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EL AGRAVIADO Y LA REPARACIÓN

CIVIL EN EL NUEVO CÓDIGO


PROCESAL PENAL

PRIMERA EDICIÓN
FEBRERO 2013
5,790 ejemplares

© Gaceta Jurídica S.A.


© Elky Villegas Paiva

PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN
TOTAL O PARCIAL
DERECHOS RESERVADOS
D.LEG. Nº 822

HECHO EL DEPÓSITO LEGAL EN LA


BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ
2013-03275

LEY Nº 26905 / D.S. Nº 017-98-ED

ISBN: 978-612-311-040-6
REGISTRO DE PROYECTO EDITORIAL
31501021300179

DIAGRAMACIÓN DE CARÁTULA
Martha Hidalgo Rivero
DIAGRAMACIÓN DE INTERIORES
Henry Marquezado Negrini

GACETA JURÍDICA S.A.


ANGAMOS OESTE 526 - MIRAFLORES
LIMA 18 - PERÚ
CENTRAL TELEFÓNICA: (01)710-8900
FAX: 241-2323
E-mail: ventas@gacetajuridica.com.pe

Impreso en:
Imprenta Editorial El Búho E.I.R.L.
San Alberto 201 - Surquillo
Lima 34 - Perú
A Dios, por guiar mi camino y
bendecir mi vida
A mi familia, por ser soporte e
inspiración,
Gracias.
Introducción

Modernas tendencias del Derecho Procesal Penal tienden a reconocer –de


forma acertada– que el proceso penal no consiste en una relación jurídica
exclusiva que surge entre el imputado (procesado) y el Estado, donde debe
aplicarse únicamente lo que se conoce como justicia retributiva; sino que,
en la solución del conflicto originado en un delito, existe otro sujeto que de-
be ser tenido en cuenta: la víctima, la cual debe ser considerada como un
protagonista dentro del proceso, reconociéndosele los derechos que posee,
y que por tanto tiempo han sido olvidados del escenario penal.

Al hilo de tales ideas la reforma procesal penal latinoamericana, emprendió


su marcha con la dación –en muchos casos– de nuevos códigos procesales
penales adscritos a un nuevo modelo de desarrollo para la aplicación de la
justicia penal: modelo denominado por muchos como uno de tipo acusato-
rio-adversarial de carácter garantista –a diferencia de los códigos procesales
penales anteriores adscritos al modelo inquisitivo o mixto–. Esta reforma, a
la cual el ordenamiento jurídico peruano se ha adherido con la promulga-
ción y entrada en vigencia progresiva del CPP de 2004, busca resguardar de-
rechos fundamentales de quienes se vean envueltos en un proceso penal,
entre ellos, obviamente resultan amparados los derechos del imputado, pe-
ro no solo los de él, sino que también existe un reconocimiento a los dere-
chos de la víctima de un delito, hecho que resulta altamente positivo en pro-
cura de una real eficacia del sistema penal en la resolución de los conflictos
originados por un ilícito penal.

Precisamente por ello, es decir, ante la importancia del paso dado en el país
con el reconocimiento de ciertos derechos para la víctima, surge la necesi-
dad de seguir avanzando en esta área para evitar que ese reconocimiento
sea solo simbólico. Una manera de apuntar en este avance es dar a cono-
cer, precisar y delimitar los alcances de los derechos de la víctima (o agravia-
do como la denomina el CPP de 2004) y cómo va a ser su participación en

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Elky Alexander Villegas Paiva

la solución del conflicto penal, pues solo así podrán ser invocados y garan-
tizárseles su respeto en un proceso penal en concreto, impidiendo que solo
queden en la letra de la ley.

Ese es el objetivo planteado al momento de elaborar el presente estudio


sobre los derechos de la víctima en el campo del proceso penal, de forma
que se conozcan las maneras en que tales derechos pueden materializar-
se. El principal cometido de este trabajo es conceptualizar sobre las garan-
tías de las víctimas, así como establecer los mecanismos para hacer efecti-
vos sus derechos en el procesos penal, lo cual sería ilusorio si no se propen-
de por un empleo adecuado de las normas que prevén un verdadero esce-
nario en el cual ellas finalmente son protagonistas como intervinientes en
el proceso y como actores que hacen parte no solo del conflicto sino tam-
bién de su solución.

Asimismo, se analizan las diversas situaciones que se presentan cuando la


víctima es requerida como testigo para el esclarecimiento del evento delic-
tivo, así como el valor probatorio que tienen sus declaraciones, y las medi-
das que se deben adoptar cuando la víctima se encuentre en especiales si-
tuaciones de vulnerabilidad.

Finalmente se verán aspectos referidos a cuando la víctima se constituye en


actor civil, los supuestos en que es sujeto de reparación civil, precisándose
la naturaleza jurídica, finalidad y criterios de determinación de esta última
institución.

Debe quedar claro desde ya, que con mejorar las condiciones de la víctima
del delito no se busca destruir el sistema de derechos y garantías que con
esfuerzo en el devenir de los años se ha construido para defender al acusa-
do frente a los atropellos del poder público. Lo que ahora se busca es un sis-
tema de garantías y derechos que amparen a la víctima no solo en relación
con las consecuencias del delito, sino, también, frente a su victimario. En su-
ma lo que se busca es que ambos sistemas (protección al imputado y pro-
tección a la víctima) se hallen en armonía y equilibrio en un Estado respe-
tuoso de los derechos fundamentales de todas las personas.

Esperamos que el presente estudio, incentive a otros a realizar trabajos en la


misma línea que coadyuven al rescate de la víctima en el sistema penal en
general, y en el proceso penal en particular. No se debe olvidar que el resca-
te de las víctimas del delito es una tarea que debe ser asumida desde muy
variadas perspectivas por las distintas disciplinas penales.

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El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Al término de esta introducción, debo agradecer a quienes hacen posible


que está obra llegue a buen puerto: en primer lugar a nuestro creador: a
Dios, pues todo viene de Él, y a Él se lo debo todo.

A mi familia, por ser mi fuerza y razón para seguir avanzando, por su alien-
to y comprensión en todo momento. Igualmente mi agradecimiento a todas
aquellas personas que por diversas circunstancias de la vida se cruzaron en
mi camino y me mostraron su apoyo para seguir adelante.

A Belkis Torres, destacada estudiante de Derecho de la Universidad Nacio-


nal Pedro Ruiz Gallo, por su colaboración en la recopilación de las fuentes bi-
bliográficas y jurisprudenciales utilizadas en el presente trabajo. A los doc-
tores Manuel Muro y Percy Revilla por la confianza depositada en el autor, lo
cual permite que esta investigación vea la luz bajo el sello editorial de Ga-
ceta Jurídica.

Elky Alexander VILLEGAS PAIVA

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CAPÍTULO PRIMERO
El nuevo sistema procesal
penal peruano
El nuevo sistema procesal
penal peruano

1. LA REFORMA PROCESAL PENAL PERUANA EN EL CONTEXTO DE


LA REFORMA DE LA JUSTICIA PENAL EN LATINOAMÉRICA: BREVE
REFERENCIA

Consideramos necesario iniciar nuestro estudio tratando brevemente sobre


el nuevo sistema procesal penal peruano –en el marco de la reforma de los
sistemas penales latinoamericanos[1]– con la finalidad de conocer el contex-
to y características bajo el cual se ha dado cabida al reconocimiento de los
derechos de la víctima.

Ahora bien, como se sabe, la justicia penal tiene como el reto más importan-
te que la sociedad le impone: el brindar un marco de respuesta adecuado a
los conflictos que inevitablemente llegan a su sede ante los fallidos intentos
de resolución por los demás medios de control social (formales e informa-
les[2]) instituidos para tal fin, y es por ello que no puede soslayarse ante tal

[1] Véase, entre otros, VARGAS VIANCOS, Juan Enrique. “La nueva generación de reformas procesales
penales en Latinoamérica”. En: GARCÍA RAMÍREZ, Sergio e ISLAS DE GONZALES MARISCAL, Olga
(Coordinadores). Panorama internacional sobre justicia penal. Proceso penal y justicia penal internacio-
nal. IIJ-UNAM, México D.F, 2007, p. 25 y ss. ORÉ GUARDIA, Arsenio y RAMOS DÁVILA, Lisa. “Aspectos
comunes de la reforma procesal penal en América Latina”. En: Alerta Informativa. Loza Ávalos Abogados,
Lima, 2008, pp. 1-48. También los trabajos contenidos en MAIER, Julio; AMBOS, Kai y WOISCHNIK,
Jan. (Coordinadores). Las reformas procesales penales en América Latina. Ad Hoc, Buenos Aires, 2000.
BENAVENTE CHORRES, Hesbert y PASTRANA BERDEJO, Juan David. Implementación del proceso penal
acusatorio adversarial en Latinoamérica. Flores Editor, México D.F., 2009. Asimismo resulta indispensable
consultar los estudios realizados por el Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA) denomina-
dos Proyecto de Seguimiento de las Reformas Penales en América Latina, especialmente: VARGAS, Juan
(Editor) y RIEGO, Cristian (autor informes comparativos). Reformas procesales penales en América Latina:
Resultados del proyecto de Seguimiento. Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA), Santiago,
2005. AA.VV. Reformas procesales penales en América Latina: Resultados del proyecto de seguimiento,
V etapa. Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA), Santiago, 2009. Para el caso específico de la
reforma procesal penal en el Perú véase los trabajos contenidos en AA.VV. Juntos generamos justicia. El nue-
vo Código Procesal Penal en el Perú. Implementación, experiencias y conclusiones 2003-2010. Cooperación
Alemana al Desarrollo Internacional-GIZ, Lima, 2011.
[2] Se habla de control social “institucionalizado” o “formal” cuando dicho control se ejerce directamente por insti-
tuciones, mecanismos o medios, que han sido creados o provienen del Estado para esa finalidad (la escuela,

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Elky Alexander Villegas Paiva

mandato, pues es el último recurso (última ratio) que le queda a la sociedad


para resolver tales conflictos y mantener la convivencia social.

Para lograr el objetivo planteado, el ordenamiento jurídico debe adoptar un


sistema procesal penal que permita, por un lado, dar una respuesta sólida y
firme a los múltiples conflictos penalmente relevantes que existen en nues-
tro país; y por otro lado, brindar las garantías necesarias para todos los acto-
res que participan en el conflicto penal.

Sin embargo, el sistema penal inquisitivo y el sistema mixto, que hasta hace
algunos años predominaban en varios países de la región, incluido el nuestro,
adolecía de una serie de defectos que ponían en jaque todo el sistema penal.

Así, una de las cargas más pesadas con las que hasta ahora arrastra el siste-
ma de justicia penal, en los distritos judiciales donde aún no entra en vigen-
cia el CPP de 2004, es su lentitud para resolver los conflictos que llegan a él.
La imagen recurrente del proceso penal está vinculada a la morosidad de los
trámites, a la repetición innecesaria de diligencias, a la abultada carga pro-
cesal, a las actitudes burocráticas de los operadores e, incluso, a la conducta
–muchas veces– dilatoria de las partes.

En América Latina, el sistema inquisitivo no contribuía a proteger las ga-


rantías jurídicas básicas[3]. Existía una falta de publicidad del proceso, lo
cual no solo no promovía sino que impedía la transparencia del proceso,
la cual, como hoy se sabe, es tan esencial para un adecuado control de la

la policía, los tribunales, etc.), mientras que el control social “difuso” o “informal” es aquel que carece de ins-
titucionalidad e inclusive puede surgir espontáneamente (los rumores, los prejuicios, las modas, etc.). De
acuerdo con lo anterior podemos afirmar que el sistema penal es parte del control social que resulta institucio-
nalizado en forma punitiva y con discurso punitivo, que alcanza en la práctica desde que se detecta la posibi-
lidad o sospecha de un delito hasta que se impone y ejecuta la pena, aunque en algunos casos puedan darse
acciones controladoras y represoras que aparentemente nada tienen que ver con aquel, el cual abarca a su
vez, como sectores o segmentos básicos, el policial, el judicial y el ejecutivo. El Derecho Penal, el Derecho
Procesal Penal, junto con las demás instituciones y áreas jurídico-sociales afines, conforman en ese contexto,
la globalidad del mencionado sistema penal. (HOUED, Mario y MORETA, Wilson. “La reforma procesal penal
en la República Dominicana”. En: Proceso penal acusatorio en la República Dominicana. Escuela Nacional de
la Judicatura, Santo Domingo-República Dominicana, 2001, p. 18).
[3] En este sentido se ha dicho que: “Los antiguos procesos, principalmente inquisitivos y llevados por escrito,
además de violar con frecuencia los derechos fundamentales y las garantías de los ciudadanos, no habían
sido eficientes para aclarar los hechos e imponer penas adecuadas a los culpables. Los procesos eran dema-
siado largos, lo cual en muchos países ha dado cabida a grandes espacios para la corrupción, que llegó a ex-
tenderse en los sistemas de justicia y, en opinión de la población, determinó que muchos delitos quedaran im-
punes” (SCHÖNBOHN, Horst. “Introducción”. En: Juntos generamos justicia. El nuevo Código Procesal Penal
en el Perú. Implementación, experiencias y conclusiones 2003-2010. Cooperación Alemana al Desarrollo
Internacional-GIZ, Lima, 2011, p. viii).

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El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

administración de justicia[4]. Asimismo, el sistema inquisitivo no permitía


que todos los actores del proceso penal tuvieran un papel importante, equi-
librio tan fundamental para aportar una justicia plena y total[5].

Bajo ese sistema se entendió que el delito en primer orden, y por encima de
la relación entre agresor y agredido, comporta una ofensa a la sociedad, de-
terminando la intervención del Estado y la progresiva desaparición de la víc-
tima, no solo en la respuesta penal, sino también en su participación en el
proceso, al punto de dejarla solamente como un instrumento para acreditar
la conducta delictiva acaecida.

Ante esta crítica situación, los países de América Latina, casi sin excepciones,
procuraron reformar sus sistemas procesales penales, con el objeto de cam-
biar los sistemas inquisitivos[6] y escritos instaurados desde el tiempo de la
colonia, por sistemas acusatorios[7] de carácter adversarial y oral[8].

[4] En el sistema inquisitivo los procesos penales son escritos y la falta de publicidad implica una falta de transpa-
rencia del proceso penal. Una de las garantías frente a la contrariedad de los jueces es precisamente la publi-
cidad. Si un juez tiene que actuar en público, recibir las pruebas en público, tiene que observar el debate de las
pruebas que se realiza de manera concentrada y pública, todo el mundo sabe lo que pasó en el proceso penal
y sabe si la decisión fue justa o no, pero, si un proceso penal es escrito y está en expedientes con numerosos
folios le resulta muy difícil al ciudadano saber cuáles eran las pruebas que sustentaban la culpabilidad o las
pruebas que servían para absolver a una persona. (MÁRQUEZ CÁRDENAS, Álvaro. “La justicia restaurativa
versus la justicia retributiva en el contexto del sistema procesal de tendencia acusatoria”. En: Prolegómenos-
Derechos y Valores. Vol. X, Nº 20, Universidad Militar Nueva Granada, Bogotá, julio-diciembre de 2007, p. 202).
[5] GILLES BÉLANGER, Pierre. “Algunos apuntes sobre las razones de la reforma del procedimiento penal en
América Latina”. En: Prolegómenos-Derechos y Valores. Vol. XIII, Nº 26, Universidad Militar Nueva Granada,
Bogotá, julio-diciembre de 2010, p. 64.
[6] Para lograr una adecuada transformación de la justicia penal y vencer los principales obstáculos que se le
enfrentan, debemos reconocer en primer término que no se trata solamente de calificar como “inquisitivos” a
los sistemas procesales de la mayoría de nuestros países –dadas sus particulares características que así los
denota– sino que debemos admitir que llegó a constituirse un específico modo de “situarse ante la realidad y
considerarla”, esto es, una verdadera mentalidad, una “cultura inquisitiva” que se enraizó en el devenir histó-
rico de nuestras naciones. Esa “cultura” presenta ciertos rasgos muy significativos y comunes: una mentali-
dad eminentemente “formalista”, que conduce al excesivo ritualismo escrito con preservación de las “formas”,
como si esto produjese la solución del conflicto. Jueces y demás sujetos del proceso utilizan un lenguaje alam-
bicado y oscuro (con la excusa del “tecnicismo”), que aleja a la administración de justicia de su propósito den-
tro de la comunidad, pero que sirve en alguna medida para “justificar” (o “mitificar”) la necesidad de buscarse
la asesoría de un abogado. Resaltan este aspecto HOUED, Mario y MORETA, Wilson. “La reforma procesal
penal en la República Dominicana”. Ob. cit., p. 34.
[7] Sobre las diferentes maneras en las cuales los términos “acusatorio” (o “adversarial”) e “inquisitivo” pueden
ser usados, ver LANGER, Máximo. “La dicotomía acusatorio-inquisitivo y la importación de mecanismos pro-
cesales de la tradición jurídica Anglo-Sajona”. En: MAIER, Julio y BOVINO, Alberto (editores). Procedimiento
abreviado. Editores del Puerto, Buenos Aires, 2001, p. 97.
[8] Reforma que ha sido considerada como la transformación más profunda que han experimentado los procesos
penales de América Latina en sus casi dos siglos de existencia. Así, LANGER, Máximo. Revolución en el pro-
ceso penal latinoamericano: difusión de ideas legales desde la periferia. Centro de Estudios de Justicia de la
Américas (CEJA), Santiago de Chile, 2008, p. 2.

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Elky Alexander Villegas Paiva

Se trata de sustituir el método tradicional de enjuiciamiento a través de la


tramitación burocrática de un expediente, sin la existencia de un real juicio
donde pudiera controvertirse la prueba y generarse una decisión indepen-
diente, por uno que garantizando el debido proceso fuera a la par más efi-
ciente en la persecución del delito (gracias a una mejor coordinación entre
la investigación y la litigación de los casos y una serie de facultades para po-
der racionalizar el uso de los recursos del sistema) y velara adecuadamen-
te por los derechos de todos los intervinientes en el proceso, en el caso de
la víctima reconociéndosele la importancia de la satisfacción de sus intere-
ses dentro del proceso.

Las reformas que se vienen incorporando en los diversos ordenamientos ju-


rídicos tienen muchas características en común, como la introducción de
juicios orales y públicos; la creación y/o fortalecimiento del Ministerio Públi-
co; así como la decisión de poner al fiscal en lugar del juez a cargo de la in-
vestigación del delito. Igualmente se reconocen más derechos a los imputa-
dos frente a la policía y desde las primeras diligencias de investigación; en-
tre otros cambios, también se permiten mecanismos de negociación y reso-
lución alternativa de conflictos; así como expandir el rol y la protección de la
víctima en el proceso penal[9].

Bajo este contexto, desde hace algunos años la justicia penal peruana, si-
guiendo a la tendencia de la mayoría de los ordenamientos jurídicos de los
países latinoamericanos, se halla inmersa en una reforma integral[10] buscando

[9] Similar: LANGER, Máximo. Revolución en el proceso penal latinoamericano: difusión de ideas legales desde
la periferia. Ob. cit., p. 4.
[10] No se trata de un simple, aunque siempre importante, cambio de leyes, sino –y hacemos énfasis en ello– de
todo el aparato de justicia penal, y sobre todo de cambio de mentalidad de distintos actores del proceso pe-
nal. En tal sentido dicha reforma implica diversas dimensiones como: Desarrollo legislativo y normativo:
Adecuar los ajustes de los reglamentos internos de las instituciones a las exigencias del nuevo proceso penal
y establecer el rediseño de normas complementarias. Desarrollo institucional: Ajustar y fortalecer el funcio-
namiento de las instituciones, para que sean capaces de cumplir adecuadamente con sus nuevas funciones
en el sistema judicial reformado. Entre otros aspectos, se han introducido reformas profundas en la infraes-
tructura interior de cada una de las instituciones, en su organización administrativa y –mediante la capacita-
ción– se ha podido preparar a los operadores para que puedan cumplir a cabalidad con sus funciones en el
nuevo proceso penal. La voluntad política: Se ha obtenido, contando con el esfuerzo de las instituciones del
sistema de justicia penal y el apoyo del Poder Ejecutivo, los recursos financieros necesarios para la ejecución
de la Reforma. A la fecha, el Estado peruano ha invertido en la reforma procesal penal más de 800 millones
de nuevos soles. Participación de la sociedad civil: Se han desarrollado diversas iniciativas para informar
a la sociedad civil sobre los cambios en curso; no obstante, hasta el día de hoy se ha carecido de una estrate-
gia de comunicación idónea para instaurar espacios de discusión con la sociedad civil. (SCHÖNBOHN, Horst.
“Introducción”. En: Juntos generamos justicia. El nuevo Código Procesal Penal en el Perú. Implementación,
experiencias y conclusiones 2003 - 2010. Cooperación Alemana al Desarrollo Internacional - GIZ, Lima, 2011,
pp. ix-x).

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El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

reemplazar el modelo inquisitivo[11](si se trataba de procesos sumarios) y de


tendencia mixta (en caso de procesos ordinarios)[12] por un modelo procesal
garantista[13], al ser acusatorio[14], de tendencia adversarial[15], contradictorio[16],

[11] El modelo inquisitivo se configura como un reflejo del sistema político de monarquía absolutista, y en el caso
del Perú dicho modelo proviene de la época del Virreinato. En ese esquema político, la función de administrar
justicia era competencia del rey –bajo una visión absolutista del poder–, quien la delegaba en funcionarios con
plenos poderes y que concentraban las funciones de investigar, acusar y juzgar.
[12] El proceso penal regulado en el Código de Procedimientos Penales de 1940, prevé una primera etapa de “ins-
trucción” (investigación judicial) de carácter inquisitivo y una segunda etapa de “juicio oral y público”, por lo
que, en teoría, dicho código responde a una configuración mixta. No obstante, la práctica inquisitiva y la cul-
tura institucional sobre la cual se desenvuelve dicha práctica, han sobrepasado la posibilidad de desarrollo de
una verdadera oralidad y publicidad en el juicio, previstos teóricamente en el citado Código adjetivo, pues en
la praxis judicial se abusa de la comunicación escrita y el juez mantiene y trabaja ejerciendo sus facultades de
investigación, lo que atenta contra su imparcialidad en el juzgamiento.
[13] El nuevo proceso penal se caracteriza -o al menos los esfuerzos van enfocados a que así sea- por la pre-
sencia de principios y garantías procesales, tales como oralidad, inmediación, publicidad, contradicción, pre-
sunción de inocencia. Además de la separación de funciones procesales, el inicio del proceso por sujeto dis-
tinto al juez, carga de la prueba totalmente en cabeza de la parte acusadora. Cfr. PÉREZ SARMIENTO, Eric
Lorenzo. Fundamentos del sistema acusatorio de enjuiciamiento penal. Temis, Bogotá, 2005, pp. 14-32.
[14] La principal característica de la reforma latinoamericana es construir el sistema de justicia penal sobre la base
del principio acusatorio, el cual exige que no debe ser la misma persona la que realice las investigaciones
y decida después al respecto, sino que debe preservarse en todo momento la distinción entre las funciones
propias de la acusación, de la defensa y del juzgador, en otras palabras tales funciones deben estar clara-
mente establecidas y llevadas a la práctica. En este sentido: BENAVENTE CHORRES, Hesbert. La aplica-
ción de la teoría del caso y de la teoría del delito en el proceso penal acusatorio. J.M. Bosch, Barcelona, 2011,
p. 36; CARBONELL, Miguel y OCHOA REZA, Enrique. Qué son y para qué sirven los juicios orales. Porrúa,
México D.F., 2008, p. 119. Ya con anterioridad Ferrajoli ha sostenido que: “La separación de juez y acusación
es el más importante de todos los elementos constitutivos del modelo teórico acusatorio, como presupues-
to estructural y lógico de todos los demás” (FERRAJOLI, Luigi. Derecho y razón. Teoría del garantismo pe-
nal. Traducción de Perfecto Andrés Ibáñez, Alfonso Ruiz Miguel, Juan Carlos Bayón Mohino, Juan Terradillos
Basoco y Rocío Cantarero Bandrés. Trotta, Madrid, 1995, p. 567).
[15] Benavente Chorres explica que lo adversarial denota una división de responsabilidades entre quien toma la
decisión y las partes; tanto la decisión jurídica como la fáctica corresponden a un tercero imparcial que adop-
ta una posición en virtud del material suministrado por las partes adversarias, que son el Ministerio Público,
de un lado y la defensa, de otra. Que el sistema sea adversarial significa que la responsabilidad de investigar
los hechos, de presentar pruebas y determinar la argumentación pertinente es de las partes adversarias. Pero
eso no significa que el juez sea un convidado de piedra, sino que debe estar pendiente para evitar los excesos
de las partes e imponer a cada una de ellas el deber de contribuir en la consecución de información requeri-
da por la otra, de tal suerte que no podemos hablar de un sistema adversativo puro, sino de un sistema con
tendencia a lo adversarial o un adversarial regulado (BENAVENTE CHORRES, Hesbert. La aplicación de la
teoría del caso y de la teoría del delito en el proceso penal acusatorio. Ob. cit., p. 38).
[16] Consiste en el indispensable interés de someter a refutación y contraargumentación la información, actos y
pruebas de la contraparte. En ese sentido, por ejemplo, el sistema acusatorio permite que el acusado tenga
derecho desde el momento inicial a que se le informe de los hechos que se le atribuyen y conozca las prue-
bas que existen en su contra, para que esté en posibilidad de contestar, refutar o contradecir los cargos que
le son imputados. Con lo dicho queda demostrado que el principio contradictorio permite a su vez el ejercicio
efectivo del derecho de defensa. Es tal la importancia de este principio que Zamudio Arias ha sostenido que:
“(…) es solo mediante el efectivo ejercicio del contradictorio que puede lograrse el adecuado funcionamiento
del sistema a que se aspira, a la vez que alcanzar el objeto del proceso penal que lo constituye, según postu-
lado constitucional: “el esclarecimiento de los hechos, proteger al inocente, procurar que el culpable no que-
de impune y que los daños causados por el delito se reparen” (ZAMUDIO ARIAS, Rafael. “Principios rectores
del nuevo proceso penal, aplicaciones e implicaciones: oralidad, inmediación, contradicción, concentración”.

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Elky Alexander Villegas Paiva

oral[17], público[18], célere[19], y por ende eficiente en comparación con el sis-


tema anterior.

Este proceso de reforma no solo apunta al mejoramiento de las institucio-


nes estatales para enfrentar con mayor eficiencia la gestión del conflicto pe-
nal sino también a la implantación de una mayor racionalidad en la inter-
vención penal, al tomar en cuenta el respeto irrestricto a los derechos fun-
damentales de los sujetos procesales, con lo que se hace más palmaria la re-
lación existente entre la Constitución y el sistema penal[20]. Ello en tanto el
respeto de los derechos fundamentales fijados por la Constitución Política
en el ámbito del proceso penal sirve como baremo para establecer el carác-
ter liberal o autoritario de un Estado[21].

Así con la dación y entrada en vigencia progresiva de un nuevo cuerpo nor-


mativo –en el caso de nuestro país el Código Procesal Penal de 2004 (Decre-
to Legislativo Nº 957)[22]– se pretende cumplir con el programa penal de la

En: El nuevo sistema de justicia penal acusatorio desde la perspectiva constitucional. Consejo de la Judicatura
Federal, México D.F., 2011, p. 67).
[17] Contrariamente a la escritura que impulsaba el sistema inquisitivo, el proceso acusatorio se asienta sobre la
oralidad, por medio de la cual se garantiza una rápida y directa comunicación entre los sujetos y demás inter-
vinientes en el juicio, así como mayor transparencia y control de las actividades de cada uno, incluido el juez.
[18] Supone que las actuaciones del proceso se realizan a la vista del público, garantizando con ello, al igual que
la oralidad, un verdadero control por parte de los ciudadanos en el ejercicio del juzgamiento.
[19] Señala Villavicencio Ríos que uno de los principios más importantes del nuevo sistema procesal penal perua-
no es el de celeridad procesal, el cual forma parte del derecho a un debido proceso sin dilaciones injustifica-
das, que implica un equilibrio razonable entre celeridad, rapidez, velocidad, prontitud, del proceso y el dere-
cho de defensa. Así, la ley debe armonizar el principio de celeridad, que tiende a que el proceso se adelante
en el menor lapso posible, y el derecho de defensa, que implica que la ley debe prever un tiempo mínimo para
que el imputado pueda comparecer al juicio y pueda preparar adecuadamente su defensa (VILLAVICENCIO
RÍOS, Frezia Sissi. “Apuntes sobre la celeridad procesal en el nuevo modelo procesal penal peruano”. En:
Derecho PUC. N° 65, Fondo Editorial de la PUCP, Lima, 2010, p. 93).
[20] En la base de todo texto constitucional, se encuentra latente una concepción del Derecho que informa todas
las normas que componen el sistema jurídico, entre ellas, el Derecho Penal, aunque debe quedar claro que
la Constitución no contiene en su seno una Política Criminal concreta ni, por tanto, establece unos criterios
fijos, pero sí se marca unas líneas programáticas generales y contiene un sistema de valores. En este sen-
tido: CARBONELL MATEU, Juan. Derecho Penal: concepto y principios constitucionales. Tirant lo Blanch,
Valencia, 1995, pp. 78-79.
[21] BACIGALUPO, Enrique. Justicia penal y derechos fundamentales. Marcial Pons, Madrid, 2002, p. 133. En este
sentido se ha dicho que “la estructura del proceso penal de una nación no es sino el termómetro de los ele-
mentos corporativos o autoritarios de una constitución” (GOLDSCHMIDT, citado por ARMENTA DEU, Teresa.
“Principios y sistemas del proceso penal español”. En: QUINTERO OLIVARES, Gonzalo y MORALES PRATS,
Fermín (Coordinadores.). El nuevo Derecho Penal español. Estudios penales en memoria del Prof. José Manuel
Valle Muñiz. Aranzadi, Pamplona, 2001, p. 57). En la misma línea Roxin ha señalado gráficamente que el
Derecho Procesal Penal es “el sismógrafo de la Constitución del Estado” (ROXIN, Claus. Derecho Procesal
Penal. Traducción de Gabriela Córdoba y Daniel Pastor. Editores del Puerto, Buenos Aires, 2000, p. 10).
[22] Para conocer los orígenes de la reforma procesal penal en nuestro país y el proceso histórico-evolutivo
de la legislación procesal penal hasta llegar al CPP de 2004 véase: ORÉ GUARDIA, Arsenio. “La reforma

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El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Constitución[23] con el objetivo de conjugar una mayor eficacia en la perse-


cución de los delitos con una efectiva protección a las garantías de los suje-
tos que se hayan sometidos a un proceso penal, cualquiera sea la situación
en la que se encuentren dentro de él, como por ejemplo la de imputado o
la de víctima.

De esta forma, el sistema acusatorio garantista, que adopta el CPP de 2004,


propugna una jerarquía constitucional, instaurando una serie de garantías
constitucionales que deberán regir para todos los sometidos al proceso. Y
para ello se empieza por entender que eficacia en la persecución penal y
respeto a las garantías de los intervinientes en el proceso, no son fines con-
tradictorios o excluyentes[24] sino necesarios y concurrentes en la configura-
ción de un debido proceso, y por lo tanto se debe buscar un equilibrio en-
tre ambos.

Esta conjugación de fines (eficacia y garantía[25]) forma lo que se puede


denominar un verdadero garantismo penal, es decir un garantismo que

del proceso penal en el Perú”. En: Juntos generamos justicia. El nuevo Código Procesal Penal en el Perú.
Implementación, experiencias y conclusiones 2003-2010. Cooperación Alemana al Desarrollo Internacional –
GIZ, Lima, 2011, pp. 63-82.
[23] Cfr. ARROYO ZAPATERO, Luis. “Fundamento y función del sistema penal: el programa penal de la
Constitución”. En: Revista Jurídica de Castilla-La Mancha. Nº 1, Junta de Comunidades de Castilla-La
Mancha, 1987, p. 103; DONINI, Máximo. “Un Derecho Penal fundado en la carta constitucional: razones y
límites”. En: Revista Penal. Nº 8, La Ley, Madrid, 2001, pp. 24-26. Véase también, sobre la relación entre el
Derecho Constitucional y el sistema penal: MIR PUIG, Santiago. Bases constitucionales del Derecho Penal.
Iustel, Madrid, 2011, passim. TERRADILLOS BASOCO, Juan. “Constitución Penal. Los derechos de la liber-
tad”. En: Sistema penal y Estado de Derecho. Ensayos de Derecho Penal. Ara Editores, Lima, 2010, p. 21 y
ss. TIEDEMANN, Klaus. “Constitución y Derecho Penal”. En: Revista Española de Derecho Constitucional.
Año 11, Nº 33, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 1991, p. 145 y ss. En la doctrina na-
cional, entre otros, REYNA ALFARO, Luis. “Proceso penal y Constitución. Reflexiones en torno a la trascen-
dencia del principio de Estado de Derecho en el Derecho Procesal Penal”. En: CUAREZMA TERÁN, Sergio
y LUCIANO PICHARDO, Rafael (Directores). Nuevas tendencias del Derecho Constitucional y el Derecho
Procesal Constitucional. Instituto de Estudio e Investigación Jurídica, Santo Domingo-República Dominicana,
2011, p. 472 y ss.; SOTA SÁNCHEZ, André. “El programa penal de la Constitución Política de 1993 y el
Derecho Penal Constitucional peruano”. En: Gaceta Penal & Procesal Penal. Tomo 41, Gaceta Jurídica, Lima,
noviembre de 2012, p. 336 y ss.
[24] Como explica San Martín Castro: “[l]a pretendida oposición garantías vs. eficacia es falsa en sí misma y ge-
nera discursos perversos desde una óptica conservadora. Un Código debe tomar en cuenta ambas perspecti-
vas y buscar la forma más adecuada para que la obligación o deber social del Estado –garantizar la seguridad
ciudadana sancionando a los delincuentes– sea eficaz, pero sin mengua del respeto de los derechos funda-
mentales de la persona” (SAN MARTÍN CASTRO, César. “La reforma procesal penal peruana: evolución y
perspectivas”. En: Anuario de Derecho Penal 2004: La reforma del proceso penal peruano. Fondo Editorial de
la PUCP-Universidad de Friburgo, Lima, 2004, p. 61).
[25] Señala con razón Conde-Pumpido Tourón que: “Garantías y eficacia son los dos factores claves de la reforma.
De un lado, el desarrollo de los derechos fundamentales (...) impone reformas que integren un sistema proce-
sal que los respete plenamente; de otro, el incremento, e incluso la masificación, de la criminalidad, su sofisti-
cación y el desarrollo de la criminalidad organizada aconsejan reformas tendentes a dotar el proceso de una

19
Elky Alexander Villegas Paiva

propende entre otros aspectos, por un lado, una rápida y eficaz persecución
y respuesta penal contra los intervinientes de un delito, y por otro lado, una
efectiva protección de sus derechos, pero no solo de ellos, sino de todos los
sujetos procesales, incluyendo por ende a la víctima, tan olvidada y maltra-
tada por el sistema penal tradicional. Procurando con todo ello una real y
palpable eficacia del sistema penal.

Y es que la eficacia del sistema penal no puede ser contemplada solo desde
el punto de vista del delincuente o del delito sino que la respuesta, esto es,
la acción del sistema de la justicia penal, necesariamente debe actuar sobre
todos los sujetos procesales. Su eficacia deberá contemplarse desde la to-
tal perspectiva del conjunto, y por lo tanto, también desde el punto de vis-
ta de la víctima[26].

Con la reforma al sistema procesal penal es insoslayable que el operador ju-


rídico fije su atención no solo en quien es sometido a la actuación procesal
penal en calidad de indiciado, imputado o acusado, sino también, con igual
diligencia, y en los términos de ley, en las víctimas del hecho jurídico penal-
mente relevante ocasionado por aquel, previniendo con ello que el proce-
so penal se convierta en una forma adicional de victimización, logrando por
el contrario, en el contexto de las exigencias democráticas de nuestro siste-
ma, un ambiente de participación activa de las víctimas para su beneficio.

Entonces cómo ven y cómo tratan a la víctima nuestros ordenamientos jurídi-


cos da también la idea del propio desarrollo de los derechos y el grado de efi-
cacia y eficiencia en su verdadera dimensión. Porque si se olvida a la víctima,
por mucho que se haya castigado al delincuente el problema social induda-
blemente subsiste[27], por la insatisfacción de una de las partes, precisamente

mayor eficacia para hacer frente a estos retos, modernizando sus procedimientos probatorios y agilizando
los trámites que la repuesta penal se produzca en un plazo razonable. Es decir, en un plazo proporcionado a
la complejidad de la actividad delictiva enjuiciada” (CONDE-PUMPIDO TOURÓN, Cándido. “Nuevas fórmu-
las para la Ley de Enjuiciamiento Criminal”. En: Iuris. Nº 56, La Ley, Madrid, diciembre de 2001, pp. 24-25).
[26] Cfr. DE JORGE MESAS, Luis Francisco. “La eficacia del sistema penal”. En: Cuadernos de Derecho Judicial.
Nº XXIX, dedicado a: Criminología. Consejo General del Poder Judicial, Madrid, setiembre de 1994, p. 60. En
el mismo sentido MARTÍNEZ ARRIETA, Andrés. “La víctima en el proceso penal”. En: Actualidad Penal. N° 4,
Madrid, 1990, p. 42, para quien la justicia penal ya no puede ni debe girar exclusivamente en torno a la perso-
na que ha originado la crisis de convivencia y que ha hecho necesaria su actuación, sino que ha de procurar
una mayor atención a quien no ha entrado voluntariamente en el sistema penal de enjuiciamiento de delitos,
precisamente quien ha sufrido la agresión, por azar o al menos, sin buscarlo de propósito.
[27] En este sentido Maier afirma que: el conflicto social como tal, el injusto jurídico, es único y toca, en primer lu-
gar, los intereses reales de la víctima jurídicamente reconocidos. La víctima es, como consecuencia, un prota-
gonista principal del conflicto social, junto al autor, y el conflicto nunca podrá pretender haber hallado solución
integral, si su interés no es atendido. Al menos si no se abre la puerta para que él ingrese al procedimiento,

20
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

la que más sufrió con el evento delictivo. Y es que la comisión de un delito


representa, antes que infracción de la ley penal, o al mismo tiempo que eso,
la manifestación de un conflicto jurídico que deriva de un acto ilícito que ha
podido producir un daño de diversa especie e intensidad, sea físico, psicoló-
gico, económico, etc. Este daño ilícito afecta, por encima de las demás per-
sonas o a la sociedad en su conjunto, a quien lo padece.

Por consiguiente, la respuesta que da el Estado al ilícito penal no puede


desatender la doble dimensión: el conflicto entre el delincuente y la socie-
dad, pero también el conflicto que surge entre el agresor y el agredido.

El Derecho Penal –como se ha señalado– no puede limitarse a la mera res-


puesta represiva, sino que ha de lograr la efectiva reparación (en su más am-
plia acepción) del agraviado, pues solo cuando este resulte satisfecho en el
daño padecido puede decirse, y en la medida en que la reparación sea cum-
plida, que el sistema penal ha resultado eficaz, pues la imposición y el cum-
plimiento de una pena, por grave que sea, puede que se ajuste a los dicta-
dos de la ley penal, pero si se olvida a quien ha sufrido en su propia perso-
na o en sus bienes las consecuencias de la conducta criminal no se lograrán
abordar en su totalidad los efectos tanto sociales como personales deriva-
dos de la actuación ilícita penal y se habrá “cerrado en falso” el problema de
las consecuencias jurídicas del hecho delictivo.

Bajo esta perspectiva se entiende que el proceso penal acusatorio no tiene


como único fin la imposición de la pena, sino –primordialmente– solucio-
nar de la mejor manera el conflicto derivado del delito. De modo que, la le-
galidad y la racionalidad dan origen a la oportunidad como posibilidad de
orientar todo comportamiento humano, especialmente de las personas que
ejercen autoridad, aplicando medidas alternativas al procedimiento y a la
pena. Claro está, que esto tendrá lugar si en el caso en concreto, y conforme
a reglas establecidas, resulta idóneo para la solución del conflicto.

dado que, en este punto, gobierna la autonomía de la voluntad privada. Solo con la participación de los prota-
gonistas –el imputado y el ofendido como hipotéticos protagonistas principales– resulta racional buscar la so-
lución del conflicto, óptimamente, esto es, de la mejor manera posible. Es por ello que todas las “Alternativas
a la Justicia” o “Alternativas al Derecho o a las formas jurídicas”, que intentan transformar la justicia estatal,
por ineficiente, con mecanismos informales de superación de los conflictos, conceden a la víctima un papel
central en su solución pacífica. De todos modos, como ya observamos, el papel principal de la víctima es casi
imposible de ignorar por la escena de reconstrucción del conflicto que representa el procedimiento penal: el
ofendido es un testigo irrenunciable, la mayoría de las veces, razón por la cual, aunque se le niegue derechos,
se le impone la obligación de informar en el procedimiento (MAIER, Julio. “La víctima y el sistema penal”. En:
MAIER, Julio. (compiladores.). De los delitos y de las víctimas. Ad-Hoc, Buenos Aires, 1992, p. 220).

21
Elky Alexander Villegas Paiva

De acuerdo con las ideas precedentes, y atendiendo a las nuevas tendencias


del Derecho Procesal Penal que consideran a la víctima como un gran pro-
tagonista del proceso penal, el CPP de 2004 le reconoce ampliamente –en
comparación con la normativa anterior– una serie de derechos y garantías
cuyo alcance y precisión deben ser desarrollados al constituir de vital impor-
tancia para un correcto y exitoso funcionamiento del sistema procesal pe-
nal que se está implementando en nuestro ordenamiento jurídico. Y de esa
forma tornar en real el cambio que se busca, llegando a una más eficiente y
equilibrada resolución del conflicto penal.

Como veremos más adelante, el proceso penal da trascendencia a aspectos


tales como la participación de la víctima en las distintas etapas del proceso
penal y los derechos que tienen en cada una de ellas, asimismo se da impor-
tancia a un proceso penal de mesa redonda, es decir centrado en el diálogo,
el acuerdo interpartes y la posibilidad de acudir al principio de oportunidad
y a los acuerdos reparatorios, entre otros aspectos.

De tal manera que no puede desconocerse los derechos de la víctima en el


proceso penal, tales como el derecho a la tutela judicial efectiva, a la verdad,
a la información, protección física y jurídica, petición, participación, entre
otros, procurando una reparación integral a la víctima y no solo una indem-
nización económica.

2. CARACTERÍSTICAS DE UN PROCESO PENAL BASADO EN EL SISTEMA


ACUSATORIO

Creemos que resulta necesario contar con un esquema básico de las princi-
pales características que rigen el sistema penal acusatorio conforme al CPP
de 2004, razón por la cual, valiéndonos del esquema elaborado por Salas Be-
teta[28], anotamos las siguientes:

- El proceso como conjunto de garantías constitucionales: el proce-


so penal importa un conjunto de principios y garantías constitucio-
nales que guían y gobiernan su desenvolvimiento, así como el rol de
los sujetos procesales. En un proceso basado en el sistema acusatorio
la dignidad humana, como pilar del Estado Democrático de Derecho,

[28] SALAS BETETA, Christian. El proceso penal común. Gaceta Jurídica, Lima, 2011, pp. 19-21.

22
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

es un derecho fundamental cuyo respeto se exige al máximo duran-


te el desarrollo del proceso penal. Se debe entender que las garantías
constitucionales también le pertenecen a la víctima, así por ejemplo
la igualdad procesal, el debido proceso, la tutela jurisdiccional efecti-
va, el derecho de defensa procesal eficaz, entre otros. De tales dere-
chos nos ocuparemos en el presente estudio y su respeto a favor de la
víctima.

- El fin del proceso: ya no consiste primordialmente en la imposición


de la pena sino en solucionar de la mejor manera el conflicto origina-
do por el delito. De modo que, la legalidad y la racionalidad dan origen
a la oportunidad como posibilidad de orientar todo comportamiento
humano, especialmente de las personas que ejercen autoridad, apli-
cando medidas alternativas al procedimiento y a la pena. La reforma
procesal está orientada a la aplicación de salidas alternativas, defini-
das como vías de solución que permiten al Ministerio Público flexibi-
lizar, descongestionar y economizar el proceso penal sin tener que ir
a juicio oral. Por tal motivo, brinda satisfacción al ciudadano al dar so-
luciones prontas a los conflictos. Entre ellas tenemos el principio de
oportunidad, los acuerdos reparatorios, la terminación anticipada, to-
das nuevas soluciones que en el proceso de reforma se van asimilando
paulatinamente[29].

- Reparación integral para la víctima: como acabamos de señalar, el


moderno sistema penal abandona un modelo de justicia exclusiva-
mente punitivo, para dar paso a una justicia reparadora, de modo tal
que la víctima tendrá derecho a una reparación integral de sus dere-
chos, es decir no se trata solo de una reparación económica. Como bien
dice Bovino[30]: “El concepto de reparación que se propone no se debe
confundir con el pago de una suma de dinero. La reparación se debe
entender como cualquier solución que objetiva o simbólicamente res-
tituya la situación al estado anterior a la comisión del hecho y satisfaga
a la víctima –v. gr., la devolución de la cosa hurtada, una disculpa públi-
ca o privada, la reparación monetaria, trabajo gratuito, etcétera–. (…).
Ello implica que no pueden desconocerse sus derechos en el proceso

[29] ALCALDE, Virginia. “El proceso de implementación del nuevo Código Procesal Penal en el Ministerio Público”.
En: Juntos generamos justicia. El nuevo Código Procesal Penal en el Perú. Implementación, experiencias y
conclusiones 2003 – 2010. Cooperación Alemana al Desarrollo Internacional - GIZ, Lima, 2011, p. 275.
[30] BOVINO, Alberto. “La participación de la víctima en el procedimiento penal”. En: BOVINO, Alberto. Problemas
del Derecho Procesal Penal contemporáneo. Editores del Puerto, Buenos Aires, 1998, pp. 94 y 95.

23
Elky Alexander Villegas Paiva

penal. El reconocimiento de la víctima como sujeto procesal y la con-


sagración de un amplio catálogo de derechos a su favor, son dos de los
aspectos más relevantes del nuevo sistema de enjuiciamiento criminal.
En efecto, el Código Procesal Penal y el conjunto de las normas que in-
tegran la reforma procesal permiten al ofendido por el delito ejercer
importantes facultades sin necesidad de convertirse en parte acusa-
dora. Asimismo, se impone al órgano persecutor la función de brindar
protección al ofendido por el delito”.

- Las funciones de acusación y juzgamiento: el sistema acusatorio se


caracteriza esencialmente por la clara división de funciones que los
sujetos procesales deben cumplir en el proceso penal. Tal separación
implica que las dos fases fundamentales de la persecución penal que
tiene a cargo el Estado sean desarrolladas por órganos diferentes. Así,
el nuevo marco procesal encarga la imputación penal al Ministerio
Público, órgano constitucional autónomo y el juzgamiento, al Poder
Judicial, órgano jurisdiccional. Como explica Donaire: “Otro de los as-
pectos centrales que trae consigo el NCPP es que se redefinen y reor-
denan las funciones de los operadores del Sistema de Justicia Penal:
i) el juez ya no investiga el delito, sino que se dedica principalmente
al juzgamiento en el juicio oral, y al control de que se respeten las ga-
rantías en la etapa de la investigación; ii) el fiscal es responsable de
la investigación ante el proceso, por lo que debe conducirla y traba-
jar conjunta y coordinadamente con la Policía Nacional, que realiza la
investigación técnico-operativa; y, iii) la defensa –pública o privada–
asume un rol activo mediante su presencia y participación en todas
las instancias, y de manera determinante a través del contradictorio
en el juicio oral, todo ello en igualdad de armas”[31]. La división antedi-
cha garantiza que el juzgador –al momento de desarrollar el juicio y
emitir sentencia– no se vea afectado por el prejuicio que genera la la-
bor investigadora. Todo investigador busca hallar elementos de con-
vicción que acrediten la responsabilidad del investigado en la comi-
sión de los hechos. En cambio, un decidor –como lo es el juez– debe
ser imparcial.

[31] DONAIRE, Rafael. “La reforma procesal penal en el Perú: avances y desafíos”. En: Juntos generamos jus-
ticia. El nuevo Código Procesal Penal en el Perú. Implementación, experiencias y conclusiones 2003-2010.
Cooperación Alemana al Desarrollo Internacional-GIZ, Lima, 2011, p. 150.

24
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

- El director de la investigación: De acuerdo con la característica rese-


ñada en el parágrafo anterior, se entiende que la investigación es di-
rigida por el Ministerio Público, órgano constitucional autónomo que
le añade una calificación jurídica y que, asimismo, cuenta con la titu-
laridad de la acción penal pública. El fiscal ejerce la acción penal ante
la existencia de elementos que demuestran como muy probables la
existencia de un hecho punible y la presunta responsabilidad del
investigado.

- Disponibilidad de la acción penal: el principio de legalidad procesal


se encuentra inspirado en los de obligatoriedad e indisponibilidad de
la acción penal. Por el principio de obligatoriedad se exige al titular de
la acción penal pública a ejercerla ante el conocimiento de la presencia
de elementos de convicción de la comisión de un delito. En tanto que,
por el principio de la indisponibilidad de la acción penal no se le permi-
te opción distinta a la de ejercerla. No obstante, el principio de legali-
dad procesal encuentra una excepción en los criterios de oportunidad,
los cuales tienen su justificación en el principio de disposición de la ac-
ción penal. Cuando hablamos de los criterios de oportunidad nos refe-
rimos a la facultad que tiene el titular de la acción penal para abstener-
se de ejercitarla, contando con el consentimiento del imputado y pre-
supuestos de falta de necesidad y merecimiento de pena. La aplicación
del criterio de oportunidad en el Perú es reglada, ya que la ley define
los límites y los controles que se aplican para su otorgamiento, confor-
me al artículo 2 del CPP de 2004.

- Intervención del juez de control de garantías: Si bien el fiscal diri-


ge la investigación preparatoria, cuando la formaliza se somete a la su-
pervisión del juez de control de garantías[32] (juez de la investigación

[32] Se ha dicho que las razones que justifican la existencia de este juez radican en: a) Poner límites a las ac-
ciones de los órganos investigadores y de procuración de justicia, a fin de que sus acciones se sujeten a las
normas legales (con especial apego a los principios constitucionales del debido proceso y a las garantías del
acusado y de la víctima) se dice que, en este aspecto, su función es una suerte de control difuso de la consti-
tucionalidad permitida expresamente por la ley; b) Impedir la formación de prejuicios o influencias perniciosas
en el ánimo del juez que en su momento va a decidir lo que se considera el núcleo representativo del proce-
dimiento penal: el juicio oral. Es decir, tiene una función esencial para preservar el principio de imparcialidad
del juez que decide el juicio; c) Llevar a cabo los preparativos para que en su oportunidad se lleve a cabo el
juicio oral; d) O bien, llevar a cabo los actos o avalar las decisiones de las partes para que, en ciertos casos,
aplicando el criterio o principio de oportunidad, no haya necesidad de llegar hasta el juicio oral, para lograr
los objetivos restaurativos del modelo acusatorio y los fines de esta nueva manera de ver e impartir la justicia.
Véase: MARTÍNEZ CISNEROS, Germán. “El juez de control en México, un modelo para armar”. En: Revista
del Instituto de la Judicatura Federal. N° 27, Instituto de la Judicatura Federal, México D.F., 2009, pp. 181-182.

25
Elky Alexander Villegas Paiva

preparatoria), a fin de que este controle la legalidad y el respeto de los


derechos del imputado y también los de la víctima durante los actos de
investigación del fiscal, decida acerca de los pedidos de las partes (me-
didas coercitivas, cesación de medidas coercitivas, autorización para
actos de búsqueda de pruebas, etc.) y, posteriormente, será ese mismo
juez quien controle la procedencia de la acusación o, de ser el caso, del
sobreseimiento.

- El juicio oral: ya en etapa de juzgamiento, la decisión acerca de la res-


ponsabilidad del acusado y la pena a imponérsele recae en el juez de
conocimiento (juez penal unipersonal o colegiado). El juzgamiento
constituye la fase del proceso en la que se determina la responsabili-
dad del acusado en atención a las pruebas que se actúen en la audien-
cia. El juzgamiento implica que el acusador ha realizado previamente
una investigación objetiva, de modo tal que la acusación se encuentra
sustentada, ello garantiza que no se la acusará de forma arbitraria e in-
justa. En el juicio oral se materializan los principios procesales de publi-
cidad, oralidad, inmediación, concentración y contradicción.

26
CAPÍTULO SEGUNDO
Protagonismo, neutralización
y redescubrimiento de la
víctima en el sistema penal
Protagonismo, neutralización y
redescubrimiento de la víctima
en el sistema penal

En el primer capítulo hemos señalado que con los sistemas procesal penales
tradicionales (inquisitivo o mixto) la víctima se fue convirtiendo en “víctima”
del propio sistema penal, y que precisamente ello ha sido una de las causas
de la actual reforma. Pues bien, ahora veamos con mayor amplitud este pro-
ceso por el que ha pasado la víctima.

Quienes se han ocupado del tema con anterioridad, sostienen que en el pro-
ceso histórico de la humanidad la actuación de las víctimas en el campo del
proceso penal para hacer valer sus derechos ha pasado por tres etapas[33], y
que nosotros seguimos por fines didácticos, las cuales son:

1. LA LLAMADA EDAD DE ORO

En un primer periodo primitivo, al que se le ha denominado como la “edad


de oro de la víctima” y que abarcó el Derecho romano, Derecho germano y
se prolongó hasta el Derecho medieval[34], la reacción frente a la “conducta
delictiva” estaba a cargo de la víctima[35] o –en caso de muerte de este– de

[33] Cfr. GARCÍA-PABLOS DE MOLINA, Antonio. Criminología. 3ª edición, Valencia, 1996, p. 38; GARCÍA-
PABLOS DE MOLINA, Antonio. Criminología. Una introducción a sus fundamentos teóricos. 1ª edición perua-
na, Iuris Consulti, Lima, 2006, p. 67; FERREIRO BAAMONDE, Xulio. La víctima en el proceso penal. La Ley,
Madrid, 2005, p. 5 y ss.; MÁRQUEZ CÁRDENAS, Álvaro Enrique. La víctima en el sistema acusatorio y los
mecanismos de justicia restaurativa. Ibáñez, Bogotá, 2010, p. 145.
[34] Véase SILVA SÁNCHEZ, Jesús-María. “Victimología y Derecho Penal. Introducción a la `Victimodogmática`”.
En: SILVA SÁNCHEZ, Jesús-María. Perspectivas sobre la Política Criminal moderna. Ábaco, Buenos Aires,
1998, p. 145.
[35] Señala Herrera Moreno que la víctima, en tiempos pretéritos, se erigía en exclusiva y plenipotenciaria deten-
tadora del control punitivo, justificando sobradamente la conocida visión victimológica de dicha etapa como
“edad de oro de la víctima” (HERRERA MORENO, Myriam. “Introducción a la problemática de la conciliación
víctima-ofensor. Hacia la paz social por la conciliación”. En: Revista de Derecho Penal y Criminología. Nº 6,
UNED, Madrid, 1996, p. 378).

29
Elky Alexander Villegas Paiva

sus parientes más próximos. En tanto la agresión era vista como un daño
eminentemente privado, es decir personal, que solo afectaba a la persona
que la sufrió y no a la comunidad o al interés social, entonces la venganza
privada o particular era la reacción habitual frente al comportamiento anti-
social[36], permitiendo que el conflicto se mantuviera en manos de la víctima
o de su familia.

Ahora bien, la venganza que tenía lugar en aquella época, en cualquiera de


sus tipos, no fue originalmente una institución legal, en el sentido de que
no estaba regulada en ninguna legislación de aquel tiempo y ningún legis-
lador aseveró que era un medio apropiado para hacer justicia. La vengan-
za simplemente ya existía, desde tiempos inmemoriales, en la naturaleza o
condición humana, como un elemento totalmente inconsciente de su vida
psíquica y social. La sociedad primitiva no solo toleró en un comienzo es-
te tipo de reacciones, tan profundamente arraigadas en la naturaleza del
hombre, sino, que no puso siquiera en duda el derecho de la víctima a to-
mar venganza[37].

Tampoco se tomaba en consideración la naturaleza ni la dimensión de la


ofensa producida para que la venganza tuviera magnitud similar a aquella,
pues ello era asunto privado, solo le incumbía a la víctima considerar y res-
ponder conforme ella creyera conveniente, en otras palabras la venganza
estaba justificada, pero no importaba su adecuación, y por lo tanto tampo-
co su exceso[38], en tal sentido la reacción vindicativa de la víctima no se so-
metió a patrón alguno de proporcionalidad con respecto a la ofensa[39]. Co-
mo señala Drapkin: “El mayor o menor grado de reacción vindicativa radica-
ba estrictamente en la voluntad y en las manos, así como en la posible cle-
mencia, de la víctima. Era ella la que determinaba, exclusivamente, la mag-
nitud de la venganza. La única noción de justicia que existía entonces era
la que emanaba del sentimiento de justicia que pudiera tener la víctima”[40].

[36] Se considera a la venganza como el aspecto que revestía la función punitiva cuando todavía el poder político
no se concebía como tal, ni mucho menos poseía la fuerza necesaria dentro de los grupos humanos para impo-
nerse a los particulares. Así, véase ZAMORA GRANT, José. Derecho victimal. La víctima en el nuevo sistema
penal mexicano. 2ª edición, 1ª reimpresión, Instituto Nacional de Ciencias Penales, México D.F., 2010, p. 25.
[37] DRAPKIN, Israel. “El derecho de las víctimas”. En: Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. Tomo
XXXIV, Fascículo II, Ministerio de Justicia, 1980, p. 374.
[38] Cfr. ZAMORA GRANT, José. Derecho victimal. La víctima en el nuevo sistema penal mexicano. Ob. cit., p. 26.
[39] Cfr. HERRERA MORENO, Myriam. La hora de la víctima. Edersa, Madrid, 1996, p. 28.
[40] DRAPKIN, Israel. “El derecho de las víctimas”. Ob. cit., p. 375.

30
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

De esta forma, por lo general, la venganza de la víctima involucraba casi


siempre un castigo superior al daño recibido. La respuesta violenta de ella
se convertía por lo general en una crueldad sanguinaria, generándose una
gran falta de proporciones entre la lesión sufrida por la víctima y la lesión
que esta imponía, en respuesta, al ofensor.

Los niveles de crueldad y desproporcionalidad en relación al daño sufrido se


presentaban no solo contra el miembro de la tribu responsable del daño si-
no que también podía comprometer a otros sujetos cercanos al ofensor ta-
les como sus parientes o los miembros de su clan. Esto provocaba reaccio-
nes en cadena, donde se buscaba eliminar al oponente para evitar a su vez
la retaliación y esto se lograba con la eliminación del grupo[41], es decir, en
muchos casos –como anota García Pablos De Molina- “se convertía en una
verdadera guerra de eliminación de grupos o clanes”[42].

Este aspecto puramente subjetivo no se prestaba para crear las bases de ob-
jetividad indispensables a la incipiente justicia pública para pretender una
validez más universal. Por eso la primera y la más importante cuestión que
se planteó el codificador de aquella época, fue necesariamente la magnitud
de la reacción vindicativa[43]. Precisamente cuando el legislador primitivo se
enfrentó a las dificultades inherentes a la necesidad de codificar, tuvo nece-
sariamente que plantearse si los resultados de la reacción primitiva, innatos
en la venganza privada, eran adecuados o justificados. Es indudable que tu-
vo que tomar en cuenta también las normas objetivas o subjetivas que de la
justicia pudiera tener el rey o jerarca político.

Por último, le fue menester considerar si, para favorecer la paz y el bienestar
de la comunidad, sería necesario poner ciertas limitaciones al libre e ilimita-
do ejercicio del derecho de la venganza. La reacción en cadena que origina-
ba la venganza privada entre ofensor y víctima, y viceversa, así como los da-
ños de todo tipo que afectaban no solo a ambas partes, sino también a las
comunidades a las que ellos pertenecían, fueron otros argumentos para tra-
tar de limitar los abusos de la venganza privada.

[41] MÁRQUEZ CÁRDENAS, Álvaro. “La Victimología como estudio. Redescubrimiento de la víctima para el
proceso penal”. En: Prolegómenos-Derechos y Valores. Vol. XIV, Nº 27, Universidad Militar Nueva Granada,
Bogotá, julio-diciembre de 2011, pp. 35.
[42] GARCÍA PABLOS DE MOLINA, Antonio. “El redescubrimiento de la víctima, victimización secundaria y repa-
ración del daño”. En: Cuadernos de Derecho Judicial. Nº XIV-Dedicado a: Victimología. Consejo General del
Poder Judicial, Madrid, 1993, pp. 310-311.
[43] DRAPKIN, Israel. “El derecho de las víctimas”. Ob. cit., p. 374.

31
Elky Alexander Villegas Paiva

Es así como nació la Ley del Talión, por la cual la venganza de la víctima de-
bía tener proporcionalidad, es decir, de la misma magnitud que el daño cau-
sado debía ser el daño que debía sufrir el agresor (ojo por ojo, diente por
diente, mano por mano y animal por animal).

En aquel proceso histórico sociocultural se pensaba que no podría haber un


equilibrio más exacto para lograr una mejor justicia, que el balance aritméti-
co de tanto por tanto. El castigo no podría ser mayor que el daño recibido. Es
indudable, entonces, pero no deja de sorprender, que la primera interven-
ción de derecho de los primitivos legisladores, fue para defender a quien in-
fringió inicialmente la norma social, es decir, al delincuente y no a su vícti-
ma. Sin embargo, no podía ser de otra manera, ya que los derechos de esta
última eran absolutos e ilimitados, mientras que los derechos del delincuen-
te eran aún inexistentes[44].

Como se puede comprender ese sentido de proporcionalidad que debería


tener la venganza de la víctima no se corresponde con el concepto de pro-
porcionalidad que actualmente manejamos, e incluso puede parecer cruel
e inhumano, si no se capta que la verdadera intención de la norma estu-
vo en poner el énfasis en tres palabras no mencionadas en el texto original.
Ellas son “no más que” una vida por una vida, un ojo por un ojo, etc. Enfo-
cado en esta forma, el principio taliónico pierde su aparente insensibilidad
y se transforma en una medida que, además de restringir el ilimitado dere-
cho a la venganza que tenía la víctima, incorpora un concepto de ecuanimi-
dad no existente hasta entonces[45], atribuyendo un avance garantista[46] en
la respuesta penal al imponer que la venganza no debía ocasionar un daño
más allá que la entidad del daño sufrido por la víctima[47].

[44] Ídem.
[45] Ídem.
[46] De este parecer FERREIRO BAAMONDE, Xulio. Ob. cit., p. 6.
[47] Sin embargo, sobre este punto es necesario acotar que, como señala Orduña Trujillo, el conocido precepto
de “ojo por ojo y diente por diente”, no fue tan simple y proporcional para todos los sectores de la sociedad, ya
que para que pudiera llevarse a cabo en estricto sentido, se requería que el agresor y la víctima pertenecieran
a la misma clase social. Así, si ambos eran nobles, la medida entre el daño y la venganza debía concordar con
exactitud, pero esto ya no se aplicaba igual si la víctima no pertenecía a la nobleza (ORDUÑA TRUJILLO, Eva
Leticia. “Los derechos humanos de las víctimas”. En: Latinoamérica. Revista de Estudios Latinoamericanos.
Nº 40, UNAM, México D.F., 2005, p. 171). Ejemplificando lo dicho, Zamora señala que, si un noble destruía
el ojo a otro noble, su propio ojo debería ser destruido también; si le rompía un hueso a su turno la víctima le
rompía otro. Pero si la víctima no era un noble, el castigo entonces era una multa. Lo cual resulta comprensible
si se tiene en cuenta que la igualdad entre los hombres y ante la ley es producto de la modernidad (ZAMORA
GRANT, José. Derecho victimal. La víctima en el nuevo sistema penal mexicano. 2ª edición, Instituto Nacional
de Ciencias Penales, México D.F., 2010, p. 28); sobre ello véase también FERREIRO BAAMONDE, Xulio.
Ob. cit., pp. 9-12.

32
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Entendido en su correcto encuadramiento el sentido de proporcionalidad


de la venganza de la víctima en aquella época, se puede sostener que supu-
so un gran avance en la percepción acerca de la solución del conflicto, y es
que su utilización permitió poner coto a las guerras de familias o tribus y da-
ban la facultad a un juez de resolver potestativamente el conflicto estable-
ciéndose un criterio proporcional entre la ofensa y la pena, de tal forma que
empieza a aparecer como limitante de la venganza privada en aquellas so-
ciedades que lograron determinado grado de desarrollo en cuanto a orga-
nización social[48].

Con el avance del tiempo y un mayor progreso social, después de la adop-


ción del concepto taliónico, la segunda medida incorporada en casi todas
las legislaciones primitivas –con el objeto de reducir al mínimo los pernicio-
sos efectos de la venganza privada absoluta– fue la compensación o com-
posición, produciéndose una mercantilización de la venganza, pues esta es
reemplazada por grandes cantidades dinerarias que dependen de la grave-
dad de la ofensa, aunque se debe reconocer que la víctima no pierde, toda-
vía, la iniciativa en la persecución del injusto, y ni siquiera la posibilidad de
venganza de sangre en el caso de que no sea adecuadamente satisfecha[49].

Así tenemos que la Ley Mosaica establece que el agresor debe perder el mis-
mo miembro u órgano de su cuerpo que el hizo perder a su víctima, a no ser
que esta quede satisfecha con una adecuada compensación monetaria, “por
cuanto la ley otorga a la víctima el derecho de evaluar sus propios daños y
elegir entre talión o pago”[50].

Las Leyes de Roma, contenidas especialmente en las Doce Tablas, mantie-


nen el principio taliónico, pero agregan “a no ser que la víctima lo determi-
ne de otra manera, de acuerdo con el malhechor”. Una vez más constatamos
que el derecho a la venganza lo tiene la víctima –dentro de las limitaciones
taliónicas– pues su ejercicio quedaba a su propia discreción. Si lo deseaba,
la víctima podía vender su derecho a la venganza, sin siquiera tener necesi-
dad de recurrir a los tribunales. La función de los jueces de la época se limi-
taba a resolver los casos dudosos y a establecer si algún derecho había sido

[48] Cfr. MAIER, Julio. “Democracia y administración de justicia penal en Iberoamérica”. En: Jueces para la
Democracia. Nº 16-17, Asociación Jueces para la Democracia, Madrid, 1992, pp. 143-163.
[49] Cfr. HERRERA MORENO, Myriam. La hora de la víctima. Ob. cit., pp. 32-35.
[50] HAIM COHN. Victimology and Ancient Law, discurso pronunciado en la Sesión Inaugural del Primer Simposio
Internacional de Victimología (Jerusalén, 2-6 septiembre 1973) citado por DRAPKIN, Israel. “El derecho de
las víctimas”. Ob. cit., p. 374.

33
Elky Alexander Villegas Paiva

violado, en cuyo caso indicaban la sanción correspondiente. Pero cuando no


había duda alguna acerca de la comisión del acto ilícito o con respecto a la
identidad del hecho, la víctima y solo ella tenía el derecho de aplicar la ley a
su propia discreción[51].

Es necesario señalar que dependiendo de la calidad del occiso y su grado de


parentesco, la composición revestía varias formas. Así, por ejemplo, la com-
posición por un hombre muerto era mucho mayor a la de una mujer; la de
un joven, mayor a la de un sujeto de avanzada edad; la de una persona sa-
na, mayor a la de un enfermo. Y por el parentesco, el pariente político cobra-
ba más que el que no lo era. En un principio, en el sistema de composiciones
la mujer no tenía derecho a cobrar, pues se le consideraba incapaz de ejer-
citar la venganza familiar. Luego se le otorgó derecho en caso de que falta-
ran herederos varones[52].

Se observa que con el correr del tiempo, los derechos absolutos que primi-
tivamente tenía la víctima se fueron limitando en forma progresiva. Primero
se aplicó el talión, luego la compensación voluntaria y enseguida la compo-
sición obligatoria. Esta vez es el derecho germánico el que mejor refleja es-
te transitar de la venganza privada a la compensación. La familia o tribu (sip-
pe) de la víctima estaba legitimada en el Derecho consuetudinario germá-
nico para vengarse (rache) de forma solidaria. El llamado wergeld supone el
paso de la venganza de sangre al arreglo económico entre víctima y ofen-
sor. Los germanos desarrollaron un sistema de compensación que incluía ta-
blas que establecían el monto y su distribución entre los perjudicados. Con
el tiempo estas tablas pasaron a ser manejadas por los jueces quienes impo-
nían la obligación de resarcir los perjuicios, su cuantía y su distribución. En el
sistema de compensación la expiación (buse) podía ser ejecutada mediante
la entrega de una cantidad dineraria a la familia de la víctima, que dependía
de la naturaleza e importancia de la ofensa. Esta cantidad de dinero se de-
nominaba Friedensgeld, que significa literalmente: dinero de paz. Tal sistema
implica, todavía, una concepción privada o semiprivada del delito, ya que la
respuesta penal era diferente en el caso de los delitos que atentaran contra

[51] Entre otros derechos de venganza se incluía en el Derecho Romano, por ejemplo, el del marido ofendido,
quien podía matar impunemente a la mujer adúltera y a su compañero de delito. BENAVENTE CHORRES,
Hesbert y PASTRANA BERDEJO, Juan David. Implementación del proceso penal acusatorio adversarial en
Latinoamérica. Ob. cit., pp. 3-6.
[52] ZAMORA GRANT, José. Derecho victimal. La víctima en el nuevo sistema penal mexicano. Ob. cit., p. 29.

34
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

la sociedad, la comunidad en su conjunto, como podía ser la traición, dispo-


niéndose como pena el destierro, por ejemplo[53].

Por otra parte, la víctima comienza a ser un participante responsable en el


proceso judicial, ante una corte de justicia, con lo cual se va desarrollando
el concepto moderno del orden legal, tanto en materia civil como criminal.
El dolor y el sufrimiento de la víctima ya no sirven, por sí solos, para deter-
minar la culpabilidad del hecho, dando lugar al desarrollo de todas las nor-
mas de procedimiento que se fueron incorporando en el curso de los siglos,
y con ello se ponía fin a las transacciones privadas y quedó la solución en
manos de los jueces, quienes debían previo análisis de las circunstancias, fi-
jar su monto y reparación.

Esta etapa de compensación, coincide con la época del sistema procesal


acusatorio[54], el único sistema que se conocía, mas, cuando las gentes, en su
mayoría no sabían escribir ni leer y todo se resolvía mediante intervenciones
públicas ante el juez. El fin de esta etapa de esplendor se da por la creciente
intervención de poderes centralizados, en Ciudades-Estados, que en su nue-
va organización impone normas, regula las prohibiciones e impone sancio-
nes y se convierten en definidores de la contienda entre las partes y que em-
piezan precisamente por apropiarse de la compensación económica, la cual
en la mayoría de los casos debía ser compartida con la comunidad o con el
rey, dándose nacimiento a la sanción de multa.

Bajo ese marco, los individuos ceden parcelas de poder a entes jurídico-po-
lítico superiores, que asumen un papel cada vez más preponderante en la
reacción penal. Los sistemas de compensación evolucionan y al lado de la
cantidad pagada al ofendido, el agresor deberá pagar una cantidad al Mo-
narca o a la comunidad, como contrapartida a los servicios de pacificación
y al papel asumido posteriormente de garante de su indemnidad frente a la
reacción violenta de la víctima. El castigo público hace su aparición como

[53] FERREIRO BAAMONDE, Xulio. Ob. cit., p. 8.


[54] Esta forma de procedimiento rigió durante todo el mundo antiguo. Su principio fundamental se afirma en la
exigencia de que la actuación decisoria de un tribunal y los límites de la misma, están condicionados a la ac-
ción de un acusador y al contenido de ese reclamo. Asimismo se caracteriza por la división de funciones:
acusación y decisión. La primera competía en un primer momento solo al ofendido y sus parientes, más tar-
de se amplió a cualquier ciudadano. La segunda corresponde al juez, quien estaba sometido a las pruebas
que presentan las partes, sin poder hacer una selección de las mismas ni investigar. El proceso se desarrolla
según los principios del contradictorio, de oralización y publicidad. Véase: CALDERÓN SUMARRIVA, Ana.
El nuevo sistema procesal penal: Análisis crítico. Escuela de Graduandos Águila & Calderón, Lima, 2011,
pp. 20 y 21.

35
Elky Alexander Villegas Paiva

un añadido al resarcimiento victimal. El interés de la víctima concreta poco


a poco se va diluyendo, primero en la familia o tribu, y ahora en la sociedad,
representada por el Monarca. De este modo, la autoridad separa poco a po-
co a la víctima (perjudicado) de la relación directa con los autores. Se exige
prioritariamente la condena, y se remite a la víctima a la acción civil para la
indemnización.

Tal proceso se produce con claridad en los sistemas de derecho consuetudi-


nario germánico y anglosajón que se utilizan habitualmente como referen-
cia al hacer mención de esta evolución del Derecho Penal privado al Dere-
cho Penal público, caracterizado por la progresiva asunción del ius punien-
di por el Estado. En el derecho germánico aparece alrededor del siglo VII,
por influencia de los pueblos francos, el fredus, o pago que la autoridad exi-
ge por la compensación, y pacificación del conflicto, de modo conjunto al
busse[55].

Progresivamente el delito pasa a ser visto como un daño que se causa a la


sociedad, una quiebra a las reglas básicas de convivencia, y ya no como un
daño a la víctima concreta, quien se convierte en un mero receptor de la
compensación determinada por la autoridad.

2. LA NEUTRALIZACIÓN DE LA VÍCTIMA

A medida que las formas de organización social se van haciendo más com-
plejas, la comunidad reserva para sus instituciones un mayor número de
funciones, en detrimento de las facultades de los individuos. En el campo
de la represión penal, tal arrogación de funciones se traduce en la disminu-
ción de las facultades de persecución de los delitos por las víctimas y su en-
torno, acaparando para sí el Estado la persecución y castigo de los delitos.

A la par que surge el Estado moderno, consecuencia de las necesidades


de una sociedad protoindustrial, primero y, de la revolución industrial más
tarde[56], nacen también el Derecho y el proceso penal como instituciones

[55] FERREIRO BAAMONDE, Xulio. Ob. cit., p. 13.


[56] La vinculación entre la revolución mercantil y la asunción del ius puniendi por parte del Estado, con la consi-
guiente neutralización de la víctima y la confiscación estatal del conflicto, es puesta de relieve por ZAFFARONI,
Eugenio. “Prólogo”. En: NILS, Christie. La industria del control del delito. Editores del Puerto, Buenos Aires,
1993, p. 14.

36
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

públicas, y paralelamente la víctima ve disminuir su papel en la solución del


conflicto, al quedar el Estado a cargo –de forma monopólica– de la persecu-
ción y castigo de los delitos.

El poder del Estado centralizador fue dogmatizándose y se dio el nacimien-


to a la organización interna de las comunidades-ciudades, el conflicto penal
dejó de ser un conflicto ínter partes, para constituirse en un problema en-
tre el ofensor y el Estado. Progresivamente, el delito pasa a ser visto como
un daño que se causa a la sociedad, una quiebra a las reglas básicas de con-
vivencia, que como un daño a la víctima concreta, la ofensa penal era una
ofensa hacia el poder central y por ende este se va apropiando de la sanción.
El Estado asume el ius puniendi, que surge como verdadero poder de penar.
Así, la víctima va desapareciendo del escenario, tanto del Derecho Penal co-
mo del proceso penal.

El sistema procesal inquisitivo[57] –que corresponde a esta época– con las fa-
cultades ilimitadas del juez, convirtió al conflicto penal en una lucha entre
el representante estatal que debía resguardar los valores de la sociedad y el
transgresor de esos valores, de tal forma que los intereses de la víctima que-
daron totalmente al margen de la contienda penal.

Con la aparición de la Inquisición surge, también, la persecución penal pú-


blica, que no era otra cosa que un instrumento estatal de control social di-
recto sobre sus súbditos, quienes eran castigados no en virtud de haber ge-
nerado un daño a otro individuo, sino simplemente por infringir un manda-
to del poder estatal. Por lo mismo, no importaba mayormente el daño que
esa infracción causara, y a quien se le causara, sino únicamente que con di-
cha conducta se estaba desobedeciendo un mandato obligatorio para to-
dos. Así, se afirmó la persecución de oficio, que era la manera de consoli-
dar el poder real, la organización política y la paz social bajo el nuevo orden.

[57] El sistema inquisitivo se fundamenta en que es derecho-deber del Estado promover la represión de los deli-
tos, lo cual no puede ser encomendado ni delegado a los particulares: inquisitio est magis favorabilis ad re-
primendum delicia quam accusatio (la inquisición es más favorable que la acusación para reprimir delitos).
Bajo este sistema, las funciones de acusación y decisión están en manos de la persona del juez. El proceso
se desarrolla bajo los principios de la escritura y el secreto. Véase: CALDERÓN SUMARRIVA, Ana. El nue-
vo sistema procesal penal: Análisis crítico. Ob. cit., p. 17; BENAVENTE CHORRES, Hesbert y PASTRANA
BERDEJO, Juan David. Implementación del proceso penal acusatorio adversarial en Latinoamérica. Ob. cit.,
pp. 6-9; CUBAS VILLANUEVA, Víctor. El nuevo proceso penal peruano. Teoría y práctica de su implemen-
tación. Palestra Editores, Lima, 2009, pp. 25-28; MADLERNER, Kurt. “Derecho Procesal Penal y derechos
humanos”. En: La ciencia penal y la política criminal en el umbral del siglo XXI. Instituto Nacional de Ciencias
Penales (INACIPE), México D.F., 1998, p. 203.

37
Elky Alexander Villegas Paiva

Con el sistema inquisitivo, que se inspiraba en el aforismo salus publica su-


prema lex est, aparece también la figura del procurador del rey, figura que a
la larga dio origen al Ministerio Público, y que tenía por labor la persecución
penal en nombre del rey. Como dice Foucault: “Cada vez que hay un crimen,
delito o pleito entre individuos, el procurador se hace presente en su con-
dición de representante de un poder lesionado por el solo hecho de que ha
habido delito o crimen. El procurador doblará a la víctima pues estará detrás
de aquel que debería haber planteado la queja, diciendo. Si es verdad que
este hombre lesionó a este otro, yo, representante del soberano puedo afir-
mar que el soberano, su poder, el orden que él dispensa, la ley que él esta-
bleció, fueron igualmente lesionados por este individuo. Así, yo también me
coloco contra él”[58].

Durante la Edad Media el delincuente era castigado físicamente, general-


mente a través de actos de tortura, y también económicamente, puesto que
era despojado de sus pertenencias, las cuales en vez de pasar a manos de
sus víctimas eran aprovechadas por los señores feudales y por el poder ecle-
siástico. Así los intereses personales de la víctima del delito fueron por mu-
cho tiempo, después de la Edad Media, subordinados a aquellos de la socie-
dad, cuyos dirigentes los usufructuaban en sus propios beneficios bajo el
cariz de una política penal, y la víctima se convirtió en cenicienta del dere-
cho penal. Esta situación se prolonga durante varios siglos y va a generar el
que la preocupación del derecho procesal y el derecho penal se centre en el
ofensor, de tal forma que la reparación viene a configurarse como un com-
ponente ya no de la sanción penal sino del orden civil.

El fortalecimiento del proceso inquisitivo genera la total neutralización de la


víctima dentro del proceso penal, la víctima sale de su posición como inter-
viniente procesal, los roles protagónicos los llevará adelante el juez y el de-
lincuente, desapareciendo por ello el ofendido del escenario penal. La nece-
sidad de control del nuevo Estado solo requerirá la presencia del individuo
victimizado a los efectos de utilizarlo como testigo, esto es, para que legiti-
me, con su presencia, el castigo estatal. Fuera de esta tarea de colaboración
en la persecución penal, ninguna otra le corresponde[59]. De esta manera, “la

[58] FOUCAULT, Michael. La verdad y las formas jurídicas. 8ª reimpresión, Gedisa, Barcelona, 2001, p. 76.
[59] BOVINO, Alberto. “La participación de la víctima en el procedimiento penal”. En: BOVINO, Alberto. Problemas
del Derecho Procesal Penal contemporáneo. Editores del Puerto, Buenos Aires, 1998, p. 91.

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El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

víctima es expropiada de su conflicto”[60] por el Estado, en donde su interés


se ve reemplazado por el concepto abstracto de bien jurídico tutelado que
–como veremos más adelante– viene a ser el orden jurídico establecido y su
derecho a perseguir sus derechos en la acusación se ve suprimido en aras
de la persecución estatal promovida por la vigencia del principio de oficiali-
dad de la acción penal.

Al asentarse la idea del Derecho Penal como derecho de carácter público,


en cuyo contexto el Estado se atribuye el Derecho a castigar (ius puniendi) y
adquiere además monopolio sobre el mismo[61], produciéndose a su vez una
clara distinción entre Derecho Civil y Derecho Penal, conllevó a que se iden-
tificaran dos clases de relaciones frente al delito: la relación punitiva, entre
el Estado y el delincuente, y del que se excluye a la víctima; y, la relación in-
demnizatoria, que involucra a la víctima y al delincuente[62].

La situación descrita del surgimiento del Derecho Penal moderno (es decir
de naturaleza pública y con el monopolio del ius puniendi a favor del Esta-
do) provocó que la víctima pasara a ocupar una posición marginal, casi ol-
vidada, pues con la expropiación del conflicto a la víctima[63], esta quedo

[60] NILS, Christie. “Los conflictos como pertenencia”. Traducción de Alberto Bovino y Fabricio Guariglia, En:
MAIER, Julio (Compilador). De los delitos y de las víctimas. Ad-Hoc, Buenos Aires, 1992, p. 169. Este autor
afirma que: “En esta situación la víctima es el gran perdedor. No solo ha sido lastimada, ha sufrido o ha sido
despojada materialmente, y el Estado toma su compensación; sino que además ha perdido la participación
en su propio caso. Es la Corona la que ingresa al cono de luz, no la víctima. Es la Corona la que describe las
pérdidas, no la víctima. Es la Corona la que aparece en los diarios, rara vez la víctima. Es la Corona la que
tiene la posibilidad de hablar con el delincuente y, ni la Corona ni el delincuente están particularmente intere-
sados en llevar adelante esa conversación. La víctima podría haber estado muerta de miedo paralizada por el
pánico o furiosa. Pero no hubiera estado desinvolucrada. Hubiera sido uno de los días más importantes de su
vida. Algo que pertenecía a esa víctima le ha sido arrebatado (Ibídem, p. 170).
[61] REYNA ALFARO, Luis Miguel. “Las víctimas en el Derecho Penal latinoamericano: presente y perspectivas
a futuro”. En: Eguzkilore, Nº 22, Instituto Vasco de Criminología, San Sebastián, 2008, p. 137. Señala Baratta
que: “El interés de la víctima, lesionado por el delito, es sustituido por el interés de la sociedad por la pena, el
interés de la víctima se traduce en un interés privado, incidental, de resarcimiento” (BARATTA, Alessandro.
“La vida y el laboratorio del Derecho: a propósito de la imputación de responsabilidad en el proceso pe-
nal”. En: BARATTA, Alessandro. Criminología y sistema penal. Compilación in memoriam. Editorial B de F,
Montevideo-Buenos Aires, 2004, p. 34).
[62] SILVA SÁNCHEZ, Jesús-María. “La Victimología desde la Política Criminal y el Derecho Penal. Introducción
a la `Victimodogmática`”. Ob. cit., p. 596.
[63] Véase NILS, Christie. “Los conflictos como pertenencia”. Ob. cit., p. 169.

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Elky Alexander Villegas Paiva

neutralizada[64], pasando a ser un convidado de piedra de las ciencias pena-


les[65], incluso se ha dicho –en un plano teórico– que “la víctima del delito ha
llegado a ser una víctima de la dogmática de la teoría del delito”[66].

Y es que si bien el Derecho Penal moderno surge precisamente con la inten-


ción de neutralizar a la víctima, mejor dicho para neutralizar la venganza de
esta, distanciando a los dos protagonistas enfrentados en el conflicto crimi-
nal, como garantía de una aplicación objetiva e institucionalizada de las le-
yes al caso concreto y una aplicación relativamente proporcionada de las
sanciones penales, lo cierto es que –como señala García-Pablos de Molina–
“el lenguaje abstracto, simbólico, del Derecho y el formalismo de la inter-
vención jurídica, han convertido a la víctima real y concreta del drama crimi-
nal en un mero concepto, en una abstracción más. Porque definido el delito
como enfrentamiento simbólico del infractor con la ley, como lesión o pues-
ta en peligro de un bien jurídico ideal, anónima y despersonalizadamente,
la víctima se desvanece, deviene fungible, irrelevante”[67].

La aparición de las teorías preventivas, aceleró la salida de la víctima desde


la perspectiva de las ciencias penales. En cuanto la aplicación de la pena y
el Derecho Penal se dirigen no a la resolución del concreto problema crea-
do con la comisión del delito actual, sino a la evitación futura de nuevos de-
litos, ya sea a través de la conminación general por medio de la pena abs-
tracta, o del castigo o reforma del delincuente concreto a través de las fun-
ciones ya represoras, ya reeducadoras de las penas efectivamente impues-
tas, la víctima concreta e individual se pierde de vista, no es tenida en cuen-
ta por el Derecho Penal[68].

[64] Véase HASSEMER, Winfried. Fundamentos del Derecho Penal. Traducción de Francisco Muñoz Conde y Luis
Arroyo Zapatero, J.M Bosch, Barcelona, 1984, p. 92. HASSEMER, Winfried y MUÑOZ CONDE, Francisco.
Introducción a la Criminología y al Derecho Penal. Tirant lo Blanch, Valencia, 1989, p. 29. GARCÍA-PABLOS
DE MOLINA, Antonio. Tratado de Criminología, cit. p. 108 y ss. ÍDEM. Criminología. Una introducción a sus
fundamentos teóricos, 1ª edición peruana, Iuris Consulti, Lima, 2006, p. 67 y ss. LANDROVE DÍAZ, Gerardo.
Victimología. Tirant lo Blanch, Valencia, 1990, p. 22 y ss. CANCIO MELIÁ, Manuel. “La exclusión de la tipici-
dad por la responsabilidad de la víctima”. En: CANCIO MELIÁ, Manuel; FERRANTE, Marcelo y SANCINETTI,
Marcelo. Estudios sobre la teoría de la imputación objetiva. Ad-Hoc, Buenos Aires, 1998, p. 77 y ss.
[65] MAIER, Julio. “La víctima y el sistema penal”. En: MAIER, Julio. (Compilador). De los delitos y de las víctimas.
Ob. cit., p. 186.
[66] ESER, Albin. “Sobre la exaltación del bien jurídico a costa de la víctima”. Traducción de Manuel Cancio Meliá.
En: Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. Tomo XLIX; Fasc. III-1996, Ministerio de Justicia, Madrid,
1999, p. 1041.
[67] GARCÍA-PABLOS DE MOLINA, Antonio. Criminología. Una introducción a sus fundamentos teóricos.
Ob. cit., p. 68.
[68] FERREIRO BAAMONDE, Xulio. Ob. cit., p. 28.

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El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Asimismo la entrada en escena del concepto de bien jurídico, coadyuvó aún


más a que la víctima fuera dejada de lado[69], pues si recordamos la evolu-
ción del concepto de delito antes de la aparición del bien jurídico, aquel se
identificaba originalmente como la lesión de derechos subjetivos afectados
por el delito[70], esto es, los derechos de la víctima del delito, consideración
que era la que mejor se acomodaba a los intereses de la víctima de no ser ol-
vidada por el sistema penal[71].

Si bien la evolución de la teoría del bien jurídico, por un lado, ha tenido gran
importancia en la creación de un Derecho Penal garantista, pues su consi-
deración impide que se pueda imponer una pena a una persona por la sim-
ple quiebra de una norma ética o moral, ya que el requisito de provocar una
lesión a un bien jurídicamente protegido implica la existencia de un daño a
un derecho o interés que la sociedad ha decidido amparar; sin embargo por
otro lado, ese interés significó la desaparición de los intereses de la víctima
del concepto de delito. El delito no es más afectación de los derechos de la
víctima, sino que se transforma en lesión de bienes jurídicos. En el contex-
to del debate doctrinal respecto a la idea del bien jurídico, las posiciones to-
man como punto de partida de referencia los presupuestos indispensables
de la vida en sociedad[72] y, por lo tanto, mediatizan a la víctima al punto de
prácticamente desaparecerla en la solución del conflicto penal[73].

El teorema del bien jurídico –como sostiene Hassemer[74]– solo aparente-


mente reflexiona sobre la víctima, incluso desde sus comienzos, cuando ci-
fraba la esencia del delito en la lesión de un derecho subjetivo (de la víctima)
o en la lesión de un bien, ya referido a personas o cosas. La materialización
del concepto del delito, se ha producido, ciertamente, con el principio del

[69] Véase ESER, Albin. “Sobre la exaltación del bien jurídico a costa de la víctima”. Ob. cit., passim.
[70] Sobre el paso de la lesión de derechos subjetivos a la lesión de bienes jurídicos véase una síntesis en
VILLEGAS PAIVA, Elky Alexander. Los bienes jurídicos colectivos en el Derecho Penal. Consideraciones
sobre el fundamento y validez de la protección penal de los intereses macrosociales. Astrea, Buenos Aires,
2010, pp. 8-11. Disponible en: <www.astrea.com.ar>.
[71] ESER, Albin. “Sobre la exaltación del bien jurídico a costa de la víctima”. Ob. cit., p. 1029.
[72] Como señala Righi: “Se entendió entonces que lo decisivo no era la ofensa causada al titular del bien, sino la
afectación de un interés en cuya preservación estaba interesada la comunidad” (RIGHI, Esteban. “Dogmática
y política criminal de la víctima”. En: Teorías actuales en el Derecho Penal. Ad-Hoc, Buenos Aires, 1998,
p. 327).
[73] Cfr. REYNA ALFARO, Luis Miguel. “Las víctimas en el Derecho Penal latinoamericano: presente y perspecti-
vas a futuro. Ob. cit., p. 137.
[74] HASSEMER, Wilfred. “Consideraciones sobre la víctima del delito”. En: Anuario de Derecho Penal y Ciencias
Penales. Tomo XLIII, fasc. I, Ministerio de Justicia, Madrid, 1990, pp. 245 y 246.

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Elky Alexander Villegas Paiva

bien jurídico, transformándolo en sentido crítico. Naturalmente, esta mate-


rialización se ha establecido en la base de los conceptos de daño y lesión y
es obligación de cualquier legislador penal el presentar una víctima digna
de protección si pretende justificar la pena, aunque esa víctima pierda lue-
go importancia y sea más bien una construcción teórica que una realidad
(antes, la víctima se encontraba en el objeto de la acción, separada siem-
pre del bien jurídico). El pensamiento sobre el bien jurídico no se ocupa de
la protección de la víctima sino de la protección de la libertad frente al con-
trol jurídico-penal legítimo. En esta concepción, la víctima es solo una con-
dición que posibilita la delimitación sistemática del bien o interés digno de
protección. Vistas así las cosas, no es de extrañar que en las amplias diser-
taciones que se vierten sobre el bien jurídico no se encuentren análisis so-
bre la víctima.

El principio del bien jurídico – en opinión de Maier– constituye el último y


más acabado ensayo teórico de aquello que los abolicionistas expresan con
las palabras expropiación del conflicto, en tanto, al objetivar a la víctima y
abstraer el objeto de la lesión, transforman un conflicto social entre prota-
gonistas reales, en un conflicto con el Estado por la desobediencia a sus nor-
mas: la víctima real, según se observa, está ausente, despersonalizada y, en
principio, carece de todo poder en el sistema; sintéticamente: no interesa[75].

Bajo ese panorama, es que en legislaciones penales solo se puede encon-


trar vagamente la mención de la víctima en dos aspectos, el primero de ellos
en referencia al derecho penal sustancial, consistente en que el comporta-
miento de la víctima era considerado para el establecimiento de atenuan-
tes o eximentes de la pena, sin que ello llevase a la creación de un Derecho
Penal sustantivo desde o a partir de la víctima. En el segundo aspecto, la
posibilidad de reparación del daño dentro del proceso penal, quedó regu-
lado en el ejercicio de la acción civil resarcitoria, su naturaleza se entendía
solo de carácter patrimonial y a esto se limitaba su intervención, sin poder

[75] MAIER, Julio. “Dogmática penal y víctima del hecho punible”. En: Teorías actuales en el Derecho Penal. Ad-
Hoc, Buenos Aires, 1998, p. 344. Por su parte BOVINO, Alberto. “La víctima como sujeto público y el Estado
como sujeto sin derecho”. En: Ciencias Penales. Año 13, Nº 15; Asociación de Ciencias Penales de Costa
Rica, San José, 1998, p. 47, sostiene que: “(…) el bien jurídico no es más que la víctima objetivada en el tipo
penal. La exclusión de la víctima es tan completa que, a través de la indisponibilidad de los bienes jurídicos,
se afirma que la decisión que determina cuándo un individuo ha sido lesionado es un juicio objetivo y externo
a ese individuo, que se formula sin tener en cuenta su opinión. Al escindir el interés protegido de su titular o
portador, objetivamos ese interés, afirmando la irrelevancia política de ese individuo para considerarse afec-
tado por una lesión de carácter jurídico-penal”.

42
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

reaccionar contra la libertad del victimario o la reclamación de perjuicios pa-


ra ser acreedor de subrogados penales[76].

Por otro lado, con el surgimiento de la idea de la resocialización[77], el delin-


cuente asciende al primer plano del Derecho Penal, mientras que el rol de la
víctima se reduce hasta convertirse solo en un medio de prueba, de mane-
ra tal que como testigo tiene obligaciones pero apenas derechos[78]. “La víc-
tima –refiere Bovino– pierde todas sus facultades de intervención en el pro-
ceso penal. La necesidad de control en el nuevo Estado solo requerirá su
presencia a los efectos de utilizarla como testigo, esto es, para que legitime,
con su presencia, el castigo estatal. Fuera de esta tarea de colaboración en
la persecución penal, ninguna otra le corresponde”[79].

Esta tendencia a prestar mayor atención al delincuente se fortalece aún más


con la idea de los derechos humanos, ya que se entiende, dentro del cam-
po del Derecho y proceso penal, que lo que hace falta proteger, en primer
orden, son los derechos humanos del inculpado; olvidándose –y esto es lo
que está mal– que la víctima también es titular de derechos humanos que
es obligatorio proteger en sede penal[80].

La marginalización de la víctima no solo era evidente en la escasa e inorgá-


nica normativa reconocida a su respecto, sino también en el poco interés
que los científicos de las ciencias penales demostraban en relación con él.
La dogmática penal, la Criminología y el Derecho Procesal Penal centraron

[76] Cfr. SILVA SÁCHEZ, Jesús-María. “La consideración del comportamiento de la víctima en la teoría jurídica del
delito. Observaciones doctrinales y jurisprudenciales sobre la Victimodogmática”. En: Cuadernos de Derecho
Judicial. Dedicado a: La Victimología. Consejo General del Poder Judicial, Madrid, 1992, pp. 11-52.
[77] Sobre el origen y apogeo de las ideas resocializadoras, así como su posterior crisis véase: MIR PUIG,
Santiago. “¿Qué queda en pie de la resocialización? En: Eguzkilore. Número extraordinario 2, Instituto de
Criminología del País Vasco, San Sebastián, 1989, p. 37 y ss.; MUÑOZ CONDE, Francisco. “La resocializa-
ción: análisis y crítica de un mito”. En: MIR PUIG, Santiago (editor). Política Criminal y reforma del Derecho
Penal. Temis, Bogotá, 1982. p. 131 y ss.; GARCÍA PABLOS DE MOLINA, Antonio. “La supuesta función re-
socializadora del Derecho Penal”. En: Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. Tomo 32, fascículo 3,
Ministerio de Justicia, Madrid, 1979, p. 645 y ss.
[78] MADLENER, Kurt. “El redescubrimiento de la víctima por las ciencias penales”. En: Cuadernos del Instituto de
Investigaciones Jurídicas. Año IV, Nº 10; UNAM, México D.F., 1989, p. 48.
[79] BOVINO, Alberto. “La víctima como sujeto público y el Estado como sujeto sin derecho”. Ob. cit. pp. 43-44. De
forma similar ESER, Albin. “Acerca del renacimiento de la víctima en el procedimiento penal”. Traducción de
Fabricio Guariglia y Fernando Córdova. En: MAIER, Julio. (Compilador). De los delitos y de las víctimas. Ob. cit.
p. 16: “(…) el ofendido es el fondo una figura marginal. En contraste con el procedimiento civil, donde el ofendi-
do juega un papel decisivo como “demandante”, en el procedimiento penal él ha sido en gran parte desplazado
por el Ministerio Público. Por ello actúa, por regla general, solo como testigo del hecho o sus consecuencias”.
[80] En este sentido MADLENER, Kurt. “El redescubrimiento de la víctima por las ciencias penales”. Ob. cit., p. 48.

43
Elky Alexander Villegas Paiva

su estudio durante largo tiempo en el infractor: en las causas de su conduc-


ta ilícita, en la respuesta estatal frente a esta y en el juicio donde se determi-
naría la procedencia de la reacción penal pública. El ofendido por el delito
quedó ausente de la definición del delito, de la pena y de sus finalidades. Las
necesidades e intereses de las víctimas quedaron en el olvido[81].

Sin embargo, desde los años sesenta del siglo XX, la situación descrita co-
mienza a revertirse, así es, la ciencia penal ha vuelto a fijarse con mayor inte-
rés en la víctima, aparece la denominada Victimología, la cual ha dedicado
su estudio en dos ámbitos distintos. En primer lugar, en los derechos y ne-
cesidades de las víctimas –aspecto sobre el cual nos detendremos especial-
mente en el terreno del Derecho Procesal Penal–, y en segundo lugar, en el
estudio de cómo repercute la conducta de la víctima en la valoración jurídi-
co-penal del comportamiento del interviniente del presunto delito, dando
origen de este modo a la Victimodogmática.

3. EL REDESCUBRIMIENTO DE LA VÍCTIMA

3.1. El surgimiento de la Victimología como paradigma para el


redescubrimiento de la víctima
La situación de las víctimas, empieza a cambiar a partir de los años sesenta
del siglo pasado por influencia principalmente del desarrollo de una nueva
ciencia penal como es la Victimología, donde se busca presentar una nueva
percepción de la víctima y como se ha concretizado ese nuevo saber y en-
tender en la implementación a nivel de legislaciones de carácter nacional,
así como también en instrumentos internacionales.

Así pues con la aparición de la Victimología, el estado de olvido en que se


hallaba la víctima ha comenzado a revertirse, hecho, que debido a la gran
notoriedad que ha alcanzado, hoy en día se habla de un “redescubrimien-
to de la víctima”, y que el referirse a la víctima constituye un tema de moda.

Resultado de esta nueva visión es la preocupación por la víctima del delito. Su


participación ha sido estudiada desde muchas perspectivas, generalmente

[81] Del mismo parecer PIEDRABUENA RICHARD, Guillermo. “La Constitución y los derechos de la víctima en
el nuevo proceso penal chileno”. En: La víctima y el testigo en la reforma procesal penal. Ministerio Público-
Editorial Fallos del Mes, Santiago, 2003, p. 14.

44
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

en la búsqueda de una mayor prevención, reintegración y compensación


por el daño sufrido. También se ha estudiado en la génesis del delito y su
participación en él. Tras los múltiples estudios que han demostrado feha-
cientemente la participación de la víctima en los delitos que sufre, algunos
autores han afirmado que en ocasiones puede considerarse que ella misma
ha llevado a cabo una acción reprochable.

3.2. Concepto de Victimología


La Victimología[82] podría definirse como una ciencia autónoma[83] que se en-
carga del estudio de los factores de predisposición victimal, la participación
de la víctima en la génesis del delito, las clases de víctimas, el rol que cum-
plen al interior del proceso penal y los derechos y garantías que le asisten al
interior del mismo.

Los precursores de esta disciplina fueron Benjamín Mendelsohn[84] y Hans


Von Hentig[85]. Esto autores son los pioneros de la denominada Victimología
clásica que, fundamentalmente analizaba desde un prisma positivista las
distintas tipologías victimales, clasificando a las víctimas según las porción
de culpabilidad que les incumbe en la generación del delito. Así, se hace

[82] Sobre el contenido, objeto, alcance y límites de la Victimología véase, entre otros: RODRÍGUEZ MANZANERA,
Luis. Victimología. Estudio de la víctima. 7ª edición, Porrúa, México D.F, 2002; ZAMORA GRANT, José.
Derecho victimal. La víctima en el nuevo sistema penal mexicano. 2ª edición, 1ª reimpresión, Instituto Nacional
de Ciencias Penales, México D.F., 2010; HIKAL, Wael. Victimología ¿Qué es y para qué sirve? Astrea, Buenos
Aires, 2009. Disponible en: <www.astrea.com.ar>; LIMA, María de la Luz. Modelo de atención a víctimas en
México. UNAM, México, 1997, p. 203 indica que el objeto de estudio de la Victimología es precisamente la víc-
tima, tanto individual como colectivamente, la etiología del fenómeno criminal y su comprensión, a fin de crear
una infraestructura humana y técnica que pueda y permita brindarles atención, apoyo y prevención.
[83] Sobre la discusión existente acerca de la Victimología como ciencia autónoma véase: RODRÍGUEZ
MANZANERA, Luis. Victimología. Estudio de la víctima. 7ª edición, Porrúa, México D.F., 2002, p. 26 y ss.
También, ARRONA PALACIOS, Arturo. “El dominio de la Victimología en los métodos alternativos de justicia”.
En: Rivista di Criminologia, Vittimologia e Sicurezza. Vol. VI, Nº 1, Società Italiana di Vittimologia, Bologna,
Genaio-Aprile di 2012, pp. 60-62.
[84] Acuñó el término victimology en contraposición a criminology, por entender que en los delitos concurren am-
bos factores, los que se derivan del criminal y los que se derivan de la víctima, autor de dos trabajos clásicos
en la materia: New bio-psychosocial, victimilogy (1946) y la célebre conferencia pronunciada en el Hospital
Coitzea-Bucarest en 1947. Cfr. MENDELSHON, Benjamín. “La Victimología y las tendencias de la sociedad
contemporánea”. En: Rev. ILANUD al día. Año 4, N° 10, ILANUD, San José de Costa Rica, 1981, pp. 55-56.
[85] Emigró de Alemania durante la segunda guerra mundial hacia Los Estados Unidos de Norte-América, donde
trabajó en la Universidad de Yale y realizó múltiples investigaciones acerca de las tipologías victimales a partir
de aspectos plurifactoriales (biológicos, sociales, o psicológicos) cuyos resultados le permitieron escribir va-
rias obras, entre ellas una de las más conocida, propugnó una concepción dinámica e interaccionista de la víc-
tima en su trabajo “Renardon the interaction of perpetrator and victim” (1941) publicado en Journal of Criminal
law and criminology, pp. 303-309. Profundizó sus estudios en su obra: VON HENTIG, Hans. The Criminal and
his Victims. Editorial Archon Books, Hamden, Conn, New Cork, 1979 (1948).

45
Elky Alexander Villegas Paiva

referencia a una víctima absolutamente inocente y a la provocadora, entre


otros, llevándose a cabo una escala gradual de corresponsabilidad victimal
en la realización del delito, estando constituido el último escalón por la víc-
tima imaginaria o simuladora. Por su parte, Von Hentig llega a hablar de una
víctima nata como clasificación paralela a la de delincuente nato. Algunas
de estas ideas han sido trasladadas al Derecho Penal, dando origen a la de-
nominada Victimodogmática[86] que analiza la cuota de responsabilidad de
la víctima en la realización de la conducta punible desde el prisma de la teo-
ría de la imputación objetiva. Debe dejarse en claro que Victimodogmática
no debe ser confundida con la Victimología, pues estudian aspectos distin-
tos de la víctima en el sistema penal.

Junto a esta Victimología originaria, surgió en los años ochenta del siglo úl-
timo que se terminó, una nueva Victimología, diferente a la anterior; funda-
mentalmente por su preocupación por las necesidades y derechos de las
víctimas[87].

[86] Pérez Cepeda enseña que la Victimodogmática toma como punto de partida el hecho de que algunas víctimas
contribuyen dolosa o culposamente a la propia victimización, lo que puede influir en la responsabilidad crimi-
nal del agresor, incluso hasta desterrarla. El mecanismo habitual para determinar si estamos ante un caso que
requiere la imposición de una pena es que debemos investigar el hecho delictivo y a su autor, sin embargo, la
Victimodogmática completa este análisis incluyendo el papel desempeñado por la víctima. De esta suerte, lle-
gamos a determinar si la víctima merece y necesita la protección-jurídico penal, o por el contrario en función
del principio de última ratio, debe excluirse la sanción penal o al menos atenuarse. En consecuencia, en prin-
cipio, el objetivo primordial de la Victimodogmática es obtener una disminución en la aplicación de sanciones.
entre los muchos problemas que surgen con la Victimodogmática tendríamos que determinar si la interven-
ción típica de la víctima tendría alguna influencia en la determinación de la gravedad del injusto del autor, o si
la culpabilidad de la víctima determinaría la exclusión o la atenuación de la culpabilidad. JAKOBS, partiendo
de la idea de la existencia de un cierto ámbito de custodia sobre sus propios bienes, manifiesta la compe-
tencia de la víctima en la seguridad o intangibilidad de los bienes jurídicos concretos que ella porta. Según
JAKOBS, que se presenta como uno de los principales valedores de la dirección política de este movimiento,
un cierto deber de autoprotección de esos bienes y cierta aproximación a la prohibición de regreso deben ju-
gar un papel importante en la teoría del delito (PÉREZ CEPEDA, Ana Isabel. “Las víctimas ante el Derecho
Penal. Especial referencia a las vías formales de reparación y mediación”. En: ARROYO ZAPATERO, Luis y
BERDURGO GÓMEZ DE LA TORRE, Ignacio (Coordinadores.). Homenaje al Dr. Marino Barbero Santos. In
memorian. Tomo I, Universidad de Castilla-La Mancha, 2001, p. 448). Sobre el papel que desempeña la víc-
tima en la conducta que le genera afecciones a sus bienes jurídicos, determinando de ese modo la configu-
ración o no de un delito, pues puede llegarse a concluir que este mismo no existió porque la víctima actuó a
propio riesgo (imputación a la víctima) y sobre los casos de autopuestas en peligro y heteropuestas en peli-
gro consentidas véase entre otros: CANCIO MELIÁ, Manuel. Conducta de la víctima e imputación objetiva en
Derecho penal. Estudio sobre los ámbitos de responsabilidad de víctima y autor en actividades arriesgadas.
2ª edición, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2001; LÓPEZ DÍAZ, Claudia. Acciones a propio ries-
go. Exclusión de la tipicidad por responsabilidad de la víctima con base a una concepción funcional estructural
de la sociedad. Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2006.
[87] Pérez Pinzón resume este suceso del siguiente modo: “En los últimos años, quizá a partir de 1980, nuevamente
se dedica atención a la víctima del delito, en especial por obra de algunos movimientos criminológicos y de
los procesalistas. Por ejemplo el nuevo realismo llama la atención de los nuevos criminólogos y buscan que
desciendan de su idealismo centrado en el infractor, para que observen también, entre otras cosas, a la
víctima; los abolicionistas quieren que se otorgue mayor capacidad decisoria a la víctima, para que el sistema

46
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

La Victimología moderna –señala Landrove– ha superado radicalismos pre-


téritos que habían incurrido en una especie de “víctimo-centrismo” que pa-
recía ignorar la figura del delincuente y caía, por ello, en el mismo error de
parcialidad que se había reprochado a los más convencionales plantea-
mientos criminológicos[88].

Podemos por consiguiente aventurar que lo que se vislumbra en la década


de los ochenta es el resurgir de una (nueva) Victimología que se diferencia
de la anterior, fundamentalmente, en su preocupación por las necesidades y
derechos de la víctima y en su sensibilidad por no contraponer los derechos
de la víctima a los derechos del delincuente[89].

Esta disciplina privilegia la posición de la víctima en el proceso penal, al asu-


mir que existe un trauma derivado de la victimización primaria que suscita
sentimientos de frustración y desamparo; toda vez que los sistemas penales
han cifrado su preocupación en descubrir, capturar, juzgar, sentenciar, en-
carcelar y rehabilitar a los delincuentes, sin prestar demasiada atención a las
víctimas de los hechos criminales.

Al margen de ello, lo que debe comprenderse es que “la justicia penal ya no


puede, ni cabe, girar exclusivamente en torno a la persona que ha originado
la crisis de convivencia que ha hecho necesaria su actuación, sino que ha de
procurar una mayor atención a quien no ha entrado voluntariamente en el
sistema penal de enjuiciamiento de delitos, precisamente quien ha sufrido
la agresión, por azar o al menos sin buscarlo de propósito”[90].

De esta forma, “la Victimología –en palabras de Tamarit Sumalla–, puede ser
definida hoy en una fórmula de síntesis, como la ciencia multidisciplinar que
se ocupa del conocimiento relativo a los procesos de victimización y desvic-
timización. Concierne pues, a la Victimología el estudio del modo en que
una persona deviene víctima, de las diversas dimensiones de la victimiza-
ción (primaria, secundaria y terciaria), y de las estrategias de prevención y

penal, que le ha extraído el conflicto a sus protagonistas, se lo retorne a estos con la posibilidad de diálogo
entre victimario y víctima; los partidarios del derecho penal mínimo hacen hincapié en la primacía de la víctima
para que rija el desarrollo del proceso penal” (PÉREZ PINZÓN, Álvaro Orlando. Curso de Criminología.
6ª edición, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2000, pp. 175-176).
[88] LANDROVE DÍAZ, Gerardo. Victimología. Tirant lo Blanch, Madrid, 1990, pp. 24-26.
[89] LARRAURI, Elena. “Victimología”. En: MAIER, Julio (compilador). De los delitos y de las víctimas. Ad-Hoc,
Buenos Aires, 1992, pp. 284 y 285.
[90] MARTÍNEZ ARRIETA, Antonio. “La víctima en el proceso penal (I)”. En: Actualidad Penal. Nº 4, Madrid, 1990,
p. 43.

47
Elky Alexander Villegas Paiva

reducción de la misma, así como del conjunto de respuestas sociales, jurí-


dicas y asistenciales, tendientes a la reparación y reintegración social de la
víctima”[91].

En tal sentido, más que hablar de un redescubrimiento de la víctima, o de


simplemente un tema de moda, se trataría de una reivindicación de ella, de
sus derechos y de la protección que merece en el sistema penal. Un verda-
dero Estado Constitucional de Derecho no ha de olvidar a la víctima del de-
lito, sino todo lo contrario, debe tutelarla y brindarle seguridad.

En similar sentido se ha pronunciado Sampedro-Arrubla al sostener que:


“Un sistema penal que pretenda ser coherente con el modelo de Estado
Social y Democrático de Derecho debe buscar la humanización del siste-
ma penal, es decir, procurar que este tenga una estructura comprensiva del
hombre, y para lograrlo es preciso que se oriente en primer lugar hacia las
víctimas, hacia los vencidos, que les reconozca el verdadero protagonismo
que tienen en el drama criminal, que tenga como objetivo fundamental, sin
descuidar al delincuente, sus derechos y garantías, escuchar, comprender y
atender sus necesidades”[92].

“Esta nueva dimensión de la justicia penal: reivindicación de las víctimas del


delito –afirma Islas De González Mariscal– enlaza armoniosamente con la
cultura que proclama el respeto a los derechos humanos, cultura que, en or-
den a la materia penal, debe conducir al entendimiento de que estos dere-
chos, por ser inherentes a todo ser humano, están referidos tanto al incul-
pado como a la víctima u ofendido: ambos deben ser protegidos en forma
integral”[93].

Esta noción se va comprendiendo poco a poco, así en los últimos tiempos a


nivel normativo, tanto internacional como en nuestro Derecho interno, so-
bre todo a raíz de la reforma procesal penal, se observa un creciente interés
y presencia de la víctima en el proceso penal. Asimismo los estudios doc-
trinarios, imprescindibles para comprender los alcances y límites de esta

[91] TAMARIT SUMALLA, Joseph. “La Victimología: cuestiones conceptuales y metodológicas”. En: BACA
BALDOMERO, Enrique; ECHEBURÚA ODRIOZOLA, Enrique y TAMARIT SUMALLA, Joseph (coordinado-
res). Manual de Victimología. Tirant lo Blanch, Valencia, 2006, p. 17.
[92] SAMPEDRO-ARRUBLA, Julio Andrés. “Los derechos humanos de las víctimas: apuntes para la reformula-
ción del sistema penal”. En: Internacional Law. Revista Colombiana de Derecho Internacional. Nº 12, Pontificia
Universidad Javeriana, Bogotá, enero-junio de 2008, p. 357.
[93] ISLAS DE GONZÁLEZ MARISCAL, Olga. Derechos de las víctimas y de los ofendidos por el delito. Ob. cit.,
p. XVIII.

48
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

nueva corriente, han crecido en el plano internacional, observándose en di-


ferentes países diversos estudios, que van desde artículos, ensayos mono-
grafías y tesis sobre ello. En nuestro país, sin embargo existe un déficit sobre
el mismo, donde solo algunos pocos autores se han dedicado a estudiar el
nuevo papel de la víctima en el proceso penal, y solo a través de breves ar-
tículos, los manuales sobre Derecho Procesal Penal y solo en algunos casos,
apenas hacen mención a la víctima no existiendo hasta la fecha un estudio
monográfico sobre ello, esperamos pues que tal situación empiece a cam-
biar a la brevedad posible.

Ahora bien, lo que debe quedar claro es que lo que se pretende con el de-
nominado redescubrimiento de la víctima es generar un equilibrio en la re-
lación procesal, que así como se tiene en cuenta al procesado se tenga en
cuenta los derechos y garantías de las víctimas del delito, permitiendo la re-
definición de los roles que desarrollan las personas dentro del drama crimi-
nal en el proceso de la investigación penal[94]. Hay que cambiar el criterio se-
gún el cual los únicos protagonistas en el proceso penal son el Estado y el
delincuente; porque la víctima tiene mucho que decir, hacer y contribuir a la
solución del conflicto penal.

3.3. Áreas de conocimiento de la moderna Victimología


Siguiendo el planteamiento de la profesora Larrauri[95], diremos que son tres
las áreas de conocimiento que cobija la Victimología:

- Las encuestas de victimización (información acerca de las víctimas).

- La posición de la víctima en el proceso penal (los derechos de las


víctimas).

- La atención asistencial y económica a la víctima (las necesidades de las


víctimas).
Veamos cada una de ellas:

[94] GAVIRIA LONDOÑO, Vicente Emilio. “La víctima en el sistema acusatorio del nuevo Código de procedimien-
to penal”. En: Derecho Penal y Criminología. Vol. XXIV, Nº 74, Universidad Externado de Colombia, Bogotá,
2003, p. 93 y ss.
[95] LARRAURI, Elena. “Victimología”. Ob. cit., p. 286 y ss.

49
Elky Alexander Villegas Paiva

3.3.1. Las encuestas de victimización (información acerca de las víctimas)


Las encuestas de victimización consisten en realizar un cuestionario a un
muestreo de población representativa, a la cual se le pregunta si ha sido víc-
tima de un delito determinado. Con ello se consigue recopilar información
acerca de los delitos acontecidos, la frecuencia de ellos, y las característi-
cas de la gente victimizada. Adicionalmente, las encuestas de victimización
acostumbran a recabar también información acerca de las relaciones de la
víctima con el sistema penal: si ellas han o no denunciado, los motivos para
realizar la denuncia, etc.

Lo que se pretende normalmente con ellas es conseguir una mayor informa-


ción que permita elaborar propuestas de política criminal acerca de técnicas
preventivas –medidas eficaces para prevenir una futura victimización– y re-
presivas –áreas conflictivas en una ciudad–.

Entre los méritos de las encuestas de victimización se destaca, indudable-


mente, el haber proporcionado una mayor información respecto del deli-
to y, fundamentalmente, respecto de las víctimas del delito, ausentes de las
estadísticas policiales. En este sentido, las encuestas de victimización han
ampliado nuestro conocimiento del fenómeno delictivo al constatar los si-
guientes datos:

a) Que existe un mayor número de delitos que aquel que es objeto de


una denuncia;

b) que, cuando se produce la denuncia, ella obedece a motivos distintos


del interés en conseguir el castigo del culpable;

c) que el factor influyente es el “estilo de vida”, esto es que la mayor pro-


babilidad de ser víctima la tiene el joven que sale de noche;

d) que las víctimas provienen de los sectores más pobres de la sociedad;

e) que es frecuente que la víctima conozca a su agresor;

f) que la percepción de inseguridad o de miedo no está directamente re-


lacionado con la posibilidad matemática de ser víctima de un delito.
Este conocimiento permitió que esas encuestas fueran presentadas como
superadoras de las estadísticas oficiales, en la medida en que permitían des-
cubrir la “cifra oscura” del delito, esto es la que no aparecía reflejada en las
estadísticas policiales, al no haber sido detectada o denunciada. Su valor

50
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

como fuente de información comportó un cierto auge de las encuestas de


victimización.

3.3.2. La posición de la víctima en el proceso penal (los derechos de las


víctimas)
Se critica el limitado papel que desempeña la víctima al interior del proceso
penal, a pesar de ser ella la primera afectada por la conducta delictiva. Me-
diante la casi nula participación de la víctima en el proceso penal, sus dere-
chos resultan flagrantemente vulnerados: no recibe la más mínima informa-
ción sobre el curso del proceso, el Estado solo se preocupa por brindar ase-
soría jurídica al que cometió el delito, pero no a quien fue víctima del mis-
mo, por lo que ella se ve perdida en el proceso, no sabiendo cuáles son sus
derechos, la forma en que deben ser protegidos, o a quien acudir cuando
sean vulnerados para reclamar su tutela.

Igualmente el maltrato que surge, la mayor de las veces, por la propia auto-
ridad estatal, terminan por volver a victimizarla, sintiendo que no solo el de-
lincuente ha afectado sus derechos, sino que el propio Estado, personifica-
do por sus autoridades, han hecho lo mismo con ella.

Todo ello en múltiples ocasiones terminan provocando que la víctima aban-


done el proceso, al sentirse maltratada por quienes ella pensó le brindarían
ayuda. Y en muchos casos a que ni siquiera formulen denuncia, por ejemplo
en los casos recurrentes de violaciones sexuales.

La Victimología se encarga de describir y poner en el tapete todos estos pro-


blemas, alzando voces por un radical cambio, pues busca que los derechos
de las víctimas sean reivindicados.

3.3.3. La atención asistencial y económica a la víctima (las necesidades de


las víctimas)
Sobre la base de los problemas, descritos en el punto anterior, la Victimolo-
gía busca que todas las víctimas reciban una adecuada atención al interior
del proceso penal. Que todos sus derechos sean protegidos, y se les permi-
ta una mayor participación en el proceso.

En ese orden de ideas, se habla de una atención asistencial integral, que im-
plique, por ejemplo, una ayuda psicológica cuando el caso en concreto así lo
requiera, que igualmente en el plano del proceso penal reciba asesoría jurí-
dica gratuita, para la mejor defensa de sus intereses. Y también se preocupa

51
Elky Alexander Villegas Paiva

por que en los casos en que se fije una reparación civil esta sea proporcional
al daño que se le ocasionó, y sobre todo que se haga efectiva esta, lo que ra-
ras veces sucede con el sistema tradicional, por ello por ejemplo se plantean
la instauración de acuerdos reparatorios que benefician a ambas partes (im-
putado y víctima), en tanto el agresor podrá acogerse a varios beneficios si
logra reparar rápidamente los daños que le ocasionó a la víctima.

52
CAPÍTULO TERCERO
Víctima y victimización
Víctima y victimización

1. CONCEPTO DE VÍCTIMA

Para poder tratar el papel de la víctima en el proceso penal previamente ha


de definirse qué es lo que se debe entender por víctima y cuál de entre los
conceptos propuestos por la doctrina y los textos internacionales puede ser
más útil a los efectos del objeto de estudio de la presente investigación.

En este orden, lo primero que debemos señalar es que en el presente traba-


jo prescindimos del concepto de “víctima” que usa para referirse a las que
se daban en sacrificio en las religiones primitivas y en algunas sectas actua-
les en cumplimiento de alguna promesa, mito o para evitar desgracias[96]. Lo
que aquí interesa es un concepto de víctima, que partiendo de una perspec-
tiva victimológica, sea útil para el Derecho Penal y Procesal Penal.

Acercándonos al interés antes mencionado, encontramos que a nivel doc-


trinario existen concepciones restrictivas y, otras que podemos llamar am-
plias sobre el concepto de víctima. Así, en cuanto a las primeras de las con-
cepciones anotadas, encontramos a quienes consideran que por víctima se
debe entender solamente al sujeto pasivo del delito[97], es decir, a la persona

[96] Sobre ello véase NEUMAN, Elías. Victimología. El rol de la víctima en los delitos convencionales y no conven-
cionales. 2ª edición, Editorial Universidad, Buenos Aires, 1994, p. 28.
[97] Así CARAMUTI, Carlos. “Dogmática y política criminal de la víctima en relación a la titularidad y ejercicio
de la acción penal”. En: Ciencias Penales Contemporáneas. Revista de Derecho penal, Procesal Penal y
Criminología. Nº 1, Ediciones Jurídicas Cuyo, Mendoza, 2001, p. 32. En la misma línea: QUERALT, Joan.
“Víctimas y garantías: algunos cabos sueltos. A propósito del proyecto alternativo de reparación”. En: Anuario
de Derecho Penal y Ciencias Penales. Tomo XLIX, fasc. I, Ministerio de Justicia, Madrid, enero-abril de 1996,
pp. 141-142, para quien víctima, en Derecho Penal, es el titular del bien jurídico-penalmente protegido que ha
sido dañado o puesto en peligro, es decir, el sujeto pasivo; junto a la víctima se hallan los perjudicados, es de-
cir, aquellos otros sujetos que se ven directamente afectados por el delito, pero que no son titulares del bien
jurídico lesionado o puesto en peligro. Para este autor la distinción entre víctima y perjudicado tiene trascen-
dencia dogmática, político-criminal y procesal. Por un lado, la relación del bien jurídico penalmente protegido
con la victima permite establecer la gravedad del ilícito por parte del legislador; de esta suerte la esencialidad
del bien y la consecuente intensidad de la punición de la conducta lesiva del mismo se determinarán a la vista
de la relación entre bien y titular del mismo. De otro lado, procesalmente, y con independencia de la acción
popular, la existencia de una víctima jurídicamente capaz de actuar impide el ejercicio de la acción penal y lo
civil por parte de los perjudicados en sentido estricto. El caso del padre de familia que, por las razones que

55
Elky Alexander Villegas Paiva

que goza de la titularidad del bien jurídico que ha sido vulnerado; para es-
ta postura víctima y sujeto pasivo del delito se tratarían de expresiones
sinónimas[98].

Igualmente se hace una distinción entre sujeto pasivo del delito y sujeto pa-
sivo de la acción típica, siendo este segundo aquel sobre el que recae even-
tualmente la acción punible y, que puede ser diferente de quien ve lesiona-
dos sus intereses o bienes por el delito.

Del mismo modo es común la distinción entre ofendido y perjudicado. El


concepto de ofendido o agraviado –términos que se suelen utilizar como
equivalentes– se hace coincidir generalmente con el término de sujeto pa-
sivo del delito, reservando el término perjudicado para los terceros que tam-
bién soportan las consecuencias perjudiciales más o menos directas del he-
cho típico, cuya relevancia se conecta con el ámbito de la responsabilidad
civil ex delicto[99].

Por su parte los defensores de la concepción amplia del concepto de víc-


tima, sostienen que dicho concepto debe abarcar no solo al directamen-
te ofendido por el delito, sino también a los terceros perjudicados[100]. Noso-
tros coincidimos con esta última postura por lo que el concepto de víctima
del delito, sobre el cual se debe basar el contenido y tratamiento de sus de-
rechos humanos, debe cobijar a los titulares del bien jurídico protegido por
la norma, pero no exclusivamente a ellos, pues hay otras personas o grupos
que se ven perjudicados directa o indirectamente con la conducta criminal

fuere, no desea perseguir judicialmente a quien le ha estafado, cierra el paso a sus hijos para ejercer cual-
quier acción penal o civil al respecto por considerar que tal ilícito ha menguado, no ya su patrimonio, sino el
contenido de su derecho de futuro sobre el mismo.
[98] En esta línea, entre otros, BOBINO, Alberto. “La víctima en el procedimiento penal”. En: Problemas de
Derecho Procesal Penal contemporáneo. Editores del Puerto, Buenos Aires, 1998, p. 80.
[99] BAAMONDE, Xulio. Ob. cit., p. 123.
[100] Así, entre otros, FERNÁNDEZ PÉREZ, Rafael. “Elementos para la efectiva protección de los derechos de
la víctimas en el proceso penal”. En: Boletín Mexicano de Derecho Comparado. Nº 82, UNAM, México D.F.,
enero-abril de 1995, p 114; ABREU Y ABREU, Juan Carlos. “La Victimología a la luz de los derechos huma-
nos”. En: Prolegómenos. Derechos y Valores. Vol. XII, Nº 23, Universidad Militar Nueva Granada, enero-junio
de 2009, p. 101; BERISTAIN IPIÑA, Antonio. “Evolución desde el crimen al delincuente y a la víctima (aproxi-
maciones diacrónicas y sincrónicas a la Política Criminal”. En: Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales.
Vol. LII, 1999, Ministerio de Justicia, Madrid, 2002, p. 79, quien sostiene que: “En política criminal de sesgo
jurídico-penal se dice que hay un sujeto pasivo del delito. Pero en política criminal victimológica se afirma que
hay cinco o diez víctimas directas del crimen (los familiares más íntimos de ese único sujeto pasivo del delito)
y muchas más víctimas indirectas del delito: los muchos amigos del lesionado o asesinado. Estos no entran
en el concepto de sujeto pasivo del delito; no entran en el campo del Derecho Penal; quizás tampoco en el de
la Criminología. Pero sí en el de la Victimología y de su Política Criminal”.

56
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

y que tienen los mismos derechos de quienes han sufrido la agresión directa
para ser atendidos en sus necesidades y expectativas con independencia de
la relación que tengan con los victimarios y del enjuiciamiento, acusación o
condena que se produzca en contra de estos últimos.

Conforme a ello, el concepto de víctima que adoptamos en el presente


trabajo es desde una perspectiva amplia, de modo que son víctimas, ade-
más del sujeto pasivo del ilícito penal (solo se requiere que la conducta del
victimario sea típica y antijurídica, no siendo necesario que haya actuado
culpablemente)[101], todas las personas físicas y jurídicas que directa o indi-
rectamente sufren un daño notable como consecuencia inmediata o media-
ta de la infracción[102], y que, en justicia, son acreedoras de importantes nue-
vos derechos que deben ser reconocidos, tanto formal como materialmen-
te. Del concepto esbozado se desprende que todo sujeto pasivo de un deli-
to es víctima, pero no toda víctima es sujeto pasivo del mismo[103].

Como muy bien explica Sampedro-Arrubla: “El concepto de víctimas del


delito incluye al sujeto pasivo de la infracción, entendido como aquella(s)
persona(s) sobre la(s) cual(es) recae la acción del delincuente; los perjudi-
cados directos, que son quienes, sin ser los titulares del bien jurídico prote-
gido, reciben directamente los efectos del delito, como los familiares de la
persona asesinada; y los perjudicados indirectos, quienes sin ser los titula-
res del bien jurídico ni perjudicados directos, deben soportar las consecuen-
cias indirectas del delito, tales como los familiares o dependientes inmedia-
tos del sujeto pasivo que sufran daños al intervenir para asistir a la víctima
en peligro o para prevenir la victimización”[104].

[101] La Directiva 2012/29/UE del parlamento europeo y del consejo del 25 de octubre de 2012 señala que se debe
considerar que una persona es una víctima independientemente de si se ha identificado, detenido, acusado o
condenado al infractor y con independencia de la relación familiar que exista entre ellos.
[102] En la misma línea el recordado profesor español Beristaín Ipiña, ha dejado dicho que: “A la luz de la actual
doctrina victimológica, por víctima ha de entenderse un círculo de personas naturales y jurídicas más amplio
que el sujeto pasivo de la infracción. Lo incluye, pero también lo rebasa. Víctimas son todas las personas na-
turales o jurídicas que directa y/o indirectamente sufren un daño notable (…) como consecuencia de la infrac-
ción” (BERISTAIN IPIÑA, Antonio. Nueva Criminología desde el Derecho Penal y la Victimología. Tirant lo
Blanch, Valencia, 1994, p. 359).
[103] Como señala Forero Ramírez: “Este concepto (de víctima) no puede identificarse con el sujeto pasivo, propio
de la dogmática jurídica, en la medida en el término víctima engloba además el sujeto perjudicado, es decir,
aquel que sin ser titular del bien jurídico respectivo sufre algún tipo de perjuicio con la comisión de una con-
ducta punible” (FORERO RAMÍREZ, Juan Carlos. “Los derechos de las víctimas en el nuevo sistema acusato-
rio”. En: Sistema Penal acusatorio. Centro Editorial Universidad del Rosario, Bogotá, 2006, p. 167).
[104] SAMPEDRO-ARRUBLA, Julio Andrés. “Los derechos humanos de las víctimas: apuntes para la reformula-
ción del sistema penal”. En: Internacional Law. Revista Colombiana de Derecho Internacional. Nº 12, Pontificia
Universidad Javeriana, Bogotá, enero-junio de 2008, p. 359.

57
Elky Alexander Villegas Paiva

Los instrumentos internacionales sobre la materia también acogen un cri-


terio amplio sobre el concepto de víctima. Por ejemplo, la Declaración so-
bre los Principios Fundamentales de Justicia para las Víctimas del Delito y
del Abuso de Poder, define a la víctima del delito, de la siguiente manera[105]:

1. Se entenderá por “víctimas” las personas que, individual o colectiva-


mente, hayan sufrido daños, inclusive lesiones físicas o mentales, su-
frimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de los
derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones
que violen la legislación penal vigente en los Estados miembros, inclui-
da la que proscribe el abuso de poder.

2. Podrá considerarse “víctima” a una persona, con arreglo a la presen-


te Declaración, independientemente de que se identifique, aprehen-
da, enjuicie o condene al perpetrador e independientemente de la re-
lación familiar entre el perpetrador y la víctima. En la expresión “vícti-
ma” se incluye además, en su caso, a los familiares o personas a cargo
que tengan relación inmediata con la víctima directa y a las personas
que hayan sufrido daños al intervenir para asistir a la víctima directa y a
las personas que hayan sufrido daños al intervenir para asistir a la vícti-
ma en peligro o para prevenir la victimización.
De esta definición elaborada por la ONU, se puede sostener que la conside-
ración de “víctima” a una persona podrá realizarse con independencia, por
una parte, de que se identifique, aprehenda, enjuicie o condene a los vic-
timarios, y por otra, de la relación familiar entre el perpetrador y la vícti-
ma. Esta idea resulta de particular importancia si se tiene en cuenta que
hay quienes piensan que de la misma forma en que no se puede tener co-
mo autor del delito al imputado hasta que exista una sentencia que así lo
declare, tampoco es posible afirmar la condición de víctima hasta la misma
oportunidad procesal. Así mismo se incluye a los familiares o dependientes

[105] A partir de 1945, el principal concepto de víctima gira alrededor de la macrovíctima, o de la víctima del abuso
del poder, concretamente del nazismo, con su genocidio de seis millones de judíos. Esta macrovictimización
explica, en parte, las naciones Unidas, en la declaración que citamos, dediquen un apartado, el B, a las vícti-
mas del abuso del poder, y las defina como “las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido da-
ños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial
de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que no lleguen a constituir vio-
laciones del derecho penal nacional, pero que violen normas internacionalmente reconocidas relativas a los
derechos humanos”. Posteriormente se extiende el Studio y el concepto acerca de las víctimas de los delitos
comunes, con especial y mayor atención a las mujeres y los niños, a personas más vulnerables (BERISTAIN
IPIÑA, Antonio. “El nuevo Código Penal de 1995 desde la Victimología”. En: Eguzkilore. Número extraordina-
rio 10, Instituto Vasco de Criminología, San Sebastián, octubre de 1997, p. 59).

58
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

inmediatos de la víctima directa y a las personas que hayan sufrido daños


al intervenir para asistir a la víctima en peligro o para prevenir la victimiza-
ción, dejando en claro que, además de los perjudicados directos con la co-
misión del hecho criminal existen otros –perjudicados indirectos– que tam-
bién deben ser tenidos en cuenta a la hora de atender sus necesidades y
expectativas.

Como se observa, la mencionada Declaración elabora un concepto amplio


de “víctima”, que engloba tanto a los titulares de los derechos vulnerados
por el ilícito penal así como a las personas que se hallen en relación de de-
pendencia con ella. Asimismo señala que las disposiciones de la Declaración
serán aplicables a todas las personas sin distinción alguna, ya sea de raza,
color, sexo, edad, idioma, religión, nacionalidad, opinión política o de otra
índole, creencias o prácticas culturales, situación económica, nacimiento o
situación familiar, origen étnico o social, o impedimento físico.

Por su parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos[106] ha sosteni-


do que también pueden ser consideradas como víctimas las personas más
cercanas de la víctima directa, así por ejemplo los familiares de las víctimas
de violaciones de los derechos humanos pueden ser, a su vez, víctimas[107].
En esa perspectiva, en la sentencia del caso Bámaca Velásquez vs. Guatema-
la[108], se acogen los criterios de la Corte Europea de Derechos Humanos pa-
ra señalar lo siguiente:

“La jurisprudencia de la Corte Europea de Derechos Humanos tam-


bién ha aceptado que cuando se violan derechos fundamentales de
una persona humana, tales como el derecho a la vida o el derecho a la
integridad física, las personas más cercanas a la víctima también pue-
den ser consideradas como víctimas. Dicha Corte tuvo la oportunidad
de pronunciarse sobre la condición de víctima de tratos crueles, inhu-
manos y degradantes de una madre como resultado de la detención y
desaparición de su hijo, para lo cual valoró las circunstancias del caso,
la gravedad del maltrato y el hecho de no contar con información ofi-
cial para esclarecer los hechos. En razón de estas consideraciones, la

[106] En adelante Corte IDH.


[107] Cfr. Caso Villagrán Morales y otros (Caso de los “Niños de la Calle”) vs. Guatemala. Sentencia de fondo, del
19 de noviembre de 1999, párr. 175.
[108] Véase Corte IDH. Caso Bámaca Velásquez vs. Guatemala. Sentencia de fondo, del 25 de noviembre de 2000,
párr. 162.

59
Elky Alexander Villegas Paiva

Corte Europea concluyó que también esta persona había sido víctima
y que el Estado era responsable de la violación del artículo 3 de la Con-
vención Europea”.
En la citada sentencia, el juez Sergio García Ramírez emite voto razonado,
mediante el cual analiza la evolución del concepto de víctima, lo que resul-
ta fundamental para identificar al sujeto pasivo de la lesión y, por sus con-
secuencias procesales, para determinar la legitimación y capacidad de ac-
tuación en las diversas etapas del proceso. El juez en mención, sostiene que:

“Es probable que la Corte vuelva a examinar este tema en futuras reso-
luciones. Para ello podría considerar como víctima directa a la persona
que sufre menoscabo de sus derechos fundamentales como efecto in-
mediato de la propia violación: entre esta y aquel existe una relación
de causa a efecto (en el sentido jurídico del vínculo), sin intermediario
ni solución de continuidad. En cambio, víctima indirecta sería quien ex-
perimenta el menoscabo en su derecho como consecuencia inmediata
y necesaria, conforme a las circunstancias, del daño que sufrió la vícti-
ma directa. En tal hipótesis, la afectación ocasionada a esta última sería
la fuente del menoscabo que experimenta la víctima indirecta. La dis-
tinción técnica entre ambas categorías no implica que alguna de ellas
revista mayor jerarquía para los fines de la tutela jurídica. Ambas se ha-
llan igualmente tuteladas por la Convención y pueden ser atendidas en
la Sentencia, tanto para considerarlas, sustantivamente, como sujetos
pasivos de una violación, acreedores a reparaciones, como para atri-
buirles legitimación procesal, de manera genérica e indistinta”[109].

1.1. Concepto de víctima en el Código Procesal Penal de 2004


Ahora, ¿cuál es la definición dada por el Código Procesal Penal de 2004 so-
bre la víctima? Pues bien, el aludido código –como afirma Chinchay Casti-
llo[110]– adscribiéndose a un concepto que tiene mucha tradición e historia
en el Derecho Procesal Penal (el de agraviado), en el Título IV (La víctima) de
la sección IV (El Ministerio Público y los demás sujetos procesales) del libro

[109] Véase Corte IDH. Caso Bámaca Velásquez vs. Guatemala. Sentencia de fondo, del 25 de noviembre de 2000,
voto razonado concurrente, juez Sergio García Ramírez, párr. 3. Cfr., también sobre los conceptos de víctima
directa e indirecta y los beneficiarios de ellas: Corte IDH. Caso Villagrán Morales y otros (Caso de los “Niños
de la Calle”). Sentencia de fondo, del 19 de noviembre de 1999, serie C, núm. 63, párrs. 173-177. Caso Blake
vs. Guatemala. Sentencia de fondo, del 24 de enero de 1998, serie C, núm. 36, párrs. 97 y 116.
[110] CHINCHAY CASTILLO, Alcides. “La víctima y su reparación en el proceso penal peruano”. En: Gaceta Penal
& Procesal Penal. Tomo 25, Gaceta Jurídica, Lima, julio de 2011, p. 278.

60
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

primero (Disposiciones generales), no puede más que hablar del agraviado


(capítulo I: artículos 94-97), el actor civil (capítulo II: que es el agraviado que
actúa en el proceso penal) y del querellante particular (capítulo III: artículos
107-110; que es el agraviado de un delito de persecución privada).

Se aprecia que para nuestro Código Procesal Penal, “agraviado es lo mismo


que víctima”, y que “actor civil” y “querellante particular” son dos especies de
agraviado. Si bien algunos autores, consideran que “agraviado” es un con-
cepto más restringido que el de “víctima”, en tanto –como hemos indicado
antes– se suele considerar que “agraviado es sinónimo de “sujeto pasivo del
delito”, sin embargo debemos entender que de la redacción del código ad-
jetivo penal, este le otorga un concepto amplio a la expresión “agraviado”,
que podría ser equiparable a “víctima”, en tanto prescribe que se considera-
rá agraviado a todo aquel que resulte directamente ofendido por el delito
(hasta aquí sujeto pasivo del delito), pero además también podrá ser consi-
derado agraviado, según el citado código, a aquel que resulte perjudicado
por las consecuencias del mismo[111]. Desde nuestra perspectiva resulta ade-
cuada la definición hecha por el CPP de 2004[112], por cuanto al reconocer un
concepto amplio de víctima (o agraviado) se busca dar una mayor protec-
ción a toda persona que sufra las consecuencias, ya sean directas o indirec-
tas, de un ilícito penal, con lo cual a su vez sigue los lineamientos trazados a
nivel supranacional.

Si bien podemos observar que el CPP de 2004 hace alusión a un ofendi-


do por el delito (que sería equivalente al sujeto pasivo del delito) y a aun

[111] CÓDIGO PROCESAL PENAL DE 2004


Artículo 94.- Definición
1. Se considera agraviado a todo aquel que resulte directamente ofendido por el delito o perjudicado por las
consecuencias del mismo. Tratándose de incapaces, de personas jurídicas o del Estado, su representación
corresponde a quienes la Ley designe.
2. En los delitos cuyo resultado sea la muerte del agraviado tendrán tal condición los establecidos en el orden
sucesorio previsto en el artículo 816 del Código Civil.
3. También serán considerados agraviados los accionistas, socios, asociados o miembros, respecto de los
delitos que afectan a una persona jurídica cometidos por quienes las dirigen, administran o controlan.
4. Las asociaciones en los delitos que afectan intereses colectivos o difusos, cuya titularidad lesione a un nú-
mero indeterminado de personas, o en los delitos incluidos como crímenes internacionales en los Tratados
Internacionales aprobados y ratificados por el Perú, podrán ejercer los derechos y facultades atribuidas a las
personas directamente ofendidas por el delito, siempre que el objeto social de la misma se vincule directa-
mente con esos intereses y haya sido reconocida e inscrita con anterioridad a la comisión del delito objeto del
procedimiento.
[112] VILLEGAS PAIVA, Elky Alexander. “Hacia la revalorización de la víctima en el nuevo proceso penal”. En:
Gaceta Penal & Procesal Penal. Tomo 23, Gaceta Jurídica, Lima, mayo de 2011, p. 250.

61
Elky Alexander Villegas Paiva

perjudicado, que es aquel que también sufre las consecuencias del even-
to delictivo, lo cierto es que tal distinción a efectos prácticos no genera con-
secuencias, por cuanto a ambos lo incluye dentro del genérico término de
agraviado, por lo que ambos (ofendido y perjudicado) gozan de los mismos
derechos. Aunque podríamos recordar lo que ha dicho la Corte IDH sobre la
existencia de una víctima directa y otra indirecta, lo que no afecta en nada
los derechos de ellas.

Por último debemos señalar que el CPP de 2004 prescribe que las asocia-
ciones en los delitos que afectan intereses colectivos o difusos, cuya titulari-
dad lesione a un número indeterminado de personas, o en los delitos inclui-
dos como crímenes internacionales en los Tratados Internacionales aproba-
dos y ratificados por el Perú, podrán ejercer los derechos y facultades atri-
buidas a las personas directamente ofendidas por el delito, siempre que el
objeto social de la misma se vincule directamente con esos intereses y ha-
ya sido reconocida e inscrita con anterioridad a la comisión del delito obje-
to del procedimiento.

2. LA VICTIMIZACIÓN Y SUS CONSECUENCIAS. ESPECIAL REFERENCIA


A LA VICTIMIZACIÓN SECUNDARIA

La víctima de un delito padece una serie de afecciones a sus derechos que


provienen directamente del hecho delictivo y otros que se derivan de su in-
tervención en el sistema penal. Y aun puede padecer otros más que se deri-
van de los anteriores. Todos estos daños son sumamente graves y es preci-
so que las personas que fungen como operadoras de justicia provean asis-
tencia y atención a la víctima y se encuentren plenamente conscientes de
estos a efectos de generar una intervención que proteja integralmente sus
derechos.

En las páginas siguientes, abordaremos tales situaciones poniendo especial


énfasis en la llamada victimización secundaria, por ser considerada como
más negativa[113], ya que es producida por el propio sistema, que victimiza a
quien se dirige precisamente a dicho sistema para buscar protección.

[113] Así, DÍAZ COLORADO, Fernando. “Una mirada desde las víctimas: el surgimiento de la Victimología. Ensayo”.
En: Umbral Científico. Nº 9, Fundación Manuela Beltrán, Bogotá, 2006, p. 152.

62
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

2.1. Victimización primaria


Se denomina victimización primaria al resultado de la acción delictiva que,
al recaer sobre una o más personas, las convierte en víctimas; es por tan-
to aquel efecto del delito que se produce cuando la acción delictiva afec-
ta a alguna persona en concreto, a la cual causa una serie más o menos ex-
tensa de perjuicios, padecimientos, molestias y menoscabo o privación de
derechos[114].

Se refiere a la que se produce directamente por parte del victimario contra


su víctima durante la ejecución del hecho delictivo donde resulta lesionado
el bien jurídicamente protegido y por lo tanto se inflige a la persona el daño
físico, psíquico, sexual o material (según sea el delito cometido), es el mo-
mento donde se registran elementos importantes de la conducta del comi-
sor del hecho y de su víctima que pueden contribuir a la explicación de las
motivaciones del autor y al esclarecimiento del hecho, así como a la preven-
ción victimal[115].

2.2. Victimización secundaria


La Victimología se encargó de poner en evidencia la muy desfavorable posi-
ción en que se encontraba la víctima en el proceso penal y los escasos dere-
chos que podía ejercer dentro de él. Las “denuncias” formuladas por la Victi-
mología, eran fácilmente contrastables en la realidad, donde era observable
que los derechos fundamentales de las víctimas se ven afectados con oca-
sión del proceso y no solo con la acción del imputado.

Así, la víctima, en el proceso penal, después que denunciaba el hecho, po-


co o nada podía hacer para intervenir en dicho proceso. Además de ello es-
taba desinformada en torno a su caso y a las instituciones procesales, asi-
mismo las actuaciones del juicio penal resultaban lentas y burocráticas, co-
mo afirma Landrove Díaz “(…) en contacto con la administración de justicia
o la policía las víctimas experimentan muchas veces el sentimiento de es-
tar perdiendo el tiempo o malgastando su dinero; otras sufren incompren-
siones derivadas de la excesiva burocratización del sistema, o simplemente

[114] JORGE MESAS, Luis Francisco.“La eficacia del sistema penal”. En: Cuadernos del Poder Judicial. Dedicado:
a Criminología. Consejo General del Poder Judicial, Madrid, 1994, p. 63.
[115] GÓMEZ PÉREZ, Ángela. “Aspectos puntuales sobre la Victimología”. En: AGUILAR AVILÉS, Dager.
(compilador). Estudios cubanos sobre Victimología. Universidad de Málaga, Málaga, 2010, p. 22.

63
Elky Alexander Villegas Paiva

son ignoradas”[116]. A ello se le sumaba que la víctima se hallaba frecuente-


mente desamparada frente a las intimidaciones o agresiones de parte del
imputado.

Cuando una víctima acude a los órganos de justicia –Policía, Fiscalía, Poder
Judicial– a efectos de sentar denuncia –pese al dolor y daño sufrido, con
una valiosa actitud de colaboración al esclarecimiento del delito y coadyu-
var con las investigaciones–, generalmente no recibe una atención adecua-
da, no recibe una asistencia inmediata, no es informada debidamente sobre
el proceso y pasos a seguir, no recibe un trato respetuoso y mucho menos
equitativo, no cuenta con información efectiva sobre sus derechos, en suma
es maltratada por el sistema legal.

Este desconocimiento por falta de información, por ejemplo: sobre las ins-
tancias a dónde acudir, puede llevar también a que la víctima se vea fre-
cuentemente rechazada por las oficinas públicas, indicándole que no es el
lugar competente para presentar la denuncia. Esto la coloca en un peregri-
naje de instituciones, sin que ninguna la atienda efectivamente[117].

La víctima muchas veces se encuentra sometida a enormes perturbaciones


al interior del proceso, especialmente tratándose de delitos sexuales o ilíci-
tos en los que se le ocasiona un grave daño emocional. Las actuaciones del
proceso pueden implicar exhibir al público su vida privada y presentarla co-
mo una persona poco honesta, provocadora o inmoral, lo que a veces se
agudizaba por la actuación de los medios de comunicación social. Tan des-
favorable ha sido la situación de la víctima, que se ha dicho: “en varios pro-
cedimientos se ha aceptado, dentro de esta constelación, tendencias casi
absurdas: cuando, por ejemplo, víctimas de delitos sexuales han sido prác-
ticamente exprimidas” como testigos, pasando, a veces, de ser víctimas del
delito a ser víctimas, incluso, también del procedimiento penal, por cierto,
aún queda por ser escrita una historia de la víctima del hecho como víctima
del procedimiento”[118].

Las consecuencias negativas generadas a la víctima al entrar esta en con-


tacto con la administración de justicia, primero a nivel policial y luego
a nivel fiscal y judicial, han sido tan negativas, que se le ha denominado

[116] LANDROVE DÍAZ, Gerardo. Victimología. Ob. cit., p. 44.


[117] RODRÍGUEZ, Alejandro. Sistema penal y víctima: una propuesta de atención integral desde el apoyo comu-
nitario. Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala, Guatemala, 2007, p. 50.
[118] ESER, Albin. “Acerca del renacimiento de la víctima en el procedimiento penal”. Ob. cit., p. 17.

64
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

“victimización secundaria”[119], con la cual se hace referencia al impacto ma-


yormente de carácter psicológico que sufre la víctima al entrar en contac-
to con dichas instancias, al hecho de que con este la vivencia criminal se
actualiza y revive, con la consiguiente generación de estados de impoten-
cia, temor, abatimiento, que pueden conducir al padecimiento de desórde-
nes psíquicos, a los que sin duda también puede contribuir la estigmatiza-
ción social como víctima, a lo dañino de la relación de la víctima con el sis-
tema legal.

Se dice que esta victimización es “secundaria”, por tratarse de una segun-


da experiencia negativa que padece quien sufrió las consecuencias direc-
tas o indirectas de un delito, una segunda experiencia victimal que resulta
con alguna frecuencia más negativa que la primera, y que lleva a incremen-
tar el daño causado por el delito en aspectos psicológicos o patrimoniales,
entre otros.

De esta forma es común que se considere que la victimización secundaria


abarca las consecuencias psicológicas, sociales, jurídicas y económicas ne-
gativas que dejan las relaciones de la víctima con el sistema jurídico penal,
supone, un choque frustrante entre las legítimas expectativas de la víctima
y la realidad institucional, involucrando una pérdida de comprensión acer-
ca del sufrimiento psicológico y físico que ha causado el hecho delictivo,
dejándolas desoladas e inseguras y generando una pérdida de fe en la ha-
bilidad de la comunidad, los profesionales y las instituciones para dar res-
puestas a las necesidades de las mismas[120]. Así, al sufrimiento generado
por el delito (victimización primaria), se añade el sufrimiento derivado de la
desatención y carencia de apoyo por parte de los servidores públicos avala-
dos por la desatención de los legisladores que no plasmaban los derechos
de las víctimas en normas positivas, lo cual tornaba mucho más difícil su exi-
gencia (victimización secundaria).

Llarena Conde, ha reseñado los principales problemas que afronta la vícti-


ma en el proceso penal, lo que se conoce como victimización secundaria, tal

[119] Sobre la victimización secundaria véase, entre otros, LANDROVE DÍAZ, Gerardo. Victimología. Ob. cit.,
p. 44. GARCÍA-PABLOS DE MOLINA, Antonio. “El redescubrimiento de la víctima: victimización secundaria y
programas de reparación de daño. La denominada victimización terciaria (el penado como víctima del sistema
legal”. En: Cuadernos de Derecho Judicial, Nº XV; Consejo General del Poder Judicial, Madrid, 1993, passim.
[120] Cfr. SORIA, Miguel Ángel. Psicología y práctica jurídica. Ariel, Barcelona, 1998, p. 35; LANDROVE DÍAZ,
Gerardo. Victimología. Ob. cit., p. 44.

65
Elky Alexander Villegas Paiva

como hemos venido exponiendo. Nos permitimos transcribir in extenso su


comentario, por lo resaltante de las ideas expuestas[121]:

“Es total el desconocimiento de la víctima sobre el proceso al que se le lla-


ma. Desconoce su finalidad, su funcionamiento, las ventajas e inconvenien-
tes que le puede reportar su participación en él. La víctima tiene certeza de
lo ocurrido, sin que pueda entender cómo el resto de personas se toman su
esfuerzo en escudriñar lo que a él le parece obvio. Ignora la razón de la in-
vestigación preliminar. Nadie le explicará la razón de una finalización antici-
pada del proceso (bien sea por sobreseimiento, bien por principio de opor-
tunidad u otro modo de terminación anormal). Nunca será informado sobre
el sentido o significado de las diligencias judiciales en las que interviene, ni
por qué habrá de repetir ante el órgano jurisdiccional actuaciones que ya hi-
zo ante la policía o el Ministerio Público. No le informan si su actuación pro-
cesal puede implicar un riesgo personal, ni cuáles pueden ser los mecanis-
mos de protección o actuación si se siente perturbado.

La víctima no solo está desorientada, sino que siendo consciente de que él


es el eje central de una actuación estatal que ha comenzado, empieza a per-
cibir que es tratado de forma rutinaria y sin especial atención por los distin-
tos operadores del sistema. Comienza a creer que los encargados de gestio-
nar su caso no trabajan para él, sino que él mismo es quien va entrando al
servicio de abogados, jueces o fiscales, sufriendo además múltiples incon-
venientes. Nunca se tendrá en cuenta su disponibilidad o sus necesidades
para abordar una actuación judicial y para cuando la citación no se adapte a
sus momentos de conveniencia, será amenazado con multas o admonicio-
nes de arresto y procesamiento. Si cumple con su deber de colaboración de-
berá hacerlo en el día y hora que se han considerado oportunos en consi-
deración (sic) a la agenda de otros, debiendo soportar él los gastos de tras-
porte, el desorden de organización con relación al cuidado de sus hijos, fa-
miliares u obligaciones o actividades cotidianas. Habrá de asumir la pérdi-
da de las ganancias de su trabajo o la obligación de solicitar un permiso la-
boral que no siempre es bien recibido. Deberá comparecer en un edificio
en el que estará desorientado y donde la obtención de información no solo
compromete su timidez, sino que puede ser denegada o prestada de forma
agresiva o sarcástica. Se verá obligado a largas esperas para declarar, mu-
chas de ellas rodeado de testigos o familiares del propio inculpado, cuando

[121] LLARENA CONDE, Pablo. “Los derechos de protección a la víctima”. En: Derecho Procesal Penal. Escuela
Nacional de la Judicatura, Santo Domingo (República Dominicana), 2006, pp. 314-315.

66
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

no por el inculpado mismo o su letrado; todo ello sin que durante la espe-
ra haya nadie que parezca estar allí para acudir en su defensa o protección.
A veces su esfuerzo de acudir al juzgado y esta violenta espera puede ter-
minar, no con la realización del acto judicial, sino con su suspensión y pos-
posición; viéndose obligado a reiterar su perjuicio sin explicación ninguna
o porque otro no ha acudido. En las declaraciones, muchas de sus acusacio-
nes habrán de hacerse ante la persona del agresor y quienes le acompañen.
Las partes se interesarán además, en público, de aspectos de su vida priva-
da que preferiría mantener bajo reserva, y no faltarán casos en los que ha-
brá de verse sometido a indecorosas exploraciones forenses, cuyos resulta-
dos serán además expuestos en la vista oral ante todo el público que desee
asistir y antes sus familiares más íntimos. Toda esta presión resultará atroz
cuando la víctima es un niño y particularmente inabordable cuando el tes-
timonio infantil sobre una agresión sexual vaya a truncar la vida de pareja
de su madre y llevar a su padre a la cárcel de forma inmediata y durante mu-
chos años. En toda esta situación, los comentarios desconsiderados de un
juez al que la víctima veía como último garante de sus derechos, pueden re-
sultar devastadores.

(…)

Si a todo esto se añade la necesidad de aumentar la productividad del siste-


ma judicial ante una realidad delictiva en permanente aumento, nos encon-
traremos con que las exigencias de coordinación, rapidez y eficacia termi-
nan por generar una despersonalización e industrialización del proceso que
aleja definitivamente la última esperanza que tiene el damnificado de que
el sistema judicial pueda satisfacer su desagravio y recomponer su aflicción.

Todos estos perjuicios y esfuerzos procesales es lo que se ha venido en lla-


mar la victimización secundaria, que presenta implicaciones perjudiciales
de forma doble: 1. Con relación a la víctima, por cuanto el tratamiento des-
crito potencia los negativos sentimientos o el trauma sufrido por la victimi-
zación primaria y 2. Con relación al sistema punitivo, puesto que produci-
rá reticencias en los ciudadanos a colaborar con él, perdiendo así el sistema
penal parte de su eficacia”.

Sin desconocer la concurrencia de una pluralidad de factores, la principal ra-


zón, que explica el tradicional olvido –como ya ha sido expuesto– a que se
ha visto relegada la víctima en el sistema procesal penal debe buscarse en
que la fundamental preocupación que ha guiado a la legislación procesal
penal ha sido la protección de aquel contra quien se dirige el proceso penal:

67
Elky Alexander Villegas Paiva

el inculpado. Es por todos conocido, que desde la imputación hasta la con-


dena, pasando por la formalización de la acusación, los desvelos del legisla-
dor, así como de la doctrina científica se han abocado en perfilar un conjun-
to de derechos y dotar a la legislación de los instrumentos adecuados pa-
ra garantizar su respeto preferentemente en relación común con una de las
partes intervinientes en el proceso penal, la acusada[122].

Todo esto hace que la víctima sienta que se le ha expropiado el conflicto y


que este es gestionado por el Estado y las partes para sus propios fines, con-
virtiéndose él en un mero instrumento para los particulares intereses de ca-
da uno de ellos. La persecución del autor se ha tornado prioritaria para el Es-
tado, desapareciendo el interés por la víctima, al tiempo que resulta susti-
tuido por un ostentoso interés por la respuesta punitiva. La herida se torna
sangrante cuando la víctima contrasta la atención que él suscita, con la ga-
rantía plena e inquebrantable de los derechos del inculpado: de su derecho
de defensa, de la protección de su libertad individual, de su derecho a un jui-
cio justo, de su presunción de inocencia, de la legalidad de las pruebas, de
su dignidad en el trato e incluso de su derecho a la tranquilidad y descanso
en sus declaraciones, todo ello sin que nadie le explique que la inobservan-
cia de estas garantías puede hacer inútil el esfuerzo procesal y sin que nadie
le haga ver cómo la presunción no es incompatible con unos indicios serios
y firmes de responsabilidad criminal que justifican la continuación del pro-
ceso punitivo[123].

Este ha sido el denominador común en muchos ordenamientos jurídicos de


varios países; en el Perú, la situación ha sido bastante similar. Si bien se ha
dicho, y con evidente razón, que el anterior sistema procesal penal que re-
gía en nuestro país, y que todavía es vigente en varias regiones del Perú, no
era el más adecuado para proteger los derechos del imputado, también es
cierto que los derechos de la víctima estaban en igual o peor condición, por
cuanto la preocupación estaba centrada en resolver de la mejor manera po-
sible las garantías de los derechos del imputado, siendo muy pocas las vo-
ces que se interesaban en la situación de la víctima.

En el Perú es generalizado el sentimiento de desprotección y de descon-


fianza que sienten los ciudadanos ante las instituciones encargadas de dar

[122] Cfr. VILLACAMPA ESTIARTE, Carolina. “Víctima menor de edad y proceso penal: especialidades en la decla-
ración testifical de menores-víctimas”. En: Revista de Derecho Penal y Criminología. 2ª época, Nº 16, UNED,
Madrid, 2005, p. 266.
[123] LLARENA CONDE, Pablo. “Los derechos de protección a la víctima”. Ob. cit., p. 315.

68
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

protección a la población tras la comisión de un hecho delictivo. Así lo refle-


jan muchas de las encuestas realizadas a la población civil peruana. Sirva de
ejemplo la encuesta de victimización aplicada en el año 2006 que confirma
dicha desprotección, al afirmar que un amplio porcentaje de los entrevista-
dos consideran que es probable que en los próximos doce meses sean víc-
timas de algún delito, llevando al cuestionamiento de la eficacia del trabajo
de las fuerzas del orden público y la credibilidad de las mismas, como facto-
res determinantes de la percepción de seguridad.

En el referido estudio se hace constar la debilidad de la cultura de la denun-


cia[124]. Las tasas de delitos no denunciados superan el 50% en todas las ciu-
dades y para todos los delitos, a excepción de algunos de ellos que nunca
llegan a denunciarse (como es el caso de los delitos de robo de vehículos au-
tomotor, motocicletas o secuestro). Solo un 30% de las personas que han si-
do víctimas de un delito deciden presentar una denuncia a la Policía, exis-
tiendo una baja expectativa entre los entrevistados respecto a la capacidad
policial para controlar el crimen local.

Existe una ruta crítica que deben transitar las víctimas de un delito en el
Perú, cuyos resultados terminan afectando y victimizando su esfera perso-
nal y familiar arrastrando consecuencias desfavorables de naturaleza eco-
nómica, social y psicológica. Ello conlleva a conductas de desconfianza y
un sentimiento de vulnerabilidad que conduce, finalmente, a la víctima al

[124] Uno de los problemas más frecuentes por los cuales una persona no denuncia un hecho delictivo es para no
verse enfrentada a la vergüenza pública de que se le reconozca como víctima. Socialmente la víctima es con-
siderada como una persona perdedora. Su historia es siempre objeto de comentarios secretos, hirientes algu-
nos, burlescos otros. A la víctima se le culpabiliza, se le señala como causante de su propia desgracia, se le
denigra socialmente. Los estudios criminológicos sobre el tema, han demostrado la persistencia de muchos
mitos y creencias que culpabilizan a la víctima; un ejemplo se encuentra en los casos de violación. Algunos
delitos son especialmente humillantes para las víctimas, como el incesto, que involucra sentimientos hacia la
familia, lealtades divididas y conllevan una alta dosis de morbo social y estigmatización. Es este temor a la
estigmatización social el que hace que muchas víctimas no denuncien lo sucedido, o peor aún, que ni siquiera
admitan qué ha sucedido. La violencia sexual y de género, son procesos repetidamente negados; el mismo
personal del sistema de justicia, compuesto por profesionales de distintas disciplinas, puede influir sobre la
víctima e incluso aconsejarle o pedirle que no denuncie o que guarde una estrategia del silencio. En los ca-
sos de abuso sexual infantil el secreto es una de las características más notables. En el centro del fenómeno
impera la ley del silencio, siendo sumamente difícil quebrarla. El temor a la vergüenza o al estigma social es
una de las razones más importantes de la enorme cifra negra que hay en estos delitos. De esta manera la es-
tigmatización social es una de las principales causas de la cifra negra de hechos delictivos, especialmente en
materia sexual. Lo cual refuerza los sentimientos de frustración, impotencia y disminución de la autoestima de
la víctima. Es claro que en este ambiente, la víctima termine asumiendo posturas autodestructivas, como el
suicidio, o escapistas, como el consumo de drogas, el alcohol, etc. Sin las redes de apoyo necesarias para po-
der romper el círculo de violencia que la rodea, la víctima será incapaz de superar la crisis (GÓMEZ PÉREZ,
Ángela. “Aspectos puntuales sobre la Victimología”. Ob. cit., p. 23).

69
Elky Alexander Villegas Paiva

abandono de los procesos judiciales y policiales que, hipotéticamente, de-


berían protegerla.

2.3. La victimización terciaria

La victimización terciaria –según Beristain Ipiña– procede, principalmente,


de la conducta posterior de la misma víctima, a veces emerge como resulta-
do de las vivencias y de los procesos de adscripción y etiquetamiento, como
consecuencia o “valor añadido” de las victimizaciones primaria y secundaria
precedentes. Cuando alguien, por ejemplo, consciente de su victimización
primaria y secundaria que aboca a un resultado, en cierto sentido, paradóji-
camente exitoso (fama en los medios de comunicación, aplauso de grupos
extremistas, etc.), deduce que le conviene aceptar esa nueva imagen de sí
mismo(a), y decide, desde y a través de ese rol, vengarse de las injusticias su-
fridas y de sus victimarios (legales, a veces). Para vengarse, se autodefine y
actúa como delincuente, como drogadicto, como prostituta, etc. Quizás tal
o cual biografía de algunos mártires y santos puede ilustrar, con nuevas lu-
ces y nuevas valoraciones, la relación y el paralelismo necesitados de pro-
funda revisión entre víctima y héroes canonizados[125].

[125] BERISTAIN IPIÑA, Antonio. “El nuevo Código Penal de 1995 desde la Victimología”. Ob. cit., p. 61.

70
CAPÍTULO CUARTO
Panorama internacional
sobre los derechos y
garantías de las víctimas
dentro del proceso penal
Panorama internacional sobre los
derechos y garantías de las víctimas
dentro del proceso penal

1. EN LOS INSTRUMENTOS SUPRANACIONALES

Después de lo que hemos señalado hasta el momento resulta fácil advertir


que los primeros tratados y convenciones internacionales (regionales y uni-
versales) casi no se plantearon la problemática por la que atravesaban las
víctimas en el proceso penal[126], toda vez que la comunidad internacional
puso su atención en el encausado por el proceso penal.

Para lograr el cambio que se está produciendo en el ámbito supranacional


con respecto al reconocimiento de los derechos de la víctima, fue necesa-
rio un movimiento victimológico que comenzara por comprender, analizar
y poner en mesa de debate los problemas que afronta la víctima.

Han sido precisamente estos movimientos los que primordialmente se


preocuparon por la situación en que se encontraban las víctimas frente a los
Estados, particularmente al terminar la Segunda Guerra Mundial, momento
en el que definitivamente el sentimiento inundaba a los pueblos, por lo que
su prelación se tornaba inescindible para la comunidad internacional.

De manera que es a partir de allí que comienza a tener un auge desde el


punto de vista internacional, claro está, sin ser aún obligatorio en aquel
tiempo para los Estados.

[126] Advierte ya esta problemática Beristain Ipiña, cuando hace más de dos décadas anotaba que: “En los cin-
cuenta y tantos instrumentos internacionales de derechos humanos que han aprobado las Naciones Unidas
desde 1948, el derecho de las víctimas a la total reparación no aparece debidamente reconocido. Ninguno
de esos documentos se detiene a formular los principios básicos acerca de la dignidad de las víctimas y de la
necesidad de brindarles la asistencia justa: acceso al sistema judicial, asistencia social, médica, económica,
etc. Excepcionalmente, la Declaración contra la tortura, de 1975, en su artículo 11, colma esa laguna, pero en
una parte muy pequeña” (BERISTAÍN IPIÑA, Antonio. “Derechos humanos de las víctimas del delito. Especial
consideración de los torturados y aterrorizados”. En: Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. Tomo
XXIX, fasc. III, Ministerio de Justicia, Madrid, setiembre-diciembre de 1986, p. 737).

73
Elky Alexander Villegas Paiva

Los derechos de las víctimas empezarían por consolidarse en el derecho Eu-


ropeo en la medida que avanzaban las investigaciones victimológicas, y, asi-
mismo, cada vez que se iban desarrollando Simposios Internacionales pro-
movidos por dichos movimientos.

A criterio de Rodríguez Manzanera[127], el máximo avance de la Victimología


se debe los simposios, pues han permitido el conocimiento y el intercambio
de ideas entre personas de diversas especialidades y de ellos han nacido so-
ciedades, revistas, etc.

En el año 1973 se celebró en Jerusalén el Primer Simposio Internacional so-


bre Victimología, y allí encontraron eco los pocos trabajos que con anterio-
ridad se habían publicado acerca de las víctimas de los delitos. Puede de-
cirse que oficialmente nace la Victimología, en el ámbito científico, a par-
tir del año 1979, en el tercer Simposio Internacional de Victimología cele-
brado en Münter (Alemania), en el cual se funda la Sociedad Mundial de la
Victimología, a la que pertenecen actualmente unas trescientas personas, y
que han dado impulso a innumerables libros, revistas, estudios, curso, sim-
posios, congresos, etc.

El segundo Simposio tuvo lugar en Boston en el año 1976, allí se concentró


la atención, de forma particularizada, en aquellas víctimas, que sufrieron le-
siones y graves daños corporales, tanto en su salud física, como en su salud
mental, y se empezó a utilizar, por primera vez, el concepto de víctima indi-
recta, en el caso de la muerte de un familiar o persona equivalente a conse-
cuencia de un hecho delictivo debiendo ser una reparación global y especi-
ficada a cada perjudicado.

En el tercer Simposio celebrado en Münter hacia el año 1979 se trató la pro-


blemática del papel de las víctimas en el proceso de victimización y la situa-
ción de las víctimas; también se trató el tema de la reparación victimal, de la
que muchos organismos internacionales, ya abogaban, por la condena in-
ternacional, buscándose, asimismo, una condena también universal.

El cuarto Simposio se celebró en Japón en el año 1982 en donde se trataron


además de los temas generales, aspectos como la asistencia, compensación,

[127] RODRÍGUEZ MANZANERA, Luis. “Situación actual de la Victimología en México. Retos y perspectivas”. En:
Primeras y segundas jornadas nacionales sobre víctimas del delito y derechos humanos. Comisión Nacional
de Derechos Humanos (CNDH), México D.F, 2003, p. 34.

74
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

restitución y otros servicios a las víctimas, sentando las bases de lo que mar-
caría la posterior reparación de las víctimas del delito.

En el quinto Simposio que tuvo lugar en Zagreb se trataron temas como la


problemática de las víctimas de abuso del poder y la asistencia a las vícti-
mas, entre otros temas. Allí se logró la declaración básica de principios de
justicia para las víctimas.

El sexto Simposio se celebró en Jerusalén en el año 1988 en donde se si-


guió la línea de consolidación de las anteriores investigaciones, incidiendo
además, en el examen de los programas de asistencia, entre otros temas de
victimización.

El séptimo Simposio internacional se llevó a cabo en Río de Janeiro en el


año 1991 en el que se trataron, entre otros temas, el de los derechos de las
víctimas.

El octavo Simposio se realizó en Australia en el año 1994 donde se tocaron


interesantes temas como: investigación sobre crimen y víctima, servicios pa-
ra víctimas, derechos humanos, entre otros desde un punto de vista legal.

En 1997 en Ámsterdam-Holanda se realizó el noveno Simposio de Victimo-


logía con el tema general de protección a las víctimas dividido en subtemas
como: estudios y precisiones sobre la víctima, los derechos de la víctima,
tendencias en apoyo a las víctimas, abuso de poder y crímenes de guerra.

El décimo Simposio tuvo ocurrencia el año 2000 en Canadá, allí se tuvie-


ron en cuenta temas como justicia restitutoria, mediación y legislación, pro-
tección internacional para víctimas de abuso de poder y prevención de la
victimización”.

De esta manera, vemos cómo ha sido el movimiento victimológico deter-


minante a la hora de hablar de derechos de las víctimas desde el plano in-
ternacional, ello como quiera que los postulados proclamados en los diver-
sos simposios se han convertido en evidentes mandatos de rango suprale-
gal, impuestos por los distintos organismos internacionales (universales y
regionales).

“Ante la ferocidad que el hombre ha ejercido sobre el mismo hombre,


a través de muchas formas de violencia, que se han gestado desde los
mismos gobiernos, hasta grupos de personas que por intereses de mu-
chas índoles, han ejercido y ejercen violaciones graves a los derechos

75
Elky Alexander Villegas Paiva

humanos, sin que en muchas oportunidades se logre hacer justicia, se


desconozca la verdad y nunca se haya logrado reparación alguna”. “Es
entonces en virtud de ello que los organismos internacionales se agru-
paron al interior de las Naciones Unidas y de los Estados Americanos,
para así elaborar convenios, declaraciones, resoluciones, protocolos y
pactos para hacerle frente a las violaciones graves al Derecho Interna-
cional de los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanita-
rio, para lo cual se han creado las respectivas Comisiones y Tribunales
Internacionales”.
Hablemos ahora de algunos instrumentos internacionales sobre los dere-
chos de las víctimas, con mayor énfasis, en lo que atañe al ejercicio de sus
derechos. En ese plano podemos citar a la Carta Internacional de Derechos
Humanos del 10 diciembre de 1948, que en su artículo 8 señala que toda
persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales
competentes. Derecho igualmente protegido por la Convención America-
na de Derechos Humanos de manera más amplia en el artículo 25 ordinal
1. Como se observa tales documentos internacionales hacen alusión a que
cualquier persona tiene derecho a un recurso efectivo, no restringiéndolo a
aquella que se halle solamente en la condición de imputado o acusado –si
nos referimos a un proceso penal– por lo tanto la víctima también es titular
de este derecho.

Otro instrumento que resulta importante lo constituye Las Reglas de Mallor-


ca (Proyecto de Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para la administra-
ción de la Justicia Penal), contemplan garantías de las víctimas, entre ellas,
las reglas 40, 41, 42 y 43, que a la letra señalan lo siguiente:

Cuadragésimo: Durante la instrucción se debe procurar a la víctima y a los


perjudicados por el delito, la ayuda que necesiten.

Cuadragésimo primero: Los Estados deberán adoptar las medidas necesarias


para garantizar un trato humano y digno a las víctimas y perjudicados.

Cuadragésimo segundo: Las víctimas y los perjudicados por el delito tendrán


derecho a ser oídos, a ser asistidos por abogado, que en casos graves podrá
ser de oficio.

Cuadragésimo tercero: Se recomienda a los Estados la creación de fondos pa-


ra la reparación a los perjudicados o víctimas del delito. Así como, la adop-
ción de medidas que permitan una mejor defensa de los derechos de las víc-
timas y de los perjudicados en el proceso penal.

76
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Por su parte, el artículo 13 del Convenio para la Protección de los Derechos


Humanos y de las Libertades Fundamentales, reconocen el derecho a ob-
tener reparación a las víctimas de violaciones de los derechos humanos
internacionales.

De suma trascendencia resulta la Declaración sobre los Principios Funda-


mentales de Justicia para las Víctimas de los Delitos y Abuso del Poder, re-
sultante de los debates del Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre
Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, así como la resolución
40/34 del 29 de noviembre de 1985, en la que la Asamblea General aprobó
el texto recomendado en dicho congreso. En este documento aparecen al-
gunos temas importantes como el concepto de víctima; acceso a la justi-
cia y trato justo; el resarcimiento; la indemnización y la asistencia a las vícti-
mas; así como el fomento del establecimiento, reforzamiento y ampliación
de fondos nacionales para indemnizar a las víctimas, juntamente con el rápi-
do establecimiento de derechos y recursos apropiados para ellas.

También es importante la resolución 1989/57 del Consejo Económico y So-


cial, del 24 de mayo de 1989, titulada “Aplicación de la Declaración sobre los
Principios Fundamentales de Justicia para las Víctimas de Delitos y del Abu-
so del Poder,” así como la resolución 1990/22 del mismo consejo del 24 de
mayo de 1990 sobre “Víctimas de delitos y del Abuso del Poder”.

Nos parece necesario hacer mención los Principios y Directrices Básicos so-
bre el Derecho de las Víctimas de Violaciones a las Normas Internacionales
de Derechos Humanos y del Derecho Internacional de los Derechos Huma-
nos a interponer recursos y obtener reparaciones. Los cuales han sido apro-
bados por la Comisión de Derechos Humanos.

Atendiendo a nuestro objeto de estudio nos ceñiremos a lo pertinente: De


esta manera se establece allí la obligación de todo Estado de respetar y ha-
cer respetar las Normas Internacionales de Derechos Humanos y del Dere-
cho Internacional Humanitario.

El Derecho interno de los Estados será compatible con sus obligaciones in-
ternacionales, para lo cual entre otras medidas: Incorporarán las normas in-
ternacionales de derechos humanos y del derecho internacional humanita-
rio al derecho interno; adoptarán procedimientos administrativos y judicia-
les apropiados y eficaces que den acceso imparcial, efectivo y rápido a la jus-
ticia; pondrán a disposición de las víctimas las reparaciones suficientes, efi-
caces y rápidas.

77
Elky Alexander Villegas Paiva

El numeral 3 de dicho instrumento alude al deber, dentro de las obligacio-


nes establecidas, de dar a las víctimas acceso imparcial y efectivo a la justi-
cia con independencia de quien sea en definitiva el responsable de la viola-
ción; poner recursos apropiados a disposición de las víctimas y proporcionar
o facilitar reparación a las víctimas.

En cuanto al tratamiento de las víctimas, el numeral 10 establece: Las vícti-


mas deberían ser tratadas por el Estado y, en su caso, por las organizaciones
intergubernamentales y no gubernamentales y por las empresas privadas,
con compasión y respeto por su dignidad y sus derechos humanos, y debe-
rían adoptarse medidas apropiadas para garantizar su seguridad e intimi-
dad, así como la de sus familias. El Estado debería velar porque, en la medi-
da de lo posible, el derecho interno previera para las víctimas de violencias
o traumas una consideración especial, a fin de evitar que los procedimien-
tos jurídicos y administrativos destinados a lograr justicia y reparación den
lugar a un nuevo trauma.

El numeral 11, al desarrollar el derecho de la víctima a interponer recursos,


señala que se deberá incluir el derecho de la víctima a: el acceso a la justi-
cia; la reparación del daño sufrido y el acceso a información fáctica sobre las
violaciones.

Por su parte el numeral 12 indica que el derecho interno debería garantizar


las obligaciones de respetar el derecho individual o colectivo a acceder a la
justicia y a un juicio justo e imparcial previstas en el Derecho internacional,
con tal fin, los estados deberían, entre otras garantías: dar a conocer por me-
dio de mecanismos oficiales y privados, todos los recursos disponibles con-
tra las violaciones de las normas internacionales de derechos humanos y del
Derecho internacional humanitario.

En cuanto al derecho de las víctimas a una reparación tenemos que: se tra-


tará de obtener una reparación suficiente, efectiva y rápida para promover
la justicia, remediando las violaciones de las normas internacionales de de-
rechos humanos y del Derecho internacional humanitario; igualmente de
conformidad con su derecho interno y sus obligaciones internacionales, los
estados resarcirán a las víctimas de sus actos u omisiones que violen las nor-
mas precitadas, entre otras.

Otro aspecto resaltante del mencionado instrumento son las formas de re-
paración a las que alude, como: la restitución, indemnización, rehabilitación,
satisfacción y garantías de no repetición, cada una de las cuales es debida-
mente diseminada en numerales siguientes del mismo instrumento.

78
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Por último, se alude también al acceso público a la información y a la no dis-


criminación entre las víctimas.

No nos queda la menor duda que todos estos instrumentos internaciona-


les que consagran los derechos de las víctimas, obedecen a la influencia que
la Victimología ha ejercido sobre los distintos organismos internacionales.

Con lo anterior, hemos visto como la comunidad internacional se interesa


no solo por el aspecto meramente patrimonial para aludir a los derechos de
las víctimas como lo fuera en sus inicios, sino que también, se ha empeñado
por ampliar el radio de acción de estas, toda vez que rescata con igual vehe-
mencia derechos de gran envergadura, como lo son: la verdad y la justicia.

En la Declaración de Viena sobre la delincuencia y la justicia frente a los retos


del siglo XXI, producida en el Décimo Congreso de las Naciones Unidas so-
bre prevención del delito y tratamiento del delincuente realizado en Viena
del 10 al 17 de abril de 2000, en ella se reconoce que las estrategias de pre-
vención del delito en los planos nacional, regional y local deben abordar las
cusas profundas y los factores de riesgo relacionados con la victimización
(numeral 25), y alienta a la elaboración de políticas que respeten los dere-
chos, necesidades e intereses de las víctimas, las comunidades y demás par-
tes interesadas (numeral 28).

2. EN LA LEGISLACIÓN COMPARADA

En el ordenamiento jurídico constitucional de algunos países extranjeros los


derechos de la víctima y las obligaciones a su respecto se han plasmado de
un modo específico. Así ha acontecido, v. gr. en Colombia y México, entre
otros, y solo por citar a paises de nuestra región:

- Colombia

La Constitución colombiana declara en su artículo 250 que es obligación de


la Fiscalía General de la Nación “velar por la protección de las víctimas, testi-
gos e intervinientes en el proceso”.

Tal precepto constitucional ha sido desarrollado ampliamente por la juris-


prudencia de dicho país, la cual hacemos mención a lo largo de nuestro
trabajo.

79
Elky Alexander Villegas Paiva

- México

Veamos el caso de México para mostrar la evolución de los derechos de las


víctimas en el proceso penal, particularmente con la adopción del sistema
penal acusatorio. En México los derechos de las víctimas fueron incluidos en
la Constitución Política hasta 1993, a través de la reforma al artículo 20 en la
cual se insertó un último párrafo en los siguientes términos:

“En todo proceso penal la víctima o el ofendido por algún delito, tendrá
derecho a recibir asesoría jurídica, a que se le satisfaga la reparación del
daño cuando proceda, a coadyuvar con el Ministerio Público, a que se
le presente atención médica de urgencia cuando la requiera y, los de-
más que señalen las leyes”.
Fue en el año 2000, cuando se insertó un apartado especial para regular los
derechos de las víctimas en la Constitución mexicana a través de la reforma
al artículo 20, siendo el inciso B el que contempla los derechos de las vícti-
mas en los siguientes términos:

“De la víctima o del ofendido:

I. Recibir asesoría jurídica; ser informado de los derechos que en su fa-


vor establece la Constitución y, cuando lo solicite, ser informado del
desarrollo del procedimiento penal;

II. Coadyuvar con el Ministerio Público; a que se le reciban todos los da-
tos o elementos de prueba con los que cuente, tanto en la averigua-
ción previa como en el proceso, y a que se desahoguen las diligencias
correspondientes.

Cuando el Ministerio Público considere que no es necesario el desaho-


go de la diligencia, deberá fundar y motivar su negativa;

III. Recibir, desde la comisión del delito, atención médica y psicológica


de urgencia;

IV. Que se le repare el daño. En los casos en que sea procedente, el Mi-
nisterio Público estará obligado a solicitar la reparación del daño y el
juzgador no podrá absolver al sentenciado de dicha reparación si ha
emitido una sentencia condenatoria.

La ley fijará procedimientos ágiles para ejecutar las sentencias en ma-


teria de reparación del daño;

80
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

V. Cuando la víctima o el ofendido sean menores de edad, no estarán


obligados a carearse con el inculpado cuando se trate de delitos de vio-
lación o secuestro. En estos casos, se llevarán a cabo declaraciones en
las condiciones que establezca la ley; y

VI. Solicitar las medidas y providencias que prevea la ley para su segu-
ridad y auxilio”.
En el 2008, con la reforma constitucional que incorpora el sistema penal
acusatorio, los derechos de las víctimas en el proceso penal mexicano fue-
ron ampliados y se encuentran contenidos en el artículo 20, inciso C. Resal-
tan en particular las siguientes modificaciones:

“Artículo 20, C). De los derechos de la víctima o del ofendido:

I. (...);

II. Coadyuvar con el Ministerio Público; (...), tanto en la investigación


como en el proceso,

(...) y a intervenir en el juicio e interponer los recursos en los términos que


prevea la ley. (...);

IV. Que se le repare el daño. (...), sin menoscabo de que la víctima u


ofendido lo pueda solicitar directamente, (...);

V. Al resguardo de su identidad y otros datos personales en los siguien-


tes casos: (...), secuestro o delincuencia organizada; y cuando a jui-
cio del juzgador sea necesario para su protección, salvaguardando en
todo caso los derechos de la defensa. El Ministerio Público deberá ga-
rantizar la protección de víctimas, ofendidos, testigos y en general to-
das los sujetos que intervengan en el proceso. Los jueces deberán vigi-
lar el buen cumplimiento de esta obligación;

VI. Solicitar las medidas cautelares y providencias necesarias para la


protección y restitución de sus derechos; y

VII. Impugnar ante autoridad judicial las omisiones del Ministerio Públi-
co en la investigación de los delitos, así como las resoluciones de reser-
va, no ejercicio, desistimiento de la acción penal o suspensión del pro-
cedimiento cuando no esté satisfecha la reparación del daño” (enfasis
añadido).

81
Elky Alexander Villegas Paiva

La reforma reconoce la participación de las víctimas en diferentes momentos


del procedimiento en otras disposiciones, incluida la toma de decisiones so-
bre las solicitudes de medidas cautelares, providencias precautorias y técni-
cas de investigación de la autoridad y se reconoce el derecho de las víctimas a
presentar sus opiniones sobre el uso de la prisión preventiva. Adicionalmente,
la reforma abrió la posibilidad por primera ocasión para que las víctimas ten-
gan un acceso directo al juez al contemplar la acusación privada.

Particularmente en materia de participación resalta que se reconozca que la


víctima puede “intervenir en el juicio e interponer los recursos en los térmi-
nos que prevea la ley” así como la posibilidad de impugnar actos del Minis-
terio Público. Actualmente, de los 32 Estados de la República tan solo siete
han adoptado la legislación secundaria que permitirá a las víctimas ejercer
sus nuevos derechos en el procedimiento penal. Igualmente está pendien-
te la adopción de las normas procesales aplicables al fuero federal en donde
se encuentran contemplados los delitos más graves.

Con el ejemplo de la legislación mexicana, se demuestra igualmente que si


bien la evolución de los derechos de las víctimas es reciente, estos deben ser
incorporados en la legislación nacional de tal forma que permitan su ejerci-
cio efectivo, en particular en lo relativo al derecho a la participación. Adicio-
nalmente, considerar que los derechos de las víctimas solo serán reconoci-
dos en los países con tradición germano-románica, es igual a negar la evo-
lución del Derecho internacional de los derechos humanos, al igual que del
Derecho Penal internacional. Así, existen decisiones de organismos intergu-
bernamentales que instan a los Estados, con independencia de su tradición
jurídica, a reconocer e incorporar los derechos de las víctimas en los proce-
dimientos penales.

Así, en el seno de la Unión Europea, donde conviven Estados con tradición


legal derivada del common law como de tradición continental o germano-
románica, se han adoptado tres instrumentos que vale la pena mencionar.
Por un lado, la Recomendación del Consejo de Europa sobre la Posición de
la Víctima en el marco del Derecho Penal y del Proceso Penal de 1985 y, por
el otro, la Decisión Marco del Consejo de la Unión Europea relativa al estatu-
to de la víctima en el proceso penal. Y más recientemente se ha dado la Di-
rectiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo.

La Recomendación del Consejo de Europa establece directrices que deben


ser incorporadas por los Estados sobre la posición de las víctimas en el mar-
co del Derecho Penal y del proceso penal con el objetivo de que los Estados

82
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

garanticen que los derechos de las víctimas se consideren en los procesos


penales nacionales.

En este sentido, se reconoce el papel de las víctimas en los procesos penales


y la obligación de los Estados de garantizar que sus derechos sean conside-
rados en todo momento.

Los instrumentos citados, en términos generales, regula lo siguiente:

• En el nivel policial:

El personal de policía deberá estar formado para tratar a las víctimas de mo-
do comprensible, constructivo y tranquilizador.

La Policía deberá informar a la víctima sobre las posibilidades de obtener


asistencia, consejos prácticos y jurídicos, reparación de su perjuicio por
quien cometió el delito e indemnización por el Estado.

La víctima deberá poder obtener información sobre el progreso de la inves-


tigación policial.

En todo informe sometido a los órganos encargados de la persecución, la


policía deberá formular un atestado tan claro y completo como sea posible
sobre las lesiones y los daños sufridos por la víctima.

• En el nivel del Ministerio Público:

No se deberá adoptar una decisión discrecional sobre la persecución sin una


adecuada consideración de la cuestión de la reparación del daño sufrido por
la víctima, incluyendo todo esfuerzo serio desplegado a este fin por quien
cometió el delito.

La víctima deberá ser informada de la decisión definitiva relativa a la perse-


cución, salvo cuando indique que no desea esta información.

La víctima deberá tener derecho a pedir la revisión por la autoridad com-


petente de la decisión de archivo o derecho a proceder siendo citada
directamente.

• En el nivel judicial:

Durante el interrogatorio de la víctima

En todas las fases del procedimiento, el interrogatorio de la víctima deberá


hacerse con respeto a su situación personal, a sus derechos y a su dignidad.

83
Elky Alexander Villegas Paiva

En la medida de lo posible y en los casos apropiados, las niñas y/o niños,


personas enfermas o con capacidades mentales diferentes, deberán interro-
garse en presencia de sus madres y/o padres, de su tutora o tutor, o de cual-
quier persona cualificada para asistirles.

• Durante el juicio:

La víctima deberá ser informada de la fecha y del lugar del juicio relativo a
las infracciones que le han perjudicado; de las posibilidades de obtener la
restitución y la reparación en el seno del proceso penal y de lograr el bene-
ficio de asistencia o de asesoramiento jurídico; de las condiciones en las que
podrá conocer las resoluciones que se pronuncien.

El Tribunal penal deberá poder ordenar la reparación por parte de quien ha-
ya cometido el delito en favor de la víctima. A este efecto deberían supri-
mirse los actuales límites de jurisdicción y las demás restricciones e impedi-
mentos de orden técnico que obstaculizan que esta posibilidad sea una rea-
lidad de modo general.

La reparación en la legislación deberá poder constituir bien una pena, bien


un sustitutivo de la pena o bien ser objeto de resolución al mismo tiempo
que la pena.

Todas las informaciones útiles sobre las lesiones y los daños sufridos por la
víctima deberán ser sometidas a la jurisdicción para que pudieran, en el mo-
mento de fijar la naturaleza y el quántum de la sanción, tomar en conside-
ración: la necesidad de reparación del perjuicio sufrido por la víctima; cual-
quier acto de reparación o de restitución efectuado por quien cometió el
delito o cualquier esfuerzo sincero de su parte en este sentido.

Debería darse una gran importancia a la reparación por quien cometió el


delito, del perjuicio sufrido por la víctima cuando la jurisdicción pueda, en-
tre otras modalidades, añadir condiciones de orden pecuniario a la resolu-
ción que acuerda un aplazamiento o una suspensión de la pena o una pues-
ta aprueba o cualquier otra medida similar.

• En el momento de la ejecución:

Cuando la reparación se imponga como sanción penal, debería ser ejecu-


tada del mismo modo que las multas y tener prioridad sobre cualquier otra
sanción pecuniaria impuesta al delincuente. En los demás casos, se debe-
ría prestar a la víctima la máxima ayuda posible en esta operación de cobro.

84
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

• Protección de la vida privada:

La política de información y de relaciones con el público en el marco de


la instrucción y el juicio de las infracciones debería tomar debidamente en
cuenta la necesidad de proteger a la víctima de toda publicidad que impli-
cara un ataque a su vida privada o a su dignidad. Si el tipo de infracción, el
estatuto particular, la situación o la seguridad personal de la víctima requie-
ren de especial protección, el proceso penal anterior a la sentencia debería
tener lugar a puerta cerrada o la divulgación de los datos personales de la
víctima debería ser objeto de restricciones adecuadas.

• Protección especial de la víctima:

Cuando ello parezca necesario, y singularmente en los casos de delincuen-


cia organizada, la víctima y su familia deberían ser eficazmente protegidas
contra las amenazas y el riesgo de venganza por parte del o los delincuentes.

Se recomienda también a los Estados miembros:

Examinar las ventajas o desventajas que puedan presentar los sistemas de


mediación y conciliación.

Promover y estimular las investigaciones sobre la eficacia de las disposicio-


nes relativas a las víctimas.

Un elemento que podría contribuir a elevar la calidad de la intervención en


atención a víctimas, sería la realización de estudios que profundicen en la
identificación de posibles medidas de protección a partir de una perspecti-
va de género, puesto que permitiría una visión integral sobre el problema y
aportaría elementos específicos a enfatizar con cada género.

Sería enriquecedor contar con datos que documenten sobre el tipo de de-
litos que producen mayor victimización en mujeres y cuáles en el caso de
hombres; se podría también identificar qué tipo de acciones, de acuerdo al
género de la víctima, habría que priorizar en cada uno de los niveles de in-
tervención: policial, judicial, vida personal, etc.[128].

[128] RODRÍGUEZ, Alejandro. Sistema penal y víctima: una propuesta de atención integral desde el apoyo comu-
nitario. Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala, Guatemala, 2007, p. 51.

85
CAPÍTULO QUINTO
Los derechos de la víctima en el
Código Procesal Penal de 2004
Los derechos de la víctima en el
Código Procesal Penal de 2004

1. INTRODUCCIÓN

Se sostiene que el CPP de 2004 le da un adecuado lugar a la víctima dentro


del proceso[129], ello resulta coherente si se parte de considerar que esta nor-
mativa procesal penal le da el estatus de sujeto procesal y además, le amplía
el reconocimiento de derechos en contraste con la normativa adjetiva an-
terior, en suma se revaloriza a la víctima en el nuevo sistema procesal penal.

Ya no se le considera más como un simple medio de prueba o que en el me-


jor de los casos solo sea pasible de indemnización económica, sino que se
le reconocen una serie de derechos buscando la mejor solución al conflic-
to penal, de modo que todos quienes tengan legítimo interés en el proceso
vean tutelados sus derechos y satisfechas sus expectativas.

Al reconocer que el papel del Estado en la administración de justicia no se


concibe solo como el de un Estado que se convierte en instrumento de per-
secución y castigo para el delincuente, sino más bien en un Estado que de-
be tanto a la víctima como al delincuente un trato justo, respetuoso, seguro
y solidario. Entonces, el proceso penal debe encaminarse cada vez más ha-
cia la tutela efectiva de los derechos y libertades fundamentales de ambos.
El proceso penal debe, en tal sentido, desarrollar las garantías procesales
contempladas en la Constitución considerando a todas las partes por igual,
atendiendo las particularidades de cada una de ellas dentro del juicio, bajo
esos parámetros deben ser interpretadas tales garantías para incluir a todas
las partes y que estas sientan que obtienen justicia del proceso penal[130].

[129] Así MACHUCA FUENTES, Carlos. “El agraviado en el nuevo proceso penal peruano”. En: Actualidad Jurídica,
Tomo 168, Gaceta Jurídica, Lima, 2007, p. 120.
[130] Del mismo parecer FERRER, María Josefina. “La víctima y la justicia procesal penal venezolana desde la
perspectiva victimológica”. En: Revista Venezolana de Análisis de Coyuntura. Vol. VII, Nº 1, Universidad
Central de Venezuela, Caracas, 2001, p. 202.

89
Elky Alexander Villegas Paiva

Tanto en el Derecho internacional, como en el Derecho comparado, los de-


rechos de las víctimas por un hecho punible gozan de una concepción am-
plia –no restringida exclusivamente a una reparación económica– fundada
en los derechos que ellas tiene a ser tratadas con dignidad, a participar en
las decisiones que las afecten y a obtener la tutela judicial efectiva del go-
ce real de sus derechos, y que exige a las autoridades que orienten sus ac-
ciones hacia el establecimiento integral de sus derechos cuando hayan sido
vulnerados por un hecho punible[131].

El sistema de garantías jurídicas genéricas, recogidas tanto en el plano inter-


nacional como interno, es bilateral, es decir, le pertenecen tanto al imputa-
do como a la víctima o agraviado por el evento delictivo. Así, por ejemplo,
la tutela judicial efectiva está hecha tanto para el acusado, como para la víc-
tima. En este sentido, resultan equivalentes para ambas partes la igualdad
ante los tribunales, el acceso a la justicia y la defensa en juicio y la imparcia-
lidad e independencia de los jueces, entre otros tantos derechos.

2. EL DERECHO A UN TRATO DIGNO Y RESPETUOSO

Brindar a la víctima un trato digno y respetuoso es esencial para evitar que


caiga en la victimización secundaria y terciaria[132], y con ello consecuente-
mente evitar que se vulneren otros derechos tales como –y solo por citar al-
gunos– a la información, a la intimidad, a su derecho de defensa, e inclusive
a que no puedan ser reparados adecuadamente los daños que se le infirie-
ron con la conducta delictiva.

Solo con un trato digno a la víctima es que se podrá avanzar en el reconoci-


miento, respeto y protección de sus demás derechos fundamentales, pues

[131] Así lo ha reconocido, por ejemplo, la Corte Constitucional colombiana en la sentencia C-228 de 2002.
[132] De este parecer FERRER, María Josefina. “La víctima y la justicia procesal penal venezolana desde la pers-
pectiva victimológica”. En: Revista Venezolana de Análisis de Coyuntura. Vol. VII, Nº 1, Universidad Central
de Venezuela, Caracas, 2001, p. 214: “Brindar a la víctima un trato digno y respetuoso es fundamental para
evitarle lo que se conoce en la doctrina victimológica como la victimización secundaria y terciaria, es decir,
los inconvenientes, sufrimientos que la víctima padece después del delito o de la violación de sus derechos
humanos por la falta de atención adecuada y oportuna a su condición particular por los medios de control for-
mal: policía, administración de justicia (victimización secundaria); o por el trato inadecuado de quienes confor-
man su contexto histórico y cotidiano de vida: familiares, amigos, compañeros de trabajo, de comunidad, de
escuela, la asistencia médica, psicológica y social (victimización terciaria).

90
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

la dignidad de la persona[133] es el presupuesto ontológico para la existen-


cia y defensa de los demás derechos fundamentales[134], y es que los distin-
tos derechos, aun cuando poseen un significado específico cada uno, tute-
lan un bien jurídico unitario: los rasgos concretos de la personalidad huma-
na; de suerte que aun resultando autónomamente enjuiciables, son recon-
ducibles a la más general expresión de la dignidad humana[135]. De este mo-
do al atentar contra la dignidad de una persona irremediablemente se están
vulnerando a la vez sus demás derechos.

[133] El concepto de dignidad humana ha conocido varias fases en su formulación histórica. Durante la época pre-
moderna, dicho valor derivaba del parentesco uniendo el hombre con Dios y hacía del primero un ser exce-
lente por ser creado a la imagen del segundo. Gracias a las cualidades que le fueron atribuidas (pensamien-
to, lenguaje, etc.) el ser humano podía demostrar su grandeza y superioridad sobre los demás animales: el
hombre era el único ser valioso puesto que Dios le otorgó solo a él las capacidades más nobles para ejercer
su predominio y perfeccionar su conocimiento. El concepto de dignidad era así un concepto religioso y las ra-
zones de su aparición deben buscarse en el antropocentrismo fomentado en gran parte por la religión judío-
cristiana. En la época moderna, el concepto de dignidad fue reformulado: la dignidad del hombre deriva de su
naturaleza humana pero dicha naturaleza se desvincula progresivamente de cualquier origen divino. Como
en la época premoderna se hace un elogio de las capacidades humanas pero esta vez deduciendo de estas
mismas la dignidad del hombre, sin acudir a ningún parentesco religioso. El antropocentrismo está así preser-
vado, puesto que se insiste en la singularidad de la especie humana en relación con los demás animales. A
esta reformulación parcial del concepto se ha añadido una más profunda: el hombre es un fin en sí mismo y
debe ser tratado como tal y no meramente como un medio. Esta nueva formulación de la dignidad se plasma-
rá en el ámbito jurídico con la aparición de los derechos humanos. Desde ahora, la dignidad humana no solo
tiene un alcance vertical (la superioridad de los seres humanos sobre los animales) sino también un alcance
horizontal (la igualdad de los seres humanos entre ellos sea cual sea el rango que cada uno pueda desempe-
ñar en la sociedad). A pesar de sus diferencias, las dos versiones de dignidad tienen una misma consecuen-
cia: otorgan un valor absoluto al ser humano. Tanto el fundamento como la amplitud de este valor es distinto
según estas dos perspectivas. Sin embargo, coinciden en el otorgar una excelencia al ser humano. En cuanto
la perspectiva premoderna: el ser humano es un ser excelente y superior puesto que ha sido creado por Dios.
En caso contrario, la “indignidad” del ser humano hubiera limitado o contradicho la excelencia (creadora) de
Dios. En cuanto la perspectiva moderna: el ser humano es un ser excelente por los rasgos que derivan de su
única naturaleza humana. Esos rasgos eran también identificados por la primera perspectiva pero aquí se los
desvincula de su parentesco divino para considerar que pueden otorgar en sí mismos dignidad al ser huma-
no. La naturaleza humana llevaría razones suficientes para otorgar un valor supremo al individuo; un valor tan
supremo que se lo considera como el prius del orden jurídico del Estado de Derecho. (PELÉ, Antonio. “Una
aproximación al concepto de dignidad humana”. En: Universitas. Revista de Filosofía, Derecho y Política. Nº 1,
Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas de la Universidad Carlos III de Madrid, Madrid, 2005,
pp. 9 y 10).
[134] En este sentido Fernández Sessarego sostiene que: “Los derechos fundamentales de la persona tienen
como finalidad la protección unitaria e integral de la persona en cuanto es un ser que posee dignidad. Esta
dignidad es la que justifica y explica los derechos fundamentales de la persona y le sirve de fundamen-
to”. (FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “Defensa de la persona”. En: La Constitución comentada. Tomo I,
1ª edición, Gaceta Jurídica, Lima, 2005, p. 11).
[135] Así lo entiende, por ejemplo el Tribunal Constitucional español, cuando afirma que los derechos reconocidos
en el artículo 18 de la Constitución española (al honor, a la intimidad, a la propia imagen, al domicilio, al secre-
to de las comunicaciones) son “derechos fundamentales estrictamente vinculados a la propia personalidad,
derivados, sin duda, de la “dignidad de la persona (…) y que implican la existencia de un ámbito propio y re-
servado frente a la acción y conocimiento de los demás, necesario –según las pautas de nuestra cultura– para
mantener una calidad mínima de la vida humana” (STC español 231/88).

91
Elky Alexander Villegas Paiva

La importancia del pleno reconocimiento de la dignidad de cualquier perso-


na, han hecho que esta aparezca, expresa o implícitamente tanto en las le-
gislaciones de los distintos Estados, especialmente en sus leyes fundamen-
tales[136], así como también en la normativa internacional sobre la materia[137].

Nuestra Ley fundamental en el artículo 1 del Capítulo I Derechos fundamen-


tales de la persona, y del Título I. De la persona y de la sociedad, prescribe
que: “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin
supremo de la sociedad y del Estado”. Este precepto constitucional –como
menciona Landa Arroyo[138]– constituye la piedra angular de los derechos
fundamentales de las personas, y por ello es el soporte estructural de todo
el edificio constitucional, tanto del modelo político como del modelo eco-
nómico y social. La dignidad se configura en el minimun inalienable que to-
do ordenamiento debe respetar, defender y promover[139].

Entonces para la Constitución Política peruana la dignidad del ser humano


no solo representa el valor supremo que justifica la existencia del Estado y
de los objetivos que cumple, sino que a su vez se convierte en el fundamen-
to esencial de todos los derechos que, con la calidad de fundamentales, ha-
bilita el ordenamiento[140].

[136] Así, la Constitución de Brasil de 1988, artículo 1, señala que la República Federal de Brasil tiene como funda-
mentos “(...) III la dignidad de la persona humana”; la Constitución de Colombia de 1991, artículo 1, prescribe:
“Colombia es un Estado Social de Derecho (...) fundado en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y
la solidaridad de las personas que lo integran y en la prevalencia del interés general”; la Constitución Chilena,
en su artículo 1 determina: “Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”; la Constitución de
Honduras de 1982, artículo 5, precisa: “la persona humana es el fin supremo de la sociedad y del Estado.
Todos tienen la obligación de respetarla y protegerla”; la Constitución de Guatemala de 1985 establece en su
artículo 1: “Protección de la persona. El Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y a su
familia; su fin supremo es la realización del bien común”.
[137] El artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 10 de diciembre
de 1948, determina que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Dotados
de razón y de conciencia, deben actuar unos con los otros en un espíritu de fraternidad. A su vez, el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 19 de diciembre de 1966, en su preámbulo afirma que “el re-
conocimiento de la dignidad inherente a todos los miembros de la sociedad humana (…) constituye el funda-
mento de la libertad, la justicia y la paz mundial, en el reconocimiento que esos derechos derivan de la dig-
nidad inherente a los hombres”. Asimismo, la Convención de Naciones Unidas contra la Tortura, de 1984, se
precisa en el preámbulo el “reconocimiento que esos derechos derivan de la dignidad inherente a los hom-
bres”. En el mismo sentido se expresa la Convención sobre Derechos del Niño de 1989, la que explicita la
“dignidad inherente a todos los miembros de la comunidad humana”.
[138] LANDA ARROYO, César. “Dignidad de la persona humana”. En: Cuestiones Constitucionales. Nº 7, UNAM,
México D.F., 2002, p. 110.
[139] STC Exp. Nº 0010-2002-AI/TC, f. j. 218.
[140] CANALES CAMA, Carolina. “La dignidad de la persona humana en el ordenamiento jurídico constitucional pe-
ruano”. En: SOSA SACIO, Juan. (coordinador). Los derechos fundamentales. Estudios de los derechos consti-
tucionales desde las diversas especialidades del Derecho. Gaceta Jurídica, Lima, 2010, p. 29.

92
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

En ese sentido la dignidad de la persona es el punto de partida[141], fundamen-


to[142] y horizonte de nuestro sistema jurídico, puesto que se constituye en
el umbral mínimo sobre lo que debe contener un ordenamiento justo, sien-
do su realización la aspiración máxima de los Estados constitucionales[143].

Por lo tanto, como acertadamente sostiene González Pérez, “La dignidad hu-
mana es una cualidad intrínseca, irrenunciable e inalienable de todo ser hu-
mano, constituyendo un elemento que cualifica al individuo en cuanto tal,
siendo una cualidad integrante e irrenunciable de la condición humana. Ella
es asegurada, respetada, garantizada y promovida por el orden jurídico es-
tatal e internacional, sin que pueda ser retirada a alguna persona por el or-
denamiento jurídico, siendo inherente a su naturaleza humana; ella no des-
aparece por más baja y vil que sea la persona en su conducta y sus actos”[144].

En síntesis la dignidad se constituiría en un valor superior constitucional, de


lo cual se deriva que tenga como funciones: i). fundamentar o dar sustento
valorativo a las demás normas y a las actuaciones del poder público –inclu-
so de la sociedad y los particulares, en general[145]–; ii) orientar los fines, al-
cances e interpretación de las normas y las políticas públicas, iii) frenar to-
da norma o actividad que los contravenga abiertamente, o que se aparte

[141] Para Habermas siempre ha existido –aunque inicialmente de modo implícito– un vínculo conceptual interno
entre los derechos humanos y la dignidad humana, de modo que esta última no sería simplemente una carac-
terística común a tales derechos, sino antes bien la fuente moral de la que todos los derechos fundamentales
derivan su sustento (HABERMAS, Jürgen. “El concepto de dignidad humana y la utopía de los derechos hu-
manos”. Traducción de Javier Aguirre Román, revisada por Eduardo Mendieta y María Herrera. En: Diánoia.
Vol. LV, N° 64, Fondo de Cultura Económica, México D.F, mayo de 2010, p. 6 y ss.).
[142] Pérez Luño enseña que la dignidad es el “valor básico fundamentador de los derechos humanos (…). La
dignidad humana ha sido en la historia, y es en la actualidad, el punto de referencia de todas las facultades
que se dirigen al reconocimiento y afirmación de la dimensión moral de la persona”. (PÉREZ LUÑO, Antonio
Enrique. “Sobre los valores fundamentadores de los derechos humanos”. En: MUGUERZA, Javier et ál. El
fundamento de los derechos humanos. Debate, Madrid, 1989, pp. 280 y 281).
[143] GUTIÉRREZ CAMACHO, Walter y SOSA SACIO, Juan Manuel. “Dignidad de la persona (comentario al ar-
tículo 1 de la Constitución)”. En: La Constitución comentada. Tomo I, 2ª edición, Gaceta Jurídica, Lima, 2013,
p. 25.
[144] GONZÁLEZ PÉREZ, Jesús. La dignidad de la persona. Civitas. Madrid, 1986. p. 25.
[145] El Tribunal Constitucional ha señalado que: “(e)l principio de dignidad (…), en cuanto el valor central de la per-
sona impone que sus derechos fundamentales proyecten también su efecto regulador al ámbito de la socie-
dad y de la propia autonomía privada. La dignidad de la persona trae consigo la proyección universal, frente a
todo tipo de destinatario, de los derechos fundamentales, de modo que no hay ámbito social que se exima de
su efecto normativo y regulador, pues de haber alguno, por excepcional que fuese, significaría negar el valor
normativo del mismo principio de dignidad” (STC Exp. N° 00048-2004-AI/TC, f. j. 37).

93
Elky Alexander Villegas Paiva

de ellos trasgrediendo su sentido, y también, iv) ser fuente de producción


normativa[146].

Ahora bien, la realización de la dignidad humana constituye una obligación


jurídica, que de ningún modo queda satisfecha con la mera técnica de posi-
tivización o declaración por el Derecho, sino que los poderes públicos y los
particulares deben de garantizar el goce de garantías y niveles adecuados
de protección a su ejercicio; y es que la protección de la dignidad es solo po-
sible a través de una definición correcta del contenido de la garantía[147]. Asi-
mismo, la dignidad se convierte en límite infranqueable de la primacía de
los intereses colectivos sobre los individuales[148].

El Tribunal Constitucional peruano ha formulado el criterio de entender a la


dignidad humana como principio-derecho, lo cual produce las siguientes
consecuencias[149]: Primero, en tanto principio, actúa a lo largo del proceso
de aplicación y ejecución de las normas por parte de los operadores cons-
titucionales, como: a) criterio interpretativo[150]; b) criterio para la determi-
nación del contenido esencial constitucionalmente protegido de determi-
nados derechos, para resolver supuestos en los que el ejercicio de los dere-
chos deviene en una cuestión conflictiva, y c) criterio que comporta límites
a las pretensiones legislativas, administrativas y judiciales, e incluso extensi-
ble a los particulares. Segundo, en tanto derecho fundamental se constitu-
ye en un ámbito de tutela y protección autónomo. En ello reside su exigibi-
lidad y ejecutabilidad en el ordenamiento jurídico, es decir, la posibilidad de
que los individuos se encuentren legitimados a exigir la intervención de los
órganos jurisdiccionales para su protección, en la resolución de los conflic-
tos sugeridos en la misma praxis intersubjetiva de las sociedades contem-
poráneas, donde se dan diversas formas de afectar la esencia de la dignidad
humana, ante las cuales no podemos permanecer impávidos.

[146] GUTIÉRRÉZ CAMACHO, Walter y SOSA SACIO, Juan Manuel. “Dignidad de la persona” (comentario al ar-
tículo 1 de la Constitución)”. Ob. cit., p. 36.
[147] STC Exp. Nº 2273-2005-PHC/TC, f. j. 8.
[148] SILVESTRE, Gaetano. Considerazione sul valore costituzionale della dignità umana. En: <www.associazione-
deicostituzionaliti.it> (consulta: 14 de setiembre de 2012).
[149] STC Exp. Nº 2273-2005-PHC/TC, f. j. 10.
[150] Como criterio general de interpretación, el reconocimiento del valor de la dignidad humana requiere, por un
lado, que una disposición susceptible de asumir varios significados sea interpretada en el sentido más acorde
al principio de la dignidad; y por otro lado, excluye, que pueda ser legítimamente acogida una interpretación
contraria o que entre en conflicto con tal valor. Cfr. ROLLA, Giancarlo. Le Basi del Diritto Pubblico Italiano.
Giappichelli, Torino, 2005, p. 114 y ss.

94
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

En tal línea dicho artículo también se constituye en la base del sistema pe-
nal, por lo cual todas las personas que intervengan en un proceso penal de-
ben gozar del respeto a su dignidad, pues esta forma parte de todas las per-
sonas, y no cabe hacer algún tipo de distinción sobre ello[151].

Entonces se puede concluir que no solo el imputado merece recibir un trato


digno sino también, y en el mismo plano, la víctima del ilícito penal. Y es que
es esa a la única conclusión a la que podemos llegar, pues si la dignidad es
un atributo que todos y cada uno de los hombres y se pregona que el incul-
pado, esto es el que realizó la conducta descrita en el tipo penal respectivo,
posee y debe resguardársele su dignidad al interior del proceso penal pues
con mayor razón la víctima, es decir, la persona que sufrió las consecuencias
del evento delictivo, también posee dignidad y debe garantizarle su protec-
ción en el proceso penal.

Por ello, debe garantizarse una efectiva protección de los derechos de la víc-
tima, que en mucho superan al derecho de recibir una indemnización eco-
nómica. Así, los Principios Fundamentales de las Naciones Unidas estable-
cen en su apartado cuatro que “las víctimas serán tratadas con compasión y
respeto a su dignidad”; sin embargo, a este enunciado tan bonito no se in-
troduce alguna especificación más concreta al respecto que enumere, ni si-
quiera con carácter abierto, qué actuaciones deben llevarse a cabo para ha-
cer efectiva dicha previsión.

Sin embargo, lo concreto es que se vulneraría gravemente la dignidad de


las víctimas de hechos punibles, si la única protección que se les brinda es
la posibilidad de obtener una reparación de tipo económico. El principio de
dignidad impide que el ser humano, y los derechos y bienes jurídicos pro-
tegidos por el Derecho Penal para promover la convivencia pacífica de per-
sonas igualmente libres y responsables, sean reducidos a una tasación eco-
nómica de su valor.

El reconocimiento de una indemnización por los perjuicios derivados de un


delito es una de las soluciones por las cuales ha optado el legislador an-
te la dificultad en materia penal de lograr el pleno restablecimiento de los

[151] Como lo reconocen diversos instrumentos supranacionales sobre derechos humanos. Así, por ejemplo la
Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre de 1948 que estableció que: “Todos los hombres
nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y de conciencia, deben condu-
cirse fraternalmente los unos con los otros”; así como la Convención Americana sobre Derechos Humanos de
1969, que estableció en su artículo 11.1. que: “Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al recono-
cimiento de su dignidad”.

95
Elky Alexander Villegas Paiva

derechos y bienes jurídicos violentados en razón a la comisión de un delito.


Pero no es la única alternativa ni mucho menos la que protege plenamente
el valor intrínseco de cada ser humano. Por el contrario, el principio de dig-
nidad impide que la protección a las víctimas y perjudicados por un delito
sea exclusivamente de naturaleza económica[152].

De ello resulta que la indemnización es solo uno de los posibles elementos


de la reparación a la víctima y que el restablecimiento de sus derechos su-
pone más que la mera indemnización.

En busca de lograr ese respeto a la dignidad de las víctimas se deben adop-


tar las medidas necesarias para minimizar las molestias causadas a las vícti-
mas derivadas del proceso, y proteger su intimidad, conforme lo establece
la Declaración sobre los Principios Fundamentales de Justicia para las Vícti-
mas del Delito y del Abuso de Poder, en el principio 6, acápite c.

En ese norte resulta notable el reconocimiento que hace de este derecho


el CPP de 2004, estableciendo en el acápite c) inciso 1 del artículo 95, lo
siguiente:

“1. El agraviado tendrá los siguientes derechos:

(...)

c) A recibir un trato digno y respetuoso por parte de las autoridades


competentes”[153].
La expresa mención de este derecho demuestra la intención del legislador
de indicarles a los organismos partícipes del proceso (Policía, Ministerio Pú-
blico, Poder Judicial), eviten la victimización secundaria[154].

[152] Corte Constitucional colombiana. Sentencia C-228/02, del 3 de abril. Líneas antes la citada Corte dejó esta-
blecido que el derecho de las víctimas a participar en el proceso penal, se encuentra ligado al respeto de la
dignidad humana. Al tenor de lo dispuesto en el artículo 1 de la Constitución Nacional, que dice que Colombia
es un Estado Social de Derecho fundado en el respeto de la dignidad humana, las víctimas y los perjudicados
por un hecho punible pueden exigir de los demás un trato acorde con su condición humana.
[153] En la misma línea y con una redacción más completa el Código de Justicia Militar en su artículo 228.1 pres-
cribe que la víctima tiene derecho a recibir un trato digno y respetuoso y que se hagan mínimas las molestias
derivadas del procedimiento.
[154] Vale la pena recordar lo dicho anteriormente, acerca de que cuando una víctima acude a los órganos de jus-
ticia –Policía, Fiscalía, Poder Judicial– a efectos de sentar denuncia muchas veces no recibe un trato o una
atención adecuada, no recibe una asistencia inmediata, no es informada debidamente sobre el proceso y pa-
sos a seguir, no recibe un trato respetuoso y mucho menos equitativo, no cuenta con información efectiva so-
bre sus derechos y es maltratada por el sistema legal, todo lo cual evidentemente vulnera su dignidad.

96
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Lo que busca la reforma procesal penal, es cambiar radicalmente la situa-


ción que se acaba de describir. Asimismo, la víctima tampoco puede ser vis-
ta como un simple medio de prueba, sino que merece la mayor atención y
respeto, teniendo en cuenta su condición de víctima.

La Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, del 25 de


octubre de 2012, y por la que se sustituye la Decisión marco 2001/220/JAI
del Consejo establece que:

“El delito constituye un injusto contra la sociedad y una violación de


los derechos individuales de las víctimas. Por ello, las víctimas de de-
litos deben ser reconocidas y tratadas de manera respetuosa, sensible
y profesional, sin discriminación de ningún tipo por motivos como la
raza, el color, la etnia o el origen social, los rasgos genéticos, la lengua,
la religión o las creencias, la opinión política o de otro tipo, la pertenen-
cia a una minoría nacional, la propiedad, el nacimiento, la discapaci-
dad, la edad, el sexo, la expresión de género, la identidad de género, la
orientación sexual, el estatuto de residente o la salud. En todos los con-
tactos con una autoridad competente que actúe en el contexto de pro-
cesos penales, y cualquier servicio que entre en contacto con las vícti-
mas, como los servicios de apoyo a las víctimas o de justicia reparado-
ra, se deben tener en cuenta la situación personal y las necesidades in-
mediatas, edad, sexo, posible discapacidad y madurez de las víctimas
de delitos, al mismo tiempo que se respetan plenamente su integridad
física, psíquica y moral. Se ha de proteger a las víctimas de delitos fren-
te a la victimización secundaria y reiterada, así como frente a la intimi-
dación y las represalias; han de recibir apoyo adecuado para facilitar su
recuperación y contar con un acceso suficiente a la justicia”.
El derecho a recibir un trato digno, que asiste a las víctimas en el nuevo pro-
ceso penal, proviene del deber de considerarlas como un fin en sí mismas.
La normativa procesal penal anterior que la concebía poco más que un ob-
jeto de prueba, son reemplazadas por otras que la aprecian como un sujeto
de derechos, capaz de participar en la resolución de su conflicto[155].

La obligación de tratar con respeto a la víctima acorde con su dignidad,


recae en las instituciones estatales, por lo que estas deben velar porque

[155] En este sentido PIEDRABUENA RICHARD, Guillermo. “La Constitución y los derechos de la víctima en el
nuevo proceso penal chileno”, cit. p. 23.

97
Elky Alexander Villegas Paiva

aquellos de sus miembros integrantes que estén en contacto directo con


las víctimas reciban una formación adecuada a estos efectos y, además, de-
ben procurar las condiciones necesarias para resguardar las situaciones de
las víctimas durante las actuaciones.

Esto ha sido reconocido por la Recomendación (85)11, adoptada por el Co-


mité de Ministros del Consejo de Europa el 28 de junio de 1985, sobre la po-
sición de la víctima en el marco del Derecho Penal y del proceso penal, don-
de se recomienda la formación específica para los funcionarios de policía,
con el objeto de tratar a las víctimas de modo comprensible, constructivo
y tranquilizador, correspondiéndoles además a estos sujetos el deber de in-
formar sobre la posibilidad de las víctimas de obtener asistencia, consejos
prácticos y jurídicos, reparación de sus perjuicios por el delincuente e in-
demnización por el Estado.

Igualmente la Decisión Marco del Consejo de Europa, del 15 de marzo de


2001, relativa al estatuto de la víctima en el proceso penal prescribió en su
artículo 11 que debe propiciarse que los Estados a través de sus servicios
públicos o mediante la financiación de organizaciones de apoyo a la víc-
tima, iniciativas en virtud de las cuales las personas que intervienen en las
actuaciones o que tienen otro tipo de contacto con la víctima reciban la
adecuada formación, con especial atención a las necesidades de los grupos
más vulnerables, formación que debe ir dirigida con especial referencia a los
agentes de la policía y profesionales del Derecho.

En la misma línea la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del


Consejo, de 25 de octubre de 2012, y por la que se sustituye la Decisión mar-
co 2001/220/JAI (acabada de citar) establece que:

Artículo 25

Formación de los profesionales

1. Los Estados miembros garantizarán que aquellos funcionarios que proba-


blemente vayan a entrar en contacto con las víctimas, como los agentes de
policía y el personal al servicio de la administración de justicia, reciban tanto
formación general como especializada a un nivel adecuado al contacto que
mantengan con las víctimas, con el fin de mejorar su concienciación respec-
to de las necesidades de las víctimas y de capacitarlos para tratar a las vícti-
mas de manera imparcial, respetuosa y profesional.

98
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

2. Sin perjuicio de la independencia judicial y de las diferencias en la organi-


zación de los sistemas judiciales en la Unión, los Estados miembros solicita-
rán a los responsables de la formación de los jueces y fiscales que participen
en procesos penales que velen por que se imparta tanto formación general
como especializada, con el fin de mejorar la concienciación de jueces y fis-
cales respecto de las necesidades de las víctimas.

3. Respetando debidamente la independencia de la profesión jurídica, los


Estados miembros recomendarán que los responsables de la formación de
los abogados faciliten tanto formación general como especializada, con el
fin de mejorar la concienciación de los abogados respecto de las necesida-
des de las víctimas.

4. Los Estados miembros fomentarán iniciativas, a través de sus servicios


públicos o mediante la financiación de organizaciones de apoyo a las vícti-
mas, mediante las que se posibilite que las personas que prestan servicios
de apoyo a las víctimas y servicios de justicia reparadora reciban la forma-
ción adecuada al tipo de contactos que mantengan con las víctimas, y ob-
serven normas profesionales para garantizar que tales servicios se prestan
de manera imparcial, respetuosa y profesional.

5. En función de las tareas que han de desempeñar y la naturaleza y el gra-


do de contacto que los profesionales mantengan con las víctimas, la forma-
ción tendrá como objetivo capacitar a los profesionales para reconocer a las
víctimas y tratarlas de manera respetuosa, profesional y no discriminatoria.

3. DERECHO A LA TUTELA JURISDICCIONAL EFECTIVA Y AL DEBIDO


PROCESO

Tradicionalmente el proceso penal ha sido entendido como un instrumento


de realización del ius puniendi del Estado. Y si bien esto es así, en tanto el de-
recho de castigar por la comisión de un ilícito penal solo puede llevarse a ca-
bo a través del proceso[156] (“no es posible la aplicación de la sanción sin pre-

[156] Cfr. ROXIN, Claus. Derecho Procesal Penal. Traducción de Gabriela Córdoba y Daniel Pastor. Editores del
Puerto, Buenos Aires, 2000, p. 1; BAUMANN, Jürgen. Derecho Procesal Penal. Conceptos fundamenta-
les y principios procesales. Introducción sobre la base de casos. Traducción de Conrado Finzi, Depalma,
Buenos Aires, 1986, p. 2; LEVENE, Ricardo (h.). Manual de Derecho Procesal Penal. Tomo I, 2ª edición,
Depalma, Buenos Aires, 1993, p. 219; MAIER, Julio. Derecho Procesal Penal, Tomo I, 2ª edición, 2ª reimpre-
sión, Editores del Puerto, Buenos Aires, 2002, p. 84 y ss.; LÓPEZ BARJA DE QUIROGA, Jacobo. Tratado

99
Elky Alexander Villegas Paiva

vio juicio”[157]), lo cierto es que en el contexto jurídico propio de un Estado


Constitucional de Derecho, donde se toma en cuenta un importante elenco
internacional de instrumentos de protección de los derechos humanos, lle-
va a hacer una reinterpretación de dicha finalidad, en el sentido de conce-
bir al proceso penal como un instrumento de garantía, de salvaguarda del
régimen de valores, garantías y libertades fundamentales reconocidas en el
ínterin de la aplicación del ius puniendi[158]. Garantía, en primer lugar, para el
imputado o acusado en una causa penal que no va a poder ser condenado
sino en virtud de la destrucción del principio de presunción de inocencia a
través de un proceso con todas las garantías. Garantía, en segundo lugar, pa-
ra el resto de los ciudadanos que, en su caso, podrán ver realizado el dere-
cho de castigar ante la existencia de un ilícito penal. Pero también ha de ser
garantía para las víctimas de los delitos que han de verse adecuadamente
protegidas y tuteladas en sus derechos[159].

Con ello –como bien dice Chocrón Giráldez– “Se trata pues de superar de-
finitivamente una función en esencia represora –propia de una época pre-
constitucional– para instaurar un modelo de proceso al servicio de los de-
rechos y libertades constitucionalmente consagrados. Por consiguiente, si
el proceso es el único medio a través del cual se puede declarar la culpabi-
lidad de una persona e imponerle una pena, y si al mismo tiempo se confi-
gura como instrumento de tutela de los derechos y garantías fundamenta-
les, habrá que terminar aceptando un mayor protagonismo de la víctima en
un contexto que hasta ahora venía siendo prácticamente acaparado por el
imputado y por el catálogo de garantías jurisdiccionales derivadas de las
exigencias del derecho a un proceso justo. Todo ello conduce necesaria-
mente a una profunda reflexión y análisis del proceso penal y en particu-
lar de la función o funciones que está llamado a desempeñar en este nue-
vo tiempo, lo que constituye además una inmejorable ocasión para evaluar
los mecanismos de respuesta de nuestro sistema judicial para hacer frente

de Derecho Procesal Penal. Thomson-Aranzadi, Madrid, 2004, p. 311; REYNA ALFARO, Luis Miguel. El
Proceso Penal aplicado conforme al Código Procesal Penal de 2004. 2ª edición, Grijley, Lima, 2011, p. 21;
ORÉ GUARDIA, Arsenio. Manual de Derecho Procesal Penal. 2ª edición, Alternativas, Lima, 1999, p. 3; SAN
MARTÍN CASTRO, César. Derecho Procesal Penal. 2ª edición, 1ª reimpresión, Grijley, Lima, 2006, p. 9.
[157] JAUCHEN, Eduardo. Tratado de la prueba en materia penal. Rubinzal-Culzoni, Buenos Aires, 2004, p. 14.
[158] Cfr. GIMENO SENDRA, Vicente. Derecho Procesal Penal. Colex, Madrid, 2004, p. 45; ASENCIO MELLADO,
José María. Derecho Procesal Penal. 2ª edición, Tirant lo Blanch, Valencia, 2010; SOLÉ RIERA, Jaume. La
tutela de la víctima en el proceso penal. J.M Bosch, Barcelona, 1997, p. 12.
[159] SANZ HERMIDA, Ágata. La situación jurídica de la víctima en el proceso penal. Tirant lo Blanch, Valencia,
2008, p. 63.

100
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

tanto a los intereses legítimos de quienes han sido víctimas de un delito co-
mo a las demandas de protección y seguridad de la sociedad en su conjun-
to ante nuevos ámbitos de criminalidad”[160].

Precisamente, uno de los mayores problemas para las víctimas de delitos ha


sido el acceso a la justicia con el objeto de lograr una tutela adecuada de sus
derechos. Este problema presenta perfiles diferentes según se trate de acce-
der a los órganos jurisdiccionales del orden civil con el objeto de reclamar la
restitución, reparación o indemnización por los daños y perjuicios sufridos
como consecuencia del hecho ilícito, posibilidad reconocida generalmente
en los distintos ordenamientos jurídicos, o de acceder a los órganos jurisdic-
cionales del orden penal, bien para llevar a cabo un papel activo en las cau-
sas penales, bien simplemente para tener conocimiento del desarrollo del
enjuiciamiento de los hechos delictivos de que ha sido objeto y conocer el
resultado del mismo, bien para participar en el mismo en su condición de
testigos pero con la seguridad de que van a recibir la adecuada protección y
tutela, posibilidades no siempre reconocidas en los diversos ordenamientos
y, desde luego, reguladas de forma muy diversa y con distinta extensión[161].

El nuevo sistema procesal penal busca dar solución a esta problemática, pa-
ra lo cual se pretende determinar cuáles son los cauces o los medios más
adecuados para otorgar a las víctimas una mayor protección y, en su caso,
participación en el proceso penal.

En busca de lograr ese objetivo uno de los primeros derechos que debe re-
conocerle, es el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, el cual según Gar-
cía Morillo[162], es un derecho de todas las personas a tener acceso al sistema
judicial y a obtener del mismo una resolución fundada en derecho –y por
tanto, motivada– que pueda ser de inadmisión cuando concurre una cau-
sa legalmente prevista. A ello hay que añadir el derecho a no sufrir indefen-
sión, eso es a poder ejercer en el proceso, en apoyo de la propia posición, to-
das las facultades legalmente reconocidas.

[160] CHOCRÓN GIRÁLDEZ, Ana María. “Tutela cautelar y protección de la víctima en el proceso penal”. En:
Boletín de Información del Ministerio de Justicia. Año 61, Nº 2041, Ministerio de Justicia, Madrid, 2007,
p. 2828.
[161] SANZ HERMIDA, Ágata. La situación jurídica de la víctima en el proceso penal. Ob. cit., pp. 63-64.
[162] GARCÍA MORILLO, Joaquín, en AA.VV. Derecho Constitucional. Vol. I, 3ª edición, Tirant lo Blanch, Valencia,
1997, p. 324.

101
Elky Alexander Villegas Paiva

El derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, reconocido en el artículo 139


inciso 3 de la Constitución Política, implica que cuando una persona pre-
tenda la defensa de sus derechos o intereses legítimos, ella tenga la posi-
bilidad de ser atendida por un órgano jurisdiccional, pero que además ello
ocurra mediante un proceso dotado de un conjunto de garantías mínimas
y efectivas para la protección de tales derechos[163]. En ese sentido, la tutela
jurisdiccional efectiva comprende una serie de derechos, entre los que des-
tacan el acceso a la justicia[164], es decir, el derecho de cualquier persona de
promover la actividad jurisdiccional del Estado, sin que le obstruya, impida
o disuada irrazonablemente, y, el derecho a la efectividad de las resolucio-
nes judiciales[165].

La posibilidad de poder acceder a los órganos jurisdiccionales ha sido en-


tendida como el derecho que tiene toda persona a un recurso sencillo y rá-
pido[166] ante los jueces o tribunales competentes, el cual debe sustanciar-
se de acuerdo a las normas del debido proceso. Cuando se hace uso del tér-
mino “recurso”, este debe ser entendido en un sentido amplio y no limita-
do al significado que esta palabra tiene en la terminología jurídica de las

[163] Esta definición contiene la doble dimensión que se ha dicho que presenta la tutela jurisdiccional efectiva.
Así, ÁLVAREZ PÉREZ, Víctor. “Debido proceso y tutela jurisdiccional”. En: Gaceta Constitucional. Tomo 54,
Gaceta Jurídica, Lima, junio de 2012, p. 368, sostiene que: “El derecho a la tutela jurisdiccional efectiva pre-
senta una doble dimensión: por un lado, la posibilidad de acceder a los órganos jurisdiccionales para la pro-
tección de los derechos para hacer valer una pretensión, y, por el otro, como un conjunto de reglas dirigidas
a cautelar que toda persona, en el ejercicio o defensa de sus derechos e intereses ante los órganos jurisdic-
cionales, cuente con garantías mínimas y efectivas para su realización. En otras palabras, es el derecho a la
justicia, el cual solo será posible a través de un procedimiento eficaz, con las debidas garantías”.
[164] Véase la STC Exp. Nº 04080-2004-AC/TC, f. j. 14.
[165] Véase la STC Exp. Nº 015-2001/TC, f. j. 16.
[166] Convención Americana sobre Derechos Humanos
Artículo 25. Protección judicial
1. Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces
o tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos
por la Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida por personas que
actúen en ejercicio de sus funciones oficiales.
2. Los Estados partes se comprometen:
a) a garantizar que la autoridad competente prevista por el sistema legal del Estado decidirá sobre los dere-
chos de toda persona que interponga tal recurso;
b) a desarrollar las posibilidades de recurso judicial, y
c) a garantizar el cumplimiento, por las autoridades competentes, de toda decisión en que se haya estimado
procedente el recurso.

102
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

legislaciones procesales de los diversos países, debe entenderse como “ac-


ceder al tribunal”, sinónimo de vía judicial o proceso[167].

Ahora bien, el citado derecho no se agota en el libre acceso a ese recurso, es


decir en la mera posibilidad de acceder al tribunal, sino que requiere que el
órgano interviniente produzca una conclusión razonada sobre los méritos
del reclamo, en que establezca la procedencia o improcedencia de la pre-
tensión jurídica que le da origen, y también que se garantice el cumplimien-
to, por las autoridades competentes, de toda decisión en que se haya esti-
mado procedente el recurso. El recurso debe ser efectivo, por lo que no al-
canza su mera existencia formal[168], pues la efectividad exige que sea ade-
cuado (que la función del recurso en el sistema de derecho interno sea idó-
nea para proteger la situación jurídica infringida) y eficaz (capaz de producir
el resultado para el que ha sido concebido)[169].

Como se observa el derecho a la tutela jurisdiccional guarda una íntima rela-


ción con el debido proceso[170], en tanto si se obtiene acceso al proceso, pe-
ro este resulta arbitrario por vulneración de las garantías constitucionales,

[167] BIDART CAMPOS, Germán. Tratado elemental de Derecho Constitucional argentino. Tomo III, Ediar, Buenos
Aires, 1995, pp. 517 y 526.
[168] En este sentido la Corte IDH ha señalado que: “No basta con la existencia formal de los recursos, sino que
estos deben ser eficaces, es decir, deben dar resultados o respuestas a las violaciones contemplados en la
Convención. Este tribunal ha señalado que no pueden considerarse efectivos aquellos recursos que, por las
condiciones generales del país o incluso por las circunstancias particulares de un caso dado, resulten iluso-
rios. Ello puede ocurrir, por ejemplo, cuando su inutilidad haya quedado demostrada por la práctica, porque
el órgano jurisdiccional carezca de independencia necesaria para decidir con imparcialidad o porque falten
los medios para ejecutar sus decisiones; por cualquier otra situación que configure un cuadro de denega-
ción de justicia, como sucede cuando se incurre en retardo injustificado” (Corte IDH. Caso Las Palmeras vs.
Colombia. Sentencia de fondo, del 6 de diciembre de 2001, párrafo 58).
[169] CAFFERATA NORES, José. Derecho de la víctima a la tutela judicial efectiva. Astrea, Buenos Aires, 2004,
p. 2. Disponible en: <www.astrea.com.ar>.
[170] Diferentes convenciones internacionales ratificadas y sancionadas por los Estados, consagran y reconocen
nuestro principio entre las cuales cabe destacar: a) La Declaración Universal de los Derechos Humanos, con-
sagra entre los derechos inherentes a todos los miembros de la familia humana el de tener un recurso ante
los tribunales competentes independientes e imparciales, para el amparo de los derechos reconocidos por la
Constitución y la Ley, con acceso a los mismos en condiciones de igualdad y en juicio público (artículos 8 y
10); b) El Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos,reconoce y sanciona entre los derechos inhe-
rentes a la dignidad humana, iguales e inalienables el de concurrir en condiciones de igualdad ante el tribunal
competente, independiente, imparcial y establecido por la ley para, en un juicio público y con las debidas garan-
tías, obtener la sustanciación de todo proceso civil o penal (artículo 14); c) Literal y análogamente se pronun-
cia la Convención Europea de Derechos Humanos (artículo 6); d) Por su parte, la Declaración Americana de
los Derechos y Deberes del Hombre consagra el derecho de justicia como uno de los derechos esenciales del
hombre, que consiste en aquel de concurrir a los tribunales para hacer valer sus derechos (artículo 18); e) Y, por
último, la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos consagra como uno de los derechos esencia-
les del hombre, por ser un atributo de la persona humana que transciende su nacionalidad, el de ser oído con
las debidas garantías y plazo razonable por una jurisdicción competente, independiente, natural e imparcial en
toda contestación de orden penal, civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter (artículo 8, párrafo 1).

103
Elky Alexander Villegas Paiva

no podrá decirse que la tutela jurisdiccional ha sido efectiva, al menos no


en términos de justicia. Y es que el derecho al debido proceso es la base pa-
ra la protección de cualquier otro derecho. En este norte, los Estados tienen
la obligación de suministrar recursos judiciales que deben ser adecuados y
efectivos a las personas que son víctimas de algún delito, siendo sustancia-
dos de conformidad con las reglas del debido proceso legal.

Tal es la relación entre ambos derechos que nuestro Tribunal Constitucional


al referirse a tal circunstancia ha señalado que la tutela judicial efectiva es el
marco y el debido proceso una expresión específica, por lo que:

“[L]a tutela judicial efectiva supone tanto el derecho de acceso a los ór-
ganos de justicia como la eficacia de lo decidido en la sentencia; es de-
cir, una concepción garantista y tutelar que encierra todo lo concer-
niente al derecho de acción frente al poder deber de la jurisdicción; el
derecho al debido proceso, en cambio, significa la observancia de los
derechos fundamentales esenciales del procesado, principios y reglas
esenciales exigibles dentro del proceso como instrumento de tutela de
los derechos subjetivos”[171].
Tomando como base lo dicho (toda persona debe tener acceso a la adminis-
tración de justicia cualquiera sea la situación jurídica en que se encuentre) y
recordando la construcción bilateral de las garantías, la tutela judicial efec-
tiva y su correlato lógico de acceso a la administración de justicia implican,
para el procesado, la posibilidad efectiva de ejercer su derecho de defensa
obligatorio, incluso con la intervención estatal que deben proveer los me-
dios para que el acusado se defienda adecuadamente. En el mismo sentido,
para la víctima el fundamento de igualdad implica que el acceso a la justicia
supere el plano formal y se le permita una intervención efectiva en el proce-
so, el cual debe presentar toda una serie de garantías en tanto que debe tra-
tarse de un debido proceso, al mismo tiempo que una representación gra-
tuita, asesoramiento y patrocinio[172].

Bajo esta línea argumentativa, la titularidad del derecho a la tutela juris-


diccional efectiva de la que goza la víctima se traduce para las víctimas en
su efectividad entendida como su “posibilidad práctica”. Es decir, la víctima

[171] STC Exp. N° 08123-2005-PHC/TC, f. j. 6.


[172] GUERRERO PERALTA, Óscar Julián. “Las víctimas en el contexto del Derecho Procesal Penal colombia-
no (perfiles comparativos)”. En: Anuario de Derecho Penal 2004: la reforma del proceso penal peruano.
Universidad de Friburgo-Fondo Editorial de la PUCP, Lima, 2004, p. 433.

104
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

espera del proceso penal no una efectividad abstracta sino una eficacia re-
ferida a su problemática concreta, aquella que permita comprobar si la tute-
la judicial ha cumplido o no con su función. En este sentido, los operadores
del sistema de justicia penal deben aplicar, de manera creativa y efectiva las
garantías, de modo que dejen de ser postulados abstractos o teóricos para
convertirse en realidades de obligado acatamiento.

El derecho a la tutela judicial efectiva de la víctima comprende la facultad de


deducir una acción o pretensión penal (querella) o civil, en su caso, en con-
tra del supuesto responsable del ilícito, el deber de los órganos jurisdiccio-
nales de resolver la pretensión formulada, la facultad de recurrir en contra
de la decisión y, por último, la facultad de solicitar la ejecución de la resolu-
ción. Lo anterior podría resumirse como el derecho a activar el proceso.

Esto ha sido tomado en cuenta por el legislador nacional, así en el artículo


IX.3 del Código Procesal Penal de 2004 establece como principio rector que
el proceso penal garantiza, también, el ejercicio de los derechos de informa-
ción y de participación procesal a la persona agraviada o perjudicada por el
delito. Igualmente la autoridad pública está obligada a velar por su protec-
ción y a brindarle un trato acorde a su condición.

El CPP de 2004 en aras de tornar en verdaderamente efectiva la tutela juris-


diccional y la participación de la víctima en un proceso, con todas las garan-
tías, que tiene la víctima o agraviado (ya señalamos que para nuestro códi-
go adjetivo son lo mismo) ha ampliado la participación de la misma al inte-
rior del proceso regulando una serie de derechos que puede ejercer en ca-
da etapa del proceso.

4. DERECHO A LA INTIMIDAD

El reconocimiento del derecho a la intimidad[173] supone que el Estado se


comprometa a adoptar medidas tendientes a minimizar las molestias cau-
sadas a las víctimas y proteger su intimidad, de tal forma que en todas las

[173] El derecho a la intimidad se encuentra recogido en diversos tratados internacionales. Así, el artículo 17 del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos establece:
1. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su co-
rrespondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación.
2. Toda persona tiene derecho a la protección de la Ley contra esas injerencias o esos ataques.

105
Elky Alexander Villegas Paiva

fases del proceso (etapa preparatoria –diligencias preliminares e investiga-


ción preparatoria propiamente dicha–, etapa intermedia y juicio oral) las re-
laciones con el público se desarrollen con la máxima consideración por las
víctimas, garantizando la protección contra cualquier información que aten-
te contra su vida privada o su dignidad[174].

De esta forma se puede apreciar la íntima relación existente entre el dere-


cho a la intimidad y el derecho a la dignidad de las personas, en específico
de las víctimas, de acuerdo al objeto de nuestro estudio.

En tal sentido, un primer aspecto a tomar en cuenta para el resguardo de es-


te derecho, es que se deben adoptar las medidas necesarias para restringir
la publicidad que los medios de comunicación dan de los distintos asuntos
penales cuando se entienda que puede afectar la vida privada o dignidad
de la víctima y/o su familia.

Entre las medidas que adopta el CPP de 2004, para resguardar la intimidad
de las víctimas, podemos hacer mención a las siguientes:

- En el artículo 95.1.c se prescribe que en los procesos por delitos contra


la libertad sexual se preservará su identidad, bajo responsabilidad de
quien conduzca la investigación o el proceso.

- En la misma dirección, se apunta en el artículo 139.2 que está prohibi-


da la publicación de las generales de ley y de imágenes de testigos o
víctimas menores de edad, salvo que el juez, en interés exclusivo del
menor permita la publicación.

- En el artículo 171.3 se señala que cuando deba recibir testimonio de


menores y de personas que hayan resultado víctimas de hechos que
las han afectado psicológicamente, se podrá disponer su recepción en
privado.
Ahora bien, el derecho a la intimidad de la víctima no solo puede ser vulne-
rado por dar a conocer cierta información de carácter personalísimo de la

[174] Resulta apropiado traer a colación la Recomendación (85)11, adoptada por el Comité de Ministros del Consejo
de Europa del 28 de junio de 1985, en su artículo 11 establece que: “La política de información y de relacio-
nes con el público en el marco de la instrucción y el juicio de las infracciones deberá tomar debidamente en
cuenta la necesidad de proteger a la víctima de toda publicidad que implicara un ataque a su vida privada o a
su dignidad. Si el tipo de información, el estatuto particular, la situación o la seguridad personal de la víctima
requieren de especial protección, el proceso penal anterior a la sentencia debería tener lugar a puerta cerrada
o la divulgación de los datos personales de la víctima debería ser objeto de restricciones adecuadas”.

106
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

víctima al público, si no que tal afección también se puede dar en el mismo


seno del proceso penal, por ejemplo, en el marco de la investigación penal
es frecuente la realización de una serie de diligencias de investigación que
pueden afectar el aludido derecho; por ejemplo, el personal médico puede
requerir información de carácter confidencial e inclusive hacer investigacio-
nes de carácter intrusivo en el cuerpo de la víctima.

En este punto, si bien es cada fiscal quien tiene la obligación de esclarecer el


hecho delictivo, también tiene la obligación a ponderar el impacto que las
diligencias de investigación ocasionarán en la víctima y, por lo que debe to-
mar las medidas adecuadas para minimizar las molestias y las repercusio-
nes que pueda tener la diligencia de investigación en la integridad física, y/o
mental, en la intimidad o en la vida privada de la víctima. En especial, cuan-
do las víctimas son menores de edad, el fiscal tendrá que tener presente las
disposiciones contenidas en la Convención sobre los Derechos del Niño y lo
prescrito en nuestro Código de Niños y Adolescentes.

Para la realización de los actos de investigación cada fiscal tiene un poder


coactivo, el cual encuentra algunas limitaciones: cuando se requiere la vul-
neración de derechos constitucionales debe acudir al juez para que autori-
ce la diligencia, siendo este último un juez de garantías, por cuanto contro-
la las actividades de investigación.

Es común que la víctima sea objeto de prueba, realizándose sobre ella ins-
pecciones, pericias diversas, como una identificación del cadáver, exámenes
médicos sobre el cuerpo, verificación de edad, etc.

Entre las principales diligencias que la defensa del imputado suele pedir,
o que igualmente el fiscal solicita que se efectúe sobre las víctimas, se en-
cuentran exámenes a las partes íntimas de las víctimas de delitos sexuales,
extracciones de sangre, tomas de muestras de piel para pruebas de ADN, ex-
tracciones de cabellos y vellos, etc. La defensa también puede solicitar que
se proceda a hacer una investigación sobre el pasado de la víctima, su vida
privada y otros aspectos que afectan su intimidad.

Las Oficinas de Atención a la Víctimas y Testigos juegan un valioso papel en


este punto, dado que son las encargadas de ganar la confianza de la vícti-
ma, persuadiendo la de la necesidad de realizar la diligencia y garantizán-
dole que este se efectuará con el respeto inherente a su dignidad, contando
para ello con personal médico y de apoyo psicológico adecuado.

107
Elky Alexander Villegas Paiva

5. DERECHO A LA INFORMACIÓN VERAZ

Como una manifestación de los mecanismos que posibilitan un verdadero


acceso a la administración de justicia, en un sistema penal enmarcado den-
tro de un Estado Constitucional de Derecho, tenemos el derecho a recibir
una información veraz[175]. Y es de suma importancia, si tenemos en cuen-
ta que en gran parte el debido ejercicio de los derechos de las víctimas en
el proceso penal, dependerá de la información que a ella se le brinde sobre
el rol que pueden desempeñar en el proceso, del desarrollo del mismo, del
contenido y alcance de las decisiones fiscales y judiciales que se tomen so-
bre el proceso.

Ahora bien la información y las orientaciones brindadas por las autoridades


competentes, los servicios de apoyo a las víctimas y de justicia reparadora
deben ofrecerse, en la medida de lo posible, a través de una diversidad de
medios y de forma que pueda ser entendida por la víctima. La información
y las orientaciones deben proporcionarse en términos sencillos y en un len-
guaje accesible. Asimismo, debe garantizarse que la víctima pueda ser en-
tendida durante las actuaciones. A este respecto, debe tenerse en cuenta el
conocimiento que tenga la víctima de la lengua utilizada para facilitar infor-
mación, su edad, madurez, capacidad intelectual y emocional, alfabetiza-
ción y cualquier incapacidad mental o física. Deben tenerse en cuenta, en
particular, las dificultades de comprensión o de comunicación que puedan
ser debidas a algún tipo de discapacidad, como las limitaciones auditivas o
de expresión oral. Del mismo modo, durante los procesos penales deben te-
nerse en cuenta las limitaciones de la capacidad de la víctima para comuni-
car información[176].

El artículo 6 de la Declaración sobre los Principios Fundamentales de Justi-


cia para las Víctimas de Delitos y del Abuso de Poder impone la necesidad

[175] La función esencial del sistema penal de administración de justicia en un Estado Social y Democrático de
Derecho debe ser la de atender las necesidades de las víctimas, tratarlas con comprensión y respeto a su
dignidad, salvaguardar sus intereses así como aumentar la confianza en la justicia penal y alentar su coo-
peración; para ello, es preciso diseñar los mecanismos para suministrarles información suficiente acerca del
rol que pueden desempeñar en el proceso, del desarrollo del mismo, del contenido y alcance de las decisio-
nes judiciales, además de garantizar que sus opiniones y solicitudes serán tenidas en cuenta y decididas, sin
dilaciones, en las etapas adecuadas de la actuación (SAMPEDRO-ARRUBLA, Julio Andrés. “Los derechos
humanos de las víctimas: apuntes para la reformulación del sistema penal”. En: International Law. Revista
Colombiana de Derecho Internacional. Nº 12, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, enero-junio de 2008,
p. 363).
[176] Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, del 25 de octubre de 2012.

108
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

de que las leyes nacionales adecuen los procedimientos judiciales y admi-


nistrativos a las necesidades de las víctimas, incluyendo en esa adecuación
la necesidad de que las víctimas sean informadas de cuál es su papel y el al-
cance del mismo, así como del desarrollo cronológico de las actuaciones, de
su marcha concreta y particularmente de la decisión de sus causas.

El CPP de 2004, en coherencia con la normativa supranacional, en su artícu-


lo IX prescribe que el proceso penal garantiza el ejercicio de los derechos de
información y de participación procesal de la persona agraviada o perjudi-
cada por el delito, en suma de la víctima del ilícito penal, según el concepto
que hemos adoptado sobre “víctima” en este trabajo.

Asimismo en el artículo 95, inciso 2, el legislador ha dejado señalado que el


agraviado será informado sobre sus derechos cuando interponga la denun-
cia, al declarar preventivamente o en su primera intervención en la causa.

Al prescribir el CPP de 2004 que la víctima debe ser informada de sus dere-
chos cuando interponga la denuncia o en su primera intervención en la cau-
sa, debemos entender que con ello se quiere decir que a la víctima se le de-
be brindar toda la información que necesita desde el primer momento que
entra en contacto con las autoridades[177]. Este aspecto resulta esencial, si
consideramos que el primer aspecto que abarca el derecho a una informa-
ción veraz para la víctima –generalmente lega en Derecho– es el relativo a
que se le informe de los derechos que tiene al interior del proceso, pues de
muy poco sirve que tenga tales derechos si no sabe que los tiene, ni cuáles
son las garantías que existen para proteger tales derechos.

[177] Resulta adecuado tener en cuenta, como referencia, la Decisión Marco del Consejo de Europa 2001/220/
JAI, del 15 de marzo de 2001 relativa al Estatuto de la Víctima en el Proceso Penal, donde el derecho a la
información a la víctima se basa en dos niveles: una primera información de carácter asistencial, en la medi-
da que está dirigida a brindar asesoramiento jurídico sobre donde presentar la denuncia y las consecuencias
de iniciar un proceso penal y, una segunda información sobre el curso del proceso penal a fin de facilitar su
participación activa en el mismo garantizando la posibilidad de ser oída durante las actuaciones y de facilitar
elementos de prueba. Por su parte la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, del 25 de
octubre de 2012, y que sustituye a la Decisión Marco del Consejo de Europa 2001/220/JAI, del 15 de marzo
de 2001, señala clara y expresamente el derecho de la víctima a recibir información desde el primer momento

109
Elky Alexander Villegas Paiva

La Corte Constitucional colombiana[178], sobre este aspecto, sostiene que no


se precisa de una intervención en sentido procesal para que las autoridades
de investigación asuman los deberes que imponen la garantía de comuni-
cación (entiéndase, para nosotros, información) que se proyecta en dos ám-
bitos: (i) información acerca de los derechos que el orden jurídico estable-
ce para garantizar sus intereses en el proceso penal, y (ii) acceso a la infor-
mación acerca de las circunstancias en que se cometió el delito, que forma
parte del derecho, que forma parte del derecho “a saber”, el cual se materia-
liza con la posibilidad de acceso al expediente o a las diligencias desde sus
primeros desarrollos. La interconexión e interdependencia que existe entre
los derechos a la verdad, a la justicia, y a la reparación exige que la garantía
de comunicación se satisfaga desde el primer momento en que las víctimas
entran en contacto con los órganos de investigación. Los derechos a la jus-

en que entra en contacto con la autoridad, así establece de manera vinculante para el ámbito europeo lo si-
guiente: “Artículo 4: Derecho a recibir información desde el primer contacto con una autoridad competente
1. Los Estados miembros garantizarán que se ofrezca a las víctimas la información que se enuncia a continua-
ción, sin retrasos innecesarios, desde su primer contacto con la autoridad competente, a fin de que puedan
acceder al ejercicio de los derechos establecidos en la presente Directiva:
a) el tipo de apoyo que podrán obtener y de quién obtenerlo, incluida, si procede, información básica sobre el
acceso a atención médica, cualquier apoyo de especialistas, incluido el apoyo psicológico, y alojamiento al-
ternativo;
b) los procedimientos de interposición de denuncias relativas a infracciones penales y su papel en relación
con tales procedimientos;
c) el modo y las condiciones en que podrá obtener protección, incluidas las medidas de protección;
d) el modo y las condiciones para poder obtener asesoramiento jurídico, asistencia jurídica o cualquier otro
tipo de asesoramiento;
e) el modo y las condiciones para poder acceder a indemnizaciones;
f) el modo y las condiciones para tener derecho a interpretación y traducción;
g) si residen en un Estado miembro distinto de aquel en el que se ha cometido la infracción penal, las medidas,
procedimientos o mecanismos especiales que están disponibles para la defensa de sus intereses en el Estado
miembro en el que se establece el primer contacto con una autoridad competente;
h) los procedimientos de reclamación existentes en caso de que la autoridad competente actuante en el marco
de un proceso penal no respete sus derechos;
i) los datos de contacto para las comunicaciones sobre su causa;
j) los servicios de justicia reparadora existentes;
k) el modo y las condiciones para poder obtener el reembolso de los gastos en que hayan incurrido como re-
sultado de su participación en el proceso penal.
2. La extensión o detalle de la información enunciada en el apartado 1 podrá variar dependiendo de las nece-
sidades específicas y las circunstancias personales de la víctima, y el tipo o carácter del delito. Podrán faci-
litarse también detalles adicionales en fases posteriores, en función de las necesidades de la víctima y de la
pertinencia de esos detalles en cada fase del procedimiento.
[178] Ante la ausencia de pronunciamientos por parte de nuestra judicatura, recurrimos una vez más a la jurispru-
dencia colombiana que desde hace ya algunos años viene sentando importantes criterios sobre los derechos
de las víctimas de ilícitos penales.

110
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

ticia y a la reparación pueden verse menguados si se obstruye a las víctimas


las posibilidades de acceso a la información desde el comienzo de la inves-
tigación a efectos de que pueden contribuir activamente con el aporte de
pruebas e información relevante sobre los hechos[179].

Asimismo, en el artículo 95, inciso 1, literal a) del CPP de 2004 se afirma que
el agraviado debe ser informado de los resultados de las actuaciones en que
haya intervenido, así como del resultado del procedimiento, aun cuando no
haya intervenido en él, siempre que lo solicite.

Las víctimas deben ser informadas oportunamente y detalladamente[180] so-


bre las principales etapas del proceso. Como se ha indicado, la falta de infor-
mación sobre el progreso del caso es uno de los aspectos que causa mayor
frustración e insatisfacción a las víctimas. Es deber de quienes fungen como
miembros de la Policía, fiscales y jueces mantener un contacto permanen-
te con las víctimas e informarles inmediatamente de las actuaciones proce-
sales que se piensa tomar incluyendo, especialmente, las decisiones negati-
vas para las víctimas, como pueden ser las decisiones de archivo, peticiones
de sobreseimiento, entre otros. Consideramos que la víctima debe ser infor-
mada, aun cuando no lo haya solicitado, sobre cualquier resolución judicial,
sobre el cual se configure el menor indicio de que la seguridad de las vícti-
mas o sus allegados pueda verse afectada por el contenido de la resolución.
Por ejemplo en el caso que se resuelva por el cese de la prisión preventiva,
lo cual podría ocasionar que el imputado al estar libre busque acercarse a la
víctima para intimidarla, amenazarla, etc.[181].

[179] Cfr. Corte Constitucional colombiana. Sentencia C-1154 de 2005.


[180] En esta perspectiva en la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, del 25 de octubre de
2012 se ha señalado que: “Cuando se facilite información, se debe ofrecer el grado de detalle suficiente para
garantizar que se trata a las víctimas de manera respetuosa y permitirles adoptar decisiones con conocimien-
to de causa sobre su participación en los procesos. A este respecto, es especialmente importante la informa-
ción que permite a la víctima conocer la situación en que se encuentra cualquier procedimiento, así como la
información que permita a la víctima decidir si solicitará la revisión de una decisión de no formular acusación.
A menos que se exija de otro modo, la información comunicada a la víctima debe poder facilitarse verbalmen-
te o por escrito, incluso por medios electrónicos”.
[181] Esto ha sido reconocido ya en la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, del 25 de oc-
tubre de 2012 al señalarse que: “Es preciso facilitar a las víctimas información específica sobre la puesta en
libertad o la fuga del infractor si lo solicitan, al menos en los casos en que exista un peligro o un riesgo con-
creto de daños para las víctimas, a no ser que exista un riesgo concreto de daños para el infractor que pudiera
resultar de la notificación. Cuando exista un riesgo concreto de perjuicios para el infractor que pudiera resultar
de la notificación, la autoridad competente deberá tener en cuenta todos los riesgos a la hora de determinar
la acción apropiada. La referencia a ‘riesgo concreto de daños para las víctimas’ debe incluir factores como el
carácter o la gravedad del delito y el riesgo de represalias. Por tanto, no debe aplicarse a las situaciones de
infracciones leves, en las que, por lo tanto, existe un mínimo riesgo de daños para la víctima”.

111
Elky Alexander Villegas Paiva

En esta perspectiva cuando en el CPP de 2004 se establece que el agravia-


do debe ser informado de los resultados de las actuaciones en que haya in-
tervenido, y del resultado del procedimiento aun cuando no haya interveni-
do, siempre que lo solicite, debe ser entendido como la obligación que tie-
nen las autoridades que administran justicia de comunicarles a las víctimas,
cuando ellas lo pidan, sobre la inadmisión de la denuncia, el archivo de las
diligencias[182], el sobreseimiento de la causa, el fallo de la sentencia, etc. Es
más, tratándose del pedido de sobreseimiento, consideramos que el juez
debe ordenar que tal requerimiento sea comunicado a la víctima, aun cuan-
do ella no lo haya solicitado, esto con la finalidad de que ella pueda objetar
tal pedido del fiscal. Y en todo caso, aun sir ser solicitado, se le debe comu-
nicar sobre el sobreseimiento otorgado y la resolución del fallo de la senten-
cia, para que de esa manera al ser de su conocimiento pueda ejercer su de-
recho a impugnar el sobreseimiento y la sentencia absolutoria, derecho re-
conocido en el artículo 95.1.d del CPP de 2004.

Ahora, si bien es cierto que el CPP de 2004 refiere que el resultado del pro-
cedimiento debe ser informado solo si la víctima lo solicita, entonces cree-
mos que una forma de compatibilizar esto con lo dicho en las últimas líneas
del párrafo anterior, sería el de determinar un momento procesal en el que
la víctima sea ilustrada de cuál es el alcance de su derecho a la información,
preguntándole además para que indique si en el futuro quiere ser informa-
da o no de aquellos extremos del proceso que el CPP de 2004 le reconoce
tal facultad de opción (v. gr. decidir si es informada o no del resultado del
procedimiento).

Otra manera por la cual pueda garantizarse el derecho a una información


veraz a favor de la víctima es que, tanto desde las diligencias preliminares,
como en la investigación preparatoria, pueda tener acceso a la carpeta fis-
cal de modo que ella misma o a través de su abogado pueda acceder a los
actuados del proceso, siendo esta una de las mejores formas de estar infor-
mada sobre el mismo.

[182] Al respecto la Corte Constitucional colombiana en la Sentencia C-1154 de 2005 ha dicho: “La decisión de ar-
chivo puede tener incidencia sobre los derechos de las víctimas. En efecto, a ellas les interesa que se adelante
una investigación previa para que se esclarezca la verdad y se evite la impunidad. Por lo tanto, como la deci-
sión de archivo de una diligencia afecta de manera directa a las víctimas, dicha decisión debe ser motivada
para que estas puedan expresar su inconformidad a partir de fundamentos objetivos y para que las víctimas
puedan conocer dicha decisión. Para garantizar sus derechos la Corte encuentra que la orden de archivo de
las diligencias debe estar sujeta a su efectiva comunicación a las víctimas, para el ejercicio de sus derechos”.

112
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Abona a favor de esta idea lo prescrito en el inciso 1 del artículo 324 del CPP
de 2004, cuando señala que solo podrán enterarse del contenido de la in-
vestigación las partes de manera directa o a través de sus abogados debida-
mente acreditados en autos. Si bien podría decirse contra ello, que el cita-
do código hace alusión a las “partes” del proceso, lo que se podría entender
tanto al imputado, y en todo caso al agraviado pero únicamente cuando se
haya constituido en actor civil, sin embargo, consideramos que atender a es-
te último supuesto, significaría restringir demasiado el derecho a la informa-
ción que tiene la víctima, derecho que le asiste por el solo hecho de ser tal, al
margen de su participación en el proceso o de su constitución en actor civil.

6. DERECHO A SER ESCUCHADO EN EL PROCESO

Es imprescindible que los puntos de vista de la víctima sean tomados en


cuenta en el transcurso del proceso, dado que no es simplemente un obje-
to de protección, sino un ser humano que tiene derecho a expresar sus su-
frimientos, ansiedades, emociones, intereses y expectativas.

Por tal razón se ha reconocido el derecho de la víctima a ser escuchado u oí-


do, el cual viene a concretizar la posibilidad de acceder a un tribunal de jus-
ticia[183], pues si una persona reclama que se le permita acceder a los órga-
nos jurisdiccionales, es precisamente para que sea escuchada, para que ma-
nifieste preocupaciones, las afecciones que viene sufriendo y solicite la tute-
la de sus derechos que se encuentran siendo vulnerados, asimismo susten-
tar la reparación que pretende como resarcimiento a los daños causados a
sus bienes jurídicos.

Ello determina que la Declaración de la ONU sobre los Principios Fundamen-


tales de Justicia para las Víctimas de Delitos y del Abuso de Poder recoja que
las opiniones y preocupaciones de las víctimas deban ser presentadas y exa-
minadas en las etapas apropiadas de las actuaciones, siempre que estén en
juego sus intereses, y siempre y cuando se hagan con el debido respeto al

[183] En este sentido, la Corte IDH ha conceptualizado el derecho a ser oído o escuchado como aquel que exi-
ge que toda persona pueda tener acceso al tribunal u órgano estatal encargado de determinar sus dere-
chos y obligaciones. Cf. Corte IDH. Caso Apitz Barbera y otros vs. Venezuela. Excepción Preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia del 5 de agosto de 2008, párrafo 72; Caso Bayarri vs. Argentina. Excepción
Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 30 de octubre de 2008, párrafo 101; y Caso Cabrera
García y Montiel Flores vs. México. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 26
de noviembre de 2010, párrafo 140.

113
Elky Alexander Villegas Paiva

resto de partes procesales. El proceso debe dejar cabida a que la víctima ma-
nifieste su opinión en consideración a su vivencia personal y única del delito
cometido, de las consecuencias que reportarán en su futuro y de la satisfac-
ción que pueda brindarle o no la respuesta procesal iniciada. El juez podrá
después desatender tal consideración, si bien sobre la base de un juicio ex-
teriorizable que ponga en evidencia su legalidad y conveniencia.

En el ámbito europeo la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del


Consejo del 25 de octubre de 2012, señala que: “No se puede hacer justicia
si no se permite a las víctimas explicar las circunstancias del delito y apor-
tar pruebas de forma comprensible para las autoridades competentes. Es
igualmente importante garantizar que se trata a la víctima con respeto y
que pueda ejercer sus derechos. Por lo tanto, siempre debe proporcionar-
se a la víctima un servicio de interpretación gratuito, durante el interrogato-
rio y para facilitarle su participación activa en las vistas judiciales, de acuer-
do con el estatuto de la víctima en el sistema judicial penal pertinente. Pa-
ra otros aspectos del proceso penal, la necesidad de interpretación y tra-
ducción puede variar en función de cuestiones específicas, del estatuto de
la víctima en el sistema judicial penal pertinente y su implicación en las ac-
tuaciones, y de los derechos específicos que la asistan. Solo es preciso ofre-
cer interpretación y traducción para estos otros casos en la medida necesa-
ria para que las víctimas ejerzan sus derechos”.

Por su parte el CPP de 2004, prescribe que en la etapa preparatoria la víc-


tima debe ser escuchada en las audiencias de los medios de defensa téc-
nicos en donde se pueda resolver sobre la suspensión y extinción de la ac-
ción penal, siempre y cuando lo solicite (artículo 95.1.b). Igualmente en
la etapa intermedia deberá ser escuchado en la audiencia de control de
requerimiento fiscal de sobreseimiento, siempre que lo solicite (artículo
95.1.b). Asimismo, y sin perjuicio de poder ser citado e interrogado en el
juicio oral, el agraviado tiene derecho a exponer sus alegatos finales, así
no haya intervenido en el proceso y sin haberse constituido en actor civil
(artículo 386.3).

Sobre el derecho de la víctima a ser escuchado en el proceso, la Corte IDH


ha manifestado este derecho no solo exige que la víctima sea oída por un
juez o tribunal, sino que pueda participar ampliamente del proceso. Así, en
el Caso Tribunal Constitucional vs. Perú, la Corte señaló que, debido a una
serie de vicios apuntados, no se permitió a los magistrados contar con un
proceso que reuniera las garantías mínimas del debido proceso, y se limitó

114
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

el derecho de las víctimas a ser oídas por el órgano que emitió la decisión y,
además, se restringió su derecho a participar en el proceso[184].

Además, la citada Corte, a través de su jurisprudencia, ha establecido que el


derecho a ser oído se relaciona con otros derechos de la Convención Ameri-
cana, tales como el derecho de defensa y el deber de motivación de las de-
cisiones, por ejemplo. De esta manera, la Corte ha establecido que el deber
de motivación constituye una prueba de que las partes han sido oídas. Así,
en el Caso Tristán Donoso vs. Panamá, afirmó que la ausencia de una debi-
da fundamentación origina decisiones arbitrarias. Por tanto, la argumenta-
ción de un fallo debe mostrar que han sido debidamente tomados en cuen-
ta los alegatos de las partes y que el conjunto de pruebas ha sido analiza-
do. En esa línea, la Corte ha indicado que en los casos en los que las decisio-
nes son recurribles se ofrece a dichas partes la posibilidad de criticar la re-
solución y examinar la cuestión ante instancias superiores[185]. Resulta im-
portante el razonamiento que ha elaborado la Corte pues esta interrelación
propuesta entre los derechos mencionados corrobora que el deber de mo-
tivación es intrínseco al artículo 8.1; y que en los casos en los que dicho de-
ber no haya sido garantizado por el Estado, las víctimas podrán ofrecer co-
mo prueba una decisión carente de una debida motivación y así demostrar
que el derecho a ser oído fue violado.

Por otro lado la Corte IDH en el Caso Barbani Duarte y otros vs. Uruguay se-
ñaló que el derecho a ser oído consagrado en el artículo 8.1 presenta dos
ámbitos:

“(...) por un lado, un ámbito formal y procesal de asegurar el acceso


al órgano competente para que determine el derecho que se reclama
en apego a las debidas garantías procesales (tales como la presenta-
ción de alegatos y la aportación de prueba). Por otra parte, ese dere-
cho abarca un ámbito de protección material que implica que el Esta-
do garantice que la decisión que se produzca a través del procedimien-
to satisfaga el fin para el cual fue concebido. Esto último no significa

[184] Cf. Corte IDH. Caso del Tribunal Constitucional vs. Perú. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 31 de
enero de 2001, párr. 81.
[185] Cf. Corte IDH. Caso Tristán Donoso vs. Panamá. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia del 27 de enero de 2009, párrafo 153. Tales criterios ha sido acogidos igualmente en los casos
Chocrón Chocrón vs. Venezuela. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 1 de ju-
lio de 2011, párrafo 118 y Caso López Mendoza vs. Venezuela. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del
1 de septiembre de 2011, párrafo 148.

115
Elky Alexander Villegas Paiva

que siempre deba ser acogido sino que se debe garantizar su capaci-
dad para producir el resultado para el que fue concebido”[186].

7. DERECHO A LA DEFENSA

Si una persona tiene el derecho de acceder a los tribunales de justicia, es pa-


ra que esta en defensa de sus derechos pida protección para los mismos, y
si el desarrollo del proceso al que se ha accedido debe ser uno con todas las
garantías donde se tutele adecuadamente sus derechos vulnerados, enton-
ces es una necesidad imperiosa que ella misma pueda ejercer la defensa de
sus derechos en el proceso. Es desde esta perspectiva que se entiende que
las víctimas también gozan del derecho de defensa.

Si bien desde un enfoque tradicional, en el ámbito del proceso penal[187], el


derecho de defensa generalmente es entendido como solamente uno que
le asiste al imputado al interior del proceso[188], consideramos que ello no es
correcto, pues este derecho es uno de carácter fundamental que le perte-
nece a toda persona sin excepción –y no solo a aquella que se le atribuya la
comisión de un hecho punible– que acude (voluntariamente u obligatoria-
mente) ante el Estado, para la tutela de sus intereses y pretensiones.

Como dice Maier “el derecho de defensa no solo se limita a la protección del
imputado, sino también a otras personas que pueden intervenir en el proce-
so, como el actor civil o el tercero”[189]. A lo dicho por el citado autor nosotros

[186] Cf. Corte IDH. Caso Barbani Duarte y otros vs. Uruguay. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 13 de
octubre de 2011, párrafo 136.
[187] El derecho de defensa alcanza a todas las personas que se vean sometidos a cualquier clase de proceso (ci-
vil, penal, administrativo, laboral, etc.), sin embargo, por la naturaleza propia de nuestro trabajo nos limitamos
a su estudio en el campo del proceso penal.
[188] Así por ejemplo Salas Beteta, cuando sostiene que: “Limitando el análisis del derecho de defensa al ámbito
del proceso penal, lo podemos definir como el derecho público constitucional que le asiste a toda persona
física a quien le pueda atribuir la comisión de un hecho punible, mediante cuyo ejercicio se garantiza al
imputado la asistencia técnica de un abogado defensor y se le concede a ambos la capacidad de postulación
necesaria para oponerse eficazmente a la pretensión punitiva y poder hacer valer dentro del proceso el dere-
cho constitucional a la libertad del ciudadano.
Existiendo una imputación nace el derecho de defensa, lo que importa reconocer que el imputado tiene,
en cuanto posibilidad procesal, el derecho de acceder al proceso o a la investigación, esto es, a ser oído por la
autoridad en todas y cada una de las instancias en que la causa se desenvuelva” (SALAS BETETA, Christian.
El proceso penal común. Ob. cit., p. 52; el resaltado es nuestro).
[189] MAIER, Julio. Derecho Procesal Penal argentino. Tomo I, Vol. B, 2ª edición, AFA editores, Buenos Aires,
2001, p. 307.

116
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

agregaríamos, que no es necesario que la víctima se constituya en actor ci-


vil para que pueda ejercer el derecho de defensa, pues ella por el solo hecho
de ser víctima tiene una serie de derechos al interior del proceso penal que
deben ser debidamente resguardados, por lo que se hace patente que pue-
da ejercitar el derecho de defensa.

En ese sentido, el derecho de defensa es aquel derecho fundamental[190] atri-


buido a todas las partes del proceso y que debe ser respetado por el tribu-
nal que conoce del mismo, y tiene como presupuesto mínimo la necesidad
de que estas sean oídas, en el sentido de que puedan alegar y demostrar pa-
ra conformar la resolución judicial, y que se conozcan y puedan rebatir so-
bre los materiales de hecho y de derecho que puedan influir en la resolu-
ción judicial.

Como se sabe este derecho de defensa comprende dos aspectos: por un la-
do, una defensa material, que en el caso en específico de la víctima se da-
rá cuando sea ella misma la que ejerza su defensa, ya sea declarando la for-
ma en que ocurrieron los hechos, o sustente la pretensión de la reparación,
y por otro lado, una defensa técnica, lo que implica que deba ser asesora-
da por un abogado, el mismo que debería proveerle el Estado, por ello se ha
implementado por el Ministerio Público –dentro de su Unidad de Asistencia
a Víctimas y Testigos– a unos profesionales del Derecho que deberían aseso-
rarlos en todo lo que las víctimas necesiten, sin embargo, ello hasta el día de
hoy se ha mostrado muy tímidamente, debiendo los abogados ejercer más
activamente estas funciones asignadas.

Y es que si sostenemos que los derechos de la víctima deben ser equivalen-


tes a los del inculpado, quien desde la averiguación previa tiene derecho a
asistencia jurídica, entonces la víctima también debe contar con un verda-
dero asistente legal, que le ilustre, le aconseje, y le patrocine gratuitamente,
pues de lo que se trata es de una defensa procesal eficaz.

El encargado de asesorar a las víctimas del delito –que en nuestro medio, tal
como acabamos de señalar, lo hace el Ministerio Público a través de los abo-
gados pertenecientes a la Unidad de Asistencia a Víctimas y Testigos– no so-
lo les debe informar sobre sus derechos, sino que también debe explicar las

[190] El derecho a la defensa se encuentra en el artículo 139, inciso 14 de la Constitución Política de 1993, igual-
mente se halla regulado en el artículo 11, inciso 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; el
artículo 14, inciso 3, parágrafo d) del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; el artículo 8, inciso 2,
parágrafo d) de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

117
Elky Alexander Villegas Paiva

formas y mecanismos para que los mismos se hagan efectivos y de proce-


der, lo gestione como corresponda. La asesoría jurídica debe implicar comu-
nicación constante entre víctima y Ministerio Público, quien deberá mante-
nerles informados en todo momento de las actuaciones y sus alcances den-
tro del procedimiento; en suma, tenerles al tanto de los pormenores del pro-
cedimiento penal.

Igualmente a las víctimas que por carencias económicas no puedan pagar un


abogado particular, podrán acceder a uno a través de la Defensoría Pública, ello
dado que el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos ha creado recientemen-
te la Dirección de Asistencia Legal y Defensa de Víctimas. Sin embargo, dado el
corto tiempo de su creación aún no existen informes sobre su rendimiento.

Por otro lado, como manifestaciones del derecho de defensa, tenemos que
el CPP de 2004, prevé que la víctima, aún cuando no se hayan constituido
en actor civil, podrá:

Interponer recurso de queja contra la disposición fiscal que archiva la inves-


tigación, solicitando se eleve al superior jerárquico para su revisión (artículo
334.5).

Solicitarle al fiscal requiera al imputado señalar bienes libres susceptibles de


ser embargados (artículo 302).

Ni bien se formalice la investigación, puede solicitar al juez de la investiga-


ción preparatoria que se le constituya como actor civil (artículos 98 y 100).

Impugnar las resoluciones que sobresean el proceso (artículo 95.1.d).

En los delitos de usurpación, a solicitar el desalojo preventivo (artículo 311).

7.1. La audiencia de tutela de derechos como manifestación del derecho


de defensa a favor de la víctima
Se ha dicho que la víctima tiene derechos que deben ser tutelados desde el
primer momento del proceso, es decir desde la primera etapa de dicho pro-
ceso, esto es la investigación preparatoria que comprende a las diligencias
preliminares y la investigación preparatoria propiamente dicha[191].

[191] Véase: Sala Penal Permanente de la Corte Suprema de Justicia. Casación Nº 2-2008-La Libertad, Magistrado
ponente Zecenarro Mateus: “(…) la etapa de investigación preparatoria presenta, a su vez dos subetapas:
la primera correspondiente a las diligencias preliminares y la segunda que corresponde a la investigación

118
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Entonces, ¿qué sucede si en tales instancias resultan afectados los derechos


de las víctimas? Por ejemplo, su derecho a la información, en el caso de que
haya intervenido en diversas diligencias de investigación, y al solicitar infor-
mación sobre el resultado de ellas, el Fiscal le niega concederle tal informa-
ción sin causa justificada alguna: ¿qué mecanismos tiene el agraviado para
que se resguarde su derecho?

Creemos que la víctima puede acudir al juez de la investigación preparato-


ria para solicitarle que ponga coto a la afectación de sus derechos. Y es que
este juez es el encargado de que no sean violados los derechos y garantías
constitucionales de cualquier sujeto procesal, resaltamos este último aspec-
to porque suele pensarse que solo debe velar por las garantías de una de
las partes: el imputado, lo cual no es correcto, es un juez de garantías para
todos, no solo de una, no es defensor de una de las partes como si fuera su
abogado, el juez de la investigación preparatoria es defensor de la legalidad
del proceso, de que este se desarrolle con todas las garantías.

En ese sentido la víctima puede solicitar al juez de la investigación prepara-


toria la audiencia de tutela para la protección de sus derechos. En el sistema
de enjuiciamiento acusatorio actual la víctima ha recobrado su papel y por
ello se busca proteger y facilitarle el uso de sus derechos. En este contexto
es factible que se facilite a la víctima un medio eficaz, como es la audiencia
de tutela, para la protección de sus derechos.

Lo afirmado se encuentra en consonancia con el derecho de defensa, el cual


reafirma tal postura al definirse como la garantía dentro del proceso penal
que posibilita el ejercicio de los derechos de información y de participación
procesal a la persona agraviada o perjudicada por el delito, estando obliga-
da la autoridad pública a velar por su protección y a brindarle un trato acor-
de con su condición.

Además, si el imputado tiene derecho de solicitar la corrección de los actos


ilegales que causen perjuicio o desconozcan sus derechos, la última pue-
de hacer lo mismo en virtud del principio de igualdad. La garantía de igual-
dad de armas o igualdad procesal debe proyectarse al interior del proceso

preparatoria propiamente dicha. En ese contexto la fase de diligencias preliminares tiene un plazo distinto, el
mismo que está sujeto a control conforme dispone el inciso segundo del numeral ciento cuarenta y cuatro del
Código Procesal Penal (…).

119
Elky Alexander Villegas Paiva

penal traduciéndose en el mandato de que debe atenderse los derechos de


la víctima.

Ahora si bien el artículo 71 del CPP de 2004 solo prevé que el imputado pue-
de recurrir a través de la tutela de derechos cuando estos hayan sido violen-
tados, no es menos cierto que la víctima y con mucha mayor razón, el actor
civil en virtud de un argumento lógico a pari también lo puede hacer, al es-
tar conforme al nuevo sistema procesal en igualdad de condiciones y dere-
chos que el imputado.

Con más claridad se puede notar ello en el numeral 3 del artículo I del Títu-
lo Preliminar del CPP de 2004, el cual sostiene que las partes intervendrán
en el proceso con “iguales posibilidades de ejercer las facultades y derechos
previstos en la Constitución y en este Código”, y que los jueces preservarán
el principio de igualdad procesal, debiendo allanar todos los obstáculos que
impidan o dificulten su vigencia. Por lo tanto, los jueces –en este caso el Juez
de la investigación preparatoria– tienen el deber de preservar la igualdad
procesal de las partes, así como de allanar todos los obstáculos que impidan
o dificulten la plena eficacia de dicho principio, de forma tal que se admita
que si la víctima es conculcada en sus derechos, pueda solicitar la tutela de
derechos y obtener amparo del juez de garantías.

El derecho de igualdad procesal debe proyectarse al interior del proceso pe-


nal, traduciéndose en el mandato de que cualquier sujeto que recurra a la
justicia ha de ser atendido por los tribunales conforme a unas mismas re-
glas, y con sujeción a un procedimiento común, igual y fijo para todas las
partes procesales.

Si bien sostenemos que la víctima también puede acudir a la acción de tu-


tela de derechos, es menester señalar que al igual que el caso del imputa-
do dicho instituto solo debe ser utilizado residualmente, es decir, cuando no
exista vía idónea para el problema suscitado, y en todo caso la víctima, en un
primer momento, deberá acudir al propio fiscal para solicitar las subsanacio-
nes correspondientes en orden a la precisión de los hechos atribuidos, y so-
lo ante la desestimación del fiscal o ante la reiterada falta de respuesta por
aquel –que se erige en requisito de admisibilidad–, y siempre frente a una
vulneración patente de su derecho.

El derecho de defensa y la igualdad, en los cuales basamos nuestro posición


respecto a la posibilidad que tiene la víctima de acudir a la tutela de dere-
chos, son principios rectores del proceso penal acusatorio, y es precisamente

120
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

por ello que se les ha ubicado en el Título Preliminar del CPP de 2004[192],
lo cual implica –y de acuerdo al artículo X del mismo Título Preliminar[193]–
que prevalecen sobre cualquier otra disposición del citado código, disposi-
ciones que además deben ser interpretadas conforme a aquellos principios
rectores, en cuanto estos constituyen su fundamento. Entonces las disposi-
ciones normativas que regulan el instituto de la tutela de derechos, deben
estar sometidas a los derechos aludidos, por cuanto estos prevalecen sobre
aquellas, y esas mismas disposiciones deben ser interpretadas conforme a
tales derechos.

Los derechos a los que hacemos referencia, son además fundamentales o


constitucionales, lo que significa que haciendo una evaluación de constitu-
cionalidad de la tutela de derechos, debe buscarse el sentido que armonice
con los postulados constitucionales.

Pero además de ello, y en armonía con lo anterior, existe un argumento adi-


cional para sostener que la víctima puede hacer uso de la tutela de dere-
chos, y nos referimos al denominado control de convencionalidad[194], esto

[192] El derecho a la igualdad se encuentra prescrito en el artículo I.3 del CPP de 2004 en los siguientes términos:
“Las partes intervendrán en el proceso con iguales posibilidades de ejercer las facultades y derechos previs-
tos en la Constitución y en este Código. Los jueces preservarán el principio de igualdad procesal, debiendo
allanar todos los obstáculos que impidan o dificulten su vigencia”. Por su parte el derecho de defensa se ubi-
ca en el artículo IX, en lo que interesa en el numeral 3 se sostiene que “el proceso penal garantiza, también,
el ejercicio de los derechos de información y de participación procesal a la persona agraviada o perjudicada
por el delito. La autoridad pública está obligada a velar por su protección y a brindarle un trato acorde con su
condición”.
[193] CPP de 2004. Artículo X.- “Las normas que integran el presente Título prevalecen sobre cualquier otra dispo-
sición de este Código. Serán utilizadas como fundamento de interpretación”.
[194] Sobre el control de convencionalidad, entre otros, véase: GARCÍA RAMÍREZ, Sergio. “El control interno de
convencionalidad”. En: Ius. N° 28, Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla, Puebla, julio-diciembre de 2011,
p. 124 y ss.; BAZÁN, Víctor. “Control de convencionalidad, aperturas dialógicas e influencias jurisdicciona-
les recíprocas”. En: Revista Europea de Derechos Fundamentales. N° 18, 2º semestre de 2011, p. 68 y ss.;
REY CANTOR, Ernesto. Control de convencionalidad de las leyes y derechos humanos. Porrúa-Instituto
Mexicano de Derecho Procesal Constitucional, México D.F, 2008, pássim; JINESTA, Ernesto. “Control de con-
vencionalidad ejercido por los Tribunales y Salas Constitucionales”. En: FERRER MAC-GREGOR, Eduardo.
(coordinador). El control difuso de convencionalidad. Dialogo entre la Corte Interamericana de Derechos
Humanos y los jueces nacionales. Fundación Universitaria de Derecho, Querétaro, 2011, p. 3 y ss.; IBÁÑEZ
RIVAS, Juana María. “Control de convencionalidad: precisiones para su aplicación desde la jurisprudencia
de la Corte Interamericana de Derechos Humanos”. En: Anuario de Derechos Humanos. N° 8, Centro de
Derechos Humanos-Universidad de Chile, Santiago, 2012, p. 103 y ss.; CARLOS HITTERS, Juan. “Control
de constitucionalidad y control de convencionalidad. Comparación”. En: Estudios Constitucionales. Año 7,
Nº 2, Centro de Estudios Constitucionales de Chile, Universidad de Talca, Talca, 2009, p. 109 y ss.; FERRER
MAC-GREGOR, Eduardo. “El control difuso de convencionalidad en el Estado constitucional”. En: FIX-
ZAMUDIO, Héctor y VALADÉS, Diego (coordinadores). Formación y perspectiva del Estado mexicano. El
Colegio Nacional-UNAM, México D.F, 2010, p. 151 y ss.; FERRER MAC-GREGOR, Eduardo. “Interpretación
conforme y control difuso de convencionalidad el nuevo paradigma para el juez mexicano”. En: Derechos
Humanos: Un nuevo modelo constitucional. IIJ-UNAM, México D.F, 2011, p. 349 y ss.; en el ámbito nacional

121
Elky Alexander Villegas Paiva

es el control del grado de compatibilidad que debe existir entre los actos y
decisiones de las autoridades estatales con las convenciones internaciona-
les de derechos humanos que han sido suscritas y ratificadas por el país[195].
La obligación de llevar a cabo este examen de convencionalidad[196], se de-
riva del principio de adecuación del Derecho interno al Derecho internacio-
nal que se encuentra reconocido en el artículo 27 de la Convención de Vie-
na sobre el Derecho de los Tratados de 1969.

En tal sentido, nuestra posición se basa en el compromiso de las autoridades


de los Estados que forman parte del sistema universal de protección de los
derechos humanos (artículo 2.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles
y Políticos) o de un sistema regional (artículo1 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos), de respetar y garantizar los derechos humanos
de todas las personas en general, no solo de aquellas que se encuentren en
la situación de imputados, de forma que no se puede alegar como justifica-
ción, las disposiciones u omisiones de la legislación interna.

véase: TORRES ZÚÑIGA, Natalia. El control de convencionalidad: deber complementario del juez constitu-
cional peruano y el juez interamericano (similitudes, diferencias y convergencias). Tesis para optar el Título de
Licenciada en Derecho, PUCP, Lima, 2012, passim.
[195] SAGUÉS, Pedro Néstor. “El control de convencionalidad en el Sistema Interamericano, y sus anticipos en
el ámbito de los derechos económico-sociales. Concordancias y diferencias con el sistema europeo. En:
FERRER MAC GREGOR, Eduardo (Coordinador). El control difuso de convencionalidad. Diálogo entre la
Corte Interamericana de Derechos Humanos y los jueces nacionales. FUNDAP, Querétaro, 2012, pp. 383-
384, explica que el control de convencionalidad es una creación jurisprudencial, por ende producto de un ac-
tivismo tribunalicio. La Corte interamericana lo funda básicamente en dos, o si se prefiere desdoblar uno de
ellos, en tres argumentos: i) el principio de la buena fe en el cumplimiento de las obligaciones internaciona-
les, por parte de los Estados (quienes se han comprometido a cumplir el Pacto de San José y a obedecer las
sentencias de la Corte), combinado con ii) el principio del efecto útil de los convenios, cuya eficacia no puede
ser mermada por normas o prácticas de los Estados, y iii) el principio internacionalista que impide alegar el
derecho interno para eximirse de aquellos deberes, a tenor del artículo 27 de la Convención de Viena sobre el
derecho de los tratados.
[196] La terminología utilizada, esto es “control de convencionalidad”, fue manejada por primera vez, en el caso
Myrna Mack Chang, en el año 2003, a través del voto razonado del Juez Sergio García Ramírez. El 7 de di-
ciembre de 2004 en el caso Tibi, dicho magistrado volvió a referirse sobre esta problemática, sosteniendo,
con buen tino, que la tarea de los jueces transnacionales se asemeja a la de los Tribunales Constitucionales,
ya que estos últimos inspeccionan los actos impugnados –disposiciones de alcance general– a la luz de las
reglas, los principios y valores de las leyes fundamentales, “La Corte Interamericana, por su parte, analiza
los actos que llegan a su conocimiento en relación con normas, principios y valores de los tratados en los
que funda su competencia contenciosa. Dicho de otra manera, si los tribunales constitucionales controlan la
‘constitucionalidad’, el tribunal internacional de derechos humanos resuelve acerca de la ‘convencionalidad’
de esos actos. A través del control de constitucionalidad, los órganos internos procuran conformar la actividad
del poder público –y, eventualmente, de otros agentes sociales– al orden que entraña el Estado de Derecho
en una sociedad democrática. El tribunal interamericano, por su parte, pretende conformar esa actividad al
orden internacional acogido en la convención fundadora de la jurisdicción interamericana y aceptado por los
Estados partes en ejercicio de su soberanía” (Corte IDH. Caso Tibi vs. Ecuador, Sentencia del 7 de setiembre
de 2004, Serie C No. 114, voto concurrente razonado del Juez Sergio García Ramírez, párr. 3).

122
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

En esa inteligencia el juez no puede señalar que la cautela de derechos ha


sido delineada para la protección de los derechos del imputado, cuando es
titular de una obligación convencional: tutelar los derechos humanos, den-
tro del ámbito de su competencia[197]. De modo que no pueda quedar nin-
guna de las partes en estado de indefensión, en el caso que estudiamos a la
víctima de un delito.

La Corte IDH ha señalado expresamente que:

“Los jueces y órganos vinculados a la administración de justicia en to-


dos los niveles están en la obligación de ejercer ex officio un ´control
de convencionalidad´ entre las normas internas y la Convención Ame-
ricana, en el marco de sus respectivas competencias y de las regula-
ciones procesales correspondientes. En esta tarea, los jueces y órga-
nos vinculados a la administración de justicia deben tener en cuenta
no solamente el tratado, sino también la interpretación que del mismo
ha hecho la Corte Interamericana, intérprete última de la Convención
Americana”[198].
De esto último se desprende que los fallos de la citada Corte y sus opinio-
nes consultivas forman parte del canon de convencionalidad en la medida
que la interpretación que realiza este órgano de justicia respecto de los de-
rechos protegidos en el Sistema IDH dota de contenidos a estos.

En ese sentido se ha pronunciado el actual presidente de la Corte IDH, Die-


go García-Sayán, en su voto concurrente emitido en el caso Cepeda Vargas
vs. Colombia, donde ha precisado que:

“(...) los tribunales nacionales están llamados a cumplir un papel crucial


por ser uno de los vehículos principales para que el Estado pueda tra-
ducir en el orden interno las obligaciones contenidas en los tratados
internacionales sobre derechos humanos, aplicándolos en su jurispru-
dencia y accionar cotidianos. Ciertamente no solo deben garantizar los
derechos asegurando la efectividad de los recursos judiciales internos,
sino que, además, deben poner en práctica las decisiones vinculantes

[197] BENAVENTE CHORRES, Hesbert. “El conocimiento de los cargos formulados en contra del imputado como
materia de la acción de tutela”. En: Gaceta Penal & Procesal Penal. Tomo 38, Gaceta Jurídica, Lima, agosto
de 2012, p. 62.
[198] Corte IDH. Caso Atala Riffo y Niñas vs. Chile. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 24 de febrero de
2012, párr. 282.

123
Elky Alexander Villegas Paiva

de la Corte Interamericana que interpretan y definen las normas y es-


tándares internacionales de protección de los derechos humanos”[199].
En una oportunidad posterior la Corte IDH ha sido más clara en los alcances
del control de convencionalidad señalando que:

“Cuando un Estado ha ratificado un tratado internacional como la Con-


vención Americana, sus jueces están sometidos a ella, lo que les obli-
ga a velar por que el efecto útil de la Convención no se vea mermado
o anulado por la aplicación de leyes contrarias a sus disposiciones, ob-
jeto y fin. En otras palabras, los órganos del Poder Judicial deben ejer-
cer no solo un control de constitucionalidad, sino también de conven-
cionalidad ex officio, entre las normas internas y la Convención Ameri-
cana, evidentemente en el marco de sus respectivas competencias y de
las regulaciones procesales pertinentes. Esta función no debe quedar
limitada exclusivamente por las manifestaciones o actos de los accio-
nantes en cada caso concreto, aunque tampoco implica que ese con-
trol deba ejercerse siempre, sin considerar otros supuestos formales y
materiales de admisibilidad y procedencia de este tipo de acciones”[200].

8. DERECHO A LA VERDAD

El derecho a la verdad versa sobre la posibilidad de que las víctimas puedan


saber lo que realmente sucedió en un acontecimiento criminal, cualquiera
sea la naturaleza delictiva de los hechos ocurridos.

A decir de Castillo Alva, en opinión que suscribimos: “El derecho a la verdad


tiene su fundamento en el respeto a la dignidad de la persona humana (artícu-
lo 1) y la justicia, elemento esencial de un Estado Constitucional y Democrá-
tico (artículo 43). La búsqueda de la verdad es un fin de la administración de
justicia. No es posible que en un Estado de Derecho la investigación, pro-
cesamiento y juicio por delitos, cualquiera sea su naturaleza, se realice sin

[199] Corte IDH. caso Cepeda Vargas vs. Colombia. Excepciones preliminares, fondo y reparaciones. Sentencia del
26 de mayo de 2010, párr. 30.
[200] Corte IDH. Trabajadores cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) vs. Perú. Excepciones Preliminares,
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 24 de noviembre de 2006, párr. 128.

124
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

aspirar a encontrar la verdad o se efectúe de espaldas o en contra de ellas.


Justicia y verdad, verdad y justicia, son dos caras de una misma moneda”[201].

La no búsqueda de la verdad en el proceso penal no solo lo priva de un sus-


tento racional, político y epistemológico, sino que termina por configurar
un sistema legal de injusticia, dado que la verdad está ligada históricamen-
te y de manera profunda a la idea misma de justicia. Basta observar que no
puede haber sentencia justa que se levante sobre hechos falsos, en una va-
loración arbitraria de las pruebas o que no haya cubierto los aspectos rele-
vantes del supuesto de hecho materia del proceso. Sin verdad no hay forma
de justicia posible. Como señala Ferrajoli: “Si una justicia penal completa-
mente con verdad constituye una utopía, una justicia penal completamente
sin verdad equivale a un sistema de arbitrariedad”[202].

Por ello se sostiene que el Estado no solo tiene la obligación de investigar


los hechos, sino también de garantizar que la víctima conozca la verdad de
los hechos. De modo que la ausencia de la participación activa de esta en la
investigación lo priva de conocer la verdad de lo sucedido[203].

La Corte IDH[204], considera que este derecho a la verdad ha venido siendo


desarrollado por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos; al ser
reconocido y ejercido en una situación concreta, ello constituye un medio
importante de reparación. Por lo tanto, da lugar a una expectativa que el Es-
tado debe satisfacer a los familiares de la víctima.

“El derecho a la verdad –sostiene la citada Corte– se encuentra subsumido


en el derecho de la víctima o sus familiares a obtener de los órganos compe-
tentes del Estado el esclarecimiento de los hechos violatorios y las responsabi-
lidades correspondientes, a través de la investigación y el juzgamiento que pre-
vienen los artículos 8 y 25 de la Convención”[205].

[201] CASTILLO ALVA, José Luis. “La validez de una sentencia penal. Acerca de la calificación de un hecho como
grave violación a los derechos humanos: Entre el respeto a las normas internas y el cumplimiento de la ju-
risprudencia de la Corte IDH. A propósito de la sentencia del caso Barrios Altos (Primera parte)”. En: Gaceta
Penal & Procesal Penal. Tomo 39, Gaceta Jurídica, Lima, setiembre de 2012, p. 80.
[202] FERRAJOLI, Luigi. Derecho y razón. Teoría del garantismo penal. Traducción de Perfecto Andrés Ibáñez y
otros, Trotta, Madrid, 1995, p. 45.
[203] MACHUCA FUENTES, Carlos. “El agraviado en el nuevo proceso penal peruano”. En: Actualidad Jurídica.
Tomo 168, Gaceta Jurídica, Lima, 2007, p. 120 y ss.
[204] Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Gómez Paquiyauri vs. Perú. Fondo, reparaciones y cos-
tas. Sentencia del 8 de julio de 2004, párr. 230.
[205] Corte IDH. Caso “Barrios Altos” (“Chumbipuma Aguirre y otros vs. Perú”), sentencia del 14 de marzo de 2001,
párrs. 47-49; Caso Almonacid Arellano y otros vs. Chile. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y

125
Elky Alexander Villegas Paiva

En tal sentido se afirma que el núcleo del derecho a la verdad exige que el
Estado, cuando tiene la noticia o información de la comisión de un delito,
más aún si constituye una grave violación a los derechos humanos, deba de-
sarrollar un conjunto de acciones positivas tendientes a la averiguación del
hecho y de las circunstancias de su comisión. Existe en este ámbito un au-
téntico deber de esclarecimiento dirigido a los órganos del Estado encarga-
dos de la investigación y persecución del delito (Ministerio Público y Policía
Nacional)[206].

El deber de esclarecimiento o de averiguación implica que las agencias esta-


tales correspondientes utilicen todos los medios posibles, necesarios y dis-
ponibles, de tal manera que ejecuten todas las acciones pertinentes con el
fin de averiguar la comisión o no de un delito y de identificar, de ser el caso,
a sus autores, fijando su nivel de intervención con base en la evidencia aco-
piada, y postulando su procesamiento y, de ser el caso, su condena.

Por lo tanto, dicho deber de investigar no consiste en una mera formalidad,


sino que debe ser asumida de manera completa, con “seriedad”. La Corte
IDH sostiene que la obligación de investigar:

“(…) debe emprenderse con seriedad y no como una simple formalidad


condenada de antemano a ser infructuosa. Debe tener un sentido y ser
asumida por el Estado como un deber jurídico propio y no como una
simple gestión de intereses particulares, que dependa de la iniciativa
procesal de la víctima o de sus familiares o de la aportación privada de
elementos probatorios, sin que la autoridad pública busque efectiva-
mente la verdad”[207].
Es así, que este deber de investigar debe cumplirse de manera adecuada y
suficiente (lo que no sucede, por ejemplo, si no se identifican a los respon-
sables o estos no son sometidos a proceso o no son sancionados). La Cor-
te IDH exige que como parte de la reparación integral y del deber de preve-
nir, se cumpla con esta obligación. Por esta razón es que la Corte conduce y

Costas. Sentencia del 26 de setiembre de 2006, párrafo 148; Caso Blanco Romero y otros vs. Venezuela.
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 28 de noviembre de 2005, párr. 62; y Caso Gómez Palomino vs.
Perú. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 22 de noviembre de 2005, párr. 78. (cursivas añadidas).
[206] CASTILLO ALVA, José Luis. “La validez de una sentencia penal. Acerca de la calificación de un hecho como
grave violación a los derechos humanos: Entre el respeto a las normas internas y el cumplimiento de la juris-
prudencia de la Corte IDH. A propósito de la sentencia del caso Barrios Altos (Primera parte)”. Ob. cit., p. 82.
[207] Corte IDH. Caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras. Sentencia de fondo, dictada el 29 de julio de 1988, párr.
177 (cursivas añadidas).

126
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

lleva a cabo la supervisión del cumplimiento de este mandato de investiga-


ción, sometimiento a juicio y sanción con base en parámetros desarrollados
por su jurisprudencia”[208].

Asimismo ha afirmado que:

“La ausencia de una investigación completa y efectiva sobre los hechos


constituye una fuente de sufrimiento y angustia adicional para las víc-
timas y sus familiares, quienes tienen el derecho de conocer la verdad
de lo ocurrido. Dicho derecho a la verdad exige la determinación pro-
cesal de la más completa verdad histórica posible, lo cual incluye la de-
terminación judicial de los patrones de actuación conjunta y de todas
las personas que de diversas formas participaron en dichas violaciones
y sus correspondientes responsabilidades”[209].
Adicionalmente, se enfatiza el papel democratizador de la investigación que
no solo tiene una manifestación individual, sino social, al considerarse que:

“[E]l derecho a conocer la verdad tiene como efecto necesario que en


una sociedad democrática se conozca la verdad sobre los hechos de
graves violaciones de derechos humanos. Esta es una justa expectativa
que el Estado debe satisfacer, por un lado, mediante la obligación de
investigar las violaciones de derechos humanos y, por el otro, con la di-
vulgación pública de los resultados de los procesos penales e investi-
gativos. Esto exige del Estado la determinación procesal de los patro-
nes de actuación conjunta y de todas las personas que de diversas for-
mas participaron en dichas violaciones y sus correspondientes respon-
sabilidades. Además, en cumplimiento de sus obligaciones de garanti-
zar el derecho a conocer la verdad, los Estados pueden establecer co-
misiones de la verdad, las que contribuyen a la construcción y preser-
vación de la memoria histórica, el esclarecimiento de hechos y la deter-
minación de responsabilidades institucionales, sociales y políticas en
determinados periodos históricos de una sociedad”[210].

[208] Cfr. AYALA CORAO, Carlos. “La ejecución de sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos”.
En: Estudios Constitucionales. Año 5, Nº 1, Centro de Estudios Constitucionales-Universidad de Talca, Talca,
enero-junio de 2007, p. 153.
[209] Corte IDH. Caso Valle Jaramillo y otros vs. Colombia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 27 de no-
viembre de 2008, párr. 102.
[210] Corte IDH. Caso Anzualdo Castro vs. Perú. Excepción Preliminar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del
22 de setiembre de 2009, párr. 119.

127
Elky Alexander Villegas Paiva

El Tribunal Constitucional peruano también ha reconocido el derecho a la


verdad, manifestando que este derecho se encuentra implícitamente reco-
nocido en nuestra Constitución Política, derivado del principio-derecho de
dignidad humana (artículo 1), del derecho fundamental a la tutela jurisdic-
cional efectiva (artículo 139, inciso 3) y del deber primordial del Estado de
garantizar la plena vigencia de los derechos humanos (artículo 44)[211]. Asi-
mismo, ya con anterioridad, ha dejado sentado que el derecho a la verdad
tiene dos dimensiones:

- Dimensión colectiva, por la cual la nación tiene el derecho de conocer


la verdad sobre los hechos o acontecimientos injustos y dolorosos pro-
vocados por las múltiples formas de violencia estatal y no estatal. Tal
derecho se traduce en la posibilidad de conocer las circunstancias de
tiempo, modo y lugar en las cuales ellos ocurrieron, así como los moti-
vos que impulsaron a sus autores. El derecho a la verdad es, en ese sen-
tido, un bien jurídico colectivo e inalienable.

- Dimensión individual, cuyos titulares son las víctimas, sus familias y


sus allegados. El conocimiento de las circunstancias en que se cometie-
ron las violaciones de los derechos humanos y, en caso de fallecimien-
to o desaparición, del destino que corrió la víctima por su propia natu-
raleza, es de carácter imprescriptible. Las personas, directa o indirecta-
mente afectadas por un crimen de esa magnitud, tienen derecho a sa-
ber siempre, aunque haya transcurrido mucho tiempo desde la fecha
en la cual se cometió el ilícito, quién fue su autor, en qué fecha y lugar
se perpetró, cómo se produjo, por qué se le ejecutó, dónde se hallan
sus restos, entre otras cosas[212].
El derecho a la verdad no solo deriva de las obligaciones internacionales
contraídas por el Estado peruano, sino también de la propia Constitución
Política, la cual, en su artículo 44, establece la obligación estatal de cautelar
todos los derechos y, especialmente, aquellos que afectan la dignidad del
hombre, pues se trata de una circunstancia histórica que, si no es esclareci-
da debidamente, puede afectar la vida misma de las instituciones[213].

[211] STC Exp. Nº 0024-2010-PI/TC, f. j. 58.


[212] STC Exp. Nº 2488-2002HC/TC, f. j. 8 y 9.
[213] Ídem.

128
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Para Huerta Guerrero, el reconocimiento del derecho a la verdad como un


nuevo derecho fundamental resulta particularmente relevante y oportuno
para reforzar el trabajo de los jueces y fiscales en la investigación de casos
de violación de los derechos humanos, en especial de los ocurridos durante
el conflicto armado interno que vivió el país en las últimas décadas. A par-
tir de este reconocimiento, el Poder Judicial y el Ministerio Público del Pe-
rú cuentan con una herramienta que les permite hacer frente a cualquier
norma o decisión política orientada a evitar la identificación y sanción de
los responsables de violaciones a los derechos humanos, no solo en casos
de desaparición forzada, sino también para casos de asesinatos y masacres,
ejecuciones extrajudiciales, tortura, entre otros crímenes[214].

La Corte Constitucional colombiana ha dicho que:

“4.5.10. El derecho a la verdad implica que en cabeza de las víctimas


existe un derecho a conocer lo sucedido, a saber quiénes fueron los
agentes del daño, a que los hechos se investiguen seriamente y se san-
cionen por el Estado, y a que se prevenga la impunidad.

4.5.11. El derecho a la verdad implica para los familiares de la víctima


la posibilidad de conocer lo sucedido a esta y, en su caso de atentados
contra el derecho a la vida, en derecho a saber dónde se encuentran
sus restos; en estos supuestos, este conocimiento constituye un medio
de reparación y, por tanto, una expectativa que el Estado debe satisfa-
cer a los familiares de la víctima y a la sociedad como un todo.

4.5.12. La sociedad también tiene un derecho a conocer la verdad, que


implica la divulgación pública de los resultados de las investigaciones
sobre graves violaciones de derechos humanos”.
En fin, para las víctimas, la satisfacción del derecho a la verdad contribuye
a la recuperación de la dignidad, al alivio del sufrimiento y a la reparación.

Es individual el derecho que tiene el familiar a saber dónde está su pariente


desaparecido, dónde están enterrados sus muertos, así como saber quienes
han sido sus victimarios. Este es un interés particular, divisible, identificable
y separable de otros intereses.

[214] HUERTA GUERRERO, Luis Alberto. “El derecho a la verdad: fundamento de la jurisprudencia constitucio-
nal en materia de violaciones a los derechos humanos”. En: SAÉNZ DÁVALOS, Luis (coordinador). Derechos
constitucionales no escritos reconocidos por el Tribunal Constitucional. Gaceta Jurídica, Lima, 2009, p. 162.

129
Elky Alexander Villegas Paiva

La verdad es una condición necesaria, indivisible e interdependiente junto


con la justicia y la reparación para evitar que haya impunidad en materia de
violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos. Así ha sido reconocido in-
ternacionalmente y así lo impone el objetivo último de este derecho inalie-
nable que se articula con las necesidades de acceso a la justicia de todos, la
prohibición de impunidad, la dignificación de las víctimas y la universalidad
del daño que conlleva su violación[215].

Ahora bien, al margen de lo señalado debe tenerse en cuenta que el dere-


cho a la verdad no supone que en todo tiempo y momento el resultado de
las averiguaciones será necesariamente exitoso, alcanzará el efecto espe-
rado por las víctimas del delito o cubrirá las expectativas de determinados
sectores de la sociedad. El derecho a la verdad y el respectivo deber de es-
clarecimiento si bien tienden a lograr la verdad histórica no significa que
siempre dicho resultado se podrá alcanzar o el alcance será de tal magnitud
que cubra las reales expectativas de las partes. El deber de esclarecimien-
to busca como fin determinar la verdad de los hechos, pero puede ocurrir
que en algunos casos dicha finalidad no se cubra. Por ello, debe entender-
se que el deber de esclarecimiento es una obligación de medios y no de re-
sultados, en la medida que es posible que la verdad acerca de la comisión
del delito o de sus presuntos autores no llegue nunca a saberse, pese a que
se han desplegado una serie de medios, recursos y técnicas tendientes a su
descubrimiento[216].

El derecho a la verdad y, su consecuencia, el deber de esclarecimiento de


los hechos no implica que toda investigación debiera terminar irremedia-
blemente en el procesamiento de una persona. El derecho a la verdad no es
sinónimo de derecho al procesamiento penal, ya que puede que no exista
el mínimo de evidencia necesaria para procesar penalmente a una persona,
según los estándares locales o internacionales. Si bien la regla es que dentro
del derecho de investigar se insuma el derecho a que se procese a una per-
sona judicialmente con las debidas garantías, es posible que por la escasa o
nula evidencia acopiada o la absoluta indeterminación del hecho, no exis-
tan condiciones jurídicas objetivas para el procesamiento penal.

[215] NEWMAN-PONT, Vivian. “Falso o verdadero (¿El derecho a la verdad es norma imperativa internacional?)”.
En: International Law. Revista Colombiana de Derecho Internacional. Nº 14, enero-junio de 2009, p. 52.
[216] CASTILLO ALVA, José Luis. “La validez de una sentencia penal. Acerca de la calificación de un hecho como
grave violación a los derechos humanos: Entre el respeto a las normas internas y el cumplimiento de la juris-
prudencia de la Corte IDH. A propósito de la sentencia del caso Barrios Altos (Primera parte)”. Ob. cit., p. 82.

130
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Se respeta también su contenido si luego de las indagaciones idóneas y


adecuadas la investigación termina con el archivamiento del caso en aten-
ción a que la sospecha se desvaneció o, en su defecto, resulta insuficiente
para llevar a juicio a una persona. Con todo, no puede dejar de observarse
que cuando se llega a pronunciar una sentencia en un caso, más aún si es
condenatoria, la satisfacción del derecho a la verdad puede formar parte de
las reparaciones de las víctimas[217].

En igual sentido, el derecho a la verdad no debe comprenderse como un de-


recho de condena, ya sea del Ministerio Público o de la parte civil. Ningún
derecho previsto en el ámbito interno o internacional reconoce a las vícti-
mas o a las agencias estatales de persecución del delito un derecho a lograr
una condena en todo tiempo y a toda costa, al margen de las reglas proba-
torias y de los estándares probatorios comúnmente aceptados por la comu-
nidad internacional.

El derecho a la verdad en el momento de la decisión final del proceso no tie-


ne un valor más alto que otros derechos fundamentales, como el respeto a
la dignidad de la persona imputada, o que otros principios constitucionales
de carácter penal, como el principio de culpabilidad, el derecho a un juicio
imparcial y con todas las garantías, el cual tiene como uno de sus principios
más importantes la presunción de inocencia, que actúa como una garantía
de juicio y de tratamiento de la administración de justicia penal[218].

Por último, el derecho a la verdad no tiene como contenido o como elemen-


to configurador el derecho a lograr una condena en la que se impongan pe-
nas exacerbadas, de extrema gravedad y de duración indeterminada al indi-
viduo. El derecho a la verdad no confiere a las víctimas un derecho a lograr
una condena dura y severa. El derecho a la verdad no exige penas de larga
duración o de excesivo rigor y menos la imposición extrema, por ejemplo,
de una cadena perpetua. En este ámbito, el derecho a la verdad debe armo-
nizarse también con el principio de proporcionalidad en su vertiente de ido-
neidad, necesidad y proporcionalidad en sentido estricto. Asimismo, la gra-
vedad de la pena debe estar en correlación con la gravedad del delito (in-
justo), las circunstancias personales de su comisión (culpabilidad) y ciertos

[217] Cfr. NAQVI, Yasmin. “El derecho a la verdad en el Derecho Internacional ¿Realidad o ficción?”. En: International
Review of the red Cross. Comité Internacional de la Cruz Roja, junio de 2006, p. 4.
[218] Sobre las formas en que actúa la presunción de inocencia véase: VILLEGAS PAIVA, Elky Alexander. “La ga-
rantía constitucional de la presunción de inocencia en el proceso penal”. En: Gaceta Penal & Procesal Penal.
Tomo 29, Gaceta Jurídica, Lima, noviembre de 2011, p. 163 y ss.

131
Elky Alexander Villegas Paiva

factores procesales que pueden actuar en sentido agravatorio como tam-


bién benigno. El derecho a la verdad no tiene que ver con la magnitud de las
penas, ni con su severidad, ni con su posible lenidad[219].

9. DERECHO A LA PROTECCIÓN INTEGRAL

La Declaración sobre los Principios Fundamentales de Justicia para las Víc-


timas del Delito y del Abuso de Poder prescribe en el principio 6.d que en
caso necesario se deberán adoptar las medidas que eliminen las molestias
causadas a las víctimas, así como la de sus familiares y la de los testigos en
su favor, contra todo acto de intimidación y represalia.

En conformidad con ello, el Código Procesal Penal ha regulado su reconoci-


miento de forma amplia, estableciendo una serie de medidas de protección
para quienes tengan la calidad de testigos, peritos, agraviados o colabora-
dores (artículo 247). En tal sentido el fiscal o el juez, según el caso, de oficio
o a instancia de las partes, adoptará las medidas necesarias para preservar
la identidad del protegido, su domicilio, profesión y lugar de trabajo, sin per-
juicio de la acción de contradicción que asista al imputado (artículo 248.1).

El artículo 248.2 prescribe que las medidas de protección pasibles de ser


adoptadas son:

- Protección policial.

- Cambio de residencia.

- Ocultación de su paradero

- Reserva de su identidad y demás datos personales en las diligencias


que se practiquen, y cualquier otro dato que pueda servir para su iden-
tificación, pudiéndose utilizar para esta un número o cualquier otra
clave.

- Utilización de cualquier procedimiento que imposibilite su identifica-


ción visual normal en las diligencias que se practiquen.

[219] CASTILLO ALVA, José Luis. “La validez de una sentencia penal. Acerca de la calificación de un hecho como
grave violación a los derechos humanos: Entre el respeto a las normas internas y el cumplimiento de la juris-
prudencia de la Corte IDH. A propósito de la sentencia del caso Barrios Altos (Primera parte)”. Ob. cit., p. 82.

132
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

- Fijación como domicilio, a efectos de citaciones y notificaciones, la


sede de la Fiscalía competente, a la cual se las hará llegar reservada-
mente a su destinatario.

- Utilización de procedimientos tecnológicos, tales como videoconfe-


rencias u otros adecuados, siempre que se cuenten con los recursos
necesarios para su implementación. Esta medida se adoptará para evi-
tar que se ponga en peligro la seguridad del protegido una vez desve-
lada su identidad y siempre que lo requiera la preservación del dere-
cho de defensa de las partes.
Como medidas adicionales que pueden adoptarse, el artículo 249 del CPP
de 2004, señala que la Fiscalía y la Policía encargada cuidarán de evitar que
a los agraviados, testigos, peritos y colaboradores objeto de protección se
les hagan fotografías o se tome su imagen por cualquier otro procedimien-
to, debiéndose proceder a retirar dicho material y devuelto inmediatamen-
te a su titular una vez comprobado que no existen vestigios de tomas en las
que aparezcan los protegidos de forma tal que pudieran ser identificados.
Se les facilitará, asimismo, traslados en vehículos adecuados para las diligen-
cias y un ambiente reservado para su exclusivo uso, convenientemente cus-
todiado, cuando sea del caso permanecer en las dependencias judiciales pa-
ra su declaración.

Todo este marco de protección a la víctima surge del entendimiento de que


la sola activación del proceso penal no es suficiente para hacer cesar el con-
flicto que le subyace, como también es claro que la efectiva participación de
la víctima en dicho proceso requiere de la creación de cierto espacio de pro-
tección dentro del cual se pueda desarrollar la confianza necesaria para ejer-
cer los derechos que le confieren las leyes y colaborar en la producción de
los objetivos sociales perseguidos. El reconocimiento de un papel a cumplir
dentro del proceso penal carecería de sentido sin el establecimiento de me-
canismos que procuren proteger la seguridad de la víctima[220].

Es necesario considerar que la víctima no es un objeto de protección, sino que


lo protegido es el derecho de la víctima y su familia a la vida, integridad, seguri-
dad, intimidad y honor, por lo que se trata de la protección de algunos dere-
chos que pueden verse en riesgo como consecuencia del hecho de que una

[220] DIVISIÓN DE ATENCIÓN A LAS VÍCTIMAS Y TESTIGOS DEL MINISTERIO PÚBLICO. “La víctima en el nue-
vo proceso penal”. En: La víctima y el testigo en la reforma procesal penal; Ministerio Público-Editorial Fallos
del Mes, Santiago, 2003. p. 56.

133
Elky Alexander Villegas Paiva

persona haya sido víctima de delito o de su participación como intervinien-


te o testigo en el proceso penal. Lo señalado resulta relevante, puesto que al
tratarse de protección de derechos, aún en el escenario de existir un riesgo,
la persona es considerada como tal, esto es, como un sujeto de derechos ca-
paz, por tanto, de decidir si acepta o no que se adopte una medida de pro-
tección en su favor[221].

10. DERECHO A LA ASISTENCIA

Muy ligado al derecho a la protección de la víctima, se halla el derecho a que


sea asistido integralmente: social, médica y psicológica, también considera-
mos que debiera tener una asistencia legal –conforme lo hemos señalado al
referirnos al derecho de defensa–, que le permite conocer sus derechos en
el proceso y cómo hacerlos valer.

Al respecto la Declaración sobre los Principios Fundamentales de Justicia


para las Víctimas del Delito y del Abuso de Poder sostiene que las víctimas
deben recibir la asistencia material, médica, psicológica y social que sea ne-
cesaria, por conducto de los medios gubernamentales, voluntarios, comuni-
tarios y autóctonos. Igualmente se señala que se deberá informar a las vícti-
mas de la disponibilidad de servicios sanitarios y sociales y demás asistencia
pertinente, y se facilitará su acceso a ellos. Por otro lado se proporcionará al
personal policial, de justicia, de salud, de servicios sociales y demás personal
interesado capacitación que lo haga receptivo a las necesidades de las vícti-
mas y directrices que garanticen una ayuda apropiada y rápida.

Conforme a ello, y siguiendo lo ya trazado en otros países a raíz de la refor-


ma procesal penal que se viene dando en América Latina, el Ministerio Pú-
blico de nuestro país viene implementando Unidades de Asistencia a Vícti-
mas y Testigos, encargadas de velar por asistir a las víctimas y a los testigos
en las necesidades que ellas presenten.

Con la implementación de tales oficinas se busca hacer efectivo el derecho


de las víctimas a ser asistidas desde el primer momento en que se presen-
tan frente al sistema penal, la que trabaja con la perspectiva de una atención
personalizada que involucre integralmente aspectos tales como defensa

[221] DIVISIÓN DE ATENCIÓN A LAS VÍCTIMAS Y TESTIGOS DEL MINISTERIO PÚBLICO. “La víctima en el nue-
vo proceso penal”, cit., pp. 57-58.

134
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

civil, información jurídica, orientación a nivel psicológico así como también


el trabajo social.

Según el Reglamento del Programa de Asistencia a Víctimas y Testigos (apro-


bado por Resolución Fiscal Nº 729-2006-MP-FN del 15 de junio de 2006), el
Programa de Asistencia a Víctimas y Testigos tiene por finalidad establecer
y ejecutar las medidas asistenciales consistentes en servicios médicos, psi-
cológicos, sociales y legales que brinda el Ministerio Público a las víctimas
y testigos relacionados con todo tipo de investigaciones y procesos pena-
les, previniendo que sus testimonios no sufran interferencias por factores de
riesgo ajenos a su voluntad.

Entre las principales finalidades de este programa tenemos:

- Ejecutar las políticas y directrices técnicas para el funcionamiento del


Programa de Asistencia de Víctimas y Testigos.

- Formular el proyecto del Plan de Trabajo Institucional y presupues-


to anual de la unidad orgánica, de acuerdo a los dispositivos corres-
pondientes y en coordinación con la Oficina Central de Planificación y
Presupuesto.

- Velar por que se garantice la reserva y confidencialidad de la información.

- Controlar la ejecución del Programa de Asistencia de Víctimas y Testi-


gos de las oficinas de apoyo a nivel nacional.

- Efectuar el informe anual al Despacho de la Fiscalía de la Nación sobre


el funcionamiento del Programa.

- Instruir a las víctimas y/o testigos sobre los derechos que les asiste du-
rante la investigación y el proceso judicial.

- Verificar el cumplimiento de la asistencia.

- Orientar respecto a las medidas de protección que pueda recibir de las


entidades e instituciones correspondientes.

- Proporcionar el soporte profesional necesario para que el testigo y la


víctima cuenten con el apoyo y tratamiento psicológico que les permi-
ta rehabilitarse cuando el caso lo requiera, y que posibilite contar con
un testimonio idóneo durante la investigación y el proceso judicial.

135
Elky Alexander Villegas Paiva

- Evaluar la situación familiar y socioeconómica de la víctima y el testigo.

- Orientar su reinserción social, brindándole la información necesa-


ria que posibilite dicho objetivo ante las entidades e instituciones
correspondientes.

- Las demás que le asigne el Fiscal de la Nación de acuerdo a su ám-


bito funcional y las que le corresponda según los dispositivos legales
vigentes.
El Programa Nacional de Asistencia a Víctimas y Testigos, reglamentado me-
diante Resolución de la Fiscalía de la Nación N° 1558-2008-MP-FN del 12 de
noviembre de 2008, en donde se precisa que este programa consiste en “un
diseño desarrollado e implementado por la Fiscalía de la Nación, cuya fina-
lidad esencial es apoyar la labor fiscal, adoptando las medidas de asistencia
legal, psicológica y social a favor de las víctimas y testigos que intervengan
en la investigación o en los procesos penales, cautelando que sus testimo-
nios o aportes no sufran interferencia o se desvanezcan por factores de ries-
go ajenos a su voluntad; así como supervisar la ejecución de las medidas de
protección que eventualmente se dispongan”.

El mencionado programa cuenta con diversas oficinas para el cumplimiento


de los objetivos antedichos. Así tenemos, en primer lugar, a la Unidad Cen-
tral de Asistencia a Víctimas y Testigos (UCAVIT), como órgano de apoyo de
la Fiscalía de la Nación, que entre otras funciones, supervisa el cumplimien-
to del programa a nivel nacional.

Igualmente el diseño del programa contempla la existencia las Unidades


Distritales de Asistencia a Víctimas y Testigos (UDAVYT), las que deberían
funcionar en cada uno de los distritos judiciales existentes en el país, todo
ello, con el propósito de brindar asistencia urgente, brindar asistencia de
psicoterapia breve y tratamiento de emergencia, así como atención en ca-
sos de trauma o shock emocional.

De igual modo y debido a la lejanía de algunos poblados de nuestra nación


se ha previsto la existencia y funcionamiento de las Unidades de Asistencia
Inmediata a Víctimas y Testigos (UDAIVT), las que tendrán la importantísima
misión de brindarle asistencia urgente, habiéndose privilegiado la asisten-
cia médica y psicológica. En caso de que se requiera de una mayor asisten-
cia facultativa se derivará el caso a la Oficina de Apoyo de la sede respectiva.

136
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Las oficinas (UDAYT y UDAI-VT) antes indicadas, están facultadas a brindar


tres clases de asistencia en las investigaciones y procesos penales en los que
se requiera:

- Asistencia legal: consistente en instruir a las víctimas y/o testigos de


los derechos que les asisten durante la investigación y el proceso pe-
nal, otorgarle capacitación y orientación que facilite y promueva su
participación en las diligencias judiciales (información amplia, aseso-
ría, coordinación con las autoridades y probable acompañamiento en
diligencias).

- Asistencia psicológica: proporciona el soporte profesional necesario


para que el testigo y la víctima cuenten con el apoyo y tratamiento psi-
cológico, así como consejería (ayuda a la víctima a enfrentar los efectos
del delito y minimizar su impacto; en cuanto al testigo, coadyuva a que
entienda y asuma el rol que le corresponde a favor de la sociedad), evi-
tando por todos los medios la revictimización de la víctima, así como
la posible victimización del testigo, estimulándolos para que su aporte
sea decisivo en el proceso penal.

- Asistencia social: encargada de evaluar la situación familiar y socio-


económica de la víctima y/o testigo que permitirá establecer la veraci-
dad e idoneidad del testimonio.
Por otro lado, las mencionadas oficinas están facultadas a brindar asistencia
en las investigaciones y procesos referidos a los siguientes delitos:

Delitos contra la vida, el cuerpo y la salud: homicidio, aborto, lesiones y ex-


posición a peligro o abandono de personas en peligro.

Delitos contra la libertad personal: coacción, secuestro, trata de personas.

Delitos contra la libertad, violación de la libertad sexual.

Delitos contra la libertad, proxenetismo.

Delitos contra el patrimonio: hurto agravado, robo, robo agravado, abigea-


to, extorsión, chantaje, usurpación agravada.

Delitos contra la seguridad pública-delitos de peligro común: tráfico de ar-


mas, producción, desarrollo y comercialización de armas químicas.

Delitos contra la salud pública: tráfico ilícito de drogas.

137
Elky Alexander Villegas Paiva

Delitos contra el orden migratorio-tráfico ilícito de migrantes y su forma


agravada.

Delitos contra la tranquilidad pública: asociación ilícita para delinquir,


terrorismo.

Delitos contra la humanidad: genocidio, desaparición forzada, tortura y


discriminación.

Delitos contra la Administración Pública: concusión, colusión y corrupción


de funcionarios.

El reglamento ha considerado la posibilidad de otorgarse protección a víc-


timas y testigos, aunque el delito no se encuentre en la relación anterior, en
aquellos casos que, el fiscal evalúe y considere necesario solicitar asistencia,
para lo cual deberá tener en cuenta los criterios de calificación y evaluación
de riesgo establecidos en el reglamento, atendiendo a la naturaleza y grave-
dad de la acción perturbadora.

Por otro lado, debemos indicar que la principal característica del programa
es que su acceso es libre, voluntario y gratuito, lo que implica que se trata de
una decisión personal, ajena a toda posible manipulación y/o coerción, di-
cha decisión constará por escrito, la misma que adoptará el nombre de “ac-
ta de compromiso” y que para cumplir con la formalidad exigida y surtir sus
efectos, deberá contar con la firma del fiscal, el asistido (testigo o víctima)
y su núcleo familiar, de ser el caso, dicha acta también contendrá los dere-
chos y obligaciones que le corresponde al asistido, así como a los responsa-
bles del programa. Igualmente, se insertará las causales de exclusión, entre
las que destaca la renuncia voluntaria a colaborar con la administración de
justicia, la perpetración del hecho punible y por cierto el no acatamiento de
las obligaciones inherentes a su condición de asistido.

El 13 de febrero de 2010, fue publicado el Reglamento del Programa Inte-


gral Protección a Testigos, Peritos, Agraviados o Colaboradores que inter-
vienen en el proceso penal, aprobado mediante Decreto Supremo N° 003-
2010-JUS. Dicho reglamento constituye un gran avance normativo en la ma-
teria que, de algún modo, se complementó con el reglamento anterior cita-
do, precisándose que su objetivo consiste en: “establecer las normas, proce-
samientos, pautas y requisitos relacionados con las medidas de protección
que se concedan a los testigos, peritos, agraviados o colaboradores que se
encuentren en riesgo con ocasión de su participación en el proceso penal,
dictadas al amparo de los establecido en el NCPP”.

138
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Por otro lado actualmente, la víctima puede acudir a la Defensoría Pública


–adscrita al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos– a solicitar un abo-
gado, ello conforme a la Directiva N° 03-2012-JUS/DGDP, cuya finalidad ha
sido implementar los procedimientos que deben seguir los defensores pú-
blicos responsables de la atención de personas en calidad de víctimas del
delito o vulneración de sus derechos en cualquiera de sus formas. En la ci-
tada Directiva se ha considerado como uno de los derechos de las víctimas
a que se le restituya o repare los derechos vulnerados, a través de un proce-
so judicial o a que recurra a los mecanismos alternativos de solución de con-
flictos, si redundan en interés de la víctima y se basan en el consentimien-
to libre e informado de aquella, ya que el defensor consignado tiene el de-
ber de hacer respetar en todo momento y ante cualquier autoridad estatal
o funcionario, servidor público o institución privada los derechos de la vícti-
ma, interponiendo, de ser el caso, la denuncia penal, la queja, el reclamo o el
recurso que sea pertinente, de manera inmediata oportuna y eficiente, ba-
jo responsabilidad.

Esta directiva ya se está aplicando en los diversos distritos judiciales en los


que está vigente el Código Procesal Penal de 2004 y ha sido aprobada me-
diante Resolución Administrativa N° 049-2012-JUS/DGDP, dado el nuevo Re-
glamento de Organización y Funciones del Ministerio de Justicia y Derechos
Humanos, D.S. N° 11-2012, publicado en el diario oficial El Peruano, el 20 de
abril de 2012, que aprueba la creación de la Dirección de Asistencia Legal y
Defensa de Víctimas.

11. DERECHO A LA REPARACIÓN INTEGRAL

El nuevo papel que se le debe dar a la víctima, y la protección de sus de-


rechos, busca también establecer procedimientos que permitan satisfacer
los intereses afectados de la víctima, incluyendo los supuestos en los que si
bien el autor no es sancionado penalmente pero aquella igualmente haya
sufrido un daño atribuible a este.

Tales orientaciones de alguna forma pretenden dirigir –aunque de forma li-


mitada– al Derecho Penal y al Derecho Procesal Penal hacia un sistema con
componentes transaccionales en que la víctima pueda arribar con el delin-
cuente a mecanismos de acuerdo, de manera tal que no sea necesario, en
algunos casos, imponer sanciones penales, en tanto lo principal será buscar

139
Elky Alexander Villegas Paiva

una adecuada reparación del daño para la víctima[222], entendiéndose a este


tipo de reparación como una tercera vía en el Derecho Penal.

En ese sentido la orientación victimológica ha fijado preferentemente su


atención a los actos de reparación o compensación a la víctima como me-
dio para lograr la satisfacción de sus intereses[223], y con ello a su vez propi-
ciar una reconciliación entre el autor y la víctima.

Con la reparación, la actuación de la víctima como parte en el proceso se ha-


ce más palpable, por cuanto ella formará parte del debate sobre los térmi-
nos del acuerdo, su voz será escuchada, y atendida en el proceso. Asimismo
con esta figura se muestra que el proceso penal ya no consiste en una rela-
ción bilateral (fiscal-autor) sino trilateral (fiscal-autor-víctima).

Ahora bien, las propuestas que se hacen para alcanzar un acuerdo de com-
pensación entre autor y víctima son muy diversos en los detalles, pero la
idea fundamental es la misma: se debe llegar a una atenuación de la pena, o
a una suspensión condicional a prueba de la pena, o, incluso, a una renuncia
a la pena, si el autor repara los daños producidos y se esfuerza por alcanzar
una reconciliación con la víctima[224].

El profesor alemán Claus Roxin ha señalado los beneficios que, a su criterio,


traería aparejada la reparación del delito[225]:

i) Ventajas para la víctima: Afirma –el jurista alemán– que, median-


te los mecanismos de la reparación, la víctima resulta indemnizada

[222] Es necesario señalar que esta reparación del daño no se identifica con la reparación civil, de manera que no
se trata de darle un carácter penal a esta última. Aun cuando la reparación del daño consista en el pago de la
reparación civil, esta sigue siendo tal, lo que no impide que se le reconozca también ciertos efectos en el plano
penal. De la misma manera que en el non bis in idem la sanción penal puede abarcar los efectos de protección
del ámbito administrativo, la reparación civil puede alcanzar ciertos efectos beneficiosos o exoneratorios en
el ámbito penal. Así, GARCÍA CAVERO, Percy. Derecho Penal económico. Tomo II-Parte General. 2ª edición,
Grijley, Lima, 2007, p. 1010, n.p. 49.
[223] Cfr. HIRSCH, Hans Joachim. “La reparación del daño en el marco del Derecho penal material”. Traducción
de Elena Carranza. En: MAIER, Julio. (Comp.). De los delitos y de las víctimas; Ad-Hoc, Buenos Aires, 1992,
pp. 56-57. LARRAURI PIOJÁN, Elena. “La reparación”. En: CID MOLINÉ, José y LARRAURI PIOJÁN, Elena.
(Coordinadores.). Penas alternativas a la prisión. J.M. Bosch, Barcelona, 1997, p. 177 y ss.
[224] ROXIN, Claus. “Pena y reparación”. En: Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. Vol. LII-1999, Ministerio
de Justicia, Madrid, 2002, p. 6.
[225] Véase ROXIN, Claus. “Pena y reparación”. En: Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. Vol. LII-1999,
Ministerio de Justicia, Madrid, 2002, p. 7 y ss.

140
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

rápidamente sin ningún costo ni esfuerzo propio. Mientras que en


otros sistemas penales, el proceso penal impedía que la víctima pudie-
ra obtener alguna vez una indemnización efectiva, o que en otros ca-
sos debiera acudir al Derecho Civil y a su proceso para una indemniza-
ción por daños.

ii) Ventajas para el autor: El interviniente (autor o partícipe) del ilícito


penal tiene la posibilidad, mediante una reparación rápida y volunta-
ria, de salir librado con una importante atenuación de la pena, o, in-
cluso, y tal vez, con una suspensión condicional a prueba de la misma.
Tanto desde un punto de vista social como personal, ahí se encuentra
una gran oportunidad de que se motive al autor para emplear todas
sus fuerzas, a fin de alcanzar un acuerdo de compensación que satisfa-
ga a la víctima. Estamos aquí, por consiguiente, ante la situación poco
común en la que convergen los intereses de la víctima y del autor, y
precisamente ahí reside la gran fuerza de fascinación de este modelo y
la perspectiva de que supere la prueba de la práctica.

iii) Ventajas para la administración de justicia: La administración de


justicia se ahorra un proceso civil o, por lo menos, esfuerzos inútiles de
ejecución de sentencias. Pues la action civile o la compensation order,
solo proporcionan a la víctima un título ejecutivo que carece de cual-
quier valor cuando el autor, como suele suceder, o bien no posee nada
o bien se sustrae a la ejecución. Este gasto inútil de energía en el proce-
so y en la ejecución desaparece, en cambio, cuando el autor, tal como
prevé el modelo propuesto, presta por sí mismo la indemnización de
perjuicios. Además, en la administración de justicia penal se evita prac-
ticar pruebas costosas y que exigen mucho tiempo, si el autor y la víc-
tima se ponen de acuerdo y los hechos sometidos a enjuiciamiento es-
tán fuera de discusión. Por consiguiente, cualquier acuerdo de com-
pensación autor-víctima vinculado con la indemnización tiene que ser
bienvenido por la administración de justicia.

141
Elky Alexander Villegas Paiva

11.1. Mediación como forma de justicia restaurativa


La justicia restaurativa[226] es entendida como una “nueva manera”[227] o “nue-
va vía”[228] de resolución de los conflictos penales, en contraposición a la for-
ma “tradicional” (preponderancia retributiva) ofrecida por los ordenamien-
tos jurídico-penales.

En los ‘Principios Básicos sobre el Uso de Programas de Justicia Restaurativa


en Materia Criminal’ del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas
del año 2002, se señala que constituyen programas de justicia restaurativa
“cualquier programa que usa procesos restaurativos y busca lograr resulta-
dos restaurativos”. Por procesos restaurativos la citada Declaración entien-
de “cualquier proceso en el cual la víctima y el ofensor, y cuando es apropia-
do otras personas o miembros de sus comunidades afectados por el delito,
participan juntos activamente en la resolución de los problemas generados
por el delito cometido, generalmente con la ayuda de un facilitador. Estos
procesos pueden incluir mediación, conciliación, conferencias y círculos de
sentencia”. Por su parte, los resultados restaurativos consisten en los acuer-
dos logrados como resultado de un proceso restaurativo, incluyen respues-
tas y programas como la reparación, restitución o servicio a la comunidad,
con el objeto de satisfacer necesidades y responsabilidades de las partes y
de la comunidad y lograr la reintegración de la víctima y ofensor[229].

Por otro lado, resulta imperativo resaltar que mediación y justicia restaurati-
va no son lo mismo, pues la primera es solamente una de las formas de so-
lución que se prevén dentro de la justicia restaurativa[230]. Eso sí, es la de más

[226] Ontario, Canadá, es el lugar donde la doctrina frecuentemente sitúa la primera experiencia de justicia restau-
rativa, cuando en 1974 el Mennonite Central Committee (Church), en el espacio brindado por ciertos tribu-
nales, introdujo la mediación penal para resolver algunos casos. A pesar de lo dicho anteriormente, muchos
partidarios de la justicia restaurativa sostienen que las raíces de este tipo de procedimientos son más remotas
y las sitúan en los sistemas de resolución de conflictos de las sociedades pre modernas. Sin embargo, esta
aproximación ha sido discutida incluso por otros partidarios del movimiento.
[227] GONZÁLEZ-BALLESTEROS, Alejandra Mera. “Justicia restaurativa y proceso penal garantías procesales: lí-
mites y posibilidades”. En: Ius et Praxis. Año 15, N° 2, Universidad de Talca, Talca, 2009, p. 167; MÁRQUEZ
CÁRDENAS, Álvaro. “La víctima en el sistema de justicia restaurativa”. En: Prolegómenos. Derechos y valo-
res. Año VIII, N° 16, Universidad Militar Nueva Granada, Bogotá, julio-diciembre de 2005, p. 99.
[228] SAMPEDRO-ARRUBLA, Julio Andrés. “La justicia restaurativa: una nueva vía, desde las víctimas, en la solu-
ción al conflicto penal” En: International Law. Revista Colombiana de Derecho Internacional. N° 17, Pontificia
Universidad Javeriana, Bogotá, julio-diciembre de 2010, p. 90.
[229] “Principios Básicos sobre la utilización de Programas de Justicia Restaurativa en Materia Penal. ECOSOC, I.
1, 2, 3.
[230] Junto a la mediación las otras formas de solución que abarca la justicia restaurativa son la conciliación pre-
procesal y la reparación integral. Sobre ello véase: MÁRQUEZ CÁRDENAS, Álvaro. “La víctima en el sistema
de justicia restaurativa”. Ob. cit., p. 101 y ss.

142
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

frecuente utilización dentro de América Latina y Europa Continental. Aho-


ra bien, cuando se habla de mediación se entiende como un proceso en
que hay un menor grado de formalización en el que con la intervención de
un tercero neutral se procura que las partes –autor y víctima– lleguen a un
acuerdo. Se da, por tanto, una relación de horizontalidad y no de verticali-
dad, esta última propia de la justicia punitiva.

En este tipo de procedimientos resulta esencial determinar los derechos


que tiene la víctima a ser reparada por haber sido vulnerados en el caso en
concreto, y que el autor reconozca la responsabilidad que le cabe en este
conflicto.

Sobre este aspecto Carnevali Rodríguez sostiene que: “Es indudable que una
de las grandes ventajas de estos procesos de mediación, está en relación con
la disminución en los grados de victimización secundaria no “revive” el dra-
ma del delito a través de un proceso largo y muchas veces doloroso, pues se
pretende arribar a una solución sin que sea necesario proseguir el procedi-
miento. Lo anterior admite, entre otras ventajas, racionalizar recursos estata-
les permitiendo dar una salida al conflicto sin que se requiera llegar a la sen-
tencia y con ello satisfacer a la víctima, la que no debe esperar a la finalización
del proceso para lograr algún grado de reparación. Por otra parte, brinda ma-
yores posibilidades de que el sujeto activo pueda reinsertarse, ya que evita
que este entre en contacto con el mundo delictual más violento”[231].

Se ha afirmado que la vía de la mediación permite satisfacer las funciones


preventivas que le caben a las normas del Derecho Penal. Ello tiene bastante
de cierto, pues si se valora a la mediación desde una perspectiva preventivo-
general, en la medida en que intervenga un tercero que cumple funciones
derivadas de un Tribunal que interceda entre el autor y la víctima en la bús-
queda de una solución consensuada, permitiría la reafirmación de la norma
jurídica quebrantada. Si bien la mediación ha tenido lugar dentro de un sis-
tema menos formalizado supone un acto de público reconocimiento de que
se ha infringido la norma. Sin embargo, la anterior afirmación puede dar lu-
gar a cuestionamientos, pues, no son pocos los que sostienen que estas ma-
nifestaciones “privatizadoras” generarán desconfianza al sacrificarse a la víc-
tima potencial –la sociedad– en pos de la víctima actual.

[231] CARNEVALI RODRÍGUEZ, Raúl. “Las políticas de orientación a la víctima examinadas a la luz del Derecho
Penal”. En: Revista de Derecho. Año XXVI, N° 24, Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2005,
p. 32.

143
Elky Alexander Villegas Paiva

En lo que respecta a consideraciones preventivo-especiales, dado que las


medidas que se adoptan no suponen graves limitaciones a los derechos
fundamentales del autor –como si sucede con las penas privativas de liber-
tad–, no se lo expone a un importante factor criminógeno como lo es la con-
vivencia carcelaria. En consecuencia, las posibilidades de reinserción social
se acrecientan. Además, permite que el autor entre en contacto con la víc-
tima, pudiendo conocer directamente las consecuencias de su comporta-
miento, generándose una fuerte impresión que fortalecería su proceso de
reinserción y de asumir activamente la responsabilidad para reparar el da-
ño causado[232].

Es así pues, que solo podrían estimarse –con ciertas limitaciones– como ins-
tituciones que responden a este sistema, los acuerdos reparatorios, los mis-
mos que en el caso peruano han sido tomados en cuenta dentro del mar-
co del nuevo proceso penal (artículo 2, inciso 6 y 7 del CPP de 2004)[233], co-
mo una forma de criterios de oportunidad, que contiene también al princi-
pio de oportunidad.

11.2. Los acuerdos reparatorios


Siguiendo lo anotado en los parágrafos anteriores debemos señalar que los
criterios de oportunidad[234] abarcan al llamado principio de oportunidad, y
a los acuerdos reparatorios, son estos últimos los que se hallan más ligados a
una mayor participación de la víctima en el proceso penal, razón por la cual
nos detendremos un momento en su estudio.

“El acuerdo reparatorio –en palabras de Angulo Arana– es una institución


procesal penal compositiva del conflicto, de carácter consensual, que consis-
te, fundamentalmente, en la búsqueda de una coincidencia de voluntades

[232] CARNEVALI RODRÍGUEZ, Raúl. “Las políticas de orientación a la víctima examinadas a la luz del Derecho
Penal”. Ob. cit., p. 33.
[233] Aunque no se debe olvidar que este instituto fue institucionalizado por la Ley Nº 28117 –Ley de celeridad y
Eficacia Procesal Penal– promulgada el 9 de diciembre de 2003, en la que aparece como un criterio del prin-
cipio de oportunidad. Sin embargo se ha ampliado considerablemente el radio de acción de los acuerdos re-
paratorios en el Código Procesal Penal de 2004.
[234] Los criterios de oportunidad son llamados también con el término genérico de “principio de oportunidad”, sin
embargo esta última denominación no sería acertada, pues, como señala Salas Beteta, no se trata de un prin-
cipio propiamente dicho, sino de una facultad conferida al titular de la acción penal para abstenerse de su
ejercicio en determinados casos, dependiendo del sistema por el cual se rija, el fiscal utiliza su criterio –aten-
diendo a los supuestos de procedencia– para decidir si ejercita o no la acción penal (disponibilidad) en los ca-
sos bajo su investigación (SALAS BETETA, Christian. El proceso penal común. Gaceta Jurídica, Lima, 2011,
p. 94).

144
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

del imputado y la víctima, generada a iniciativa del fiscal o por el acuerdo de


aquellos, en virtud del cual la víctima es satisfactoriamente reparada por el
autor del ilícito, evitando así el ejercicio de la acción penal”[235].

El acuerdo reparatorio atiende a la satisfacción de las pretensiones de la víc-


tima y busca realzar los intereses concretos de esta por sobre los intereses
abstractos del Estado. En suma, a través de estos acuerdos la víctima ve re-
parado el daño causado por la comisión del delito[236].

La característica más importante de estos mecanismos reside en ser utiliza-


dos para mejorar la situación de la víctima y, al mismo tiempo, beneficiar al
imputado. Asimismo, con tales acuerdos se pretende obtener la reparación
del daño para evitar la “solución” tradicional del Derecho Penal a los conflic-
tos que debe resolver, esto es evitar la aplicación de la pena en determina-
dos casos. La finalidad de estos institutos consiste, entonces, en satisfacer
los intereses y expectativas de la víctima, y a su vez una no mayor desociali-
zación del imputado.

En este sentido, la reparación como respuesta o salida alternativa representa


el quiebre de uno de los elementos más característicos del Derecho Penal es-
tatal: la reacción punitiva como única y exclusiva solución[237]. Con el uso de las
salidas alternativas, en este caso de los actos reparatorios, se procura mejores
soluciones penales para las partes involucradas y a la par, contribuir a la pron-
ta resolución de los conflictos que llegan al sistema de justicia penal, logrando
asimismo el objetivo de evitar que todas las causas arriben a una sede judicial
y que, en consecuencia, se racionalicen los recursos del sistema[238].

La reparación también puede ser entendida en otro sentido, en donde si


bien no excluye la posibilidad de obtener una decisión condenatoria, si es
utilizada para tomar distintas decisiones respecto de una persona que ha si-
do condenada: a) como causa que permite prescindir de la imposición de la

[235] ANGULO ARANA, Pedro. La investigación del delito en el nuevo Código Procesal Penal. Gaceta Jurídica,
Lima, 2006, p. 223.
[236] Véase GAMARRA HERRERA, Ronald y PÉREZ CASTAÑEDA, Jacqueline. “Los acuerdos reparatorios en el
nuevo Código Procesal Penal”. En: Revista Jurídica del Perú, Tomo 85, Gaceta Jurídica, Lima, enero de 2008,
p. 260.
[237] Cf. HULSMAN y BERNAT DE CELIS, Sistema penal y seguridad ciudadana: Hacia una alternativa. Traducción
de Sergio Politoff, Ariel, Barcelona, 1984, p. 73.
[238] Cfr. DELGADO MENÉNDEZ, María Antonieta. “La reforma procesal penal en el Perú: rompiendo moldes, con-
quistando metas y enfrentando pendientes”. En: Derecho PUC. N° 65, Fondo Editorial de la PUCP, Lima, 2010,
p. 75.

145
Elky Alexander Villegas Paiva

pena (exclusión de la pena); b) como causa que permite la condena condi-


cional; c) como criterio legal abstracto de reducción de la escala penal apli-
cable en principio al caso –como sucede, por ejemplo, con la reducción de
la escala penal para la tentativa–; d) como criterio favorable para la determi-
nación judicial de la pena en el caso concreto, y e) como criterio para conce-
der beneficios durante la ejecución de la pena –por ejemplo, libertad condi-
cional, régimen de salidas, instituciones penales abiertas–.

Por otro lado, los acuerdos reparatorios solo proceden ante delitos leves o
delitos culposos, siendo los sujetos legitimados para proponer un acuerdo
reparatorio: la víctima, el imputado y el Ministerio Público. En esa línea se
puede decir que en este tipo de acuerdos el fiscal actúa como conciliador o
mediador dependiendo del momento y del origen de la convocatoria: el fis-
cal cuando de oficio pretende llevar adelante un Acuerdo Reparatorio será
un conciliador y por tanto su papel es más activo en lograr una cabal justi-
cia restaurativa; pero cuando las partes (víctima e indiciado) se avienen a so-
lucionar el conflicto penal, el fiscal pasa a un segundo plano y los protago-
nistas son ellos, quiere decir, que estamos ante un fiscal mediador. De eso
se colige que los medios de resolución de conflictos también se dan en el
Derecho Penal, aunque limitado a los delitos señalados taxativamente en la
norma[239].

Resulta necesario tener en cuenta que el fiscal debe verificar que quienes
concurran al acuerdo (víctima e indiciado), hayan prestado su consentimien-
to en forma libre, sin vicios que lo invaliden y con pleno conocimiento de
sus derechos y obligaciones, por lo que resultaría pertinente, desde nuestro
punto de vista, que el agraviado concurra con el abogado de víctimas y tes-
tigos que tiene la Fiscalía, en caso de que no cuente con abogado particular,
y que el indiciado concurra con su abogado de elección o defensor público,
pues será el consentimiento de ambos el que generará un hecho jurídico de
tal virtualidad que permita al fiscal abstenerse de ejercitar la acción penal, y
que la víctima se vea realmente satisfecha en sus intereses[240].

[239] HURTADO POMA, Juan Rolando. “Precisiones a los acuerdos reparatorios en el NCPP”. En: <www.lozavalos.
com.pe/alertainformativa>, p. 3.
[240] Véase, en sentido similar, HURTADO POMA, Juan Rolando. “Precisiones a los acuerdos reparatorios en
el NCPP”. En: <www.lozavalos.com.pe/alertainformativa>, p. 6. También GAMARRA HERRERA, Ronald y
PÉREZ CASTAÑEDA, Jacqueline. “Los acuerdos reparatorios en el nuevo Código Procesal Penal”. Ob. cit.,
p. 263.

146
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

La reparación adquiere un significado y contenido diferente al de la repa-


ración civil del daño, aun cuando pueda coincidir parcialmente con este. La
reparación se configura como una institución limítrofe (o híbrida) entre la
pena y la responsabilidad civil, que puede llegar a afectar la determinación
concreta de ambas, pero que no se identifica con ninguna de ellas[241].

11.2.1. Sujetos legitimados


El acuerdo reparatorio –a diferencia del principio de oportunidad– puede
ser promovido de oficio por el fiscal, pero también se encuentran legitima-
dos a solicitarlo el imputado o la propia víctima, esto último también consti-
tuye otra diferencia con el Principio de Oportunidad, el mismo que no pue-
de ser promovido por aquella.

Es importante tener presente que este encuentro entre agresor y víctima


no necesariamente se va a dar en forma personal toda vez que además de
las posibilidades de mediación o conciliación ya referidas, el proceso puede
también consistir en una negociación entre el defensor y el fiscal o el abo-
gado de la víctima, debiendo el acuerdo ser últimamente aceptado por am-
bos. O en todo caso es posible que el indiciado y/o la víctima puedan ser re-
presentados por un mandatario con facultades especiales para poder arri-
bar a un acuerdo, pues lo que se requiere es precisamente el consentimien-
to válido de la víctima y el indiciado y para ello no es necesaria su asistencia
personal, acaso ello inclusive puede evitar reencuentros no deseados entre
las partes, todo esto es propio de un proceso desformalizado como el que
trae el nuevo sistema oral.

11.2.2. Oportunidad procesal de aplicación del acuerdo reparatorio


En principio parecería que los acuerdos reparatorios solo se podrían aplican
en la fase de la etapa preprocesal, dado a que evitan la promoción de la ac-
ción penal; sin embargo si se ha formalizado una investigación preparatoria
también se puede aplicar un acuerdo reparatorio, hasta antes que se formu-
le acusación, pero en este caso la audiencia ya no será controlada por el fis-
cal, sino por el Juez de Investigación Preparatoria, quien asumiendo los ex-
tremos del acuerdo deberá dictar un auto de sobreseimiento, quien podría,

[241] PÉREZ SANZBERRO, Guadalupe. “Reparación y conciliación en el sistema penal” ¿Apertura de una nueva
vía?”. En: CASABONA ROMEO, Carlos. (director). Estudios de Derecho Penal. Comares, Granada, 1999,
p. 19.

147
Elky Alexander Villegas Paiva

inclusive, imponer las reglas de conducta señaladas en el ordinal 7 del ar-


tículo 2 del CPP de 2004.

Asimismo, conforme al fundamento 18 del Acuerdo Plenario N° 5-2008-/CJ-


116 del 13 de noviembre de 2009; el acuerdo reparatorio como criterio de
oportunidad puede ser requerido por las partes procesales, distintas del fis-
cal, durante la etapa intermedia de conformidad con lo dispuesto por el ar-
tículo 350.1.e) del CPP de 2004 que prescribe “instar la aplicación, si fuera el
caso, de un criterio de oportunidad”.

11.2.3. Ámbito de aplicación


Los Acuerdos Reparatorios no procede en todos los delitos, sino solo en de-
terminados delitos como:

- Lesiones leves (artículo 122),

- Hurto tipo simple (artículo 185),

- Hurto de uso (artículo 187),

- Hurto de ganado tipo básico (artículo 189-A primer párrafo),

- Apropiación ilícita (artículo 190),

- Sustracción de bien propio (artículo 191),

- Apropiación irregular (artículo 192),

- Apropiación de prenda (artículo 193),

- Estafa (artículo 196),

- Defraudaciones (artículo 197),

- Fraude en la administración de personas jurídicas (artículo 198),

- Daños (artículo 205),

- Libramientos indebidos (artículo 215), y

- En los delitos culposos; al respecto el legislador ha precisado con


puntualidad los delitos en los que es posible aplicar los acuerdos

148
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

reparatorios, ha indicado los tipos y los ha limitado para que no se apli-


quen a los casos agravados o que merezcan mayor reproche.
No obstante que se presenten los delitos antes mencionados y que se per-
mita su aplicación, sin embargo, en dos casos hipotéticos no procede su trá-
mite como acuerdo reparatorio y son:

- Cuando haya pluralidad importante de víctimas: como se observa a


diferencia de la legislación anterior en donde solo se mencionaba una
pluralidad de víctimas para la improcedencia del acuerdo reparatorio,
el CPP de 2004 ha agregado la expresión “importante” a la pluralidad de
víctimas; lo cual genera el problema de dilucidar cuántas víctimas tie-
nen que ser para considerarlo como importante.

- Cuando hay concurso con otro delito: salvo que este último sea de
menor gravedad o que afecte bienes jurídicos disponibles: por ejem-
plo, si se trata de un delito de hurto simple y concurse con el delito de
violación de domicilio, siendo que este último es de menos gravedad
que el de hurto simple.

11.2.4. Procedimiento
Una vez que el fiscal decide la aplicación del acuerdo reparatorio deberá ci-
tar a ambas partes a una audiencia de acuerdo reparatorio, donde el fiscal
de oficio o a pedido del imputado o de la víctima propondrá un acuerdo re-
paratorio. Si agraviado e imputado convienen el mismo, el fiscal se absten-
drá de ejercitar la acción penal. Si el imputado no concurre a la segunda cita-
ción, o se ignora su domicilio o paradero, el fiscal promoverá la acción penal.

El fiscal para la celebración de dicha diligencia, tendrá que citar ambas par-
tes, si el imputado no concurre a la primera citación, se volverá a citar pa-
ra una segunda y última citación, siendo que si en esta tampoco se presen-
ta el imputado, se dará por concluido el trámite en cuyo caso el fiscal pro-
cederá de acuerdo a la ley. Ahora bien, esto es viable siempre y cuando se
conozca el domicilio del imputado y si ha tenido conocimiento indubitable
de las citaciones. Pues puede suceder que se ignore el domicilio del impu-
tado o su paradero, es decir, aun conociendo la dirección donde ha señala-
do domicilio, este no es ubicado en dicho lugar porque desconocen su pa-
radero, frente al cual ya no es necesario citarlo ya que ello sería solo una pér-
dida de tiempo.

149
CAPÍTULO SEXTO
La intervención de la víctima
como elemento probatorio
en el proceso: la posición de
la víctima como testigo y su
protección en este ámbito
La intervención de la víctima como
elemento probatorio en el proceso:
la posición de la víctima como testigo
y su protección en este ámbito

1. GENERALIDADES

Al existir la necesidad de contar con la colaboración de la víctima en el trans-


curso del proceso penal para el esclarecimiento de los hechos que dieron
inicio al mismo[242], hacen imprescindible que se creen los mecanismos ade-
cuados para que ella pueda participar de dicho proceso.

Esa colaboración se realizará, fundamentalmente, aportando los medios de


prueba a su alcance que puedan constituir una base suficiente para destruir
la presunción de inocencia en el juicio y, por consiguiente, viabilizar la efec-
tiva imposición de una pena a quien resulte culpable de un delito, tras la
realización de un proceso con todas las garantías.

Las declaraciones de las víctimas son un instrumento esencial, tanto como


medio de conocimiento de la comisión de un delito por los órganos encar-
gados de la investigación en el proceso penal. Pero a su vez –y tal como ya
hemos puesto de relieve a lo largo del presente trabajo– el hecho de que la

[242] Una muestra clara de esta afirmación lo constituye la declaración incriminatoria de la víctima y la importancia
fundamental que reviste en los delitos de violación sexual. Así la IDH Corte ha determinado que la violación
sexual es un tipo particular de agresión que, en general, se caracteriza por producirse en ausencia de otras
personas más allá de la víctima y el agresor o los agresores. Dada la naturaleza de esta forma de violencia,
no se puede esperar la existencia de pruebas gráficas o documentales y, por ello, la declaración de la víctima
constituye una prueba fundamental sobre el hecho (Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros vs. México.
Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 30 de agosto de 2010, párrafo 100; y
Caso Rosendo Cantú y otra vs. México. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del
31 de agosto de 2010, párr. 89). Asimismo a nivel jurisprudencial interno se ha dicho que: “Quinto: Que es
de anotar que los delitos sexuales por su índole son de comisión clandestina, secreta o encubierta, y hace
que la declaración de la víctima sirva de fundamento a una decisión judicial de condena cuando reúne los re-
quisitos de credibilidad, de lo contrario se llegaría a la más absoluta impunidad de estos delitos” (Sala Penal
Permanente de la Corte Suprema de Justicia. R.N. N° 4970-2007-Ucayali, del 2 de junio de 2008, magistrado
ponente: señor Vocal Supremo Pedro Guillermo Urbina Ganvini).

153
Elky Alexander Villegas Paiva

víctima se pueda ver sometida a diversos y sucesivos interrogatorios a lo lar-


go del proceso penal, así como a preguntas que puedan incomodarla o que
puedan afectar a su intimidad personal, pueden ser un instrumento de ac-
tivación de lo que se ha denominado “victimización secundaria”. Por ello es
que se debe poner especial cuidado al contexto y las circunstancias en que
se llevará a cabo las declaraciones de la víctima.

El respeto a la dignidad en el proceso penal implica observar ciertas caute-


las en la realización de los interrogatorios a las víctimas, cautelas que deben
aumentarse en determinados casos (por ejemplo, cuando vayan referidos a
delitos contra la libertad sexual). Así, el artículo 8 de la Recomendación so-
bre la Posición de la Víctima en el marco del Derecho Penal y del Proceso Pe-
nal establece que “en todas las fases del procedimiento, el interrogatorio de
la víctima debería hacerse con respeto a su situación personal, a sus dere-
chos y a su dignidad”.

Ahora bien, a pesar de que el testigo es definido como aquel tercero ajeno
al proceso que es llamado a este para que aporte el conocimiento que ten-
ga sobre el hecho delictivo, es pacífica la consideración doctrinal y jurispru-
dencial de que la declaración de la víctima en el proceso se produce a títu-
lo de testigo, pues ante el hecho de que el procedimiento penal no recoja
un régimen específico para introducir en el proceso la declaración de la víc-
tima, no quedaría otra interpretación alternativa que la absurda solución de
entender que la víctima no está facultada para actuar como elemento pro-
batorio, cuando se necesita de ella al ser un elemento de esclarecimiento
esencial, cuando no el único.

Así pues, la colaboración de la víctima se prestará siempre en calidad de tes-


tigo, bien sea para expresar lo acontecido o reflejar la autoría, bien para re-
ferir en qué modo la acción delictiva ha modificado la realidad preexisten-
te, pudiéndose concluir que su intervención en otras diligencias de prueba
como la rueda de identificación, el careo o incluso su propio reconocimien-
to pericial, no es sino una submodalidad del testimonio, y que en cuanto
tal deben participar del mismo régimen jurídico respecto a su atención y
amparo.

Esta consideración determina que la víctima tenga obligación de compare-


cer al llamamiento que se le haga para recabársele la información con que
cuente.

En tal sentido los deberes y derechos que tienen las personas cuando inter-
vienen como testigos, en principio le son imponibles a la víctima cuando

154
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

interviene como testigo en el proceso penal. Esto se encuentra reconocido


en el inciso 5 del artículo 171 del CPP de 2004, donde se prescribe que: “Pa-
ra la declaración del agraviado, rigen las mismas reglas prescritas para los
testigos”.

Bajo ese panorama podemos señalar, por ejemplo, que la víctima queda-
rá excusada de su obligación de declarar en los mismos casos que los pre-
vistos para el testigo: i) cuando su declaración pueda comprometer su res-
ponsabilidad penal (artículo 163.2 de CPP de 2004), ii) cuando tenga obliga-
ción legal de guardar secreto (artículo 165.2 de CPP de 2004), iii) cuando sea
cónyuge o conviviente del imputado (artículo 165.1 de CPP de 2004), así co-
mo cuando sea pariente hasta el cuarto grado de consanguinidad o segun-
do de afinidad (artículo 165.1 de CPP de 2004), teniendo este supuesto de
parentesco gran trascendencia para el enjuiciamiento de delitos de agresio-
nes sexuales o malos tratos en el ámbito familiar, en los cuales se deberá ser
particularmente cuidadoso en advertir a la víctima del derecho que le asiste
de abstenerse de contestar todas o alguna de las preguntas que se formu-
len, no solo por el vicio de nulidad que integra la declaración inadvertida,
sino por la victimización secundaria que para la víctima se deriva de apor-
tar ella misma la prueba de cargo que permitirá la punición de seres queri-
dos y que, a buen seguro, comportará además la ruptura del núcleo familiar
constituido libremente y en el que se ha desarrollado la personalidad y los
efectos durante años, con posible afectación de terceras personas integran-
tes del mismo núcleo.

2. LA VALIDEZ DEL TESTIMONIO DE LA VÍCTIMA COMO ELEMENTO DE


PRUEBA

No obstante la aplicación a la declaración de la víctima de la normativa refe-


rente a la declaración de los testigos, no puede perderse de vista que aque-
lla no puede ser considerado un tercero ajeno al evento delictivo ocurrido
y por el cual ella, precisamente, está allí. Su afectación por el delito es evi-
dente y la víctima no puede mostrarse indiferente respecto al resultado del
proceso. Pese a ello, la jurisprudencia ha admitido que la declaración de la
víctima puede ser prueba suficiente para enervar la presunción de inocen-
cia, pero para ello su declaración debe estar rodeada de ciertas cautelas en
aquellos supuestos en los que sea esta la única prueba de cargo concurren-
te. Así, la jurisprudencia española considera que para que la declaración de

155
Elky Alexander Villegas Paiva

la víctima pueda enervar por sí misma la presunción de inocencia, será ne-


cesaria la concurrencia de tres requisitos[243]:

a) Ausencia de incredibilidad subjetiva: debe exigirse que no exista en


la víctima –fuera del propio delito que refiere– un móvil o animosidad
que pueda provocar una fabulación o incriminación falsa. El requisito, in-
tegrando una precaución lógica, ha sido limitado en su valor por la pro-
pia jurisprudencia, sin que pueda ser determinante de eliminar siempre
la credibilidad de la víctima, toda vez que no es infrecuente que la comi-
sión de un delito venga precedida de un deterioro de las relaciones en-
tre víctima y agresor que puede ser aprovechado por este para resque-
brajar el único medio de prueba conque se cuenta para la incriminación.

b) Corroboraciones periféricas: la validez de su declaración, como prue-


ba de cargo, exige que sea un relato lógico y que pueda corroborarse
indiciariamente por la acreditación de la realidad de las circunstancias
periféricas objetivas y constatables que le acompañen. La concurrencia
de lesiones que denoten la agresión violenta que la víctima refiere, la
aparición de restos orgánicos, la rotura de ropas, la realidad de que el
inculpado estuviera en el lugar y hora que se le atribuye, la existencia
de testigos que vieran el estado de crispación de la víctima instantes
después del supuesto ataque, o cualquier otra de las infinitas circuns-
tancias que coexisten alrededor del delito, pueden aportar la verosimi-
litud o credibilidad de la afirmación de la víctima que podía cuestionar-
se inicialmente, debiéndose destacar entre estas corroboraciones, las
pruebas periciales tendentes a objetivar si en la víctima se dan los trau-
mas o secuelas psíquicas que son susceptibles de derivarse de ataques
de la naturaleza del referido por el acusador.

c) Persistencia en la incriminación: El tercer y último requisito jurispru-


dencial se asienta en la base de que los hechos acontecidos son úni-
cos y estables, de suerte que ha de ser igualmente estable e inmuta-
ble el relato que de los mismos haga la víctima, el cual deberá mostrar-
se además sin ambigüedades, ni contradicciones. La exigencia deberá
ser ponderada en consideración a las leves impresiones o a omisiones
que pueden estar justificadas por el estado de turbación en el que se
encuentre la víctima en los momentos posteriores al ataque, pero sin
que esta compresible razón lleve a vaciar de contenido a la exigencia.

[243] LLERENA CONDE, Pablo. “Los derechos de protección a la víctima”. Ob. cit., p. 336.

156
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Tales requisitos han sido acogidos por nuestra judicatura, así la Corte Supre-
ma ha sostenido que:

“Tratándose de las declaraciones de un agraviado, aun cuando sea el


único testigo de los hechos, al no regir el antiguo principio jurídico tes-
tis unus testis nullus, tiene entidad para ser considerada prueba válida
de cargo y, por ende, virtualidad procesal para enervar la presunción
de inocencia del imputado, siempre y cuando no se adviertan razones
objetivas que invaliden sus afirmaciones. Las garantías de certeza se-
rían las siguientes:

Ausencia de incredibilidad subjetiva. Es decir, que no existan relaciones


entre agraviado e imputado basadas en el odio, resentimientos, ene-
mistad u otras que puedan incidir en la parcialidad de la deposición,
que por ende le nieguen aptitud para generar certeza.

Verosimilitud, que no solo incide en la coherencia y solidez de la pro-


pia declaración, sino que debe estar rodeada de ciertas corroboracio-
nes periféricas, de carácter objetivo que le doten de aptitud probatoria.

Persistencia en la incriminación, con las matizaciones que se señalan


en el literal c) del párrafo anterior”[244].
Los requisitos expuestos, como se ha anotado, deben apreciarse con el ri-
gor que corresponde. Se trata, sin duda, de una cuestión valorativa que in-
cumbe al órgano jurisdiccional. Corresponde al Juez o Sala Penal analizarlos
ponderadamente, sin que se trate de reglas rígidas sin posibilidad de mati-
zar o adaptar al caso concreto.

No puede culminarse este análisis sin destacar que estas mismas reglas se-
rán aplicables en aquellos casos en los que la apreciación del testimonio de
la víctima presenta dificultades especiales, como cuando se trate de meno-
res de edad a quienes se atribuye una especial capacidad para la fabulación
o la sugestión, o cuando la víctima padezca algún tipo de enfermedad o de-
ficiencia psíquica o mental. Si bien en estos supuestos, el tribunal debería
contar además con una información pericial que calibre la capacidad de la
víctima de percibir lo ocurrido y de trasmitir la realidad al tribunal.

[244] Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Suprema de Justicia. Acuerdo Plenario Nº 2-2005/CJ-
116, f. j. 10.

157
Elky Alexander Villegas Paiva

Ahora bien ¿cuál será el valor que debe dársele a la declaración de la vícti-
ma, si esta ha dado versiones diferentes a lo largo del proceso? Pues en ta-
les casos es posible hacer prevalecer como confiable aquella con contenido
de inculpación por sobre las otras de carácter exculpante, claro ello está en
función de ciertos requisitos.

Esta ha sido la doctrina acogida por el tribunal supremo de la justicia ordi-


naria en el Acuerdo Plenario N° 1-2011/CJ-116, donde resalta que este crite-
rio encuentra particular y especial racionalidad en los delitos sexuales, don-
de es común la existencia de una relación parental, de subordinación o de
poder entre el agente y la víctima[245].

Así, la retractación como obstáculo al juicio de credibilidad se supera en la


medida en que se trate de una víctima de un delito sexual cometido en el
entorno familiar o entorno social próximo. Ello en tanto y en cuanto se veri-
fique: i) la ausencia de incredibilidad subjetiva –que no existan razones de
peso para pensar que prestó su declaración inculpatoria movidos por ra-
zones tales como la exculpación de terceros, la venganza, la obediencia, lo
que obliga a atender a las características propias de la personalidad del de-
clarante, fundamentalmente a su desarrollo y madurez mental–, y ii) se pre-
senten datos objetivos que permitan una mínima corroboración periférica
con datos de otra procedencia; iii) que no sea fantasiosa e o increíble, y iv)
que sea coherente[246].

En igual sentido, la Corte Suprema señala que la uniformidad y firmeza del


testimonio inculpatorio debe flexibilizarse razonablemente. Bajo ese orden,
debe tomarse en cuenta para sopesar la retractación en la declaración de la
víctima el lapso del tiempo de la investigación del delito, la evolución de los
sentimientos frente al agresor –de una inicial rabia a la culpa por denunciar
a un familiar–, los reproches familiares por desunir el núcleo o por apartar a
la persona que aporta con el sustento económico del hogar.

Por lo tanto, el acuerdo señala como doctrina legal que la validez de la re-
tractación de la víctima está en función de las resultas tanto de una eva-
luación de carácter interno como externo. En cuanto a la primera, se tra-
ta de indagar: a) la solidez o debilidad de la declaración incriminatoria y la

[245] Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Suprema de Justicia. Acuerdo Plenario Nº 1-2011/CJ-116,
f. j. 23.
[246] Ibídem, f. j. 24.

158
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

corroboración coetánea –en los términos expuestos– que exista: b) la cohe-


rencia interna y exhaustividad del nuevo relato y su capacidad corroborati-
va; c) la razonabilidad de la justificación de haber brindado una versión fal-
sa, verificando la proporcionalidad entre el fin buscado –venganza u odio–
y la acción de denunciar falsamente. Respecto de la perspectiva externa, se
ha de examinar: d) los probados contactos que haya tenido el procesado
con la víctima o de su objetiva posibilidad, que permitan inferir que la víc-
tima ha sido manipulada o influenciada para cambiar su verdadera versión;
y, e) la intensidad de las consecuencias negativas generadas con la denun-
cia en el plano económico, afectivo y familiar. A estos efectos, el propio rela-
to de la víctima se erige en la herramienta más sólida para advertir estos in-
dicadores, al igual que la información que puedan proporcionar sus familia-
res cercanos[247].

3. ESPECIALES CIRCUNSTANCIAS DE LA DECLARACIÓN DE LA VÍCTI-


MA: EL USO DE LA CÁMARA GESSEL

Existen determinadas circunstancias que obligan a que las declaraciones de


las víctimas se realicen bajo cierto procedimiento especial, para evitar una
revictimización, esto se da generalmente en el caso de niños, adolescentes
o víctimas de violación sexual.

Ello ha sido tomado en cuenta por el legislador al prescribir en el inciso 3 del


artículo 171 del CPP de 2004 que:

“Cuando deba recibirse testimonio de menores y de personas que ha-


yan resultado víctimas de hechos que las han afectado psicológica-
mente, se podrá disponer su recepción privada. Si el testimonio no se
actuó bajo las reglas de la prueba anticipada, el juez adoptará las me-
didas necesarias para garantizar la integridad emocional del testigo y
dispondrá la intervención de un perito psicólogo, que llevará a cabo el
interrogatorio propuesto por las partes. Igualmente, permitirá la asis-
tencia de un familiar del testigo”.
En lo referente a este tema, la Corte IDH ha señalado que:

[247] Ibídem, f. j. 26.

159
Elky Alexander Villegas Paiva

“Debido a que las condiciones en las que participa un niño en un pro-


ceso no son las mismas en que lo hace un adulto, es fundamental reco-
nocer y respetar las diferencias de trato que corresponden a diferencias
de situación, entre quienes participan en un procedimiento”[248].
Asimismo, la citada Corte afirmó que:

“[l]a obligación de proteger el interés superior de los niños y niñas du-


rante cualquier procedimiento en el cual estén involucrados puede im-
plicar, inter alia, lo siguiente: i) suministrar la información e implemen-
tar los procedimientos adecuados adaptándolos a sus necesidades
particulares, garantizando que cuenten con asistencia letrada y de otra
índole en todo momento, de acuerdo con sus necesidades; ii) asegu-
rar especialmente en casos en los cuales niños o niñas hayan sido víc-
timas de delitos como abusos sexuales u otras formas de maltrato, su
derecho a ser escuchados se ejerza garantizando su plena protección,
vigilando que el personal esté capacitado para atenderlos y que las sa-
las de entrevistas representen un entorno seguro y no intimidatorio,
hostil, insensible o inadecuado, y iii) procurar que los niños y niñas no
sean interrogados en más ocasiones que las necesarias para evitar, en
la medida de lo posible, la revictimización o un impacto traumático en
el niño”[249].
En la misma línea, la Corte Suprema ha sostenido que:

“(la declaración) deberá ser necesariamente dirigida y controlada por


el Tribunal de Instancia, bajo supervisión del (los) padre(s) del infante,
imponiéndose precisar una determinación de reglas que garanticen la
salud psicológica del menor y permitan prevenir una (posible) revicti-
mización –victimización secundaria– del niño, por lo cual el juicio oral
exige la necesidad de adecuarse a las necesidades del menor debién-
dose contar con una sensibilidad e implicación activa por parte de los
profesionales y sujetos procesales que en general intervengan, por lo
que se exhorta a: a) que la diligencia sea privada; b) contar con la au-
torización y presencia de por lo menos uno de los padres; c) preparar
al niño para la diligencia; d) evitar cualquier encuentro directo de este

[248] Corte IDH. Condición Jurídica y Derechos Humanos del Niño. Opinión Consultiva OC-17/02 del 28 de agosto
de 2002, párr. 96.
[249] Corte IDH. Caso Rosendo Cantú y otra vs. México. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia del 31 de agosto de 2010, párr. 201.

160
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

con los encausados –podrán utilizarse fotografías u análogos en caso


de la necesidad de algún reconocimiento–; e) que las partes empleen
un lenguaje sencillo y comprensible para su transmisión por el especia-
lista al menor; f ) que la declaración del infante sea recibida a través de
las preguntas que formulen las partes, las que deberán estar dirigidas
al Tribunal, que controlará la regularidad de las mismas, para ser trasla-
dadas al especialista que se encontrará con el menor en una sala dife-
rente –con un acondicionamiento propio para un infante–, ya sea con
un espejo unidireccional o a través de videoconferencia, y será el psicó-
logo quien transmitirá finalmente la pregunta al menor, cuya respues-
ta será atendida por el Tribunal con la inmediación que corresponde;
g) que el Tribunal Superior controle la idoneidad y actuación –de consi-
derarla inadecuada en protección del niño– del especialista que toma-
rá contacto final con el menor, de igual modo, se aconseja que el Tri-
bunal evalúe y admita los consejos de los especialistas que incremen-
ten o garanticen una mejor protección del menor; h) no forzar inten-
samente la reconstrucción del recuerdo en la víctima, teniéndose pre-
sente que en la vida de un niño el paso de unos años puede hacer ol-
vidar algunos detalles respecto de cómo fueron las cosas, oportunidad
en la que deberá recurrirse a un nuevo y acabado debate de las decla-
raciones directas e indirectas que se cuenten del menor las que rigu-
rosamente deberán ser sometidas al contradictorio; i) que la entrevis-
ta sea grabada en video y tenga una duración máxima a la aconsejada
por el especialista. De este modo, no solo se reducirá alguna vivencia
traumática que haya experimentado el impúber, sino que también el
estrés que puede, entre otras cosas, perjudicar el testimonio del niño y
su memoria”[250].
Igual criterio se maneja para la declaración de la víctima en los casos de vio-
lación sexual. Así, la Corte IDH ha sostenido que: “Entre otros, en una inves-
tigación penal por violencia sexual es necesario que: i) la declaración de la
víctima se realice en un ambiente cómodo y seguro, que le brinde privaci-
dad y confianza; ii) la declaración de la víctima se registre de forma tal que
se evite o limite la necesidad de su repetición; (...)”[251].

[250] Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema de Justicia. R.N. Nº 2543-2009-Lima, del 4 de marzo de 2010,
magistrado ponente Jueza Suprema Barrios Alvarado, considerando quinto.
[251] Cf. Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros vs. México. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia del 30 de agosto de 2010, párr. 195.

161
Elky Alexander Villegas Paiva

Asimismo la citada Corte señaló que “en casos de violencia sexual, la investi-
gación debe intentar evitar en lo posible la revictimización o reexperimen-
tación de la profunda experiencia traumática cada vez que la víctima recuer-
da o declara sobre lo ocurrido”[252].

Por tales circunstancias, y con el objetivo de brindar a los operadores de jus-


ticia una herramienta de trabajo que permita aplicar el procedimiento de
entrevista única a niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual, ex-
plotación sexual, y así evitar su revictimización, la Fiscalía de la Nación ha
desarrollado una guía de procedimientos para la entrevista única a través de
la Cámara Gesell, la que es dirigida por un fiscal de familia o mixto, quien res-
guarda los derechos que la legislación reconoce a la víctima.

La Cámara Gesell o sala de entrevista única, fue creada por el estadouniden-


se Arnold Gesell (1880-1961), quien era un psicólogo y pediatra que se dedi-
có a estudiar las etapas del desarrollo de los niños.

Básicamente, la Cámara Gesell consiste en dos salas separadas por una pa-
red de vidrio espejado que permite mirar solo de un lado, dotada de un sis-
tema especial de audio y video; en esta cámara la víctima es entrevistada
una única vez y por un psicólogo en una sala y desde la otra los operado-
res de justicia observan y oyen todo lo que sucede sin ser vistos ni escucha-
dos; el psicólogo puede recibir, mediante un audífono especial, las pregun-
tas que los operadores de justicia requieran y trasmitírsela a la víctima en el
lenguaje adecuado. La entrevista es gravada con audio y video a color para
ser presentada como evidencia.

Asimismo la actuación de la entrevista única se documenta por medio de


un acta, está junto a la grabación audiovisual, y forman parte de la investi-
gación fiscal.

Por otro lado, las declaraciones brindadas en esta cámara, deben ser actua-
das como prueba anticipada, en tanto que en los delitos de violación se-
xual, a las víctimas se las debe examinar con urgencia ante la presencia de
un motivo fundado para considerar que no podrá hacerse en el juicio oral
por grave impedimento, cumpliendo con uno de los supuestos para reali-
zar la prueba anticipada, conforme al artículo 342.1.a) del CPP de 2004. Es-
te supuesto se verifica porque la gravedad del impedimento consiste que

[252] Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros vs. México. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia del 30 de agosto de 2010, párr. 196.

162
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

ante un hecho punible de esta naturaleza, los menores y adolescentes so-


lamente deben declarar una sola vez (declaración única) para que no sean
revictimizados.

163
CAPÍTULO SÉPTIMO
El actor civil y la reparación
civil en el proceso penal
El actor civil y la reparación
civil en el proceso penal

Al comienzo de este trabajo señalamos que la víctima con el transcurrir del


tiempo había quedado convertida en un mero elemento de prueba en el
proceso penal, o en el mejor de los casos solo se justificaba su intervención
en aquel en el interés puramente patrimonial que podría tener, rechazando
cualquier otro interés que pretenda manifestar.

En ese sentido se puede afirmar que el derecho a que la víctima obtenga


una reparación económica por los daños que se le ocasionó el agresor con
su proceder ilícito, es el único derecho que ha estado presente a lo largo
del tiempo, y que en el nuevo sistema procesal penal ha recobrado nuevos
bríos, en tanto el CPP de 2004 proporciona instrumentos normativos para
hacer más real y efectiva la reparación civil, a diferencia del anterior cuerpo
normativo, donde si bien se encontraba vigente, muy pocas veces llegaba a
materializarse.

Por tales consideraciones en las siguientes páginas nos abocaremos al es-


tudio de la acción civil, con la cual se demanda la aludida reparación, en el
proceso penal. Para ello empezaremos por analizar la posición del agravia-
do como actor civil, aspecto medular en tanto solo su constitución como tal
le permitirá reclamar tal reparación en el proceso penal. Luego de ello, es-
tudiaremos los aspectos más relevantes de la acción civil en el proceso pe-
nal, tales como su naturaleza, los daños indemnizables, y la prescripción de
la acción civil a reclamar la reparación e indemnización de tales daños, en-
tre otros aspectos.

1. EL ACTOR CIVIL

1.1. Concepto
Parte civil o actor civil –tal como lo denomina el CPP de 2004– es el sujeto pro-
cesal (agraviado) que dentro del proceso penal enfoca su rol principalmente

167
Elky Alexander Villegas Paiva

en el ejercicio de la acción civil para demandar una reparación por los daños
que se le causó con la conducta ilícita de aparente relevancia penal.

Es el daño sufrido y la búsqueda de su resarcimiento lo que legitima al agra-


viado para constituirse en actor civil[253]. En ese sentido el agraviado –perju-
dicado– como actor civil participa en el proceso penal materializando pre-
tensiones de naturaleza estrictamente resarcitoria, manteniéndose al mar-
gen de los intereses punitivos de la sociedad[254]. Si bien es cierto que se le
reconoce cierto margen de intervención en la investigación de los hechos
y en la integración de estos, ello no se debe a que tenga legitimación pa-
ra acreditar la fundamentación fáctica de la pretensión penal (al actor ci-
vil le está vedado realizar una calificación punitiva), sino a que ambas accio-
nes (civil y penal) suelen derivar de unos mismos hechos naturales o históri-
cos que contravienen el ordenamiento jurídico (misma conducta ilícita)[255].

Esa calidad de actor civil, como titular de la acción civil emergente del ac-
to ilícito de aparente relevancia penal, se adquiere cuando este se presen-
ta en el proceso penal para constituirse como tal. Para hacerlo el titular de-
be ser persona capaz civilmente, por cuanto si no lo fuere debe actuar con
las representaciones que la ley civil impone para el ejercicio de las acciones
civiles[256].

Ahora bien para que el agraviado tenga legitimidad de solicitar, al interior


del proceso penal, su constitución en actor civil y por ende reclamar una
reparación debe haber sido primero perjudicado por el actuar ilícito del

[253] Con base en ello se dice que: “La parte civil activa es el perjudicado, es decir, quien ha sufrido en su esfera
patrimonial o moral los daños producidos por la comisión del delito, siendo titular, frente al responsable civil,
de un derecho de crédito, bien (supuesto más normal) nacido de culpa, bien por la simple existencia de una
responsabilidad civil objetiva que pudiera surgir con ocasión de la comisión de un delito” (GIMENO SENDRA,
Vicente. Manual de Derecho Procesal Penal. 2ª edición, Colex, Madrid, 2010, p. 104).
[254] Cfr. VASSALLO SAMBUCETI, Efraín. La acción civil en el proceso penal. Editorial San Marcos, Lima, 2000,
p. 234. ASENCIO MELLADO, José María. La acción civil en el proceso penal. Dictamen jurídico-el salvataje
financiero. Ara Editores, Lima, 2010, p. 26. Este autor sostiene que: “El actor civil es el titular de la acción ci-
vil, el perjudicado por los hechos y su intervención en el proceso penal se limita y ha de limitar a esa concreta
acción, careciendo de legitimación para, aunque sea indirectamente, sostener la acción penal, menos aún, en
un sistema, como el peruano, que atribuye el monopolio de esta última al Ministerio Público”.
[255] Cfr. ASENCIO MELLADO, José María. La acción civil en el proceso penal. Dictamen jurídico-el salvataje fi -
nanciero. Ara Editores, Lima, 2010, pp. 26, 54; señala que: “Sería absurdo pues, cuando se trata de favorecer
la economía procesal, que el actor civil hubiera de acreditar los hechos mediante actos diferentes a los que
sirven para la pretensión penal, máxime cuando son útiles los mismos medios de investigación y prueba”.
[256] MORAS MON, Jorge. Manual de Derecho Procesal Penal. 6ª edición, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 2004,
p. 49.

168
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

agente[257], es decir la conducta presuntamente delictiva debe haberle oca-


sionado un daño ya sea de naturaleza patrimonial o extrapatrimonial. Solo
hay idoneidad jurídico-material y aptitud procesal, o lo que se conoce como
interés para accionar, cuando quien pretende constituirse en actor civil acre-
dita primero el daño o perjuicio producido por el delito.

En ese sentido, a efectos de la denominada responsabilidad civil ex delicto la


noción de agraviado, o más en específico diríamos de sujeto pasivo del de-
lito y perjudicado no son sinónimas, pues si bien todo delito tiene un agra-
viado, o en todo caso un sujeto pasivo del delito (sujeto titular del bien ju-
rídico lesionado o puesto en peligro), no se puede sostener que todo deli-
to posea un perjudicado o produzca una determinada clase de daño en tér-
minos jurídico-civiles.

En síntesis, solo el perjudicado por la conducta llicta puede constituirse en


actor civil, en otras palabras titular de la acción civil será el perjudicado. Así
el CPP de 2004 en su artículo 98 prescribe que:

“La acción reparatoria en el proceso penal solo podrá ser ejercida


por quien resulte perjudicado por el delito, es decir, por quien se-
gún la ley civil esté legitimado para reclamar la reparación y, en su caso,
los daños y perjuicios producidos por el delito”.
El perjudicado puede ser una persona física o jurídica que ha sufrido algún
tipo de perjuicio por el accionar ilícito que se investiga en sede penal. Actor
es el propio agraviado o sujeto legitimado (caso de los herederos del agra-
viado en los delitos de homicidio), que ha comparecido en el proceso pe-
nal ejercitando la acción civil sustentada en la pretensión resarcitoria surgi-
da del delito. Asimismo, pueden constituirse en parte civil las asociaciones
en los delitos que afectan intereses colectivos o difusos, cuya titularidad le-
sione a un número indeterminado de persona, o en los delitos incluidos co-
mo crímenes internacionales según los tratados internacionales aprobados
y ratificados por el Perú, siempre que el objeto social de las mismas se vincu-
le directamente con esos intereses y haya sido reconocida e inscrita con an-
terioridad a la comisión del delito objeto del procedimiento.

[257] Como anota CASTILLO ALVA, José Luis. Las consecuencias jurídico-económicas del delito. Idemsa, Lima,
2001, p. 109: “Solo la calidad de perjudicado habilita para reclamar la reparación civil. El perjudicado puede
ser tanto una persona natural o jurídica que ha sufrido algún tipo de daño o perjuicio por la comisión de un
daño ilícito”.

169
Elky Alexander Villegas Paiva

Igualmente, también puede constituirse en actor civil cualquier persona


que ha sufrido un daño como consecuencia del acto delictivo, como el ase-
gurador de un riesgo de responsabilidad civil; los que sufren un daño como
consecuencia de un vínculo jurídico que lo unía con la víctima del hecho,
por ejemplo, el que mantenía un contrato, cuya prestación a cargo de la víc-
tima del delito constituía una obligación intuito personae, y el hecho delicti-
vo pone a la víctima en la imposibilidad de cumplir dicho contrato; siempre
que se trate de un contrato en que la parte que se considera perjudicada ya
hubiese realizado la contraprestación a su cargo, y no exista la posibilidad
de obtener un resarcimiento fuera del proceso penal. Esta afirmación se sus-
tenta en el artículo 101 del CP, en cuanto nos remite al Código Civil, confor-
me al cual se viabiliza la legitimación de estos terceros[258].

1.2. ¿Para qué constituirse en actor civil?


La principal razón por la cual el agraviado o agraviados, de ser el caso, se
constituyen como actor civil es para poder demandar la reparación civil, pe-
ro aparte de ello, y conforme a los artículos 104 y 105 del CPP de 2004, pue-
de ejercer las siguientes facultades:

- Deducir nulidad de actuados.

- Ofrecer medios de investigación durante la etapa de investigación


preparatoria.

- Ofrecer medios de prueba en la etapa intermedia.

- Participar en los actos de investigación y de prueba.

- Intervenir en el juicio oral, por intermedio de su abogado.

- Interponer los recursos impugnatorios que la ley prevé.

- Intervenir en el procedimiento para la imposición de medidas limitati-


vas de derechos, cuando corresponda.

- Formular solicitudes en salvaguarda de su derecho.

[258] GÁLVEZ VILLEGAS, Tomás Aladino. “Posibilidad de recurrir a la vía civil luego de concluido el proceso
penal. Cuando el agraviado se ha constituido en actor civil y su pretensión ha sido amparada”. En: Actualidad
Jurídica. Tomo 227, Gaceta Jurídica, Lima, octubre de 2012, p. 39.

170
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

- Colaborar con el esclarecimiento del hecho delictivo, de la interven-


ción del autor o partícipe, y

- Acreditar –como ya hemos dicho– la reparación civil que pretende.


El actor civil, aparte de los derechos que tiene por haberse constituido en
tal, conserva los derechos que posee por el solo hecho de ser agraviado.

En lo referente a la posibilidad de intervenir en el procedimiento para la im-


posición de medidas limitativas de derechos, que acabamos de hacer men-
ción, creemos que se refiere la prisión preventiva[259], así como a otras me-
didas de similar naturaleza. Lo que sostenemos no contradice lo estipulado
en el artículo 271.1 del CPP de 2004, pues si bien esta norma señala quié-
nes son los sujetos que están obligados a estar presentes en la audiencia de
prisión preventiva: el fiscal, el imputado y su abogado defensor, ello no im-
plica que la no mención al actor civil en dicho artículo signifique que este
haya establecido que no deba estar en la referida audiencia[260], es decir, de
la redacción del citado artículo no se puede entender que este ha impues-
to un prohibición al actor civil para intervenir en la audiencia, sino que –en
concordancia con el artículo 104 del mismo cuerpo normativo– su interven-
ción es facultativa, pudiendo intervenir si así lo considera conveniente para
el resguardo de sus derechos en el caso en concreto.

Es más somos de la idea que aun cuando el agraviado no se haya constitui-


do en actor civil, puede igualmente intervenir en la audiencia de requeri-
miento de prisión preventiva, en virtud de su derecho a ser escuchado en el
proceso. Que el juez tenga el deber de escuchar al agraviado en la audien-
cia de prisión preventiva, tiene una relación con dos de los derechos funda-
mentales del agraviado:

- Derecho a que se preserve su integridad y la de su familia (artículo


95.1.c), el mismo que puede ser vulnerado si el juez no tiene en consi-
deración que el imputado pueda estar amenazando al agraviado y/o a

[259] Sobre la regulación de la prisión preventiva en el marco del CPP de 2004 véase: VILLEGAS PAIVA, Elky
Alexander. “Principios y presupuestos de la prisión preventiva en el nuevo Código Procesal Penal”. En: Gaceta
Penal & Procesal Penal. Tomo 18, Gaceta Jurídica, Lima, diciembre de 2010, p. 266 y ss.; VILLEGAS PAIVA,
Elky Alexander. “La prisión preventiva en la agenda judicial para la seguridad ciudadana. Entre el garantismo
y la eficacia en la persecución penal”. En: Gaceta Penal & Procesal Penal. Tomo 28, Gaceta Jurídica, Lima,
octubre de 2011, p. 38 y ss.
[260] Sin embargo así lo entiende: VÁSQUEZ RODRÍGUEZ, Miguel Ángel. “La constitución en actor civil: ¿Quién,
cuándo, para qué y cómo?”. En: Gaceta Penal & Procesal Penal. Tomo 28, Gaceta Jurídica, Lima, octubre de
2011, p. 307.

171
Elky Alexander Villegas Paiva

su familia, constituyendo esa por sí misma una prueba irrefutable del


riesgo procesal de la conducta del procesado y que debe ser valorada
para imponerle una medida de coerción personal como la prisión pre-
ventiva o el impedimento de salida del país.

- Derecho a probar, el cual se vería vulnerado por el imputado si es que


perturbara u obstruyera la actividad probatoria, por ejemplo amedren-
tando testigos. En este caso, si por el entorpecimiento de la actividad
probatoria, no se llegara a encontrar culpable al imputado y se dificul-
tara la posibilidad de resarcir el daño causado por el delito, se limitaría
el derecho a probar de la víctima[261].
En síntesis el agraviado si bien no puede solicitar la adopción de una medi-
da cautelar personal, sí puede intervenir en su procedimiento, específica-
mente en la audiencia que se lleven cabo en ejercicio de su derecho a ser
escuchado, en caso de que se haya constituido como actor civil aparte de
ser escuchado en tales audiencias, puede recurrir las resoluciones adopta-
das en su seno. Si puede, igualmente, como actor civil solicitar medidas cau-
telares reales como por ejemplo: embargo, inhibición, desalojo preventivo
o pensión anticipada de alimentos (véase artículos 303 y siguientes del CPP
de 2004).

1.3. Requisitos y oportunidad para constituirse en actor civil


El agraviado, para ser considerado como actor civil en el proceso penal, de-
berá reunir ciertos requisitos formales, temporales y de fondo, bajo sanción
de inadmisibilidad. Por lo tanto, actor civil es un sujeto formalmente cons-
tituido en el proceso penal con la finalidad de aportar la prueba e impulsar
la actividad probatoria necesaria para acreditar su pretensión resarcitoria y
coadyuvar a la acreditación de la responsabilidad penal del procesado.

El CPP de 2004 en su artículo 100 prescribe las exigencias legales que debe
contener la solicitud de constitución en actor civil:

1. La solicitud de constitución en actor civil se presentará por escrito ante


el Juez de la Investigación Preparatoria.

2. Esta solicitud debe contener, bajo sanción de inadmisibilidad:

[261] CORNEJO PERALES, Guillermo Gabriel. “El rol del agraviado y del actor civil en el nuevo Código Procesal
Penal”. En: Procesal Penal. Ediciones Caballero Bustamante, Lima, 2012, p. 31.

172
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

a) Las generales de ley de la persona física o la denominación de la


persona jurídica con las generales de ley de su representante legal;

b) La indicación del nombre del imputado y, en su caso, del tercero ci-


vilmente responsable, contra quien se va a proceder;

c) El relato circunstanciado del delito en su agravio y exposición de las


razones que justifican su pretensión; y;

d) La prueba documental que acredite su derecho conforme al artícu-


lo 98.

En lo referente a una posible concurrencia de peticiones de constitución en


actor civil, el inciso 1 del artículo 99 del CPP de 2004 establece que:

“La concurrencia de peticiones se resolverá siguiendo el orden suce-


sorio previsto en el Código Civil. Tratándose de herederos que se en-
cuentren en el mismo orden sucesorio, deberán designar apoderado
común, y de no existir acuerdo explícito, el juez procederá a hacerlo”.
Esta prescripción se aplicará cuando más de un persona solicite constituir-
se en actor civil, respecto de un único daño. Pero, ¿qué sucede en los casos
en que una única conducta atribuida al imputado pueda haber perjudicado
a más de una persona, natural o jurídica? En este caso, el juez debe admitir
la constitución de dos o más actores civiles, si se logra acreditar que existen
igual cantidad de perjudicados, pues, por ejemplo, puede suceder que an-
te un delito de robo agravado exista alguien perjudicado en su patrimonio,
pero otra persona perjudicada en su integridad[262].

Lo mismo puede afirmarse respecto de ciertos delitos contra la fe pública,


la administración pública, entre otros, pues si bien el titular del bien jurídi-
co es el Estado, nada obsta para que si existiera un perjudicado con tal con-
ducta, como persona natural incluso, también pueda constituirse como ac-
tor civil. Ejemplo: tenemos el delito de abuso de autoridad, donde al mar-
gen que la concreta dependencia pública o sector al que pertenece el fun-
cionario o quien se le atribuye la comisión del ilícito, se sienta con derecho
a reclamar su constitución en actor civil, no existe impedimento alguno pa-
ra que la persona (natural o jurídica) que se siente afectado con el actuar del

[262] Véase, así, GUILLERMO BRINGAS, Luis Gustavo. La reparación civil en proceso penal. Aspectos sustantivos
y procesales. Pacifico Editores, Lima, 2011, p. 114.

173
Elky Alexander Villegas Paiva

funcionario, peticione también su incorporación al proceso penal como ac-


tor civil, máxime cuando tal delito se comete, según el artículo 376 del CP
en perjuicio de alguien[263].

Por otro lado, el artículo 96 del CP prescribe que el derecho a exigir la repa-
ración civil se transfiere a los herederos del agraviado. Prescripción que se
aplica al caso de que el agraviado haya muerto antes, durante o después del
proceso penal sin haber logrado el pago de la reparación civil. En este su-
puesto, los herederos del agraviado pueden iniciar o continuar la acción en-
caminada a lograr el pago. Sin embargo, situación distinta se presenta cuan-
do se trata de un caso de homicidio, aquí no habrá ninguna transferencia
del derecho de exigir la reparación civil, sino que este derecho lo tendrán los
herederos por ser perjudicados directos por la comisión de ese delito, tal co-
mo lo señala el artículo 94.2 del CPP de 2004.

Con respecto a la oportunidad de constituirse en actor civil, de acuerdo al


artículo 101 del CPP de 2004 el pedido para aquello deberá efectuarse has-
ta antes de la culminación de la investigación preparatoria, de forma que
si dicho pedido se efectúa una vez concluida esta, no podrá ser amparado.

Ahora bien, el artículo citado señala hasta qué momento puede solicitarse
la constitución en actor civil, pero no desde cuándo se puede plantear di-
cha solicitud. Entonces con respecto a esto último cabe preguntarse si la pe-
tición de constitución en actor civil puede hacerse en la fase de diligencias
preliminares –que integra la investigación preparatoria–, o si resulta necesa-
rio que se haya formalizado la continuación de la Investigación Preparatoria.

La jueces penales de la Corte Suprema, mediante acuerdo plenario, han des-


cartado la primera posibilidad al considerar que al momento que se vienen
realizando las diligencias preliminares el Ministerio Público aún no ha for-
mulado la inculpación formal a través de la respectiva disposición fiscal; es-
to es, no ha promovido la acción penal ante el órgano jurisdiccional, por
lo que mal podría acumularse a ella una pretensión resarcitoria en ausen-
cia de un objeto penal formalmente configurado. Por ello se decantan por
sostener que recién se podrá plantear el objeto civil luego de que se haya

[263] GUILLERMO BRINGAS, Luis Gustavo. La reparación civil en proceso penal. Aspectos sustantivos y procesa-
les. Pacifico Editores, Lima, 2011, pp. 114-115.

174
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

sido notificada la formalización de la investigación preparatoria al juez de


garantías[264].

En lo referente al trámite jurisdiccional para la constitución en actor civil del


perjudicado por el hecho punible, los jueces supremos sostienen que ade-
más del trámite previsto en el referido artículo 102 del aludido Código que
establece la obligación del juez de recabar información de los sujetos pro-
cesales apersonados y correr traslado de la petición, a fin de resolver den-
tro del tercer día, es el hecho de analizar si este procedimiento de consti-
tución en actor civil debe hacerse obligatoriamente con la celebración de
audiencia[265].

En el citado Acuerdo Plenario se ha dejado señalado que la lectura asiste-


mática del artículo 102, apartado 1), del Código Procesal Penal puede suge-
rir a algunas personas que el juez dictará la resolución sin otro trámite que
el haber recabado la información y la notificación de la solicitud de consti-
tución en actor civil. Empero, el segundo apartado del indicado artículo pre-
cisa que para efectos del trámite rige lo dispuesto en el artículo 8 –se tra-
ta, como es obvio, de una clara norma de remisión–. Esta última disposición
estatuye que el procedimiento requiere como acto procesal central que el
juez lleve a cabo una audiencia con la intervención obligatoria del fiscal y,
debe entenderse así, con la participación facultativa de las otras partes pro-
cesales. No es el caso, por ejemplo, del artículo 15.2.c) del Código Proce-
sal Penal, que autoriza al juez, bajo la expresión: “(…) de ser el caso”, resol-
ver un incidente procesal determinado solo si se producen determinados
presupuestos[266].

Resulta entonces que el trámite de la constitución en actor civil tendría que


realizarse necesariamente mediante audiencia, en cumplimiento de los prin-
cipios procedimentales de oralidad y publicidad, y el principio procesal de
contradicción establecidos en el artículo I.2 del Título Preliminar del Códi-
go Procesal Penal. Debe entenderse, desde esta perspectiva, que el plazo de
tres días fijado en el artículo 202.1 de la Ley Procesal Penal se refiere al paso
de expedición de la resolución correspondiente –que en el caso del artículo

[264] Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Suprema de Justicia. Acuerdo Plenario N° 5-2011/CJ-116,
f. j. 17.
[265] Ibídem, f. j. 18.
[266] Ídem.

175
Elky Alexander Villegas Paiva

8 es de dos días de celebrada la audiencia como plazo máximo–, pero esta


debe proferirse, como paso posterior, de la realización de la audiencia.

Por consiguiente, no es posible deducir de la ley que la audiencia solo se lle-


vará a cabo ante la oposición de una parte procesal, pues tal posibilidad no
está reconocida por el Código Procesal Penal y sería contraria al principio de
legalidad procesal. No obstante ello, la vulneración del derecho objetivo no
necesariamente produce nulidad de actuaciones, pues esta tiene como pre-
supuestos no solo la vulneración de la ley sino principalmente la generación
de una indefensión material a las partes procesales o la absoluta desnatura-
lización del procedimiento lesiva a los principios y garantías que le son pro-
pios e insustituibles. La nulidad, pues, está condicionada a las infracciones
de relevancia constitucional que se anotan[267].

2. LA REPARACIÓN CIVIL EN EL PROCESO PENAL

2.1. Naturaleza jurídica


La inclusión de la denominada responsabilidad civil ex delicto en la legis-
lación penal, ha generado la discusión sobre cuál es su naturaleza mate-
rial. Discusión que formulada en interrogante sería: ¿la reparación civil de-
rivada del delito tiene naturaleza pública o privada, o posee una natura-
leza mixta?

Responder a dicha cuestión, o en todo caso indagar sobre la naturaleza de


la reparación civil derivada del delito no constituye un tema baladí, sino que
–tal como ya ha sido reconocido por un sector de la doctrina[268]–, reviste de
una enorme importancia, sobre todo práctica, pues de la determinación de
su naturaleza depende, por ejemplo el carácter disponible o no de la misma,
o si puede ser objeto de renuncia, desistimiento, autocomposición o hete-
rocomposición, así como su transmisibilidad y solidaridad. Igualmente de la

[267] Ibídem, f. j. 19.


[268] Cfr. CASTILLO ALVA, José Luis. Las consecuencias jurídico-económicas del delito. Idemsa, Lima, 2001,
p. 72; GUILLERMO BRINGAS, Luis Gustavo. La reparación civil en proceso penal. Aspectos sustantivos y
procesales. Pacífico Editores, Lima, 2011, pp. 34-35.

176
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

determinación de su naturaleza jurídica depende la finalidad y presupues-


tos para su existencia[269].

Al respecto, son tres los planteamientos que tratan de explicar la naturaleza


jurídica de la reparación civil:

2.1.1. Tesis de la naturaleza jurídica pública


Un sector de la doctrina, ahora ya minoritario, plantea que la reparación
civil tiene una naturaleza pública[270], específicamente jurídico-penal. Para
sostener ello se basan en un criterio estrictamente formal: la ubicación de
esta institución en la legislación penal. Es decir, al estar regulada en el CP,
compartiría la misma naturaleza que aquellas otras instituciones conteni-
das en él, por lo tanto tendría la misma naturaleza común que las sanciones
jurídico-penales.

2.1.2. Tesis de la naturaleza jurídica privada


Otro sector de la doctrina se inclina por plantear la naturaleza privada o ci-
vil de la reparación[271]. Los defensores de esta tesis estiman que la natura-

[269] Si la reparación civil tiene carácter público, o con mayor precisión jurídico-penal, su finalidad no puede ser aje-
na a la misión que se le asigna al Derecho Penal dentro del ordenamiento jurídico, la cual, según la orientación
de las ideas penales en la actualidad, solo puede ser de carácter preventivo. No se podría dejar de atender a
las consecuencias derivadas del principio de responsabilidad subjetiva y del principio de proporcionalidad que
obliga a ponderar en la aplicación de toda sanción jurídico-penal y la reparación civil lo sería –en el aspecto
subjetivo o interno del sujeto–. El juez penal en la fijación de la reparación no podría pasar por alto la adecua-
da valoración del dolo o la culpa del sujeto. Es más, estaría impedido de aplicar la reparación civil al no exis-
tir la demostración fehaciente de los datos psicológico-normativos mencionados. Por su parte de considerar
a la reparación como una institución propia del Derecho Civil implicaría aceptar la posibilidad de renunciar a
algunas garantías materiales del Derecho Penal como el aludido principio de responsabilidad subjetiva y el
mismo principio de proporcionalidad, que suelen desplegar su máxima importancia en el Derecho Público y,
en especial, en el Derecho Penal. El único criterio de medición de la reparación civil sería la magnitud o la enti-
dad del daño efectivamente producido. Se renunciaría, por tanto, a la valoración de los principales contenidos
del principio de culpabilidad (CASTILLO ALVA, José Luis. Las consecuencias jurídico-económicas del delito.
Idemsa, Lima, 2001, pp. 72-73).
[270] Así véase: RODRÍGUEZ DELGADO, Julio. La reparación como sanción jurídico-penal. Editorial San Marcos,
Lima, 1999, passim; ZARZOSA CAMPOS, Carlos. La reparación civil del ilícito penal. Rodhas, Lima, 2001,
p. 155 y ss.
[271] Esta es la postura mayoritaria en la actualidad. Así, véase, entre otros: ZAFFARONI, Eugenio. Tratado de
Derecho Penal. Parte general. Tomo V, Ediar, Buenos Aires, 1988, p. 473; ZAFFARONI, Eugenio; ALAGIA,
Alejandro y SLOKAR, Alejandro. Derecho penal. Parte general. 2ª edición, Ediar, Buenos Aires, 2002,
p. 990; SOLER, Sebastián. Derecho Penal argentino. Tomo II, 5ª edición, 10ª reimpresión, Tipográfica Editora
Argentina, Buenos Aires, 1992, p. 560 y ss.; GARCÍA PABLOS DE MOLINA, Antonio. “La responsabilidad civil
derivada del delito y su controvertida naturaleza”. En: BAIGÚN, David. (coordinador). De las penas. Homenaje
al profesor Isidoro de Benedetti. Depalma, Buenos Aires, 1997, p. 241 y ss.; BUSTOS RAMÍREZ, Juan y
HORMAZÁBAL MALARÉE, Hernán. Lecciones de Derecho penal. Vol. I, Trotta, Madrid, 1997, p. 235; ROIG
TORRES, Margarita. La reparación del daño causado por el delito (aspectos civiles y penales). Tirant lo

177
Elky Alexander Villegas Paiva

leza jurídica de una norma o una institución no puede fundarse en su so-


la ubicación dentro de un determinado cuerpo de leyes, pues su presencia
puede obedecer a una decisión política, legislativa o a razones puramente
pragmáticas.

Es más, sostienen que la ubicación de la reparación civil en el CP y su mante-


nimiento en dicha sede hasta la actualidad se explica por razones y tradición
históricas: al producirse y existir la codificación penal antes de que la codi-
ficación civil, el legislador no tuvo otra opción que regular las normas de la
reparación civil en el CP, hecho que se ha venido conservando en la mayo-
ría de Códigos Penales. Ahora bien, ello no supone un prejuzgamiento res-
pecto a su naturaleza que sigue siendo de carácter privado, puesto que “(…)
el hecho de que aparezca regulada en la ley penal no le quita su carácter ni
contenido civil, ya que se ha mostrado que es posible congregar la acción
penal con la acción-pretensión civil”[272].

En sentido, los partidarios de esta corriente señalan que, si de lege ferenda,


el legislador derogase las normas del CP dedicadas a la regulación de la re-
paración civil, ello carecería de relevancia, pues podría accionarse en la vía
civil basada en el normatividad del CC que versa sobre la responsabilidad
extracontractual[273].

Blanch, Madrid, 2000, p. 101 y ss.; CLARIÁ OLMEDO, Jorge. Derecho Procesal Penal. Tomo I, actualizado
por Jorge Vásquez Rossi, Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 1998, p. 169; ASENCIO MELLADO, José María. La
acción civil en el proceso penal. Dictamen jurídico-el salvataje financiero. Ara Editores, Lima, 2010, p. 41 y
ss. En la doctrina nacional: PRADO SALDARRIAGA, Víctor. Las consecuencias jurídicas del delito. Gaceta
Jurídica, Lima, 2000, p. 279; GÁLVEZ VILLEGAS, Tomás Aladino. La reparación civil en el proceso penal.
2ª edición, Lima, 2005, p. 74 y ss.; GÁLVEZ VILLEGAS, Tomás Aladino. “Posibilidad de recurrir a la vía ci-
vil luego de concluido el proceso penal. Cuando el agraviado se ha constituido en actor civil y su pretensión
ha sido amparada”. En: Actualidad Jurídica. Tomo 227, Gaceta Jurídica, Lima, octubre de 2012, p. 34 y ss.;
CASTILLO ALVA, José Luis. Las consecuencias jurídico-económicas del delito. Idemsa, Lima, 2001, p. 71
y ss.; GARCÍA CAVERO, Percy. “La naturaleza y alcance de la reparación civil: a propósito del precedente
vinculante establecido en la ejecutoria suprema R.N. Nº 948-2005-Junín”. En: CASTILLO ALVA, José Luis
(director). Comentarios a los precedentes vinculantes en materia penal de la Corte Suprema. Grijley, Lima,
2008, p. 591 y ss.; PEÑA CABRERA FREYRE, Alonso. “Naturaleza jurídica de la reparación civil ex delicto”.
En: Gaceta Penal & Procesal Penal. Tomo 9, Gaceta Jurídica, Lima, marzo de 2010, p. 73 y ss., GUILLERMO
BRINGAS, Luis Gustavo. La reparación civil en proceso penal. Aspectos sustantivos y procesales. Pacifico
Editores, Lima, 2011, p. 39 y ss.
[272] VELÁSQUEZ VELÁSQUEZ, Fernando. Derecho Penal. Parte general. Temis, Bogotá, 1995, p. 707.
[273] Cfr. GARCÍA PABLOS DE MOLINA, Antonio. “La responsabilidad civil derivada del delito y su controvertida
naturaleza”. Ob. cit., p. 242.

178
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

2.1.3. Tesis de la naturaleza jurídica mixta


Por último, existe una tercera posición –de carácter ecléctico o mixto– sobre la
naturaleza jurídica de la reparación civil derivada del delito. Esta, en realidad,
no ofrece aporte alguno, sino que simplemente refiere que la reparación civil
tiene una doble naturaleza: civil-penal: la pretensión tendría naturaleza jurídi-
ca privada pero el ejercicio de la acción resarcitoria, en sede penal, es pública.

La redacción, no del todo clara, del artículo 92 del CP, parece abonar a favor
de esta postura. Dicho texto normativo establece que “la reparación civil se
determina conjuntamente con la pena”. Disposición que interpretada literal-
mente puede llevar a creer que la responsabilidad penal conlleva de mane-
ra automática la responsabilidad civil. Y es que en apariencia la norma aludi-
da impondría al juez la obligación de que junto a la determinación de la pe-
na, establezca a su vez la reparación civil, independientemente de la volun-
tad del perjudicado o sujeto agraviado.

Igualmente coadyuva a esta postura la regulación de la extinción de la ac-


ción, pues el artículo 100 del CP prescribe que “la acción civil derivada del
hecho punible no se extingue mientras subsista la acción penal”, lo cual de-
mostraría que los términos de la prescripción de la acción civil derivada del
delito no son los mismos para toda acción civil, sino que se hallan vincula-
dos a los alcances de la prescripción del delito. Se apunta que si la acción ci-
vil tuviera carácter genuinamente civil no tendría por qué tener una pres-
cripción distinta a la reservada a la responsabilidad extracontractual.

2.1.4. Toma de posición: asunción de la tesis de naturaleza privada de la


acción civil en el proceso penal
Nos adherimos a la postura que sostiene que la reparación civil que se ven-
tila en el proceso penal por causa de un hecho ilícito de apariencia delicti-
va es de naturaleza privada o civil. Afirmar lo contrario, esto es que la repara-
ción que se desarrolla en el proceso penal es pública o en todo caso mixta,
sería admitir que existen dos tipos de responsabilidades civiles, lo cual resul-
ta equivocado, pues la responsabilidad civil es una en todo el ordenamiento
jurídico[274], independientemente de dónde se encuentren recogidas las re-

[274] Como señala Asencio Mellado: “No hay dos tipos de responsabilidad civil por el hecho de una de ellas dima-
ne de un ilícito civil sin repercusión penal y otra lo sea de un hecho que a la vez puede ser considerado como
delito. La responsabilidad civil nunca tiene su origen o causa en la comisión de un hecho delictivo y es ajena
a esta calificación. Su origen siempre está en una conducta originadora de un daño civil y que como tal está
prevista en las leyes civiles, aunque los textos penales limiten posteriormente las acciones ejercitables en el

179
Elky Alexander Villegas Paiva

glas específicas que buscan hacerla efectiva y en tanto se basa para su confi-
guración en la existencia de un daño y no en la producción de un delito, de-
be ser considerada de naturaleza civil.

Debe entenderse que la responsabilidad civil que se ventila en el proceso


penal no es en puridad ex delicto, sino –al igual que cualquier responsabili-
dad civil en general– ex daño[275], es decir no nace del delito, sino del daño
ocasionado por actos ilícitos, actos que además pueden estar tipificados co-
mo delitos o faltas. De ello se colige que existen delitos que no acarrean da-
ños, razón por la cual será imposible plantear una acción civil de reparación
por un daño inexistente, aunque el delito efectivamente se haya concretiza-
do[276]. Así pues, en la mayoría de delitos de peligro no existirá la causación
de un daño, como también se puede encontrar ausente el daño en algunas
formas de tentativa. En estos casos, aunque exista responsabilidad penal no
existirá –por la ausencia de daño– responsabilidad civil[277].

Siendo así, y así es, mal se hace cuando se pretende equiparar a la repara-
ción civil por hecho ilícito de apariencia delictiva con la sanción penal, pues
si bien tienen un mismo origen: hecho histórico que reviste el carácter de

proceso penal. Por tal razón, la respuesta judicial a la acción civil nunca lo es de carácter penal, sino civil,
la cual consiste en una restitución, en una reparación o en una indemnización” (ASENCIO MELLADO, José
María. La acción civil en el proceso penal. Dictamen jurídico-el salvataje financiero. Ob. cit., pp. 42-43).
[275] En este sentido se ha dicho que: “El fundamento de la responsabilidad civil ‘por delito’ al igual que el de la
responsabilidad por el hecho ilícito civil, es el daño, el daño causado obliga a repararlo, tanto si se produce a
consecuencia de un delito o falta o si deriva de una conducta no delictiva. En ambos casos, tanto en el de res-
ponsabilidad civil por delito como cuando es por acto no delictivo, en esencia nos encontramos siempre ante
lo mismo: ante responsabilidad puramente civil” (SÁNCHEZ JORDÁN, María Elena. “Problemas de la llamada
responsabilidad civil por delito”. En: Revista Jurídica de Navarra. N° 11, Navarra, enero-junio de 1991, p. 162).
[276] Por ejemplo, en el caso de una persona que cometa un delito que no ocasione ningún tipo de daño, como se-
ría el caso del condenado por tenencia ilegal de armas. Se podrá considerar que esa persona es responsable
criminalmente del delito, pero, al no haberse causado ningún daño no se podrá deliberar por el tribunal que
es responsable civil del mismo (SÁNCHEZ JORDÁN, María Elena. “Problemas de la llamada responsabilidad
civil por delito”. En: Revista Jurídica de Navarra. N° 11, Navarra, enero-junio de 1991, p. 163).
[277] No queremos señalar que en los delitos de peligro o en los casos de tentativa jamás se producirá un daño,
sino que ello suele generalmente ocurrir, pero habrá casos en que sí pueda producirse un daño. En perspecti-
va resulta acertado lo dicho por la Corte Suprema de Justicia, cuando sostiene que: “En los delitos de peligro,
desde luego, no cabe negar a priori la posibilidad de que surja responsabilidad civil, puesto que en ellos, –sin
perjuicio, según los casos, de efectivos daños generados en intereses individuales concretos– se produce
una alteración del ordenamiento jurídico con entidad suficiente, según los casos, para ocasionar daños civi-
les, sobre el que obviamente incide el interés tutelado por la norma penal, que por lo general y que siempre
sea así, perturbación del ordenamiento jurídico se debe procurar restablecer, así como los efectos que directa
o causalmente ha ocasionado su comisión (el daño como consecuencia directa y necesaria del hecho delic-
tivo (…). Por consiguiente, no cabe descartar la existencia de responsabilidad civil en esta clase de delitos,
y, en tal virtud, corresponderá al órgano jurisdiccional en lo penal determinar su presencia y fijar su cuantía”
(Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Suprema de Justicia de la República. Acuerdo Plenario
Nº 6-2006/CJ-116, f. j. 10).

180
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

ilícito y de apariencia o posible relevancia penal, lo cierto es que poseen fun-


damento y finalidad distinta.

Como explica García Cavero: “La reparación civil no es una pena, pero com-
parte con esta un mismo presupuesto: la realización de un acto ilícito (…).
Pero cada una de ellas valora el hecho ilícito desde su propia perspectiva,
lo que se explica en el hecho de que parten de fundamentos distintos. Así,
mientras la pena se impone con la finalidad de mantener el bien jurídico
frente a vulneraciones culpables, la reparación civil derivada del delito se
centra en la función de reparar al daño producido a la víctima por la acción
delictiva”[278].

En este sentido, también se ha pronunciado la Corte Suprema de nuestro


país cuando ha dejado dicho que:

“La reparación civil, que legalmente define el ámbito del objeto civil
del proceso penal y está regulada por el artículo 93 del Código Penal,
desde luego, presenta elementos diferenciadores de la sanción penal;
existen notas propias, finalidades y criterios de imputación distintos
entre responsabilidad penal y responsabilidad civil, aun cuando com-
parten un mismo presupuesto: el acto ilícito causado por un hecho an-
tijurídico, a partir del cual surgen las diferencias respecto de su regula-
ción jurídica y contenido entre el ilícito penal y el ilícito civil. Así las co-
sas, se tiene que el fundamento de la responsabilidad civil, que origina
la obligación de reparar, es la existencia de un daño civil causado por
un ilícito penal, el que obviamente no puede identificarse con ‘ofensa
penal’ –lesión o puesta en peligro de un (bien) jurídico protegido, cuya
base se encuentra en la culpabilidad del agente– [la causa inmediata
de la responsabilidad penal y la civil ex delicto, infracción /daño, es dis-
tinta]; el resultado dañoso y el objeto sobre el que recae la lesión son
distintos”[279].
Bajo esa perspectiva, la determinación de la reparación civil se hace sobre la
base de sus propios criterios, no siguiendo los presupuestos para la deter-
minación de la responsabilidad penal. Esto se debe a que cada una tiene su
propia estructura: la responsabilidad penal requiere, en una teoría analítica

[278] GARCÍA CAVERO, Percy. “La naturaleza y alcance de la reparación civil: a propósito del precedente vinculan-
te establecido en la ejecutoria suprema R.N. Nº 948-2005-Junín”. Ob. cit., p. 594.
[279] Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Suprema de Justicia de la República. Acuerdo Plenario
Nº 6-2006/CJ-116, f. j. 10.

181
Elky Alexander Villegas Paiva

del delito, de un hecho típico, antijurídico y culpable, mientras que la res-


ponsabilidad civil de la existencia de un daño antijurídico, una relación de
causalidad entre el daño causado y la conducta realizada por el autor del
mismo, así como de un factor de atribución por el cual se pueda hacer res-
ponsable al causante del daño.

Conforme a lo dicho se puede sostener que la responsabilidad civil deter-


minada en el proceso penal no es propiamente “derivada del delito” [280] –y
por lo tanto se comete una equivocación al denominarla así, siendo por ello
preferible hablar de “responsabilidad civil por actos ilícitos de apariencia
delictiva”[281]–, y será establecida con base en los criterios objetivos y subje-
tivos de imputación jurídico-civil, con independencia de si ese daño consti-
tuya un elemento fundamentador del injusto penal[282].

Igualmente el importe de la responsabilidad civil por actos de apariencia


delictiva se establece en atención al daño producido, al igual como sucede
con la responsabilidad civil pura, y no según el grado de culpabilidad como
sucedería si se le tratara de una pena[283].

En ese sentido, el principal argumento de la postura pública de la reparación


civil, el cual consistía en señalar que era de naturaleza penal porque se halla-
ba regulada en el CP, queda desvirtuado, pues como ha quedado demostra-
do “el encuadramiento sistemático de una norma no prejuzga en absoluto la
naturaleza del contenido mismo de la norma”[284]. Además, como ya hemos
referido, la inclusión de la reparación civil en el ordenamiento penal se debe
a la anticipación histórica del legislador penal frente al civil en la regulación
de la reparación civil derivada del delito. Y si hasta el día de hoy se mantie-
ne es por una cuestión práctica basada en el principio de economía proce-

[280] La inadecuación terminológica ha sido puesta de relieve, desde ya hace varios años, entre otros, por:
QUINTANO RIPOLLÉS, Antonio. ““La “acción tercera” o “cuasi criminal” propia de la responsabilidad civil dia-
mantes del delito”. En: Revista de Derecho Privado. Tomo XXX, Nº 357, Madrid, 1946, p. 936; DÍAZ ALABART,
“La responsabilidad por los actos ilícitos dañosos de los sometidos a patria potestad o tutela”. ADC, 1987,
p. 796; CASINO RUBIO, Responsabilidad civil de la Administración y delito. Madrid, 1998, pp. 194-195.
[281] Cfr. DE LA OLIVA SANTOS, Andrés; ARAGONESE MARTÍNEZ, Sara; HINOJOSA SEGOVIA, Rafael;
MUERZA ESPARZA, Julio y TOMÉ GARCÍA, José Antonio. Derecho Procesal Penal. 7ª edición, Centro de
Estudios Ramon Areces Madrid, 2004, p. 250.
[282] GARCÍA CAVERO, Percy. Derecho Penal económico. Tomo I-parte general. 2ª edición, Grijley, Lima, 2007,
p. 997.
[283] MARTÍN RÍOS, María del Pilar. El ejercicio de la acción civil en el proceso penal: una aproximación victimoló-
gica. La Ley, Madrid, 2007, p. 40.
[284] GARCÍA PABLOS DE MOLINA, Antonio. “La responsabilidad civil derivada del delito y su controvertida natu-
raleza”. Ob. cit., p. 245.

182
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

sal[285], evitando de ese modo el peregrinaje de jurisdicciones[286]. Se trata de


una cuestión de inmediatez, de que las legítimas pretensiones reparatorias
de la víctima sean colmadas simultáneamente con las del Estado[287].

Como refiere la Corte Suprema:

“Con independencia de su ubicación formal, la naturaleza jurídica


de la reparación civil es incuestionablemente civil, y que aun cuando
exista la posibilidad legislativamente admitida de que un Juez Penal
pueda pronunciarse sobre el daño y su atribución, y en su caso deter-
minar el quántum indemnizatorio –acumulación heterogénea de ac-
ciones–, ello responde de manera exclusiva a la aplicación del princi-
pio de economía procesal. Gimeno Sendra sostiene, al respecto, que
cuando sostiene que el fundamento de la acumulación de la acción
civil a la penal derivada del delito es la economía procesal, toda vez
que dicho sistema permite discutir y decidir en un solo proceso, tanto
la pretensión penal, como la pretensión civil resarcitoria que pudiera
surgir como consecuencia de los daños cometidos por la acción delic-
tuosa y que, de ser decidida con absoluta separación en un proceso ci-
vil produciría mayores gastos y dilaciones al perjudicado por el delito,
debido a la onerosidad, lentitud e ineficacia de nuestro ordenamien-
to procesal civil [Derecho Procesal Penal, 2ª edición, Editorial Colex, Ma-
drid, 2007, p. 257]”[288]. 
Entonces se tiene que la acumulación de la acción civil al proceso penal, res-
ponde a un supuesto de acumulación heterogénea de pretensiones, con fi-
nes procesales estrictos. Tendencia que encuentra su beneficio en el hecho

[285] GONZÁLEZ Rus. “El art. 444 del Código Penal y el régimen general de la responsabilidad civil derivada del
delito”. En: Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. Tomo XXXIII, fascículo Nº 2, Ministerio de Justicia,
Madrid, mayo-agosto de 1979, p. 395; GIMENO SENDRA, Vicente. Manual de Derecho Procesal Penal. 2ª
edición, Colex, Madrid, 2010, p. 150; GARCÍA CAVERO, Percy. Derecho Penal económico. Tomo I-parte ge-
neral. Ob. cit., p. 994.
[286] SILVA SÁNCHEZ, Jesús María. “¿Ex delicto? Aspectos de la llamada ‘responsabilidad civil’ en el proceso pe-
nal”. En: InDret. N° 03/2001, Universidad Pompeu Fabra, Barcelona, 2001, p. 3. Al sostener que: “Lo que sí
debe considerarse correcto sin matización alguna es que el fundamento de la institución “responsabilidad civil
derivada de delito” se halla en un criterio de economía procesal, orientado a evitar el denominado “peregrinaje
de jurisdicciones”. En efecto, seguramente es este factor el único que puede explicar por completo el conjunto
de pronunciamientos de “responsabilidad civil” que se contienen en las sentencias penales: constituye el úni-
co denominador común de estos”.
[287] PEÑA CABRERA FREYRE, Alonso Raúl. Derecho Penal. Parte general, Idemsa, Lima, 2009, p. 1163.
[288] Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Suprema de Justicia de la República. Acuerdo Plenario
Nº 5-2011/CJ-116, f. j. 8.

183
Elky Alexander Villegas Paiva

de que, con el menor desgaste posible de jurisdicción, se pueda reparar el


daño público causado por el delito y reparar el daño privado ocasionado
por el mismo hecho.

Con esa posible acumulación de acciones se evita que la víctima del delito
“se la someta al doble esfuerzo de exigir, por un lado, el castigo del delito y,
por el otro, una indemnización por el daño producido”[289]. En nuestra reali-
dad se evitaría, por ejemplo, que el agraviado tenga que recurrir a la vía ci-
vil para exigir el pago de la indemnización correspondiente, donde tendría
que pagar costos de tasas judiciales –que, dependiendo de la cuantía de la
indemnización que se pretende, puede llegar a ser muy onerosas–, cédulas
de notificación, entre otros.

Sin embargo, debemos precisar que esta acumulación, considerando la na-


turaleza jurídica privada de la reparación civil y realizando una interpreta-
ción sistemática del ordenamiento jurídico vigente, no es obligatoria, sino
que dependerá de la voluntad del agraviado. En este sentido, procederá la
acumulación, siempre y cuando, el agraviado así lo decida, constituyéndo-
se, para ese efecto, en actor civil. Es decir, la posibilidad de acumular las ac-
ciones debe entenderse solo como eso: una posibilidad, nunca como un ac-
to obligatorio[290].

Por ello es posible acudir a otra vía distinta a la penal con la finalidad de que
el agraviado o perjudicado se procure la reparación civil correspondiente.
Además el CPP de 2004 en su artículo 11 inciso 1, acorde con lo dicho, pres-
cribe que: “El perjudicado por el delito podrá ejercer la acción civil en el pro-
ceso penal o ante el orden jurisdiccional civil. Pero una vez que se opta por
una de ellas, no podrá deducirla en la otra vía jurisdiccional”. Lo que se debe
concordar con el artículo 106 del mismo cuerpo normativo, que a la letra es-
tablece: “La constitución en actor civil impide que se presente demanda in-
demnizatoria en la vía extra-penal. El actor civil que se desiste como tal an-
tes de la acusación fiscal no está impedido de ejercer la acción indemniza-
toria en la otra vía”.

Por otro lado, se debe tener en cuenta que la unificación de pretensiones (ci-
vil y penal) en el proceso penal no afecta la autonomía de cada una de ellas,

[289] CASTILLO ALVA, José Luis. Las consecuencias jurídico-económicas del delito. Idemsa, Lima, 2001, p. 81.
[290] GUILLERMO BRINGAS, Luis Gustavo. La reparación civil en proceso penal. Aspectos sustantivos y procesa-
les. Ob. cit., p. 148.

184
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

de modo tal que la falta de una condena no es óbice para imponer una repa-
ración civil en caso de que estén acreditadas los daños en el proceso penal.

La falta de imposición de una pena o el archivamiento del proceso no debe


traer como consecuencia relevar al juez penal de emitir un pronunciamien-
to respecto de la reparación civil en caso de estar acreditado el daño. El ar-
tículo 12, inciso 3 del CPP de 2004 establece que la sentencia absolutoria
o el sobreseimiento del proceso no impedirán al órgano jurisdiccional pro-
nunciarse sobre la responsabilidad civil derivada del hecho punible[291].

Una diferencia más entre la independencia de la acción civil de la penal,


la hallamos en el hecho de que la responsabilidad civil no siempre recae
sobre el autor de los hechos penales, lo cual sucede cuando la acción pe-
nal recae sobre los autores individualmente considerados y la civil a las per-
sonas jurídicas en cuyo nombre y representación actuaron los penalmente
responsables.

2.1.5. La solidaridad y transmisibilidad de la reparación civil como carac-


terísticas de su naturaleza privada
El artículo 95 del CP establece que la reparación civil es solidaria entre los
responsables del hecho punible[292] y los terceros civilmente obligados[293].

Este precepto recoge una característica básica de la reparación civil: la so-


lidaridad, característica que pone de manifiesto una vez más la naturaleza

[291] En esta línea la Corte Suprema ha señalado que: “En ese sentido se establece en el artículo 12, inciso 3 del
CPP de 2004 que la sentencia absolutoria o el auto de sobreseimiento no impedirán al órgano jurisdiccional
pronunciarse sobre la acción civil derivada del hecho punible válidamente ejercida, cuando proceda. Esto sig-
nifica, en buena cuenta, que cuando se sobresee la causa o se absuelve al acusado, no necesariamente la
jurisdicción debe renunciar a la reparación de un daño que se ha producido como consecuencia del hecho
que constituye el objeto del proceso, incluso cuando ese hecho –siempre ilícito– no puede ser calificado como
infracción penal” (Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Suprema de Justicia de la República.
Acuerdo Plenario Nº 5-2011/CJ-116, f.j. 7).
[292] Los primeros obligados al pago de la reparación civil son los responsables del hecho ilícito que han causado
daño, y que de determinarse que esa conducta ilícita es también un delito, vendrían a ser, los autores, coau-
tores, autores mediatos, cómplices e inductores.
[293] El tercero civil es la persona natural o jurídica que sin haber participado en la comisión del delito ni causado
el daño, sin embargo resulta obligado al pago de las consecuencias económicas. Dicha responsabilidad nace
de la ley. Los terceros civilmente responsables no han realizado una acción penalmente relevante, ni son cau-
santes directos del daño al no haber al no haber una relación de causalidad. No siendo necesario acreditar
que obró con dolo o culpa, pues se trata de una responsabilidad objetiva. Su incorporación al proceso penal
se halla prevista en el artículo 111 del CPP de 2004: “Las personas que conjuntamente con el imputado ten-
gan responsabilidad civil por las consecuencias del delito, podrán ser incorporadas como parte en el proceso
penal a solicitud del Ministerio Público o del actor civil”.

185
Elky Alexander Villegas Paiva

privada de este instituto, pues si la reparación civil tuviera naturaleza públi-


ca no podría imponerse solidariamente entre los responsables del hecho y
los terceros civilmente obligados, ya que la responsabilidad penal obedece
a un carácter personalísimo.

Dicha solidaridad se da cuando son varios los intervinientes en el hecho


causante del daño. No se trata de obligaciones yuxtapuestas en la que cada
autor tendría una obligación, sino de una sola obligación que consiste en la
indemnización al perjudicado por un único daño[294].

Tal solidaridad se puede dar –no de manera separada– tanto entre los res-
ponsables del delito como entre los terceros civilmente responsables, si los
hubiera. Esto último se da en los supuestos en los que en un proceso penal
seguido contra el causante directo del daño, se comprende como tercero ci-
vil a otra persona no causante, esto es quien no ha intervenido en la mate-
rialización del daño ni en la comisión del delito y, sin embargo, resulta vin-
culado (responsable) al resarcimiento por el factor de atribución de respon-
sabilidad denominado “garantía de reparación”.

El fundamento de la solidaridad radica en que de esta manera se protege


“el interés de la víctima”, facilitándole la posibilidad de dirigir la acción con-
tra quien mejor le parezca o juzgue más fácil[295]. Asimismo, ante un supues-
to de insolvencia o muerte de alguno de los responsables del hecho, el agra-
viado puede hacer efectivo el cobro de la reparación civil en los otros res-
ponsables solventes.

Otro aspecto de la solidaridad entre los responsables del hecho ilícito de


apariencia delictiva, y causante de daño, es el derecho de repetición que tie-
ne quien ha pagado la integridad de la deuda (véase artículo 1983 del Có-
digo Civil). Es decir, que el agraviado haga efectivo el cobro en solo uno de
los responsables, no implica que este se vea perjudicado frente a los demás
participantes del hecho, pues en virtud del citado artículo puede iniciar ac-
ción de repetición frente a estos. Para tal efecto el juez debe fijar la propor-
ción que corresponde a cada uno. Como cuestión final, cabe indicar que en
virtud a la solidaridad existente entre los responsables del hecho, ninguno
de ellos goza del beneficio de excusión contemplado en la ley civil.

[294] DE TRAZEGNIES GRANDA, Fernando. La responsabilidad extracontractual. Tomo II, Fondo Editorial de la
PUCP, Lima, 1990, p. 575.
[295] CASTILLO ALVA, José Luis. Las consecuencias jurídico-económicas del delito. Idemsa, Lima, 2001, p. 157.

186
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

A su vez el artículo 96 del mismo texto legal prescribe que: “La obligación de
la reparación civil fijada en la sentencia se transmite a los herederos del res-
ponsable hasta donde alcance los bienes de la herencia. El derecho a exigir
la reparación civil se transfiere a los herederos del agraviado”.

Por esta característica de transmisibilidad, tanto la obligación de reparación


civil fijada en la sentencia al responsable del daño como el derecho a exigir
la misma por el agraviado se transfieren, respectivamente, a sus herederos.
Esto tampoco sería posible si la reparación civil tuviese el carácter persona-
lísimo de la responsabilidad penal.

Apreciándose de la lectura del mismo que esta transmisión tiene como des-
tinatarios, por un lado, a los herederos del responsable y, por el otro, a los
herederos del agraviado.

Respecto a los herederos del responsable: a ellos se transmite el derecho de


pagar la reparación civil que previamente ha sido fijada en la sentencia. Sin
embargo la propia norma establece un límite a esta obligación: hasta don-
de alcancen los bienes de la herencia. Lo que debe ser concordado con el
artículo 661 del Código Civil, el cual prescribe: “el heredero responde de las
deudas y cargas de la herencia solo hasta donde alcancen los bienes de es-
ta (…). Tal regulación resulta correcta, pues no se puede obligar a los here-
deros del causante a responder con su propio patrimonio por las obligacio-
nes no contraídas por ellos.

Respecto a los herederos del agraviado: ellos no solo pueden exigir el pago
de la reparación civil, si esta ya hubiera sido fijada, sino incluso el derecho a
iniciar la acción correspondiente para procurarse esta. Este precepto del CP
debe ser concordado con el artículo 660 del Código Civil, que a la letra se-
ñala: “Desde el momento de la muerte de una persona, los bienes, derechos
y obligaciones que constituyen la herencia se transmiten a sus sucesores”.

2.2. Daños resarcibles[296]


Analizar el tema de la clasificación de los tipos de daños que se pueden pro-
ducir y que deban ser resarcidos por el responsable es entrar a uno de los

[296] Para que el daño resulte resarcible debe ser cierto (por oposición al eventual, hipotético), actual y futuro (compren-
sivo de ambas categorías), subsistente (en el sentido de que el responsable no lo haya reparado), propio (o perso-
nal del damnificado) y debe afectar a un interés legítimo o significativo. En idéntico sentido, debe mediar una re-
lación causal jurídicamente relevante entre el hecho y la lesión sufrida. Véase: TANZI, Silvia. “La reparabilidad de
la pérdida de la chance”. En: LÓPEZ CABANA, Roberto M. y ALTERINI, Atilio A. (directores). La Responsabilidad
(Libro en homenaje al Prof. Dr. Isidoro Goldenberg). Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1995, p. 330.

187
Elky Alexander Villegas Paiva

tópicos más polémicos sobre la responsabilidad civil, no existiendo hasta la


fecha consenso por parte de la doctrina.

Sin embargo, podemos señalar –siguiendo a Carlos Fernández Sessare-


go[297], por parecernos que su posición es la más acabada hasta ahora– que
existen dos criterios para clasificar a los daños. El primero hace referencia a
la naturaleza o calidad ontológica del ente lesionado y el segundo a las con-
secuencias generadas por el daño-evento[298]. Veamos:

Si se atiende a la calidad ontológica del ente afectado se observa que son


dos las categorías de entes capaces de soportar las consecuencias de un da-
ño. De una parte encontramos al ser humano, fin en sí mismo, y, del otro, a
los entes del mundo de los cuales se vale el hombre, en tanto son instru-
mentos, para proyectar y realizar su vida. El daño al ser humano, que ob-
viamente es el que tiene mayor significación, es el que se designa y cono-
ce como daño subjetivo o daño a la persona. En cambio, el daño que incide
en las cosas se denomina daño objetivo. En resumen, si se atiende a la cali-
dad ontológica del ente afectado por el daño, este puede ser considerado
ya sea como daño subjetivo o daño a la persona o como daño objetivo o da-
ño a las cosas.

La segunda clasificación, que se sustenta en los efectos del daño, nos per-
mite distinguir dos tipos de dados. De un lado podemos referirnos a los da-
ños extrapersonales o patrimoniales, que son los que tienen consecuencias
apreciables en dinero y, del otro, cabe aludir a los daños personales o extra-
patrimoniales o no patrimoniales, los mismos cuyos efectos no pueden tra-
ducirse en dinero.

[297] FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “Hacia una nueva sistematización del daño a la persona”. En: Cuadernos
de Derecho. N° 3, Órgano del Centro de Investigación de la Facultad de Derecho de la Universidad de Lima,
Lima, setiembre de 1993; FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “El daño al proyecto de vida en la doctrina y
la jurisprudencia contemporáneas”. En: Revista Jurídica del Perú. Tomo 100, Gaceta Jurídica, Lima, junio
de 2009; FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “El Derecho de daños en el umbral de un nuevo milenio”. En:
Revista Justicia y Derecho. Año 1, N° 1, enero de 2008, disponible en: <http://www.justiciayderecho.org/re-
vista1/articulos/elderecho.pdf>; FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “Los jueces y la reparación del daño al
proyecto de vida”. En: Revista Oficial del Poder Judicial. Vol. 1, N° 1, Centro de Investigaciones Judiciales del
Poder Judicial, Lima, 2007, p. 179 y ss.
[298] Para justificar esta distinción el autor peruano explica que: “Su interés radica en que debe tenerse presente
que la naturaleza o calidad ontológica del bien lesionado exige un determinado tratamiento en cuanto a su
protección y a la reparación de las consecuencias del daño que pueda ocasionársele. No es por ello lo mismo
reparar un daño a un ente único, que consiste en “una unidad psicosomática constituida y sustentada en su li-
bertad”, que un objeto o cosa del mundo exterior al ser humano”. Véase: FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos.
“El Derecho de daños en el umbral de un nuevo milenio”. Ob. cit., p. 53.

188
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Esta última clasificación es la más usual por quienes se han ocupado del te-
ma, por tal razón y con fines meramente expositivos, nos referiremos a ella
con algo más de detalle.

a) Daños extrapersonales o patrimoniales

Se caracterizan –como su propia denominación lo indica– por afectar el pa-


trimonio de la persona, es decir, producen un menoscabo en el ámbito pe-
cuniario o económico de un tercero. Son los que generan consecuencias
apreciables en dinero o cuando el objeto dañado puede ser sustituido por
otro de idéntica naturaleza. Este tipo de daños comprende dos modalida-
des: el daño emergente y el lucro cesante:

- Daño emergente: es la pérdida, destrucción o inutilización de las co-


sas o derechos que el tercero posee, en otras palabras es la pérdida pa-
trimonial efectiva[299] que produce un empobrecimiento[300] en el patri-
monio del tercero.

- Lucro cesante: se refiere a la pérdida de una ganancia legítima espe-


rada o en un aumento no realizado del patrimonio. Esa ganancia o en-
riquecimiento debe tener carácter lícito, pues si se ha dejado de ganar
una suma de dinero proveniente de acciones ilícitas, no podrá recla-
marse derecho al pago de lucro cesante.
b) Daños personales o extrapatrimoniales

Son aquellos daños que afectan derechos no patrimoniales de la persona,


por lo que no son mensurables en dinero en forma inmediata y directa. Se-
gún el artículo 1985 del CC son dos: el daño moral y el daño a la persona.

- Daño moral: es la lesión inferida a los sentimientos de la víctima y que


produce un gran dolor, aflicción o sufrimiento. Ejemplo: cuando un in-
dividuo causa la muerte de otro, los familiares de la víctima sienten una
gran aflicción y un profundo dolor. Esta aflicción debe ser indemnizada
al margen de los gastos de sepelio y otros.

[299] TABOADA CÓRDOVA, Lizardo. Elementos de la responsabilidad civil. Grijley, Lima, 2001, p. 56.
[300] DE TRAZEGNIES GRANDA, Fernando. La responsabilidad extracontractual. Tomo II, Fondo Editorial de la
PUCP, Lima, 1990, p. 36.

189
Elky Alexander Villegas Paiva

- Daño a la persona: El daño a la persona o daño subjetivo es aquel cu-


yos efectos recaen en el ser humano, considerado en sí mismo, en cuan-
to sujeto de derecho, desde la concepción hasta el final de la vida[301].
Dada la unidad del ser humano, todos los daños que se le ocasionen debe-
rían sistemáticamente incorporarse, para el efecto de su reparación, dentro
de la genérica noción de daño a la persona. Así lo exige la naturaleza misma
del ser humano y el único y común fundamento que los conecta esencial-
mente, como es el ser humano en sí mismo.

Para Fernández Sessarego, el daño a la persona se divide en dos categorías:


la primera referida al daño psicosomático, mientras que la segunda se con-
trae al daño al proyecto de vida o a la libertad fenoménica.

Dentro del daño psicosomático, Fernández Sessarego incluye aquellos en


los que se daña el cuerpo o soma y aquellos en los que se daña la psique.
De manera que se incluyen dentro de esta subcategoría al daño biológico,
el daño moral y el daño al bienestar. De esta manera, puede comprender-
se que para el citado jurista, el “daño moral” (pretium doloris) no es otra co-
sa que una modalidad del daño a la persona y, por consiguiente, es una es-
pecie de un concepto comprensivo, es decir, de una noción genérica que lo
engloba y subsume. Y esta, obviamente, es la de daño a la persona[302].

Señala el citado autor: “La tradicional concepción del daño moral se cen-
tra en el daño ocasionado al ámbito afectivo o sentimental de la persona,
lo que trae como consecuencia, sufrimiento, dolor, perturbación espiritual.
Decimos que es un daño a determinado “aspecto” de la persona, al igual que
una multiplicidad de otros daños lesionan otros tantos aspectos del com-
plejo y, a la vez, unitario ser humano. Se trata en este específico caso de la
lesión a una modalidad del género “daño a la persona”. Por esta razón somos
de la opinión que debe incluirse la restringida noción de daño moral den-
tro de aquella otra, genérica y comprensiva, de daño a la persona. Y es que
el daño moral no es otra cosa, como está dicho, que un daño específico que
compromete básicamente la esfera afectiva o sentimental de la persona,

[301] El llamado daño a la persona incluye también los perjuicios que se puedan causar al concebido o persona por
nacer, en razón a ello es que se le denomina “daño subjetivo”, a fin de que no surjan dudas de que también se
incluye dentro del referido concepto al nasciturus. Cfr. CÁRDENAS QUIRÓS, Carlos. “Apuntes sobre el de-
nominado daño a la persona”. En: Revista de Derecho y Ciencias Políticas. Vol. IV, Facultad de Derecho de la
Universidad de San Marcos, Lima, 1989.
[302] FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “El daño al proyecto de vida”. Disponible en: <http://dike.pucp.edu.pe>,
p. 9.

190
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

ocasionándole una perturbación, un dolor, un sufrimiento que carece de un


sustento patológico. No tiene sentido, por lo tanto y en nuestro concepto,
seguir otorgando autonomía jurídica a una voz que se encuentra concep-
tualmente subsumida dentro de otra que es genérica y comprensiva”.

Con respecto a la segunda categoría: daño al proyecto de vida[303], es una de


las modalidades del daño a la persona, puede ser entendido como el más
grave daño que se puede causar a la persona. Dicho acto repercute de mo-
do radical en su proyecto de vida, es decir, impide que el ser humano se rea-
lice existencialmente de conformidad con dicho proyecto libremente esco-
gido, atendiendo a una personal vocación[304]. Es, tal vez, el daño más impor-
tante que se puede inferir al ser humano como es el de arrebatarle, el senti-
do o razón de ser su vida[305].

Como corolario a lo dicho hasta este punto debemos enfatizar en que des-
de una perspectiva integral de la reparación de los daños, todos los tipos de
daños deben ser tomados en cuenta y evaluados en sede penal, cuando se

[303] Cfr. FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “El daño a la persona en el Código Civil peruano de 1984 y el Código
Civil italiano de 1942”. En: El Código Civil peruano y el sistema jurídico latinoamericano. Cultural Cuzco, Lima,
1986, p. 251 y ss.; Civil FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “El daño al proyecto de vida en la doctrina y la
jurisprudencia contemporáneas”. En: Revista Jurídica del Perú. Tomo 100, Gaceta Jurídica, Lima, junio de
2009, p. 19 y ss. FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “El “daño a la libertad fenoménica” o “daño al proyecto
de vida” en el escenario jurídico contemporáneo”. En: JUS Doctrina & Práctica. N° 6/2007, Grijley, Lima, ju-
nio de 2007; FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “Los jueces y la reparación del daño al proyecto de vida”.
En: Revista Oficial del Poder Judicial. Vol. 1, N° 1, Centro de Investigaciones Judiciales del Poder Judicial,
Lima, 2007, p. 169 y ss.; DÍAZ CÁCEDA, Joel. El daño a la persona y el daño al proyecto de vida. Una aproxi-
mación a la doctrina y su aplicación en el ámbito nacional e internacional. Jurista Editores, Lima, 2006, pas-
sim; BILOTTA, Francesco. “El daño a la persona en el derecho peruano. ‘daño al bienestar’, ‘daño al proyecto
de vida’ y daño existencial: una lectura comparada”. En: Revista Peruana de Derecho Privado. Año 1, Nº 1,
Círculo de Estudios de Derecho Privado, Lima, enero junio de 2011, p. 4 y ss.
[304] FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos, “El daño a la persona en el Código civil de 1984”. En: Libro Homenaje
a José León Barandiarán. Editorial Cuzco, Lima, 1985, p. 202. Asimismo llega a considerar que no es dable
equiparar el daño a la persona con el daño extrapatrimonial. Indica que: “En los inicios de nuestras reflexio-
nes sobre el ‘daño a la persona’ no pudimos sustraernos a la influencia de la doctrina y la jurisprudencia ita-
lianas en el sentido de equiparar, creando confusión, los conceptos de ‘daño a la persona’ con el de ‘daño
extrapatrimonial’. Probablemente a fines de la década de los años ochenta del siglo pasado, al intentar una
clasificación y sistematización del ‘daño a la persona’, comprendimos que ello no era posible. En efecto, es
dable encontrar una diferencia en el daño al ser humano (daño-evento), que ocasiona una lesión, de las con-
secuencias, de orden tanto patrimonial como extrapatrimonial, que genera dicho daño (daño-consecuencia)”.
FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “El Derecho de daños en el umbral de un nuevo milenio”. Ob. cit., p. 56.
En otra oportunidad ha señalado que: “No se puede perder de vista que el daño a la persona no solo gene-
ra consecuencias extrapatrimoniales sino también patrimoniales” (FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “Los
jueces y la reparación del daño al proyecto de vida”. En: Revista Oficial del Poder Judicial. Vol. 1, N° 1, Centro
de Investigaciones Judiciales del Poder Judicial, Lima, 2007, p. 180).
[305] FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “Los jueces y la reparación del daño al proyecto de vida”. En: Revista
Oficial del Poder Judicial. Vol. 1, N° 1, Centro de Investigaciones Judiciales del Poder Judicial, Lima, 2007,
p. 178.

191
Elky Alexander Villegas Paiva

trate de supuestos de responsabilidad civil por actos ilícitos de apariencia


delictiva, de manera que se determine cuáles se han configurado en el caso
en concreto y se proceda a una adecuada reparación e indemnización[306] de
todos y cada uno de ellos.

Para lograr ello, citamos una vez más a Fernández Sessarego, cuando muy
atinadamente sostiene que: “Es conveniente que los jueces no fijen, con un
criterio facilista, reparaciones globales o en bloque en relación con las diver-
sas modalidades de daños al ser humano. El empleo de esta metodología no
permite identificar la entidad o nivel de gravedad de cada una de las diver-
sas lesiones sufridas por la persona y el consiguiente monto que debería co-
rresponder por los perjuicios sufridos en cada caso. La finalidad perseguida
con el desagregado de los daños a la persona es el determinar, en cada caso,
la reparación adecuada que, frente a las consecuencias de cada uno de ellos,
debe asumir el agente del daño. Además, este desagregado de lesiones cau-
sadas a la persona ayudará a que los jueces se familiaricen con el abanico de
daños que se le pueden causar, los identifique cada vez con mayor nitidez,
y se vayan acostumbrando a fijar criterios para su reparación, basándose en
baremos o en la equidad, creando jurisprudencia que, a la larga, facilitará y
uniformará, relativamente, las reparaciones a otorgarse, en cada caso, a las
víctimas de un daño a la persona”[307].

Así por ejemplo, de los múltiples daños que se pueden causar a una perso-
na algunos acarrean consecuencias de orden extrapatrimonial mientras que
otros tendrán consecuencias de carácter patrimonial. Así, por ejemplo, si un
pianista pierde la mano derecha, el juez tendrá que fijar reparaciones inde-
pendientes por las consecuencias derivadas de cada uno de los diferentes
daños de los que la persona ha sido víctima. De un lado, ha de indemnizar
las consecuencias de la lesión en sí misma (daño biológico), mientras que
del otro ha de reparar aquellas que inciden en la calidad de vida de la perso-
na (daño al bienestar) y, estas dos, a su vez, de cualquier otra consecuencia
como la causada al proyecto de vida. Y todas estas consecuencias de los di-
ferentes daños a la persona no excluyen los resarcimientos de orden patri-
monial como el daño emergente generado por la hospitalización del artista

[306] Desde la perspectiva que la reparación civil por actos ilícitos de apariencia delictiva debe ser integral, el ar-
tículo 93 del CP establece los conceptos que abarca la aludida reparación. Por un lado, se encuentra la resti-
tución del bien (opera para delitos que han implicado un despojo o apropiación de bienes) y, por otro lado, la
indemnización por los daños y perjuicios ya sean de índole patrimonial o extrapatrimonial.
[307] FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “Los jueces y la reparación del daño al proyecto de vida”. En: Revista
Oficial del Poder Judicial. Ob. cit., pp. 181-182.

192
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

y sus derivados, así como los del lucro cesante de contratos por conciertos
suscritos que no podrá cumplir.

Cada daño exige una singular reparación. Cada uno de los daños referidos
–daño biológico, daño al bienestar, daño al proyecto de vida, daño emer-
gente y lucro cesante– debe ser reparado de manera independiente por-
que sus consecuencias son diferentes de las de los otros daños causados a
la persona[308].

2.3. Extinción (prescripción) de la reparación civil


Las normas específicas que se deben tomar en cuenta para analizar el tema
señalado en el epígrafe de este apartado son los artículos 2001, inciso 4 del
Código Civil y el artículo 100 del Código Penal.

El primero de los artículos citados (artículo 2001, inciso 4 del CC) estable-
ce que prescriben “salvo disposición diversa de la ley: (…) 4. A los dos años,
la acción de anulabilidad, la acción reivindicatoria, la que proviene de pen-
sión alimenticia, la acción indemnizatoria por responsabilidad extracontrac-
tual (…)”.

A su vez el artículo 100 del CP establece que la “acción civil derivada del he-
cho punible no extingue mientras subsista la acción penal”.

Ahora bien, lo primero que debemos señalar, es que el término extinción


a que hace alusión el citado artículo del CP no hace referencia a la extin-
ción de la acción civil en general, sino solamente a la extinción por prescrip-
ción[309] de esta cuando provenga de un hecho punible, para ser más exac-
tos de un ilícito de apariencia delictiva.

De acuerdo a ello, se tiene que el artículo 100 del CP regula que la acción ci-
vil solo se extinguirá (por prescripción) cuando la acción penal se extinga
igualmente por prescripción. De modo que debe descartarse aquella inter-
pretación literal del referido artículo, que entiende que si la acción civil no se

[308] FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. “Los jueces y la reparación del daño al proyecto de vida”. En: Revista
Oficial del Poder Judicial. Ob. cit., p. 185.
[309] Cfr. CASTILLO ALVA, José Luis. Las consecuencias jurídico-económicas del delito. Ob. cit., p. 160; REVILLA
LLAZA, Percy. “Precisiones sobre la prescripción de la acción civil reparatoria sustentada en el daño ex delic-
to”. En: Diálogo con la Jurisprudencia. Tomo 127, Gaceta Jurídica, Lima, abril de 2009, p. 197; GUILLERMO
BRINGAS, Luis Gustavo. La reparación civil en proceso penal. Aspectos sustantivos y procesales. Ob. cit.
p. 153.

193
Elky Alexander Villegas Paiva

extingue mientras subsista la acción penal, entonces a contrario sensu, una


vez extinguida la acción penal, la acción civil también se extinguirá. Pues la
acción penal puede extinguirse por amnistía[310], muerte del imputado[311],
entre otras causales, lo cual no implica la extinción de la acción civil.

Bajo esa perspectiva, a efectos de la acción civil por responsabilidad extra-


contractual proveniente de una conducta delictiva, no es aplicable el inciso
4 del artículo 2001, toda vez que por el principio de especialidad de aplica-
ción de la ley hace aplicable el artículo 100 del CP[312].

De esta forma se tiene que si producido el ilícito penal generador de daño,


transcurren más de dos años (inciso 4 del artículo 2001 del CC) sin que se in-
terrumpa la prescripción de la acción civil, ello no la extingue, pues el plazo
de prescripción aplicable es el de la acción penal (artículo 100 del CP). Solo
si transcurre el plazo de prescripción extraordinaria de la acción penal (ar-
tículo 83 in fine del CP) ininterrumpidamente (v. gr. sin que concurran actua-
ciones del Ministerio Público: artículo 83 del CP), la acción penal y, con ella,
la civil, fenecerán[313].

Por otro lado, el artículo 100 del CP no constituye una causal de suspensión
de la prescripción de la acción civil si se toma en cuenta que el momento a

[310] Si la acción penal se extingue por amnistía, la acción civil quedará vigente, pudiendo ejercitarse contra el
agente amnistiado o contra el propio Estado, pues la amnistía no puede perjudicar al titular de la reparación
civil, quien no tiene por qué asumir el costo de la acción perdonada. Así, GÁLVEZ VILLEGAS, Tomás Aladino.
La reparación civil en el proceso penal. 2ª edición, Lima, 2005, pp. 334-335.
[311] Si se trata de la extinción de la acción penal por muerte del agente del delito, y se ha producido un daño in-
demnizable, la acción resarcitoria podrá ejercitarse contra los herederos de dicho agente de conformidad con
el artículo 1218 del CC.
[312] SALINAS SICCHA, Ramiro. “La extinción de la acción civil derivada del hecho punible”. En: Gaceta Penal &
Procesal Penal. Tomo 3, Gaceta Jurídica, Lima, setiembre de 2009, p. 57.
[313] Ejemplo: se perpetró un delito de lesiones graves imprudentes, que produjo un daño ilícito al agraviado. Por
diversas razones, transcurren más de dos años desde la fecha de comisión del delito hasta que este fue des-
cubierto, el fiscal promovió la acción penal y el imputado tomó conocimiento de la pretensión civil. Es en este
caso donde el artículo 100 del CP es aplicable y surte efecto. Si no fuera por él, la acción civil en el proceso
penal se hubiera extinguido por prescripción conforme al plazo que establece el inciso 4 del artículo 2001 del
CC. Igual sucede si tras dos años (inciso 4 del artículo 2001 del CC) de producido el delito generador del daño
(v. gr. Lesiones graves imprudentes), el agraviado decide acudir a la vía civil para plantear una acción indem-
nizatoria (alegando que el daño ocasionado proviene de un delito con expresa invocación del artículo 100 del
CP). En este caso, la acción civil tampoco se ha extinguido, pese a que desde la fecha de comisión del deli-
to han transcurrido más de los dos años que establece el inciso 4 del artículo 2001 del CC. Aquí también es
aplicable el plazo especial de extinción de la acción indemnizatoria por responsabilidad extracontractual del
artículo 100 del CP, al observarse sus presupuestos habilitantes: i) el daño indemnizable deriva de un delito,
y ii) la acción penal aún no se ha extinguido por prescripción. Casos propuestos por REVILLA LLAZA, Percy.
“Precisiones sobre la prescripción de la acción civil reparatoria sustentada en el daño ex delicto”. Ob. cit.,
pp. 198 y 199.

194
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

partir del cual empieza la prescripción de la acción penal y de la acción civil


es normalmente el mismo: el momento de comisión del ilícito que produce
un daño indemnizable. En tales casos, no hay plazo de prescripción de la ac-
ción civil alguno que haya transcurrido antes del inicio de la prescripción de
la acción penal, esto es, no hay plazo alguno anterior que deba “reanudarse”
ni “adicionarse” una vez concluida la causal (acción penal)[314].

Tampoco se puede afirmar que funcione, en todos los casos en que suele
afirmarse, como una causal de interrupción de la acción civil. Debe descar-
tarse ello, en tanto se sostenga que, en virtud al artículo 100 del CP, el lapso
en que subsiste la acción penal quede siempre sin efecto y solo una vez ex-
tinta ella (por prescripción) corra un nuevo plazo de prescripción: dos años
conforme al inciso 4 del artículo 2001 del Código Civil (CC).

Por ejemplo: en un proceso penal por delito de lesiones graves, el agravia-


do (constituido en parte civil) se desiste de su pretensión civil. Si se aplica-
ra el artículo 100 del CP como una causal de interrupción de la acción penal,
el agraviado tendría el excesivo plazo de catorce años para entablar una ac-
ción indemnizatoria en sede civil [doce años (tiempo en que se extingue la
acción penal vía prescripción extraordinaria) más dos años (plazo que esta-
blece el inciso 4 del artículo 2001 del CC)].

Con mejor criterio, debe aplicarse aquí el inciso 2 del artículo 1997 del CC,
que señala que el desistimiento de la pretensión civil (en este caso, dentro
de un proceso penal) hace que quede sin efecto la interrupción de la pres-
cripción de la acción civil, de modo que el agraviado tendrá, a partir de di-
cho acto procesal, dos años para plantear su acción indemnizatoria en sede
civil (aun cuando prosiga el proceso penal).

Por otro lado, es necesario tener presente que el artículo 100 del CP se limi-
ta a hacer depender la subsistencia de la acción civil de la acción penal. No
expresa que la acción civil “se interrumpe por las mismas causales que la ac-
ción penal”. Luego, la acción civil conserva su autonomía normativa con re-
lación a sus propias causales de interrupción (véase artículo 1996 del CC).

Por otro lado, la acción para ejercitar la acción resarcitoria, es decir, la facul-
tad para recurrir a la autoridad jurisdiccional a fin de que esta determine la
reparación, tanto en su entidad como en su monto, prescribe en general a

[314] REVILLA LLAZA, Percy. “Precisiones sobre la prescripción de la acción civil reparatoria sustentada en el
daño ex delicto”. Ob. cit., pp. 197 y 198.

195
Elky Alexander Villegas Paiva

los 2 años o en el plazo que se mantenga vigente la acción penal, una vez
que ello se ha realizado a través de una sentencia consentida o ejecutoriada,
nos encontramos ante una obligación nacida de una ejecutoria, cuyo plazo
de prescripción, está previsto en el inciso 1) del artículo 2001 del Código Ci-
vil. En este caso el plazo de prescripción es de 10 años, el mismo que puede
interrumpirse con el requerimiento de pago, que puede realizarse de modo
indeterminado. Esto es el agraviado, cuya reparación civil se ha amparado
en el proceso, tiene el más amplio plazo para cobrar la reparación civil, pu-
diendo hacerlo directamente en ejecución de sentencia, como ya se ha indi-
cado, o inclusive utilizando la sentencia como título ejecutivo[315].

2.4. Excursos: Agraviado que recibió una reparación civil en el proceso


penal puede excepcionalmente obtener una indemnización en la vía
civil
Como se sabe el CPP de 2004 establece la alternancia de las vías procesales a
recurrir para demandar la reparación civil derivada de un acto ilícito de apa-
rente relevancia penal, pudiendo el perjudicado acudir a la vía penal o en to-
do caso a la vía civil, pero no a ambas, así el artículo 12.1 del CPP de 2004 se-
ñala que el perjudicado por el delito podrá ejercer la acción civil en el pro-
ceso penal o ante el orden jurisdiccional civil. Pero una vez que se opta por
una de ellas, no podrá deducirla en la otra vía jurisdiccional. Tal prescripción
legal debe ser complementada con el artículo 13 del mismo cuerpo norma-
tivo, en donde se afirma que el actor civil podrá desistirse de su pretensión
de reparación civil hasta antes del inicio de la Etapa Intermedia del proce-
so, lo cual no perjudicará su derecho a ejercerlo en la vía del proceso civil. Y
finalmente con el artículo 106 citado Código, en el cual se prescribe que la
constitución en actor civil impide que presente demanda indemnizatoria en
la vía extrapenal. El actor civil que se desiste como tal antes de la acusación
fiscal no está impedido de ejercer la acción indemnizatoria en la otra vía.

De todo ello se entiende, que el agraviado puede optar por la vía penal o
civil para solicitar la reparación civil ex delicto. Si elige la vía penal deberá
constituirse en actor civil, lo que a su vez implica que ya no pueda ejercer di-
cha demanda en la vía civil, a no ser que se desista de tal pretensión en la vía
penal, hasta antes de la etapa intermedia, en tal caso si podrá acudir al pro-
ceso civil, pasada dicha etapa ya no será factible hacer eso.

[315] GÁLVEZ VILLEGAS, Tomás Aladino. La reparación civil en el proceso penal. Ob. cit., p. 342.

196
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

De lo señalado hasta aquí, la respuesta a la siguiente interrogante: ¿El resar-


cimiento de los daños causados por un ilícito penal puede ser demandado
en la vía civil por quien se constituyó en actor civil en el proceso penal, ob-
teniendo un monto indemnizatorio en dicho proceso? Debería ser a primera
vista, en sentido negativo, pues en este caso el actor civil, no solo no se de-
sistió de su pretensión civil en el proceso penal, sino que efectivamente re-
cibió una reparación en respuesta a su demanda.

Asimismo, pretender tentar mejor suerte en la vía civil no parecería viable,


puesto que existiendo una declaración judicial sobre la reparación de los
daños ocasionados, no cabría someter los hechos nuevamente a un examen
judicial para determinar el pago de una reparación que ya se valoró oportu-
namente, pues de ser así se afectaría la cosa juzgada y la firmeza de las reso-
luciones judiciales.

Sin embargo, estimamos que la reparación civil determinada en la vía penal


no excluye el cobro de los daños y perjuicios en la vía civil en cuanto a los
aspectos que no se hayan tenido en cuenta en el proceso penal, es decir, si
en este último no se valoraron todos los conceptos reparatorios integrantes
de la obligación de resarcimiento y se solicitan otros diferentes en el proce-
so civil, no se puede sostener que la resolución judicial haya adquirido la ca-
lidad de cosa juzgada[316].

En tales supuestos, si el ordenamiento jurídico establece la reparación inte-


gral de los daños, deberá apreciarse, por el juez civil, en cada caso en parti-
cular, si la magnitud del daño al proyecto de vida, del daño a la integridad fí-
sica y psicológica, del daño emergente, del lucro cesante, entre otros que se
puedan solicitar, ha sido indemnizada por el juez penal.

Es cierto que tanto la pretensión indemnizatoria de daños y perjuicios ejer-


citada en el proceso penal por el actor civil como la pretensión indemnizato-
ria que se ejercita en el proceso civil, buscan la reparación del daño ocasio-
nado por el delito, por lo que se trata de un supuesto de responsabilidad ci-
vil que se sustenta en la misma fuente de las obligaciones civiles, como es la
responsabilidad civil extracontractual prevista en el Código Civil.

[316] En este sentido GÁLVEZ VILLEGAS, Tomás Aladino. “Posibilidad de recurrir a la vía civil luego de conclui-
do el proceso penal. Cuando el agraviado se ha constituido en actor civil y su pretensión ha sido amparada”.
Ob. cit., pp. 42-45.

197
Elky Alexander Villegas Paiva

Sin embargo, si en el proceso penal no se consideraron todos los concep-


tos propios de una reparación del daño causado, por motivos no imputa-
bles al agraviado, consideramos posible recurrir a la vía civil, a fin de lograr
una reparación integral, sin que pueda alegarse la existencia de cosa juzga-
da, puesto que en la vía civil se debatirán aspectos indemnizatorios distin-
tos o que no se analizaron en la vía penal.

Como enseña García Cavero: “El principio general debe ser que la reparación
civil impuesta definitivamente en el proceso penal constituye cosa juzga-
da. No obstante, esta afirmación no implica que en ningún caso pueda revi-
sarse en la vía civil una reparación impuesta en sede penal. En primer lugar,
puede presentarse un caso en el que no exista identidad de objeto, de ma-
nera que no puede hablarse de cosa juzgada. Así sería el caso, por ejemplo,
si en el proceso penal la parte civil ha recibido solamente como reparación
la restitución del bien, pero no existe pronunciamiento sobre la indemniza-
ción por los daños y perjuicios ocasionados. En este caso, el actor civil man-
tiene plenamente su derecho de accionar en la vía civil para exigir el pago
de la indemnización. Por otra parte, debe recordarse que las resoluciones
judiciales que tienen el carácter de cosa juzgada pueden tener un carácter
absoluto o relativo. Bajo esta lógica, consideramos que la cosa juzgada ten-
drá un carácter relativo si en el proceso penal no se actuaron pruebas dirigi-
das a demostrar la entidad del daño por razones no atribuibles a los afecta-
dos. En estos casos, la tutela judicial efectiva exigiría no negar la posibilidad
de que en sede civil pueda acreditarse la entidad del daño y recibir una re-
paración civil justa”[317].

Asimismo si no se le permitiera al agraviado acudir a la vía civil para una co-


rrecta y justa reparación de los daños que se le causaron con el ilícito penal
se violaría el derecho a la tutela judicial efectiva, así como al debido proce-
so, a la vez que el principio valor de equidad y justicia que subyace en todo
el ordenamiento jurídico y debe ser observado en todo proceso judicial. Vio-
lación de se da a tales derechos en cuanto el conflicto creado por el delito
respecto al agraviado no ha sido resuelto por la sentencia dictada en el pro-
ceso penal, y por ello no se puede negar al agraviado el derecho a acceder
a la jurisdicción civil, en aras de satisfacer su interés resarcitorio conforme

[317] GARCÍA CAVERO, Percy. Derecho Penal económico. Tomo II-Parte general. Ob. cit., pp. 1006-1007, GARCÍA
CAVERO, Percy. Lecciones de Derecho Penal. Parte general. Ob. cit., pp., 793-794.

198
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

a los valores, principios y derechos subyacentes en todo el ordenamiento


jurídico[318].

[318] GÁLVEZ VILLEGAS, Tomás Aladino. ““Posibilidad de recurrir a la vía civil luego de concluido el proceso penal.
Cuando el agraviado se ha constituido en actor civil y su pretensión ha sido amparada”. Ob. cit., p. 43.

199
ANEXOS
Anexos
DECLARACIÓN SOBRE LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE JUSTICIA PARA LAS
VÍCTIMAS DE DELITOS Y DEL ABUSO DE PODER

Adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 40/34, del 29 de
noviembre de 1985
A.- Las víctimas de delitos
1. Se entenderá por “víctimas” las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido
daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o me-
noscabo sustancial de los derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omi-
siones que violen la legislación penal vigente en los Estados Miembros, incluida la que pros-
cribe el abuso de poder.
2. Podrá considerarse “víctima” a una persona, con arreglo a la presente Declaración, inde-
pendientemente de que se identifique, aprehenda, enjuicie o condene al perpetrador e inde-
pendientemente de la relación familiar entre el perpetrador y la víctima. En la expresión “víc-
tima” se incluye además, en su caso, a los familiares o personas a cargo que tengan relación
inmediata con la víctima directa y a las personas que hayan sufrido daños al intervenir para
asistir a la víctima en peligro o para prevenir la victimización.
3. Las disposiciones de la presente Declaración serán aplicables a todas las personas sin dis-
tinción alguna, ya sea de raza, color, sexo, edad, idioma, religión, nacionalidad, opinión políti-
ca o de otra índole, creencias o prácticas culturales, situación económica, nacimiento o situa-
ción familiar, origen étnico o social, o impedimento físico.
Acceso a la justicia y trato justo
4. Las víctimas serán tratadas con compasión y respeto por su dignidad. Tendrán derecho al
acceso a los mecanismos de la justicia y a una pronta reparación del daño que hayan sufrido,
según lo dispuesto en la legislación nacional.
5. Se establecerá y reforzarán, cuando sea necesario, mecanismos judiciales y administrativos
que permitan a las víctimas obtener reparación mediante procedimientos oficiales u oficio-
sos que sean expeditos, justos, poco costosos y accesibles. Se informará a las víctimas de sus
derechos para obtener reparación mediante esos mecanismos.
6. Se facilitará la adecuación de los procedimientos judiciales y administrativos a las necesi-
dades de las víctimas:
a) Informando a las víctimas de su papel y del alcance, el desarrollo cronológico y la marcha
de las actuaciones, así como de la decisión de sus causas, especialmente cuando se trate de
delitos graves y cuando hayan solicitado esa información;
b) Permitiendo que las opiniones y preocupaciones de las víctimas sean presentadas y exami-
nadas en etapas apropiadas de las actuaciones siempre que estén en juego sus intereses, sin
perjuicio del acusado y de acuerdo con el sistema nacional de justicia penal correspondiente;
c) Prestando asistencia apropiada a las víctimas durante todo el proceso judicial;

203
Elky Alexander Villegas Paiva

d) Adoptando medidas para minimizar las molestias causadas a las víctimas, proteger su in-
timidad, en caso necesario, y garantizar su seguridad, así como la de sus familiares y la de los
testigos en su favor, contra todo acto de intimidación y represalia;
e) Evitando demoras innecesarias en la resolución de las causas y en la ejecución de los man-
damientos o decretos que concedan indemnizaciones a las víctimas.
7. Se utilizarán, cuando proceda, mecanismos oficiosos para la solución de controversias, in-
cluidos la mediación, el arbitraje y las prácticas de justicia consuetudinaria o autóctonas, a fin
de facilitar la conciliación y la reparación en favor de las víctimas.
Resarcimiento
8. Los delincuentes o los terceros responsables de su conducta resarcirán equitativamen-
te, cuando proceda, a las víctimas, sus familiares o las personas a su cargo. Ese resarcimien-
to comprenderá la devolución de los bienes o el pago por los daños o pérdidas sufridos, el
reembolso de los gastos realizados como consecuencia de la victimización, la prestación de
servicios y la restitución de derechos.
9. Los gobiernos revisarán sus prácticas, reglamentaciones y leyes de modo que se conside-
re el resarcimiento como una sentencia posible en los casos penales, además de otras san-
ciones penales.
10. En los casos en que se causen daños considerables al medio ambiente, el resarcimiento
que se exija comprenderá, en la medida de lo posible, la rehabilitación del medio ambien-
te, la reconstrucción de la infraestructura, la reposición de las instalaciones comunitarias y el
reembolso de los gastos de reubicación cuando esos daños causen la disgregación de una
comunidad.
11. Cuando funcionarios públicos u otros agentes que actúen a título oficial o cuasioficial ha-
yan violado la legislación penal nacional, las víctimas serán resarcidas por el Estado, cuyos
funcionarios o agentes hayan sido responsables de los daños causados. En los casos en que
ya no exista el gobierno bajo cuya autoridad se produjo la acción u omisión victimizadora, el
Estado o gobierno sucesor deberá proveer al resarcimiento de las víctimas.
Indemnización
12. Cuando no sea suficiente la indemnización procedente del delincuente o de otras fuen-
tes, los Estados procurarán indemnizar financieramente:
a) A las víctimas de delitos que hayan sufrido importantes lesiones corporales o menoscabo
de su salud física o mental como consecuencia de delitos graves;
b) A la familia, en particular a las personas a cargo, de las víctimas que hayan muerto o hayan
quedado física o mentalmente incapacitadas como consecuencia de la victimización.
13. Se fomentará el establecimiento, el reforzamiento y la ampliación de fondos nacionales
para indemnizar a las víctimas. Cuando proceda, también podrán establecerse otros fondos
con ese propósito, incluidos los casos en los que el Estado de nacionalidad de la víctima no
esté en condiciones de indemnizarla por el daño sufrido.
Asistencia
14. Las víctimas recibirán la asistencia material, médica, psicológica y social que sea necesa-
ria, por conducto de los medios gubernamentales, voluntarios, comunitarios y autóctonos.
15. Se informará a las víctimas de la disponibilidad de servicios sanitarios y sociales y demás
asistencia pertinente, y se facilitará su acceso a ellos.
16. Se proporcionará al personal de policía, de justicia, de salud, de servicios sociales y demás
personal interesado capacitación que lo haga receptivo a las necesidades de las víctimas y di-
rectrices que garanticen una ayuda apropiada y rápida.

204
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

17. Al proporcionar servicios y asistencia a las víctimas, se prestará atención a las que tengan
necesidades especiales por la índole de los daños sufridos o debido a factores como los men-
cionados en el párrafo 3 supra.
B.- Las víctimas del abuso de poder
18. Se entenderá por “víctimas” las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido
daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o me-
noscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omi-
siones que no lleguen a constituir violaciones del Derecho Penal nacional, pero violen nor-
mas internacionalmente reconocidas relativas a los derechos humanos.
19. Los Estados considerarán la posibilidad de incorporar a la legislación nacional normas
que proscriban los abusos de poder y proporcionen remedios a las víctimas de esos abusos.
En particular, esos remedios incluirán el resarcimiento y la indemnización, así como la asis-
tencia y el apoyo materiales, médicos, psicológicos y sociales necesarios.
20. Los Estados considerarán la posibilidad de negociar tratados internacionales multilatera-
les relativos a las víctimas, definidas en el párrafo 18.
21. Los Estados revisarán periódicamente la legislación y la práctica vigentes para asegurar su
adaptación a las circunstancias cambiantes, promulgarán y aplicarán, en su caso, leyes por las
cuales se prohíban los actos que constituyan graves abusos de poder político o económico y
se fomenten medidas y mecanismos para prevenir esos actos, y establecerán derechos y re-
cursos adecuados para las víctimas de tales actos, facilitándoles su ejercicio.

205
Elky Alexander Villegas Paiva

DIRECTIVA 2012/29/UE DEL PARLAMENTO EUROPEO Y DEL CONSEJO

de 25 de octubre de 2012
Por la que se establecen normas mínimas sobre los derechos, el apoyo y la protección de
las víctimas de delitos, y por la que se sustituye la Decisión marco 2001/220/JAI del Consejo
EL PARLAMENTO EUROPEO Y EL CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA,
Visto el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, y en particular su artículo 82, apar-
tado 2,
Vista la propuesta de la Comisión Europea,
Previa transmisión del proyecto de acto legislativo a los Parlamentos nacionales,
Visto el dictamen del Comité Económico y Social Europeo[1],
Visto el dictamen del Comité de las Regiones[2],
De conformidad con el procedimiento legislativo ordinario[3],
Considerando lo siguiente:
(1) La Unión se ha impuesto el objetivo de mantener e impulsar un espacio de libertad, segu-
ridad y justicia, cuya piedra angular la constituye el reconocimiento mutuo de decisiones ju-
diciales en materia civil y penal.
(2) La Unión está comprometida con la protección de las víctimas de delitos y el estableci-
miento de normas de carácter mínimo en dicha materia, y el Consejo ha adoptado la Deci-
sión marco 2001/220/JAI, de 15 de marzo de 2001, relativa al estatuto de la víctima en el pro-
ceso penal[4]. En el marco del Programa de Estocolmo - Una Europa abierta y segura que sir-
va y proteja al ciudadano[5], adoptado por el Consejo Europeo en su sesión de los días 10 y
11 de diciembre de 2009, se solicitó a la Comisión y los Estados miembros que analizasen có-
mo mejorar la legislación y las medidas prácticas de apoyo para la protección de las víctimas,
centrándose en prestar asistencia y reconocimiento a todas las víctimas, incluidas las vícti-
mas del terrorismo, con carácter prioritario.
(3) El artículo 82, apartado 2, del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) pre-
vé el establecimiento de normas mínimas aplicables en los Estados miembros, en la medida
en que sea necesario para facilitar el reconocimiento mutuo de las sentencias y resoluciones
judiciales, y la cooperación policial y judicial en asuntos penales con dimensión transfronteri-
za, en particular por lo que respecta a los derechos de las víctimas de delitos.
(4) En su Resolución de 10 de junio de 2011 sobre un plan de trabajo para reforzar los dere-
chos y la protección de las víctimas, en particular en los procesos penales[6] (“Plan de trabajo
de Budapest”), el Consejo declaró que debían tomarse medidas a escala de la Unión para re-
forzar los derechos, el apoyo y la protección de las víctimas de delitos. Para ello, y de acuer-
do con dicha Resolución, el objeto de la presente Directiva es revisar y complementar los

[1] DO C 43 de 15/2/2012, p. 39.


[2] DO C 113 de 18/4/2012, p. 56.
[3] Posición del Parlamento Europeo de 12 de septiembre de 2012 (no publicada aún en el Diario Oficial) y Decisión del
Consejo de 4 de octubre de 2012.
[4] DO L 82 de 22/3/2001, p. 1.
[5] DO C 115 de 4/5/2010, p. 1.
[6] DO C 187 de 28/6/2011, p. 1.

206
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

principios establecidos en la Decisión marco 2001/220/JAI y avanzar de forma significativa


en la protección de las víctimas en el conjunto de la Unión, en particular en el marco de los
procesos penales.
(5) En la Resolución del Parlamento Europeo, de 26 de noviembre de 2009, sobre la elimina-
ción de la violencia contra la mujer[7], se insta a los Estados miembros a que mejoren sus legis-
laciones y políticas nacionales destinadas a combatir todas las formas de violencia contra la
mujer y emprendan acciones destinadas a combatir las causas de la violencia contra las mu-
jeres, en particular mediante acciones de prevención, y se pide a la Unión que garantice el de-
recho de asistencia y ayuda a todas las víctimas de la violencia.
(6) En la Resolución del Parlamento Europeo, de 5 de abril de 2011, sobre las prioridades y lí-
neas generales del nuevo marco político de la Unión para combatir la violencia contra las mu-
jeres[8], se proponía una estrategia para combatir la violencia contra las mujeres, la violencia
doméstica y la mutilación genital femenina, como base para futuros instrumentos legislati-
vos de Derecho Penal de lucha contra la violencia de género, incluido un marco para comba-
tir la violencia contra las mujeres (política, prevención, protección, persecución, previsión y
asociación) seguido de un plan de acción de la Unión. Entre la normativa internacional en es-
ta materia cabe citar la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las
formas de discriminación contra la mujer, adoptada el 18 de diciembre de 1979, las recomen-
daciones y decisiones del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, y el
Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mu-
jeres y la violencia doméstica, adoptado el 7 de abril de 2011.
(7) La Directiva 2011/99/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de diciembre de
2011, sobre la orden europea de protección[9], establece un mecanismo para el reconoci-
miento mutuo entre los Estados miembros de las medidas de protección en materia penal.
La Directiva 2011/36/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 5 de abril de 2011, relativa
a la prevención y lucha contra la trata de seres humanos y a la protección de las víctimas[10], y
la Directiva 2011/93/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de diciembre de 2011,
relativa a la lucha contra los abusos sexuales y la explotación sexual de los menores y la por-
nografía infantil[11], abordan, entre otros, las necesidades específicas de las categorías parti-
culares de víctimas de la trata de seres humanos, los abusos sexuales, la explotación sexual
y la pornografía infantil.
(8) La Decisión marco 2002/475/JAI del Consejo de 13 de junio de 2002, sobre la lucha con-
tra el terrorismo[12], reconoce que el terrorismo constituye una de las violaciones más graves
de los principios en los que se basa la Unión, incluido el principio de la democracia, y confir-
ma que constituye, entre otros, una amenaza para el libre ejercicio de los derechos humanos.
(9) El delito constituye un injusto contra la sociedad y una violación de los derechos indivi-
duales de las víctimas. Por ello, las víctimas de delitos deben ser reconocidas y tratadas de
manera respetuosa, sensible y profesional, sin discriminación de ningún tipo por motivos co-
mo la raza, el color, la etnia o el origen social, los rasgos genéticos, la lengua, la religión o las
creencias, la opinión política o de otro tipo, la pertenencia a una minoría nacional, la propie-
dad, el nacimiento, la discapacidad, la edad, el sexo, la expresión de género, la identidad de

[7] DO C 285 E de 21/10/2010, p. 53.


[8] DO C 296 E de 2/10/2012, p. 26.
[9] DO L 338 de 21/12/2011, p. 2.
[10] DO L 101 de 15/4/2011, p. 1.
[11] DO L 335 de 17/12/2011, p. 1.
[12] DO L 164 de 22/6/2002, p. 3.

207
Elky Alexander Villegas Paiva

género, la orientación sexual, el estatuto de residente o la salud. En todos los contactos con
una autoridad competente que actúe en el contexto de procesos penales, y cualquier servi-
cio que entre en contacto con las víctimas, como los servicios de apoyo a las víctimas o de
justicia reparadora, se deben tener en cuenta la situación personal y las necesidades inme-
diatas, edad, sexo, posible discapacidad y madurez de las víctimas de delitos, al mismo tiem-
po que se respetan plenamente su integridad física, psíquica y moral. Se ha de proteger a las
víctimas de delitos frente a la victimización secundaria y reiterada, así como frente a la intimi-
dación y las represalias; han de recibir apoyo adecuado para facilitar su recuperación y con-
tar con un acceso suficiente a la justicia.
(10) La presente Directiva no trata las condiciones de la residencia de las víctimas de delitos
en el territorio de los Estados miembros. Los Estados miembros deben tomar las medidas ne-
cesarias para que los derechos establecidos en la presente Directiva no se condicionen al es-
tatuto de residencia de la víctima en su territorio o a la ciudadanía o nacionalidad de la vícti-
ma. Por otro lado, la denuncia de un delito y la participación en procesos penales no generan
derecho alguno respecto del estatuto de residencia de la víctima.
(11) La presente Directiva establece normas de carácter mínimo. Los Estados miembros pue-
den ampliar los derechos establecidos en la presente Directiva con el fin de proporcionar un
nivel más elevado de protección.
(12) Los derechos establecidos en la presente Directiva se han de entender sin perjuicio de
los derechos del infractor. El término “infractor” se refiere a la persona condenada por un de-
lito. Sin embargo, a los efectos de la presente Directiva, también hace referencia a los sospe-
chosos y a los inculpados, antes de que se haya reconocido la culpabilidad o se haya pronun-
ciado la condena, y se entiende sin perjuicio de la presunción de inocencia.
(13) La presente Directiva se aplica en relación con los delitos penales cometidos en la Unión
y con los procesos penales que tienen lugar en la Unión. Confiere derechos a las víctimas
de infracciones extraterritoriales únicamente en relación con los procesos penales que tie-
nen lugar en la Unión. Las denuncias presentadas ante autoridades competentes fuera de
la Unión, como por ejemplo las embajadas, no generan las obligaciones previstas en la pre-
sente Directiva.
(14) En la aplicación de la presente Directiva debe ser primordial el interés superior del me-
nor, de conformidad con la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y la
Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño adoptada el 20 de noviem-
bre de 1989. Las víctimas menores de edad deben ser consideradas y tratadas como titula-
res plenos de los derechos establecidos en la presente Directiva, y deben tener la facultad
de ejercitar esos derechos de una forma que tenga en cuenta su capacidad de juicio propio.
(15) En la aplicación de la presente Directiva, los Estados miembros deben velar por que las
víctimas con discapacidad puedan disfrutar plenamente de los derechos establecidos en la
presente Directiva, en pie de igualdad con los demás, lo que incluye la facilitación del acceso
a los locales en que tengan lugar los procesos penales, así como el acceso a la información.
(16) Las víctimas del terrorismo han sufrido atentados cuya intención última era hacer daño
a la sociedad. Por ello pueden necesitar especial atención, apoyo y protección, debido al es-
pecial carácter del delito cometido contra ellos. Las víctimas del terrorismo pueden ser obje-
to de un importante escrutinio público y a menudo necesitan el reconocimiento social y un
trato respetuoso por parte de la sociedad. En consecuencia, los Estados miembros deben te-
ner especialmente en cuenta las necesidades de las víctimas del terrorismo, y esforzarse por
proteger su dignidad y seguridad.
(17) La violencia dirigida contra una persona a causa de su sexo, identidad o expresión de
género, o que afecte a personas de un sexo en particular de modo desproporcionado se en-
tiende como violencia por motivos de género. Puede causar a las víctimas lesiones corpora-
les o sexuales, daños emocionales o psicológicos, o perjuicios económicos. La violencia por

208
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

motivos de género se entiende como una forma de discriminación y una violación de las li-
bertades fundamentales de la víctima y comprende, sin limitarse a ellas, la violencia en las
relaciones personales, la violencia sexual (incluida la violación, la agresión sexual y el acoso
sexual), la trata de personas, la esclavitud y diferentes formas de prácticas nocivas, como los
matrimonios forzosos, la mutilación genital femenina y los denominados “delitos relaciona-
dos con el honor”. Las mujeres víctimas de la violencia por motivos de género y sus hijos re-
quieren con frecuencia especial apoyo y protección debido al elevado riesgo de victimiza-
ción secundaria o reiterada, o de intimidación o represalias ligadas a este tipo de violencia.
(18) Cuando la violencia se comete en una relación personal, la comete una persona que es
o ha sido cónyuge o compañera de la víctima, o bien otro familiar de la víctima, tanto si el in-
fractor comparte, o ha compartido, el mismo hogar con la víctima, o no. Dicha violencia pue-
de consistir en violencia física, sexual, psicológica o económica, y puede causar lesiones cor-
porales, daños psíquicos o emocionales, o perjuicios económicos. La violencia en las rela-
ciones personales constituye un grave problema social, a menudo oculto, que puede causar
traumas psicológicos y físicos sistemáticos de graves consecuencias, debido al hecho de que
es cometida por una persona en la que la víctima debería poder confiar. Por lo tanto, las víc-
timas de violencia en relaciones personales pueden necesitar medidas de protección espe-
ciales. Las mujeres se ven afectadas por esta violencia en grado desproporcionado, y la situa-
ción puede agravarse aún más cuando la mujer depende del infractor en lo económico, lo so-
cial o para su derecho a la residencia.
(19) Se debe considerar que una persona es una víctima independientemente de si se ha
identificado, detenido, acusado o condenado al infractor y con independencia de la relación
familiar que exista entre ellos. Los familiares de las víctimas también pueden resultar perju-
dicados por el delito. En particular, los familiares de una persona cuya muerte ha sido causa-
da directamente por un delito pueden verse perjudicados a causa del delito. Por consiguien-
te, esos familiares, que son víctimas indirectas del delito, también deben disfrutar de protec-
ción en el marco de la presente Directiva. No obstante, los Estados miembros deben tener la
facultad de establecer procedimientos para limitar el número de familiares que pueden dis-
frutar de los derechos establecidos en la presente Directiva. En el caso de los menores, el pro-
pio menor, o, a menos que sea contrario al interés del menor, el titular de la responsabilidad
parental en nombre del menor, debe tener derecho a ejercer los derechos establecidos en la
presente Directiva. La presente Directiva se ha de entender sin perjuicio de cualesquiera pro-
cedimientos o actuaciones administrativas nacionales exigidos para declarar que esa perso-
na es una víctima.
(20) El estatuto de la víctima en el sistema de justicia penal y si pueden participar activamen-
te en procesos penales varían de un Estado miembro a otro en función del sistema nacional,
y está determinado por uno o más de los criterios siguientes: si el sistema nacional reconoce
un estatuto jurídico de parte en el proceso penal; si la víctima está sometida a la obligación
legal o a la recomendación de participar activamente en el proceso penal, por ejemplo como
testigo; o si la víctima tiene legalmente un derecho reconocido en virtud del Derecho nacio-
nal a participar de modo activo en el proceso penal y manifiesta su deseo de hacerlo, cuan-
do el sistema nacional no reconozca a las víctimas un estatuto jurídico de parte en el proceso
penal. Los Estados miembros deben decidir cuál de esos criterios se aplica para determinar el
alcance de los derechos establecidos en la presente Directiva, en los casos en que se haga re-
ferencia al estatuto de la víctima en el sistema de justicia penal correspondiente.
(21) La información y las orientaciones brindadas por las autoridades competentes, los servi-
cios de apoyo a las víctimas y de justicia reparadora deben ofrecerse, en la medida de lo posi-
ble, a través de una diversidad de medios y de forma que pueda ser entendida por la víctima.
La información y las orientaciones deben proporcionarse en términos sencillos y en un len-
guaje accesible. Asimismo, debe garantizarse que la víctima pueda ser entendida durante las
actuaciones. A este respecto, debe tenerse en cuenta el conocimiento que tenga la víctima

209
Elky Alexander Villegas Paiva

de la lengua utilizada para facilitar información, su edad, madurez, capacidad intelectual y


emocional, alfabetización y cualquier incapacidad mental o física. Deben tenerse en cuenta,
en particular, las dificultades de comprensión o de comunicación que puedan ser debidas a
algún tipo de discapacidad, como las limitaciones auditivas o de expresión oral. Del mismo
modo, durante los procesos penales deben tenerse en cuenta las limitaciones de la capaci-
dad de la víctima para comunicar información.
(22) El momento en que se presente una denuncia, a efectos de la presente Directiva, se con-
sidera el momento que entra en el ámbito del proceso penal. Ello ha de incluir, asimismo, las
situaciones en que las autoridades inician de oficio procesos penales a resultas de un delito
padecido por una víctima.
(23) La información sobre el reembolso de los gastos debe facilitarse desde el momento en
que se produzca el primer contacto con la autoridad competente, por ejemplo en un folleto
que contenga las condiciones básicas de dicho reembolso. No se puede exigir a los Estados
miembros que en esta fase inicial decidan si la víctima de que se trate reúne las condiciones
para el reembolso de los gastos.
(24) Cuando denuncien un delito, las víctimas deben recibir de la policía una declaración por
escrito de la denuncia en el que consten los elementos básicos del delito, como el tipo de de-
lito, la hora y el lugar, así como cualquier perjuicio, lesión o daño que traiga causa del delito.
Esta declaración debe incluir un número de expediente, así como la hora y el lugar en que se
denuncia el delito, de forma que pueda servir de justificante de la denuncia, por ejemplo pa-
ra reclamaciones de seguros.
(25) Sin perjuicio de las normas sobre prescripción, la demora en la denuncia de un delito por
miedo a represalias, humillación o estigmatización no debe dar lugar a que se deniegue a la
víctima la declaración por escrito de la denuncia.
(26) Cuando se facilite información, se debe ofrecer el grado de detalle suficiente para garan-
tizar que se trata a las víctimas de manera respetuosa y permitirles adoptar decisiones con
conocimiento de causa sobre su participación en los procesos. A este respecto, es especial-
mente importante la información que permite a la víctima conocer la situación en que se en-
cuentra cualquier procedimiento, así como la información que permita a la víctima decidir si
solicitará la revisión de una decisión de no formular acusación. A menos que se exija de otro
modo, la información comunicada a la víctima debe poder facilitarse verbalmente o por es-
crito, incluso por medios electrónicos.
(27) La información a la víctima debe enviarse a la última dirección conocida, postal o de co-
rreo electrónico, que conste en los datos de contacto facilitados a las autoridades competen-
tes por parte de la víctima. En supuestos excepcionales, por ejemplo un caso con un elevado
número de víctimas, la información debe poder facilitarse a través de la prensa, un sitio web
oficial de la autoridad competente o cualquier canal de comunicación similar.
(28) Los Estados miembros no están obligados a proporcionar información cuando la divul-
gación de la misma pueda afectar a la correcta tramitación de una causa o ir en detrimento
de una causa o una persona determinadas, o si el Estado miembro lo considera contrario a los
intereses esenciales de su seguridad.
(29) Las autoridades competentes deben velar por que las víctimas reciban datos de contac-
to actualizados para la comunicación sobre su caso, a menos que la víctima haya expresado
su deseo de no recibir tal información.
(30) La referencia a una “decisión” en el contexto del derecho a la información, interpretación
y traducción debe entenderse solo como una referencia al fallo de culpabilidad o al hecho de
que se ponga término de cualquier otra manera al proceso penal. Las razones de esa decisión
deben comunicarse a la víctima mediante una copia del documento que contenga dicha de-
cisión o mediante un breve resumen de la misma.

210
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

(31) El derecho a la información sobre la hora y el lugar de un juicio derivado de la denuncia


de un delito padecido por la víctima debe aplicarse también a la información sobre la hora
y el lugar de una audiencia relacionada con una apelación contra una sentencia en el caso.
(32) Es preciso facilitar a las víctimas información específica sobre la puesta en libertad o la
fuga del infractor si lo solicitan, al menos en los casos en que exista un peligro o un riesgo
concreto de daños para las víctimas, a no ser que exista un riesgo concreto de daños para el
infractor que pudiera resultar de la notificación. Cuando exista un riesgo concreto de perjui-
cios para el infractor que pudiera resultar de la notificación, la autoridad competente debe-
rá tener en cuenta todos los riesgos a la hora de determinar la acción apropiada. La referen-
cia a “riesgo concreto de daños para las víctimas” debe incluir factores como el carácter o la
gravedad del delito y el riesgo de represalias. Por tanto, no debe aplicarse a las situaciones de
infracciones leves, en las que, por lo tanto, existe un mínimo riesgo de daños para la víctima.
(33) Se debe informar a las víctimas de todo derecho a recurrir contra una decisión de puesta
en libertad del infractor, si tal derecho existe en la legislación nacional.
(34) No se puede hacer justicia si no se permite a las víctimas explicar las circunstancias del
delito y aportar pruebas de forma comprensible para las autoridades competentes. Es igual-
mente importante garantizar que se trata a la víctima con respeto y que pueda ejercer sus de-
rechos. Por lo tanto, siempre debe proporcionarse a la víctima un servicio de interpretación
gratuito, durante el interrogatorio y para facilitarle su participación activa en las vistas judi-
ciales, de acuerdo con el estatuto de la víctima en el sistema judicial penal pertinente. Para
otros aspectos del proceso penal, la necesidad de interpretación y traducción puede variar
en función de cuestiones específicas, del estatuto de la víctima en el sistema judicial penal
pertinente y su implicación en las actuaciones, y de los derechos específicos que la asistan.
Solo es preciso ofrecer interpretación y traducción para estos otros casos en la medida nece-
saria para que las víctimas ejerzan sus derechos.
(35) La víctima debe tener derecho a impugnar una decisión en la que se declare que no se
necesita interpretación o traducción, de conformidad con los procedimientos establecidos
en la legislación nacional. Dicho derecho no conlleva la obligación para los Estados miem-
bros de contemplar un mecanismo o procedimiento de reclamación separado, por el cual se
pueda impugnar tal decisión, y no debe prolongar el proceso penal de forma injustificada.
Bastaría con una revisión interna de la decisión, de conformidad con los procedimientos na-
cionales existentes.
(36) El hecho de que la víctima hable una lengua de escaso uso no debe en sí mismo consti-
tuir un motivo para decidir que la interpretación o traducción prolongarían el proceso de for-
ma injustificada.
(37) El apoyo debe estar disponible desde el momento en el que las autoridades compe-
tentes tengan constancia de la víctima y durante todo el proceso penal, así como durante el
tiempo oportuno tras dicho proceso penal, según las necesidades de la víctima y los dere-
chos establecidos en la presente Directiva. El apoyo se debe prestar mediante diversos me-
dios, sin excesivos trámites y mediante una distribución geográfica suficiente en el territorio
del Estado miembro, de modo que todas las víctimas disfruten de la posibilidad de acceder
a tales servicios. Las víctimas que hayan sufrido daños considerables a causa de la gravedad
del delito pueden requerir servicios de apoyo especializados.
(38) Las personas más vulnerables o que se encuentran expuestas a un riesgo de lesión par-
ticularmente elevado, como las sometidas a una violencia reiterada en las relaciones perso-
nales, las víctimas de violencia de género o las que son víctimas de otro tipo de delitos en un
Estado miembro del cual no son nacionales o residentes, deben recibir apoyo especializado
y protección jurídica. Los servicios de apoyo especializado deben basarse en un enfoque in-
tegrado y preciso que tenga en cuenta, en particular, las necesidades específicas de las vícti-
mas, la gravedad del daño sufrido como consecuencia de un delito, así como la relación entre

211
Elky Alexander Villegas Paiva

las víctimas, los infractores, sus hijos y su entorno social más amplio. Uno de los principales
cometidos de estos servicios y de su personal, que desempeñan un importante papel para
ayudar a la víctima a recuperarse de los posibles daños o traumas resultantes de un delito y
a superarlos, debe consistir en informar a las víctimas de sus derechos en virtud de la presen-
te Directiva, para que puedan tomar decisiones en un entorno que apoye a la víctima y la tra-
te con dignidad, respeto y sensibilidad. Los tipos de ayuda que estos servicios de apoyo es-
pecializado deben ofrecer pueden consistir en facilitar acogida y alojamiento seguros, aten-
ción médica inmediata, derivación de las víctimas a reconocimiento médico y forense para la
obtención de pruebas en caso de violación o agresión sexual, asistencia psicológica a corto
y largo plazo, tratamiento de traumas, asesoramiento jurídico, acceso a la defensa y servicios
específicos para menores que sean víctimas directas o indirectas.
(39) Los servicios de apoyo a las víctimas no tienen por qué facilitar por sí mismos extensos
conocimientos especializados y experiencia profesionales. De ser necesario, los servicios de
apoyo a las víctimas deben ayudar a estas a encontrar el apoyo profesional existente, por
ejemplo, psicólogos.
(40) Aunque la prestación de apoyo no debe depender de que las víctimas denuncien un de-
lito ante la autoridad competente, como la policía, tal autoridad suele estar en posición ópti-
ma para informar a las víctimas de la posibilidad de que se les brinde apoyo. Por lo tanto, se
anima a los Estados miembros a que creen las condiciones adecuadas para que se pueda de-
rivar a las víctimas a los servicios de apoyo, entre otros, garantizando que se puedan cumplir
y que se cumplan las normas en materia de protección de datos. Debe evitarse derivar de for-
ma reiterada a las víctimas de un servicio a otro.
(41) Debe considerarse que se ha concedido a las víctimas el derecho a ser oídas cuando pue-
dan declarar o manifestarse por escrito.
(42) El derecho de las víctimas menores de edad a ser oídas en procesos penales no debe ex-
cluirse únicamente basándose en la edad de la víctima.
(43) El derecho a que se revise la decisión de no formular acusación se ha de entender refe-
rido a decisiones adoptadas por los fiscales y jueces de instrucción o autoridades policiales,
como los agentes de policía, pero no a las decisiones adoptadas por órganos jurisdiccionales.
Toda revisión de una decisión de no formular acusación debe ser llevada a cabo por una per-
sona o autoridad distinta de la que adoptase la decisión inicial, a no ser que la decisión inicial
de no formular acusación hubiese sido adoptada por la autoridad instructora de mayor ran-
go contra cuya decisión no cabe revisión, en cuyo caso la revisión puede ser realizada por la
misma autoridad. El derecho a que se revise una decisión de no formular acusación no afecta
a procedimientos especiales, como aquellos contra miembros del parlamento o del gobier-
no en relación con el ejercicio de sus cargos oficiales.
(44) La decisión que ponga término al proceso penal debe incluir las situaciones en que el fis-
cal decide retirar los cargos o desistir del procedimiento.
(45) Una decisión del fiscal que dé lugar a un arreglo extrajudicial que ponga término al pro-
ceso penal excluye el derecho de las víctimas a revisión de la decisión del fiscal de formular
acusación solamente si el citado arreglo implica al menos una advertencia o una obligación.
(46) Los servicios de justicia reparadora, incluidos, por ejemplo, la mediación entre víctima e
infractor, las conferencias de grupo familiar y los círculos de sentencia, pueden ser de gran
ayuda para la víctima, pero requieren garantías para evitar toda victimización secundaria y
reiterada, la intimidación y las represalias. Por tanto, estos servicios deben fijarse como prio-
ridad satisfacer los intereses y necesidades de la víctima, reparar el perjuicio que se le haya
ocasionado e impedir cualquier otro perjuicio adicional. A la hora de remitir un asunto a los
servicios de justicia reparadora o de llevar a cabo un proceso de justicia reparadora, se de-
ben tomar en consideración factores tales como la naturaleza y gravedad del delito, el gra-
do de daño causado, la violación repetida de la integridad física, sexual o psicológica de una

212
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

víctima, los desequilibrios de poder y la edad, madurez o capacidad intelectual de la víctima,


que podrían limitar o reducir su capacidad para realizar una elección con conocimiento de
causa o podrían ocasionarle un perjuicio. Los procedimientos de justicia reparadora han de
ser, en principio, confidenciales, a menos que las partes lo acuerden de otro modo o que el
Derecho nacional disponga otra cosa por razones de especial interés general. Se podrá con-
siderar que factores tales como las amenazas o cualquier forma de violencia cometida duran-
te el proceso exigen la divulgación por razones de interés general.
(47) No se puede esperar de las víctimas que soporten los gastos relativos a su participación
en el proceso penal. Los Estados miembros han de estar obligados a reembolsar únicamente
los gastos necesarios de las víctimas derivados de su participación en el proceso penal, y no
se les debe exigir reembolsar los honorarios de abogados de las víctimas. Los Estados miem-
bros han de poder exigir en la legislación nacional condiciones para el reembolso de gastos,
como por ejemplo plazos de reclamación del reembolso, cantidades fijas para gastos de sub-
sistencia y viajes, y cantidades máximas diarias de compensación por pérdida de ingresos. El
derecho al reembolso de gastos en el proceso penal no debe darse en situaciones en que la
víctima se manifieste sobre una infracción penal. Solo se deben reembolsar los gastos en la
medida en que las autoridades competentes exijan o requieran la presencia y participación
activa de la víctima en el proceso penal.
(48) Los bienes restituibles que hayan sido incautados en el transcurso de procesos penales
deben devolverse a las víctimas de delitos lo antes posible, a menos que se den circunstan-
cias excepcionales, como disputas en relación con la propiedad del bien, o si la posesión o
propiedad de dicho bien son ilegales en sí mismas. El derecho a la devolución de los bienes
se hará sin perjuicio de su retención legal a efectos de otros procesos judiciales.
(49) El derecho a obtener una resolución para recibir indemnización del infractor y el corres-
pondiente procedimiento aplicable se deben reconocer también a las víctimas que residan
en un Estado miembro distinto de aquel en el que se cometió el delito.
(50) La obligación prevista en la presente Directiva de transmitir las denuncias no debe afec-
tar a la competencia de los Estados miembros de iniciar el procedimiento, y se ha de enten-
der sin perjuicio de las normas en materia de conflictos de jurisdicción establecidas en la De-
cisión marco 2009/948/JAI del Consejo, de 30 de noviembre de 2009, sobre la prevención y
resolución de conflictos de ejercicio de jurisdicción en los procesos penales[13].
(51) En caso de que la víctima haya salido del territorio del Estado miembro en el que se co-
metió el delito, dicho Estado miembro ya no estará obligado a prestar asistencia, apoyo y
protección, salvo en lo directamente relacionado con cualquier proceso penal que esté lle-
vando a cabo respecto del delito del que se trate, como las medidas especiales de protec-
ción durante los procesos judiciales. El Estado miembro de residencia de la víctima deberá
proporcionar la asistencia, el apoyo y la protección requeridos por la necesidad de recupera-
ción de la víctima.
(52) Debe disponerse de medidas que protejan la seguridad y la dignidad de las víctimas y
sus familiares de la victimización secundaria o reiterada, la intimidación o las represalias, co-
mo las medidas cautelares o las órdenes de protección o alejamiento.
(53) El riesgo de victimización secundaria o reiterada, de intimidación o de represalias por
el infractor o como resultado de la participación en un proceso penal debe limitarse llevan-
do a cabo actuaciones de forma coordinada y con respeto, permitiendo a las víctimas ganar
confianza en las autoridades. Se debe facilitar al máximo la interacción con las autoridades
competentes, al tiempo que se limita el número de interacciones innecesarias que la víctima

[13] DO L 328 de 15/12/2009, p. 42.

213
Elky Alexander Villegas Paiva

haya de mantener con ellas, recurriendo, por ejemplo, a grabar en vídeo las declaraciones y
permitiendo su uso en los procesos judiciales. Se debe poner a disposición de los profesio-
nales del Derecho la más amplia gama de medidas posible con objeto de evitar angustia a la
víctima en el transcurso del proceso judicial, especialmente como resultado del contacto vi-
sual con el delincuente, su familia, sus colaboradores o el público en general. A tal efecto, se
ha de animar a los Estados miembros a que introduzcan, especialmente en las dependencias
judiciales y las comisarías de policía, medidas prácticas y viables para que las dependencias
cuenten con instalaciones como entradas y salas de espera separadas para las víctimas. Ade-
más, los Estados miembros deberán, en la medida de lo posible, planificar los procesos pena-
les evitando el contacto entre las víctimas y sus familiares y los infractores, por ejemplo citan-
do a las víctimas y a los infractores a audiencias en momentos distintos.
(54) Proteger la intimidad de la víctima puede ser un medio importante de evitar la victimiza-
ción secundaria o reiterada, la intimidación o las represalias, y puede lograrse mediante una
serie de medidas como la prohibición o la limitación de la difusión de información relativa a
la identidad y el paradero de la víctima. Esta protección reviste especial importancia para las
víctimas que sean menores, e incluye la prohibición de difundir el nombre del menor. Sin em-
bargo, puede haber casos en los que excepcionalmente pueda beneficiar al menor la revela-
ción o incluso la divulgación pública de información, por ejemplo, en los casos de secuestro.
Las medidas que puedan adoptarse para proteger la intimidad y la imagen de las víctimas y
sus familiares deberán ser siempre coherentes con los derechos a un juez imparcial y a la li-
bertad de expresión, tal como los reconocen los artículos 6 y 10 del Convenio para la Protec-
ción de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales.
(55) Durante los procesos penales, algunas víctimas están especialmente expuestas al riesgo
de victimización secundaria o reiterada, de intimidación o de represalias por parte del infrac-
tor. Estos riesgos derivan en general de las características personales de la víctima, o del tipo,
la naturaleza o las circunstancias del delito. Solo mediante evaluaciones individuales, efec-
tuadas lo antes posible, se podrá determinar con eficacia este riesgo. Estas evaluaciones se
deberán efectuar respecto de todas las víctimas, a fin de determinar si están expuestas a ries-
go de victimización secundaria o reiterada, intimidación o represalias, y decidir qué medidas
especiales de protección necesitan.
(56) Las evaluaciones individuales deben tomar en consideración las características perso-
nales de la víctima, como edad, sexo, identidad o expresión de género, etnia, raza, religión,
orientación sexual, estado de salud, discapacidad, estatuto de residente, dificultades de co-
municación, relación con el infractor o dependencia del mismo, experiencia anterior de deli-
tos. Deben tener en cuenta, asimismo, el tipo o la naturaleza del delito y las circunstancias del
mismo, por ejemplo, si se trata de un delito por motivos de odio, prejuicios o discriminación,
la violencia sexual, la violencia en el marco de las relaciones personales, si el infractor estaba
en situación de control, si la víctima reside en una zona con una elevada tasa de delincuen-
cia o dominada por bandas, o si el país de origen de la víctima no coincide con el del Estado
miembro en que se cometió el delito.
(57) Las víctimas de trata de seres humanos, terrorismo, delincuencia organizada, violencia
en el marco de las relaciones personales, violencia o explotación sexual, violencia de géne-
ro, delitos por motivos de odio, las víctimas con discapacidad y los menores víctimas de de-
lito tienden a sufrir una elevada tasa de victimización secundaria o reiterada, intimidación o
represalias. Se deberá poner especial cuidado a la hora de evaluar si tales víctimas están ex-
puestas a riesgo de victimización, intimidación o represalias, y debe haber motivos sólidos
para presumir que dichas víctimas se beneficiarán de medidas de protección especial.
(58) Se deben ofrecer medidas adecuadas a las víctimas que hayan sido consideradas vul-
nerables a la victimización secundaria o reiterada, la intimidación o las represalias, con el fin
de protegerlas durante el proceso penal. La naturaleza exacta de tales medidas debe deter-
minarse mediante la evaluación individual, teniendo en cuenta los deseos de la víctima. La

214
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

magnitud de cualquier medida de este tipo deberá determinarse sin perjuicio de los dere-
chos de la defensa y de conformidad con las normas de discrecionalidad judicial. Las inquie-
tudes y miedos de la víctima en relación con las actuaciones deben ser un factor esencial a la
hora de determinar si necesitan alguna medida específica.
(59) Las necesidades operativas inmediatas y otro tipo de limitaciones inmediatas de orden
práctico pueden imposibilitar que se pueda asegurar, por ejemplo, que la víctima sea entre-
vistada sistemáticamente por el mismo agente de policía; las citadas limitaciones pueden
ser una baja por enfermedad o un permiso de maternidad o permiso parental. Además, pue-
de que los locales concebidos especialmente para las entrevistas no estén disponibles, por
ejemplo por renovación. Cuando se den estas limitaciones de orden operativo o práctico
puede que no sea posible proporcionar un tratamiento especializado a la víctima.
(60) Cuando, de conformidad con la presente Directiva, se haya de designar un tutor o un re-
presentante para un menor, tales funciones podrán ser desempeñadas por la misma persona
o por una persona jurídica, una institución o una autoridad.
(61) Todos los funcionarios que intervengan en procesos penales y que puedan entrar en
contacto personal con víctimas deben poder acceder a una formación adecuada tanto inicial
como permanente y a un nivel acorde con su contacto con las víctimas, a fin de estar en con-
diciones de poder identificar a las víctimas y determinar sus necesidades y ocuparse de ellas
con respeto, profesionalidad y empatía, de manera no discriminatoria. Las personas con pro-
babilidad de intervenir en la evaluación individual para determinar las necesidades de pro-
tección especial de las víctimas, así como su necesidad de medidas de protección especial
deberán recibir formación específica sobre la forma de efectuar estas evaluaciones. Los Es-
tados miembros han de garantizar esa formación para las fuerzas de policía y el personal ju-
dicial. Del mismo modo debe fomentarse la formación destinada a abogados, fiscales y jue-
ces, así como a los profesionales que proporcionen apoyo a las víctimas o los servicios de jus-
ticia reparadora. Este requisito debe incluir formación sobre los servicios de apoyo especial
a los que debe derivarse a las víctimas o formación especializada cuando sus actividades se
proyecten sobre víctimas con necesidades especiales, al igual que formación psicológica es-
pecial, según convenga. Cuando proceda, esta formación debe tener en cuenta la perspec-
tiva de género. Las acciones de los Estados miembros deben complementarse con orienta-
ciones, recomendaciones e intercambio de mejores prácticas, de conformidad con el Plan de
trabajo de Budapest.
(62) Los Estados miembros deben animar a las organizaciones de la sociedad civil y colabo-
rar estrechamente con ellas, incluidas las organizaciones no gubernamentales reconocidas y
que trabajen activamente con víctimas de delitos, especialmente en iniciativas de desarrollo
de políticas, campañas de información y concienciación, programas de investigación y edu-
cación, y en acciones de formación, así como en el seguimiento y evaluación del impacto de
las medidas de apoyo y protección de las víctimas de delitos. Para que las víctimas de delitos
reciban atención, apoyo y protección en un grado adecuado, los servicios públicos deberán
trabajar de forma coordinada e intervenir en todos los niveles administrativos, tanto a esca-
la de la Unión como nacional, regional y local. Se deberá prestar asistencia a las víctimas pa-
ra identificar los servicios competentes y dirigirse a ellos, a fin de evitar repetidas derivacio-
nes de uno a otro servicio. Los Estados miembros deberán considerar la creación de servicios
comunes a varios organismos, siguiendo el principio de “punto de acceso único” o de “ven-
tanilla única”, que se ocupen de las múltiples necesidades de las víctimas cuando participen
en procesos penales, con inclusión de la necesidad de recibir información, apoyo, asistencia,
protección e indemnización.
(63) Con el fin de fomentar y facilitar las denuncias, y ofrecer a las víctimas la posibilidad de
romper el círculo de la victimización secundaria, es esencial que las víctimas dispongan de
servicios de apoyo fiables y que las autoridades competentes estén preparadas para respon-
der a las denuncias de las víctimas de forma respetuosa, considerada, no discriminatoria y

215
Elky Alexander Villegas Paiva

profesional. Esto aumentaría la confianza de las víctimas en los sistemas de justicia penal y
reduciría el número de delitos no denunciados. Los profesionales con probabilidad de recibir
denuncias de víctimas en relación con delitos penales están formados adecuadamente pa-
ra facilitar las denuncias y se deben tomar medidas para posibilitar las denuncias de terceros,
incluidas las de organizaciones de la sociedad civil. Deberá ser posible hacer uso de las tec-
nologías de la comunicación, como el correo electrónico, las grabaciones de vídeo o los for-
mularios electrónicos en red para presentar denuncias.
(64) Una recopilación de datos estadísticos sistemática y adecuada constituye un compo-
nente esencial de la formulación efectiva de políticas en el ámbito de los derechos estableci-
dos en la presente Directiva. Con el fin de facilitar la evaluación de la aplicación de la presen-
te Directiva, los Estados miembros deben comunicar a la Comisión los datos estadísticos per-
tinentes en relación con la aplicación de los procedimientos nacionales para las víctimas de
delitos, que incluya, como mínimo, el número y tipo de los delitos denunciados y, en la medi-
da en que se disponga de dichos datos, el número, edad y sexo de las víctimas. Entre los da-
tos estadísticos correspondientes se podrán incluir datos registrados por las autoridades ju-
diciales y los cuerpos policiales, y, en la medida de lo posible, los datos administrativos com-
pilados por los servicios sanitarios y sociales, las organizaciones públicas y no gubernamen-
tales de apoyo a las víctimas o los servicios de justicia reparadora, y los de otras organizacio-
nes que trabajan con víctimas de delitos. Entre los datos judiciales se puede incluir informa-
ción sobre delitos denunciados, número de casos investigados y personas procesadas o con
sentencia condenatoria dictada. Los datos administrativos basados en la actuación de servi-
cios pueden incluir, en la medida de lo posible, datos sobre la manera en que las víctimas uti-
lizan los servicios facilitados por organismos públicos y las organizaciones públicas y priva-
das de apoyo, así como el número de derivaciones de víctimas por parte de la policía a los
servicios de apoyo, el número de víctimas que solicitan apoyo y que reciben o no reciben
apoyo o justicia reparadora.
(65) El objetivo de la presente Directiva es modificar y ampliar las disposiciones de la Directi-
va marco 2001/220/JAI. Como las modificaciones que se desea introducir son sustanciales en
número y naturaleza, por motivos de claridad debería sustituirse dicha Decisión marco en su
totalidad ES L 315/64 Diario Oficial de la Unión Europea.
(66) La presente Directiva respeta los derechos fundamentales y observa los principios reco-
nocidos por la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. En particular, aspira
a promover el derecho a la dignidad, a la vida, a la integridad física y mental, a la libertad y la
seguridad, el respeto a la vida privada y familiar, el derecho a la propiedad, el principio de no
discriminación, el principio de igualdad entre hombres y mujeres, los derechos del menor,
de los mayores y de las personas con discapacidad, así como el derecho a un juez imparcial.
(67) Dado que el objetivo de la presente Directiva, a saber, el establecimiento de normas mí-
nimas sobre los derechos, el apoyo y la protección de las víctimas de delitos, no puede ser
alcanzado por los Estados Miembros, y, por consiguiente, debido a sus dimensiones y efec-
tos potenciales, puede lograrse mejor a escala de la Unión, esta puede adoptar medidas,
de acuerdo con el principio de subsidiariedad consagrado en el artículo 5 del Tratado de la
Unión Europea. De conformidad con el principio de proporcionalidad enunciado en dicho ar-
tículo, la presente Directiva no excede de lo necesario para alcanzar ese objetivo.
(68) Los datos de carácter personal tratados en el contexto de la aplicación de la presente Di-
rectiva deben estar protegidos conforme a la Decisión marco 2008/977/JAI del Consejo, de
27 de noviembre de 2008, relativa a la protección de datos personales tratados en el mar-
co de la cooperación policial y judicial en materia penal[14], y con arreglo a los principios del

[14] DO L 350 de 30/12/2008, p. 60.

216
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Convenio del Consejo de Europa del 28 de enero de 1981 para la protección de las personas
con respecto al tratamiento automatizado de datos de carácter personal, ratificado por to-
dos los Estados miembros.
(69) La presente Directiva no afecta a las disposiciones de mayor alcance incluidas en otros
actos normativos de la Unión que abordan las necesidades específicas de categorías parti-
culares de víctimas, como, por ejemplo, las víctimas de trata de seres humanos y menores
víctimas de abusos sexuales, explotación sexual y pornografía infantil, de una manera más
específica.
(70) De conformidad con el artículo 3 del Protocolo Nº 21 sobre la posición del Reino Unido
y de Irlanda con respecto al Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia, anejo al TUE y al TFUE,
estos Estados miembros han notificado su deseo de participar en la adopción y aplicación de
la presente Directiva.
(71) De conformidad con los artículos 1 y 2 del Protocolo Nº 22 sobre la posición de Dinamar-
ca, anejo al TUE y al TFUE, Dinamarca no participa en la adopción de la presente Directiva y
no queda vinculada por la misma ni sujeta a su aplicación.
(72) El Supervisor Europeo de Protección de Datos emitió un dictamen el 17 de octubre de
2011[15], basado en el artículo 41, apartado 2, del Reglamento (CE) Nº 45/2001 del Parlamento
Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre de 2000, relativo a la protección de las personas
físicas en lo que respecta al tratamiento de datos personales por las instituciones y los orga-
nismos comunitarios y a la libre circulación de estos datos[16].
HAN ADOPTADO LA PRESENTE DIRECTIVA:
CAPÍTULO 1
DISPOSICIONES GENERALES
Artículo 1
Objetivos
1. La finalidad de la presente Directiva es garantizar que las víctimas de delitos reciban infor-
mación, apoyo y protección adecuados y que puedan participar en procesos penales.
Los Estados miembros velarán por que se reconozca a las víctimas su condición como tales y
porque sean tratadas de manera respetuosa y sensible, individualizada, profesional y no dis-
criminatoria, en todos sus contactos con servicios de apoyo a las víctimas o de justicia repa-
radora, o con cualquier autoridad competente que actúe en el contexto de un procedimien-
to penal. Los derechos establecidos en la presente Directiva se aplicarán a las víctimas de ma-
nera no discriminatoria, también en relación con su estatuto de residencia.
2. Cuando la víctima sea un menor de edad, los Estados miembros velarán por que en la apli-
cación de la presente Directiva prime el interés superior del menor y dicho interés sea objeto
de una evaluación individual. Prevalecerá un planteamiento sensible a la condición de me-
nor, que tenga en cuenta la edad del menor, su grado de madurez y su opinión, al igual que
sus necesidades e inquietudes. El menor y su representante legal, si lo hubiere, serán infor-
mados de toda medida o derecho centrado específicamente en el menor.

[15] DO C 35 de 9/2/2012, p. 10.


[16] DO L 8 de 12/1/2001, p. 1.

217
Elky Alexander Villegas Paiva

Artículo 2
Definiciones
1. Con arreglo a la presente Directiva se entenderá por:
a) “víctima”,
i) la persona física que haya sufrido un daño o perjuicio, en especial lesiones físicas o men-
tales, daños emocionales o un perjuicio económico, directamente causado por una infrac-
ción penal,
ii) los familiares de una persona cuya muerte haya sido directamente causada por un delito
y que haya sufrido un daño o perjuicio como consecuencia de la muerte de dicha persona;
b) “familiares”, el cónyuge, la persona que convive con la víctima y mantiene con ella una re-
lación personal íntima y comprometida, en un hogar común y de manera estable y continua,
los familiares en línea directa, los hermanos y hermanas, y las personas a cargo de la víctima;
c) “menor”, cualquier persona menor de 18 años;
d) “justicia reparadora”, cualquier proceso que permita a la víctima y al infractor participar ac-
tivamente, si dan su consentimiento libremente para ello, en la solución de los problemas re-
sultantes de la infracción penal con la ayuda de un tercero imparcial.
2. Los Estados miembros podrán establecer procedimientos:
a) Para limitar el número de familiares que puedan acogerse a los derechos establecidos en la
presente Directiva, teniendo en cuenta las circunstancias específicas de cada caso, y
b) por lo que respecta al apartado 1, letra a), inciso ii), para determinar qué familiares tienen
prioridad en relación con el ejercicio de los derechos establecidos en la presente Directiva.

CAPÍTULO 2
INFORMACIÓN Y APOYO
Artículo 3
Derecho a entender y a ser entendido
1. Los Estados miembros adoptarán las medidas adecuadas para ayudar a las víctimas para
que entiendan y puedan ser entendidas desde el primer momento y durante toda actuación
necesaria frente a cualquier autoridad competente en el contexto de los procesos penales,
incluyéndose el caso de que dichas autoridades les faciliten información.
2. Los Estados miembros garantizarán que las comunicaciones con las víctimas se hagan
en lenguaje sencillo y accesible, oralmente o por escrito. Estas comunicaciones tendrán en
cuenta las características personales de la víctima, incluida cualquier discapacidad que pue-
da afectar a su capacidad de entender o de ser entendida.
3. Salvo que fuera contrario a los intereses de la víctima o perjudicara al curso del proceso,
los Estados miembros permitirán que las víctimas vayan acompañadas de una persona de su
elección en el primer contacto con una autoridad competente, cuando, debido a la inciden-
cia del delito, la víctima requiera asistencia para entender o ser entendida.
Artículo 4
Derecho a recibir información desde el primer contacto con una autoridad competente
1. Los Estados miembros garantizarán que se ofrezca a las víctimas la información que se
enuncia a continuación, sin retrasos innecesarios, desde su primer contacto con la autoridad
competente, a fin de que puedan acceder al ejercicio de los derechos establecidos en la pre-
sente Directiva:

218
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

a) el tipo de apoyo que podrán obtener y de quién obtenerlo, incluida, si procede, informa-
ción básica sobre el acceso a atención médica, cualquier apoyo de especialistas, incluido el
apoyo psicológico, y alojamiento alternativo;
b) los procedimientos de interposición de denuncias relativas a infracciones penales y su pa-
pel en relación con tales procedimientos;
c) el modo y las condiciones en que podrá obtener protección, incluidas las medidas de
protección;
d) el modo y las condiciones para poder obtener asesoramiento jurídico, asistencia jurídica o
cualquier otro tipo de asesoramiento;
e) el modo y las condiciones para poder acceder a indemnizaciones;
f ) el modo y las condiciones para tener derecho a interpretación y traducción;
g) si residen en un Estado miembro distinto de aquel en el que se ha cometido la infracción
penal, las medidas, procedimientos o mecanismos especiales que están disponibles para la
defensa de sus intereses en el Estado miembro en el que se establece el primer contacto con
una autoridad competente;
h) los procedimientos de reclamación existentes en caso de que la autoridad competente ac-
tuante en el marco de un proceso penal no respete sus derechos;
i) los datos de contacto para las comunicaciones sobre su causa;
j) los servicios de justicia reparadora existentes;
k) el modo y las condiciones para poder obtener el reembolso de los gastos en que hayan in-
currido como resultado de su participación en el proceso penal.
2. La extensión o detalle de la información enunciada en el apartado 1 podrá variar depen-
diendo de las necesidades específicas y las circunstancias personales de la víctima, y el tipo
o carácter del delito. Podrán facilitarse también detalles adicionales en fases posteriores, en
función de las necesidades de la víctima y de la pertinencia de esos detalles en cada fase del
procedimiento.
Artículo 5
Derecho de las víctimas cuando interpongan una denuncia
1. Los Estados miembros garantizarán que las víctimas reciban una declaración por escrito
que sirva de reconocimiento de la denuncia formal que hayan presentado ante las autorida-
des competentes de un Estado miembro, y en la que consten los elementos básicos de la in-
fracción penal de que se trate.
2. Los Estados miembros garantizarán que las víctimas que deseen denunciar una infracción
penal y no entiendan o no hablen la lengua de la autoridad competente puedan presentar
la denuncia en una lengua que entiendan o recibiendo la asistencia lingüística necesaria.
3. Los Estados miembros garantizarán que las víctimas que no entiendan o no hablen la len-
gua de la autoridad competente reciban gratuitamente una traducción de la declaración por
escrito de la denuncia que se exige en el apartado 1, previa solicitud, en una lengua que
entiendan.
Artículo 6
Derecho a recibir información sobre su causa
1. Los Estados miembros garantizarán que se notifique a las víctimas sin retrasos innecesa-
rios su derecho a recibir la siguiente información sobre el proceso penal iniciado a raíz de la
denuncia de una infracción penal de la que hayan sido víctimas, y que, si lo solicitan, reciban
dicha información:

219
Elky Alexander Villegas Paiva

a) Cualquier decisión de no iniciar o de poner término a una investigación o de no procesar


al infractor;
b) la hora y el lugar del juicio, y la naturaleza de los cargos contra el infractor.
2. Los Estados miembros garantizarán que, en función de su estatuto en el sistema judicial
penal correspondiente, se notifique a las víctimas sin retrasos innecesarios su derecho a re-
cibir la información siguiente sobre el proceso penal iniciado a raíz de la denuncia de una in-
fracción penal de la que hayan sido víctimas, y que, si lo solicitan, reciban dicha información:
a) Cualquier sentencia firme en un juicio;
b) información que permita a la víctima conocer en qué situación se encuentra el proceso pe-
nal, a menos que, en casos excepcionales, el correcto desarrollo de la causa pueda verse afec-
tado por dicha notificación.
3. La información facilitada en virtud de lo dispuesto en el apartado 1, letra a), y el apartado 2,
letra a), incluirá los motivos o un breve resumen de los motivos de la decisión de que se tra-
te, salvo en el caso de una decisión de un jurado o de una decisión con carácter confidencial,
para las que el ordenamiento jurídico nacional no exija motivación.
4. El deseo de las víctimas de recibir o no información será vinculante para las autoridades
competentes, a menos que sea obligatorio facilitar esa información en virtud del derecho de
la víctima a participar de manera activa en el proceso penal. Los Estados miembros permiti-
rán a las víctimas cambiar de opinión al respecto en cualquier momento, y tendrán en cuen-
ta dicho cambio.
5. Los Estados miembros garantizarán que se brinde a las víctimas la oportunidad de que se
les notifique, sin retrasos innecesarios, el hecho de que la persona privada de libertad, incul-
pada o condenada por las infracciones penales que les afecten haya sido puesta en libertad
o se haya fugado. Además, los Estados miembros velarán por que se informe a las víctimas
de cualquier medida pertinente tomada para su protección en caso de puesta en libertad o
de fuga del infractor.
6. Las víctimas recibirán, si lo solicitan, la información contemplada en el apartado 5, al me-
nos en los casos en que exista peligro o un riesgo concreto de daño para las víctimas, y a
no ser que exista un riesgo concreto de daño para el infractor que pudiera resultar de la
notificación.
Artículo 7
Derecho a traducción e interpretación
1. Los Estados miembros velarán por que a las víctimas que no entiendan o no hablen la len-
gua del proceso penal de que se trate se les facilite, si así lo solicitan y de acuerdo con su es-
tatuto en el sistema de justicia penal pertinente, interpretación gratuita, al menos durante las
entrevistas o las tomas de declaración en los procesos penales, ante las autoridades de ins-
trucción y judiciales, incluso durante los interrogatorios policiales, e interpretación para su
participación activa en las vistas orales del juicio y cualquier audiencia interlocutoria.
2. Sin perjuicio de los derechos de la defensa y de conformidad con las normas de discrecio-
nalidad judicial, se podrán utilizar tecnologías de la comunicación, como videoconferencia,
teléfono o internet, a menos que se requiera la presencia física del intérprete para que la víc-
tima pueda ejercer adecuadamente sus derechos o entender los procedimientos.
3. Los Estados miembros velarán por que a las víctimas que no entiendan o no hablen la len-
gua del proceso penal de que se trate se les facilite, si así lo solicitan y de acuerdo con su es-
tatuto en el sistema de justicia penal pertinente, traducciones gratuitas, en una lengua que
entiendan, de la información esencial para que ejerzan sus derechos en el proceso penal,
en la medida en que dicha información se facilite a las víctimas. Las traducciones de dicha

220
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

información incluirán, como mínimo, toda decisión de poner término al proceso penal rela-
tivo a la infracción penal que haya padecido la víctima, y a petición de esta, los motivos o un
breve resumen de los motivos de dicha decisión, salvo en el caso de una decisión de un jura-
do o una decisión de carácter confidencial, en las que el ordenamiento jurídico nacional no
exija motivación.
4. Los Estados miembros garantizarán que las víctimas que tengan derecho a ser informadas
de la hora y el lugar del juicio, con arreglo a lo dispuesto en el artículo 6, apartado 1, letra b),
y que no entiendan la lengua de la autoridad competente, reciban una traducción de esta in-
formación a la que tienen derecho, si así lo solicitan.
5. Las víctimas podrán presentar una solicitud motivada para que se considere esencial un
documento. No será preciso traducir pasajes de documentos esenciales que no resulten per-
tinentes a efectos de que las víctimas participen activamente en los procesos penales.
6. No obstante los apartados 1 y 3, podrá facilitarse, en lugar de una traducción escrita, una
oral o un resumen oral de los documentos esenciales, siempre y cuando dicha traducción
oral o dicho resumen oral no afecte a la equidad del proceso.
7. Los Estados miembros garantizarán que las autoridades competentes evalúen si las vícti-
mas necesitan interpretación o traducción según lo establecido en los apartados 1 y 3. Las
víctimas podrán impugnar toda decisión de no facilitar interpretación o traducción. Las nor-
mas de procedimiento para tal impugnación se determinarán en la legislación nacional.
8. La interpretación y la traducción, así como cualquier consideración de impugnar una deci-
sión de no facilitar interpretación o traducción con arreglo al presente artículo, no prolonga-
rán de modo injustificado el proceso penal.
Artículo 8
Derecho de acceso a los servicios de apoyo a las víctimas
1. Los Estados miembros garantizarán que las víctimas, de acuerdo con sus necesidades, ten-
gan acceso gratuito y confidencial a servicios de apoyo a las víctimas que actúen en interés
de las víctimas antes, durante y por un periodo de tiempo adecuado después de la conclu-
sión del proceso penal. Los familiares tendrán acceso a los servicios de apoyo a las víctimas
en función de sus necesidades y del grado de daño sufrido como resultado de la infracción
penal cometida contra la víctima.
2. Los Estados miembros facilitarán la derivación de las víctimas, por parte de la autoridad
competente que recibiera la denuncia y por otras entidades pertinentes, a los servicios de
apoyo a las víctimas.
3. Los Estados miembros tomarán medidas para establecer servicios de apoyo especializa-
do gratuito y confidencial adicionales a los servicios generales de apoyo a las víctimas o co-
mo parte de ellos, o para posibilitar que las organizaciones de apoyo a las víctimas recurran a
las entidades especializadas existentes que prestan ese apoyo especializado. Las víctimas, en
función de sus necesidades específicas, tendrán acceso a tales servicios y los familiares ten-
drán acceso según sus necesidades específicas y el grado de daño sufrido a consecuencia de
la infracción penal cometida contra la víctima.
4. Los servicios de apoyo a las víctimas y cualquier servicio de apoyo especializado podrán es-
tablecerse como organizaciones públicas o no gubernamentales, y podrán organizarse con
carácter profesional o voluntario.
5. Los Estados miembros garantizarán que el acceso a los servicios de apoyo a las víctimas no
dependa de que la víctima presente una denuncia formal por una infracción penal ante una
autoridad competente.

221
Elky Alexander Villegas Paiva

Artículo 9
Apoyo prestado por servicios de apoyo a las víctimas
1. Los servicios de apoyo a las víctimas, a los que se refiere el artículo 8, apartado 1, facilita-
rán como mínimo:
a) Información, asesoramiento y apoyo adecuados en relación con los derechos de las víc-
timas, también sobre cómo acceder a los sistemas nacionales de indemnización por los da-
ños y perjuicios de índole penal, y su papel en el proceso penal, incluida la preparación pa-
ra asistir al juicio;
b) información sobre cualquier servicio pertinente de apoyo especializado o derivación di-
recta al mismo;
c) apoyo emocional y, cuando se disponga de él, psicológico;
d) asesoramiento sobre cuestiones financieras y de tipo práctico resultantes del delito;
e) salvo que sea proporcionado por otros servicios públicos o privados, asesoramiento sobre
el riesgo y la prevención de victimización secundaria o reiterada, intimidación o represalias.
2. Los Estados miembros animarán a los servicios de apoyo a las víctimas a que presten espe-
cial atención a las necesidades específicas de las víctimas que hayan sufrido daños conside-
rables a causa de la gravedad del delito.
3. Salvo que sean proporcionados por otros servicios públicos o privados, los servicios de
apoyo especializados a que se refiere el artículo 8, apartado 3, desarrollarán y proporciona-
rán como mínimo:
a) refugios o cualquier otro tipo de alojamiento provisional para las víctimas que necesiten
de un lugar seguro debido a un riesgo inminente de victimización secundaria o reiterada, in-
timidación o represalias;
b) apoyo específico e integrado a las víctimas con necesidades especiales, como las víctimas
de violencia sexual, las víctimas de violencia de género y las víctimas de violencia en las re-
laciones personales, incluidos el apoyo para la superación del trauma y el asesoramiento.

CAPÍTULO 3
PARTICIPACIÓN EN EL PROCESO PENAL
Artículo 10
Derecho a ser oído
1. Los Estados miembros garantizarán a la víctima la posibilidad de ser oída durante las ac-
tuaciones y de facilitar elementos de prueba. Cuando una víctima menor haya de ser oída, se
tendrán debidamente en cuenta la edad y la madurez del menor.
2. Las normas de procedimiento en virtud de las cuales las víctimas pueden ser oídas y pue-
den presentar pruebas durante el proceso penal se determinarán en el Derecho nacional.
Artículo 11
Derechos en caso de que se adopte una decisión de no continuar el procesamiento
1. Los Estados miembros garantizarán a las víctimas, de acuerdo con su estatuto en el siste-
ma judicial penal pertinente, el derecho a una revisión de una decisión de no continuar con
el procesamiento. Las normas procesales de dicha revisión se determinarán en el Derecho
nacional.

222
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

2. Cuando, de conformidad con la legislación nacional, el estatuto de la víctima en el sistema


de justicia penal pertinente no se establezca hasta después de que se haya tomado la deci-
sión de continuar con el procesamiento del infractor, los Estados miembros garantizarán que
al menos las víctimas de delitos graves tengan derecho a una revisión de una decisión de no
continuar con el procesamiento. Las normas procesales de dicha revisión se determinarán en
el Derecho nacional.
3. Los Estados miembros garantizarán que se notifique a las víctimas sin retrasos innecesa-
rios su derecho a recibir información suficiente y que reciban dicha información para deci-
dir si solicitan una revisión de cualquier decisión de no continuar con el procesamiento si así
lo solicitan.
4. En caso de que la decisión de no continuar con el procesamiento proceda de la autoridad
competente de máximo rango contra la cual no exista más recurso en la legislación nacional,
esta misma autoridad podrá efectuar la revisión.
5. Los apartados 1, 3 y 4 no se aplicarán a la decisión del fiscal de no llevar a cabo el procesa-
miento si dicha decisión tiene como resultado un arreglo extrajudicial, en la medida en que
el Derecho nacional lo prevea.
Artículo 12
Derecho a garantías en el contexto de los servicios de justicia reparadora
1. Los Estados miembros adoptarán medidas para proteger a la víctima contra la victimiza-
ción secundaria o reiterada, la intimidación o las represalias, medidas que se aplicarán cuan-
do se faciliten servicios de justicia reparadora. Estas medidas garantizarán que aquellas vícti-
mas que opten por participar en procesos de justicia reparadora tengan acceso a servicios de
justicia reparadora seguros y competentes, siempre que se cumplan, como mínimo, las con-
diciones siguientes:
a) Que se recurra a los servicios de justicia reparadora si redundan en interés de la víctima,
atendiendo a consideraciones de seguridad, y se basan en el consentimiento libre e informa-
do de la víctima; el cual podrá retirarse en cualquier momento;
b) antes de que acepte participar en el proceso de justicia reparadora, se ofrecerá a la víctima
información exhaustiva e imparcial sobre el mismo y sus posibles resultados, así como sobre
los procedimientos para supervisar la aplicación de todo acuerdo;
c) el infractor tendrá que haber reconocido los elementos fácticos básicos del caso;
d) todo acuerdo deberá ser alcanzado de forma voluntaria y podrá ser tenido en cuenta en
cualquier otro proceso penal;
e) los debates en los procesos de justicia reparadora que no se desarrollen en público serán
confidenciales y no se difundirán posteriormente, salvo con el acuerdo de las partes o si así lo
exige el Derecho nacional por razones de interés público superior.
2. Los Estados miembros facilitarán la derivación de casos, si procede, a los servicios de justi-
cia reparadora, incluso mediante el establecimiento de procedimientos u orientaciones so-
bre las condiciones de tal derivación.
Artículo 13
Derecho a justicia gratuita
Los Estados miembros garantizarán a las víctimas el acceso a asistencia jurídica gratuita
cuando tengan el estatuto de parte en el proceso penal. Las condiciones o normas procesa-
les en virtud de las cuales las víctimas tendrán acceso a la asistencia jurídica gratuita se deter-
minarán en el Derecho nacional.

223
Elky Alexander Villegas Paiva

Artículo 14
Derecho al reembolso de gastos
Los Estados miembros brindarán a las víctimas que participen en procesos penales la posibi-
lidad de que se les reembolsen los gastos que hayan afrontado por su participación activa en
dichos procesos penales, de acuerdo con su estatuto en el sistema de justicia penal pertinen-
te. Las condiciones o normas procesales en virtud de las cuales las víctimas podrán recibir el
reembolso se determinarán en el Derecho nacional.
Artículo 15
Derecho a la restitución de bienes
Los Estados miembros garantizarán que, previa decisión de una autoridad competente, se
devuelvan sin demora a las víctimas los bienes restituibles que les hayan sido incautados en
el curso de un proceso penal, salvo en caso de necesidad impuesta por el proceso penal. Las
condiciones o normas procesales en virtud de las cuales se restituirán tales bienes a las vícti-
mas se determinarán en el Derecho nacional.
Artículo 16
Derecho a obtener una decisión relativa a la indemnización por parte del infractor en
el curso del proceso penal
1. Los Estados miembros garantizarán que, en el curso del proceso penal, las víctimas tengan
derecho a obtener una decisión sobre la indemnización por parte del infractor, en un pla-
zo razonable, excepto cuando el Derecho nacional estipule que dicha decisión se adopte en
otro procedimiento judicial.
2. Los Estados miembros promoverán medidas para que el autor de la infracción indemnice
a la víctima adecuadamente.
Artículo 17
Derechos de las víctimas residentes en otro Estado miembro
1. Los Estados miembros velarán por que sus autoridades competentes puedan tomar las
medidas necesarias para paliar las dificultades derivadas del hecho de que la víctima resida
en un Estado miembro distinto de aquel en que se haya cometido la infracción penal, en es-
pecial en lo que se refiere al desarrollo de las actuaciones. A tal efecto, las autoridades del Es-
tado miembro en el que se haya cometido la infracción penal deberán poder llevar a cabo las
siguientes actuaciones, entre otras:
a) Tomar declaración a la víctima inmediatamente después de que se presente la denuncia
de la infracción penal ante la autoridad competente;
b) recurrir en la medida de lo posible, cuando se deba oír a las víctimas residentes en el ex-
tranjero, a las disposiciones sobre videoconferencia y conferencia telefónica previstas en el
Convenio relativo a la asistencia judicial en materia penal entre los Estados miembros de la
Unión Europea, de 29 de mayo de 2000[17].
2. Los Estados miembros velarán por que las víctimas de una infracción penal cometida en
cualquier Estado miembro distinto de aquel en el que residan dispongan de la posibilidad de
presentar la denuncia ante las autoridades competentes del Estado miembro de residencia
si no pudieran hacerlo en el Estado miembro en el que se haya cometido la infracción penal,

[17] DO C 197 de 12/7/2000, p. 3.

224
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

o, en el caso de una infracción penal grave así tipificada en el Derecho de dicho Estado, si no
desearan hacerlo.
3. Los Estados miembros velarán por que la autoridad competente ante la que la víctima pre-
sente la denuncia la transmita sin dilación a la autoridad competente del Estado miembro en
el que se haya cometido la infracción penal, en caso de que el Estado miembro en que se pre-
sente la denuncia no ejerza la competencia de iniciar el procedimiento.

CAPÍTULO 4
PROTECCIÓN DE LAS VÍCTIMAS Y RECONOCIMIENTO DE LAS VÍCTIMAS CON NECESIDAD
DE PROTECCIÓN ESPECIAL
Artículo 18
Derecho a la protección
Sin perjuicio de los derechos de la defensa, los Estados miembros velarán por que se dispon-
gan medidas para proteger a las víctimas y a sus familiares frente a la victimización secunda-
ria o reiterada, la intimidación o las represalias, incluido el riesgo de daños emocionales o psi-
cológicos, y para proteger la dignidad de las víctimas durante la toma de declaración y cuan-
do testifiquen. Cuando sea necesario, esas medidas podrán incluir también procedimientos
establecidos en el Derecho nacional para la protección física de las víctimas y sus familiares.
Artículo 19
Derecho a evitar el contacto entre víctima e infractor
1. Los Estados miembros establecerán las condiciones necesarias para evitar el contacto en-
tre, por una parte, las víctimas y sus familiares, y, por otra, el infractor, en las dependencias
donde se celebre el proceso penal, salvo que este lo requiera.
2. Los Estados miembros garantizarán que toda nueva dependencia de los tribunales cuente
con salas de espera separadas para las víctimas.
Artículo 20
Derecho a la protección de las víctimas durante las investigaciones penales
Sin perjuicio de los derechos de la defensa y de conformidad con las normas relativas a la fa-
cultad de apreciación de los tribunales, los Estados miembros velarán por que durante las in-
vestigaciones penales:
a) La toma de declaración de las víctimas se lleve a cabo sin dilaciones injustificadas, una vez
que se haya presentado ante la autoridad competente la denuncia de una infracción penal;
b) el número de declaraciones de las víctimas sea el menor posible y solo se celebren cuando
sea estrictamente necesario para los fines de las investigaciones penales;
c) las víctimas puedan ir acompañadas de su representante legal y de una persona de su elec-
ción, a menos que se haya adoptado una resolución motivada en contrario;
d) cualquier reconocimiento médico se reduzca al mínimo y se efectúe únicamente si es ne-
cesario para los fines del proceso penal.
Artículo 21
Derecho a la protección de la intimidad
1. Los Estados miembros velarán por que, durante el proceso penal, las autoridades compe-
tentes puedan tomar las medidas adecuadas para proteger la intimidad, incluidas las carac-
terísticas personales de la víctima tenidas en cuenta en la evaluación individual contempla-
da en el artículo 22, así como las imágenes de las víctimas y de sus familiares. Además, los

225
Elky Alexander Villegas Paiva

Estados miembros garantizarán que las autoridades competentes puedan tomar todas las
medidas legales para impedir la difusión de cualquier información que pudiera llevar a la
identificación de las víctimas menores de edad.
2. Respetando la libertad de expresión y la libertad de los medios de comunicación y su plu-
ralismo, los Estados miembros instarán a dichos medios a aplicar medidas de autorregula-
ción con el fin de proteger la intimidad, la integridad personal y los datos personales de las
víctimas.
Artículo 22
Evaluación individual de las víctimas a fin de determinar sus necesidades especiales
de protección
1. Los Estados miembros velarán por que las víctimas reciban una evaluación puntual e indivi-
dual, con arreglo a los procedimientos nacionales, para determinar las necesidades especiales
de protección y si, y en qué medida, podrían beneficiarse de medidas especiales en el curso del
proceso penal, según se establece en los artículos 23 y 24, por el hecho de que sean particular-
mente vulnerables a la victimización secundaria o reiterada, a la intimidación o a las represalias.
2. La evaluación individual tendrá especialmente en cuenta:
a) las características personales de la víctima;
b) el tipo o la naturaleza del delito, y
c) las circunstancias del delito.
3. En el contexto de la evaluación individual, se prestará especial atención a las víctimas que
hayan sufrido un daño considerable debido a la gravedad del delito; las víctimas afectadas
por un delito motivado por prejuicios o por motivos de discriminación, relacionado en parti-
cular con sus características personales, y las víctimas cuya relación con el infractor o su de-
pendencia del mismo las haga especialmente vulnerables. A este respecto, serán objeto de
debida consideración las víctimas de terrorismo, delincuencia organizada, trata de personas,
violencia de género, violencia en las relaciones personales, violencia o explotación sexual y
delitos por motivos de odio, así como las víctimas con discapacidad.
4. A efectos de la presente Directiva, se dará por supuesto que las víctimas menores de edad
tienen necesidades especiales de protección en razón de su vulnerabilidad a la victimización
secundaria o reiterada, a la intimidación o a las represalias. A fin de determinar si deben be-
neficiarse de medidas especiales conforme a lo establecido en los artículos 23 y 24 y en qué
medida, las víctimas menores se someterán a una evaluación individual conforme a lo esta-
blecido en el apartado 1 del presente artículo.
5. El alcance de la evaluación individual podrá adaptarse en función de la gravedad del deli-
to y del grado de daño aparente sufrido por la víctima.
6. Las evaluaciones individuales se efectuarán con la estrecha participación de las víctimas y
deberán tener en cuenta sus deseos, incluso cuando este sea el de no beneficiarse de las me-
didas especiales que establecen los artículos 23 y 24.
7. Si los elementos en los que se basa la evaluación individual cambiasen de modo signifi-
cativo, los Estados miembros velarán por que la misma sea actualizada a lo largo de todo el
proceso penal.
Artículo 23
Derecho a la protección de las víctimas con necesidades especiales de protección du-
rante el proceso penal
1. Sin perjuicio de los derechos de la defensa y con arreglo a las normas relativas a la facul-
tad de apreciación de los tribunales, los Estados miembros garantizarán que las víctimas con

226
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

necesidades especiales de protección que se benefician de medidas especiales determina-


das a raíz de una evaluación individual como dispone el artículo 22, apartado 1, puedan dis-
frutar de las medidas establecidas en los apartados 2 y 3 del presente artículo. Las medidas
especiales que se proyecten a raíz de evaluaciones individuales podrán no ofrecerse si se dan
limitaciones operativas o prácticas que lo hacen imposible, o si existe una necesidad urgente
de tomar declaración a la víctima y si, de no procederse a esta declaración, la víctima u otra
persona podría resultar lesionada o el curso del proceso verse perjudicado.
2. Durante las investigaciones penales las víctimas con necesidades especiales de protección
determinadas de conformidad con lo establecido en el artículo 22, apartado 1, tendrán a su
disposición las siguientes medidas:
a) Se tomará declaración a la víctima en dependencias concebidas o adaptadas a tal fin;
b) la toma de declaración a la víctima será realizada por profesionales con formación adecua-
da a tal efecto o con su ayuda;
c) todas las tomas de declaración a la víctima serán realizadas por las mismas personas a me-
nos que sea contrario a la buena administración de la justicia;
d) todas las tomas de declaración a las víctimas de violencia sexual, violencia de género o vio-
lencia en el marco de las relaciones personales, a menos que sean realizadas por un fiscal o
un juez, serán realizadas por una persona del mismo sexo que la víctima, siempre que la víc-
tima así lo desee y si ello no va en detrimento del desarrollo del proceso.
3. Durante el proceso ante los tribunales, las víctimas con necesidades especiales de protec-
ción determinadas de conformidad con lo establecido en el artículo 22, apartado 1, tendrán
a su disposición las siguientes medidas:
a) medidas para evitar el contacto visual entre la víctima y el infractor, incluso durante la
práctica de la prueba, a través de los medios adecuados, incluido el uso de tecnologías de la
comunicación;
b) medidas para garantizar que la víctima pueda ser oída sin estar presente en la sala de au-
diencia, especialmente mediante la utilización de tecnologías de la comunicación adecuadas;
c) medidas para evitar que se formulen preguntas innecesarias en relación con la vida priva-
da de la víctima sin relación con la infracción penal, y
d) medidas que permitan la celebración de una audiencia sin la presencia de público.
Artículo 24
Derecho a la protección de las víctimas menores de edad durante el proceso penal
1. Además de las medidas establecidas en el artículo 23, cuando las víctimas sean menores
los Estados miembros garantizarán que:
a) En las investigaciones penales, todas las tomas de declaración a las víctimas menores de
edad puedan ser grabadas por medios audiovisuales y estas declaraciones grabadas puedan
utilizarse como elementos de prueba en procesos penales;
b) en las investigaciones y en los procesos penales, de acuerdo con el estatuto de la víctima
en el sistema judicial penal pertinente, las autoridades competentes designen a un repre-
sentante para la víctima menor de edad en caso de que, de conformidad con el Derecho na-
cional, se imposibilite a los titulares de responsabilidad parental para representar a la vícti-
ma menor de edad de resultas de un conflicto de intereses entre ellos y la víctima menor de
edad, o cuando se trate de una víctima menor de edad no acompañada o que esté separa-
da de la familia;
c) cuando la víctima menor de edad tenga derecho a un abogado, el menor tendrá derecho
a asistencia letrada y representación legal, en su propio nombre, en los procesos en los que

227
Elky Alexander Villegas Paiva

exista, o pudiera existir, un conflicto de intereses entre la víctima menor de edad y los titula-
res de responsabilidad parental.
Las normas procesales de las grabaciones audiovisuales mencionadas en la letra a) del párra-
fo primero y el uso de las mismas se determinarán en el Derecho nacional.
2. Cuando no se conozca con certeza la edad de una víctima y haya motivos para pensar que
es menor de edad, se presumirá, a efectos de la presente Directiva, que dicha víctima es me-
nor de edad.

CAPÍTULO 5
OTRAS DISPOSICIONES
Artículo 25
Formación de los profesionales
1. Los Estados miembros garantizarán que aquellos funcionarios que probablemente vayan
a entrar en contacto con las víctimas, como los agentes de policía y el personal al servicio de
la administración de justicia, reciban tanto formación general como especializada a un nivel
adecuado al contacto que mantengan con las víctimas, con el fin de mejorar su conciencia-
ción respecto de las necesidades de las víctimas y de capacitarlos para tratar a las víctimas de
manera imparcial, respetuosa y profesional.
2. Sin perjuicio de la independencia judicial y de las diferencias en la organización de los sis-
temas judiciales en la Unión, los Estados miembros solicitarán a los responsables de la forma-
ción de los jueces y fiscales que participen en procesos penales que velen por que se imparta
tanto formación general como especializada, con el fin de mejorar la concienciación de jue-
ces y fiscales respecto de las necesidades de las víctimas.
3. Respetando debidamente la independencia de la profesión jurídica, los Estados miembros
recomendarán que los responsables de la formación de los abogados faciliten tanto forma-
ción general como especializada, con el fin de mejorar la concienciación de los abogados res-
pecto de las necesidades de las víctimas.
4. Los Estados miembros fomentarán iniciativas, a través de sus servicios públicos o median-
te la financiación de organizaciones de apoyo a las víctimas, mediante las que se posibilite
que las personas que prestan servicios de apoyo a las víctimas y servicios de justicia repara-
dora reciban la formación adecuada de un nivel que sea el adecuado al tipo de contactos que
mantengan con las víctimas, y observen normas profesionales para garantizar que tales ser-
vicios se prestan de manera imparcial, respetuosa y profesional.
5. En función de las tareas que han de desempeñar y la naturaleza y el grado de contacto que
los profesionales mantengan con las víctimas, la formación tendrá como objetivo capacitar
a los profesionales para reconocer a las víctimas y tratarlas de manera respetuosa, profesio-
nal y no discriminatoria.
Artículo 26
Cooperación y coordinación de los servicios
1. Los Estados miembros tomarán las medidas adecuadas para facilitar la cooperación entre
Estados miembros con el fin de mejorar el acceso de las víctimas al ejercicio de los derechos
que establece la presente Directiva y el Derecho nacional. Dicha cooperación se destinará al
menos a lo siguiente:
a) El intercambio de mejores prácticas;
b) la consulta en casos individuales, y

228
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

c) la asistencia a las redes europeas que trabajan sobre aspectos relacionados directamente
con los derechos de las víctimas.
2. Los Estados miembros tomarán las medidas adecuadas, incluso a través de Internet, en-
caminadas a concienciar sobre los derechos establecidos en la presente Directiva, reducir el
riesgo de victimización y minimizar la incidencia negativa de la delincuencia, y los riesgos
de victimización secundaria o reiterada, intimidación o represalias, centrándose en particu-
lar en los grupos de riesgo, como los menores de edad y las víctimas de violencia de géne-
ro y de violencia en el marco de las relaciones personales. Estas acciones pueden consistir en
campañas de información y concienciación, así como programas de investigación y educa-
ción, en su caso en cooperación con organizaciones pertinentes de la sociedad civil y otros
interesados.

CAPÍTULO 6
DISPOSICIONES FINALES
Artículo 27
Incorporación al Derecho interno
1. Los Estados miembros pondrán en vigor las disposiciones legales, reglamentarias y admi-
nistrativas necesarias para dar cumplimiento a lo establecido en la presente Directiva a más
tardar el 16 de noviembre de 2015.
2. Cuando los Estados miembros adopten dichas disposiciones, estas harán referencia a la
presente Directiva o irán acompañadas de dicha referencia en su publicación oficial. Los Es-
tados miembros establecerán las modalidades de la mencionada referencia.
Artículo 28
Comunicación de datos y estadísticas
Los Estados miembros comunicarán a la Comisión Europea a más tardar el 16 de noviembre
de 2017, y, a continuación, cada tres años, los datos de que dispongan en los que se mues-
tren de qué modo han accedido las víctimas al ejercicio de los derechos establecidos en la
presente Directiva.
Artículo 29
Informe
A más tardar el 16 de noviembre de 2017, la Comisión presentará al Parlamento Europeo y al
Consejo un informe en el que se evaluará en qué medida los Estados miembros han adop-
tado las disposiciones necesarias para dar cumplimiento a lo dispuesto en la presente Direc-
tiva, incluida una descripción de las medidas adoptadas en virtud de los artículos 8, 9 y 23,
acompañado, si es necesario, de propuestas legislativas.
Artículo 30
Sustitución de la Decisión marco 2001/220/JAI
Queda sustituida la Decisión marco 2001/220/JAI en lo relativo a los Estados miembros que
participan en la adopción de la presente Directiva, sin perjuicio de las obligaciones de los Es-
tados miembros en lo que se refiere a los plazos para la transposición en sus ordenamien-
tos jurídicos.
Por lo que respecta a los Estados miembros que participan en la adopción de la presente
Directiva, las referencias a la Decisión marco derogada se entenderán hechas a la presen-
te Directiva.

229
Elky Alexander Villegas Paiva

Artículo 31
Entrada en vigor
La presente Directiva entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el Diario Oficial
de la Unión Europea.
Artículo 32
Destinatarios
Los destinatarios de la presente Directiva son los Estados miembros, de conformidad con lo
dispuesto en los Tratados.
Hecho en Estrasburgo, el 25 de octubre de 2012.
Por el Parlamento Europeo
El Presidente M. SCHULZ
Por el Consejo
El Presidente A. D. MAVROYIANNIS

230
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

PLENO JURISDICCIONAL DE LAS SALAS PENALES PERMANENTE Y TRANSITORIAS

ACUERDO PLENARIO Nº 6-2006/CJ-116


CONCORDANCIA JURISPRUDENCIAL
ART. 116 TUO LOPJ
ASUNTO: Reparación civil y delitos de peligro.
Lima, trece de octubre de dos mil seis.
Los Vocales de lo Penal, integrantes de las Salas Permanente y Transitorias de la Corte Supre-
ma de Justicia de la República, reunidas en Pleno Jurisprudencial, de conformidad con lo dis-
puesto en el artículo veintidós del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judi-
cial, han pronunciado el siguiente:
ACUERDO PLENARIO
I. ANTECEDENTES
1. Las Salas Penales Permanente y Transitorias de la Corte Suprema de Justicia de la Repúbli-
ca, con la autorización del Consejo Ejecutivo del Poder Judicial, acordaron realizar un Pleno
Jurisdiccional de los Vocales de lo Penal, a fin de dar cumplimiento a lo dispuesto por los ar-
tículos 22 y 116 del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial.
2. Para estos efectos, con carácter preparatorio, se delimitó el ámbito de las Ejecutorias Su-
premas que correspondían analizar y se aprobó revisar las decisiones dictadas en el segun-
do semestre del presente año. A continuación, el Equipo de Trabajo designado al efecto, ba-
jo la coordinación del señor San Martín Castro, presentó a cada Sala un conjunto de Ejecuto-
rias que podían cumplir ese cometido. Las Salas Permanente y Primera Transitoria –de donde
emanaron las Ejecutorias analizadas–, en sesiones preliminares, resolvieron presentar al Ple-
no las Ejecutorias que estimaron procedentes.
3. En el presente caso, el Pleno decidió tomar como base de la discusión los problemas que
plantea la reparación civil respecto de los delitos de peligro. En no pocos casos ha llegado a
conocimiento de la Corte Suprema de Justicia supuestos en los que se recurría del objeto ci-
vil de la condena penal porque las Salas Penales Superiores estimaban que en esa clase de
delitos, por ejemplo, el de tenencia ilícita de armas de fuego, no existía daño que resarcir.
4. En tal virtud, se resolvió invocar el artículo 116 del Texto Único Ordenado de la Ley Orgáni-
ca del Poder Judicial que, en esencia, faculta a las Salas Especializadas del Poder Judicial dic-
tar Acuerdos Plenarios con la finalidad de concordar jurisprudencia de su especialidad. Da-
da la complejidad y amplitud del tema abordado, que rebasa los aspectos tratados en aisla-
das Ejecutorias Supremas, se decidió redactar un Acuerdo Plenario incorporando los funda-
mentos jurídicos correspondientes necesarios para configurar una doctrina legal y disponer
su carácter de precedente vinculante.
5. La deliberación y votación se realizó el día de la fecha. Como resultado del debate y en vir-
tud de la votación efectuada, por unanimidad, se emitió el presente Acuerdo Plenario. Se de-
signaron como ponentes a los señores San Martín Castro y Vega Vega, quienes expresan el
parecer del Pleno.
II. FUNDAMENTOS JURÍDICOS
6. El proceso penal nacional, regulado por el Código de Procedimientos Penales, acumula
obligatoriamente la pretensión penal y la pretensión civil. El objeto del proceso penal, enton-
ces, es doble: el penal y el civil. Así lo dispone categóricamente el artículo 92 del Código Pe-
nal, y su satisfacción, más allá del interés de la víctima –que no ostenta la titularidad del de-
recho de penar, pero tiene el derecho a ser reparada por los daños y perjuicios que produzca

231
Elky Alexander Villegas Paiva

la comisión del delito–, debe ser instado por el Ministerio Público, tal como prevé el artícu-
lo 1 de su Ley Orgánica.
El objeto civil se rige por los artículos 54 al 58, 225.4, 227 y 285 del Código de Procedimien-
tos Penales y los artículos 92 al 101 del Código Penal –este último precepto remite, en lo per-
tinente, a las disposiciones del Código Civil–.
A partir de esas normas, nuestro proceso penal cumple con una de sus funciones primordia-
les: la protección de la víctima y aseguramiento de la reparación de los derechos afectados
por la comisión del delito, en cuya virtud garantiza “(...) la satisfacción de intereses que el Esta-
do no puede dejar sin protección” (ASENCIO MELLADO, José María. Derecho Procesal Penal, Edi-
torial Tirant lo Blanch, Valencia, 2004, página 27).
7. La reparación civil, que legalmente define el ámbito del objeto civil del proceso penal y es-
tá regulada por el artículo 93 del Código Penal, desde luego, presenta elementos diferencia-
dores de la sanción penal; existen notas propias, finalidades y criterios de imputación distin-
tos entre responsabilidad penal y responsabilidad civil, aun cuando comparten un mismo
presupuesto: el acto ilícito causado por un hecho antijurídico, a partir del cual surgen las di-
ferencias respecto de su regulación jurídica y contenido entre el ilícito penal y el ilícito civil.
Así las cosas, se tiene que el fundamento de la responsabilidad civil, que origina la obligación
de reparar, es la existencia de un daño civil causado por un ilícito penal, el que obviamente
no puede identificarse con “ofensa penal” –lesión o puesta en peligro de un (bien) jurídico
protegido, cuya base se encuentra en la culpabilidad del agente– [la causa inmediata de la
responsabilidad penal y la civil ex delicto, infracción /daño, es distinta]; el resultado dañoso y
el objeto sobre el que recae la lesión son distintos.
8. Desde esta perspectiva el daño civil debe entenderse como aquellos efectos negativos que
derivan de la lesión de un interés protegido, lesión que puede originar consecuencias patri-
moniales y no patrimoniales. Una concreta conducta puede ocasionar tanto (1) daños patri-
moniales, que consisten en la lesión de derechos de naturaleza económica, que debe ser re-
parada, radicada en la disminución de la esfera patrimonial del dañado y en el no incremen-
to en el patrimonio del dañado o ganancia patrimonial neta dejada de percibir –menoscabo
patrimonial–; cuanto (2) daños no patrimoniales, circunscrita a la lesión de derechos o legí-
timos intereses existenciales –no patrimoniales– tanto de las personas naturales como de las
personas jurídicas –se afectan, como acota ALASTUEY DOBÓN, bienes inmateriales del per-
judicado, que no tienen reflejo patrimonial alguno– (Conforme: ESPINOZA ESPINOZA, Juan.
Derecho de la responsabilidad civil. Gaceta Jurídica, 2002, páginas 157/159).
9. Los delitos de peligro –especie de tipo legal según las características externas de la ac-
ción– pueden definirse como aquellos en los que no se requiere que la conducta del agente
haya ocasionado un daño sobre un objeto, sino que es suficiente con que el objeto jurídica-
mente protegido haya sido puesto en peligro de sufrir la lesión que se quiere evitar [el peligro
es un concepto de naturaleza normativa en cuanto a que su objeto de referencia es un bien
jurídico, aunque su fundamento, además de normativo, también se basa en una regla de ex-
periencia o de frecuente que es, a su vez, sintetizada en un tipo legal], sea cuando se requie-
re realmente la posibilidad de la lesión –peligro concreto– o cuando según la experiencia ge-
neral representa en sí misma un peligro para el objeto protegido –peligro abstracto– (BACIGA-
LUPO ZAPATER, Enrique. Derecho Penal - Parte General. ARA Editores, Lima, 2004, página 223).
Los primeros son, siempre, delitos de resultado, y los otros son delitos de mera actividad.
10. A partir de lo expuesto, cabe establecer si los delitos de peligro pueden ocasionar daños
civiles y, por tanto, si es menester fijar la correspondiente reparación civil, más allá de las es-
peciales dificultades que en estos delitos genera la concreción de la responsabilidad civil. Co-
mo se ha dicho, el daño civil lesiona derechos de naturaleza económica y/o derechos o legíti-
mos intereses existenciales, no patrimoniales, de las personas. Por consiguiente, aun cuando
es distinto el objeto sobre el que recae la lesión en la ofensa penal y en el daño civil, es claro

232
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

que, pese a que no se haya producido un resultado delictivo concreto, es posible que existan
daños civiles que deban ser reparados.
En los delitos de peligro, desde luego, no cabe negar a priori la posibilidad de que surja res-
ponsabilidad civil, puesto que en ellos –sin perjuicio, según los casos, de efectivos daños ge-
nerados en intereses individuales concretos– se produce una alteración del ordenamiento ju-
rídico con entidad suficiente, según los casos, para ocasionar daños civiles, sobre el que ob-
viamente incide el interés tutelado por la norma penal –que, por lo general y que siempre
sea así, es de carácter supraindividual–. Esta delictiva alteración o perturbación del ordena-
miento jurídico se debe procurar restablecer, así como los efectos que directa o causalmente
ha ocasionado su comisión [el daño como consecuencia directa y necesaria del hecho delic-
tivo] (conforme: ROIG TORRES, Margarita. La reparación del daño causado por el delito. Edito-
rial Tirant lo Blanch, Valencia, 2000, páginas 124/125).
Por consiguiente, no cabe descartar la existencia de responsabilidad civil en esta clase de de-
litos, y, en tal virtud, corresponderá al órgano jurisdiccional en lo penal determinar su pre-
sencia y fijar su cuantía.
III. DECISIÓN
11. En atención lo expuesto, las Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Supre-
ma de Justicia de la República, reunidas en Pleno Jurisdiccional, y de conformidad con lo dis-
puesto por el artículo 116 del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial;
por unanimidad;
ACORDÓ:
12. ESTABLECER como reglas de interpretación para la determinación de la responsabilidad
civil en los delitos de peligro las que se describen en los párrafos 7 al 10 del presente Acuerdo
Plenario. En consecuencia, dichos párrafos constituyen precedentes vinculantes.
13. PRECISAR que los principios jurisprudenciales antes mencionados deben ser invocados
por los Magistrados de las instancias correspondientes, sin prejuicio de la excepción que esti-
pula el segundo párrafo del artículo 22 del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del Po-
der Judicial.
14. PUBLICAR este Acuerdo Plenario en el diario oficial El Peruano. Hágase saber.
SS. SALAS GAMBOA; SIVINA HURTADO; GONZALES CAMPOS; SAN MARTÍN CASTRO; VALDEZ
ROCA; BARRIENTOS PEÑA; VEGA VEGA; LECAROS CORNEJO; MOLINA ORDÓÑEZ; PEIRANO
SÁNCHEZ; VINATEA MEDINA; PRÍNCIPE TRUJILLO; CALDERÓN CASTILLO; URBINA GANVINI

233
Elky Alexander Villegas Paiva

PLENO JURISDICCIONAL DE LAS SALAS PENALES PERMANENTE Y TRANSITORIAS

ACUERDO PLENARIO Nº 5-2011-CJ-116


CONCORDANCIA JURISPRUDENCIAL
ART. 116 TUO LOPJ
ASUNTO: constitución del Actor Civil: requisitos, oportunidad y forma
Lima, seis de diciembre de dos mil once.
Los Jueces Supremos de lo Penal, integrantes de las Salas Penales Permanente y Transitoria
de la Corte Suprema de Justicia de la República, reunidos en Pleno Jurisdiccional, de confor-
midad con lo dispuesto en el artículo 116 del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del
Poder Judicial, han pronunciado el siguiente:
ACUERDO PLENARIO
I. ANTECEDENTES
1. Las Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Suprema de Justicia de la Repúbli-
ca, con la autorización del Presidente del Poder Judicial mediante Resolución Administrativa
Nº 127-2011-P-PJ, y el concurso del Centro de Investigaciones Judiciales, bajo la coordinación
del señor Prado Saldarriaga, acordaron realizar el VII Pleno Jurisdiccional –que incluyó el Foro
de “Participación Ciudadana”– de los Jueces Supremos de lo Penal, al amparo de lo dispues-
to en el artículo 116 del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial –en ade-
lante, LOPJ–, y dictar Acuerdos Plenarios para concordar la jurisprudencia penal.
2. El VII Pleno Jurisdiccional se realizó en tres etapas. La primera etapa estuvo conformada
por dos fases: el foro de aporte de temas y justificación, y la publicación de temas y presenta-
ción de ponencias. Esta etapa tuvo como finalidad convocar a la comunidad jurídica y a la so-
ciedad civil del país, a participar e intervenir con sus valiosos aportes en la identificación, aná-
lisis y selección de los principales problemas hermenéuticos y normativos que se detectan en
el proceder jurisprudencial de la judicatura nacional, al aplicar normas penales, procesales y
de ejecución penal en los casos concretos que son de su conocimiento. Para ello se habilitó
el Foro de “Participación Ciudadana” a través del portal de Internet del Poder Judicial, habien-
do logrado con ello una amplia participación de la comunidad jurídica y de diversas institu-
ciones del país a través de sus respectivas ponencias y justificación. Luego, los Jueces Supre-
mos discutieron y definieron la agenda –en atención a los aportes realizados– para lo cual tu-
vieron en cuenta además, los diversos problemas y cuestiones de relevancia jurídica que han
venido conociendo en sus respectivas Salas en el último año. Fue así como se establecieron
los diez temas de agenda así como sus respectivos problemas específicos.
3. La segunda etapa consistió en el desarrollo de la audiencia pública, que se llevó a cabo el
dos de noviembre. En ella, los representantes de la comunidad jurídica e instituciones acre-
ditadas, luego de una debida selección, sustentaron y debatieron sus respectivas ponencias
ante el Pleno de los Jueces Supremos de ambas Salas Penales, interviniendo en el análisis
del tema del presente Acuerdo Plenario, el señor Fernando Ibérico Castañeda del Centro de
Estudios de Derecho Penal Económico y de la Empresa (CEDPE), y el señor Gonzalo Del Río
Labarthe.
4. La tercera etapa del VII Pleno Jurisdiccional comprendió ya el proceso de discusión y for-
mulación de los Acuerdos Plenarios cuya labor recayó en los respectivos Jueces Ponentes en
cada uno de los diez temas. Esta fase culminó con la Sesión Plenaria realizada en la fecha, con
participación de todos los Jueces integrantes de las Salas Penales Permanente y Transitoria
(a excepción del doctor Príncipe Trujillo, quien se encontraba de licencia), interviniendo to-
dos con igual derecho de voz y voto. Es así como finalmente se expide el presente Acuerdo

234
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

Plenario, emitido conforme a lo dispuesto en el artículo 116 de la LOPJ, que, faculta a las Sa-
las Especializadas del Poder Judicial a dictar este tipo de Acuerdos con la finalidad de concor-
dar criterios jurisprudenciales de su especialidad.
5. La deliberación y votación se realizó el día de la fecha. Como resultado del debate y en vir-
tud de la votación efectuada, por unanimidad, se emitió el presente Acuerdo Plenario. Inter-
vinieron como ponentes el señor SAN MARTÍN CASTRO, Presidente del Poder Judicial, y el se-
ñor NEYRA FLORES.
II. FUNDAMENTOS JURÍDICOS
§ 1. Aspectos generales
6. El actor civil, en cuanto parte procesal, presenta una configuración jurídica de suma impor-
tancia, en la medida que esta institución ha generado interpretaciones contradictorias que
con el tiempo han ido encontrando su cauce mediante las decisiones que han venido profi-
riendo los Juzgados y Salas, pero que al parecer no gozan de unánime respaldo.
Así las cosas, corresponde a este Supremo Tribunal en aras de garantizar la igualdad en la
aplicación judicial del derecho objetivo y la vigencia del valor seguridad jurídica, dictar un
Acuerdo Plenario que fije los alcances de los puntos en conflicto.
7. El Código Procesal Penal de 2004 establece que el ejercicio de la acción civil derivada del
hecho punible corresponde al Ministerio Público y, especialmente, al perjudicado por el deli-
to; además, estipula que si este último se constituye en actor civil, cesa la legitimación del Mi-
nisterio Público para intervenir en el objeto civil del proceso: artículo 11, apartado 1), del cita-
do Código adjetivo. En tal virtud, la participación del Ministerio Público será por sustitución,
esto es, representa un interés privado. Por ello, su intervención cesa definitivamente cuando
el actor civil se apersona al proceso.
Sin lugar a dudas, la modificación más importante del Código Procesal Penal en el ámbito de
la acción civil incorporada al proceso penal se ubica en el artículo 12, apartado 3), del referi-
do Código, que estipula que la sentencia absolutoria o el auto de sobreseimiento no impedi-
rán al órgano jurisdiccional pronunciarse sobre la acción civil derivada del hecho punible vá-
lidamente ejercida, cuando proceda. Esto significa, en buena cuenta, que cuando se sobre-
see la causa o se absuelve al acusado no necesariamente la Jurisdicción debe renunciar a la
reparación de un daño que se ha producido como consecuencia del hecho que constituye
el objeto del proceso, incluso cuando ese hecho -siempre ilícito- no puede ser calificado co-
mo infracción penal.
8. El Código Penal –Título VI, Capítulo I, Libro I– regula el instituto de la reparación civil. El Có-
digo Procesal Penal –Libro I, Sección II–, por su parte, prescribe el procedimiento necesario
para su persecución eficaz. Con independencia de su ubicación formal, la naturaleza jurídi-
ca de la reparación civil es incuestionablemente civil, y que aun cuando exista la posibilidad
legislativamente admitida de que un Juez Penal pueda pronunciarse sobre el daño y su atri-
bución, y en su caso determinar el quántum indemnizatorio –acumulación heterogénea de
acciones–, ello responde de manera exclusiva a la aplicación del principio de economía pro-
cesal. GIMENO SENDRA sostiene, al respecto, que cuando sostiene que el fundamento de la
acumulación de la acción civil a la penal derivada del delito es la economía procesal, toda vez
que dicho sistema permite discutir y decidir en un solo proceso, tanto la pretensión penal, co-
mo la pretensión civil resarcitoria que pudiera surgir como consecuencia de los daños come-
tidos por la acción delictuosa y que, de ser decidida con absoluta separación en un proceso
civil produciría mayores gastos y dilaciones al perjudicado por el delito, debido a la onerosi-
dad, lentitud e ineficacia de nuestro ordenamiento procesal civil [Derecho Procesal Penal, 2ª
edición, Editorial Colex, Madrid, 2007, p. 257].
9. El artículo 139, inciso 3), de la Constitución consagra la garantía de tutela jurisdiccio-
nal, que incluye como uno de sus elementos esenciales el derecho de acceso a los órganos

235
Elky Alexander Villegas Paiva

jurisdiccionales, a través del cauce del ejercicio del poder jurídico de acción, que implica la
atribución que tiene toda persona de poder acudir al órgano jurisdiccional para que este, a
través de la prestación del servicio de impartir justicia al que está obligado, resuelva un con-
flicto de intereses o una incertidumbre jurídica.
En el proceso penal peruano la titularidad de la promoción de la acción penal –que se con-
creta en la expedición de la disposición de formalización y continuación de la investigación
preparatoria– corresponde en exclusiva en los delitos públicos a la Fiscalía –que es un dere-
cho deber del Ministerio Público–, y en los delitos privados al perjudicado por el delito. El ciu-
dadano frente a la comisión de delitos públicos solo tiene un derecho de petición, debida-
mente reglado, de acudir al Ministerio Público para dar cuenta de la notitia criminis.
10. Como se advierte, nuestro sistema procesal penal se ha adherido a la opción de posibi-
litar la acumulación de la pretensión resarcitoria, de naturaleza civil, en el proceso penal. En
tal sentido GÓMEZ COLOMER expresa que una vez aceptada la existencia de la permisibili-
dad de la acumulación al proceso penal de uno civil, toca determinar el objeto del proceso ci-
vil acumulado, que no es otro que la pretensión y la resistencia, siendo el contenido de la re-
ferida pretensión, casi siempre, de naturaleza patrimonial [Derecho Jurisdiccional III. Proce-
so Penal. El objeto del proceso. 12ª Edición, Editorial Tirant lo Blanch, Valencia, 2003, p. 110).
En otras palabras, la acumulación de la acción civil al proceso penal, responde sencillamente
a un supuesto de acumulación heterogénea de pretensiones, con fines procesales estrictos.
Esta tendencia encuentra un beneficio en el hecho de que, con el menor desgaste posible de
jurisdicción, se pueda reprimir el daño público causado por el delito y reparar el daño priva-
do ocasionado por el mismo hecho.
§ 2. Actor civil. Requisitos para su constitución
11. Actor civil es el perjudicado que ejerce su derecho de acción civil dentro del proceso pe-
nal. Es decir, es quien ha sufrido en su esfera patrimonial los daños producidos por la comi-
sión del delito, siendo titular, frente al responsable civil, de un derecho de crédito, bien a títu-
lo de culpa, bien por la simple existencia de una responsabilidad objetiva que pudiera surgir
con ocasión de la comisión de un delito [VICENTE GIMENO SENDRA, Ibídem, p. 181]. Dicho de
otro modo, en palabras de SAN MARTÍN CASTRO, se define al actor civil como aquella perso-
na que puede ser el agraviado o sujeto pasivo del delito, es decir quien directamente ha su-
frido un daño criminal y, en defecto de él, el perjudicado, esto es, el sujeto pasivo del daño in-
demnizable o el titular del interés directa o inmediatamente lesionado por el delito, que de-
duce expresamente en el proceso penal una pretensión patrimonial que trae a causa de la
comisión de un delito [Derecho Procesal Penal, 2ª Edición, Editorial Grijley, Lima, 2003, p. 259].
12. El artículo 98 del Código Procesal Penal prevé la constitución del actor civil y sus dere-
chos. Esta figura legal está regulada en la Sección IV “El Ministerio Público y los demás suje-
tos procesales”, Título IV “La Víctima”, Capítulo II “El Actor Civil” del Libro Primero “Disposicio-
nes Generales”. Prescribe la citada norma que: “La acción reparatoria en el proceso penal solo
podrá ser ejercitada por quien resulte perjudicado por el delito, es decir, por quien según la
Ley civil esté legitimado para reclamar la reparación y, en su caso, los daños y perjuicios pro-
ducidos por el delito”.
13. El citado artículo 98 del Código Procesal Penal establece como premisa inicial que el ac-
tor civil es el titular de la acción reparatoria, y luego precisa que esta acción solo podrá ser
ejercitada por quien resulte perjudicado del delito. No debe olvidarse que la naturaleza de la
acción reparatoria es fundamentalmente patrimonial y es por ello la denominación del titu-
lar de ella: “actor civil”.
Este deberá, en primer término, sustentar en el proceso cómo es que ha sido perjudicado por
la conducta imputada al investigado y cómo el daño sufrido puede ser resarcido. Si bien en
muchos casos se admite que hay un componente moral en la colaboración del actor civil en
el proceso a fin de aportar con elementos que permitan probar la comisión del ilícito, lo cierto

236
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

es que todas las facultades de este apuntan formalmente a la acreditación, aseguramiento y


pago de una reparación civil.
14. Ahora bien, para poder constituirse en actor civil (el agraviado que actúa procesalmen-
te para hacer valer su derecho a la reparación civil por el daño causado con el delito) deben
reunirse los requisitos puntualizados en el artículo 100 del Código Procesal Penal. En efecto,
ocurre que el citado cuerpo de leyes ha establecido lo siguiente:
1. La solicitud de constitución en actor civil se presentará por escrito ante el Juez de la Inves-
tigación Preparatoria.
2. Esta solicitud debe contener, bajo sanción de inadmisibilidad:
a) Las generales de Ley de la persona física o la denominación de la persona jurídica con las
generales de Ley de su representante legal; b) La indicación del nombre del imputado y, en
su caso, el tercero civilmente responsable, contra quien se va a proceder; c) El relato circuns-
tanciado del delito en su agravio y exposición de las razones que justifican su pretensión;
y d) La prueba documental que acredita su derecho conforme al artículo 98.
15. Como se advierte del parágrafo precedente, si bien se está frente a una pretensión de ín-
dole resarcitoria, la Ley procesal exige que el perjudicado –que ejerce su derecho de acción
civil– precise específicamente el quántum indemnizatorio que pretende. Ello conlleva a que
individualice el tipo y alcance de los daños cuyo resarcimiento pretende y cuánto correspon-
de a cada tipo de daño que afirma haber sufrido. Con esta medida la norma procesal persigue
dar solución a un problema sumamente grave en nuestro ordenamiento judicial pues con el
transcurrir del tiempo la práctica tribunalicia revela que los montos dinerarios que se estable-
cen por concepto de reparación civil en sede penal son relativamente menores y no guardan
relación ni proporción con el hecho que forma parte del objeto procesal.
§ 3. Actor civil. Oportunidad y forma para su constitución
16. Otro de los problemas recurrentes que es del caso abordar en el presente Acuerdo Ple-
nario es el relativo a la oportunidad para constituirse en actor civil. El artículo 101 del Código
Procesal Penal expresa que la constitución en actor civil deberá efectuarse antes de la culmi-
nación de la Investigación Preparatoria. En este punto lo que cabe dilucidar es si la petición
de constitución en actor civil puede hacerse en la fase de diligencias preliminares –que inte-
gra la investigación preparatoria–, o si resulta necesario que se haya formalizado la continua-
ción de la Investigación Preparatoria.
17. Es de descartar la primera posibilidad fundamentalmente porque, como bien se sabe, al
momento que se vienen realizando las diligencias preliminares el Ministerio Público aún no
ha formulado la inculpación formal a través de la respectiva Disposición Fiscal; esto es, no
ha promovido la acción penal ante el órgano jurisdiccional, por lo que mal podría acumular-
se a ella una pretensión resarcitoria en ausencia de un objeto penal formalmente configura-
do. Por lo demás, debe quedar claro que con la formalización de la Investigación Preparatoria
propiamente dicha el Fiscal recién ejerce la acción penal, acto de postulación que luego de
ser notificado al Juez de la Investigación Preparatoria (artículos 3 y 336.3 del Código Procesal
Penal) permite el planteamiento del objeto civil al proceso penal incoado.
18. Por otro lado, en lo que respecta al trámite jurisdiccional para la constitución en actor civil
del perjudicado por el hecho punible, el artículo 102 del Código Procesal dispone lo siguien-
te: “1. El Juez de la Investigación Preparatoria, una vez que ha recabado información del Fis-
cal acerca de los sujetos procesales apersonados en la causa y luego de notificarles la solici-
tud de constitución en actor civil resolverá dentro del tercer día. 2. Rige en lo pertinente, y
a los solos efectos del trámite, el artículo 8”. Lo más importante, además del trámite previsto
en el referido artículo 102 del aludido Código que establece la obligación del juez de recabar
información de los sujetos procesales apersonados y correr traslado de la petición, a fin de

237
Elky Alexander Villegas Paiva

resolver dentro del tercer día, es el hecho de analizar si este procedimiento de constitución
en actor civil debe hacerse obligatoriamente con la celebración de audiencia.
19. La lectura asistemática del artículo 102, apartado 1), del Código Procesal Penal puede
sugerir a algunas personas que el juez dictará la resolución sin otro trámite que el haber re-
cabado la información y la notificación de la solicitud de constitución en actor civil. Empe-
ro, el segundo apartado del indicado artículo precisa que para efectos del trámite rige lo dis-
puesto en el artículo 8 –se trata, como es obvio, de una clara norma de remisión–. Esta últi-
ma disposición estatuye que el procedimiento requiere como acto procesal central que el
juez lleve a cabo una audiencia con la intervención obligatoria del fiscal y, debe entender-
se así, con la participación facultativa de las otras partes procesales. No es el caso, por ejem-
plo, del artículo 15.2.c) del Código Procesal Penal, que autoriza al juez, bajo la expresión: “(…)
de ser el caso”, resolver un incidente procesal determinado solo si se producen determina-
dos presupuestos.
Resulta entonces que el trámite de la constitución en actor civil tendría que realizarse nece-
sariamente mediante audiencia, en cumplimiento de los principios procedimentales de ora-
lidad y publicidad, y el principio procesal de contradicción establecidos en el artículo I.2 del
Título Preliminar del Código Procesal Penal. Debe entenderse, desde esta perspectiva, que el
plazo de tres días fijado en el artículo 202.1 de la Ley Procesal Penal se refiere al paso de ex-
pedición de la resolución correspondiente –que en el caso del artículo 8 es de dos días de ce-
lebrada la audiencia como plazo máximo–, pero esta debe proferirse, como paso posterior,
de la realización de la audiencia.
Por consiguiente, no es posible deducir de la ley que la audiencia solo se llevará a cabo an-
te la oposición de una parte procesal, pues tal posibilidad no está reconocida por el Código
Procesal Penal y sería contraria al principio de legalidad procesal. No obstante ello, la vulnera-
ción del Derecho objetivo no necesariamente produce nulidad de actuaciones, pues esta tie-
ne como presupuestos no solo la vulneración de la ley sino principalmente la generación de
una indefensión material a las partes procesales o la absoluta desnaturalización del procedi-
miento lesiva a los principios y garantías que le son propios e insustituibles. La nulidad, pues,
está condicionada a las infracciones de relevancia constitucional se anotan.
III. DECISIÓN
20. En atención a lo expuesto, las Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Supre-
ma de Justicia de la República, reunidas en Pleno Jurisdiccional, y de conformidad con lo dis-
puesto en el artículo 116 del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial;
ACORDARON:
21. ESTABLECER como doctrina legal, los criterios expuestos en los fundamentos jurídicos
6 al 19.
22. PRECISAR que los principios jurisprudenciales que contiene la doctrina legal antes men-
cionada deben ser invocados por los jueces de todas las instancias judiciales, sin perjuicio
de la excepción que estipula el segundo párrafo del artículo 22 de la LOPJ, aplicable exten-
sivamente a los Acuerdos Plenarios dictados al amparo del artículo 116 del citado estatuto
orgánico.
23. PUBLICAR el presente Acuerdo Plenario en el diario oficial El Peruano. Hágase saber.
Ss. SAN MARTÍN CASTRO; VILLA STEIN; LECAROS CORNEJO; PRADO SALDARRIAGA; RODRÍ-
GUEZ TINEO; PARIONA PASTRANA; BARRIOS ALVARADO; NEYRA FLORES; VILLA BONILLA;
CALDERÓN CASTILLO; SANTA MARÍA MORILLO

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ÍNDICE GENERAL
Índice general

Dedicatoria ................................................................................................................ 5
Introducción ............................................................................................................. 7

CAPÍTULO PRIMERO
El nuevo sistema procesal penal peruano
1. La reforma procesal penal peruana en el contexto de la reforma
de la justicia penal en Latinoamérica: breve referencia .................... 13
2. Características de un proceso penal basado en el sistema
acusatorio........................................................................................................... 22

CAPÍTULO SEGUNDO
Protagonismo, neutralización y redescubrimiento
de la víctima en el sistema penal

1. La llamada edad de oro ................................................................................ 29


2. La neutralización de la víctima ................................................................... 36
3. El redescubrimiento de la víctima ............................................................. 44
3.1. El surgimiento de la Victimología como paradigma para el
redescubrimiento de la víctima .................................................... 44
3.2. Concepto de Victimología............................................................... 45
3.3. Áreas de conocimiento de la moderna Victimología ............ 49

261
Elky Alexander Villegas Paiva

CAPÍTULO TERCERO
Víctima y victimización
1. Concepto de víctima ...................................................................................... 55
1.1. Concepto de víctima en el Código Procesal Penal de 2004 60
2. La victimización y sus consecuencias. Especial referencia a la
victimización secundaria .............................................................................. 62
2.1. Victimización primaria...................................................................... 63
2.2. Victimización secundaria................................................................. 63
2.3. Victimización terciaria ...................................................................... 70

CAPÍTULO CUARTO
Panorama internacional sobre los derechos y
garantías de las víctimas dentro del proceso penal
1. En los instrumentos supranacionales ...................................................... 73
2. En la legislación comparada ....................................................................... 79

CAPÍTULO QUINTO
Los derechos de la víctima en el Código
Procesal Penal de 2004
1. Introducción ...................................................................................................... 89
2. El derecho a un trato digno y respetuoso .............................................. 90
3. Derecho a la tutela jurisdiccional efectiva y al debido proceso ..... 99
4. Derecho a la intimidad .................................................................................. 105
5. Derecho a la información veraz.................................................................. 108
6. Derecho a ser escuchado en el proceso .................................................. 113
7. Derecho a la defensa ...................................................................................... 116
7.1. La audiencia de tutela de derechos como manifestación
del derecho de defensa a favor de la víctima .......................... 118
8. Derecho a la verdad........................................................................................ 124
9. Derecho a la protección integral .............................................................. 132

262
El agraviado y la reparación civil en el nuevo Código Procesal Penal

10. Derecho a la asistencia .................................................................................. 134


11. Derecho a la reparación integral................................................................ 139
11.1. Mediación como forma de justicia restaurativa ...................... 142
11.2. Los acuerdos reparatorios ............................................................... 144

CAPÍTULO SEXTO
La intervención de la víctima como elemento
probatorio en el proceso: la posición de la víctima
como testigo y su protección en este ámbito
1. Generalidades ................................................................................................... 153
2. La validez del testimonio de la víctima como elemento de
prueba ................................................................................................................. 155
3. Especiales circunstancias de la declaración de la víctima: el uso de
la cámara Gessel .............................................................................................. 159

CAPÍTULO SÉPTIMO
El actor civil y la reparación civil en el proceso penal
1. El actor civil ........................................................................................................ 167
1.1. Concepto ............................................................................................... 167
1.2. ¿Para qué constituirse en actor civil? .......................................... 170
1.3. Requisitos y oportunidad para constituirse en actor civil ... 172
2. La reparación civil en el proceso penal ................................................... 176
2.1. Naturaleza jurídica ............................................................................. 176
2.2. Daños resarcibles ............................................................................... 187
2.3. Extinción (prescripción) de la reparación civil ......................... 193
2.4. Excursos: Agraviado que recibió una reparación civil en
el proceso penal puede excepcionalmente obtener una
indemnización en la vía civil .......................................................... 196
Anexos ......................................................................................................................... 203
Bibliografía ................................................................................................................. 241
Índice general ........................................................................................................... 261

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