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Diplomatura en abordaje clínico y

social de la discapacidad.
Evaluación final.

Alumno: Cristian Mateo Petersen.


Docente: Marcelo Rocha.
Año lectivo: 2018
Sede: Posadas – Misiones.
La posibilidad de las palabras. Constitución subjetiva.

En el presente escrito se abordarán cuestiones relacionadas con la constitución


subjetiva desde la perspectiva psicoanalítica. Más precisamente, la importancia de la
palabra y el lugar primordial que adquiere la misma en la constitución del sujeto. Para
ello, me serviré de algunos ejemplos que he vivenciado a lo largo de mi corta carrera
como profesional de la psicología.
Para el psicoanálisis, cuando se habla de constitución subjetiva, se hace referencia
a la construcción estructural del sujeto. Y, como toda estructura, tendrá una serie de
elementos sobre los cuales se va a consolidar. Es decir, tomando una metáfora
arquitectónica, si el sujeto fuera como un edificio, tendría una serie de pilares sobre los
cuales estaría sostenido. Tres grandes pilares que coinciden con tres perspectivas que
toma Lacan a la hora de justificar determinados conceptos: la vertiente imaginaria, la
simbólica y la real. En cada uno de estos pilares, encontraremos cierta predominancia de
cada una de estas vertientes. Así, podríamos discernir en uno de estos pilares todo lo
relacionado con el Complejo de Edipo y el Complejo de castración, con una clara
predominancia de los aspectos simbólicos; en un segundo pilar encontraríamos todo
aquello que está relacionado con al Constitución del Yo, en donde predominan aspectos
imaginarios y reales; finalmente, podríamos discernir un tercer pilar relacionado con el
lenguaje, donde existe una articulación entre lo simbólico, lo real y lo imaginario.
Me interesa específicamente adentrarme sobre este último, ya que me permitirá
aproximarme brevemente a una de las grandes problemáticas que actualmente se presenta
en la clínica.
En la vertiente del lenguaje, debemos tener en cuenta que la palabra del Otro es lo
que funda el primer eslabón de la cadena significante (S1), es decir, crea una cadena que
nos pre-existe, y el lenguaje, como expresión cultural que nos pre-existe y nos abarca a
la vez, nos delimita un lugar, el cual está esperándonos incluso mucho antes de la
concepción.
Podríamos decir entonces que, los significantes (S1, S2) en tanto y en cuanto están
encadenados en un curso, en un código, código que es coherente con una coyuntura
determinada de lo que vemos en el bagaje socio-histórico-político, que también tiene toda
coyuntura cultural, vienen a constituirnos como tales. En este sentido es que podemos
afirmar que el sujeto es un producto, un producto de decires situados ¿qué quiero decir
con esto? Que es un decir que se pone en juego en un determinado momento histórico, en
un determinado lugar, en un determinado tiempo y en un determinado grupo social. Y en
todo este torbellino de significantes, es que el sujeto viene a insertarse, a ocupar un lugar,
lugar que ya se había preparado para él de una u otra manera.
Si nos adentramos por un momento en el complejo de Edipo, o en la constitución
del Yo a partir de lo teorizado por Lacan en el estadio del Espejo, podemos apreciar como
a partir de ciertos decires que se pronuncian cotidianamente se va delimitando el lugar
que el sujeto debe venir a ocupar. En la vida cotidiana es normal escuchar frases tales
como: “es igual al abuelo (a la mamá, al papá)” “tiene la sonrisa del papá”, “tiene el
carácter del papá”, “va a ser … como el padre”, “le gusta hacer… como a la madre”, “cuál
de mis nietos va a tener mi color de ojos”, entre otras frases. Sin embargo, también
podemos encontrar ideas que anteceden incluso a la concepción del sujeto. Por ejemplo,
es moneda corriente idealizar qué espera un padre de su hijo: que sea profesional, que le
gusten los deportes, que le vaya bien en la escuela, etc.
Ahora bien, cuando nace el niño, y presenta una discapacidad de cualquier tipo,
todas estas idealizaciones, pensamientos, todas estas frases se caen, dejando un vacío
significante que muchas veces es imposible de simbolizar. Se produce el primer gran
duelo que atraviesan todas las familias con un niño con discapacidad, el duelo por el hijo
deseado, duelo que cada familia, cada madre, padre, hermano, tramitará de diferente
manera. Pero también se produce otro acontecimiento de suma importancia, ya que la
persona con discapacidad debe construir una nueva imagen, desde la discapacidad, en
lugar de aquella que se encontraba idealizada.
Aquí es donde comienza además el recorrido de la discapacidad, comienzan a
constituirse los circuitos de la discapacidad1, en donde la persona va de profesional en
profesional, profesional al que solicitan los padres que les de un sentido (diagnóstico) a
aquello que están viviendo.

1
Marcelo Rocha en “Hacia Nuevos Perfiles Profesionales en Discapacidad. De los dichos a los hechos.
Liliana Pantano. Cap. Accecibilidad a la vida cotidiana y proyecto de vida. Pág. 56.
En este sentido, es que el rol de los profesionales de la salud adquiere mayor
importancia, ya que deberemos discernir qué respuesta dar de aquello que le acontece a
la familia o a la persona que tiene una discapacidad. Es decir, los profesionales de la salud
debemos decidir si con nuestra palabras y acciones llenamos de sentido con un
diagnóstico de aquello que les esta ocurriendo, o si damos lugar a la pregunta, a los
interrogantes, a las inquietudes y por medio de ellos nos aproximamos lentamente a
aquello que realmente vive y desea el sujeto. Ya que, como profesionales de la salud,
debemos tener en cuenta aquella celebre frase de Espinoza, quien decía: “Nadie, hasta
ahora, ha determinado lo que puede un cuerpo2”.
Finalmente, quisiera dar un ejemplo que reflejan la problemática que aquí expongo.
Como bien he mencionado anteriormente, como profesional de la psicología, he tenido la
oportunidad de recibir algunos casos particularmente llamativos. Como por ejemplo el de
Luis, un niño que en su momento fue diagnosticado tempranamente con TDAH, con todo
lo que implica dicho diagnóstico. Sin embargo, lo más llamativo del caso no es solamente
el diagnóstico, sino aquello que dice un profesional de este, que si bien está sujeto a lo
que una familia interpreta de lo que diga el profesional en cuestión, no por eso es menos
impresionante. Ya que el profesional al plantear lo siguiente: “Luis es como una pila
sobrecargada, que en algún momento se va a descargar y va a volver a la normalidad”,
esta cristalizando en una holofrase todo aquello que le sucede al sujeto. Delimitando un
lugar al sujeto, no solo en la familia, sino también en la sociedad. El lugar de la persona
con discapacidad. Lugar que, como profesionales de la salud, debemos ayudarlo a
atravesar, de la mejor manera en que le sea posible.

2
Espinoza Baruch (1980). Ética Demostrada según el orden geometrico. Ediciones
ORBIS S.A. Hispamericana. Editora Nacional Madrid
Bibliografía

American Psychiatric Association. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos


mentales. DSM-5. 5º Edición. Editorial Médica Panamericana.

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Janin Beatriz. Niños desatentos e hiperactivos, ADD-ADHD: Reflexiones críticas


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