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Síntesis de la Carta Apostólica Salvifici doloris de Juan Pablo II.

Luis Esteban Fernández

Sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano.


Inicia presentando a Pablo como aquel quien descubrió el sentido salvífico del
sufrimiento para ayudar a muchos. El sufrimiento parece ser esencial a la naturaleza del
hombre. Pertenece a la trascendencia del hombre, en este debe superarse a sí mismo de
manera misteriosa. La redención se ha realizado por la cruz de Cristo. En Él, todo hombre se
convierte en camino de la Iglesia, ella está obligada a salir a su encuentro. El sufrimiento
humano suscita compasión, respeto y a su manera atemoriza. El hombre en el sufrimiento se
vuelve misterio intangible.
El sufrimiento no sólo se abarca desde la terapia médica, pues el hombre sufre de
diversas formas. Existe el sufrimiento físico y moral (dolor del alma), a ambos los acompaña
la dimensión psíquica. La extensión y multiformidad moral no es menor que las de dolor
físico, pero a la vez parece menos alcanzable por la terapéutica.
La S.E es un gran libro sobre el sufrimiento que van desde la muerte hasta el
remordimiento de conciencia, pasando por la dificultad de comprender el sufrimiento de los
justos. El A.T une con frecuencia sufrimientos morales con el dolor de determinadas partes
del organismo como los huesos, el corazón. No se puede negar la somatización de algunos
sufrimientos morales.
El hombre sufre cuando experimenta cualquier mal. Hay una relación directa de estos
en el AT porque se usaba la misma palabra. En el NT sí existe la el verbo pas, (estar afectado)
con el cual se separan sufrimientos y mal. Ahora el hombre sufre si prueba el mal. ¿Qué es
el mal? El cristianismo no predica una existencia del mal del cual hay que liberarse, sino que
sufre a causa de un bien del cual no participa.
El mundo del sufrimiento tiene una compactibilidad propia, pues los hombres que
sufren se hacen semejantes entre sí través de la analogía de la situación (empatía). Presenta
el mundo del sufrimiento un desafío a la comunión y solidaridad. Este mundo se vuelve denso
en momentos de calamidades como en catástrofes naturales o flagelos sociales, o las guerras
(incomparable acumularse de sufrimientos producidos por el hombre).
Sobre la causa o finalidad del sufrimiento humano, solamente el hombre se hace esta
pregunta y sufre más si no encuentra respuesta satisfactoria. Otra pregunta es ¿Porqué el mal
en el mundo? Preguntas difíciles del hombre para el hombre, o del hombre a Dios. Interesante
que no se la hace al mundo, a pesar de que muchas veces venga el sufrimiento de este. Ante
esto se ha llegado hasta l negación de Dios. En el libro de Jo se encuentra una viva expresión.
Se ve la postura que justifica el moralmente el mal, como pena por el pecado, pagando Dios
bien por bien y mal por mal. Sin embargo, el Dios del NT es el Creador, de quien junto con
la existencia proviene el bien esencial de la creación. Otra postura en Job es la de que el
sufrimiento es sembrado y por tanto cosechado por el hombre. Pero esto anterior no se
cumple en Job, pues el suyo es el sufrimiento de un inocente, el cual debe ser aceptado como
un misterio que el hombre no puede comprender a fondo con su inteligencia. Los principios
del orden moral trascendental de la Revelación no se pueden aplicar de manera exclusiva y
superficial: Es verdad que todo sufrimiento tiene el sentido de castigo cuando es
consecuencia de la culpa, no es verdad que todo sufrimiento sea consecuencia de la culpa y
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tenga carácter de castigo. Si el Señor consiente en probar a Job con el sufrimiento, lo hace
para demostrar su justicia. El sufrimiento tiene carácter de prueba. A pesar de esto, Job no da
una solución al problema.
En el AT también hay una visión que da valor educativo al sufrimiento, por ejemplo,
en los sufrimientos infringidos al pueblo escogido hay invitación a la misericordia la cual
corrige para llevar a la conversión. Así la pena, en su dimensión personal permite reconstruir
el bien en el mismo sujeto que sufre en esta llamada misericordiosa a la penitencia.
El amor divino (su sublimidad) es la fuente más rica del sentido del sufrimiento (que
no deja de ser misterio), sentido que Dios da al hombre en la cruz de Jesucristo, porque;
Tanto amó Dios al mundo, que envió a su unigénito… para que todo el que crea en él tenga
la vida eterna. Jn 4, 16. Vemos la relación entre salvación (liberación del mal) y sufrimiento,
que solo el Hijo puede asumir, muestra del Amor de Dios; Amor salvífico.
El hombre muere cuando pierde la vida eterna. Lo contrario de la salvación no es solo el
sufrimiento temporal sino el definitivo, el ser rechazados por Dios, la condenación. Por ello
la misión del Hijo fue vencer el pecado (con su obediencia) y la muerte (con la resurrección).
Al decirse que Cristo con su misión toca el mal en sus mismas raíces también se
refiere al mal y sufrimiento en su dimensión temporal e histórica. Pues si bien se debe
discernir la proveniencia del sufrimiento en el hombre, en la base de los sufrimientos
humanos hay una implicación múltiple con el pecado.
De igual manera ocurre con la muerte, la cual es esperada muchas veces como una
liberación de los sufrimientos de esta vida. Ella es síntesis de la acción destructora en el
organismo corpóreo y la psique. El alma subsiste separada del cuerpo, pero el cuerpo se
somete a la descomposición; al polvo volverás. Pero, aunque la muerte se encuentra más allá
de cualquier sufrimiento y el mal que experimenta el ser humano tiene carácter definitivo y
totalizante, con su obra salvífica Cristo lo libera al hombre del dominio del pecado original,
dándole la posibilidad de vivir en gracia santificante, y lo libera del dominio de la muerte
abriéndole el camino a la futura resurrección de los cuerpos. Por lo que para los salvados en
la perspectiva escatológica el sufrimiento es totalmente cancelado.
A pesar de que Cristo no haya acabado con los sufrimientos temporales, su victoria
proyecta sobre estos sufrimientos, la luz de la salvación: el Evangelio, tocando en este de
manera salvífica todas las raíces del mal humano.
Jesús en su actividad mesiánica se acercó incesantemente al mundo del sufrimiento y pasó
haciendo bien, cerca de los pobres (de cuerpo y alma) y enfermos. Instruía por medio de las
bienaventuranzas. Pasó fatigas y necesidades materiales, incomprensiones, supo de los
sufrimientos que le esperaban, asumiéndolos para que el hombre no muera. Por ello reprende
a Pedro cuando lo quiere apartar de los sufrimientos y la muerte en cruz, muestra de su
convencimiento de su diálogo con Nicodemo en Jn 4,16 y del amor que ha tenido al mundo.
Tomando para sí los males de la humanidad como dice el Siervo doliente con un amor tal
que supera el mal de todo pecado. Posee una dualidad de naturaleza; humanas, pero a la vez
con intensidad y profundidad únicas en la historia por ser Dios de Dios, sólo Él ha sido capaz
de asumir la medida del mal contenida en el pecado de cada hombre y en el pecado total.
Cristo sufre voluntaria e inocentemente, llevando a la plenitud el dilema del Libro de Job, y
lo supera porque no sólo es hombre, sino Dios, y por ello lleva también el máximo de la
posible respuesta a este interrogante por medio de la doctrina de la cruz. Las palabras en el
Getsemaní; hágase tu voluntad, demuestran la verdad de su sufrimiento y lo que esto es;
padecer el mal ante el que el hombre se estremece. En el Gólgota ¿…por qué me has
abandonado? Nacen de la inseparable unión del Hijo con el Padre y porque este cargó sobre
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Él, nuestra iniquidad, percibiendo la ruptura con Dios. El sufrimiento humano alcanza su
culmen en la pasión de Cristo y a la vez alcanza una dimensión completamente nueva; ha
sido unida al amor, aquel que saca bien incluso del mal, así como el bien supremo ha sido
sacado de la cruz, de esta debemos sacar la respuesta al sentido del sufrimiento. En ella el
mismo sufrimiento humano ha sido redimido. Es en dónde encuentran cumplimiento las
palabras de Job; Yo sé en efecto que mi Redentor vive.
Cada hombre está llamado a participar en este sufrimiento mediante el cual se ha
llevado a cabo la redención.
San Pablo dice; llevando siempre en el cuerpo la muerte de Cristo, para que la vida de Jesús
se manifieste en nuestro tiempo, sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con
Jesús nos resucitará (2 Cor 4,8-11). EL hombre halla en la resurrección una luz
completamente nueva que lo ayuda a abrirse camino a través de la densa oscuridad de las
humillaciones, dudas, desesperación… Así como abundan en nosotros los padecimientos de
Cristo, así por Cristo abunda nuestra consolación (2Cor 1,5). Invita a ofrecer nuestros cuerpos
como hostia viva, santa y grata a Dios: este es vuestro culto racional (Rom 12,1).
Para Pablo la Gloria sólo puede estar en la cruz del Señor, el mundo está crucificado para mí
y yo para el mundo (Gal 6, 14).
Pablo tuvo participación en la cruz de Cristo a través de la experiencia del Resucitado.
Los testigos de la cruz estaban convencidos de que por muchas tribulaciones nos es preciso
entrar en el reino de Dios (He 14, 22).
Por tanto, la participación en los sufrimientos de Cristo es participación en los
sufrimientos por el reino de Dios. Mediante el sufrimiento los hombres devuelven en un
cierto sentido el infinito precio de la pasión y muerte de Cristo y maduran para el mismo
reino envueltos en el misterio de la redención. Además, están llamados a tomar parte de la
gloria. Pablo afirma que los sufrimientos de esta tierra no son nada en comparación con la
gloria que se ha de manifestar en nosotros (Rm 8, 17-18), por ello él y Pedro invitan a
alegrarnos en los sufrimientos.
Cristo en la cruz (debilidad) manifestó su poder, al ser elevado en la glorificación. El
sufrimiento es también una llamada a manifestar la grandeza moral del hombre, su madurez
espiritual. Perdónalos porque no saben lo que hace (Lc 23, 34) y No tengan miedo a los que
matan el cuerpo (Mt 10, 28).
El sufrimiento es siempre una prueba, pero por Cristo, las debilidades humanas
pueden ser penetradas por la misma fuerza de Dios, que se ha manifestado en la cruz de
Cristo. Así sufrir sería hacerse receptivos, particularmente a la acción de las fuerzas salvíficas
de Dios. En Rm 5,3-5 Pablo dice que nos gloriamos en las tribulaciones pues estas producen
paciencia →Virtud probada→ esperanzas → no quedará confundida. Se refiere a la virtud
de soportar con paciencia lo que molesta y hace daño. Y con la esperanza brota el amor de
Dios, don supremo del E.S. El sufrimiento tiene un carácter creador, porque Cristo de este ha
creado el bien de la redención del mundo, el cual es inagotable e infinito, ningún hombre
puede añadirle, pero Cristo lo ha abierto a todo hombre: En cuanto el hombre se convierte en
partícipe de los sufrimientos de Cristo, a su manera completa aquel sufrimiento mediante el
cual Cristo ha obrado la redención del mundo. No porque sea incompleta sino porque la
redención plena, obrada pro Cristo en virtud del amor satisfactorio, permanece
constantemente abierta a todo amor que se expresa en el sufrimiento humano. Es parte
esencial del sufrimiento redentor de Cristo el hecho de que vaya a ser completado sin cesar.
También la Iglesia como cuerpo místico de Cristo completa en el tiempo y espacio lo que
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falta a los sufrimientos de Cristo en cada hombre que sufre. Aquí vemos la naturaleza divino-
humana de la Iglesia. La Iglesia por ello venera con profundidad el sufrimiento.
En el Evangelio del sufrimiento que Cristo ha dejado, vemos a su Madre junto a Él,
con su vida entera que los acumuló de forma que fueron prueba de su fe inquebrantable y una
contribución a la redención de todos. Desde el coloquio con el ángel ve en su misión de
madre, el tener que compartir los sufrimientos del Hijo que llegarían desde el punto de vista
humano a su vértice en el calvario, pero a la vez misterioso y sobrenatural, con fines fecundos
par la salvación universal.
Cristo en su Evangelio no escondió la necesidad del sufrimiento; Si alguno quiere
venir en pos de mí... (Lc 9,23), la puerta es estrecha… persecuciones. También dijo que no
nos debíamos de preocupar por nuestra defensa pues nos daría un lenguaje y sabiduría a la
que no se podría nadie resistir. Algunos deberán morir por su nombre, pero no se perderá ni
un pelo de su cabeza. Con paciencia comprarán la salvación de sus almas. (Cfr Lc 21, 12-
19). Tampoco esconde que ante tales persecuciones sufrimientos en su nombre, les
acompañarán fuerzas sobrenaturales, verificación de la semejanza a Él.
En el sufrimiento se esconde una particular fuerza que acerca interiormente el hombre
a Cristo, una gracia especial. Muchos santos como San Francisco son muestra de que el
hombre puede encontrar en el sufrimiento una madurez espiritual que lo hace creer en que a
pesar de la incapacidad para vivir y obrar es un hombre completamente nuevo, lección para
tantos otros sanos.
Se puede decir que casi siempre entramos al sufrimiento con una protesta típicamente
humana y con un porqué. Cristo responde desde su propio sufrimiento, sin embargo, se
requiere tiempo para que esta respuesta comience a ser interiormente perceptible, cuando el
hombre se hace partícipe de los sufrimientos de Cristo, es algo más que una respuesta
abstracta a la pregunta del sufrimiento. Sólo tomando su cruz, siguiendo a Cristo encuentra
sentido, no a nivel humano, sino al nivel de sufrimiento de cristo, encuentra paz interior e
incluso alegría espiritual.
Se suspende entonces el sentido de inutilidad por alegría. Esto agobia muchas veces
al hombre por percibirse como carga para los demás. El sentido salvífico de Cristo transforma
la sensación deprimente. Nuestros sufrimientos sirven también para la salvación de los
hermanos. EL sufrimiento es el camino de redención, particular apoyo a las fuerzas del bien.
Por ello en quienes sufren la Iglesia ve un sujeto de apoyo múltiple de su fuerza sobrenatural,
conservan una partícula del tesoro infinito de la redención del mundo, y la pueden compartir.
La Parábola del Samaritano, parte del Evangelio del sufrimiento nos enseña la
relación que debemos tener con nuestro prójimo. Buen Samaritano es todo hombre que se
para junto al sufrimiento de otro hombre, hombre que se conmueve y reacciona. Se da a sí
mismo. El hombre no encuentra su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los
demás. Es Samaritano el hombre capaz de ese don de sí mismo.
El sufrimiento irradia también el amor al hombre, ese desinteresado don del propio
yo en favor de los demás hombres, de los hombres que sufren. El mundo del sufrimiento
invoca sin pausa otro mundo: el del amor humano, desinteresado que brota del corazón. La
parábola es verdad cristiana pero universalmente humana.
La elocuencia de la parábola del buen Samaritano como la de todo el Evangelio es: el
hombre debe sentirse llamado personalmente a testimoniar el amor en el sufrimiento. Las
instituciones son importantes, pero ninguna puede sustituir el corazón humano, la compasión,
cuando se trata de salir al encuentro del sufrimiento ajeno (físicos y sobre todo del alma).
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La Revelación de Jesucristo no se identifica con una actitud de pasividad de frente al


sufrimiento. El Espíritu del Señor me ungió para evangelizar a los pobres…
Detrás de cada sufrimiento humano está el de Cristo, pues dice “A mí me lo hiciste”. Cristo
enseño a hacer bien con el sufrimiento y a hacer bien a quien sufre.
El Concilio enseña que el misterio del hombre sólo se esclarece con el misterio del
Verbo encarnado. Cuando el sufrimiento se realiza así en plenitud a la luz de Cristo, por más
dramático, se convierte en luz para mida humana, esto es particularmente alegre. Sólo en
Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte.