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El Sol emite una serie de radiaciones que permiten la vida en la Tierra.

Esta radiación se distribuye


a lo largo del espectro electromagnético, o conjunto de ondas electromagnéticas, desde las más
cortas, los rayos gamma, hasta las ondas de mayor longitud, las de radio.

Solo podemos detectar con nuestros ojos una parte muy pequeña del espectro, las ondas visibles,
que nos permiten ver y distinguir colores. Somos capaces de diferenciar desde la luz roja hasta la
violeta. Las ondas que se sitúan por encima o por debajo de esta franja son invisibles para
nosotros.

Las ondas ultravioleta -menor longitud de onda que las violeta- tienen una frecuencia alta y son
en su mayoría absorbidas por los gases de la atmósfera. Son los famosos rayos UVA que pueden
dañar nuestra piel. Un exceso de radiación ultravioleta puede tener consecuencias graves para
nuestra salud, desde quemaduras graves hasta cáncer de piel.

Cuanto menor es la longitud de onda más dañinos son los rayos aunque el ozono los absorbe con
mayor facilidad. Existen 3 tipos de radiación ultravioleta: los rayos UVA, UVB y UVC.

Por encima de la radiación ultravioleta están los rayos gamma. Son ondas mucho
más cortas por lo que liberan gran cantidad de energía produciendo el fenómeno
de la radiactividad. Son similares a los rayos X y tienen gran poder de penetración
para atravesar la materia.
Los rayos gamma se manifiestan como impulsos de ondas electromagnéticas,
formadas por fotones muy excitados o de alta frecuencia. Este tipo de ondas
electromagnéticas poseen una gran cantidad de energía, con la cual son capaces
de atravesar la materia sólida, durante su recorrido dan lugar a partículas cargadas
eléctricamente llamadas iones los cuales son utilizados para captar o medir la
radiactividad del material en cuestión.
Para absorberlas se necesita una capa gruesa de plomo o una pared de hormigón.
Pueden producirse por efecto de una reacción nuclear o como resultado de la
explosión de una supernova u otro cuerpo celeste. Nuestra atmósfera no permite
que penetren este tipo de ondas.
Actualmente
Un equipo internacional de científicos que desarrollaba una investigación
encabezada por la Universidad de Maryland (UMD), ha logrado captar con un grado
de detalle sin precedentes ráfagas de rayos gamma. El equipo de expertos ha
bautizado esta emisión como “GRB160625B”.
“Las ráfagas de rayos gamma son eventos catastróficos, vinculados a las
explosiones de estrellas enormes, cincuenta veces más grandes que nuestro sol”,
explica en un comunicado Eleonora Troja, del departamento de astronomía de la
UMD.
Si se elaborase una lista de las explosiones más poderosas ocurridas en el
Universo, indica la experta, las de rayos gamma se situarían “justo por detrás del
Bing Bang”.
Estos científicos aportaron las primeras pistas de como las ráfagas evolucionan y
pasan de ser una estrella moribunda a un agujero negro.
Los datos constatan que el agujero negro genera un fuerte campo magnético que,
inicialmente, controla las citadas emisiones de chorros de energía. Cuando el
campo magnético desaparece, la materia toma las riendas del proceso y comienza
a dirigir la actividad de los chorros de energía.
Hasta ahora la mayoría de la comunidad científica creía que esas emisiones de
energía estaban controladas por la materia o por el campo magnético, pero nunca
por ambos, sin embargo, con estas pruebas sobre ambos modelos se sugiere que
los chorros de las ráfagas de rayos gamma tienen una naturaleza dual, híbrida”.
El estudio también señala que la “radiación sincrotrón”1 es el motor de la “rápida”
fase inicial de la explosión de “GRB160625B”, la cual se caracteriza por su extrema
luminosidad.
El estudio muestra pruebas convincentes de que la fase inicial “rápida” de ráfagas
de rayos gamma está provocada por la radiación sincrotón. Este hallazgo es
importante porque, a pesar de décadas de investigaciones, el mecanismo físico que
lo genera no había sido identificado inequívocamente.

1
Radiación producida por electrones acelerados en el campo magnético de la Vía Láctea hasta velocidades
próximas a la de la luz