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EXAMEN DE TEORÍA ARQUEOLÓGICA

Jorge Luis Babilón Arrazabal

1. ¿Cómo se define Complejidad Social, entendiendo que es un concepto desarrollado


por Flannery y complementado por LaMotta y Schiffer?

En el caso particular de la Arqueología, la complejidad se ha considerado tanto como


parte de la teoría de la evolución, en la medida que define escalones de desarrollo.
Supone el entender que, en sentido estricto, existe un grupo social determinado (A) que
es diferente a otro grupo social (B), porque “es más complejo”, en el sentido que posee
un grado de complejidad distinto.

Este grado de complejidad estaría determinado por la segregación y la centralización,


dos procesos definidos por Flannery (1975) para explicar que las sociedades se
diferencian en su interior, formándose grupos diversos especializados, que poco a poco
van buscando formar instituciones que pretenden acceder al dominio del grupo social;
además, las sociedades en su proceso de auge, logran centralizar el poder político y de
influencia en su interior, generando un refuerzo en esa capacidad de controlar esa
influencia. El autor representa lo anterior a través de grados de segregación y
centralización social, dados por un incremento de niveles o flujos de información en un
sentido vertical tipo pirámide social, explicando ambientalmente el cambio. Esto se
traduce en ejes horizontales y verticales con sus respectivos valores que estructuran
históricamente una organización y cuya interacción genera modos evolutivos
particulares y múltiples. En este sentido, es común que la complejidad comprenda
variados grados de diferenciación socioeconómica y política al interior de una sociedad
que depende en gran medida de las múltiples condiciones históricas previas.

El estudio de la complejidad comprende que un sistema complejo se describe en cuanto


a su comportamiento en red de relaciones de los elementos que le componen. Así, ante
las críticas que planteaba la propuesta de Flannery, LaMotta y Schiffer proponen
completar esta definición de complejidad mediante la comprensión detallada de
sectores o instituciones que lograron desarrollarse de forma diferenciada, que además
en su interior albergan una estructura jerárquica que trasciende el ámbito doméstico y
tiene carácter agrupacional, con propia conducta y que son movidas por conductas
específicas que regulan su existencia en tanto el flujo de sus componentes en su interior
y en interacción con otros componentes de sectores o instituciones.

Entonces, se comprende que la complejidad social no depende exclusivamente de la


cantidad de sectores o instituciones erigidas dentro de un grupo social, sino que va
entendiéndose como la misma adscripción a un sistema interior de cada sector que
regula la presencia de sus elementos conformantes, de carácter asociativo e
interrelacional, en dinámica convergencia e interacción, compartimiento de flujos de
información y oposición que genera el auge de un sector o institución (debidamente
identificada como tal y con su sistema conductual precisado y diferenciado de otros)
sobre los otros, detentando dominio o control sobre características de orden espacial
(territorio), ideológica (política) y de permanencia (residencial, de espacios
habitacionales), ya que se está entendiendo como una supraorganización que
trasciende el ámbito doméstico.

Lograr la complejidad social en un grupo humano es un proceso que demanda esa


colisión y convergencia constante entre estas instituciones formales, que además
supone la colisión con otros grupos complejos y generan sistemas de interacción de
sociedades complejas con características y tendencias hacia el auge de determinados
grupos sociales sobre otros. A la larga, lo que construye esta definición es el argumento
lógico para comprender el origen de la desigualdad social y, en Arqueología, evidenciar
la materialiadad de la verticalidad social y sus asimetrías.

2. ¿Cómo se definió la Etnoarqueología en el marco de la Arqueología Procesual?

Desde la perspectiva de la Arqueología Procesual, Binford plantea el uso de esta


herramienta para la comprensión de las evidencias arqueológicas estudiadas, mediante
el ejercicio de contrastar evidencias del pasado con actividades del presente. Supone
desarrollar un registro paulatino y controlado de actividades actuales, para luego
realizar la extrapolación al estudio de actividades pasadas. (Binford, 1967), comenzó a
desarrollar estudios sistemáticos, caracterizados por la exhaustividad en la recolección
de información, sobre la utilización y dispersión de la cultura material entre los
Nunamiut de Alaska. De esa manera, una de las manifestaciones de la Nueva
Arqueología fue el desarrollo de estudios sobre grupos actuales para derivar analogías
útiles a la comprensión del modo de vida de los grupos prehistóricos.

Los objetivos de Binford eran plantear teorías que permitan explicaciones generales
sobre las dinámicas del pasado, en relación a su origen, funcionamiento, desarrollo y
cambios suscitados en el proceso de desarrollo temporal. Entendiendo la
Etnoarqueología como parte de la Nueva Arqueología, plantea una teoría denominada
“Teoría de Alcance Medio”. Consiste de un intento de desarrollar generalizaciones en
forma de ley que manifiesten las condiciones económicas, sociales, ambientales o
ideológicas en las que un tipo de comportamiento o el material que resulta de ese
comportamiento permiten evidencia. La Teoría de Alcance Medio es entonces, una
generalización de nivel medio que intenta enlazar el registro arqueológico (que
denomina el dato estático) con la dinámica social de la que es resultado y a la cual está
inserto el corpus de materiales utilizados. No intenta dar explicación amplia o general
sobre procesos de cambio cultural, sino que permite conocer qué tipos de
comportamientos puede generar los grupos de cultura material que encontramos en los
sitios arqueológicos investigados.

Planteada así, la Etnoarqueología posee principios de corte evolucionista y positivista,


ya que pretende entender la similitud de procesos actuales y del pasado, sugiriendo que
los grupos se transforman y sus registros materiales deben ser similiares (uniformizando
el desarrollo y planteando vías unilineales para esa transformación), además de la
existencia de líneas comparativas entre el registro arqueológico y el comportamiento
humano actual (lo que supone entender que la evidencia actual es producto directo o
símil de lo que se registra para periodos arqueológicos).
Hernando (1995) nos ofrece un panorama claro sobre el desarrollo de la
Etnoarqueología, planteando su inicio y desarrollo, en el marco de las anteriores
investigaciones que ya daban cuenta de la necesidad de utilizar registros actuales, para
la comprensión o el ejercicio de parangones comparativos con materiales provenientes
del registro arqueológico. Si bien, fuertemente discutida por el ejercicio simplista de
comparación y la falsa generalización, daría pie a que luego se profundice más hacia un
tema experimental, que obtendría datos de interés para comprender variables
importantes como elaboración de herramientas, transformación del entorno, tiempo de
uso de estructuras, organización social e incluso bienes de prestigio y material suntuario,
asociado al desarrollo de élites y proceso de complejización social.

Los trabajos desarrollados bajo este ítem, resultan enfocados en aspectos relacionados
al entendimiento de la sociedad actual, subyugado incluso al enfoque procesualista y de
ligazón antropológica que Binford planteaba para la Nueva Arqueología, donde la
Arqueología es una disciplina que debería aportar y complementar los conocimientos y
corpus informativo de la Antropología. Así, la base de la Etnografía nutría de datos
“duros” la disciplina arqueológica para que desarrollara sus ejercicios comparativos y
plantee sus generalizaciones. Sin embargo, ese ejercicio dotaría luego a los arqueólogos
a plantear métodos de observación y análisis de materiales etnográficos, que resultarían
en investigaciones cuyos planteamientos van acentuando una interpretación que va
desligándose poco a poco de la Antropología y generando su propio corpus
metodológico. Era como plantear el desarrollo de Arqueología pero hacia referentes
etnográficos, por lo que el planteamiento de Binford terminó por ser devuelto en
resultados anversos (no resultaron antropólogos haciendo Arqueología, sino
arqueólogos afinando su capacidad de método y teoría desde la Etnografía,
paulatinamente desligándose de la Antropología).

Gould (1974), citado en Hernandez (1995), indica que Etnoarqueología se refiere a un


marco general mucho más amplio, de comparación entre pautas etnográficas y
arqueológicas. Para desarrollar una investigación etnoarqueológica, el arqueólogo
puede basarse en fuentes publicadas, de archivo, resultados experimentales o trabajo
de campo. Es decir, la Etnoarqueología daría cabida a la “Arqueología viva”, cuya
principal característica es la obtención de información de primera mano en sociedades
actuales, pero no viceversa. Entonces se tiene que, de primera mano, el flujo
comparativo ha de desarrollarse desde los datos actuales hacia el registro del pasado,
pero no podría darse un flujo invectivo, de los datos del pasado hacia los datos actuales.

Entonces, cabría indicar que el ejercicio de analogía (de los datos actuales a los datos
arqueológicos) es válido sólo en ese sentido, ya que en sentido contrario no tendría
soporte lógico (ya que no se conoce la dinámica de uso de los materiales registrados en
el pasado) y más bien plantearía, como resultado, una aproximación antes que una
generalización. Es entonces cuando aparecen reflexiones teóricas como las de Gándara
(1990), que indica la analogía en un estado de “limbo”: el pasado, si se entiende por el
presente, tendría poca o nula validez de ser estudiado y la analogía, una herramienta
obsoleta. Y en otro sentido, si no es válida porque se necesita casos actuales y pasados
totalmente compatibles, entonces es inviable su uso, ya que sería absurdo utilizar y
plantear conocimiento con ese grado de imprecisiones.
Cabría indicar que los datos obtenidos por analogía (herramienta utilizada en la praxis
de la Etnoarqueología) servirían para plantear las aproximaciones ya descritas, antes
que generalizaciones. Por lo que, desde la Nueva Arqueología, se buscó provocar esas
generalizaciones antropológicas y resultaron siendo aproximaciones en base al uso
específico de la analogía como herramienta de elaboración de interpretaciones, luego
de objetar y criticar el ejercicio relacional directo y unidireccional que planteaba la
Nueva Arqueología. Los registros arqueológicos, en sí, conforman su propio corpus de
datos y su contexto, genera un sistema de comprensión que permite realizar ejercicios
relacionales en su interior, sin depender de las técnicas etnográficas en ese nivel, por lo
que los datos son independientes de cualquier injerencia comparativa (al menos en la
recuperación y registro de los mismos), hasta que se desarrolla la interpretación y se
plantea como una alternativa de corte explicativo. Entonces: descripción, registro,
analogía e interpretación obedecerían a diferentes características de la investigación y
por ende, al diseño mismo en cuanto a aplicación del método científico.