha sido… —que es limitado, que no está bien planteado, que tiene
sus defectos, sí claro, por supuesto— pero el SNI nos ha obligado a convertirnos en
investigadores y entonces publicar, a competir un poco. Yo creo que la gente que no está en
el SNI, pudiendo estar, es, o porque no lo necesita porque tiene mucho dinero o porque le
molesta rendir informes de su actividad, no quiere que la burocracia lo esté controlando. En
mi caso, por ejemplo, yo creo que ha sido muy beneficioso para mí lo del SNI,
independientemente del dinero, de qué nivel, de qué dinero y demás. El hecho de tener que
publicar, o sea, no sólo hablarlo, sino publicarlo, someterte a jurados, eso ha sido muy
importante, me parece a mí. Pero mucha gente ya está conformada con tener un trabajo”.

[…]

“[Existe un problema de burocracia] Un problema de burocracia, problemas administrativos,


incluso de problemas de administración de los fondos CONACYT. O sea, nosotros podemos
116
pedir un proyecto a CONACYT, nos lo dan, nos dan fondos, pero esos fondos en algunas
instituciones van directo al investigador. Pero en otras como la UAM, pasa por toda la
burocracia universitaria que te dan los fondos “tarde, mal y nunca” y son cosas que tú
conseguiste. Pero la universidad te los administra y de repente no tienes para pagar a los
becarios, no tienes para esto. Es un problema el tema de la burocracia y no está resuelto en
ninguna institución. Creo que los del Colegio, tienen muchos menos problemas: es más
pequeña, concentrada en posgrados, investigación de otro nivel. Instituciones como la UAM
que pretender ser escuela por una parte y por otro lado centro de investigación, todo en uno,
la burocracia es una traba muy fuerte”.

[…]

Y no pueden decir “Ah, y yo para esto quiero estudiar con fulano, para esto otro quiero
estudiar con zutano”, por ejemplo. No hay suficiente flexibilidad, pero ni siquiera en las
maestrías y doctorados, porque digamos en las licenciaturas… Pero en las maestrías y
doctorados debería haber mucha más flexibilidad y la persona que está estudiando
gobernanza ambiental, por ejemplo (que es un tema nuevo de un doctorado nuestro) pues
tiene que ir a estudiar o discutir por lo menos con la gente que es especialista en gobernanza
ambiental o en temas de medio ambiente o en temas de políticas públicas con respecto a
temas ecológicos y bueno, a lo mejor se tiene que ir al Colegio de la Frontera Norte, se tiene
que ir a la UAM Cuajimalpa o a Puebla. Entonces, está movilidad interinstitucional no es
fácil, a veces es más fácil mandar a estudiar fuera seis meses, que mandarlo a estudiar a la
UNAM. Aunque sea seis meses, porque los programas son de seis meses y el de nosotros [la
UAM] son de tres meses, y entonces, no le reconocen el valor de la materia por ese tipo de
rigidez” (Girola Molina, en entrevista, 2013).

Sara Sefchovich, basándose en su propia experiencia, nos habla sobre algunos canales para
sobrellevar las implicaciones que sistemas como estos, sin omitir el interés personal pero
sin descuidar la realidad social inmediata, al respecto dice:

“En cuanto mi posición en la propia universidad —porque llegué a ella antes de que se
implantaran estos requisitos— tengo casi cuarenta años en el instituto y cuando yo entré al
instituto se podía hacer el tipo de investigación de la que estoy hablando y se podía pensar en
cuestiones muy nuevas, como me sucedió a mí, que casi se va de boca todo mundo cuando
mis primeras propuestas de proyectos eran estudiar novelistas como Luis Spota, los
problemas de género, problemas de cultura popular, problemas de escritores que no eran
conocidos por el parnaso y que yo decía: “Es que lo que yo quiero entender de la sociología,
entender por qué medio millón de personas compran a Luis Spota y lo leen, a Yolanda
Vargas Dulché, un millón y medio de ejemplares a la semana vendía de sus comics”, pues a
mí me interesaba como socióloga, estudiar el fenómeno y eso no se acostumbraba a estudiar
en la UNAM, pero era un momento en que tú lo proponías, levantaban la ceja, parecía raro,
pero lo aceptaban. Todo eso se acabó.

117
No teníamos esa dependencia con estímulos, con puntitos que significan sobresueldos, no
teníamos la necesidad de quedar bien ni CONACYT, ni con ideas de excelencia que son
institucionales, sino que cada quien sólo se preocupaba por su excelencia personal como
investigador. Todo eso desaparece, todo eso cambia, creo —sino me equivoco– en los años
90’s, no sé exactamente en qué momento de los años noventa, pero la universidad, toda ella
se va encaminando a este nuevo concepto de lo que debe ser la eficiencia, de lo que debe ser
la ciencia, de cómo debe premiar con dinero a quienes tienen mejores evaluaciones. Yo ya
estoy ahí para entonces y ya no me pueden “correr” porque tengo una definitividad hace
muchos años, porque tengo una muy fuerte productividad en momentos que se miden esas
cosas: he sido de las más altas del instituto, produzco muchos libros, mis libros se venden
bien, produzco artículos, ya no publico en revistas científicas así llamadas como el momento
aquel del artículo de la Revista [Mexicana] de Sociología, porque siempre pasaron por
revisiones —digamos— de colegas, pero el nivel de las “estupideces” en lo que eso está hoy,
yo no estoy de acuerdo, ya no envío nada a ese tipo de revistas, publico en otros lugares”.

[…]

“Ahora […]: yo tengo la suerte de ser una generación que ya se acabó pero que lo pudo
hacer, las nuevas generaciones ya no tienen esa suerte y que tienen que pegar a ese tipo de
modelos de funcionamiento, lo cual me parece muy lamentable. [L]o digo con este ejemplo:
personalidades con la importancia de un [Carlos] Monsiváis que nos han explicado este país,
de un Villoro, que lo hizo desde un punto de vista académico, Don Luis Villoro en sus libros,
personalidades como Octavio Paz, que […] guste o no […] guste, hicieron explicaciones muy
amplios sobre este país, todo esto ya no puede volver a existir, por el tipo de exigencias de
especialización, por la forma de aprobación de los artículos, por la recarga de trabajo, por
ejemplo, nosotros entramos a la universidad como investigador, había otra figura que eran
profesores. Hoy se tiene que ser todo: “el que mucho abarca poco aprieta”.48

Yo entiendo que es muy importante pasarles los conocimientos a los estudiantes, pero creo
que la cosa se debería de manejar de otra manera y se manejaba bien antes: profesores que
por épocas daban clases y por épocas hacían investigación, maestros igual, eran figuras
separadas porque cada una requiere toda su entrega y todo su tiempo y no eres más que un ser
humano que no puede hacerlo todo. Resultado, todo el mundo se refríe y se refríe porque no
tiene tiempo de reciclarse y de aprender cosas nuevas. Esto es a lo que yo me opongo y eso es
en lo que en mi propio trabajo personal he tratado de mantener, pero entiendo que ya no se
puede a nivel institucional, yo y la gente como yo, ya perdimos esa batalla”.

[…]

48
La idea de Sefchovich, sigue la misma línea que desde finales de la década de los ochenta del siglo
XX sostenía sobre el papel de otros intelectuales no sociólogos (novelistas, periodistas y políticos); que
ayudaron a analizar y comprender las cuestiones sociales de México, y que hoy día siguen siendo autoridades
académicas y con un amplio status público: Héctor Aguilar Camín, Adolfo Gilly, Luis Villoro, Miguel Ángel
Granados Chapa, Luis Spota, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, nuevamente, Carlos Monsiváis, Elena
Poniatowska, Heberto Castillo, Miguel Ángel Conchello, Arnoldo Martínez Verdugo (Sefchovich, 1989: 97).
118
“Yo no creo que ese modo de estar funcionando de las instituciones, ese modo de entender
las ciencias sociales, este modo de premiar supuestamente a los que trabajan con puntitos,
con becas y con extras de dinero, se pueda mantener siempre porque habrá mucha gente que
estará cómoda en ganar unos pesos más, pero estaríamos todos más cómodos en hacer un
trabajo muy bueno y muy serio de nuestro camino elegido en la vida, en este caso de la
sociología y creo que sí, mientras exista gente de este tipo va a existir. Recursos siempre nos
han dicho que no hay. ¡Siempre, desde que nació el mundo! Porque los usan para otras cosas,
que los que los tienen, refutan como más importante y además cada vez somos más y sí es
cierto que los jóvenes requieren becas y espacios de trabajo que no los hay. Pero yo creo que
el punto central no va por ahí.

El punto central va por permitir que una persona no haga una tesis de mierda por la prisa de
demostrar que su facultad produce cientos y cientos de egresados que se reciben. Que
produzca dos, pero dos cuyas tesis sean realmente un trabajo que vale la pena. [U]na revisión
teórica y actualización del estatuto de las ciencias sociales ¡Dios! Eso no lo puedes hacer en
media hora, ni lo puedes hacer guiándote nada más con estos conceptos —digamos—
cientificistas, destructivos, positivistas, llenos de números, entonces es muy difícil. […]
[E]ventualmente esto llega a las otras universidades, pero yo creo que debería ser al revés, de
allá tiene que venir el enseñarnos a nosotros que este es el camino, que este sigue siendo el
camino y que este tiene que ser el camino.

¿Para qué sirve la sociología? Si no te lo preguntas y si no te lo planteas realmente todo eso,


si quieres hacer acumulación de puntitos en los que hasta el papel higiénico hay que sumar
cada vez para que te den tres pesos más, me parece que es un camino completamente
equivocado, cumple criterios de eficiencia productivistas, pero no cumple criterios para los
que es la ciencia social que es explicativos, interpretativos, creativos, etcétera” (Sefchovich,
en entrevista, 2013).
Lo que describen Girola, de la Garza y Sefchovich, nos demuestra, como lo hemos venido
corroborando con el porvenir de los años, un cambio de “estímulos intelectuales” (incluso
ideológicos) a “estímulos económicos”. Donde, por un lado, puede reducir el trabajo en
términos analíticos y restar profundidad a temas emergentes de determinados fenómenos y
contextos. Por otro, puede potencializar investigaciones, así como grupos de trabajo (en
distintos niveles) que contribuyan a una mayor clarificación de los hechos, dados de manera
gradual y causal (nunca casual) y formar “líneas de trabajo” que vinculen pasado, presente
y posible futuro. Como menciona Castañeda (2004: 237-238), el problema es de
predictibilidad, no de profetismo.

A nuestro parecer, una posible figura para abarcar los problemas teóricos y prácticos que
encierra una comunidad científica es la conformación de una contra-comunidad científica;
es decir, siguiendo con las características anteriormente señaladas, desde los aportes de
Kuhn hasta el proceso de internacionalización de la ciencia y la conformación de una
cultura científica, que pueda generarse bríos de investigación científica a contracorriente de
las exigencias de una comunidad establecida. En este espacio existe “más libertad”, pero así
119
mismo más rigurosidad en el proceso de construcción del conocimiento. De igual forma la
charlatanería, la pedantería y el conformismo quedan reducidos a un nivel tan bajo que
puede modificar, para bien (sin olvidar los conflictos internos y externos), los lazos entre
los integrantes que la conforman. La distinción entre “consagrado” y “aspirante”, se vuelve
recíproca (simple formalismo) y, en el sentido original de la palabra, tutelar. La relación
cultura oral-cultura conceptual, se vuelve tan tenue que sólo lleva al fortalecimiento
profesional y humano. Aprovecha a su máximo nivel el legado histórico de la ciencia y los
aportes otorgados por el avance de las tecnologías de la información y la comunicación.

En la contra-comunidad, encontramos un punto de abducción (en el sentido que le otorga


Charles Pierce) entre la comunidad virtual y la comunidad real descrita por Girola. Lo
económico queda subordinado a lo científico-disciplinario. Es consciente de la desigualdad
entre las áreas de conocimiento y la inconmensurabilidad paradigmática de la ciencia en
general. Sociológicamente hablando, sus integrantes deben sentar postura como “sujetos-
objetos”. Desconocemos ejemplos materiales de este tipo de comunidad, no la ubicamos
como una utopía o distopía, sino como una propuesta: “un proyecto a construir”.

Por lo tanto, al ritmo que se está llevando, probablemente desaparezca el “tiempo para la
innovación”. De igual forma, la sensación y el sentimiento de derrota referidos son retos a
superar cognitiva y socialmente. Uno pensaría que, en efecto, ante la abundancia de los
estímulos económicos en los últimos años, explicaría dicha situación: todo lo contrario. El
campo de batalla en la lucha por recursos se ha vuelto tan estrecho que, como en el sistema
capitalista global, sólo queda en unos cuantos o “más importantes”. Como hemos visto en
el caso del paradigma y la comunidad científica el sentido humano es necesario para
enmendar dicho fenómeno. Las discusiones anteriores, como veremos a continuación,
forman parte de la dinámica del desarrollo de la sociología en nuestro país.

120
Capítulo Cuatro

¿Sociología en México o Sociología de México? Una propuesta alternativa

Si simón significa sí y nel significa no, ¿qué significa simonel?


Roberto Bolaño, Los detectives salvajes

Sería fácil responder a la pregunta que inicia este capítulo o propiamente contestar sobre la
existencia de una sociología mexicana con un simple y llano sí o no, recurriendo a los
tópicos que hemos señalado (ciencia, modernidad, especialización y disciplinariedad;
paradigma o comunidades científicas). Para responder afirmativa o negativamente, se
requiere un esclarecimiento que lleva, en sí, la propia pregunta. Si existe, ¿Por qué existe?
¿En qué consiste?, así mismo; si no existe ¿Entonces, qué existe? ¿Por qué no existe? ¿De
qué hablamos, cuando hablamos de sociología mexicana? Nuestras inquietudes pueden caer
en cierto ontologismo, pero las extrapolamos a la reflexión epistemológica.

Quienes como nosotros, pretenden analizar los contextos sociales de formación del
conocimiento sociológico, en este caso, tienen la posibilidad de pensar lo Universal-en–lo-
particular, así como lo Particular-en-lo-universal (Wallerstein, et al, 2007: 92-97),
emancipándonos de esta forma de los “obstáculos epistemológicos” (Cfr. Galindo, 2006:
XXXV-XL; Luhmann, 2006: 5-21) que, finalmente, siguen siendo “aperturas
epistemológicas”. Es decir, dado que los obstáculos epistemológicos también sirvieron para
fundamentar su propuesta epistemológica, por ejemplo, a Bourdieu (2008a), es urgente
quitar aquellos obstáculos al sociólogo-investigador que busca aperturas dentro del campo
de su universo de estudio.

Era necesario rearticular los argumentos de nuestros entrevistados dado que este
cuestionamiento no únicamente depende de un determinismo lingüístico, tampoco se
inscribe netamente en los parámetros de regionalidad, límites geográficos, instancias
universitarias o —en el peor de los casos— nacionalismos académicos que, sin embargo,
siguen siendo retos para las ciencias sociales (Labrado Sánchez, 1994: 144). De igual
forma, sería reduccionista dar un “plumazo” a esta interrogante, todavía, cuando se trata de
una disciplina inquieta y cambiante como lo es la sociología en su afán de estudiar las
relaciones sociales de y en la “realidad social”.

Nuestra pregunta resulta problemática ante nuestro contexto social. Hoy día, como vimos
con antelación, podemos decir que vivimos en una era de la información, de la
“posmodernidad”, de la globalización, que lo único que hacen es ocultar un fenómeno del
cual seguimos sintiendo sus consecuencias con brutales modificaciones y que han ido
aumentando desde los años setenta: el neoliberalismo. Presentado por la dinámica única del
capitalismo en sus formas salvaje, industrial, “sostenible”; al final, capitalismo. Es decir,
apresuradamente podemos hablar de una sociología posmoderna, globalizada e incluso
neoliberalizada. Como vimos desde el primer capítulo, la sociología, sea la denominación
121
que se le dé a la realidad sociohistórica del momento, busca explicarlas en sus causas y
efectos.

Por tales motivos, la sociología en este clima “moderno”, debe de hacer explicita que,
aunque no sea de manera intrínseca o directa, todo fenómeno social está relacionado a una
dinámica capitalista. ¿Hasta qué punto, en México, la sociología ha estado inmiscuida en
estos procesos? Lamentablemente, por las respuestas y el estudio que realizamos, la
injerencia de la sociología se da de manera circunstancial. En este sentido, como ya vimos,
se puede poner el ejemplo histórico de las dictaduras militares latinoamericanas a partir de
los golpes de Estados durante las décadas de 1960-1970. Los gobiernos de Margaret
Thatcher en Inglaterra (1979-1990) o Ronald Reagan en Estados Unidos (1981-1989), la
represión a los movimientos de liberación nacional o, como en los últimos doce años ha
estado presente en México, el asesinato de migrantes, los feminicidios al interior del país o
la desaparición y muerte de estudiantes, periodistas y activistas sociales.

Estos fenómenos hablan de la victoria del neoliberalismo a nivel ideológico; como vimos
en el capítulo anterior, hoy vivimos una victoria neoliberal dentro de la academia. Modelos
Educativos Flexibles, Emprendurismo universitario o Competencia “sana” son algunas
frases o denominaciones de este sistema. En efecto, ante estos hechos existe un interés
monetario; un interés capitalista. Por antonomasia el capitalismo es violento, todavía
cuando se pretende que una sociedad ―como la mexicana― llegue a ser “moderna”, sea en
sus dimensiones materiales o abstractas. Así lo describía Marx en El capital: “La violencia
es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva. Ella misma es una potencia
económica” (Marx, 1979: 940; cursivas en original). Como señala Sayak Valencia Triana
(2012), en México predomina un capitalismo gore. 49

En los científicos sociales mexicanos ha existido mucha tibieza al tratar de auscultar estos
fenómenos sociales e históricos, más al interrelacionarlo con el desarrollo de su propia
disciplina, con la justificación de recabar datos e información “más precisa” y dar una
interpretación “más crítica y fundamentada”. Implícitamente se correlaciona y se entiende
el porqué del retorno (como hemos dicho anteriormente) al análisis de la modernidad y sus
estudios posteriores.
49
Basando sus aportes en los trabajos de Giorgo Agambe Judith Butler entre otros autores, Valencia
Triana denomina capitalismo gore (slasher capitalism) de la siguiente forma: “una transvalorización de
valores y de prácticas (económicas, políticas, sociales y simbólicas) que se llevan a cabo (de forma más
visible) en los territorios fronterizos y vulnerabilizados de todo el orbe; donde es pertinente hacerse la
siguiente pregunta: “¿Qué formas convergentes de estrategia están desarrollando los subalternos —
marginalizados— […] bajo las fuerzas transnacionalizadoras del Primer Mundo?”. Nos oponemos a una
respuesta simplista donde se criminalice per se a los vulnerabilizados. Proponemos, en cambio, que el
ejercicio de este tipo de economía que reinterpreta el concepto de trabajo de manera distópica, está
emparentada también a una serie de factores: demandas excesivas de hiperconsumo dictadas por la economía
global, remanentes coloniales, construcción binaria del género y ejercicio despótico del poder por parte de
gobiernos corruptos y autoritarios que desemboca en una creciente necropolítica” (Valencia Triana, 2012:
84).
122
Como anotamos desde el primer y segundo capítulo, con el avance del siglo XXI, la
sociología, así como las demás ciencias sociales, tienen la necesidad de repensarse
(autorreflexionar) ante nuevos fenómenos coyunturales cargados de contenidos históricos
del siglo pasado.

Es decir, cerramos un ciclo con bastante reflexión disciplinar y disciplinaria a nivel local y
global y arrancamos este siglo con una forma de reflexión sin límites académicos o
institucionales. Las agendas de las empresas transnacionales y de las universidades globales
se incorporaron pronto dentro de las pequeñas agendas de la micro-empresa y las
instituciones nacionales con sus respectivas políticas estatales. Por lo cual, existe, en efecto,
un énfasis indirecto ante estos hechos (puesto que no los ignoramos) en nuestra pregunta.

Sara Sefchovich, fue la única de nuestros informantes clave, que de manera explícita se
acerca a esta perspectiva, nuevamente, vinculándolo con las problemáticas más inmediatas
y la imposibilidad de generar teóricamente explicaciones más concretas. Quizá, se
concatene con el hecho de la dificultad de entender estos fenómenos en otras altitudes y
contextos sociopolíticos distintos al nuestro; al respecto, dice:

“Lo que pasa es que las ciencias sociales siempre interpretamos a posteriori, no es que la
realidad nos está desbordando e interpretamos con los elementos que tenemos. De ahí es lo
que hoy estamos creando. Nunca puede ser igual la violencia de hoy que la de ayer, como no
lo será igual que la de mañana. La familia; la constitución de la familia, por decir. La manera
en que entendemos los movimientos sociales. Entonces, podemos utilizar del ayer elementos
para la compresión del hoy. Pero el hoy no está concebido en la manera que lo entendimos
desde ayer.

Entonces esa reinterpretación no es que nos desborde, es que no la conocemos y es lo que


intentamos hacer. El miedo a no entenderlo nos hace decir que “es que no es igual, es que ya
nos desbordó, es que ya hay más violencia que ayer”. Simplemente son situaciones distintas
que han crecido por las condiciones particulares del país, por los cambios materiales reales
que ha habido en el país. Los cambios sociales reales de cualquier país, no nada más de
nosotros, pero estamos hablando del nuestro. Pero como no sabemos cómo interpretarlos
siempre decimos “lo que pasa es que nos desbordaron”. No, son distintos. Que también tienen
raíces iguales. Justo la creatividad de la que yo hablo todo el tiempo, tiene que servir para
entender lo permanente, lo diferente, las rupturas, las resistencias, sino, no podemos. Si
nomás queremos basar sólo en una “súper- teoría” que lo explique todo, eso no es cierto”
(Sefchovich, en entrevista, 2013).

El análisis de la realidad no es exclusivo de una sola visión disciplinaria, como hemos


dicho, esto es una idea absurda. El hecho de que una sola lectura determine el conjunto de
relaciones causales (política, económica, cultural o social) en la realidad es muy peligroso.
Las aperturas disciplinarias no sólo se dan bajo un objeto de estudio, sino que el propio

123
momento histórico las dota de contenido y es ahí cuando la conjunción conocimientos es
posible.

Derrota y jinetes del apocalipsis


Ya no eché de menos el camino, monteavideano y consabido,
de vuelta a casa. En la nueva ciudad había nuevos derroteros.
Derrotero viene de derrota, ya lo sé. Nuestra derrota no será
total, pero es derrota. Ya lo había comprendido, pero lo
confirmé plenamente cuando di la primera clase.
Mario Benedetti, Primavera con una esquina rota

Las afirmaciones anteriores pueden caer en una suerte de “ideologismo” como la pregunta
sobre la existencia de una sociología mexicana. Es decir ¿Qué tiene que ver estos
fenómenos con que exista o no exista una sociología mexicana? Hugo Zemelman,
complementado su noción de sujeto, potencia e historia, nos brinda algunas pautas para
poder seguir problematizando nuestra pregunta y articular algunas alternativas que vinculan
tanto el quehacer y el no-quehacer de los intelectuales en América Latina, con los
acontecimientos sociales acaecidos hoy día. Aunque lo decía en 1994, la idea sigue vigente:
«[…] los intelectuales en este momento están mostrando cabalmente una suerte de falta de
compromiso ante el compromiso mismo de conocer la realidad, lo que contribuye a generar
toda suerte de nihilismos y derrotismos […]» (1994a: 12). Más que hablar propiamente de
ideologismos, lo que hoy perdura dentro de los recintos académicos es el derrotismo.

En ese tiempo Zemelman lo vinculaba con la caída del muro de Berlín (1989) y del
socialismo soviético (1991), pero ahora podemos vincularlos con fenómenos como la crisis
financiera de 2008, la crisis política en Ucrania (que demostró los intereses geoestratégicos
tanto de Rusia y Estados Unidos), el retorno de la violencia en México y el resurgimiento
de las autodefensas, así como el triunfo de las reformas estructurales (de corte neoliberal),
entre otros muchos. En otras palabras: «[S]on algunos de los profundos y cruentos cambios
que estamos viviendo contemporáneamente y para los cuales se reclama una nueva visión y
reflexión de la ciencia, de las disciplinas científicas, así como de los profesionistas para que
se constituyan en profesionales sobre las nuevas realidades» (Silva Ruiz, 1994: 234).

En este clima de incertidumbre, la sociología y los sociólogos en nuestro país, no están


haciendo nada frente a la coyuntura; no a corto plazo. Al parecer a ellos y a otro tipo de
especialistas, les resulta ajeno. Véase, por ejemplo, nuestras publicaciones académicas en
los últimos doce años. La razón es muy sencilla: es cosa de periodistas, ensayistas,
escritores o historiadores. Como vimos antes, a pesar del avance informático, suelen llegar
muy tarde o de llegar en el momento, se queda en coloquios, conferencias y “amables”
visitas de funcionarios.

124
No es gratuito que Zemelman afirme que las ciencias sociales en América Latina, como
otras regiones del mundo más “desarrolladas”, estén derrotadas como consecuencia de esta
falta de compromiso de los científicos sociales sobre lo que les rodea y les incube:

«¿Qué es lo que nos impide hoy actuar con energía? ¿Qué es lo que explica que hoy tanta
gente en América Latina se sienta derrotada? Para empezar, la intelectualidad de estos países
está derrotada, y esa derrota, esa sensación de derrota se está transmitiendo a las nuevas
generaciones. En lugar de asumir sus errores, de asumir sus culpas, pero no en un sentido
simplemente ético sino histórico. Se deben reconocer los errores cometidos en el pasado:
¿por qué se fracasó en tantos frentes, en tantas coyunturas que dejaron pasar? ¿Por qué
ocurrió lo que ocurrió? Éstas son preguntas que las ciencias sociales no se están contestando,
ni siquiera planteando» (Zemelman, 2004: 92).

Una vez más, no es de sorprenderse que los analistas de la modernidad (y los de la


“posmodernidad”) concluyan en sus estudios que lo que hoy predomina es la centralidad en
el individuo. Pasamos de seres humanos a individuos y dejamos de ser sujetos. Lo mismo
desde la perspectiva teórico-epistémica. Así, las ciencias sociales latinoamericanas dejaron
morir la teoría de la dependencia, del desarrollo, ¡de la modernización! ¿Dónde quedó la
Investigación-Acción-Participativa? ¿Dónde quedó el colonialismo interno? ¿Dónde queda
México y sus sociólogos en este mapa? Nuevamente, en los recintos académicos de
excelencia y en libros abandonados en las bibliotecas (Bautista Jiménez y López Cano,
2013). Los ideologismos (derrotismos), entonces, son otros, los que Zemelman llama con
toda congruencia, Los jinetes del apocalipsis:

«El miedo, pero antes que el miedo, la ignorancia. La ignorancia, el miedo, el miedo que nace
de la ignorancia, la ignorancia que genera la apatía, la apatía que genera el aislamiento, el
aislamiento que lleva a las personas a replegarse en sí mismas y a exaltar, a veces, con
psedodiscursos teóricos, el repliegue a las relaciones primarias. Esos son ideologismos que
no enfrentan el problema de fondo, que es el repliegue del individuo a sí mismo» (Ibídem:
93).

Los argumentos de Zemelman, han sido difícilmente digeridos por la comunidad académica
en sociología ―todavía si se encuentra enraizada en el modelo hipotético-deductivo― pero
nos dan un estímulo para poder contestar esta pregunta. La razón es por demás conocida:
los discursos y exposiciones sobre la sociología como científica y empírica, cuando no se
da el manejo correcto, tienden a generar una sensación de aburrimiento, soez e incluso
sueño. Resulta problemático que hoy día se siga creyendo que por cada disciplina deba de
existir un tipo de ciencia (González y González, 2005: 41-42; Cfr. Gil Anton, 2004); es
decir, todavía ―a la fecha actual― se sigue creyendo en la “pureza científica”.

Así, quienes, como Zemelman (quien sin olvidar la fundamentación científica), se remiten
de forma crítica a la experiencia, mediante discursos provocadores y de lenguaje formal
(más allá del sentido común) ligados a las humanidades (“la función epistémica del
125
humanismo” como vimos en el capítulo uno) generan empatía, enojo, creatividad e
interrogantes nuevas. Dado que la creatividad y la innovación son procesos posteriores al
de la reflexión, frente a la derrota y los jinetes del apocalipsis, es necesario recuperar la
noción de sujeto. Estos sujetos se movilizan de manera inter y trans comunitaria, en un
espacio diferenciado del resto de las demás disciplinas científicas y que generan sus propias
dinámicas de desarrollo institucional y profesional. Partir de aquello que da coraje antes
que de dictámenes de una instancia gubernamental.

Institucionalización y profesionalización

En este punto, la noción de institucionalización es necesaria para comprender el desarrollo


de la sociología en nuestro país, aunado al de profesionalización, entendidos de forma
conjunta. Las maneras de organizar estos dos procesos han sido variadas, dado que la
literatura es por demás abundante; puesto que, no sólo involucran la cuestión educativa,
sino de igual forma los medios de financiación y los recursos materiales e intelectuales
dotados y esperados.

La institucionalización y la profesionalización, gramatical y administrativamente, están


cerca, obviamente, de instituto y profesión, aunque no apegados a los tipos ideales
weberianos50. La primera implica un desarrollo conjunto con la historia de la universidad,
sea a través del modelo por facultades (hace más de 500 años) o por departamentos
(generados desde el siglo XVII), que logró un reconocimiento social y político al generar
los marcos para los “nuevos” ciudadanos e intelectuales; las cuales, como ya se ha visto,
serán categorías sociales del proyecto de la modernidad. De esta forma, las profesiones
serán parte de este proyecto (Fernández Pérez, 2007: 15-17; Hoyo Medina, 1994: 93-94;
Pacheco Méndez, 2005: 134-138).

Así, en segundo lugar, detrás de cada profesión habrá una institución que la avale y existirá
un compromiso social con ésta (Chauca Malásquez y López Paniagua, 2008: 64) y en la
cual, en nuestro caso, hará al científico social parte de la vida social (Friedson, 2007b: 64).
Por lo tanto, los procesos de institucionalización y profesionalización son ejercicios de
autorreflexión, dada su naturaleza histórica. En consecuencia, al mismo tiempo que se
reconoce el valor, como conocimientos modernos (aunque no de su estatuto científico o
epistemológico), de las ciencias sociales, inicia una profesionalización del saber; es decir:
«[…] la creación de instituciones permanentes destinadas a producir nuevos saberes y a

50
Weber define a una institución (Anstalt) como: «una asociación cuyas ordenaciones estatuidas han
sido “otorgadas” y rigen de hecho (relativamente) con respecto a toda acción que con determinadas
características dadas tengan un lugar en el ámbito de su poder»; por profesión: «se entiende la particular
especificación, especialización y coordinación que muestran los servicios prestados por una persona,
fundamento para la misma de una probabilidad duradera de subsistencia o de ganancias» (Weber, 2005: 42,
111).
126
reproducir los productores de estos saberes (Gómez de Benito y Sandoval Manríquez,
2004: 25).

Como vimos en el capítulo anterior, al igual que en la acotación administrativa sobre qué
disciplinas deben ser consideradas como ciencias sociales, sobresale aquella respecto a
¿Cuáles disciplinas deben considerarse como profesiones? La respuesta específica no se
responde. La razón, como también vimos en capítulo uno, radica en el hecho de que en las
ciencias sociales, propiamente en la sociología, los problemas a los que se enfrenta no están
estructurados sino más bien son: «[…] situaciones poco definidas o desordenadas debido a
la escaza institucionalidad de la propia realidad sobre la que se actúa» (Garza, 2008: 18-
19).

Por lo anterior, la acotación será de otra índole: «Los quehaceres de los profesionales de las
ciencias sociales y los objetos sobre los cuales es necesario realizar tareas determinadas son
conformaciones sociales, compuesta de sujetos colectivos e individuales que interactúan,
con intereses diversos y encontrados, y que además se mueven dentro de la esfera del
poder» (Villaseñor García, 1992: 70-71). Como también hemos dicho, la sociología puede
ratificar las posturas más alternativas o las más retrogradas, existiendo pugnas al interior y
su éxito o anulación (como saber académico) dependerá de una comunidad científica.

El énfasis y la tensión a la que aluden los trabajos que analizan la institucionalización y la


profesionalización de una disciplina, siempre son entre la docencia y la investigación. Se
puede decir que en la primera se fomenta una cultura oral; en la segunda, una cultura
conceptual. Como veremos en breve, ambos procesos se vinculan con una expansión a
nivel universitario mediante la creación de instituciones o centros de investigación y/o
docencia. Con esto, previa a su materialización:

«Una visión retrospectiva de las profesiones como prácticas institucionalizadas, así como del
proceso de profesionalización de la universidad, representaría un ejercicio de reflexión que se
vería muy beneficiado con la introducción de nuevos criterios de observación lo
suficientemente flexibles para trascender la descripción lineal, cuyo interés fundamental
estuviera a favor de un acercamiento novedoso y atento a los momentos de ruptura, de
contradicción y de innovación; en suma, criterios que permitieran identificar los rasgos y
comportamientos distintivos de cada momento en su evolución y actualización» (Pacheco
Méndez, 2005: 128-129).

El interés por la creación y desarrollo de los planes de estudios o programas de


investigación para su consecución aparece intrínseco a la institucionalización y la
profesionalización. Hoy, ante el aceleramiento de la globalización (y de las políticas
neoliberales ya señaladas), el impacto de las nuevas tecnologías (y las tecnociencias) y la
dinámica de “competencias” (como de colaboración), se forma una tensión entre el
ejercicio profesional y la formación profesional. En otras palabras, aumentan las demandas

127
normativas provenientes de los acuerdos comerciales (cuando debería ser de las demandas
sociales), incrementan la ya multicitada flexibilización laboral, y repercuten en los campos
disciplinares de cada profesión (Chauca Malásquez y López Paniagua, 2008: 55-58; Díaz
Barriga, 2005: 79 y 84; Gómez de Benito y Sandoval Manríquez, 2004: 19-20).

En el caso específico de los planes de estudio:

«[L]a presión que experimentan las instituciones de educación superior es: preservar el
sentido académico de la formación en la que siguen siendo un punto nodal los saberes
tradicionales de las distintas disciplinas (lo que es distinto de los «saberes básicos»). De esta
manera, escuchamos permanentemente en las discusiones de reformas de planes de estudio
que un egresado de determinada institución no se puede dar el lujo de no saber (o quizá
conocer) «tal tema»; un egresado necesita contar con estos fundamentos para poder
desempeñarse profesionalmente. Los saberes de la disciplina, en general los más
tradicionales, son los que se tienden a preservar en un plan de estudios» (Díaz Barriga, Óp.
Cit.: 82).

Sin embargo, un problema que se genera al dejar la profesionalización dentro del medio
académico, es el alejamiento con la realidad profesional (Ibídem: 80-81), generando una
“crisis de confianza en el conocimiento profesional”:

«[S]e debe, en buena medida, a que una parte de la investigación realizada por nuestras
instituciones y, por lo tanto, la docencia, se han distanciado de la práctica profesional y han
sido cada vez más determinadas por sus propias preocupaciones, las cuales, en muchos casos
no coinciden con las necesidades o intereses de la práctica profesional. Sin intentar abundar
en el problema, podemos decir que este distanciamiento es el resultado de una planta docente
que lleva muchos años dedicada exclusivamente a su trabajo universitario y con escasa
práctica profesional afuera» (Garza, 2008: 24).

Con estos criterios, la sociología aparece como fuerza de trabajo subjetiva con cierta
comodidad dentro del mercado laboral (dentro de la universidad y en diversos ámbitos
educativos), el salario representa un suplemento a la actividad intelectual del sociólogo y
mantendrá límites entre la producción, el consumo, el trabajo y la ociosidad: «[…] es el
trabajo realizado para uno mismo o para mantener su propia casa, el cual no lleva a ningún
intercambio o relación social» (Friedson, 2007a: 44).

Creemos, más bien, que los intercambios y relaciones sociales son de carácter endógeno,
superados con los elementos de competencia, comunicación, interacción e
internacionalización. A pesar de ello, ante la atención acérrima puesta en la investigación y
la docencia y el alejamiento con la realidad profesional, como apunta Eliot Friendson: «[…]
la inmensa mayoría de nosotros somos maestros de sociología, y no sociólogos» (Ibídem:
48). En algunos casos, la implementación de la perspectiva de la complejidad o las distintas

128
“disciplinariedades” han sido vías para la superación de estos dilemas y la incorporación de
nuevos problemas (Díaz Barriga, Óp. Cit. 84-86; Pacheco Méndez, Óp. Cit.: 143-147).

Alfredo Andrade Carreño (1998a: 35-75; 1998b) señala que el proceso de


institucionalización de la sociología en México, podría tener dos momentos: el primero
(con la fundación de la Escuela Nacional Preparatoria (EPN) en 1867) con los positivistas
mexicanos; el segundo con la fundación del Instituto de Investigaciones Sociales (1930) y,
sobre todo, en 1939 con la aparición de la Revista Mexicana de Sociología (período que
vimos en el capítulo uno, al saber las posiciones científicas con respecto a la disciplina).
Época que se caracteriza por la presencia de trabajos basados en la filosofía positivista y la
crítica humanista, y el cambio que sufre al incorporarse las posiciones empiristas y
científicas a la Revista. Este período se extiende hasta 1953 con la fundación de la Escuela
Nacional de Ciencias Políticas y Sociales (ENCPyS) y que marca la apertura del proceso de
profesionalización de la sociología en nuestro país, fecha que marca un hito para el análisis
de la modernidad teniendo como principal manifestación la publicación de La Democracia
en México de Pablo González Casanova en 1965, dando paso a la sociología crítica.

Como vimos en el capítulo dos, en el mismo año es cuando se celebra la polémica Kuhn-
Popper en Londres, la cual en los años 70’s se conocerá como la crisis de los paradigmas,
más cuando dicho término se acopló a las disputas (ideológicas) entre funcionalismo y
marxismo, ante su internacionalización y el auge de la teoría de la dependencia, lo que dio
pie a la etiqueta de la sociología latinoamericana. Este período se extiende hasta los años
90’s y que, bajo los argumentos de Andrade Carreño, se puede definir como la etapa de
especialización (que se vincula a la discusión que tuvimos en el primer capítulo) de la
sociología en México. La cual, se basa en la redefinición de consensos teóricos, la
disolución de paradigmas, la apertura temática, la implementación de criterios y evaluación
para las ciencias sociales (producto de los programas como el SNI entre otros) y el impacto
de las políticas neoliberales en nuestro país.

Él mismo dice que es una etapa de declive de la formación profesional de los sociólogos
mexicanos:

«[…] se relaciona tanto con la agudización de los desequilibrios institucionales, la


reorientación neoliberal de las políticas públicas y la contracción del mercado de trabajo,
como con la escasa fundamentación teórica en que fue adoptado. Pero sobre todo se relaciona
con la débil forma en que se pretendió resolver la exigencia de asumir compromisos radicales
con la fundamentación científica en un contexto social e institucional que privilegiaba el uso
instrumental del conocimiento» (Andrade Carreño, 1998a: 72-73).

La tarea de la sociología se tornaba de otra forma pues, como también él mismo señala,
significó un viraje sumamente importante en la dimensión teórica:

129
«[L]a introducción de nuevas formas de problematización; la ampliación de los aspectos y
niveles de la realidad considerados; la incorporación de nuevas categorías y la reelaboración
de aquellas aportadas por las tradiciones; el impulso de la discusión intra e interparadigmática
con base en la consideración de los nuevos aportes y de cuestionamiento de los precedentes»
Andrade Carreño, 1995: 163).

En entrevista, sólo actualiza sus investigaciones:

“Cuando se institucionaliza la sociología en nuestro país en el Instituto de Investigaciones


Sociales y se crea la Revista Mexicana de Sociología en 1939, es inmediatamente un “foro
latinoamericano”. La Revista Mexicana de Sociología es la revista histórica por excelencia en
el desarrollo de nuestra disciplina creada en el 39', es un esfuerzo de difusión de las
investigaciones de los académicos del Instituto de Investigaciones Sociales, pero al mismo
tiempo es un foro de comunicación entre intelectuales latinoamericanos ligados con la
sociología y Lucio Mendieta y Núñez, inmediatamente lo convierte en un órgano de
comunicación latinoamericana. La Revista Mexicana... y el Instituto de investigaciones
Sociales son foros que van a facilitar pronto la comunicación entre la difusión de ideas de
intelectuales latinoamericanos que también están interesados en la sociología. La Revista
Mexicana de Sociología, a pesar de su nombre, en las primeras décadas es un foro
latinoamericano y esto posibilita que haya una rápida comunicación de lo que se está
desarrollando en ese proceso de institucionalización de la sociología en nuestro país.

[…] La importante comunicación que hay de los foros académicos en nuestro país a través
del contacto con comunidades norteamericanas, sobre todo con comunidades europeas y
latinoamericanas, entonces, el pasaje de ideas es muy importante. Si bien, el clima ideológico
que era una confrontación entre socialismo-capitalismo, y si bien las sociedades con respecto
a sus respectivos gobiernos se ven presionados a tomar definiciones en ese dualismo —ese es
el contexto de la guerra fría. Los entornos académicos, las universidades son espacios
plurales y que posibilitaron la amplia difusión, si bien había posicionamientos frente a este
dualismo, también hay una exploración de otros discursos y uno puede ver la labor aplicada
en aquella época, hay un interés por esas teorías y corrientes que hay. Probablemente, la
agudización de la guerra fría, la agudización de las políticas represivas en América Latina, la
generación de golpes de Estado, la pérdida de democracia en muchos de esos países, genera
que hacia finales de los 60's, pero sobre todo a inicios de la década de los 70's esa
confrontación de socialismo-capitalismo se vea radicalizada, se vea fuertemente ideologizada
y que haya provocado una disminución sobre todo de discursos intelectuales de la época”.

[…]

“Cuando la sociología se institucionaliza, tiene el inmediato compromiso…, cuando se


institucionaliza como una carrera universitaria, como una carrera que va a dar una formación
profesional a especialistas de este campo de conocimiento y que en su momento podrán tener
una vocación dedicada a hacer investigación científica. La sociología tendría desde sus
especialistas dos intenciones: formar profesionales, pero en su momento, también formar

130
científicos. Esa sociología que así se institucionaliza tiene como primer reto construir un
corpus intelectual, integrando un acervo que le da una identidad científica, y en su primer
momento hay una exploración de los acervos de conocimientos de la época, de acervos
humanistas, de acervos científicos, de acervos filosóficos para depurar aquel conocimiento
que debe contribuir a la formación de los científicos.

En ese momento estoy pensando muy claramente en la década de los 50's cuando se instituye
la carrera de sociología en esta Facultad [de Ciencias Políticas y Sociales], es cuando hay una
exploración por los perfiles que contribuyen a la formación de esa ciencia moderna del
momento. Y básicamente se hace una exploración para un entrenamiento de carácter
científico, en esa capacidad de manejo de esa información empírica que tiene como un
antecedente, quizá, en el positivismo, pero me refiero a que tiene que ver con la experiencia
del desarrollo de la ciencia moderna y de la investigación empírica, y otra parte, se trata de
cultivar un legado humanista, que es el núcleo de la filosofía. Entonces, [es] la primera
identidad de la disciplina, en ese afán de conciliar, de dar una formación humanista con una
formación empírica”.

[…]

“[T]engo la impresión que las primeras fases de institucionalización de una disciplina; de una
disciplina nueva posibilita que se destaquen trayectorias por la originalidad de sus
contribuciones, por la novedad de las contribuciones y porque —esa— la originalidad de las
contribuciones abre brecha en líneas de exploración; abre, traza vetas de exploración para las
siguientes generaciones y es muy probable que esto se recree con las generaciones
subsecuentes que pasan por esto que Bruno Latour llama “puntos de paso obligatorio” y
recrean, líneas; vetas de exploración ligadas a la trayectoria de los que hicieron esos trazos y
esto destaca la originalidad de precursores; del impulso de estas líneas de investigación.

Las siguientes generaciones, y conforme se consolida la institucionalización de una


disciplina, provocan que hayan una proliferación de líneas de exploración, de obra producida,
de interpretaciones, de lecturas que homogenizan los ámbitos académicos e institucionales; es
decir, las trayectorias de destacamento. También se estandarizan las formas de trabajo, los
programas de evaluación; los programas de estímulos contribuyen a esta estandarización,
entonces, generaciones después pueden optar menos esas trayectorias que se destacan.

También, al institucionalizarse las disciplinas, se generan circuitos de difusión de la


información y por [lo] tanto tenemos acceso a cada vez más acervos de información que
contribuyen a esta estandarización, entonces, quienes se destacan; se destacan por elementos
que refuerzan esa presencia dentro de marcos institucionales que tienden a estandarizarse y,
generalmente, la recontextualización de planteamientos conceptuales, de planteamientos
teóricos en marcos que rebasan el contexto de origen. La producción editorial, la traducción,
la difusión, contribuyen mucho a eso, posibilitan —entonces— que sean ciertas trayectorias
de académicos que tienen esa capacidad de ser leídos y recontextualizar sus planteamientos
hacia nuevos marcos de análisis” (Andrade Carreño, en entrevista, 2012).

131
Por su parte, Lidia Girola (1995: 142-147) ubica cuatro etapas en la conformación de la
disciplina en nuestro país, que involucra estos dos aspectos:

«la que podríamos llamar “de los orígenes”, desde mediados del siglo XIX hasta las dos o
tres primeras décadas del siglo XX; la segunda, “de la institucionalización incipiente”, que va
desde los fines de los años treinta hasta mediados de los sesenta; la tercera, “de la
institucionalización plena”, desde los sesenta hasta fines de los setenta; y la cuarta, “de la
profesionalización”, que abarca de comienzos de los años setenta a la fecha [1995]»
(Corchete agregado).

La etapa “de los orígenes”, según el aporte de la autora, la divide en dos sub-etapas. La
primera se distinguiría por ser inicial y por una cantidad de profesionistas no formados en
la sociología, pero interesados en las “cuestiones sociales”, como médicos, abogados,
ingenieros militares y gente de buena voluntad: protosociólogos. Personajes que se
inscriben en esta etapa son Gabino Barreda, Porfirio Parra, José María Vigil, Rafael de
Zayas o Antonio Escobar (Cfr. Cházaro, 1994; 1995). La segunda ocurre dentro de los
debates de intelectuales de la talla de Antonio Caso y Andrés Molina Enríquez, que se
fundamentaron en los principios historicistas como en lo referente con Caso y en el
naturalismo (positivista) en Molina Enríquez. En este período, se generarán sus primeras
obras tomando en cuenta sus cursos en la Universidad Nacional. En palabras de la autora es
una etapa magisterial.

La segunda etapa, se asocia a una época de creación material de instituciones como el IIS,
la publicación de la Revista y la fundación de la ENCPyS. A pesar de que existen los
primeros intentos de generar una comunidad de sociólogos, los primeros trabajos en esta
materia son dispares, a pesar del intento por definir el campo y objeto de estudio, dado que
no existe un criterio normativo que regule las prácticas recurrentes, estandarizadas y
generalizadas de sus integrantes. Un período de caos no es, dada la ebullición de reflexión,
análisis y debate en torno a los principios bases que debe existir en toda actividad científica
y humana. A pesar de ello, sería injusto no destacar la actividad intelectual y administrativa
de Lucio Mendieta y Núñez. Esta etapa se distingue por el predominio de tres fuentes
teóricas: el positivismo con sus variantes funcionalistas, el humanismo (propio y el
importado por los exiliados españoles, con la corriente hermenéutica e historicista) y el
indigenismo (Girola y Olvera, 1995: 70-76). A pesar de que en este período se den las
primeras traducciones de textos canónicos como Economía y Sociedad de Max Weber o El
Capital de Karl Marx, su recepción se dará hasta la cuarta etapa que destaca Girola.

La tercera etapa la caracteriza la autora, por la existencia de espacios físicos y simbólicos,


como la ENCPyS donde se imparte la carrera de sociología y donde se generan las primeras
generaciones de especialistas en sociología que, muy pronto, abrirán brecha en otras formas
de conocimiento e incluso serán pioneros en sus respectivas ramas: Ricardo Pozas
Arciniega y su esposa Beatriz Horcacitas, Fernando Cámara Barbachano, Francisco Quiroz
132
Cuarón, Raúl Benítez Zenteno, Fernando Holguín o Jorge Martínez Ríos (Arguedas y
Loyo, 1979: 21). A la fecha, es común escuchar estos nombres cuando se hacen las
remembranzas sobre los institutos, facultades y publicaciones de larga trayectoria. Si no se
toma en cuenta la historia de la fundación, tanto del Instituto de Investigaciones Sociales
como de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, sencillamente nos
quedamos sin historia; sin referentes obligados para entender el desarrollo tanto de la
sociología como de las ciencias sociales en nuestro país. Es de destacar el liderazgo
intelectual que tiene Pablo González Casanova en este período, tras su paso como director
en el Instituto y en la Escuela, así como la ya mencionada publicación de La democracia en
México.

La etapa “de la profesionalización” la distingue como resultado de las etapas anteriores.


Aquí, empieza a existir una apertura de la carrera en todo el país, así como de instituciones
de investigación social. A nivel teórico es el de mayor producción, dada la asimilación de
propuestas provenientes de regiones latinoamericanas, como la teoría de la dependencia en
su corte funcionalista (Cardoso y Faletto) y en su corte marxista (Marini, Dos Santos,
Bambirra). De igual manera, hay una recepción tardía del pensamiento de Max Weber
(Rabotnikof, 1995) y Durkheim (Girola, 1995) (Cfr. Girola y Zabludovsky, 1991: 35-42).
En este sentido, existe un incremento de la especialización temática y técnica como legado
del sociólogo alemán. Otra perspectiva, que destaca la autora, es en el hecho de un
incremento en los cuerpos académicos y en la docencia como consecuencia de trabajos (a la
fecha) más especializados y su divulgación, comunicación y socialización por medios
editoriales cada vez más rigurosos en sus protocolos de aceptación de trabajos.

Una tercera perspectiva, yace en la relación con el mercado laboral, hasta donde señaló
Girola, el trabajo de los sociólogos en las etapas anteriores se ubicaba dentro de recintos
universitarios. En nuestros días el mercado de trabajo del sociólogo se ha expandido a
lugares inhóspitos por lo cual, a la fecha actual, la vinculación de su pensamiento crítico y
su función instrumental dentro de una empresa o en el aparato estatal, ha sido tema de
estudio.51 En términos gramscianos, existe una disputa entre la actividad orgánica del
sociólogo tanto de “derecha” como de “izquierda”. En este sentido: «[…] muchos de sus
51
Como lo señala Cristina Puga (2012: 33) este fenómenos no es ajeno a las demás ciencias sociales: «[P]ese
a que algunos académicos destacados de las ciencias sociales han ascendido a puestos gubernamentales de
primera línea y a espacios mediáticos importantes, donde su opinión es escuchada y consultada con
regularidad, subsiste una resistencia institucional a incorporar el punto de vista de nuestras disciplinas como
una guía para la solución de problemas sociales. El empleo de sociólogos, politólogos y antropólogos como
encuestadores, recolectores de información o asistentes de legisladores es sustituido muy lentamente por su
incorporación a proyectos en donde su preparación es tomada en cuenta y aplicada a los procesos de toma de
decisiones. Al igual que sucede a nivel internacional, las ciencias sociales deben aún romper innumerables
resistencias, vencer la tendencia al empleo de ingenieros, abogados y administradores de empresas en las
agencias gubernamentales y lograr que el resultado de sus investigaciones sea aprovechado a tiempo y
reconocido por la sociedad». Asimismo, pone el ejemplo de figuras públicas de México como: Alonso
Lujambio, Leonardo Valdés, Marcelo Ebrad, Patricia Espinosa, José Woldenberg, Gerardo Estrada, Andrés
Manuel López Obrador, entre otros.
133
investigadores más reconocidos, en determinado momento de su carrera abandonan la
academia y se transforman en críticos culturales, en funcionarios, o en publicistas cuyo
discurso tiene como propósito más o menos evidente la legitimación de un proyecto
político» (Girola, 1995: 145).

Bajo esta línea de institucionalización y profesionalización que nos ha ofrecido Lidia


Girola, la pregunta inmediata sería ¿En qué momento vivimos hoy? Ante este
cuestionamiento nos contesta lo siguiente:

“[L]a profesionalización no es solamente salir al mercado y trabajar en lo que sea. Sino la


profesionalización es tener protocolos muy claros para el trabajo, tener redes de
comunicación estables, tener formas de publicar, tener revistas reconocidas donde el trabajo
académico y empírico se publique, todo eso es ser profesional. O sea, no es sólo el trabajo
profesional de que tiene un título y va al mercado y consigue una “chamba” y una “chamba”
en comunidades, una “chamba” en marketing o una “chamba” en lo que sea, no. Para mí, eso
no es la profesionalización nada más. Yo creo que ser profesional quiere decir tener
protocolos muy claros para el trabajo, me parece y eso se ha logrado con mucho esfuerzo en
los últimos veinte años.

[…]

[E]sta [etapa] es de profesionalización plena porque los sociólogos estamos ya muy


profesionalizados. Aunque está como en decadencia la imagen pública del sociólogo, pero
nosotros, por ejemplo, seguimos teniendo muchos estudiantes, muchísimos, más de los que
podemos tener realmente y ya está como muy protocolizado lo que se hace en sociología
rural, lo que se hace urbana, o sociología del trabajo, o sociología de la educación, o teoría.
Estamos como muy desarrollados en los campos, muy desarrollados y digo, ahora lo que falta
es el reconocimiento internacional y la autoconciencia que no siempre está.

Un grupo hizo un estudio, un diagnóstico sobre el Instituto de Investigaciones Sociales y


luego de este diagnóstico de cómo estaba la producción y cuáles son los problemas, los temas
y demás, lo remitieron a otro grupo para que hiciéramos una agenda de investigación para el
Instituto. Pues bueno, yo no le puedo ir a decir a Gilberto Giménez lo que tiene que estudiar,
pero sí hay ciertos problemas sociales que parecían que a ellos les interesaba estudiar y cómo
se podría, y de ahí salieron varias cosas importantes, pero una especial […], es que había
tantas publicaciones, que no pudimos hacerlo. Éramos un equipo como de cinco o seis
investigadores, estuvimos un año trabajando y no llegamos a ver toda la obra de los últimos
tres años y entonces uno dice: “¿Y por qué dicen que hay tanta revista, y tantas de esas cosas?
¡Por qué con toda la producción que hay!” Pero seguimos un poco con la colonización
cultural. Hay gente que sabe muchísimo de Bourdieu o de Luhmann o de lo que sea, pero no
sabe lo que produce su propia institución. Ninguneamos a los colegas” (Girola Molina, en
entrevista, 2013).

Ante el desconocimiento de nuestra propia producción, la ignorancia sólo provocará un


estancamiento teórico y un retraso de nuestras comunidades científicas. En ese sentido, no
134
podríamos hablar de integración académica, sino de subordinación institucional. A esto
súmese que la falta de formación, peor aún, una mala profesionalización puede conllevar a
un mundo intelectual mediocre y cobarde.

Fernando Castañeda (2004: 155-191) por su lado hace una interesante división de estos
procesos anteponiendo uno de “naturalización”, que abarcaría desde la fundación de la ENP
hasta la revolución mexicana en 1910 y una etapa “posrevolucionaria” que abarcaría desde
la publicación de la opus magna de Andrés Molina Enríquez, Los grandes problemas
nacionales en 1908, al igual que la creación de la Dirección de Antropología por Manuel
Gamio, y más adelante el Departamento de Asuntos Indígenas en 1917 hasta la fundación
del Fondo de Cultura Económica en 1940, contemplando en el mismo período lo del IIS y
la Revista, agregando la fundación del COLMEX (Casa de España en esa época) en 1938.

Castañeda invierte el proceso de institucionalización y profesionalización. Para él la


profesionalización estará antes, contemplando desde la fundación de la ENCPyS hasta la
publicación de obras fundamentales como La Democracia, sumado a la circulación de las
“Siete tesis equivocadas sobre América Latina” de Rodolfo Stavenhagen por medio del
periódico El Día en 1972 y la creación colectiva del libro El perfil de México en 1980 en el
mismo año. Obras que, como menciona, dotan de identidad a la sociología mexicana al
ofrecer —como en el caso de González Casanova— el concepto de “Colonialismo interno”
y criticar las corrientes de la época (como el desarrollismo, el funcionalismo y la teoría de
la dependencia); es decir, se suman con las demás obras generadas por sociólogos
profesionales. Ésta puede ser una respuesta, como vimos en el sub-apartado tres del
capítulo uno, del porqué los congresos de sociología en México desaparecen.

De esta forma, la fase de institucionalización-profesionalización abarcará desde la segunda


mitad de los años 70´s hasta los años 90’s del siglo pasado. Tiempo en el cual existe una
apertura de escuelas o facultades a los largo del país: en 1973 se crea el Centro de Estudios
Sociológicos en el COLMEX, en 1974 el Centro de Sociología (hoy Instituto de
Investigaciones Sociológicas) de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca
(UABJO), en 1975 el Departamento de Sociología en la Universidad Autónoma
Metropolitana unidad Iztapalapa (UAM-I), en 1977 la Facultad de Sociología en la
Universidad Veracruzana (UV), a los cuales se suma la historia particular de cada
universidad, sin embargo, la desigualdad en docencia e investigación con respecto al centro
del país, como demostramos en el capítulo anterior, sigue latente hoy día.

A esta etapa se le agrega la crisis identitaria de la sociología, como discurso científico e


ideológico, el impacto de la sobreideologización y la desestructuración de los discursos
radicales como el marxismo y el funcionalismo (a los cuales se puede agregar, como vimos
en el capítulo dos, el posmodernismo, el neocontractualismo, la elección racional, el
pensamiento complejo, entre otros) y, como también dijo Girola, la recepción tardía de la

135
obra de otros clásicos como Weber. De esta forma de los años 90’s a la fecha, vivimos una
época de “solidez académica”. Esto lo desarrolla con más atención a continuación:

“Me parece que era necesario construir un debate sólido para entrar a las discusiones de que
si hay sociología mexicana, si no hay sociología mexicana y qué es esto. Yo creo —y lo
sostengo allí (en el libro La crisis de la sociología académica…)— incluso uso a Octavio
Paz, que me parece que Paz en su [Introducción a la] historia de la poesía mexicana,
describe muy bien el problema. Yo creo que uno de los problemas de la cultura, de la poesía,
de la literatura, de la ciencia, [de las ciencias] sociales o naturales, o como le quieran llamar,
es que prácticamente todos son discursos importados.

Entonces, uno de los problemas que tuvieron fue —lo que yo llamo— la “naturalización del
discurso”. Para mí, en términos de sociología, no fue Comte el que naturaliza el discurso
sociológico, porque ni Comte era precisamente un sociólogo, ni realmente Gabino Barreda
dice muchas cosas muy sólidas sobre esto. A mí me parece que el primer esfuerzo de hacer
eso sólido —si ustedes hacen estudios al respecto, se van a encontrar muchos textos ahí
perdidos— pero el primer libro sólido sobre esto, en el sentido de decir ¿Y dónde queda
México en este mapa de las ciencias sociales? Es La evolución política del pueblo mexicano
de Justo Sierra, allí es donde él quiere interpretar a [Herbert] Spencer y al positivismo, pero
sobre todo el positivismo spencereano, y lo quiere llevar a México y establece un diálogo de
en dónde está México. No aplica simplemente la visión spencereana de la sociedad moderna,
sino que entra en un intento de diálogo entre la sociedad mexicana, y es el primer esfuerzo de
cambiar.

Después [Andrés] Molina Enríquez igual. El lenguaje de Molina Enríquez es muy divertido:
“Los mestizos; los criollos son superiores en esto, pero los indígenas superior en esto”. O sea,
es un autor muy curioso, porque está tratando de resolver el dilema desde los discursos que
está importando, dialogando con esa realidad; encontrar su mapa, mapear a la realidad
mexicana dentro de esto [y] encontrar esto y yo es lo que veo en diferentes autores
mexicanos. Y lo veo sobre todo en un texto que me parece fundamental que es La
democracia en México. Creo que La democracia en México es un texto muy importante. Yo
tengo otro artículo sobre La democracia... [“La democracia en México de Pablo González
Casanova”] donde soy más positivo que allí [La crisis de la sociología académica...]. Porque
allí no me estaba interesando esto, el libro tiene muchos problemas y muchas preocupaciones
teóricas y de repente están mal desarrolladas. El libro de La democracia en México yo lo usé
para hacer un análisis de las tradiciones de conocimiento”.

[…]

“En México, todavía nuestra sociología está impregnada de discurso políticos y me burlo de
algunas cosas, decían: “La democracia en México anunció el 68'”, bueno, es patético, es una
tristeza horrible, porque primero habla de que nunca leyeron La democracia en México.
Mucho de lo que yo digo de los que han escrito sobre La democracia en México, es que es
obvio que no lo leyeron, que viven de ciertas ideas en el ambiente, y que se atreven a escribir
textos y cosas sobre esto. Primero no lo leyeron, y sobre todo el ejemplo más típico es éste
136
que les digo del 68'. Por ejemplo, La democracia en México, sí, y yo en este otro texto hago
un elogio a Pablo González Casanova a su noción de “Colonialismo interno”, La democracia
en México, sí anunció, por ejemplo, el movimiento zapatista, a pesar de ser tan tardío ¿Por
qué lo anuncia? Porque él plantea una cosa que es muy interesante —yo creo que es una de
sus grandes aportaciones— lo plantea, es muy intuitivo, es muy sistemático ¿No sé si muy
sistemático? ¿Si ustedes lo han escuchado hablar? Lo han oído hablar [Gesticulado la voz]
“Hay una idea”. Entonces, es muy intuitivo, tiene una gran intuición, es un hombre
excepcional.

Pero son sus intuiciones, no es muy sistemático, cuesta mucho trabajo leerlo y sacar las cosas
positivas de él. Una de ellas es su concepto de “Colonialismo interno”, porque entiende un
dilema que en ese momento la modernización había ocultado realmente y que no aparecía
como problema en el proyecto de modernizador del priismo y de esa época, sobre todo en los
años 40's y los años 70´s y que va a terminar estallando después y que hoy se vuelve un tema
de todo el mundo: el problema del multiculturalismo. El problema de que la modernidad no
tiene una respuesta clara a aquellas otras culturas, que, a lo mejor son en parte modernas,
pero que violentan muchos de los elementos de la modernidad. Y esto es lo que él entiende
muy bien.

Esto es algo que los románticos alemanes entendieron muy bien. Yo en otro ensayo lo
comparo con el texto de [Marshall] Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire, con la
tradición romántica y su crítica a la tradición y a las culturas tradicionales contra la
modernidad, al pensamiento de Luckas, al pensamiento de Luhmann, porque son pensadores
que se dieron cuenta que la modernidad tiene ese carácter inconcluso; inacabado. Es lo que
llamaba Luckas “lo orgánicamente irracional”. [Pablo González Casanova] entiende eso de
una manera intuitiva con el concepto de colonialismo interno y ahí me parece que La
democracia en México se vuelve un texto clásico, porque nos plantea algo —a nivel de
América Latina— que se coloca en un terreno de todas estas reflexiones sobre la modernidad,
no de la modernización, sino de la modernidad, por eso creo que es un gran texto.

Pero bueno, y es un gran texto porque construye un programa para la sociología y creo que la
sociología mexicana, finalmente se institucionaliza ahí, y tiene que ver mucho la facultad;
esta Facultad [de Ciencias Políticas y Sociales] de la UNAM, el Instituto de [Investigaciones]
Sociales. Hay otra realidad que favorece el desarrollo del discurso de pares, aunque siempre
con estas ambigüedades. Nunca llega a ser bien de pares. No es un discurso entre pares, es un
discurso de mitos y de sacerdotes, pero bueno, va construyendo un programa, una serie de
programas de investigación, que creo que es lo que hace, así es como veo la construcción y
ahí empiezo a ver una sociología mexicana con otro tipo de preocupaciones, ya más
enraizada, aunque tiene todo este bagaje que yo cuestiono, de que tan sociología es y todo
esto, por su carga ideológica.

Yo creo que en los últimos años esto ha mejorado muchísimo, hay mucha más solidez
académica, mucho más trabajo empírico, mucho más investigación, muchas más
problemática, mucha más diversificación de la sociología, y esto da otro carácter y quizá

137
permite más diálogo entre pares. Ya hay menos gurús, aunque todavía vivimos con el mito de
Don Pablo, que lo sacamos así y a sus 90 años. Porque es el único. Cuando alguien
[pregunta] ¿Quién es el sociólogo mexicano? ¡Pablo González Casanova! No hay otro porque
se fue construyendo un discurso de pares donde este juego de mitos y todo, no ha construido
un nuevo mito. A lo mejor por ahí está Roger Bartra, también ha sido allí una figura clave,
pero incluso él se ha desdibujado y no sé, [Rodolfo] Stavenhagen, Stavenhagen se desdibujo
completito, porque se metió a la grilla, a la grilla nacional-internacional y la verdad yo no
creo que hoy alguien vea a Stavenhagen como un gran líder, siguen convocando por la misma
razón, porque son figuras míticas de los 60's, pero ya no tienen el mismo alcance del que
tiene Don Pablo” (Castañeda Sabido, en entrevista, 2012).

En términos de materialización de un recinto, los tres comparten la creación de la ENP, el


IIS, la ENCPyS y las escuelas y centros de investigación en sociología en los años 70’s. En
términos de publicación aparecen constantemente Los grandes problemas nacionales de
Molina Enríquez, la fundación de la Revista Mexicana de Sociología y La Democracia en
México de González Casanova, puesto que después de esta obra existe una apertura
temática y, como vimos en el primer capítulo, una especialización de la sociología. Aunque
las disputas varíen, se encuentran entre el perfil científico e ideológico, como el humanista
y el crítico, sobre todo entre marxismo y el funcionalismo. Sin embargo, en lo que
corresponde a los procesos que nos interesa, no existe un consenso (ni tácito, ni de palabra)
sobre los procesos de institucionalización y profesionalización de la sociología en nuestro
país. Esto lo resumimos en el siguiente diagrama (ver página 139).

En términos de temporalidad, como puede observarse, la mayor parte de los procesos de


profesionalización e institucionalización son estrechos e, incluso, inician formalmente a
partir de la fundación de la ENCPyS. Lo cierto es que a finales de los ochenta y principios
de los noventa, no hay fenómenos significativos que marquen el desarrollo de la sociología
en nuestro país, comprobando, en efecto, el avance del neoliberalismo en nuestras
instituciones en términos académicos. Esta falta de eventos significativos no es en relación
a su ausencia, sino a la proliferación de material bibliográfico y la apertura institucional, al
menos en los últimos veinticinco años. Aunque todavía queda la duda, ante la ausencia de
este consenso, sobre la etapa que vivimos hoy en día en nuestra disciplina. Por lo tanto, esta
ausencia también se relaciona con la problemática sobre la existencia de una sociología
mexicana.

138
139
Laberinto de sociología

Lo anteriormente expuesto nos puede ayudar a responder a nuestra pregunta inicial, pero al
mismo tiempo destacar cómo se ha desarrollado la sociología “en” nuestro país. No
obstante, la pregunta directa sobre la existencia de una sociología mexicana queda todavía
pendiente y como se constatará a continuación, es conflictiva. Por ejemplo, si como afirma
Fernando Castañeda (2004: 306) para cerrar su libro La crisis de la sociología académica
en México, que: «La sociología mexicana, para desarrollarse, debe construir una identidad
propia, independiente de la sociedad y del Estado», quitaría materia prima para posteriores
análisis, no sólo propiamente de la sociología, sino con la propia universidad; las futuras
generaciones, romperían vínculos primarios con otras ciencias sociales y se quedaría con
poca visibilidad por esta búsqueda de identidad, al olvidar sus “relaciones” más básicas, en
particular con estos dos ejes: sociedad y Estado.

Siguiendo sus argumentos, para lograr dicha identidad sociológica (sin perder la idea que
acabamos de señalar) y verificar la existencia de una sociología mexicana, nos propone ver
a la sociología como un “discurso de pares” equivalente a un discurso universitario o de
académicos, con características propias en su estructuración y fundamentación (Castañeda,
2004: 10-11, 82-85, 119, 173; 1994: 17-18). Castañeda dice:

«El que sea un discurso de pares no significa que haya un “interés cognitivo” diferente de los
intereses políticos o sociales, significa reglas y formas de producción del discurso diferente
que involucra una dimensión deóntica. Afirmar algo en la ciencia significa un compromiso de
justificación, que trata de producir las condiciones en que el discurso es susceptible de ser
producido y aceptado por otro.

En el discurso científico, el sujeto que enuncia y el sujeto que recibe el enunciado son
idealmente (mediante abstracción) intercambiables. La relación enunciante → recipiente se
sustituye por una relación enunciante ↔ enunciante.

La relación involucrada es compleja y requiere que el discurso se desdoble en una dimensión


procedimental y en una dimensión de contenido. Tan importante es lo que se afirma como el
proceso que se usó para llegar a tal afirmación» (2004:14, 193).

Usando los aportes de Richard Rorty (quien hace una distinción entre epistemología y
hermenéutica), el discurso por pares estaría representado por un rey-filósofo platónico (o un
rey sociológico comteano): «pues tiene el conocimiento del contexto último» contrario al
intermediario socrático (mediador moral durkheimano) que: «[e]n el curso de la
conversación se llega a compromisos o se trascienden los desacuerdos entre disciplinas y
discursos» (Rorty, 2001: 289) como creemos, sería el discurso relacional. En entrevista,
Castañeda actualiza esta idea de “discurso de pares”, misma que no es exclusiva para la
sociología, sino para el conjunto de disciplinas, sin embargo hay que tomar en cuenta que

140
cuando habla de “pares” está hablando de alguien “experto”, a nuestra interpretación, de
“alguien académicamente competente”:

“¿Por qué digo de pares? Todo esto es para decir: por eso es de pares, porque yo trato al
sujeto como alguien capaz, con el que hay interlocución. Cuando yo hablo con otras personas
los trato como mis amigos o mis amigas, como mis jefes o como guías espirituales, etcétera.
Pero yo en la ciencia, trato al otro sujeto como alguien capaz de reproducir los argumentos
que yo estoy sosteniendo. Este desdoblamiento, en el que digo que es conjetural el discurso
de entrada, yo lo planteo como algo susceptible a demostración, en el que yo aporto
argumentos, datos, evidencias, todo lo que sea, no porque los datos sean como los positivistas
creían, era la base. No, por nada de eso. Es porque en el discurso éste, diferenciado, separado,
hay otros sujetos que también se dicen sociólogos y a los cuales yo me dirijo cuando hablo,
cuando construyo todo esto, es un discurso de pares, es un discurso en el que yo estoy
tratando.

Siempre es un artificio, no podemos caer en las ilusiones. Son artefactos. Evidentemente, no


existe alguien que pueda ocupar plenamente mi posición, estar en el lugar de Fernando
Castañeda, pero yo construyo un artefacto, en el que yo lo que construyo es para que el otro
pueda colocarse en mi argumentación, de tal manera que no es todo lo que yo tengo debajo
de mi cabeza, pero es todo lo que yo puedo hacer en ese discurso para demostrarle al otro que
lo que yo digo es cierto, y para eso lo tengo que colocar de manera tal que él pueda colocarse
en la misma posición que yo. Es el discurso el que hace eso.

No es que yo en realidad pueda construir, que en la realidad lo pueda hacer: es un artificio,


eso es lo que hace. Por eso Durkheim construye esa abstracción, yo con Durkheim me
entiendo muy bien: hay que construir un artificio que establezca ese espacio [de]
intersubjetividad, yo digo de transubjetividad porque es ir más allá de la subjetividad de cada
quien. Es construir un discurso que tenga características que permita a alguien poder tomar
esas ideas y trabajarlas y responder en ese terreno; que no es lo mismo que en el terreno
político, y no estoy obligado en el terreno político a compartir las posiciones políticas de ese
sujeto, ni tampoco en el terreno de la belleza estética, no tengo porque compartirlo. Pero en
éste [el de la sociología] sí estoy obligado a demostrar que lo que yo digo es cierto y el otro a
decirme que no es cierto y yo regresarle, y si él dice que no está de acuerdo conmigo, está
obligado a demostrarme por qué no está de acuerdo.

Bueno, es un discurso de pares y creo [que] esto es lo fundamental de la sociología, si la


sociología no es un discurso de pares, no sé qué la distinga de otros discursos, no sé, deja de
ser una ciencia social para ser cualquier otra cosa. Y digo, bueno, pues a la mejor sí, igual y
la sociología; esta construcción social moderna de la sociología, pues a lo mejor va a llevar a
nada al final, puede ser. Pero así es como se ha construido, y así es como se ha construido el
conocimiento en el mundo moderno —y en eso estoy en total acuerdo con Giddens— y así es
como la sociología ha cambiado parte del mundo, ha ayudado a cambiar el mundo”
(Castañeda Sabido, en entrevista, 2012).

141
Parafraseando a Marx: “La ‘sociología’ ha seguido siendo en ‘México’, hasta la hora
actual, una ciencia extranjera” (1978: 12). La sociología como discurso importado y de
pares, tiene cierto mérito, si se quiere seguir sobre la misma línea, pero asimismo, ciertas
limitaciones. Por ejemplo puede asentar el alejamiento con la realidad profesional y el
mercado laboral. Por lo tanto, la sociología no sólo se restringe a nuestros pares (o colegas,
si el término lo amerita), sería “cortar de tajo” con otras ciencias y humanidades, y posibles
lectores afines. La sociología, desde sus orígenes ha dado lectura a otras formas de
conocimiento científico y no científico para poder articular sus grandes ejes teóricos,
paradigmas, proyectos de investigación y comunidades científicas. ¡El propio Castañeda ha
dicho que desde sus orígenes la sociología se ha demarcado de otros discursos
disciplinarios! (Castañeda, 1994: 13-14; 2004: 8). Este sociólogo no contempla, por
ejemplo, la sociología no universitaria realizada en las fundaciones Rockefeller, Carnegie y
Ford o en los organismos gubernamentales y no gubernamentales nacionales o
internacionales, como la CEPAL (Calhoun, 2012; Faletto, 1996; Lebaron, 2012; Picó,
2003: 81-103).

Con ello, la sociología no es un feed-back unilineal; tampoco la sociología se acota a los


propios sociólogos. Se pueden hacer (y se ha hecho) lecturas e investigación en relación,
concordia y debate —a lo que nos interesa en este trabajo— con otras ciencias sociales,
como vimos en el apartado de “Especialización y disciplinariedad” del capítulo uno: la
sociología puede leer a la historia, la historia a la sociología, la pedagogía puede recuperar
a la antropología, la ciencia política ha hecho terreno en la cultura, en la educación, en “lo
social”. No se diga de la injerencia de la filosofía: «La novela no es simplemente un objeto
menor para la sociología. Es portadora de sociología» (Morin, 1995: 17). No se puede
negar, tampoco, el repunte de la economía de corte social. La sociología —usando la
terminología de Castañeda y complementando con la discusión aludida— tampoco es un
discurso impar, ni dispar o inter-par, es un discurso relacional.

Un segundo punto de vista, es la respuesta que ofrece Alfredo Andrade Carreño, la cual,
tiene sus connotaciones ambiguas que, a pesar de ello, involucran una serie de aspectos que
se interconectan: sociedad, comunidades y problemáticas emergentes:

“Existen sociologías mexicanas. Existe una sociología de México. Existe una sociología que
da cara a la actualidad de la sociedad mexicana que puede entender problemáticas generales
de la sociedad contemporánea. Es difícil responder que existe una sociología mexicana, es
una palabra; es una denominación que con facilidad no nos permite explicitar a qué estamos
aludiendo con ello. Yo creo que si existe una sociología en México, si existe una sociología
de comunidades académicas, de mexicanos y extranjeros asentados en nuestro país y existe
una sociología interesada en las problemáticas de la sociedad mexicana y de la sociedad
contemporánea. Yo creo que más tendría que ser estás vagas repuestas en alusión a si existe
una sociología mexicana. Si por estas varias respuestas podemos para abreviar y decir que

142
existe una sociología mexicana, sólo en esas condiciones la acepto que existe una sociología
mexicana” (Andrade Carreño, en entrevista, 2012).

La respuesta de Andrade Carreño, tiene dimensiones que —probablemente— Castañeda


omitiría, como la relación sociología-sociedad. El abanico de posibilidades para poder
responder nuestra pregunta no es restringido, ni unívoco. Como nos responderá más
adelante Lidia Girola, para comprender la sociología en nuestro país hay que tener en
cuenta que hay comunidades muy sólidas que trabajan sobre uno o varios temas de estudio.
Se puede apreciar, entonces, que otro problema que imbrica el desarrollo de la sociología
de nuestro país es de consenso entre las comunidades.

Fácil sería poner un sello de “Hecho en México” a toda nuestra producción propiamente
sociológica, y vitorear por las remuneraciones económicas y de prestigio intelectual del que
gozaría un autor o comunidad; pero afortunadamente no es así. Ponerse de acuerdo sobre
un tema de estudio, los marcos teóricos a utilizar, la metodología a emplear, los recursos
materiales e intelectuales con los que se cuenta; la creatividad que se le otorgue, el
seguimiento y posteriores tratamientos que se le dé, se torna complicado en la ciencia en
general, nuevamente, un problema de consenso. Ya daba cuenta de ello Andrade Carreño:

«La ausencia de consensos generalizados sobre las cuestiones fundamentales de la disciplina


en una comunidad heterogénea, o más específicamente entre comunidades que se identifican
con diferentes tradiciones intelectuales si bien dio lugar a que se esparciera la convicción de
la crisis de la disciplina, al mismo tiempo, estimuló la exploración de posturas alternativas a
los enfoques dominantes.

La sociología en nuestro país comparte dicha situación. Su desarrollo actual ha sido resultado
tanto de la forma en que se han asimilado los cambios conceptuales generales en la
disciplina, como de la influencia del medio social en que se ha institucionalizado. Este
desarrollo también se ha visto influido por la forma en que los sociólogos han procurado
precisar las diferencias y las relaciones entre el contenido cognitivo de las teorías y sus
consecuencias sociales, es decir, de las formas de vinculación entre el pensamiento
sociológico y las prácticas sociales más amplias» (Andrade, 1998a: VIII).

Implícitamente Andrade Carreño, nos está escribiendo una diversidad teórica entre la
comunidad de sociólogos y el quehacer social de la disciplina. Los sociólogos generalmente
se ponen de acuerdo sobre temáticas a estudiar, programas de estudio, proyectos de
investigación e intervención, tutorías y asesorías, incluso, administrativamente, así como en
otras áreas académicas y no académicas. Sin embargo, para ponerse de acuerdo entre ellos
mismo es muy difícil dada la amplitud teórica, cognitiva, reflexiva y crítica que cada uno
posee. Es frecuente que entre los científicos se denote la “lucha de egos” que como vemos

143
es una “lucha” intelectual”.52 Creemos firmemente que para “limar” esta “aspereza” sólo se
necesita buena voluntad e integridad, sin más, en el sentido humano más posible.

La fortaleza en áreas de conocimiento ha sido una de las rutas más frecuente para denotar el
avance de nuestra disciplina (en el primer sentido que aludíamos) sea en las líneas de
trabajo: cultura, género, juventud, educación, política, movimientos sociales, religión,
medios de comunicación, ambiente y otros, pero poco se han desarrollado otras
perspectivas, que parecieran fueran a desaparecer: la literatura, los sindicatos, las relaciones
internacionales o problemas de orden teórico.

Véase por ejemplo, los argumentos que presenta Lidia Girola, que describen la trayectoria
de sus colegas y la solidificación de comunidades con base en áreas de conocimiento, en
este caso de la acción colectiva y la sociología urbana, para la idea que acabamos de
enunciar:

“Yo creo que en algunas ramas [se puede hablar de sociología en México], no en todas. Pero
en algunas se puede hablar de sociología mexicana. Por ejemplo, el trabajo que está haciendo
Marco Estrada sobre la acción colectiva y ha estudiado el zapatismo en Chiapas y demás. El
trabajo de Marco Estrada es trabajo empírico y teórico a la vez, y es un trabajo de un
sociólogo mexicano, sobre la realidad mexicana que utiliza conceptos y teorías que vienen de
otros lados pero las re-articula, las reformula, hace “pa’ riba y pa’ bajo” y las utiliza para
explicar. Tiene varios [libros] para explicar la acción colectiva. Marco Estrada trabajó un
tiempo en [UAM] Azcapotzalco y ahora ya tiene plaza en el Colegio de México.

En el caso de sociología urbana, yo creo que también se puede hablar de una sociología
mexicana. Aunque sean extranjeros los que la han hecho, porque el grupo de Azcapotzalco,
eran tres extranjeros de origen. Mexicanos, pero de origen extranjero Priscilla Connolly,
René Coulomb y mi esposo, Emilio Duhau, y era gente que vino a México, que hizo todo su
trabajo de investigación en México y que incluso ha tenido una trascendencia internacional.
Yo creo que en algunos campos de la sociología, en algunas ramas sí podemos hablar de
sociología mexicana y en otros todavía no.

[…]

En el análisis teórico, por ejemplo, es difícil. Está en construcción, porque la gente que hace
sociología empírica no se da cuenta de que también está haciendo teoría. No lo quieren
reconocer, no lo saben, no se quieren dar cuenta” (Girola Molina, en entrevista, 2013).

Desde la filosofía clásica hasta el pensamiento contemporáneo sabemos que sin realidad
social no hay teoría (sociológica en nuestro caso). Sin embargo, tenemos que caer en cuenta
que la realidad siempre está fuera de los límites de la teoría, puesto que al momento de

52
En un congreso, un profesor me comentaba que a pesar de que un trabajo de investigación haya sido
realizado de manera grupal, la exposición siempre sería individual rematando con lo siguiente: “Dos egos no
pueden caber en una misma mesa”.
144
teorizar se parte de la realidad. El tiempo de la realidad, no es el mismo que el de la teoría y
viceversa; advirtiendo que “al no haber conciencia que se está dando un desajuste entre la
teoría y la realidad que se pretende denotar, resulta que estamos inventando realidades”
(Zemelman, s/f: 2; Cfr. Bautista Jiménez y López Cano, 2013: 2). Esta idea de desajuste es
un recurso no sólo para razones teóricas sino de igual forma metodológicas, epistémicas y
para la implementación de instrumentos de investigación.

Sara Sefchovich coincide con la manera de ver de Girola, aunque no cree en la existencia
de una sociología mexicana o que esta denominación haya sido útil en su momento
histórico. Para ello, integra las dimensiones de la especificidad en la cual hay un campo de
análisis fructífero de cara a los acontecimientos que suceden día a día. Girola lo ve por
comunidades, Sefchovich, en entrevista, destaca temáticas emergentes:

“Ya no creo que exista —así— sociología latinoamericana, sociología mexicana. Creo que
existe una sociología en la que tú tienes un trabajo específico sobre un país y menos que eso
todavía —más reducido— sobre unos ciertos elementos de ese país: movimientos sociales,
economía, historia, género, problemas culturales, problemas de grupos específicos como los
indígenas, las mujeres, entonces esas son las sociologías que existen. Esos términos de
sociología mexicana, sociología francesa, sociología alemana sirvieron muchísimo tiempo,
para entender cuándo empezábamos a hacer sociología, problemas específicos de cierta zona.
[E]studiábamos a América Latina gracias a los sociólogos que la interpretaban globalmente.

Ahora, aunque siempre podemos pensar en el subcontinente con características específicas,


ya estudiamos más bien cuestiones mucho más concretas. Eso no quiere decir que no ves el
bosque [o] nada más el arbolito, si tiene que ver el bosque. Pero yo creo que ya no estamos en
ese momento de definición de qué es América Latina. En este momento están los africanos,
por ejemplo, definiendo qué es la africanidad y qué y cómo se debe estudiar, nosotros ya no.
Entonces también depende de tu momento histórico y los avances que hayas hecho en tus
propias ciencias sociales, cómo estás enfocando los propios problemas. Para nosotros ahorita
en México, después de todos esos años de entender la sociología, la antropología; que el
indio, que el blanco; que si lo rural o lo urbano; que si las regiones y el centro: ahora ya
podemos integrar todo eso y ver los problemas desde una manera mucho más general. Ya no
tengo porque ver el narcotráfico como un problema regional y no de todo el país. Ya no tengo
que ver a los indígenas como entidades separadas del resto de los mexicanos, porque yo sólo
estimo, y ahora tenemos que integrarnos a una nueva manera de pensar” (Sefchovich, en
entrevista, 2013).

Tampoco Enrique de la Garza cree que exista una sociología mexicana, quien en la
sencillez de su testimonio tiene una visión que implica —como dirá— la “originalidad”:
“Existen sociólogos; existen sociólogos que hacen investigación: sí. Digamos en cantidad
se hace ahora más investigación: sí. Pero si tú llamas sociología mexicana a una sociología
original, no” (De la Garza, en entrevista, 2013).

145
Haciendo un pequeño ejercicio cuantitativo “la moneda sigue en el aire”. Si usáramos la
codificación Sí/No, tanto para Sefchovich y De la Garza sería un no; para Andrade Carreño,
Castañeda y Girola la respuesta sería un vaivén entre el sí y el no. Lo que quiero denotar es
que sus argumentos no se inscriben (a pesar de ser tan disímbolos) en religionalismos,
nacionalismos o academicismos. Hasta el momento, los argumentos que en sus distintas
intervenciones nos han presentado Castañeda y De la Garza, pueden tener una visión
epistemológica por ejemplo, Andrade y Girola hacen énfasis en las comunidades
científicas, y Sefchovich sobre temas emergentes y su necesidad de investigarlos. Entonces,
la sociología tendría que entenderse en-relación-con (in)finitud de acontecimientos que, en
espera de su llegada, nos muestran una realidad “nueva” con antecedentes, tal como
observamos en el apartado de modernidad.

Ante esto, comparto con Zemelman (1994b: 283-285) la necesidad de incorporar lo


indeterminado en la construcción de problemas de investigación social que llevan consigo
los desafíos de aleatoriedad, construcción y utopía:

«¿Por qué es importante la cuestión de lo indeterminado? Porque resulta que da cuenta del
movimiento. Se puede recuperar la categoría de lo indeterminado planteando el siguiente
problema: la realidad está siempre determinada e indeterminada a la vez. Por este
movimiento, como sostuvo Bloch, la realidad es inacabada. Pero a los científicos sociales nos
cuesta entender esto, porque siempre hemos aspirado a construir el conocimiento como
definitivo: la teoría del Estado, la teoría de las clases, la teoría de los campesinos, siempre es
La Teoría, como pretendía Althusser, con mayúsculas, dejando por fuera exigencias mínimas,
aunque complejas, como la que acabo de referir» (Ibídem: 285).

Usando el leguaje de Zemelman, lo indeterminado sería una perspectiva de descubrimiento


y conocimiento de y sobre lo social (2009: 127 y ss). La necesidad de teoría en ciencias
sociales es ineludible así como el alcance que ésta deseara tener. Empero, es innegable la
desigualdad entre distintos contextos sociopolíticos.53 Ante esto y para dar respuesta a una
pregunta que es más fructífera como cuestionamiento, el conocimiento sociológico se sitúa
y, finalmente, puede tener un alcance global. En nuestro caso, lo mexicano está en el
investigador; lo científico en la investigación.

Por lo cual es muy curioso que investigadores exteriores recurran a las “teorías de alcance
medio” o usen el análisis del discurso para, de esta forma, explicar la producción de las
ciencias sociales en general (referida por temas emergentes o especialidades) y la
conformación de la sociología latinoamericana y mexicana en particular, destacando sus
peculiaridades analíticas, los niveles de compresión de acuerdo a su objeto de estudio y los
aspectos ideológicos y teóricos impregnados en su constitución, para compararlas con la

53
Vid. Marcelino Cereijido (2009) La ciencia como calamidad en especial el capítulo “El
analfabetismo científico en el Primer Mundo” y “El analfabetismo científico en el Tercer Mundo”.
146
producción realizada desde sus contextos sociales, marcados institucionalmente y con un
reconocimiento mundial.

“Sociólogos mexicanos perdidos en México”

Tú te sentirás satisfecho de imponerte a ellos; confiésalo: te


impusiste para que te admitieran como su par: pocas veces te
has sentido más feliz, porque desde que empezaste a ser lo que
eres, desde que aprendiste a apreciar el tacto de las buenas
telas, el gusto de los buenos licores, el olfato de las buenas
lociones, todo eso que en lo últimos años ha sido tu placer
aislado y único. Desde entonces clavaste la mirada allá
arriba, en el Norte, y desde entonces has vivido con la
nostalgia del error geográfico que no te permitió ser en todo
parte de ellos: admiras su eficacia, sus comodidades, su
higiene, su poder, su voluntad y miras a tu alrededor y te
parecen intolerables la incompetencia, la miseria, la suciedad,
la abulia, la desnudez de este pobre país que nada tiene; y más
te duele saber que por más que lo intentes, no puedes ser como
ellos, puedes sólo ser una calca, una aproximación, porque
después de todo, di: ¿tu visión de las cosas, en tus peores o
mejores momentos, ha sido tan simplista como la de ellos?
Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz

Como han reproducido libros, comics, películas, canciones y personas, después de la


Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos (como país vencedor) establecieron su
hegemonía en todos los niveles: político, económico, social, cultural y militar, reflejado por
medio de su sistema educativo, su ciencia y su tecnología, entre otros rubros. Por lo cual, el
interés por el resto de los demás países incrementó y el intervencionismo rompió con los
cánones de legitimidad, soberanía y territorialidad de los demás Estado-nación: «La guerra
posibilitó además la incorporación de estudiosos e intelectuales de las disciplinas más
diversas al esfuerzo por ganar control de la información» (Picó: 2003: 26).

Llama la atención que para el desarrollo de la sociología en los Estados Unidos, durante esa
época, se retomaron corrientes teóricas de países europeos sobre todo de Francia (Vid.
Andrade, 1993; Cfr. Dubar, 2006: 118-121). Esto impactó en las transformaciones de las
ciencias sociales tanto en Norteamérica y en América Latina. Como vimos anteriormente, a
partir de la fundación de la Revista Mexicana de Sociología pronto se incorporaron las
visiones más científicas (empíricas) de la sociología a nuestro país, rompiendo con el
legado humanista presente desde el siglo XIX en la región. Pablo González Casanova
(1989: 7, 23), respecto a los orígenes de la sociología en Latinoamérica, así como de los
avatares y legados que han tenido después del conflicto bélico, en los distintos países de la
región, dice lo siguiente:

147
«En América Latina el término sociología se ha usado desde el siglo XIX para calificar las
más diversas tareas intelectuales, e incluso para aludir a la realidad misma. Se ha hablado así
de sociología para referirse a trabajos literarios, de estilo sobrio o retórico, a estudios
especulativos y a otros históricos o etnológicos, y también se ha empleado el término para
hablar de la sociedad, de la realidad social latinoamericana.

[…]

En efecto, durante el período de la posguerra y hasta la revolución cubana de 1959,


aproximadamente, el predominio de la sociología empirista en los estudios de América Latina
es notorio. Esta sociología contempla el proceso de desarrollo predominantemente como un
proceso pacífico y técnico, y en sus versiones más aparentemente rigurosas y profesionales
despliegan todas sus fuerzas, no sólo contra el estilo de hacer sociología que caracterizaba a
los escritores-sociólogos de entonces, sino contra los fundamentos teóricos de la sociología
clásica latinoamericana».
Una vez adheridos a esta corriente los sociólogos latinoamericanos, paralelamente, el
interés por América Latina se volvía objeto de estudio para los sociólogos estadunidenses:
«Durante la década de 1960, los estudios sobre América Latina en Estados Unidos, y sobre
todo de la sociología en esta región, pasan de una fase de escaso financiamiento de la
investigación a un periodo de relativa abundancia» (Della Faille, 2009: 961).

No obstante, incluso paradójicamente, este tipo de estudios regresan a partir de la última


década del siglo XX y la primera del XXI, una peculiaridad de sus autores es que
generalmente no son provenientes de este país, incluso su país de origen es
latinoamericano, pero que se han generado un status dentro de la academia norteamericana
(Davis, 1992; Portes, 2002, 2004; Abend, 2007; Della Faille, 2009, 2011a, 2011b). De igual
forma, sus trabajos se mueven en el terreno teórico; siendo los artículos y libros sus
54
principales fuentes empíricas. Por tal motivo, a continuación, destacaremos las
principales ideas de sus escritos, comparándolas e incluso refutando con otras, puesto que
sus ideas, aunque tengan conocimiento al interior del trabajo de unos con otros, estos
resultan ser ampliamente disimiles. También, hemos tomado la totalidad del trabajo, antes
que algunas ideas sueltas, dado que imbrican muchos aspectos mostrados en los anteriores
capítulos.

Yendo en un orden cronológico, el trabajo publicado en 1992 por la socióloga


estadunidense Diane E. Davis, “The sociology of Mexico: Stalking the path not taken” (del
cual no hay traducción al español, pero que podemos traducir de forma básica como “La
54
Al mismo tiempo que esta preocupación es latente en estos autores, el interés por la producción
propia con los mismos referentes bibliográfico ha existido, incluso resulta alentador que en algunos casos los
retomen, estableciendo de manera no formal una “agenda invisible”. Esto se puede apreciar en los trabajos de
Andrade (1998: 126-248), de la Garza (1989), Girola (1995), Girola y Olvera (1994a; 1994b), Girola y
Zabludovsky, (1991) Salles y Zabludovsky (2001), Sefchovich (1989), entre otros más que, como se ha visto
a lo largo de nuestro trabajo, hemos usando constantemente para los diferentes rubros que hemos destacado.
148
sociología de México: Asechando el camino no tomado”), inicia comentando sobre la
literatura sociológica estadunidense sobre América Latina, la cual destacaba el papel del
capitalismo industrial o de exportación, las firmas multinacionales, la economía
internacional y el impacto de éstas sobre las trayectorias económicas en los países de la
región latinoamericana. Según ella, estos trabajos carecían de una visión hacia el interior de
estos países, teniendo como referencia sus problemas políticos locales y las condiciones
sociales como preocupación principal.

Tomando estos fenómenos como contexto de “desarrollo”, señala que en México este tipo
de estudios no fueron dominantes en ese momento de la “crisis”, puesto que los académicos
escribían por el influjo capitalista de la política, la economía y la geografía, alejados, de
cierta forma; dado que no ignoraban las condiciones económicas internacionales o el
funcionamiento de las empresas capitalistas, de los enfoques de la teoría de la dependencia
o la teoría de los sistema-mundo. De esta manera: «un sorprendente número de sociólogos
de México han partido explícitamente de las preocupaciones disciplinarias generales con la
dependencia y el sistema-mundo, y lo han hecho desde el momento en que estos
55
paradigmas llegaron a la escena» (Davis, 1992: 397).

Mientras que por un lado, los sociólogos estadunidenses buscaban generar “grandes
hipótesis” (draw heavily on assumptions) para destacar el carácter autoritario del Estado
mexicano, los sociólogos mexicanos se concentraban en cuestiones nacionales, incluidos
los movimientos sociales y los problemas políticos urbanos. No obstante, ambos lados se
centraban en las condiciones nacionales. Esto lo dice la autora para destacar la pertinencia
de su trabajo. Más adelante Gabriel Abend nos mostrará cómo entre estos dos países
existen diferencias teóricas, epistemológicas y ontológicas en la elaboración de sus
investigaciones.

Diane E. Davis se refiere al carácter específico de la literatura sociológica sobre México


(dejando de un lado el enfoque de la dependencia y los sistema-mundo) destacando el
contexto institucional en el cual escribieron sus trabajos los sociólogos mexicanos durante
las décadas de 1960 y 1970. Contrario a sus contrapartes en Chile y Brasil que sí adoptaron
la teoría de la dependencia y se vincularon personal e institucionalmente con economistas;
sobre todo de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL); los sociólogos
mexicanos se relacionaron con politólogos y su comunicación fue mayormente

55
Esta traducción, de mi autoría (como las demás que realizaremos), es un poco elemental, pero que
nos atrevemos hacer para fines de este apartado. Para el lector que tiene un manejo más especializado del
inglés, dejamos las citas originales: “a surprisingly large number of sociologists of Mexico explicitly depart
from the general disciplinary preoccupation with dependency and the world-system, and have done so almost
from the moment these paradigms hit the scene”
149
interuniversitaria, sobre todo entre la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
56
y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Según la autora, el trabajo de La democracia en México (1965) de Pablo González


Casanova (del cual ya nos ha referido sobre su impacto arriba), así como, aunque no lo
enuncie, el libro de Dependencia y desarrollo en América Latina (1969) de Fernando
Henrique Cardoso y Enzo Faletto, son pruebas fehacientes de lo señalado en el párrafo
anterior. Al ser trabajos aparentemente disímbolos en sus planteamientos teóricos y
metodológicos, según Davis (Ibídem: 399), lo que comparten son las desigualdades
internas, el poder de las clases, las condiciones internacionales y: «las formas en que
57
interactúan entre sí para limitar el desarrollo económico en América Latina».

Llama la atención que los primeros trabajos escritos bajo la influencia de la dependencia se
produjeran en Estados Unidos, mientras que en México diez años después de el de Cardoso
y Faletto con el libro de Peter Evans, Dependent Development y el de Sergio Zermeño,
Imperialismo y desarrollo capitalista: Una crítica al concepto de dependencia.
Lamentablemente, la autora omite una perspectiva de la teoría de la dependencia todavía
más fructífera que la de Cardoso y Faletto; encabezada por el economista brasileño Ruy
Mauro Marini, con la publicación en 1973 de su libro Dialéctica de la dependencia, y que
―a causa del desastre ocasionado tanto en la política como en la academia por las
perspectivas neoliberales― hoy día regresan para poder articular e interpretar soluciones
tanto teóricas como prácticas a las coyunturas que han impactado el ya avanzado siglo XXI.
Sin embargo, dicha posición no es compartida, como a continuación nos mostrará en
entrevista Enrique de la Garza:

“La dependencia prácticamente se acabó; es decir, se agotó. La teoría de la dependencia se


agotó, ahora, también se agotó porque no se supo abrir suficientemente. Es decir, en el
mundo desarrollado, […] implicó que las teorías estructuralistas ya no fueran bien vistas y
entonces la dependencia no supo cómo incorporar —digamos— lo que estaba en ascenso, de
tal manera que seguía insistiendo en lo que se llamó el “método histórico-estructural”, pero
sin desarrollar una teoría del actor social o de la identidad o de la subjetividad, entonces
realmente se quedó atrás y frente a los nuevos fenómenos macro tampoco pudo dar una
respuesta.

Es decir, en América Latina llegó la revolución tecnológica y eso no estaba en el horizonte de


los temas a analizar. Por ejemplo, lo que estudiamos: cambios de la organización del trabajo,

56
Aunque dichas vinculaciones hayan influido por separado en ambas comunidades, la Revista
Mexicana de Sociología las registró por igual, siendo incluso esta época una de las de mayor producción, no
únicamente para la Revista sino para la sociología mexicana hasta principios de la década de 1980 (Vid. De la
Garza, 1989a: 126-130; Sefchovich, 1989: 43-63; Zapata, 2001: 221-261, Bautista Jiménez y López Cano,
2012. 4-6).
57
“[…] shared a originating concern with domestic inequalities, class power, international conditions,
and the way they interacted with each other to limit the economic development of Latin America”.
150
la flexibilidad; absolutamente nada, entonces la gente que estaba investigando nuevos temas
no encontraba inspiración en la dependencia y entonces fue sustituida por una gran
dispersión, no se puede decir que después hubo el “nuevo paradigma” que sustituyó: no, lo
que hay es una gran dispersión en donde cada disciplina, y a veces en cada temática, pues se
la juegan diferente. En algunos sí está claro que predomina, pero no en todos.

Por ejemplo, en la economía pero eso es por influjo de los gobiernos neoliberales; en la
economía, la economía neoclásica se volvió dominante, sobre la marxista, la keynesiana. En
ciencia política ganó mucho la ciencia política de elección racional; en sociología no, hubo
intentos de volverla sistémica, de volverla de elección racional, de volverla interaccionista y
más bien pues de todo hay” (De la Garza, en entrevista, 2013).

Sumadas a estás adversidades, a pesar de la omisión por parte de Davis, ella misma destaca
los principales campos de trabajo que habían desarrollado los sociólogos mexicanos en su
58
momento; sobre todo impulsados por la Revolución armada de 1910, dando paso a los
análisis sobre los movimientos sociales, sobre todo los que fueron de campesinos y
trabajadores. Este tipo de movilizaciones variaron, siendo los más trabajados (basando sus
datos en un índice elaborado por Elke Köppe y publicado por la Revista… en 1985): los
movimientos urbanos, los movimientos municipales, los movimientos indígenas, los
movimientos de los trabajadores universitarios o los estudiantes universitarios, no obstante,
en menor medida, también hubo análisis de los movimientos de trabajadores del Estado y
movimientos religiosos, así como de movimientos patronales. De esta forma:

«Los movimientos sociales se incrustaron tanto en las políticas institucionales y en las


prácticas diarias de la sociedad mexicana, que llegaron a ser el punto de partida conceptual
para los estudios sociológicos de una notablemente amplia gama de fenómenos, incluyendo al
sector privado. [L]as secuelas del corporativismo revolucionario ha traído una amplia
variedad de movilizaciones previas, directamente dentro del gobierno y la política; la
participación institucional sobre las bases de las identidades colectivas (el trabajador, el
campesino, las clases medias populares) son más que individuales» (Davis, Óp. Cit.: 401,
402).59.

58
Habría que rescatar la justificación histórica, coincidente con el espíritu de la época, que hace
González Casanova para realizar su libro de La democracia… ante el encarecimiento de compromiso en los
sociólogos mexicanos al estar más preocupados en las remuneraciones económicas que en conocer la realidad
misma: «El carácter científico que pueda tener el libro no le quita una intención política. Todo él está hecho
recordando que durante la etapa armada de la Revolución Mexicana perdimos un millón de vidas humanas, y
que en ese mismo período y en la década de los veintes emigraron casi setecientos mil mexicanos al
extranjero» (González Casanova, 1965: 2).
59
“Social movements were so embedded in the institutional politics and everyday practice of Mexican
society that they became the conceptual point of departure for sociological studies of a remarkably broad
range of phenomona, including the private sector. [I]n the aftermath of the Revolution corporatism brought a
wide variety of previously mobilized social classes directly into government and politics, where they
participated institutionally on the basis of collective identities (labor, peasant, popular middle class) rather
than as individuals”.
151
Al mismo tiempo, del otro lado de la frontera, los sociólogos estadunidenses se interesaban
por los estudios de los negocios bajo la rúbrica de “sociología de las organizaciones”,
mientras que en los demás países del resto del continente se referían a los estudios de la
estructura de clases (Vid. Hernández Romo, 2006; Montaño Hirose, 2006).

Con el desarrollo de estas líneas de investigación, la sociología en México todavía seguía


aludiendo a los resabios del conflicto civil bajo la retórica de la “participación” popular,
puesto que, como lo han trabajado diversos historiadores y que Davis señala, la Revolución
Mexicana se institucionalizó en un aparato burocrático y en un corporativismo
“nacionalista”, lo que resultó en una ausencia de legitimidad por parte de los movimientos
sociales y, agregamos, la ciudadanía, así como en la incapacidad de dar respuesta a sus
demandas… como hoy día sucede: «Con este desarrollo, la brecha entre la teoría y la
práctica de la participación política popular, llegó a ser objeto de estudio académico durante
la mitad y finales de la década de 1970. [P]ronto los sociólogos mexicanos también
analizaron el desarrollo político y económico de la nación en términos del control del
Estado mexicano sobre las organizaciones populares» (Davis, 1992: 402, 403).60

Una vez más, mientras los sociólogos mexicanos viraban su mirada hacia el carácter
manipulador del Estado y su necesidad para reducir la participación democrática; los
académicos norteamericanos (tanto sociólogos como politólogos) encontraron en el
enfoque de la modernización presupuestos para dar cuenta de estos fenómenos. Dicho lo
anterior, junto con el peso de la algidez política en México, la dimensión económica era
otra, puesto que daba sus últimos respiros, lo que se conoció como el “milagro mexicano”:

«Los años cincuenta significaron para México un período de estabilidad y tranquilidad, de


optimismo, modernización y desarrollo. Fueron años en que la industrialización pasó a
producir bienes intermedios y de consumo duradero, en que la inversión pública y privada fue
elevada y se mantuvo la paz social. El Estado participaba ampliamente en la economía y
fungía como mediador y promotor de lo que se requería para asegurar las tareas de la
modernización: infraestructura, educación, salubridad, políticas fiscales y salariales
adecuadas, proteccionismo, inversiones extranjeras, nacionalización de la industria eléctrica,
inversiones en petro-química, etcétera. Los empresarios obtenían utilidades y las masas
prestaciones y todos parecían contentos» (Sefchovich, 1989: 29-30).

Las movilizaciones de los ferrocarrileros (1959-1960), la de los maestros normalistas


(1958), la de los médicos (1965) y el movimiento estudiantil (1968); aunque Davis no los
mencione más que el último, pusieron en duda el llamado “desarrollo estabilizador”.
Pronto, la creciente comunidad sociológica mexicana se incorporó a dichos movimientos

60
“With these development, the gap between the theory and practice of popular political participation
became itself the object of academic study during the mid- and late- 1970s. [S]oon Mexican sociologists also
analyzed the nation’s political and economic development in terms of the Mexican state’s control over
popular organizations”.
152
destacando en sus trabajos el carácter represivo del Estado, donde la mayor prueba de
brutalidad fue el 2 de Octubre de 1968 en Tlatelolco, usando la fuerza pública y al ejército
para pasar del milagro a la masacre. A pesar de que el discurso oficial seguía propugnando
por el desarrollo y una dependencia externa para sus propios intereses, sobre todo en el
sexenio de Luis Echeverría (1970-1976): «muchos sociólogos mexicanos no encontraron
ningún argumento iluminador en la dependencia o una teoría científica social neutral sobre
61
los amplios procesos de cambio» (Davis, Óp. Cit: 404). Coincidiendo de alguna forma
con los argumentos que de la Garza nos presentaba hace poco.

Para tratar de “subsanar” la herida provocada por la matanza de Tlatelolco, el gobierno de


Echeverría incrementó el presupuesto a la universidad (sobre todo a la UNAM), incluso la
infraestructura del discurso de su gobierno fue la sociología. Sin embargo, esto caería en
picada a partir de la crisis de 1980, lo que redujo hasta en 50% dicho presupuesto, así como
la utilización de la macroeconomía política como discurso oficial. No es gratuito que los
sociólogos (incluso los más conocidos hoy día) hayan pasado de figuras públicas a
“formadores de opinión” (Castañeda, 2004: 178-179). Coincidiendo de esta forma, a pesar
de estos infortunios, con la etapa de profesionalización que en su momento nos refirió Lidia
Girola. Alfredo Andrade Carreño en entrevista nos comenta más a profundidad sobre este
período (para que podamos complementar los argumentos de Davis), que incluso
potencializó la aparición de “nuevas” sociologías:

“La década de los 70's es una década que en su momento fue muy importante para la
sociología por varios aspectos: uno de ellos —bueno— tiene que ver con el período de un
gobierno: el gobierno de presidente Luis Echeverría, que desarrolla una amplia política
social, y acompaña esta amplia política social una expansión de las áreas de inversión estatal
—las llamadas paraestatales— y eso produjo un amplio mercado profesional para la
aplicación de políticas sociales. Eso generó una importante demanda de la sociología.
Históricamente se puede decir que fue un momento de una ampliación muy importante del
mercado laboral para los sociólogos y que se acompañó de un importante prestigio; de una
importante demanda laboral y hay muchos espacios de incidencia dentro de la cobertura
estatal.

Las políticas sociales que desarrolló el gobierno de Echeverría y las áreas de inversión estatal
y las paraestatales generaron un importante mercado. La demanda de sociólogos,
acompañado con ese enriquecimiento que se dio por la migración de intelectuales
latinoamericanos a nuestro país, volvió [a la sociología] una disciplina muy prestigiada y era
muy importante ser sociólogo en aquel momento cada vez que había un mercado de trabajo
creciente y además había muchas voces; muchas voces que contribuían a enriquecer un giro
intelectual de crítica social, por eso fue muy prestigiada la sociología.

61
“[…] many Mexican sociologists found dependency arguments anything but enlight or neutral
social scientific theories about larger processes of change”.
153
Después viene un cambio en las políticas gubernamentales y del “adelgazamiento” del
Estado. En el caso mexicano, la supresión de las paraestatales, la restricción de políticas
sociales, en un primer momento contrajo el mercado laboral de los sociólogos y se vivió
como una crisis de la disciplina. Se veía como pérdida de ese prestigio y se creía que la
pérdida de ese prestigio acompañaba a la pérdida de trabajo. En realidad fue un giro muy
importante en las políticas mundiales, de la política económica y eso que después se le llamó
“adelgazamiento” del Estado, pero que sobre todo restringía dimensiones políticas sociales,
eso fue un elemento de mucho costo para eliminar la sociología en ese momento.

Pero las esferas que dejan de atender un Estado (que fue la economía nuestra), un Estado que
se definía como una economía mixta, un Estado que se había asumido después de la
Revolución Mexicana, como un Estado de compromiso social. Un Estado que tenía que
impulsar el desarrollo, un Estado que tenía que atender demanda sociales: es un Estado que
se contrajo [y que] va a generar esferas de demandas sociales que la propia sociedad va a
procesar para él. Entonces, en un primer momento las organizaciones civiles y ciudadanas,
las organizaciones de derechos humanos, las consultorías, partidos políticos, van a abrir
esferas de procesamiento de demandas sociales, de análisis de problemáticas sociales, de
diagnósticos, de estudios de opinión, de generación de información para entender qué pasa en
la sociedad y esto va a formar un nuevo mercado de trabajo para los sociólogos. Después del
adelgazamiento de la cobertura estatal, conjuntamente la sociedad civil va a generar un
mercado social, un mercado profesional que los sociólogos van a atender.

En ese lapso, en esos dos ciclos, que creo que son muy importantes cada uno para la
sociología, ya hay elementos distintos, ya hay cambios intelectuales. Hace un momento yo
decía que al cierre de la década de los 60's al inicio de la década de los 70's; el clima
polarizado de la guerra fría había permitido identificar como dos ejes ideológicos de la
sociología, una sociología del compromiso, una sociología vinculada con los sectores
populares, a las luchas sociales, una sociología fuertemente identificada con el marxismo, con
los proyectos de cambio, y una sociología que iba a defender el orden establecido, el statuo
quo y casi siempre concibe al funcionalismo como el marco ideológico o intelectual de
legitimación.

Pero mencionábamos que había más sociologías, más sociologías en el momento, había un
fuerte desarrollo de las sociologías interesadas en entender aquellos espacios que la
sociología funcionalista dejaba fuera del foco de atención, y que se desarrollaron en atención
a la vida cotidiana, al individuo, a la cultura, a la identidad, a las dimensiones subjetivas y
que en su momento fueron rotuladas como microsociologías, que giraban, ya sea al
individuo, la vida cotidiana o las dimensiones volitivas o subjetivas, y había las sociologías
vinculadas a los marcos culturales, por ejemplo, la sociología vinculada con la historia, una
sociología vinculada a los estudios regionales, en fin, había una profesión de perspectivas
sociológicas, pero en lo ideológico parecían estar sólo dos vertientes: la marxista o la radical
y la sociología funcionalista” (Andrade Carreño, en entrevista, 2012).

Siguiendo en el mismo período, Davis (1992: 405-406) señala que las líneas en que se
dieron las movilizaciones de distinto corte mencionadas, fueron cultivadas por distintos
154
autores, discutiendo nociones implícitas como: autonomía, desarrollo y crisis financiera. De
la primera, argumenta que dicho término se incrustó dentro las estructuras institucionales
(términos como organismo autónomo, por ejemplo) y como dicha “autonomía” no era algo
real sino deseable. Sobre el desarrollo, resulta paradójico su interés, puesto que junto con la
teoría de la dependencia, buscaban los fundamentos sociales y políticos internos; valga la
redundancia, del desarrollo. Por último, en lo que respecta a la crisis financiera, la autora
sostiene que fue iniciada por lo que en su momento fueron las fuerzas y condiciones
internacionales, tales como la crisis de la moneda europea, el exceso de pago de los bancos
estadunidenses, las presiones ejercidas por las firmas multinacionales: «lo que trajo un
fuerte endeudamiento a otros países de América Latina» (Ibíd.: 407).62

Esto se reflejó a nivel global durante los años de 1980 conocidos también como “la década
perdida”:

«En su aspecto económico, la crisis fue mundial y puso fin al dinamismo de la posguerra,
que había consistido en elevados ritmos de desarrollo industrial, disponibilidad de materias
primas, papel regulador del Estado, altos niveles de productividad y de innovación
tecnológica, consumo masivo, clases medias como factor de estabilización y paz social
obrera en los países capitalistas, cambiándolos por la inestabilidad de las relaciones
monetarias, la agudización de la competencia mundial, la falta de empleo, presiones salariales
e inflación, pérdida de dinamismo de las inversiones y la desaparición de las políticas
keynesianas y liberales de bienestar social» (Galbraith, Wolf y otros, número extraordinario
1981 [de la Revista Mexicana de Sociología] cit. por Sefchovich, 1989: 71-72).

Como consecuencia de este ambiente, las ciencias sociales en general tuvieron la


oportunidad de regenerarse y reflexionar: «pensar de otro modo y replantearse cuestiones
que fueron desde la conceptualización misma […] hasta la metodología empleada, es decir,
desde los temas hasta su perspectiva» (Ibídem: 73). En el capítulo dos vimos cómo la idea
de “crisis” sólo formuló y reformuló los paradigmas existentes, sobre todo en sus niveles
teóricos. En entrevista Sefchovich nos ofrece una visión distinta a la que dio en su
momento:

“La idea de lo que es una crisis, qué es la estabilidad y el orden ya no tiene nada que ver con
la idea de estabilidad y orden de antes, en términos de temporalidad, lo que duran en términos
de relaciones internas y externas de la sociedad. La palabra crisis es otra de esas palabras que
ya no tienen sentido en la medida en que todo el tiempo estamos en esa crisis. Lo interesante
es que por eso hay que estar todo el tiempo muy atento a entender las cosas y a no pensar,
sobretodo —es algo que me enoja muchísimo de cómo funcionan las ciencias sociales hoy—
pensar que “contigo todo empieza”. O sea, en su momento histórico. Por ejemplo tu lees
todos; bueno, no voy a decir todos porque no quiero ser exagerada, pero la mayoría de los
científicos sociales que hoy interpretan a México cuentan como que el 68’ o la época que a
ellos les tocó vivir fue un parteaguas y ahí empezó todo.

62
“that brought heavy indebtedness to Latin America countries”.
155
Cada uno de nosotros quisiera creer que en su tiempo de vida todo empezó, que antes todo
era diferente y que nosotros podemos considerarnos los testigos más privilegiados de la
historia, pero ¡oh, sorpresa! No es cierto. Nada empieza y nada acaba de esa manera, todo es
consecuencia de fenómenos que vienen desde antes, que se manifiestan de una manera que
podemos utilizar como piedra de socket, pero que no es el momento definitivo, es sólo un
momento que cristalizan ciertas fuerzas sociales y que sigue adelante. Entonces por eso no
me gusta hablar de esa manera de crisis o de ese momento histórico que lo cambió todo, ese
parteaguas. Porque son sólo momentos que tú puedes tomar a modo de un lugar desde donde
empezar, pero no son los definitivos, ni me habrán tocado vivir los definitivos, ni le toca a
nadie, porque la vida se va volviendo acumulativa. Entonces, a lo mejor en la historia oficial
dentro de veinte años te van a decir: “en ese momento los maestros lograron tal y cual cosa, y
fue el momento clave en que México cambió”, sí. Pero a los que lo hemos vivido, hemos
visto cómo se ha gestado todo eso. Entonces, tenemos que entender a las ciencias sociales así,
no como momentos definitivos, sino como largas historias de gestación sino yo no creería en
la interpretación cultural” (Sefchovich, en entrevista, 2013).

Retomando la crisis como consecuencia económica, las políticas de ajustamiento, no sólo


en México y los países latinoamericanos sino también en los países desarrollados, sin más,
vinieron a asentar la incapacidad sobre todo en los rubros de autonomía, desarrollo y crisis,
puesto que, pudiendo ser la participación ciudadana un pronto camino para salir del
atolladero, todavía se creía (y se sigue creyendo) en las fórmulas y modelos europeos y
estadunidenses: Si el ajuste es incómodo, no es probable (“If the fit is uneasy, neither is
likely”) (Davis, 1992: 407).

Tomando lo anteriormente expuesto por la autora y lo que hemos agregado, ella destaca los
posibles estudios futuros que se desarrollaran en la sociología mexicana, producto de las
relaciones políticas y económicas entre México y Estados Unidos, remarcando, lo que dos
años después de la publicación de su artículo sería, el Tratado de Libre Comercio (TLC).
Diane Davis es muy optimista al mencionar que el tratado capturaría el financiamiento
entre ambas naciones y ofertaría incentivos y facilidades para estudiar en estos países
(sumando a Canadá). La realidad es otra como lo evidenciaron nuestros entrevistados (de la
Garza, Girola y Sefchovich) al hablar del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y la
imposición de criterios para la movilización investigativa.

Los futuros estudios, que con cierta “predicción” muestra la autora (basada sobre todo en la
experiencia y creación de instituciones dedicadas únicamente a ellos), serán: la migración y
las cuestiones urbanas. Como nos dijo Lidia Girola en el apartado anterior, este último
campo se puede considerar uno de los más fructíferos, puesto que su comunidad ha
desarrollado fundamentación teórica y empírica propia. Revirtiendo el desinterés teórico
que existía sobre todo en la década de 1970 por parte de los mexicanos (Ibíd: 409). Estas
dos preocupaciones ocuparan un gran espacio en las agendas académicas de la sociología
mexicana y estadunidense.

156
Aunque esto pudo ser el principio de una dinámica más internacional, el caso sui generis de
la Ciudad de México, capturó la atención de no sólo de sociólogos, sino de arquitectos,
historiadores, comunicadores, ensayistas entre otros, haciendo de esta cuestión uno de los
campos más disputados, pero a su vez, más heterogéneo y plural, encajando, casi
inmediatamente, con las preocupaciones disciplinarias sobre los movimientos sociales (Vid.
Álvarez Enríquez, 2003; Bassols Ricárdez, 2006; Murga Frassinetti, 2006; Sánchez
Almaza, 2003).

Para cerrar su artículo, Davis muestra cómo este tipo de trabajos abrieron la puerta al
estudio de las dinámicas territoriales o espaciales63 del cambio político y económico, los
cuales recurrieron al legado histórico revolucionario de la sociología mexicana, tales como:
las bases regionales, el sentimiento “antimetropolitano” y el liderazgo revolucionario,
impactando directamente en los actores regionales y en los actores, esta vez, urbanos. El
sumun de estos “nuevos” actores existirá en los movimientos sociales y serán más
poderosos cuando sean interclasistas (cross-class) que clasistas (class-based), lo cual
reavivará viejas disputas entre movimientos urbanos y territoriales, y de igual manera
resaltaran a las identidades regionales y las demandas basadas en el territorio.

La conclusión que nos ofrece Davis, de hecho, es bastante alentadora puesto que ubica en la
“vanguardia” a la sociología mexicana en la realización de futuras investigaciones, sobre
todo con el enfoque urbano y que la experiencia mexicana podría ayudar realizar estudios
con similitudes y particularidades como las de México: «Estados con un solo partido o
naciones con una historia de movimientos sociales, estados fuertes o con problemas
urbanos» (Davis, 1992: 412).64

Contra las posiciones de la dependencia o la teoría de los sistema-mundo, este trabajo


rescata la perspectiva histórica. Empero, el único punto flaco que encontramos en éste, es
que focaliza únicamente hacia el interior y omitiendo las discusiones internacionales, no
sólo entre Estados Unidos y México, resultaría pernicioso, poco provechoso y etnocentrista.
Contrario a lo que harán los artículos a continuación presentados, el trabajo de Davis
realiza una rescatable ligazón entre la historia y la sociología “científica”.

En el trabajo del sociólogo de origen cubano Alejandro Portes (2004, 2002), al igual que
Davis, busca destacar los temas comunes y proponer una agenda teórica tanto para América
Latina (la cual incluye a México) y Norteamérica (Estado Unidos y Canadá) ausentes en las
reflexiones e investigaciones sobre el tema del desarrollo en ambas regiones. Como

63
Entendidos como: «aquellos procesos sociales, políticos o económicos que ocurren dentro de
espacios específicos o límites territoriales, o que surgen en respuesta a espacios específicos o
concentraciones» (Davis, 1992: 410) (“territoriales […]those social, political, or economics processes that
occur within specific spatial or territorial boundaries, or that arise in response to specific spatial or territorial
concentrations”).
64
“One-party state, or nations with a history of social movements, strong states, or urban problems”.
157
señalamos desde el inicio del capítulo uno, retomando los aportes de Pierre Bourdieu y de
igual forma la discusión de la sociología respecto a otras disciplinas, nos invita a que se
fomente la impertinencia crítica de la sociología, para que la sociología llegue a ser
pertinente, presente desde los trabajos de los fundadores de la disciplina como Marx y
Durkheim. Portes argumenta que la sociología latinoamericana ha llevado consigo esta
tradición impertinente; al desafiar los saberes transmitidos y los valores y prácticas
occidentales, los cuales propugnaban un “modelo” de sociedad subordinado y dependiente
de países como Estados Unidos o los europeos. Según él, el mejor ejemplo fue la teoría de
la dependencia.

En ese sentido, la sociología se ha modificado de acuerdo al momento político e histórico


en el que se encuentre. Así, como hemos dicho, puede legitimar regímenes tanto de
izquierda como de derecha, aunque, dichos extremos resultan ser más conflictivos que
innovadores. Como señala: «Existe una correlación casi perfecta entre la democracia
política y el crecimiento de la sociología. En los regímenes autoritarios, la disciplina
languidece y su producción se empobrece profundamente cuando se vuelve complaciente
las directivas oficiales o cuando se sitúa en oposición explícita a ellas» (Portes, 2004: 451).
Estas experiencias las identifica el autor con las coyunturas históricas del golpe de Estado
chileno o el régimen castrista en Cuba. Esta afirmación, de hecho, coincide con la tesis de
“Movimiento de tijeras” que defiende Michael Burawoy (2005: 200) para su sociología
pública: «[…] el centro de gravedad político de la sociología se ha movido en una dirección
crítica mientras que el mundo al que estudia lo ha hecho en una dirección contraria». Como
vimos en el capítulo tres esto también mutiló la comunicación de las comunidades
científicas, en tanto la disciplina con la sociedad civil.

Con ello, este autor señala que en América Latina la sociología ha tenido ciertas
peculiaridades, lo que destaca su esencia “marginal”. Puesto que, por un lado, la repartición
de recursos para investigación científica prioriza y fomenta otras áreas como las “ciencias
duras”, no obstante, por ejemplo, en los Estados Unidos la financiación es más variada ante
la presencia de instituciones privadas y públicas, mientras que en América Latina se
depende por las partidas: «[…] miserables, y la filantropía nacional se dedica en su mayor
parte a obras de “caridad” tradicionales y no a empresas científicas» (Portes, 2004: 452).
Como nos dirá más adelante Gabriel Abend, esto es una fuente de “cientismo” para la
sociología estadunidense. Por otro lado, las preferencias temáticas en la sociología
latinoamericana se han orientado hacia el estudio de la pobreza y la desigualdad, como se
documentó en el siglo XX: «[…] buscando documentar los orígenes de la desigualdad, las
consecuencias para sus víctimas, así como los mecanismos sociales y político que la
mantienen viva» (Ibíd: 452-453). Davis, retomando el legado revolucionario, nos habló al
respecto de ello.

158
Sumado a lo anterior, Portes agrega que la sociología estadunidense elige (y sigue
eligiendo, como dará a entender también Abend) el análisis de la igualdad y la
estratificación, en términos de género, etnia y raza. De hecho, estas temáticas se han
institucionalizados en muchos centros de investigación y revistas especializadas en Estados
Unidos. Ambas preocupaciones bilateralmente se pueden remontar hasta los orígenes de la
sociología y la economía que, conjuntamente ―siguiendo el lenguaje de los aportes de
Portes―, propiciaron agendas en común.

Como vimos en el sub-apartado de “Especialización y disciplinariedad” del capítulo uno,


cuando Lidia Girola se refiere a que la formación debe ser disciplinaria y la investigación
puede ser interdisciplinaria, Portes argumenta cómo en los departamentos de sociología
existen y han existido cierta interdisciplinariedad, no sólo respecto a las disciplinas de
origen de sus integrantes, sino también en lo que respecta a sus posiciones teóricas. A pesar
de ello, como vimos con detenimiento en la parte final del capítulo dos, al abordar las
perspectivas teóricas del rational choise y el neocontractualismo: «[…] cuando las teorías
dominantes de la economía y, cada vez más, de la ciencia política afirman la primacía de
las preferencia individuales, la sociología afirma la primacía del contexto social y las
relaciones sociales» (Portes, 2004: 456).

Así, al hacer énfasis sobre los desafíos y problemáticas que provoca la noción de
“interdisciplina”, ante la ambigüedad que pudiera generar, no sólo durante el proceso de
investigación, sino al momento de realizar la presentación de los resultados obtenidos o con
los miembros de las disciplinas académicas, ante la confusión que existe, sobre todo de la
sociedad civil, entre el científico social con el antropólogo social o el sociólogo. A pesar de
que en Estados Unidos haya mayor aceptación de este tipo de teorías e investigaciones de
corte interdisciplinario, como en su momento hizo el llamado, la Comisión Gulbenkian
liderada por Immanuel Wallerstein, al propugnar el “universalismo pluralista”. El otro lado
de dichos modelos radicaría en no procurar alternativas o avances al conocimiento, por lo
que la defensa disciplinar sigue latente en sus dimensiones epistemológicas como
administrativas.65

65
Según Michael Burawoy, lo que paradójicamente hizo la Comisión Gulbenkian al “abrir las ciencias
sociales” fue cerrarlas, por un grupo “elitista” de académicos que cortó (cut off) la práctica de estas ciencias
con los problemas reales designados a investigar. En ese sentido, crítica los postulados que, según la
Comisión, trataron de desarrollar: 1) el falso universalismo occidental que fue desenmascarado por el
pensamiento feminista, antirracista y anticolonial; 2) la división anacrónica de las ciencias sociales por
objetos de estudio que fueron sustituidos por programas y revistas interdisciplinarias; y, 3) la equivocada
metodología positivista que mantiene dominada a las ciencias sociales. El “universalismo pluralista” que
propugnan para paliar estos hechos, sólo retorna a las ambiciones del positivismo del siglo XIX (y del XX,
agregamos, con el Círculo de Viena y las propuestas de Karl Popper). Según él, dicho proyecto sólo refleja
una utopía abstracta y totalizadora de académicos occidentales, la cual sólo puede ser lograda en un mundo,
valga la redundancia, totalitario; ahora, en el capitalismo, la unificación de las ciencias sociales únicamente
puede ser coercitiva y artificial. La salida, según Burawoy, y por la cual toma a la sociología portuguesa para
argumentar sus ideas, sería establecer preguntas universales con respuestas particulares (universalistic
questions with particularistic answers) a partir de la diferenciación entre conocimiento profesional, práctico,
159
La noción de sociología que ofrece el autor, en relación con lo anterior y para poder
justificar-argumentar sus “conceptos de alcance medio” (Capital social, cadenas mundiales
de producción, transnacionalismo y Estado inserto en la sociedad), es compresible pero un
poco utilitaria:

«La perspectiva de la sociología se centra en la dialéctica de la vida social, en sus


interacciones y consecuencias no buscadas. […] Basados en ella, los sociólogos son capaces
de producir recuentros explicativos y predictivos de los fenómenos sociales que son
originales y distintos de aquellos que provienen de otras ópticas. No existe una empresa
interdisciplinaria viable si no existe primero una perspectiva disciplinaria acabada y clara. La
sociología tiene la suya propia y mejor sería utilizarla» (Ibídem: 457).

Como vimos con mayor detenimiento en el capítulo dos, Portes señala la (todavía no
superada) “crisis de los paradigmas” en su acepción teórica ante la incapacidad de ofrecer
interpretaciones omnicomprensivas de los fenómenos sociales, tal como lo fue en su
momento con el estructural funcionalismo, el marxismo y sus posiciones más
estructuralista y, por parte de la región latinoamericana, la teoría de la dependencia:

«La “crisis de los paradigmas” provoca pesadumbre porque ha dejado a la disciplina privada
de una orientación. Sin una narrativa totalizadora, la investigación sociológica se presenta
como una empresa atomizada capaz de producir sólo una acumulación de hechos
insignificantes. Entonces, se hace necesaria una búsqueda para la recuperación o el
descubrimiento del próximo marco global que unificaría y daría coherencia a la empresa
entera» (Ídem: 458).

También, como vimos en el apartado tres del capítulo uno, al ejemplificar los impactos de
los procesos de especialización y disciplinariedad, Portes pone el ejemplo de la caída del
estructural funcionalismo en Norteamérica; el marxismo y el neomarxismo en Europa y la
teoría de la dependencia en Latinoamérica, las cuales, según él, y que no coincidimos,
comparten un alto grado de abstracción y la carencia empírica en sus escritos.

Bajo la misma línea, el mantenimiento de dichas teorías sólo contribuiría al retraso de las
disciplinas sociales en tres sentidos: 1) la sustitución de una lógica teórica/deductiva a una
empírico/ inductiva; 2) la “desproblematización” del mundo; y, 3) la objetivación de
conceptos. Ante ello, propone un “paradigma propio de la sociología”:

«La sociología tiene su propio paradigma que sólo contiene unos pocos principios
axiomáticos: la autonomía de los fenómenos sociales de sus manifestaciones individuales, la
significación de las normas y los valores sociales en la orientación de la acción humana, la
construcción social de las instituciones, la permanencia y la fuerza restringente de las
estructuras de poder, la inserción de iniciativas personales y colectivas en un contexto de

crítico y público (Burawoy, 2007: 137-141; véase también, Burawoy: 2005: 204-208; 218-220). Estas
disquisiciones las hemos tenido anteriormente en el sub-apartado tres del capítulo uno.
160
relaciones sociales. Más allá de eso, todo es incierto y objeto de investigación. El papel
particular de la teoría dentro del paradigma sociológico es guiar esas investigaciones y
permitir que sus resultados se modifiquen» (Portes, 2002: 128; 2004: 460).

Recuperando los legados de Robert K. Merton y Max Weber, el autor defiende la


conformación de “conceptos de alcance intermedio”, en tanto puntos de encuentro entre las
grandes leyes teóricas y el mundo empírico, pero lo suficientemente abstractos para poder
incorporarse a la realidad social. Bajo este esquema de trabajo, Portes señala que la
sociología latinoamericana ha contribuido al respecto con la “teoría de la marginación” de
Gino Germani, dirigida a destacar las características propias de la pobreza. El concepto, no
teoría como él dice, del “colonialismo interno”, trabajado en gran medida por Pablo
González Casanova, formulado para mostrar las segmentaciones de las poblaciones
indígenas y las relaciones centro-periferia desarrolladas desde la CEPAL por Raúl Prebish
y de forma crítica por los teóricos de la dependencia, utilizadas para demostrar las
diferencias entre el capitalismo y las formas de apropiación de la plusvalía: «Los conceptos
que la ciencia social latinoamericana introdujo, elaboró o popularizó tenían en común que
subrayaban la condición de subdesarrollo y sus manifestaciones particulares en la región»
(Ibíd.: 2004: 463).

Habiendo descrito los “paradigmas” teóricos dominantes (estructural funcionalismo,


marxismo y dependencia), así como los aportes latinoamericanos (marginalismo,
colonialismo interno y las relaciones centro-periferia). El autor basa sus argumentos en la
sociología económica y la sociología del desarrollo, entre otras posiciones teóricas, para
presentar una “caja de herramientas” de tipos ideales intermedios: capital social, cadenas
globales de producción, transnacionalismo y Estado weberiano incorporado.

Sobre el primero ―recuperando nuevamente los aportes de Bourdieu― menciona que son
aquellos recursos tanto individuales como comunitarios que en términos sociales pueden
ser intercambiados por capital monetario. Los factores nodales para dicha transacción serán
la solidaridad y la reciprocidad, los cuales pueden tener un alcance micro o macro, como en
las asociaciones empresariales. Sin embargo, según el autor, quien “popularizó” y trabajó
dicho término de forma heurística y empírica no fue Bourdieu, sino Robert Putnam. La
ausencia de capital social, según éste último, podría provocar el fracaso de la democracia,
incrementar la pobreza y la violencia y generar un estancamiento económico. Empero,
replica Portes, dichas explicaciones resultan tautológicas, puesto que: «la presencia o
ausencia de capital social [da] los mismos resultados a los que atribuye dicha presencia o
ausencia» (Portes, 2004: 465; 2002:133).

Siendo entonces el capital social sinónimo de “civismo”, el sociólogo cubano-


estadunidense sostiene que su aplicabilidad sería más idónea en las comunidades
específicas (poblaciones rurales o barrios urbanos), dado que en dichos conglomerados
existiría más “lealtad de miembros entre sí” o solidaridad confinada y/o una confianza
161
exigible basada en las obligaciones individuales a razón del poder sancionador de la
comunidad.

El capital cultural ―menos trabajado teóricamente según Portes―: «[…] puede definirse
como el repertorio de conocimientos de los que pueden disponer comunidades específicas
para adaptarse a su contorno físico y social y lograr metas. Proviene de una historia
compartida y se transmite a través de un proceso de socialización» (Ibíd.: 2004: 466; 2002:
133). Si bien ambos conceptos “gemelos” (capital social-capital cultural) pueden acarrear
beneficios, su lado negativo destacaría las desigualdades o exclusiones que provocaría tanto
a nivel tecnológico como individual.

Como también nos dirá José Maurício Domingues (ver anexo tres), respecto a las cadenas
mundiales de producción o bienes, éstas se pueden definir básicamente como: «la serie de
actividades humanas requeridas para el diseño, producción y comercialización de un
producto». Sin referirlo, el trabajo del autor coincide con el proceso de producción
capitalista de Marx, apuntando que los cambios al exterior de un país para el crecimiento
económico y la absorción de mano de obra, la cual: «organiza su aparato productivo y se
inserta en los círculos del comercio mundial» (Ibíd..: 2004: 467, 2002: 134).

Rescatando los trabajos de Gari Gereffi, demuestra que tanto los países asiáticos y los
latinoamericanos en vía de desarrollo no se diferencian respecto a la utilización de políticas
de “sustitución de importaciones”, dichas políticas protegían la producción nacional y,
posterior a éstas, se difundían por medio de las exportaciones. Del mismo autor, Portes
distingue entre “cadenas impulsadas por el productor” y “cadenas impulsadas por el
comprador” o consumidor. Las primeras dependen de las firmas transnacionales; buscando,
el control total de todos los aspectos de la producción: «desde el abastecimiento de materias
primas hasta los aspectos de la producción» (Ibíd.: 2004: 46; 2002: 136). Por el contrario,
las cadenas impulsadas por el consumidor están incitadas por minoristas y campañas de
marcas subcontratistas, en las cuales su manufactura está asentada en los países de tercer
mundo (como es el caso de las maquiladoras o las ensambladoras).

Aunque Portes quiera distanciar conceptualmente ambos términos, tanto empírica como
teóricamente, ciertamente los primeros dirigirán la dinámica de los segundos, incluso
resultan eufemismos para las mismas cosas. Esto lo destacamos puesto que el autor
(recuperando a Giovanni Arrigui) identifica dos paradojas: la primera establece que al
existir mayor desarrollo industrial se amplía la pobreza; la segunda, radica en que para
promover el crecimiento y el empleo, se tiene que ingresar a los círculos de comercio
global.

El concepto de transnacionalismo, a nuestra consideración, quizá sea el más fructífero.


Puesto que comparte cierta legitimidad institucional con la comunidad sociológica, al poder
―con cierta imprudencia conceptual de nuestra parte― “explotar” tanto teórica, empírica y
162
metodológicamente las problemáticas implícitas, aún con sus variaciones, esta vez,
contextuales. Como mencionó Davis hace pocos párrafos, junto con las cuestiones urbanas,
los fenómenos migratorios han ocupado un lugar privilegiado en los estudios de corte
sociológico en Estados Unidos y México. Dicho concepto “intermedio”, lo presenta Portes
como: «los campos sociales que crean los inmigrantes entre sus comunidades y naciones de
origen, generalmente pobres, y los países avanzados donde se establecen» (2004: 473;
2002: 137).

De manera análoga con los países africanos respecto a los europeos, la exportación tanto
legal e ilegal de personas de América Latina a ciudades norteamericanas, se ha vuelto parte
de la dinámica económica de ambas regiones. Países que dependen de las remesas enviadas
por sus paisanos sólo comprueban dicha lógica: «No debería sorprender que
aproximadamente una décima parte de la población de países como México, El Salvador,
República Dominicana y Haití vivan en el exterior. Varias ciudades latinoamericanas tienen
su “segunda ciudad”, en lo que se refiere al tamaño de la población, en Estados Unidos,
principalmente en Nueva York, Los Ángeles y Miami» (Ibíd.: 2004: 473; 2002: 138).

Si bien, lo que fluye con mayor rapidez es la mal llamada “mano de obra barata”; a nivel
profesional y técnico, la “fuga de cerebros” se ha vuelto una constante que, como vimos en
el capítulo tres, se ha vuelto parte del proceso de internacionalización de las comunidades
científicas. Dado que, desafortunadamente: «[priva] a los países pobres de sus miembros
talentosos en beneficio del desarrollo» (Ibíd.: 2004: 474; 2002: 138). Esta dimensión, según
Portes, fue omitida por los análisis sociológicos o económicos del desarrollo
latinoamericano.

De igual forma resalta cómo estas posiciones no contemplaron la posibilidad de los


retornos de los emigrantes, solidificando tanto material y simbólicamente, los puentes entre
el país de origen y el de destino, como tampoco contempló el impacto de las tecnologías de
la comunicación y del transporte. Como se sabe, hoy es posible contactar a un “pollero” vía
electrónica o rentar un identificación, alterando su perfil corporal para transitar
“libremente” en alguno de estos países receptores. Aunque pensemos que no estemos en él,
el transnacionalismo, como bien apunta Portes, impactó para capitalizar las oportunidades,
sobre todo económicas, los movimientos políticos, los eventos culturales, el intercambio
religiosos y, agregamos, las dinámicas identitarias.

En términos de teoría sociológica e implicaciones políticas, Portes (2004: 475-477; 2002.


141) sostiene:

«[E]s lo suficientemente abstracto como para abarcar una amplia gama de fenómenos
empíricos y bastante concreto para que los estudios sobre los mismos sucesos puedan
modificarlo y refinarlo. A medida que los gobiernos de los países emisores se involucran en
el ámbito transnacional otorgando la doble nacionalidad y el derecho al voto a sus
163
connacionales en el extranjero, y buscar influir de otros modos sobre sus lealtades, los
estudios sobre este fenómeno adquieren una importancia que rara vez fue tomada en cuenta
en las teorías anteriores sobre el desarrollo. Los gobiernos de los países emisores se han visto
empujados a actuar debido a la magnitud de las remesas de los migrantes ―que en algunos
casos casi equivalen al valor de las exportaciones tradicionales, o los exceden― y al
creciente peso de sus expatriados en los ámbitos político y cultural. A su vez, los intentos de
los gobiernos para cooptar y recanalizar estas iniciativas, esencialmente de bases, llevan al
surgimiento de una dinámica compleja que desemboca en varios resultados inesperados».

Finalmente, en relación con el Estado inserto en la sociedad (Estado weberiano), el autor


menciona las posiciones positivas y negativas que, verbigracia, tuvo el desarrollismo
impulsado por Raúl Prebish desde la CEPAL, en las cuales el Estado era el principal motor
de industrialización. La visión negativa sostiene que la intervención del Estado en el
mercado es dañina, como los sostiene las posturas neoclásicas o “neoliberales” (Cfr.
Faletto, 1981). Para cerrar su trabajo, Portes destaca que los estudios que analizan el papel
de dicho organismo en el desarrollo demostraron la consistencia e inconsistencia de ambos
modelos, sobre todo basado en las investigaciones de Peter Evans (el cual, como mencionó
Davis, en su momento, fue considerado uno de los precursores de la teoría de la
dependencia en Estados Unidos) quien (re)elaboró dos conceptos para dicha diferenciación:
«[…] el “weberianismo” o el grado en el cual un aparato de Estado se acerca al tipo ideal
de burocracia de Max Weber como organización meritocrática, internamente cohesionada y
limitada por reglas, la “inserción” o el grado en el cual la burocracia es capaz de alimentar,
guiar y coordinar iniciativas empresariales privadas» (Portes, 2004: 470; 2002: 143).
Finalmente, muestra cómo esta tipología se pudo vincular con variables de desarrollo
económico.

Tenemos que hacer una pausa crítica en dos sentidos: Primero, como vimos en el capítulo
dos, al paradigma propio de la sociología, conforme a todas las discusiones que se han
tenido respecto a la noción de paradigma, éste se establece en una relación teoría-
metodología-técnicas de investigación, dado que su gran valor heurístico y epistemológico,
puede fácilmente tergiversar su utilidad analítica, en este sentido utilizar sólo la perspectiva
conceptual sin incorporar los aspectos anteriormente señalados puede, en ese sentido, hacer
que la sociología se reduzca al análisis lingüístico y semántico de los fenómenos sociales,
sin incorporar los aspecto reales de las relaciones sociales.

Segundo, la forma de abordar estos conceptos intermedios (tanto los latinoamericanos


como los propuestos) no hablan únicamente en términos de indicadores socio-económicos,
por lo que omitir la perspectiva histórica es letal, puesto que si se pretende que tengan una
visión de futuro, el pasado queda aniquilado, incluso pasa desapercibido, como dijimos con
respecto a su visión del paradigma propio de la sociología; puede ser utilizados de forma
utilitaria. Lo que hemos constatado nosotros es que en realidad lo que puede existir es un
proceso de “reducción”, un movimiento de lo teórico a lo conceptual, ante el infortunio de
164
las condiciones reales de la sociedad y las disposiciones analíticas de la sociología (Bautista
Jiménez y López Cano, 2013).

El sociólogo de origen uruguayo, Gabriel Abend, en un sugerente artículo titulado “Estilos


de pensamiento sociológico: sociologías, epistemologías y la búsqueda de la verdad en
México y Estados Unidos”, como partimos nosotros en el capítulo uno, inicia su
investigación sobre la supuesta “nacionalidad” de la ciencia y su poca utilidad. En los
mismos términos, la necesidad de reconfigurar la sociología del conocimiento, la
delimitación de un objeto de estudio, entre otras problemáticas que expone durante todo su
trabajo. El argumento principal (hipótesis) que expone, razón por la cual lo hemos
retomado, es: «en los discursos de las sociologías mexicana y estadounidense subyacen de
manera consistente supuestos epistemológicos significativamente diferentes» (Abend,
2007: 574; cursivas en original). Aunque ambas comunidades hablen en nombre del
conocimiento científico “verdadero” sobre el “mundo” social, según este sociólogo, existen
ciertas diferencias que abarcan desde el gusto por las temáticas, algunos de los cuales ya
nos han señalado Davis y Portes, hasta el lenguaje que utilizan para realizar sus trabajos
académicos.

Para realizar su cometido, el autor recoge sus datos considerando los siguientes aspectos: la
naturaleza y la dimensión epistemológica en el diálogo que hay entre teoría y evidencia, la
búsqueda de objetividad epistémica, y el ideal de una ciencia libre de valores. Con estos
supuestos, y utilizando severos criterios de discriminación, Abend selecciona 60 artículos
“no cuantitativos”, de las revistas sociológicas líderes de Estados Unidos y México
(Estudios Sociológicos, Revista Mexicana de Sociología, American Journal of Sociology y
American Sociological Review), en “muestras” de quince por publicación, elaborados entre
66
1996 y 2000 para las mexicanas, y entre 1996 y 2001 para las estadunidenses. Según él,
los términos sociología mexicana o sociología estadunidense son “etiquetas cómodas” más
que términos de distinción.

Dada las dimensiones de su investigación, y para una lectura más didáctica, hemos creado
un cuadro comparativo con el fin de señalar sus principales ideas, como lo hicimos con los
autores anteriores. Los supuestos antes señalados (teoría, objetividad, neutralidad y,
agregamos, metodología) los hemos destacado en la primera columna en negritas,
incorporando las variaciones que estos tiene en su interior (realidad general regular,
deductivismo, reconstrucción de la investigación, etcétera) marcándolos en cursivas
(respetando la lógica del artículo). Las diferencias entre la sociología estadunidense (ART-
E) y la sociología mexicana (ART-M), se encuentran en las columnas subsecuentes.

66
Aunque Abend especifica que los artículos seleccionados pueden ser solicitados a él mismo, en la
bibliografía de su artículo se pueden hallar referencias a 20 artículos sociológicos mexicanos (ART-M) y 27
artículos sociológicos estadunidenses (ART-E).
165
Presupuesto Sociología estadunidense Sociología mexicana
(ART-E) (ART-M)


1.Metodología Mayormente cuantitativos (incluso en Mayormente cualitativos.
sus trabajos no cuantitativos). Características: Uso de intuiciones y
 Características: Uso de modelos retóricas argumentativas poco
estadísticos y prácticas argumentativas formales.
muy estandarizadas.

2.Teoría Cercano al modelo de teoría de alcance Ninguna teoría es puesta a prueba


intermedio de Robert K. Merton: con los datos: Realización de lecturas
Realización de proposiciones lógicas teóricas no asociadas con el mundo
apegadas a los datos. empírico.
Comprueban hipótesis antes que Uso de conceptos o definiciones para
falsearlas. interpretar o aclarar aspectos
Lugar de la teoría en los argumentos: particulares de la argumentación.
siguen un formato estándar de Utilización “libre” de las teorías.
organización. Lugar de la teoría en los argumentos:
cuando el escrito lo requiera.

2.1. Realidad Utilización constante de proposiciones Carencia de proposiciones generales.


General Regular generales que se sostienen de forma Próximo al polo “idiográfico”:
autónoma del tiempo y del lugar. “compresión” del problema
Similares a leyes. empírico; darle “sentido-interpretar”.
Próximo al polo “nomotético”: Abstracción de principios generales
comprobar un problema teórico por “ocurrencias” empíricas
todavía más amplio. concretas (estrategia equívoca).
Justificación del caso de estudio Acercamiento al determinismo antes
concreto y de su relevancia teórica. que al probabilismo.
Destaca el papel epistémico de los
casos empíricos (pasa de enunciados
particulares a generales).
Alejamiento del determinismo para
acercarse al probabilismo.

2.2. Deductivismo Utilización de enunciados a partir de Nulidad de lógica deductiva.


una inferencia deductivas: un Construcción de teorías apegada lo
enunciado teórico que se deriva de un más posible a los hechos.
enunciado empírico. Teorías como gramáticas: “cuentan”
Construcción de teoría a partir del o “narran”.
mundo empírico.
Teorías con contenido empírico:
“muestran” o “exponen”

3. Objetividad Manejo de procedimientos Negación del “conocimiento


epistemológica estandarizados, rígidos y formalistas objetivo” como verdadero y al que
para lograr un “conocimiento cualquiera pueda tener acceso.
objetivo”. Objetividad ontológica:
Objetividad ontológica: neutralización maximización de la subjetividad.
de la subjetividad.
166
3.1. Reconstrucción Reconstruye el proceso de No reconstruye el proceso de
del proceso de investigación para «ocultar lo caótico, investigación.
investigación lo contingente y lo que se hace sin Inexistencia de un modelo estándar
método». de publicación basado en el método
Su modelo «se basa en los bien científico.
ordenados pasos del método científico:
“introducción”, “teoría” o “reseña de
los estudios sobre el tema” o “estudios
precedentes”, “datos y métodos”[…]
“resultados” o “hallazgos”,
“discusión” o “conclusión”» (Abend,
2007: 597).

3.2.Lenguaje, Incorporación de estándares Implementación de una prosa


matemáticas y concernientes al lenguaje. abstrusa, dando al lector un papel de
símbolos Recuperación constante de la jerga de significador.
los símbolos matemáticos y Descartamiento de las matemáticas y
estadísticos, incluso en técnicas las estadísticas por completo.
cualitativas. Ausencia de cuadros y figuras.
Presencia significativa de cuadros y
figuras.

3.3. Discusión de Exhibición o explicación de datos, Ningún dato, método o técnica de


datos y métodos métodos, de recolección y operaciones investigación es puesta a discusión
realizadas sobre la evidencia, incluso con base en sus propios resultados.
en trabajos cualitativos.

3.4. Cualidad- Ausencia del autor en su texto. Presencia del autor dentro del texto.
condición de autor Implementación de la primera persona Escritura en forma impersonal de la
(authoriality) en la sección de los datos y métodos, tercera persona del singular: «Los
los párrafos donde especifica sus datos y métodos no son objeto de
hipótesis, como en sus resultados y sus discusión o examen y la petición de
contribuciones a la ciencia. crédito […] es menos frecuente […]»
(Ibíd.; 604). Incluso en el lenguaje
coloquial.

4. Neutralidad ética Limitación al máximo de juicios de Emisión de juicios de valor; sean


valor afectivos, estéticos o asimilativos;
que tomen “partido”; que sean
morales o reflejen bondad. Los
tópicos que contribuyen en asentarlos
son: política, identificación con la
nación y la comunidad o el
neoliberalismo.

Para cerrar la presentación de sus datos, y pasar inmediatamente a la exposición de sus


“hallazgos”, Abend remarca cómo los sociólogos estadunidenses están más asociados a la
izquierda política que el resto de la población, pero que no abandonan el lugar de la
“verdadera ciencia”. Esta afirmación coincide, una vez más, con la tesis de movimiento de
167
tijeras de Burawoy, anteriormente destacada. Resulta paradójico que un trabajo que en todo
momento increpó por la lógica empírica (por no caer en el empirismo abstracto) utilice el
relativismo kuhnieano para sustentar sus conclusiones.

Como vimos en el cuadro, las diferencias epistemológicas entre la sociología estadunidense


y la sociología mexicana son significativas, respecto de la teoría, la objetividad y la
neutralidad. Lo cual, según Abend, es lo fundamental para un “programa de investigación”
de la sociología del conocimiento, la cual tome al conocimiento científico sobre la base del
contexto social, ideal que, sin alardear, coincide con nuestra definición de sociología que se
propuso al inicio. Bajo la misma línea, da a conocer cómo su investigación destaca los
presupuestos epistemológicos en términos de contenido cognitivo y de
inconmensurabilidad.

Sobre el segundo presupuesto dice que pueden tener tres tipos de organización: 1)
Semántica; 2) Perceptual; y, 3) Epistemológica. La primera argumenta la inexistencia de un
lenguaje neutral, la segunda, retomando el ámbito profesional, es la práctica de visiones de
mundos diferentes, la última sostiene que existen distintos estándares para evaluar la teoría.
Las últimas dos nociones para ser más inteligibles, recuperan la noción de paradigma,
cuestión que ya abordamos.

Cayendo en una suerte de conductismo sociológico, Abend arguye sobre los estímulos que
se les dota a cada comunidad, los cuales pueden generar “sensaciones” diferentes. Las
cuales, quedan demostradas en los vocabularios, las funciones de la teoría y el conjunto de
términos que ocupan ambas sociologías. Lo anterior, infiere el autor, lleva a tomar el
criterio de traductibilidad como sinónimo de lenguajidad (languagehood), por las siguientes
razones: «un enunciado intraducible no sería comportamiento lingüístico, sino un ruido
caótico» y «la incapacidad de traducir no implica la incapacidad de entender» (Abend, Óp.
Cit.: 614, 615). De esta manera, Abend justifica porque su artículo se asemeja a la
sociología estadunidense.

Su trabajo termina con la propuesta de utilizar el contexto para dar cuenta de variación
epistémica entre distintas comunidades (lo cual consideramos plausible, incluso para
nuestra propia investigación), para esto destaca cuatro “líneas de reflexión”:

I) El establecimiento de una disciplina respecto de los actores y las comunidades


diferenciadas, pero que resulten relevantes. Esta idea coincide con la crítica de Burawoy al
“universalismo pluralista”, que expusimos cuando abordamos el trabajo de Alejandro
Portes. También pone el ejemplo de las agencias de financiación científica, públicas o
privadas, que, en el caso estadunidense, ponen en alto el “cientismo” del uso de sus
recursos. Caso contrario en México, de lo cual hablamos en el capítulo tres.

168
II) La segunda línea contempla la relación entre sociología y política, en la cual, los
sociólogos estadunidenses están orientados por instituciones científicas; mientras que los
sociólogos mexicanos toman tanto lo científico como lo político. La tesis de La
multiplicidad de sociologías públicas de Burawoy (2005: 202-204), comparte en gran
medida este planteamiento; la cual, de manera gráfica, hace la distinción entre sociología
pública tradicional y sociología pública orgánica, donde el sociólogo pasa de ser
comentaristas de asuntos públicos o privados a involucrarse en los movimientos de las más
distintos índoles (políticos, sociales, culturales, etcétera), dando la apertura a un público no-
sociólogo de participar. Por ello, Abend sostiene que: «Más que sólo operar en cálculos
utilitarios o desarrollar algoritmos que proporcionen los medios más eficaces para alcanzar
fines políticos definidos en otro lugar, se ha esperado de los sociólogos que identifiquen ,
articulen y critiquen los fines mismos» (Abend, Óp. Cit.: 617).

III) Recuperando la noción de aproximación “socio-epocal o macrosociológica” de George


Steinmetz, Abend reitera el impacto de las estructuras sociales y los discursos culturales en
el conocimiento científico, dependiendo el contexto social, haciendo que: «[…] algunas
epistemologías y ontologías [aparezcan] a la gente más plausibles que otras» (Ibíd.: 618;
cursivas en origina).67

IV) Finalmente, y como cuarta línea, supone que ambas sociologías no deben ser
consideradas como independientes. Sin embargo, “muestra” cómo la sociología mexicana
se ha resistido al cientismo de los métodos y trabajos de los Estados Unidos; lo que José
Luis Reyna (1979: 67) llama la “latinoamericanización” de la sociología. Otro aspecto del
cual ya nos habló Sara Sefchovich en el capítulo uno, refiriéndose a las influencias
teoréticas de la sociología en México. Abend sostiene que la sociología mexicana toma
inspiración de tradiciones europeas, sobre todo francesas: «[…] que otorgan prestigio a los
intelectuales públicos y ven las “visiones de ningún lugar” con suspicacia» (Abend, Óp.
Cit.: 619). Asimismo, sin romper el presupuesto de consecuencias particulares
deductivistas, Abend reitera el carácter empírico de la epistemología, lo que él propone
como material para una “sociología empírica de la epistemología”, con el propósito de
poner fin al “blandismo” de la disciplina. Cosa que hemos discutido, junto con el tema de la
especialización, en la parte tres del capítulo uno.

Con estas interesantes ideas, empero, tenemos que destacar algunos puntos de forma crítica
bajo los supuestos que hemos trabajado en esta investigación. Como se puede observar,
desde los primeros argumentos del artículo, Abend propugna más por una ciencia social-
natural, que una disciplina científica histórico-social. De igual manera, cada presupuesto e
idea de reflexión que desarrolla, más que una relación sujeto-objeto u objeto-sujeto (ver

67
En la parte final del capítulo dos, ejemplificamos aquellas propuesta que quieren acercarse al
modelo de paradigma, las cuales encajan en este ideal, como el rational choise, el neocontractualismo, el
posmodernismo, la grounded theory y el pensamiento complejo.
169
capítulo uno) remite a una tautología objeto-objeto (incluso autorreferencial), aunque hable
en nombre de la “verdadera ciencia”. Las “muestras” de artículos de Abend, cargan
tradiciones cientificistas que, contrario con Davis y Portes, esterilizan algún intento, a pesar
de que lo proponga en su línea reflexiva III, de diálogo intercomunitario. Limitando, como
se vio en el capítulo tres, algún intento de comunicación, competencia, interacción y/o
internacionalización en y entre la comunidad sociológica mexicana y la estadunidense.

Un factor real que no deja de sorprender, incluso en el que cae Della Faile en sus escritos,
es el grado de “acceso a la información”. Por ejemplo, las revistas de sociología mexicanas,
que toma como referencia Abend, son de acceso gratuito desde, dependiendo de sus
políticas tecnológicas, cualquier país con internet. La facilidad incluso es mayor con los
repositorios institucionales (El Colegio de México o la UNAM, respectivamente) hasta las
plataformas virtuales como la Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe,
España y Portugal (REDALYC) o la Scientific Electronic Library Online (SCIELO)
quienes, ya sea directamente consultando en las páginas electrónicas o descargando el
artículo en algún hardware, no imponen restricción alguna. Todo lo contrario con la
American Journal of Sociology y la American Sociological Review.

Es decir, al tomar aleatoriamente algún artículo que utilizó Abend para su investigación, el
acceso es “limitado” (a pesar de que alguna institución de prestigio utilice sus servidores
para tener acceso, de hecho, en no pocas ocasiones, algunos docentes y alumnos
desconocen dichos recursos), hay links caídos, su ubicación está en páginas diversas o
anclados en los páginas personales de los autores; pero la publicación completa es
inaccesible. Incluso, todavía usando plataformas institucionales, no se puede ingresar al
archivo, como en los números recientes, en los servidores “sin fines de lucro”, como Wiley
Online Library o Journal Storage (JSTOR), ofrecen precios para descargar los artículos.
Verbigracia, la versión en inglés de la investigación de Abend, en JSTOR, tiene un precio
de catorce dólares. Usando los aportes de Michael Burawoy, que retomamos para comparar
algunas ideas del texto de Abend, el que la sociología quiera o llegue ser pública, no
significa que sea “gratuita”.

Asimismo, los trabajos de los sociólogos mexicanos y latinoamericanos, que señalamos a


pie de página al inicio de este apartado, hacen una lectura total de alguna o algunas
publicaciones. Experiencias que pudo haber tomado Abend, puesto que sólo las enuncia,
para enriquecer, todavía más, su investigación. Con esto queremos destacar, tomando las
ideas que hemos desarrollado y retomando los aportes de los autores de este apartado; de
manera coloquial, “no existen hilos negros” en la sociología. Lo cual, como vimos en sub-
apartados anteriores, nos lleva a un problema de profesionalización. Si bien Abend defiende
de manera acérrima el ideal epistémico del mundo empírico, y por lo tanto del científico, no
va a contracorriente, ni disocia, como destacamos nosotros en los presupuesto de potencia,

170
construcción e historia del sujeto con base en las ideas de Zemelman, la función epistémica
del humanismo.

La sociología latinoamericana y la sociología mexicana, han sido algunos de los campos de


especialización trabajados por el sociólogo canadiense Dimitri Della Faille, generalmente,
utilizando el análisis del discurso como método de investigación, destacando las principales
temáticas en algunas regiones del continente, así como también ha desarrollado a los
autores fuera de establishment de la academia. De manera innovadora, enfatiza el uso de
programas computacionales para facilitar la contabilización de palabras dentro de un texto.
Algunos de sus escritos son antes conocidos en español y, posteriormente, en inglés y
francés o viceversa. Las revistas mexicanas (de las cuales se sirve como referentes
empíricos), de hecho, publican los resultados preliminares de sus investigaciones o
enuncian que posteriormente serán incorporados en “un trabajo de mayor alcance”.

Por ejemplo, en un artículo publicado en 2009 en Estudios Sociológicos (cuya primera


versión se conoció en francés en 2008 por la Revue d’histoire des sciences humaines y su
continuación en 2013 por The American Sociologist), analiza el papel de las agencias
financiadoras de Estados Unidos, en proyectos que tengan como objeto de estudio América
Latina, esto, durante la década de 1960. Como también lo hicieron en sus trabajos Davis y
Portes, retoma la importancia del pensamiento del desarrollo, pero esta vez de manufactura
estadunidense, dado que, según él, dicho pensamiento se alimentó de teorías sociales y
68
económicas de académicos de ese país. En respuesta a ello, el establecimiento y
financiación en áreas culturales y en los estudios sobre América Latina aumentan.

68
En un artículo publicado en 2011 por la Journal of Multicultural Discourses, titulado “Discourse
analysis in international development studies: Mapping some contemporary contributions” (que podríamos
traducir como “El análisis del discurso en los Estudios del Desarrollo Internacional: Rastreando algunas
contribuciones contemporáneas”) Della Faille destaca el éxito de los análisis del discurso, que critican y
estudian la discriminación de género, la cultural o de clase dentro del discurso (speeches), los libros (texts) y
las representaciones (images). Por tal motivo, y al existir abundante material pero poco tocado, señala la
pertinencia que esta metodología puede tener en los estudios del subdesarrollo (underdevelopment studies) y
la Segunda Guerra Mundial. Paradójicamente, como mencionamos al principio de este apartado, esto
coincide con el establecimiento de América Latina y los países en vías de desarrollo como objeto de estudio
para los países vencedores. Por tal motivo, justifica cómo en los Estudios Internacionales del Desarrollo
(International Development Studies, IDS) puede ser utilizado el análisis del discurso para analizar las
dinámicas del poder dentro de los discursos, los libros y las representaciones. Posteriormente define cómo se
va del desarrollo internacional a los IDS. Es decir, precisa que el desarrollo internacional era entendido como
un conjunto de estrategias, ideas, políticas e instituciones puestas en marcha después del conflicto bélico; en
el cual el desarrollo adquiere un significado apegado al crecimiento económico, la reducción de la pobreza, la
paz mundial y con motivación central para emprender acciones. Los IDS consistirían en un campo de
conocimiento multidisciplinario, heterogéneo y práctico, que estudia la transformación de las llamadas
“regiones subdesarrolladas”, el cual, contemplaría las costumbres sociales específicas, las reformas aplicadas
para el desarrollo y las relaciones internacionales y los intercambios económicos globales. Con base en lo
anterior, Della Faille critica las posiciones latinoamericanas de la dependencia y los análisis del discurso
clásicos, influidos por Michel Foulcalt y Sara Mills. En consecuencia, los IDS contemplan tres dimensiones:
la perspectiva de género, el análisis de los contenidos y el desarrollo internacional. A razón de lo anterior, el
autor presenta las contribuciones de los principales exponentes de los IDS: Chandra Mohanty, Arturo
171
La implementación de perspectivas post-estructuralistas (Arturo Escobar), el análisis del
imperialismo o la hegemonía de los Estados Unidos (Mark T. Berger, Ricardo D. Salvatore)
y la implementación de la historia intelectual (Nils Gilman) son reflejo de dicha época. Los
cuales, no pretendieron inferir iniciativas individuales: «sino, más bien, delinear las grandes
tendencias estructurales y coyunturas a partir de variaciones o del mantenimiento en el
tiempo de formas de colaboración en un medio competitivo. En este ambiente, los actores
―cuyos objetivos son diversos― entran en competencia por la influencia, por el acceso a
recursos económicos y al prestigio» (Della Faille, 2009: 963).

Al igual que en el artículo de Abend, Della Faille utiliza la noción de sociología mexicana
como “recurso estilístico”, sin embargo la definición de sociología de Estados Unidos es la
siguiente: «[…] un campo en el cual se encuentran activos sociólogos profesionales,
estudiantes y actores institucionales (centros e institutos de investigación)» (Ibíd.: 965). Lo
anterior lo hace el autor para mostrar cómo en la sociología “contemporánea” (de esa
época) en dicho país, la producción sobre América Latina ocupa un lugar secundario,
reflejado en escasez de contribuciones en la Journal of Inter-American Studies entre 1959 y
1969, en la Latin American Reseach Review (LARR) entre 1965 y 1967 y dentro de las filas
de la Latin American Studies Asociation (Asociación Estadounidense de Estudios
Latinoamericanos, LASA).

Tanto en las publicaciones como en la asociación, el número de integrantes supera, hasta


por cuatro veces, el número de sociólogos. Hay una presencia significativa de historiadores,
politólogos, economistas, especialistas en lenguas y literatura latinoamericana. Desde el
panorama de las publicaciones propiamente sociológicas, las cosas fueron algo alentadoras:

«Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de la década de 1960, las
principales revistas de sociología de Estados Unidos sólo esporádicamente publican estudios
que versen sobre América Latina. Apenas uno por ciento de los artículos concierne a América
Latina. Sin embargo, las cosas cambiarán durante la década de 1960 y lo que entonces
parecía surgir más del azar, se vuelve un crecimiento sostenido. No obstante,
proporcionalmente, los artículos de sociología respecto de América Latina publicados en las
revistas de divulgación general en Estados Unidos siguen siendo omisibles. A diferencia del
periodo precedente, lo que caracteriza la década de 1960 es la estabilidad en el tiempo de la
publicación de artículos sobre el tema. Como consecuencia, se impusieron como algo dado,
desde luego menor, pero cuya presencia en las páginas de las revistas de divulgación
sociológica crece de manera constante» (Ibíd.:967).

Escobar, James S. Scott, James Fergunson y Gilbert Rist, concluyendo que los problemas suscitados y
abarcados por los IDS son parciales e incluso, los autores presentados polemizan más que investigan, lo que,
coincidiendo con Della Faille, puede ser subsanado con material empírico (Della Faille, 2011a). Sin embargo,
su popularidad también se puede observar en los programas sur-sur o, agregamos, en las perspectivas
decoloniales y poscoloniales.
172
Esto, según el autor, se puede desprender del desinterés de los estudiantes y académicos de
sociología por cuestiones latinoamericanas: «Se puede decir entonces que la sociología
contribuye poco, en términos cuantitativos, a los estudios latinoamericanos en Estados
Unidos» (Ibíd.: 968). A pesar de la proporción de investigadores y estudiantes de
sociología, el monopolio por parte de la antropología y la historia en temas sobre América
Latina, no causa sorpresa, esto, si se considera la importancia de las recepciones de
investigaciones sobre el desarrollo, bajo la influencia del culturalismo o el estructural
funcionalismo durante dicha época (Vid. también Della Faille, 2011a: 218-221).

Con base en lo anterior, Della Faille, tomando como referencia los trabajos publicados por
la LARR entre 1965 y 1967, distingue los tipos de investigación sociológica sobre América
latina en: proyectos “grandes” (y muy subsidiados); proyectos “medianos” (con subsidios
importantes); y, proyectos “pequeños” (y poco subsidiados). Los primeros recibieron
importantes partidas, sobre todo de la Fundación Ford, teniendo un numeroso equipo de
trabajo y con una durabilidad por varios años. Los segundos recibían subsidios hasta por
100, 000 dólares de los años sesenta (los proyectos grandes recibían hasta por más de 250,
000 dólares), sus integrantes alcanzaban la media y su duración era limitada. Los
“pequeños” eran proyectos destinados y subsidiados a un investigador, por lo que su
duración era bastante corta.

A estos tres tipos de proyectos, se agrega uno más, el cual tenía: «[…] por objetivo la
realización de un libro y [podían] ser otorgados a uno o dos investigadores que
69
combina[ban] sus investigaciones (limitadas empíricamente)» (Della Faille, 2009: 970).
De igual forma, los “grandes” proyectos estuvieron en “grandes” universidades que,
incluso, recibieron patrocinio del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, como la
American University of Washington DC. Mientras que los proyectos “medianos” y
“pequeños” residieron, por mencionar algunas, en la Columbia University, la Universidad
de Columbia y la Universidad de Michigan. En este sentido, la investigación sociológica
sobre América Latina fue desarrollada, otrora, dentro de los recintos universitarios y
gubernamentales. A pesar de la afiliación de algunas universidades al ejército y los

69
Un hecho que no podemos pasar por desapercibido es el “grado de colaboración” (al que se suma,
de nueva cuenta, el de disciplinariedad) de y entre los sociólogos. Dicha tesis sostiene que en las ciencias
naturales (también aplicable a las ingenierías, las ciencias agrícolas y medio ambientales, las ciencias de la
salud y las ramas de la tecnología), la forma de elaboración de trabajos científicos es colectiva; los científicos
sociales (al igual que los humanistas y los matemáticos) por su parte, prefieren trabajar individualmente.
Asimismo, el tipo de publicación que prefiere el primer grupo, sería el “artículo” (paper); mientras que los
segundos el libro propio o colectivo (González y González, 2005: 52-54). Si usáramos los argumentos de
Della Faille, desde hace más de 50 años, dicha tesis estaría más que superada. No obstante, puede ser
replanteada cuando se toma el factor “contexto social”. Por ejemplo, y algo de lo cual no se percata Gabriel
Abend, tomando las referencias empíricas de su investigación, existe un equilibrio entre la colaboración
grupal y el trabajo individual en la sociología estadunidense; mientras, la sociología mexicana es
ampliamente individualista. De igual forma, siguiendo los criterios de Della Faille, la sociología mexicana
estaría caracterizada por la presencia de “pequeños” proyectos y, en mayor medida, la creación de libros
(como sucede actualmente).
173
Departamentos de Defensa y de Estado del país norteamericano, que contribuyeron (y
siguen contribuyendo, a modo de intervencionismo, como lo demuestra en la actualidad el
interés político y económico por países como Cuba y Venezuela): «[…] al conocimiento y
debates sobre América Latina» (Ibíd.: 971).

Tomando los proyectos aparecidos entre 1965 y 1967 en la Journal of Inter-American


Studies, Della Faille muestra cómo la financiación fue bastante amplia y heterogénea; sobre
todo en los proyectos imbricados en investigaciones sobre el desarrollo o en los estudios de
las regiones, tipificadas, subdesarrolladas:

«Todos los otros proyectos son financiados a partir de fondos personales de los
investigadores o fondos no específicos, disponibles en centros de investigación,
departamentos o universidades. Los organismos públicos o privados subsidian la gran
mayoría de los proyectos “medianos” y “grandes” y sólo veintisiete de los “pequeños”
proyectos. Entre las principales organizaciones que subsidian los proyectos en sociología
sobre América Latina se encuentran: la Fundación Ford, el National Institute for Mental
Health (Instituto Nacional de Salud Mental, NIMH), el Departamento de Defensa, la US
Agency for International Development (Agencia Estadounidense para el Desarrollo
Internacional, US AID), la Fundación Carnegie y el Social Science Reseach Council
(Consejo de Investigación de Ciencias Sociales, SSRC)» (Ibíd.: 971).

De nueva cuenta, estos argumentos deslegitimarían la tesis de Castañeda (ya expuesta en


páginas anteriores) de que la sociología es un discurso académico-universitario. Más que la
presentación de “cuentas” o informes de labores, lo que también queremos mostrar es la
ausencia, incluso inexistencia, de trabajos que contemplen las partidas destinadas a
investigación sociológica en México. Como vimos en el capítulo tres, el Consejo Nacional
de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y la burocracia universitaria contribuyen en este
hecho.

Teniendo en cuenta las financiaciones, las fundaciones, sobre todo privadas, no “cederán”
ante la presión del gobierno para hacer de sus fondos en desarrollo social y cultural en
América Latina, un medio de coerción, como se puede comprobar en los cambios de
política extrajera de Estados Unidos: «[…] se muestran menos influenciables por estás
“urgencias” y más dispuestas a diversificar las perspectivas y puntos de vista. Las
especializaciones y variaciones en la atribución de fondos se pueden explicar también por
la influencia de los presidentes de las fundaciones» (Ibíd.: 973). Como vimos
anteriormente, esto contribuye al “cientismo” del que nos habló Abend.

Sin embargo, lo anterior contribuye a lo que Della Faille denomina “Tropismo temático”,
en el cual existe: «[…] una correlación parcial entre las variaciones en las orientación de las
investigaciones y los vastos objetivos de la política extranjera de Estados Unidos» (Ídem.).

174
70
Esto provocará un desajuste entre la sociología y las tendencias políticas de ese tiempo.
De hecho, dicho término puede ser aplicable a la sociología mexicana y estadunidense hoy
día. En este último sentido, un aspecto pernicioso, dado que incorpora el problema ético de
la ambición, es que el trabajo del sociólogo se verá influenciado por estrategias de
oportunidades para conseguir financiamiento.

Dicho comportamiento, demuestra el sociólogo canadiense, puede observarse en la


preferencia geográfica y temática hacia los países latinoamericanos, existiendo, amplias
desigualdades:

«Los proyectos que estudian Guatemala, América Central y Cuba son más bien “grandes”;
los que conciernen Puerto Rico, Chile, Perú y Brasil “medianos” y los que estudian
Argentina, México y Colombia son mayoritariamente “pequeños”. Los proyectos sobre el
Caribe son numerosos, pero corresponden fundamentalmente a subsidios de publicación. Los
que refieren a Cuba son llamativamente escasos pero todos subsidiarios. […] [C]asi no
existen ―a excepción de México― centros asociados exclusivamente a un país o región de
América Latina. […] Brasil, Argentina, Colombia y México son en orden descendente, los
países más estudiados. Chile, Jamaica y Perú ocupan un lugar importante» (Ibíd.: 974-975).

Las características de este tipo de trabajos, según el autor, son: 1) Los que examinan los
países más poblados y los centros urbanos más desarrollados de América Latina; 2) Los
países donde sus dinámicas sean relevantes a la política extranjera de Estados Unidos; y, 3)
Los países donde las relaciones políticas y económicas sean fluidas con Estados Unidos.
Llama la atención que esta repartición sea acorde con los «imperativos estratégicos ligados
a la actualidad de la Guerra Fría» (Ibíd.: 976).

De igual manera, basando sus argumentos en las colaboraciones realizadas en la revista


Hispania entre 1963 y 1965, el autor muestra las principales temáticas durante ese tiempo;
de hecho, los principales campos de estudios de Davis, los “conceptos intermedios” de
Portes y las “líneas de reflexión” de Abend, son prácticamente consecuencia lógica de
dichas temáticas, dado que muchas de ellas fueron acordes con la agenda de la CEPAL y la
producción sociológica mexicana de dicho tiempo, los cuales son: los totalitarismos, la
agricultura y la fertilidad, el desarrollo económico y social, la politización y la
industrialización, el cambio y la movilización social, el desarrollo en sus subdimensiones
políticas, rurales y económicas, el cambio tecnológico en la agricultura y el impacto social
de la migración.

70
Un argumento similar a éste, dice que el discurso oficial ha establecido las “modas” en la sociología
mexicana. Por ejemplo, Miguel de la Madrid con “la crisis”, Carlos Salinas de Gortari con “la
modernización”, a los que agregaríamos “fraude” y “violencia” con Felipe Calderón y “reformas” con
Enrique Peña Nieto. (Vid. Girola y Zabludovsky, 1991: 48).
175
El tema de la agricultura será un tema muy acuciante a causa de la transformación social,
vía las migraciones internas; los cambios también se reflejaran en la precarización de la
mano de obra y la competencia con la urbe, la recepción de la tecnología, la politización y
radicalización de los pequeños agricultores y la nacionalización. En un tercer nivel, se
encontraban el estudio de la familia, el lugar de la mujer en las sociedades latinoamericanas
y la fertilidad, también el rol de los jóvenes: «y la incidencia del sistema educativo en la
construcción de la identidad y la movilización social» (Ibíd.: 979).

De entre las ausencias temáticas que destaca el autor, se pueden señalar: las relaciones
antagónicas entre las poblaciones de origen europeo y las autóctonas o las relaciones de
poder entre las mismas. También, como se mencionó hace pocos párrafos, se puede afirmar
el predominio del enfoque sociológico culturalista y behaviorista, sumado a la
radicalización política de los estudiantes y agricultores (como mencionó Davis respecto de
la incorporación de los sociólogos mexicanos a las movilizaciones sociales y estudiantiles
durante los sesenta; los sociólogos norteamericanos harán lo propio, el caso más
emblemático será Herbert Marcuse y sus ideas sobre la liberación).

Por tales motivos, en los estudios con el enfoque del desarrollo se ignorarían las relaciones
de interdependencia internacional, se confundiría guerra con paz y se reflejarán las crisis y
discontinuidades de la región. Esto resultará contraproducente para la producción
sociológica sobre América Latina:

«Los sociólogos insisten sobre los aspectos negativos del subdesarrollo o de la anomia, lo que
lleva a practicar una sociología normativa. En este sentido, su concepción del desarrollo para
América Latina implica que el cambio social debe ser reevaluado cuando resulta disruptivo o
responsable de radicalismos, o bien cuando provoca una fertilidad descontrolada o una
redefinición del lazo social. También es importante señalar las aporías que resultan del
cuando el tradicionalismo o el rechazo del progreso tecnológico frenan el cambio social»
(Ibíd.: 980).

Resulta bastante interesante que Della Faille ligue el desarrollo y las ausencias de las
anteriores temáticas con la implementación de la “Doctrina Truman”, la cual buscará
«explicar los elementos constitutivos de la estabilidad e inestabilidad política de los países
de América Latina» (Ibíd.: 982). Lo cual, en principio, será de interés e influencia para la
economía y la psicología, puesto que, al hablar de “estabilidad-inestabilidad política”, se
estaba hablando de desarrollo. Bajo estos lineamientos, los objetivos de la “Doctrina…”
fueron “compatibles” con las ciencias sociales. Así, la creación de la LASA y, en
consecuencia, la crítica al gobierno de Estados Unidos hacia los países de América Latina
por dicho organismo, contribuyeron al respecto mediante el impulso de los nacientes
“estudios latinoamericanos”.

176
En este último sentido, la sociología se vio en la necesidad de renovarse, ante la carencia de
peso respecto de las otras ciencias sociales y, agregamos, humanidades que, como
apuntamos hace poco, se incorporaron a un campo sumamente fragmentado y dividido. Hay
que subrayar que el autor, a partir de estos planteamientos empieza a ver a la “sociología de
Estados Unidos sobre América Latina” como “estudios latinoamericanos en Estados
Unidos”. Esto, a causa del abstraccionismo en sus escritos, la incapacidad de producir
esquemas explicativos, el diálogo “norte-sur” y el estigma negativo de los investigadores
sobre América Latina, al conocer el idioma y la historia del país a investigar.

De esta forma, el autor concluye que la sociología sobre América Latina es relativamente
joven dentro de los estudios latinoamericanos, al ser una disciplina de primera línea, pero
eclipsada por los discursos sobre la modernización y el desarrollo. Esto, como vimos en el
capítulo dos, nos ayuda a explicar también por qué los “latinoamericanistas” tienen mayor
facilidad explicativa al referirse al término “paradigma”, mientras que los sociólogos
preferirán “tradición”, para referirse a términos teóricos. Ahora, la razón de su
fragmentación y diversificación se puede ubicar en la propia financiación y tematización de
las investigaciones.

En resumen, la principal conclusión a la que llega Della Faille, es que la sociología más que
una herramienta al servicio del imperialismo (“yanqui”) se concretiza: «a través de la
movilización de recursos y en función de reglas propias a cada campo específico» (Ibíd.:
986). Una vez más, recuperando las aseveraciones de Abend, en la sociología promovida
desde los Estados Unidos sólo hay lugar para la “verdadera ciencia” y América Latina es un
objeto de estudio más. Lo mismo para el análisis de la sociología y su relación con la
globalización, como da cuenta en su trabajo “De cómo la globalización dio forma a la
sociología mexicana”.

En este artículo publicado primero en Sociológica en 2011 y corregido y aumentado


recientemente por el Bulletin of Latin American Reseach, sostiene que la globalización ha
tenido una fuerte influencia sobre sociología mexicana al investigar, criticar y comentar los
efectos del capitalismo global y las políticas neoliberales. Como se puede apreciar, Della
Faille es el único, de los otros autores comentados, que de manera directa maneja las
consecuencias de esta doctrina económica y su pertinencia sociológica. Como en el caso de
los “estudios latinoamericanos”, la secuela de una creciente fragmentación dentro de la
sociedad (como vimos en el capítulo uno, en el sub-apartado de modernidad) sólo es un
reflejo más de dicha globalización.

A raíz de esto, Della Faille parte de las transformaciones sociales e institucionales


contemporáneas, entre las que destaca las relaciones de poder en la percepción del espacio
y el tiempo, y en las transformaciones del objeto de estudio de la sociología que

177
interconectan las dinámicas locales, nacionales, regionales y globales. Contribuyendo a
mejores relaciones disciplinarias y comunitarias.

Con estas ideas, coincidiendo con los planteamientos de Abend, Della Faille propone un
programa para la “sociología del conocimiento sociológico” (sic.) que evalúe: «[…] las
consecuencias epistemológicas no deliberadas de las transformaciones sociales
contemporáneas» (Della Faille, 2011b: 149-150). La idea de sociología reflexiva y
autorreflexiva que usamos desde el principio comparte cierta similitud. Para realizar este
cometido, al igual que Abend, Della Faille toma la producción de las principales
publicaciones sociológicas mexicanas (más específicamente las introducciones): Estudios
sociológicos, Revista Mexicana de Sociología y Sociológica, concentrándose en un período
que abarca desde finales de la década de 1980 hasta mediado de los años 2000; un período
que engloba cierto pluralismo teórico y diversidad teórica, para la solidificación de la
sociología como ciencia social líder, la creación de instituciones y revistas y el cambio en
las políticas científicas.

De entre los resultados que consigue el autor se destaca, concebir a la sociología de ese
período como la “sociología de los problemas de México”, esto a partir de tres principales
temas que identifica en las revistas anteriormente señaladas: 1) Sistema electoral y disputa
política; 2) Democracia sindical y capitalismo industrial; y, 3) Pequeña economía agrícola y
economía competitiva global. Lo que salta a la luz son las palabras constantes que aparecen
en el conjunto de artículos: «alarmante, angustia, anormalidad, conflictos, crisis,
dificultad, discriminación, disparidad, incertidumbre, limitación, malestar, peligro y, por
supuesto, problema» (Ibídem: 155; cursivas en original). Si usáramos el criterio de
“neutralidad ética” de Abend, se considerarían indicadores de juicios de valor.

En los primeros estudios sobresale la defectuosidad del sistema político mexicano, sobre
todo en lo que respecta al “futuro de la democracia”, así como la corrupción en «[…]
cuanto a partir del cual pueden expresar su insatisfacción con el estudio de las cosas» (Ibíd.:
156). En los segundos (vinculados tanto académica como históricamente con los primeros)
se enfatizan los abusos cometidos por la economía del capitalismo industrial mexicano, los
cuales conllevan a dos de las principales orientaciones de la sociología mexicana: la
economía tradicional y la sociología política (Cfr. Leyva y Rodríguez, 2006; Pozas, 2006).
Los terceros, coincidiendo casi de forma unánime con Davis, Portes y Abend, estarían
representados por los análisis de los campesinos organizados en movimientos o grupos que
luchan contra los cambios en la economía mexicana. Aunque Della Faille no lo enuncie; la
insurrección de Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994 fue la coyuntura
más representativa al respecto, el movimiento #Yosoy132 y las reformas realizadas durante
los sexenios de Felipe Calderón y, actualmente el de Enrique Peña Nieto, representa y
representaron el más sonado fracaso socio-político a nivel mundial.

178
Basándose en estas temáticas, no es gratuito que el autor señale que: «Los sociólogos no
coinciden en su totalidad en las esperanzas que tienen o en el pesimismo que expresan
acerca del estado actual de las cosas» (Della Faille, 2011b: 158). El derrotismo y los jinetes
del apocalipsis de los que nos habló Zemelman se hacen presentes, sustentados
empíricamente. El optimismo se encuentra en el desarrollo tecnológico para la agricultura y
la salud; sin embargo, éste se ve asediado por el disenso respecto a las orientaciones que
deben de dar las investigaciones, por lo tanto, hay un “retroceso” histórico para entender la
situación actual o analizar los posibles escenarios futuros. De hecho, aunque resulte
interesante, la prospectiva como problema sociológico en México es un campo nuevo y
bastante amateur (Valdés Cobos, 2011).

Regresando al artículo de Della Faille, muestra que dichas temáticas contribuyen a la


diversificación de la sociología mexicana, incorporando el papel del SNI (cuestión que ya
abordamos en el capítulo anterior) y la cerrazón por parte de los editores para el
mantenimiento de temáticas tradicionales y, sobre todo, el impulso de nuevas temáticas:
«Los nuevos tópicos de importancia incluían la condición de la mujer, la pobreza, la
violencia, la salud y, más tarde, complementaron el principal foco de la sociología con los
peligros del sistema electoral; los sindicatos y los movimientos obreros; y la agricultura»
(Della Faille, 2011b: 160).

La utilización del término globalización, observa el autor, se empieza a usar marginalmente


desde 1994, por lo cual, el papel de las élites políticas pasó a un términos menor y se
enfatizó en las víctimas. Se puede decir que, a lo que sucedió en la década de 1960, de
manera análoga, el sentido de empatía hacia los agricultores vuelve por parte de los
sociólogos mexicanos: En este sentido: «Al centrarse en las víctimas en lugar de los
perpetuadores, la sociología mexicana adoptó un enfoque humanista, criticando la
globalización económica con base en la desintegración de las comunidades locales, de
manera más frecuente que las no indígenas» (Ibíd.: 163).

A este grupo se le sumarán los indigentes, las mujeres, los niños e indígenas y, agregamos,
los grupos a favor de los derechos sexuales: «Según los sociólogos, se trata de víctimas de
un proceso más amplio que afecta su vida cotidiana. […] Los sociólogos sienten que los
procesos de cambio económico, social y políticos (descritos como transiciones) están
engendrando dinámicas que van mucho más allá de la influencia en el control de los actores
locales» (Ibíd.: 164). Empero, la problemática de la agricultura seguirá siendo una de las
temáticas más trabajadas, incorporando la categoría de la globalización.

Así pues, usando los argumentos de Della Faille, se puede observar una metamorfosis de la
“sociología de los problemas sociales de México” a una “sociología de la transición de la
sociedad mexicana”. Por lo tanto: «[…] las transiciones son fenómenos que surgen más allá
del alcance de las decisiones cotidianas, de las relaciones locales de poder o, incluso, del

179
entendimiento de los actores. Las transiciones son las manifestaciones de las fuerzas
actuales, mucho más complejas e intricadas de lo que fueron alguna vez» (Ibíd.: 165).

Ante ello se comprende la fragilidad de la sociedad mexicana, al enfrentar a la


globalización, por lo que los sociólogos mexicanos entenderán transición como símil de
“transformación”, en el cual, de nueva cuenta, se encontrarán los grupos vulnerables,
arrastrando consigo consecuencias éticas y epistemológicas. La insistencia en la perspectiva
humanista nunca es soterrada por los sociólogos mexicanos, a pesar que, desde una tesis de
licenciatura a una investigación de gran calado, defiendan acérrimamente el aspecto
científico.

Della Faille concluye su artículo con las “consecuencias epistemológicas de la


globalización”, destacando las principales temáticas ya señaladas y también en la
diversificación de la sociología mexicana (consecuencia, como también vimos en el
capítulo uno, respecto de la especialización y la disciplinariedad), los cuales serían las
principales consecuencias “no-intencionales”. Al tratar de dar una explicación de estos
hechos, como de igual manera lo hizo Abend, recurre a la historia y los historiadores de la
sociología en tres sentidos: 1) Para destacar el papel individual de sociólogos en el
establecimiento de debates y la superación de retos (ideal individualista); 2) Para destacar
el papel de la construcción social del saber sociológico (ideal socio-constructivista); y, 3)
Para destacar las lógicas externas, los factores materiales y el contexto que den cuenta de
las transformaciones conceptuales de la sociología (esta idea, junto con los conceptos
manejados por Portes, contribuyen a lo que en el capítulo tres denominamos “cultura
conceptual”).

Para finalizar, el autor reconstruye algunas hipótesis a posteriori, para destacar las ideas
generales de su artículo:

I) Que existe una influencia directa de los sociólogos renombrados en la


delimitación de las principales temáticas y que las condiciones institucionales
favorecen la realización de la sociología. Coincidiendo con Abend y Burawoy,
la función política del sociólogo estará estrechamente relacionada con el Estado:
«[…] el cual no solamente les permite sostener la investigación sociológica sino
que además tiene un efecto de orientación en la acción del sociólogo al
establecer las políticas y las prácticas» (Ibíd.: 170).
II) II) Que la globalización económica y financiera provocará transformaciones
sociales importantes, en las cuales: «[…] la sociología es una problematización
selectiva de las relaciones sociales y una mediatización de la “realidad”.
Constituye una interpretación de los fenómenos que construye, ante todo, a que
existan en la literatura sociológica y, en última instancia, a que se instituyan
como objetos de preocupación» (Ibíd: 171). La sociología mexicana y, creemos,

180
las “demás” sociologías, no escapan de ese fenómeno. Es decir, a pesar de los
contextos, como lo anotamos en nuestra definición de sociología, y de las
coyunturas sociales y políticas, la sociología mexicana sigue, tal vez, a un paso
corto, los embates en la sociología mundial, lo cual resulta bastante relativo.
III) III) Que la sociedad fragmentada, el incremento de la desigualdad y la reducción
de la clase media, afecta a poblaciones, como mencionamos, vulnerables. Lo
cual ha contribuido a la diversificación de la sociología y a la apertura de
contenido, haciendo de la sociología «[…] un reflejo de la voluntad de los
sociólogos para relatar las transformaciones de la sociedad mexicana a partir de
la multiplicidad de experiencias de vida de las víctimas» (Ibíd.: 172).

Los planteamientos de Della Faille, para la realización de trabajos como el de nosotros,


resultan ad hoc cuando se contempla la producción, sea ésta nacional o internacional, no
obstante, hay que recalcar que usa las revistas mexicanas “de paso”. Como se puede
observar, existe más conexión con los trabajos de Davis y Portes que con Abend y Della
Faille. Más que contribuir al establecimiento de etapas de “optimismo” o “pesimismo”
(González Casanova, 1989: 8; Sefchovich, 1989: 82-86) dentro de la sociología mexicana y
latinoamericana, se puede inferir una etapa de “cambio”, en la cual, como nos dirá en
entrevista Sara Sefchovich, coincidiendo con Zemelman, debe de existir una reivindicación
histórica que ética:

“Vivimos en una etapa de cambio, en donde tengo la absoluta esperanza de que estudiantes
interesados en la sociología, en la teoría y en su país, se opongan a este modo de
funcionamiento y terminen reventándolo. Y terminen haciendo darse cuenta a las
instituciones de educación superior que al final resulta mucho más efectivo y eficiente dejar a
la gente funcionar de otra manera, que meterla en estos “cuadritos”, en estas clasificaciones.
Los estudiantes van a hacer sus tesis, las están haciendo porque la gente quiere recibirse, pero
este tipo de ciencias son un privilegio para aquellos que las puedan estudiar. Entonces, se
tendría que ser muy —de verás— maravilloso el resultado y no lo está siendo, porque las
prisas, porque la beca, porque las exigencias de calidad de los posgrados que ha implantado
CONACYT, obligan a todo el mundo a hacer cosas muy chiquitas y muy rápidas con tal de
sacar eficiencia terminal” (Sefchovich, en entrevista, 2013).

Sin embargo, aunque se pueda percatar de que existe un optimismo en el uso de la


denominación sociología mexicana, como se puede demostrar a lo largo del trabajo, lejos
de fomentar la creación de algo “propio” sin romper los criterios científicos, por razones de
pertinencia crítica y relación comunitaria, lo que realmente existe es una sociología en
México. El capítulo mexicano de la sociología todavía está pendiente.

181
Reflexiones finales

A lo largo de este trabajo, hemos destacado varias dimensiones que se interrelacionan entre
sí y las repercusiones teóricas que de sus análisis se desprenden. Ir del estatuto científico de
la sociología (con sus imbricaciones metodológicas y técnicas) hasta el desarrollo de la
misma en nuestro país, no fue una tarea fácil. Tampoco, como se vio, se trata de ver la
producción general y la situación mexicana aisladamente, sino en cada rubro, verificar
cómo fue su dinámica específica. De igual manera, ninguna categoría o concepto fue una
“etiqueta cómoda” sino “distinciones problemáticas”.

Como vimos en el capítulo uno, el ejercicio autorreflexivo de la sociología, no es sólo un


principio cognitivo para la valoración teórica y epistemológica de la misma y que comparte
con otras disciplinas sociales. Con ello, la sociología como ciencia sigue el concierto de
todo conocimiento creado alrededor del mundo y con la rigurosidad normativa que se
deriva de su calidad como disciplina; es decir, en cierto reclutamiento en su interior y con
los integrantes que se interesan en su prosecución, en la cual, los conocimientos creados en
nuestra región están inmersos.

Por lo anterior, hemos preferido ocupar la noción de “relaciones sociales” como principal
objeto de estudio de la sociología y enmarcarla en “contextos sociales”, puesto que —a
nuestra consideración— se complementan más acorde con la situación contemporánea por
la que atraviesa el mundo, y en la que se ve inmiscuida la propia sociología en tanto
disciplina científica.

Contemplar el trabajo de la sociología, es también contemplar la búsqueda de alternativas


para la solución de problemas (sean macros o micros), pero que —inevitablemente—
generan fricciones (en su fundamentación o aplicación) que se tornan conflictivas. Estas
consecuencias hacen que la sociología tenga un horizonte de temporalidad, y que en nuestro
caso, fue la contemporaneidad lo que determina su naturaleza histórica, pero no se reduce a
ésta por un principio de autonomía científica, disciplinaria y epistemológica.

Al hacer propio estos elementos, el sociólogo se asume como parte de su objeto ¡No lo
sustituye! Pero la distancia analítica la define por su calidad de sujeto; que no se reduce a
exaltar la subjetividad, puesto que correlaciona la potencialidad (determinada por el
tiempo) y la historia (determinada por la coyuntura, pero no en el sentido de inmediatez o
espontaneidad). Cabe aclarar entonces, que, por ejemplo, es muy distinta la labor del
sociólogo-investigador que la del historiador-investigador, por la construcción que realizan,
respectivamente, con sus objetos de estudio y la investigación realizada por los demás
cientistas sociales, sobre todo a partir de sus resultados.

Siguiendo esta línea, señalamos que no existe una diferencia significativa en cuanto a
formación, pero sí simbólica respecto al reconocimiento de la comunidad sociológica, entre
182
los así llamados sociólogos académicos o científicos y los sociólogos empiristas o de
campo. Esto, a razón del fuerte componente teórico de la empiría y la fuerte carga teórica
del mundo empírico.

La sociología, de esta forma, se presenta como una práctica y un producto social, tanto por
el trabajo (intelectual y de campo) que realizan colectivos con una identidad profesional,
como por los resultados que la propia sociología trata de explicar y, agregamos,
comprender. La sociología, en este tenor, no descuida la reflexión teórica y la
fundamentación empírica, en particular con los instrumentos conceptuales. Busca dar razón
—bajo sus propios criterios— de su existencia y pertenencia, como de sus dimensiones con
respecto con otras disciplinas o “tipos de conocimiento” como el sentido común.

Con ello, una forma de delimitar el “universo de estudio” de la sociología, es a través del
proceso de modernización y los cambios que éste le imprime históricamente a los
acontecimientos sociales (como en la Revolución Mexicana, la Segunda Guerra Mundial, la
Guerra Fría, etcétera) dado que nos da insumos para su re-análisis. Por ejemplo, podemos
partir de la herencia humanista que, definitivamente, tiene la sociología en nuestro país
(como lo reflejan los primeros trabajos de los positivistas mexicanos o en los primeros
números de la Revista Mexicana de Sociología) o en las disputas que, tempranamente en el
siglo XX, se insertaron dentro de la misma (positivistas vs hermeneutas; empiristas vs
humanistas, entre otros).

Estos sólo incrementan el patrimonio cultural y teórico de la sociología, a pesar de que, en


sus principales representantes, no fuera su intención. No obstante, cada día son más
presentes los vicios dentro de los recintos académicos, sobre todo la adaptación de
propuestas (teóricas, metodológicas o técnicas) provenientes de otros contextos, sin una
revisión de sus fundamentos y su viabilidad para crear líneas de investigación de
vanguardia, aunque esto no represente opciones viables de crecimiento dentro de las
comunidades académicas a nivel teórico y profesional.

Hoy día, y esperemos que no perdure por mucho tiempo, sigue siendo un tema de análisis,
aunque con matices de todo orden, que varían social y académicamente. Todas estas
variaciones están presentes en una temática que ha aquejado a la sociología desde su
fundación y con sus principales exponentes teóricos: la modernidad. Como se vio, hay
voces que afirman que es el centro de estudio de la sociología y que sus análisis posteriores
se deben abocar en la misma. No obstante, no creemos que la modernidad se deba leer ad
pedem litterae con respecto a la sociología, dada su versatilidad conceptual y los debates
presentes dentro de ella.

Siguiendo nuestra discusión, la modernidad (al igual que sus altitudes en moderno y
modernización) a lo largo de la historia del pensamiento social, se ha relacionado con otros
fenómenos que hablan de la situación en un determinado contexto social. La vinculación
183
otrora de la modernidad con progreso, democracia, capitalismo, razón, evolución u otra
denominación que no se asocie con los elementos “tradicionales” como estancamiento,
inmutabilidad, socialismo u oriente, hablan de discontinuidades y rupturas antes que de
acumulación y objetivos orientados.

Como constatamos, los principales ámbitos que abarcarán dichas discontinuidades y


rupturas, serán la ciencia y la tecnología. La primera vinculada con la razón; la segunda,
con la transformación de la naturaleza. Por lo anterior, se explica el motivo del uso, sobre
todo en teoría sociológica, de binarismo-dualismos en nuestras disciplinas. En la época
reciente, es necesario replantear su utilidad; dado que, antes que representar ideas
antagónicas, resultan ser categorías recíprocas. Esto hace posible la aparición de “nuevas”
categorías sociales como intelectual, extranjero, normas, burocracia y, principalmente,
ciudadano.

La aparición de estas categorías no sólo repercuten a nivel teórico, también a nivel


metodológico; sobre todo en la observación y la distinción, tal como dieran cuenta las
perspectivas funcionalistas mediante los “teóricos de la comunicación” o los “teóricos de la
diferenciación” y, posteriormente, en el desarrollo de la teoría de sistemas. Mediante la
implementación de indicadores, trataron de medir a la modernidad, pero por su propia
dinámica, difícilmente logró la generalidad deseada, al igual que su contraparte en la
“tradición”. Otra forma de medición, fue mediante las “relaciones generales ajustadas
empíricamente” para determinar su grado de “modernización”. La ciencia y la tecnología
fueron y en cierto sentido siguen siendo las principales variables para su cuantificación,
aunque no las únicas.

Los movimientos sociales (aunados a una lógica de movilidad social) aportaron y


aportarán, como lo siguen haciendo en la actualidad, un factor nodal —también presente en
la ciencia y la tecnología: la innovación. Necesaria para su desarrollo mediante la
implementación de demandas sociales para la modificación, generalmente, en las esferas
políticas y económicas, entre otras, en este caso en el ámbito científico.

Esto hace que el análisis de la modernidad no se restrinja a una sola disciplina social como
la sociología, sino que abre el panorama a otras más hermanadas como la antropología; la
cual sostiene que la tradición es el punto de partida para el avance de la modernidad, lo que
nos permite inferir una idea de orden general y suficientemente abstracta para análisis
posteriores: entender la modernización en la tradición y la tradición en la modernidad.

Lo anterior, por la aparición de “nuevos” fenómenos sociales y categorías para su


explicación, que no implica destacar las supuestas bondades de la modernidad, sino sus
asegundes y repercusiones históricas, generadas, sobre todo, a partir de los desastres
nucleares y las consecuencias socio-ambientales derivadas. Las sensaciones de riesgo,
contingencia y ambivalencia son respuestas casi naturales ante estos fenómenos.
184
La aparición, esta vez, de instancias “mediadoras” entre la modernidad y la sociedad civil
(determinada por la existencia de ciudadanos) como el Estado, la nación, el Estado-nación,
las instituciones o las propias ciencias sociales, ubican los preceptos tanto positivos como
negativos de uno con respecto al otro y con otras instancias para su delimitación, esta vez,
política.

Reflejo de esto ha sido la presencia de investigaciones que hablan de otros fenómenos


ligados a la modernidad, productos de ésta, tales como la anomia o el individualismo y/o
los giros modernizadores y las subjetividades colectivas (ver anexo tres). Este tipo de
análisis resaltan un fenómeno que, al menos, en los últimos 40 años, se ha apegado al
proceso de la modernidad: la globalización. Un segundo, más atroz que el primero, es el
neoliberalismo. De esta forma, el consumidor sustituye al ciudadano (sujeto a una
dimensión individual), el mercado la instancia mediadora y el “empresario” la nueva
categoría social para su conformación.

Así, se vuelve necesaria la aparición de una nueva moralidad, vinculada con la


normatividad, y nuevas formas de sociabilidad que involucren las dimensiones más
personales y emocionales. Las cuales, pueden tener cabida para el desarrollo de un
movimiento social, dado que rescatan las banderas de la libertad, la igualdad y la
solidaridad para luchar contra una modernidad que promueve la dominación, la desigualdad
y el privilegio. Ideas que siempre hablarán de un ideal republicano para distintas regiones
del planeta y que, con la implementación de las políticas neoliberales, han perdido su
vigencia o se han tergiversado, dando paso a visibilizar la flexibilización del trabajo, la
deuda pública o el incremento de la pobreza.

De nueva cuenta, se hace necesaria la aparición de instancias regulatorias como los partidos
políticos, los Organismos No Gubernamentales y, casi por antonomasia, los movimientos
sociales, puesto que toman funciones que, generalmente, le correspondían a instancia
estatales, incorporando las dimensiones de raza, género y etnicidad. Como argumentamos
en nuestro trabajo, la modernidad no se funda en algo, sino que se representa en distintos
ámbitos de la realidad social, empero, los preceptos que siempre defenderá son: Razón,
Innovación, Ciencia y Tecnología.

El resguardar estos preceptos hace que la modernidad se determine por su “multiplicidad” y


promueva la “radicalización de los saberes”, repercutiendo en las prácticas y productos de
las ciencias sociales, en especial, de la sociología, al recurrir a propuestas más apropiadas e
integrativas para su comprensión.

Sin embargo, en la especialización y en los enfoques de inter, multi o transdisciplinariedad


no hay ninguna novedad. Ninguna disciplina científica ha dejado de relacionarse con otra,
el intercambio de saberes no ha disminuido y, esperamos, siga así por mucho tiempo. La
sociología, contrario a lo que pensaba Comte, no ocupa un curul superior con respecto a las
185
demás ciencias y, agregamos, humanidades. Es una ficha más dentro del tablero del
conocimiento: tiene la misma probabilidad de coronarse, pero también de ser removida;
esto no implica su anulación y tampoco su desaparición, sino de una labor (incluso con ella
misma) que no debe, ni tiene, porque cesar. Este presupuesto epistemológico, sin embargo
ha sido el pretexto para el cierre de recintos académicos en nuestro país y en algunas
regiones latinoamericanas, con el falso argumento de que, no generan productos tangibles
que despierten el interés hacia nuevos integrantes (estudiantes), es por lo cual autoridades,
sobre todo universitarias, llevan a cabo su anulación.

Una forma de canalizar a quienes se encuentran activos, ha sido mediante la


implementación de espacios administrativos, al igual que la creación de congresos
académicos y escuelas. Esto implica a la propia sociología, puesto que delimita
investigaciones y planes de estudio ante la implementación o incorporación de criterios de
discriminación cada vez más severos. Tomar las dimensiones como la educación, la
política, la ruralidad, etcétera, y por consiguiente, la generación de una sociología de la
educación, una sociología política o una sociología rural, no toma los “sobrantes” de otras
disciplinas, sino tiende puentes para su comunicación.

La importancia de dichos enfoques, se nutre de los acontecimientos pasados y actuales. Por


lo cual, el cuidado de las fuentes debe ser sometido a un profundo análisis de contenido,
con el fin de ser lo suficientemente objetivos ya que se basan en la realidad social, aunque
ello impliquen ciertos riesgos. De igual forma, esto habla de una profesionalización de la
actividad científica (realizada, mayormente, en recintos universitarios). Empero, hoy resulta
obsoleto pensar un leguaje único (tal como lo pensaron los positivistas lógicos) para todas
las ciencias y, por lo mismo se debe cuidar de manera enardecida, los procesos de
formación e investigación, enfáticamente, en los primeros grados. De lo contrario, se
fomentan las crisis identitarias y se deslegitimiza el papel de los científicos sociales.

Varios han sido los caminos (más bien laberintos) que se han tomado para lograr esta
conjunción: la construcción de conceptos, el acercamiento a las “ciencias de la
complejidad” y las tecnociencias, junto con la teoría crítica y el pensamiento alternativo, el
establecimiento de reglas y acuerdos más precisos para la investigación o la superación
administrativa, teórica y especializada del conocimiento. Sin embargo, esto no acaba con
las tensiones, por lo que las disputas entre ciencias sociales y ciencias naturales o ciencias
sociales vs humanidades, siguen tan latentes por la renovación e innovación de sus propios
resultados.

Propuestas recientes, toman estos hechos con el propio trabajo del científico social y, en las
cuales, los sociólogos han sido sujetos fundamentales para su reflexión, al incorporar los
dilemas provocados epistemológica, política y socialmente, presentes, por ejemplo, en los
llamados “clásicos”. Verbigracia, la vinculación de la sociología con la ciencia política

186
puede dar paso a una “sociología de la globalización”; la sociología en relación con la
psicología puede dar paso a una “sociología de los individuos”; o, concatenar la sociología
con la historia puede generar una “sociología global”. Todas estas propuestas, con sus
diferencias y especificidades, tienen repercusiones teóricas, metodológicas y técnicas. Los
elementos que reaparecen para su constitución son la autorreflexividad y la innovación, lo
que muestra su esencia sociohistórica.

Como podemos observar, la relación entre sociología-modernidad-disciplinariedad, tiene


ciertos puntos de cruce, donde se enlazan problemáticas aparentemente diferenciadas; sin
embargo, la importancia del conocimiento teórico y el contenido empírico que nos pueda
ofrecer, nos permitirá reconocer los límites y diferencias que existen de una con respecto a
la otra. Por ejemplo, la reflexivilidad, la innovación y la especificidad, respectivamente,
hacen que estás temáticas estén interconectadas, a pesar de la particularidad que pueden
tener como objeto de estudios

Todas estas discusiones pueden hacer pensar que nuestro trabajo está inserto dentro de
ciertas propuestas relativistas, pero no deterministas. Más bien, tomamos una postura
revisionista. La noción de paradigma (desarrollada inicialmente por Kuhn, pero no abocada
únicamente por él, presentada en el capítulo dos) consideramos que es una de las
aportaciones más importantes generadas en el siglo XX en la historia y la epistemología del
conocimiento, y que representa mejor este hecho. Lo anterior como resultado de la
incorporación de paradigma, dentro del lenguaje y trabajo sociológico. Recordemos que
esta propuesta propugna por el avance de las ciencias (a pesar de hacer una distinción entre
las naturales y las sociales), contempla el progreso de la humanidad con base en el éxito de
los paradigmas y correlaciona el trabajo realizado en otras disciplinas, tanto sociales como
naturales. Nuevamente, el matiz de la discusión anterior, tiene cabida en el capítulo
mencionado.

La principal razón por la que también hemos revisitado este modelo (puesto que se ha
escrito bastante sobre el mismo), es que contempla el trabajo de investigadores consagrados
y aspirantes (jóvenes mayoritariamente), los últimos, herederos potenciales, como
posteriormente vimos, a ocupar un lugar dentro de una comunidad científica; en las cuales,
el papel de los libros de texto y la educación (generalmente superior) es muy importante.
Ahora, se sabe que gran parte del conocimiento científico se ha generado dentro de los
recintos universitarios, aunque no sólo son exclusivos de este espacio. Con la
implementación de las políticas neoliberales, la iniciativa privada ha tomado un lugar
preponderante, haciendo que estos aspirantes tomen la forma de emprendedores. No
obstante, con estos asegundes, la actividad científica, con todas las de ser, sigue siendo una
actividad social.

187
Usar y problematizar el término paradigma no fue sencillo. Todavía, cuando resulta de una
disputa ideológica traslapada a una discusión epistemológica, al poner entre dicho a los
métodos y las implicaciones teóricas que resultan de esta confrontación. Incluso, el propio
término de teoría es puesto a prueba, lo que hace que se injerte en la noción de paradigma,
mismo que ha contribuido a sus principales críticas. Fáctica y normativamente, retoma su
poca utilidad lógica. Aunque no sólo la lógica contribuye al desarrollo de la ciencia, sino
también la historia, quid de nuestra propia definición de paradigma ante la existencia
invisible de un libro de contabilidad científico.

Teóricamente hablando, la relación con nociones como tradición o el propio paradigma,


arrecia más estás fricciones, generando sensaciones y situaciones de “crisis” efectuadas,
sobre todo en la región latinoamericana, por las condiciones sociales y políticas. Como en
el caso de la cientificidad, el grado de modernización y las implicaciones disciplinarias
dentro de la sociología, en el uso del término paradigma, no existe un consenso tácito o de
palabra sobre su utilidad dentro de las disciplinas científicas. Ello hace que sus
fundamentos sean representados por “figuras consagradas”, en la renovación conceptual o
el desarrollo de perspectivas que se asemejan al modelos de paradigma: la teoría de la
acción racional, la teoría de la justicia (o neocontractualismo), el posmodernismo y, como
en los últimos cuarenta años se ha dado, la teoría de sistemas, el pensamientos complejo o
la teoría fundamentada, lo cual hace que otras perspectivas teóricas sean eclipsadas.

Los planteamientos de estas discusiones y propuestas, variando su grado de rapidez,


repercuten, directa o indirectamente, dentro del trabajo colectivo o individual de los
investigadores, los cuales están inmersos en una comunidad científica, haciendo que, con
sus presupuestos ideológicos y teóricos, sustenten una autoridad máxima entre los propios
integrantes. No obstante, como se demostró, las empresas insertan cada vez más sus propias
dinámicas en el quehacer de las comunidades, haciendo que los principales criterios
científicos se tornen tecnocráticos, contribuyendo a la banalización de los objetos de
estudio de las ciencias sociales.

En el capítulo tres demostramos los aspectos normativos y analíticos que guardan en su


interior las comunidades científicas, retomamos una clara distinción entre cultura de la
investigación y cultura científica; puesto que, sobre todo la última, implica el “estudio de
las prácticas científicas”. Los propios fundamentos pueden ser refundados.

Estas prácticas las ubicamos en cuatro elementos que contribuyen a su estudio:


Competencia, Comunicación, Interacción e Internacionalización (CC+II). La competencia
en el sentido de colaboración, sea para fomentar conocimiento codificado o para crear
conocimiento tácito. Este conocimiento para ser logrado debe de generar comunicación
entre ciencia y sociedad, entre los practicantes científicos y entre el mundo físico y social;
el cual repercute, como lo reflejó la experiencia latinoamericana con los golpes de Estado,

188
en la dimensión política y académica, otorgando innovaciones de corte metodológico,
teórico y conceptual, volviéndolos intercambiables sea por insumos intelectuales o, como
ha crecido en las últimas décadas, insumos económicos, aunque esto involucre la reducción
de las fuentes de información o la burocratización del trabajo de investigación.

La interacción implica principios de acción en relación con reglas y valores, escenarios,


instrumentos, equipamientos, leguaje propio, así como en las maneras de ver al mundo,
tanto con la sociedad como con los integrantes de una comunidad. Ésta se incrementa
cuando el intercambio (tanto de conocimientos como de miembros) se expande, retomando
estándares y prácticas de otras comunidades científicas. Por ende, la internacionalización de
las comunidades, será un atributo intrínseco para su desarrollo, aunque sus lógicas de
financiación sean de carácter nacional, sumado a que para su divulgación— a nivel
planetario— sea mayoritariamente en lengua inglesa. La necesidad de una segunda lengua
debe ser saciada desde los primeros años de formación universitaria (sino es que antes). La
actualización de marcos teóricos de cada disciplina también se ven inmersas en esta
dinámica.

Con estos elementos, las comunidades científicas pueden tener un carácter virtual o real. La
primera relacionada con una segmentación entre la docencia y la investigación; la segunda,
con una estreches entre ambas. La tematización en la que se ha visto participe la sociología
en nuestro país, hace que exista comunidades más solidificadas que otras o, en el otro polo,
su materialización sea poco posible. El estancamiento en la docencia, hace que se genere
una cultura oral; mientras que la conexión entre docencia e investigación, hace posible la
conformación de una cultura conceptual, por el mismo énfasis que se hace en ellos (los
conceptos) dada su naturaleza histórica y su mutabilidad social.

Este aspecto no se reduce a una cuestión teórica, sino que implica una dimensión
pedagógica, donde la transmisión de conocimientos está en juego, y los resultados pueden
variar según el ejercicio profesional docente y el interés de los aprendices por adquirirlos.
Colonizar con el conocimiento es la práctica más ruin que un científico social puede llevar
a cabo.

Sostenemos esto porque la comunidad científica mexicana, tiene un serio problema en la


delimitación de sus criterios “científicos y disciplinarios”, para la identificación e identidad
administrativa. También, existe un sobrepeso de investigadores en el centro del país, lo cual
hace que las demás instituciones universitarias de otros estados tengan que soportarlo. Esto
limita los elementos de CC+II para una mayor apertura a nivel interno y externo. Una
centralización en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y en algunas
instituciones de educación superior (IES) es evidente. De igual forma, una lógica de
productivismo se ha incrustado; una burocratización doble (CONACYT-IES) se ha creado
y un descuido en la realidad social, en ocasiones, se da. Esto explica por qué las ciencias

189
dan respuestas tan tardadas a situaciones, aparentemente, “nuevas”. Con los elementos
presentados y conociendo la situación de la comunidad científica mexicana, hemos
propuesto la creación de una contra-comunidad científica, que puede ser aplicable a países
con semejanzas con el nuestro y con instituciones universitarias que presenten este tipo de
problemas.

Con base en las problemáticas señaladas anteriormente, siguiendo a Zemelman, en el


capítulo cuatro, hablamos de una intelectualidad derrotada, presa del miedo, la ignorancia,
la apatía, el aislamiento (los jinetes del apocalipsis como él los llama); no sólo en México y
Latinoamérica, sino en distintas regiones del mundo más “desarrollados”. Algunos países
europeos ya dan cuenta de ello con la aparición, lamentable, del terrorismo y nuevas formas
de fanatismo religioso o en Estados Unidos con la invención de “enemigos” imaginarios.
¡La sociología y sus sociólogos tienen mucho por hacer, aunque esto no implique una
relación directa! Implica tomar ciertos riesgos pero no depender, expedito, de partidas (sea
cual sea su origen) para generar resultados acoplables con las necesidades de las élites
(políticas o empresariales). La mediocridad es para quienes aceptan este tipo de trabajos.

Conocer los procesos de institucionalización y profesionalización de la sociología en


nuestro país, es una tarea ineludible para ubicar los legados (reproducidos y creados) que se
han dado, sobre todo en materia de investigación y docencia. Sin embargo, hay que insistir
que no sólo son estas dimensiones las que se deben de considerar, puesto que pueden
generar un alejamiento con la realidad profesional y una “crisis de confianza”.
Autorreflexionar acerca de nuestro propio quehacer profesional, no fomenta auto-
boicotearse o auto-embelesarse. Una disciplina que conoce sus aciertos pero también sus
errores, es una disciplina que vale la pena estudiar.

Reconocer el valor de la Escuela Nacional Preparatoria, la labor de Lucio Mendieta y


Núñez, el impacto de algunos textos nodales como Los Grandes Problemas Nacionales de
Molina Enríquez o La Democracia en México de González Casanova, la relación que
muchas escuelas de sociología comparten con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,
entre otros hechos, implicaría el fortalecimiento interinstitucional y la conformación de
comunidades más plurales. Sin embargo, seguimos viviendo una centralización, aunque con
el avance informático cada región y comunidad haya tomado su propio sendero: son estos
caminos los que hay que unificar antes que basarnos en tertulias sociológicas. Como
menciona Girola, debe de existir autoconciencia.

Finalmente, si esto contribuye a que exista o no una sociología mexicana en toda la


extensión de la palabra, no quiere decir que una batalla interna haya terminado o que se
tome esta denominación con mucha ligereza, dado que la pregunta está lejos de responderse
como tal, es mejor manejarla a través de preposiciones simples que con adverbios
abstrusos. Estamos convencidos de que una disciplina que se preocupa por fomentar entre

190
sus integrantes más preguntas que certezas tout court tiene mucho que aportar y por
aportar.

Que la realidad social y la producción sociológica mexicana sea materia de análisis para
investigadores que no comparten la misma nacionalidad (en el sentido jurídico) no lo
consideramos desdeñable, ni desafortunado: son tipos de investigaciones que muestran
características que por nuestra propia interacción y desconocimiento no logramos percibir.
Sea por medio de los campos de análisis que se han desarrollado históricamente (Davis), la
creación de conceptos de alcance medio (Portes), la comparación entre las producción
realizada entre distintas publicaciones (Abend) o fenómenos que están o impactaron nuestra
producción (Della Faille), más si se habla en nombre de la sociología, sea la denominación
y campo de estudio que se le otorgue.

Sin embargo, hay que tomar desde nuestras instituciones y centros de investigación o por
uno mismo, a un cuando las condiciones no existen, otras comunidades y producciones para
estudiarlas, y no generar canales de paso. Esto con el propósito de acabar con el incesto
académico y crear bríos para las generaciones que nos precedieron y sucesoras.

Por lo anterior, lo siguiente debe leerse de forma académica y no retórica: El sociólogo


debe de cargar en un brazo el manual y con el otro alzar la voz en nombre de la resistencia,
tener en el bolsillo la pluma y cargar en la mochila víveres. Tiene que hablar en nombre del
colectivo y no de las élites. Plantearse retos y no metas. Hablar por lo popular y no del
interés. Intervenir, no asistir. Investigar, no informar. La sociología debe de buscar en la
coyuntura y la lucha, la chispa del paradigma y no en la tertulia de pares. El sociólogo debe
ser crítico, inconforme, incómodo y disciplinado.

Hemos intentado seguir estas directrices, que demuestran que sí hay teóricos mexicanos
interesados en la producción nacional y en contribuir al desarrollo de la disciplina en
nuestro país, que en su propio ejercicio de investigación lo han hecho explícito. Esto quiere
decir que sus aportes no están alejados de las discusiones que se están dando en otros
lugares del mundo, y mucho menos que su capacidad interpretativa sea menor, todo lo
contrario.

La problemática del reconocimiento institucional y social parece ser un lastre que se sigue
cargando y que con seguridad se seguirá transmitiendo a las nuevas generaciones. En
definitiva, esto tiene que ser eliminado. Por ello, desde el primer capítulo y hasta el último,
nos han interesado las repercusiones teóricas que de un tema se pueden desprender.

Para nuestro ejercicio profesional, el trabajo es doble: conocer y autoreconocer, esto con el
fin de generar soluciones reales y no utopías inalcanzables. Aun así, las contradicciones
estarán presentes y una fórmula que las neutralice, no existe. Tener presente este panorama
no ahorraría muchas desilusiones y frustraciones que antes, durante y después de la
191
formación del sociólogo se dan y que la sociología, sin embargo, nos dan las herramientas y
alternativas para enfrentarlas.

192
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Entrevistas realizadas durante el transcurso de los años 2012-2013

Andrade Carreño, Alfredo (2012), Profesor de tiempo completo de la Facultad de Ciencias


Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Entrevistado en las
instalaciones de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el día 12 de
Junio de 2012. Ciudad de México.

Castañeda Sabido, Fernando (2012), Director de la Facultad de Ciencias Políticas y


Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Entrevistado en las
instalaciones de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el día 6 de
Diciembre de 2012. Ciudad de México.

Garza Toledo, Enrique de la (2013), Profesor Investigador de la Universidad Autónoma


Metropolitana unidad Iztapalapa. Entrevistado en las instalaciones de la Unidad de
Humanidades de la Universidad Veracruzana y en un café aledaño a la Zona Universitaria,
el día 3 de Abril de 2013. Xalapa.

Girola Molina, Lidia (2013), Profesora Investigadora de la Universidad Autónoma


Metropolitana unidad Azcapotzalco. Entrevistada en la cafetería del Instituto José María
Luis Mora, el día 4 de Septiembre de 2013. Ciudad de México.

Sefchovich Wasongarz, Sara (2013), Profesora Investigadora del Instituto de


Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Entrevistada en
las instalaciones de la Casa de la Cultura “Jesús Reyes Heroles”, el día 3 de Septiembre de
2013. Ciudad de México.

217
Apéndice Uno: Entrevistas

218
Nota introductoria I

En el primer semestre de 2012, tuve la oportunidad de realizar un intercambio académico


en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM. Antes de realizar
dicha estancia, en la Universidad Veracruzana, leí algunos de los escritos del Dr. Alfredo
Andrade Carreño (como de los demás entrevistados), que me facilitó el Mtro. Arturo
Hinojosa Loya durante su clase “La sociología de México”, tales como La sociología en
México: Temas, campos científicos y tradición disciplinaria, así como otros artículos
académicos y ensayos en libros colectivos; los cuales fueron nodales para la confección de
mi protocolo y para la redacción de mi trabajo. En dicho intercambio aproveché la
oportunidad para inscribir una clase con el Dr. Andrade: “Teoría sociológica
contemporánea”, en ese tiempo el profesor era Coordinador del posgrado de la Facultad,
por lo que los tropiezos en clase fueron un poco recurrentes.

Ana María Bautista Jiménez, alumna de la UAM-Iztapalapa, fue parte de esta aventura (así
como de otras) dado que sus temas de investigación, coinciden y se relacionan con el
contenido de la entrevista, así como de las siguientes. No sobra decir que nuestros temas se
desarrollan conjuntamente con el común denominador de la educación superior y la
profesionalización, y, sobre todo, la sociología Casi al final del semestre, conociendo sus
tiempos y hábitos en la academia, le ofrecí la invitación al profesor Alfredo para que
realizáramos la entrevista, también, en no pocas ocasiones, la entrevista no se pudo realizar.

Hubo un momento en el cual pensamos que no se llevaría a cabo, sin embargo fue más
grande la perseverancia que la resignación. La entrevista se llevó a cabo en un salón del
edificio de posgrado, el 12 de junio de 2012, contamos con una cámara de alta definición y
un equipo de sonido, al llegar tenía una cita con la Dra. Lidia Girola en su cubículo por lo
cual nos pidió un poco de tiempo para despacharla, asimismo aprovechamos para
instalarnos y repasar las preguntas.

Teniendo como antecedente su noción de la sociología como “práctica social” pensamos


que desarrollaría tal idea, ante la pregunta ¿Qué es la sociología? Pero su respuesta fue más
conceptual relacionándolo con el desarrollo de la modernidad, lo mismo ante la aplicación
en el caso mexicano, con el impulso inicial que tuvo con Gabino Barreda y, como en varias
lecturas se hace referencia, su institucionalización como carrera universitaria en la década
de los años cincuenta del siglo XX, y su profesionalización con la apertura de la Escuela
Nacional de Ciencias Políticas y Sociales (ENCPyS). Ciertamente, los académicos ven el
siglo veinte, ya lejano, una sensación decimonónica pero en cual su producción es
abundante y creativa.

Si con Gabino Barreda y la Escuela Nacional Preparatoria (EPN) fue la difusión de la


doctrina positivista en México ¿Cómo fue para el caso de otros paradigmas (usando el
termino kuhnieano) como el funcionalista, el estructuralista y otros, es decir, más

219
sociológicos? Andrade Carreño, no se fue a las figuras representativas, ni a la traducción y
divulgación de obras fundamentales o la recepción de discípulos que fueron a estudiar al
extranjero: Tomó a la historia. La coyuntura más representativa para la historia de México:
La Revolución Mexicana. Como el mismo señala: “Al final del siglo XIX, la sociología es
trasladada a nuestro país como parte de ese impulso modernizador, pero después de la
Revolución Mexicana hay un proceso de reestructuración de nuestra sociedad; de
reconstrucción del país y en esa reestructuración hay cambios en la universidad, nuestra
Universidad Nacional, de haber sido una universidad elitista, pasa a ser una universidad
comprometida con el impulso del desarrollo económico-industrial de la sociedad mexicana
y con esa universidad ya madurada, con ese proyecto universitario consolidado, es que se
impulsa la sociología en nuestro país, como parte de un proceso a nivel mundial del
desarrollo de las ciencias sociales, como ciencias que deben contribuir a revertir el proceso
de rezago de las sociedades”.

Como hemos señalado, la bibliografía revisada (y que el propio Andrade ha analizado)


coinciden con la institucionalización de la sociología con la fundación de la ENCPyS, para
fines de esta entrevista, nosotros lo relacionamos con las conformaciones teóricas.
Nuevamente, pensamos que iniciaría con el impulso de personajes como Pablo González
Casanova o Lucio Mendieta y Núñez, pero empezó con la formación que pretendía dar la
Escuela: “formar profesionales, pero en su momento, también formar científicos”.
Asimismo, el Dr. Andrade, se refirió al contexto histórico mundial: La Guerra Fría. En esa
misma pregunta, el doctor respondía nuestra inquietud sobre los principales paradigmas que
predominaban y concluía con la producción y legado en América Latina y México como
sociedades de conflicto.

Por lo anterior, era necesario referirse a una discusión que no ha perdido vigencia hasta
nuestro días ad hoc con nuestro tema de investigación sobre la sociología latinoamericana o
como nosotros nos referimos, usando el termino de José Luis Reyna, la
“latinoamericanización” de la sociología, destacando el legado del pensamiento de la
CEPAL, el dependentismo y otras formas de pensamiento generados en la región
latinoamericana. La respuesta prácticamente fue consecutiva a la anterior, destacando,
como lo ha hecho en algunas de sus publicaciones, el trabajo de la Revista Mexicana de
Sociología (como de otras revistas) puesto que es un “foro latinoamericano” par excellence,
así como su constante comunicación (a la fecha) con otras comunidades de países
anglosajones y las discusiones internas que enriquecían (y enriquecen) a la disciplina, esto
siempre, en el clima ideológico por el que atravesaba el mundo.

Los referentes temporales son importantes para poder ubicar y dar continuidad a una línea
de investigación —trabajada no sólo por el entrevistado, sino por otros académicos— sea
por instituciones, comunidades, autores, grupos, elementos socioculturales y políticos,
corrientes y enfoques teóricos, entre otros. Eso fue lo que Andrade Carreño denotó ante
pregunta que vinculamos con la apertura de escuelas y facultades de sociología alrededor
del país en los años setenta: “La demanda de sociólogos, acompañado con ese
enriquecimiento que se dio por la migración de intelectuales latinoamericanos a nuestro
país, volvió [a la sociología] una disciplina muy prestigiada y era muy importante ser
sociólogo en aquel momento cada vez que había un mercado de trabajo creciente y además
220
había muchas voces; muchas voces que contribuían a enriquecer un giro intelectual de
crítica social, por eso fue muy prestigiada la sociología”.

Finalizando su respuesta, el Dr. Andrade aludió, a lo que hoy nos parece una suerte de
“novedad”, sobre las especialidades, destacando la ambigüedad de este uso que se le ha
dado a la sociología. Es discutible su argumentación en cuanto a un determinismo
institucional por parte de congresos norteamericanos y, posteriormente, adoptado en una
reforma del plan de estudios de la FCPyS. El punto fuerte es que “en cierta forma permitió
ensayar líneas de experimentación de formación profesional”.

Si la discusión sobre los temas predominantes en la sociología merece una reflexión


colectiva y constante, la discusión —en sus diferentes vertientes— sobre una figura
representativa de la sociología en nuestro país se complica. Aunque Andrade Carreño ha
dilucidado algunas ideas, retoma la figura de “generación” la cual compartimos ante la
pluralidad de perspectivas y falta de “consenso” de nuestras comunidades disciplinarias. En
México no se habla de sus científicos sociales sino sobre ellos, sumado a ello es una visión
interna, por lo cual su manejo “son usos instrumentales de manejo de información”. De
nuevo aparece el tema de la producción o en términos que manejó Andrade, “referentes
convencionales de las prácticas académicas”. Sean estas internacionales o nacionales, la
referencia inmediata son las comunidades científicas, unas más desarrolladas y apoyadas
económicamente que otras, por su practicidad ante las exigencias sociales y la situación
política.

La penúltima pregunta se enmarca sobre un proyecto. Por lo cual el futuro de la sociología


sumado a otros fenómenos destacados en la academia (nosotros pusimos la violencia, el
multiculturalismo la globalización, la internacionalización, la hegemonía del inglés, aunque
se pudieran sumar otros) la respuesta fue una relación entre el quehacer propio de la
sociología, el quehacer de los sociólogos y la necesidad de una profesionalización cada vez
más solidificada. Finalizamos con la pregunta sobre una sociología en México o una
sociología mexicana y una reflexión.

Terminada la entrevista y con la videograbadora apagada, Andrade confesó que la primera


parte de la entrevista no se reconoció, pero en la segunda (a partir del cuestionamiento de
las especialidades) dijo que su libro La sociología en México: Temas, campos científicos y
tradición disciplinaria había sido un diagnóstico sobre los temas que nos interesan.
Asimismo se limitó respecto a las políticas “agresivas” que había aplicado CONACYT a la
investigación en ciencias sociales durante los años 90’s, políticas —por demás sabido—
neoliberales. Nos hubiera gustado mucho incorporar estos argumentos, así como el trabajo
que realizó bajo la asesoría de Raúl Benítez Zenteno, el cual se comprende cuando el Dr.
Alfredo Andrade Carreño hace sus análisis estadísticos de las publicaciones para la
sociología en nuestro país.

221
XX, y sobre todo en el caso mexicano pudo
Cada generación de sociólogos está verse. El impulso de la sociología en nuestro
inmediatamente en el reto de visualizar el país tiene un antecedente importante con
legado de la generación inmediata Gabino Barreda y forma parte de ese proceso
de modernización, pero pensando en el
Entrevista con Alfredo Andrade Carreño1 proceso de institucionalización, ya como una
carrera científica, como una carrera
profesional, me refiero a la segunda mitad del
Edgar Daniel López Cano2 y Ana María
siglo XX.
Bautista Jiménez3
Precisamente con Gabino Barreda es como
¿Qué es la sociología? se inserta la doctrina positivista a México,
pero entonces, la incorporación de otros
*¿Qué es la sociología? La sociología es un paradigmas teóricos como el funcionalismo,
discurso reflexivo de la sociedad moderna; de el estructuralismo ¿Cuál ha sido su vigencia,
las sociedades modernas, de la sociedad o qué tanto han estado presentes
contemporánea. Un discurso reflexivo en el actualmente?
marco cultural de la ciencia sobre la sociedad,
sobre los problemas del mundo social, sobre *Sobre la sociología en nuestro país, para
el devenir, y sobre las preocupaciones acerca comprender su desarrollo, su devenir
de la capacidad de incidir frente a los histórico, es muy importante siempre
problemas de la sociedad. Se trata de una contextualizarla en los cambios que le
ciencia; una ciencia que se desarrolla como imprime a la sociedad mexicana la
un ejercicio reflexivo de la sociedad en el revolución, esa guerra civil y a consecuencia
marco de la cultura de la ciencia de ello, cambia las discusiones políticas,
sociales, económicas [y] culturales en gran
¿Cómo ha sido aplicada en el caso parte del siglo XX, [que] va a ser definitivo
mexicano? en el devenir de la sociología en nuestro país.
Al final del siglo XIX, la sociología es
*En el caso mexicano tiene como antecedente trasladada a nuestro país como parte de ese
haber sido una ciencia que tiene que impulso modernizador, pero después de la
comprometerse con la inquietud de contribuir revolución mexicana hay un proceso de
a los procesos de modernización de nuestro reestructuración de nuestra sociedad; de
país, de nuestra sociedad. La sociología en reconstrucción del país y en esa
general arranca en el mundo moderno como reestructuración hay cambios en la
eso, por eso yo lo llamo un discurso reflexivo universidad, nuestra Universidad Nacional,
respecto de la sociedad, porque el mundo de haber sido una universidad elitista, pasa a
moderno se ve en el compromiso de incidir ser una universidad comprometida con el
en el devenir histórico de un proceso de impulso del desarrollo económico-industrial
modernización. La ciencia y la sociología de la sociedad mexicana y con esa
arrancan como parte de este esfuerzo, por universidad ya madurada, con ese proyecto
contribuir a la modernización, y en México universitario consolidado, es que se impulsa
cuando la sociología se institucionaliza forma la sociología en nuestro país, como parte de
parte de esta preocupación, de impulsar un un proceso a nivel mundial del desarrollo de
desarrollo, un desarrollo económico, social y las ciencias sociales, como ciencias que
cultural donde se espera que la sociología deben contribuir a revertir el proceso de
haga una contribución. rezago de las sociedades.

Tiene que ver sobre todo con los Con la incorporación a la academia de la
acontecimientos históricos que rigen el siglo sociología, como usted lo acaba de comentar

222
—en ese entonces— a la Facultad de científica que tiene éxito en la academia
Ciencias Políticas y Sociales ¿Cómo se norteamericana y que pronto se traslada al
estructuró la teoría? proceso de reconstrucción de la sociedad
europea, ensimismada por la Segunda Guerra
*Cuando la sociología se institucionaliza, Mundial; por la reconstrucción, también, del
tiene el inmediato compromiso…, cuando se Japón, y en su momento, se visualiza como
institucionaliza como una carrera un recurso de un conocimiento técnico-
universitaria, como una carrera que va a dar instrumental útil para contribuir a superar el
una formación profesional a especialistas de rezago de los países pobres o los países
este campo de conocimiento y que en su subdesarrollados o los que son parte del tercer
momento podrán tener una vocación dedicada mundo y que visualizan en ese momento el
a hacer investigación científica. La sociología funcionalismo como el recurso científico más
tendría desde sus especialistas dos adecuado.
intenciones: formar profesionales, pero en su
momento, también formar científicos. Esa Tiene que ver con el éxito del funcionalismo
sociología que así se institucionaliza tiene en la universidad americana; su éxito en la
como primer reto construir un corpus universidad europea, pero simultáneamente
intelectual, integrando un acervo que le da también, a la vez a una pretensión ideológica
una identidad científica, y en su primer de recrear un orden establecido en la
momento hay una exploración de los acervos universidad del momento a nivel mundial.
de conocimientos de la época, de acervos Reproduce el dualismo de confrontación entre
humanistas, de acervos científicos, de acervos el capitalismo de los países occidentales; [y]
filosóficos para depurar aquel conocimiento el socialismo en la Unión Soviética [y] China.
que debe contribuir a la formación de los La ciencia; la academia refleja ese dualismo,
científicos. refleja el dualismo de la Guerra Fría y se ve
en las ciencias sociales; se ve el compromiso
En ese momento estoy pensando muy de —en los países occidentales— tratar de
claramente en la década de los 50's cuando se refrendar la sociedad liberal, la sociedad
instituye la carrera de sociología en esta democrática y la sociología se ve
Facultad [de Ciencias Políticas y Sociales], es comprometida en este esfuerzo.
cuando hay una exploración por los perfiles
que contribuyen a la formación de esa ciencia Como nuestras sociedades son sociedades de
moderna del momento. Y básicamente se conflicto, lo que vamos a hacer es cargar
hace una exploración para un entrenamiento tensiones, sobre todo en la sociedad
de carácter científico, en esa capacidad de occidental; la sociedad capitalista recrea
manejo de esa información empírica que tiene desigualdades. Las tensiones sociales también
como un antecedente, quizá, en el albergan la tensión por la transformación de
positivismo, pero me refiero a que tiene que la sociedad, y en ese momento se enriquece el
ver con la experiencia del desarrollo de la panorama de las ciencias sociales con la
ciencia moderna y de la investigación incorporación del marxismo; con la
empírica, y otra parte, se trata de cultivar un academización del marxismo. El marxismo
legado humanista, que es el núcleo de la fue un proyecto de transformación de la
filosofía. Entonces, [es] la primera identidad sociedad que dio una importante dimensión
de la disciplina, en ese afán de conciliar, de reflexiva crítica de la sociedad y en la
dar una formación humanista con una academia. En la década de los 50's, hay una
formación empírica. lectura de la producción intelectual marxista,
de la evolución de la teoría crítica y aparece
En ese momento es cuando se está ese dualismo de una sociología de corte
difundiendo a nivel internacional el funcionalista.
funcionalismo, que es una racionalidad

223
Una sociología que se ve como una América Latina es un espacio de influencia
sociología burguesa, como también una muy importante para Estados Unidos frente a
sociología que se contrapone: una sociología la Unión Soviética [y] frente a Europa. Es un
que se identifica con el marxismo. No son las lugar estratégico y México está a la frontera,
únicas sociologías que hay, pero son las entonces, en ese contexto, para el
sociologías que toman escena en una posicionamiento estratégico a México le
sociedad que se ve ante el dilema de refrendar conviene a la sociedad mexicana; a los
la sociedad liberal, democrática, burguesa, intelectuales mexicanos les conviene. Recrea
capitalista y la sociedad socialista como una una identificación con América Latina. Desde
alternativa. Aparecen otras sociologías en ese el marco universitario, es un marco muy
esfuerzo de exploración de una identidad importante para esta identificación con
académica. América Latina, toda vez que nosotros
estamos de frontera con Estados Unidos que
Para el caso mexicano, cuando la sociología está en un proceso de expansión hegemónica
se institucionaliza, ya tiene un auge el y las ciencias sociales van a ser un espacio
funcionalismo en Europa y Norteamérica, importante en ese contexto.
pero dado una actitud antinorteamericana en
muchos aspectos de la sociedad mexicana; Cuando se institucionaliza la sociología en
también en la academia [y] también el peso nuestro país en el Instituto de Investigaciones
del esfuerzo de la construcción de la Sociales y se crea la Revista Mexicana de
producción mexicana en la conformación de Sociología en 1939, es inmediatamente un
una identidad nacionalista, son factores “foro latinoamericano”. La Revista Mexicana
culturales, que no posibilitan el rápido arraigo de Sociología es la revista histórica por
del funcionalismo en nuestra sociología, por excelencia en el desarrollo de nuestra
el contrario, tiene más presencia el uso de disciplina creada en el 39', es un esfuerzo de
discursos que permiten entender difusión de las investigaciones de los
problemáticas sociales y que permiten académicos del Instituto de Investigaciones
entender ese legado revolucionario que tenía Sociales, pero al mismo tiempo es un foro de
nuestra sociedad mexicana en la década de comunicación entre intelectuales
los 50's y por eso hay una recepción del latinoamericanos ligados con la sociología y
marxismo y de la teoría crítica, simultánea a Lucio Mendieta y Núñez, inmediatamente lo
la influencia del funcionalismo. convierte en un órgano de comunicación
latinoamericana. La Revista Mexicana... y el
Por ejemplo, en nuestro caso se empieza a Instituto de investigaciones Sociales son foros
ver con la diversidad teórica que hace el que van a facilitar pronto la comunicación
estructuralismo cepalino, el desarrollismo, el entre la difusión de ideas de intelectuales
dependentismo, van a ser una “nuevas latinoamericanos que también están
sociologías” que prácticamente lo que interesados en la sociología. La Revista
hicieron fue—lo que yo puedo decir— Mexicana de Sociología, a pesar de su
“latinoamericanizaron” la sociología. nombre, en las primeras décadas es un foro
¿Comparte usted esta idea?, o ¿cómo sería? latinoamericano y esto posibilita que haya
O ¿Cómo fue el desarrollo de estos modelos una rápida comunicación de lo que se está
o estás nuevas sociologías? desarrollando en ese proceso de
institucionalización de la sociología en
*La institucionalización de la sociología en nuestro país.
nuestro país, coincide en el momento
histórico en el que hay una hegemonía Es muy importante la observación que usted
norteamericana, como resultado de la hace porque en los 60's —en la década de los
Segunda Guerra Mundial; hay una 50's pero sobre todo en la década de los
“americanización” de la cultura occidental y 60's— es muy claro. La importante

224
comunicación que hay de los foros condicionantes. Una sociedad donde se vivió
académicos en nuestro país a través del esta represión del 68' y luego del 71', pero en
contacto con comunidades norteamericanas, América Latina se establecieron dictaduras en
sobre todo con comunidades europeas y la mayoría de los países y eso produjo un
latinoamericanas, entonces, el pasaje de ideas fuerte flujo de intelectuales. Muchos de ellos
es muy importante. Si bien, el clima de izquierda —no necesariamente sólo
ideológico que era una confrontación entre izquierda— pero muchos de ellos de
socialismo-capitalismo, y si bien las izquierda y sobre todo, en caso de la
sociedades con respecto a sus respectivos sociología, que benefició sobre todo a esta
gobiernos se ven presionados a tomar Universidad [Nacional Autónoma de México]
definiciones en ese dualismo —ese es el y después de esta universidad, a las
contexto de la guerra fría. Los entornos comunidades intelectuales de las ciencias
académicos, las universidades son espacios sociales en nuestro país, toda vez que hubo un
plurales y que posibilitaron la amplia fuerte intercambio de experiencias de
difusión, si bien había posicionamientos académicos, muchos de ellos diría
frente a este dualismo, también hay una progresistas; de izquierda y sobre todo el
exploración de otros discursos y uno puede reconocimiento de lo que estaba pasando en
ver la labor aplicada en aquella época, hay un nuestros países.
interés por esas teorías y corrientes que hay.
Probablemente, la agudización de la guerra Precisamente en los 70's hay un “boom”
fría, la agudización de las políticas represivas justamente en el centro y periferia de nuestro
en América Latina, la generación de golpes país de la carrera de sociología. Entonces
de Estado, la pérdida de democracia en ¿Cuál es la reflexión, ahora no tanto de las
muchos de esos países, genera que hacia comunidades, de los intelectuales, sino por
finales de los 60's, pero sobre todo a inicios parte de los alumnos? ¿Qué sucede en esos
de la década de los 70's esa confrontación de años, los 70's, próximos a los 80's de la
socialismo-capitalismo se vea radicalizada, se crisis?
vea fuertemente ideologizada y que haya
provocado una disminución sobre todo de *Cada década, por utilizar un referente
discursos intelectuales de la época temporal, cada década nos permite
experimentar una serie de cambios y ciertas
Los 60's fue muy fructífero en el tránsito de orientaciones. La década de los 70's es una
intelectuales latinoamericanos en nuestro década que en su momento fue muy
país; fue muy amplio. La recreación de importante para la sociología por varios
planteamientos teóricos también es muy aspectos: uno de ellos —bueno— tiene que
amplio. Pero [en] la década de los 70's tiene ver con el período de un gobierno: el
un fuerte peso ese radicalismo de la Guerra gobierno de presidente Luis Echeverría, que
Fría y ese fuerte peso de dictaduras en desarrolla una amplia política social, y
América Latina, y lo que en su momento se acompaña esta amplia política social una
ha recreado como “guerra sucia”. Ese afán expansión de las áreas de inversión estatal —
persecutorio, aparentemente de ponerle un las llamadas paraestatales— y eso produjo un
“límite” al socialismo, pero en realidad fue un amplio mercado profesional para la
afán persecutorio de movilizaciones sociales, aplicación de políticas sociales. Eso generó
de organizaciones populares, de luchas una importante demanda de la sociología.
sociales y de expresión en marcos de Históricamente se puede decir que fue un
“izquierda” de las reivindicaciones de grupos momento de una ampliación muy importante
sociales, eso llevó una amplia represión. del mercado laboral para los sociólogos y que
se acompañó de un importante prestigio; de
En nuestro país se siguió viviendo una una importante demanda laboral y hay
democracia, una democracia con muchos

225
muchos espacios de incidencia dentro de la van a abrir esferas de procesamiento de
cobertura estatal. demandas sociales, de análisis de
problemáticas sociales, de diagnósticos, de
Las políticas sociales que desarrolló el estudios de opinión, de generación de
gobierno de Echeverría y las áreas de información para entender qué pasa en la
inversión estatal y las paraestatales generaron sociedad y esto va a formar un nuevo
un importante mercado. La demanda de mercado de trabajo para los sociólogos.
sociólogos, acompañado con ese Después del adelgazamiento de la cobertura
enriquecimiento que se dio por la migración estatal, conjuntamente la sociedad civil va a
de intelectuales latinoamericanos a nuestro generar un mercado social, un mercado
país, volvió [a la sociología] una disciplina profesional que los sociólogos van a atender.
muy prestigiada y era muy importante ser
sociólogo en aquel momento cada vez que En ese lapso, en esos dos ciclos, que creo que
había un mercado de trabajo creciente y son muy importantes cada uno para la
además había muchas voces; muchas voces sociología, ya hay elementos distintos, ya hay
que contribuían a enriquecer un giro cambios intelectuales. Hace un momento yo
intelectual de crítica social, por eso fue muy decía que al cierre de la década de los 60's al
prestigiada la sociología. inicio de la década de los 70's; el clima
polarizado de la guerra fría había permitido
Después viene un cambio en las políticas identificar como dos ejes ideológicos de la
gubernamentales y del “adelgazamiento” del sociología, una sociología del compromiso,
Estado. En el caso mexicano, la supresión de una sociología vinculada con los sectores
las paraestatales, la restricción de políticas populares, a las luchas sociales, una
sociales, en un primer momento contrajo el sociología fuertemente identificada con el
mercado laboral de los sociólogos y se vivió marxismo, con los proyectos de cambio, y
como una crisis de la disciplina. Se veía como una sociología que iba a defender el orden
pérdida de ese prestigio y se creía que la establecido, el statuo quo y casi siempre
pérdida de ese prestigio acompañaba a la concibe al funcionalismo como el marco
pérdida de trabajo. En realidad fue un giro ideológico o intelectual de legitimación.
muy importante en las políticas mundiales, de
la política económica y eso que después se le Pero mencionábamos que había más
llamó “adelgazamiento” del Estado, pero que sociologías, más sociologías en el momento,
sobre todo restringía dimensiones políticas había un fuerte desarrollo de las sociologías
sociales, eso fue un elemento de mucho costo interesadas en entender aquellos espacios que
para eliminar la sociología en ese momento. la sociología funcionalista dejaba fuera del
foco de atención, y que se desarrollaron en
Pero las esferas que dejan de atender un atención a la vida cotidiana, al individuo, a la
Estado (que fue la economía nuestra), un cultura, a la identidad, a las dimensiones
Estado que se definía como una economía subjetivas y que en su momento fueron
mixta, un Estado que se había asumido rotuladas como microsociologías, que
después de la Revolución Mexicana, como un giraban, ya sea al individuo, la vida cotidiana
Estado de compromiso social. Un Estado que o las dimensiones volitivas o subjetivas, y
tenía que impulsar el desarrollo, un Estado había las sociologías vinculadas a los marcos
que tenía que atender demanda sociales: es un culturales, por ejemplo, la sociología
Estado que se contrajo [y que] va a generar vinculada con la historia, una sociología
esferas de demandas sociales que la propia vinculada a los estudios regionales, en fin,
sociedad va a procesar para él. Entonces, en había una profesión de perspectivas
un primer momento las organizaciones civiles sociológicas, pero en lo ideológico parecían
y ciudadanas, las organizaciones de derechos estar sólo dos vertientes: la marxista o la
humanos, las consultorías, partidos políticos radical y la sociología funcionalista

226
Usted acaba de mencionar que se termina organizar los congresos y la academia
de ver a la sociología con estudios de caso, norteamericana muy pronto se vio en ventaja.
es decir, ver a la sociología de manera Ese recurso de organización de ponencias de
particular, verla como especialidades ¿Qué congresos muy pronto se vio como un recurso
ventajas ve que la sociología se vea por que podía orientar la formación de
especialidades y que en México no haya ese especialistas, se veía como las líneas de
tratamiento teórico de gran envergadura? trabajo de la disciplina, por lo tanto, esta idea
de formar profesionales y es ahí cuando
*Las sociologías por especialidades siempre aparecen las líneas de sociologías
han tenido ¿Cómo diría? Un significado vocacionales; especializadas u orientaciones
ambiguo, porque en su origen fue un recurso vocacionales de la sociología.
para administrar ya la proliferación de metas
de trabajo de la sociología. En su momento En una reforma al plan de estudios de esta
fueron áreas administrativas de cómo Facultad [de Ciencias Políticas y Sociales] se
canalizar la organización de congresos adoptó esa visión, esa incorporación de
regionales, de organizar temáticamente la orientaciones vocacionales con la pretensión
participación en congresos regionales y de responder a una problemática local, de
particularmente la idea de sociologías acuerdo a cada una: sociología urbana,
especializadas arrancó en la academia sociología rural, sociología de la salud,
norteamericana, que siempre fue como el sociología de la educación, sociología del
espacio donde se masificó la sociología. trabajo, y esas sociologías especializadas
como el diseño original de estudio,
Toda vez que, para finales del Siglo XIX y administración de mesas de trabajo de
principios del Siglo XX, la sociedad congresos, entonces era muy dispar el
norteamericana era una sociedad que ya desarrollo. Había áreas de trabajo donde
contaba con una red muy amplia de había un profuso legado, por [lo] tanto,
universidades, conforme se expandía la marcos teóricos, experiencia que le daban
frontera urbana en Estados Unidos y a finales riqueza y que se podían hablar propiamente
del Siglo XIX, pero sobre todo [en] la de campos científicos consolidados.
primera parte del siglo XX, se fundaron las
universidades en las capitales de los Estados Pienso que el más importante de ellos pudo
Unidos y esto produjo que pronto hubiera una haber sido la sociología urbana. En segundo
red muy amplia de universidades para el orden por contrapeso, se podía decir que una
mercado de sociología, porque esa sociología agraria o sociología del campo,
ampliación de la frontera urbana de una pero sus desarrollos eran diferentes porque
sociedad que recibió una alta migración correspondían a marcos conceptuales
demandó un conocimiento, tanto de la distintos. Después una muy importante fue
población migrante como de la problemática sociología política, en parte el dualismo
que acompañaba el crecimiento urbano; el capitalismo-socialismo, en parte la
crecimiento de la industria, y por eso la contraposición liberalismo-socialismo,
sociedad norteamericana como una sociedad permitía el diseño de qué convenía como
de un importante proceso de modernización impulso de proyectos de sociedad. Y en
permitió la proliferación de la sociología. sociedades como la nuestra, donde siempre
existió un déficit de democracia, la
En la academia norteamericana, de pronto problemática acompañaba un régimen
para realizar los congresos, se crean mesas de monolítico; la problemática acompañaba un
trabajo o sociologías temáticas: sociología régimen monolítico que cada vez atendía
urbana, sociología de la salud, sociología de menos necesidades sociales y daba una
la educación, sociología de la conducta, respuesta represora, volcó a la sociedad, y
etcétera, fueron las mesas de trabajo para sobre todo a los intelectuales y a los

227
científicos sociales a escudriñar la y La democracia en México. Precisamente en
problemática de la democracia. estos trabajos de mayor escala ¿Usted
observa a una personalidad que se acapare o
En nuestro país, quizá, el gran campo de tenga una similitud actualmente?
conocimiento que más se desarrolló fue la
sociología política y, sin embargo, no existía *Es una pregunta que me parece muy
un campo; una especialización propiamente interesante, yo había dado algunas respuestas
como sociología política. Sociología médica preliminares a interrogantes de esta
era un campo que en su momento por estar naturaleza [La sociología en México: temas,
conformado por una problemática campos científicos y tradición disciplinaria],
extrapolada al ámbito de la salud, no contaba en donde yo plantearía lo siguiente: tengo la
necesariamente con especialistas sociólogos impresión que las primeras fases de
en ese ámbito, eran médicos que institucionalización de una disciplina; de una
improvisaban un conocimiento sociológico. disciplina nueva, posibilita que se destaquen
trayectorias por la originalidad de sus
Entonces, lo que quiero mencionar es que era contribuciones, por la novedad de las
dispares; que eran dispares los campos de contribuciones y porque —esa— la
conocimiento. En nuestra facultad, hubo una originalidad de las contribuciones abre brecha
sociología del trabajo que en su momento por en líneas de exploración; abre, traza vetas de
ese dualismo de modelos de sociedad contó exploración para las siguientes generaciones
con un importante marco intelectual y qué y es muy probable que esto se recree con las
otras disciplinas ¿Qué otras disciplinas hubo generaciones subsecuentes que pasan por esto
por allí? Sociología de la educación, era algo que Bruno Latour llama “puntos de paso
así como, también, ciencias de la obligatorio” y recrean, líneas; vetas de
comunicación, un campo donde convergían exploración ligadas a la trayectoria de los que
ambos ámbitos disciplinarios distintos, donde hicieron esos trazos y esto destaca la
había problemáticas institucionales claras, originalidad de precursores; del impulso de
pero donde no necesariamente había un estas líneas de investigación.
marco intelectual disciplinar muy bien
definido, entonces, el desarrollo de los 60's Las siguientes generaciones, y conforme se
fue muy desigual —muchas veces se le consolida la institucionalización de una
criticó por eso— pero yo creo que en cierta disciplina, provocan que hayan una
forma permitió ensayar líneas de proliferación de líneas de exploración, de
experimentación de formación profesional y obra producida, de interpretaciones, de
yo creo que después de una década de esa lecturas que homogenizan los ámbitos
primera experiencia, entonces sí se pudo académicos e institucionales; es decir, las
aquilatar qué eran los acervos intelectuales trayectorias de destacamento. También se
que podían nutrir marcos conceptuales de un estandarizan las formas de trabajo, los
campo disciplinar dentro de la sociología. programas de evaluación; los programas de
Creo que hubo en algunos acervos una muy estímulos contribuyen a esta estandarización,
importante consolidación, otros se entonces, generaciones después pueden optar
desvanecieron. menos esas trayectorias que se destacan.

En el tratamiento donde se ha hecho más También, al institucionalizarse las disciplinas,


referencia dentro de la historia de la se generan circuitos de difusión de la
sociología en México son en los trabajos de información y por [lo] tanto tenemos acceso a
Andrés Molina Enríquez y Los grandes cada vez más acervos de información que
problemas nacionales, el papel de Lucio contribuyen a esta estandarización, entonces,
Mendieta y Núñez con sus trabajos sobre la quienes se destacan; se destacan por
cuestión agraria o Pablo González Casanova elementos que refuerzan esa presencia dentro

228
de marcos institucionales que tienden a La situación de autoridad es aquella de
estandarizarse y, generalmente, la marcos teóricos que vamos a llamarles
recontextualización de planteamientos “consagrados” y los siguientes son usos
conceptuales, de planteamientos teóricos en instrumentales de manejo de información.
marcos que rebasan el contexto de origen. La Las investigaciones de académicos activos
producción editorial, la traducción, la tienen, más o menos, el siguiente
difusión, contribuyen mucho a eso, acercamiento a la obra de las trayectorias de
posibilitan —entonces— que sean ciertas destacados intelectuales de la siguiente
trayectorias de académicos que tienen esa manera: un tipo de exploración y por [lo]
capacidad de ser leídos y recontextualizar sus tanto de citas tiene que ver con la
planteamientos hacia nuevos marcos de identificación de planteamientos teóricos que
análisis. son empleados como marcos interpretativos-
referenciales de los objetos de estudios pocos
Entonces, encontramos que de pronto tiene un de atención.
fuerte peso lo que llamamos “figuras
internacionales” y la propia estandarización Otro acceso de estos referentes que son
de los mercados académicos provoca que citados, tiene que ver con planteamientos
tenga que citarse más esto, que la exploración teóricos, que, o se van a aplicar a nuevos
en los autores locales. Por eso parece contextos o que están en discusión de frente a
destacarse menos trayectorias excepcionales. contextos diferenciados. Inmediatamente
Yo creo que tiene mucho que ver con esta viene un proceso de recontextualización, de
homogeneización de los marcos académicos y resignificación o de reelaboración conceptual
donde en las etapas iniciales los autores abren de cara a los objetos de estudio en particular.
vetas de exploración o contribuciones donde Entonces, la referencia a autores destacados
se destaca mucho su originalidad y las tiene que ver, o bien, la identificación de un
generaciones inmediatas pueden diseñar; marco teórico que va a servir como marco de
pueden enlazar “trayectoria-de-académico- interpretación de construcción de planos
original” con “obra” y “novedad-de-campos- discursivos de análisis, dentro de un campo
de-exploración”. de conocimiento, o bien, la referencia a
planteamientos teóricos que van a ser
Las siguientes generaciones van a encontrar aprovechados de cara a nuevos objetos de
esos marcos más homogéneos, por eso parece estudio o nuevos planos analíticos que
destacarse menos. Pero yo me atrevería a interesa confrontar.
pensar que, si hacemos un seguimiento
sistemático-sociológico de la recepción y Esto es algo que contribuye a eso que yo
revisión de trabajos, podíamos encontrar decía, la homogeneización de los marcos
efectivamente que hay trayectorias teóricos, por eso pareciera —claramente—
destacadas, no que se destaquen como en la que ahora se destacan menos los intelectuales
etapa original (inicial), por su originalidad y de una disciplina, más que se destaquen
por la novedad, sino también por la menos; como se estandariza y se homogeniza
consistencia de las contribuciones. Yo creo más el campo de conocimiento, entonces a un
que este trabajo sistemático de citas, la mayor uso instrumental de la teoría, en estos
revisión de citas puede ser un buen recurso planos que menciono, hacia nuevos casos de
que permita mostrar cómo las contribuciones investigación, hacia la aplicación, hacia
—que por cierto son abundantes— se nuevos casos de investigación. Este mayor
homogenizan en un medio y su uso instrumental de marcos de interpretación
aprovechamiento tienda a ser más técnico- es el que posibilita que parezca que hay
instrumental de cara a la investigación y la menos figuras destacadas. Desde una
situación de autoridad tiene menos peso. sociología de la ciencia, si se pueden hacer
análisis de trayectorias específicas de cómo

229
hacer contribuciones al esclarecimiento de institucionales de producción de recursos y
temas de investigación esto contribuye de nuevo a la estandarización.
Le da un ritmo más acelerado a esta
Pero usted hablando de estas figuras y de movilización, esto que llamamos
alguna manera de estos estándares de estandarización. Producciones como la
producción, o sea que su imagen venga de nuestra, la producción de las comunidades
esta “internacionalización”, de esta difusión académicas mexicanas se ve fuertemente
[que] tiene que pasar por estos estándares de relacionada con estas convenciones
producción ¿La sociología mexicana o la internacionales, no depende ya de marcos
sociología en nuestro país depende de estos nacionales exclusivamente.|
estándares de producción?
Depende más bien de la participación de estos
*¿Cómo los llamaría yo? Más que estándares circuitos, yo diría que los científicos sociales
de producción; los referentes convencionales nos estratificamos según grados de
de las prácticas académicas; los referentes participación en distintos entornos
convencionales de las prácticas académicas académicos virtuales y comunitarios de
tienen a homogenizarse a nivel mundial. distintas naturaleza. Entonces, vamos a
Nuestras comunidades; los integrantes de encontrar campos muy especializados,
nuestras comunidades y en estas campos multidisciplinarios, donde se
comunidades, tienen una interacción participa según la afinidad con las líneas de
permanente con integrantes de otras investigación relevantes o vigentes, y estos
comunidades. Yo diría que durante los son los que arrastran —por decirlo así— las
últimos 25 años se rebasó los marcos de convenciones académicas que se van
interacción locales-regionales dentro de la generalizando. Yo creo que es más difícil
nación y emergieron marcos de interacción reconocer, ahora, criterios de vigencia local
regionales-internacionales. que nuestra participación en estas
convenciones más bien de corte internacional.
Nuestros intelectuales; nuestros intelectuales
de una disciplina, nuestros sociólogos, los A partir de todo lo que usted ha mencionado
científicos de cualquier campo de ¿Cuál es el futuro de la sociología en nuestro
conocimiento tienen una fuerte interacción país, aunado a la violencia, el
con científicos de comunidades en todo el multiculturalismo —de que tanto se ha
mundo. Evidentemente eso es lo que pasa con hablado— la globalización, la
los centros metropolitanos más importantes, y internacionalización, la hegemonía del
tenemos vinculaciones hacia América Latina, inglés? ¿Qué nos espera?
hacia ciertas universidades norteamericanas,
hacia ciertas comunidades europeas. Tenemos *¿Qué nos espera? Bueno, implicaría atender
una importante interacción a través de los muchas dimensiones esta pregunta. Yo creo
medios de comunicación con distintas que una de las primeras es la proliferación de
comunidades y eso es lo que contribuye a la ámbitos de aplicación de la disciplina que, sin
generalización de estándares convencionales; embargo, no necesariamente de manera
de convenciones académicas más generales. inmediata se sigan con la denominación
sociológica, yo creo que para aprovechar los
La producción científica se ha reforzado. La ámbitos de aplicación donde los sociólogos
producción científica en general de cualquier atienden demandas de distinta índole de la
campo de conocimiento, ha reforzado ciertos sociedad y de diversos sectores sociales.
estándares de evaluación [de] nuestras Demandas de conocimiento de problemáticas
disciplinas. Una disciplina como la nuestra — y de reflexión de cursos de acción, de
la sociología— tiene que participar de esos reflexión sobre formas de solución, de
estándares para poder acceder a los marcos análisis de la información en términos

230
sociológicos para sustentar deliberaciones de intensifican, que se aceleran y las ciencias en
opiniones. general y la sociología destacan en ello, tiene
ritmos de cambios de desarrollo que tienen
También la demanda de incidencia de los que alcanzar esas transformaciones sociales y
sociólogos en la mediación de puntos de una vez que alcanza los cambios, la sociedad
vista, de voces diversas de sectores sociales sigue cambiando. Entonces tiene que redoblar
con intereses distintos y a veces su ritmo de desarrollo, tiene que reformar ese
contrapuestos. Por [lo] tanto, la generación de ejercicio; esa vocación reflexiva. Eso es para
información, la emisión de juicios, de beneficio de la propia disciplina y al mismo
opiniones, la reflexión sobre referentes de tiempo le generan escisiones que nos
inquietudes sociales frente a los cuales no permiten generar cortes en el pasado y de
necesariamente existirán consensos o donde nuevo preguntarnos hacia dónde va nuestro
la propia búsqueda consensos vuelve devenir.
compleja la emisión de voces, de opiniones y
donde la opinión del sociólogo; la generación Finalmente ¿Existe una sociología
de información, el análisis de información es mexicana? ¿Sí o no, o qué existe?
una voz más que se suma. Eso sí, con la
ventaja, desde una perspectiva que es *Existen sociologías mexicanas. Existe una
consciente de su condición reflexiva; que es sociología de México. Existe una sociología
consciente de ser una voz que se suma a la que da cara a la actualidad de la sociedad
voz de actores sociales involucrados, que es mexicana que puede entender problemáticas
consciente que es una perspectiva también generales de la sociedad contemporánea. Es
involucrada pero desde un óptica que trata de difícil responder que existe una sociología
esclarecer su mirada, una mirada sociológica mexicana, es una palabra; es una
a la luz de la diversidad de miradas. Esto, denominación que con facilidad no nos
desde mi punto de vista, yo creo que va a permite explicitar a qué estamos aludiendo
ampliar los marcos de interpretación, los con ello. Yo creo que si existe una sociología
marcos de participación de la sociología. en México, si existe una sociología de
comunidades académicas, de mexicanos y
También va a generar tensiones en sus extranjeros asentados en nuestro país y existe
marcos de profesionalización en la formación una sociología interesada en las
que se requieren para los sociólogos, también problemáticas de la sociedad mexicana y de
tensiones en las exigencias de la explicitación la sociedad contemporánea. Yo creo que más
de las relaciones entre la formación tendría que ser estás vagas repuestas en
académica, científica, profesional del alusión a si existe una sociología mexicana.
sociólogo, como también su dimensión de Si por estas varias respuestas podemos para
ciudadano, de actor social, de protagonista de abreviar y decir que existe una sociología
los aspectos sociales. La necesidad de mexicana, sólo en esas condiciones la acepto
plantear dónde se pueden trazar que existe una sociología mexicana.
analíticamente distinciones y donde dichas
distinciones se desvanecen. Quisiera agregar algo más.

Entonces, yo creo que tiene un porvenir *Bueno, también que cada generación de
amplio la sociología; un porvenir complejo sociólogos está inmediatamente en el reto de
porque es una disciplina que una y otra vez en visualizar el legado de la generación
ese ejercicio reflexivo que tiene, una y otra inmediata, que a su vez revisó y reelaboró el
vez, revisa sus legados, discute sus legados y legado de la generación respectiva. Entonces,
discute sus legados de cara a los cambios que la generación de sociólogos que se está
experimenta la sociedad. Nuestras sociedades formando tiene como primer reto valorar el
viven cambios permanentes y cambios que se

231
legado de las generaciones inmediatas para 2Estudiante de la Universidad Veracruzana
darle el curso respectivo a su sociología. campus Xalapa, Facultad de Sociología.

Muchas gracias. 3Estudiante de la Universidad Autónoma


Metropolitana unidad Iztapalapa
1Profesor de tiempo completo de la FCPyS-
UNAM.

Referencias indicadas en la entrevista

Andrade Carreño, Alfredo (1998), La sociología en México: Temas, campos científicos y tradición
disciplinaria, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM, México.

232
Nota introductoria II

Después de la experiencia con el Dr. Alfredo Andrade Carreño, quise pulir la forma de
interrogación de las preguntas con otro de mis informantes claves: el Dr. Fernando
Castañeda Sabido, el cual conocí durante el Tercer Congreso Nacional de Ciencias Sociales
organizado por Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO) luego de su ponencia
“La cohesión social en el marco de la inclusión y exclusión social y política” en una de las
mesas de trabajo del evento. Al finalizar me presenté y le di a conocer las inquietudes de mi
trabajo de investigación, así como la intención de realizarle una entrevista, posteriormente
me entrego su tarjeta y quedamos en que lo contactaría vía correo electrónico. El 9 de mayo
de 2012, hubo un primer intento, pero sin resultado alguno, sumado a la carga académica y
de trabajos que tenía, todavía, como alumno de intercambio en la FCPyS, por lo cual la
atención para gestionar la entrevista se pospuso un tiempo más.

En ese tiempo, todavía tenía “frescos” los conocimientos adquiridos de algunos artículos y
sobre todo de su libro (el cual engloba e incluso reproduce algunas de sus dilucidaciones de
esta entrevista) La crisis de la sociología académica en México. Por lo cual hubo una
lectura más a conciencia y crítica para poder vincular mis cuestionamientos con las ideas
que el profesor Castañeda desarrollaba en sus publicaciones. Durante VI Conferencia
Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales organizada por CLACSO, fue el mismo
espacio donde, por segunda ocasión, pude abordar al Dr. Castañeda dado que fue él quien
presentó a Don Pablo (haciendo alusión a su amplia trayectoria académica). Una vez más,
le presenté el objetivo de mi trabajo y la necesidad de entrevistarlo, nuevamente me ofreció
su tarjeta; no la acepté, ya tenía una. Sólo me dio una tarjeta en blanco donde anote mis
datos para que me contactara, sin embargo terminé yo remitiendo el correo.

Aprovechando un viaje de Xalapa a la Ciudad de México a razón de la Primera Convención


Latinoamericana de Estudiantes de Sociología (I-CLES) en las instalaciones de la FCPyS,
me comuniqué por tercera y última vez (“la tercera es la vencida”) con el Dr. Castañeda
para solicitarle la entrevista. La respuesta fue exitosa y quedó agendada para el 6 de
Diciembre de 2012, en la Dirección de la Facultad. En compañía de Ana María Bautista
Jiménez nos trasladamos en el lugar pactado. Hubo que hacer un ejercicio de consciencia
dado el doble papel que tiene Fernando Castañeda, como director de la Facultad y docente-
investigador.

Desde la primera pregunta ¿Qué es la sociología?, la entrevista se desdobló entre el


soliloquio y el diálogo como se puede cotejar en las largas respuestas del interlocutor, pero
que “accidentalmente” respondía a otras preguntas preparadas. Tal es el caso de la polémica
en torno a la definición de paradigma desde la perspectiva de Thomas Kuhn, así como las
características que distinguen a una ciencia, ejemplificándolo con el caso de la física. Lo
interesante e importante de sus primeros argumentos radica en el hecho de dejar claro la
ruptura que existe con la filosofía y la necesidad de construir un objeto de estudio en la
233
sociología, ilustrándolos con los llamados sociólogos clásicos hasta el pensamiento
contemporáneo, lo cual ―hasta la actualidad― genera un tensión sea de la sociología con
las humanidades, como de la ciencias naturales con la sociología.

Otro elemento que se incorporó a este debate fue sobre el sujeto y su relación con la
“acción social”, la “sociedad”, etcétera, ―suponemos― herencia epistemológica de Hugo
Zemelman. Estos niveles de abstracción fueron para Castañeda fundamentales para poder
articular su noción de “tradición de conocimiento” para distinguir al de la sociología con el
de la ciencia política, la economía y demás ciencias sociales. Esta pregunta la quisimos
contraponer con sus argumentos que en varios de sus escritos ha señalado de la sociología
como un discurso autorreflexivo, disciplinario, de pares y plural bajo la premisa de
Gouldner señalada en el capítulo uno.

El tema de lo “interdisciplinario”, “transdisciplinario” entró a colación puesto que “la


sociología ha abrevado con todo tipo de saberes desde toda su historia” y que reconoce
nuestro entrevistado como “interdisciplina” aunque con un debate profundo al respecto.
Incluso, como se observará en la entrevista, hay un desvío hacia el tema del positivismo,
sus críticas (sobre todo de Popper) y sus usos. Sin embargo, esto se relaciona con la historia
de las universidades modernas entre el siglo XVIII y XIX, ―creemos― legado intelectual
de Humberto Muñoz. Esta historia tiene sustancia en la creación de los institus alemanes y
la división departamental que, todavía hoy, radica en muchas universidades de México y el
mundo.

Una idea central en los escritos de Castañeda es que el conocimiento sociológico es un


conocimiento generado dentro de las universidades, dicha idea se puede extrapolar a otras
disciplinas. Por tal motivo, Castañeda sostuvo que durante los últimos treinta años la
tradición sociológica se ha desdibujado y “perdido peso” a razón de tres discursos (aunque
no son los únicos como vimos en el capítulo referido al paradigma) que han impactado en
las ciencias sociales en general: las teorías de las elecciones racionales, el
neocontractualismo y el posmodernismo, que, efectivamente, tienen referencias empíricas.
Lo anterior tiene como base la afirmación del entrevistado sobre la sociología como un
“discurso académico que se construye socialmente” y al mismo tiempo “una forma peculiar
de construcción de la identidad de quién es sociólogo y de la construcción de la identidad
del discurso sociológico”, con ello la inquietud principal es saber qué constituye al discurso
sociológico.

No obstante, puesto que no lo abordó en su intervención, se le reiteró sobre la sociología


vista como un “discurso de pares”, que desde una visión elemental se trata al sujeto “como
alguien capaz, con el que hay interlocución […] capaz de reproducir los argumentos que yo
estoy sosteniendo […]”. Esto se plantea en términos donde se es “susceptible a
demostración en el que yo aporto argumentos, datos, evidencias, todo lo que sea […]
porque el discurso éste, diferenciado, separado, hay otros sujetos que también se dicen
234
sociólogos y a los cuales yo me dirijo cuando hablo, cuando construyo todo esto, es un
discurso de pares […]”. Ciertamente, hay un determinismo lingüístico en la propuesta de
Castañeda, el cual se lee en clave hermenéutica, al ser ―como lo menciona― un
“artefacto”. Lo mismo en el plano de la política, la cultura o la economía.

Con lo anterior, sumado al discurso sociológico ligado a una universidad, pudimos aterrizar
al caso mexicano, poniendo el ejemplo de Gabino Barreda y Lucio Mendieta y Núñez,
destacando ―razonamiento con el que estamos de acuerdo― que la sociología en México
es un discurso importado. Este discurso, pues, se “naturaliza” con la publicación de La
evolución política del pueblo mexicano de Justo Sierra, donde él interpreta a México desde
el positivismo de Herbert Spencer. Lo mismo sucede con la propuesta étnico-racial
procedente de la obra de Andrés Molina Enríquez, Los grandes problemas nacionales.

Para poner en terreno está idea así como las anteriores, Castañeda recurre tanto en esta
charla como en sus trabajos a discutir en torno a la obra de Pablo González Casanova, en
particular La democracia en México. Castañeda señaló que La democracia… es leída más
como un “texto religioso que como un texto científico”, que está impregnada de discursos
políticos ante la afirmación de que “anunció el 68´” y; finalmente, el debate que produjo su
noción de “Colonialismo interno” dado que no incorporó a la agenda del proyecto de
modernización del PRI la problemática del multiculturalismo.

Para cerrar la discusión, Castañeda afirmó que el libro de González Casanova “construye
un programa para la sociología; y […] la sociología mexicana, finalmente se
institucionaliza”. Por lo cual, la creación de la FCPyS, así como de otros institutos se
volvieron indispensables para poder explicar y comprender el desarrollo de la sociología en
nuestro país y su devenir que se ve incierto, ante la sobrevaluación de personajes
académicos en nuestros centros de docencia e investigación. Pablo González Casanova,
como dice Castañeda, no se escapa de esta lógica, así como otros académicos señalados en
la entrevista. Lo que se genera, entonces, son “mitos”. La idea latente es que la sociología
es mejor en relación a otros discursos, disciplinas y posturas políticas, “porque es un
discurso de pares”.

Finalmente, la entrevista acabó con una alusión al trabajo de un paleonantropólogo, por lo


cual los conocimientos básicos en evolucionismo fueron indispensables dado que ninguno
de los presentes era (o más bien sólo existe afición) especialista en el tema, para poder
sostener la ―ahora― tesis del “discurso de pares”, dado que los seres humanos modernos
para poder evolucionar desarrollaron la capacidad de copia. “Esto es lo que hace posible la
sociología moderna y es por lo único que yo la defiendo, porque como conocimiento social,
construye artefactos conceptuales e institucionales, en la medida que podamos lograr eso
que nos permita copiarnos mejor y criticarnos mejor”. Concluimos de esta forma la
grabación de la entrevista.

235
Durante la entrevista hubo tres momentos de interrupción de la secretaria, lo cual no alteró
en nada el transcurso de la misma. El Dr. Fernando Castañeda nos dio a entender que tenía
otros pendientes a razón de su puesto directivo, comprendimos e incluso hubo la intención
de una segunda parte, pero optamos por dejarlo de esta forma ante la peripecia para poder
concretar la misma. Antes de abandonar el lugar de la entrevista en compañía de Ana
María, le pregunté al Dr. Castañeda que si era yo su par a lo que respondió “por supuesto”.

236
Hay que entender qué es hoy la sociología epistemológico, que defina qué es una
ciencia. Esa es la crítica que le está haciendo
Entrevista con Fernando Castañeda Sabido1 a Popper. Por lo tanto, lo que define a un
campo de conocimiento es lo que él (Kuhn)
Edgar Daniel López Cano2 y Ana María llama una “matriz disciplinar”. Que una
Bautista Jiménez3 matriz disciplinar es —precisamente— un
paradigma. Y eso es lo que define a la física.
¿Qué es sociología?
Lo que define a la física como una ciencia,
*¡Qué es sociología! Habría que decir varias como un campo de conocimiento, es esa
cosas, una: Por una serie de fenómenos sobre matriz disciplinar; no otra cosa, esto, dicho de
todo entre los años 40's y 60's, que tuvo que otra manera, querría decir que sí la sociología
ver con el tema, de lo que algunos llamaron es “multiparadigmática”, pues entonces, no
“la crítica de las ideologías” —que es un estaríamos hablando de sociología.
término fácil, para no entrar en Estaríamos hablando, pues no sé, por
complicaciones— en realidad surgió la idea ejemplo, cada quien que ha hecho sus
de que había muchas sociologías. Yo no clasificaciones de paradigma, hubo una época
comparto esa tesis. Me parece además que en la que se hablaba de un paradigma
conceptualmente es equivocada, porque weberiano, y otro funcionalista, y otro no sé
producto de esta discusión de la crítica de las qué. Entonces, no podríamos hablar de
ideologías surgió una serie de discusiones sociología, tendríamos que hablar de
paralelas, incluso en el terreno de la filosofía weberianismo, de funcionalismo, de
de la ciencia, no solamente en la sociología y estructuralismo.
en las ciencias sociales, y a veces se
mezclaron estos debates, quizá porque había Después hay otros que hablaron de otro tipo
mucha parentela en toda esta historia, había de campo, y dicen: interpretativo, etcétera. Y
mucha afinidad, había historias paralelas, lo mismo, tendríamos que hablar de
pero por lo que haya sido [y] entonces surgió “interpretativismo” porque la noción de
—por ejemplo— ideas como que eran paradigma es lo único que nos permitiría
“multiparadigmáticas” las ciencias sociales describir. A menos que fuéramos en el fondo,
en debate [Thomas] Kuhn. Esto es más radicales que los positivistas y
equivocado si vamos a usar la noción de creyéramos que de verdad hay una realidad
“paradigma” de Kuhn, sino que cada quien que llamamos sociológica. Entonces no
defina qué entiende por paradigma y para qué habría problema. Habría diferentes
la quiere llamar “multiparadigmática”, pues interpretaciones en una realidad que, por
que le invente otra cosa. Son diferentes alguna extraña razón, hay muchas
ciencias sociales, son diversas, son interpretaciones, pero la realidad es unívoca:
heterogéneas, qué sé yo. la realidad sociológica. Sino, en base a qué
podemos sostener que hay muchos
Pero, la noción de “paradigma”, en realidad, paradigmas dentro de un mismo campo
alude en el caso de Kuhn —de ahí el debate disciplinar.
con Kuhn de qué tiene que ser [la ciencia], de
que las ciencias son o no Bueno, este es —por ejemplo— uno de los
“multiparadigmáticas”— alude a su propia grandes contrasentidos del uso a veces muy
crítica de lo que ustedes quieran llamar: laxo y muy poco serio de las discusiones
“filosofía de la ciencia”, “teoría normativa de epistemológicas y discusiones [en general]
la ciencia” o “positivismo”, a la “unidad del porque en el fondo es una confusión de
método” ese tipo de cosas. Lo que estaba planos y es una confusión de conceptos, y a
diciendo Kuhn, es que no hay realmente un veces la gente que lo ha usado, ni siquiera, —
criterio normativo de método o yo diría— ha seguido seriamente el debate

237
desde donde salió esta discusión, es un cómo le entro al tema para decir que claro
contrasentido. Kuhn lo que está diciendo, si que es una “tradición de conocimiento” y que
no hay método, si no hay un principio sí plantea una serie de problemáticas que la
normativo que defina qué es ciencia y si tal definen y la distinguen de otros campos de las
ciencia es tal cosa, pues entonces lo que hay ciencias sociales y de otras interpretaciones
es una matriz disciplinar, que es un del mundo social.
paradigma. Bueno, esa es una cosa. Pero voy
a lo de la sociología. Bueno, yo hablo, normalmente, creo que hay
una historia de la sociología que nos plantea
Yo creo que la sociología sí tiene muchos ciertos parámetros, ciertas líneas, establece
debates teóricos en su interior, hay muchas cierta trayectoria de discusión que la gente
interpretaciones teóricas, pero no son tan fue resolviendo de diferentes maneras y
ajenas las unas de las otras como se dice. Y sí tratando. ¿Y cuáles son éstas? Bueno,
creo que comparten una serie de problemas. primero hay una ruptura con la filosofía, con
Otro problema que a veces surge en el debate la filosofía política, con la filosofía del
es la idea del “objeto de estudio”, por eso derecho, con la filosofía de la historia, esa
también la tesis de “matriz disciplinar” de ruptura se expresa como —digamos— un
Kuhn, tiene algunos elementos útiles. Lo movimiento de los problemas de orden
cierto es que ninguna ciencia tiene un objeto filosófico —particularmente de la filosofía
muy claro. política, teorías del orden social, ideas
normativas del pacto, en el contrato, ese tipo
Alguna vez un físico-teórico, Roger Penrose, de cosas— ha una idea científica. De alguna
decía que si la física fuera congruente con su manera, la sociología pretende abandonar, lo
objeto de estudio tendría que explicar muchas que considera una especulación filosófica. El
cosas que no explica. En realidad ¿qué forma caso típico es [Auguste] Comte: la ley de los
parte del mundo físico?, ¿qué forma parte del tres estadios, las ciencias abstractas, la etapa
mundo de la materia?, ¿qué forma parte del metafísica, ¿Qué está diciendo Comte?:
mundo de la energía? ¿Qué forma parte...? “Toda esta bola de filósofos son
¿Las ideas, las ciencias sociales son o no especuladores. Viven en la especulación”.
parte del mundo de la materia [inaudible] del Como quieran que lo definan, como quieran
mundo material, del mundo de la energía? que lo entiendan, no quiero entrar aquí en
Hay un problema allí a veces. Pero eso lo detalles de la forma que la crítica.
único que está haciendo es jugando con la
falacia de creer que alguien puede de manera Pero entonces van a encontrar un
a priori construir un objeto de estudio y desplazamiento hacia la filosofía. Lo ven en
después decir: “!Ah! Y por eso vamos a hacer Comte de una manera muy básica, lo ven en
esta teoría.” Esto como una cosa de manuales. [Karl] Marx de una manera muy radical en su
Pero también tiene una historia, es la historia crítica a la filosofía del espíritu de [Friedrich]
de surgimiento; del desarrollo de las ciencias Hegel; a su reflexión sobre la historia, a su
modernas en el siglo XIX, y en el que surge pretensión de una ciencia, de posición
la sociología como un campo de materialista-científica, etcétera. Lo ven en
conocimiento. [Émile] Durkheim en su crítica a [Immanuel]
Kant y a las categorías kantianas, no como a
Y, entonces, si hubo sociólogos que quisieron priori, sino como construcciones sociales. Lo
definir la sociología. Unos como ciencia ven en [Talcott] Parsons en su pretensión de
social, otros, el objeto como acción social, ser liberal pero desde la sociología, no desde
otros, como hecho social, etcétera, pero la filosofía política. Lo pueden ver en
quisieron definir la sociología. Pero también [Niklas] Luhmann. Lo pueden ver en muchos
yo creo que hoy, no es un forma de tratar de sociólogos modernos, e incluso los que se
entrar al tema de la sociología, entonces, yo mueven...

238
[Max] Weber… critica a los filósofos de la ilustración, desde
dónde la sociología se siente un conocimiento
*Weber por supuesto, claro, [en] la filosofía mejor. Bueno éste es otro elemento.
de la historia. Hay un elemento en común que
es el intento de describir los fenómenos Un tercer elemento es, por todo eso, la forma
sociales de otra manera, de dar cuenta de en que entiende al sujeto y a la acción social
ellos de otra manera. Esto no quiere decir que o la sociedad dependiendo de la teoría. Los
la ruptura jamás se haya completado. Desde que entienden la sociología como Durkheim
mi punto de vista ese un rasgo de la que privilegian la idea de la sociedad como
sociología, vive en una tensión entre los un hecho, como una realidad emergente,
problemas de validez y los problemas de... Es bueno, ahí es muy claro su ruptura con la
decir, ¿Qué es lo que produce este filosofía, con los sujetos. Como si la sociedad
desplazamiento de la sociología como fuera un conjunto de sujetos con sus
ciencia? Por lo menos radicaliza algo que ya cualidades racionales, lo que yo llamo el
estaba en Hegel ¿Qué radicaliza? La idea de sujeto y sus cualidades racionales como a
que la sociología es al mismo de tiempo un prioris, que este era el supuesto de la filosofía
objeto de sí misma, porque la cultura, la política. Cómo construir un pacto, cómo crear
ciencia es objeto de la sociología. El los supuestos de racionalidad del sujeto, la
construirse como una ciencia de los productos idea de cómo moralmente es válido, el
humanos, de la cultura humana, etcétera. problema de la validez moral del orden, todas
Entonces se vuelve un problema de estas cosas. En el caso de la sociología, el
explicación a sí misma pero ahora desde el sujeto ya es un sujeto construido socialmente
punto de vista fáctico. y también sus categorías.

Esto produce una tensión peor que el de la El asunto es que —está también— la idea de
filosofía, al final de cuentas cómo lo resuelve sujeto que es muy importante. Esto es lo que
Hegel: como un problema de filosofía de la llama [Anthony] Giddens las consecuencias
historia, como un problema de una verdad en no esperadas de la acción. Esto es lo que tiene
proceso, una realidad que se resuelve, esta que ver con todo el problema de la sociología.
dualidad entre conocer y realidad. En el La sociología no puede ver simplemente al
fondo es el desdoblamiento de una misma sujeto y al actor aisladamente, lo tiene que
realidad, de un mismo proceder, de un mismo ver como parte de algo más, incluso cuando
ser que se resuelve en este fin. Hay una se trató de construir esta modelización de
verdad en proceso. Pero en el caso de la manera abstracta como en el caso de Max
sociología esto no se puede plantear igual y Weber. Fue quizá la crítica más importante
esto crea una tensión. que le hizo [Alfred] Schütz a Max Weber,
precisamente, que así no se podía entender la
Por eso todas las sociologías son sociologías acción, ni el actor social. Eso es lo que dice
del conocimiento, y sociología de la Giddens, etcétera. En general, ya sea que se
sociología. También lo pueden ver desde vea como realidad emergente, ya sea que se
Comte hasta Luhmann. O sea, Comte hace su trate de una explicación distinta de la acción
ley de los tres estadios para explicar cómo la y del actor, hay un desplazamiento de esto.
sociología es un producto histórico y al Un desplazamiento donde —digamos— yo
mismo tiempo cómo es epistemológicamente; alguna vez le llamé de lo consciente y lo
es decir, el problema de validez y ser un inconsciente, pero la verdad es que no es
producto social. Como producto social lleva cierto, no es solamente de lo consciente y lo
las mismas huellas de la realidad social en la inconsciente.
que vive, entonces por qué es mejor o por qué
es peor, por qué son mejor otras formas de Consciente o inconsciente, en el sentido de
conocimiento, desde dónde la sociología que no son sólo las cualidades conscientes del

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sujeto; el “equipaje” como dice [Jürgen] “tradición económica”, que no es igual a la
Habermas, que tiene ese equipo mental que “tradición de la ciencia política”, que no es
aparece como categorías de la conciencia en igual que otras tradiciones; que se ven
el sentido kantiano, sino que no es ese contaminadas o que se ven fusionadas a
equipo, no es solamente eso, sino que hay una veces, sin duda, que el tema del poder
serie de problemas con respecto a dónde siempre ha estado presente también en la
empieza y dónde termina la acción, y por eso sociología, por supuesto, que el tema de la
yo ya abandoné eso de lo consciente y lo sociedad civil y el Estado también impactaron
inconsciente porque esto privilegiaba las en la sociología. Primero fueron antecedentes
posiciones más estructuralistas, las de Marx, y después han estado presente de diferente
las de Parsons, las de [Claude] Lévi-Strauss manera, por supuesto que muchas cosas,
que ven que la realidad social es algo más, digamos. Por eso no podemos hacer esa
quizá es una tesis muy radicalizada la que yo visión que vino de los debates
usaba antes. epistemológicos que critiqué desde el
principio.
Pero lo cierto es que, sea como sea, la acción
es un problema y el sujeto es un problema, O sea, su visión acerca de la sociología, es
porque la acción no es algo que tenga un una tradición...
principio claro y un fin claro, digámoslo así,
y el sujeto no es simplemente alguien que *Hay una tradición de conocimiento que
puede ser modelizado en abstracto al estilo de define campos y problemáticas, que sí la
la teoría del contrato de [John] Rawls o al distinguen de la ciencia política, de la
estilo del dilema del prisionero. Modelizado economía, de la filosofía política, de la
en abstracto como si fueran actores; sujetos filosofía de la historia, etcétera. Quizá es más
así, fuera de contexto, etcétera. Esto es un difícil deslindar a la sociología de ciertas
tema fundamental. tradiciones de la historia y ciertas tradiciones
de la antropología. En las que de alguna
Las teorías racionales y estos modelos manera se mezcla, pero incluso allí veo que
abstractos han penetrado en la sociología y un historiador diría: “hay cosas que no es lo
hay sociólogos. Y ustedes me dirían ¿[James mismo”. Y creo que, incluso, un antropólogo
Samuel] Coleman no es sociólogo? Sí, es diría que no es lo mismo. Aunque la
sociólogo. Ahora, la diferencia con Coleman antropología, como diría [Alvin] Gouldner,
quizá con la versión más radical de rational [y] la sociología, prácticamente, hacemos,
choise, es que Coleman trata de analizar el desde posiciones teóricas diferentes, las
orden institucional y de ver esa relación, y mismas cosas
cómo se construye ese orden institucional.
Reconoce las instituciones sociales, reconoce En esa tónica doctor, usted en sus trabajos
las estructuras normativas y las trata de está citando consecuentemente a Gouldner,
explicar desde una posición como esa, pero en ese sentido laxo que siempre se le da a la
no en abstracto, no es solamente eso, es parte sociología del estudio de la sociedad. Y
de una abstracción de ir construyendo ese vuelve a la discusión de la sociología como
modelo y esa complejidad social, es lo mismo ciencia autorreflexiva, es decir, lo que usted
que pasa en Max Weber, Max Weber habla mencionaba hace un momento, de la
de un individualismo metodológico, no sociología de la ciencia. Lo que llama la
sustantivo. atención es su visión de la sociología un
discurso de pares, de expertos, adestrados y
Me parece que hay toda una serie de una ciencia disciplinaria, no
problemas que se pueden leer a lo largo de interdisciplinaria, mucho menos
todos estos autores, que es lo que yo llamaría transdisciplinaria porque se ha vuelto un
la “tradición sociológica”; que no es igual a la

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discurso bastante heterogéneo, bastante universidades. Las universidades entre el
plural. siglo XVIII y el siglo XX, se transformaron,
sobre todo al atravesar el siglo XIX, de
*Todas esas cosas que he discutido y que estructuras tradicionales de cuatro facultades;
quizá no he desarrollado o que dispara para la historia es más compleja, de hecho, antes
muchos lados. Bueno, primero yo creo que en eran, podríamos decir tres facultades, la
algún artículo lo he dicho y muchas veces lo filosofía se separó muy tempranamente de la
he dicho en conferencias: la sociología ha historia de la universidad, pero de todas
abrevado con todo tipo de saberes desde toda maneras, no inmediatamente, fue después de
su historia. La sociología, si a eso le Averroes, donde surge la idea de que teología
queremos llamar “interdisciplinaria”, ha sido y filosofía pueden ser dos saberes
siempre conocimiento de muchas cosas. independientes.
Nuevamente, desde lo más elemental, casi
pre-sociológico, no casi; pre-sociológico Las clásicas son medicina, teología, filosofía
como Comte hasta ya los sociólogos fuertes y derecho.
como Durkheim, como Weber, incluido
Marx, yo ahí creo que hay mucho de *Sí, derecho, teología, medicina o ciencias, y,
sociología en Marx, aunque a veces algunos filosofía como propedéutico, como trivium,
por una historia de la sociología y la de Marx, que es como aparece a través del término, que
se separan, se manejaron como divididos, es como aparece la separación de la filosofía,
sobre todo en la época dura de la sociología como un producto, sobre todo de la influencia
ortodoxa, académica-ortodoxa. de Averroes, entre otros Pero digamos, eso
está mucho antes, en ese proceso sobre todo,
Yo creo que la sociología es un conocimiento en el siglo XIX, esto se transforma
que abreva en muchos y esto es lo que yo radicalmente, y mucho de esto tiene que ver
reconozco como “interdisciplinario” en el con Alemania, con los institus alemanes, y
conocimiento. Es decir, la interdisciplina es sobre todo, digamos, en el segundo tercio del
un tipo de conocimiento que desde siglo XIX empiezan a surgir campos de saber
determinadas perspectivas abreva en todos los separados Lo dice Joseph Ben David que es
demás, ahora, ¿Qué es lo que yo polemizo? uno de los que estudio (un sociólogo de la
Polemizo con ciertas ideas, que han sido ciencia que estudio mucho esto) y otro,
siempre ideas normativas, bueno no [Awraham] Zloczower, escribieron cosas
normativas; ideales de conocimiento, que juntos, y también escribieron por separado.
incluso como dice, no sé si es el mismo Los que han también estudiado esto, hablan
Gouldner el que lo dice —yo creo que es el de campos disciplinarios como la anatomía y
mismo Gouldner el que lo dice— o si no, lo la fisiología, y campos en la matemática,
dice Popper o uno de estos positivistas, o si incluso diferentes campos que se fueron
no lo dice ¿Quién dije ya? separando y que fueron generando lo que hoy
llamamos “departamentos”.
Bueno, es la idea de que la tradición
interdisciplinaria acompañó a la división de La división departamental fue la copia
las disciplinas, digamos, hay una cosa que es americana del institu, esto también lo analiza
muy importante: el desarrollo de los saberes Joseph Ben David. Bueno, esa separación es
universitarios modernos es un desarrollo que la que produce, esta cuestión de varias
sobre todo tiene un momento clave, podemos disciplinas y produce una sensación que para
irnos hasta donde ustedes quieran, hasta los los sociólogos, pero no sólo para los
griegos si quieren, pero hay un momento sociólogos; para los filósofos, de la necesidad
clave, lo que hoy conocemos (como) los de la interdisciplina al mismo tiempo, de
saberes modernos, que es la historia del siglo abrevar, de encontrar un espacio de encuentro
XIX, de la transformación de la de esa diversificación y surge entonces,

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incluso en el proyecto del positivismo lógico entre verdad y falsedad, entre cierto-falso,
desde 1917, la convergencia de las ciencias, son ideas que quizá se parecen al del
la idea de que debe haber algún cierto espacio positivismo y por eso lo pusieron en el
interdisciplinario, que es el lenguaje terreno del positivismo y para muchos
empírico; lenguaje fisicalista. De hecho los filósofos, para la hermenéutica, para la
positivistas lógicos… (aunque en realidad los filosofía de la existencia y todos esto, eran
textos nunca fueron una enciclopedia) pero la positivistas. Max Weber era un positivista
famosa enciclopedia de la ciencia unificada, para la filosofía de la existencia, eso lo dice
que en realidad salieron algunos pequeños [Hans George] Gadamer. Entonces depende
tomos y algunos artículos, y hay como unos desde donde lo veamos. Pero bueno, eso no
veintitantos artículos escritos sobre la importa, esos son adjetivos, que se pusieron
enciclopedia, fue el gran proyecto del en los debates, en las guerras intelectuales.
positivismo lógico, que de alguna manera, se
llevó a Chicago y que ese proyecto ahí se Guerras...
quedó, nunca creció. Creo que todavía se
hicieron algunos fascículos en los años 60's, *Pues lo eran. Eran descalificaciones y se
no me acuerdo, pero digamos hay ahí una desgarraban, y no solamente en el terreno del
historia, quizá estoy falseando la historia, positivismo: fenomenología y otras cosas. En
pero por ahí va. el terreno de las matemáticas....guerras
brutales, intelectuales...
Hablando de círculo de Viena, falseando...
No, pues sólo recordar la “guerra” entre
*Bueno, eso es Popper, el círculo de Viena es Popper y Einstein, que aparece en el
más bien el positivismo lógico. Popper no es apéndice de La lógica de la investigación
en realidad en sentido estricto un positivista científica. Bueno, regresando a la función
lógico departamental de los campos de
conocimiento.
Pero muchos le connotan eso, doctor...
*Bueno, entonces ahí surge el tema de la
*Sí, lo que pasa, es que ahí son las interdisciplina, y el tema de la interdisciplina
simplificaciones de esta idea. La palabra tuvo muchas versiones, y hubo algunos
positivista como dice Giddens es su texto, El modelos como el de Piaget y el de ¿cómo se
positivismo y sus críticos, es un término muy llama? Que todavía vive que tiene como 93
ambiguo porque sirvió para muchas cosas. años, este teórico de sistemas ¿Cómo se
Popper puede ser positivista en el sentido que llama? Francés, bueno, teórico de la
cree en la unidad del método, eso cree, complejidad.
digamos, en que cree que la realidad juega un
papel que demarca lo científico de lo no [Edgar] Morin