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Hacia una política integral en materia

de Libertad de Expresión en México

Autora: Dra. Ana Jacoby

Abstract:

Uno de los problemas a la hora de analizar la política en materia de libertad de expresión del
Estado mexicano es que se encuentra fragmentada desde su concepción, su diseño y su
implementación. Por su complejidad técnica y sus implicancias políticas, cada aspecto de
esta política depende de otro organismo de gobierno. Del mismo modo, la mayoría de los
estudios sobre libertad de expresión, se centran en analizar alguno de los aspectos de este
derecho, como el asesinato de periodistas, la concentración mediática, la asignación de
frecuencias radioeléctricas, la inclusión de minorías, la asignación de publicidad oficial, el
acceso a información pública, etc. El presente artículo ofrece una propuesta metodológica
para poder analizar esta política pública de manera integral, a partir de los estándares
internacionales en materia de libertad de expresión y el corpus compuesto por las
observaciones generales de los comités de derechos humanos de la ONU, junto con los
informes especiales de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión. Además de
permitir un abordaje integral del derecho en sus distintas dimensiones, otra gran ventaja del
enfoque es que guarda coherencia con un corpus de análisis sistematizado y reconocido
internacionalmente.

Palabras clave: Libertad de Expresión, Políticas Públicas, Derechos Humanos


Introducción: La libertad de expresión en México

La libertad de expresión es uno de los derechos elementales sobre el que se funda toda
sociedad libre, participativa y democrática. Es un derecho crucial para el pleno desarrollo de
las personas y está compuesto por múltiples derechos, como el derecho al acceso a la
información, derecho al acceso a tecnologías de la información y comunicación, el derecho a
ejercer la libertad de pensamiento, la libertad de imprenta, la libertad religiosa, etc. A su vez,
es un derecho “llave” en tanto es condición necesaria para el ejercicio de otros derechos,
como la libertad de pensamiento, de conciencia, de participación en asuntos públicos o de
libre asociación.

La problemática de la libertad de expresión no es alejada de la realidad mexicana, en donde


desde el año 2000 fueron asesinados 113 periodistas en posible relación con su labor
profesional (Artículo 19 2018). Es por ello que el país es considerado el más peligroso del
mundo para ejercer la labor periodística después de Siria (Reporteros Sin Fronteras 2017,
Freedom House 2017). A su vez, el país tiene una de las tasas más altas de concentración
mediática de Latinoamérica (Jacoby 2012a, Huerta-Wong y Gómez García 2012), sobre todo
en lo que refiere al mercado de la televisión abierta (Jacoby 2013). La Ley Federal de
Comunicaciones aprobada en 2014 ha dado la posibilidad de crear tres nuevas cadenas de
televisión abierta con cobertura nacional, dos de las cuales son de carácter privado y una de
carácter público. La multiplicación de la oferta de señales de TV abierta representa un
avance sustancial para la expresión plural de voces en el país. Sin embargo, la nueva
emisora pública surgió con limitaciones de financiación. Un informe reciente de la OCDE
afirma que, al verse limitada en su capacidad de vender publicidad o de recibir un canon por
parte de los operadores privados que retransmiten su señal, “los recursos financieros para
apoyar a la radiodifusión pública en el país resultan insuficientes para alcanzar los objetivos
establecidos en la Constitución y en la Ley Federal de Telecomunicaciones, particularmente
en cuanto a la necesidad de incrementar la pluralidad y diversidad en el sector” (OCDE
2017). Algo similar ocurre con los medios de comunicación comunitarios: A partir de la nueva
ley, se crearon, concesiones de licencias para radio de uso social e indígena. Sin embargo,
la ley les prohíbe vender publicidad salvo al gobierno, que está obligado a destinar el 1% de
su presupuesto de publicidad para estos medios. De este modo, no tienen posibilidad de

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obtener financiamiento privado, salvo a través de donaciones en dinero o en especie de la
comunidad. Estos medios tienen asimismo severas dificultades para salir regularizar su
situación legal, dado que para obtener licencias necesitan poder probar sustento financiero a
través de cuentas bancarias, estar legalmente constituidas como asociación civil y pagar un
estudio técnico hecho por el Instituto Federal de Telecomunicaciones, que puede tener un
costo de hasta cien mil pesos. (Becerra y Waisbord 2015). La dependencia de la financiación
pública resulta problemática, dado la nueva Ley de Comunicación Social aprobada en mayo
de 2018 no prevé criterios claros y objetivos para la asignación de la publicidad oficial ni
establece controles presupuestarios o topes de gasto en este rubro (Medioslibres 2018).

Uno de los problemas a la hora de conocer la situación de la libre expresión en México es


que la implementación de las políticas públicas relacionadas a este derecho en el país es
fragmentaria: Mientras que la Secretaria de Comunicaciones y Transporte aborda los
problemas relacionados a la infraestructura de las telecomunicaciones, como la
convergencia tecnológica o el acceso a TICS, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso
a la Información y Protección de Datos Personales es responsable de implementar las
políticas de acceso a la información pública. La prevención de las agresiones a los
periodistas están a cargo del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de
Derechos Humanos y Periodistas, dependiente de la Secretaría de Gobernación, mientras
que los casos que llegan a la justicia son abordados por el Fiscal Especializado en Libertad
de Expresión. La concentración mediática es regulada por un órgano autónomo, el Instituto
Federal de Telecomunicaciones, a través de la Comisión Federal de Competencia
Económica. La red de televisoras y radiodifusoras públicas, dependen del Sistema Público
de Radiodifusión del Estado Mexicano. Por su parte, algunos programas para la inclusión de
minorías, como el Sistema de Radiodifusoras Culturales Indigenistas, son implementados
por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

Los mayoría de los análisis que evalúan la situación de la libre expresión en México suelen
abordar, del mismo modo, alguna de las múltiples dimensiones de este derecho
fundamental. Existen numerosos análisis elaborados desde la academia y desde
organizaciones de la sociedad civil sobre agresiones a periodistas (Artículo 19 2018,
Freedom House 2017, Reporteros Sin Fronteras 2017), acceso a la información pública

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(Fundar 2017), la concentración de la propiedad de los medios de comunicación (Jacoby
2012a, Huerta-Wong y Gómez García 2012, Trejo Delabre 2010), las tendencias actuales en
la radiodifusión comunitaria (AMARC), la representación de minorías en medios de
comunicación (Medina Trejo 2015), la difamación (Artículo 19 2013) o el derecho a la
privacidad, la neutralidad y la libre expresión en Internet (R3D), entre otros.

Como se señaló anteriormente, el derecho a la libre expresión está compuesto por múltiples
derechos y es, a su vez, un derecho “llave” para ejercer otros derechos. Es por ello que
consideramos que para poder pensar y evaluar el derecho a la libre expresión de manera
integral, es central poder analizarlo en sus distintas dimensiones. Para este fin, en este
artículo nos proponemos revisar diversos abordajes metodológicos para el análisis de
las políticas públicas, que nos permitan pensar la relación. En un segundo apartado,
procuraremos elaborar un andamiaje metodológico que permita analizar de manera
transversal las distintas políticas públicas del Estado mexicano en matera de libertad
de expresión. En el tercer apartado procuraremos aplicar este marco metodológico a
un ejemplo concreto, relacionado a los medios de comunicación comunitarios.

Como se señaló anteriormente, el derecho a la libre expresión está compuesto por múltiples
derechos y es, a su vez, un derecho “llave” para ejercer otros derechos. Es por ello que
consideramos que para poder pensar y evaluar el derecho a la libre expresión de manera
integral, es central poder analizarlo en sus distintas dimensiones. El objetivo del presente
artículo es sentar las bases metodológicas para este análisis.

El primer reto que debemos enfrentar es la identificación del contenido esencial de este
derecho. Tomando como referencia los principales desafíos a la libertad de expresión
identificados por los relatores de libertad de expresión de la ONU, CIDH, OSCE y CADHP en
1999 y en 2010 (OEA 2010), proponemos analizar las políticas públicas del Estado
mexicano en materia de libertad de expresión, en función de las siguientes diez dimensiones
de análisis.

1. La discriminación en el disfrute del derecho a la libertad de expresión de minorías por

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creencias religiosas, identidad sexual, de género o de otra índole.

2. Los mecanismos ilegítimos de control gubernamental de los medios de comunicación.

3. Las presiones económicas y comerciales que amenazan la capacidad de los medios de


comunicación de difundir contenidos de interés público.

4. La sostenibilidad de los medios de comunicación de servicio público y comunitarios.

5. Las agresiones contra periodistas y la impunidad de los crímenes contra ellos.

6. Los límites, ya sean de carácter legal o administrativo, al derecho de acceso a la


información y al conocimiento.

7. La imposición de restricciones y penalización de la crítica, ya sea hacia el gobierno o


funcionarios públicos, hacia la religión o creencias o hacia los poderes fácticos como el
crimen organizado.

8. Las limitaciones legales al derecho a la libertad de expresión fundamentadas en la


seguridad nacional, la lucha contra el terrorismo, el discurso del odio o el extremismo
violento.

9. La libertad de expresión en Internet, que abarca temas como el derecho a la privacidad,


a la neutralidad y a la seguridad personal, así como la regulación de cuestiones polémicas
como el derecho al olvido o el rol de nuevos actores, como los proveedores de servicio
Internet, buscadores, redes sociales y servicios de mensajería

10. El acceso universal a las tecnologías de la información y la comunicación.

Una vez identificado el núcleo esencial del derecho se nos presenta el siguiente desafío
¿Cómo abordar simultáneamente un campo tan extenso sin perder profundidad en el
análisis? Esta dificultad es frecuente entre los análisis de políticas públicas con perspectiva
de derechos humanos: Al poner en el centro de atención el ejercicio efectivo de un derecho y
no una política pública en particular, las variables de análisis a contemplar se multiplican
exponencialmente. En el siguiente apartado, revisaremos diversos abordajes metodológicos

5
para el estudio de las políticas públicas, prestando particular atención al grado de amplitud o
focalización que permiten y en cómo vinculan el análisis de una política pública con el
ejercicio efectivo de los derechos humanos. En la última sección de este artículo,
presentaremos una propuesta metodológica para analizar de manera transversal las
políticas públicas del Estado mexicano en relación al derecho a la libre expresión.

Abordajes metodológicos para el análisis de políticas públicas: De la


evaluación de programas al ejercicio de derechos

En las últimas tres décadas, se han multiplicado los estudios sobre evaluación y monitoreo
de políticas públicas. Aunque sus orígenes se remontan a la década de 1970, los principios y
la práctica de la evaluación de las políticas públicas en México comenzaron a tomar forma a
mediados de los años noventa, cuando desde el sector público se reconoció la necesidad de
contar con información confiable, que contribuyera a utilizar los recursos públicos de manera
eficiente y a rendir cuentas de los actos de gobierno ante la ciudadanía (Acosta 2010: 155,
Feinstein 2007: 19, Blanco-Peck 2006: 34). El impulso definitivo a las evaluaciones de
políticas públicas vino de la mano de la aprobación de la Ley de Planeación de 1985 y la
elaboración del Plan Nacional de Desarrollo (1989-1994), así como de la Ley General de
Desarrollo Social aprobada en 2004 e instrumentada, en buena medida, por el Consejo
Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo desde 2006. A partir de entonces, el
gobierno ha construido asimismo un complejo andamiaje legal, institucional, regulatorio y
normativo (Acosta 2010: 155-156) y ha destinando numerosos recursos a evaluar sus
políticas públicas y a generar incentivos para aquellas administraciones que ejecutan su
presupuesto de manera eficiente, transparente y efectiva (Esparza Valdivia 1993: 29).
Paralelamente, se han multiplicado también las evaluaciones de políticas públicas
implementadas desde la academia , las consultoras privadas y las organizaciones de la
sociedad civil.

Una distinción importante dentro del análisis de las políticas públicas diferencia entre los

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estudios ex ante, orientados a evaluar el diseño de las políticas públicas y los estudios ex
post, que se proponen medir el impacto de las mismas. En base a esta distinción, la
evaluación de las políticas públicas puede dividirse en distintas etapas, en función del “ciclo
de vida” de las políticas públicas” (Sáchez Torres 2005 (citar mas)). Partiendo de la
importancia de evaluar las políticas públicas en sus distintas fases de implementación, estos
abordajes distinguen entre la evaluación de las estructuras, los procesos y los resultados de
una política pública (CDHDF 2012: 16).

Estos análisis tienen la ventaja de evaluar en profundidad determinados programas o


políticas. Sin embargo, al ser tan focalizados, a veces no logran captar la relación entre ese
programa o política pública con el ejercicio de un derecho determinado. Como ilustra un
informe de la CDHDF, en el año 2008 el 20% de la población mexicana más pobre no recibía
ningún programa social (CDHDF 2012: 35). De este modo, la implementación eficaz de
ciertos programas no guarda una relación directa con la capacidad del gobierno para
satisfacer los derechos de la población. En esta misma línea argumental puede interpretarse
la afirmación de Elliot Stern, para quien “Muchos programas buenos no son equivalentes a
una buena política” (Stern 2006: 299).

Osvaldo Feinstein, por su parte, ofrece una mirada más compleja sobre el grado de
focalización que debería tener el análisis de las políticas públicas cuando distingue entre una
concepción de las políticas públicas como “tratamientos” y una concepción más amplia como
intervenciones públicas en relación a una determinada problemática, para luego analizar en
qué casos resulta más pertinente cada abordaje. El primer enfoque, que propone una clara
analogía con las metodologías de evaluación de fármacos, resulta ideal para evaluar
políticas focalizadas, para las cuales existe un grupo de “tratamiento” y otro de control. Uno
de los principales referentes en la materia es el Premio Nobel de Economía, James
Heckmann (2001). Sin embargo, cuando procuramos evaluar intervenciones aplicadas
universalmente o cuando nuestro foco de interés es el ejercicio de un derecho asociado a
diversas políticas públicas, este abordaje presenta limitaciones.

Particularmente interesante desde esta perspectiva resulta un abordaje metodológico


propuesto por la Organización de las Naciones Unidas (CDHDF 2012: 18). El mismo parte de
la premisa que al interior de cada derecho humano existen distintos elementos entrelazados

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–estándares y dimensiones1– y que el incumplimiento de alguno de ellos pone en riesgo la
realización plena del derecho. De este modo, frente a la fragmentación que señalábamos
anteriormente en relación a la implementación y análisis de las políticas en materia de
libertad de expresión en México, este abordaje permite un análisis integral del derecho,
teniendo en cuenta sus distintas dimensiones y la relación interna que existe entre ellas.

Para poder analizar las distintas dimensiones y estándares, este abordaje metodológico
propone utilizar como guía los estándares internacionales en derechos humanos, que ofrece
el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Este corpus está compuesto por las
observaciones generales de los comités de derechos humanos de la , junto con los informes
especiales de las Relatorías Especiales para la Libertad de Expresión y los documentos en
donde desarrollan el contenido del derecho a partir de la evidencia empírica hallada durante
las visitas periódicas que realizan a los países (CDHDF 2018:18).

La referencia a estos estándares internacionales ofrece diversas ventajas. En primer lugar,


los estándares ofrecen un corpus finito, relativamente ordenado y sistematizado, que
permite analizar los derechos en sus distintas dimensiones. A su vez, permiten contar con un
parámetro objetivo y reconocido internacionalmente para medir el desempeño de un
Estado en relación a un derecho determinado. La referencia a este corpus también ofrece
información fidedigna y de calidad, al ser elaborado por especialistas en la materia, en
base a visitas in situ y entrevistas de primera mano con actores clave.

La operacionalización de los estándares internacionales en una serie de indicadores permite


también volcar los resultados del análisis en una matriz binaria que mida para cada
dimensión si existe o no apego a los estándares internacionales. Esta matriz puede permitir
comparaciones, ya sea de corte diacrónico (comparando la evolución del desempeño de un
Estado a lo largo del tiempo) o de corte sincrónico (comparando el desempeño de distintos
Estados Nacionales). Al permitir comparar las distintas dimensiones, esta matriz binaria
también puede ofrecer una “hoja de ruta” para conocer las áreas en las que los Estados

1 El concepto de dimensión refiere en este contexto a las “diferentes características que conforman a cada
derecho humano”, mientras que por estándar, este enfoque entiende a “aquellos pisos mínimos que deben
cubrir los Estados” (CDHDF 2012: 18).

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presentan las mayores carencias y hacer recomendaciones de política pública en estas
áreas .

Esta coincidencia no es casual: Los organismos internacionales como la ONU o la OEA han
dedicado muchos esfuerzos a sistematizar los estándares internacionales, a fin de que los
Estados nacionales puedan incluirlos dentro de sus marcos normativos y que los jueces y
operadores jurídicos cuenten con una referencia a la hora de elaborar sus fallos (UNESCO
2016: 25). Sin embargo, en los últimos años, estos organismos también están trabajando
activamente para que los estándares internacionales sirvan como una referencia para el
diseño de programas y políticas públicas, así como para su evaluación posterior. Por esta
vía, procuran operacionalizar o “traducir” el lenguaje de los derechos humanos a las políticas
publicas, de modo que el marco de los derechos humanos pase de ser normativo a
conceptual. Es por esta congruencia e integralidad, que un reporte de la CDHDF considera a
este enfoque como “el instrumento más eficaz para operar el marco de los derechos
humanos”. (CDHDF 2018:18).

Otro abordaje metodológico que toma como punto de partida los estándares internacionales
en materia de derechos humanos para el análisis de política pública es el del “desempaque
de derechos”. Los primeros ejercicios de desempaque fueron hechos por el ex Relator para
la Salud, Paul Hunt, que planteó el concepto de “desempaquing righs”. Para poder analizar
el derecho a la salud en distintos países del mundo, Hunt tomó como referencia las
obligaciones de los Estados en materia de derechos humanos (respetar, proteger, garantizar
y promover los derechos humanos) y los cruzó con otros elementos como la disponibilidad,
accesibilidad, adaptabilidad y calidad de los bienes y servicios brindados por los
Estados―desarrollados a su vez por la Relatora del derecho a la Educación, Katerina
Tomasevski. Al correr el foco de análisis desde los derechos hacia las obligaciones, Paul
Hunt desarrolló una valiosa herramienta para operacionalizar el grado de avance de un
Estado en relación al cumplimiento efectivo de un determinado derecho humano. En
América Latina, fueron principalmente Daniel Vázquez, Sandra Serrano junto con Dometille
Delaplace quienes retomaron ese esfuerzo de Paul Hunt y lo sistematizaron en profundidad
(Vázquez y Serrano 2011, 2012, 2013 y 2014, Vázquez y Delaplace 2011).

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A modo de conclusión: Estándares internacionales en relación a los medios de
comunicación comunitarios

Una vez descripto el marco metodológico, en el presente apartado procuraremos aplicarlo a


un caso concreto de análisis. Siguiendo con la propuesta metodológica desarrollada en el
apartado anterior, la principal herramienta que utilizaremos para construir los indicadores
será el corpus compuesto por los estándares internacionales en la materia que ofrece el
sistema interamericano de derechos humanos2.

En base a los estándares internacionales construiremos indicadores que alimentarán una


matriz binaria, que indique si existe o no apego a los mismos por parte del Estado mexicano
en cada una de las dimensiones. La evidencia para alimentar esta matriz será provista por
las Observaciones de la Relatoría para la Libertad de Expresión de la ONU y la OEA, que
periódicamente realizan visitas oficiales a los países, analizan la situación de la libertad de
expresión en el país y realizan recomendaciones a los respectivos gobiernos.

A modo de ejemplo, analizaremos a continuación el caso de los medios de comunicación

2 El mismo está conformado por la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Declaración
Americana sobre los Derechos y Deberes del Hombre, junto con la jurisprudencia completa de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos y los materiales especializados –principios, informes, comunicados–
producidos por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y su Relatoría Especial para la Libertad de
Expresión. Cambiar ese párrafo por este: “Como punto de partida para analizar el desempeño del Estado
mexicano en cada una de estas dimensiones, nos proponemos recurrir a los estándares internacionales en
materia de libertad de expresión, que ofrece el sistema interamericano de derechos humanos. Los mismos
están contemplados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Declaración Americana sobre
los Derechos y Deberes del Hombre, junto con la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos y los materiales especializados –principios, informes, comunicados– producidos por la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos y su Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, así como
recomendaciones generales del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas; los informes y las
doctrinas de la Relatoría Especial sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y de
expresión de la ONU y decisiones de organismos como el Comité para la Eliminación de la Discriminación
Racial del sistema universal de protección de derechos humanos. Si bien se trata de un cuerpo jurídico
dinámico, al cual se van sumando nuevas resoluciones, observaciones y recomendaciones, éste se encuentra
ampliamente sistematizado, a fin de que los Estados nacionales puedan incluirlo dentro de sus marcos
normativos y que los jueces y operadores jurídicos cuenten con una referencia a la hora de elaborar sus fallos
(CIMA 2017, Botero et al. 2017, UNESCO 2016, UNESCO 2017).

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comunitarios para poder observar la construcción metodológica propuesta en sus diversos
niveles de análisis.

En diversos documentos, las Relatorías Especiales de la OEA y la ONU han reconocido que
los medios de comunicación comunitarios ejercen en América Latina un rol central en el
ejercicio de la libre expresión (CIDH 2003: Par. 41). Para poder cumplir con esta función,
estos organismos consideran fundamental que los Estados los reconozcan legalmente y
que se contemplen reservas de espectro radioeléctrico para este tipo de medios, así
como condiciones equitativas de acceso a las licencias que diferencien las realidades
distintas de los medios privados no comerciales (CIDH 2007: Par. 5).

En la “Declaración Conjunta sobre diversidad en la radiodifusión” de los Relatores para la


Libertad de Expresión de la ONU, la OSCE, la OEA y la Comisión Africana (2007) definen
una serie de criterios, retomados posteriormente por la Relatoría Especial de la CIDH en el
Informe Anual 2007. En estos documentos, los especialistas sostienen que la normativa
sobre radiodifusión comunitaria debe reconocer las características especiales de estos
medios y contener, como mínimo, los siguientes elementos: (a) La existencia de
procedimientos sencillos para la obtención de licencias; (b) La no exigencia de
requisitos tecnológicos severos que les impida, en la práctica, siquiera que puedan
plantear al Estado una solicitud de espacio y (c) La posibilidad de que utilicen publicidad
como medio para financiarse.

En relación a la asignación de las licencias, la Relatoría de la CIDH destaca en su Informe


sobre Estándares de Libertad de Expresión para una Radiodifusión Libre e Incluyente
(2009), la importancia de reservar una parte del espectro radioeléctrico a los medios
comunitarios y recomienda que se reconozcan explicitamente a los tres sectores de la
radiodifusión: el comercial, el público-estatal y el comunitario- social, determinando una
reserva del espectro para éste último”. (CIDH 2009: 30)

En relación a la sostenibilidad económica de los medios comunitarios, la mencionada


Declaración Conjunta sostiene que la regulación debería permitirle a estos medios de
comunicación acceder a diferentes fuentes de financiamiento; entre ellas “…la posibilidad
de recibir publicidad en tanto existan otras garantías que impidan el ejercicio de competencia

11
desleal con otras radios y siempre que no interfiera en su finalidad social” (ONU, OSCE et.
al. 2007: 26). En los Estándares de Libertad de Expresión para una Radiodifusión Incluyente,
la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH sostiene asimismo que es
necesario asegurar que el financiamiento estatal no disuelva la independencia de la
radio comunitaria, pues de esta manera se estaría perdiendo el valor genuinamente
comunitario de este sector de la radiodifusión (CIDH 2010: 30).

Por su parte, el Informe Anual de 2007 la CIDH destaca también la importancia de la


independencia operativa de estos medios, cuando sostiene que “es necesaria una
legislación que defina apropiadamente el concepto de radio comunitaria y que incluya su
finalidad social, su carácter de entidades sin fines de lucro y su independencia operativa y
financiera” (CIDH 2007: Par. 5 y 6).

Otro punto destacado por la RELE de la CIDH es que se deberían remover otras
restricciones arbitrarias al uso de las licencias, como por ejemplo las limitaciones al uso
de lenguas minoritarias o indígenas utilizadas por los medios de comunicación dirigidos
específicamente a distintas comunidades (CIDH 2010: 30).

En base a la revisión de los documentos descripta en este apartado, podemos enumerar los
siguientes estándares:

1. La existencia de procedimientos sencillos para la obtención de licencias


2. La no exigencia de requisitos tecnológicos severos que les impida, en la práctica,
siquiera que puedan plantear al Estado una solicitud de espacio
3. La reserva de una parte del espectro radioeléctrico para los medios de
comunicación comunitarios
4. La posibilidad legal de acceder a diversas fuentes de financiamiento, tanto privadas
como públicas.
5. La existencia de mecanismos que garanticen la independencia operativa y
financiera de los medios en relación al poder político
6. La falta de restricciones arbitrarias al uso de las licencias, como por ejemplo las

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limitaciones al uso de lenguas minoritarias o indígenas

Para concluir con nuestro ejemplo, veremos, a continuación cómo se refleja uno de estos
estándares en el último informe elaborado por las Relatorías para la Libertad de Expresión
de la ONU y la OEA durante su última visita a México en el año 2017, para poder establecer
si existe o no apego a los estándares internacionales en la materia.

1. Nivel de las Dimensiones: “La sostenibilidad de los medios de comunicación de servicio


público y comunitario” (Dimensión 4). Fuente: 10 dimensiones RELE
2. Nivel de los Estándares: “Los Estados deberían de implementar políticas públicas y
legislaciones que aseguren la igualdad de oportunidades para todos los sectores de la
población en el acceso a las frecuencias radioeléctricas, reconociendo a los tres sectores de
la radiodifusión: el comercial, el público-estatal y el comunitario- social, determinando una
reserva del espectro para éste último con la finalidad de corregir las asimetrías del sector
que suele estar demasiado concentrado en el ámbito comercial”. Fuente: CIDH, Relatoría
Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (2009) “Informe sobre Estándares de Libertad de Expresión para una
Radiodifusión Libre e Incluyente”
3. Nivel de los Indicadores: “La existencia de procedimientos sencillos para la obtención de
licencias”. Fuente: elaboración propia en base a los estándares internacionales
4. Nivel Empírico: “También estamos preocupados con las modificaciones que actualmente
se discuten en el Congreso sobre la Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión (artículo
304) y el Código Penal Federal (artículo 172 TER), que, de ser adoptado, restringiría la
libertad de expresión de manera incompatible con la ley internacional de derechos humanos.
De ser aprobados, estas modificaciones no sólo prevendrían aquellos que operan sin una
concesión de telecomunicaciones a buscar una durante un periodo de varios años, sino
también implicaría una sentencia de prisión. Esas acciones parecen claramente
desproporcionadas para la actividad e innecesarias dada la capacidad de otras herramientas
administrativas a disposición del Gobierno. Estamos especialmente preocupados que, si se
adoptara esa legislación, le faltan garantías para asegurar que las radios comunitarias, que
frecuentemente no cuentan con concesiones por una gran variedad de razones, para
asegurar que no sean blanco de estas disposiciones o que sufran una afectación.”. Fuente:

13
Observaciones preliminares del Relator Especial de la ONU sobre la libertad de expresión y
el Relator Especial sobre libertad de expresión de la CIDH después de su visita conjunta en
México, 27 de noviembre – 4 de diciembre 2017
5. Nivel de la Matriz: No existe apego a los estándares internacionales para este indicador.

Este breve ejemplo, nos permite trazar una hoja de ruta para la elaboración de una matriz de
análisis, en la que se contrasten los estándares internacionales en materia de libertad de
expresión con las observaciones de las Relatorías Especiales para la Libertad de Expresión
de la ONU y la OEA. Por esta vía es posible detectar las áreas en las que los Estados
presentan las mayores carencias, para hacer recomendaciones de política pública y
contribuir a incorporar de manera sistemática el marco de los derechos humanos en la
elaboración y evaluación de las políticas públicas.

14
Abreviaturas:

CIDH: Comisión Interamericana de Derechos Humanos

ONU – Organización de las Naciones Unidas

OEA – Organización de Estados Americanos

RELE – Relatoría Especial para la Libertad de Expresión

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