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Obras póstumas de M.

de
Grimaldy

E. Jourdan de Pellerin

1745

Traducción
Luis Silva Mascuñana
Título original: Oeuvres posthumes de M. de Grimaldy.
Premier medecin du Roi de Sardaigne, chef de l’Université de Mede-
cine de Chambery, où sont contenus ses meilleurs remedes. Avec une
Dissertation Physique sur les sujets qui entrent dans la composition de
ces Remedes.

Autor: E. Jourdan de Pellerin

Edición: En París. Año 1745

Traducción del original francés: Luis Silva Mascuñana


Primera edición: Mayo de 2008
© Luis Silva Mascuñana

ã Bubok Editorial S.L., 2008


1º Edición
ISBN: 978-84-92500-22-2
DL: PM. 1059-2008
Impreso en España / Printed in Spain
Impreso por Bubok Publishing
Índice

Agradecimientos ............................................................................5
Introdución del traductor ................................................................9
Sobre los autores ................................................................15
Sobre la obra ......................................................................24
Disertación física del editor. Discurso preliminar ........................31
Libro primero. Capítulo I ............................................................33
Capítulo II ....................................................................................37
Capítulo III ....................................................................................41
Capítulo IV ..................................................................................47
El oro ..................................................................................51
La plata ..............................................................................51
Capítulo V ....................................................................................53
Sobre el cobre ....................................................................53
Del hierro ..........................................................................54
Del estaño ..........................................................................56
Del plomo ..........................................................................58
De la plata viva o mercurio vulgar ....................................59
Capítulo VI ..................................................................................63
Del Salitre, o Nitro ............................................................63
Purificación filosófica del Nitro ........................................67
Quintaesencia del nitro ......................................................70
Comentarios del traductor a este capítulo ....................................73
Capítulo VII ..................................................................................77
Libro segundo. Capítulo primero ................................................83
Primer Régulo ..............................................................................83
Capítulo II ....................................................................................95
Capítulo III ..................................................................................103
Capítulo IV ................................................................................107
Elixir ................................................................................107
Capítulo V ..................................................................................117
Capítulo VI ................................................................................121
Virtudes del purgativo ......................................................121
Dosis del purgativo ..........................................................123
Elixir ................................................................................127
Efecto del purgativo ........................................................127
Aceite de vida ..................................................................129
Oro potable ......................................................................130
Discurso hermético ....................................................................133
Comentarios del traductor a este capítulo ..................................157
Respuesta a la carta de M. D. ....................................................165
Estomacal de Poterius ................................................................171
Aprobación ..................................................................................179
Agradecimientos

A mi hija Alba, aurora de mi vida y fuente de inspiración, a mi


esposa, por respetar mis inquietudes filosóficas, a mi madre por
quererme tanto, y muy especialmente a mis amigos y hermanos al-
quimistas granadinos, compañeros de laboratorio, todos enamora-
dos de este sublime Arte que es la Alquimia. Juntos, elaboramos
este mes de agosto, la tintura1 de oro u oro potable2, un auténtico
trabajo de Hércules, que demuestra que los escritos de los clásicos
no son meras fantasías. A todos ellos, y a los que de corazón se en-
tregan a esta divina Ciencia, mi respeto y consideración.
Finalmente, otro agradecimiento muy sincero para “La Salé-
vienne”, Sociedad de Historia Regional del noroeste de la Alta
Saboya, y a su Presidente, el Sr. Claude Mégevand, porque muy
amable y desinteresadamente me ha enviado copias de: “las notas
inéditas sobre Denis Moène de Copponay, sus peregrinaciones, su
comercio etc.,” de la autoría de A. Perrin, con motivo de su partici-
pación en el catorceavo congreso de Sociedades Científicas de
Saboya en 1897. De la “Noticia sobre la Academia química, ducal,
real, de Saboya y sobre Denis de Copponay de Grimaldy” de 1859,
que le facilitó la Sociedad Saboyana de Historia y Arqueología me-
diante la amabilidad de la Sra. Maurice Messiez. De copia de un
manuscrito escrito por la mano del propio Grimaldy, y de su escudo
de armas.3 El Sr. Mégevand continua investigando para hacerme
llegar otros documentos sobre la figura de este gran Médico.

1 Tintura. Llamada así porque tiñe, es decir, traslada su color a la sustancia donde se di-
suelve, generalmente alcohol.
2 Potable. Que se puede beber sin que dañe.
3 Este escudo de armas, que el lector tiene a su disposición en la portada, procede del
libro "Armorial du Duché de Savoie dressé pour le marquis Costa de Beauregard". Édi-
tion La licorne. Annecy 2000.

5
En los últimos años, la producción editorial sobre el tema de la
Alquimia, se ha mostrado sensiblemente más generosa de lo habi-
tual abriéndose sobre todo en tres frentes: En primer lugar, aque-
llas obras que amparándose en la reputación y el misterio de la
vieja Alquimia secuestran el sustantivo que la define para aplicarlo
a toda suerte de doctrinas místicas y a variopintas técnicas de des-
arrollo espiritual de evidente obediencia oriental. Otro frente lo
ocupa la publicación de textos clásicos de nuestra ciencia, ya en
ediciones "de Arte" para bibliófilos, ya en colecciones comerciales
en las que el criterio de selección es bastante discutible. El tercer
frente es aquél que se dedica a los alquimistas modernos o a mono-
grafías sobre el Arte Real hechas desde los campos siempre resba-
ladizos que marcara Jung, o desde los complejos historicistas de
los ambientes universitarios, pero en cualquier caso siempre desde
lejos del humilde laboratorio del alquimista sincero.
La obra que ahora tenemos el honor de presentar se sale ele-
gantemente de las categorías que acabamos de definir. En efecto,
cuando nuestro amigo Luis Silva nos comentó en el transcurso de
unos trabajos sobre el "aurum potabilis" que realizamos juntos en
mi laboratorio de Granada, su intención de traducir y trabajar las
"obras póstumas" de Denis de Copponay de Grimaldy, pensé que
por primera vez, los amantes de la ciencia hermética de habla es-
pañola podrían inclinarse sobre el que fuera libro de cabecera del
maestro Fulcanelli según declarara su único discípulo, Eugêne
Canseliet.
Las "obras póstumas" de Monsieur de Grimaldy, médico espa-
gírico del rey de Cerdeña y director de la Facultad de Medicina de
Chambéry, constituyen un formidable recetario espagírico recopi-
lado y editado por primera vez en 1745 por E. Jourdan de Pellerin,
espagírico y filósofo hermético, él mismo quien tuvo a bien comple-
tar la obra del maestro Grimaldy con un verdadero tratadito de
Espagiria en cuyos pilares se apoya para explicar, muy al gusto del

7
"siglo de las luces" los fundamentos físicos y filosóficos de los re-
medios diseñados y preparados por M. de Grimaldy.
La disertación sobre la doctrina espagírica y por ende sobre los
fundamentos alquímicos de los remedios de Grimaldy constituyen
realmente el primer "epítome"4 de la ciencia hermética alejado ya
en su lenguaje y en su prosodia de los viejos grimorios medievales.
Los símbolos, las alusiones mitológicas, los juegos de palabras, los
emblemas y las filacterias, tan característicos de la literatura alquí-
mica, han desaparecido aquí casi por completo. Leve es el velo que
queda ya entre el lector y los casi impenetrables tratados de nues-
tro Arte después de haber leído con la atención imprescindible las
"obras póstumas" de M. de Grimaldy.
Nunca agradeceremos lo suficiente a Luis Silva, la impecable y
trabajadísima versión que ha hecho de esta obra singular, de la que
muchos ejemplares se verán con toda seguridad honorablemente
manchados por el hollín del laboratorio.

Yabir abu Omar


Granada. Agosto del 2007

4 Epítome. Resumen de obra una extensa, donde sólo se expone lo principal o preciso.

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Introdución del traductor

No cabe duda que el término Alquimia y su objetivo, la elabora-


ción de la piedra filosofal, están de moda. Películas como Harry
Potter y la piedra filosofal y novelas como el alquimista, han resca-
tado el término. Invito al lector a introducir la palabra ‘Alquimia’ en
cualquier buscador de Internet y descubrirá, mediante numerosísi-
mas referencias, su ámbito y alcance, tanto alquímico como cual-
quier otro de lo más variopinto. Sin embargo, la Alquimia sigue
siendo una gran desconocida. Pero, ¿existe la piedra filosofal? En el
Renacimiento y hasta el s. XVIII fue un hecho evidente. Se practi-
caron numerosas transmutaciones metálicas y se editaron muchísi-
mos tratados sobre ella. Era considerada la piedra de las tres virtu-
des: de la riqueza, por ser capaz de transmutar los metales en oro.
De la salud, por ser tanto una panacea o remedio universal sanador
de todas las enfermedades, como un poderoso reconstituyente que
prolonga la vida, y de la sabiduría, porque revela al alquimista los
secretos de la Naturaleza. Éste, escruta en el interior de la materia,
retrograda grado a grado los metales, buscando los principios o ra-
íces que son su origen. Afirma, que al igual que los vegetales y los
animales, los metales nacen también de dos principios, uno macho
y otro hembra. Con esta retrogradación, acercándose al principio de
la unidad de la materia, encuentra las primeras materias de la crea-
ción del mundo, y dice que en la elaboración de la piedra filosofal,
o piedra de los filósofos, observa en su pequeño matraz, un símil de
la creación del mundo. Sí, los alquimistas son filósofos artistas que
hacen físico lo metafísico.
El ámbito de estudio metafísico de los alquimistas era y es la
Filosofía Natural. Filosofía deriva del griego Philo (amor, o que
gusta de) Sophia, Diosa griega de la Sabiduría, referida en este caso
a la Prisca Sapientia, Gnosis o Conocimiento verdadero, el tradicio-

9
nalmente oculto y sólo reservado a los elegidos. A nivel alquímico,
la transmisión de este conocimiento se realizaba o bien mediante
Tradición oral de maestro a discípulo, o bien mediante la adquisi-
ción de las claves que permitían interpretar tanto los indescifrables
textos alquímicos como las típicas imágenes enigmáticas de la ico-
nografía alquímica. Estas claves, o eran reveladas por un Adepto
(de Adeptus, el que ha conseguido), el filósofo que ha elaborado la
piedra filosofal, o bien mediante una revelación divina. La Alqui-
mia, dicen los alquimistas, es un Don de Dios que éste otorga al es-
tudiante puro y sincero, al que vive según las normas de la Ética y
que sigue la conocida máxima alquímica Ora, Lege, Lege, Lege,
Relege, Labora et invenies, Ora, Lee, Lee, Lee, Relee, Trabaja y
Encontrarás. El término ‘Natural’, se refiere a la Naturaleza, pero en
el sentido de su concepción griega, es decir la Phycis, de cuyo estu-
dio nació la antigua Physica, que trató de comprender el conjunto
de todo lo que existe en el espacio y en el tiempo.
La antigua Physica formó parte de la Filosofía Natural. Hoy la
Física tiene por objeto el estudio de las propiedades de los cuerpos
y de las leyes que tienden a modificar su estado y su movimiento sin
alterar su naturaleza (esta alteración es ámbito de la Química), los
Antiguos, bajo el nombre de Filosofía Natural, le dieron una acep-
ción mucho más amplia, abarcando el estudio completo de las pro-
piedades de los cuerpos y de sus relaciones, tanto materiales como
divinas. De esta Filosofía Natural se desprendieron las matemáticas,
las ciencias naturales y las ciencias físicas. Estas últimas de dividie-
ron en dos partes: la Física y la Química.
El alquimista es un filósofo natural, estudia el origen y la com-
posición de la materia, el surgir y morir de las cosas y las fuerzas
cósmicas, por ello es también un Físico, del griego physikos, rela-
tivo a la Naturaleza, y también un Químico. Durante el enciclope-
dismo se consideró a la Alquimia como alta Quymica, La primera
enciclopedia, la de Diderot y Alembert, definía la Alquimia como
“la Química más sutil mediante la que se hacen operaciones de quí-
mica extraordinarias y que ejecutan más rápidamente las mismas
cosas que la Naturaleza tarda muchos años en producir. La palabra

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Alquimia está compuesta de la preposición ‘al’ que es árabe, que
significa sublime o excelente, y de ‘química’. Así, Alquimia si-
guiendo la fuerza de la palabra, significa la Química sublime o la
Química por excelencia”. Una definición similar utilizó el primer
Diccionario de la Academia Francesa. Finalmente, otra de carácter
anglosajón, procedente del diccionario universal de medicina de
James Robert (París, 1.746), la define como “la Rama de la Química
que se ocupa particularmente de la transmutación de los metales.
Para distinguirla de esta parte de la Química en general y resaltar su
excelencia, se le ha dado el nombre de Alquimia, que deriva de
‘Química’ y de la partícula árabe ‘al’. Los orientales tuvieron du-
rante mucho tiempo la costumbre de resaltar la excelencia de una
cosa, atribuyéndosela a la divinidad. Así, Alquimia significa literal-
mente, ‘Química de Dios’, pues la palabra ‘al’ significa el Ser
Supremo”.
Los alquimistas siempre han entendido la Alquimia tanto como
una Ciencia como un Arte. De hecho filósofo deriva del griego philo
(amante o que gusta de) y sophos (arte o ciencia). Efectivamente, la
Alquimia es una Ciencia, en primer lugar porque en los inicios de la
Philosophia, ambas, Filosofía y Ciencia se confunden, la Ciencia es
un producto de la Filosofía que se integra en ella, será mucho des-
pués cuando se separe. En segundo lugar porque para los alquimis-
tas, la Alquimia es una ciencia tan cierta, verdadera, objetiva y em-
pírica como cualquier otra, pero la diferencia es que es Hermética.
Su objetivo, la elaboración de la piedra filosofal, que permite la
transmutación metálica, es para ellos una evidencia, la han fabricado
y han definido tanto sus propiedades físicas como químicas. Pero la
Alquimia también es un Arte pues éste al igual que aquélla, exige de
regla y método para hacer bien una obra. El alquimista debe ser un
artista, un artesano, un Maestro del Arte, el que la primera edición
del primer diccionario de la Academia Francesa (1.694), define
como el que es excelente en cualquier Arte o Ciencia. La Alquimia
siempre ha sido concebida y entendida como ‘el Gran Arte, el Arte
Secreto, El Arte Sacerdotal, Arte Real o la Gran Obra, la Ciencia de
las Ciencias o la auténtica Ciencia Hermética’.

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Y así es como la Alquimia hace Físico lo Metafísico. El alqui-
mista funde Física y Metafísica. Los principios de la Filosofía
Natural son su Biblia, gracias a su fe en ellos consigue manifestar-
los visiblemente en su matraz o vaso herméticamente cerrado. Es
más, el alquimista va más lejos, afirma ver en el interior de su va-
sija ovalada un símil de cómo el Creador creó el mundo. “Vosotros,
hijos del divino Hermes, imitadores de la Naturaleza, a quienes la
Ciencia os ha mostrado la Naturaleza al descubierto, sólo vosotros
sabéis de qué modo esa mano inmortal formó la Tierra y los Cielos
a partir de la Masa informe del Caos, pues vuestra Gran Obra
muestra claramente que, de la misma manera que se hace vuestro
Elixir filosófico, ha hecho Dios todas las cosas. (Extracto de la luz
surgiendo por sí misma de las tinieblas, de Marco Antonio
Crasellame. 1.687).
El alquimista, con ayuda del Espíritu Universal o Alma del
Mundo, su gran secreto, retrograda la materia hasta sus primeros
principios, sus raíces u origen, después los limpia de las heteroge-
neidades o impurezas que aquella adquirió durante su larga evolu-
ción. Retiradas estas imperfecciones y con nueva ayuda de la ener-
gía cósmica, creará un cuerpo nuevo mucho más glorioso, inexis-
tente en la Naturaleza, la piedra filosofal. Por eso le dice la Natura-
leza al alquimista, en un diálogo ficticio, “ayúdame y yo te ayu-
daré”. La Naturaleza no puede por sí misma elaborar la piedra filo-
sofal, necesita de las manos del artista alquimista para mejorarse, y
a cambio, la Naturaleza le ofrece las tres virtudes que encierra la
lapis philosophorum, las comentadas en el inicio de esta introduc-
ción, la riqueza, la salud, y la sabiduría.
Esta es la verdadera Alquimia, la que enamoró a grandes perso-
najes de la historia como Isaac Newton, el autor de la “Philosophia
Naturalis Principia Mathematica”, considerado el padre de la cien-
cia moderna, pero que en cuanto a su genio, dijo haber caminado
sobre hombros de gigantes, a Goethe, que sanado en su infancia por
un médico alquimista, se apasionó por ella, a Cyrano de Bergerac,
que metafóricamente dedicó alguna de sus obras al proceso alquí-
mico, y a tantos otros, conocidos y desconocidos.

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La Alquimia siempre tuvo altos y bajos, etapas de esplendor y
decadencia. De esplendor como en el Renacimiento, donde se prac-
ticaba entre la Realeza, la Nobleza, en el interior de los monasterios
y entre químicos, médicos y farmacéuticos, hasta que los descubri-
mientos de Lavoisier iniciaron un período decadente. Pero la
Alquimia nunca muere, siempre resurge de sus cenizas como el ave
Fénix y escoge a los suyos, tal es su máxima constante. Aún así, la
Alquimia no es proselitista, no busca a cualquier seguidor, es más,
los suele rechazar mediante la oscuridad de su método. A la
Alquimia se llega sólo mediante el profundo estudio y el amor a la
Naturaleza, es así como nos escoge.
Hubo un resurgir de alquimistas durante el siglo XIX, especial-
mente en Francia, personajes como Albert Poisson, Marcelin
Berthelot, Tiffereau, Jollivet Castellot y Marc Haven entre otros, la
avivaron, y el fruto surgió a principios del s. XX con la figura de
una gran alquimista anónimo, el Adepto Fulcanelli (de Vulcan, vol-
cán y Helios, Sol), el autor de las dos obras alquímicas más impor-
tantes del siglo XX, ‘El Misterio de las Catedrales’ y ‘Las Moradas
Filosofales’, su discípulo Eugène Canseliet le fue a la zaga y aun-
que no consiguió elaborar la piedra fue sin duda un filósofo alqui-
mista de primer orden y un gran difusor de esta Cienciartis.
Siempre han existido alquimistas, pero la mayoría permanecen
ocultos en el interior de sus laboratorios.
Tradicionalmente se han mostrado dos tipos diferentes, los lla-
mados caritativos, que han ofrecido algunas explicaciones ciertas
de las operaciones alquímicas, ayudando con ello tanto a los neófi-
tos como a los avezados amantes de la alquimia (llamados tradicio-
nalmente hijos de la ciencia), y los envidiosos o codiciosos, entre
estos están los que se esconden y trabajan anónimamente, sin ofre-
cer pistas de sus descubrimientos, y otros que más abiertos, ofrecen
afirmaciones, que aún ser ciertas, no hacen más que despistar.
Estamos de suerte, este libro ha sido escrito por un alquimista
muy caritativo. Desvela secretos celosamente guardados, como el
de la elaboración del imán astral, uno de los disolventes necesarios
para la fabricación de nuestra Piedra. Sin duda, es uno de los mejo-

13
5
res que sobre Espagiria y Alquimia se han escrito. De hecho, fue
uno de los preferidos del Adepto Fulcanelli; hasta hemos oído que
fue uno de los de su cabecera, y así debió ser, pues su único discí-
pulo conocido, Eugène Canseliet, escribió en su “La Alquimia ex-
plicada sobre sus textos clásicos”:6
“El maestro poseía, entre los libros de su riquísima biblioteca,
el del médico Denis de Copponay de Grimaldy, que estuvo ligado a
la persona del Rey de Cerdeña, como había sido un espagirista, es-
pecialmente iatroquímico,7 y se había mostrado sobre todo de una
extrema imprudencia, el filósofo del Misterio de las Catedrales y de
las Moradas Filosofales no lo citó, no más que a su volumen, por
otra parte tan raro como poco más o menos desconocido”.
Efectivamente, el texto que ponemos hoy a disposición del lec-
tor, que aún su rareza y desconocimiento, localizamos hace ya sus
buenos años en la Biblioteca Nacional Francesa, se muestra desca-
radamente abierto, especialmente en lo referente a la Alquimia ope-
rativa. Es un libro completo. Reúne ampliamente los principios de
la Filosofía Natural o Hermética, que traduce después en praxis
operativa, demostrando la certeza de aquellos. Es decir, aúna tanto
la Sabiduría que debe conocer todo aquél que desee entrar en el
templo de la Filosofía Natural, como la forma de operar la Obra, es-
pecialmente en la vía seca.8

5 La franja entre la Espagiria y la Alquimia es estrecha. Digamos, en un breve resumen,


que la Espagiria busca elaborar, por procedimientos alquímicos, remedios eficaces para
combatir la enfermedad. La Alquimia va más allá, busca la transmutación de los cuerpos
mediante la panacea universal.
6 Existe una edición en español. Luis Cárcamo editor. 1981.
7 Iatroquímica. (De iatros. Médico) Paracelso es considerado su fundador. Se trata de una
forma primitiva de la química farmacéutica. Fue considerada una parte de la Alquimia
que se ocupaba de la elaboración de remedios y aportar seriedad frente a la imagen de la
fabricación del oro. (Alquimia. Helmut Gebelein. Ed. Robinbook. 2001).
8 Tradicionalmente se reconocen dos vías para llegar a la piedra filosofal, la llamada hú-
meda, que requiere un horno, un matraz, bajas temperaturas (templadas), un largo perí-
odo de tiempo y la atención y paciencia del alquimista, y una vía seca, que requiere un
crisol, un horno para altas temperaturas, poco tiempo para su elaboración, pero que ne-
cesita, por sus riesgos de explosión, una gran atención del alquimista.

14
Iniciamos esta traducción hace casi diez años, pero no ha sido
hasta ahora que nos hemos decidido a darle luz en castellano, si bien
en su día, dimos al mundo, gracias a Internet, la traducción de un
extracto de la obra, concretamente el capítulo VI, concerniente a la
Sal Nitro (salitre), su purificación filosófica y extracción de su quin-
taesencia. Sin embargo, siempre tuvimos nuestras reservas a la hora
de editar la traducción completa, pues parecía circular exclusiva-
mente entre amantes de la ciencia. Pero los tiempos cambian, éste
es un nuevo siglo, el de la aldea global. Internet globaliza y todo se
diluye rápido, incluso los secretos más herméticos. Nuestras inten-
ciones, con esta edición, son las mismas que las de quien la ordenó
en el s. XVIII, ser útil a los amantes de esta ciencia. Una ciencia,
que por otra, despierta de su letargo siglo a siglo, y escoge a los
suyos, tal es su máxima constante.

Sobre los autores

Según la Biblioteca Nacional Francesa, quien decide editar las


obras póstumas de M. de Grimaldy, es E. Jourdan de Pellerin. Es él
quien hace públicos, en 1745 y a título póstumo,9 los principales re-
medios del médico Denis de Copponay de Grimaldy.
Jourdan de Pellerin, tras el fallecimiento de Grimaldy dispuso de
manuscritos de puño y letra del citado médico que describían la ela-
boración de sus famosos y secretos remedios. Es posible que fuera
un discípulo aventajado de su escuela,10 o al menos del Arte,11 pues
como buen filósofo espagirista, su máximo deseo, como afirma, era
el de encerrarse en su laboratorio para estudiar los secretos de la na-
turaleza y la ciencia espagírica.

9 Póstumo. Hijo póstumo es el que nace después de la muerte de su padre.


Tradicionalmente, en Alquimia, se llama hijos o niños a los discípulos de esta ciencia-
arte, quizás Pellerin, con esta edición, pretende honrar a su maestro tras su muerte.
10 La Academia química, ducal, real, de Saboya.
11 Espagírico o alquímico.

15
Sin embargo, debe destacarse, que aunque el título de esta obra
se refiera a Grimaldy, su mayor parte es de la autoría de Jourdan de
Pellerin, quien se nos manifiesta como un excelente filósofo natu-
ral.12 Sólo el libro segundo es el que procede de los manuscritos de
Grimaldy, que Pellerin dice haber copiado palabra por palabra y co-
rregido sólo algunas negligencias de estilo. Nada sabemos sobre
Jourdan de Pellerin, salvo lo que hemos comentado. De Grimaldy,
hasta la fecha, conocemos lo que procede de las siguientes fuentes:
1ª. La de este propio texto. Primer Médico del Rey de Cerdeña.
Primer Médico del Duque de Saboya, Director de la Universidad de
Chambéry. Su fama, reconocida en toda Europa, llegó como conse-
cuencia del éxito de sus remedios y especialmente por haber sanado
a la esposa de M. Daquin, que fue primer Médico del Rey, de una en-
fermedad que la afligía durante años y que se veía como incurable.
2ª. La Biblioteca Nacional Francesa informa que Grimaldy falle-
ció en 1717 y que pudo haber nacido en 1623. De ser cierto, falle-
ció a los 94 años, una edad extremadamente avanzada para la época,
donde la media de vida debía rondar entre los 40 y los 50 años.
3ª. Canseliet, nos refiere en su libro antes citado, que Grimaldy
tuvo una hija sumamente notable, la cuarta de las cinco que vinie-
ron después del único muchacho, Antoine-Théodore.
4ª. En un artículo de Dominique Bouverat, aparecido en la re-
vista Le Bénon, nº 53 del año 2006, consta que un tal Sr. de Coppo-
nex, Denis Moenne de Grimaldy, charlatán, químico y alquimista,
que ejerció en Chambéry a finales del siglo XVII, pretendía haber
elaborado un remedio que curaba todas las enfermedades, el lla-
mado febrífugo incorruptible. Sobre el 1684, Grimaldy había obte-
nido cartas de patentes reales para establecer en Chambéry una aca-
demia química ducal real de Saboya, destinada a la enseñanza de la
química y sus aplicaciones médicas, y donde fabricaba sus remedios
secretos.

12 Aunque no descartamos que sus conocimientos de filosofía natural procedieran de las


enseñanzas de Grimaldy.

16
5ª. Gracias a “las notas inéditas sobre Denis Moène de Coppo-
nay, sus peregrinaciones, su comercio, etc.”, de A. Perrin (1897),
conocemos datos importantes de su biografía, que alejan a la figura
de Gimaldy de considerarlo un charlatán. Exponemos a continua-
ción una extensa traducción de estas notas:
Denis Moêne de Copponay de Grimaldy, era un noble, un escu-
dero,13 señor de Copponay,14 Chastillon y Tavolle, coseñor de
Challes y de la Corbière, que ejerció la Medicina Espagírica. Gra-
cias a sus publicaciones, tan numerosas como enfáticas, se ganó la
confianza de los grandes y del pueblo a pesar de la viva oposición
de los médicos, hasta el punto de que la fama de sus remedios per-
duró todavía 30 años tras su muerte.
Aunque algunos lo trataron de charlatán, se sabe poco de su vida
antes de su establecimiento en Chambéry. Uno de los manuscritos,
que el Sr. Marqués d’Oncieu de Chaffardon ha tenido a bien con-
fiarnos, titulado, “Gestiones del Sr. Copponay después del año 1674
sobre sus experiencias en Medicina”, nos ha permitido seguirlo
desde esta época, rectificando sus indicaciones con ayuda de otros
distintos documentos impresos o manuscritos:
En 1674 los habitantes de Forest, que estaban afligidos de diver-
sas enfermedades, y sobretodo de una fiebre maligna que los deso-
laba, le suplicaron intensamente que los fuera a socorrer, él lo hizo,
y Dios dio tanta bendición a sus remedios que en los once meses
que residió en St, Etienne tuvo la bondad de sanar a 4.336 personas,
lo que se justifica por la demanda judicial que fue hecha en juicio
en un proceso que tuvo..., a solicitud de los médicos que pretendie-
ron, por sus molestias15 interrumpir su caritativo ejercicio... y el

13 Escuyer o ecuyer. Escudero, gentilhombre. En Francia el más bajo y primer grado de


la Nobleza, con derecho y prerrogativa a portar blasón (escudo de armas). Diccionario de
la Academia Francesa. 4ª ed. 1762.
14 Copponay o Copponex, pueblo situado en la Región del Rhône-Alpes, en el departa-
mento de la Alta Saboya, en el valle de los Uses, al pie del Mont Salève, entre Annecy y
Génova. Hoy ronda los mil habitantes.
15 Las que les ocasionaba Grimaldy, especialmente la pérdida de clientes. (Nota del tra-
ductor).

17
dicho Sr. de Copponay por sentencia fue vuelto juez de su propia
causa (venció la causa. N. del t.).
La reputación de sus remedios se extendió en Auvergne donde
había prodigado un número de enfermedades que cada día se lle-
vaba a 40 enfermos sólo en la ciudad de Brioude. Esta mortandad,
asustó tanto al Baile,16 que se unió con la nobleza vecina para en-
viar un aviso expreso al Sr. de Copponay, a fin de rogarle trasladarse
a su país para aliviar a los pueblos afligidos del veneno de las fie-
bres malignas que les envenenaban. Estuvo allí tres años..., cuando
esta enfermedad alivió y empezó poco a poco a purificarse..., fue
obligado a ir a Dijon a causa de un proceso familiar... El Sr. de
Copponay se trasladó a París, en 1679 donde tuvo el honor de ser
presentado al Rey por medio del Sr. Príncipe de Lislebonne. Se
tomó la libertad de presentar una petición al Rey para obtener per-
miso para abrir un laboratorio..., su majestad envió la petición a su
primer médico para examinarla, pero dándose cuenta que la cosa no
podía ejecutarse puntualmente..., entregó su petición al Tribunal de
Cuentas,17 que le permitió construir los hornos... y habiendo obte-
nido éxito en su demanda, hizo construir un laboratorio en la c/
Richelieu, donde compuso sus específicos para socorrer a los po-
bres... Partió a continuación hacia la Provenza con intención de dar
a conocer la bondad de sus remedios. Se quedó en Cagnes..., entre
Antibes y Villefranche, cerca de Niza durante dos años. Constan di-
versos certificados de los maravillosos resultados obtenidos por sus
remedios miríficos, dos de entre ellos, entregados por el Sr. Albert
Bailly, obispo de Aosta, constatan su paso por Piémont y el valle de
Aosta antes de su retorno a Saboya.
Los asuntos domésticos del Sr. de Copponay lo llamaron a Sa-
boya, donde tomó la resolución de construir una Academia de
Medicina Química en Chambéry..., donde tras conflictos con los

16 Jefe de una justicia subalterna.


17 Cour de Monnoies. Que hemos traducido por Tribunal o Cámara de cuentas. Corte su-
perior establecida para juzgar soberanamente todo lo que concierne a la moneda. D.A.F.
4ª ed. 1762.

18
Médicos y Farmacéuticos,18 gozó tranquilamente de su Academia
durante doce años. Interrumpido en su comercio por la guerra,
vuelve de nuevo a París en 1693, donde establece sin duda un nuevo
laboratorio y se pone a ejercer la Medicina, a componer y a vender
sus remedios, pero lejos de encontrar la protección de los grandes,
tras dos años de estancia, fue perseguido, arrestado y encerrado en
Vicennes en 1695. Comenta su desdicha en un pequeño cuaderno
manuscrito, que contiene, repite tres veces, un reglamento de vida,
ocupando sus días en plegarias y mortificaciones: “Vine por se-
gunda vez a la ciudad más grande del mundo creyendo que iba a re-
coger los frutos de un talento que sólo Dios me dio en Medicina...
a fin de poder contribuir un poco, lo mejor posible, a una gran fa-
milia desolada por las vicisitudes del tiempo... Más el demonio, en-
vidioso de los progresos que mis remedios hacían al gran beneficio
del Público, me envió enemigos escondidos..., se lanzaron sobre
mis intenciones... No han faltado en dar memorias indignas de mi
conducta para hacerme arrestar... y hacer pasar mis ejercicios como
crímenes de estado”.
Estaba prisionero todavía el 28 de abril de 1696. No he podido
saber como obtuvo su liberación, pero regresó a Chambéry en julio
de 1697, y aunque restableció su Academia de Medicina Química,
y que se esforzó mediante numerosos impresos para destacar la
fama de sus remedios, no pudo recuperar sus antiguos éxitos y
murió en el infortunio en 1723.19
Tras su vuelta se esforzó en extender la venta de sus admirables
panaceas, creando depósitos en numerosas ciudades de Francia,
Italia y Saboya: París, Lyon, Turín, Annecy, Sallanches, etc. Hemos
descubierto en una escritura de un notario de Chambéry, un acuerdo
o pacto con un ciudadano de Sallanches que nos hizo conocer sus

18 Copponay comentó detenidamente sus discusiones con lo médicos y farmacéuticos de


Chambéry, a los que ganó su causa ante el Senado en su “establecimiento del laboratorio
de Su Alteza Real y de su Academia química con el combate de la medicina galénica”,
causa vencida en la Sala del Augusto Senado de Saboya 1684.
19 El año de defunción no coincide con el que consta en la Biblioteca Nacional Francesa
(1717).

19
principales remedios, su precio de venta y el beneficio que éste
podía tener:
“Convenio (ante el Sr. Bovet, Notario, el 15 de julio de 1697),
entre el noble Denys de Copponay de Grimaldy, escudero, Sr. de
Copponay, Chastillon y Tavolle, director General de la Academia de
Medicina Química Real de Saboya y el Sr. Claude Lydrel de
Sallanches, marchante.
En primer lugar Copponay lo instituye para la distribución de
sus remedios y otros trabajos de la dicha Academia en Sallenches y
Faucigny. Sobre los pactos establece:
Primero. No venderá nunca a más bajo ni alto precio que los fi-
jados...
Segundo. Que si los retorna (los medicamentos. N. del t.), los de-
volverá sellados y bien acondicionados, como él los habrá reci-
bido.
Tercero. Rendirá cuentas trimestralmente y le hará llegar el di-
nero.
Cuarto. No dará nada a crédito...
Y como toda pena merita salario, retirará de cada toma de las píl-
doras admirables la cantidad de 5 soles del Rey, que serán vendidas
a 35 soles las tomas, del febrífugo, 5 soles, que será vendida a 30
soles. 3 soles para las píldoras específicas, destinadas a las enferme-
dades del pueblo y a los soldados, que se venderán a 15 soles. 4 soles
del aceite de vida, que se venderá a 26 soles. En cuanto a los otros
remedios y esencias, se le marcarán los precios y los beneficios.
Y le entregan 50 tomas del llamado febrífugo del laboratorio de
S.A.R.20 en Saboya. (sello de Grimaldy) En Chambéry, en la casa
Villeneuve, donde habita Copponay”
Durante su primera estancia en Chambéry, se supo ganar al
Senado, a la Corte y al Rey Victor-Amadeo II, quien creó para él el
cargo de Protomédico o Primer médico químico de sus estados de
Saboya y le cedió gratuitamente la casa blanca (maison blanche),21

20 Su Alteza Real.
21 Sobre el emplazamiento de la corte (en 1897).

20
situada en el suburbio Maché, para residir durante su vida. En su
vuelta, el favor de los grandes le abandonó, y lo encontramos esta-
blecido en la casa Villeneuve, en la plaza de Sain-Léger.
Copponay utilizó el oro metal para elaborar su oro potable, re-
medio maravilloso que denominó medicina universal. Copponay
vio bien exponer su modo de fabricación, dio de buen grado la fór-
mula a quien tuviera la voluntad de intentarlo para la felicidad de la
humanidad. Dijo: “debo sólo prevenir al que quiera intentar la em-
presa, que tras haber calcinado, destilado y filtrado durante cuatro
meses el vitriolo y el antimonio, debe añadir una onza de oro, y así
podrá decir con nuestro empírico: es verdad, algunos bribones pre-
tenden atrapar al público mediante promesas deslumbrantes, funda-
das sobre el conocimiento perfecto que dicen tener de las ciencias
que ignoran totalmente”.
Continua opinando Perrin, que los metales empleados por Gri-
maldy en la fabricación de sus remedios, no tenían ninguna de las
influencias que le atribuía la Alquimia, sólo el antimonio con sus
propiedades eméticas y purgativas, constituía el agente activo. Su
empleo en el estado impuro lo convertía en muy peligroso para la
salud. Un siglo atrás, Paulmier fue condenado en sentencia del
Parlamento en 1566 y privado de trabajar con el antimonio. Más
tarde, contravenir la sentencia le costó ser excluido de la Facultad
en 157922. Finalmente, Perrin no creyó que los trabajos antimonia-
les de Grimaldy fuesen la causa de su detención en Vicennes.
6ª. Finalmente, la “Noticia sobre la Academia Química, Ducal,
Real de Saboya y sobre Grimaldi de Copponay su fundador”, de
Laurent Sevez (profesor suplente de Química), de 1859, si bien con-
sidera a Grimaldy un charlatán, destaca puntos de especial interés.
Extraemos también un breve resumen:
“Grimaldy fue uno de los adeptos más fervientes de la medicina
espagírica, es decir de la aplicación de los procesos de la Química

22 La Facultad de Medicina de París prohibió el uso del antimonio en 1566. La prohibi-


ción duró un siglo aproximadamente.

21
al arte de sanar. Es incontestable que tenía conocimientos serios y
muy amplios para su época.
El hecho más importante de su carrera química y médica fue el es-
tablecimiento de la academia química, ducal, real de Saboya. Publicó,
en 1684 un panfleto de 47 páginas donde nos da a conocer los moti-
vos y objetivos de esta institución, muy loables en apariencia porque
trataba de la curación de todas las enfermedades. Esta obra llevaba
por título “Tratado del establecimiento de la academia química,
ducal, real de Saboya acordada por Su Alteza Real al noble Denis de
Copponay de Grimaldy, y a los suyos, a perpetuidad por patentes ve-
rificadas en el Senado y en la Cámara de Cuentas de Saboya, impreso
a las costas del Autor, residiendo en Chambéry, en la casa del Sr. de
Villeneuve. 1684”, que dedica a Su Alteza Real Víctor Amadeo II,
Duque de Saboya, Príncipe del Piamonte, Rey de Chipre etc.
Sobre los motivos y objetivos de la academia, Grimaldy afirma
que ésta será muy útil en todo el Estado, ya que se enseñará la
Química en su perfección y que en ella se unirán la Medicina
Hipocrática y la Espagírica, que han estado por todo el Universo y
hasta el presente en división. Se dará sobre la una, una idea muy
clara mediante el razonamiento, y de la otra, una ciencia perfecta
mediante la demostración. Después de que los Profesores hayan ex-
plicado la Naturaleza, los Maestros Artistas harán ver a los estu-
diantes la certeza del discurso mediante la propia experiencia. Los
cursos durarán un año.
En dicha academia se fabricarán remedios químicos, especial-
mente toda clase de esencias verdaderas de flores, frutas, metales y
otros. De toda clase de espíritus, de aceites destilados y aguas para
la salud... Que se encontrará el verdadero oro potable, la plata po-
table y todos los otros metales potables, destinados a la curación de
las enfermedades y al sostén de la salud y finalmente un febrífugo
incorruptible que cura infaliblemente toda clase de fiebres curables,
tanto continuas, malignas o intermitentes... Todas estas medicinas
se darán a un precio muy razonable... y se instruirá a los pueblos en
el uso y el precio de cada cosa. Los pobres del Estado podrán recu-
rrir a ellas si les place para obtener caritativamente remedios contra
las fiebres que les afligen.

22
Grimaldy se interesó por la Alquimia mostrando a los ciudada-
nos de Chambéry los prodigios de esta ciencia oculta, afirmando
que en su laboratorio se podrán ver “curiosidades tan sorprendentes
que sobrepasan la idea humana”, pero se ocupó sobretodo de la
Química Medicinal, considerándola la única útil al hombre, real,
fija, necesaria y aprovechable.
Grimaldy se ganó la enemistad de los Médicos y boticarios de
Chambéry, los que se opusieron al establecimiento de la academia
laboratorio al considerarlo un atentado al ejercicio de su profe-
sión,23 un ultraje contra su dignidad profesional, presentando con-
tra él diversas demandas que perdieron.
Reclutó, sobre todo, entre su clientela, a diferentes rangos de la
nobleza y el clero. La reputación de su febrífugo rebasó los Alpes,
llegando a convertirse en un remedio de moda.
Dejó numerosos manuscritos, algunos conteniendo observacio-
nes sobre los trabajos de diversos alquimistas, entre otros de Basilio
Valentín y Fiorabanti y sobre los secretos en la elaboración de las
tinturas metálicas, la fijación del sol y de la luna (el oro y la plata)
y otras recetas más o menos extravagantes para la curación de las
enfermedades. También publicó una gran cantidad de otras obras
sobre las virtudes de sus remedios.24

23 Lo que hoy llamaríamos intrusismo profesional. (N. del t.)


24 Entre ellas: La tumba de la envidia donde se prueba que no hay más que una medi-
cina y que ésta es la química... (Lyon, 1679), Tratado del oro potable y de la panacea,
donde se prueba que la química hace toda la medicina...(Niza, 1684), Tratado del febrí-
fugo incorruptible trabajado en la academia ducal real de Saboya...(Chambéry, 1684),
Tratado de las esencias en general y en particular y de las principales que se trabajan en
la academia...(Chambéry. 1685), Infalible curación de las más peligrosas enfermedades
curables bajo la medicina universal llamada febrífugo exaltado, píldoras cordiales, oro
potable etc. Todos procedentes de la academia...(Chambéry. 1699). El febrífugo exal-
tado... (Turín, 1700). Humilde demanda presentada al soberano Senado sobre la aproba-
ción auténtica del remedio universal llamado febrífugo, de la academia... (Chambéry.
1709). El docto médico de la academia... (1713). Tratado nuevo y curioso de los princi-
pales descubrimientos, conferencias públicas y demostraciones reales (Annecy, 1714).
Remedios principales y universales a todas las enfermedades y otros específicos trabaja-
dos en la academia...(Chambéry). Tratado de las virtudes admirables del arcano diges-
tivo... descubierto por el Sr. de Copponay. El prodigio de los prodigios del vinagre real
del Sr. de Copponay.

23
Finalmente, una de sus hijas, Marie Joseph, continuó el comer-
cio de su padre. Estudió el curso de química bajo la dirección de
aquél y trabajó satisfactoriamente en la elaboración de remedios du-
rante más de treinta años”.
Conocemos otros escritos que esperamos tener pronto en nues-
tras manos gracias a la inestimable ayuda de la sociedad La
Salévienne,25 alguno moderno, como el titulado “Denis de Coppo-
nay de Grimaldy, el sanador de 20.000 enfermos,” de François
Aular. Universidad de Saboya. 1982.
En el fondo, Grimaldy sigue a una saga de destacados paracel-
cistas de su época, famosos por la eficacia de sus remedios, entre
ellos Christophle Glaser (?-1678) y, especialmente Jean Rudolphe
Glauber (1604-1668), médico, alquimista y químico alemán, reco-
nocido por su sal milagrosa de Glauber (sulfato sódico hidratado) y
por dedicar gran parte de su obra a la química farmacéutica, a la
que, en alusión a Paracelso, calificó de espagirista.26

Sobre la obra

No ocultaremos la dificultad que nos ha entrañado la traducción


que hoy presentamos. Hemos intentado ser lo más fieles posible a
las intenciones de su autor, por encima incluso de reglas gramatica-

25 http://www.la-salevienne.org/
26 Entre las obras de Glauber destacamos, por sus curiosos títulos relacionados con esta
obra: “La descripción de los nuevos hornos filosóficos o arte de la destilación”. “La tin-
tura del oro o el verdadero oro potable”. “La primera parte de la obra mineral, donde se
enseña la separación del oro... como también una panacea o medicina universal, antimo-
nial, y su uso”. “La segunda parte de la obra mineral, del nacimiento y origen de todos
los metales y los minerales, de qué manera son producidos por los astros, se componen
de agua y tierra y reciben diversas formas”. Finalmente su “tercera parte de la obra mi-
neral o comentario sobre el libro de Paracelso titulado el cielo de los filósofos, o el libro
de las vejaciones, en los que se enseñan las transmutaciones de los metales, y con un
apéndice referente a la fuente, la separación y las otras operaciones necesarias”. Se co-
nocen de todos ellos, ediciones de 1659.

24
les. Creemos haber conseguido plasmar su peculiar forma de escri-
bir. Por otro lado, nos ha sido necesario consultar los primeros dic-
cionarios de la Academia Francesa y otros textos antiguos de la
época, para entender, tanto el significado de diversos términos, hoy
pasados a la historia, como para dar un concepto claro y preciso
sobre los que antiguamente tenían un significado diferente al actual.
Ello nos ha obligado a realizar más de 170 notas a pie de página.
Deseamos que todas ellas, ayuden al lector a situarse en los media-
dos del s. XVIII francés, y a emprender la obra de Grimaldy con ga-
rantías si tal fuera su deseo. También, siguiendo los cánones de la
Tradición alquímica, asumimos el deber de ayudar al neófito en la
comprensión de los capítulos que nos parecen más relevantes, a tal
fin, hemos realizado unos comentarios personales al capítulo VI
“del Salitre o Nitro” y al “Discurso hermético”. Deseamos, de cora-
zón, que sean suficientes para entender el sentimiento del autor y la
cosmogonía que envolvía a los filósofos herméticos de la época.
Ya dijimos que la obra se divide en dos partes, una filosófica,
que contiene los pilares básicos de la que fue llamada Filosofía
Natural o hermética. La otra, práctica, muestra la elaboración de los
remedios secretos, unos procedentes de los vegetales y otros de los
metales. Y de entre estos últimos, considerados los más poderosos,
destaca el oro potable, el más noble y eficaz, del que Grimaldy nos
da la fórmula. Aquí radica la importancia alquímica de esta obra, al
revelar el proceso de elaboración de uno de los secretos más celo-
samente guardados, el de la fabricación de uno de los disolventes
universales de los metales, que los abre hasta su centro, mostrando
sus principios, su origen, sus simientes.27

27 Bajo la dura corteza de los metales más perfectos está oculta una simiente más per-
fecta. Si alguno la sabe extraer puede envanecerse de estar en el buen camino. La cien-
cia de hacer la piedra filosofal demanda un conocimiento perfecto de las operaciones de
la Naturaleza y del Arte concerniente a los metales. Su práctica consiste en buscar los
principios de los metales por resolución (disolución); cuando los principios han sido he-
chos mucho más perfectos de lo que eran antes, se les conjunta a fin de que resulte de allí
una Medicina Universal, muy propia y eficaz para perfeccionar los metales imperfectos
y para restaurar la salud al cuerpo indispuesto por cualquier tipo de dolencia, sea la que
sea. Extracto de “la obra secreta de la filosofía de Hermes,” de Jean d’Espagnet (1623).
Existe una edición en español por Ediciones Indigo (1995).

25
Finalmente, aconsejamos también vivamente, la lectura de nues-
tras dos obras anteriores, la traducción de las “Teorías y símbolos
de los alquimistas. La Gran Obra”, de Albert Poisson (1891)28 y
nuestro “Tratado de Philosoteria. Alquimia Real desvelada”.29 El
primero, porque su autor vivió para la Alquimia, ya desde su ado-
lescencia leyó numerosos textos clásicos, practicó en su laboratorio
y al final de su vida hizo, con su tratado, un compendio muy inteli-
gible sobre la Gran Obra, hasta la fecha, para nosotros, el más claro.
Me remito a lo que sobre ella comentaron a finales del s. XIX tanto
Jollivet Castellot (fundador y secretario de la Sociedad alquímica
Francesa), como Tripied, autor del “Vitriolo filosófico” (1898). El
primero la definió con el adjetivo de soberbia. El segundo, inició el
primer párrafo de su libro con las siguientes palabras: “No iniciaré
este estudio sin rendir un justo homenaje a la memoria del desapa-
recido Albert Poisson, pues su tratado “Teorías y símbolos de los
alquimistas”, es de una claridad sin precedentes en todos los libros
de alquimia de la antigüedad. Gracias a él, hoy se puede abrir con
osadía no importa qué viejo manuscrito hermético para entrar de
lleno en los secretos que nuestros ancestros han guardado siempre
celosamente, penetrar en el pensamiento que los guió y procurar
comprender lo que pretendieron explicar en sus escritos”. En nues-
tro segundo libro, el lector encontrará, revelados, de forma simple,
algunos de los secretos alquímicos más herméticos. Si osamos
aconsejar la lectura de nuestros textos, es porque sabemos que serán
de buena utilidad. Sobre el primero cedimos los beneficios. Los del
segundo, se destinarán a la Gran Obra.

Vasilius

28 mra ediciones S.L. 2004 (Barcelona).


29 Ediciones Atlantis. 2006 (Madrid).

26
OBRAS PÓSTUMAS
DE
M. DE GRIMALDY

PRIMER MÉDICO DEL REY DE CERDEÑA, Y DIRECTOR


DE LA UNIVERSIDAD DE MEDICINA DE CHAMBERY

Donde se contienen sus mejores remedios.

Con una disertación Física sobre los sujetos que entran en la com-
posición de sus remedios

Por M. *** Editor de estas obras póstumas

EN PARÍS

En casa de Durand, c/ Saint Jacques, el grifón.

M.DCC.XLV.

Con la aprobación y Privilegio del Rey

27
A monseñor El Conde de S. Florentin

Ministro y Secretario de Estado

MONSEÑOR

Cuando tomé la decisión de hacer públicos los principales reme-


dios del difunto M. de Grimaldy, reconocido en toda Europa como
uno de los más grandes médicos de nuestros días, mi proyecto hizo,
que todo lo que comento en el libro sobre este sujeto, obedezca a
sentimientos puros y desinteresados de mi corazón y a la libertad de
mi espíritu. Así, Monseñor, en la dedicatoria que tengo el honor de
haceros de esta obra, no busco ni la elevación del Mecenas, ni las
ventajas que pudiera recibir de su protección. Soy libre en mi elec-
ción por la ley que me he propuesto, de permanecer desconocido en
mi laboratorio, y de proponerme no más que el bien público. Des-
pués de una madura reflexión, no debo buscar más que vuestra
grandeza, bajo cualquier punto de vista que me tomo la libertad de
considerar. Tenéis un amor iluminado para las ciencias, un conoci-
miento perfecto de lo que tienen de más curioso y más útil. Vos sois
el sostén y el apoyo de los sabios. Elevado desde vuestra más
grande juventud a un cargo eminente, hacéis la felicidad y la admi-
ración del público, mostrando en todo, la herencia del genio y de las
virtudes de nuestros ilustres antepasados que tras varios siglos, han
conseguido la felicidad de los pueblos que los soberanos han tenido
bajo su administración. En efecto, Monseñor, jamás ha habido un
Ministro de Estado tan digno en grandeza.
¡Qué aplicación para los negocios!, ¡Que justicia en sus decisio-
nes!, ¡Que probidad!, ¡Que candidez!, ¡Que urbanidad la que anima
vuestras acciones!. Vos reunís perfectamente en vuestra persona
todas las características de un gran Ministro, la honestidad y la ama-

28
bilidad. Cuando acordáis un favor, lo hacéis en un segundo. Si es-
táis en la necesidad de refutarlo, la gente se retira, por así decirlo,
contenta por las gracias que el rechazo ha acompañado. Emprender,
Monseñor, el elogio de vuestras virtudes, no sería más que repetir lo
que todo el mundo hace y el público legítimo siempre ha dicho. Me
limito pues a aseguraros el celo más vivo y el respeto más profundo
de los que dispongo.30

MONSEÑOR DE VUESTRA GRANDEZA

El más humilde y más obediente servidor


E.J.P.31

30 En la época, todas las ediciones estaban sometidas a la aprobación del Rey. Era ha-
bitual iniciar el libro con una dedicatoria al propio Rey, a personajes de la Alta Realeza
o de la Nobleza para conseguir su favor o interceder. De ahí la excesiva grandilocuencia
y sumisión manifiesta en todas las dedicatorias.
31 E.J.P. Iniciales, que según la Biblioteca Nacional Francesa, corresponden a E.
Jourdan de Pellerin, autor y editor de estas obras póstumas.

29
Disertación física del editor

Discurso preliminar

No quiero hacer creer al público, por una fuerte vanidad ornada


por estas plumas de pavo, que soy el autor de estos remedios que
presento, pues su feliz descubrimiento fue debido al genio, al tra-
bajo y la experiencia consumada del difunto M. de Grimaldy, pri-
mer Médico del Duque de Saboya, que fue inmortalizado por los re-
sultados de estos mismos remedios, administrados a un gran nú-
mero de enfermos que fueron sanados. En una palabra, el más bri-
llante elogio que se ha podido hacer de su autor, es la confianza que
M. Daquin, primer Médico del Rey, dispuso para poner en sus
manos a su esposa, afligida desde hacía muchos años de una enfer-
medad que se veía como incurable, pero que fue radicalmente sa-
nada por la eficacia de sus remedios.
Son estos mismos remedios los que presento al público. No haré
como ciertas personas que distribuyen, no todos los remedios de
este sabio médico, sino un febrífugo que suponen, es el mismo que
operó tantas curas milagrosas. Se contentan con exaltar sus virtudes
y potencias, pero no dicen nada de su composición. Esta conducta
me pareció muy sospechosa y poco satisfactoria para el público jui-
cioso, además, digo a este séquito funesto, que yo jamás he podido
concebir cómo se ha podido tolerar.
Así, no seguiré un camino que censuro. Enseñaré la composi-
ción de estos remedios, la manera de hacerlos, sus virtudes, sus
usos, sus propiedades, la forma de servirse de ellos. Haré más que
esto, daré una idea general de en lo que consiste la vida y la salud,
y de la causa de las enfermedades. Daré a conocer en detalle las
principales materias que entran en la composición de estos reme-

31
dios mediante una disertación sobre cada uno de ellos, donde haré
conocer sus virtudes. Mediante ello, todo el mundo podrá actuar en
consecuencia.
El único propósito que me propongo conseguir con esta obra, es
el de ser útil al público, desenterrando, por así decir, estos extraños
tesoros enterrados con su autor. Tesoros cuya pérdida causó una
pena sensible a las personas sabias y caritativas. Destaco, en aten-
ción a este gran hombre, que no puso al día lo que experimentó, jus-
tamente su gran reputación, más todavía, todo lo que aparece bajo
su nombre, son fragmentos imperfectos que no pueden satisfacer a
un hombre sensato. Es necesario confiar en la buena fe de los que
nos distribuyen los remedios, lo que no es razonable y que impide,
señores, el uso de estas medicinas para sus enfermedades. Pero po-
drán estar seguros los que utilicen los verdaderos remedios de M. de
Grimaldy.
Declaro, que no quiero ni ser conocido, ni vender, ni despachar
estos excelentes remedios. Me siento satisfecho con dar al público
las verdaderas producciones de este célebre médico. Aunque fuera
posible que se me desterrara del fondo de mi gabinete32 y de mi la-
boratorio, donde disfruto del estudio de la naturaleza y de la ciencia
espagírica que me hace pasar una parte de mi tiempo, no daría a mis
mejores amigos ninguno de estos remedios sin que estuviera plena-
mente convencido de que la persona que los use se sirva de ellos.
Lo hago bajo el dictamen y los ojos de un Médico. Haré ver a con-
tinuación de este discurso lo que me determina a tomar partido.
Pero como no se pueden saber las cualidades que pueden tener
los remedios y hacer una justa aplicación si no se dice en qué con-
siste la vida, la salud y las causas de las enfermedades, comenzaré
por dar una idea general de todas estas cosas.

OBRAS

32 Cabinet. Gabinete. Lugar de retiro para trabajar, o conversar en particular, o para


guardar papeles, libros o cualquier otra cosa preciosa. Dictionnaire de l'Académie
Française (en adelante D.A.F.), 4ª ed. 1762.

32
LIBRO PRIMERO
OBRAS PÓSTUMAS DE M. DE GRIMALDY PRIMER MÉDICO DEL
REY DE CERDEÑA

CAPÍTULO I

Donde se da una idea de en lo que consiste la vida, la salud, y


de lo que causa las enfermedades.

La vida no es otra cosa que la acción primera del espíritu puro,


que está compuesto de una porción de la luz celeste, o de los elemen-
tos superiores, y de una porción de la más sutil parte de los elemen-
tos inferiores. Este espíritu es doble, uno fijo, que está detenido en el
centro de cada parte integrante del compuesto y que es el principio
del movimiento y de la acción. Es el fuego central, fuego innato,
fuego de naturaleza. El otro es volátil y se expande hasta las extremi-
dades de las partes, a las que mueve y anima, es como un instrumento
del que el espíritu fijo se sirve para comunicarle su acción. Este espí-
ritu volátil sirve también para sostener o nutrir al espíritu fijo.33 Estos
33 La Alquimia se fundamenta sólidamente sobre teorías y principios del mundo Antiguo,
especialmente de los procedentes de la Stoa, la escuela filosófica más importante y más lon-
geva de la Antigüedad. Para esta escuela, del Logos (Dios, luz, armonía, vibración), emana
permanentemente un spiritus mundi o pnêuma (término griego que significa aliento, aire,
hálito de vida). Este pnêuma (en hebreo ruah, espíritu vital), que ha sido llamado también
fuego o luz creadora del Logos, penetra en toda la materia como si fuera un esperma o se-
milla y la vivifica, fecunda, desarrolla. Al pnêuma introducido en la materia, lo llamaron
logoi spermatikoi y lo consideraron un principio activo, una fuerza inseparable de la mate-
ria. No hay materia sin fuerza, ni fuerza sin materia, afirman los estoicos. Para ellos, el
Universo (Cosmos), está impregnado de la emanación del Logos, es decir, de su pnêuma o
espíritu universal o alma del mundo, que es un fuego o luz. La materia fue creada mediante
esta fuerza o base lumínica. Así, interpretando a Jourdan de Pellerin, el espíritu se compone,
por un lado de la luz celeste, de los astros, del cosmos (el pnêuma), y por otro, de la parte
más pura o sutil de la materia, que es la que recibe al pnêuma. Uno es interno, fijado en el
interior de la materia, es el logoi spermatikoi, o espíritu universal materializado en la ma-
teria, el otro es el externo, el volátil, el que se expande en el universo, es el pnêuma, el di-
namismo emanado de la divinidad. Los alquimistas afirman que en la Naturaleza existen
vehículos que transportan al pnêuma, el rocío de primavera es uno de ellos.

33
dos espíritus unidos forman lo que llamamos húmedo radical.34 Son
los principios y el sostén de la vida y de la salud. Como estos prin-
cipios son fecundos y libres, y su acción es fuerte, consecuente-
mente alargan la vida y perfeccionan la salud.
Como el espíritu fijo tiene necesidad de ser sostenido y alimen-
tado por el espíritu volátil, por lo mismo, el espíritu volátil, tiene ne-
cesidad de ser mejorado por otro y parecido espíritu que reemplaza
al que se disipa continuamente. Esta disipación es mayor o menor
según la calidad y cantidad del compuesto. De ahí la necesidad in-
dispensable de los alimentos, de donde estos nuevos espíritus mejo-
rados son extraídos. Se puede juzgar la importancia de escoger los
alimentos para preservar la vida y la salud que radica en que su pre-
paración (hablo de su preparación interior), sea perfecta.
La debilidad y las enfermedades no tienen más causa que los ex-
crementos que se forman en nuestro cuerpo, provengan de los ali-
mentos que tomemos o sea del aire que respiramos. Las diferentes
cualidades de estos excrementos, su cantidad y las diferentes partes
del cuerpo donde se forman, deciden la diferencia de nuestras enfer-
medades y sus diferentes grados.35
La formación de estos excrementos en nuestros cuerpos es inevi-
table porque todos los alimentos disponen de ellos. No obran de

34 Húmedo radical de la Naturaleza. Es el mercurio de los Filósofos, base de los indivi-


duos de los tres reinos de la naturaleza, pero que es, más particularmente, la simiente y
la base de los metales cuando está preparado filosóficamente para realizar la obra hermé-
tica. Diccionario Mito-hermético de Dom Pernety. 1758. Conocemos en español la edi-
ción de editorial Indigo.
35 En Medicina, era vigente en la época, la doctrina de los cuatro humores corporales.
Establecida por Hipócrates (460-377 a. J.C.), el más importante médico de la antigüedad,
se mantuvo durante mucho tiempo, más de dos milenios, estando vigente hasta mediados
del s. XIX.
Humor, deriva del latín umoren, líquido, cualquiera de los líquidos del cuerpo animal. Se
consideraba la existencia de cuatro humores en el cuerpo humano, la sangre, la bilis
negra, la bilis amarilla y la flema. Según esta doctrina, cuando estos humores estaban en
perfecta armonía (eucrasis) con la Naturaleza, es decir, correctamente mezclados en el
cuerpo, se estaba sano. Si por el contrario, alguno de los humores presentaba un exceso
(discrasis), aparecía la enfermedad. Los médicos utilizaban, entre otros remedios, las
sangrías, para eliminar el exceso de humor. Los puntos propicios donde la aplicaban,

34
más o de menos. No es más que por la acción de los espíritus que
los excrementos son separados de lo puro y son expulsados fuera
del cuerpo.
Esta separación y expulsión, se originan por las diferentes coc-
ciones que se hacen en las diferentes partes de nuestro cuerpo. Así,
hay diferentes excrementos porque hay diferentes cocciones. Hay
excrementos del ventrículo, del hígado, de la bilis, del bazo, de los
riñones, de la vejiga, del corazón, del pecho, del pulmón, de la ca-
beza y del cerebro.
Todos estos excrementos no son otra cosa que las porciones de
los alimentos que por las diferentes cocciones no puede absorber la
naturaleza de nuestro cuerpo, siéndoles heterogéneos, y que por esta
razón, son separados por la acción del espíritu de las partes homo-
géneas, las que son convertidas en nuestra sustancia.
Conociendo el principio de la vida y la fuente de la salud, ha-
biendo mostrado la causa de las enfermedades y lo que las forma y
las mantiene, no es así difícil encontrar los remedios y juzgar las cua-
lidades que deben tener, sus virtudes y preparaciones que le son ne-
cesarias, lo que demostraremos más particularmente a continuación.
Pero como las enfermedades, que desgraciadamente hacen su-
miso a nuestro cuerpo son casi infinitas en número y en cualidad, se
haría una obra de una extensión importante si entramos en detalle

coinciden sorprendentemente con los de la acupuntura oriental. Los humores también de-
signaban la naturaleza del temperamento humano, así:
Un exceso de bilis negra o atrabilis, manifestaba en el individuo un comportamiento me-
lancólico. Melancolía deriva del griego melankholia, mal humor, de melas, anos, negro
y khole, bilis. Se trata básicamente de una propensión a la tristeza. Su representación
más célebre se encuentra en el grabado de Durero “la Melancolía”, de 1514.
Un exceso de flema, linfa o pituita generaba el carácter flemático (del latín phlegma, atos,
mucosidad, inflamación). Se consideraba que la flema estaba alojada en el cerebro y era
el más acuoso de los cuatro humores. Se le creía el humor más importante en el proceso
de inflamación. Algunos llegaron a considerar el moco, una sustancia cerebral y el pus
como el aspecto más distintivo de este humor.
Un exceso de sangre hacia aparecer el carácter sanguíneo, es decir, facilidad a la irritabi-
lidad. Por último, sobre el exceso de bilis, el jugo verdoso que segregan las células he-
páticas, consideraban que tenía una importante función en el proceso de la digestión. Su
exceso llevaba a un comportamiento bilioso, colérico.

35
sobre todos los remedios particulares. Nos será suficiente decir al
presente, dos cosas: La primera, que como todos los males no vie-
nen más que de una mezcla de partes heterogéneas y de la falta de
equilibrio o proporción de los elementos requerida a cada com-
puesto, se podría tener un remedio, que poniendo en nuestros cuer-
pos esta justa proporción mediante la separación referida, bastara
para todos los casos.36 Pero como la dificultad de tener este reme-
dio universal es muy grande y la depravación del género humano,
considerable, impide a los verdaderos Adeptos manifestarse.
También, la mayor parte no se interesa por esta ciencia todo divina,
por motivos humanos y principios de codicia, motivos diametral-
mente contrarios a esta ciencia, lo que nos proponemos hacer ver en
esta obra que damos ahora al público. Nos contentaremos con dar
algunos remedios particulares, hemos dado la preferencia a los de
M. de Grimaldy por ser los mejores que conocemos.
La segunda cosa que decimos aquí, y que es de suma importan-
cia es que: 1º no se puede extraer ningún buen remedio si no es de
sustancias puras o de lo que hay de puro en las sustancias. 2º que lo
puro es lo que es homogéneo a la naturaleza del compuesto. 3º que
es principalmente la parte espirituosa la que se debe encontrar. 4º
que el agente necesario para extraer esta parte pura, debe ser puro
él mismo, de otro modo la corrompería. Debe ser vivo, penetrante,
conservador. Debe ser todo fuego, pero fuego vivificante, activo, no
abrasador y destructor. El remedio debe ser lo opuesto a lo que
causa nuestras enfermedades, debe ser su destructor, pero al mismo
tiempo conservador de nuestra salud y vida.
Lo que acabamos de decir sobre lo que constituye la vida y la
salud, sobre lo que engendra las enfermedades, debe ser suficiente
para dar una idea general de todas estas causas, ayudarnos a medi-
tarlas, reflexionar seriamente sobre estas mismas causas, para en-
contrar el medio de remediar a las que nos son dañinas.

36 Siguiendo la doctrina de los humores, afirma Pellerin que se deben separar y expul-
sar estas heterogeneidades que se crean en diferentes partes de nuestro cuerpo, ya que al-
teran el equilibrio o proporción correcta de los elementos (eucrasis), y que un remedio
que expulse estas heterogeneidades y armonice o conduzca a la proporción requerida bas-
taría para sanar cualquier enfermedad

36
Pasemos preferentemente al examen de las materias que compo-
nen los remedios de M. de Grimaldy.

CAPÍTULO II

Concerniente a las materias que componen los remedios de M.


de Grimaldy

Estos remedios consisten en cinco, a saber: píldoras aurífícas, su


febrífugo, su aceite de vida, su elixir y finalmente su oro potable.
Para dar algún orden a este discurso, facilitando su inteligencia
y poniendo las cosas a la comprensión de los lectores, digamos que
los sabios siempre han convenido en que pueden distinguirse todas
las sustancias sublunares37 en tres reinos: mineral, vegetal y animal,
y que de cada uno de estos tres reinos se puede extraer una medi-
cina universal.
Es aceptado también, que de los minerales y de los metales se ex-
traen los más excelentes remedios. Es necesario, sin embargo, con-
venir de buena fe, que es peligroso emplear estas materias en las que
abundan azufres impuros y arsenicales. Pero estos temores y estas
dudas desaparecerán cuando se hayan visto y examinado las prepa-
raciones que hacemos y enseñamos, porque ellas reducen el mixto38
a su última pureza. Es cierto que el trabajo es penoso y laborioso,
pero es bien recompensado por el fruto que se puede extraer.
Hipócrates, el príncipe de la Medicina, nos dice que el Arte de la
Medicina es largo y la vida del hombre corta. Ars longa, vita brevis.

37 Sublunar. Debajo de la luna, es decir, nuestro planeta Tierra.


38 Mixto. Cuerpo mixto o compuesto es aquél que está formado por otros cuerpos, sean
homogéneos i/o heterogéneos. Diccionario Mitohermético. Dom Antoine Joseph Pernety.
1758.
37
Tiene buena razón, pues independientemente de la dificultad que
hay en reconocer las diferentes causas y los diferentes síntomas de
las enfermedades, y en consecuencia, de encontrar remedios efica-
ces, este descubrimiento vale las penas, los trabajos y los cuidados,
pues se sabrá componer sus remedios y ponerlos en estado de bien
operar.
Conocemos bien la necesidad indispensable que existe de puri-
ficar el mixto que se emplea, que convenimos que es en lo que con-
siste casi todo el secreto. La ciencia espagírica consiste únicamente
en el arte de separar lo puro de lo impuro, así lleva su nombre ex-
traído de la palabra griega...39 Exhortamos pues, de todo corazón, a
los que emprendan el trabajo de la composición de estos remedios,
de preocuparse en la elección de las materias y su purificación.
Si bien debemos recibir el socorro que la Medicina nos promete
para la curación de nuestras enfermedades, para la conservación de
nuestra salud, para la prolongación de la vida por los diferentes re-
medios que la Farmacia vulgar nos prepara y que nos son adminis-
trados por la orden de los Señores Doctores en Medicina, –pues los
vegetales, los minerales y los metales contienen las virtudes que los
grandes Maestros del Arte les han atribuido para el restablecimiento
y la conservación del cuerpo humano–, cada mixto, más allá de la
virtud general que lleva en su centro, que es la fuente y el principio
universal de la vida, está dotado en particular de virtudes, de cuali-
dades específicas a cada una de nuestras enfermedades, que provie-
nen de las diferentes proporciones que se encuentran en la mezcla
de los principios que lo componen.
Estas virtudes son más fuertes o más débiles según según los di-
ferentes grados de pureza y de cocción de estos mismos principios.
Para poder extraer de un mixto los socorros que esperamos ob-
tener y que se nos promete, es necesario conocer en qué consiste su
virtud, donde están sus cualidades, pero es necesario además, y está

39 Nota del traductor. El estado del texto no permite descifrar correctamente las cuatro
letras griegas escritas. No obstante, el término Espagiria, atribuido a Paracelso, procede
del griego spa, extraer y ageir, reunir.

38
aquí lo esencial (lo repetimos), extraer de su masa grosera, lo que
les da esta virtud y encierra sus cualidades.
Pues bien, en la preparación que se hace ordinariamente de los
mixtos, conviene purificarlos, desprender lo puro que contienen, de
los excrementos que los envuelven, de las heterogeneidades que los
alteran. Debe trabajarse en desembarazarlos de su primera corteza y
de su terrestreidad grosera, más en cuanto a los otros excrementos,
tanto fijos, como volátiles, que están mezclados en cada parte insen-
sible del mixto y que a los ojos vulgares parecen hacer el compuesto
mismo y esencial, no es la cuestión, no se puede hacer un verdadero
y buen remedio de este mixto con ellos, puesto que los excremen-
tos embarazan, detienen y alteran lo que contienen de puro, lo que
comunica su virtud y que encierra sus buenas cualidades. Esta es la
primera razón por la que la mayor parte de los remedios que se nos
dan son ineficaces y a menudo dañinos. Las preparaciones que re-
quiero exigen de un trabajo penoso, largo y asiduo, un artista hábil
y sabio en la naturaleza y no se pueden hacer sin gasto.
Una segunda razón de la insuficiencia de estos remedios que se
nos prepara, es que ellos mismos comprenden la necesidad existente
de purificar el mixto del que se sirven, de no tomar más que lo puro,
pero no conocen el verdadero medio de purificar los mixtos, de
abrir todas las partes hasta su centro, de desprender el bálsamo de
vida que está encerrado, de extraerlo y separarlo de lo que le es he-
terogéneo y de darle finalmente un cuerpo análogo que lo vuelva
sensible, tratable y propio para sernos administrado. Ellos saben
cuál es el medio, pero ignoran el lugar donde podrían encontrarlo y
el arte de volverlo propio para las acciones que querrían aplicar.
El agente del que hablamos no es único. Hay muchos, pero par-
ten todos del mismo principio y tienen la misma fuente, el mismo
origen y las mismas virtudes aunque en diferentes grados.
Unos son propios a todos los géneros, otros a uno sólo, y otros,
sólo a algunas especies particulares. Unos son necesarios para abrir,
para excavar hasta el centro, para descomponer radicalmente, otros
para extraer las partes puras y esenciales que han sido desprendidas
de los lazos que las tenían atadas.

39
Del que se servía M. de Grimaldy y que usamos para componer
su oro potable es el más eficaz y el más maravilloso. Nos explica-
remos sobre ello hasta lo que está permitido decir. Estoy persuadido
de que encontraré personas que me censurarán por explicarme de-
masiado, les suplico que me perdonen en favor de mis buenas inten-
ciones. Quiero instruir a mis hermanos. Otras personas, de los que
el número será infinitamente más grande, encontrarán que no me
explico suficientemente, más me volvería un delincuente si les diera
esta ventaja. Pero para volver a este disolvente, del que trataré se-
guidamente más extenso,40 sirve no sólo para extraer perfectamente
todas las tinturas de los tres reinos, su azufre puro y su parte mer-
curial, sino que los abre él solo, de cualquiera naturaleza que sean,
los abre digo, hasta su centro, hace la separación conveniente, y se-
guidamente la extracción perfecta de los principios puros que com-
ponen la quintaesencia.
Lo que hace el mérito más considerable de este espíritu disol-
vente y extractor, que debe sin réplica dar la preferencia sobre todos
los que se han podido tener para toda suerte de sujetos, y entre otros
para las materias medicinales, es que es más análogo a nuestra na-
turaleza y que no le ha podido temer ninguna corrosión, ninguna
malvada impresión, ningún peligro, ningún mal, al contrario, se
debe esperar de él toda suerte de bienes.
La base y el fundamento de las píldoras y del febrífugo de M. de
Grimaldy es el antimonio, el hierro, el cobre, el estaño y el Nitro.
Cumplamos ahora lo que hemos prometido y demos una disertación
sobre las materias minerales y las metálicas, para conocer sus virtudes.
Para ello nos serviremos de lo que han dicho los mejores
Autores y de lo que la experiencia nos ha confirmado. Comenza-
remos por el antimonio.

40 Se refiere a la preparación del imán astral que se trata más adelante. Muchos alqui-
mistas agradecerán la revelación de este gran secreto.

40
CAPÍTULO III

Conteniendo una disertación sobre el antimonio

Un célebre autor de nuestro tiempo da por máxima que todo está


dicho, que no hacemos más que rebuscar lo que dijeron los antiguos
y los hábiles modernos. Hay razón, lo que diré sobre el sujeto del
antimonio41 no es nuevo, lo tomé de entre los mejores autores que
lo han estudiado, y entre todos ellos, escogí a los que lo han tratado
con más moderación, para no decir nada que parezca exagerado.
El antimonio está compuesto por un azufre mineral, en parte
muy puro, de la naturaleza misma del oro, que es rojo y fijo. Es en
el centro de este azufre solar donde residen las maravillosas propie-
dades del antimonio. La otra parte del azufre es impura, parecida al
azufre común.
Es a este último azufre al que se debe atribuir la violencia de sus
efectos hasta que no está bien corregido o bien separado.
Este mineral está hecho de un mercurio metálico abundante, in-
digesto y fuliginoso,42 aunque más cocido y más coagulado que la
plata viva que participa de la naturaleza del plomo. El sobrante, es
una sustancia terrestre que tiene en su matriz y que contiene muy
poca sal, aunque esta sal sea la que lo haya producido al principio.

41 El antimonio, de símbolo químico Sb, era conocido por los griegos con el nombre de
stimmis y por los romanos como stibium. La facilidad con la que se aleaba con el oro le
atribuyó cualidades nobles, que fueron bien descritas por el monje benedictino y alqui-
mista Basilio Valentín, que aseguró haber fabricado gracias a él una piedra transmutatoria
a la que llamó piedra de fuego, así lo afirma en su obra “El carro triunfal del antimonio”.
Conocemos en español la edición de Luis Cárcamo. 1981
42 Fuliginoso. Oscurecido, ennegrecido. Semejante al hollín o que participa de su natu-
raleza.

41
Pero está cambiado de naturaleza a causa de sus diversas alteracio-
nes y diversos cambios que se han producido consecuencia de la
cocción y la digestión de su fuego central.
Es fácil de ver, por lo que acabamos de decir del Antimonio y de
sus partes constituyentes, que no es otra cosa que el compuesto o la
reunión de una sal vitriólica, de un azufre y de un mercurio de la na-
turaleza del plomo. Así, separemos todas las falsas preocupaciones
que podríamos tener sobre este admirable mineral (no perdamos de
vista que mientras los Antiguos o los Modernos que han tratado el
Antimonio lo han calificado de veneno, esto no puede ser más que
por la composición de simples preparaciones del Antimonio que no
han sido suficientemente corregidas, que purgan y hacen vomitar
con violencia), de aquéllas que enseñan que no hay ningún mali-
cioso efecto, al contrario, que fortifican la naturaleza y la ayudan a
expulsar lo que es dañino.43
Podemos citar lo que nos ha sido dicho por el sabio M. Zweller
en sus observaciones que ha hecho sobre la farmacopea de los
Habsburgo y las alabanzas que ha dado a este mineral, lejos de la
opinión de los que reprenden por efecto de su ignorancia, culpando
a los demás sin restricción. He aquí sus propios términos que he tra-
ducido.
“Aunque el propio nombre del Antimonio suena así de mal entre
ciertos ignorantes que no se unen más que para criticar lo mejor de
todas las artes, es así que, cuando alguien osa pronunciar este nom-
bre hasta lo declaran excluido del cuerpo de los Médicos y lo colo-
can en el rango de los envenenadores. Sin embargo, este juicio

43 Desde muy antiguo, el antimonio fue utilizado como fármaco, para fabricar ungüen-
tos o cosméticos para los ojos. Se le atribuyó un efecto bactericida y exteriormente se
aplicaba en llagas y heridas. Como uso interno fue utilizado por Paracelso. En pequeñas
dosis, este veneno se comportaba como purgante y sudorífico. Para los herederos de
Paracelso, los iatroquímicos, el antimonio debidamente preparado, despojado de sus azu-
fres impuros, constituía un remedio universal. Sin embargo el uso del antimonio en me-
dicina fue muy cuestionado por los médicos galenos, lo que provocó serios enfrentamien-
tos entre ambas tendencias. En Francia el uso del antimonio en medicina estuvo prohi-
bido entre los siglos XVII y XVIII.

42
sobre el Antimonio no puede salir más que de un cerebro lunático,
pues sólo los que tienen el menor conocimiento de las cosas, son los
que piensan mal y se unen para criticarlo. De ningún modo desviado
del recto camino por los perros que ladran contra este astro, no me
sonrojo nada si aseguro que el Antimonio es verdaderamente una de
las bases y la principal columna de la Medicina. Se puede extraer,
sólo del Antimonio, como un Proteo,44 y mediante preparaciones
específicas, diversos remedios muy saludables para diferentes en-
fermedades. Se le extraen remedios antivenéreos, diaforéticos,45
purgativos, vomitivos dulces, remedios que purifican toda la sangre,
vulnerarios,46 estomacales, en una palabra, se hace una verdadera
panacea, un remedio universal. Podemos todavía asegurar que no
existe ningún vomitivo procedente de los vegetales que sea menos
violento y menos peligroso que los que se han extraído del
Antimonio bien preparado, pues jamás causará ni marcas, ni con-
vulsiones, ni evacuaciones excesivas cuando se beba con agua fría”.
El testimonio de este sabio personaje nos debe ser suficiente.
Volvamos de nuevo al Antimonio, a las diversas denominaciones
que le han dado los que han querido esconder la preparación y los
misterios, a fin de que sirva para la revelación de sus enigmas y para
la explicación de sus jeroglíficos.
Los Filósofos Químicos nos describen este mineral mediante un
carácter que representa al mundo con una cruz encima, para signi-
ficar que el misterio de la cruz purifica y salva al alma de todas sus
manchas espirituales. El Antimonio y sus remedios debidamente
preparados purifican y liberan al cuerpo de todas las impurezas y lo
previenen de las enfermedades que lo afligen. Lo nombran me-

44 Divinidad marina de la Mitología griega que obtuvo de Poseidón el poder de cambiar


de forma voluntariamente. Gran Enciclopedia Larousse.
45 Diaforéticos. Remedios que actúan por la transpiración, que purgan los humores me-
diante los sudores. D.A.F. 4ª ed. 1762.
46 Vulnerarios. Medicamentos que son propios para curar las heridas y llagas. El cora-
zoncillo es una de las principales hierbas vulnerarias. D.A.F. 4ª ed 1762.

43
diante muchos nombres enigmáticos, como el Lobo, a causa de que
consume y devora a todos los metales, con la excepción del oro.47
Otros lo han llamado Proteo, porque recibe toda clase de formas
y porque se reviste de todos los colores por medio del fuego. Otros
lo llaman raíz de los metales, tanto a causa de que se encuentra pró-
ximo a sus minas, como por creer que es la raíz y el principio de los
metales. Otros lo llaman también Plomo Sagrado, Plomo de los
Filósofos o Plomo de los Sabios, porque hay quien lo relaciona con
la naturaleza de Saturno, que devoró a sus hijos, como el antimonio,
que devora a los metales y porque hay quien lo toma por el sujeto
de la gran obra de los Filósofos y de su quintaesencia. Glauber nos
lo describe como el primer ser del oro.48
Todos los Autores, y entre estos, Lefèvre y Lémery, que han
hecho un gran número de experiencias sobre este mineral, están de

47 La importancia del antimonio en la alquimia reside en la capacidad de purificar o ele-


var al oro metal. Para los alquimistas, el oro del comercio está muerto. El proceso de fun-
dición al que es sometido apaga o pone latentes sus principios internos, sus simientes, ha-
ciéndolo impropio para la obra filosofal. Para trabajar la obra, el oro metal o debe ser na-
tivo (directo de la mina sin pasar por fundición) y puro (sin aleación con cualquier otro
metal), o bien oro vulgar elevado nuevamente en virtud (vivificado) mediante el antimonio.
48 Siguiendo los cánones, el antimonio debe ser muy bien triturado y pulverizado, im-
pregnado posteriormente del espíritu universal para revitalizarlo. Después, continúan las
purificaciones mediante las extracciones de los diferentes régulos, tal y como este texto
explicará. La palabra régulo, procede del latín regulum, diminutivo de rex, regis, pe-
queño rey, pero también de regula, regla, en el sentido de forma de proceder, conceptos
muy apropiados a la obra filosofal. En metalurgia, el régulo es la parte más pura de un
mineral después de separadas las impurezas. Tras las operaciones necesarias, el signo del
éxito aparece mediante el símbolo de la estrella, el régulo aparece estrellado a la vista del
artista. Préstese también atención a las escorias que aparecen en la parte superior de los
régulos, pues no deben desecharse. Entonces, fundido nuevamente en el crisol este régulo
estrellado, aparece la que llaman la laguna estigia, un auténtico espejo, y a símil de
Aquiles, el héroe rey legendario, al que su madre bañó en la laguna estigia (o de estibia.
estibium), para fortalecerlo y hacerlo invulnerable, el oro, el rey de los metales se reju-
venece en este baño, es un bañó real, donde el rey se despoja de sus vestimentas y se en-
noblece. Dom Pernety nos dice en su diccionario mito-hermético, que se atribuía a estas
aguas la propiedad de disolver toda clase de materias. Es realmente un espejo del arte, un
mar de plata donde el alquimista no sólo se ve a si mismo, sino también los misterios de
la Naturaleza.
“Quienquiera desee poseer este toisón de oro (la piedra filosofal. N. del t.) debe saber que
nuestro polvo aurífico al que llamamos nuestra piedra, es el oro sólo que digerido hasta

44
acuerdo en que es necesario escoger el Antimonio de Hungría o el
de Transilvania, porque es el más puro y el que participa más de la
naturaleza solar, así, su azufre interno está más exaltado. No obs-
tante, también convienen que el de Alemania y el de Francia son
buenos y se puede servir de ellos eficazmente.
Sería largo explicar la pruebas que se pueden hacer para la elec-
ción del mejor Antimonio, pero la más segura y en la que hay que
detenerse, es la de preferir la que dé más régulo y que sea el más
limpio, porque el régulo no es más que antimonio bien purificado,
sobre lo que nosotros añadiremos una cosa muy importante, que
será la conclusión de lo que acabamos de decir en particular sobre
el Antimonio. Según parece, Paracelso entiende por el Mercurio de
Antimonio, a su régulo bien preparado sin ninguna disminución de
su azufre solar y central. Así, se debe saber con seguridad si hemos
sido exactos en esta operación, y se nos debe seguir escrupulosa-
mente, paso a paso, en la manipulación que enseñaremos, y de ser-
virnos de un Nitro bien purificado, igual, si es posible, al mismo que
nosotros empleamos, ya que debemos la preparación a nuestro tra-
bajo, del que nos serviremos con éxito para la purificación de nues-
tras materias. Hablaremos de este Nitro, bien diferente del Nitro or-
dinario después de que hayamos hablado de los metales tanto en ge-
neral como en particular.

el más alto grado de pureza y de fijación sutil a que pueda ser llevado, tanto por la natu-
raleza como por la sagacidad del Arte. Convertido en esencia, este oro ya no es el del
vulgo...”. “El oro cuando está en forma de anillo, de vajilla o de moneda, es vulgar, pero
cuando se le mezcla con nuestra agua es Filosófico. En el primer estado se dice que está
muerto, en el posterior se dice que está vivo, porque lo está en potencia”. “El oro per-
fecto se extrae de las vísceras de la tierra, si lo puedes tener intacto es bastante puro; si
no, púrgalo, ya sea con antimonio, ya por el cemento real, ya haciéndolo hervir con agua
fuerte; reduce el oro en granos o limaduras, luego fúndelo y ya está dispuesto”. Extractos
de la “entrada abierta al palacio cerrado del rey”, de Ireneo Filaleteo. 1754 (Conocemos
la edición en español de Editorial 7 ½).

45
CAPÍTULO IV

Concerniente a los Metales en general

Aunque hemos visto que se pueden extraer los mejores remedios


de los Minerales y de los Metales siempre que se les purifique du-
rante el tiempo necesario para no dejar nada indeseable sobre estos
sujetos, nos estableceremos de más a más en esta verdad dando una
idea de su conformación.
Ya que se encuentran un montón de ignorantes (el arte y la pro-
fesión no deben fundarse más que sobre el conocimiento perfecto
de la naturaleza y de sus producciones), y que esta ignorancia pro-
duce su menosprecio sobre los remedios de los Metales y lo
Minerales que desprecian, que anuncian altamente como peligrosos,
y que imprimen temor en el espíritu del público, lo cierto es que se
fundamentan en malvadas preparaciones de sofistas, ignorantes y
haraganes. Estamos obligados aquí a tratar de destruir esta tal pre-
vención contraria al bien y a la salud del género humano, lo que ha-
remos descubriendo la naturaleza de los Metales y de los Minerales,
enseñando que ellos extraen su origen de la misma fuente que los
vegetales y los animales y que están compuestos de los mismos
principios. Así, para volverlos también aptos como los vegetales y
los animales para sostener la vida del hombre, para extraer, contra
todo género de enfermedades, los remedios más poderosos y más
saludables, que no son los que se extraen de los vegetales y los ani-
males, sólo hay que purificarlos, romper esta textura ruda y fuerte
que han contraído en las entrañas de la tierra, separarles lo que pue-
den tener de extraño y de nocivo, y digerir y cocer lo que tienen de
crudo y de indigesto.

47
Es cierto e indudable que los Metales y los Minerales, cualquiera
que sean, están creados por la naturaleza mediante la misma materia
que la de los vegetales y los animales, de forma que no puede des-
cubrirse otra cosa que no sea el espíritu universal del mundo,49 el
cielo50 y los elementos,51 de los que la Naturaleza compone todas las
cosas, porque ella no tiene ningún otro reservorio donde almacenar,
o de donde extraer una materia singular para utilizar en la composi-
ción de los Metales o Minerales. Así, está obligada a hacer todas sus
obras y a producir todos los diferentes mixtos con la misma materia
extraída del mismo laboratorio, pues toda la diferencia no viene más
que de los diferentes medios, de los diferentes vasos y de los dife-
rentes instrumentos de los que se sirve para hacer sus obras. Es por
lo que vemos y examinamos cuál es el camino que la Naturaleza
sigue inviolablemente en la producción de los Metales.
Cada elemento, siguiendo el orden que el supremo Dispensador
de todas las cosas ha establecido en la Naturaleza, arroja su pureza y
perfección del uno en el otro, del superior al inferior, pues se debe
saber que en las producciones, las simientes no ascienden sino que
descienden. Así, los cielos más elevados esparcen sus influencias y
virtudes, que son por así decir sus simientes, en los cielos inferiores,
de forma que estas simientes, estas virtudes, estas influencias, des-
cienden por orden de los unos a los otros hasta el centro de la tierra.
De todas estas simientes, se compone un cierto vapor que segui-
damente se resuelve en licor o agua, que asciende y desciende me-
diante una circulación perpetua de la tierra a los cielos, así se puri-
fica, se sublima y finalmente se coagula en tierra, la que siendo con-
tinuamente regada por este mismo licor de la que ella fue formada,

49 Ya hemos dado cuatro notas sobre el concepto del espíritu universal. Dom Pernety, más
explicito, nos dice que: “es el nitro infundido en el aire, impregnado de la virtud de los as-
tros y que, animado por el fuego de la Naturaleza, deja sentir su acción sobre todos los seres
sublunares. Es su alimento, les da vida,..” Diccionario Mito-Hermético.
50 Cielo. En este sentido la quintaesencia o materia más depurada, la semilla de los ele-
mentos. Es la esencia material donde el espíritu celeste está encerrado. (Diccionario mito
hermético).
51 Fuego, aire, agua y tierra.

48
se purifica de más a más y es lavada de todas sus manchas, hasta
que deviene muy blanca, muy pura y muy limpia. Es lo que los
Filósofos llaman el azufre blanco incombustible. Esta tierra blanca,
pura y perfectamente lavada por su propia agua, como acabamos de
decir, está encerrada en los subterráneos muy puros y limpios,
donde no puede ser dañada ni alterada por ninguna mezcla de ma-
teria extraña. En este lugar secreto, mediante su calor natural y cen-
tral y por otras causas que influyen, ella se cuece, se fija en metal
perfecto y en pura plata.
Que si mediante una más larga y más fuerte cocción, esta tierra
blanca que es, deviene tierra o azufre rojo, que necesita también
quedar encerrada en algunas matrices puras y limpias, sin ninguna
mezcla de tierras extrañas o azufres impuros, se cuece y se fija to-
davía más perfectamente que el propio azufre blanco, y engendra al
rey de los metales, el oro.
Así, el oro y la plata no difieren más que por los grados de coc-
ción y fijación. Puesto que respecto a la pureza y armonía de sus
partes, es la misma en los dos metales.
No ocurre lo mismo en los metales que llaman imperfectos, su
armonía es diferente y discordante, y las impurezas de las que sus
partes están infectadas, los alteran y degradan de diferentes formas.
Pues aunque hayan sido formados de la misma semilla metálica
que el oro y la plata, de esta agua formada por el vapor que se eleva
en su pureza a los cielos, y de los elementos descendidos al centro
de la tierra, sin embargo, como esta agua, para purificarse y para im-
pregnarse de más a más de virtudes celestes y elementales circula
continuamente de lo bajo a lo alto y de lo alto a lo bajo, para coa-
gularse al final en tierra virgen, no consigue siempre, mediante este
mecanismo de la Naturaleza, la pureza que ella otorga, sino al con-
trario, a menudo se contraen impurezas por la mezcla y la unión que
recibe de partes groseras, excrementosas de los elementos que en-
cuentra en sus diferentes ascensos y descensos, así, se coagula a me-
nudo, no en tierra pura y limpia, blanca o roja, sino en una tierra
negra y fétida, que en este estado de imperfección, queda atrapada
en matrices impuras donde se encuentran azufres impuros y grose-

49
ros, terrestres, ardientes y una sal alterada, que cociéndose y fiján-
dose sin desligarse, produce un metal imperfecto, del que las cuali-
dades, las virtudes y la forma diferente, siguen la virtud del planeta
del que su influencia predomina y conforman la calidad de los azu-
fres y de las sales que se encuentran en el subsuelo, como también
según el grado de impureza del agua o mercurio que se coaguló en
tierra negra. Los metales imperfectos son muy diferentes entre ellos
tanto en su composición, como consecuencia de sus grados de im-
perfección, como por sus virtudes y cualidades.
Más se puede mediante el arte, no sólo imitar y ayudar a la
Naturaleza, sino ir más lejos que ella. Se puede despertar y fortifi-
car el pequeño fuego mineral, sofocado en un cuerpo grosero, y des-
nudarlo de sus impurezas sulfurosas combustibles, de terrestreida-
des incapaces de cocción, limpiando y lavando el cuerpo puro, y
dándole a beber un licor de su naturaleza, y a comer una comida de
su sustancia. Se puede multiplicar este espíritu y este fuego natural
por un espíritu, un fuego semejante, en fin, se pueden juntar y reu-
nir los principios de la vida y del reino mineral y volverlos análo-
gos a nuestra naturaleza y a nuestros principios vitales.
Aunque estemos vivamente penetrados de todas estas cosas,
aunque sintamos las verdaderas bellezas, aunque tuviéramos un pla-
cer extremo de comunicarlas, sin embargo, como no es éste un tra-
tado de metálica lo que damos al Público, creemos haber suficien-
temente cumplido con el objeto que nos hemos propuesto, es decir,
haber demostrado cuál es el origen de los metales en general. Que
los imperfectos proceden de la misma fuente, y que por el arte, des-
prendiendo las imperfecciones de la mezcla impura que han contra-
ído en su formación y del que la Naturaleza no ha podido por ella
misma desprenderse, como tampoco ha podido vencer los obstácu-
los que les son opuestos a su primera intención, puede dárseles la
pureza requerida y devolverles su virtud y su eficacia pareja a los
otros. Finalmente, nos es suficiente decir que los unos y los otros,
los perfectos y los imperfectos, están compuestos de la misma ma-
teria y tienen los mismos principios que los vegetales y los anima-
les, y que son también propios para nutrir, sanar, conservar y pro-
longar la vida del hombre.

50
Añadamos sucintamente, las buenas y malas cualidades, las pro-
piedades, las virtudes de cada uno de los metales en particular para
poder rechazar unos y conservar otros.
Aunque hayamos mostrado suficientemente cuáles son los prin-
cipios del oro y de la plata, falta mostrar cuáles son sus virtudes me-
dicinales.

El oro

El oro perfectamente preparado es el más soberano remedio para


todas las partes esenciales del cuerpo humano, porque siendo su hú-
medo radical parecido al nuestro, los dos húmedos se unen y se con-
vierten en una sola y misma sustancia, y porque sus partes, estando
más fuertemente fijadas, se unen por medio de lazos más fuertes. Por
consiguiente, resiste más duramente a todas las alteraciones a las que
nuestra naturaleza está expuesto y por consecuencia, retarda mucho
la vejez, sus incomodidades y su caducidad. Así, prolonga nuestros
días más allá de lo que podemos esperar, al aumentar nuestro hú-
medo radical, fijándolo o coagulándolo y presionándolo por lazos
más fuertes que no son más que los de nuestra propia naturaleza.
Se puede administrar en toda clase de enfermedades. Conviene
a todas y no es contrario a ninguna porque fortifica maravillosa-
mente nuestra naturaleza, la que deviene por su medio bastante po-
derosa para librarse ella misma de todos sus males.

La plata

Se extrae de la plata un remedio soberano e infalible contra toda


clase de epilepsia, sea reciente, sea antigua, porque fortifica de tal
manera el cerebro y multiplica de tal manera los espíritus que
atrapa, que disipa todos los humores y vapores, tanto los que pro-
vienen de las partes inferiores, como los que están unidos y los que
permanecen.

51
Por la misma razón, debe curar la locura,52 la licantropía53 y
todas las afecciones melancólicas, el frenesí y el delirio.
Debe producir el mismo efecto en toda clase de males de cabeza
y cerebrales, pues la plata, es por así decirlo, el verdadero y único
microcosmos del cerebro. Es un muy gran socorro para los héticos54
y los tísicos. Restablece sus fuerzas moribundas y los retorna a su
primera salud, sobre todo si se unen algunas gotas de quintaesencia
de oro y se toman dos veces a la semana, por la mañana en ayunas
en un poco de agua de canela o de melisa, todo mezclado en un buen
caldo.

52 Manie. Locura, furor. Delirio, alienación del espíritu sin fiebre y que a veces llega hasta
el furor o frenesí (D.A.F. 4ª ed. 1762).
53 Lycanthrope. Licantropo. Hombre que tiene la imaginación alterada, y que cree a
veces ser lobo. El origen de la superstición popular a este respecto deriva de que el licán-
tropo hace aullidos. Vulgarmente llamado loup-garou, es decir, hombre de humor brusco,
arisco, que no quiere tener trato social con nadie. (D.A.F. 4ª ed. 1762).
54 Hectique. Hético. Que tiene una fiebre lenta y continua, acompañada de una dismi-
nución progresiva de la salud y de las fuerzas (D.A.F. 6ª ed. 1832).

52
CAPÍTULO V

Conteniendo una disertación particular sobre cada metal im-


perfecto

Sobre el cobre

El agua mineral impregnada de simientes astrales y elementales,


al coagularse en azufre rojo por la fuerza del calor que ha recibido
en sus circulaciones, y no habiendo despojado todavía todas sus
mugres y heterogeneidades, está encerrada en los subterráneos o
matrices impuras donde se encuentra mucho azufre impuro y que-
mado. Entonces, el agua mineral coagulada en tierra o azufre rojo,
se mezcla y se une con lo que encuentra en la matriz, se cuecen y se
coagulan conjuntamente. Más no pueden adquirir una fijación per-
fecta, porque los excrementos o partes heterogéneas, que están mez-
cladas con las partes puras, impiden el contrato inmediato entre
ellas y por consecuencia su unión, de la que depende la fijación. Así
se forma el metal imperfecto llamado Cobre, que los químicos lla-
man Venus, porque es el planeta de este nombre el que durante el
tiempo de la producción de este metal le influye más y derrama sus
espíritus o rayos más fuertemente y abundantemente que los otros
planetas, y que por ello, le comunica sus virtudes y cualidades par-
ticulares.
El Cobre es el metal menos imperfecto de todos los metales im-
perfectos, que contiene en sí mismo, una bastante justa proporción
de principios naturales, pero la cualidad quemada de una parte de su
azufre y la mezcla de algunas heterogeneidades le impiden la unión
y la fijación de sus partes puras.

53
Virtudes del cobre o Venus. El Cobre nos da remedios excelen-
tes para curar una infinidad de enfermedades de las más penosas.
No existe ninguna mala afección del cerebro que no le ceda fácil-
mente.
Sana toda clase de fiebres continuas o intermitentes porque puri-
fica la sangre por las vías críticas. Impide la corrupción y atrapa la
que encuentra. Fortifica todas las vísceras y aumenta el calor natural.
Sana todas las enfermedades de la piel, callos, tiña, herpes re-
ciente o antigua, al igual que la lepra. Consolida y da una loable ci-
catrización a todas las heridas y a todas las úlceras, antiguas y re-
cientes, mediante la sola aplicación exterior, porque tempera, en-
dulza mediante la exhuberancia del dulzor vital de su sal, toda acri-
monia mordaz que la corrupción ha introducido en la sal de nuestro
cuerpo.
Cura todos los dolores y contratiempos de la gota, ciática, reu-
matismo. Todas las afecciones musculares o de los nervios faltos de
fuerza y eficacia. Disuelve y atrapa mediante su sal y su espíritu, las
partes sarrosas y mucilaginosas55 que se encuentran detenidas en
las articulaciones.
Reblandece todos los tumores duros, esquirrosos. Más sería muy
largo enumerar aquí todas las propiedades y todas las ventajas que
la Medicina puede extraer del Cobre preparado filosóficamente.
Nos es suficiente decir, en una palabra, que se pueden extraer los
más grandes favores para toda clase de enfermedades.

Del hierro

El Hierro es el metal más impuro y más imperfecto en su com-


posición, aunque sea el más útil y el más necesario para el trabajo y

55 Mucilaginoso. Perteneciente al mucílago. Sustancia viscosa. Gran Encilopedia


Larousse.

54
el uso de la sociedad civil. Tiene virtudes y cualidades excelentes
para servir de agente o de instrumento en las obras de la Naturaleza.
Este metal está compuesto de un azufre impuro, rojo, quemado,
desecado, despojado de casi toda humedad radical, y de un mercu-
rio también impuro, el uno y el otro mezclados con mucha tierra fe-
culenta o limo que se encuentra en el lugar que le sirve de matriz y
donde ha sido fijado en metal. Este azufre impuro, quemado y este
mercurio impuro de los que está compuesto, son las mugres que el
agua mineral, al purificarse para coagularse en azufre puro, blanco
o rojo, ha despojado y por consecuencia, queda muy poco de bueno
y de puro. Sin embargo, lleva de lo mejor, más es muy difícil de ex-
traer. La extracción exige mucho trabajo y atención a causa de su
pequeña cantidad. Si pretendéis entonces serviros de estos azufres
groseros, terrestres, rojos, combustibles y fétidos que se extraen del
hierro por las operaciones vulgares, no haréis nada de bueno, más si
separando estos azufres groseros y fétidos, extraéis un licor de pre-
cioso rojo, claro y brillante, del que os serviréis para extraer de su
centro una sal pura que está escondida, podréis extraer usos mara-
villosos y sorprendentes, tanto para la perfección de los metales,
como para la curación de las enfermedades humanas como os dije
y enseña Raymond Lulle.56 El defecto del mercurio o del húmedo
radical y la mezcla del limo o tierra impura produce este metal de
muy difícil fusión.
El planeta Marte, que influye y preside a la formación de este
metal, le comunica sus virtudes y aumenta la cualidad cálida de su
azufre ardiente y casi enteramente desecado.
Virtudes del Hierro o Marte. Los remedios que se pueden extraer
del hierro no son ni menos potentes ni menos extensos que los que
se extraen del Cobre. Su esencia es un bálsamo de los más maravi-
llosos para curar toda clase de úlceras, tanto antiguas como recien-
tes y para consolidar toda clase de heridas, pues comprime y coa-
gula muy poderosamente. Disuelve los humores corrosivos y cam-

56 Ramón Llull.

55
bia su naturaleza. Detiene por su sola sal fija la podredumbre de sus
partes y repone la sangre y los espíritus en abundancia.
Detiene, por las mismas razones, toda clase de flujos del vientre
y la disentería, porque particularmente por su virtud astringente for-
tifica el ventrículo y aumenta el calor natural.
Detiene también el flujo hepático porque cuando llega a los ori-
ficios distendidos de las venas del mesenterio, las comprime me-
diante su cualidad astringente y las deja en la proporción de la na-
turaleza.
No es menos eficaz para detener, por la misma razón, las pérdi-
das y el flujo inmoderado de las mujeres, de cualquier naturaleza
que sean. Fortifica sus partes débiles, sostiene las que están flojas y
les impide descender y fluir al comprimir el orificio del útero.
Respecto a las curaciones de las gonorreas, cualesquiera que
sean, o venéreas u otras, puede decirse que es un remedio infalible,
por la razón que fortifica maravillosamente el hígado, al multiplicar
sus espíritus y al desprender la sangre de todo humor viscoso y co-
rrompido.

Del estaño

El Estaño, al que muchos filósofos llaman Júpiter, porque este


planeta influye más fuertemente que ningún otro durante el tiempo
de la formación de este metal, pues le comunica todas sus virtudes
y cualidades, que son de las más poderosas y de las más benéficas.
El Estaño, digo, se forma de un azufre blanco y de un mercurio
blanco, el uno y el otro, crudos e indigestos, infectados por algunos
excrementos limosos y untuosos, lo que impide la digestión y la
cocción de sus principios, de forma que el mercurio, o húmedo ra-
dical, mora todavía más crudo y más indigesto que el azufre, por-
que los pesos de la naturaleza, ausentes entre los dos principios,
provocan que el del mercurio exceda al del azufre.

56
Es de la mezcla de estos excrementos y la crudeza y la indiges-
tión del mercurio que deriva lo que han llamado “grito”57 en el
Estaño. Su muy ligera fijación y su fusión muy rápida al fuego, vie-
nen de la superabundancia de este mercurio.
Virtudes del Estaño o Júpiter. Se extraen del Estaño remedios ex-
celentes para la curación de enfermedades. Se extraen también secre-
tos maravillosos para la perfección de todas las obras de la natura-
leza, que no se podrían obtener sin el socorro de este metal. Su pre-
paración disuelve la piedra en los riñones y en la vejiga. Sana radi-
calmente toca clase de cólicos, todas las sofocaciones de la matriz,
toda clase de úlceras al igual que la gangrena. Actúa hasta la cura-
ción completa de la fiebre hética gracias a su húmedo radical muy
homogéneo y parecido al nuestro, repara perfectamente y devuelve
fácilmente las fuerzas y el vigor. Libera a la sangre de todas las sales
acres, mordicantes y cáusticas que la corrompen y la consumen.
No es necesario recordar que no se podrá jamás extraer de este
metal sus maravillosos y divinos remedios mediante las preparacio-
nes vulgares. Es necesario, para extraerlas, purificar perfectamente
sus principios, lo que no se puede hacer más que descomponiendo y
retornándolo a su simplicidad primordial, tal como eran antes de
mezclarse e infectarse por los excrementos que se le unen, tras lo que
no hay más que cocerlos y fijarlos hasta el grado de la fijación solar.
Que se trabaje pues y se aferre a encontrar en la naturaleza los
medios de llegar a esta preparación. Se los encontrará si se emplea
un trabajo asiduo, y un estudio fundado sobre los verdaderos prin-
cipios naturales, entonces se verá con gozo que los males más crue-
les y las enfermedades más pertinaces cesaran de burlarse gracias a
estos remedios.
Más si se cree hacer estas preparaciones útiles y saludables de
este metal, así como de los otros, por otras vías diferentes de las que
indicamos, se errará groseramente y los pobres enfermos serán en-
gañados.

57 Si se dobla una barra de estaño, se produce un sonido crepitante llamado “grito del
estaño”, que es consecuencia de la fricción de sus cristales.

57
Del plomo

El Plomo o Saturno es un metal muy imperfecto, aunque encie-


rra en su centro una cierta cantidad de lo que hay de mejor y más
perfecto en la Naturaleza, digo, de una porción de mercurio o del
húmedo puro y una porción de azufre blanco también muy puro;
pero estas partes puras están mezcladas con muchas impurezas y la
naturaleza las tiene encerradas en las concavidades de las rocas muy
compactas y muy férreas. Antes de hacer la separación de sus impu-
rezas, circulando en este lugar, se cuece y se fija aunque muy im-
perfectamente, en una especie de tierra grasa y viscosa, que deviene
seguidamente en una tierra seca, árida y pesada. Es lo que nosotros
llamamos Mina de Plomo, y por la acción del fuego exterior se ex-
trae en gran cantidad, por la fusión, el metal llamado Plomo y ordi-
nariamente al mismo tiempo un poco de plata pura.
Hay minas de Plomo mucho más ricas unas que otras. Las hay
que permiten ver al ojo como destellos blancos y brillantes, espar-
cidas aquí y allá sobre la mina o sobre sus escorias. Si entonces se
cierra muy bien el agujero de la roca por la que se hizo la abertura
de la mina, de forma que ningún aire pueda entrar, ni los espíritus
metálicos salir y se deje así esta mina sin abrirla durante muchos
años, cien o alrededor, se encontrará entonces en este lugar una
mina de Plomo y una mina de plata muy pura y perfecta, porque la
naturaleza habrá acabado su obra al separar las impurezas, dese-
cando las acuosidades y cociendo las crudezas mediante la virtud de
su fuego central y por la acción y la circulación continuada de su
mercurio puro.
Esta mina, mediante una muy larga sucesión de tiempo, de mina
de plata devendrá mina de oro Algunos Filósofos han escrito que el
Plomo no es otra cosa que un oro leproso, infectado y corrompido,
lo que no debe tomarse al pie de la letra, como si el Plomo en su na-
turaleza de Plomo contuviera realmente oro o un azufre rojo puro,
ya que contiene un azufre blanco puro, que es realmente plata, pero
se debe entender el pensar de estos Filósofos en este sentido, que el
Plomo contiene en sí una porción muy depurada de azufre perfecto,

58
que de blanco que es, devendrá rojo mediante una cocción conti-
nuada.
De estas impurezas, nos dicen que el Plomo está lleno, son hú-
medas, frías y secas, terrestres, crudas e indigestas. La sobreabun-
dancia de esta acuosidad fría, impide a este metal poderse cocer y
fijarse, hasta que mediante un muy largo espacio de tiempo, el ex-
ceso de humedad se disipa por el calor del azufre y los excrementos
terrestres se separan mediante una larga y continua circulación del
verdadero mercurio o agua mineral. También se puede decir que el
Plomo no es más que una simiente metálica impura, simplemente
coagulada. De ahí viene la facilidad de su fusión al fuego.
Virtudes del Plomo o Saturno. El Médico hábil puede extraer del
Plomo los mismos remedios que dijimos, se pueden extraer del
Estaño, aunque de una virtud algo menor a causa de la influencia de
Saturno, que es menos favorable que la de Júpiter, más se necesita
trabajar sobre los mismos principios y seguir las mismas vías que
hemos indicado para el Estaño. De otra forma, las ayudas que se ob-
tendrán serán más débiles y de una utilidad bien equívoca, sobre
todo si se quiere usar para el interior.

De la plata viva o mercurio vulgar

Es un error muy extendido y de lo más grosero, creer que la


Plata viva o Mercurio vulgar es o contiene, la semilla general de los
metales. Que todos los metales, antes de ser especificados, han co-
menzado por ser este Mercurio, que seguidamente deviene tal o cual
metal, sea perfecto o imperfecto, según la calidad del lugar donde la
Naturaleza lo ha encerrado para trabajarlo y hacerlo o bien Oro, o
Plata, o Cobre, o Hierro, o Estaño o Plomo. Ciertamente no. El Mer-
curio vulgar no es la semilla de los metales. Los metales no han sido
Mercurio vulgar antes de ser lo que son, y este Mercurio, o Plata
viva es él mismo, un verdadero metal, metal imperfecto aunque
menos imperfecto que los otros.

59
Sin entrar en detalle en las razones físicas que pueden destruir
este error, me contentaré en tocar una que descubre lo absurdo. Es
que (como todos los verdaderos Filósofos convienen), el Mercurio
vulgar es mucho más puro que el Plomo y que todos los otros me-
tales imperfectos. O si la naturaleza comenzó la composición de los
metales por la Plata viva y que deterioró esta semilla por la cocción
en vez de llevarla a la perfección. Ha sido producido como todos los
otros, de una semilla metálica, formada por otro Mercurio, y espe-
cificado por la cualidad y las proporciones de estos principios.
Este metal está compuesto por una parte igual de humedad me-
tálica pura, que es el verdadero Mercurio y de la sequedad cálida,
que es el azufre, el uno y el otro casi enteramente despojados de
todo excremento elemental y unidos por muy poca sal.
Es por esta igualdad del azufre y del Mercurio, o de lo seco y lo
húmedo, que se ligan y se unifican el uno y el otro de forma que nin-
guno de los dos predomina y se atemperan igualmente, lo que hace
que este metal se mueva y ruede continuamente sin poder parar a
causa de la fluidez de la parte mercurial húmeda. No obstante, esta
humedad es la que recibe a causa de la sequedad de la parte igual de
azufre. La falta de sal impide su unión.

Virtudes de la Plata viva o Mercurio vulgar.

Los efectos y los remedios que se pueden extraer por las prepa-
raciones vulgares de este metal, son muy conocidas por lo que no es
necesario hablar aquí. Más si se quieren extraer remedios muy salu-
dables, muy potentes y menos peligrosos, será necesario trabajarlos
con más arte y más conocimiento que el que se emplea comúnmente.
Será necesario pensar en encontrar el medio de disolverlo hasta
sus principios y en separar todas las crudezas frías y flemáticas y de
separar también cualquier poco de azufre impuro y fétido que esté
mezclado con su azufre blanco y puro. Será necesario seguidamente
hacerle tomar el color rojo que es la verdadera tintura.

60
No es más que por este único medio que se puede extraer del
Mercurio vulgar una triaca58 perfecta contra toda clase de especies
de veneno y un bálsamo soberano para la curación de toda clase de
heridas y úlceras, pues la sal dulce que está en este bálsamo, dulci-
fica al instante todas las otras sales contrarias a nuestra naturaleza,
en cualquier parte del cuerpo en la que estén contenidas y cualquier
acritud y mordicación que puedan tener.
Hay una observación esencial a hacer para la preparación de los
remedios y que sin embargo es ignorada o negligida por la mayor
parte de los Artistas. Es sobre el tiempo necesario para hacer o al
menos para comenzar estas operaciones. Es cierto, en general, que
la primavera es la estación del año más favorable para la composi-
ción de los remedios, porque es entonces cuando el sol, mediante su
calor, abre los poros de la tierra y los espíritus vivificantes salen
más abundantemente del centro de donde han sido cocidos y dige-
ridos, los que se unen a su semejante, que es lo puro del mixto sobre
el que se trabaja.
Más hay todavía una observación muy particular a hacer y que
se refiere a la calidad y a la naturaleza del mixto sobre el que se tra-
baja. Es la influencia benigna del astro que preside y que domina
sobre este mixto. Es necesario que él brille sobre el horizonte con el
Sol, que estén en su aspecto favorable y en una de sus casas o exal-
taciones.
Por ejemplo, no debéis nunca preparar el hierro para extraer el
crocus,59 el aceite, la tintura y la sal, mientras el planeta Marte no
esté sobre nuestro horizonte con el Sol, y que no estén en buen as-
pecto el uno con el otro, o en el signo del Cordero o del León.

58 Theriaque. Triaca. Composición medicinal que se da para fortificar el corazón y para


servir de antídoto contra el veneno. D.A.F. 1ª ed. 1694
59 Crocus o safran. Polvo azafranado. Resultado de preparaciones químicas marrones,
amarillas o rojas que se hacen con el hierro. D.A.F. 4ª ed. 1762

61
Trabajaréis el Plomo mientras el Sol y Saturno se encuentren
juntos, o en Acuario o en Capricornio. El Estaño cuando Júpiter y el
Sol, los dos sobre el horizonte sean amigos, o en Piscis, o en
Sagitario, y así los otros mixtos, pues no hay ninguno en los tres rei-
nos que no esté particularmente sometido a algún planeta o signo
celeste. Es necesario pues, tomar el tiempo de su buena inteligencia
con el Sol, que es el gran móvil y el padre de la Naturaleza.
He aquí lo que teníamos que decir sobre los Minerales y los
Metales, tanto en general como en particular. Deseo que este com-
pendio, este breve esbozo, pueda ser útil al público. Deseo que estos
ensayos puedan conmover a algún Sabio verdadero para tratar esta
materia más ampliamente y ponerla al día. Es un campo fértil,
donde todos pueden hacer amplias cosechas. Me tendré ventajosa-
mente recompensado de mi trabajo, de mis vigilias y mis despensas
si se quiere bien por emulación, profundizar en una materia tan
vasta que no he hecho más que rozar, y por consecuencia ser de los
más útiles al Público, propósito al cual han tendido todas nuestras
acciones.
En este mismo espíritu me redimo de lo que he prometido, ha-
ciendo una Disertación sobre el Nitro, sujeto de tanta o más impor-
tancia, pues esta sal sirve no sólo para purificar nuestras materias,
tiene por sí misma excelentes virtudes y cualidades cuando está
bien purificada y preparada, y se pueden extraer remedios excelen-
tes y muy saludables. Es esto lo que vamos a enseñar.

62
CAPÍTULO VI

Del Salitre, o Nitro

Nos costaría demasiado, por la brevedad que nos hemos pro-


puesto, comentar los sentimientos de los físicos, químicos y alqui-
mistas sobre el Nitro.60 Nos contentaremos con mencionar lo que
ellos han dicho de más útil.
La sal Nitro y el Salitre son la misma cosa y si hay diferencia es
que el Nitro es un salitre más fino y más puro.
M. Lémery, definió esta sal de una manera muy simple: El Nitro,
dice, es una sal impregnada de cantidad de espíritus del aire que la
vuelven volátil. Esta sal se extrae de las piedras, las tierra, las runas,
y de los materiales de los viejos edificios demolidos, como se la
puede ver en el Arsenal de París, donde se hizo el mejor salitre de
Europa.
Entre todos los que han hablado de esta sal admirable, el
Caballero Digby,61 se lleva, por así decirlo, la palma: la sal Nitro es
un imán que atrae sin cesar y del aire, una sal parecida, que la
vuelve fecunda y vivificante. Es, sobre esto, lo que el Cosmopolita
comentaba sobre que hay dentro del aire una invisible y secreta sus-
tancia de vida. Esta sal dulce y balsámica, contribuye tanto a la vida
de los animales y de los hombres, como a la de las plantas. Esta sal
es el verdadero alimento de los pulmones y de los espíritus. En esta

60 Nitro. Salitre o Nitrato de potasio o Nitro potásico (KNO3).


61 El caballero Kenelm Digby (1603-1665), Canciller del Reino de la Gran Bretaña, es
autor del famoso “discurso hecho en una célebre asamblea, sobre la curación de las he-
ridas mediante el polvo de la simpatía, donde se enseña su composición y se desvelan
muchas otras maravillas de la naturaleza” (1658).

63
sal habitan las virtudes seminales de todas las cosas, puesto que no
es más que un muy puro y simple extracto preparado de todos los
cuerpos sobre los cuales el sol arroja fuertemente sus rayos, subli-
mándola hasta tal punto de altura, que adquiere el último grado de
pureza.
Este imán terrestre, este lagarto, este rampante atrae hacia abajo,
y succiona, por así decir, al dragón volador, para incorporarlo y no
hacer más que un todo, conforme a ese gran aforismo de la tabla es-
meralda “el superior y lo inferior no son más que una misma esen-
cia. El sol es su padre, la luna es su madre, la tierra es su nodriza
y el aire lo lleva y lo distribuye por todos los lados”. Este Espíritu
Universal es homogéneo a todas las cosas y es por sus efectos el
Espíritu de Vida, no sólo para las plantas, sino para los animales.
¿No sería justo e importante prepararlo debidamente a fin de paliar
las enfermedades del cuerpo humano más que para reestablecer a
las plantas en su primer vigor verdeante?. Es por eso que Alberto el
Grande fue llamado Mago, porque aún en los más grandes fríos del
invierno, por medio de este espíritu, o de esta sal celeste y balsá-
mica, tuvo el ingenio de hacer germinar todo tipo de plantas, y de
hacerles sacar sus frutos en perfecta madurez. Es indudable que esta
sal simpática y conveniente al cuerpo humano, haría en nosotros el
mismo efecto que en las plantas.
La acción del Nitro del Aire, que se bate sin cesar alrededor de
la tierra y de las plantas impregnadas de Nitro terrestre preparado,
es el mecanismo de la propia Naturaleza. Esta reunión del superior
con el inferior, no es una imaginación, es real y efectiva, es el ma-
trimonio del cielo y de la tierra, por el que nacen todas las produc-
ciones que se hacen en la familia de los minerales, vegetales y ani-
males. Esta sal exaltada y puesta en movimiento, por los nacientes
calores de la primavera, se mezcla en el jugo de las plantas, en la
sangre de los animales y en el seno de la tierra. Lleva a los unos y
a los otros a la reproducción y a la multiplicación de su género y de
sus especies.
De ella (la sal exaltada) viene el gozo y el rejuvenecimiento que
la primavera hace brillar sobre toda la faz de la Naturaleza, y ese

64
mismo Nitro bien preparado, como dice este sabio inglés “en el uso
humano, repararía el deterioro que producen los años, y nos propor-
cionaría ese precioso rejuvenecimiento que la Santa Escritura reco-
noce en el estandarte del águila “Renovabitur ut aquila juventus
tua”.62 Platón, el divino Platón, otorga a justo título a la sal, un trato
divino. No dudó en decir que la sal es el objeto de la predilección
de Dios. Dijo, después de Moisés, que estudió con éxito, como nos
ha dejado en sus más hermosos escritos, conviniendo que todo lo
que dicen de sublime sobre el Nitro es verdad. Hay que estar de
acuerdo en que ellos (los antiguos) se refieren a un Nitro aéreo, que
es atraído en forma de sal más blanca que la nieve, por la fuerza de
los rayos del sol y de la luna, por un imán que atrae al espíritu invi-
sible. Es la magnesia de los filósofos y el agente con el que compo-
nen su disolvente o mercurio filosófico, que abre el mixto justo
hasta su centro para obtener este fuego puro que es ese alma, prin-
cipio de vida y de las acciones de todas las cosas, que es en cual-
quier forma, la llave que abre las puertas secretas para descompo-
ner el mixto y reducirlo a su primer principio.
Tal es, en fin, el que nos sirve de disolvente en la composición
del oro potable de M. Grimaldy. Nosotros convenimos en decir que
no se trata de esta sal admirable de la que hemos oído hablar prefe-
rentemente, sino la que comenta Lémery, que se hace en el Arsenal,
que tiene por tanto en sí, grandes virtudes, puesto que este Nitro te-
rrestre, estando bien preparado y perfectamente purificado, es de la
misma naturaleza y contiene los mismos principios que el celeste.
La dificultad no reside más que en la purificación exacta de esta
sal, sobre la que no hemos llegado hasta hoy porque no habíamos
profundizado en la naturaleza de este mixto, ni conocido las partes
en que se compone. Es ahora cuando hemos tenido éxito.
Los más escépticos convendrán, sin duda, fácilmente, que la pu-
rificación de los mixtos es necesaria para poder extraerle la virtud y
para sacar de sus diferentes cualidades todos los socorros y venta-

62 Tu juventud será renovada como la del águila. N. del t.

65
jas que nos ofrece, ya que los excrementos que lo infectan y las he-
terogeneidades que lo alteran no hacen más que retardar su acción,
obstruir su virtud y cambiar su cualidad. Más, la dificultad de llegar
a una verdadera purificación, no es pequeña. Para conocer el medio,
es necesario conocer la naturaleza y la composición del mixto que
se quiere purificar, como así también de los agentes que se emplean
en esta obra.
De toda clase de purificaciones, las mejores son aquellas que
tienden a restituir los mixtos simples, quiero decir, las que despren-
den y separan otros mixtos que a menudo se encuentran unidos a
ellos desde su formación y que por ende parecen inseparables, son
los más necesarios, pues si el mixto se encuentra unido a otro mixto,
el que has retirado antes de la separación, sea espíritu, sea cuerpo,
sea sal, azufre o mercurio, estará compuesto de dos y participará de
las cualidades diferentes de cada uno de estos mixtos. Así no ten-
drás más que una virtud alterada, diferente de la que debes tener y
que crees tener a menudo corrompida o al menos muy debilitada.
El Nitro, del que sus virtudes propias son tan grandes, que pue-
den ellas solas operar en lo que hay de más maravilloso en la natu-
raleza, de más raro en el arte, es uno de los mixtos compuestos y
unidos en la formación de otro mixto que detiene y apaga casi su
virtud y cambia sus cualidades naturales. Es la sal marina o sal
gema que se une al Nitro en su formación. Todo el mundo conviene
en ello, pero pocos penetran en la causa y el principio de esta unión.
Se separa correctamente una parte de sal extraña por las diferentes
lociones63 y cocciones que se le dan al Nitro, más no se llega a se-
parar toda la sal extraña a la que el Nitro está unida. Comúnmente,
es el Nitro de la tercera cocción o el que está en cristales, el que pasa
por el más puro, el más desprendido que se pueda tener. Más es sin
embargo posible, que de este más puro y desprendido Nitro, se se-
pare todavía una cantidad considerable de sal extraña, lo que de-

63 Loción. Circulación de la materia en el vaso de los Filósofos. Asciende con los va-
pores y recae como lluvia sobre lo terrestre que permanece en el fondo, blanqueándolo y
purificándolo. Diccionario Mito-hermético de Dom Pernety. Loción. Ablución, lavado de
tierras, cenizas u otras materias para extraer las partes solubles que contienen. D.A.F. 6ª
ed. 1832.

66
muestra la utilidad y la misma necesidad de nuestro descubrimiento
y de nuestro proceder.
El medio que nosotros empleamos para hacer este desprendi-
miento, esta separación total es de lo más simple, el agente del que
nos servimos es de lo más común. La operación es muy corta y de
poco gasto. Es así como opera la Naturaleza, es necesario seguirla,
imitarla, no hace falta más que estudiarla y conocerla.

Purificación filosófica del Nitro

Tomad Nitro o Salitre de la segunda o tercera cocción, no im-


porta, aunque con el de la tercera cocción operaréis más fácilmente
y más prontamente y extraeréis más sal. Aconsejo tomar el Nitro
común más puro que se haya podido obtener y hacedlo disolver en
dos partes de agua de lluvia, meted la solución sobre el fuego en un
cazo o una caldera de cobre y dejad calentar y agitar el agua durante
un cuarto de hora o más, observando de poner un poco más de agua,
de la que habremos guardado, para suplir poco a poco la que pueda
exhalarse a causa del calor del fuego. Pasad vuestra solución bien
caliente a través de un lienzo y hacia un tarro de gres, del que ha-
brás tenido la precaución de haberlo calentado previamente por
miedo a que el agua caliente lo rompa. Disponed de otros dos tarros
de gres, todos muy bien limpios, examínalos, es donde verterás el
agua caliente, y antes de que ésta se enfríe se formarán sobre la su-
perficie del agua en el primer tarro, pequeños cristales en forma de
agujas, que poco a poco y sucesivamente se precipitarán al fondo,
donde se fijarán en las paredes del tarro, haciéndose en la inmersión
como pequeños peces. Cuando se haya precipitado una cierta canti-
dad, trasvasarás el agua todavía caliente, al segundo tarro y lo
mismo sucederá, y a un tercer tarro si vuestra agua está todavía ca-
liente, de donde después de hecha la precipitación, retirarás el agua
por inclinación para volver a ponerla en el cazo y hacerla calentar
como antes. Recomenzarás la operación antes descrita, hasta que se
formen pequeñas agujas de Nitro finas y transparentes. Es necesa-

67
rio observar que mientras trasvases el agua de tarro en tarro, el
nuevo tarro debe estar caliente, de otro modo la sal extraña que
quieres separar, se coagulará y se mezclará con el Nitro puro. Es lo
que advertiréis al vaciar el agua, pues encontrarás que el borde de
la terrina con la que habéis vaciado el agua, está lleno de sal Nitro,
porque este borde ha estado menos caliente que el resto. Debes por
consiguiente recoger con un pincel grueso esta sal coagulada para
mezclarla con la que has vuelto a poner sobre el fuego para redisol-
ver. Se puede concluir de nuestro procedimiento, que el Nitro es la
única sal que se coagula al calor. Dejarás secar bien, al sol o al aire
o en una estufa64 los tarros en los que has retirado el agua y donde
han quedado fijados los cristales de Nitro y los recogeréis mediante
cualquier instrumento de madera, no de metal. Si vuestras agujas no
están bien limpias, bien transparentes y finas, las haréis redisolver
nuevamente en agua bien limpia y operaréis como antes, separando
toda la sal extraña que pueda ser coagulada y precipitada en el
fondo de los tarros. El Artista entendido que trabaje con atención no
encontrará ninguna dificultad al hacer esta purificación y separa-
ción del Nitro, pues todo el secreto reside en la justa proporción del
agua que debe disolver el Nitro.
Dejo a los sabios, verdaderos escrutadores de la naturaleza, el
encargo de explicar el mecanismo de esta separación de las sales, y
de aprender porqué sólo las partes del Nitro se cristalizan al calor,
mientras que las otras sales se cristalizan al frío; porqué una cierta
proporción de agua es requerida para hacer la separación de las
sales y la cristalización del Nitro; porqué esta proporción opera
estos efectos mientras que una más grande o de menor cantidad de
agua no lo produce; porqué de dos puñados de Nitro que parecen tan
puros el uno como el otro, que han sido purificados de la misma ma-
nera y por los mismos operarios y son de la misma cocción, el uno
entregará más Nitro puro y verdadero que el otro, en fin, de cuál es
la diferencia entre la verdadera sal Nitro y de la sal extraña con la
que se encuentra mezclada y confundida.

64 Étuve. Estufa. Lugar pavimentado de piedra y arqueado que recalienta mediante el


fuego para hacer sudar. D.A.F. 4ª ed. 1762

68
No hay nadie que no sienta la importancia de esta separación
total, de la preferencia de nuestro Nitro puro y simple sobre el Nitro
ordinario que se vende en los comercios.
Podemos asegurar, con verdad, que la Medicina puede extraer
ventajas infinitas de esta perfecta separación de la sal extraña y del
Nitro.
Lo que acabamos de decir de nuestro Nitro puro, parecerá que
puede ser vendido a los que no conocen la naturaleza o a los que no
conocen lo que hay de exterior y de sensible en sus operaciones,
hacen profesión de desconfiar de todo lo que no ven sus ojos, o de
lo que no pueden tocar sus manos y no establecen la reputación de
los sabios que ellos usurpan con el pirronismo65que introducen en
todas sus materias. Más para convencerlos de lo que hay de verda-
dero, de seguro, de bueno y de excelente en lo que no ven, de lo que
no les ha sido todavía vuelto palpable, añadimos, aseguramos, por
pruebas experimentales, que de sólo este mixto se pueden extraer
los más grandes remedios de la Naturaleza y remedios en cualquier
suerte universales.
Por la quintaesencia del Nitro toda nuestra sangre se renueva y
se purifica perfectamente, tanto, que en pocos días la persona que lo
habrá tomado quedará enteramente renovada en todas sus partes.
Todos sus sentidos, todos sus órganos, tanto internos como externos
serán fortificados, las incomodidades de la vejez disipadas, las fuer-
zas y el vigor de la juventud restituidos, lo que aparecerá visible-
mente por el color vivo y animado del rostro, por la tersura de la piel
que borrará las arrugas, por el cambio del cabello y por la ligereza
en el caminar y la flexibilidad de todos los miembros. En una pala-
bra, sus efectos serán casi tan poderosos como los de una verdadera
quintaesencia de oro.
Sanó en particular, de un golpe y en poco tiempo, todas las en-
fermedades de la piel, tiña, herpes y lepras, expulsando por medio
de su sal dulce y poderosa toda la sal interna corrompida, corrosiva
que desgarra la piel.

65 Escepticismo.

69
Sanó y resolvió por la sola aplicación exterior, todos los humo-
res y tofos66 ulcerosos duros, fríos y melancólicos que son irresolu-
bles por todos los remedios vulgares.
Su espíritu es tan activo que disuelve todo tipo de piedras. Así,
mediante un uso continuado disuelve la piedra en la vejiga y la are-
nilla de los riñones, la que expulsa. Fortalece el cuerpo sin dolor ni
accidentes.
Es uno de los más seguros y más soberanos remedios contra la
gota, la que cura radicalmente y de la que apacigua los dolores casi
al momento, porque su espíritu resuelve y dulcifica la acrimonia de
las sales, que son la causa y el principio del mal, desechando fuera
sus partes indisolubles y picantes. Fortifica los nervios y los múscu-
los al aumentar el calor vital de todas las partes donde penetra.
Se lo toma por la mañana en ayunas, en uno o dos dracmas, en
vehículos apropiados a la enfermedad, como en zumos, aguas des-
tiladas, en vino o en caldo.
Para servirse en el exterior, es suficiente extender un poco sobre
la parte afligida con una compresa de lienzo, que será empapada y
humedecida poniendo por encima otro lienzo adecuado y seco para
tenerlo todo en situación.
Pero si nos quedáramos aquí, nuestros escépticos quedarían con-
fundidos y sus dudas se extenderían aún más sobre las cualidades
particulares que sobre las generales.
El mismo público para el que escribimos, ¿no estaría más satisfe-
cho si le diéramos la manera de componer esta esencia maravillosa?
Helo aquí en términos claros y precisos, sin equívocos y sin reservas.

Quintaesencia del Nitro

Haz una mezcla a partes iguales de Nitro puro y de sal decrepi-


tada perfectamente purificada por varias soluciones reiteradas en el

66 Tofo. Nódulo de ácido úrico y uratos sódico y cálcico, que se forma principalmente
en las regiones articulares y cartilaginosas. Es típica de la gota. Gran Enciclopedia
Larousse.

70
agua de lluvia destilada y otras tantas filtraciones y desecaciones.
Unid a vuestras sales un mediador conveniente, es decir, que no
pueda dar nada de lo suyo como por ejemplo las piedras calcinadas
o la tierra de pipa67 bien desecada. Meted toda la mezcla en una
buena y fuerte retorta de vidrio. Destilad a la arena con un fuego
muy fuerte que aplicaréis con precaución y de forma gradual hasta
el grado más alto. Esta destilación requiere un recipiente muy
grande que ha de ser cuidadosamente tapado, perfecta y fuertemente
cerradas sus juntas, pues el espíritu del Nitro que debéis extraer es
de los más sutiles y se cambia difícilmente en agua. Así, después de
haber terminado enteramente la destilación, hay que dejar el reci-
piente enlutado durante veinticuatro horas sin fuego, para que todos
los espíritus puestos en el recipiente tomen allí cuerpo y una forma
de agua.
Seguidamente habrá que retirar estos espíritus bien deflegma-
dos, y rectificarlos siete veces sobre su hez o deyecciones que han
dejado en la retorta durante la primera destilación. Meted entonces
estos espíritus rectificados en una botella de cristal muy fuerte, que
esté muy bien tapada por miedo a que vuestros mejores espíritus no
se evaporen, y consérvalos así para unirlos con sus sales fijas que
extraeréis del caput mortum según la manera ordinaria, y que puri-
ficaréis perfectamente por las calcinaciones, soluciones y filtracio-
nes reiteradas hasta que vuestra sal sea elevada en dignidad y haya
adquirido un color rojo, bello y brillante, que sea muy dulce y que
se funda fácilmente como la cera a un calor suave.
Entonces haréis la unión de vuestros espíritus rectificados con la
sal fija, lo que debe hacerse en una retorta de vidrio bien tapada y
puesta en digestión al baño maría durante un mes filosófico.68

67 Tierra de pipa o arcilla de pipa. Arcilla blanca exenta de hierro que se utiliza en ce-
rámica.
68 Mes filosófico. Los químicos herméticos tienen unos meses compuestos por cuarenta
días, que es el tiempo de la putrefacción de la materia; pero dicen que el Mes es un pe-
ríodo que imita el movimiento de la Luna, por ello algunos lo hacen de 30 días. Se le
llama filosófico porque los filósofos herméticos lo cuentan así en razón del tiempo de sus
operaciones. Sin embargo, no hay que imaginar que ellos lo entiendan como 40 días na-
turales, pues son precisos menos días, pero se expresan de este modo enigmático tanto
71
para el tiempo como para la materia y el vaso. Diccionario Mitohermético de Dom
Pernety.
Durante este tiempo y por la “irrociación”69 o imbibición70 reite-
rada de los espíritus, y por la putrefacción del cuerpo la verdadera
disolución física se hará y los espíritus harán la extracción de la tin-
tura central.
Seguidamente destilad, cohobad71 y redestilad hasta que por
este medio vuestra sal sea rendida volátil y perfectamente unida con
su espíritu, rectificadlo todo de tres a cuatro veces y conservadlo
preciosamente para hacer de su uso.
Notad que todo el secreto para tener éxito en esta operación re-
side en la putrefacción de la sal, pues sin ésta, lo que esta escondido
no puede ser puesto de manifiesto, lo que está encerrado en el cen-
tro no puede salir de él. Las sales no pueden putrefactarse adecua-
damente si ellas no son disueltas por los espíritus ácidos unidos con
igual cantidad de espíritu de vino perfectamente alcoholizado.
Así, no dejéis, cuando hagáis la unión de los espíritus con la sal
fija, de añadir peso igual de ese espíritu de vino. Sin ningún tipo de
disolución verdadera, no hay ningún tipo de putrefacción correcta y
en consecuencia sin la separación de lo puro no se puede extraer la
tintura así considerada como buen remedio.
Después de haber tratado los minerales, los metales y el Nitro,
que entran en la composición de las píldoras y del febrífugo de M.
De Grimaldy, creemos no poder dispensarnos de decir nuestro pen-
sar sobre los vegetales, puesto que son una parte esencial de estos
mismos remedios y porque son el fundamento y la base de los otros.

69 Irrotiation. No parece que exista este término en español, en francés consiste en la ac-
ción de exponer al rocío o a un riego.
70 Se trata de dar de beber, muy poco a poco, a la materia por medio del propio "rocío"
que cae desde el interior del vaso. Se desarrolla así, el clásico Solve et coagula de los al-
quimistas.
71 Cohobar. Poner a la materia en digestión y circulación en un vaso, la parte volátil sube
a lo alto del vaso y, al caer, se mezcla, penetra y se cohoba por ella misma con la parte
fija que está al fondo. Tal es la cohobación filosófica. Diccionario Mito-hermético de
Dom Pernety.

72
Comentarios del traductor a este capítulo

Pellerin dedica este capítulo al salitre o Nitro, de especial tras-


cendencia, por lo que debe ser leído atentamente. En efecto, si se
quiere elaborar el disolvente necesario para disolver el oro metal y
conseguir así el oro potable de Grimaldy, su mejor remedio con di-
ferencia y antesala a la fabricación de la piedra filosofal, se hace ne-
cesario comprenderlo perfectamente.
El autor distingue dos Nitros, uno terrestre, es decir, el Nitro que
conocemos, que puede ser mejorado mediante las operaciones del
arte y un Nitro celeste, oculto y muy sutil, pero necesario para em-
prender la obra. El terrestre convenientemente preparado, se con-
vierte en un imán que atrapa al celeste. “la sal Nitro es un imán que
atrae sin cesar y del aire, una sal parecida que la vuelve fecunda y
vivificante”, dice el caballero Digby. Por su parte el Cosmopolita,
comenta que “hay dentro del aire una invisible y secreta sustancia
de vida”. El imán terrestre, que suele representarse mediante la fi-
gura de un lagarto o de un dragón sin alas, atrae hacia abajo, suc-
ciona, al Nitro celeste, que suele ser representado mediante la figura
de un dragón volador, para incorporarlo y no hacer más que un todo.
Esta reunión o matrimonio entre los dos Nitros, no es una imagina-
ción, dice nuestro autor, gracias a ella, nacen todas las producciones
en la Naturaleza.
Otros grandes alquimistas afirman lo mismo. Ireneo Filaleteo
sostiene que este Nitro celeste se encuentra oculto en el vientre de
Aries, es decir en la primavera, pero Aries es también tanto símbolo
del fuego (es el Agnus, agni), como del aire. El viento lo lleva en su
vientre, dice la tabla esmeralda, el texto alquímico por excelencia.
Dom Pernety nos habla de un Nitro infundido en el aire, impreg-
nado de la virtud de los astros. Nicolás Valois nos dice que el sol, la
luna y las estrellas, lanzan sus influencias en el vientre del viento
como si de un primer vaso de la naturaleza se tratara. Finalmente,
retornamos con el Cosmopolita, sus palabras son reveladoras, “El
espíritu del Señor está encerrado en el aire”.

73
Pellerin lo ratifica cuando dice que “existe un imán que atrae a
este espíritu invisible”, imán que es llamado tradicionalmente mag-
nesia (de magnes, magneto, imán) y que “es necesario para compo-
ner el disolvente universal o mercurio filosófico, que es capaz de
abrir los cuerpos”. Es por esta capacidad de abrir, que se suele sim-
bolizar en la iconografía alquímica a este disolvente mediante la fi-
gura de una llave, o de una flecha, lanza, o espada, por su virtud hi-
riente, penetrante en el cuerpo o materia. Dejemos que otras obras
clásicas nos instruyan:
“Nuestro Nitro es un trabajo puro del arte y está compuesto de
dos elementos o principios, de los que uno es una sal muy simple,
universal, ácida y primordial, contenida en el aire, y la otra una tie-
rra alcalina, sulfurosa y grasa que, semejante a una matriz, o una pie-
dra imán, atrae y recibe al espíritu universal, alojado en el aire...72
“Este ácido universal, al que no podemos llamar sino un Nitro
incorpóreo sumamente sutil..., este Nitro espiritual o ácido univer-
sal, se vuelve gradualmente más y más material, hasta que encuen-
tra un principio pasivo alcalino donde se fija. Así decimos que los
rayos solares de luz no son otra cosa que un Nitro espiritual suma-
mente sutil que gradualmente se vuelve más y más Nitroso con-
forme se aproxima a la tierra”.73
“Este espíritu invisible y universal que el aire lleva en su vien-
tre... espíritu que desciende desde lo alto hasta el centro de la tierra
donde se corporifica produciendo de su propia sustancia una sal
hermafrodita que los sabios llaman sal del mundo preñada del espí-
ritu universal.74

72 Historia y análisis químico del Nitro, de F. Hoffman. Extraído del libro “la Tabla re-
donda de los alquimistas” Ed. Luis Cárcamo
73 Cadena Aurea de Homero. Extraído del libro “la Tabla redonda de los alquimistas”
Ed. Luis Cárcamo
74 Revelación de la palabra escondida de los Antiguos o Genealogía de la madre del
mercurio de los filósofos. Extracto procedente de “la Tabla redonda de los alquimistas”
Ed. Luis Cárcamo.

74
Nuestra ciencia ya se acerca a estos principios. En efecto, el
Nitrógeno es muy abundante en la Naturaleza. Podemos encontrarlo
tanto libre como combinado. Libre, lo encontramos en la atmósfera,
pues las 4/5 partes del aire son Nitrógeno, la otra quinta parte, lo
ocupan el oxígeno, gas carbónico, vapor de agua y otros gases como
el helio, el argón etc. Combinado, aparece en forma de nitritos, ni-
tratos, amoníaco. Antiguamente era llamado Ázoe (sin vida), por su
apatía o indiferencia para la combinación.75 Azogue era uno de los
nombres que los alquimistas daban a su Mercurio. Nos preguntamos
si es éste Nitrógeno libre, el Nitro invisible que se encuentra dentro
del aire, del que hablan los clásicos. Creemos que sí, pues el ácido
nítrico76 participa junto con el clorhídrico en la elaboración del
agua regia (real), capaz de disolver el oro metal, pero no debemos
olvidar que daban una gran importancia a las influencias lumínicas
del universo, las que según ellos, debían impregnar a este Nitro.
Afirman incluso que es en la primavera cuando se lo ha de atrapar.
Ciertas bacterias (leguminosarum), que pululan en los terrenos de
cultivo, tienen la propiedad de absorber el Nitrógeno libre en el aire
y fijarlo en el suelo aumentando su poder fertilizante. Estas bacterias
viven en colonias numerosas en las raíces de la alfalfa, el trébol etc.
Las plantas no se desarrollan si les falta el Nitrógeno o nitratos, pues
constituyen un abono imprescindible.77 A lo que añadimos que los
que hemos recogido rocío en la primavera, en los prados donde do-
minan estas plantas, sabemos bien el crecimiento espectacular que
experimentan durante esta época del año. Éstas, ávidas de rocío, se
comportan como un imán sobre él, se emborrachan, por así decir, de
su poder fertilizante. Por otro lado, los clásicos afirman que el rocío
es el gran receptáculo o vehículo del espíritu universal.

75 Algunos Adeptos llamaban Azogue a su Mercurio disolvente.


76 Antiguamente se denominaba al ácido nítrico, espíritu del Nitro.
77 Química general aplicada. Luis Postigo. Ed. Ramon Sopena S.A. 1978.

75
El Nitrógeno es de una importancia fundamental para todos los
organismos. Los seres vivos dependen del Nitrógeno combinado
para su desarrollo. Como el agua, también el Nitrógeno genera un
ciclo. Los microorganismos y las plantas lo absorben, éste pasa a
sus células, que entran en la cadena alimenticia en forma de proteí-
nas. Mediante la excreción y la muerte de los organismos pasa al ex-
terior en forma de amoníaco (urea, ácido úrico, amoníaco). Se trata
del proceso llamado amonificación. Mediante las excreciones y la
descomposición orgánica, se libera NH3 (amoníaco). De amoníaco
se pasa a nitratos (nitrificación u oxidación biológica del amonio a
nitrato. Paso del NH3 al NO3 u óxido nítrico), que vuelve a ser uti-
lizado por las plantas, iniciándose de nuevo el ciclo.
Finalmente, avanzamos, respecto de la preparación del imán as-
tral, que Pellerin estuvo en un principio predeterminado a no editar
el capítulo dedicado a la preparación de la tierra vitriólica o imán
astral, tal es el valor que el autor le dio. Como buen filósofo natural
pretendió seguir el conocido axioma hermético “no eches perlas a
los cerdos, da carne a los hombres y leche a los niños”. Es decir, no
debe mancillarse lo que es precioso o entregar al vulgo un tesoro
que no será preciado. Con este imán (que conviene matizar que no
es el único), Grimaldy elaboraba su disolvente, con el que hacía su
oro potable, el que el propio Grimaldy llamaba a justo título
Medicina universal. No deja indiferente, que al final del libro,
Pellerin vuelva a repetir casi con las mismas palabras, la elabora-
ción de este imán astral.

76
CAPÍTULO VII

Concerniente a los vegetales

Los vegetales, y lo mismo los animales, no son menos aptos a la


composición de excelentes remedios como lo son los de los mine-
rales y los metales, pues los unos y los otros, fluyen de la misma
fuente y porque los diferentes canales por donde pasan son los mis-
mos en pureza.
Así mismo se puede decir que los Vegetales parecen tener ven-
taja sobre los minerales, ya que aquellos están destinados natural-
mente a servir de alimento a los animales, y como su textura es
menos fuerte y menos férrea que la de los minerales, su descompo-
sición debe ser más fácil. Por otra parte, los espíritus de los vegeta-
les tienen más de provecho que los de los animales y los de los mi-
nerales, por los elementos dominantes en los unos y en los otros.
También vemos, por la opinión general, tanto antigua como mo-
derna, que se da preferencia al jugo de las plantas, a los extractos de
las raíces, a las virtudes y cualidades de los simples, sobre todos los
otros remedios, pero la experiencia no responde a esta opinión fa-
vorable, nada de más cierto que encontrar para las grandes enferme-
dades un buen y verdadero remedio extraído del reino mineral. ¿De
dónde puede venir pues esta oposición entre la doctrina constante
de los más grandes hombres, de los más sabios en la naturaleza y la
experiencia cotidiana que hacemos de la debilidad de estos reme-
dios, donde nosotros no encontramos casi ninguna de las virtudes
que los antiguos les han atribuido?.
La carencia no viene ciertamente del lado del mixto, si no del
lado de lo que trabaja este mixto sin conocerlo perfectamente y sin
obrar en sí mismo siguiendo los principios de su naturaleza y la ca-

77
lidad de su compuesto. Más antes de seguir más adelante y de dar
un ejemplo de los remedios que se pueden extraer de los vegetales,
mostrando los de M. Grimaldy, necesitamos explicar sucintamente
dónde convienen los tres reinos y en qué difieren.
Todos los mixtos de la Naturaleza se dividen en tres reinos: ani-
mal, vegetal y mineral. Cada reino en especie, y cada especie en in-
dividuos. Todos estos reinos tienen el mismo origen primordial,
manan todos de la misma fuente: una semilla universal formada del
puro espíritu de los elementos impregnados de la luz celeste y de
virtudes astrales, que descendidas y arrojadas de lo superior a lo in-
ferior, se acumulan y se unen en el centro de la tierra, donde se hace
la primera preparación que debe servir a la formación o generación
de todos los mixtos de los tres reinos.
Más cada porción de esta simiente, que es una y universal en el co-
mienzo, está dividida y determinada inalterablemente a un género par-
ticular, sea vegetal, sea mineral, de forma que uno no puede ser cam-
biado en otro si no es totalmente reducido a sus primeros principios
simples, a lo que el arte no puede nunca llegar porque todo lo más que
se puede hacer es reducir el mixto en los principios de su propio gé-
nero determinado, para perfeccionar sus especies y sus individuos.
Es por lo que nunca el arte hará ningún mineral de un vegetal o
de un animal, ni un animal de un mineral o de un vegetal. La razón
de esto es que la porción del puro elemental que está determinado a
un reino, lo es por la infusión de espíritus tanto fijos como voláti-
les, particulares y propios por su naturaleza a un reino y no al otro.
Entonces, estos espíritus, una vez apoderados de una porción
elemental, no la abandonan ya para ceder el sitio a espíritus de una
naturaleza diferente, y todo lo que llega en la descomposición del
mixto, que se hace por la putrefacción, hace nacer una nueva gene-
ración. Es que los espíritus que vivifican la primera composición
del mixto son empujados y atrapados por espíritus de la misma na-
turaleza pero más fuertes y más poderosos que los primeros. Estos
primeros espíritus quedan sin embargo en parte más débiles en
fuerza y en cantidad hasta que en este combate mutuo los segundos
espíritus ganan poco a poco terreno, se apoderan del sitio atrapando

78
del todo a los que lo ocupaban antes, de donde nace un nuevo mixto
del mismo género, pero más fuerte y más perfecto que el prece-
dente, ya que ha sido destruido, lo que no se hace más que sucesi-
vamente. Así, en la putrefacción o resolución del mixto, no se puede
llegar jamás hasta la materia primera o universal, puesto que los es-
píritus que la han determinado a un reino no la abandonan nunca, ni
un instante, para posibilitar apoderarse de espíritus de una natura-
leza diferente.
Lo que hace la distinción y la diferencia de los tres reinos tanto
en sus espíritus como en sus cuerpos, en su puro elemental, sea fijo,
sea volátil, es la diferente proporción de los elementos que lo com-
ponen. Así, en el reino animal son el aire y el fuego los que predo-
minan sobre la tierra y el agua. En el reino vegetal son el aire y el
agua los que predominan sobre la tierra y el fuego. En el reino mi-
neral son el agua y la tierra los que predominan sobre el aire y el
fuego. De esta diferente proporción nacen las diferentes cualidades
que percibimos en la resolución de los mixtos.
Por ejemplo, en los minerales, su espíritu, o parte volátil, es acre
y ácida, porque el aire y el fuego que producen dulzor están en
menor cantidad y su parte fija o sal fija es amarga y acerba. En los
animales y en los vegetales, la parte volátil es dulce y cosquillea
agradablemente el paladar y su sal fija es picante y salada.
De esto se debe concluir: 1º Que el mineral puro necesita más
trabajo, más purificaciones y una más larga cocción que las del gé-
nero vegetal y animal porque son más delicados de tratar y más di-
fíciles de conservar en sus purificaciones a causa de su mayor vola-
tilidad. 2º Que se puede extraer tanto de unos como de otros exce-
lentes remedios si se los sabe trabajar y se sigue la naturaleza del
mixto sobre el que se trabaja, más los remedios extraídos de los mi-
nerales deben ser más poderosos y más eficaces que los otros para
la curación de grandes enfermedades y para la conservación o pro-
longación de la vida porque son naturalmente más fijos, y porque
pueden sufrir las más grandes y más perfectas purificaciones y más
cocción que los que se extraen de los vegetales, pues el puro, como
hemos remarcado, escapa por su muy grande volatilidad.

79
Conclusión de este discurso preliminar

Estoy persuadido de que un cierto género de sabios se elevarán


contra una parte de nuestras opiniones, que incluso no ignoramos
que ellas han sido combatidas por muchos grandes personajes, y
que los que han querido imitarlos se colocan bajo su estandarte. No
han examinado demasiado, ni profundizado, creen tener un perfecto
conocimiento de las cosas que condenan con tanto calor o el mismo
arrebato. Han creído que se caería en la puerilidad al admitir las in-
fluencias de los astros, las simpatías y las antipatías. Un espíritu
fuerte no caería en estas pequeñeces. Todo son visiones, quimeras,
cuentos de viejas, dicen ellos.
No pretendemos sostener que el éxito de una operación o de toda
otra cosa depende absolutamente del día, de la hora, del momento
en que se inicia, ello sería caer en un exceso condenable. Decimos
simplemente que es mejor observar, si es posible, las mismas cir-
cunstancias que hemos indicado.
La prevención para el común de los hombres, es que ella se
ajusta al precepto de la ley inviolable, para amar u odiar lo que ellos
han imaginado ser bueno o malo.
Es verdad que tienen razón para quejarse de ciertos bribones que
buscan engañar al público (lo que no consiguen mucho), mediante
el encanto de promesas deslumbrantes, fundadas sobre el conoci-
miento perfecto que dicen tener de las ciencias, que en verdad igno-
ran totalmente. Más son a estos miserables a los que hay que censu-
rar, a los que se debería reprender rigurosamente y no reprochar
estas ciencias para las que se debería tener no sólo consideración y
respeto, si no también veneración.
Me jacto de que sería fácil demostrar con evidencia la verdad de
las cosas que hemos avanzado a cualquiera, pero confieso ingenua-
mente que no soy bastante hábil para hacer esta demostración per-
fecta dentro de los límites también referidos, que son los que he
prescrito en este Discurso. Es necesario tomar las cosas de lo más
alto, es decir, de su origen, ir por gradación y limitarse únicamente

80
a su objeto. Es lo que nos proponemos hacer seguidamente en una
obra determinada. Más en cuanto al presente, nos satisfacemos con
lo que hemos dicho añadiendo esta reflexión.
La prevención, la pereza y la presunción han dado lugar a esta
incredulidad que afecta a ciertos Autores. Creen que su ciencia está
por encima de todas las demás, sin embargo, Dios no ha encerrado
en el espíritu de un solo hombre todas las ciencias de la Naturaleza,
ni el conocimiento de todas las cosas sublimes, al contrario, ha que-
rido, para manifestar más su grandeza y su inmensa bondad, que
ellas fuesen comunes a muchos, para ser más conocido y más glo-
rificado, reservándose no obstante, el revelar sus más importantes
secretos a sus fieles servidores.
Nuevo motivo de burla para nuestros escépticos, nuestros pirro-
nianos. Ellos pretenderán que quiero anunciarme como un hombre
inspirado por el Todo Poderoso al que este Maestro Soberano, por
predilección, ha hecho confidencia de sus secretos.
A Dios no le place semejante camino y que la vanidad me cie-
gue en este punto. Yo sé y lo sé muy bien, que no soy más que un
objeto vil, despreciable, en fin, un gran pecador, pero sé también
tras un examen exacto, imparcial y tras un estudio seguido de la ex-
periencia, que el número de los que seguimos el sentimiento es más
grande, que su doctrina es más sana, más científica y más profunda;
que su opinión es más probable, mejor fundada que las opiniones
contrarias, además, tienen la ventaja de probar, de demostrar física-
mente la mayor parte de su sistema.
A todo esto, la parte contraria no opone más que razonamientos
sin pruebas, simples burlas, tonterías, para decirlo en un palabra,
todo lo que hay de cierto es lo que no entienden, ni totalmente ni en
parte, de nuestro sistema. Lo extreman todo y ven fantasmas para
tener el placer de combatirlo.
Sé en fin, que los que quieran penetrar estos misterios del todo
divinos, y que quieran ser instruidos deben comenzar por desnu-
darse de sus presunciones y dirigirse hacia el padre de las luces,
pues sólo él puede inspirar estas cosas, ya que no se aprenderán
jamás sin su socorro.

81
OBRAS PÓSTUMAS
O REMEDIOS DEL FALLECIDO
M. DE GRIMALDY

Donde se dan aquí muy simplemente, las que están en el manus-


crito escrito por la mano de este gran hombre, que hemos copiado
palabra por palabra, y corregido sólo algunas negligencias de es-
tilo que se le escaparon.

LIBRO SEGUNDO
CAPÍTULO PRIMERO

Concerniente a las píldoras aurífícas de M. De Grimaldy

PRIMER RÉGULO

Disponed un gran crisol78 en un horno sobre un asiento.79 Poned


dentro siete onzas80 de puntas de clavos de Mariscal,81 tres onzas de

78 Creuset. Crisol. Vaso de tierra en el que se hace fundir los metales. D.A.F. 4ª ed. 1762.
79 Culot. Asiento. Pequeño plato cilíndrico de tierra cocida sobre el que se coloca el cri-
sol en el horno para garantizar la acción muy viva del fuego. D.A.F. 5ª ed. 1798.
80 Onza. En el Antiguo Régimen equivalía a la decimosexta parte de un libra de París.
30.59 grs. (SAY, Écon. pol., 1832 p.263).
81 MARÉCHAL. Mariscal. En este sentido artesano herrero de caballos. Se trata pues
de clavos para herrar. D.A.F. 4ª ed. 1762.

83
estaño pasado por la rejilla,82 tres de cobre de roseta.83 Llenad el
horno de carbón y poned por encima carbón encendido y a medida
que se vaya consumiendo poned más y afollad84 de tanto en tanto
para poner a los metales en fundición. Cuando lo estén, poned die-
cisiete onzas de antimonio de Hungría en pequeños trozos previa-
mente calentados para no enfriar vuestras materias, cuando lo ten-
gáis todo puesto, tapad el crisol y afollad bien durante una hora,
para poner a la materia en una buena fundición. Para saber si lo está,
introduciréis hasta el fondo una varilla de hierro al rojo y remove-
réis bien. Si la materia está muy líquida, se la ha de vaciar, o en un
cuerno de Régulo85 o en un mortero de metal bien limpio y bien ca-
liente, que se pondrá bajo la chimenea, al abrigo del humo.
Mientras la materia se enfría, limpiaréis el horno y pondréis las
brasas en un pote para apagarlas, porque todas las veces que hagáis
cualquier fundición, necesitaréis carbón nuevo. Es necesario tener
siempre un crisol bastante grande que permita dejar una cuarta parte
vacía, con el fin de que las materias puedan obrar fácilmente.
Poned un nuevo crisol al horno como antes. Cuando esté bien
rojo, ponedle cuatro onzas de clavos y cuando éstos estén también
bien rojos, ponedle vuestro Régulo86 en trozos previamente calenta-
dos en la cuchara. Tapad el crisol, poned el carbón y cuando lo que
está en el crisol esté fundido, ponedle doce onzas de antimonio en pe-
queños trozos calentados en la cuchara, después tapad el crisol, poned
carbones por encima hasta cubrirlo. Al cabo de media hora hundid
con una varilla de hierro para mezclar bien las materias. Volved a

82 Tamiz.
83 Rosette. Cobre de roseta. Cobre puro y limpio de toda sustancia extraña. D.A.F. 4ª
Ed. 1762.
84 Afollar. Acción de soplar con fuelles para aumentar el fuego.
85 Cubilete en forma de cuerno, llamado también corneta de régulo.
Puede ser sustituido por una lingotera.
86 Régule. Regulo. Término de la Química que significa la parte metálica pura de un se-
mimetal. D.A.F. 4ª ed. 1762. Término muy en uso entre los químicos, para expresar la
masa que permanece en el fondo del crisol cuando se ha fundido algún trozo de mina mi-
neral o metálica. Más ordinariamente se da el nombre de Régulo al residuo de antimo-
nio, y cuando está mezclado con otros metales se añade el nombre del metal, así se llama
Régulo Marcial a aquél en que entra el hierro o Marte etc. Diccionario Mito-hermético.
Dom Pernety.

84
tapar el crisol, llenad el horno de carbón y dejad la materia una
media hora en fundición, después la vaciáis en un mortero caliente.
Es el segundo Régulo.
Tomad un crisol más grande que los anteriores en el que pon-
dréis cuatro onzas de puntas de clavos. Haced un buen fuego,
cuando estén bien rojos, pondréis vuestro Régulo en pequeños tro-
zos calentados en la cuchara. Será necesario afollar para ayudar a la
fusión. Después, comprobad con la varilla para ver si todo está bien
fundido. Entonces poned ocho onzas de antimonio en pequeños tro-
zos calientes. Tapad el crisol, llenad el horno de carbón, dad un gran
fuego durante media hora, después removed bien vuestras materias
fundidas, llenad el horno de carbón y dejad en fundición durante
tres buenos cuartos de hora, después vaciad la materia en el mortero
caliente. Es el tercer Régulo. Limpiad el horno. Tomad un crisol
más grande en el que pondréis únicamente vuestra materia. Poned
carbón y haced un buen fuego, cuando esté en buena fundición,
poned cuatro onzas de salitre machacado groseramente, tapad rápi-
damente el crisol y apoyad encima para que la efervescencia no pro-
voque que salga nada de materia. Cuando la fogosidad haya pasado,
haced un gran fuego durante un cuarto de hora, después, arrojad la
materia en el mortero. Cuando esté fría, quitad las escorias87 o mu-
gres negras que están encima; este es el cuarto Régulo.
Tomad un crisol más grande, ponedlo al horno, cuando esté rojo,
poned vuestro Régulo en trozos. Tapad el crisol. Cuando vuestras
materias estén fundidas, removedlas bien con la varilla, después
poned cuatro onzas de salitre. Tapad rápido, apoyad encima.
Cuando la efervescencia haya pasado removed con la varilla y
poned otras cuatro onzas de salitre. Apoyad bien encima y dad un
gran fuego durante media hora. El crisol bien cubierto de carbón,
después extraed el crisol del horno, ponedlo bajo la chimenea y dad
pequeños golpes sobre el borde durante un miserere,88 para hacer

87 Crasse des metaux. Escorias, grasa o mugre de los metales. Cierta porquería o lodo
que sale de los metales en fundición. D.A.F. 1ª ed. 1694. Impurezas que se separan de los
minerales y de los metales durante la fusión. Diccionario Mito-hermético. Dom Pernety.
1758.
88 Miséréré. Miserere. Se dice del espacio de tiempo que se necesita para recitar el
quinto Salmo D.A.F. 4ª ed. 1762.

85
descender el Régulo. Pero se remarca que no se debe poner la vari-
lla de hierro tras las últimas cuatro onzas de salitre y cuando la ma-
teria esté líquida como el agua. Estando así, la dejaréis enfriar hasta
el día siguiente, romperéis el crisol y limpiaréis el régulo de las mu-
gres negras del salitre. Este es el quinto Régulo.
Poned de nuevo un crisol al horno. Cuando esté bien rojo pone-
dle cuatro onzas de puntas de clavos y cuando estén bien rojas pon-
dréis vuestro Régulo en pequeños trozos calientes. Tapad el crisol.
Dad un buen fuego y cuando todo esté fundido, pondréis ocho onzas
de antimonio en trozos bien calientes. Tapad el crisol, dad un buen
fuego durante media hora, después comprobad con la varilla, y si
todo está bien fundido, pondréis cuatro onzas de salitre, tapad se-
guidamente el crisol, apoyando encima y dejaréis en fundición to-
davía una media hora. Quitad el crisol del horno, golpeadlo en el
borde. Cuando esté bien frío lo romperéis y tomaréis el Régulo al
que habréis limpiado de las mugres. Es el sexto Régulo. Colocaréis
de nuevo un crisol en el horno. Cuando esté bien rojo, pondréis cua-
tro onzas de puntas de clavos. Cuando estén bien rojas pondréis
vuestro Régulo en trozos. Cuando esté todo bien fundido, pondréis
cuatro onzas de salitre. Tapad el crisol, apoyad encima y cuando la
efervescencia haya pasado, tendréis todavía vuestra materia en fun-
dición a un gran fuego durante una media hora. Es necesario pres-
tar atención a que vuestra materia esté siempre en una bella fundi-
ción en todas las operaciones antes de retirar el crisol de fuego.
Cuando hayáis retirado el crisol dad también pequeños golpes sobre
los bordes. Cuando esté bien frío, rompedlo y separad las mugres
del Régulo que estará en el fondo, estará entonces impregnado de
todas las cualidades radicales de los metales y de todos sus azufres
auríficos, pues el núcleo (o alma N. del t.), del antimonio se ha car-
gado a medida que se le han quitado sus partes heterogéneas. Pues
con cada operación su azufre aurífico se glorifica.
Romped vuestro Régulo en trozos y ponedlos en el horno en un
nuevo crisol. Tapadlo con su tapa y dadle fuego de fusión durante
media hora. Comprobad que todo está bien fundido y cuando la ma-
teria esté bien a la vista, pondréis tres onzas de salitre. Tapad rápi-
damente el crisol y apoyad. Cuando la efervescencia haya pasado,

86
tened todavía durante un buen cuarto de hora la materia en buena
fundición. Después retirad el crisol del horno. Ponedlo bajo la chi-
menea y dadle pequeños golpes sobre los bordes, dejadlo enfriar
bien y separad las escorias.
Si no estuviera demasiado purificado el Régulo, reharéis la
misma operación con tres onzas de salitre cada vez, hasta que tome
una tintura amarilla y no se cargue más de mugre. Es la marca de la
perfección de esta digna obra. Ésta llegará siempre en la tercera
operación si se ha sido regular en las fundiciones.
Puedo asegurar (es M. de Grimaldy quien habla) que este Ré-
gulo es una obra perfecta del arte,89 pues las cualidades son infini-
tas para la purificación de la sangre tras haberlo reducido en cal me-
diante una perfecta calcinación. Los más sabios en el arte lo admi-
ran y doy gracias al Señor por ser su autor, por las curas milagrosas
que hace, unidas a las otras cosas que son la entera composición del
remedio, las que son todas preciosas en virtudes.
Ahora daremos la composición de la cal filosófica, y como es lo
más difícil de la operación conviene redoblar su atención.

Manera de hacer la cal filosófica

El Régulo, estando bien purificado, machacadlo en un mortero


de hierro, pasadlo por un tamiz fino de pelo de cerda, cubridlo para
no perder nada, después le pasaréis una libra90 que pondréis, capa a
capa sobre un gran papel gris,91 os serviréis de una cuchara de hie-
89 Chef d’oeuvre o canon artis. Nicot, Thresor de la Langue Française, en adelante
T.L.F. 1606. Obra que es prueba de la capacidad para el Magisterio. También significa
obra perfecta en cualquier género, sea el que sea. D.A.F. 1ª ed. 1694.
90 Libra. Peso que contiene un cierto número de onzas, más o menos, según los diferen-
tes lugares y tiempos. En París equivalía a 16 onzas. D.A.F. 4ª ed. 1762. Según la 8ª ed.
del D.A.F. de 1932, hoy equivale a medio kg. La libra equivale a 2 marcos, 489 grs. Gran
Enciclopedia Larousse.
91 Clase de papel que no sirve ordinariamente para escribir, sino para hacer patrones,
empaquetar etc. DAF 1ª ed. 1694. Una composición hecha de vieja tela mojada en agua,
molida en molino y extendida por capas para que sirva a la escritura, la impresión y otros
usos. Jean-François Féraud, Dictionnaire Critique de la Langue Française, en adelante
D.C.L.F. Marseille, Mossy 1787-1788.

87
rro, con tres libras y media de salitre del más fino y del mejor refi-
nado (a falta del de nuestra composición), machacado grosera-
mente, después lo pondréis todo (Régulo y Nitro. Nota del t.), en un
plato de tierra nuevo, barnizado (o vidriado. N. del t.), que pondréis
sobre un brasero de carbón, a un fuego débil, para desecar bien y ca-
lentar la materia, con el fin de que no enfríe el crisol que habréis co-
locado en el horno. Cuando el crisol esté bien rojo, tomaréis una cu-
charada de esta mezcla que pondréis dentro y taparéis el crisol. Se
necesita un gran fuego, con el fin de que la calcinación se haga per-
fectamente. De miserere en miserere, pondréis una cucharada de esta
mezcla, que removeréis siempre para que el polvo se mezcle con el
salitre, y cuando el crisol esté lleno en su mitad hundiréis la cuchara
en la materia y la voltearéis de abajo arriba y de arriba abajo, y ha-
réis de tanto en tanto lo mismo, golpearéis sobre el borde del crisol
con la cuchara para hacer caer lo que se habrá fijado al remover el
crisol, que conviene que esté tapado. Es necesario también observar
que todas las veces que pondréis el polvo o materia que está en el
plato, éste debe estar caliente, pero a fuego débil. Tendréis necesidad
de colocar siempre carbones alrededor del crisol, a fin de que el calor
no se ralentice. Cuando todo esté en el crisol, pondréis aún otras cua-
tro onzas de salitre por encima, y cuando la efervescencia haya pa-
sado, hundiréis y mezclaréis la materia de abajo a arriba. Taparéis el
crisol, dejándolo cocer a fuego lento durante dos horas, después,
antes de que se enfríe, la tomaréis con la cuchara y la pondréis en un
mortero de hierro, bien liso, limpio y un poco caliente.
Calentaréis después agua que pondréis en un gran tarro de gres,
colocaréis poco a poco vuestra cal medio fría, por temor a que se
produzca una gran efervescencia. Convendrá remover bien con una
cuchara de madera y cuando el agua esté bien cargada de sal, la va-
ciaréis por inclinación y tras haberla dejado reposar bien en el tarro
pondréis otra vez agua caliente sobre la cal, reiterad en lo mismo
hasta que la materia esté bien desalada.
Nota. Observad que es necesario poner todas las aguas saladas
juntas y conservarlas para extraer una sal que tiene también grandes
virtudes como diré seguidamente. Echaréis finalmente todas las
aguas, aunque ellas estén todavía un poco saladas.

88
Cuando se pone el agua sobre la cal, es necesario que ella esté
siempre caliente y dejarla reposar bien antes de decantarla y siem-
pre machacar la materia con el dorso de la cuchara de madera. A
medida que ella se deshace tiene más propensión a precipitarse, si
bien se necesitan varios días para acabar esta operación.
Cuando el agua esté insípida, la verteréis como las otras, por in-
clinación, después, repondréis el valor de dos pintas de otra agua
sobre esta noble cerusa92 y la mezclaréis bien con la cuchara de ma-
dera, entonces verteréis en otro tarro todo lo más fino. Seguida-
mente machacaréis bien con la cuchara, lo grosero que se encuentra
en el fondo y repondréis un poco de agua para mezclarlo. La verte-
réis ahora con la primera, y reiniciaréis los mismos procesos hasta
que lo grosero y las impurezas queden solas en el fondo del tarro.
Seguidamente mezclar bien lo que habéis puesto en el tarro y lo pa-
sáis por un lienzo blanco, sobre un pote bien limpio, y a medida que
la cal pasa, frotad el dedo sobre el lienzo, con el fin de que no quede
nada, entonces verteréis otra. Mezclad bien con la cuchara y conti-
nuad así hasta que no queda nada. Si queda mucha materia grosera
en el tarro, pondréis un poco de agua. En fin, son cosas en las que
el buen sentido es el guía. Si queda cerusa sobre el lienzo, es nece-
sario poner agua por encima para hacerlo pasar todo y dejar fuera
las impurezas que queden.
Vuestra materia estando entonces en su entera pureza y bien des-
alada, la dejaréis reposar hasta que todo caiga al fondo del vaso,
bien esté en el pote o que la hayáis colocado en el tarro. Será mejor
precipitar antes en el pote, que es necesario que sea de gres.
Las últimas aguas quedan siempre un poco blancas, más desta-
camos que no puede ser de otra manera y que ésta no hace nada,
pues este agua no está cargada a pesar de su blancura. Es por lo que
tras dos o tres días de reposo de la última agua en el pote, es nece-
sario vaciarla por inclinación y tomar la cerusa metálica que trae el
color del zafiro. La pondréis con una cuchara de plata o de madera
sobre una doble hoja de papel gris. Colocadla cucharada a cucha-
rada y poned el papel sobre una rejilla para que la humedad se cuele

92 La cerusa es generalmente de color blanco. D.A.F. 4ª ed. 1762.

89
y al día siguiente la pondréis sobre otra hoja de papel y la dejaréis
secar por ella misma si es en invierno. Si no, la pondréis al sol, y
cuando esté bien seca, la moleréis en un mortero de mármol con una
mano de mortero de vidrio, después lo cerraréis en una caja (o taba-
quera. N. del t.) para su uso tras haberla cerrado bien.

93
Manera de preparar la escamonea de Alep para las píldoras
auríficas

Tomad media libra de escamonea. Es una resina de color leo-


nado (o que va hacia el rojo. N. del t.), esponjosa, ligera, no pesada
y sobre todo fácil de triturar con los dedos, que hace leche cuando
se pone la lengua por encima. La pondréis en una cucúrbita y sacu-
diréis para mezclar bien la materia con el espíritu de vino que ha-
bréis colocado. Se necesita que sobrenade cuatro buenos dedos.
Dejadlo todo en digestión en un lugar tibio hasta que la disolución
se haya hecho, teniendo cuidado en remover bien la materia dos o
tres veces al día. Durante la disolución se necesita hacer una decoc-
ción de un manojo de pequeña centáurea, de un manojo de betónica
y de medio manojo de germandrina que pondréis en un coquemar94
con tres pintas de agua y lo haréis hervir durante tres cuartos de
hora, dulcemente. El vaso ha de estar tapado. Extraed entonces el
coquemar del fuego, y dejadlo reposar hasta el día siguiente, en que
verteréis el licor por inclinación sobre un lienzo para hacerlo pasar
bien limpiamente y lo pondréis en un pequeño tarro de gres. Cuando
la infusión de la escamonea esté hecha, la verteréis por inclinación
sobre esta agua en el tarro y tomad cuidado de dejar pasar las esco-
rias con el espíritu de vino. Dejaréis reposar todo hasta el día si-
guiente en que verteréis el licor dulcemente. Encontraréis en el

93 Scammonée. Escamonea, planta medicinal cuya raíz tiene un jugo resinoso que sirve
para purgar. DAF 4ª 1762, de Alep. ciudad llamada por los turcos Aldephe y por los an-
tiguos Epiphania. Se llama Alep, casi Aleph, que es la primera letra del alfabeto hebreo,
porque es la primera ciudad de Surie. Nicot. T.L.F. 1606.
94 Coquemar. Especie de pote o jarro de tierra barnizado o de cobre, de estaño, o de plata
que tiene una asa y está destinado a hervir o calentar tisanas y cosas parecidas. D.A.F. 1ª
Ed 1694.

90
fondo del vaso una masa que pondréis con una cuchara sobre un
doble de papel gris. Dejaréis secar en un lugar un poco caliente.
Después lo guardaréis cerrado para el uso.

Preparación de la regaliz para las píldoras

Tomad tres libras de regaliz de España, limpiadla bien y la cor-


táis en pequeños trozos muy menudos. Hacedla hervir en una gran
marmita de tierra barnizada, con agua de fuente, hasta que dismi-
nuya a la mitad, después verted por inclinación, reponed nueva-
mente agua y hacedla de nuevo hervir, extraed así toda la sustancia
de esta raíz santa de la que el agua estará cargada. Poned en un vaso
conveniente vuestro licor tras haberlo pasado limpiamente por un
lienzo. Hacedla hervir para evaporarla hasta que no quede más que
el cuarto del licor. Entonces haréis evaporar dulcemente, remo-
viendo a menudo y con cuidado de que el extracto no hierva, pon-
dréis finalmente el vaso sobre un fuego de arena, a fuego dulce, de
manera que pueda mezclarse y convertirse en polvo. Cuando esté
bien seco lo cerraréis en una caja en un lugar seco para su uso.

Uso de estas nobles preparaciones

Tomad tres onzas de la cal de los metales antes descritos.


Tres onzas y tres cuartos de resina de escamonea.
Una onza de polvo de regaliz de la preparación arriba indicada.
Una onza y tres cuartos de la solución cristalina de la que dare-
mos después la preparación.
Una onza y tres cuartos de corteza negra de quinaquina Dos
gros95 de bezoar oriental.96

95 Gros, significa también un dracma, la octava parte de una onza. D.A.F. 1ª Ed. 1694.
96 Bézoard. Bezoar. Piedra que se engendra en el cuerpo de determinados animales de
las Indias que es considerada un remedio soberano contra los venenos. Se llama también
Bézoard fósil y Bézoard mineral a una cierta piedra que se parece a la verdadera Bézoard,
por la virtud y porque se encuentra en diversos lugares. D.A.F. 4 ª ed. 1762.

91
Todo debe estar bien molido y mezclado, la quinaquina bien ma-
chacada en un mortero de mármol y tamizada. Cuando tengáis bien
unido todo el conjunto, imbibiréis esta composición con una cucha-
rada sopera de Elixir, moled bien, después tomad gelatina de goma
adragante a discreción para hacer una pasta con otra cuchara de
Elixir. Después de haber amasado bien esta pasta con la mano de
mortero de vidrio, tomaréis pequeños trozos de 40 granos97 para
hacer las píldoras. Es la dosis de esta preciosa medicina.
No hay que temer que la quinaquina que entra en esta composi-
ción, haga el malvado efecto que tiene cuando se da según el mé-
todo ordinario, pues encuentra en esta mezcla su perfecta correc-
ción, de suerte que actúa mediante sus cualidades absorbentes, fe-
brífugas, estomacales y deviene uno de los mejores específicos de
la Medicina.
Este remedio posee no sólo las cualidades (es M. de Grimaldy
quien habla), de mi febrífugo, pues los posee todavía más exaltados,
de suerte que actúa con más dulzor, más eficacia y sana más pron-
tamente. Por otra, ataca a las enfermedades antiguas y arraigadas
que el febrífugo no hace más que aliviar.

Preparación de la goma de adragante

Poned en infusión una onza de goma de adragante y otro tanto


de cardo bendito98 necesario para convertirla como en una gelatina,
seguidamente pasadla por un lienzo blanco y presionad con el dedo
para hacerla pasar. Los trozos blancos y los más transparentes son
los mejores.

97 Grain. Grano. Medida de peso equivalente a la 72ava parte de un dracma o gros.


D.A.F. 1ª ed. 1694.
98 Chardon benit, Carduus benedictus Nicot. T.L.F. 1606 Planta sudorífica y cordial de
la que se hace gran uso en Medicina. D.A.F. 4ª ed. 1762.

92
Observación importante

A veces ocurre que el remedio purga mucho, fatiga al enfermo y


que aún a pesar de su excelencia podrían aparecer accidentes mo-
lestos. Para evitarlos con seguridad, se necesita dar al enfermo una
lavativa, o remedio de agua de tripas, con media onza de triaca re-
mojada en el agua, lo que restablece perfectamente las cosas y pone
al abrigo de todo accidente molesto. Se habla desde la experiencia.

93
CAPÍTULO II

Preparación de las materias que componen el purgativo febrí-


fugo de M. de Grimaldy

Manera de hacer el régulo filosófico marcial

Tomad siete onzas de puntas de clavos de Mariscal, tres onzas


de estaño pasado por el tamiz, veinte onzas de antimonio de Hun-
gría. Poned un crisol sobre un Culot (asiento. N. del t.), en el horno,
tapadlo, llenad el horno de carbón, poned por encima carbones ar-
diendo. Cuando el crisol esté bien rojo pondréis los clavos y el es-
taño. Tapad el crisol y dad un buen fuego, cuando juzguéis que la
materia está bien roja, pondréis el antimonio en pequeños trozos
previamente calentados en una cuchara para no enfriar la materia,
haciendo siempre un gran fuego durante una media hora hasta que
la materia muestre una bella fundición, lo que conoceréis a la vista
y hundiendo la varilla de hierro y removiéndolo todo, dejadla toda-
vía un cuarto de hora. El crisol siempre tapado dentro de un gran
fuego, tras el que pondréis dos onzas de salitre. Tapad rápido y apo-
yad encima hasta que la efervescencia haya pasado. Después poned
todavía dos onzas de salitre y haced lo mismo una tercera vez man-
teniendo un gran fuego. Un cuarto de hora después retirad el crisol,
ponedlo bajo la chimenea y golpead sobre el borde para hacer caer
el Régulo. Cuando el crisol esté frío lo romperéis y tomaréis el
Régulo y separaréis las escorias.
Poned de nuevo un crisol al horno y cuando esté rojo ponedle
vuestro Régulo en pequeños trozos en un cuchara tras haberlos ca-
lentado, cuando lo tengáis todo junto, cubriréis el crisol de carbones
y cuando la materia esté fundida, y bien a la vista, pondréis tres

95
onzas de salitre. Tapad rápido y apoyad hasta que la efervescencia
haya pasado, dejaréis un buen cuarto de hora en fundición, después
retiraréis el crisol y colocaréis en la chimenea y golpearéis en el
borde.
Dejad enfriar el vaso, tomad el Régulo, quitad las mugres, pone-
dlo en un nuevo crisol, haced lo mismo que hemos dicho arriba.
Observad que a la tercera operación no hace falta poner más que dos
onzas de salitre. Pero si a la tercera operación la superficie del
Régulo está todavía cargada de impurezas, haréis todavía una más,
porque la perfección del Régulo se conoce por el color amarillento
del salitre que tiene encima y señala que el azufre aurífico de los
metales está abierto.
Se necesitan siempre crisoles nuevos en cada operación y gran
fuego. Cuando se tiene un cuerno para Régulo, se lo lubrica un poco
con la cera,99 vertiéndola diligentemente y de abajo a arriba del
borde para hacer precipitar el Régulo. Cuando el Régulo esté bien
purificado haréis la cerusa tal y como la enseñe para hacer la cal
para las píldoras aurífícas, poniendo tres partes de salitre sobre una
del presente Régulo tras haberlo triturado bien y tamizado en un
tamiz de pelo de cerda cubierto. Es necesario que la cerusa esté bien
desalada.

Preparación del fundente filosófico

Continuación del secreto

Se necesita fijar una parte de buen salitre con dos partes de tár-
taro blanco de Montpellier. Bien molidas y mezcladas estas dos
cosas, las pondréis en una marmita de hierro sobre un fuego de car-
bón, y cuando la marmita esté caliente pondréis carbón ardiendo

99 También puede lubricarse con aceite.

96
que encenderá las materias. Durante la detonación, es necesario
tener un buen peso sobre la tapadera de la marmita. Después de la
detonación tomaréis rápidamente la materia con un cuchara de hie-
rro y la pondréis en un mortero de hierro, y mientras esté todavía ca-
liente la pondréis en un tarro con agua caliente en cantidad sufi-
ciente para disolver las sales, y cuando estén bien disueltas pondréis
una hoja de papel gris sobre un tamiz de crin, verteréis dulcemente
la disolución para filtrarla y cuando esté toda filtrada, pondréis to-
davía un poco de agua sobre el poso para que no quede nada de sal
y filtraréis como la primera vez. Cuando esté hecho tomad agua
madre100 que se toma en el Arsenal, ponedla en un tarro de gres, al-
rededor de dos pintas, verted la disolución de las sales sobre dicha
agua hasta que esté toda cuajada, mezclaréis con una cuchara de
madera. Tomaréis el cuajo y lo pondréis en otro tarro con agua bien
pura. Se necesita agua de fuente, la del río está llena de lodo que se
mezcla con este polvo. No hace falta servirse para esta operación,
no más que para edulcorar las cales de los metales. Si no se puede
tener agua de fuente, se puede tener de río, pero hay que filtrarla dos
o tres veces, cambiando cada vez de papel. Cuando hayáis recogido
todo el cuajo, se necesita todavía reponer la disolución de sales,
poco a poco, rociando sobre el líquido, y retirar el cuajo y continuar
así hasta que todo quede reducido a un cuajo.
Después que hayáis puesto agua fría encima, removed bien la
materia con la cuchara para que se deshaga, dejadla reposar, y
cuando esté bien reunida en el fondo del tarro verteréis agua clara,
y continuaréis poniendo agua hasta que la materia esté bien des-
alada. La dejaréis reposar cada vez, hasta que la materia esté toda
reunida en el fondo del tarro. Continuad poniendo agua hasta que se
muestre insípida. Después de haber vertido la última agua, pondréis
la materia con una cucharada de madera o de plata sobre un papel
gris y la dejaréis secar al sol si hay, o al aire en una habitación como
las cales metálicas.

100 En Química se llama agua madre al agua salina y espesa que no suministra más cris-
tales. D.A.F. 4ª ed. 1762.

97
Preparación de la solución cristalina

Tomad un pote de tierra nuevo barnizado, llenadlo de agua de


fuente, dejad tres dedos, cuando el agua hierva, poned tártaro, poco
a poco, con una cuchara de madera, alrededor de una libra por cada
cuatro pintas de agua, mezclaréis a menudo con la cuchara, retira-
réis la escoria que viene arriba de tanto en tanto. Cuando veáis una
película que se forma sobre la superficie del agua, ésta será la marca
de que está cargada de sal cristalina.
Pondréis una tela limpia sobre un pote de gres y verteréis vues-
tra disolución para hacerla pasar y purificar las escorias del tártaro,
tras lo que pondréis nuevamente vuestro pote con nueva agua sobre
la materia que queda, y cuando hierva, pondréis aún un poco más de
tártaro como antes y haréis lo mismo, prestando atención a cómo se
hace esta segunda operación. Se necesita batir sobre la superficie de
la primera extracción que está en el pote de gres, con la cuchara de
madera para hacer precipitar la solución, y dejar reposar. Cuando el
agua esté fría, vertedla por inclinación en otro pote, y pasaréis la
que está junto al fuego sobre esta primera y haréis lo mismo, en
tanto como os plazca preparar. Batid siempre la extracción como
hemos dicho, y tras haber preparado lo que habéis querido, si queda
alguna cosa en el pote la haréis desecar sobre un papel, y lo guarda-
réis para ponerlo con otro, en la primera operación que os doy se-
guidamente.
Cuando hayáis dejado reposar vuestra solución, verted todas las
aguas conjuntamente, que dejaréis también reposar unos dos días.
Verteréis el agua que sea inútil, tomaréis la que se precipitó con la
otra y pondréis agua fría por encima para lavar bien la solución.
Vertedlo todo en un tarro y cuando haya reposado, verted el agua
por inclinación y procurad que muestre una escoria oscura (o de
color castaño. N. del t.), removiendo el tarro entre vuestras manos
para este fin, para que el agua muestre esta escoria o mugre. Poned
aún un poco de agua y removed con la cuchara la materia con el
agua, después dejadla reposar, y volved a hacer lo mismo para que
se muestren las escorias.

98
Cuando hayáis purificado la materia en tanto como hayáis po-
dido, pondréis agua de fuente en el pote de tierra y cuando esté ca-
liente, pondréis vuestro solutivo dentro. Haréis como antes, reite-
rando de tres a cuatro veces, hasta que no veáis mas escorias negras
cuando la lavéis.
Cuando hayáis puesto la última agua, dejadla reposar hasta el día
siguiente, esta es la solución cristalina que se emplea en las píldo-
ras aurífícas descritas anteriormente. Observad que se necesita para
el purgativo febrífugo, hacer la disolución de la escamonea en el es-
píritu de vino, lo mismo que para las píldoras101 excepto en que no
haréis la infusión de los simples y que os serviréis del agua común,
bien clara, para precipitarla, y vertiendo por encima en un tarro de
gres la disolución que se hizo en el espíritu de vino. Y como algu-
nas veces la escamonea, al igual que la de Alep, está más cargada
de terrestreidades, en este caso, haréis la disolución una o dos veces
en el espíritu de vino, después de haberla puesto a secar la primera
vez y de haberla molido.
Se necesita siempre verter el espíritu de vino por inclinación, pro-
curando no mezclar las impurezas que están en el fondo del vaso.

Continuación de las operaciones

Tomad flor de resina de Hamburgo, la verdadera es dulce e im-


palpable bajo los dedos y de un olor aromático, la pondréis en un
plato barnizado y la imbibiréis con agua de la pequeña centaura.
Después de haberla mezclado es necesario que el agua sobrepase la
resina en dos dedos. Poned el plato sobre un escalfador a fuego muy
dulce, removiendo siempre con una cuchara de plata. Cuando la re-
sina esté bien seca, la guardaréis para su necesidad.

101 Pilula. Píldora. Composición medicinal que se pone en pequeñas bolas. D.A.F. 1ª
Ed. 1694 .

99
Mezcla y composición del purgativo febrífugo

Tres onzas de escamonea preparada en el espíritu de vino como


indicamos.
Una onza y seis dracmas del solutivo cristalino del tártaro.
Cinco dracmas de fundente filosófico.
Una onza y siete dracmas de cerusa marcial.
Seis dracmas de flores de resina de Hamburgo.
Sobre este total pondréis media onza de semilla de perlas de
Oriente.102 Para no equivocarse, debe prepararlas uno mismo, lavar-
las bien en agua caliente tres o cuatro veces, después secarlas bien
con un lienzo blanco colocado sobre un pequeño fuego, después
machacarlas en un mortero de mármol con una mano de mortero de
hierro, finalmente es necesario añadirle media onza de Bezoar
oriental.
Es necesario comenzar por machacar bien la cerusa marcial en
el mortero con la mano de mortero de vidrio, después pondréis la re-
sina de escamonea y el solutivo, todo machado conjuntamente, des-
pués poned la resina de Hamburgo y el fundente filosófico.
Entonces machacaréis todavía más. Después añadiréis el bezoar y
las perlas reducidas en polvo sutil.
Hecha la mezcla, machacaréis más, a fin de que todas las mate-
rias estén bien unidas, tras lo que quitaréis la mitad de esta mezcla
que colocaréis sobre una hoja de papel.
Es necesario tener el cuidado de machacar y remover de tanto en
tanto con una pequeña cuchara de madera, siempre en el mortero,
con el fin de que todo esté bien mezclado.
Se necesita disponer en una botella de una mezcla hecha con tres
onzas y media de esencia blanca de enebro y una onza de bálsamo
de Copahu,103 y dos dracmas de bálsamo blanco de la Mecque, bien

102 Semence de perles. Semilla de perlas. Las más pequeñas perlas que se encuentran
en las ostras o conchas de perlas. D.A.F. 1ª ed. 1694.
103 Copahu. Bálsamo que se extrae por incisión de un árbol de Brasil llamado copaiba.
Las propiedades de la copaiba son más o menos las mismas que las de los bálsamos de
Tollu, de Perú y el mismo bálsamo de la Mecque. D.A.F. 4ª ed. 1762.

100
removida la botella para que todo se una perfectamente y de esta
mezcla pondréis alrededor de un dracma y medio, rociando sobre el
polvo que está en el mortero. Machacaréis hasta que la esencia esté
bien infiltrada en el polvo, después esparciréis la mitad que habréis
colocado sobre el papel, y pondréis otro tanto de esencia. Cuando
hayáis hecho la infiltración, como os he dicho, volveréis de nuevo
y poco a poco machacadlo todo con vuestra mano de mortero, y
continuaréis machacándolo todo junto todavía durante una buena
media hora. Entonces vuestro purgativo estará perfecto.
Destacamos que cuando hayáis hecho la primera machacada con
las esencias, es necesario poner el polvo sobre una hoja de papel
antes de continuar con lo que dejasteis, porque no podríais hacer la
mezcla de las esencias como se debe.
Finalmente, aunque el juicio dicta bien en las obras cuando se
tiene el hábito de trabajar, me siento en el deber de comentar hasta
las mínimas circunstancias.
La dosis de este purgativo es de cuarenta granos. Se puede au-
mentar en ciertos casos, según la necesidad, como explicaré cuando
hable de sus virtudes y propiedades.

101
CAPÍTULO III

Manera de componer el aceite de vida

Este aceite es un bálsamo esencial, un gran cordial,104 com-


puesto de diversas esencias aromáticas, diuréticas, estomacales, ce-
fálicas y sudoríficas. Todo él es un verdadero vulnerario.
Seis onzas de aceite de enebro de Montpellier. Dos onzas de
esencia de cárabo.105
Una onza de esencia de cera amarilla.106
Dos onzas de esencia blanca de enebro.
Media onza de esencia de canela.
Mientras se pueda tener pura esencia de lavanda y de romero, se
puede poner media onza de cada una. También vienen de
Montpellier.

Composición de la esencia amarilla

Tomad una libra de cera bien amarilla, aromática y pura y dos li-
bras de hueso de pie de carnero calcinados. Haced fundir la cera
dulcemente, después mezcladla con los huesos que habéis macha-
cado y tamizado, haced pequeñas bolas que pondréis en una retorta
y destilaréis a fuego bien graduado, muy dulce en el inicio, aumen-
tándolo poco a poco, más fuerte en el final. Como se destila un agua

104 Cordiales. Propio para confortar el corazón. D.A.F. 1º Ed. 1694.


105 Carabé. Ámbar amarillo utilizado en Medicina y otros usos. D.A.F. 4ª ed. 1762.
106 Cire. Cera de las abejas.

103
con aceite, se necesitará verter lo destilado en una botella, después
de que los vasos se enfríen, dejad la botella en reposo hasta que la
separación del aceite y del agua se haga. Después la separareis me-
diante el embudo de vidrio. Algunas veces la materia está confusa y
cuesta separarla, pero se puede separar por la rectificación que se
hace así: como se siente el empireuma,107 es necesario fundir dos
partes de bella cera amarilla, la más reciente y aromática que se
pueda tener, y cuando esté fundida a fuego lento, pondréis una parte
de vuestro aceite y mezclaréis bien. Pondréis esta mezcla en una
nueva retorta en la que adaptaréis un recipiente que enlutaréis en la
forma establecida y destilaréis muy lentamente a fuego dulce sobre
un baño de cenizas en vez de arena y vuestra esencia se rectificará
de color y olor muy dulce.
Separaréis la flema mediante el baño maría en una pequeña cu-
cúrbita.

Manera de extraer la esencia etérea de la trementina

Una docena de bellas naranjas de las que su corteza sea de las


más rojas, no digo nada de las de Portugal. Una docena y media de
limones. Cortad en una docena de rodajas pequeñas y no pongáis
más que la corteza de media docena cortada en pequeños trozos.
Haréis lo mismo con las naranjas, sólo hace falta utilizar la corteza.
Ponedlas en un refrigerante,108 donde destilaréis agua de vida, cinco
libras de trementina de Venecia de la más clara y aromática, que no
desmerece a penas a la de Chio,109 la que no se puede encontrar, y

107 Empyreume. Aceite que huele a quemado, de un olor desagradable. D.A.F. 4ª ed


1762. También es una cualidad desagradable al gusto o al olor que adquieren ciertas sus-
tancias sometidas a la acción del fuego. D.A.F. 5ª ed. 1798.
108 Refrigerante. Química. Un vaso que se llena de agua y con el que se cubre la parte
superior de un alambique para enfriar los vapores que el fuego ha elevado. D.A.F. 4ª ed
1762.
109 CHIO. Pequeña isla del mar mediterráneo ahora llamada Sio que produce un vino
excelente. Nicot. T.L.F. 1606.

104
verted encima siete pintas de agua de flores de naranja, tres onzas
de estoraque110 en lágrimas, y cuatro onzas de benjuí111 bien pulve-
rizado. Poned además, sobre vuestros limones y naranjas y el resto,
seis pintas de buen vino blanco, machacad bien todo con un palo,
después tapad bien vuestro alambique y haced un pequeño fuego,
claro y muy dulce con una pequeña gavilla (ramajes. N. del t.), el
aceite etéreo saldrá en primer lugar con un espíritu. Continuad la
destilación hasta que veáis salir el aceite, tras lo que haréis la sepa-
ración con el embudo de vidrio. Se necesita dejar acabar de destilar
todo el licor y mezclarlo con la que habréis separado del aceite para
guardarlo para otra preparación, donde no tendréis necesidad de
poner de nuevo agua de flores de naranjas, sino sólo, dos pintas de
vino blanco, utilizando la misma dosis de trementina.
Esta esencia, toda ella, tiene cualidades infinitas para los cóli-
cos, los males de los riñones, para purificar los vasos y la vejiga.
Penetra hasta el fondo, resuelve los cálculos, expulsa la arena por
los orines. Es buena a los males de los pulmones y del estómago,
del hígado y del bazo.
Se toman desde seis gotas hasta quince en su propio espíritu o
en un buen vino blanco un poco caliente.
Es igualmente buena para las mujeres y los hombres en las en-
fermedades de galantería,112 pero unidos a los remedios que compo-
nen este aceite de vida, se hace una concordancia que produce efec-
tos sorprendentes en las caídas y contragolpes, para expulsar la san-
gre extravasada en los partos difíciles y para apaciguar las sofoca-
ciones y cólicos de matriz tras el parto. Es un bálsamo contra todo
veneno. Fortifica y limpia todas las vías que están atacadas del ve-

110 Storax. Estoraque. Goma aromática que sale de un árbol del mismo nombre. D.A.F.
1ª ed. 1694. Storax o Styrax. Especie de resina aromática que degota de un árbol de la
India. Se emplea en la Farmacia. Es líquida o seca. D.A.F. 4ª ed. 1762.
111 Benjoin. Benjuí. Sustancia resinosa. Goma aromática que degota de un árbol y que
se recoge con cuidado para diversos usos. D.A.F. 4ª ed. 1762.
112 Galanterie. Galantería. Dícese de un comercio amoroso y criminal. D.A.F. 4ª ed.
1762. Enfermedad secreta D.A.F. 5ª ed. 1798.

105
neno de la viruela. Es buena para las flores blancas,113 en las fiebres
malignas, para ayudar a hacer salir la púrpura,114 la viruela, el sa-
rampión, si se toman todas las mañanas veinte gotas en una buena
cucharada de vinagre caliente y otra cucharada por encima con un
poco de azúcar. Hace sudar si se cubre razonablemente al enfermo.
En las pleuresías, esquinencias, en las retenciones de orina, las
úlceras en la vejiga, se toma la misma dosis todos los días en vino
blanco. Para los males de estómago y otras incomodidades, se
toman, 6, 8, 10 y 12 gotas según la gravedad de la enfermedad.
Es maravillosa en las parálisis, reumatismos, ictericias, hidrope-
sías, los días intercalados del purgativo.
Lo he encontrado siempre bueno y universal, sin que pueda cau-
sar ningún mal.

113 Fleurs blanches. Flores blancas. Se trata de una expresión del vulgo. Su verdadero
nombre es flueurs blanches, es decir, flujos blancos o leucorrea. D.A.F. 8ª ed. 1935.
Leucorrea, literalmente secreciones vaginales de color blanco. La expresión vulgar, les
fleurs o fleurs de femmes, significaba la menstruación. Nicot. Thresor de la langue fran-
çaise. 1606.
114 Pourpre. Púrpura. Clase de enfermedad que aparece en pequeñas manchas rojas
sobre la piel. D.A.F. 1ª ed. 1694.

106
CAPÍTULO IV

Elixir

Manera de preparar un verdadero menstruo con el espíritu del


Rey de los vegetales, homogéneo con el espíritu universal, para ex-
traer el azufre radical de los mixtos que componen el más perfecto
Elixir que se pueda tener.
Tomad doce libras de miel muy pura, la más reciente y la mejor,
no importa que sea blanca mientras sea natural, salvo que sea miel
Rey de Narbona, venida directamente de este lugar y en la estación.
Sobre estas doce libras de miel poned veinticuatro libras de agua
de río muy clara y reposada que habréis hecho tibiar. Para hacerlo
bien, tomad dos grandes vasos para poner seis libras de miel y doce
libras de agua en el uno y en el otro, es necesario que la mitad del
vaso quede vacío.
Cuando lo tengáis bien hecho, disolved la miel con el agua, mez-
clándola con una cuchara de madera, lo pondréis en vuestro matraz,
que cerraréis bien con un tapón de corcho, y varios dobles de vejiga
mojada por encima, después lo pondréis en una estufa a calor dulce
a fin de que la fermentación se haga como debe ser. Visitaréis todos
los días vuestro matraz, hasta que veáis elevarse glóbulos y que la
materia se agita, es signo de que la fermentación no ha acabado.
Cuando veáis aclararse la superficie y que no se producen más es-
puma ni movimientos, es signo de que la fermentación ha finalizado.
En esto que hay que tener cuidado, pues si la dejáis más de vein-
ticuatro horas después de que los espíritus se hayan tranquilizado,
vuestra materia agriará y no servirá para nada más que para hacer
un buen vinagre si la dejáis terminar de agriar.

107
Tras observar que no hay más movimiento, falta todavía una
marca de la perfección de la fermentación, que es que después de
haber abierto los vasos sentiréis un olor espiritual y vinoso.
Así las cosas en este estado, poned tres pintas de buen espíritu
de vino en cada matraz con el licor fermentado, mezcladlo todo y
dejad el matraz en la estufa durante veinticuatro horas, después des-
tilaréis por el alambique en el refrigerante a un fuego muy suave
con algunos pequeños carbones y un pequeño manojo de leña,
cuando el agua del refrigerante esté más que tibia, la quitaréis para
poner agua fresca. Retiraréis cuatro pintas y una chopine,115 de un
espíritu fuerte, homogéneo a nuestra naturaleza.
Podéis así destilar tanto como salga del espíritu aunque más
débil, pero cesad cuando no salga más que flema.
Cuando hayáis retirado las cuatro pintas y media, se ponen a
parte, y se evita mezclarlas con lo que destilaréis seguidamente para
no veros obligado a rectificar. Guardaréis también lo que habréis
destilado, que no es fuerte, para ponerlo en el alambique en otra
destilación para repasarla. El éxito depende de conducir la destila-
ción muy dulcemente, para que no suba nada de flema con el espí-
ritu en la primera destilación. Tendréis, si habéis operado bien, más
de diez pintas de buen espíritu, dotado de virtudes infinitas para la
salud, y un extractor muy filosófico de verdaderos azufres radicales
de los mixtos. Conservadlo preciosamente para el uso.

115 Chopine. Vaso que sirve ordinariamente para medir el vino y que contiene la mitad
de una pinta. D.A.F. 1ª ed. 1694. La pinta es de diferente valor según los países. La pinta
de París contiene 48 pulgadas cúbicas. D.A.F. 4ª ed. 1762. La pinta de París contiene un
poco menos de un litro. D.AF. 8ª ed. 1932. La pinta valía en París 0.93 litros. Gran
Enciclopedia Larousse.

108
He aquí las cosas que entran en la composición de este Elixir in-
comparable:
Media libra de canela muy suculenta y espiritual. Dos onzas y
media de clavos de especia116
Tres onzas de macis117
Una onza de moscada

Machacadlo todo bien, y por temor a que estas drogas118 no pier-


dan sus virtudes, ponedlas rápidamente en una botella de vidrio y
poned encima dos pintas y media de vuestro espíritu universal, ce-
rrad bien la botella con un tapón de corcho y de a tres dobleces de
vejiga mojada por encima, para que nada transpire, y poned la bo-
tella en una estufa a calor dulce, la removeréis todos los días, y
sobre el día quince conviene retirarla de la estufa para ponerla en
vuestro gabinete.

Preparación de las raíces, cortezas y granas de levante119

Dos onzas de acaride.120


Una onza y media de gran cardamomo.121
Dos onzas de grana de paraíso.122
Una onza y media de madera de áloe.123

116 Clou de girofle. Clase de especie que viene de las islas Molucas y que tiene la forma
de un clavo. Se la suele llamar sólo clavo. D.A.F. 4ª ed. 1762.
117 Corteza olorosa de la nuez moscada.
118 Drogue. Droga. Clase de mercancía que venden los especieros y que sirven princi-
palmente para la medicina. D.A.F. 1ª ed. 1694.
119 Levante u Oriente.
120 Acorus, acare, acarus, galé, Término de Botánica. Género de planta de la que hay
tres especies, las tres diferentes y muy aromáticas. D.A.F. 4ª ed. 1762.
121 Cardamone. Grana medicinal y muy aromática procedente de Arabia. Entra en la
composición de la triaca. D.A.F. 4ª ed. 1762.
122 Paradis. Especie de manzana injertada sobre un arbolillo silvestre. La manzana es
roja y se come en verano. D.A.F. 5ª ed. 1798.
123 Áloes. Árbol que crece en las Indias muy parecido a un olivo y cuya madera es muy
aromática y pesada. D.A.F. 1ª ed .1694.

109
Dos onzas de sándalo cetrino.124
Una onza y media de especie nardo.125
Dos onzas y media de cedoaria.126
Una onza y media de ruibarbo.127
Dos onzas de raíces de contrahierba.128
Una onza y media de costus129
Una onza y media de cubebas130
Poned sobre estos ingredientes una suficiente cantidad de espí-
ritu universal y extraed la tintura como acabo de explicar.

Preparación de las confecciones

Tomad cinco onzas de triaca de Venecia, de Roma o de Mont-


pellier,
Dos onzas de orvietan del Pont Neuf131
Dos onzas de buen mitridato132

124 Sandal. Sándalo une especie de corteza de madera que viene de las Indias. Nicot
T.L.F.1606.
125 Nard. Nardo. Especie de planta aromática. La lavanda es una especie de nardo.
D.A.F. 1ª ed. 1694.
126 Zedoaaire. Cedoaria. Planta que es una especie de jengibre. D.A.F. 4ª ed. 1762.
127 Rhapontic o rhubarbe des moines. Ruibarbo. Planta que crece en abundancia sobre
las montañas de los Alpes, Pirineos y el Auvergne, y que se cultiva en los jardines. D.A.F
4ª ed. 1762.
128 Contrayerva. Contrahierba. Planta que crece en el Perú. Su raíz es aromática. Se usa
en Medicina. D.A.F. 4ª ed. 1762.
129 Costus. Planta herbácea y vivaz que brota en las regiones tropicales, empleada antes
como aroma y perfume y que entraba en la composición de la triaca. KAPELER, CA-
VENTOU, Manuel pharm. et drog., t. 1, 1821, pp. 146-147.
130 Cubèbe. Cubeba. Árbol de las Indias, especie de pimentero. D.A.F. 8ª ed. 1932.
Planta trepadora cuya fruta es una baya negruzca y redondeada cuyas propiedades culina-
rias y medicinales son parecidas a la de la pimienta. (BOREL, Champavert, 1833, p. 42).
131 Orvietan. Especie de triaca, contraveneno. D.A.F. 1ª ed. 1694. También ha sido lla-
mada d'Orviète, ciudad de Italia, de donde era su descubridor. Jean-François Féraud.
Diccionario crítico de la lengua francesa. Marseille, Mossy 1787-1788.
132 Mithridate. Mitridato. Especie de triaca o antídoto que sirve de preservativo contra
los venenos D.A.F. 1ª ed. 1694.

110
Tres onzas de confección alquermes133
Cuatro onzas de confección de jacinto134

Mezcladlo todo con un poco de vuestro menstruo135 en una gran


botella y verted por encima dos pintas de vuestro menstruo o espí-
ritu universal, cerradla bien como las otras y ponedlas a la estufa
durante quince días, removiéndola todos los días, después ponedlas
al gabinete como las otras.

Preparación del azafrán oriental

Tomad tres onzas de azafrán que habréis desmenuzado bien fi-


namente con unas tijeras y ponedlas en una botella de vidrio con
una pinta y tres medios setiers (demi-setiers)136 de vuestro mens-
truo, cerradla bien y ponedla algunos días a cocer en la estufa, mez-
clándolo de tanto en tanto.
Se debe observar que las botellas y las vasijas deben siempre
tener un tercio de vacío para que los espíritus al circular no las rom-
pan y que la estufa no de más que una simple tibieza.

133 Alkermès. Palabra árabe. Confección hecha con jugo exprimido de quermes, el jugo
de manzana, de áloes, perlas, sándalo, canela, ámbar gris, almizcle, azur y hojas de oro.
D.A.F. 4ª ed. 1762.
134 Se llama confección de jacinto a una clase de electuario en la composición del cual
entran las piedras de jacinto con otros muchos ingredientes. D.A.F. 4ª Ed. 1762.
135 Menstruo. Cualquier licor que tiene fuerza para disolver otro cuerpo, por lo cual le
llaman en latín solvens. El Menstruo más puro de los acuosos es el Rocío destilado, por
contener en sí muchas partes salino sutiles que ha recibido en el aire. (Palestra
Pharmaceutica de Félix Palacios. 1706). Menstruo, de raíz latina mens, mente, alma, es-
píritu, mente divina y menstruus, menstrua, de cada mes, mensual, menstrua luna (mes
lunar). Nota del t.
136 Demi-setier. Pequeña medida de licores que contiene el cuarto de una pinta. D.A.F.
4ª ed. 1762.

111
Preparación de las cortezas de los limones y de las naranjas

Tomad tres docenas de grandes naranjas agrias, que tengan la


corteza bien roja y cuatro docenas de limones bien frescos, quitad
diestramente la corteza para poder conservar la esencia, después
cortad dichas cortezas en pequeños trozos en un plato de porcelana
bien limpio y ponedlos en una vasija de gres, y por encima otro
tanto de vuestro espíritu universal, hasta que sobrenade cuatro
dedos. Se necesita escoger las vasijas proporcionadas a las cosas
que se le quieren poner. Más destacamos que respecto de los limo-
nes, las hierbas, las flores y las raíces no es necesario dejarles el ter-
cio de vacío, que les es suficiente que las vasijas no estén del todo
llenas aunque el espíritu debe sobrenadar cuatro dedos. Después de
cerrar herméticamente las vasijas se las colocará en la estufa du-
rante quince días y después al gabinete.

Preparación de la Melisa, Betónica, flores y otros elixires simples,


que entran en el elixir.

Tomad la melisa en el tiempo en que está en flor, que es el tiempo


en el que las aromáticas simples están llenas de sus virtudes balsámi-
cas. Esta observación servirá de instrucción para todas las otras.
Limpiadlas y desmenuzadlas bien, quitad todas las hojas caídas,
secas y terrosas, después extendedlas sobre un gran lienzo en una
habitación y a la sombra, para hacerla secar durante dos días, remo-
viéndolas por la noche y por la mañana para que no se calienten.
Se debe tener el cuidado de recoger todos vuestros simples en el
creciente lunar y no en la luna vieja pues ellas tienen menos virtu-
des. Podéis ponerlas a infusión durante dos años si queréis, obser-
vando cumplir estas prevenciones en el tiempo y las estaciones en las
que el calor domina, pues el verano lluvioso no da nada de bueno.
Si no tenéis mucho de vuestro espíritu universal para hacer la in-
fusión de la totalidad de vuestros simples secados al fresco, los co-

112
locaréis dentro de sacos de papel gris para hacer infusiones cuando
os plazca.
Hechas las provisiones de betónica, se emplea la flor y las hojas
secadas de la manera anterior.
Poned dos, tres, cuatro libras de melisa, lo mismo para la betó-
nica, en dos vasijas diferentes. Tras haberlas desmenuzado con las
manos, ponedle por encima el menstruo, que ha de sobrenadar cua-
tro dedos, lo que se debe entender igualmente para todas las prepa-
raciones siguientes.
Dos libras de flores de pequeña salvia con sus hojas, como la de
la Provenza, o la del bajo Languedoc, es la mejor. Se necesita tam-
bién ponerla a secar a la sombra. Si procede de la Provenza o del
Languedoc viene seca.
De tres a cuatro libras de flores de lavanda sin la hoja. Estas flo-
res no quieren ser secadas, no más que las de romero, sino sólo des-
menuzadas. Es por lo que se necesita poner en infusión una buena
cantidad de estas dos especies de flores para tener todo el año, y se
ponen en diferentes vasijas, lo que es necesario porque ellas no vie-
nen en el mismo tiempo ni en la misma estación.
No hay dosis a observar para las flores y las hierbas, ni otra regla
que la que yo he mencionado sobre la cantidad de menstruo del que
se sirve para extraer la tintura. Se puede hacer infusión durante va-
rios años, lo que es mejor porque la infusión se fortifica sobre la
pulpa137 conservándose ella misma mientras las vasijas estén bien
tapadas con un lienzo y cera fundida por encima. Lo esencial es
tener mucho espíritu universal para hacer cantidades de infusiones
a la vez. Se hace tras sus mezclas como se prefiera.
Como las hierbas y las flores se inflan las primeras ocho horas
en la estufa, aunque se haya puesto espíritu universal de manera que
sobrenade cuatro dedos, se necesita destapar las vasijas y voltear las

137 Marc. Que hemos traducido por pulpa. Lo que queda de más grosero y más terres-
tre de cualquier fruto, hierba o cualquier otra cosa que se exprima para extraer su jugo.
D.A.F. 1ª ed. 1694.

113
hierbas de arriba abajo y de abajo a arriba y reponer otro tanto del
espíritu universal para que sobrenade nuevamente cuatro dedos, y
tapar bien las vasijas y al cabo de quince días las colocarás en el ga-
binete con las otras.
Pondréis la flor del corazoncillo con la de la pequeña centáurea.
Se desmenuzan flores y hojas. Poned dos partes de corazoncillo
contra una de la pequeña centáurea. No es necesario que ellas hayan
sido secadas del todo, porque las flores no tienen tanta flema como
las hierbas.
Tomaréis el hisopo, el laurel y la mejorana, en flores y tras ha-
berlas desmenuzado poned las flores y las hojas juntas en una vasija
en partes iguales y bastante espíritu universal hasta que sobrenade
cuatro dedos.
En otra vasija pondréis dos o tres libras de flores de amapola tras
haberlas dejado un poco marchitar en la sombra durante tres o cua-
tro días a fin de que no se calienten. Las pondréis en la vasija con
cuatro o cinco pintas de espíritu universal, porque estas flores tie-
nen mucha tintura, después disponedlas en la estufa.
Haréis lo mismo con las flores de lirio que se recogen en el mes
de mayo, poniendo el licor por encima a la eminencia de cuatro
dedos y las pondréis en la estufa. Colocaréis igualmente en una va-
sija flores rojas de peonía.
Es necesario disponer también de cantidad de claveles rojos de
los más aterciopelados, no hace falta cortarlos, pues pierden una
parte de sus virtudes, pero retirad la flor de la cápsula mientras están
frescas. Sólo la flor es la que pierde su azufre al secarse. Me equi-
voqué aquí. Así, es necesario ponerlas seguidamente en la vasija
con el espíritu universal en la forma acostumbrada, después a la es-
tufa.

114
Composición del elixir

Tomad partes iguales de cada infusión, o tintura arriba descrita,


mezcladlas y filtradlas, después poned la mezcla en una cucúrbita
observando dejar dos tercios vacíos.
Después de haber tapado con capitel ciego138 bien enlutado, ha-
réis circular el licor en un fuego conveniente durante seis días, des-
pués de los cuales lo verteréis en un buen y fuerte matraz de largo
cuello que cerraréis herméticamente y pondréis al baño de cenizas
a un fuego dulce, igual y continuo en el atanor para digerirlo du-
rante el espacio de un mes filosófico, y vuestro Elixir será hecho. Al
resto, cuando dejéis el licor más tiempo en el atanor, no se le cau-
sará ningún mal mientras que el grado del fuego sea siempre el
mismo.

138 Chapiteaux aveugles. Capiteles ciegos. Son los que no tienen pico o salida para el
paso de los vapores. D.A.F. 5ª ed. 1798.

115
CAPÍTULO V

Concerniente a la composición u oro potable de M. de


Grimaldy

(a)
Preparación de la tierra vitrólica o del imán astral

Tomad del buen vitriolo de Inglaterra, participante del hierro,


que pondréis en un gran vaso de madera de encina y verted por en-
cima seis partes de agua de lluvia destilada contra una de vitriolo,
dejad disolver el vitriolo y a la disolución hecha añadidle piedras
(guijarros)139 calcinadas, reducidas en polvo fino, en el mismo peso
que el de vuestro vitriolo, dejad a toda esta disolución digerir a un
calor muy dulce, como el de la estufa, durante el espacio de cua-
renta días. Durante esta digestión, dos clases de heces se separarán
de la materia, unas pesadas y terrestres, que se depositarán en el
fondo del vaso, las otras ligeras y sulfurosas que sobrenadarán en
forma de espuma. Se debe quitar esta espuma o mugre con una es-
pumadera de madera a medida que se va formando, y tras los cua-
renta días de digestión, verted muy dulcemente la disolución a
claro,140 en tarros de gres, rechazad como inútil todo lo que se
amasó en el fondo del vaso.

(a) En el tiempo en que la primera parte de esta obra ha sido impresa, el editor no estuvo
determinado a dar la preparación del imán astral, lo que le ha obligado a explicarse como
hace (en el discurso preliminar de la disertación física del editor), más ha cedido a las
amonestaciones que le han sido hechas y preferir ser más útil al público que hacer el ri-
dículo guardando el secreto.
139 Caillou. Guijarro. Especie de piedra pequeña, fuerte y dura, como las de los ríos.
D.A.F. 1ª ed. 1694.
140 A Claire. A claro Nombre así dado al afinamiento de las cenizas lavadas o de las cal-
cinadas que sirven para hacer las copelas. D.A.F.4ª ed. 1762.

117
Filtrad bien vuestra disolución y haced evaporar muy dulce-
mente hasta la desecación. Calcinad a un calor muy dulce vuestra
materia hasta la blancura, añadid entonces igual peso de un buen ré-
gulo de antimonio marcial reducido en polvo impalpable y otro
mismo peso de Nitro muy puro, bien seco, fijado por el azufre o por
el carbón y purificado por la disolución y la filtración. Mezclad
exactamente estas tres materias o polvos filtrándolos conjuntamente
y colocadlos en una buena y fuerte retorta. Dadle fuego por grados
para hacer enrojecer la blancura de la retorta que mantendréis así
durante cuatro horas. Se puede conservar el agua fuerte que pasa en
el recipiente o balón para cualquier otro uso, por ejemplo para redu-
cir vuestro oro en cal, como se dirá después. Dejad enfriar la retorta,
tomad la materia y dejadla en un lugar cubierto, permeable al aire y
sin nada de sol durante cinco días y cinco noches. Hacedla seguida-
mente disolver en agua de lluvia destilada, filtrad y evaporad, dese-
cad y calcinad como antes, habiendo añadido a la materia desecada
antes de la calcinación, la mitad del peso del mismo Nitro que em-
pleasteis en la operación precedente. Reiterad todavía otras cinco
veces de la misma manera, exponiendo la materia al aire tras cada
calcinación, de forma que en todo haya siete calcinaciones, prece-
didas de disolución, filtración, desecación y adición de Nitro. Se
puede observar que a cada calcinación disminuye el peso del Nitro,
por ejemplo, si a la primera calcinación has puesto diez libras de
Nitro y a la segunda cinco, no hará falta más que poner cuatro libras
a la tercera, tres a la cuarta, dos a la quinta, una a la sexta y ninguna
a la séptima.
Hechas estas siete calcinaciones y vuestra materia reducida a
polvo fino, tendréis vuestra tierra vitriólica debidamente preparada
e imantada.
Con vuestro imán así preparado, es necesario disponer de un ins-
trumento de hierro blanco como un embudo para llenar hasta su
mitad el imán arriba descrito y exponerlo al aire de la manera que
sigue.
Se necesita colocar y acomodar vuestro embudo de manera que
esté al abrigo de las inclemencias del tiempo y por consecuencia de

118
la lluvia en el tiempo de los equinoccios, colocando vuestro embudo
en la ventana del lado de levante, el cuello o tubo dentro de la ven-
tana, al que adaptaréis prudentemente un recipiente del que enluta-
reis sus junturas. Al cabo de un cierto tiempo, habrá más de dos pin-
tas de espíritu universal. Se necesita destilar este espíritu siete
veces, muy metódicamente prestando atención de retirar a cada des-
tilación el agua insípida. Cada vez quedará al fondo del vaso una
tierra inanimada que debe calcinarse con atención para extraer una
sal más blanca que la nieve, tan transparente como un cristal, ha-
biéndola hecho circular en un pelícano durante un mes con su pro-
pio espíritu, el disolvente será perfecto. Lo guardaréis en una bote-
lla de vidrio bien cerrada para haceros servir a necesidad. Es con
este disolvente que se hace el oro potable.
Tomad una onza de oro en cal, ponedla en una cucúrbita, haced
tres diferentes lociones con el agua o espíritu arriba citado y dejad
durante veinticuatro horas cada loción para que se lleve la acrimo-
nia que pudiera tener el oro a causa de su reducción a cal. Seguida-
mente verted estas lociones por inclinación y las desecháis como in-
útiles. Destilad la cuarta loción al baño de arena, de cenizas, o al
baño maría, a un fuego moderado y metódico. Saldrá en el reci-
piente un licor citrino, que se debe conservar preciosamente en una
botella de cristal. Es un excelente remedio que puede llamarse a
justo título, Medicina universal, nombre que le dio M. de Grimaldy.

119
CAPÍTULO VI

Que contiene las virtudes de todos los remedios más arriba


descritos, su uso y la manera de servirse de ellos.

Virtudes del purgativo

Sus virtudes y principales efectos consisten en fortalecer sobera-


namente la naturaleza. Sana también tan prontamente que se puede
razonablemente desearlo, por pocos recursos y posibilidades que se
tengan. La curación que procura es sólida y asegurada, particular-
mente para todas las enfermedades agudas con complicaciones o in-
flamaciones, como en las que hay veneno, como las fiebres malig-
nas, pestilenciales, sedimentos internos, bubones141 internos, flu-
xiones del pecho, resfriados violentos con fiebre y opresión, la vi-
ruela y el sarampión. Es infalible para las pleuresías, pulmonías,
amigdalitis, erisipelas, fiebres intermitentes y cuotidianas. Es infa-
lible contra la disentería, el flujo de sangre, la flojedad del vientre y
el tenesmo.142 Detiene las hemorragias, consolida y cicatriza las
venas rotas. Es un específico seguro contra el letargo y la apoplejía.
Sana el cólico, de cualquier naturaleza que sea, a saber, el cólico del
estómago, las graves indigestiones, cólicos flatulentos, biliosos y
nefríticos, el cólera y el miserere.143 Sana el cálculo y la retención
de orina. Es muy excelente contra la hidropesía,144 lo mismo para
141 Bubones. Tumores malignos que aparecen en ciertas partes del cuerpo. D.A.F. 1ª ed.
1694.
142 Tenesmo. Pujos (falsa necesidad de evacuación intestinal) muy dolorosos con de-
seos continuos y casi inútiles de evacuar. D.A.F. 4ª ed. 1762.
143 Miserere. Clase de cólico muy violento y muy peligroso, que provoca vómitos de
excrementos por la boca. D.A.F. 4ª ed. 1762.
144 Hidropesía. Inflamación causada en cualquier parte del cuerpo por las aguas que se
forman y que se derraman. D.A.F. 4ª ed. 1762.

121
la de matriz. Sana las pérdidas de sangre causadas por su gran coa-
gulación, rindiéndole la fluidez, restablece las reglas, corrige sus
irregularidades, las que no son un impedimento para tomarlo cuan-
do alguna necesidad lo requiere. Por lo mismo, sana las flores blan-
cas y fortalece los vasos espermáticos. Se da atrevidamente a las
mujeres encinta en el tiempo de su embarazo, antes y después del
parto, facilita mucho y previene todos los accidentes graves que lo
acompañan y le siguen. Remedia la esterilidad del uno y el otro
sexo cuando ella es causada por accidente. Fortalece los vasos.
Hace manifestar las enfermedades secretas145 cuando por ciertas
disposiciones del temperamento se conservan y habitan escondidas
durante muchos años, lo que es peligroso ya que los síntomas son
tardíos y las enfermedades se muestran obstinadas y a menudo in-
curables. Alivia a los asmáticos y a los tísicos y los cura mucho. Las
pulmoníacas reciben una gran mejoría y son también sanadas me-
diante el auxilio del aceite de vida. Si se pone remedio prontamente,
las enfermedades del estómago, la acidez, la ictericia, los colores
pálidos146 y las obstrucciones del hígado no se resisten jamás. Y las
personas de cualquier sexo sujetas a los vapores serán satisfe-
chas.147 Abre los postemas148 internos sin ningún accidente y los
hace vaciar por la vía más dulce y más natural, según las partes
donde estén, es decir en el pulmón, en el hígado, en los riñones, al
igual que en la matriz. Es también un poderoso vermífugo,149 que
tras haber matado los gusanos, como la solitaria, los evacua por la

145 Enfermedades secretas. También puede interpretarse como enfermedades venéreas,


que son fruto generalmente del libertinaje. D.A.F. 6ª ed. 1832.
146 Pâles couleurs, Colores pálidos. Una cierta enfermedad que aparece a veces en mu-
chachas o a las mujeres. Se llama así porque pone la faz pálida. DAF 4 Ed. 1762.
147 Se llama vapor en el cuerpo humano a los vapores que se elevan del estómago o del
bajo vientre hasta el cerebro. D.A.F. 1ª ed. 1694. También se les llama vapores a las afec-
ciones hipocondríacas e histéricas porque se las cree causadas por los humos que se ele-
van del estómago o del bajo vientre hacia el cerebro. Los Médicos lo atribuyen también
a los movimientos espasmódicos de los nervios. D.A.F. 4ª ed. 1762.
148 Abscés. Apostume. Postema. Montón de humores corrompidos que se hacen en
cualquier parte del cuerpo y que tienden a la supuración. DAF 1ª ed. 1694.
149 Vermífugo. Remedio propio para matar los gusanos engendrados en el cuerpo hu-
mano, o expulsarlos. D.A.F. 4ª ed. 1762.

122
vía más conveniente a la naturaleza. Resiste poderosamente el ve-
neno y sirve de contraveneno a las mordeduras de los animales rabio-
150
sos y venenosos, a la cicuta, al napelo y a todos los venenos coa-
151
gulantes. Sana los reumatismos vagos, dolores errantes, la mayor
parte de las migrañas, la fiebre lenta si no procede de la pérdida de
cualquier parte noble. Alivia las gotas, sana por lo mismo la gota na-
ciente. Las parálisis reciben mucha ayuda. Si la parálisis es reciente,
es segura su curación. El escorbuto, las herpes, los furúnculos y todas
las enfermedades de la piel que proceden de un vicio de la sangre ce-
derán a este remedio, no hay nada que purifique la sangre tan perfec-
tamente como él, retirando todas las acideces por las cualidades emi-
nentes que posee de fundir, evacuar, calmar y corregir.
Como este remedio no tiene nada de violento y como es la natu-
raleza la que lo determina, no se debe tener escrúpulos ni sobre el
tiempo a tomarlo ni sobre la dosis más o menos fuerte. En fin, de-
vuelve la naturaleza maestra, de todo lo que la oprime con tal que
exista posibilidad, es decir, que el húmedo radical no sea consumido
por las intemperancias, las frecuentes sangrías y los remedios vio-
lentos.

Dosis del purgativo

Para los niños de entre tres meses y un año de edad, se les dará
el cuarto de la toma. Desde el año y hasta los tres, el tercio. Desde
los seis hasta los nueve los dos tercios. De los nueve hasta la vejez
se dará la dosis entera. Se puede dar a los temperamentos más deli-
cados. Se prescriben estas dosis para reglarlas en general y en la
forma acostumbrada, pues se encuentran a veces personas difíciles
de curar, y a las que les es necesario dar una toma y media y hasta

150 Acónito. Planta venenosa.


151 Rhumatisme. Reumatismo. Enfermedad que causa dolor en los músculos, en las
membranas o en el periostio acompañada de la dificultad de movimientos. Hay reuma-
tismos que afectan a todo el cuerpo y otros a sólo una parte, como el reumatismo vago.
D.A.F. 5ª ed. 1798.

123
dos, sólo es necesario dosificar por grados y tras haber probado que
la dosis, que es de 40 granos, no ha hecho el efecto que se esperaba,
dejándolo todo a la prudencia del Médico.

De la forma en que sirve y del régimen que es necesario cumplir

La víspera se cena ligeramente sin comer nada crudo ni indi-


gesto. Una hora y media después se toman los dos tercios del Elixir
con la mitad del jarabe de capilares.152
Todo bien mezclado. Se llena una cucharada de café y se duerme
poco después.
Al día siguiente se toma por la mañana, en la cama esta medi-
cina, separada con una cucharada de jarabe de capilar o en tres cu-
charadas de caldo, de té, de café o en píldora que se hace con el ja-
rabe, o con manzana cocida que se envuelve seguidamente en un
pan à chanter153 (a cantar), teniendo cuidado de no perder nada de
la dosis. Pero de cualquier forma que se tome, se necesita tomar se-
guidamente una taza caldo y en su defecto una taza de té, de café,
de agua caliente con un poco de azúcar. Tres horas después, es ne-
cesario tomar un caldo. Si no se tiene fiebre, el enfermo se puede le-
vantar al mediodía. Si hace calor, conviene comer lo más ligero que
se pueda y cenar también ligero. Si se está alterado durante el día,
se tenga o no fiebre, no se necesita para beber, más que vino con
más o menos dos tercios de agua. Es conveniente estar en la habita-
ción todo el día, tenerla cálida y poner una toalla caliente sobre el
estómago y sobre el vientre cuando se haya tomado este remedio.
Es necesario tomar este purgativo de dos días, desde el primero

152 Capilares. Una cierta especie de hierba que tiene algún parecido con los cabellos,
D.A.F. 1ª ed. 1694. Término que se emplea en botánica al hablar de ciertas plantas como
el culantrillo, la doradilla etc. En la que sus hojas son muy finas. D.A.F. 4ª ed.1762.
153 Pain à chanter. Pan sin levadura que los sacerdotes consagran en la misa. D.A.F. 1ª
ed. 1694. Cortado en redondo, que lleva gravada la figura o símbolo de Jesucristo y que
los sacerdotes consagran en la misa. D.A.F. 4ª ed. 1762. Nombre dado vulgarmente a las
hostias. El pueblo lo llama pan encantado Diccionario crítico de la lengua francesa de
Jean François Féraud. Marseille Mossy (1787-1788).

124
hasta la curación, tanto para las enfermedades más serias como las
más débiles. Se debe excluir todo alimento sólido y no retirarse de
la cama por poca fiebre que se tenga o disposición a sudar, y parti-
cularmente en el invierno. Como suele ocurrir a menudo, este reme-
dio hace su efecto al día siguiente de haberlo tomado si se ha guar-
dado cama. Los caldos más convenientes a los enfermos que tomen
el purgativo se harán con buey, carnero, aves, sin ternera ni legum-
bres, la ternera es una comida indigesta que coagula la sangre y le
impide circular. Si aparece sueño tras haber tomado la medicina, se
puede dormir, sin temor a enturbiar sus efectos, al contrario, se
deben seguir los movimientos de la naturaleza que este remedio re-
gula perfectamente al cumplir todas sus indicaciones. Se trata sólo
de prestar atención a las crisis, sobre todo a la transpiración sensi-
ble que el frío pueda detener. No conviene comer todo lo que pueda
cargar al estómago y agriar la sangre. Al fin de la convalecencia se
puede comer sopa, caldo, asado y para el postre, compotas en pe-
queña cantidad, observando siempre cenar ligeramente y no beber
mucho vino y ponerle dos tercios de agua o al menos la mitad. De
no escuchar a ninguna pasión, de no hacer ejercicios violentos, ni
ningún exceso. Es bueno estar cálido en el invierno y en el verano
evitar el relente,154 pues este remedio, tras sus operaciones sensi-
bles, continua obrando durante algún tiempo mediante la transpira-
ción insensible, sin temer que el frío al cerrar los poros impida su
efecto, lo que podría causar una recaída o cualquier otro posterior
accidente molesto como el reumatismo, etc.
Conviene destacar que entre las diferentes enfermedades se en-
cuentran las que son absolutamente incurables, pero por poco que
reciban de refuerzo y mientras la naturaleza sea bastante fuerte para
ser restablecida mediante el socorro de un buen remedio, éste actúa
poco a poco. Inteligentemente fortalecerá la salud y la retornará a su
primer estado, más en un tal caso, conviene actuar denodadamente
y no olvidar el Elixir para conseguir lo que se propone. Bastará con
limitarse a tomar cinco o seis tomas del purgativo, es necesario,

154 Serein. Serena, ralente. Vapor frío y maligno que cae al esconderse el sol. D.A.F. 1ª
ed. 1694.

125
aunque se vean algunos cambios favorables, continuar la toma hasta
la curación.
Se advierte que aparecen casos extraordinarios en que las prime-
ras tomas de este remedio hacen siempre manifestar el mal, y en-
contrando ciertas disposiciones en un enfermo, lo vuelven en apa-
riencia más enfermo que no estaba antes, pero no hay más que con-
tinuar con el mismo remedio, se verá infaliblemente al enfermo ali-
viado y finalmente curado. La curación llega cuando los humores
acrimoniosos que estaban amasados en cantidad, y que permanecían
en la inacción por la carencia de la facultad expulsiva, son conmo-
vidos por este remedio y puestos en el movimiento conveniente
para ser evacuados y que se hacen sentir con más violencia gracias
a la fundición que este remedio hace. Entonces la naturaleza, por el
socorro que ella recibe, redobla sus esfuerzos para desembarazarse
de una causa muy peligrosa y a menudo mortal. Un Médico experi-
mentado siente el valor de este remedio en el caso que acabo de ex-
plicar, lo mismo sin ser Médico. El buen sentido y la razón, hacen
juzgar que para evacuar los humores, es necesario ponerlos en mo-
vimiento y que los humores de una malvada naturaleza y cualidad
no pueden ser movidos sin hacerse sentir, no siendo absolutamente
posible a ningún remedio corregirlos del todo, a causa de su canti-
dad y del poco tiempo que la naturaleza da a la evacuación. Se debe
asegurar al enfermo su curación, previniéndole de cualquier acci-
dente mortal.
Se prestará también atención a algunas circunstancias particula-
res de este régimen concernientes a la viruela. Al principio de esta
enfermedad, se dará en la mañana y durante tres días seguidos, una
toma del purgativo, y durante el día, dos o tres tomas del Elixir, más
o menos, según la necesidad y los desfallecimientos que el enfermo
pueda tener. Al día siguiente de las tres tomas, se darán, de buena
mañana, diez gotas del aceite de vida, dos horas después un caldo,
por la noche, sobre las diez, una toma o dos del Elixir. Se continuará
así durante nueve días y finalmente, estando convaleciente, se to-
marán todavía dos o tres tomas del purgativo a intervalos de un día,
según la proporción de la edad. Se destaca también que los enfer-
mos que hayan producido un postema, los que hayan sido curados

126
de cálculos y de la retención de orina, quedan obligados a tomar aún
durante cinco a seis meses, de quince en quince días, una o dos
tomas de purgativo. Mediante este medio, se podrá asegurar que se
ha destruido enteramente la causa de estas enfermedades, de haber
corregido las faltas del temperamento y de haber reestablecido per-
fectamente las digestiones.

Efecto del purgativo

Este remedio actúa diferentemente según los diferentes estados


del enfermo y según la exigencia de la naturaleza, algunas veces,
más raramente, por la vía superior, pero casi siempre por la inferior,
más o menos, según la cantidad o cualidad de los humores. A me-
nudo por los orines, los sudores, los esputos y por la insensible
transpiración. Sus efectos son ordinariamente rápidos aunque muy
dulces, Así, procura infaliblemente la curación, siempre que el en-
fermo no sea incurable, por su edad muy avanzada, por la gran de-
bilidad de su complexión, o por la falta de sus principales vísceras.
Entonces, no hay remedio, por muy soberano que pueda ser, capaz
de restablecer la naturaleza absolutamente destruida, pues final-
mente, lo repito, se necesita la posibilidad. Es necesario usar el pur-
gativo en lugar de cualquier otra medicina, tomando aguas minera-
les. No hay nada en el mundo que convenga mejor para hacerlas
pasar, participa eficazmente en la curación de los que lo toman.

Elixir

Sus virtudes y su uso

Es un poderoso corroborativo155 y el más soberano de todos los


cordiales. Es muy agradable al gusto, y al olfato. Recrea a los espí-

155 Corroboratif. Corroborativo. Roborativo. Que tiene la virtud de fortalecer. D.A.F. 4ª


ed. 1762.

127
ritus, fortalece el cerebro y el corazón y los preserva de los vapores
contagiosos. Ayuda a la naturaleza en todas sus evacuaciones. Hace
progresos en todos los accidentes más graves, como en los ataques
de apoplejía, parálisis, letargo, desvanecimientos, etc. Pero en estas
ocasiones se necesita recurrir al purgativo desde el principio en que
se tenga conocimiento. Es propio a los estómagos perezosos y a las
indigestiones. Se ha de continuar tomándolo hasta que el enfermo
esté un poco reestablecido, proporcionando siempre el intervalo de
una toma a la otra, según el caso y las necesidades según como se
encuentre. Secunda maravillosamente al purgativo, sobre todo
cuando hay veneno y es necesario excitar los sudores y las crisis, y
cuando los malvados humores, agitados y dispuestos a evacuarse
causan desfallecimientos en los enfermos y a veces incluso movi-
mientos convulsivos. Es principalmente en este momento cuando
hay que darlo, mezclado sólo con un tercio o un cuarto de jarabe de
capilares, y si el desfallecimiento continua o vuelve, se necesita
siempre disponer del recurso del Elixir hasta que el enfermo sea re-
puesto. Más según lo establecido, se debe dar durante el día, y al día
siguiente de la toma del purgativo, a dos horas de distancia entre los
caldos. Se tomarán dos tomas por día o más si es necesario, es decir,
una cucharada de café cada vez.
Es bueno tener una pequeña botella donde haya partes iguales de
Elixir y de buen jarabe de capilares, que se deberá agitar bastante
para que se mezclen bien. Se toma una cucharada de café llena de
esta mezcla cada vez, más se recalca que en los ataques de apople-
jía, letargo y desvanecimientos, se necesita dar al principio el Elixir
todo puro, sin jarabe, y llegar hasta las tres o cuatro tomas, o peque-
ñas cucharadas en una hora si fuera necesario. Es por lo que es
bueno tenerlo siempre de las dos formas.

128
Aceite de vida

Sus virtudes y sus usos

Este aceite de vida, como el Elixir, secunda al purgativo, princi-


palmente en las fiebres malignas, la viruela, el sarampión, y gene-
ralmente en todas las enfermedades que necesitan excitar los sudo-
res y los orines. Es un gran específico para las pleuresías y las amig-
dalitis si se ponen hasta 20 gotas de este aceite sobre el purgativo,
en la cuchara, después de haberlo separado con el jarabe de capila-
res, o bien, si se prefiere, se hará una pasta del purgativo con las 20
gotas de aceite de vida, que se envolverá en un pan à chanter (hos-
tia), y un caldo por encima. Se frotará bien la garganta, cálidamente,
este aceite en las amígdalas, y al costado en las pleuresías, poniendo
un pañuelo bien caliente alrededor de la garganta, y una toalla bien
caliente en las pleuresías y sobre el vientre en los cólicos y se con-
tinuará dando quince gotas durante la noche y mañana en días inter-
calados.
Es cordial, pectoral y cefálico. Es muy propio para los letargos
y parálisis, al escorbuto, a los vértigos y el furor. Excita las reglas,
las modera cuando son muy abundantes, apacigua los vapores his-
téricos. Es eficaz y soberano en los partos difíciles y en los acciden-
tes más graves de las nuevas parturientas, como ciertas supresio-
nes,156 cólicos violentos, vapores, movimientos convulsivos.
Limpia perfectamente los riñones y la vejiga de humores viscosos y
de cálculos que se forman por las impurezas de la sangre y fortifica
los vasos. Es muy vulneraria y sana todos los accidentes de caídas,
golpes, contragolpes, resuelve y evacua toda la sangre extravasada.
Es bueno para las enfermedades venéreas, muy buena en las epilép-
ticas si se toma en el inicio del paroxismo157 y en todos los declines

156 Supresiones. En términos de Medicina se dice de la falta de evacuación de cualquier


humor. D.A.F. 4ªed. 1762.
157 Paroxismo. Exacerbación o acceso violento de una enfermedad.

129
lunares. Es también un vermífugo muy seguro. La dosis es de más
de 12 gotas y hasta 20 para las personas mayores, y para los niños
de más de tres años hasta seis gotas. Se calientan tres cucharadas de
buen vinagre en el que se hace fundir azúcar del grosor de una pe-
queña nuez. Se pone en una cucharada de este vinagre cálido y azu-
carado, la dosis prescrita de aceite que se toma desde el principio y
por encima el resto del vinagre cálido y azucarado. Se toma según
lo establecido una o dos veces al día, noche y día. Conviene desta-
car no dar este aceite a las mujeres embarazadas excepto en el
tiempo de su alumbramiento en el que es un gran socorro si se dan
20 o 25 gotas en un vino cálido y azucarado, en lugar del vinagre,
cuando aparecen los dolores del parto. Ayuda también cuando los
dolores son muy lentos. Es también muy bueno tras el parto, cuando
las pérdidas deben evacuarse.
No es necesario darlo a las mujeres sujetas a los vapores, a los
males de madre158 porque los ácidos les son contrarios, más se le
dará en un vino caliente y azucarado, al igual que con el vinagre. No
es necesario hacer hervir el vinagre ni el vino con el dicho aceite.
Este aceite de vida actúa en las enfermedades contagiosas que
hemos designado, de las que se sirve exteriormente. Para este efecto
se necesita calentar un poco en una cuchara y frotar la región del co-
razón, el ombligo y las muñecas. Se empapa en un poco de algodón
que se introduce en la nariz y en las pleuresías se frota a menudo el
costado.

Oro potable

Sus virtudes y sus usos

El oro potable es una maravillosa mezcla de partes de ciertos


cuerpos de los más balsámicos, cargados del azufre del oro, disuel-

158 Enfermedades relacionadas con la matriz. D.A.F. 1ª ed. 1694.

130
tos radicalmente, al menos tanto como puede serlo por el arte, sin la
mezcla de ninguna cosa corrosiva. Este último remedio sirve para
sostener y reanimar soberanamente a los enfermos lánguidos, sobre
todo los que están debilitados por la duración o el rigor de las en-
fermedades. Avanza y asegura aún más el éxito del purgativo, y al
fortalecer la evacuación restituye en el mismo tiempo todas las fuer-
zas del enfermo y le procura de nuevas. Se mezcla la pequeña bote-
lla con seis veces de otro tanto de jarabe de capilares. Se llena una
pequeña cuchara de café con la dosis de esta mezcla. Se le toma en
los mismos casos que en el Elixir y antes de tomarlo es necesario
siempre, agitar bien la botella.
Estos cinco remedios contienen las propiedades necesarias para
llenar los vacíos de la naturaleza que por el socorro que recibe com-
bate y vence a las enfermedades más rebeldes. Son inalterables y no
pierden nunca nada de sus virtudes en cualquier lugar donde se las
contenga y durante cualquier tiempo que se las guarde. Convienen a
todas las edades y a todos los temperamentos. Se los puede tomar en
cualquier momento y en el mismo instante del primer ataque del mal.
Debe destacarse que estos remedios deben ser empleados solos,
que no deben mezclarse con ningún otro remedio, y que no es más
que a esta condición que se aseguran sus buenos efectos.

Fin

131
Discurso hermético

Sobre la materia y sobre el disolvente

El autor del “espectáculo de la Naturaleza”, en su discurso sobre


la materia primera, y de su “Historia de la Física Sistemática”, tras
referir sucintamente los sentimientos de Epicuro, de Demócrito, de
Aristóteles, de Gassendi, de Descartes, de Newton y otros, muy
comprometido él mismo en tomar parte, conviene no obstante, por
los hechos, ha demostrar, tanto más, la certitud de nuestro sistema.
No le debemos las confesiones que se le escapan, más que a la
fuerza de la verdad, pues él no cesa de irritarse contra la Alquimia, lan-
zando dardos satíricos contra esta ciencia de la que no entiende nada.
Tiene por otra parte, un número tan grande de bellos conoci-
mientos, que se debe creer resarcido por lo que ignora y le confunde.
Se podrá fácilmente perdonarle sus diversas negligencias donde
está equivocado, pues aunque no entiende nada sobre lo que habla
de los minerales, de los metales, de las aguas fuertes y de la disolu-
ción de la plata, es sorprendente que en ciertos lugares de su dis-
curso, dice la verdad sin saberlo. Dice que: “los Alquimistas son ad-
mirables en buscar el análisis del oro y de reducirlo en sus princi-
pios para llegar justo hasta la materia primera”. ¿No es admirable
hacerse esta bella reflexión?. “El querría, dice, analizar las flores en
el horno de los Químicos, en la esperanza de encontrar en la última
descomposición, una flor en el fondo del recipiente (Espect. Nat.
Ent. VIII. pág 550. T. IV).
Nos es posible ver, sin caer en error, a un gran hombre: El autor
del “Espectáculo de la Naturaleza” lo dice todo, se refiere a los
efectos sorprendentes y casi milagrosos de la palingenesia.

133
Tengo por este autor una tan tierna estima, que me daría pena
mostrar en detalle todas las equivocaciones donde ha caído. Al con-
trario, se le debe del todo excusar. En efecto, ¿es posible que todas
las artes y la ciencias estén encerradas en una sola cabeza? No. En
la gran obra que este Autor ha emprendido con tanto éxito, se ha
servido en alguna ocasión de bienes de otro (lo que raramente pros-
pera). Ha fallado al aceptar ciertas decisiones, experiencias imagi-
narias y dar por hechas determinadas suposiciones. Se ha equivo-
cado. Que le sea suficiente pues, mejorar a los que le han precedido,
pues encallaron por haberse confundido.
Veamos pues, antes de entrar en materia y de exponer nuestras
razones, de que forma concierta su razonamiento. Para hacerlo de
una manera que no pase por sospechosa, nos serviremos de sus pro-
pios términos: “Los Alquimistas, para ponerse en el estado de hacer
oro y de preparar el restaurador que impide morir o al menos que
debe alargar mucho la vida, han debido estudiar el fondo de la
Naturaleza. Han creído encontrar en este fondo, la sal, el azufre y el
mercurio, con diversos otros ingredientes, sobre los que no se ponen
de acuerdo. Están en la verdad. Ellos son los tres elementos inme-
diatos de los metales y de todos los cuerpos, pero además, existe re-
almente una materia primera que toma toda suerte de formas, como
todos los sabios de Egipto, de Grecia y todos los Filósofos de todas
las edades aseguran. Tanto es así que sólo trabajan con esta materia
primera, que se les presenta bajo diferentes formas pero que es cier-
tamente lo que necesitan para obtener el oro de las pedrerías y el eli-
xir vivificante” (Ibid. Pag. 544). Continuemos oyendo hablar a su
alumno. “Hasta aquí, Señor, veis una anuencia perfecta entre todas
estas sectas de Filósofos sobre el principal punto. Convienen todos,
aunque bajo diferentes términos, en la existencia de un caos de ma-
terias primeras y de parcelas innumerables que no son ni oro, ni
plata, ni sal, ni germen, ni fruto, ni cualquier otra cosa determinada,
pero que servirán para componer su mezcla en la que todo se puede
resolver en último lugar. La única diferencia que encuentro entre
ellos sobre este punto, es que los Alquimistas son mucho más sen-
satos que los otros y hacen un mejor uso de la sabiduría. Los

134
Aristotélicos y los Corpusculistas159 están siempre dispuestos a de-
gollarse al tratar sobre lo lleno o lo vacío, sobre la materia y sobre
la forma, sobre los principios de los cuerpos y en último término
sobre las descomposiciones, más todo ello sin fruto“ (Ibid).
Tales razonamientos tienen necesidad de glosa, de comentarios
y aunque no tenemos el derecho de decir que se engaña gratuita-
mente, a lo menos, todas las diferentes sectas de Filósofos están en
desacuerdo, en furor los unos contra los otros, excepto los alquimis-
tas, que están tranquilos, de acuerdo entre ellos, la paz, esta fiel
compañera de la verdad reina entre ellos. No querría él decir que
son lo únicos que tienen razón y por consecuencia los únicos verda-
deros filósofos. Así es. Porqué lanzarse contra ellos con tanta cólera
y vehemencia, tanta sátira e ironía y no reconocer a contrario que la
ciencia hermética es verdadera. Que si no se ha podido llegar a co-
nocerla, no es por falta de la ciencia, sino nuestra, pues no hemos ni
meditado bastante, ni trabajado lo suficiente, en una palabra, que no
hemos sido suficientemente dignos y seguramente nos hemos extra-
viado del recto camino, irritándonos a trochemoche contra esta di-
vina ciencia.
Ahí está, sin duda, suficientemente para servir de respuesta pre-
liminar al excelente Autor del “Espectáculo de la Naturaleza”.
Tratemos preferentemente de exponerle las cosas que puedan con-
vencerle, que es con razón que nosotros tenemos una opinión con-
traria sobre este motivo, le haremos más adelante algunas conside-
raciones.
Para saber de qué materia los Filósofos antiguos se servían para
la confección de su piedra (filosofal. N. del t.), es necesario cono-
cer la naturaleza en general y en particular, y saber como trabaja, sin
ello no se puede conseguir el objetivo que se propone.
Más para entender bien lo que es la naturaleza en general y en
particular se necesita saber: 1º Que nada se mueve en este mundo si

159 Corpusculista. Filósofo que sigue la teoría corpuscular, sistema en el cual se expli-
can los fenómenos por el movimiento, el reposo y la posición de corpúsculos átomos o
cualquiera de las partículas del mismo (Gran Enciclopedia Larousse).

135
no es por ella. 2º que es un espíritu invisible, escondido en todos los
cuerpos, sea en la materia universal, sea en cada materia de los tres
reinos. 3º Que los elementos son la materia primera de la que todas
las cosas del mundo han sido hechas, y que es este espíritu el que
hace mover todos los cuerpos, si bien es universal en la universali-
dad y especificado en cada cosa determinada, es la semilla, es el
alma del mundo en la que los cuatro elementos, o la materia deter-
minada le sirven de vaso. Es esta preciosa materia, a la que los
Filósofos han dado tantos nombres. Unos la llaman su mercurio,
otros espíritu o la quintaesencia, otros agente universal, única natu-
raleza, fuego natural, naturaleza celeste, espíritu de vida, luz, virtud
intrínseca, gran tesoro, influencia de los cielos.
Será ahora fácil comprender por lo dicho, lo que es la materia y
la forma. Que por ejemplo, en el animal, lo que se ve, no es verda-
deramente el animal, sino sus acciones generativas. Ella (la natura-
leza), nos muestra como trabaja, comienza por la putrefacción para
la conservación de la especie y seguidamente todo su cuidado con-
siste en cocer y digerir la materia hasta su perfección, la que Dios
ha limitado a la madurez de la semilla multiplicativa y perfecta, y
donde la naturaleza ha acabado su obra, como el reino mineral en el
oro, pues los otros metales han acabado demasiado pronto su circu-
lación, no han finalizado el camino que debían seguir según la in-
tención de la naturaleza. El reino vegetal en el grano de trigo ma-
duro, y en el animal, en el hombre en edad viril.
Más es necesario observar que todas las cosas del mundo son en-
gendradas por el macho y la hembra, que los minerales aún no
siendo sembrados, están hechos de un mercurio o agua mineral en
potencia, y contienen un cuerpo, alma y espíritu, es decir, los tres
principios que son un medio, entre los elementos y la potencia me-
tálica, y donde la humedad y el frescor del agua dominante es la
hembra. A contrario, el calor, la sequedad del fuego, o azufre domi-
nante es el macho. Esta materia, siendo hermafrodita, se determina
por cocciones y deviene esperma, que es el principio. Entonces lo
que está en la superficie va al centro, y lo que está en el centro, va
a la superficie, así se forma el metal, lo que es el fin.

136
Esta primera humedad radical es el árbol. La esperanza es la flor
y el metal el fruto. Toda la diferencia existente desde el comienzo al
fin, no es otra cosa que crudeza, determinación y madurez. Es decir,
que la potencia, mediante la decocción, deviene en acto y no es más
que una misma naturaleza y una misma cosa. En los vegetales el
grano de trigo es el macho y el agua le sirve de hembra. En los ani-
males, la experiencia nos hace conocer cuáles son (el macho y la
hembra. N. del t.).
Se podrá objetar que hay animales que se engendran en las casas
y otros lugares, sin macho ni hembra. A ello es fácil responder que
el aire que contienen todas las cosas en potencia, al condensarse y
mezclarse con cualquier materia que le sirve de fermento o de ger-
men pudre con el calor a esta materia húmeda y mediante ello se en-
gendran diversas clases de piojos, insectos. La materia sirve de
hembra y el aire cálido de macho.
Diré también, que los minerales y los vegetales tienen igual-
mente dos formas de obrar en su generación y que los animales tie-
nen tres.
El primer reino y el segundo obran mediante la circulación y la
vegetación, es por lo que ellos tienen la esencia y el crecimiento.
Los animales tienen tres: la circulación, la vegetación y la sensitivi-
dad. La circulación es para la cocción, la vegetación es para la nu-
trición y la sensitividad es para los animales, los que tienen el fuego
más desprendido de la materia y donde domina más que a los otros
dos reinos. En los minerales la calidad de la tierra sobrepasa a los
otros, en los vegetales es el agua, en los animales es el aire para los
más groseros y el fuego en los superiores, que son los hombres. Hay
lugar a creer, que después de haber hablado de la naturaleza sin ro-
deos ni enigmas, es fácil conocerla y se entenderá fácilmente este
discurso.
Se debe estar persuadido también de que los cuatro elementos
son un vasto océano de donde surgen muchos arroyos, ríos, de los
que todas las cosas del mundo han sido hechas. Es así que está
dicho: “El origen de todas las cosas procede de esta fuente y nada
nace en este mundo que no proceda de esta fuente universal” (El

137
Cosmopolita). Los minerales se forman por la intervención de los
tres principios y por la acción que los elementos tienen los unos
sobre los otros. He aquí como se engendran. Este espíritu universal,
siendo excitado por el calor que le es interno, hace mover el ele-
mento fuego que de su naturaleza obra sobre el aire. Mediante ello
se engendra el azufre. El aire actuando sobre el agua engendra al
mercurio. El agua actuando sobre la tierra, engendra la sal, estos son
los tres principios, los que después engendran el esperma o materia
primera de los metales, pues los metales y todos los otros reinos tie-
nen por materia primera a los cuatro elementos y los tres principios.
Los cuatro elementos son la materia alejada, mientras que los tres
principios forman la materia próxima. Más es necesario entender
que ellos son sólo la primera materia de las primeras materias. El
agua simple que contienen los cuatro elementos y los tres princi-
pios, sal, azufre y mercurio son el mercurio de los mercurios.
También es necesario saber que las cuatro cualidades elementales
son alteradas y que han salido del estado de su simple conmistión
(mezcla. N. del t.), desde entonces son los tres principios universa-
les, y por consecuencia ya no pueden ser llamados elementos sino
substancias elementadas o principios generales formados por la na-
turaleza para entrar en los tres reinos. Más el agua está rarificada,160
pues está desembarazada de cuerpos externos a su naturaleza, pues
ella es simple, próxima al estado de su creación y cuando se con-
vierte en aire, comienza a entrar en el abismo de la nada de donde
surgió.
En esta rarificación del agua, los cuatro elementos, o para expli-
car mejor este sistema, las cuatro primeras cualidades que contiene,
se encuentran confundidas en su estado inicial de reposo, así, dada
su creación en la humedad, debe ser llamado húmedo radical,
puesto que es la raíz de todas las humedades y el mercurio de los
mercurios en el que la naturaleza comienza a moverse, a vivificarse.

160 Rarificar. Término didáctico, del que se sirve para señalar lo que llega a un cuerpo,
cuando por la dilatación viene a ocupar más espacio del que ocupaba antes. Se opone a
condensar. El calor enrarece el aire. D.A.F. 4ª ed. 1762. Aumentar considerablemente el
volumen de un cuerpo sin aumentar ni su propia materia ni su peso. D.A.F. 6ª ed. 1832.

138
Es por este húmedo radical que todas las partes esenciales de
todos los mercurios y de todas las cosas que son de este mundo son
hechas. Esta materia hace desarrollarse y nutre a todo lo que tiene
necesidad de crecimiento y alimento.
Respecto a esta primera parte general, digo osadamente que no
hago ninguna diferencia entre todas las aguas que vemos en la na-
turaleza por lo que respecta a esta materia.
Todas las aguas de los pozos, ríos, fuentes, estanques, de la llu-
via y del rocío son una misma materia. A fin de que se nos entienda
mejor, es necesario considerarlas a todas como un cuerpo homogé-
neo, y como el menstruo que la naturaleza tiene en diferentes reser-
vorios para servirse a necesidad. Sin embargo, el rocío es preferible
a toda otra agua en el trabajo, por su simplicidad, por su pureza y
porque está impregnada más particularmente y como embarazada
de virtudes astrales y de influencias celestes. Si se encuentran en
estas aguas o tres principios, algunos espíritus ácidos, o inflamables
o cualquier otra sustancia, eso no es simplemente agua o tres prin-
cipios de la naturaleza de los Filósofos, sino más bien una materia
determinada que se engendra de esta doble materia por acción de los
cuatro primeros que ella contiene, o bien no es más que una agua
condenada que no es más que excremento, pues todo lo que se en-
cuentra diferente del agua simple o de los tres principios es una cosa
especificada que está en la universalidad indeterminada, que los
Filósofos consideran, pues repasan, se remontan hasta la naturaleza
general que se place al cambio y que se deleita más en destruir que
a componer, pues tras haber contribuido a la generación y a la com-
posición de todos los individuos, ella trabaja sobre sí misma, sobre
su propia corrupción para retornarla a su seno, aunque cada forma
particular resiste a la corrupción de su compuesto y se sostiene hasta
lo que le es posible. Más todos los cuerpos elementales están suje-
tos ha esta vicisitud, son como un arroyo que retorna a su vasto océ-
ano, excepto el oro, que es el único incorruptible por la vía natural
sin la ayuda del arte.
Así, con el tiempo, todas las cosas elementales, tras la corrup-
ción, destrucción de su forma, se convierten en vapores o en aire,

139
que después se condensan en agua, para nuevamente entrar en una
nueva generación.
Es necesario prestar gran atención a esto. Fuera de estos princi-
pios no existe razonamiento sólido. He aquí, para hacerme entender
mejor, como se explica Gebert:
“El que ignora los principios naturales de la Filosofía está bien
alejado del conocimiento de nuestro arte, no está sobre la verdadera
fuente sobre la que fundar su juicio y apoyar sus sentimientos”
(Gebert).
Toda la Filosofía consiste en el perfecto conocimiento de esta
doble raíz o fuente de los elementos, en este espejo donde se ve toda
la naturaleza al descubierto.
”El agua me parece visiblemente un espejo en el que considero
se descubre toda la naturaleza” (Cosmopolita). Me parece que lo ex-
puesto debe ser suficiente para conocer que el agua simple tiene los
tres principios de todas las cosas y que es una materia homogénea,
es decir, que toda ella no tiene partes desemejantes.
Que contiene los tres otros elementos inseparablemente, que no
debe tener otras cualidades como la de ser fría y húmeda, que son
propiamente las del centro y que los tres principios son la quintae-
sencia. Ahora, no existe otra cosa a considerar que la materia del
agua que es verdaderamente el esperma del mundo, pero que nos
sería inútil si no contuviera una semilla general y universal.
“Un espíritu sutil y penetrante permite descubrir muchos mila-
gros de la naturaleza en el elemento agua, como en la semilla, más
es necesario considerar esta semilla en el sujeto imaginado, como
una semilla que recibe las fuerzas por influencia de los astros”
(Cosmopolita).
Es decir, una semilla de los astros con una cierta fuerza y virtud.
Dije que todas las aguas de aquí abajo, como la de los diferen-
tes reservorios y las que vienen del cielo, son una misma materia y
el menstruo del mundo, sin embargo existe una diferencia, no sólo
en que son más sutiles y más desprendidas de sustancias particula-

140
res especificadas que las otras, más todavía, pues ellas han recibido
mediante su rarefacción las influencias celestes en más o menos.
Esta virtud astral que da la vida a todas las cosas, produce principal-
mente la diferencia de las aguas, pues la mayor parte de las que per-
manecen aquí abajo son aguas muertas respecto de las que están
arriba, las rarificadas por la naturaleza y que descienden del cielo.
“El cielo y las estrellas influencian una virtud formativa, porque
el cielo es el principio motor que hace obrar a toda la naturaleza.
Cuando la lluvia cae del cielo, recibe del aire esta fuerza de vida
para comunicarla” (Ramon Llull).
Las aguas que vienen del cielo, habiendo recibido alguna virtud,
son las más excelentes para sacarles provecho.
Las lluvias están engendradas de vapores groseros, más el agua
celeste nace de un vapor sutil, elevado en un tiempo sereno, sin vio-
lencia, por los rayos del sol durante una estación atemperada, para
ser reducida y convertida en aire por la providencia de la naturaleza
a fin de que siendo desprendida de todas las cualidades extrañas que
pueda haber contraído aquí abajo, sea capaz de recibir sin contrarie-
dad en esta rarefacción todas las virtudes astrales, principalmente
las del sol, fuente de vida, que hace verter en su mayor profundidad
sus divinas influencias, después por la noche, débilmente conden-
sada por el frescor de la luna, desciende insensiblemente al igual
que lo hizo al subir, en fin, se concentra en sí misma, se presenta a
nuestros ojos impregnada de esta virtud astral, invisible, que es el
alma del mundo y del espíritu universal, pues el sol es el padre y la
luna la madre y el aire lo lleva en su vientre.
Digamos que el agua es la materia y este espíritu invisible es la
forma.
“O naturaleza, poder creativo de todas las naturalezas, engen-
drada en una nube oscura y nacida por la luz, es la madre de todo”
(Trismegisto).
Es necesario remarcar que sólo pertenece a Dios o a la natura-
leza el acto de crear.

141
“Quia Deus in natura, natura in Deo est, porque Dios está en la
naturaleza y la naturaleza en Dios”, y al Filósofo le corresponde
producir. Es por lo que no se puede, mediante los elementos o su
quintaesencia crear un hombre o un árbol, más le es fácil al Filósofo
multiplicar la semilla de los metales. Respecto a los dos primeros,
la experiencia lo prueba. En cuanto al mineral, se puede hacer lo ex-
puesto cuando se conoce perfectamente su naturaleza. Es decir, se
puede hacer mediante su propia sal, azufre y mercurio.
Es necesario también creer que Dios ha creado a los animales, a
los vegetales y a los minerales mediante esta primera materia uni-
versal que contiene los cuatro elementos, y que él ha formado, en-
tregado y colocado en cada cosa especificada una semilla particular,
a fin de que todas las cosas puedan producir su semejante, multipli-
car y extender su especie cada una en la suya.
Este divino poder ha hecho todas las cosas diferentes en su
forma, pues es continuo, si no lo fuera, de una cosa no se podría
hacer otra y Dios lo ha hecho con el objeto de que cada cosa engen-
dre a su semejante.
Y si la intención del Filósofo es la de hacer oro, debe buscarlo
en el reino mineral y tomar como base el mismo oro, porque cada
cosa engendra a su semejante y porque él es el único de los metales
que es perfecto y por esta cualidad, llena de semilla multiplicativa,
es por lo que es el oro vivo, azufre, alma o forma metálica. De otra
forma no sería perfecto, lo que no se puede negar, puesto que es la
más noble criatura que se ha hecho en el mundo, sin compararla con
el alma racional que viene de lo más alto. Se necesita preferente-
mente conocer cual es su semilla y su disolvente, a fin de unirlos in-
separablemente en un amor de madre y de hijos, es decir, mediante
una disolución natural y radical se despierta este alma o esta semi-
lla que está adormecida en este cuerpo seco y compacto, donde no
puede moverse sin humedad, estando como embrutecida en su
cuerpo. Es lo que se llama por los Filósofos, reincrudar, reducir (se
refiere a retornar o retrogadar. N. de t.), el cuerpo a su primera ma-
teria, a fin de poder regenerar este cuerpo seco por una nueva adi-
ción de su parte húmeda, de la cual humedad y sequedad que sepa-

142
radamente son dos cosas, al unirse mediante la putrefacción, engen-
drarán una materia más digna que la que la naturaleza formó en pri-
mer lugar, la que no trabajó más que sobre una materia cruda. Es por
lo que ella no pudo hacer más que oro, que necesita más de seiscien-
tos años para formarse y perfeccionarse en las entrañas de la tierra.
Éste oro, si es retornado y reunido por el artista con esta misma ma-
teria, si ha imitando a la naturaleza, le dará como resultado un oro
mucho más poderoso y mucho más digno que el primero.
“Es necesario disolver para purificar, y cuando la corrupción se
ha hecho, aparece una mejora, surgen el uno y el otro, es una marca
y un efecto del arte.
Trismegisto dice en otra parte, cuando la forma ha cambiado, co-
mienza a ser lo que no era, y deja de ser lo que era antes”.
Sin embargo, será lo mismo que lo que era antes, y todavía,
cuando habla de la unión de las materias se explica así: “O bendita
agua póntica161 que puede disolver los elementos, con este agua po-
seemos una forma para mezclarla con nuestra materia, a fin de hacer
un disolvente por la virtud de esta agua, que permite la disolución
del compuesto, es la llave de una restauración, y por ellos, la muerte
y la negror se retiran y nace una materia que demuestra la sabiduría
del arte”.
Estas son grandes palabras, y sublimes, y muy fáciles de enten-
der para los hijos de esta santa ciencia y destinadas a convencer a
los que se pretenden sabios, a los espíritus fuertes, o para mejor
decir, para enseñarles esta primera materia que es el disolvente del
oro y parte del gran secreto. Que lean al gran Trismegisto, pues yo
utilizo las máximas: “Considerad atentamente y ved que la levadura
o fermento de cada cosa está hecha de la misma y propia naturaleza,
observad que su destrucción hace su fermento”.

161 Agua póntica. Uno de los nombres del Mercurio de los Sabios, llamado así a causa
de su ponticidad, por lo que también ha sido llamada vinagre muy agrio. Diccionario
Mito-hermético de Dom Pernety 1758. Del latín ponticus, pontus, el mar (agua salada).
Se trata del primer disolvente universal. (N. del t.)

143
Trevisano sobre el mismo sujeto dice: “A fin de que podáis com-
prender mi pensamiento, escuchad con atención; nuestra obra se
hace de una sola raíz, y de dos sustancias mercuriales crudas y to-
madas de un mineral puro y limpio, amigablemente unidos por el
fuego y cocidos a propósito, como lo requiere la materia, hasta que
de los dos no se haga más que uno y que esta unidad surja por la
mezcla de un cuerpo y de un espíritu que no sean más que el mismo
cuerpo.
Es fácil ver que el disolvente y lo disoluble no son más que una
misma cosa en su naturaleza, pero diferentes sólo en cualidad de
poder y acto. Los metales fueron hechos de una sola materia y dis-
tantes sólo del principio al fin.
Así, la reducción del oro en su primera materia, es decir, en mer-
curio, del que el oro fue hecho, es necesaria, y es una resolución, so-
lución, retrogradación de seco en húmedo, o separación de su mate-
ria coagulada y unida en su composición. Mediante esta separación,
las puertas y las prisiones se abren para pasar de una naturaleza a
otra. “Nibil tam naturale est unum quodque eo genere dissolví, quo
ligatum est. Es natural que cada cosa sea disuelta por lo que la tiene
atada y encerrada”.
Es por lo que los Filósofos han dicho que el oro no es otra cosa
que un mercurio maduro, más en el mercurio crudo, la tierra y el
agua que son pasivos, y los elementos activos que son el fuego y el
aire están sólo en potencia, así por cocción y por una debida diges-
tión, devienen en acto, entonces el esperma del que el oro se hizo se
manifiesta, posee los cuatro elementos en igual proporción, en cuyo
fondo se encuentra el azufre maduro y bien digerido.
Es por lo que un artista despierto ayuda a la naturaleza al admi-
nistrar el oro maduro y bien digerido al mercurio crudo, que por su
humedad disuelve el oro que es seco.
Es constante que todo cuerpo seco busca su húmedo, el oro,
siendo disuelto y abierto, la semilla (es decir, su azufre), se intro-
duce en el vientre físico del mercurio que lo cuece y lo digiere, de
suerte que estas dos naturalezas se ayudan la una a la otra, se disuel-

144
ven y se coagulan y el agua les ayuda a los dos. El oro perdiendo su
alma, muere, la materia cociendo lo húmedo se deseca, el azufre
entra en su cuerpo, lo resucita, deviene glorioso, y la composición,
es decir, el elixir, se hace de los mercurios cocidos y crudos, y me-
diante un calor conveniente se hace la putrefacción, que no es otra
cosa que la corrupción de las dos materias y cuando la forma es des-
truida, al instante la naturaleza introduce otra más noble y más
digna, más sutil y mejor que la que la naturaleza introdujo en pri-
mer lugar y reiterando por una nueva unión cada vez que se di-
suelve, pudre y coagula, ella se multiplica y avanza en virtud, ad-
quiere siempre una más alta cualidad que puede llegar al infinito, a
la putrefacción y facción de la materia podrida, pues por la putre-
facción todas las cosas se purifican y se coagulan y se hace fracción
entre el hedor y el mundo, del cuerpo mismo de lo podrido, la coc-
ción se hace inmediatamente y se multiplica en su semejante como
le pasa al grano de trigo que tras habitar algunos días en la tierra y
bajo calor y humedad, se infla, el hedor se desvanece, viene de la
nada al mundo con una multiplicación por cantidad de granos. Es
necesario que hagamos pudrir en nuestra obra, mediante una multi-
plicación de cualidad, exaltación, sutilización y virtud, mediante las
nuevas recolecciones y nuevas emisiones de semilla, nuevas adicio-
nes de humedad y nuevas acciones que nos hagan hacer a la natura-
leza por unión, administración y ayuda. Así, por la cocción, imi-
tando a la naturaleza, que de una sola cosa hace dos, el artista, de
dos hace una que será mejor que la primera, puesto que la natura-
leza sólo ha trabajado con una simple materia toda cruda, mientras
que el artista ha sido ayudado por otra materia, que es ella misma,
pero más cocida y bien digerida y en consecuencia más fuerte. Más
para hacer callar a los que quieren tomar otro disolvente que el que
se encuentra en la universalidad, se está en el derecho de preguntar-
les si no es en el oro donde esta la semilla y la base de esta obra di-
vina, si no es el hermafrodita, si no ha sido engendrado de una sola
materia homogénea, si no es necesario reducirlo a su primera mate-
ria, no pudiendo multiplicarlo sin antes retrogradarlo, porque él no
tiene ninguna parte desigual que pueda ser separada de su todo, y
por este efecto, si no hay que disolverle radicalmente, es decir, hasta

145
su raíz. Están obligados a permanecer de acuerdo en todos estos
principios. El oro no se puede reducir más que por él mismo, por las
razones expuestas, es necesario unir el inicio al fin, es decir, el hú-
medo con el seco, la madre con el hijo, porque por la cocción en las
entrañas de la tierra, esta materia húmeda sin adición, deviene ella
misma su hijo seco, porque ella es causa y no principio. Prestó aten-
ción a su esperma, aunque sólo sea uno. Prestó atención a su fin,
que es el oro y el niño, antes de esta cocción fue su madre.
“Mi madre me ha engendrado, pero yo soy más viejo que mi
madre, yo soy el mismo que fui, pero mis edades son diferentes, en
mi comienzo fui adolescente, y comencé a envejecer, pero soy
siempre el mismo que fui” (Cosmopolita).
Esta unión tan íntima de las materias, que se abrazan muy tier-
namente, que crea y forma un amor inseparable en nuestra disolu-
ción única, no es más que una misma cosa, sólo diferente en cuali-
dad pero de la misma naturaleza en acción y pasión.
Y para hacer una muy cercana comparación sobre la Santa trini-
dad, Dios el Padre ha engendrado a su hijo. Es cierto que el hijo
alius est quam Pater, sed non aliun, es decir, es otra persona distinta
que su Padre, pero no de otra naturaleza. Así, el oro ficcum, es decir,
el oro, est aliud quam or humidum qui id genuit sed non est aliud,
es decir, el oro es otra cosa que el mercurio que es su principio, el
que lo ha engendrado, pero no es de otra naturaleza. Así como el
Santo Espíritu procede del Padre y del hijo, por lo mismo, es del
amor que proceden el mercurio y el oro. Así, estas tres cosas no son
más que una misma esencia. Y todo el mundo sabe que en el gran
arcano, el oro vale más que el agua mineral en potencia y que la pie-
dra (se refiere a la piedra filosofal. N. del t.), es más preciosa que el
oro, por consecuencia se puede admitir esta comparación, aunque
alejada y no semejante. Lo confieso, la cosa que ponemos en com-
paración es una cosa creada, y Dios un espíritu increado, pero se
puede de cualquier forma razonar tanto del uno como del otro a
causa de esta unidad ternaria, porque en la obra se encuentran la tri-
nidad, principio, generación y proceso.

146
“De una cosa se hacen dos, y de las dos se hace una tercera. La
unidad engendra una unidad, y replegándose en ella misma, engen-
dra el amor” (Cosmopolita).
Y como Dios ha enviado a su hijo para la salud de los hombres,
tomando forma humana en las entrañas de la Santa Virgen, por su
medio, el pecado original y todos los otros fueron perdonados.
Cuando murió, resucitó y envió su espíritu procedente de sí mismo.
Por la pura liberalidad de Dios y para la salud de los hombres, or-
denó al sol, fuente de vida, enviar a su único hijo, que es el oro, que
ha tomado materia en las entrañas de la tierra, después en nuestra
obra muere mediante la putrefacción, resucita por la generación, y
de los dos, es decir, del principio y del fin, resulta este cuerpo espi-
ritual y glorioso, lleno de vida, de amor y de fuego, que es la piedra
(la filosofal. N. del t.), la que atrapa y expulsa todas las impurezas
de los cuerpos, y las mantiene en un equilibrio igual, mediante una
analítica proporción de sus cualidades, y que impide morir natural-
mente si la voluntad del Señor todopoderoso no dicta lo contrario.
Es la simiente universal que iguala y rectifica todas las cosas por
su composición atemperada.
Había una perfecta conexión y concordancia de los elementos en
el cuerpo de nuestro Señor Jesús-Cristo, tanto a causa de ser él im-
pecable, como a causa de la admirable unión de la esencia divina
con la naturaleza humana. Él no habría jamás muerto de su muerte
natural, si no hubiera deseado sufrirla para la salud de los hombres.
Por lo mismo, existe una tal armonía y igualdad de los elementos en
el cuerpo del oro, –a causa de la gran unión que los principios tie-
nen entre ellos por la sutilidad y rareza de sus partes, y por la igual-
dad del calor natural que lo ha cocido y digerido en las entrañas de
la tierra según la existencia de su naturaleza y tanto como la mate-
ria lo ha requerido–, que no hay nada de impuro en él, teniendo esta
prerrogativa sobre todas las otras cosas.
Es el Rey y el primero de los astros que no puede ser corrom-
pido por la tierra, ni dañado por el fuego, ni sufrir alteración por el
agua, ni disminución por el aire, porque es de una complexión atem-
perada, y porque su naturaleza está tan proporcionada al calor y al

147
frío, al seco y al húmedo, que no tiene en sí ni de más ni de menos.
Volvamos a nuestro disolvente y digamos que si el oro se encuentra
en la mina, siendo el fin de la naturaleza mineral, su principio está
ahí, porque es sobre este principio que la naturaleza empieza y
acaba juntamente. No hay que creer que actúe y tome materia en
otro lugar que no sea en la mina. Entonces, reconociendo que co-
mienza allí, donde ella acaba, se debe creer que el disolvente y el
disoluble, se encuentran en el mismo lugar, son una misma cosa,
una misma materia y por consiguiente es en la mina de donde de-
vienen el uno y el otro.
Pero los Filósofos ciegos, no ven que los sabios les hablan de los
cuatro elementos, porque todas las cosas son hechas de éstos. Y si
los pobres la tienen tanto como los ricos, es aún más verdadero que
esta primera materia se encuentra en las minas, en el aire y sobre la
tierra, y se da tanto a los unos como a los otros, pero es necesario
conocerla.
Después de haber hablado suficientemente de la materia primera
y del disolvente, que son las cosas de la más grande trascendencia,
vamos a dar una idea de la obra. Es necesario unir las dos materias,
cocerlas, coagularlas a imitación de esta muy poderosa madre, que
suministrará para entonces el fruto que es la piedra deseada, pues la
obra de la naturaleza es una obra de inteligencia que no puede equi-
vocarse.
Esta primera es la raíz, el esperma, la flor, en una palabra el prin-
cipio determinado, o materia primera del oro y materia segunda en
atención a los elementos o a su quintaesencia que les precede, que
es la materia primera del mundo, pues esta flor es un medio entre la
materia universal y los metales.
La fuente y el origen del oro es el mercurio, y el agua es la casa
del mercurio, dice el Cosmopolita.
Y como nuestra agua póntica es la hembra, que es fría, húmeda
y cruda y que el oro que es el macho, es tierra, cálido, seco y co-
cido, se hace un medio mediante la unión natural que deviene cá-
lida, fría, seca y húmeda. Los unos no dominan más sobre los otros,

148
pues el frío y húmedo, dominan en el agua, en la que lo cálido y lo
seco están escondidos potencialmente. Y en el oro, lo cálido y lo
seco dominan, a pesar de que lo frío y lo húmedo, que son los con-
trarios y aunque el agua física y la tierra mineral que es el cuerpo
del oro, al ser unidos por una disolución y enlace radical, se prestan
el uno al otro sus cualidades, si bien que en este estado, esta mate-
ria metálica doble se llama materia próxima de la P. (se refiera a la
piedra filosofal. N. del t.), pues en esta disolución el agua disuelve
la tierra en la cual el fuego habita, y la tierra coagula el agua en la
cual el aire habita, de forma que el fuego y la tierra, que están en
potencia en el agua, mediante las dos mismas cualidades que están
en la tierra, y por este medio, todas las cualidades, tanto en acto
como en potencia, que están en estas dos materias unidas, no son
más que una misma cosa, siendo de la misma naturaleza por la
misma operación, pues la disolución no se puede hacer hasta que la
coagulación se haga. Y imitando a la naturaleza, que en el principio
no era más que una simple materia cruda, ha podido hacer el oro. Es
necesario cocer la materia que es doble y de la misma naturaleza,
añadiendo a esta agua celeste cruda su tierra virgen y agua coagu-
lada, a fin de que lo maduro ayude a lo crudo, y que por este nuevo
movimiento la virtud se aumente, haciéndose un oro glorioso, que
sobrepasa al primero en calidad por su exuberante tintura, la que es
el verdadero oro potable, el elixir de los Filósofos, y de la piedra tan
alabada por los sabios, que se llama oro vivo, hijo único y legítimo
del sol, primera causa eficiente de todas las generaciones, concu-
rriendo con todos los agentes particulares, es decir, con todos los
machos, que cuece todas las simientes, y obra con todos los fermen-
tos para la producción de sus semejantes. Así, todas las cosas en-
gendradas tienen dos padres.
Sol homo generant hominem. El sol y el hombre engendran al
hombre, pero el oro, el más perfecto de todos los compuestos, no re-
conoce a otro padre que el sol, es él el que lo ha engendrado, coo-
pera bien con todas las potencias del mundo, que producen su seme-
jante, más aquí, de la sola potencia infinita, produce otro sí mismo,
también es en el oro que su imagen está impresa, el oro es así el
único hijo del sol, y lleva este nombre a justo título, porque su

149
cuerpo aunque muy sólido, no tiene por principio y materia más que
el aire, puesto que su forma viene inmediatamente del Monarca del
universo, Rey de los astros.
“Su padre es el sol y el aire la lleva en su vientre”.
Es verdad que el espíritu universal está inmerso en todas las
cosas del mundo, pero también desde que tomó el carácter de las di-
ferentes especies que están en la naturaleza, y como se ha revestido
de sus características por la virtud de las simientes o fermentos par-
ticulares, está obligado a seguir sus buenas o malas inclinaciones, y
en todo lugar, tanto en el agua simple, en los tres principios, la pri-
mera materia mineral, el oro y la piedra. Él está privado de su dere-
cho de soberanía y restringido a una servitud de vasallo, no teniendo
más que un poder limitado y de poca eficacia, aunque el arte pueda
aportar la suya.
Pero cuando este alma del mundo se determina por su propio
movimiento, cuando esta luz de vida se condensa de sí misma,
cuando este espíritu universal se especifica por su virtud singular
(así es como lo hace en el cuerpo del oro, o piedra), no pierde por
ello la cualidad de ser el gran Maestro del universo, y retiene siem-
pre el carácter y el poder de su padre impreso sobre la frente. El oro
debe tomar el lugar del sol, teniendo y llevando toda la potencia de
su padre en la tierra, así ha dado el padre todo su poder a su hijo y
el hijo es nuestro sol en el que está nuestra alma y no en otra cosa.
Es por lo que Raymond Lulle dice de tomar la tierra fecunda del
sol que es la materia donde el oro está escondido. Respetad pues su
naturaleza, teniendo conocimiento de su virtud tras haberla encon-
trado, donde esta piedra tan preciosa está escondida, consideradlo
como un muy gran secreto y como un tesoro encantado.
Este alma que está escondida y muy estrechamente encerrada en
el oro vulgar es la piedra tan alabada por los Filósofos, la que no
puede encontrarse en ninguna parte y aunque los metales, los mine-
rales, y las piedras preciosas y la mayor parte de los mixtos sean en-
gendrados en la tierra por la misma virtud astral que ha formado al
oro, no son más que abortos y monstruos, que no se acercan de nin-

150
guna manera a su perfección, mientras que en el oro existe un puro
flujo de esta fuente de luz, y una conjunción y el colmo sincero de
todas las virtudes astrales, y para multiplicar esta virtud, se necesita
continuar mediante nuevas reiteraciones y nuevos movimientos,
que por consecuencia aumentan esta digna cualidad, y así continuar
abriendo y cerrando, disolviendo y reduciendo.162
No hablaré nada en este discurso de la tierra maldita o conde-
nada que no vale nada, que se encuentra inherente en todas las
cosas, excepto en el oro y que impide la disolución. No hablaré tam-
poco de los pesos de la naturaleza, ni del fuego, ni del horno, por-
que estas son cosas, que no se dicen nunca por escrito, sólo de boca
a un verdadero amigo del que se conozca la pureza de su conducta
y que sea capaz de guardar silencio.
Para no decir nada que no sea verdadero en este discurso, he se-
guido exactamente los sentimientos de los Filósofos herméticos, he
utilizado escrupulosamente sus propios términos, por consecuencia
me he servido de sus expresiones y formas de hablar particulares, lo
que puede servir de queja para algún crítico malhumorado. Me he
explicado tan ampliamente como me era posible sobre los aspectos
que podían parecer oscuros.
He aquí como creo que la naturaleza trabaja en general y en par-
ticular. Por naturaleza entiendo a un espíritu universal que anima a
la materia según la encuentre dispuesta, y por la materia entiendo un
compuesto de cuatro elementos del que todos los cuerpos han sido
hechos.
Este espíritu universal ha tenido muchos nombres, y muchos au-
tores los han escrito, pero es suficiente decir que todos convienen
en alabar con mucho a esta alma del mundo, esta fuente de vida,
este fuego invisible, que mueve a todas las cosas visibles.

162 Reducción. Retrogradar... como si del pan se llegara al grano de trigo. La reducción
de los metales a su primera materia, tan recomendada por los filósofos, es la retrograda-
ción de los metales filosóficos y no vulgares, a su primera semilla, es decir, a un mercu-
rio hermético. Esta reducción también es llamada reincrudación, haciéndose por la diso-
lución del fijo por el volátil de su propia naturaleza, del que ha sido hecho. Diccionario
Mitohermético de Dom Pernety. 1758.

151
Los cuatro elementos no hacen más que un cuerpo, es lo que lla-
man la materia universal no determinada, pero desde el momento en
que la menor parte de uno se une a los otros, el espíritu universal es-
pecifica esta parte de los elementos que ha encontrado dispuestos, y
a esta parte así determinada, el espíritu universal la conduce grado
a grado a su perfección. Que si esta materia es de una especificación
que no puede subsistir mucho tiempo en su perfección y madurez,
el mismo espíritu universal la conduce por las mismas vías hasta
que sea toda descompuesta, ella vuelve a entrar en la masa indeter-
minada de los elementos y el espíritu que estaba determinado a esta
especificación particular tras haberse desprendido es como antes es-
píritu universal.
De todos los cuerpos que el espíritu universal procura conservar
en el estado de perfección donde los coloca, se puede decir que des-
taca el oro, pues todo (excepto el oro), está sometido tanto a su de-
cadencia como a su acrecentamiento, pues el oro es el más perfecto
y el que resiste mejor el imperio del tiempo, también es de él solo
del que quiero hablar.
Entre los cuerpos simples de los cuatro elementos y el metal per-
fecto, me imagino un centro que consiste en una humedad y un sutil
frescor, que es como una hembra, y el fuego ocupa el lugar del
macho y como en el principio las naturalezas estaban confusas y
algo distintas, hay quien dijo que esta materia era hermafrodita. Yo
considero esta ligera humedad impregnada del espíritu mineral
como una flor que produce su fruto en su tiempo, o como una cosa
cruda que se madura y se perfecciona.
Sé que en la generación de los vegetales y de los animales, hay
muchas más cosas que concurren que en la generación de los mine-
rales. En el momento en que el espíritu universal se determina en
esta humedad metálica, no usa más circulación para llevarla a su
madurez.
Si se me pide lo que es esta humedad metálica diré que es un
compuesto de una tierra muy sutil, de un agua muy rarificada y de
un aire muy purificado, lleno de influencias, animado por un fuego

152
invisible, que tiene lugar en este compuesto del húmedo radical que
da vida a esta sal, a este azufre y a este mercurio.
Para hacerme entender mejor diré que creo que la primera ac-
ción de los elementos se hace en el agua, y que todos los cuerpos se
reducen en agua para reentrar en el abismo de la materia universal
donde son fortalecidos, si bien todo consiste en el flujo y reflujo y
en la vicisitud de la generación y de la corrupción, y que son espe-
jos donde se ve la victoria al descubierto. Dije que un fuego invisi-
ble se une a esta agua. He aquí como se ha hecho. Mientras que los
elementos están separados de un cuerpo donde habían sido especi-
ficados, y que la más sutil parte se eleva en vapores en un tiempo
sereno, este vapor se rarifica a medida que se eleva en el aire y ad-
quiere mediante la ayuda de los rayos del sol un muy grande grado
de continuidad y de pureza pues las influencias celestes la envuel-
ven y se unen íntimamente. Más de la misma manera como el sol al
rarificar este vapor lo ha vuelto susceptible a las influencias del
cielo, el frescor de la noche que sobreviene, condensa estos vapores
y como esta condensación los vuelve más pesados, los hace caer
abajo y así entran estos vapores en un aire grosero y impuro. Pero
este espíritu y este cuerpo limpio se encierran de nuevo en ellos
mismos, lo que hace decir a los filósofos, que este embrión tiene al
sol por padre y a la luna por madre y que el viento lo lleva en su
vientre.
No hace falta imaginarse que los vapores así impregnados, se es-
pecifican todos sobre la misma superficie de la tierra, una parte pe-
netra en la tierra y produce las cosas más agradables, más preciosas
y más duraderas, que se engendran sobre la tierra.
Como el espíritu del hombre no tiene límites, tras haber adqui-
rido este conocimiento, ha creído poder ayudar a la naturaleza y
despojarla de los obstáculos que le impiden conducir los metales
hasta su perfección, sin embargo, estos obstáculos son de gran ven-
taja para el mundo, pues sin ellos, no tendríamos ni el hierro, ni el
cobre, ni el estaño, ni el plomo, ni la plata, ni el mercurio. Este
arroyo metálico, al ser detenido en numerosos y diversos lugares
durante su curso, nos provee de mil comodidades preferibles al oro.

153
Para que un Filósofo ayude a la naturaleza, se necesita que esté
persuadido de que ella encierra en todas las cosas especificadas una
simiente específica para producir y perpetuar su especie, a fin de
que por este compendio todas las cosas vayan más pronto de su ini-
cio a su perfección.
Los Filósofos, para secundar la intención de la naturaleza, que
es acercar su principio a su fin y perfección, hacen su ensayo sobre
los metales, pues de todas las producciones de la naturaleza son la
más simple, por esta causa, han estudiado la materia del oro, a fin
de llevar al metal perfecto a producir su semejante, como ellos han
reconocido. No es un fénix que se puede perpetuar de sí mismo, le
han buscado una hembra que le conviene, que le revivifique, que lo
madure y que lo obligue a cooperar en la multiplicación de su espe-
cie. Tras haber buscado durante mucho tiempo, no encontraron
mejor hembra para el oro que su propia madre, sólo ella tiene el
poder de hacerlo retrogradar y conducirlo de nuevo a su seno y en
el estado de más tierna juventud, y de convertir su sequedad en hu-
medad, pues se funde en las entrañas de la tierra y en los abrazos de
su madre, que está compuesta de una humedad igual y permanente,
capaz de ablandar su corazón, es decir, su sequedad y su dureza.
Aunque lo seco y lo húmedo se opongan fuertemente en este
matrimonio, la alianza no tiene porque no ser menos íntima e indi-
soluble. La tierra, aunque encerrando al fuego, es disuelta por el
agua, y aunque el agua contiene el aire, se coagula por la tierra, pues
la disolución no puede hacerse si la coagulación no se hace. Así, de
este oro húmedo, se hace un oro glorioso, que es diez veces mejor
que su padre y si queréis que lo valga cien veces más, y diez mil
veces más todavía, continuad dándole la madre al niño y a fuerza de
abrir y de cerrar, de coagular y de disolver, multiplicaréis su valía
hasta el infinito.
Recordad que necesitáis los sorprendentes efectos de este disol-
vente y de este disoluble, para bien unir el principio y el fin; recor-
dad que donde la naturaleza inicia sus diferentes obras, ella las
acaba, y que así el disolvente y el disoluble se encuentran en el
mismo lugar, porque no es más que una misma cosa, y por conse-

154
cuencia no es más que en las minas donde se encuentran todos, lo
que es general y común a todos los mortales. He aquí lo dicho sobre
los elementos o de esta primera materia que se encuentra en las
minas.

Fin

155
Comentarios del traductor a este capítulo

No nos cabe duda que Fulcanelli bebió de esta fuente, de este


fantástico discurso donde la Naturaleza queda al descubierto. Quien
haya leído bien sus dos obras encontrará buenas similitudes y nos
dará la razón.
El discurso es ciertamente fantástico, debe leerse atentamente
para asimilar perfectamente conceptos como el del espíritu del
mundo, del rocío uno de sus soportes, o de la reincrudación o retro-
gradación metálica, pues en ellos está la clave de la obra hermética.
Osamos añadir nuestros comentarios este discurso del filósofo
Jourdan de Pellerin, con el ánimo de ayudar un poco más a los hijos
o niños de la ciencia, con seguridad futuros filósofos y quien sabe
sino Adeptos.

1.- La Cosmogonía de los filósofos naturales.


A.- La Phycis.
Una de las preocupaciones más importantes de la Stoa, fue la del
estudio de la Naturaleza, la que llamaban Phycis. La veían como un
todo, como el conjunto de todo lo que existe en el espacio y el
tiempo. El estudio de la Phycis era ocupación de los filósofos natu-
rales, su campo de acción comprendía el estudio completo de las
propiedades de los cuerpos y sus relaciones, una acepción más am-
plia que la de su heredera, nuestra Física actual. En el fondo, para
estos alquimistas, la Naturaleza era la manifestación sensorial de
Dios. Así, el conocimiento de la Naturaleza era el conocimiento de
Dios. El objetivo central de la Alquimia es precisamente, la de ser
una imitadora de la Naturaleza, pues intenta imitar procesos natura-
les en el laboratorio.

157
El filósofo alquimista analiza tanto a la Naturaleza exterior (sus
fenómenos, sus efectos, sus causas...), como la Naturaleza interior
de las cosas, al pretender abrir los cuerpos y extraer de ellos sus pri-
meras materias, o materias origen o raíz. Busca, escruta, el princi-
pio de las cosas. Para ello utiliza el Fuego y el disolvente. Quema
los cuerpos, limpia sus cenizas, extrae sus sales, los abre para lle-
gar, con esta retrogradación, a un estado de la materia más cercano
al de la Creación.
Dicen que en la Creación del Mundo participó un solve y coa-
gula continuos, es decir una disolución y una coagulación perma-
nentes. Una continua circulación. Entonces, toda el agua de la tie-
rra, siendo la misma durante eones, se recicla continuamente, el
agua que consumimos y desechamos es elevada tarde o temprano a
los cielos (disolución), para caer después a la tierra (coagulación),
en diferentes formas, lluvia, nieve, rocío... La propia naturaleza pu-
rifica el agua, bien en la tierra, bien en el cielo. Lo sorprendente es
que bebemos la misma agua que la que apareció por primera vez en
la tierra, la misma que bebieron Jesucristo, Buda, Zoroastro,
Pitágoras... Lo que algunos científicos investigan ahora, lo tenían
muy asumido los filósofos naturales. Pero hay más, de estos filóso-
fos procede también la teoría de la unidad de la materia, o la de la
transmutación metálica, o la de que la materia ni se crea ni se des-
truye, sólo cambia de forma, teorías aceptadas sólo recientemente
por la ciencia.

B. La unidad de la materia. El Caos


En la base de la teoría hermética, se encuentra una gran ley: la
unidad de la materia. La materia es única, pero puede tomar diver-
sas formas, y bajo estas formas nuevas, combinarse y producir nue-
vos cuerpos en número indefinido. Esta primera materia era lla-
mada, entre otros nombres, simiente, sustancia universal, Caos. La
creación del mundo se origina a partir de este Caos.
En el principio, la Naturaleza mostró un solo rostro, el de una
masa informe, Caos se llamaba (Metamorfosis I 5 a 20).

158
Antes de todo existió el Caos (Hesíodo. Teogonía 116-120).
Los estoicos entendían el Caos como una masa confusa, una ma-
teria sin cualidades, desarmónica, la prima materia que sirve de
base a la Alquimia.
El gran alquimista Basilio Valentín nos dice: Todas las cosas vie-
nen de una misma simiente. En el origen, han sido todas concebidas
por la misma madre (El carro triunfal del antimonio).163
Otro gran alquimista. el Cosmopolita nos instruye: Dios creó al
principio una cierta materia primera... de esta materia nacieron los
cuerpos simples... que se mezclaron éstos los unos con los otros...
existe en la creación una especie de subordinación, lo más simple
sirve de principio para la composición de lo siguiente. (carta XI).
Sobre este punto Albert Poisson extrae dos conclusiones:
1ª, la existencia de una materia primera a la que nada precedió y
2ª, la división de la materia en elementos y en fin, mediante estos
elementos, la fabricación y composición de los mixtos (cuerpos
compuestos). Otro famoso alquimista, Jean d’Espagnet va más
lejos, no sólo reconoce que los antiguos filósofos creyeron en la
existencia de una cierta materia primera anterior a los elementos,
sino que afirma que la materia ni se crea ni se destruye, sólo cam-
bia de forma, No hace más que seguir al Poimandrés, “Nada muere
en el mundo, sino que todas las cosas pasan y cambian”.

C. La teoría de los cuatro elementos


Dentro de este Caos están los cuatro elementos (fuego, aire,
agua y tierra), pero sólo en potencia, por lo que no pueden desple-
gar sus cualidades: lo caliente, lo húmedo, lo frío y lo seco (cuali-
dades aristotélicas). Al principio, los elementos están desordenados
en el Caos, en continua lucha. Caos significa también, lucha en el
seno de la Naturaleza, desarmonía, Un Dios y una Naturaleza mejor

163 Existe una edición es español de Luis Cárcamo. 1981

159
finalizan la contienda y crean la armonía. (Ovidio. Metamorfosis I
21 a 31), pues separó el cielo de la tierra, y de ésta las aguas, y se-
gregó el cielo más puro sobre el aire denso.
La Naturaleza opera por medio de los cuatro elementos, dos de los
cuales, el agua y la tierra le sirven de cuerpo y materia, los otros, el
aire, y en mucha mayor medida el fuego, operan como sus fuerzas.
Cuatro substancias generantes contiene el universo eterno Dos
de ellas son pesadas...la tierra y el agua Otras dos desprovistas de
gravedad, aspiran al no ser retenidas, por nada, a las alturas: el
aire y el fuego, más puro que el aire.
Pero aunque espacialmente separadas, se hace todo De ellas, y
a ellas todo vuelve a caer... (Metamorfosis)
Para Aristóteles, los cuatro elementos son los cuerpos simples,
las primeras sustancias que surgen de la prima materia (Caos) y
considera a las cualidades, como fuerzas o potencias (dynameys).
Las divide en activas (cálido y frío) y pasivas (húmedo y seco). Los
elementos pueden transformarse unos en otros (como en los estados
físicos de la materia). Todo ser natural tiende hacia su acabamiento
o perfección (teleiosis) y, periódicamente, todo se disuelve de
nuevo, hasta llegar a las fuerzas elementales, constitutivas de los
elementos (ouroboros).164
Un esquema de las cualidades de los cuatro los cuatro elemen-
tos sería:

Con la creación del mundo empezó la primera separación en los


cuatro elementos, ya que la prima materia no era más que un caos.
Del mismo caos hizo Dios un maiorem mundum, en cuatro elemen-

164 Ouroboros. Serpiente o dragón que se muerde la cola. Símbolo del eterno retorno y
de la primera materia. En el centro del círculo formado, se escribía la fórmula .
Uno el Todo.

160
tos diferentes, fuego, aire, agua y tierra, separados y segregados el
uno del otro. El fuego era la parte caliente, el aire la fría, el agua
la húmeda y la tierra la seca de este maioris mundi (Magia
Naturalis, V, 91).
Podemos decir que los elementos representan los diferentes es-
tados de la materia. El elemento tierra, al estado sólido, el elemento
agua al estado líquido, el elemento aire, al estado gaseoso, El ele-
mento fuego, fue el más secreto, fuente del dinamismo que recibe la
materia, podemos asimilarlo al pnêuma o espíritu universal del que
hablamos anteriormente.

D. Los tres principios


En los inicios de la Alquimia, la materia se dividió en dos prin-
cipios: azufre y mercurio. Estos dos principios, unidos en diversas
proporciones formaban todos los cuerpos. “Todo se compone de
materias sufurosas y mercuriales” dice el anónimo cristiano, alqui-
mista griego.
Los cuatro elementos son madres, matrices. De ellos surgirán las
otras sustancias. Asi aparecen los principios.
El mercurio y el azufre son eslabones de unión entre los cuatro
elementos y los minerales. Son los primeros productos formados a
partir de los elementos y los más bajos en la escala de los minera-
les. A todos los minerales les sirven de fuente el mercurio y el azu-
fre. Estos dos surgen de los cuatro elementos (tratado I. Materia y
forma).
Su base la constituyen doctrinas aristotélicas. La prima materia
es una emanación del alma del mundo. Se manifiesta en los cuatro
elementos, madres de todo, y a partir de éstos, se forman, por orden,
los minerales, las plantas, los animales, el hombre, los ángeles. La
causa creadora de los minerales es la Naturaleza, la de los metales
es el mercurio y el azufre. La Naturaleza es una fuerza, un ángel de
Dios.

161
Más tarde, se unió un tercer principio, la sal. “Creyeron que el
Mercurio y el Azufre eran los principios de todos los metales, y no
mencionaron el tercer principio, la sal” (El tesoro de los tesoros.
Paracelso). Debe tenerse en cuenta que estos tres principios no se co-
rresponden en absoluto con el azufre, el mercurio y la sal vulgares.

E. Génesis de los metales y los minerales.


Siguiendo la teoría anterior, todos los metales derivan de una
misma fuente, la Materia primera. Todos los filósofos son unánimes
en este punto, “todos los metales son semejantes en su esencia, sólo
se diferencian por su forma” (De Alquimia. Alberto Magno). “No
existe más que una sola materia primera de los metales, que reviste
diferentes formas según el grado de cocción, según la fuerza más o
menos poderosa de cierto agente natural” (Arnau de Vilanova. El
camino del camino). La teoría es absolutamente aplicable a los mi-
nerales. “No hay más que una materia para los metales y los mine-
rales” (Basilio Valentin), “La naturaleza de las piedras es la misma
que la de las otras cosas” (El Cosmopolita). “Notad que los princi-
pios de los metales son el Mercurio y el Azufre. Estos dos princi-
pios han dado nacimiento a todos los metales y a todos los minera-
les” (Roger Bacon. Espejo de la alquimia).
El azufre es el principio macho, y se manifiesta como un cuerpo
sólido, fijo, untuoso, el Mercurio es el principio femenino, se mani-
fiesta como un vapor. Atraídos sin cesar el uno hacia el otro, los dos
principios se combinan en diversas proporciones para formar meta-
les y minerales. Pero existen todavía otras circunstancias que se
deben tener en cuenta en la formación de los metales, así, el grado
de cocción, la pureza, la presión, las influencias astrológicas y otros
accidentes diversos en el interior de la tierra, cambian las propieda-
des de los metales. Según estos filósofos, primero se engendran los
metales imperfectos, y luego los perfectos, que son los que están
maduros o perfeccionados por la Naturaleza y por tanto han necesi-
tado de más tiempo para formarse.

162
“El propósito de la Naturaleza es esforzarse sin cesar para con-
seguir la perfección, el oro. Pero como consecuencia de los acciden-
tes que entorpecen su marcha, nacen las variedades metálicas”
(Roger Bacon. Espejo de alquimia).

163
Respuesta a la carta de M. D.

Amigo del Autor.

SEÑOR,
Que sepáis que os considero un amigo entre los míos y que te-
néis un genio muy superior al mío para comprometerme a hacer lo
que me pedís. Desconocido como yo y como quiero ser, todo lo que
me marcáis respecto al Autor del “Espectáculo de la Naturaleza”
que critica abiertamente en mi escrito que está en manos del impre-
sor, y lo que recupero en mi sistema, en los puntos que supongo o
que establezco, no pueden tocarme más que débilmente. Si soy sen-
sible, no es más que por un lado, se habla contra la verdad que nos
debe ser siempre querida y respetada, y por otro, porque el que está
así prevenido es un autor por otra parte muy estimado al que consi-
dero casi como otro Salomón, que conocí entre el Cedro del Líbano
e Hyssope165 (hisopo. N.del t.), del que no sería suficiente alabarlo
a manos llenas, pues su obra está llena de sublimes conocimientos
y verdaderas bellezas sostenidas mediante un estilo noble y una
moral pura, obra que hace honor a nuestro siglo y que seguramente
no se cesará nunca de leer con placer y utilidad.
165 Desde el cedro del Líbano hasta el hisopo. Esta expresión procede de la Biblia,
Primer Libro de los Reyes, cap 4º 33 “Salomón... habló de las plantas, desde el cedro del
Líbano hasta el hisopo que brota en los muros...”. Se encuentra también en “la entrada
abierta al palacio cerrado del rey”, de Ireneo Filaleteo. (1754). El título puede traducirse
como entrada en el oro metal, ya que el oro es el rey de los metales. “En otro tiempo, los
Sabios penetraron en este arte sin el socorro de los libros... fueron llevados a compren-
derlo por la voluntad de Dios, no creo que ninguno lo haya poseído por revelación inme-
diata, salvo tal vez Salomón,... pero nada impide que lo haya obtenido por la búsqueda,
ya que había pedido únicamente la Sabiduría, que Dios le dio... Nadie sano de espíritu
podría negar que aquel que ha sondeado la naturaleza de las plantas y de los árboles,
desde el cedro del Líbano hasta el hisopo... no haya conocido paralelamente la naturaleza
de los minerales... (extracto de la edición 7 ½ S.A.).

165
Este Autor, tal y como lo describo, no ha sacado provecho de sus
grandes luces, se deja arrastrar por la corriente, por consiguiente
vacila, se extravía donde profundiza y se irrita contra la química y
sus sectarios. Permítame responderle y servirme de sus propios tér-
minos contra él mismo. En sus lecciones que nos ha dado dice muy
elegantemente: “que nadie se arriesga nunca a hacer los experimen-
tos, pero no es por el método ordinario que se empieza a condenar
todo lo que nadie tiene por costumbre de practicar, suponemos casi
siempre que lo que hacemos es la regla de lo que se debe hacer”
(Spect. Nat. Ent. 12 pag. 298).
Aplico esta máxima al común de los hombres. Para hacer los su-
blimes espíritus muestran una perfecta ignorancia, sólo argumentan
mediante sofismos, suponen que esta no es la cuestión, se las dan de
Filósofos y no ven que están lejos de conocer la verdadera Física, ni
tan solo conocen los primeros principios, desconocen, por lo mismo,
la doctrina de los Filósofos, ni lo que éstos tratan entre ellos.
Creen ser muy hábiles, adquieren la reputación de sabios en el
mundo, porque se hacen imprimir obras en numerosos volúmenes,
que se ponen de moda, donde se anuncia el descubrimiento general
y el particular de la naturaleza, donde se razona lo que ésta hace y
encierra, el público lo cree de buena fe, desgraciadamente no des-
cubre más que los rasgos más débiles y pobres que están derrama-
dos sobre la corteza de esta madre naturaleza.
Se cree haber descubierto su cara, sin embargo no le han despo-
jado su velo. ¿De dónde viene?, nadie lo sabe porque no ha sido
nunca bien estudiada y porque siempre ha sido ignorado o negligido
el camino constante y necesario para llegar a su palacio, lugar ado-
rado y que sirve a los Filósofos y a sus sabios discípulos. Ella mues-
tra toda la magnificencia de sus maravillas y tras haber ornado su
espíritu de su esplendorosa luz, distribuye todos sus otros dones
para hacer parte a los que considerará dignos. Así, Sr. la crítica que
me anunciáis, no me debe hacer otra impresión que la de ver que un
genio luminoso y digno de estima, ha tomado la peor parte.
No os diré nada más aquí, puesto que todo lo que me decís, que
se me objeta, supongo que los que se aferran en combatir mi doc-

166
trina no la comprenden, pelean en vano, hacen algunas observacio-
nes que entienden por hechos, son observaciones triviales que no
pueden tocar más que los sofistas, los buscadores y los dadores de
recetas, en una palabra los chymiastres (chemiastros, quimias-
tros),166 cuya maldita casta pulula por todas partes. Más tenéis tal
poder sobre mi espíritu y sobre mi corazón que no puedo refutar lo
que me pedís con tanta insistencia, espero que los que lean estos en-
sayos, queden desde ahora seducidos o deslumbrados por la elo-
cuencia y la forma de escribir del autor del “Espectáculo de la
Naturaleza”, cesarán de hablar contra un arte que no conocen los
que le combaten y que convendrán en que hay en el mundo perso-
nas que conocen verdaderamente la Naturaleza, su interior y sus
producciones y los medios que utiliza para llegar a sus fines, con-
vendrán también que desconocen esta verdadera y única ciencia,
porque la verdad se hace sentir y que su fuerza es tan grande que
obliga a los más rebeldes a someterse.
Convendrán también fácilmente que nuestro autor se esfuerza en
probar que la gran obra o el arte, como él entiende, de hacer el oro,
es vano, falso e imposible. Que este autor da él mismo el único
medio de conseguir el triunfo de la gran obra pretendiendo criticarla
y destruirla. Lo dice, tras haber dicho algunas burlas y haber na-
rrado cuentos e historias que no significan nada porque las abando-
nan sin pesar cualquier hombre, hasta el candelero de latón. Dice
historias verdaderas o apócrifas, podríamos, si quisiéramos prevale-
cer, recordarle lo que ha narrado con tanta autenticidad el hombre
menos crédulo de nuestro tiempo, M. de Voltaire, en “la vida de
Carlos XII, Rey de Suecia”.
Citemos lo que dice el “Espectáculo de la Naturaleza”, he aquí
sus propios términos:

166 La chemiatría tenía como objetivo la utilización de fármacos de origen químico en


lugar de vegetales, animales o minerales. La chemiatría fracasó porque pretendía formu-
lar una teoría general del metabolismo en base a los ácidos y álcalis, lo que la llevó a hun-
dirse en una maraña de contradicciones. Alquimia. Enciclopedia de una ciencia hermé-
tica. Claus Priesner y Karin Figala. Ed. Herder 2001.Quimiastro. Malvado o pícaro mé-
dico o químico que practica la Quimiatría. La Genèse de la vie. J. Rostand. 1943. p.121.

167
“No podemos producir artificialmente un metal como el oro si
no conocemos la naturaleza de los principios simples que lo com-
ponen y aún conociéndolos mucho o poco, la unión de estos princi-
pios es todavía una operación que rebasa nuestro alcance” (pag. 11.
Tomo III. Pag. 462).
Así, según este autor, si se conocen los principios simples que
componen el oro y si se sabe hacer la unión, se puede verdadera-
mente hacer oro mediante el arte. Por consiguiente, la gran obra no
es ni vana, ni falsa. La cuestión reside en saber y conocer a la
Naturaleza íntimamente. Así resulta que este arte les es imposible a
esta multitud de artistas, compositores o ejecutores de recetas. No
entiende pues, que existan en el mundo verdaderos Sabios, Filó-
sofos que pueden hacer y hacen no sólo oro, plata y piedras precio-
sas, sino que además pueden operar sobre los vegetales, volverlos
más perfectos, prevenir las estaciones, reducir los tiempos, facilitar
la producción y la maduración de los frutos y aumentar el producto.
Pueden trabajar muy útilmente a favor de los animales, sea para cu-
rarles de toda clase de enfermedades, sea para conservarles una
salud y un vigor perfecto, sea para la prolongación de su vida más
allá del término ordinario. Convenimos con el autor y establecemos,
que para llegar a producir estas grandes y sorprendentes maravillas
se necesita conocer la naturaleza en profundidad, conocer los prin-
cipios simples, del que ella hace sus compuestos y que es necesario
conocer el medio de hacer la unión de estos principios, pero como
él no conoce a nadie que sepa de estas cosas, ni nadie que las haga,
entiende que la ciencia es vana y que el arte es imposible. Este autor
tiene aún razón cuando dice que si este arte fuera divulgado, los
lazos que unen a los hombres entre ellos se romperían, toda la tie-
rra se cubriría de Filósofos solitarios y concentrados en sí mismos,
que encontrándolo todo bajo sus manos, se volverían totalmente in-
dependientes y no querrían servir a los demás, ni nada recibir. Entre
los hombres únicamente ocupados en ellos mismos, o absortos en el
estudio de la Naturaleza, por la facilidad de su comprensión total,
no habría ni ayudas ni necesidades mutuas, en una palabra, una muy
grande luminosidad sería seguida del aniquilamiento de las virtu-
des, que con las necesidades son el alma y el móvil de la sociedad.

168
También, para prevenir este deterioro y evitar grandes males, el
Dios soberano Creador y dispensador del universo que ha estable-
cido el orden y la correspondencia en las criaturas y que ha formado
las diferentes sociedades entre los seres dotados de inteligencia, este
Dios que es la verdadera luz y que hace distribuir los rayos que a él
le place en la proporción y forma que juzga necesario, no ha que-
rido descubrir este vivo y brillante resplandor a un gran número de
personas, ha preferido, por misericordia, a los que ha querido ilumi-
nar, imprimiéndoles al mismo tiempo un corazón recto, simple y su-
miso a sus órdenes. Ha escogido a este pequeño número para que la
verdad no sea enteramente apartada del mundo y no ha dado el co-
nocimiento de estas altas verdades al común ni a un gran número
para evitar el abuso y la profanación.
Concluimos pues que aunque miles de personas trabajan inútil-
mente en hacer oro y que de todos los que han seguido las diferen-
tes recetas que han encontrado escritas en los libros de los
Filósofos, nadie ha tenido éxito. No es que el arte sea falso y la cien-
cia vana, al contrario, ella es verdadera, pero es necesario que nos
sea dada. Que buscando por nosotros mismos no llegaremos nunca.
Que es necesario ser enseñado por una persona que sepa verdadera-
mente y que sería un crimen divulgar o enseñar sin grandes y exten-
sos sufrimientos los profundos misterios de esta divina ciencia, con-
secuencia e imagen del Creador. Que no se espere encontrar aquí los
puntos esenciales enteramente desvelados, ni tampoco un tratado
completo de Química, o una serie de principios y reglas del arte es-
pagírico, ni tampoco un método para operar; me limito a lo que me
pedís, Sr. en vuestra carta. Es bastante con daros un discurso sobre
la primera materia. Quiera Dios que este breve ensayo pueda servir
no sólo de respuesta a lo que el autor del “Espectáculo de la Natura-
leza” expone, más también para hacerle cambiar de parecer y que se
digne a continuación a darnos un tratado sobre este sujeto. Es en-
tonces cuando se verán la cosas en su mejor buen día. La verdad,
esta divina hija del cielo estaría en su mejor esplendor, puesta en ac-
ción por un gran genio. Podremos, Sr., hablar todavía, entre nos-
otros, en nuestras conversaciones privadas, sea sobre lo que deriva
de esta materia primera, que comentaré hasta lo más claro que me

169
sea permitido, de manera que las vuestras y las mías, sean comple-
tas. Contentaros en cuanto al presente, con el discurso que sigue a
esta carta. Muy sinceramente.
SEÑOR
Vuestro muy humilde y muy obediente servidor.
E.J.D.P.

170
Estomacal de Poterius

La mayor parte de los hombres que se entregan a la ciencia de la


medicina, están aferrados a la composición de sus diversos reme-
dios particulares. Sea por amor propio o por cualquier otro motivo,
han escondido cuidadosamente el secreto al público. Hipócrates,
tenía un específico contra la peste. Silvio poseía una sal de una gran
virtud. Riviere, un febrífugo que ha dado bajo el velo de un enigma.
Van Helmont, Poleman, Helvetius, de nuestro tiempo, tienen tam-
bién específicos maravillosos. Entre otros, Poeterius, célebre Mé-
dico de Angers, tenía tres o cuatro, su antiéctico estomacal es el que
ha tenido más brillantez y el que ha sido más saludable al público.
Pero este autor ha sido siempre muy celoso, nunca escribió todas las
preparaciones, comenta la materia en términos oscuros y mediante
palabras encubiertas, que hasta hoy han dado mucho trabajo a todos
los que se han aplicado en la búsqueda de este remedio, pues esta
manera de hablar misteriosa ha sido causa de que se la imagine en
una infinidad de materias extrañas y si alguno ha conseguido descu-
brir la verdadera materia, no ha conseguido descubrir la verdadera
preparación que siguiendo los términos del autor, parece entera-
mente imposible.
Se podría sin embargo llegar, si se ha seguido el camino que he
practicado, que ha consistido en hacer exactamente la concordancia
de algunos capítulos de sus libros. Es difícil no hablar a menudo de
lo que se ama, de no hacerlo con satisfacción, y a fuerza de hablar,
se descubre a su pesar. Después es fácil levantar el velo, es lo que
he hecho siguiendo al pie de la letra al autor.
Este admirable remedio se hace mediante la sal Nitro muy pura
(del que hemos dado la composición), pues en el apéndice de su far-
macopea al tratar de esta sal estomacal dice expresamente que la
materia se encuentra por todas partes, pero sin embargo, más abun-

171
dante en unos lugares que en otros, que abona la tierra y la vuelve
fértil, que hace vegetar las plantas y fructificar a los árboles, lo que
no puede ser legítimamente atribuido más que al Nitro, pues es la
única sal de la Naturaleza que tiene esta virtud. Sigue diciendo en
el mismo apéndice, y sobre la preparación de esta materia, que tras
haberla purificado de las inmundicias de la tierra, de donde de se la
extrae, no le queda más que la sola cocción para perfeccionarla y
hacer su específico para el estómago.
En el segundo libro de su farmacopea, en el capítulo del Nitro,
dice igualmente que la principal preparación de esta sal consiste en
la cocción, pues es por medio de ésta que adquiere una virtud admi-
rable, que hace que se abrace y que abra los cuerpos a los que se le
une, pues extrae y exalta las fuerzas, es lo que dice casi en los mis-
mos términos, en su apéndice, en favor de su estomacal que vuelve
universal o particular, para la resolución o reunión de todos los
cuerpos de la astronomía subterránea. Así, es fácil conocer que la
materia del Estomacal y el Nitro, no son los dos, más que una sola
y misma cosa, que Poterius llama, bien cuerpo seco y disoluble,
bien sal sulfurosa, agua seca y baño maría, bien sal balsámica o sal
hermafrodita para ocultarla mejor, siguiendo los lugares de donde
se sirve y los diferentes usos y mezclas que hace.
Tomad Nitro bien purificado de tierra y separado de todas otras
sales extrañas y superfluas, de conformidad a lo que nos dice nues-
tro autor en el último artículo de su apéndice.
Ponedlo, en la cantidad que os plazca, en un buen crisol, hace-
dlo fundir, cuando esté fundido, echadle un poco de carbón tritu-
rado, veréis inmediatamente como se enciende con el Nitro y se
mueve sobre la superficie de esta sal hasta que sea enteramente con-
sumado. Poned un poco más, continuad hasta que no se produzca
más acción entre el carbón y la sal, romperéis entonces vuestro cri-
sol, haréis una lejía de toda vuestra materia, filtradla y evaporad, y
tendréis un Nitro fijado por la unión del azufre del carbón que le ha-
béis dado en esta calcinación. Reiterad sobre esta sal esta misma
operación, hasta tres o cuatro veces, es así como el autor lo pres-
cribe en el segundo libro de su farmacopea. Después de haberla dis-

172
puesto cada vez a esta calcinación, por la inversión de sus princi-
pios, y siguiendo el método que usa Glauber para su milagro del
mundo, tendréis así una sal dulce y agradable, un imán que tiene el
poder de extraer la virtud de las cosas con las que se une. Poned esta
sal así preparada en una cucúrbita, con tanto de buena agua de vida,
en la cantidad suficiente para disolverla, cerrad y enlutad bien este
vaso con otro que lo reencuentre, ponedlo en digestión, sea en el cá-
lido estiércol de caballo, o al baño maría, durante ocho días, des-
pués tras haberlo retirado, situadlo en la bodega o en otro lugar frío
y vuestra sal se congelará en cristales dulces y agradables. Si la des-
eáis con un más grande dulzor, disolvedla en una nueva agua de
vida, hacedla nuevamente cristalizar y tendréis finalmente lo que
habéis soñado.
Es lo que Poterius enseña en el segundo libro de su farmacopea,
donde tras haber mostrado que los cristales dulces y balsámicos de
la sal común deben extraerse por el agua de vida, hace de esta ex-
tracción, el modelo de hacer que prescribe sobre el Nitro fijo, el que
tras esta preparación, es el fundamento de lo que tiene de más pre-
cioso y de más excelente para la medicina.
Este remedio es llamado estomacal porque está precisamente
destinado al socorro del estómago, lo que no debe ser entendido
sólo para el ventrículo donde se hace la primera digestión de las co-
midas, sino también de otros lugares o partes del cuerpo donde el
jugo alimentario es distribuido y particularmente digerido y conver-
tido en la sustancia de cada miembro. Es por lo que cura no sólo las
indisposiciones del vientre, vulgarmente llamado estómago, como
son las frialdades, crudezas, inapetencias, desgana, pesadez, debili-
dades, dolores, inflamaciones, hediondeces, etc. Más aún, todas las
especies de cacoquimia167 y depravación del humor en todas las
otras partes, apagando lo que hay de acre y estíptico,168 o de conta-

167 Cacochymie. Cacoquimia. Malsano, de complexión enferma. El cuerpo humano


cuando está lleno de malos humores. D.A.F. 4ª ed. (1762). También se da este nombre al
carácter agrio.
168 Stiptico, styptique, Astringente.

173
gios, procurando a cada miembro una digestión y asimilación per-
fecta del jugo alimenticio que la naturaleza le envía. Es excelente
contra lo que causa la extravasación y la flaqueza del cuerpo, las
fiebres lentas, los dolores fijos, vagos, y toda clase de afluencias de
humor cálidas, frías y mordicantes.
Este medicamento es de un sabor muy agradable, se le da al peso
de 10, 15, 20, 25, hasta 30 granos, según la constitución y la edad
de la persona a quien se le administra y la prudencia del médico, en
un poco de conserva169 de rosa o de violeta. Se puede tomar para
casi toda clase de enfermedades, mezclándolo con los otros reme-
dios, a los que le aumenta su virtud al fortalecer el estómago que es
el principal órgano, pues la naturaleza se sirve de él para transfor-
mar todos los remedios de poder en acto. Opera en nosotros sin nin-
guna alteración manifiesta. Se le puede tomar durante mucho
tiempo sin que su uso produzca ningún efecto malvado, porque la
mayor parte de nuestros males procede ordinariamente de la imper-
fección de nuestras digestiones. Así, no hay remedio que no se deba
buscar con más cuidado, ya que regula en todo el cuerpo la acción
de los fermentos, pues la naturaleza se sirve para mantener todas las
partes y ayudar a destruir lo que puede ser obstáculo a las funciones
de la vida.
Se admite que algunas digestiones –es cierto que Dios por un
efecto de su bondad y de su sabiduría infinita, las tiene hasta tal
punto bajo sus órdenes, la una a la otra, que las ha obligado a cada
una de ellas a funciones indispensablemente necesarias, que si la
primera que se hace en el estómago no comunica a los alimentos el
carácter requerido para ser admitida en la segunda, esta materia así
privada de las disposiciones necesarias para la vida, no puede cau-
sar más que desorden en cualquier lugar que le lleve su movi-
miento– no pueden suplirse entre ellas la falta de las unas y de las
otras, la que sigue depende absolutamente de la que le precede, cada
una a su efecto limitado, siguiendo el rango que ocupa. Así, el ali-

169 Conserve. Conserva. Especie de confitura hecha de frutas, de hierbas, de flores o de


raíces. D.A.F. 4ª ed. 1762.

174
mento adquiere por grados su perfección, y la ruptura y transgresión
de este orden causa en nosotros los defectos que la naturaleza le
cuesta reparar si ella no está secundada por algún estomacal exce-
lente, que dulcificando los humores, pacificando los espíritus, re-
ponga todas las potencias vitales en su deber y armonía. Así, de
todos los estomacales que ha complacido a los Sabios dar al pú-
blico, es cierto que no hay ninguno comparable al de Poterius, por
el que con placer sacrificamos nuestras vigilias, nuestros trabajos,
nuestras búsquedas y nuestras experiencias.

Preparación de la tierra vitriólica o del imán astral

Tomad del buen vitriolo de Inglaterra, que pondréis en un gran


vaso de madera de encina y verted por encima seis partes de agua
de lluvia destilada contra una de vitriolo, dejad disolver el vitriolo
y a la disolución hecha añadidle piedras (guijarros) calcinadas, re-
ducidas en polvo fino, en el mismo peso que el de vuestro vitriolo,
dejad a toda esta disolución, digerir a un calor muy dulce, como el
de una estufa, durante el espacio de cuarenta días. Durante esta di-
gestión, dos clases de heces se separarán de la materia, unas pesa-
das y terrestres, que se depositarán en el fondo del vaso, las otras li-
geras y sulfurosas que sobrenadarán en forma de espuma. Se debe
quitar esta espuma o mugre con una espumadera de madera a me-
dida en que se va formando, y tras los cuarenta días de digestión,
verted muy dulcemente la disolución a claro, en tarros de gres, re-
chazad como inútil todo lo que se amasó en el fondo del vaso.
Filtrad bien vuestra disolución y haced evaporar muy dulcemente
hasta el seco. Haced secar a un muy dulce calor vuestra materia
hasta la blancura, añadid entonces igual peso de un buen régulo de
antimonio marcial reducido en polvo impalpable y otro mismo peso
de Nitro muy puro, fijado por el azufre o por el carbón y purificado
por la disolución, filtración, desecación. Mezclad mediante una
buena trituración estas tres materias o polvos y colocadlos en una
buena y fuerte retorta. Dadle fuego por grados para hacer enrojecer
la blancura de la retorta que mantendréis así durante cuatro horas.

175
El agua fuerte que saldrá la podréis guardar para cualquier otra
cosa, siendo inútil para nuestra operación. Retirad y dejad enfriar la
retorta, tomad la materia y dejadla en un lugar cubierto, permeable
al aire y sin nada de sol durante cinco días y cinco noches. Hacedla
seguidamente disolver en agua de lluvia destilada, filtrad y evapo-
rad, desecad y calcinad como antes, habiendo añadido a la materia
desecada y antes de la calcinación, la mitad del peso del mismo
Nitro comentado más arriba. Reiterad todavía otras cinco veces de
la misma manera, exponiendo al aire tras cada calcinación, de
forma que en todo haya siete calcinaciones, precedidas de disolu-
ción, filtración y desecación.
Hechas estas siete calcinaciones y vuestra materia reducida a
polvo fino, tendréis vuestra tierra vitriólica debidamente preparada
y imantada.
Con vuestra tierra vitriólica así preparada, es necesario disponer
de un instrumento de hierro blanco como un embudo para llenar
hasta su mitad del imán arriba descrito y exponedlo al aire de la ma-
nera que sigue. Se necesita colocar y acomodar vuestro embudo de
manera que esté al abrigo de las inclemencias del tiempo y por con-
secuencia de la lluvia en el tiempo de los equinoccios, colocando
vuestro embudo en la ventana del lado de levante, el cuello o tubo
dentro de la ventana, al que adaptaréis prudentemente un recipiente
del que enlutareis sus junturas. Al cabo de un cierto tiempo, habrá
más de dos pintas de espíritu universal. Se necesita destilar este es-
píritu siete veces, muy metódicamente y a cada destilación, quedará
una tierra inanimada que debe calcinarse también metódicamente y
se extraerá una sal más blanca que la nieve, tan transparente como
un cristal, y con el mismo disolvente, hacedlo circular en un pelí-
cano durante un mes, entonces será perfecto. Lo guardaréis en una
botella de cristal bien cerrada para haceros servir a necesidad. Con
el disolvente se hace el oro potable.
Tomad una onza de oro en cal, ponedla en una cucúrbita de vi-
drio, haced tres diferentes lociones con el agua o espíritu arriba ci-
tado y dejad durante veinticuatro horas cada loción. Seguidamente
vertedlas por inclinación y desechad, porque lleva con ella toda la

176
acrimonia que el oro puede tener mediante su reducción en cal.
Destilad la cuarta loción al baño maría o al de arena a un fuego mo-
derado. Saldrá un licor citrino, que se debe conservar preciosa-
mente. Es un excelente remedio que puede llamarse a justo título,
Medicina universal, nombre que le dio el difunto M. de Grimaldy.

177
Aprobación

He leído por orden de Monseñor el Canciller, un Manuscrito ti-


tulado, Obras póstumas de Grimaldy, y no he encontrado nada que
pueda impedir la impresión.
En París el 31 de Mayo de 1744. CASAMAJOR.

Privilegio del rey

Luis, por la Gracia de Dios, Rey de Francia y de Navarra: A


nuestros amigos y señores Consejeros de la corte del Parlamento,
Magistrados de demandas170 de nuestro Hotel,171 Gran Consejo,
Preboste de París,172 Bailes,173 Senescales,174 sus lugartenientes ci-
viles y otros de nuestros justicieros que pertenezcan, SALUD.175
Nuestro bien amado Laurent Durand, librero de París, nos ha ex-
puesto que desearía imprimir y dar al Público una Obra que lleva
por título Obras póstumas de M. de Grimaldy, primer Médico del
Rey de Cerdeña, si nos place acordar nuestras patentes de privile-
gios por ser necesarias. A estas causas queremos tratar favorable-
mente al expositor: Damos permiso y permitimos por estos presen-

170 Maîtres des Requêtes, Magistrados que tienen voz deliberativa y que informan de
las demandas de las partes en el Consejo del Rey presidido por el Canciller de Francia.
D.A.F. 4ª ed. 1762.
171 HÔTEL. Gran casa de un Príncipe o de un gran Señor, o de un gran personaje. Se
llamaba antiguamente Hotel a la Casa del Rey. D.A.F. 4ª ed. 1762.
172 PRÉVÔT DE PARIS, Preboste. Oficial principal que es el Jefe de la Jurisdicción de
Châtelet, D.A.F. 4ª ed. 1762. Oficial real que presidía el châtelet de París, jurisdicción del
prebostazgo y vizcondado, que tenía las atribuciones de un baile. Heredero del vizconde
de París, era el representante del Rey en esta ciudad. Sus atribuciones militares, adminis-
trativas y judiciales aumentaron en la edad media, pero le fueron notablemente restringi-
das a partir del s. XVI. Gran enciclopedia Larousse.
173 BAILLIF. Baile. Magistrado y funcionario real. Jefe de la Nobleza y de la Justicia.
D.A.F. 1ª ed. 1694.
174 SÉNÉCHAL. Senescal. Es también un oficial Real, jefe de una justicia subalterna.
D.A.F. 4ª ed. 1762.
175 Tiene también el sentido de un saludo.

179
tes, hacer imprimir la dicha obra arriba citada en uno o varios volú-
menes tantas veces como le parezca, vender y expender por todo
nuestro Reino durante el tiempo de nueve años consecutivos, a con-
tar desde la fecha del día de hoy, hacemos prohibición a todas las
personas de cualquier clase y condición que sean de introducir im-
presiones extrañas en ningún lugar sometido a nuestra obediencia,
como también a todos los libreros, impresores, y otros, de imprimir,
hacer imprimir, vender, dar a vender, expender o copiar la dicha
obra, ni de hacer ningún extracto bajo ningún pretexto, o aumen-
tarla, corregirla, cambiarla o cualquiera otras sin el permiso expreso
y por escrito del expositor, o de los que tengan el derecho, bajo la
pena de confiscación de los ejemplares falsificados (o copiados. N.
del t.), y de tres mil libras de multa contra cada uno de los infracto-
res, un tercio para nosotros, otro para el Hotel-Dios176 de París, y el
otro tercio para el expositor, o el que tenga el derecho sobre la obra,
además de las costas y de los intereses por los daños causados, car-
gos que además serán registrados en el Registro de la Comunidad
de Libreros e impresores de París en los tres meses de la fecha de
aquellos. Que la impresión de esta Obra se hará en nuestro Reino y
no en otra parte, en buen papel y bellos caracteres, de acuerdo con
la hoja impresa, unida para modelo con el contrasello de fecha de
hoy. Que el impetrante,177 se conformará en todo al Reglamento de
la Librería y especialmente al de 10 de abril de 1725. Que antes de
que se exponga a la venta, el manuscrito que habrá servido de copia
a la impresión de esta Obra, será remitido en el mismo estado para
su aprobación a las manos de nuestro muy querido y leal Caballero
el Señor Daguesseau, Canciller de Francia, Comendador a nuestras
órdenes, que hará seguidamente remisión de dos ejemplares a nues-
tra Biblioteca pública, una en nuestro castillo del Louvre y otra para
nuestro referido y muy querido y leal Caballero el Señor Dague-
sseau, Canciller de Francia. Todo bajo pena de nulidad de las pre-
sentes, del contenido de las cuales, mandamos y ordenamos hacer

176 L'Hôtel-Dieu, Hotel de Dios, es un hospital ordinario de enfermos. D.A.F. 4ª ed.


1762.
177 El que obtiene el título.

180
cumplir estos privilegios a favor del expositor, que los tiene plena y
pacíficamente, sin padecer, sea cual sea, ninguna turbación ni impe-
dimento. Queremos que la copia presente, que será impresa en toda
su longitud desde el inicio hasta el fin de la Obra, sea considerada
debidamente y que las copias cotejadas por uno de nuestros amados
y leales consejeros y Secretarios, sean añadidas como el Original.
Ordenamos a nuestro primer hujier o sargento sobre lo requerido, de
velar por la ejecución de aquellas y de todos los Actos requeridos y
necesarios, sin solicitar otro permiso salvo la voz de la justicia,178
los privilegios normandos179 y cualesquiera otros contrarios, pues
tal es nuestro placer. Dado en París, el día veintiséis del mes de
junio, el año de gracia de mil setecientos cuarenta y cuatro y de
nuestro reino el veintinueve. Por el Rey en su consejo. SAINSON.
Registrado en el Registro II de la Cámara Real y sindical de li-
breros e impresores de París, nº 347 Fol. 293, de conformidad con
los antiguos reglamentos, confirmados por el de 28 de febrero de
1723. En París el 8 de agosto de 1744. SAUGRAIN, Síndico.

178 Clameur d’Haro. Clamor de Haro. Que hemos interpretado como voz de la justicia.
Era el grito que se hacía sobre una persona o su caballo para impedirle hacer alguna cosa
y para obligarlo a presentarse ante el juez. Este grito sólo se usaba en Normandía. D.A.F.
1ª ed. 1694.
179 CHARTRE ou CHARTE. Cartas, privilegios, Antiguos títulos, antiguas cartas de pa-
tentes de los Reyes y príncipes, como las cartas de Normandía. D.A.F. 5ª ed. 1798.

181
Antes de despedirnos del lector, permítasenos aconsejar a todo
aquél neófito que desee entrar en la praxis de la Filosofía Natural.
La elaboración de los Régulos requiere de altas temperaturas, por lo
que el riesgo de quemaduras es alto. Es conveniente equiparse bien,
gafas, guantes y ropa adecuada son imprescindibles. Los gases
deben ser evacuados correctamente, lo que hace necesario un ex-
tractor e impide operar en lugares habitados. El trabajo con el Nitro,
el antimonio y los metales es peligroso, especialmente con el mer-
curio, sus gases son extremadamente tóxicos. Se entenderá fácil-
mente la conveniencia de operar al principio con alguien familiari-
zado con el horno. Tampoco debería probarse ningún remedio sin
que éste haya sido previamente analizado y comprobado que carece
cualquier principio dañino. No obstante, si alguien decide iniciarse
solo en el camino, debería trabajar primero con los vegetales, son
una buena antesala a la obra mineral, pero apoyándose siempre en
un buen Dioscórides.
21 de septiembre de 2007. Día de San Mateo, Apóstol y Evan-
gelista.

Salud

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